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Cariruto VII
DE LA QUILLA Y SUS PARTES
El primer paso en la construccién del
yate esta dado, invariablemente, en el
sentido de preparar esas tres partes que
son: quilla, roda y codaste. El enlace
de ellas hace esa espina dorsal que he-
mos descripto como una estructura ba-
sica, sobre la cual se forma el casco y
se mantiene luego. Constituyen asi pie~
zas importantes con respecto a otras que,
con variedad de aspectos y tamafios, per-
miten que el casco tome formas y se
trabe, pero que estan lejos de revestir
tal significacién. Por Jo tanto se las pro-
yecta con cuidado sumo, dimensionando-
las conforme al porte de la embarca-
cién, a las caracterfsticas de las aguas
por la que ésta ha de navegar, a la
navegacién misma, al tipo de casco, al
sistema propulsor, a los propiedades de
Ja madera a emplearse y a no pocos de-
talles mas que configuran partes esen-
ciales del proyecto. Es éste un aspecto
que por igual puede ser apreciado en
el plano de lineas como en el construc-
tivo. En el plano de Iineas Ia traza del
alefriz, con su, espaciamiento con res-
pecto al plano de crujia, determina los
anchos que han de tener quilla, roda y
codaste. En el plano constructivo se da
la otra dimensién, es decir la altura, la
que segin la posicién dada para cada
pieza podré ser ancho o espesor. Estas
dos medidas hacen el escantillén de cada
una de aquellas tres piezas; escantillén
_que en la prdctica se halla aumentade.
por Jas mismas formas de dichas piezas
=. gotd se vera mas adelante. Pero para
el autor de los planos estas dos medidas
son fundamentales puesto que en base
a ellas se halla la resistencia de quilla,
roda y codaste. Las fuerzas que actian
sobre ellas son considerables y de muy
distinta especie, ya se trate de un vele-
ro, una lancha o un crucero. Por Jo mis-
mo es que se las encuadra dentro de
ciertas formas tipicas para cada una de
esas tres embarcaciones —formas cons-
tructivas al parecer diamentralmente
opuestas. En un velero tanto quilla como
roda y codaste. son piezas que, en con-
junto o por separado, se hallan sometidas
a esfuerzos a que no estan obligadas en
otro tipo de embarcacién. El solo peso
del lastre que por lo comin se aloja en
forma de quillote bajo la quilla origina
no pocas fuerzas, de muy compleja com-
posicién, que actian sobre la quilla y se
prolongan hasta la roda y el codaste.
Estas tres piezas soportan los efectos de
ese peso inerte cuya proporcién en rela-
cién al peso total de la embarcacién ©
sobrepasa a veces el 40% del desplaza-
miento. La escora, el rolido y el cabeceo
en navegacién originan, por la inercia
propia de ese peso tan desproporcionado:
con el resto del casco, fuerzas muy acti-
vas. La intensidad de éstas no puede: -
ser medida con exactitud. Actian en
todo el casco a través de quilla, roda
y codaste; repercuten en las més aleja-
das piezas y dan lugar, durante toda la
vida a flote del casco, a problemas de
conservacién. Sus efectos pueden notar-
se en el movimiento que hacen las es-
tructuras, en las vias de agua por esa
misma consecuencia, en las costuras delCONSTRUCCION DEL YATE 197
forro que se agrietan y marcan, en los
empalmes que ceden debilitados y en
general en toda unién de piezas impor-
tantes. Estos efectos no hacen un proble-
ma en tanto la construccién sea nueva,
haya sido debidamente calculada y eje-
cutada con buenos materiales y mano
de obra consciente. El cAlculo de los
escantillones, que es parte del proyecto,
procura dimensionar la quilla, sus enla-
ces con roda y codaste de tal modo que
ella, en combinacién con otros elemen-
tos, como varengas y planeros, pueda
soportar esas fuerzas y eliminar sus
efectos. Por lo mismo es que las escua-
drias de Ja quilla de un velero se hacen
més robustas que para un crucero de
aproximadamente las mismas medidas e
igual desplazamiento. No existe en éste
ese brazo de palanca de un peso alojado
bien bajo, como es el quillote, ni las fuer-
zas que actiian sobre su quilla son de
la naturaleza de un velero. En principio
se hallan repartidas en una extension
mayor, gravitan mas uniformemente y
pueden ser, constructivamente, mejor
resueltas. Por otra parte las mas acti-
vas proceden del rolido, las cabezadas,
de la marcha misma y no de la inercia de
un peso muerto como el quillote. Hay
para el crucero, como para el velero,
planteos comunes para la quilla, la roda,
(rara vez el codaste porque el crucero
convencional no lo tiene) en lo que se
refiere a las fuerzas externas que inci-
den sobre esas piezas, pero hay también
ciertas particularidades de disefio y de
tipo que, necesariamente, obligan a dife-
renciar los escantillones de uno y otro.
Este aspecto puede inferirse facilmente
cotejando algunos de los planos construc-
tivos que ilustran este libro; detalles de
composicién de piezas, formacién y posi-
cién que son caracteristicos de cada tipo
y, dentro de esto, de sus particularisimas
formas, de la solucién dada por el autor
a las partes constructivas, del material
empleado, etc.
La quilla
Ante todo lo que importa para la cons-
truccién de la quilla es su formacién
transversal, el corte que surge del tra-
zado de las secciones para cada una de
éstas. Al referirnos al trazado, o sea el
dibujo al natural de las secciones como
formas elementales, hemos puntualizado
41 es la conveniencia de dibujar tam-
bién, de paso, como complemento del
trazado —aunque no resulten de las me-
didas acotadas por Ja tabla de puntos—
dichos cortes de la quilla. En ellos figu-
rarén, ademis del “punto alefriz”, el re-
bajo justo para que la quilla reciba el
espesor de la tabla de aparadura, el car-
tabén 0 4ngulo que ésta hace con aqué-
Tla y que varia segin la seccién, el gro-
sor exacto de la pieza en que ha de
labrarse la quilla, el semiancho que le
corresponde tanto en el alefriz como en la
cara interna. Con el recurso de esos cor-
tes se puede elegir la pieza de madera
que parezca mds adecuada, labrar en
pruto sus escuadrias, luego perfilar éstas
y Mevarlas finalmente al ajustéeenfer-:
me a ellas. El maestro de ribera hallara
que esos cortes dibujados sobre el tra-
zado de las secciones son un gran auxi-
lio para su tarea ya que le dan, da
espaciamiento a espaciamiento de sec-
ciones, las formas transversales de éstas.
Sabe que éstas no son constantes desde
el pie de roda al arranque del codaste,
que cambian segin las formas también
cambiables del casco y que merced at
trazado puede reproducirlas en la pieza
que hard de quilla. Cualquiera sea le
forma del casco puede, por este método,
transportar las medidas del trazado a la
madera y obrar en consecuencia.
La forma mas elemental de quilla es
Ja que se compone de una pieza de ma-
dera con sus vetas en posicién de plano
y que, lateralmente, sigue la linea cur-
va del alefriz. En tal caso el tipo de casco
es-de finkeel o de orza, traténdgse de
velero, o es un crucero 0 lancha.2wyos.
fondos terminan confundidos a pafio’con193 JORGE M. ITHURBIDE
Ja quilla. La preparacién de una quilla
de este tipo es simple en sus detalles
constructivos como lo es también inferir
sus formas transversales o cortes con el
recurso del trazado. Por lo comin su
espesor es constante a toda su longitud,
pudiendo variar sus anchos con respec-
to al alefriz. En tal caso las escuadrias
varian segiin la seccién pero sélo en el
ancho, manteniéndose el mismo espesor
en el plano diametral perpendicular, es
decir en el plano de crujia. Esto es ti-
pico de cascos de veleros con formacién
de finkeel, es decir que en la parte media,
aproximadamente, de su extension de-
rN
Cortabon/\ Sons
‘arlal
Seccicn @ popa .
a ll Seccién media
Figura 103
perén recibir un macizo, un quillote, de
ancho considerable como para hacer mas
‘espaciados, transversalmente, los alefri-
ces de una y otra banda. No sélo los ale-
frices se espacian mas en tal caso sino
que la quilla se aumenta en proporcién
a ese aumento transversal. Muy distinto
en el caso de un crucero donde los ale-
frices de la quilla corren paralelos al
eje de crujia, y donde esa pieza resulta
por lo tanto un tirante de escuadria uni-
forme, de proa a popa, en el sentido de
su plano. En este ultimo caso lo tnico
que modifica cada una de las secciones,
© cortes de quilla, es ese Angulo que hace
el forro con el plano diametral del cas-
co. Dicho angulo se denomina cartabén
y varia segun la forma de la seccién
considerada, dependiendo tal variacién
del tipo de fondo, ya se trate de una
Jancha o de un velero. La figura N? 103,
sintetiza este punto mostrandonos cémo
Jos cartabones son diferentes entre la
seccién media o maestra y una seccién
cualquiera de popa. Esta diferencia es
tipica de un casco de velero: apenas per-
ceptible en la seccién media y bien acu-
sada en las de popa. Tratandose del casco
de una lancha, lo que la figura ilustra
suele estar invertido: por lo comtn la
seccién de popa hace un Angulo tan ob-
tuso con la quilla que se confunde con
una horizontal, mientras la seccién me-
dia es més cerrada. A partir de la sec-
cién media hacia proa los cartabones se
van aguzando, mas acentuados en el ve-
lero que en la lancha. Asi como esta
quilla es elemental por su formacién lo
es también porque sus cartabones rara
vez son agudos, simplificando el trabajo
en la madera, Es el tipo corriente en
cascos de veleros livianos y lanchas
planeadoras. En veleros, para los del tipo
a orza, sin porcién de lastre en la quilla
© finkeel como plano lateral. En lanchas,
para aquellas que no tienen una zapata
en prolongacién de Ia quilla. Este tipo
de quilla permite que los fondos de am-
bas bandas se unan al centro en un filo,
reduciendo asi las torbulencias en el
agua y dando un mejor acabado al en-
lace enter forro y quilla. Su construecién
estaré muy facilitada por los cortes sec-
cionales dibujados en el trazado, ya que
mediante ellos se conocen los cartabones
que deberan darse, para cada seccién, a
los encastres de los alefrices. Recurrien-
do a plantillas que copien esos cortes
se pueden marcar con exactitud, en el
tablén que ser la quilla, todas las me-
didas por las que ha de guiarse el tra-
bajo. La figura N° 104 procura dar una
idea de cémo debe procederse para con-
feccionar una plantilla de cada seccién
de quilla. Estas pueden hacerse en ma-
dera o metal (terciada o latén) calandoCONSTRUCCION DEL YATE 199
el contorno de la semiseccién de manera
de poderlas ir presentando sobre el ta-
blén de quilla a medida que éste es des-
vastado. Lo primero en esta operacion
es escuadrar correctamente el tablén de
quilla que, de ordinario, tiene escuadria
pareja en toda su extensién. Se tiene asi
uma pieza de seccién rectangular cuya
longitud se habra tomado del trazado del
perfil del casco, o de los planos, o por
medio de la medida entre espaciamiento
de secciones. Esta pieza no se la trabaja
arqueada como se nos presenta proyec-
tada en el plano constructivo del perfil,
sino plana sobre el banco o caballetes.
La vuelta o arqueo que suele tener se
adapta al pararla sobre los picaderos, ya
que su pequefia seccién, con relacién a
su extensién, hace que flexione con fa-
cilidad y tome Ja curva correcta sin ne-
cesidad de recurrir al calor para amol-
darla. Traténdose de quillas cortas y
seccién reducida, que por su tamafio son
manuables, se puede desvastarlas, y atin
labrar sus alefrices con medios mecéni-
cos, por ejemplo la maquina tupi. Esto
simplifica la labor manual pero no la
elimina ya que a ella se debe recurrir
para el ajuste final de los alefrices, para
terminar a pafio la unién de forro y qui-
Ila, para prolijar el canto en que ira
la costura de la traca de aparadura. Es-
cuadrada la pieza debe marcarse en ella,
por sus dos caras, esas rectas que en la
ilustracién de referencia se las ha de-
nominado “eje de crujia”. Dividiran la
quilla por mitades longitudinales y ser-
viran no s6lo para repartir por igual
Jos semianchos de los alefrices, de la
cara superior de la quilla, para guiar su
alineacién, sino también como punto de
referencia para aplomar los moldes o
cuadernas cuando éstas se paren sobre
ella. Por lo tanto deben ser trazas inde-
lebles, hechas a punzé6n en una profun-
didad tal que el pulido a cepillo no las
borre. El tablén elegido para quilla de-
be ser, de entre toda la madera que
entrara en la construccién del casco, la
més sana, sin fallas en sus vetas, sin
tendencia a deformarse, libre de sémago
o partes afectadas. Ocurre que a menudo
cuando la quilla se saca del coraz6n del
rollizo o de las tapas costaneras, al ser
escuadrada tiende a revirarse, arquearse
o torcerse, atin estando la madera bien
estacionada. Este aspecto de la natura-
leza de la madera ha sido visto en sus
menores detalles al referirnos a ella en
el capitulo dedicado a los materiales,
pero conviene traerlo a colacién aqui,
puesto que es la quilla una pieza que
en lo posible debe estar libre de aque-
Mos defectos. Cuando la escuadria de la
quilla lo permite, debe preferirse para su
madera aquella que procede de los cor-
tes costeros del corazén, donde las vetas
y radios medulares son mas prietos, don-
de las fibras son largas y paralelas al
eje del Arbol. Los movimientos que haga
esta madera —movimientos que toda
madera hace y son inevitables por lo
tanto— no tendrén la importancia de
una madera de corazén o de costanero.-
Es conveniente, antes de dar al tablén
el espesor y ancho del escantillén de la
quilla, practicar un corte que con-bas-
tante tolerancia lo aproxime a esas me-
didas y dejar transcurrir algiin tiempo
como para que la madera haga su mo-
vimiento. Después de ese lapso la quilla
podra ser escuadrada sin que nuevos
“trabajos” de la madera alteren sus can-
tos rectos y haya necesidad de retocar-
los. Se tendra asi un mayor seguridad de
que en el desvastado y labrado de los
alefrices el tablén no se revire o tras-
guarde. Con todo esta contingencia pue-
de darse y casi siempre se presenta
cuando se labra primero el alefriz de una
banda de la quilla y a su terminacién
el de la otra. Entonces es cuando el
tablén puede arquearse hacia el lado
opuesto al trabajado, ya que de esa par-
te las fibras, que son mas numerosas y
tienden siempre a contraerse, producen
ese esfuerzo deformante. Para evitarlo se
acostumbra ir desvastando, parejamen-
te, uno y otro canto del tablén, de ma-
nera que el dar forma a esas solapas que200 JORGE -M.
en el alefriz hacen el encastre para el
forro, las dos progresen por igual. De
este modo no se da tiempo a que la ma-
dera trabaje, ante bien a que se equili-
bren Jas fibras en razén de la simetria.
de la seccién. Para labrar los alefrices
con el empleo de plantillas es necesario
haber marcado antes, sobre la cara su-
perior del tablén, los puntos en que han
de caer las secciones transversales. Por
dichos puntos se trazan perpendiculares
al eje de crujia que, como hemos dicho,
se habra mareado de manera indeleble,
y_que representa el eje diametral de la
pieza. El nimero de plantillas sera el de
secciones que comprenda la quilla, y es-
tara dado por el plano de secciones trans-
versales o por el trazado mismo. El es-
paciamiento que tengan sobre la quilla,
—o el tablén de la cual ha de sacarse
ésta—, no sera el mismo que entre mol-
des o cuadernas. En efecto, si la quilla
ha de arquearse o disponerse oblicua,
aunque recta, con respecto a la linea de
base, el espaciamiento tomado sobre la
misma puesta de plano, resultaré siem-
pre mayor. Tampoco sera constante tra-
tandose de una quilla arqueada, aunque
Jas diferencias en medidas apenas serén
notadas. Para resolver este punto se re-
curre al trazado en tamafio natural del
perfil del casco, o bien presentando 1a
quilla sobre el picadero que le servirA
de base. De Jas dos maneras pueden mar-
carse con justeza los puntos de seccién
en Ja quilla y por ellos dar las trazas
perpendiculares a la linea de crujia, o
de centros, tirada por el medio del ta-
blén. Como las plantillas son exteriores
al contorno de las secciones, (ver figura
N° 104) para que puedan encajar en la
madera es preciso ir desgrosando ésta
hasta lograr aproximarlas con exac-
titud. Esto se hace tan sdlo en el punto
de seceién, ya con azuela, ya con formén,
hasta que la plantilla ajuste correctamen-
te [Link] tengan determinados los rebajos
como se desprenden del trazado en las
secciones naturales. Esta operacién se
repite a la banda opuesta de la quilla
ITHURBIDE
con el empleo de la misma plantilla y
se opera de igual forma para cada sec-
cién de acuerdo a la plantilla correspon-
diente. Se tienen asi una serie de cava-
duras que representan los cartabones del
forro con la quilla, la hondura del rebajo
para recibir el forro, el alefriz en una
palabra. Queda por practicar el desvas-
tado de la madera a lo largo, entre sec-
cién y seccién, de uno a otro extremo
por ambas bandas. Este trabajo se hace
a azuela para el desgroce bruto, a for-
mén para la aproximacién primera, y a
cepillo para el acabado final. El tramo
de quilla que debe trabajarse entre sec-
cién y seccién, tendré cartabones inter-
medios, vale decir que el forro incidiré,
con respecto a la quilla, en angulos que
variarén dentro de los dos cartabones
de sus extremos. Si dichos cartabones
no son muy diferentes entre si, muy in-
significante sera la variacién que haya
en medio. En este un detalle de avio en
que el ojo del artesano suple cualquier
medida y la manera de tomarla. Para
desvastar, o sea labrar la madera al lar-
go entre dos de esos cavados hechos para
que las plantillas nos guien, conviene
hacerlo partiendo del mayor cartabén al
menor. En la quilla de una lancha el
cartabén mayor, el mas obtuso, se halla
a popa y por él debe comenzarse para
aviar la linea entre dos seciones. El cam-
bio en un velero en la seccién media se
halla el cartabén mayor, a partir de la
cual, hacia proa y hacia popa, suele agu-
dizarse y por Io tanto al desgroce de
madera es mas abundante. En tal caso ¢
parte de la seccién media hacia un sen-
tido y luego en el opuesto. Se cubre asi
el riesgo de que “falte” madera, es decir
que por no ir de mayor a menor, se qui-
te més madera de la precisa para el car-
tabén. El ajuste correcto se hace apoyan-
do de plano sobre el rebajo del alefriz
una reglilla o alfajia, reteniendo a ojo
Jas imperfecciones que se adviertan para
Juego aviarlas convenientemente. Aun la
quilla mejor trabajada puede ofrecer, un
vez concluida, algunas diferencias en losCONSTRUCCION DEL YATE 201
cartabones, las que se acusaran recién
cuando sobre ella se paren los moldes.
Por ello es que se acostumbra a dejar
sobrada la cavadura del alefriz; no le-
varla de primera intencién a su justa
medida. Tal tarea se reserva para el mo-
mento de forrar, en que ese sobrante se
elimina en la cantidad justa para que
la tabla de aparadura asiente correcta-
mente y también que avie con las for-
mas. Con todo los rebajos del alefriz de-
ben concluirse como si fueran definiti-
vos, sobre todo si han sido desvastados
a azuela, por lo que se hace necesario
cepillarlos. El trabajo de la azuela es
quitar grandes espesores de madera de
manera brusca y tanto para ahorrar un
largo cepillado. Su defecto es desgarrar
la madera, dejar partes lefiosas astilla-
das o desprendidas apenas, que es pre-
ciso eliminar pulimentando la superficie.
Los desgarramientos de las fibras de la
madera son lugares por donde la hume-
dad penetra con facilidad —gran canti-
dad de vasos, fibras y vetas dafiados—
y por donde comienza la podredumbre.
El alefriz y su rebajo deben presentar
superficies tan tersas como las de un
mueble porque asi los poros no se abren
ni se agrandan, reduciendo las caracte-
risticas hidroscépicas de la madera. Es
éste un aspecto acaso demasiado descui-
dado de la carpinteria de ribera y uno
de los motivos por los cuales las piezas
de estructura fuerte como. quilla, roda y
codaste, aparecen afectados de descom-
posicién antes que otras partes que, por
ser més visibles, se pulimentan conve-
nientemente.
Dentro de tan elemental forma de
quilla caben otras variantes constructi-
vas, atendiendo a caracteristicas propias
del disefio como a necesidades del ma-
terial. Un ejemplo es la quilla cuya fun-
cién es prolongarse en el sentido del ca-
lado por medio de una zapata, un ma-
cizo, un quillote. En tal caso el forro no
se une a pafio con la quilla que se pre-
para, exteriormente, como su continua-
cién. Forma en el alefriz un angulo en-
tre quilla y forro, de lo cual la figura
N° 105 es una demostracién, aunque en
ella se haga una referencia a un sistema
constructivo. Este tipo de quilla es tipico
de los cascos con finkeel en los veleros
y de zapata en los cruceros. Por lo tan-
to son cascos de dimensiones mayores
Jos que la emplean; mayores a un velero
de orza y una lancha deslizadora, Los
cascos cuyos planos de lineas se repro-
ducen por las ilustraciones Nos. 5 y 11
en el capitulo segundo —un velero con
formacién de finkeel y un pequefio cru-
cero de fondo en “V”— tiene quillas pla-
nas en su parte exterior. Este aplana-
miento es necesario para adosar contra
la quilla el macizo o zapata, puesto que
de terminar a filo se dificultaria el tra-
bajo y se haria imperfecta la unién, Por
Jo menos debe serlo en esa extensién de
quilla que, para el ejemplo del casco de
Ja figura N° 5, es abarcada por el fin-
keel. Alli el apéndice que forman macizo
Y quillote ocupa poca longitud de 1a qui-
lla y el aplanamiento de ésta sélo com-
prende ese tramo. A partir de éste el
fondo termina a filo, es decir que tanto
hacia proa como hacia popa la quilla esta
trabajada a pafio con el forro. Este de-
talle puede ser facilmente advertido en
el plano de lineas. En efecto, en el per-
fil lateral aparece la linea que corres-
ponde al alefriz formando con la quilla
un contorno casi normal con excepcién
de la parte de donde arranca el finkeel.
Alli ambas lineas se confunden y for-
man una sola lo cual indica que la qui-
lla es aplanada en esa parte. Distinto es
el aspecto que nos muestra para lo mis-
mo el perfil del casco de la figura N? 11.
No distinguimos en él Jas dos lineas ca-
racteristicas que diferencian a quilla de
alefriz, sino una sola a toda la extensién
del plano lateral. Ello nos dice que la
quilla es plana y por lo tanto el. punto
alefriz y el punto quilla se hallan a igual
altura, Aqui hay un apéndice o: zapata
que se prolonga por debajo de la quilla
desde el pie de roda hasta dos tercios
de la eslora en flotacién. Esta zapata-se202 JORGE M.
forma a continuacién de la quilla y por
Io tanto se ha dado a ésta ese aplana-
miento que es necesario para adosar las
dos piezas. Pero mas alla de donde ter-
mina, la quilla continua igualmente pla-
na, ya que en dicha parte el fondo for-
ma con ella muy ligero 4ngulo, apenas
acusado. Otros aspectos similares pueden
verse consultando los planos de lineas
de las figuras Nos. 8, 9 y 10 en el capitu-
Jo II. La construccién de una quilla de
este tipo es, en muchos sentidos, mucho
mas simple que la anteriormente descrip-
ta. Para su preparacién se parte, como en
aquélla, de las secciones trazadas en ta-
mafo natural en el tablero. Para su com-
posicién en madera suele recurrirse a
dos piezas que unidas de plano por me-
dio de cola, tornillos o bulones, aparte
de dar algunas ventajas en cuanto a
resistencia y formacién, simplifican en
mucho el trabajo. La figura N° 105 ilus-
tra este tipo de quilla, en que dos piezas
engrosan el espesor total. A la inferior,
cuyo ancho se halla determinado por el
espaciamiento entre alefrices, se le da el
nombre de “quilla”. A la superior, que
por ser mds ancha forma la solapa de los
alefrices, se Ia nombra, impropiamente,
“sobrequilla”. Ambas, debidamente liga-
das, hacen una pieza de consistencia ma-
yor de la que resultaria de una pieza la-
brada en macizo, sobre todo cuando la
quilla es arqueada. Tratandose de escua-
drias grandes es ventajoso componer de
esa forma la quilla, pues no siempre es
dable hallar madera sana en tamaiios
adecuados. La parte inferior o “quilla”
es en este caso una tabla, mientras que
la superior es un tablén, y tanto una
como otra pieza pueden seleccionarse
dentro de espesores normales y con me-
nos imperfecciones en la madera. Aparte
de estas ventajas existe la no menos im-
portante de la economia de material, por
que no hay el desperdicio que produce
el desvastado de los encastres para el fo-
rro en los alefrices. Para determinar los
espesores de “quilla” y “sobrequilla” sin
que el escantillén total se modifique,
ITHURBIDE
debe recurrirse al trazado de las seccio-
nes transversales. Los cortes de quilla
se dibujan para cada seccién como si
aquélla fuera a construirse de una pieza
‘nica. Entre “quilla” y “sobrequilla” hay
una Hnea divisoria que es la unién en-
tre esas piezas y esa linea deber4 mar-
carse en dichos cortes transversales. Par-
te del angulo o esquina que hace el es-
pesor del forro en el alefriz (ver figura
Ne 105). Como el cartabén del forro con
Ja quilla cambia segin la seccién, si esa
linea divisoria entre “quilla” y “sobre-
quilla” se marca para todas partiendo
del mismo punto, los espesores de la
“quilla” iran disminuyendo o aumentan-
do segin disminuyan o aumenten los
cartabones. Esto obligaria a dar al ta-
blén de “quilla” espesores distintos, cosa
que en la practica es imposible. La in-
dicado es dar a ese tablén un espesor
constante, el que resulte de la seccién
media o maestra y por lo tanto marcar
esa medida en cada corte o seccién de
quilla en el trazado. As{ resulta un es-
pesor tinico tanto para “quilla” como
para “sobrequilla”. Estas dos piezas se
escuadran por separado, vale decir que
se labran como piezas de seccién rec-
tangular, a manera de tablones o tablas.
La unién entre si por medio de cola,
tornillos etc., se practica al parar la qui-
Ila sobre el picadero 0 cama de armar.
La finalidad que se persigue al hacerlo
asi es la de amoldar ambas piezas a la
curvatura de la quilla; curvatura que no
se alterara una vez fraguada la cola y
atomnilladas las partes. Si la quilla es
recta se unen las piezas sin ese recurso.
El labrado del alefriz, —sus rebajos, sus
cartabones— puede trabajarse sobre el
banco, cuando la quilla afecta una forma
curva y ha sido moldeado sobre el pica-
dero. Para ello, y antes de separarla de
éste y librarla de las prensas que la afir-
maban, preciso ser que la cola haya
fraguado, que la madera se encuentre
adaptada a esa nueva posicién. Si bien
es enorme la tensién superficial de la
cola fenélica, no es menor la resistenciaCONSTRUCCION DEL YATE 203
que ofrece la madera a amoldarse en frio
a una forma opuesta al sentido natural
de sus vetas. Cierto tiempo de amolda-
miento es necesario antes que la madera
ceda y se adeciie a una formacién ex-
trafia. Pasado ese lapso resistira volver
a su posicién original, tanto como cos-
+6 vencerla al principio. Como este tipo
de quilla se caracteriza por ser su escua-
dria de un espesor bastante menor que
su ancho, es por lo tanto flexible y se
adapta con facilidad al tipo de curva
corriente en los tipos de cascos que la
emplean. Pero necesariamente debe ven-
cerse esa flexibilidad para que la ma-
dera no tienda a volver a su posicién.
Por ello es que el tiempo que se la tiene
sobre el picadero separa al que necesita
Ja cola para fraguar y adherir. En tanto
las vetas de la madera estiran hacia el
exterior del arco de la quilla y contraen
hacia su interior hasta finalmente per-
der flexibilidad, o poder de recuperacién,
y volverse estables. Cuando se Iega a
este resultado puede separarse la qui-
Ma del picadero y, aunque al hacer-
Jo, se note una separacién en cuanto a
formas, sera muy insignificante. Tanto
es asi que al volverla al picadero, ya la-
brada y pronto para recibir moldes y
cuadernas, podra ser nuevamente amol-
dada con la sola presién de pocas pren-
sas. Para proceder a labrar los alefrices
el mejor método es el de las plantillas
por seccién tal como es describié an-
teriormente. En este tipo de quilla en
que dos piezas de anchos diferentes dan
aproximadamente el corte seccional a
todo su largo, las plantillas pueden ser
usadas con mayor facilidad. No se nece-
sitaré cavar hasta legar al punto cén-
trico, —o sea el eje de la quilla—, con
la plantilla, para poder fijar el cartabén
del forro, la profundidad de la ensam-
bladura de éste, su espesor. Las dos pie-
zas que unidas forman la quilla propia-
mente dicha, determinan por el menor
ancho de la inferior, el punto exacto del
alefriz. Queda por dar el cartabén ne-
cesario a la pieza superior para el apoyo
del forro y la escuadra para el espesor
de éste. Con el auxilio de las plantillas
estos dos puntos son facilmente situados,
siendo muy poca la madera que debe
ser desgrosada. Casi toda ella ser de la
“sobrequilla” ya que ésta, en principio,
es de escuadria rectangular, y deberén
achaflanarse los lados sobresalientes in-
mediatos a la pieza que denominamos
“quilla”. Esta Ultima requerira tan sélo
trabajar sus cantos para que queden a
escuadra con el cartabén que se ha dado
ala “sobrequilla”. La figura N° 105 mues-
tra en una sintesis cuales son las formas
de las dos piezas que, por el sistema
deseripto, integran la quilla. Por lo que
se aprecia en esa ilustracién una quilla
de este tipo puede ser construida de una
sola pieza. Es esto algo que cabe ser de-
terminado en base al tamafio de la em-
barcacién, a sus escantillones, a las’par-
ticularidades de cada disefio, y que por
lo tanto esta de antemano resuelto por
los planos. Rara vez es una eleccién li-
brada al criterio del constructor quien
se sigue mas de aquéllos que de otras
recomendaciones en este punto. Con todo
la quilla compuesta por dos espesores
soluciona bastantes problemas construc-
tivos, materiales e interpretativos por lo
que se hace recomendable para cascos
cuya construccién ha de depender mAs
de manos aficionadas que profesionales.
Las quillas planas tal como han sido
explicadas son propias de cascos de sec-
ciones transversales en “V” o en “U”. El
forro se interrumpe en la quilla sin bus-
car otra continuacién como en el caso
de las secciones en “Y”, en que la forma
se prolonga mas allé de la quilla. Se
trata de quillas comunes a cruceros,
lanchas, veleros con orza o finkeel. Los
eascos con formacién en “Y¥”, tipicas de
veleros,. tienen quillas de construccién
[Link] como los que se presen-
tan en sus lineas con las figuras Nos. 15
y 18 del capitulo II presentan las sec-
ciones transversales desarrolladas sin in-
terrupcién en todo el contorno. La qui-
lla no hace en ellas, como ocurre con.204 JORGE M.
los cascos en “V” 0 en “U”, un corte sin
continuidad, sino que forma parte del
avio, no advirtiéndose exteriormente. El
espesor del forro se encastra en ella y la
linea de la seccién se prolonga con-
torneando el quillote o el macizo hasta
conectarse con la misma de la otra ban-
da. Este tipo de quilla tiene sus formas
plasmadas en las curvas mismas del cas-
co y no como ocurre en los otros tipos
en los que es terminacién del casco pro-
piamente dicho. Por ello es que sus an-
chos varian de seccién a seccién, puesto
que tampoco se hallan determinados por
una Ifnea de alefriz recta y paralela al
eje de crujia. Su construccién depende
del trazado al natural de las secciones
transversales, ya que de éste han de sur-
gir sus medidas para transportarlas a la
madera y no de otro modo. Al hablar
del trazado en el capftulo respectivo he-
mos hecho referencia al “punto alefriz”
como un gran auxiliar para situar Ja
quilla dentro del trazado de las secciones
de un casco de este tipo. Por debajo y
Por encima de dicho punto se reparte el
espesor de Ia quilla en la medida dada
por el plano constructivo. Es necesario
entonces dibujar en el trazado, para cada
seccién, el corte de quilla que le corres-
ponde, sin Jo cual serfan muchos los
tropiezos para poder transportar sus for-
mas a la madera. Por esos cortes se fa-
cilita conocer Ios anchos que debe tener
Ja quilla para cada seccién, tanto en su
cara inferior como en la superior. Las
diferencias entre estas medidas dan los
cartabones, o sea los chaflanes que por
igual habra que dar a ambos cantos de
Ja quilla para que avien con la linea del
forro, Ademés esta el rebajo justo para
que encaje la tabla de aparadura, la po-
sicién de los alefrices con respecto al es-
pesor de Ia quilla, Ia entalladura para
embutir las puntas de varetas, y meno-
res detalles imprescindibles para traba-
jar la pieza. (Ver figura N° 109). Por lo
que puede inferirse de lo puntualizado
con respecto a una quilla de velero con
easco de secciones en “Y”, se compren-
ITHURBIDE
deré que su trabajo es mas complicado
que el de las quillas antes descriptas.
Su mayor complicacién esta en al irre-
gularidad de sus formas, en que éstas
Proceden del trazado y no de medidas
dadas por los planos. Asi como las me-
didas para los semianchos del alefriz
varian de una a otra seccién en la tabla
de puntos —cosa que podemos apreciar
en el trazado— varian también los an-
chos de Ja quilla para cada uno de ellas.
Por lo tanto la pieza de madera que haré
de quilla no saldra de un tablén escua-
drado y prismatico como en los casos
antes descriptos. Vista la quilla de plano
sus contornos serén curvos —una curva
de trocoide en la mayoria de casos— con
diferencias entre los contornos de ambas
caras. Para su construccién se necesita
de un tablén que dé, sobrado, el ancho
méximo del canto més saliente, y éste
canto puede ser el inferior como el su-
perior, segiin sean las Iineas del casco
en las proximidades de la quilla. Esta
medida se toma directamente del traza-
do de las secciones transversales y sucle
hallarse entre las secciones Nos. 4 y 5
en una divisién por diez de la eslora en
flotacién. La longitud del tablén debe
tomarse del trazado del perfil, si es que
dicha medida no figura acotada en al-
gunos de los planos, y dar a cada ex-
tremo una tolerancia para el ajuste final
cuando en ellos se practiquen los ensam-
bles de roda y codaste. El tablén se mar-
ca al medio con esa recta que sera su
centro a la vez que eje de crujia, cuidan-
do hacerlo a ambas caras. Los puntos de
seccién, el aspaciamiento que deben te-
ner, deben determinarse con cuidado
pues de su ubicacién y medida depende
algunos aspectos constructivos posterio-
res a la confeccién de la quilla. Debe
tenerse presente que 1a quilla de un ve-
lero se halla comunmente inclinada en
el sentido proa a popa con respecto a la
perpendicularidad de las: trazas de sec-
ciones. Esto da lugar a que la distancia
entre secciones, medida sobre Ja quilla,
resulte mayor que tomada horizontal-CONSTRUCCION DEL YATE 205
mente. Si por algan motivo esta distan-
cia entre secciones, tomada normal al
plano oblicuo de la quilla, no puede me-
dirse directamente en un trazado al na-
tural del perfil del casco, o no se halla
indicada en los planos, habra que de-
terminarla de algtin modo. Lo mas ele-
mental es trazar sobre un tablero dos
paralelas separadas por la medida del
espaciamiento horizontal entre secciones.
irar una perpendicular a ellas como
linea de base, medir y marcar partien-
do de ésta, y sobre cada paralela, las
alturas dadas por la tabla de puntos,
para dos secciones consecutivas, del ale-
friz o la Ifmea de quilla. La unién de
estos dos puntos marcados daran una
linea oblicua cuya inclinacién es exacta-
mente la de Ja quilla en posicién de cons-
truccién. La distancia entre dichos pun-
tos seré la que se tomara para marcar,
de plano, sobre el tablén de la quilla,
la separacién entre las secciones que la
corten. Las secciones, 0 mejor sus tra-
zas, se marcan sobre la cara superior del
tablén de quilla, perpendiculares a esa
linea de fe, divisoria, que concordar4 con
el eje de crujia. Como la quilla de un
velero no es por sus dimensiones y peso
una pieza muy manuable, menos atin lo
sera el tablén del que haya que sacarla.
Por lo tanto es conveniente aproximar
Ja madera a las formas que tendré la
quilla dejando un margen sobrado para
refilarla luego, cuando se tenga que la-
brar los alefrices. Para ello se marca so-
bre cada seccién los m4ximos anchos que
resulten de las medidas tomadas directa-
mente del trazado. Esos maximos anchos
tanto pueden corresponder a la cara su-
perior de Ia quilla, a la inferior, como
al alefriz. Ello variara segin cada sec-
cién. En las secciones de popa, donde la
quilla se angosta hacia el arranque del
codaste, la linea del forro hace, aproxi-
madamente, una vertical. Esto se advier-
te en el trazado, como también que el
corte de seccién de quilla configura for-
mas distintas a las que tienen otros cor-
tes en las secciones més opuestas, como
Jas de proa. En aquel caso el m4ximo
ancho de quilla est en su cara inferior
o en el alefriz, mientras que Ja cara su-
perior es menor porque el rebajo para
el encastre del espesor de la tabla de
aparadura se practica desde ella en direc-
cién casi perpendicular. En Jas secciones
medias, —por ejemplo la maestra—, el
forro es oblicuo con respecto al plano de
la quilla y el m4ximo ancho estaré en
el alefriz'o en la cara superior. La fi-
gura N° 109 muestra el corte de una se
miseccién de quilla a esa altura, distin-
guiéndose como ésta es mas ancha en su
cara superior pese al rebajo dado a Ja
parte de su canto para el apoyo del fo-
rro. Esta figuracién del corte de quilla
se hace més marcada en las secciones
extremas de su parte de proa hasta em-
palmar con el pie de la roda. Como se
comprenderé, lo que importa para trazar
las formas planas de la quilla y poder
desvastar en base a ellas el tablén de
madera, son esos maximos anchos. Yistos
sitdan para cada seccién un punto a cada .
banda y tantos como secciones abarque
la quilla. Su unién se hace por medio de
un junquillo de trazar, aviando asi esa
Inea que hemos dicho hace una curva
con apariencia de trocoide. Las dos cur-
vas que a ambas bandas marcah los con-
tornos maximos de la quilla deben ser
correctamente equivalentes. Para lograr-
la se acostumbra a preparar, en madera
ligera, una plantilla de ese Gontorno de
la quilla pero abareando solamente una
de las bandas, es decir desde la linea de
crujia hasta lo que sera el borde. De
esta manera con una sola curva se pue-
den marcar Jos dos bordes con exacta
equivalencia. Por otra parte se recurre
a esta plantilla para la eleccién del ta-
blén de madera del cual ha de extraer-
se la quilla, presentandola sobre él, y
asi apreciar si rajaduras, acebollados,
samago y otras fallas que las grandes
piezas de madera suelen traer, quedaran
dentro o fuera de la forma. Porque la
eleccién de la madera en la pteparacién
de una quilla de este tipo’ tropieza con206 JORGE M.
el inconveniente de que sug medidas son
grandes en ancho y en largo y poco co-
munes para las escuadrias corrientes de
los tablones. De ordinario la quilla pro-
cede de un rollizo del que se ha aserrado
un espesor igual al escantillén que se
necesita, y lo mas préximo al diametro
sin por ello Megar al corazén. Esto de-
pende, claro esta, del ancho maximo de
Ja quilla, pero dadas sus caracteristicas
de ser mayor al medio que a los extre-
mos, origina no pocos problemas para
dar con la pieza mds adecuada. Ya he-
mos hecho referencia a la importancia
que tiene la quilla en un velero, sobre
todo cuando el casco es de secciones con-
tinuas hasta el calado, por que de ella
pende un peso importante que es el qui-
Note. Por lo tanto su madera debera se-
leccionarse de entre la mejor, respetan-
do la variedad que se especifica en los
Tabin pons le gta
—r-
= — os
Figura 104
planos y el espesor que es parte primor-
dial. Fallas en la madera como agrieta-
mientos, nudos no encarnados, despren-
dimiento entre anillos de crecimiento,
deben Ievarnos a descartar una madera
ITHURBIDE
que ha de ser empleada en la quilla.
Ellas disminuyen muy considerablemen-
te las propiedades mecdnicas de la ma-
dera, las que para este empleo se nece-
sitan integras, pues de lo contrario se
| illos
Figura 105
tendraé una quilla defectuosa que ira
empeorando durante la vida del barco.
Es por ello que al hacer el despiezo de
un rollizo se procura que la mejor cara
que se presente se elija como madera
para la quilla, dando el corte siguierite
al espesor de ella.
E] labrado de una quilla del tipo des-
cripto es mas de orden manual que me-
cénico. El refilado de sus formas puede
hacerse por aserraje en la sierra sinfin
pero la preparacién de alefrices y carta-
bones esta en el trabajo manual. La pri-
mera operacién es el escuadrado de sus
cantos, respetando los anchos m&ximos
a que nos hemos referido al mencionar
Ja manera de aproximar las formas re-
cortando los sobrantes. Asi se tiene la
pieza ajustada a las mdximas medidas
dentro de las cuales habra que trabajar
cartabones y alefrices. Si se recurre al
método de las plantillas para tallar sus
formas se simplifica en mucho esa labor
y se evitan errores. Estos ocurren con
bastante frecuencia debido a la mismaCONSTRUCCION DEL YATE 207
complejidad de formas que presenta una
quilla de este tipo. Por otra parte se re-
queriria poseer una larga practica en el
tallado de quillas para preparar los ale-
frices y sus cartabones valiéndose sola-
mente de falsas escuadras tomadas di-
rectamente del trazado y algunas marcas
provisorias en la madera. Asi es como el
maestro carpintero de ribera prepara los
Quilla
Figura 106
cantos del tablén primero y a continua-
ciéné desvasta la cavadura que, en el ale-
friz, pide la tabla de aparadura. Pero
para ello es preciso tener un ojo en el
tablero y otro en la madera y, en medio,
su baquia, que es don para dar plastici-
dad a las formas con sélo ver cuatro
trazos y atin, a veces, con imaginarlas
apenas. Con todo suele él recurrir a las
plantillas, ya que éstas, cuando el carta-
bén que hace el forro con la quilla en
su extremo proel es muy obtuso, le
ayudan a precisar con mas exactitud los
rebajos que por su método visual. Las
plantillas se preparan en forma similar
a la descripta para el trabajo de una
quilla plana (ver figura N° 104) toman-
do sus formas directamente de los cor-
tes seccionales dibujados en el trazado.
Lo que ellas muestran es la semiseccién
calada en madera o metal y que sirve
tanto para aproximar las formas del ale-
friz a una banda como a la opuesta de
una misma seccién. Con ello se logra que
los dos cantos de la quilla resulten si-
métricos y pueden prolijarse desde un
principio, sin los retoques finales que de
otro modo habré que darle al parar los
moldes y aviar las formas. Como el ta-
blén de la quilla de ordinario se trabaja
estando horizontal, porque su mismo ta-
mafio y peso la hacen poco manuable
para estarlo volviendo para el lado de
una cara y de la otra casi de continuo,
es necesario tomar algunas precauciones
para que las plantillas puedan ajustar-
se en ella. Este tipo de quilla ocupa casi
siempre una posicién inclinada en la
construccién del casco, posicién que debe
tenerse en cuenta para presentar en ella
las plantillas. Estas representan cortes
perpendiculares de la quilla y por tanto,
en el plano del trazado, normales a las
secciones, y tal como seran para su posi-
cién oblicua cuando se arme el casco.
Por lo visto la plantilla del alefriz debe
ajustarse a la quilla manteniendo ese
Angulo que se forma entre su plano in-
clinado y la perpendicular del molde o
Iinea de seccién. De otro modo la plan-
tilla holgard al presentarla, puesto que
el espesor que ella da para la quilla
seré mayor que lo real, medido éste en
escuadra. La diferencia proviene de la
misma inclinacién. Lo que importa es
labrar los alefrices conforme a esas plan-
tillas dispuestas en posicién oblicua, jus-
to con el Angulo que el molde o cuader-
na har con el plano de la quilla. Este
Angulo es facil de hallar y puede to-
marse con una falsa escuadra directa-
mente del trazado del perfil de la qui-
Ila. Con él se prepara un cartabén en
madera, el que guiara la inclinacién de
la plantilla al presentarla contra la qui-
Ila para cavar la madera hasta su ajus-
te con aquella. El desgrose de la made-
ra comienza por la seccién de mas a
popa o sea aquella que esta en su talon,
ligeramente avanzada con respecto al
arranque del codaste, pero que incluye£03 JORGE M.
parte de la curva coral. En esta parte el
forro o cartabén del alefriz es casi per-
pendicular porque los amados “delga-
dos de popa” son angostos y sin vuelta
hacia la salida de agua del codaste. Des-
de esa seccién se contintia hasta la maes-
tra. La parte de proa de la quilla, la que
ensambla con el pie de roda o “derecho
de proa” se labra desde ella hacia la
maestra. Para desvastar la madera y dar
forma al rebajo del alefriz se emplea
Figura 107
Ja azuela, pero sélo para el trabajo grue-
so, puesto que no es herramienta que
dé presicién. La mayor aproximacién,
se hace a formén y luego, el retoque fi-
nal, a cepillo. Algunos detalles de este
aspecto constructivo han sido ya pun-
tualizados y explicados al hacer la des-
eripcién de las quillas planas, los que
son validos para este tipo de quilla tam-
bién, en especial aquellos que hacen a las
precauciones para el escuadrado de Ja
ranura del alefriz. Este escuadrado debe
ser muy exacto pues de ello depende
que el ajuste del forro en los alefrices
pueda hacerse sin entorpecimientos.
Ademés de él depender4 que el pabilo
con que se cierra la costura en los ale-
ITHURBIDE
frices quede apretado y sujeto, sin mos-
trar ese vicio de “escupir el calafate”,
que es motivado por el alefriz mal es-
cuadrado, en chanfle abtuso.
Con el labrado de los alefrices las qui-
llas estan lejos todavia de hallarse con-
cluidas y ser paradas sobre los picade-
ros. Quedan atin otros trabajos que ha-
cer en ellas que, necesariamente, deben
realizarse para que se les ajuste otras
piezas que las completan o prolongan.
Por ejemplo las entalladuras a proa y
popa para los encastres de roda y co-
daste respectivamente; la caladura para
el paso de la orza (en el supuesto que
la haya); las cavidades para embutir el
pie de las varetas (siempre que éstas
partan de la quilla); la perforacién para
dar paso a los pernos del quillote; la
preparacién de la zapata que hace su
prolongacién vertical (que en ciertos ti-
pos de casco debe hacerse conjuntamen-
te con la quilla). Otros muchos detalles
que en la quilla intervienen pueden ser
enearados y conclufdos sin necesidad que
para ello se encuentre parada o sea en
posicién de obra. Se logran asi no pocos
beneficios que derivan de hacer el tra-
bajo sobre el banco, siempre més allana-
do que sobre el picadero pues en éste
rara vez resulta cémoda la posicién de
trabajo para el operario. Por lo tanto
casi todos aquellos detalles constructi-
vos que deben ser realizados desde la
quilla se ejecutan al tiempo que esta se
prepara. Los empalmes de roda y codaste
se tallan y ajustan cuando, ya refinadas
estas piezas, pueden ser presentadas so-
bre la quilla sin estar ésta en picadero.
Es este un aspecto constructivo que ser&
visto m&s adelante al referirnos a la
construccién de aquellas piezas y al que
hacemos referencia aqui al solo efecto
de dar una idea en el orden de los tra-
bajos. La caladura de la cavidad por la
que ha de desplazarse la orza y la caja
que la contendra suelen hacerse a la vez
que la quilla. La caladura es siempre una
estria de poca ms luz que el espesor de
Ja orza y su preparacién resulta simpleCONSTRUCCION DEL YATE 209
teniendo la quilla sobre el barco 0 apo-
yada en caballetes. Asi seré posible pro-
lijarla convenientemente de manera que
no queden en ella astillamientos en una
parte tan critica de la quilla, dificil de
inspeccionar més adelante durante 14
vida del barco. La ranura para la orza
se hace taladrando la quilla con una me-
cha de didmetro algo menor a la aber-
Figura 108
tura que deba tener en definitiva. Se
Ja termina con empleo de escoplo o for-
mén, Mevandola a su medida de tal for-
ma que no queden rasgaduras, fibras
desprendidas o hendiduras en la madera
puesto que éstas serdn prontamente ata-
eadas por el agua comunicandose tal des-
composicién al resto de la madera. La
estrechez de dicha abertura dificulta
realizar un buen acabado de la madera
y atin darle cierta proteccién con algu-
na pintura adecuada. La solucién mas a
mano es un acabado lo ms prolijo den-
tro de la misma dificultad. Traténdose
de pequefio escantillén de quilla puede
lograrse mejorar su terminacién con li-
mas de grano fino, pero esto es imprac-
ticable con espesores grandes. Por Io
tanto la ranura de la quilla es una esci-
sién en la unidad de su pieza que, a m4s
de debilitarla, seré causa de descompo-
sicién de la madera con el correr del
tiempo. La mejor proteccién estard en la
naturaleza de la madera: en su resisten-
cia a la descomposicién. Lo mismo puede
decirse de la caja de orza aunque su pro-
teccién inicial por medio de pinturas an-
tienerustantes y preservativas en el mo-
mento de construirla alarguen el tiempo
en que la madera apareceré atacada. La
construccién de Ia caja de orza, de su
modo de armarla y componerla asi co-
mo también de su ligazén con Ia quilla
_Son aspectos que resuelve-el plano cons:
tructivo del casco. Sobre el particular se
han ideado nd pocas formas para armar
y construir una caja que a la vez de ser
estanca resulte sélida. Se puede decir
que cada autor provee una solucién nue-
va para cada proyecto en que la orza in-
terviene como incremento del plano la-
teral o de deriva. A tal punto es la caja
de orza un problema atin sin solucién
definitiva. Por lo tanto no puede mos-
trarse un ejemplo que descarte sus vie-
jos problemas: vias de agua y pudrisién,
Estas ocurren inevitablemente, a corto 0
Jargo plazo, en mayor o menor significa-
cién, y, puesto que ocurren, hacen de la
orza y su caja un punto muerto dentro
de otros progresos constructivos. El] he-
cho de contar en Ja actualidad con plas-
ticos para la construccién naval, y por
tanto aplicables a las cajas de orza, ha-
ciéndolas enteramente con ese material
© por composicién mixta con la madera,
no supone con todo haber dado un corte
a sus problemas. La figura N° 106 ofre-
ce un tipo, entre los muchos posibles,
para la composicién de una caja de orza
y sin que resulte ideal o sea solucién
de aquellos males. En ella dos durmien-
tes hacen las bases de las bandas y po-
nen asi adecuado apoyo a las tablas la-