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Psicología
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Mara Laura Frank

Maricel Costa
Dolores Hernndez
Comps.

Acompaamiento Teraputico
Clnica en las fronteras
Ttulo: Acompaamiento terapeutico. Clinica en las fronteras
Compiladoras: Mara Laura Frank, Maricel Costa, Dolores Hernndez

Autores: Alejandro Chvez Lenara Spedo Spagnuolo Mnica Santolalla


Ana Cecilia Marengo Villasuso, Leonel Dozza de Mendonga Natacha Zapata.
Analice de Lima Palombini Liliana Montero Pablo A. Dragotto
Andrea Montuori Lorena Njera vila Rodrigo Santilln
Carlos Eduardo da Silva Carneiro Luca Snchez; Romina Machado,
Claudia Torcomian Luciana Chaui Berlinck Rosario Del Corro,
Daniela Tello Marco Antonio Macas Sergio Nicols Andorno,
Deborah Sereno Maria Eugenia Rossi Silvia Resnizky
Dolores Hernndez Maria Giraudo Susana Kuras Mauer
Ftima Bentez, Mara Laura Frank Vera Lcia Pasini
Graciela Bustos Maricel Costa Vernica da Silva Ezequiel
Jesica Morn, Mauricio Hermann Vernica Fernndez
Jorge Pellegrini Mayra Sanchez Wemerson Peixoto de Melo Moura
Karina Chayan

Acompaamiento teraputico : clnica en las fronteras / Alejandro Chvez ... [et al.] ;
compilado por Mara Laura Frank ; Maricel Costa ; Ana Dolores Hernndez. - 1a ed
. - Crdoba : Brujas, 2017.
Libro digital, PDF

Archivo Digital: descarga y online


ISBN 978-987-591-805-4

1. Acompaante Terapeutico. I. Chvez, Alejandro II. Frank, Mara Laura, comp.


III. Costa, Maricel, comp. IV. Hernndez, Ana Dolores, comp.
CDD 610.7372

De todas las ediciones, los autores


Editorial Brujas
1 Edicin.
Archivo Digital: descarga y online ISBN
978-987-591-805-4
Queda hecho el depsito que marca la ley 11.723.

Ninguna parte de esta publicacin, incluido el diseo de tapa, puede ser


reproducida, almacenada o transmitida por ningn medio, ya sea electrnico,
qumico, mecnico, ptico, de grabacin o por fotocopia sin autorizacin
previa.

[Link] publicaciones@[Link]
Tel/fax: (0351) 4606044 / 4691616- Pasaje Espaa 1486 CrdobaArgentina.
ndice
Palabras de presentacin.....................................................................9

Captulo 1
Cotidiano /Dispositivos en AT........................................................ 11

AT en lo cotidiano, una clnica en las fronteras.................................13


Luciana Chaui Berlinck
Dispositivos de frontera ...................................................................21
Silvia Resnizky
H uma epistemologia para o Acompanhamento Teraputico?.........27
Mauricio Castejn Hermann
Caminos, fronteras, barreras para el AT: documentos de viaje ..........39
Pablo Dragotto
Procesos de adecuacin en servicio de pacientes crnicos. Proyecto 17......49
Karina Chayan
Psicodrama y teatro espontneo como herramienta conceptual para
el acompaamiento teraputico de personas con enfermedad mental
grave................................................................................................55
Alejandro Chvez, Andrea Montuori
Abordajes en AT una mirada ampliada hacia la familia.....................67
Frank Mara Laura
Por qu no caminar juntos? La fuerza del acompaamiento entre
AT y psicoanalista.............................................................................75
Mnica Santolalla

5
Acompaamiento Teraputico

Hacer lugar......................................................................................83
Dolores Hernndez

Captulo 2
Clnica / Sujeto y Subjetividad.......................................................89

Acompaamiento teraputico. Un espacio vincular..........................91


Lic. Susana Kuras Mauer
El avatar de la funcin coordinacin: sobre la funcin coordinacin y
la funcin acompaante en un caso de esquizofrenia........................99
Rodrigo Santilln
Transferencia y Supervisin en el contexto del AT..........................109
Vernica Evangelina Fernndez
Algunas precisiones en relacin con la transferencia en el
acompaamiento teraputico. Cuando el goce llama......................115
Marco Antonio Macas Lpez
Reflexiones en torno la demanda, el rol y la posicin tica del AT a
partir de un caso.............................................................................123
Ana Cecilia Marengo Villasuso
Hablando sobre el tiempo en el AT................................................129
Deborah Sereno
La construccin de una voz: constitucin del sujeto y el autismo desde
la clnica del Acompaamiento Teraputico....................................139
Lenara Spedo Spagnuolo
La dimensin de cambio en la conceptualizacin del acompaamiento
teraputico.....................................................................................147
Mara Giraudo

6
Clnica en las fronteras

Andanzas por los diferentes tiempos del Acompaamiento


Teraputico:una experiencia en formacin......................................157
Vernica da Silva Ezequiel, Analice de Lima Palombini,
Vera Lcia Pasini

Captulo 3
Fronteras/ Abordajes e inserciones del AT....................................165

Cuntas edades hay?......................................................................167


Jorge Pellegrini
Escena social y escena teraputica: El Acompaamiento Teraputico
Grupal (ATG)................................................................................175
Andrea Montuori, Alejandro Chvez
Acompaamiento dual, familias complejas.....................................183
Graciela Bustos
Los derroteros por la falta...............................................................195
Daniela Tello
A postura familiar e o resgate da autonomia e das potencialidades de
um usurio de CAPS: um estudo de caso........................................201
Wemerson Peixoto de Melo Moura,
Carlos Eduardo da Silva Carneiro, Kleber Duarte Barretto
Importancia del acompaamiento teraputico escolar como
especialidad....................................................................................209
Prof. Lic. Bentez, M. Ftima, Lic. Del Corro, Rosario,
Lic. Machado, Romina, Prof. Lic. Morn, Jesica
Resistencias familiares al dispositivo de AT.....................................215
Sergio Nicols Andorno

7
Acompaamiento Teraputico

Captulo 4
Caminos/ Formacin del at y Polticas Pblicas............................221

Fronteras del acompaamiento teraputico.....................................223


Leonel Dozza de Mendona
Reflexiones a propsito del Congreso Internacional de AT 2015....229
Claudia Torcomian
Desarmamos lo claro y evidente?...................................................233
Mara Eugenia Rossi
El acompaamiento teraputico en el proceso de transformacin de las
prcticas en salud mental ...............................................................239
Maricel Costa
La formacin del acompaante teraputico, una posicin
epistemolgica y tica.....................................................................249
Mtra. Lorena Njera vila
La Salud Mental en Crdoba y la necesidad de regular la profesin de
AcompaanteTeraputico...............................................................255
Lic. Liliana Montero, Mgter. Mayra Snchez
Creacin de la carrera de Acompaamiento Teraputico en la Facultad
de Psicologa de la Universidad Nacional de Crdoba.....................267
Lucia Sanchez, Natacha Zapata
Lo sensible en la formacin para el Acompaamiento Teraputico.......271
Analice Palombini

8
Palabras de presentacin

Acompaamiento Teraputico. Clnica en las fronteras es un


libro que rene producciones actuales que interrogan y teorizan sobre
los temas que convocan a quienes construyen da a da la clnica del
Acompaamiento Teraputico. Remite a la condicin extra territorial
de la prctica del acompaante. Desde su nacimiento el rol del at
se mantiene en una zona intermedia, en los espacios entre; una
caracterstica que le ha dado riqueza y entidad propia. El at necesita
recorrer los caminos que se abren frente a l en un territorio de desafos
muchas veces lleno de obstculos. La construccin de marcos tericos
y la posibilidad de sistematizar la clnica permiten al campo del AT
desafiar la frontera y lo cotidiano con rigurosidad cientfica y tica.
El punta pie inicial para este libro fue el Congreso Internacional
de AT que se realiz en Crdoba en octubre de 2015, fue un encuentro
generador de discusiones y construcciones novedosas. Sin embargo, no
se trata de una recopilacin de los trabajos presentados sino un intento
de tomar una fotografa del momento actual del Acompaamiento
Teraputico en Iberoamrica. La produccin rene textos que permiten
sistematizar contenidos y generar un lugar de llegada. Se trata de un texto
que rene respuestas a muchas preguntas, pero que a la vez relanza nuevas.
La lgica que hemos elegido es la de los caminos en las fronteras
y en lo cotidiano, senderos sinuosos que los acompaantes saben
recorrer. Se trata de caminos por donde la teora se va construyendo
para dar marco y sustento a la aparicin de un nuevo rol profesional en
los equipos de salud. Caminos en permanente movimiento, cambio y
transformacin que nos llevan a encontrarnos con significantes bajo los
cuales hay cierta pluralidad de textos, en un modo que se asemeja a la
llegada a una frontera fsica entre pases o ciudades: un escenario donde
conviven una multiplicidad de actores.

9
Acompaamiento Teraputico

Hemos optado por organizar el libro desde una lgica horizontal


atravesada por significantes que dan lugar a la lectura y a la escritura
en relacin con algunos de los temas que refieren a la prctica del
Acompaamiento Teraputico. Cada captulo congrega textos de autores
jvenes, de acompaantes teraputicos que han sido premiados por su
trabajo, de autores reconocidos con larga trayectoria, as como textos de
las ms diversas procedencias. Decidimos mezclarlos, conjugarlos de la
misma manera en que se presentan en lo cotidiano. Han sido reunidos
por la vigencia del tema del que tratan y por el aporte que hacen ms
all de las fronteras del reconocimiento o del lugar de origen.
Los significantes Cotidiano, Clnica, Frontera, Caminos marcan
un territorio como mojones que orientan al viajero que se aventura en
el terreno de la lectura, un caminante que recorre caminos desconoci-
dos: seales que limitan un lugar o un captulo y que dan cuenta de
un campo complejo y plural. Tal diversidad de estilos y propuestas se
encuentran agrupadas bajo cuatro ejes principales: Dispositivos en AT;
Sujeto y Subjetividad; Abordajes e Inserciones del AT; Formacin del at y
polticas pblicas.
Como un rompecabezas Cotidiano-Dispositivos en AT, Clnica -
Sujeto y Subjetividad, Frontera - Abordajes e inserciones del AT, Caminos
- Formacin del at y polticas publicas componen conjuntamente una
unidad, de profunda reflexin y teorizacin en este campo profesional
en construccin.
Agradecemos a los autores que generosamente contribuyeron
con sus escritos para que esta publicacin sea posible.
Recomendamos al lector que se sumerja en los caminos de la
escritura sin temor a las fronteras de lo cotidiano.

Las compiladoras
Crdoba, 21 de agosto de 2016.

10
Clnica en las fronteras

Captulo 1

Cotidiano /Dispositivos en AT

Los dispositivos tienen, pues, como componentes


lneas de visibilidad, de enunciacin, lneas de fuerzas, lneas
de subjetivacin, lneas de ruptura, de fisura, de fractura que
se entrecruzan y se mezclan mientras unas suscitan a otras
a travs de variaciones o hasta mutaciones de disposicin.

Gilles Deleuze, Qu es un dispositivo?

11
Acompaamiento Teraputico

12
AT en lo cotidiano, una clnica en las fronteras
Luciana Chaui Berlinck1

Todo dia ela faz tudo sempre igual


Me sacode s seis horas da manh
Me sorri um sorriso pontual
E me beija com a boca de hortel

Todo dia eu s penso em poder parar
Meio dia eu s penso em dizer no
Depois penso na vida pra levar
E me calo com a boca de feijo

Seis da tarde como era de se esperar
Ela pega e me espera no porto
Diz que est muito louca pra beijar
E me beija com a boca de paixo
(Cotidiano, Chico Buarque)

Estos versos de una cancin de Chico Buarque hablan de la ruti-


na, de la repeticin da tras da. La palabra Cotidiano, del latn quotidie,
significa, la rutina de cada da y de todos los das.
Sin embargo, el libro de Certeau llamado La invencion del
Cotidiano, sugiere las preguntas ya desde su ttulo. El cotidiano sera
una invencin? Cmo se inventa el cotidiano? Y cul es la relacin
entre el AT y un cotidiano inventado? Cuando leemos el libro de
Certeau entendemos que el cotidiano es una manera de controlar el
tiempo y del espacio que las instituciones tratan de imponer al hombre
comn a travs de rituales y representaciones.
Doctora en psicologa. Docente universidad Mackenzie San Pablo Brasil, AAT Associacao de
1

AT. Luchaui1@[Link]

13
Acompaamiento Teraputico

Pero si es una invencin de lo cotidiano, ser que podemos


pensar en diferentes formas de control del tiempo y del espacio? Veremos
entonces que la forma de control a travs del cotidiano no siempre ha
sido la misma a lo largo de los tiempos:
En el Mundo antiguo, agrario: el tiempo est dado por el
transcurso del da (nacer del sol, poner del sol); por las estaciones
(siembra, cosecha). El cotidiano se define por el ritmo de la naturaleza.
En el mundo moderno, urbano, fabril: el Cotidiano se define
por el tiempo de trabajo (en lugar del nacer del sol, el libro de punto
de la hora de empezar el trabajo; en lugar de la puesta del sol, el libro
de punto de salida de trabajo); el trabajo no est determinado por las
estaciones del ao, pero por el movimiento de la materia prima, de la
mquina y de la distribucin de los productos. El cotidiano no se refiere
al ritmo de la naturaleza, sino al ritmo de la fbrica.
La sociedad de la actualidad, la sociedad de consumo, es
distinta. Mientras en la sociedad agraria el cotidiano controla el tiempo
y el espacio a travs del ritmo de la naturaleza y en la sociedad fabril,
a travs del ritmo impuesto al trabajo, en la Sociedad de consumo el
cotidiano controla a los individuos a travs de la fugacidad del espacio
y del tiempo, es decir, a travs de la moda.
En la sociedad de consumo y especialmente en la sociedad post-
industrial, la ideologa del elogio al trabajo permanece, pero ya no
es el centro de lo cotidiano como en la sociedad fabril. En el mundo
fabril se pensaba el deseo como lo que trastornaba el orden del trabajo
y por lo tanto deba ser reprimido y controlado, en la sociedad de
consumo el ncleo se encuentra en el elogio del deseo y en el aliento
al deseo. Esto significa que el control se ejerce sobre el deseo como
necesitado de satisfaccin inmediata y sin mediaciones de tiempo y de
espacio, satisfaccin imaginariamente alcanzada a travs de su supuesta
satisfaccin por el consumo. El objetivo preferencial de la sociedad de
consumo lo constituye la juventud - las limitaciones del mercado laboral
impiden la entrada de los jvenes en este mercado como trabajadores
y por eso su utilidad se mover a otro aspecto del mercado, es decir, al
consumo - por lo tanto intiles como trabajadores, los jvenes son

14
Clnica en las fronteras

tiles para el consumo. Se pasa, por lo tanto, del control social a travs
del trabajo al control social a travs del deseo.
As, vemos que el cotidiano como control social -en el mundo
agrario, -en el mundo fabril urbano, o en el mundo del consumo- opera
como:
a) La ordenacin del espacio y del tiempo.
b) El control social a travs de normas y valores.
De esta manera, la repeticin y la rutina no se imponen slo
por el ritmo de la naturaleza (el mundo agrcola) y por lo ritmo urbano
(mundo fabril y el mundo del consumo), sino tambin como formas de
control social fsico y simblico, definiendo lo permitido y lo prohibido,
lo correcto y lo incorrecto, lo justo y lo injusto, lo verdadero y lo falso,
lo bello y lo feo, etc. -. El cotidiano es el pilar del mundo de la cultura
(simblico) y del mundo de la dominacin (de clase, de gnero, de etnia,
etc.). A travs de la repeticin y de la rutina, a travs de las costumbres
y de las opiniones, el cotidiano naturaliza la vida social y la dominacin.
Y volvimos a preguntar, y el AT en todo esto?
Si pensamos en nuestros acompaados, lo que observaremos
es que para ellos, incluso ms que para los dems, este cotidiano
impuesto desde fuera es un cotidiano opresivo y violento, una vez que
el acompaado no participa de ninguna de las formas del cotidiano.
No est en el mundo agrcola, gobernado por el ritmo de la naturaleza,
no es el trabajador, insertado en el mercado laboral y tampoco es el
consumidor cuyo deseo puede ser controlado y estimulado. Para este
individuo, el cotidiano social y culturalmente instituido no tiene
ningn sentido, pero se ve obligado a someterse a l en cualquiera de
sus formas.
Si el acompaado sufre con esta imposicin, es necesario
encontrar otra posibilidad; yo dira un otro lugar. El AT surge, entonces,
como un otro espacio y un otro tiempo, un hueco y una pausa en el
espacio-tiempo del cotidiano. Basado en la idea de espacio transicional,
el AT entra en escena como intervencin transicional. Segn Winnicott,
el fenmeno transicional se refiere a una zona intermedia de experiencia,
una tercera parte de la vida para la cual contribuyen tanto la realidad

15
Acompaamiento Teraputico

interna como la realidad externa, no siendo en s ni una ni otra (es una


tercera). El espacio transicional es un lugar de descanso para aquel que
est con la difcil tarea de mantener separadas pero interconectadas, las
realidades externa e interna (todos nosotros). Otro trmino utilizado por
Winnicott para describir este fenmeno es el de la experiencia cultural, o
sea, es aqu donde se encuentra la cultura (y, por lo tanto, lo simblico),
pero tambin la creatividad que es nuestro poder transformador. Por
esta razn, la intervencin del AT puede ser transformadora, pero
slo tendr sentido si proporciona al acompaado el encuentro de su
propio da a da, su propia organizacin, su propio espacio y tiempo,
su autonoma, o sea, su propio ritmo. Para esto es necesario tener en
cuenta las necesidades y el propio repertorio del acompaado.
A esa idea se une otra que creemos de importancia fundamental
para pensar nuestra prctica, otra forma de trabajo clnico propuesto
por Winnicott llamada placement.
Para entender el concepto de placement podemos partir del
significado de la palabra en s, que es: ofrecer un lugar. De esta manera,
como escribe Safra: En el placement lo que se busca es la posibilidad del
individuo de ponerse en una situacin que responda a sus necesidades
para que pueda ser acompaado en su tratamiento. Siendo as, el
placement es de hecho un gran modelo para el Acompaamiento
Teraputico, una vez que en el ejercicio de su funcin, el acompaante,
bsicamente, ofrece un lugar para su paciente en contraposicin al
espacio puesto de manera opresiva por el cotidiano familiar y social.
La transposicin de esta forma de trabajo clnico para el AT se
puede entender mejor si tenemos en cuenta cmo ha sido concebido el
concepto de placement. Winnicott, durante la Segunda Guerra Mun-
dial, acompa a la evacuacin de muchos nios que para ser protegi-
dos de los ataques areos fueron llevados de Londres al campo ingls.
No obstante, Winnicott estaba preocupado con el hecho de que, a pesar
de estar protegidos de los bombardeos, estos nios eran alejados de sus
lugares de origen y trasladados a otro entorno y, por lo tanto, podran
sufrir una mala interferencia en sus procesos de maduracin.

16
Clnica en las fronteras

Sin embargo, lo que le llam la atencin fue que para algunos


nios estos nuevos ambientes ofrecan una experiencia importante de
estabilidad y continuidad que no existan en sus lugares de origen. Por
lo tanto, el placement fue visto por Winnicott como una posibilidad
significativa de intervencin clnica.
Si pensamos, a continuacin, en los casos psiquitricos vemos
que el placement, al permitir que el paciente experimente un otro lugar
en el mundo, es decir, que se le d otra referencia, resignifica su expe-
riencia original y pueda tener otro punto de vista, ms objetivo, de su
ambiente.
De este modo entendemos la importancia de esta modalidad de
intervencin clnica para el AT que ocurre a travs de la comprensin de
las necesidades bsicas del acompaado. Estas necesidades aparecen en
gran parte en los encuentros realizados con el acompaante que, a partir
de su percepcin de la manera de ser del sujeto, da lugar a la aparicin
de su singularidad y permite tanto que l sea visto en su singularidad
como la posibilidad de crear un lugar sostenido por el acompaante en
el que el paciente se siente reconocido y pueda lograr los beneficios de
la transferencia, a la cual Safra describe como un lugar desde donde se
puede llegar a reencontrar su propio gesto delante a un otro ser huma-
no, y de esta manera tener perspectiva de posibles planes de futuro para
s mismo.
Esto significa que el placement, en tanto oferta de lugar, opera
como rotura del control del espacio y el tiempo de un cotidiano im-
puesto y opresivo. El acompaado deviene entonces un sujeto capaz de
autonoma y, por lo tanto, sujeto tico.
En la medida en que la tica es inseparable de la figura del sujeto
racional, voluntario, libre y responsable, tratar al acompaado como si
fuera carente de razn, voluntad, libertad y responsabilidad sera tratar-
lo no como humano, sino como cosa. Y corremos el riesgo por la rutina
del cotidiano de cosificar al sujeto.
Si adems tenemos en cuenta el hecho de que vivimos en una
poca en la que las nuevas formas de subjetividad surgen por la ausencia
tanto del rostro del Otro como de un lugar tico, el Acompaamien-

17
Acompaamiento Teraputico

to Teraputico debe ser tomado como una modalidad de intervencin


clnica fundamental en el mundo contemporneo, ya que el hecho de
que el sufrimiento del acompaado sea contemplado y se le ofrezca un
lugar, permite el encuentro y la constitucin de s mismo. Pero no slo
eso. Adems de la esfera individual o de la vida privada, donde acta el
sujeto tico, el acompaado tambin es visto como un sujeto capaz de
convivir en un espacio social. Entonces, por la propuesta misma de su
trabajo, el at acaba siendo un profesional que puede ser pensado como
sujeto social, como participante de un trabajo colectivo y al ejercer su
prctica de manera descentralizada, integrada y democrtica, con res-
pecto a la persona con trastorno mental, en sufrimiento psquico o vul-
nerabilidad social, es capaz de facilitar a los acompaados su inclusin
como ciudadanos en el proceso teraputico.
El Acompaamiento Teraputico como una herramienta para la
ciudadana, ya que su objetivo es sacar al paciente del encierro interno y
externo en el que est confinado. Es decir, tratarlo como un agente tico
y como a un ciudadano.
La posibilidad de deshacer lo cotidiano como control y
herramienta de exclusin, y de volver a crear un nuevo espacio y un
nuevo tiempo en que el acompaado tenga existencia tica y socio-
poltica como ciudadano, explica por qu, desde antes de que se creara
como Acompaamiento Teraputico, esta prctica tiene un fuerte
vnculo con las cuestiones de las reformas psiquitricas; sin embargo
es capaz de hacer una contribucin que excede los lmites impuestos a
estas reformas. Pensamos, entonces, la frontera, la clnica en la frontera
como este espacio transicional de relajamiento, de descanso, as como la
que est en el lmite, en el borde, entre el orden y el control establecidos
e impuestos socialmente y el desorden y el no control del acompaado.
En otras palabras, el espacio transicional es en s, una frontera entre
la realidad interna del acompaado y la realidad externa del cotidiano
familiar, social y cultural; un cotidiano que excluye al mismo tiempo
que trata de mantener el control sobre l. Aquel que no se ajusta a las
construcciones sociales y culturales, al espacio-tiempo y a las normas y
valores del cotidiano socio y culturalmente instituido es excluido como

18
Clnica en las fronteras

alborotador y peligroso. Pero por el contrario, la experiencia de un


espacio transicional y del placement son experiencias en que el AT derriba
muros culturales y desplaza fronteras, gracias a una nueva construccin
del espacio como lugar y del tiempo como presente y futuro propios
o la creacin de un otro cotidiano que no est marcado por el control
y por la vigilancia ni por la exclusin psquica, tica y social. El AT es
entonces el encuentro que permite crear otro espacio-tiempo y, por lo
tanto, un nuevo orden de vida que tenga sentido para el acompaado.
Termino con un recorte de otra cancin de Chico Buarque lla-
mada Construccin. En esta cancin vemos a Chico acompaar su per-
sonaje que va dando nuevos significados, ms locos y atrevidos a sus
vivencias; tal como nosotros, ats, seguimos a nuestros acompaados:

Amou daquela vez como se fosse a ltima


Beijou sua mulher como se fosse a ltima...
Subiu na construo como se fosse mquina
Ergueu no patamar quatro paredes slidas
Tijolo com tijolo num desenho mgico...
Bebeu e soluou como se fosse um nufrago
Danou e gargalhou como se ouvisse msica
E tropeou no cu como se fosse um bbado
E flutuou no ar como se fosse um pssaro...
Morreu na contramo atrapalhando o trfego

Amou daquela vez como se fosse o ltimo


Beijou sua mulher como se fosse a nica...
Subiu a construo como se fosse slido
Ergueu no patamar quatro paredes mgicas
Tijolo com tijolo num desenho lgico...
Bebeu e soluou como se fosse mquina
Danou e gargalhou como se fosse o prximo
E tropeou no cu como se ouvisse msica
E flutuou no ar como se fosse sbado...
Morreu na contramo atrapalhando o pblico.

19
Acompaamiento Teraputico

Referencias Bibliogrficas:
Certeau, M. A inveno do cotidiano. Petrpolis, Editora Vozes,1998
Safra, G. Placement: modelo clinico para o acompanhamento teraputico.
Psych, So Paulo, v.10 n.18, p. 13-20. So Paulo set. 2006.
Winnicott, D., O Brincar e a Realidade, Rio de Janeiro, Imago, 1975
Winnicott, D. (1948). Alojamentos para crianas em tempo de guerra e de paz.
In: Winnicott, Deprivao e deliqncia. So Paulo: Martins Fontes, 1995.

20
Dispositivos de frontera
Silvia Resnizky1

El nombre de este Congreso2 es claro y elocuente. Efectivamente,


el Acompaante Teraputico tiene presencia en los mrgenes donde la
gente sufre, en las fronteras, all donde hay que inventar dispositivos
para poder hacer frente a situaciones extraordinarias.
Pensamos que cada dispositivo ilumina zonas diferentes del en-
tramado vincular y se construye en un trabajo conjunto y en colabora-
cin. No est preconfigurado ni es fijo, puede variar en funcin de una
regla inmanente. La clave de la validacin se encuentra en la lectura a
posteriori de sus efectos. Un entre dos o ms de dos que habilita la
produccin de aperturas inditas.
Los dispositivos clnicos son construcciones conjuntas a veces del
analista con el paciente; otras veces surgen desde el equipo teraputico
donde el vnculo es el que va haciendo aparecer las diversas figuras del
dispositivo. Es decir, que el dispositivo es un producto del vnculo que, a
diferencia del encuadre, no lo precede.3
El acompaamiento teraputico como dispositivo, es parafra-
seando a Gilles Deleuze, como un ovillo, es algo que preanuncia ms de
un destino posible. Un ovillo, podra ser, por ejemplo, un abrigo en po-
tencia. Tiene por delante la posibilidad de transformarse en algo nuevo.
Pero la trama de la malla no est en el origen, hay que tejerla.

1
Psicoanalista, Co-Directora de la Maestra de Familia y Pareja del Instituto Universitario de
Salud Mental (IUSAM) de APdeBA. resnisilvia@[Link]
2
Clnica de las fronteras, Caminos del AT en lo cotidiano. X Congreso Internacional, XI
Iberoamricano y XI Congreso Argentino de Acompaamiento Teraputico. Octubre, 2015
3
Mauer, S., Moscona, S., Resnizky, S. (2001) Psicoanalistas. Un autorretrato imposible. Ed.
Lugar. Buenos Aires 2001.

21
Acompaamiento Teraputico

Lo vincular

La clnica de los tratamientos multipersonales, con escenas


dramticas jugadas en la vincularidad, impuso la necesidad de nuevas
conceptualizaciones, crear nuevas herramientas. Voy a referirme en
particular a la nocin de vnculo que tal como lo entendemos est ligado
a la lgica del Dos y a la idea de devenir. Lo vincular, la vincularidad ha
sido nuestro leit motiv desde el inicio. Vuelvo a este concepto porque
es paradigmtico. Acompaamiento alude a vincularidad. El primer
captulo de nuestro primer libro aquel Manual Introductorio4 se
llamaba Contra la enfermedad como delito y all hablbamos de la
importancia de descubrir el sentido de los sntomas que de otro modo
eran rpidamente catalogados como enfermedad mental, lo que daba
lugar a la clsica escisin entre sanos y enfermos. Destacbamos el
contexto familiar y social en el cual se inscriban los sntomas, afines
con la corriente de la Antipsiquiatra representada entonces por Ronald
D. Laing, David Cooper y Franco Basagila, por nombrar solo algunos.
Estas ideas fueron enriquecidas por los aportes y desarrollos de la
teora vincular propia del Ro de la Plata. Enrique Pichon Rivire desarroll
la idea de vnculo, Willy y Madeleine Baranger hablaron de la situacin
analtica como campo dinmico. Entendan el anlisis como el encuentro
profundo de dos subjetividades intensamente comprometidas en la tarea
de promover las transformaciones psquicas del analizando. Dos personas,
analista y paciente, indefectiblemente ligadas y complementarias mientras
est durando la situacin analtica, e involucradas en un mismo proceso
dinmico.5 Se destaca en este escrito la importancia de la participacin
del analista y de la contratransferencia como instrumento tcnico; la
relevancia del lenguaje corporal y la comunicacin emocional.
Esta idea de campo revolucion en su momento el modo de
entender la situacin analtica, el analista ya no era solo una pantalla
en la cual el paciente proyectaba su mundo interno sino que intervena
4
Mauer S., Resnizky S. Acompaantes teraputicos y pacientes psicticos. Manual
introductoria a una estrategia clnica. Editorial Trieb. Buenos Aires. 1985.
5
Baranger M y W. (1961-1962) La situacin analtica como campo dinmico, Revista
Uruguaya de Psicoanalisis. IV, 1, 3- 54.

22
Clnica en las fronteras

como persona, como subjetividad comprometida, con sus deseos y con


su propio inconsciente. El concepto de contratransferencia desarrollado
en ese momento por Heinrich Racker ha sido muy trabajado a partir
de all.
Nos enfrentamos hace algunas dcadas al hecho de que el
abordaje vincular no puede ser considerado como una mera ampliacin
del dispositivo; requiere de la transformacin y complejizacin de
los conceptos psicoanalticos clsicos. La clnica vincular conmueve
el edificio psicoanaltico del dispositivo bipersonal.6. A diferencia de
algunos desarrollos de las teoras intersubjetivas, la idea de vnculo a
la que adherimos sostiene que ambos polos de la relacin son pasibles
de ser transformados por el vnculo aunque exista asimetra. No solo la
madre inscribe en el aparato psquico del beb sino que el beb puede
tambin realizar nuevas inscripciones en el aparato mental de la madre.
Preferimos referirnos a produccin de subjetividad y no a sujeto ya que
esta concepcin nos remite con ms precisin al movimiento y a la
multiplicidad de las fuerzas en juego.

El acompaamiento teraputico como instancia


de subjetivacion

A partir de estas ideas se produce una incesante bsqueda de


sentidos. Al habilitar nuevos territorios existenciales 7 surgen nuevas
instancias de subjetivacin. Encuentros significativos pueden producir
nuevas marcas ya que el proceso de subjetivacin contina a lo largo
de toda la vida. Queda cuestionada la idea de identidad lograda, de
esencia, de estructura, para pensar en trminos de transformaciones, de
variabilidad y fluidez. No habra entonces un nico origen posible del
sujeto ni todo quedara ya fijado en los cinco primeros aos de la vida.

6
50 Aniversario. Pensamiento vincular. Un recorrido de medio siglo. Asociacin de
Psicologa y Psicoterapia de Grupo. Ediciones del Candil. Buenos Aires. 2004, pg. 83.
7
Mndez M.L. Procesos de subjetivacin, Ensayos entre Antropologa y Educacin.
Editorial La Hendija. Entre Ros. 2011.

23
Acompaamiento Teraputico

La subjetividad no puede ser reducida a lo individual, su pro-


duccin es siempre social y colectiva. La visibilizacin de las polticas de
subjetivacin no es tarea sencilla, ya que habitualmente las formas sociales
y los modelos hegemnicos se naturalizan y se presentan como eternos.
Las distintas concepciones del trastorno mental no son ingenuas,
reflejan una manera de pensar al hombre y su relacin social. Entendemos
que en los padecimientos psicopatolgicos que afectan a un sujeto se
juegan los conflictos de su poca y no solamente su historia personal.
La idea de que la subjetividad se produce, se modela, se recibe y
se consume, necesariamente la introduce en el devenir y desde el vamos la
considera histrica, lo cual significa que sufre mutaciones y que no puede
pensarse o presuponerse que la humanidad siempre actu de tal o cual
manera y que por consiguiente lo seguir haciendo...Toda subjetivacin
implica el pliegue de sistemas de representacin, de percepcin, de
sensibilidad, que no tiene nada que ver con categoras naturales y
universales, son hbridos de cada espacio-tiempo creados por las distintas
culturas.8. La idea es deconstruir categoras consideradas inmutables para
dar visibilidad a las polticas de subjetivacin que las legitimaron.
El sujeto no es un ser acabado, va deviniendo en las interaccio-
nes. Estamos frente a un cambio de paradigmas que afecta al modo de
convivir y de crear sentidos.
Pensamos en un psiquismo abierto, en constante produccin, en
una subjetividad que no cesa de producirse en el vnculo con los otros.
El acompaamiento teraputico como dispositivo se ofrece como otra
instancia de subjetivacin no solo para el paciente sino tambin para el
acompaante.

La logica del dos

Lo vincular entendido desde esta perspectiva nos remite a otras


lgicas. Isidoro Berenstein y Janine Puget llamaron la lgica del Dos,
al espacio de intercambio y encuentro-desencuentro entre dos o ms
sujetos, encuentro que tiene algo indito, impensado antes. A lgica del
8
Mndez M. L. Idem.

24
Clnica en las fronteras

Dos se liga la idea de devenir, lgica del devenir distinta a la lgica iden-
titaria. La multiplicidad, las infinitas variaciones del contexto forman
parte de estas consideraciones. Lgicas heterlogas, diferentes, inditas
surgen a partir de estas conceptualizaciones. De esta manera se pone de
manifiesto el rigor y la validez intrnseca de lgicas alternativas a la l-
gica causal y determinista. Lgicas paradojales, lgicas suplementarias,
lgicas de la complejidad y de la diversidad.
En la escena vincular algunas cuestiones se representan y otras se
presentan, de ah la idea de coexistencia de diferentes lgicas. Esto per-
miti entender, entre otras cosas, la paradoja de que lo uno y lo mltiple
que operan en simultaneidad.
Una perspectiva privilegia lo invariante y la otra el movimiento
y la transformacin. Lo importante es poder soportar esa tensin que
no se resuelve entre lo identitario y lo acontecimental, entre la lgica
del Uno y la del Dos, entre el sujeto constituido y la idea de produccin
continua de subjetividad y es justamente esa tensin entre lo ya
instituido y lo nuevo la que da lugar a la infinita creacin de la vida,
del pensar y del sentir.9
El trabajo en la frontera con personas sufrientes lleva a la necesidad
de crear permanentemente dispositivos a medida que favorezcan la
posibilidad de armar lazos, de identificar lo que Didi Huberman10 llama
la zona de supervivencia de las lucirnagas. Dice el autor que justamente
cuando hay razones para el pesimismo es an ms necesario abrir los ojos
en medio de la noche y ponerse a buscar lucirnagas. La danza de las
lucirnagas es la cosa ms frgil y fugaz. Las tenues luces intermitentes,
si bien son resplandores pasajeros en medio de las tinieblas, nos iluminan,
favoreciendo la posibilidad de encontrar el lugar adecuado y el momento
preciso donde el tejido de alguna red vincular se haga posible. Los vnculos
abren a un mundo nuevo cada vez. Muestran que siempre hay uno a
quien hablar, uno de quien aprender, alguien a quien amar, al menos uno
que valga la pena.11
9
Mndez M.L. Idem.
10
Huberman D. Supervivencia de las lucirnagas. (2009) Abada Editores. Madrid 2012.
11
Accarini I. Invenciones. Psicolibro. Buenos Ares. 2011.

25
H uma epistemologia para o
Acompanhamento Teraputico?
Mauricio Castejn Hermann1

A pergunta que intitula este texto2 descerra, no sem motivaes


e consequncias, um leque de apontamentos pertinentes e necessrios
ao avano terico, clnico e poltico no campo do Acompanhamento
Teraputico. Longe de pretender esgotar assunto to amplo (e polmico)
quanto a epistemologia do AT (que se impor, certamente, nos debates
que tero lugar durante o XI Congresso Internacional de AT de 2017,
a ser sediado em So Paulo, sob a realizao do Attenda), pretendemos
indicar aqui caminhos de aproximao, apresentando consideraes
sobre o que julgamos pertinente ao mapeamento da pergunta norteadora
do trabalho.
Assim, poderemos demarcar certas diferenas entre, por exemplo,
a experincia argentina de AT comparada brasileira para, em seguida,
desdobrar a noo do AT como funo, concepo determinante para
ilustrar o modo como o campo se consolidou no Brasil. No contexto
brasileiro, encontramos elementos pertinentes advindos de uma
proposta de AT prpria a uma possibilidade de definio daquilo que se
sustenta como objeto especfico que definiria uma epistemologia do AT
(vide Hermann; 2010, 2014). Trata-se, todavia, de uma definio que
se pretende provisria, servindo mais como proposta aberta ao debate e,
portanto, ao ensejo de novas significaes.
1
Doctor en psicologa por la Universidad de San Pablo (USP). Director de ATTENDA Trasmisao
e clinica em AT. mauhermann@[Link]
2
A primeira verso deste texto foi submetida ao eixo temtico (temas livres) AT e
epistemologia, no X Congresso Internacional de Acompanhamento Teraputico, sediado em
Crdoba/Argentina, em 2015. Foi a primeira vez que este eixo temtico foi apresentado em
um congresso internacional de AT. Na ocasio, havia somente quatro trabalhos e, apesar do
ineditismo e aparente pouco interesse acerca do tema, o debate foi intenso e caloroso, o que
somente confirma a pertinncia deste tema/eixo temtico para o campo do AT.

27
Acompaamiento Teraputico

O AT argentino e o brasileiro

O AT no Brasil guarda caractersticas distintas, se comparado


ao universo do AT argentino. Podemos elencar diversos aspectos que
marcam essas diferenas sendo alguns estruturantes , tais como:
1. a histria e o papel das instituies de AT (associaes, gru-
pos e instituies pblicas ou privadas);
2. a proposta de regulamentao do AT advinda da experincia
argentina;
3. os modelos de implementao do AT na rede pblica de
sade mental;
4. a constituio de regulaes e legislaes, visto que na Ar-
gentina o AT est previsto como profisso;
5. as formaes especificas para o at;
6. o cdigo de tica do at ainda pelo caso argentino, que
preconiza a obrigatoriedade de o at trabalhar sob um coor-
denador de equipe;
7. outros.

Esses pontos de distino que elencamos j seriam suficientes para


gerar debates extensos e acalorados; mas no nos cabe aqui aprofundar
na defesa de uma ou outra realidade, justamente porque no interessa
enfatizar ou alargar as diferenas at porque no se trata de uma
partida de futebol entre Boca Juniors e Corinthians, na Libertadores da
Amrica. Buscamos outra direo, qual seja, a do respeito e valorizao
das diferenas, sustentando a pluralidade como inerente ao campo,
tendo em vista o carter fronteirio e transversal da clnica do AT. Por
fim, desejamos estear a aproximao e o encontro com a diferena, visto
que o outro pode (e deve) nos servir como alteridade e referncia no
reconhecimento de ns mesmos.
Isso posto, destacaremos uma particularidade brasileira acerca
do AT: em nosso pas, o campo tem sido pensado como uma funo
clnica. O que isto significa? Ora, responder a esta indagao nos
obriga a explicitar particularidades que tocam realidade brasileira

28
Clnica en las fronteras

do AT, o que faz necessrio um breve recorte histrico para clarear


ao leitor caractersticas circunscritas ao contexto nacional, de modo
a apresentarmos a noo do AT como uma funo clnica, marca
importante de um enquadramento que possibilitou avanarmos na
definio do que seria objeto do AT.

No Brasil, a histria recente do campo revela que a proposta


de representao do AT por uma ou mais entidades, assumindo o
carter de porta-vozes do segmento, foi majoritariamente refutada. Este
posicionamento, que diz respeito forma de representao poltica,
comeou a se delinear durante o II Congresso Internacional de AT,
ocorrido em So Paulo em 2006. Havia, na ocasio, expectativa de uma
parte dos ats brasileiros de que seguiramos influenciados pelo frescor
da fundao, em 2003, da Aatra Associao de Acompanhamento
Teraputico de Repblica Argentina ; mas, uma assembleia geral,
ocorrida ao trmino do referido Congresso, determinou que no
seguiramos por esse caminho. O encaminhamento, contudo, no se
fez sem que houvesse um embate poltico, visto que havia um jogo de
foras entre defensores da ideia de uma associao brasileira de AT e
aqueles que a rechaavam. Por consequncia, os passos subsequentes
previsveis, prprios ao trabalho de uma entidade representativa de
classe, no se sucederam.

Portanto, no podemos dizer que temos no Brasil uma entidade


representativa do campo como um todo, seja em carter nacional ou
regional. Do mesmo modo (e no por acaso), no temos tambm
regulamentaes especficas ao exerccio do AT (de modo similar,
alis, ao que ocorre tambm com a psicanlise); ou seja, a profisso do
acompanhante teraputico no existe, bem como no existem marcos
legais e respectivas leis jurdicas orientadoras e regulamentadoras do
campo.
Isso, evidentemente, tem consequncias que podem ser
consideradas positivas por diversos ngulos, mas complicadoras por
outros. A questo da implementao do AT na rede pblica de sade

29
Acompaamiento Teraputico

mental, em particular, exigiria um exame maior que no foco da


presente reflexo. De todo modo, este ponto absolutamente sensvel
ao debate, e no poderia afirmar se a ausncia de regulamentao seja
benfica experincia de reforma psiquitrica do pas ou mesmo para
o AT brasileiro, no contexto da sade pblica. Podemos dizer que no
temos uma regulamentao geral do Sistema nico de Sade (SUS)
referente ao tema, e as experincias de AT na rede pblica de sade
mental no Brasil tm se circunscrito, at o momento, salvo engano, a
iniciativas de parcerias entre equipamentos de sade e universidades
(pblicas/privadas) ou com instituies privadas voltadas formao
especfica em AT. Essas parcerias parecem se sustentar pelos bons
ventos de contextos circunstanciais. Mas como manter convnios entre
instituies de ensino e rgos de prefeituras ou estados, em mudanas
de governo? No seria interessante regulamentar o profissional que
executa AT para que ele encontrasse campo de desenvolvimento
profissional na rede pblica de sade mental? Neste caso, como ficaria
a funo, nos aspectos administrativo e de responsabilidade legal diante
dos pacientes? Qual seria seu nvel de formao: tcnico, graduao
de nvel superior, ambos? De todo modo, mesmo com estes (e muitos
outros) questionamentos que contornam a questo, mantemos a defesa
da no-profissionalizao do AT, conservando a noo de funo
clnica, melhor explicitada frente.

No temos no contexto brasileiro, tampouco, um cdigo de tica


que estabelea princpios normativos que os profissionais devam seguir
e aplicar no exerccio de sua funo, como, por exemplo, defender a
parceria entre um at com um coordenador de equipe, como ocorre no
caso argentino. No Brasil, um at pode trabalhar de modo autnomo,
pois em geral um profissional graduado em outro campo profissional
(psicologia, principalmente, mas tambm enfermagem, terapia
ocupacional etc.), levando consigo um olhar em rede, autorizando-se a
planejar e conduzir um projeto teraputico prprio ao AT (Hermann,
2001). No h, portanto, necessariamente, uma hierarquizao de
posies entre os integrantes de uma montagem de tratamento. Este

30
Clnica en las fronteras

aspecto nos induz ao ponto que esmiuamos com mais detalhes a seguir,
qual seja, a noo do AT como funo clnica.

AT como funo clnica: o modelo brasileiro

H especificidades, por um lado, que diferenciam os campos


cientficos e que se refletem em seus respectivos objetos de estudo;
por exemplo, o funcionamento do corpo humano e o funcionamento
da psique humana, como objetos especficos da medicina e psicologia,
respectivamente. Por outro lado, espera-se que um profissional da
sade mental, seja ele mdico ou psiclogo, se aproprie de saberes
ou procedimentos especficos sua realidade de trabalho, tais como
coordenao de oficinas teraputicas, acolhimento de novos usurios,
gerenciamento dos equipamentos, entre outros. So demandas inerentes
ao funcionamento das redes de sade mental. Um fonoaudilogo se
interessa em cuidar das demandas prprias aos distrbios de linguagem,
mas no pode se furtar, naquilo que o funcionamento da rede o convoca,
de ir alm daquilo que sua formao de base.

O AT, como funo3, assume essas mesmas caractersticas, de


sorte a possibilitar que os profissionais da rede se apropriem daquilo
mesmo que a clnica do AT nos ensina. Como o AT afetaria as prticas
da enfermagem, do servio social ou da psicanlise, num trabalho em
rede? possvel, ento, afirmar que o AT como funo seja emblemtico
da reforma psiquitrica. comum ouvir de gestores brasileiros de
polticas pblicas em sade mental expresses como: Acreditamos
que todo e qualquer profissional de rede mental deve ser tambm um
acompanhante teraputico! Resgato aqui um fragmento clnico, para
ilustrar o modo como o AT pode ensinar clnica psicanaltica:

3
Na traduo brasileira do livro Fundamentos Clnicos do Acompanhamento
Teraputico, de Gabriel Pulice, Ed. Zagodoni, existe um comentrio em defesa do AT
como funo clnica.

31
Acompaamiento Teraputico

Tratava-se de um garoto de nove anos que vivia


em um orfanato e era atendido por mim. Sua vida era
organizada conforme a agenda determinada pela instituio,
de acordo com os compromissos escolares, sua ida anlise;
enfim, uma programao totalmente determinada e
controlada pelo outro. Chegou um momento em sua anlise
em que este garoto se deparou com o excesso de vigilncia
presente em sua vida. Ao mesmo tempo, tentava se arriscar
a deslocar sua posio de absoluta fragilidade e dependncia
do outro. Optei por sair de meu consultrio e circular com
a criana pelo bairro. Andamos pela rua, ele pde conversar
com desconhecidos e experimentou algo absolutamente novo
que gerou consequncias positivas para a sua anlise, ao lhe
provocar questionamentos sobre sua falta de autonomia,
submisso ao olhar do outro e vivenciar possibilidades
concretas de se arriscar. Ocorreu algo como trs ou quatro
sadas, talvez consideradas como ATs pontuais. Ora, o que
se passou nesta passagem de seu tratamento? O analista pode
sair do conforto de sua poltrona e ir para a rua lugar de
movimento onde se produz acontecimentos aproveitveis
para o andamento desta anlise. (Hermann; p. 33, 2012)

Ilustramos com este recorte clnico a potncia clnica do AT


e a possibilidade de outros saberes serem tocados por aquilo mesmo
que o AT nos ensina. Mais nos interessa que seja incorporado o uso da
estratgia do AT nas prticas de sade, da educao, da justia, do mundo
do trabalho, entre outros, do que simplesmente que seja delegada a um
outro o exerccio da funo do AT. Cabe, neste pequeno recorte clnico,
chamar algum para compor uma equipe de tratamento e sustentar uma
interveno pontual, mas necessria anlise da criana em questo?
(Hermann, 2012) Deste modo, ao sustentarmos a posio poltica
brasileira acerca do AT como funo clnica valorizamos, tambm, as
graduaes especificas que fazem fronteira com esta forma de clnica
que se d no lao social. Como as graduaes de base das reas da

32
Clnica en las fronteras

sade, educao, direito, mundo coorporativo, entre outras podem ser


benficas ao exerccio da funo de AT? O que a formao acadmica de
um advogado poderia ensinar para o AT na justia de famlia, no que
toca ao regime de visitas controladas? Ou um enfermeiro, quando faz
AT com pacientes geritricos em sua residncia? Ou, quem sabe, uma
fonoaudiloga que acompanha adolescentes que realizaram implantes
auriculares? A ideia acompanhar, nesses contextos especficos de
atuao.

A etimologia da palavra, oriunda do latim accompanire, condiz


com a noo de companhia ou conjunto de pessoas que comem po
juntos, mas que tambm pode assumir outras inmeras possibilidades
de significao, como, seguir junto em um caminho, ir ou seguir
prximo a algum para dispensar cuidados, entre outros. Neste
sentido, a perspectiva de acompanhar assume a ideia de constituir
uma presena, estar junto com algum, em um contexto especfico de
lao social. E teraputico? Este adjetivo, que vem do grego therapeutiks,
nos remete a cuidado e tratamento de doenas. Estamos falando,
portanto, de um acompanhar que assume propriedades curativas, de
cuidar e tratar o outro. Como ser teraputico, ao tratar da condio
humana, de seu sofrimento psquico e do resgate de seus possveis
recursos subjetivos, para fazer lao social? Julgamos primordial ao
exerccio da funo clnica do AT a necessidade de assumir uma viso
de homem, que pode advir das psicologias, das psicanlises e mesmo
da filosofia.

Por esse prisma, podemos ilustrar um exemplo de apropriao


de uma viso de homem, o da teoria psicanaltica lacaniana: possvel
localizar, em conformidade com a especificidade da funo clnica do
AT, seu estatuto psicanaltico?4 Podemos tambm indagar: como teorizar
4
Vide livro Acompanhamento Teraputico e Psicoses: articulador do real, simblico e
imaginrio, tambm publicado em espanhol pela Editora Letra Viva. Sugerimos sua leitura,
pois o desenvolvimento terico sobre a funo clnica do AT a partir da concepo lacaniana
da subjetividade extenso. A ttulo de informao, o autor aborda as duas indicaes clnicas
de Lacan acerca do tratamento possvel da paranoia a metfora delirante dos anos 50 e a

33
Acompaamiento Teraputico

o estatuto psicolgico do behaviorismo radical de Skinner no AT?


No adentraremos nos meandros desta discusso, visto que escaparia
ao objetivo da presente reflexo. Interessa marcar que h, na pesquisa
indicada, aprofundamento terico que permitiu ao autor trabalhar
a teoria lacaniana das psicoses em prol da teorizao da experincia
clnica do AT. A dimenso teraputica (ou analtica) do AT comporta
o tratamento do sofrimento humano, na perspectiva de amenizar os
efeitos de sofrimento e distanciamento do paciente do lao social, com
o intuito de resgatar sua potncia de realizao e criao de novos laos
sociais. Este percurso foi possvel em funo do contexto histrico em
que o trabalho se desenvolveu: um jovem psiclogo interessado em AT
e em Lacan autorizando por si mesmo a sustentar sua clnica mesmo
no estando referenciado a uma equipe ou a um coordenador de caso
clnico, que lhe determinasse uma direo de tratamento.

Epistemologia para o AT

Voltemos aos bancos escolares para estudar matemtica e


realizar um simples exerccio de anlise combinatria; siga o texto... No
Brasil, como j mencionado, o AT pode ser executado por profissionais
de nvel superior de formaes diversas, tais como: psiclogos,
fonoaudilogos, enfermeiros, mdicos, terapeutas ocupacionais,
assistentes sociais, fisioterapeutas, pedagogos, advogados e educadores
fsicos. H uma outra varivel; no caso, uma viso de homem
capaz de orientar a escuta de um at, no momento em que intervm
clinicamente com seu acompanhado, tais como: a psicanlise lacaniana,
a psicanlise winnicottiana, a psicanlise kleiniana, a psicologia
junguiana, a fenomenologia de Heidegger, a psicologia humanista de
Rogers, a psicologia cognitivista, o behaviorismo radical de Skinner, a

construo do sinthoma dos anos 70 para precisar o estatuto analtico do AT. Nossa premissa
a de que o AT, em sua especificidade, produz efeitos clnicos capazes de contribuir para
a construo do sinthoma. Neste ponto, operamos com uma concepo de homem capaz
de oferecer ferramentas conceituais para atestar a hiptese clnica do AT: posicionar um
sujeito psictico diante de ofertas do lao da cidade para mobilizar seus recursos subjetivos
pertinentes construo do sinthoma.

34
Clnica en las fronteras

esquizoanlise e a psicologia construtivista. Por fim, devemos considerar


tambm o contexto e/ou a demanda de trabalho em AT, como: pacientes
psicticos, escolarizao de crianas com dificuldades emocionais,
dependentes qumicos, crianas em vulnerabilidade social, demncias,
situaes de regulamentao de visitas na justia de famlia, crianas com
cncer, pacientes que sofreram AVC, profissionalizao de portadores de
sndrome de Down e mulheres no puerprio. Quantas seriam, ento, as
variveis de AT possveis, no cenrio brasileiro? Resposta: 10 graduaes
X 10 vises de homem X 10 contextos de trabalho em AT = 1.000
variaes possveis ao at brasileiro.

No se trata, evidentemente, de um problema matemtico,


exposto dessa forma quase caricatural por ns com intuito apenas
de dar a medida (ou a ausncia dela), do rol de possibilidades do AT
nas circunstncias brasileiras. Mesmo assim, o exerccio nos instiga
a reflexes interessantes: por que no uma at advogada, orientada
pela psicanlise inglesa, trabalhando com regulamentao de visitas
na justia de famlia? Ou, ento, uma enfermeira, de orientao
psicanaltica lacaniana, que trabalhe com a loucura? E uma enfermeira
atravessada pela fenomenologia assistindo idosos demenciados? So
inmeras e aparentemente inusitadas as possibilidades combinatrias
que poderamos registrara aqui, a ttulo de curiosidade; mas o mais
surpreendente que os exemplos mencionados acima e que devem ter
soado ao leitor como elucubraes delirantes so verdadeiros!

Dentro, ento, dessa gama vastssima de combinaes de ats


possveis na realidade brasileira, seria possvel definir algo comum ao
nosso objeto de estudo? Como definir o AT? Buscando respostas a essas
indagaes em artigos brasileiros sobre a clnica do AT, um fato curioso
salta aos olhos: comum nos depararmos com uma definio que j
estava presente na primeira publicao brasileira, e que resiste at hoje.
Trata-se do livro A Rua como Espao Clnico, de 1991:

35
Acompaamiento Teraputico

Acompanhamento teraputico: prticas de sadas


pela cidade, com a inteno de montar um guia que possa
articular o paciente na circulao social atravs de aes,
sustentado por uma relao de vizinhana do acompanhante
com o louco e a loucura, dentro de um contexto histrico.
Assim, o que se preconiza a tentativa de estabelecer um
guia da cidade em que se pudessem classificar os pontos
privilegiados de determinado paciente, para que ele pudesse
experimentar o seu modo singular de conexo com o tecido
social, respeitando sua organizao psquica, no intuito de
aumentar as possibilidades de circulao. Busca-se uma
maneira possvel de o paciente mobilizar os prprios recursos
internos para construir seus pontos de contato com a cidade.
(Porto e Sereno, 1991).

Esta definio foi publicada h 25 anos, num contexto especfico,


em que se falava somente de AT com as psicoses, focando o aspecto
da circulao na cidade. Hoje, acreditamos, est definio se revela
incompleta; mas verdade que contm elementos importantes, como
aproveitar as ofertas de lao da cidade, considerar os recursos internos
na circulao social, bem como considerar pontos de ancoragem neste
mesmo tecido social. Como considerar, porm, que, em inmeros casos
de psicose, h um tempo prvio para a construo de uma presena
(at), que se prope a tratar o outro com comprometimento emocional?
(Hermann, 2010, 2012, 2014). Dito de outro modo, como superar o
impasse clnico da paranoia, quando um paranoico sofre, mas, ao mesmo
tempo, no suporta a proximidade do outro que lhe oferece presena e
escuta? Este no seria um momento lgico anterior construo de uma
presena em uma relao teraputica , como uma composio prvia do
par at/acompanhado, sendo este par a condio anterior necessria para ir
ao encontro das ofertas de lao social advindas da cidade?

Assim, destacamos aspectos que julgamos essenciais para avanar


em uma proposta de definio do objeto do AT, a saber:

36
Clnica en las fronteras

1. construo de uma presena com seu acompanhado,


ao constituir uma relao teraputica com este mesmo
acompanhado, marcado por contexto especfico de atuao.
2. ao constituir uma relao teraputica com o acompanhado,
ir ao encontro das ofertas de lao da cidade.

Deste modo, nos arriscamos a propor outra definio, para o


contexto brasileiro, a ttulo de esboo e provocao: Acompanhamento
Teraputico a oferta de presena de um profissional com graduao
(nvel superior) e formao especfica em AT pertinente na construo
de uma relao teraputica com seu acompanhado e fundamentado
por uma viso de homem. escutar e intervir, em relao teraputica,
nos momentos em que o par at/acompanhado circula e se expe s
ofertas sociais, de modo a mobilizar e fortalecer os recursos subjetivos
do paciente, incrementando a realizao de laos sociais. Com esta
definio desejamos contemplar o que se poderia ser uma delimitao
do objeto especfico do AT. Est aberto o debate!

Referncias bibliogrficas
Hermann, M.C. A clnica do Acompanhamento Teraputico. Revista Insight
Psicoterapia e psicanlise, ano 11, vol.116, p. 26-32, 2001.
Hermann, M.C. Introduo do captulo 2 para a edio brasileira in Pulice, G.O.
Fundamentos clnicos do Acompanhamento Teraputico. So Paulo, Ed. Za-
godoni, 2012.
Hermann, M.C. Acompanhamento teraputico e psicoses: articulador do real,
simblico e imaginrio. So Bernardo do Campo, Editora Metodista. 2010.
Hermann, M.C. De la crisis psictica al lazo social o fragmentos clnicos del
acompaamiento teraputico. Para um esbozo de uma teoria del mtodo.
Madrid, Editora 5, 2012
Hermann, M.C. Acompaamiento teraputico y psicoses: articulador de lo real,
simblico e imaginrio. Buenos Aires, Ed. Letra Viva, 2014.
Porto, M.; Sereno, D. Sobre o acompanhamento teraputico in Equipe de
Acompanhantes Terapeuticos do Hospital-Dia a Casa (Org.). A Rua como
espao clnico. So Paulo, Ed. Pulsional, 1991.

37
Caminos, fronteras, barreras para el AT:
documentos de viaje
Pablo Dragotto1

Hay un fragmento de la novela El palacio de la luna, de Paul


Auster que siempre me pareci que describe una situacin muy comn
en el inicio de un acompaamiento teraputico. La escena dice as:

La primera vez que vi a Thomas Effing, me pareci la persona ms


frgil que haba visto en mi vida. Todo huesos y carne temblorosa,
estaba sentado en su silla de ruedas cubierto de mantas escocesas,
el cuerpo derrumbado hacia un lado como un minsculo pjaro
roto. Tena ochenta y seis aos, pero aparentaba ms, cien por lo
menos, una edad incontable, si es que eso es posible. Todo en l era
amurallado, remoto, como de esfinge, por su impenetrabilidad. Dos
manos retorcidas y llenas de manchas de vejez agarraban los brazos
de la silla y de vez en cuando aleteaban, pero sa era la nica
seal de vida consciente. Ni siquiera se poda establecer un contacto
visual con l, porque Effing era ciego, o al menos finga serlo, y el
da en que fui a su casa para la entrevista llevaba dos parches negros
sobre los ojos. ()
Fue una mujer quien abri la puerta del piso.
() Una vez que se asegur de que yo era el seor Fogg que haba
llamado para concertar una cita a la una, me tendi la mano y
me comunic que ella era Rita Hume, enfermera y ama de llaves
del seor Effing durante los ltimos nueve aos. Mientras tanto me
miraba de arriba abajo, examinndome con la descarada curiosidad
de una mujer que viera por primera vez a un marido encargado por
1
Lic en psicologa. Psicoanalista APC. Miembro fundador de AATRA (expresidente)
Fundacion Sisttere Cordoba Argentina. pabloadragotto@[Link]

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Acompaamiento Teraputico

correo. Sin embargo, haba algo tan franco y amable en esas miradas
que no me ofend. ()
Era uno de esos enormes pisos del West Side con largos pasillos,
puertas correderas de roble entre las habitaciones y abigarradas mol-
duras en las paredes. Haba una densa mezcolanza victoriana y me
result difcil absorber la repentina abundancia de objetos que me
rodeaba: los libros, los cuadros, las mesitas, el revoltijo de alfombras,
la confusin de maderas en la penumbra.
A medio camino del recibidor, la seora Hume me cogi por un
brazo y me susurr al odo: -No se desanime si acta de una forma
un poco rara. A veces se exalta, pero eso no significa nada en realidad.
Lo ha pasado muy mal estas ltimas semanas. El hombre que le cuid
durante treinta aos muri en septiembre y ha sido muy duro para
l adaptarse. Intu que tena una aliada en aquella mujer, y eso me
daba una especie de proteccin contra cualquier cosa extraa que
pudiera suceder...
Effing estaba en su silla de ruedas en medio de la habitacin (...)
La seora Hume le anunci que yo haba llegado.
-El seor M. S. Fogg est aqu para la entrevista.
Pero l no dijo una palabra ni movi un msculo. Era una
inmovilidad sobrenatural y mi primera reaccin fue la de pensar que
estaba muerto. Sin embargo, la seora Hume me sonri y me indic
con un gesto que me sentara en el sof. Luego se fue y me encontr
a solas con Effing, esperando a que rompiera el silencio. Tard
mucho rato, pero cuando al fin habl, su voz llen la habitacin
con sorprendente fuerza. No pareca posible que su cuerpo pudiera
emitir tales sonidos. ()Por un momento, llegu a preguntarme si no
habra un ventrlocuo escondido en alguna parte.
-Emmett Fogg -dijo el viejo, escupiendo las palabras con despre-
cio-. De dnde sale ese nombre de mariquita?
-M. S. Fogg -respond-. La M es la inicial de Marco y la S de
Stanley.
-Eso no lo mejora. En todo caso, lo empeora. Qu va usted a
hacer al respecto, muchacho?

40
Clnica en las fronteras

-No voy a hacer nada. Mi nombre y yo hemos pasado mucho jun-


tos y con el tiempo le he cogido cario.
() Se inclin hacia adelante, como para indicarme que la
entrevista iba a empezar en serio. A pesar de los parches negros que
llevaba sobre los ojos, not que diriga su mirada hacia m.
-Contsteme, seor Fogg -dijo-. Es usted un hombre de visin
clara?
-Antes pensaba que s, pero ya no estoy tan seguro.
-Cuando tiene una cosa ante sus ojos, es capaz de identificarla?
-Generalmente, s. Pero hay veces en que resulta bastante difcil.
-Por ejemplo?
-Por ejemplo, a veces tengo dificultad para distinguir a los hom-
bres de las mujeres por la calle. Ahora hay tanta gente que se deja el
pelo largo, ()
-Y cuando se encuentra mirndome a m, qu palabras le vienen
a la mente? -Dira que estoy mirando a un hombre en una silla de
ruedas.
-Un hombre viejo?
-S, un hombre viejo.
-Muy viejo?
-S, muy viejo.
-Ha observado algo de particular en mi, muchacho?
-Los parches que le tapan los ojos, supongo. Y que sus piernas pa-
recen paralizadas.
-S, s, mis dolencias. Saltan a la vista, no?
-En cierto modo, s.
-Ha sacado alguna conclusin respecto a los parches?
-Nada concreto. Mi primera idea fue que era usted ciego, pero
en realidad eso no es lgico. Si una persona no ve, por qu iba a
molestarse en taparse los ojos para no ver? No tendra sentido. Por lo
tanto, se me ocurren otras posibilidades. Tal vez los parches oculten
algo peor que la ceguera. Una espantosa deformidad, por ejemplo. O
puede que le hayan operado recientemente y tenga que llevarlos por
prescripcin facultativa. Por otra parte, tambin podra ser que est

41
Acompaamiento Teraputico

parcialmente ciego y que la luz fuerte le moleste en los ojos. O que le


guste llevar parches porque s, porque le parecen atractivos. Hay mu-
chas respuestas posibles a su pregunta. En este momento no dispongo
de suficiente informacin para decir cul es la respuesta exacta. En el
fondo lo nico que s con certeza es que lleva usted parches en los ojos.
Puedo afirmar que estn ah, pero no s el porqu.
-En otras palabras, no da nada por sentado
-Puede ser peligroso. Sucede a menudo que las cosas son distintas
de lo que parecen y uno puede meterse en los por precipitarse en sus
conclusiones.
-Y mis piernas?
-Esa pregunta me parece algo ms sencilla. Por lo que se ve de ellas
debajo de la manta, parecen estar atrofiadas, lo cual indicara que
no las ha usado desde hace muchos aos. En ese caso, sera razonable
suponer que no puede usted andar. Quiz nunca ha podido andar.
-Un viejo que no puede ver ni andar. Qu piensa de eso, mu-
chacho?
-Pienso que ese hombre depende ms de otros de lo que quisiera.
Effing gru, se recost en su silla y levant la cara hacia el techo.
Durante los siguientes diez o quince segundos, ninguno de los dos
hablamos.
-Qu clase de voz tiene usted, muchacho? -pregunt al fin.
-No lo s. Cuando hablo no me oigo realmente. Las pocas veces
que he odo mi voz grabada en una cinta me ha sonado horrible.
Pero, al parecer, a todo el mundo le pasa igual.
-Puede hacer la distancia?
-La distancia?
-Puede hacer largos recorridos? Puede usted hablar durante dos
o tres horas sin quedarse ronco? Puede estar ah sentado leyndome en
voz alta toda una tarde y que las palabras sigan saliendo de su boca?
Eso es lo que quiero decir con hacer la distancia.
-Creo que puedo, s.
-Como usted mismo ha observado, he perdido la vista. Mi rela-
cin con usted estar compuesta de palabras, si su voz no puede hacer

42
Clnica en las fronteras

la distancia, no vale usted un comino para m.


-Comprendo.
Effing se ech de nuevo hacia adelante, luego hizo una breve pau-
sa, para aumentar el efecto dramtico.
-Le doy miedo, muchacho?
-No, creo que no.
-Pues debera drselo. Si decido contratarle, aprender lo que es el
miedo, se lo garantizo. Tal vez no pueda ver ni andar, pero tengo otros
poderes, poderes que pocos hombres han dominado.
-Qu clase de poderes?
-Poderes mentales. Una fuerza de voluntad capaz de moldear el
mundo fsico y darle la forma que yo quiera.
-Telequinesis.
-S, si quiere llamarle as. Telequinesis. Recuerda el apagn de
hace pocos aos?
-El otoo de 1965.
-Exactamente. Fui yo quien lo caus. Haba perdido la vista re-
cientemente y un da me encontraba solo en esta habitacin, mal-
diciendo mi suerte. A las cinco aproximadamente me dije: Ojal el
mundo entero tuviera que vivir en la misma oscuridad que yo. Antes
de que pasara una hora, todas las luces de la ciudad se haban apa-
gado.
-Pudo ser una coincidencia.
- Las coincidencias no existen. Esa palabra slo la usan los
ignorantes. Todo lo que hay en el mundo est hecho de electricidad,
tanto lo animado como lo inanimado. Hasta los pensamientos emiten
una carga elctrica. Si son lo bastante fuertes, los pensamientos de
un hombre pueden cambiar el mundo que le rodea. No lo olvide,
muchacho.
-No lo olvidar. (...)
-Si le contrato, Fogg, probablemente llegar usted a odiarme.
Recuerde que es todo por su bien. Hay un propsito oculto en todo lo
que hago, y no es usted quien ha de juzgarlo.
-Intentar tenerlo en cuenta.

43
Acompaamiento Teraputico

-Bien. Ahora acrquese y deje que le palpe los msculos. No puedo


permitir que un alfeique me lleve por la calle, verdad? Si sus
msculos no sirven para eso, no vale usted un comino para m.2
***

Tenemos en esta escena la demanda del paciente, la demanda


familiar, lo cotidiano Cmo salirse de ese lugar pre asignado que
incluye lo transferencial y al mismo tiempo lo excede? Encontramos
tambin la observacin que realiza el acompaante del entorno del pa-
ciente, la bsqueda de seales para entender el mundo interno del suje-
to. Y, sobre todo, el examen al que es sometido el acompaante: como
dice Leonel Dozza, cuando llegamos a la casa del paciente, la familia
nos olisquea, nos huele tal como hacen los perros. Podemos percibir en
esta escena la demanda explcita y la implcita, la aparicin de lo deli-
rante, la necesidad de aliados en el entorno, y, agregaramos nosotros,
la necesidad de un tercero que nos oriente y que nos permita no quedar
atrapados en un lugar servil: una direccin del tratamiento, una super-
visin, nuestro espacio de anlisis

El tema de este libro, Clnica en las fronteras. juega en la ambi-


gedad de su formulacin con lo que dichas palabras despierten en el
imaginario del lector desde la polisemia de las mismas. Existen fronteras
geogrficas, fronteras sociales, fronteras de clases, fronteras disciplina-
rias, fronteras de la discapacidad o de la discriminacin. El acompaan-
te atraviesa las fronteras junto a su acompaado, acta hacia el paciente
pero tambin hacia lo social con sus intervenciones. El equipo de salud
mental est inserto en lo cotidiano del paciente, en el barrio, en la calle,
en la escuela. Pero tambin la realidad social cotidiana de los pacientes/
acompaados se mete e invade la serenidad artificial de los consulto-
rios. El campo se complejiza en las lecturas e intervenciones posibles.
Estamos ante las fronteras de una clnica que se ampla; ante las fron-
teras de los diagnsticos y las profesiones (psiquiatra, trabajo social,
psicologa, otras) que son atravesadas en su artificialidad por la realidad
2
Auster P. (1996 [1989]) El palacio de la luna. Editorial Anagrama. Barcelona pp.109-115.

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Clnica en las fronteras

cotidiana que el acompaante porta consigo. Los caminos en lo coti-


diano se relacionan con una actividad bsica del at que es el caminar,
el transitar, recorrer la ciudad, las instituciones, los barrios, las escuelas
junto a su acompaado. Metafricamente puede remitir a los recorridos
formativos, de estudio, de supervisin, de resistencia e insistencia que
los at recorren y transitan en el ejercicio de su labor y en su recorrido de
capacitacin constante. Fronteras y caminos como barreras, como deli-
mitaciones necesarias, como seales a instaurar en un campo de trabajo
que puede ser muy confuso y confusional. Un campo que se encuentra
balizado por los poderes instaurados que disciplinan la subjetividad de
todos pero en especial la de los enfermos psiquitricos y los discapacita-
dos, habitualmente relegados al lugar del abandono o la ignominia de
la ddiva. Fronteras y caminos del at para construir su rol sin dejarse
arrastrar a las actuaciones transferenciales: instrumentos para ejercer un
rol en el marco de un equipo teraputico para promover la subjetividad
de sus acompaados.

La ley.

Hay leyes que intentan generar nuevas condiciones sociales y


nuevas praxis. Tal es el caso de la ley de salud mental vigente en nuestro
pas. Asimismo, hay leyes que regulan y reconocen lo existente: es el
caso de la ley de acompaamiento teraputico, an en discusin parla-
mentaria.
La clnica de hoy, al menos en lo referido al abordaje de lo que
no es la neurosis, no es solo la clnica del consultorio o la institucin. Es
una clnica ambulante, de los dispositivos mviles que incorpora lo que
sucede en la calle, en la escuela, en el barrio. Clnica que va en bsqueda
de esos sujetos segregados y aislados. Clnica que requiere de nuevos
actores y nuevos dispositivos, entre ellos el acompaante teraputico.
Los acompaantes ya estn. Estn trabajando en la calle, en los
buses, en los cines, en las plazas, en las aulas. Me parece que no necesi-
tan reconocimiento. Hay una sociedad de miles de usuarios y familiares
de usuarios de salud mental que los reconocen cotidianamente.

45
Acompaamiento Teraputico

Son los sistemas de administracin de la salud los que estn te-


niendo el problema de qu hacer con la insistente demanda social para
que se reconozca adecuadamente el trabajo de los at.
Nos encontramos en un momento crucial en relacin al reco-
nocimiento y a la legitimacin de la profesin de acompaante tera-
putico. La reciente creacin de la Tecnicatura Universitaria en Acom-
paamiento Teraputico en la Facultad de Psicologa de la Universidad
Nacional de Crdoba constituye un hito insoslayable en la historia del
acompaamiento teraputico, que se suma a las carreras que existen en
el mbito privado. Los estudiantes de la UNC tendrn la oportunidad
de cursar esta carrera de manera gratuita con prcticas pre-profesionales
que les permitan formarse adecuadamente para prestar un servicio ne-
cesario para tantas personas y para la comunidad. Los usuarios de ser-
vicios de salud mental y la sociedad en general contarn con el respaldo
que implica una formacin universitaria para los futuros tcnicos en
AT. Estos cumplen funciones de gran responsabilidad y delicada aten-
cin a lo singular de cada paciente y cada familia.
Los cambios recientes en la legislacin vigente (nuevo cdigo
civil, leyes de salud mental) instalan al sujeto de derecho como centro
de las polticas pblicas, exigiendo a las autoridades y a los sistemas de
salud la implementacin de dispositivos de atencin de las diversas en-
fermedades y condiciones que sean respetuosos del estilo de vida de los
sujetos, que no alteren su cotidianeidad y que se lleven a cabo en la co-
munidad prescindiendo del aislamiento. El Acompaamiento Terapu-
tico es uno de tales dispositivos intermedios, que posibilita abordajes
ambulatorios a travs de la contencin vincular en la vida cotidiana en
articulacin con otros profesionales de la salud, instituciones de salud,
educativas, etc. Ha demostrado su eficacia en la disminucin de inter-
naciones y de la duracin de las mismas en el tratamiento de personas
con patologa mental severa, as como la disminucin de recadas y de
abandonos de tratamiento. Posibilita la continuidad de procesos de in-
tegracin escolar de personas con discapacidad y/o problemas de salud
mental.
Falta el reconocimiento legal de esta profesin en todo el pas y

46
Clnica en las fronteras

en la provincia de Crdoba en particular. Se ha logrado en otras provin-


cias argentinas. Los proyectos de ley a nivel provincial y nacional estn
esperando el debate legislativo y su sancin por la Legislatura provincial
y el Congreso Nacional respectivamente.
Ahora, hacia adentro del campo del AT, hacia los acompaantes,
lo que es una preocupacin para m es observar que muchos acom-
paantes se lanzan a la prctica sin estar advertidos de los riesgos que
implica, ni apertrechados con los recursos necesarios, que no son a mi
entender- solamente la adecuada formacin, sino la conviccin de que
no es un trabajo que pueda realizarse solo. El dispositivo es complejo
y mltiple. Tiene que haber otros. Necesitamos haber transitado por la
psicoterapia personal. Es preciso supervisar de vez en cuando. Tenemos
que trabajar en equipo. Aprender a reconocer nuestros lmites. Articular
con otros. Para no quedar atrapados en la trama transferencial, vincu-
lar y cotidiana de nuestros pacientes. Cuando eso sucede empezamos
a responder desde el sentido comn, con actuaciones transferenciales
y reproduciendo mecanismos de poder y segregacin con nuestros pa-
cientes. O huimos espantados.

47
Procesos de adecuacin en servicio
de pacientes crnicos. Proyecto 17.1
Karina Chayan

El trmino adecuacin remite a acomodar, ajustar, adaptar,


amoldar. Rpidamente puede pensarse en normalizar. Normas, dere-
chos, leyes que enmarcan las formas de atencin.
En el hospital psicoasistencial de la capital vienen producindo-
se procesos de cambio y adecuacin en muchos servicios, son veintisiete
en total con heterogneas y muy diferentes modalidades de atencin.
Yo comenc a trabajar en el ao 2000 en la transformacin de
uno de ellos de pacientes internados crnicos, a hospital de da de TCA,
anorexia y bulimia ambulatorios, a cargo del Dr. Persano. Por cuestio-
nes de concurso de cargos pase a la guardia 3 aos y desde hace casi 2
aos al rea crtica del Hospital, un servicio de pacientes crnicos y con
efectos de cronificacin, con mas de 10 aos de internacin , 20 , 30 y
casi 40 aos internados con edades desde los 40 a mas de 60 aos. Se le
llam rea crtica por la falta de recursos humanos y cantidad de pacien-
tes. Casi al llegar qued como nica psicloga de planta en trabajo ac-
tivo, un mdico y 3 enfermeros para 29 pacientes, luego fueron menos.
Proyecto 17 llame, a aquello que me fui proponiendo en mi rol
de nica psicloga de planta, en etapas, para poder asistir a los pacientes
y continuar con lo ya trabajado por el jefe de Serv. Dr. Puerta con muy
pocos recursos, psiclogos voluntarios a los que se le llama visitantes.
Haba algunos talleres que se iban discontinuando y algunos con trata-
mientos individuales, sin articulacin como dispositivo complejo.
En casi dos aos de trabajo se pudo, por articulacin con la fa-
cultad, contar con voluntarios para un primer armado de talleres, entra-

Lic en psicologa. Docente Universidad Nacional de la Matanza. Psic. Hospital Borda. Ex


1

presidente AATRA karinachayan@[Link]

49
Acompaamiento Teraputico

mados, con objetivos teraputicos que recorren toda la semana, juegos


de mesa, educacin fsica y movimiento en los parques, arte y expresin
artstica, musicoterapia, asamblea de convivencia, cine, escritura y lec-
tura, msica, cuidados personales con rotantes de enfermera. Si bien
siempre hubo la voluntad de realizar talleres, no lograban sistematizarse,
ni formar parte de una red compleja de atencin como proceso terapu-
tico interdisciplinario.
Las reuniones de equipo se sistematizaron y fueron construyn-
dose como espacios interdisciplinarios, productores de saber, ateneos
clnicos mensuales. Ahora se agregpresentacin de los talleristas con
los logros de los pacientes mensualmente.
Las salidas teraputicas con at y psiclogos voluntarios y los que
se reciben de obras sociales o curaduras son los lugares donde comien-
za a visualizarse los cambios trabajados en todos los espacios de taller.
Una fuerza impulsora de vitalidad, de salirse de la abulia y el desgano,
de los rituales circulares del tedio de repetir las mismas acciones, da a
da. Donde las horas se hacen das y los das meses sin marcar el cambio
temporal que nos designe como diferenciado un lunes de un jueves.
El ingreso de un mdico ms, compaero y amigo de las rutas
pedregosas acerca de impulsar los cambios, Dr. De Arriba, psiquiatra
joven, con las mismas perspectivas de prcticas comunitarias y sociales,
impulsan todo lo esbozado en las primeras etapas, con las condiciones
de posibilidad del Jefe de Serv. Dr. Puerta, con todos los avatares imagi-
nables que esto implica, pero avanzando.
Las habilidades sociales que se pierden al ingreso por la din-
mica propia de la institucin y su ordenamiento, empiezan a hacerse
necesarias, para cumplir las consignas de los talleres, las vinculaciones
entre ellos, y las salidas al exterior del servicio y del hospital.
Como deca Kaes, las instituciones nos atraviesan e intercambia-
mos con ellas en forma dialctica, lo que produce subjetividad en ese
entramado relacional.
Ante la imposibilidad de derivar a los pacientes, en su mayora
casi todos los que tengo, a emprendimientos sociales, justamente por
no reunir las condiciones para cumplir las consignas, inicio un taller de

50
Clnica en las fronteras

decoracin de macetas de barro, con pequeos cuadraditos de cermica


que se pegan con cemento. Aparecen rpidamente las resistencias, la
dificultad propia del hacer y realizar, apropiarse del espacio. Sin embar-
go, al poco de andar, aquel paciente con un grado de deterioro impor-
tante, sobre todo cognitivo, que no se comunicaba verbalmente, para
enorme sorpresa, comienza a participar y comentar a media lengua que
fue albail en su juventud. El entusiasmo crece, la pericia en el hacer
que aprendemos juntos, aumenta y al tener la cantidad adecuada de
macetas, intento tramitar un permiso de venta de las mismas.
Hacan falta entre cuatro y siete firmas para autorizar con pocas
perspectivas, hablando mucho, entusiasmando otro poco, fui esperan-
zando a cada quien, de lo importante para los pacientes de volverse
consultantes y participantes de este proyecto, que poda ser una salida
laboral. Vendimos una y rompimos dos, nos remos y seguimos adelan-
te; nos pelearon otros pacientes que hacen otras cosas y venden.
A mi proyeccin inicial se sumaron la creatividad y la casualidad
del equipo de apoyo de visitantes. Se creo un taller de informtica y
se realizaron carteles con los precios, volantes, Facebook, pgina web,
todo en el taller con sus propias propuestas. Atravesamos los temores y
las ideas persecutorias, la compu me mira, me habla y luego nos ami-
gamos con la tecnologa. Ya tenemos un convenio con un vivero que
vende nuestras macetas y nos entrega a muy poco valor el material, nos
donan las venecitas unos constructores, y los lazos de adentro y afuera
comienzan a desdibujarse, ya no parecen tan distintos, el afuera no es
tan temible.
Estamos en un proceso en continua construccin y sirvi para
trabajar la administracin del dinero de la pensin, el manejo de los gas-
tos, la reconstruccin de la propia identidad, ser artesano y ser vende-
dor, ser comprador. Muchos aspectos de la identidad que van dejando
al paciente padeciente ms atrs y dando lugar a los sujetos deseosos,
deseantes, concientes de derechos a ejercer, apropiarse de un espacio en
el afuera que no tiene por qu ser amenazante.
Respecto al rea de las salidas con objetivos teraputicos, de
reconstruccin de lazos sociales, y habilidades, surgi en las primeras

51
Acompaamiento Teraputico

salidas al exterior, por ejemplo al cine, donde hubo escenas de descom-


posturas, prdidas, temblores, hasta hacerse literalmente encima, es de-
cir perder el control de esfnteres. Hubo que afrontar que los cambios
deban ser graduales y acompaados por las modificaciones necesarias
para el cuidado de lo cotidiano.
La superacin de los obstculos est en pleno movimiento, en
un ir y venir dialctico, no sin avatares, algunas lgrimas, la mayora
mas, algunas rabias, impotencia contenida, ver tanto por hacer y tener
tan poco a veces, lo mas difcil es visualizar lo posible con obstculos
improcedentes de ndole institucional, miedos a los cambios y mucho
esfuerzo, lo mejor..sobre todo. la felicidad de ver sonrisas, pala-
bras, sonidos, msica, donde no haba. Quejas donde haba sumisin y
silencios, revuelo y ms trabajo, pero de una dignidad distinta.
Hay una terapia de grupo que coordino con los pacientes que
podran llamarse los ayudantes. All propicio crear conciencia de si-
tuacin, el estar internado en un hospital, tener atencin, visualizar y
problematizar cul es el padecimiento, por qu no se han podido externar
esos son algunos temas de los que tratamos con aquellos que se suponen
son los que estn mejor. De dicho grupo teraputico, del cual surgie-
ron tres altas en proceso, los pacientes viven afuera, vienen al grupo y
a terapia individual, tienen at de obra social. En ellos, el proceso de
deconstruccin de las prcticas institucionales, adecuadas al lugar de
internacin, e inadecuadas en la vida social en el afuera, los refuerzos
son sandwichs, y yogures, la medicacin se la autoadministran tres se-
manas antes en el servicio y luego se externan en proceso. Uno alquil
un departamento en provincia. Otros dos viven en una pensin. Se les
tramita un subsidio habitacional y se trabaj en conjunto con el juzga-
do, curaduras, para tramitar amparo, pues ninguno de los pacientes
puede tener un medio camino, sino un lugar de llegada. Llegada a un
lugar social posible, un techo y una ocupacin. Uno vende churros, otro
hace papel reciclado, otro est en talleres protegidos.
Parte de las cuestiones notables son los sentires en la forma en
que se nombran, soy carpintero no un loquito del borda, soy vendedor,
soy artesano. La primera vez que dorm afuera me encontr con mi

52
Clnica en las fronteras

propia humanidad, a veces perds quin sos entre tantos, y perds cmo
cuidarte a vos mismo.
Tal como sucede en las familias, se conforman tramas solidarias
y afectivas complejas entre los compaeros que devinieron amigos, her-
manos de la vida. No sin avatares
Es entonces que pienso de qu se trata un proceso de adecua-
cin. Es centrar las perspectivas en la humanidad de las personas, que el
centro de todos los objetivos, donde se re direccionan nuestras prcticas
profesionales, de todas las profesiones, estn centradas en la preservacin
de esa humanidad, que tantas veces vemos adentro y afuera del hospital
vulnerada.
La cultura de la mortificacin, en el sentido, de la falta de fuerza,
apagado, sin viveza, en relacin con un cuerpo agobiado por la astenia,
deca Ulloa. La fatiga crnica, de los pacientes como de los trabaja-
dores, el cansancio sostenido, suprime al individuo pensante. Donde
desaparece la valenta, aparece la resignacin y la cobarda, merma la
inteligencia. No puede haber alegra, disminuye el accionar crtico. En
las instituciones donde todo se realiza en el mismo lugar: comer, dor-
mir, recibir atencin mdica, como los internos en el hospital, se dan
prcticas vinculares cercanas a la crueldad. Si uno le grita, a alguien
que no puede insultarnos o revelarse dado que depende en absoluto de
nosotros, en toda su subsistencia, se produce mortificacin. La ence-
rrona trgica es ese aspecto de no tener salida, solo la sumisin puede
implementarse y el silencio ser un recurso, apagado ante lo injusto. Para
contrarrestar estos efectos, Ulloa habl de la institucin de la ternura,
la primera que recibimos fue en los cuidados maternos, de all en ms
la ternura vincular ser lo ms reparador para el ser humano, de gran
poder curativo del alma. Da fortaleza y seguridad, hace fuerte ante el
desvalimiento infantil.
As surge lo que Ulloa tanto trabaj y nos hizo reflexionar sobre
la cultura de la mortificacin, la encerrona trgica y la ternura. Con-
ceptualizaciones que permiten pensar, de que se trata, adems de la
perspectiva de derecho, derechos civiles, derechos humanos, de las per-
sonas internadas en un hospital de salud mental.

53
Acompaamiento Teraputico

Entonces en los procesos de adecuacin deber tenerse en cuen-


ta, adems del nmero de pacientes, los profesionales, el equipo, los
modos de funcionamiento, las prcticas, la ternura como abrigo frente
a la intemperie y el desamparo, el alimento frente al hambre y el buen
trato, escudos protectores todos frente a las violencias inevitables del
vivir, del dolor del existir.
Nada de esto ha sido ni es un logro individual, sino un complejo
entramado de voluntades, muchas ad honorem, gente que se va suman-
do, dndole otros matices a lo que ahora es un proyecto colectivo, en el
que todos podemos sentirnos felices, realizados, disfrutar de los logros y
entristecernos en compaa cuando las cosas se dificultan. Ser mucho
mejor cuando pasado el tiempo constructivo, todo esto se sistematice
junto a enfermera, at, mdicos, psiclogos, trabajadores sociales, te-
rapistas ocupacionales, musicoterapeutas, todos construyendo y soste-
niendo el resguardo de esa humanidad rescatada, de esas identidades
recuperadas y restituidas.

Bibliografa
Kas, R. (1998). Sufrimiento y psicopatologa de los vnculos institucionales. Elemen-
tos de la prctica psicoanaltica en institucin. Buenos Aires: Paids.
Ulloa, F. (1996). La difcil relacin del psicoanlisis con la no menos difcil
circunstancia de la salud mental. En La Novela Clnica Psicoanaltica (pp.
231-256). Buenos Aires: Paids.

54
Psicodrama y teatro espontneo como herramienta
conceptual para el acompaamiento teraputico
de personas con enfermedad mental grave
Alejandro Chvez, Andrea Montuori1

Todo conflua en la conviccin del valor intrnseco del modelo


relacional. Hay que poner el cuerpo, fue nuestro lema. Noso-
tros somos el instrumento teraputico por excelencia. Estba-
mos tambin yendo por un camino que recoga los frutos de las
tcnicas psicodramticas. Martnez, Moccio y Pavlovsky con su
integracin de las teoras psicoanalticas y psicodramticas nos
haban enriquecido en lo que significa participar activamente
como terapeutas. Nos alejbamos del psicoanlisis al abando-
nar la abstinencia como regla bsica o abramos nuevas puer-
tas? Nosotros apostamos por esta segunda posibilidad y ahora
en 1991, recogemos los frutos de aquellos aos de maravillosa
creatividad colectiva. Eduardo Kalina, (1984).

El acompaante teraputico, al trabajar en un nivel dram-


tico-vivencial, no interpretativo, muestra al paciente, in situ,
modos diferentes de actuar y reaccionar frente a las vicisitudes
de la vida cotidiana..
S. Kuras y S. Resnisky, (1984).

El verdadero smbolo del teatro teraputico es el hogar privado


J.L. Moreno, (1993).

Equipo de coordinacin de la Asociacin de Acompaamiento Teraputico y Teatro


1

Espontneo - PasosContacto: achevez@[Link] Madrid Espaa.

55
Acompaamiento Teraputico

Introduccin

Los dispositivos de atencin socio comunitaria prosperan hoy


en da bajo el efecto del crack producido por la implementacin poltica
y legal del cierre de los grandes hospitales psiquitricos a partir de los
aos 50. A partir de los aos 60 comienza a tenerse noticia de dife-
rentes experiencias en las que los profesionales intervienen en las casas
y domicilios de los pacientes, traspasando los lmites de la consulta y el
hospital.
Surgen en este marco los primeros equipos de Acompaamiento
Teraputico sobre las bases tericas que se disponan en ese momento:
psicoanlisis, sistmica, psicologa social, a la vez que se relegan otras
como la teora de grupos y el psicodrama.
A modo de introduccin de nuestro planteamiento, vale decir
que la influencia de esta ltima, el psicodrama, en la constitucin del
AT nunca ha sido reconocida suficientemente por los autores emblem-
ticos de esta disciplina, a pesar de que las alusiones son claras desde los
primeros textos. El primer libro de Acompaamiento Teraputico data
de 1984, escrito como todos saben por Susana Kuras y Silvia Resnisky,
contiene varias referencias que acercan a Jacov Levy Moreno, creador
del psicodrama, a los fundamentos del AT. Partiendo por la apuesta que
hacen las autoras por una metodologa centrada en lo vincular, en el que
se ejerce un trabajo dramtico-vivencial, y donde una funcin funda-
mental es la de hacer de yo auxiliar del paciente, funcin psicodram-
tica por excelencia, en tanto que ayuda a sostener la escena del otro y
que enlaza con la definicin de yo auxiliar del mismo Moreno, en el que
al igual que el acompaante, el yo auxiliar cumple una funcin como
actor, como terapeuta y como investigador social (Moreno, 1993).
Volveremos sobre estas cuestiones, pero conviene decir que se
calcula que actualmente hay ms de 15000 acompaantes teraputi-
cos trabajando en Argentina, Brasil, Uruguay, Mxico y Espaa, donde
adems, en alguno de estos pases el acompaamiento ha alcanzado una
cualificacin profesional universitaria (especializacin de postgrado, di-
plomatura o tecnicatura dependiendo del lugar), con lo cual el hecho

56
Clnica en las fronteras

de reintroducir en la formacin de acompaantes teraputico una me-


todologa de aprendizaje mediante la accin para la accin, no es una
propuesta que deba dejarse de lado.
En Espaa el pistoletazo de salida lo da la promulgacin de la
Ley 14/1986, del 25 de abril, que en su captulo III De la salud men-
tal, artculo 20, punto 1, establece que La atencin a los problemas de
salud mental de la poblacin se realizar en el mbito comunitario, poten-
ciando los recursos asistenciales a nivel ambulatorio y los sistemas de hos-
pitalizacin parcial y atencin a domicilio, que reduzcan al mximo po-
sible la necesidad de hospitalizacin. Esta prescripcin legal da lugar
a la creacin de equipos multidisciplinares pblicos que van a intervenir
en la comunidad con una mayor o menor especializacin, ocupando el
campo que en otros pases ocupa el Acompaamiento Teraputico. As
es que los ms institucionalizados hoy por hoy, son los Equipos de Tra-
tamiento Asertivo Comunitario (se calcula que hay aproximadamente
unos 33 equipos funcionando en Espaa segn datos del 2012) y los
Equipos de Apoyo Social Comunitario (hay 38 slo en la Comunidad
de Madrid), estos ltimos tributarios del acompaamiento teraputico
entre otros fundamentos tericos y metodolgicos.
Desde 1980 tenemos informacin de equipos de acompaa-
miento teraputico funcionando clandestinamente en Barcelona y
Madrid. En Espaa ha tenido diferentes niveles de legitimacin y la im-
plantacin de este dispositivo ha prosperado fundamentalmente en la
clnica privada y ha ido aumentando su incorporacin en tratamientos
de manera paulatina.

Regreso a la formacin vivencial

Desde hace cuatro aos estamos trabajando en la revisin de las


teoras de Moreno sobre la base de que nos puede ayudar a dar luz sobre
cuestiones muy especficas de la prctica del AT. Hemos trabajado, ana-
lizado casos, supervisado y formado acompaantes, en la confluencia
terica del Acompaamiento Teraputico y el Teatro Espontneo, re-
cuperando desde los fundamentos, conceptos de gran poder explicativo

57
Acompaamiento Teraputico

que permiten poner en acto la teora del acompaamiento teraputico.


De esta forma nuestra prctica se nutre de conceptos como protagonis-
ta, yo auxiliar, actor y personaje; espontaneidad trabajada, intervencin
escnica, rol, y grupo didico, y centramos la formacin en el entrena-
miento de la espontaneidad, y la construccin y supervisin de escenas.
Consideramos la estructura bsica del acompaamiento como
un grupo (el equipo o sistema teraputico) que acompaa a otro grupo (el
sistema familiar), cuya relacin se despliega en torno a escenas, enten-
didas como sistemas, en el que la funcin del acompaante es sostener
estas escenas y evitar que estas se enquisten, es decir, evitar quedar atra-
pado en crculos viciosos patolgicos que inhiban su espontaneidad y
capacidad de accin. Para intervenir en estos sistemas el at dispone de
dos recursos fundamentales: su experiencia o formacin tcnica y su
espontaneidad o disposicin personal (de aqu la importancia de una
formacin vivencial centrada en la accin para la accin).
El equipo de acompaantes adems de la coordinacin y la su-
pervisin de casos, supervisa las escenas en las que se ve envuelto. Con
la ayuda de su equipo los acompaantes representan las situaciones con-
flictivas obteniendo informacin para s mismo y para los compaeros,
a la vez que une al grupo, en tanto los miembros del mismo son co-
creadores de las escenas en las que participan.
De esta manera los acompaantes aprenden a leer cada situacin
en trminos de escena, a la vez que entrenan su espontaneidad y creativi-
dad, mediante tcnicas activas (escultura, dibujo, roleplaying, multipli-
cacin dramtica, etc.), se ensayan resoluciones reales o poticas. El at,
en tanto yo auxiliar brinda soporte a la escena desde una espontaneidad
trabajada (A. Chvez, 2012), posibilitando el acto subjetivo y espont-
neo del acompaado. La espontaneidad debe ser el mecanismo que per-
mita la transformacin creativa de un equipo (tanto de estilo como de
composicin de ser necesario) frente a un paciente que en tanto cambia
deja de ser el que era.
Parafraseando a Moreno podemos decir que un equipo espon-
tneo es aquel que puede actuar de forma adecuada ante un paciente
nuevo (o que ha cambiado de posicin subjetiva) o que puede actuar de
forma creativa ante un paciente conocido.

58
Clnica en las fronteras

Moreno, el acompaamiento teraputico y el psicodrama

Son muchos los puntos de encuentro entre la obra de Moreno y


el acompaamiento teraputico. En primer lugar, l se plantea un tea-
tro fuera de las salas tradicionales, que comienza en la calle, trabajando
con nios y prostitutas. Un teatro sin guiones predefinidos ni pautas a
priori, sino un teatro que se haga en acto, a partir de la espontaneidad y
la creatividad de los actores y el pblico, finalmente un teatro que rom-
pa el esquema tradicional actores/pblicos, en donde la escena es una
co-creacin entre ambos, en donde al igual que en el acompaamiento
teraputico sea la situacin in situ la que gue la escena, en donde el p-
blico sea protagonista y el actor un yo-auxiliar que acompaa la historia
y ayuda que la escena sigua fluyendo.
Ya por el ao 30 Jacob Levy Moreno diferenciaba un tipo de
intervencin que denominaba existencial y que consista en el trabajo
in situ con el paciente, en los domicilios, en la calle, en la comunidad y
con la comunidad, diferencindolo de un trabajo de laboratorio que
se llevara a cabo en la consulta. Este principio de la accin comunitaria
como propuesta metodolgica, representa uno de las principales inno-
vaciones de su trabajo, y lo ubica como antecedente de los posteriores
movimientos de desinstitucionalizacin psiquitrica y de intervencin
comunitaria. Su afn por romper lo instituido, las conservas sociales, lo
llevan evidentemente des-teatralizar el teatro, y en el campo de la salud
mental a des-psiquiatrizar la psiquiatra.
Este enfoque revolucionario lo ha puesto tan cerca como lejos
del psicoanlisis, en tanto ambas teoras forman parte, a mi entender, de
una misma revolucin (aquella que ubica al yo en la periferia del lugar
donde se cuecen habas) aunque por veredas diferentes.
En conclusin el Psicodrama comparte con el Acompaamiento
Teraputico el mismo lenguaje, el de la accin, a la vez que le aporta un
enfoque teraputico relacional, que utiliza como fuerzas transformado-
ras la espontaneidad y la creatividad, y cuyo principal instrumento es la
capacidad expresiva del cuerpo y la palabra del acompaante, en tanto
se desempea como actor en una escena.

59
Acompaamiento Teraputico

Solo la ceguera mentalista que ha convertido al acompaante


teraputico en un intelectual de segunda sera capaz de no apreciar este
feliz encuentro.

El uso de conceptos Morenianos en Acompaamiento Teraputico

El concepto fundamental para comprender el aporte moreniano


es, sin duda el de espontaneidad. Junto con ella tenemos los componen-
tes que constituyen una escena: protagonista, yo auxiliar, el director y
el escenario.

La Espontaneidad es el motor primigenio de la produccin


creativa y un sinnimo de salud; es una disposicin del sujeto a responder
tal como es requerido [] una preparacin del sujeto para la accin libre
(Moreno, 1993). Moreno entiende la creatividad como un resultado
del proceso subjetivante que se da en la interaccin entre dos, que se
relacionan con espontaneidad.

Cmo podemos entender la relacin teraputica in situ a partir


del principio moreniano de espontaneidad?, quizs la respuesta sea que
todo acto espontneo enlaza con un otro, es decir, la espontaneidad es un
acto social, en la medida que vincula a dos sujetos de forma creativa en
el aqu y ahora. Cuando Moreno en Teatro de la Espontaneidad define
espontaneidad, hace referencia que permite actuar adecuadamente ante
una situacin nueva o de forma creativa en una situacin conocida, esto
es precisamente lo que busca el acompaante: adaptarse a una situacin
inesperada o poder transformar una situacin rutinaria de forma creativa.

La escena:
Definimos escena como un sistema. La escena se constituye
en el momento concreto en el que se desenvuelve la interaccin entre
acompaante y paciente. En un plano temporal est conformada por
una secuencia organizada en momentos que constituyen la historia del
vnculo, en la que participan en un mismo momento dos o ms personas

60
Clnica en las fronteras

in situ (protagonista, yo auxiliares, personajes, pblico), y otras tantas


fuera del plano (director, coordinador, instituciones), que forman parte
del contexto que define la escena sociohistricamente.

Toda escena en tanto transcurre en un tiempo y espacio socia-


les, contiene una aspecto temporal (secuencial, diacrnico), topolgico
(simblico, sincrnico) y nomolgico (legal, normativo); y tambin un
nivel manifiesto y un nivel latente, pasibles de ser dilucidados mediante
el trabajo especfico de la supervisin.

El protagonista
El protagonista ocupa el centro de la escena y es por lo tanto
el actor principal, quien relata y define la escena. Este lugar lo ocupa
fundamentalmente el acompaado en la escena. La tarea del at, es ir
por detrs del protagonista (como dira Pablo Poblacin en alusin a
la no directividad), apoyando la construccin de las escenas que se van
creando y cerrando a lo largo del tratamiento.

El relato del protagonista no solo refiere a s mismo, sino que


pone de manifiesto a la vez su estructura vincular interna y la estructura
vincular del grupo del que forma parte en ese momento. La funcin
protagnica debe considerarse un emergente de la escena, es portavoz
de la situacin que se est viviendo en ese momento, en tanto es soste-
nida por el grupo.

El Yo-auxiliar
Sera la funcin especfica del acompaante teraputico en la
escena teraputica. Moreno tambin lo ha denominado actor teraputi-
co. El yo auxiliar va a ocupar roles secundarios que ayudan a sostener la
escena, son por lo general roles ausentes que el protagonista (el acompa-
ado) de momento no es capaz de abordar de forma manifiesta, por lo
que el juego del yo-auxiliar es preparatorio y tiene la funcin simblica
de representar en acto; roles ausentes que aparecen en el mundo privado
del paciente de forma explcita o implcita. Se trata de representar solo

61
Acompaamiento Teraputico

los papeles que se le presentan de la forma ms ajustada posible al en-


cuadre, pero sin darle un cierre de sentido a travs de la interpretacin.
Dice Moreno el yo auxiliar tiene tres funciones: a) la de actor, repre-
sentando los papeles requeridos por el mundo del sujeto; b) la de gua, un
agente teraputico, y c) la de investigador social (Moreno, 1993) y agrega
la funcin del yo auxiliar consiste en hacer conversar a cada miembro de
la triada, al acompaante, al acompaado y a los roles que aparecen y
se representan en la relacin entre ambos y que son pertenecientes al
mundo interno del acompaado.

El director
En trminos de AT, es el responsable del tratamiento, que estara
representado por un profesional, el supervisor, el coordinador o por un
equipo teraputico (en funcin de cmo este configurado el equipo y el
tratamiento). Es sobre quien recae la mayor parte de la tele teraputica.
Y agrega Moreno el director psicodramtico tiene tres funciones: a) es un
productor, b) es el principal terapeuta, y c) es un analista social, y agrega
es una especie de yo super-auxiliar (Moreno, 1993).

El escenario
Representa el espacio donde transcurre la interaccin, este pue-
de ser conceptualizado desde su estructura formal o desde su estructu-
ra simblica como proyeccin del mundo interno del protagonista (P.
Poblacin, 1997). Desde un punto de vista material puede ser la casa
del paciente, la calle, un bar, cualquier espacio pblico o privado, ms
o menos formal, por donde transcurre el acompaamiento teraputico;
ahora bien el escenario esta investido de expectativas, de situaciones po-
tenciales que surge de la propia estructura grupal del acompaamiento
y se convierte, por lo tanto, en un verdadero locus nascendi de matrices
relacionales.

Finalmente tenemos el espectador. Para Moreno no hay espec-


tador en s, el espectador es la comunidad (Moreno, 1993) en donde se
hallara distribuida parte de la eficacia teraputica de todo tratamiento.

62
Clnica en las fronteras

Axiomas de la intervencin del acompaante teraputico psico-


dramtico

Definida la escena teraputica, con su equipo, encuadre y estrate-


gia, empezamos a trabajar y nos encontramos con los siguientes princi-
pios prcticos de intervencin:

El Acompaante Teraputico es un yo auxiliar que se des-


empea en una escena teraputica, y en donde su funcin
es permitir que la escena siga fluyendo ocupando diferen-
tes roles de forma espontnea y creativa.
El transcurso del acompaamiento teraputico puede ser
comprendido como una sucesin de escenas ordenadas
por las matrices relacionales originadas entre el grupo
acompaado, el grupo tratante y de la interaccin entre
ambos.
El Acompaante Teraputico no trabaja desde su sentido
comn (conserva cultural), sino desde su espontaneidad
trabajada. Esta espontaneidad es entrenada mediante la
formacin tcnica y la supervisin activa, concepto y dis-
posicin personal son los elementos fundamentales a la
hora de intervenir.
El territorio del acompaamiento teraputico es el vnculo
y este se despliega siempre en escenas (en tiempo presente)
en el que se ponen en juego (se actualizan en la relacin)
roles psicosomticos, psicodramticos y sociales. Tanto el
yo como el vnculo surgen de estos roles. Rol entendido
como aquello que no es propio ni ajeno al sujeto y que
ponen en relacin a un sujeto con otro).
El trabajo del acompaante teraputico se basa en la ac-
cin in situ y no en la interpretacin a posteriori, por lo que
cobra importancia la capacidad dramtica-vivencial de los
acompaantes, es decir, la posibilidad de sostener una es-
cena desde un rol asignado por el paciente. La supervisin

63
Acompaamiento Teraputico

le permite al equipo a modo de hiptesis, dilucidar la es-


cena que se est dando con el fin para poder habitarla,
sostenerla y transformarla.
Desde un punto de vista tcnico, el juego de roles es una
estrategia fundamental en la intervencin. Desatascar ro-
les sedimentados, experimentar nuevas formas de relacin
a travs de experiencias constructivas, son la base del tra-
bajo del da a da con los acompaados.

Lugares de encuentro

En sntesis, el planteamiento que hacemos es el de redescubrir,


mediante una relectura de la obra de Moreno, el encuentro ms que
oportuno entre sus teoras del rol, la espontaneidad y el momento (ba-
sado en la accin) y el acompaamiento teraputico. Se plantea la figura
del yo auxiliar como la funcin especfica que realiza el acompaante,
en tanto actor que dinamiza una escena teraputica que se da en la calle
y en lo cotidiano. Una obra co producida en acto con el protagonista,
el acompaado y los dems personajes que intervienen en el sistema.
Planteamos el encuentro entre dos grupos, uno representante
del sistema teraputico y el otro, del sistema paciente (paciente, fa-
milia, amigos, etc.). Planteamos el acompaamiento como un grupo
que acompaa a otro grupo, en donde ambos sistemas se transforman
por el contacto mutuo.
La funcin del sistema teraputico es aportar espontaneidad y
romper las pautas rgidas patolgicas del sistema paciente (utilizamos
el trmino paciente a falta de uno que denote mejor el rol activo que
tiene en este escenario).
Tambin planteamos la necesidad de una formacin que recupe-
re el aprendizaje a travs de la accin, el psicodrama y el teatro espont-
neo son nuevamente idneos para este trabajo.
Por ejemplo, la supervisin activa de escenas, mediante tcni-
cas psicodramticas, incluyen la representacin de escenas cotidianas
y aportan informacin acerca de las dinmicas que produce el propio

64
Clnica en las fronteras

equipo en el paciente y que explican muchas de las situaciones que


se generan durante el acompaamiento. Adems, la narracin resul-
tante de las dramatizaciones trabajadas por el equipo suelen ser ms
productivas que cuando el caso es solamente narrado. Es por ello que
recomendamos que toda supervisin activa incluya un caldeamiento, la
dramatizacin de las escenas surgidas en el equipo, el eco (o expresin
emocional) y el procesamiento (anlisis racional).
En equipos que trabajan en residencias o comunidades terapu-
ticas, puede pensarse un paso ms: Talleres de Teatro Espontneo en el
que pacientes y equipo puedan interactuar desde este lugar alternativo
con el fin de romper roles sedimentarios y rgidos. El efecto de estos
talleres no solo produce una transformacin en el estilo de intervencin
de los equipos sino un cambio en el vnculo entre profesionales y usua-
rios, fundamentalmente en lo que se refiere a las relaciones de poder
que instala la institucin y el sentido comn. La aplicacin del Tea-
tro Espontneo como intervencin puede tener una funcin preventiva
ante el furor tcnico, el recetismo, la automatizacin y la rigidez de las
intervenciones, todas ellas calificadas por Moreno, como resistencias del
actor.
En conclusin, pensamos que es fundamental que adems de la
formacin terica y conceptual, fundamental para modelar las mentes,
en los planes de formacin nos atrevamos a introducir en igual medida
(y no de forma marginal o supletoria) tcnicas activas que permita a los
acompaantes modelar los actos y confiar en su espontaneidad trabajada
actuando de forma adecuada y creativa tanto en la calle como en los
domicilios, as como en los cada vez ms heterogneos contextos donde
discurre nuestra prctica a medida que crece y avanza.

Bibliografa
Chvez A. (2012). Acompaamiento Teraputico en Espaa. Madrid: Grupo 5.
Garavelli M.E. (2003). Odisea en la escena. Crdoba: Editorial Brujas.
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Mannoni O. (2006). La otra escena. Buenos Aires: Amorrortu.
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65
Acompaamiento Teraputico

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Moreno J.L. (1993). Psicodrama. Buenos Aires: Lumen.
Poblacin P. (1997). Teora del Juego en Psicoterapia. Madrid: Fundamentos.
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Kuras S. y Resnizky S. (2004). Acompaantes Teraputicos. Buenos Aires: Letra
Viva.
Kuras S.y Resnizky, S. (2011). El Acompaamiento teraputico como Dispositivo.
Buenos Aires: Letra Viva.

66
Abordajes en AT
una mirada ampliada hacia la familia
Mara Laura Frank1

La clnica del acompaamiento trascurre en las fronteras, espa-


cios entre el individuo y su familia, entre la calle y la institucin, entre
los espacios sociales de los acompaados y los nuestros, entre nuestro
espacio teraputico y las reuniones con el equipo.
Cuando el at se inserta en los caminos de lo cotidiano va reco-
rriendo paisajes y escenarios diferentes, dismiles, por momentos con-
fortables, agradables, oscuros o llenos de obstculos. Recorremos esos
caminos con una gua de viaje que es el trabajo en equipo, la terapia
individual y la supervisin, que nos orientan para no sucumbir en el
intento de sumergirnos con una estrategia clnica en el territorio del
otro y perdernos en l.
El acompaamiento teraputico pensado como un dispositivo
permite un abordaje teraputico ampliado, abordando no solo al suje-
to designado como paciente, sino tambin el contexto en el cual est
inserto. Intentar en este escrito esbozar algunas ideas sobre cmo el
dispositivo acompaamiento teraputico ampliado puede abordar al
contexto familiar.
El at trabaja en - con lo cotidiano, por lo tanto con la familia y
esto tiene consecuencias en la intervencin clnica. Ana Quiroga afirma,
La vida cotidiana se manifiesta como un conjunto heterogneo y multitudi-
nario de hechos, actos, objetos, relaciones, actividades, que se nos presentan
en forma dramtica, es decir, como accin La conforman la familia que
constituimos, la revista que leemos, la televisin, el cine, el teatro, la casa que
habitamos, etc. Se organiza alrededor de la experiencia de la accin del aqu
1
Lic. en psicologa. Fundacin Sistere. Crdoba Argentina AATRA (Asociacin de Acompaantes
Teraputicos de la Repblica Argentina) mlaurafrank@[Link]

67
Acompaamiento Teraputico

de mi cuerpo y del ahora de mi presente, un mundo subjetivo, social, compar-


tido, que yo experimento y que vivo con otros [] es predominantemente
experiencia de accin, mecanismo irreflexivo, no es consciente. []Los hechos
se aceptan como partes de un todo conocido, autoevidente.
El acompaante, de la mano de una estrategia de equipo, se va
a introducir en la vida cotidiana para trabajar con ese mundo que es
mucho ms que un lugar, es condicin de subjetivacin. Intervenir en
lo cotidiano puede generar modificaciones en la subjetividad, en la red
social y familiar.
Con su presencia, el at puede hacer visible aquello que la coti-
dianeidad oculta, devela prcticas desubjetivantes, roles estereotipados
que no permiten modificaciones saludables, observa la forma de habitar
el espacio, el tiempo y el ritmo del otro, los vnculos, las presencias, las
ausencias, tonos de voz, miradas, gestos.
En la clnica del at abordamos no slo al sujeto designado como
paciente sino a toda la escena en la que participa, el escenario y la esce-
nografa. Todos aquellos actos, actividades y personajes que constituyen
la vida cotidiana del paciente forman parte del escenario en el cual el
at interviene, como dice Ana Quiroga, de los hechos que aceptan sin
cuestionar.
En una oportunidad una paciente internada en un hospital psi-
quitrico pronta a ser dada de alta manifestaba en sesiones de terapia
que no poda volver a su casa porque no haba lugar para ella. Decidi-
mos incorporar un at para trabajar la externacin que por distintos mo-
tivos era complicada. No fue menor lo sorpresa cuando la at nos relat
que en la vivienda donde habitaban tres personas haba dos camas, dos
sillas, dos platos, por lo que, cuando ella estaba en la casa hacan turnos
para comer. Esto era naturalizado y nadie poda imaginar que fuera de
otra manera. La presencia del at permiti entender la fuerza de las pala-
bras, no haba lugar para ella, la relacin entre su madre y su hermana
no dejaba margen para alguien ms, en lo simblico, ni en lo vincular,
tampoco en lo real de la casa. La estrategia de externacin incluy, para
que fuera efectiva, no slo aspectos singulares de la paciente, sino tam-
bin su casa, los vnculos que all se presentaban.

68
Clnica en las fronteras

En este escenario de lo cotidiano, la familia es una pieza funda-


mental en la vida de los sujetos. Muchas dificultades hacia el logro de
los objetivos surgen de enfrentamientos u obstculos de la familia hacia
la tarea del acompaante. Frente a estas situaciones, los acompaantes
pueden sentirse confundidos, amenazados, rechazados. En las super-
visiones escuchamos fuertes sentimientos de impotencia, frustracin,
ante no saber cmo actuar.
Encontramos textos que plantean (Dozza, Marinho, Texeira y
otros) que no se trata de ir en contra de la familia, de luchar contra las
resistencias al cambio, de cuestionar sus verdades absolutas; tampoco de
culpar a la familia por el padecimiento del paciente.
Tomando palabras de Teixeira, Dename, Balduino []Com-
prender y aceptar los recursos y lmites de los familiares de nuestro paciente
es abrir camino hacia una interaccin de mayor apertura y proximidad; es
trabajar en el sentido de favorecer relaciones menos defensivas y ms flexibles
entre nosotros y la familia, y entre esta y el paciente. Continan diciendo
que al abordar no slo al paciente sino a la estructura ms amplia, se ace-
leran los procesos, y agrego, se sostienen los cambios.
En los ltimos aos hay cierta coincidencia en pensar el
acompaamiento teraputico como un dispositivo (Kuras, S Resnizky
S 2011; Dragotto P.; Frank ML, 2012, otros) Este concepto nos
permite pensar la complejidad de redes que se entraman en el marco del
acompaamiento.
Agamben toma el concepto de Foucault Lo que trato de in-
dicar con este nombre es, en primer lugar, un conjunto resueltamente hete-
rogneo que incluye discursos, instituciones, instalaciones arquitectnicas,
decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados cien-
tficos, proposiciones filosficas, morales, filantrpicas, brevemente, lo dicho
y tambin lo no-dicho, stos son los elementos del dispositivo. El dispositivo
mismo es la red que se establece entre estos elementos.
Si el acompaamiento teraputico constituye un dispositivo, es
mucho ms que la relacin que se da en el proceso teraputico entre un
acompaante y un paciente. Se trata de la red que se establece entre el
acompaante, el terapeuta que pide un acompaante, el psiquiatra, el

69
Acompaamiento Teraputico

supervisor del acompaante, el analista del acompaante, el acompaa-


do, la familia del acompaado, su entorno, sus mascotas, el vecino, el
portero, su manera de recorrer o no la ciudad, etc.
El dispositivo AT abarca la compleja red de personas, escena-
rios y situaciones de lo cotidiano lo cual da al abordaje teraputico una
mayor amplitud y por lo tanto mayor eficacia teraputica. El trabajar
con la familia y no a pesar de ella redunda en mayor efectividad de la
estrategia.
Si concebimos al sujeto constituido en entramados intersub-
jetivos, esto cobra sentido, ya que la familia tiene un lugar principal
al constituirse como el grupo primario. Parafraseando a Edelman L. y
Kordon D., la familia es el entramado vincular en el que adquirimos
el orden generacional, la identidad sexual, la personalidad; a travs del
discurso y las acciones se van inscribiendo lo histrico, cultural, social
que forman parte de la constitucin subjetiva. Es decir que nos vamos
constituyendo en quienes somos a travs de los vnculos que creamos
en la sociedad donde vivimos; lo intra, lo inter y lo transubjetivo se
conjugan permanentemente.
Por otro lado, Abeleira y Delucca (2004) sostienen que el entra-
mado vincular que constituye la familia se organiza a partir de lugares y
funciones. Los lugares tienen que ver con los distintos tipos de vnculos
que conforman la familia, (simtricos, asimtricos) y las funciones -que
se esperan y es deseable que ejerza la familia- son las de sostn y amparo
y, por otro lado, de discriminacin, corte y trasmisin de la ley. Expli-
can que estas funciones son operatorias y necesarias para la constitucin
y construccin de la organizacin psquica de los sujetos; refieren que
han de estar encarnadas por personas reales con ndice de realidad para
el hijo, que provienen del conjunto familiar pero que luego son amplia-
das por otras redes de vnculos extras familiares.
Luego, la red se va ampliando y vamos habitando otros vncu-
los, otros espacios. Los grupos secundarios aportan nuevas modalidades
vinculares, posibilidades identificatorias y mantienen el apuntalamiento
del psiquismo. Cuando falta o falla un apoyo, se produce una perturba-
cin en la constitucin del sujeto.

70
Clnica en las fronteras

Los acompaantes que logran establecer un vnculo con ndice


de realidad para el otro, comprometido y en abstinencia, pueden ser
parte de esa red ampliada, brindarse como apoyaturas, brindando nue-
vas modalidades vinculares.
En su gran mayora, los abordajes que requieren de acompa-
amiento teraputico son complejos. Susana Kuras y Silvia Resnizky
afirman que los abordajes clsicos no son suficientes, se trata de pacien-
tes severamente perturbados, de familias disfuncionales, estalladas, con
roles confusos, donde las funciones mencionadas anteriormente no son
ejercidas y los apuntalamientos fallidos son habitualmente las circuns-
tancias del entorno del sujeto a acompaar.
La escena del AT en estos casos es un escenario complejo en
cual se manifiestan una gran cantidad de circunstancias, emociones y
dificultades de gran intensidad. Los acompaantes, al ingresar, ya sea
para trabajar con la familia en conjunto o con un sujeto, se encuentran
frecuentemente ante situaciones de rechazo, resistencia y obstculo a la
tarea. La misma familia que pide y acepta la intervencin del acompa-
ante puede luego mostrarse resistente y expulsiva. Frente a esta ten-
sin, los acompaantes sienten que deben actuar y muchas veces tomar
decisiones siendo soporte de transferencias.
Advertidos por nuestra formacin, sabemos que debemos to-
mar un tiempo, hacer pausas, ir despacio para recorrer ese mundo real,
representacional y vincular del otro a quien acompaamos. Debemos
cartografiar la realidad que encontramos antes de intervenir, darnos el
tiempo para entender la dinmica de roles que se despliegan en esa rea-
lidad, el entramado vincular. No slo tomarnos ese tiempo sin tiempo
lgico que implica el encuentro con el otro, sino con todo ese mundo
que habita. El acompaante tiene el privilegio y la dificultad de entrar
en esa trama vincular; puede sentir en carne propia, experimentar desde
la vivencia los lugares en los cuales se ubican los pacientes.
Por cartografiar imagino hacer un esquema donde uno va ubi-
cando los roles que ocupa cada uno, los lugares en los que cada sujeto
son ubicados, los temas que se hablan, los que se callan, los mitos fami-
liares, las creencias familiares, los mandatos, las exclusiones; en fin, la

71
Acompaamiento Teraputico

funcin que cada uno tiene en esa familia. Detectar los tipos de vnculos
que se generan en la trama parental, filial, cmo se conjuga lo fraterno,
tambin si se cumplen y de qu manera las funciones.
Todo esto significa la realizacin de un mapa que nos permita
pensar la red vincular que conforma la cotidianeidad de los sujetos con
los que trabajamos, en la cual tendremos que incluir otros actores por
fuera de la familia que forman parte de esa red, como pueden ser un do-
cente, un amigo, una niera; otros que son incluidos por el dispositivo
del AT dada su presencia subjetivante.
A medida que el at puede hacer un anlisis de la demanda y
tener un panorama de la dinmica familiar, ocupar diferentes lugares
en el tramado de la red familiar con el fin de favorecer el ejercicio de las
funciones que intervengan en el proceso de subjetivacin. Es frecuente
observar como los at cumplen funciones que tienen que ver con sostn,
contencin, separacin, corte, ingreso simblico al orden de la cultura
y tambin cmo a lo largo de los tratamientos pueden ir modificando
su lugar para realizar diferentes intervenciones.
Los acompaantes muchas veces realizan estas intervenciones
sin darse cuenta. Es despus, en supervisiones o en las relecturas de los
casos, al salir de la mirada exclusiva a uno de los miembros, que pueden
ver el conjunto y lograr dimensionar qu lugar ocuparon en distintos
momentos en la trama familiar.
Recuerdo una situacin en la que es pedido un acompaante
para trabajar con un paciente joven que viva solo con la madre: la idea
era realizar una actividad fuera de la casa y descomprimir el vnculo con
su mam que se senta muy cansada. Eligieron junto con el acompa-
ante que la actividad fuera natacin. El joven estaba contento aunque
un poco atemorizado por todo lo que implicaba. El segundo da, al
llegar el at, la madre le dice que no iran porque X estaba resfriado, por
lo que hicieron una actividad en la casa. Al siguiente encuentro, X no
podra porque la madre haba sacado justo un turno en el mdico. Y
as se sucedan los encuentros y se acercaba la fecha de vencimiento del
carnet de la pileta cubierta. El acompaante senta impotencia y furia
por momentos.

72
Clnica en las fronteras

El trabajo en supervisin nos llev a pensar que si centrbamos


la estrategia solo en X no avanzbamos, que tenamos que abordar al
vnculo. Si pudiramos observar el conjunto vincular, no quedaramos
atrapados a la mirada sesgada de ver la trama desde un slo punto vista,
sentir enojo hacia esta madre que est obstaculizando nuestra tarea, por
ejemplo. El at fue convocado porque este vnculo de X con su mam
no facilitaba la separacin; si bien la madre quera tomar distancia, no
poda.
El circular del at por los distintos espacios, la casa, la calle, la te-
rapia, el afuera, el adentro, la tristeza, la alegra, el encuentro con otros,
permite una visin diferente del sujeto, lo que devuelve una mirada
unificada. Mirada que difiere de la que puede tener el terapeuta en el
consultorio, la familia en la casa, los amigos, los pares. As, el at apor-
ta una mirada que integra, una presencia que devela, que confronta,
desnaturaliza. Este circular por los distintos espacios del dispositivo de
acompaamiento es lo que permite sostener cierta distancia necesaria
para favorecer la eficacia teraputica.
La riqueza del dispositivo acompaamiento teraputico permi-
te el abordaje ampliado no slo del sujeto sino del conjunto, en una
amplia variedad de estrategias e intervenciones posibles. Esto posibilita
resultados que se sostengan en el tiempo. Permite trabajar con la familia
y no en contra de la familia y pensar al sujeto como una parte de ese
todo. Un todo que incluye.

Bibliografa
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Acompaamiento Teraputico

73
Acompaamiento Teraputico

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Escuta, 1991. El a t desde una perspectiva humanista de las relaciones
familiares

74
Por qu no caminar juntos?
La fuerza del acompaamiento entre AT y psicoanalista

Mnica Santolalla1

I-

Hay testimonio para la locura? Quin puede testimoniar?


se preguntaba el filsofo Jacques Derrida en su texto Ser justo con
Freud2.
El testimonio, como discurso, es un gnero literario, mtodo
denarracinliterariaen el cual se persigue una informacin verificada,
o que intenta ser verificada de la historia, mediante entrevistas a per-
sonajes reales para basarse en hechos verdicos, que nunca pueden ser
verificables completamente.
Este gnero guarda una estrecha relacin con elperiodismo, de
hecho, es un gnerohbrido, que resulta de la mezcla de estilos literarios
que ha tenido lugar en la segunda dcada delsiglo XX.
Diana Sperling, parafraseando a Wiesel, seala que: As como
los griegos crearon la tragedia, los romanos la epstola, el renacimiento
el soneto, la modernidad ha creado el testimonio.3
Testimonio, agregara, que no est exento de costuras en sus in-
tertextos, costuras que en su im-prolijidad, en los huecos de la trama, se
filtra la inconsciencia e inconsistencia del narrador.
He optado por este camino, el del testimonio, para nombrar
la perspectiva desde la cual voy a narrar una larga experiencia clni-

1
Miembro titular de la Asociacin Psicoanaltica de Crdoba. santolallamonica@gmail.
com[Link] [Link]
2
Derrida, Jacques: Resistencias del Psicoanlisis. Pg. 107. En este texto Derrida intenta ser
justo-hospitalario con Freud, pero tambin con Foucault.
3
Sperling, Diana: 1er. Simposio Internacional Crmenes de lesa humanidad y Holocausto:
historia, memoria, verdad y justicia. Una mirada desde Amrica Latina

75
Acompaamiento Teraputico

ca, de ms de ocho aos, en la cual no me privar de hacer algunas


consideraciones conceptuales que fueron apareciendo a medida que
comenc la escritura de este testimonio.
Va una primera observacin, que tiene relacin con el ttulo de
este trabajo: Por qu no caminar juntos?
Expresamente no hablo de integracin, como seguramente lo hu-
biera hecho hace algunos aos. Pese a mi fuerte formacin kleiniana, cuyo
ideario de salud mental es la integracin, las lecturas de Nietzche, Blanchot,
Barthes, Lacan, Benjamn, quebraron mis viejos ideales integracionistas.
Hoy pienso que la alteridad es radical, el otro es radicalmente
diferente, y en todo caso, o mejor dicho, en el mejor de los casos hos-
pedamos la diversidad, la diferencia, lo otro.
Considero, siguiendo a Blanchot y a Deleuze (y ellos a Nietzche)
que la realidad es fragmentaria y se yuxtapone, con algunos momentos
de encastre, ms ilusorios que simblicos.
Caminar juntos parodia aquel curso que Roland Barthes dic-
t en el Collge de France, que llam Cmo vivir juntos.
Un Vivir juntos que no es sinnimo de integracin imaginaria,
sino de un fuerte trabajo de pensar acerca de cmo se crean los espacios
mltiples donde sea posible habitarlo con otros.
Ese lugar, hecho de materia difusa, de contornos irregulares,
tramada de elemento, escenas y acontecimientos heterogneos,
desplegadas en un gran espacio donde se encarna y se dramatiza cual un
teatro, es el lugar que creamos entre un nio, sus padres, una escuela,
una at, un maestro particular y yo, en tanto psicoanalista.
Trama tejida por la fuerza circulante, pasional del deseo que
acompaaba.
El acompaamiento no integra, antes bien, crea, es performati-
vo de nuevos lazos.

II -

Conozco a Juan un diciembre. Lo traen sus padres pues las


dificultades en el jardn agravadas durante el primer grado- eran ostensibles,
y la escuela haba presionado para que algn cambio se operara.

76
Clnica en las fronteras

Juan no quera permanecer en el aula, sntoma en todo caso


menor, en el ramillete sintomtico que este nio de 6 aos presentaba.
No dorma, tena alucinaciones visuales, con un exquisito len-
guaje, hablaba de cosas incomprensibles para el resto de los humanos.
Le costaba muchsimo establecer alguna clase de vnculo, ya que
estaba asediado por fuertes ansiedades paranoides, que lo llevaban a
sospechar de todo y de todos.
Fue, en sus primeros aos de vida, donde se iniciaron los trastor-
nos del sueo, vinculados al desencuentro, a la no contencin, al fracaso
en la armonizacin con la funcin materna, conjugado con una difusa
y errtica funcin paterna.
No haba contencin dentro de su mente, haba soledad y la
soledad era vivida como persecucin, no haba quin defendiera. La
soledad no era soledad, era ataque.
Juan no estaba despierto, pero tampoco dorma.
Se desesperaba por asistir a una escuela, pero paradojalmente no
soportaba permanecer en ella. En general se escapaba del aula, en los
comienzos del tratamiento. No fue medicado. Decid armar, en acuerdo
con los padres y la escuela un dispositivo, donde yo misma me inclua,
adems de un acompaante teraputico y un maestro particularizado.
Juan ya confiaba en su espacio analtico y, desde all, al amparo
de la transferencia, le fui presentando a cada uno de los integrantes del
dispositivo.
Si bien las fuertes ansiedades paranoides, hicieron que Juan pre-
sentara resistencias, la maleabilidad de concebir este dispositivo, no solo
a la manera foucaulteana de la positividad, sino incluyendo el concepto
de Agamben como dispositivo benevolente, hizo que pudiramos soste-
ner este espacio de una manera mucho ms creativa y abierta.
Postulo, y creo que este es un plato fuerte a debatir con ustedes,
que estos espacios entre nios, padres, at, escuela, terapeutas no son
solo espacios de coordinacin entre actores que ya estn constitudos,
sino ms bien son como la fbrica misma de los actores y el lugar
donde se ponen a prueba sus cualidades.

77
Acompaamiento Teraputico

A medida que narraba en forma evacuativa, sin comas ni pun-


tos aparte, los contenidos terrorficos de las alucinaciones con la analis-
ta, comenzaron los intentos por maniobrar sus acciones cotidianas, en
compaa de la at, despuntando as, nuevos movimientos subjetivos.
l empieza a caer en la cuenta de que existe un intercambio, un
encuentro con un otro que lo hospeda, en el sentido derrideano de la
hospitalidad.
Esa hospitalidad estaba apuntalada en un fuerte trabajo de re-
flexin entre los componentes del dispositivo de equipo. Volver a este
punto ms adelante.
La experiencia de sentirse hospedado en sesin, en la escuela,
con su acompaante teraputica, va trazando en Juan constructivamen-
te un puente, un pasaje, que permite el comienzo de una experiencia
distinta.
Esta es una de las razones por las que tena que recurrir en mu-
chos momentos a la analista, a la at o al maestro.
Juan necesitaba un testigo, un secretario, compaero de ruta,
alguien que tome nota del giro que le estaba aconteciendo, que marque
ese otro, ausente en la alucinacin, que l descubre, est tomando la
curva a su lado.
Este nio empieza a construir historias con sus sueos, narra-
ciones donde ir poniendo los personajes sueltos y persecutorios que tie-
ne en la mente.
La escucha del maestro, la at y la analista eran diferentes, pero
armoniosas, y construan juntos un ritmo.
Haba momentos donde el narrador que habitaba en l (los as-
pectos ms neurticos) eran puesto a prueba ms all de sus posibilida-
des: tema con mucha angustia la oscuridad, dormirse y no despertar,
tema encontrarse con aquello que est detrs de la luz. O con el vaco.
No era el develamiento de una verdad totalizante, y por lo tanto
tranquilizadora para descifrar, sino develamiento de ese otro extranjero
que nos habita, de ese extranjero en nosotros mismos como se titula un
libro de Julia Kristeva4 y que tanto conmueve y asusta.
4
Kristeva, Julia: Extranjeros para nosotros mismos. Pg. 63

78
Clnica en las fronteras

El sueo es una de las experiencias ms sublimes de la extranje-


ra. Extranjero que aparece cuando surge la conciencia de la diferencia,
de la alteridad.

III

Por qu no caminar juntos at y analistas?


En tiempos de debate sobre el DSM V, la patologizacin y la
consiguiente medicalizacion de la infancia, la apuesta en la etiologia
genetica para el espectro autista, la proscripcin en algunos pases a
los psicoanalistas para atender patologas del espectro autista, el rebaja-
miento de la mayoria de edad penal en los jvenes sin tener en cuenta
los efectos que producen las drogas y la pobreza, resulta un imperativo
tico renovar la convocatoria que esta pregunta inicial conlleva. Nos
une la posicin humanista.
Como les deca, me alejo de las ideas foucaulteana del dispositivo
con connotaciones normativas, sobredeterminadas; me acerco ms bien
a la idea de indeterminacin de los dispositivos de Deleuze y Agamben,
que se apoya en una ganancia de mayor margen de libertad para los
actores.
De hecho, estas conceptualizaciones son en el a-posteriori de lo
que fuimos armando.
En mi experiencia, los acompaamientos teraputicos son ges-
tores de nuevas trazas de subjetivacin. Pienso sin embargo que si con-
cebimos que el sujeto (ya sea nio o adulto) es por estructura un sujeto
dividido, que no todo es conciencia, que hay un inconciente que nos
habita, es necesario diferenciar actores y funciones. Y nuevamente vuel-
ve un apelativo a la tica. Ya nadie puede creer, de manera seria, que un
uno, como deca Blanchot (sea analista, escuela o at) resuelve per-se, la
complejidad de la clnica a la que estamos enfrentados.
Los paradigmas culturales nos embretan; el sistema capitalista
con su lgica de mercado nos ofrece soluciones mgicas y rpidas; noso-
tros mismos estamos atravesados por estas coordenadas.

79
Acompaamiento Teraputico

Vuelve entonces la pregunta: Por qu no caminar juntos?


La fuerza est en nuestra posicin humanista frente al dolor.

El poder de los medicamentos del espritu es el sntoma de


una modernidad que tiende a abolir en el hombre no slo su deseo
de libertad, sino tambin la idea misma de enfrentar la adversidad.
El silencio entonces es preferible al lenguaje, fuente de angustia y de
vergenza5.

At y terapeutas, de la corriente que seamos, no podemos perder-


nos la oportunidad de poner visagras subjetivantes.
Caminemos juntos.

Bibliografa
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5
Elizabeth Roudinesco: Por qu el psicoanlisis? Pg. 23

80
Clnica en las fronteras

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81
Hacer lugar1
Dolores Hernndez2

Abre bien los ojos, mira.


Julio Verne, Miguel Strogoff

Cuando desde el AT tratamos de abordar la hechura de lo


cotidiano, solemos cruzar por la palabra arquitectura como a travs
de un puente hacia el intento de aprehender lo cotidiano desde el
dispositivo clnico. El arquitecto noruego Norberg-Schulz dice de un
puente: El puente es un camino particularmente expresivo. Uniendo dos
regiones y conteniendo dos direcciones, usualmente representa un fuerte
estado de equilibrio dinmico.3 Cuantas veces en el AT recurrimos
tambin a la imagen de un puente para hablar de ese espacio entre,
ese lugar que es punto de encuentro con un otro diferente y, a la vez,
movimiento, desplazamiento, ir y venir. Este trabajo se propone cruzar
por la arquitectura hacia el encuentro de posibles construcciones propias
del AT.
Algunas tendencias de la arquitectura contempornea sostienen
que las soluciones arquitectnicas, mucho ms all de dar respuesta a
problemas funcionales, pueden ofrecer otra mirada que involucre la vi-
vencia, la experiencia y la percepcin integral del espacio. En este sen-
tido, se dice que un arquitecto puede intervenir creando atmsferas, es
decir, entornos que recuperen la memoria de una cierta vivencia y faci-
1
Texto modificado para la presente edicin que fue presentado en mesa de trabajos libres en
el Congreso Internacional de AT 2015, Crdoba, Argentina.
2
Traductora. Acompaante Teraputica, Fundacin Sistere. Maestranda en Administracin
pblica (Mencin Polticas Pblicas), Universidad Nacional de Crdoba. Tecnicatura en
Acompaamiento Terapetico (Universidad Catlica de Crdoba). adoloreshernandez@gmail.
com
3
Norberg-Schulz, Christian. (1975) Existencia, Espacio y Arquitectura. Cap. 2. Barcelona:
Blume

83
Acompaamiento Teraputico

liten la experiencia de los sentidos haciendo posibles nuevas vivencias.


Un ejemplo de esto es el trabajo de un equipo de arquitectos que dise-
aron y construyeron una granja educativa en las sierras cordobesas. Al
hacerlo, intervinieron el paisaje natural de manera que los aromas y los
sonidos, el perfume del pan recin hecho o el sonido del agua jueguen
un rol activo en la percepcin integral del espacio, en un dilogo con el
paisaje. Retomaremos esta idea ms adelante.
De acuerdo con estas corrientes de la arquitectura, el espacio es
comprendido desde su percepcin integral, es decir que el espacio va ms
all de lo visual y verificable, hacia la exploracin del mundo percibido
y vivido. No hay espacio homogneo; hay espacio heterogneo. Dice
Merleau-Ponty: Tanto en psicologa como en geometra, la idea de un
espacio homogneo ofrecido por completo a una inteligencia incorprea es
reemplazada por la de un espacio heterogneo, con direcciones privilegiadas,
que se encuentran en relacin con nuestras particularidades corporales y
nuestra situacin de seres arrojados al mundo 4 La percepcin del espacio
est mediada por el cuerpo fsico y psquico, como lugar a travs del
cual accedemos al mundo exterior y vivimos el espacio.
Un concepto que podemos tomar aqu es el de espacio
existencial que desarrolla Norberg-Schulz5, quien traduce elementos
de la psicologa de la percepcin, de la fenomenologa de Heidegger,
del existencialismo, de la psicologa y de otras corrientes tericas, a la
arquitectura. Un arquitecto al configurar el espacio incide en un mbito
de la existencia humana. Distingue espacio, de espacio arquitectnico
y de espacio existencial. Espacio existencial es para l un sistema de
esquemas perceptivos o imgenes del ambiente a nuestro alrededor
que almacenamos en la memoria durante nuestra vida a partir de la
interaccin con el espacio en el que vivimos. Se trata de estructuras
elementales algunas y otras condicionadas socialmente que el espacio
arquitectnico concretiza. Son niveles del espacio existencial lo urbano

4
Merleau-Ponty, Maurice. (1948) El mundo percibido: el espacio. Pg. 4. Recuperado en:
[Link]
5
Norberg-Schulz, Christian. (1975) Existencia, Espacio y Arquitectura. Cap. 2. Barcelona:
Blume.

84
Clnica en las fronteras

de una ciudad con sus calles, sus barrios, sus nodos; una casa con sus
habitaciones; los objetos dentro de esa casa. El espacio existencial hace
posible la adquisicin de sentido de identidad y pertenencia a una
sociedad y a una cultura.
La clnica del AT sucede en el espacio cotidiano y, al igual que
un camino que se transita, la clnica de lo cotidiano6 nos pone en
tensin entre lo conocido y lo desconocido, lo semejante y lo ajeno. Lo
cotidiano nos atraviesa como sujetos. En el espacio cotidiano, tanto el
acompaante como su acompaado estn involucrados en un espacio
existencial. Desde la perspectiva de la psicologa social, Ana Quiroga
define la vida cotidiana como el espacio y el tiempo en el que se manifiestan
de forma inmediata y directa las relaciones que los hombres guardan entre
s y con la naturaleza en funcin de sus necesidades, configurndose sus
condiciones concretas de existencia.7 El trabajo, la familia, el tiempo
libre son reas de la vida cotidiana y producen subjetividad en tanto
los procesos psquicos estn incididos por condiciones concretas de
existencia. Segn este punto de vista, se entiende al sujeto como un ser
con necesidades que se satisfacen socialmente, que es configurado en
una red de relaciones vinculares (en condiciones concretas de existencia)
y est situado histricamente. Es de lo cotidiano que el at tomar los
recursos para trabajar con el vnculo.
El espacio clnico de AT est hecho de mltiples espacios: hay
espacio psquico, espacio existencial, espacio de la ciudad, espacio vin-
cular, espacio institucional, espacio transferencial, espacio transicional,
espacio social, espacio pblico, entre otros posibles de ser conceptuali-
zados. Un acompaante y su acompaado transitan esos espacios; re-
corren distancias; toman una direccin u otra; llegan a un cruce de
caminos y escogen uno; deciden continuar por otro; se dan con una
encrucijada; regresan al punto de partida; vuelven a partir; hacen cen-
tro. Transitar el espacio clnico de lo cotidiano requiere de orientacin y

6
Dozza de Mendona, Leonel. (2015) Acompaamiento Teraputico y Clnica de lo Cotidiano.
Buenos Aires: Letra Viva.
7
Quiroga, Ana; Racedo, Josefina (2003) Crtica de la vida cotidiana. Buenos Aires: Ediciones
Cinco.

85
Acompaamiento Teraputico

para un at es preciso ser buen investigador y conocedor de lo cotidiano,


as como cada vez mejor lector en y de la multiplicidad de espacios que
lo componen. Cmo vivencian el espacio nuestros acompaados? Con
esas coordenadas, es posible dibujar un mapa de ese cotidiano singular
e irrepetible: un cruce particular entre espacio-tiempo y cuerpo.
Dijimos al principio de este trabajo acerca de la experiencia del
equipo de arquitectos en la granja educativa que tomamos como ejemplo,
donde intervinieron (el espacio natural) creando atmsferas que recu-
perasen la memoria de ciertas vivencias en relacin con los sentidos para
facilitar otras. El at podra pensarse tambin como un creador de atmsfe-
ras. Las atmsferas podran entenderse como el resultado de una o varias
intervenciones: ese efecto que hace (construye) lugar; que se dirige hacia
nuestro acompaado, su entorno fsico o vincular; que aguarda un mo-
vimiento; que posibilita algo de la subjetividad. Hacer lugar tambin se
podra leerse como vaciar para liberar el espacio; hacer lugar a otra cosa.
Para la arquitectura espacio y lugar son distintos. Para Norberg-
Schulz, el espacio es un sistema de lugares. Dice: Los lugares son metas o
focos donde experimentamos los acontecimientos ms significativos de nuestra
existencia, pero tambin son puntos de partida desde los cuales nos orientamos
y nos apoderamos del ambiente circundante.8 Entonces, los espacios por los
que transitamos a diario estn compuestos por lugares que pueden tener
la forma de las construcciones que vemos a nuestro paso. La arquitectura
puede construir para dar soluciones funcionales, pero tambin puede
intervenir el espacio para hacer lugares: dotar a una ciudad y sus habitantes
de metas o focos para la vivencia y puntos de partida para la subjetividad. Una
casa, una plaza, un bar, un cine, una sala de hospital son lugares por donde
transita el at y su acompaado. Cuando el at interviene en lo cotidiano,
lo hace en el espacio vincular como parte de una estrategia clnica. Una
intervencin hace (construye) lugar (meta, foco, punto de partida) cuando
genera espacios (vinculares) para la subjetividad. Para hacer lugares, el at,
a la manera de un arquitecto, deja seales, marca territorios, hace sus
clculos, mide y crea atmsferas para que pueda suceder lo nuevo no
amenazante del encuentro significativo que transforma.
8
Norberg-Schulz, Christian. (1975) Existencia, Espacio y Arquitectura. Barcelona: Blume.

86
Clnica en las fronteras

Bibliografa
Dozza de Mendona, L. (2015). Acompaamiento Teraputico y Clnica de lo
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Norberg-Schulz, C. (1975). Existencia, Espacio y Arquitectura. Cap. 2. Barcelo-
na: Blume.

87
Captulo 2

Clnica /
Sujeto y Subjetividad

y veo all cuando bajo


tanta gente en silencio
cada uno con su ovillo
desovillando
cuidadosamente
en silencio hacia adentro
y me siento mal dijo uno de pronto
y era un paciente de paciencia de aos
hace aos

Lenidas Lamborghini, Diez escenas del paciente.

89
Acompaamiento Teraputico
Un espacio vincular
Susana Kuras Mauer1

Recuerdo de la lectura de un par de autobiografas, entre ellas


la de Jean Piaget y la del propio Sigmund Freud, relatar cunto ellos se
haban sorprendido al advertir que las ideas del comienzo, de la juven-
tud, entre ostentosas y disparatadas habran retornado con fuerza en
momentos avanzados y maduros de sus vidas profesionales.
A su vez M. Foucault en una entrevista tarda, se refiere a su obra
como un fragmento de autobiografa. Realizar una autobiografa, no
implicara entonces tanto llevar a cabo un ejercicio de introspeccin,
sino, por el contrario, mirar hacia afuera, analizar los alrededores, las
instituciones, sus discursos intentar lo que Foucault llam una on-
tologa crtica de nosotros mismos
Quizs hoy, me lleg el momento de hacerlo en primera perso-
na, con la implicacin subjetiva que siempre tuvimos con el acompa-
amiento.
Despus de haber recorrido un largo camino de mi vida laboral
advierto que aquellas cosas que en los aos 70 me parecan poco profe-
sionales, pasibles de ser catalogadas de inconsistentes y poco serias en el
Acompaamiento Teraputico, han pasado a ser hoy dos de los aspectos
ms valiosos de nuestra prctica clnica. Me refiero a la fuerza del vncu-
lo en la cura y al trabajo con Dispositivos clnicos de abordaje mltiple.
Tuvimos la suerte - y tambin lo padecimos -, de habernos ini-
ciado sin libreto, sin conceptos ni referentes, sin territorio y por lo tanto
sin fronteras.

1
Licenciada en Psicologa (UBA).Miembro titular de la Asociacin Psicoanaltica Internacional
y de la Asociacin Psicoanaltica de Buenos Aires (APdeBA). Docente. susimauer@[Link]

91
Acompaamiento Teraputico

Por lo tanto cuando ramos convocados a acompaar, tenamos


que inventarlo todo. En el encuentro con el paciente, el at auscultaba,
tanteaba, exploraba y en el vnculo se gestaba el guin.
En esos vnculos nos hicimos acompaantes. Aquello que nos
sostuvo, con pudor de nuestra parte y mucha resistencia -de parte del
entorno psi-, hoy lo jerarquizamos- nosotras al menos- como pilares de
nuestra prctica clnica: La potencialidad teraputica del vnculo en el
proceso del tratamiento y el trabajo con otros en Dispositivos mlti-
ples de abordaje. Ese espacio entre otorg, desde el comienzo, sentido
a la experiencia.
En la dcada del 70, nos faltaban referentes, conceptos, super-
visores, consistencia, pero haba en aquel entonces un acercamiento en-
tusiasta, tan intuitivo como implicado subjetivamente. Esa apuesta a in-
vestir apasionadamente aquello que creamos funcional al tratamiento
de nuestros pacientes, nos marc y dej huellas que hoy a la distancia,
nos gustara rescatar como espritu. Incluir un paciente en nuestra cele-
bracin familiar del ao nuevo, haber convivido algunos meses con un
paciente en nuestra casa, correr largas cuadras a un adolescente inten-
tando escaparse de nosotros, son algunas de las aventuras asistenciales
con las que fuimos construyendo estas herramientas teraputicas. Una
disposicin activa, comprometida y esperanzada que valdra la pena no
perder.
Patrullas, equipos, grupos de trabajo en Salud Mental que bus-
caban optimizar los abordajes clsicos y proponan una ruptura con el
confinamiento del paciente, con una medicalizacin deshumanizante.
As fue como empezamos a pensar en cules eran las funciones que se
ejercan en este trabajo vincular con el paciente y la palabra rol hizo
durante una larga dcada de eje alrededor del cual el acompaamiento
se hizo lugar. Hoy diramos se trata de Dispositivos vinculares, que se
van construyendo en inmanencia.
El encandilamiento propio del primerizo nos hizo omnipotentes
y picos pero tambin nos lig fuertemente a este desafo clnico.
Los encuadres, la institucionalizacin, la agremiacin han apor-
tado, jerarquizado y ordenado el ejercicio del acompaamiento tera-

92
Clnica en las fronteras

putico. Empez all un segundo movimiento de territorializacin del


Acompaamiento Teraputico donde se ampliaron alcances, se marca-
ron bordes, se visualizaron fronteras. All se hizo evidente que las fron-
teras son el espacio habitado por excelencia por el AT.
Distintos polos, pases, regiones y provincias se entrelazaron. El
interior del pas tuvo una receptividad y una sensibilidad especialmente
permeable en este dominio.
Quisiera focalizar algunos conceptos que vertebraron nuestra
propia trayectoria en relacin al Acompaamiento teraputico.

1) Un enfoque psicodinmico fue el marco terico para pensar


el desequilibrio psquico. La reclusin, la medicalizacin amordazante,
las etiquetas diagnsticas alienantes, necesitaron de fuertes denuncias
y corrientes comprometidas en desmanicomializar a sus enfermos para
ayudarlos a encontrar nuevamente el sentido de vivir en sociedad.
Pensamos pues para el abordaje en salud mental en modelos
abiertos a lo heterogneo y cambiante, en libertad, no en el encierro.
Refirindose a los casos difciles que ponen a prueba al profesional,
-dice A. Green- que tratamos de ser polglotas, pero nuestras fuerzas
son limitadas. Para comprender sus dailectos es necesario hablar varios
idiomas. Dispositivos clnicos de mltiple abordaje, son propuestas cl-
nicas que se ofrecen buscando integrar los diversos lugares en un cuerpo
de equipo. Nuestras limitadas fuerzas nos impulsaron en 1971 a traba-
jar en esta direccin, en un equipo especializado en las denominadas
terapias de abordaje mltiple.

2) El Acompaamiento Teraputico como dispositivo


As como en los comienzos enfatizamos el rol del AT y su efi-
cacia clnica, hoy pensamos el acompaamiento en trminos de Dis-
positivo. El trmino dispositivo, tomado del pensamiento de Michel
Foucault, parece referir al entramado de una serie de prcticas y de me-
canismos con el objetivo de hacer frente a una urgencia y de conseguir
un efecto. De este concepto, nos interes rescatar tres aspectos consus-
tanciales con esta profesin: la naturaleza estratgica del dispositivo, su

93
Acompaamiento Teraputico

heterogeneidad y su funcionamiento en red. El concepto de dispositivo


ha permitido redimensionar el acompaamiento en tanto hoy es mucho
ms que una herramienta teraputica. Se trata de un proyecto de con-
ceptualizacin que, apoyado en las categoras fundamentales del psicoa-
nlisis, ha ido conquistando nuevos territorios y campos de aplicacin.
Se trata tambin de un posicionamiento tico frente a la enfermedad y
su implementacin se teje con enunciados, discursos e instituciones que
la regulan.

3) El equipo teraputico como un espacio que aloja.


Transferencias mltiples que se entrecruzan en dispositivos
clnicos conjuntos. En principio la diversidad de texturas transferenciales
dan cuenta de diferentes corrientes de la vida psquica del paciente. La
construccin, el despliegue y la disolucin del vnculo transferencial
operan con diferencias sustanciales en cada vnculo. En los abordajes
mltiples hay un descentramiento de la transferencia que en
algunos casos se expresa en forma disociada, o en otros se desglosa,
diversificndose con variaciones sutiles entre los distintos profesionales
que asisten a un mismo paciente. En general con los at se gestan
modalidades transferenciales fusionales o persecutorias. Pero ms all
de las vicisitudes transferenciales, cabe resaltar que el acompaamiento
es esencialmente un espacio vincular.

4) Fraternizar la escucha
As como en el espacio analtico suelen re editarse vnculos parento-
filiales, en la interaccin con los at se escenifican predominantemente
lazos fraternales. Hablamos de fraternizacin de la escucha para aludir
justamente a esta proximidad que se produce en el vnculo con los Ats.
La prdida total de distancia en la transferencia no solamente tiene
connotacin resistencial, sino que debe adems ser cuidadosamente
supervisada para no caer en contra actuaciones por parte del AT. En
una oportunidad propuse a colegas de Crdoba la creacin de espacios
de debate entre at que llamamos mates clnicos. All, en grupo, la
idea era pensar en conjunto, en un colectivo fraterno, las dificultades

94
Clnica en las fronteras

contratransferenciales que plantea la prctica clnica. Quisiramos


insistir en la necesidad de dar empuje a vnculos teraputicos ms ligados
a la paridad, fraternos, ms horizontales, como los que se entablan con
el at. Creemos que el intercambio en horizontalidad produce modos
de subjetivacin suplementarios indispensables para la mejora de los
pacientes.
No voy a referirme ni a la metapsicologa del acompaamiento
teraputico, ni a la importancia de la formacin, filiacin y otras cues-
tiones esenciales para la vida profesional del AT. Insisto en que se trata
de un posicionamiento tico frente a la enfermedad y su implementa-
cin se teje con enunciados, discursos e instituciones que la regulan.
No hay en el acompaamiento sedentarismo posible porque trabajamos
con pacientes en guerra casi permanente, atormentados, por momentos
descarnadamente conscientes, aunque en otros, parecen vivir aneste-
siados. Ms all de las edades y ms all de las patologas, padecen un
infierno cotidiano.
En Las enseanzas de Don Juan, Castaneda, desde la ficcin
literaria, nos formula desafos y nos seala obstculos y enemigos que
encontramos en los caminos del conocimiento. Hago nuestros estos de-
safos y estos obstculos con los que nos enfrentamos en el camino de
construccin del Dispositivo de AT y agrego -como confesin personal-
que cuando eleg citarlo, tom conciencia de que el paso del tiempo
pesa y me lleva tambin a reconocernos en retirada, cerrando algunos
ciclos, con la gratitud de habernos visto crecer, trabajar y transmitir
como legado la experiencia a otros que abrirn nuevos caminos.
Quiero compartir con ustedes este hermoso fragmento que con-
densa este momento autobiogrfico luego de un largo recorrido:
Convertirse en hombre de conocimiento nos dice aquel
maestro es una tarea que no puede lograrse verdaderamente; ms
bien se trata de un proceso incesante [...] Cuando un hombre empieza
a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar. Su propsito es deficiente;
su intencin es vaga. Espera recompensas que nunca llegarn, pues no
sabe nada de los trabajos que cuesta aprender. Pero uno aprende as,
poquito a poquito al comienzo, luego ms y ms. Y sus pensamientos

95
Acompaamiento Teraputico

se dan de topetazos y se hunden en la nada. Y as se comienza a tener


miedo. El conocimiento no es nunca lo que uno espera. Cada paso del
aprendizaje es un atolladero y el miedo que el hombre experimenta
empieza a crecer sin misericordia... Y si el hombre, aterrado en su pre-
sencia echa a correr, jams aprender. [...] Debe desafiar a su miedo y
pese a l debe dar el siguiente paso en su aprendizaje, y el siguiente y
el siguiente. Debe estar lleno de miedo, pero no detenerse. [...] Y llega
un momento en que su primer enemigo se retira. El hombre empieza
a sentirse seguro de s. A cambio del miedo ha adquirido la claridad:
una claridad de mente que borra el miedo. [...] Y as ha encontrado a su
segundo enemigo. Esa claridad tan difcil de obtener dispersa el miedo,
pero tambin ciega. Fuerza al hombre a no dudar nunca de s porque
todo lo ve con claridad. Y deber hacer lo que hizo con el miedo: debe
desafiar su claridad y usarla slo para ver; debe pensar sobre todo que
su claridad es casi un error. [...] Al ver claro y parejo todo cuanto hay
a su alrededor tropieza con su tercer enemigo: el poder! El poder es el
ms fuerte de todos los enemigos. l manda; empieza tomando riesgos
calculados y termina haciendo reglas porque l es el amo [...] El hombre
estar para entonces al fin de su travesa por el camino del conocimiento
y casi sin advertencia tropezar con su ltimo enemigo: la vejez. Este
enemigo es el ms cruel de todos porque es el nico que no se puede
vencer por completo. [...] Este es el tiempo en que un hombre ya no
tiene miedos, ya no tiene claridad impaciente; un tiempo en que todo
su poder est bajo control, pero tambin el tiempo en que siente un de-
seo constante de descansar. [...] Pero si el hombre se sacude el cansancio
y vive su destino hasta el final, entonces agrego yo- puede compartir
con las nuevas generaciones el gusto y el orgullo de haber transitado y
atravesado esos caminos sorteando algunos de sus obstculos.

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Acompaamiento Teraputico

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98
El avatar de la funcin coordinacin:
sobre la funcin coordinacin y la funcin
acompaante en un caso de esquizofrenia1
Rodrigo Santilln2

Introduccin

Me gustara empezar por el nombre del trabajo. En primer ins-


tancia planteo que la coordinacin es una funcin y, como tal, una
actividad particular que realiza una persona o una cosa dentro de un sis-
tema de elementos, personas, relaciones, etc., con un fin determinado.
Por otro lado la palabra Avatar, proveniente del snscrito (pluralizada
en espaol como: avatares) con el significado de fases, vicisitudes o
cambios. Por lo cual podramos decir que se trata de una funcin den-
tro de un sistema, que a la vez est sujeto a vicisitudes y cambios. Pero
me interesa adems su uso en informtica, donde describe al modelo
(una caricatura de tres dimensiones) que representa a una persona en
un mundo virtual. Lo que me hizo pensar en la virtualidad que podra
implicar dicha funcin, en este caso la de la coordinacin.
El presente trabajo intenta precisar algunos aspectos de la fun-
cin coordinacin y la funcin acompaante (at en adelante) en un
acompaamiento teraputico, a partir del trabajo realizado a lo largo
de ocho aos con un paciente con diagnstico de esquizofrenia, con un
delirio tipo megalmano, mstico con rasgos persecutorios.
A lo largo de ms de diez aos de trabajo del equipo gora con
la funcin coordinacin, hemos establecido caractersticas especficas

1
Trabajo presentado en Mesa de Trabajos Libres. Mencin especial entre los seleccionados
para el Premio Federico Manson 2015.
2
Lic. Psicologa. Coordinador de equipo de AT. Psiclogo clnico en institucin pblica y en
actividad privada. santillanrodrigo@[Link] Buenos Aires Argentina

99
Acompaamiento Teraputico

de esta funcin, necesarias a nuestra modalidad de pensar una clnica


del acompaamiento teraputico. Si bien la singularidad de este caso
ha tensionado algunos de los supuestos sobre los cuales solemos hacer
gravitar esta funcin, es nuevamente en el caso por caso el lugar donde
confirmar o cuestionar su utilidad clnica. No es la intencin de quien
suscribe universalizar una funcin que solo va a encontrar su asidero en
el derrotero de cada caso; pero s intentar precisar qu nos ofrece, como
saldo de una experiencia clnica, al establecimiento de una funcin en
un dispositivo como el del acompaamiento teraputico.
En el caso que nos ocupa han sido ms de ocho aos en los que
ms de sesenta acompaantes y un coordinador han participado. Esta
particularidad, que nos habla de la afectacin del lazo social en este pa-
ciente, nos propone el desafo de pensar la funcin acompaante ms
all de la persona que encarne dicha funcin; esto hace que el disposi-
tivo de acompaamiento posibilite el sostenimiento de un lazo social.

El Caso.

Mariano es un paciente de cincuenta y tantos. Su psicosis se ha


desencadenado a temprana edad y ha transitado por distintas institu-
cionalizaciones, la ltima de las cuales aconteci poco ms de un ao
antes de que comenzramos el acompaamiento; pasando luego por
un Hospital de Da hasta que cuestiones burocrticas fuerzan un alta
temprana, que provoca que se vaya aislando cada vez ms, hasta casi no
salir de su domicilio.
A partir de entonces el tratamiento psiquitrico no termina de
establecerse, a Mariano no parece interesarle; l tiene su tratamiento.
En un intento de restituir un mundo en el que l pueda tener un lugar,
va consolidndose un delirio que, pese a ciertas variaciones en el conte-
nido, permanece estable en su estructura, hay que hacer lo que se debe
y no lo que se quiere. Esta frmula lo enlaza al mundo de un modo
particular, ya que por momentos le exige sacrificios importantes acordes
a la gran responsabilidad asignada: salvar al mundo.
Dentro de las voces que le hablan y hacen tantos milagros en l,

100
Clnica en las fronteras

hay personajes engaosos que pueden hacerle cosas nocivas; las amena-
zas son muchas y va encerrndose en su casa cada vez ms frente a los
posibles atentados que misteriosas mquinas podran perpetrarle. Re-
plegamiento sostenido tambin en infructuosos intentos de compartir
las revelaciones adquiridas para un mundo sin sufrimiento, imprimien-
do y repartiendo folletos o predicando a quien se le cruzara. No ha-
biendo encontrando el eco acorde a sus verdades, parece haber decidido
salvar al mundo solitariamente.

En el inicio, el lmite la regulacin.

Comenzamos este acompaamiento solicitado por la hermana


de Mariano, Beatriz, luego de un episodio de descompensacin clnica
que padece Mariano y sostenido en el dicho de una mdica que para
Beatriz parece una sentencia, que ya no poda estar solo. Inicialmente
at una vez por semana hasta que luego de la gestin de Beatriz logra
instalar un esquema de 12 horas diarias todos los das de la semana, re-
emplazando a un equipo de cuidadores domiciliarios que la obra social
haba contratado, pero que recluidos en la pequea cocina del pequeo
monoambiente, pasaban 12 horas por da leyendo unas revistas viejas
para pasar el tiempo.
En ese momento pasa el da recostado o sentado en su cama,
inmerso en su mundo poblado de fenmenos alucinatorios, intercep-
taciones del pensamiento, manierismos etc., dignos de un manual de
psiquiatra. Es un mundo con reglas que no conocemos ni quiere com-
partir. Los ats se limitan a estar, a participar de algunos ceremoniales
extraos que Mariano exige y no explica. Eso que a l se le impone, lo
impone a su vez a sus acompaantes.
Mariano toma medicacin psiquitrica y clnica, indicada algu-
na vez por algn psiquiatra, pero las cantidades las maneja a discrecin,
consiguiendo recetas de algn psiquiatra de turno y ocultando la toma
de la medicacin a la injerencia del acompaamiento. No permite cam-
bio alguno en su esquema y es evidente que el exceso de benzodiacepi-
nas que injiere no son las indicadas.

101
Acompaamiento Teraputico

El tipo de alimentacin y la cantidad de lquido que bebe son


preocupantes, incluso para la salud de los acompaantes, que se ven
compelidos a compartir la comida ya que es uno de los pocos momen-
tos donde a Mariano le es permitido interaccionar, por fuera de esto se
encuentra ocupado en actividades reservadas.
Ante este cuadro de situacin se vuelve imperioso cierto orde-
namiento de los aspectos regulatorios de su vida. En primera instancia
se apunt al establecimiento de una instancia de tratamiento ms clara
y con la cual poder dialogar. Es as como luego de varios intentos con
distintos psiquiatras se lograr que se atienda con un psiquiatra que ya
lo atendi en algn momento.
Dentro de los recursos de que dispone logra armar un personaje
para el mundo del afuera de su casa. Sabe que sus actividades secretas
no son compatibles con el mundo que le rodea, sabe tambin qu le
conviene decir, o mejor, no decir. Aunque a veces ese personaje no al-
cance para contener los fenmenos que lo habitan, hace un gran esfuer-
zo acorde a la necesidad de tal o cual tarea externa, y la consulta con el
psiquiatra no es la excepcin.
Es as que luego de varios encuentros Mariano le pide a los
ats que ingresen a las sesiones, parece necesitar una especie de escudo
protector frente a ese encuentro. Buscar tambin el asentimiento del
acompaante cuando le sea solicitado dar cuenta de lo que hace en su
da a da, realizando un estratgico y a veces pueril dibujo de activida-
des que realizaba con sus ats (ejemplo de esto es que se bajara del taxi
y corriera 20 metros hasta llegar a la puerta del consultorio y al relatar
las actividades de la semana dijera, mientras miraba a su compaera de
carreras, que salan a correr). Esta verdad a medias permita al at un lazo
posible, incluso fue desembocando en el armado previo de un texto a
ser relatado en sus sesiones. El at le preguntaba antes de ingresar qu
hicimos en la semana y juntos armaban esa verdad a medias.
En las comunicaciones con el psiquiatra de estos aspectos que
nos preocupaban de Mariano, y que no aparecan en el territorio de las
sesiones, nos refiere el psiquiatra que necesitaba que sea el acompaante
quien denuncie las mismas, ya que en las sesiones el acompaante no

102
Clnica en las fronteras

deca nada y Mariano no le comentaba ni quera hablar con l de estas


cuestiones.
Ante las dificultades que representaban estos aspectos desregu-
lados: el incremento de fenmenos alucinatorios, el aislamiento, como
as tambin algunos pedidos extravagantes que nos interrogaba respecto
a una tarea teraputica posible (como estar acostados en el piso con la
corriente de la casa desconectada y a oscuras, a una distancia equidis-
tante de las llaves de luz que emitan rayos peligrosos), nos vimos en la
necesitad de acceder al pedido del psiquiatra. Pero no accedimos a que
sea el acompaante quien comente nuestra preocupacin, sino que sea
el coordinador en el marco de reuniones entre los tratantes, el paciente
y el familiar.
Tal como pensamos la funcin de la coordinacin, tena que
lidiar con las diversas demandas (de los tratantes, la familia etc.) para as
permitir al acompaante continuar con un vnculo amistoso, y no hora-
dar esta funcin de escudo de la que Mariano pareca servirse. Entonces
fue la coordinacin quien a la distancia necesaria de algunas reuniones
cada tanto, y cargando sobre si cierta regulacin que considerbamos
necesaria, plante en esos encuentros nuestra preocupacin.
El riesgo evidente era que el coordinador se transformase en un
Otro intrusivo del que la literatura psicoanaltica nos advierte para con
la psicosis, tendencia que constatbamos en los fugaces vnculos que
Mariano mantena; pero ante la encrucijada que fuera el coordinador
nos pareca que permita al acompaante continuar en la funcin que
les asignaba (Mariano se llamaba el salvador, o el ms santo de todos
los santos; en una ocasin que algn at le pregunt para que estbamos
nosotros, dijo que ramos sus ngeles guardianes), y s nuestra pre-
sencia significaba para l que no lo internaran, y como dijo alguna vez,
si lo internaban era el fin del mundo.
A esa altura Mariano pasaba gran parte del da recostado en una
cama frente al acompaante, a veces durmiendo, otras trabajando en
misteriosas actividades, ya sea pidiendo por la paz o interconectado a
distancia con otras personas con quienes dialogaba, o haciendo movi-
mientos para calibrarse con la machine (una especie de computadora

103
Acompaamiento Teraputico

del tamao de dos habitaciones creada por Jess segn dijo, y con la
cual mantena cierto equilibrio necesario al mundo). Pero bsicamente
nuestras propuestas de actividades o dilogo eran cordialmente rechaza-
das, salvo en alguna comida o merienda ocasional. Mariano pareca no
disponer de ese tiempo, tena que hacer lo que le decan incluso cundo
y en qu cantidad de tiempo ir al bao, comer, etc.
En dicha reunin, en algn momento de mi relato, comento
que nos preocupaba la gran cantidad de tiempo que pasaba acostado
durmiendo, a lo que Mariano interviene como aquel que se siente di-
famado corrigindome estoy recostado, no durmiendo. Semejaste
difamacin tendr sus consecuencias, poniendo una distancia con la
coordinacin que pareca insalvable a partir de entonces.
Este camino elegido tal vez fuera necesario, pero seguramente
errado en su forma. No me refiero a la difamacin solamente, sino a
que nuestra preocupacin forzaba una cercana que quebrantaba una
distancia con la coordinacin que pareca serle necesaria.

Los acompaantes con Mariano; Beatriz con el coordinador.


Empec a entender que para Mariano el coordinador es un otro
que l mantiene a una distancia que le permite continuar con un vn-
culo posible. En este sentido generalmente no estaba disponible cuando
intentaba comunicarme con l y utilizaba a su hermana o a alguno de
sus acompaantes para comunicarme sus decisiones respecto a quin
poda acompaarlo y quin ya no, o tambin para pedir que se fuera
antes ya que estaba lloviendo o era riesgoso si permanecan.
Mariano propone la distancia que necesita. En este sentido ha
sucedido que al no querer que vaya una acompaante al da siguiente
le dice a la at que lo acompaa que me diga como cosa de ella que vaya
tal acompaante, y al preguntarle por qu no se lo deca directamente
al coordinador dir no quiero que piense que yo le digo lo que tiene
que hacer.
Beatriz es la hermana de Mariano, al inicio del acompaamiento
vive en otro departamento del mismo edificio y trabaja en una oficina
de secretaria. Para ella lo que le pasa a Mariano transita por explicacio-

104
Clnica en las fronteras

nes de las ms diversas y extravagantes, justificando todo aquello que


padece. Ha tomado a su cargo a su hermano y su misin es ser su cu-
radora, al punto de descuidar su trabajo y hasta perderlo, e irse a vivir
con su hermano al monoambiente, sometindose a las exigencias ms
locas de Mariano respecto a lo que puede o no hacerse en la casa.
Esta proximidad propia de una locura de a dos (folie deux)
parece profundizar el malestar de ambos. Aunque Mariano soporta la
vecindad de Beatriz, esta ltima va adquiriendo caractersticas malicio-
sas. Denuncia con razn el doble discurso de Beatriz, quien en pos de
no contrariarlo se somete a los planteos de Mariano, pero denunciando
a escondidas a los tratantes aquello que debera corregirse o hacerse.
Las exigencias de Beatriz respecto a las actividades, controles m-
dicos y varios etcteras que debera realizar, se sostienen en una idealiza-
cin de las capacidades extraordinarias que le adjudica, tanto deportivas
como intelectuales; pero distan mucho de las posibilidades de Mariano.
La desazn que le provoca el padecimiento suyo y de su hermano, se
traduce en una posicin querellante hacia los tratantes. Nos responsabi-
liza de las dificultades sociales de Mariano y de su reticencia por realizar
lo que ella considera necesario para su salud segn la ley establece.
Amenaza constantemente con denuncias y recursos judiciales que aten-
tan contra los recursos teraputicos de los que s se sirve Mariano. En
varias oportunidades le propone cambiar de equipo de ats, de mdicos
etc., y es Mariano quien dir que no, aun cuando por momentos se le
vuelva intrusivo la presencia de los ats, e incluso la coordinacin, es l el
que sostiene su tratamiento.
Beatriz es su curadora, y la impotencia por no poder curar a
su hermano la enferma; al punto de deteriorarse su salud, su situacin
econmica y hasta cultural. Se siente obligada a estar con l. En esta
situacin ambos parecen enloquecer cada vez ms.
Nuevamente es Mariano quien nos muestra el camino de un
acompaamiento posible, pidindole a Beatriz que se encargue de sus
asuntos con la coordinacin. Es as como las comunicaciones constan-
tes con Beatriz se transforman en reuniones entre el coordinador y ella,
en las que podr ir manifestando todas sus disconformidades con el

105
Acompaamiento Teraputico

equipo de ats, con los psiquiatras, la obra social, etc. La funcin de la


coordinacin ocupar el lugar de alojar sus peticiones y teoras sobre el
malestar de Mariano, intentando consensuar algunas posibles estrate-
gias en las que ella pueda incluirse y direccionarla hacia un afuera de su
aislamiento con Mariano.
Es en la distancia que Mariano sabe que necesita para un vn-
culo no tan intrusivo, tanto con su hermana como con la coordinacin
que la intervencin se sostiene. Los efectos son varios, Beatriz retoma
alguna de sus actividades sociales, permitiendo al at sortear la marca
personal que Beatriz les imprime y que dificulta la tranquila presencia
del at que Mariano necesita, y que habilita un decir que de otro modo
es obturado. Ejemplos de esto es que Mariano compartiera alguna breve
actividad o dilogo con el at, y que cuando escuchaba que llegaba su
hermana interrumpiera y se zambullera en la cama pidiendo silencio.

La sexualizacin de los vnculos.

La presencia del at ha tenido distintos matices afectivos para


Mariano. Los motivos por los que necesita de un recambio constante de
acompaantes son diversos: tiene ojos de demonio, el novio me dice
que est celoso, todo lo que toca lo contamina, cuando estaba hizo
tal o cual cosa y yo vomit, me dicen que es mala persona, sac la
lengua como una serpiente y toc mi vaso, su nombre no est bende-
cido. O ms generales como ser que EEUU nos iba a invadir etc., etc.
Los intentos por problematizar estos postulados, apelando al
buen vnculo que tena con tal o cual at eran infructuosos. Nuestra
intencin era que Mariano pudiera tensionar esa obediencia acrrima a
lo que le decan esas voces, ya que l mismo sostena que a veces eran
engaosas, que haba infiltrados que podan hacerle mal.
Inicialmente desde la coordinacin me resista a desarmar y rear-
mar el equipo constantemente, intentando convocar alguna legalidad (in-
dicacin de su tratante, del juzgado etc.) que compitiera con la autoridad
de sus voces (ya que no siempre l estaba de acuerdo con quien tena que
irse, deca que le gustara que siguiera tal o cual pero que no se poda).

106
Clnica en las fronteras

A lo sumo aceptaba que permaneciera un tiempo con los recaudos nece-


sarios (no tocar las cosas, no comer con l, etc.), pero solo incomodaban
an ms su situacin y nos confirmaba cada vez lo ineficaz de insistir por
tal o cual acompaante, ante esta inamovible posicin.
Dejamos de insistir al entender que la funcin del acompaante
poda permanecer ms all de quien la encarnara cada vez. Podramos
decir que la funcin acompaante se sostena en tanto se lograba in-
dependizar de quien la encarnara, lo que permita a Mariano sostener
un lazo social posible, aunque implicara que quien la habite lo hiciera
temporalmente.
En este contexto el acompaante ser aquel con quien vaya pu-
diendo compartir cada vez ms cosas, incluso de su mundo interior. Es
as como en distintos momentos el at se prestar a compartir prcticas
que se le vuelven necesarias a Mariano: la lectura de una oracin que
inventa, pedir por la paz, no llevar determinados colores a su casa, no
usar palabras en otros idiomas, etc.
Estas actividades van incluyendo al acompaante en el mundo
de Mariano, pero respetando la limitacin del at respecto de su que-
hacer en pos de una funcin que se va delimitando y delineando, un
modo de lazo que permite cierta convivencia posible. Pero por otro lado
esa presencia en su cotidiano, aunque reducida a su mnima expresin
(ya que cada at iba una o dos veces por semana como mximo, lo que
implicaba un equipo de al menos diez personas para cubrir los horarios)
se tornaba amenazante ms tarde o ms temprano, requiriendo la inclu-
sin constante de acompaantes al dispositivo.

A modo de conclusin un nuevo inicio: la funcin acompaante


y la funcin coordinacin.

Varias preguntas surgen de este caso como de otros:


Qu hace al acompaamiento permanecer cuando otras
instancias de tratamiento van rotando? En Mariano han desfilado
innumerables tratantes, como dir Freud respecto de Schreber,
procuran defenderse de una sexualizacin as de sus investiduras

107
Acompaamiento Teraputico

pulsionales sociales (Freud S. Puntualizaciones psicoanalticas sobre


un caso de paranoia descrito autobiogrficamente 1911. Punto III
Acerca del mecanismo paranoico. Pg. 58 Amorrortu). Los vnculos se
le sexualizan y adquieren caractersticas que finalmente transitan algn
tipo de amenaza a su ser.
Por qu entonces ha mantenido la coordinacin incluso a pesar
de las situaciones relatadas? Es en este punto donde pienso que Mariano
ha sabido inventar una funcin, aquella que le permite mantener la
distancia necesaria para poder sostenerla y que la coordinacin, pese a
sus yerros, ha podido escuchar y ubicarse en funcin de esa distancia.
Mariano marca el camino de un acompaamiento posible, de
un vnculo posible de ser tolerado por l, a condicin de un recambio
constante de las personas que encarnan dicha funcin. Sesenta acompa-
antes para un acompaamiento parecera decirnos algo de lo que no
termina de funcionar, y sin embargo entendemos que nos habla de lo
que s funciona. Funciona a condicin de no superponer persona con
funcin, una funcin que podr ser encarnada por varios, muchos, y
aun as seguir siendo una funcin.
Este desdoblamiento del Otro le permite mantener un vnculo
posible. Por un lado, un desdoblamiento entre la persona y la funcin
en los acompaantes y, por otro lado, una distancia con la persona que
ocupa la coordinacin para mantener a resguardo dicha funcin.
El sostenimiento de este vnculo posible a partir del dispositivo de
acompaamiento y su permanencia en el tiempo ha producido diversos
efectos en el tratamiento donde Mariano ha ido produciendo una especie
de sutura delirante ms estable y pacfica, lo que permiti que vuelva a
transitar por el afuera y requiera de menos horas y das de acompaa-
miento. Ya hace tiempo que no me solicita cambios de acompaantes.
Este recorte del caso de Mariano no intenta agotar la problem-
tica del mismo, ni tampoco puntualizar especficamente sobre los efec-
tos teraputicos que esta herramienta clnica aporta. Lo que pretende es
dar cuenta de cmo la lectura de estas coordenadas son las que nos ha
permitido ubicarnos en una funcin clnica, orientacin que considero
necesaria para pensar la prctica del Acompaamiento Teraputico.

108
Transferencia y Supervisin en el contexto del AT
Vernica Evangelina Fernndez1

Me pareci propicio para este encuentro abordar los temas de


Transferencia y Supervisin en el contexto del Acompaamiento Tera-
putico, ya que mi hiptesis es que no podr acontecer lo teraputico
de un acompaamiento sin estos dos pilares.
Ya sabemos que la Transferencia es un concepto meramente psi-
coanaltico que tanto Sigmund Freud como Jacques Lacan han des-
menuzado profundamente; pero creo que no es un concepto exclusivo
dentro de un tratamiento psicoanaltico. La Transferencia es una expre-
sin del Inconsciente que no slo est referida al anlisis sino tambin a
muchos vnculos con validez en la vida cotidiana.
Es necesario que el paciente suponga un Saber en el at, para que
se establezca un vnculo transferencial que propicie el dilogo, la con-
fianza, la apertura. As ser como el at podr oficiar de sostn cuando la
situacin lo requiera.
Es esperable que el paciente logre hablar, teorizar y aunque las
interpretaciones que tengan los propios sujetos resulten de un modo
grotesco, cada una de ellas contiene alguna cuota de verdad, que es
bueno no descuidar en funcin del valor significante ignorado por el su-
jeto, valor significante que es funcin del at detenerse, observar y tener
en cuenta. El at no est capacitado para interpretar. No es su funcin.
Deber facilitar el nexo entre el paciente y su psiclogo.
El valor significante de la produccin ldica, gestual, escritural
u oral reside en que el Sujeto juega y no sabe lo que se est jugando en

1
Licenciada en Psicologa. Miembro Fundadora AATBB (Asociacin de Acompaantes
Teraputicos de Baha Blanca) y AATRA (Asociacin de Acompaantes Teraputicos de la
Repblica Argentina. Escuela de Psicoanlisis. Coordinadora de la Tecnicatura en AT del
Instituto Superior de Bahia Blanca. veroefernandez@[Link]

109
Acompaamiento Teraputico

ese juego, que dibuja y no sabe lo que repite, elabora y testimonia, en


que habla y no sabe lo que dice.
Por ejemplo, entre lo que el nio dibuja y lo que dice se estable-
cen vnculos; los nios juegan y mientras juegan, hablan.
Se despliegan en varios registros posibles: la actividad ldica y
sobre (o junto) a ella, las asociaciones verbales.
La manera como el at se posicione frente a estos mltiples regis-
tros delatar su concepcin del inconsciente.
El juego, el dibujo, la verbalizacin y los gestos, son lenguajes
y formas de expresin y desempeo irreductibles, pero remiten a una
misma estructura.
Estructura, cuyos elementos estn unidos como por un lazo
oculto, de manera tal que la modificacin de uno de ellos, da lugar a la
modificacin de todos los dems.
Que el Acompaante Teraputico se posicione alojando los de-
cires de su acompaado, ofreciendo un lugar transferencial propiciar
que el Sujeto produzca (juego, decires, sueos, fantasas)
Freud dice en relacin a la transferencia que la hay en toda insti-
tucin de salud, no solo psiquitrica sino mdica, en las que se instalan
lazos que tienen cualidades transferenciales, amor, repeticiones; pasajes
al acto, en contextos que no tienen nada que ver con el psicoanlisis.
El dispositivo analtico est diseado para que esto florezca ms
y se lo intenta utilizar para los propsitos de la cura.
O sea son las mismas estructuras, pero con diferentes intereses
que inciden en cmo nos vinculamos con ellas y como promovemos su
presentificacin. El analista podr hacer otra cosa con esa produccin.
El paciente puede establecer distintos vnculos transferenciales con los
distintos integrantes del Equipo tratante. Cuando en un acompaa-
miento se logra la transferencia, el at tiene va libre para abrir nuevas
oportunidades, relanzando el deseo del acompaado y especialmente
pensando que la solucin la va a tener que encontrar el propio sujeto.
Uno acompaa, no decide por otro. Esa es la principal diferencia entre
at y Cuidador.

110
Clnica en las fronteras

El Acompaamiento Teraputico debiera propiciar un vnculo


tranquilizador, seguro, investido del supuesto saber; aunque a veces
tambin suele producirse hostilidad, resistencia, o sea aspectos de la
Transferencia negativa.
Cuando digo investido de supuesto saber, digo hacer semblante.
El concepto semblante no es lo mismo que semblante en cas-
tellano. Porque el semblante en castellano es sinnimo de apariencia.
En cuanto a los semblantes de saber, tenemos un vaciamiento de la
referencia, como efecto del lenguaje en el ser hablante. De esta manera
decimos que el semblante es discurso en tanto su objetivo es el de velar
la inexistencia de la referencia del ser hablante.
Lacan particulariza aquello a lo que se dirige la demanda de amor. La
particulariza desde la perspectiva de transformar el amor en amor al saber,
es decir, Lacan ubica algo que obviamente est metido hasta la mdula en
la clnica freudiana, esto que me angustia, yo que padezco vengo aqu para
hablarle a usted porque yo creo que usted sabe de mi padecer.
Nadie le confa a alguien si no est cimentada esta idea que
Lacan llama de un saber supuesto. Se le supone un saber a un sujeto y
eso forma una parte muy importante de un acompaamiento.
Pero adems, lo que cambia esencialmente es la idea de contes-
tacin a la demanda. La contestacin a la demanda por el lado del amor
al saber no sera ni ms ni menos que dar el saber, dar saber.
Es decir que la transferencia en Lacan, la transferencia y la absti-
nencia en Lacan se ubica esencialmente en lograr no arrasar con el saber
la idea de que se le suponga un saber a ese (at), y a eso nos vemos llevado
en la clnica de todos los das.
Afirmara que es la mxima dificultad que tenemos y que escu-
chamos esencialmente y en la angustia que promueven aquellos que se
hacen cargo de la clnica, que se hacen cargo de comenzar a escuchar a
aquellos que padecen, qu le digo, qu hago, qu hago con el silencio.
A esto lo llamamos: poner el cuerpo, sostener el enigma, no apurarnos
a dar sentido, a dar indicaciones, a no arrasar.
La abstinencia aparece, desde esta perspectiva, en un cierto sesgo
importante en el punto en el que no se obstruye con lo que uno piensa,

111
Acompaamiento Teraputico

con lo que todava no se sabe que habra que saber. Es decir, ese famoso
saber no sabido se obstruira ante una particular ubicacin de lo que el
analista sabe.
Es importante este punto. Yo creo que es un punto esencial por-
que nos cuestiona constantemente, por ejemplo lo idea de lo digo no
lo digo. Esto va de acuerdo a lo que estoy escuchando, observando, es
una pregunta que nos hacemos, que la escuchamos en las supervisiones.
Es un trabajo constante del at el desprenderse de su impulso
por proponer.
Es vlido proponer, pero slo si es en relacin con lo que detec-
tamos de inters en el discurso o conducta de quien acompaamos.
Y la supervisin permanente ser la que balizar esta tarea. No es
una mera charla entre ats, entre colegas. Una supervisin es un espacio
de trabajo.
La correspondencia mantenida por Freud con algunos de sus
discpulos y ms sistemticamente con el padre de Juanito (Freud,
1909) es testimonio temprano de la prctica de la supervisin, aunque
no fuese nombrada como tal. Y hace alusin a que debe ser llevada a
cabo por profesionales con ms experiencia, ms reconocidos, hacien-
do as alusin a lo que hoy conocemos como supervisin o anlisis de
control, en el mbito del psicoanlisis. Yo apuesto a que con la misma
estructura debe ser la supervisin en el contexto del acompaamiento
teraputico para cuidar la salud del at, para que no se implique ms de
la cuenta, desvirtuando la funcin especfica del AT.
La supervisin es un espacio de sostn del profesional, una ins-
tancia para poder observar al paciente y poder auto observarse como at,
permite trazar los lineamientos por los cuales circular el tratamiento,
detectando los avances, retrocesos o interrupciones. En la supervisin
se abren y se responden preguntas, se evacuan dudas, se implementan
estrategias, haciendo un seguimiento pormenorizado del caso.
La tarea del supervisor se remite a orientar la labor del at, sin
intervenir en las decisiones que el mismo pueda tomar junto al Equipo
tratante, pero s intervenir en su propia subjetividad si fuera necesario.
Estoy absolutamente convencida de que compartiendo nuestra

112
Clnica en las fronteras

clnica, nuestras preguntas, nuestros aciertos y los no tanto es que po-


dremos poner a debatir nuestra praxis para seguir interrogndonos y
as poder conceptualizar con la mejor precisin posible los lmites que
demarcan el trabajo del at, que, a mi criterio, no puede ser llevado a
cabo por cualquiera.

Bibliografa:
Freud, Sigmund. (1996). Anlisis de la fobia de un nio de cinco aos (Caso
Juanito). Obras Completas: Sigmund Freud (Tomo II). Madrid: Ed.
Biblioteca Nueva.
Freud, Sigmund. (1996). Consejos al mdico en el tratamiento psicoanaltico.
Obras Completas: Sigmund Freud (Tomo II). Madrid: Ed. Biblioteca Nueva.
Freud, Sigmund. (1996) Sobre la enseanza del psicoanlisis en la Universidad.
Obras Completas: Sigmund Freud (Tomo III). Madrid: Ed. Biblioteca
Nueva.
Lacan, Jacques. (1960-1961). Seminario VII. La Transferencia.
Lacan, Jacques (1964). Seminario XI. Los cuatros conceptos fundamentales del
psicoanlisis.

113
Algunas precisiones en relacin con la transferencia
en el Acompaamiento Teraputico.
Cuando el goce llama
Marco Antonio Macas Lpez1

En la prctica psicoanaltica, en el trabajo que efectan los acom-


paantes teraputicos y en nuestra vida cotidiana, somos convocados
continuamente para entrar en escena, ah donde el goce se efecta por
alguien del entorno, que goza al desear colocarnos en una situacin de
angustia y de pnico. Es una evidencia clnica que el goce presenta toda
una diversidad en sus manifestaciones, apareciendo todo el tiempo y en
todos lados. Sealaba Lacan en la sesin del 26 de noviembre de 1969
de su Seminario Lenvers de la psychanalyse (El reverso del Psicoanlisis):
el camino hacia la muerte no es otra cosa que lo que se llama el goce.
Esa diversidad en su presentificacin da para que consideremos las
diferentes escenas que se despliegan en los diferentes campos de insercin
del acompaamiento teraputico, por ahora slo har mencin en su ge-
neralidad. Sin dejar de ver en el horizonte que ser supremo en malignidad
est en el horizonte de cualquiera. As tenemos que si visualizamos que
una de las dimensiones del goce es la transgresin de la ley, habr que estar
advertidos de toda una gama de escenas que se puedan desplegar. El goce
est todo el tiempo en todos lados, es algo que relampaguea por doquier.
Sabemos entonces que cuando la funcin de acompaamiento
teraputico se ejecuta, generalmente es en situaciones urgencia subjeti-
va, una de ellas es la llamada crisis psictica, aunque tambin tenemos
presente como sealbamos, que en nuestra vida cotidiana, son mlti-
ples los momentos en que alguien tomado por el goce nos convoca.
Ante esa vicisitud se espera que el at opere eficazmente, al esta-
blecerse un lazo que habr de construirse, al advertir aquello que uno
Practicante del psicoanlisis. Doctor en Psicologa Clnica. Quertaro. Mxico. marco58f@
1

[Link]

115
Acompaamiento Teraputico

suscita con su presencia y lo que la persona que se acompaa suscita en


uno. Pudiendo calibrar como ya se sabe la proximidad o distancia que
hay que tomar en cada encuentro.
En el campo de AT y en particular en el del llamado psictico,
se ha llegado a precisar que hay una primera condicin: soportar el di-
logo, la presencia y los actos de alguien, que en lugar de usar la carretera
principal, transita por los atajos y circuitos ms inverosmiles. Soportar
el encuentro con alguien que va a valerse del lenguaje de modo diferen-
te. Soportar la diferencia y lo que hace la diferencia.
Se punta entonces: Qu implica esta posicin? Se trata de no
querer llevar al llamado psictico a donde no puede. Se trata de no in-
tentar la normalizacin.
Hoy en da, la operacin de exclusin y segregacin del diferente
toma otras modalidades. Y es interesante pensarla an dentro del cam-
po psicoanaltico. La concepcin que un practicante tenga de la locura
guiar su prctica y su prctica determinar esa concepcin. Si la locura
es pensada en trminos de dficit, si la locura se aborda con el modelo
de la neurosis, la exclusin es operante.
Cuando hablo de soportar, se trata por supuesto, de soportar la
angustia que produce el encuentro con el loco. Precisando que cuando
hablamos del loco, nosotros conceptualizamos la locura como una for-
ma de estar en el mundo y como una forma discursiva.
Pensar el AT como una praxis, es decir, como un tratamiento de
lo real por lo simblico, un acto de palabra, implica alejarse del mundo
de las tcnicas, de los saberes profesionales, de las maniobras instrumen-
tales. Es situarlo en el orden del saber hacer, saber hacer all, en cada
situacin, con cada caso. Saber del que es necesario dar cuenta, sin caer
en categoras universales.
Cuando se realiza dicha funcin de acompaamiento en una
crisis psictica por ejemplo, generalmente nos encontramos ante un
contexto como el que seala Hctor Fenoglio (2010): La mayora de
los profesionales consideran a las crisis psicticas como situaciones muy
peligrosas para la integridad fsica y psquica del paciente, por lo cual el
objetivo prioritario y urgente como si se estuviera ante un incendio de-

116
Clnica en las fronteras

bera consistir en ahogar o apagar la crisis, lo ms rpido posible y de


la manera en que se pueda. En tal sentido, la respuesta casi automtica y
ms habitual se reduce a: 1) control farmacolgico masivo y estricto y, 2)
control y vigilancia institucional. Es decir, la internacin. Sin embargo,
semejante reduccin es altamente cuestionable. Seala adems que es
muy fuerte y arraigado el prejuicio de que los psicticos en crisis no estn
en condiciones de tomar decisiones de ningn tipo, por lo que se hace
necesario decidir casi todo por ellos. Este prejuicio, sumado al terror por
la supuesta alta peligrosidad para s y/o para terceros del psictico en cri-
sis, viene permitiendo y hasta propiciando internaciones innecesarias sin
recurrir antes a otro tipo de medidas ms adecuadas, como la internacin
domiciliaria, el hospital de da, etc. De esta manera se termina en lo cl-
nico, se despoja al psictico de su posicin de sujeto, se lo reduce a mero
objeto de manipulacin y en lo poltico, se justifica la violacin de los
derechos humanos de los pacientes, quienes no son tomados en cuenta a
la hora de ejecutar decisiones importantes sobre su vida.
Fenoglio punta de manera muy precisa y pertinente que cercar
la crisis y disolverla a como d lugar sin leer lo que ah se despliega, es un
grave error, mezcla de indolencia e ignorancia, yo agregara y de angustia,
por no poder ocupar el lugar de resonancia ante lo que se pone en acto.
Toda crisis es una oportunidad inmejorable para establecer o
relanzar el vnculo teraputico. A veces ante una crisis los profesionales
se espantan o consideran, que ya se fracas en el intento de tratamiento.
Es importante ubicar que uno trabaja con la contingencia, ni qu decir
en el trabajo que se realiza en el acompaamiento teraputico, en donde
el encuentro puede durar desde algunos minutos a algunas horas; la ex-
posicin a la contingencia est ah todo el tiempo, por ello insistimos en
esa capacidad de resonancia y de lograr la intrincacin con el otro, para
poder tener la sutileza y sensibilidad de intervenir no antes ni despus.
Diramos que las situaciones extremas muestran de qu estamos hechos.
Es importante sealar tambin, para los que se inician en su
prctica clnica, que antes de pretender curar el sntoma, es importante
localizar qu lugar ocupa en la estructura subjetiva. Qu soporta ese
sntoma en el sujeto, qu funcin tiene en la estructura.

117
Acompaamiento Teraputico

Ahora bien, si consideramos la transferencia como una relacin


de enamorodiacin o bien de odiomoracin como sealaba Lacan (hai-
nemoration), habremos advertir que el amor y el odio se juegan de
manera insistente en toda relacin.
A propsito de este amor y de este odio que estn permanente-
mente implicados, observamos que en la prctica de acompaamiento
y en la prctica psicoanaltica, nos encontramos muy a menudo con un
sujeto duplicado en posicin sdica y masoquista. Ya Lacan en el semi-
nario de La Angustia sealaba que el sdico es aquel que busca despertar
la angustia en el otro. A mayor sufrimiento de la vctima, mayor goce
de aquel que en ese momento se encuentra en posicin sdica. Es im-
portante tener presente que hablamos de sujeto duplicado, pues hay un
punto en donde aquel que se encuentra en posicin sdica, es a su vez
la vctima identificndose con ella. El gozar identificado con la vctima
pone al sdico en posicin masoquista. Tenemos as, dos posiciones
en un mismo sujeto, dos posiciones subjetivas, no dos personas. De
ah que pretender sealar a una vctima (nio y/o mujer maltratados),
puede dar lugar a precipitarse en la comprensin, tan daina en nuestra
prctica, como Lacan nos adverta en su seminario sobre Las estructuras
freudianas en las psicosis, cuando deca de manera enftica a los psiquia-
tras en formacin que no se apresuraran a comprender. Sabemos que la
razn es tramposa. Adems, hay que recordar como sealaba Lacan, en
la sesin del 5 de febrero de 1964, que no hay posibilidad de encuentro
con lo real, a travs del pensamiento.
Sealbamos entonces cmo discriminar y localizar en uno mis-
mo el no entrar en escena ah donde se nos convoca, vale decir cmo
lograr no ser gozados. Trabajando con Susana Bercovich (2014), en un
seminario que se propuso en el contexto de la Especialidad: Clnica de
los Padecimientos Subjetivos que se imparte en la Universidad Autno-
ma de Quertaro en Mxico, se conclua que se puede recomendar que
al sentir angustia cuando realizan su labor de acompaamiento, hay que
hacer caso de esa angustia como una seal, lo mismo en el consultorio,
justamente para poder salir de esa escena que se est montando. Esto no
quiere decir, abandonar el lugar y decir, chao, hasta maana. Se trata de

118
Clnica en las fronteras

poder leer lo que ah est ocurriendo para poder recurrir nuevamente a


nuestro saber hacer.
En otro momento hablando del pasaje al acto y el acting out
Macas (2010) remarcaba que hay realizacin de ciertos hechos que no
pasan por la versin discursiva, marcan un corte en el discurso haciendo
pasar algo que es de otro orden. Por ejemplo regularmente observamos
que en el pasaje al acto est implcita una situacin ya sea de crisis, de
urgencia o bien de cronificacin, distinguiendo en ocasiones su carcter
sbito. Sin dejar de considerar que todo acto presenta su faz significan-
te, pues no siempre se presenta inarticulado.
Sealaba en ese escrito que tenemos entonces trazos que se ofrecen
para su lectura: a veces parecen jeroglficos indescifrables, otras, graffitis
con un cdigo compartido y muchas veces ms, grandes signos de alerta
con luces centelleantes para su mayor visin, con una gran ceguera en su
entorno. Por ello enfatizamos sobre esa capacidad de resonancia, sutileza
y sensibilidad para intervenir de manera pertinente, no antes ni despus.
Aqu agregara el hablar del humor, en el sentido en que lo ha llegado a
plantear Jean Allouch, el poder encarar la prctica analtica y por supuesto
que esto incluye al at, como un divertimento serio. Esto no es burlarse del
paciente, sino que ah donde estn el horror y lo ominoso que puede im-
plicar el encuentro con lo real, inaprensible y que retorna va alucinatoria
o delirante, poder intentar cercar eso real a partir del despliegue de signi-
ficantes que se encuentran inarticulados, pero donde nuestra implicacin
y capacidad de resonancia, irn permitiendo un enlace para que el sujeto
pueda producirse y reconocerse en lo nombrado.
Respecto a los actings outs, sealaba que los leemos como un
pedido de intervencin, ah donde quien esta a cargo del tratamiento
no ha sabido leer lo que el sujeto pone en escena; tambin all es donde
se pone a prueba la eficacia en el ejercicio de la funcin de los acom-
paantes teraputicos. Quedamos muchas veces a merced del acto y de
las contingencias que se van produciendo, producto de la experiencia
misma que se esta desplegando. Es por ello que hemos hecho nfasis en
el captulo La presencia de Eros en la relacin analtica, del libro Ex-
periencia Psicoanaltica y Acompaamiento Teraputico, presentado aqu

119
Acompaamiento Teraputico

en Crdoba, acerca de la importancia de haber transitado por la expe-


riencia analtica para estar en condiciones de ejercer nuestra prctica. La
prctica psicoanaltica nos permite advertir que todo el tiempo trabaja-
mos con la contingencia.
Se escuchan insistentes preguntas en supervisiones o reuniones
clnicas de acompaamiento teraputico, respecto al modo en que se
viene configurando la demanda de acompaamiento ylas dificultades
que estas modalidades imponen a los practicantes tanto si se trata de las
demandas del sistema judicial, del sistema escolar, del sistema de salud o
del sistema familiar. Respecto de la implicacin que se demanda, habr
que tener presente que nunca estamos totalmente sanos ni totalmente
enfermos. Aun en el ms enfermo de los enfermos hay algo sano. Por
ello enfatizamos que nuestra forma de mirar y conceptualizar la locura,
es que esta, es una forma de existencia, es una forma discursiva.
Es importante en el abordaje de la locura, y con ello preciso que
sera cualquier modalidad subjetiva, el poder calibrar la exigencia de las
neurociencias que exigen la identificacin del sntoma, con una mirada
compartida y un dilogo abierto cuando se requiere dosificar en forma
pertinente una medicacin. Ya en estos momentos no es un orgullo que
Quertaro no tenga un hospital psiquitrico, pues su no existencia, si
bien ha evitado que la gente lleve a sus enfermos a depositarlos al hos-
pital, implica la proliferacin de anexos avalados por la Secretara de Sa-
lud del Estado, que los reconoce como Centros de Rehabilitacin. Di-
ramos que son instituciones que pretenden representar la ley al margen
de la ley. Estas instituciones del maltrato, del encierro y de la violacin
de derechos humanos son lo que el sector salud ofrece a su poblacin
en Mxico. El encierro y la violacin de los derechos humanos estn
siendo legitimados por el Estado. Tenemos, como bien lo ha llegado a
plantear el Dr. Jorge Pellegrini en relacin con muchas de las llamadas
instituciones de salud mental, instituciones de la desesperanza, del mal-
trato, del sufrimiento, del congelamiento de la enfermedad. Tenemos
instituciones que promueven el lucro despiadado con la enfermedad.
Sobre este punto tan delicado, hay una cuestin que no podemos
dejar de advertir y que es la dicha en la esclavitud, esto es, el gusto por el

120
Clnica en las fronteras

sometimiento, que puede promover el ser maltratado, de ah que cuando


se abre un espacio de anlisis, es la condicin propicia para poder apala-
brar el goce con todas las dificultades que ello implica, pues la palabra y
la ley no siempre es sanadora ah donde la compulsin a la repeticin es
la base. Pues tomados por la pulsin de muerte uno sabe lo que le hace
dao y vuelve a lo que le hace dao, crendose y fortalecindose un goce
ruinoso. Podemos puntuar que somos objeto de la repeticin, hay algo
que vuelve siempre al mismo lugar. No es que yo repita, hay algo que se
repite en m, hay un real en la repeticin que se impone.
Tenemos entonces que la presencia de anexos como formas de
atencin y rehabilitacin pueden dar lugar a victimizar y eso exacerba
el goce, incentiva la repeticin, de ah que se presenten las continuas
reclusiones en dichos anexos. Ya Lacan haba mencionado que cuando
alguien se ubica en posicin masoquista, se vuelve el agente de aquello
que va a sufrir, esto es, se propicia el propio sufrimiento. Si alguien esta
en posicin masoquista, al encontrar el castigo se acenta el goce, aban-
donarse a otro, a dios, al tirano, al padrino de un anexo puede ser para
muchos en esa posicin, placentero.
Al crear un gusto en el dolor y un gusto a la autoridad en el so-
metimiento, la ley incrementa el goce masoquista; es un punto gozoso
de la ley, pues refuerza el goce que pretende regular, podemos puntuar
que es una va de insistencia y de acceso para el goce.
Es importante entonces tener presente la consideracin anterior,
pese a lo anacrnico y el carcter represivo de nuestras instituciones. As
las cosas, uno no puede cuestionar los objetos que eligen los pacientes.
Uno no puede saber nunca lo que es el bien para el otro, lo que uno
puede creer que es el bien del otro, puede hacer grandes estragos. Por
ello es un asunto de extremo cuidado, el que un at intervenga buscando
y proponindose el bien para el paciente que acompaa. Pues ni siquiera
sabe uno lo que es el bien para uno mismo. El deseo de cada quien
como categora moral puede interferir seriamente su trabajo. La idea de
normal produce lo anormal, basta que uno diga, esto es el bien, para
que todo lo dems sea el mal. Estas son las trampas de la razn. Las
personas muchas veces no slo quieren el bien, sino tambin el mal.

121
Acompaamiento Teraputico

Repetimos lo peor de nuestra historia, lo que no podemos recordar,


elaborar con los recursos que tenemos, lo repetimos, hay algo que vuelve
y se nos impone. De ah que el anlisis puede crear las condiciones para
poner un alto a la repeticin, que nos pueda gustar otra cosa que no
sea el dominio y la sumisin, pues el goce del Otro no es benvolo.
Que al poder nombrar lo imposible de decir, el sujeto, sujeto como
efecto del inconsciente, tome nota de que algo extrao est pasando,
producindose un sujeto que pueda hacerse responsable con lo que est
ocurriendo.
Es importante discriminar que hay modos de disolucin de s
que son liberadores, fuera de ese Otro que quiere algo de m. No ne-
cesariamente darse a devorar. Hay formas de disolucin de s que no
son masoquistas. Por ello decamos, consideramos como una opcin
al anlisis, que libera de esa prisin de ese Otro que quiere algo de m.
Aunque la libertad tiende a asustar.

Bibliografa
Bercovich, Susana. (2014). Fibras de eso, el goce. Seminario impartido en la Espe-
cialidad: Clnica de los Padecimientos Subjetivos. Facultad de Psicologa.
Universidad Autnoma de Quertaro.
Fenoglio, Hctor (2010). Psicoanlisis de las Crisis Psicticas. Artculo indito.
Lacan, Jacques. (1969-70). El Reverso del Psicoanlisis. Seminario. Versin en Pai-
ds y versin indita y estenotipia de la cole Lacanienne de Psychanayse.
Lacan, Jacques. (1963) La Angustia. [Link] indita y estenotipia de la
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Lacan, Jacques. (1955-1956). Las psicosis. Seminario. Versin en Paids y versin
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Lacan, Jacques. (1964). Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanlisis.
Seminario. Versin en Paids y versin indita y estenotipia de la cole
Lacanienne de Psychanayse.
Macas, Marco Antonio. (2010). Vidas Breves. Suicidio y accidentes de nios.
Mxico: Fontamara.
Macas, Marco Antonio. (2006). Experiencia Psicoanaltica y Acompaamiento
Teraputico. Mxico: Plaza y Valdes.

122
Reflexiones en torno la demanda, el rol y
la posicin tica del AT a partir de un caso1
Ana Cecilia Marengo Villasuso2

El propsito de este escrito es aportar una reflexin en torno


al rol y la funcin del acompaante teraputico en relacin con la di-
mensin tica. A partir de una articulacin terico-prctica se busca
problematizar el lugar del acompaante teraputico en la vida cotidiana
de un sujeto cuando la demanda no es directamente teraputica. Y en
esas coordenadas, poner en tensin y reflexionar sobre la dimensin
tica del acompaante.
El acompaamiento teraputico es un dispositivo que habitual-
mente se confunde con otras modalidades de intervencin inter-subje-
tiva. Este hecho, quizs es producto de la flexibilidad caracterstica que
tiene la accin del acompaante; flexibilidad que se sustenta en la aten-
cin de las singularidades, del caso por caso. Un espacio a ser nombra-
do, precisado en funcin de la estrategia teraputica y la particularidad
del caso (Rossi, 2013).
La insercin del at siempre tiene un para qu implcito aun
cuando este no siempre pueda formularse en trminos objetivos () y ese
para qu est fundamentado en una estrategia teraputica basada en la
evaluacin y comprensin que el equipo teraputico tiene de la problemti-
ca del paciente y de sus sntomas de acuerdo al marco terico de referencia
(Dragotto y Frank, 2012, pp. 24-25)
Los que trabajamos en el campo del acompaamiento terapu-
tico sabemos que el dispositivo se inserta en el marco de un trabajo in-
terdisciplinario; en dnde la indicacin de la inclusin del AT surge del

1
Trabajo presentado en Mesa de Trabajos Libres. Mencin especial entre los seleccionados
para el Premio Federico Manson 2015.
2
Lic. en Psicologa - Acompaante Teraputica. marengoanacecilia@[Link]

123
Acompaamiento Teraputico

terapeuta que est llevando adelante el caso (psiclogo o psiquiatra). Es


decir que es dicho profesional quien delimita los objetivos y estrategias
de su inclusin; siendo el acompaante un recurso clnico especializa-
do que permite sostener un proyecto teraputico, complementando la
tarea del profesional, con su insercin en la vida cotidiana del paciente
y familia (Rossi, 2013).
Sin embargo, es harto frecuente encontrarnos con situaciones
en las cuales la demanda del AT no parece ser tan clara. O bien porque
no hay un profesional a cargo del caso y entonces la demanda surge de
familiares del paciente, o de instituciones educativas; o bien porque
quienes solicitan el AT no son profesionales especialistas en el campo
de la salud mental (psiquiatras o psiclogos) y entonces la estrategia de
trabajo delimitada, no presenta objetivos teraputicos claros.
Al respecto, quisiera exponer una experiencia que ejemplifica
estos bordes y desbordes por los que circula la demanda de AT, que
permiten reflexionar en torno a la especificidad de su funcin y la di-
mensin tica.
El caso Luca
Se estaba haciendo la hora de salir de casa rumbo a casa de Luca y
yo me estaba sintiendo incmoda. Ganas de quedarme, desgano, falta de mo-
tivacin Qu me estaba pasando? Recog mis cosas y emprend el camino
hacia la parada de colectivo. Mientras caminaba intentaba pensar, profundi-
zar en esto que estaba sintiendo para poder encontrar alguna brjula.
Eso es, una brjula.
Record la importancia de la tan conocida objetivacin del sujeto
objetivante que sostiene Bourdieu, en tanto necesidad de sostener cierta
reflexividad en torno a la propia prctica a fin de analizar y controlar en la
medida de lo posible los sesgos, los puntos ciegos del investigador en su campo
de investigacin (Bourdieu, 2006). Pensarme a m como acompaante, en
mis potencialidades y en mis carencias. Encontrar qu de todo aquello de
la cotidianeidad del compartir con Luca me estaba generando malestar.
Cunto haba all de mi propia subjetividad y cunto del contexto.
Hasta ese momento mi brjula estaba compuesta por los saberes
adquiridos, la contratransferencia y el anlisis personal. Con esas herra-

124
Clnica en las fronteras

mientas, pude darme cuenta de que haba algo que me estaba produciendo
malestar y ponerle un nombre: La falta de un norte.
Decid supervisar porque no encontraba respuestas frente a la situa-
cin. Embebida del vnculo y de la dinmica familiar en la que transcu-
rran los momentos de acompaamiento teraputico, se tornaba preciso una
mirada externa que ayudase a co-pensar la situacin y comprender la trama
compleja en la que se insertaba mi funcin.
La cuestin se volvi an ms clara: La inclusin del acompaante
teraputico en el caso Luca, no tena un norte. Siendo en un primero mo-
mento solicitado por un equipo interdisciplinario perteneciente a un cen-
tro educativo-teraputico, hoy esa solicitud se tornaba difusa. Luca haba
cambiado de escuela y el acompaamiento teraputico haba continuado en
esta nueva escuela como un servicio ms, sin mayores reflexiones al respecto.
Cuando ingreso a trabajar como acompaante de Luca, soy convo-
cada por la familia a partir de la sugerencia de quien acompaaba a Luca
hasta ese momento. La demanda apelaba a la continuidad del servicio que
ella ya vena teniendo. Los objetivos por lo tanto se remitan a aquellos tra-
bajados por la acompaante anterior; con la cual nos ponemos en contacto
para conversar sobre el caso. Decido a su vez comunicarme con el centro
educativo teraputico actual, pactar una reunin y escuchar. Intentando
dilucidar el sentido de la demanda: Para qu? Cul es el objetivo? Es
teraputico?
Se me tornaba difcil comprender el sentido que tena para el centro
la inclusin del acompaamiento teraputico. No haba una demanda ex-
plcita, ms bien se trataba de la aceptacin de la continuidad del servicio
y una decisin de trabajo conjunto por parte de los profesionales con los que
me contact (ni psiquiatras, ni psiclogos). Los objetivos que en ese momento
se me comunicaron tenan que ver con sostener y fomentar la autonoma de
Luca y favorecer los vnculos sociales.
No estaba del todo conforme. Comenc a cuestionarme la dificultad
para adaptarme a aquello que no estuviese organizado, planificado y deli-
mitado. Mientras tanto, volva una y otra vez a los libros para reafirmarme
en el rol, para validar mi lectura de la situacin.
Decid comenzar el acompaamiento, creyendo que quizs las lec-
turas y los lenguajes utilizados para comprender una situacin son a veces

125
Acompaamiento Teraputico

diferentes, pero que aun as es posible la articulacin de un trabajo conjunto


entre las distintas disciplinas. Decid comenzar y tomarme un tiempo para
comprender, esperar y ver qu suceda en el encuentro con Luca.
En la cotidianeidad del vnculo uno descubre muchas cosas. Opera
como un explorador, un investigador de la vida diaria. Observando, escu-
chando, fui encontrando algunas cuestiones inherentes a la dinmica fami-
liar que repercutan en la posibilidad de despliegue subjetivo de Luca. Me
motivaba la posibilidad de descubrir en esos ratos a solas, a la Luca que se
ocultaba detrs de las palabras y los decires de la familia.
El compartir cotidiano me permiti ir tropezndome con diversas
situaciones en las cuales lo que estaba en juego era la subjetividad de Luca.
La posibilidad de emerger como sujeto o el aplastamiento subjetivo en el
que a veces quedaba ubicada. Pude reconocer que en esos momentos en los
cuales Luca se encontraba rodeada de otros familiares que hablaban por
ella, se retraa. Comenc a sentirme incmoda, dudaba de la posicin que
deba tomar en esos momentos. Me debata entre el objetivo de favorecer el
lazo social que me haban sugerido desde la escuela y mi lectura en torno
al lugar en dnde quedaba ubicada Luca.
Debera irme? Me debera quedar y accionar en esta dinmica?
Debera invitar a Luca a buscar un lugar para poder estar a solas y
recuperar algo de lo subjetivo? Todas estas preguntas rondaban en mi
cabeza en esas instancias en las cuales la particularidad del vnculo entre
Luca y yo quedaba taponada por visitantes.
Las diferentes situaciones a las que me enfrentaba en la prctica
cotidiana con Luca me hicieron pensar en la dificultad que estaba en-
contrando para posicionarme y accionar desde el rol.
Al no contar con un profesional del rea psi que delimite los objetivos
a trabajar en funcin de una hiptesis teraputica, que recepte la informacin
que emerge del contacto cotidiano y a la vez que funcione de terceridad o
entre la familia y el at, la especificidad de la funcin del at se dilua.
Las preguntas que surgan eran: Qu accin deba tomar? Qu
funcin estaba teniendo mi presencia en la cotidianeidad de Luca?
Cmo sostener el rol y no perderme entre las demandas familiares?
Cmo posicionarme en un lugar distinto al de niera en donde
muchas veces la familia implcitamente- me ubicaba?

126
Clnica en las fronteras

Rossi (2012) cuando escribe sobre la demanda en el campo del


AT, establece las diferencias entre la indicacin (teraputica) y el pe-
dido (familiar). Esto es una diferencia en funcin de quin solicita la
inclusin del dispositivo. A su vez, establece la nocin de demanda en el
acompaamiento AT para referirse especficamente a la emergencia de
la singularidad del sujeto en el espacio del acompaamiento.
En el caso Luca, no slo no haba una demanda clara desde el
centro educativo teraputico que delimitara los objetivos y la estrategia
teraputica a seguir en el acompaamiento (demanda al at segn Rossi
(2012) o indicacin teraputica); sino que tampoco haba una demanda
de ella como sujeto deseante (demanda en el at). Sus posibilidades de
demandar estaban obturadas por los pedidos e indicaciones de todos
aquellos otros que hablaban por ella.
En ese sentido es interesante retomar la pregunta que se formula
Rossi (2012): Quin es el sujeto del acompaamiento? Para el autor, el
sujeto del AT se construye (en ciertos casos) a partir de considerar una situa-
cin. Es decir, un modo singular en el cual el campo se va configurando.
En el caso Luca, en una primera instancia, el abordaje posible de
la situacin debe contemplar tambin a la familia que pide y demanda,
que habla por Luca, ya que es desde all que podr luego pensarse la
demanda en el acompaamiento teraputico. Es decir que la posibilidad
de instalar un dispositivo de trabajo que fomente el despliegue subjetivo
de Luca no es sin considerar el lugar que ocupa la familia.
Luego de trabajar la conflictiva que me estaba produciendo la
situacin en anlisis personal y en supervisin, la decisin que tom
frente a la misma fue hacerle lugar a la demanda. Esto implic, en este
caso, no solo apostar a la emergencia del sujeto (Luca), sino tambin
(y con ello) dar lugar a la posibilidad de emergencia del AT como
dispositivo. La intencin fue apostar a la creacin de condiciones de
posibilidad para que aquel pedido (del centro educativo-teraputico, de
la familia) que no tena las caractersticas de una indicacin teraputica,
comenzara a significarse desde otro lugar; y permitiera as, poner en
primer lugar a Luca, sus necesidades, sus potencialidades y sus deseos.
La dimensin tica atraviesa toda la prctica del AT. La posibili-
dad de reconocer al otro en sus singularidades y sus posibilidades, en su

127
Acompaamiento Teraputico

lugar deseante, en su dolor, en lo que tiene para decirnos, forma parte


del fundamento de una tica del acompaar (Frank y Dragotto, 2012).
En el horizonte est el sujeto, con sus modos de existencia, pudiendo
algo y en el camino hacia ese horizonte inalcanzable, pero bordeable, radica
la tica () Slo hay tica si el profesional confrontado a las apariencias
de lo imposible, no deja de ser un creador de condiciones de posibilidades
(Romero, 2012).
Considero que en el caso Luca, el reconocimiento de su subjeti-
vidad implica tambin poder reflexionar acerca de qu prcticas propias,
reproducen el aplastamiento, el borramiento subjetivo que expongo an-
teriormente. En ese sentido, es que el anlisis de la situacin me llev a
tomar la decisin que nomino como hacerle lugar a la demanda, puesto
que lejos de querer convertir al AT en un objeto de consumo, el fin es po-
der transformar el sentido que los actores involucrados en el caso Luca le
asignan al dispositivo. Esta accin implica necesariamente la inclusin de
otras miradas, principalmente la del terapeuta, que evale la situacin, esta-
bleciendo coordenadas y brindando un marco a la inclusin del dispositivo
de acompaamiento; puesto que sin esa inscripcin en una estrategia, nos
quedamos muchas veces sin margen de maniobra, expuestos a los caprichos o
conflictos del entorno familiar de un paciente (Rossi, 2012 p.70).

Bibliografa
Bourdieu, P. (2006). La objetivacin participante. Revista Apuntes de Investigacin
del CECYP (Ao IX, N 10).Buenos Aires: Centro de Estudios en Cultura
y Poltica.
Dragotto, P; Frank, M. L. (2012). tica y acompaamiento teraputico. En
Acompaantes. Conceptualizaciones experiencias en Acompaante Teraputico.
Crdoba: Editorial Brujas.
Romero, R.G. (2012). El acompaamiento teraputico, campo de intervenciones
especficas. Una cuestin tica. En Dragotto, P y Frank, M.L (2012).
Conceptualizaciones experiencias en Acompaante Teraputico. Crdoba:
Editorial Brujas.
Rossi, P.G. (2013). Acompaamiento teraputico. Lo cotidiano, las redes y sus
interlocutores. (3ra ed) Buenos Aires: Polemos.

128
Hablando sobre el tiempo en el AT
Deborah Sereno1

GIRAMUNDO- TALLERES Y REDES EN SALUD MENTAL, o sim-


plemente Gira, es un servicio de Clnica Psicolgica de la PUC-SP, que
tiene como objetivo articular la red de servicios territoriales de nios
y jvenes psicticos y autistas y/o en situacin de vulnerabilidad, bus-
cando su insercin y mayor participacin en la, y de la, comunidad.
Recibimos la demanda que llega a la clnica y establecemos acuerdos
con servicios de salud de la red substitutiva (sustitutiva al manicomio)
e intersectorial. Somos un micro punto en una red que pretendemos se
establezca, sea tejida y para esto ponemos a disposicin el trabajo de AT
en la red pblica.
La estructura del Gira es pequea y un tanto frgil. Est cons-
truida bsicamente por recursos humanos: seis pasantes del Ncleo de
Salud Mental del 5 ao de la carrera, practicantes que pagan un curso
de especializacin de la PUC y una coordinacin / supervisin del ser-
vicio. Durante los jueves a la maana nos organizamos con la siguiente
rutina: dos horas y media de supervisin y planificacin de los talleres;
una hora y media de convivencia (taller de pasaje) y concomitantemen-
te, el grupo de padres; y despus una hora ms para la actualizacin
de las atenciones. En este momento, el taller est constituido por tres
jvenes con edades que varan de 14 a 18 aos y sus familias. Adems
de estas atenciones, el Gira realiza el trabajo de AT por acuerdo con
servicios de la red de salud mental del municipio (5 casos).
Por ltimo, vale recordar que estamos en una clnica-escuela,
operando dentro de un calendario acadmico, lo que significa que to-
dos los aos el equipo del Gira se renueva, es completamente otro (con
excepcin de la coordinacin, que ha permanecido).
1
Coordinadora y supervisora de Giramundo: Talleres y Redes en Salud Mental (PUCSP).San
Pablo. Brasil. [Link]@[Link]

129
Acompaamiento Teraputico

De esta manera, son varias las cuestiones: somos una clnica de


pasaje, entendemos que nuestra funcin es la de articulacin, construc-
cin de una red de atencin participacin territorial. Por otro lado,
cmo dar cuenta de las diferentes temporalidades y participacin te-
rritorial, cmo dar cuenta de las diferentes temporalidades en juego en
la construccin de esta red. Lidiamos con el tiempo del caso clnico, o
sea, tiempo del establecimiento de la transferencia, de compromiso en
el proyecto teraputico, de las resistencias familiares, la temporalidad de
la psicosis; la articulacin con la red: las agendas en los servicios de
salud mental, los procedimientos de entrada y protocolos para reunir-
nos con los compaeros; lo mismo con las escuelas, un recorrido hasta
encontrar una escuela que se enganche colectivamente en el proyecto
y por ah va.
Otra cuestin inquietante acerca de la importancia de la transfe-
rencia en la construccin del vnculo en los casos consiste en saber hasta
qu punto la circulacin de estudiantes cada ao por el Gira garantiza
la continuidad del proyecto o produce efectos iatrognicos. Intentamos
manejar esta cuestin mediante el establecimiento del contrato anual
con el grupo, o sea, desde el primer da de cada uno de ellos en el Gira o
cuando presentamos al nuevo equipo, ya se est hablando tambin de la
terminacin a final de ao, pero ser que con eso conseguimos garan-
tizar la funcin de pasaje? Y otra cuestin, cundo sera el momento
del Gira para salir de escena?

Guto

Utilizar algunos recortes del trabajo que viene siendo realizado


en el Giramundo desde 2011 con Guto, para reflexionar acerca de las
diferentes temporalidades implicadas en la construccin de una red.

Un poco de la historia de GUTO


2011 Guto, de 9 aos, llega a la Clnica de la PUC, derivado
por la escuela con una queja de hiperactividad. Llega en el segundo
semestre, con una demanda para atencin familiar y trabajo junto a la

130
Clnica en las fronteras

escuela. Fue tambin derivado para atencin individual en otro servicio


de la clnica.
Para ser breve, dir que Guto vive una relacin psictica con
su madre. Aquellos casos tpicos de psicosis involucrando la absoluta
presencia materna, ausencia del padre en el discurso materno y el resul-
tado de Guto como objeto de goce, capturado por el discurso mater-
no (por ejemplo, dice su padre para hablar del propio padre). Como
consecuencia de la ausencia paterna en el discurso de la madre, la falta
del corte necesario para la simbolizacin, mantenindolo cautivo en
una relacin especular, imaginaria, ertico-agresiva, muy primitiva. El
olor a pie, las uas pintadas, como testimoniaremos a lo largo de los
prximos aos.
Guto fue derivado a la psiquiatra infantil del Hospital Univer-
sitario de la Universidad de San Pablo en 2011, la misma poca en que
realizaba el psicodiagnstico en la PUC, porque segn Ivete, su madre,
maltrataba animales (sic). A partir de all se inicia el tratamiento me-
dicamentoso, con la hiptesis diagnstica de retraso mental y desorden
del comportamiento. Datos trados por Ivete: la Ritalina empeora la
agitacin de Guto, pero la Risperidona ayuda.
Guto pasa a frecuentar los talleres del Gira, adhiere con facili-
dad, e Ivete participa del grupo de madres desde el inicio, por lo tanto
su adhesin est siempre acompaada por estrs. Sus quejas son muchas
e intensas, le es difcil escuchar que las otras madres hablen. Pelea en to-
dos los lugares, acta en el encuadre cada semana, presentndose a uno
de los servicios (atencin individual o Gira) y faltando al otro. Exige
que la PUC pague el boleto de colectivo para ella; pelea con el marido
porque se quiere separar, pelea con el Instituto Nacional de Servicio
Social porque quiere auxilio el Beneficio de Prestacin Continua de la
Ley Orgnica da Asistencia Social (BPC/Loas) o Pensin por Discapa-
cidad en Argentina- al cual no tiene derecho a causa de los ingresos del
marido (sic). Por lo tanto, nuestra mayor batalla, literalmente, era en
relacin a la escuela: se recusaba a llevarlo a la escuela, ya que deca que
en cuanto llegaba a su casa, despus de llevarlo a la escuela, ya la estaban
llamando para que fuera a buscarlo.

131
Acompaamiento Teraputico

2012
Nos reunimos con la escuela en abril del 2012. Fuimos con el
auto de una pasante, guiados por el GPS, a esta escuela provincial, en
medio de la periferia de la zona sur, que fue considerado lo ms violento
de San Pablo.
El camino iba bien por la larga Estrada do Campo Limpo, bas-
tante conocida para nosotros, hasta que el GPS nos mand entrar a la
derecha y a partir de este punto se inici un trayecto por calles estrechas,
grises, bajadas, curvas, subidas, y en una de estas, desde arriba se vea
el mar de casas grises. Doblamos a la derecha para continuar en la calle
que hace una curva estrecha, hacia bajo y a la izquierda. Entramos en
un callejn y, para nuestra desesperacin, el GPS nos dijo que llegamos
a nuestro destino. El morro termina ah. En frente nuestro: una barrera
de contencin de cemento. Esta era la visin final de la calle, pero es-
tbamos en el centro; se formaba como un crculo de casas amontona-
das unas sobre las otras, todas grises y por todos lados. Slo podamos
retroceder, dar la vuelta en este crculo para tomar la nica va que nos
haba trado hasta ah, el mismo circuito de subidas y bajadas y desvos
para volver. Silencio. Nadie en la calle. Nadie. Nadie! As que decidi-
mos hacer la vuelta y reprogramar el GPS cuando vimos un portn
ms largo, y dentro, un patrullero de la polica comunitaria. Atrs del
patrullero, el edificio de la escuela! El despliegue policial ostensivo que
caracteriza a San Pablo no pareca suficiente para garantizar la seguri-
dad de los empleados de la escuela. Por lo menos era el clima de terror
que la escuela dejaba transparentar. La secretaria se esconda detrs de
una ventana enrejada, que dejaba entrecerrada mientras nos preguntaba
quines ramos y qu queramos. Cuando le esclarecimos, abri la puer-
ta automtica y pudimos entrar en la escuela. Cierre automtico en el
portn principal y trabas con llave que se confunden con los picaportes
en todas las aulas y en el paso de un piso al otro. Vale aclarar que queda-
mos encerradas en el ltimo piso con la directora que nos mostraba la
escuela y tuvo que llamar de su celular para que nos vinieran a rescatar.
La directora particip slo del inicio de la conversacin. Quien
nos demand apoyo y se mostr completamente comprometida y preo-

132
Clnica en las fronteras

cupada con la escolarizacin de Guto, fue Dlia, profesora de la clase de


recursos. Dlia intentaba adaptar algunas lecciones para Guto, le haba
pedido a los profesores que enven el programa de la semana, pero nadie
haba cooperado; estaban todos desmotivados, por lo que solicit que el
Gira la apoye en una intervencin de sensibilizacin y movilizacin de
los profesores en relacin a Guto, ya que algunos profesores se rehusa-
ban a trabajar si l estaba dentro del aula.
Guto ocupaba el lugar de chivo expiatorio de una escuela in-
mersa en un contexto de extrema violencia, hostilidad y donde pareca
no haber lugar para ningn nio. Era la punta de un iceberg de una
complejidad de problemas entrecruzados y atravesados por el deterioro
de la escuela pblica, principalmente en las provinciales. Guto se haba
vuelto el estandarte de la imposibilidad de aquella escuela. Apostamos
en la propuesta de Dlia y elaboramos con ella una serie de actividades
con los profesores en la bsqueda de engancharlos con el proyecto. No
tuvimos xito. Terminamos de acuerdo con Ivete, permanecer en esa
escuela era insostenible, no haba voluntad de la institucin, ni de los
profesores. En parte tambin por las faltas que ella misma promova,
por lo que quedaba claro que era muy difcil la aproximacin de la es-
cuela con la diferencia de Guto.

2013: El cielo es el paraiso


A principios del ao siguiente fuimos sorprendidos con la bue-
na noticia de que Guto haba conseguido el pase para el Centro de
Estudios Unificados (CEU) de su barrio. Esto presentaba el verdadero
paraso para Ivete.
Esta vez, fuimos positivamente sorprendidos por la estructura
del CEU, que funciona desde el 2008. Con la boca abierta de sorpresa
vimos un grupo de madres haciendo acuagym en la pileta. La arqui-
tectura de los edificios era fantstica, ventilada y, a pesar de ser amplia,
haba vida y acogimiento en ese espacio, chicos usando las canchas, chi-
cos corriendo en todas las direcciones, todos los pasos estaban abiertos.
Claro que esta era y es la preocupacin de Ivete hasta hoy.

133
Acompaamiento Teraputico

Fuimos muy bien recibidos por la coordinadora pedaggica, que


nos cont con buen humor que acababa de entrar en la escuela en enero.
No conoca bien a Guto, pero ya conoca a la madre, bastante presente
y preocupada con el hijo en la escuela (sic). Dijo que por ahora cree
que le est yendo bien, no tuvo reclamos ni comentarios de profesores
ni colegas. Adems, estn contratando una profesora del SAAI (Sala de
Apoyo y Acompaamiento a la Inclusin), para atencin especializada,
que l pasar a frecuentar dos veces por semana fuera de la escuela. Dice
que Guto tiene derecho ser llevado en combi y sugiri la posibilidad de
que haga natacin, entre otras opciones deportivas. Insisto, estructura
del Primer Mundo, o el paraso mismo. Vean, es posible una escuela p-
blica abierta, acogedora, viva y alegre, con participacin de las familias.
Las promesas eran buenas y muchas fueron cumplidas. El SAAI,
la combi. En cuanto a la natacin, Ivete recul de antemano, por lo
menos al principio.
Mantuvimos una pasante de referencia para la escuela, con
quien se reuna cada dos meses. En septiembre las noticias sobre Guto
de la Coordinadora y la profesora del SAAI fueron bastante optimistas:
l se da sper bien en el aula, mezclndose, hacen lo juntos; las chicas
vinieron a contar que l estaba pasndoles la mano por la cola porque
los varones lo mandaban; conversaron las chicas y la profesora con l.
Es agitado, se sube en la silla. Participa de las actividades, a veces las
adaptan para l, se adapt muy bien y rpidamente, Ivete se qued una
semana y despus no necesit ms quedarse.
Ao productivo, muchas cosas pasaron en la vida de Guto y de
Ivete, quien ahora cuenta con el grupo para hablar de sus cuestiones.

2014: Cambios
Ao marcado desde el comienzo por los cambios de casa, en la
clnica; Ivete busca casa para vivir sin el marido y cambio de coordina-
dor pedaggico en el Centro de Estudios Unificado.
A principio de ao hicimos una reunin con la escuela. El coor-
dinador dijo que su contrato era temporario, que no conoce a Guto,
pero que se informara para entrar en contacto. Le avisamos a Guto

134
Clnica en las fronteras

que iramos a su escuela y cuando fuimos a visitarlo al aula, l estaba


durmiendo con la cabeza en la cartuchera en la primera fila, frente al
profesor.
En el grupo, Ivete reclamaba a la escuela, deca que Guto haba
tomado el ascensor solo, tena miedo de que l no estuviese controlado
en la escuela y saliera a la calle. El propio Guto le contaba que haba
dormido en clase. Estrs. Adems de eso, ella se irritaba por no ver tarea,
no tiene nada en el cuaderno (sic) y todos los das va a pasarla bien
a la escuela. Las peleas continuaban: en la escuela, con el chofer de la
combi y as en adelante. Acontecimientos bizarros indicaban el retroce-
so, como la indicacin de la escuela para que Ivete se quede en el aula.
Estuvimos todos en contra, a pesar de nuestra insistencia, la escuela no
se abri para ninguna reunin ms, adems de aquella con el coordina-
dor temporario en aquel ao. Infierno!
Con la inauguracin del Centro de Atencin Psicosocial Infantil
(CAPSi) en su barrio, fuimos con madre e hijo al acogimiento y nos dis-
pusimos al trabajo en red. As como ya habamos garantizado para Ivete,
combinamos con el CAPS que el Gira saldra de escena cuando todo
estuviese arreglado. Tendramos el ao siguiente (2015), para hacer
todo lo que fueses necesario para la transicin y la desvinculacin del
Gira. Estbamos preocupados e inquietos con la falta de comunicacin
con la escuela.

2015: Exceso de presencia del gira?


Podemos pensar que, de cierta manera, la misin del Gira ha-
ba finalizado en este acogimiento en el CAPS. Podramos simplemente
afirmar que, lejos de ser ideal, Guto estaba en una escuela e ira a fre-
cuentar el CAPS que cuidara de su tratamiento en su barrio. Podra-
mos trabajar la despedida de Guto en el Gira en algunos encuentros,
no habra necesidad de garantizar un ao ms, pero por las dudas En
cuanto a la escuela, podramos dejar que el CAPS hiciese la articulacin,
esto forma parte del repertorio de sus acciones.
Por lo tanto, al no retirarnos, estaramos repitiendo un exceso de
presencia que identificamos en las madres y que frecuentemente retorna

135
Acompaamiento Teraputico

en las discusiones en los grupos de padres. Exceso de presencia que se


manifiesta en una anticipacin de un fracaso, en una respuesta previa,
por ejemplo, al matricular a su hijo en la escuela y ya traer todo el his-
torial de agresiones y expulsiones anteriores, o deja de baar a su hijo de
14 aos, pero controla cmo l se lava desde afuera del bao.
No sera este exceso que estaramos repitiendo al querer
asegurar todas las garantas en el CEU y en el CAPSi, para de ah s,
estar omnipotentemente resguardadas por nuestro deber cumplido y
ah s poder soltarlo al mundo con todos los riesgos que ello trae, sabien-
do que la cuestin es justamente esta, que el ideal de perfeccin y de
garantas es simplemente imposible?
Es la cuestin que nos atormenta ahora. Pero que no se nos haba
ocurrido a inicio del ao pasado, cuando finalmente conseguimos reu-
nirnos nuevamente con la escuela a fines de abril. En esa reunin, con
la misma profesora del SAAI y otra nueva coordinadora pedaggica, nos
llam la atencin la falta de cuestionamientos de la escuela sobre Guto y
el exceso de presencia y reclamos de Ivete sobre la escuela. La profesora
dijo que Guto adora el SAAI, estn trabajando individualmente con si-
tios en internet, le est yendo bien. Y listo. Les propusimos el AT, el AT
comienza a mediados de mayo, a lo que no pusieron objeciones.
Tenamos claro que la entrada del AT en la escuela era una
demanda nuestra, de aproximarnos a la relacin de Guto con la
escuela y de su proceso de escolarizacin. Por otro lado, la entrada del
AT tambin fue pensada para intermediar la relacin de Ivete con la
escuela, borrar un poco su intrusin y ayudarla a sostener el hecho
de estar un poco afuera o intervenir y saber menos sobre la vida del
hijo en la escuela. Cuatro meses despus, ahora nos preguntamos: La
presencia del AT en la escuela de Guto, no estara siendo tan intrusiva
en cuanto colocaba a Guto en situaciones igualmente desagradables y
como loco? De nuevo El Gira estara repitiendo el exceso de presencia?
Atravesamos el tiempo?
El hecho es que la entrada del AT en la escuela desencaden una
crisis, un corto circuito en la relacin de Guto con la escuela, con las
clases y principalmente con la at. Guto con 14 aos, est apasionado

136
Clnica en las fronteras

por una chica de su clase, que lo dibuja. Repite con la at su modo fusio-
nado de amar, digamos as.
Si por un lado la at puede testimoniar que Guto tiene un lugar en
su grupo, su organizacin, cuida de su material impecable, est atento y
quiere participar de las actividades, tambin puede testimoniar escenas
extremadamente violentas, prejuiciosas y de exclusin, explicitadas por
la gestin de la escuela, dirigidas hacia l, pero tambin a toda el aula.
Contrariado por la at, queda excitadsimo y re desmedidamente la
at comienza a salir de la escuela con los brazos rojos y con marcas de las
manos de Guto por los fuertes apretones. l es ms fuerte que ella, es
difcil sujetarlo e impedirlo fsicamente. El profesor de Historia relata
que la presencia de la at lo deja ms agitado, l nunca qued as. Sin
embargo, otro da este profesor invierte lo dicho y dice que es en su pre-
sencia que Guto se agita ms y dice es conmigo que l queda as (sic).
Guto pasa a destacarse en la escena escolar. Hasta entonces era
como si estuviese naturalizado en esta escena. Pero, esa agitacin parece
indita. La presencia de la at en la escuela desencaden una crisis que,
si de un lado devel aquello que se ocultaba en esta naturalizacin (y
que la at testimoni), por otro lado lo expona nuevamente como loco,
agresivo, dbil mental.
Esta crisis era necesaria? Sera inevitable? Tarde o temprano
estallara? Vean, no tiene que ver con recular delante de la crisis. En
vedad, de cierta manera la provocamos con nuestro exceso de presencia.
Lo que quiero problematizar es el exceso de presencia. Es porque nos
colocamos como una madre omnipotente que podemos asegurar algn
lugar? Cundo decimos que nuestro tiempo termin?
Con la entrada del AT atravesamos el tiempo de Guto y de las
instituciones. Transferencia maciza, repite con la at el modo de relacin
ertico-agresivo que establece en la relacin con la madre (l aqu en la
posicin activa, menos sometida: ella no me obedeci, yo mando en
su cuerpo, pero an imaginaria: en la lgica de o yo o ella, no tiene
lugar para dos sujetos, slo para uno).
He aqu la crisis. Y de acuerdo con Lacan, no se trata de recular
delante de ella. Al contrario, estamos implicados transferencialmente

137
Acompaamiento Teraputico

con ella. Esto probablemente posterga la salida del Gira en el tratamien-


to de Guto.
Estamos en medio del manejo de esta transferencia ertico-agre-
siva. Hemos hablado sobre esto con l en los talleres en la tentativa de
encuadrar la tarea de la at en la escuela. Esto nos indica an un recorri-
do con Guto.
Slo para terminar, no fue posible ningn contacto con el Capsi
desde aquel primer acogimiento. Hicimos diversas tentativas de con-
tacto por telfono, mails, explicando nuestro paso a paso y la urgencia
para que nos reunisemos, que participasen de la reunin en la escuela,
despus, hablando sobre la idea del AT, todas tentativas en vano.
En medio de esta crisis en la escuela, ya en el final del primer
semestre, fuimos sorprendidos con la noticia de que el Capsi haba dado
el alta a Guto. Le dijeron a Ivete que el CAPSi slo trabaja con crisis y
Guto est bien, recibieron un informe de la escuela. Despus de un
mes del alta, finalmente conseguimos reunirnos con el Caps. Volvieron
atrs.
Repetimos: el trabajo de inclusin escolar puede ser entendido
como un movimiento micropoltico de resistencia a favor de los dere-
chos (ya adquiridos) de esta inmensa minora excluida.

Traduccin: Santiago Gmez

138
La construccin de una voz:
constitucin del sujeto y el autismo desde
la clnica del Acompaamiento Teraputico1
Lenara Spedo Spagnuolo2

Verdadero enigma, el nio autista. El rechazo tan radical del


otro semejante nos pone frente a cuestiones acerca de su relacin con el
lenguaje. Si es la insercin del beb en el seno de la cultura y del lengua-
je lo que lo hace humano, a partir de la sumisin del cuerpo biolgico
a los significantes, cmo comprender a un ser humano que fue (in)
tocado de modo tan particular por el lenguaje? De qu modo es posible
para este hablar de s mismo y de su mal estar en el mundo?
En su constitucin subjetiva, el nio recibe enmarcaciones e ins-
cripciones simblicas de sus Otros primordiales. Pero qu pasa cuando
esa inscripcin no puede ocurrir u ocurre de manera incompleta? En
estos casos, nos referimos al autismo y a las psicosis en la niez. Mien-
tras los nios neurticos llegan a la escuela asujetados a una inscripcin
simblicamente eficaz, en el caso de las psicosis y del autismo esta pri-
mera etapa an est por ocurrir (Jerusalinsky, 1997). As, la instalacin
de la curiosidad o del deseo de aprender, aunque incipientes, son retos
a ser considerados por los profesionales que trabajan con nios.
La inclusin escolar no debe ser impuesta a todos los nios, pero
s pensada desde lo singular del encuentro de un nio, con un profesor,
en una familia y en un determinado momento de su vida. Es por ello
que nos parece justo promover esa discusin a partir del estudio de un
caso clnico.

1
Trabajo presentado en Mesa de Trabajos Libres. Mencin especial entre los seleccionados
para el Premio Federico Manson 2015.
2
Maestria en Psicologia e Educao de la Faculdade de Educao da Universidade de So
Paulo (USP) spedolenara@[Link]

139
Acompaamiento Teraputico

Hace diez meses que acompao a Alice3, de 4 aos, en la


escuela, tres maanas por semana. A pesar de que su madre sostenga
que el habla de su hija se encuentre paralizada desde que la pequea fue
diagnosticada con autismo cuando tena dos aos, en poco tiempo de
trabajo pude percibir grandes avances, no solo en lo que respecta a su
relacin con el lenguaje sino tambin en sus relaciones sociales.
El acompaante teraputico en la escuela debe estar atento no
solamente a las posibilidades del nio de aprender y vincularse con los
contenidos escolares, pero tambin de construir lazos sociales y, quien
sabe, de desear. Es en este sentido en el que concordamos con Sereno
(2006), al afirmar que desde el punto de vista del acompaante terapu-
tico no hay distincin entre el analtico y el escolar en la medida en
que ambos deben favorecer efectos de subjetivacin.
La madre de Alice busca a la acompaante teraputica4 con la
queja de que, aunque haya avances en relacin al abordaje anterior5, su
hija sigue sin hablar. Orientadas por el psicoanlisis, entendemos que, si
bien son significativos los automatismos adquiridos por Alice, todava se
necesita mucho trabajo para que algo del orden de la palabra pueda surgir.
En las entrevistas iniciales se pudo evidenciar, tanto para m como para
la madre de Alice, que el habla no era la nica dificultad de la nia, que,
adems, no fijaba la mirada en nadie, no jugaba de modo interactivo y
pareca evitar cualquier contacto con los otros. Por lo tanto, acordamos en
trabajar la cuestin del vnculo en la escuela, apostando a que all habra
una buena oportunidad para la palabra advenir.
Al principio del trabajo, en relacin al habla, Alice presentaba
apenas jergas, esto es, palabras y frases enunciadas con entonaciones pero
sin ninguna relacin con el cdigo de la lengua. No pareca dirigirse a
otros cuando emita esos sonidos, tanto por la ausencia de mirada, cuanto
por la ausencia de contexto. Era comn verla caminando solita por la
escuela y diciendo frases que parecan pertenecer a otros idiomas. Con
3
Nombre ficticio.
4
Adems de la acompaante teraputica, Alice es atendida por una fonoaudiloga y una
analista.
5
Por dos aos, Alice fue estrenada con TEACCH (Tratamiento y Educacin de Crianzas Autistas
y con Desvantajas en la Comunicacin) y ABA (Anlisis Aplicada del Comportamiento).

140
Clnica en las fronteras

frecuencia, delante de determinados objetos como masa de modelar,


arena, goma y tinta, observbamos a Alice poner todo en la boca. La
masa era comida sin ninguna relacin con la escena representada en el
juego. Estbamos delante del real del objeto en el real del cuerpo. Me
pregunt si habra algo all relacionado a la pulsin oral que no haba
sido inscripto.
A grandes rasgos, la pulsin es el efecto de la demanda del
Otro sobre un sujeto an no constituido como tal. El funcionamiento
pulsional es tributario de la accin del lenguaje sobre los orificios
privilegiados del beb constituyendo as las zonas ergenas (Cato, 2009)
y trasformando, entonces, el cuerpo biolgico en un cuerpo simblico
y pulsional. Laznik (1997), Cato (2009) y otros psicoanalistas parten
de Freud6 para comprender los tres tiempos del circuito pulsional,
afirmando que el autista no conoce el tercer tiempo. Segn Cato
(2009, p. 120): el primer tiempo es activo, el beb se dirige a un objeto
externo en el nivel de la pulsin oral, mamadera o seno. En el segundo
tiempo, reflexivo, el beb dirige la pulsin para una parte del propio
cuerpo tomada como objeto, por ejemplo, el dedo. En el tercero tiempo
se introduce un nuevo sujeto, ms comnmente la madre, para quien
el beb se exhibe, por ejemplo, ofreciendo el pie para que ella lo bese o
muerda (Cato, 2009).
A partir de esta comprensin del autismo, se observa que el tercer
tiempo, aquel del hacerse, no ocurre, no habiendo, por lo tanto, un im-
pulso activo de hacerse objeto del goce del Otro. De este modo, el circuito
pulsional no se cierra (Laznik, 1997) y no aparece propiamente el sujeto
de la pulsin. Segn Laznik (1997), un beb futuro autista no renuncia
a un goce cerrado. No incluye a la madre en ese circuito, por lo que hace
imposible la existencia de un lugar para el Otro primordial. Si el Otro no
tiene espacio, ciertamente tampoco sobrar lugar para los otros, semejan-
tes. Alice, al principio, andaba por la escuela aparentemente sin mirar a
sus compaeros, llegando hasta a derrumbar a nios ms pequeos que se
cruzaban por su camino. Haba mucho trabajo por realizar.
6
Freud, Sigmund (1916). Instinto e suas Vicissitudes. Edio Standard Brasileira das Obras
Psicolgicas Completas. Vol. XIV. Rio de Janeiro: Imago, 1996

141
Acompaamiento Teraputico

Acompaando a Alice...

Como psicoanalista, me propuse a escuchar los sonidos emiti-


dos por Alice. Pretenda validarlos como un mensaje dirigido a alguien,
aunque en ese momento yo supiera que ella no contaba con una inten-
cin comunicativa. Me coloqu como destinataria de un supuesto men-
saje. Segn Lacan (apud Laznik, 1997), el habla es habla en la medida
exacta que alguien cree en l.
Un da Alice estaba repitiendo una frase cuyo significado no
pude comprender, pero percib que haba un ritmo. Una alumna me
pregunt qu es eso que ella est diciendo?. Yo no saba, pero sent
que necesitaba atribuir un sentido. Le dije que Alice estaba cantando
y la alumna sali muy satisfecha con el descubrimiento de que eso era
msica y que Alice saba cantar.
En otros momentos cuando ella deca alguna palabra que yo
supona comprender, yo la repeta. Mientras jugbamos con masa de
modelar, Alice dijo Aul, repet Aul???, y ella me mir con espanto
por algunos segundos. Era como si quisiera decirme: mira, yo no dije
esto para que alguien lo escuchara. Sin embargo mi mensaje fue que s,
que ella estaba siendo escuchada. Y a los minutos comenc a decir que
el color azul no estaba all, pero que tenamos el rojo. Y eso, de algn
modo, inici el dilogo posible en aquel momento.
Sabemos que en los cuadros de autismo en general, no hay un
llamado del otro; no se observa un apelo o un llamado que constituya
una demanda. De esa manera, la escuela es un elemento muy valioso
por ser un espacio colectivo. All hay que esperar para ser atendido,
hay que formar filas, esperar el jugo, el material y as sucesivamente.
Los gritos de Alice en la escuela no tienen respuesta inmediata. Si antes
siempre exista un adulto cercano a ella a quien pudiera utilizar como
instrumento para obtener lo que pretenda (como si el adulto fuera
una extensin de su propio cuerpo), desde la escuela las cosas cambian
un poco. Dejamos un espacio vaco, temporal y espacial. Entendimos
la importancia de la existencia de ese espacio vaco para que, tanto el
sujeto, cuanto la palabra pudieran aparecer aunque de manera breve

142
Clnica en las fronteras

y precaria. Actualmente, cuando Alice quiere algo, necesita buscar un


adulto con su mirada y ensearle lo que ella quiere por medio de un
gesto o con una palabra. Validamos su acto nombrando su pedido y de
esa manera le atendimos. Estara ella haciendo un apelo al otro?
A primera vista, la situacin de Alice en la escuela parece ser una
bsqueda de satisfaccin continua, en la que sucede que una vez que
encuentra lo que busca se cansa e inicia una bsqueda diferente referida
de nuevos juguetes y objetos. Ella camina de sala en sala, sube a la secre-
tara, baja a la cocina, va hasta el parque... y as se pasa toda la maana.
El trabajo del acompaante teraputico no se refiere solamente al hecho
de caminar con el acompaado, sino tambin a preguntarse a partir de
cules referenciales esos caminos son producidos. Segn Jerusalinsky
(2001), la circulacin es armada paso a paso, a partir del despertar
de los intereses que aparecen en el establecimiento de los lazos entre el
deseo de un nio y el social (p. 169). As, acompaando a Alice fui
observando sus andanzas y, poco a poco, pude relatar a las maestras
lo que a Alice le interesaba fuera de la clase, de modo que ellas pudie-
ran ir incorporando tales objetos a la rutina del grupo. Percib que ella
siempre iba al saln a tocar algunos instrumentos musicales y suger a
las profesoras que los utilizaran en alguna actividad. Y as fue: el grupo
de Alice llev al cabo el relato de una historia en la cual, conforme iban
apareciendo algunos animales de la floresta, los alumnos iban tocando
el instrumento correspondiente al animal. Fue un da inolvidable, pues
fue la primera vez que ella permaneci en la clase durante el relato de
una historia e incluso, permaneci atenta, ya que en determinados mo-
mentos repiti el nombre de algunos animales que escuchaba.
A lo largo del trabajo, Alice nos fue repitiendo palabras que no-
sotros habamos pronunciado. Dicha repeticin fue importante para un
segundo momento de dilogo. Conforme bamos ofreciendo nuestros
significantes, ella iba logrando decirse a su modo. Leo Kanner (1943),
autor que delimit el sndrome llamado Autismo Infantil Precoz, afir-
m que las ecolalias de los nios autistas eran una desventaja, pues,
si no servan para comunicar, entonces de nada ayudaban en el trata-
miento. Estamos de acuerdo con que la ecolalia se caracteriza por un

143
Acompaamiento Teraputico

discurso que no fue cruzado por una cadena significante, de manera que
no se cierra en una significacin (Laznik 1997). Sin embargo, fuimos
percibiendo con Alice que fue a partir de la repeticin de las palabras
generadas por los adultos que ella pudo comenzar a nombrar los objetos
que miraba. O sea, fue a partir de la escucha de los significantes que le
ofrecamos, que ella pudo apropiarse de algunos de ellos y crear un otro
modo de estar en el discurso. En un primer momento, el significan-
te toma de manera enajenante aquel que quizs un da sea un sujeto
(Laznik, 1997, p. 26). Es por eso que Alice al orme preguntar quieres
que yo te ayude?, me responde te ayude. An no le es posible hacer la
inversin con el verbo y el pronombre; de todos modos, en esos peque-
os instantes somos capaces de comunicarnos por la va de la palabra.

Consideraciones finales

El trabajo es largo y ciertamente an estamos lejos del fin, pero


es importante reconocer que comenzamos una travesa. Actualmente,
Alice espera su turno en la fila, me mira a los ojos cuando me acerco y
digo su nombre, observa con curiosidad otros nios, consigue sostener
un juego cercano a ellos (de manera paralela y an no interactiva) y con-
trola su cuerpo cuando recibe un no de las maestras, quedando menos
irritada y ms receptiva a la presencia de los otros. Alice est entrando
en el mundo del haz de cuenta. Recientemente, cuando jugbamos
con masa de modelar, dijo pipa, que por su gesto supuse que quera
decir pizza; una nueva palabra que no vino a partir de la repeticin in-
mediata del otro, sino de su mundo de representaciones. Y as jugamos
por mucho tiempo a hacer pizza, poniendo tomates de masa de modelar
y comiendo de mentira.
Apostar en la sumisin al lenguaje es ofrecer a Alice un ms all
de la satisfaccin de la necesidad. Poco a poco, ella percibe los efectos
de estar sometida a la ley del lenguaje cuando, por ejemplo, me pongo
a escuchar sus no. Escuchar esa fugaz entrada en el lenguaje coloca
a Alice en un lugar diferente, como cuando una vez un nio se acerc
para abrazarla y ella grit no!. El nio me mir asustado y me dijo:

144
Clnica en las fronteras

no saba que ella deca no. Es justamente esa nuestra apuesta: que
Alice pueda decir no a los goces invasivos de los otros y, as, pueda estar
de un modo menos angustiante en el mundo.
All hay un sujeto al que buscamos acceder. No en el intento de
encararlo como si fuera un enigma a ser descifrado, pero s un enigma
que pueda decirse, que pueda vivir a su modo en el mundo. Poner un
poco de musicalidad y suposicin en su habla claramente no es tarea
fcil, pero lo que est en juego aqu es la invencin de la gramtica del
imposible (Birman, 1997). Un enigma imposible rumbo a la palabra.

Bibliografa
Birman, Joel. (1997) Apresentao. In Paulina S. Rocha (org.). Autismos. So
Paulo: Editora Escuta.
Cato, Ins. (2009). O beb nasce pela boca: voz, sujeito e clnica do autismo. So
Paulo: Instituto Langage.
Jerusalinsky, Alfredo. (1997). A escolarizao de crianas psicticas. Estilos da Clinica
(So Paulo), 2(2), 72-95. Disponible en:[Link]
issn.1981-1624.v2i2p72-95 Consulta: 27 de julio de 2016.
Jerusalinsky, Julieta. (2006). O acompanhamento teraputico e a construo de
um protagonismo. In: Escritos da criana, n 6. Porto Alegre: Centro Lydia
Coriat, 163 178.
Kanner, Leo. (1997) Os distrbios autsticos do contato afetivo. In Paulina S.
Rocha. (org.). Autismos. So Paulo: Editora Escuta.
Laznik, Marie-Christine. (1997). Rumo palavra: trs crianas autistas em
psicanlise. Traduo: Monica Seincman. So Paulo: Editora Escuta.
Sereno, Deborah. (2006) Acompanhamento teraputico e educao inclusiva.
Revista Psyche (So Paulo), 10(18), 167-179. Disponible en:<[Link]
[Link]/[Link]?id=30701816> ISSN 1415-1138. Consulta: 27 de
julio de 2016.

145
La dimensin de cambio en la conceptualizacin
del Acompaamiento Teraputico
Mara Giraudo1

La historia del acompaamiento est signada por constantes in-


tentos de conceptualizacin. Desde la caracterizacin como agente de
salud pasando por recurso clnico hasta llegar a concebirlo como dispo-
sitivo. Pareciera ser que hallar la respuesta a qu es el acompaamiento
teraputico aparece como una recurrencia que no deja de insistir. Las
dificultades en relacin a las visibilidades e invisibilidades que se pro-
ducen al conceptualizar esta prctica han encontrado en la nocin de
dispositivo una inscripcin que a la vez que conceptualiza, posibilita
alojar sus variaciones sin poner en cuestin el concepto mismo.
Los dispositivos, entendidos como la disposicin de una serie de
prcticas y de mecanismos con el objetivo de hacer frente a una urgencia y
conseguir un efecto (Agamben, 2005), responden a una demanda socio-
histrica. Por lo tanto, reflexionar sobre sus transformaciones supone
trabajar sobre el eje de lo temporal, para entender la articulacin que se
produce entre las condiciones de emergencia, la configuracin actual y
el porvenir. Proceso de historizacin que permite no slo visibilizar los
cambios, sino tambin identificar lneas de continuidad. La compren-
sin de la dinmica entre cambio y continuidad es fundamental para
realizar una lectura del modo en que cada dispositivo, en este caso el AT,
va insertndose en el terreno de lo social.
En su origen el acompaamiento se remonta a una prctica
que, sustentada en miradas novedosas sobre el sujeto y los dispositivos
clnicos para trabajar con el sufrimiento psquico, fue teorizndose
al comps de experiencias que inauguraron este nuevo campo de sa-
ber. Desde sus inicios, se configur como una prctica compleja de
1
Fundacin Sistere. Docente en Universidad Catlica de [Link]@[Link]

147
Acompaamiento Teraputico

mltiples dimensiones articuladas y an actualmente su nocin est


en construccin.

El acompaamiento tambin es una especie de ma-


deja compuesta de fibras heterogneas, desparejas. Un ovillo
es algo que preanuncia ms de un destino posible. Se presta,
en cualquier caso a hacer algo con l. Un ovillo, por ejemplo,
es un abrigo en potencia. Tiene por delante la posibilidad de
transformarse en algo nuevo. Pero la trama de la malla no
est en el origen, hay que tejerla. (Kuras y Resnizky, 2011,
p25-26)

Si tenemos en cuenta que el modo en que el AT se origin y su


particular flexibilidad han generado dificultades a la hora de concep-
tualizarlo, la reflexin constante sobre su devenir es fundamental para
entender la complejidad de variables que se articulan en este dispositi-
vo. Esto, especialmente respecto a los diversos efectos que los cambios
sociohistricos han producido en el mismo.
Se observa que si bien el acompaamiento surge aproximada-
mente hace cuarenta aos, momento a partir del cual se ha desarrollado
a un ritmo constante, es en la ltima dcada donde se produjeron ma-
yores cambios en relacin a la insercin social y a la construccin de sa-
beres en torno al mismo. Estos cambios se enmarcan en las transforma-
ciones inherentes al campo de la subjetividad, que a su vez propulsaron
modificaciones en la clnica y por lo tanto en las estrategias teraputicas;
lo que implic encontrar en el acompaamiento un valioso recurso en
consonancia con teoras que cuestionan el aislamiento de los sujetos
como forma de abordar la salud mental.
Esto implic la proliferacin de profesionales que trabajan como
acompaantes, el incremento de aquellos profesionales o instituciones
que incluye acompaantes en sus estrategias y la insercin en mbitos
anteriormente ajenos a esta prctica como lo son la educacin y la jus-
ticia. Han contribuido a las dificultades de conceptualizar el AT estos
cambios mencionados sumados a los encuadres diversos que se confi-
guran y cambian en funcin de cada estrategia de intervencin, conse-
148
Clnica en las fronteras

cuencia de la particular atencin de este dispositivo a la subjetividad y


su insercin en la vida cotidiana de los acompaados.
En los espacios de formacin se produjeron dos modificaciones
principalmente, el incremento de la oferta en formacin general y espe-
cfica y tambin la diversificacin de trayectos educativos e intereses de
quienes concurren a formarse o, incluso, ejercen como acompaantes.
Tal como lo seala Hermman(s.f ),

la prctica del AT no se ha limitado a un rea de


conocimiento, lo que crea an ms confusin sobre la fun-
cin clnica, una vez que es comn ver a los estudiantes de
medicina, educadores, terapeutas ocupacionales y otros pro-
fesionales del rea de la salud involucrados con esta prctica,
basados en la creencia de que se trata solamente de circular
con un paciente psictico en los espacios pblicos y comuni-
tarios. (p.2)

Paralelamente se fue produciendo una especificidad en la cons-


truccin de saberes sobre el acompaamiento, lo que aument signi-
ficativamente el cuerpo terico no slo en cantidad, sino tambin en
relacin a la diversidad de teoras que inauguran una multiplicidad de
miradas sobre este campo. En este contexto la adaptacin de este dis-
positivo a teoras clnicas ajenas al marco terico en el que se origin,
produjo en algunas situaciones la inclusin del acompaamiento en
estrategias teraputicas con propuestas estandarizadas y consecuente-
mente estandarizantes. Al decir de Pulice (2012) se produce cierta con-
frontacin entre una orientacin clnica sostenida en la estandarizacin y
generalizacin de los conocimientos, los mtodos y los objetivos teraputicos,
por un lado; y, del otro, aquello que desde Freud denominamos una clnica
del caso por caso (p.349)
Aqu el cambio no se manifiesta en la modalidad que adquiere
el dispositivo (encuadre o mbito de insercin) sino que aparece en
relacin al tipo de subjetividad, vinculada al sostenimiento de la margi-
nalidad y la pasividad, que se promueve desde la posicin del acompa-

149
Acompaamiento Teraputico

ante. De modo que el acompaamiento se convierte en una estrategia


preestablecida que se reproduce en cada caso, independientemente de
la subjetividad del paciente, es decir que tal como lo plantea Leonel
Dozza se sostiene una postura psiquiatrizante por ms que se est con el
paciente en la vida cotidiana.
Tal como se mencion anteriormente, todos estos cambios han
significado un desafo respecto a los intentos de cercar tericamente al
acompaamiento teraputico, ya que dificultan la diferenciacin entre
las transformaciones inherentes a lo sociohistrico y las que modifican
aquellos aspectos que lo definen como tal. En este contexto y partiendo
de la nocin de que todo dispositivo gestado en lo social es histrico y
responde a una determinada demanda, al decir de Foucault ...por dis-
positivo, entiendo una especie -digamos- de formacin que tuvo por funcin
mayor responder a una emergencia en un determinado momento.( 1977,
dits et crits, 3, 299), visibilizar y diferenciar las trasformaciones deveni-
das a lo largo del tiempo en el dispositivo de acompaamiento se torna
necesario para delimitarlo tericamente.
Al respecto Susana Kuras (2011) postula:

La historia del acompaamiento fue construyendo


un cuerpo terico, una tcnica, instituciones asistenciales,
espacios de formacin y leyes que regulan su ejercicio. Pese a
la enorme variacin y diversidad que plantea en la prctica
clnica, en todas las categoras nosogrficas, y en todas las
edades de la vida el ejercicio del acompaamiento est atra-
vesado por algunas marcas que la definen (p.18)

Es decir que para responder a la pregunta de qu hablamos cuan-


do hablamos de acompaamiento, es necesario visibilizar estas marcas
definitorias a partir de discernir entre aquello que se modifica en fun-
cin de lo histrico para poder intervenir en la clnica actual y lo que
hace a los aspectos nodales de este dispositivo y, en tanto tal, trascienden
lo histrico social.

150
Clnica en las fronteras

En funcin de lo antedicho se puede identificar tres dimensiones


implicadas en los cambios mencionados cuyo discernimiento resultar
esclarecedor para comprender qu es el AT, ms all de sus modificaciones
en el tiempo. Estas dimensiones son:
1. Los cambios inherentes a todo dispositivo inserto en lo so-
cial.
2. La particularidad especfica del acompaamiento de modi-
ficarse en funcin de la singularidad de cada estrategia (en-
cuadre y mbitos de insercin).
3. La inclusin del acompaamiento en prcticas clnicas cuyas
lneas tericas difieren y/o se contraponen a los sustentos
tericos en los que se origin.
Las dos primeras dimensiones responden a modificaciones liga-
das a la subjetividad, es decir a lo sociohistrico, mientras que la tercera
impacta en la propia conceptualizacin del acompaamiento teraputi-
co. Ya que, como se mencion con anterioridad, se intenta adecuar este
dispositivo a prcticas clnicas que se contraponen con aspectos tericos
estructurales respecto a su conceptualizacin.
Es por ello que, comprender esta diferencia es fundamental para
quienes trabajan en el campo del acompaamiento teraputico; para lo
cual resulta esclarecedora la diferenciacin que postula Silvia Bleichmar
entre produccin de subjetividad y constitucin psquica:

La produccin de subjetividad es del orden histrico,


social y poltico: alude a los modos en que cada sociedad
determina las formas con las cuales un sujeto se constituye
como sujeto social y se inserta en el mundo que le toca vivir.
La constitucin del psiquismo, por su parte, intenta cercar
un conjunto de variables que implican cierta universalidad,
cuya permanencia se sostiene ms all de ciertos cambios en
la produccin de sujetos histricos. (2006, p83)

Si bien la autora no habla especficamente de acompaamiento,


da cuenta de la importancia de depurar de su teorizacin la impregna-

151
Acompaamiento Teraputico

cin histrica de aquellos ncleos tericos fundacionales cuya modifi-


cacin transformara el concepto mismo.
Esto supone que ms all de las transformaciones inherentes al
acontecer histrico, como son los cambios en la subjetividad que impli-
can nuevos modos de intervenir en la clnica y por lo tanto modificacio-
nes en cmo se configura el dispositivo, existen ciertos aspectos que son
estructurales en tanto constituyen las coordenadas tericas en las cuales
se origin el AT y por lo tanto lo definen. Estos aspectos, tal como lo
especifica Silvia Bleichmar (2006), son aquellos que estn en relacin a
la constitucin del psiquismo y se enmarcan en una concepcin de su-
jeto entendido como producto del contacto humanizante con el otro y
determinado por su inconsciente. Es decir, que la concepcin de sujeto
producido socialmente y la concepcin de salud que de esta se deriva,
son aspectos fundamentales para que un acompaamiento devenga
teraputico, independientemente de la modalidad que este dispositivo
asuma en cada intervencin.
Por lo tanto la proliferacin de ofertas de formacin, de enfo-
ques tericos y de contextos de insercin, requiere de una mirada cuida-
dosa capaz de dilucidar la funcionalidad de este dispositivo a propuestas
teraputicas tendientes la disolucin de los sntomas, para la integracin
de los sujetos al status de normalidad imperante. Ya que, como lo plan-
tea lisabeth Roudinesco:

La era de la individualidad sustituy as a la de la


subjetividad () Es la inexistencia del sujeto la que deter-
mina no slo las prescripciones psicofarmacolgicas actuales,
sino tambin las conductas ligadas al sufrimiento psquico.
Cada paciente es tratado como un ser annimo perteneciente
a una totalidad orgnica. Inmerso en una masa done cada
uno es la imagen de un clon () De all una concepcin de
la norma y la patologa que reposa sobre un principio intan-
gible: cada individuo tiene el derecho, y por lo tanto el deber,
de no manifestar ms su sufrimiento, de no entusiasmarse
por el menor ideal a no ser el del pacifismo o el de la moral
humanitaria (2013: 16-17)
152
Clnica en las fronteras

Vemos as que, si bien el acompaamiento se origin como una


alternativa a los tratamientos que reproducan una lgica desubjetivi-
zante, corre el riesgo convertirse un objeto ms de consumo y ser utili-
zado para la normalizacin subjetiva.
Es por ello que se torna necesario problematizar teoras y sus
consecuentes prcticas, en pos de construir una mirada crtica respecto
a los saberes que circulan y se trasmiten en relacin al acompaamien-
to. Esto es fundamental cuando invisibilizan que se trata de un campo
complejo que se configura como un espacio a construir al ritmo de la
particularidad que reviste cada caso. Al respecto Leonel Dozza (2012)
plantea que al ser una prctica relativamente joven se trabaja desde una
precariedad terica, que provoca que las intervenciones se encuentren
polarizadas entre intervenir desde la institucin y la espontaneidad co-
tidiana o la utilizacin de esquemas tericos de referencia que convier-
ten la prctica en la transpolacin de estos encuadres a la vida cotidiana.
Es aqu donde el acompaante teraputico puede convertirse en una
especie de pseudo-psicoanalista ambulante o reproducir dinmicas pe-
dagogistas tipo entrenamiento en habilidades sociales (p87)
En funcin de lo antedicho, lo respectivo a la posicin del acom-
paante adquiere un lugar central para conceptualizar al AT, en tanto
refiere a un marco terico-tico superador de la transposicin de encua-
dres que fueron teorizados para otros dispositivos, as como de propues-
tas teraputicas tendientes a la normalizacin subjetiva. Es decir, una
posicin terica que sustenta una determinada concepcin de sujeto,
y que a su vez conlleva una posicin tica. Entendido en este sentido,
independientemente del mbito o la estrategia, la posicin que asuma
el at es lo que posibilita que un acompaamiento devenga teraputico.
Entonces, ms all de las transformaciones histricas del dispo-
sitivo, las intervenciones cobran sentido teraputico cuando en primer
lugar se realizan en relacin a un sujeto que es siempre entendido como
producto del vnculo con el otro y determinado por su inconciente. Y
en segundo lugar se enmarcan en una postura tica en el sentido que le
otorga Silvia Bleichmar La tica siempre est basada en el principio del

153
Acompaamiento Teraputico

semejante, es decir en la forma con la que yo enfrento mis responsabilidades


hacia el otro. La tica consiste en tener en cuenta la presencia, la existencia
del otro (2008:28).
En este sentido, acompaar teraputicamente implica posicio-
narse en un entramado en el que se conjugan saberes, experiencias, si-
tuaciones y modalidades vinculares que, en sus diversas y singulares ar-
ticulaciones, conforman un espacio-sostn para habilitar la emergencia
del sujeto. Es decir que, ms all de adaptar y normalizar la conducta del
paciente, nuestra labor debe contribuir a que el mismo encuentre espacios
y modos de insertar su singularidad en lo social (Tar y Dozza, 1995-96:
39)
De este modo es una apuesta a la construccin de una posicin
que, fundamentada desde la tica del psicoanlisis, nos impide conside-
rar la enfermedad, la locura, como lo que colocara al ser humano fuera del
devenir sujeto. Por ello, la tica psicoanaltica plantea pensar el sufrimiento
psquico como un proceso singular e individual que impide o exalta, segn
sea el caso, este devenir y no como algo que hay que sacarle al paciente
(Gmez, M 2004:5)
Comprender y sostener la complejidad del acompaamiento es
fundamental para evitar reducirlo a una tcnica de intervencin que
prefijada es posible reproducir en cada caso, ya que tal como seala
Mariana Gmez las cuestiones tcnicas, son siempre cuestiones ticas,
y esto es por una razn muy precisa, porque se dirige a un sujeto y este no
puede ser colocado sino en una dimensin como esta. (2004:5)
Asumir esta posicin implica un miramiento por la singularidad
subjetiva y requiere, ms que una serie de tcnicas estandarizadas, una
postura que interpele la propia subjetividad y problematice el senti-
do de nuestras intervenciones, en pos de construir un dispositivo que
posibilite el despliegue del padecimiento psquico de cada sujeto para
acompaarlo a habitar su modo singular de estar en el mundo.

154
Clnica en las fronteras

Bibliografa
Agamben, G. Qu es un dispositivo? (2005). Conferencia UNLP. Recuperada de
[Link]
Bleichmar, Silvia. (2004). De qu hablamos cuando hablamos de subjetividad.
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psiquismo Recuperada de: [Link]
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Gmez, Mariana. (2004). Prctica del psicoanlisis y posicin tica. Aesthethika,
Revista internacional de estudio e investigacin interdisciplinaria sobre
subjetividad, poltica y arte. (pg. 5). Recuperada en: [Link]
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Urbana Revista Digital. Edicin 14. Recuperada en [Link]
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dispositivo. Recuperado en: [Link]
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asistenciales para pacientes graves: Un intento de conceptualizacin. En
Area 3, Cuadernos de temas grupales e institucionales. Recuperado en www.
[Link]

155
Andanzas por los diferentes tiempos
del Acompaamiento Teraputico:
una experiencia en formacin1
Vernica da Silva Ezequiel2
Analice de Lima Palombini3
Vera Lcia Pasini4

Introduccin

El trabajo que sigue fue escrito con base en la experiencia de


pasanta junto al Proyecto de Extensin Acompaamiento Teraputico en
la Red Pblica AT en la Red, de la Universidad Federal de Rio Grande
do Sul.5 A partir del cuestionamiento acerca de las marcas dejadas por
esa experiencia en el proceso de formacin en Psicologa, el trabajo tiene
como hilo conductor la temtica del tiempo. Es, por lo tanto, a partir de
ese punto que las reflexiones aqu contenidas se orientan para pensar de
qu manera esa experiencia de pasanta puede haber sido transformadora
en el recorrido hacia la graduacin en Psicologa.
1
Trabajo presentado en Mesa de Trabajos Libres. Premio Federico Manson 2015.
2
Psicloga egresada de la UFRGS. [Link]@[Link]
3
Docente en la Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Porto Alegre, [Link] analice.
palombini@[Link] Coordinadora del Proyecto de Extensin Acompaamiento Teraputico
en la Red Pblica ATenlaRed UFRGS.
4
Docente UFRGS, coordinadora adjunta del Proyecto de Extensin Acompaamiento
Teraputico em la Red Pblica ATenlaRed UFRGS. verapasini@[Link]
5
El projeto ATnelaRed, vinculado al Instituto de Psicologa de la UFRGS desde 1998, opera como
proyecto de enseanza, investigacin y extensin en torno de la prctica del Acompaamiento
Teraputico (AT). En colaboracin con servicios de asistencia social, salud y justicia del municipio,
acoge demandas oriundas de esos servicios, con los cuales mantiene una interlocucin, en el sentido
de abrir espacios para la discusin de los casos propuestos para AT. El proyecto est compuesto
por pasantes de psicologa, extensionistas, residentes de salud mental colectiva y maestrandos de
psicologa y reas afines. Cuenta con un espacio semanal de supervisin en la universidad y prev
la participacin en reuniones de red y con los equipos de los servicios que colaboran.

157
Acompaamiento Teraputico

Andanzas por los diferentes tiempos del AT6

En el ensayo La nave del tiempo rey, Peter Pl Pelbart relata que,


segn la tradicin talmdica, fueron necesarios veintisis intentos an-
tes que la creacin del mundo se concretizara. Habran sido necesarias
varias experimentaciones y el enfrentamiento de innumerables fracasos
hasta que, de hecho, fuese posible la construccin del mundo. El autor
sugiere que el xito fue consecuencia, en gran parte, del deseo de Dios
durante esos intentos. Al proferir la frase Ojal se sostenga, Dios ha-
bra hecho una apuesta deseante en la creacin del mundo. El autor
hace, a partir de eso, un paralelo con el trabajo en salud mental:

Os loucos, na sua fragilidade e inconsistncia, com


sua origem turva e nebulosa, num processo constante de
reconstruo a partir dos destroos anteriores, tambm
precisam, para sustentar-se, de muita engenhosidade, acaso
e amide uma boa torcida desejante. No a torcida vinda
da voz cavernosa de um Deus mando, mas aquela que ns
podemos oferecer a partir dos dispositivos os mais diversos
que conseguimos colocar sua disposio para favorecer-lhes
essa consistncia e sobrevivncia, ainda que incertas. Trata-
se dos dispositivos institucionais, jurdicos, sociais, clnicos,
expressivos, de escuta, at mesmo os medicamentosos, passando
todos eles pelas modalidades mais diversificadas de encontro.
Mas nunca nada est dado de antemo e o futuro jamais est
garantido, 26 tentativas podem ser pouco para um louco, e
frequentemente dez vezes isso ainda insuficiente. (Pelbart,
1993, p. 31)7
6
A lo largo del artculo, designaremos por AT el acompaamiento teraputico y por at al
acompaante teraputico.
7
NT: Los locos, en su fragilidad e inconsciencia, con su origen turbio y nebuloso, en un
proceso constante de reconstruccin a partir de los destrozos anteriores, tambin necesitan,
para sostenerse, de mucho ingenio, acaso y a menudo una buena hinchada deseante. No
la hinchada que viene de la voz cavernosa de un Dios mandn, sino aquella que nosotros
podemos ofrecer a partir de los dispositivos ms diversos que conseguimos colocar a su
disposicin para favorecerles esa consistencia y sobrevivencia, aunque sean inciertas. Se trata

158
Clnica en las fronteras

El trabajo de escucha al que nos dedicamos como psiclogos


lidia apenas con lo que puede ser previsto o anticipado. Sabemos que,
siempre que sea necesario, debemos tener en cuenta las cuestiones
diagnsticas, ya sea para estar atentos a las necesidades de aquel que
est bajo nuestro cuidado o para que podamos dialogar mejor con los
dems profesionales de la salud implicados en el caso. Mientras tanto, la
escucha escapa de aquello que puede ser anticipado y, an al hacer una
intervencin, es en otro tiempo, a posteriori, que sabremos, en alguna
medida, sobre los efectos que fueron producidos. En ese proceso,
movidos por una apuesta en el sujeto que nos confa su sufrimiento,
no desistimos y no confundimos el tiempo del sujeto con inercia. Al
respecto del tiempo, Pelbart afirma:

preciso dar tempo a essa gestao com que se


confronta a loucura, a essas tentativas, a essa construo e
reconstruo, a esses fracassos, a esses acasos. Um tempo que
no o tempo do relgio, nem o do sol, nem o do campanrio,
muito menos o do computador. Um tempo sem medida,
amplo, generoso. (Pelbart, 1993, p. 32).8

La pasanta ofrecida por el proyecto de extensin AT en la


Red permite una experiencia radical frente al tiempo. La ciudad, vista
como un dispositivo de intervencin, puede en un primer momento,
estar excluida (en los casos en que, ms all de una mejor circulacin
por la ciudad, el acompaado necesita de ayuda para conseguir salir
de la casa) y, en esta situacin, llevamos la ciudad hasta aquel que se
encuentra recluido. Cargamos en el propio cuerpo la ciudad y, para
eso, somos confrontados con nuestros miedos y limitaciones. Si aquel
de los dispositivos institucionales, jurdicos, sociales, clnicos, expresivos, de escucha, hasta los
medicamentosos, pasando todos ellos por las modalidades ms diversas de encuentro. Pero
nunca nada est dado de antemano y el futuro jams est garantizado, 26 intentos pueden ser
poco para un loco, y frecuentemente eso diez veces an es insuficiente.
8
NT: Es necesario dar tiempo a esa gestacin con que se confronta la locura, a esos intentos,
a esa construccin y reconstruccin, a esos fracasos, a esos acasos. Un tiempo que no es el
tiempo del reloj, ni del sol, ni del campanario, mucho menos el de la computadora. Un tiempo
sin medida, amplio, generoso.

159
Acompaamiento Teraputico

que escuchamos se mueve en otro tiempo, nosotros tambin, en la


experiencia del AT, necesitamos habitar un tiempo diferente. Tiempo
de repensar cmo la ciudad nos habita, tiempo de reflexionar sobre qu
ciudad es esta que cargamos con nosotros y que podemos ofrecer a aquel
a quien acompaamos y que se encuentra excluido de la circulacin por
su barrio, por su calle.
Al respecto, cabe aqu relatar brevemente un episodio que
sucedi durante un acompaamiento. Se trata del caso de Pedro, joven
de diecinueve aos, que no sala de la casa haca cuatro aos.
Un da, en el trayecto hasta
la casa de Pedro, la pasante vio una
inscripcin en un muro: si yo temiese a
la muerte, yo no saldra de mi cuarto1.
En el encuentro siguiente la pasante
comenta con Pedro sobre haber visto
algo interesante en su calle, que haba
fotografiado y le gustara mostrrselo.
Pedro mira la fotografa y
pide que la inscripcin en el muro sea
leda en voz alta. La lectura de la frase
impacta en Pedro de forma inesperada.
l se desasosiega, y sucede el siguiente
dilogo:

- La muerte, Vernica... la muerte?


- S... es lo que estaba escrito. En qu te quedaste pensando?
- Que tiene la muerte y tiene miedo, y yo siento miedo algunas
veces, mucho miedo de los monstruos, de los monstruos que salen
debajo de mi cama a la maana cuando an est oscuro, yo tengo miedo.
- Me quers hablar de eso, de los monstruos?
- No, no quiero.
- Es as... todo el mundo tiene miedo de alguna cosa.
- Vos tambin tens miedo, Vernica? Tens miedo de qu?
- Bueno... yo le tengo miedo a las cucarachas.
Pedro lo considera gracioso. Al final del encuentro dice: Quiero

160
Clnica en las fronteras

salir Salimos un da a tomar un helado?. La fotografa de la pared y su


inscripcin desestabilizaron a Pedro, y fue posible, en aquel momento,
percibir en toda su extensin su fragilidad psquica.
Podran, acompaante y acompaado, haber compartido en
alguna medida, en aquella ocasin, el mismo tiempo? La inscripcin en
la pared, que moviliz a la pasante, lo hizo porque, entre otras razones
posibles, la coloc delante de sus propios temores, una vez que ella, en
algunas ocasiones, temi por su seguridad al circular por el barrio en que
Pedro vive. Al ver la inscripcin en el muro, la pasante fue confrontada
con la idea de que, si el temor a la muerte fuese insuperable, ella no
saldra de su cuarto. Salir de su cuarto, de su casa, de su barrio, del
tiempo del reloj y de la computadora, para circular por el barrio de Pedro
y entrar en su casa, podra significar la apertura para experimentar a su
lado un otro tiempo: el tiempo de la psicosis. Tan imprevista cuanto la
desorganizacin inicial de Pedro al ver la fotografa, fue el desenlace de
esa conversacin, con la propuesta hecha por l de salir junto con la at
a la semana siguiente.
Tal imprevisibilidad en el trabajo del AT nos reporta a la
concepcin de amistad que permea la relacin entre acompaante y
acompaado, definida, por Derrida, como celebracin de la diferencia.
Es una amistad marcada por la inconstancia e imprevisibilidad, abierta,
por lo tanto, a lo nuevo y la invencin (Palombini, 2009, p.302). As,
el muro, la muerte y el miedo compartidos en aquella tarde soleada
produjeron efectos y dejaron marcas que favorecieron las condiciones
para que algo nuevo se produjese.
Aliada a la nocin de amistad, esa apertura al encuentro con
el otro nos remite tambin al concepto de confianza trado por Sade,
Ferraz y Rocha en el texto El Ethos de la Confianza en la Investigacin
Cartogrfica. En ese escrito, los autores explican que el ethos de la
confianza tiene el sentido de la apertura a un plano de la experiencia y
del aumento de la potencia de actuar (2013, p. 283).
Podemos entender con eso que la apertura al plano de la experiencia
a la cual los autores se refieren debe ser vivida por todos los sujetos
involucrados en el encuentro (en el caso del AT, por el acompaante y
el acompaado). Si una de las partes involucradas no est abierta a ser

161
Acompaamiento Teraputico

afectada por la experiencia, podemos suponer que all la confianza no


producir sus efectos y, as, el encuentro perder su potencia.
An pensando en la situacin especfica del AT, podemos imagi-
nar que las intervenciones podran fcilmente adquirir un carcter mo-
ralista o pedaggico. Si el trabajo del at concentrase sus esfuerzos por
convencer al acompaado a salir de casa, sea porque tomar sol hace bien a
la salud o porque caminar y ver personas es algo saludable, posiblemente
el encuentro estara marcado por el estancamiento, por la inercia.
Sade, Ferraz y Rocha agregan que encontramos en la palabra
confianza con fiar9 hilar con, tejer con, composicin y creacin con
el otro (2013, p. 283). En este sentido, podemos pensar que existe
confianza cuando hay disponibilidad para una creacin conjunta que
se hace a partir del encuentro y que, por lo tanto, no est dada a priori.
As, podemos pensar que el imprevisto compone el escenario del AT y
puede servir de instrumento para que lo nuevo se produzca.
En uno de los ltimos encuentros con la
at, Pedro pidi ver un captulo del Pjaro Loco
en el celular. Ese da, estaba particularmente
ansioso y tomado por la angustia, habl de lo
nervioso que estaba y cont episodios en que
fue agresivo con sus familiares. Mientras vea el
captulo, Pedro habl sobre su infancia. Cont
que jugaba a la pelota, que sala a la calle e iba a
la escuela en micro escolar. Fueron seis minutos
del captulo de un dibujo animado, durante
los cuales Pedro habl sobre varias vivencias
de su infancia: yo jugaba con mi hermana,
mi hermano era beb y yo ayudaba a cuidarlo,
yo jugaba all fuera... estaba muy bueno.
Al finalizar el captulo, Pedro dijo: muchas,
muchas gracias, fue bueno ver ese dibujo.

9
NT: en portugus fiar significa hilar.

162
Clnica en las fronteras

Lo dicho por Pedro al finalizar el dibujo animado recuerda


la forma como l agradeci a la at despus de haber salido a tomar
helado. De esa forma, podemos pensar que, tal vez, la intensidad de
haber salido despus de cuatro aos de reclusin era la misma que l
experiment cuando, a propsito de ver un dibujo animado, Pedro
revisita su infancia.
En este sentido, parece que, cuando ocupamos el lugar de
escucha, nos proponemos transitar de un tiempo a otro: del tiempo
de la inscripcin en el muro al paseo para tomar helado, del tiempo de
un captulo de dibujos animados a las vivencias de la infancia. Nada de
eso puede ser previsto. Ocupar el lugar de escucha es habitar el tiempo
que puede ser forjado a partir del encuentro o, ms que de eso, dejarse
habitar y sorprender por el tiempo del otro.

Consideraciones finales

La experiencia en el AT en el recorrido de la graduacin fue una


oportunidad transformadora. La apertura al encuentro con el otro sin
la proteccin de un setting o de una institucin fsicamente configurada
nos hace poner en cuestin nuestra capacidad de lidiar con la escucha
para la cual nos venimos preparando durante la formacin.
Si, como psiclogas, ms all de aquello que podemos anticipar
o prever, pretendemos buscar lo que hay de singular, de nico, en un
caso, creemos que es a partir de esa singularidad que nos debemos dejar
conducir. De esa forma, habitar diferentes tiempos y permitirnos ser
afectados por esas movilizaciones puede ser una buena estrategia para
alcanzar ese objetivo.

Referencias
Palombini, Analice de Lima. (2009). Utpicas cidades de nossas andanas: flnerie
e amizade no acompanhamento teraputico. Fractal, Revista de Psicologia,
v. 21, n. 2. Disponvel em: <[Link]
arttext&pid=S1984-02922009000200008&lng=en&nrm=iso

163
Acompaamiento Teraputico

Pelbart, Peter Pl. (1993) A nau do tempo rei. In: _____. A nau do tempo-rei: sete
ensaios sobre o tempo da loucura (p. 31-46). Rio de Janeiro: Imago.

Sade, Christian., Ferraz, Gustavo Cruz., Rocha, Jerusa Machado. (2013)


O ethos da confiana na pesquisa cartogrfica: experincia compartilhada
e aumento da potncia de agir. Fractal, Revista de Psicologia, , v. 25,
n. 2. Disponvel em: <[Link]
02922013000200005&script=sci_arttext>
Texto traducido por Santiago Gomez
santiagomgomez@[Link]

164
Captulo 3

Fronteras/ Abordajes e inserciones del AT

Unid lo que es completo con lo que no es, lo


concordante con lo discordante, lo que est en armona con
lo que est en desacuerdo.
Herclito.

165
Cuntas edades hay?
Jorge Pellegrini1

Escribo esto casi un ao despus de haberlo dicho. Se trata,


entonces, de una reconstruccin; una apelacin a la memoria
Nada menos que para escribir sobre la tercera edad, la llamada
edad de la desmemoria!
Aqu me visitan imgenes de Borges y su Libro de arena, donde
el biblifilo del cuento deslumbrado- ve crecer las pginas de Las
mil y una noches, cada vez que la relectura y las evocaciones nocturnas
engrosan hasta el infinito el nmero de hojas impresas. No ser este el
caso, sin duda.
Tercera edad. Me sugiri este ttulo la tarea de muchos at que
trabajan en dicho campo. Tercera edad. Cules son las dos anteriores?
Supongo que arrancamos con la niez, la que - segn consideran
quienes afirman los derechos del nio - llega hasta los 18 aos. Siempre
me pareci que, aun siendo necesaria aquella afirmacin, deja a la niez
subsumida en una poca florida, cambiante, llena de ondas, a la que
conocemos como Adolescencia. Sobre ella aparecieron cataratas de
publicaciones hace sesenta aos. Qu pasa ahora?
Es ms lo preguntado que lo afirmado, pero ya nos es carne que
las preguntas las contesta el que las hace (an sin saberlo).
Supongo que luego estara la adultez. Es la segunda o la tercera
poca de nuestras vidas? La adultez de los treinta es la adultez de los
sesenta? Parecera, entonces, que la mayor parte de nuestra existencia
somos adultos. O es esto resultado del progresivo crecimiento de las
expectativas de vida, que hoy nos ubican en los setenta y pico de aos?

Director del Instituto de Estudios Sociales y Psicosociales de la Punta, San Luis. Miembro
1

Honorario de AATRA (Asociacin de Acompaantes Teraputicos de la Repblica Argentina).


Autor de libros sobre AT. [Link]@[Link]

167
Acompaamiento Teraputico

(un pico amplio para los que tienen condiciones favorables de vida)
De modo que las matemticas vuelven a no llevarse bien con
la biologa humana, y con los criterios de maduracin, crecimiento, y
evolucin.
Tenemos una verdadera obsesin por seriar o fijar periodicidad al
fenmeno humano. Sumado esto a un culto a la juventud, a la novedad y
al presente perpetuo. Conformamos una sociedad que se desinteresa de
lo pasado, de su propia historia, y concibe la actualidad como producto
del momento en que yo nac. La historia empez conmigo. O con
nosotros. Mientras tanto los ancianos que verdaderamente la portan en
la familia o en el crculo social, tienen escaso, descalificado, nulo lugar.
A tal punto que la tercera edad es un cajn de sastre donde van
a parar pocas, perodos, momentos de origen y calidad imprecisos. A
la vez, la realidad nos muestra hoy seres humanos viejos, de setenta u
ochenta aos, productivos, creativos, fsicamente identificados cuando
se les dice pero, ch qu bien se te ve! Es decir: su imagen no se condice
con la que se espera encontrar en la tercera edad. Se comenta: todava
est lcido, todava produce, todava funciona. Se est diciendo
que todava vive. O sea: contrario a lo esperado y esperable, vive de
un modo que no encaja con un final por etapas.
Se mira a los viejos desde una cima en la que se contempla el fatal
plano inclinado de su decadencia. Esos viejos no son. Fueron. Su presente
es juzgado por lo que antes fueron y ahora no son. No tienen presente;
son un pasado. La palabra todava se antepone en muchos casos para
hablar de ellos: Todava lee, todava camina, todava se las arregla. O,
tambin, marcando que la regla se cumple, se dice: ya no camina, ya
no lee. El todava deja su lugar al ya. En algn lado impreciso est
indeleblemente escrito que YA sucede lo esperado. Nos recuerda a las reglas
de hierro propias de esa psicologa evolutiva suprahumana, normadora,
definiendo lo que YA debe suceder o TODAVA no es esperable. Un
dogma que nos borra la diaria realidad vital.
Se pierde de ese modo lo principal en el transcurrir del viejo:
sus nuevas habilidades. Sus actuales proyectos. Sus clculos de futuro.
No se tiene en cuenta que sus recuerdos no son slo miradas al pasado

168
Clnica en las fronteras

sino tambin apuntalamientos de sabidura capaces de mostrar cmo


sucedieron las historias, o dnde estn los lugares en que se abandonaron
errores hoy en peligro de reeditarse. Cuando un viejo cuenta no est
slo refiriendo recuerdos: est nombrando puntales que llegan hasta el
presente. Est relatando otra vez la maravilla de Hansel y Gretel. Un
AT no puede dejar que se endurezcan esas migas frescas de pan. Puede
paladearlas junto con el viejo.
Frente a un nio que acab de hablar con su piloto de naves
espaciales resulta tosco decirle que esos aeronautas no existen. Los
adultos sabios navegan con ellos.
Frente al viejo que vuelve a contar repetidas ensoaciones un AT
no puede ser inspector exigindole el boleto del viaje para no pescarlo
en infraccin. Quizs oficiar de copiloto comprendiendo que eso es, y
no que aquello fue. Que si va a acompaar al viejo tendr que pasar por
los recorridos que l hace.
Vengo hablando escribiendo- de vejez, de viejo. Uno y otro
trmino se corresponden. Cmo podra hablar yo de tercera edad
sino hay sustantivo que se le corresponda? Qu denominacin humana
es armnica con tercera edad?
Gris es toda teora. Verde es el rbol de la vida nos enseaba
Goethe.
Esto me rondaba cuando la invitacin de Isabela me lanz a un
ruedo maravilloso. Deba ir a esa reunin de abuelos con sus nietos para
contar cmo jugbamos de nios. Siempre se tiene el horror al ridculo
de viejos abandonando la naftalina. Sin embargo, cualquier cosa menos
fallarle a Isabela. La Isa. Mi nieta y su escuela
ramos una veintena de abuelos sentados contra las paredes
del aula. Los nietos en el suelo. Encantados. Y los docentes erguidos
haciendo de bastoneros. Septuagenarios con nios y adultos. Algn
intelectual de escritorio mostrara el lbum de las edades.
Un coetneo meti mano en el bolsillo y sac bollitos de papel
e hilo poniendo la lengua para el costado. Calzse las gafas y arremeti
con silencioso afn. Me era familiar su apronte: construira una pelota
de papel. Pero luego de otro bolsillo clandestino emergi una media.

169
Acompaamiento Teraputico

Esto iba en serio: una pelota de trapo vera la luz. El emprendimiento


solitario fue rodeado por nietos deslumbrados que le atrapaban las
manos con la mirada.
En otro lugar tambin sentada contra la pared una abuela
iniciaba el antn pirulero. Cada cual atiende su juego. En un
periquete, la sinfnica imaginaria de nietos inventaba pianos, violines,
tambores. Entre ellos, mezclados, nosotros. Los chicos nunca haban
jugado ese juego
Cuando la pelota de trapo comenz a rodar exigi su cancha.
Como estbamos en el aula, corr las mesas y pupitres para dibujar el
campo de juego.
Seorita: por favor, una tiza
Propio de tercera edad. Claro: es cosa de viejo pedir una tiza
en las pocas de la Informtica - WiFi internet - tercera edad (por
la tercera es la vencida?) Pero result ser la primera gran hazaa y
conquista: una maestra debi correr incomodada (en este establecimiento
no hay tizas) Regres triunfante (los adultos jvenes de hoy SIEMPRE
triunfan) pues haba logrado encontrar en la Direccin - nada menos
que UNA TIZA ! El trofeo me fue entregado en custodia.
Acomet la aventura de dibujar la cancha en el piso del aula
Qu va-a- hacer, seorrrr !!
Mis explicaciones balbuceantes encontraron la norma
correspondiente: Jugar, se juega en el patio
Mes de agosto. Invierno. Jugar bajo cero. Pues no: los viejos
exigimos el aula. En el rectngulo del piso dos de un lado, dos del otro.
300 aos de vida argentina en la cancha. Nos dimos mutuas garantas
para jugar limpio. Los chicos gritaban cada jugada y nos pedan que los
pusiramos en uno u otro equipo, tras la pelota de trapo recin fabricada.
Ya las del Antn pirulero estaban penndose con sus
correspondientes prendas. Los nietos nos preguntaban si era cierto que
habamos jugado a estas cosas tan divertidas que ellos estaban aprendiendo.
Y el hoyo-pelota. Y la librada Y el huevo podrido. Y el anillito.
Una piba de mi edad tambin Abuela ella dijo: Hoy los
chicos no construyen los juegos: los compran hechos Y otro veterano dijo

170
Clnica en las fronteras

No, doa. Nosotros se los compramos Claro, tena razn. Nosotros se los
compramos, y nuestros nietos los consumen
Y ah record que en nuestra niez, nosotros hacamos nuestros
juegos o juguetes, descalificando a los amigos cuyos padres se los
compraban. No sabs hacer un barrilete equivala a aplazo en la vida
ramos productores, y desvalorizbamos a los que adquiran todo ya
hecho. Socialmente producir resultaba lo valorado, lo impulsado. Las
madres celebraban que el novio de la hija fuera trabajador o estudioso
Esto le daba porvenir
En pocas en que el consumo es sinnimo de logro social (y
hasta poltico), los consumidores ocupan el centro de la escena. As
resultan tambin ser los consumidores nuestros pacientes ms en boga,
los que ms visibles resultan. Los que se ven ms que los 14 millones
de pobres. Son ms noticia. Tienen ms prensa (siempre y cuando se
aborde el consumo adictivo de sustancias como un problema de ellos
y no como un espejo social).
Este desencuentro intergeneracional en pocas de grietas
inducidas (y profundizadas por esa induccin), confronta historias
culturales, procesos identificatorios y evoluciones personales que pueden
dejarnos perplejos. Y suele hacer de esa confrontacin un dilema de
enfrentamiento violento. Un paso de ruptura
Aquel da de abuelos y nietos en la escuela, en un momento
dado, a ms de una hora de encuentro, una de las dos maestras (nicas
personas que permanecan de pie en el medio de la sala) advirti el
bullicio de los nios, incluyendo el de los septuagenarios.
Nios: si no guardan silencio, yo les pedir a los abuelos que se
vayan Si algo faltaba para considerarnos paquetes de desvn, esa
afirmacin logr despejar toda duda. Nos traan o nos sacaban No
estaba en el clculo que pudiramos conversar el tema.
Ni suee que nos vamos a ir. A nosotros nos avisaron nuestros
nietos El lugar era ese aula de ellos, donde jugbamos, donde los chicos
vieron otros viejos distintos, que no tenan miedo de meter el dedo
en la compu. Hablo de esa pantalla donde los nietos parecen reinar,
consumiendo juegos que otros programan y en la cual consumiendo

171
Acompaamiento Teraputico

no aprenden a fabricar sino a recorrer tcnicas dadas. Compradas, como


deca mi colega de esa maana.
A las dos horas los nios nos llevaron al patio principal de la
escuela. Todos tenan que vernos. Apareci la ronda del puente de
Avignon (o sea: el puente de avelln) Los dems docentes y alumnos
nos miraban con agrado o extraeza. Los viejos nos despedimos en la
puerta, hasta donde nos llevaron nuestros nietos.
San Luis es ciudad chica: luego me llegaron los relatos de
los nios en sus casas. Ch Qu pas? Algo novedoso, sin duda.
No les habamos comprado los juguetes. Los habamos compartido
mostrndoles cmo hacerlos, usndolos juntos. Si los jvenes supieran y
los viejos pudieran dice el refrn. Hubo dos horas en que encontramos
una ronda con el camino posible.
Hacemos por decenas seminarios referidos al modo en que
los sucesos histricos y sociales concretos generan subjetividad. Pero
nos cuesta ver esto en lo clnico y en lo cotidiano. Repetimos palabras
secndolas de su savia humana. Consumo, consumidores son de ese
repertorio. Y con ello tambin se nos escapa el cambio vivido en un pas
cuyo lema era producir, producir y producir y este presente en que los
logros son los porcentajes de consumo. Los valores y las subjetividades
diferentes que ambos procesos macro generan estn, y aparecen, dentro
de las relaciones humanas o de los conflictos entre generaciones. Nos
cuesta relacionarlos
Cmo tender puentes que permitan compartir el aula y jugar
juntos an en espacios que no son para jugar? Es posible que los
viejos tengan un lugar social por lo que son y pueden, y no por lo que
fueron y pudieron? Los viejos tienen algo que les habilite un lugar
actual presente de re-conocimiento social?
Estas preguntas consustancian al AT en la llamada tercera edad
Yo a mi viejo le sigo diciendo as: mi viejo Mis hijos cuando
connotan afecto pasan del viejo al viejito. Les propongo a los at
que les hablen as a sus viejos acompaados / acompaantes, porque
entonces va a quedar claro qu tipo de vnculo - sostn mutuo se in-
tenta construir. Lo de tercera edad dejmoslo para los funcionarios que

172
Clnica en las fronteras

todava nos deben explicar cul es la secuencia previa, cul es la primera


y cul la segunda edad.
Los viejos no son ni enfermos ni dis-capaces o incapaces.
Acompaarlos es acompaar seres humanos cuya salud y capacidades
son las propias de una larga vida. Que no implica slo desgastes sino
tambin adquisiciones. Nuevas facultades, opiniones, experiencias y
expectativas. Logros recientes. Ruego no se psiquiatricen ni psicologicen
la vejez, la ancianidad. Que el acompaamiento sea apuntalar ese viejo
que slo espera la oportunidad, la invitacin, a mostrar lo que sabe y
produce. No digo lo que AUN sabe o produce, sino lo que constituye su
vida actual con todas las herramientas, incluso las hoy cadas en desuso.
Tambin esto significa dejar de registrar como lo ms importante
aquello que ya no est, aquello que socialmente es una perdida capacidad,
sino reparar en las infinitas compensaciones y pequeas adquisiciones
donde estn puestos los recursos actuales. Hay que apoyarse y acompaar
no slo lo que queda sino lo que se ha cuidado y lo que se ha inventado
de nuevo.
Una rmora de la psicologa evolutiva frrea que indica eso que
debera estar sucediendo en el psiquismo, parece dictarnos lo que YA
no sucede ni tiene ese viejo, lo que evolutiva o involutivamente YA
perdi. Y as lo que TODAVA posee. Como un inventario ineludible en
que facultades y tiempos se entrecruzan. Una fatalidad de registros nos
adelanta el ciego criterio que la ancianidad es una pre-muerte tabulada.
Pero la vejez no es la pre-muerte, sino una vida que se contina viviendo
con viejas herramientas cuidadas y nuevos logros obtenidos
Sin YA ni TODAVA.
Hace trece aos comenc a acompaar al movimiento de los AT.
Era un encuentro en Buenos Aires, y yo estaba pendiente del nacimiento de
una nieta. Recuerdo que ese sbado deba intervenir cuando supe por mi
hijo que Valentina rondaba la sala de partos. Yo tena posibilidad todava de
llegar a tiempo si alcanzaba un avin a San Luis. Federico Manson modific
los horarios y pude cumplir con mi deseo / palabra de estar junto a los AT
y darle poco despus mi bienvenida a la Vale. Para que no haya confusiones
aclaro que la Vale es la hermana mayor de la Isa

173
Acompaamiento Teraputico

Como a Valentina, vi crecer a los at. Recuerdo aquellos primeros


pasos vacilantes clamando apoyo. Como sucedi con ella, hubo quienes
hablaron por los at para ofrecerles una voz que los expresara. He tratado
que la ma no los reemplace y, a la vez, los apuntale en su crecimiento.
Mi acompaarlos sopla la brasa del calor necesario para que los vea
despegar su vuelo libre.
La Vale adolescente disfruta la lectura y ensaya escribir. Yo le
regalo libros que lee con sus padres. Es decir: con mis hijos. Llegar
pronto la tarde en que me traiga sus primeras publicaciones.
Desde aquellos das de parto los he visto avanzar a pesar de
algunos y con la ilusin de otros. Tambin sent la fuerte compaa de
muchos AT. Es lgico: estoy envejeciendo y necesito apoyos.
Quizs la mayor fuerza del acompaante sea estar acompaado.
Por una ley propia, por una asociacin fraterna, por un conocimiento
creciente, por el estudio permanente, por compaeros de trabajo, por
instituciones generosas, por quienes necesitan a los at.
Mi nieta junta esfuerzos, ansias y miedos para su propia ruta.
Aprendi lo suficiente, pero no lo bastante. Siempre tendr ese reto.
Aunque nos necesite menos, todava estamos porque la precisamos en
nuestra marcha.
Hoy los at han llegado a la Universidad. Este hecho ser luminoso
si el camino recorrido recuerda las luchas fundacionales y desdea las
luchas intestinas. Como deca un paisano, el intestino slo sirve para
digerir comida.
Me han dicho que la Isa, mi nieta de los juegos en la escuela, anda
enseando esos juegos que aprendi aquella maana con los abuelos
invitados. Pero parece que les ha agregado detalles de su cosecha, como
Borges hizo con su El libro de arena.
Para los at estn reservadas Las mil y una noches.

174
Escena social y escena teraputica:
El Acompaamiento Teraputico Grupal (ATG)
Andrea Montuori1
Alejandro Chvez2

Introduccin

Lo grupal en teatro espontneo puede pensarse en torno a


los dos grupos que actan en cada funcin: la compaa de
teatro espontneo y la audiencia. La produccin de la creacin
colectiva es un trabajo de articulacin de estos dos grupos.
Un grupo coordinando a otro grupo. Y una direccin. De
Odisea en la Escena
Mara Elena Garavelli

Este trabajo est extrado de un artculo ms amplio donde se


hace referencia a un programa grupal, y un sucesivo planteamiento
sobre el acompaamiento teraputico en su formato grupal, no solo
desde la praxis sino desde una perspectiva terica y metodolgica
que trae inspiracin del psicodrama y del teatro espontneo. Existen
diferentes aspectos sociales que se irn esbozando en este trabajo que
intenta investigar sobre el acompaamiento teraputico y el abordaje
grupal del mismo que, valga la redundancia, le puede acompaar en

1
Licenciado en Trabajador Social. Miembro del Equipo de Apoyo Social Comunitario de
Colmenar Viejo (Madrid). Co-fundador de la Asociacin de Acompaamiento Teraputico y
Teatro Espontneo Pasos. Formado en psicodrama y miembro del equipo de terapia breve
del ITGP (Instituto de tcnicas grupales y psicodrama). Director de la Compaa de Teatro
Espontneo L`[Link]@[Link]
2
Licenciado en Psicologa. Equipo de coordinacin de la Asociacin Espaola de
Acompaamiento Teraputico y Teatro Espontneo - Pasos

175
Acompaamiento Teraputico

su desarrollo. Se ir definiendo el concepto de escena y el nexo entre lo


social y lo teraputico en un ATG.
1. Social como el equipo
2. Social como el entorno que transitamos
3. Social como los espacios grupales3 que se van formando.
En estos tres mbitos se construyen escenas sociales donde se
gestan escenas teraputicas y el Acompaamiento Teraputico es el
locus y matriz para que aparezca lo teraputico.
En el libro Introduccin al role playing pedaggico, cuando
introducen el trmino matriz los autores Elisa Lpez Barber y
Pablo Poblacin nos explican: El termino matriz est tomado de la
terminologa de Moreno y si nos atenemos a la letra deberamos decir
matrix como semilla de un crecimiento de la espontaneidad en un
espacio o locus, que construye el propio grupo el ambiente adecuado
donde pueda brotar salud dando un lugar a la locura de cada cual.
Por qu una metodologa grupal?, porque permite el
aprendizaje a travs de la experiencia, en el espacio de la interaccin
mltiple, uniendo accin e interaccin y pasando de lo didico a lo
grupal. El ATG por lo tanto ofrece ese nuevo encuentro con la escena
en un encuadre y dispositivo grupal como en el caso del grupo de La
caminata, donde el paciente en compaa de otros tiene la posibilidad
de revivir el camino de otra manera y reestructurar su propia realidad
subjetiva, propiciando por tanto un nuevo orden a las cosas.
Pero desde qu lugar se puede pensar en crear un grupo? En
el caso del AT, el equipo y las reuniones de coordinacin en particular,
son el instrumento metodolgico adecuado donde construir un ATG.
En este contexto de trabajo en equipo se dan las condiciones para los
acompaantes de compartir las experiencias vividas en los diferentes
acompaamientos y con los diferentes acompaados (un grupo que
piensa en acompaar a un grupo poniendo a los individuos en conexin).
Gracias a los seguimientos y con los efectos de la supervisin vivencial
es posible realizarlo. Como deca J.L. Moreno, nos enfermamos en grupo
y nos sanamos en grupo.

En el presente trabajo se mencionarn las experiencias de dos grupos La Caminata y El


3

Huerto de Lola

176
Clnica en las fronteras

El ATG por supuesto se beneficia de aspectos puramente


dialcticos pero es oportuno que se acompae de una accin, una
vivencia que se quede grabada en una imagen, en palabras de E. Pavloski,
un rollo, un fotograma, una escena vivencial y grupal que pueda en cierta
medida dar lugar a lo imaginario y construir al mismo tiempo una
nueva memoria.

Una mirada grupal: el AT Una estructura grupal didica?

Siempre se est con otros, familiares, psiquiatras, el mismo


delirio... La presencia tercera del at socializa la vivencia del paciente, y
en cierto sentido ya es un grupo. La llegada del at propicia la posibilidad
de dar vida a una nueva escena. Ofrecer el ATG significa ofrecer una va
ms de acompaar y ser acompaado. Los participantes a un ATG por
lo menos en la experiencia de la caminata no siempre son los mismos,
por lo tanto, se pueden verificar dos condiciones que no son excluyentes,
la primera es el encuentro y la secunda la dinmica grupal. La manera
de estar del at en un grupo se centrar en permitir la manera de estar de
los acompaados, contenindolos dentro del encuadre.

Una definicin escena


El concepto de escena es fundamental para la creacin de un
ATG, Elisa Lpez Barber y Pablo Poblacin en Introduccin al role
playing pedaggico dicen: () una Escena es un conjunto de roles en
relacin y, por lo tanto, un sistema, sometido a un proceso, o sea un sistema
dinmico La visin del Sistema-Escena nos permite observar qu roles
se ponen en juego, cmo se manifiestan (su dinmica), su interaccin con el
entorno y su desarrollo en el tiempo.
Trabajar en los lugares donde se enferma es prerrogativa del AT,
dichos lugares se pueden convertir en un locus donde las personas y sus
caminos se integran. Un at cuando acompaa a un grupo se convierte en
un conductor (expresin que se piensa diferente a un lugar paternalista,
de conductor de un vehculo, sino ms bien prximo a aquellos metales
que trasmiten calor, ms bien conductor de los vnculos), facilitador

177
Acompaamiento Teraputico

del drama para que los acompaados vivan una escena donde perciban
de la manera ms clara posible que son autores de la misma, frente a la
continua desautorizacin, que sufren en otros crculos o sistemas donde
suelen vivir escenas enloquecedoras.
Qu ocurre en un ATG, quin y cmo lo ejecuta?
Usando la metfora psicodramatica sealar los elementos que
caracterizan el sistema de un ATG.
El Rol de conductor: Es el lder del grupo, propone el
nacimiento del grupo y se dispone a ser el conductor de un ATG
(puede ser un at que tenga experiencia o formacin en grupos). Aunque
se ocupe de que el encuentro tenga lugar, tiene que procurar no
adelantarse al grupo, escuchar y conectar las diferentes instancias que
procedan de parte de los miembros, siendo el nexo entre ellos, es como
un amplificador de lo emergente manifiesto, evocador de los ausentes,
anuncia y presenta los nuevos miembros siendo el nexo con el afuera;
se ocupa de ayudar a los que se aslan en grupo a expresarse. Pone de
manifiesto los posibles factores que puedan facilitar el surgir de algn
lazo social entre los miembros.
Sus funciones tienen cierto parecido con el director de teatro
espontneo, que promueve escenas. Este debe conocer tanto a los actores
como al contexto cultural y su funcin principal es la de facilitador e
investigador de la espontaneidad.
El director de teatro espontneo es un dramaturgo que no
escribe, sino que promueve ideas haciendo madurar dichas ideas a
los actores, que al mismo tiempo estn dentro de l. Sintetizar el
proceso de cada actor espontneo, teniendo en cuenta las dificultades
que supone combinar varias acciones en el momento mismo que se
van desarrollando, integrndolas de manera que no haya conflicto
entre ellas y producir una representacin atractiva. Lo que el director
necesita conseguir con los actores es que vayan ms all de su actuacin
individual y que colaboren entre s en la creacin de una obra de arte
dramtica donde el proceso de creacin es casi ms importante que la
obra terminada, dar lugar a una creacin colectiva.
La obra de arte o el fruto de la capacidad de crear del grupo,

178
Clnica en las fronteras

presente en los ATG que he llevado a cabo son, La Gua subjetiva en el


caso de La Caminata y La Fruta y las Hortalizas en el caso del Huerto
de Lola (otro formato de ATG que comentar ms adelante). En ese
sentido encuentro una sintona con el planteo de M.L. Frank en el libro
Acompaantes comenta al respeto que: Los productos elaborados deben
ser pensados para algn fin, regalar, vender, donar, la intencin es dar lugar
a la incorporacin del otro. Abrirse a la comunidad, ser reconocidos, no
como enfermos mentales, sino como autores de una obra.
La co-conduccin: Es importante contemplar la posibilidad
de que haya una co-conduccin, rol que pueden asumir otros
acompaantes, y que garantiza una ventaja sustancial, a la hora de
ayudarse mutuamente con el conductor y trasmitir una cultura grupal
de respeto y cooperacin. La presencia de uno o ms co-conductores
facilita la posibilidad de abordar eventuales situaciones personales
de algn miembro que requiera un plus de atencin, permitiendo la
continuidad para el grupo.
Miembros-participantes yo-auxiliares actores o?: Este tema
no tiene para m una respuesta clara. Podramos decir que cada miembro
es el ambiente-contexto para el otro, permitiendo la representacin
de la escena subjetiva de cada uno. Pero dado que el at no cumple
explcitamente una funcin de yo-auxiliar, podramos decir que esa
funcin la ocupan de manera espontnea los miembros del grupo?
La respuesta puede ser afirmativa, los miembros del grupo van
asumiendo ese rol auxiliar, y en particular cuando llevan tiempo en el
grupo, ayudan a los nuevos a sentirse incluidos, expresan comentarios
libremente a veces integrando ciertas faltas (teniendo en cuenta que
la aparicin de la personalidad privada de los acompaantes est ms
limitada para proteger el vnculo, el encuadre, y las consignas). Esto
contribuira a que se produzcan en el ATG tanto cambios de roles,
multiplicaciones dramticas, como interpolaciones de resistencias pero
quizs generara una paradoja para los ats enfrentndolos a sus escenas
temidas y sobre todo a sus limitaciones. Quizs el termino actor integra
a todos, desde roles y funciones diferenciadas.

179
Acompaamiento Teraputico

Funciones que se desarrollan ligadas a la tarea: Si el ATG se


plantea ligado a una tarea, esta ser parte del encuadre explcito, aunque
como en los grupos operativos la dinmica y la manifestacin de los
vnculos entre los miembros ser la parte que interesa sostener a los
acompaantes. La tarea no tiene que ser planteada con exigencia, sino
como un juego.
Es importante que la tarea que se propone para la construccin
de un ATG, se conecte de una manera u otra con lo cotidiano y con
lo local, con el territorio en trminos culturales, con lo cotidiano de
una comunidad y de una sociedad en trminos ms amplios. La tarea
es el medio (mediatiza) y funciona de objeto transicional, como un
ansioltico. No se contempla para pasar el tiempo, sino para vivirlo de
otra manera, no busca entretener, ni ensear, por lo tanto conectar de
manera distinta con cada cual. La estandarizacin de las funciones con
respeto a la tarea por parte de todos los diferentes actores que participan
a un ATG (conductor, co-conductor, acompaantes y acompaados) y
el surgir de roles complementarios patolgicos basados en el binomio
dominio-sumisin, puede ser objeto de supervisin de un ATG.

Reflexiones sobre la espontaneidad de los miembros y la


espontaneidad trabajada de los acompaantes

En el ATG se persigue, mediante una accin grupal, incidir en


lo cotidiano de sus participantes y fomentar la espontaneidad de los
mismos. La espontaneidad segn el psicodrama consiste en dar una
respuesta adecuada a una situacin nueva o una respuesta diferente a
una situacin antigua y repetida, dejando la que J.L. Moreno llamaba
conserva cultural todos aquellos roles estereotipados que fueron una
respuesta adaptativa a un contexto (grupo-familiar) que propiciaba
vnculos complementario patolgicos. Teniendo en cuenta que la raz de
la palabra espontaneidad es la expresin en latn sua sponte que significa
voluntariamente o alejamiento de las leyes de la naturaleza. Por esto
los cambios que se generan en los participantes de un ATG estn ligados
a la libertad, a la voluntad, si es necesario, defendiendo una cultura del

180
Clnica en las fronteras

estar de los at. En el libro Acompaantes M.L. Frank y P. Dragotto,


hablando de tica y AT escriben: La mirada del acompaante debe ser
una mirada sin prejuicios que demarque posibilidades y no restricciones.
Al decir fuera del egosmo no proponemos el retorno a una postura
de beneficencia o caridad, tan alienante como la reclusin psiquitrica.
Nos referimos a la capacidad del at de suspender su propia subjetividad
(sus ideales, sus anhelos, sus valores) para alojar la emergencia de la
subjetividad de ese otro -semejante pero diferente-, reconocerla y
propiciar algo que contribuya a su realizacin.
En Pasos cuando hablamos de espontaneidad trabajada
nos referimos a una herramienta conceptual til para lograr una
espontaneidad al servicio de la tarea, una espontaneidad que tiene en
cuenta del encuadre y de una vocacin de servicio como la palabra
Terapeuta nos recuerda (en la antigua Grecia, palabra o rol que
haca referencia al servidor), dentro del cual el juego puede variar, sin
comprometer la confianza y la seguridad que perseguimos, en relacin a
los acompaados (autores, actores y protagonistas de las escenas).
El juego entre el at y el acompaado est por lo tanto sujeto
a cambios como la vida que cambia al nuestro pasar, alejndonos
del cambio a nuestro pesar. Los cambios observados durante los
acompaamientos sometidos a revisin y supervisin permiten que
estos mismos sean registrados y reciban un lugar, para actuar en
consecuencia y ser dramatizados, escenificados (drama en griego
es accin), por lo tanto, de esa manera los actos del acompaante se
vuelven teraputicos, voluntarios y no casuales significando para el at,
conseguir una espontaneidad trabajada, que le protege y le prepara frente
a la incertidumbre que conlleva el acto de acompaar.

Formacin de los ats, para una integracin del ATG

M. L. Frank, quien recientemente ha escrito sobre el AT


grupal, hablando de la formacin de los ats dice: En la medida
en que la formacin de los acompaantes incluya la referencia a los
acompaamientos grupales y la capacitacin en dicha tarea, los

181
Acompaamiento Teraputico

acompaantes dejarn de percibirla como una adaptacin de la tcnica


o una prctica de segunda categora. En ese sentido puede resultar
paradjico, que desde Espaa donde no existe todava una formacin
reglada en AT, ni todava un reconocimiento social de su rol profesional,
y a travs de ese foro, se aproveche para interrogarnos, sobre la inclusin
del ATG en la formacin de los futuros acompaantes, que desde
este punto de vista se podra beneficiar de aspectos terico-prcticos,
procedentes de uno de los enfoques ms importantes, presentes en lo
grupal, el psicodrama, y en nuestro caso el teatro espontneo. A lo mejor
el destino del AT es avanzar desde la praxis fuera de lo institucional o de
lo instituido y en Espaa, desde la asociacin Pasos, apostamos por esta
progresiva integracin.

Bibliografa
Chvez, A. (2012). (COORD). Acompaamiento Teraputico en Espaa.
Madrid: Editorial Grupo5.
Dragotto, P. y Frank, M.L. (2012). Acompaantes. Cordoba-Argentina: Editorial
Brujas.
Pavlosky, E. (1980). Clinica Grupal 1. Buenos Aires: Ediciones Bsqueda.
Lpez, E. y Poblacin, P. (2000). Introduccin al Role-Playing Pedaggico.
Bilbao: Editorial Descle de Brouwer.
Poblacin, P. (2010). Manual de Psicodrama Didico (bipersonal, individual, de
la relacin). Bilbao: Editorial Descle de Brouwer.

182
Acompaamiento dual, familias complejas
Graciela Bustos1

Esta experiencia est basada en el trabajo de AT que se realiza


en el Hospital Escuela de Salud Mental de San Luis con familias de
alta vulnerabilidad social, con marcadas dificultades para seguir las
indicaciones del equipo de salud y sostener los tratamientos.
Para comprender este trabajo es necesario partir de ciertos
conceptos tericos y realizar algunos planteamientos previos respecto
sobre varios temas:
- Grupo primario: es aquel en el que el individuo adquiere
un nombre, aprende a amar y ser amado, comprende significados,
descubre quin es basado en sus caractersticas psicofsicas, asume
roles de conducta, crea hbitos, se comunica y establece patrones para
sus relaciones afectivas . La familia es un sistema intermediario entre
la sociedad y el individuo, es el portador inicial de un discurso que
determina la inscripcin histrico-social y el mediador del contrato
social que para que cada persona sea reconocida como miembro de
determinada cultura.
- Algunos autores hablan de familias disfuncionales - trmino
sociolgico - para designar un grupo primario conflictuado. La palabra
disfuncional dice que la familia no funciona, es decir, no cumple
labores atribuidas por la sociedad. (Quero Vsquez, 2012).
- Grupos secundarios: el individuo integra otros grupos
de pertenencia y referencia que inciden en la produccin de nuevas
identificaciones manteniendo el apuntalamiento del psiquismo. Son
grupos sociales donde la interaccin es ms formal, con una regularidad
Doctora en Psicologa. Directora de la Carrera de Acompaamiento Teraputico de la
1

Universidad Catlica de Cuyo, Sede San Luis. Jefa del Programa de Salud Mental, Provincia
de San Luis. Miembro de la Comisin Directiva de AATRA (Asociacin de Acompaantes
Teraputicos de la Repblica Argentina) grabustos@[Link]

183
Acompaamiento Teraputico

establecida por la estructura institucional. Se forma por la conciencia


de intereses y necesidades. Estos grupos sociales permiten adquirir
habilidades para sobrevivir, valores, creencias.
- Matrices de Aprendizaje: modalidad con la que cada sujeto
organiza y significa el universo de su experiencia; su universo de
conocimiento. Socialmente determinada incluye no slo aspectos
conceptuales, sino tambin emocionales, afectivos y esquemas de
accin. Es una estructura abierta, en movimiento, susceptible de
modificaciones. El sujeto tiene necesidad de saber, explorar lo real
buscando gratificacin. La madre y la familia significan la experiencia.
Se van gestando modelos internos ms permisivos y favorecedores del
encuentro sujeto-realidad; o ms represivos y empobrecedores de esta
relacin. Las matrices de aprendizaje emergen en la familia, donde se
reconocern o desconocern las necesidades del nio, legalizando unas
descalificando otras. Se significan as la experiencia y sus procesos de
aprendizaje (Quiroga, 1985).

- La nocin de psiquismo abierto plantea que el psiquismo se


constituye a partir de una matriz grupal - la familia o grupo primario
- desarrollndose las primeras configuraciones vinculares. Se va a
constituir as la identidad personal. (Bleichmar, 2004). El aparato
psquico requiere para su formacin tanto de la funcin de continente
como la de corte. Por otra parte est abierto a diferentes situaciones
de la vida, es decir que no queda instituido de una vez para siempre,
sino que es susceptible de modificaciones significativas en la historia del
sujeto, en un proceso permanente de instituido/instituyente.
- La estructura vincular no es esttica, como tampoco lo es la
construccin de la subjetividad. Los lugares y funciones vinculares
sufren alteraciones como tambin el desarrollo del propio psiquismo.
La nocin de subjetividad, acorde con un sujeto en permanente
construccin, est ligada a lo que la Dra. Janine Puget (1998) llama
psiquismo abierto. Es una subjetividad en la que cada irrupcin del
otro, cada avasallamiento, cada dominacin, enfrenta a una puesta a
prueba que reclama una nueva apropiacin para poder ser y pertenecer.

184
Clnica en las fronteras

El sujeto est abierto a su historia, no slo en el pasado


sino en la actualidad. Est entre la repeticin y la creacin.
No es un sistema abierto porque algunos psicoanalistas
hayamos decidido aplicarle la teora de la complejidad. Es
abierto porque los encuentros, vnculos, traumas, catstrofes,
realidad, duelos, auto-organizan al sujeto y l recrea todo
aquello que recibe. Ciertos ruidos devienen informacin
complejizante y no desorganizante. La estabilidad psquica
se reconstruye segn condiciones que surgen y se desvanecen
sin cesar (Hornstein, 2003)

A partir de estas ideas y de otros bagajes tericos, aportados por


los miembros del equipo multidisciplinario, pensamos las intervenciones
en cada familia.
Los sujeto consultantes vienen por lo general de contextos
familiares con problemticas muy complejas y la mayora de estas
familias son altamente conflictivas; no pueden contener a sus miembros,
muestran dificultades en su socializacin y, frecuentemente, ello est
acompaado por fenmenos como el alcoholismo, drogadiccin,
violencia, agresividad, que naturalmente afectan el crecimiento y
desarrollo de sus integrantes. Adems, tambin es bastante comn que
estn atravesados por problemticas sociales como el desempleo, la falta
de vivienda o acceso a la educacin.
En otros casos, aunque estas necesidades estn cubiertas, se observa
el fenmeno de padres muy absorbentes, rgidos, sobreprotectores,
manipuladores, abandnicos, ausentes, con dificultades para poner
lmites y sostenerlos; o con altos niveles de exigencia hacia los hijos.
Los vnculos entre los integrantes estn deteriorados, la
autoestima muy baja. Son sujetos inseguros, de marcadas carencias
afectivas, dificultad en la expresin de necesidades, limitaciones para
nominar sus emociones y demandar ayuda. Esto limita comunicacin,
formas de expresin o creacin, y capacidad de compartir; el sujeto
se relaciona como puede, pero esto no le alcanza para integrarse
socialmente.

185
Acompaamiento Teraputico

Se requiere de una gran flexibilidad en el trabajo con estas


familias, encuadres menos estructurados para encontrar formas de
aproximacin a la dinmica familiar y estabilizar un tratamiento posible,
utilizando el recurso del acompaamiento teraputico como enlace con
el equipo tratante.
Otro punto importante a tener en cuenta es que el trabajo en el
hospital pblico est atravesado por un interjuego dialctico entre el
campo de la clnica y el campo psicosocial. Desconocer esto es quedarse
sin herramientas trabajando en grupos familiares con necesidades
bsicas insatisfechas pues ello condiciona las posibilidades de adherir a
los tratamientos. Las problemticas de muchas familias tienen su origen
en la realidad material y social que atraviesan: desempleo, problemas
laborales, falta de acceso a la vivienda o al sistema educativo, violencia
social, entre otros. Estas situaciones generan malestar, inciden en la
subjetividad y condicionan las posibilidades de contencin familiar y
recuperacin del sujeto.
Frente a estas dificultades el acompaante teraputico emerge
como aliado para que el sujeto enfrente ese sufrimiento condicionante
de sus posibilidades; colabora regulando sus relaciones e intercambios
con el entorno; muchas veces el lazo social se ha debilitado (en otros
casos se ha perdido) y es necesario recuperarlo. El at trabaja ampliando
el repertorio de recursos simblicos con los que cuenta el sujeto para
enfrentar el padecimiento y la realidad circundante
Habitualmente se solicita intervencin del at desde el equipo
tratante, integrado por psiclogos, psiquiatras, trabajadores sociales,
enfermeros, quienes conocen al paciente y a su entorno familiar;
ellos han realizado previamente entrevistas y, en algunos casos, visitas
domiciliarias.
Algunos de estos pacientes estn en tratamiento. En otros
casos se trata de consultas reiteradas por la guardia hospitalaria, donde
se evidencia el incumplimiento de las indicaciones realizadas con
anterioridad y/o la escasa continencia familiar. Entonces se sugiere la
inclusin de un at para garantizar se sostenga el tratamiento investigando
otros posibles apoyos vinculares, los cuales slo desde la intervencin

186
Clnica en las fronteras

institucional no se pueden visualizar. El objetivo es ayudar a la persona


en crisis para superar este momento logrando la estabilizacin por un
tratamiento.
Ante este cmulo de dificultades descubrimos y pusimos en
prctica un dispositivo que llamamos acompaamientos duales. Estos
se inscriben en el marco de las intervenciones mltiples familiares las
cuales nacieron trabajando en familias muy demandantes, con problemas
internos de larga data, sin adherencia al tratamiento y depositacin de
todas sus dificultades en uno solo de sus miembros. En las guardias
no alcanza con medicar o indicar psicoterapia, pues hay familiares que
deberan tratarse pero se niegan, sosteniendo que el otro es el enfermo.
La experiencia mostraba que cuando se intentaba trabajar en
el domicilio, la familia invada la escena permanentemente, dando
indicaciones, o manifestando descontento y descalificacin del
acompaamiento. Ello evidenciaba relaciones vinculares muy complejas
y altamente patolgicas, tal como ya sealamos.
El acompaamiento dual implica trabajar con dos acompaantes
al mismo tiempo y en la misma escena. Ambos sostienen el mismo
encuadre temporal y espacial, llegan juntos y se van juntos; deben
ser muy flexible, tolerantes, esperar que la familia haga los primeros
movimientos, deben mantenerse expectantes, dispuestos a la escucha y
evitar cualquier tipo de intervencin directiva.
La tcnica apunta a que sea la familia quien configure el campo
de accin; son los asistidos quienes realizan la eleccin sobre a quin
comunicar sus vivencias; no determinamos previamente el familiar con
el cual vamos a trabajar.
La idea previa era abordar a la familia en su conjunto, pero
rpidamente se establecieron vnculos particulares: la madre o el padre
eligieron un at para narrar sus preocupaciones y/o realizar catarsis, lo
que daba lugar a que el otro at comenzara su trabajo con el enfermo.
El primer objetivo era neutralizar la hostilidad primaria de
los vnculos familiares; generando un espacio propio y de escucha
diferenciado para cada uno de los integrantes del grupo familiar, lo que
permite funcionar con menor interferencia. Todos se sienten parte del

187
Acompaamiento Teraputico

dispositivo, aportan datos que ayudan a comprender cmo y por qu se


configuraron de esa manera los vnculos familiares, el grado de patologa
de los mismos. El anlisis de este material permite encontrar maneras de
intervenir menos costosas desde el punto de vista psquico para todos
los involucrados. Apuntamos a que mejore la calidad de vida de todo el
grupo familiar, porque esto favorece la recuperacin del paciente.
En la supervisin semanal analizamos los distintos registros que
tienen los at sobre las demandas que reciben y con quin se sienten ms
cmodos a la hora de escuchar, contener, realizar tareas (tomar mate,
mirar tv., caminar); respetamos siempre la eleccin que realizan los
sujetos asistidos; es importante que entre los at exista un cdigo comn
para intervenir si es necesario, esto lleva unos das de puesta en prctica
y ajuste. La consigna es que se debe seguir al que tom la iniciativa
y luego de terminado el acompaamiento se discute y se revisan los
acuerdos y desacuerdos que puedan surgir. Es fundamental un clima de
confianza entre los at.
Este tipo de intervenciones requiere un trabajo en equipo
continuo y constante, elaborando informes diarios que deben circular
entre los miembros del equipo (sobre todo entre los at). Eso agiliza la
comunicacin y con esa dinmica de intercambio van surgiendo nuevas
ideas para intervenir.
La supervisin adems es fundamental para triangular la
mirada, evitar las alianzas que propone la familia, detectar otros apoyos
posibles para el paciente; esto permite pensar estrategias conjuntas
de intervencin que apunten a la individuacin, subjetivacin,
autovalimiento y autonoma de los sujetos acompaados.
Acordamos con Kuras y Resnizky (2011) que estas intervenciones
no tienen contornos que puedan definirse a priori y es desde el interior
del dispositivo de donde surgen las propuestas. Se trata de una inclusin
en el contexto familiar con objetivos acotados a explorar, detectar, y/o
ayudar a modificar, dificultades que hacen obstculo en la interaccin
entre sus miembros.
El at se propone como una presencia activa y comprometida,
dispuesto a apoyar, alentar y confrontar al paciente con sus limitaciones;

188
Clnica en las fronteras

estimular su inclusin activa en la escena familiar y en su entorno social,


genera un nuevo apuntalamiento del psiquismo como plantea Kaes
(1992).
Desde esta perspectiva consideramos al AT como un soporte
social para que emerja el sujeto y tengan lugar algunos procesos
subjetivadores. Solo as es posible generar un espacio donde el vnculo
sujeto- at d lugar a la autonoma, la creatividad, la ensoacin. El
sujeto se convierte en protagonista, puede transformar sus condiciones
vitales, trabajar la disposicin al cambio y la posibilidad de innovar. El
at apuntala y suplementa a un otro que busca emerger como sujeto, crea
y sostiene espacios para que esto acontezca.
Describir de modo sinttico dos ejemplos para tratar de explicar
esta modalidad de abordaje:

Familia donde predomina el encierro endogmico:

El principio de realidad se ha ido perdiendo, las familias se han


ido alejando de sus espacios sociales, se aslan creando normas propias, las
cuales los alejan de las convenciones habituales. Los ats se incluyen en este
contexto como portadores de las normas sociales, y - como puente con el
exterior - ayudan a retomar el contacto perdido, restableciendo vnculos.
Esta familia est integrada por una madre (59) y un hijo (31)
diagnosticados como psicticos. Desde la muerte de la abuela materna,
que cuidaba de ambos, viven encerrados en la casa; slo adhieren al
tratamiento farmacolgico, rechazan la psicoterapia y se han aislado
de su familia extensa como mecanismo de proteccin. El padre (61)
aporta para la subsistencia, pero se ausenta todo el da de la casa y no se
compromete con los tratamientos.
Hubo mucha resistencia al ingreso de los acompaantes.
La alianza teraputica se configura lentamente; al principio el nico
contacto era con la madre. Poco a poco esta va cediendo terreno a las ats
dentro de la casa Despus de mltiples intentos y semanas de trabajo, la
mam permiti acercarse a su hijo, entrar a su dormitorio y despertarlo
(dorma durante todo el da y se levantaba por la noche).

189
Acompaamiento Teraputico

Leonel Dozza (2014) nos habla de la transferencia familiar


y punta la desmesura de la funcin materna con el menoscabo de la
funcin paterna. La madre trat de imponer mandatos y exigencias para
controlar omnipotentemente a las acompaantes y evitar se acerquen
a su hijo. Como una de las at lograra captar la atencin de la madre
trabajando con ella, la otra at se aproxim al hijo comenzando a
establecer vnculos donde priorizar las necesidades del joven.
Al comienzo presentaban un modo de funcionamiento
simbitico donde el hijo quedaba desdibujado en su condicin de
individuo, no pudiendo expresar necesidades o deseos. Parte de nuestra
tarea fue trabajar para romper la simbiosis y que el hijo pudiera lograr
discriminar entre sus necesidades y las de su madre, descubriendo
como posicionarse en la trama familiar y social, exigiendo ser tenido
en cuenta; y a la vez - la madre aceptara esto sin perder su precario
equilibrio psiquico.
Al cabo de cuatro semanas lograron que ambos pacientes
esperaren a las ats levantados y aseados dispuestos a trabajar. Realizaron
actividades en comn con objetivos distintos: por ejemplo, salen a pasear,
pero mientras para la madre era retomar el proceso de socializacin
(concurrir a una confitera), el hijo visitaba libreras adquiriendo libros
de arte (una de sus pasiones).
El acompaamiento termin al lograr el joven cierta independencia
capaz de permitirle ir solo a comprar sus libros, al margen de la opinin
o la voluntad de su madre. Es difcil describir la experiencia completa y la
complejidad de las intervenciones, pero la intencin es mostrar en estos
pequeos fragmentos la potencialidad del dispositivo.

Familia expulsiva, fragmentada:

Paciente varn (31) con diagnstico de Trastorno Obsesivo


Compulsivo, expulsado de la casa paterna, vive con su hermano (34),
quien lo aloja por pedido de los padres y una hermana para no dejarlo
en la calle. No se ocupan de l, ni del tratamiento; viven enfrente de la
casa paterna.

190
Clnica en las fronteras

Se trabaja con el paciente y su familia para lograr estabilizar el


tratamiento y mejorar las condiciones de vida. Los rituales de aseo y
alimentacin fastidian a la familia, la cual considera que el paciente
lo hace a propsito. No reconocen la enfermedad. Ambas ats trabajan
con el paciente y a su vez intentan establecer lazos con los distintos
miembros, especialmente con la madre, que es la ms permeable.
El dispositivo busca producir encuentros entre el paciente y su
familia, mediados por la presencia de los ats para evitar los reproches, el
maltrato y negacin de la enfermedad.
El trabajo de las ats permite al paciente salir de su encierro,
adherir al tratamiento y expresar su deseo de vivir en familia.
A travs de visitas domiciliarias, llamados telefnicos y citaciones
intentan vincular familia con equipo tratante. Ello da por resultado
que esta adquiriera cierta conciencia sobre la enfermedad del hijo, a la
vez que la necesidad del tratamiento continuo, con preocupacin por
encontrar una vivienda digna.
Las crisis familiares potenciaban los estados de angustia y
ansiedad. Por eso era necesario restaurar la capacidad de accin. El
amparo que ofrecieron los ats habilit nuevos movimientos en el sujeto
y su familia, proponiendo una apertura hacia el afuera, atemperando
a su vez el sufrimiento, colaborando en la organizacin progresiva del
pensamiento.
Si bien este acompaamiento termin antes que se produjeran
los resultados esperados, el trabajo realizado dio sus frutos: unos meses
despus la familia logr ubicar al joven en un lugar donde estuviera
contenido y atendido. En la actualidad han remitido los sntomas ms
significativos y el paciente asiste solo a terapia grupal con muy buena
evolucin.
A modo de primeras conclusiones sobre este tipo de abordaje,
pensamos:
Nuestro aprendizaje en este terreno ha sido ampliamente
recompensado. Dado que tenemos la posibilidad de realizar seguimientos
longitudinales podemos apreciar los efectos del acompaamiento
teraputico dual; y es una manera de instrumentar a la familia para que

191
Acompaamiento Teraputico

logre acompaar, cuidar, proteger y ayudar al miembro enfermo.


Es la aceptacin del otro lo que abre la posibilidad que se arme
una red de sostn. El AT se ofrece como un sostn real y metafrico,
sensible y resistente al mismo tiempo. Segn Kuras (2011) es la
aparicin de un nuevo vnculo significativo, que busca sostener el
principio de realidad y la reconstruccin de la trama asociativa.
El dispositivo de Acompaamiento Teraputico Dual nos ha
permitido trabajar con las familias logrando encontrar espacios donde
todos sean escuchados. Ello genera que desciendan las ansiedades y
se puedan pensar alternativas de cuidado menos costosas para todo el
grupo familiar y tambin para el equipo tratante, el cual a veces se siente
ante un frontn, mientras percibe a la familia, muchas veces, como un
obstculo insalvable.
Sabemos que muchos de estos pacientes son marginados sociales,
rotulados como enfermos o incapaces, destituidos como sujeto de
derechos. A travs de estas intervenciones los incentivamos a insertarse
en la vida social, salir del aislamiento protector de la enfermedad; los
acompaamos en su lucha contra el prejuicio y la discriminacin que
pesa sobre la enfermedad mental, para que logren su inclusin en la
trama social segn las posibilidades que se les presentan.
El hecho de crear condiciones de amparo y sostn, ofrecer un
borde, abre posibilidades impensadas. Sobre las bases de un vnculo
confiable, pueden abrirse posibilidades de explorar nuevos espacios para
el trabajo de los ats. Convertirse en alguien significativo y confiable para
el otro es fundamental si nos proponemos introducir cambios, como
puede ser alentarlo a salir del encierro que enferma y cronifica.
Los acompaantes no solo habilitan un lugar para el que sufre
sino tambin para su familia, al trabajar de modo simultneo con
ambos; porque son estos, su entorno ms prximo, quienes contendrn
al paciente cuando los ats finalicen su tarea.

Bibliografa
Bleichmar, S. (2000).Entre la produccin de subjetividad y la constitucin del

192
Clnica en las fronteras

psiquismo. Conferencia. Recuperado en diciembre del 2012. [Versin


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Buenos Aires: Revista de Psicologa y Psicoterapia de [Link] 2, 15.
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Quiroga, A. (1985).Matrices de Aprendizaje. Buenos Aires: Ediciones Cinco.

193
Los derroteros por la falta1
Daniela Tello2

En el campo del AT la prctica clnica con sujetos con discapacidad


se ha propagado exponencialmente pero su valoracin especfica ha
resultado inversamente proporcional. La gran mayora de los escritos en
AT en discapacidad se centran en comunicar experiencias, reproducir
saberes especficos, generalmente provenientes de la medicina y la
psicologa, o del sentido comn, pero sin discusin por los supuestos
que tanto promueven como hegemonizar ciertas posiciones para los
implicados.
El presente escrito pretende abrir la discusin sobre la nocin de
Discapacidad vislumbrando los dos principales modelos epistemolgicos
que ms insisten en el AT para evidenciar las derivaciones clnicas, cvicas
y subjetivantes que promueven y parecieran generar un embrollo: la
traicin al origen antipsiquitrico del AT. Se propone as desmaraar la
clnica al articularla con la dialctica hegeliana, sin aspirar a un desarrollo
exhaustivo, sino mejor como una imagen sublimada, un fondo posible
a la cual acudir.

Sobre los discursos, versiones.

Desde que la discapacidad ha pasado a constituirse como objeto


de estudio y de intervencin en el campo de la salud mental, los discursos
cientficos no se han sucedido antitticamente, aunque s respondan
a reacciones de orden disciplinar o social pero se ha evidenciado un
entramado en el que subsisten versiones de cada uno ms o menos
legitimadas por momentos.
1
Texto modificado para la presente edicin que fue presentado anteriormente en el Congreso
de AT de Mar del Plata, 2010.
2
Lic. Prof. en Psicologa. Investigadora SeCyT UNC. Docente UCC. tellodani@[Link]

195
Acompaamiento Teraputico

Pasemos entonces a presentarlos y diferenciarlos a nivel


del discurso. En este sentido, el modelo Negativo o del Dficit en
Discapacidad se sustenta en la diferencia como justificacin, como
explicacin de la nocin de discapacitado; es un modelo pensado
en particular, se individualiza, la diferencia es del diferente, del
discapacitado. Por lo tanto, se naturaliza como independiente de la
relacin nosotros/otros. El sujeto padece su dficit, en verdad es un
cuerpo sin sujeto, es inamovible, de orden natural, esencial. Se apoya en
las teoras evolucionistas como el darwinismo social. El discapacitado
en particular es ubicable en un general determinado en cierta
gradualidad lineal del dficit; por ejemplo: leve, moderado, profundo.
Esto precipita en la derivacin a dispositivos institucionales segn esa
misma gradualidad. Es un sujeto sin voluntad, pasando a la categora de
beneficiario instantneo de un tratamiento diferencial.
Pues, como intento de superacin de este modelo, aparece en
los ltimos aos el modelo Positivo o de la Diferencia basado en la
justificacin o explicacin desde la nocin de diversidad, aunque tambin
desde un mirada naturalizante, ahora somos todos con capacidades diferentes
o especiales. Vuelve a quedar fuera de lo social la explicacin, vuelve a
quedar en posicin de beneficiario de un tratamiento diferencial. Aqu
ya no hay variaciones de grado explcitas sino equivalentes, categoriales,
solapando la falta como capacidades diferentes, especiales, etc. Sin embargo,
este modelo no deja de reconocer que hay sujetos que varan demasiado
de la norma y son los anormales (volviendo casi como retorno de lo
reprimido). Este modelo, tambin desconoce las relaciones de poder entre
los grupos dentro de la multiplicidad o la diversidad, intentando extender
un manto de ingenuidad sobre la diferencia.
En ambos modelos, la Discapacidad, en cualquiera de sus
formas, ha estado calibrada con la mira desde una categora poltica: la
Ideologa de la Normalidad. Existe, con fuerza de entidad, un cierto
imperativo moral de ser ideal, y desde aqu podemos pensar que el
sujeto constituido desde su deseo en tanto lucha por el reconocimiento
del otro, en el caso del discapacitado, cae absurdamente sometido a un
deseo de normalizarse, por ser reconocido.

196
Clnica en las fronteras

Estas concepciones estn tan arraigadas en la conciencia


contempornea que parece una obviedad que en el hecho fctico de
alguien sin piernas, evidentemente le faltan y adems es un problema
suyo, y quien observa desde un lugar de otro, no tiene ninguna
responsabilidad al respecto. Esto debera llevar a pensar sobre los
supuestos nticos de sujeto que sostenemos, cul es nuestra versin
sobre el humano. Ser humano implicara dos brazos, dos piernas? Qu
sera lo propio de la humanidad en un individuo?

Subversiones

Se demuestra desde los modelos el intento de superacin de un


planteo errado, una cierta subversin discapacidad/exclusin, siendo
que lo inherente, lo estructurante de una sociedad es la lucha de amos
y esclavos, o el equivalente incluidos/excluidos; y la discapacidad
permite perpetuar, naturalizar esa lucha. No se sale de la encrucijada
con respuestas que apunten al individuo, pero s al sujeto.
Otros intentos infructuosos de superar la exclusin son la
inclusiones excluyentes; como por ejemplo forzar a sujetos para que
socialicen en actividades o espacios normales incorporndose a grupos
en los que no logran encontrar semejantes sino que intentan normalizarse
y terminan abandonando los espacios y suman otra frustracin ms y
esa exposicin refuerza en un devenir circular an ms la diferencia.
As se evidencia no slo un derrotero de trminos para solapar
la falta sino un derrotero de tratamientos, intervenciones, instituciones,
medicaciones, quitando la posibilidad inherente del sujeto de encontrarse
con su falta.
En relacin a los tratamientos, desde los `60 los discapacitados
han padecido la tendencia a patologizar la discapacidad porque
se le presume una necesidad especial, un tratamiento especial, un
padecimiento agregado al de los sujetos normales.
La contracara de esta tendencia aparece en las ltimas polticas
pblicas en el pas donde se promueve discapacitar la locura (en trminos
genricos) y esto sin desmedro de desconocer las dificultades en la

197
Acompaamiento Teraputico

funcionalidad que acarrean patologas mentales graves y persistentes; lo


que merecera de por s un debate aparte.
Ocurre tambin, un hecho poco tratado, que es la formacin de
los profesionales de la salud, entre ellos el at En muchos casos lo ms
frecuente es estudiar del sujeto discapacitado slo su dficit como si
fuera el rasgo determinante.
Un punto importante y de mucha discusin actual en Crdoba
es lo inherente al Certificado de Discapacidad, que se apoya desde ambos
modelos y tiene importantes implicancias cvicas y subjetivantes. En este
punto es importante reconocer que el certificado para el acceso sanitario
con cobertura del 100% posibilita la continuidad de los tratamientos en
varias familias. Sin embargo, en la prctica termina siendo un requisito
obligatorio. En este sentido, ya es conocido el lugar de poder legitimado
del mdico como certificador, as como la instalacin de un dispositivo
discursivo de tipo mdico-pedaggico que imprime una causalidad
biomdica y que determina el dispositivo institucional a modo de
prestaciones (centro de da, integracin escolar, etc.). Pero principalmente
me interesa destacar al respecto que genera una subversin econmica, de
los discapacitados como insolventes, no productivos, a consumidores de
prestaciones a travs de la figura de beneficiario.
A diario vemos los obstculos de trabajar en lo cotidiano de
los pacientes cuando estn posicionados en el lugar de beneficiarios,
perpetuando el dficit y demandando desmesuradamente slo apoyados
en el deber de la sociedad para con ellos. Teniendo en cuenta tambin
que los efectos de subjetivacin que imprimen estos modelos promueven
sujetos sometidos a la discapacidad generando identificaciones al gnero;
en este punto, el esclavo elige la esclavitud a la muerte.

Derroteros

Entonces, para salir del embate, la cuestin podra ser pensar qu


lugar posibilita el a.t., cmo es constituyente del vnculo con el paciente
y esto merece la obligacin de pensarse en cada caso en relacin a la falta
del paciente.

198
Clnica en las fronteras

Es decir, evitar caer en lugares que ms que complementarios,


completan al paciente, debiendo abstenerse de funcionar como pata
de palo, o ser funcionales a miradas romnticas, ingenuas, pedaggicas,
infantilizantes o impotentizantes, por ejemplo como reaccin ante las
demandas omnipotentes de las familias, situacin comprensible de
intentos de tramitacin de la falta por las mismas.
Estas posiciones en relacin al otro en las que suele caer o, ms
que caer, pararse el at son escuchadas en los mbitos de AT slo como
reacciones contratransferenciales, lo que quita responsabilidad tica al
a.t., en tanto que no slo es partcipe del discurso social, sino que no es
sin l tampoco.
Las posiciones de amo y esclavo no son unidireccionales,
sino mutuamente constitutivas. Tampoco se tratara de una lucha de
fuerzas, sino que son decisiones subjetivantes en proceso, en devenir.
Solemos escucharnos hablar de los pacientes en trminos tales como
me despierta lstima, necesidad de afecto, etc. como si slo fuera del
otro y el dispositivo de AT nos implica como sujetos: nosotros tambin
luchamos por reconocimiento del otro y cuando esto es desconocido,
tomamos posiciones complementarias, ubicndose el paciente en
lugares impotentes, regresivos, de goce.

Puntuaciones

El acompaar a un paciente, a alguien que est en el proceso de


verse faltado y empujado a hacerse cargo, requiere un sutil y respetuoso
intervenir, implica acompaar en un momento de intimidad. Que el
acompaante trabaje en lo cotidiano, no siempre supone un trabajo en
intimidad y as como el at ante demandas tan desmesuradas se abstiene,
se ahueca, se hace el idiota; cuando se mira fallado requiere un estar
comprometido, estar ah para ayudar a puntuar, a hacer puntadas, no
coser, no poner cierres o velcros Habr situaciones en que la falta es
posible acompaarla hilvanado, tal como se enlazan telas puntuando
por primera vez, sabiendo que se proyecta a una mayor elaboracin, se
le espera un devenir. Y habr otras situaciones en que la falta ahueca ms
que hilvanar se requiere de una palabra que zurza.

199
Acompaamiento Teraputico

En definitiva, lo que alumbran los modelos es el derrotero de trminos,


nociones, enunciados, intervenciones, que surgen como modas de las
academias, con fuerte impronta moral con la nica funcin enunciativa
de cubrir la falta por parte del at o aquel que porte el saber. Se pretenden
sujetos discapacitados completos, en vez de dar lugar al vaco para
que el movimiento devenga del sujeto, para que surja un acontecimiento
cuando, tal como hacemos todos, podamos preguntarnos: cmo me las
arreglo conmigo?

Bibliografa
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el dficit. Buenos Aires: Noveduc.
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Organizacin Mundial de la Salud. (2001). Clasificacin internacional de
Funcionamiento, discapacidad y salud. Versin abreviada.

200
A postura familiar e o resgate da autonomia
e das potencialidades de um usurio de CAPS:
um estudo de caso1
Wemerson Peixoto de Melo Moura2
Carlos Eduardo da Silva Carneiro3
Kleber Duarte Barretto4

Introduo

A partir da Reforma Psiquitrica Brasileira, com surgimento


dos Centros de Ateno Psicossocial (CAPS), tornou-se possvel a
substituio do modelo de internao em hospitais psiquitricos aos
portadores de transtornos mentais, sendo esta apenas indicada aos
casos em que outras medidas no sejam mais aplicveis. O modelo
de atendimento no CAPS, alm de evitar as internaes em hospitais
psiquitricos, tambm visa promover a reinsero social de seus usurios
atravs de um projeto teraputico que conta com profissionais que
integram equipe multiprofissional (MINISTRIO DA SADE, 2004).
Dentro dessa proposta de desinstitucionalizao, o Acompanhamento
Teraputico (AT) torna-se um grande aliado ao projeto teraputico
na busca pela reinsero social e resgate da autonomia de usurios de
CAPS, visto que o AT traz em sua prtica a possibilidade de que o
atendimento se d em diversos espaos da cidade, fugindo do setting
clnico convencional (CARNIEL, 2008; CARVALHO, 2004). Assim,

1
Trabajo presentado en Mesa de Trabajos Libres. Preseleccionado para el Premio Federico
Manson 2015.
2
Peixoto de Melo Moura [Link]@[Link]
3
Da Silva Carneiro: Psiclogos en la Universidad Paulista UNIP
4
Duarte Barreto: orientador, Prof. Dr. en la Universidad Paulista UNIP/ Kleberbarretto@
[Link]

201
Acompaamiento Teraputico

so diversas as oportunidades que o AT pode oferecer ao portador de


transtornos mentais nos caminhos e desafios de suas (re)conquistas.
Neste trabalho pretendemos expor a vivncia de um AT
realizado em dupla ao longo do ano de 2013, com um usurio de
CAPS, portador de esquizofrenia paranoide, que teve em seu histrico
algumas internaes e que atualmente est fora de internao h
pelo menos dois anos. Vamos identifica-lo aqui sob o nome fictcio
de Antnio. Antnio tem 38 anos de idade, solteiro e comeou a
ter a manifestao da doena ainda na adolescncia. Entre os fatores
relacionados ao surgimento da patologia est associada a drogadio
com o uso de substncias qumicas, como a maconha e a cocana, por
um longo perodo entre a adolescncia e a idade adulta. Antnio, ainda
beb, foi abandonado pela me biolgica (ela era uma adolescente e
no tinha condies financeiras para cria-lo) e adotado por um casal
que no podia ter filhos. Porm, um ms aps a adoo de Antnio, a
me adotiva conseguiu engravidar, passando a despender maior ateno
e cuidados a esse filho, relegando Antnio a um segundo plano, algo
que se manteve durante sua infncia e adolescncia, at que, por volta
dos 14 anos, no calor de uma briga familiar, a me revelou que sua
fisionomia diferente (cor da pele) e o fato de no ser parecido com o
irmo era por ele ser adotado.
Sem nos alongarmos muito dentro da histria familiar, o fato
que Antnio veio a ser novamente abandonado, j que em funo
do falecimento da me, o pai e irmo no conseguiram suportar a
angstia, agressividade e uso de drogas dele, de modo que o pai pediu
sua internao compulsria. Com o estabelecimento de seu quadro
patolgico a famlia no conseguia mais lidar com sua condio. Diante
dessa situao de abandono, seu tio (aqui chamado pelo nome fictcio de
Lus) decidiu que no deixaria que o sobrinho acabasse sem os cuidados
da famlia e o acolheu em sua casa onde passou a morar definitivamente
quando tinha por volta de 34 anos de idade (anteriormente Antnio
alternava alguns perodos entre a casa dos pais e a casa do tio). Antnio
usurio do CAPS Adulto h cerca de cinco anos e faz uso corrente de
medicao prescrita. Ao longo do perodo em que a doena se instalou,

202
Clnica en las fronteras

foram trs as internaes pelas quais passou Antnio, algo recordado


por ele como um perodo de sofrimento muito intenso.

O Acompanhamento Teraputico de Antnio

Antnio teve alguns acompanhamentos anteriores, antes deste


que se desenvolve no ano de 2013, sempre visando o trabalho integrado
ao CAPS, que entendeu que essa modalidade de atendimento traria
benefcios a esse usurio. Atualmente, o AT realizado com Antnio tem
frequncia semanal de um encontro, geralmente aos finais de semana,
com idas para locais pblicos de lazer. Nesses espaos, Antnio
recorrentemente incentivado a estabelecer contato com outras pessoas,
nas interaes mais comuns possveis, como o caso de situaes de
pedido de informaes ou mesmo a consulta do valor de um lanche ou
bebida. Nesses passeios, prezamos pelo desenvolvimento da autonomia
do acompanhado, intervindo apenas nos momentos em que tal
gesto se faz necessrio, diante de alguma situao mais complexa ou
problemtica.
Geralmente, Antnio sempre muito corts e gentil e est
sempre disposto a fazer o que quer que lhe seja proposto. Algumas vezes
trazemos opes de passeios e em outras, o passeio se d em funo de
suas escolhas. Desse modo, j realizamos passeios ao SESC, museu do
futebol (Antnio corintiano roxo!), parques, pinacoteca, shopping
centers, praas nas redondezas de sua casa e tambm idas a bares e
lanchonetes. Esses passeios tem seu carter teraputico clnico derivado
da proposta winnicottiana de placement, que Safra (2006) descreve
como uma modalidade de interveno na qual ofertado um lugar ao
paciente, sendo este lugar dimenso fundamental do self. Partindo dessa
premissa, o AT capaz de oferecer um lugar que esteja de acordo com
o modo de ser do paciente, que permite que ele sinta-se reconhecido e
possa se beneficiar da transferncia subjetiva como um lugar a partir do
qual poder vir a reencontrar seu gesto frente a um outro ser humano, e
desse modo projetar um horizonte possvel para si mesmo (p.19).

203
Acompaamiento Teraputico

Inicialmente, a atual proposta de AT com Antnio comeou


com uma dupla mista, formada por um homem e uma mulher. Ao longo
do processo ocorreu a troca da dupla, que passou a contar com dois
acompanhantes teraputicos (ats) do sexo masculino. Percebeu-se que a
troca trouxe benefcios para Antnio, que passou a se sentir mais vontade
em fazer comentrios de cunho sexual em nossa presena, alm de dispor
agora de dois amigos como ele mesmo nos chama. Foi observado um
fortalecimento do vnculo entre acompanhantes-acompanhado e uma
crescente atmosfera de confiana foi se estabelecendo, tudo girando
dentro de um contexto em que o tratamento entre os ats e Antnio fosse
permeado pela descontrao e bom humor. Ele tem timas tiradas
muito engraadas, fazendo algumas piadas em funo de situaes que
ocorreram nos encontros, algo que tambm demonstra que conta com
boa preservao de sua inteligncia, memria e cognio.
Assim, o processo teraputico sempre visou fomentar as
capacidades, as potencialidades do acompanhado, e mesmo no gesto
mais simples reconhecer sua criatividade, pois isso se torna uma
experincia integradora de seu self (BARRETTO, 2012). Mas nem
s de momentos descontrados se desenvolveu o AT at aqui, houve
momentos em que as questes persecutrias vieram tona, onde esteve
presente o temor da polcia ou de torcedores dos times rivais de Antnio,
sendo questes recorrentes. Nesse momento, nossas intervenes foram
feitas no sentido de apaziguar essas angstias persecutrias, usando das
funes de holding, continncia e discriminao e buscando atravs de
nossa presena sempre proporcionar um lugar que evitasse que nosso
acompanhado fosse invadido e tomado pelo pavor (Id. Ibid.).

O conjunto das aes esbarra em uma pedra angular: a Famlia


Conforme os encontros com Antnio foram sucedendo,
percebeu-se que a famlia despendia um tratamento permeado de
discursos que continha claramente termos estigmatizantes e que
desvalorizavam sua pessoa. Identificamos que sua famlia, bem
como outras tantas, enfrentava uma sobrecarga na convivncia com

204
Clnica en las fronteras

um portador de transtornos mentais, pois muito difcil suportar a


agressividade, angstia, surtos, entre outras atitudes que demandam
grande dedicao dos familiares. Mesmo com a existncia de outros
problemas que dificultavam a dinmica familiar, todas essas questes
acabavam por recair sobre Antnio, que se tornou depositrio e vlvula
de escape das frustraes, um alvo que recebeu o lugar de desvalia como
sendo aquele que lhe competia. Assim, no lhe era concedido voto de
confiana para realizar nem mesmo tarefas simples, j que ele era tido
como incapaz e causaria maiores problemas, uma atitude que ia minando
sua recuperao e o resgate de sua autonomia e potencialidades.
Melman (2001) nos diz que os familiares ficam sobrecarregados
pelas demandas que envolvem todo o cuidado e a funo de acompanhar
os doentes, algo que envolve encargos econmicos, fsicos e aqueles de
ordem emocional. Sobre esse ltimo aspecto, o autor cita o estresse,
vivncias de instabilidade, insegurana e os conflitos frequentes nas
relaes como algo cotidiano na vida da famlia. Nesse sentido, papel
dos ats fazer com que a famlia tambm possa se beneficiar do AT. Diante
das angstias com que se deparam os familiares, a funo de holding,
mesmo que atravs de um simples estar junto ou mesmo atravs da
escuta, torna-se algo com muito valor para o processo teraputico como
um todo.
Dentro do modo como Antnio se apresentava, percebemos a
predominncia de alguns delrios, entre eles, um que envolve figuras de
autoridade. Ele nos atribua papis de autoridade, nos chamando pela
patente de coronel e capito, como se quisesse nos confiar alguma
responsabilidade ou nos colocar em uma posio acima dele, como
agentes flicos. Nossa compreenso tomava esse seu movimento como
um desejo de adquirir potncia, de ser capaz de realizaes, de estar
numa posio de maior autonomia, que se revelava por sua vontade
de trabalhar e de um dia formar uma famlia. Alm disso, no foram
poucas as vezes em que dizia que haviam roubado sua vida, tamanha sua
impossibilidade de realizaes.
Uma de nossas intervenes se deu no sentido de fazer uso das
figuras de autoridade para convidar Antnio a se colocar numa posio

205
Acompaamiento Teraputico

de maior responsabilidade. Assim, ele seria o capito e ns faramos


parte de sua tropa, ficando ele responsvel em zelar pela nossa e tambm
pela sua segurana (como ao atravessar a rua, por exemplo), alm de
manter o quartel (seu quarto) organizado. Esse nosso movimento foi
colocado para o tio Lus, a fim de que o mesmo se sensibilizasse e pudesse
confiar ao sobrinho qualquer mnima tarefa, lhe depositando confiana
e o reconhecendo em suas pequenas evolues. Percebemos que aps
nossa interveno o tio incumbiu o sobrinho em tarefas simples, como
a de levar a cadelinha para passear, resultando em uma modificao no
comportamento do tio, pois o mesmo tem percebido que Antnio fica
muito feliz em poder ajudar. Notamos que talvez no seja tarde para que
a dinmica entre tio e sobrinho possa mudar e ter mais momentos como
esse, em que Antnio deixe de ser apenas alvo de broncas e xingos, mas
que incentivado por suas conquistas em pequenos gestos, aqueles que
so notados como confiana depositada por aqueles com quem convive,
valorizando assim, seus aspectos preservados e suas potencialidades.

Concluso

A colaborao da famlia em valorizar o esforo e dedicao


do portador de transtorno mental pode funcionar como um suporte
extremamente positivo, fazendo este ltimo se reconhecer como
individuo em suas possibilidades, ou pode ser desagregadora e punitiva,
que de um ponto de vista negativo age como uma barreira. Durante o
acompanhamento at aqui, notou-se que a famlia pode no se colocar
de maneira ativa, assumindo o que lhe cabe no processo de reinsero
social do portador de transtorno mental, tarefa que muitas vezes a
cargo apenas dos servios dos equipamentos de sade e de propostas
teraputicas como o AT.
A partir do novo modelo de sade mental, a famlia est
diretamente implicada no tratamento, e torna-se integrante de uma
trade, que envolve os equipamentos de sade (CAPS) e o AT, quando
este faz parte do processo teraputico. Nosso entendimento sobre a
famlia no processo teraputico considera que

206
Clnica en las fronteras

a famlia uma aliada, uma parceira no processo de


reabilitao psicossocial do usurio. A ateno psicossocial,
associada ao protagonismo das famlias, vai facilitar a
reinsero social do usurio e a promoo da sade do ncleo
familiar, considerando as dimenses pessoais, biolgicas,
sociais e polticas que envolvem o cotidiano da vida
(MIELKE et al, 2010, p.764).

Mesmo que existam questes cotidianas que dificultem a relao


dentro do contexto familiar e mesmo que essas questes por vezes
advenham do trato com a patologia do doente mental, importante
essa famlia dedicar-se de forma consciente a respeito do fato de
ela tambm precisar de ajuda para poder, assim, contribuir para o
tratamento do mesmo e melhorar o desempenho do AT. Acredita-se,
aqui, que, alm do trabalho em equipe, a famlia primordial nesse
processo (CARNIEL, 2008, p.35).
Nesse sentido, as intervenes do AT so abrangentes no s ao
acompanhado, mas, sobretudo, famlia em seu sentido amplo, pois a
promoo de qualidade de vida no est apenas relacionada a qualquer
atividade que seja desenvolvida nos equipamentos de sade, to pouco
ela est somente relacionada ao uso de medicamentos fundamentais ao
tratamento. A promoo de qualidade de vida atravessa a qualidade das
relaes que so desenvolvidas dentro da famlia e estas relaes so
influenciadas pela viso e entendimento que se tem do doente. Parece
claro que manter o doente em uma posio de desvalia e de incapacidade
s vai prejudica-lo em sua recuperao. Conclumos, portanto, que a
postura familiar em atuar como agente ativo no resgate da autonomia e
das potencialidades do portador de transtornos mentais salutar.

Referncias bibliogrficas
Barretto, K, D. (2012). tica e Tcnica no Acompanhamento Teraputico:
Andanas com Dom Quixote e Sancho Pana. So Paulo: Dobra Editorial.
Brasil. Ministrio da Sade. (2004). Secretria de Ateno Sade. Departamento

207
Acompaamiento Teraputico

de Aes Programticas Estratgicas. Sade Mental no SUS: Centro de


Ateno Psicossocial. Braslia, Disponvel em: [Link]
saude_mental/pdf/sm_sus.pdf
Carniel, A. C. D. (2008).O acompanhamento teraputico na assistncia e reabilitao
psicossocial do portador de transtorno mental. Dissertao (Mestrado em
Enfermagem Psiquitrica) - Escola de Enfermagem de Ribeiro Preto,
Universidade de So Paulo, Ribeiro Preto. Disponvel em: [Link]
[Link]/teses/disponiveis/22/22131/tde-06082008-143012/[Link]
Carvalho, S. S. (2004). Acompanhamento Teraputico: Que clnica essa? So
Paulo: AnnaBlume.
Melman, J. (2001). Famlia e doena mental: repensando a relao entre profissionais
de sade e familiares. So Paulo: Escrituras.
Mielke, F.B et al. (2010). A incluso da famlia na ateno psicossocial: uma
reflexo. Revista Eletrnica de Enfermagem, v.12, n.4, p.761-765. Disponvel
em: [Link]

208
Importancia del Acompaamiento Teraputico
Escolar como especialidad

Prof. Lic. Bentez, M. Ftima1


Lic. Del Corro, Rosario2
Lic. Machado, Romina3
Prof. Lic. Morn, Jesica4

Es de pblico conocimiento, para quienes estamos insertos en el


mundo del Acompaamiento Teraputico, el importante crecimiento
suscitado en los ltimos aos de acompaantes que se insertan en el
contexto escolar; no slo para el trabajo con discapacidad sino tambin
frente a situaciones de vulnerabilidad y necesidad de inclusin escolar.
Desde el rea de nios y adolescentes de la Fundacin Sistere
nos propusimos formar un grupo de acompaantes teraputicos con
la intencin de responder a la creciente demanda. Bajo este objetivo
construimos un espacio de supervisin y trabajo grupal desde el cual
pudiramos detectar y decodificar la necesidad de cada caso en particular.
En un comienzo, fue necesario discernir y discriminar aquellos
casos que requeran AT Escolar, por la especificidad de la intervencin
en este campo de insercin y reconociendo que por el desconocimiento
de nuestro rol, muchas veces, era puesto en comparacin con el de las
docentes de apoyo a la integracin.
Nos fue imprescindible definir las caractersticas del campo de
lo escolar, sus dinmicas, sus tiempos, las funciones primordiales, las
pautas tanto escolares como sociales esperables dentro de este espacio,
reconociendo su importancia en la socializacin de todo nio y
1
Fundacin Sistere mfatimab80@[Link]
2
Fundacin Sistere. UCC. rodelcorro@[Link]
3
Fundacin Sistere. UCC. UNC romimach@[Link]
4
Fundacin Sistere. UCC licjesicamoran@[Link]

209
Acompaamiento Teraputico

adolescente, siendo el mbito que permite el ingreso a la cultura, a la


norma, posibilitando no solo aprendizajes acadmicos sino tambin
entendindolo como espacio de encuentro con pares y lo que ello implica.
Sin embargo nuestra mirada hacia lo escolar necesit ser mucho
ms amplia: al pensar nuestra intervencin como at en este contexto,
surga como innovador la mirada clnica que podamos aportar en dicho
espacio, reconociendo la subjetividad del nio y posibilitando por
medio de nuestro rol, trabajar en el plano de lo emocional, conductual
y social para que luego, se habilite el proceso de aprendizaje, sin que sea
este ltimo nuestro plano de intervencin.
En este camino de aprendizaje y construccin, nos encontramos
actualmente, investigando en relacin a la familia, a la escuela, a la
constitucin del psiquismo como intento de unir la experiencia con
la teora. Esto dio como resultado la necesidad de comenzar a escribir
un marco terico que ayude, encuadre, aloje al at que se inserte en la
escuela.
Debido a ello, tambin acordamos como necesario la importancia
de la formacin especfica desde la cual surge la creacin del Seminario
de Acompaamiento Teraputico Escolar.
El mismo se desarrolla a partir de los siguientes pilares:
En primer lugar acordamos con la concepcin de la niez que
propone Silvia Bleichmar, desde la cual partimos, y sus nociones de
psiquismo abierto y neognesis.
La infancia, supone situarla entre mltiple entrecruzamientos:
El estado de indefensin del nio en etapas tempranas de
la vida.
La dependencia del amparo y sostn parental.
Las condiciones del contexto sociocultural en el que el
nio est alojado.
Es necesario considerar estos aspectos y que guen la lgica de
nuestras intervenciones. En relacin al psiquismo abierto y neognesis,
dicha autora seala que: () Proceso de neognesis: algo que no
estaba preformado, y que no hubiera llegado a instalarse por s mismo,
se produce en virtud de la intervencin analtica. (p. 37) Por lo cual,

210
Clnica en las fronteras

este proceso apunta a fundar algo que no estaba previamente, abriendo


la posibilidad de que se organice algo que no exista con anterioridad.
(Bleichmar, 2008). Y contina: La idea de neognesis remite a un
aparato abierto; aparato que si bien tiene cerradas en la mayora de los
casos- las vas de salida, tiene siempre libres las vas de acceso. Se trata
de un aparato que siempre va a recibir elementos de lo real () (p. 40)
Si transpolamos su teora al campo del acompaamiento
teraputico, coincidimos que la inclusin de este dispositivo en la
infancia, responde a una concepcin del funcionamiento psquico
atravesada por una perspectiva de neognesis: Se trata de generar
nuevos modos de produccin simblica que posibiliten la fundacin
y recomposicin de los aspectos fallidos del funcionamiento psquico,
con el objeto de disminuir el sufrimiento e incrementar la potencialidad
de pensar. (Kuras y Resnizky, 2005)
Por otro lado, creemos necesario tener en cuenta que en este
escenario tan particular, el AT Escolar interacta con la escuela y la
familia como institucin.
Cuando hablamos de institucin tomamos la definicin de
Lidia Fernndez (1994) quien indica que alude y refiere a normas-
valor de alta significacin para la vida de un determinado grupo social,
fuertemente definidas y sancionadas, con amplio alcance y penetracin
en la vida de los individuos. Entendemos entonces, que las instituciones
no son neutras, impactan en la subjetividad de la persona y generan
efectos sobre l. Toda la vida estamos atravesados por las mismas, y
transitamos por distintas instituciones que dejan huellas en nuestro
desarrollo.
Las instituciones, como tal, son objetos culturales, creaciones
que tienen como fin posibilitar lo colectivo y grupal con un cierto orden,
es por eso que toda institucin tiene cierta cuota de poder implcito o
explcito, que permite de esta manera su permanencia en el tiempo.
La subsistencia de las mismas en la sociedad es una manera de
preservar la particular forma en que se distribuye el poder y el uso de los
bienes econmicos, sociales y culturales, por eso estn tan arraigadas en
nuestro transcurrir en sociedad.

211
Acompaamiento Teraputico

Conocer estos sistemas entre los cuales tendr lugar el AT


Escolar, permitir hacer un diagnstico sobre la dinmica institucional
escolar, sus cdigos, sus normas, movimientos, puntos de tensin y
conflictos, conocer a sus actores, saber con quin hacer alianza, cmo
favorecer los canales de comunicacin ya establecidos y fortalecer
vnculos escolares con el nio que acompaamos. Las rutinas escolares,
los horarios, los distintos espacios y costumbres, son parte de la identidad
de cada institucin y como at escolares es muy importante conocerlos,
descubrirlos.
Estamos atravesados por la escuela, su movimiento y su actual
crisis. As como tambin por los deseos de los padres, sus fantasas, con
los cuales tambin tendremos que buscar canales de comunicacin y
puntos de encuentro.
Tambin nos fuimos encontrando con la necesidad de la
construccin de herramientas, las cuales son indispensables por
el momento evolutivo que atraviesan los nios y adolescentes que
acompaamos, cuya brjula est guiada por la creatividad y las cuales
nos posibilitarn pensar y repensar las intervenciones clnicas propias
del AT en el campo escolar.
De esta manera, sostenemos que es imprescindible conocer la
funcin del juego, su despliegue, la capacidad de simbolizacin como
recurso con el que el nio cuenta para desplegar su mundo interno e
interactuar. Winnicott (1979) sostiene que jugar no es un hecho entre
tantos otros, es el hecho capital de la existencia psquica en su emerger.
As, tambin tomamos de Rodulfo (1989) la idea de que el jugar siempre
produce alguna diferencia, el jugar no deja las cosas como estn. Hay
siempre una transformacin a partir del jugar, una produccin de
diferencia, ya sea mayor o menor.
De esta manera conociendo la importancia del juego en el
psiquismo infantil, el at puede intervenir desde ese lugar, posibilitando
sostener el juego, colaborando a que este se despliegue cuando no
existe o estuviera inhibido, a mostrar al nio formas vinculares que se
posibilitan en los espacios de juego en lo escolar.

212
Clnica en las fronteras

Es as que en este camino de una constante investigacin, de


comenzar a plasmar nuestra experiencia por escrito y de una construccin
incesante de aprendizajes con los distintos grupos con los que hemos
compartido en el Seminario de Especializacin en AT Escolar, vemos
al espacio de formacin especfica como necesaria y fundamental para
dar lugar a la apertura a nuevos interrogantes, para debatir sobre nuevas
maneras de trabajar en las cuales las instituciones de salud y educacin
se encuentren para pensar a los nios/as y adolescentes que transitan por
ellas. Apostamos al trabajo en equipo, al debate, a la escucha abierta, al
dilogo para continuar y ampliar an ms, esta ida y vuelta de creacin
y aprendizaje.

Bibliografa
Bleichmar, S. (2008). Violencia Social Violencia Escolar. De la puesta de lmites a
la construccin de legalidades. Bs. As. Mxico: Noveduc.
Fernndez, L. (1994). Instituciones Educativas. Dinmicas institucionales en
situaciones crticas. Paids. Bs. As. Argentina.
Foucault, M. (1984). Vigilar y Castigar. Madrid. Espaa: Siglo XXI Editores
Rodulfo, R. (1989). El nio y el significante. Buenos Aires: Paids.
Winnicott, D. (1979). Realidad y juego. Espaa: Gedisa.

213
Resistencias familiares al dispositivo de AT1
Sergio Nicols Andorno2

Algunas reflexiones acerca de una de las problemticas que


seguramente muchos de nosotros hemos tenido que transitar al recorrer
el noble camino del ejercicio del acompaamiento teraputico.
Muchas veces me he encontrado con colegas que me contaban
que con la familia de aquel paciente no se puede trabajar, que la familia
de aquel otro no me deja trabajar tranquilo poniendo trabas a cada
paso muchas veces me he encontrado a m mismo pensando cosas
por el estilo, al tener que vrmelas con demandas familiares del tipo
de niero, enfermero, vigilante, mucamo, cocinero, profesor particular
de qumica, etc. Familiares que indiferentes a nuestra formacin,
rol especfico y de la presencia de profesionales a cargo, pretenden
presentarse como los directores del tratamiento o desarrollan cierta
habilidad para reducir o boicotear con un mximo de precisin todo
tipo de propuesta o logro teraputico.
Estas cuestiones podran pensarse como el producto de cierto
modo de funcionamiento y armona de una estructura familiar
consolidada. En este sentido las familias se configuran a partir de las
caractersticas de los miembros que la componen y su ubicacin dentro
de esa trama relacional.
El tipo de familias con las cuales nos relacionamos en nuestro
trabajo tienen dos particularidades: una, la de contar con un miembro
con ciertas limitaciones producto de un deterioro, enfermedad detectada
o accidente. Dos, la de no tomar el camino del abandono, la de alojar
a este miembro y reconfigurar los proyectos grupales en torno a las
1
Trabajo presentado en Mesa de Trabajos Libres. Mencin especial entre los seleccionados
para el Premio Federico Manson 2015.
2
Presidente del CISMAT (Centro Integral de Salud Mental y Acompaamiento Teraputico)
Asociacin Civil N A-3.859 Misiones. [Link]@[Link]

215
Acompaamiento Teraputico

necesidades especiales que este integrante presenta. Ubicado en cierta


posicin invalidante a partir de su desvalimiento (real y especfico) se va
entretejiendo una historia a partir de la cual los restantes miembros del
grupo familiar deben asumir roles asistenciales diversos, omnipresentes,
imprescindibles, con una gran cuota de energa, atencin y vitalidad,
lo cual delimita posiciones bien definidas de asistido-asistentes dentro
de un funcionamiento constituido con una historia, una identidad
familiar afianzada y consolidada con el tiempo, como as tambin los
goces y beneficios propios de cada posicin.
En este sentido, bajo los principios orientadores de esta prctica
y el acompaamiento del paciente en su proceso de recuperacin,
nosotros intentamos, mediante los recursos con los que contamos,
brindarle un espacio diferente y sobre todo mas habilitante, un espacio
en el cual esta persona que oficia de paciente o acompaado se encuentre
con otra faceta de s mismo, donde sea capaz de sentirse diferente y
ocupar una posicin, que escape a la objetivacin de su entorno, que
l mismo pueda ir definiendo e invistiendo a la vez. Personalmente me
gusta hablar de volverlos mas impacientes de su condicin de pacientes.
Son en estos intentos de trabajar por la emergencia de su subjetividad
donde nos encontramos confrontados por su medio social, su familia.
As es que atentamos contra el funcionamiento familiar dado; as es que
venimos a romper con un equilibrio tan laborioso y cuidadosamente
logrado a travs del tiempo.
En la medida de que nuestro paciente comienza a recuperarse,
a ocupar un rol ms proactivo, demandante de otra cuestiones, con
mayor autonoma y autodeterminacin, tambin comienza a necesitar
cada vez menos asistencia; lo que da por resultado que del otro lado
comienza a haber gente cada vez menos necesitada en su rol asistencial,
lo cual implica ciertos tipos de renuncias que no todos los familiares
estn dispuestas a llevar a cabo:
Renuncia a tener un padre, amigo, pareja o hijo especial.
Renuncia a un tipo de vnculo parasitario, que implica el
trabajo de construir otro tipo de vnculo menos simbitico
e inimaginable hasta el momento.

216
Clnica en las fronteras

Renuncia a la dedicacin y preocupacin permanente, lo


que implica tener mas espacio mental para ocuparse de su
propia vida o matrimonio.
Renuncia a la posicin de poder y control casi absoluto
sobre esta persona desvalida.
Renuncia a la juventud y vitalidad eterna requerida para
sostener esa relacin asistencial permanente.
Todas ellas fruto de esos roles que en algn momento se
asumieron espontneamente para sobre llevar la mala noticia y/o
compensar las limitaciones propias de una persona que se encuentra en
inferioridad de condiciones por padecer tal o cual trastorno.
Volviendo a la estructura familiar dada, y a la situacin actual
bajo la cual recibimos la demanda de AT, al modificar las condiciones de
vida (suponiendo que ese cambio es para mejor) de uno de los miembros
implica un planteo diferente para el funcionamiento familiar, siendo la
respuesta natural de cualquier estructura constituida, frente a un panorama
de cambio, la resistencia. Los boicots a las actividades propuestas, muchos
de los cuestionamientos al dispositivo de AT o al tratamiento en general,
disconformidades o criticas personales a los acompaantes teraputicos,
como as tambin las adulaciones (tales como ngeles de la guarda,
salvadores de la familia, el terapeuta de la pareja parental, el hermano que
hubiese querido darle, etc.) que buscan cierto grado de complicidad y
corrimiento del rol, no son mas que modos de resistir.
Creo que este modo de comprender estas cuestiones nos posibilita
obtener una perspectiva ms clara acerca del contexto familiar del paciente,
a partir de la cual podamos pensar y elaborar estrategias de accin que nos
facilite el desarrollo de nuestro trabajo de modo ms eficaz, tico y a su
vez nos permita sostener los logros alcanzados con el paciente.
Me gustara aclarar que este planteo no intenta negar la
particularidad de cada caso, al contrario, intenta afirmarla en el
sentido de que no todas las familias se presentan con el mismo grado
de resistencia, o los mismos mtodos para resistir, aunque crea que en
todas se pone en juego de modo mas o menos evidente estas cuestiones.
Su singularidad resulta del entrecruzamiento de diferentes factores que
definen al entorno:

217
Acompaamiento Teraputico

Capacidad de renuncia,
Grado de narcisismo puesto en esa relacin,
Grado de rigidez mental de los miembros,
Proyectos individuales y grupales,
Capacidad de disfrute,
Capacidad de generar y sostener lazos sociales exogmicos.
Y seguramente otros.

La particularidad de cada caso nos enriquece y nos presenta


siempre nuevos desafos, nuevos desafos para pensar nuevas estrategias,
que van a depender de la creatividad y de los recursos con los que cuente
cada acompaante en ese momento, destacando como recursos ms
importantes de nuestra prctica, el trabajo en equipo, la supervisin y/o
coordinacin del caso.
Personalmente el trabajo de ser at siempre me resulto muy
gratificante, (supongo que para compensar la tardanza en el pago de las
obras sociales) y estas gratificaciones tienen que ver con las condiciones
de posibilidad, con las experiencias compartidas reveladoras de aptitudes
y fortalezas conservadas en los acompaados y las potencialidades que
voy descubriendo en cada paciente que me toca acompaar. Es esa cuota
de misterio que se va revelando en el devenir incierto de cada momento,
que por formar parte de una secuencia de vivencias compartidas, va
abriendo un abanico de nuevos sentidos y posibilidades para trabajar
a cada paso. La novedad con la que tropezamos, ansiada o crtica, nos
desafa a la creacin de nuevos planteos o estrategias posibles, de modo
que esto nuevo pueda capitalizarse y sostener lo teraputico del vnculo.
Retomando la cuestin de los obstculos que el entorno de
nuestro acompaado puede generar, adems de ser asumido, no
como una cuestin personal, sino como una reaccin natural de todo
funcionamiento constituido, debe ser considerada la necesidad de una
intervencin estratgicamente pensada para poder continuar con el
proceso transformador que plantea cualquier tratamiento.
Al momento de ser confrontados por los portavoces de los
aspectos ms conservadores del sistema familiar, el at, que nunca
deja de ser un agente exogmico, se ve en la disyuntiva de contestar

218
Clnica en las fronteras

afirmativa o negativamente a la demanda o cuestionamiento realizado.


Mi experiencia como at cuyo compromiso implic siempre contar con
una buena supervisin, me ha demostrado que cuando las opciones son
A o B, la mejor respuesta siempre es C.
Si planteamos que la naturaleza del reclamo o demanda no
correspondiente con nuestro rol, esto remite en realidad a una reaccin
contra el panorama de transformacin del que somos promotores.
Entonces cualquier respuesta a la misma que contine en el mismo eje
imaginario en que fue enunciada, terminar por atraparnos en esa red
de sentidos que en definitiva se teji para encubrir la angustia que todo
cambio conlleva. Adoptar una posicin defensiva de dar la explicacin
correspondiente o remitirse al encuadre acordado una y mil veces,
resultar en un gasto de energa permanente que nos alejar cada vez
ms de los objetivos propuestos y slo lograr un redoblamiento de tales
resistencias que atentar contra la continuidad del dispositivo de AT.
Es por ello que lo recomendable resulta de la toma de distancia
respecto de las confrontaciones y una respuesta efectivamente
apaciguadora. Si el cambio es lo que asusta, sera realmente estratgico
en principio no prometer grandes progresos o hacer alarde de los logros
alcanzados con el acompaado; otras veces ser necesario solapar las
nuevas conquistas teraputicas. No son slo los tiempos del paciente los
que se ponen aqu en juego, sino tambin los tiempos del contexto social
ms cercano en el cual se despliega la existencia del acompaado. Una
respuesta asertiva siempre debe, no slo contemplar este aspecto, sino
tambin dejar constancia de que tales vnculos naturales del acompaado
nunca sern infringidos por nuestra presencia. Donde nuestro vnculo
con el acompaado se proponga como garante de la continuidad de
tales lazos sociales, ya que en la medida de que nos sostengamos en
nuestro rol las transformaciones resilientes sern inherentes al devenir
de nuestros encuentros.
Por lo tanto si percibimos que desde el entorno se proponen
comentarios o actitudes que busquen corrernos de nuestro rol de ats
ser importante estar advertidos, ofrecer respuestas que afirmen la
incompletud, carencia o rasgo vicariante de nuestra posicin frente a
la suya. La estrategia consistir en re-direccionar la mirada puesta en

219
Acompaamiento Teraputico

la potencialidad transformadora (peligrosidad) de nuestro vnculo


hacia la necesariedad y contundencia de su protagonismo en la vida del
acompaado.
En este escrito me he referido casi exclusivamente al
funcionamiento familiar, tomando a la Familia como un escenario
donde pueden tener cabida estas resistencias como fenmenos propios
de su dinmica. Pero la Familia constituye un espacio institucional
posible en el que se encuentre co-existiendo nuestro acompaado, por
lo que estos desarrollos bien podran ser aplicados a cualquier otro
contexto institucional donde este habite y nos toque acompaarlo,
como por ejemplo: Escuelas o centros educativos, clnicas o salas de
hospitales psiquitricos, geritricos, centros de da, etc., cada uno con
su particular modo de funcionamiento establecido.
No existen recetas, solo planteos o principios orientadores que
sirven al desarrollo de nuestra prctica, prctica ligada a una tica que le da
sentido a la especificidad de nuestro rol. Los acompaantes teraputicos
trabajamos para la recuperacin del paciente, para el restablecimiento
de su dignidad y de sus derechos. Nuestra praxis no est ligada a ser
funcionales a un determinado modo de funcionamiento institucional, a
emparchar los agujeros que el mismo funcionamiento genera, a obtener
los beneficios propios de responder al pie de la letra a las demandas de su
entorno, a distraer o tranquilizar al paciente en pos de su sometimiento.
Nuestro rol debe ser instituyente, debe estar relacionado con brindar
un espacio diferente que promueva el surgimiento de sucesivas
transformaciones teraputicas relativas al desarrollo de un mayor grado
de autonoma, autovalimiento, reposicionamiento subjetivo, insercin
en nuevos espacios sociales y comunitarios Acompaar hacia una
meta, dejndonos atravesar por los acontecimientos encontrados,
superando obstculos y asumiendo que lo incierto de lo que queda por
delante nos da cuenta de que no todo est escrito.

220
Captulo 4

Caminos/ Formacin del at y Polticas


Pblicas

Si pensamos a la singularidad como algo que emerge entre


otros, la singularidad de una prctica slo puede emerger al ser
situada entre otras. Se trata del trabajo de formalizacin. La
formalizacin no es prescriptiva (no dice lo que hay que hacer)
sino retroactiva (piensa lo que hicimos). Pero piensa lo que
hicimos para extraer recursos de los que podamos disponer en
el futuro. La formalizacin es la construccin/ deconstruccin
permanente de una caja de herramientas.

Franco Ingrassia, Intervenir en situacin. El acompaamiento


teraputico como prctica de discurso.

221
Fronteras del acompaamiento teraputico
Leonel Dozza de Mendona1

A veces ocurre que profesionales que intervienen en la


comunidad, al escuchar una charla o leer algo sobre Acompaamiento
Teraputico dicen: yo hago AT, cuando de hecho nunca han hecho
ningn tipo de formacin especfica en este campo.
Si bien la principal especificidad del Acompaamiento
Teraputico consiste en que tiene lugar en la comunidad, ello no
significa que toda intervencin en la comunidad sea AT.
Cules seran, entonces, los elementos que constituyen las
fronteras del AT en relacin a otras prcticas similares pero distintas?
No se trata aqu de intentar convencer de que el AT es mejor
que otras prcticas comunitarias, sino de discriminar; porque si a todas
las mujeres las llamramos Carmen, no tendra sentido llamar Carmen
a ninguna mujer.
En primer lugar, dira que para hacer AT uno tiene que pen-
sar como un Acompaante Teraputico (e intervenir en consecuencia
a este pensar) y para pensar como un at uno tiene que formarse en AT.
Formarse fundamentalmente en el sentido de poder pensar e intervenir
desde los pilares fundamentales del AT, que segn mi punto de vista
(creo que en sintona con un cierto pensar ms o menos general) seran:
Formarse en una Concepcin Vincular de la existencia humana
y, ms especficamente, del sufrimiento y el enfermar psquico. Estudios
recientes apuntan a que definitivamente los factores genticos no son
decisivos en la gestacin y cronicidad de una patologa mental grave. El
factor decisivo es la historia vincular pasada, presente y futura del sujeto.

1
Doctor en Psicologa por la Universidad Complutense de Madrid, Director del Centro de Da
y del Equipo de Apoyo Social Comunitario Parla. (Comunidad de Madrid y gestionados por
Fundacin Manantial). ldozza@[Link]

223
Acompaamiento Teraputico

Desde esta Concepcin Vincular estamos todo el tiempo


valorando las relaciones vinculares del sujeto a nivel familiar, los vnculos
que establece en su comunidad ms cercana (conserjes, camareros,
vecinos, establecimientos comerciales, amistades) y tambin los vnculos
que establece con nosotros y nosotros con l, los vnculos en el equipo
tratante, entre equipos etc.
Un at, sean cuales sean los objetivos formales del caso, siempre
tratar de enfocar la intervencin desde una metodologa vincular.
Si el objetivo formal es desarrollar una mayor autonoma en
Actividades de la Vida Diaria (imaginemos que el paciente vive slo
y no sabe poner la lavadora, cocinar etc.), el at tratar de pensar, en
coordinacin con el equipo, qu tipo de vnculos (de dependencia,
sobreproteccin etc.) han dificultado la autonoma en estos aspectos,
y tambin pensar en cmo el paciente (y a veces la familia) tiende a
reproducir esos vnculos con los profesionales. A la vez, emplear
estrategias fundamentalmente vinculares para manejar esta situacin.
La primera y principal Tarea de un at es establecer un vnculo
positivo y de confianza; de modo que si este supuesto paciente no quiere
saber absolutamente nada acerca de las Actividades de la Vida Diaria
(AVDs), puede que la estrategia ms adecuada consista en evitar, por lo
menos al comienzo, hablar de este tema, porque si no probablemente
este paciente empezar a no abrir la puerta de su casa al at.
Si ante el objetivo (planteado por el psiquiatra, familiares etc.)
trabajar AVDs el profesional se limita a una funcin pedaggica o
asistencial, sin tener en cuenta los aspectos vinculares (familiares,
sociales, con el equipo), por ms que se intervenga en la comunidad
entendemos que esto no es AT. No discutiremos aqu si es mejor o peor:
es otra cosa o, si acaso, un at que debe revisarse en profundidad.
Por otra parte, sabemos que la totalidad de la prctica de los at
est atravesado por una serie de demandas hacia su persona: demandas
de los familiares, del psiquiatra/terapeuta etc.; y que estas demandas lo
empujan a actuar de una forma asistencialista o pedagogista, es decir: le
hace salirse de la estrategia vincular, aunque paradjicamente, eso que
lo lleva a salir de lo vincular es precisamente un fenmeno vincular.

224
Clnica en las fronteras

Y es aqu en donde situaremos otro pilar que dibuja la frontera


del AT en relacin a otras prcticas: la supervisin. Sabemos a ciencia
cierta que cualquier ser humano tiende a alienarse ante ese tipo
de demandas que recin comentbamos; y para que ello no se haga
crnico hace falta un tercero, el supervisor, aunque tambin (si hay) el
coordinador del equipo, compaeros etc. Escribir tambin cumple una
importante funcin de otredad, y desde luego muy recomendable la
psicoterapia personal del at.
En definitiva, para intervenir desde un enfoque vincular hace falta
formacin y supervisin, sin lo cual muy probablemente el profesional
se limitara a asistir y ensear, lo cual desde nuestra perspectiva se
ubicara fuera de las fronteras del AT.
Otro aspecto fundamental, es la formacin en lo que denomino
Metodologa o Clnica de lo Cotidiano2. En este contexto, slo sealar
que el hecho de que el at intervenga desde una perspectiva vincular,
no se trata, por ejemplo, de que est constantemente haciendo
una psicoterapia ambulante o a domicilio. El trmino Clnica de lo
Cotidiano viene a indicar que, ms all de la comprensin clnica que
podamos tener de esos procesos vinculares, el AT se procesa en gran
medida mediante situaciones e Intervenciones Escnicas.
Dando un paso ms, en este intento de dibujar las fronteras
(aunque difusas) del AT, dira que otro pilar que lo diferencia de otra
prcticas es el Encuadre.
En lo que respecta al Tiempo, en AT se interviene desde un
encuadre fijo (que no rgido), es decir, se encuadra las citas, por ejemplo,
los lunes y los jueves de tal a cual hora. Por supuesto, de ser necesario
para la consecucin de la Tarea, se pueden pactar cambios, pero estos
cambios se dan sobre una referencia estable.
El aspecto temporal del encuadre es un gran facilitador de la
vinculacin y la consecucin de la Tarea, es una referencia estable que
permite valorar los procesos vinculares que se van desarrollando.
Hay prcticas de apoyo que consisten en ir a la casa del paciente
2
Vase mi libro Acompaamiento Teraputico y Clnica de lo Cotidiano, Buenos
Aires, Letra Viva.

225
Acompaamiento Teraputico

o usuario sin un encuadre fijo, en situaciones puntuales para atender a


determinadas demandas/necesidades, pero de forma no constante. No
digo que en tales casos no se establece un vnculo (claro que s), ni
que este vnculo no pueda ser positivo y de confianza, pero faltar este
elemento constante desde el cual valorar e intervenir sobre el desarrollo
del vnculo.
Por otra parte, en AT intervenimos desde un Encuadre Abierto.
Por lo general, nos hemos formado y acostumbrado a trabajar con un
encuadre cerrado. En la consulta, o cuando coordinamos un grupo
o taller, tratamos de asegurarnos de que no habr la participacin no
planificada de terceros, porque para la tarea que estamos llevando a
cabo (psicoterapia, grupo), ese es el mejor encuadre.
Sin embargo, cuando la tarea consiste precisamente en sanear y
potenciar los vnculos cotidianos, familiares y comunitarios, tenemos
que operar desde un encuadre abierto, es decir, abierto a la participacin,
por lo general no planificada, de terceros, ya sea el camarero, conserje,
vecinos, amigos y familiares del paciente. Por ello, en las supervisiones,
yo siempre cuestiono cuando el at dice estaba hablando con el paciente,
pero vino la madre y nos interrumpi o el camarero o el paciente
me dijo que si su amigo poda venir con nosotros y no supe qu decir.
Si intervenimos desde la nocin de Encuadre Abierto, estas
situaciones dejan de ser interrupciones o ataques al encuadre y pasan
a percibirse como situaciones que pueden contribuir en la consecucin
de la tarea.
Yo dira que en la Clnica de lo Cotidiano, la estructura del
encuadre es abierta, lo cual no significa que, desde el punto de vista
dinmico y teniendo en cuenta cada caso y situacin, no se pueda
establecer puntos de cierre.
El encuadre abierto es una caracterstica especfica (no
necesariamente exclusiva) del AT, porque hay muchas prcticas en la
comunidad en las que el profesional va a hablar exclusivamente con el
paciente. Es decir, pese a que est en el domicilio o en la comunidad,
interviene desde un encuadre cerrado.
Por ltimo, diremos que el AT, por s slo, no es el tratamiento,

226
Clnica en las fronteras

sino algo que puede incluirse en la estrategia de un tratamiento. Es


decir, que si una madre o padre piden un at privado para su hijo, y
el profesional nunca llega a coordinarse con el psiquiatra o equipo
responsable del caso, tambin diremos que esto no es AT, porque
para que sea AT tiene que estar en coordinacin con la estrategia de
tratamiento.
Cierto es que algunos equipos/profesionales no facilitan esa
coordinacin, pero eso ya es otro tema. En todo caso, forma parte del
trabajo del at gestionar esa dificultad.
En las supervisiones es comn que los at digan: he intentado
hablar con el psiquiatra, pero no me devolvi la llamada. Cuando se le
pregunta al at cundo hizo esa llamada, puede que diga: bueno, hace
ms de un ao.
Entonces, no hay que perder de vista este aspecto de la tarea
y buscar estrategias: por ejemplo, proponer que el paciente o algn
familiar le comente al psiquiatra/terapeuta que a su at le gustara poder
hablar con ellos.
A veces tambin ocurre que el paciente se niega tajantemente a
que el at se comunique con otros profesionales, y sera un error si por un
purismo tcnico el at se negara de entrada a Acompaarle. En este tipo
de situaciones el at debe explicar la importancia de la coordinacin al
paciente y por lo menos dejar un margen de tiempo para poder entender
lo que ocurre y tratar de gestionar esta situacin.
Por otra parte, tambin me parece legtimo (y es AT) si, no
habiendo un tratamiento debido a que el paciente se niega tajantemente,
al at se le convoca para tratar de montar una estrategia de tratamiento
(facilitar la vinculacin con otros profesionales o dispositivos); pero, de
empezarse un AT en estas circunstancias, el at debe de tener claro que
la tarea principal es formar equipo, sobre todo si se trata de un caso
grave.
Incluso dejo tambin un margen de flexibilidad en el sentido
de que, con determinados casos, digamos no tan graves, quepa la
posibilidad de que un at asuma solo el caso, pero debe de tratarse de at
experimentados y, por supuesto, con supervisin y una red de apoyo.

227
Acompaamiento Teraputico

En resumen, para que sea AT y produzca los resultados


que se espera, tienen que estar todos los elementos, por lo menos
potencialmente, a saber:
La formacin especfica (concepcin vincular y clnica de lo
cotidiano)
El encuadre: estable y abierto.
La supervisin/coordinacin del equipo
La inclusin en la estrategia del tratamiento.
A veces estn unos y otros no. Por ejemplo, un profesional puede
tener formacin en AT, trabajar desde una perspectiva vincular y con
una nocin de encuadre y, sin embargo, desentenderse completamente
de todo tipo de coordinacin con el equipo tratante. El supervisor debe
sealarlo.
Para finalizar, decir que desde hace muchos aos vengo brindando
formacin a profesionales que realizan intervenciones comunitarias que
no son at ni pretenden serlo; es decir, que las herramientas y conceptos
del AT pueden potenciar la capacidad de intervencin de estas prcticas.
As, por ejemplo, uno puede trabajar en un Centro de Da y emplear
la nocin de Encuadre Abierto en determinadas actividades, o bien
intervenir con Intervenciones Escnicas, o utilizar los fundamentos de
la Clnica de lo Cotidiano en algunos grupos3 etc.

3
Ver el artculo sobre el Espacio de Familias y Allegados creado por Rosa Maria Reyes http://
[Link]/2011/12/[Link]#more

228
Reflexiones a propsito del
Congreso Internacional de AT 2015
Claudia Torcomian4

El Congreso Internacional de Acompaamiento Teraputico


2015 coorganizado por la Facultad de Psicologa de la Universidad
Nacional de Crdoba a travs de la Secretara de Extensin de la Facultad
fue sin duda un gran evento de amplia convocatoria. Participaron
conferencistas extranjeros, contribuyendo a traspasar las fronteras de
nuestro territorio y enriquecer un pensamiento Latinoamericano e
internacional. Los congresos son encuentros entre pares, oportunidades
para compartir las producciones de conocimiento; sistematizaciones de
prcticas y experiencias que bajo la rigurosidad de la lectura y escucha
de otros colegas o compaeros de trabajo hagan posible la reflexin
tanto sobre el conocimiento producido como sobre las prcticas que
llevamos a cabo en nuestra labor profesional o tcnica de todos los das.
Sin embargo, este no fue un Congreso ms, sino que se
convirti en un espacio propicio para debatir sobre un tema nodal: el
acompaamiento teraputico, su lugar en los equipos interdisciplinarios
y ms especficamente el futuro de su formacin
Venimos atravesando momentos histricos en el pas, en las
carreras de Psicologa de gestin pblica con el programa interinstitucional
de Salud Mental y particularmente en esta Facultad de Psicologa que
por primera vez est trabajando fuertemente en la apuesta de la creacin
de una carrera corta de AT en la universidad pblica. Hoy esta carrera
consta con la aprobacin de su plan de estudio por parte de la Facultad
de Psicologa y por el Honorable Consejo Superior de la Universidad
Nacional de Crdoba.

4
Decana Facultad de Psicologa, UNC.

229
Acompaamiento Teraputico

La Psicologa se caracteriza por la diversidad de teoras y


aplicaciones que dan origen a un amplio espectro de interpretaciones
sobre la realidad. Esta pluralidad tiene orgenes histricos, cientficos y
epistemolgicos muchas veces diferentes por los contextos sociopolticos
en los que surge. Es para esta disciplina un desafo dar respuesta a la
formacin en temticas actuales que responden a necesidades e intereses
de las nuevas generaciones.
La Psicologa como ciencia est avanzando en el mundo en
mltiples reas que hoy podramos considerar an de vacancia a nivel
local. Esta polivalencia convoca a investigadores y docentes a reflexionar
sobre la articulacin de los desarrollos cientficos y profesionales que
articulen con los proyectos de crecimientos de los pases, en especial en
la regin de Amrica Latina. As mismo esta es una de las razones por la
cual hay marcadas tendencias de incremento de jvenes interesados en
estudiar la licenciatura de Psicologa.
En el contexto Nacional se ha avanzado en la aprobacin de un
conjunto de leyes para promover mejoras en la calidad de vida de las
personas y ciudadanos entre las que se encuentra la Ley de Salud Mental
N26657 y la ampliacin de los derechos de nios y nias, las mujeres,
entre otras.
Por otra parte y como parte de las transformaciones durante
la ltima dcada en el pas se ha avanzado en la obligatoriedad de la
escuela secundaria, por lo que cada vez son ms los jvenes que buscan
continuar sus estudios superiores en la Universidad Pblica, lo que
obliga a pensar en diversificar las propuestas de formacin en Educacin
Superior incluyendo las alternativas de carreras cortas.
Este antecedente pone de manifiesto la necesidad de nuevos
horizontes que permitan a los jvenes avanzar en carreras universitarias
que conjuguen su rea de inters y al mismo tiempo generen graduados
capaces de intervenir en un corto plazo ante necesidades sociales
relevantes de las personas que lo requieran o necesiten. Sabemos que
un nmero considerable de nuestros estudiantes realiza cursos y trabaja
como at.

230
Clnica en las fronteras

Es en este sentido que consideramos la necesidad social,


educativa, institucional y acadmica poner en marcha de Tecnicaturas
sobre temticas acordes a las necesidades e intereses de la comunidad
de influencia del contexto provincial y nacional de la Carrera de
Acompaantes Teraputicos en el mbito de las Facultades de Psicologa
asumiendo la responsabilidad y compromiso de su formacin en el
mbito de la educacin superior de gestin pblica como as tambin
de otras tecnicaturas afines al campo de la salud mental.
En particular, se presentan en la actualidad varias unidades
acadmicas que conforman la Asociacin de Unidades Acadmicas de
Psicologa (AUAPsi) por estar altamente involucradas en las sanciones
de las leyes de Salud Mental, la necesidad de presentar ofertas sobre
Tecnicaturas de Acompaamiento Teraputico que abonan al trabajo
interdisciplinario de los equipos de salud en los campos sanitarios
donde el acompaante teraputico se constituye en un recurso valioso.
Estoy convencida, conjuntamente con mis colegas de AUApsi,
sobre nuestro deber de involucrarnos para habilitar esta formacin en
nuestras Facultades. Esto se funda, por un lado, en la necesidad de dar
respuesta a la formacin de AT en el marco de universidades pblicas
para homogeneizar y fortalecer sus procesos formativos y, por otro,
para contribuir con la implementacin de nuevas leyes que apuntan
a la inclusin de personas con padecimiento psquico y /o necesidades
derivadas de diferentes circunstancias. Vienen a mi memoria las palabras
que hace pocos das dijera el Prof. Martn de Lelli en la jornada interna
de capacitacin sobre el tema la Ley necesita AT.
La ley de Salud Mental y el trabajo para su implementacin, que
an no se consigue plenamente, ha puesto en evidencia la necesidad del
trabajo interdisciplinario en Salud Mental, trata e intenta con muchos
obstculos, de sacarnos de tiempos histricos oscuros, donde la salud
mental estaba relegada al encierro y al olvido para invitarnos a cambiar
el paradigma con los que interpretamos la enfermedad psicolgica y o
el sufrimiento psquico de las personas que padecen y requieren ayuda.
En este contexto la ciencia y profesin psicolgica es puesta en
valor as como el rol de los at. En este cambio terico, epistemolgico,

231
Acompaamiento Teraputico

metodolgico y estratgico de la intervencin en Salud Mental es


fundamental la incorporacin de tcnicos que contribuyan al desafo de
la transformacin de las prcticas en salud mental y salud psicolgica
tanto en los hospitales o instituciones de salud como en las instituciones
educativas.
Es necesario cambiar nuestros modos de comprender los
problemas, la transformacin de los dispositivos de trabajo, re-inventar
y recrear las modalidades de tratamiento que no permitan la exclusin
familiar y social de las personas con padecimientos, ya sea que estn
provengan de dificultades sensoriales, motoras o psicolgicas, para
brindar alternativas en pro de una mejor calidad de vida para todas las
personas
Debemos formar profesionales y tcnicos capaces de colaborar
y participar con diferentes equipos de atencin de problemticas que se
presentan en el tratamiento de pacientes en modelos de puertas abiertas
y tratamientos ambulatorios y/o distintas instituciones de salud,
educativas y sociales en sentido amplio.

232
Desarmamos lo claro y evidente?
Mara Eugenia Rossi5

El propsito de estas lneas es problematizar los modos en que


se presentan muchos de nuestros alumnos al Curso de Formacin
Profesional en Acompaamiento Teraputico de la ciudad de Mar
del Plata. Supuestos iniciales bajo los que se sostienen fuertemente
arraigados, estructuras de pensamientos acabados, bsqueda de ideas
claras y evidentes, ligadas al discurso filosfico cartesiano que conduce
al saber y a la razn.
Tomo como punto de partida la exploracin de uno de los
supuestos filosficos que ha sido deconstruido por el Psicoanlisis. A
tales fines voy a circunscribirme a la nocin de conciencia o subjetividad
tal como la entenda la Filosofa Moderna.
La palabra deconstruccin da la idea de desmontaje. Siguiendo
a Derrida, deconstruir alude a descomposicin de una estructura o
pensamiento dominante o hegemnico, sin destruirla jams, sino para
relacionarse con eso deconstruido como un pensamiento, como una
palabra viva, es sobretodo diferencia, multiplicidad, acontecer, actividad.
Deconstruccin alude a cmo se ha construido un pensamiento
cualquiera a partir de procesos histricos y acumulaciones metafricas,
mostrando que lo claro y evidente dista de serlo, puesto que los tiles de la
conciencia en que lo verdadero en s ha de darse son histricos, relativos
Fue Descartes, con Discurso del Mtodo, quien desplaza a
Dios como centro revelador de la verdad, e instala al Hombre en tanto
pensamiento, subjetividad, como punto de partida a todo razonamiento.
Se inaugura as el llamado Modernismo. Todo un pensamiento
subversivo, ya que cuestiona el orden teolgico.

Directora del ISA (Instituto Superior Acontecer). Vicepresidente de AMAT (Asociacin


5

Marplatense de Acompaantes Teraputicos). mariaeugeniarossi@[Link]

233
Acompaamiento Teraputico

Descartes pretende constituir un saber absoluto, sin supuestos,


centrado en el sujeto. Para Descartes, la subjetividad es el fundamento
absoluto y a la vez el lugar del fundamento absoluto. Porque para l, el
ego cogito (yo pienso) constituye no slo el punto de partida y primera
verdad absolutamente evidente en tanto produce certeza, sino porque al
mismo tiempo toda la realidad queda referida al cogito, al yo sujeto, a la
razn, que ser fuente de validez y legitimacin de cualquier contenido.
El cogito se erige as en criterio epistemolgico de verdad pues slo la
razn es fuente de validez.
Yo no s nada que atae a mi esencia, excepto que soy una cosa que
piensa, es decir, una cosa que tiene la posibilidad de pensar. (Descartes,
R., Meditaciones Metafsicas, p.38, Ed. Aguilar, Buenos Aires, 1973)
Alineado a este discurso nos encontramos con el Modelo Mdico
Positivista, situando una clnica de generalizacin con pretensin
universalista. Es ya sabida la existencia de conocimientos universales
y necesarios propios de la ciencia, todo conocimiento que pretenda ser
riguroso debe aspirar al status universal y necesario. Luego de haber
realizado una evaluacin de los signos y sntomas que se observan en
un sujeto se arriba a un diagnstico (que suele ser fijo, inamovible y
estanco). Ese diagnstico define el tratamiento a realizar y el pronstico;
por lo tanto se advierte una correlacin entre las manifestaciones de un
sujeto y las categoras que se encuentran en los manuales diagnsticos,
quedando ausente la dimensin del sujeto que padece.
Encuentro recurrente esa lgica de pensamiento en los alumnos
que se acercan a formarse, al buscar an ms certezas, evidencias,
respuestas estancas, fijas y acabadas, siendo la Razn la nica fuente de
validez. La lgica de la clnica de la Medicacin genera una fascinacin
y un encantamiento inmediato, producto de la ilusin de que hay una
pastilla para resolver cada psicopatologa.
El tema es que cuando uno est encantado. no puede pensar!
Queda encandilado, fascinado tal como le ocurre a un toxicmano con
el objeto, cualquiera sea este fascinacin que obtura la posibilidad del
movimiento, del pensamiento

234
Clnica en las fronteras

La apuesta desde la formacin sera problematizar y desarmar


lo claro y evidente, desarmar y volver a armar dando acogida a una
dimensin ausente que es la que nos interesa privilegiar: la subjetividad
de quien padece
Problematizar y desarmar esa lgica de pretensin universalista
y cultivar en los alumnos un modo de introducir lo inimaginable, lo
peculiar de cada sujeto, para desde all los futuros atpuedan disponerse
hacia esta aventura vincular, centrada en la escucha y la diferencia.
La capacitacin en AT apunta a marcar en las diferentes instancias
de formacin la diferencia sustancial entre los modos de intervencin
habituales y la Teora psicoanaltica.
El psicoanlisis puso en el centro de su campo de investigacin
la relacin del sujeto con el lenguaje, abriendo una nueva perspectiva no
slo para la clnica que estudia el malestar psquico sino tambin para la
misma concepcin del sujeto, rompiendo con la tradicin cartesiana hasta
ese momento vigente. El pienso luego existo, es sustituido por pienso
donde no soy, luego soy donde no pienso. A diferencia de Descartes
y de muchos exponentes del pensamiento moderno y contemporneo,
Freud niega (en un contexto histrico distinto, naturalmente) que el
pensamiento y el sujeto sean una copia transparente. La intencin de
Freud no se dirige al centro de las evidencias; busca la verdad en los
mrgenes, all donde no vemos por un exceso de luz.
Siguiendo a Castoriadis:
A partir de Freud, llamamos psicoanlisis a la investigacin
concerniente a lo que l llama realidad psquica y centralmente a su
dimensin inconsciente, al mismo tiempo que a la actividad comn de
dos sujetos que por medio de la exploracin de dicha realidad, apunta a
lograr cierta modificacin en uno de ellos. Modificacin que a partir de
Freud pas a llamarse el fin del anlisis. (Filosofa y Psicoanlisis, De la
imaginacin de la praxis, Castoriadis Cornelius)
Lacan localiza la convergencia de Descartes y Freud en que los
dos parten del fundamento del sujeto de la certeza. Descartes obligado
por el mtodo a dudar, encuentra que hay algo de lo que no puede
dudar y es que duda. Dudo es decir pienso, luego soy.

235
Acompaamiento Teraputico

Para Freud en cambio, todo lo que aparece dudoso, en el relato de


un sueo es ndice de un pensamiento inconsciente, en la reconstruccin
de los sueos, en la de sus propios sueos, ya que al igual que Descartes,
Freud hace de su propia experiencia el acontecimiento fundador de su
discurso, en el relato del sueo aparecen puntos de duda, incertidumbre;
ahora bien, esto que le parece dudoso le da su certeza, le asegura que ah hay
un pensamiento que es inconsciente, lo que quiere decir que se revela como
ausente. La duda sera entonces el signo de resistencia contra la emergencia
de los pensamientos inconscientes y por eso todo aquello que aparece en
forma discontinua, dudosa se convierte en objeto de la escucha analtica. De
la indudabilidad de la duda, del acto mismo de dudar, de la duda en acto,
Descartes hace la certidumbre propia del sujeto.
De la duda a la certeza, es en lo que converge Freud con Descartes,
y su diferencia es que Freud, nos seala Lacan, est seguro de que ese
pensamiento est all por s solo, aislado de todo su yo soy, por poco que se da
el salto, alguien piensa en su lugar. (Lacan, J., Seminario XI, Los cuatro
conceptos fundamentales del Psicoanlisis, pg. 44, Paids, 1987).
Es decir, la primera disimetra es que para Freud el pensamiento no
se acompaa de ningn yo pienso, y la segunda menos an, de un yo soy; nos
dice Lacan eso piensa sin que yo est ah presente.
Es decir, el sujeto cartesiano es ese sujeto que se piensa a s mismo,
que aparece como la sede de una autotransparencia en la que pensamiento
y conciencia de s son la misma cosa. El sujeto del psicoanlisis en tanto que
sujetado al inconsciente, es un sujeto opaco para s mismo, el inconsciente
perturba la nocin de trasparencia para s mismo, pensamiento y consciencia
de s no se identifica, tal como lo advertimos en el sueo.
El sujeto de la Modernidad remite a elementos articulados como
saber: representacin, conocimiento, conciencia, es decir un orden y un
sentido; lo que es incompatible con la suposicin de un sujeto al inconsciente
freudiano, donde sustancia, identidad, permanencia, representacin y
conciencia estn excluidas por principio.
El discurso filosfico nos conduce tradicionalmente al saber y a la
razn, el psicoanaltico pretende revelarnos una verdad que desafa la razn
y que subvierte cualquier saber. El Psicoanlisis se ocupa de la experiencia

236
Clnica en las fronteras

vivida por cada sujeto en su singularidad, en su particularidad, mientras que


la filosofa no deja de ascender hacia una esencia universal de la experiencia
humana. El dominio filosfico tradicional es el de la regla y el modelo general
(es la Filosofa Moderna, hasta Husserl, la que tena tal pretensin
universalista), el modelo psicoanaltico es el del sntoma y las excepciones a
la regla. En el primer caso lo que importa es aquello que explica o describe
todo lo que ocurre, en el segundo lo que le ocurre o no le ocurre a cada sujeto.
El mtodo psicoanaltico no se gua ni por los principios racionales de una
supuesta realidad ni por las formas de su aprehensin consciente, sino por
la historia de cada sujeto y por las leyes inconscientes que la rigen. Mientras
que el psicoanlisis nos ofrece una teora de lo inconsciente, la filosofa
tradicional sucumbe a la tentacin de preparar o proponer una ciencia de
la conciencia. En esta ciencia lo central ser razonar y sistematizar, lo que
tenga sentido, lo claro y distinto, lo comprensible y lo inteligible. (Mercedes
Villn Rivas. Filosofa y Psicoanlisis.)
Razonar y sistematizar..ello fue lo que sucedi en el ao
2014, la formacin de los Acompaantes Teraputicos en la provincia
de Buenos Aires ha sido regulada en un total de 640 hs, aprobndose
un Diseo curricular que comprende 8 mdulos o materias. Se ha
producido la transformacin de los cursos informales existentes hasta
ese momento, hacia el Sistema Educativo Formal, con Certificacin:
Acompaante Teraputico otorgando ttulos Oficiales.
Desde mi punto de vista la capacitacin no debera caer ni-
camente en la adquisicin de un saber terico, en la apropiacin de
las definiciones y la sistematizacin de un saber, que por lo general la
formacin dentro del sistema educativo formal convoca con insistencia.
Si bien es cierto que el alumno debe nutrirse con los diferentes aportes
tericos y que por lo tanto es fundamental recorrerlos, no es menos
cierto que, adems, la formacin debera estar atravesada desde el va-
mos de inmersiones en la clnica que posibiliten el encuentro con lo
que resiste a la razn y a la sistematizacin, lo que no tiene sentido, lo
absurdo y enigmtico, lo ininteligible o incomprensible de cada sujeto.
Estas vivencias articuladas a la teora, se transformaran en experiencias
posibilitadoras de relanzar la bsqueda creativa y plstica desde la cual el

237
Acompaamiento Teraputico

otro sea mirado de un modo ms amable y estableciendo lazos de con-


fianza que le permitan construir un proyecto de vida acorde a su modo
particular de estar en el mundo.
Sabemos y ponemos nfasis en que la formacin permanente, el
trabajo en equipo, el anlisis personal y la supervisin de los casos son
las condiciones inexorables para ejercer esta profesin y por otro lado,
espacios donde las dificultades del at pueden ser las menos pensadas.
Ensear a trabajar en el campo de la salud mental implica pensar
la experiencia clnica como un acompaar dando lugar, albergando un
dolor que habita en cada acompaado y requiere ser escuchado a travs
de una presencia despojada de saberes a priori, de lo certero, lo claro y
evidente.
Ese es el desafo.

238
El acompaamiento teraputico en el proceso
de TRANSFORMACIN de las PRCTICAS
en salud mental
Maricel Costa6

Dedico estas pginas a la Lic. Elvira Selln,


colega comprometida con la formacin de psiclogos
por su dedicacin en la creacin de la Tecnicatura de
Acompaamiento Teraputico,
quien sin duda debera ocupar mi lugar en este escrito

Introduccin

En la formacin del psiclogo clnico, se busca promover el


acercamiento de los sujetos a prcticas en salud mental7 en escenarios
reales y, por tanto, complejos; desarrolladas, a su vez, a travs de un
conjunto de dispositivos observados y recreados desde el enfoque de
la complejidad. Esto habilita el surgimiento de nuevos interrogantes
y gesta una mirada implicada, en el marco de una praxis vital y una
tica que lleva a crear y habitar nuevos territorios existenciales, en una
dinmica donde la tradicin no es antagnica de la transformacin sino
su condicin de posibilidad (Najmanovich, 2008).
As, el campo de accin del psiclogo clnico demanda una
progresiva aproximacin al conocimiento y al entrenamiento de
6
Mgter. en Psicologa. Responsable del Contexto Salud y Sanitarista del Programa de Prcticas
Pre-Profesionales de la Facultad de Psicologa Universidad Nacional de Crdoba. Profesora
Asistente de la Ctedra de Psicologa Clnica de la Facultad de Psicologa Universidad
Nacional de [Link]-Secretaria de Servicios a la Comunidad de la Facultad de Psicologa
Universidad Nacional de Crdoba. mar_psicosta@[Link]
7
En este artculo se entiende por prcticas en salud mental a los modos de intervenir
desarrollados por los agentes de salud mental que los estudiantes de grado o en situacin de
egreso, tienen oportunidad de observar, registrar y sistematizar en condiciones de supervisin.

239
Acompaamiento Teraputico

dispositivos de abordaje8 del sufrimiento psquico, con la finalidad de


aportar a la formacin de profesionales comprometidos en la progresiva
transformacin del sistema sanitario.
En ese sentido, el acercamiento a los principios fundantes y
rectores de la legislacin vigente opera en beneficio de la observacin,
el registro, el entrenamiento y la sistematizacin de las prcticas, en el
marco de la interrelacin entre salud mental, tica y derechos humanos,
como engranajes del abordaje clnico.
As el Acompaamiento Teraputico (AT) como dispositivo bien
puede reconocerse y recrearse en la interseccin entre la implementacin
de la legislacin vigente y el proceso de transformacin del sistema
sanitario.
De all la importancia del compromiso asumido por la Facultad
de Psicologa de la Universidad Nacional de Crdoba en la formacin
de psiclogos en un contexto que requiere abordajes contextualizados
e integrales, al trabajar en la gradual modificacin de la currcula, al
incorporar las recomendaciones para la inclusin de los principios del
paradigma en salud mental que fundamentan la legislacin vigente; y, en
consonancia con esto, al impulsar y aprobar la creacin de la Tecnicatura
de Acompaamiento Teraputico.
Se entiende que de la progresiva modificacin de la currcula,
depende en parte la revisin de las prcticas en salud mental y que de
la transformacin de dichas prcticas depende en mucho la gradual
implementacin de la legislacin vigente.

El AT en el marco del nuevo paradigma en salud mental

Es frecuente que hoy se insista en encuadrar la promulgacin,


en 2010, de ambas leyes de salud mental (Ley Provincial N 9848 y
Ley Nacional N 26.657) en un nuevo paradigma. Lo cierto es que los
principios y prcticas sobre los que se fundan, no son nuevos. En el siglo

8
Los dispositivos estaran contenidos en las prcticas de salud mental. Desde esta perspectiva,
dispositivos como el AT, se constituyen en parte de la estrategia de abordaje clnico, como
modo de intervenir en salud mental.

240
Clnica en las fronteras

XX se reconocen dos de sus antecedentes: por un lado las reformas de


salud mental y, por otro, la propuesta de APS.
Bartenblit (1992), hace ms de dos dcadas, ya afirmaba: los
problemas vinculados a la salud y enfermedad mental, han tenido
transformaciones conceptuales que promueven la sustitucin de
principios y prcticas de la asistencia psiquitrica tradicional a la
fundacin del campo de la salud mental.
Cada cultura y cada momento histrico imprimen distintas
maneras de percibir el padecimiento subjetivo. Hablar en trminos
de bienestar, de salud mental, implica un cambio de paradigma,
reimpulsado y sostenido en pleno siglo XXI y requiere de escenarios
donde sea posible desplegar la subjetividad y la transformacin del
mundo experiencial, en un espacio multidimensional.
En el marco de la ley nacional, se reconoce a la salud mental
como un proceso determinado por componentes histricos, socio-
econmicos, culturales, biolgicos y psicolgicos, cuya preservacin y
mejoramiento implica una dinmica de construccin social vinculada
a la concrecin de los derechos humanos y sociales de cada sujeto. La
Organizacin Mundial de la Salud (OMS) incorpora a la definicin
de Salud Mental la vivencia subjetiva del bienestar, dando cuenta de la
construccin activa de dicho proceso.
Desde comienzos del siglo XXI, sucedi una revitalizacin
de la propuesta de APS a partir de la crtica a las reformas pro
mercado (OPS/OMS, 2005). En Argentina, en un sistema de salud
altamente fragmentado, con inequidades en el acceso, y fuertemente
hospitalocntrico, los planteos de estas reformas entraan un particular
desafo terico, poltico y tcnico. En el ao 2010 se cre la Direccin
Nacional de Salud Mental y Adicciones en el Ministerio de Salud de la
Nacin; y a finales del mismo ao se promulg la ley nacional.
La modalidad de abordaje propuesta en el Cap. V Ley Nacio-
nal de Salud Mental N 26.657- consiste en la construccin de la Red
de Servicios con Base en la Comunidad, que implica una nueva manera
de gestin de la demanda en el seno de la comunidad; indica que debe
promoverse el mantenimiento de vnculos, contactos y comunicacin

241
Acompaamiento Teraputico

de las personas internadas con sus familiares, allegados y con el entor-


no laboral; recomienda la internacin como un recurso teraputico a
utilizarse slo en situaciones excepcionales y en hospitales generales;
desalienta las internaciones indefinidas y prohbe la creacin de nuevas
instituciones psiquitricas asilares.
Qu mejor, sino el AT, para constituirse en el dispositivo capaz de
crear y recrear las condiciones para promover el mantenimiento de vnculos
del sujeto con su entorno y del equipo tratante con el entorno del sujeto?
Quin sino el at, es el agente con posibilidades de prevenir las
reiteradas internaciones, capaz de reconocer la inminencia de una crisis,
capaz de desalentar las internaciones indefinidas?.

El AT como dispositivo en la construccin del campo de la salud


mental

En este marco, se propone pensar a la salud mental como


campo, en el sentido propuesto por Bourdieu (2000): espacios de
juego histricamente constituidos con sus instituciones especficas y sus
leyes de funcionamiento propias. Campos en tanto estructuras vivas,
que se presentan como sistemas de posiciones y relaciones.
Se piensa a la salud mental como campo, porque en su interior se
juegan sistemas de pensamiento, en tanto formas de abordar problemticas;
se definen modos de intervenir o prcticas; y en el ejercicio de las
mismas se origina cierta produccin de pensamiento; se legitima dichas
prcticas y los agentes de ese campo (usuarios, profesionales, tcnicos,
etc.); y finalmente, se genera un sustrato legal-jurdico que las regula en
su conjunto (De Riso y otros, 2009).
En este marco, se considera al at un agente indispensable en la
construccin del campo de la salud mental, como parte de un movi-
miento que se gesta en el ejercicio de una prctica que, desde su ori-
gen, produce nuevas formas de pensamiento. Desde esta perspectiva,
la formacin especfica y la generacin de su propio sustrato legal, se
constituyen en los pilares de la progresiva legitimacin de un rol con-
solidado en un hacer comprometido que insiste, desde la conviccin de

242
Clnica en las fronteras

la incidencia de su aporte, en el mejoramiento de la salud integral de


los sujetos.
La delimitacin del campo de la salud mental es compleja y
est impactada por los procesos de crisis y transformacin de la vida
social, cuya incidencia en la subjetividad genera nuevos interrogantes y
demandas, que implican a los sujetos, a los grupos, a las organizaciones,
a los referentes institucionales, a los agentes de salud y a sus marcos
tericos. Situaciones que atraviesan la cotidianeidad y producen
condiciones crticas que contribuyen a la generacin de sufrimiento
psquico (Galende, 2000; Ludermir, 2000; Palacios, 2002; Minayo-
Gmez, 2002), lo que requiere categoras que lo describan, sin
considerarlo necesariamente en trminos de enfermedad.
As es como la introduccin del concepto de sufrimiento y/o
padecimiento subjetivo y/o psquico9, permite ampliar el campo de
comprensin de las problemticas actuales en el campo de la salud
mental, descentrndolas de la ontologizacin psicopatologizante.
Stolkiner (2013) sostiene que introducir la dimensin psquica
del sufrimiento incide en las prcticas y est en el centro del debate
acerca de la implementacin de la Ley Nacional de Salud Mental, la
cual define sus sujetos como personas con padecimiento psquico y
no como enfermos. Sucede que la objetivacin es probablemente
un determinante fundamental en todas las formas de produccin de
sufrimiento psquico de la poca y es, simultneamente, un componente
de las prcticas en salud. Todo acto en salud invoca una intervencin
disciplinaria o tcnica, potencialmente objetivante (Stolkiner, 2013).
En este contexto, la intervencin del at se constituira en
potencialmente subjetivante.
Por otra parte, pensar en trminos de sufrimiento y/o
padecimiento en lugar de enfermedad, se asienta en una concepcin
de transitoriedad ms que de estado, que acenta no slo la idea de
9
En este texto se utilizarn como sinnimos sufrimiento y padecimiento, as como tambin
subjetivo y psquico; en cualquiera de sus posibles combinaciones, a saber: sufrimiento
subjetivo, sufrimiento psquico, padecimiento subjetivo o padecimiento psquico. Sin
desconocer que los trminos subjetivo y psquico conservan sus especificidades, no se
considera oportuno introducirlas en este artculo.

243
Acompaamiento Teraputico

proceso, sino que nos permite pensarnos como sufrientes o padecientes


potenciales, lo que relativiza la estigmatizacin del que sufre como
enfermo o loco. Desde la perspectiva de la nueva legislacin se debe
partir de la presuncin de capacidad; el Estado reconoce a los sujetos
con padecimiento psquico el derecho a que su sufrimiento no sea
considerado un estado inmodificable.
En ese marco se seala la relevancia de la dimensin del cuidado,
como parte el proceso salud-enfermedad-cuidado, la cual requiere
prcticas integrales en salud que incorporen la dimensin subjetiva,
histrica y social en el abordaje de poblaciones y de sujetos singulares.
Prcticas que se desplazan de la ontologa de la enfermedad al
sujeto, produciendo una clnica ampliada (De Souza Campos GW,
2001) y que requieren repensar los modos de gestin en salud. Se trata
de prcticas en las cuales el componente de objetivacin, propio de toda
intervencin disciplinar queda subordinado al reconocimiento del otro
como sujeto con capacidad de innovacin y de derechos.
En este marco, uno de las rupturas ms significativas con el
modelo biomdico10 y asilar-manicomial11, promovida por la legislacin
vigente, es la defensa de los derechos de los sujetos; elemento central
para impedir las internaciones de personas por su peligrosidad.
Esto en consonancia con otro aspecto central que implica
la prohibicin a crear nuevos manicomios, neuropsiquitricos o
instituciones de internacin monovalentes, pblicos o privados. En el
caso de los ya existentes, se deben adaptar a los objetivos y principios
planteados en la reglamentacin, hasta su sustitucin definitiva por
los dispositivos sustitutivos: hospitales de da, casas de medio camino,
talleres de reinsercin social, centros de salud, salas de internacin en
hospitales generales.

10
Modelo Biomdico propio de la medicina actual, concibe a la enfermedad como un
desorden de la physis humana examinable objetivamente; y propone su abordaje a travs
de procedimientos desarrollados por las ciencias naturales, siendo su meta la descripcin
minuciosa y la cuantificacin de su objeto de estudio.
11
Modelo asilar-manicomial en el que en nombre de la cura cientfica se habilita la forma
ms radical de destitucin subjetiva y construccin de un estado de excepcin de derechos,
como son las internaciones prolongadas e involuntarias.

244
Clnica en las fronteras

La ley ubica a la internacin como recurso teraputico ltimo


y acotado; as mismo, la distincin entre internaciones voluntarias e
involuntarias pretende acotar la hospitalizacin compulsiva y asegurar
un modo de resguardo de lo teraputico en juego.
Previo a la ley, la peligrosidad para s o para terceros, era la
condicin mdico-legal de la internacin, criterio que se origina en el
Cdigo Civil (promulgado en 1871 y modificado en 1968), en su art.
482. As se omita la dimensin teraputica en la internacin, que si
bien era una incumbencia profesional, segn los Colegios y Cdigos de
tica, este hecho terminaba siendo dispuesto judicialmente.
Son los Derechos Humanos, en su carcter jerrquico
constitucional, y los Cdigos de tica profesionales, los que han puesto
nombre a alguna brecha en la consideracin de la internacin como
una medida teraputica y no de control social. A partir del 2010 la
internacin pasa a denominarse recurso teraputico.
Lo agudo, que en algunos casos justifica la internacin, en
trminos de riesgo cierto e inminente, puede pensarse como un
momento de quiebre en la diacrona vital del sujeto, que puede tratarse
de desencadenamientos o descompensaciones en el caso de las psicosis,
como de la inminencia de pasajes al acto e intentos de suicidio. No toda
urgencia subjetiva implica una internacin: hace falta, entonces, que
fallen las estrategias ambulatorias, y que se trate de un riesgo cierto e
inminente, concepto no poco problemtico.
Entonces, el proceso de atencin debe realizarse preferentemente
fuera del mbito de internacin hospitalario y en el marco de un abordaje
interdisciplinario e intersectorial, basado en los principios de la atencin
primaria de la salud. Orientndose al reforzamiento, restitucin o
promocin de los lazos sociales.
Se propone que los centros de salud cuenten con equipos
interdisciplinarios, lo cual implica la coexistencia de mltiples saberes
que intentan dar respuesta a las nuevas demandas del sufrimiento
psquico, en un momento, en que la nosografa psiquitrica va dejando
de ocupar un lugar hegemnico. Hoy se acepta que los problemas que
generan padecimientos psquicos pueden ser de orden social, econmico,

245
Acompaamiento Teraputico

cultural; y que, por tanto, requieren del abordaje de distintos agentes


de salud mental, lo cual comprende un tratamiento interdisciplinario,
interinstitucional e intersectorial.
Al articular Atencin Primaria de la Salud (APS) y Salud Mental,
se reconoce la complejidad del proceso de salud-enfermedad-cuidado,
as como la necesidad de transformar las polticas de salud mental, desde
una perspectiva de derechos, que promueva prcticas subjetivantes
que ponen en el centro de la escena la dignidad como categora. El
concepto de dignidad, refiere a que ninguna persona sea ubicada en
el lugar de objeto, de medio o de mercanca, constituyndose en pilar
conceptual de los derechos humanos. Desde la psicologa, esto implica
el reconocimiento de la voz y la palabra del sujeto en todo proceso que
lo implique (Stolkiner, 2012).
Aqu, nuevamente la presencia del at en la cotidianeidad del
sujeto, favorece el reconocimiento de su voz y su palabra al reconocerlo
como protagonista en la gestin de su proceso de cuidado; promueve
el sostenimiento de su vinculacin con el entorno al que pertenece y
procura prevenir su exclusin de la comunidad que tiende a signarlo
como portador de una locura potencialmente peligrosa.
Desde esta perspectiva, se adhiere a la definicin de sujeto y
de subjetividad propuesta por Agamben (2005): () El sujeto es
aquello que resulta del encuentro cuerpo a cuerpo con los dispositivos
en los cuales ha sido puesto en juego... los dispositivos que ellos mismos
han producido: antes que ninguno el lenguaje Una subjetividad se
produce cuando el viviente, encontrando en el lenguaje y ponindose
en juego en l sin reservas, exhibe en un gesto su irreductibilidad a l.
As, el sujeto y la subjetividad, adquieren condicin de proceso o
devenir constante, y se abren a una gama de diversidades, sobre la base
de una idea de potencia e innovacin, que se aleja de la idea del sujeto
como predeterminacin o repeticin absoluta (sujecin).
Conceptualizaciones que se constituyen en herramientas para
comprender variadas formas de produccin de padecimiento actual,
siendo el campo de las prcticas en salud un conjunto de dispositivos en
los cuales se concreta el cuerpo a cuerpo, mencionado por Agamben.

246
Clnica en las fronteras

Ese cuerpo a cuerpo es el que se instaura entre acompaante y


acompaado en el encuentro entre dos subjetividades implicadas en el proceso
de atencin. Ese cuerpo a cuerpo que se sostiene en el marco de prcticas
subjetivantes y comprometidas en engranar tica, derechos humanos y salud
mental.
Se aspira a que los actores implicados (agentes de salud mental,
usuarios, familiares, entre otros), se reconozcan en su condicin
de semejantes, al comprometerse en el proceso; poniendo en juego
subjetividades condicionadas por un entorno socio-econmico que
contextualiza la produccin de sufrimiento psquico y que dinamiza y,
a veces complejiza, las posibilidades y el alcance de las intervenciones
orientadas a aliviarlo.

Bibliografa
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Galende, E. (2006) Consideracin de la subjetividad en Salud Mental. Conferencia
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en [Link]
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stolkiner_ardila_conceptualizando_la_salud_mental.pdf

248
La formacin del acompaante teraputico, una
posicin epistemolgica y tica.
Mtra. Lorena Njera vila12

El presente ensayo es una reflexin personal que nace a partir


de mi encuentro con el acompaamiento teraputico. En las ltimas
ocasiones que he asistido a seminarios, congresos, etc., donde he
podido participar y escuchar las diferentes formas de abordaje desde
distintas disciplinas pertenecientes al mundo psi, me he formulado
muchas preguntas. Mi marco referencial terico para poder dar cuenta
de la funcin, y praxis del acompaamiento teraputico es a partir del
psicoanlisis. Si uno de los objetivos del acompaamiento es restaurar
el lazo social y los efectos subjetivos que se van construyendo para llegar
a ese punto, cmo pueden leerse si no es con base en un pensamiento
que busca precisamente incidir en la subjetividad. Esto permite que
el acompaamiento sea caso por caso y dar cuenta de lo subjetivo de
cada sujeto al que se acompaa, dejando afuera la homologacin de
conductas o formas de existencia.
Necesito desglosar lo que para m significa acompaante
teraputico para poder dar cuenta de la importancia de su formacin.
Parto de la necesidad de fundamentar su praxis desde una epistemologa
que sostenga su actuar y, como esto deriva en una posicin tica, recurrir
al pensamiento psicoanaltico con Sigmund Freud y Jacques Lacan.

De qu hablamos pues, cuando usamos las palabras terapia y


teraputica? Si vamos al origen, daremos con el verbo griego qhrapeuw
(zerapuo), que significa cuidar, ocuparse de, tomar algo a su cargo, rendir
culto. Su equivalente latino casi milimtrico es el verbo colo, clere, clui,
cultum, con el que se expresa toda clase de cuidados y cultivos, incluido
12
Doctora en Psicologa. Universidad Londres. Mxico DF lorepsic2000@[Link]

249
Acompaamiento Teraputico

el culto religioso. Hago esta referencia al latn porque a los hablantes de


lenguas romnicas nos facilita mucho la comprensin si nos adentramos
en nuestra rea de competencia lingstica. Si ahondamos un poco ms
en el trmino griego, los etimologistas se inclinan a pensar que el punto
de partida de todo este lexema es su significado relacionado con el culto
religioso, y que de ah pas a los dems campos.
Acompaar remite a la idea de estar a lo largo de un camino con
alguien, un acompaante teraputico entonces sera aquel sujeto que
decide tomar algo a su cargo, se ocupa de ir a un lado, de quin?......
de aquellos sujetos que por su condicin psquica en ese momento de la
vida, estn impedidos de hacerlo por s solos.

Pero, cmo acompaar?, desde qu lugar o posicin se


acompaa?, desde dnde el acompaante interviene? El primer paso
necesario a la hora de definir un concepto es determinar el origen
etimolgico del mismo. En este sentido, podemos subrayar que es en el
griego donde encontramos los antecedentes del trmino epistemologa
que ahora nos ocupa. Ms an, este sustantivo est compuesto por la unin
de dos palabras: episteme que se puede traducir como conocimiento o
ciencia y logos que vendra a significar discurso, quiero quedarme con
una definicin as: la epistemologa, un conocimiento del discurso
La epistemologa es una disciplina que estudia cmo se genera
y se valida el conocimiento de las ciencias. Su funcin es analizar
los preceptos que se emplean para justificar los datos cientficos,
considerando los factores sociales, psicolgicos y hasta histricos que
entran en juego.
En ese sentido, podemos establecer de manera ms clara an que
la epistemologa se encarga de abordar la filosofa y el conocimiento a
travs de la respuesta a diversas preguntas de vital importancia.
Ahora bien, la adquisicin de conocimiento se fundamenta en
vivencias otorgadas por el mundo y en la cotidianidad del sujeto; pero
son las constantes que se verifican en esas vivencias, en la adecuacin
y relacin sujeto objeto sujeto, en la validez de los conceptos que
surjan de dicha adecuacin, y en la posibilidad de predecir o interpretar

250
Clnica en las fronteras

acciones estableciendo causas o comprensiones sobre lo que realmente


la epistemologa legisla. Se puede esbozar entonces que la epistemologa
tiene por objeto ese conocimiento que se soporta en s mismo o que
soporta alguna disciplina en su especificidad; lo que la sustenta como
tal, su esencia, sus alcances y lmites en su acepcin interna (propia de
la disciplina) y externa (su influencia en el contexto social).

Al tener la epistemologa como objeto, ese conocimiento


que soporte una disciplina, no es necesario entonces que la praxis
del acompaante teraputico este sostenido desde ese lugar? Pero
no solamente tener un conocimiento permite al acompaante la
posibilidad de sostenerse como tal, me parece que al igual que aquellos
que pretendemos sostener el lugar de analistas, existen tres posiciones
necesarias, A) La reflexin terica que sostiene la praxis, B) el lugar
de analizante para recorrerse al lugar de analista, C) La supervisin de
nuestra prctica.

Primer punto:
La reflexin terica que sostiene la praxis: a finales de 1800,
la euforia del uso de la hipnosis como una forma de curacin, para
aquellas mujeres que de alguna u otra manera mostraban que algo no
andaba con el cuerpo llevan a Sigmund Freud a acercarse a ella. Una
de las cosas observadas en la llamada histeria es la inexistencia de un
dao orgnico. En uno de sus primeros ensayos, Tratamiento psquico,
tratamiento del alma un trabajo muy temprano del autor, pero que en
mi modo de leerlo, se asientan en l muchos de los principios de lo que
sern las bases del psicoanlisis Freudiano. El primer punto radica en la
relacin del cuerpo y el alma, no existe separacin de las afecciones del
alma, sobre el cuerpo, y del cuerpo sobre el alma. Aquello que afecta
el alma, va a provocar enfermedades en el cuerpo, s de alguna manera
las emociones no son tramitadas el cuerpo enferma, de la misma forma
las enfermedades del cuerpo, van a influir sobre los estados anmicos,
y qu es lo que permite tramitar las emociones? Contesta Freud, la

251
Acompaamiento Teraputico

palabra, es el medio por el cual los afectos pueden tener una salida, a
eso le llam la abreaccin.
Entre los recursos subjetivos con los que se cuenta en ese
momento, para hacer all algo donde la angustia les gana y lo
inconsciente se hace presente, es el cuerpo lo que mostraba el intento de
construir un suplemento. La teora traumtica de la histeria sostenida
por el encuentro traumtico de la sexualidad infantil y por la cual Freud
intenta su teorizacin inicial, Miss Lucy R, Anna O, Elisabeth Von R,
etc. ponen de manifiesto esa parte del encuentro con algo innombrable
un irrepresentable que se manifiesta a travs del dolor del cuerpo. Es
entonces en ese momento que viene una ruptura con la definicin de
cuerpo entendido desde la ciencia, tal como la medicina, el cuerpo deja
de ser una sustancia, ms all de una figura, es algo que encarna algo
de lo insoportable, el soporte fantasmtico, una estructura en donde se
reflejaba el sntoma.
El recorrido al que los llev, me parece necesario, para sealar
cmo es que de la clnica Freud empieza con la necesidad de dar cuenta
a travs de su escritura, de los procesos psquicos que dan cuenta de
lo sucedido en la histeria. Con el famoso caso Dora (1905) habla
abiertamente de la necesidad de mostrar al mundo su trabajo, por una
obligacin con otros enfermos que puedan padecer lo mismo y as dar
cuenta al mundo cientfico de su prctica. De aqu desprende entonces
todo un recorrido terico, un marco de produccin discursiva hasta el
da de su muerte. Jacques Lacan, como ya sabemos, es el psicoanalista
que logra hacer despus de Freud un indito terico, es l con su pro-
puesta del retorno a Freud, las disciplinas y distintos saberes tales como
la topologa, la lingstica, la lgica etc. Introducidas al psicoanlisis
permite una forma dista de ejercer la clnica. Una de las cosas que Lacan
no deja de lado es la situacin transferencial como la pieza clave para
que se d la posibilidad de un anlisis, sabemos que sin ella esa posibili-
dad no existe. Es aqu donde me interesa dar nfasis, en el lugar del at.
Cmo poder dar cuenta de lo que pasa transferencialmente del acom-
paado al acompaante, s este ltimo desconoce qu es la transferencia
y sus efectos en un acompaamiento?

252
Clnica en las fronteras

Seal con anterioridad la necesidad, y la posicin tica que


implica, el anlisis del analista. Ese lugar en donde aquel que pretende
sostener el lugar de analista necesariamente tiene que pasar, para dar
cuenta de su deseo y de su posicin de $ujeto. No es lo mismo con el
at? No es en el lugar de su anlisis donde de pronto se pueden inscribir
todas aquellas situaciones que se mueven en el encuentro con Otro?
Todo aquello que de la subjetividad se interroga cundo se encuentra en
ese da a da, en el cuerpo a cuerpo.

La supervisin: este ltimo punto en el que es necesario sealar


la necesidad de tener encuentros con el equipo de trabajo. Otros
acompaantes, el analista, el psiquiatra o quienes integren el equipo
multidisciplinario. Pensemos que de pronto el psiquiatra que solamente
ve al acompaado 30 minutos, 1 2 veces al mes, no sabe de muchas
cosas que puedan estar sucediendo en su vida cotidiana, entonces decide
mover medicamentos h, hacer cambios de dosis etc, Es necesario que el
acompaante, el analista, sepa de esas cosas para estar prevenido de las
situaciones reales del cuerpo que pudieran presentarse. La supervisin
tambin permite al at dar cuenta de ciertas situaciones que se pudieron
dar durante los acompaamientos, las cules pueden ser de suma
importancia que el equipo lo sepa.

La direccin de la cura.
La expresin direccin de la cura, por las resonancias conceptuales
y prcticas, es una creacin de Jacques Lacan, Freud no utiliza tal
construccin, sin embargo podemos encontrar en sus textos diversas
enunciaciones que semnticamente le corresponden o se relacionan con
ella. Remitmonos, en primer trmino, al significado de sus elementos:
el trmino direccin remite a la accin y al efecto de dirigir, al consejo,
enseanza y preceptos con que se encamina a alguien hacia determinado
fin, en este caso la cura; cura, por su parte, significa, aplicar con xito
a un paciente los remedios necesarios para la remisin de una dolencia
ya sea del cuerpo, ya sea del alma. Este significado se corresponde sin
dificultad con la concepcin mdica de la curacin, aunque en ese

253
Acompaamiento Teraputico

campo muy rara vez se hable de direccin, de alguien que dirige, es algo
que se da por sobreentendido, como si no pudiera ser de otro modo:
en la relacin mdico-paciente slo hay uno que sabe, el mdico. En
psicoanlisis las cosas son diferentes, s se habla de direccin de la cura,
es desde el lugar, de semblante de objeto, en que el psicoanalista opera,
con la finalidad de llevar al analizante a una pregunta, en el lugar donde
est implicado su deseo.
So entonces un analista decide incluir a un o unos acompaantes
teraputicos, es necesario sostener los tres puntos mencionados con
anterioridad. La implicacin tica del AT y del acompaante implica
desde ese lugar el que la formacin del acompaante le permita entonces
desde lo sealado no hacer intervenciones desde su lugar de sujeto, si no
permitir el despliegue del acompaado de su propio deseo.
Desafortunadamente el lugar del AT, al menos en Mxico
empieza a corromperse, enfermeros, cuidadores, aquellos que les llaman
sombras etc. Se hacen nombrar at. Esa situacin es preocupante al menos
para m, una prctica que no est sostenida por un marco terico, en
qu se convierte?

254
La Salud Mental en Crdoba y la necesidad de
regular la profesin de AcompaanteTeraputico
Lic. Liliana Montero13
Mgter. Mayra Snchez14

La realidad de Salud Mental en Crdoba (2012-2016)

Mi memoria se detiene en rostros que he mirado, en hombros que


he tocado, en pequeas mujeres que abrac tratando de darles un poco de
afecto en medio de tanta indignidad, tantos hombres con los que brome
en un intento de que, aunque sea por segundo, pudieran rerse junto a m.
Hay imgenes que no se borran a pesar del tiempo, y al evocarlas, los
ojos se inundan de eso que llamamos lgrimas y no son ms que una forma
que el dolor encuentra para salir de nuestro corazn y que no nos ahogue
adentro [1] (Montero, 2013)
El camino por los pasillos de los Hospitales de salud mental fue
largo y mucho ms difcil de lo imaginado. Los resultados de la tarea
legislativa de cinco aos, que incluy pedidos de informes, citaciones a
las autoridades, proyectos de ley, recorridos, visitas, denuncias, marchas,
miles y miles de notas en la prensa, fotos y ms fotos, intervenciones en
las sesiones No fue suficiente. Hoy, los cambios apenas se esbozan y
no han tenido la celeridad que la situacin mereca.
El proyecto de ley que regula la profesin de Acompaante
Teraputico es un eslabn en la cadena de acciones tendientes a
cumplimentar lo prescripto por la ley nacional de salud mental y la ley
provincial de salud mental.
Volvamos al inicio.
En el ao 2012, a poco de asumir una banca legislativa en la
13
Legisladora Provincial.
14
Asesora Legislativa.

255
Acompaamiento Teraputico

Unicameral de la Provincia de Crdoba, decidimos junto a nuestro


equipo, recorrer los distintos Hospitales Neuropsiquitricos bajo la
rbita del Gobierno provincial. Una y otra vez recorrimos el Hospital
Neuropsiquitrico de Santa Mara de Punilla, el Instituto Provincial
de Alcoholismo y Drogadiccin (Ipad), el Hospital Neuropsiquitrico
Colonia Emilio Vidal Abal de Oliva, el Centro Psicoasistencial-Unidad
de Agudos Judicializados (CPA), el Hospital Neuropsiquitrico
Jos Antonio Ceballos de la Ciudad de Bell Ville y el Hospital
Neuropsiquitrico de la Ciudad de Crdoba.
En todos ellos encontramos una violacin sistemtica de los
Derechos Humanos, constatamos gravsimas situaciones que reflejan el
desamparo de pacientes que son objeto de destrato, abusos, desatencin,
vctimas de una clara situacin de hacinamiento no compatible con la
condicin humana. Esto demuestra claramente la indiferencia por parte
de quienes tienen la responsabilidad de velar por una correcta atencin,
tratamiento y contencin de sus pacientes: el Gobierno.
Falencias estructurales, edilicias, de higiene, recursos materiales
y humanos no son nuevos sino que corresponden a dejadez, desidia y
desinversin de vieja data.
En todos los centros, la relacin de cantidad entre mdicos-
pacientes es absolutamente inferior a lo recomendado por normas
internacionales y por el ms bsico sentido comn. [2] Adems, nos
anoticiamos del alto ndice de carpetas mdicas y rotaciones debido a
que los profesionales trabajan en condiciones insalubres.
A veces creemos que lo vimos todo, pensamos que hay
situaciones que son propias de otras pocas, en donde la locura era un
pecado y los locos eran confinados a lugares de encierro, oscuros,
lgubres, inhabitables para los que se crean que no estaban locos.
Esta creencia se viene abajo de un plumazo cuando ingresamos a los
distintos Hospitales.
De la segunda visita al Hospital J. A. Ceballos de Bell Ville
tomamos partes de un relato de Liliana, que marca claramente un punto
de inflexin en nuestro trabajo:
Mis ojos se abren de par en par, no pudiendo creer que lo que veo

256
Clnica en las fronteras

es una cocina, que all se manipulan los alimentos de un Hospital, que all
deben los trabajadores permanecer horas cocinando, en esa cocina habita la
comida y tambin las cloacas y los nidos de murcilagos.
Unas frazadas hechas cortinas en la puerta de ingreso de la sala 1 nos
reciben y nos anticipan lo que se viene, nada es all como debera ser. Cul
es la locura?, La de los seres humanos que estn all por su padecimiento
psquico? La de los trabajadores que permanecen horas y horas conviviendo
con ese horror al que se han acostumbrado? La de los funcionarios que
creen que se puede decir de eso un hospital? En verdad, no es locura, es
hijoputez, la de los funcionarios.
En la puerta de ingreso a la sala, aguas servidas que mezcladas con
la tierra hacen un barro hediondo y a la vera de ese ingreso yace durmiendo
un paciente, casi ni se entera que pasamos a su lado, las moscas sobre su
cuerpo sern una constante sobre el cuerpo de todos.
El perverso corralito que todos los das contiene a ms de 40
pacientes en un inhumano estado de barbarie. Todo es un asco, es un horror,
hombres desnudos totalmente, otros semi desnudos, todos sucios por igual,
alguno con materia fecal en su cuerpo y el piso lleno de agua mezclada con
orina. Se hace insoportable.
Cuando me doy cuenta slo quedamos el Dr. Calzolari y yo mirando
el espanto, mis ojos se quieren quedar para hacerme tomar conciencia de
que es real lo que estoy viendo y mi estmago, en un acto reflejo, me hace
salir de all con arcadas que anuncian que voy a vomitar.
La imagen que me enloquece es la de un paciente abrazando a
otro que est totalmente desnudo, y no puedo dejar de pensar que ese abrazo
es que debera dar el Estado, el abrazo que cobija ante la desnudez, el que
abriga, el que cuida. Ese paciente que abraza hace con todas las limitaciones
que tiene, lo que el Estado con todos sus millones no es capaz de hacer. Qu
leccin, la puta madre!
Caminamos hacia el pabelln donde duermen, humedad que
brota de los seis rincones, por todos lados, de las cuatro paredes, el techo y
el piso, fro lgubre, colchones que son finas lminas de goma espuma para
soportar el peso de hombres que seguramente tendrn en sus cuerpos las
marcas de los elsticos de las camas, pues esas lminas no pueden llamarse

257
Acompaamiento Teraputico

colchones, nada tiene funda, las colchas tapan lo que no debe verse. Las
paredes se caen a pedazos, los techos son un peligro a cada paso. Llegamos
a los baos, que estn recin limpios, sin embrago no vemos inodoros, sino
letrinas en el piso, me pregunto cmo hacen esos hombres que tienen muchas
dificultades fsicas para mantenerse all en pie y hacer sus necesidades, la
respuesta viene del enfermero, no se mantienen, hacen afuera.
Me parece que ya vimos suficiente horror, vuelvo a pasar por la sala
que da al comedor y me doy cuenta que la mayora estn all encerrados,
todos estn all, me pregunto cuntas horas de su vida, la respuesta viene
sola todas.
Nos dirigimos a la sala de mujeres, otra vez los olores se hacen
presentes, entramos a la enfermera y all nos reciben las enfermeras, que
dicen que ahora estn bien () Ahora somos 3 por turno, para cuntas
pacientes? pregunto, para 80 contestan () antes era una enfermera para
80. La OMS recomienda una cada 8 pacientes con estas caractersticas.
En el comedor, una mujer duerme con su cabeza apoyada sobre la
mesa, acostumbrada a que las moscas vivan en su cuerpo, est toda llena de
moscas y no se mueve.
Paso a otro espacio, donde hay varias mujeres sentadas de espalda
a una estufa, all parece que estn calentitas, alguna de ellas est muy
desabrigada, tiembla porque est mojada con su propia orina. Camino
unos metros y la enfermera me muestra la sala de contencin y otra vez mi
estmago acusa recibo del olor nauseabundo y de la oscuridad del lugar, mis
ojos se inyectan de lgrimas por el vmito contenido y debo salir a tomar
aire porque no puedo soportarlo.
Nos dirigimos hacia el pabelln donde duermen, la escena se repite,
techos que se caen, paredes que se desmoronan y al final agua que ingresa
desde abajo hacia el piso, todo eso se traduce en un ambiente hmedo y
oloroso. En una cama duerme una paciente y tambin est llena de moscas.
Salimos al patio y all hay varias mujeres, no me doy cuenta de qu me
llama la atencin, hasta que a mi memoria vienen las fotos de los campos de
concentracin, todas estn rapadas, sus cabezas han sido peladas no hace mucho.
Las miro y no puedo creer. Me pregunto quin tiene derecho sobre estos cuerpos?
Quin es capaz de quitarles su humanidad y su ser mujer de esta forma?

258
Clnica en las fronteras

Me quiero ir, tengo la certeza que no tolero ms, que no quiero estar
ms all, que me lacera todos los sentidos lo que he visto, lo que he olido.
Nada de lo que sucede en los Hospitales monovalentes se puede
rescatar, ms que la voluntad frrea de los trabajadores y la humanidad de
los pacientes. Compadezco (es decir padezco con ellos) a quienes tienen que
trabajar all. Y siento un profundo dolor por esas mujeres y esos hombres
a los que el Estado trata como objetos, a los que les sacaron su dignidad
humana, a los que violentan da a da sometindolos a esa vida.
Todo funcionario pblico que se precie de tal, debera transitar estos
hospitales para enterarse lo que estamos haciendo con nuestros ciudadanos y
debera sentir vergenza de lo que aqu sucede. (Montero, 2013)[3]
Estas acciones lograron algunos resultados. Se puso en Agenda
Pblica el tema, se lograron expresiones pblicas de las organizaciones
profesionales de la provincia y de la Federacin Argentina de
profesionales de la psicologa (FEPRA) avalando toda la investigacin
y sus resultados, y manifestando la preocupacin por la situacin de
Crdoba.
Se pronunciaron organizaciones de la sociedad civil, siendo
la mxima expresin la que dieran de manera conjunta los Rectores
de la Universidad Nacional de Crdoba, Dra. Carolina Scotto y de
la Universidad Catlica de Crdoba, Lic. Rafael Velasco sj, junto a la
Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH).
Se realizaron dos Denuncias Penales en relacin a la grave y
crnica crisis que atraviesa el sistema de salud mental. Se denunci
por incumplimiento de la Ley de Salud Mental y por abandono de
pacientes, incumplimiento de los deberes de funcionario pblico y
abuso de autoridad, ambas duermen el sueo de los justos en el cajn
de un Fiscal.
Se logr una intervencin y obras principalmente en el Hospital
de Bell Ville y un importante cambio en el abordaje de los pacientes
llevado adelante por los profesionales.

259
Acompaamiento Teraputico

Camino de construccin del proyecto de ley de Acompaante


Teraputico

Como ya manifestamos, el Proyecto de Ley que regula la


profesin de Acompaante Teraputico (at) se inscribe en el marco de
muchsimas acciones necesarias en pos del cumplimiento de las Leyes
de Salud Mental.
Existen diferentes maneras de elaborar un proyecto de ley. La
que se utiliza con mayor frecuencia es aquella por la cual un experto,
a partir de investigar sobre un tema, elabora un documento propuesta.
Nosotros entendemos que un marco normativo que regule el
ejercicio de cualquier prctica profesional debe resultar una sntesis de
conclusiones a las que se arriba luego de debates profundos entre los
actores vinculados al quehacer que se pretende regular.
Es por esto que decidimos que el proceso de construccin del
proyecto de ley que regulara la prctica profesional de los Acompaantes
Teraputicos de la Provincia de Crdoba deba organizarse en etapas
tendientes a:
a) Investigar leyes, normas y pautas existentes, b) Identificar
actores clave, c) Facilitar espacios de debate y construccin de consensos
entre los actores, d) Elaborar el proyecto de ley y, e) Presentar el proyecto.

Sobre las leyes.


Durante la investigacin del marco legislativo nos ocupamos de
recorrer normas internacionales, nacionales y provinciales vinculadas al
acompaamiento teraputico. Iniciamos la bsqueda sobre criterios de
Salud-Enfermedad-Atencin.
Pusimos el foco principalmente en la Ley Nacional N
26.657 y la Ley Provincial 9848 porque modifican significativamente
concepciones histricas de la salud mental y, por tanto, redefinen las
estrategias de abordaje que deben promover y garantizar los diferentes
niveles del Estado.
Estas leyes desalientan la internacin en instituciones psiquitricas
como nica intervencin posible en casos de crisis, desplazndola como

260
Clnica en las fronteras

un recurso a utilizar slo en situaciones excepcionales y en procura de


que no se conviertan en una estrategia sostenida por tiempo indefinido.
As, los tratamientos de quien sufre un padecimiento psquico, deben
tender a realizarse con internaciones domiciliarias, o con el paso por
hospitales de da, sosteniendo un estrecho vnculo entre el paciente y
sus grupos de pertenencia, la convivencia con su familia y las actividades
sociales y laborales habituales.
Nuestra experiencia nos hace poner en valor la necesidad
urgente de contar con alternativas a la internacin. Desde esta mirada
se entiende la salud mental como un campo interdisciplinario que
incluye la figura del at. A su vez, leyes nacionales y provinciales sobre
nios, nias, adolescentes y personas con discapacidad sostienen el
mismo espritu que las leyes de salud mental: garantizar los medios que
permitan evitar la reclusin en instituciones de quienes no sean penados
por ley y promover la inclusin de todas las personas atendiendo a la
diversidad de sus problemticas. [4] Confirmamos as que, si bien la
nueva legislacin obliga al estado tanto a nivel nacional como provincial
a garantizar el acceso a pacientes que los necesiten a un Acompaamiento
Teraputico (AT), no existe en la Provincia de Crdoba reglamentacin
sobre quines pueden o no cumplir este rol tcnico-profesional. Eso
nos llev a indagar sobre leyes de otras provincias de nuestro pas que
regularan el quehacer de los at y buscamos tanto aquellas que haban
logrado sanciones como las que se encontraban en vas de hacerlo y
aquellos proyectos que se encuentran an hoy en debate. [5]

Sobre los actores claves.


Cuando comenzamos a trabajar, la Asociacin de Acompaantes
Teraputicos de la Repblica Argentina (A.A.T.R.A.) estimaba la
existencia en Crdoba de cerca de mil personas trabajando como at. Al
no contar con ley provincial, la demanda de AT fue cubierta en el mejor
de los casos por estudiantes avanzados y profesionales recin egresados
de carreras como Psicologa, Terapia Ocupacional, Kinesiologa,
Psicomotricidad, Psicopedagoga entre otras; cuando no, por personas
sin formacin especfica.

261
Acompaamiento Teraputico

Paralelo al aumento de la demanda y a la ambigedad del rol,


se crearon en la provincia, cursos, carreras tcnicas y jornadas de capa-
citacin de diferentes intensidades tericas y prcticas y por ende, de
diversas calidades. [6] La Facultad de Psicologa de la UNC contaba con
el proyecto de carrera que hoy conocemos.
Respondiendo al marco legal, algunas obras sociales cubran
prcticas de AT con criterios discrecionales al momento de seleccionar
los prestadores.
Con estos datos sobre la realidad provincial definimos que los
actores claves entre los que se deban debatir y consensuar las lneas de
un proyecto de ley eran:
Instituciones de Formacin: Universidades Pblicas y Pri-
vadas, Carreras Tcnicas y Docentes con ofertas vincula-
das a salud mental, niez y adolescencia, discapacidad y
educacin fsica.
Obras Sociales: Apross.
Propuestas Formativas especficas: Cursos, seminarios de
posgrado y carreras de AT.
Asociaciones de Profesionales: A.A.T.R.A y Colegios de
Profesionales cuyos matriculados se encontraran ejercien-
do como at.
Acompaantes teraputicos en ejercicio.
Hospitales y clnicas: que trabajan en salud mental y que
contratan at entre sus equipos profesionales.

Sobre los espacios de debate y consenso y la elaboracin del


proyecto final.
En primera instancia se contact a legisladores que haban teni-
do participacin activa en el proceso de elaboracin de Leyes Provin-
ciales sancionadas, para identificar cules haban sido los facilitadores o
los obstculos. Encontramos as que aquellas provincias que haban lo-
grado avances legislativos contaban tambin con carreras de formacin
terciaria o universitaria acreditada. [7]
En segunda instancia se convoc a los referentes locales de
A.A.T.R.A. invitndolos a participar en la elaboracin del primer
borrador.
262
Clnica en las fronteras

Este documento fue presentado en una jornada debate abierto


y pblico que se realiz en la Legislatura a la que se convocaron
(telefnicamente y por correo electrnico) los actores clave antes
mencionados y se invit a la comunidad interesada por medios masivos
y redes sociales.
Los participantes recibieron el documento en papel y aquellos
interesados que se contactaron con posterioridad recibieron la
documentacin por correo electrnico.
Fijamos un plazo temporal para que los interesados pudieran
enviar sus aportes que sintetizamos modificando el documento base
en tres oportunidades hasta contar con un proyecto que entendimos
ajustado a la realidad provincial y a las necesidades de los pacientes y
de los at.

Sobre la presentacin del proyecto.


Durante el mes de diciembre de 2013 presentamos el proyecto
que hoy cuenta con estado parlamentario, pero no fue de inters del
oficialismo (con mayora en la unicameral) hasta que ellos mismos
presentaron un proyecto de ley sobre Acompaantes Teraputicos y
Cuidadores Domiciliarios durante el ao 2014.
Realizamos un anlisis de este nuevo proyecto y encontramos
que aportaba ms confusin sobre lo que significaba ser at, su rol, sus
derechos y obligaciones.
Solicitamos al autor de esta segunda iniciativa parlamentaria,
trabajar en la compatibilizacin de ambos proyectos y, una vez ajustada
la misma e identificados los obstculos que no pudieron negociarse,
solicitamos a la Comisin de Salud de la Unicameral a que convoque
a los actores que ms activamente haban participado en la elaboracin
del proyecto presentado en 2013, a fin de consolidar lo trabajado y lo
propuesto.
Representantes de instituciones de formacin en AT, miembros
de A.A.T.R.A. y at en ejercicio llevaron adelante acciones para lograr
el tratamiento del proyecto conversando con distintos legisladores
provinciales de diferentes bloques por canales formales e informales

263
Acompaamiento Teraputico

durante el ao 2015 sin xito en las gestiones, razn que los llev a
realizar esos reclamos mediante la movilizacin; sin embargo esas
acciones no prosperaron.
Quizs el mayor obstculo para la sancin de la ley fue la accin
de sindicatos y asociaciones profesionales (especialmente de enfermera)
que hoy desempean labores en domicilios de pacientes. Sienten que
peligran sus puestos de trabajo as como nosotros sentimos que sin
regulacin peligramos todos.

Hoy, a ms de cuatro aos del inicio del proceso, estamos seguros


de que regular las prcticas de los at deviene una necesidad tanto para
cuidar a pacientes, usuarios de servicios y a sus familias como para
las personas que pretenden trabajar con problemticas que necesitan
formacin y experiencia para llevar a cabo sus tareas con responsabilidad
y minimizando los riesgos para pacientes y trabajadores que brindan
servicios de AT.
La presencia y la accin de los at en el marco de polticas serias
en materia de salud mental se hacen imprescindible para garantizar que
la internacin sea un recurso extremo y no una cotidianeidad vejatoria
de los derechos ms elementales.

Para acceder al proyecto de Ley


[Link]
17-12-13-acompanamiento-terapeutico/

[1] Recuperado de La Voz del Interior en agosto 2016 de disponible en http://


[Link]/opinion/un-ano-sin-justicia-en-salud-mental
[2] Un mdico o un psiquiatra cada 80 o 100 pacientes.
[3] Intervencin parlamentaria. 17 de abril de 2013, disponible en http://
[Link]/intervencion-parlamentaria-fecha-17-04-13-tema-
salud-mental-bell-ville/
[4] Ley 26.061, Ley 24.901, Ley 26.378
[5] Sancionadas: Provincia de San Luis: Ley N III-0599-2007 y Resolucin 1112
que fija los alcances del ttulo, Provincia de San Juan: Ley 7697, Provincia

264
Clnica en las fronteras

de Ro Negro Ley 4624. Proyectos: Santa Fe, Catamarca y Buenos Aires.


[6] Se encontraron diez (10) instituciones formando AT, tres de ellas cuentan
con carreras de entre dos aos y medio y tres aos de duracin y otorgan
ttulos oficiales. Las siete (7) restantes otorgan certificados por cursos que
se dictan entre cuatro y nueve meses, algunos de ellos con modalidad a
distancia.
[7] Universidad Autnoma de Entre Ros (Resolucin del Ministerio de
Educacin, Ciencia y Tecnologa de la Nacin N 1024/05. Tcnico en
Acompaamiento Teraputico); Universidad Favaloro (Resolucin del
Ministerio de Educacin, Ciencia y Tecnologa de la Nacin N 1042/06.
Tcnico en Acompaamiento Teraputico); Universidad de Belgrano
(Resolucin del Ministerio de Educacin, Ciencia y Tecnologa de la
Nacin N 1027/06. Acompaante Teraputico); Universidad Catlica
de Cuyo (Resolucin del Ministerio de Educacin, Ciencia y Tecnologa
de la Nacin N 329/10. Tcnico en Acompaamiento Teraputico);
Universidad del Salvador (Resolucin del Ministerio de Educacin,
Ciencia y Tecnologa de la Nacin N 173/11. Tcnico Universitario en
Acompaamiento Teraputico)

265
Creacin de la carrera de Acompaamiento Tera-
putico en la Facultad de Psicologa de la Univer-
sidad Nacional de Crdoba.
Lucia Sanchez
Natacha Zapata1

Algunas reflexiones expuestas en la mesa de debate Articulacin de


la formacin universitaria en AT, legislacin y polticas pblicas en salud
comunitaria, del X Congreso Internacional de Acompaamiento Terapu-
tico: Clnica en las fronteras. Caminos del AT en lo Cotidiano. Octubre
de 2015. Facultad de Psicologa, U.N.C.

En el ao 2013 tomamos la decisin de que nuestra Facultad te-


na que tener la carrera de Acompaamiento Teraputico. Escuchando
a nuestros propios compaeros de cursada, se trataba de una necesidad
concreta, tanto para los estudiantes, como para los usuarios del sistema
de salud mental. Pensbamos en ese momento, cmo puede ser que te-
nemos una Ley Nacional, la 26.657, que en su Artculo 5 expresa que
el proceso de atencin debe realizarse preferentemente fuera del mbito de
internacin hospitalario y en el marco de un abordaje interdisciplinario e
intersectorial, basado en los principios de la atencin primaria de la salud
para reforzar, restituir o promocionar los lazos sociales; y una Ley Pro-
vincial (n 9.848) que considera al acompaamiento teraputico una
herramienta necesaria para implementar este paradigma desmanicomia-
lizador, y las instituciones pblicas con las que cuenta el Estado en Cr-
doba para formar profesionales y tcnicos de la salud, no tienen an una
carrera para este campo. Era una paradoja, que slo se iba a resolver si
1
Las autoras son Licenciadas en Psicologa, y militantes de Movimiento Sur, la agrupacin
estudiantil que impuls la carrera de AT en la Facultad de Psicologa. Fueron Consejeras por el
claustro estudiantil en el HCD de la Facultad durante los primeros pasos de la creacin de la
carrera, y miembros de la comisin diseadora del plan de estudios de la misma.

267
Acompaamiento Teraputico

los estudiantes, junto a docentes, egresados, no docentes, acompaantes


teraputicos, empujbamos de manera conjunta, los engranajes necesa-
rios para motorizar un cambio.
Desde ah, comenzamos a explorar los nuevos marcos legales en
Salud Mental. Encontramos que la Ley 9.848, reconoce al Acompa-
ante Teraputico como un agente de salud que debe estar preparado
de manera terica y prctica para integrar equipos interdisciplinarios,
para poder participar en la elaboracin de las estrategias de tratamiento,
y que segn su artculo 2: su funcin es brindar una atencin en forma
personalizada al paciente como la de su familia, para que pueda lograr su
recuperacin, el mejoramiento de su calidad de vida y su reinsercin social.
Al ser este un dispositivo fundamental para el acceso de las perso-
nas a la atencin desde una perspectiva de salud integral, el acompaan-
te teraputico deba contar con la posibilidad de formacin continua,
especializada y actualizada, para dar respuesta las diversas demandas que
surgen en su campo de trabajo. Desde este punto de vista, el poder pre-
pararse en la universidad pblica se volva una necesidad concreta. En
el mismo sentido, la citada Ley Provincial en su artculo 41 reconoca
dicha necesidad estableciendo que la Autoridad para su Aplicacin:

propondr acciones para la completa articulacin


de la capacitacin supervisada, formacin continua y ca-
pacitacin en servicio de los equipos interdisciplinarios de
salud mental. Asimismo, estimular y facilitar, mediante
acuerdos institucionales con las universidades pblicas y pri-
vadas, que la formacin de los profesionales de las disciplinas
relacionadas con la salud mental sea acorde con los linea-
mientos, principios y criterios establecidos en la presente Ley.
Las entidades formadoras acreditadas ofrecern su capacidad
instalada para facilitar el eficaz y eficiente cumplimiento de
los objetivos y acciones de capacitacin, docencia e investiga-
cin que se propongan, las que debern estar vinculadas al
proceso de transformacin institucional y a la defensa de los
ejes rectores de esta normativa.

268
Clnica en las fronteras

Explorando an ms encontramos que slo dos universidades


estatales en nuestro pas formaban especialistas en este campo desde ca-
rreras universitarias especficas, la Universidad Autnoma de Entre Ros
(provincial) y la Universidad Nacional de la Patagonia Austral. Y que en
Crdoba, provincia donde al momento existan alrededor de mil acom-
paantes teraputicos, slo dos de las quince instituciones que otorga-
ban ttulos de Acompaante Teraputico lo hacan con validez oficial.
A partir de esto, comenzamos a insistir en que la Universidad
Nacional de Crdoba deba dar una respuesta.
Fue as que tomamos contacto con expertos en el rea de acom-
paamiento teraputico, con docentes interesados en aportar su co-
nocimiento, y con cientos de estudiantes que apoyaron la iniciativa.
Pusimos a la Facultad entera a discutir sobre esta necesidad. Llevamos
un proyecto al Honorable Consejo Directivo (HCD), su rgano de co-
gobierno, donde dejamos por escrito esas voluntades, que finalmente se
aprob en octubre de ese ao, y con el cual nuestra casa de estudios se
comprometi a crear la carrera de AT. A partir de este proyecto se gene-
r una comisin de trabajo abierta a la comunidad acadmica, de la cual
participamos miembros de los distintos claustros, expertos y acompa-
antes teraputicos, espacio donde se dise la currcula para la futura
carrera. La misma fue revisada en distintas instancias, hasta lograr que
cumpliera con los requisitos necesarios para ser implementada. La pro-
puesta actual contiene tres aos de cursada, comparte materias con la
Licenciatura en Psicologa, y contiene asignaturas de preparacin espe-
cfica en acompaamiento teraputico. Implica adems para obtener el
ttulo, una prctica de seis meses.
Al momento de esta mesa de debate nos encontrbamos a pocos
das de aprobar la creacin de la carrera en el HCD de la Facultad de
Psicologa, lo cual sucedi en noviembre de 2015. En el mes de mayo de
2016, se aprob tambin en el rgano de cogobierno de nuestra Univer-
sidad, y en la actualidad slo falta que el Ministerio de Educacin de la
Nacin vehiculice la implementacin de la carrera, asignando los recur-
sos necesarios para que en 2017 comience a cursar la primera cohorte
de acompaantes teraputicos de la Universidad Nacional de Crdoba.

269
Acompaamiento Teraputico

En este arduo proceso comprendimos la dimensin y la impor-


tancia que tiene la participacin en conjunto de los distintos actores
en las instituciones, pero sobre todo la fuerza que tiene el movimiento
estudiantil cuando se organiza y camina convencido de que los cambios
son posibles. Entendimos que es necesario para esto motorizar a mucha
gente, contagiar las ganas y la esperanza de que se puede lograr, y que la
juventud es un actor fundamental en este camino. Por supuesto que no
alcanza slo con esa organizacin de base, con el ponernos de acuerdo
entre nosotros. Es fundamental tambin poder llevar estas discusiones
y ganarlas en aquellos espacios donde se toman las decisiones, en los es-
pacios de gobierno. Tener representantes en esos lugares de nuestra casa
de estudios, nos permiti abrir las puertas para llegar a donde hemos
llegado. Y nada de esto hubiera sido posible sin el apoyo de todos los
que confiaron, participaron y se animaron a pensar que lo lograramos.
De esta experiencia nos qued adems la idea firme de que la
poltica debe ser la herramienta de la gente para la gente, para mejorar la
calidad de vida de nuestra sociedad. No tendremos un mejor sistema de
salud, de educacin, de trabajo, si no utilizamos nuestras herramientas
polticas en pos de eso, si no las desarrollamos, las hacemos crecer para
lograrlo.

270
Lo sensible en la formacin
para el Acompaamiento Teraputico
Analice Palombini1

Imagin contarles a ustedes el recorrido del trabajo con Acom-


paamiento Teraputico (AT) en la Universidad Federal de Rio Grande
do Sul, en Porto Alegre, desde 1998, en verdad desde 1996, cuando
trabajaba en un Centro de Atencin Psicosocial (CAPS) servicio de la
red pblica de salud mental de la ciudad y supervisaba la pasanta de
psicologa. Les iba a contar de cmo el proyecto se fue modificando, de
cmo fuimos aprendiendo con la experiencia de acompaar a los acom-
paantes en sus itinerarios, junto a los usuarios de los servicios de la red
pblica de salud mental y de cmo fue ganando fuerza la idea de que,
ms que de una experiencia conceptual, la formacin en AT necesita
darse con experiencia sensible, de forma que el aprendizaje pase por el
cuerpo, en el ejercicio y en el cultivo de una cierta prontitud de cuerpo
para el encuentro con el otro, una abertura a los acontecimientos ines-
perados que puedan de ah advenir, una disposicin para el imprevisto
y la improvisacin. Tambin pens en contar en cmo, junto con el
proyecto de extensin, fuimos constituyendo tambin la materia de AT,
como si fuese ella misma una experiencia de acompaamiento terapu-
tico (un grupo acompandose).
Pero, recientemente, promovimos en nuestra Universidad un
encuentro con grupos que vienen trabajando con AT en la formacin
acadmica, en proyectos de pasantas y extensin universitaria en acuer-
do con servicios de polticas pblicas. Estuvieron con nosotros Deborah
Sereno, por la Pontificia Universidad Catlica de San Pablo (PUC-SP),
Ricardo Silveira por la Universidad Federal de Uberlndia, Minas Ge-

1
Docente en la Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Porto Alegre, Brasil. Email: analice.
palombini@[Link]

271
Acompaamiento Teraputico

rais, Ana Marsillac, de la Universidad Federal de Santa Catarina, y Pe-


dro Pacheco, de la Universidad Regional Integrada del Alto Uruguay
y de las Misiones (URI), en el interior de la provincia de Rio Grande
do Sul. Y ese encuentro nos toc profundamente, por la afinidad que
pudimos percibir entre esos cinco grupos, cinco proyectos vinculados a
universidades distintas, en diferentes puntos del pas. Entonces, prefiero
hablar de eso, de lo que ese encuentro propici de pensamiento.
Lo que llamaba la atencin en ese encuentro, fue el hecho de
que nos encontramos con experiencias de AT en ciudades diversas, de
diferentes proporciones, poblaciones, geografas, cada cual con su red
de servicios, su poltica de salud mental ms o menos afinada con los
principios de una reforma antimanicomial, pero en las andanzas del
acompaamiento teraputico, movindonos todos por el mismo terri-
torio vasto y extremo, hecho de precariedades y riesgos. Un territorio
al mismo tiempo en el corazn de las ciudades y en los confines del
mundo. A pesar de la singularidad y de los caractersticas propias en
cada caso, hay un comn en esa experiencia de AT en la red pblica que
los cinco grupos de AT que nos reunimos compartan. Ms all del AT
como una forma como la clnica se hace, clnica en movimiento, peripa-
ttica, itinerante, nmade, clnica de lo cotidiano, clnica sin muros, a
cielo abierto, experimentamos el AT como modo de operar la clnica en
territorios muy ridos. Cmo dar paso a la vida en caminos que cruzan
con la muerte? Qu clnica de lo cotidiano es posible en las casas que
visitamos, en que la violencia e indiferencia viven?
Lo interesante es que delante de las situaciones ms difciles y
aparentemente sin salida, los diferentes grupos forjan caminos para el
AT que van en una misma direccin, que apunto aqu:
- Sustentar la escucha singular de los sujetos en causa sujeto
de deseo pero tambin sujeto de derechos, de forma que la clnica se ve
necesariamente entrelazada a la poltica.
- Buscar tejer el trabajo en red, por ms ralos que estn sus hilos,
forjar las estrategias para vencer la soledad en que los ats muchas veces
son lanzados.
- Dar tiempo al tiempo, esperar, hacer pausas, ritmar los gestos

272
Clnica en las fronteras

y las palabras; ritmar, es decir, sujetar a ritmo, crear tardanzas (ya vuelvo
a esa palabra en seguida)
- Hacerse continente de los efectos de esa travesa en el cuerpo
del at, en el grupo, entre ats, haciendo rodar la palabra y los afectos la
rueda continente, gira mundo, roda calle
Son veredas que se van abriendo, sea en medio de la aridez del
terreno, sea en un mato cerrado y espinoso, sin perro (o con demasiados
perros, como ya nos aconteci). Escucha, Red, Tardanzas y Rueda son los
nombres que doy a esas veredas.

Escucha

Escucha es una palabra clave en la experiencia de la clnica, tan-


to la clnica en sentido ampliado, la que opera en el campo de la salud
colectiva, cuanto aquella, por ejemplo, del strictu sensu de la clnica
psicoanaltica. Todas comparten la importancia de escuchar el sujeto, de
darle odos, aunque vare el entendimiento de lo que importa escuchar,
en donde agudizar el odo. La referencia al psicoanlisis, que comparece
en muchos de los casos que compartimos, hace pensar que al lado de
la atencin al contexto, a lo cotidiano, a las relaciones, est tambin en
causa, aqu, una escucha de lo inconsciente, esa dimensin desconocida
de s. Pero cmo es esa escucha del inconsciente en el acompaamiento
teraputico? Hay una peculiaridad de esa escucha en una clnica que
cuenta, para suceder, con los mnimos gestos y objetos de lo cotidiano.
Es lo que pasa, por ejemplo, en el caf cada vez compartido, entre Rosa,
la acompaada, y las dos ats, en que las diferentes porciones de endul-
zante que cada una utiliza (o no) para endulzarlo sin azcar para una,
tres gotas para otra, diez gotas para Rosa configura un acto clnico,
se constituye en operacin psquica, sin dejar, por eso, de ser caf pro-
saico compartido entre personas que se visitan. O la escucha ampliada
por los trayectos, donde el paisaje de las calles, los lugares por donde
se pasa hace recordar y elaborar (en frente a la parada donde esperan el
mnibus, el hospital donde Rosa dio a luz a su hija ms chica, y la posi-
bilidad de traer su nacimiento a la memoria). Ms que de una atencin

273
Acompaamiento Teraputico

flotante forma distrada, pero no desatenta, de escuchar la palabra del


analizante que nos ensea Freud , el ejercicio de esa clnica requiere
una corporalidad fluctuante al acompaar, corporalidad distradamente
atenta a lo que pasa alrededor, a los gestos de los que formamos parte,
a los objetos que se conectan con ese gesto, a la atmsfera que planea
en cada lugar, a la sucesin de acontecimientos mundanos que, como
asociacin libre, tejen la trama subjetiva de una vida.
Pero, si la escucha es del inconsciente, el inconsciente, dice La-
can, es la poltica. No hay clnica que no sea poltica. La clnica es hija
de la modernidad, un estado democrtico de derecho es condicin para
el ejercicio del [Link] lo tanto, si hay tensin entre incons-
ciente y ciudadana, hay tambin un lazo que les es indisoluble. El suje-
to de deseo anda del brazo con el sujeto de derecho. La nocin de ciu-
dadana que todava nos gua es una nocin iluminista, impregnada de
la idea de sujeto universal? Si, y es un desafo, que atraviesa las prcticas
cotidianas en salud mental, transformar esa nocin para que ella deje
de estar fundada en el principio de la razn esclarecida, para que pue-
da caber en ella una locura ciudadana. Pero, en nuestros proyectos,
que articulan universidad, AT y polticas pblicas, los territorios en que
viven nuestros acompaados esos confines del mundo en el corazn
de las ciudades brasileras estn muchas veces tan debajo de cualquier
nocin de derecho, que ninguna clnica ser posible si no se articula a
una lucha por la conquista de ciudadana. La escucha precisa de red. Y
vuelvo entonces a ese trmino.

Red

El AT, como escribi Maurcio Hermann (2010), es un articu-


lador de redes. Por ms ralos que estn sus hilos, como dije, es siempre
en red que la clnica del AT tiene inicio y es en red que ella se desdobla
y puede llegar a un trmino.
Cmo tratamos esa red? Qu contratacin establecemos
con ella? Y cmo toman parte en esta contratacin aquellos que
acompaamos? Digo contratacin y no contrato, entendiendo que se

274
Clnica en las fronteras

trata de un proceso, una permanente negociacin entre diferentes puntos


de vista, que no est exenta de tensiones y contradicciones, con las cuales,
adems al menos es la apuesta que se hace , es posible construir una
direccin comn de trabajo. Esa red requiere la presencia del Estado,
la inversin en polticas pblicas, ella exige equipo, equipamientos,
procesos de gestin. Pero son las personas quienes enlazan sus hilos
los trabajadores, los usuarios, sus familias, la vecina, nosotros. Es preciso
cuidar de los nosotros/nodos2 que hacen una red. Ms all de aquello
que remite a la singularidad de cada caso y a los actores que en l hacen
red, en lo que dice respecto a la Universidad, a nosotros como docen-
tes en la Universidad, la responsabilidad que est colocada, y a la cual
precisamos hacer frente, es a la formacin para el ejercicio profesional
junto a las polticas pblicas. Es un tema sobre el cual no tendr tiempo
de extenderme, pero no poda dejar de hacer esa alerta.
Aqu me gustara centrarme en un aspecto de esa construccin
de red. Los casos de que nos ocupamos muestran, de la forma ms dra-
mtica, como el AT no puede prescindir de una red que se coloque lado
a lado, acompaando los itinerarios de los acompaados. Cuando el AT
alcanza a trabajar en red (porque no siempre eso se consigue), nuestro
mayor desafo es hacer con que esa red de la que nosotros tambin
hacemos parte no aprisione, pero sostenga. Y que pueda sostener sin
sucumbir al peso de tanta infamia en la vida. Que no huya de la raya,
pero tambin no se deje tomar por las urgencias, precipitando una ac-
cin que no encuentra amparo en la escucha clnica. Que sepa esperar y
decidir el momento de actuar. Ese clculo no acostumbra ser fcil.
Cludia Muller, cuyo maestra vers sobre la clnica interdisci-
plinaria con bebs, entre psicoanlisis y nutricin, junto a la Unidad
Bsica de Salud, llam encrucijadas clnicas ese punto donde se cruzan
varios caminos. Hay siempre una tensin cuando se llega a ella, pues
es preciso una decisin: para dnde seguir, cul eleccin hacer, en qu
criterios basarse. Es preciso tomar posicin, tomar decisiones y muchas
veces, provocar luchas para sustentarlas. Cito:

2
NT: En portugus la misma palabra - ns - significa tanto nosostros como nodos.

275
Acompaamiento Teraputico

... a encruzilhada clnica s percebida por quem j


est disposto a bifurcar caminhos, por quem fez uma escolha
tico-poltica pela multiplicidade de caminhos possveis para
se produzir sade, por quem se recusa a tomar sujeitos como
objetos das aes dos especialistas. (...) a tica que referen-
cia as escolhas tica entendida como a problematizao dos
modos de existncia, tanto em relao aos outros quanto em
relao a si mesmo. (MULLER & PALOMBINI, 2015,
p.299)3

En la idea de la encrucijada clnica, la tensin se presenta tam-


bin entre una dimensin del tiempo que clama por actuar, el tiempo
que urge, el de las urgencias, y un tiempo que se demora, que pide
tiempo al tiempo.

Tardanza

Tardanza es la palabra que me fue presentada por un profesor de


letras de la UFRGS, Luis Augusto Fischer, para hablar de la temporali-
dad peculiar de la literatura del escritor brasilero Guimares Rosa el
tiempo del sertn (regin agreste del nordeste brasilero) , y que tomo
aqu para decir del tardar del tiempo en que danza un acontecimiento
por venir, que pide construcciones y ruinas, comienzos y recomienzos.
Un ensayo de Peter Pal Pelbart (1993), La nave del tiempo rey, que desde
los aos 90 fue inspirador para m, para pensar el AT, me ayuda a escla-
recer lo que digo aqu. Peter inicia el ensayo hablando del mito talm-
dico de la creacin del mundo, de un Gnesis que no se habra dado en
un instante inaugural, repentino y milagroso, pero que habra sido fruto
de la experimentacin, del fracaso, de remontadas, pegar nuevamente,
3
NT: la encrucijada clnica slo es percibida por quin ya est dispuesto a bifurcar
caminos, por quin hace una eleccin tico-poltica por la multiplicidad de caminos
posibles para producir salud, por quien se recusa a tomar sujetos como objetos de
las acciones de los especialistas. () Es la tica que referencia las elecciones tica
entendida como la problematizacin de los modos de existencia, tanto en relacin a
los otros como en relacin a s mismo.

276
Clnica en las fronteras

errores. 26 intentos fallidos, escribe l, precedieron a la creacin del


mundo, que no posee ninguna garanta: en cualquier momento el xito
del contrato puede deshacerse y la obra venirse abajo. Nuestro mundo
carga as, la marca de esa incertidumbre originaria, de un inicio que po-
dra no ser alcanzado. Sucedi, y se sostiene, no en respuesta a un orden,
sino porque hubo, en cada intento, deseo, un deseo que sigue pulsando
por la carne del mundo. l asocia ese mito a la ingeniosidad, al acaso y
la hinchada deseante necesarios tambin al cuidado de la locura.

... nunca nada est dado de antemo e o futuro ja-


mais est garantido, 26 tentativas podem ser pouco para um
louco, e frequentemente dez vezes isso ainda insuficiente.
(...) preciso dar tempo a essa gestao com que se confronta
a loucura, a essas tentativas, a essa construo e reconstruo,
a esses fracassos, a esses acasos. Um tempo que no o tempo
do relgio, nem o do sol, nem o do campanrio, muito menos
o do computador. Um tempo sem medida, amplo, genero-
so. (...) um tempo que ns mesmos no temos. (PELBART,
1993, p.32)4

Rueda

Rueda es el nombre que uno de los grupos reunidos da al espa-


cio de encuentro entre acompaantes teraputicos y los docentes que
los acompaan espacio de continencia para el abrigo de los desasosie-
gos, de la angustia, espacio tambin de compartimiento del espanto, de
las alegras. Espacio de cuidado de si para cuidar del otro. Yo dira que,
sin la garanta de ese espacio, es imposible sustentar en el cuerpo toda
la vertiente que la experiencia de acompaar la locura por los confines
4
NT: nunca nada est dado de antemano y el futuro jams est garantizado, 26 intentos
pueden ser poco para un loco, y frecuentemente diez veces eso an es insuficiente () Es
preciso dar tiempo a esa gestacin con que se confronta la locura, a esas tentativas, a esa
construccin y reconstruccin, a esos fracasos, a esos acasos. Un tiempo que no es el tiempo
del reloj, ni del sol, ni del campanario, mucho menos el de la computadora. Un tiempo sin
medida, amplio, generoso () un tiempo que nosotros mismos no tenemos.

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Acompaamiento Teraputico

del mundo provoca. En contrapartida, es en la medida en que es por


el cuerpo que esa experiencia pasa que un aprendizaje se hace. No hay
cmo ahorrar esa experiencia, y a nosotros, que respondemos por una
formacin para el AT, nos cabe hacernos responsables por eso, hacien-
do, de esa rueda, la forma colectiva de la continencia necesaria para que
un AT y un at se hagan.

Bibliografa
Hermann, Maurcio Castejn. Acompanhamento teraputico e psicose. Articulador
do real, simblico e imaginrio. So Bernardo do Campo: UMESP, 2010.
Muller, Cludia Odilia and PALOMBINI, Analice de Lima. Entre bebs,
abismos e fantasmas: narrativas para pensar a relao entre clnica e sa-
de coletiva. Rev. latinoam. psicopatol. fundam. [online]. 2015, vol.18,
n.2, pp.292-306. ISSN 1415-4714. [Link]
4714.2015v18n2p292.8.
Pelbart, Peter Pl. A nau do tempo rei. In: _____. A nau do tempo-rei: sete ensaios
sobre o tempo da loucura. Rio de Janeiro: Imago, 1993. p. 31-46.

Traduccin por Santiago Gomez .santiagomgomez@[Link],

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