Desobediencia y Caída en Edén
Desobediencia y Caída en Edén
EL PARASO PERDIDO
Libro Primero
Canta Musa celestial, la primera desobediencia del hombre y el fruto de aquel rbol
prohibido, cuyo gusto mortal trajo al mundo la muerte y todas nuestras desgracias, con la
prdida del Edn, hasta que un Hombre ms grande nos rehabilit y reconquist para
nosotros la mansin bienaventurada. Desde la cumbre solitaria de Oreb o del Sina, donde
inspiraste al pastor, que fue el primera en ensear a la raza escogida cmo salieron el cielo y
la tierra del Caos, o desde la colina de Sin y las fuentes de Silo si te placen ms, invoco tu
ayuda para mi atrevido canto; porque no pretendo remontarme con tmido vuelo sobre los
montes de Aonia al intentar referir cosas que nadie ha narrado hasta ahora, ni en prosa ni en
verso.
Y T, oh Espritu!, que prefieres a todos los templos un corazn recto y puro, instryeme,
puesto que sabes; T estabas presente en el primer instante; desplegando como una paloma
tus poderosas alas, cubriste el inmenso abismo y los hiciste fecundo. Ilumina lo que en m
es oscuro, eleva y sostn lo que est abatido, para que desde la elevacin de este gran asunto
puede defender a la Divina Providencia y justificar ante los hombres las miras del Seor.
Dime, desde luego, ya que ni el cielo ni la profunda extensin del infierno ocultan nada a tu
vista: di cul fue la causa que oblig a nuestros primeros padres, tan felices en su estado y
tan favorecidos por el Cielo, a separarse de su Creador, a transgredir su nica prohibicin
cuando eran soberanos del resto del mundo. Quin los indujo a tan vergonzosa rebelin?
La Serpiente infernal, cuya malicia, animada por la envidia y por la venganza, enga a la
madre del gnero humano: su orgullo la haba precipitado desde el cielo con todo su ejrcito
de espritus rebeldes, con cuya ayuda aspiraba a sobrepujar en gloria a sus semejantes,
lisonjendose de igualarse al Altsimo, si el Altsimo se le opona. Dominado aquel espritu
por este ambicioso proyecto contra el trono y la monarqua de Dios, suscit en el cielo una
guerra impa y un combate temerario: ms sus esfuerzos fueron vanos.
La Potestad suprema le arroj de cabeza, envuelto en llamas, desde la bveda etrea,
repugnante y ardiendo, cay en el abismo sin fondo de la perdicin, para permanecer all
cargado de cadenas de diamante, en el fuego que castiga; l, que haba osado desafiar las
armas del Todopoderoso, permaneci tendido y revolcndose en el abismo ardiente,
juntamente con su banda infernal, nueve veces el espacio de tiempo que miden el da y la
noche entre los mortales, conservando, empero, su inmortalidad. Su sentencia, sin embargo,
le tena reservado mayor despecho, porque el doble pensamiento de la felicidad perdida y de
un dolor perpetuo le atormentaba sin tregua. Pasea en torno suyo sus ojos funestos, en que
se pintan la consternacin y un inmenso dolor, juntamente con su arraigado orgullo y su
odio inquebrantable.
De una sola ojeada y atravesando con su mirada un espacio tan lejano como es dado a la
penetracin de los ngeles, vio aquel lugar triste, devastado y sombro; aquel antro horrible
y cercado, que arda por todos lados como un gran horno. Aquellas llamas no despedan luz
alguna; pero las tinieblas visibles servan tan slo para descubrir cuadros de horror, regiones
de pesares, oscuridad dolorosa, en donde la paz y el reposo no pueden habitar jams, en
donde no penetra ni aun la esperanza, la esperanza que dondequiera existe! Pero s
suplicios sin fin, y un diluvio de fuego, alimentado por azufre, que arde sin consumirse.
Tal es el sitio que la justicia eterna prepar para aquellos rebeldes, ordenando que
estuviesen all aprisionados en extraas tinieblas y hacindolo tres veces tan apartado de
Dios y de la luz del cielo cuanto lo est el centro de la creacin del polo ms elevado. Oh
cun distinta es esta morada de aquella donde cayeron!
Pronto divisa all el arcngel a los compaeros de su cada, sepultados en las olas y
torbellinos de una tempestad de fuego. Uno de ellos se agitaba entre llamas a su lado; era el
primero despus de l, as en poder como en crimen, mucho tiempo despus conocido en
Palestina con el nombre de Belceb; El Gran Enemigo, llamado Satans en el cielo, quien
rompiendo el horrible silencio con altaneras palabras empez a decir:
Si t eres aqul... Pero cun decado, cun diferente del que, revestido de un brillo
deslumbrado en los felices reinos de la luz, sobrepujaba en esplendor a millares de
resplandecientes espritus!... Si t eres aquel a quien una mutua alianza, un solo
pensamiento, un mismo dictamen, una esperanza igual e idntico peligro en una empresa
gloriosa unieron conmigo en otro tiempo, y a quien hoy une tambin una misma desgracia
en igual ruina, contempla desde qu altura y en qu abismo hemos cado: tan poderoso se
mostr l con sus rayos! Pero quin hasta entonces haba conocido el efecto de sus armas
terribles? No obstante, a pesar de sus rayos, y a pesar de todo cuando el Vencedor, en su
clera, puede hacer contra m, no me arrepiento ni varo; por ms que haya cambiado mi
brillo exterior, nada podr alterar este carcter obstinado, este soberano desdn, hijo de la
conciencia del amor propio ofendido; este espritu me indujo a levantarme contra el
Omnipotente, arrastrando al furioso combate innumerables fuerzas de espritus armados que
osaron despreciar su dominio, prefirindome a l y oponiendo a su poder supremo un poder
contrario, hasta que en una batalla indecisa, dada en las llanuras del cielo hicieron oscilar su
trono.
"Qu importa la prdida del campo de batalla! An no est perdido todo. Conservando
todava una voluntad inflexible, una sed insaciable de venganza, un odio inmortal y un valor
que no ceder ni se someter jams, puede decirse que estamos subyugados? Ni su clera
ni su poder jams podrn arrebatarme esta gloria; no me humillar, no doblar la rodilla
para implorar su perdn, ni acatar un poder cuyo imperio acaba de poner en duda mi
terrible brazo. Eso sera una bajeza, eso sera una vergenza y una ignominia ms
humillantes an que nuestra cada! Ya que segn lo dispuesto por el Destino, la fuerza de
los dioses ni la sustancia celeste pueden perecer: ya que con la experiencia de este gran
suceso nuestras armas, no debilitadas han ganado mucho en previsin, podemos, con
esperanza de mejor xito, determinarnos a hacer bien, sea por medio de la fuerza o por
medio de la astucia, una guerra eterna, irreconciliable, a nuestro gran enemigo, que ahora
triunfa, y que, en el exceso de su gozo, reina como absoluto, ejerciendo en el cielo toda su
tirana".
As habl el ngel apstata, aunque sumido en el dolor, vanaglorindose en alta voz, pero
desgarrado por una profunda desesperacin. Su orgulloso compaero le replic:
"Oh prncipe! Oh jefe de tantos tronos, que condujiste a la guerra bajo tu mando a los
serafines ordenados en batalla! T, que sin espanto y en distintas acciones formidables
pusiste en peligro al Rey perpetuo de los cielos ya prueba su poder supremo, ya proceda
ste de la fuerza, de la casualidad, o del hado, oh jefe! Bien veo y maldigo el suceso fatal
de una triste derrota y una vergonzosa prdida, que nos ha arrebatado el cielo. Todo este
poderoso ejrcito se ve por ello sumido en una horrible destruccin, en cuanto pueden ser
destruidos los dioses y las esencias divinas, porque el pensamiento y el espritu quedan
invencibles, y el vigor renace pronto, por ms que se haya extinguido toda nuestra gloria y
sumido aqu en una miseria infinita nuestro feliz estado. Pero y si nuestro Vencedor, a
quien empiezo a creer Todopoderoso, pues que slo un poder como el suyo es capaz de
domar otro como el nuestro, nos hubiese dejado por completo nuestro espritu y nuestro
vigor para que podamos sufrir y soportar con fortaleza nuestras penas, para bastar a su
vengativa clera o para prestarle aqu, como esclavos suyos por derecho de conquista, un
servicio ms rudo, segn sus necesidades, o el corazn del infierno para trabajar en el fuego
o servirle de mensajeros en el negro abismo? De qu nos servir entonces conocer que no
ha disminuido nuestra fuerza o la eternidad de nuestro ser para soportar un castigo eterno?"
El Gran Enemigo respondi con precipitacin:
"Querubn cado, mengua es mostrarse dbil, ya en las obras, o ya en el sufrimiento. Ten
por seguro que nuestra misin no consistir nunca en hacer el bien; nuestra nica delicia
ser siempre hacer el mal, por ser lo contrario de la alta voluntad de Aquel a quien
resistimos. Si su providencia procura sacar el bien de nuestro mal, debemos trabajar para
malograr este fin y hasta para encontrar en el bien medios que conduzcan al mal, lo cual
podremos lograr con frecuencia de modo que quiz lleguemos a apesadumbrar al enemigo,
y, ni no me equivoco, a distraer sus ms profundos designios del fin a que se encaminan."
"Pero, mira!, el vencedor, irritado, ha convocado otra vez en las puertas del cielo a sus
ministros de persecucin y de venganza: la lluvia de azufre lanzada sobre nosotros en la
tempestad pasada ha allanado la ola ardiente que desde el principio del cielo nos ha recibido
al caer. El trueno, con sus alas de encendidos relmpagos y sus impetuosa rabia, ha agotado
quiz sus rayos y cesa ahora de mugir a travs del abismo vasto y sin lmites
No dejemos escapar la ocasin que nos proporciona el desdn o el furor satisfecho de
nuestro enemigo. Ves a lo lejos esa llanura seca, abandonada y agreste, morada de la
desolacin, privada de luz, a excepcin de la que, plida y espantosa, le comunica el fulgor
de esas llamas lvidas y negras? Pues procuremos salir del hervidero de estas oleadas de
fuego y descansemos all, si es que all puede existir el reposo. Reuniendo nuestras legiones
afligidas, examinemos de qu modo podremos ofender a nuestro enemigo, de qu modo
podremos reparar nuestra prdida sobreponindonos a esta espantosa calamidad, que
consuelo podremos sacar de la esperanza, o bien la resolucin que nos dice nuestra
desesperacin".
As habl Satans a su ms prximo compaero con la cabeza fuera de las olas, los ojos
centelleantes y los dems miembros de su cuerpo, prolongados y corpulentos, flotando en
un espacio de mucha extensin. Su estatura era tan enorme como la de aquel a quien llama
la fbula, a causa de monstruoso cuerpo, Titn, o hijo de la Tierra, el cual hizo la guerra a
Jpiter, o como las de Briareo o Tifn, que habitaba la caverna prxima a la antigua Tarso.
Satans se pareca tambin a Leviatn, ese monstruo marino, a quien Dios hizo el mayor de
todos los seres que nadan en el Ocano; monstruo que duerme muchas veces sobre las
espumosas aguas noruegas y a quien el piloto de alguna pequea embarcacin extraviada en
medio de las tinieblas toma por una isla, segn refieren los marinos, y fija el ancla en su
escamosa piel, amarrando a su costado mientras la noche envuelve el mar y retarda la
deseada aurora. De una longitud tan enorme era el jefe enemigo que yaca encadenado en el
lago ardiente; jams habra podido levantarse ni sostener su cabeza sin la voluntad y el
supremo permiso del Regulador de todos los cielos no le hubiera dejado en libertad de
llevar a cabo sus negros designios, para que, con sus reiterados crmenes fuera
amontonando sobre s la condenacin al buscar el mal de los otros, y a fin de que pudiera
ver en su furia que toda su malicia no le habra servido ms que para hacer brillar la infinita
bondad, la gracia, la misericordia, en el nombre seducido por l y para traer sobre s mismo
un triple castigo de confusin, clera y venganza.
De repente, el arcngel alz sobre el lago su poderoso cuerpo y separ hacia atrs con sus
manos las agudas puntas de las llamas que, rodando en forma de olas, dejaron descubierto
en medio un horrible valle. Entonces, con las alas desplegadas, dirige hacia arriba su vuelo,
gravitando sobre el aire sombro, que siente un peso inusitado, hasta que aqul desciende
sobre la tierra rida, si as puede llamarse la que siempre est ardiendo con un fuego slido,
como el lago arde con fuego lquido. Tales parecen por su color, cuando la violencia de un
torbellino subterrneo ha derrumbado una colina arrancada del Peloro o de los abiertos
costados del mugiente Etna, las entraas combustibles e inflamantes que, concibiendo all el
fuego, son lanzadas al cielo por la energa del choque de los minerales y con la ayuda de los
vientos, dejando un fondo ardiente, rodeado de corrompidos miasmas y de humo, tal fue la
tierra de descanso que toc Satans con las plantas de sus pies malditos. Belceb, su ms
cercano compaero, le sigue, vanaglorindose ambos de haber escapado como dioses de las
aguas de la Estigia por su propias fuerzas recobradas y no por la tolerancia del Poder
supremo.
Es sta la regin, el pas, el clima - dijo el arcngel cado-: es sta la mansin que debemos
trocar por el cielo, esta triste oscuridad por la luz celeste? Sea, puesto que el que ahora es
Soberano puede disponer y decidir lo que le parezca justo. Lo que ms nos aleje de l ser
lo mejor; de l, que, igual en razn, se ha elevado por medio de la fuerza contra sus iguales.
Adis campos afortunados, dono existe una felicidad eterna! Salud, horrores! Salud,
mundo infernal! Y t, profundo infierno, recibe a tu nuevo seor, que llega a ti con un
nimo que no podrn cambiar el tiempo ni el lugar. El espritu lleva en s mismo su propia
morada y puede en s mismo hacer un cielo del infierno o un infierno del cielo. Qu
importa el sitio donde yo resida si soy siempre el mismo y el que debo ser: si lo soy todo,
aunque menor que Aquel a quien el rayo ha hecho ms grande? Aqu, por lo menos,
estaremos libres. El Todopoderoso no ha formado este sitio para envidirnoslo, y no querr,
por tanto arrojarnos de l. Aqu podemos reinar con seguridad, y, segn mi parecer, reinar
es digno de ambicin, aunque sea en el infierno; vale mas reinar en el infierno que servir en
el cielo.
Pero, abandonaremos a nuestros fieles amigos, a nuestros compaeros, a los que han
participado de nuestra ruina, tendidos y anonadados en el lago del olvido? No los
llamaremos para que con nosotros compartan esta triste mansin o para que, uniendo de
nuevo nuestras fuerzas, intentemos una vez ms si hay algo que ganar en el cielo o perder
en el infierno?"
As habl Satans y Belceb le respondi:
"Jefe de los brillantes ejrcitos, que por nadie sino por el Todopoderoso podan ser
vencidos: si una vez ms llegan a or esa voz, la prenda ms segura de su esperanza en
medio de los temores y de los peligros; esa voz que ha resonado tantas veces en los ms
apurados trances y en el mismo peligro de la batalla cuando sta ruga; esa voz, la ms
tranquilizadora seal en todos los asaltos, recobrarn de improviso un nuevo valor, y se
reanimarn, aunque ahora, languidecen, gimientes y postrados en el lago de fuego, y tan
desfallecidos y estupefactos como lo estbamos nosotros no ha mucho; pero qu tiene de
extrao, cuando hemos cado desde tan funesta altura?"
Apenas ces Belceb de hablar, cuando ya el Gran Enemigo se adelantaba hacia la orilla;
llevaba echado hacia atrs su pesado escudo, de etreo temple, macizo, ancho y redondo,
cuya vasta circunferencia penda de sus espaldas como la luna cuya rbita observa por la
noche a travs de un cristal ptico el astrnomo toscano, desde la cumbre de Fiesole o de
Valdrn, para descubrir nuevas tierras, ros y montaas en su manchada esfera. La lanza de
Satans, a cuyo lado el ms alto pino cortado en las montaas de Noruega para servir de
mstil a algn navo almirante no sera ms que una pequea rama, le sirve para sostener
sus inseguros pasos sobre aquel suelo ardiente; pasos muy diferentes de los que haba dado
sobre el azulado firmamento! Aquella zona abrasada, de gnea bveda, le causa nuevas
heridas; sin embargo, l lo soporta todo hasta que llega a la orilla de aquel mar inflamado,
donde se detiene.
Llama a sus legiones, formadas de ngeles cados, que yacen tan amontonados como las
hojas de otoo, que cubren los arroyos de Valleumbrosa, donde las umbras etrurianas
describen elevados arcos de follaje, o como flotan los espesos juncos cuando Orin, armado
de impetuosos vientos, ha azotado las costas del mar Rojo, en cuyo mar las olas derribaron
a Busiris y a la caballera de Menfis, mientras persegua con prfido odio a los extranjeros
de Gessen, los cuales vieron desde ms segura orilla las aljabas flotantes y las ruedas de los
destrozados carros; de igual suerte, esparcidas, abyectas, perdidas, yacan las legiones,
cubriendo el lago, asombradas del afrentoso cambio que haban experimentado.
Satans elev tanto la voz, que retumb todo el mbito del infierno:
"Prncipes, potestades, guerreros, esplendor del cielo que fue vuestro en otro tiempo y que
ahora habis perdido: es posible que semejante estupor pueda apoderarse de unos espritus
eternos? O es que habis escogido este sitio despus de las fatigas de la batalla para dar
algn reposo a vuestro extenuado valor, movidos por el deleite que experimentis al dormir
aqu como en las llanuras del cielo? Acaso habis jurado adorar al Vencedor en esa
abyecta postura? El contempla ahora a los querubines y serafines revolcndose en ese lago,
con las armas y las banderas destrozadas, hasta que en breve sus rpidos ministros,
descubriendo su ventajosa posicin desde las puertas del cielo bajen y nos pisoteen al
vernos tan postrados o no sepulten con sus rayos en el fondo de este abismo. Despertaos,
levantaos o permaneced cados para siempre!
Oyronle, y avergonzados, se levantaron sobre un ala, como los centinelas que sorprendidos
por el sueo se levantan a la voz del jefe, a quien temen, y se ponen de nuevo alerta antes de
haber disipado el sueo por completo. Y aun cuando no ignoraban aquellos espritus el
infeliz estado a que se vean reducidos, ni dejaban de sentir sus espantosas torturas,
obedecieron, sin embargo, presurosos y unnimes, a la voz de su general.
As como al extender su poderosa vara el hijo de Amram en un da funesto para Egipto,
describi un crculo por la costa y atrajo sobre las alas de viento de Oriente una espesa nube
de langostas, que se extendieron como el manto de la noche por el reino del impo faran y
anublaron todo el pas del Nilo, del mismo modo la innumerable muchedumbre de aquellos
ngeles malditos cubri la bveda del infierno entre las llamas que por todas partes los
rodeaban, hasta que a una seal de la lanza elevada de su gran jefe, que les indicaba el curso
que deban seguir, descendieron con un movimiento uniforme e inundaron la llanura,
formando tan inmensa multitud cual no sali jams de las heladas comarcas del populoso
Norte para atravesar el Rin y el Danubio, cuando sus brbaros hijos cayeron como un
diluvio sobre el medioda y se extendieron ms all de Gibraltar, hasta las arenas de la
Libia.
Los jefes y guas de cada escuadrn y de cada hueste acudieron inmediatamente al sitio
donde se haba detenido su general; eran semejantes a los dioses por su estatura y por sus
formas, que sobrepujaban a las de la naturaleza humana; prncipes majestuosos, potestades
que ocupaban en otro tiempo su trono en el cielo, aunque en los anales celestes no se
conserva ahora la memoria de sus nombres, borrados del libro de la Vida a consecuencia de
su rebelin. An no haban adquirido sus nuevos nombres entre los hijos de Eva; pero
cuando errantes sobre la tierra para atormentar al hombre con el permiso de Dios, hubieron
corrompido a fuerza de imposturas, a la mayor parte del gnero humano, persuadieron a las
criaturas a que abandonasen a Dios, su Creador, a que transformase a menudo la gloria
invisible del que los haba formado en la imagen de un bruto, a quien tributaban cultos
varios y adornaran pomposamente de oro, y a que adorasen a los demonios como a
divinidades, entonces fueron conocidos por los hombres con nombres diferentes y bajo la
forma de diversos dolos, en el mundo pagano.
Repteme, oh Musa, esos nombres entonces conocidos!, quin fue el primero y quin el
ltimo que despert de su sueo en aquel lecho de fuego a la voz de su gran emperador;
cules fueron los jefes que, ms prximos a l en dignidad acudieron uno a uno al sitio
donde se encontraba sobre la desierta playa, mientras la confusa multitud se mantena an
apartada.
Estos jefes fueron lo que, salidos del abismo del infierno y vagando por la tierra para
apoderarse de su presa, tuvieron mucho tiempo despus la audacia de fijar su trono junto al
de Dios, sus altares al lado de su altar, dioses adorados por las naciones comarcanas; que se
atrevieron, adems, a morar cerca de Jehov, cuya voz resonaba en Sin, teniendo su trono
en medio de los querubines en el mismo Santuario, y con sus abominaciones y sus malditas
obras profanaron sus sagrados ritos, sus fiestas solemnes, osando poner sus tinieblas a la luz
de aqul.
Adelantse primeramente Moloc, horrible rey, manchado con la sangre de los sacrificios
humanos y con las lgrimas de los padres y de las madres, si bien, a causa del ruido de los
tambores y timbales, apenas se oan los clamores de los hijos cuando, arrojados al fuego, se
ofrecan a aquel execrable dolo. Los amonitas le adoraron en Rabba y en su hmeda
llanura, en Argob y en Bassan, hasta las ms remotas corrientes del Arno; y no satisfecho de
tan extensos dominios, indujo, por medio de la astucia, al sabio Salomn, a construirle un
templo enfrente del templo de Dios, sobre el monte del Oprobio, dedicndole como bosque
sagrado el risueo valle de Hinnom, llamado desde entonces Tofet, y la negra Gehena,
verdadero tipo del infierno.
Tras Moloc sigui Camos, el obsceno terror de los hijos de Moab, que habitaban desde
Aroer hasta Nebo y hasta ms all de la parte meridional del desierto de Abarim: en
Hesebom y Heronaim, en el reino de Sin, y ms all de los florecientes valles de Sibma,
tapizados de vias, y en Eelal hasta el lago Asfaltites. Camos se llamaba tambin Pehor,
cuando en Sittim incit a los israelitas durante su marcha por el Nilo a que le hicieran
lbricas oblaciones, que tantos males acarrearon. Desde all extendi sus lascivas orgas
hasta el monte del Escndalo, cerca del bosque del homicida Moloc, estando as la
concupiscencia al lado del odio, hasta que el piadoso Josas los arroj en el infierno.
Con estas divinidades acudieron aquellas que, desde las riberas que baan las aguas del
antiguo Eufrates hasta el torrente que separa a Egipto de la tierra de Siria llevan los
nombres generales de Baal y Astarot, stos tenidos por femeninos y aquellos por
masculinos, porque los espritus se revisten a su antojo, de uno u otro sexo o de ambos a la
vez, tan tenue y sencilla es su pura esencia, que no est sujeta ni encadenada por coyunturas
ni miembros, ni apoyada en la frgil fuerza de los huesos, como la pesada carne, sino que en
la forma que eligen, corta o larga, brillante u oscura, pueden ejecutar resoluciones areas y
llevar a cabo sus acciones de amor o de odio. Por estas divinidades, los hijos de Israel
abandonaron muchas veces su fuerza viva y dejaron de frecuentar su altar legtimo,
prosternndose vilmente ante los ojos de los dioses, animales, por cuya razn sus cabezas
inclinadas del mismo modo en las batallas, se humillaron ante la lanza del ms despreciable
enemigo.
Vise avanzar tambin, entre esta turba de divinidades a Astore, llamada por los fenicios
Astart, reina del cielo, que ostentaba por corona una media luna: las vrgenes de Sidn
rendan tributo, con sus botos y sus cnticos a su brillante imagen, al resplandor de la luna.
Tambin fue reverenciada en Sin, donde se elevaba su templo en el monte de la Iniquidad,
construido por aquel rey amigo de las esposas cuyo corazn, aunque grande, seducido por
bellas idlatras, se postr ante sus infames dolos.
Tras Astart vino Tanmuz, cuya anual herida atrae al monte Lbano a las jvenes sirias, para
lamentar su destino con tiernas endechas, durante todo un da de verano, mientras que el
tranquilo Adonis escapndose de su roca nativa hacia correr hacia el mar sus ondas, que
suponen enrojecidas con la sangre de Tanmuz, herido todos los aos. Esta amorosa historia
inflam con el mismo ardor a las hijas de Sin, cuya muelle voluptuosidad fue vista por
Ezequiel bajo el sagrado prtico, cuando, guiado por su visin, descubrieron sus ojos las
negras idolatras de la infiel Jud.
En pos de Tanmuz acudi el que llor amargamente cuando el Arca cautiva mutil su fea
imagen y cayeron rotas, hasta las puertas del mismo templo, su cabeza y sus manos,
dejando avergonzados a sus propios adoradores. Dragn es su nombre, monstruo marino,
elevado con grandiosidad en Azot; fue temido en las costas de toda la Palestina, en Gath y
en Ascaln y hasta en los confines de Gaza.
Sigui Rimmn, cuya deliciosa morada era la encantadora Damasco, sobre las frtiles
orillas del Abbana y del Farfar, lmpidas corrientes. Tambin ste se atrevi contra la casa
del Seor, una vez perdi a un leproso y conquist a un rey, Acaz, su imbcil conquistador,
a quien indujo a despreciar el altar del Seor y a colocar en su lugar otro de forma siria,
sobre el cual Acaz quem sus odiosas ofrendas y ador a los dioses a quienes venci.
Despus de estos demonios lleg la numerosa muchedumbre de aquellos conocidos en otro
tiempo bajo diferentes nombres: Osiris, Isis, Orus y su sequito, monstruosos en sus formas y
en sus sortilegios, abusaron del fantico Egipto y de sus sacerdotes, que se hicieron
divinidades errantes, ocultas bajo formas de animales ms bien que bajo formas humanas.
Israel no se libr de este contagio cuando, con un oro prestado, construy el becerro de
Oreb. El rey rebelde repiti este pecado de Betel y en Dan, asimilando a su Creador a un
buey que pace; pero Jehov, a atravesar el Egipto, extermin en una noche a todos sus
primognitos y a sus dioses mugidores.
Belial, fue el ltimo que apareci; desde el cielo no ha cado un espritu ms impuro ni ms
groseramente inclinado al vicio por el vicio mismo. No tena templos, ni se le ofrecieron
sacrificios en ningn altar, y sin embargo, nadie est con ms frecuencia que l en los
templos y en los altares cuando el sacerdote se vuelve ateo, como los hijos de El, que
llenaron de prostituciones y de violencias la casa de Seor. Reina tambin en los palacios y
en las cortes, y en las ciudades disolutas, donde el ruido del escndalo, de la injuria y del
ultraje se eleva sobre las ms elevadas torres y cuando la noche oscurece las calles,
entonces vagan los hijos de Belial, llenos de insolencia y de vino; testigos de ello son las
calles de Sodoma y aquella noche en que en una puerta hospitalaria en Gaaba se expuso una
matrona para evitar un rapto ms odioso.
Aquellos demonios eran los primeros en categora y en poder; en cuanto al resto, sera
prolijo enumerarlo, aunque hubo algunos entre ellos que fueron clebres en remotas
comarcas, dioses de Jonio, a quienes la posteridad de Javn consagr altares, pero
reconocidos como dioses ms recientes que el Cielo y la Tierra, sus ensalzados padres.
Titn, primer hijo del cielo, con su numerosa prole y su derecho de progenitura usurpado
por Saturno, ms joven que l; Saturno, tratado del mismo modo por Jpiter, su propio hijo
e hijo de Rea, ms poderoso que l; de modo que Jpiter rein como usurpador. Aquellos
dioses conocidos desde luego en Creta y en la Ida luego en la nevada cumbre del fro
Olimpo, gobernaron la regin media del aire, que fue su ms elevado cielo, o sobre la roca
de Delfos o en Dodona y en todos los lmites de la tierra drica. Uno de ellos, con el viejo
Saturno huy por el Atlntico hasta los campos de la Hesperia, y ms all de la cltica
anduvo errante por las ms remotas islas.
Todos esos dioses y otros muchos acudieron en tropel, y aunque con los ojos bajos y
llorosos, descubrase, sin embargo, en ellos un oscuro fulgor de gozo por haber encontrado
a su jefe no desesperado todava y por haberse encontrado ellos mismo, sin perderse,
reflejaban tambin en el dudoso rostro de Satans; pero recobrando en breve su
acostumbrado orgullo, reanim poco a poco, con elevadas palabras que tenan, no la
realidad, sino la apariencia de la dignidad, su abatido valor y disip sus temores.
Inmediatamente ordena que, al blico clamor de los clarines y de las trompetas, se eleve su
poderoso estandarte. Azazel, gran querubn, reclama como un derecho tan preciado honor,
despliega del asta brillante la ensea imperial, que, adelantada, extendida y agitada al
viento, brilla como un meteoro, con las perlas y el rico brillo del oro que dibujaban en ella
las armas y los trofeos serficos. Durante todo este tiempo, el metal sonoro dejaba escapar
belicosos sonidos, a que contest el ejrcito universal con un grito que desgarr la
concavidad del infierno y llev el espanto hasta ms all del imperio del Caos y de la vieja
Noche.
En un momento, y a travs de las tinieblas, se ven diez mil banderas que se elevan al aire
ostentando sus colores orientales. Con ellas se eleva tambin un bosque enorme de lanzas,
aparecen los cascos apiados y los escudos se renen en una espesa lnea de una
profundidad inconmensurable. En breve se mueven los guerreros formando una falange
perfecta, a los sonidos dricos de las flautas y de los suaves oboes, sonidos que, en lugar de
furor, inspiraban a los antiguos hroes, armados para el combate, un valor prudente, firme,
incapaz de dejarse arrastrar, por el temor de la muerte, a una huda o a una retirada
vergonzosa. Semejante armona no carece de poder para atemperar y apaciguar con sus
religiosos acordes los pensamientos tumultuosos, para ahuyentar la angustia, la duda, el
espanto, el pesar y el sufrimiento de los espritus mortales e inmortales.
Animados as por una misma fuerza, con un designio fijo, marchaban en silencio los
ngeles cados, al sonido del dulce caramillo, que haca grato sus dolorosos pasos sobre
aquel suelo abrasador, y cuando llegaron a ponerse al alcance de la vista se detuvieron,
desplegando su horrible frente de una espantosa longitud, centelleante de armas; semejantes
a los guerreros de otro tiempo, alineados con su escudos y lanzas, esperaban la orden que su
poderoso general atuviese a bien dictarles. Satans clava su experta mirada en las filas
armadas, y bien pronto ve, a travs de toda aquella legin, el aspecto ordenado de sus
guerreros, sus rostros y sus tallas, como las de los dioses, y, finalmente, calcula su nmero.
Entonces se dilat su corazn, lleno de orgullo y, confiando ms y ms en su poder se
glorific, porque desde que el hombre fue creado jams lleg a verse reunida una fuerza
semejante, en cuya comparacin cualquiera otra sera tan despreciable como aquella
pequea infantera combatida por las grullas, aun cuando se aadiera la raza gigantesca de
Flegra, la raza heroica que luch ante Tebas e Ilin, donde por una y otra parte se
mezclaban dioses auxiliares, aun cuando se agregara lo que la novela o la fbula cuenta
respecto al hijo de Utero rodeado de caballeros bretones y armoricanos, aun cuando se
reunieron todos los que despus, bautizados e infieles, brillaron en Damasco, Marruecos, o
Trebisonda, o los que Bizerta envi desde la playa africana cuando Carlomagno fue
derrotado con todos sus pares, cerca de Fuenterrabia.
Aquel ejrcito de espritus, que no admita comparacin con ninguna fuerza mortal
respetaba, sin embargo, a su temible jefe. Este sobrepujndolos en estatura y continente y en
su soberbio y dominador aspecto se elevaba sobre una torre. Su forma no haba perdido an
su resplandor primitivo, y no pareca un arcngel cado, sino un exceso de gloria
oscurecido; era semejante al sol naciente que rodeado de espesos vapores se ve a travs del
aire brumoso, o cuando, colocado tras la luna en un sombro eclipse esparce un crepsculo
funesto sobre la mitad de los pueblos y atormenta a los reyes con el temor que inspiran sus
revoluciones; oscurecido de esta suerte, brillaba an, el arcngel sobre todos sus
compaeros.
Pero su rostro se ve surcado por las profundas cicatrices del rayo y la inquietud est pintada
en su marchita mejilla; bajo sus cejas se retratan un valor indomable, un orgullo paciente y
una ardiente sed de venganza. Su mirada era cruel; sin embargo, se escapaban de ellas
seales de remordimientos y de compasin cuando contemplaba a los que participaron o,
ms bien, a los que siguieron su crimen, y que habindolos visto en otro tiempo diferentes
en la bienaventuranza, estaban ahora condenados para siempre a tener su parte en el
sufrimiento; millones de espritus, puestos por su culpa bajo la direccin vengadora del
Cielo, lanzados lejos de su eternos esplendores en castigo de su rebelin y que a pesar de
haber mancillado le permanecan fieles. As se ve a las encinas del bosque y a los pinos de
la montaa cuando el fuego del cielo les ha privado de su corteza y verdor, sostener an su
tronco majestuoso, aunque desnudo, sobre abrasado pramo.
Satans se prepara a hablar, por lo cual las dobles filas de los batallones forman un arco
desde una a otra ala y le rodean sus pares, imponindoles silencio la atencin. Tres veces
intenta comenzar, y otras tantas, a despecho de su orgullo, exhala un llanto como slo
pueden derramarlo los ngeles. Por fin, entre entrecortados suspiros, pudieron abrirse paso
estas palabras:
"Oh millares de espritus inmortales! Oh potestades a quienes slo puede igualarse el
Todopoderoso! Aquel combate no careci de gloria, por ms que su resultado fuera
desastroso, como lo atestiguan esta mansin y este terrible cambio que me es odioso
expresar. Pero qu facultad de espritu, aun la ms conocedora del presente y del pasado,
hubiera podido prever y temer que la fuerza unida de tantos dioses y dioses como stos,
fuese rechazada? Y quin puede creer, aun despus de tal derrota, que todas estas legiones
poderosas, en cuyo destierro ha quedado el cielo desierto, dejarn de alzarse de nuevo y de
reconquistar la mansin donde han nacido? En cuanto a m, todo el ejrcito celeste es
testigo de que ni por los consejos distintos del mo ni por los peligros que haya procurado
evitar han sido destruidas nuestras esperanzas. Pero el Monarca que reina en el cielo haba
permanecido hasta entonces sentado con seguridad en su trono, sostenido por una antigua
reputacin, por el consentimiento o por la costumbre, haca plena ostentacin ante nosotros
de su fausto real; mas nos ocultaba su fuerza, lo que nos decidi a nuestra tentativa y caus
nuestra cada.
De hoy ms, ya conocemos su poder como conocemos el nuestro, de modo que no
provoquemos ni rehuyamos con temor cualquier guerra a que se nos provoque. El mejor
partido que nos queda es el de emplear nuestras fuerzas en un secreto designio: el de
obtener por medio de la astucia y del artificio lo que la fuerza no ha alcanzado, a fin de que
en adelante sepa por lo menos que un enemigo vencido por la fuerza, slo es vencido a
medias.
El espacio puede producir nuevos mundos; sobre este particular se deca en el cielo que
antes de mucho tena el Todopoderoso la intencin de crear y colocar en esta creacin una
raza a quien favorecera con preferencia y al igual de los hijos del cielo. All tendr lugar
nuestra primera irrupcin, aun cuando slo sea con el objeto de explorar; porque este antro
infernal no retendr nunca cautivos a los espritus celestiales ni el abismo los envolver por
ms tiempo con sus tinieblas. Pero estos proyectos deben ser examinados en pleno consejo.
No hay que esperar ya en la paz, porque, quin ha de pensar en la sumisin? Guerra, pues;
guerra abierta u oculta es lo que debemos resolver!".
As dijo y dos millones de querubines desenvainando sus flamgeras espadas, las agitan al
aire en muestra de aprobacin: el fulgor que despedan ilumin a todos los mbitos del
infierno; los demonios lanzaron gritos de rabia contra el Altsimo, y furiosos y con sus
armas empuadas, las chocaron contra sus sonoros escudos, produciendo un belicoso
estrpito, y , enviando, rugientes, una especie de reto a la bveda celeste.
A corta distancia se elevaba una colina, cuya terrible cima lanzaba por intervalos fuego y
negras espirales de humo; el resto brillaba con una capa lustrosa, seal indudable de que en
las entraas de aquella colina estaba oculta una sustancia metlica, producida por el azufre.
En aquella direccin se precipita, llevada en alas del viento, una numerosa hueste,
semejante a los exploradores de un ejrcito que, armados de picos y azadones, se adelantan
al campo real para atrincherar una llanura o elevar un parapeto.
Mamn los gua; Mamn el menos elevado de los espritus cados del cielo, porque en el
cielo mismo sus miradas y sus pensamientos se dirigan siempre hacia abajo, admirando
ms la riqueza del pavimento del cielo, donde los pies huellan el oro, que cualquier otra
cosa divina o sagrada de que all goza la vista de los bienaventurados. El fue el primero que
ense a los hombres a saquear el centro de la tierra, como as lo hicieron extrayendo de las
entraas de su madre unos tesoros que valdra ms quedasen ocultos para siempre. La banda
de Mamn abri en breve una ancha herida en la montaa y extrajo de su ceno grandes
lingotes de oro. Nadie debe admirarse de ver tantas riquezas encerradas en el fondo del
infierno, pues, precisamente, su suelo es el ms a propsito para tan precioso veneno. Sepan
los que se vanaglorian de las cosas mortales y perecederas y que con admiracin hablan de
Babel y de las obras de los reyes de Menfis, sepan ahora cun
fcilmente eclipsan estos espritus rprobos los ms grandes monumentos humanos,
famosos por la fuerza o el arte, ellos llevan a cabo en una hora lo que los reyes apenas
acaban en un siglo con trabajos incesantes e innumerables brazos.
Cerca de all, en la llanura, una nueva banda funda el macizo mineral con un arte
prodigioso, en muchos crisoles preparados al efecto, bajo los cuales pasa una vena de fuego
lquido que sala del lago y separa cada especie, purificando de sus escorias al oro. Una
tercera banda forma en la tierra, con la misma prontitud, diferentes moldes y por medio de
una sorprendente desviacin, llena cada uno de aquellos profundos huecos con la materia de
los hirvientes crisoles; del mismo modo que un soplo de viento repartido entre las diferentes
series de tubos de una rgano pone en movimiento todo su armonioso juego.
De improviso, se elev de la tierra como una exhalacin un inmenso edificio a los dulces
acordes de una grata msica y de plcidas voces; edificio construido como un templo,
rodeado de pilastras y de columnas dricas sobrepuestas de un arquitrabe de oro; no
faltaban all ni cornisas, ni frisos con admirables bajorrelieves; el techo era de oro
cincelado. Ni Babilonia ni Menfis, cuando estaban en todo su esplendor, llegaron a igualar
semejante magnificencia para rendir culto a Belo y a Serapis, sus dioses, o para entronizar a
sus reyes, cuando Egipto y Asiria rivalizaban en lujo y en riquezas.
Aquella mole ascendente se detuvo en cuanto fij su majestuosa altura, e inmediatamente
las puertas, abriendo sus hojas de bronce, dejaron ver interiormente un anchuroso espacio
cuyo pavimento era nivelado y terso. Del arco de la bveda pendan con sutil magia muchas
hileras de lmparas luminosas y brillantes fanales, que, alimentados con asfalto y nafta,
producan una luz igual a la del cielo.
La presurosa multitud penetra en l llena de admiracin: unos, alaban la obra; otros, el
artista. La mano del arquitecto fue conocida en el cielo por la construccin de muchas y
elevadas torres, donde residan como reyes los ngeles y disfrutaban de todos los honores de
prncipes: el Monarca supremo los elev a tal poder, y les encarg el gobierno de las
milicias celestiales segn su respectiva jerarqua.
No fue menos conocido ni careci de adoradores en Grecia, el mismo arquitecto, y en la
tierra de Ausonia los hombres le llamaron Mulciber. La fbula refiere cmo fue precipitado
desde el cielo, arrojado por el irritado Jpiter por encima de sus cristalinos muros: rodando
desde la maana hasta el medioda, y desde el medioda hasta la noche de un da de esto, al
ponerse el sol fue a parar desde el cenit, como una estrella cada a Lemnos, isla de la Egea;
as lo referan los hombres, equivocadamente, porque la cada de Mulciber, con esta banda
rebelde, tuvo lugar mucho tiempo antes. De nada le sirvi entonces haber elevado altas
torres en el cielo; no pudo salvarse con ayuda de artificios, pues se vio precipitado a la
cabeza de su horda industriosa para trabajar en los infiernos.
Los alados heraldos, obedeciendo la orden emanada de su poderoso soberano, anuncian a
todo el ejrcito con un formidable aparato y al sonido de las trompetas la convocacin de un
consejo solemne que deba celebrarse inmediatamente en el Pandemnium, la gran capital
de Satans y de sus pares. A este consejo son llamados los ms dignos en categora y en
mrito de cada hueste y de cada legin, los cuales acuden en seguida, en grupos de
cien y de mil, con su correspondiente squito. Todas las avenidas vironse obstruidas,
inundronse las puertas y los anchos vestbulos, pero ms especialmente la inmensa sala,
que se asemejaba a aquellos campos cerrados, en donde los valientes campeones solan
cabalgar armados, desafiar a la flor de la caballera pagana a un combate a muerte o correr
una lanza. Aquel numeroso enjambre, que hormiguea a la vez en la tierra y en el aire, deja
or a lo lejos una especie de silbido producido por el movimiento de sus alas. As como en
la primavera, cuando el Sol sigue su curso por el signo del Toro, las abejas hacen salir en
grupos y en torno de las colmenas a su numerosa progenie y revolotean aqu y all entre el
fresco roco y las flores o se pasean sobre una tabla unida, que forma como en antemural de
su ciudadela de paja, recientemente perfumada de aromas, discurriendo y deliberando sobre
sus asuntos de Estado, del mismo modo y tan espesa como ellas era la turba area que all
hormigueaba y se mantena unida hasta el momento en que se dio la seal convenida.
Pero, oh asombro!, los que hasta entonces parecan sobrepujar a los gigantes, hijos de la
Tierra se apian ahora, ms pequeos que los ms diminutos enanos y en considerable
nmero, en un espacio estrecho; parcense a la raza de los pigmeos, que existen ms all de
las montaas de la India o ms bien a las hadas reunidas en su nocturna orga, a la orilla de
un bosque o de una fuente, que ve o suea ver un campesino extraviado, mientras la Luna
que distingua antes sobre su cabeza declina ms hacia la Tierra su plido curso;
entretenidos aquellos espritus ligeros en sus danzas o en sus juegos, halagan con una
msica agradable los odos del campesino, cuyo corazn late a la vez de gozo y de espanto.
De esta suerte, aquellos espritus incorpreos redujeron a la menor proporcin su inmensa
estatura y se fueron colocando, innumerables siempre, por la sala de aquella coste infernal.
Pero en un departamento retirado, conservando sus propias dimensiones, esto es,
permaneciendo como antes eran, los grandes seores serficos y los querubines se reunieron
en secreto conclave y mis semidioses sentados en sillas de oro, formaron un consejo
numeroso y completo. Despus de un corto silencio y leda la convocatoria, dio principio la
gran deliberacin.
El PARASO PERDIDO
LIBRO II
Elevado sobre un trono de regia magnificencia, que sobrepujaba en esplendor a las riquezas
de Ormuz y de la India o a las de las comarcas del esplndido Oriente, cuya mano prdiga
haca llover sobre sus brbaros reyes las perlas y el oro, vese sentado a Satans, a quien su
mrito haba hecho merecedor de tan funesta preeminencia. A pesar de que su
desesperacin le haba exaltado an ms de lo que poda esperar, aspiraba todava a mayor
elevacin, empeado en alcanzar una vana gloria contra los cielos, y sin que le hubieran
servido de experiencia los sucesos pasados, su soberbia imaginacin le dict estas palabras:
"Potestades y dominaciones! Divinidades del cielo!: Ya que no hay profundidad que
pueda contener en sus abismos nuestro vigor inmortal, por ms que estemos cados y
oprimidos, no considero todava perdido el cielo para nosotros. Despus de esta
humillacin, las virtudes celestiales, levantndose de su cada, se elevarn con ms gloria y
ms formidables y en adelante no tendrn que temer una nueva catstrofe. Un justo derecho
y las leyes fijadas por el Cielo me han designado de antemano para jefe vuestro; despus,
vuestra libre eleccin me ha confirmado este puesto, as como tambin lo he adquirido con
mi valor y mis consejos; nuestra desgracia, por tanto, ha logrado hasta aqu una buena
reparacin puesto que merced a ella me veo establecido con seguridad en un trono no
envidiado por nadie y cedido con pleno consentimiento. El favor del Cielo y las gracias que
distribuye a sus elegidos, en diferente grado, excitan, naturalmente, entre ellos una secreta
envidia, pero aqu, quin ha de envidiar al que, ocupando el puesto ms elevado, se halla
ms expuesto a los rayos del Tonante y est condenado por lo mismo a tener la mayor parte
en nuestros interminables tormentos? Donde no hay ningn bien que disputar, no puede
originarse querella alguna entre las facciones porque es seguro que nadie reclamar la
preeminencia en el infierno: nadie, a quien haya cabido una pequea parte en nuestra actual
desgracia, desear, por ambicioso que sea, una desgracia mayor. Contando, pues, a favor
nuestro con la ventaja de la unin, con esta fidelidad constante y con esta concordia ms
firme que la puede existir en el cielo, venimos a reclamar la justa herencia que antes
poseamos, ms seguros de prosperar que si la misma prosperidad nos lo asegurara. Ahora
bien; qu camino es el mejor? La guerra abierta o la oculta? Esto es lo que hemos de
discutir. Hable, pues, el que se considere suficientemente capaz de emitir un dictamen".
Call Satans y Moloc que estaba cerca de l con el cetro en la mano, se levant: Moloc, el
ms fuerte, el ms furioso de los espritus que combatieron en el cielo, y ahora ms furioso
todava por su desesperacin.
Tena la audaz pretensin de juzgarse igual en fuerza al Eterno, y, antes que ser menos que
l preferira no existir; no cuidando de su existencia, se crea libre de todo temor. No tena
para nada en cuenta a Dios, ni al infierno, ni a otra cosa peor que el infierno, as es que, en
tal disposicin, pronunci estas palabras:
Mi dictamen est a favor de la guerra abierta; tengo muy poca experiencia en los ardides,
pero tampoco me vanaglorio de ello. Conspiren los que tengan necesidad de hacerlo; pero
cuando sea preciso, no en la ocasin presente, porque mientras ellos estn fraguando
tranquilamente sus planes, han de verse millones de espritus, que permanecen de pie,
armados y suspiran por or la seal de marcha, languideciendo aqu, fugitivos del cielo, y
aceptando por morada esta sombra, infame y vergonzosa caverna, prisin de una tirana
que reina por nuestra negligencia? No: antes armados con el furor y las llamas del infierno,
y, estrechamente unidos, abrmonos un paso irresistible a travs de las murallas del cielo,
transformando nuestras torturas en armas terribles para el autor de ellas. Entonces oir el
trueno infernal, respondiendo al estridor de su rayo omnipotente, y en vez de relmpagos
ver un fuego negro mezclado de horror, lanzado con igual furor entre sus ngeles y su
mismo trono envuelto por el azufre del Trtato y por una llama extraa, tormentos todos
inventados por l mismo. Pero quiz parezca demasiado spero y rudo el camino para
llegar con seguro vuelo hasta un enemigo tan elevado! Los que as lo crean pueden
recordar, si es que el soporfero brebaje de este lago de olvido no les entorpece an ms,
que nos elevamos por nuestro propio impulso hacia nuestro asiento natal, y que el descenso
y la cada son contrarios a nuestra esencia. Cuando nuestro orgulloso enemigo persegua no
ha mucho a nuestra destrozada retaguardia, insultndonos, y acordndonos a travs del
abismo, quin de vosotros no ha experimentado con qu violencia y con qu trabajoso
vuelo descendamos hasta tan abajo? El ascenso, pues, es fcil.
"Se teme por el xito y, por tanto, habr tal vez quien vacile en provocar al que es ms
fuerte que nosotros por miedo de que adopte en su clera el peor miedo que puede encontrar
para nuestra destruccin, si es que en el infierno puede existir el temor de vernos ms
destruidos. Pero qu cosa habr peor que habitar aqu, privados de la felicidad, condenados
en este abismo odios a una eterna desgracia, en este abismo en donde los ardores de un
fuego inextinguible deben afligirnos sin esperanza de ver su fin, a nosotros los vasallos de
la clera, cuando el inexorable laguito y la hora de la tortura nos llamen al castigo? Ninguna
fuerza creada podra soportar tormentos mayores que nos aniquilaran del todo, y, por
consiguiente, deberamos expirar. Qu tememos, pues? Por qu hemos de titubear en
excitar su mayor enojo, que, llegado al ltimo lmite de su furor, nos consumira,
reduciendo al mismo tiempo a la nada nuestra sustancia? Mucho ms dichosos podramos
entonces considerarnos que siendo, como ahora, miserables, al par que eternos? De otra
suerte, si nuestra naturaleza es realmente divina y no puede dejar de serlo, no s vemos en la
peor condicin de la nada; pero tenemos la prueba de que nuestro poder basta para turbar su
cielo y para extender la alarma con nuestra perpetuas incursiones en torno de su trono fatal,
aunque inaccesible: si esto no es victoria, por lo menos nos habremos vengado".
Termin su discurso frunciendo el entrecejo y brillando en sus ojos una venganza
desesperada una guerra peligrosa para todo lo que fuera menos que los dioses. De lado
opuesto se levant Belial, con su continente ms gracioso y humano.
Los cielos no han perdido criatura ms hermosa: pareca haber sido creado para las
dignidades y los ms grandes hechos: pero en l todo era ficcin y vanidad, por ms que su
lengua destilase man y por ms que hiciera pasar el peor dictamen por el mejor,
embrollando y desconcertando los planes mejor concebidos, porque sus pensamientos eran
bajos; ingenioso para el vicio, pero temeroso y lento para las acciones ms nobles; sin
embargo de esto, halagaba los odos, y con un acento persuasivo, empez de esta suerte:
"Me decidira, oh prncipes!, por la guerra abierta, porque a nadie cedo en cuestin de odio,
si lo que se ha alegado como principal razn para resolvernos a una guerra inmediata no
fuera lo ms a propsito para disuadirme de ello y no me pareciera de muy mal agero
para cualquier xito: el que ms sobresale en hechos de armas, lleno de desconfianza en
aquello que aconseja y en lo que sobresale, funda su valor en la desesperacin y en un
aniquilamiento como el nico objeto que distingue tras una cruel revancha. Ahora bien, ante
todo decidme: qu desquite podemos tomar? Las torres del cielo estn llenas de guardias
armados, que hacen imposible todo acceso. Sus legiones acampan con frecuencia al borde
mismo del abismo, y con un vuelo ligero exploran en toda su extensin los reinos de la
noche, sin temor de ser sorprendidos. Aun cuando por medio de la fuerza nos abriramos un
camino, aun cuando todo el infierno se lanzara tras nosotros en la ms negra insurreccin
para oscurecer la luz pura del cielo, nuestro gran enemigo permanecera incorruptible sobre
su trono inmaculado, y la sustancia etrea, incapaz de mancha alguna, sabra en breve
reparar el mal que la hiciramos y victoriosa purificar el cielo del fuego interior.
Rechazados de esta suerte, nuestra ltima esperanza consistira en una cobarde
desesperacin.
Deberemos, pues, excitar al vencedor Todopoderoso a agotar su rabia y a acabar con
nosotros? Deberemos cifrar nuestro anhelo en dejar de existir? Triste anhelo!, porque
quin querra perder, por ms que estn llenos de dolor, esta sustancia intelectual, estos
pensamientos errantes a travs de la eternidad, para perecer sepultados y perdidos en las
anchurosas entraas de una noche increada, privados de sensacin y movimiento? Y quin
sabe, si por ms que esto nos conviniera, nuestro irritado enemigo puede y quiere
anonadarnos? Que lo pueda, es dudoso; que no lo querr nunca, es seguro. Consentir
siendo tan sabio, en renunciar a la vez a su ira, al parecer por impotencia o distraccin, para
conceder a sus enemigos lo que desean y para aniquilar en su clera a los que su clera
salva con objeto de castigarlos sin tregua?
Quin nos detiene?, dicen los que aconsejan la guerra. Estamos juzgados, reservados y
destinados a una desgracia eterna. Por ms que hagamos, qu podemos sufrir, qu
sufrimiento ser, peor que ste?
Es, acaso la peor de las condiciones estar sentados como estamos deliberando y armados?
Ah! cuando huamos con todo nuestro vigor, perseguidos y abrasados por el aflictivo rayo
del cielo, y cuando suplicbamos al abismo que nos diese un abrigo, este infierno nos
pareca un refugio contra nuestras heridas, y cuando nos vimos encadenados en ese lago
ardiente, no era mucho peor nuestro estado? Qu sucedera si despertase de nuevo el
hlito que encendi esas plidas llamas, y comunicndoles una sptubla rabia, nos arrojara
de nuevo en ellas, o si all arriba la interrumpida venganza armara de nuevo su encendida
diestra con los rayos que nos han causado tan profundas heridas? Qu sera de nosotros si
todos los tesoros de su clera se abrieran y si el firmamento que cubre el infierno derramara
sus cataratas de fuego; horrores suspendidos sobre nuestras cabezas, que nos amenazan con
caer un da sobre nosotros? Mientras que proyectamos o aconsejamos una guerra gloriosa,
arrastrados quiz por una ardiente tempestad, cada uno de nosotros se ver arrojado e
incrustado sobre una roca, siendo juguete y presa de desgarradores torbellinos, o sepultado
para siempre y encadenado en ese ocano hirviente. Una vez all, conversaremos con
nuestros eternos suspiros, sin reposo, sin misericordia, sin descanso, durante siglos, cuyo fin
no podemos esperar; nuestra condicin entonces sera peor.
Mi voz os disuadir de una guerra abierta, lo mismo que de una oculta, porque qu pueden
contra Dios la fuerza o la astucia, o quin puede engaar el espritu de Aquel cuyos ojos lo
abarcan todos con una sola mirada? Desde la altura de los cielos, nos ve y se re de nuestras
vanas deliberaciones, no menos omnipotente para resistir a nuestras fuerzas que hbil para
burlar nuestras astucias y complots.
Pero hemos de vivir envilecidos de esta suerte? La raza del cielo permanecer hollada de
este modo, desterrada, condenada a soportar aqu estas cadenas y estos tormentos?... Segn
mi parecer, esto es preferible a cualquier otra cosa peor, puesto que nos vemos subyugados,
por el inexorable hado y sus omnipotentes decretos, a la volunta del vencedor. Nuestra
fuerza es igual, tanto para sufrir como para obras: la ley que as lo ha ordenado no es
injusta; as debamos haberlo comprendido desde el principio si al combatir contra tan gran
enemigo y cuando lo que haba de suceder era dudoso, hubiramos obrado con prudencia.
Yo me ro cuando aquellos que son atrevidos y hbiles en el manejo de la lanza, se abaten al
faltarles sta, y temen soportar lo que demasiado deben haber previsto: esto es, el destierro,
o la ignominia, o las cadenas, o los castigos a que, en uso de sus derechos, los condena el
vencedor.
Tal es en la actualidad nuestra suerte y si podemos someternos a ella y soportarla, nuestro
supremo Enemigo podr, con el tiempo mitigar su clera y, quiz, estando tan lejos de su
presencia y no ofendindole ms, no pensar en nosotros, satisfecho con el castigo que
hemos experimentado. Entonces se templar ese fuego abrasador, si su aliento no aviva la
llama y nuestra sustancia, purificada ya, soportar ese vapor insoportable, o acostumbrada a
l, no lo percibir; o ms bien, alterada con el tiempo y amoldndose a estos sitios en
temperamento y en naturaleza, se familiarizar con ese punzantes ardor que carecer de
pena; el horror se convertir en dulzura y la oscuridad en luz. Debemos esperar, adems, en
lo que el infinito vuelo de los das venideros puede traernos y fijar nuestra atencin en los
cambios de probabilidades que sobrevengan, ya que nuestra suerte actual puede pasar por
dichosa, aunque sea mala, y que de mala no llegar a ser peor, si nosotros mismos no nos
procuramos mayores desgracias".
De este modo aconsejaba Belial, con palabras disfrazadas bajo el manto de la razn, un
innoble reposo, una bajeza indigna, pero no la paz. Despus de l, Mamn dijo:
"Hacemos la guerra, si la guerra es el mejor partido, o para destronar al Rey del cielo, o
para reconquistar nuestros derechos perdidos. Podemos alimentar la esperanza de destronar
al Rey del cielo, cuando el Destino, de eterna duracin, ceda su puesto al inconstante Acaso,
y cuando el Caos dirima la contienda. En vano es que esperemos el primer caso, prueba de
que el segundo es tambin vano; porque existe acaso para nosotros un puesto en toda la
extensin del cielo, a menos que subyuguemos a su Monarca supremo? Supongamos que se
apiade de nosotros, que nos perdone bajo la promesa de una nueva sumisin: con qu
rostro podramos permanecer humillados en su presencia, recibir la orden, estrictamente
impuesta, de glorificar su trono, murmurando himnos, cantando a su divinidad, aleluya,
forzados, mientras l ocupe imperiosamente su trono envidiado y mientras su altar exhale
perfumes de ambrosa y flores de ambrosa, serviles ofrendas
nuestras? Esa ser nuestra misin en el cielo, sas nuestras delicias. Oh, cun enojosa debe
de ser una eternidad empleada en ofrecer adoraciones a quien se odia!
No intentemos alcanzar por medio de la fuerza lo que, aun obtenido por el consentimiento,
sera inaceptable, hasta en el cielo: el honor de un esplndido vasallaje. Busquemos con
preferencia nuestro bien en nosotros mismos y vivamos en este vasto retiro para nosotros
mismos, libres, sin tener que dar cuenta a nadie de nuestras acciones, prefiriendo una dura
libertad al ligero yugo de una pompa servil. Entonces se echar ms de ver nuestra
grandeza, cuando hagamos salir lo til de los nocivo, un estado prspero de una fortuna
adversa; cuando, doquiera que sea, luchemos con el mal y consigamos nuestro bienestar por
medio del trabajo y de la paciencia.
Tomaremos por ventura ese mundo profundo de oscuridad? Cuntas veces se ha
complacido el Soberano Seor del cielo en residir entre negras y densas nubes sin oscurecer
su gloria, en rodear su trono con la majestad de las tinieblas, donde rugen los profundos
truenos con reconcentrada rabia, de tal modo que el cielo entonces se asemeja al infierno!
As como imita nuestra noche, no podemos nosotros imitar su luz cuando nos plazca? Este
desierto suelo no carece de tesoros ocultos, de oro y de diamantes; no carecemos tampoco
de habilidad o de arte para utilizarnos de su magnificencia; qu ms puede ofrecernos el
Cielo? Nuestros suplicios, por el transcurso de los tiempos, pueden llegar a ser nuestro
elemento; estas ardientes llamas parecernos tan benignas como crueles hoy; nuestra
naturaleza puede convertirse en la suya, lo cual debe, necesariamente, alejar de nosotros el
sentimiento del dolor. Todo nos invita, pues, a que adoptemos una resolucin pacfica ya a
que establezcamos un orden duradero; examinemos con detenimiento cmo podemos
dulcificar mejor nuestros males presentes, atendido lo que somos y el sitio en que nos
encontramos, renunciando enteramente a toda idea de guerra. Este es mi parecer".
Apenas haba cesado de hablar, cuando se elev un murmullo en la asamblea, semejante al
que se oye cuando las concavidades de los vientos tumultuosos, que despus de haber
agitado el mar durante la noche, adormecen con su ronca cadencia a los marinos extenuados
de fatiga, cuya barca no ha podido, afortunadamente, echar el ancla despus de la tempestad
en una baha llena de escollos; del mismo modo resonaron los aplausos cuando Mamn
acab su discurso, que aconsejaba una resolucin agradable y pacfica, porque los espritus
rebeldes teman ms encontrarse en otra vez en el campo de batalla que en el infierno; tanto
era el miedo que les infunda el rayo y la espada de Miguel. Adems, deseaban fundar aquel
imperio inferior, que podra ser con la poltica y el largo transcurso del tiempo rival del
Imperio del cielo.
Cuando Belceb advirti esta disposicin (nadie excepto Satans, ocupa una categora tan
elevada como l), se levant con grave ademn y al levantarse pareca una columna del
Estado. Los cuidados pblicos y la reflexin se vean profundamente grabados en su frente,
y en sus facciones majestuosas, aunque desfiguradas, se lean las sabias decisiones de un
rey. Arrogante y severo, mostraba sus hombros de Atlas capaces de soportar el peso de las
ms poderosas monarquas. Su mirada domina al auditorio, y mientras habla permanece
todo l tan tranquilo y silencioso como la noche o como el aire del medioda en la calurosa
estacin.
"Tronos y potestades imperiales, hijos de cielo, virtudes etreas, debemos renunciar a
nuestros ttulos y cambiando de estilo, llamarnos prncipes del infierno? Sin duda habr de
ser as, pues segn veo, el voto popular se inclina a permanecer aqu y fundar en este sitio
un imperio creciente; pero mientras incurrimos en tal error, sabemos por ventura si el Rey
del cielo nos ha designado este lugar, este calabozo, no como un retiro seguro, fuera del
alcance de su brazo poderoso, para vivir en l exentos de la alta jurisdiccin del cielo, en
nueva liga formada contra su trono, sino para permanecer aqu y fundar en este sitio un
imperio creciente; pero mientras incurrimos en tal error, sabemos por ventura si el Rey del
cielo nos ha designado este lugar, este calabozo, no como un retiro seguro, fuera del alcance
de su brazo poderoso, para vivir en l exentos de la alta jurisdiccin del cielo, en nueva liga
formada contra su trono, sino para permanecer en la ms dura esclavitud, aunque apartado
de l y bajo el yugo ineludible reservado a esta cautiva multitud? En cuanto a l, tened por
cierto que, tanto en la altura de los cielos como en la profundidad del abismo, reinar el
primero y el ltimo como nico Rey, no habiendo perdido por nuestra rebelin la ms
mnima parte de su majestad soberana. Extender an ms su Imperio sobre el infierno y
nos gobernar aqu con un cetro de hierro, como gobierna a los habitantes del cielo con un
cetro de oro.
A qu viene, pues, permanecer aqu deliberando sobre la paz o la guerra? Nos
determinamos por sta, y hemos sido destrozados con una prdida irreparable. Nadie ha
pedido o implorado an condiciones de paz, porque cul sera la que se concediese a
esclavos cmo nosotros, sino duros calabozos, y golpes y castigos arbitrariamente
impuesto? Y qu paz podemos dar a cambio sino la que de nosotros debe esperarse, es
decir: hostilidades y odio, repugnancia invencible, y venganza aunque tarda, conspirando
siempre para buscar los medios de impedir que el Conquistador se aproveche de su
conquista y pueda recrearse en los tormentos que sufrimos y no sentimos ms? No nos
faltar la ocasin: no tendremos necesidad de emprender una expedicin peligrosa para
invadir el cielo, cuyas altas murallas no temen sitios ni asaltos, ni las emboscadas del
infierno.
No nos sera posible encontrar otro medio ms fcil? Si la antigua y proftica tradicin del
cielo no es falsa, existe una regin, un mundo, morada dichosa de una nueva criatura
llamada Hombre. En estos tiempos, a poca diferencia, ha debido ser creada semejante a
nosotros, aunque inferior en podero y en excelencia, pero ms favorecida por aquel que lo
dirige todo all arriba. Tal ha sido la voluntad del Todopoderoso declarada ante los dioses, y
confirmada por un juramento que conmovi la vasta extensin del cielo. Hacia este sitio
deben dirigirse todos nuestros pensamientos, a fin de saber qu criaturas habitan aquel
mundo; que forma y qu sustancia son las suyas; cul es su poder y su debilidad, y si
debemos atacarlas ms bien por la astucia que por la fuerza. Aunque el cielo est cerrado
para nosotros y su soberano Arbitro resida en l con seguridad, confiado en su propias
fuerzas, la nueva morada puede estar abierta en los confines ms remotos del reino de ese
Monarca y abandonada a la defensa de los que la habitan, all podramos quiz llevar a cabo
alguna aventura provechosa por medio de un imprevisto ataque, ya devastando con el fuego
del infierno su creacin entera, ya apoderndonos de ella como de nuestro propio bien y
arrojando, del mismo modo que hemos sido arrojados, a sus dbiles poseedores, o si no los
arrojamos, podremos atraerlos a nuestro partido, de modo que su Dios se convierta en su
enemigo y con mano arrepentida destruya su propia obra. Esto sera mucho mejor que una
venganza ordinaria, porque acibara el placer que nuestra confusin causa al vencedor: de
su turbacin nacera nuestro gozo, cuando viera que su hijos queridos, precipitados en este
sitio para sufrir con nosotros, maldeciran su frgil ser y su dicha, tan pronto marchita.
Reflexionad si este proyecto vale la pena de intentarse o si debemos ms bien permanecer
aqu rodeados de tinieblas, pensando en fundar vanos imperios"
Tal fue el diablico consejo que dio Belceb, consejo imaginado de antemano y propuesto
en parte por Satans. Porque de quin sino del autor de todo mal, poda preceder la
perversa idea de herir en su raz a la razn humana, de mezclar y confundir a la Tierra con
el infierno, y todo esto slo para contristar al Creador? Pero la malicia infernal no servir
ms que para aumentar su gloria. Tan atrevido proyecto agrad sobre manera a aquellas
potestades infernales y el gozo brill en todos los ojos, por consiguiente, la aprobacin fue
unnime. Belceb tom de nuevo la palabra:
"Habis discutido y terminado bien este largo debate, snodo de los dioses! Habis resuelto
una cosa tan grandes como vosotros mismos, una cosa que, desde lo ms profundo del
abismo nos elevar de nuevo, a despecho de la suerte, a nuestra antigua morada. Quiz a la
vista de aquellas fronteras brillantes, con nuestras armas preparadas y una incursin
oportuna, tengamos probabilidades de entrar en el cielo, o por lo menos de habitar con
seguridad en una zona templada, sin dejar de ser visitados por la hermosa luz del da: el
brillante rayo del esplendoroso Oriente nos librar de esta oscuridad y exhalar su
balsmico aliento el aura dulce y deliciosa para curar las heridas que nos causa este fuego
corrosivo.
Pero ante todo, a quin juzgaremos capaz de semejante empresa? Quin sondear con
paso vacilante el abismo sombro, infinito, sin fondo y encontrar un camino salvaje a
travs de la palpable oscuridad? O quin desplegar su areo vuelo sostenido por
infatigables alas, sobre el precipicio vaco e inmenso, antes de llegar a la dichosa isla? Qu
fuerza, qu arte pueden bastarle entonces? Qu secreta evasin le har pasar con seguridad
a travs de los apiados centinelas y las infinitas avanzadas de ngeles vigilantes en
derredor? Preciso le ser entonces valerse de toda su prudencia y preciso nos ser a nosotros
sufragios, porque todo el peso de nuestra ltima esperanza descansar sobre el que
enviemos".
Dicho esto, se sent y la expectacin mantuvo en suspenso su mirada aguardando que se
presentara alguno para secundar, combatir o emprender la peligrosa aventura; pero todos
permanecieron sentados y mudos, pesando profundamente en su imaginacin los riesgos
que se correran y leyendo cada cual con asombro su propio desaliento en el aspecto de los
dems. Entre los ms escogidos campeones que combatieron contra el Cielo, no se pudo
encontrar uno solo bastante atrevido para reclamar o aceptar para s solo tan terrible
expedicin, hasta que, por ltimo, Satans, a quien una gloria trascendental coloca ahora
muy por encima de sus dems compaeros, con un orgullo regio y lleno de la conciencia de
su elevado mrito, habl sin inmutarse de esta suerte:
"Oh progenio del cielo, tronos empreos! Con razn hemos quedado silenciosos y mudos
de asombro, aunque no intimidados. El camino que desde el infierno conduce a la luz es
largo y escabroso; nuestra prisin es fuerte; esta enorme bveda de fuego, violento y
devorador, nos rodea nueve veces y las puertas, de encendido diamante, reforzadas contra
nosotros, nos prohben toda salida. Una vez atravesados sus umbrales, si hay alguien que
pueda atravesarlos, el vaco profundo de una noche informe le recibe en sus entreabiertas
fauces y amenaza con la total destruccin de su ser al que se sumerja en aquel horroroso
antro. Si desde all el explorador logra escapar a un mundo cualquiera, o a una regin
desconocida, qu le queda sino peligros desconocidos o una evasin difcil? Pero no
merecera yo el honor de sentarme en ese trono, oh pares!, sera indigno de esta soberana
imperial, rodeada de esplendor y armada de tal poder, si la dificultad o el peligro que
ofrezca una cosa propuesta o calificada de utilidad pblica pudiera disuadirme de
emprenderla. Puesto que asumo en m las dignidades regias y no me niego a reinar, tampoco
debo negarme a aceptar una parte tan grande de peligros como de honores, parte igualmente
debida al que reina, y que se le debe tanto ms cuanto ms elevado es el lugar que ocupa
entre todos.
Id, pues, tronos poderosos, que, aunque cados, sois todava terror del Cielo, id a inquirir lo
que en nuestra morada (en tanto que este lugar lo sea) mejor puede aliviar la miseria
presente, y hacer ms soportable el infierno, si es que existe algn medio o algn encanto
para suspender, desviar o calmar los tormentos de esta horrible mansin. No cesis en
vuestra vigilancia contra un enemigo que vela, en tanto que, recorriendo yo las apartadas
playas de la negra desolacin, busco la libertad de todo. Nadie tomar parte conmigo en esta
empresa."
Al decir estas palabras, el monarca se levant previniendo as toda respuesta; en su
sagacidad, teme que los dems jefes, animados con su resolucin, vengan ahora a ofrecer
(seguros de una negativa) lo que antes les haba inspirado temor, pues de estas suerte
podran llegar a ser rivales en la opinin, comprando a bajo precio la gloria que l deba
conquistar a costa de inmensos peligros.
Pero los espritus rebeldes teman tanto aquella aventura como la voz que prohiba tomar
parte en ella y dejaron su asiento al mismo tiempo que Satans; el ruido que produjeron al
levantarse todos a la vez fue como el del trueno, percibido desde lejos. Se inclinaron ante su
general con una veneracin respetuosa y le ensalzaron como a un dios igual al Altsimo, que
es el ms elevado del cielo. No dejaron de expresar, por medio de sus alabanzas, cunto
apreciaban al que por la salud general, despreciaba la suya, porque los espritus rprobos no
pierden toda su virtud, como los malvados que se envanecen en la Tierra, de aquellas
acciones especiosas que excitan a una vanagloria o que una secreta ambicin cubre con
cierto barniz de celo.
De esta suerte terminaron las sombras y dudosas deliberaciones de los demonios, que se
regocijaban al tener tan incomparable jefe; del mismo modo, cuando al esparcirse las nubes
tenebrosas desde la cumbre de las montaas, mientras el aquiln duerme, y despus de
cubrir la risuea faz del cielo, derraman sobre el oscurecido paisaje la nieve o la lluvia, si
por casualidad el sol brillante, antes de ocultarse, prolonga uno de sus rayos de la tarde, las
campias reviven, las aves renuevan sus cantos y las ovejas, con sus balidos demuestran su
alegra, que resuena en las colinas y en los valles. Vergenza para los hombres! El
demonio se uni al demonio condenado en una firme concordia y los hombres, nicas
criaturas racionales de todas las creadas no pueden entenderse, a pesar de esperar en la
gracia divina, a pesar de que Dios proclama la paz, viven alimentando entre ellos el odio, la
enemistad y las querellas; se declaran guerras crueles y devastan la Tierra para destruirse
unos a otros, como si (lo que debera establecer entre nosotros la concordia) el hombre no
tuviera bastantes enemigos infernales que velan noche y da por su destruccin.
Disuelto aquel consejo estigiano, los poderosos prceres infernales salieron en buen orden:
en medio de ellos iba su gran soberano, que pareca, por su aspecto, el nico antagonista del
cielo, no menos que el emperador formidable del infierno; en torno suyo, y con una pompa
suprema y una majestad a imitacin de la de Dios, le encierra un globo de ardientes
querubines, con blasonados estandarte y terribles armas. Entonces mndase proclamar al
sonido de las trompetas reales el gran resultado de la sesin que acaba de terminar, y cuatro
rpidos querubines, aplicando a su boca el sonoro metal, dirigen a los cuatro vientos sus
sonidos, que explica la voz de un heraldo; el profundo abismo los oye hasta una gran
distancia, y todas las huestes del infierno contestan con atronadores gritos y grandes
aclamaciones.
Ms tranquilizados ya los espritus y reanimados en parte por una falsa y presuntuosa
esperanza, disulvense los formados batallones; cada demonio toma a la aventura diferente
camino segn que por l le conduce a la incertidumbre o a una triste eleccin, dirigindose
donde con ms verosimilitud cree poder dar tregua a sus agitados pensamientos y pasar las
enojosas horas hasta la vuelta del gran jefe.
Unos corriendo en rpida carrera por la llanura o elevndose por los aires con raudo vuelo,
luchan como en los juegos olmpicos o en los campos pticos; otros refrenan sus corceles
ardientes, o evitan las metas con sus ruedas rpidas, o alinean el frente de los escuadrones;
de mismo modo suele representar el cielo en las turbadas nubes, para aviso de las ciudades
orgullosas, la imagen de la guerra, figurando ejrcitos que se precipitan unos contra otros;
los caballeros areos de cada vanguardia avanzan lanza en ristre, hasta confundirse las
espesas legiones, mientras que de un extremo a toro del Empreo, se ve ardiendo el
firmamento con estos hechos de armas.
Otros espritus ms crueles, con una inmensa rabia, propia de Tifeo, arrancan colinas y
peascos y se lanzan en torbellinos por el aire; el infierno apenas puede contener tan
horrible tumulto. Del mismo modo, Alcides, al volver de Escalia, coronado por la victoria, y
al sentir el efecto de la envenenada tnica, arranc en su dolor los pinos de la Tesalia y
arroj a Lcas en el mar de Eubea desde la cumbre del Eta.
Otros espritus ms tranquilos, retirados a un valle silencioso y acompandose de arpas
que producen angelicales sonidos, cantan sus propios combates heroicos y la desgracia de
su cada debida a la suerte de las batallas, quejndose de que el Destino someta el valor
independiente a la fuerza o la Fortuna. Su concierto era parcial: pero la armona (poda
operar distinto efecto siendo espritus inmortales lo que cantaban?), tena arrobado al
infierno y en suspenso el nimo de aquella agitada multitud.
Con discursos ms suaves todava (porque la elocuencia encanta al alma, as como la
msica a los sentidos), otros, sentados aparte en una montaa, emitan pensamientos ms
elevados acerca de la Providencia, la presencia, la voluntad y el Destino; del Destino
inmutable, de la voluntad libre, de la presencia absoluta, sin poder hallar solucin a estas
cuestiones, en cuyos tortuosos laberintos se perdan. Sus principales argumentos se fijan en
el mal y en el bien, en la felicidad y la miseria final, en la pasin y en la apata, en la gloria
y la infamia: vano saber! falsa filosofa, la cual, sin embargo, puede calmar un tanto con
su agradable prestigio, su dolor o su angustia, excitar su falaz esperanza o armar su
endurecido corazn de una paciencia tan tenaz y resistente como un triple acero.
Otros, formando escuadrones y numerosas compaas, procuran descubrir, por medio de
atrevidas exploraciones, si en lo ms apartado de aquel mundo siniestro existe alguna
comarca que pueda ofrecerles una morada ms soportable; dirigen su alada marcha por
cuatro caminos a lo largo de las orillas de los ros infernales, que sepultan sus lgubres
ondas en el lago ardiente: el detestable Stix, ro del odio mortal; el triste Aqueronte,
profundo y negro ro del dolor; el Cocito, llamado as por los grandes lamentos que se oyen
en su contristada onda; el ardiente Flegetn, cuyas olas se inflaman con rabia como un
torrente de fuego.
Lejos de estos ros, una larga y silenciosa corriente, la del Leteo, ro del olvido desarrolla su
hmedo laberinto. Quien bebe de su agua olvida inmediatamente su primitivo estado y su
existencia: olvida a la vez el gozo y el dolor, el placer y la pena.
Ms all del Leteo, se extiende sombro y salvaje un continente helado, combatido por
tempestades perpetuas, por huracanes y por un espantoso granizo que no se derrite en la
tierra firme, sino que se aglomera en montones, semejantes a las ruinas de un antiguo
edificio. En todo su alrededor no se ve ms que nieve espesa y hielo, abismo profundo,
parecido a las lagunas de Serbonian, que hay entre Damieta y el viejo monte Casio, donde
fueron sepultados ejrcitos enteros. Un aire seco, aunque helado, abrasa y el fro produce el
mismo efecto que el fuego.
Todos los ngeles malditos son conducidos all, arrastrados en ciertas pocas por las furias
de garras de arpa, y all sufren alternativamente la brusca y amarga transicin de tan
crueles extremos, que hace ms cruel este cambio. Transportados desde un lecho de fuego
abrasador al hielo adonde se extingue su dulce calor etreo, permanecen algn tiempo
transidos e inmviles fijos y yertos, y desde all vuelven a ser arrojados al fuego. Atraviesan
en una barca el estrecho de Leteo al ir y al venir; su suplicio aumenta por lo mismo, desean
y se esfuerzan por alcanzar cuando pasan el agua tentadora; quisieran, con una sola gota,
perder en un grato olvido sus padecimientos y sus desgracias, todo en un momento y tan
cerca de la corriente. Pero el Destino los aparta de ella, con el aspecto terrorfico de una
Gorgona, guarda el vado y el agua huye por s misma del paladar de toda criatura viviente,
como hua de los labios de Tntalo.
Errantes y abandonadas de esta suerte en su tumultuosa marcha, las hordas aventureras,
plidas y temblorosas de horror, y con los ojos extraviados, contemplan por vez primera su
lamentable destino, y no encuentran un momento de reposo: atraviesan numerosos valles
sombros y desiertos, muchas regiones dolorosas, muchos Alpes de hielo y muchos Alpes
de fuego: rocas, grutas, lagos, pantanos, cuevas, antros y sombras de muerte, que Dios en
maldicin, cre malo, y bueno nicamente para el mal: universo donde toda vida muere y
donde toda muerte vive; en donde la Naturaleza perversa engendra cosas monstruosas,
cosas abominables, prodigiosas, inexplicables; perores an que las inventadas por la fbula
o concebidas por el terror: Gorgonas, Hidras y Quimeras espantosas.
Entre tanto Satans, el adversario de Dios y del hombre, con la imaginacin exaltada por los
designios ms elevados, apresta sus alas rpidas y dirigindose hacia las puertas del
infierno, explora su ruta solitaria: unas veces recorre la costa hacia la derecha; otras hacia la
izquierda; tan pronto roza con sus alas niveladas la superficie del abismo, como
remontndose al punto ms elevado dirige su impulso hacia la ardiente bveda. Como
cuando en el mar se descubre a lo lejos una flota que parece suspendida en las nubes e
impelida por los vientos del equinoccio, dirige su rumbo hacia Bengala o hacia las islas de
Ternate y Tidor, de donde los negociantes traen las drogas y, recorriendo stos las aguas
protectoras del comercio a travs del vasto ocano de Etiopa hasta El Cabo, navegan hacia
el polo, a pesar de las mareas o de la noche; tal pareca a los lejos el vuelo del enemigo
alado.
Alcanza, por fin, los lmites del infierno, que se elevan hasta la horrible bveda y aparecen
sus tres veces triples puertas, formadas por tres hojas de bronce, tres de acero y otras tres de
diamantina roca, impenetrables y resguardadas por una llama que gira en torno suyo y no se
consume nunca.
A uno y otro lado de ambas puertas estn sentadas dos formidables figuras: la una se parece,
hasta la cintura, a una mujer joven y hermosa; pero su cuerpo termina de un modo
repugnante en forma de cola de serpiente, armada de un aguijn mortfero y cubierta de
pliegues escamosos, voluminosos y extensos. Rodeada su cintura una tralla de perros
infernales, que no cesan de ladrar con sus anchas fauces de Cerbero, produciendo un
horrible alboroto. Cuando alguna cosa nueva llegaba a turbar el ruido de aquellos canes,
podan a su antojo entrar de nuevo, y, arrastrndose en las entraas del monstruo establecer
all su perrera; pero an all continuaban ladrando y aullando sin ser vistos. Menos odios
stos eran los perros que atormentaban a Escila cuando se baaba en el mar que separa la
Calabria de la mugiente costa de Trinacria; un squito menos repugnante acompaa a la
Maga nocturna, cuando, llamada en secreto, acude cabalgando por el aire, atrada por el olor
de la sangre de un nio, a bailar con las brujas de la Laponia, mientras la luna se eclipsa
penosamente por la fuerza de sus encantos.
La otra figura, si es que as puede llamarse a una mezcla confusa de miembros, coyunturas
y articulaciones, o si puede llamarse sustancia a lo que pareca una sombra (porque cada
una de ellas se asemejaba a lo uno y a lo otro), la otra figura es negra, como la noche, feroz
como diez furias; terrible como el infierno; blanda un espantoso dardo y llevaba en su
cabeza una cosa que tena la apariencia de corona real.
Aproximbase ya Satans, cuando el monstruo, levantndose de su sitio, sali a su
encuentro, dando descomunales pasos, que hicieron estremecer al infierno. El indomable
enemigo contempl con asombro lo que poda ser aquello, y, aunque se admiraba no tema,
pues excepto a Dios y a su Hijo, ni ama ni teme cosa alguna creada, y con una mirada
desdeosa, tom el primero la palabra, diciendo:
"De dnde sales y quin eres, forma execrable, que, aunque disforme y terrible, te atreves
a atravesar en mi camino y en estas puertas tu hedionda presencia? Intento pasarlas, y ten
por seguro que lo har sin pedirte permiso. Retrate, o pagars cara tu locura, como hija del
infierno, debes saber por experiencia que no se puede contrariar a los espritus del cielo".
A lo cual respondi el espectro lleno de clera:
"Eres t ese ngel traidor, el ngel que fue el primero el alterar la paz y la fe del cielo, no
turbadas hasta entonces; el que empuando las armas y en orgullosa rebelin, arrastr
consigo a la tercera parte de los hijos del cielo, conjurados contra el Todopoderoso, por
cuyo hecho, lanzados ellos y t del lado de Dios, os veis condenados a pasar eternos das
entre tormentos y miseria? Y te cuentas entre los espritus del cielo, cuando eres la presa
del infierno! Y prorrumpes en bravatas y desdenes, aqu donde soy yo el soberano, y lo
que debe aumentar tu rabia, sonde soy tu seor y tu rey? Atrs! Vuelve a tu suplicio, falaz
fugitivo! Aade alas a tu velocidad, si no quieres que con azote de escorpiones acelere tu
lentitud, o como un solo golpe de este dardo te haga sentir un extrao horror y angustias que
an no has sufrido".
As dijo el plido Terror, y mientras de esta suerte hablaba y amenazaba, su aspecto se
volvi diez veces ms deforme y terrible. Satans, por su parte, ardiente en clera le
escuchaba impvido semejante a un encendido cometa que inflama el espacio ocupado por
el enorme Ofiucos en el Polo rtico, que desprende de su cabellera la horrible peste y la
guerra. Los dos adversarios amenazan con descargar sobre sus respectivas cabezas un golpe
mortal, no creyendo que sus fatales manos tengan necesidad de secundarlo, y cambian en s
espantosas miradas, como cuando dos negras nubes, conductoras de la artillera celestial se
adelantan mugiendo sobre el mar Caspio, y se detienen un momento suspendidas frente a
frente, hasta que el viento con su soplo les da la seal de su negro encuentro en medio de
los aires. Los poderosos campeones se miran con ojos tan sombros, que el infierno se
vuelve cada vez ms oscuro ante el fruncimiento de su entrecejo. Tan semejantes eran
ambos rivales! Jams deban encontrar uno y otro, excepto una sola vez a otro enemigo tan
grande como ellos. En esta ocasin habran llevado a cabo hechos terribles, que hubieran
resonado en el infierno si la hechicera de cola de serpiente, que estaba sentada cerca de la
puerta infernal, y que guardaba su fatal llave, levantndose al mismo tiempo que exhalaba
un espantoso grito, no se hubiese lanzado entre los combatientes.
"Oh padre! Qu intenta tu mano contra tu nico hijo? Oh hijo! Qu furor te arrastra a
volver tu dardo cruel contra la cabeza de tu padre? Y sabes por quin? Por aquel que est
sentado all arriba y que se re de ti; por aquel de quien eres esclavo destinado a ejecutar lo
que te ordene su clera, a la que llama justicia, su clera que un da os destruir a los dos".
Dijo y a estas palabras se detuvo el pestfero fantasma infernal. Satans respondi entonces
de esta manera:
"Tu inusitado grito y tus palabras no menos inusitadas no han separado de tal modo, que mi
mano, detenida de improviso, consiente en no decirte, por ahora, con sus hechos cules son
sus intentos. Pero, ante todo, quiero saber quin eres t, qu me ocultas bajo esa doble
figura, y por qu encontrndome por primera vez en este valle del infierno, me llamas tu
padre y a ese espectro mi hijo. No te conozco ni hasta ahora he visto objetos ms
detestables que l y t".
La portera del infierno le replic:
"Por ventura me has olvidado, y tan horrible parezco a tu ojos, cuando en toro tiempo me
consideraban tan hermosa en el cielo? Recuerda que en medio de la asamblea de los
serafines, que contigo formaron parte de la atrevida conspiracin contra el Rey del cielo, te
viste de improviso acometido de un color cruel, tus ojos, esclarecidos y extraviados, erraron
en las tinieblas, mientras que tu cabeza lanzaba llamaradas densas y rpidas, hundindose
extensamente por el lado izquierdo; entonces sal yo de ella como una diosa armada,
semejante a ti en la forma y en lo brillante de tu aspecto, resplandeciente aun en aquel
tiempo de divina belleza. El asombro se apoder de todos los guerreros del cielo;
retrocedieron en un principio atemorizados, y me llamaron Culpa, mirndome como un mal
presagio; pero familiarizados en breve conmigo, les agrad y mis gracias seductoras se
granjearon la voluntad de los que ms aversin haban mostrado hacia m: t el primero.
Contemplando con frecuencia en m tu perfecta imagen, te apasionaste de m y gustaste en
secreto conmigo tales goces, que mis entraas concibieron un peso creciente.
La guerra estall entre tanto y se combati en los campos del cielo. Nuestro poderoso
enemigo consigui una victoria brillante y a nuestro partido le cupo la prdida de la derrota
en todo el Empreo. Nuestras legiones cayeron debajo, siendo precipitadas de cabeza desde
los ms alto del cielo a este abismo, y yo ca tambin confundida con ellas. Entonces vino a
parar a mis manos esta llave poderosa, previnindoseme que mantuviera eternamente
cerradas las puertas, a fin de que nadie las atraviese si yo no las abro.
Me sent pensativa y solitaria, pero no permanec mucho tiempo sentada; mi seno
fecundado por ti y entonces excesivamente abultado, sinti movimientos prodigiosos y los
agudos dolores del alumbramiento. Por ltimo, abrindose paso con violencia, ese odioso
vstago que ves ah, engendrado por ti, desgarr mis entraas retorcidas por el terror y los
tormentos, adquieran esta deformidad toda la parte de mi cuerpo, pero l mi enemigo y mi
hijo al propio tiempo, sali de mi seno blandiendo su dardo fatal, hecho slo para destruir.
Yo fui gritando: "Muerte!" El infierno se estremeci a tan horrible nombre, suspir desde
lo ms profundo de todas sus cavernas, y repiti: "Muerte!". Yo hua, pero el espectro me
persegua, si bien, por lo que calcul ms inflamado de lujuria que de rabia; mucho mas
rpido que yo, me alcanz a m, a su madre, sobrecogida de espanto. Entre impuros y
desenfrenados abrazos conceb de l, y de aquel rapto salieron esos monstruos ladradores
que me rodean lanzando como ves, un aullido continuo, concebidos de hora en hora, y de
hora en hora dados a luz entre infinitos dolores. Cuando les parece vuelvan a entrar en el
seno que les alimenta; allan y roen mis entraas que constituyen su banquete; despus,
saliendo de nuevo, me asedian con tan vivos terrores, que no hallo tregua ni descanso.
La espantosa Muerte, mi hijo y mi enemigo a la vez, sentada ante m, excita a esos perros, y
me hubiera devorado, a falta de otra presa, a m, a su madre, si no supiera que yo sera para
ella un manjar muy amargo, un veneno; pero esto no suceder nunca, porque s lo ha
dispuesto el Destino. Pero t, oh padre mo!, creme, evita su flecha mortal, no te
lisonjees vanamente de ser invulnerable bajo de esa armadura brillante de temple celestial,
porque nada ni nadie puede resistir su mortfera punta, excepto el que all arriba reina".
As dijo, y el sutil enemigo se aprovech en seguida de la leccin, porque dulcificando su
aspecto, respondi con calma:
"Querida hija, puesto que me reconoces por padre tuyo, y me presentas un hijo tan bello,
amada prenda de los placeres que hemos tenido juntos en el cielo, de esos goces entonces
dulces, hoy tristes recuerdos a causa del cambio cruel que se ha operado en nosotros de un
modo imprevisto y en el que no habamos pensado, hija querida, sabes que no vengo aqu
como enemigo, sino con el objeto de libraros a ambos de esta triste y espantosa mansin de
las penas, a mi hijo y a ti, y a toda la muchedumbre de espritus celestes que, habiendo
tomado las armas a favor de nuestras justas pretensiones, cayeron en nosotros. Enviado por
ellos, emprendo solo este rudo viaje, exponindome yo solo por todos, voy a encaminar mis
paseos solitarios hacia el abismo sin fondo, buscando en mi errante exploracin, a travs del
inmenso vaco, si existe un lugar predicho, el cual a juzgar por el concurso de muchas
seales, debe de haber sido creado ya en un forma vasta y redonda. Ese lugar es una
mansin de delicias, colocada en el lmite del cielo, habitada por una raza de criaturas
recientemente creadas y destinadas, quiz, a ocupar los puestos que hemos dejado vacantes;
pero el Cielo las ha colocado lejos de l, temeroso sin duda, de que al inundarle una
poderosa multitud se suscitaran nuevos disturbios. Bien sea con este objeto o con otro, cuyo
secreto se procure guardar, corro a averiguarlo y, una vez conocido, volver en seguida y os
transportar a ti y a la Muerte, a una morada adnde podis permanecer a vuestro placer
volando silenciosamente, sin ser vistos y en todas las direcciones por un aire embalsamado
de perfumes. All dispondris de un alimento tan abundante, que os dejar satisfechos, all
todo ser presa vuestra".
Guard silencio, porque aquellas dos formas parecieron altamente satisfechas, y la Muerte
hizo un gesto horrible al querer dar paso a una sonrisa espantosa, cuando supo que su
hambre iba a verse saciada, y bendijo sus dientes reservados para aquella hora feliz de
abundancia. Su infame madre no qued menos satisfecha y dirigi a su padre este discurso:
"Guardo la llave de este antro infernal en virtud del derecho que para ello me asiste y por
orden del Rey omnipotente del cielo, que me ha prohibido abrir estas puertas diamantinas;
la Muerte est pronta a interponer su dardo contra toda violencia, sin temor de ser vencida
por ningn poder viviente, pero qu obediencia debo prestar a las rdenes emanadas de
all arriba, a los mandamientos del que me odia y que me ha arrojado entre las tinieblas del
profundo Trtaro, para permanecer sentada ejerciendo un empleo odioso aqu confinada, yo,
habitante del cielo e hija del cielo, sumida en una perpetua agona, rodeada de los errores y
gritos de mi propia progenie, que se alimenta de mis entraas? T eres mi padre, mi autor:
t me has dado el ser: a quin sino a ti, debo obedecer? A quin debo seguir? T me
transportars pronto a ese nuevo mundo de luz y de felicidad, entre los dioses que viven
tranquilos, y donde, sentada a tu derecha voluptuosamente, como conviene a tu hija y a tu
amor, reinar sin fin".
Dijo y tom de su lado la llave fatal, triste instrumento de todos nuestros males, y
arrastrando hacia la puerta su monstruosa cola levant sin dilacin el enorme rastrillo que
nicamente ella poda levantar y que todo el poder estigiano no hubiera podido mover.
Inmediatamente hizo girar en la cerradura la llave de guardas complicadas y quit sin
ningn trabajo las barras y los cerrojos, de hierro macizo o de slida roca. Las puertas
infernales vuelan de improviso abiertas con un impetuoso retroceso y un sonido estridente,
sus goznes produjeron un horrsono y prolongado estampido, que conmovi las mas
profundas simas del Erebo.
La Culpa las abri, pero su poder no alcanzaba a cerrarlas de nuevo, por lo cual
permanecieron totalmente abiertas, un ejrcito con sus alas extendidas y marchando a
banderas desplegadas hubiera podido atravesarlas con sus caballo y sus carros formados en
buen orden sin tener que estrecharse; tan anchas son dichas puertas, que semejantes adems
a la boca de un horno, vomitan enormes torbellinos de humo y rojas llamas.
Ante los ojos de Satans, y de los dos espectros aparecieron de improviso los secretos del
viejo abismo; ocano sombro y sin lmites, de dimensiones, donde desaparecen la longitud,
la latitud, la profundidad, el tiempo y el espacio, donde la Noche primognita y el Caos,
abuelos de la Naturaleza mantienen una perpetua anarqua en medio del rumor de eternas
guerras, sostenindose con el auxilio de la confusin.
El calor, el fro, la humedad, la sequa, cuatro terribles campeones se disputan all la
superioridad y conducen al combate sus embriones de tomos, que, agrupndose en torno de
la ensea de sus legiones, y reunidos en diferentes tribus, armados ligera o pesadamente,
agudos, redondeados, rpidos o lentos, hormiguean tan innumerables como las arenas del
Barca o las de la ardiente playa de Cirene arrastrados para tomar parte en la lucha de los
vientos y para servir de lastre a sus alas veloces. El tomo a quien mayor nmero de tomos
se adhiere domina por un momento. El Caos gobierna como rbitro, y sus decisiones vienen
a aumentar cada vez ms el desorden, merced al cual reina; despus de l el Acaso lo dirige
todo, como juez supremo.
Ante aquel abismo salvaje, cuna de la Naturaleza, y quiz su tumba, ante aquel abismo que
no es mar, ni tierra, ni aire, ni fuego, sino que est formado de todos estos elementos, que,
confusamente mezclados en sus causas fecundas, deben compartir del mismo modo
siempre, a menos que el Creador omnipotente disponga de sus negros materiales para
formar nuevos mundos, ante aquel abismo salvaje, Satans, el prudente enemigo, detenido
sobre el borde del infierno, permanece atento durante algn tiempo y reflexiona en su viaje,
pues no es un pequeo estrecho lo que se ver obligado a atravesar. Sus odos estn
ensordecido por estrpitos atronadores y destructores, no menos violentos (comparando las
grandes cosas con las pequeas) que los de las tempestades que produce Belona cuando
pone en accin sus fulminantes mquinas para arrasar alguna gran ciudad; menos sera el
estruendo si toda la armazn del cielo se derrumbase o si los elementos sublevados hubieran
arrancado de su eje a la tierra inmvil. Por ltimo, Satans despliega sus alas iguales a
extensas velas para emprender su vuelo y remontndose en el humo ascendente, rechaza el
suelo con el pie.
Sigue subiendo audazmente durante muchas leguas, llevado como sobre un carro de nubes;
pero faltndole en breve este apoyo, encuentra un inmenso vaco, sorprendido entonces y
agitando en vano sus alas, cae como un plomo a diez mil brazas de profundidad. An
continuara cayendo si por una desgraciada casualidad no le hubiera lanzado otras tantas
millas hacia arriba la fuerte explosin de alguna nube tumultuosa, impregnada de fuego y de
nitro. Detvose aquella tormenta apagada en una sirte esponjosa, que ni era mar ni tierra
seca. Satans, casi hundido, atraves aquella sustancia movediza, unas veces a pie y otras
ayudado de su vuelo, pues para ellos necesitaba remos y velas. Como grifo que desde el
desierto persigue con una carrera alada por las montaas o por los valles pantanosos al
Arimaste que sustrae sutilmente a su vigilante custodia el oro que conserva, del mismo
modo el enemigo contina con ardor su camino a travs de los pantanos, los precipicios, los
estrechos, a travs de los elementos speros, densos o rarificados; nada se sumerge, vadea,
arrstrase y vuela, con su cabeza, sus manos, sus alas y sus pies.
Por fin un extrao y universal rumor de ruidos sordos y voces confusas nacido de lo ms
profundo de aquellas tinieblas, hiere los odos de Satans con la mayor vehemencia. Con su
intrepidez acostumbrada, dirige su vuelo hacia aquella parte para encontrar la potestad o el
espritu del profundo abismo que reside entre aquel ruido a fin de preguntarle hacia qu lado
se encuentra el lmite de las tinieblas ms prximas a la luz.
De improviso descubre del trono del Caos y su negro e inmenso pabelln, que ondea
desplegado en aquel antro de ruinas. La Noche, vestida de negras pieles de marta cibelina,
se sienta en el trono al lado del Caos; primognita de todos los seres es tambin la
compaera de su reino. Cerca de ellos estn Orco y Ades y Demogorgon el del temible
nombre, siguen despus del Rumor, el Acaso y el Tumulto y la Confusin muy
descompuesta y la Discordia de mil bocas diferentes. Satans se dirige audazmente al Caos
y le dice:
"Oh vosotros, potestades y espritus de este profundo abismo, Caos y antigua Noche, no
vengo aqu de intento a espiar o turbar los secretos de vuestro reino, sino que, obligado a
errar por este desierto sombro, el camino que sigo en busca de la luz me ha conducido a
travs de vuestro vasto imperio, solo, sin gua, medio extraviado, procuro encontrar el
sendero mas corto que se dirija al punto en que vuestras oscuras fronteras tocan el cielo,
viajo por estas profundidades a fin de averiguar si el rey etreo ha invadido y ocupado en
estos ltimos tiempo alguna otra parte de vuestro dominios. Guiad mis pasos, que bien
dirigidos reportarn a vuestros intereses una ms que mediana recompensa, si logro arrojar
de esa perdida regin al usurpador y volverla a sus tinieblas primitivas, ponindola otra vez
bajo vuestro cetro y plantando en ella nuevamente el estandarte de la antigua Noche: tal es
el objeto de mi excursin. Para vosotros todas las ventajas, para m, la venganza!".
Tales fueron las palabras de Satans, y el viejo anrquico, con voz entrecortada y el
semblante descompuesto, le respondi:
"Te conozco extranjero, t eres el poderoso jefe de los ngeles que no ha mucho hizo frente
al rey del cielo y fue vencido. Yo vi y o, porque tan numerosa milicia no pudo huir sin
silencio a travs del abismo aterrorizado, ruina sobre ruina, derrota sobre derrota, confusin
an peor que la confusin; las puertas del cielo dieron paso a millones a sus bandas
victoriosas, que iban en vuestra persecucin. Yo he venido a residir aqu, en mis fronteras;
todo mi poder apenas basta para salvar lo poco que me queda por defender y en donde me
hacen sentir an vuestras divisiones intestinas, debilitando el cetro de la antigua Noche.
Primeramente, el infierno, vuestro calabozo, se ha extendido en todas direcciones bajo mis
pies; despus, el cielo y la Tierra, otro mundo, penden sobre mi reino, ligados por una
cadena de oro, a la parte del cielo, de donde cayeron vuestras legiones. Si vuestra marcha os
conduce por este camino, lo encontraris muy cerca de aqu, as como tambin el peligro
que est ms prximo. Id, apresuraos: exterminio, despojos, ruinas, son mi botn".
As dijo y Satans no se detuvo en contestarle, sino que, lleno de gozo por haber encontrado
una playa en su ocano, se lanz cual pirmide de fuego, y con un nuevo ardor y un vigor
creciente en aquel inmenso espacio, continu su camino a travs del choque de los
elementos que luchan entre s rodendolo por todas partes, cada vez ms estrecho y mucho
ms expuesto que el navo Argo cuando pas el Bsforo por en medio de peascos que
chocan entre s, ms en peligro que Ulises, cuando por evitar a Caribdis su misma maniobra
le arrastraba hacia otro vrtice.
Satans, por tanto, avanzaba con dificultad y a cosa de un inmenso trabajo y con dificultad
y trabajo segua avanzando. Pero cuando logr pasar adelante, y luego, apenas cay el
hombre qu rara alteracin hubo! La Culpa y la Muerte, siguiendo de cerca las huellas del
enemigo (tal fue la voluntad del cielo) construyeron un camino ancho y apisonado sobre el
tenebroso abismo, cuya hirviente inmensidad sufri con paciencia que se echara un puente
de asombrosa longitud desde el infierno hasta el orbe exterior de este frgil globo. Merced a
esta fcil comunicacin los espritus perversos van y vienen para tentar o castigar a los
mortales, excepto a los que Dios y los santos ngeles guardan por una gracia especial.
Pero, en fin, la influencia sagrada de la luz empieza a dejarse sentir, y un rayo y de sta
refleja a los lejos desde las murallas del cielo, a travs de la oscura noche, un trmulo albor.
En este punto comienza la extremidad ms apartada de la Naturaleza; el Caos se retira de
sus trincheras avanzadas, como un enemigo vencido, hacindolo, sin embargo, con menos
confusin que ste y sin tan belicoso estruendo. Satans, con menor fatiga, y hasta con
comodidad, despus, guiado por una luz dudosa, se desliza sobre las tranquilas ondas; y
semejante a un buque azotado por la tempestad, que entra gozoso en el puerto, si bien
desmantelado, y con sus jarcias y obenques destrozados, se balancea el arcngel con sus
alas desplegadas en un triste espacio vaco, parecido al aire, para contemplar desde lejos y a
su placer el cielo empreo, cuya extensin es tan grande que no le permite determinar si es
cuadrada o redonda. Descubre sus torres de palo con las almenas adornadas de brillantes
zafiros, su morada natal en otro tiempo; distingue tambin, sujeto al extremo de una cadena
de oro, aquel mundo suspendido, semejante a una estrella de pequea magnitud colocada
cerca de la luna. All Satans, inflamado por una perniciosa venganza blasfem y en hora
maldita prosigui con rapidez su marcha.
EL PARASO PERDIDO
LIBRO III
Salve luz sagrada, hija primognita del cielo, o del eterno rayo coeterno! Acaso no puedo,
sin exponerme a ser censurado, calificarte de este modo? Puesto que Dios es luz y por toda
eternidad no habit ms que en una luz inaccesible, habit por tanto, en ti brillante efusin
de una brillante esencia increada! Prefieres orte llamar arroyo de puro ter? Quin
indicar entonces tu origen? Existas antes que el sol, antes que los cielos y la voz de Dios
cubriese como un manto al mundo, que se elev de entre las aguas profundas y tenebrosas y
desde el fondo de un vaco infinito e informe.
Ahora vuelvo a visitarte con ms atrevido vuelo, escapado de la laguna Estigia, en cuya
oscura mansin he estado mucho tiempo detenido. Cuando en mi raudo vuelo, me vea
conducido a travs de las tinieblas exteriores e intermedias, he cantado al Caos y a la eterna
Noche, con acordes muy diferentes a los de la lira de Orfeo. Una musa celestial me ense a
aventurarme en la negra pendiente y a subir a ella: cosa rara y penosa! Libre ya, te visito de
nuevo y siento la dulce influencia de tu llama vivificadora y soberana. Pero t no vuelves a
visitar estos ojos que giran en vano para encontrar tu rayo penetrante y no encuentran ni la
ms tenue aurora: hasta tal punto ha extinguido la gota serena sus rbitas, o las ha velado
un sombro tejido!
A pesar de esto, no ceso de vagar por los sitios frecuentados por las Musas, claras fuentes,
bosquecillos umbrosos, colinas doradas por el sol, arrastrado por mi amor hacia los
sagrados cantos. Pero a ti, sobre todo, oh Sin! A ti y a los floridos arroyuelos que baan
tus pies santos y se deslizan murmurando, os visito durante la noche, sin olvidar por eso a
aquellos dos mortales, iguales a m en desgracia, (ojal pudiera igualarle en gloria), el ciego
Tamiris y el ciego Menides y a los antiguos profetas Tiresias y Fineo. Entonces me
alimento de los pensamientos que por s mismos producen armoniosos acordes, como el
pjaro que vea y canta en la oscuridad, y, oculto entre el follaje ms espero, suspira sus
nocturnas endechas.
Con los aos vuelven las estaciones; pero el da no vuelve nunca para m, no veo ya los
gratos crepsculos de la maana y de la tarde, ni la flor de la primavera, ni la rosa del
verano, ni los rebaos, ni la faz divina del Hombre; tan slo me rodean nubes y tinieblas
que nunca se disipan. Separado de las agradables sendas que frecuentaban los humanos, el
libro de los hermosos conocimientos tan slo me ofrece un blanco universal, en donde estn
borradas para m las obras de la Naturaleza: la sabidura encuentra totalmente cerrada en m
una de sus entradas.
Brilla pues, en mi interior, oh luz celestial! con tanta mayor intensidad cuanto ms
penetrada de tus rayos estn todas las potencias de mi espritu: pon ojos en mi alma;
dispersa y aparta de ella todas las tinieblas, a fin de que me sea dable ver y decir cosas
invisibles a los ojos de los mortales.
Ya el Padre omnipotente, desde lo alto del cielo, desde el puro Empreo, donde est sentado
sobre un trono que excede en elevacin a toda altura, haba inclinado su mirad para
contemplar sus obras al par que las obras de sus obras. Todas las santidades del cielo se
agrupaban en torno suyo como estrellas, y reciban de su vista una beatitud que excede a
toda expresin; a su derecha estaba sentada la radiante imagen de su gloria, su Hijo nico.
Vio primeramente en la Tierra a nuestros dos primeros padres, los dos nicos seres de la
especie humana, colocados en el jardn de las delicias, gustando frutos inmortales de gozo y
amor; gozo no interrumpido, amor sin rival, en una dichosa soledad. Vio tambin el infierno
y el abismo que mediaba entre el infierno y la Creacin; vio a Satans deslizndose a lo
largo de las murallas del cielo hacia el lado de la Noche y en el aire sublime y sombro,
prximo a dejarse caer con sus fatigadas alas e impaciente planta, sobre la superficie rida
de aquel mundo, que le parece una tierra firme, redonda y sin firmamento, el arcngel
permanece en la incertidumbre de si lo que ve es el Ocano o el aire. Observndolo Dios
con aquella penetrante mirada que descubre el pasado, el presente y el porvenir, habl de
esta suerte a su nico Hijo, previendo este mismo porvenir:
"Hijo nico, por m engendrado, ves el furor de que se halla posedo nuestro adversario?
Ni lo lmites prescritos, ni las vallas del infierno, ni todas las cadenas amontonadas sobre l,
ni aun la inmensa interrupcin del profundo Caos han bastado a contenerle: tan ansioso se
halla, al parecer, de una venganza desesperada, que recaer sobre su cabeza rebelde.
Despus de haber roto todas sus ligaduras, vuela ahora cerca del cielo por los lmites de la
luz, en direccin del mundo nuevamente creado y hacia el hombre colocado all, con el
designio de intentar si podr destruirle por medio de la fuerza o lo que ser peor, pervertirle,
valindose del cualquier falaz artificio; y le pervertir: el hombre escuchar sus halageas
falsedades y violar fcilmente la nica orden, la nica prenda de su obediencia: caern l
su raza infiel.
De quin ser la culpa? De quin sino de l solo? Ingrato! Posea de m todo cuanto
poda poseer; le haba hecho justo y recto, capaz de sostenerse, aunque libre de caer. Del
mismo modo cre todas las potestades etreas y todos los espritus, tanto los que se
sostuvieron como los que cayeron; libremente se han sostenido y cado los que han cado. A
no ser libres qu prueba sincera me habran podido dar de su verdadera obediencia
prestada de ese modo, cuando la voluntad y la razn (razn que es libre albedro) intiles y
vanas, despojadas ambas de libertad, ambas pasivas, hubiesen atendido a la necesidad y no
a m?
Creados de este modo, como deba ser, no pueden acusar justamente a su Creador, a su
naturaleza o a su destino, como si la predestinacin, dominando su voluntad, dispusiera de
ella por un decreto absoluto o por una presciencia suprema. Ellos mismos han decretado su
propia rebelin, no yo; y si bien la prev, mi presencia no ha ejercido ninguna influencia
sobre la falta, que aunque no hubiera sido prevista, no dejara por eso de ser menos cierta.
As es que pecan sin la menor excitacin, sin la menor sombra de destino o de otra
cualquier cosa inmutablemente prevista por m, siendo autores de todo por s mismos, as en
lo que juzgan como en lo que escogen; porque de este modo los he creado libres, y en
libertad deben continuar hasta que ellos mismo se encadenen.
De otra suerte me sera preciso cambiar su naturaleza, revocar el alto decreto irrevocable,
terreno, que orden su libertad, ellos solos han ordenado su cada.
Los primeros culpables cayeron por su propia sugestin, tentados por s mismos, por si
mismos pervertidos, el hombre cae seducido por aquellos. El hombre, merced a esto,
encontrar gracia; los otros no la encontrarn. Mi gloria triunfar en el cielo y en la tierra de
este modo por la misericordia y por la justicia, pero la misericordia brillar con ms
esplendor, por ser la primera y la ltima de las virtudes".
Mientras hablaba Dios, un perfume de ambrosa llenaba el cielo y esparca entre los
bienaventurados espritus elegidos el sentimiento de un nuevo e inefable gozo. El Hijo de
Dios mostrbase entre una gran gloria, excediendo a toda comparacin, y brillando en el su
Padre sustancialmente expresado. Una divina compasin se dej ver en su rostro, con una
amor sin fin y una gracia sin medida, que confirm por estas palabras dirigidas a su Padre:
"Oh Padre mo! Cun misericordiosas han sido las palabras con que has terminado tu
suprema decisin: El hombre encontrar gracia! Por estas palabras, el cielo y la tierra
publicarn en alta voz tus alabanzas con sus innumerables conciertos de himnos y cnticos
sagrados, que rodeando tu trono harn resonar en l tu nombre para siempre bendito. Pero el
hombre, se ver perdido al fin? El hombre, tu hechura, a quien no ha mucho amabas tanto,
el ms joven de tus hijos, caer sorprendido por la astucia, por ms que la secunde su
propia locura? Ah! Lejos de Ti ese pensamiento; aljalo de Ti Padre mo! T que eres el
Juez de todas las cosas y el nico que las juzga equitativamente. Ser posible que el
enemigo lleve a cabo sus proyectos y frustre los tuyos? Conseguir lo que desea su
perfidia, reduciendo tu bondad a la nada? O se volver lleno de orgullo, aunque pesando
sobre l una condenacin ms terrible, con su venganza satisfecha y arrastrando consigo al
infierno a toda la raza humana corrompida por l? En qu quieres anonadar por Ti mismos
tu Creacin y deshacer a favor de este enemigo lo que has hecho para tu gloria? Si esto
fuera as, se dudara de tu bondad y de tu grandeza y se blasfemara de ellas sin que nadie
las defendiese".
El Supremo Creador le respondi:
"Oh Hijo mo, en quien ha cifrado mi alma sus principales delicias; Hijo de mi seno, mi
nico verbo, mi sabidura y mi efectivo poder! Tus palabras han sido como son mis
pensamientos y como lo que mi eterno designio ha decretado: el hombre no perecer
enteramente; el que quiera se salvar, aunque no por su propia voluntad, sino pro la gracia
que en mi reside y que le conceder libremente. Renovar, una vez ms, en el hombre su
decado poder, aunque envuelto y sujeto por el pecado a impuros y violentos deseos.
Levantado por M se sostendr, una vez ms, y podr defenderse contra su moral enemigo;
lo levantar otra vez, a fin de que conozca lo frgil de su condicin degradada, y a fin de
que slo a mi y a nadie ms que a mi atribuya su libertad.
He escogido algunos a quienes por gracia particular he preferido a los dems; tal ha sido mi
voluntad. Los otros oirn mi llamamiento; se les advertir muchas veces que piensen en su
estado criminal y aplaquen sin demora a la Divinidad irritada, mientras a ello les invita la
gracia ofrecida. Iluminar sus sentidos tenebrosos de un modo eficaz y ablandar su
empedernido corazn, con objeto de que puedan orar, arrepentirse y prestarme la obediencia
debida: mi odo no permanecer sordo ni cerrados mis ojos a su oracin o a su
arrepentimiento, a su obediencia debida, cuando sta sea hija de un celo sincero. Pondr en
ellos, como gua, a mi rbitro, la conciencia; si quieren escucharla, alcanzarn luz tras luz: y
si la emplean bien y son perseverantes hasta el fin, llegarn con seguridad a su salvacin.
Los que descuiden o desprecien mi tolerancia o mi da de gracia, no los disfrutarn jams;
antes al contrario, el empedernido ser ms empedernido; el ciego, mas ciego, a fin de que
tropiecen y caigan a mayor profundidad. A nadie ms que a stos excluyo de mi
misericordia. Y no est dicho todo: el hombre desobediente rompe deslealmente su fe y
peca contra la alta supremaca del Cielo, ultrajando a la Divinidad y perdindolo todo por
esta causa, no le queda nada para expiar su traicin, sino que, consagrado y destinado a las
destruccin, deber morir l y toda su posteridad. Es preciso que muera l o la justicia, a
menos que haya alguno que sea capaz de ponerse en su lugar, ofrecindose voluntariamente
para dar tan rgida satisfaccin: muerte por muerte.
Decidme, potestades selectas: dnde encontraremos semejante amor? Quin de vosotros
se har mortal para redimir el crimen mortal del hombre? Qu justo salvar al injusto?
Existe en el cielo tan sublime caridad?
Ante estas preguntas todo el coro divino permaneci mudo, reinando en el cielo el ms
profundo silencio. No apareca a favor del hombre ningn patrono, ningn intercesor, y
mucho menos quien osara traer sobre su cabeza la proscripcin mortal y pagar el rescate, de
suerte que, privada la redencin, la raza humana entera se habra perdido, destinada por una
sentencia severa a la muerte y al infierno, si el Hijo de Dios, en quien reside en toda su
plenitud el amor divino, no hubiese interpuesto su ms cara mediacin de esta manera:
"Padre mo, tu palabra est dicha: El hombre encontrar gracia. Y la gracia, no hallar
algn medio de salvacin ella que, siendo la ms rpida de sus mensajeros alados, se abre
paso para visitar a todas tus criaturas y acude a todas sin ser prevista, implorada ni
solicitada? Dichoso el hombre a quien as acorre! Una vez perdido y muerto en el pecado,
el hombre no la llamar nunca en su ayuda; deudor insolvente y arruinado, no puede prestar
por s ni expiacin ni ofrenda.
Heme aqu, pues en s lugar: vida por vida; yo me ofrezco; deja que caiga tu clera sobre m;
tenme por hombre. Por amor hacia l, abandonar tu seno, y me despojar voluntariamente
de esta gloria que comparto contigo: por l morir satisfecho. Que la muerte ejerza sobre m
todo su furor; no permanecer mucho tiempo vencido bajo su poder tenebroso. T has
depositado para siempre tu vida en m; por Ti vivo, aunque ahora me someta a la muerte:
soy su deuda en todo lo que puede morir en M. Pero una vez satisfecha esa deuda no
permitirs que Yo sea su presa en la impura tumba: no tolerars que mi alma inmaculada
habite para siempre con la corrupcin, sino que resucitar victorioso y
subyugar a mi vencedor, despojado de sus ponderados despojos. La muerte recibir
entonces un golpe mortal, y se arrastrar sin gloria, desarmada de su dardo mortal. En tanto
Yo, a travs de los aires, y en medio de un gran triunfo, conducir al infierno cautivo a
pesar del infierno, y mostrar las potestades de las tinieblas encadenadas. Regocijado T
con este espectculo, dirigirs desde el cielo una mirada y te sonreirs, mientras que,
exaltado por Ti, confundir a todos mis enemigos, dejando para lo ltimo la muerte, quien,
expirando a mis golpes, llenar el sepulcro con su cadver. Entonces, rodeado de la multitud
redimida por M, entrar de nuevo en el cielo tras una larga ausencia; volver a l, oh Padre
mo!, para contemplar tu faz, en la que no quedar ni una nube de clera, sino que se ver
en ella la paz afirmada y la reconciliacin; dejar de existir en adelante la ira, y un gozo
universal reinar para siempre en tu presencia".
Sus palabras cesaron aqu; pero su silencioso y dulce aspecto hablaba an, y respiraba un
amor inmortal hacia los hombres mortales, sobre el cual brillaba solamente la obediencia
filial. Contento con ofrecerse en sacrificio espera la voluntad de su Padre. El asombro se
apodera del cielo entero, que se admira de la significacin de estas cosa y no sabe dnde
convergen. El Todopoderoso replic en seguida en estos trminos:
"Oh T, nica paz hallada en el cielo y en la tierra para el gnero humano expuesto a mi
clera! Oh T, nico objeto de mi complacencia! T sabes cun queridas me son todas mis
obras: el hombre, aunque creado el ltimo, no lo es menos, puesto que por l te apartar de
mi seno y de mi derecha, a fin de salvar, aunque perdindote por algn tiempo a toda la raza
perdida. Rene, pues, ya que eres el nico que pueda redimirla, la naturaleza humana a tu
naturaleza; s Hombre entre los hombres sobre la tierra; hazte carne, cuando se cumpla el
tiempo y sal de seno de una virgen por medio de un nacimiento milagroso. S el jefe del
gnero humano en lugar de Adn. Como perecern en l todos los hombres, renacern en
Ti, cual de una segunda raz, todos los que deben renacer; sin Ti nadie. El crimen de Adn
hace culpables a todos sus hijos; tu mrito que les ser aplicada, absolver a los que,
renunciando a sus propias acciones, justas o injustas, vivan trasplantados a Ti y reciban de ti
nueva vida. As el hombre, como es justo, satisfar la deuda del hombre, ser juzgado y
morir; pero al morir se levantar, y al levantarse, levantar con l a todos sus hermanos,
redimidos con su preciosa sangre. As el odio infernal ser vencido por el amor celeste, al
ofrecerse ste a la muerte, al morir por rescatar, con tan fervoroso anhelo, todo lo que el
odio infernal ha destruido con tanta facilidad, como lo continuar destruyendo en los que no
aceptan la gracia pueden.
Hijo mo, al descender hasta la naturaleza humana, no aminoras ni degradas la tuya. Tu
misma humillacin elevar contigo a tu humanidad hasta este trono; porque, aunque sentado
sobre l en la ms elevada beatitud, igual a Dios, participando asimismo de la felicidad
divina, lo has abandonado todo por salvar a un mundo de su total perdicin; porque tu
mrito, ms bien que los derechos de tu nacimiento, Hijo de Dios, te han hecho digno de ser
su Hijo, brillando ms en bondad que en grandeza y podero, y porque el amor ha abundado
en Ti ms que la gloria. Te sentars aqu encarnado; aqu reinars a la vez como Dios y
como Hombre: Hijo de Dios y del Hombre a la vez, sers ungido por mi voluntad Rey del
universo.
Te concedo todo poder; reina para siempre, y revstete de tus mritos; te someto como Jefe
supremo los tronos, los principados, las potestades y las dominaciones; todas las rodillas se
doblarn ante Ti; lo mismo las de los que habitan en el cielo o sobre la Tierra, que las de los
que gimen bajo la Tierra en el infierno. Rodeado de tu glorioso squito, aparecers sobre las
nubes cuando enves a los arcngeles, tus heraldos a anunciar tu formidable juicio, y cuando
por los cuatro vientos sean llamados los vivos y los muertos de todos los siglos para que se
apresuren a comparecer ante el Juicio universal, el ruido que se dejar or ser tan grande,
que despertarn de su sueo. Entonces, en la asamblea de los santos, juzgars a los malos,
as hombres como ngeles, quienes convencidos de sus faltas, se precipitarn en el abismo
al or tu sentencia. El infierno, atestado con su muchedumbre, quedar cerrado para
siempre. El mundo ser tambin consumido; pero de sus cenizas surgir un nuevo cielo, una
nueva tierra, donde habitarn los justos. Despus de sus largas tribulaciones, vern das de
oro, frtiles en acciones de oro, con el gozo y el triunfante amor, y la hermosa verdad.
Entonces depondrs tu cetro real, porque no habr ya necesidad de l; Dios estar por
completo en todos. Y ahora, vosotros, ngeles, adorad al que muere por llevar a cabo todo
esto, adorad al Hijo y honradle como a M".
Apenas haba cesado de hablar el Todopoderoso, cuando la multitud de los ngeles con una
aclamacin inmensa como la de una muchedumbre innumerable, y dulce como la
procedente de voces santas, dio libre paso a su alegra; el cielo entero reson con sus
bendiciones y los ms armoniosos hosanna inundaron las regiones celestiales. Los ngeles
se inclinaron reverentemente ante los dos tronos y, con una solemne adoracin, depositaron
en el pavimento sus coronas entretejidas de oro y de amaranto; amaranto inmortal! Esta
flor que ostent por primera vez sus vivos colores cerca del rbol de la vida, en el paraso
terrestre, y que, por el pecado del hombre, fue trasplantada al cielo, su suelo natal, crece
ahora y florece all, dando sombra a la fuente de la vida y a las mrgenes del ro de la
felicidad que desliza en medio del cielo, sus ondas de mbar sobre las flores elseas. Con
estas flores de amaranto, nunca marchitas, sujetan los espritus elegidos sus esplendorosas
cabelleras, entrelazadas de rayos.
Desprendidas ahora aquellas guirnaldas, fueron esparcidas por el pavimento
resplandeciente, que brillaba como un mar jaspe y sonrea con la prpura de las rosas
celestiales. Colocando de nuevo las coronas sobre su cabeza, los ngeles toman sus arpas de
oro, siempre afinadas, que pendan brillantes de sus lados, a manera de aljabas, y dan
principio a su sagrado cntico con el dulce preludio de una encantadora sinfona, que excit
su entusiasmo sublime. Ni una voz guarda silencio; ni una sola voz deja de ajustarse
fcilmente a la meloda, tan perfecto es el acuerdo que reina en el cielo.
A Ti, oh Padre!, dirigieron su primer cntico; a Ti, oh Padre todopoderoso!, inmutable,
inmortal, infinito, Rey eterno, autor de todos los seres, fuente de luz, invisible entre los
gloriosos esplendores donde te sientas sobre un trono inaccesible, y que, aun cuando velas
la abundante efusin de tus rayos y te rodeas de una nube ceida en torno tuyo, cual
radiante tabernculo, dejas entrever la orla de tus vestiduras, oscurecidas por su excesivo
brillo, quedando, no obstante, el cielo deslumbrado, y sin que puedan aproximarse a Ti los
ms esplendentes querubines, sino cubriendo sus ojos con sus dos alas.
A Ti dedicaron despus su cntico, a Ti, el primero de toda la Creacin, Hijo engendrado,
semejanza divina en cuyo transparente rostro brilla el Padre Omnipotente, visible sin
intermedio de nube alguna, y a quien de otro modo no podra contemplar ninguna criatura.
En Ti reside impreso el esplendor de su gloria y habita, transfundido en Ti, su vasto espritu.
Por Ti cre el cielo de los cielos y todas las potencias que contiene, y por Ti precipit a las
ambiciosas dominaciones. En aquel da no economizaste el terrible rayo de tu Padre; no
detuviste las ruedas de tu gneo carro, que conmovan la estructura eterna del cielo, mientras
pasabas sobre el cuello de los ngeles rebeldes dispersados. Al regresar de su persecucin,
tus santos te exaltaron con inmensas aclamaciones a Ti, nico Hijo de la potestad de tu
Padre, ejecutor de su tremenda venganza sobre sus enemigos. Pero no hiciste lo mismo con
respecto al hombre! T no condenaste con tanto rigor al hombre, cado por la malicia de los
espritus rebeldes, oh Padre de gracia y misericordia!, sino que te inclinaste mucho ms a la
piedad. Apenas tu querido y nico Hijo hubo conocido tu resolucin de no condenar con
tanto rigor al hombre frgil, sino de endulzar, por el contrario, ese mismo rigor, cuando,
para apaciguar tu clera, para poner un trmino al combate entre la misericordia y la justicia
que se retrataban en tu rostro, tu Hijo, sin tener en cuenta la felicidad de que gozaba a tu
lado, se ofreci por s mismo a la muerte para expiar la ofensa del hombre. Oh amor sin
igual, amor que slo poda hallarse en el amor divino! Salve, Hijo de Dios, Salvador de los
hombres! Tu nombre ser en adelante el fecundo objeto de mi canto! Mi lira no olvidar
jams tus alabanzas, ni las separar de las que debe tributar a tu Padre.
De este modo transcurran para los ngeles las horas en el cielo, sobre la estrellada esfera,
en medio de la agradable y placentera armona de los conciertos. Habiendo descendido
Satans, entre tanto, sobre el opaco y slido globo de este mundo esfrico, recorra la
primera convexidad de la antigua Noche. Esta convexidad pareca desde lejos un globo, y
desde cerca, un continente sin lmites, sombro, desolado y salvaje, expuesto a las tristezas
de una noche sin estrellas y a las amenazadoras tempestades del Caos, que ruge alrededor,
cielo inclemente, excepto por el lado de las murallas del cielo, que aunque muy lejanas, dan
paso a un pequeo reflejo de una tenue claridad, menos azotado por la mugidora tormenta.
El enemigo caminaba libremente por aquel campo espacioso semejante a un buitre que,
elevado sobre el Imaus, cuya nevada cadena encierra al Trtaro vagabundo, se lanza desde
una regin desprovista de pasto para cebarse en la carne de los tiernos corderos o de los
cabritos, sobre las colinas que alimentan a los rebaos, y vuela hacia las fuentes del Ganges
o del Hidaspes, ros de la India, dejndose caer de paso sobre las ridas llanuras de Sericaso
por donde los chinos conducen sus ligeros carretones de mimbres con ayuda del viento y de
las velas. De igual suerte, el Enemigo marchaba solo, buscando ac y acull su presa por
aquel ocano azotado por el viento; solo, porque ninguna criatura viviente, o sin vida
poblaba aquel sitio todava, pero despus, cuando el pecado hubo llenado de vanidad las
obras de los hombres, subieron all desde la tierra, como areos vapores, todas las cosas
vanas y transitorias.
All volaron simultneamente las cosa vanas y los que en ellas fundan su ms confiadas
esperanzas de gloria, de fama duradera o de felicidad en esta vida o en la otra. Todos lo que
tienen en la tierra su recompensa, fruto de una supersticin penosa o de un obcecado celo, y
que buscan nicamente las alabanzas de los hombres, encuentran en aquel sitio una
retribucin adecuada, vaca, como sus acciones. Todas las obras imperfectas de la
Naturaleza, todas las obras abortivas, monstruosas, caprichosamente barajadas, huyen a
aquel lugar despus de haberse disuelto en la tierra, y vagan all vanamente hasta la
disolucin final. No se dirigen hacia la cercana luna, como han soado algunos; los
habitantes de aquellos campos argentinos son ms verosmilmente santos transportados o
espritus que ocupan el puesto intermedio entre la especie humana y la naturaleza anglica.
A este lugar llegaron en un principio desde el antiguo mundo, los hijos de los hijos e hijas
mal unidos; aquellos gigantes, con sus vanas hazaas, por ms que entonces fueran muy
celebradas; en pos de ellos llegaron los constructores de la torre de Babel, en Senar, quienes
dominados por su vano proyecto construiran todava nuevas Babeles si tuvieran medios
para ello. Despus llegaron otros, uno a uno: tales como Empdocles, que se precipit
contento entre las llamas del Etna, para que lo tuviesen por un dios; Cleombroto que se
arroj al mar para gozar del Elseo de Platn. Sera prolijo enumerar los dems, los
embriones, los insensatos, los ermitaos, los monjes blancos, negros, grises, con todas sus
supercheras. All vagan los peregrinos, que fueron tan lejos a buscar muerto en el Glgota
al que vive en el cielo: all se encuentran los hombres que, para tener seguro el paraso, se
visten al morir el hbito de un dominico o de un franciscano, y creen entrar en l
disfrazados de este modo. Atraviesan los siete planetas, atraviesan las estrellas fijas y
aquella esfera cristalina cuyo balanceo produce la trepidacin de que se ha hablado tanto, y
atraviesan el cielo que fue el primero que se puso en movimiento. Ya San Pedro, en el
postigo del cielo, parece aguardar a los viajeros con sus llaves; ya en las primeras gradas del
cielo, levantan el pie para subir, cuando un viento impetuoso y cruzado, soplando a la vez
por una y otra parte, los arroja a diez mil leguas de distancia, derribados en la vaga regin
del aire. Entonces se ven las cogullas, tocas y hbitos, con los que los llevan, sacudidos y
hechos pedazos: reliquias, indulgencias, rosarios, dispensas, bulas, todo es juguete de los
vientos. Todo va dando vueltas por el aire y vuela a larga distancia, por encima de la
espalda del mundo, en el limbo vasto y ancho, llamado despus el Paraso de los locos,
lugar que, andando el tiempo, han desconocido muy pocas personas, pero que entonces no
estaba poblado ni frecuentado.
El Enemigo, al pasar, encontr aquel globo tenebroso; lo estuvo recorriendo largo tiempo,
hasta que el resplandor de una luz naciente atrajo hacia ella sus investigadores pasos.
Descubri a lo lejos un gran edificio, que se eleva hasta la muralla del cielo por medio de
magnficas gradas. En la ltima de stas vease, aunque mucho ms rica, una obra parecida
al prtico de un palacio real, embellecido por un frontispicio de diamantes y de oro. El
prtico brillaba con deslumbrantes piedras orientales, que no tienen igual en la tierra, ni
pueden ser imitadas por pincel. Las gradas eran semejantes a aquella por las que Jacob vio
subir y bajar a los ngeles, cohorte de guardianes celestiales, cuando, para huir de Esa,
yendo a Padan-Arn, tuvo un sueo durante la noche en los campos de Luza, bajo el cielo
abierto, y al despertar exclam alborozado: "Aqu est la puerta del cielo".
Aquella inmensa escalera, cada uno de cuyos peldaos encerraba un misterio, no estaba
siempre all; algunas veces permaneca retirada e invisible en el cielo; debajo de ella corra
un brillante mar de jaspe o de perlas lquidas, sobre el cual navegaban los que ms tarde
acudieron desde la tierra, conducidos por ngeles o volaban sobre el lago, arrebatados en un
carro tirado por caballos de fuego. Los peldaos descendan entonces hasta abajo, ya para
tentar al Enemigo, con la facilidad de su ascensin, ya para agravar su triste exclusin de las
puertas de la beatitud.
Frente por frente de aquellas puertas, y precisamente encima de la feliz mansin del
Paraso, se abra un camino que daba paso a la tierra, camino ancho, mucho ms ancho de lo
que fue, andando el tiempo aquel que descenda espacioso sobre el monte Sin y sobre la
tierra prometida, tan predilecta de Dios. Los ngeles, portadores de rdenes supremas,
pasaban y repasaban frecuentemente por este camino para visitar las dichosas tribus; el
mismo Altsimo las contemplaba bondadoso desde Paneas, manantial del Jordn, hasta
Bersab, donde la Tierra Santa confina con Egipto y con las playas de Arabia. Tal pareca
aquella vasta abertura, donde se haban puesto lmites a las tinieblas, semejantes a las
barreras que detienen las olas del ocano. Llegado Satans al peldao inferior de la escalera
que conduce por escalones de oro hasta las puertas del cielo, mir hacia abajo y qued
posedo de admiracin ante la vista repentina del universo.
Cuando, rodeado de peligros y a travs de sendas oscuras y desiertas, algn explorador ha
marchado toda una noche y consigue llegar a la cumbre de alguna colina spera y elevada al
despertar la risuea aurora, ofrecindose entonces inopinadamente a sus ojos la agradable
perspectiva de un pas desconocido, visto por primera vez, o de una metrpoli famosa,
adornada de pirmides y torres resplandecientes, doradas por los rayos del sol naciente, no
queda tan admirado como a la sazn qued el del Espritu maligno, por ms que hubiera
visto otra vez el cielo; pero su admiracin fue menor que su envidia al aspecto de todo aquel
mundo que tan bello pareca.
Miraba en torno suyo el espacio (y poda fcilmente hacerlo, estando colocado a tanta altura
sobre el pabelln circular de la vasta sombra de la noche) desde el punto oriental de la
Balanza hasta la estrella lanuda que transporta a Andrmeda lejos de los mares atlnticos, al
otro lado del horizonte; despus contempl la latitud de un polo al otro polo, y sin detenerse
ms, tendi su precipitado vuelo hacia abajo en direccin a la primera regin del mundo.
Sigui con facilidad y a travs del puro mrmol del aire, su ruta oblicua, entre innumerables
estrellas, que brillaban cual astros desde lejos, pero que de cerca eran semejantes a otros
mundos o a islas dichosas, como los jardines de las Hesprides, famosos en la antigedad;
campos afortunados, selvas y valles floridos, islas tres veces dichosas! Pero qu ser feliz
habitaba en ellas? Satans no se detuvo a averiguarlo.
Sobre todas las estrellas, atrae sus miradas el sol de oro, igual a los cielos en esplendor;
hacia este astro dirige su carrera a travs del tranquilo firmamento; pero ser difcil
manifestar si la dirigi por arriba o por abajo, por lo cntrico o lo excntrico, o por su
longitud. Adelntase hacia el sitio donde la gran antorcha enva desde lejos su claridad a las
numerosas y vulgares constelaciones que se mantienen a una distancia conveniente del ojo
de su Seor. Estas forman en su marcha su danza estrellada en nmeros que miden los das,
los meses y los aos; se apresuran a ejecutar sus variados movimientos hacia su vivificante
llama, o bien giran impulsadas por su rayo magntico, que esparce un grato calor por el
universo, y que con benigna penetracin, aunque inadvertido, comunica una visible virtud
hasta el fondo del abismo. Tan maravillosamente fue escogido el sitio resplandeciente del
astro de la luz!.
All se dirige el Enemigo; el astrnomo, ayudado de su ptico cristal, no habr quiz
observado nunca una mancha semejante en la esfera resplandeciente del sol. Parecile a
Satans este sitio mucho ms esplendoroso de cuanto decirse pueda, y sin que haya en la
tierra cosa alguna que pueda comparrsele, bien sea metal o piedra. No eran semejantes
todas sus partes, pero todas estaban penetradas por igual de una luz radiante, como el hierro
candente lo est por el fuego; como metal una parte pareca de oro, otra parte de plata;
como piedra, una parte pareca carbunclo o crisolito, y otra, rub o topacio, semejantes a las
doce piedras que brillaban en el pectoral de Aarn, o ms bien, a la piedra tantas veces
imaginada y nunca vista; piedra que los filsofos de aqu abajo han buscado en vano tanto
tiempo, por ms que valindose de su arte poderosa, hayan fijado el voltil Hermes y
evoquen del mar bajo aspectos diferentes al viejo Proteo, reducido a travs de un alambique
a su forma primitiva.
Qu asombro debe causarnos, pues, el que aquellos campos, aquellas regiones exhalen un
elixir puro; que aquellos ros lleven el oro potable, cuando, por la virtud de su simple
contacto, el gran alquimista, el sol, tan apartado de nosotros, produce tan preciosas cosas de
tan vivos colores y de unos efectos tan raros, aqu en la oscuridad, mezcladas con los
humores terrestres?
All, el demonio, sin verse deslumbrado, encuentra nuevos motivos de admiracin: su vista
percibe los objetos a larga distancia porque all no encuentra obstculo ni sombra, sino que
todo es sol, como cuando a medioda el astro lanza verticalmente sus rayos sobre el
ecuador, pues entonces no puede proyectarse la sombra en derredor de ningn cuerpo
opaco.
Una atmsfera tan lmpida como no existe en parte alguna, contribua a que la mirada de
Satans fuera ms penetrante para los objetos apartados: as es que pronto descubre a la
simple vista un ngel glorioso que estaba en pie, al mismo ngel que tambin vio San Juan
en el sol. Aunque vuelto de espaldas, no se ocultaba su gloria. Una tiara de oro, formada por
los rayos del sol, coronaba su cabeza; su cabellera no menos brillante, flotaba ondulando
sobre sus espaldas, provistas de alas: pareca dedicado a una grave ocupacin, o sumida en
una meditacin profunda. El Espritu impuro se sinti gozoso, con la esperanza de encontrar
un gua que pudiera encaminar su vuelo errante al Paraso terrenal, mansin feliz del
hombre, fin del viaje de Satans y sitio donde empezaron nuestros males.
Pero el Enemigo piensa primero en cambiar su propia forma, porque de los contrario podra
ocasionarle un peligro o una demora; por lo cual se transforma de improviso en un querubn
adolescente, y aunque no de los de primer orden, tal, sin embargo, que en su rostro brillaba
una juventud celestial y en todos sus miembros se difunda una gracia inefable: tan bien
saba fingir! Los bucles flotantes de sus cabellos sujetos por una pequea corona, caan
sobre sus mejillas: iba provisto de alas, cuyas plumas, de variados colores, estaban
sembradas de oro; su vestidura corta era a propsito para una marcha rpida y con una
varita de plata pareca sostener sus pasos, llenos de gracia y decencia.
No se acerc sin ser sentido: el ngel refulgente avisado por su odo, volvi su radiante
rostro cuando aqul se adelantaba e inmediatamente se conoci que era el arcngel Uriel,
uno de los siete que estn en presencia de Dios y de los ms prximos a su trono, prontos a
ejecutar sus rdenes. Estos siete arcngeles son los ojos del Eterno: recorren todos los cielos
o conducen aqu abajo, a este globo, sus rpidos mensajes, sobre lo hmedo o sobre lo seco,
sobre la tierra y sobre el mar.
Satans se acerca a Uriel y le dice:
"Uriel, puesto que eres uno de los siete espritus gloriosamente brillantes que estn en pie
ante el elevado trono de Dios, y acostumbrado como fiel intrprete de su gran voluntad, a
ser el primero en transmitirla al ms alto cielo, donde todos sus hijos esperan tus embajadas,
aqu obtienes, sin duda, el mismo honor por decreto supremo y visitas frecuentemente,
como uno de los ojos del Eterno, esta nueva creacin. Un deseo indecible de ver y conocer
las obras de Dios, pero particularmente el hombre, objeto principal de sus delicias y de su
predileccin; el hombre, en cuyo favor ha dispuesto tan maravillosas obras, me ha hecho
abandonar el coro de querubines errando slo por aqu. Oh t, el ms brillante de los
serafines! Dime en cul de esos orbes tiene designada el hombre su residencia, o si, no
teniendo morada fija, puede habitar a su antojo todos esos orbes esplendentes; dime dnde
podr encontrar, dnde podr contemplar, con un secreto asombro, o con una ostensible
admiracin a aquel a quien el Creador ha prodigado mundos y a quien ha dotado de todas
las gracias, a fin de que en esta nueva criatura como en todas sus obras, podamos ambos,
como debemos alabar al Creador universal, que ha precipitado justamente en lo ms
profundo del infierno a sus rebeldes enemigos y que, a fin de reparar esta prdida, ha creado
esa nueva y dichosa raza de hombres para servirle mejor. Todas sus determinaciones son
sabias!"
As habl aquel impostor, sin ser conocido, porque ni el hombre ni el ngel pueden
distinguir la hipocresa, nico mal que en el cielo y en la tierra pasa invisible para todos
menos para Dios, y por permisin de Dios, pues muchas veces, aunque la Sabidura vele, la
Sospecha duerme a la puerta de la Sabidura y confa su cargo a la Sencillez; la Bondad no
cree que exista el mal all donde no parece haberlo. Esto es lo que entonces enga a Uriel,
por ms que rigiera el sol y fuera tenido como el espritu celeste dotado de ms penetrable
mirada y por eso respondi con sinceridad al impuro y prfido impostor:
"Hermoso ngel, tu deseo, que tiende a conocer las obras de Dios, a fin de glorificar de este
modo al gran Artista, no conduce a ningn exceso digno de censura; por el contrario, cuanto
ms excesivo parezca ese deseo, ms alabanzas merece, puesto que desde tu morada
emprea te conduce solo aqu para asegurarte por el testimonio de tu vista de lo que algunos
se han contentado quiz con saber solamente de referencia en el cielo. Maravillosas son por
cierto las obras del Altsimo, agradable su conocimiento y dignas de que se conserven para
siempre y plcidamente en la memoria! Qu espritu creado puede calcular su nmero o
comprender la Sabidura infinita que las dio a luz, pero que ocult sus profundas causas?
Yo le he visto; ante El estaba yo, cuando a su voz la masa informe, la mole material de este
mundo, se reuni en un montn: La Confusin oy su voz, el feroz Tumulto se someti a
reglas dadas, y el vasto Infinito qued limitado. A su segunda palabra, huyeron las tinieblas,
brill la luz, el orden naci del desorden. Los elementos groseros, la tierra, el agua, el aire y
el fuego se apresuraron a ocupar rpidamente sus diferentes puesto: la quinta
esencia etrea del cielo vol al punto ms elevado; animada bajo diferentes formas,
extendise orbicular y se convirti en estrellas sin nmero, como ves; cada una tuvo su sitio
designado, segn su impulsin, cada cual su curso, el resto como una muralla circular,
rodea el universo.
Baja tus miradas hacia ese globo, que brilla por esta parte con la luz reflejada que recibe de
aqu: ese lugar es la Tierra, morada del hombre. Esta luz es el da de la Tierra, sin la cual la
noche invadira esa mitad del globo terrqueo, como invade el otro hemisferio. Pero la
vecina Luna (as se llama ese hermoso planeta opuesto) interpone a propsito su socorro; y
traza un circulo mensual, terminando siempre y siempre renovando en medio del cielo,
merced a una luz prestada, su triforme faz. De esta luz se inunda y se despoja
alternativamente para iluminar a la Tierra, su plida dominacin detiene la noche. Esa
mancha que te designo es el Paraso, la morada de Adn, esa gran sombra es su asilo, no
puedes equivocar tu camino, el mo me reclama".
As dijo y se volvi. Satans, inclinndose profundamente ante un espritu superior, como
es costumbre en el cielo, donde nadie olvida prestar el respeto y el homenaje debidos, se
despide y se lanza desde la eclptica hacia la convexidad de la tierra; adquiriendo ms
agilidad con la esperanza de un buen xito, precipita su vuelo perpendicular girando como
una rueda area y no se detuvo hasta posarse sobre la cumbre del monte Nifates.
EL PARASO PERDIDO
LIBRO IV
Oh! Por qu no se dejo or aquella voz tutelar que hiri los odos del apstol que vio el
Apocalipsis, cuando el Dragn derrotado por segunda vez, acudi furioso para vengarse de
los hombres; voz que gritaba con fuerza en el cielo: "Ay de los moradores de la Tierra!"
Entonces, mientras an era tiempo, nuestros padres hubieran tenido aviso de la llegada de
su enemigo secreto, y quiz se habran librado de su lazo mortal. Porque Satans, inflamado
ahora de rabia, desciende por primera vez sobre la tierra: tentador antes que acusador del
gnero humano, viene para hacer sufrir el castigo de su primera batalla perdida, y de su
huda al infierno, al hombre inocente y frgil. Sin embargo, aunque temerario y sin miedo,
no se goza en su velocidad, al empezar su horrible empresa, no tiene motivos para
enorgullecerse. Su designio, prximo a manifestarse, oscila y hierve en su
seno tumultuoso, y, semejante a una mquina infernal, retrocede sobre s mismo. El horror y
la incertidumbre desconciertan sus turbados pensamientos y sublevan hasta el fondo todo el
infierno en su seno, porque lleva el infierno en s y en torno suyo, y no puede huir de l un
solo paso, como no puede huir de s mismo cambiando de sitio. La conciencia despierta a la
desesperacin que dormitaba y aviva en el arcngel el recuerdo amargo de lo que fue, de lo
que es y de lo que debe ser, cuando peores acciones produzcan mayores suplicios. Algunas
veces fija tristemente su infeliz mirada sobre el Edn, que se ostenta ahora agradable ante su
vista; otras la fija en el cielo y en el sol, que resplandece sobre su trono del medioda.
Despus de haberlo repasado todo en su imaginacin, se expres de esta suerte entre
suspiros:
"Oh t, que coronado de una gloria incomparable, miras desde lo alto de tu imperio
solitario, como si fueras el Dios de este mundo nuevo! T, ante cuya vista todas las
estrellas ocultan sus cabezas empequeecidas! A ti es a quien llamo, pero no con una voz
amiga, no pronuncio tu nombre, oh Sol!, sino para manifestarte todo el odio que me
inspiran tus rayos. Ellos me recuerdan el estado de que he descendido y cun glorioso me
elevaba otras veces sobre tu esfera.
El orgullo y la ambicin me han precipitado: he declarado la guerra en el cielo al Rey del
cielo, que no tiene igual. Ah! Y por qu? No mereca de m semejante pago, cuando me
haba creado tal cual era en una categora eminente: no me reprochaba ninguno de sus
beneficios: su servicio no era nada duro. Qu menos poda yo hacer que prodigarle
alabanzas, homenaje bien fcil por cierto? Qu otra cosa que tributarle acciones de gracias,
cuando le eran debidas? A pesar de esto, toda su bondad slo ha producido en m el mal, la
malicia. Encumbrado a tal alto puesto, he desdeado la sujecin, he pensado que, subiendo
un grado ms, llegara a ser el Altsimo, que en un momento satisfara la deuda inmensa de
una gratitud eterna; deuda bien pesada, puesto que siempre se paga, y siempre se debe.
Olvidaba tambin lo que diariamente reciba de l, no comprenda que un corazn
agradecido aunque deba, no debe, sino que paga sin cesar, siendo a la vez deudor y pagador.
Tan pesada era esta carga? Ah! Por qu su poderoso destino no me cre ngel inferior?
An me contemplara feliz: una desenfrenada esperanza no habra hecho nacer en m la
ambicin. Y por qu no? Alguna otra potestad tan grande hubiera podido aspirar al trono, y
a pesar de mi corta vala, me habra arrastrado a su partido. Pero otras potestades tan
grandes no han cado, sin embargo; han permanecido firmes, armadas interior y
exteriormente contra toda tentacin. No tenas t, por ventura, la misma voluntad libre, e
idntica fuerza para resistir? La tenas, a quin, pues y de qu podrs acusar, si no es al
libre amor del cielo, que en todos se hace sentir por igual?
Maldito sea, pues, ese amor, puesto que el amor o el odio, que para m son los mismo, me
acarrean la eterna desgracia! No: Maldito seas t mismo, ya que por tu voluntad contraria a
la de Dios has elegido libremente aquello de que hoy te arrepientes con tan justo motivo!
Ay de m, miserable! Por qu camino podr huir de la clera infinita y de la infinita
desesperacin? Por cualquiera que lo intente, ir a parar al infierno: el infierno soy yo
mismo; y en el abismo ms profundo existe dentro de m un abismo ms profundo que,
anchamente abierto, sin cesar amenaza devorarme, en comparacin de este antro, el infierno
en que sufro es parecido al cielo. Oh, modera tus golpes! No hay ningn lugar
reservado al arrepentimiento, a la misericordia? Ninguno; para ello es necesaria de
antemano la sumisin; pero mi orgullo y el temor de avergonzarme no me permiten
pronunciar esta palabra en presencia de los espritus inferiores a m, cuando yo soy quien
los ha seducido con otras promesas, con seguridades muy diferentes de la sumisin,
alabndome de sojuzgar al Todopoderoso. Ah, cun desgraciado soy! Cun poco saben lo
costosamente que estoy pagando mi vana jactancia, y los tormentos que me hacen gemir
interiormente, mientras me adoran sobre el trono del infierno! Yo, el ms elevado con el
cetro y la diadema, he cado ms abajo que ellos, sindoles nicamente superior en
miserias! Esa es la recompensa que halla la ambicin.
Pero aun cuando me fuera posible arrepentirme, obtener gracia y volver a mi primitivo
esplendor, ah! lo elevado de mi estirpe hara renacer en breve lo elevado de mis
pensamientos, y cun pronto me retractara de lo que una fingida sumisin me hubiera
hecho jurar! El alivio del mar rechazara como nulos y arrancados por la violencia unos
votos pronunciados en medio del dolor. Jams puede renacer una verdadera reconciliacin
all donde las heridas de un odio mortal han penetrado tan profundamente. Esto tan slo me
conducira a infidelidad peor y a ms horrible cada: comprara cara un corta intermisin
pagada con un doble suplicio. Harto lo sabe el que me castiga y por lo mismo est tan lejos
de concederme la paz como yo de mendigarla. Alejada toda esperanza en lugar de nosotros,
arrojados, proscritos, ha creado al hombre, su nueva delicia, y para el hombre, este mundo.
As pues, adis esperanza, y con la esperanza, adis temor, adis remordimientos! Puesto
que todo bien est ya perdido para m, oh Mal!, s mi bien, merced a ti compartir a los
menos el imperio con el Rey del Cielo, merced a ti, reinar quiz sobre ms de la mitad del
Universo, como lo conocern en breve el hombre y este nuevo mundo".
Mientras hablaba de esta suerte, las pasiones oscurecan su rostro, alterado tres veces por la
plida clera, la envidia y la desesperacin; pasiones que desfiguraban su mentido
semblante, y que habran descubierto su disfraz si algn ojo le hubiera visto; porque los
espritus celestiales estn siempre exentos de tan vergonzosos desrdenes. Satans se
acord de ello en breve, y cubri la alteracin de su rostro con una exterioridad de calma:
como artista hbil en todo fraude, l fue el primero que practic la falsedad bajo una
apariencia santa, a fin de ocultar su profunda malicia encerrada en la venganza. No era, sin
embargo, lo suficientemente experto en su arte para lograr engaar a Uriel, una vez
prevenido; la mirada de este arcngel le haba seguido por el camino que emprendiera; le
vio sobre el monte Asirio ms alterado de lo que convena a un espritu bienaventurado; y
observ sus gestos furiosos, su extraviado continente, mientras l se crea solo, no
observado, no visto.
Satans continu su camino y se acerc al lmite del Edn. El delicioso Paraso ms
prximo ahora, corona con su verde cercado, cual un muro campestre, la cumbre aplanada
de una escarpada soledad: las enhiestas laderas de aquel desierto, erizadas de espesas
breas, caprichosas y salvajes, impiden toda entrada. Sobre su clima crecan hasta una
elevacin inconmensurable, las ms altas arboledas de cedros, pinos, abetos y palmeras, que
formaban un agreste conjunto; y como sus largas hileras sobreponan follaje, componan un
anfiteatro de bosques del ms majestuoso aspecto. Ms elevada an que sus cimas, ascenda
la verde muralla del Paraso, ofreciendo a nuestro primer padre una vasta
perspectiva sobre las comarcas que rodeaban su imperio. Ms alto que aquella muralla, que
se extenda circularmente en torno suyo, descollaba un crculo de los ms preciados rboles,
cargados de los ms hermosos frutos. Las flores y los dorados frutos formaban un rico
esmalte de entremezclados colores; el sol esparca en ellos sus rayos con ms placer que en
una hermosa nube vespertina o en el hmedo arco que aparece cuando Dios roca la tierra.
Tal era aquel encantador paisaje. A medida que Satans se acercaba a l, pasaba de un aire
puro a otro ms puro, que inspiraba al corazn delicias y goces primaverales, capaces de
extirpar toda tristeza, excepto la de la desesperacin. Blandas brisas, batiendo sus odorferas
alas, esparcan perfumes naturales, y revelaban los sitios donde adquiran aquellos
embalsamados despojos. As como a los marinos que han doblado el cabo de Buena
Esperanza y han pasado ya de Mozambique, sorprenden en alta mar los perfumes de Sab,
que desde la aromtica costa de la Arabia Feliz les llevan los vientos del Nordeste, por lo
cual, encantados con la calma, procuran detener an ms su marcha, y durante muchas
leguas se sonre el viejo Ocano halagado por tan agradables perfumes, del mismo modo
acogan las suaves emanaciones del Paraso al Enemigo, que iba a l para envenenarlas.
Mostrse ms satisfecho que lo pareci Asmodeo ante el humo del veneno que, aunque
enamorado, le hizo apartarse del lado de la esposa del hijo de Tobas, obligndole la
venganza a huir desde la Media hasta Egipto, donde fue encadenado.
Pensativo y lento, ascendi Satans por la colina escarpada y salvaje, pero en breve le falt
el camino para ir ms lejos; de tal modo las espinas, entrelazadas como una valla continua,
y la exuberancia de los zarzales, cierran el paso a l hombre o a la bestia que sigan este
camino. El Paraso slo tena una puerta que miraba al Oriente por el lado opuesto; pero el
gran criminal, a pesar de haberla visto, desde de introducirse por la entrada verdadera, y
por desprecio, traspas de un rpido salto todo el cercado de la colina y de la ms alta
muralla y cay de pies en el interior.
Como el lobo merodeador, que obligado por el hambre a buscar las recientes huellas de una
presa acecha el sitio donde los pastores han encerrado de noche sus rebaos en recintos
seguros en medio de los campos y salta fcilmente por encima de las cercas del aprisco; o
como un ladrn, vido de apoderarse del tesoro de un rico ciudadano, cuyas macizas
puertas, provistas de barras y cerrojos, no temen ningn asalto, as el primero y el mayor de
los ladrones escal el redil de Dios, del mismo modo que escalaron despus su Iglesia los
impuros mercenarios.
Satans despleg en seguida su vuelo y se pos semejante a un cuervo marino, sobre el
rbol de la vida, el rbol del centro del Paraso y tambin el ms elevado. No recobr en el
la verdadera vida, sino que medit all la muerte de los que vivan; no pens en la virtud del
rbol que da vida, y cuyo buen uso hubiera sido prenda de inmortalidad, sino que se sirvi
solamente de l para extender a lo lejos sus miradas: Tan cierto es que nadie, excepto Dios,
conoce el justo valor del bien presente, y que se pervierten las mejores cosas por el ms
abominable abuso o por el uso ms vil.
Satans tendi sus miradas por el suelo que le rodeaban y con nueva sorpresa vio contenidas
en un estrecho espacio y para las delicias de los sentidos del hombre, todas las
riquezas de la Naturaleza; mejor dicho, vio un cielo en la tierra, porque este bienaventurado
Paraso era el jardn de Dios, plantado por l mismo al Oriente del Edn. El Edn se
extenda al Este, desde Auran hasta las torres reales de la gran Seleucia, fundada por los
reyes griegos, o hasta el sitio que los hijos del Edn habitaron mucho tiempo antes, llamado
Telessar. Sobre este suelo agradable traz Dios su ms encantador jardn; hizo salir de la
tierra fecunda los rboles de mejor especie para recreo de la vista, el olfato y el gusto. En
medio de ellos estaba el rbol de la Vida, alto, elevado, ostentando sus frutos de ambrosa y
de oro vegetal. No lejos de la vida, creca el rbol de la ciencia, nuestra muerte, ciencia del
bien, comprada a tanta costa por el conocimiento del mal.
Por el lado del Medioda, y a travs del Edn, pasaba un anchuroso ro, que no variaba su
curso, sino que se sepultaba bajo la escarpada montaa. Dios haba colocado aquella
montaa, como el suelo de su elevado jardn, sobre la rpida corriente. La onda atrada
hacia lo alto por la dulce sed de la tierra porosa, brotaba de sus venas como lmpida fuente y
se desparramaba por el jardn, formando innumerables arroyuelos, que, reunindose caan
desde una rampa escarpada y volvan a encontrar el ro, que sala de su oscuro pasaje;
dividido ste entonces en cuatro brazos principales, emprenda diferentes caminos, errando
por pases y reinos famosos, de que es intil hacer mencin aqu.
Digamos ms bien, si es que el arte puede hacerlo cmo corran los tortuosos arroyos de
aquella fuente de zafiro sobre perlas orientales y arenas de oro; cmo formando sinuosos
laberintos y bajo risueos follajes, esparcan el nctar, visitaban cada planta y nutran flores
dignas del paraso. Aquellas flores no han sido ordenadas en capas regulares, ni en curiosos
ramilletes, por el refinamiento del arte, sino que la generosa Naturaleza las ha distribuido
con profusin sobre la colina, por el valle, por la llanura, all donde el sol de la maana
comunica su primer calor al campo abierto, y all donde el follaje impenetrable, sombrea los
bosquecillos al Medioda.
Tal era aquel lugar: asilo feliz y campestre de variado aspecto: bosquecillos, cuyos ricos
rboles lloran lgrimas de blsamo y de gomas perfumadas; vergeles cuyos frutos de
doradas y tersas pieles y exquisito gusto, penden incitantes, sitio en que se realiza la fbula
de las Hesprides, si es cierto este prodigio. Entre aquellos bosquecillos se interponen
algunos espacios descubierto y risueos prados, donde los rebaos pacen la fresca hierba, o
bien se elevan colinas plantadas de palmeras, o despliega sus tesoros el florido recinto de
algn hmedo valle, lleno de flores de todos colores y de rosas sin espinas.
Hacia otro lado se abren umbrosas grutas y cavernas, que convidan al reposo con su
frescura: la vid envolvindolas con su manto, ostenta sus purpreos racimos y se encarama
elegantemente rica. Al mismo tiempo caen aguas susurrantes por los declives de las colinas,
dispersndose o yendo a unir sus corrientes en un lago, que refleja en su cristalino espejo
sus orillas desiguales y coronadas de mirtos. Los pjaros cantan en coro, y las brisas
primaverales, esparciendo los perfumes de los campos y de los vergeles unen su suave
armona a la de las temblorosas hojas, mientras que el universal Pan, danzando con las
Gracias y con las Horas, lleva consigo una primavera eterna. Ni la deliciosa campia de
Enna donde Proserpina fue arrebatada por el sombro Plutn, mientras coga flores, cuando
ella era la flor ms preciada, haciendo que la desolada Ceres la buscase por toda la Tierra, ni
el agradable bosque de Dafne, cerca del Oronte, ni la inspirada fuente de Castalia pueden
compararse al paraso del Edn; y mucho menos la isla Nisa, rodeada por el ro Tritn,
donde el viejo Can, llamado Amn y Jpiter Lbico por los gentiles, ocult a Amaltea y al
joven Baco, para alejarlo de la vista de Rea, su madrastra. El monte Amar donde los reyes
de Abisinia guardan sus hijos y donde algunos han supuesto que estaba el verdadero
paraso, monte colocado bajo la lnea etipica y cerca de las fuentes del Nilo, rodeado de
brillantes rocas, para cuya ascensin se necesita un da entero, est muy lejos de
aproximarse en semejanza al jardn de Asiria, donde el Enemigo vio sin placer todos los
placeres, todas las criaturas vivientes, nuevas y extraas a sus ojos.
Dos de entre ellas, dotadas de una forma mucho ms noble, de continente erguido y elevado
como el de los dioses, vestidas con su dignidad natal en una desnuda majestad, parecan los
seores de todo, y se mostraban dignas de serlo. En sus miradas divinas brillaba la imagen
de su glorioso autor, con la razn, la sabidura, la santidad severa y pura, severa, pero
colocada en esa verdadera libertad filial que constituye la verdadera autoridad entre los
hombres. Aquellas dos criaturas no eran iguales, como tampoco eran iguales sus sexos: l
estaba formado para la contemplacin y el valor; Ella, para la dulzura y la gracia seductora.
l, para Dios solamente; Ella, para Dios en l. La hermosa y ancha frente del hombre y su
mirada sublime anuncian la autoridad suprema; sus cabellos de jacinto divididos por
delante, caen formando bucles de una manera varonil sobre sus fuertes hombros, pero sin
pasar de ellos. La mujer lleva como un velo su cabellera de oro, que desciende esparcida y
sin adorno hasta su delgada cintura, enroscndose en caprichosos anillos, como la vid
repliega sus flexibles sortijas, smbolo de la dependencia, pero de una dependencia
demandada con dulce autoridad, concedida por la mujer, recibida por el hombre; otorgada
con una sumisin ingenua, y un orgullo modesto, una tierna resistencia y una amorosa
demora. Entonces no estaba oculta ninguna parte misteriosa de sus cuerpos; entonces no
exista la culpable vergenza, desconocan esa decencia impdica y ese honor deshonroso
que desdora las obras de la Naturaleza. Oh vergenza, hija del pecado, cunto has turbado
a la raza humana, con puras apariencias de pureza! Has alejado de la vida del hombre su
vida ms dichosa, la sencillez y la inmaculada inocencia!
De este modo viva la desnuda pareja, sin evitar la vista de Dios ni la de los ngeles, porque
no pensaba en el mal, as viva, con las manos entrelazadas, la ms hermosa pareja que se
haya unido con los lazos del amor: Adn, el mejor de los hombres que fueron sus hijos;
Eva, la ms bella de las mujeres que nacieron hijas suyas.
Bajo una umbrosa enramada, que murmuraba dulcemente sobre el verde csped, se sentaron
junto a una lmpida fuente. El cultivo de su hermoso jardn les haba ocupado tan slo lo
necesario para que gustaran ms a su sabor de la frescura del cfiro, para hacerles ms
apacible el reposo y ms saludables el hambre y la sed. All cogieron los frutos que deban
servirles para su colacin; frutos deliciosos que les decan las complacientes ramas,
mientras ellos reposaban inclinados sobre la blanda alfombra de un lecho cubierto de flores.
Gustaban las sabrosas pulpas, y a medida que tenan sed, beban en la corteza de las frutas
el agua que se deslizaba en torno suyo.
En este banquete no faltaban ni los dulces coloquios, ni las tiernas sonrisas, ni las juveniles
caricias naturales a tan bellos esposos, enlazados por el dichoso vnculo nupcial, y que se
encontraban solos. En su derredor triscaban alegremente los animales de la Tierra, que,
transformados despus en fieras, son perseguidos en los bosques o en los desiertos, en las
selvas o en las cavernas. El len se encabritaba jugando y meca la cabritillo entre sus
garras; los osos, los tigres, los leopardos, las panteras, saltaban y luchaban inocentemente en
su presencia, el informe elefante, para entretenerlos haca gala de su fuerza y enroscaba con
destreza los anillos de su flexible trompa; la astuta serpiente, insinundose cerca de ellos,
entrelazaba como un nudo gordiano su replegada cola, y daba una prueba de su fatal
malicia, no comprendida entonces. Otros animales tendidos sobre el csped, hartos de pasto
miraban a uno y otro lado, o rumiaban medio dormidos. El sol, prximo a su ocaso,
apresuraba su carrera inclinada hacia las islas del de Ocano y en la escala ascendente del
cielo se elevaban las estrellas introductoras de la noche. El triste Satans, que no haba
salido an de su anterior asombro, apenas pudo recobrar su voz desfallecida:
"Oh infierno! Qu es lo que mis ojos ven con dolor? En lugar nuestro y a tan alto grado
de felicidad se han elevado criaturas de otra sustancia, nacidas quiz de la tierra, y aunque
no espritus puros, poco inferiores, sin embargo a los espritus celestiales! Mis
pensamientos se fijan en ellas con asombro, yo podra amarlas, en atencin a la divina
semejanza que en ellas resplandece, y a tantas gracias como ha derramado en su forma la
mano que las cre.
Ah pareja encantadora, no te imaginas el cambio que vas a sufrir en breve; todas tus
delicias van a desvanecerse, y a entregarte a la desgracia; desgracia tanto mayor cuanto ms
placer ests disfrutando ahora! Pareja dichosa pero mal guardada para continuar por mucho
tiempo en tan feliz estado: esta mansin elevada, vuestro cielo, est mal fortificada para
serlo, y para impedir el paso a un enemigo tal como el que ahora ha entrado. No es decir
que yo sea vuestro enemigo decidido; pues ahora podra tener piedad de vosotros al veros
abandonados por ms que no la hayan tenido de m.
Pretendo celebrar con vosotros una alianza, una amistad mutua, tan ntima, tan estrecha, que
en adelante habite yo con vosotros o vosotros habitis conmigo. Mi morada no es parecer
sin duda tan agradable como este risueo paraso; aceptadla, sin embargo tal cual es, porque
es tambin la obra de vuestro Creador; l me la ha dado, y yo, no menos generoso, os la
cedo a mi vez. El infierno abrir sus anchas puertas para recibiros a ambos y enviar todos
sus reyes a vuestro encuentro. All dispondris del espacio de que en estos reducidos lmites
carecerais, para aposentar vuestra numerosa posteridad. Si aquel lugar no es mejor,
agradecrselo al que me ha obligado a pesar de mi repugnancia, a tomar en vosotros
venganza del ultraje que me infiri, aunque por vuestra parte no me hayis hecho ningn
dao. Y aun cuando me enterneciese como lo hago, en vista de vuestra inofensiva
inocencia, una justa razn pblica, el honor, el imperio que mi venganza ensanchar con la
conquista de este nuevo mundo, me obligaran a hacer lo que, sin estas razones, me parece
aborrecible, a pesar de ser un condenado".
As habl en Enemigo, procurando justificar con la necesidad pretexto de todos los tiranos,
su diablico proyecto.
Desciende desde la elevada copa del rbol donde se haba posado, y se dirige hacia la
juguetona multitud de los cuadrpedos, convertido ya en uno, ya en otro, segn la forma de
ellos que cuadra mejor a su designio.
Contempla desde ms cerca su presa; espa sin ser descubierto, cuanto puede averiguar an
acerca del estado de los dos esposos por sus palabras o por sus acciones. Tan pronto da
vueltas en torno suyo cual len de chispeantes ojos, como les sigue cual tigre que ha
descubierto por casualidad dos tiernos cervatillos jugando en el lindero de un bosque,
agachndose, levantndose y cambiando con frecuencia de emboscada, como un enemigo
que escoge el terreno desde donde, lanzndose sobre su presa, pueda cogerla entre sus
garras. Adn, el primero de los hombres, al dirigir estas frases a Eva, la primera de las
mujeres, hizo que Satans aguzara los odos para escuchar las palabras de aquella nueva
lengua:
"Oh mi dulce compaera, nica quien comparto todos estos placeres y a quien amo ms
que a ellos! Preciso es que el poder que nos ha hecho, y que ha hecho para nosotros este
vasto mundo, sea infinitamente bueno, tan generoso como bueno, y asimismo tan liberal en
su bondad como infinito. l nos ha sacado del polvo y nos ha colocado aqu, en medio de
toda esta felicidad, cuando por nuestra parte no hemos merecido nada de su mano, ni
podemos hacer nada de que pueda l tener necesidad. No exige de nosotros otra cosa que
un solo deber, una fcil obligacin, que de todos cuantos rboles producen en el paraso
frutos variados y deliciosos, nos abstengamos nicamente de tocar el rbol de la ciencia,
plantado cerca del rbol de la vida. Tan cerca de la vida crece la muerte! Y qu es la
muerte? Alguna cosa terrible sin duda; porque, como t no ignoras, Dios ha dicho que tocar
el rbol de la ciencia es lo mismo que morir. Esta es la nica prueba de obediencia que nos
ha impuesto entre tantas facultades de poder y de soberana como nos ha conferido, y
despus de habernos dado un dominio absoluto sobre todas las criaturas que existen sobre la
tierra, en el aire y el mar. No debemos pues, tener por penosa tan libera prohibicin, cuando
por lo dems disfrutamos del libre y amplio uso de todas las cosas, y la eleccin ilimitada
de todos los placeres. Alabemos, s, para siempre a Dios, glorifiquemos su bondad,
continuemos en nuestra tarea deliciosa de podar esos rboles y cultivar esas flores, tarea
que, aunque fuera fatigosa, contigo sera dulce".
Eva le respondi:
"Oh t para quien y de quien he sido formada carne de tu carne, y sin quien no tendra
objeto mi existencia! Oh gua y jefe mo! Lo que acabas de decir es justo y razonable.
Debemos en verdad, alabanzas y diarias acciones de gracias a nuestro Creador; y
principalmente yo, que disfruto de la mayor parte de nuestra dicha poseyndote a ti, que
eres superior a toda comparacin y que no puedes hallar otro igual a ti.
Recuerdo con frecuencia el da en que sal por primera vez de mi sueo me encontr
muellemente reposada a la sombra sobre flores, no sabiendo en mi sorpresa lo que era,
dnde estaba, ni de dnde y cmo haba sido llevada all. No lejos de este sitio se escapaba
de una gruta el dulce murmullo de las aguas, que se extendan como un brillante espejo,
quedando luego tranquilas y puras como la superficie del cielo. Me dirig a aquel sitio con
un pensamiento inexperto y me tend sobre la verde orilla, para contemplar el verde y
transparente lago, que me pareca otro firmamento. Cuando me inclinaba para mirar,
apareci ante m una forma en el cristal del agua, inclinndose tambin para contemplarme,
retroced estremecindome y ella retrocedi estremecindose: complacida volv a
adelantarme y ella hizo lo mismo, mirndonos con amorosa empata. An estaran fijos mis
ojos en aquella imagen y yo me habra consumido en un vano deseo, si una voz no me
hubiera avisado de esta suerte:
"Lo que ves, hermosa criatura, lo que ves ah es a ti misma: ese objeto va y viene contigo,
pero sgueme, yo te conducir a un sitio donde alguien que no es una sombra espera tu
llegada y tus dulces caricias. Gozars inseparablemente de aquel de quien eres imagen, le
dars una multitud de hijos semejantes a ti misma y sers llamada madre del gnero
humano"
Qu otra cosa poda yo hacer sino seguir a mi invisible gua? Bajo un pltano te vi
entonces, gallardo y hermoso, es cierto, pero, sin embargo me pareciste menos bello, de una
gracia menos atractiva, de una dulzura menos amable que aquella bella imagen de las aguas.
Volv hacia atrs mis pasos, me seguiste y exclamaste: "Vuelve hermosa Eva! De quin
huyes? Del que huyes has nacido; t eres su carne, sus huesos. Para darte el ser te he
prestado de mi propio costado, del sitio ms prximo a mi corazn, la sustancia y la vida a
fin de que permanezcas para siempre a mi lado, y de que seas mi caro e inseparable
consuelo. Parte de mi alma, yo te busco! Reclama mi otra mitad". Con tu dulce mano
cogiste la ma, ced y desde entonces he visto cunto sobrepuja a la belleza la gracia varonil
y la sabidura, que es la nica verdaderamente hermosa".
As habl nuestra madre comn, y con miradas llenas de un encanto conyugal no rechazado,
con un tierno abandono se apoy en nuestro primer padre, medio abrazndole, la mitad de
su seno, palpitante y desnudo, oculto bajo el oro flotante de sus trenzas esparcidas, fue a
encontrar el seno de su esposo. Adn seducido por su belleza y por sus sumisos encantos, se
sonri con un amor superior, como Jpiter se sonre mirando a Juno cuando fecundiza las
nubes que esparcen las flores de mayo, y deposit un beso puro en los labios de la madre de
los hombres. El demonio volvi la cabeza con envida, a pesar de lo cual continu
mirndolos de reojos con malignos celos, quejndose consigo mismo de esta suerte:
Vista odiosa!, espectculo atormentador! De ese modo esos dos seres, endiosados uno en
brazos del otro, y formndose un Edn ms feliz, acumularn dicha sobre dicha, mientras yo
me veo sepultado en el infierno, donde no existe el placer, ni el amor, sino que arde un
violento deseo, que no es por cierto el menor de nuestros tormentos, deseo que, no vindose
nunca satisfecho se consume en el suplicio de la pasin!
"Pero no olvidar lo que he sabido de su propia boca, segn parece, no todo se halla bajo tu
dominio, aqu se eleva un rbol fatal, llamado el rbol de la ciencia, cuyo fruto les est
prohibido tocar. Prohibida la ciencia! Esto es sospechoso e irracional. Por qu les habra
de envidiar su Seor, la ciencia? Es un crimen saber? Es acaso la muerte? Existe tan slo
merced a la ignorancia? Estar fundada su felicidad en esta prueba de obediencia y de
fidelidad? Oh! qu afortunado cimiento para labrar su ruina! Por este medio excitar en su
alma un deseo ms grande de saber y de rechazar un mandato envidioso, inventado con el
designio de tener humillados a los que, gracias a la ciencia, se veran exaltados hasta la
altura de los dioses, con la esperanza de llegar a serlo, gustarn y morirn. Qu cosa ms
verosmil? Pero ante todo recorramos este jardn, examinndolo minuciosamente y no
dejemos de registrar ningn rincn La casualidad tan solo la casualidad puede conducirme
al sitio donde me encuentre con algn espritu del cielo, vagando a la orilla de una fuente, o
en la espesura de una enramada, y entonces sabr por l lo que an me falta averiguar.
Vive en tanto que puedes, afortunada pareja! Goza hasta que yo vuelva, de esos cortos
placeres, que en pos de ellos vendrn prolongados sinsabores!"
As diciendo encamina desdeosamente hacia otra parte sus pasos soberbios, pero con una
circunspeccin artificiosa y da principio a sus investigaciones a travs de los bosques y de
las llanuras, por las colinas y los valles. El sol descenda entre tanto hacia el extremo del
Occidente en que el cielo se confunde con el Ocano y la Tierra, y hera horizontalmente
con sus rayos vespertinos la puerta oriental del paraso. Esta puerta era un roca de alabastro,
que llegaba hasta la nubes, y que se descubra desde lejos. Un sendero tortuoso, accesible
por el lado de la Tierra, conduca a una entrada elevada, el resto era un pico escarpado que
se inclinaba hacia delante a medida que iba descendiendo, y por el que era imposible trepar.
Entre los dos pilares de la roca estaba sentado Gabriel, el jefe de los guardias anglicas,
esperaba la noche, en torno suyo se ejercitaba en nobles juegos la juventud del cielo,
desarmada; pero no lejos de ella, las armaduras divinas, las corazas, los escudos y las
lanzas, suspendidas en forma de haces, brillaban con los destellos del oro y del diamante.
All descendi Uriel sobre un rayo de sol, atravesando la dudosa claridad del crepsculo y
rpido como una estrella que cae durante una noche de otoo, cuando los vapores
inflamados surcan el aire anunciando al marinero hacia qu punto de la brjula debe
resguardarse de los vientos impetuosos. Uriel dirigi a Gabriel estas precipitadas palabras:
"Gabriel tu alcurnia te ha hecho obtener el empleo de vigilar cuidadosamente a fin de que
no pueda acercarse o penetrar ninguna cosa nociva en esta dichos morada. Sabe, pues, que
hoy, en pleno medioda, ha llegado a mi esfera un espritu, deseoso, en la apariencia de
conocer un nmero mayor de obras del Todopoderoso, y especialmente al hombre, la ltima
imagen de Dios. Le he enseado el camino corto: he observado con atencin su marcha
area, y cuando se ha detenido en la montaa que se eleva al norte del Edn, descubr en l
miradas extraas al cielo, oscurecidas por malas pasiones. Le segu con la vista pero lo
perd en las sombras. Temo que alguno de la banda proscrita se haya aventurado a salir
fuera del abismo, para suscitar nuevos disturbios: tuyo es el cuidado de encontrarle".
El guerrero alado respondi:
Uriel, no me admira que, residiendo en el crculo brillante del sol se extienda tu visa
perfecta en todas direcciones. Por esta puerta donde tiene su asiento la Vigilancia no pasa
nadie que no sea conocido como procedente del cielo: desde medioda se ha presentado
ninguna de sus criaturas. Si un espritu de otra especie ha traspasado estos lmites terrestres
con algn intento, difcil es, como sabes, detener una sustancia espiritual con una barrera
material, pero si en el recinto de estos paseos se ha deslizado ese que dices, yo lo sabr
maana al rayar el da, sea cualquier la forma bajo que se oculte".
Tal fue la promesa de Gabriel. Uriel se volvi a su puesto sobre el mismo rayo luminoso
cuya punta elevada ahora, le conduce en rpido descenso hacia el sol, que se diriga al ocaso
por debajo de las Azores; ya sea porque el primer orbe, con una rapidez increble, hubiese
rodado hasta all en su revolucin diurna, o porque la tierra menos rpida y con una fuga
ms lenta hacia el Este, hubiera dejado all al sol, matizado con reflejos de prpura y oro las
nubes que sirven de squito a su torno occidental.
La noche avanzaba tranquila y el pardo crepsculo escoltado por el silencio, haba cubierto
todos los objetos con su grave manto; los brutos y las aves se haban retirado: aquellos a sus
lechos de hierba, stos a sus nidos. Slo el ruiseor velaba, toda la noche estuvo cantando
sus amorosas endechas, que tenan embelesado al silencio.
Pronto fulgur el firmamento con los ms vvidos zafiros. Hspero, al frente de la milicia
estrellada, se adentraba ms resplandeciente, hasta que la luna, elevndose con una majestad
nebulosa, se ostent regiamente desplegando su luz de perlas y extendiendo su manto de
plata sobre la sombra.
Adn, dirigindose a Eva, le dijo:
"Hermosa compaera, la hora de la noche, el reposo a que se ha entregado la Naturaleza
entera, todos nos invita a reposar tambin. Dios ha hecho el trabajo y el descanso, como el
da y la noche, para que alternen a favor del hombre; el roco del sueo, cayendo a propsito
con su dulce y adormecedora pesadez, cierra nuestros prpados. Las dems criaturas vagan
durante el da ociosas, sin ocupacin, y tienen menos necesidad de reposo: el hombre tiene
asignada su cotidiana tarea corporal o espiritual; lo cual patentiza su dignidad y la atencin
que el cielo presta a todas su miras. Los animales, por el contrario, vagan a la ventura
desocupados, y Dios no tiene en cuenta lo que hacen. Maana, antes que la fresca aurora
anuncie por el Oriente la primera aproximacin de la luz, ser preciso que nos levantemos
para emprender de nuevo nuestros agradables trabajos. Tenemos que podar esos floridos
vergeles, esas verdes alamedas, nuestro paseo del medioda, embarazadas con el exceso de
sus ramas: se ren de la insuficiencia de nuestro cultivo y solicitan ms brazos que las
alivien de su exuberante crecimiento. Tambin debemos recoger esas flores, y esas gomas
que caen y permanecen en el suelo, sucias y desagradables a la vista, si queremos caminar
con desahogo: ahora, segn la voluntad de la Naturaleza, la noche nos prescribe el reposo".
Eva adornada de una belleza perfecta le respondi:
"Mi autor y mi soberano, manda, que yo te obedezco. Dios lo ordena as, Dios es tu ley y t
eres la ma. La gloria de una mujer y su ciencia ms dichosa se cifra en no saber ms.
Hablando contigo olvido el tiempo, las horas y sus cambios me son igualmente gratos.
Dulce es el soplo de la maana, dulce el despuntar del da con los primeros cantos de los
pajarillos, agradable el sol cuando despliega en este delicioso jardn sus primeros rayos
sobre la hierba, el rbol, el fruto y la flor brillante de roco; embalsamada la frtil tierra
despus de una dulce lluvia, encantadora la proximidad de un crepsculo vespertino,
apacible y delicioso, halagea la noche silenciosa con su ave solemne y esa luna tan bella,
y esas perlas del cielo que forman su estrellada corte, pero ni el fresco hlito de la maana
ni el dulce canto de los pjaros, ni el sol que se eleva sobre este delicioso jardn, ni la
hierba, ni el fruto, ni la flor que brilla con el roco, ni el perfume que exhala la tierra
despus de la lluvia, ni la tarde silenciosa y apacible, ni la noche con su ave solemne, ni el
paseo a la luz de la luna o al trmulo fulgor de las estrellas, tienen para m atractivo sin ti.
Pero por qu brillan esas estrellas durante toda la noche? Quin disfruta de ese glorioso
espectculo, cuando el sueo ha cerrado todos los ojos?"
Nuestro comn antepasado respondi:
"Hija de Dios y del hombre, Eva perfecta, esos astros tienen que recorrer su curso alrededor
de la tierra, desde la noche hasta la maana, aparecen y desaparecen de comarca en
comarca, a fin de dispensar la luz destinada a las naciones que no han nacido todava,
porque sera de temer que las tinieblas totales volviesen a ocupar durante la noche su
antiguo dominio y extinguiesen la vida en la Naturaleza y en todas las cosas. No tan slo
alumbran esos moderados fuegos, sino que por medio de un amistoso calor de diversa
influencia, fomentan, atemperan, alimentan o comunican una parte de su virtud estelar a
todas las especies de seres que crecen sobre la tierra y les dan mas aptitud para recibir la
perfeccin del rayo del sol, ms poderoso que ellas. Aunque esos astros pasen inadvertidos
en la profundidad de la noche, no brillan en vano. No creas que, aunque el hombre no
existiese, carecera el cielo de espectadores, y Dios de alabanzas; mientras velamos,
mientras dormimos, millones de criaturas espirituales marchan invisibles por el mundo
alabando con cnticos sin fin las obras del Altsimo que contemplan noche y da. Cuntas
veces, desde lo alto de una colina, donde se repiten los ecos, o desde un bosque, hemos odo
a medianoche voces celestiales, ya solas, ya contestndose mutuamente, cantando al
sublime Creador! A menudo los ngeles, en sus nocturnas rondas, y al sonido de
instrumentos divinamente pulsados, mezclan sus cantos con la ms perfecta armona, cantos
que dividen la noche y elevan al Cielo nuestros pensamientos".
Hablando de esta suerte, y asidos de la mano, entran solitarios en su afortunado retiro; era
ste un lugar escogido por el Plantador soberano, al disponer todas las cosas para el uso
delicioso del hombre. La techumbre estaba formada por un tejado de laurel y mirto, y lo que
sobresala era un follaje compacto y aromtico. Por uno y otro lado, el acanto y otras
plantas espesas y olorosas elevaban un muro de verdura: bellas flores, lirios de todos
matices, las rosas y el jazmn erguan sus frondosos tallos formando un mosaico. Bajo sus
pies, la violeta, el azafrn, el jacinto, cual rica tapicera, bordaban la superficie de la tierra,
comunicndole un colorido ms brillante que el de la piedra ms costosa y mejor esmaltada.
Ninguna otra criatura, ya fuese cuadrpedo, pjaro, insecto o reptil, osaba penetrar en aquel
recinto; tal era su respeto hacia el hombre. Jams, ni aun en las ficciones de la fbula,
durmieron Pan y Silvano ni habitaron Fauno y Ninfa en un lugar de tan apacible sombra, tan
solitario y tan sagrado. All, en aquel retiro cercado de flores, de guirnaldas y de hierbas de
un olor suavsimo, Eva, unida por vez primera a su esposo, embelleci su lecho nupcial, y
los coros celestes cantaron su epitalamio. Aquel da, el ngel del himeneo condujo a Eva a
la presencia de nuestro primer padre, ms adornada en su belleza desnuda, ms hermosa que
Pandora a quien los dioses dotaron con todos sus dones, ah! y muy semejante a Eva por el
triste resultado que produjo, cuando conducida por Hermes, ante el
imprudente hijo de Jafet, fascin a la especie humana con sus seductoras miradas, a fin de
vengar a Jpiter del que le haba robado el fuego autntico.
Llegados a esta suerte a su umbroso retiro, Eva y Adn se detuvieron, volvironse ambos y
adoraron bajo el cielo abierto al Dios que hizo a la vez el cielo, el aire, la tierra; el cielo que
vean, el globo resplandeciente de la luna y el polo estrellado.
"La noche tambin ha sido obra tuya, oh Creador omnipotente! Y has hecho el da que
acabamos de emplear en el trabajo que tenemos prescrito, felices con nuestra asistencia
mutua y con nuestro mutuo amor, corona de toda esta dicha ordenada por Ti. T has
formado este sitio encantador, demasiado vasto para nosotros; tus dones harto abundantes
caen sobre el suelo sin que encuentren manos que los recojan y participen de ellos. Pero nos
has ofrecido una raza salida de nosotros, que llenar la Tierra, que con nosotros glorificar
tu bondad infinita, lo mismo al despertar, que al buscar, como ahora, este sueo, otro de tus
dones".
Tal fue la oracin que pronunciaron ambos, unidos por un mismo pensamiento, y sin
observar ms ritos que una pura adoracin, la mas grata a Dios. Entraron asidos de la mano
en el sitio ms secreto de su retiro y sin que tuvieran la molestia de desembarazarse de la
incmodas ropas que nos cubren, se acostaron uno junto a otro. Adn no se apart de su
bella esposa, segn creo, ni Eva rechaz los ritos misteriosos del amor conyugal, a pesar de
todo cuanto dicen austeramente los hipcritas, acerca de la pureza del paraso, de la
inocencia, difamando como impuro lo que el mismo Dios ha declarado puro, lo que ordena
a algunos, lo que permite a todos. Nuestro Creador mand que se multiplicasen, quien
prescribe una ley contrario a la suya es nuestro destructor, el enemigo de Dios y del
hombre.
Salve amor conyugal, ley misteriosa, verdadero origen de la posteridad humana, nica
propiedad en el paraso, donde todos los dems bienes eran comunes! Por ti fue lanzado de
los hombres el ardor adltero y relegado a las caprichosas inclinaciones de los brutos; t
eres quien da a conocer por la primera vez y purifica, consagra y estrecha, esos dulces
vnculos de la sangre, esos ttulos sagrados de padre, hijo y hermano, fundados en una razn
leal, justa y pura. Lejos de m, oh casto himeneo!, la idea de ver en ti un pecado o una
vergenza, o de creerte indigno de penetrar en el sitio ms sagrado, a ti, manantial perpetuo
de goces domsticos, a ti, cuyo lecho ha sido declarado casto y puro por el presente y por el
pasado, y en el cual han entrado los santos y los patriarcas. En l se arma el amor de sus
doradas flechas, enciende su antorcha duradera, agita sus purpreas alas, reina y se deleita,
no en la mercenaria sonrisa de impdicas beldades sin pasin, sin placeres, y que ningn
cario inspiran, el verdadero amor no existe en esos goces pasajeros, como tampoco entre
las favoritas de la corte, ni en una danza confusa, ni bajo la lasciva mscara, ni en el baile
nocturno, ni en la serenata que dedica un frentico amante a su altanera beldad, cuyo
orgullo merecera un desdeoso abandono.
Mecidos por el canto de los ruiseores, dorman los dos esposos abrazados; sobre sus
desnudos miembros iban lloviendo rosas desde la florida bveda que los cobijaba, rosas que
renacan en su tallo a los primeros albores del da. Duerme dichosa pareja, mucho ms
dichosa, si no buscas un estado ms feliz y si sabes no saber ms!
Ya haba medido la noche con su cono tenebroso la mitad de su carrera hacia el punto ms
alto de esta vasta bveda sublunar, y los querubines saliendo de sus puertas de marfil a la
hora acostumbrada, se haban armado para sus rondas nocturnas con marcial continente,
cuando Gabriel dijo al que le segua en poder:
"Uriel, toma la mitad de estos guerreros, y costea el Medioda con la ms exquisita
vigilancia, la otra mitad dar la vuelta por el Norte y nuestra ronda, se reunir hacia el
Occidente".
Parten ligeros como la llama, los unos dirigindose hacia el lado del escudo y los otros
hacia el de la lanza. Gabriel llama a dos espritus sagaces y valientes que estaban cerca de l
y les da esta orden:
"Ituriel y Cefn, recorred este jardn con toda la velocidad de vuestras alas, no dejis sin
examinar rincn alguno y sobre todo el sitio donde habitan esas dos hermosas criaturas que
quiz duermen ahora, creyndose al abrigo del mal. Esta tarde, al declinar el sol, ha llegado
uno asegurndome que ha visto un espritu infernal dirigiendo su marcha hacia este sitio y
escapado de las barreras del infierno con mala intencin sin duda, en cualquier punto donde
lo encontris, apoderaos de l y traedle aqu".
Dicho esto, se puso en marcha a la cabeza de sus radiantes filas, que eclipsaban a la luna.
Ituriel y Cefn se encaminaron directamente al retiro de nuestros padres, para descubrir al
que buscaban. All le encontraron agachado como un sapo, junto al odo de Eva, intentando
con su arte diablica insinuarse hasta en el organismo de su imaginacin y forjar en l a su
capricho ilusiones, fantasmas y sueo, o bien comunicndole su veneno, trataba de infectar
los espritus vitales, que semejantes a los ligeros vapores emanados de una lmpida
corriente, se exhalan de la sangre ms pura. Esperaba, al corromperlos, infiltrar en el
espritu de Eva esos pensamientos desarreglados y descontentadizos, esas vanas esperanzas,
esos proyectos vanos, esos deseos desordenados, henchidos de opiniones altaneras, que
engendran el orgullo.
Ocupado se hallaba de esta suerte, cuando Ituriel le toc ligeramente con su lanza, la
impostura no puede resistir al contacto de un temple celestial, y se ve forzosamente
obligado a volver a su propia forma. Satans descubierto y sorprendido, se estremeci, y as
como cuando cae un chispa sobre un montn de plvora nitrosa preparada para llenar los
barriles, a fin de pertrechar un almacn hasta la eventualidad de una guerra, el negro grano
dispersado por una repentina explosin, inflama el aire, del mismo estall en su propia
forma el enemigo. Los dos hermosos ngeles retrocedieron un paso, casi admirados de ver
tan sbitamente al terrible monarca. Sin embargo no cabiendo en ellos el espanto, se le
acercaron en seguida:
"Cul de aquellos espritus rebeldes entregados al infierno eres t? Has venido escapado
de tu prisin? Por qu ests aqu, transformado y como enemigo en acecho, velando a la
cabecera de los que duermen?"
"Acaso no me conocis? - repuso Satans con desdeoso acento- No me conocis a m?
Pues bien: me habis conocido en otro tiempo, no como compaero vuestro sino sentado
donde no es atrevais a dirigir vuestro vuelo; no conocerme es confesaros desconocidos
vosotros mismos, y declararos los ms nfimos de vuestra banda. Y si me conocis, a qu
viene interrogarme y dar principio a vuestra misin de un modo tan superfluo como vano
ser el fin?"
Cefn, devolvindole desprecio por desprecio, le contest:
"No creas, espritu rebelde, que se te pueda reconocer y que tu forma sea la misma y no
haya disminuido el esplendor que te rodeaba cuando estabas en el cielo erguido y puro. Esa
gloria se apart de ti, cuando dejaste de ser fiel: ahora te pareces a tu pecado y a la mansin
impura y tenebrosa de tu condenacin. Pero ven, porque es preciso, tenlo por seguro que
des cuenta de tus acciones al que aqu nos ha enviado, y cuyo cargo es el de custodiar este
sitio inviolable, y el de preservar a stos de todo mal."
As habl el querubn; su grave reprensin, severa en medio de una belleza juvenil, le
imprimi una gracia irresistible. El demonio qued confundido, pues conoca cun
imponente es la virtud en su forma, lo vea y gema por haberla perdido, pero sobre todo, al
advertir que haba observado la alteracin sensible de su esplendor. A pesar de esto,
mostrse todava intrpido.
"Si debo combatir - dijo-, que sea jefe contra jefe; contra el que enva, no contra el enviado,
o contra todos a la vez; de este modo ser mayor la gloria que adquiera, o menor la que
pierda."
"Tu espanto -le contest el atrevido Cefn- nos ahorrar la prueba de lo que el ms pequeo
de nosotros puede hacer solo contra ti, que siendo malo eres, por consiguiente dbil".
El Enemigo ahogado por la clera, no replic una palabra, sino que se puso en marcha con
la cabeza erguida, cual orgulloso y enfrenado corcel que tasca el freno, combatir le pareci
tan intil como huir, su corazn, que ninguna otra cosa poda ablandar, estaba dominado por
el temor que le inspiraba el Cielo. Aproximbase hacia el punto del Occidente, donde los
escuadrones de ngeles, despus de haber descrito su ronda semicircular, llegaban y se
reunan prontos a recibir nuevas rdenes.
Gabriel, su jefe, colocado al frente de ellos, exclam:
"Amigos. Percibo el rumor de un pie gil que se adelanta rpido por ese camino y a travs
de la oscuridad distingo ahora a Ituriel, a Cefn. Con ellos viene un tercero de regio
aspecto, pero de un esplendor plido y marchito, por su porte y su feroz continente parece
ser el prncipe del infierno, que probablemente no saldr de aqu sin resistencia. Estad
firmes, porque sus miradas se ofuscan y nos desafan".
Apenas hubo concluido de hablar, cuando Ituriel y Cefn se le renen: le refieren
brevemente quien es su cautivo, dnde le han encontrado y la ocupacin en que le han
sorprendido, bajo qu forma y la postura en que estaba tendido.
Gabriel le dirigi de este modo la palabra con mirada severa:
"Satans, por qu has traspasado los lmites prescritos a tus rebeliones? Por qu vienes a
turbar en su ministerio a los que no quieren seguir tu ejemplo, rebelndose y que tienen la
potestad y el derecho de interrogarte sobre tu audaz entrada en este sitio, donde te
dedicabas, segn parece, a violar el sueo y a inquietar a aquellos cuya morada ha colocado
Dios en esta felicidad?"
Satans respondi frunciendo las cejas con desprecio:
"Gabriel, en el cielo gozabas reputacin de cuero, y yo te tena por tal; pero la pregunta que
me diriges me hace dudar de ello. Que viva en el infierno el que ame sus suplicios! Quin,
si encuentra medios para ello, no escapar del infierno, por ms que est condenado en l?
T mismo, t, lo haras sin duda; t te aventuraras audazmente hacia cualquier lugar, el que
ms lejano estuviese del dolor, donde tuvieras esperanzas de cambiar la pena en placer, y de
trocar lo ms pronto posible el sufrimiento por el gozo; eso es lo que he buscado en este
sitio. Pero t no tendrs por suficiente esta razn, porque conociendo nicamente el bien, no
has padecido mal alguno. Me objetars la voluntad del que nos encaden? Por qu no ha
reforzado slidamente sus frreas puertas, si es que pretenda retenernos para siempre en
aquella tenebrosa prisin? Ya he respondido con exceso a tu pregunta. En cuanto a lo
dems, todo es verdad: me han encontrado donde dicen, pero esto no implica violencia ni
engao".
As dijo con el mayor desdn. El ngel guerrero sorprendido, le replic casi sonrindose,
con desprecio:
"Ah, qu juez tan apto para apreciar lo que es o no cuerdo ha perdido el cielo, desde que
Satans cay derribado por su propia locura! Ahora vuelve escapado de su prisin,
poniendo gravemente en duda si debe o no tener por cuerdos a los que le preguntan qu
audacia le ha conducido aqu sin ningn permiso, fuera de los lmites del infierno que le han
sido marcados; tan cuerdo juzga que es esquivar la pena, no importa cmo y evadirse de su
castigo! Sigue opinando as, presuntuoso, hasta que la clera que has provocado al huir te
vaya a encontrar siete veces en tu huda, y vuelva a conducir al infierno a latigazos esa
cordura que no te ha enseado an suficientemente que ninguna pena puede igualar a la en
que se incurre provocando la clera divina. Pero por qu ests solo? Por qu no ha venido
contigo todo el infierno desencadenado? Tienes menos premura por huir de l, o es que t
eres ms dbil que ellos para soportarlo? Qu jefe tan animoso, que es el primero en
sustraerse a los tormentos! Si hubieras alegado a tu ejrcito, cobardemente abandonado por
ti, ese motivo de fuga, de seguro, que no habras sido el nico fugitivo."
A lo cual respondi el Enemigo con feroz entrecejo y terrible aspecto:
"Bien saber, ngel provocador, que para soportar los tormentos, mi valor no cede a nadie, y
que no retrocedo ante ellos, he desafiado tu mayor furor, cuando en el combate acudi en tu
ayuda precipitadamente el negro rayo y secund a tu lanza, poco temible por s misma. Pero
tus palabras, lanzadas al azar, demuestran como siempre tu inexperiencia con respecto
a lo que debe hacer un jefe fiel, segn las duras pruebas y los malos resultados del pasado,
un buen jefe no debe aventurarlo todo en las sendas peligrosas que no ha reconocido por s
mismo. As es que me he decidido a volar solo a travs del abismo desolado y a descubrir
este mundo creado recientemente cuya existencia no ha dejado divulgar la Fama en el
infierno. He venido aqu con la esperanza de encontrar una mansin mejor, y de establecer
en la tierra o en medio del aire a mis potestades afligidas, aunque para adquirir su posesin
nos visemos obligados a probar una vez ms lo que t y tus elegantes legiones intenten
contra nosotros. Para vosotros es misin ms fcil la de servir a vuestro Seor all en el
cielo, cantar himnos en derredor de su trono e inclinaros a distancias marcadas, que la de
combatir".
El ngel guerrero respondi inmediatamente:
"Decir y contradecirse, pretender primeramente que es cordura huir del castigo, para
dedicarse despus al espionaje, no da a conocer a un gran jefe, sino a un impostor avezado,
Satans. Y te atreves a darte el ttulo de fiel? Oh nombre, nombre sagrado de fidelidad,
profanado por ti! Fiel t? Y a quin? A tu banda rebelde, ejrcito de perversos, digno
cuerpo de tan digna cabeza! Consista vuestra disciplina, vuestra fe jurada y vuestra
obediencia militar en romper el juramente que os ligaba con el Poder Supremo reconocido?
Y t, astuto hipcrita, campen hoy de la libertad, quin como t adul, se inclin y ador
ms servilmente en otro tiempo al formidable Monarca del cielo? Por qu lo hiciste as,
sino por la esperanza de desposeerle y de reinar t mismo? Escucha ahora el consejo que
voy a darte: Vete lejos de aqu! Torna al lugar de donde has hudo; si de ahora en adelante
te vuelves a aparecer en estos lmites sagrados, te arrastrar encadenado a la sima infernal, y
te sujetar all de modo que no vuelvas a despreciar jams las fciles puertas del infierno,
harto ligeramente reforzadas".
De este modo le amenaz el arcngel; pero Satans no hizo ningn caso de sus amenazas,
antes por el contrario, con rabia creciente replic:
"Cuando est cautivo en tu poder, podrs hablarme de cadenas, orgulloso querubn
fronterizo; pero antes que llegue este caso, preprate a sentir el peso de mi potente brazo,
por ms que el Rey del cielo cabalgue sobre tus alas y por ms que con tus compaeros,
avezados al yugo, arrastres las ruedas de su carro triunfal en su marcha por el camino del
cielo, empedrado de estrellas".
Mientras as hablaba, los escuadrones anglicos cambiaron su esplendor en rojo fuego y
aguzando en forma de media luna los extremos de sus falanges, empezaron a rodearle con
las lanzas preparadas; de igual modo que en un campo de Ceres, en la poca de la
recoleccin, se balancea un bosque erizado de espigas, inclinndose hacia doquiera que las
impulsa el viento, mientras el labrador las contempla con inquietud, temeroso de ver
reducidas a paja las gavillas, su nica esperanza. Por su parte, Satans, alarmado y
reuniendo todas su fuerzas, se eleva grandioso, indestructible como el pico de Tenerife o el
Atlas. Con su cabeza toca el cielo, sobre su casco se asienta el horror como un penacho, y
en su mano llevaba algo parecido a una lanza y un escudo.
Se habran consumado hechos terribles y en esta conmocin, no slo el Paraso, sino
tambin la estrellada bveda del cielo, o por lo menos todos los elementos, habran volado
hechos jirones, confundidos y destrozados por la violencia de semejante combate, si el
Eterno para prevenir tan horrible tumulto, no hubiese suspendido al momento sus balanzas
de oro, que se ven an entre Astrea y el signo del Escorpin. En ellas pes primero el
Creador todas las cosas creadas, la tierra redonda y suspendida con el aire por contrapeso;
ahora pesa los sucesos, las batallas y los reinos. Pudo dos pesos en los platillos, en el uno la
partida de Satans, en el otro el combate; el ltimo platillo subi rpidamente, y fue a dar
contra el fiel de la balanza. Observndolo Gabriel, dijo al Enemigo:
"Satans, conozco tu fuerza, as como t conoces la ma; ninguna de las dos nos es propia,
sino que nos ha sido dada. No es pues una locura que nos vanagloriemos de los que pueden
hacer las armas, cuando tu fuerza y la ma son tan slo lo que permite el Cielo, si bien la
ma se ha duplicado al presente, para poder hollarte como fango a mis pies? En prueba de lo
que te digo, mira all arriba, lee tu destino en ese signo celeste donde has sido pesado y ve
cun ligero eres, cun dbil, si intentas resistir.
El Enemigo levant los ojos, y reconoci que su platillo era el ms elevado. Cedi; huy
blasfemando y con l huyeron las sombras de la noche.
EL PARASO PERDIDO
LIBRO V
Ya la aurora, adelantando sus rosados pasos por las regiones del Este, sembraba la tierra de
perlas orientales, cuando Adn, siguiendo su costumbre, se despert; porque su sueo ligero
como el aire, favorecido por una digestin pura y por vapores dulces e hijos de la templaza,
se disipaba insensiblemente al solo murmullo de los humeantes arroyuelos, al rumor de las
hojas agitadas, abanico de la aurora, y al cntico matutino y animado de los pjaros sobre
todas las ramas; y qued sumamente admirado al ver que Eva no haba despertado an, y
que demostraba en su cabellera desordenada y en sus mejillas encendidas la inquietud de su
reposo. Adn, incorporndose y apoyado en un codo, se inclina amorosamente sobre ella, y
contempla con miradas de un amor cordial la belleza que,
despierta o dormida, brilla con tan singulares gracias. Entonces con dulce voz, como cuando
Cfiro acaricia a Flora, tocando ligeramente la mano de Eva, murmura estas palabras:
"Despierta hermosa ma, esposa ma; ltimo bien que he recibido, el ltimo y mejor
presente del cielo, mi delicia siempre nueva, despierta! La aurora brilla y la fresca campia
nos reclama, estamos perdiendo las primicias del da, el momento de observar cmo crecen
esas plantas cultivadas por nuestros cuidados; cmo florece el bosquecillo de limoneros, de
dnde mana la mirra y lo que destila el balsmico junquillo; cmo se reviste la Naturaleza
de sus colores, y cmo se posa la abeja sobre la flor para libar en ella su dulce miel."
Con tan suave murmullo la despierta, y ella fijando en Adn sus espantados ojos, y
abrazndole, le dice as:
"Oh t, nico en quien mis pensamientos encuentran reposo, mi gloria, mi perfeccin!
Cunto gozo diento al ver tu rostro y el nuevo da! Esta noche soaba, s soaba, y en no en
ti, como lo hago con frecuencia, ni en los trabajos del da transcurrido, ni en los proyectos
para el siguiente, sino en ofensas y turbaciones que mi espritu no haba conocido jams
hasta esta noche abrumadora; me ha parecido que una voz llena de dulzura, insinundose
junto a mi odo me llamaba y me invitaba a pasear; yo cre que era tu voz que me deca:
Por qu duermes, Eva? Esta es la hora placentera, fresca y silenciosa, en que el silencio
slo cede a la armoniosa ave de la noche, que, despierta ahora, suspira su ms dulce
cancin, enseada por el amor. La luna llena esparciendo desde su elevado solio la claridad
ms agradable, hace resaltar sobre la sombra la faz de los objetos. Espectculo vano, sino
hay quien lo contemple. El cielo vela con todos sus ojos, y para qu, sino para
contemplarte a ti, oh deseo de la Naturaleza!?
A tu vista se regocijan todas las cosas, atradas por el irresistible anhelo de admirar
enajenadas tu belleza.
Me he levantado a tu llamado, pero no te he visto. A fin de encontrarte, emprend entonces
mi paseo, y me ha parecido que paseaba sola por sendas que me han conducido de
improviso ante el rbol prohibido de la ciencia: me pareci hermoso y mi imaginacin lo
vio mucho ms hermoso que durante el da. Mientras lo contemplaba con sorpresa, advert
que cerca de l estaba una figura alada, semejante a las que vemos con frecuencia descender
del cielo, de sus cabellos hmedos de roco se exhalaba la ambrosa; estaba tambin
contemplando el rbol y deca:
"Oh hermosa planta de abundante fruto! No hay quien se digne aliviarte de tu peso y
gustar de tu dulzura, ni Dios ni el hombre? Tan despreciada es la ciencia? Ser acaso la
envidia o alguna injusta reserva lo que prohba tocarte? Prohbalo quien quiera, nadie me
privar por ms tiempo de los bienes que ofreces, y si no, por qu ests aqu?"
As dijo y no se detuvo ms, sino que con mano temeraria arranc el fruto y lo gust. Un
horror glacial hel mi sangre al or tan osadas palabras, confirmadas por tan atrevida accin.
Pero l, enajenado de gozo, exclam:
"Oh fruto divino, dulce por ti solo, y mucho ms dulce cogido de esta suerte, estando
prohibido, al parecer, como reservado nicamente para los dioses, y siendo, sin embargo,
capaz de convertir en dioses a los hombres! Y por qu no han de serlo? El bien aumento
cuanto ms se comunica, y su autor, lejos de perder en ellos, adquirira ms alabanzas.
Acrcate dichosa criatura, bella y angelical Eva, participa de este fruto conmigo, aun
cuando ahora te consideres feliz, puedes serlo ms an, si bien no puedes ser ms digna de
la felicidad. Gusta este fruto, y desde luego sers una divinidad entre los dioses; tu imperio
no se limitar a la tierra, sino que tan pronto estars en el aire como subirs al cielo por tu
propio mrito, y vers la existencia de que gozan los dioses, y pasars un vida igual a la
suya".
Hablando de esta suerte, se acerc a m y aproxim a mis labios una parte de aquella misma
fruta arrancada por l, que haba conservado; su agradable y sabroso perfume excit de tal
modo mi apetito, que me pareci imposible dejar de probarla. Inmediatamente me remont
con el espritu hasta las nubes y vi desplegada a mis planta, la inmensa superficie de la
tierra, que me ofreci una extensa y variada perspectiva. Estando en tan extraordinaria
elevacin, admirada de mi vuelo y del cambio operado en m, mi gua desapareci de
improviso, y yo, segn creo, ca precipitada a la tierra, y qued dormida. Mas, oh cun feliz
fui al despertar y al ver que todo haba sido slo un sueo!"
De este modo refiri Eva su visin nocturna, y Adn le respondi contristado:
"Oh mi imagen ms perfecta, y mi ms cara mitad! La turbacin de los pensamientos que
has tenido esta noche durante tu sueo me afecta tanto como a ti; ese sueo desordenado me
importuna, y temo que sea obra del mal. Pero el mal de dnde puede proceder? En ti no
puede existir, siendo una criatura tan pura. Escucha, sin embargo: en el alma existen
algunas facultades interiores que se someten a la razn, como a su soberana. Entre stas, la
imaginacin desempea el principal papel; con todas las cosas exteriores que perciben los
cinco sentidos cuando estn despiertos, se forja fantasas, formas vagas y areas, que la
razn rene o repara, y con las cuales compone todo lo que afirmamos y negamos, y lo que
llamamos nuestra ciencia o nuestra opinin. Cuando la naturaleza reposa, la razn se retira a
su secreta celda, muchas veces durante su ausencia, la imaginacin que se complace en
contrahacerlo todo, vela por imitarla; pero uniendo confusamente las formas, produce a
menudo una obra extraa, sobre todo en los sueos, acomodando mal las palabras y las
acciones recientes o remotas.
As es que hallo en tu sueo ciertas reminiscencia de nuestra ltima conversacin de
anoche, pero con extraas adiciones. Sin embargo, no ests triste, el mal puede ir y venir
por el espritu de Dios o del hombre sin su beneplcito, y sin dejar en l mancha ni censura,
y esto me infunde la esperanza de que jams consentirs en hacer despierta lo que te pareca
odioso soar mientras dormas. Desecha, pues toda inquietud, que no oscurezca la ms
ligera nube esos ojos, cuyas miradas suelen ser ms radiantes y serenas que lo es para la
tierra, la primera sonrisa de un hermosa maana. Levantmonos para dedicarnos a nuestras
apacibles ocupaciones entre los bosquecillos, las fuentes y las flores que entreabren ahora
su seno inundado de los perfumes ms exquisitos, preservados de la noche y guardados para
ti".
De esta suerte reanimaba a su bella esposa, y ella, por su parte, se senta reanimada; pero
sus ojos derramaron silenciosamente un dulce llanto, que enjug con sus cabellos. Otras dos
preciosas lgrimas iban a brotar de su cristalino manantial, y Adn las recogi con un beso
antes que cayeran, mirndolas como seal de un tierno remordimiento y de un piadoso
temor de haber ofendido.
Libres ya de toda inquietud, se apresuraron a marchar al campo. Pero en el momento en que
saln de debajo de la bveda de su enramado asilo, se ofreci a sus ojos de improviso en
todo su esplendor la luz del da naciente y del sol, apenas elevado, que desfloraba con las
ruedas de su carro la extremidad del Ocano, y lanzaba paralelamente sobre la tierra sus
rayos cubiertos de roco, iluminando en una vasta extensin todo el Oriente del Paraso y las
afortunadas llanuras del Edn; se inclinaron profundamente, adoraron y dieron principio a
su habituales oraciones, que elevaban al cielo cada maana, pero variando siempre la
expresin de sus votos; porque no carecan de un cariado estilo ni de un santo entusiasmo
para alabar a su Creador, por medio de justos acordes cantados o pronunciados sin
preparacin alguna. Una rpida elocuencia manaba de sus labios, ya en prosa, ya en versos
numerosos, tan llenos de armona, que no tenan necesidad de lad ni del arpa para
aumentar su dulzura.
He aqu tus gloriosas obras, Padre del bien. Oh Todopoderoso! Tuya es esa estructura del
universo, tan maravillosamente bella! Y qu maravilla no eres t mismo, Ser inefable!
Sentado sobre los cielos, eres para nosotros o invisibles o confusamente entrevisto entre tus
obras ms inferiores, que a pesar de ellos hacen brillar mucho ms all de donde alcanza el
pensamiento tu bondad y tu poder divino.
"Hablad vosotros que podris expresarlo mejor, oh ngeles hijos de la luz! Porque vosotros
le contemplis y con cnticos y coros de sinfonas rodeis su trono en el cielo, en un da sin
noche, llenos de gozo.
Que todas las criaturas le glorifiquen en la tierra, como el primero y el ltimo, como el
medio y el eterno.
Oh, t, la ms bella de las estrellas, la ltima del squito de la noche, si no es que perteneces
ms bien al de la aurora, prenda segura del da; t cuyo crculo brillante corona la risuea
maana, celebra al Seor en tu esfera, cuando aparece el alba en esta primera hora del
naciente da!
T, oh sol! Ojo y alma a la vez de este gran universo, reconcele como ms grande que t;
haz resonar sus alabanzas en tu eterna carrera, ya cuando te remontes por el cielo, ya
cundo alcances la altura del medioda y cuando desciendas.
Luna que tan pronto te encuentras al sol en el Oriente, como huyes de l con las estrellas
fijas, fijas en su movible rbita, y vosotros fuegos errantes que entre los cinco formis una
danza misteriosa, pero no sin armona, cantad las alabanzas de aquel que sac la luz de las
tinieblas.
Oh aire, y vosotros elementos, primognitos de las entraas de la Naturaleza!, vosotros cuya
cudruple esencia recorre un crculo perpetuo bajo formas infinitas, mezclando y nutriendo
todas las cosas; en vuestras constantes metamorfosis, dirigid a nuestro supremo Creador
loores siempre variados, siempre nuevos.
Y vosotros, nieblas, vapores, exhalaciones, que en este momento, formando torbellinos
grises o incoloros, os remontis desde la colina o desde el humeante lago hasta que el sol
dora vuestras lanudas franjas, elevaos en honor del gran Creador del mundo, y ya cubris de
nubes el cielo sin color, ya mitiguis la sed del ardoroso suelo, con abundantes lluvias, al
subir o al bajar, esparcid siempre sus alabanzas.
Llevad con dulzura o con fuerza en vuestros suspiros su alabanza, oh vientos que soplis
por las cuatro partes del mundo! Vosotros, pinos, inclinad vuestras cabezas, y vosotras
plantas de cada especie, balanceaos en seal de adoracin.
Fuentes y arroyos, que corris en armonioso murmullo, que vuestro dulce murmullo repita
sus alabanzas.
Unid vuestras veces unnimes, almas vivientes, pjaros que subs cantando hasta las puertas
del cielo, elevad en vuestras alas y en vuestros himnos sus alabanzas.
Vosotros, lo que os deslizis por las aguas; vosotros, los que recorris la tierra los que
hallis con majestad, o los que os arrastris por ella humildemente, sed testigos de que yo
no guardo silencio, ni por la maana ni por la tarde, presto mi voz a la colina o al valle, a la
fuente o la fresca umbra, y mi canto les ensea a repetir sus alabanzas.
Salve, Seor universal! S siempre liberal en el bien que nos concedas, y si la noche ha
dado asilo u ocultado alguna cosa mala, dispala, como la luz dispersa ahora las tinieblas".
De esta suerte oraron, llenos de santa inocencia y sus pensamientos recobraron en breve una
paz firme y de la acostumbrada calma. Se apresuraron a dar principio a sus matutinos
trabajos entre el roco y las flores, all donde algunas hileras de rboles sobrecargados de
fronda, ostentaban demasiado sus espesas ramas, y tenan necesidad de una mano que
reprimiera sus infecundos abrazos; se dedicaron tambin a enlazar la vid al olmo, cuyo
tronco cie, cual desposada, con su nbiles brazos y le lleva en dote sus racimos, que l
acepta para adornar con ellos su follaje estril. Viendo el poderoso Rey del cielo con
compasin a nuestros primeros padres ocupados de este modo, hace venir a su presencia a
Rafael, espritu sociable, que se dign viajar con Tobas y asegur su enlace con la virgen
siete veces casada.
Rafael, -le dijo-, ya sabes el desorden que ha introducido Satans en el paraso, despus de
haberse escapado del infierno a travs del tenebroso abismo, sabes la turbacin que ha
causado esta noche a la pareja humana y sus proyectos de perder con ella y de un solo golpe
a la raza del hombre. Ve pues, habla durante la mitad de este da con Adn como un amigo
con otro amigo; le encontrars en algn vergel o bajo alguna enramada, al abrigo del calor
del medioda, para reponerse un momento de su trabajo cotidiano, por medio del alimento o
del reposo. Dirgele palabras que contribuyan a recordarle su feliz estado, la dicha de que
goza, confiada a su propia y libre voluntad que, aunque libre, es variable, advirtele que
tenga cuidado en no extraviarse por un exceso de seguridad. Dile sobre todo el peligro que
le amenaza y de quin procede, dile qu enemigo, cado recientemente del cielo, intenta
ahora derribar a los otros desde semejante estado de felicidad, pero no por violencia, pues
sera rechazado, sino por medio del fraude y del engao. Hazle conocer todo esto para que,
si delinque voluntariamente, no pueda alegar que ha sido sorprendido por no haber sido
prevenido ni avisado.
As habl el Padre eterno, y obr con toda justicia. El santo alado no se detiene despus de
haber recibido esta orden, sino que desde el centro de mil celestes ardores en que
permaneca velado por sus magnficas alas, se remonta con celeridad y vuela a travs del
cielo. Los coros anglicos, aparndose a uno y otro lado, dejan franco el paso a su rapidez
por todas las vas del Empreo, hasta que, llegado a las puertas del cielo, se abren
completamente por s misma, girando sobre sus goznes de oro: obra divina del Soberano
arquitecto. No impidiendo su vista la ms ligera nube ni estrella alguna interpuesta, divisa la
tierra, a pesar de su pequeez, sumamente parecida a los dems globos luminosos, descubre
el jardn de Dios, coronado de cedros, ms elevado que todas las colinas; del mismo modo,
si bien con menos seguridad, durante la noche observa el anteojo de Galileo tierras y
regiones imaginarias en la luna; del mismo modo, el piloto viendo aparecer a Delos o
Samos entre las Cclades, las toma, desde luego por una nebulosidad. Rafael dirige su vuelo
precipitado hacia all abajo y a travs del vasto firmamento etreo, boga entre mundo y
mundos. Ora se transporta hacia las regiones polares con ala inmvil, ora, sta, cual abanico
viviente agita el aire elstico, hasta que, llegado, por fin, a la altura del vuelo de las guilas,
es mirado por toda la familia voltil como un fnix, y contemplado por todos con
admiracin, como cuando aquella ave nica volaba hacia la Tebas de Egipto para depositar
sus reliquias en el resplandeciente templo del Sol.
De repente se posa sobre la cumbre oriental del paraso y se reviste de su propia forma de
serafn alado. Lleva seis alas, para dar sombra a sus miembros divinos, las dos que cubren
sus anchos hombros van a caer sobre su pecho, como un manto real; las dos del medio
rodean su cintura, cual estrellada zona, y cubren sus riones y sus muslos con un plumn de
oro y de vivos colores preparados en el cielo; las dos ltimas sombrean sus pies y se unen a
sus talones; sus esmaltadas plumas brillan con el color del firmamento; parecido al hijo de
Maya, se mantiene en pie y sacude sus plumas, llenando de un perfume celestial el vasto
recinto que le rodea.
Las cohortes anglicas que all vigilaban le conocieron inmediatamente y se levantaron para
honrar su alcurnia y su misin suprema, porque presintieron que estaba encargado de algn
importante mensaje. Rafael atraviesa por entre sus brillantes tiendas y entra en el campo
afortunado, a travs de los bosquecillos de mirra, de olorosas flores de casia, nardo y
blsamo, que forman un desierto de perfumes. La Naturaleza, en su infancia, juguetea all y
gozaba a su antojo en sus virginales caprichos, destilando abundantemente su dulzura;
beldad agreste que estaba por encima de toda regla y de todo arte. Oh inmensidad de
delicias!
Rafael avanzaba hacia la aromtica selva. Adn le divis; estaba sentado a la puerta de su
fresco retiro, mientras el sol lanzaba a plomo desde el cenit sus abrasadores rayos para
comunicar su calor a la tierra hasta en sus ms profundas entraas, calor ms fuerte del que
necesitaba Adn. Retirada Eva al interior de su morada y atenta a la hora en que estaban,
preparaba para la comida los frutos ms sabrosos, cuyo gusto agradaba al verdadero apetito,
sin que dejaran de excitar por intervalos el deseo de apagar la sed con el nctar que les
proporcionaba la leche o el agradable zumo de varios racimos. Adn llam a Eva y le dice:
"Ven aqu, Eva; mira una cosa digna de ser vista; contempla en que forma tan gloriosa
avanza entre esos rboles, por Oriente. Parece una nueva aurora nacida en mitad del da!
Ese mensajero nos trae quiz algn gran mandato del cielo, y se dignar ser hoy nuestro
husped. Pero apresrate y trele lo que contengan sus provisiones; prodiga una abundancia
conveniente para recibir y honrar a nuestro divino extranjero. Bien podemos ofrecer sus
propios dones a los que nos los dispensan, y presentar liberalmente lo que con liberalidad se
nos concede, aqu donde la Naturaleza multiplica sus frtiles productos, siendo ms fecunda
cuanto ms se desembaraza de ellos, lo cual nos ensea a no ser avaros.".
Eva le responde:
"Adn, modelo santificado de una tierra animada por el Eterno: pocas provisiones son
necesarias en donde se sazonan en todas las estaciones, suspendidas de las ramas, si se
exceptan aquellos frutos que, ofreciendo un alimento menos agradable en el momento de
ser cogidos, requieren que el tiempo evapore su humedad superflua o lo haga ms sabrosos.
Pero me apresurar, y de cada planta, de cada rama, de cada vstago suculento, presentar a
nuestro anglico husped lo ms escogido, para que, al verlo, no pueda menos de confesar
que Dios ha derramado sus bondades as en la tierra como en el cielo".
Dijo, y parti apresuradamente, dirigiendo solcitas miradas y absorta en sus pensamientos
hospitalarios. Cmo escoger lo ms delicado? Qu orden seguir para no mezclar los
gustos, para ordenarlos con delicadeza y hacer que un sabor suceda a otro sabor distinto, por
medio de una agradable transicin? Eva corre, y de cada tierno tallo arranca lo que la tierra,
esa madre fecunda y rica, produce en la India oriental y occidental, y en las comarcas que
estn en el centro, en el Ponto, en la costa pnica o en las riberas que vieron reinar a
Alcinoo; frutos de toda especie, de spera corteza o de piel lisa, encerrados en una cscara o
en una vaina: amplio tributo que Eva recoge y amontona sobre la mesa con mano prdiga.
De los racimos exprimidos entre sus dedos hace salir un vino dulce e inofensivo; estruja
diferentes granos y con las almendras que machaca forma una sustanciosa crema, sin que
carezca de vasos limpios y a propsito para contener aquellas bebidas. Despus esparce por
el suelo rosas y perfumes extrados de los arbustos sin la accin del fuego.
Entre tanto, nuestro primer padre sale de su morada para ir al encuentro de su husped
celestial, sin ms acompaamiento que el de sus propias perfecciones; toda su corte resida
en l; corte ms solemne, sin embargo que toda la enojosa pompa que sigue a los prncipes
cuando con su rico e interminable squito de pajes recargados de oro y de caballos llevados
de la brida deslumbran a los espectadores y les dejan asombrados. En cuanto Adn estuvo
en la presencia del arcngel, con ademn sumiso y respetuosa dulzura, pero sin manifestar
timidez, le dijo, inclinndose profundamente, como ante una naturaleza superior:
"Hijo del cielo, porque qu otra regin ms que el cielo pude contener tan gloriosa forma?
pues que, descendiendo de los altsimos tronos, has consentido en privarte un momento de
aquellas felices mansiones para venir a honrar stas, dgnate reposar un momento a la
sombra de este humilde retiro con nosotros, que no somos aqu ms que dos, y que, sin
embargo, por un don soberano, poseemos toda esta tierra; ven a sentarte para probar todo lo
ms escogido que ofrece este jardn, hasta que haya pasado el calor del medioda y decline,
menos ardiente, el sol."
La anglica virtud respondi con dulzura:
"Adn, se es el objeto de mi venida, un ser tal como t, creado por Dios, dueo de un sitio
tan bello es digno de que los mismos espritus del cielo vengan a visitarle. Condceme,
pues, a tu frondoso retiro, porque puedo disponer de todas las horas que han de transcurrir
desde la mitad del da hasta el principio de la noche.
Llegaron a la rstica morada, que, semejante a la de Pomona sonrea adornada de flores del
ms grato aroma. Eva, cuyo adornos consista nicamente en sus naturales gracias, ms
hermosa, ms encantadora que una ninfa de los bosque, o que la ms bella de las tres diosas
de la Fbula, que lucharon desnudas sobre el monte Ida, permaneci en pie para servir a su
celeste husped, cubierta con su virtud, no tena necesidad de velo, ningn pensamiento
impuro alteraba el color de sus mejillas. El ngel la salud con la santa salutacin empleada
mucho tiempo despus para bendecir a Mara, segunda Eva.
"Salve, madre de los hombres, cuyas fecundas entraas llenarn el mundo con tus hijos,
ms numerosos que esos variados frutos con que los rboles de Dios han cubierto esta
mesa!"
Su mesa consista en un csped elevado y espeso, rodeado de asientos de musgo. Sobre su
ancha superficie cuadrada se amontonaba de un extremo a otro todo el otoo, aunque
entonces el otoo y la primavera, siempre inseparables, danzaban cogidos de la mano. Adn
y el ngel se entretuvieron algn tiempo en sabrosos coloquios, sin temor de que se
enfriasen los manjares. Nuestro padre empez de esta manera:
"Celestial extranjero, dgnate gustar estas bondades que nuestro sustentador, de quien
emana todo bien perfecto, sin tasa ni medida, ha ordenado a la tierra que nos cediera para
este alimento sea inspido para las naturalezas espirituales; pero lo que s es que un Padre
celestial lo da a todos".
El ngel respondi:
"Cierto es que lo que El (resuene para siempre su alabanza) da al hombre, en parte
espiritual, no puede parecer un alimento ingrato a los espritus puros. Las sustancias
intelectuales requieren su alimento como vuestras sustancias racionales; unas y otras tienen
en s mismas la facultad inferior de los sentidos, por medio de la cual oyen, ven huelen,
tocan y gustan; el gusto refinado digiere, asimila y transforma los jugos materiales en
esencias incorpreas. Debes saber que todo lo que ha sido creado tiene necesidad de ser
sustentado y nutrido, entre los elementos el ms grosero alimenta al ms puro; la tierra y el
mar alimentan al aire; el aire alimento a a su vez a esos fuegos etreos. La luna, astro el ms
prximo a la tierra, es el primero que recibe de ella su alimento, cuya superabundancia
forma esas manchas que se distinguen en su redonda faz, que no son otra cosa sino vapores
no purificados que an no se han convertido en sustancia. La luna, desde su hmedo
continente, exhala tambin el alimento a los orbes superiores. El sol, que dispensa la luz a
todos, recibe de todos en hmedas emanaciones sus nutritivas recompensas, y durante la
noche se alimenta con las aguas del Ocano. Aunque en el cielo los rboles de la vida
produzcan un fruto de ambrosa y las vides destilen el nctar; aunque cada maana
recojamos de las plantas un roco de miel y encontremos el suelo cubierto de granos
semejantes a perlas, aqu ha querido Dios variar su bondad con delicias tan nuevas, que se
puede comparar este jardn al cielo, y no creo ser tan delicado de gusto que no pueda probar
estos dones.
Se sentaron y empezaron a probar aquellos manjares; el ngel comi, no en la apariencia, o
vaporosamente, como lo suponen los telogos, sino con la viva premura de un verdadero
apetito, y su alimento, transformado por el calor digestivo, se identific con su sustancia
celeste, lo superfluo transpira fcilmente a travs de los espritus. No debemos pues,
extraar que por medio del fuego del negro carbn, el emprico alquimista pueda
transformar o por lo menos crea que es posible transformar los metales ms groseros en oro
tan perfecto como el extrado de la mina.
Eva, entre tanto serva desnuda a la mesa y llenaba de un agradable licor las copas a medida
que se iban vaciando. Oh inocencia digna del Paraso! Si alguna vez los hijos de Dios
hubieran podido tener excusa para amar, habra sido entonces, en presencia de tal
espectculo. Pero en aquellos corazones reinaba el amor ms pdico, pues desconocan los
celos, ese infierno del amante ultrajado.
Cuando estuvieron satisfechos de manjares y bebidas sin sobrecargar la naturaleza asaltle
de improviso a Adn el pensamiento de no dejar escapar la ocasin que le proporcionaba
tan prolongada conferencia, para saber cosas superiores a su esfera, para tener conocimiento
de los seres que habitan en el cielo, cuya excelencia vea tan superior a la suya, y cuyas
radiantes formas, esplendor divino y elevado poder sobrepujan de tal modo las formas y el
poder humanos. As es que dirigi estas frases circunspectas al ministro del Empreo:
"T que habitas con Dios me das un prueba de tu bondad en este honor que dispensas al
hombre, bajo cuyo humilde techo te has dignado entrar y gustar esos frutos de la tierra, que,
no siendo alimento de los ngeles, has aceptado sin embargo con tanta complacencia, que
no parece sino que nunca hayas disfrutado de los grandes festines del cielo, siendo as que
no admiten comparacin".
El prncipe alado replic:
"Oh Adn! Hay un solo Todopoderoso, de quien proceden todas las cosas y a quien todas
las vuelven, si no ha sido pervertida su bondad, todas ellas han sido creadas semejantes en
perfeccin, todas formadas de una sola materia primitiva aunque dotada de diferentes
formas de diferentes grados de sustancia y de vida entre las cosas que viven. Pero estas
sustancias se refinan, se espiritualizan, se purifican ms a medida que ms prximas estn
de Dios, o que tienden a aproximarse ms, obrando en la propia esfera que les est
designada, hasta que el cuerpo llega a espiritualizarse en los lmites proporcionados a cada
especie.
As es como de la raz brota ms ligero el verde tallo; de ste salen las hojas ms ligeras an
y por fin la flor perfecta exhala sus perfumadas esencias. Las flores y su fruto, alimento del
hombre, volatizados en una escala gradual, se convierten en espritus vitales, animales,
intelectuales y dan a la vez la vida y el sentimiento, la imaginacin y el entendimiento, de
donde el alma recibe la razn.
La razn discursiva o intuitiva es la esencia del alma; la discursiva os pertenece por lo
comn, la intuitiva pertenece principalmente a nosotros; difiriendo ms que en grados, en
especie son las mismas. No debis por tanto admiraros de que yo no rehuse lo que Dios ha
visto que era buena para vosotros, pues, al contrario, lo convierto como vosotros en mi
propia sustancia. Un tiempo vendr quiz en que los hombres se nutran de un alimento
celestial que no considerarn demasiado sutil para ellos. Alimentados con esos manjares
corporales, tal vez vuestros cuerpos podrn ser ms espirituales y perfeccionados con el
transcurso del tiempo, y como nosotros, remontarse al ter con sus alas; o bien podrn
habitar a su eleccin aqu o en Paraso celeste, si se ve que habis sido obedientes, si
conservis inalterablemente un amor eterno y constante hacia Aquel cuya progenie sois.
Mientras tanto, gozad de la felicidad que os permite este dichoso estado, puesto que no
estis en aptitud de gustar otro mayor".
El patriarca del gnero humano replic:
"Oh espritu favorable, husped propicio, cun bien nos ha enseado el camino que puede
seguir siendo nuestro saber, y esa inmensa escala que va desde el centro de la naturaleza a
su circunferencia! Slo contemplando sus sublimes creaciones podremos, de grado en
grado, elevarnos hasta Dios. Pero dgnate explicarme lo que significa esa advertencia: "si se
ve que habis sido obedientes" Podemos acaso faltar a la obediencia que le debemos?
Ser posible que nos separemos del amor hacia el que nos form del polvo y nos coloc
aqu, colmndonos de una felicidad sin lmites, que excede a todo lo que los deseos
humanos pueden buscar o concebir?"
El ngel repuso:
"Hijo del cielo y de la tierra, escucha! Tu felicidad presente la debes a Dios; la duracin de
esta misma felicidad te la debern a ti mismo, es decir, a tu obediencia; contina, pues,
siendo obediente. Tal es el aviso que te he dado, no lo olvides. Dios te ha hecho perfecto,
pero no inmutable; te ha hecho bueno pero te ha dejado dueo de perseverar en tu bondad,
te ha dotado de una voluntad libre por naturaleza, que no puede ser esclava de la inflexible
necesidad ni del inevitable destino. Desea que nuestro homenaje sea voluntario, pero no
forzado, pues si as fuera, no sera ni podra ser aceptado por l; porque no siendo libres los
corazones, cmo asegurarse de si obraban voluntariamente o no, cuando slo desearan lo
que el Destino les obligue a querer y carecieran la de la facultad de elegir? Mi feliz estado y
el de todo el ejrcito de los ngeles que estn en pie delante del trono de Dios slo dura,
como el vuestro, en tanto que dura nuestra obediencia; no tenemos otra garanta. Servimos
libremente, porque amamos libremente; dado que es obra de nuestra voluntad el amar o no
amar; y de ah pende que nos mantengamos o caigamos. Algunos han cado porque han
incurrido en la desobediencia, y por esto desde lo alto del cielo se han visto precipitados en
el profundo infierno; oh terrible cada, desde la ms elevada beatitud a la mayor miseria!"
Nuestro progenitor repuso:
"Oh divino maestro! Tus palabras causan a mi odo atento ms placer que el canto
melodioso de los querubines que no s envan por la noche las montaas vecinas, envuelto en
un area armona. Yo no ignoraba que haba sido creado libre de voluntad y accin, no nos
olvidaremos nunca de amar a nuestro Creador, de obedecer al que nos ha impuesto un solo
y justo mandato; mis pensamientos me lo han confirmado siempre as, y me lo confirmarn
eternamente. Sin embargo, lo que acabas de indicarme acerca de lo ocurrido en el cielo ha
hecho nacer en mi alguna duda y un vivo deseo de or la narracin entera de ese suceso, si
es que consientes en ello, pues debe de ser extrao y digno de escucharse con religioso
silencio. Podemos an disponer de mucho tiempo, porque el sol apenas termina ahora la
mitad de su carrera y apenas empieza la otra mitad en la gran zona del cielo".
Tal fue la peticin de Adn, en la que consinti Rafael; quien despus de una corta pausa
habl de esta manera:
"Qu asunto tan grande me propones, oh el primero de los hombres! Triste y difcil tarea!
Porque cmo podr poner al alcance de los espritus humanos los invisibles hechos de los
espritus guerreros? Cmo referir sin afligirme la ruina de tan considerable nmero de
ngeles, gloriosos y perfectos mientras permanecieron fieles? Cmo, por ltimo levantar el
velo que cubre los secretos de otro mundo, que no es dado quiz revelar? Sin embargo, por
tu bien, todo permiso queda concedido. Procurar expresar del mejor modo posible lo que
est fuera del alcance de la inteligencia humana, asimilando las formas espirituales a las
corporales; si la tierra es la sombra del cielo, no puede existir ms semejanza de la que se
cree entre las producciones de una y otro?
Cuando este mundo no exista an, el Caos informe reinaba donde ahora giran los cielos, y
donde permanece ahora la tierra en equilibrio sobre su centro; un da (porque, hasta en la
eternidad, el tiempo aplicado al movimiento mide todas las cosas que tienen alguna
duracin por el presente, el pasado y el porvenir), uno de esos das que componen el gran
ao del cielo, los ejrcitos celestiales de ngeles, llamados desde todas las extremidades del
cielo por acuerdo soberano, se reunieron en incalculable nmero ante el trono del
Omnipotente, al mando de sus jefes en brillante orden. Diez mil banderas desplegadas
avanzaron; flotaban al aire los estandartes y guiones entre la vanguardia y la retaguardia, y
servan para distinguir las jerarquas, las alcurnias y las categoras, o llevaban pintados en
sus resplandecientes tejidos santos recuerdos, actos eminentes de celo y de amor dignos de
memoria. Cuando en los crculos de una circunferencia inconmensurable quedaron
inmviles las legiones, orbes en orbes, el Padre infinito, cerca del cual estaba sentado el
Hijo en el seno de la beatitud, hizo resonar su voz que pareca salida desde la cima de una
montaa de fuego cuyo resplandor la hubiera hecho invisible.
Escuchad todos, ngeles, hijos de la luz, tronos, dominaciones, principados, virtudes,
potestades, escuchad mi decreto que ser irrevocable: hoy he engendrado al que declaro mi
nico Hijo y sobre esta santa montaa he consagrado al que ahora veis a mi derecha. Le he
designado como jefe vuestro y he jurado por m mismo que todas las rodillas se doblaran
en el cielo ante l, y le reconoceran como Seor: Permaneced unidos, como una sola alma
indivisible y sed para siempre felices bajo el reinado de este gran vicegerente. Quien le
desobedezca me desobedece, rompe la unin, aquel da, arrojado de la presencia de Dios y
de la contemplacin de la bienaventuranza, caer profundamente abismado en las tinieblas
exteriores, donde tendr reservado su puesto, sin redencin, sin fin.
As dijo el Todopoderoso, todos parecieron quedar satisfechos con estas palabras; todos lo
parecieron, pero no todos lo estaban.
Emplearon aquel da, como los dems das solemnes, en cnticos y danzas alrededor de la
colina sagrada; danzas msticas, que la cama estrellada de los planetas y de las estrellas
fijas, en todas sus revoluciones, imita ms aproximadamente por medio de sus laberintos
tortuosos, excntricos, entrelazados, ms regulares cuanto ms irregulares parecen; aquella
divina armona regula de tal modo sus movimientos y modula tan bien sus encantadores
acordes, que hasta el mismo odo de Dios los escucha halagado.
Se acercaba la noche; despus de las danzas, los espritus se mostraron deseosos de una
dulce colacin. Como permanecan todos en circulo, aparecieron en el centro algunas mesas
cargadas de manjares propios para el alimento de los ngeles. El nctar de color de rub,
fruto de las deliciosas vias que crecen en el cielo, se escancia en copas de perlas, de
diamantes y de oro macizo. Tendidos sobre flores y coronados de frescas guirnaldas,
saborean los alimentos y las agradables bebidas y en amigable consorcio beben sin tasa la
inmortalidad y el jbilo. Ningn exceso es perjudicial all donde una completa plenitud es el
solo lmite opuesto al exceso en la presencio del Dios de toda bondad, que les colma de
todos sus dones con mano prodiga, regocijndose en sus placeres.
Entre tanto la noche de ambrosa, exhalada con las nubes desde la alta montaa de Dios, de
donde salen la luz y la sombra, haba cambiado la faz brillante del cielo en un gracioso
crepsculo y un roco perfumado de rosa invit a todas las cosas al descanso, excepto a los
ojos de Dios, que no duermen jams. En una vasta llanura, mucho ms vasta que lo que
sera el globo terrqueo si se desplegara formando una superficie plana, se acamp el
ejrcito anglico, dispersado por bandas y por filas, a lo largo de los vivos arroyos que
fertilizan los rboles de la vida; pabellones innumerables, elevados repentinamente; celestes
tabernculos donde dormitaban los ngeles acariciados por frescas brisas, excepto los que
alternaban durante el transcurso de la noche en sus himnos melodiosos alrededor del trono
supremo.
Pero Satans no velaba como ellos. l, uno de los primeros, si no el primer arcngel, grande
en poder, a favor, en preeminencia, se vio, sin embargo, dominado por la envidia hacia el
Hijo de Dios, honrado aquel da por su Padre y proclamado Mesas y ungido Rey; su
orgullo no pudo soportar aquel espectculo, y se crey degradado, concibiendo por ellos un
despecho y una malicia profunda: en cuanto la medianoche trajo consigo la hora oscura ms
amiga del sueo y del silencio, resolvi retirarse con todas sus legiones, y
menospreciando el trono supremo, dejarlo desobedecido y sin adoracin. Despert a su
primer subordinado y le dijo en voz baja:
"Duermes, querido compaero? Qu sueo puede cerrar tus prpados? Por ventura no te
acuerdas del derecho de ayer, con tanta tardanza salido de los labios del Soberano del cielo?
Ests acostumbrado a comunicarme tus pensamientos, como yo a participarte los mos;
despiertos, no somos ms que uno; cmo, pues, sera posible que tu seo te separase ahora
de m? Nos han impuesto, segn ves, nuevas leyes; las nuevas leyes del que reina pueden
producir en nosotros, que le servimos, nuevos sentimientos y nuevas determinaciones, a fin
de examinar las consecuencias que de ellas pueden resultar fcilmente; pero en este sitio no
es prudente decir ms.
Rene los jefes de todos esos millares de ngeles a cuya cabeza estamos; diles que, en buen
orden y antes de que la oscura noche haya plegado su velo sombro, debo apresurarme a
tender el vuelo, con todos los que bajo mi mando hacen ondear sus banderas, hacia el sitio
donde estn nuestros cuarteles del Norte, para hacer los preparativos convenientes a la
recepcin de nuestro Rey, el gran Mesas, y recibir sus nuevos mandatos, pues tiene
intencin de atravesar prontamente en triunfo por entre todas las jerarquas y dictarles
leyes"
As habl el prfido arcngel, derramando un maligno influjo en el corazn inconsiderado
de su compaero; ste convoca uno despus de toro, o todos a la vez, a los jefes que tiene a
sus rdenes. Les manifiesta, segn el encargo que haba recibido, que por orden del
Altsimo, el gran estandarte jerrquico debe marchar adelante antes que la sombra noche
abandone el cielo; les manifiesta la supuesta causa de esta marcha y desliza al mismo
tiempo palabras ambiguas y envidiosas, a fin de sondear y corromper su integridad. Todos
obedecieron la seal acostumbrada y a la voz superior de su gran potentado; porque era en
verdad grande su nombre y elevada su jerarqua en el cielo, su continente, semejante al del
lucero de la maana que gua el rebao de las estrellas, les sedujo y sus imposturas
arrastraron en pos de l a la tercera parte de las huestes celestiales.
Sin embargo, el ojo del Eterno, cuya mirada descubre los ms secretos de sus pensamientos,
vio sin necesidad de luz, desde lo alto de su santa montaa y entre las lmparas de oro que
arden durante la noche ante l, la rebelin naciente; vio quines la formaban, que se
extenda entre los hijos de la maana, y la multitud que tomaba parte en ella para oponerse a
su augusto decreto. Y sonrindose, dijo a su Hijo nico:
"Hijo, en quien veo mi gloria en todo su esplendor, heredero de todo mi poder, una cosa nos
toca ahora de cerca: se trata de nuestra omnipotencia, de las armas que debemos emplear
para sostener lo que desde la eternidad poseemos en divinidad e imperio. Levntase un
enemigo con intencin de erigir su trono al igual del nuestro en todo el vasto Septentrin.
No contento con esto, ha pensado en experimentar en una batalla hasta dnde alcanza
nuestra fuerza o nuestro derecho. Meditemos, pues, en ello, y en tal peligro, reunamos con
prontitud las fuerzas que nos quedan; utilicmosla en nuestra defensa, ante el temor de
perder por descuido nuestro elevado puesto, nuestro santuario, nuestra montaa"
El Hijo respondi con tono sosegado y puro, inefable, sereno y brillante de divinidad:
"Padre omnipotente con razn desprecias a tus enemigos, en tu seguridad de res de sus
vanos proyectos, de sus vanos tumultos, motivo de gloria para M, que realzar el exceso de
su odio, cuando vean todo el poder real que se me ha dado para domar su orgullo y para que
por el resultado conozcan si es hbil mi brazo para reprimir a los rebeldes, o si debo ser
mirado como el ltimo en el cielo"
As habl el Hijo.
Entre tanto Satans, haba avanzado ya con sus fuerzas en alada carrera, ejrcito
innumerable como los astros de la noche o como esas gotas de roco, estrellas de la maana,
que el sol convierte en perlas en cada hoja y en cada flor. Atravesaron vastas regiones y
poderosas regencias de serafines, de potestades, y de tronos en sus triples grados de
dignidad, regiones ante las cuales, tu imperio oh Adn!, slo sera lo que este jardn en
respecto de toda la tierra y todo el mar, o del globo entero extendido a lo largo.
Despus de haber pasado por aquellas regiones, llegaron a los confines del Norte, a su real
morada colocada en la cumbre de una colina, que resplandeca a lo lejos como una montaa
elevada sobre otra montaa, con erguidas pirmides y torres talladas en canteras de
diamantes y rocas de oro; palacio del gran Lucifer, que Satans, afectando en todo su
igualdad con Dios y a imitacin de la montaa donde el Mesas fue proclamado a la vista de
todo el cielo, llam poco despus Montaa de la Alianza, porque all fue donde reuni a
todo su squito, pretendiendo que haba recibido orden al efecto para que deliberaran sobre
la gran recepcin que deban hacer a su Rey, prximo a llegar. Con aquel arte calumnioso
que disfraza la verdad, cautiv sus odos con estas palabras:
"Tronos, dominaciones, principados, virtudes, potestades, si es que estos magnficos ttulos
se conservan an, y no son puramente nombres vanos, desde que por un decreto se ha
revestido otro de todo poder, y nos ha eclipsado con su ttulo de Rey consagrado! Por su
causa hemos hecho a toda prisa esta marcha durante la noche, y nos hemos reunido aqu
desordenamente, tan slo para deliberar con qu clase de honores podremos recibir mejor al
que viene a recibir de nosotros el tributo de doblar la rodilla, no satisfecho todava, que es
una vil prosternacin. Pagarlo a uno solo, era ya demasiado; pero cmo hemos de
consentir en pagarlo doblemente? Pagarlo al primero, y a su imagen ahora proclamada! Y,
sin embargo qu importa esto, si nuestro espritus, ilustrados con mejores consejos, nos
ensean a sacudir este yugo? Queris inclinar la cerviz? Prefers doblar una rodilla dcil?
No, no lo preferiris, si es que os conozco segn creo, o si es que os tenis por oriundos e
hijos del cielo que nadie posey antes que nosotros. Aunque no todos seamos iguales,
somos, sin embargo libres, igualmente libres; porque las alcurnias y las categoras no son
contrarias a la libertad, sino que se armonizan con ella. Quin puede introducir leyes y
decretos entre nosotros cuando, aun sin leyes, no cometemos nunca un error? Con mucha
menos razn puede ser aqul nuestro seor y pretender nuestra adoracin en detrimento de
esos ttulos imperiales, que atestiguan que nuestro estado se ha hecho para gobernar, no
para servir".
Hasta aqu su audaz discurso fue odo sin contradiccin, cuando de entre los serafines
levantse Abdiel, el adorador ms ferviente de Dios y el ms obediente a sus divinos
preceptos e inflamado de un celo severo, opuso estas palabras al torrente de la furia de
Satans:
Oh argumento blasfemo, falso y orgulloso, palabras que ningn odo poda esperar que se
escuchasen en el cielo y menos de ti que de todos los dems, ingrato, de ti. Te atreves con
una doblez impa a condenar ese justo decreto pronunciado y jurado por Dios? Ha jurado
que toda alma que exista en el cielo doblar la rodilla ante su Hijo nico, investido por
derecho con el cetro real, reconocindose por medio de este honor, debido como a su
legtimo Rey. Es injusto, segn dices, sobre manera injusto someter por leyes al que es
libre, y dejar que el igual reine sobre sus iguales, uno sobre todos con un poder en el que
nadie suceder. Pero quieres imponer leyes a Dios? Pretendes discutir sobre puntos de
libertad con el que te ha hecho lo que eres, con el que ha formado las potestades del cielo
como mejor le ha cuadrado, con el que ha circunscrito su ser? Sin embargo, aleccionados
por la experiencia, sabemos cun bueno es, cun atento est siempre a nuestro bien y a
nuestra dignidad, cun lejos de su pensamiento empequeecernos y que se inclina ms bien
a exaltar nuestro dichoso estado, unindonos ms estrechamente bajo un mismo jefe. Pero,
aun concedindole que sea injusto que el igual reine como un monarca sobre sus iguales,
piensas t, aunque eres grande y glorioso, que t o todas las naturalezas anglicas reunidas
en una sola llegarais a igualar a su Hijo engendrado? Por l, como su por su Verbo, el
Padre omnipotente ha formado todas las cosas y aun a ti y a todos los espritus del cielo,
creados por l en sus brillantes rdenes, los ha coronado de gloria, y en su gloria les ha
llamado tronos, dominaciones, principados, virtudes, potestades; potestades esenciales,
inseparables de nuestra naturaleza, que lejos de ser oscurecidas por el reino del Hijo de
Dios, se hacen ms ilustres, puesto que l, nuestro jefe, reducido a serlo llega a ser uno de
nosotros. Sus leyes son nuestras leyes, todos los honores que se le tributan recaen en
nosotros mismos. Cesa pues, en tu rabia impa y no tientes a stos; apresrate a calmar al
Padre irritado y al Hijo irritado, mientras puedes alcanzar el perdn, si lo imploras a
tiempo".
As habl el fervoroso ngel, pero su celo no secundado fue tenido por inoportuno, o
singular, o temerario. El apstata se regocij por ello y le replic con altanera:
"Conque, segn tu, hemos sido creados y somos obra de una segunda mano, cuyo cuidado
ha transferido el Padre al Hijo? Desearamos saber donde has aprendido semejante doctrina.
Cul fue el tiempo, quines los testigos de esta creacin? Recuerdas t haber sido creado
y cundo te dio el ser el Creador? En cuanto a nosotros, no conocemos el tiempo en que no
ramos lo que somos ahora; a nadie conocemos anterior a nosotros: engendrados por
nosotros mismos, salidos de nosotros mismos por nuestra propia fuerza, cuando el curso de
la fatalidad describi toda su rbita y estuvo en su madurez nuestro nacimiento, salimos
como hijos etreos de nuestro cielo natal. Nuestro poder procede de nosotros, nuestra
diestra nos aleccionar en los hechos ms famosos para conocer al que es nuestro igual.
Entonces vers, si pretendemos dirigirnos a l con ruegos y si deseamos rodear su trono
supremo como suplicantes o como sitiadores. Pues llevar este dictamen, estas noticias al
Ungido del Seor, y huye antes que venga a impedir tu fuga alguna desgracia".
Dijo y un ronco murmullo semejante al ruido de las aguas profundas, respondi a estas
palabras aplaudidas por la innumerable hueste. A pesar de ellos, el resplandeciente serafn
no experiment temor alguno, aunque se vea solo y rodeado de enemigos, sino que replic
con intrepidez:
Oh abandonado de Dios, espritu maldecido, despojado de todo bien!, preveo tu prxima
cada y tu desgraciada banda, envuelta en esta perfidia, siente ya el contagio de tu crimen y
de tu castigo. De hoy ms no te esfuerces en saber cmo sacudirs el yugo del Mesas de
Dios; no se invocarn ms sus indulgentes leyes, pues ya se han lanzado contra ti otros
decretos que no admiten apelacin. Ese cetro de oro que rechazas, es ahora una vara de
hierro para castigar y aniquilar tu desobediencia. Me has aconsejado bien: huyo, pero no por
seguir tu consejo, ni ante tus amenazas; huyo de estas tiendas criminales y rprobas,
temeroso de que, al estallar la inminente clera en sbita llama, no haga distincin de
ninguna clase. Preprate a sentir en breve sobre tu cabeza su rayo, fuego que devora.
Entonces aprenders a conocer, entre gemidos, al que te ha creado, cuando conozcas al que
puede aniquilarte".
As habl el serafn Abdiel, el nico que permaneci fiel entre una multitud de infieles,
conservando su lealtad, su amor y su celo, inmutable, inquebrantable, incorrupto e
impvido, entre tantos impostores. Ni el nmero ni el ejemplo pudieron obligarle a
separarse de la verdad, o alterar, a pesar de verse solo, la constancia de su espritu. Se retir
de en medio de aquel ejrcito; durante un largo trecho atraves por entre los desdenes de
sus enemigos afrontndolos, mostrndose superior a la injuria, y sin temer nada de la
violencia, y con igual desprecio volvi la espalda a aquellas orgullosas torres condenadas a
una prxima destruccin.