Aspectos sociales de la Drogadicción
Como fenómeno social presenta grandes variantes, según el grupo al que pertenece
el sujeto.
En la actualidad ha dejado de considerarse un problema individual para ser
entendido como un fenómeno epidemiológico, que afecta por igual a hombres y
mujeres sin distinción de edad.
Así, el feto y el niño pequeño, en forma involuntaria se ven expuestos cuando su
madre le pasa las sustancias por vía placentaria o al darle de mamar. Otras veces,
se administra a los niños por mucho tiempo sedantes o medicamentos para aliviar
dolores, creando una conducta adictiva en forma involuntaria.
Algunos preadolescentes, por lo general con carencias afectivas o trastornos psico
sociales comienzan a utilizar conscientemente los pegamentos.
La adolescencia y juventud son etapas muy vulnerables al uso y abuso de drogas.
Muchas veces, los jóvenes ante conflictos y llevados por el grupo con el cual se
relacionan, desea experimentar nuevas sensaciones, cayendo en una encrucijada
difícil de escapar.
Sin embargo, este problema se extiende más allá de dicha edad. Como todos
sabemos, su uso en los adultos para calmar tensiones en unos casos o superar
fracasos en otros, consumen cualquier tipo de droga dependiendo del medio socio-
económico- cultural al que pertenece. Así, el sujeto marginado, sin trabajo, busca
en el alcohol calmar su angustia y escapar de esa realidad.
Un alto ejecutivo en cambio podrá recurrir a la cocaína, para poder enfrentar su
agitada vida social y de trabajo sin perder el status alcanzado. Las mujeres,
especialmente jóvenes, para aparentar un físico acorde a las modas imperantes
pueden consumir anfetaminas, pero ese efecto estimulante debe contrarrestarse
con medicamentos tranquilizantes, tan fáciles de conseguir incluso sin receta
médica.
Tampoco nos olvidemos de los adultos mayores, que para conciliar el sueño deben
recurrir a drogas hipnóticas. Como vemos, ningún grupo etareo escapa a esta
conducta de riesgo.
El individuo se encuentra inmerso en una sociedad con falta de ideales y proyectos,
con estilos de vida que tienden al consumismo fomentado por los medios masivos
de comunicación y las campañas publicitarias.
Existen situaciones sociales que actúan como factores favorecedores de trastornos
psicológicos y de la personalidad, llevando al individuo al uso indebido de drogas.
Alguna de estas situaciones pueden ser:
a) Dificultades en las relaciones interpersonales , las que adquieren un carácter
superficial . En ellas, priman los intereses y conveniencias sobre los afectos. Esta
situación es más frecuente en las grandes ciudades, donde las personas tienden al
aislamiento por temor a la frustración y hostilidad, generándose sentimientos de
angustia y ansiedad.
b) Tendencia al consumismo El materialismo y el deseo excesivo de éxito, fama y
poder sobre estimulados por los medios masivos, son otra característica de la
sociedad actual.
c) Exaltación del cuerpo por sobre otros valores morales. La solidaridad, el amor
y la fraternidad son sustituidos por conductas que se centran en la valoración
excesiva del físico por sobre cualquier otra virtud.
El abuso de drogas aparece como problema social en la década del 60-70 en [Link].
y los países desarrollados de Europa, como contracultura a la sociedad de la
abundancia, opuesta al orden establecido y en rechazo a las conductas de los
adultos.
Esta contracultura se extendió a otros círculos sociales y a otros países, ya no
avanzados, sino países donde aún presentan serios problemas en cuanto a poder
satisfacer las necesidades básicas de su población, y donde el consumo revela una
crisis social tal como la hemos descripto previamente.
Siguiendo al Prof. Lic. Enrique A. Pistoletti en su artículo sobre aspectos
sociológicos de las adicciones existen factores socio situacionales que contribuyen
al comportamiento del adicto y que se relacionan con su entorno. Estos son:
a) Según la estructura familiar:
Familias destruidas, por desaparición o alejamiento de alguno de los cónyuges.
Familias tensionadas, por conflictos entre los miembros de la familia.
Familias incompletas, como las madres solteras y abandonadas por su compañero.
Familias inestables por cambios frecuentes de pareja entre los progenitores.
b) Según los espacios de convivencia:
El hacinamiento, la promiscuidad, las peleas, favorecen sentimientos de
disconformidad y huida.
c) Falta de seguridad y apoyo:
Obliga al sujeto a buscar protección y contención en otros grupos, que pueden no
brindarla a través del afecto e induzcan a buscar falsas soluciones a través de las
drogas. Del mismo modo, la falta de integración a la sociedad por falta de
oportunidades crea inseguridad, frustración e impotencia.
d) La emancipación temprana del hogar:
Obliga a alejarse tempranamente de los padres, ya sea por expulsión o bien por el
deseo del joven de vivir independientemente.
Aspectos médico legales:
La drogadicción genera trastornos en el comportamiento, los cuales pueden
determinar problemas de orden legal, ya sean penales o civiles.
En el aspecto penal, cobra importancia el término imputabilidad, contemplado en
el art. 34 de dicho código. Este artículo dice textualmente " No son punibles
quienes en el momento del hecho, ya sea por insuficiencia de las facultades, por
alteraciones morbosas de los mismos o estados de inconciencia no han podido
comprender la criminalidad del mismo o dirigir sus acciones".
Las drogas, provocan estados psicopatológicos con grave alteración de la
conciencia, por lo tanto el individuo no puede comprender la criminalidad del acto,
quedando comprendido en la categoría de inimputable.
Sin embargo, como lo señala el Dr. Poggi, el toxicómano que comete un delito no
será inimputable, por esa sola condición; las drogas deben producir un estado
psicopatológico con incapacidad de comprender la criminalidad del hecho.
Otro problema médico legal frecuente surge cuando el sujeto comete un delito
como el robo, por la "necesidad " de obtener la droga debido a la dependencia
psíquica y física que ella crea. Al respecto hay muchas controversias de orden
jurídico en cuanto a considerar o no al individuo imputable.
La ley 23.737 sobre estupefacientes promulgada en octubre de l989, se preocupa
más por prevenir, tratar y curar , que por perseguir, condenar y recluir a las
víctimas de la drogadependencia.
La función represiva de la ley queda sí, limitada a los narcotraficantes y financistas
de la droga, aplicándoles penas mayores a las que se impartían antes de su
promulgación.
Es una ley que reconsidera al drogadicto como un enfermo que hay que tratar hasta
lograr la recuperación y reinserción social.
Un tema muy controvertido es la tenencia de droga para uso personal . Esta ley
sanciona dicha tenencia, pues considera que la sola tenencia, aún siendo mínima,
lesiona de forma concreta o potencial la salud de la población. Al respecto, la pena
que le correspondería a una persona por tenencia surge de sus antecedentes y
siempre que se trate de una mínima cantidad. Así, el juez podrá dejar sin efecto la
aplicación de la sanción y aplicar en su reemplazo " una medida de seguridad". Esta
medida será distinta según se trate de un adicto o de uno experimentado o
principiante.
Esta medida de seguridad comprende el tratamiento de desintoxicación y
rehabilitación. Este tratamiento que aborda los aspectos médicos, psicológicos,
sociales y pedagógicos puede ser ambulatorio o con internación según el caso.
En el caso del adicto crónico, la "medida" de seguridad aplicada será curativa, en
cambio en el principiante será educativa- preventiva, donde encontramos nuestro
posible accionar.
Los padres como principales educadores, la escuela como institución y centro de
referencia más importante para el niño y adolescente, y los docentes por la
relación directa, estrecha y de compromiso con los alumnos son el medio más
eficaz para luchar contra la drogadicción. Para lograr una acción preventiva se
deben implementar todas las estrategias necesarias con el objetivo de crear en los
niños, los adolescentes, los jóvenes y adultos en general, la actitud , la capacidad y
la voluntad de evitar todo contacto con las drogas.
Es necesario mostrar opciones de vida sanas, que los jóvenes formulen sus propios
proyectos, que tengan confianza en sí mismos y en los demás, que asuman
responsabilidades según la edad, que aprendan a utilizar su tiempo libre con
actividades sanas y dialoguen con sus padres y maestros de todo aquello que los
preocupe y angustie.
Pero muchas veces creemos que el problema es de otros y no lo percibimos en su
total dimensión hasta que nos toca de cerca. Ante todo es fundamental estar alerta,
pues muchas veces nuestros alumnos envían señales indirecta en busca de ayuda.
Lo más importante para llegar a alguien que presenta un problema con las drogas
no es "perseguir" sino "dialogar", de modo que el joven sepa que puede encontrar
apoyo en un adulto.
Una actitud negativa es dramatizar la situación y condenar la misma. La
universidad debe brindar su apoyo, aunque en ocasiones, la ayuda que necesita el
joven es más compleja (recordemos que el abordaje debe ser multidisciplinario) y
debe recurrirse a un centro especializado sin que esto suponga el alejamiento del
problema para el docente. Aún con la ayuda que brinde el equipo especializado en
uso indebido de drogas, siempre será la familia, la escuela, los maestros y sus
compañeros quienes sean el mejor sostén que evite futuras recaídas
Factores socioeconómicos
El problema de la drogadicción aunque afecta de manera importante
a la sociedad, está favorecido por ella misma, ya que mueve enormes
intereses. El consumo de drogas está mediatizado por intereses
económicos y ya a finales del siglo pasado hubo grandes esfuerzos
por el control de la producción y distribución de opio.
Actualmente los beneficios proporcionados por el tráfico ilegal
de drogas están considerados como el mayor negocio del
mundo. Aunque no se dispone de estadísticas existe gran cantidad
de familias de Africa, Asia y América del Sur que viven del cultivo de
la adormidera, coca o cannabis y son cientos de miles los atrapados
en las redes de distribución. Se trata de una actividad de más de
300.000 millones de dólares en el que están involucrados
prácticamente todos los sectores sociales. De hecho los que más se
benefician no son los países productores, generalmente de poca renta
per cápita, sino los consumidores. Se ha calculado que un país
productor recibe sólo entre un 10-20% del beneficio total de
la venta de estupefacientes; otro 10% va a parar al sistema
de tráfico, reinvirtiéndose en laboratorios clandestinos, armas
vehículos, y el resto se distribuye entre los países
consumidores y finalmente va a parar a los "paraísos fiscales"
del sistema bancario mundial.
El consumo de drogas se ha extendido de tal forma, que el clásico
esquema país pobre-productor, país rico-consumidor se ha alterado.
Hay países que producen parte de su consumo, como sucede en USA,
que actualmente cultiva el 18% de la marihuana consumida, mientras
que hace 10 años la cantidad cultivada era insignificante. Aunque hay
zonas productoras con altos niveles de consumo, todavía el papel
significativo de los países pobres sigue siendo la oferta. Unas 20.000
familias de la región de Ketama, en Marruecos, viven del tráfico
de hachís.
Los analistas han afirmado que uno de los grandes problemas
para que la drogadicción subsista es el sistema corrompido a
todos los niveles, ya que muchas veces los sueldos de miseria
(agricultores, funcionarios) de los países productores hace que las
familias puedan sobrevivir por el cultivo, tráfico o permisividad de
éste.
Las presiones sociales, fundamentalmente las del entorno cercano
del individuo pueden favorecer la caída en la adicción por emulación
o gratificación social, sexual. Cualquiera que sea el motivo del uso
compulsivo de drogas, es evidente que obedece a la interrelación
entre factores sociales, biológicos y ambientales.
Actualmente muchos adolescentes experimentan con las drogas a edades
tempranas, en una etapa de la vida en la que su organismo, especialmente el
cerebro, está en pleno proceso de maduración.
Algunos no pasarán de la experimentación, otros consumirán drogas de forma
regular pudiendo llegar a la adicción con los graves problemas de toda índole
que ésta conlleva.
No todos respondemos de igual forma ante el consumo de drogas. En el
proceso de la adicción intervienen distintos factores, entre los que destacan la
edad de inicio, las circunstancias personales y determinadas características
individuales de tipo biológico y genético, variables de personalidad,
antecedentes familiares de consumo o situaciones traumáticas vividas. La
suma de todo ello sitúa a cada uno en un nivel diferente de vulnerabilidad ante
las drogas.
Los programas de prevención se dirigen a reducir los llamados factores
de riesgo que favorecen el uso y abuso de drogas y fomentar los de
protección, es decir, aquellos que reducen la posibilidad de que el consumo
aparezca o de que se convierta en una conducta problemática.
Factores de riesgo
Uno de los primeros elementos de riesgo es la propia presencia de las drogas
en el entorno, es decir, su accesibilidad, su visibilidad y su disponibilidad. Se
sabe que cuanto más fácil resulta conseguir las drogas más aumenta su
consumo, lo que explica que el consumo de las drogas legales sea mayor que
el de las ilegales.
Parte de las iniciativas en prevención se dirigen precisamente a limitar la
presencia de las drogas en el entorno. Para el caso del alcohol y el tabaco, se
reducen los espacios para su consumo, se limita su publicidad, se aumenta el
precio y se eleva el límite de edad mínimo para poder adquirirlos. En el caso de
las drogas ilegales es la acción policial la que trata de influir en estos aspectos,
tanto a través de Planes Operativos específicos dirigidos al tráfico minorista
(los llamados “camellos”), como mediante Grandes Operaciones contra el
narcotráfico internacional. En este ámbito, España desempeña un papel
destacado. De hecho, en 2006 ocupó el tercer lugar en incautaciones de
cocaína en el mundo, por detrás de Colombia y Estados Unidos y el primer
lugar en incautaciones de cannabis en la Unión Europea.
La existencia de un entorno social donde el tráfico de sustancias sea visible,
facilita el acceso de los menores al consumo. La puesta en marcha de los
planes operativos desarrollados por la Secretaría de Estado de Seguridad, en
colaboración con los directores y profesores de centros educativos, con las
asociaciones de madres y padres de alumnos, y con los empresarios del ocio,
han conseguido reducir el tráfico minorista y el consumo de drogas en centros
educativos y su entorno, al igual que en locales y zonas de ocio y diversión.
Por otro lado, la actitud de la sociedad hacia las drogas es también
determinante, ya que la aceptación social del consumo es un importante factor
de riesgo y el rechazo social una de las barreras más eficaces. A veces, la
aceptación se ve favorecida por una falsa imagen de inocuidad de las drogas
que no coincide con la realidad.
Algunos valores como vivir al día y la búsqueda de placer a toda costa,
prevalentes en la sociedad actual, suponen un factor de riesgo y fomentan la
idea de vivir el presente y la necesidad de recibir gratificaciones inmediatas, y
restan valor al esfuerzo y las metas en el medio y largo plazo.
El consumo de drogas por parte de los padres, o situaciones de
conflictividad familiar, donde la ausencia de habilidades educativas están
presentes, pueden ser elementos predictores del consumo de drogas en los
hijos.
Además, aún cuando no existan circunstancias que favorezcan el consumo, la
adolescencia es en sí una etapa de especial vulnerabilidad frente a las
drogas. La búsqueda de uno mismo, las ganas de construir la propia
personalidad y de experimentar cosas nuevas, el sentimiento de
invulnerabilidad, la necesidad de sentirse integrado en el grupo (¡la presión del
grupo es uno de los más importantes factores de riesgo!) y la falta de
habilidades para resistir a las presiones de los amigos, son algunos de los
elementos que favorecen la experimentación con este tipo de sustancias. La
disponibilidad económica y la ausencia de normas se han mostrado
también como factores de riesgo.
Condiciones favorecedoras del consumo en jóvenes
Curiosidad por experimentar.
Búsqueda del placer sin más.
Baja tolerancia a la frustración.
Presión del grupo de iguales (compañeros).
Dificultad para plantearse metas a medio o largo plazo.
Control familiar muy autoritario o muy relajado o variable.
Disponibilidad de las drogas.
Factores de protección
Las características de las relaciones que se establecen entre padres e hijos
son de fundamental importancia para la prevención del consumo. Así, familias
en las que existe una relación positiva basada en la comunicación y el afecto,
en la que además existen límites claros, se establecen normas que se
cumplen, se supervisa lo que hacen los hijos y se comparte con ellos
actividades, son familias fortalecedoras que ayudan a los hijos a integrarse, a
ser menos vulnerables frente a las drogas y a tener una conducta más positiva
y adaptada.
La escuela constituye un elemento vertebrador de las políticas preventivas. La
detección y la transmisión de valores y actitudes preventivas permiten
proporcionar a los escolares instrumentos y herramientas para hacer frente al
consumo de drogas. El papel de las Asociaciones de Madres y Padres de
Alumnos (AMPAs) es fundamental en esta tarea.
Los medios de comunicación desempeñan un papel fundamental en la
prevención, ya que a través de una información veraz, basada en la
evidencia científica, pueden contrarrestar las creencias erróneas y los
mitos que existen en relación con las drogas, modificar las actitudes sociales y
la baja percepción de riesgo, que están en la base de la aparente “normalidad”
de los consumos.
Las políticas de drogas, además de potenciar las acciones en todos estos
ámbitos –la familia, la escuela y los medios de comunicación- tienen un papel
básico a la hora de regular, controlar y limitar todo tipo de promoción del
consumo de sustancias, especialmente en el caso de los niños y los
adolescentes.
La prevención es una prioridad para el Plan Nacional sobre Drogas. Tanto
la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas como los
Planes Autonómicos y Locales de Drogas, con el apoyo de las ONGs, impulsan
y ponen a disposición de los ciudadanos una gran cantidad de iniciativas
(programas en los colegios, escuelas de padres, campañas de sensibilización,
servicios de información, oferta de programas de ocio alternativo, etc...)
enfocadas a prevenir el consumo sobre todo en edades tempranas.
¿QUÉ PUEDEN HACER LAS MADRES Y LOS PADRES?
Los padres y las madres, y cualquier adulto que tenga la responsabilidad de
educar, han de tener en consideración una serie de aspectos clave, en lo que a
la prevención del consumo de drogas de los hijos se refiere, y que a
continuación se detallan.
Hay que
Sentirse a gusto con los hijos/as.
Escucharles y razonar.
Seguir su rendimiento escolar.
Ayudarles y facilitarles la comunicación con los demás.
Informales sobre aspectos relacionados con las drogas, y formarse para
poder informar.
Reducir el consumo habitual de drogas legales de los padres.
NO se debe
Administrar castigos severos para evitar la agresividad del hijo/a.
Ignorar los problemas escolares y personales porque “son cosas de
niños/as”.
Hablar como si se supiera todo, sin escuchar sus opiniones y vivencias.
Tomar medidas de coacción, sin razonar, que limiten su libertad
abusivamente.
Mantener posturas excesivamente tolerantes.
No tener tiempo para estar con los hijos/as.
Ocultar información.
Promover una dependencia excesiva y sin necesidad.
Hacer del hogar un sitio inaguantable.
Poner de manifiesto contradicciones entre los padres a la hora de
educar.
SIGNOS DE ALARMA ANTE POSIBLES CONSUMOS
Es muy importante detectar precozmente, sobre todo en los menores, el uso de
cualquier droga, no sólo por los problemas de salud que pueden sufrir a corto y
medio plazo, sino también por el riesgo de desarrollar una adicción. Entre las
señales de alarma, que pueden ayudar a los padres a saber si su hijo/a ha
empezado a consumir drogas, se encuentran las siguientes:
Cambio brusco en el cuidado y aseo personal.
Trastornos del sueño con insomnio y/o pesadillas y temblores.
Pérdida de peso o apetito excesivo.
Disminución del rendimiento escolar o abandono de los estudios.
Aislamiento físico, tendencia a aislarse en su habitación.
Disminución de la comunicación verbal y afectiva.
Empobrecimiento del vocabulario.
Abandono de aficiones e intereses.
Cambios bruscos de humor.
Pérdida de responsabilidad.
¿QUÉ DEBO HACER EN CASO DE SOSPECHA DE CONSUMO?
Cuando el padre o la madre o cualquiera sospecha que su hijo o su hija, un
familiar o alguna persona próxima, consume drogas debe mostrarse
comprensivo pero firme. Existen cosas que podrá hacer y otras que no:
SI NO
Dialogar. Juzgar
Dar la importancia justa Dramatizar
Creer lo que se ve Negar la evidencia
Compartir la preocupación Ocultar información
Confrontar Encubrir
Supervisar sin presionar Agobiar con reproches.
ANTE LA EVIDENCIA DE CONSUMO
Cuando el consumo sea evidente, pida consejo a su médico de familia o acuda
a un centro especializado. Debe saber que hay una serie de cosas que usted
puede hacer y otras que no conviene que haga.
SI
Dialogar y analizar las circunstancias que llevaron al consumo.
Mantener el autocontrol emocional.O
frecer ayuda pues ve en usted alguien a quien recurrir.
Mostrarle su afecto por lo que él o ella es, independientemente de lo que
haga.
Intentar dedicarle más tiempo y prestarle más atención.
Entender que se está ante una persona que tiene problemas y no “ante
un problema”.
NO
Desesperarse.
Culpar, ni “echarle en cara” todo lo que usted ha hecho por él o por ella.
Convertirse en su perseguidor/a.
Criticar de forma continuada y violenta su comportamiento.
Utilizar el castigo como único recurso para evitar que continúe
consumiendo.
Acosarle continuamente con preguntas, sospechas, acusaciones, pues
ello sólo conseguirá que se aleje de usted cada vez más.
SI ALGUIEN TIENE UN PROBLEMA CON LAS DROGAS ¿EXISTE
TRATAMIENTO?
En la actualidad, todas las drogodependencias, sin distinción de la sustancia
que las ocasiona, son consideradas como una enfermedad que requiere un
tratamiento multidisciplinar y personalizado.
Ante cualquier problema relacionado con el consumo de drogas o sospecha de
consumo en adolescentes, se aconseja acudir a un centro de tratamiento
especifico directamente, o bien solicitar ayuda a los profesionales de atención
primaria que evaluarán cada caso y derivarán al centro que proceda.
España posee una amplia red pública de centros ambulatorios de tratamiento,
distribuidos por todas las Comunidades Autónomas, que a su vez se
complementan con recursos socio sanitarios de inserción social y laboral.
En la página 84 y siguientes, se detallan los teléfonos y las direcciones
electrónicas de los organismos de los que dependen en cada Comunidad
Autónoma los centros de tratamiento.
También se pueden localizar centros de tratamiento a través de la pagina web
de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas,
[Link]
¿CÓMO SE REALIZA EL TRATAMIENTO?
Cuando se aborda el tratamiento de una drogodependencia se trata de
resolver tres problemas. El primero es el síndrome de abstinencia. A
continuación se tratará la adicción a la droga utilizando fármacos y terapias
psicológicas que, junto al apoyo de la familia, buscarán la deshabituación del
consumidor. También se ha de resolver el conjunto de enfermedades y
complicaciones médicas que surgen por efecto directo del consumo de la
droga, o están derivadas de la forma de consumo (vía intravenosa), de la
contaminación con otras sustancias (adulterantes) o de la transmisión de
enfermedades infecciosas (sida, hepatitis, tuberculosis, etc...).
Los tratamientos farmacológicos y psicológicos, solos o combinados, son
aspectos de un proceso terapéutico global que comienza con la desintoxicación
seguida por la deshabituación y la prevención de las recaídas. Las recaídas
deben considerarse parte del proceso terapéutico, y no un fracaso del mismo.
Los medicamentos pueden ayudar a restablecer la función normal del cerebro,
a prevenir las recaídas y a disminuir el deseo de consumo a lo largo del
proceso de tratamiento. Actualmente hay medicamentos para tratar la adicción
a los opiáceos y al tabaco, y se están desarrollando otros para tratar la adicción
a los estimulantes y al cannabis. La psicoterapia, por su parte, ayuda al
paciente a afrontar un nuevo estilo de vida, dotándole de herramientas y
recursos personales para ello.
Las fases de un proceso de tratamiento son:
1. Acogida. Tiene como objetivo reforzar la motivación del paciente y
resolver las dudas de su familia al iniciar el tratamiento.
2. Valoración. Etapa en la que se definen y estudian aquellos rasgos del
individuo y de su entorno que pueden ser relevantes para su tratamiento.
Se realiza a través de la historia toxicológica, diagnóstico médico,
psicológico y social, y del balance entre las carencias y necesidades del
sujeto y de su medio, y los recursos con los que cuenta y que podrían
ayudar a su recuperación.
3. Desintoxicación. Superación del síndrome de abstinencia que aparece
cuando se interrumpe el consumo. Puede llevarse a cabo en un periodo
de 7 a 21 días y no supone riesgo para el paciente. Debe ir seguida de
un tratamiento de deshabituación para evitar las recaídas en el
consumo.
4. Deshabituación. Es un proceso largo y complejo cuyo objetivo es
superar la dependencia psíquica y recomponer la neurotransmisión
cerebral. Existen diversas opciones en función del perfil y las
circunstancias de cada paciente. En algunos casos, es conveniente
alejarle del ambiente en el que se ha desarrollado la adicción mediante
el ingreso en un centro. En otros casos, puede ser suficiente el
tratamiento ambulatorio. En ambos supuestos, se busca un cambio de
estilo de vida que haga innecesario el consumo de drogas.
[Link]
plan_integral_de_desarrollo_2015.pdf