David Bravo, Alba Ins.
Las trabajadoras de Medelln: entre la necesidad y la exclusin (1850
1900). En publicacin: Historia y Sociedad. no. 13. Universidad Nacional de Colombia, Facultad de
Ciencias Humanas y Econmicas. edell!n. "##$. ISSN: 0212-8417
Disponible en: hp:!!biblioe"avir#al."la"[Link]$.ar!ar!libros!"olo%bia!&"he!'.pd&
(ed de Biblioe"as )ir#ales de *ien"ias So"iales de A%ri"a +aina , el *aribe de la (ed *+A*S-
hp:!!...."la"[Link]$.ar!biblioe"a
biblioe"a/"la"[Link]#.ar
1
Las trabajadoras de Medelln: entre la necesidad y la exclusin (18501900)
Alba Ins David Bravo
Resumen
Este artculo presenta algunas de las circunstancias que incidieron en el trabajo de las mujeres de los sectores
populares en la segunda mitad del siglo XIX en Medelln. Usando como fuente principal documentacin
depositada en el Archivo Judicial de Medelln, disposiciones del Cabildo de Medelln y el discurso
divulgado en la prensa, expone que el papel asignado a las mujeres obedeci a un ideal de domesticidad,
recato y obediencia al hombre. Sin embargo, las trabajadoras pertenecientes a las clases populares, tuvieron
que emprender mltiples estrategias como un medio de subsistencia para s mismas y sus dependientes.
Examina la concepcin que se tena de las mujeres y el trabajo remunerado realizado por ellas, as como las
formas concretas de esta experiencia laboral a partir de algunos de los oficios ms registrados en la
documentacin consultada. Una ideologa de exclusin del gnero femenino manifestada en el orden
jerrquico de la sociedad, determin unas relaciones de poder asimtricas entre los sexos, especialmente
materializadas en la pobreza de la mujer.
Palabras clave: historia de la mujer, gnero, mujeres trabajadoras, estrategias de sobrevivencia, pobreza,
ideal de domesticidad, exclusin, Medelln, siglo XIX.
Abstract
This article presents some of the circumstances that influenced womens work in the popular sectors in
Medelln, throughout the 2
nd
half of the nineteenth century. Using the documentation deposited in the
Archivo Judicial de Medelln, the dispositions of the Cabildo de Medelln, and the discourse spread through
the press, it exposes that the role assigned to women was dependant on an ideal of domesticity, caution and
obedience to man. However, those who belonged to the popular classes had to perform multiple strategies as
a means of survival for themselves and those who were dependant on them. It also examines the existing
concepts regarding women and the paid labor done by them, as well as the specific shapes of this labor
experience starting from some of the most widely registered in the consulted documentation. An ideology of
exclusion of the female gender, manifested in the hierarchical order of society, determined certain
asymmetric power relations between the sexes, specially materialized in the poverty of women.
Keywords: history of woman, gender, working women, survival strategies, poverty, domesticity ideal.
exclusion, Medellin, twentieth century.
Artculo recibido el 5 de marzo de 2007 y aprobado el 13 de mayo de 2007. El presente artculo expone
algunos de los temas de la monografa Mujer y trabajo en Medelln: condiciones laborales y significado
social, 18501906, presentada para optar al ttulo de historiadora en la Universidad de Antioquia, Facultad
de Ciencias Sociales y Humanas, Departamento de Historia, 2006.
Historiadora de la Universidad de Antioquia. Integrante del Grupo de Investigacin en Historia
Contempornea del Departamento de Historia de la Universidad de Antioquia.
2
Introduccin
El presente texto explora las condiciones de trabajo de las mujeres pertenecientes a las
clases populares de Medelln en la segunda mitad del siglo XIX. Este perodo se
caracteriz por las reformas emprendidas por los liberales para dinamizar la economa del
pas, y por una serie de transformaciones polticas y sociales que tuvieron incidencia en las
experiencias de las mujeres en un momento de crecimiento demogrfico de la ciudad que
culminara con la vinculacin femenina a la industria fabril a principios del siglo XX.
Pretende adems, sealar los ejes conductores de la discusin sobre la funcin que deba
desempear la mujer en la sociedad republicana; por ltimo, examina las condiciones
laborales femeninas en algunos de los oficios ms demandados por la sociedad.
El artculo contempla slo algunas variables del trabajo femenino. Otros captulos de esta
investigacin histrica consideraron a las mujeres que trabajaron en mbitos concebidos
ilegales como fueron las prostitutas, las contrabandistas de licor, las yerbateras y las
comadronas. Un importante grupo de mujeres como las artesanas no fue posible incluirlo
como tema de estudio debido a que las fuentes consultadas no las referencian; adems fue
imposible acceder a algunos censos del perodo para Medelln por no estar disponibles
para el pblico debido a su mal estado. Es posible que dichos censos contengan una
valiosa informacin que indique alguna noticia sobre este gremio femenino.
3
Este estudio de carcter cualitativo se sustenta en la revisin de cuatro tipos de fuentes
primarias: cien juicios criminales y civiles del Archivo Histrico Judicial de Medelln
(AHJM) custodiado por la Universidad Nacional, Sede Medelln. Los expedientes del
Archivo Judicial son quizs, la fuente ms rica para el estudio de la mujer de los sectores
populares en su produccin cotidiana pblica y privada. Los descriptores de bsqueda
(palabras clave) actitudes hacia la mujer, relaciones familiares, amancebamiento, amparos
de pobreza, servidores domsticos, relaciones amorosas, fuerza y violencia, de la base de
datos del Archivo Judicial, concentran buena parte de la vida menuda de las mujeres
pobres. Las otras fuentes consultadas fueron la legislacin sobre la familia y la mujer
producidas en el perodo republicano; una serie de representaciones y medidas tomadas
por el Cabildo de Medelln, contenidas en diversas series documentales de los fondos
Alcalda y Concejo del Archivo Histrico de Medelln (AHM) y el discurso sobre la mujer
difundido en la prensa local.
La investigacin se concentra en el casco urbano de Medelln. Sus barrios ms
representativos hacia 1870 eran San Jos, la Universidad, Guanteros, Guayaquil, San Juan
de Dios, el Convento, San Benito, Quebrada Arriba, Quebrada Abajo y Camino
Carretero.
1
La delimitacin espacial y temporal no impide que se tenga en cuenta cambios que se
estaban gestando en la concepcin de la mujer y su participacin laboral a nivel
1
Crnica Municipal, Medelln, No. 54 (abril de 1873), p. 213.
4
internacional y nacional, ni que a veces se remita al legado colonial, lo que permite una
mirada mucho ms dinmica del devenir histrico.
Los estudios sobre la mujer experimentaron un gran auge desde la formulacin del
concepto gnero y su adopcin por parte de las ciencias sociales, sobre todo a partir de la
crtica de los movimientos feministas de las dcadas de 1960 y 1970 en Estados Unidos.
El gnero como categora de anlisis, explica desde las construcciones culturales y las
relaciones sociales, el orden jerrquico de la sociedad y las relaciones de poder en l
implcitas, superando as los determinismos biolgicos. El trabajo de la mujer desde esta
perspectiva materializa una manifestacin de esas relaciones de poder.
2
En el decenio de 1960 la relacin mujer y trabajo en Amrica Latina empez a ser
estudiada por la antropologa, la sociologa, la historia y la economa con teoras macro,
caso de la crtica marxista feminista y las teoras de la modernizacin. La concepcin de
los gneros, sin embargo, proporcion nuevas posibilidades de interpretacin en funcin
de relacionar las esferas macro (poltica, mercado de trabajo, economa, leyes) y micro
(familia, hogar, individuo), lo pblico y lo privado, lo laboral y lo familiar.
Diversos estudios histricos sobre las experiencias de las mujeres constatan su presencia
en el campo laboral en todas las pocas tanto en sociedades rurales como urbanas. En el
mundo occidental, a lo largo del siglo XIX, la incursin de la mujer en el trabajo fabril
2
Joan W. Scott, El gnero: una categora til para el anlisis histrico, en: Mara Cecilia Cangiano y
Lindsay DuBois (compiladoras), De mujer a gnero. Teora, interpretacin y prctica feminista en las
ciencias sociales, Buenos Aires, Centro Editor de Amrica Latina, 1993, p. 17.
5
suscit un debate concerniente al rol que ella deba cumplir en la sociedad y sobre su
posible desempeo laboral.
3
En el mbito nacional y local ese debate trascendi en la
valoracin de la mujer. La organizacin jerrquica de la sociedad estableca una clara
divisin de papeles y esferas de accin para hombres y mujeres, definida segn los
contemporneos, por naturaleza y disposicin divina. La discusin expuesta en artculos
de prensa, revistas y documentacin oficial, as como en la educacin femenina impartida,
tuvo repercusiones en las condiciones reales de vida de todas las mujeres. Indic que el
orden social radicaba en dictmenes impuestos por la sociedad y la herencia cultural. La
etnia, la clase social y una ideologa de gnero femenino excluyente fue determinante en
las experiencias laborales de las mujeres.
La mujer y el ideal de domesticidad: el ser y el deber ser
Las reformas liberales de mitad del siglo XIX contagiaron al pas de un optimismo en el
progreso de la civilizacin que, segn el modelo europeo acogido por los grupos
dirigentes, sobrevalor el refinamiento social y cultural del modo de vida burgus. La
visin de los liberales decimonnicos sobre la mujer se fund en el supuesto ideal del
reconocimiento de la igualdad legado por las revoluciones norteamericana y francesa. En
3
Para Joan Scott esta percepcin problemtica del trabajo femenino fue el resultado de procesos discursivos
acerca del gnero que, sin ser las diferencias entre los sexos un tema nuevo en el siglo XIX, s tuvieron
consecuencias nuevas en lo social, econmico y poltico. La visibilidad de la mujer trabajadora no se debi a
su creciente nmero, ni al nuevo sitio de trabajo (la fbrica) ni a las cualidades de su trabajo, sino a la
preocupacin de los contemporneos por la divisin sexual del trabajo. Joan W Scott, La mujer trabajadora
en el siglo XIX, en: Georges Duby y Michelle Perrot (directores), Historia de las mujeres en Occidente,
Madrid, Taurus, 1993, vol. 4, pp. 407408.
6
la legislacin, en este orden de ideas, se hizo manifiesto el inters por la educacin;
igualmente lo hicieron otros textos y publicaciones.
Sin embargo, uno de los hechos ms sealados en la historia de las mujeres en la segunda
mitad del siglo XIX en Colombia fue la subordinacin social y civil debido a su sexo. Esta
circunstancia las confin al espacio domstico y fue determinante para sus experiencias en
la esfera pblica y privada. El Estado y la religin regularon su vida supeditndola al
varn y el matrimonio se constituy en la aspiracin mxima donde poda desempear el
rol de madre, esposa e hija. Casarse signific pasar de la tutela del padre al esposo; en la
conformacin de una familia, la mujer adquira posicin y reconocimiento en la sociedad
al asumir responsabilidades en el manejo de la economa domstica y la educacin de los
hijos. Las casadas fueron, entre todas las mujeres, las ms restringidas social y
jurdicamente. Las constituciones y los diferentes cdigos civil, penal, de polica y
comercio, si bien no son el reflejo de las condiciones reales de vida, s instauraron los
lmites entre hombres y mujeres al establecer los derechos y obligaciones pblicas y
privadas de unos y otras, plasmando as su sistema de valores y prejuicios.
El Cdigo civil de Chile de 1855 fue redactado por Andrs Bello inspirado en el Cdigo
napolenico de 1804. Varios pases latinoamericanos retomaron la experiencia chilena,
entre ellos Colombia, al seguir la ley francesa en la interpretacin de las medidas
econmicas y comerciales. En lo concerniente a la familia y las relaciones sociales, Bello
fue mucho ms conservador apegndose al orden legal hispnico contenido en Las Siete
7
Partidas (1263) y las Leyes de Toro (1505).
4
Lo anterior se opone a la idea tan divulgada
de que el Cdigo napolenico institucionaliz la incapacidad jurdica de la mujer
sintetizada en la figura de la patria potestad que enuncia el derecho del padre sobre los
hijos y la potestad marital referida a los derechos del esposo sobre la mujer y sus bienes.
La situacin social de la mujer y su capacidad de actuar estaba sujeta a estas dos instancias
jurdicas de carcter patriarcal que definan la familia: la patria potestad se refera al
conjunto de derechos que la ley otorga al padre legtimo sobre sus hijos no
emancipados, derechos que no pertenecan a la madre.
5
La potestad marital aluda al
conjunto de derechos que las leyes conceden al marido sobre la persona y bienes de la
mujer.
6
El vnculo matrimonial, en palabras consignadas en el Cdigo Civil se resuma en
que El marido debe proteccin la mujer, y la mujer obediencia al marido.
7
As, la
institucin familiar fue un espacio donde hombre y mujer, por naturaleza, mandato de
Dios y disposiciones legales cumplieron unos roles especficos que, en la segunda mitad
del siglo XIX, se reforzaron al servicio de una ideologa que redefini la confinacin de la
mujer al espacio domstico. Dicho de otra manera, la construccin sociocultural de gnero
en el mundo occidental del siglo XIX delimit el campo de accin de la mujer a la
clausura del hogar.
4
M.C. Mirrow, Borrowing Private Law in Latin America: Andrs Bellos Use of the Code Napolen in
Drafting the Chilean Civil Code, en: Louisiana Law Review, (61), 2001, pp. 291329. Citado por Carmen
Diana Deere y Magdalena Len, Liberalism and Married Womens Property Rights in NineteenthCentury
Latin America, en: Hispanic American Historical Review (HAHR), 85 (4), 2005, pp. 630633.
5
Cdigo Civil del Estado Soberano de Antioquia, 1870, Medelln, s.n., 1870, p. 49.
6
Ibd., p. 23.
7
Ibd.
8
El poder jerarquizado de gneros hizo uso de unos mecanismos de control social formal
regulados por la discriminacin legal, la subordinacin social y la fuerte influencia del
ideal de la domesticidad; su sustento fue la condicin biolgica de la mujer en funcin de
la maternidad, idealizada como su ms altsima misin en la sociedad.
8
El paradigma de
esta idealizacin de origen cristiano era la Virgen Mara. Este discurso difundido desde
Europa, sobre todo por Francia e Inglaterra, en su trasfondo estaba dirigido a contrarrestar
el avance de la mujer en la escena pblica como producto de su participacin laboral en
continuo crecimiento desde la Revolucin Industrial.
A raz de este discurso religiosocatlico las mujeres se convirtieron en las reinas del
hogar y su imagen se equipar a ngeles terrenales.
9
Las valoraciones sobre la mujer de la
elite instruida en Medelln estaban inmersas en este discurso y la mujer era El njel
misericordioso i bendito que desciende a nosotros en alas de fuego para sembrar de flores
nuestro camino.
10
Pero en una sociedad heterognea, la metfora del bello sexo, como se nombraba a las
mujeres, aluda a un prototipo de mujer identificado con las expectativas de los sectores
8
Mary Nash, Identidad cultural de gnero, discurso de la domesticidad y la definicin del trabajo de las
mujeres en la Espaa del Siglo XIX, en: Georges Duby y Michel Parrot (directores), Historia de las
mujeres en Occidente, Madrid, Tauros, 1991, vol. 4, p. 586.
9
Vase Patricia Londoo Vega, El ideal femenino del siglo XIX en Colombia: entre flores, lgrimas y
ngeles, en: Magdala Velsquez Toro (dir.), Las mujeres en la historia de Colombia, Bogot, Consejera
para la Presidencia de la RepblicaNorma, 1995, vol. 3, pp. 302329; Catalina Reyes Crdenas, Imgenes
femeninas de Medelln a principios del siglo XX, en: Javier Guerrero Barn (compilador), Cultura y
mentalidades en la historia de Colombia: ciencia, profesiones y vida cotidiana, Tunja, IX Congreso de
Historia de Colombia, 1995.
10
Federico Jaramillo, El universo en microscopio. Todo i nada, en: El Oasis, N 20, Medelln, 15 de
mayo de 1869, pp. 157158.
9
privilegiados de la sociedad. El deber ser de las mujeres de los sectores populares
(mestizas, negras, mulatas, indgenas) estaba asociado, en buena proporcin, al
sostenimiento de la familia y en consecuencia a cumplir otros roles fuera de los muros
sagrados de la casa.
Concepcin sobre el trabajo femenino
Desde las dos ltimas dcadas de la Colonia, ilustrados de la talla del Visitador Juan
Antonio Mon y Velarde (1785-1788) y Francisco Silvestre, dos veces gobernador de la
Provincia de Antioquia (1775-1776 y 1782-1785), proponan el desarrollo de la
agricultura para sacar a la regin de su atraso con el aporte de las mujeres. Silvestre, por
ejemplo, vea muy apropiado la siembra y manufacturas del algodn porque contribuira
a tener ocupadas algunas gentes pobres, especialmente mugeres, y muchachos.
11
Por su
parte, Mon y Velarde tambin vea en el algodn y el tabaco una fuente de trabajo
femenino por ser tarea proporcionada a su sexo.
12
Para el Visitador, adems, era preciso
dar honesta ocupacin a las infelices mujeres, que estrechadas de la necesidad, y sin tener
recursos para mantenerse, viven en perpetuo ocio, y acaso se prostituyen ms por miseria
que por su fragilidad.
13
11
Francisco Silvestre, Relacin de la provincia de Antioquia, Medelln, Secretara de Educacin y Cultura
de Antioquia, 1988, p. 143.
12
Emilio Robledo, Sucinta relacin de lo ejecutado en la visita de Antioquia por el Oidor Juan Antonio
Mon y Velarde (17581788), Bogot, Banco de la Repblica, 1954, p. 67.
13
Ibd., p. 79.
10
No obstante la divisin laboral basada en prejuicios de gnero, se consideraba el trabajo
una opcin adecuada para mujeres pobres.
14
Ambos funcionarios sustraan el trabajo
femenino de la elemental economa de subsistencia para vincularlo al mercado nacional a
partir del comercio con otras regiones, aportando al mismo tiempo riqueza al Reino.
En el ambiente republicano sigui vigente la idea del trabajo femenino como una funcin
social del Estado para asegurar la subsistencia de grupos denominados pobres y
desgraciados. La educacin fue uno de los ms firmes proyectos del liberalismo por la
influencia que poda tener en las costumbres y en el progreso del pas, era propuesta en
atencin a las necesidades econmicas y a mantener las diferencias sociotnicas. En
1873, un grupo de hombres prestigiosos de Medelln, entre ellos Manuel Uribe ngel y
Julin Vsquez, manifestaban en un peridico su complacencia por la llegada a Medelln
de las Hermanas de Nuestra Seora y la fundacin de un colegio para impartir educacin a
las nias de la clase pobre de acuerdo con sus necesidades y posicin, y a las de clases
ms acomodadas, conforme a sus medios y con las exigencias sociales del puesto que
deben ocupar en el mundo [].
15
Sin embargo, a lo largo del siglo XIX se acortaban las
distancias entre los discursos tendientes a conservar la estructura social existente y los que
14
Esto no significaba que mujeres de mejor estatus social no trabajaran. Un ejemplo singular, entre otros en
el siglo XIX, lo proporciona el conocido empresario de Medelln Coriolano Amador quien en 1894, en un
acto de absoluta confianza, autoriza a su esposa doa Lorenza Uribe para que sin ninguna restriccin
ejecutara todos los actos y contratos civiles tanto de administracin y disposicin como de cualquiera otra
especie respecto de los bienes propios de ste, los de ella (su haber particular) y los pertenecientes a la
sociedad conyugal. Ver en: AHM, Fondo Alcalda, Serie Juicios de Polica, 1894, Tomo 161, f. 238r.
15
Manifiesto enviado por Gabriel Echeverri, Manuel Uribe ngel, Julin Vsquez, Joaqun E. Gmez,
Antonio M. Restrepo y Eduardo Villa, Las hermanas de Nuestra Seora y su colegio, en: El Album,
Medelln, No. 6, 13 de enero de 1873, p. 48.
11
anunciaban cambios en la sociedad en general y conceban posible la actividad de la mujer
como trabajadora cualquiera fuera su clase social o estado civil.
Doa Soledad Acosta de Samper desde la capital del pas, reconocida por sus posiciones
de vanguardia, indicaba en el peridico La Mujer el rumbo que deba tomar la educacin,
tanto para las mujeres de los sectores altos como para las hijas del pueblo. Sealaba que
en Inglaterra en 1851, y luego en Francia en 1862, se haban establecido escuelas de arte
industrial para mujeres. En Francia mujeres del pueblo ya trabajan en albailera,
talabartera, tintorera, impresin, fotografa, alta costura. Segn ella, ste era el camino a
seguir en Colombia y que en lugar de producir seoritas elegantes se deban establecer
escuelas de artes y oficios.
16
En otro artculo, la misma Soledad Acosta en 1878,
presentaba una idea del trabajo decididamente anclada en el mundo de hoy. Enunciaba que
el trabajo, lejos de cumplir su funcin prctica de proporcionar el sustento para la vida con
el sudor de la frente por castigo divino, inclua un elemento de tinte burgus, el placer. As
lo expresaba:
Trabajar es orar, dice un proverbio; y yo aado: trabajar es ser feliz. Despus de contemplar
el modo de ser de tantas mujeres, viejas o jvenes que no hacen nada, y cuyas horas de tedio
se pasan fastidiando y fastidiadas, cmo no se siente alivio al volver los ojos hacia las que
nunca estn ociosas! No hablo de las que siguen una profesin por necesidad, ni de las que
tienen que trabajar para vivir. Hablo de aquellas mujeres que gozan de comodidades, pero
que saben que la ley del trabajo es universal y que lo buscan como placer.
17
16
Soledad Acosta de Samper, La educacin de las hijas del pueblo: el trabajo de las mujeres en el siglo
XIX, en: La mujer, 3 (27), 1 noviembre 1879; 1 octubre 1879; 15 octubre 1879. Citado por Suzy Bermdez
Quirz, El bello sexo: la mujer y la familia durante el Olimpo Radical, Santaf de Bogot, Uniandes, 1993,
pp. 115116.
17
Soledad Acosta de Samper, en: La mujer, 1 septiembre 1878. Citado por Suzy Bermdez Quirz, Hijas,
esposas y amantes: gnero, clase, etnia y edad en la historia de Amrica Latina, Santaf de Bogot,
Uniandes, 1992, p. 169.
12
Este por supuesto, y como lo aclara la autora, no era el caso de las mujeres pobres, pero
contena una idea del trabajo alejado de connotaciones negativas, slo apropiado para
desdichadas e ignorantes.
Cabe agregar, en todo caso, que la normatividad abra algunos espacios de participacin
laboral a la mujer. El cdigo civil contemplaba que mujeres casadas podan trabajar con la
anuencia del cnyuge. En el caso de realizar contratos, si el esposo negaba la autorizacin,
siendo la peticin justa y su negativa actuara en perjuicio de la mujer o se trataba de una
esposa abandonada, el juez en su defecto poda otorgarla.
18
Fueron pequeos pero slidos
espacios de poder abiertos a las mujeres en la medida en que hicieron uso de ellos.
Cuarenta y dos de las cien acciones judiciales revisadas en el Archivo Judicial de
Medelln, un 43.29 %, fueron emprendidas por mujeres solicitando licencia del marido o
del juez para acceder a sus derechos civiles o para defenderse de alguna agresin del
cnyuge.
Las labores propias del sexo
La excluyente denominacin de oficios propios del sexo, en virtud a la asignacin de
roles, jerarquas sociales e ideal de domesticidad, le atribuy al trabajo femenino un
carcter distintivo de la clase y la etnia, y defini su rea de actuacin con un efecto
directo en la remuneracin y la calidad de vida de la trabajadora evidenciando un vnculo
entre mujer, pobreza y trabajo.
18
Cdigo Civil del Estado Soberano de Antioquia, 1870, Op. cit., pp. 2324.
13
En el campo de las ciencias sociales la nocin estrategias de sobrevivencia alude a los
mecanismos recurrentes para enfrentar la pobreza; se trata de respuestas inmediatas de
corto plazo, individuales o colectivas, a las que recurren las mujeres para mantener un
nivel de vida.
19
Estas estrategias son reveladoras de las relaciones y comportamientos que
las mujeres de los sectores pobres definen para salvar las contingencias de la cotidianidad
debido a los impedimentos impuestos por su condicin social y sexual.
20
En Medelln, el
caso de Mara Hermenejilda lvarez, una viuda acusada de amancebamiento en 1859,
ilustra estos mecanismos de sobrevivencia al declarar ocuparse en hacer ollas, tejer
costales, lavar ropas a varias personas [] planchar a varios individuos [] coser como
tambin cargar lea. Esto, afirmaba, le daba lo suficiente para mantener a sus tres hijos.
21
Las mujeres, lejos de especializarse en un oficio, recurran a cuanta actividad tuvieran a la
mano para procurarse los bienes necesarios para su subsistencia y la de sus dependientes.
Los impedimentos jurdicos, el ideal de domesticidad, la mala reputacin del trabajo
femenino, la exclusin sistemtica de la esfera pblica, la imposibilidad de acceso al
crdito, las continuas migraciones y las crisis econmicas, fueron los factores que
actuaron en el desbalance de una pobreza diferencial por gneros. Estas condiciones
19
Ivonne Szaz, La pobreza estudiada desde la perspectiva de gnero: estado del conocimiento, en: Las
mujeres en la pobreza, Mxico, El Colegio de Mxico, 1994. Citada por Noelba Milln et al., La mujer,
artesana de la sobrevivencia: un estudio centrado en hogares pobres de Ibagu, Ibagu, Universidad del
Tolima, 2000, p. 124.
20
Noelba Milln et al., Op. cit., p. 19.
21
AHJM, Juicio por amancebamiento, 1859, documento 11915, f. 10r. De igual modo, Mara de Jess
Restrepo, tambin viuda, en juicio por ofensas recibidas en 1852, dijo dedicarse a lavar, planchar, doblar
tabaco y otras propias de una mujer. AHJM, Sumario seguido a Isidoro Restrepo por expresiones
ofensivas y acciones deshonestas, 1852, documento 12667, f. 5 v.
14
determinaron el ingreso de la mujer al trabajo remunerado y a emprender estrategias de
sobrevivencia personal y familiar.
Las mujeres de Medelln recurrieron a una amplia gama de actividades para encarar la
pobreza, pero decidan en correspondencia con la idea de que fueran labores propias de
su sexo, por lo que no dejaba de ser un campo laboral restringido. En conformidad con
esta definicin, las mujeres se dedicaron sustancialmente al servicio domstico, a la venta
de productos elaborados por ellas mismas, a atender pequeas tiendas y pulperas de su
propiedad, a prestar servicios ocasionales en costura, lavado, planchado de ropa en casas
de familia, o abasteciendo puerta a puerta agua, lea, leche o carbn. La experiencia de
trabajos realizados como amas de casa represent el aprendizaje necesario para
desempear un oficio remunerado, ya en sus propias casas o fuera de ellas. Las
condiciones materiales de la vida domstica hicieron del cuidado de las casas ajenas una
labor ardua y dispendiosa, por ello, el servicio domstico represent uno de los frentes de
mayor demanda de la mano de obra femenina.
Las criadas domsticas se ocupan de todo
La falta de una mayor variedad de oferta de trabajos para las mujeres, la escasez de
trabajos para los hombres y los bajos precios en vveres y ropa, permitieron a muchas
15
familias por humildes que fueran, tener una persona para el servicio domstico.
22
Posiblemente, estos factores dieron lugar a un empleo cuya nica forma de pago consisti
en la oportunidad de tener techo, comida y algunas prendas de vestir legadas por la familia
de acogida laboral. La permanente alusin a criadas y sirvientes en los diarios personales,
la prensa, la literatura y su irrefutable presencia en los censos, denotan que estas mujeres
conformaban una fuerza laboral activa y numerosa, a la vez que eran pilares de la vida
familiar y cotidiana decimonnica. La reproduccin de la vida domstica deposit en ellas
la responsabilidad y cuidado de la casa, la cocina y la ropa. Hacan los mandados, tenan a
su cargo los hijos pequeos, y a veces se convirtieron en gratas compaa para los
miembros de la casa, en especial para las mujeres y los nios. Pedro Antonio Restrepo
Escovar, por ejemplo, recordaba con gratitud a a Manuela, una negra de origen
esclavo, la criada admirable que lo cri.
23
Un alto porcentaje de las trabajadoras eran procedentes del campo. Llegaban a la ciudad a
buscar mejores oportunidades para ellas y sus familias. El excedente de poblacin en la
economa campesina, en especial la mano de obra subutilizada de la mujer, puede explicar
el origen preferentemente rural de las trabajadoras.
24
Esta fue una de las condiciones
planteadas por Fernando Botero Herrera en su estudio sobre el surgimiento de la industria
en la regin antioquea al iniciar el siglo XX. As, el desarraigo familiar y cultural pudo
22
Rafael Ortiz Arango, Estampas del Medelln antiguo, Medelln, Fbrica de Licores y Alcoholes de
Antioquia, 1983, p. 94.
23
Jorge Alberto Restrepo, Retrato de un patriarca antioqueo: Pedro Antonio Restrepo Escovar, 1815
1899, Santaf de Bogot, Banco de la Repblica, 1992, p. 29.
24
Fernando Botero Herrera, La industrializacin en Antioquia: gnesis y consolidacin 19001930, 2 ed.,
Medelln, Hombre Nuevo, 2003, pp. 4041.
16
hacer ms penosa la permanencia de estas mujeres en aquellas casas de familia
pertenecientes a grupos sociales diferentes, en las cuales vivan sin libertad ni dinero, solas
o hurfanas; en consecuencia, algunas de ellas se incorporaban a distintas ocupaciones
domsticas desde muy nias.
25
Las criadas en no pocas ocasiones fueron objetos sexuales de los varones de la casa. La
historiadora Catalina Reyes, quien ha estudiado a este grupo de mujeres, les asigna una
funcin sexual al advertir un cierto tipo de prostitucin soslayada en su papel de criadas,
producto de su condicin de mujeres solas y vulnerables que las hizo blanco de las
pulsiones sexuales de los patronos y jvenes de la casa en sus inicios sexuales; en
ocasiones esta circunstancia las dej ante el dilema de un embarazo indeseado.
26
Dos
procesos por amancebamiento, ambos sobresedos, delatan la dinmica de estas relaciones.
En el primero, realizado en 1872, Jos Mara lvarez Bravo abandonado por su esposa,
justificaba as la relacin con Nicolasa, su criada:
No hace doce aos, sino como diez y seis que vivo con Nicolasa Escobar [viuda], pero no
haciendo vida como casados. Esta mujer es sirvienta ma ganndose cuatro pesos y medio
por mes y me hace de comer, ve y cuida por todo lo que es mo [] y cuando est enferma
como sucede actualmente busca una sirvienta y le paga con lo que yo le pago ella [] la
quiero como sirvienta, pero no la acaricio y la contemplo como a esposa, varias veces que
ella desea ponerse un traje otra cosa yo se la doy, pero siempre a cuenta de su trabajo. Tengo
algunas desavenencias con ella porque esto sucede veces con los sirvientes [] Yo he
25
Un caso que ilustra esta aseveracin es el de Lorenza Londoo, una sirvienta mulata de once aos, quien
en 1859 para declarar en una causa por abuso de confianza a su ama se le nombr curador por ser menor de
edad. AHJM, Juicio por abuso de confianza, 1859, documento 1800, f. 5r.
26
Catalina Reyes Crdenas, Aspectos de la vida social y cotidiana de Medelln, 18901930, Bogot,
Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura), 1996, p. 207.
17
paseado Barbosa con la Escobar porque veces me tomo mis tragos y como llevo traigo
intereses la llevo para que cuide de ellos, pero no hemos comido ni dormido juntos [].
27
Nicolasa, apelando a su condicin de sirvienta aduca: yo como sirvienta de l veo y
cuido por todo lo que le pertenece y si salgo con l es porque veces toma licor y puede
perder sus intereses.
28
Como lo demuestran las razones expresadas por Jos Mara
lvarez para contratar a la sirvienta, un cierto sentido prctico pareca incidir en el inicio
de la relacin. El amancebamiento era una prctica frecuente entre hombres solos
solteros, separados o viudos y sirvientas, tambin libres de compromiso, que los atendan
ante la necesidad de alguien que cuidara de ellos y sus casas.
29
Pero haba relaciones con un trasfondo mucho ms complejo. En el proceso contra
Cndida Rosa Prez y Jos Eleuterio Arango, adelantado por el hermano de su esposa en
1889, la declaracin de acusados y vecinos mostraba cmo suceda en este caso una
particular configuracin familiar.
30
Arango viva con su esposa haca treinta aos y no
tena hijos con ella. Su sirvienta era Cndida, costurera, soltera, y como muchas otras
sirvientas vena del medio rural. Lleg a trabajar a esta casa de Medelln haca poco ms o
menos siete aos con el consentimiento de su padre; durante el tiempo que trabaj en
dicha casa haba concebido dos hijos. La esposa, que segn los vecinos era una santa,
declar que Cndida:
27
AHJM, Juicio por amancebamiento entre un hombre casado y su criada, 1872, documento 3460, fs. 6v
7r.
28
Ibd., f. 8r.
29
Ver en el AHJM juicios por amancebamiento, documentos nmeros 12661 (entre soltero y casada); 438
(viudocasada); 11914(casadosoltera); 11915 (solteroviuda); 12657 (solteracasado).
30
AHJM, Juicio por amancebamiento, 1889, documento 12661.
18
Fue a vivir all en una enfermedad que yo tuve y necesitaba de la asistencia de una persona,
sus oficios son lavar, aplanchar ropas y cocer, con los dos primeros obtiene la consistencia
[casa y comida] suministrada por mi esposo y yo por cuanto los oficios son los de la ropa de
la casa y el ltimo le produce el modo de vestirse pues le trabaja a otras personas. Dos hijos
que ella ha tenido se ha verificado el alumbramiento en mi casa, pero ella ha guardado un
profundo secreto respecto al padre de ellos [].
31
Los vecinos afirmaban que Eleuterio y Cndida sostenan relaciones personales y
resaltaban el gran parecido de los dos hijos de la criada con Eleuterio, a quien llamaban
pap. De su parte, ste ltimo testific ser natural que lo llamaran as, pues l y su mujer al
no tener sucesin los criaron y adoptaron como hijos propios.
32
Por los aos que llevaba
Cndida viviendo en la casa y por el trato de los nios haca Eleuterio, era evidente el
grado de responsabilidad asumido por l en esta relacin con los nios. Los motivos del
silencio aprobatorio de la esposa pueden explicarse quiz en la posible falta de amor entre
los esposos, la seguridad de su posicin social como mujer casada, las demandas sexuales
satisfechas de Eleuterio, la posible buena funcin del hombre como proveedor de la casa y
las pocas oportunidades que le brindaba la sociedad a la mujer.
Del lado legal, las autoridades vean en estas situaciones anmalas un grave problema
social y moral, demostrado en el seguimiento que hicieron de este caso y otros llamando a
una larga lista de testigos para verificar los hechos. Lo cierto es que la ms de las veces las
causas por amancebamiento fueron sobresedas por falta de pruebas contundentes. En el
caso de Cndida y Eleuterio, el juez, aunque reconoca que los sindicados han vivido en
31
Ibd., fs. 18r 18v.
32
Ibd., fs. 9v10r.
19
una misma casa y se comprende que han tenido relaciones ilcitas [] no se ha logrado
comprobar el cuerpo del delito por lo cual se sobresee.
33
La ropa sucia no se lava en casa
Un nutrido grupo de mujeres trabaj lavando ropas en el ro Medelln y quebradas
aledaas. La quebrada Santa Elena en su recorrido por todo el centro oriente de la ciudad
fue uno de los sitios ms concurridos por las lavanderas. Este debi ser uno de los oficios
ms duros porque implicaba pasar varias horas inclinadas sobre grandes y lisas piedras
escogidas en las orillas, a la intemperie, con el agua en los pies o a media pierna. Parece
ser que algunas se dedicaron slo a lavar, otras en cambio se encargaron del arreglo
completo de la ropa que inclua el lavado, planchado y remendado en casas de familia.
Durante el verano, el lavado de la ropa pudo ser una tarea, sino grata, ms llevadera por el
cauce tranquilo de las aguas y el secado rpido de la ropa; pero en invierno debi ser muy
difcil lavar bajo la lluvia, secar la ropa, luchar contra las crecientes, desbordamientos de
las quebradas y el pantano. En el perodo abordado, las lavanderas enfrentaron diversos
problemas relacionados con el aprovisionamiento del agua, su deterioro y contaminacin.
33
Ibd., f. 31v.
20
En un artculo sobre higiene pblica, el prestigioso mdico Manuel Uribe ngel al
establecer el estado de las aguas y la importancia de los acueductos, dej plasmado los
problemas del abastecimiento del agua y sus efectos en la salud de las personas. Segn l,
desde la primera mitad del siglo XIX, durante el invierno las crecientes del ro Medelln y
las quebradas daban lugar a pantanos, charcas y cinagas que, al evaporarse en tiempo
seco, formaban una atmsfera meftica pestilencial cuyo efecto se reflejaba en el color
de las mujeres medellinenses, por lo general sumamente plido. En ellas como en los
hombres, eran frecuentes las afecciones de carcter anmico, las fiebres paldicas y la
disentera.
34
En estas circunstancias es fcil deducir que las lavanderas debieron padecer
constantes problemas de salud producto de su contacto con aguas sucias y contaminadas,
haciendo ms dura su labor.
La falta de agua corriente en las casas oblig a las lavanderas a buscar fuentes naturales de
agua. De acuerdo con Rafael Ortiz no haba quebrada sin lavanderas, pero ante la
arremetida del progreso y el deterioro del agua stas fueron desplazadas en forma
paulatina.
35
Primero se las desaloj del ro Medelln, luego de la quebrada Santa Elena, La
Palencia, La Loca, La Ladera, hasta desaparecer del paisaje urbano. Desde finales del
siglo, las primeras compaas de servicios pblicos en manos privadas, con la
proliferacin de acueductos practicaron una especulacin permanente con la compra
34
Manuel Uribe ngel, Higiene pblica, en: El Anunciador, Medelln, No. 2, 15 de agosto de 1899, p. 6.
35
Rafael Ortiz, Op. cit., p. 183.
21
venta y concentracin de las fuentes de agua y sus alrededores.
36
Por estos problemas con
el agua, la necesidad de abastecimiento y su proteccin, las fuentes del lquido fueron
objeto de disposiciones legales con repercusiones en las lavanderas. El Cdigo de Polica
prohiba el establecimiento de lavaderos o cualquier otra empresa arriba del cauce que
conduca agua a una o ms casas, los infractores deban pagar una multa de 1 a 50 pesos, y
eran obligados a trasladar el lavadero o empresa a otro sitio.
37
Por el carcter esencial del agua en la vida humana y las dificultades en su
aprovisionamiento, las lavanderas y su oficio de mantener limpia la ropa de todos,
realizaron su trabajo bajo el ojo vigilante de autoridades y vecinos.
38
En 1890 con el
acuerdo nmero 9, el Concejo conceda las dos terceras partes del agua de la quebrada
Santa Elena a la persona o sociedad que estableciera una fbrica de tejidos que diera
ocupacin especialmente a los inhbiles para otra clase de trabajos, tales como las
mujeres y los nios, siempre que el agua slo fuera ensuciada o desviada lo debido para
obtener una cada necesaria.
39
Y, aunque la concesin fue adjudicada a la firma Ospina
Hermanos, no se hizo efectiva por inconvenientes de orden jurdico opuestos por quienes
habitaban a orillas de la quebrada.
40
Finalmente, el 22 de julio de 1895, el alcalde orden
desalojar a las lavanderas de la quebrada ms tradicional de Medelln. Esta prohibicin
36
Fernando Botero Herrera, Medelln 18901950: historia urbana y juego de intereses, Medelln,
Universidad de Antioquia, 1996, p.169.
37
Cdigo de Polica del Estado Soberano de Antioquia, s.l., s.n., 1886, p. 50.
38
La serie Resoluciones del Fondo Alcalda, del Archivo de Medelln, da buena cuenta de esta situacin.
Se sola advertir a las lavanderas bajo pena de multa no lavar o tender ropa en determinados sitios.
39
Concejo de Medelln, Acuerdo 9, en: Crnica Municipal, Medelln, (15), 13 octubre de 1890, pp. 59
60.
40
Luis Ospina Vsquez, Industria y proteccin el Colombia, 18101930, Medelln, E.S.F., 1955, pp. 263
266.
22
abarc el trayecto de la quebrada Santa Elena desde el puente de La Toma hasta su
desembocadura en el ro Medelln.
41
Estas fueron algunas de las disposiciones que obligaron a las lavanderas a buscar otros
lavaderos, y en consecuencia cargar sus atados de ropa cada vez ms lejos. De todas
formas el deterioro de las aguas ya haca estragos en las quebradas de Medelln. Con el
servicio de agua corriente en las casas, tarea emprendida en las tres primeras dcadas del
siglo XX, a las lavanderas les esperaban otros escenarios para realizar su oficio: los patios
y solares de las casas dispuestos como los nuevos lugares para el lavado de la ropa.
Aqu se vende de todo: pulperas y tenderas
El pequeo comercio en pulperas, tiendas improvisadas en la sala de la casa, puestos del
mercado y ventas ambulantes, fueron lugares usuales en los cuales las mujeres pobres
ofrecieron sus productos. Estos establecimientos, adems de proporcionar un medio de
vida a sus propietarias, de forma indirecta crearon entradas de dinero para otras
encargadas de proveerlos de chocolate molido, arepas, tamales, dulces, pandequesos y
tabacos.
42
La diferencia entre tiendas y pulperas pareci radicar en la mejor dotacin de
estas ltimas, en virtud de ello las pulperas pertenecan ms a los sectores medios de la
41
AHM, Fondo Concejo, Tomo 255, vol. 4, 1895, Serie Actas, 33 (1), f. 623.
42
El juicio a tres hombres por fuerza y robo a dos mujeres en una tienda ilustra esta afirmacin. Las dos
vctimas, una mujer soltera y otra viuda, fueron asaltadas en la tienda que tenan en la sala de su casa
mientras empacaban tamales. Para dar testimonio de los vveres robados mencionaron a las mujeres que las
provean. Ver AHJM, 1874, documento 2519.
23
ciudad. Por estar sujetas al pago de impuestos, tambin representaron para la ciudad una
fuente de entradas al tesoro pblico. En ocasiones sus dueas se dirigan al Concejo
Municipal solicitando una nueva clasificacin de la categora del negocio por considerar
injusta la asignada, pues les demandaba mayores impuestos. Por lo general alegaban que
la tienda o pulpera apenas si reportaba ventas y era muy poco el surtido para pagar
impuestos tan altos.
43
En el mercado y las calles
Desde muy tempranas horas la ciudad se despertaba con el bullicio de toda clase de
vendedores. En este grupo las mujeres debieron ser numerosas. Algunas se instalaban en
sus puestos de la plaza de mercado, otras se ubicaban en las aceras y otras tantas iban de
puerta en puerta ofreciendo sus productos.
La plaza de mercado, en particular, debi ser el marco donde poda obtenerse la mejor
panormica de tan animado grupo, cada una tratando de hacer la mejor oferta. Las ventas
en el mercado eran controladas permanentemente por agentes comisarios encargados de
revisar las pesas y medidas utilizadas por los vendedores. Una vez revisadas, su uso se
autorizaba mediante un sello. Era habitual que los vendedores, mediante algn sistema
manipularan las pesas para que stas mostraran un peso mayor al real. La llegada
43
AHM, Fondo Concejo, Tomo 221, Serie Comunicaciones, 1880, Comunicacin 191, f. 705. Las actas del
Cabildo permiten ver las listas presentadas a la Corporacin Municipal con la clasificacin de almacenes,
tiendas y pulperas para efectuar la respectiva recaudacin. AHM, Fondo Concejo, Tomo 221, Serie Actas,
1880, Acta 50 (4), f. 1144.
24
inesperada de estos comisarios debi causar ms de un revuelo en el mercado al tratar de
ocultar el fraude realizado a diario a los consumidores. El decreto del 29 de enero de 1874
sobre arreglo de pesas y medidas indica que el problema tena fuerte arraigo entre los
expendedores del mercado central de Medelln. El Jefe Municipal al considerar el notable
desarreglo en las pesas y medidas de los particulares en la venta de productos en mercados
y tiendas pblicos, dispuso el decomiso de ellas para los contraventores.
44
Muchas de las vendedoras eran campesinas de los poblados y aldeas cercanas a Medelln
que traan sus vveres y viandas al mercado urbano. Su jornada deba comenzar desde el
amanecer con el viaje a pie durante horas con pesados bultos cargados a sus espaldas hasta
llegar a la ciudad. Con la sorpresa propia del extranjero, en 1880 el viajero alemn
Friedrich von Schenck expres la tristeza que le produca ver en el camino a Medelln, en
las caravanas de peones de carga, viejas mujeres y muchachas jvenes, que llevan cajas y
bultos sobre la espalda sujetos con una cincha que pasa por la frente.
45
Adems de las lecheras, leateras y aguadoras, estaban las vivanderas con sus bateas a la
cabeza vendiendo flores, frutas para hacer dulces, golosinas, hojuelas, frituras, quesos,
mondongo, morcillas, legumbres y cuantas delicias podan preparar y usufructuar. Todas
estas mujeres animaban y recorran a diario las calles de un Medelln que entraba en el
siglo XX confiado en el progreso.
Conclusiones
44
Concejo de Medelln, Decreto sobre pesas y medidas, en: Crnica Municipal, Medelln, (78), 1 marzo
de 1874, pp. 313314.
45
Friedrich von Schenck, Viajes por Antioquia en el ao de 1880, Bogot, Banco de la Repblica, 1953, p.
21.
25
Las reformas liberales en cuanto a la idea de progreso, libertad e igualdad no incluyeron a
las mujeres de una forma equitativa con respecto a los hombres. En los cdigos
republicanos ellas quedaron sometidas a la autoridad del varn, eje de la familia patriarcal.
El ordenamiento sociocultural se bas en un sistema de gnero favorable a la supremaca
masculina.
Las trabajadoras de las clases populares de Medelln en la segunda mitad del siglo XIX,
lejos de cumplir un rol pasivo en la esfera privada y estar ausentes de la pblica, como
cabezas de familia contrariaron a menudo los patrones delineados para su sexo con una
participacin laboral activa y en nmero significativo. Se las encuentra resolviendo su
existencia, no slo atendiendo responsabilidades en la reproduccin familiar, sino en el
mundo del trabajo por la subsistencia ante la falta del varn proveedor, y tambin en
relaciones con las instituciones y el Estado. Su exclusin sistemtica de los oficios
especializados o con exigencias tcnicas, no desdea en nada su aporte a la economa
familiar, a la de la ciudad y el Estado. En otras palabras, construyendo y participando en
estrategias de sobrevivencia que les permitan afrontar su condicin de ser mujeres pobres.
Aunque en el perodo estudiado el ingreso de la mujer al mercado laboral fue indicativo
de una condicin de pobreza y no de aspiraciones personales, a medida que avanz el
siglo XX, diferentes voces aisladas fueron introduciendo cambios en la concepcin del
trabajo femenino. Estas posiciones estaban en consonancia con los procesos sociales,
26
polticos y econmicos del pas y la regin, con la idea de la utilidad social del trabajo y
con los preceptos del modo de vida burgus.
La idea cada ms difundida de que una mujer pudiera realizarse fuera de su casa y trabajar
por placer era promisoria de cambios en sus experiencias de vida. Estos cambios se
acercaban y tendran lugar en el siglo XX cuando, en sus primeras dcadas, sucedi la
vinculacin de la mujer a la industria fabril y al comercio formal dando lugar a un lento
proceso en la conformacin de una nueva identidad del gnero femenino, la de la mujer
trabajadora en una sociedad capitalista.
Bibliografa
Fuentes primarias
Archivo Histrico Judicial de Medelln (AHJM), Medelln. Fondo criminal y civil (1852
1900), Documentos nmero: 438, 1298, 1340, 1800, 2223, 2240, 2444, 2446, 2491, 2515,
2516, 2519, 2532, 2692, 2805, 2821, 3460, 11781,11914, 11915, 12292, 12373, 12657,
12661, 12667.
Archivo Histrico de Medelln (AHM), Medelln, Fondo Concejo, Tomo 221, 1880;
Tomo 255, Vol. 4, 1895; Fondo Alcalda, Serie Juicios de Polica, 1894, Tomo 161.
Peridicos
El Album (1873), Medelln.
El Anunciador (1899), Medelln.
El Oasis, Peridico Literario (1869), Medelln.
27
Fuentes primarias impresas
Cdigo Civil del Estado Soberano de Antioquia, 1870, Medelln, s.n., 1870.
Cdigo de Polica del Estado Soberano de Antioquia, s.l., s.n., 1886.
Crnica Municipal, Medelln (15), 13 octubre 1890, pp. 5960.
Crnica Municipal, Medelln (78), 1 marzo de 1874, pp. 313314.
Crnica Municipal. Medelln (54), abril de 1873, p. 213.
Robledo, Emilio, Sucinta relacin de lo ejecutado en la visita de Antioquia por el Oidor
Juan Antonio Mon y Velarde (1758 1788), Bogot, Banco de la Repblica, 1954.
Schenck, Friedrich von, Viajes por Antioquia en el ao de 1880, Bogot, Banco de la
Repblica, 1953.
Silvestre, Francisco, Relacin de la provincia de Antioquia, Medelln, Secretara de
Educacin y Cultura de Antioquia, 1988.
Bibliografa
Bermdez Quirz, Suzy, El bello sexo: la mujer y la familia durante el Olimpo Radical,
Santaf de Bogot, Uniandes, 1993.
____________, Hijas, esposas y amantes: gnero, clase, etnia y edad en la historia de
Amrica latina, Santaf de Bogot, Uniandes, 1992.
Botero Herrera, Fernando, La industrializacin en Antioquia: gnesis y consolidacin
19001930, 2 ed., Medelln, Hombre Nuevo, 2003.
____________, Medelln 18901950: historia urbana y juego de intereses, Medelln,
Universidad de Antioquia, 1996.
Deere, Carmen Diana y Len, Magdalena, Liberalism and Married Womens Property
Rights in NineteenthCentury Latin America, Hispanic American Historical Review
(HAHR), 85 (4), 2005, pp. 627678.
Londoo Vega, Patricia, El ideal femenino del siglo XIX en Colombia: entre flores,
lgrimas y ngeles, en: Magdala Velsquez Toro (directora), Las mujeres en la
historia de Colombia, Bogot, Consejera para la Presidencia de la RepblicaNorma,
1995, v. 3, pp. 302329.
Milln, Noelba et al, La mujer, artesana de la sobrevivencia: un estudio centrado en
hogares pobres de Ibagu, Ibagu, Universidad del Tolima, 2000.
Nash, Mary, Identidad cultural de gnero, discurso de la domesticidad y la definicin del
trabajo de las mujeres en la Espaa del Siglo XIX, en: Georges Duby y Michel Parrot
28
(directores), Historia de las mujeres en Occidente, Madrid, Tauros, 1991, v. 4, pp.
585597.
Ortiz Arango, Rafael, Estampas del Medelln antiguo, Medelln, Fbrica de Licores y
Alcoholes de Antioquia, 1983.
Ospina Vsquez, Luis, Industria y proteccin el Colombia, 18101930, Medelln, E.S.F.,
1955.
Perrot, Michelle, Los actores: funciones de la familia, en: Aris, Philippe y Duby,
Georges (directores), Historia de la vida privada, Madrid, Tauros, 1991, v. 7, pp.
111153.
Restrepo, Jorge Alberto, Retrato de un patriarca antioqueo: Pedro Antonio Restrepo
Escovar, 18151899, Santaf de Bogot, Banco de la Repblica, 1992.
Reyes Crdenas, Catalina, Aspectos de la vida social y cotidiana de Medelln, 18901930,
Bogot, Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura), 1996.
____________, Imgenes femeninas de Medelln a principios del siglo XX, en:
Guerrero Barn, Javier (compilador), Cultura y mentalidades en la historia de
Colombia: ciencia, profesiones y vida cotidiana, Tunja, IX Congreso de Historia de
Colombia, 1995.
Scott, Joan W., La mujer trabajadora en el siglo XIX, en: Duby, Georges y Perrot,
Michelle (directores), Historia de las mujeres en Occidente, Madrid, Taurus, 1993. v.
4, pp. 404435.
____________, El gnero: una categora til para el anlisis histrico, en: Mara Cecilia
Cangiano y Lindsay DuBois (compiladoras), De mujer a gnero. Teora,
interpretacin y prctica feminista en las ciencias sociales, Buenos Aires, Centro
Editor de Amrica Latina, 1993, pp. 1550.