"Acerca Del Semblante"
(*) Texto Ledo En El Ii Congreso Argentino De Convergencia, Movimiento Lacaniano Por El Psicoanlisis Freudiano: Vigencia
Del Psicoanlisis. Incidencia Poltica Y Social Del Acto Analtico.2005.-
Oscar Gonzlez
En los textos de Lacan el semblante aparece al menos en dos posiciones diferentes: como un
lugar en el discurso y como vector simblico que conduce a lo real. Esto ltimo lo podemos
encontrar en el esquema que nos presenta en An (1) donde los otros dos lados de l
tringulo lo constituyen lo verdadero y el fantasma. En el vrtice real, en la juntura entre el
fantasma (realidad ?) y el semblante, se ubica el goce.
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Estas dos posiciones -como lugar y como vector- quiero ponerlas a trabajar articuladas.
Voy a comenzar por diferenciar la fe de la creencia. La religiosidad del fantasma tiene una
consistencia muy particular que se asienta en la fe, es decir en algo que no acepta
cuestionamiento alguno. Cuando la fe rige el fantasma se torna infranqueable. En el seminario
De un Otro al otro Lacan escribe que el perverso es un hombre de fe y toda realizacin
fantasmtica tiene una traza perversa.
La creencia en cambio, en el sentido de la ilusin, es aquello que soporta en el horizonte su
cada. El porvenir de la ilusin es su cada (2). Pero es cierto tambin que esperamos que la
desilusin deje una letra, una marca leda a favor del sujeto. La ilusin se hace as necesaria
para que al caer, el sujeto se apropie de sus pasos perdidos, de sus huellas borradas.
La entrada en discurso esta es la propuesta- hace posible que la certeza fantasmtica pierda
su carcter de tal, y me interesara particularmente abrir la cuestin de la equivocacin como
algo intrnseco al semblante. Cmo y hasta donde avanzar con l?, y cuando el equivoco
aparece del lado del analista?
Un discurso es aquello en lo que el lenguaje se ordena dando lugar al lazo social. Sabemos
que un discurso consta de cuatro lugares fijos: el del semblante o agente, el del otro, el de la
produccin o plus de gozar y por ltimo el de la verdad. En el interior de estos lugares rotan
los diferentes trminos: S1, S2, a y $
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Arriba en el lugar de la dominancia situamos el semblante, en frente, al otro. El sujeto se
hace hacer por el agente. De este modo segn el trmino que coloquemos en el lugar del
agente tendremos lo que el sujeto se hace hacer en el seno de un discurso. Hablo del
discurso en la direccin de la cura, en transferencia, no podra ser de otra manera.
Cuando domina el S2 (el saber), el sujeto se hace hacer el objeto a, tal es el caso del discurso
universitario. Si en cambio el analista hace reinar en ese sitio el objeto a, entonces, al
analizante no le queda otra alternativa que hacerse hacer sujeto barrado. Esto es lo que
sucede precisamente en el discurso del analista. Las permutaciones restantes que no voy a
desarrollar ahora, dan paso a los otros discursos.
Quiero recordar que la discursividad supone un semblante cuya presencia es clave en todo
discurso. No hay ningn discurso que no sea de semblante (3), y ese semblante en s
mismo imprime al fantasma la posibilidad de que su religiosidad vacile.
La ilusin se deshace cuando -como dije antes- en el lugar del agente reina el objeto a por
efecto del deseo del analista. Reina como causa y deja entonces de funcionar como punto de
goce.
De este modo el semblante inocula a lo imaginario su condicin atea. La propiedad atea
del semblante no quiere decir otra cosa que el sentido siempre religioso, puede fallar.
Dice Norberto Ferreyra ...el semblant es aquello que orienta la equivocacin del sujeto
supuesto saber en el anlisis, y la funcin del deseo del analista es orientarla, pero al
mismo tiempo hacerse soporte de esa equivocacin (4).
El discurso por la estructura misma que lo conforma, dispone las condiciones para que lo
coagulado del fantasma entre en el plano inclinado gracias al decir. Y el semblante lleva la
verdad por los caminos del decir hacia lo indecible trasportando el goce del fantasma por las
sendas de la verdad.
El analista ms que sostener semblantes se deja tomar por los que el discurso del analizante
le va imponiendo, luego si la cosa marcha se revelarn. Si el analista no los recibe, entonces
rechaza transferencias, resiste.
Por otra parte el semblante no es una accin del analista, es un lugar que nada tiene que ver
con el semblantear entendiendo esto como una maniobra particular del Yo. Es un lugar que
recibe diferentes trminos segn el giro de los discursos.
Hemos dicho que el semblante porta la condicin de cada y es entonces el soporte de la falla
de lo universal, por lo tanto es de esperar que ah el objeto a se instale justamente para caer.
Pero, entre recibir semblantes y hacer reinar ah el objeto a hay una gran distancia.
El semblante histrico ($) -que no es sinnimo de neurosis histrica- favorece el error. El
analizante es el que est representado por el discurso histrico. La cuestin es saber si
cuando el analista es tomado ah desarrolla la condicin de analizante (demanda hacerse
escuchar y habla de sus cuestiones personales), o si se sirve de esto para la prosecucin de
la tarea analtica. Hasta dnde puede pagar con su persona dejndola fuera de juego?,
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hasta dnde puede mantener una dimensin escptica respecto de su ser y tomar el
equvoco como forzado por la transferencia? O acaso ha tropezado con un material que no
ha pasado an por las vas de su propio anlisis?
Sabemos que la posicin del analista no es pura. Su escepticismo nunca es pleno y el
equvoco deviene a pesar de l, pero si est advertido, har que su intervencin en la
transferencia posibilite la operacin analtica.
Bueno, entonces es completamente admisible, en un cierto nivel, que el psicoanalista haga
semblante, como si estuvieran ah para que las cosas marchen en el plano sexual. Lo molesto
es que acaba por creerlo y entonces eso lo congela a l mismo completamente. Es decir,
para llamar las cosas por su nombre l se vuelve imbcil. (5).
Cuando el objeto a aparece en el lugar de la dominancia el semblante se agujerea y deja ver
la distancia que hay entre la persona del analista y el S.s.S., es decir que el a emerge como
causa. Es el tiempo de la letra que hace borde a lo real. El agujero en el saber surge del cruce
con la verdad.
Pero para que el semblante sea agujereado es necesaria la lectura, y ella misma no opera sin
el odio. Pero debe incidir justamente ah donde el semblante abre la zona de tensin entre el
objeto a y el Ideal del Yo, o si se quiere entre el S.s.S. y el objeto a . Podramos decir que el
semblante le da al odio un lugar, una razn para derribar el saber cristalizado? Si fuera as,
inferiramos que la lectura encausa el odio hacia la mxima diferencia y no hacia el exterminio
de la diferencia.
El semblante tensa al objeto con su envoltura, y es all donde el odio puede efectivizar el
corte. Claro que esto se verificar aprs coup.
El odio hace a la lectura si encuentra esa franja donde operar, en caso contrario el exterminio
se impone como destino.
Si el semblante no tensa, la impronta religiosa de la fe impide obrar sobre esa zona, puesto
que la fijeza no da lugar a la lectura. En sntesis, la lectura odio lectura- requiere del
semblante.
Antes propuse diferenciar la fe de la creencia. La fe une el i con el a, la creencia atea del
semblante los pone en tensin y slo as el odio hace posible el corte.
Hemos dicho que con la cada del semblante se revela la distancia entre el Ideal del Yo y el
objeto a.
La persona del analista investida con las identificaciones imaginarias que el fantasma va
deshojando sobre el semblante, conforman lo que podemos llamar identificacin de
semblante. Al caer sta, arrastra las identificaciones reduplicadas en la transferencia. Esto es
posible porque el semblante adems de ser un lugar en el discurso es el vector simblico que
conecta con lo real. No es que no tenga imaginario, no es lo que lo caracteriza.
En el grafo (I) se puede observar esa posicin del semblante. Quiero destacar que ah la
orientacin de los vectores seala un sentido de rotacin inverso a las agujas del reloj,
pasando primero por lo imaginario, luego por lo simblico y arribando a lo real donde se
encuentra sealizada la zona del goce. Esta observacin no pretende marcar ningn recorrido
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preestablecido, tan solo ubica dicho vector (simblico-real) ocupando el tramo del circuito que
concluye en lo real.
Daniela es una joven amable, simptica e inteligente que siempre tiene una sonrisa
disponible. Sostiene un personaje todo el tiempo, trabaja para l. Su actitud comprensiva con
los hombres es llamativa, sin embargo lo divertido de salir con ellos concluye con domingos
tristes y solitarios. Comienza a padecerlos cuando ellos se marchan con sus esposas. Por
qu no puedo tener una pareja o una familia? Al fin y al cabo soy una boluda, me ocupo de
los otros y no de m. Pero no reclama ni demanda nada, simplemente los comprende.
El anlisis avanz y el clima ameno y simptico no falt en las sesiones, pero yo me
preguntaba qu pasaba con ese personaje tal como ella lo llamaba. Estaba en marcha el
hacerse hacer simptica para el otro. Era su modo histrico de darse un lugar.
Por mi parte trataba de no perder el rumbo, terminaba sonriendo y divirtindome bastante,
adverta que justamente ah estaba mi dificultad, sin embargo eso continuaba. Algo me deca
que se deba producir algn movimiento de mi parte, cul? Mis intentos, en el mejor de los
casos resultaban divertidos, no mucho ms que eso. Mientras tanto yo esperaba.
En definitiva, a esta altura debo confesar que entre ese personaje y yo haba algo personal,
sencillamente quera exterminarlo. Ustedes pensarn que eso no es lo que se espera de un
analista, y no les reprochara tal objecin, pero an as, eso suceda. Les pido que esperen,
que tengan un poco de paciencia as prosigo. Como dije antes, mis intentos por derrotarlo
eran vanos, siempre sala indemne y con cada supuesta cada renaca intacto y pareca cada
vez ms perfeccionado.
Sucede que cierto da son el timbre, estaba atendiendo a otro paciente, me dirijo hacia la
puerta y en ese momento recuerdo que no le avis del cambio de horario. Me era imposible
atenderla. Qu hago? Mientras caminaba iba pensando en pedirle disculpas, en presentar un
gesto gentil -tal como indican las buenas costumbres-, en decirle con amabilidad que me
haba olvidado de llamarla, en fin, no nos engaemos, buscaba la manera de salvaguardar mi
imagen personal, de excusarme. Pero repentinamente me encontr dicindole : en este
momento estoy ocupado, pero como Ud. es tan comprensiva va a volver maana a las 15
horas, hoy no la voy a atender.
Me mir sorprendidsima y despus de un sin palabras dijo: est bien, maana a las 15
estoy ac.
Me embarg una inmensa alegra que no quisiera que confundan con la euforia de aqul que
derrota a un rival, eso ya haba quedado atrs. Esto era otra cosa. Es eso que sucede cuando
se dice algo, se dice an cuando no haya alguien que diga Yo para decirlo, como
expresara Isidoro Vegh en La escritura del analista (6).
La sesin siguiente se inici en medio de una atmsfera tensa. Dijo: de buenas a primeras
me encontr como siempre me sucede despus de alguna historia, pero aqu fue distinto
porque el error era suyo -de eso estaba segura- y sin embargo, senta a la vez que me
estaban poniendo frente a mi propia cara aquello de lo que tanto me quejo. Tan comprensiva
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que termino quedndome sin sesin. Lo quera matar...!
Acto seguido comenz a bajar las cartas. Fui abusada por mi to. Transcurri entre los 7 y los
10 aos aproximadamente. (Con mucha vergenza y excusndose por no haberlo contado
antes). Lo masturbaba y practicaba sexo oral como si fuese un juego infantil. Un da me negu
y me fui de esa casa en la que me haban dejado mis padres. Despus sent un odio
inmenso, no pude digerirlo, es la primera vez que hablo de esto con alguien. Me siento
culpable sin saber bien por qu. Ah justamente apuntaron mis preguntas.
Por primera vez no encontr la sonrisa en su rostro, el toque humorstico tambin se
ausentaba. La joven alegre y complaciente no se haca presente. Nunca quise hablar de esto
porque saba que me iba a doler y no s si vala la pena.
Comprend entonces que este personaje tena sus buenas razones para mantenerse tan
firmemente en su lugar. Tallado prolijamente a lo largo de su vida tena como funcin velar las
miserias familiares a toda costa: abandono, abuso, desinters, etc.
-Cmo lo odi!, cmo pudo hacer eso conmigo Yo era una nena, pero cuando lo dej,
no slo me saqu el peso de encima sino que me vengu de l...
- Cmo?
- Los hombres son as. No les tengo ninguna confianza. Les hago lo que hicieron conmigo:
me pongo muy simptica para alcanzar mi objetivo; coger y nada ms. No me importa otra
cosa. As me mantengo a distancia y me vengo de ellos. Cuando se empiezan a
enganchar....
- Los abandona...
Hasta aqu el fragmento de este anlisis que a mi parecer ilustra un cambio de enunciacin a
partir del olvido del analista. La funcin del semblante que lo valida se destituye dando paso a
un relato donde el personaje simptico pierde consistencia, y con ello el sujeto comienza a dar
nuevas versiones de un trauma infantil.
Tener simpata para donar no es lo mismo que estar tomado por lo traumtico. Dar
comprensin queda sancionado por la intervencin, y de este modo la simpata pierde su
valor funcional. Cae la cobertura y se pierde por un momento la distancia entre la
identificacin idealizada y el no ser que vela la identificacin. El vaco que ah se abre da lugar
a nuevas versiones, poniendo de manifiesto una vez ms que no hay identidad, hay vaco de
identidad.
NOTAS
(2) Lacan, Jacques: El Seminario XX: Aun, Ediciones Paids, Barcelona-Bs. As., 1989, Pg.
109.
(2) Zuberman, Jos: Cuadernos Sigmund Freud N 23: El deseo del analista Editorial de la
EFBA, Bs. As. 2003, Pg.176.
(3) Lacan, Jacques: Conferencia de Miln. Traduccin de C. Ruiz, pargrafo 79. Disponible en
la biblioteca de la E.F.B.A.
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(4) Ferreyra, Norberto: Trauma, duelo y tiempo. Editorial Klin, [Link].,2000, Pg.185 a 186.
(5) dem 3, pargrafos 80 y 81.
(6) Intervencin de Isidoro Vegh en La escritura del analista, en la EFBA, agosto 2003.
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