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La transgresion y el deseo:
la “mujerona” en Otilia Rauda
de Sergio Galindo
Oscar Robles
tilia Rauda encarna la transgresién y el deseo. Por ello, es el per-
Sonaje m4s redondo e intenso de la novela homénima de Sergio
Galindo.! Asf, en su més alto desafio a la sociedad mojigata que la
censura y la margina por su vida addltera, Otilia se desnuda ante todos
para burlarse de ellos y exhibir no su cara fea sino su cuerpo, simbolo de
la belleza, el pecado y el deseo. Es precisamente en este fragmento —al
final del capitulo once— donde se condensa en tres Iineas toda la dimen-
sién de su hazafa: “Y era todo un espectéculo ver a Otilia, el rostro
cubierto con el tenate y el cuerpo desnudo, bellisimo, desafiante” (Otilia
162). Simbolo transgresor, cuerpo deseado y deseante, aqui vacia toda su
rebeldia para enfrentarse a los valores tradicionales de la burguesfa mexi-
cana: la decencia, las buenas costumbres y, sobre todo, el poder falocén-
trico y patriarcal que impone el ocultamiento del cuerpo de la mujer.
Otilia es un personaje femenino poco frecuente en nuestra narrativa
hispanoamericana aunque emparenta con varios tipos por su cardcter
rebelde y transgresor (Camila O'Gorman). La denominaremos
“mujerona” para utilizar una terminologfa acorde con algunos tipos
femeninos de la narrativa del escritor veracruzano y de otros escritores
mexicanos, en un intento por establecer una tipologia.
1 Sergio Galindo (1926-1993) hizo estudios de literatura en la Universidad Nacional
Auténoma de México y en Francia. Fue becario del Centro Mexicano de Escritores (1955-
1956), Fundador y director de Ia prostigiosa revista La Palabra y el Hombre, desempené
diversos cargos ptiblicos y editoriales. Autor de una numerosa obra narrativa: La méquina
vacia (cuentos, 1951), Polvos de arroz (novela, 1958), La justicia de enero (novela, 1959), EL
bordo (novela, 1960), La comparsa (novela, 1964), Nudo (novela, 1970), ;Oh hermoso
mundo! (cuontos, 1975), El hombre de los hongos (novela, 1976), Este laberinto de hombres
(cuentos, 1979), Los dos Angeles (novela, 1984), Declive (novela, 1985) Terciopelo Violeta
(cuontos, 1985), Otilia Rauda (novela, 1986). Tenfa en proparacién una novela: Los territo-
rios del castigo.
75En primer lugar, examino brevemente la estructura de la novela en
funcién del conflicto mujer adiiltera-sociedad; luego el tipo genérico de
este personaje femenino dentro de la narrativa mexicana e hispanoame-
ricana; finalmente, el caso de Otilia como “mujerona” transgresora de la
moralidad social y su postrera naturaleza romantica.
El desplazamiento del personaje femenino. Las dos “novelas”
La novela se divide en tres partes: “Los encuentros”, “Rubén Lazcano” y
“Melquiades”. La primera, la mds grande, cubre doscientas diez paginas
de las trescientas sesenta y una que tiene el libro. Esta dedicada funda-
mentalmente a Otilia Rauda y sirve de ndcleo al enfoque de este ensayo.
En esta parte adquiere gran relevancia la psicologia de la protagonista y
su conflicto con la sociedad de Las Vigas al mismo tiempo que se expone
el problema amoroso entre Otilia y Rubén Lazcano.
La segunda parte, de ciento treinta y una p4ginas, rompe de algan
modo el conflicto Otilia-sociedad de Las Vigas de la seccién anterior, para
crear otro problema, el de Lazcano en relacién a su familia. El Gltimo
capftulo de esta seccién cierra con el asesinato de Rubén a manos de
Tomas. De esta manera, en unas pocas p4ginas, el autor rescata la linea
central de la novela: tras su relacién amorosa con Lazcano, despechada
por la ausencia de su amado, Otilia consuma su venganza por medio de
Tomds.
En la Gltima parte, Galindo le da un enfoque totalmente trégico a esta
historia de amor que persiste como nticleo a pesar de todo. Convierte a la
tercera, de apenas veinte paginas, en un desenlace rdpido y artificioso
para finiquitar todos los conflictos planteados en la novela con una cade-
na de muertes, similar a las de las novelas romanticas: al morir Lazcano,
mueren Otilia, Tomas e Isidro.
A partir de la segunda, se suspende durante muchas p4ginas la con-
tinuidad y la intriga de la obra. En este sentido, parecen dos novelas
unidas por el amor de Otilia y Lazcano y por la tercera seccién, el
pequeiio y fragil eslabén final.
Asi pues, el conflicto mujer/sociedad pierde su fuerza. Otilia, un per-
sonaje femenino muy original e intenso por su naturaleza transgresora
de un orden falocéntrico, es desplazada por el aura legendaria del bandi-
do Santos Lazcano. Ambos son diferentes de acuerdo a la tradicién lite-
raria: el protagonista masculino se acerca més a la novela y al drama
romdnticos; Otilia, a los personajes femeninos de la novela contem-
pordnea a pesar de que al final es arrastrada por la muerte, con su dosis
de amor imposible y destino tragico.
76La “mujerona” adiiltera y la libertad sexual
La “mujerona” es un personaje femenino que aparece con cierta frecuen-
cia en la narrativa de Galindo, En Otilia Rauda este tipo aleanza una
gran dimensién. El término “mujerona” posee connotaciones semanticas
pertinentes para enfatizar la energia y vigor con que esta clase de per-
sonaje femenino se enfrenta a su entorno para reafirmar su individuali-
dad y, desde luego, para transgredir un orden social subrepticia ° publi-
camente.
En particular, me seducen el vitalismo, la libertad y la intensa viven-
cia amorosa que asumen y/o exhiben estas mujeres ante el mundo sin
importarles la reprobacién de la sociedad. De igual modo, la “mujerona”
puede emparentar con otros tipos y estereotipos tradicionales en la lite-
ratura hispanoamericana: la devoradora de hombres, la mujer demonio,
la mujer fatal.2 Por otro lado, los antecedentes y parentescos de la
“mujerona” pueden buscarse en la literatura europea (Madame Bovary) y
en la hispanoamericana (Cecilia Valdés, Doria Barbara),
Desde la Amalia Saenz de Jos¢ Marmol hasta las “mujeronas” de las
filtimas novelas, esta clase de personaje ha mostrado evoluciones. En
relaci6n a Otilia, quiero tomar como punto de referencia otras dos nove-
las publicadas en los ochenta, en México, que han tenido un gran éxito
comercial y cuya fama se ha extendido a Estados Unidos y a Europa,
donde ya han sido traducidas. Las autoras de esas dos novelas son
mujeres: Angeles Mastretta con Arrdacame la vida (1986, mismo aiio de
publicacién de Otilia Rauda) y su protagonista Catalina Guzman de
Ascencio; Laura Esquivel con Como agua para chocolate (1989) y Mama
Elena, personaje muy viril que es el centro de la casa y de la familia.
Curiosamente las tres “mujeronas” se ubican en la primera mitad del
siglo XX, en etapas histéricamente conflictivas: la Revolucién Mexicana,
el Caudillismo y la Guerra Cristera. AdemAs, pertenecen a la clase adine-
rada de la provincia: de Veracruz, Puebla y Coahuila, respectivamente.
Otros paralelismos mas: las tres son addlteras y las consecuencias de su
vida sexual pueden ser la censura, el cinismo y/o la culpa. Mientras las
otras dos ocultan su vida addltera (Mamé Elena esconde su pasado
pecaminoso y se refugia en la administracién del rancho olvidandose de
los hombres; Catalina vive furtivamente sus felonias conyugales), Otilia
2 Sobre los tipos tradicionales de personajes femeninos, Gubriela Mora considera que “la
casa, Ia devoradora de hombres,
obviamente, con lastiene una mayor carga de transgresién, pues abiertamente desafia a la
sociedad y causa el escandalo.
En la “mujerona” conviven los rasgos tradicionalmente considerados
“femeninos” con los “viriles”, el erotismo y la frustraci6n, la libertad y la
opresién. Puede romper (0 en algunos casos conjurar su potencia vital y
su poder transgresor) con los esquemas tradicionales de la mujer lati-
noamericana: monja, casada, virgen o mértir. Se considera una fuerza
activa porque no se somete totalmente a la falocracia aunque subsista
dentro de ella, exhibiéndose (Otilia Rauda) u ocultandose (la madre de
Tita). De acuerdo a Helena Araujo, el poder del macho determina la mar-
ginacién de la mujer y fija su modo de ser, pues s6lo le deja dos salidas:
Esta visién literal y cruda de la falocracia puede muy bien referirse a todo el continente
En el norte como en el sur de Latinoamerica, cualquier proyeccién de las realidades
sicolégicas (de la mujer) con respecto a lo erético implica una transgresién o un reba-
jamiento. (34)
La sociedad condena y margina a la “mujerona” por salirse de la norma
impuesta por los valores patriarcales y faldcratas. Sin embargo, “por la
asuncién de esa marginalidad determinada por su sexo y su clase social,
mostraré otro modo de ser mujer alterando los esquemas femeninos
tradicionales” (Lépez 22), Esta rebelién puede manifestarse como un des-
pertar de la conciencia social: reivindicar los derechos laborales, econémi-
cos y politicos de su sexo o clase (Jesusa Palancares en Hasta no verte
Jestis mfo). O puede ser un reclamo de orden individual en la bisqueda
de una libertad sexual o emotiva. Par ejemplo, segan Aralia Lépez,
Catalina Guzman, el personaje de Mastretta, y Ausencia Bautista, la
protagonista de la novela De ausencia (1974) de Maria Luisa Mendoza,
buscan la segunda posibilidad:
Intentan expresarse como subjetividades a partir de lo que puede Hamarse un principio
dol placer. Son la sexualided y el erotismo los fundamentos de sus decisiones sin lograr,
por ello, un espacio propio. (23)
De la misma forma, el poder erdtico de Otilia Rauda se manifiesta para
reafirmar su individualidad a partir de su constante actividad sexual
addltera y de la exhibicién de su cuerpo ante los ojos de la sociedad de
Las Vigas, Asf, las turgentes formas de su cuerpo asoman bajo el vestido
incitando el deseo; asf, también lo muestra desnudo ante los convidados a
una fiesta. Pero ese deseo origina el conflicto: choca con la moral social.
78Asf pues, Otilia se convierte en una transgresora que provoca el repudio
de los viguefios, pero también el miedo.
De la transgresién a la muerte romantica
Desde la pubertad hasta la madurez, cuando llega a los treinta y un afios
de edad, la naturaleza amorosa de Otilia es puramente sexual y encuen-
tra el placer en el adulterio y cn la seduceién de los hombres. Buscando el
placer, somete a los demas, los domina para conseguir sus intereses. Su
apetito es insaciable, va de hombre en hombre sin llegar a su satisfaccién
plena. Su actividad sexual es una forma de vitalismo desbordante. En
ningdn hombre puede encontrar el gran amor, asi que busca lenar su
vacio con el puro goce de los instintos. Con Prudencio Montes, su amor de
juventud, encuentra el afecto y la fidelidad; con Isidro Pena, su marido,
el odio encarnizado; con el resto de los hombres, el paliativo a su hambre
carnal. No asi con Lazeano.
El arma de Otilia es su hermoso cuerpo, simbolo del deseo y del peca-
dos El arma para encontrar el placer y enfrentarse a la sociedad. Desde
los trece aiios, las formas sensuales de su cuerpo se desbordan e inquie-
tan a toda la sociedad y a los padres, quienes deciden ocultarlo con ropas
més grandes y por eso la llevan a dalapa a escondidas. Para la sociedad
gazmoiia de Las Vigas, el cuerpy, por causar la tentacién de los hombres,
es el signo del pecado y el adulterio. Cuando crece la potencia sexual de
Otilia, ya en la madurez, rebasa los esténdares tradicionales de la
sociedad: a Otilia le queda chico el pueblo para sus alcances vitales, para
su rebeldfa, y por eso provoca la maledicencia y la censura.
Irénicamente, esta mujer rebelde posee rasgos viriles que se manifies-
tan fisica y sicolégicamente. Aunque posee un cuerpo hermoso que la con-
vierte en una mujer extraordinaria, tiene el rostro feo, herencia de su
padre, la marca del patriarcado; pero esa fealdad es la prueba de la
honra de Crucecita, la madre de Otilia, porque todos hubieran pensado
en el adulterio, puesto que “ni los mas viejos recordaban otra viguefia con
formas semejantes” y a don Isaac Rauda “nadie le hubiera quitado el
3 Helena Araujo explica que esta visién es producto de una “mentalidad falocrética,
dominante y univoca”, por lo que “sobra decir quo esta represién en el discurso mucho tiene
que ver con la represién de las pulsiones sexuales impuesta por una tradicién roligiosa quo
desde hace siglos ha impedido a la mujer reconocer su Mbido y asumir su cuerpo, Porque
decir cuerpo os decir deseo, y en la sociedad patriarcal, la mujer no sobrovi
prohibicién del deseo. Una economfa basada desde tiempos inmemoriales
de mujeres, y una moral que se ha aliado para subordinar Ia sexualidad a la reproduccién,
ha mantenido a la mujer ignorante y desposeida de su propio deseo"(21-23)
79sambenito de cornudo ya que un tronco asi no parecia obra de gente del
pueblo” (16). Ademds, tiene una gran fuerza masculina para golpear al
marido. Por ello, en ciertos momentos parece un marimacho que se
enfrenta a golpes con Isidro Pena.
Su carécter viril deriva en poder, poder que ejerce desde su cuerpo,
pero también desde la inteligencia lena de astucia. Como un hombre,
Otilia detenta el poder sexual (vida addltera), el poder econémico (el
dinero y las tierras y fincas de su padre) y el poder politico (por instan-
cias suyas y con la ayuda de Prudencio, convierte a su marido en presi-
dente municipal de Las Vigas). Otilia, por todo ello, simboliza el hijo que
no pudieron tener los Rauda para rescatar la herencia paterna y la con-
tinuidad del patriarcado. Ella no hereda los rasgos de su madre
Crucecita, sino que encarna la cara viril y el temperamento vigoroso de
su padre, Por esta raz6n, consciente de la vida addltera de su hija, don
Isaac le compra un marido ad hoc y le solapa todas sus felonias mari-
tales:
La verdadera raz6n que movié a su padre, después de examinar todas las posibilidades,
‘a casarla con Isidro Pona, fuo la conviceién de que seria el tinico a quien ne le molestaria
demasiado ser cornudo (es mas, se lo hizo explfcito al futuro yerno para evitar posterio-
ros malentendidos o trifuleas, y este acepts, pues dijo: Soy eapaz de comprender y per-
donar la flaqueza humana ... (37)
Cuerpo de tentacién, Otilia transtorna el mundo cerrado de Las Vigas.
Su constante presencia en la vida social provoca el deseo de los hombres,
la maledicencia de las mujeres y la censura de la iglesia. En resumen,
altera el orden de las buenas conciencias y las familias decentes. Ast,
dojia Silvina Montes, la madre de Prudencio, y Juvencio, el cura alcohdli-
co, representan los dos mAs encarnizados enemigos que siembran la
infamia contra ella. De esta manera, Silvina impide que Prudencio se
case con Otilia, Su erotismo es transgresor y pertubador y ella representa
ala mujer demonio, a la devoradora de hombres. En consecuencia, tener
amantes, aun casados, significa una venganza contra las afrentas
sociales,
Por ser adiltera y simbolo del deseo y del pecado. Otilia es una mar-
ginada social. En su circulo de amistades y amantes se incluyen otros
marginados con los que mantiene una relacién de amor y solidaridad:
Melquiades, el siempre fiel sirviente, monstruoso, impotente y tullido;
Rubén Lazcano, el bandido legendario; Tomas, el asesino préfugo de la
justicia; Genoveva, la hechicera; Rosenda Lépez, la otra adaltera, pero
que entabla una contradictoria relacién de afecto, complicidad,
80odio y envidia con Otilia. Con todos ellos comparte el aislamiento a que la
someten los demds.
Sin embargo, el doble exacto de Otilia es irénicamente un animal,
encarnaci6n del instinto sexual puro: la perra de Melquiades, la Monina,
es ardiente, insaciable e infiel a su duefio.
Otilia, en el sentido moderno, es una antiheroina. Vive en una
sociedad mojigata y absurda que reprime y margina, censura y condena
por ser diferente a los patrones impuestos por la moral catélica y por la
norma social. Pero esas normas son hipécritas porque impiden que la
mujer ejerza su vida sexual al igual que los hombres. Y en la novela de
Galindo, los censores mayores, la alta burguesia y el clero, estan pudrién-
dose y corrompiéndose. Por ejemplo, el padre Juvencio es un lujurioso y
alcohdlico; las distinguidas sejioras de la sociedad de Las Vigas (dofia
Silvina Montes incluida) siembran la maledicencia en contra Chenda,
pero sobre todo de Otilia, y no son congruentes con su ética, pues asisten
a la fiesta que aquélla organiza. Ellas saben también que ahi estara
Otilia, quien exhibe su cuerpo desnudo para transgredir la moral, provo-
car el deseo y burlarse de sus maledicentes.
Pero Otilia no puede salir de esa sociedad pueblerina, no puede
escapar a otro mundo mas congruente con su modo de ser: una ciudad
para vivir una vida anénima. Es su infierno limitado, su espacio cerrado
al que no puede renunciar porque ahi estén sus rafces familiares, la casa
paterna (simbolo del patriarcado ancestral), sus escasos afectos.
Si su cuerpo y su vigorosa actividad sexual son su poder, su fragilidad
es el verdadero amor. También su fragilidad como personaje transgresor.
Hasta que llega Rubén Lazcano descubre ese amor. Con él puede conci-
liar la ternura y el erotismo precisamente cuando ella est casada y tiene
treinta y un afios. El tiempo histérico de la novela es 1933. Otilia puede
transgerir las normas morales y sociales con su portentosa vida sexual,
cometiendo adulterio, protegiéndo bandidos, pero no puede romper con el
amor total, Lazeano, a quien salva de la muerte luego de que llega herido
a la casa de don Isaac Rauda. No obstante, Lazcano escapa de ese amor
durante ocho aiios, perfodo en el que ella incuba un amor-odio que oscila
entre la ilusién por el regreso de su amado y el deseo de matario. El se
encierra en el total silencio provocado por los transtornos de su infancia:
el odio de su hermano Santiaguito, la muerte de su padre Santiago, la
vida addltera de su madre Rosalia, otro espejo mas de Otilia.
Otilia y Rubén ya no se volverdn a ver jamas.
Rubén Lazcano es para Otilia el amor total, como la Maga lo es para
Horacio Oliveira o Susana San Juan para Pedro Péramo o Maria
Iribarne para Juan Pablo Castel. Pero por eso mismo, por ser un absolu-
81to, es un imposible. “El orgasmo de la muerte” (129) consumado con ¢l en
la casa paterna significa el instante que ya no se repetir4, pero sobre todo
la uni6n de Eros y Thanatos. Amar y morir. De esta manera, la protago-
nista muere en el mismo lecho donde vivid el amor total con Lazcano y
donde consuma con Tomas el dltimo acto sexual de su vida. Otilia no
puede escapar a la fatalidad ni al destino: Tomas mata a Lazcano y a
Otilia. El perfecto triéngulo amoroso. Pero antes, Tomas le confiesa a ella
que Lazcano en verdad la amaba.
‘A su vez, en las Gltimas paginas, Otilia arrastra al precipicio de la
muerte a todos los demas que la aman.
Con este desenlace, Galindo decide dar a la novela una dimensién
tr4gica en el sentido de los dramas y novelas roménticos. Asi, Otilia
evoluciona de una “mujerona” fascinante a una herofna roméntica. Su
poderfo sexual y perturbadora fuerza transgresora —muy vigorosos en la
primera parte— se diluyen. De esta forma, el personaje pierde su intensi-
dad y su modernidad para encarnar, en la segunda y en la tercera partes,
el estereotipo tradicional que muere por amor y vuelve al orden falocén-
trico que habfa intentado romper.
Bibliogrofia
‘Araujo, Helena. La Scherezada criolla. Ensayos sobre escritura femenina latinoamericana,
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‘Mora, Gabriola y Karon 8, Van Hoofr. Theory and Practice or Feminist Literary Criticism,
MI: Bilingual Pross/Editorial Bilingde, Ypsilanh, 1982.
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