Carioca
Dos tros.
Margaret y Rubn haban puesto mucho empeo en que asistiramos esa noche.
ltimamente las cosas no andaban bien con Erndira. Yo lo haba utilizado como excusa
para no ir, pero ella lo haba utilizado como una buena razn para lo contrario.
Terminamos asistiendo. Quiz era para mejor. Aunque a Rubn lo tena en esa lista de
amigos a los que no les puedes decir nada. En parte porque era un imbcil y en parte
porque era un hocicn.
Siempre me haba gustado Margaret. Una vez casi se lo dije en la cocina, meses
antes de que se casara con Rubn. Tena el vaso de whisky en una mano y con la otra le
cerr el paso. Ella entendi en seguida, y me empuj hacia atrs, dijo ya no seai huen, y
yo re hacindome el leso. Desde ese da que no la miraba mucho. No s si le habr
contado al Rubn.
Ya tena dos tros hace rato, pero estaba esperando a que la Eren se bajara. Lo hizo
unos turnos despus, pero no pude evitar ganar esa ronda. Le puse una mano en la
pierna. Las cosas estaban mejor.
Un tro y una escala.
Hubo harto rato de silencio hasta que el Rubn se puso hablar de sus compaeros de
trabajo. Es diseador grfico. Eren y Margaret ponan mucha atencin cuando l trataba
de explicar en qu consista la impresin de tarjetas. Yo simulaba que lo escuchaba
mientras trataba de tomar el jote que me haba servido, pero no poda evitar las nuseas.
Hace mucho tiempo que no tomaba. Por lo menos ya no me dola. Eran slo nuseas.
Despus de un rato la Margaret y la Eren comenzaron a hablar sobre un femicidio que
haba salido en la tele. El sujeto le haba sacado los dientes y los ojos a su ex. Ya haba
salido en todos los noticieros y matinales. La conversacin me aburra de sobremanera.
Tena el tro y la escala formados hace rato. La Eren no se bajaba nunca. Iba a perder.
Las tetas de la Margaret brillaban con la luz de la ampolleta. Me tuve que bajar para no
quedar en evidencia. Despus de unos turnos gan la Margaret. La Erndira qued como
con noventa puntos. Cuando nos burlamos de ella, simul una rabieta infantil. Siempre me
haba molestado que hiciera esa hue, hasta cuando recin pololebamos. Te ves tan
jetona, Erndira, mi amor.
Dos escalas
Todos se haban servido otro vaso menos yo. Antes de empezar la ronda fui al bao.
Me empezaron a doler los riones. No le quise decir a la Eren. Me tom una pastilla y
volv a la mesa. El Rubn haba derramado un vaso. La Margaret se haba agachado para
recoger las cartas. No quise mirarle el culo. Me concentr en limpiar las cartas mojadas.
Eran pocas. Despus de un rato seguimos el juego. La Eren estaba de muy buen humor.
Le haba hecho bien salir. El Camilo se haba quedado de dueo de casa. Todava debe
estar despierto jugando en el computador, pens, mientras juntaba el as con el dos y el
cuatro. Me faltaba un tres de corazones para hacer una escala. La otra ya me haba salido
hecha en la mano. Pens que era un mal augurio, como esa cancin de Chico Trujillo que
dice, mala suerte en el amor y buena suerte en el juego. Cuando habl sobre las buenas
cartas que me haban salido, la Margaret canturre un poco de la cancin. Estaba
sentada a mi izquierda. El trago no le haba permitido calcular las distancias. Se acerc
tanto que le pude sentir el aliento a menta. No tena mala suerte en el amor. Todo mi amor
estaba ah.
Tres tros.
Siempre que juego carioca y llegamos a esta parte del juego, uno de los jugadores
dice esta es rpida, o, esta es entretenida. Esa vez lo dijo la Eren. Ya se le haban puesto
las mejillas rojas. Si sala todo bien, esa noche tendra suerte. Pero la idea de subirme
arriba de ella con el cuerpo adormecido me daba tanta lata, como la idea de m mismo
agotado y sudando por un orgasmo que no me sacudira nada o que ni siquiera tendra.
Ella menos.
Rubn iba por el tercer vaso. Comenz a acordarse de los primeros carretes en los
que estuvimos, cuando l haba conocido recin a la Margaret. Ya me s todas estas
historias, pens, y fui al bao de nuevo. Ya no sala sangre, sala vino. Volv a la mesa y le
dije al Rubn que furamos a comprar cigarros. Las chiquillas se quedaron conversando.
Ya nos habamos aburrido.
Dos tros y una escala.
En el camino se me quit el dolor de tripas. Me haba meado un poco el calzoncillo.
Caminaba incmodo. El Rubn me estaba contando sobre sus aventuras. Parta
describiendo lo bueno que era el motel X, luego se daba algunas vueltas, hasta que al
final no poda evitar escupir que haba ido con otra mina. Me dijo que era media gordita y
me mostr algunas fotos que ella le haba enviado por whatsapp. Mostraba los pechos, el
culo y la vagina, pero nunca la cara. En algunas se vea el labio inferior y la nariz. No era
fea, pero no era mejor que la Margaret. Rubn me invit a comprar una botella de tequila
y juntarnos con esa mina y otra ms que se haba culeado en Rancagua. Me mostr las
fotos de esa otra. Yo las miraba con fruicin. No me negaba a la oferta, pero saba que
nunca lo haramos. l no se metera con otras minas si no tuviera amigos para contarles.
Yo no me metera con otras minas porque no me da el cuerpo. No quera seguir hablando
de sexo. Pens en la Margaret y en lo orgullosa que estaba de que el Rubn hubiese
hecho su primer viaje de negocios a Rancagua. Compramos dos latas de cerveza para ir
tomando en el camino. Tuve que pararme a vomitar.
Dos escalas y un tro
Las cartas estaban todava sobre la mesa. La Eren con la Margaret haban cambiado
de tema cuando llegamos. El Rubn dijo que yo me senta mal. Yo dije que no era nada.
Quera que la Eren se entretuviera, que echara la talla con su amiga y con el Rubn. Yo
me reira debajo del dolor y las nuseas. Hace tiempo que no salamos. No la iba a cagar
ahora. Nos fumamos un pito y el dolor se fue. El Rubn no fumaba. Se sirvi muchos
vasos de vino ms que nosotros tres. Mientras el Rubn trataba de darse a entender, y las
chiquillas se esforzaban por dejar de rer, llam al Camilo. Todava estaba jugando
computador. Acustate, le dije. Y l dijo que ms rato. Lo dej. Tiene buenas notas el
huevn. Que se desvele.
Seguimos hablando, bebiendo y fumando mientras pelbamos a los antiguos vecinos
y amigos en comn. Al Rubn le lleg un mensaje. Lo revis ah, frente a todos. Lo
reprendimos por desubicado, l se defendi diciendo que era un amigo. Alcanc a leer la
palabra amor. Mir a la Margaret. Justo exhalaba el humo. Vi su boca abierta. Salieron
dos gotas de sangre por mi nariz.
Tres escalas
Tena fiebre. La Eren estaba preocupada. Siempre que me enfermo me cuida como a
un nio. La quiero caleta, pens, y dej de pensar en la Margaret por un momento. El
Rubn me hueviaba mientras las chiquillas buscaban pastillas y una toalla hmeda para
ponerme en la cabeza. Yo insist tanto con que estaba bien, que despus de un rato la
Eren me crey y decidi ignorarme.
Tom un ibuprofeno y me ech en uno de los sillones de la terraza con la toalla en la
cabeza y dos motitas de algodn en la nariz. Mientras las minas hablaban, el Rubn
revisaba su celular y me mostraba las conversaciones con su mina de Rancagua. Yo le
sonrea y trataba de hablarle de otra cosa, pero l volva a lo mismo. Despus de un rato
me venci el sueo. Escuch las conversaciones con los ojos cerrados hasta quedarme
dormido. A veces soaba con lo que decan. Escuch cmo la Eren fue a pedir una manta
para taparme y despus cmo revolvan entre las cosas. No alcanc a sentir cuando
pusieron la manta sobre m. So con una cancin que estuvo sonando mientras dorma.
Escala loca
Despert a las cuatro de la madrugada en una pieza oscura. Afuera discutan muy
fuerte. Al principio pareca como si estuviera sondolo. En el sueo les deca que se
calmaran, pero cuando despert estaba callado. Solo tena un agudo zumbido en las
orejas y sabor a sangre en la boca. Me levant y me di cuenta de que no llevaba zapatos.
Los busqu en la oscuridad, pero fue intil. Sal al patio y me clav varios vidrios de un
vaso roto en la planta del pie. La msica acompasaba el monlogo de Rubn, quien
trataba de darse a entender entre el llanto ebrio. La Eren sostena una bolsa con hielo en
la cabeza de Margaret. Estaba jugando al rferi sola. Normalmente ese juego nos tocaba
a los dos. Cuando llegu, la Eren me mir con una mezcla de angustia y vergenza
ajenas. El Rubn se levant rpido y me llev afuera. Trat de decirme algunas cosas,
pero no le entend nada. Le caan los mocos sobre la boca y la baba sobre el mentn.
Sac una caja de cigarros, pero los bot al suelo. Mientras los recoga, me deca, la
cagu huen, la cagu pero no me importa.
Escala Real
La Susana, deca, despus lanzaba una leve y pattica risilla. Algo pareca no estar
funcionando bien dentro de su cabeza. Le dije que se calmara, pero en ese momento se
puso a gritar al cielo. No!, Por qu a m! Despus lanz el celular al piso. Pude ver una
conversacin inentendible y desesperada a travs de los cristales rotos de la pantalla: Mm
vi samt rr, deca, luego, me voy a maana, despus, me voy a matorrales. La persona con
la que estaba chateando le deca, No, Rubn, voy para all, no hagas nada.
Salieron algunos vecinos. El Rubn comenz a imprecarlos. Les lanzaba piedras
torpemente. Un vecino grande y corpulento con una toalla amarrada a la cintura lo
amenazaba con llamar a los pacos. Yo trataba de tranquilizarlo. La Margaret apareci
detrs. Todava me zumbaban los odos. Comenc a sangrar otra vez. La Erndira me
puso su chaleco en la cara. Todos pensaron que Rubn me haba golpeado. El gritero
que se form en el jardn de la casa se me hizo insoportable. El vecino corpulento se pas
por la reja. Sostena la toalla con una mano, mientras que con la otra le daba combos en
la cabeza al Rubn. No fue muy difcil derribarlo. Termin de cara en el suelo. Cuando
lleg la ambulancia, pens que se lo llevaran a l, pero terminaron llevndome a m. Fue
muy difcil explicarles a los carabineros que mi condicin no tena nada que ver con
Rubn. Antes de que cerraran las puertas de la ambulancia, pude ver cmo una mujer
rubia se acercaba a la Margaret llorando. Lo ltimo que vi esa noche antes de volver a
desmayarme, fue el rostro de la Margaret quebrndose detrs del rostro preocupado y
difuso de Susana.