EL BUEN LADRN
(Lc 23, 39-43)
1 Texto evanglico
2 Comentario
3 Conversin
4 Reflexiones pastorales sobre el hombre
5 Reflexiones pastorales sobre la gracia
6 Reflexiones pastorales sobre el pecado
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1 TEXTO EVANGLICO
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba
diciendo:
No eres t el Mesas? Slvate a ti mismo y a
nosotros.
Pero el otro lo increp:
Ni siquiera temes t a Dios estando en el mismo
suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de
lo que hicimos; en cambio, ste no ha faltado en nada. Y
deca: Jess, acurdate de m cuando llegues a tu Reino.
Jess le respondi: Te lo aseguro: Hoy estars
conmigo en el Paraso.
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2 COMENTARIO
Con Jess haban sido crucificados dos ladrones,
bandidos, salteadores, sediciosos, en cumplimiento de la ley
juda para los criminales facinerosos de sangre fra. En
aquella poca toda Palestina estaba plagada de gentes de
perversa condicin social, nos dice el historiador Flavio
Josefo.
Terminada la salvaje crucifixin de Jess, levantaron
la cruz en alto, la sujetaron en tierra, y colocaron a dos
condenados a muerte de cruz, uno a la derecha y otro a la
izquierda de Jess, que estaba en el centro, para honrar
con mofa al llamado rey de los judos. De esa manera se
cumpli el vaticinio de Isaas: Se entreg a la muerte y
entre rebeldes fue contado (Is 53,12).
Como a estos actos populares asista gran nmero de
gente, porque resultaba un espectculo de odio, diversin o
curiosidad. Los que pasaban por delante ultrajaban a Jess
moviendo la cabeza diciendo: T que eres capaz de destruir
el templo de Dios, y en tres das lo reedificas, slvate a ti
mismo. Si eres hijo de Dios, baja de la cruz. De igual manera
los sumos sacerdotes a una con los escribas y ancianos,
mofndose de Jess repetan con irona: A otros ha salvado
y a s mismo no puede salvarse. Que baje ahora de la cruz,
y creeremos en l. Tambin le injuriaban los ladrones
crucificados con l (Mt 27,39-43).
Uno de los ladrones segua insultando a Jess
repitiendo: No eres t el Cristo? Pues slvate a ti mismo y
a nosotros (Lc 23, 39). En cambio, el otro, conmovido por el
silencio de Jess y su actitud sufriente, reflexion y,
reprendi LE (al otro) con justicia: Ni siquiera temes t a
Dios estando en el mismo suplicio? Lo nuestro es justo,
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porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, ste
no ha faltado en nada (Lc 23, 40-41). Y es que la gracia de Dios
vino a l en aluvin, el corazn se le rompi por el intenso
dolor de los pecados de toda su vida, volvi la cabeza hacia
Jess agonizante, clav tmidamente sus ojos en los de l,
y con mirada, tristemente desencajada y voz
resquebrajada, con absoluta confianza dijo: Jess,
acurdate de m cuando llegues a tu reino (Lc 23, 42).
Solamente pidi a Jess un recuerdo de l en su Reino, no
ms, sabiendo que era el Mesas, y se convirti en un
instante totalmente. Y Jess, Dios misericordioso, por esa
peticin perdon toda su vida depravada y lo canoniz
diciendo: Hoy estars conmigo en el Paraso (Lc 23, 43). La
fuerza de la gracia es tan omnipotente que convierte a un
gran pecador, arrepentido, en un santo en unos instantes.
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3 CONVERSIN
La conversin del pecador es un misterio de la gracia
de Dios que humanamente no se puede entender, ni
explicar, y ni siquiera imaginar. Los telogos de todos los
tiempos de la Historia de la Iglesia, especialmente Santo
Toms de Aquino, teniendo en cuenta la Sagrada Escritura
y la revelacin de la Tradicin, han explicado
minuciosamente y con atino la doctrina de la gracia sobre la
conversin, basndose en las muchas y variadas
experiencias de convertidos. La comprensin de la
conversin de cada pecador corresponde solamente a la
omnipotente sabidura infinita de Dios, rico en misericordia,
hecho real y misterio desconocido por los hombres.
Por qu unos hombres nacen con predisposicin
para la fe, la reciben en el bautismo de modo connatural, y la
fomentan en su crecimiento, sin mayor problema? Misterio
de la gracia!
Por qu muchos reciben la fe, la conservan y
aumentan con muchas dificultades, oposiciones, esfuerzos,
luchas, vencimientos insoportables de carcter, triunfos
apotesicos y derrotas espectaculares? Misterio!
Por qu otros nacen con cierta inclinacin a la fe, la
reciben y viven con alegra, la defienden a capa y espada, la
viven con entusiasmo, y luego la abandonan, se apartan de
Dios, tenindolo escondido en el corazn, y despus de
muchos aos vuelven a la Iglesia por cualquier
insignificancia y sin motivos especiales, como conocemos
los confesores?
Por qu otros, fervorosos cristianos y sacerdotes,
apstoles en una etapa de su vida, cayeron en los lazos del
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enemigo, perdieron la fe y no la recuperaron nunca
aparentemente?
Estos y otros muchos interrogantes se pueden
formular, sin que nadie pueda dar respuesta humana a
ninguno de ellos.
La conversin del pecador en su inicio y desarrollo
hasta llegar a su plenitud es un misterio de la gracia en el
hombre, humanamente imposible de conocer. Nadie se
convierte si antes no es convertido por la gracia de Dios, y
nadie se santifica si Dios no le conduce con su gracia. Se
efecta por el poder de la gracia y la cooperacin del
hombre en las buenas obras, de infinitas maneras.
El hombre con la gracia actual que proviene de Dios
puede prepararse para recibir la fe catlica o convertirse,
utilizando los medios que ensea la Iglesia: oracin, lecturas
piadosas, conferencias, retiros, ejercicios espirituales,
charlas, buenas amistades, diversos apostolados,
enfermedad, salud, y otras muchas circunstancias. Todos los
catlicos hemos llegado a la fe, la conservamos y
aumentamos por las circunstancias buenas o por las gracias
actuales que el Espritu Santo nos ha regalado siempre,
principalmente en momentos crticos.
El convertido puede con la gracia de Dios santificarse
utilizando los medios tradicionales de santificacin:
- la oracin bien hecha, aunque no sea tcnicamente
perfecta en la forma, pues ora el que trata con Dios
amistosamente con oraciones compuestas o palabras
improvisadas, incluso sin ellas con el pensamiento y el
corazn, de la manera que sepa y pueda, pues la oracin
sube al Cielo como la luz del sol baja a la tierra a travs del
espacio con luminosidad, oscuridades, nubes, borrascas,
rayos, relmpagos y truenos;
- la Eucarista bien celebrada y recibida, y no por
rutina, costumbre o simplemente gusto personal. Hay
muchas personas que participan en la Eucarista porque les
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gusta simplemente o comulgan por cierto fervor humano, y
no como alimento de la vida del alma, remedio de los
pecados y progreso espiritual;
- la lucha decidida y resuelta contra todo pecado,
pues con el pecado venial cometido con tibieza, la gracia no
crece en el alma en su curso normal y se estanca. Con el
pecado mortal desaparece la gracia y deja el alma muerta
para la operacin sobrenatural;
- la doma de las pasiones con la penitencia
continua, pues las pasiones impulsan al pecado, y no
dominadas o desbocadas animalizan al hombre, y la
santificacin se hace prcticamente imposible;
- el ejercicio de virtudes en las obras buenas que
santifican juntamente con la oracin y frecuencia de los
sacramentos, especialmente el de la Confesin y Eucarista.
Las virtudes son las potencias sobrenaturales de la gracia,
que convierten las obras buenas en meritorias.
Teniendo en cuenta estos interrogantes y otros
muchos que se pueden formular, se me ocurre hacer unas
reflexiones sobre el hombre, la gracia y el pecado.
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4 REFLEXIONES PASTORALES SOBRE EL
HOMBRE
El hombre, la obra ms perfecta de la Creacin y
resumen de todas las cosas creadas, a pesar de ser creado
por Dios, infinitamente sabio y poderoso, es un ser
imperfecto en el alma y en el cuerpo. Entiende las cosas
con muchos esfuerzos, tiempo ms o menos largo, aciertos
y errores; conoce la verdad parcialmente y muchas veces
con mezclas de errores, y confunde la verdad con la mentira
y el pecado con la virtud. Con la voluntad puede amar, dejar
de amar, cambiar amores, mezclarlos y hasta odiar a
muerte.
Tiene en el cuerpo salud limitada, nunca totalmente
perfecta, desajustes orgnicos espordicos o habituales,
dolores pasajeros o perennes, a veces casi insoportables. Y
despus de una vida, ms o menos larga, cuajada de
miserias y debilidades, deja de existir y muere.
Considerando la realidad del hombre en sentido
humano y filosfico, no teolgico, se puede afirmar que el
hombre es una obra creada por Dios, infinitamente sabio,
omnipotente y poderoso? Tal como es en su ser actual no
puede ser criatura de Dios. No es extrao que muchos
hombres y filsofos, sin fe, y creadores de religiones
humanas, supuestamente divinas, expliquen la creacin
del hombre y su obrar por muchas y diversas causas, sin
que ninguna de ellas satisfaga plenamente.
La fe catlica nos ensea que Dios cre al hombre
perfecto en el cuerpo y en el alma en un estado original
sobrenatural, con el conocimiento de la verdad, la posesin
del amor, y los dones preternaturales de la inmunidad de la
concupiscencia, impasibilidad e inmortalidad, con el fin de
que despus de una prueba de obediencia, superada, fuera
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al Cielo a gozar de Dios eternamente. Pero Adn, el primer
hombre, desobedeci a Dios y cometi el llamado pecado
original. Y por el pecado perdi la gracia sobrenatural, los
dones preternaturales, qued sometido a la esclavitud del
demonio, al dolor, a la enfermedad, a la muerte, y vinieron
todos los males al mundo.
Pero Dios, en su infinita misericordia, en consenso
eterno trinitario acord que el Hijo, la Segunda Persona
divina de la Santsima Trinidad, nos redimiera del pecado,
hacindose hombre para dar sentido a la vida humana,
sufriera para dar sentido al dolor, y con su muerte culminara
la Resurreccin. Y con este misterio pascual, el hombre
qued redimido para que se apropiara la Salvacin, viviendo
con Cristo, sufriendo con Cristo, para resucitar con Cristo a
la vida eterna y gozosa del Cielo.
El actual estado del hombre en periodo de Redencin
con vistas a la Resurreccin con Cristo resucitado
eternamente en el Cielo es mejor que el antiguo de Adn en
el Paraso. Porque el hecho de que Dios se hiciera hombre,
viviera como hombre, sufriera como hombre y muriera como
hombre justifica el pecado de Adn, como dice la Iglesia en
el pregn de la Vigilia Pascual: Necesario fue el pecado de
Adn, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. Feliz la
culpa que mereci tal Redentor!
Este suceso real y misterioso, que parece ciencia
ficcin, lo creemos a pie juntillas, sin cuestionarnos nada, ni
discurriendo para llegar a la verdad humana por reflexiones,
porque la fe que es aceptacin de Jesucristo y su Palabra
revelada, enseada por la Iglesia. El que tiene fe cree con
seguridad, incluso lo que no sabe que tiene que creer,
viviendo la paz, a veces con borrascas, alegra entristecida y
esperanza tentada. El hombre que quiere llegar a la fe por
razonamientos y silogismos acaba en el humanismo
enigmtico, filosofa materialista, en el pragmatismo,
angustia o desesperacin, y no encuentra a Dios. Porque la
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fe es gracia que se recibe, y se agradece, y no se consigue
con las fuerzas humanas.
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5 REFLEXIONES SOBRE LA GRACIA
La gracia, don gratuito de Dios, que diviniza al hombre
con la participacin analgica de la naturaleza divina, es
generalmente potencia de santificacin con la cooperacin
del hombre. Es como una empresa limitada en la que Dios
pone el capital y el hombre el trabajo. Acta en la persona,
tal como cada persona es, con su temperamento y carcter;
y convive en ella con sus defectos temperamentales, que en
perodo de lucha por la santidad muchas veces son
imperfecciones o virtudes defectuosas. Crece en el alma con
dificultades, limitaciones, cualidades, miserias, pruebas y
pecados, pues la santidad es divinamente humana. Los que
trabajan a destajo en la carrera de la virtud, consiguen la
santidad en grados diversos.
Dios concede a todos los hombres las gracias
necesarias para salvarse, de la manera que l quiere y por
medio de muchos caminos, frecuentemente desconocidos
por los hombres. Es tan omnipotente y variada la fuerza de
la gracia del Seor que salva a los hombres de muchas
maneras que no se pueden ni siquiera imaginar, por encima
de la metodologa teolgica de la Iglesia. En sentido catlico
la gracia viene al hombre por medio del bautismo, medio de
comunicacin oficial de la vida trinitaria, misterio que no se
entiende en su profundidad, sino se vive en intensidad. En
millones de personas la gracia de Dios llega por las
suplencias del bautismo, como tantas veces he dicho en mis
escritos y ahora repito:
- la buena fe de la religin que el hombre profesa con
sincero corazn por razones humanas de nacimiento en un
Pas, de familia, ambiente social y diversas circunstancias.
En este caso, Dios, que todo lo puede, hace que la fe de
ellos, vivida consecuentemente, equivalga a la fe catlica
operativa, porque lo que cuenta en la presencia de Dios en
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ltima instancia es la fe bondad del corazn en las obras
buenas.
- el martirio de dar la vida por los hombres. Son
legin los hombres buenos que existen en el mundo, que
luchan por causas justas con corazn limpio, y dan su
sangre por hacer el bien, aunque objetivamente estn
equivocados, porque el que da la vida por los dems merece
la salvacin eterna. Cuntas personas en el mundo que dan
la vida por el dios desconocido!
- la recta conciencia del bien obrar en aquellos
hombres que no conocen a Dios, pues la norma suprema de
evaluacin de las obras buenas a los ojos de Dios, a la hora
de la muerte, es la recta conciencia en hacer el bien, aunque
subjetivamente est equivocada. En aquellos catlicos, que
no fueron capaces de asimilar la doctrina de la Iglesia por
incapacidad intelectual o que la entendieron
equivocadamente, sus buenas obras son conceptuadas por
la misericordia infinita de Dios Padre, como obras
salvadoras.
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6 REFLEXIONES PASTORALES SOBRE EL
PECADO
El pecado, misterio de maldad, es la oposicin a la
gracia. La Iglesia ensea la doctrina de la naturaleza del
pecado y las condiciones que son necesarias para que un
acto en el hombre sea pecado, que no es simplemente la
trasgresin de la ley del Declogo y de la Iglesia, sino el
incumplimiento libre y responsable de la ley moral.
La gravedad del pecado depende de la materia de la
ley, la advertencia o conocimiento que se tenga de ella, y la
libertad para quebrantarla, pues con coaccin no existe
responsabilidad. Por lo que un acto moralmente grave
puede ser leve o ninguno en la conciencia del hombre
desequilibrado, o menguado en su capacidad intelectiva o
volitiva, en quien no tiene responsabilidad perfecta. Sin
embargo, una materia leve, quebrantada libre y
responsablemente, no puede ser nunca pecado grave. Por
tanto, el pecado es siempre personal, segn sea la persona,
y las circunstancias personales y ambientales en el
momento que se comete.
Cada hombre, aunque sea igual a los dems
constitucionalmente, es nico en la responsabilidad moral. El
pecado depende de muchos factores personales:
espirituales de entendimiento y voluntad, psicolgicos,
corporales, pasionales, y circunstanciales.
No todos los hombres entienden las cosas de la
misma manera, tienen la misma voluntad para obrar, la
misma constitucin fsica, igual grado de concupiscencia, el
mismo temperamento y las mismas circunstancias para
cometer el pecado. Como tengo experiencia de profesor, s
que la misma materia explicada a varios alumnos es
entendida diversamente por cada uno. En mis aos de
docencia observ que aquella ciencia teolgica o moral que
yo imparta a mis alumnos, era entendida diversamente por
cada alumno, y pocos me la explicaban en los exmenes
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como yo la explicaba y a m me gustaba. Esta misma
experiencia tengo en la predicacin de la Palabra de Dios
que yo explico en las homilas, charlas o conferencias.
Muchos oyentes casi no se enteran ni del tema, algunos se
quedan con algunas ideas, y pocos con el desarrollo
completo.
Mi experiencia pastoral me dice que son pocos los
que se reconocen como son y se confiesan con todos los
pormenores. Son algunos tan pobres hombres que no tienen
pecados, porque no se conocen, y acaso no sean tan
pecadores a los ojos de Dios. Me contaba una vez un
sacerdote, no espaol, que un catlico le dijo: Padre, yo no
tengo ningn pecado, solamente alguna que otra blasfemia.
Y yo le dije, quizs entendera por blasfemia un taco, que es
un dicho malsonante, que es ms pecado por la malicia con
que se dice que por la palabra. Me contest: No, pues saba
que era palabra contra Dios. Teniendo en cuenta esta
curiosa ancdota, pienso qu ser el pecado en el corazn
de Dios Padre? Santa Teresita del Nio Jess deca que los
pecados de los hombres son como una gota de agua en un
brasero encendido.
Son pocos los hombres inteligentes de calificacin
sobresaliente, y menos los notables, pues la mayora son
aprobados o aprobados por misericordia. La experiencia dice
que son legin los hombres desequilibrados, que actan a
impulso de la minusvala del entendimiento y de la voluntad,
y todos, unos y otros, actan hostigados por las pasiones.
Los actos morales hay que considerarlos como actos
humanos y actos de hombre. Actos humanos son aquellos
que el hombre hace con conciencia de responsabilidad
moral, ms o menos plena, y actos de hombre son aquellos
que el hombre hace sin responsabilidad moral o poca. Por lo
que, a los ojos de Dios, cuya misericordia es infinita, los
pecados de los hombres son menos de lo que parecen en
apariencia, y los actos virtuosos son muchsimos a los ojos
de Dios ms que al juicio de los hombres.
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Los juicios de Dios son inescrutables para los
hombres, que valoran los actos propios con miopa de visin
sobrenatural. Muchos hombres, naturalmente buenos en la
bondad de su corazn y en sus obras, sern juzgados por
Dios con su misericordia infinita, que evaluar sus actos
segn su conciencia y con arreglo a su ciencia humana y
moral, y no rigurosamente conforme a la ley.
Conocemos muchas personas, educadas
cristianamente, incluso en un ambiente de consagracin a
Dios, que despus de una vida piadosa perdieron la fe,
abandonaron la moral catlica ntegra, y viven la bondad
humana de justicia y bondad en actos personales, familiares
y sociales, cumpliendo los mandamientos del Declogo en
su parte humana Estn lejos de Dios, viven en pecado
avocadas al infierno? Poniendo mi mente y corazn en la
misericordia infinita de Dios y en la debilidad humana, pienso
que no. Es ms, me parece que la actuacin de la bondad
humana, juzgada a los ojos de Dios, en muchos casos hace
las veces de gracia en sentido catlico. Si yo pienso as, que
soy una criatura humana, hermano de los hombres cmo
ser el juicio de Dios, Padre de todos los hombres, que se
hizo Jesucristo, vivi, sufri la pasin y muerte por amor a
sus hijos? Estas actitudes problemticas, humanamente
comprensibles, nos obligan a nosotros a comprender, amar y
orar con esperanza.
En la perfeccin moral de los actos y de la santidad
sucede como en arte, que cuanto ms artista es el hombre,
ms defectos ve en sus obras, hasta el punto de que nunca
termina una obra. El hombre cuanto ms santo es ms
imperfecto se conoce, y el sabio cuanto ms sabe ms le
queda por saber.
El pecado en definitiva es la malicia que el hombre
pone en el quebrantamiento de la Ley moral, segn entiende
y quiere, de manera responsable y libre, conforme a la
educacin que ha recibido.
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Todas estas reflexiones nos llevan a las siguientes
conclusiones:
1 Dios es Padre de todos los hombres, infinitamente
rico en misericordia.
2 El hombre es dbil, pecador por naturaleza. El
cristiano que trabaja por dominar su temperamento, la mayor
parte de las veces es bueno, pero con miserias y flaquezas.
Hay tambin hombres malos segn la apreciacin de los
hombres, incluso satnicos, que solamente pueden ser
juzgados por Dios.
3 Al cristiano obliga la caridad y comprensin para
todos los pecadores.
4 La norma suprema de la caridad en su mxima
expresin es no juzgar, porque nos equivocamos, y por
propia cuenta, conforme al dicho del Evangelio: No
juzguis y no seris juzgados, pues de la misma manera que
juzguis, seris juzgados (Mt 7,1).
5 La mejor solucin para remediar los pecados
propios y ajenos es la oracin que todo lo puede, y tiene su
eficacia segura, auque no se vea.
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