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Percepción Visual – La Psicología de la Forma
Desde hace mucho quería hablar de este tema tan fascinante, que es la psicología de la
percepción visual. ¿Qué procesos psicológicos rigen en nuestra interpretación de las
formas y figuras que observamos? ¿Qué explicación hay detrás de las imágenes de “doble
sentido”, las “figuras imposibles”, y las “ilusiones ópticas”? ¿Existen ‘reglas’ o
‘patrones’ que establezcan nuestra asimilación de las formas?
En esta miniserie de tres o cuatro artículos, exploraremos las conductas psicológicas,
propias del ser humano, al momento de realizar una interpretación de las imágenes que
observa, y cómo influye en ese proceso factores como experiencia previa, ámbito cultural,
entre otras cosas. Escudriñaremos el porqué de las ilusiones ópticas más impactantes, y
usaré ilustraciones y esquemas en todos los casos necesarios, porque precisamente de eso se
trata. Además haremos algunos experimentos con figuras, y como todos aquí me apegaré al
lema “Antes simplista que incomprensible”. Así que, sin más preámbulo, comencemos
hablando sobre la Psicología de la Forma.
Nuestra noción sobre el mundo, es creada por las percepciones que tenemos de las cosas y
hechos que observamos a diario, es decir, no por los objetos en sí. Cuanto más simple sean
y menos información contengan los estímulos, la percepción resultante será más
aproximada al hecho real (aquí no vamos a ponernos a filosofar sobre si existe una realidad
absoluta o no, pero prometo que tocaré el tema en la serie sobre el tiempo). Por ejemplo,
cuando ocurre un brusco accidente automovilístico, los estímulos que reciben los
observadores contienen tanta información, que cada uno puede interpretar un hecho
totalmente distinto al otro. Esto es, porque existe una tendencia de la mente a ‘geometrizar’
o simplificar lo más posible los sucesos complejos, que hoy conocemos como Ley de
Prägnanz, de la que hablaremos más abajo.
Podemos hacer una comparación con los dibujos realizados por la mayoría de los niños de
corta edad (o de no tan corta), que expresan a través de figuras geométricas simples, objetos
de un mundo extremadamente complejo. Y aquí otro punto: nuestra noción de “objeto” es
también producto de la tendencia de simplificación. Por ejemplo, cuando vemos automóvil
moviéndose, podemos considerarlo un objeto, ignorando los incontables subobjetos que lo
componen, y los subobjetos que componen a éstos, etc., ya que todas estas partes, se
mueven en un sentido común. Si cada parte se moviera en distinta dirección y no tuvieran
relación entre sí, difícilmente podríamos considerarlo como un objeto, es decir, como un
todo.
Para que la mente perciba un todo, por tanto, éste debe cumplir ciertas condiciones básicas.
Pero antes de ir a eso, tenemos que definir qué es la percepción, ya que existe una frecuente
confusión entre este término y el de estímulo. ¿Qué es un estímulo? En materia de
psicología, es cualquier tipo factor físico capaz de activar o excitar un receptor sensitivo del
individuo. ¿Y qué es la percepción? Es el proceso psicológico, por el cual, el individuo
organiza, interpreta y agrupa los estímulos o sensaciones –los datos de los sentidos-
recibidos, para darles un significado coherente.
El estudio psicológico de la percepción, no comenzó formalmente sino hasta fines del siglo
XIX y comienzos del XX. Una organización de alemanes (Wertheimer, Lewin, Koffka,
Köhler, entre otros) fundó la Psicología de la Gestalt, que no es de fácil traducción al
castellano, pero comúnmente se acepta como “psicología de la forma”, de la “estructura”, o
de la “organización”. La Gestalt revolucionó el camino de las ciencias psicológicas, ya que
expuso la radical importancia del estudio de los elementos en conjuntos, en estructuras, e
incluso de las formas, y qué procesos intervienen en la percepción de éstos, en los seres
humanos.
Establece como fundamento que una parte en un todo es distinta a esa parte aislada, o
en otro todo, que se deduce de una serie de principios o leyes de la organización perceptiva
-obtenidos por incontables experimentos-, que son los siguientes:
Ley de la proximidad
Cuando los elementos están próximos en distancia, tendemos a agruparlos y formar ‘todos’
que separamos a su vez por la distancia.
En la figura 1 vemos seis líneas paralelas, pero que a primera vista parecen tres bandas
separadas por dos espacios mayores. En la figura 2 tendemos a relacionar los triángulos de
manera horizontal, y nos es muy difícil percibir una relación vertical. En la figura 3 vemos
que no influye la forma, el color, etc. sino que el único factor que logra esta agrupación es
la proximidad; y verás que no es intuitivo establecer otra relación entre los círculos,
triángulos y cuadrados, más que tres conjuntos separados.
Ley de la semejanza o equivalencia
También tendemos a crear grupos cuando algunos de los elementos visualizados comparten
ciertas características, como forma, color, tamaño, grosor o tipo de línea, etc. Para que se
pueda apreciar esto, sin ser influido por la Ley de la proximidad, he distribuido los
elementos por igual distancia:
En la figura 4 se observan seis líneas separadas por espacios iguales, pero que aún así
agrupamos en tres conjuntos por la semejanza de grosor y tipo de línea. En la figura 5 lo
que varían son las formas. Como son iguales en relación horizontal, tendemos a agruparlas
de esa manera y nos resulta muy difícil establecer una relación vertical. En cambio, en la
figura 6 las formas son idénticas, aunque percibimos semejanza por el tono, por lo que
vemos dos bandas negras diagonales, una blanca central, y dos esquinas blancas separadas.
Ley de Prägnanz, o de la buena forma y destino común
Esta ley es la que comentamos arriba, en el ejemplo del automóvil, así que ya debes oler
por dónde viene la cosa. La palabra alemana Prägnanz -de difícil traducción-, es entendida
como la tendencia a percibir las formas complejas de un modo más simple, simétrico,
ordenado, resumido y esquematizado, de modo que sea más sencillo memorizarlas. Pero
esto no sólo ocurre en imágenes estáticas. Cuando observamos algo moverse, generalmente
el móvil es un complejo conjunto de elementos, que agrupamos en un todo-simplista,
gracias a que cada parte sigue un destino común. Y para referirnos a aquellas formas que ya
de por sí son simples y fácilmente memorizables, se emplea la expresión “buena forma”
(recuerda este término).
Hagamos un experimento. A continuación tienes un enlace, de un flash en donde hay un
botón (¡no lo presiones aún!) que al oprimirlo aparecerá una figura abstracta pero
relativamente simple. Tú debes observarla con atención, ya que pasados cinco segundos
desaparecerá. Inmediatamente después toma un papel e intenta dibujarla como te acuerdes.
Si haces alguna trampa, el experimento no servirá. (Si tienes problemas con Flash Player
abajo tienes un enlace directamente a la imagen, pero recuerda sacarla pasados cinco
segundos) ¿Listo? Presiona el botón.
Una vez que hiciste el dibujo y lo tienes en mano, compáralo con la figura 7, presionando
este link. Deberías notar que tu dibujo es más simple, simétrico y resumido que la figura
original. ¡Si no es así, y tu figura es exactamente igual, te felicito, porque tienes una
memoria increíble! Y si finalmente, tu figura difiere bastante de la original ¡no te
preocupes!, es absolutamente normal.
Ley de cierre
Esta ley es muy interesante, porque indica que la percepción es capaz de completar
imágenes, con información que en ellas no hay. Veamos unos ejemplos.
La figura 8 consta de cuatro líneas curvas, ajenas unas a las otras. Sin embargo, gracias a la
buena forma de la figura que existiría si esas curvas se unieran -un círculo-, la percepción
tiende a agregar la información que falta para que percibamos una figura coherente. Pero…
¿la información que añadimos, de dónde la obtenemos? Los estudios indican que la
respuesta es la experiencia previa. Por ejemplo, la figura 9 consiste en tres “pacman” que,
como forman tres vértices de 60º, intuitivamente percibimos un triángulo equilátero como
centro de la figura, que es una buena forma por excelencia, luego del círculo (Esta es una
simplificación del triángulo de Kanizsa). Y la figura 10 depende radicalmente de la
experiencia previa. Alguien que nunca en su vida haya visto una imagen con perspectiva –
con aparente profundidad–, percibirá un dibujo plano y desordenado, con seis flechas
apuntando hacia fuera, una “L” en el centro, y una “Y” acostada. Pero la mayoría de
ustedes, seguramente verá un cubo, añadiendo la información que hace falta, proveniente su
conocimiento de esta figura (cubo de Necker).
Ley de la simetría
¿Por qué todo es tan simétrico en el Universo? Es muy fácil notar que en la naturaleza
encontramos simetrías por todas partes, como en nosotros mismos. Por ejemplo, casi todos
los organismos tienen una mitad de su cuerpo exactamente igual -externamente- que la otra
mitad. Hay teorías que indican que es causa de la gravedad, que seamos simétricos de
izquierda y derecha pero no de arriba y abajo. Cuando una figura cumple con esta simetría
de eje vertical, resulta ser mejor buena forma que otra con un eje distinto.
En la figura 11 vemos un caso de simetría con eje vertical, que es favorecida por la
Prägnanz, es decir que es muchísimo más fácil de recordar que una figura no simétrica. En
la figura 12, en virtud de la ley de cierre, es intuitivo percibir tres botellas separadas. En
cambio en la figura 13, resulta fácil visualizar tres botellas dadas vueltas. Pero mirando con
atención habrás descubierto que la forma (la línea curva) que se repite en ambas imágenes
es exactamente la misma (por eso también puedes ver en la fig. 12 cuatro botellas dadas
vuelta, y en la fig. 13 al revés). Esto es lo que logra la simetría, y más adelante veremos que
es un recurso muy valioso en las ilusiones ópticas.
Ley de la continuidad
Cuando observamos un paisaje, generalmente los elementos se hacen borrosos en dirección
al horizonte. No sólo borrosos, sino también simples, resumidos y uniformes. Tus
sospechas son correctas; se trata de otra manifestación de la Prägnanz.
Ciudad de São Paulo, Brasil. Copyright [Link]
Esta vez voy a usar una fotografía porque no es algo fácil de representar con simples líneas.
Allí vemos que las formas alejadas son casi indescifrables de por sí. Pero sabemos bien lo
que son, gracias a que los elementos cercanos son nítidos, y esa nitidez se desvanece
gradualmente. Para comprobarlo, mueve la barra de desplazamiento de tu navegador hacia
arriba, de modo que sólo se vean tres centímetros de la parte superior de la imagen. Notarás
que ese contenido es indescifrable, pero que al ver la imagen completa, percibes que son
edificios. El significado de esta ley es, entonces, que podemos percibir cosas que no
deberíamos poder, si no existiera una continuidad ‘suave’ entre los elementos.
Ley de la experiencia
Desde que fue propuesta, esta ley ha estado en debate psicológico, como también filosófico.
Es seguro que, como ya vimos, toda experiencia previa influye en la forma en que
percibimos las figuras, pero… ¿los modos de percibir, también los adquirimos con la
experiencia?, ¿o ya son propios del ser humano, por naturaleza? Es decir, ¿existe ya en el
ser humano, conocimientos nativos, apartados de la experiencia, que le indiquen cómo debe
percibir, y qué elementos debe añadir? Es aquí en donde las aguas de la psicología se
empiezan a dividir; y te darás cuenta que este asunto es puramente filosófico.
(Casualmente, de esto se ocupó Immanuel Kant en el sigo XVIII, logrando una revolución
en el rumbo del pensamiento en la humanidad).
Este dibujo, fue utilizado por Robert Laws (1851-1934) para poner a prueba esta ley.
Cualquiera que esté habituado a vivir en ambientes angulares -como tu casa-, percibirá que
se trata de una habitación, cuyas paredes y techo están insinuados por el rayón central, en
virtud de la ley de cierre, y por la ventana del lado izquierdo. Pero cuando este dibujo les
fue mostrado a personas residentes en Malawi (sudeste de África), la mayor parte respondió
que la familia que allí aparece se encuentra bajo un árbol, y que la “ventana” del lado
izquierdo es una caja que reposa sobre la cabeza de la mujer. (Recuerda que hablamos del
siglo XIX). Nota cómo el ámbito social resulta ser un factor clave en la interpretación de
las figuras.
Ley de la figura-fondo
Esta es la frutilla del postre. Es la ley más utilizada de todas, a la hora de crear ilusiones
ópticas. Se trata de que una figura pueda tomar el papel de fondo, mientas que el fondo
pueda convertirse en una figura. Pero ¿qué son en verdad los fondos y las figuras? En
verdad, no son nada en sí — son lo que queremos que sean. Intuitivamente, consideramos
que los fondos se extienden por detrás de las figuras, y que suelen ser difusos y menos
llamativos; mientras que las figuras son cuerpos definidos, mejor estructurados, y que
prevalecen sobre el fondo. En el mundo del Arte, jugar con estos dos conceptos, haciendo
que ambos tengan simultáneamente las propiedades nombradas, es un recurso valiosísimo,
como en los siguientes ejemplos.
Este es el ejemplo más conocido de todos. Se trata del Jarrón de Rubin, de Edgar Rubin, en
donde el fondo se convierte en figura y la figura en fondo. Nota cómo saca partido también
de la Ley de simetría y de la buena forma del jarrón y los perfiles.
Otro ejemplo no menos impactante es “Mariposa a la Flor“, de Octavio Ocampo. Allí
podemos ver una planta y una mariposa como figura, y el resto rosado como fondo. O bien,
podemos percibir ese resto rosado como figura -el rostro de una mujer- y la planta y
mariposa como condicionantes para esa figura, pero no como figuras en sí.
En la próxima entrada, aplicaremos todo lo aprendido hoy para descifrar qué hay detrás de
las ilusiones ópticas más sorprendentes, aunque también introducieremos algunos
conceptos más, como el de contraste, entre otras cosas. Pido paciencia, porque trabajar con
imágenes y demás es un trabajo que lleva su tiempo. Nos ‘vemos’.