Empoderamiento Económico de la Mujer
Empoderamiento Económico de la Mujer
A/64/93
Distr. general 17 de junio de 2009 Espaol Original: ingls
Asamblea General
Sexagsimo cuarto perodo de sesiones Tema 58 b) de la lista preliminar* Erradicacin de la pobreza y otras cuestiones de desarrollo: la mujer en el desarrollo
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I.
Introduccin . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . A. B. C. Polticas y marcos jurdicos mundiales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Igualdad entre los gneros en el acceso a los recursos y al control sobre ellos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Organizacin del Estudio Mundial sobre el Papel de la Mujer en el Desarrollo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
4 6 9 14 15 15 17 29 31 32 33 39 45 46 51 53 56 60 60 62 70 73 74 75 76 78 81
II.
La macroeconoma y el empoderamiento econmico de la mujer . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . A. B. C. D. El entorno macroeconmico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Polticas macroeconmicas y comerciales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La voz de la mujer en la adopcin de decisiones del mbito econmico . . . . . . . . . . . Creacin de un entorno favorable al empoderamiento econmico de la mujer . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
III.
Acceso al pleno empleo y al trabajo decente . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . A. B. Restricciones en el mercado de trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Aumento del acceso a oportunidades econmicas en el mercado de trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
IV.
Acceso a la tierra, a la vivienda y a otros recursos productivos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . A. B. C. D. La tierra y otros bienes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Recursos de uso comn: el agua y los bosques . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Infraestructura, servicios y mejores tecnologas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Vivienda, servicios pblicos y otros servicios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
V.
Acceso a los servicios financieros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . A. B. C. D. E. Acceso de la mujer a los servicios financieros regulados . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La microfinanciacin y la igualdad entre los gneros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Acceso de la mujer empresaria a los servicios financieros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Acceso de la mujer a la adopcin de decisiones del sector financiero . . . . . . . . . . . . . Mayor acceso de la mujer a los servicios financieros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
VI.
Acceso a la proteccin social . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . A. B. C. Desarrollo de una base de proteccin social global . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Seguridad econmica para los nios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Asistencia social a pobres y desempleados de grupos en edad econmicamente activa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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D. E. VII.
Apoyo al ingreso de las personas de edad avanzada y discapacitadas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Acceso a prestaciones bsicas de salud . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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Conclusiones y recomendaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . A. B. C. D. E. Falta de planteamiento de las limitaciones basadas en el gnero . . . . . . . . . . . . . . . . . Efectos multiplicadores del empoderamiento econmico de la mujer . . . . . . . . . . . . . Estrategias de crecimiento sensibles a las cuestiones de gnero, centradas en el empleo, que vinculan el desarrollo econmico con el social . . . . . . . . Un enfoque coordinado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Recomendaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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I. Introduccin
1. La igualdad de acceso de la mujer a los recursos econmicos y financieros y al control sobre ellos es decisiva para lograr la igualdad entre los gneros y el empoderamiento de la mujer, y para el crecimiento econmico y el desarrollo equitativos y sostenibles. La expresin recursos econmicos hace referencia a los factores directos de la produccin, como los activos inmuebles, incluidos la tierra, la vivienda, los recursos de uso comn y la infraestructura, as como a los activos muebles como el equipo de produccin, la tecnologa y el ganado. Los recursos financieros son los basados en el dinero, incluidos los gastos pblicos, las corrientes financieras privadas y la asistencia oficial para el desarrollo, as como tambin el ingreso, el crdito, el ahorro y las remesas. Los recursos econmicos y los financieros, por igual, tienen importantes repercusiones en las funciones de la mujer en la esfera econmica, de sustento de la familia, en los mercados de trabajo y en la economa en general. 2. El trabajo es el recurso bsico de que dispone la enorme mayora de las personas, en particular las que pertenecen a hogares de bajos ingresos, y los mercados de trabajo son el medio por el cual muchas mujeres y muchos hombres satisfacen sus necesidades y las de sus dependientes e invierten en el futuro. Mientras una enorme parte de la fuerza laboral de las economas desarrolladas y en transicin est empleada a sueldo o salario, la fuerza de trabajo de los pases en desarrollo est distribuida entre el empleo a sueldo o salario y diversos tipos de empleo por cuenta propia. 3. En general, las estrategias de subsistencia de los hogares de bajos ingresos del mundo no estn concentradas en una forma de actividad econmica, ya que no es probable que una sola actividad sea suficientemente regular o bien remunerada como para cubrir todas sus necesidades. En estas familias las mujeres y los hombres tienen diversas actividades, a menudo migrando en busca de nuevas oportunidades. Aunque estas actividades son en general de gran intensidad de mano de obra, no encajan claramente en los modelos econmicos convencionales de mercados laborales centrados en el trabajo asalariado. En las estrategias de subsistencia de los pobres, las diversas actividades de gran intensidad de mano de obra incluyen el trabajo no remunerado en la familia, el trabajo por pieza y el trabajo por cuenta propia en una mirada de actividades comerciales, de servicios y de manufactura en pequea escala (Whitehead, 2005; Chen y otros, 2005). Aunque estas actividades proporcionan un medio de vida a una gran parte de los trabajadores pobres del mundo, raramente aparecen en las estadsticas oficiales. 4. La rentabilidad de las actividades de subsistencia de la mujer y el hombre depende tanto de la calidad de su trabajo y de su capital humano como de los recursos econmicos y financieros que puedan movilizar. Desigualdades de larga data en la distribucin de los recursos, segn el gnero, han colocado a la mujer en desventaja para tomar parte de procesos ms generales de desarrollo y recibir sus beneficios. Con frecuencia esto la ha dejado en situacin de dependencia del hombre para satisfacer algunas necesidades de su familia, o todas. 5. Las polticas que mejoran el acceso de la mujer a los recursos econmicos y financieros, y su control, tendrn consecuencias directas tanto con respecto a su empoderamiento econmico como en los procesos ms amplios de desarrollo. Colocar estas polticas en un contexto de derechos asegura que el acceso de la mujer
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a los recursos y al control sobre ellos es parte de sus facultades como ciudadana, en lugar de dejarlo al arbitrio de los varones proveedores, a la prodigalidad del Estado o los caprichos del mercado. 6. Pese al considerable progreso realizado, en muchos aspectos del empoderamiento econmico de la mujer por ejemplo, mediante el aumento del nivel de instruccin y la participacin en el trabajo remunerado persisten profundamente arraigadas la discriminacin y la desigualdad. El ritmo de cambio ha sido lento y desigual. La elevacin de los niveles de educacin no ha estado acompaada por ms igualdad entre los gneros en la rentabilidad del trabajo. El aumento de la participacin en el trabajo remunerado no se ha traducido en la reduccin de la carga del trabajo no remunerado en el hogar. La violencia persistente contra las mujeres tambin reduce las posibilidades de muchas de ellas, en todas las regiones, de lograr el acceso a los recursos econmicos y financieros y utilizarlos. La falta de acceso a los recursos econmicos como la tierra, los bienes personales, los salarios y el crdito, y al control sobre ellos, puede exponer a las mujeres a un mayor riesgo de violencia (Naciones Unidas, 2006a). 7. Hay un poderoso cmulo de pruebas que indican que la igualdad entre los gneros, en la distribucin de los recursos econmicos y financieros, no solamente contribuye al bienestar y al empoderamiento de la mujer, sino que tambin tiene un efecto multiplicador positivo en una gama de objetivos clave del desarrollo, incluidos la reduccin de la pobreza y el crecimiento econmico. Tambin hay pruebas acumuladas sobre la importancia decisiva del trabajo remunerado y no remunerado de la mujer, y del acceso a los recursos y al control sobre ellos en la recuperacin de las familias de las crisis econmicas de los ltimos decenios. 8. Cada vez son ms los ejemplos de Estados, organizaciones internacionales, empresas, organizaciones de mujeres, movimientos laborales y otros sectores de la sociedad civil que toman medidas para hacer frente a las desigualdades. El hecho de que el cambio se produce indica que las desigualdades entre los gneros no son inmutables, que se pueden transformar y que se puede aprender muchsimo de lo que ha dado buen resultado. En el Estudio Mundial sobre el Papel de la Mujer en el Desarrollo se examinarn los adelantos logrados, as como tambin los obstculos que continan bloqueando o desacelerando el ritmo del progreso. 9. El sexto Estudio Mundial se ha preparado en momentos en que se cuestionan las debilidades sistmicas de la economa mundial. Las crisis de alimentos y combustibles de 2007 han sido sobrepasadas por una crisis financiera mundial de tal magnitud que probablemente provoque una recesin prolongada en todo el mundo. Las consecuencias de las crisis ya se han puesto crudamente en evidencia en los pases de la Organizacin de Cooperacin y Desarrollo Econmicos (OCDE), con la cada de bancos de primera lnea y el rescate de otros utilizando enormes sumas de dinero de los contribuyentes, el colapso del mercado de la vivienda y la prdida creciente y constante de empleos en muchos sectores de la economa. 10. Las repercusiones de la presente crisis para los pases en desarrollo estn apareciendo lentamente en los diversos circuitos de la economa mundial; el comercio, la migracin, las corrientes de capital, las inversiones directas y la ayuda oficial. Las primeras pruebas son la cada de las rdenes de exportacin y de remesas y los pedidos de medidas proteccionistas. Las predicciones para el futuro sugieren importantes prdidas de empleos, disminucin de la inversin directa extranjera y reduccin de las corrientes de ayuda a medida que se contraen las
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economas de los pases donantes y sus gobiernos se destinan a cuestiones internas. Se deben abordar las consecuencias de la crisis para la igualdad entre los gneros.
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Informe de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, Beijing, 4-15 de septiembre de 1995 (publicacin de las Naciones Unidas, nmero de venta: [Link].13), cap. I, resolucin 1, anexo II, prr. 49. Ibd., prr. 150. Ibd., prr. 58 b). Resolucin S-23/3, anexo, prr. 53. Vase Documentos Oficiales del Consejo Econmico y Social, 2008, Suplemento No. 7 (E/2008/27) cap. I, secc. A.
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para satisfacer las necesidades bsicas y, en el clculo de las prestaciones respectivas, tuvieran en cuenta los perodos de licencia para atender a otras personas 6. 15. En su resolucin sobre el adelanto econmico de la mujer aprobada en 2005, la Comisin sobre el Adelanto de la Mujer pidi a los Estados Miembros que facilitaran el desarrollo del sector financiero a fin de aumentar el acceso de la mujer al ahorro, al crdito y otros servicios financieros y al control sobre ellos, mediante incentivos e intermediarios que atendieran a las necesidades de las mujeres empresarias, en un pie de igualdad en las zonas rurales y urbanas, e incluyeran plenamente a la mujer en los procesos de gestin, planificacin y adopcin de decisiones 7. 16. En la Cumbre del Milenio de 2000 los Gobiernos se comprometieron a promover la igualdad entre los gneros y el empoderamiento de la mujer como medios eficaces de luchar contra la pobreza, el hambre y las enfermedades y estimular un desarrollo verdaderamente sostenible 8. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio aprobados posteriormente incluyeron uno sobre igualdad entre los gneros y empoderamiento de la mujer, con metas para el empleo, la educacin y la participacin. En la Cumbre Mundial de 2005 los lderes mundiales resolvieron promover la igualdad entre los gneros y eliminar la discriminacin generalizada por razn del gnero, entre otras cosas garantizando el derecho libre e igualitario de la mujer a poseer y heredar bienes y garantizando la tenencia segura de bienes y vivienda por la mujer; promoviendo la igualdad de acceso de la mujer a los mercados de trabajo, al empleo sostenible y a una adecuada proteccin laboral; y asegurando la igualdad de acceso de la mujer a los bienes y recursos productivos, incluidos la tierra, el crdito y la tecnologa 9. 17. En la Declaracin de Doha sobre la Financiacin para el Desarrollo, aprobada en 2008, los lderes mundiales reafirmaron su compromiso de eliminar la discriminacin basada en el gnero en todas sus formas, incluso en los mercados laborales y financieros, as como, entre otras cosas, en la propiedad de los bienes y los derechos de propiedad. Los lderes resolvieron promover los derechos de la mujer, incluido su empoderamiento econmico, incorporar de manera efectiva las cuestiones de gnero en las reformas jurdicas, los servicios de apoyo a las empresas y los programas econmicos, y otorgar a la mujer acceso pleno y en igualdad de condiciones a los recursos econmicos. Los dirigentes acordaron promover y reforzar la capacidad de los agentes estatales y otros interesados para llevar a cabo una gestin pblica en la que se tuvieran en cuenta las cuestiones de gnero y que incluyera la elaboracin de presupuestos con una perspectiva de gnero, pero no se limitara a ella 10. 18. En el prrafo 19 de la resolucin 62/206, sobre la mujer y el desarrollo, la Asamblea General alent a los Gobiernos a que invirtieran en infraestructura apropiada y en otros proyectos y crearan crear oportunidades de empoderamiento
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Vase Documentos Oficiales del Consejo Econmico y Social, 2008, Suplemento No. 7 (E/2008/27), cap. I, secc. A. Vase Documentos Oficiales del Consejo Econmico y Social, 2005, Suplemento No. 7 (E/2005/27 y corr.1), cap. I, secc. D, resolucin 49/8, prr. 7. Resolucin 55/2, prr. 20. Resolucin 60/1, prr. 58. Resolucin 63/239, anexo, prr. 19.
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econmico, a fin de aliviar la carga de las tareas diarias que consumen el tiempo de mujeres y nias. En el prrafo 2 q) de la resolucin 62/136, sobre el mejoramiento de la situacin de la mujer en las zonas rurales, la Asamblea inst a los Estados Miembros a que proyectaran y revisaran leyes para asegurar que, cuando existiera la propiedad privada de la tierra y de otros bienes, se acordaran a la mujer iguales y plenos derechos de propiedad de la tierra y de otros bienes, incluso mediante el derecho a la herencia, y por medio de reformas administrativas y de otras medidas necesarias, para otorgar a la mujer los mismos derechos que al hombre al crdito, al capital, a las tecnologas apropiadas y al acceso a los mercados y a la informacin. 19. La cuestin del acceso de la mujer a los recursos econmicos y financieros y al control sobre ellos tambin se ha abordado en tratados, mecanismos e instrumentos de derechos humanos. La Convencin sobre la eliminacin de todas las formas de discriminacin contra la mujer pide a los Estados partes que tomen todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminacin contra la mujer y aseguren la materializacin, en la prctica, del principio de igualdad de la mujer y el hombre en las esferas poltica, econmica, social, cultural y de cualquier otro tipo. Los Estados no slo estn obligados a abstenerse de realizar actos de discriminacin sino tambin a eliminar la discriminacin contra la mujer que efecte cualquier persona, organizacin o empresa. La Convencin comprende el derecho de la mujer a la igualdad y a la no discriminacin en las esferas del empleo y la vida econmica, as como tambin en asuntos civiles, como la concertacin de contratos y la administracin de bienes. Tambin requiere a los Estados partes que aseguren los mismos derechos a ambos esposos con respecto a la propiedad, adquisicin, gestin, administracin, goce y disposicin de bienes. 20. El Pacto Internacional de Derechos Econmicos, Sociales y Culturales exige a los Estados partes que aseguren al hombre y la mujer igual ttulo para gozar de todos los derechos econmicos establecidos en dicho instrumento. Ello incluye, entre otras cosas, una disposicin especfica sobre el salario equitativo e igual por un trabajo de igual valor. 21. Por el Convenio No. 111 (1958) de la OIT sobre discriminacin en el empleo y la ocupacin, los Estados partes se obligan a formular y aplicar una poltica nacional que promueva, por mtodos adecuados a las condiciones y la prctica nacionales, la igualdad de oportunidades y de trato en materia de empleo y ocupacin, con objeto de eliminar cualquier discriminacin (Artculo 2) basada en motivos de raza, color, sexo, religin, opinin poltica, ascendencia nacional u origen social. El Convenio No. 100 (1951) sobre igualdad de remuneracin para hombres y mujeres por un trabajo de igual valor, establece que todo miembro deber, empleando medios adaptados a los mtodos vigentes de fijacin de tasas de remuneracin, promover y, en la medida en que sea compatible con dichos mtodos, garantizar la aplicacin a todos los trabajadores del principio de igualdad de remuneracin entre la mano de obra masculina y la mano de obra femenina por un trabajo de igual valor. 22. El Convenio No. 156 (1981) de la OIT sobre los trabajadores con responsabilidades familiares, establece que, con miras a crear la igualdad efectiva de oportunidades y de trato entre trabajadores y trabajadoras, debern adoptarse todas las medidas compatibles con las condiciones y posibilidades nacionales para permitir a los trabajadores con responsabilidades familiares el ejercicio de su derecho a elegir libremente su empleo; y a tener en cuenta sus necesidades en lo que concierne a las condiciones de empleo y a la seguridad social.
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El Convenio No. 183 (2000) de la OIT sobre proteccin de la maternidad, promueve la igualdad de todas las mujeres en la fuerza de trabajo y la salud y seguridad de la madre y el hijo. 23. La Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer, sus causas y consecuencias, examin las interconexiones existentes entre el orden poltico econmico mundial y el goce por la mujer de sus derechos humanos, en particular las repercusiones con respecto a la violencia contra la mujer (A/HRC/11/6). 24. En su 98 perodo de sesiones, en junio de 2009, la OIT examin, como uno de sus temas, la cuestin de la igualdad entre los gneros en el mundo del trabajo, y aprob recomendaciones generales sobre el empleo, la proteccin social, los principios y derechos en el trabajo, el dilogo social y la participacin tripartida para el Gobierno, las organizaciones de empleadores, las organizaciones de trabajadores y la OIT 11.
B.
1.
Igualdad entre los gneros en el acceso a los recursos y al control sobre ellos
Limitaciones basadas en el gnero 25. Las normas y reglas que definen las relaciones sociales entre diferentes grupos de la sociedad, que colocan a algunos en posiciones de dominio sobre otros y diferencian las opciones de que disponen incluso en relacin con el acceso a los recursos y al control sobre ellos han sido denominadas estructuras restrictivas (Folbre, 1994). Las estructuras restrictivas basadas en el gnero se refieren a las normas, valores y prcticas sociales que definen desigualdades entre la mujer y el hombre en las sociedades, generalmente asignando diferentes papeles y responsabilidades y atribuyendo menor valor a las aptitudes, dotes y actividades convencionalmente asociadas a la mujer. Las normas basadas en el gnero incluyen tpicamente la asignacin a la mujer de la responsabilidad de la funcin reproductiva dentro de la familia y al hombre la responsabilidad primordial de ganar el salario. 26. Esas limitaciones tambin incluyen las restricciones a la actuacin de la mujer en el dominio pblico que predominan en algunas partes del mundo, y estereotipos que relacionan a la mujer o al hombre con determinados tipos de trabajo o el empleo de ciertos tipos de tecnologa. Es tan probable que el hombre enfrente barreras culturales al emprender actividades y ocupaciones consideradas femeninas como la mujer que realiza actividades definidas como masculinas. Estas limitaciones no son uniformes en todo el ciclo vital sino que pueden variar con la edad, el estado civil y la posicin en la familia, as como con otros factores. 27. Las limitaciones basadas en el gnero crean desigualdades entre el hombre y la mujer en la distribucin de valiosos recursos y aptitudes sobre la base de las diferencias atribuidas. Hay formas ms generalizadas de desigualdad, relacionadas con los derechos de propiedad y a la herencia, a los bienes productivos y al acceso a la educacin, a los conocimientos especializados y al empleo remunerado. En general estos favorecen al hombre, al que se percibe como principal agente de produccin y consecucin del salario, sobre la mujer, a la que se considera secundaria en la obtencin de ingresos (Banco Mundial, 2001; Grown y otros, 2005).
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28. Aunque la mujer y el hombre, por igual, en las familias de bajos ingresos, pueden estar en desventaja, en su esfuerzo por ganar el sustento, por su falta de educacin, conocimientos especializados, bienes y redes, a menudo el gnero intensifica los efectos de otras desigualdades sociales en el acceso a los recursos y oportunidades. 29. Es importante destacar la naturaleza institucional, as como individual, de estas limitaciones (Kabeer, 2008a). Las limitaciones pueden ser impuestas por instituciones del dominio pblico como resultado de la discriminacin activa, sesgo inconsciente o falta de conocimiento. Las instituciones son portadoras de limitaciones basadas en el gnero cuando sus agentes principales reflejan y refuerzan, consciente o inconscientemente, normas y valores discriminatorios que imponen restricciones a las opciones de la mujer. Hay muchos ejemplos de limitaciones basadas en el gnero impuestas por instituciones. Los empleadores, tanto mujeres como hombres, pueden discriminar a favor del hombre cuando se lo considera no comprometido en responsabilidades reproductivas, o utilizan la supuesta condicin de la mujer como contribuyente secundaria de ingresos para justificar que se le pague menos. Las leyes, polticas y programas discriminatorios pueden reproducir desigualdades basadas en el gnero mediante supuestos acerca de las funciones del hombre como principal aportante de salarios y de las funciones de la mujer en el hogar, que a menudo no guardan ninguna semejanza con la realidad. 2. Aptitudes y medios especficos de cada gnero 30. El concepto de aptitudes hace referencia a la capacidad y a los medios de accin que necesitan las personas para elegir y alcanzar objetivos valorados, habida cuenta de los recursos de que disponen y de su ubicacin dentro de las relaciones de poder (Sen, 1999). La capacidad para actuar se refiere al grado en que la mujer y el hombre son capaces de hacer frente a las limitaciones durante su vida. Todos los actores ejercen alguna opcin o emplean esa capacidad; pero todos lo hacen dentro de lmites. La capacidad del hombre, en el contexto de las relaciones entre los gneros, reside en el acceso privilegiado a los recursos materiales y a su aptitud para ejercer autoridad sobre la mujer, dentro de la familia y fuera de ella (Kabeer, 2001). La desventaja de la mujer resulta evidente en la informacin de las encuestas de hogares, que muestran que en muchas regiones la mujer tiene un control limitado sobre las decisiones familiares crticas, como las que comprenden a su propia salud y bienestar, y en algunas regiones enfrenta importantes restricciones a su movilidad que limitan el alcance de sus medios (Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), 2008). 31. La capacidad para hacer or su voz y negociar hace referencia a las diferentes formas en que los grupos carentes de poder tratan de ejercer influencia y lograr el cambio (Sen, 1990; Agarwal, 1997). Su capacidad para hacerlo est determinada por diversos factores, incluido el acceso a los recursos y al control sobre ellos. Por ejemplo, la capacidad de la mujer para salir, o por lo menos amenazar con salir de situaciones o relaciones desfavorables, y no permanecer en ellas porque no tienen otra alternativa, est determinada por los recursos que tiene a su disposicin. Es ms probable que la mujer trabajadora proteste por injusticias relacionadas con el gnero en el trabajo si puede recurrir a la seguridad social, si tiene una organizacin que apoye sus luchas o leyes vigentes que establezcan la ilegalidad de la discriminacin contra la mujer.
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32. Una cantidad cada vez mayor de investigaciones revela que la mujer ejerce ms poder de decisin dentro de su familia cuando tiene cierto nivel de educacin, un trabajo razonablemente estable y bien remunerado y acceso a los recursos, como la tierra, el crdito o el apoyo social del Estado (Kabeer, 2008b; Jejeebhoy, 1995). En contextos tan diferentes como la India, Bangladesh y los Estados Unidos de Amrica. el acceso de la mujer al trabajo remunerado, a la vivienda y a la tierra puede servir para reducir la probabilidad de que haya violencia en el hogar (Agarwal y Panda, 2005; Salway y otros, 2005; Basu y Famoye, 2004). El acceso a los recursos puede aumentar el respeto de las familias y las comunidades y proporcionar ms seguridad financiera a las mujeres de edad. Las remesas de las mujeres migrantes tambin aumentan la seguridad de las familias. La propiedad de los bienes protege a la mujer de la pobreza en caso de divorcio, separacin o muerte del esposo. En el contexto del VIH/SIDA, el acceso a los recursos es decisivo para la supervivencia de las viudas y los hijos (Strickland, 2004). 33. El presente informe reconoce que las desigualdades basadas en el gnero se cruzan con ejes de desigualdad de clase, casta, etnia y de otro tipo que existen en la sociedad. Ni los hombres ni las mujeres constituyen grupos homogneos con identidades e intereses uniformes. Las estrategias de empoderamiento econmico de la mujer deben reconocer esas diferencias de experiencias, necesidades y prioridades del sexo femenino. 3. Efectos multiplicadores del empoderamiento econmico de la mujer 34. La igualdad entre los gneros es un objetivo valioso por si mismo y tambin un aporte fundamental a otros objetivos de desarrollo ampliamente compartidos. Hay poderosos fundamentos de desarrollo para mejorar el acceso de la mujer a una gama de recursos econmicos y financieros. Un conjunto de razones gira alrededor de las consecuencias que tiene el acceso de la mujer a los recursos en el bienestar de sus hijos. Estudios realizados durante un perodo prolongado han acumulado un slido conjunto de pruebas que demuestran que el acceso de la mujer a los recursos, incluidos la educacin, el trabajo remunerado, el crdito, la tierra, la tecnologa y otros bienes productivos, tiene un efecto mucho mayor en la supervivencia, el bienestar y la educacin de los hijos que recursos similares puestos en manos del hombre (Smith y otros, 2003; Quisumbing, 2003). Los estudios tambin muestran que las mujeres migrantes que envan remesas dan prioridad a las necesidades de las familias, en particular de los nios, en materia de salud y educacin (Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitacin para la Promocin de la Mujer (INSTRAW), 2007). Estas conclusiones se han utilizado para justificar medidas dirigidas a los nios, incluidas las transferencias condicionales en efectivo (vase el captulo VI). 35. Un segundo conjunto de razones gira alrededor de los objetivos de reduccin de la pobreza. Los primeros estudios realizados sealaban la importante contribucin de la mujer a la subsistencia familiar en las economas agrarias pobres 12. Estudios recientes muestran que frecuentemente son los ingresos obtenidos por la mujer los que mantienen por encima del umbral de la pobreza a las
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Ya en 1970 Boserup plante la cuestin del papel de la mujer en el desarrollo econmico, demostrando la creciente diferencia de productividad resultante de la negligencia de la poltica con respecto al papel de la mujer en la produccin agrcola, especialmente en el frica subsahariana.
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familias de bajos ingresos (Chen y otros, 2005). Aunque hay un debate considerable para determinar si los hogares encabezados por mujeres estn representados con exceso entre los pobres (Chant, 2003), hay pruebas de una fuerte asociacin entre la pobreza de la familia y la sola o principal dependencia de los ingresos de la mujer (Kabeer, 2008a; Chen y otros, 2005; Sender, 2003). 36. Tambin se ha destacado la funcin de la mujer como red de seguridad de ltimo recurso en las contracciones econmicas. Ya en el decenio de 1980 los anlisis de los programas de ajuste estructural documentaron la medida en que la mujer se hizo cargo de una doble carga a nivel del hogar: el aumento de las exigencias en su trabajo no remunerado debido a los recortes de gastos sociales, y la necesidad de intensificar sus esfuerzos de subsistencia frente al deterioro del empleo del hombre y al creciente costo de vida (Secretara del Commonwealth, 1989; Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), 1989; Elson, 1991). Estudios realizados con posterioridad a las crisis financieras de Asia y otras partes confirmaron que, en ausencia de la seguridad social para los trabajadores informales, el trabajo remunerado y no remunerado de la mujer ayud a sostener a sus familias (Naciones Unidas-Comisin Econmica y Social para Asia y el Pacfico (CESPAP), 2003). 37. Otro conjunto de argumentos hace de la eficiencia microeconmica un motivo de defensa de la igualdad entre los gneros. Se ha sealado que el acceso de la mujer a la tierra y la vivienda tiene importantes repercusiones en la productividad de la familia (Deere y otros, 2004; Katz y Chamorro, 2003). A la inversa, las desigualdades entre los gneros en la distribucin de los recursos productivos dentro del hogar limitaron la capacidad de las mujeres agricultoras para responder a los incentivos del mercado (Banco Mundial, 2001). Su capacidad de respuesta tambin estaba restringida por la limitada disponibilidad de infraestructura fsica y social, incluido el transporte a los mercados, y por su incapacidad para adquirir tecnologa o contratar mano de obra para compensar sus propias limitaciones de tiempo (Evers y Walters, 2000; Whitehead y Kabeer, 2001). 38. Otros investigadores han centrado la atencin en la eficiencia macroeconmica como argumento favorable a la igualdad entre los gneros. Estudios en que se utilizaron datos nacionales, multinacionales y series cronolgicas encontraron pruebas de sinergias positivas entre ndices de igualdad entre los gneros y tasas de crecimiento econmico 13. Muchos estudios, basndose en teoras de crecimiento endgeno, que subrayan la importancia de la educacin para las tasas de crecimiento, se centran en el nivel de instruccin, con nfasis en las diferencias basadas en el gnero en la educacin secundaria. La mayora presenta una relacin positiva entre la igualdad entre los gneros en la educacin y el crecimiento econmico, en que la educacin de la mujer frecuentemente muestra una correlacin ms firme que la del hombre (Ranis y otros, 2000; Klasen, 1999; Knowles y
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Junto con la crtica ms general de anlisis de regresin que mezclan las correlaciones con la causa, tambin han habido crticas de las regresiones transinacionales a travs de contextos muy variados que no incluyen el factor de las variaciones institucionales subyacentes que podran tener influencia en los resultados (Rodrguez y Rodrik, 2001). Las conclusiones que se examinan en este informe deben tomarse como indicativas de regularidades empricas sugestivas en la relacin entre la igualdad entre los gneros y el rendimiento macroeconmico, y no como una prueba definitiva de causalidad.
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otros, 2002; Seguino, 2000) 14. Los estudios tambin han confirmado la importancia que tiene, para el crecimiento econmico, una mayor igualdad entre los gneros en la participacin en la fuerza de trabajo y en la educacin (Klasen, 1999; Klasen y Lamanna, 2009). 39. El costo de la desigualdad entre los gneros para las economas nacionales no es desechable. De acuerdo con un ejercicio de simulacin sobre varios pases de Asia, las diferencias entre los gneros en la participacin en la fuerza de trabajo costaba a esos pases unos 42.000 millones a 47.000 millones de dlares de los [Link]. por ao. La diferencia entre los gneros en la educacin cost entre unos 16.000 millones a 30.000 millones de dlares de los [Link]. por ao. Los mayores beneficios probablemente se obtendran en los pases que tienen las diferencias ms grandes. 4. El trabajo reproductivo no remunerado y la macroeconoma 40. Las conclusiones combinadas de estudios de micronivel, as como de los conjuntos de datos por pases y multinacionales, han servido para sealar a la atencin un defecto fundamental de tratamiento del trabajo en las principales teoras de crecimiento econmico y en las polticas macroeconmicas que sustentan, con importantes consecuencias con respecto a la igualdad entre los gneros (Elson, 1991; Walters, 1995). El trabajo, en general, es considerado como un factor dado de produccin, como la tierra y otros recursos naturales, y no como un recurso que tiene que ser producido mediante el esfuerzo humano. 41. En realidad, el trabajo y el capital humano estn integrados en seres humanos a los que hay que cuidar todos los das, particularmente en las primeras y ltimas etapas de su vida. Gran parte de este trabajo de cuidado lo realiza la mujer, a menudo sin remuneracin. En los pases en desarrollo, en los que, en gran medida, el Estado no provee, el mercado no abastece y faltan infraestructura y tecnologas que reduciran la carga de ese tipo de trabajo, la mujer emplea un tiempo considerable en el cuidado de los nios, en la preparacin de los alimentos, en el acopio de lea y agua, en el cuidado de las personas de edad avanzada y de los enfermos, adems de actividades econmicas como la produccin de alimentos, la generacin de ingresos, los cultivos, el cuidado del ganado y los huertos domsticos. 42. Las reducciones del gasto pblico en salud, educacin, transporte y servicios pblicos realizadas, en algunos pases, han agravado la carga de trabajo domstico al aumentar el tiempo que debe dedicar la mujer al cuidado y provisin de su familia. La difusin del VIH/SIDA ha causado un enorme aumento de la provisin de cuidados, particularmente en frica y puso en evidencia el costo individual y social de la atencin. En contextos en que los recursos destinados a la salud y el
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Aunque la relacin positiva entre la igualdad entre los gneros en la educacin y el crecimiento se limita a los pases de ingresos medios y altos (Dollar y Gatti, 1999), esta parece reflejar su dependencia de medidas separadas de nivel educacional de hombres y mujeres ms que la relacin entre la educacin de la mujer y la del hombre y, por lo tanto, el hecho de que no controla el alto grado de correlacin multinacional entre el nivel educacional del hombre y la mujer. Tambin puede haber reflejado el perodo ms corto cubierto por su estudio, dado el perodo de tiempo que tardan en ponerse de manifiesto los beneficios que tiene para el crecimiento la igualdad entre los gneros en la educacin. En un nuevo anlisis de los mismos datos utilizando la medida de relacin se comprob que las mejoras en la igualdad entre los gneros en la educacin estaban asociadas a niveles ms altos de crecimiento para pases ricos y pobres por igual (Klasen, 1999).
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bienestar ya son insuficientes, una gran parte de dichos cuidados han sido proporcionados por miembros de la familia, usualmente la mujer, con frecuencia de edad avanzada (Addati y Cassirer, 2008). En muchos pases tambin ha aumentado la demanda de trabajo no remunerado de la mujer, como consecuencia de los cambios producidos en un contexto ms amplio, como el cambio climtico y de la degradacin ambiental. 43. Los cuidados no remunerados proporcionados en el hogar son un bien pblico porque reproducen la fuerza de trabajo en forma diaria, alimentan generaciones futuras de trabajadores, padres y ciudadanos y contribuyen a objetivos de desarrollo convenidos en forma colectiva. A pesar de esto, el trabajo reproductivo est en gran medida ausente de las teoras y polticas macroeconmicas. Las actividades productivas que entran en las transacciones de los mercados estructurados e imponen un precio de mercado se miden por estadsticas oficiales de los sistemas de cuentas nacionales y constituyen la mayor parte de lo que se mide como actividad econmica y participacin en la fuerza de trabajo a nivel nacional e internacional. Las actividades informales y de subsistencia que integran las estrategias de subsistencia de los pobres de los pases en desarrollo no estn incluidas adecuadamente. Se omite totalmente el trabajo no remunerado de prestacin de cuidados en la economa del hogar (Razavi y Staab, 2008). 44. Hay un supuesto implcito segn el cual, a medida que se amplen las oportunidades econmicas de la mujer, la divisin del trabajo no remunerado entre los gneros, en la familia, se va a ajustar en formas que permitan a la mujer responder a los incentivos cambiantes del mercado en un pie de igualdad con el hombre. La experiencia no ha confirmado este supuesto. La creciente participacin de la mujer en el trabajo remunerado no ha sido acompaada por un aumento proporcional de la participacin del hombre en el trabajo no remunerado del hogar (vase el captulo III). La divisin por gnero del trabajo domstico no remunerado ha mostrado una notable elasticidad y contina estableciendo las condiciones en que la mujer puede emprender el trabajo remunerado. Esto limita la posibilidad de que el empleo modifique la posicin de la mujer en el hogar y en el contexto ms amplio de la sociedad.
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infraestructura, y sus consecuencias en las estrategias de subsistencia de los hogares de bajos ingresos, tanto en el contexto rural como en el urbano. 48. El captulo V trata del acceso de la mujer a los servicios financieros por medio de prstamos y el ahorro, tanto en el sector financiero formal como en el informal. Se documenta el auge de las organizaciones de microfinanciacin para compensar la exclusin de la mujer del sector estructurado. Se examina el alcance limitado de esas organizaciones y el cambio en curso hacia un enfoque de sistemas financieros inclusivos. 49. El captulo VI trata de los recursos econmicos que provee la proteccin social. En este captulo se emplea el nivel mnimo de proteccin social global de la OIT como marco para considerar diferentes estrategias de proteccin social desde el punto de vista del gnero. 50. En el captulo VII se resumen las principales conclusiones y recomendaciones del informe.
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El entorno macroeconmico
53. En los ltimos decenios se ha observado un desplazamiento constante hacia una economa mundialmente integrada. Los rpidos cambios en las tecnologas de la informacin y la comunicacin y en el transporte han hecho posible el movimiento internacional de personas, fondos, bienes y servicios en una fraccin del tiempo y del costo que prevalecan hace medio siglo. Esto ha conducido a una enorme expansin de las transacciones econmicas en todo el mundo y a la reestructuracin internacional de los procesos de produccin y distribucin, abriendo las economas nacionales a la competencia mundial.
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54. Las polticas fiscales, monetarias y cambiarias se han centrado en el control de la inflacin, y se han utilizado polticas estructurales para reducir el papel del Estado, promover la empresa privada, desregular los mercados nacionales y liberalizar el comercio y las corrientes de capital. A su vez, el grado de integracin mundial ha determinado el espacio poltico del que disponen los gobiernos. La necesidad de atraer y conservar el capital internacionalmente mvil ha ejercido presin sobre los gobiernos inducindolos a mantener tasas de inters altas, tasas de inflacin bajas, mercados de trabajo flexibles e incentivos impositivos para estimular la inversin directa extranjera. Estas polticas son cuestionadas cada vez ms, a medida que se reduce el espacio poltico y se limitan las respuestas adecuadas a la actual crisis financiera y econmica mediante polticas anticclicas. 55. La actual crisis financiera es un producto de la desregulacin del sector financiero. La supresin de los controles a la asignacin de crditos en los mercados nacionales y la apertura de cuentas de capital han permitido una creciente movilidad del capital y el surgimiento de mercados financieros internacionales. Las races de la actual crisis financiera y sus repercusiones mundiales se encuentran en la interaccin entre los mercados financieros mal regulados y la creciente dependencia de productos financieros complejos basados en mercados de capital fuertemente integrados. 56. Aun antes de la actual crisis financiera y econmica se cuestion el supuesto bsico de que la disciplina fiscal y las polticas monetarias restrictivas, combinadas con la liberalizacin de los mercados, produciran crecimiento econmico y reduccin de la pobreza. Ese supuesto no ha sido confirmado por la realidad. En los pases desarrollados el crecimiento del PIB per cpita ha mostrado una tendencia descendente desde el decenio de 1970 (Heintz, 2006). Por otra parte, los pases en desarrollo han tenido una creciente tendencia de crecimiento desde el decenio de 1990, reflejando en gran parte las tasas de rpido crecimiento de la India y China. En los ltimos tres decenios el nivel de la tendencia de crecimiento del producto per cpita de los pases en desarrollo est muy por debajo del nivel del decenio de 1970, cuando la India y China fueron excluidas de las estimaciones (Naciones Unidas, 2008a). 57. Con respecto a la reduccin de la pobreza el progreso ha sido igualmente desparejo. De acuerdo con estimaciones revisadas de la pobreza publicadas por el Banco Mundial, basadas en un umbral de pobreza de 1,25 dlares de los Estados Unidos por da en precios de 2005, en los pases en desarrollo vivan ese ao en la pobreza extrema 1.400 millones de personas (Chen y Ravallion, 2008). Clculos anteriores daban una cifra de 400 millones de personas. La tasa de reduccin de la pobreza sigue siendo la misma, con una disminucin, entre 1981 y 2005, del 1% anual para el mundo en desarrollo en su conjunto. 58. De acuerdo con las estimaciones, se prev que en 2009 el producto bruto mundial bajar en un 2,6%, luego de un crecimiento positivo del 2,1% en 2008 y un promedio de crecimiento anual de casi el 4% anual por ao durante el perodo 2004 a 2007 (Naciones Unidas, 2009). Los pases en desarrollo, en particular, resultarn perjudicados por la baja de los precios de los productos bsicos, la disminucin de la demanda de exportaciones, una posible declinacin de la asistencia oficial para el desarrollo y posibles mermas de las corrientes de capital, especialmente de las remesas.
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59. La crisis financiera no slo afectar a los mercados financieros de todo el mundo, sino que tambin tendr un efecto grave y ms generalizado en la economa real y en la vida de las personas, en especial en los pases en desarrollo, por la recesin econmica mundial (Fukuda-Parr, 2008). A menos que se contenga la crisis, sus efectos en la pobreza pueden ser catastrficos. Se prev que, como consecuencia de la crisis, entre 73 millones y 103 millones ms de personas seguirn siendo pobres o caern en la pobreza (Naciones Unidas, 2009), y que entre 2009 y 2015 se producirn entre 200.000 y 400.000 muertes ms de lactantes (Banco Mundial, 2009a). Un estudio de 59 pases en desarrollo indica que la disminucin del PIB puede originar tasas medias de mortalidad infantil ms altas para las nias que para los nios (Baird y otros, 2007). Se prev que la crisis actual tendr un efecto ms negativo en las tasas de desempleo de las mujeres en relacin con las de los hombres en la mayora de las regiones del mundo, en particular en Amrica Latina y el Caribe (OIT, 2009a). 60. Los pases en desarrollo tienen menos recursos para aplicar polticas anticclicas apropiadas a fin de contrarrestar el efecto de la actual crisis financiera y econmica. La crisis pondr en peligro el avance de los pases en desarrollo hacia la realizacin de los objetivos de desarrollo internacionalmente convenidos, incluidos los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Los recursos asignados siguen siendo insuficientes para cumplir los compromisos asumidos sobre igualdad entre los gneros. Se ha estimado que el dficit de financiamiento del tercer Objetivo de Desarrollo del Milenio en los pases de bajos ingresos oscila entre 8.600 millones de dlares de los [Link]., en 2006, y 23.800 millones de dlares de los [Link]. en 2015 (Grown y otros, 2006). Segn un estudio de seis pases latinoamericanos, la recesin proyectada para 2009 y 2010 y la lenta y gradual recuperacin hacia los niveles de crecimiento anteriores a la crisis alejaran ms a algunos pases de bajos ingresos, como el Estado Plurinacional de Bolivia, Honduras y Nicaragua, de la realizacin de los Objetivos de Desarrollo del Milenio relativos a la terminacin de los estudios primarios, la salud de la madre y el hijo y el acceso al agua potable y a la sanidad (Snchez y Vos, 2009). 61. La manera en que los pases responden a las recesiones puede causar efectos desproporcionados en las mujeres y las nias. Por ejemplo, la reduccin del gasto pblico en las esferas de la salud y la educacin puede reducir el acceso de las mujeres y las nias a los servicios bsicos. Las redes de seguridad concebidas en respuesta a las crisis que privilegian al hombre pueden forzar a las mujeres y las nias a tomar empleos precarios en la economa informal. El diseo y aplicacin de las respuestas determinarn si esta crisis revertir algunos avances que se han realizado hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, incluido el tercer Objetivo sobre igualdad entre los gneros, o si las respuestas proporcionarn una base slida y equitativa para la futura recuperacin y para el progreso en esa esfera.
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que se preste atencin a esas consecuencias. Sin embargo, muchas polticas no consideran perspectivas crticas de igualdad entre los gneros. Por ejemplo, esas polticas tienden a pasar por alto la distribucin entre los gneros del trabajo remunerado y no remunerado y sus consecuencias para el acceso de la mujer a las oportunidades econmicas. 1. Crecimiento econmico 63. Los estudios indican que el efecto del crecimiento econmico en la igualdad entre los gneros puede variar considerablemente de acuerdo con el tipo de polticas de crecimiento econmico y con la medida de la igualdad entre los gneros que se utilice en el anlisis (Berik y Rodgers, 2008). Por ejemplo, el crecimiento econmico resultante de la privatizacin de servicios pblicos puede hacer que suban los precios, limitando el acceso de las mujeres y las nias a estos servicios. De manera similar, el crecimiento econmico resultante de la promocin de las exportaciones puede aumentar las diferencias de salarios entre los gneros si ejerce presin a la baja en los salarios de los sectores exportadores que emplean una alta proporcin de mujeres. 64. Se ha examinado la correlacin entre el crecimiento econmico y el empleo de la mujer. Los datos correspondientes al perodo 1991 a 2003 indican que la elasticidad del empleo en relacin con el crecimiento econmico los cambios en el empleo asociados a los cambios en el crecimiento han sido positivos durante todo este perodo y que han sido mayores para la mujer que para el hombre (Kapsos, 2005) 15. El crecimiento de la participacin de la mujer en el empleo observado desde el decenio de 1980 contina hasta fines del decenio de 1990 (Standing, 1999; Kapsos, 2005). Sin embargo, la elasticidad de crecimiento del empleo para la mujer y el hombre empez a disminuir a fines del decenio de 1990 (Kapsos, 2005). La participacin de la mujer en el empleo ha permanecido en alrededor del 40% en los ltimos diez aos (OIT, 2009b). 65. En los ltimos decenios el efecto del crecimiento del bienestar de la mujer es menos evidente. Un indicador generalmente utilizado es la relacin entre la esperanza de vida de la mujer y la del hombre, un resumen rudimentario de las diferencias entre los gneros en el estado de salud general. En general la mujer vive ms tiempo que el hombre, una cuestin de constitucin gentica y estilos de vida menos malsanos, y en el total de la poblacin hay ms mujeres que hombres. En un estudio de ocho pases asiticos con tasas de crecimiento considerablemente diversas no se encontr relacin alguna entre el crecimiento econmico y las diferencias de esperanza de vida entre los gneros. Las conclusiones indicaron que la esperanza de vida de la mujer, en relacin con la del hombre, responda de la forma ms positiva al aumento de la participacin de la fuerza de trabajo femenina y a las tasas de alfabetizacin que mejoraban la capacidad de la mujer para hacer or su voz y negociar en la economa (Seguino, 2002a) 66. Tambin se examin la correlacin existente en 95 pases en el perodo comprendido entre 1980 y 1995, entre las tasas de crecimiento econmico y una medida ms amplia de igualdad entre los gneros el ndice Normalizado de
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Estas cifras se refieren principalmente al trabajo formal comparado con el trabajo en empresas inscriptas medianas y grandes. Excluyen gran parte del trabajo informal que constituye la actividad de la fuerza de trabajo en pases ms pobres y por lo tanto deben ser tratadas con cautela.
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Igualdad Entre los Gneros (INIG) (Seguino, 2009). El INIG es un ndice compuesto por la relacin entre la educacin de la mujer y la del hombre; la relacin entre la esperanza de vida de la mujer y la del hombre; las tasas relativas de participacin en la fuerza de trabajo; la participacin de la mujer en puestos tcnicos, profesionales, administrativos y de gestin; y las bancas parlamentarias que ocupa. El crecimiento econmico tena una correlacin positiva con el progreso en el INIG correspondiente a los dos cuartiles de ingresos ms altos, pero una correlacin negativa en los dos cuartiles de ingresos ms bajos. Las tasas de crecimiento econmico ms elevadas de los pases ms pobres estaban relacionadas con un deterioro general de la igualdad entre los gneros. 67. A la inversa, en los estudios tambin se examin la importancia de los indicadores de igualdad entre los gneros con respecto a las tasas de crecimiento econmico. Se consider la relacin entre el aumento de la igualdad entre los gneros en el empleo y las tasas de crecimiento econmico, utilizando como medida los cambios en la participacin en el empleo formal de la poblacin femenina en edad activa, as como los cambios en la participacin de la mujer en la fuerza de trabajo (Klasen, 1999). Aunque ambas medidas tuvieron efectos positivos en las tasas de crecimiento, se comprob que el efecto de la participacin de la mujer en el empleo formal era ms grande y estadsticamente significativo 16. En un estudio posterior en el que se utiliz un anlisis similar se ampli el anterior conjunto de datos de 1960 a 1990 para incluir los de 2000. Esto confirm la importancia, para el crecimiento econmico, de que en la fuerza de trabajo y en la educacin los gneros tuvieran una representacin ms pareja. Aunque el anterior conjunto de datos indic prdidas de alrededor del 0,9% anual en las tasas de crecimiento de Asia meridional y de la regin del Oriente Medio y frica del Norte (MENA) debido a desigualdades por razn del gnero, una expansin ms rpida de la escolaridad femenina en la MENA y la reduccin de la disparidad entre los gneros provocaron prdidas de crecimiento per cpita del 0,7% anual en esa regin, en comparacin con prdidas del 1% en Asia meridional (Klasen y Lamanna, 2009). 68. Los intentos de explicar la relacin entre la igualdad entre los gneros y el crecimiento econmico sealan una cantidad de rutas posibles. Una es mediante los efectos positivos a nivel micro de la educacin de la mujer y del trabajo remunerado sobre las tasas de fecundidad, la supervivencia infantil y las inversiones en el capital humano de los nios. Una segunda se remite a la eficiencia generada por una mejor utilizacin de la mano de obra y de las inversiones en el capital humano de un pas. Este argumento, por ejemplo, se basa en pruebas a nivel micro que indican que una distribucin ms igualitaria de la tierra, los fertilizantes y el crdito, en los sistemas de cultivo de frica, producira importantes aumentos de productividad. El argumento tambin est apoyado por estudios de macronivel que demuestran la mayor aproximacin a la igualdad entre los gneros en la educacin est asociada al aumento de la productividad de la mano de obra, medida por el ingreso per cpita (Knowles y otros, 2002), y que la eliminacin de la discriminacin basada en el gnero en ocupaciones y salarios aumentara los salarios de la mujer (Tzannatos, 1999). En las economas latinoamericanas, la eliminacin de la segregacin y las diferencias de salarios basadas en el gnero dara como resultado un aumento del 50% de los salarios de la mujer en un 50%, tendra un efecto insignificante en los salarios del hombre y aumentara el producto nacional entre el 3% y el 9% (ibd.).
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En el estudio se aconseja cautela con respecto a estos resultados porque, evidentemente, es posible que el sentido de causalidad vaya en la direccin opuesta.
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Un estudio ms reciente de ocho pases latinoamericanos indica que la eliminacin de las barreras contra la participacin de la mujer en la fuerza de trabajo y la igualacin de su acceso a diferentes ocupaciones reduciran la incidencia de la pobreza y promoveran un aumento del ingreso en esos ocho pases (Costa y otros, 2009). 69. Al mismo tiempo, mientras una mayor aproximacin a la igualdad entre los gneros con respecto la participacin en la fuerza de trabajo y a la educacin puede estimular el crecimiento econmico, una reduccin de la diferencia de salarios entre los gneros no necesariamente puede tener el mismo efecto. El anlisis de datos de panel de pases semiindustrializados de ingresos bajos y medianos revel que los niveles ms elevados de desigualdad de los salarios basada en el gnero estaban asociados a niveles ms elevados de inversin y crecimiento (Seguino, 2000). La capacidad de las firmas para pagar a las mujeres salarios bajos en relacin con su productividad es rentable en contextos en que una gran cantidad de mujeres instruidas est concentrada en un nmero limitado de empleos del sector manufacturero con gran intensidad de mano de obra y orientado a la exportacin, en el que las firmas son sumamente mviles, la competencia de precios es dura y hay poca o ninguna actividad sindical (Seguino, 2009). 2. Las polticas monetarias 70. La principal prioridad de la poltica monetaria ha sido el control de la inflacin por medio de ajustes de la tasa de inters a corto plazo realizados por los bancos centrales nacionales. Esto ha sido acompaado por la liberalizacin del sector financiero interno y la flexibilizacin de los controles sobre las corrientes de capital que entran y salen de los pases. Las polticas monetarias pueden tener efectos diferentes en funcin del gnero, incluso por medio del mercado de trabajo. Los estudios indican que los cambios en la tasa de inters tienen ms efectos diferenciados en funcin del gnero en el empleo en los pases en desarrollo que en los pases de la OCDE. Datos de nueve pases de la OCDE correspondientes al perodo 1980-2004 mostraron dbiles indicios de existencia de efectos del empleo en los cambios de las tasas de inters a corto plazo en los pases estudiados, y ningn efecto en el empleo diferenciado en funcin del gnero (Takhtamanova y Sierminska, 2009). 71. No obstante, en los pases en desarrollo el uso de polticas de tasa de inters para controlar la inflacin ha tenido efectos apreciables en el empleo, segn el gnero (Braunstein y Heintz, 2006). Un estudio de 51 episodios de reduccin de la inflacin realizado entre 1970 y 2003 en 17 pases de ingresos bajos y medianos, comprob que, en el 71% de los casos, se contrajeron las tasas de crecimiento del total del empleo, y que en la mayora de estos episodios de contraccin el empleo de la mujer fue afectado negativamente en relacin con el del hombre (ibd.). En los casos en que los episodios de reduccin de la inflacin estuvieron acompaados por una expansin del empleo, no se produjo ningn efecto en funcin del gnero. Cuando los bancos centrales respondieron a la presin inflacionaria elevando las tasas reales de inters por encima de su tendencia a largo plazo, el efecto ms probable fue que la baja de la inflacin provoc una contraccin en el empleo, con efectos adversos para la mujer, El mantenimiento de un tipo de cambio competitivo tambin ayud a contrarrestar el efecto negativo sobre el empleo de la mujer durante los perodos de contraccin (ibd.).
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72. Las polticas monetarias restrictivas, las altas tasas reales de inters y los mercados financieros desregulados afectan la oferta de crdito en la economa, incluida su disponibilidad para agentes econmicos menos privilegiados. Las mujeres, como pequeas agricultoras y empresarias en mediana escala estn entre los que fueron privados del acceso al crdito. La privatizacin de bancos y los cambios en las operaciones de prstamo e inversin de los bancos de desarrollo han significado que son las consideraciones comerciales, y no las relativas al desarrollo, las que deciden la disponibilidad del crdito. Los bancos comerciales han mostrado una tendencia a favorecer a los prestatarios con antecedentes de crdito establecidos y bajo costo de transaccin. Tambin han concentrado sus actividades en zonas urbanas, privando a la poblacin rural del acceso a los servicios financieros. Aunque ha habido un enorme crecimiento de la microfinanciacin, especialmente destinada a las mujeres pobres, esto no ha compensado el estancamiento del acceso de la mayora de los pequeos y medianos empresarios a una amplia gama de instituciones financieras (vase el captulo V). 3. Las polticas fiscales y la reforma del sector pblico 73. La reforma de la poltica fiscal se ha centrado en recortar la financiacin del dficit del gasto pblico y minimizar la carga impositiva sobre la empresa privada, sobre la base de la creencia de que los dficit fiscales desplazarn a las inversiones privadas, alimentarn la inflacin y llevarn a la prdida de confianza del inversor, mientras que los impuestos tendrn un efecto desalentador en la empresa privada. El espacio fiscal se ha limitado an ms por la necesidad de atraer y conservar el capital mvil nacional e internacional, llevando a una constante disminucin de la incidencia de los impuestos sobre el capital (OIT, 2008a). Esto hizo que se invirtieran recursos nacionales limitados en polticas estructurales que promueven las prioridades de desarrollo. 74. Los Gobiernos tienen la responsabilidad principal de cumplir los compromisos en materia de igualdad entre los gneros y de empoderamiento de la mujer. Los presupuestos, a nivel nacional, local y provincial, son un mecanismo importante para que los Gobiernos aseguren que los gastos del sector pblico beneficien a la mujer. La forma en que los Gobiernos cobran las rentas y asignan recursos puede tener diferentes efectos en mujeres y hombres. 75. Los sistemas fiscales pueden crear y perpetuar las desigualdades basadas en el gnero. En la medida en que los impuestos afectan a los salarios y a los ingresos disponibles, pueden influir en los modos en que la mujer y el hombre distribuyen su tiempo entre el trabajo formal, informal y no remunerado (Barnett y Grown, 2004). Por ejemplo, se ha observado que los sistemas fiscales basados en la declaracin conjunta de la renta, que aplican tasas crecientes de impuestos a medida que aumenta el ingreso, desalientan la participacin de la mujer en el mercado laboral (Elson, 2006). Los impuestos indirectos, como el impuesto sobre el valor aadido o los impuestos sobre el consumo, pueden representar una mayor carga para las mujeres pobres porque las mujeres tienden a consumir bienes y servicios que favorecen la salud, la educacin y la nutricin de las familias (Barnett y Grown, 2004). 76. La financiacin no inflacionaria de las polticas redistributivas necesarias para la reduccin de la pobreza y la igualdad entre los gneros requiere un sistema impositivo razonable (Huber, 2006). Anlisis presupuestarios recientes sealan que,
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en muchos pases en desarrollo, la relacin entre los impuestos y los ingresos generales de los gobiernos es extremadamente baja en comparacin con los pases desarrollados. Estimaciones correspondientes al comienzo del decenio de 2000 indican que la relacin vara desde alrededor del 8% en Bangladesh y la India, el 10% en Nigeria, hasta alrededor del 32% en Barbados y Botswana, en comparacin con el 29-30% en Australia y los Estados Unidos y el 51% en Suecia (Barnett y Grown, 2004). Los bajos niveles de impuestos perjudican a los pobres, en particular a las mujeres pobres, porque impiden la aplicacin de programas de desarrollo que pueden contrarrestar desigualdades creadas por el mercado. 77. Los recortes del gasto pblico en infraestructura y servicios tambin tienen efectos diferentes en cada gnero. En los casos en que la reforma fiscal ha implicado recortes de gastos sociales, o la imposicin al usuario de tarifas sobre servicios pblicos, frecuentemente las mujeres tuvieron que compensarlos dedicando ms tiempo al cuidado en el hogar de nios, enfermos y personas de edad avanzada, para ahorrar dinero; caminando distancias ms largas en busca de una clnica, o esperando ms tiempo en fila para conseguir agua (Razavi, 2007). 78. La reduccin similar de los servicios de extensin agrcola y de la provisin de fertilizantes, semillas y otros insumos subsidiados tuvo un efecto negativo sobre los pequeos propietarios, en particular a las mujeres agricultoras. En Zambia, por ejemplo, la abolicin de las juntas de comercializacin y la privatizacin de los servicios de extensin y del crdito rural, por un ajuste estructural, afectaron ms a las mujeres que a los hombres agricultores. Las cooperativas locales de comercializacin solan ser una de las pocas fuentes de crdito y servicios de extensin para las mujeres agricultoras (Evers y Walters, 2000). En ausencia de los servicios, los productores pueden tener que salir de las aldeas para conseguir mejores precios. Las mujeres tienen menos posibilidades de hacerlo debido a su carga de trabajo y a la falta de transporte y pueden verse obligadas a vender sus cosechas a comerciantes itinerantes que pagan precios ms bajos o en especie (Whitehead, 2009). 79. La preocupacin por la austeridad fiscal tambin origin la privatizacin de la proteccin social en los Estados benefactores y la promocin de redes de seguridad con objetivos restringidos en los pases en desarrollo. En el perodo posterior a la crisis de Asia oriental se reconoci el pesado costo impuesto por el descuido de la proteccin social. Las mujeres estn particularmente afectadas por la debilidad o inexistencia de sistemas de proteccin social, porque se encuentran en empleos ms precarios, no pueden ahorrar para el futuro ni pagar primas por seguros privados, y raramente poseen suficiente riqueza para que las ayude a atravesar las crisis o a darles seguridad en la vejez (vase el captulo VI). 80. La reforma fiscal tambin ha implicado una reduccin de trabajadores del sector pblico por medio de recortes en la provisin de servicios estatales y la privatizacin de empresas del Estado. Las mujeres han sido afectadas desproporcionadamente por la reduccin, puesto que en general tienen menos antigedad en el empleo que los hombres, reciben menos educacin y pueden ser objeto de discriminacin directa (Berik y Rodgers, 2008). En Uganda y Cte dIvoire (Appleton y otros, 1999) y en China (Appleton y otros, 2002), y en Viet Nam (Rama, 2002), por ejemplo, cuando las mujeres trabajadoras fueron desplazadas de sus empleos en el Gobierno, tuvieron ms dificultades para
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conseguir empleos similares en el sector privado, lo que las oblig a aceptar empleos de menor categora o a ingresar en el sector no regulado. 81. Las reformas de las finanzas pblicas para mejorar la eficiencia, transparencia y rendicin de cuentas en los procesos presupuestarios, mediante una recaudacin ms eficiente de los ingresos y un destino ms acertado de los gastos, han contribuido a que se haya pasado de una presupuestacin basada en partidas y centrada en los ingresos a otra basada en la ejecucin y centrada en los productos y resultados (Sharp, 2003). Esta tendencia ofrece oportunidades para tener ms en cuenta la perspectiva de gnero en los procesos presupuestarios mediante la introduccin de indicadores de producto y resultados relativos a la igualdad entre los gneros. La insistencia en la supervisin y la rendicin de cuentas crea un entorno propicio para asignar ms recursos a la promocin de la igualdad entre los gneros (vase E/CN.6/2008/2). 82. Para evaluar el grado en que la gestin de las finanzas pblicas tienen en cuenta el gnero, y si los compromisos sobre poltica de igualdad entre los gneros coinciden con la asignacin de los recursos, en ms de 60 pases se han presentado iniciativas para promover procesos de preparacin de presupuestos que tengan en cuenta el gnero. El anlisis de gnero tambin ha desglosado el efecto de diferentes aspectos de la reforma fiscal sobre la mujer y el hombre, respectivamente. La mayora de las iniciativas ha comprendido el anlisis de los presupuestos, con poco nfasis en la aplicacin de las conclusiones y recomendaciones resultantes de dichos anlisis. Se ha insistido en los presupuestos de gastos y no en los de ingresos y en los sectores sociales ms que en los productivos. El xito de dichas iniciativas depende de la colaboracin entre una serie de partes interesadas, incluidos los ministerios de finanzas y planificacin, los mecanismos que promueven el adelanto de la mujer, los parlamentarios, los donantes bilaterales y multilaterales, los rganos de investigacin y las organizaciones de mujeres. La limitada disponibilidad de datos desglosados por sexo es un problema grave para la aplicacin de anlisis presupuestarios que tengan en cuenta el gnero. 4. Polticas comerciales 83. Las polticas comerciales tienen repercusiones en la igualdad entre los gneros por sus efectos en el empleo, los precios y los ingresos. Las polticas comerciales pueden crear oportunidades de empleo para las mujeres en pases que exportan productos manufacturados con gran intensidad de mano de obra, pero tambin pueden causar desempleo de mujeres si la competencia de productos importados ms baratos obliga a las industrias locales a cerrar o despedir trabajadoras (Naciones Unidas, 1999). Al mismo tiempo, la supresin de aranceles y otras barreras comerciales puede reducir los ingresos pblicos, causando recortes en el gasto social o aumentos en los impuestos indirectos, con consecuencias adversas para los presupuestos familiares y un efecto desproporcionado sobre las mujeres (Williams, 2007). 84. El efecto del crecimiento econmico en la distribucin del empleo basada en el gnero parece haberse producido en parte por la liberalizacin de las modalidades del comercio. En un estudio de 16 pases de ingresos bajos y medios correspondiente al perodo de 1970 a 2003, se examinaron los efectos del crecimiento econmico, de las modalidades de liberalizacin del comercio, de las tasas de inters y de la parte del Estado en el PIB sobre las tasas de empleo globales
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y desglosadas por gnero (Heintz, 2006). El aumento de las tasas del PIB estaba asociado a tasas crecientes globales de empleo. Los efectos de la liberalizacin del comercio eran mixtos: a buenos resultados de las exportaciones correspondan mayores tasas de empleo, mientras que la penetracin de las importaciones estaba asociada a un menor crecimiento del empleo. El crecimiento de la parte del Estado en el PIB, asociado a una determinada tasa de crecimiento econmico, tena un efecto positivo en el total del empleo, mientras que las tasas de inters elevadas reducan el crecimiento del empleo, posiblemente por desalentar la inversin de capital fijo en la economa. 85. El anlisis demostr que el empleo de la mujer responda positivamente al nivel de las exportaciones y negativamente a las tasas de inters reales (ibd.). La influencia ms importante en el empleo masculino la ejerca la penetracin de las importaciones. El empleo de la mujer tenda a aumentar en forma proporcional al aumento exgeno del empleo masculino. Sin embargo, el empleo masculino no responda tan firmemente a un aumento exgeno del empleo femenino. Esto indica una relacin complementaria y no competitiva entre el empleo masculino y el femenino, prueba de que estn situados en segmentos diferentes del mercado de trabajo. Tambin indica que, probablemente, hombres y mujeres pueden conseguir empleo durante perodos de amplio crecimiento, mientras en general han sido las mujeres las que se beneficiaron en condiciones de crecimiento orientado hacia la exportacin. 86. Sin embargo, hay algunas pruebas de que la mejora del empleo de la mujer en la manufactura orientada a la exportacin puede no ser sostenible. En la Repblica de Corea, entre 1980 y 2004 la participacin de la mujer en el empleo de la industria manufacturera baj del 39% al 35% (Berik, 2008). Tendencias similares tambin se observaron en Mxico (Fussell, 2000). Sin embargo, estas bajas no son inevitables. Por ejemplo, desde el decenio de 1980 Tailandia ha experimentado un alza constante de la participacin de la mujer en la industria (Jomo, 2009). 87. La liberalizacin del comercio tambin ha estado asociada a la prdida de empleo femenino en la industria, en una serie de contextos. Por ejemplo, en un estudio de la OCDE de 10 pases se comprob que el aumento del comercio de manufacturas Norte-Sur reduca el empleo de la mujer relativamente ms que el del hombre, y que las mayores prdidas las tenan los pases en que los sectores del comercio con mucha mano de obra femenina eran los menos capaces de competir con las importaciones (Kucera y Milberg, 2007). Es poco probable que, en el contexto de los pases en desarrollo, los datos oficiales revelen los efectos de desplazamiento en la economa no regulada, pero los estudios indican que esos efectos tambin existen (Williams, 2003; HomeNet/Institute of Social Studies Trust, 2006). 88. Para explicar las reducciones de la fuerza de trabajo femenina en la industria se han sealado diversos factores (Braunstein, 2008; Ghosh, 2009). En algunos casos las mujeres perdieron sus empleos, que fueron ocupados por hombres a medida que la produccin manufacturera requiri ms especializacin o ms capital. Las razones pueden estar en los niveles ms bajos de educacin formal y conocimientos especializados, en el menor acceso a las oportunidades de capacitacin en el empleo o en la preferencia del empleador por la mano de obra masculina para los empleos con mejores salarios. En algunos casos la disminucin reflej la reubicacin del capital en otros pases o la reubicacin de empleos de la
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economa formal en la informal 17 respondiendo a una mayor flexibilidad de las condiciones laborales. 89. Un problema particular con el empleo de la mujer en los sectores de exportacin es que, con frecuencia, queda en gran medida relegada a puestos de baja remuneracin y en gran parte ocupado por trabajadoras migrantes. Por ejemplo, pese al hecho de que las mujeres empleadas en la industria del vestido de Madagascar tienen un nivel algo ms bajo de educacin pero generalmente comparable al de los hombres, la gran mayora de las mujeres son relegadas a trabajos no calificados y ganan salarios bajos, mientras que, en gran parte, los hombres ocupan los puestos especializados con altos salarios. Los aumentos de salarios se han limitado a los trabajadores especializados, mientras que los de los trabajadores no especializados se han mantenido bajos por la existencia de una enorme cantidad de desempleados o subempleados (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, 2008). Las industrias exportadoras a menudo emplean trabajadores contratados en forma temporaria. Los empleos temporarios, que tienden a estar ocupados casi exclusivamente por mujeres, ofrecen salarios ms bajos y carecen de la mayor parte de los beneficios de los puestos ms permanentes (ibd.). 90. La liberalizacin del comercio de alimentos ha tenido consecuencias particularmente graves para la mujer. En los pases en desarrollo, la transicin del cultivo local de alimentos a la agricultura orientada a la exportacin y la creciente dependencia de los mercados mundiales de alimentos han provocado un aumento de la inseguridad alimentaria en el mundo en desarrollo, que se manifiesta en la volatilidad de los precios de los alimentos y en la disminucin de las existencias mundiales (Patnaik, 2003). Aunque la causa inmediata de la aguda crisis de alimentos de 2008 fue el aumento de los precios mundiales, la constelacin de causas profundas 18 puso de relieve el costo, para los pases en desarrollo, del descuido de la agricultura y de la creciente dependencia de los mercados mundiales de alimentos. De acuerdo con una estimacin, entre 2006 y 2008, como resultado del alza de los precios de los alimentos, 109 millones de personas ms pueden haber cado por debajo del umbral de pobreza de un dlar por da (Naciones Unidas, 2008b). 91. Mientras los sectores agrcolas de Europa y los Estados Unidos, altamente subsidiados, han podido exportar alimentos baratos a los pases en desarrollo, los agricultores en pequea escala de estos pases enfrentan reducciones en las inversiones pblicas en infraestructura, la supresin de subsidios para insumos agrcolas y la privatizacin de los servicios de extensin y del crdito institucional. Como productoras de alimentos, para las mujeres agricultoras fue ms difcil responder ante los precios altos, debido a sus desventajas para conseguir dinero en efectivo y bienes de produccin como tierra, semillas, crdito y capacitacin tecnolgica (vase el captulo IV). El alza de los precios de los alimentos debilita la capacidad de las mujeres para alimentarse a s mismas y a sus familias. Algunas
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Las estadsticas oficiales no presentan adecuadamente la participacin de la mujer en la economa informal. Dichas causas incluyen el brusco aumento del precio del petrleo, que elev el costo del transporte de los productos bsicos alimenticios y de produccin de fertilizantes. La preocupacin por la seguridad energtica y el aumento de la demanda de biocombustibles causaron un aumento de la produccin de azcar de caa y maz y una reduccin de la disponibilidad de alimentos, y una mayor demanda de alimentos y combustibles de pases en desarrollo con alto crecimiento (Naciones Unidas, 2008b).
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trataron de hacerle frente omitiendo comidas, usualmente con ms frecuencia que los hombres, para alimentar a sus hijos, con alimentos ms baratos y menos nutritivos y liquidando sus bienes (Quisumbing y otros, 2008). 5. Corrientes de capital 92. Las corrientes de capital se componen tanto de corrientes privadas de inversin directa extranjera como inversiones de cartera y corrientes de asistencia oficial para el desarrollo en forma de subvenciones y prstamos. La desregulacin de los mercados de capital y la eliminacin de los controles sobre los movimientos de capital han tenido como resultado el crecimiento de las corrientes financieras internacionales. Ha habido un constante aumento de la entrada de capital privado en los pases en desarrollo y una disminucin de los prstamos oficiales, sin incluir el alivio de la deuda. Corrientes de capital privado 93. Las corrientes de inversin directa extranjera han jugado un papel importante en la generacin de empleos para las mujeres en ciertos sectores, principalmente en la industria con mano de obra intensiva orientada a la exportacin de Asia oriental y sudoriental y de partes de Amrica Latina y el Caribe. Las mujeres que trabajan directamente para empresas transnacionales y en la industria de exportacin, incluidas las empresas nacionales, con frecuencia ganan mejores salarios y gozan de ms beneficios que las que trabajan para otras empresas nacionales (Kabeer y Mahmud, 2004); Davin, 2004; Brachet-Marquez y de Oliveria, 2004). Las corporaciones transnacionales suelen obtener mayores beneficios que las firmas nacionales, son probablemente ms grandes y por ende estn sujetas a normas de trabajo, y con frecuencia se encuentran bajo presin de grupos de consumidores y sindicatos, incluso a nivel mundial, para mantener ciertos niveles. Sin embargo, estos salarios extraordinarios pueden reducirse con el tiempo. Por ejemplo, en China los datos de 1995 indicaban que hombres y mujeres ganaban salarios extra por trabajar en provincias con altos niveles de inversin directa extranjera, como porcentaje del total de la inversin, y los mayores beneficios los reciban las mujeres. Este patrn se haba revertido en 2002, cuando las empresas extranjeras pasaron a ser industrias con mayor valor agregado, que en general empleaban hombres (Braunstein y Brenner, 2007). 94. Aunque la inversin directa extranjera se considera menos mvil, en la esfera internacional, que las corrientes de inversiones de cartera, existe tambin el riesgo de reubicacin para mantener bajos los salarios y eludir las normas laborales, particularmente en sectores con bajos niveles de inversin de capital en los que se concentran en gran parte las mujeres (Doraisami, 2009). La competencia para atraer inversin directa extranjera puede provocar un debilitamiento de las normas laborales, especialmente en las zonas de procesamiento de exportaciones, que puede revertir el empoderamiento de la mujer (Floro y otros, 2004). 95. Las corrientes de capital privado tambin pueden influir en la igualdad entre los gneros debido a las crisis financieras peridicas asociadas a la liberalizacin de los mercados de capital. El repentino cambio de direccin de las corrientes de capital en un pas tiende a ir acompaado por la rpida depreciacin de la moneda y por una contraccin econmica en gran escala. La experiencia sugiere que el efecto de las fluctuaciones lentas del capital depender de que los ms afectados sean los sectores de mano de obra masculina intensiva o de mano de obra femenina
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intensiva. Durante la crisis financiera de Asia oriental, a fines del decenio de 1990, en la Repblica de Corea el total del empleo femenino se redujo en un 6,1%, en comparacin con el 4,1% del total del empleo masculino. Las diferencias fueron an mayores entre los trabajadores fijos 19: el 18% comparado con el 6,6% (Instituto de Investigaciones de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social (UNRISD, 2005). En las Filipinas el desempleo masculino aument ms rpidamente que el femenino, ya que los sectores con mano de obra intensiva masculina fueron ms afectados. Sin embargo, las mujeres trabajaban durante ms horas, especialmente en el sector agrcola, como mecanismo de compensacin (Lim, 2000). De manera similar, durante la crisis financiera de 2001 de la Argentina los hombres sufrieron una reduccin neta del empleo mayor que las mujeres, y stas aumentaron su participacin en la fuerza de trabajo en respuesta al deterioro del ingreso del hogar (McKenzie, 2004). Adems, hubo una tendencia al aumento del trabajo no remunerado de la mujer a causa de la disminucin de los recursos, y se retir a los nios de la escuela, particularmente a las nias, para ayudar en el hogar o para tomar un trabajo remunerado. 96. Las remesas, que en muchos pases han superado a las corrientes de asistencia oficial para el desarrollo, se han convertido en una fuente importante de financiacin externa para las familias de los pases en desarrollo. En 2008 las corrientes de remesas destinadas a pases en desarrollo, registradas oficialmente, se estimaron en 283.000 millones de dlares de los [Link]., con un aumento del 6,7% con respecto a los 265.000 millones de dlares de los [Link]. de 2007. Sin embargo, se previ que las remesas caeran del 2% del PIB en 2007 al 1,8% en 2008 (Banco Mundial, 2008a). El Banco Mundial calcula que, como resultado de la crisis financiera y econmica mundial, en 2009 las remesas bajarn entre un 5% y un 8%. Esta disminucin es menor que la de otras corrientes de capital, indicando que las remesas seguirn siendo elsticas en relacin con muchas otras categoras de corrientes de recursos que se dirigen a los pases en desarrollo (Banco Mundial, 2009b). 97. Las mujeres representan un porcentaje creciente de los migrantes internacionales, que van independientemente en busca de empleos y autonoma econmica y empoderamiento (Naciones Unidas, 2004). A medida que las mujeres migrantes aprovechan las oportunidades creadas por la mayor demanda de mano de obra femenina en algunos servicios e industrias, particularmente en las industrias orientadas a la exportacin, tambin aportan a las corrientes de remesas (ibd.). Por ejemplo, el 76% de las mujeres migrantes de Myanmar que trabajan como empleadas domsticas en Tailandia enviaron remesas regularmente (Caouette y otros, 2005). En Indonesia, donde los trabajadores migrantes enviaron en 2006 a su pas ms de 6.000 millones de dlares de los [Link]., convirtiendo a las remesas en la fuente ms importante de divisas despus del petrleo, el 80% de los 680.000 migrantes empleados en ultramar eran mujeres (Banco Mundial, 2008b). En el Estudio Mundial sobre el Papel de la Mujer en el Desarrollo, de 2004, las remesas de mujeres migrantes fueron una fuente importante de ingresos para las familias de los pases en desarrollo (Naciones Unidas, 2004). Las remesas mejoran el nivel de vida al permitir a las familias dedicar ms recursos a la provisin de
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Los trabajadores fijos son defininos como los trabajadores con contratos de empleo de un ao o ms y/o trabajadores que han trabajado durante un ao o ms y que tienen derecho a prestaciones complementarias (Luce, 2007).
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alimentos, al cuidado de la salud y a la educacin (Fondo Internacional de Desarrollo Agrcola (Fondo Internacional de Desarrollo Agrcola (FIDA), 2008). 98. Los estudios proporcionan pruebas de las diferencias por gnero en las modalidades de las remesas que reflejan diferencias de ingresos y de responsabilidades familiares (Piper, 2005). Por ejemplo, las mujeres migrantes de Laos (Repblica Democrtica Popular) que trabajaban en el servicio domstico en Tailandia enviaron a sus familias un promedio de 300 dlares de los [Link]. por ao, mientras que los hombres, empleados principalmente en la agricultura, enviaron 257 dlares de los [Link]. (Caouette y otros, 2006). 99. Aunque la migracin y la capacidad para remitir pueden potenciar a las mujeres, tambin hay que tener presente el costo. Muchas mujeres migrantes enfrentan largas horas de trabajo y ms obligaciones financieras (FIDA, 2008); (Naciones Unidas, 2004). El aumento del trfico ilcito de personas significa que algunas mujeres que creen que estn migrando para emplearse en ocupaciones legtimas se encuentran atrapadas en la prostitucin forzada, el servicio domstico y el trabajo clandestino en condiciones que se parecen al trabajo esclavo (Naciones Unidas, 2004). Asistencia oficial para el desarrollo 100. La cooperacin para el desarrollo ha sido un mecanismo decisivo para el empoderamiento econmico de la mujer. En el perodo 1999-2003, de un total de 17.200 millones de dlares de los [Link]. de asistencia oficial para el desarrollo, 3.100 millones por ao se destinaron a promover la igualdad entre los gneros. Las estimaciones para 2001 y 2005 fueron de 5.000 millones de dlares de los [Link]. por ao, de un total de 20.000 millones (OCDE, 2008). El grueso de los fondos se asign a los sectores sociales de la salud y la educacin, con muy pocos recursos destinados a la mujer en los sectores productivos de la agricultura, la energa, el transporte o las finanzas. 101. La medicin de los progresos y de la responsabilidad de los donantes y los asociados bilaterales sigue siendo un reto debido a la escasez de datos sobre la asignacin de recursos. Durante el ltimo decenio, los miembros del Comit de Asistencia para el Desarrollo (CAD) de la OCDE han utilizado un indicador de polticas de igualdad entre los gneros para informar sobre la ayuda destinada a la igualdad entre los gneros y el empoderamiento de la mujer. El indicador est orientado a medir las actividades especficas y las iniciativas de incorporacin de la perspectiva de gnero determinando las actividades que tengan la igualdad entre los gneros como objetivo principal o importante. Pese a que, en los ltimos aos, la informacin sobre el indicador de polticas de gnero ha mejorado, los miembros del CAD, de la OCDE, tienen problemas para aplicar la metodologa (OCDE-CAD, 2007). En 2004, slo 15 miembros proporcionaban peridicamente datos al sistema de notificacin de los pases acreedores. No todos los miembros utilizan el indicador de la misma manera y no todas las actividades se examinan mediante el indicador de polticas de igualdad entre los gneros. Otros problemas para la presentacin de informes son el gran nmero de organismos y departamentos gubernamentales que participan en la prestacin de la asistencia y el aumento de la descentralizacin administrativa en esta esfera (OCDE, 2005).
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102. La aplicacin de los cinco principios apropiacin, mutua responsabilidad, alineacin, armonizacin y gestin orientada a resultados establecidos en la Declaracin de Pars sobre eficacia de la ayuda 20 ofrece una oportunidad para que, de manera sistemtica, los donantes y los pases asociados analicen las cuestiones de gnero y evalen los efectos desde el punto de vista del gnero en el proceso de formulacin y aplicacin de polticas a nivel nacional, sectorial y de proyectos (Red sobre igualdad entre los gneros OCDE-CAD, 2007). El principio de gestin por resultados, por ejemplo, brinda una oportunidad para localizar recursos invertidos en el empoderamiento econmico de la mujer. 103. Los donantes canalizan cada vez ms su asistencia a las organizaciones no gubernamentales (ONG) a travs de los organismos gubernamentales, financiando a las organizaciones no gubernamentales internacionales localizadas en los pases donantes o a grandes ONG del pas, a veces a expensas de organizaciones ms pequeas de mujeres, especialmente de las que trabajan a nivel de bases (Asociacin para los Derechos de la Mujer y el Desarrollo (AWID), 2007). La mayora de las organizaciones de mujeres que trabajan a nivel mundial, regional y nacional/local lo hacen con presupuestos muy pequeos y estn encontrando cada vez ms dificultades para conseguir los fondos que necesitan. En un estudio de la AWID se comprob que, de 845 organizaciones de mujeres, dos tercios tienen presupuestos anuales de menos de 50.000 dlares de los [Link]. En 2005 ms de 700 de las principales organizaciones de mujeres de todo el mundo tenan un ingreso colectivo de 76 millones de dlares de los [Link]. (ibd.).
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Declaracin de Pars sobre la Eficacia de la Ayuda al Desarrollo: apropiacin, armonizacin, alineacin, resultados y mutua responsabilidad, aprobada en el Foro de Alto Nivel celebrado en Pars del 28 de febrero al 2 de marzo de 2005.
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que se adoptan decisiones que influyen, directa o indirectamente, en la distribucin de los recursos econmicos y financieros. Las mujeres estn insuficientemente representadas en las estructuras de gobierno en las que se toman las decisiones fundamentales de poltica y se decide la asignacin de los recursos. A nivel regional, las mujeres ocupan el 21,3% de los escaos parlamentarios de los pases de la Organizacin para la Seguridad y la Cooperacin en Europa (OSCE), desde el 9,1% en Turqua hasta el 47% en Suecia. En otras partes la representacin de la mujer vara desde el 21,7% en las Amricas, el 18,1% en el frica subsahariana, el 18% en Asia, el 13% en el Pacfico y el 9,7% en los Estados rabes (Unin Interparlamentaria, 2009). En los 27 Estados miembros de la Unin Europea, las mujeres eran titulares de carteras relacionadas con funciones socioculturales (36,7%) como asuntos sociales, salud, niez, familia, juventud, personas de edad, educacin, ciencia, cultura y deportes, ms que en economa (17,7%): finanzas, comercio, industria, agricultura (Comisin Europea, 2008a). 106. La mujer tambin est insuficientemente representada, en todo el mundo, en posiciones de gestin, tanto en el sector pblico como en el privado. En los pases de la OCDE la participacin ms importante de mujer en la gestin se registra en los Estados Unidos de Amrica, en el Reino Unido de Gran Bretaa e Irlanda del Norte, donde vara entre el 8% y el 12%, en comparacin con el 12% y el 18% del hombre. La ms baja se encuentra en los pases de Europa meridional como Italia, Espaa y Grecia. En los Estados Unidos las mujeres representan slo el 2% de los directores generales de las 500 empresas de Fortune. En la OCDE, slo el 7% de los directores generales de las principales compaas son mujeres (OCDE, 2008). 107. Las mujeres no estn bien representadas en los directorios de las principales compaas. Ms del 46% de las grandes firmas de los pases de la OCDE no tienen mujeres en sus directorios, mientras que solamente el 23% de ellas tienen ms de una mujer (ibd.). El mayor nmero de mujeres directoras los tienen Noruega y Suecia, y el ms bajo Italia, Portugal y el Japn. Aunque las compaas norteamericanas estn entre las lderes mundiales, las mujeres siguen representando menos del 13% de los miembros de los directorios en los Estados Unidos y del 11% en el Canad. En la Unin Europea todos los gobernadores de bancos centrales son hombres y las mujeres estn representadas solamente en el 17% de los rganos clave de adopcin de decisiones de esas organizaciones (Comisin Europea, 2009). 108. Aunque para otras regiones del mundo la informacin es menos detallada, el anlisis de datos de la OIT de 2000 correspondientes a 70 pases demostr que las mujeres tenan el 27% de los puestos que se clasificaron como de condicin social, influencia, poder y autoridad para tomar decisiones, como legisladores y funcionarios oficiales pblicos superiores, gerentes de empresas y gerentes generales, (Anker, 2005). La representacin de la mujer variaba entre el 32% en las economas en transicin y el 28% en los pases desarrollados y, por ejemplo, el 31% en Amrica Latina, el 15% en Asia y el 9% en el Oriente Medio (OIT, 2004a). El PIB per cpita no fue un factor importante para explicar las variaciones de los porcentajes de mujeres en puestos ejecutivos. Sin embargo, haba una slida y estadsticamente significativa asociacin positiva entre la participacin de la mujer en los puestos ejecutivos y su participacin en la fuerza de trabajo no agrcola (Anker, 2005).
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de la inversin en capital humano y en la capacidad necesarios para sostener el crecimiento a largo plazo. Tambin son importantes los esfuerzos destinados a aumentar la participacin de la mujer en la adopcin de decisiones del mbito econmico.
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est desproporcionadamente representada en el trabajo no regulado y concentrada en empleos de inferior calidad dentro del trabajo por cuenta propia (OIT, 2007a). A nivel mundial, en 2007 el porcentaje de empleo vulnerable en el total del empleo de la mujer era del 52,7, comparado con el 49,1% para el hombre. Sin embargo, la diferencia por gnero de participacin del empleo vulnerable en el total del empleo de la mujer y el hombre muestra diferentes panoramas segn la regin, con las mayores diferencias en frica del Norte y el Oriente Medio. El frica subsahariana y Asia meridional no solamente tienen una porcin relativamente grande de empleo vulnerable en el total del empleo sino tambin una diferencia relativamente grande entre los gneros en ese tipo de empleo (de ms de diez puntos porcentuales) (OIT, 2009b). Las mujeres que trabajan en empleos no regulados no tienen acceso a la seguridad ni proteccin social y tienen limitadas posibilidades de organizarse para hacer cumplir las normas laborales internacionales y de derechos humanos (Chant y Pedwell, 2008). Cuando los empleadores utilizan una fuerza laboral que tiene muy pocas alternativas, pueden pagar salarios de explotacin. Por ejemplo, ha motivado preocupacin la explotacin de mujeres en las zonas industriales francas, con salarios bajos, intimidacin a las trabajadoras que tratan de organizarse y violencia y acoso sexual (OIT, 2004b). 123. Los datos de hogares de Costa Rica, Egipto, Sudfrica, Ghana y el Salvador indicaron que el riesgo relativo de pobreza era ms alto en el empleo no regulado que en el regulado, y en las actividades agrcolas ms que en las no agrcolas. Adems, el empleo en actividades no reguladas del tipo en el que se concentran las mujeres trabajo por cuenta propia y no remunerado en empresas familiares estaba asociado a niveles promedio de pobreza familiar ms altos que en las formas de empleo asalariado en que se concentran los hombres (Chen y otros, 2005). 2. Segregacin en el trabajo y diferencias salariales 124. Un indicador importante de las opciones de la mujer en el mercado laboral es el grado de segregacin existente en sectores, ocupaciones y puestos especficos. La segregacin horizontal limita a la mujer a sectores y ocupaciones especficos, mientras que la segregacin vertical la limita a posiciones determinadas dentro de las jerarquas ocupacionales. 125. Slo una pequea proporcin de las mujeres empleadas trabaja en la industria en todo el mundo (18,3% en 2008, comparado con el 26,6% del hombre). Cada vez ms la mujer se encuentra en el sector de servicios, que en 2008 representaba el 46,3% del total del empleo femenino, en comparacin con el 41,2% del empleo masculino (OIT, 2009b). Aunque en todas las regiones del mundo la mujer ha seguido saliendo del sector agrcola, las estimaciones de 2007 indican que en general todava est representada en exceso en ese sector. De acuerdo con estimaciones de la OIT, en el mundo la participacin de la mujer empleada en la agricultura es del 35,4%, en comparacin con el 32,2% del hombre. En el frica subsahariana y en Asia meridional el sector agrcola tiene ms del 60% del total del empleo femenino (ibd.). En los pases desarrollados, la mayora de los trabajadores, tanto hombres como mujeres, estn empleados con sueldo/salario. En los pases en desarrollo hay una mayor variacin en la distribucin de los trabajadores por gnero, pero en las regiones del frica subsahariana y Asia meridional, as como en Asia oriental y sudoriental y en el Oriente Medio, es mucho ms probable que la mujer, en comparacin con el hombre, trabaje por cuenta propia (OIT, 2008c).
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126. La segregacin vertical hace referencia a la concentracin de mujeres y hombres en diferentes niveles de la jerarqua del trabajo. Incluso en las ocupaciones en que predomina la mujer, el hombre usualmente ocupa los puestos ms especializados, ms responsables y mejor remunerados (OIT, 2004a). La barrera invisible se refiere a los casos en que el avance de la mujer hacia posiciones superiores y de gestin es obstaculizado por barreras institucionales, incluidas las normas y actitudes (ibd.). 127. Datos de la OIT indican que, desde el decenio de 1980, se ha producido una reduccin muy gradual en la segmentacin por gnero de los mercados de trabajo, con algunas diferencias regionales. En 2000 hubo un nmero mucho menor de ocupaciones en las que ms del 80% de la fuerza de trabajo era o bien femenina o bien masculina (Anker y otros, 2003). Sin embargo, tanto en los pases desarrollados como en desarrollo, las mujeres constituyen un porcentaje ms importante de los trabajadores de la prestacin de cuidados que su participacin en el total de la fuerza de trabajo. Los datos del estudio de Luxemburgo sobre los ingresos de 12 pases, la mayora de ingresos altos, muestran que las mujeres constituyen entre el 32% y el 54% del total de la poblacin activa y entre el 68% y el 88% de los trabajadores remunerados que se ocupan del cuidado de otras personas (Razavi y Staab, 2008). Actualmente existe una importante migracin internacional de mujeres hacia funciones de prestacin de cuidados, tanto como trabajadoras domsticas como del sector pblico, particularmente hacia pases en que la crisis en la prestacin de esos servicios ha generado una alta demanda de trabajadores (Benera, 2008). 128. De acuerdo con la OIT (2004a), las mujeres ocupan alrededor del 30% al 60% de los empleos profesionales en los pases que tienen datos disponibles. Sin embargo, como ya se seal (vase el captulo II), las mujeres estaban en minora en posiciones con autoridad, influencia o poder de decisin (legisladores, funcionarios superiores o gerentes). Ellas no han logrado avances importantes en empleos especializados de las nuevas ocupaciones de la industria de tecnologa de la informacin. En lugares tan distintos como China, Francia, Alemania, la Repblica de Corea y los Estados Unidos el porcentaje de participacin de la mujer en ocupaciones de programacin informtica y anlisis de sistemas variaba entre el 20% y el 30%. Aunque en Ghana, por ejemplo, las mujeres constituyen el 70% de los empleados en negocios relacionados con las TIC, como los servicios de ingreso de datos y centros de asistencia telefnica, en gran medida estaban en puestos de nivel inferior (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), 2008). 129. Un indicador importante de igualdad de acceso al trabajo decente es la diferencia salarial entre los gneros, es decir, la diferencia entre los salarios de las mujeres y los de los hombres (OIT, 2009b). Se calcula que, mundialmente, las mujeres ganan un 16,5% menos que los hombres (Confederacin Internacional de Sindicatos, 2008). En un estudio del efecto del crecimiento econmico, el comercio y la inversin directa extranjera en los decenios de 1980 y 1990, sobre las diferencias de salarios entre los gneros dentro de categoras particulares de ocupaciones, realizado en una muestra grande de pases desarrollados y en desarrollo, se comprob una disminucin de esas diferencias, pero solamente en los pases ms ricos (Oostendorp, 2009). No hubo un efecto claro o significativo en los pases de menores ingresos, ni para diferentes niveles de especializacin o de ocupaciones.
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130. Las evidencias relacionadas con la variacin en las diferencias de salarios entre los gneros se deben interpretar con cautela. Aunque en la mayora de los pases ha habido una disminucin de las diferencias de salarios entre los gneros en el sector manufacturero, como en Costa Rica y el Reino Unido, en otros se produjo un aumento de esas diferencias (por ejemplo, en Egipto, Sri Lanka y El Salvador). En los casos en que se redujo la diferencia de salarios, se debi a una disminucin de los salarios de los hombres ms que a un aumento en los de las mujeres (OIT, 2007a). En algunos casos, una disminucin de las diferencias salariales entre hombres y mujeres puede ocultar una creciente divisin de clases entre las mujeres (McCrate, 2000; Benera, 2003). 131. Los anlisis de los mercados de trabajo de Europa y Asia central indican que, aunque la reduccin de la diferencia de salarios entre los gneros es un objetivo poltico importante, el avance sigue siendo lento. En toda la Unin Europea la diferencia de remuneracin bruta promedio por hora entre el hombre y la mujer, en toda la economa y en todos los establecimientos, ha seguido siendo alta: el 15% (OIT, 2009b). 132. Las diferencias de remuneracin tambin afectan a las mujeres que trabajan en la economa no regulada. Como trabajadoras asalariadas, con mayor frecuencia tienen trabajos ocasionales o por pieza, en los que ganan menos que los hombres. En la India las asalariadas ocasionales ganan la mitad de lo que ganan los hombres en el mismo tipo de trabajo (Das, 2006). En el noreste rural de Ghana las asalariadas que trabajan en la agricultura reciben entre un tercio y la mitad de lo que se paga a los hombres (Whitehead, 2009). 133. La persistente diferencia salarial entre los gneros, en todas las regiones, puede reflejar diversos factores, incluidos la continua inferioridad de la mujer en trminos de educacin y conocimientos especializados; su falta de poder para hacer or su voz y negociar; las limitaciones a su movilidad en el mercado de trabajo basadas en el gnero; y su relativamente alta participacin en los empleos a tiempo parcial o temporarios. Tambin puede reflejar la concentracin de las trabajadoras en formas de empleo en las cuales las presiones de la competencia mundial mantienen bajos los salarios. En algunos casos refleja la discriminacin directa por sexo en la remuneracin. Por ejemplo, en los pases industrializados se han sealado problemas de discriminacin directa en la remuneracin, en particular con respecto a empleos profesionales y de nivel ejecutivo (OIT, 2007a). 3. La distribucin entre los gneros del trabajo remunerado y no remunerado 134. Los datos disponibles de todas las regiones, incluidos los recogidos en estudios sobre el empleo del tiempo, revelan importantes diferencias y desigualdades entre la mujer y el hombre en lo que respecta al trabajo remunerado, el reparto de las responsabilidades familiares y el cuidado de otras personas. A principios del decenio de 1970 ya se haca referencia al efecto de esta desigual responsabilidad por el trabajo domstico como carga reproductiva adicional sobre el tiempo de la mujer (Palmer, 1991). 135. En su mayor parte, la prestacin de cuidados sigue siendo no remunerada y contina clasificada como actividad no econmica (OIT, 2009b) pese al importante debate existente sobre la inclusin del trabajo no remunerado en las cuentas
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nacionales de ingresos (PNUD, 1995) 21. Las responsabilidades de la mujer de prestacin de cuidados influyen directamente en sus opciones en el mercado de trabajo. Debido a los cambios demogrficos en las sociedades en rpido proceso de envejecimiento y los relacionados con el VIH/SIDA ha aumentado la necesidad de prestacin de cuidados, que ya no estn dirigidos principalmente a los nios y se destinan tambin a ancianos y personas en la mejor edad activa. Adems, la urbanizacin y la migracin, que han debilitado los sistemas tradicionales de apoyo a las familias, y el crecimiento del nmero de familias con un solo jefe han aumentado an ms la carga del cuidado de otras personas (vase E/CN.6/2009/2). 136. En la mayora de los contextos, el aumento de la participacin de la mujer en el trabajo remunerado no ha sido acompaado, en general, por un aumento de la participacin del hombre en el trabajo no remunerado. Datos sobre divisin por gnero del trabajo remunerado y no remunerado en los pases de altos ingresos revelaron que en todos los pases comprendidos en esos datos los hombres empleaban un perodo ms largo del da de trabajo en la labor orientada al mercado, mientras las mujeres empleaban ms tiempo que los hombres cocinando, en tareas de limpieza y en el cuidado de los nios (PNUD, 1995; Razavi y Staab, 2008). En todos los pases comprendidos en los datos, excepto los nrdicos, el trabajo orientado y el no orientado al mercado combinados daban como resultado das de trabajo ms largos para las mujeres. 137. Estudios detallados sobre el empleo del tiempo en la Argentina, la India, Nicaragua, la Repblica de Corea, Sudfrica y la Repblica Unida de Tanzana indicaron que, cuando se contaban el trabajo remunerado y el no remunerado. las mujeres generalmente tenan das laborables ms largos y que la cantidad de trabajo no remunerado aumentaba cuando haba un nio pequeo en la casa. En los hogares ms acomodados, que ms probablemente podan tener acceso a la infraestructura que permite ahorro de tiempo, como agua corriente y electricidad, y adquirir tecnologas que economizan mano de obra y servicio domstico, se gastaba menos tiempo en el trabajo no remunerado de cuidado de otras personas (Budlender, 2008). 138. Para ayudar a la mujer y al hombre a conciliar su trabajo con las responsabilidades familiares, varios pases han incorporado polticas relativas a la forma de trabajo, incluidas la reduccin de las largas horas laborables legales, la flexibilidad en el tiempo y lugar de trabajo y la posibilidad de trabajar a tiempo parcial (vase C/CN.6/2009/2). En particular, la Unin Europea ha realizado importantes esfuerzos para promover la conciliacin de las polticas de sus pases miembros. Muchos pases han aprobado medidas legislativas para ayudar a equilibrar el trabajo en la familia y en el mercado de trabajo (Benera, 2008). 139. El trabajo a tiempo parcial ofrece alguna flexibilidad a las mujeres y hombres que tienen la responsabilidad de atender a otras personas. Sin embargo, lo utilizan principalmente las mujeres. En la OCDE cerca de tres de cada cuatro empleos a tiempo parcial lo ocupan mujeres con nios dependientes, y ms de una de cada cuatro mujeres trabaja a tiempo parcial (OCDE, 2008). En el Reino Unido la paternidad con frecuencia tiene como resultado que la mujer trabaje a tiempo parcial y el hombre aumente sus horas de trabajo (Bellamy y Rake, 2005). Las mujeres que trabajan a tiempo parcial con frecuencia enfrentan una discriminacin en el salario. Las mujeres que trabajan a tiempo completo ganan el 82% del salario a tiempo
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Vase tambin el prximo nmero especial de 2010 de Feminist Economist sobre el trabajo no remunerado, sobre uso del tiempo, la pobreza y las polticas pblicas.
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completo del hombre, mientras que las que trabajan a tiempo parcial ganan el 59% del salario del hombre. Datos de pases industrializados indican que la diferencia salarial asociada a la crianza de los hijos representaba entre el 6% y el 7% de los ingresos, en el caso de un hijo, y del 13% en el caso de dos hijos (OIT, 2004a). Sin embargo, en Suecia, donde las mujeres constituyen el 97% de los trabajadores a tiempo parcial, el apoyo amplio del Estado hace que no sufra una reduccin salarial en comparacin con las mujeres que trabajan a tiempo completo (Bardasi y Gornick, 2008; Stark, 2008). 140. A la inversa, la ausencia de la opcin del trabajo a tiempo parcial puede ser un castigo para las mujeres (Nagy, 2008). El desmantelamiento del sistema de guarderas que predomin en la era socialista en muchos pases de Europa Oriental, y la ausencia de disposiciones sobre el trabajo a tiempo parcial, han significado que las mujeres se vean obligadas a elegir entre trabajar por un salario o criar a sus hijos. Cada vez es ms difcil balancear las dos actividades (Fodor, 2009). 141. En los pases en desarrollo muchas mujeres pobres trabajan por cuenta propia como un medio de conciliar sus responsabilidades domsticas con su necesidad de obtener ingresos. Esta no siempre es una decisin voluntaria. En los barrios bajos de la ciudad de Guatemala, el 40% de las madres que trabajan en vecindarios de bajos ingresos cuidan ellas mismas de los hijos, lo que indica que no habran podido tomar un empleo si sus hijos no hubieran podido acompaarlas (Hallman y otros, 2002). Un estudio realizado en Kirguistn indic que el 24% de las mujeres, en comparacin con el 2% de los hombres, dijo que sus responsabilidades de cuidar de otras personas les impedan aprovechar las oportunidades que presentaba el mercado laboral (Morrisey y otros, 2007). En Amrica Latina, ms de la mitad del total de mujeres no empleadas de 20 a 24 aos de edad mencionaron el trabajo domstico no remunerado como la razn por la cual no buscaban empleo (Addati y Cassirer, 2008). 142. Al mismo tiempo, paradjicamente, otras mujeres pobres con hijos pequeos pueden tener que tomar un empleo asalariado porque carecen de capital, conocimientos tcnicos y redes sociales necesarios para iniciar sus propias empresas, o porque el trabajo asalariado ofrece ingresos ms altos que cualquier forma de autoempleo disponible para ellas. Dichas mujeres hacen frente a esta situacin en diversas formas (Kabeer, 2008a; Addati y Cassirer, 2008). Algunas recurren a otras parientas, incluidas nias mayores, para que atiendan a los nios, lo que puede influir negativamente en las perspectivas educacionales de los hijos. Algunas llevan con ellas a sus hijos a los mercados, campos o al borde de rutas. Otras dejan a sus hijos en el hogar para que se cuiden por s mismos. 143. La contratacin de trabajadores del servicio domstico ha sido siempre una solucin comn en todas partes del mundo, para las familias ms acomodadas, para conciliar las responsabilidades del hogar con las exigencias del empleo. El trabajo domstico se ha convertido en una de las principales fuentes de empleo para las mujeres. Por ejemplo, en Amrica Latina el 10% del total de empleos nuevos creados en 2004 correspondi al servicio domstico (Antonopoulos, 2008). Los trabajadores del servicio domstico (que con frecuencia son mujeres migrantes o pertenecen a grupos minoritarios) trabajan en muchos pases en condiciones difciles, con frecuencia exponindose a la violencia y la explotacin (Naciones Unidas, 2006a). Muchos trabajadores domsticos no tienen contratos formales y no reciben ningn beneficio social, como seguro de salud o
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pensin (Razavi, 2007). La naturaleza oculta del trabajo domstico hace ms difcil aplicar la legislacin (OIT, 2009c).
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Educacin y desarrollo de aptitudes 145. Se ha reconocido ampliamente el potencial transformador de la educacin para promover tanto la igualdad entre los gneros como el empoderamiento de la mujer y los objetivos ms generales del desarrollo. El tercer Objetivo de Desarrollo del Milenio pone de relieve la necesidad de eliminar las diferencias basadas en el gnero en la enseanza primaria, y al respecto se ha logrado un progreso considerable (Banco Internacional de Reconstruccin y Fomento (BIRD)/Banco Mundial, 2008). El conocimiento y las aptitudes adquiridos por la educacin amplan la gama de oportunidades de empleo. Las estimaciones indican que un ao ms de instruccin aumenta el salario de la mujer entre un 10% y un 20% (Psacharopoulos y Patrinos, 2004). Los beneficios de la escolaridad son ms altos en los pases en desarrollo que en los pases desarrollados, y varan por sexo y nivel de educacin. En los pases en desarrollo la diferencia ms amplia de tasas de rendimiento, por sexo, se encuentra en el nivel de enseanza primaria, y los hombres obtienen de la educacin mejores beneficios econmicos que las mujeres. La explicacin posible incluye la discriminacin contra la mujer y las diferentes oportunidades de empleo de que disponen la mujer y el hombre en diferentes niveles de educacin (BIRD/Banco Mundial, 2008). 146. La discriminacin contra las mujeres y las nias en las oportunidades educacionales es un factor subyacente de la segregacin basada en el gnero en el mercado de trabajo de muchas partes del mundo. En 2006, la mediana de la participacin de la mujer en estudios cientficos terciarios era del 29% en general, y del 16% en ingeniera (Organizacin de las Naciones Unidas para la Educacin, la Ciencia y la Cultura, 2008). Es necesario alentar a las nias a que estudien materias no tradicionales, incluidas matemticas, ciencias, ingeniera y tecnologa informtica. Se ha destacado la importancia de los planes de estudio que tengan en cuenta el gnero y la pedagoga que relacione las matemticas y las ciencias con la experiencia diaria de nias y nios, como forma de promover el inters de las nias por las ciencias. 147. Tambin es necesario que las inversiones en educacin tengan por objeto enjugar los dficit de capital humano y capacidad de la generacin actual de mujeres trabajadoras. Las mujeres pobres excluidas de la ampliacin de oportunidades educacionales pueden encontrarse desempleadas o atrapadas en empleos con pocas
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oportunidades de promocin porque no tienen instruccin ni conocimientos especializados. Las mujeres que poseen ms instruccin y capacitacin tambin pueden tener ms oportunidades de migrar con arreglo a planes de migracin de personas con conocimientos especializados (Organizacin Internacional para las Migraciones (OIM), 2008). La capacitacin tambin debe abordar la prdida o merma de calificacin de las mujeres migrantes. Para ayudar a estas mujeres en la bsqueda de mejores empleos es necesario utilizar diversos enfoques, incluidos la enseanza informal, la capacitacin tcnica y profesional, los servicios de extensin agrcola, la capacitacin en el lugar de trabajo, el aprendizaje permanente y la capacitacin en nuevas tecnologas. 148. En el contexto del rpido cambio en las tecnologas y condiciones del mercado, los trabajadores necesitan aptitudes que les permitan aprovechar las nuevas oportunidades. En las conclusiones del 97 perodo de sesiones de la Conferencia Internacional del Trabajo, celebrado en 2008, se pide que se brinden oportunidades de aprendizaje permanente tanto para los trabajadores asalariados como para los autoempleados, a fin de mejorar su competencia y de que adquieran nuevas aptitudes durante toda la vida. Los grupos socialmente subordinados, incluidas las mujeres, tambin necesitan informacin para aumentar la confianza en s mismos, el conocimiento de sus derechos y las aptitudes para negociar (OIT, 2008d). 149. Las pruebas sobre el acceso de la mujer a las oportunidades de capacitacin indican que existe un margen considerable para mejorar. Muchos programas de capacitacin profesional han reproducido sesgos en oportunidades y contenido, favoreciendo las ocupaciones masculinas (carpintera, metalistera, albailera y mecnica de motores). En casos en que los programas estn disponibles para las mujeres, tienden a limitarse a temas percibidos tradicionalmente como orientados a la mujer, como economa domstica, secretariado, sastrera, peluquera y belleza. Cuando esta capacitacin produce oportunidades de empleo, usualmente es en empleos con baja remuneracin. Aun cuando los cursos incluyen capacitacin en TIC, la tendencia es de relegar a la mujer al procesamiento de textos, mientras que los hombres predominan en el desarrollo de programas de computacin (Naciones Unidas-Divisin para el Adelanto de la Mujer, 2005). 150. El acceso a nuevos conocimientos especializados mediante la capacitacin profesional ayuda a enfrentar algunas de las barreras con que tropieza la mujer en el mercado de trabajo. En un examen de los esfuerzos realizados en la regin del Caribe para capacitar a las mujeres en carreras profesionales no tradicionales se lleg a la conclusin de que un creciente nmero de mujeres estaba encontrando empleo en ocupaciones no tradicionales. Sin embargo, muchas mujeres tuvieron que iniciar sus propias empresas en esferas tales como la carpintera, la reparacin de artefactos pequeos y la manufactura, debido al prejuicio de los probables empleadores. En un estudio sobre la mujer en el sector de la construccin se comprob que la mayora opinaba que la capacitacin formal en la tecnologa de la edificacin haba aumentado sus opciones profesionales, pero que todava haba barreras contra el ingreso de la mujer en esos empleos (Ellis, 2003). 2. Redistribucin del trabajo no remunerado 151. Redistribuir el trabajo no remunerado y promover la distribucin equitativa de responsabilidades exigen una serie de intervenciones normativas. Una opcin es la
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provisin de servicios pblicos y tecnologas e infraestructuras que economicen mano de obra. Otra es apoyar la provisin de servicios e infraestructura por medio de otros agentes. Una tercera es la redistribucin de la carga del trabajo no remunerado entre la mujer y el hombre. 152. Las inversiones en infraestructura pblica como agua, transporte y energa, pueden reducir significativamente el trabajo domstico, incluido el de cuidado de otras personas en las familias, en particular en los pases en desarrollo. De manera similar, los avances tecnolgicos como el agua corriente o los artefactos elctricos pueden reducir an ms la carga de tiempo y energa. Se necesitan medidas para aumentar el acceso de las familias pobres a la infraestructura y las tecnologas. Por ejemplo, el Fondo de Asistencia para los Empleados de la Zona de Procesamiento de Exportaciones de Mauricio, otorga prstamos a los trabajadores a tasas de favor para la compra de artefactos domsticos (Addati y Cassirer, 2008) (vase tambin el captulo IV). 153. La provisin confiable y accesible de medios y servicios de cuidado de nios, enfermos y personas de edad avanzada juega un papel clave para facilitar la conciliacin entre el trabajo y la vida familiar. En algunos casos, la inversin en servicios educacionales permite a los padres conciliar su trabajo en la familia con el del mercado laboral. Los medios que se proveen ms comnmente son los centros preescolares y jardines de infantes. Los gobiernos han alentado al sector privado y a las organizaciones no gubernamentales a que sean proveedores activos, y han otorgado subsidios a los proveedores de servicios de cuidado o deducciones sobre los ingresos de los padres a fin de que los servicios sean ms accesibles. Por ejemplo, la Argentina, Chile, la Repblica de Corea y el Uruguay han avanzado hacia una provisin ms amplia, extendiendo los servicios y experimentando con mecanismos de financiacin y prestacin (E/CN.6/2009/2). Sin embargo, casi la mitad de los pases del mundo carece de programas estructurados para nios menores de 3 aos de edad, y en los que tienen programas la cobertura es limitada. Sin embargo, en Espaa, donde la enseanza es obligatoria desde los 6 aos de edad, en los primeros aos (3 a 5 aos de edad) la enseanza es gratuita y la recibe el 95% de los nios de ms de 3 aos de edad (Benera y Martnez-Iglesias, 2009). 154. Redistribuir la carga del trabajo no remunerado entre la mujer y el hombre exige una serie de intervenciones, centradas en transformar tanto las actitudes y comportamientos individuales como los arreglos institucionales, en especial en el mercado de trabajo. Un estudio realizado en 20 pases desarrollados entre 1965 y 2003 comprob que haba aumentado el trabajo no remunerado del hombre. Los principales factores que originaron este cambio eran la mayor participacin de la mujer en el trabajo remunerado y polticas de los empleadores y el Estado para facilitar al hombre la realizacin del trabajo no remunerado (Hook, 2006). El estudio seal la importancia de identificar las polticas y estructuras que dificultaban o facilitaban el trabajo no remunerado del hombre. En los pases nrdicos se ha emprendido la promocin ms sistemtica de la igualdad en las funciones de cuidado y de distribucin equitativa del trabajo no remunerado. Estos son tambin pases de la OCDE con algunos de los porcentajes ms altos de participacin femenina en la fuerza de trabajo (OCDE, 2008). 155. En algunos casos el cambio se promueve mediante iniciativas de la sociedad civil. En Brasil y Mxico se ha desarrollado un programa bien documentado para hombres jvenes, el Programa H, que emplea seminarios, vdeos y manuales sobre
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paternidad, asistencia a otras personas y VIH/SIDA para promover el cambio de actitudes y comportamientos (Barker, 2008). La Sonke Gender Justice Network de Sudfrica utiliza criterios innovadores para aumentar la capacidad y la dedicacin del hombre para cuidar de los nios, incluidos los hurfanos, afectados por VIH/SIDA en zonas rurales (Esplen, 2009). Con un proyecto innovador de Africare se capacit en Zimbabwe a 120 hombres de 20 a 65 aos de edad como voluntarios para aumentar la participacin del hombre en los cuidados en el hogar y en la educacin sobre el VIH/SIDA (E/CN.6/2009/2). 156. Sin embargo, una mejor distribucin de responsabilidades entre la mujer y el hombre no ser suficiente para enfrentar los persistentes problemas del cuidado de otras personas. Es necesario que todas las partes Estados, sector privado, sociedad civil y familias se interesen ms en el trabajo de cuidado de otras personas, para abordar los desafos persistentes que presenta a la sociedad (A/CN.6/2009/2. Una importante provisin por el Estado de servicios de cuidado facilita la conciliacin del trabajo con la vida familiar. En los pases nrdicos y tambin en otros pases de la Unin Europea esa provisin ha dado como resultado el aumento de oportunidades de la mujer en el mercado de trabajo. Los estudios disponibles indican que la distribucin ms igualitaria de las responsabilidades produce beneficios para mujeres y hombres, incluido, entre otras cosas, un mejor equilibrio trabajo/vida y ms bienestar, as como mejores relaciones con los compaeros y los hijos. Tambin dan como resultado niveles ms altos de productividad en las firmas que facilitan la conciliacin del trabajo con la vida familiar. 3. Marcos normativos 157. La Declaracin de Principios de la OIT relativa a los derechos fundamentales en el trabajo aprobada por la Conferencia Internacional del Trabajo en su octogsimo sexto perodo de sesiones, celebrado en 1998, y sus reuniones de seguimiento, renov el compromiso universal de los miembros de respetar, promover y poner en prctica los principios de libertad de asociacin, reconocimiento efectivo del derecho a la negociacin colectiva, eliminacin de todas las formas de trabajo forzado y obligatorio, abolicin efectiva del trabajo infantil y eliminacin de la discriminacin en el empleo y la ocupacin. 158. La reglamentacin del mercado de trabajo influye en la forma en que los empleadores contratan la mano de obra e incluye los derechos y obligaciones de las partes, los trminos y condiciones de trabajo y la solucin de las controversias. La reglamentacin puede ser fundamental para eliminar desigualdades basadas en el gnero y la discriminacin en los mercados de trabajo y para asegurar a la mujer el acceso al trabajo decente (Seguino, 2002b). Esas normas pueden ser especficas para cada gnero, aplicables explcitamente a hombres o a mujeres, o neutrales con respecto al gnero. Ambos tipos de normas tienen posibilidades de promover la igualdad entre los gneros y el empoderamiento de la mujer, pero ambos tambin pueden tener efectos perjudiciales. 159. Algunas formas de legislacin especfica para un gnero, que tienen por objeto proteger como la prohibicin del trabajo nocturno de la mujer pueden, en cambio, limitar las opciones de empleo femenino. Las horas de trabajo excesivas, incluidas las de trabajo nocturno, no son propicias para la familia ni para el hombre ni para la mujer y los gobiernos deben especificar los lmites de horas extra para mujeres y hombres y hacer cumplir las normas sobre salarios por horas de
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trabajo y por horas extra. Otras normas especficas, relativas a las limitaciones del empleo de la mujer, pueden poner en peligro las posibilidades de empleo si implican costos, particularmente si estos afectan a empleadores privados (Rodgers, 1999). La distribucin del costo de disposiciones especficas para cada gnero entre empleadores, empleados y el Estado reducira simultneamente la discriminacin basada en el gnero y atenuara los efectos negativos sobre el salario. En algunos pases se ha tratado de limitar la migracin de la mujer en un intento de protegerla del abuso en el mercado de trabajo, especialmente en el servicio domstico. Las leyes tienen por objeto proteger a los trabajadores, pero tambin presentan el riesgo de limitar la movilidad de la mujer y su acceso al empleo (Naciones Unidas, 2004). 160. Algunas normas, aparentemente neutrales con respecto al gnero, pueden tener importantes beneficios para las trabajadoras. Sin embargo, la medida en que beneficiarn a las mujeres vulnerables depender de las condiciones reinantes en el mercado de trabajo y del nivel de cumplimiento. Los estudios sobre el efecto de los salarios mnimos revelan que con frecuencia tienen una influencia favorable a los sectores ms explotados de la fuerza de trabajo (Devereux, 2005). Los salarios mnimos proporcionan una referencia para que los trabajadores negocien una remuneracin justa, incluso en la economa no regulada. 161. La reglamentacin aplicada justa y correctamente puede proteger a los trabajadores vulnerables, ayudar a salvar la brecha entre las condiciones de trabajo regulado y no regulado y crear mercados de trabajo ms unificados. Sin embargo, cada vez es ms difcil garantizar que todas las mujeres se beneficien con la reglamentacin del mercado de trabajo, porque gran parte del trabajo de la mujer, en los pases en desarrollo, se realiza en el sector no regulado, que permanece fuera del alcance de dichas normas (Cornish, 2007; Franck, 2008). Aunque se reconoce que no se puede seguir definiendo a la economa no regulada como todo lo que no est incluido en la economa regulada, porque un concepto tan estrecho no incluye la creciente movilidad de los trabajadores entre ambas (Kaufmann, 2007), las normas laborales fundamentales, independientemente de su eficacia, a menudo se limitan a la esfera regulada (Luce, 2005). El objetivo general del programa de trabajo decente de la OIT es que ms trabajadores pasen al trabajo regulado para aumentar el acceso a los derechos, a la proteccin social y a la capacidad de negociacin colectiva (Chant y Pedwell, 2008). 162. En un informe de la OIT sobre el trabajo decente y la economa no regulada se indica que hay una slida base internacional para extender los derechos a esa economa. En el informe se observ que el origen del dficit de derechos en el sector no regulado, a nivel nacional y local, se puede encontrar en la forma en que se expresan y se hacen cumplir los derechos por medio de la ley y la costumbre a nivel nacional y local, y en la forma en que los trabajadores no regulados estn capacitados para reclamar sus derechos. El dficit de derechos est vinculado a la circunstancia de que las empresas estn o no registradas y observen o no las normas que rigen las actividades comerciales. El informe tambin destac las limitaciones que plantea la administracin del trabajo. Los servicios de inspeccin del trabajo de muchos pases en desarrollo y en transicin no tienen una adecuada dotacin de personal ni estn equipados para hacer cumplir eficazmente las normas en la economa no regulada, especialmente para abarcar a las innumerables microempresas y empresas pequeas ni al creciente nmero de trabajadores a domicilio (OIT, 2002a).
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163. Se han elaborado planes innovadores para abordar estas limitaciones, con la participacin de auxiliares de inspeccin del trabajo, sindicatos y los propios trabajadores no regulados. Por ejemplo, en el estado de Gujarat, en la India, el Gobierno acept que la Asociacin de Trabajadoras Independientes ayude a controlar las condiciones de los trabajadores a domicilio y a fijar tasas de remuneracin del trabajo a destajo acordes con el salario mnimo (ibd.) 164. En algunos pases, como la Argentina, Chile y Sudfrica, se dictaron leyes que establecen derechos laborales y sociales bsicos para los trabajadores a domicilio (CE/CN.6/2009/4). Desde 2002 los trabajadores a domicilio de Sudfrica tienen derecho al salario mnimo, a vacaciones remuneradas, al pago de horas extra y a indemnizacin por despido. Los empleadores deben registrar a los trabajadores a domicilio en el Fondo de Seguro por Desempleo y pagar sus aportes, dndoles as el derecho a recibir prestaciones por desempleo y maternidad (OIT, 2009c). 165. Las normas laborales internacionales de la OIT, la Declaracin de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo, y otros instrumentos internacionales como los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la Plataforma de Accin de Beijing y la Convencin sobre la eliminacin de todas las formas de discriminacin contra la mujer, proporcionan una slida base internacional para extender los derechos a la economa no regulada (OIT, 2002b). 4. Capacidad para hacer or su voz y negociar 166. El dilogo social abarca todo tipo de negociacin, consulta o intercambio de informacin entre representantes de Gobiernos, empleadores y trabajadores, sobre cuestiones de inters comn relacionadas con la poltica econmica y social. En ese dilogo se deben expresar las prioridades y necesidades de la mujer. Sin embargo, en un estudio de la OIT de 50 instituciones de dilogo social se comprob que casi la mitad no inclua en sus programas cuestiones relativas a la igualdad entre los gneros. Se han realizado algunos esfuerzos para abordar esta exclusin. El Programa Regional de la OIT para la Promocin del Dilogo Social en el frica de Habla Francesa promovi una cultura de dilogo social en 23 pases, en que se incluy la igualdad entre los gneros como una cuestin intersectorial. A nivel nacional, en algunos pases latinoamericanos se crearon comisiones tripartitas dedicadas exclusivamente a cuestiones relativas a la igualdad entre los gneros. Tambin se adoptaron medidas en sectores especficos. La British Association of Women Police, en asociacin con otras organizaciones, promovi una fuerza de polica con una composicin equilibrada de ambos sexos, un entorno favorable a un buen rendimiento y a la participacin de la mujer en la formulacin de polticas (OIT, 2009d; Breneman-Pennas y Rueda Catry, 2008). 167. La capacidad de las trabajadoras para expresar claramente sus prioridades y necesidades y exigir el cumplimiento de sus derechos con frecuencia se debilita por la vulnerabilidad de su posicin en el mercado de trabajo. En parte del mundo la mujer, ms probablemente que el hombre, trabaja desde su casa, por su cuenta, en el sector no regulado o en hogares privados como trabajadora domstica, quizs aislada de otros trabajadores que comparten sus intereses. Es importante que la mujer tenga ms capacidad para desempear un papel activo en organizaciones en las que puede representar sus necesidades e intereses. La mujer ha exigido activamente sus derechos econmicos en una serie de organizaciones, incluidos los partidos polticos y los sindicatos, as como en organizaciones y redes de mujeres.
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168. Los sindicatos, tanto en los pases en desarrollo como en los desarrollados, no siempre han estado a la vanguardia de las luchas en apoyo de los derechos de los trabajadores vulnerables, particularmente las mujeres. Las mujeres activistas han realizado esfuerzos concertados con algn xito para promover una mayor sensibilidad con respecto a las necesidades de las trabajadoras en los sindicatos convencionales. En varios pases los sindicatos han mostrado un inters creciente por las cuestiones sociales, adems de los salarios y las condiciones de trabajo, incluyendo las relacionadas con la igualdad entre los gneros y la demanda de polticas favorables a la familia (Addati y Cassirer, 2008). Los sindicatos se han ocupado cada vez ms de las cuestiones relativas a las trabajadoras migrantes. Algunos sindicatos han creado mecanismos especiales para que no se pasen por alto las cuestiones relativas a la mujer, como la Red de Mujeres Sindicalistas de Mxico (Brickner, 2006). 169. Han proliferado los sindicatos y organizaciones exclusivamente de mujeres que promueven los derechos de las trabajadoras. Por ejemplo, en la Repblica de Corea, en el perodo posterior a la crisis financiera de fines del decenio de 1990 se crearon tres nuevos sindicatos de mujeres para combatir la explotacin y el abuso contra las trabajadoras (Broadbent, 2007). En Nicaragua, en 1994, se cre el Movimiento de Mujeres Empleadas y Desempleadas, despus de que el principal sindicato no apoy las demandas de las trabajadoras de las maquilas (Bickham Mendez, 2005). La Asociacin de Trabajadoras Independientes, de la India, y StreetNet, de Sudfrica, son ejemplos de organizaciones muy conocidas que trabajan con mujeres en la economa no regulada. 170. Se ha logrado algn xito en la organizacin de trabajadores marginados trabajadoras domsticas en Sudfrica (Devenish y Skinner, 2004), traperas en la India (Chikarmane y Narayan, 2005) y mujeres migrantes en Malasia (Lyons, 2006). Dichas organizaciones han hecho un uso creativo de los convenios legales, incluida la Convencin sobre la eliminacin de todas las formas de discriminacin contra la mujer, para promover sus demandas de reconocimiento de su trabajo, beneficios ms justos por su labor y acceso a la seguridad social.
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productividad agrcola y la seguridad alimentaria y al control sobre ellos (Grown y otros, 2005; Agarwal, 1994). La limitacin del acceso a los derechos sobre la tierra, la vivienda, el crdito, la tecnologa, los mercados y los servicios de extensin debilita los medios de vida sostenibles de la mujer. 173. Los cambios resultantes del crecimiento de la poblacin, las polticas econmicas, el cambio climtico, la proliferacin de los mercados y la urbanizacin han creado nuevos problemas, as como nuevas oportunidades de acceso de la mujer a los recursos y al control sobre ellos. Es difcil presentar un panorama mundial de esta compleja cuestin, particularmente por la falta de datos desglosados por sexo sobre propiedad/control/acceso en relacin con los recursos. 174. El cambio climtico y las crisis de alimentos y energa plantean amenazas serias y crecientes al desarrollo sostenible. Dadas sus importantes funciones productivas, la mujer es particularmente vulnerable a los efectos de la sequa y a las precipitaciones irregulares, que pueden agravar las desigualdades en el acceso a los recursos y al control sobre ellos (Banco Mundial/Organizacin de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentacin (FAO)/Fondo Internacional de Desarrollo Agrcola (FIDA), 2009). Sin embargo, las responsabilidades de la mujer en la gestin de los recursos naturales a nivel de la familia y de la comunidad la han colocado en una buena posicin para adaptar las estrategias de subsistencia a la cambiante realidad ambiental. Su conocimiento y sus aptitudes para la gestin del agua, la silvicultura y la biodiversidad pueden favorecer las estrategias de adaptacin y mitigacin (PNUD, 2009). 175. Los aumentos del precio de los alimentos como resultado de la crisis alimentaria han afectado a millones de personas. Los pobres gastan una proporcin ms grande de sus ingresos en alimentos, y esto afecta desproporcionadamente a las mujeres y las nias. El acceso desigual de la mujer a los recursos limita su capacidad para garantizar la seguridad alimentaria de la familia. Para enfrentar eficazmente la crisis de alimentos, a corto y a largo plazos, es esencial centrar ms la atencin en los problemas que enfrenta la mujer en la agricultura. La crisis de la energa tambin afecta la actividad econmica de la mujer, ya que sta soporta la mayor carga de tiempo y salud en la provisin y uso de la energa, empleando hasta tres horas por da recogiendo lea, estircol, carbn vegetal y residuos agrcolas (Banco Mundial/FAO/FIDA, 2009). 176. En el presente captulo se examinan las desigualdades de gnero en la distribucin de recursos econmicos fundamentales, con particular atencin en la tierra y la vivienda. Se analizan los esfuerzos tendientes a luchar contra la discriminacin en el derecho consuetudinario y en la legislacin vigente, en la poltica pblica y en el acceso al mercado, y los cambios necesarios en el contexto poltico ms amplio de la sostenibilidad de estos esfuerzos.
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en algunas zonas la mujer tiene un papel ms importante en la agricultura y el desarrollo rural. La mujer representa un porcentaje creciente de la fuerza de trabajo rural de muchos pases de Asia, frica y Amrica Latina (OIT, 2008c). 178. La falta de acceso a la tierra y a otros bienes y al control sobre ellos ha sido vinculado cada vez ms a la pobreza, la migracin, la urbanizacin, la violencia y el VIH/SIDA (Agarwal y Panda, 2007; Grown y otros, 2005). Hay crecientes pruebas de que un mayor acceso de la mujer a los recursos inmuebles puede tener mltiples beneficios para ella y para su familia y su comunidad, tanto en trminos de mayor productividad (Mason y Carlsson, 2004) como de bienestar, incluso en relacin con la salud y la educacin de los hijos (Quisumbing y de la Briere, 2000). 179. Las reglas, normas y costumbres que determinan la distribucin de los recursos estn insertas en diversas instituciones de la sociedad: familia, parentesco, comunidad, mercados y Estados. Las distinciones entre propiedad, acceso y control, y entre leyes estatutarias y normas consuetudinarias, han producido diversos grados de complejidad en la distribucin de la tierra y otros bienes. 180. El acceso de la mujer a la tierra y a otros bienes se puede lograr mediante la herencia y el matrimonio, los programas de reforma agraria y los mercados inmobiliarios. Tradicionalmente, la herencia, el matrimonio, la reforma legislativa y las polticas pblicas han desempeado un papel ms importante que los mercados inmobiliarios en la determinacin de la capacidad de la mujer para lograr acceso a los recursos y al control sobre ellos. Algunos canales han demostrado ser ms resistentes al cambio que otros. 181. Aunque relativamente pocos pases tienen datos completos sobre la medida de la desigualdad entre la mujer y el hombre en el acceso a los recursos terrestres, encuestas y estudios en pequea escala realizados en muchas partes del mundo indican que la desigualdad por razn del gnero es sustancial (Grown y otros, 2005; Deere y Leon, 2001; Agarwal, 1994). Hay una serie de factores que apuntalan esta desigualdad, incluidos las costumbres discriminatorias en materia de herencia; el acceso desigual a los mercados inmobiliarios, y la reforma agraria sesgada en funcin del gnero, incluida la costumbre de inscribir la propiedad a nombre del jefe de la familia, en la mayora de los casos un hombre (Grown y otros, 2005). 182. En muchos pases las leyes escritas gobiernan la propiedad de la tierra y de otros bienes. Donde existen sistemas duales, de leyes escritas y derecho consuetudinario, se han realizado algunos esfuerzos para armonizar estos sistemas. Tambin pueden coexistir la propiedad pblica y privada de la tierra y otros bienes. Por ejemplo, en Mozambique, pese a que, con posterioridad a la independencia y a la reforma legislativa, la tierra fue nacionalizada, la distribucin sigue basndose en gran parte en los derechos del usuario (Jenkins, 2004). 183. En algunas partes del mundo existe la propiedad comunal de la tierra y otros bienes. En el frica subsahariana la propiedad comunal se puede conferir a linajes o clanes. En algunos casos, mujeres y hombres slo tienen derecho al uso de la tierra, cuyo control siguen ejercindolo los varones mayores. En otros, la tierra se asigna a los miembros varones del linaje, cuando contraen matrimonio, y las mujeres reciben de sus esposos el derecho de uso de una parcela de tierra, con diversos grados de capacidad de decisin sobre la forma de cultivar la tierra y el uso de los beneficios (Lastarria-Cornhiel, 1997). Entre otros recursos considerados de propiedad comn, con acceso distribuido ampliamente en la comunidad, estn las tierras comunes de
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pastoreo, los bosques, los ros, los arroyos y los estanques de las aldeas. Estos recursos tienen un valor importante para las familias ms pobres y los grupos indgenas, en particular para las mujeres, que dependen de ellos para conseguir combustible, alimento y forraje, y tambin como fuentes de ingreso. 184. Los regmenes sucesorio y de matrimonio han desempeado un papel clave en la determinacin del acceso de la mujer a la tierra, la vivienda y a otras formas de propiedad (Agarwal, 1994). Las normas consuetudinarias sobre la herencia difieren en la medida en que reconocen los derechos de la mujer a la propiedad. La herencia por lnea paterna (patrilineal), en que la propiedad pasa a los miembros varones del linaje y por medio de ellos, es el rgimen sucesorio consuetudinario que ms se practica en frica y Asia. Tales sistemas pueden relegar a la mujer a la condicin de mano de obra familiar no remunerada en las explotaciones agrcolas de familia o, en el caso del creciente nmero de familias sin tierra o con poca tierra, a la de mano de obra agrcola asalariada. En los sistemas matrilineales la ascendencia y la propiedad se determinan por la lnea materna, aunque en la prctica hay una amplia variacin (Naciones Unidas-Programa sobre los Asentamientos Humanos (Hbitat), 2007). Algunas regiones tambin han tenido sistemas sucesorios bilaterales, en los cuales la propiedad pasa a hombres y mujeres y por intermedio de ellos, como entre los cingaleses de Sri Lanka (Agarwal, 1994). En Asia meridional, histricamente, los tres sistemas sucesorios han coexistido en diferentes partes, siendo los ms comunes los patrilineales (ibd.). 185. Los regmenes de sociedad conyugal que rigen la propiedad y el control de los bienes aportados al matrimonio o adquiridos durante ste determinarn la situacin en que queda la mujer en caso de viudez o ruptura matrimonial (Deere y Dos, 2006). Donde se considera que la mujer est bajo la tutela del esposo, el control y a menudo la propiedad de los bienes conyugales la tienen el esposo y su familia. Muchas mujeres, por la disolucin del matrimonio o muerte de sus esposos, corren el riesgo de ser desposedas. En partes de frica, en caso de muerte o abandono del esposo, la mujer puede perder su derecho al uso de la tierra. Hay informes cada vez ms numerosos de vulnerabilidad de mujeres que quedaron viudas a causa del VIH/SIDA y que son privadas de la tierra, el ganado y otros bienes por las familias de sus esposos (Strickland, 2004). En partes de Asia meridional las viudas pueden quedar en la miseria y hasta como trabajadoras agrcolas en las tierras de cuados acomodados, despus de haber sido privadas de sus legtimos derechos (Agarwal, 1994). 186. No obstante, en gran parte de Amrica Latina el reconocimiento implcito del aporte de la mujer por el trabajo domstico garantiza que, con la disolucin del matrimonio, conserva su propiedad individual y la mitad de los bienes comunes (Deere y Doss, 2006). En Asia meridional, por el contrario, en caso de ruptura del matrimonio la mujer a veces tiene dificultad para reclamar su parte de los bienes comunes (Agarwal, 2002). Redistribucin de la tierra y otros bienes teniendo en cuenta el gnero 187. Muchos pases han emprendido la reforma, promulgando nuevas leyes o enmendando la legislacin existente, para garantizar el derecho de la mujer a la propiedad de la tierra y de otros bienes, o a heredarlos a su nombre, y para prohibir la discriminacin basada en el gnero (Benschop, 2002). Por ejemplo, la Ley de la
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Familia, de Mozambique, reconoce los matrimonios contrados de acuerdo con el derecho consuetudinario y las uniones irregulares y permite que la mujer casada por la ley consuetudinaria reclame los bienes del matrimonio (Naciones Unidas-Hbitat, 2007). En Rwanda los derechos de la mujer a la tierra fueron garantizados como parte de proceso de reconstruccin posterior al conflicto. La Ley que establece los regmenes matrimonial, sucesorio y de disposicin a ttulo gratuito consagra el principio de que la mujer puede ser propietaria y heredar bienes en un pie de igualdad con sus hermanos, y exige que las parejas que se inscriben para contraer matrimonio asuman un compromiso comn de compartir la propiedad y la disposicin de los bienes conyugales (Grown y otros, 2005). En la India, la enmienda de 2005 de la Ley Hind de Sucesin (los hindes constituyen el 80% de la poblacin) ha dado iguales derechos de herencia a hijos e hijas sobre todas las formas de propiedad, incluida la tierra agrcola (Agarwal, 2005). 188. La experiencia indica que la modificacin de las leyes no necesariamente se traduce en verdaderos derechos, dada la resistencia de las normas sociales de larga data favorables al hombre en materia de derechos sobre la tierra. En muchos pases no se hacen cumplir las leyes. Aun donde por ley se reconocen sus derechos, a menudo las costumbres impiden a la mujer tomar el control de hecho de la tierra y de otros bienes productivos (Deere y Leon, 2001; Agarwal, 1994). La importancia central de la tierra en las jerarquas rurales arraigadas significa que la mujer puede estar limitada para reclamar sus derechos (Banco Mundial/FAO/FIDA, 2009); Walker, 2003). La condicin secundaria de la mujer, su analfabetismo, su temor a alterar las relaciones dentro de la familia y las normas culturales que asocian al hombre con la propiedad de la tierra se combinan para que el proceso sea difcil y costoso. En algunas regiones, como gran parte del Asia meridional, las mujeres dependientes de sus familias biolgicas, como opcin para el caso de disolucin del matrimonio o viudez, tambin tienden a renunciar a sus reclamaciones en favor de sus hermanos. Este es especialmente el caso en que la mujer est casada en lugares considerablemente distantes de la aldea en que naci (Agarwal, 1994). 189. Durante el decenio pasado se celebr un debate sobre el tipo de derechos que ms mejorara el acceso de la mujer a la tierra y aumentara su productividad. Se ha reconocido que los contextos socioeconmicos especficos determinan si el tipo de derecho a la tierra y a otros bienes es apropiado. Los derechos individuales pueden ser decisivos para aumentar la capacidad de negociacin de la mujer, que le permitiran lograr el control sobre el producto de su trabajo, legar la tierra como lo desee y reclamar su parte en caso de conflicto en el matrimonio (Agarwal, 1994). Sin embargo, en situaciones en que el derecho de la mujer a la tierra no existe o es dbil, a mediano plazo puede ser ms fcil obtener ttulos de propiedad conjuntos, con la posibilidad de adquirir derechos individuales en el futuro (Agarwal, 2002; Deere y Leon, 2001). En algunos contextos, dada la importancia de las relaciones familiares en la vida de las mujeres pobres, la mejor forma de servir a sus intereses sera con mecanismos que garanticen y amplen sus derechos a los recursos colectivos de la familia (Walker, 2003). 190. En otros contextos, la mejor forma de servir a los intereses de las mujeres sera un derecho de grupo sobre la tierra, como una forma de fideicomiso de tierras en el que tuvieran derecho a usar pero no a enajenar (Agarwal, 2002). Tambin se ha sugerido que, si las mujeres unieran y cultivaran sus minifundios colectivamente, estaran en mejores condiciones para conservar el control sobre la tierra y sus productos y para cultivarla con ms eficacia, ya que la agrupacin les permitira
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invertir en insumos que no podran pagar individualmente (ibd.). Esto indica la necesidad de aplicar un criterio mltiple y especfico para el contexto con respecto a la cuestin de los derechos de la mujer a la propiedad, especialmente a la tierra. 191. Los procesos de reforma agraria pueden desempear un papel importante en el tratamiento de las desigualdades en el acceso de la mujer a la tierra y otros bienes. En su mayor parte, las primeras reformas agrarias, como las de Asia meridional y Amrica Latina, se centraron en los jefes de familia varones (Agarwal, 1994; Deere y Leon, 2001). En frica, los proyectos de registro de ttulos de propiedad sobre la tierra con frecuencia se orientaron al otorgamiento de derechos individuales sobre la tierra, los rboles y el agua y a la exclusin de quienes anteriormente tenan acceso a esos bienes de acuerdo con la costumbre, incluidas las mujeres. Por ejemplo, en Zimbabwe el 98% de los permisos de reasentamiento para tierras de cultivo y pastoreo los tenan los esposos varones (Petrie y otros, 2003). La fuerte resistencia de poderosos intereses creados y la dbil voluntad poltica socavaron algunos esfuerzos iniciales tendientes a poner en marcha procesos que tuvieran ms en cuenta el gnero. 192. No obstante, gradualmente el cambio se est produciendo. Por ejemplo, en Viet Nam, en los procesos de redistribucin, los certificados de uso de la tierra, que con anterioridad se registraban principalmente a nombre de los varones, por la Ley de Tierras de 2003 se exigi que todos los documentos en que se inscribieran bienes familiares y derechos de propiedad de la tierra incluyeran los nombres de ambos esposos (Banco Mundial y otros, 2006). Sin embargo, la ley no exigi que se modificaran los ttulos emitidos con anterioridad. De acuerdo con la Encuesta sobre medicin de los niveles de vida de Viet Nam, los hombres eran titulares nicos del 60% de la tierra agrcola y del 66% de la residencial. 193. En muchas partes del mundo los mercados de tierras han sido un medio menos efectivo de transferir la tierra y otros bienes a la mujer (Grown y otros, 2005). Las desigualdades existentes en el empleo y para conseguir otros recursos, como el crdito, restringen el acceso de la mujer. Por ejemplo, en Amrica Latina los estudios de casos demostraron la existencia de discriminacin basada en el gnero en los mercados de tierras y la necesidad de aplicar polticas pblicas explcitas para facilitar la participacin de la mujer (Deere y Leon, 2001). Sin embargo, los mercados constituyen para la mujer un canal importante para realizar compras, incluso para las mujeres pobres, en el contexto del crdito subsidiado por el Estado. Las posibilidades de los mercados han quedado demostradas en partes del Asia meridional, donde grupos de mujeres sin tierra han utilizado el crdito subsidiado del Gobierno para arrendar o comprar tierras en grupos y cultivarlas en forma conjunta (Agarwal, 2002). En la India meridional, grupos de 10 a 15 mujeres pobres han utilizado planes pblicos de subsidios y prstamos para arrendar o comprar tierras. Las mujeres, trabajando juntas, han aprendido agrimensura, a alquilar equipo, a viajar a los pueblos para reunirse con funcionarios del Gobierno, a conseguir los insumos necesarios y a comercializar los productos. Las mujeres presentan mejoras en materia de seguridad alimentaria, salud y educacin de los nios, mayor control sobre el ingreso de la familia, reduccin de la violencia en el hogar y condicin social (ibd.). 194. En muchas partes del mundo se han desarrollado prcticas innovadoras para facilitar la distribucin de la tierra y otros bienes teniendo en cuenta el gnero. En Guatemala, el programa de comercializacin de tierras patrocinado por el Estado,
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basado en un banco de crdito hipotecario, exige que en la documentacin aparezcan los nombres de ambos esposos (Naciones Unidas-Hbitat, 2007). En la India se estimula la adquisicin de derechos de propiedad de la mujer mediante incentivos a nivel de Gobierno estatal y local. Por ejemplo, en 2002 el Estado de Delhi redujo el impuesto de sellos del 8% al 6% para las propiedades inscriptas a nombre de mujeres, y al 7% cuando la inscripcin era conjunta (Narain, 2007). En Bangladesh, la movilizacin de grupos de la sociedad civil para que se redistribuyera la tierra pblica no utilizada a grupos sin tierra tuvo como resultado la adopcin de disposiciones legales, inicialmente a favor de los jefes de hogar varones. La movilizacin de las mujeres hizo que se emitieran ttulos de propiedad conjunta (Kabeer, 2008c). En Gambia, mediante un proyecto de desarrollo agrcola, con el consentimiento de la comunidad, se adjudicaron tierras a mujeres recientemente asentadas que no las posean, a cambio de su trabajo en la rehabilitacin de tierras pantanosas para el cultivo de arroz (Banco Mundial/FAO/FIDA, 2009). Los fondos fiduciarios para el acceso de la mujer a la tierra de Kenya, la Repblica Unida de Tanzana y Uganda han movilizado tierras otorgadas por autoridades locales utilizando los ahorros de grupos de mujeres y cooperativas de vivienda. Estos fondos fiduciarios para el acceso a la tierra funcionan como intermediarios entre las mujeres de bajos ingresos y los Gobiernos, entidades financieras, el sector privado y otros agentes (Naciones Unidas-Hbitat). 195. Se necesitan esfuerzos continuos para promover leyes que tengan en cuenta el gnero, hacer cumplir la legislacin existente y hacer que el sistema judicial sea ms accesible y sensible para las mujeres. Tambin es necesario crear ms conciencia en los organismos responsables de hacer aplicar la ley, dar asistencia jurdica a las mujeres que tratan de reclamar sus derechos, y realizar campaas para sealar a la atencin la importancia de las cuestiones relativas a la igualdad entre los gneros en la poltica de tierras (Knox y otros, 2007). Tambin deben recibir apoyo los grupos y redes de mujeres dedicados a promover los derechos de la mujer a la propiedad de la tierra y otros bienes. Por ejemplo, en la Repblica Unida de Tanzana, aunque la movilizacin del Grupo de Trabajo sobre el Gnero y la Tierra no logr la reforma deseada de la legislacin consuetudinaria en la nueva Ley de tierras de 1999, la promocin y las medidas lograron que se tomaran medidas explcitas para tener en cuenta algunas de sus preocupaciones e impulsaron un amplio debate sobre la necesidad de abordar las prcticas discriminatorias contra la mujer (Tsikata, 2003).
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en dos aldeas de la India, revel que cuando estaba funcionando bien las mujeres podan emplear ms tiempo en actividades generadoras de ingresos, y que sus ingresos aumentaron sustancialmente, de 750 a 5500 rupias por ao (Sijbesma y otros, 2009). 198. Las lecciones aprendidas de experiencias sobre el terreno ponen de relieve la importancia que tienen las mejoras del suministro de agua para la productividad de las mujeres de zonas rurales (Quisumbing y Pandolfelli, 2008). En Burkina Faso, Uganda y Zambia el ahorro de tiempo resultante de la localizacin de las fuentes de agua dentro de los 400 metros de los hogares oscil entre 124 horas y 664 horas por hogar y por ao (Barwell, 1996). En la zona rural de Zimbabwe, donde los huertos domsticos de las mujeres son una fuente importante de ingreso y seguridad alimentaria, el proyecto de pozos recolectores proporcion agua para uso domstico, incluidas las huertas familiares. Aunque el costo medio de construir un pozo recolector y organizar las huertas fue significativamente ms alto que el de un pozo comn con bomba manual (10.600 dlares de los [Link]. y 4.700 dlares de los [Link]., respectivamente), el dinero obtenido de las huertas frecuentemente se invirti en pequeos comercios o en planes de ahorro. En el Senegal, los ingresos provenientes de la venta de agua de pozos comunitarios a familias y pastores se prestaron a grupos de mujeres dedicados a empresas como la venta de frutas, vegetales y man. 199. Tanto las mujeres como los hombres agricultores necesitan agua para la irrigacin y el ganado. En general las mujeres enfrentan mayores obstculos, ya que el acceso a los sistemas de riego con frecuencia est condicionado a la propiedad de la tierra. Los administradores de proyectos de riego tienden a suponer que las necesidades de agua de la mujer estn incluidas en las del hombre, o las equipara a los fines domsticos. A menudo la mujer est excluida de las asociaciones de usuarios, o participa slo marginalmente. El hombre, en particular el de familia ms acomodada, suele tener ms lazos externos, incluidas las conexiones polticas con funcionarios a cargo del riego, y ser ms activo en las reuniones de las asociaciones de usuarios, lo que le proporciona ms influencia sobre las decisiones relativas a la administracin del agua (Meinzen-Dick y Zwarteveen, 1998). 200. Los bosques mantienen a cerca de la mitad de los 2.800 millones de personas que viven con 2 dlares de los [Link]. o menos por da (Banco Mundial, 2002) y juegan un papel decisivo en la seguridad alimentaria mundial, proveyendo alimento, forraje, combustible y medicinas. En todo el mundo en desarrollo las mujeres hacen una contribucin importante a la conservacin de los bosques, incluso en la agrosilvicultura y en la gestin de las cuencas hidrogrficas. Las mujeres tienen un amplio conocimiento de los recursos forestales, que les brindan importantes fuentes de alimentacin e ingresos para las familias 22. 201. El agotamiento de los recursos forestales afecta desproporcionadamente a las mujeres. La deforestacin priva a las mujeres de muchas partes del mundo de una fuente importante de lea (la fuente ms importante de combustible para cocinar en gran parte del mundo en desarrollo), forraje para los animales, alimentos suplementarios, productos forestales no leosos utilizados para obtener ingresos estacionales, hierbas medicinales y muchos otros artculos utilizados para la subsistencia (Agarwal, 1992).
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Organizacin de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentacin, Gender and food security: forestry. website fact sheet, disponible en [Link]
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202. En el contexto de la descentralizacin de la gestin de los recursos naturales, hay una mayor aceptacin de que las comunidades pueden administrar tierras, bosques y aguas comunes. Esto ha conducido a la formacin, en varios pases en desarrollo, de grupos de usuarios que trabajan colectivamente para gestionar estos recursos de uso comn. Clusulas de exclusin y normas sociales a veces han permitido que los hombres y los sectores ms privilegiados de la comunidad dominen estos grupos de usuarios (Rao, 2006; Agarwal, 2001). Por ejemplo, en varios pases del Asia meridional, especialmente en la India y Nepal, se han iniciado programas comunitarios de forestacin, con la participacin de grupos de usuarios, para la recuperacin de bosques locales degradados. En la India, con arreglo al Programa de Gestin Conjunta de los Bosques, las mujeres frecuentemente no son miembros debido a que las reglas admiten la afiliacin de una sola persona por familia, inevitablemente el varn jefe de familia. De manera similar, las mujeres participan en grado muy limitado en los rganos de adopcin de decisiones de estos grupos, a pesar de su inters sustancial y de su conocimiento de los bosques (Agarwal, 2000, 2001). Por ejemplo, en Nepal, a nivel nacional slo el 24% de los miembros de los comits ejecutivos de los grupos comunitarios de silvicultura son mujeres (Ghimire-Bastakoti y otros, 2006). En muchas zonas, los estudios de casos de grupos de usuarios individuales de bosques indican porcentajes todava ms pequeos (Rao, 2006). 203. Sin embargo, cada vez ms se reconoce a las mujeres como usuarias fundamentales de los recursos forestales y se estimula su participacin. En los casos en que se ha prestado atencin a las estructuras de gobernanza, a las aptitudes y competencias de los miembros y a la capacidad para representar a toda la gama de usuarios, los grupos de usuarios pueden actuar como vehculos para mejorar el acceso de la mujer a los recursos productivos. En algunos estados de la India se han cambiado las directrices para la composicin de rganos generales para incluir a todos los adultos, y tanto en la India como en Nepal hay una tendencia a la adopcin de directrices ms inclusivas para la formacin de comits ejecutivos (Agarwal, 2001). Sin embargo, en el terreno estas directrices frecuentemente no se siguen. Es notable comprobar que una proporcin ms grande de mujeres, en el comit ejecutivo, ha mejorado significativamente los resultados de la conservacin de bosques, as como el acceso de la mujer a la lea (Agarwal, de prxima aparicin).
C.
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205. Las medidas relativas al transporte pueden aumentar la productividad y el ingreso de la mujer, incrementando su acceso a los mercados, a la educacin, a la capacitacin y a la informacin, y dejndole ms tiempo para el descanso y la participacin en actividades de la comunidad (Fernando y Porter, 2002). Las mujeres pueden obtener beneficios en materia de salud y bienestar, por ejemplo con un mayor acceso a los servicios sanitarios. Pese a estos posibles avances, las cuestiones relativas a la igualdad entre los gneros siguen siendo secundarias en relacin con gran parte de la poltica y la prctica del transporte. El diseo de una infraestructura del transporte debe tener en cuenta las prioridades y necesidades de la mujer, as como tambin los problemas y limitaciones que enfrenta. 206. Las mejoras en las redes de caminos deben estar acompaadas por servicios de bajo costo, regulares y confiables, que sean accesibles para las mujeres pobres. En ausencia de medios de transporte pblicos, un grupo de mujeres de Kenya resolvi sus problemas de transporte formando una cooperativa y obteniendo un prstamo para adquirir un mnibus, que explotan como empresa con fines de lucro, dando preferencia a los miembros de la cooperativa (Banco Mundial/FAO/FIDA, 2009). En la India, mediante una campaa de alfabetizacin realizada en Tamil Nadu a principios del decenio de 1990, se ense a las mujeres a manejar la bicicleta como medida de empoderamiento (Rao, 2002). Las mujeres participantes eran principalmente pobres y de familias de castas inferiores y trabajaban largas horas tanto en tareas remuneradas como no remuneradas. Muchas compraron bicicletas o las pidieron prestadas a parientes y vecinos para realizar una variedad de actividades: buscar agua de tanques y pozos, llevar arroz al molino y recoger combustible y forraje. 207. Los servicios de extensin agrcola que incluyen los de asesoramiento, informacin y capacitacin y el acceso a los insumos de la produccin como semillas y fertilizantes son fundamentales para aumentar la productividad de la actividad agropecuaria. A pesar de sus funciones crticas en la agricultura, en general las mujeres agricultoras han sido dejadas de lado por los servicios de extensin de muchas zonas (FAO, 2008). Por ejemplo, en Viet Nam, mientras las mujeres empleaban el 30% del total de su actividad laboral en la agricultura por cuenta propia, en comparacin con el 20% correspondiente a los hombres, los datos del Ministerio de Agricultura y Desarrollo indicaban que las mujeres representaban solamente el 25% de los participantes en programas de capacitacin sobre ganadera y el 10% sobre cultivos (Gobierno de Viet Nam, 2000). 208. Los agentes de extensin masculinos tienden a centrar la atencin en los agricultores varones y en la informacin e insumos que ellos necesitan (Banco Mundial/FAO/FIDA, 2009). Un estudio sobre los servicios de extensin agrcola de Nigeria comprob que las mujeres agricultoras asesoradas por mujeres funcionarias de extensin tenan ms posibilidades de acceder a esos servicios, de adoptar las tecnologas/prcticas recomendadas y de expresar satisfaccin por los servicios, en relacin con las que fueron asesoradas por hombres (Lahai y otros, 2000). En Ghana, trabajadoras encargadas de los servicios de extensin seleccionadas por la comunidad han proporcionado un interfaz efectivo entre los grupos de mujeres y los servicios pblicos de extensin. A pesar de estos efectos positivos, slo el 15% de los agentes de extensin del mundo son mujeres (Banco Mundial/FAO/FIDA, 2009). Esta cifra es ms baja en frica, donde las mujeres constituyen un mero 7% de los agentes de extensin agrcola (Williams, 2003). Por lo tanto, los esfuerzos
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tendientes a lograr que los servicios de extensin agrcola sean ms accesibles deben incluir medidas destinadas a aumentar el nmero de mujeres agentes de extensin. 209. En muchas partes del mundo las mujeres emplean una cantidad importante de tiempo y esfuerzos para bombear agua, transportar cosechas y procesar alimentos, tareas que se realizaran de manera mucho ms eficiente con tecnologas modernas y podra dejarles tiempo libre para participar en otras actividades productivas y comunitarias. Por ejemplo, herramientas y equipos agrcolas adaptados a la mujer, como arados ms livianos, o tecnologas diseadas para tareas realizadas tradicionalmente por mujeres, como molinos mecanizados para cereales, pueden aumentar enormemente la productividad laboral y reducir la carga de tiempo. La recoleccin del agua de lluvia, la proteccin de los manantiales y las cocinas econmicas en el uso de la energa tambin reducen la carga de tiempo de la mujer en la tarea de recoger agua y lea o de otras fuentes de energa. Los beneficios de la conservacin de agua y energa tambin se extienden a las actividades generadoras de ingresos que la mujer realiza fuera de la explotacin agrcola, como la fermentacin o el ahumado y venta de pescado (Banco Mundial/FAO/FIDA, 2009). 210. Actualmente, aproximadamente 2.000 millones de personas carecen de acceso a la electricidad para iluminacin y energa, y 3.000 millones dependen de la biomasa tradicional para satisfacer sus necesidades de cocina y calefaccin (Banco Mundial/FAO/FIDA, 2009). La provisin de electricidad en zonas rurales, particularmente destinada a usos fundamentales para la mujer, como hacer funcionar molinos de cereales o bombas de agua, o proveer iluminacin en clnicas de salud, tambin puede reducir la carga de trabajo de la mujer y darle tiempo libre para actividades productivas o domsticas, as como tambin para participar en actividades comunitarias. Por ejemplo, los generadores disel instalados en la zona rural de Mal, que proporcionaron energa para la iluminacin, el procesamiento de productos agrcolas y el bombeado de agua, permitieron a las mujeres ahorrar tiempo, procesar productos y aumentar sus ingresos en 0,47 dlares de los [Link]. por da. Los estudios realizados comprobaron que, como consecuencia de la provisin de electricidad, era ms probable que las mujeres de zonas rurales, en comparacin con los hombres, iniciaran empresas propias (Banco Mundial/FAO/FIDA, 2009). 211. Adems, el mejoramiento de la tecnologa produce beneficios en salud y bienestar. En muchas partes del mundo el uso del combustible tradicional crea un riesgo para la salud, porque las mujeres pobres pasan horas en sus casas expuestas al fuego de la cocina. La muerte de 1,6 millones de personas en los pases en desarrollo, mayormente mujeres y nios menores de 5 aos de edad, se adjudica al humo producido por la combustin y las cocinas en el interior de las casas (Organizacin Mundial de la Salud (OMS), 2006). 212. Sin embargo, muchas mujeres enfrentan obstculos para utilizar mejores tecnologas. Entre las restricciones estn la falta de adaptacin a las condiciones y necesidades locales, las normas y prcticas socioculturales discriminatorias, la falta de una adecuada difusin y los altos costos. Por ejemplo, en el Sudn, aunque las mujeres acogieron con satisfaccin la introduccin de cocinas a gas propano lquido, ms limpias, de uso ms rpido y fcil que las cocinas a lea, muchos volvieron a sus cocinas a carbn, a pesar de que el costo del carbn era superior. Eso se debi a que el gas slo estaba disponible en envases grandes. Por sus problemas de efectivo, las mujeres no tenan dinero para adquirir envases grandes y volvieron a comprar
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carbn en pequeas cantidades y diariamente (Banco Mundial/FAO/FIDA, 2009). En la India hubo un problema similar, pero en este caso Spandana, una organizacin importante de microfinanciacin para mujeres, negoci con un fabricante de cocinas a gas y con una compaa de gas para reducir sus precios a la mitad a cambio de un gran nmero de clientes nuevos. Se ofrecieron prstamos a las mujeres para que pudieran utilizar el servicio. En el plazo de seis meses se inscribieron 70.000 mujeres, que ahorraron tres horas por da, usualmente empleadas en recoger combustible (Murray, 2008). Es importante consultar con las mujeres acerca del diseo de tecnologas de ahorro de mano de obra, y complementar esas tecnologas con programas, incluida la capacitacin, para aumentar la accesibilidad y la utilizacin plena. 213. Las tecnologas de la informacin y la comunicacin son un recurso importante que puede beneficiar a las mujeres, tanto de los pases en desarrollo como de los desarrollados, mediante el ahorro de tiempo y mano de obra, facilitando el acceso a la informacin y creando oportunidades para generar ingresos. El acceso a Internet y los telfonos mviles ha tenido un efecto significativo en las mujeres de zonas rurales de muchos pases, por ejemplo creando ms oportunidades de ndole econmica mediante el acceso a nuevos mercados y a la informacin sobre los precios corrientes de los insumos y productos agrcolas. 214. A pesar del demostrado potencial de las tecnologas de la informacin y la comunicacin para el desarrollo, el acceso de la mujer sigue siendo problemtico, especialmente en las zonas rurales de los pases en desarrollo (Divisin para el Adelanto de la Mujer, 2005). La utilizacin por la mujer de medios pblicos, como telecentros y cibercafs, puede verse limitada por falta de transporte, horarios inconvenientes, falta de tiempo debida a la carga de trabajo y ambientes inseguros. La limitacin del ingreso disponible tambin puede reducir la oportunidad de la mujer para aprovechar las tecnologas existentes. En muchos pases, la falta de los contenidos pertinentes en los idiomas locales es otro obstculo con que tropiezan las mujeres de zonas rurales que quieren utilizar estas tecnologas (ibd.).
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216. En el decenio pasado la poblacin urbana ha aumentado en forma extraordinaria como resultado de la expansin de los barrios bajos. En 2005 haba en el mundo 998 millones de habitantes de barrios bajos. Si continan las tendencias actuales, en 2020 esa poblacin llegar a 1.400 millones (Naciones Unidas-Hbitat, 2006). Unos 934 millones de personas viven sin seguridad de tenencia en asentamientos irregulares de las zonas urbanas de los pases en desarrollo. En 20012002 ms de 6,7 millones de personas en todo el mundo y 4 millones en frica fueron desalojados de sus hogares, muchos de ellos en zonas urbanas (Beall y Fox, 2007). 217. En muchas partes del mundo la vivienda sigue siendo inadecuada, sin agua potable, sin sistemas de desage ni evacuacin de residuos, sin sanidad adecuada, sin ventilacin/calefaccin, sin electricidad y sin acceso a servicios sociales bsicos (Naciones Unidas-Hbitat, 2003). Gran parte de las viviendas ocupadas por familias pobres es irregular y a menudo de construccin propia. La proporcin estimada de personas que viven en asentamientos de bajos ingresos, sin conexiones de agua corriente, era del 66% en 10 ciudades de frica, de ms del 50% en 14 ciudades de Asia y del 33% en ocho ciudades de Amrica Latina (Hardoy y otros, 2001). 218. La vivienda es un bien econmico importante que contribuye a la independencia, seguridad econmica y capacidad de negociacin de las mujeres en sus familias y en la sociedad (Miraftab,2001). Sin vivienda adecuada es difcil conseguir y mantener el empleo, se pone en peligro la salud, se obstaculiza la educacin y se perpetra ms fcilmente la violencia contra la mujer (Naciones Unidas-Hbitat, 2003). Muchas mujeres que abandonan el hogar debido a la violencia domstica, al quedar sin hogar resultan vulnerables y pueden sufrir ms violencia (vase E/CN.4/2005/43). En las zonas urbanas, las mujeres de familias de bajos ingresos se concentran, ms que los hombres, en actividades por cuenta propia del sector no regulado, con frecuencia en sus casas o en las cercanas. La mujer tiene menos acceso que el hombre a la informacin, al crdito, a las herramientas y equipo necesarios para mejorar sus empresas o ampliarlas. Para los muchos millones de mujeres que emigran hacia las ciudades en busca de trabajo o para escapar de la discriminacin y la violencia, el acceso a la vivienda segura y decente aparece como una prioridad. Sin embargo, en muchas partes del mundo el acceso equitativo de la mujer a la vivienda adecuada sigue siendo un desafo. 219. Aunque en muchas partes del mundo los datos confiables y comparables son limitados, se estima que, en una proporcin creciente, las personas que habitan en viviendas pobres o no tienen casa son mujeres y nios (Naciones Unidas-Hbitat, 2003). Las mujeres enfrentan limitaciones particulares para conseguir y mantener una vivienda adecuada debido a las leyes, polticas, costumbres y tradiciones discriminatorias (vase E/CN.4/2006/118). Tambin pueden estar limitadas por el acceso desigual a los recursos econmicos, como el crdito y la financiacin. Ciertos grupos de mujeres, como las vctimas de la violencia en el hogar, las viudas, las de edad avanzada, las divorciadas o separadas, las jefas de hogar, las indgenas y de grupos tribales, las que padecen discapacidades, las que se encuentran en situaciones de conflicto o de posconflicto y las de minoras tnicas y de nacionalidad, corren ms riesgo de quedar sin vivienda. Los desalojos debidos a la eliminacin de barrios bajos o a proyectos de desarrollo pueden constituir una carga desproporcionada para las mujeres. Adems de perder sus hogares, tambin pueden perder sus medios de vida y sus sistemas de apoyo y sufrir traumas fsicos y
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psicolgicos. El desalojo puede incluso causar un aumento de la morbilidad y la mortalidad de las mujeres. 220. En muchos pases en que se modific la legislacin para establecer la igualdad de acceso a la vivienda, las estructuras tradicionales, las actitudes patriarcales, la falta de conocimiento sobre los derechos a la vivienda y a la tierra y las restricciones econmicas han impedido de hecho a las mujeres la adquisicin de tierras, tanto en zonas urbanas como rurales (vase E/CN.4/2003/55). 221. El Estado puede desempear un papel importante para facilitar el acceso equitativo a la vivienda adecuada mediante la provisin directa de vivienda de bajo costo a los pobres de zonas urbanas, o promoviendo y apoyando los esfuerzos de grupos comunitarios para construir viviendas por medios propios. Por ejemplo, los Estados pueden dar incentivos fiscales a empresas de urbanizacin para que construyan unidades de vivienda asequibles; crear fondos fiduciarios para la vivienda; subsidiar los alquileres de familias de bajos ingresos y promover el acceso de mujeres y familias de bajos ingresos a la vivienda propia mediante prstamos hipotecarios (NGA Centre for Best Practices, 2002). Aunque en muchos pases el criterio dominante prioriza los derechos individuales de propiedad, se puede considerar una amplia gama de opciones jurdicas, incluidos el alquiler de alojamiento pblico y privado, la vivienda cooperativa, los derechos de ocupacin compartida, los derechos de uso compartido y diversas formas de arrendamiento individual y colectivo (Naciones Unidas-Hbitat, 2007). 222. En las zonas urbanas ha habido un impulso favorable a la regularizacin de la tenencia de la tierra, similar al de las zonas rurales. Las mujeres han encontrado los mismos problemas que enfrentan en las zonas rurales para obtener ttulos individuales de propiedad de la tierra. Un estudio realizado en 16 comunidades urbanas de bajos ingresos de ocho pases de frica, Asia y Amrica Latina revel que los ocupantes propietarios variaban desde el 20% de las familias en el Senegal hasta el 91% en Sri Lanka, y que el porcentaje de mujeres ocupantes propietarias era considerablemente menor, desde el 10% de las familias en el Senegal hasta el 76% en Costa Rica (Miraftab, 2001). Un examen ms reciente de encuestas de hogares realizado en varios pases latinoamericanos seal que el porcentaje de mujeres propietarias de su vivienda iba desde el 21% en el Ecuador hasta el 73% en Guatemala (Deere y otros, 2009). Una excepcin importante ha sido Sudfrica, donde el Proceso de Vivienda Popular ha permitido la inscripcin de un gran nmero de hogares encabezados por mujeres, debido a que uno de los criterios para hacerlo es el de vivir con dependientes (ibd.). 223. De acuerdo con los planes de sitios y servicios adoptados en muchos pases, se entregan parcelas con servicios bsicos donde las personas pobres pueden construir sus propias casas de conformidad con directivas generales. Una prctica comn de mejoramiento de los barrios bajos consiste de iniciativas destinadas a mejorar los asentamientos existentes mediante la transferencia de ttulos de propiedad legales y la instalacin de servicios bsicos, medios de esparcimiento e infraestructura. El mejoramiento de la calidad a menudo requiere la participacin de la comunidad en el desarrollo de proyectos, si no en la planificacin y diseo por lo menos en la puesta en prctica (Chant y McIlwaine, 2009). La inclusin de la mujer en la planificacin, diseo y aplicacin de sitios y servicios y de otros planes de autoayuda asegurar que se contemplen sus funciones y necesidades especficas respecto de la vivienda adecuada.
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224. Se ha procurado asegurar que las mujeres reciban beneficios equitativos de los planes de vivienda. Entre las iniciativas est promover el otorgamiento de ttulos de propiedad conjunta; la provisin de infraestructura como el suministro de agua, la sanidad y la energa, que economizan tiempo a la mujer; el estmulo a la participacin activa de la mujer en el diseo, aplicacin y evaluacin de proyectos; y la seguridad de que se ofrece, a hombres y mujeres por igual, capacitacin en la gestin de proyectos, el diseo de viviendas, la construccin y el mantenimiento. Por ejemplo, en 2004, como resultado de una propuesta conjunta de grupos de mujeres y del movimiento a favor de la vivienda, la municipalidad de San Pablo, Brasil, exigi que los programas pblicos de vivienda incluyeran clusulas que dieran prioridad a las mujeres como beneficiarias de contratos y otras medidas financiadas con fondos municipales (Naciones Unidas-Hbitat, 2007). En Sudfrica, la municipalidad de Durban trat de mejorar el acceso al agua para las familias de bajos ingresos aplicando tasas ms bajas, la tarifa mnima. Esto tuvo particulares beneficios para los que, principalmente las mujeres, trabajan en la casa y dependen del agua para su labor, como cocinar para vender en puestos locales y lavando ropa (Chen y otros, 2005). 225. En la India, SEWA aprovecha que, para las familias de bajos ingresos, el derecho de residencia es ms accesible que el derecho de propiedad, para alentar a las mujeres a que pongan sus nombres en diferentes documentos, como las facturas de electricidad, pagars y el impuesto inmobiliario (Baruah, 2007). En general los hombres no objetaron esta prctica, y los documentos mencionados ofrecen a las mujeres la oportunidad de demandar ante la justicia el derecho de residencia en caso de divorcio o separacin. 226. Aparte de la vivienda y los servicios conexos, para sus negocios los hombres y las mujeres de bajos ingresos dedicados al comercio y a servicios no regulados necesitan acceso al espacio pblico. Excepto en las sociedades en que las normas relativas al gnero restringen la movilidad de las mujeres, stas son una parte importante del total de vendedores ambulantes (OIT, 2002b). La proliferacin de las actividades no reguladas en la economa urbana frecuentemente entra en conflicto directo con los intentos de privatizar el espacio pblico mediante la expansin de centros comerciales, comunidades residenciales cerradas y edificios de oficinas. Dicha expansin puede tener efectos impresionantes en los medios de vida de las personas que tienen pequeas empresas. Los promotores inmobiliarios urbanos deben disear una divisin ms justa del espacio pblico y aplicar un criterio ms cooperativo en su desarrollo. 227. Ha aparecido una cantidad de redes que vinculan a diferentes grupos urbanos con el fin de maximizar su capacidad para influir en la poltica pblica. En muchas ciudades, las organizaciones de base comunitaria han ido ms all de la aplicacin de planes de vivienda pblica para ejercer una funcin ms activa de adopcin de decisiones en materia de diseo y entrega. En la India, la Mahila Milan (una federacin de grupos de ahorro de mujeres), la Federacin Nacional de Habitantes de Barrios Bajos y la Sociedad para la Promocin de los Centros de Recursos de Zona han trabajado conjuntamente para desarrollar polticas de vivienda urbana en varias ciudades y asegurar que se de prioridad a la vivienda de mejor calidad; a los servicios bsicos como los de agua, sanidad, escuelas y atencin de la salud; y a la seguridad de la tenencia (Satterthwaite, 2008). En ciudades de toda frica, Asia y Amrica Latina han surgido federaciones similares de mujeres y hombres pobres de zonas urbanas, con unos pocos miles de miembros en Nepal hasta cinco millones en
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Tailandia. Estas federaciones han logrado introducir cambios en todo el mbito de ciudades como Durban, Mumbai (India), Phnom Penh y varias ciudades de Tailandia (Satterwaite, 2008). Las mujeres juegan un papel activo, constituyendo la mayora en muchas federaciones. 228. Street-Net fue fundada en 2002 para reunir a organizaciones integradas por comerciantes callejeros de diversos pases. En su constitucin se estipula que por lo menos el 50% de los miembros de su consejo internacional y sus funcionarios deben ser mujeres. En 2007 tena 28 afiliadas en 25 pases y haba desarrollado una estrategia de regateo y negociacin colectivos para la economa no regulada, establecido estrategias de litigacin defensiva y proactiva, promovido la reforma de leyes para proteger los derechos de los vendedores ambulantes y trabajado para establecer estrategias de proteccin social para los trabajadores de la economa no regulada (Lund, 2008).
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disponibilidad, aunque no en forma universal. Alrededor del 89% de la poblacin de 15 pases de la Unin Europea y el 99% de la poblacin de los Estados Unidos tuvo una cuenta bancaria o su equivalente (Naciones Unidas, 2006b). 233. En los pases en desarrollo los servicios financieros regulados son extremadamente limitados, y menos de la mitad de la poblacin tiene una cuenta bancaria o su equivalente. La proporcin es de menos del 5% para la mayora de los pases africanos, oscilando entre el 47% en Botswana y el 6% en la Repblica Unida de Tanzana (ibd.). Un examen del acceso a las entidades financieras reguladas, semireguladas y no reguladas realizado en Kenya y Uganda revel que, en general, slo el 18% de la poblacin encuestada tena acceso a instituciones financieras reguladas (Johnson y Nino-Zaruzua, 2009). El 8% de la poblacin de Kenya y el 3% de Uganda tena acceso a instituciones semireguladas, incluidas las de microfinanciacin y cooperativas de ahorro y crdito. El acceso a las instituciones financieras reguladas estaba fuertemente asociado al empleo pblico, la educacin y el gnero. La desigualdad basada en el gnero era una barrera para las mujeres en ambos contextos, aunque algo ms fuerte en Uganda. Un estudio de Bangladesh y Malawi revel que, en ambos pases, era ms probable que las mujeres, en comparacin con los hombres, tropezaran con limitaciones en materia de crdito (Diagne y otros, 2000). 234. La cobertura tiende a estar sesgada contra las personas pobres. Para los proveedores financieros del sector regulado, el costo de negociar pequeas cantidades de dinero con una poblacin grande, a menudo dispersa, con medios de vida inseguros y fluctuantes segn las estaciones, invariablemente es mayor que los beneficios. En los casos en que los programas patrocinados por los gobiernos y los bancos han tratado de compensar esta exclusin institucional, dichos programas se destinaron a sectores prioritarios especficos y en general excluyeron a la mayor parte de la poblacin pobre. 235. Las conclusiones de una evaluacin del ahorro a nivel de pases realizada en Benin, Bosnia y Herzegovina, Mxico, las Filipinas y Uganda, sealan que, pese a la alta demanda de mecanismos regulados de ahorro, la utilizacin de entidades financieras del sector regulado por mujeres y hombres pobres era baja. La evaluacin revel que, entre las razones de este bajo nivel de utilizacin de los servicios del sector regulado, estaban las cuestiones relativas a la seguridad, la proximidad y la accesibilidad (Deshpande, 2006). 236. Las mujeres y los hombres pobres pueden ahorrar y lo hacen, pero en cantidades pequeas y en forma irregular. Ellos necesitan convertir esta capacidad en sumas de dinero tilmente grandes que precisan ocasionalmente para diversos fines: gastos del ciclo vital asociados a los nacimientos, matrimonios y fallecimientos; emergencias; gastos relacionados con la salud; adquisicin de bienes durables que elevarn su nivel de vida, e inversiones en nuevas oportunidades que mejorarn sus medios de vida (Rutherford, 2000). Las mujeres, en particular, probablemente valoran ms la capacidad de proteger sus ahorros de esposos exigentes y parientes importunos y, dada la alta incidencia del autoempleo, la oportunidad de invertir en la base de capital de sus empresas pequeas y medianas. 237. Tanto en los pases desarrollados como en desarrollo, mujeres y hombres demuestran diferentes modalidades de ahorro, como resultado de distintas actitudes frente al riesgo, as como de diferentes opciones y restricciones (Floro, 2002). El acceso de la mujer al ahorro es decisivo para su empoderamiento econmico, ya
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que puede ayudarla a moderar los patrones de consumo en caso de variacin del ingreso, y para financiar la inversin, directa o indirectamente, proporcionndole garantas o mejorando la capacidad crediticia (vase A/56/321 y Corr.1). Las diferencias en las modalidades de ahorro de la mujer y el hombre tambin tienen consecuencias para la movilizacin del ahorro y la formulacin de polticas financieras. Un anlisis de varias economas semiindustrializadas, que comprendi el perodo 1975-1995, indic que un mayor acceso de la mujer al salario hizo que subieran las tasas del ahorro agregado (Seguino y Floro, 2003). 238. Estudios realizados en los decenios de 1970 y 1980 documentaron la exclusin en gran escala de la mujer del sector financiero regulado, as como del crdito oficial para la reduccin de la pobreza. (Kabeer y Murthy, 1996; Beregr, 1989). Su exclusin del sector regulado fue reflejo de las exigencias en materias de garantas y del riesgo percibido asociado con los prstamos a la gente pobre en general, y con las mujeres en particular, dada su carencia de bienes y sus bajos ingresos y la irregularidad e informalidad de sus medios de vida. Su exclusin del crdito oficial indic que esos programas fueron captados por sectores ms acomodados de la poblacin, que se usaron para el clientelismo poltico, as como la tendencia favorable a los jefes de familia varones. 239. El acceso de la mujer a los servicios regulados sigue siendo limitado. Las altas tasas de inters que cobra el sector bancario comercial, su preferencia por prestatarios probados y comprobados y su prioridad en el prstamo a corto plazo ha causado una reduccin del crdito para las pequeas explotaciones agrcolas y las empresas no agrcolas. Los sectores pobres y rurales de la poblacin han sido en general excluidos del crdito institucional. En tal contexto, la microfinanciacin parece ofrecer una solucin ideal para el problema de llegar a los pobres (Johnson, 1998).
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1.
Un sector heterogneo 241. Aunque existe la tendencia a referirse al sector de microfinanciacin como si fuera internamente homogneo, hay una serie de modelos diferentes de prestacin del servicio. Para captar las principales diferencias se han utilizado dos tipos ideales contrastantes (Robinson, 2001). El enfoque de prstamos a la pobreza se caracteriza como prstamos a los pobres con subsidios de donantes, e incluyen a los muy pobres, a menudo vinculados a una variedad de otros servicios de apoyo. No se considera un enfoque financieramente sostenible a largo plazo debido a que no se puede depender de los fondos de donantes en un futuro indefinido. El enfoque de sistemas financieros subraya la sostenibilidad financiera, ofreciendo un conjunto
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de servicios financieros con una mnima orientacin comercial de esos servicios destinados a los pobres financiables por los bancos. Este enfoque evita los subsidios, destaca la recuperacin del costo y trata de promover las empresas pequeas y medianas. Se considera que los muy pobres son no financiables, y estn mejor atendidos mediante la creacin de empleos subsidiados o la asistencia social. 242. En la prctica, la mayora de los proveedores de microfinanciacin reconocen la necesidad de aumentar la eficiencia y la sostenibilidad financiera, independientemente de su orientacin. Los subsidios se utilizan para bajar el costo de los servicios, ms que para bajar las tasas de inters. Estas con frecuencia se fijan a niveles ms altos que los del sector bancario regulado, aunque son ms bajas que las que cobran los proveedores no regulares como los prestamistas de dinero 23. La diferencia fundamental entre los enfoques es si la sostenibilidad financiera debe constituir el nico criterio, o incluso el principal, mediante el cual se han de evaluar los programas de microfinanciacin. Si las organizaciones de microfinanciacin han de alcanzar objetivos sociales valiosos, incluidos la reduccin de la pobreza y el empoderamiento de la mujer, con tanta o mayor eficacia que otros programas de asistencia social subsidiados, su actuacin se tiene que evaluar en trminos del doble resultado final de sostenibilidad financiera y efecto en el desarrollo (Copestake y otros, 2005). 243. Una de las caractersticas que definen a las organizaciones de microfinanciacin ha sido su llegada a las mujeres. En 2007 esas organizaciones llegaron a 154,8 millones de clientes, de los cuales 106,6 millones estaban entre los ms pobres cuando tomaron su primer prstamo. Las mujeres representan el 83,4% de este ltimo grupo (Daley-Harris, 2009). As, la microfinanciacin ha servido en parte para compensar la marcada tendencia del mercado, basada en el gnero, en el acceso a los servicios financieros regulados. Las altas tasas de reembolso de los prstamos otorgados a las mujeres, en relacin con los otorgados a los hombres, brindan una razn de esta tendencia basada en el gnero (De Aghion y Morduch, 2004). Sin embargo, no todas las organizaciones de microfinanciacin tienen como prioridad prestar a las mujeres sobre bases puramente instrumentales; muchas tienen tambin un fundamento ms amplio relacionado con el desarrollo. Para algunas es un medio de corregir disparidades basadas en el gnero para el acceso a la financiacin. Para otras, es un elemento de una estrategia ms general, un medio para llegar a otros objetivos valorados de igualdad entre los gneros. 244. En la prctica, el sector de la microfinanciacin se caracteriza por un proceso continuo. Agrupadas en el extremo de los sistemas financieros del espectro estn las organizaciones que consideran que la exclusin de los pobres de los servicios financieros es una forma de fracaso del mercado, que refleja fallas de de informacin y cumplimiento de contratos. Por ejemplo, el Banco Rakyat Indonesia ofreci prstamos individuales a tasas que permitieron la recuperacin total del costo y obtener ganancias. Utiliz referencias personales y agentes de prstamo contratados localmente para superar problemas relacionados con la asimetra de la
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Por ejemplo, el Graneen Bank cobra una tasa efectiva de inters de alrededor del 30% anual, comparada con la tasa de ms del 100% de los prestamistas. Las tasas nominales de inters bancarias son de unos 12%, pero las tasas efectivas pueden llegar hasta el 65%, dependiendo del nmero de visitas y del tiempo necesarios para completar los procedimientos (De Aghion y Morduch, 2004; Ahmmed, 2004).
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informacin, y proporcion sistemas de incentivos para estimular el trabajo de los empleados y el reembolso de los prstamos en trmino. Sin embargo, slo el 18% de sus prestatarios fueron mujeres (Khawari, 2004). 245. En el otro extremo del espectro estn las organizaciones ms cercanas a los movimientos sociales. El Centro para el Desarrollo de la Juventud y el Progreso Social, de la India, trabaja en el Estado ms pobre del pas con algunas de las mujeres ms pobres y ms socialmente marginadas, principalmente de grupos tribales, para reforzar sus medios de vida, as como tambin para aumentar la cohesin de los grupos y los conocimientos que se requieren para la participacin cvica, la gestin participativa de los recursos comunitarios y la gobernanza democrtica (Dash, 2003: 134). En el Estado Plurinacional de Bolivia, Pro Mujer considera la creacin de grupos de apoyo mutuo de mujeres empresarias simplemente como un punto de partida de un proceso de desarrollo personal y colectivo en el que la adquisicin de conocimientos tcnicos y la capacidad de organizacin colectiva son hitos fundamentales (Velasco y Marconi, 2004: 522). 246. A lo largo de este proceso continuo se encuentran otras organizaciones, todas dedicadas a la provisin de servicios financieros pero utilizando diferentes estrategias. La mayora de ellas utilizan enfoques basados en grupos para la prestacin del servicio, con variaciones alrededor del principio bsico. El criterio de responsabilidad solidaria est ms estrechamente vinculado al Graneen Bank de Bangladesh. Este banco otorga prstamos a miembros de grupos compuestos por cinco mujeres, a condicin de que los miembros acepten garantizar recprocamente sus prstamos. Los prstamos se reembolsan en pequeas cuotas iguales, en reuniones semanales y una vez completado el reembolso los miembros pueden obtener otro prstamo (Fisher y Sriram, 2002). Por ejemplo, la Asociacin de Trabajadoras por Cuenta Propia de la India combina la provisin de servicios bancarios a mujeres pobres autoempleadas, integrantes de cooperativas, para promover sus intereses econmicos, sociales y polticos (Dasgupta, 2002). 247. El enfoque de grupos de autoayuda, iniciado por la Mysore Resettlement and Development Agency en el sur de la India, promueve en primer lugar el ahorro. Los grupos de autoayuda estn compuestos por 15 a 20 mujeres de origen socioeconmico casi homogneo, que se renen semanalmente, quincenalmente o mensualmente; acuerdan ahorrar regularmente una suma determinada y aportan a un fondo comn. Las mujeres miembros toman prestado de este fondo de conformidad con principios mutuamente convenidos. Una vez que se familiarizan con los principios de la gestin financiera, las organizaciones de microfinanciacin las relacionan con los planes oficiales de prstamos a los pobres. La eficacia del modelo de grupos de autoayuda ha motivado su adopcin por el Gobierno mediante el Linkage Programme, que trata de vincular a los grupos con las sucursales locales de los bancos comerciales, regionales o cooperativos. Ahora los grupos de autoayuda ya estn formados no solamente por organizaciones no gubernamentales sino tambin por organismos gubernamentales de desarrollo, e incluso por personal de sucursales bancarias (Fisher y Sriram, 2002). 248. Algunas organizaciones combinan los prstamos a grupos con los individuales. Si bien los prstamos a grupos han sido tiles para los que inician sus negocios, pueden resultar una limitacin para empresarios ms exitosos. En la India, BaSIX otorga prstamos a individuos con responsabilidad conjunta, especialmente a mujeres y hombres de familias sin tierra, para crear autoempleo, junto con
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prstamos individuales ms grandes, sin garanta, a agricultores y productores no agrcolas, principalmente hombres, que probablemente van a generen empleo asalariado para los pobres (ibd.). Estos ltimos en general fueron miembros de grupos de autoayuda o grupos con responsabilidad solidaria que tuvieron xito en el reembolso de dos o tres prstamos. Cada vez que reembolsan un prstamo a tiempo reciben sumas sucesivamente ms altas. El historial del prestatario, y no la garanta del grupo, se convierte en garanta. El Comit de Fomento Rural de Bangladesh tambin combina los prstamos a grupos con responsabilidad conjunta, para los que se encuentran por debajo de la lnea de pobreza, con los prstamos individuales para los no pobres vulnerables 24. En la Federacin de Rusia y en Europa oriental se aplicaron programas que tambin han demostrado el xito de combinar ambas formas de prstamo (De Aghion y Morduch, 2000). 249. Las organizaciones de microfinanciacin varan segn los servicios que ofrecen. Algunas se dedican principalmente a dar crditos, exigiendo un ahorro obligatorio que es simplemente un requisito para solicitar el servicio. Inicialmente el Grameen Bank utiliz este criterio, pero posteriormente lo modific para aplicar uno ms flexible sobre el ahorro y prescindir del requisito de la garanta del grupo (aunque los grupos siguen reunindose regularmente). Tambin ofrece una variedad de prstamos, incluidos los prstamos para la vivienda (Yunus, 2002). Las mujeres de bajos ingresos necesitan formas flexibles y convenientes de ahorrar. SafeSave, una cooperativa que trabaja en los barrios bajos de Dhaka, ofrece visitas diarias a los hogares para hacer depsitos, retiros, desembolsos y reembolsos, lo que ha sido particularmente importante para las mujeres que tienen limitados sus movimientos en pblico (Scheiner, 2000). 250. Las organizaciones que utilizan el enfoque de grupos de autoayuda no prestan servicios financieros directos por s mismas, pero permiten que los grupos constituyan sus propios fondos y adquieran conocimientos de gestin financiera antes de relacionarlas con los servicios de prstamos oficiales. Mientras algunas organizaciones de microfinanciacin confinan su produccin a los servicios financieros, ofreciendo a veces un conjunto de conocimientos comerciales para promover la capacidad empresarial, otras combinan los servicios financieros con diversos servicios sociales. El principio fundamental de los vnculos con otros servicios est en los argumentos sobre las sinergias asociadas a la metodologa de los prstamos a grupos. Los grupos de mujeres que se renen regularmente a la misma hora y en el mismo lugar brindan la oportunidad de realizar actividades de extensin y divulgacin en materia de salud, nutricin y otros servicios sociales. Las medidas individuales quizs no sean tan eficaces para reducir la pobreza como la provisin simultnea de crdito y servicios de atencin primaria de la salud, educacin y otros. 251. Por ejemplo, el Centro para la Agricultura y el Desarrollo Rural, de las Filipinas, combina los prstamos con responsabilidad conjunta con la promocin de la enseanza (Copestake y otros, 2005). El Comit de Progreso Rural de Bangladesh combina un enfoque de responsabilidad conjunta con una gama de servicios, incluidos los de cuidado de la salud, asesoramiento jurdico y enseanza primaria, as como tambin de capacitacin sobre cuestiones sociales y de educacin en materia legal (ibd.). En la India, la organizacin Asistencia Profesional para el Desarrollo combina la formacin de grupos de autoayuda con el apoyo a sus
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actividades de subsistencia, incluida la promocin de mejores prcticas agrcolas y de vnculos con los mercados (ibd.). En el Per, Pro Mujer aplica un programa integrado de capacitacin sobre el crdito y las microempresas. Tambin brinda capacitacin para el empoderamiento de la mujer, sobre salud y planificacin de la familia, y siempre que sea posible vincula a sus miembros con los servicios de salud (ibd.). 2. El efecto de la microfinanciacin: consenso y controversia 252. Las evaluaciones del efecto de la microfinanciacin han producido una variedad de conclusiones, algunas con ms consenso que otras. En una de las revisiones ms amplias de los estudios existentes sobre microfinanciacin se sealan esferas en las que el consenso sobre el efecto fue firme y algunas en que hubo poco o ningn consenso (Morduch y Haley, 2001). Una conclusin sobre la cual hay un consenso generalizado es que, a pesar de su misin establecida de brindar servicios financieros a los pobres, una gran proporcin de las organizaciones de microfinanciacin deja de lado a los extremadamente pobres: entre el 10% y el 50% de la poblacin que se encuentra por debajo del umbral de pobreza. Esto ha sido atribuido a la creciente bsqueda de los objetivos de sostenibilidad financiera: las instituciones que tratan de dar a los pobres crdito generador de ingresos, buscando al mismo tiempo su propia viabilidad financiera, tendrn una tendencia a concentrarse en los sectores superior y medio de los pobres (Hulme y Mosley, 1996). 253. Sin embargo, el estudio hall una cantidad abrumadora de pruebas (Morduch y Haley, 2001) del efecto positivo sobre el ingreso, incluida la reduccin de sus fluctuaciones. En general, los clientes de la microfinanciacin tendan a usar sus prstamos para reducir la probabilidad del riesgo ms que para enfrentar a posteriori los efectos de las crisis. 254. Sin embargo, tambin hay pruebas sobre los lmites del aumento de los ingresos producido por la microfinanciacin. Muchas organizaciones de microfinanciacin han abordado las limitaciones que enfrenta la mujer en el acceso a los servicios financieros, pero muchas otras no han tenido en cuenta las basadas en el gnero, que confinan a las empresarias a formas ms restringidas y menos rentables de comercio y empresa. Por ejemplo, en un estudio sobre un programa de crdito en Egipto, en el que se entrevist a igual nmero de clientes masculinos y femeninos, se constat que las mujeres actuaban solamente en 28 de 96 empresas diferentes de las que informaron los clientes. En otro programa de crdito las mujeres actuaban solamente en 14 de 43 actividades de las que se inform (Sebstadt y Cohen, 2000). 255. En Malawi, la posibilidad de la mujer de obtener ingresos estaba seriamente limitada por una combinacin de segregacin por gnero en los mercados, vnculos verticales desiguales con los intermediarios y discriminacin institucional (Johnson, 2005). Los mercados urbanos no slo estaban segmentados por producto y por gnero, sino tambin en el espacio, lo que haca todava ms difcil a la mujer entrar en segmentos tradicionalmente masculinos sin que se la hiciera sentir incmoda. Con frecuencia la mujer estaba excluida de la venta ms lucrativa de cosechas comerciales y de la carnicera y de la venta de productos manufacturados y tcnicos. Sus mercados tienden a estar dominados por intermediarios ms acomodados con acceso al transporte y al capital para la comercializacin mayorista
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en los centros urbanos. Adems, la naturaleza perecedera de sus productos impona restricciones. Junto con las limitaciones que enfrentan muchos pequeos comerciantes, las mujeres tambin estn expuestas a diversas formas de acoso sexual. 256. Hubo menos estudios sobre los efectos sobre la salud, el estado de nutricin y la asistencia a la escuela primaria, pero los indicios existentes son en general concluyentes y positivos. Algunos estudios indicaron que la canalizacin de la microfinanciacin por medio de las mujeres, ms que de los hombres, haca ms probable que tuviera un efecto positivo en el bienestar de los nios, incluida una reduccin de las diferencias en la enseanza basadas en el gnero (Khandker, 1999; Holvoet, 2004). 257. Tambin hay firmes indicios de que las organizaciones de microfinanciacin pueden desempear un papel importante en la promocin de nuevas tecnologas, que pueden aliviar la carga del trabajo reproductivo. En el captulo IV se mencion el caso de Spandana, en la India. Las nuevas tecnologas pueden promover nuevas oportunidades productivas. Por el Programa Phone Village del Grameen Bank, de Bangladesh, los miembros con un buen historial de reembolso pueden adquirir telefona mvil de conformidad con un programa de alquiler-financiacin, y vender servicios telefnicos de entrada y salida a nivel de aldea. Esto ha permitido a la vez la transferencia de una nueva forma de empresa y la transmisin de nuevos conocimientos empresariales. Ha demostrado ser altamente rentable para los operadores (Richardson y otros, 2000). Adems, donde hay mujeres operadoras (aproximadamente el 75% del total), el 82% de sus clientes tambin son mujeres. Donde los operadores son hombres, las mujeres son solamente el 6,3% de los usuarios. Las operadoras de telfonos son generalmente ms pobres que el aldeano medio, pero su ingreso es importante y representa generalmente del 30% al 40% del ingreso de la familia. Desde 2006 la Fundacin Grameen est promoviendo empresas similares de telfonos en las aldeas de Uganda, Rwanda, el Camern y las Filipinas. 258. Sin embargo, un examen de la bibliografa seala una falta considerable de consenso acerca del grado en que el acceso a la microfinanciacin empodera a la mujer (Kabeer, 2008a). Por una parte, los estudios han demostrado que el acceso a la microfinanciacin ha aumentado la capacidad de la mujer para adoptar decisiones y sus tenencias de activos, con una disminucin de la violencia en el hogar, y le ha permitido liberarse y liberar a sus esposos de las garras de los prestamistas y de formas humillantes de trabajo, ha reducido las diferencias basadas en el gnero en la educacin de los hijos, aumentado el respeto de los esposos y de otros miembros de la familia y proporcionado a la mujer acceso a nuevas redes sociales por intermedio de los miembros de su grupo. Otros estudios revelaron que los esposos se apropiaban de prstamos otorgados a sus mujeres, y que prestar a las mujeres podra aumentar la violencia y las tensiones en el hogar, aumentar su endeudamiento, acrecentar su carga de trabajo, provocar una saturacin del mercado en los segmentos femeninos del mercado de productos primarios, reducir los aportes del hombre al presupuesto del hogar y marginar al hombre. 259. Estas conclusiones conflictivas reflejan en parte el uso de diferentes mtodos de investigacin e ndices para medir el empoderamiento. Tambin pueden reflejar variaciones en las estrategias de organizacin de diferentes entidades de microfinanciacin, lo que marca una diferencia significativa en trminos de efectos.
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260. Muy pocos estudios han investigado el efecto de la microfinanciacin sobre la participacin de la mujer en el dominio ms amplio de la poltica. Las pruebas ms firmes, provenientes de Asia meridional, sealan la importancia de las estrategias en la diferenciacin de los efectos (Copestake y otros, 2005). Por ejemplo, la composicin de SHARE, un programa minimalista de microfinanciacin que acta en uno de los Estados ms dinmicos de la India, mejor la calidad de las relaciones comerciales de sus clientes con los proveedores y consumidores, pero tuvo un efecto muy dbil en el compromiso poltico con la comunidad en general. Por otra parte, el Centro para la Juventud y el Desarrollo Social, que trabaj en el Estado ms pobre del pas, comunic niveles ms altos de activismo poltico de sus miembros desde el punto de vista de la forma de votar, de la interaccin con funcionarios gubernamentales, de la participacin en las reuniones de consejos de aldeas y en la accin colectiva para exigir escuelas para sus hijos y protestar contra el alcoholismo del hombre. Muchos miembros expresaron el deseo de competir en las elecciones locales. Ambas organizaciones tenan enfoques basados en grupos. La diferencia en las conclusiones, entre las dos, sugiere que la composicin del grupo por si sola no explica las diferencias de compromiso cvico, pero que tambin son importantes los tipos de estrategias de grupo utilizadas para aumentar la solidaridad grupal. 261. Se pueden tomar medidas para aumentar la eficacia de los programas de microfinanciacin para el empoderamiento de la mujer mediante el estudio de mercado participativo, los cursos sobre finanzas, la promocin de los derechos de propiedad y la participacin poltica (Mayoux, 2009a). En Uganda, Green Home y Bukonzo Joint Savings una metodologa combinada de estudio de mercado y conocimiento de las finanzas ha utilizado un sistema de enseanza de las cuestiones de gnero para aumentar el efecto de su programa. Mujeres y hombres utilizaron diagramas y procesos participativos para identificar sus planes individuales y colectivos de cambio, seguirlos en un proceso de aprendizaje en el tiempo e intercambiarlos con otros para aumentar el efecto (ibd.). En Ghana, el proyecto de conservacin de la tierra y rehabilitacin del pequeo propietario un proyecto de prstamos grupales dirigido a los pobres, patrocinado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrcola incluy negociaciones positivas con los dueos de la tierra, jefes tradicionales, esposos y dirigentes varones para aumentar el acceso de la mujer a la tierra irrigada (ibd.). 3. La comercializacin de los servicios financieros 262. La provisin de microfinanciacin se ajusta a algunos de los principios bsicos de la liberalizacin econmica: el nfasis en la capacitacin empresarial de los pobres, la insistencia en la recuperacin del costo y la sostenibilidad financiera y la prestacin de servicios por conducto de organismos ajenos al mbito del Estado (Johnson, 1998). Sin embargo, el gran elemento de subsidio en los prstamos de microfinanciacin para los pobres no est en armona con los principios neoliberales. En consecuencia, en los ltimos aos las organizaciones de microfinanciacin han soportado una presin considerable para que adquieran sostenibilidad financiera. La disminucin de las corrientes de asistencia de donantes ha intensificado an ms la presin, y una cantidad de organizaciones no gubernamentales de microfinanciacin se han transformado en entidades comerciales reguladas a fin de diversificar su gama de productos, particularmente la
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movilizacin de depsitos 25 y la explotacin de fuentes comerciales de financiacin. 263. A la vez, la posibilidad de movilizar la enorme cantidad de ahorros de las personas pobres de todo el mundo ha atrado la atencin de los inversionistas internacionales. Alrededor de 225 bancos comerciales y otras entidades reguladas han entrado al campo de la microfinanciacin, atrados por la perspectiva de crecimiento sostenible y las oportunidades de obtener beneficios (Isern y Porteous, 2005). Estos bancos estn bien ubicados para invertir en innovaciones tecnolgicas, que proporcionarn una mayor densidad de cobertura de los servicios financieros. La nueva tecnologa de la informacin tiene posibilidades de ampliar masivamente la cobertura, recortar los riesgos y reducir los costos (Helms, 2006). Las organizaciones de microfinanciacin del Estado Plurinacional de Bolivia, la India, Mxico y Sudfrica ya estn utilizando tarjetas con memoria, lectores de huellas dactilares y agendas digitales personales. 264. Un informe del Banco Mundial seala que las familias pobres y los pequeos empresarios pueden beneficiarse del acceso directo a los servicios financieros, pero que pueden beneficiarse an ms del efecto de filtracin hacia abajo de un sector financiero fuerte (Banco Mundial, 2008). Las familias pobres pueden aprovechar el aumento de la cantidad y calidad de los empleos resultante del mejoramiento de la eficiencia econmica general que produce crecimiento y empleo. Las empresas pequeas podran ver que se amplan sus oportunidades, aun si el sector financiero sirviera a las grandes firmas. La poltica del sector financiero favorable a los pobres requiere ms atencin que el acceso; el mejoramiento del acceso de los micro y pequeos empresarios no pobres excluidos puede tener un efecto fuertemente favorable sobre los pobres (Banco Mundial, 2008c: 11). Esto proporciona una razn poderosa para abandonar el criterio de prestacin directa del servicio a las personas pobres por conducto de la microfinanciacin, y pasar a la provisin de servicios financieros inclusivos para todos (Naciones Unidas, 2006b; Helms, 2006). 265. Dado el enorme nmero de personas de pases en desarrollo que estn excluidas de todo contacto con un servicio financiero, una fuerte lgica fundamenta el nfasis en los servicios financieros inclusivos. Un criterio de inclusin sera la extensin de los servicios financieros a una seccin mucho ms grande de la poblacin no atendida: las empresas pequeas y medianas, tanto de mujeres como de hombres. Esto tambin entraara la provisin de servicios financieros que no se limitaran a empresarios. Hay demanda de una variedad de productos diferentes que pueden brindar las instituciones financieras: prstamos para la compra de casas y para pagar derechos de matrcula escolar o facturas mdicas. La demanda no se limita al crdito. Los pensionistas necesitan un sistema fiable para recibir sus transferencias y los trabajadores para recibir sus cheques de la paga; otros necesitan un lugar seguro para sus ahorros. Las mujeres y los hombres migrantes necesitan mecanismos fidedignos y de bajo costo para sus transferencias de remesas. Las mujeres migrantes que envan remesas tienden a mandar pequeas sumas de dinero, pero en forma regular, y por lo tanto pagan mucho en gastos de transferencia. Mejorar el acceso de las mujeres migrantes a mecanismos formales, fidedignos y asequibles de transferencia aumentara el efecto de sus remesas en el bienestar de
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Muchas organizaciones de microfinanciacin establecen la obligacin de ahorrar como parte de sus programas de prstamo, pero no tiene autoridad legal para movilizar los depsitos voluntarios.
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sus familias (INSTRAW y OIM, 2007). Tambin hay inters en los servicios de seguros (vase el captulo VI). 266. Actualmente hay aparentemente dos tendencias contradictorias que dominan los debates sobre los servicios financieros que benefician a las personas pobres. Por una parte, en el llamamiento para que se adopte un sistema financiero inclusivo se destaca la necesidad de tener un sistema financiero ms integrado que pueda profundizar y ensanchar la cobertura, pero preservar el principio de diversidad de las prcticas de organizacin para contemplar la heterogeneidad de los pobres. Dicho enfoque adjudicara a la microfinanciacin un lugar en el proceso continuo de servicios financieros dirigidos a diferentes segmentos del mercado. Por otra, la creciente atencin en la sostenibilidad financiera y el aumento de la participacin del sector comercial parecen estar impulsando una tendencia hacia una mayor homogeneizacin de la provisin del servicio segn el modelo de sistemas financieros. 267. El anlisis de la comercializacin de los servicios financieros desde una perspectiva de gnero plantea un conjunto diferente de cuestiones. Una razn por la cual las organizaciones de microfinanciacin han tenido xito en la inclusin de mujeres ms pobres es que adoptaron modalidades innovadoras para considerar las limitaciones basadas en el gnero que enfrenta la mujer. En general, las organizaciones que no toman en cuenta estas limitaciones no han tenido xito en la inclusin de la mujer. En los contextos de los pases en desarrollo, es mucho ms probable que se incluya a mujeres en los prstamos destinados a grupos que en los prstamos individuales. 268. Un estudio de 147 organizaciones de microfinanciacin de todo el mundo revel que las mujeres representaban el 46% de los prestatarios individuales, el 73% de los grupos con responsabilidad conjunta con garantas grupales y el 89% de los bancos de aldea. Tambin inform de la existencia de prstamos ms importantes a prestatarios individuales (un promedio de 973 dlares de los [Link]. en comparacin con 371 dlares de los [Link]. para los grupos con responsabilidad conjunta y 136 dlares de los [Link]. para los bancos de aldea), as como un porcentaje algo ms alto de cartera en situacin de riesgo en el caso de los prestatarios individuales (3,7%, 3,6% y 3,5 % respectivamente) 26.
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formales de solvencia, de la garanta de su reputacin (Narain, 2009). Un contexto regulador neutral en funcin del gnero puede producir resultados diferenciados por gnero, por los cuales las mujeres pueden estar en desventaja con respecto a los hombres en la iniciacin o gestin de empresas, ya que quizs tengan menos capacidad que los hombres para hacer frente a procedimientos de inscripcin largos y costosos (Bardasi y otros, 2007). 271. Datos de 34 pases, incluidas 26 economas postsocialistas de Europa oriental y Asia central, publicados en la Business Environment and Enterprise Performance Survey (2005) revelaron que las firmas administradas por mujeres tuvieron un 5% menos de probabilidad de recibir un prstamo y pagaron, en promedio, medio punto porcentual ms de inters que las firmas administradas por hombres (Muravyev y otros, 2009). En los pases con sectores financieros adelantados las mujeres empresarias tuvieron ms posibilidades de recibir un prstamo bancario y la garanta requerida fue ms baja (ibd.). 272. Por ejemplo, se comprob que en Sudfrica las mujeres empresarias enfrentan barreras ms altas para obtener financiacin: despus de dos aos de funcionamiento, el fondo de capital para el empoderamiento econmico del negro, de un importante banco del pas, slo tena el 5% de clientes mujeres (Naidoo y Milton, 2006). En Uganda las mujeres tienen apenas el 9% del crdito disponible, lo que se reduce al 1% en las zonas rurales (Ellis y otros, 2006). En Bangladesh, despus de ms de dos decenios de esfuerzos para demostrar que las mujeres pueden ser bancarizadas, todava estn marginadas del sector bancario regulado. Mientras que las mujeres tenan el 27% del total de depsitos del sector regulado, su participacin en el crdito regulado era del 1,8% (Choudhury y Raihan, 2000). Un estudio ms reciente revel que las empresas pequeas dirigidas por mujeres representaban menos del 2% de los prstamos de las entidades reguladas (Narain, 2006). En Tnez, en 2006 tenan crdito bancario el 47% de las mujeres dueas de empresas, en comparacin con el 34% en Jordania, del 32% en los Emiratos rabes Unidos, del 22% en Bahrein y del 17% en el Lbano. Dado el limitado acceso a las financiacin del sector regulado, las mujeres financiaban sus empresas mayormente de fuentes personales como el ahorro, los amigos y familiares y mediante la reinversin de los beneficios del negocio (Centro de Capacitacin e Investigaciones sobre la Mujer rabe, 2007). 273. Un estudio en el que se analizan datos de 27organizaciones de microfinanciacin de Amrica Latina, Asia, el Oriente Medio y frica, correspondientes al perodo 2002-2006, confirma la posibilidad de que la conversin de esas organizaciones en entidades comerciales cause una disminucin del acceso de las mujeres (Frank, 2008). Durante el perodo que se examina, muchas de estas organizaciones se han transformado en entidades comerciales reguladas. El estudio revel que la transformacin logr aumentar su alcance y aceler el crecimiento del total de las carteras de prstamos, comparadas con las organizaciones que se haban mantenido como no gubernamentales, as como tambin un aumento del nmero de prestatarios y ahorristas activos, con un incremento del tamao de los prstamos trmino medio. Sin embargo, aunque con la expansin de la base de clientes aument el nmero de mujeres atendidas, el porcentaje haba disminuido. Las mujeres representaban el 60% de los prestatarios de las organizaciones recin transformadas en comerciales, una disminucin con respecto al 88% al inicio del perodo. Por otra parte, el porcentaje de mujeres prestatarias de las organizaciones no gubernamentales haba aumentado del 72% al 77%. Un anlisis de todas las
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organizaciones financieras que informaban a la Red de Intercambio de Informacin sobre la Microfinanciacin confirm que las mujeres representaban un porcentaje mucho menor de los clientes de bancos en comparacin con las organizaciones no gubernamentales (el 46% en comparacin con el 79% en 2006), y un porcentaje en disminucin de clientes de las organizaciones recin convertidas en entidades comerciales: del 73% en 1999 al 54% en 2006 (ibd.) 274. Estas conclusiones ponen de relieve la necesidad de mantener la diversidad en el proceso de integrar los servicios financieros, as como de abordar la cuestin de las barreras que impiden a las mujeres empresarias ampliar sus negocios y obtener servicios financieros. Entre los factores que actan contra el crecimiento de las empresas de mujeres estn la divisin de su tiempo entre las actividades productivas y el trabajo no remunerado, incluido el de cuidar de otras personas; la tendencia de la mujer a utilizar sus supervit para el consumo familiar y las necesidades de los hijos; su aislamiento en subsectores femeninos saturados del mercado; su tendencia, en algunas esferas, a invertir en ms de una empresa de manera de no atraer la atencin de los varones miembros de la familia; y las normas y prcticas culturales que restringen su capacidad para actuar como empresarias (ibd.). Una restriccin fundamental, identificada en un estudio sudafricano, fue el hecho de que, de conformidad con la norma de copropiedad, las mujeres casadas necesitaban la firma y aprobacin del esposo para todas las transacciones bancarias. Esto no se exiga para los maridos (ibd.). Aun en ausencia de requisitos legales, hay pruebas de que algunas organizaciones de microfinanciacin insisten en que los esposos aprueben y autoricen con su firma los prstamos que se otorgan a las mujeres. 275. Otras barreras que obstaculizan la entrada se relacionan con las prcticas del sector bancario (McCarter, 2006). Un estudio realizado por la Corporacin Financiera Internacional en el Oriente Medio revel que con frecuencia las empresas pequeas y medianas pertenecientes a mujeres trabajaban en el sector de servicios, donde los bancos tienen inconvenientes para cuantificar el producto puesto que no hay activos fsicos, como las maquinarias, como base para evaluar los prstamos. Adems, las mujeres empresarias mencionaban, como limitacin importante, que los bancos no eran accesibles (ibd.). 276. Las instituciones financieras han adoptado iniciativas para aumentar el acceso de las mujeres empresarias a los instrumentos financieros, como los servicios bancarios regulares, la financiacin de deuda y la inversin en el capital social. Standard Charter, un banco internacional, ha incorporado en sus servicios bancarios regulares la comercializacin dirigida a la mujer, en particular en pases con bajo porcentaje de compromiso formal con los bancos. En diciembre de 2008 el Banco destin 450.000 dlares de los [Link]. a un programa de empoderamiento de la mujer en Asia, para mejorar los conocimientos financieros, la planificacin de las finanzas, la inversin y el aumento de la capacidad de las mujeres propietarias de pequeas empresas, con el objetivo de llegar a 5.000 mujeres en 2011 (Banco Mundial 2008d). El Banco PNC de los Estados Unidos ha creado una divisin de servicios financieros para la mujer, dedicado a prestar ese servicio a empresas de propiedad de mujeres, y ofrece programas de cheques personalizados, ahorro y prstamo. Los servicios del banco tambin incluyen la evaluacin de la necesidad de ampliar las empresas de propiedad de mujeres, refinanciando los prstamos existentes y maximizando el flujo de efectivo 27. Sero Lease and Finance Ltd., una
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compaa de arrendamiento y financiacin para la mujer, de la Repblica Unida de Tanzana, ofrece a las prestatarias incluso a las que no tienen historial de crdito ni garanta acceso al uso de equipo de capital o de otro tipo, o productos necesarios para sus negocios (Corporacin Financiera Internacional, 2006). 277. Tambin hay iniciativas de nivel nacional para promover la capacidad empresarial de la mujer. En los Estados Unidos, el Nacional Womens Business Council un consejo asesor federal bipartidario sirve como fuente independiente de asesoramiento y recomendaciones de poltica al Presidente, al Congreso y a la United Status Small Business, en todo Estados Unidos, sobre cuestiones econmicas importantes para las mujeres propietarias de empresas 28. Office of Womens Business Ownership supervisa una red de centros de empresas de mujeres (WBC) en todos los Estados Unidos. Los centros ofrecen a las mujeres empresarias, especialmente a las que se encuentran en situacin de desventaja econmica o social, capacitacin y asesoramiento amplios, en muchos idiomas, sobre una vasta gama de temas, para ayudarlas a iniciar y desarrollar sus propias empresas 29. En Francia, el Fondo de Garanta para la Creacin, Adquisicin y Desarrollo de Empresas de Mujeres garantiza prstamos a mediano plazo para financiar capital de trabajo o inversiones necesarias para cualesquiera empresas creadas o reiniciadas por una mujer hace menos de cinco aos. Se otorga crdito garantizado de entre 5.000 euros y 38.112 euros, por perodos que van de dos a siete aos (Comisin Europea, 2008b). 278. A nivel regional, la Red Europea para Promover la Capacidad Empresarial de la Mujer integrada por representantes gubernamentales responsables de la promocin de la capacidad empresarial de la mujer en sus pases tiene por objetivo aumentar la visibilidad de las mujeres empresarias existentes y crear un clima favorable para aumentar el nmero de mujeres empresarias y el tamao de las empresas actuales dirigidas por mujeres. La red ha proporcionado una plataforma para el intercambio de informacin nacional sobre poltica relativa a las mujeres empresarias, as como tambin un contacto valioso para las visitas y la cooperacin transfronterizas (ibd.). 279. Desarrollo de la Aptitud Empresarial de las Mujeres con Discapacidad, un proyecto de la OIT, prest apoyo a mujeres con discapacidades para que iniciaran o reforzaran sus microempresas en cinco pases africanos subsaharianos. Aunque originalmente fue un proyecto aislado, en su segunda etapa (2005-2007) se modific la estrategia para incluir a las mujeres con discapacidades en actividades generales para mujeres empresarias, realizadas como parte de otro proyecto de la OIT. Esta estrategia inclusiva motiv a todas las participantes y dio como resultado un cambio en las percepciones sobre la discapacidad (OIT, 2007b).
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actividad de servicios financieros, ocupan el 12,6% de los puestos ejecutivos de los 50 principales bancos comerciales del pas; un banco tiene una directora general y siete bancos tienen mujeres en los puestos de gerentes de finanzas. Entre los gerentes generales de las cooperativas de crdito ms importantes haba slo ocho mujeres (McCarter, 2006). Las mujeres representan el 8,6% de los encargados de adoptar decisiones de los fondos de capital de inversin de los Estados Unidos (Brush y otros, 2004). 281. Un estudio de 2005 de los bancos del sector privado, realizado por Corporate Women Directors Internacional, revel que solamente el 10,3% de los asientos de los directorios de los 50 bancos ms grandes del mundo eran ocupados por mujeres, y que algunos de los ms grandes bancos del mundo no tenan directoras. En trminos de representacin femenina en los directorios, el porcentaje ms alto corresponde al Nordea Bank AB de Suecia (36,4%), con cuatro mujeres en su directorio de 11 miembros (Corporate Women Directors Internacional, 2007). 282. En el sector de microfinanciacin propiamente dicho tambin hay margen para mejorar en lo que respecta a cuestiones relativas a la igualdad entre los gneros. Un estudio de Women Advancing Microfinance Internacional, de 198 instituciones de 65 pases revel que, aunque las mujeres constituan, aproximadamente, entre el 70% y el 90%, en la mayora de las instituciones el porcentaje de las que ocupaban puestos superiores de gobernanza o gestin variaba entre el 30% y el 40% (McCarter, 2006). Se necesita una representacin ms equitativa de mujeres y hombres en todos los niveles de adopcin de decisiones. Una mayor igualdad en la esfera de la adopcin de decisiones puede mejorar el resultado financiero general: un estudio de 226 organizaciones de microfinanciacin, en 57 pases, comprob que las que tena una mujer como ejecutiva principal comunicaban mejores beneficios sobre los activos (Merlsand y Strom, 2008).
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mecanismos financieros apropiados que respondan a las necesidades de todas las mujeres. 284. La microfinanciacin puede continuar haciendo una contribucin importante, proporcionando acceso a grandes segmentos de pobres. Al mismo tiempo, es necesario reformar el propio sector de la microfinanciacin para que pueda abordar ms sistemticamente los factores en que se funda la exclusin de la mujer de los recursos financieros (Hussain, 2009; Mayoux, 2009b). Entre estos factores estn el compromiso explcito de lograr la igualdad entre los gneros y el empoderamiento de la mujer dentro de una visin, de mandatos y objetivos de organizacin, y el desarrollo de las polticas de organizacin que puedan llevar a la prctica este compromiso. La incorporacin de la perspectiva de gnero en las directrices de proteccin al consumidor, que desarrollan las redes de microfinanciacin poniendo nfasis en la privacidad, la conducta tica, la necesidad de tratar a los consumidores con respeto y la fijacin de precios justos puede ayudar a contrarrestar la posible negligencia o el trato indebido a las mujeres en el sector financiero. Entre las medidas puede estar, entre otras, la de facilitar y apoyar la colaboracin entre diferentes proveedores de financiamiento rural; promover y apoyar el control y la investigacin sobre la igualdad entre los gneros y el empoderamiento; promover redes de aprendizaje y aumento de la capacidad, y asegurar que en el diseo de las normas financieras y en la legislacin de proteccin al consumidor participen expertos en materia de gnero y organizaciones de mujeres (Mayoux, 2009a).
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servicio domstico, la mendicidad e incluso la prostitucin, que las expone a nuevos peligros (Atinc y Walton, 1998; Aslanbeigui y Summerfield, 2000). Cuando hay que renunciar a la comida, lo ms frecuente es que la mujer reduzca su consumo de alimentos para que los hijos reciban una nutricin suficiente. Cuando se retira a los nios de la escuela para ponerlos a trabajar, con frecuencia son las hijas las que salen primero, ya sea para realizar el trabajo domstico no remunerado mientras sus madres cumplen ms horas de trabajo remunerado, o para realizar ellas mismas este trabajo. 288. Los sistemas de proteccin social promueven el bienestar y la seguridad de los ciudadanos, protegindolos de la vulnerabilidad y la miseria (OIT, 2003). En muchos pases, los planes de seguro de desempleo, la cobertura universal de salud y las pensiones sociales han jugado papeles decisivos en la promocin de la igualdad entre los gneros y el empoderamiento de la mujer, as como en la reduccin de la pobreza, el crecimiento econmico y el desarrollo. Los programas de transferencia de dinero con destino a los nios han mostrado resultados positivos, mejorando la salud, la nutricin y la educacin de los beneficiarios. Las pensiones sociales bsicas no contributivas ayudan a reducir desigualdades de ingresos y calidad de vida entre las mujeres y los hombres de edad avanzada y a aumentar el bienestar de las familias. La proteccin social a menudo brinda a los grupos marginados su primer contacto con el Estado y a adquirir por primera vez conciencia de su condicin y sus derechos como ciudadanos, fomentando la cohesin e inclusin social. La seguridad social bsica para todos contribuira a la realizacin de todos los Objetivos de Desarrollo del Milenio. La experimentacin con medidas de proteccin social tambin ha proporcionado importantes lecciones para desarrollar tanto estrategias de proteccin social a largo plazo como respuestas a las crisis y sus consecuencias. 289. La presente seccin demuestra la utilidad de un enfoque universal de la proteccin social que pueden aplicar todos los pases, basado en la idea de un mnimo mundial de seguridad social, apoyado por la OIT como marco general para encarar las diferentes fuentes de inseguridad y vulnerabilidad en la vida de las personas.
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generosidad, la seguridad social establecida por ley en los pases en desarrollo se ha limitado en general a las personas que trabajan en empleos regulados, con un supuesto subyacente, en muchos pases, de que la cobertura se extendera al resto de la poblacin con el desarrollo econmico y la gradual formalizacin de los mercados de trabajo. 292. En muchos pases, la seguridad social disminuy al desregularse los mercados y reducirse el papel del Estado. En las primeras etapas del ajuste estructural, la funcin prevista para las redes de seguridad se defini exclusivamente desde el punto de vista de los costos de ajuste de la transicin. Sin embargo, la frecuencia de las crisis financieras seala a la atencin la necesidad de adoptar medidas de proteccin social que cuenten con una base ms amplia. La crisis financiera de Asia meridional, en 1997-1998, destac la insuficiencia de las medidas informales de proteccin y la necesidad de una proteccin social ex-ante que ayude a prevenir y mitigar los riesgos y no meramente a enfrentar la crisis (Naciones Unidas-CESPAP, 2003). Esto abri el camino hacia un debate sobre la proteccin social como un rasgo ms permanente de la proteccin social en todo el mundo. Como lo seal la OIT, el tsunami de 2004 en Asia y, ms recientemente, los huracanes en Amrica del Norte, tambin demostraron la importancia de la seguridad social pblica que incluya no solamente la atencin sanitaria fcilmente accesible sino tambin las transferencias de dinero para la seguridad social en caso de muerte, discapacidad o desempleo para hacer frente a las consecuencias de semejantes desastres naturales masivos (OIT, 2009e). 293. Para abordar el problema de la persistencia de la pobreza y de las crecientes desigualdades entre los pases y dentro de ellos, el informe de la Comisin Mundial sobre la Dimensin Social de la Globalizacin, titulado Por una globalizacin justa: crear oportunidades para todos, declara que, como parte del nivel socioeconmico mnimo de la economa mundial, es necesario que se acepte y no se cuestione una proteccin social mnima para los individuos y las familias (OIT, 2004b). La Comisin sostuvo que la lgica de la mundializacin, en la puja por atraer al capital internacional mvil, estaba llevando a los pases a una carrera de reduccin de la proteccin social. Hizo un llamamiento a favor del crecimiento econmico centrado en el empleo para generar los recursos necesarios para financiar la expansin a largo trmino de la proteccin social, pero sostuvo que una economa mundial desregulada no puede garantizar ingresos estables ni condiciones de trabajo decentes (ibd.). De manera similar, los Estados Miembros del ECOSOC, en la declaracin ministerial aprobada en la serie de sesiones del segmento de alto nivel del Consejo, de 2006, establecieron que los pases necesitan idear polticas que les permitan buscar tanto la eficiencia econmica como la seguridad social, y desarrollar sistemas de proteccin social con una cobertura ms amplia y eficaz 30. 294. La OIT, basndose en los compromisos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en el contexto de su campaa mundial sobre seguridad social y cobertura para todos, ha promovido la fijacin de un nivel mnimo de seguridad social mundial sobre las siguientes garantas socioeconmicas esenciales: a) Seguridad econmica garantizada para todos los nios por medio de beneficios a la familia/hijo orientados a facilitar el acceso a los servicios sociales bsicos: educacin, salud y vivienda;
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Declaracin Ministerial de la serie de sesiones de alto nivel del Consejo Econmico y Social, prr. 19.
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b) Acceso garantizado a la asistencia social condicionada al nivel de recursos/destinada a grupos determinados, para los pobres y desempleados de grupos en edad activa; c) Seguridad econmica garantizada para las personas de edad avanzada y discapacitadas, mediante pensiones bsicas; d) Acceso garantizado a prestaciones bsicas de salud mediante un conjunto de medidas vinculadas entre s (financiadas con impuestos y seguro social, privado y comunitario). 295. Uno de los principales argumentos contra toda forma de universalismo, por modesta que sea, ha sido la cuestin de la accesibilidad financiera. La Comisin Mundial sobre la Dimensin Social de la Globalizacin sugiri que se poda proyectar un nivel mnimo social mundial para que desempeara una funcin de desarrollo, y de ese modo autofinanciarse a largo plazo. La Comisin sugiri adems que las garantas iniciales se podan fijar en niveles modestos de seguridad, garantizando por lo menos niveles de vida de lnea de pobreza, con aumentos incrementales que acompaen los aumentos del PIB per cpita y con decrecientes relaciones de dependencia. El estudio de la OIT ha demostrado que virtualmente todos los pases pueden brindar la seguridad social bsica. Segn las estimaciones del costo de un conjunto bsico de beneficios, ese costo probablemente se encuentre entre el 2% y el 5% del PIB en la mayora de los pases en desarrollo, o entre el 4% y el 10% cuando se incluye la asistencia sanitaria (OIT, 2008e). De esta manera, el establecimiento de una base slida, aunque modesta, de proteccin social, que admita agregados progresivos de acuerdo con el nivel de desarrollo econmico, es financieramente accesible (OIT, 2009e). 296. En principio, aunque la adopcin de formas de proteccin no condicionadas a la situacin del empleo o a la ubicacin en la economa beneficiar tanto a mujeres como a hombres, es probable que beneficie desproporcionadamente a las mujeres. La participacin en planes de seguro social generalmente depende de la capacidad de hacer aportes regulares, y esto coloca a muchas mujeres en desventaja debido a la naturaleza intermitente de sus empleos y de su mayor concentracin en el trabajo a tiempo parcial (UNRISD, 2005). Como se seal en el captulo III, gran parte de la contribucin econmica de la mujer no est bien no remunerada o est insuficientemente remunerada. Los planes de seguridad social que garantizan beneficios mnimos son especialmente pertinentes para las mujeres cuyos derechos, de otro modo, pueden ser muy dbiles, o que nunca fueron remuneradas por su trabajo. 297. Los cuatro elementos del nivel mnimo de seguridad social se prestan al diseo de estrategias de proteccin social que respondan a necesidades e intereses especficos de cada gnero a lo largo del ciclo vital: en la niez, en los aos activos de produccin y reproduccin y en la vejez. La medida en que se haga realidad esta posibilidad depender de la atencin explcita que se preste a la igualdad entre los gneros en el diseo y aplicacin de los programas en cuestin.
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consecuencias negativas en una amplia gama de esferas, incluidas la salud, la nutricin, la asistencia a la escuela, el rendimiento escolar y, ms adelante en la vida, el rendimiento en el mercado de trabajo. Los estudios indican que los nios que crecen en familias desfavorecidas ms probablemente van a padecer desempleo, bajos salarios y deficiente salud en la adultez (Vleminckx y Smeeding, 2001). Para los nios la seguridad econmica garantiza el bienestar durante sus primeros aos, cuando dependen del cuidado de otros. Generalmente las polticas destinadas a promover la seguridad econmica de los nios toman la forma de subsidios en dinero en efectivo o en especie, exenciones impositivas o provisin gratuita o subsidiada de bienes y servicios bsicos. 299. Los subsidios se pueden asignar explcitamente a mujeres o a hombres, o ms generalmente a los que cuidan de otras personas. Por ejemplo, en algunos pases las asignaciones familiares, incluso los subsidios para la educacin de los nios, se otorgan directamente al hombre con el salario, ya que se lo supone responsable de todos los gastos de la familia (Bibars, 2002). En la mayora de los pases estas polticas estn dirigidas a las madres, dando por entendido de que son las responsables principales de los nios. Sin embargo, en Sudfrica, uno de los pocos programas de subsidios al nio en los pases en desarrollo, la beca del nio se entrega a la persona principal encargada y no a la madre biolgica, una calificacin importante en un contexto en que la alta incidencia del VIH/SIDA significa que muchos nios reciben el cuidado de abuelos y otros parientes, o que se cuidan por s mismos. Sin embargo, en la prctica son principalmente las madres las que han solicitado la beca (Case y otros, 2003). 300. Los supuestos acerca de la mujer como principal proveedora de asistencia y responsable de las tareas domsticas pueden traducirse en polticas que favorezcan o debiliten su capacidad para tomar un empleo fuera del hogar. Por ejemplo, en Europa oriental, durante la era socialista el sistema de beneficios familiares estaba diseado para soportar altas tasas de empleo de la mujer, ayudando a las madres a combinar el trabajo remunerado con la maternidad (Steinhilber, 2006). En general estos planes tenan un alcance universal e incluan la licencia de maternidad, los servicios de guardera con financiacin pblica y los subsidios por hijo. A menudo los padres quedaban explcitamente excluidos de estos planes. Con la transicin econmica, una importante reestructuracin del sistema de asistencia dio como resultado el condicionamiento de los beneficios al nivel de recursos y una disminucin del gasto agregado en beneficios familiares. En la Repblica Checa las mujeres que reciban subsidios por hijo enfrentaban restricciones en el mercado de trabajo para que se dedicaran al cuidado de sus hijos (ibd.). 301. Los programas de transferencia condicional de dinero en efectivo han surgido como un importante instrumento de poltica econmica y social (Heinrich, 2007). Dichos programas estn orientados a proporcionar asistencia a corto plazo a familias que se encuentran en la pobreza, promoviendo al mismo tiempo inversiones en el desarrollo a largo plazo de capital humano, con condiciones relacionadas con obligaciones sobre la salud y la educacin de los hijos. En la regin de Amrica Latina, varios pases han aplicado estos programas. Dos de los programas ms conocidos son Progresa, en Mxico (posteriormente renombrado Oportunidades) y Bolsa Familia, en Brasil, que es el programa de este tipo ms grande del mundo, con ms de 11 millones de familias beneficiarias.
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302. Las prestaciones en efectivo a menudo se entregan a las madres. Aunque se ha comprobado que las transferencias de efectivo hechas directamente a las mujeres tienen efectos positivos en el bienestar de la familia, se han planteado inquietudes acerca del diseo de programas de transferencias condicionales de efectivo, que refuerzan las divisiones convencionales del trabajo basadas en el gnero. Por ejemplo, se supone que las madres asuman la responsabilidad total por el cumplimiento de todas las condiciones de la participacin en el programa, independientemente de otras exigencias sobre su tiempo (Molyneux, 2007). Por ejemplo, para cumplir las condiciones del programa Progresa/Oportunidades, en Mxico, se espera que las mujeres contribuyan con trabajo voluntario al mantenimiento de escuelas y clnicas, adems de su responsabilidad de llevar a los nios a la escuela, hacer visitas regulares al centro mdico escolar y asistir a actividades de capacitacin y a reuniones. Estas condiciones pueden ser extremadamente gravosas, particularmente si las mujeres realizan actividades en el mbito econmico. Esto condujo a la exclusin de algunas madres empleadas, y otras abandonaron sus actividades econmicas para cumplir las condiciones (Latapi y Gonzlez de la Rocha, 2009). 303. Los estudios tambin pusieron de relieve las formas en que la capacitacin ofrecida como parte de los programas reforzaba los estereotipos de gnero, al centrar la atencin principalmente en la educacin y la salud. Las mujeres, por su parte, expresaron su preferencia por una capacitacin que mejorara sus perspectivas de empleo, preferiblemente en actividades que fueran compatibles con las exigencias del cuidado de los hijos. Sus prioridades, para los programas educacionales destinados a los hombres, tenan relacin con el comportamiento del hombre en la familia, incluida la preocupacin con respecto a la violencia en el hogar y la necesidad de instruir al hombre sobre el cuidado de la salud y la planificacin de la familia (Adato y Mindek, 2000). 304. En general las mujeres expresaron su agradecimiento por los programas, valorando las repercusiones positivas para sus hijos y la disposicin de un subsidio monetario regular y previsible bajo su control (Latapi y Gonzlez de la Rocha, 2009). Una evaluacin reciente de Oportunidades indic que, aunque la mayora de los nios tenan niveles de educacin superiores a los de sus padres, este avance intergeneracional era ms marcado en los hijos de las familias beneficiarias. La evaluacin tambin indic que los jvenes que terminaron el programa, particularmente las mujeres, conseguan empleos de mayor jerarqua que los de sus padres (Gonzlez de la Rocha, 2009). En el Brasil, el programa Bolsa Familia, destinado a las mujeres que viven en condiciones de marginacin social, les provee su primer contacto con el Estado y crea en ellas ms conciencia sobre su condicin de ciudadanas (Suarez y otros, 2006). 305. Las evaluaciones indican que los programas de transferencias de dinero en efectivo han cumplido eficazmente sus objetivos (Rawlings, 2004; Barrientos y DeJong, 2006). Esos programas han mejorado la nutricin, la salud y la escolaridad infantil y reducido el trabajo infantil. Por ejemplo, se estima que el programa Progresa/Oportunidades, de Mxico, ha reducido la brecha de pobreza en un 36%, disminuido el retraso del crecimiento y las tasas de enfermedad de adultos y nios en las familias participantes, y aumentado la matrcula escolar, especialmente de nias en las escuelas secundarias (Barrientos y DeJong, 2006).
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mujer, incluida la disposicin que establece que un tercio de los empleos se debe destinar a las mujeres; el requisito de que se instalen guarderas cuando haya ms de cinco mujeres en un programa; y el pago de iguales salarios. Los datos disponibles indican que muchas mujeres han participado en el programa (Instituto para el Desarrollo Humano, 2009). En 2008, en 20 Estados por lo menos el 30% de los participantes fueron mujeres, mientras que el trmino medio nacional fue del 49%. En muchos Estados el porcentaje de participacin de las mujeres fue superior al de los porcentajes de participacin en la fuerza de trabajo. Algunas de las primeras conclusiones positivas sealan una disminucin de la migracin por dificultades econmicas, as como mejoras en el ingreso de las familias y en la nutricin. Adems, debido a que, en muchos Estados, el mecanismo de pago de salarios est vinculado a la apertura de cuentas de correos o bancarias, el programa, por primera vez, est poniendo a sectores de la poblacin en contacto con entidades financieras. Las evaluaciones preliminares indican que la presencia de organizaciones no gubernamentales de base efectivas y su capacidad para movilizar a grupos de pobres han sido un factor importante para el xito del programa. 312. Las evaluaciones de los programas de obras pblicas tambin indican que el tipo de trabajo ofrecido puede ser un factor de estmulo o inhibicin de la participacin de la mujer. Un estudio sobre proyectos de obras pblicas en Sudfrica revel que las mujeres participaban en proyectos ambientales en mayor medida que en proyectos de construccin de caminos, que se consideraba trabajo masculino (Adato y Haddad, 2001). Los porcentajes extremadamente bajos de mujeres que participaron en los programas de obras pblicas puestos en marcha inmediatamente despus de la crisis financiera asitica se atribuyeron tambin a una tendencia hacia el trabajo ms estrechamente asociado con el hombre: construccin, reparacin y renovacin de infraestructura y, posteriormente, la reutilizacin de terrenos para plantaciones, la produccin de ladrillos de cemento y la normalizacin de la canalizacin terciaria de riego (Naciones Unidas-CESPAP, 2003). Por ejemplo, en la Repblica de Corea la escasa variedad de actividades ofrecidas, junto con la restriccin de la elegibilidad a los jefes de hogar dio como resultado que las mujeres representaran solamente el 23% de los participantes en la primera serie de proyectos de obras pblicas, en 1988. Las protestas de los grupos de mujeres hicieron que se flexibilizaran los criterios y se ampliaran los proyectos para incluir una gama ms amplia de actividades, comprendidos los trabajos en los servicios pblicos y los proyectos ambientales. Las mujeres trabajaron como maestras despus del horario escolar para nios de familias de bajos ingresos, como ayudantes de servicios sociales y asistentes de oficina en bibliotecas universitarias y oficinas pblicas. En consecuencia, la participacin de la mujer se elev a algo ms del 50% (Naciones Unidas-CESPAP, 2003). 313. La posibilidad de ampliar los programas de obras pblicas, para incluir el cuidado de otras personas y los servicios sociales, seala a la atencin el potencial de dichos programas para hacer frente a algunas de las limitaciones que plantean las obligaciones principales de la mujer, de trabajo domstico no remunerado. La responsabilidad colectiva por algunas de estas responsabilidades de asistencia a otras personas, por medio de programas de trabajos pblicos, permitira a las mujeres participar ms plenamente en la vida pblica y en el mercado de trabajo, as como tambin aumentar la posibilidad de que las nias asistan a la escuela. Tambin puede facilitar una mayor apertura a una distribucin ms pareja del trabajo de asistencia (Antonopoulos, 2007). Hay un argumento particularmente slido para
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considerar los programas de dinero por cuidados a la luz de la mayor necesidad de asistencia por la pandemia de VIH/SIDA en el frica subsahariana (Lund, 2004). Un argumento ms para incorporar las actividades de asistencia en los programas destinados a generar empleo es que, intrnsecamente, tienen ms intensidad de mano de obra que los proyectos de infraestructura. El valor asignado al trabajo de asistencia se puede reforzar mediante proyectos piloto que reconozcan que dicho trabajo es econmicamente importante, que implica un costo para quien lo realiza y que representa un ahorro para el presupuesto oficial de salud y bienestar (Lund, 2004).
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que el 80% de estas personas vive en pases en desarrollo, muchas en condiciones de pobreza. Se estima que, entre las personas ms pobres del mundo que viven con menos de un dlar diario y carecen de acceso a los artculos de primera necesidad, como el alimento, el agua potable, el vestido y el albergue, una de cada cinco padece discapacidades (vase E/CN.5/2008/6). La falta de acceso a la buena alimentacin, al cuidado de la salud, a la sanidad y a condiciones de seguridad en la vida y el trabajo puede aumentar el riesgo de discapacidad. Las personas con discapacidades enfrentan obstculos en la educacin, el empleo y los servicios pblicos que pueden ayudarlas a escapar de la pobreza. Las prcticas discriminatorias continan negando el acceso al trabajo a las personas con discapacidades. Los estudios sobre mujeres con discapacidades en las zonas rurales de muchos pases han revelado que ms del 80% de las mujeres con discapacidades no tienen medios de vida independientes y son totalmente dependientes de otros 31. 318. Los sistemas formales de seguridad social tanto pblicos como privados en general incluyen la provisin de pensiones y subsidios por discapacidad, pero varan considerablemente en las condiciones (Mesa-Lago, 2002). Los sistemas pblicos se caracterizan por aportes no definidos, que tienden a aumentar a largo plazo; por beneficios definidos que se calculan mediante una formula establecida por ley, que fija valores mximos y mnimos; y por regmenes financieros basados en principios de pago con cargo a los ingresos. Por el contrario, los planes privados se basan en aportes definidos en cuentas individuales de ahorro, con un nivel fijo a largo plazo. El valor de los beneficios recibidos variar conforme a lo que se haya aportado a estas cuentas, a los beneficios sobre fondos de pensin invertidos y al contexto macroeconmico. Los planes tambin pueden tener una administracin mixta pblica/privada. 319. En los planes formales de pensiones ligados a la condicin en el empleo, el grado en que reproducen desigualdades por razn del gnero en el mercado en general depende de la medida de la relacin entre los derechos de pensin y el historial de empleo. Las mujeres de edad ms avanzada que trabajaron durante perodos de tiempo ms cortos, o que no trabajaron en empleos formales, quizs no estn protegidas por ninguna disposicin sobre seguridad social (OIT, 2007a). Las medidas redistributivas, dentro de los planes de pensiones, pueden ayudar a compensar la desventaja en el mercado de trabajo (Steinhilber, 2005). Son pertinentes a este respecto las garantas de ingreso mnimo en la vejez, las disposiciones sobre tasa fija y topes de ingresos, perodos mnimos de aportes y disposiciones para el clculo de los beneficios. 320. Desde el decenio de 1980 varios pases, que tienen sistemas pblicos de seguridad social desarrollados, han realizado reformas importantes de sus sistemas de pensiones. Las reformas fueron motivadas, en parte, por el envejecimiento de sus poblaciones y por las preocupaciones sobre la carga fiscal que esto representaba. En general la reforma de las pensiones implic la adopcin de un sistema de tres pilares, consistente de: a) un sistema obligatorio de pago con cargo a los ingresos administrado pblicamente; b) un pilar obligatorio con gestin privada totalmente financiado por cuentas de ahorro individuales, y c) un pilar voluntario financiado por el ahorro individual para obtener proteccin adicional. En la mayora de los pases se adoptaron variaciones de este sistema (Mesa-Lago, 2002).
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Declaracin del Relator Especial de las Naciones Unidas sobre Discapacidad con motivo del Da Internacional de la Mujer, 2005.
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321. Se ha debatido si las mujeres se han beneficiado ms con los nuevos planes privatizados que con los anteriores planes pblicos. Un estudio del Banco Mundial sobre la reforma de las pensiones en Chile, la Argentina y Mxico seal que, debido al estrecho vnculo entre los aportes y los beneficios, los derechos de pensin mensual individual de las mujeres eran slo del 30% al 40% de los otorgados a los hombres. Sin embargo, las mujeres se beneficiaban por la redistribucin por medio de la garanta de la pensin mnima. Dentro de la familia haba alguna redistribucin debido a que los hombres deban retirar anualidades conjuntas, en que los beneficios se calculaban sobre la base de la edad y el sexo de los beneficiarios y de sus dependientes. Cuando las mujeres reciban beneficios de sus cuentas individuales, junto con la pensin de suprstite, el promedio del beneficio de por vida de las mujeres casadas ascenda del 70% al 90% del correspondiente al hombre, y al 100% en caso de mujeres casadas empleadas a tiempo completo (James y otros, 2003). 322. Segn los crticos del sistema de pensiones privatizado, aunque las desigualdades por razn del gnero existen tanto en los sistemas pblicos como en los privados, son mayores en estos ltimos por una serie de razones (Mesa-lago, 2002). En el sistema pblico, la frmula del clculo de las prestaciones utiliza tablas de esperanza de vida neutrales con respecto al gnero, que distribuye beneficios mensuales iguales a mujeres y hombres. Los beneficios mensuales iguales, combinados con la mayor esperanza de vida de la mujer, significan que los aportes a esos sistemas benefician ms a la mujer que al hombre. Por el contrario, los sistemas privados aplican tablas de mortalidad especficas de cada gnero para calcular tanto las anualidades como los retiros programados. El fondo de pensin acumulado en una cuenta individual se divide por el promedio de aos de esperanza de vida, de manera que las pensiones de las mujeres son ms bajas que las de los hombres, y an ms si se retiran anticipadamente. 323. En las economas en transicin de Europa, como resultado de las reformas han aumentado las desigualdades basadas en el gnero. El nuevo sistema se propone recompensar las carreras ms largas y los retiros tardos. No se exige la anualidad conjunta, se han reducido los beneficios al suprstite y el pilar pblico no es particularmente redistributivo. Por ejemplo, en el sistema polaco la eliminacin de un componente fijo de la pensin y la dependencia resultante de un elemento variable que refleja los salarios y la ocupacin de la persona asegurada, ha significado que las pensiones de las mujeres disminuyeran del 80% al 73% de las pensiones de los hombres (Stemhilber, 2005). 324. La mayora de los sistemas de pensiones pblicos y privados estn destinados principalmente a los trabajadores que tienen empleos formales, excluyendo a un creciente sector de la poblacin que trabaja. En Chile, aunque los trabajadores informales pueden, en principio, aportar a fondos de pensiones privados, slo el 43% de las mujeres en esas condiciones estn afiliadas a esos fondos y slo el 16% pagan sus aportes (Todaro, 2008). De acuerdo con la Asociacin Internacional de Supervisores de Fondos de Pensin Latinoamericanos (Valente, 2008), slo el 37% de la poblacin econmicamente activa de sus 10 pases miembros, en su mayor parte los trabajadores mejor remunerados, haca pagos regulares a los fondos de pensin. 325. Los planes de pensiones no contributivas representan enfoques ms inclusivos de la proteccin social. En Amrica Latina, las pensiones no contributivas, en Cuba
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y Nicaragua, brindan cobertura universal a los ciudadanos de edad avanzada. Chile introdujo un pilar no contributivo que garantiza una pensin solidaria a todos los ciudadanos mayores de 65 aos de edad que reciban una pensin de menos del 150% del salario mnimo. Esta pensin se otorga universalmente, pero con una reduccin gradual del subsidio para los que reciben otras pensiones, reduciendo as la necesidad de fondos pblicos y dando incentivos para contribuir al sistema (Barrientos y Lloyd-Sherlock, 2002). Dichos planes son de particular importancia para los integrantes de grupos vulnerables, a los que les resulta difcil entrar en el mercado de trabajo y que sufren alguna forma de discriminacin. En particular, los que se encuentran en diversas categoras de empleo informal tropiezan con ms dificultades y limitaciones para conseguir empleos de calidad, con un salario justo y seguridad social. 326. Se han desarrollado algunas medidas para llegar a grupos que no tenan cobertura. Por ejemplo, en Sudfrica, Namibia y Botswana funcionan sistemas en gran escala de pensiones sociales no contributivas (Devereux, 2001). En Sudfrica el beneficio est sujeto a verificacin de los ingresos, mientras que los otros dos son universales. En Namibia la pensin es un beneficio definido a tasa fija, activado automticamente por una edad de referencia (60) para todos los ciudadanos namibianos, mujeres y hombres por igual. El plan se financia directamente con ingresos del Gobierno, que incluyen impuestos, en lugar de aportes a un plan de seguro. El sistema utiliza mtodos de identificacin biomtrica de verificacin de los solicitantes, que no slo toman en cuenta los altos niveles de analfabetismo de los solicitantes pobres sino que tambin reducen la probabilidad de corrupcin (ibd.). 327. La experiencia reciente con sistemas modestos de pensin universal, en varios pases en desarrollo, ha mostrado efectos positivos de reduccin de la pobreza de familias enteras (OIT, 2009e). Estos incluyen beneficios econmicos, como el uso de las pensiones para reforzar la base econmica del hogar, as como beneficios sociales en trminos de salud y nutricin de los pensionistas y de otros miembros de la familia. 328. Para llegar a grupos especficos, Chile desarroll un programa de terminacin del empleo orientado especficamente a los trabajadores domsticos. Se pide a los empleadores de estos trabajadores que aporten el 4,11% de la paga a una cuenta de ahorro, de terminacin del empleo, abierta en alguno de los sistemas privados de pensiones. El saldo de la cuenta se invierte en activos financieros que producen intereses, de la misma forma que las cuentas de ahorro para retiro. En el caso de terminacin del empleo el trabajador domstico tiene derecho al saldo de la cuenta. La participacin en planes de ahorro para el retiro es voluntaria para los trabajadores domsticos de Chile, pero se espera que el programa de terminacin del empleo refuerce esa participacin (Barrientos, 2004). En el Brasil, la Constitucin de 1988 extendi el derecho universal a los beneficios de la pensin bsica a las personas de edad y a las discapacitadas que trabajan en el empleo rural informal. La Previdencia Social Rural otorga un beneficio mensual equivalente a un salario mnimo a los trabajadores varones de ms de 60 aos de edad y a las mujeres de ms de 55 aos de edad de la agricultura, la pesca o la minera de subsistencia, y a sus dependientes en caso de muerte o discapacidad del beneficiario principal (ibd.).
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Vase Facts on the Cost of Health Insurance and Health Care, 2009, Washington, D.C. (National Coalition on HealthCare), cited in Making Parents Health Care a Priority, disponible en [Link]
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revelado que el pago de honorarios por el usuario, introducido por reformas del sector de la salud, causa bruscas cadas en el uso de servicios de salud materna (FNUAP, 2005). El Equipo del Proyecto del Milenio sobre la Salud de los Nios y las Madres recomend la abolicin del pago de honorarios por el usuario por los servicios bsicos de salud (Freedman y otros, 2005). 333. La proteccin social de la salud, como lo define la OIT, es una serie de medidas de orden pblico, u organizadas pblicamente, y privadas de carcter obligatorio, contra la inestabilidad social y las prdidas econmicas causadas por la reduccin de la productividad, huelgas o disminucin de los ingresos o por el costo de tratamientos necesarios resultantes de la mala salud (OIT, 2008b). Consiste de diversas opciones, de financiacin y organizacin, que tienen por objeto proporcionar conjuntos adecuados de prestaciones para la proteccin contra el riesgo de mala salud y de las conexas cargas financieras. Existe una cantidad de mecanismos para financiar servicios de salud, incluidos los servicios nacionales de salud financiados con impuestos; cupones y prestaciones condicionales en efectivo; planes de seguros obligatorios de salud basados en contribuciones, o planes de seguros de salud privados no lucrativos y reglamentados, y planes de seguros de salud no lucrativos de mutuales y comunitarios (ibd.). 334. En muchos pases se ha avanzado en el desarrollo de los necesarios marcos y polticas legales para promover el acceso universal a la atencin de la salud, utilizando una serie de enfoques. De los 30 pases miembros de la OCDE, 15 tienen un sistema financiado, predominantemente, en contribuciones que se acumulan en fondos de seguro social; 12 tienen sistemas financiados en gran parte en los impuestos generales, y tres tienen un sistema mixto de financiacin en materia de salud. Virtualmente todos los pases que en fondos de contribuciones tambin reciben financiacin de los presupuestos pblicos para dar cobertura a determinados grupos de poblacin, como las personas pobres (GTZ-OIT-OMS, 2007). Por ejemplo, pases como Alemania y el Reino Unido tienen diferentes mecanismos de proteccin de la salud, pero ambos alcanzan el mismo objetivo de la cobertura universal o casi universal. El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido brinda atencin mdica a todas las personas residentes en el pas, independientemente de la nacionalidad o del pago de aportes o de impuesto sobre la renta. En estos y otros pases pioneros en la proteccin social de la salud, incluidos Blgica, Francia y Luxemburgo, el seguro privado con fines lucrativos slo representa una pequea parte de los gastos en la esfera de la salud (OIT, 2008b). 335. La estructura de los planes de seguro de salud y las normas de elegibilidad para la cobertura afectan el acceso de mujeres y hombres a la atencin de la salud y puede crear diferencias y desigualdad entre hombres y mujeres en el uso de los servicios y/o de en los resultados de los tratamientos respectivos. 336. En muchos pases, como alternativa del pago de honorarios por el usuario, se han presentado planes de seguro de salud como medio de financiar el acceso a los servicios. Por ejemplo, Costa Rica experiment con un plan voluntario de seguro para trabajadores por cuenta propia y no remunerados (trabajadores familiares, amas de casa y estudiantes). Est destinado a quienes nunca aportaron a un plan de salud o de pensiones, as como a aquellos que lo hicieron slo por perodos de tiempo cortos, que no les permitieron acumular prestaciones adecuadas. Los miembros deben tener un ingreso familiar per cpita ms bajo que el de la canasta bsica de productos alimenticios determinado por el Instituto Nacional de Estadstica. El plan
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se financia con aportes del Estado y de las personas que se afilian. El Estado aporta el 0,25% del ingreso de referencia, mientras el trabajador independiente contribuye con el 7,25%. La contribucin individual puede disminuir hasta el 4,75%. Se estima que cerca de tres cuartos (74%) del total de trabajadores independientes aportan al seguro de salud (Lund, 2004). 337. Desde 1981 Tailandia tambin ha extendido gradualmente el acceso al seguro de salud a las familias de bajos ingresos que no estn cubiertas por el sistema de seguridad social (Limwattananon y otros, 2005). En respuesta a una campaa pblica en favor de un sistema de atencin universal de la salud, en 2002 se aprob un proyecto sobre el seguro nacional de salud. El plan inicial de seguro mdico de 30 baht permiti a quienes carecan de prestaciones mdicas formales tener acceso al sistema de atencin sanitaria pblica mediante el pago de 30 baht por visita. El pago fue suprimido y el plan recibi el nuevo nombre de Programa de Atencin Mdica Universal. Las preocupaciones iniciales, en el sentido de que habra un aumento importante de la demanda, lo que pondra en peligro la viabilidad financiera del plan, resultaron infundadas. Un estudio de mujeres organizadas que trabajan en el hogar un grupo en que la mala salud es la causa ms importante de inseguridad revel que era el ms accesible de los planes de asistencia social del gobierno. Ms del 85% de estas mujeres lo haban utilizado y ms del 85% lo calificaron positivamente (Doane y otros, 2006). 338. En Mxico, el programa de seguro de salud Seguro Popular, que se inici en 2004 para asistir a la poblacin no asegurada, tiene por finalidad llegar a la cobertura universal en 2010. El programa subsidia un conjunto explcito de intervenciones sanitarias financiado con aportes de los gobiernos nacional y estatales, as como de las familias. La financiacin es progresiva, de manera que la contribucin de las familias aumenta con el aumento del ingreso. El programa est dirigido a los problemas de salud especficos de la mujer, incluida la mortalidad materna, al VIH/SIDA, al cncer de tero y mama y a la violencia basada en el gnero. El Programa Nacional sobre la Mujer y la Salud, iniciado aproximadamente al mismo tiempo, est orientado a integrar una perspectiva de gnero en todas las polticas y los programas nacionales de todo el sector de la salud. Sus prioridades fundamentales son satisfacer las necesidades de atencin de la salud de la mujer durante todo el ciclo de vida, y enfrentar los desafos que enfrentan las mujeres como profesionales de la salud y encargados del cuidado de otras personas de la familia (Langer y Catino, 2006). 339. Los gobiernos locales, las comunidades locales, las organizaciones no gubernamentales, los sindicatos, los establecimientos sanitarios o las cooperativas pueden iniciar y aplicar planes de seguro de salud de base comunitaria y ser sus propietarios. Las organizaciones de microfinanciacin, que tienen contactos estrechos y regulares con los grupos de personas pobres, estn bien ubicadas para aprovechar la informacin necesaria, vigilar el comportamiento y hacer cumplir los contratos entre un gran nmero de trabajadores con empleos no regulados. Puesto que estas organizaciones han establecido sistemas administrativos y de difusin de informacin, hay menores gastos de puesta en marcha por agregar el microseguro a su cartera de servicios. Los vnculos preexistentes de las organizaciones de microfinanciacin pueden ayudar a incorporar miembros y superar problemas de confianza. Por ejemplo, uno de los programas ms antiguos y conocidos destinados explcitamente a la mujer en la economa no regulada es el plan de seguro integral de salud SEWA, de la India. El SEWA fund su propio banco para prestar servicios
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de ahorro y prstamo a sus miembros, y rpidamente tom conciencia de que la enfermedad era una razn importante por la cual las mujeres no podan reembolsar sus prstamos a su debido tiempo. Inici un programa de atencin primaria de la salud y, en 1992, cre Vimo SEWA, un programa integral de seguro que tiene tres componentes; seguro de vida, seguro de activos y seguro de salud. El componente de las prestaciones de salud incluye la hospitalizacin hasta un nmero mximo de das por ao. Los miembros pueden elegir sus entidades de atencin mdica pblicas o privadas, y SEWA brinda asesoramiento sobre los proveedores confiables. Los requisitos para asociarse son ser miembro de SEWA, tener cuenta en un banco de SEWA y aceptar las tres partes del conjunto. Los miembros pueden pagar contribuciones anuales u optar por un honorario ms grande, por nica vez, que se deposita en el banco de SEWA. El inters se paga anualmente hasta los 58 aos de edad, que es el lmite superior del programa, punto en el cual se paga al miembro la suma del depsito. Los que pagan el depsito fijo reciben un conjunto ms amplio de beneficios, incluido el acceso a la asignacin por maternidad (Chatterjee y Ranson, 2003). 340. Para abordar el dficit de muchos pases en la proteccin social de la salud, la OIT desarroll una estrategia para acelerar la obtencin de la cobertura universal y promover la equidad (OIT, 2008b). Las diferencias de cobertura y el dficit de acceso deben ser evaluados desde una perspectiva de gnero, y se debe tratar de resolver las diferencias y los problemas especficos de los gneros. El Consorcio GTZ-OIT-OMS, constituido en 2004, rene las buenas prcticas y las lecciones aprendidas de una amplia gama de pases sobre la extensin de la proteccin social de la salud, y ayuda a los pases asociados interesados a establecer sistemas de seguro social de salud.
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343. El Estudio Mundial sobre el Papel de la Mujer en el Desarrollo se ha preparado en una poca de crisis econmica y financiera mundial, que afecta tanto a los pases desarrollados como a los pases en desarrollo. Para muchos de estos ltimos pases, la crisis agravar las penurias asociadas a las crisis de alimentos y combustibles del perodo 2007-2008. Los pases en desarrollo tienen menos recursos para aplicar polticas anticclicas apropiadas destinadas a contrarrestar los efectos de la crisis. Probablemente los costos sociales y econmicos de estas crisis, y sus consecuencias en la igualdad entre los gneros, sern y pondrn en peligro el logro de objetivos de desarrollo internacionalmente convenidos, incluidos los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
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producido una mejora importante en la distribucin del trabajo no remunerado entre mujeres y hombres. 348. En muchas partes del mundo las mujeres siguen discriminadas en el acceso a la tierra, la vivienda, la propiedad y otros recursos productivos. Se ha avanzado algo en la modificacin de las leyes, pero la persistencia del derecho consuetudinario y de las tradiciones y el hecho de que las mujeres no conocen sus derechos dificultan la aplicacin de las leyes. El cambio de la legislacin tiene que ir acompaado por la promocin y la capacitacin de todas las partes interesadas a fin de asegurar la plena aplicacin. Asimismo, para asegurar el acceso de las mujeres pobres a los recursos productivos, es importante reconocer y proteger los derechos comunales existentes y avanzar sobre la base de un derecho consuetudinario progresista. 349. Muchas mujeres y muchos hombres pobres, particularmente en las zonas rurales y en los barrios bajos urbanos, estn excluidos de los servicios financieros estructurados. Las mujeres tienen un acceso limitado a los servicios financieros estructurados, debido a barreras jurdicas, reglamentarias, institucionales y culturales. Aunque las organizaciones de microfinanciacin han logrado llegar a las mujeres ms pobres, actualmente su alcance se limita a una fraccin de las que necesitan servicios financieros. 350. En algunos pases la reforma econmica restringi la proteccin social estatal a redes de seguridad estrictamente definidas, como respuesta a la crisis. Muchas mujeres, que trabajan en formas precarias de empleo, estn excluidas de la ayuda estatal por empleo y no pueden pagar las primas de las prestaciones privadas. Esto crea condiciones de vulnerabilidad importante para las personas de edad avanzada y para las que padecen mala salud, discapacidad y desempleo, y en otras crisis de la vida. La experimentacin en materia de proteccin social prueba que las estrategias bien diseadas y fundadas ofrecen beneficios que van ms all de sus funciones en la solucin de las crisis. 351. Aunque la mujer tiene una presencia creciente en la vida pblica, sigue estando muy insuficientemente representada en la mayora de las esferas, en particular en la de adopcin de decisiones del mbito econmico. Hay cada vez ms pruebas de que la mujer tiene perspectivas y prioridades crticas y una diversidad de aptitudes y competencias que hacen que la adopcin de decisiones de poltica y presupuestarias responda ms a las necesidades y prioridades de todos los grupos. Es necesario realizar esfuerzos sistemticos para promover la participacin de la mujer en los rganos encargados de adoptar decisiones econmicas, en todas las esferas y en los ms altos niveles. La desigualdad del acceso de la mujer a los recursos y al control sobre ellos, y la continuacin de la responsabilidad por el trabajo no remunerado domstico y de cuidado de otras personas reducen su productividad y limitan su capacidad para responder a nuevas oportunidades econmicas y para participar plena y eficazmente en la vida pblica. Su ausencia de los foros fundamentales de adopcin de decisiones, que determinan la asignacin de valiosos recursos y oportunidades, perpeta la desigualdad entre los gneros. No ampliar y mejorar el importante capital humano de la mujer tiene un efecto global significativo en el crecimiento econmico y el desarrollo.
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Estrategias de crecimiento sensibles a las cuestiones de gnero, centradas en el empleo, que vinculan el desarrollo econmico con el social
355. Para asegurar el empoderamiento econmico de la mujer y su acceso a los recursos y al control sobre ellos se requiere un enfoque integrado del crecimiento y el desarrollo, centrado en la promocin del empleo, que tenga en cuenta el gnero y se inspire en la interdependencia entre el desarrollo econmico y el social. Las estrategias de crecimiento que tienen en cuenta el gnero deben tener como base una mejor comprensin de las limitaciones del empoderamiento econmico de la mujer y una mayor atencin al respecto. Esas estrategias requieren una comprensin holista de la economa, basada en el reconocimiento de que el trabajo humano es un factor creado ms que dado de produccin, encarnado singularmente en los seres humanos, que nacen y se alimentan por el trabajo de la mujer, en su mayor parte no remunerado. En dichas estrategias tambin se debera reconocer que, aunque mujeres y hombres por igual emprenden una serie de actividades productivas para satisfacer sus necesidades e invertir en el futuro, la participacin de las mujeres en esas actividades est limitada por la desigual distribucin del trabajo no remunerado, por su limitada oportunidad de desarrollar su capital humano y por un desigual acceso a los recursos y al control sobre ellos. Estas desventajas dejan a muchas mujeres en situacin de dependencia del hombre en el seno de la familia y reducen su capacidad para hacer or su voz y ejercer influencia en el hogar, en la comunidad y a nivel nacional y subnacional. 356. Se deben reconocer y abordar explcitamente los aspectos de interdependencia entre las polticas econmicas y las sociales, la economa estructurada y la no estructurada y el trabajo remunerado y el no remunerado. Por ejemplo, las inversiones en salud, educacin y proteccin social, que convencionalmente se consideran poltica social, no solamente alivian la carga del trabajo no remunerado de la mujer, sino que tambin favorecen su productividad laboral y su capacidad para asumir riesgos y adaptarse al cambio de oportunidades econmicas. Por otra parte, las mejoras en los caminos y los sistemas de transporte, que se califican como inversiones econmicas, tienen efectos sociales, como la baja de las tasas de mortalidad de la mujer y el aumento de la matrcula escolar, especialmente de las nias. 357. La inseguridad generada por la competencia mundial, los mercados de trabajo flexibles y las recurrentes crisis financieras han dado lugar a fuertes demandas de apoyo estatal a la proteccin social. Un nivel bsico de seguridad para todos debe ser parte del contrato social entre el Estado y sus ciudadanos, aislado tanto como sea posible de las fuerzas del mercado y financiado mediante un sistema de impuestos y subsidios cruzados. La experiencia reciente ensea cmo resolver las necesidades inmediatas y las de ms largo trmino teniendo en cuenta el gnero. Un ejemplo es la expansin de los programas de obras pblicas, adems de los proyectos convencionales de infraestructura, para incluir la infraestructura social y los servicios de asistencia. Esos programas, estimulando la participacin tanto de mujeres como de hombres, pueden contribuir a modificar actitudes con respecto a la asistencia a otras personas y a la distribucin ms pareja de la responsabilidad por el trabajo no remunerado de ese tipo. Otro es el uso de transferencias de dinero en efectivo
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que estimulen las inversiones en programas de capacitacin destinados a facilitar el retorno al mercado de trabajo y a mejorar la capacidad de adaptacin a los rpidos cambios de las condiciones del mercado. 358. Las teoras del crecimiento econmico reconocen cada vez ms que la inversin en recursos humanos es un factor decisivo. Se ha prestado considerable atencin a la eliminacin de las diferencias entre los gneros en la educacin primaria y secundaria, pero menos a mejorar la productividad de la actual fuerza de trabajo. En una era de rpido cambio tecnolgico, demogrfico y econmico, los trabajadores necesitan tanto conocimientos bsicos como la experiencia que llevan consigo, para aumentar las opciones de empleo en una gama de sectores. Muchas mujeres tienen necesidades especficas debido a la naturaleza intermitente de su trabajo y al predominio del empleo a tiempo parcial. Se necesitan formas diferentes de desarrollo de la capacidad y de formacin, incluida la capacitacin profesional y en el empleo, proporcionadas por una serie de actores, entre ellos las organizaciones de microfinanciacin, los sindicatos y las organizaciones no gubernamentales. Se deben desarrollar programas innovadores que utilicen las tecnologas de la informacin y la comunicacin para aumentar el trabajo en red y el intercambio de informacin. 359. Hay otras inversiones en recursos humanos que estn surgiendo como prioridades. Un ejemplo es la necesidad de dar mayor apoyo al trabajo no remunerado de cuidar a otras personas y de promover una distribucin ms pareja de este trabajo entre la mujer y el hombre. La responsabilidad de cuidar de otras personas como consecuencia de la pandemia de VIH/SIDA recae en gran parte en las mujeres y las nias y, debido a la transicin demogrfica, la cuestin del cuidado de las personas de edad forma parte del programa de polticas. En todo el mundo, la provisin de medios asequibles y de calidad para el cuidado de otras personas y el acceso a la salud y a la educacin han surgido como necesidades crticas para las mujeres: las que trabajan por un salario y las que estn autoempleadas, as como las desempleadas por falta de apoyo para el cuidado de sus hijos. Esto tambin es decisivo para lograr una mayor participacin del hombre en esa tarea. Es necesario intensificar los esfuerzos para asegurar el pleno empleo productivo y el trabajo decente para todos. Es decisivo que se apliquen las actuales normas laborales. Las normas existentes en el mercado de trabajo se deben extender tambin a los trabajadores de la economa no estructurada. Las mujeres que trabajan por cuenta propia, a muchas de las cuales no las alcanza la legislacin del trabajo, tienen la posibilidad de aprovechar el apoyo del Estado y los subsidios a empresas pequeas y medianas, de los que estn en gran parte excluidas porque son empresas pequeas y no estn registradas. La simplificacin de los procedimientos de registro y el uso creativo de las tecnologas de la informacin y la comunicacin ayudara a reducir los costos de transaccin y estimulara a ms mujeres a registrar sus negocios.
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Un enfoque coordinado
360. Para lograr un crecimiento centrado en el empleo, que responda a consideraciones de gnero, sera necesario coordinar mejor los diferentes instrumentos de poltica macroeconmica. Entre los factores importantes
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estaran una poltica fiscal expansionista para estimular la economa; mayor atencin en la movilizacin del ingreso nacional para financiar esas polticas y menor dependencia del capital externo; mejor gestin de las corrientes de capital para reducir su volatilidad; y ms regulacin de los mercados financieros para evitar excesos especulativos. 361. Las polticas fiscales expansionistas son necesarias para financiar inversiones en la infraestructura social y econmica, combinadas con una movilizacin ms eficaz y equitativa de los recursos internos. La ampliacin de la base impositiva, la eliminacin de subsidios antieconmicos, haciendo que la incidencia del impuesto sea ms equitativa mediante la eliminacin de lagunas, la reduccin de las tasas de los impuestos indirectos y el abandono de los impuestos indirectos sobre el consumo, para pasar a impuestos sobre la riqueza y el ingreso, seran medidas importantes tendientes a generar los recursos necesarios para aplicar polticas y programas que puedan contrarrestar las desigualdades de gnero creadas por el mercado. 362. La reforma del sector financiero tambin puede promover estrategias de crecimiento ms equitativas. Los controles de capital bien diseados pueden reducir la volatilidad de las corrientes de corto plazo e impedir la fuga de capitales. Esto aumentara la capacidad de negociacin de los trabajadores, en particular de las mujeres, para reclamar aumentos de salarios acordes con su mayor productividad. Las reformas del sector financiero tambin pueden ampliar el alcance de la financiacin a esos trabajadores, agricultores y empresarios en pequea escala, en especial las mujeres, que hayan quedado excluidos por la privatizacin del sector bancario debido al aparente alto costo de las transacciones. Los bancos centrales pueden promover un crecimiento de base amplia mediante bancos de desarrollo y subvenciones crediticias a sectores prioritarios, incluidas las empresas de mujeres. Se debe poner a disposicin de mujeres y hombres por igual una mayor diversidad de proveedores de servicios financieros y una gama ms amplia de servicios, adems del crdito, incluidos el ahorro, el seguro, las transferencias de dinero y los servicios de asesoramiento. Los mandatos, objetivos y arreglos institucionales para la organizacin de todos los proveedores financieros deben contener un compromiso explcito con la igualdad entre los gneros, para asegurar que la mujer aproveche plenamente la expansin de los servicios. 363. Es necesario adoptar un marco integrado de poltica econmica y social para promover la distribucin equitativa de los beneficios del crecimiento econmico. En la poltica econmica se deben incorporar objetivos sociales. Las estrategias de crecimiento econmico deben dedicar ms atencin a la economa real y orientarse a crear pleno empleo y trabajo decente, y no nicamente a los rendimientos financieros. Las medidas de proteccin deben estar concebidas para minimizar las alternativas que enfrentan las mujeres en sus funciones productivas y reproductivas y ampliar su capacidad para hacer el uso ms eficiente de su tiempo. Adems de la proteccin social, se necesita un conjunto ms amplio de polticas sociales para el cuidado de los nios, los enfermos y los ancianos, y para aumentar la inversin en capital humano y en la capacidad necesaria para sostener el crecimiento a largo plazo.
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364. De la experiencia de los ltimos decenios resulta evidente que las fuerzas del mercado, por s mismas, poco pueden hacer para reducir la desigualdad entre los gneros en el acceso a los recursos y al control sobre ellos. Se requieren polticas especficas para abordar estas desigualdades con medidas directas e indirectas. En todos los aspectos de los esfuerzos destinados a promover el crecimiento centrado en el empleo se deben identificar y considerar las perspectivas de gnero. El anlisis presupuestario que tenga en cuenta el gnero es una herramienta decisiva para asegurar la movilizacin y el gasto de los recursos pblicos segn ese criterio y para que los gobiernos se responsabilicen por sus compromisos polticos sobre la igualdad entre los gneros. Es necesario que se preste atencin, explcitamente, a asegurar la representacin de la mujer en todas las esferas y en todos los niveles de la adopcin de decisiones sobre la reforma de la gestin de las finanzas pblicas. La legislacin, las cuotas temporales y las medidas de accin afirmativa son necesarias para superar la resistencia de larga data al cambio en esta esfera. 365. El Estado tiene una funcin importante en la creacin de un mbito favorable a estos cambios, mediante la bsqueda de polticas de estmulo de la equidad, la legislacin y el cambio progresivo de la legislacin, los reglamentos y las instituciones. Otras partes con intereses en juego tambin tienen funciones crticas, incluidos los donantes, las organizaciones no gubernamentales, los sindicatos y el sector privado. 366. La organizacin de las mujeres, incluso en grupos de usuarias de recursos naturales, grupos de microfinanciacin, grupos de autoayuda, sindicatos y otras formas de organizaciones del trabajo, puede mejorar significativamente el acceso de la mujer a los recursos econmicos y financieros y al control sobre ellos. En muchos contextos, alrededor del mundo, dicha forma de organizacin ha permitido a las mujeres reclamar sus derechos, ejercer influencia en la poltica, hacer que los Gobiernos rindan cuentas y hallar soluciones colectivas para sus problemas. Las organizaciones y redes de mujeres necesitan ser reconocidas y financiadas como agentes decisivos en los procesos de cambio para lograr el crecimiento econmico y el desarrollo sostenibles. 367. Las empresas privadas se encuentran bajo mucha presin para que adhieran a los principios de la responsabilidad social. Muchas han adoptado cdigos de conducta que incluyen la igualdad entre los gneros en el trato a sus trabajadores, y algunas han creado fundaciones privadas para apoyar proyectos que promueven los derechos de la mujer en una serie de contextos. 368. La asistencia para el desarrollo sensible a las cuestiones de gnero ha favorecido la igualdad entre los gneros y el empoderamiento de la mujer. Sin embargo, esa asistencia se debe extender ms all de los sectores sociales a sectores ms productivos, para que la mujer tenga ms acceso a los recursos econmicos y financieros y al control sobre ellos. Se debe tener en cuenta que el enfoque del nuevo programa, de eficacia de la ayuda, pueda reducir la financiacin de las polticas y programas de igualdad entre los gneros debido a su orientacin de apoyo al presupuesto. Existe la necesidad de intensificar la supervisin del uso de fondos bilaterales y multilaterales y el desarrollo de la capacidad de los organismos de donantes para incorporar eficazmente las perspectivas de igualdad entre los gneros en todos los aspectos de la ayuda.
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Recomendaciones
369. Para asegurar el acceso equitativo de la mujer a los recursos econmicos y financieros y al control sobre ellos, los Estados Miembros deben cumplir plenamente el compromiso de lograr la igualdad entre los gneros y el empoderamiento de la mujer contemplados en la Plataforma de Accin de Beijing, en las conclusiones del vigsimo tercer perodo extraordinario de sesiones de la Asamblea General y en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Los Estados partes en la Convencin sobre la eliminacin de todas las formas de discriminacin contra la mujer deben cumplir plenamente las obligaciones establecidas en virtud de la Convencin. 370. Con ese fin, los Estados Miembros, las organizaciones internacionales, incluidas las Naciones Unidas, el sector privado, las organizaciones no gubernamentales, los sindicatos y otras partes interesadas, quizs deseen adoptar tambin las medidas siguientes: a) El contexto macroeconmico:
i) Intensificar los esfuerzos tendientes a aplicar la estrategia de incorporacin de las cuestiones de gnero, identificando y abordando las perspectivas de gnero en relacin con todos los recursos econmicos y financieros, incluso mediante el empleo del anlisis de gnero, la evaluacin del impacto en funcin del gnero y los procesos de preparacin de presupuestos que tengan en cuenta las cuestiones de gnero; ii) Emprender y difundir el anlisis, en funcin del gnero, de polticas y programas relacionados con la estabilidad macroeconmica, la reforma estructural, los impuestos, las inversiones, incluida la inversin directa extranjera y todos los sectores pertinentes de la economa; iii) Vincular las polticas de desarrollo econmico y social para asegurar que todas las personas, incluidos los pobres y los grupos vulnerables, se beneficien por el crecimiento econmico y el desarrollo de conformidad con los objetivos del Consenso de Monterrey; iv) Desarrollar y aplicar estrategias de crecimiento centradas en el empleo que tengan en cuenta el gnero, basadas en el empleo pleno y productivo y en el trabajo decente para todos, mujeres y hombres; v) Adoptar medidas apropiadas para identificar y abordar los aspectos negativos que produce la crisis econmica y financiera en las mujeres y las nias y mantener niveles adecuados de financiamiento de la igualdad entre los gneros y el empoderamiento de la mujer; vi) Disear conjuntos de estmulos en respuesta a la crisis financiera, que aporten inversiones sensibles a las cuestiones de gnero tanto en la infraestructura fsica como social y en el empleo, y que tengan cuenta tanto el trabajo remunerado como el no remunerado y la situacin de los grupos especialmente vulnerables, como el de las mujeres migrantes; vii) Realizar y difundir un anlisis de ingresos y gastos, desde el punto de vista del gnero, en todas las esferas de poltica, e incorporar los
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resultados en la movilizacin de los recursos y en la planificacin, asignacin y evaluacin de los presupuestos; viii) Seguir desarrollando metodologas, instrumentos y aptitudes para procesos de preparacin de presupuestos que tengan en cuenta cuestiones de gnero, a fin de asegurar la incorporacin sistemtica de perspectivas de gnero en todos los procesos de preparacin presupuestos y de planificacin; los las las de
ix) Desarrollar sistemas impositivos progresivos que compensen los sesgos de gnero en los sistemas de recaudacin de ingresos y que mejoren los ingresos por impuestos mediante una recaudacin ms eficaz, ampliando la base impositiva y combatiendo eficazmente la evasin; x) Asegurar que los planes nacionales de desarrollo, las estrategias de reduccin de la pobreza, las estrategias para la aplicacin de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y de otros instrumentos y procesos de planificacin a macronivel consideren adecuadamente el fortalecimiento del acceso de la mujer a los recursos econmicos y financieros y al control sobre ellos; xi) Intensificar el enfoque y el efecto de la asistencia para el desarrollo orientndola hacia la igualdad entre los gneros y al empoderamiento de las mujeres y las nias, mediante la incorporacin de la perspectiva de gnero y la financiacin de las actividades objeto de la asistencia, as como tambin mejorando el dilogo entre donantes y asociados y fortaleciendo los mecanismos para medir eficazmente los recursos asignados a la incorporacin de las perspectivas de gnero en todas las esferas de la asistencia para el desarrollo; xii) Adoptar medidas para reducir el costo de las transferencias de remesas estimulando la competencia; exigiendo que las compaas que realizan transferencias brinden informacin exacta sobre las comisiones y los tipos de cambio; supervisando la proteccin y la seguridad de las transferencias; e instruyendo sobre el vocabulario financiero tanto a las mujeres migrantes que envan remesas como a las que las reciben; xiii) Adoptar medidas para asegurar la igualdad de representacin de la mujer en todas las esferas de la adopcin de decisiones del mbito econmico, incluyendo los ms altos niveles de los ministerios pertinentes de Gobierno, organizaciones internacionales, directorios de empresas y el sector bancario; xiv) Mejorar la reunin, compilacin y utilizacin de la informacin sobre la participacin de la mujer en los rganos encargados de la adopcin de decisiones del mbito econmico; b) Empleo pleno y productivo y trabajo decente:
i) Adoptar y aplicar los principios del trabajo decente en los sectores regulados y no regulados, como se establece en los Convenios de la OIT Nos. 100, 111, 156 y 183, considerando debidamente en su aplicacin las perspectivas de igualdad entre los gneros;
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ii) Desarrollar y aplicar adecuadamente polticas activas en el mercado de trabajo, sobre empleo pleno y productivo y sobre trabajo decente para todos, incluida la plena participacin de la mujer y el hombre tanto en las zonas rurales como en las urbanas; iii) Iniciar un anlisis de las leyes y normas laborales nacionales teniendo en cuenta el gnero y establecer polticas y directrices relativas a las prcticas de empleo sensibles a las cuestiones de gnero, incluyendo a las empresas transnacionales, con particular atencin en las zonas francas de elaboracin de productos para la exportacin, basndose en los instrumentos multilaterales, incluidos la Convencin sobre la eliminacin de todas las formas de discriminacin contra la mujer y los convenios de la OIT; iv) Aprobar y/o revisar, y aplicar en su totalidad, leyes y polticas que tengan en cuenta las cuestiones de gnero que reduzcan, con medidas especficamente dirigidas, la segregacin ocupacional horizontal y vertical y las diferencias de salarios basadas en el gnero; v) Hacer cumplir normas sobre salarios mnimos, tanto en los sectores regulados como en los no regulados, y garantizar un salario igual por un trabajo de igual valor; vi) Desarrollar y mantener instrumentos estadsticos para medir, en trminos cuantitativos y cualitativos, el trabajo no remunerado que no figura en las cuentas nacionales, para reflejar mejor su valor en las polticas, estrategias, planes y presupuestos de todos los sectores pertinentes; vii) Reforzar la capacidad de las oficinas nacionales de estadstica para que emprendan una amplia reunin de estadsticas sobre todas las categoras de actividades, incluida la aplicacin de encuestas sobre el uso del tiempo, para fundamentar el desarrollo de polticas que faciliten la distribucin del trabajo no remunerado entre mujeres y hombres; viii) Promover el reconocimiento de que la prestacin de cuidados debe ser compartida entre el Estado, el sector privado, la sociedad civil y las familias, as como tambin entre mujeres y hombres; y fortalecer el dilogo y la coordinacin entre todas las partes interesadas; ix) Desarrollar y/o extender la provisin de servicios de calidad y asequibles de atencin a nios, ancianos, enfermos y personas con discapacidades y con VIH/SIDA; y asegurar que dichos servicios satisfagan las necesidades tanto de quienes los prestan como de los que los reciben, desde el punto de vista de la proximidad, horas de apertura y costo; x) Aprobar y aplicar leyes y polticas para promover la conciliacin del trabajo con las obligaciones familiares, incluso mediante una mayor flexibilidad en las modalidades laborales, como el trabajo a tiempo parcial; y asegurar que tanto mujeres como hombres tengan derecho a licencia de maternidad, paternidad, para atencin de los hijos y de otro tipo, y que no se los discrimine cuando hacen uso de esos beneficios;
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xi) Alentar a los hombres, mediante la capacitacin, la educacin y los programas entre iguales, a que participen plenamente en el cuidado y apoyo a otras personas, incluidas las de edad avanzada, las personas con discapacidad, las que padecen VIH/SIDA, los enfermos, los nios y otros dependientes; xii) Intensificar los esfuerzos para proteger los derechos y asegurar condiciones de trabajo decente de los trabajadores domsticos, incluidas las mujeres migrantes, en relacin entre otras cosas con las horas de trabajo, las condiciones y los salarios, el acceso a los servicios de atencin de la salud y otros beneficios sociales y econmicos; xiii) Tomar medidas especficas con respecto a los estereotipos relacionados con el empleo de mujeres y hombres, incluso mediante la concienciacin y la promocin e identificacin de modelos de roles positivos; xiv) Tomar medidas apropiadas para reducir la desigualdad en la educacin, en todos los niveles, especialmente en el secundario, para abordar las restricciones a la plena participacin de la mujer en el mercado de trabajo, en particular en relacin con el acceso a la educacin y la capacitacin en ciencia y tecnologa, incluidas las tecnologas de la informacin y la comunicacin; xv) Promover el aprendizaje durante toda la vida y la igualdad de acceso de la mujer a los programas de educacin y capacitacin profesional y en el lugar de trabajo, y a los programas innovadores de tecnologas de la informacin y la comunicacin, incluyendo esferas no tradicionales y programas de desarrollo de la capacidad de direccin y de gestin, con particular atencin en las mujeres desempleadas y en las que reingresan al mercado de trabajo; xvi) Estimular la participacin de la mujer en esferas de estudio y empleo y capacitacin en que predomina el hombre, y la participacin del hombre en campos en los que predomina la mujer; xvii) Salvaguardar y promover el derecho a organizar y negociar colectivamente; facilitar la participacin y representacin de la mujer en los dilogos sociales; e incluir las cuestiones relativas a la igualdad entre los gneros en los programas de dilogo social; xviii) Adoptar polticas y apoyar mecanismos que creen un entorno favorable a las organizaciones y redes de mujeres, incluidos los grupos de autoayuda y organizaciones y cooperativas de trabajadoras, en particular a los grupos que apoyan las oportunidades de educacin y empleo de grupos vulnerables como las mujeres migrantes, las indgenas y las que padecen discapacidades; c) La tierra, la vivienda y otros recursos productivos:
i) Aprobar y/o revisar la legislacin y las polticas para asegurar la igualdad de acceso de la mujer a la tierra, la vivienda y otros bienes y al control sobre ellos, incluso mediante la herencia, programas de reforma
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agravia y los mercados de tierras, y prestar la debida atencin a su cumplimiento; ii) Tomar medidas para facilitar el acceso equitativo a la tierra y a los derechos de propiedad, mediante una capacitacin orientada a que el sistema judicial y administrativo tenga ms en cuenta las cuestiones relativas a la igualdad entre los gneros; proporcionando asesoramiento jurdico a las mujeres que tratan de reclamar sus derechos; apoyando los esfuerzos de los grupos y redes de mujeres; y realizando campaas de concienciacin sobre la igualdad de derechos de la mujer a la tierra y otros bienes; iii) Desarrollar, documentar y difundir enfoques innovadores para asegurar a la mujer igual acceso a la tierra, la vivienda y otros bienes, incluidos el crdito subsidiado y el apoyo a sus esfuerzos colectivos; iv) Tomar medidas para abordar los elementos discriminatorios del derecho consuetudinario en relacin con la tierra y los derechos de propiedad y basarse en los aspectos progresistas y los que tienen en cuenta el gnero; v) Intensificar los esfuerzos y la inversin para aumentar la productividad del trabajo de las mujeres rurales, mejorando el acceso al crdito y el ahorro; a la infraestructura y los servicios crticos como el transporte, la energa, el agua y la sanidad, los servicios de extensin y los mercados; y a las tecnologas apropiadas, incluidas las de informacin y la comunicacin; vi) Reconocer y proteger, con medidas apropiadas, el actual acceso de la mujer a los recursos comunales, incluidos los bosques, humedales y bienes comunes; vii) Aumentar la inversin en programas de suministro de agua y sanidad a las zonas rurales y a los barrios bajos urbanos, mediante procesos consultivos y participativos, para mejorar la salud y aumentar el bienestar, aliviar la carga de trabajo de mujeres y nias y liberar su tiempo y energa para que los dediquen a otras actividades productivas, incluida la empresarial; viii) Tomar medidas para asegurar la plena participacin de la mujer en la planificacin y adopcin de decisiones sobre la gestin de los bosques y el agua, y para que un mayor nmero de mujeres participen en programas de capacitacin; ix) Asegurar la participacin activa de las mujeres en grupos de usuarios establecidos en relacin con los recursos productivos esenciales, como el agua y los bosques, mediante la fijacin de metas, programas de capacitacin y otros incentivos, para asegurar la participacin de la mujer en la adopcin de decisiones crticas sobre asignacin de recursos; x) Revisar polticas y estrategias agrcolas para asegurar que se reconozca y considere el papel decisivo de la mujer en materia de seguridad alimentaria, como parte integral de las respuestas a corto y largo plazo a la crisis de alimentos;
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xi) Tomar medidas para integrar a la mujer, en un pie de igualdad con el hombre, en la planificacin y adopcin de decisiones y en la aplicacin de iniciativas de adaptacin y mitigacin en los esfuerzos contra el cambio climtico, y asegurar su acceso a los recursos financieros y las tecnologas conexos; xii) Desarrollar estrategias para aumentar la asignacin de recursos a las actividades no agrcolas de la mujer, de generacin de recursos, incluso mediante el acceso a los servicios financieros y las tecnologas mejoradas; xiii) Promover y facilitar la igualdad de acceso de las mujeres y las nias a las tecnologas de la informacin y la comunicacin, incluyendo a las que viven en zonas rurales, por ejemplo mediante telecentros que respondan a las prioridades y necesidades de mujeres y hombres; la educacin y capacitacin en el uso de esas tecnologas para el trabajo en redes; la promocin, el intercambio de informacin y las actividades comerciales y educativas; y las oportunidades para desarrollar materias apropiadas; xiv) Intensificar los esfuerzos y aumentar las asignaciones de recursos para satisfacer necesidades bsicas de vivienda, mediante programas accesibles basados en procesos consultivos y participativos que comprendan a hombres y mujeres; xv) Tomar medidas para revisar leyes y abolir prcticas que discriminan contra la mujer y le niegan la seguridad de tenencia y la igualdad de acceso a la vivienda adecuada; xvi) Aumentar las consultas con mujeres y la participacin de stas en todas las decisiones sobre asignacin de recursos pblicos y el desarrollo de infraestructura y servicios fundamentales como el transporte y el agua, especialmente en los barrios bajos urbanos y en zonas rurales, para asegurar que cumplan las prioridades y satisfagan las necesidades de hombres y mujeres; xvii) Apoyar la investigacin y la reunin de informacin sobre el acceso de la mujer a la tierra, la vivienda, la propiedad y otros recursos productivos y al control sobre ellos, para que inspiren la poltica y la estrategia de desarrollo; d) Servicios financieros:
i) Promover la incorporacin de la perspectiva de gnero en todas las polticas y los programas del sector financiero mediante el uso sistemtico de anlisis que tengan en cuenta el gnero y evaluaciones de sus efectos; ii) Identificar y abordar la cuestin de las limitaciones especficas que enfrentan las mujeres para tener acceso a los servicios financieros regulados, incluidos los de ahorro, crdito, seguros y transferencias de dinero; iii) Tomar todas las medidas apropiadas para identificar y abordar la cuestin de la discriminacin contra la mujer en el otorgamiento y control de prstamos bancarios, hipotecas y otras formas de crdito financiero, con especial atencin en las mujeres pobres;
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iv) Tomar las medidas apropiadas para asegurar que los mandatos de organizacin, los objetivos y los arreglos institucionales de todos los proveedores de crdito tengan un compromiso explcito de cumplimiento de la igualdad entre los gneros y de que la mujer reciba todos los beneficios de la ampliacin de los servicios; v) Reforzar la capacidad de las instituciones de microcrdito existentes y en formacin para llegar a las mujeres pobres, tanto de zonas rurales como de barrios bajos urbanos; vi) Asegurar que los programas de microfinanciacin estn orientados a desarrollar productos de ahorro que sean seguros, convenientes y accesibles para las mujeres, y que las apoyen en sus esfuerzos por conservar el control de sus ahorros; vii) Desarrollar metodologas e instrumentos, incluidos los indicadores, para asegurar una vigilancia ms sistemtica y eficaz de los efectos de la microfinanciacin, tanto por medio de canales formales como informales, incluso sobre el ingreso, el bienestar y otros indicadores sociales; viii) Evaluar el efecto de la creciente comercializacin de la microfinanciacin en el acceso de la mujer a los recursos financieros y al control sobre ellos; ix) Crear un mbito conducente al aumento del nmero de mujeres empresarias y del tamao de sus negocios, mejorando su acceso a los instrumentos financieros, proporcionando capacitacin y servicios de asesoramiento, facilitando el trabajo en red y compartiendo informacin, y aumentando su participacin en juntas consultivas y otros foros para que puedan contribuir a la formulacin y el examen de las polticas y los programas que elaboren las instituciones financieras; x) Promover la igualdad de representacin de la mujer en la adopcin de decisiones, en todos los niveles, tanto en las instituciones financieras reguladas como en las no reguladas; xi) Apoyar la investigacin y la reunin de datos, y la difusin eficaz de las conclusiones sobre las necesidades y prioridades de la mujer, el acceso a los servicios financieros, tanto regulados como no regulados, y el efecto e idoneidad de dichos servicios; e) Proteccin social:
i) Aumentar la parte del gasto pblico asignado a la seguridad social bsica para hacer frente a las situaciones de vulnerabilidad relacionadas con la niez, la vejez, la mala salud, la discapacidad y el desempleo y otras circunstancias difciles de la vida; ii) Elaborar y mejorar planes de proteccin social adecuados, sostenibles y sensibles a las cuestiones de gnero, incluidos los de seguro social, pensiones y ahorro, que satisfagan las necesidades mnimas bsicas durante todo el ciclo de vida, y que en el clculo de los respectivos beneficios se prevean perodos de licencia para cuidar de otras personas;
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iii) Asegurar que las medidas de proteccin social, como el seguro de salud y las asignaciones por hijo y familiares, as como la informacin sobre estas prestaciones, estn a disposicin de todos los trabajadores, incluidos los trabajadores migrantes y las mujeres del sector no regulado, y que estas medidas no acenten los sesgos relacionados con el gnero; iv) Revisar, reforzar y ampliar la proteccin social para que satisfaga adecuadamente las necesidades de los que viven en la pobreza, tomando en cuenta las necesidades y prioridades especficas de las mujeres relacionadas con la distribucin desigual del trabajo no remunerado; v) Asegurar que el desarrollo de polticas y programas de garanta del empleo, as como los programas de transferencia de dinero en efectivo a las familias, estn basados en un anlisis de gnero que tenga en cuenta las necesidades y prioridades de las mujeres y los hombres y no refuercen sesgos de gnero; vi) Tomar medidas para asegurar que las mujeres de edad avanzada y las que padecen discapacidades tengan igual acceso a los servicios sociales bsicos, a las medidas apropiadas de proteccin social/seguridad social, con particular atencin en las mujeres que viven en la pobreza en zonas rurales y barrios bajos urbanos, para que puedan llevar vidas independientes y saludables; vii) Establecer pensiones mnimas independientes de los aos de aporte, para asegurar la satisfaccin de las necesidades mnimas bsicas y, en el clculo de los beneficios de pensin, reconocer perodos de licencia para el cuidado de otras personas; viii) Asegurar el acceso universal, sobre la base de la igualdad entre mujeres y hombres, a servicios de atencin de la salud apropiados, accesibles y de calidad para las mujeres y las nias durante todo el ciclo de vida; ix) Tomar medidas innovadoras, segn sea necesario, para extender a todas las personas la cobertura del seguro bsico de salud; x) Aumentar la asistencia bilateral y multilateral para asegurar la provisin de servicios sociales bsicos que tengan en cuenta el gnero; xi) Mejorar la reunin, compilacin y difusin en forma oportuna, fidedigna y comparable, de datos desglosados por sexo y edad, y continuar con la elaboracin de ndices cuantitativos y cualitativos para aumentar la capacidad de medicin del acceso a las medidas de proteccin durante el ciclo de vida y el efecto que producen esas medidas.
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Las reformas agrarias pueden mejorar el acceso de las mujeres a los recursos si incluyen consideraciones de género en su diseño e implementación. Esto requiere una voluntad política sólida para superar las normas tradicionales que limitan los derechos de propiedad de las mujeres y promover su independencia económica .
Las mujeres migrantes enfrentan desafíos al enviar remesas debido a altos costos de transferencia asociados con el envío de montos pequeños y regulares. Mejorar su acceso a mecanismos formales y asequibles podría aumentar significativamente el efecto de sus remesas en el bienestar económico de sus familias .
La microfinanciación ha mejorado la inclusión financiera femenina al adoptar modalidades innovadoras que abordan limitaciones de género. Sin embargo, un gran porcentaje de las extremadamente pobres sigue excluido, y hay una tendencia de comercialización que podría disminuir su enfoque en la inclusión de mujeres .
Las mejoras en la igualdad de género en la educación están asociadas a niveles más altos de crecimiento económico tanto en países ricos como en pobres, según un análisis de los mismos datos que refuta estudios previos limitados a países de ingresos medios y altos. Este impacto positivo se muestra independientemente del nivel de ingresos nacionales .
En contextos con sistemas duales, las leyes consuetudinarias y escritas pueden crear conflictos y desigualdades en la propiedad de la tierra para las mujeres. A pesar de los esfuerzos por armonizarlas, persisten normativas discriminatorias que limitan su control y acceso a la tierra, afectando su autonomía económica .
Las mujeres enfrentan barreras significativas en el acceso a la tierra debido a normas de herencia discriminatorias, acceso desigual a los mercados inmobiliarios y reformas agrarias sesgadas. Estos factores socavan su bienestar y capacidad de generar ingresos, exacerbando la desigualdad de género y limitando su papel en el desarrollo económico .
Considerar el trabajo del hogar no remunerado como un bien público subrayaría su valor en el desarrollo generacional y la reproducción de la fuerza laboral, pero actualmente no es visible en las cuentas nacionales. Esta omisión subestima su contribución significativa al crecimiento económico y desarrollo social .
El acceso a los mercados de trabajo es reconocido por los Objetivos de Desarrollo del Milenio como crucial para el empoderamiento económico de las mujeres, reflejado en el aumento de su participación en empleos no agrícolas como indicador de progreso hacia la igualdad de género .
El acceso al trabajo decente es fundamental para el empoderamiento económico de las mujeres, ya que proporciona ingresos justos, seguridad social y mejores perspectivas de desarrollo personal. Sin embargo, las mujeres frecuentemente están concentradas en trabajos vulnerables y mal remunerados, perpetuando la desigualdad de género en el ámbito laboral .
El trabajo no remunerado, mayoritariamente realizado por mujeres, es esencial para la reproducción diaria de la fuerza de trabajo y el cuidado de las generaciones futuras, contribuyendo a objetivos de desarrollo colectivo. Sin embargo, permanece invisible en las teorías y políticas macroeconómicas, lo que limita las oportunidades de las mujeres para beneficiarse equitativamente del crecimiento económico .