14.
Antiguas y nuevas identidades y etnicidades
n mi exposicin anterior,1 trat de abrir las preguntas sobre lo local y
lo global de formulaciones un tanto cerradas, demasiado integradas,
y en cierto modo sobre-sistematizadas. Mi argumento postulaba
que necesitamos pensar sobre los procesos que estn revelndose, ahora,
en trminos de lo local y lo global, en aquellos dos espacios, pero tambin
necesitamos pensar en stos como formulaciones ms contradictorias de las
que usualmente concebimos. Mi preocupacin era que si no lo hacamos,
probablemente bamos a ser incapaces de pensar aquellas ideas de manera
poltica. Estaba, por tanto, intentando no desconocer las cuestiones de poder
y las de apropiacin que creo que estn arraigadas en el mismo centro de
cualquier nocin de cambio entre los caracteres de lo local y lo global, en el
surgimiento de la poltica cultural a escala mundial, sino ms bien conceptualizar aquello dentro de una poltica cultural ms abierta y contingente.
Al final de mi discurso, sin embargo, tuve que formular la pregunta de
si hay una poltica, en realidad, una contra-poltica de lo local. Si estn en
funcionamiento nuevos globales y nuevos locales, quines son los nuevos
sujetos de esta poltica de posicin? En qu identidades concebibles podran
aparecer? Puede la identidad misma repensarse y revivirse, en la diferencia
y a travs de ella? Esta es la pregunta que quiero abordar aqu. La he llamado
Antiguas y nuevas identidades y etnicidades y lo que voy a hacer primero
es regresar a la cuestin de la identidad y tratar de examinar algunas de las
maneras en las cuales estamos empezando a reconceptualizarla dentro de los
discursos tericos contemporneos. Luego volver desde esa consideracin
terica al terreno de una poltica cultural. La teora es siempre un rodeo en
el camino hacia algo ms substancial.
Regreso a la cuestin de la identidad porque sta ha regresado a nosotros;
en todo caso, ha vuelto a nosotros en la poltica britnica y, especficamente,
en la actual poltica cultural britnica. No ha regresado en el mismo lugar de
siempre; no es la concepcin tradicional de identidad. No regresa la misma
poltica de identidad de los movimientos sociales de los aos sesenta. Pero
es, no obstante, una especie de vuelta a algo del terreno en el que solamos
pensar de ese modo. Har un comentario hacia el final sobre cul es la naturaleza de este trabajo terico-poltico que parece perder cosas por un lado,
para luego recuperarlas de un modo diferente desde otro lado, y que luego
tiene que pensarlas todas de nuevo en cuanto se ha deshecho de ellas. Cul
es este trabajo terico de nunca acabar que est constantemente perdiendo y
1
Se refiere a una conferencia dictada antes en el mismo escenario por Hall que hemos
publicado en la presente compilacin como Lo local y lo global: globalizacin y
etnicidad. En varias ocasiones a lo largo de presente texto, Hall se referir a esta
conferencia (Nota de los editores).
316
Stuart Hall
ganando conceptos? Aqu estoy hablando de la identidad como un punto en el
cual, por un lado, se cruzaba todo un conjunto de nuevos conceptos tericos,
y donde, por el otro, surga todo un conjunto nuevo de prcticas culturales.
Quiero comenzar por intentar, muy brevemente, trazar un mapa terico de
algunos de esos puntos de interseccin, para luego examinar algunas de sus
consecuencias polticas.
Estamos muy familiarizados con las antiguas lgicas de la identidad, ya
sea de manera filosfica o psicolgica. En lo filosfico, la antigua lgica de
la identidad, que muchas personas han criticado, bajo la forma del antiguo
sujeto cartesiano se pensaba frecuentemente en trminos del origen del propio
ser, el campo de accin. La identidad es el campo de accin. Y tenemos en
tiempos ms recientes un discurso psicolgico del yo que es muy similar: una
nocin de la dialctica interna, continua, autosuficiente y naciente de la individualidad. Nunca llegamos a ella por completo, sino que siempre estamos en
camino: cuando lleguemos, al fin sabremos exactamente quines somos.
Ahora bien, esta lgica de la identidad es muy importante para una amplia
gama de discursos polticos, tericos y conceptuales. Me interesa tambin en
cuanto es un tipo de realidad existencial porque creo que la lgica del lenguaje
de la identidad es extremadamente importante para nuestras concepciones
de nosotros mismos. Contiene la nocin del yo verdadero, algn yo real all
adentro, escondindose adentro de las cscaras de todos los falsos yos que
presentamos al resto del mundo. Es un tipo de garanta de autenticidad. Hasta
que nos metemos realmente adentro y escuchamos lo que el verdadero yo
tiene que decir, no sabemos lo que estamos diciendo realmente. Aquella
lgica o aquel discurso de la identidad da la impresin de ser garantizado.
Nos da un sentido de profundidad, all afuera y aqu adentro. Est organizado
espacialmente. Mucho de nuestro discurso del adentro y del afuera, del yo y
del otro, del individuo y de la sociedad, del sujeto y del objeto, est basado
en esa lgica particular de la identidad. Y dira que nos ayuda a dormir bien
por la noche.
Creo cada vez ms que una de las principales funciones de los conceptos
es que nos ayudan a dormir bien por la noche. Porque lo que nos dicen es que
hay una especie de terreno estable, que slo cambia de manera muy lenta entre
los ajetreados trastornos, discontinuidades y rupturas de la historia. A nuestro
alrededor la historia est rompindose constantemente de maneras impredecibles pero nosotros, de alguna manera, seguimos siendo los mismos.
Tal lgica de la identidad est, para bien o para mal, terminada. Se le puso
fin por toda una gama de razones. Se le puso fin en primera instancia debido
a algunos de los grandes descentramientos del pensamiento moderno. Uno
podra discutir esto de manera muy elaborada; podra pasar el resto del tiempo
que tengo hablando sobre esto pero slo quiero encajar las ideas en su lugar
muy brevemente usando algunos nombres como puntos de referencia.
No es posible sostener aquella lgica de la identidad despus de Marx,
porque aunque Marx habla del hombre (no habla de la mujer haciendo la
historia pero quizs fue encajada, ya que el siglo XIX articulaba a la mujer tan
frecuentemente bajo algn otro ttulo masculino), habla sobre los hombres y
Antiguas y nuevas identidades y etnicidades
317
las mujeres haciendo la historia pero bajo condiciones que no son de su propia
eleccin. Y habiendo alojado siempre o al sujeto individual o al colectivo
dentro de las prcticas histricas, nosotros como individuos o como grupos
no podemos ser, y nunca pudimos haber sido, el origen nico o los autores
nicos de esas prcticas. Eso constituye una profunda descentralizacin
histrica en trminos de la prctica social.
Si eso no fue lo suficientemente fuerte, al tumbarnos de lado, por as
decirlo, Freud vino dando golpes desde abajo, como el fantasma de Hamlet,
y dijo: Mientras ests siendo descentralizado de izquierda a derecha de esa
manera, djame descentralizarte desde abajo un poco, y recordarte que este
lenguaje estable de la identidad tambin se fija a partir de la vida psquica
sobre la cual no sabes mucho, y sobre la que no puedes saber mucho. Y a
partir de lo que no puedes saber mucho a travs de simplemente pensarlo: el
gran continente del inconsciente que habla con mayor claridad cuando est
resbalndose y no cuando est diciendo lo que quiere decir. Esto hace que
el yo empiece a parecer una cosa bastante frgil.
Ahora, sacudido desde un lado por Marx y trastornado desde abajo por
Freud, justo al abrir su boca para decir, Bueno al menos yo hablo, entonces,
por lo tanto, yo debo ser algo, se presentan Saussure y la lingstica y dicen:
Eso no es verdad tampoco, sabes? El lenguaje estuvo all antes que t. Slo
puedes decir algo a travs de posicionarte en el discurso. El cuento cuenta
al narrador, el mito cuenta al creador de mitos, etc. La enunciacin se hace
siempre desde algn sujeto que est posicionado por el discurso y en l. Eso lo
altera. Filosficamente, uno llega a la cancelacin de cualquier tipo de nocin
de una perfecta continuidad transparente entre nuestro lenguaje y algo all
afuera que se puede llamar lo real, o la verdad, sin comillas.
Estas varias alteraciones, estas perturbaciones en la continuidad de la
nocin de sujeto y de la estabilidad de la identidad son, de hecho, caractersticas de la modernidad. No es, por cierto, la modernidad misma. Ella tiene
una historia ms larga y antigua. Pero ste es el comienzo de la modernidad
como preocupacin. No la modernidad como ilustracin y progreso, sino la
modernidad como problema. Tambin se altera por otras transformaciones
histricas enormes que no tienen, y a las que no se les puede dar, un nombre
singular, pero sin las cuales la historia no podra contarse. Adems de los tres
o cuatro que he citado, podramos mencionar la relativizacin de la narrativa
occidental en s, de la episteme occidental, por el ascenso de otras culturas,
y en quinto lugar el desplazamiento de la mirada masculina.
Ahora, la cuestin de tratar de llegar a aceptar la nocin de identidad
que sigue a esas descentraciones tericas es una empresa extremadamente
problemtica. Pero eso no es todo lo que ha estado perturbando la lgica
estable de la identidad. Porque como estaba diciendo anteriormente cuando
hablaba de la erosin relativa o el declive relativo y de la inestabilidad del
estado-nacin, de la autosuficiencia de las economas nacionales y, consecuentemente, de las identidades nacionales como puntos de referencia ha
habido simultneamente una fragmentacin y una erosin de la identidad
colectiva social. Aqu me refiero a las grandes identidades sociales colectivas
318
Stuart Hall
que considerbamos como de gran-escala, todo abarcadoras, homogneas,
identidades colectivas unificadas, acerca de las cuales se poda hablar casi
como si fueran actores singulares de pleno derecho pero que, ciertamente,
colocaban, posicionaban, estabilizaban, y nos permitan entender y leer, casi
como un cdigo, los imperativos del yo individual: las grandes identidades
colectivas sociales de clase, de raza, de nacin, de gnero, y del Occidente.
Estas identidades sociales colectivas fueron formadas en los enormes
procesos histricos de larga duracin que han producido el mundo moderno
y fueron estabilizadas por ellos, de igual manera que lo fueron las teoras y
conceptualizaciones a las que me acabo de referir muy brevemente, que son
lo que constitua la modernidad como una forma de autorreflexin. Fueron
escenificadas y estabilizadas por la industrializacin, por el capitalismo, por la
urbanizacin, por la formacin del mercado mundial, por la divisin social y
sexual del trabajo, por la gran separacin de la vida civil y social en lo pblico
y lo privado, por el dominio del estado-nacin y por la identificacin entre
la occidentalizacin y la nocin de modernidad en s.
Habl en mi charla anterior de la importancia, para la construccin de
cualquier sentido de dnde estamos situados en el mundo, de la economa
nacional, el estado-nacin y las identidades culturales nacionales. Djenme
decir una palabra en este punto sobre las grandes identidades de clase, que
tanto han estabilizado nuestra comprensin del pasado inmediato y el no tan
inmediato. La clase era el localizador principal de la posicin social, aquello
que organizaba nuestra comprensin de las principales relaciones de red
entre grupos sociales. Nos ligaba a la vida material a travs de la economa
misma. Provea el cdigo a travs del cual nos leamos entre nosotros. Provea
los cdigos a travs de los cuales unos entendan el lenguajes de los otros.
Provea, por supuesto, las nociones de la accin colectiva en s, aquella que
desbloqueara la poltica. Ahora, como trat de decir previamente, las grandes
identidades sociales colectivas ascienden y caen, y es casi igual de difcil saber
si son ms peligrosas cuando estn cayendo o cuando estn ascendiendo.
Estas grandes identidades sociales colectivas no han desaparecido. Su
adquisicin y eficacia en el mundo real que todos ocupamos est siempre
presente. Pero el hecho es que ya no est ninguna de ellas en el lugar social,
histrico o epistemolgico en el que estaban en nuestras conceptualizaciones
del mundo, en el pasado reciente. Ya no pueden pensarse de la misma forma
homognea. Estamos igual de pendientes de sus diferencias internas, sus
contradicciones internas, sus segmentaciones y sus fragmentaciones como
lo estamos de su homogeneidad ya completada, su unidad y dems. No son
estabilidades y totalidades ya producidas en el mundo. No operan como
totalidades. Si tienen relacin alguna con nuestras identidades culturales e
individuales, ya no tienen aquella fuerza suturante, estructuradora o estabilizante, de modo que no podemos saber lo que somos simplemente a travs de
sumar nuestras posiciones con relacin a ellas. No nos dan el cdigo de identidad como creo que hacan en el pasado. Es discutible para cualquiera que
asume este argumento de manera directa, sin quitar el dedo del rengln si
alguna vez funcionaron de esa manera. Quizs nunca funcionaron de esa
forma. La narrativa de Occidente, efectivamente, podra ser la versin que
Antiguas y nuevas identidades y etnicidades
319
contamos de la historia, que nos contamos a nosotros mismos, sobre el
hecho de que funcionen de esa manera. Sabemos que es extremadamente
difcil para cualquier buen historiador dar, en realidad, con la gran funcin
homogeneizante de la clase social colectiva. Sigue desapareciendo justo ms
all del horizonte, como la comunidad orgnica.
Conocen la historia sobre la comunidad orgnica? La comunidad orgnica siempre estaba nicamente en la niez que se dejaba atrs. Raymond
Williams tiene un ensayo maravilloso sobre estas personas, un abanico de
crticos sociales que dicen que se puede medir el presente en relacin con el
pasado, y que se conoce el pasado porque en ese entonces todo era mucho
ms orgnico e integrado. Cuando era en ese entonces? Bueno, cuando yo
era nio haba siempre algn adulto que deca, Cuando yo era nio, todo
era mucho ms integrado. Y as, eventualmente, algunas de estas grandes
colectividades son bastante similares a esa gente con una nostalgia histrica
que tiene lugar en sus reconstrucciones retrospectivas. Siempre reconstruimos
ms esencialmente, ms homogneamente, como ms unificados y menos
contradictorios lo que no fue jams. Ese es un argumento. Como sea que
fuese el pasado, durante muchas dcadas, todos parecan poder marchar
hacia adelante en la historia de manera unificada. Ciertamente no lo estn
haciendo ahora.
Ahora, como he dicho, la cuestin de cmo empezar a pensar las cuestiones
de identidad, ya sean sociales o individuales, no a raz de su desaparicin sino a
raz de su erosin, de su desvanecimiento, de su no tener el tipo de adquisicin
y poder explicativo exhaustivo que tuvieron antes, eso es lo que me parece
que ha desaparecido. Solan pensarse y es una definicin increblemente
diferenciada por gnero como conceptos maestros, los conceptos maestros de la clase. Ya no es tolerable tener tal concepto maestro. Una vez que
pierde su estatus maestro, se debilita su alcance explicativo, se vuelve ms
problemtico. Podemos pensar en algunas cosas en relacin a las cuestiones
de clase, aunque siempre reconociendo su complejidad histrica real. Aunque
hay otras cosas que simplemente no puede descifrar o explicar. Y esto nos
confronta con la creciente diversidad y pluralidad social, las tecnologas del
yo que caracterizan el mundo moderno en el que vivimos.
Bueno, podramos decir, entonces en qu quedan los discursos de la
identidad social? No los he abolido ya desde todos los sitios que se me
ocurren? Como ha sido verdad en el trabajo terico durante los ltimos veinte
aos, el momento en el que desaparece un concepto por la puerta de la mano
izquierda, regresa por la ventana de la mano derecha, pero no exactamente
en el mismo lugar. Hay un momento maravilloso en el texto de Althusser
donde dice: Ahora puedo abolir la nocin de las ideas. Y efectivamente
escribe la palabra ideas y dibuja una lnea a travs de esta para convencerse
de que no necesitamos usar la palabra nunca ms. Exactamente de la misma
manera, el viejo discurso del sujeto fue abolido, se le puso en un recipiente
profundo y se verti concreto sobre l. No lo veremos nunca ms, cuando,
maldita sea, en cerca de cinco minutos estamos hablando de la subjetividad,
y del sujeto en el discurso y volvi dando un rugido. As que creo que no es
de extraar que, habiendo perdido un sentido de identidad, encontremos que
320
Stuart Hall
lo necesitamos. Dnde habramos de encontrarlo? Uno de los lugares a los
que tenemos que ir ciertamente es el de los lenguajes contemporneos que
han redescubierto y reposicionado la nocin del sujeto, de la subjetividad.
Esto es, principalmente, los lenguajes del feminismo y del psicoanlisis.
No quiero examinar este argumento pero quiero decir algo sobre cmo
uno puede empezar a pensar las cuestiones de la identidad desde este nuevo
conjunto de espacios tericos. Y tengo que hacer esto de manera pragmtica.
Tengo que declarar lo que creo, desde esta postura, que es la identidad (y
lo que creo que no es) a modo de una especie de protocolo, aunque cada
una me podra tomar mucho tiempo. Nos hace tomar consciencia de que
las identidades nunca se completan, nunca se terminan, que siempre estn
como la subjetividad misma: en proceso. Esto de por s es una tarea bastante
difcil. Aunque siempre lo hemos sabido en alguna medida, siempre hemos
pensado en nosotros mismos como si llegsemos a ser ms como nosotros
mismos cada da. Pero esa es una especie de nocin hegeliana, de ir hacia
adelante para encontrar aquello que siempre fuimos. Quiero abrir ese proceso
considerablemente. La identidad est siempre en proceso de formacin.
En segundo lugar, la identidad significa o connota el proceso de identificacin, el proceso de decir que esto aqu es lo mismo que eso, o que somos lo
mismo juntos, con respecto a esto. Pero algo que hemos aprendido de toda
la discusin sobre la identificacin, en el feminismo y el psicoanlisis, es la
medida en que aquella estructura de identificacin est siempre construida
a travs de la ambivalencia, siempre construida a travs de la escisin. La
escisin entre aquello que uno es y aquello que el otro es. El intento de
expulsar al otro hacia otro lado del universo siempre se complica a causa de
las relaciones de amor y deseo. Este es un lenguaje diferente del lenguaje de,
digamos, los Otros que son completamente distintos a uno mismo.
ste es el Otro que pertenece al interior de uno. ste es el Otro que uno
slo puede conocer desde el lugar en el cual uno est. ste es el yo que se
inscribe en la mirada del Otro. Y esta nocin rompe los lmites entre el
afuera y el adentro, entre aquellos que pertenecen y aquellos que no, entre
aquellos cuyas historias han sido escritas y aquellos de cuyas historias stos
han dependido pero cuyas historias no pueden ser habladas. El silencio que
existe en lo que puede ser hablado es la nica manera de tratar de alcanzar
toda la historia. No hay otra historia que no implique, junto a lo que puede
ser hablado, ausencias y silencios. Todo lo que puede ser hablado est en
el terreno de las enormes voces que no pueden serlo, que no lo pueden ser
todava.
Esta naturaleza doble del discurso, esta necesidad del yo de tener un
Otro, esta inscripcin de la identidad en el aspecto del Otro, encuentra su
articulacin de manera profunda en los alcances de un texto dado. Y quiero
citar uno que estoy seguro que conocen pero no necesariamente recuerdan,
aunque es un momento maravilloso y majestuoso, un momento de Piel negra,
mscaras blancas de Fanon, cuando se describe a s mismo como un joven
de las Antillas, que se encuentra cara a cara con una nia parisina blanca
y su madre. Y la nia jala la mano de su madre y dice, Mira, mam, un
Antiguas y nuevas identidades y etnicidades
321
hombre negro. Y l dijo, Por primera vez, supe quin era. Por primera vez,
sent, simultneamente, como si me hubieran hecho explotar en la mirada,
en la violenta mirada del otro, y a la misma vez, se me haba recompuesto
como otro. La nocin de la identidad en ese sentido poda contarse como
dos historias, sin nunca haber hablado la una a la otra, sin nunca haber
tenido ninguna relacin entre s. Al ser traducida del terreno psicoanaltico
al histrico, simplemente ya no es sostenible en este mundo cada vez ms
globalizado. Sencillamente ya no es sostenible.
Personas como yo que vinieron a Inglaterra en los aos cincuenta han
estado aqu durante siglos; simblicamente, hemos estado aqu durante
siglos. Yo estaba regresando a casa. Soy el azcar en el fondo de una taza de t
inglesa. Soy la debilidad por el dulce, las plantaciones de azcar que pudrieron
generaciones de dientes de nios ingleses. Hay miles de otros aparte de m
que son la taza de t en s, no es cierto? Porque no lo cultivan en Lancashire,
no es cierto? No existe una sola plantacin de t en el Reino Unido. sta es
la simbolizacin de la identidad inglesa, o sea, qu sabe cualquier persona
del mundo acerca de un ingls salvo que no puede pasar el da sin una taza
de t? De dnde viene? Ceiln, Sri Lanka, India. Esa es la historia de afuera
que est dentro de la historia de los ingleses. No hay historia inglesa sin esa
otra historia. La nocin de que la identidad est relacionada con personas que
se parecen, que se sienten lo mismo, que se llaman lo mismo, es una tontera.
Como un proceso, como una narrativa, como un discurso, se cuenta siempre
desde la posicin del Otro.
Ms an, la identidad es siempre en parte una narrativa, siempre en parte
una especie de representacin. Est siempre dentro de la representacin.
La identidad no es algo que se forma afuera y sobre la que luego contamos
historias. Es aquello que es narrado en el yo de uno mismo. Tenemos la nocin
de la identidad como algo contradictorio, compuesto de ms de un discurso,
compuesto siempre a travs de los silencios del otro, escrito en, y a travs de,
la ambivalencia y el deseo. stas son maneras sumamente importantes de
intentar pensar una identidad, que no es una totalidad sellada ni cerrada.
Ahora, dentro de la teora tenemos algunas maneras interesantes de
intentar concebir la diferencia de esta manera. Hemos aprendido bastante
sobre la diferencia sexual en escritores feministas. Y hemos aprendido
mucho con relacin a las cuestiones de la diferencia, a partir de gente como
Derrida. Creo que hay algunas maneras importantes en las cuales el uso
que da Derrida a la nocin de la diferencia entre difference y diffrance,
escrito con una a, es significativo. La a, la anmala a en la ortografa de
Derrida de diffrance, que usa como una especie de marca que establece una
perturbacin en nuestra comprensin estable de la traduccin, en nuestro
concepto de diferencia, es muy importante, porque esa pequea a, por ms
perturbadora que sea, que casi no se oye cuando es hablada, pone la palabra
en movimiento hacia nuevos significados, y sin embargo no oculta el rastro
de los otros significados en su pasado.
Su sentido de la diffrance, como lo dijo un escritor, se mantiene suspendido entre dos verbos franceses, diferenciarse y posponer, que contribuyen
322
Stuart Hall
a su fuerza textual, y de los cuales ninguno puede captar el sentido de manera
total. El lenguaje depende de la diferencia, como ha demostrado Saussure:
la estructura de proposiciones distintivas que forman su economa. Pero
donde Derrida abre nuevos caminos es en la medida en que diferenciarse
se convierte en posponer. Ahora bien, esta nocin de una diffrance no es
simplemente un juego de oposiciones binarias reversibles. Ms bien se piensa
en la diferencia sexual no simplemente en trminos de una oposicin fija del
sexo masculino y femenino, sino de todas esas posiciones anmalas y resbaladizas que estn siempre en proceso, entre las cuales se abre el continente de la
sexualidad, llegando a puntos de perturbacin crecientes. Eso significa ahora
la odisea de la diferencia, en el sentido en el que estoy tratando de usarla.
Eso sobre la diferencia, y se podra hacer la pregunta de dnde entra la
identidad en este infinito aplazamiento del significado que se encuentra
alojado en la nocin de Derrida del rastro, de algo cuyas races an tienen
un significado al mismo tiempo que est, digamos, movindose hacia otro
y sintetizando a otro, con interminables cambios y deslizamientos de ese
significante. La verdad es que aqu Derrida no nos ayuda a pensar sobre la
relacin entre identidad y diferencia tanto como podra. Y los que se apropian
de Derrida en Amrica del Norte, especialmente en el pensamiento filosfico y literario estadounidense, nos ayudan aun menos. A travs de sacar la
nocin de diffrance de Derrida directamente de la tensin entre las dos
connotaciones textuales, posponer y diferenciarse, y alojarla slo en el
juego interminable de la diferencia, en ese preciso momento, se desacopla la
poltica de Derrida.
A partir de aquel momento se desenrolla esa enorme proliferacin de
deconstruccin extremadamente sofisticada y juguetona que es una especie
de juego acadmico inacabable. Cualquiera lo puede hacer, y se desenrolla
ms y ms. Ningn significante se detiene jams, nadie es responsable de
ningn significado, todos los rastros se borran. En el momento en que algo se
aloja, inmediatamente se borra. Todos la pasan muy bien; van a conferencias
y lo logran, por as decirlo. Se desacopla la nocin de la poltica que requiere
mantener la tensin entre lo que es tanto situado como no fijado, a travs
de la palabra que est siempre en movimiento entre posiciones, la nocin
de la poltica que requiere que pensemos tanto en la posicionalidad como
en el movimiento, ambos juntos, no en uno y en el otro, no jugando con la
diferencia, ni encontrando noches tranquilas en las cuales descansar cobijado
por la identidad, sino viviendo en la tensin de la identidad y la diferencia.
Tenemos entonces que seguir pensando, ms all de lo meramente ldico,
en ese juego realmente difcil que el juego de la diferencia representa, histricamente, para nosotros en realidad. Pues si la significacin depende del
interminable reposicionamiento de sus trminos diferenciales, el significado
en cualquier caso especfico depende de la fijacin contingente y arbitraria,
la ruptura necesaria. Es un punto muy simple. El lenguaje es parte de una
semiosis infinita del significado. Para decir algo, tengo que callarme. Tengo
que construir una sola oracin. S que la siguiente oracin abrir nuevamente
la semiosis infinita del significado, entonces retirar lo dicho. Entonces cada
parada no es una ruptura natural. No dice: Estoy a punto de terminar una
Antiguas y nuevas identidades y etnicidades
323
oracin y esa ser la verdad. Entiende que es contingente. Es un posicionamiento. Es el corte de la ideologa que, a travs de la semiosis del lenguaje,
constituye el significado. Pero hay que introducirse en ese juego o nunca
diremos absolutamente nada.
El significado en ese sentido es una apuesta. Se hace una apuesta. No
una apuesta por la verdad, sino una apuesta por decir algo. Hay que estar
posicionado en algn lugar para poder hablar. Aun si se est posicionado
para desposicionarse, aun si quieres retirar lo dicho, tienes que introducirte
en el lenguaje para poder salir de l. No hay otra manera. Esa es la paradoja
del significado. Pensarlo slo en trminos de la diferencia y no en trminos
de la posicin relacional entre el corte del lenguaje suturante, arbitrario y
sobredeterminado que dice algo que instantneamente se abre nuevamente
al juego del significado; no pensar en el significado siempre, complementariamente, no pensar que siempre hay algo que queda, siempre algo que sigue
escapando la precisin; el intento de la lengua de codificar, de ser preciso, de
fijar, de detener, etc.; no pensarlo de esa manera es perder contacto con los
dos extremos necesarios con los cuales tiene que estar relacionada la nueva
nocin de la identidad.
Ahora puedo dirigirme a cuestiones de poltica. En esta concepcin de una
identidad que tiene que pensarse a travs de la diferencia, hay una poltica
general de lo local para poner en prctica en contra del gran desenvolvimiento
dominante, poderoso, tecnolgicamente basado y masivamente invertido
de procesos globales que estaba tratando de describir en mi charla anterior
y que tienden a obliterar todas las diferencias y a acabar con ellas? Quiere
decir, por ponerlo de alguna manera, que son diferentes.
No hay poltica general. Puede que todo lo que tenemos para poner en
prctica contra lo global sea un montn de pequeas polticas locales. No s si
eso es cierto o no. Pero quisiera pasar un poco de tiempo ms tarde hablando
sobre la poltica cultural de lo local, y de esta nueva nocin de identidad.
Pues es en este nuevo marco que la identidad ha ingresado nuevamente a la
poltica cultural en Gran Bretaa. La formacin de las disporas negras, en
el perodo de migracin de postguerra en los aos cincuenta y sesenta, ha
transformado la vida social, econmica y poltica inglesa. En las primeras
generaciones, la mayora de la gente tena la misma ilusin que yo: que
estaba a punto de regresar a casa. Eso podra haberse debido a que todos
siempre me preguntaban cundo regresara a casa. En efecto pensbamos
que simplemente bamos a volver a subirnos al barco, estbamos aqu en una
estada temporal. Ya en los aos setenta estaba perfectamente claro que no
estbamos all en una estada temporal. Algunas personas iban a quedarse y
entonces realmente surgi la poltica del racismo.
Ahora, una de las reacciones principales en contra de la poltica del racismo
en Gran Bretaa fue lo que yo llamara la poltica de la identidad 1, la primera
forma de la poltica de la identidad. Estaba relacionada con la constitucin de
alguna identidad colectiva defensiva en contra de las prcticas de la sociedad
racista. Tena que ver con el hecho que se estaba impidiendo el paso de las
personas a la nacin mayoritaria y se les negaba una identidad e identificacin
324
Stuart Hall
dentro de ella, y tenan que encontrar otras races en las cuales sostenerse.
Pues las personas tenan que encontrar algn terreno, algn lugar, alguna
posicin en la cual colocarse. Impedido cualquier acceso a una identidad
inglesa o britnica, las personas tenan que tratar de descubrir quines eran.
ste es un momento que defin en mi charla anterior. Es el momento crucial
del redescubrimiento o la bsqueda de races.
En el curso de la bsqueda de races, uno descubri no slo de donde
vena, sino que empez a hablar el lenguaje de aquello que es el hogar en el
sentido genuino, aquel otro momento crucial que es la recuperacin de las
historias perdidas. Esas historias que nunca han sido contadas sobre nosotros
mismos, que no podamos aprender en los colegios, que no estaban en ningn
libro, y que tenamos que recuperar. ste es un acto enorme de lo que quiero
llamar la reidentificacin, la reterritorializacin, y la reidentificacin poltica
imaginaria, sin las cuales no podra haberse construido una contrapoltica.
No conozco ni un ejemplo de un grupo o categora de gente de los mrgenes,
de lo local, que haya sido capaz de movilizarse a s mismo social, cultural,
econmica y polticamente en los ltimos veinte o veinticinco aos, y que
no haya pasado por algunas series de momentos semejantes a fin de resistir
su exclusin, su marginacin. Es as cmo, y dnde, los mrgenes empiezan
a hablar. Los mrgenes empiezan a rebatir, los locales empiezan a entrar a la
representacin.
La identidad que aquel enorme espacio poltico produjo en Gran Bretaa,
como lo hizo en otras partes, fue la categora negro. Quiero decir algo sobre
esta categora que ahora todos damos por sentada. Les contar algunas ancdotas sobre ella. Fui criado en una familia de clase media baja en Jamaica. Me
fui de all a principios de los aos cincuenta para estudiar en Inglaterra. Hasta
que me fui, aunque supongo que el 98 % de la poblacin jamaiquina es ya
sea negra o de color de una manera u otra, nunca haba escuchado a nadie
jams o llamarse a s mismo, o referirse a cualquier otra persona, como negro.
Jams. He escuchado otros miles de palabras. Mi abuela poda diferenciar
alrededor de quince tonos entre el marrn claro y el marrn oscuro. Cuando
me fui de Jamaica, hubo un concurso de belleza en el cual los diferentes tonos
de mujeres eran clasificados de acuerdo a diferentes rboles, as que haba la
seorita caoba, la seorita nogal, etc.
La gente piensa que Jamaica es una sociedad simple. En realidad, tuvo el
sistema de estratificacin ms complicado del mundo. Qu ejemplo ms digno
de semiticos prcticos; cualquiera en mi familia podra calcular y estimar el
estatus social de cualquier persona a travs de clasificar la calidad particular de
su pelo versus la calidad particular de su familia de procedencia y la calle en la
que viva, incluyendo la fisonoma, el tono, etc. Se poda sacrificar una caracterstica por otra. Comparado con eso, el sistema normal de estratificacin
de clase es puro juego de nios. Pero nunca se enunciaba la palabra negro.
Por qu? No hay personas negras alrededor? Hay muchas, miles y miles.
Lo negro no es cuestin de pigmentacin. Lo negro en el sentido al que estoy
aludiendo es una categora histrica, una categora poltica, una categora
cultural. En nuestro idioma, en ciertos momentos histricos, tenemos que
usar el significante. Tenemos que crear una equivalencia entre cmo se ve la
Antiguas y nuevas identidades y etnicidades
325
gente y cules son sus historias. Sus historias estn en el pasado, inscritas en
sus pieles. Pero no es por sus pieles que son negros en la cabeza.
Escuch negro por primera vez a raz del movimiento de derechos civiles,
a raz de las luchas de decolonizacin y las luchas nacionalistas. Negro fue
creada como una categora poltica en cierto momento histrico. Fue creada
como una consecuencia de ciertas luchas simblicas e ideolgicas. Dijimos:
Se han gastado quinientos, seiscientos, setecientos aos elaborando el
simbolismo a travs del cual negro es un factor negativo. Ahora no quiero
otro trmino. Quiero ese trmino, ese trmino negativo, ese es el que quiero.
Quiero alterar la manera en la cual ha sido articulado en el discurso religioso,
en el discurso etnogrfico, en el discurso literario, en el discurso visual. Quiero
arrancarlo de su articulacin y rearticularlo de una manera nueva.
Precisamente en esa lucha se da un cambio de consciencia, un cambio de
autorreconocimiento, un nuevo proceso de identificacin, el surgimiento de
un sujeto nuevo hacia la visibilidad. Un sujeto que siempre estaba all pero
emergiendo, histricamente. Conocen esa historia, pero yo no s si conocen
la medida en que esa historia es verdadera en otras partes de las Amricas.
Sucedi en Jamaica en los aos setenta. En los aos setenta, por primera
vez, las personas negras se reconocieron como negras. Fue la revolucin
cultural ms profunda del Caribe, mucho ms grande que cualquier otra
revolucin que hayan tenido jams. Esa revolucin en Jamaica nunca ha sido
igualada por algo de tan gran alcance como la poltica. La poltica nunca la
ha alcanzado.
Probablemente conocen el momento en el que los lderes de los dos
partidos polticos ms importantes de Jamaica trataron de agarrar la mano
de Bob Marley. Estaban tratando de poner sus manos en lo negro; Marley
representaba lo negro y estaban tratando de agarrar un pedazo del pastel.
Si tan slo hubiera mirado en direccin a ellos, los hubiera legitimado. No
era la poltica legitimando la cultura, era la cultura legitimando la poltica.
Efectivamente, la verdad es que me llamo a m mismo de mltiples maneras.
Cuando fui a Inglaterra, no me hubiera llamado a m mismo inmigrante
tampoco, que es el nombre con el que se conoca a todos nosotros. No fue
hasta que regres a casa a principios de los aos sesenta que mi mam, quien
como buena mujer jamaiquina de color y de clase media, odiaba a toda la
gente negra (esa es la verdad, saben), me dijo Espero que all no piensen que
eres un inmigrante. Yo dije: Bueno, acabo de migrar. Acabo de emigrar. En
ese preciso momento, pens eso es exactamente lo que soy. Acabo de dejar mi
casa, para siempre. Regres a Inglaterra y me convert en lo que se me haba
llamado. Haba sido catalogado como inmigrante. Haba descubierto quin
era. Empec a contarme a m mismo la historia de mi migracin.
Luego estall lo negro y la gente deca, Bueno, eres del Caribe, en el
medio de esto, identificndote con lo que est sucediendo, la poblacin negra
en Inglaterra: eres negro. En ese preciso momento, mi hijo, que tena dos y
medio, estaba aprendiendo los colores. Le dije, trasmitiendo el mensaje al fin
T eres negro. Y l dijo: No. Soy marrn. Y yo dije: Referente equivocado,
erradamente concreto, error filosfico. No hablo de tu caja de pinturas, hablo
326
Stuart Hall
de tu cabeza. Eso es algo distinto. La cuestin de aprender, aprender a ser
negro. Aprender a entrar en una identificacin. Lo que ese momento permite
es que sucedan cosas que no estaban all antes. No es que lo que hace uno
entonces estaba escondindose all dentro como un yo verdadero. No haba
ni un pedacito de ese yo verdadero all dentro antes de que esa identidad fue
aprendida. Aquella es, entonces, la identidad estable?, es all donde estamos?
Es all donde est la gente?
Ahora les contar algo sobre que le ha pasado a esa identidad negra como
cuestin de poltica cultural en Gran Bretaa. Esa nocin fue extremadamente
importante para las luchas antirracistas de los aos setenta: la nocin de que
personas de diversas sociedades y culturas vinieron todas a Gran Bretaa
en los aos cincuenta y sesenta como parte de esa inmensa ola de migracin desde el Caribe, frica Oriental, el subcontinente asitico, Paquistn,
Bangladesh, desde diferentes partes de la India; y que todas se identificaron
a s mismas polticamente como negras.
Lo que dijeron fue: Podra ser que en realidad tengamos colores de piel
diferentes pero en relacin con el sistema poltico del racismo, ms es lo
que nos une que lo que nos divide. La gente empieza a preguntar: Eres
de Jamaica, eres de Trinidad, eres de Barbados? Realmente se puede ver el
proceso de divide y vencers. No. Simplemente dirgete a m tal como soy. S
que no ves la diferencia, entonces simplemente llmame negro. Intntalo as.
Todos nos parecemos, no es cierto? Ciertamente no se ve la diferencia. Solo
llmenme negro. Identidad negra. La lucha y la resistencia que constituyeron
el antirracismo de los aos setenta slo tuvieron lugar en la comunidad y en
las localidades, tras el eslogan de una poltica y experiencia negras.
En ese momento, el enemigo era la etnicidad. El enemigo tena que ser lo
que llamamos el multiculturalismo. Porque el multiculturalismo era precisamente lo que yo anteriormente haba llamado lo extico. Lo extico de la
diferencia. Nadie hablara de racismo pero estaban perfectamente preparados
para tener noches internacionales, noches en que todos vendramos y cocinaramos nuestros platos nativos, cantaramos nuestras propias canciones
nativas y apareceramos en nuestro propio traje tpico. Es verdad que algunas
personas, algunas minoras tnicas en Gran Bretaa, tienen trajes indgenas,
estilos muy bonitos de trajes tnicos. Yo no tena. Tuve que rebuscar en la
caja de disfraces para encontrar el mo. He estado desarraigado por cuatrocientos aos. Lo ltimo que voy a hacer es disfrazarme con algn traje nativo
jamaicano y aparecer en el espectculo del multiculturalismo.
Ha desaparecido el momento de la lucha organizada alrededor de esta
identidad negra construida? Por supuesto que no. Siempre y cuando aquella
sociedad permanezca dentro de sus relaciones econmicas, polticas, culturales y sociales de una manera racista con la variedad de personas negras y
tercermundistas en medio de ella, y contina hacindolo, la lucha seguir.
Entonces por qu no hablo simplemente de una identidad negra colectiva,
reemplazando las otras identidades? No puedo hacer eso tampoco y les voy
a decir por qu.
Antiguas y nuevas identidades y etnicidades
327
La verdad es que con relacin a ciertas cosas, la cuestin de lo negro, en
Gran Bretaa, tambin tiene sus silencios. Tena cierta manera de silenciar
las experiencias muy especficas de los asiticos. Pues aunque los asiticos
pudieran identificarse, polticamente, en la lucha en contra del racismo,
cuando les toc introducir su propia cultura como recurso de la resistencia,
cuando quisieron escribir de su propia experiencia y reflexionar sobre su
propia posicin, cuando quisieron crear, crearon naturalmente dentro de
las historias de los lenguajes, la tradicin cultural, las posiciones de personas
provenientes de una variedad de orgenes histricos. Y as como lo negro
estaba a la vanguardia de una poltica frente a un tipo de enemigo, tambin
podra, si no fuera correctamente comprendido, proveer una especie de
silenciamiento con relacin a otro origen histrico. stos son los costos, as
como las fortalezas, de tratar de pensar en la nocin de lo negro como un
esencialismo. Es ms, no slo haba personas asiticas de color, sino tambin
personas negras que no se identificaban con esa identidad colectiva. De modo
que uno era consciente del hecho de que siempre, al avanzar, era indispensable
definir un frente slido para encontrarse con el enemigo, y las diferencias
quedaban atrs, rabiando.
Una tercera manera en la cual lo negro se silenciaba era no considerar
algunas de las otras dimensiones que estaban posicionando a individuos y a
grupos de exactamente la misma manera. Operar exclusivamente a travs una
concepcin simplista de lo negro equivala a reconstituir la autoridad de la
masculinidad negra sobre mujeres negras, con respecto a la cual, como estoy
seguro que saben, hubo tambin por un largo tiempo un silencio irrompible
sobre el que no hablaban ni los hombres negros ms militantes. Organizarse
a travs de discursos de la negritud y la masculinidad, de la raza y el gnero,
y olvidar la manera en la cual, en el mismo momento, los negros de la clase
baja estaban siendo posicionados en trminos de clase, en situaciones de
trabajo parecidas a las de ciertos miembros de la clase trabajadora blanca que
sufran las mismas privaciones de los trabajos malos y la falta de ascenso que
ellos, equivala a omitir la dimensin crtica del posicionamiento.
Qu hace uno entonces con la poderosa identidad movilizadora de la
experiencia negra y de la comunidad negra? La negritud como una identidad poltica a la luz de la comprensin de cualquier identidad siempre
est compuesta de manera compleja, siempre se construye histricamente.
Nunca est en el mismo sitio sino que siempre es posicional. Uno siempre
tiene que pensar en las consecuencias negativas de la posicionalidad. No se
pueden invertir, por as decirlo, los discursos de una identidad cualquiera
simplemente ponindolos al revs. Cmo es vivir intentando valorizar y
derrotar la marginalizacin de la variedad de sujetos negros y realmente
empezar a recobrar las historias perdidas de una variedad de experiencias
negras, mientras al mismo tiempo se reconoce el fin de cualquier sujeto
negro esencial?
Eso es la poltica de vivir la identidad a travs de la diferencia. Es la
poltica de reconocer que todos nosotros estamos compuestos por mltiples
identidades sociales, y no por una. Que todos fuimos construidos de manera
compleja, a travs de diferentes categoras, diferentes antagonismos, y stas
328
Stuart Hall
pueden tener el efecto de localizarnos socialmente en mltiples posiciones
de marginalidad y subordinacin, pero que todava no actan sobre nosotros de exactamente la misma manera. Tambin es reconocer que cualquier
contra-poltica de lo local que intenta organizar a las personas a travs de
su diversidad de identificaciones tiene que ser una lucha que se conduce
posicionalmente. Es el comienzo del antirracismo, del anti-sexismo y del
anti-clasicismo como guerra de posiciones, como la nocin gramsciana de
la guerra de posiciones.
La nocin de luchas de lo local como una guerra de posiciones es un tipo
de poltica muy difcil de entender; ninguno de nosotros sabe cmo llevarla
a cabo. Ninguno de nosotros sabe si es que se puede llevar a cabo. Algunos
de nosotros hemos tenido que decir que no hay otro juego poltico, as que
tenemos que encontrar una manera de jugar ste. Por qu es difcil? Porque
no tiene garantas. Ya que las identificaciones cambian y se mueven, las
fuerzas polticas y econmicas externas a nosotros pueden trabajar en ellas y
articularse de maneras distintas. No hay ninguna garanta poltica en absoluto
que ya est inscrita en una identidad. No hay razn en toda la Tierra por la
cual una pelcula determinada es buena porque la hizo una persona negra.
No hay ninguna garanta en absoluto de que toda la poltica ser correcta
porque una mujer la haya llevado a cabo.
No hay garantas polticas de ese tipo. No es un espacio abierto libre
porque la historia ha alojado en l la poderosa organizacin tendencial de
un pasado. Portamos los rastros del pasado, las conexiones del pasado. No
podemos conducir este tipo de poltica cultural sin regresar al pasado, pero
nunca es un regreso de tipo directo y literal. El pasado no nos espera all
detrs para que recuperemos nuestras identidades frente a l. Siempre se
recuenta, redescubre, reinventa. Tiene que ser narrativizado. Vamos hacia
nuestros pasados a travs de la historia, a travs de la memoria, a travs del
deseo, no como un hecho literal.
Es un ejemplo muy importante. Algo de trabajo se ha hecho recientemente,
tanto en la historia feminista como en la historia negra y en la historia de
la clase obrera que son recuperadas por los testimonios orales de personas
que por mucho tiempo, desde el punto de vista del canon y la autoridad de
historiador, no han sido consideradas en absoluto sujetos que hacen historia.
Ese es un momento muy importante. Pero no es posible usar las historias
orales y los testimonios como si fueran literalmente la verdad. Tambin tienen
que ser ledos. Tambin son historias, posicionamientos, narrativas. Estn
poniendo nuevas narrativas en juego pero no se pueden confundir con algn
all detrs real, por medio del cual puede medirse la historia.
No hay ninguna garanta de autenticad parecida en la historia. As como
al tratar de conducir la poltica cultural como guerra de posiciones, uno
est siempre en la estrategia de la hegemona. La hegemona no es igual a
incorporar a todos, a hacer que todos sean iguales, aunque nueve de cada
diez personas que han ledo marginalmente a Gramsci creen que eso es lo
que quiere decir. Gramsci usa la nocin de hegemona precisamente para
contrarrestar la nocin de incorporacin. La hegemona no es la desaparicin
Antiguas y nuevas identidades y etnicidades
329
o destruccin de la diferencia. Es la construccin de una voluntad colectiva a
travs de la diferencia. Es la articulacin de diferencias que no desaparecen.
La clase subalterna no se confunde a s misma con gente que naci en cuna
de oro. Sabe que est todava en segundo lugar en la escalera, en algn lugar
cerca al fondo. Las personas no son culturalmente tontas. No estn esperando
el momento en el que, como una conversin repentina, la falsa consciencia
se caer de sus ojos, las vendas se caern, y de repente descubrirn quines
son.
Saben algo acerca de quines son. Si se comprometen en otro proyecto es
porque las ha interpelado, aclamado, y ha establecido algn punto de identificacin con ellas. Las ha hecho ingresar al proyecto histrico. Y aquella nocin
de una poltica que, por as decirlo, es cada vez ms capaz de dirigirse a las
personas a travs de las mltiples identidades que tienen comprendiendo
que esas identidades no se mantienen iguales, que son frecuentemente contradictorias, que se entrecruzan la una a la otra, que tienden a localizarlos de
manera diferente en distintos momentos, conduciendo la poltica a la luz de
lo contingente, cara a lo contingente es el nico juego poltico que queda
a disposicin de los locales, segn mi punto de vista.
Si estn esperando una poltica de maniobra, en la que todos los locales
en cada parte del mundo se pondrn de pie al mismo momento e irn en
la misma direccin y harn retroceder la marea de lo global en una gran
actividad histrica, no va a suceder. Ya no creo en eso, creo que es un sueo.
Para conducir la poltica en realidad tenemos que vivir fuera del sueo,
despertarnos, crecer, entrar en el mundo de la contradiccin. Tenemos que
entrar en el mundo de la poltica. No hay otro lugar en el cual colocarse.
A partir de esa nocin se estn produciendo algunos de los trabajos
culturales ms emocionantes en Inglaterra. Hombres y mujeres jvenes
negros de la tercera generacin saben que vienen del Caribe, saben que son
negros, saben que son britnicos. Quieren hablar desde las tres identidades.
No estn dispuestos a abandonar ninguna de ellas. Pondrn en tela de juicio
la nocin thatcheriana de la inglesidad [Englishness] porque dicen que esta
inglesidad es negra. Pondrn en tela de juicio la nocin de negritud porque
quieren establecer una diferenciacin entre gente negra de un tipo de sociedad
y gente negra de otra. Porque necesitan saber esa diferencia, la que marca una
distincin en cmo escriben su poesa, hacen sus pelculas, en cmo pintan.
Marca una distincin. Est inscrita en su trabajo creativo. La necesitan como
recurso. Son todas esas identidades a la vez. Estn creando trabajo cultural
asombroso, la obra ms importante en las artes visuales. Algunas de las
obras ms importantes en el cine y la fotografa, y casi todo el trabajo ms
importante en la msica popular, estn viniendo de esta nueva aceptacin
de la identidad de la que estoy hablando.
Muy poco de ese trabajo es visible en otros lugares pero algunos de ustedes
han visto, aunque puede ser que no hayan reconocido, su orilla exterior.
Algunos de ustedes, por ejemplo, pueden haber visto una pelcula hecha
por Stephen Freers y Hanif Kureishi, llamada My Beautiful Laundrette. Fue
originalmente creada como una pelcula para la televisin para distribucin
330
Stuart Hall
local solamente, y fue mostrada una vez en el Festival de Edimburgo donde
recibi una recepcin enorme. Si han visto My Beautiful Laundrette sabrn
que es uno de los textos ms transgresivos que hay. Cualquier persona que
sea negra y que trate de identificarlo, se encuentra con el hecho de que los
personajes centrales de esta narrativa son dos hombres homosexuales. Es
ms, cualquiera que quiera separar las identidades en sus dos puntos claramente distintos descubrir que uno de estos hombres negros homosexuales
es blanco y uno de estos hombres negros homosexuales es marrn. Ambos
estn luchando en la Gran Bretaa de Thatcher. Uno de ellos tiene un to que
es terrateniente pakistan y que est tirando gente negra por la ventana.
Este es un texto que a nadie le gusta. Todo el mundo lo odia. Vas a l en
busca de lo que se llaman imgenes positivas y no hay ninguna. No hay
ninguna imagen positiva como aquella con la que uno puede identificarse
de manera simple. Porque adems de la poltica y hay ciertamente una
poltica en sta y en la otra pelcula de Kureishi, pero no es una poltica que
invita a la identificacin fcil tiene otra que est basada en la complejidad
de las identificaciones que estn en funcionamiento. Voy a leerles algo que
Hanif Kureishi dijo acerca de la cuestin de responder a sus crticos que
decan: Por qu no nos cuentas buenas historias sobre nosotros, adems de
buenas/malas historias? Por qu tus historias sobre nosotros son mixtas?
Habl de la difcil postura moral de un escritor de una comunidad oprimida
o perseguida y la relacin de ese escrito con el resto de la sociedad. Dijo que
era una situacin relativamente nueva en Inglaterra pero surgir cada vez
ms, conforme escritores britnicos con una herencia colonial y desde un
pasado colonial o marginal empiecen a afirmarse.
Dijo que a veces haba una demanda demasiado simple de imgenes positivas. Las imgenes positivas a veces requieren ficciones alentadoras: el autor
como un oficial de relaciones pblicas. Y estoy contento de decir que cuanto
ms vea My Beautiful Laundrette, menos imgenes positivas poda ver. Si ha
de haber una tentativa seria de comprender la Gran Bretaa de hoy en da,
con su mezcla de razas y colores, su histeria y desesperacin, entonces escribir
acerca de ella tiene que ser complejo. No puede disculparse, ni idealizar. No
puede sentimentalizar. No puede tratar de representar cualquier grupo por s
solo como el que tiene el monopolio de la virtud total, exclusiva y esencial.
Una literatura parroquial o de protesta pueril, sea negra, gay o feminista,
no es ms polticamente efectiva, a largo plazo, que obras que son meramente
relaciones pblicas. Lo que necesitamos, en esta posicin, en este tiempo, es
escritura imaginativa que nos d un sentido de los cambios y de las dificultades
dentro de nuestra sociedad en general. Si la escritura contempornea, que
emerge de los grupos oprimidos ignora las preocupaciones centrales y los
conflictos importantes de la sociedad de mayor escala, y si estn dispuestos a
simplemente aceptarse como literaturas marginales o de enclave, automticamente se designaran como permanentemente menores, como un subgnero.
Ahora no deben permitir que sean invisibilizados y marginalizados, de esta
manera, colocndose fuera de la vorgine de la historia contempornea.
Antiguas y nuevas identidades y etnicidades
331
(Luego de la conferencia, la audiencia plante algunas preguntas)
Se me ha pedido decir ms sobre por qu hablo de la poltica de lo local. No
habl de otras tentativas de construir una poltica alternativa de lo global
principalmente porque he estado tratando de examinar la cuestin de la etnicidad; la cuestin de posicionar, de colocar, que es lo que connota el trmino
etnicidad para m en relacin con asuntos de lo local y lo global. Y tambin
porque en muchos aspectos no creo que esos intentos de elaborar una poltica
alternativa de lo global estn, en el momento, teniendo mucho xito.
Pero la segunda parte de la pregunta es la ms importante. Por qu slo
hablo de lo que es local cuando las cuestiones que parezco estar abordando
son, por supuesto, fenmenos muy universales y globales? No establezco esa
distincin entre lo local y lo global. Creo que siempre hay una interpretacin
de los dos. La cuestin es, cules son los lugares en los cuales podran desarrollarse luchas? Me parece que una contrapoltica que est puesta precisa y
predominantemente en el nivel de confrontar las fuerzas globales que estn
tratando de rehacer y recapturar el mundo en este momento, y que se conduce
simplemente a ese nivel, no est avanzando mucho.
Sin embargo donde s parece que se encuentra la habilidad de desarrollar
contramovimientos, resistencias y contrapolticas es en los lugares que estn
localizados. No quiero decir que lo que tratan son cosas locales, sino que los
sitios donde emergen como escenario poltico estn localizados porque estn
separados los unos de los otros; no son fciles de conectar o articular en una
lucha mayor. Entonces, uso lo local y lo global como prismas para observar
una misma cosa. Pero tienen apariciones, puntos de aparicin y escenarios
pertinentes en diferentes lugares.
Hay, por ejemplo, ecolgicamente, una tentativa de establecer una contrapoltica del planeta como espacio nico y que, por supuesto, es importante.
Y si yo hubiera tomado la cuestin de la ecologa en vez de la etnicidad
como prisma a travs del cual hablaba, la historia hubiera sido contada de
manera muy distinta. Yo insinu eso en mi primera charla cuando dije que
la consciencia ecolgica estaba constituyendo el sentido de lo global, y esto
no coincide necesariamente con el Occidente avanzado.
Entonces se est jugando ms que un juego poltico nico. Este no es el
nico juego. Pero si llegaste a l a travs de la cuestin de por dnde los que
han ingresado a la representacin, a la poltica lo han logrado digamos, a
travs de los movimientos polticos que han sido muy poderosos e importantes en el mundo de la postguerra, y especialmente en los ltimos veinte
aos lo que parece que es su dificultad es, precisamente, su incapacidad
para conectarse en una poltica global. Pero cuando tratan de determinar si es
que son capaces de resistir, de movilizar, de decir algo distinto al globalismo
en un nivel ms local, parecen estar ms adheridos al presente histrico. Es
por esa razn por la cual enfoqu la historia desde ese punto de vista. Pero
estara mal pensar que se trabaja ya sea en uno u otro, que los dos no estn
constantemente intercambindose.
332
Stuart Hall
Lo que trat de decir en mi primera charla fue que lo que usualmente
llamo lo global, lejos de ser algo que, de un modo sistemtico, cubre todo,
creando similitud, en realidad funciona a travs de la particularidad, negocia
espacios particulares, etnicidades particulares, funciona a travs de movilizar identidades particulares, etc. Entonces siempre hay una dialctica, una
dialctica continua, entre lo local y lo global. Trat de identificar aquellas
identidades sociales colectivas con relacin a ciertos procesos histricos. Las
otras, sobre las cuales se ha hablado, son estructuras muy importantes, tales
como adentro/afuera, normal/patolgico, etc. Pero parecen recurrir: hay
maneras en las cuales se viven las otras identidades. Uno sabe que si ests
dentro de la clase, entonces perteneces. Si se est afuera, entonces se es algo
patolgico, no normal o anormal, o desviado.
Por lo tanto pienso en esas identidades de un modo un poco distinto.
Pienso en ellas como maneras de categorizar quin est dentro y quin est
fuera de cualquiera de las otras identidades sociales. Estaba tratando de identificar, histricamente, las que creo que son algunas de las ms importantes
que existen. Si se deca quin era uno entonces se podra decir de dnde era;
en trminos generales, a qu raza se perteneca, el estado-nacin del cual se
era ciudadano o sujeto; una posicin de clase, una posicin de gnero establecida y relativamente segura. Se saba dnde encajaba uno en el mundo. Eso
es lo que quise decir, mientras que la mayora de nosotros vive ahora con un
sentido de una pluralidad mucho mayor, un sentido del carcter inacabado
de cada una de aquellas. No es que hayan desaparecido pero no nos fijan en
un lugar, no nos localizan de la manera en que lo hacan en el pasado.
En relacin con una segunda pregunta, sobre qu se impuso sobre nosotros:
fue la poltica. Lo que cambi fue nuestra tentativa de comprender por qu
nunca apareci el escenario del sujeto revolucionario de clase. Qu le pas?
Hubo algunos momentos en los que apareci. Cundo fueron aquellos?
Cuando uno mira hacia atrs histricamente y observa esos momentos,
tampoco estuvieron en el escenario como deberan haber estado. En el ao
1917 no encontramos el sujeto de la clase obrera rusa unitaria, ya identificada, haciendo el futuro. No era eso! La Revolucin China no fue tampoco
eso. Ni lo fue el siglo XVII, la historia de la burguesa ya formada entrando
en escena. En realidad, no entran en la escena poltica sino hasta dentro de
doscientos aos despus.
Entonces si es una revolucin burguesa en el sentido amplio, no puede
especificarse en trminos de los actores histricos en s. Entonces, tuvimos
una manera de aguantar aquello por un tiempo muy largo. Est en camino.
Por supuesto, es ms complejo que eso, pero las coordenadas bsicas todava
estn bien. Pero entonces, uno se pregunta, qu poltica emerge como
resultado de pensar que nunca realmente sucedi as, pero un da s lo har?
Luego de un tiempo, si uno realmente est tratando de ser polticamente
activo, en ese marco se tiene que decirte a s mismo: podra ser que esa sea
la pregunta equivocada. Puede ser que uno en realidad no est haciendo algo
ahora porque crea que algo en la obra, algn Deux ex machina, alguna ley
de la historia que no se comprende, va a hacer que todo est bien. Es difcil
describir este momento. Es un momento como el despertarse. De repente
Antiguas y nuevas identidades y etnicidades
333
se da uno cuenta que se est dependiendo de la historia para hacer lo que
no puede hacer uno mismo. Se desdea la poltica pero la Historia, con la
H en mayscula, va a salir disparada de la boca de alguien, faltando cinco
minutos para la medianoche, y har que todo est bien. O la Economa va
a marchar a la escena y decir lo has malentendido todo, sabes? Deberas
estar all: ests en el proletariado. Deberas estar pensando eso. Organizarnos
a todos, no es cierto? Y estamos esperando ese momento; esperando, esperando, esperndolo por doscientos aos.
Quizs no se est esperando lo correcto. No es que las revelaciones de la
historia, esa teora, esa narrativa estuvieran mal; eso no es lo que estoy tratando
de derrocar. Estoy tratando de derrocar el momento de la garanta poltica
que est alojado en todo eso, porque entonces uno no conduce la poltica de
manera contingente; no la conduce posicionalmente. Se piensa que alguien ha
preparado las posiciones para uno. Esto es un asunto muy prctico. Se ingresa
a la huelga de los mineros, a la que los britnicos ingresaron a principios de
los aos ochenta, el nico enfrentamiento industrial importante, durante
el gobierno de Thatcher, contando con que la clase obrera industrial estaba
unificada, respaldndote, cuando en realidad no lo estaba. Y no se despleg
una poltica que tuviera la ms remota oportunidad de unificarla porque se
asuma que estaba ya unificada.
Si se lo dice siete veces, estara unificada. As que el lder de los mineros lo
dijo siete veces. La fuerza de la clase obrera industrial unificada est ahora
en un enfrentamiento cara a cara con Thatcher. No lo estaba. Era la poltica
incorrecta. No la lucha incorrecta, sino la poltica incorrecta, conducida de la
manera errnea, a la luz de alguna esperanza de que la historia iba a rescatar
esta historia ms simple a partir de la ms compleja.
Si se pierden suficientes batallas de esa manera, simplemente ya no se
juega ese juego. Se tiene que jugarlo de manera distinta. Se tiene que tratar
de hacer alguna poltica a partir de personas que insisten en seguir siendo
diferentes. Uno est esperando que ellos se vuelvan todos iguales. Antes de
logar hacerlos ingresar al mismo movimiento poltico, uno estar aqu hasta
el Juicio Final. Uno tiene que fabricarlos a partir de las personas que hay
alrededor, y no a partir de otra cosa llamada socialismo o lo que sea. Fabricamos una historia a partir de quimeras. Repentinamente uno lo empieza a
ver como una manera de poder dormir de noche: Lo ech a perder. Ese se
me pas. La manera en que la izquierda constantemente se deca que todas
sus prdidas eran victorias, recuerdan? Acabo de ganar aquello a pesar que
lo perd, no es cierto? Lo perd heroicamente.
Pregunta: Podra entonces decir algo en relacin a cmo sera ganar una?
Podra decir algo sobre qu posibilidad ve para reconstruir otra poltica,
diferente de aquella que Arthur Scargill encabez en la lucha de los mineros?
Y sobre qu posibilidad tiene aquello para echar abajo esa consciencia
exclusivista, solidificada y ego-identificada?
Hall: Las posibilidades de eso no son muy buenas porque la izquierda est
todava atiborrada de la antigua nocin de la identidad, y es por eso que
estoy pensando en aquello. Todava est esperando que las viejas identidades
334
Stuart Hall
regresen al escenario. No reconoce que est en un juego poltico diferente,
del que se requiere que articule, precisamente, diferencias que ya no pueden
sintetizarse ms ni representarse en ese cuerpo unificado. Entonces, no
sabemos si podemos cambiar ese pensamiento antiguo lo suficiente como
para comenzar a preguntar cmo sera una poltica as.
De eso sabemos un poquito. Yo s creo, sin ser romntico en relacin a ello,
que el perodo de la GLC [Municipalidad Mayor de Londres] en Londres fue
muy innovador, pero no puede repetirse en otro sitio. Fue juntar grupos y
movimientos que seguan siendo iguales y sin embargo mantenan sus diferencias. Ninguno que vino a la GLC dijo Me olvidar que soy un grupo negro
activista porque ahora estoy en el mismo cuarto que un grupo feminista.
Lo que se escuchaba all era precisamente lo opuesto de cmo usualmente
concebimos ahora la conversacin de un sujeto poltico colectivo naciente.
Pensamos en una discusin agradable, educada, consensual, en la que
todos estn de acuerdo. Lo que se escuchaba all fue la verdadera naturaleza de la democracia: un fuerte pleito absolutamente interminable. Gente
golpenado la mesa, insistiendo: No me pidas que me ponga en fila detrs de
tu pancarta, porque eso slo implica olvidarme de quin soy. Aquel pleito,
el sonido de las personas realmente negociando sus diferencias al aire libre,
detrs del programa colectivo, es el sonido que estoy esperando. Pienso que
hizo algo, abri algunas posibilidades. Mostr que era posible. Tuvo exactamente lo que siempre tiene la poltica, que es la prueba, que las diferencias
no se mantienen iguales a consecuencia de la articulacin. Un grupo tiene
que asumir la agenda del otro. Tiene que transformarse al entrar en alianza,
o algn tipo de formacin, con el otro. Tiene que aprender algo de la otredad
que cre la otra circunscripcin electoral. No lo malinterpreta, no piensa que
se vuelve ese otro, pero tiene que tomarlo en cuenta. Tiene que luchar con l
para establecer algn conjunto de prioridades.
Ese es el sonido que uno est esperando pero en general, no es el sonido que
se escucha en la poltica que se opone al thatcherismo. Uno est escuchando:
Regresemos a las antiguas circunscripciones. Pnganse en fila detrs de
nosotros. Los antiguos partidos volvern. No lo creo. Mi opinin es que el
thatcherismo est ms arraigado que eso, en realidad est moviendo el piso
desde abajo, la posibilidad de un regreso a aquella antigua forma de poltica.
Entonces, si me preguntas cules son las posibilidades, dira que su primera
etapa est entre nosotros. Consiste en discutir, entre nosotros, la direccin
en la cual conviene ir antes que uno comience a desarrollarlo.
Pero s creo que all hay posibilidades. Creo que la razn por la que, a pesar
del hecho que la GLC nunca estuvo por debajo de 60 o 65 % de popularidad
en las encuestas, el thatcherismo lo destruy de todas maneras, fue porque
entendi su potencial como presagio. Entendi que si lograba persistir, y
hacer algunos cambios en las vidas de una variedad de diferentes grupos de
electores potenciales en esa ciudad, otros pueblos empezaran a decir: Aqu
hay un modelo distinto. Aqu hay un camino diferente. Qu querra decir
eso en una escala ms nacional? Qu querra decir en otra parte del pas
donde los electores potenciales son distintos?
Antiguas y nuevas identidades y etnicidades
335
Pienso que el thatcherismo comprendi aquello y lo mand a volar. Lo
destruy por decreto legislativo. Eso te dice cun importante saban que era
en realidad. La popularidad y el alcance hegemnico del thatcherismo surgen
precisamente del hecho de que articula las diferencias. La cantidad de personas
que estn cien por ciento de acuerdo con el proyecto en todos sus frentes es
ciertamente muy pequea. Lo que es fantstico el thatcherismo es en su destreza
para movilizar las diferentes minoras y enfrentarlas unas contra otras. Su juego
es el de articular diferencias. Siempre trata de condensarlas dentro de algo
que llama el sujeto thatcherista, pero no hay tal cosa. Es una representacin
poltica. Es la condensacin de una variedad de diferentes identidades. Se
aprovecha de la diferencia, y a travs de la diferencia, todo el tiempo. Trata de
representar esa diferencia como la misma. Pero no se confundan con relacin
a eso. No creo que sea as.
Al conducir la poltica contrahegemnica que he estado tratando de
describir no se tiene ninguna garanta de ganar. Todo lo que digo es que hay
una diferencia entre la poltica de la posicionalidad que he estado delineando
y algunas polticas unitarias que son exitosas, que es el thatcherismo. Esa no
es la diferencia. La diferencia es entre dos polticas de la posicionalidad: una
bien conducida y una que es conducida con mucho desgano, y que ciertamente
no est siendo conducida en absoluto. El thatcherismo es hegemnico porque
es capaz de abordar las identidades de una variedad de personas, que nunca
antes haban estado en el mismo campo poltico. Lo hace de una manera muy
compleja a travs de siempre atender, por medio de su programa poltico,
social, moral y econmico a las cuestiones culturales e ideolgicas, movilizando
siempre aquello que representa como presente desde ya. Dice la mayora de la
gente inglesa, la mayora de gente britnica. Todava no tiene una mayora.
Es convocar a la mayora y decir que ya es una mayora. Y en la mayora se
encuentran una variedad de personas de diferentes clases, gneros, ocupaciones,
de diferentes partes del pas. Eso es lo que es la mayora thacherista.
La prxima vez no ser exactamente igual. No puede reproducirse a s
misma. No es el sujeto de clase esencial. Esa no es la poltica del thacherismo.
Efectivamente, todo lo contrario. En mi opinin, nadie entiende a Gramsci
mejor que la seora Thatcher. Nunca lo ha ledo pero s sabe que la poltica hoy
en da se conduce a travs de la articulacin de diferentes instancias. Sabe que
la poltica se conduce en diferentes frentes. Se tiene que tener una variedad de
programas; siempre se est tratando de construir una voluntad colectiva porque
ninguna posicin socio-econmica la dar as no ms. Ella sabe esas cosas.
Nosotros leemos a Gramsci hasta el cansancio y no sabemos cmo hacerlo.
Lo de ella se llama el gramscismo instintivo. El gramscismo instintivo es lo
que nos est ganando, no el antiguo sujeto de clase colectivo.
Pregunta: Esta idea de las identidades mltiples, que representaste en una
especie de grfico circular. Diste un ejemplo de personas que son caribeas,
britnicas y negras. Hay ah el cinco o diez por ciento de algo que puede ser
llamado la humanidad?
Hall: No creo que haya. Creo que lo que llamamos lo global est siempre
compuesto de una variedad de particularidades articuladas. Creo que lo global
336
Stuart Hall
es la autopresentacin de lo particular dominante. Es una manera en la cual lo
particular dominante se localiza y se naturaliza y asocia consigo mismo una
variedad de otras minoras. Lo que creo que es peligroso es identificar lo global
con esa especie de denominador comn subyacente compartido por todos los
seres humanos. En ese sentido, no soy un humanista. No creo que podamos
movilizar a las personas simplemente a travs su humanidad comn. Puede
ser que llegue ese da pero no creo que estemos all todava. Los recursos tanto
de los poderosos como de los que no lo son, ambos siempre nos acercamos a
aquellos momentos universales situndonos mediante alguna particularidad.
Entonces pienso en lo global como algo que tiene ms relacin con el movimiento hegemnico con una cierta configuracin de las particularidades locales
que intentan dominar toda la escena, movilizar la tecnologa e incorporar,
en posiciones subalternas, una variedad de identidades ms localizadas para
construir el siguiente proyecto histrico. Estoy usando trminos de Gramsci
deliberadamente construir el proyecto hegemnico, el proyecto histrico, donde est alojada una variedad de diferencias pero que estn todas
comprometidas, ya sea en una posicin dominante o en una subalterna, con
un proyecto histrico singular, que es el proyecto de la globalizacin, que es
del tipo de lo que ests hablando.
Eso es lo que es universal. Creo que universal siempre est entre comillas.
Es el aspecto universalizante, el proyecto universalizante, la esperanza universalizante de ser universal. Es como la frase de la seora Thatcher, toda la
gente britnica. Es una manera de tratar de decir que ahora todos estn dentro
de esta forma particular de globalizacin. Y en ese mismo momento, ah estoy
yo. Sigo siendo marxista. Este mismo momento, cada vez que el discurso se
declara cerrado, es el momento en el que uno sabe que es contradictorio. Como
cuando dice: Todo est dentro de mi mochila. Acabo de apoderarme de todos
ustedes. Ahora tengo un pedazo de cada uno de ustedes. Ests dentro de la
bolsa. Puedo cerrarla? No.
Algo est a punto de desarticular todo esto y presentar un problema. La
hegemona, en ese sentido, nunca se completa. Siempre trata de encerrar ms
diferencia dentro de s misma. No quiere que las diferencias se vean exactamente igual a ella. Pero quiere que los proyectos de sus identidades individuales,
y ms pequeas, sean posibles slo si la ms grande se vuelve posible. As es
cmo el thatcherismo coloca identidades ms pequeas dentro de s mismo.
Quieres tener la familia tradicional? No puedes hacerlo por ti mismo porque
depende de elementos polticos y econmicos ms grandes. Si quieres hacer
eso, debes ingresar a mi proyecto ms grande. Debes identificarte con cosas ms
grandes dentro de mi proyecto. Es as como te conviertes en parte de la historia.
Te conviertes en una pequea pieza en la parte ms grande de la historia.
Ahora, esto es muy diferente a decir Quiero que todos sean exactamente
una rplica ma. Es ms complicado. Pero hay un momento en el que algo
siempre se declara universal y cerrado y ese es el momento de la naturalizacin.
Ese es el momento cuando quiere que sus lmites sean colindantes con la verdad,
con la realidad de la historia. Y eso siempre es lo que creo que se le escapa. Esa
es mi esperanza. Ms vale que algo se le est escapando.