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ITH14

CONSTRUCCIÓN DEL YATE

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Cariruto VII DE LA QUILLA Y SUS PARTES El primer paso en la construccién del yate esta dado, invariablemente, en el sentido de preparar esas tres partes que son: quilla, roda y codaste. El enlace de ellas hace esa espina dorsal que he- mos descripto como una estructura ba- sica, sobre la cual se forma el casco y se mantiene luego. Constituyen asi pie~ zas importantes con respecto a otras que, con variedad de aspectos y tamafios, per- miten que el casco tome formas y se trabe, pero que estan lejos de revestir tal significacién. Por Jo tanto se las pro- yecta con cuidado sumo, dimensionando- las conforme al porte de la embarca- cién, a las caracterfsticas de las aguas por la que ésta ha de navegar, a la navegacién misma, al tipo de casco, al sistema propulsor, a los propiedades de Ja madera a emplearse y a no pocos de- talles mas que configuran partes esen- ciales del proyecto. Es éste un aspecto que por igual puede ser apreciado en el plano de lineas como en el construc- tivo. En el plano de Iineas Ia traza del alefriz, con su, espaciamiento con res- pecto al plano de crujia, determina los anchos que han de tener quilla, roda y codaste. En el plano constructivo se da la otra dimensién, es decir la altura, la que segin la posicién dada para cada pieza podré ser ancho o espesor. Estas dos medidas hacen el escantillén de cada una de aquellas tres piezas; escantillén _que en la prdctica se halla aumentade. por Jas mismas formas de dichas piezas =. gotd se vera mas adelante. Pero para el autor de los planos estas dos medidas son fundamentales puesto que en base a ellas se halla la resistencia de quilla, roda y codaste. Las fuerzas que actian sobre ellas son considerables y de muy distinta especie, ya se trate de un vele- ro, una lancha o un crucero. Por Jo mis- mo es que se las encuadra dentro de ciertas formas tipicas para cada una de esas tres embarcaciones —formas cons- tructivas al parecer diamentralmente opuestas. En un velero tanto quilla como roda y codaste. son piezas que, en con- junto o por separado, se hallan sometidas a esfuerzos a que no estan obligadas en otro tipo de embarcacién. El solo peso del lastre que por lo comin se aloja en forma de quillote bajo la quilla origina no pocas fuerzas, de muy compleja com- posicién, que actian sobre la quilla y se prolongan hasta la roda y el codaste. Estas tres piezas soportan los efectos de ese peso inerte cuya proporcién en rela- cién al peso total de la embarcacién © sobrepasa a veces el 40% del desplaza- miento. La escora, el rolido y el cabeceo en navegacién originan, por la inercia propia de ese peso tan desproporcionado: con el resto del casco, fuerzas muy acti- vas. La intensidad de éstas no puede: - ser medida con exactitud. Actian en todo el casco a través de quilla, roda y codaste; repercuten en las més aleja- das piezas y dan lugar, durante toda la vida a flote del casco, a problemas de conservacién. Sus efectos pueden notar- se en el movimiento que hacen las es- tructuras, en las vias de agua por esa misma consecuencia, en las costuras del CONSTRUCCION DEL YATE 197 forro que se agrietan y marcan, en los empalmes que ceden debilitados y en general en toda unién de piezas impor- tantes. Estos efectos no hacen un proble- ma en tanto la construccién sea nueva, haya sido debidamente calculada y eje- cutada con buenos materiales y mano de obra consciente. El cAlculo de los escantillones, que es parte del proyecto, procura dimensionar la quilla, sus enla- ces con roda y codaste de tal modo que ella, en combinacién con otros elemen- tos, como varengas y planeros, pueda soportar esas fuerzas y eliminar sus efectos. Por lo mismo es que las escua- drias de Ja quilla de un velero se hacen més robustas que para un crucero de aproximadamente las mismas medidas e igual desplazamiento. No existe en éste ese brazo de palanca de un peso alojado bien bajo, como es el quillote, ni las fuer- zas que actiian sobre su quilla son de la naturaleza de un velero. En principio se hallan repartidas en una extension mayor, gravitan mas uniformemente y pueden ser, constructivamente, mejor resueltas. Por otra parte las mas acti- vas proceden del rolido, las cabezadas, de la marcha misma y no de la inercia de un peso muerto como el quillote. Hay para el crucero, como para el velero, planteos comunes para la quilla, la roda, (rara vez el codaste porque el crucero convencional no lo tiene) en lo que se refiere a las fuerzas externas que inci- den sobre esas piezas, pero hay también ciertas particularidades de disefio y de tipo que, necesariamente, obligan a dife- renciar los escantillones de uno y otro. Este aspecto puede inferirse facilmente cotejando algunos de los planos construc- tivos que ilustran este libro; detalles de composicién de piezas, formacién y posi- cién que son caracteristicos de cada tipo y, dentro de esto, de sus particularisimas formas, de la solucién dada por el autor a las partes constructivas, del material empleado, etc. La quilla Ante todo lo que importa para la cons- truccién de la quilla es su formacién transversal, el corte que surge del tra- zado de las secciones para cada una de éstas. Al referirnos al trazado, o sea el dibujo al natural de las secciones como formas elementales, hemos puntualizado 41 es la conveniencia de dibujar tam- bién, de paso, como complemento del trazado —aunque no resulten de las me- didas acotadas por Ja tabla de puntos— dichos cortes de la quilla. En ellos figu- rarén, ademis del “punto alefriz”, el re- bajo justo para que la quilla reciba el espesor de la tabla de aparadura, el car- tabén 0 4ngulo que ésta hace con aqué- Tla y que varia segin la seccién, el gro- sor exacto de la pieza en que ha de labrarse la quilla, el semiancho que le corresponde tanto en el alefriz como en la cara interna. Con el recurso de esos cor- tes se puede elegir la pieza de madera que parezca mds adecuada, labrar en pruto sus escuadrias, luego perfilar éstas y Mevarlas finalmente al ajustéeenfer-: me a ellas. El maestro de ribera hallara que esos cortes dibujados sobre el tra- zado de las secciones son un gran auxi- lio para su tarea ya que le dan, da espaciamiento a espaciamiento de sec- ciones, las formas transversales de éstas. Sabe que éstas no son constantes desde el pie de roda al arranque del codaste, que cambian segin las formas también cambiables del casco y que merced at trazado puede reproducirlas en la pieza que hard de quilla. Cualquiera sea le forma del casco puede, por este método, transportar las medidas del trazado a la madera y obrar en consecuencia. La forma mas elemental de quilla es Ja que se compone de una pieza de ma- dera con sus vetas en posicién de plano y que, lateralmente, sigue la linea cur- va del alefriz. En tal caso el tipo de casco es-de finkeel o de orza, traténdgse de velero, o es un crucero 0 lancha.2wyos. fondos terminan confundidos a pafio’con 193 JORGE M. ITHURBIDE Ja quilla. La preparacién de una quilla de este tipo es simple en sus detalles constructivos como lo es también inferir sus formas transversales o cortes con el recurso del trazado. Por lo comin su espesor es constante a toda su longitud, pudiendo variar sus anchos con respec- to al alefriz. En tal caso las escuadrias varian segiin la seccién pero sélo en el ancho, manteniéndose el mismo espesor en el plano diametral perpendicular, es decir en el plano de crujia. Esto es ti- pico de cascos de veleros con formacién de finkeel, es decir que en la parte media, aproximadamente, de su extension de- rN Cortabon/\ Sons ‘arlal Seccicn @ popa . a ll Seccién media Figura 103 perén recibir un macizo, un quillote, de ancho considerable como para hacer mas ‘espaciados, transversalmente, los alefri- ces de una y otra banda. No sélo los ale- frices se espacian mas en tal caso sino que la quilla se aumenta en proporcién a ese aumento transversal. Muy distinto en el caso de un crucero donde los ale- frices de la quilla corren paralelos al eje de crujia, y donde esa pieza resulta por lo tanto un tirante de escuadria uni- forme, de proa a popa, en el sentido de su plano. En este ultimo caso lo tnico que modifica cada una de las secciones, © cortes de quilla, es ese Angulo que hace el forro con el plano diametral del cas- co. Dicho angulo se denomina cartabén y varia segun la forma de la seccién considerada, dependiendo tal variacién del tipo de fondo, ya se trate de una Jancha o de un velero. La figura N? 103, sintetiza este punto mostrandonos cémo Jos cartabones son diferentes entre la seccién media o maestra y una seccién cualquiera de popa. Esta diferencia es tipica de un casco de velero: apenas per- ceptible en la seccién media y bien acu- sada en las de popa. Tratandose del casco de una lancha, lo que la figura ilustra suele estar invertido: por lo comtn la seccién de popa hace un Angulo tan ob- tuso con la quilla que se confunde con una horizontal, mientras la seccién me- dia es més cerrada. A partir de la sec- cién media hacia proa los cartabones se van aguzando, mas acentuados en el ve- lero que en la lancha. Asi como esta quilla es elemental por su formacién lo es también porque sus cartabones rara vez son agudos, simplificando el trabajo en la madera, Es el tipo corriente en cascos de veleros livianos y lanchas planeadoras. En veleros, para los del tipo a orza, sin porcién de lastre en la quilla © finkeel como plano lateral. En lanchas, para aquellas que no tienen una zapata en prolongacién de Ia quilla. Este tipo de quilla permite que los fondos de am- bas bandas se unan al centro en un filo, reduciendo asi las torbulencias en el agua y dando un mejor acabado al en- lace enter forro y quilla. Su construecién estaré muy facilitada por los cortes sec- cionales dibujados en el trazado, ya que mediante ellos se conocen los cartabones que deberan darse, para cada seccién, a los encastres de los alefrices. Recurrien- do a plantillas que copien esos cortes se pueden marcar con exactitud, en el tablén que ser la quilla, todas las me- didas por las que ha de guiarse el tra- bajo. La figura N° 104 procura dar una idea de cémo debe procederse para con- feccionar una plantilla de cada seccién de quilla. Estas pueden hacerse en ma- dera o metal (terciada o latén) calando CONSTRUCCION DEL YATE 199 el contorno de la semiseccién de manera de poderlas ir presentando sobre el ta- blén de quilla a medida que éste es des- vastado. Lo primero en esta operacion es escuadrar correctamente el tablén de quilla que, de ordinario, tiene escuadria pareja en toda su extensién. Se tiene asi uma pieza de seccién rectangular cuya longitud se habra tomado del trazado del perfil del casco, o de los planos, o por medio de la medida entre espaciamiento de secciones. Esta pieza no se la trabaja arqueada como se nos presenta proyec- tada en el plano constructivo del perfil, sino plana sobre el banco o caballetes. La vuelta o arqueo que suele tener se adapta al pararla sobre los picaderos, ya que su pequefia seccién, con relacién a su extensién, hace que flexione con fa- cilidad y tome Ja curva correcta sin ne- cesidad de recurrir al calor para amol- darla. Traténdose de quillas cortas y seccién reducida, que por su tamafio son manuables, se puede desvastarlas, y atin labrar sus alefrices con medios mecéni- cos, por ejemplo la maquina tupi. Esto simplifica la labor manual pero no la elimina ya que a ella se debe recurrir para el ajuste final de los alefrices, para terminar a pafio la unién de forro y qui- Ila, para prolijar el canto en que ira la costura de la traca de aparadura. Es- cuadrada la pieza debe marcarse en ella, por sus dos caras, esas rectas que en la ilustracién de referencia se las ha de- nominado “eje de crujia”. Dividiran la quilla por mitades longitudinales y ser- viran no s6lo para repartir por igual Jos semianchos de los alefrices, de la cara superior de la quilla, para guiar su alineacién, sino también como punto de referencia para aplomar los moldes o cuadernas cuando éstas se paren sobre ella. Por lo tanto deben ser trazas inde- lebles, hechas a punzé6n en una profun- didad tal que el pulido a cepillo no las borre. El tablén elegido para quilla de- be ser, de entre toda la madera que entrara en la construccién del casco, la més sana, sin fallas en sus vetas, sin tendencia a deformarse, libre de sémago o partes afectadas. Ocurre que a menudo cuando la quilla se saca del coraz6n del rollizo o de las tapas costaneras, al ser escuadrada tiende a revirarse, arquearse o torcerse, atin estando la madera bien estacionada. Este aspecto de la natura- leza de la madera ha sido visto en sus menores detalles al referirnos a ella en el capitulo dedicado a los materiales, pero conviene traerlo a colacién aqui, puesto que es la quilla una pieza que en lo posible debe estar libre de aque- Mos defectos. Cuando la escuadria de la quilla lo permite, debe preferirse para su madera aquella que procede de los cor- tes costeros del corazén, donde las vetas y radios medulares son mas prietos, don- de las fibras son largas y paralelas al eje del Arbol. Los movimientos que haga esta madera —movimientos que toda madera hace y son inevitables por lo tanto— no tendrén la importancia de una madera de corazén o de costanero.- Es conveniente, antes de dar al tablén el espesor y ancho del escantillén de la quilla, practicar un corte que con-bas- tante tolerancia lo aproxime a esas me- didas y dejar transcurrir algiin tiempo como para que la madera haga su mo- vimiento. Después de ese lapso la quilla podra ser escuadrada sin que nuevos “trabajos” de la madera alteren sus can- tos rectos y haya necesidad de retocar- los. Se tendra asi un mayor seguridad de que en el desvastado y labrado de los alefrices el tablén no se revire o tras- guarde. Con todo esta contingencia pue- de darse y casi siempre se presenta cuando se labra primero el alefriz de una banda de la quilla y a su terminacién el de la otra. Entonces es cuando el tablén puede arquearse hacia el lado opuesto al trabajado, ya que de esa par- te las fibras, que son mas numerosas y tienden siempre a contraerse, producen ese esfuerzo deformante. Para evitarlo se acostumbra ir desvastando, parejamen- te, uno y otro canto del tablén, de ma- nera que el dar forma a esas solapas que 200 JORGE -M. en el alefriz hacen el encastre para el forro, las dos progresen por igual. De este modo no se da tiempo a que la ma- dera trabaje, ante bien a que se equili- bren Jas fibras en razén de la simetria. de la seccién. Para labrar los alefrices con el empleo de plantillas es necesario haber marcado antes, sobre la cara su- perior del tablén, los puntos en que han de caer las secciones transversales. Por dichos puntos se trazan perpendiculares al eje de crujia que, como hemos dicho, se habra mareado de manera indeleble, y_que representa el eje diametral de la pieza. El nimero de plantillas sera el de secciones que comprenda la quilla, y es- tara dado por el plano de secciones trans- versales o por el trazado mismo. El es- paciamiento que tengan sobre la quilla, —o el tablén de la cual ha de sacarse ésta—, no sera el mismo que entre mol- des o cuadernas. En efecto, si la quilla ha de arquearse o disponerse oblicua, aunque recta, con respecto a la linea de base, el espaciamiento tomado sobre la misma puesta de plano, resultaré siem- pre mayor. Tampoco sera constante tra- tandose de una quilla arqueada, aunque Jas diferencias en medidas apenas serén notadas. Para resolver este punto se re- curre al trazado en tamafio natural del perfil del casco, o bien presentando 1a quilla sobre el picadero que le servirA de base. De Jas dos maneras pueden mar- carse con justeza los puntos de seccién en Ja quilla y por ellos dar las trazas perpendiculares a la linea de crujia, o de centros, tirada por el medio del ta- blén. Como las plantillas son exteriores al contorno de las secciones, (ver figura N° 104) para que puedan encajar en la madera es preciso ir desgrosando ésta hasta lograr aproximarlas con exac- titud. Esto se hace tan sdlo en el punto de seceién, ya con azuela, ya con formén, hasta que la plantilla ajuste correctamen- te [Link] tengan determinados los rebajos como se desprenden del trazado en las secciones naturales. Esta operacién se repite a la banda opuesta de la quilla ITHURBIDE con el empleo de la misma plantilla y se opera de igual forma para cada sec- cién de acuerdo a la plantilla correspon- diente. Se tienen asi una serie de cava- duras que representan los cartabones del forro con la quilla, la hondura del rebajo para recibir el forro, el alefriz en una palabra. Queda por practicar el desvas- tado de la madera a lo largo, entre sec- cién y seccién, de uno a otro extremo por ambas bandas. Este trabajo se hace a azuela para el desgroce bruto, a for- mén para la aproximacién primera, y a cepillo para el acabado final. El tramo de quilla que debe trabajarse entre sec- cién y seccién, tendré cartabones inter- medios, vale decir que el forro incidiré, con respecto a la quilla, en angulos que variarén dentro de los dos cartabones de sus extremos. Si dichos cartabones no son muy diferentes entre si, muy in- significante sera la variacién que haya en medio. En este un detalle de avio en que el ojo del artesano suple cualquier medida y la manera de tomarla. Para desvastar, o sea labrar la madera al lar- go entre dos de esos cavados hechos para que las plantillas nos guien, conviene hacerlo partiendo del mayor cartabén al menor. En la quilla de una lancha el cartabén mayor, el mas obtuso, se halla a popa y por él debe comenzarse para aviar la linea entre dos seciones. El cam- bio en un velero en la seccién media se halla el cartabén mayor, a partir de la cual, hacia proa y hacia popa, suele agu- dizarse y por Io tanto al desgroce de madera es mas abundante. En tal caso ¢ parte de la seccién media hacia un sen- tido y luego en el opuesto. Se cubre asi el riesgo de que “falte” madera, es decir que por no ir de mayor a menor, se qui- te més madera de la precisa para el car- tabén. El ajuste correcto se hace apoyan- do de plano sobre el rebajo del alefriz una reglilla o alfajia, reteniendo a ojo Jas imperfecciones que se adviertan para Juego aviarlas convenientemente. Aun la quilla mejor trabajada puede ofrecer, un vez concluida, algunas diferencias en los CONSTRUCCION DEL YATE 201 cartabones, las que se acusaran recién cuando sobre ella se paren los moldes. Por ello es que se acostumbra a dejar sobrada la cavadura del alefriz; no le- varla de primera intencién a su justa medida. Tal tarea se reserva para el mo- mento de forrar, en que ese sobrante se elimina en la cantidad justa para que la tabla de aparadura asiente correcta- mente y también que avie con las for- mas. Con todo los rebajos del alefriz de- ben concluirse como si fueran definiti- vos, sobre todo si han sido desvastados a azuela, por lo que se hace necesario cepillarlos. El trabajo de la azuela es quitar grandes espesores de madera de manera brusca y tanto para ahorrar un largo cepillado. Su defecto es desgarrar la madera, dejar partes lefiosas astilla- das o desprendidas apenas, que es pre- ciso eliminar pulimentando la superficie. Los desgarramientos de las fibras de la madera son lugares por donde la hume- dad penetra con facilidad —gran canti- dad de vasos, fibras y vetas dafiados— y por donde comienza la podredumbre. El alefriz y su rebajo deben presentar superficies tan tersas como las de un mueble porque asi los poros no se abren ni se agrandan, reduciendo las caracte- risticas hidroscépicas de la madera. Es éste un aspecto acaso demasiado descui- dado de la carpinteria de ribera y uno de los motivos por los cuales las piezas de estructura fuerte como. quilla, roda y codaste, aparecen afectados de descom- posicién antes que otras partes que, por ser més visibles, se pulimentan conve- nientemente. Dentro de tan elemental forma de quilla caben otras variantes constructi- vas, atendiendo a caracteristicas propias del disefio como a necesidades del ma- terial. Un ejemplo es la quilla cuya fun- cién es prolongarse en el sentido del ca- lado por medio de una zapata, un ma- cizo, un quillote. En tal caso el forro no se une a pafio con la quilla que se pre- para, exteriormente, como su continua- cién. Forma en el alefriz un angulo en- tre quilla y forro, de lo cual la figura N° 105 es una demostracién, aunque en ella se haga una referencia a un sistema constructivo. Este tipo de quilla es tipico de los cascos con finkeel en los veleros y de zapata en los cruceros. Por lo tan- to son cascos de dimensiones mayores Jos que la emplean; mayores a un velero de orza y una lancha deslizadora, Los cascos cuyos planos de lineas se repro- ducen por las ilustraciones Nos. 5 y 11 en el capitulo segundo —un velero con formacién de finkeel y un pequefio cru- cero de fondo en “V”— tiene quillas pla- nas en su parte exterior. Este aplana- miento es necesario para adosar contra la quilla el macizo o zapata, puesto que de terminar a filo se dificultaria el tra- bajo y se haria imperfecta la unién, Por Jo menos debe serlo en esa extensién de quilla que, para el ejemplo del casco de Ja figura N° 5, es abarcada por el fin- keel. Alli el apéndice que forman macizo Y quillote ocupa poca longitud de 1a qui- lla y el aplanamiento de ésta sélo com- prende ese tramo. A partir de éste el fondo termina a filo, es decir que tanto hacia proa como hacia popa la quilla esta trabajada a pafio con el forro. Este de- talle puede ser facilmente advertido en el plano de lineas. En efecto, en el per- fil lateral aparece la linea que corres- ponde al alefriz formando con la quilla un contorno casi normal con excepcién de la parte de donde arranca el finkeel. Alli ambas lineas se confunden y for- man una sola lo cual indica que la qui- lla es aplanada en esa parte. Distinto es el aspecto que nos muestra para lo mis- mo el perfil del casco de la figura N? 11. No distinguimos en él Jas dos lineas ca- racteristicas que diferencian a quilla de alefriz, sino una sola a toda la extensién del plano lateral. Ello nos dice que la quilla es plana y por lo tanto el. punto alefriz y el punto quilla se hallan a igual altura, Aqui hay un apéndice o: zapata que se prolonga por debajo de la quilla desde el pie de roda hasta dos tercios de la eslora en flotacién. Esta zapata-se 202 JORGE M. forma a continuacién de la quilla y por Io tanto se ha dado a ésta ese aplana- miento que es necesario para adosar las dos piezas. Pero mas alla de donde ter- mina, la quilla continua igualmente pla- na, ya que en dicha parte el fondo for- ma con ella muy ligero 4ngulo, apenas acusado. Otros aspectos similares pueden verse consultando los planos de lineas de las figuras Nos. 8, 9 y 10 en el capitu- Jo II. La construccién de una quilla de este tipo es, en muchos sentidos, mucho mas simple que la anteriormente descrip- ta. Para su preparacién se parte, como en aquélla, de las secciones trazadas en ta- mafo natural en el tablero. Para su com- posicién en madera suele recurrirse a dos piezas que unidas de plano por me- dio de cola, tornillos o bulones, aparte de dar algunas ventajas en cuanto a resistencia y formacién, simplifican en mucho el trabajo. La figura N° 105 ilus- tra este tipo de quilla, en que dos piezas engrosan el espesor total. A la inferior, cuyo ancho se halla determinado por el espaciamiento entre alefrices, se le da el nombre de “quilla”. A la superior, que por ser mds ancha forma la solapa de los alefrices, se Ia nombra, impropiamente, “sobrequilla”. Ambas, debidamente liga- das, hacen una pieza de consistencia ma- yor de la que resultaria de una pieza la- brada en macizo, sobre todo cuando la quilla es arqueada. Tratandose de escua- drias grandes es ventajoso componer de esa forma la quilla, pues no siempre es dable hallar madera sana en tamaiios adecuados. La parte inferior o “quilla” es en este caso una tabla, mientras que la superior es un tablén, y tanto una como otra pieza pueden seleccionarse dentro de espesores normales y con me- nos imperfecciones en la madera. Aparte de estas ventajas existe la no menos im- portante de la economia de material, por que no hay el desperdicio que produce el desvastado de los encastres para el fo- rro en los alefrices. Para determinar los espesores de “quilla” y “sobrequilla” sin que el escantillén total se modifique, ITHURBIDE debe recurrirse al trazado de las seccio- nes transversales. Los cortes de quilla se dibujan para cada seccién como si aquélla fuera a construirse de una pieza ‘nica. Entre “quilla” y “sobrequilla” hay una Hnea divisoria que es la unién en- tre esas piezas y esa linea deber4 mar- carse en dichos cortes transversales. Par- te del angulo o esquina que hace el es- pesor del forro en el alefriz (ver figura Ne 105). Como el cartabén del forro con Ja quilla cambia segin la seccién, si esa linea divisoria entre “quilla” y “sobre- quilla” se marca para todas partiendo del mismo punto, los espesores de la “quilla” iran disminuyendo o aumentan- do segin disminuyan o aumenten los cartabones. Esto obligaria a dar al ta- blén de “quilla” espesores distintos, cosa que en la practica es imposible. La in- dicado es dar a ese tablén un espesor constante, el que resulte de la seccién media o maestra y por lo tanto marcar esa medida en cada corte o seccién de quilla en el trazado. As{ resulta un es- pesor tinico tanto para “quilla” como para “sobrequilla”. Estas dos piezas se escuadran por separado, vale decir que se labran como piezas de seccién rec- tangular, a manera de tablones o tablas. La unién entre si por medio de cola, tornillos etc., se practica al parar la qui- Ila sobre el picadero 0 cama de armar. La finalidad que se persigue al hacerlo asi es la de amoldar ambas piezas a la curvatura de la quilla; curvatura que no se alterara una vez fraguada la cola y atomnilladas las partes. Si la quilla es recta se unen las piezas sin ese recurso. El labrado del alefriz, —sus rebajos, sus cartabones— puede trabajarse sobre el banco, cuando la quilla afecta una forma curva y ha sido moldeado sobre el pica- dero. Para ello, y antes de separarla de éste y librarla de las prensas que la afir- maban, preciso ser que la cola haya fraguado, que la madera se encuentre adaptada a esa nueva posicién. Si bien es enorme la tensién superficial de la cola fenélica, no es menor la resistencia CONSTRUCCION DEL YATE 203 que ofrece la madera a amoldarse en frio a una forma opuesta al sentido natural de sus vetas. Cierto tiempo de amolda- miento es necesario antes que la madera ceda y se adeciie a una formacién ex- trafia. Pasado ese lapso resistira volver a su posicién original, tanto como cos- +6 vencerla al principio. Como este tipo de quilla se caracteriza por ser su escua- dria de un espesor bastante menor que su ancho, es por lo tanto flexible y se adapta con facilidad al tipo de curva corriente en los tipos de cascos que la emplean. Pero necesariamente debe ven- cerse esa flexibilidad para que la ma- dera no tienda a volver a su posicién. Por ello es que el tiempo que se la tiene sobre el picadero separa al que necesita Ja cola para fraguar y adherir. En tanto las vetas de la madera estiran hacia el exterior del arco de la quilla y contraen hacia su interior hasta finalmente per- der flexibilidad, o poder de recuperacién, y volverse estables. Cuando se Iega a este resultado puede separarse la qui- Ma del picadero y, aunque al hacer- Jo, se note una separacién en cuanto a formas, sera muy insignificante. Tanto es asi que al volverla al picadero, ya la- brada y pronto para recibir moldes y cuadernas, podra ser nuevamente amol- dada con la sola presién de pocas pren- sas. Para proceder a labrar los alefrices el mejor método es el de las plantillas por seccién tal como es describié an- teriormente. En este tipo de quilla en que dos piezas de anchos diferentes dan aproximadamente el corte seccional a todo su largo, las plantillas pueden ser usadas con mayor facilidad. No se nece- sitaré cavar hasta legar al punto cén- trico, —o sea el eje de la quilla—, con la plantilla, para poder fijar el cartabén del forro, la profundidad de la ensam- bladura de éste, su espesor. Las dos pie- zas que unidas forman la quilla propia- mente dicha, determinan por el menor ancho de la inferior, el punto exacto del alefriz. Queda por dar el cartabén ne- cesario a la pieza superior para el apoyo del forro y la escuadra para el espesor de éste. Con el auxilio de las plantillas estos dos puntos son facilmente situados, siendo muy poca la madera que debe ser desgrosada. Casi toda ella ser de la “sobrequilla” ya que ésta, en principio, es de escuadria rectangular, y deberén achaflanarse los lados sobresalientes in- mediatos a la pieza que denominamos “quilla”. Esta Ultima requerira tan sélo trabajar sus cantos para que queden a escuadra con el cartabén que se ha dado ala “sobrequilla”. La figura N° 105 mues- tra en una sintesis cuales son las formas de las dos piezas que, por el sistema deseripto, integran la quilla. Por lo que se aprecia en esa ilustracién una quilla de este tipo puede ser construida de una sola pieza. Es esto algo que cabe ser de- terminado en base al tamafio de la em- barcacién, a sus escantillones, a las’par- ticularidades de cada disefio, y que por lo tanto esta de antemano resuelto por los planos. Rara vez es una eleccién li- brada al criterio del constructor quien se sigue mas de aquéllos que de otras recomendaciones en este punto. Con todo la quilla compuesta por dos espesores soluciona bastantes problemas construc- tivos, materiales e interpretativos por lo que se hace recomendable para cascos cuya construccién ha de depender mAs de manos aficionadas que profesionales. Las quillas planas tal como han sido explicadas son propias de cascos de sec- ciones transversales en “V” o en “U”. El forro se interrumpe en la quilla sin bus- car otra continuacién como en el caso de las secciones en “Y”, en que la forma se prolonga mas allé de la quilla. Se trata de quillas comunes a cruceros, lanchas, veleros con orza o finkeel. Los eascos con formacién en “Y¥”, tipicas de veleros,. tienen quillas de construccién [Link] como los que se presen- tan en sus lineas con las figuras Nos. 15 y 18 del capitulo II presentan las sec- ciones transversales desarrolladas sin in- terrupcién en todo el contorno. La qui- lla no hace en ellas, como ocurre con. 204 JORGE M. los cascos en “V” 0 en “U”, un corte sin continuidad, sino que forma parte del avio, no advirtiéndose exteriormente. El espesor del forro se encastra en ella y la linea de la seccién se prolonga con- torneando el quillote o el macizo hasta conectarse con la misma de la otra ban- da. Este tipo de quilla tiene sus formas plasmadas en las curvas mismas del cas- co y no como ocurre en los otros tipos en los que es terminacién del casco pro- piamente dicho. Por ello es que sus an- chos varian de seccién a seccién, puesto que tampoco se hallan determinados por una Ifnea de alefriz recta y paralela al eje de crujia. Su construccién depende del trazado al natural de las secciones transversales, ya que de éste han de sur- gir sus medidas para transportarlas a la madera y no de otro modo. Al hablar del trazado en el capftulo respectivo he- mos hecho referencia al “punto alefriz” como un gran auxiliar para situar Ja quilla dentro del trazado de las secciones de un casco de este tipo. Por debajo y Por encima de dicho punto se reparte el espesor de Ia quilla en la medida dada por el plano constructivo. Es necesario entonces dibujar en el trazado, para cada seccién, el corte de quilla que le corres- ponde, sin Jo cual serfan muchos los tropiezos para poder transportar sus for- mas a la madera. Por esos cortes se fa- cilita conocer Ios anchos que debe tener Ja quilla para cada seccién, tanto en su cara inferior como en la superior. Las diferencias entre estas medidas dan los cartabones, o sea los chaflanes que por igual habra que dar a ambos cantos de Ja quilla para que avien con la linea del forro, Ademés esta el rebajo justo para que encaje la tabla de aparadura, la po- sicién de los alefrices con respecto al es- pesor de Ia quilla, Ia entalladura para embutir las puntas de varetas, y meno- res detalles imprescindibles para traba- jar la pieza. (Ver figura N° 109). Por lo que puede inferirse de lo puntualizado con respecto a una quilla de velero con easco de secciones en “Y”, se compren- ITHURBIDE deré que su trabajo es mas complicado que el de las quillas antes descriptas. Su mayor complicacién esta en al irre- gularidad de sus formas, en que éstas Proceden del trazado y no de medidas dadas por los planos. Asi como las me- didas para los semianchos del alefriz varian de una a otra seccién en la tabla de puntos —cosa que podemos apreciar en el trazado— varian también los an- chos de Ja quilla para cada uno de ellas. Por lo tanto la pieza de madera que haré de quilla no saldra de un tablén escua- drado y prismatico como en los casos antes descriptos. Vista la quilla de plano sus contornos serén curvos —una curva de trocoide en la mayoria de casos— con diferencias entre los contornos de ambas caras. Para su construccién se necesita de un tablén que dé, sobrado, el ancho méximo del canto més saliente, y éste canto puede ser el inferior como el su- perior, segiin sean las Iineas del casco en las proximidades de la quilla. Esta medida se toma directamente del traza- do de las secciones transversales y sucle hallarse entre las secciones Nos. 4 y 5 en una divisién por diez de la eslora en flotacién. La longitud del tablén debe tomarse del trazado del perfil, si es que dicha medida no figura acotada en al- gunos de los planos, y dar a cada ex- tremo una tolerancia para el ajuste final cuando en ellos se practiquen los ensam- bles de roda y codaste. El tablén se mar- ca al medio con esa recta que sera su centro a la vez que eje de crujia, cuidan- do hacerlo a ambas caras. Los puntos de seccién, el aspaciamiento que deben te- ner, deben determinarse con cuidado pues de su ubicacién y medida depende algunos aspectos constructivos posterio- res a la confeccién de la quilla. Debe tenerse presente que 1a quilla de un ve- lero se halla comunmente inclinada en el sentido proa a popa con respecto a la perpendicularidad de las: trazas de sec- ciones. Esto da lugar a que la distancia entre secciones, medida sobre Ja quilla, resulte mayor que tomada horizontal- CONSTRUCCION DEL YATE 205 mente. Si por algan motivo esta distan- cia entre secciones, tomada normal al plano oblicuo de la quilla, no puede me- dirse directamente en un trazado al na- tural del perfil del casco, o no se halla indicada en los planos, habra que de- terminarla de algtin modo. Lo mas ele- mental es trazar sobre un tablero dos paralelas separadas por la medida del espaciamiento horizontal entre secciones. irar una perpendicular a ellas como linea de base, medir y marcar partien- do de ésta, y sobre cada paralela, las alturas dadas por la tabla de puntos, para dos secciones consecutivas, del ale- friz o la Ifmea de quilla. La unién de estos dos puntos marcados daran una linea oblicua cuya inclinacién es exacta- mente la de Ja quilla en posicién de cons- truccién. La distancia entre dichos pun- tos seré la que se tomara para marcar, de plano, sobre el tablén de la quilla, la separacién entre las secciones que la corten. Las secciones, 0 mejor sus tra- zas, se marcan sobre la cara superior del tablén de quilla, perpendiculares a esa linea de fe, divisoria, que concordar4 con el eje de crujia. Como la quilla de un velero no es por sus dimensiones y peso una pieza muy manuable, menos atin lo sera el tablén del que haya que sacarla. Por lo tanto es conveniente aproximar Ja madera a las formas que tendré la quilla dejando un margen sobrado para refilarla luego, cuando se tenga que la- brar los alefrices. Para ello se marca so- bre cada seccién los m4ximos anchos que resulten de las medidas tomadas directa- mente del trazado. Esos maximos anchos tanto pueden corresponder a la cara su- perior de Ia quilla, a la inferior, como al alefriz. Ello variara segin cada sec- cién. En las secciones de popa, donde la quilla se angosta hacia el arranque del codaste, la linea del forro hace, aproxi- madamente, una vertical. Esto se advier- te en el trazado, como también que el corte de seccién de quilla configura for- mas distintas a las que tienen otros cor- tes en las secciones més opuestas, como Jas de proa. En aquel caso el m4ximo ancho de quilla est en su cara inferior o en el alefriz, mientras que Ja cara su- perior es menor porque el rebajo para el encastre del espesor de la tabla de aparadura se practica desde ella en direc- cién casi perpendicular. En Jas secciones medias, —por ejemplo la maestra—, el forro es oblicuo con respecto al plano de la quilla y el m4ximo ancho estaré en el alefriz'o en la cara superior. La fi- gura N° 109 muestra el corte de una se miseccién de quilla a esa altura, distin- guiéndose como ésta es mas ancha en su cara superior pese al rebajo dado a Ja parte de su canto para el apoyo del fo- rro. Esta figuracién del corte de quilla se hace més marcada en las secciones extremas de su parte de proa hasta em- palmar con el pie de la roda. Como se comprenderé, lo que importa para trazar las formas planas de la quilla y poder desvastar en base a ellas el tablén de madera, son esos maximos anchos. Yistos sitdan para cada seccién un punto a cada . banda y tantos como secciones abarque la quilla. Su unién se hace por medio de un junquillo de trazar, aviando asi esa Inea que hemos dicho hace una curva con apariencia de trocoide. Las dos cur- vas que a ambas bandas marcah los con- tornos maximos de la quilla deben ser correctamente equivalentes. Para lograr- la se acostumbra a preparar, en madera ligera, una plantilla de ese Gontorno de la quilla pero abareando solamente una de las bandas, es decir desde la linea de crujia hasta lo que sera el borde. De esta manera con una sola curva se pue- den marcar Jos dos bordes con exacta equivalencia. Por otra parte se recurre a esta plantilla para la eleccién del ta- blén de madera del cual ha de extraer- se la quilla, presentandola sobre él, y asi apreciar si rajaduras, acebollados, samago y otras fallas que las grandes piezas de madera suelen traer, quedaran dentro o fuera de la forma. Porque la eleccién de la madera en la pteparacién de una quilla de este tipo’ tropieza con 206 JORGE M. el inconveniente de que sug medidas son grandes en ancho y en largo y poco co- munes para las escuadrias corrientes de los tablones. De ordinario la quilla pro- cede de un rollizo del que se ha aserrado un espesor igual al escantillén que se necesita, y lo mas préximo al diametro sin por ello Megar al corazén. Esto de- pende, claro esta, del ancho maximo de Ja quilla, pero dadas sus caracteristicas de ser mayor al medio que a los extre- mos, origina no pocos problemas para dar con la pieza mds adecuada. Ya he- mos hecho referencia a la importancia que tiene la quilla en un velero, sobre todo cuando el casco es de secciones con- tinuas hasta el calado, por que de ella pende un peso importante que es el qui- Note. Por lo tanto su madera debera se- leccionarse de entre la mejor, respetan- do la variedad que se especifica en los Tabin pons le gta —r- = — os Figura 104 planos y el espesor que es parte primor- dial. Fallas en la madera como agrieta- mientos, nudos no encarnados, despren- dimiento entre anillos de crecimiento, deben Ievarnos a descartar una madera ITHURBIDE que ha de ser empleada en la quilla. Ellas disminuyen muy considerablemen- te las propiedades mecdnicas de la ma- dera, las que para este empleo se nece- sitan integras, pues de lo contrario se | illos Figura 105 tendraé una quilla defectuosa que ira empeorando durante la vida del barco. Es por ello que al hacer el despiezo de un rollizo se procura que la mejor cara que se presente se elija como madera para la quilla, dando el corte siguierite al espesor de ella. E] labrado de una quilla del tipo des- cripto es mas de orden manual que me- cénico. El refilado de sus formas puede hacerse por aserraje en la sierra sinfin pero la preparacién de alefrices y carta- bones esta en el trabajo manual. La pri- mera operacién es el escuadrado de sus cantos, respetando los anchos m&ximos a que nos hemos referido al mencionar Ja manera de aproximar las formas re- cortando los sobrantes. Asi se tiene la pieza ajustada a las mdximas medidas dentro de las cuales habra que trabajar cartabones y alefrices. Si se recurre al método de las plantillas para tallar sus formas se simplifica en mucho esa labor y se evitan errores. Estos ocurren con bastante frecuencia debido a la misma CONSTRUCCION DEL YATE 207 complejidad de formas que presenta una quilla de este tipo. Por otra parte se re- queriria poseer una larga practica en el tallado de quillas para preparar los ale- frices y sus cartabones valiéndose sola- mente de falsas escuadras tomadas di- rectamente del trazado y algunas marcas provisorias en la madera. Asi es como el maestro carpintero de ribera prepara los Quilla Figura 106 cantos del tablén primero y a continua- ciéné desvasta la cavadura que, en el ale- friz, pide la tabla de aparadura. Pero para ello es preciso tener un ojo en el tablero y otro en la madera y, en medio, su baquia, que es don para dar plastici- dad a las formas con sélo ver cuatro trazos y atin, a veces, con imaginarlas apenas. Con todo suele él recurrir a las plantillas, ya que éstas, cuando el carta- bén que hace el forro con la quilla en su extremo proel es muy obtuso, le ayudan a precisar con mas exactitud los rebajos que por su método visual. Las plantillas se preparan en forma similar a la descripta para el trabajo de una quilla plana (ver figura N° 104) toman- do sus formas directamente de los cor- tes seccionales dibujados en el trazado. Lo que ellas muestran es la semiseccién calada en madera o metal y que sirve tanto para aproximar las formas del ale- friz a una banda como a la opuesta de una misma seccién. Con ello se logra que los dos cantos de la quilla resulten si- métricos y pueden prolijarse desde un principio, sin los retoques finales que de otro modo habré que darle al parar los moldes y aviar las formas. Como el ta- blén de la quilla de ordinario se trabaja estando horizontal, porque su mismo ta- mafio y peso la hacen poco manuable para estarlo volviendo para el lado de una cara y de la otra casi de continuo, es necesario tomar algunas precauciones para que las plantillas puedan ajustar- se en ella. Este tipo de quilla ocupa casi siempre una posicién inclinada en la construccién del casco, posicién que debe tenerse en cuenta para presentar en ella las plantillas. Estas representan cortes perpendiculares de la quilla y por tanto, en el plano del trazado, normales a las secciones, y tal como seran para su posi- cién oblicua cuando se arme el casco. Por lo visto la plantilla del alefriz debe ajustarse a la quilla manteniendo ese Angulo que se forma entre su plano in- clinado y la perpendicular del molde o Iinea de seccién. De otro modo la plan- tilla holgard al presentarla, puesto que el espesor que ella da para la quilla seré mayor que lo real, medido éste en escuadra. La diferencia proviene de la misma inclinacién. Lo que importa es labrar los alefrices conforme a esas plan- tillas dispuestas en posicién oblicua, jus- to con el Angulo que el molde o cuader- na har con el plano de la quilla. Este Angulo es facil de hallar y puede to- marse con una falsa escuadra directa- mente del trazado del perfil de la qui- Ila. Con él se prepara un cartabén en madera, el que guiara la inclinacién de la plantilla al presentarla contra la qui- Ila para cavar la madera hasta su ajus- te con aquella. El desgrose de la made- ra comienza por la seccién de mas a popa o sea aquella que esta en su talon, ligeramente avanzada con respecto al arranque del codaste, pero que incluye £03 JORGE M. parte de la curva coral. En esta parte el forro o cartabén del alefriz es casi per- pendicular porque los amados “delga- dos de popa” son angostos y sin vuelta hacia la salida de agua del codaste. Des- de esa seccién se contintia hasta la maes- tra. La parte de proa de la quilla, la que ensambla con el pie de roda o “derecho de proa” se labra desde ella hacia la maestra. Para desvastar la madera y dar forma al rebajo del alefriz se emplea Figura 107 Ja azuela, pero sélo para el trabajo grue- so, puesto que no es herramienta que dé presicién. La mayor aproximacién, se hace a formén y luego, el retoque fi- nal, a cepillo. Algunos detalles de este aspecto constructivo han sido ya pun- tualizados y explicados al hacer la des- eripcién de las quillas planas, los que son validos para este tipo de quilla tam- bién, en especial aquellos que hacen a las precauciones para el escuadrado de Ja ranura del alefriz. Este escuadrado debe ser muy exacto pues de ello depende que el ajuste del forro en los alefrices pueda hacerse sin entorpecimientos. Ademés de él depender4 que el pabilo con que se cierra la costura en los ale- ITHURBIDE frices quede apretado y sujeto, sin mos- trar ese vicio de “escupir el calafate”, que es motivado por el alefriz mal es- cuadrado, en chanfle abtuso. Con el labrado de los alefrices las qui- llas estan lejos todavia de hallarse con- cluidas y ser paradas sobre los picade- ros. Quedan atin otros trabajos que ha- cer en ellas que, necesariamente, deben realizarse para que se les ajuste otras piezas que las completan o prolongan. Por ejemplo las entalladuras a proa y popa para los encastres de roda y co- daste respectivamente; la caladura para el paso de la orza (en el supuesto que la haya); las cavidades para embutir el pie de las varetas (siempre que éstas partan de la quilla); la perforacién para dar paso a los pernos del quillote; la preparacién de la zapata que hace su prolongacién vertical (que en ciertos ti- pos de casco debe hacerse conjuntamen- te con la quilla). Otros muchos detalles que en la quilla intervienen pueden ser enearados y conclufdos sin necesidad que para ello se encuentre parada o sea en posicién de obra. Se logran asi no pocos beneficios que derivan de hacer el tra- bajo sobre el banco, siempre més allana- do que sobre el picadero pues en éste rara vez resulta cémoda la posicién de trabajo para el operario. Por lo tanto casi todos aquellos detalles constructi- vos que deben ser realizados desde la quilla se ejecutan al tiempo que esta se prepara. Los empalmes de roda y codaste se tallan y ajustan cuando, ya refinadas estas piezas, pueden ser presentadas so- bre la quilla sin estar ésta en picadero. Es este un aspecto constructivo que ser& visto m&s adelante al referirnos a la construccién de aquellas piezas y al que hacemos referencia aqui al solo efecto de dar una idea en el orden de los tra- bajos. La caladura de la cavidad por la que ha de desplazarse la orza y la caja que la contendra suelen hacerse a la vez que la quilla. La caladura es siempre una estria de poca ms luz que el espesor de Ja orza y su preparacién resulta simple CONSTRUCCION DEL YATE 209 teniendo la quilla sobre el barco 0 apo- yada en caballetes. Asi seré posible pro- lijarla convenientemente de manera que no queden en ella astillamientos en una parte tan critica de la quilla, dificil de inspeccionar més adelante durante 14 vida del barco. La ranura para la orza se hace taladrando la quilla con una me- cha de didmetro algo menor a la aber- Figura 108 tura que deba tener en definitiva. Se Ja termina con empleo de escoplo o for- mén, Mevandola a su medida de tal for- ma que no queden rasgaduras, fibras desprendidas o hendiduras en la madera puesto que éstas serdn prontamente ata- eadas por el agua comunicandose tal des- composicién al resto de la madera. La estrechez de dicha abertura dificulta realizar un buen acabado de la madera y atin darle cierta proteccién con algu- na pintura adecuada. La solucién mas a mano es un acabado lo ms prolijo den- tro de la misma dificultad. Traténdose de pequefio escantillén de quilla puede lograrse mejorar su terminacién con li- mas de grano fino, pero esto es imprac- ticable con espesores grandes. Por Io tanto la ranura de la quilla es una esci- sién en la unidad de su pieza que, a m4s de debilitarla, seré causa de descompo- sicién de la madera con el correr del tiempo. La mejor proteccién estard en la naturaleza de la madera: en su resisten- cia a la descomposicién. Lo mismo puede decirse de la caja de orza aunque su pro- teccién inicial por medio de pinturas an- tienerustantes y preservativas en el mo- mento de construirla alarguen el tiempo en que la madera apareceré atacada. La construccién de Ia caja de orza, de su modo de armarla y componerla asi co- mo también de su ligazén con Ia quilla _Son aspectos que resuelve-el plano cons: tructivo del casco. Sobre el particular se han ideado nd pocas formas para armar y construir una caja que a la vez de ser estanca resulte sélida. Se puede decir que cada autor provee una solucién nue- va para cada proyecto en que la orza in- terviene como incremento del plano la- teral o de deriva. A tal punto es la caja de orza un problema atin sin solucién definitiva. Por lo tanto no puede mos- trarse un ejemplo que descarte sus vie- jos problemas: vias de agua y pudrisién, Estas ocurren inevitablemente, a corto 0 Jargo plazo, en mayor o menor significa- cién, y, puesto que ocurren, hacen de la orza y su caja un punto muerto dentro de otros progresos constructivos. El] he- cho de contar en Ja actualidad con plas- ticos para la construccién naval, y por tanto aplicables a las cajas de orza, ha- ciéndolas enteramente con ese material © por composicién mixta con la madera, no supone con todo haber dado un corte a sus problemas. La figura N° 106 ofre- ce un tipo, entre los muchos posibles, para la composicién de una caja de orza y sin que resulte ideal o sea solucién de aquellos males. En ella dos durmien- tes hacen las bases de las bandas y po- nen asi adecuado apoyo a las tablas la-

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