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COLECCIN ACTAS

Por tratar un tema con tan amplia perspectiva temporal, la publicacin de Ros y Ciudades resulta hoy tan procedente como en su da lo fueron las Conferencias y Mesas Redondas, de las que los autores han elaborado sus artculos. No fue aquel ciclo el primero que trat la problemtica del agua, un tema recurrente en nuestra Comunidad. Pero s fue posiblemente el primero que lo abord con un enfoque urbanstico tan ambicioso y multidisciplinar. Este Ciclo de Conferencias y Mesas Redondas se organiz en tres mdulos. El primero analiz los ros, parques fluviales y corredores verdes desde la perspectiva urbanstica. Un segundo mdulo vers sobre aspectos de cracter ms sectorial como la calidad del agua, las obras hidrulicas o los caudales de diseo. Y finalmente, se realiz un mdulo centrado en los ros de la ciudad de Zaragoza, en el que se incluy tambin al Canal Imperial de Aragn.

Diseo de cubierta: A. Bretn.

PABLO DE LA CAL y FRANCISCO PELLICER (Coordinadores)

ROS Y CIUDADES
Aportaciones para la recuperacin de los ros y riberas de Zaragoza

PA B L O D E L A C A L Y F R A N C I S C O P E L L I C E R Coordinadores

ROS Y CIUDADES
Aportaciones para la recuperacin de los ros y riberas de Zaragoza

INSTITUCIN FERNANDO EL CATLICO (C. S. I. C.) Excma. Diputacin de Zaragoza Zaragoza, 2002

Publicacin nmero 2.181 de la Institucin Fernando el Catlico (Excma. Diputacin de Zaragoza) Plaza de Espaa, 2 50071 ZARAGOZA (Espaa) Tff.: [34] 976 288 878/9. Fax: [34] 976 288 869 ifc@[Link]

FICHA CATALOGRFICA ROS y ciudades. Aportaciones para la recuperacin de los ros y riberas de Zaragoza / Pablo de la Cal y Francisco Pellicer, coordinadores.- Zaragoza: Institucin Fernando el Catlico, 2002. 400 p.; 24 cm ISBN: 84-7820-606-X 1. Ros-Congresos y asambleas. I Tt. II. CAL, Pablo de la, coord. III. Pellicer, Francisco. IV. Institucin Fernando el Catlico, ed.

Pablo de la Cal y Francisco Pellicer (Coordinadores). Cmite organizador: del ciclo Rios y Ciudades. Tefilo Martn Senz, C.O.A.A. Pablo de la Cal Nicols, C.O.A.A. Javier Celma Celma, Ayuntamiento de Zaragoza. Victorino Zorraquino Lozano, Asociacin de Ingenieras y Consultoras de Aragn. Jos Luis Cerezo Lastrada, C.O.I.C.C.P. Francisco Pellicer Corellano, Dpto. Geografa, Universidad de Zaragoza. Colaboracin en la edicin: Jess Saz Gonzalvo, Noelia Jimnez Lafuente y Marta Lpez de Torres, Universidad de Zaragoza.

De la presente edicin: Institucin Fernando el Catlico. I.S.B.N.: 84-7820-606-X Depsito Legal: XXXXXXXXXXX Preimpresin: Ebrolibro, S. L. Impresin: xxxxx IMPRESO EN ESPAA - UNIN EUROPEA

PRLOGO

La cultura (con minscula) nacida de la revolucin industrial ha sido, de hecho, hostil en grado extraordinario con la Naturaleza. Destilada en las ciudades metropolitanas, pero dominante y ubica ha encontrado en los cursos naturales de agua un tesoro ubrrimo, sueo dorado de cualquier egosmo avaricioso: inagotable en apariencia, barato hasta la gratuidad, a un tiempo suministro de materia prima, de energa y de sistemas de limpieza y evacuacin, a menudo ayuno de tutela legal, con frecuencia oculto a la vista de los urbancolas por cubrimientos o encajonamientos inexpugnables y, en fin, cada vez menos poblado en sus riberas por los habitantes tradicionales de las aosas tierras del Viejo Continente y su pennsula europea. No hay que ponderar aqu, retricamente, los daos que todos acabamos por recibir a causa de semejante abuso. Ni tampoco olvidar las actitudes inteligentes que en el propio medio industrial y urbano han nacido ya para paliar situacin tan afrentosa, a la que todos contribuyeron sin que, propiamente, nadie la buscase de intento. Ser necesario que hagamos, todava, literatura poetizante sobre los ros? No sobre ros metafricos, arcdicos o manriqueos, arrullados en el vals de unos violines o embellidos por nombres eufnicos, sino sobre los existentes, los que cruzan a nuestro lado (y, casi ms, bajo nosotros), que apenas nos son ya familiares salvo en mapas, en libros o en rincones escenogrficos de diseo, coartadas ftiles de nuestro tiempo. El europeo que ms antiguamente se ocup de la Naturaleza fue, cmo no, un poeta griego. Hace dos mil setecientos aos, en el umbral del milagro griego y slo precedido en gloria y edad por el inmortal Homero, Hesodo, pequeo cultivador de un breve fundo familiar en Beocia, compuso uno de los ms hermosos poemas de la Literatura occidental. Lejos de las brillantes heroicidades homricas de Aquiles ante la brava estirpe de los troyanos y de las maravillosas aventuras picas de Odiseo, este campesino emigrante y maltratado por los poderosos dedic, por vez primera que se sepa, un penetrante y enternecedor poema, tan breve como intenso, a un asunto que, de por s, no pareca tema adecuado para la creacin literaria: la vida cotidiana del agricultor. Y nadie ha superado, porque es insuperable, el poder evocador del nombre que le puso: Los trabajos y los das. En 5

Prlogo

l muestra, aquel inexplicable genio heleno, la veneracin que el ser humano debe, si an se le alcanza algo de raciocinio y respeto, al agua vivificadora: No orines en las fuentes, gurdate bien de ello. Nunca pases a pie el agua de hermoso fluir de los ros sin antes orar, mirando a sus bellas ondas, purificadas tus manos en su agua deliciosa y transparente. Quien cruza el ro sin purificar sus faltas y lavar sus manos es aborrecido por los dioses, que le enviarn padecimientos. Hemos obrado con los ros en contra de la delicada sabidura legada por aquel lejano antepasado de nuestra prudencia verdadera, tantas veces hoy sustituida por las astucias de la pericia tcnica. Que, por s sola, no es capaz de producir el bien general. Y sus dioses ya nos han enviado esos profetizados castigos. La Institucin Fernando el Catlico de la Diputacin de Zaragoza, fundacin pblica vinculada desde su nacimiento, ya hace ms de medio siglo, al Consejo Superior de Investigaciones Cientficas, se ha nutrido siempre, de forma preferente, con los subsidios humanos y acadmicos de la Universidad de Zaragoza y, de modo sumamente asiduo y generoso, con el de su Facultad de Filosofa y Letras. Por peticin de mi colega y amigo, Francisco Pellicer, antepongo unas palabras a esta edicin suya, con entero gusto: es una suma de esfuerzos visiblemente valiosos, actualizadores, aplicables, que, a la vez, hacen historia, retratan y diagnostican el presente y recomiendan vas practicables para el futuro. Es ocasin tan honorable y satisfactoria que no s cmo agradecerla en la justa medida. Espero que el ofrecimiento a los lectores de los versos de Hesiodo inmortales compense mi protocolaria presencia. Guillermo FATS Institucin Fernando el Catlico

PRESENTACIN

De entrada, debemos advertir que este compendio de textos sobre Ros y Ciudades, aparece con un considerable retraso. Sin embargo, quiz por tratar un tema con tan amplia perspectiva temporal, su publicacin resulta hoy tan procedente como en su da lo fueron las Conferencias y Mesas Redondas, de las que los autores han elaborado los artculos que componen esta publicacin. No fue aquel ciclo el primero que trat la problemtica del agua, un tema recurrente en nuestra Comunidad. Pero s fue posiblemente el primero que lo abord con un enfoque urbanstico tan ambicioso y multidisciplinar. El Colegio Oficial de Arquitectos de Aragn y el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, que haban organizado otro curso sobre Vas Urbanas, creyeron necesario contar en esta ocasin con otras Instituciones. As, el Departamento de Geografa y Ordenacin del Territorio de la Universidad de Zaragoza, la Asociacin de Ingenieras y Consultoras de Aragn y el propio Ayuntamiento de Zaragoza, desde la Concejala de Medio Ambiente, estimaron necesario aunar esfuerzos y organizar un foro que tratase el asunto de los ros y su integracin en la ciudad. Y as surgi este Ciclo de Conferencias y Mesas Redondas, que se organiz en tres mdulos diferenciados. El primero de ellos analiz los ros, parques fluviales y corredores verdes desde la perspectiva urbanstica, con numerosos ejemplos de otras ciudades de nuestro entorno. Un segundo mdulo vers sobre aspectos de carcter ms sectorial, como, por ejemplo, la calidad del agua, las obras hidrulicas o los caudales de diseo. Y finalmente, se realiz un mdulo centrado en los ros de la ciudad de Zaragoza, en el que se incluy tambin al Canal Imperial de Aragn. Desde aquellas tardes de noviembre y diciembre de 1996, en las que el Centro Cultural de la Caja de Ahorros de la Inmaculada acogi este ciclo ya han pasado cuatro aos, y algunas de las conferencias se enfocaran hoy de forma completamente diferente. No en vano, se ha formulado el Plan Director del Ebro y, ms recientemente, se ha contratado la redaccin del Anteproyecto general de las riberas del Ebro, del que sin duda derivarn proyectos importantes de recualificacin y transformacin urbana. 7

Presentacin

Sin embargo, seguimos inmersos en la revisin del Plan General de la ciudad, y en un proceso continuo de construccin territorial que contempla escalas de actuacin cada vez mayores. La problemtica de los cauces y riberas adquiere, por tanto, un carcter ms sustancial, que requiere un enfoque necesariamente interdisciplinar para establecer criterios acertados de intervencin. Ante estos nuevos retos, los textos que siguen a estas lneas resultarn sin duda referencias tcnicas de gran utilidad. As lo vio, ya desde la celebracin de estas Jornadas, la Institucin Fernando el Catlico. Hoy, con esa idea hecha realidad y en nombre de las instituciones implicadas en la organizacin de las Jornadas, expresamos nuestro ms sincero agradecimiento a esta Institucin y en particular a su Director, D. Guillermo Fats, quien manifest su inters en publicar los textos de las conferencias y ha tenido la amabilidad aadida de prologar esta publicacin. Comit organizador del Ciclo Ros y Ciudades Zaragoza, septiembre de 2000

CONFERENCIAS

ROS, CIUDADES, PARQUES FLUVIALES, CORREDORES VERDES


Francisco Javier MONCLS FRAGA

Tal vez la imagen ms agradable y unnimemente aceptada de la gran ciudad europea sea esa perspectiva de puentes sobre el gran ro que, como si fuera posterior a ellos, va cindose a los docks y quais para respetar una topografa definida por torres, agujas, cpulas y fachadas (Juan Benet, 1989). Como tema de urbanismo paisajstico, el ro es una larga sucesin de formas accidentales, generalmente un simple espacio trasero de los edificios y reas industriales que se disponen junto a carreteras y ferrocarriles paralelos al ro. Especialmente en ciudades como Pars o Run, el ro aparece como un canal industrial degradado, con la excepcin de algunos pequeos tramos de riberas situadas en el centro de las ciudades (D.H. Frieling, 1995).

1. INTRODUCCIN El renovado inters por el problema de la integracin de los ros en las ciudades europeas y norteamericanas se corresponde con la revalorizacin de determinados aspectos del urbanismo contemporneo. En particular, destaca la creciente atencin hacia los valores culturales, simblicos y de imagen urbana en las reas centrales de las ciudades. Y tambin la mayor sensibilidad de los ciudadanos hacia la preservacin de los elementos naturales en un contexto de urbanizacin cada vez ms extensiva. Dos tipos de cuestiones que constituyen un punto de partida incuestionable al tratar las relaciones entre los ros y las ciudades. En realidad, la preocupacin por este tipo de problemas ya es bastante antigua y la 11

Francisco Javier Moncls Fraga

experiencia acumulada muy considerable, lo que no significa que hayan sido entendidas del todo e incorporadas en el planeamiento urbanstico. Da la impresin de que todava no han sido asimiladas las nuevas concepciones que en los ltimos aos se han convertido en una parte muy importante del debate que a nivel internacional, se est desarrollando y manifestando en la proliferacin de encuentros y publicaciones sobre el tema. La idea que, en general, resulta ms compartida en esas instancias es la de la necesidad de favorecer las aproximaciones integradas entre las distintas aproximaciones y disciplinas implicadas: en particular, hidrlogos, gegrafos y urbanistas. Se puede decir que el mayor problema desde el punto de vista conceptual, tcnico y administrativo (adems del financiero) proviene, tradicionalmente, de las lgicas sectoriales con las que suelen abordarse estas cuestiones. Por un lado, los ros y su contacto con las ciudades pueden ser vistos desde un ngulo esencialmente paisajstico. Entonces surge la imagen de la ciudad integrada con el ro, esa imagen agradable y unnimemente aceptada de la gran ciudad europea evocada por Juan Benet desde una sensibilidad paisajstica muy prxima a los enfoques ms potentes de la cultura arquitectnica y urbanstica1. En ese caso, se tiende a resaltar los aspectos visuales, de integracin formal de los ros en los entornos urbanos, aunque a menudo slo se tienen en cuenta las reas centrales de las ciudades. Por otro lado, los ros son analizados y tratados desde una perspectiva estrictamente hidrolgica. Ello significa que los ros se conciben sobre todo como sistemas hidrulicos, con lo cual se privilegian los problemas relacionados con el ciclo del agua, su posible canalizacin y prevencin de inundaciones, etc.2 Habra que matizar, por supuesto, al referirnos al primer polo, a las visiones que tienen una preocupacin arquitectnica y paisajstica; y tambin, en el otro extremo, al considerar el papel de determinadas visiones geogrficas que tambin son medioambientalistas; pero contina siendo til pensar en las dos tradiciones principales entre las que oscilan las visiones de dichos asuntos. Si se quieren entender las transformaciones que explican las distintas formas de relacin entre ros y entorno urbano en el caso de las ciudades europeas, resulta obligado tener en cuenta ambas dimensiones. Por qu, en algunos casos, se produce una gran integracin generalmente en los tramos ms centrales de los grandes ros urbanos europeos que est en la base de aquella imagen armnica que evocaba Juan Benet al referirse a la ciudad europea? Y, por qu, en otros casos eso no es as? O por qu, en la misma ciudad, a diferencia de lo que ocurre en las partes centrales, la suerte de los tramos ms perifricos o metropolitanos de los ros suele ser bastante diferente, al resultar a menudo convertidos en cloaca o canalizados? Para dar alguna respuesta a esa pregunta y, tambin, para valorar la
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J. Benet, Del tiempo y los puentes, El Pas, 28.10.1989.

H. Engen, D. Kampe, S. Tjallingii, (eds.), Hydropolis. The role of water in Urban Planning (1993), Backhuys Publishers, Leiden, 1995.

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Ros, ciudades, parques fluviales, corredores verdes

incidencia de las distintas estrategias urbanas y territoriales aplicadas, es preciso adoptar una perspectiva comparada. Porque la visin comparada es imprescindible para entender las distintas formas de relacin y los procesos, ciclos y fases en cada una de ellas. Ciclos que pueden ser de separacin o deterioro; tambin de acercamiento o integracin entre ro y ciudad. Se podran considerar para ello algunas variables fundamentales: Caractersticas de los regmenes hidrulicos (caudal, dimensin de los cauces, tipo de ro, navegable o no, estuario...). Centralidad cambiante del ro y presencia urbana del mismo: a veces tendencia a mayor centralidad; otras al contrario. Concepciones, estrategias y actuaciones: objetivos productivos, esttica urbana, mejora de los espacios para el ocio, etc. La interrelacin entre esas variables explica la imagen resultante y la integracin funcional y formal relativa de los ros con las ciudades que atraviesan. El ro se integra en la ciudad o sta da la espalda al ro. En definitiva, se trata de comprender el papel que desempean los ros en la estructura urbana y en la configuracin de las fachadas fluviales, as como la naturaleza y entidad de las estrategias urbansticas y territoriales adoptadas3.

2. CONTRA EL DETERMINISMO GEOGRFICO. ROS CANALIZADOS Y ROS IRREGULARES EN FRANCIA Y EN LA PENNSULA IBRICA Una de las cuestiones ms obvias al plantearse los motivos por los cuales las relaciones entre ciudades y ros resultan tan diversas en las ciudades europeas, en particular entre las mediterrneas respecto a las ms septentrionales o centroeuropeas, es la del rgimen hidrulico de cada uno de los ros considerados. As, se tiende a pensar en tipos de ros totalmente diferentes en el mbito mediterrneo: caudal ms escaso e irregular, mayor peligro de inundaciones, etc. Lo cual explicara las dificultades de armonizacin e integracin de los ros en el caso de las ciudades espaolas. Sin

3 El anlisis que se efecta a continuacin utiliza material diverso que proviene de dos tipos de trabajos: uno, dirigido por nuestro equipo de la Universidad Politcnica de Catalua que se concreta en un reconocimiento cartogrfico y temtico de una serie de ciudades europeas. Otro, de fuentes muy dispersas sobre planes y proyectos que se llevan a cabo recientemente en esas ciudades. Con esa doble entrada, anlisis del crecimiento urbano en cada ciudad y consideracin de las variables mencionadas se trata de establecer hasta qu punto existen procesos comunes y especificidades en cada uno de los casos tratados. De este trabajo utilizo aqu algn material relativo a los dos volmenes hasta ahora publicados. Vase M. Guardia, F.J. Moncls, J.L. Oyn (dir.), Atlas histrico de ciudades europeas, vol. I Pennsula Ibrica, CCCB-Salvat, Barcelona, 1994; vol. II Francia, CCCB-Salvat-Hachette, 1996. El trabajo se ha realizado en el marco del programa de investigacin de la CICYT PB95-0788.

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Francisco Javier Moncls Fraga

embargo, aunque muchas de esas consideraciones resultan ciertas en trminos generales, esa especie de determinismo geogrfico tiende a olvidar, a menudo, que en casi todas las ciudades se han desarrollado dos estrategias complementarias: por un lado, precaverse de los peligros de los cursos fluviales pero, tambin, repetidos intentos a menudo frustrados de ordenacin y mejora de las riberas. Esa compleja relacin entre el hombre y el medio que constituye el objeto esencial de la Geografa Humana se manifiesta, de forma especialmente ejemplar en el tratamiento de los cursos de agua. Como sealaba ya Buffon en su Historia Natural escrita en el siglo XVIII, los ros que conocemos ya no son slo obra de la Naturaleza sino del esfuerzo de los hombres y de las sociedades avanzadas. Por eso, los cauces de los ros son ms anchos donde la poblacin es ms escasa y en cambio adquieren un determinado curso fijo cuando sus aguas fluyen encerradas y dirigidas y sus lechos son limpiados. El Rdano y el Loira son ros domados, que en condiciones naturales habran requerido un tiempo muy largo para convertirse en navegables4. Efectivamente, el proceso de regularizacin y canalizacin progresiva de los ros franceses, sobre todo a su paso por las principales ciudades, constituye un aspecto fundamental, a veces descuidado cuando se trata de explicar su configuracin actual. Incluso en el caso ms singular del Sena a su paso por Pars, no se puede decir que la ciudad haya desconocido las dificultades de todas las ciudades que se emplazan junto a un ro. Durante mucho tiempo, el Sena ha sido un ro de rgimen irregular, sujeto a crecidas violentas y repetidas (reas pantanosas: Marais). Las crecidas del ro continuaban siendo importantes a principios de este siglo y hace dos aos todava amenazaba con desbordamientos5. En Run, otra ciudad situada tambin junto al Sena, pero slo a 50 km de la desembocadura, a pesar de la abundancia de agua la propia anchura del ro, con numerosas islas que lo obstruan y se desplazaban en las grandes riadas o la presencia de extensos mrgenes inundables, han dificultado durante mucho tiempo la navegacin. En el caso del Loira, a diferencia de lo que frecuentemente se piensa con la imagen idlica de los castillos junto al ro, su rgimen ha sido hasta hace poco muy irregular, presentando variaciones de 1 a 10 (de 150 m3/s en verano a 1.500 en invierno). En los ltimos tramos, la combinacin de ciertas mareas con las crecidas del ro siempre ha supuesto un riesgo notable de inundaciones. En la ciudad de Nantes, situada a unos 60 km de distancia del mar, desde el siglo XVIII se suceden las obras con espigones, diques y canales, destinadas a moderar la furia del Loira que en numerosas ocasiones

4 Referencia al artculo sobre ros de la Historia Natural de Buffon, citado por C.J. Glacken, Huellas en la playa de Rodas, Ed. del Serbal, Barcelona, 1996, p. 623. 5 Vease el plano que muestra el alcance de las inundaciones en 1910 en el Atlas histrico, cit., p. 59.

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Ros, ciudades, parques fluviales, corredores verdes

destrua los puentes que lo atravesaban. Tambin el Garona es un ro relativamente caudaloso (aunque su caudal medio no llega a los 200 m3/s) y difcil de controlar a su paso por la ciudad de Toulouse. De los tres puentes con los que contaba la ciudad hasta finales del siglo XIX, slo uno, el Pont Neuf resista las frecuentes riadas que arrasaban los otros dos.

Toulouse. Vista de la ciudad hacia 1900, con el puente colgante reconstruido despus de la riada de 1875 (Atlas II, 1996).

El caso de Lyon es bastante original debido a su emplazamiento en la confluencia del Rdano con el Saona. En cambio, los estudiosos de la ciudad explican algunos procesos que resultan comunes a otras ciudades fluviales. El Rdano es una barrera natural para la expansin de la ciudad, disponiendo de un nico puente hasta fechas bastante recientes. Frecuentes inundaciones cubran peridicamente un inmenso lecho y se dice que el Rdano no se convierte en un ro urbano hasta finales del siglo XVIII. Es entonces cuando se realiza un primer encauzamiento de las aguas que permite construir un segundo puente. A partir del siglo XIX se va ocupando progresivamente la margen izquierda, aunque durante mucho tiempo lo que dominan son slo algunas modestas viviendas de adobe. Finalmente, los dos ros, que eran realmente temibles, fueron doblegados mediante grandes obras pblicas. Otro caso ms espectacular por acabar de referirnos a las ciudades francesas es el de Estrasburgo, situada en una confluencia de tres ros: Rin, Ill, 15

Francisco Javier Moncls Fraga

Bruche. En realidad, es entre estos dos ltimos que son afluentes del Rin donde se emplaza el ncleo medieval, por cierto en una zona inundable. Aqu son determinantes las obras de regularizacin del Rin, que se llevan a cabo a mediados del siglo XIX, pasando de ocupar un corredor de ms de 1,5 km de ancho a los 250 m actuales. La ciudad crece sobre zonas pantanosas que se van conquistando progresivamente. En este caso, las obras hidrulicas de modernizacin de los cursos de agua mediante la creacin de un sistema continuo de muelles en el siglo XIX fueron el motor y el instrumento para una ordenacin global de la ciudad6. A partir de estos ejemplos de ciudades francesas, se puede matizar el supuesto de la regularidad natural de los regmenes fluviales en las ciudades del norte o del centro de Europa. Aunque con diferencias propias de cada lugar, se comprueba que la lucha y la prevencin contra las inundaciones y los esfuerzos paralelos para garantizar la navegabilidad y para controlar los ros, resultan una caracterstica comn a casi todas las ciudades. En el caso de las ciudades espaolas y portuguesas, tambin habra que diferenciar los regmenes hidrulicos de los ros que las atraviesan en los tramos correspondientes. As, tanto en los casos de las dos grandes ciudades atlnticas portuguesas Lisboa y Oporto, como en los de Sevilla o Bilbao, la proximidad relativa al mar determina unas condiciones no muy alejadas de otras ciudades europeas ms septentrionales, como las citadas de Nantes y Burdeos. No resulta sencillo, pues, establecer tipologas de ciudades en funcin de la latitud de los ros, pues existen condicionantes comunes y tambin diferencias segn el cauce, caudal y tramo del ro en el que se sita cada ciudad. Por otro lado, las avenidas e inundaciones no han sido histricamente ms importantes en las ciudades meridionales, aunque s ms frecuentes, que en las otras ciudades europeas mencionadas.

3. PRESENCIA URBANA DE LOS ROS: DESARROLLOS ASIMTRICOS Y FACHADAS FLUVIALES Uno de los tpicos ms frecuentes al hablar de fachadas fluviales es el que seala que determinadas ciudades dan la espalda a sus ros, por lo que resulta necesario invertir la situacin. En realidad, ste suele ser un hecho relativamente reciente y en la mayor parte de las ciudades europeas se observan tanto procesos o ciclos de separacin como otros de aproximacin o acercamiento a sus ros. Pero, de nuevo, el predominio de las visiones estrictamente locales as como la no consideracin de los movi-

6 Para las referencias a las ciudades francesas mencionadas, vanse los captulos correspondientes del Atlas citado.

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mientos de larga duracin, se corresponde con la persistencia de esas imgenes sin tener en cuenta los cambios ocurridos en las ltimas dcadas. Otro tpico que se corresponde con las visiones anteriores se expresa en la afirmacin de que las ciudades meridionales se emplazan preferentemente en una sola margen (a diferencia de lo que ocurrira en las del norte y centro de Europa). Pero un reconocimiento atento de los procesos urbanos en otras ciudades no tan meridionales muestra que se ha sido tambin el caso, por ejemplo, de la mayor parte de las ciudades francesas. Por hacer referencia a las mencionadas en el apartado anterior, podemos recordar que el caso de Pars es seguramente el ms excepcional. Efectivamente, la situacin del ncleo inicial de Pars en la Ile de la Cit, favoreci el crecimiento a ambos lados del ro ya desde la poca medieval. Pero el desarrollo asimtrico, es decir, el emplazamiento y crecimiento en una sola margen es un rasgo generalizado en las dems ciudades. Por ejemplo, en Run, la ciudad se desarrolla en la margen derecha del Sena hasta el siglo XVIII, cuando con las obras de terraplenado comienza a hacerse posible el salto al otro lado del ro. Tambin en Nantes la ciudad permanece durante mucho tiempo en la margen derecha del Loira, dadas las dificultades para atravesar el ro, manifestadas en la existencia de una nica lnea de puentes que una las dos mrgenes apoyndose en las islas. En Burdeos, la ciudad se desarrolla en la margen izquierda del Garona y slo comienza a saltar al otro lado a finales del siglo XIX (hasta los aos 60 de este siglo slo exista el puente de piedra). En Toulouse ocurre algo similar, pues la amenaza de inundaciones frenaba la urbanizacin de la margen izquierda7. Tambin resulta asimtrico el emplazamiento y crecimiento urbano en Lisboa y en Oporto. Precisamente, esas dos ciudades muestran que dicha circunstancia es un factor relativamente independiente de la valorizacin de la fachada fluvial, es decir, del hecho de que ninguna de las dos haya dado la espalda al ro. Efectivamente, la imagen de la capital portuguesa va indisolublemente ligada al Tajo, que aqu forma un estuario. Hay multitud de vistas de la ciudad que muestran la fachada al ro, desde el siglo XVI hasta la actualidad con su manifestacin ms espectacular en la plaza del Comercio, remodelada despus del terremoto, a finales del siglo XVIII. Un espacio que ya exista, pero que cuando se remodela responde a una preocupacin clara de monumentalizacin de la fachada fluvial y que constituye todava hoy un caso excepcional de espacio urbano totalmente abierto y dialogante con el ro, a pesar de que el centro urbano se fuera desplazando hacia el interior. Tambin en el caso de Oporto, la ciudad se desarrolla hasta fechas recientes en la margen derecha del Duero. Hay que tener en cuenta que slo en el siglo XIX se hace posible el primer paso permanente del ro gracias al establecimiento de un puente de barcas. La fachada al

Ibd., 339.

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ro es siempre la ms representativa. Y tambin aqu, como suceda en Lisboa, son notables los sucesivos proyectos de mejora de esa fachada. Al menos desde el siglo XVIII se suceden distintos proyectos que vinculan los objetivos funcionales a los representativos.

Sevilla. Parque de la Cartuja y puente de la Barqueta sobre el Guadalquivir.

Qu ocurre entonces en las ciudades espaolas en relacin con la centralidad relativa y con la presencia de sus ros?8. Pues que, en general, el papel de unos ros ms o menos temibles como barrera natural al crecimiento urbano, es una circunstancia bastante comn si nos referimos a lo que ocurre en las grandes ciudades con cursos de agua importantes. As, Sevilla mantiene una lucha constante contra las frecuentes avenidas del Guadalquivir y su curso ha constituido una barrera casi insalvable hasta el siglo XX. Desde el siglo XIX, se suceden numerosas intervenciones hidrulicas que tratan de mejorar la navegacin, (dadas las dificultades crecientes de la misma debido al insuficiente calado). Al mismo tiempo, se llevan a cabo diversos proyectos de defensa contra las inundaciones, con las cono8 Para una interpretacin historiogrfica reciente de los procesos de crecimiento en las ciudades espaolas, puede verse mi ponencia Las ciudades espaolas en la Edad Contempornea: procesos de crecimiento y estrategias urbanas, [Link]., Crdoba en la Historia. La construccin de la Urbe, Ayuntamiento de Crdoba. Fundacin La Caixa. Crdoba, 1999, pp. 357-372. (Ayuntamiento de Crdoba, en prensa). Las referencias siguientes estn basadas en los captulos correspondientes del Atlas (vol. I).

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Ros, ciudades, parques fluviales, corredores verdes

cidas cortas, aterramientos, etc.; todo lo cual, junto a la instalacin de la red ferroviaria a lo largo de la margen izquierda, tangente al casco histrico, alter totalmente la relacin de la ciudad con el Guadalquivir, producindose un alejamiento cada vez mayor entre ambos. En el caso de Bilbao, su emplazamiento combina las ventajas de paso del ro Nervin y tambin de utilizacin portuaria debido a la proximidad del estuario con los riesgos que se manifiestan hasta fechas recientsimas, al someterse la ciudad peridicamente a inundaciones y desbordamientos del ro de carcter catastrfico. El pequeo ncleo inicial emplazado en la margen derecha slo comienza a extenderse al otro lado a finales del siglo XIX, con la urbanizacin del Ensanche. La construccin de varios puentes en esos aos de mximo crecimiento, favoreci la conversin del ro en un eje urbano central en lugar del papel de lmite que hasta entonces tena. En cambio, de nuevo las instalaciones ferroviarias impidieron una integracin longitudinal del mismo hasta que comienzan a suprimirse o soterrarse en los ltimos aos. De todas formas, la peculiaridad de la ra bilbaina es la de ser un espacio fluvial industrial, caso nico entre las ciudades espaolas; quiz por ello, la fachada fluvial ms urbana est asociada casi exclusivamente a la parte ms central, es decir, en torno al Arenal y su puente incluso en la actualidad (aunque las intervenciones urbansticas recientes estn generando una nueva fachada fluvial). Valladolid es una ciudad de tamao menor en relacin con las otras aqu analizadas (algo ms de 300.000 hab.) establecida junto a un ro el Pisuerga cuyos caudal y dimensiones resultan relativamente modestos. No obstante, el emplazamiento de la ciudad a lo largo del lecho aluvial de dicho ro, (que se extiende hasta su confluencia a 15 km al sur con el Duero) tambin ha estado sometido a las condiciones genricas de otras ciudades fluviales, resultando un caso interesante por varios motivos. El Pisuerga desempea un papel de barrera o lmite al crecimiento hacia el Oeste hasta hace muy pocos aos. Slo despus de la guerra se va ocupando la margen derecha con algunos polgonos de promocin oficial y viviendas marginales; y ms recientemente, la urbanizacin de la llamada Huerta del Rey y la zona de Parquesol consolidan ese sector, adquiriendo el ro una mayor centralidad urbana, y pasando a convertirse ahora en una directriz clara del crecimiento hacia el Sur. El caso de Valencia es excepcional y tiene gran inters porque, como se sabe, el ro Turia se ha separado definitivamente de la ciudad central. En las vistas tradicionales, como en la de Wyngaerde del siglo XVI, y despus en la imagen de Guesdon (1855) se muestra la importancia de la fachada representativa de la ciudad que es la septentrional que daba al ro. Probablemente el ro Turia es uno de los ms caractersticos del llamado rgimen mediterrneo, un ro irregular y temible con avenidas constantes durante toda su historia. Adems, todo, el llano de Valencia es inundable, aunque el ncleo inicial se emplazara en tierras algo elevadas. La construccin de los primeros puentes es casi simultnea a la de una serie de pre19

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tiles y taludes como defensa frente a las inundaciones ya desde el siglo XVI. En 1957, con la conocida y catastrfica riada de ese ao, se propone y se lleva a cabo una solucin radical: el desvo del ro Turia, con la llamada Solucin Sur. Lo sorprendente es que se propusiera tambin la conversin del antiguo cauce en autopista, complemento en parte lgico de tan agresiva solucin que, afortunadamente, no se llev a cabo. Referirnos a Zaragoza en este contexto no tiene sentido si no es en relacin con las otras ciudades comentadas antes. Por eso, en lugar de describir las caractersticas del Ebro, su ro principal, que todos aqu conocen, podemos pasar a verificar las similitudes existentes as como sus caractersticas especficas en lo que se refiere a las relaciones entre ciudad y ro. Por ejemplo, su carcter de ro irregular, con frecuentes crecidas no resulta nada inusual en el contexto de las ciudades analizadas (y su caudal medio no es muy diferente al de muchos de los ros europeos: 240 m3/s, casi el doble que el del Guadalquivir en Sevilla). Tampoco el desarrollo asimtrico de la ciudad, en una margen del Ebro la derecha es un hecho singular pues, como hemos comprobado, slo en algn caso excepcional ocurre lo contrario (Pars). La potencia que ha tenido la fachada fluvial de la ciudad, durante siglos, es perfectamente comparable con la de otras ciudades europeas. Y no hace falta referirse aqu a representaciones tan clsicas y conocidas como las de Wyngaerde en el siglo XVI o de Mazo (y Velzquez) en el siglo XVII (que muestra la ciudad precisamente despus de una de esas grandes crecidas comunes a casi todos los grandes ros urbanos). Aunque los proyectos de embellecimiento fueron en Zaragoza bastante ms modestos comparados con cualquiera de esas ciudades9. Frente a ciertas imgenes recurrentes que dan por hecho un empobrecimiento posterior de la fachada fluvial, puede resultar instructivo recordar la valoracin que de la misma haca un urbanista alemn, Oscar Jrgens, autor de uno de los primeros y escasos estudios rigurosos sobre las ciudades espaolas, hacia la segunda dcada del siglo actual. Este personaje juzgaba muy positivamente la silueta o imagen de Zaragoza desde la orilla izquierda del Ebro en el siglo XVII (y reproduca la vista atribuida a Velzquez); pero lo ms interesante es que en lugar de lamentarse por posibles procesos de deterioro, pensaba que si la fachada fluvial era atractiva entonces, la imagen actual de la ciudad lo es mucho ms. Los muros de piedra del ro y los elegantes

9 Quizs un rasgo especfico en relacin con ciertas ciudades en las que, desde el siglo XIX, se va produciendo el impacto de industrias, ferrocarriles y muelles es que eso slo ocurre en una medida muy limitada en Zaragoza hasta fechas bien recientes. As, salvo el trazado del enlace entre los ferrocarriles de Madrid y Barcelona en 1870 que supuso una primera barrera en la margen izquierda y una agresin a la Arboleda de Macanaz, Zaragoza puede considerarse bastante afortunada, si se tiene en cuenta el escaso impacto producido por la modernizacin industrial y tecnolgica en el ro, hasta bien entrado este siglo. La fachada principal no slo se mantiene sino que mejora considerablemente, hasta la llegada del crecimiento explosivo de los aos 50-70. Un reconocimiento reciente del desarrollo urbano de Zaragoza se encuentra en el Atlas citado.

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puentes contribuan a ello; pero, sobre todo, la monumentalidad de los edificios ms destacados con la torre de la Seo, las cpulas y las dos torres del Pilar, que no estaban en la imagen de las representaciones clsicas10. Como en otras ciudades, la valoracin de las relaciones urbano-fluviales depende del tramo considerado. Pero limitndonos ahora a los tramos ms centrales, lo que merece la pena destacar es que los procesos de deterioro comienzan en pocas bien recientes. Por ejemplo, con la ocupacin poco cuidada y el urbanismo asptico de la margen izquierda, actuaciones que podan haberse controlado de forma relativamente simple, ya que no existan instalaciones industriales importantes junto a la ribera. Por otro lado, debido al predominio de las visiones estrictamente hidrolgicas, las actuaciones de defensa se han traducido en un tratamiento agresivo con muros de canalizacin como los de la zona del ACTUR-Puente de Santiago. Habra que referise, adems, a la conocida y progresiva conversin del ro en gran cloaca urbana, o el descuido en relacin con la vegetacin al usarse el cauce como vertedero, etc., que ya no son problemas de los arquitectos y de los ingenieros como los anteriores, sino que slo es atribuible a cierto desinters general. En definitiva, si la ciudad da la espalda al ro, se es un fenmeno reciente y explicable, y no por causas naturales precisamente, como a menudo se quiere hacer ver. De modo que ahora la ciudad ya no slo da la espalda al Ebro, sino tambin al Huerva y al Canal Imperial de Aragn; y comienza tambin a darla al ro Gllego, el otro curso de agua importante que atraviesa el Norte del territorio municipal.

4. DE LAS FACHADAS FLUVIALES A LOS CORREDORES VERDES. ESTRATEGIAS UNITARIAS Y OPERACIONES PUNTUALES Como se ha sealado antes, uno de los rasgos definitorios de las actuaciones tradicionales en relacin con los ros es el de obedecer a lgicas de carcter predominantemente sectorial. Por un lado, las estrategias hidrulicas (canalizaciones, rectificacin de cauces, muelles, desvos y embovedados, etc.); por otro, las que tienden a mejorar la esttica urbana valorizando la fachada fluvial (paseos de ribera, regulacin de los frentes de edificacin al ro, etc.). Pues bien, si existe un factor que explica muchas de las diferencias entre las ciudades francesas con las espaolas, ste es realmente el de la existencia de una tradicin urbanstica mucho ms potente en aquellas ciudades. Ello significa que, a pesar del predominio relativo de las lgicas sectoriales en muchas ciudades de ambos pases, la mayor antigedad y constancia en las actuaciones de mejora de las riberas y de las fachadas fluviales en ciudades como las mencionadas (Run, Nantes,
10 O. Jrgens, Ciudades Espaolas. Su desarrollo y configuracin urbanstica, (Hamburgo, 1926), M.A.P., Madrid, 1992, p. 78.

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Burdeos, Toulouse, Lyon, Estrasburgo, por no hablar del caso excepcional de Pars), ha resultado decisiva en la muy superior integracin funcional y formal de esos componentes del paisaje urbano. Si pasamos ahora a la consideracin de las estrategias urbansticas y territoriales puestas en marcha recientemente en distintas ciudades, no es difcil deducir que el rasgo ms destacable es el de la importancia creciente de las visiones integradoras, es decir, las que tienen en cuenta simultneamente tanto los aspectos hidrulicos como los formales o paisajsticos y, en general, los elementos que permiten potenciar el papel de los ros en la vertebracin urbana y suburbana. Estas estrategias que continuaban con una importante tradicin en otros pases o que introducen gradualmente una serie de innovaciones, se van adoptando en las ciudades espaolas en los ltimos aos, en correspondencia con un notable cambio de actitud tanto hacia los valores culturales como hacia los naturales y el medio ambiente en general. Una adopcin que se produce a travs de la incorporacin en el planeamiento urbanstico y territorial convencional, o mediante la elaboracin de nuevos instrumentos de intervencin, como son los ya relativamente numerosos planes y proyectos especiales de distinta naturaleza. Dos tipos de concepciones y actitudes sobresalen en esas renovadas estrategias de integracin, unas de carcter ms estructural (y territorial) y otras de tipo ms puntual (y arquitectnico).

4.1. ESTRATEGIAS DE CARCTER ESTRUCTURAL Ejemplo de la primera forma de actuar seran algunos proyectos o planes especiales de parques fluviales y corredores verdes, que podran inscribirse en la tradicin de los Park systems norteamericanos puestos en marcha desde finales del siglo XIX y que han ido adoptndose posteriormente en las grandes metrpolis europeas. Sin tratar de describir ahora la naturaleza de esa tradicin, s es importante sealar que la dispersin suburbana y el cambio de escala territorial en las ciudades europeas, con la exponencial extensin y ocupacin de suelo de las nuevas periferias, est en la base del renovado inters por las posibilidades de esa modalidad de intervencin urbana y territorial. Efectivamente, una parte importante del crecimiento suburbano reciente se produce ocupando, precisamente, las reas de mayor inters agronmico, ecolgico y paisajstico. En particular, las vegas y riberas de los ros que siempre han actuado como corredores en los que se han ido implantando las vas de comunicacin y que han actuado, por tanto, como directrices de la urbanizacin. De ah el inters que las estrategias recientes muestran hacia la recuperacin y el tratamiento de esos espacios lineales como oportunidad de vertebracin del territorio11.
11 F.J. Moncls (ed.), La ciudad dispersa. Suburbanizacin y nuevas periferias, Centre de Cultura Contemporanea de Barcelona, Barcelona, 1998.

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Aunque por su escala y por la naturaleza del territorio en el que se plantea resulta un caso excepcional, podemos referirnos a uno de los proyectos ms ambiciosos e interesantes que se estn poniendo en marcha durante estos aos. Se trata del nuevo IBA alemn la Exposicin de Arquitectura de los aos 90 (primera fase: 1989-1999) que sucede a la de Berln de los aos 80 con el tratamiento del ro Emscher como eje fundamental de regeneracin o reconstruccin de un extenso territorio urbanizado (casi dos millones de habitantes) sumido hasta ahora en un grave proceso de deterioro. El objetivo es potenciar los valores naturales, pero tambin los artificiales o histricos del entorno del ro (en realidad, una franja de 75 km de ros y canales). Aqu se propone una transformacin estructural y de una reconversin ambiental de una regin industrial en declive situada en el Norte de la regin del Ruhr, con 17 municipios en una superficie de 800 km2. Operacin constituida por un conjunto de actuaciones interdependientes en torno al ro Emscher que incluye ms de 80 proyectos (rehabilitacin del patrimonio industrial, viviendas, centros tecnolgicos, deportivos...), entre ellos un sistema de corredores verdes basado en un plan regional elaborado en los aos 20. Tambin aqu es destacable la concepcin global de las actuaciones (con el corredor verde del Emscher como protagonista, concebido como gran parque metropolitano de ms de 300 km2) aunque luego su concrecin se lleve a cabo de forma descentralizada, fragmentada y escalonada. Desde hace aos, un equipo multidisciplinar trabaja

Waltrop Canal-lock Park. IBA Emscher Park.

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en el proyecto o plan de conjunto del IBA: hidrlogos, urbanistas, arquitectos, gegrafos, socilogos, etc12. A una escala mucho ms modesta, podemos referirnos al proyecto para el ro Manzanares en Madrid. Tambin aqu hay que decir que se trata de una propuesta no del todo innovadora, pues ya en los aos 30 se haba comenzado a elaborar un Plan Regional en el que los espacios fluviales tenan un gran protagonismo de cara a la estructuracin de la nueva regin urbana. El sistema metropolitano de parques se articulaba en torno al Manzanares, al Jarama y al Henares, proponindose el establecimiento de una serie de playas y baos populares, clubs de remo y natacin, restaurantes, etc. Podramos destacar el proyecto de 1930, para la llamada Playa de Madrid en el Manzanares, en el que se inclua una presa con compuertas metlicas para conseguir una lmina de agua estable. O tambin la propuesta de Mercadal y el grupo del GATEPAC para el Jarama, tambin a partir de la construccin de pequeos embalses en el ro (como se ve, la idea de las presas mviles no es del todo nueva)13. En los ltimos aos, el progresivo deterioro del ro Manzanares se ha ido considerando, cada vez ms, como un problema de primer orden. Pero tambin, se ha visto como una oportunidad de vertebracin metropolitana. De ah el proyecto de parque lineal, elaborado en paralelo al Plan de 1985, como una de las estrategias clave del nuevo planeamiento madrileo. El objetivo general prolonga as el de los estudios de los aos 30: articular un eje Norte-Sur mediante un corredor verde que desde las forestadas masas de El Pardo debera llegar al menos al final del trmino municipal. El Plan especial comprende una franja de unos 600 m de anchura y 6 km de longitud. Al margen de las caractersticas concretas del proyecto, interesa destacar que, a pesar de la modestia del ro Manzanares, los objetivos son realmente ambiciosos. No se trata solamente de la recuperacin de las riberas y de frenar la fuerte degradacin interna, sino de articular toda una serie de actuaciones dirigidas a convertir un espacio marginal en una espina dorsal reequilibradora de una extensa rea periurbana14. A pesar de las sustanciales diferencias de escala y de alcance de las actuaciones, tanto el caso del IBA de Emscher Park como el proyecto para el Manzanares, son una muestra clara de la incorporacin de valores ambientales y culturales a la planificacin fsica, as como de la naturaleza cada vez ms estratgica que este tipo de proyectos juegan en la reciente cultura urbanstica y territorial. Dos ejemplos que se inscriben en la larga tradicin de los sis-

12 T. Grohe, Lexposition international darchitecture de lEmscher Park. Un project cologique pour la reconversion de la Ruhr, Les Annales de la Recherche Urbaine, 52, 1991; G. Setmann, A. Kolkau, La IBA de Emscher Park, Ciudad y Territorio, 100-101, 1994. 13 C. Sambricio, Las promesas de un rostro: Madrid, 1920-1940. De la metrpolis al Plan Regional, en [Link]., Madrid, urbanismo y gestin municipal, 1920-1940, Ayuntamiento de Madrid, 1984. 14

J. M. Ezquiaga, Parque lineal del Manzanares Sur, Arquitectura, 258, 1986.

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temas de parques y corredores verdes concebidos como proyectos unitarios, pero tambin muy diversificados. Aunque podramos referirnos a muchos otros episodios que estn contribuyendo a remodelar las ciudades europeas, tanto a escala metropolitana como urbana o en aglomeraciones de tamao medio en las que los cursos de agua juegan un papel cada vez ms decisivo15.

4.2. ESTRATEGIAS DE CARCTER ARQUITECTNICO Consideraremos ahora el segundo tipo de estrategias de carcter ms puntual y arquitectnico que, sin embargo, se plantean con una visin que va ms all de la disposicin de edificaciones junto a los ros. Se trata de operaciones individuales o atomizadas que han alterado las relaciones entre ciudades y ros de forma muy diferente que en aquellas actuaciones territoriales unitarias de carcter longitudinal. Construccin de puentes, acercamiento de la edificacin al cauce con la disposicin de edificaciones ms o menos singulares, tratamiento arquitectnico de los paseos de ribera, apertura de espacios pblicos hacia el ro, etc. Numerosos ejemplos de esta forma de actuar se encuentran en la historia urbana de casi todas las ciudades europeas asomadas o atravesadas por sus ros. No hace falta recordar la importancia de los puentes en todas las ciudades, evocados en el potico escrito de Juan Benet. O las plazas asomadas al ro como las de la Concorde en Pars, la Place Royale de Burdeos o la del Comercio en Lisboa. O el tratamiento de la fachada fluvial con el emplazamiento de los edificios ms representativos de la ciudad y con el cuidado tratamiento de sus frentes de edificacin. Evidentemente, en este tipo de estrategias hay que tener en cuenta las circunstancias derivadas de la nueva escala territorial de las ciudades. Ya no se puede pensar nicamente en los pequeos tramos de ribera situados en el centro de las ciudades. Y resulta absurdo tratar de aplicar los mismos mtodos a las extensiones perifricas, donde domina la edificacin abierta y discontinua. Por eso, las nuevas actuaciones parten de la base de la diversidad y de la necesidad de dar respuestas especficas a cada situacin territorial. La proliferacin de equipamientos de carcter urbano y metropolitano que ya no tienen por qu situarse en posiciones centrales, representa una oportunidad que muchas ciudades estn sabiendo aprovechar. De hecho, algunas de las arquitecturas recientes ms celebradas se plantean y estn contribuyendo a una mejora de la integracin entre ro y ciudad. De nuevo, podramos poner como ejemplo la secuencia de edificios pblicos que se asoman al Sena, en Pars, extendiendo hacia el Este el tramo urbano y monumental del ro: el Instituto del Mundo rabe, el Ministerio de Finan-

15 Para una visin general que enfatiza los aspectos arquitectnicos y paisajsticos puede verse en A. Boggiano, La citt e il fiume in Europa, en La Citt e il Fiume, Electa, Florencia, 1986.

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zas, la Biblioteque de France, los conjuntos residenciales y espacios libres en Bercy, etc. A ese tipo de estrategia monumentalizadora y paisajstica respondera tambin la construccin del museo Guggenheim, de Frank Gehry, junto con el Palacio de Congresos y el Auditorio en el caso de la ra de Bilbao16. Junto a esas operaciones de gran escala urbana, podran mencionarse otros proyectos ms discretos, pero de gran eficacia en la recomposicin de las relaciones urbano-fluviales. El nuevo Museo Fluvial y de Remo junto al Tmesis en Oxford, obra de David Chipperfield, constituye un ejemplo notable. Y lleva camino de serlo tambin el nuevo Museo de la Ciencia de Valladolid, obra en construccin de Enrique de Teresa, Juanjo Echevarra y Rafael Moneo, situado en un lugar estratgico en la margen derecha del Pisuerga, al sur del ncleo urbano. El modesto punto de partida de este ltimo proyecto la rehabilitacin de una antigua fbrica de harinas se plantea como pretexto de una actuacin mucho ms ambiciosa que trata de

Valladolid. Proyecto de Museo de la Ciencia, junto al ro Pisuerga.

La reinvencin de un paisaje. Bilbao Ra 2000, Quaderns dArquitectura i Urbanisme, 212, 1996.

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estructurar un sistema de recorridos (incluido un puente peatonal) que conecta distintas zonas. Adems, dicho paseo arquitectnico proporciona una visin panormica del conjunto de la exposicin (cuyo hilo conductor es el agua) y del entorno natural del ro, lo cual constituye una muestra de las posibilidades de una estrategia proyectual que huye de planteamientos monumentalistas innecesarios.

5. ZARAGOZA Y SUS CORREDORES VERDES Hace ahora ya ms de cuarenta aos, en 1955, se celebraron en Zaragoza unas Jornadas sobre el Ebro. Resulta curioso aunque a veces un tanto frustrante comprobar cmo muchos de los temas que hoy se plantean estaban ya presentes entonces. Ingenieros y arquitectos discutan las posibilidades de mejorar la integracin entre el ro y la ciudad. As el proyecto de dique mvil en el Ebro para lograr una lmina de agua estable ideado por Escoriaza se vuelve a proponer ahora. El arquitecto Regino Borobio efectuaba entonces una aproximacin al tema desde un punto de vista similar al que aqu nos interesa: El Ebro en su aspecto urbanstico17. Realmente, no parece que los polticos hayan sido muy rpidos de reflejos: se puede decir que desde entonces no se ha hecho casi nada relevante para detener un proceso de deterioro que ya se vea venir y se denunciaba. En cualquier caso, no hay que echarles toda la culpa a los polticos, porque tambin tienen responsabilidad los ciudadanos y, de otro modo, los tcnicos que no han sabido articular las distintas intervenciones tendentes a mejorar el ro y su entorno prximo. A estas alturas, y a pesar de las indicaciones del planeamiento general, todava no existe un plan especial o algn instrumento similar que especifique y formalice las actuaciones necesarias para llevar a cabo la deseada integracin del Ebro en la ciudad (ni para los otros cursos fluviales). En relacin con las otras ciudades comentadas, es evidente que podramos definir una serie de rasgos especficos para el caso de Zaragoza de cara a explicar detalladamente los procesos y las fases de distanciamiento y de acercamiento de la ciudad a sus ros. Pero tambin se deduce claramente que su dficit en relacin con otras que estn consiguiendo invertir los procesos de agresin y marginacin progresiva de los cursos de agua, no tiene tanto que ver con el rgimen de su ro o con su crecimiento asimtrico como con la escasa voluntad poltica de abordar el problema, el descuido ciudadano y el dbil tratamiento propuesto para los mismos en los documentos urbansticos. A partir de los aos 70, Zaragoza salta definitivamente al otro lado del Ebro, pasando ste de ser un lmite

17

R. Borobio, El Ebro en su aspecto urbanstico, Zaragoza II, 1956.

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Zaragoza. Crecimiento y operaciones urbansticas recientes (Atlas I, 1994).

al crecimiento urbano a constituir un elemento central que atraviesa la ciudad18. Contrastando con la nueva dimensin urbana y metropolitana del Ebro, sorprende que todava se piense de forma casi exclusiva en el tramo ms central de unos 4 km, como muestra el mbito tratado en algunas publicaciones y concursos recientes19. Porque parece obvio que el planeamiento urbanstico debera considerar, con estrategias diferenciadas pero coherentes, los 10 km de tramo urbano y periurbano, los 20 km del tramo incluido en el trmino municipal de Zaragoza y, de otro modo, los 50 km del mbito metropolitano. Las imgenes de satlite muestran, efectivamente, un territorio en el que contrastan ntidamente las vegas de los ros sobre las cuales se extiende la urbanizacin, con el medio rido y despoblado de la parte central del Valle del Ebro. No hay que insistir en el valor ecolgico y paisajstico de un territorio modelado por el hombre durante siglos las huertas construidas con un costoso sistema de canalizaciones y de ace-

18 M.C. Faus, La orilla izquierda del Ebro zaragozano (proceso de urbanizacin), Caja de Ahorros-Ayuntamiento de Zaragoza, Zaragoza, 1988. 19 I. Rentera, El ro como espacio urbano. Zaragoza: reflexiones sobre el Ebro, Ayuntamiento de Zaragoza, Zaragoza, 1985. Las propuestas presentadas al concurso que tuvo lugar en 1989, estn reproducidas en la publicacin Zaragoza. Zonas verdes. Espacios naturales, Ayuntamiento de Zaragoza, 1990.

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quias de riego que podra desaparecer en unas dcadas, como consecuencia de su abandono progresivo o de la indiscriminada invasin urbanizadora. Sin embargo, puesto que los cursos de agua y las canalizaciones para el regado actan de directrices de la urbanizacin, tambin pueden verse como una oportunidad de articulacin de esta aglomeracin urbana. Porque en torno a esos kilmetros de cursos de agua urbanos y suburbanos se disponen toda una serie de edificaciones y de espacios intersticiales reas que hasta hace poco habran sido consideradas como campo que, de un modo u otro, acaban formando parte de la ciudad. Parece que esa lgica de un crecimiento cada vez ms disperso no es fcil de detener, aunque ello no implica necesariamente la ocupacin indiscriminada de las reas de regado. Un planteamiento realista debera partir de la base de que la ciudad real se est disponiendo precisamente en torno a esos espacios fluviales, por lo que los mismos deberan concebirse como autnticas espinas dorsales de la nueva ciudad y no slo como reas naturales al margen de la misma. Si las infraestructuras, viejas y nuevas, estn conformando cada vez ms nuestras aglomeraciones urbanas, los cursos de agua pueden tambin modelar positivamente un nuevo tipo de ciudad estrechamente vinculada con el paisaje periurbano. Por eso no parece suficiente la visin del urbanismo tradicional, en el que predominan casi exclusivamente las posturas normativas o defensivas. Medidas, por ejemplo, de proteccin de sotos clasificndolos de suelo no urbanizable especialmente protegido que a menudo pueden resultar contraproducentes provocando una aceleracin de la habitual y frentica tala o quema de los mismos20. En relacin con el Ebro, al margen de reconocer el inters de diferentes propuestas o de algunas bonitas ideas procedentes de concursos, no se ve que se haya optado de forma decidida por ninguna de las lneas aplicadas en otras ciudades: paseos de ribera, permeabilizacin de los bordes urbanos para abrirse hacia el ro, previsin de emplazamiento de equipamientos ms o menos representativos para lograr una mejor integracin funcional y visual, tratamiento integrado de los elementos naturales junto a las distintas piezas urbanas; en fin, toda una serie de actuaciones que deberan definir el espacio y parque fluvial de mayor potencialidad de Zaragoza. Dado el nuevo significado espacial de la ciudad y sus nuevas periferias en relacin con lo que, por pura inercia, se entiende todava como una continuacin simple de la Zaragoza tradicional, es preciso superar la idea de una distincin clara entre el mbito urbano y el territorio periurbano. Cualquier planteamiento integrador debe partir del convencimiento de que la interrelacin entre ciudad y naturaleza ya no se volver a dar como en el pasado, estableciendo lmites rgidos entre ambas realidades, cada vez ms entrelazadas. De cara a las riberas de los ros y a su

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J.A. Cuchi, Zaragoza, la triste historia de una ciudad y tres ros, CEUMT, 93, 1985.

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potencial paisajstico y de utilizacin ldica, ese cambio de escala y de condiciones de centralidad supone un elemento positivo que hay que saber aprovechar. Puesto que los tramos urbanos de los ros se van artificializando cada vez ms, resulta lgico incluir los cursos de agua construidos por el hombre. Es el caso del Canal Imperial de Aragn, una obra pblica de altsimo inters a pesar de su degradacin reciente y de tanto o mayor valor paisajstico en algunos de sus tramos como el de los ros naturales que, por cierto, a veces se canalizan tanto como los canales de verdad. Como en el caso del Ebro, un tratamiento integrador slo es posible si se abordan a un mismo tiempo las cuestiones de rehabilitacin de riberas y su relacin con los espacios periurbanos. Y esas concepciones son las que comienzan a recuperarse en algunas de las propuestas recientes. Por ejemplo, si se quiere vincular la lgica lineal del curso de agua con la franja inmediata al canal, es imprescindible definir esos espacios mediante secciones ajustadas a las distintas situaciones urbanas o periurbanas que se dan en cada tramo. Las visiones transversales amplias complementan as a las ms tradicionales de sentido longitudinal.

Canal Imperial de Aragn. Propuesta de Moncls-Lorente 1994.

Los mecanismos tradicionales basados en la zonificacin son necesarios pero insuficientes. Adems de planos de zonificacin ms o menos sofisticados, es preciso definir esa relacin entre edificios, espacios libres, infraes30

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tructuras, etc.21. Pensar que se trata de adecentar un poco o de decorar los ros zaragozanos con la eventual explotacin de unas presas, es engaarse o resignarse a pasar con un sucedneo de lo que realmente se necesita. Lo que importa es definir un conjunto de actuaciones con o sin presa, con plazos y compromisos claros, en un instrumento de coordinacin que no puede ser sino uno o varios planes especiales de recuperacin de los ros. La financiacin, ya lo sabemos, es difcil de conseguir siempre, pero sin Plan se convierte en algo imposible. El llamado Plan de Riberas, aunque valioso como elemento de discusin, todava est a aos luz de un Plan o Plan-Proyecto como el que corresponde a la situacin de los ros zaragozanos. Como se ha sealado, hoy da no se puede concebir el tratamiento de los ros si no es de forma integral, es decir, enmarcado dentro de una concepcin global de estructuracin de la nueva realidad urbano-territorial. Es imposible llegar a algo consistente sin poner en estrecha relacin las actuaciones hidrulicas, urbansticas y paisajsticas. En el caso de las ciudades espaolas, en las que la planificacin territorial no est muy desarrollada, parece lgico que las intervenciones sobre los espacios fluviales tiendan a convertirse en planes especiales no diluidos en los planes generales de ordenacin urbana, sino articulados con los mismos. Resulta esencial establecer mecanismos de coordinacin institucional. Se trata de intervenciones complejas que deben integrar lgicas especficas y las inversiones correspondientes. No parece muy apropiado continuar con la tradicin de elaborar este tipo de planes nicamente desde un departamento municipal. O pensar que la suma de planes de zonas y planes de obras resulta suficiente a estas alturas. No se trata de volver a los planes omnicomprensivos de hace algunas dcadas, pero resulta difcil pensar en una actuacin coherente y efectiva que no se plantee en consonancia con la esencia del urbanismo contemporneo, que ya no es tanto prohibir como en el urbanismo convencional basado en la zonificacin, sino seducir y actuar mediante intervenciones estratgicas22. Adems, cada vez resulta ms patente la necesidad de pensar simultneamente vacos y slidos, espacios libres y espacios edificados, el entorno fluvial y las actividades que se disponen en el mismo. se ha sido uno de los secretos de las ciudades que han conseguido una mayor integracin con sus ros. Aunque tampoco hay que hacerse excesivas ilusiones: la entidad y la potencia de los procesos recientes no podr ser abordada con ciertas garantas mientras no se produzcan cambios profundos de diversa ndole social, poltica, cultural para que la nueva cultura territorial y ambiental, que comienza a emerger un poco por todas partes, se convierta en un elemento decisivo en el planeamiento y en la ordenacin del territorio.

21 Zaragoza mira al futuro. Revisin del Plan General de Ordenacin Urbana. Documento de criterios, objetivos y soluciones generales, Ayuntamiento de Zaragoza, 1993. 22

F. Ascher, Metapolis, ou lavenir des villes, Ed. Odile Jacob, Paris, 1995.

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EL AGUA Y LA CIUDAD
Mario GAVIRIA LABARTA

La primera noticia clara en torno al tema del agua y las ciudades es que no es el factor limitante definitivo de una ciudad. Es evidente que si no hay agua no hay ciudad, pero la tecnologa est evolucionando de tal manera que no sera inimaginable, como hacen algunas ciudades del mundo ya, aunque tenga unos ciertos costos, que el reciclaje de la propia agua pudiera permitir subsistir o supervivir a las ciudades durante decenios, siempre y cuando no faltase la energa. Es decir, que incluso en una ptica, en la que yo no me emplazo, de catastrofismo energtico, ecolgico, etc., yo no creo que el agua vaya a ser el factor limitante de la ciudad. Lo ser la energa, lo sern los alimentos, etc., pero si hay energa hay agua. Las Palmas de Gran Canaria, o todo Lanzarote y Fuerteventura estn funcionando ya con agua desalinizada, con costos decrecientes. Por tanto, s que se identificaba en la Historia de la Humanidad la aparicin de los asentamientos humanos en el Neoltico, hace unos 5.000 aos, con la presencia permanente de agua y es un factor imprescindible para la vida de la ciudad, pero no es un factor limitante. Al final es el problema de la energa, sobre todo, el que acaba siendo el problema ms grave para la supervivencia de ciudades cercadas, como se ha visto por ejemplo en Sarajevo y los Balcanes, lamentable y recientemente. De hecho, el agua como el aire, que eran bienes libres, eran lo que se llamara el valor de oro de la Naturaleza, se han ido convirtiendo en bienes de intercambio, en bienes econmicos, y esa tendencia, que con los regados comenz hace 4.000-5.000 aos, de bienes libres a bienes econmicos. Del agua considerada como elemento productor, se est evolucionando en el caso de las ciudades a dos funciones an ms importantes: ya no es tanto un valor slo productivo, sino que tiene valor de salud pblica y, en gran parte, un valor hedonista, un valor recreativo, un valor de placer. El agua es un elemento de placer y es el medio en el que nacemos o nos engendramos. El mayor problema, en concreto en Zaragoza, donde nos situamos, o en el Valle del Ebro, no es tanto la cantidad de agua como que sea agua 33

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segura, es decir, la calidad del agua. S que un da se va a hablar de ese tema, pero a m me parece que, dentro de lo que sera el esquema del agua y la ciudad, ms que decidirme a hablar muy en abstracto y muy en general, hablar algo de teora general, pero en seguida ir a cosas concretas que nos afectan. Los alemanes solan decir que los seres humanos somos lo que comemos. Tambin se puede decir que somos lo que bebemos. Los seres humanos necesitamos de 2 a 3 litros de agua diarios y sin agua no se puede vivir, evidentemente es esencial. Sin respirar aguantamos 15 minutos, si no morimos de asfixia; nuestro primer alimento es el aire, el oxgeno, 15 kilos diarios. Nuestro segundo alimento es el agua, 2-3 litros diarios, y podemos vivir 4-5 das sin beber agua. Y respecto a lo que es la comida, las huelgas de hambre ms extendidas pueden llegar a 55-60 das sin comer, pero s bebiendo. Quiere decir esto, que nuestro cuerpo es casi agua. Recientemente he visto un anuncio, no s si ha llegado por aqu, lo vi ayer en Murcia, de un whisky que dice: E1 70% del cuerpo humano es agua y ya est bien, y le aade el nombre del whisky, no le har propaganda; yo creo que es ms del 70% del cuerpo humano, yo creo que estamos en el ochenta y tantos por ciento de agua en el cuerpo humano, y la Biblia habla de polvo eres y en polvo te has de convertir, pero en realidad lo que somos es sobre todo agua. El agua nos permite mantener la temperatura del cuerpo, somos seres muy vulnerables y moriramos en seguida si no pudisemos mantener los treinta y seis y pico grados. Es imprescindible para la digestin, el noventa y tantos por ciento de la sangre es agua, pasa lo mismo con el jugo linftico, necesitamos agua hasta para llorar. Realmente gracias al agua eliminamos las toxinas, moriramos intoxicados si no orinsemos. En cierto modo, est claro que el agua se convierte en un elemento de seguridad. El gran problema del tercer mundo no es slo la comida, sino simplemente el tener un buen sistema de alcantarillados separado del abastecimiento de agua. Las enfermedades hdricas en todo frica o en todo Sudamrica estn matando gente, uno de cada cuatro muertos proceden de ese problema, y aqu nos olvidamos porque la memoria histrica es corta. Supongo que en Aragn fue lo mismo, pero en algunos pueblos de Navarra, en Cascante hace poco ms de 100 aos hubo un 20% del pueblo que muri de clera, que es una enfermedad hdrica evidente. Por tanto, yo creo que la ciudad, debe cuidar como un bien natural, aunque sea econmico, el abastecimiento de aguas y Zaragoza es un caso especialmente triste histricamente. Zaragoza nunca ha bebido buena agua, eso se puede decir sin miedo a ninguna duda; tal vez cuando la traan del Huerva o del Alto Jaln fuese buena, pero la propia agua del Ebro es un agua con muchas sales, con mucha erosin, y la erosin no es reciente. Esa idea de que este territorio se ha erosionado recientemente no es cierta. Por tanto, quiere decir que Zaragoza ha estado bebiendo agua difcil y malamente. Ya lleg el Canal Imperial, que era la misma agua del Ebro pero cogi34

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da 80-90 kilmetros ms arriba, y los aguadores iban con burros a la acequia de la Romareda y llegaban hasta la calle donde estaba la antigua Facultad de Medicina. En el fondo, Hegel deca que la ciudad es la mayor creacin de la humanidad, del arte de la humanidad. La ciudad es la mxima concentracin de personas, capital, informacin, agua, alimentos, energa. Esa concentracin es la que hace viable una ciudad. Y siempre se suele dejar un poco de lado el tema del agua, como dando por hecho que se supone que el agua vendr de algn lado y habr agua. Lo que se est viendo es que en los 30 aos que llevamos en luchas ecologistas dimos mucha importancia a la lucha para que no se despilfarrasen los recursos no renovables, obsesionados por el petrleo, por ejemplo, o los fosfatos, y resulta que los problemas que se estn presentando muy graves son los que se refieren a los recursos renovables, los que nos pareca que la Naturaleza reproduca, por ejemplo el agua o por ejemplo las masas forestales o la biodiversidad, las especies. Qu quiere esto decir? Pues que nuestra cultura y nuestra civilizacin es depredadora, es brutal, pero acabar con el petrleo no es tan fcil y las compaas petrolferas y las propias nucleares nos indujeron a algn error. Yo recuerdo cuando empec la lucha antinuclear en el Estado Espaol y en Aragn, donde iba a haber 6 nucleares, que la documentacin que yo me traje de Estados Unidos en el ao 70-71, cuando estuve de profesor, y compr mucha informacin de la Agencia Internacional de la Energa, de la OPEP, etc., y se deca que quedaba petrleo para 30 aos y que despus ira subiendo el precio y que escaseara y se agotara. Han pasado casi los 30 aos y las reservas de petrleo conocidas son mayores que las de entonces, las nuevas tecnologas ayudan a detectarlo y a extraerlo mejor y ms eficazmente y, lo que es ms increble, es que en pesetas constantes el petrleo est ms barato que hace 20 aos. Con todo ello quiero decir que el agua, que era un recurso renovable y que creamos que era ilimitado porque se renovaba, tiene su punto dbil, no slo en cuanto a la cantidad en Aragn, sobre todo a la calidad, en Zaragoza, y lo mismo pasa un poco con los ecosistemas. Por tanto, hay que entonar el mea culpa cuando alguien se equivoca y reconocerlo. Yo querra decir que lo que pueda saber de agua y mi sensibilidad de aguas se lo debo a Aragn, mi formacin fue aqu, el bachiller en los Jesuitas aqu al lado y luego en la Universidad, y en cierto modo pues soy un aprendiz del Heraldo de Aragn, a travs de Joaqun Costa y de esa ideologa del agua me sensibilic y he trabajado aos en ella. Sin embargo, yo creo que hace aos que estoy pidiendo que le echemos 6 7 llaves al sepulcro de Joaqun Costa. l deca que haba que echar 7 llaves al sepulcro de El Cid, pero yo creo que el discurso costista del agua, que vea el agua como un fertilizador de secanos y como tal un pacificador social, o haba la reforma sovitica, o la reforma agraria o la revolucin (o habra los regados y la pacificacin social); todo aquello pas y el agua en Aragn en estos 35

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momentos no es un elemento central del desarrollo, ni lo va a ser, a pesar de que sigue siendo, yo creo, igual la nica regin de Europa que su identidad se la da el agua. Yo le he estado dando vueltas un poco y es que Aragn tiene algo de sahariano, evidentemente; el clima y los desiertos que nos rodean hacen que valoremos el agua y que la identidad aragonesa se defina en parte por la lucha en defensa del agua. Yo creo que es una lucha que se ha ido convirtiendo en retrica, el agua como identidad aragonesa, y el agua como una retrica y una retrica un poco falsa. En el fondo se est todo el da hablando de agua, jornadas, y ojal que haya muchas como sta y podamos ser cada vez ms concretos, pero a la hora de las estrategias de decisin las prioridades no se le dan al agua. A m me recuerda lo que se habla en Aragn constantemente de que hay que hacer regados, hay que hacer, hay que hacer..., y luego se hace otra cosa: o se hace la autova, o se hace un Palacio de Congresos, se hace todo menos lo que se dice que habra que hacer. Es una retrica burlada, siempre espera que la hagan otros. Recuerda un poco a lo que sucede con las viudas de la burguesa: cuando se muere el marido heredan algn dinero y empiezan a preguntar a todos los parientes que qu hacen con el dinero, que dnde lo invierten, y al final se compran un local comercial, les digan lo que les digan. Pues algo parecido pasa con el agua. Es decir, que se est todo el da hablando de que hay que hacer regados, que el agua es esencial para Aragn, ni bebemos ni se deja beber, y al final se hacen autovas, se hacen auditorios, se hacen obras gigantescas de ingeniera, todo un gran desarrollo urbano que no son las estrategias de utilizacin del agua que se pensaba. En cierto modo el Pacto del Agua, se est viendo, cubre esa gran retrica aragonesa sobre el agua, pero no es seguro ni que sea realizable, ni que vaya a haber inversiones suficientes, porque la problemtica del agua y de Aragn ya no es la de Costa, la de los regados y la produccin agraria, sino que es una problemtica de pas avanzado. Aragn es una regin avanzada, ms de lo que la imagen general nos da, y le pasa un poco cada vez ms como a Espaa. En Espaa el 3% del PIB es agrcola, es poqusimo ya, y en Aragn ser el 7 o el 8%; en realidad Aragn ha supervivido porque ha supervivido Zaragoza y tengo que hacer autocrtica tambin de que con Grill escribimos un libro hace 25 aos que se llamaba Zaragoza contra Aragn, y menos mal que ha supervivido Zaragoza, porque ahora habra que decir que Aragn es Zaragoza y que el futuro de Aragn se va a ventilar en un espacio de 50 kilmetros alrededor de Zaragoza, o se est ventilando ya. Es una cultura urbana, industrial, postindustrial, y la acumulacin de capital viene aqu, la gente ms preparada viene aqu, las expectativas y la gente joven de Zaragoza se viene aqu porque es un espacio de libertad y, por tanto, lo que hay que tener es fantasa a la hora de ordenar todo este territorio y en especial para gestionar el agua. Porque en el fondo la otra paradoja es la de que Aragn es esa tradicin surrealista del Bajo Aragn 36

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que se extiende a todo Aragn, y que no slo es Luis Buuel, es una tierra paradjica o surrealista, no es lo mismo, pero... Aragn tiene mucha agua buena en el Pirineo, donde no hay gente, y tiene mucha agua mala donde est la gente, los 800.000 habitantes en un radio alrededor de Zaragoza estn con un agua infecta, un agua que no es la adecuada, mal empleada y en parte en contradiccin con el crecimiento urbano; los regados estn siendo destruidos por las parcelaciones y, sin embargo, se sigue pensando en hacer regados, no s dnde, trayendo poblacin inmigrada para que pueda trabajar porque los jvenes aragoneses no quieren trabajar en la agricultura, etc. El desafo del agua es un desafo urbano en Aragn, y el desafo del agua es un problema de calidad del agua; en el fondo el agua y la ciudad son un problema de salud pblica, ya no es de desarrollo econmico, sino de salud pblica y yo dira que de placer, juego, recreo y disfrute. Un da u otro se ir limpiando el ro, con sus limitaciones por tener las caractersticas de un valle muy salino y con una agricultura que ir evolucionando de una agricultura dura a una agricultura ms ecolgica. El ro Ebro es un torrente escandaloso, al que se le ha tenido miedo, que puede pasar de 20 metros cbicos por segundo a 10.000, y eso no pasa en ningn ro europeo de esta envergadura. La ciudad ha tenido histricamente miedo al ro, el mito del pozo de San Lzaro, las inundaciones, la propia situacin del Pilar como elemento simblico que permite hacer un gigantesco muro de contencin y definir de una vez para siempre el lmite del ro; todo eso son operaciones muy antiguas y en lo que habra que entrar ahora es en cmo hacer confluir la Naturaleza y la Cultura, el ro a su paso por la ciudad, con lo que es la ciudad, asomarse a l, etc., que s que se va a tocar en otras conferencias y por tanto no lo profundizar apenas. El atravesar el ro significaba la exclusin, el arrabal, los que estaban al otro lado que no eran ciudadanos. El Pilar, aunque parece que tiene cuatro fachadas, da la espalda al ro, no es el Ganges, no son unas escaleras donde se baja uno a purificar, el Ebro es un sitio donde se tiraban las basuras y las riadas se las llevaban, en toda la Pennsula Ibrica el ro era un transportador de los pocos residuos que aquellas culturas producan, pero esto ha cambiado. El problema ha cambiado; para m el primer problema de esta ponencia que se me ha encargado de agua y ciudad sera la calidad del agua. Zaragoza es una ciudad oasis. Visto desde el avin, a pesar del hilo filiforme del Canal Imperial, pues el resto son unos desiertos o unos espacios semiesteparios de trescientos y pico milmetros de lluvia anual, que al ir recientemente a Marrakech, en las puertas del Sahara mi sorpresa es que hay ms agua y tiene ms verde y ms pluviometra que Zaragoza. Zaragoza es una ciudad oasis y como tal habra que tratar el tema del agua. Yo creo que Zaragoza ha tratado especialmente mal al ro, si comparamos con otras ciudades, y en eso estaramos todos de acuerdo. En Bilbao la 37

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ra fue un elemento de desarrollo, mientras lo fue, y con la crisis estn en un proceso de reconversin y estn convirtiendo la ra en otra cosa. Lo mismo pas en Sevilla, que era un elemento de desarrollo, la ciudad estaba asomada a l, por l venan los cargamentos de oro, especias, documentos y riqueza de Hispanoamrica y la ciudad estaba agradecida al ro. En Zaragoza se le ha temido y nunca ha sido un elemento de desarrollo urbano. Era ms bien una ciudad frontera, era una forma de proteccin en una llanura difcil de proteger, era una cabeza de puente estratgico de diversas zonas de Espaa desde los romanos y el ro nunca fue bien tratado. Valencia es un caso an ms inslito que Zaragoza porque el xito de Valencia es que el ro desapareci como tal, y ah tengo yo una cierta responsabilidad. Recordarn que cuando el 8-9 de octubre, ahora har 40 aos, se produjeron las inundaciones del Turia y fue tan catastrfico que se decidi cambiar el cauce y el nuevo cauce del Turia va por el sur de la ciudad y el antiguo cauce, que son 14 kilmetros de largo por unos 200 metros de ancho, estaba previsto en el plan de Valencia que fuera una red de autopistas que bajaban al puerto, y yo y en la sala veo algunas personas que me conocieron entonces con un grupo de estudiantes de la Escuela de Arquitectura y los vecinos, hablo del ao 72-73, empezamos algo que pareca una utopa: personalmente financi un contraproyecto: el cauce del Turia slo parque; o haba autovas y autopistas o haba un parque. Evidentemente el movimiento vecinal y los partidos polticos vieron poco a poco lo que era evidente, que era mejor un parque que las autopistas; si no, hoy hubiera estado con dos autopistas de tres o cuatro carriles en cada sentido, habiendo roto todos los pretiles de los puentes histricos; sin embargo se consigui salvarlo. El ro como tal no existe, pero se est convirtiendo lentamente, porque es muy costosa la regeneracin entera de un parque urbano, en un elemento que est dando la estructura a toda el rea Metropolitana de Valencia. As desaparece el ro pero se convierte en otro elemento. Mlaga es una sucesin de ramblas que se inundan sin ningn inters, en Murcia el Segura es una cloaca, o no hay agua o cuando hay agua es agua pestilente que no corre. Realmente Espaa no tiene tradicin de tratar bien los ros. Yo dira que el ro mejor tratado en la geografia urbana espaola sera el Arlanzn en Burgos, donde estoy haciendo un trabajo ahora, pero estoy sorprendido del amor de la gente al ro, de la sensibilidad con que lo han hecho. Parece ser que la metodologa les vino de la Ingeniera Civil de Napolen, que les dise ms o menos el espoln, no estoy seguro de que sea as porque no me lo han confirmado, y despus no han hecho ms que seguir una filosofa, una metodologa. De hecho es una ciudad que se ha estructurado en torno al ro y que al final las zonas ms valoradas y ms simblicas de la ciudad se van asomando a l, a sus puentes, etc. Algn intento de ciudad en Espaa que ha tratado mal al ro, pero que empieza a mejorar, sera Badajoz, poco conocido, est invirtiendo estos aos mucho el Ministerio de Fomento, no han podido evitar las luchas vecinales que se ponga un trfico rpido a cada lado, y eso siempre acaba des38

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truyendo un ro. En los tramos del Tmesis en Londres o del Sena en Pars, ros urbanos magnficos, donde aparece una va rpida destruye las posibilidades de ese ro, o lo que le ha pasado al pobre Manzanares. Sabina explica que los patos estn perdidos en el Manzanares, es verdad. Evidentemente hubo un proyecto de canalizacin dura, inteligente, con represas, etc., pero no slo el estadio Caldern, que lo invadi, sino el meter una autopista urbana a cada lado hace del ro un espacio inaccesible aunque est limpio y haya ya algn pato. Por tanto, yo creo que hay pocas experiencias de bien tratar los ros en Espaa. Me quedara por sealar una fallida, y llevo 20 aos luchando por ello, el Arga en Pamplona, como ro muy natural, y est todava en el aire, ahora se est discutiendo de nuevo una vez ms. Y luego el tratamiento, digamos, francs del Urumea en Donosti, que tampoco ha conseguido la grandiosidad de La Concha, que es una de las playas urbanas ms hermosas del mundo. Yo soy enamorado del Ebro y siempre que vengo a Zaragoza o voy a mi pueblo, me asomo al ro. El ro es como una playa urbana, un ro a su paso por una ciudad no es un ro natural. El agua ir ms o menos limpia, habr riberas con rboles o no y en eso tengo discusiones con mis compaeros ecologistas; yo creo que un ro a su paso por la ciudad es un elemento cultural, es donde se fusionan la Naturaleza y la Cultura y es un espacio grandioso, que es lo que puede ser una gran playa urbana, como puedan ser la del Sardinero, o la de Copacabana en Brasil, o la de Benidorm con todos los errores que pueda tener, que estn entre las 10-12 mejores playas urbanas del mundo. All aparecen la Naturaleza, el mar, las olas, el clima, las nubes las ves venir y al lado una barandilla, una playa, una ciudad que se asoma, el cuarto de estar de la ciudad es el ro. Aqu cuando se hizo la plaza de las Catedrales, el cuarto de estar fue la plaza de las Catedrales y el ro qued de espaldas. El ro sigui de vctima. Es un espacio escatolgico. En el fondo, el Ebro ha sido un sitio de tirar basura y tirar excrementos y hasta que esa filosofa no cambie no cambiar la ciudad. Por tanto, est todo por hacer y el asunto sera cmo echarle fantasa y dnde encontrar el dinero. En cualquier caso, como se va a tocar el tema del tratamiento del ro a su paso por Zaragoza, a m me gustara tocar un tema para ya ir avanzando, que relaciona no slo la calidad del ro como espacio de cultura, sino como sntesis de Cultura y Naturaleza, imaginar el paso del Tmesis por Londres, que lo habris recorrido casi todos. A m me gustan los ros ms que navegar en alta mar y se est viendo cada vez ms que la gente que se compra yates acaba teniendo miedo al mar, que les da mareo y estn siempre los yates aparcados, amarrados, anclados y varados. Mientras, la navegacin fluvial por ros y canales est creciendo en Europa, es ms segura, ms amena, ves y te ven, y yo siempre que viajo por las ciudades del mundo una de las primeras cosas que hago es dar un recorrido en estos barquitos que recorren Amsterdam, o Brujas, o cualquier ciudad; yo he hecho ya estos dos o tres ltimos aos la bajada del Ebro con las barcazas que ha diseado Pablo 39

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Polo en Vadorrey y es una delicia; el ro visto desde dentro es una gozada y navego con una pequea barquilla desde Castejn, desde Calahorra hasta Gallur, Luceni, Torres, en los veranos bastantes veces. Y tambin tengo que dar buenas noticias. El ro est cada vez ms limpio y hay cada vez ms variedades de aves. No s si Marcuello, que navega mucho por el Ebro, estar de acuerdo, pero las cosas son como son. Se han invertido dos billones de pesetas en limpiar las aguas de los ros en Espaa y estn mejorando, faltan otros tres billones segn la Comunidad Europea, y los ros van a mejorar. Lo que pasa es que se est incidiendo mucho en el agua y no en las riberas. Y hay que tener en cuenta que las riberas del Ebro, que es un espacio semiestepario, casi sahariano, son las nicas masas arbreas de frondosas, los sotos fueron comidos con roturaciones para cultivar, mi propia familia tiene trozos de soto que yo recuerdo haber visto roturar de nio a mi abuelo, y yo pienso que muchos de esos sotos que se roturaron tendrn que volver a ser sotos y no pasar nada; sobra suelo cultivable en Aragn, y en Europa estn pagando por no cultivar. La primera medida ser el agua, que ir mejorando, pero hay que devolver al ro sus sotos, pero masivamente. Lo que se rotur que vuelva a ser soto, ese espacio donde va la perdiz herida a morir, ese espacio donde los gitanos de Lorca llevaban a las casadas infieles; es un espacio ertico del ro que hay que reivindicar, el soto. De cualquier manera, por tanto, cuando se habla del ro hay que pensar en las masas forestales que la terraza hdrica de la vegetacin de ribera permite tener y que en este gran valle son las primeras masas forestales que yo reconstruira. De ah que las propuestas que voy a hacer ahora, entiendan que yo generara 10 o 12.000 hectreas de regado al sur de Zaragoza, por encima del Canal Imperial, y devolvera muchos sotos, por lo menos 4 5.000 hectreas a este ro Ebro que tiene una suerte europea: es el ltimo gran ro europeo, dentro de lo que se le pueda llamar gran ro al Ebro, que todava tiene un cauce relativamente errtico, que no ha sido canalizado. La eficacia europea de canalizar los ros para hacerlos navegables rompi la figura del soto, los ecosistemas, etc., y los ros europeos son canales regulados, mientras que el Ebro todava es un ro con meandros, con islas, que si se le devuelve y se le deja su curso y los regados se hacen ms atrs, ms alejados, podra ser una maravilla. Esto lo dejar de lado y de lo que quera hablar ahora es del primer problema ecolgico que a m me parece en relacin con el agua que hay en Aragn, que es el agua de beber. Si somos los que bebemos y si en trminos de salud pblica el agua es esencial, Zaragoza histricamente ha bebido mal agua, ahora con la depuradora parece que es algo mejor y sabe menos mal, pero en realidad hay una serie de elementos que ni las sofisticaciones de las depuradoras pueden eliminar, como es la radiactividad que pueda escapar y escapa, tolerada, permitida y legal de Garona, o metales pesados, o productos de herbicidas, insecticidas agrcolas, nitratos que se convierten 40

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en nitritos, y que yo creo que el Ebro no es una fuente de agua recomendable para una ciudad desarrollada, culta, de la sptima potencia del mundo que es Espaa. Por tanto, el primer problema de Agua y Ciudad, que es el tema de mi conferencia, sera la calidad del agua de beber. Yo aprovecho para hablar una vez ms, porque llevo unos 10 aos hablando de lo mismo, y esto no avanza. Hace unos 4 aos en la Confederacin Hidrogrfica del Ebro yo cre notar ms sensibilidad medioambiental, pero creo que se ha estancado un poco otra vez, y me encargaron un estudio sobre el agua de beber en Zaragoza y las riberas en esta zona. Yo trabaj bien el tema y les hice una propuesta distinta a las que haba. Histricamente haba unas ideas del Ayuntamiento y anteproyectos de traer el agua por la carretera de Huesca desde ms arriba de Zuera, desde el embalse de Marracos, desde el final del Canal de Bardenas, y yo les plante que haba un sistema mucho ms rpido y ms barato de traer el agua de Yesa, muy barato de hacer y muy cercano. Es aprovechar una acequia inempleada, un despilfarro de esos histricos de los que estamos quejndonos todo el da, la acequia de Sora. Si queris hacer una excursin impresionante es coger el camino de servicio del Canal de Bardenas y donde se junta y comienza la acequia de Sora, que en el fondo es una metfora porque la acequia de Sora es la continuacin del Canal de Bardenas, y a m me gustara llamarle Canal de Bardenas porque lo otro no ha continuado, y entonces la acequia de Sora tiene lo menos 60-70 kilmetros que es la continuacin del Canal de Bardenas y llega hasta encima de Remolinos. Hasta ah puede llegar el agua de las Bardenas sin ningn bombeo, por su pie, por gravedad. Coste econmico cero! La propuesta que elaboramos con gente de la Confederacin en la parte tcnica, en concreto Manuel Omedas, que es socilogo e ingeniero de caminos y me parece una persona muy competente en estos temas, era tomar el agua del final de la acequia de Sora, elevarla al embalse futuro de La Loteta, del que me parece que ya estn las expropiaciones medio acabadas, sin oposicin de nadie, que no digan ahora que se han opuesto los ecologistas, ni nadie. La Loteta es un embalse poco conocido, que est situado antes de llegar al peaje de Gallur de la Autopista Aragonesa a la izquierda, donde est el rea de servicio. Ah sale un embalse de 100 millones de metros cbicos, con unos 40 kilmetros de costas. Yo planteaba dos tercios del embalse espacio natural desrtico, todo lo que da a Pozuelo y a las faldas del Sistema Ibrico, y una plaza de 6-7 kilmetros orientada al Sur, con agua del Pirineo, agua limpia para baarse, navegar, arena, un poco de fantasa en este desierto zaragozano. Es decir, un lago natural, que para navegar o baarse no haga falta tener que irse a Salou, que es la piscina de Zaragoza. Ya lo he hablado en pblico algunas veces. Esa agua del Pirineo embalsada y gestionada ecolgicamente no tiene ningn inconveniente para baarse, utilizarla sin cremas y sin barcos a motor; de hecho el embalse de San Juan en Madrid sirve de bao, incluso hay embarcaciones a motor, y su 41

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agua se bebe en Madrid. Yo planteara una gestin ecolgica, coches lejos, entrar a pie, no entrar cremas, un centro de divulgacin ecolgica para que la gente supiera que est en un embalse con agua pirenaica que luego se va a beber en Zaragoza, y eso nos permitira una doble operacin: Una primera operacin es tener almacenados 100 hectmetros cbicos de agua ao, que es lo que consume Zaragoza al ao, incluso el consumo de Zaragoza est decreciendo misteriosamente, pero est decreciendo estos aos, estamos en torno a los 86-87 millones de metros cbicos, y nos permitira a 30 kilmetros de Zaragoza tener un espacio natural bellsimo; toda una parte se regenerara con aves y el resto playas y sitios de estar y disfrutar, navegacin a vela, etc. De ese embalse est previsto para ampliar hasta 12-14.000 hectreas de riego con el Canal Imperial al sur de Torrero, Valdespartera y todas esas zonas, hasta Belchite casi. Entonces qu pasara? Que podras plantearte una gran operacin que sera agua buena para beber, embalse de 100 hectmetros cbicos de agua y puesta en riego de regados periurbanos, forestales, recreativos, residenciales, ciudades jardn, mil cosas, generar un territorio pegado a la ciudad. Es una operacin de una gran envergadura, de una gran fantasa que Zaragoza necesita. Yo creo que es la nica capital regional que no tiene un planteamiento de cierta envergadura, a diferencia del resto de las ciudades: Bilbao con la ra, o Sevilla con lo que ha quedado de la Expo, o Barcelona con todo su proceso de desarrollo turstico y postindustrial enorme. En este aspecto las cuentas son bastante claras. Segn los clculos, eso nos costaba aproximadamente dos aos y medio de trabajo y unos 20.000 millones de pesetas. Hay que tener en cuenta que eso se poda financiar fcilmente con el ahorro de agua embotellada. Segn mis clculos, Zaragoza gasta en agua embotellada de beber unos 2.000 millones de pesetas al ao; simplemente el dejar de beber agua embotellada y poder beber agua del grifo sera ms igualitario, para toda la poblacin, porque ahora la gente culta y/o rica bebe agua embotellada y los dems beben agua del grifo en detrimento de su salud o del placer de beber un agua mejor. Con el proyecto, sin embargo, ni se ha atrevido la DGA, ni se ha atrevido el Ayuntamiento, ni se ha atrevido la Confederacin. Tiene que estar claro que las grandes obras hidrulicas que se hagan en Espaa en los prximos 10-15 aos sern en Levante o en Andaluca o en La Mancha, que es donde estn los grandes problemas. (Recientemente he publicado un libro sobre la desaparicin del Acufero 23 de La Mancha. Ah se quedan unos 10.000 kilmetros cuadrados y medio milln de personas sin una gota de agua de la que sacan del subsuelo. Eso s que es el primer problema ecolgico de Europa dentro de 10-12 aos). Entonces, el dinero va a ir por all y no va a venir por aqu, aunque se hagan pactos del agua, etc. Por tanto mi planteamiento sera que la Administracin no lo va a hacer porque no est dentro de sus prioridades, que el agua buena de beber es una prioridad de salud pblica que, acompaada del nuevo embalse y de las 12-15.000 hectreas de regados, ms el tratamiento de riberas tendra 42

El agua y la ciudad

que ir en un solo paquete. Y ese paquete se financiaba con el precio del agua. Y la desilusin es que se viene hablando del agua de beber del Pirineo en Zaragoza hace 15 aos y no se ha hecho nada, esta alternativa que hicimos hace 4 aos no ha sido ni considerada, y la propuesta innovadora que traigo hoy, ya s que se va a enfadar bastante gente, pero es, simple y muy clara: en Aragn hay fuerza inmobiliaria, econmica e inversora suficiente como para hacer el proyecto con el capital privado. Propongo pura y simplemente la privatizacin de la trada de aguas a Zaragoza, ms los regados, ms el lago; no la privatizacin del abastecimiento, el Ayuntamiento se abastecera con el agua de la nueva fuente, el servicio sera municipal, pero el agua la compraras a la compaa que te trae el agua. A la vista que 20.000 millones es una cantidad pequea para Aragn, pero es una operacin de envergadura, y que falta una operacin de creacin de territorio, de paisaje, de elementos recreacionales, de sustitucin de la huerta honda que est siendo invadida por el urbanismo y por la creacin de huertos forestales, paisajes hmedos, lagos en el Sur. Esa sera una operacin utpica en cierto modo, pero que puede hacer encenderse una bombilla a los inversores, parece ser que hay una ley que va a permitir obras pblicas privadas, no slo las autopistas, sino proyectos hidrulicos. Al final de lo que se trata es de que la gente pueda beber, a 20-30-40-50 pesetas el metro cbico (en Tudela estamos pagando el agua a 90 pesetas el metro cbico ya). A menos precio que eso podra salir la operacin. Un concurso entre compaas, un gran rigor en la vigilancia para evitar cualquier sesgo en corrupcin, etc., con la mxima transparencia y publicidad, y en el mismo paquete ira traer agua buena del Pirineo, hacer el lago, toda la parte recreativa, las 12.000 hectreas de riego, ms los desarrollos urbanos con un potencial de crecimiento econmico importante y la regeneracin de todas las riberas del ro, por lo menos en todo el trmino municipal de Zaragoza, no dira en toda la provincia de Zaragoza, pero igual podra atreverse; es decir, compras o permutas de suelos de sotos que se le robaron al ro y permuta con ms superficie en los nuevos regados por el Sur, por encima del Canal Imperial. La oposicin, como siempre, viene de la tradicin aragonesa del perro del hortelano, que no bebe ni deja beber. Siguen diciendo los del Canal de Bardenas, y espero que estn en la sala para que riamos, que no tienen agua suficiente, que no nos llega el agua, que est escasa, que hay que recrecer Yesa.... Mi teora es que se puede hacer sin recrecer Yesa. Por qu? Pues muy sencillo, porque los canales se usan 3 meses o tres meses y medio al ao para regar. El Canal de Bardenas unos 8 meses al ao no se usa y entonces en invierno se usara para llenar el embalse de La Loteta, no quitara una gota de agua a los regantes. Y, por el contrario, les permitira mantener vivo y en condiciones de utilizacin el Canal de Bardenas, que est cada vez ms deshecho. Y se lo dice alguien que ha sido histricamente regante del Canal Imperial. Yo he podido estudiar gracias a que mi familia es de agricultores y el regado da cultura, pero se ha mantenido porque 43

Mario Gaviria Labarta

Zaragoza pagaba su canon para beber; es decir, es Zaragoza con el canon de agua urbana quien ha mantenido el Canal Imperial vivo. Sera Zaragoza, con el canon del agua del Bardenas, el que mantendra el Canal de Bardenas vivo, aunque no estoy seguro que las inversiones tremendas que hay que hacer en el Canal de Bardenas para mantenerlo se puedan hacer, con el mundo que viene, escasos capitales y competiciones cada vez ms duras. Les voy a dar un dato: la acequia de Sora, que nunca se ha inaugurado, regar alrededor de 2.000 hectreas y era para por lo menos 50.000, nada ms que rehacerla para poder traer el agua a Zaragoza ya nos costaba 2.000 millones. Est aterrada, se ha rellenado de tierra despus de 15 aos, 2.000 millones simplemente limpiarla. Pues la idea sera emplear la acequia de Sora y el Canal de Bardenas para traer el agua de invierno al embalse de La Loteta, con lo cual los regantes tienen la misma cantidad de agua de verano que tienen hasta ahora. Entonces, un poco la novedad de todo lo que he dicho hoy es que ya he perdido la confianza de que la retrica aragonesa de hablar de agua y no hacer apenas nada pudiera ser sustituida por la privatizacin de la trada de aguas potables a Zaragoza; con una operacin de envergadura podra alcanzar con los regados, las ciudades jardn del Sur, las playas del embalse y la mejora y recuperacin de los sotos de los ros por encima de los 150.000 millones de pesetas en 10 aos. Sera un revitalizador de la economa aragonesa importante y generador de paisaje y sera un gran desafo de los que les estn faltando en estos momentos. Desde la General Motors no ha habido en Aragn ninguna inversin de importancia, ni ningn desafo serio. Y conste que yo, tambin de forma errnea probablemente, me opona a la General Motors; deca que sera mejor hacer el canal de la margen derecha y efectivamente los sindicatos tuvieron razn y dijeron: puestos de trabajo, la General Motors y el canal de la margen derecha ya veremos si se hace. Quiero decir que, entre otras cosas, Espaa y la General Motors han convertido a Espaa en el 5 pas productor de automviles del mundo y que eso hace que todava no sea un pas que haya empezado a desindustrializarse. Supongo que habr gente indignada por plantear la privatizacin de esa operacin de envergadura, pero es a lo que vena, a provocar un poco... la imaginacin.

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LA ORDENACIN DE LOS ESPACIOS FLUVIALES EN LAS CIUDADES


Jos M UREA FRANCS

1. INTRODUCCIN En las reas urbanas, los ros y sus llanuras de inundacin se han visto deteriorados por muy diversas razones: El vertido de residuos slidos y lquidos que transforma los ros en autnticas cloacas. La reduccin en la diversidad morfolgica del cauce, debido a proyectos de mejora excesivamente celosos con la uniformidad y el uso de materiales duros. La destruccin de los hbitats naturales y seminaturales adyacentes al cauce debido a la extensin de actividades residenciales, industriales o comerciales hasta el borde del mismo. La disminucin del caudal de agua, por su extraccin y utilizacin para usos urbanos o agrcolas, reduciendo la capacidad de mantenimiento de la fauna y flora fluviales. El aumento del efecto de borde, por la ubicacin de carreteras, ferrocarriles, etc., a lo largo de los cauces. En las reas periurbanas, existen adems otras razones para este deterioro: La intensificacin del uso agrcola de los terrenos adyacentes al cauce. La extraccin de ridos. Gardiner, et al. (1993) indican que los pequeos ros urbanos de la zona de Londres discurren en un 40% a lo largo de cunetas, en un 20% a lo largo de canales de hormign, en un 10% a lo largo de riberas reforzadas y slo en un 30% a lo largo de reas seminaturales y, con un juego de pala45

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bras en ingls, concluyen que las reas hmedas adyacentes a los ros (Wetlands) eran consideradas basureros (Wastelands). Los mtodos tradicionales de ordenacin de reas fluviales consistentes en incrementar la capacidad de desage disminuyendo su rugosidad, transformando la forma del cauce, profundizndolo, aumentndolo, cubrindolo o desvindolo, han sido desarrollados con el nico objetivo de proteccin contra las inundaciones y consolidacin de los terrenos colindantes, descuidando la fauna, la flora, el uso ciudadano del ro y la calidad paisajstica. Sin embargo, los corredores fluviales son ecosistemas de gran valor, sobre todo en reas urbanas y periurbanas, por sus caractersticas intrnsecas y tambin por ser corredores capaces de conectar entre s distintos ecosistemas1. Algunas de las caratersticas inherentes de las reas fluviales que deben ser tenidas en cuenta en su ordenacin, son las siguientes: Cambio. Los ros estn en permanente cambio: en cuanto a caudal de agua, erosin, transporte y sedimentacin, modificacin de su curso, del cauce que ocupa y de su seccin, etc. La morfologa de los ros se ha generado especialmente para adaptarse a dichos cambios. En consecuencia, la ordenacin de las reas fluviales debe permitir un cierto margen para estos cambios. Diversidad. Los ros no son uniformes sino diversos: con rpidos y remansos, con riberas no uniformes, etc. En consecuencia, la ordenacin de un rea fluvial no puede hacerse estableciendo un modelo uniforme. Frontera. Las reas fluviales estn compuestas siempre por la unin entre dos mbitos, el acutico y el terrestre, y es precisamente esta interrelacin lo que las convierte en ecosistemas singulares. En consecuencia, la ordenacin de las reas fluviales debe considerar inseparables estos dos mbitos y la relacin entre ellos. Sistema. Un tramo de un ro no puede aislarse del resto, sino que es parte de un sistema. En consecuencia, la ordenacin de un tramo del sistema fluvial influye en los dems y debe realizarse con un enfoque de conjunto. Territorio. Los ros no estn limitados a su cauce, sino que su territorio est formado por un espacio ms amplio, que incluye las llanuras de inundacin, territorio que ha sido conformado por el propio ro. En consecuencia, la ordenacin de los ros debe realizarse conjuntamente con la de su llanura de inundacin; esto es, ordenar las reas fluviales completas no slo sus cauces.

Los ecosistemas aislados en un contexto urbano son muy vulnerables.

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La ordenacin de los espacios fluviales en las ciudades

Estos tres aspectos: deterioro, calidad y caractersticas reflejan el panorama actual de las reas fluviales. Recientemente, se ha generado un gran inters por la restauracin de las reas fluviales, no slo la de sus cauces y riberas sino tambin la de sus reas colindantes. Este inters puede resumirse en las dos posturas que destaca Cannata (1996): En territorios ampliamente antropizados ... se pueden realizar intervenciones de restauracin del medio fsico, as como de planificacin de la tierra y del agua, de dos modos totalmente diferentes. El primero, tradicional, consiste en la ejecucin de un conjunto de grandes obras pblicas que modifiquen completamente la geomorfologa del territorio, transformndolo cada vez en ms artificial. El segundo, el ms difcil y menos conocido, pero ciertamente ms eficaz, deseable y ventajoso, estriba en determinar con precisin las causas y el origen de la ruptura brusca del equilibrio natural; en imaginar un nuevo equilibrio dinmico posible, y compatible con la necesidad real de desarrollo; en favorecerlo, en fin, con una sabia dosificacin de ordenacin y proteccin, con normas de uso del suelo, con obras 'difusas' de restauracin hidrolgico-forestal, y con un nmero muy limitado de grandes obras de regulacin y restauracin artificial (p. 188).

2. REQUISITOS FUNCIONALES DE LA ORDENACIN FLUVIAL Las reas fluviales, una vez inmersas en un rea urbana, deben ser capaces de mantener su funcionalidad hidrulica, consistente en la recogida del agua de escorrenta y su desage. La transformacin de un espacio rural en un espacio urbano tiene diversas consecuencias sobre la transformacin del agua de lluvia en escorrenta: La infiltracin del agua de lluvia se reduce y la escorrenta aumenta, debido a la transformacin de superficies naturales en superficies pavimentadas, o construidas. La velocidad de circulacin del agua de escorrenta generalmente aumenta, debido a que discurre por superficies uniformes, lisas y compactas. El agua recogida por los cauces fluviales no contiene slidos fruto de la erosin, sino otros elementos: aceites, polvo, contaminacin, etc.2 La integracin de las reas fluviales en la ciudad debe ser compatible con estas consecuencias y no se resuelve slo con proyectos de mejora de

2 Esta consecuencia es muy importante para la consideracin de las reas fluviales como rea natural.

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los cauces fluviales principales, sino que requiere de una nueva manera de hacer urbanismo, compatible con el funcionamiento hidrulico del territorio. La integracin debe realizarse desde abajo, desde el diseo y la normativa urbanstica de cada una de las partes de la ciudad. Si desde este primer nivel se comprende la importancia de integrar el sistema fluvial como uno de los principios que debe dirigir la ordenacin urbanstica, posteriormente se comprender la conveniencia de integrar los elementos ms visibles del sistema fluvial (los cauces principales) en la ordenacin urbana. Cuando se disea una nueva rea urbana son importantes los siguientes tres aspectos. Primero, conocer las caractersticas y ubicacin del sistema de depresiones, vertientes y cauces, los de flujo constante y tambin los ocasionales, la geomorfologa de dicho territorio y los espacios necesarios para mantener las caractersticas naturales de dicho sistema. Segundo, conocer las transformaciones que se inducen sobre dichos sistemas naturales al aumentar la escorrenta y la punta de las avenidas por la transformacin de suelo natural en suelo asfaltado o edificado. Y tercero, resolver los problemas hidrulicos que se generan dentro del nuevo espacio urbano y no transferirlos aguas abajo. Como se ha indicado, para disear una nueva rea urbana, en primer lugar, se debe conocer la forma del territorio, el sistema natural de recogida de aguas pluviales y el sistema fluvial. Todo ello para intentar mantener en el nuevo espacio urbano la forma natural de recogida de aguas pluviales y controlar el aumento de escorrenta3. Las propuestas de ordenacin debern tener adems en cuenta que en las reas fluviales se pueden distinguir tres zonas (figura 1): El cauce mayor, una porcin de suelo que es ocupada frecuentemente por el flujo de agua y slidos y que incluye el cauce de aguas bajas. Este cauce amplio no es fijo sino que se mueve dentro de un espacio que geomorfolgica y ecolgicamente forma parte del ro, esta zona suele coincidir aproximadamente con el corredor ripario o rea de interfase entre el ecosistema acutico y el terrestre4. Un espacio que puede ser todava ms amplio constituido por las llanuras de inundacin, dentro de las cuales estn los espacios anteriores.

3 Esto es todava ms importante si se tiene en cuenta el aumento de la urbanizacin de baja densidad y dispersa. Cannata (1996, pp. 188-189) indica que las obras construidas en los ltimos 20 30 aos han impermeabilizado el territorio italiano en un 20% de su superficie. 4 El movimiento en esta zona tiene dos procesos: el constante de erosin y deposicin y el de cambio brusco producido durante las avenidas ms importantes.

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Figura 1. Partes del territorio fluvial (Modificado de Brookes, 1995).

Generalmente, ms all de estos espacios la forma del terreno hace que los cauces de los ros no incidirn en ellos en periodos de tiempo significativos para el hombre. Si tenemos en cuenta la forma natural del territorio, deberamos hacer las siguientes propuestas de ordenacin en las nuevas reas urbanas: Proponer una ordenacin que se base en la forma natural del territorio y que conserve los procedimientos naturales de recogida de aguas pluviales. Mantener el espacio del cauce mayor como espacio fluvial incluido dentro de un rea verde. Si es necesario desviar algn cauce, crear uno nuevo manteniendo similares longitudes, pendientes, riberas, meandros y superficies. 49

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Mantener todo el espacio que forma parte del sistema fluvial con usos del suelo compatibles con el movimiento del ro. Ocupar lo mnimo posible las llanuras de inundacin, pero en caso necesario hacerlo exclusivamente por usos del suelo que puedan ser inundados con una cierta periodicidad (por ejemplo, reas deportivas, excepcionalmente edificios de viviendas con bajos exentos y construidos a prueba de los empujes del lujo de agua y slidos). Sin embargo, muchas veces se establecen usos incompatibles con el sitema fluvial y a posteriori se hace necesario limitar el espacio utilizado por el ro. En segundo lugar, se debe conocer el aumento de la escorrenta y de las puntas de avenidas que se induce sobre dichos sistemas naturales por la transformacin de suelos naturales en suelos pavimentados o edificados. Aumentar la escorrenta de un espacio es equivalente a aumentar la cuenca de un ro o la intensidad de la precipitacin, y cualquiera de estos dos hechos generaran un proceso de adaptacin de los cauces fluviales. En consecuencia, ser necesario dejar suelo libre suficiente para dicha adaptacin del cauce. Sin embargo, muchas veces, en vez de establecer el necesario aumento del espacio fluvial, como se ha indicado, se hace justamente lo contrario, se reduce su espacio y se aumenta su capacidad de desage. En tercer lugar, se debern resolver en el interior del nuevo espacio urbano los problemas hidrulicos que se generan por el aumento de la escorrenta y de la punta de las avenidas. La solucin ms utilizada es desaguar ms cantidad de agua y en menor tiempo, lo que transfiere el problema aguas abajo. Sin embargo, en vez de transferir la solucin del problema a otro espacio se debera intentar solucionarlo, en la medida de lo posible, en el interior del mismo. Para llevarlo a cabo hay tres posibles soluciones: primero, embalsar el agua necesaria para que el sistema fluvial pueda seguir funcionando igual, lo que se puede conseguir mediante pequeos embalses integrados en el diseo de parques5, segundo, fomentar los bosques de ribera

House, et al. (1993) hablan de storage at source o almacenamiento en origen y proponen cuatro estrategias: Maximizar la capacidad existente de almacenamiento de agua de escorrenta. Utilizar lagunas de equilibrio con sistemas adecuados de control de calidad de aguas. Aumentar la capacidad de almacenamiento y tratamiento en el propio sistema natural de drenaje. Transferir las puntas de caudal a cauces alternativos. Proponen adems realizar estanques a lo largo de los cauces de agua urbanos para generar zonas de refugio biolgico y de retencin hidrulica, de sedimentos y de clarificacin del agua.

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que pueden retardar la llegada del agua al cauce y, por tanto, reducir los caudales de avenida y tercero, favorecer la infiltracin del agua mediante pavimentos porosos o reas especiales de infiltracin en las reas urbanas6. Frente al sistema fluvial convertido en alcantarillas o canales de desage, con cauces convertidos en tubos, secciones de piedra o de hormign, se debe llevar a cabo una ordenacin que tenga en cuenta los requerimientos funcionales del sistema fluvial.

3. LA ORDENACIN URBANA APOYADA EN LA FORMA DE LOS ROS Este apartado analiza la morfologa de las reas fluviales y las pautas que pueden aportar para el diseo urbano. Entre los diversos aspectos que caracterizan la forma de las reas fluviales, las siguientes pueden aportar elementos relevantes para el diseo urbano: Efectos barrera y depresin. Forma irregular y serpenteante. Espacio vaco y lmina de agua. Lugar especfico. Elementos de ingeniera fluvial. El cauce de los ros est generalmente ubicado en los puntos topogrficamente ms deprimidos del territorio, topografa que el ro ha aumentado mediante el proceso erosivo o que ha disminuido mediante el proceso de sedimentacin. Sobre este espacio, los asentamientos se han ubicado en sus cercanas, en un lugar sobreelevado en mayor o menor medida, para evitar los riesgos derivados de las avenidas. Adems, algunos asentamientos suelen estar unidos a un paso del ro y en este caso, generalmente, ocuparon una de sus mrgenes, la ms segura y donde se comienza a ocupar el espacio del cauce o de la llanura de inundacin y donde se comienzan a construir muros de proteccin (por ejemplo, Zaragoza en relacin con el Ebro). La otra margen, generalmente la

6 Este aspecto es muy importante realizarlo, no solamente con el espacio estrictamente urbano, sino con los espacios periurbanos o rurales anteriores y pertenecientes a la misma vertiente. Cannata (1996, pp. 195-196) indica que el problema de inundacin de Florencia se resolvera aumentando la capacidad de retener lluvia (infiltracin ms intercepcin) de 5 a 10 mm en la cuenca, lo que podra hacerse con un distinto uso de los bosques (respetando arbustos y monte bajo y sustituyendo pinos por bosques caducifolios), del espacio agrcola (de tal manera que el suelo estuviese cubierto por vegetacin durante los momentos ms lluviosos) y del espacio urbano (pavimentos porosos o zonas de laminacin de lluvias).

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menos protegida o sobreelevada, se mantiene sin ocupar o bien ocupada por actividades marginales. Es el crecimiento posterior del asentamiento, en muchos casos el industrial, que requiere terrenos llanos de gran superficie, lo que genera la ocupacin de la otra margen. Una vez que se ha producido la ocupacin de ambas mrgenes, comienza un proceso de presin urbana sobre el cauce del ro en sus dos mrgenes, lo que provoca la disminucin del espacio fluvial. El efecto barrera longitudinal creado por el cauce y los muros de proteccin frente a avenidas, ha facilitado que otros elementos de carcter lineal, que aumentan el efecto barrera, se ubiquen paralelos y colindantes al cauce, por ejemplo las vas de comunicacin. stas se ubican a lo largo del mismo por unir en un mismo espacio dos barreras y tambin porque se puede robar espacio al ro. En muchas ciudades (por ejemplo, Pars a lo largo del Sena, Grenoble a lo largo del Isere, Manhattan o Sacramento) los ros estn bordeados en una o incluso sus dos mrgenes por vas de comunicacin, en algunos casos al nivel de las calles, en otros a un nivel intermedio entre la lmina de agua y las calles y en otros elevados sobre las mismas. Sin embargo, no conviene ocupar las mrgenes de los ros por barreras y se debera intentar que el propio ro no fuese tampoco una barrera. En el caso de ser imprescindible generar alguna, se debe intentar hacerlo en los tramos o las mrgenes que separen menos la ciudad del ro7 o en los que ya han sido transformados con anterioridad. En otros casos, las mrgenes y los cauces de los ros presentan importantes superficies ocupadas por cantos rodados, lo que dificulta el contacto ciudadano con la lmina de agua (por ejemplo el ro Gllego en Zaragoza). En estos casos se produce la tentacin de urbanizar dichos espacios para facilitar el acceso de la poblacin a dichas reas. En mi opinin, esto no se debera hacer, primero, porque estos espacios cada vez son ms apreciados por la poblacin8 y, segundo, porque dichos cantos rodados son necesarios para regular la dinmica del ro. Se pueden plantear soluciones intermedias como facilitar el acceso slo en determinados puntos o establecer recorridos elevados sobre pilotes.

En Torrelavega, las rondas de la ciudad, que son a su vez autova del Cantbrico, estaban planteadas entre el casco urbano y el ro. El Plan General de los aos 80 consigui, despus de fuertes discusiones con el MOPU, desplazar dicha va al otro lado del ro, entre el mismo y un rea industrial, permitiendo una mayor conexin entre la ciudad y el ro.
8 El Flood Hazard Research Centre de la Universidad de Middlesex ha analizado la apreciacin social de la calidad de los distintos tipos de espacios fluviales. House, et al. (1993, pp. 317 y 320) indican que los usuarios de las reas fluviales identifican cada vez ms la calidad de dichas reas con cauces y riberas naturales, diversas y arboladas y cada vez menos con paisajes uniformes, domesticados y maquillados, muchas veces objetivo de las obras de Ingeniera y Arquitectura.

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La forma del cauce fluvial, comprimida en una margen y desocupada en la otra, es una buena solucin, que incluso podra compatibilizarse con los procesos hidrulicos y naturales del ro. La depresin fluvial puede utilizarse de dos maneras. En primer lugar, para que las alineaciones hacia los cauces, al ser alineaciones en descenso, permitan ver la lmina de agua y la otra margen del ro; de la misma manera que las alineaciones hacia una montaa pueden ser utilizadas ventajosamente en el diseo urbano9. En mi opinin, poder mirar al otro lado del ro, lejos, es un aspecto de gran importancia en reas urbanas densas, por su capacidad para crear puntos focales distantes que contribuyan a producir sensaciones de tranquilidad. Este efecto puede quedar muy reducido en los ros encauzados, ya que los muros del encauzamiento pueden requerir varios metros de altura por encima del terreno. En segundo lugar, la depresin tambin puede utilizarse, sobre todo en las ms pronunciadas (como la del ro Huerva en Zaragoza), para realizar paseos de cornisa y paseos de fondo. Los paseos de fondo en los que aislarse del entorno urbano y establecer recorridos peatonales a lo largo del cauce, recorridos que pueden llegar a atravesar gran parte de los espacios construidos10. En el caso de ros con un caudal importante y, en consecuencia, una lmina de agua de gran superficie, ste ser posiblemente uno de los espacios vacos ms grandes de la ciudad, espacio que debera jugar un papel importante en la definicin de la forma urbana. Generalmente, los cauces y sus mrgenes suelen ser irregulares y serpenteantes, lo que requerir espacios de forma irregular para conectarlos con la trama ms regular de la ciudad. Estos espacios de conexin irregulares permitirn identificarlos con facilidad en la trama urbana. Por el contrario, los tramos encauzados suelen regularizarse (para facilitar el desage) lo que los convierte en menos singulares y atractivos dentro de la trama urbana. Los entornos fluviales presentan una gran profusin de vegetacin y producen una gran diversidad de sensaciones: ruidos, sombra, olores, frescor, etc. Las reas fluviales son de gran valor paisajstico y con percepciones sensoriales que las hacen muy especficas y que las identifican con un sitio concreto. Intentar mantener las peculiaridades del lugar es, cada vez ms, un criterio vlido para el diseo urbano, una sea de identidad para que la ciudad no sea impersonal. Las reas fluviales pueden contribuir a ello.

9 En Santander la prolongacin de la avenida de los Castros est alineada con los Picos de Europa y en das despejados su visin es espectacular. 10 En la ciudad de Edimburgo existe un itinerario peatonal a lo largo del arroyo que atraviesa, bastante deprimido, gran parte de la ciudad. El recorrido a lo largo de este itinerario puede hacerse en gran medida sin sentirse en un rea urbana.

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Un ltimo comentario sobre las obras de ingeniera fluvial que se construyeron en los ros, molinos, puentes, presas y azudes, etc., y su capacidad para atraer y generar hitos importantes de la ciudad. Estos elementos presentan su cara y su cruz. Por un lado, interfieren en la capacidad hidrulica de desage, por lo que en algunos casos se estn derribando y, por otro, son elementos singulares que pueden tener grandes posibilidades de generar equipamientos culturales o reas de ocio11.

4. LOS ROS COMO ESPACIOS NATURALES EN LA CIUDAD Casi nadie pone en duda que las reas fluviales son uno de los espacios naturales ms relevantes de la ciudad y su entorno, sin embargo, es ms difcil ponerse de acuerdo para ordenar dichos espacios naturales. El debate se produce entre las posturas que propugnan el mantenimiento de las caractersticas naturales y las que propugnan su regularizacin y encauzamiento, como canal de desage hidrulico12. En todo caso, el tratamiento de estos espacios como reas naturales debe compatibilizarse con la necesaria proteccin respecto de las avenidas e inundaciones. Se indican a continuacin las cuatro disyuntivas ms relevantes sobre el tratamiento de las reas fluviales como reas naturales de las ciudades:

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Por ejemplo el Museo de Los Molinos del Ro en el centro de la ciudad de Murcia.

El encauzamiento del ro Segre a su paso por Lrida, tema que adems es objeto de otra prxima conferencia, es un buen ejemplo del debate indicado, porque ha supuesto un importante avance y porque la ordenacin final fue fruto de una negociacin entre el Ayuntamiento de Lrida y la Confederacin Hidrogrfica del Ebro. En una ponencia en las IV Jornadas sobre Encauzamientos Fluviales del ao pasado se deca que las crticas principales al proyecto del encauzamiento haban sido las siguientes: Las plantaciones arbreas, en muchas ocasiones, propuestas como la panacea para la proteccin de las riberas ..., aparte de suponer, en este caso, un aumento de rugosidad hidrulica en el cauce, su funcin estabilizadora es ms reducida que la del propio csped y, adems, se consider que en las grandes crecidas ... generara efectos ms perjudiciales, que los posibles beneficios de fijacin que puedan proporcionar... El lecho del ro... fue objeto de la ms radical oposicin por parte de los colectivos citados [ecologistas], tanto en lo referente a la seccin trapezoidal del canal de aguas bajas, como al carcter lineal del mismo, proponindose soluciones sinuosas que combinasen zonas remansadas con aguas fluyentes... Tambin se cuestion la presencia de pequeos azudes en el cauce de aguas bajas por su contribucin a empeorar las condiciones vitales de la flora y fauna acuticas... En las labores previas a las obras fue necesario talar ms de mil rboles. La mayor parte de estos rboles formaban un antiguo y frondoso choperal en la margen izquierda del ro, muy apreciado por la poblacin... El choperal, sin embargo, tras la avenida de 1982 qued muy afectado y con una buena parte de sus rboles enfermos ... por lo que su desaparicin, no fue especialmente traumtica, mxime cuando se ha repoblado en un nmero superior con otras especies los nuevos viales surgidos sobre el muro de aguas altas. (Hijos, 1995, pp. 28-31).

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La ordenacin de los espacios fluviales en las ciudades

Mantener la diversidad natural del cauce y de las riberas de los ros, como alternativa a los ros encauzados mediante un canal con muy poca diversidad. Tratar las mrgenes de los ros con tcnicas y materiales ms blandos, lo que requiere ms espacio y permite un uso ciudadano menos intenso, como alternativa a actuaciones duras en las mrgenes, que permiten crear espacios urbanos de uso intenso hasta el mismo borde del cauce. Mantener la vegetacin dentro del cauce lo que requiere ms espacio para el desage hidrulico como alternativa a cauces sin vegetacin de ribera con plantaciones arbreas fuera del cauce. Tratar los espacios colindantes a las riberas como espacios de transicin entre los usos urbanos y un espacio natural como alternativa a la consolidacin de las riberas mediante calles o paseos urbanizados. Diversas caractersticas de las reas fluviales las hacen ecosistemas de gran valor, al ser espacios con mayor abundancia de agua que el resto del territorio y ser espacios de unin entre dos mbitos, al existir en ellos una gran diversidad de especies y al estar constituidas por un continuo13. Estas reas son lugares con una fauna y flora de gran cantidad, valor y diversidad (ver figura 2). En muchos casos son los espacios de mayor calidad paisajstica y diversidad ecolgica de un territorio y los nicos que pueden poner en relacin las reas rurales a travs de la ciudad. Los dos ejemplos siguientes reflejan dicha importancia: primero, en el trmino municipal Zaragoza los sotos contrastan marcadamente respecto a la aridez general y constituyen enclaves privilegiados (OLLERO, 1990) y segundo, el 55% de las reas arboladas importantes del municipio de Pamplona estn en las riberas de los ros Arga y Sadar (Plan General de Pamplona). Adems, se ha indicado que los ros son elementos de gran variabilidad, prcticamente nada es estable, y es por esto por lo que la forma, la fauna y la flora estn especialmente adaptadas para soportar dichos cambios. En los ros existen reas de prdida de energa del agua, materiales sueltos para ser transportados, las riberas estn en constante proceso de erosin y sedimentacin, la vegetacin tiene gran capacidad de regeneracin, flexibilidad frente a las avenidas y capacidad colonizadora. La cuestin es de qu manera puede un espacio fluvial natural ser mantenido a travs de una ciudad y en qu medida necesita ser transformado en un espacio de naturaleza artificialmente mantenida o parque.

13 Sin embargo, estos espacios han sido troceados muchas veces por el hombre. Ollero (1990) indica que los sotos de los tres ros que discurren por el municipio de Zaragoza estn constituidos por espacios disjuntos: 11 manchas separadas en el Ebro y tres manchas en el Gllego. Su situacin en el Huerva es ms continua, excepcin hecha del tramo cubierto.

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Figura 2. Diversidad natural en un ro. (Traducido de Newson, 1994).

La intensidad de uso del espacio fluvial y la utilizacin de su territorio son, sin duda, los mayores impactos que presentan estas reas naturales en la actualidad: Polucin del agua mediante vertidos. Supresin de la vegetacin y de la diversidad del cauce para favorecer el desage hidrulico. Uso de materiales duros para la definicin de un cauce constante. Creacin de parques de uso intenso y permanente. Uso del espacio fluvial para agricultura intensiva, usos urbanos, infraestructuras, extraccin de ridos y vertido de basuras. 56

La ordenacin de los espacios fluviales en las ciudades

Los indicadores ms evidentes de la existencia de un espacio fluvial natural son la vegetacin, el tipo de cauce y la calidad y cantidad de agua. Ya hemos indicado anteriormente que el sistema de espacios fluviales conviene que est constituido, por razones funcionales, por reas libres de la edificacin. En mi opinin, las reas fluviales deben encontrarse en el interior del conjunto de espacios libres urbanos y del conjunto de reas protegidas rurales. Los usos recreativos o de parque ms intensos y los espacios naturales menos transformados (agricultura menos intensiva, mantenimiento del arbolado, etc.) deben establecerse, en lo posible, como espacios de transicin entre los espacios edificados y rurales y las reas fluviales, reservando estas ltimas como espacios con acceso ms restringido (ver figura 3).

Figura 3. Zonas de transicin entre edificacin y el ro. (Modificado de Brookes, 1996).

La vegetacin de ribera es el exponente ms visible de la especificidad del ecosistema fluvial. Es vegetacin que existe en lugares con nivel fretico alto, soporta periodos de inundacin, presenta gran flexibilidad para soportar los empujes generados por las avenidas, y su proceso de crecimiento y muerte es, en muchos casos, compatible con la periodicidad de las avenidas y de los procesos de erosin y sedimentacin, esto es del movimiento del cauce. La vegetacin de ribera, vital para el ecosistema fluvial, cumple diversas funciones, entre las que destacan las siguientes: Refuerza la estabilidad de las riberas y de los cauces, tanto por sus races, como por su capacidad de disminuir la velocidad de circulacin del agua en las orillas y permitir la sedimentacin de gravas, arenas y limos14.

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Ver Coppin y Richards (1990).

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Las races tambin sirven de refugio para la fauna acutica, creando espacios en los que el agua circula a menor velocidad. Da sombra y por tanto disminuye la elevacin de la temperatura del agua, lo que es muy conveniente para la fauna acutica. Sirve de hbitat para la fauna terrestre, muchas veces relacionada con el ecosistema acutico. Sirve de alimento a la fauna terrestre y acutica. En consecuencia, sera recomendable incrementar el uso de la vegetacin como tcnica de estabilizacin de riberas, de creacin de sobreelevaciones contra las inundaciones y de mejora de la calidad ambiental. La vegetacin de ribera, por sus caractersticas, es vegetacin que se encuentra, en gran medida, entre el cauce de aguas bajas y el cauce de aguas altas y, por tanto, en el canal de desage de gran parte de las avenidas. Sin embargo, la vegetacin en los cauces de desage ha sido y es un tab, quizs con razn, de los ingenieros hidrulicos al disminuir la velocidad de desage y al poder generar embalsamientos. La disyuntiva es, por tanto, el mantenimiento de la vegetacin en el interior del cauce, en relacin con la necesidad de dejar ms espacio libre de edificacin para mantener la capacidad de desage hidrulico y con la necesidad de no construir pilas de puentes u otras estructuras fijas en el centro del cauce que lo estrechen, para evitar problemas con la vegetacin arbrea que pueda ser arrastrada por las aguas (ver figura 4). El cauce debe ser diverso, manteniendo zonas de mayor y menor velocidad de circulacin del agua y riberas que no sean lisas, esto es imprescindible para la fauna acutica. Adems, un cauce diverso tiene una cierta capacidad autodepuradora, lo que mejora la calidad de las aguas. La calidad y cantidad de agua tambin es imprescindible para que las reas fluviales sean reas naturales. Un problema urbano especfico es la mayor escorrenta generada en reas urbanas, la cual no slo incrementa el peligro de inundaciones aguas abajo, sino que tambin es causa de polucin del agua15 y de deterioro del corredor fluvial (HOUSE, et al., 1993, p. 313). La calidad del agua no puede ser considerada aisladamente de la calidad del corredor fluvial, ya que un corredor fluvial natural, con vegetacin, tiene una cierta capacidad de filtro de las aguas que llegan al cauce. En resumen, las polticas que pueden contribuir al mantenimiento de los ros como reas naturales o seminaturales en la ciudad son:

15 La agricultura intensiva y el uso creciente de productos qumicos tambin est generando que la escorrenta en las reas rurales incremente considerablemente la contaminacin de los ros, por ello, tambin es de gran importancia mantener un corredor fluvial como filtro en las reas rurales.

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La ordenacin de los espacios fluviales en las ciudades Canal artificial

Cauce Fluvial Complejo

Figura 4. Cauce estrecho sin vegetacin y cauce mas amplio con vegetacin (Modificado de Williams y Swanson, 1988).

Mejorar la calidad del agua y asegurar caudales suficientes. Establecer reas de proteccin y de transicin hacia los espacios fluviales, mediante reas de parque o de huertos y por medio de acuerdos con los propietarios de suelo, del planeamiento y de la compra de suelo. Realizar ampliaciones de los actuales bosques de ribera, para favorecer su continuidad, utilizando la capacidad colonizadora de este tipo de vegetacin. Ampliar las reas hmedas cercanas y conectadas con los cauces en las que se asegure una menor velocidad de circulacin del agua, sobre todo durante las avenidas. Mantener el carcter variable del cauce de aguas bajas y prohibir la extraccin de ridos. Mantener las caractersticas naturales del cauce y la vegetacin arbrea dentro del cauce de aguas altas. 59

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Si es necesario aumentar la capacidad de desage y no existe espacio suficiente en torno al cauce, se deber establecer un cauce artificial y ocasional slo para las avenidas, separado del cauce natural. Incidir slo en una ribera del ro, dejando la otra con caractersticas naturales. No realizar actuaciones artificiales de gran longitud. Preservar y ampliar los Sotos de los corredores del Ebro, Gllego y Huerva, no slo en el municipio de Zaragoza sino tambin en los municipios colindantes, mejorar la calidad del agua y preservar la ocupacin de suelo fluvial por la edificacin y las infraestructuras son sin duda tres de las actuaciones que ms efecto pueden tener en la mejora de los ros como reas naturales en el rea metropolitana de Zaragoza.

5. PLANIFICACIN URBANA Y PLANIFICACIN FLUVIAL Es necesario establecer los procedimientos que faciliten la integracin de las reas fluviales en las ciudades, encontrando los procedimientos y enfoques que permitan ordenar y administrar coordinadamente los diversos aspectos que componen la realidad fluvial y que hoy en da todava se realizan desde pticas distintas. Se propone a continuacin un conjunto de principios bsicos para que la ordenacin y administracin de las reas fluviales pueda llevar a cabo los planteamientos propuestos. Primero. Considerar las reas fluviales con su territorio, no slo el cauce, incluyendo todo el espacio de la llanura de inundacin. Mapificar y caracterizar estos espacios fluviales. Dentro de estos espacios el cauce debe tener una cierta flexibilidad para poder cambiar, ser diverso y proteger sus elementos naturales16. Segundo. Trasformar un espacio que es percibido como zona de nadie (desde el punto de vista de que no tiene propietario), en un espacio en el que los propietarios ribereos estn interesados en el mantenimiento de su calidad17.

16 Cannata (1996, p. 196) indica que, recientemente, la autoridad del Po ha creado la zona de influencia fluvial de todo el ro; un amplio corredor de ribera, de 1 a 2 kilmetros de ancho, donde se tienen que dejar laminar las crecidas de forma natural y donde el cauce puede modificar continuamente su trayecto para autodepurarse y para reabastecerse de carga slida. 17 Graa Saraiva, M. de, et al. (1995) indican que, para la restauracin de dos pequeos ros urbanos en el entorno de Evora, encontraron algunas dificultades debido a la inexistencia de base legal para actividades de restauracin fluvial, sin embargo, mediante reuniones con los propietarios de las reas colindantes a los ros, se consigui su acuerdo y la creacin de una asociacin de propietarios para mantener los proyectos de restauracin.

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La ordenacin de los espacios fluviales en las ciudades

Tercero. Transformar un espacio que es de muchos, al ser competencia de distintas administraciones y que no puede ser considerado por tramos, en un territorio que sea considerado explcitamente en los niveles de planificacin ms amplios: metropolitano, subregional y regional. Muchas veces los ros son ya difcilmente recuperables en sus tramos urbanos, pero sera terrible no ser capaces de preservar ahora las reas fluviales que se integren en la ciudad en el futuro. Cuarto. Un espacio que se ordene mediante un Plan Conjunto de toda el rea Fluvial. Un Plan18 que contenga los distintos elementos y abarque los espacios necesarios para su restauracin y que se ajuste a los requisitos de las figuras de ordenacin establecidas en las distintas leyes: Hidrolgico (Ley de Aguas). Natural (Ley de Conservacin de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna silvestres). Usos del suelo y forma (Ley del Suelo). Quinto. Una administracin coordinada de este espacio, en el que las consideraciones hidrulicas, urbansticas, geomorfolgicas y ambientales se tengan en cuenta al mismo tiempo. Una administracin que cuente con tcnicos en todas las disciplinas cientficas relacionadas con la ordenacin fluvial. Una administracin en la que la concesin de licencias de edificacin, uso del suelo, cambio de vegetacin y parcelacin sean analizadas y concedidas o denegadas de manera unitaria19. Una administracin, por fin, cuya base de trabajo sea el mantenimiento y no las obras.

18 Por ejemplo, en el Condado de Monroe (New York), en parte como consecuencia de que existe el National Flood Insurance Programme, han sido tomadas las siguientes medidas de planificacin (ver Monroe County Department of Planning, 1974).

- El planeamiento incluye la mapificacin de todas las llanuras y reas de riesgo de inundacin y todos los humedales y las oficinas de Urbanismo del Condado estn en contacto con los municipios para resolver sus problemas especficos de inundacin. - Los distintos suelos son zonificados, las parcelaciones controladas y las ordenanzas y las licencias de edificacin analizadas teniendo en cuenta las llanuras de inundacin y las reas principales de desage de las avenidas. - Se controlan los servicios que directamente o indirectamente facilitan la edificacin en reas de inundacin, se realizan acuerdos de uso o compra de suelo y se establecen reas de uso agrcola obligado. - Se deniega el seguro de inundaciones si el propietario no lleva a cabo las medidas de prevencin y proteccin frente inundaciones.
19 Por ejemplo, en Ontario las Autoridades de Conservacin de Ros, recientemente creadas, tienen la competencia de otorgar o denegar los permisos de edificacin en las llanuras de inundacin (ver Shrunsole, 1995) y las reas que se encuentran detrs de encauzamientos o muros de contencin son tratadas como llanuras de inundacin.

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Sexto. Una poltica coordinada de suelo cercano al ro, de los esfuerzos de compra de suelo y de su ordenacin por las distintas administraciones. Y todo ello teniendo en cuenta que todava hoy no existe ningn requisito legal que obligue a realizar una planificacin urbana compatible con la conservacin del sistema fluvial.

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La ordenacin de los espacios fluviales en las ciudades

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LOGROO Y EL EBRO
Jess LPEZ ARAQUISTIN

1. MARCO HISTRICO La relacin de Logroo con su ro es muy directa. El origen de la ciudad est precisamente en el paso del Ebro. Cuando la puebla Sancho Abarca en el ao 905, la poblacin debi ser un simple cordn de edificacin de largo desarrollo, apoyado en el escaln principal de la terraza del valle, abierta al ro y separada de l por el soto. En el sigo XI la villa toma el carcter de paso defensivo, con el establecimiento del castillo y puente fortificado. El fuero de Alfonso VI (1095) fue decisivo para su posterior desarrollo. La ciudad consolida su estructura lineal, acompaando al Camino de Santiago. El crecimiento de la ciudad se produjo a continuacin hacia el medioda, mediante la formacin de calles principales, siempre en el sentido Este-Oeste, y con gran opacidad en los trayectos Norte-Sur. Este aspecto se refleja en el plano de 1850, poco antes del derribo de las murallas. En l puede observarse tambin cmo se ocupa el entorno del ro. Al constituir ste prcticamente la nica fuente de energa, aparecen una serie de pequeas industrias (molino, bodegas, fbrica de aguardiente, de curtidos...) que se organizan en torno a un pequeo canal (Ebro Chiquito). Aguas abajo del puente, otro azud alimenta a un molino, provocando la aparicin de una pequea isla. En la orilla izquierda, prcticamente la nica instalacin es el nuevo cementerio.

2. LA EXPANSIN DE LA CIUDAD Con el derribo de las murallas (1861) y la llegada del ferrocarril, la ciudad va organizando su ensanche. El crecimiento se aleja del ro, formn65

Jess Lpez Araquistin

dose un nuevo centro en torno a la plaza del Espoln, junto al borde sur del antiguo ncleo. La nica intervencin importante en el casco sera la apertura hacia 1880 de la calle Sagasta, un corte claro, esta vez en direccin Norte-Sur, que unira la estacin de ferrocarril con la orilla izquierda del ro, mediante la construccin de un nuevo puente: el de hierro. La expansin, siempre hacia el medioda, va convirtiendo el entorno del ro en el patio trasero de la ciudad. Las nuevas fuentes de energa hacen que dejen de tener sentido las instalaciones industriales del Ebro Chiquito, que se degrada y recibe todo tipo de vertidos. Un pequeo ncleo de viviendas e industria se sita en la zona de Excuevas, junto al borde noroeste del casco antiguo.

3. LA IMAGEN DESDE EL RO Logroo y el Ebro ofrecan tradicionalmente desde el Norte una imagen de cierto inters, con las torres de las iglesias surgiendo de un panorama de tejados. A ello contribua la especial tipologa del primer frente de casas, las manzanas situadas entre las calles Ruavieja y San Gregorio. La primera es la ms antigua de la ciudad y forma parte del Camino de Santiago. La segunda es un camino al pie de la antigua muralla. Entre ambas calles se asentaban viviendas en parcelas largas y estrechas, con un desnivel entre fachadas de aproximadamente cinco metros y bodegas con entrada por San Gregorio. La imagen a principios de los 70 estaba muy degradada por las instalaciones (fbricas, corrales de ganado...) situadas en el soto y por la alteracin del perfil que supona la aparicin de los primeros edificios en altura de la ciudad.

4. SITUACIN DE PARTIDA El entorno del ro, a finales de los aos 60, alberga una autntica mezcla de elementos. A un fondo general que conserva el uso agrcola tradicional se superponen multitud de usos contrapuestos. En la orilla izquierda, la ocupacin residencial es muy dbil, siendo los edificios ms importantes dos bloques relativamente recientes, que inciden negativamente por su escala en el conjunto. El uso industrial ha ocupado las carreteras de acceso, destacando una fundicin junto al ro. El edificio del matadero se sita con cierta dignidad entre los puentes. El cementerio es el uso institucional ms relevante. Otro uso importante en esta orilla es el deportivo-recreativo, al haber dos instalaciones cerradas de este tipo, y otra abierta, conocida como La Playa. Esta ltima haba evolucionado de zona de baos informales en el ro hasta una verdadera piscina instalada en el cauce. 66

Logroo y el Ebro

Figura 1. Logroo en 1850 (Plano de Coello).

Figura 2. Imagen de las riberas del Ebro en Logroo, a principios de los 70.

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En la orilla derecha el lmite claro de las murallas ha sido sobrepasado en la zona de Excuevas y el conjunto de pequeas fbricas, instalaciones ganaderas y otros usos que ocupaban la zona del Ebro Chiquito y calle San Gregorio. (Su derribo se ha comenzado ya en 1975, fecha de la imagen). Flanqueando el casco antiguo por el Este, los almacenes municipales, hospital provincial, y terrenos de la antigua fbrica de gas. Por el Oeste, destacan los cuarteles de artillera e intendencia, el gobierno militar y el parque de bomberos.

5. PLAN RUAVIEJA En 1969 se redacta este Plan Parcial, con la intencin de cambiar radicalmente la imagen degradada del frente de la ciudad al ro. En esta voluntad de cambio est su principal virtud, ya que la propuesta de actuacin, desde nuestra perspectiva actual, resulta muy cuestionable. Se basa en la destruccin total del frente norte del Centro Histrico, estableciendo una va rpida y nuevos bloques de edificios, que llegaban a invadir el soto. El Plan en su conjunto supera las posibilidades de gestin del Ayuntamiento en ese momento, no llevndose a la prctica sus propuestas. Pero supone el inicio de una poltica de compras por parte del Ayuntamiento, tanto de fincas y construcciones situadas extramuros como en la propia manzana de Ruavieja - San Gregorio. La ejecucin del nuevo colector general de la ciudad sustituyendo al Ebro Chiquito reforz la actividad en este sentido. La poltica de adquisicin y derribo, total o parcial, despej el frente del ro de instalaciones inadecuadas, pero tambin supuso una intervencin negativa al suponer la destruccin parcial de la manzana tipolgicamente ms interesante de la ciudad.

6. PLAN COMARCAL En 1974 se aprob el primer planeamiento global de la ciudad, el Plan Comarcal. En l se ponen de relieve los valores potenciales del ro y se propone a ste como elemento articulador de un sistema lineal de parques urbanos a ambas mrgenes. El Plan, optimista en cuanto al crecimiento, estudia incluso la posibilidad de un desarrollo amplio de la orilla izquierda, pero se desecha como ubicacin de nuevos barrios residenciales por considerar que el ro es una barrera demasiado importante, requiriendo un excesivo esfuerzo en infraestructuras. Por tanto se sealan para esta margen del Ebro unos objetivos ms limitados: la consolidacin y ampliacin de los usos recreativos-depor68

Logroo y el Ebro

tivos, as como la creacin de un parque en la zona del cementerio. Aunque la propuesta inicial era el traslado de ste, se reconsider en el sentido de mantener la instalacin y establecer un parque perimetral. En la orilla derecha se opt por respetar las determinaciones del Plan Ruavieja. De las propuestas de ste, la ms asumida por la poblacin era la formacin de un parque de ribera coincidiendo con el frente al ro de la ciudad histrica, demanda importante de una ciudad con gran escasez de espacios libres. El planeamiento de desarrollo para suelo urbano en esta orilla lo constituan un Plan Especial para el Centro Histrico (en la parte no afectada por el Plan Ruavieja), un Plan Parcial que afectaba a la mayor parte del suelo urbano (Plan Parcial del rea Interior) y otros Planes Parciales, principalmente de carcter residencial (Cuarteles, El Cubo, Madre de Dios...). El Plan Parcial del rea de Interior, perifrico al Centro Histrico, aprovecha la preexistencia de una serie de zonas verdes en el permetro exterior de las antiguas murallas para proponer una lectura continua de los mismos y prolongar su recorrido hasta el ro, principalmente en la parte oriental. En esta sucesin de espacios articulados sera pieza fundamental el edificio y plaza del nuevo Ayuntamiento, obra de Rafael Moneo, que sustitua a un antiguo cuartel y resolva con su configuracin y la permeabilidad de su planta baja la continuidad del recorrido.

7. PLAN ESPECIAL DEL CENTRO HISTRICO Se redact a partir de 1976, aprobndose en 1980. Supuso una reflexin sobre el casco antiguo y su relacin con el resto de la ciudad. La exhaustiva informacin recogida para la ocasin puso en su lugar los valores a conservar, entrando en directa colisin con lo previsto en el Plan Ruavieja. Aunque no incida vinculantemente en el mbito de ste, la necesidad de coherencia invalidaba en la prctica la propuesta del 69 y exiga su inmediata revisin. El Plan Especial vena a confirmar lo ya intuido: la progresiva degradacin fsica y econmica del casco, que alcanzaba sus cotas ms espectaculares en la parte norte, es decir, la ms prxima al ro. La ribera se percibe entonces desde nuevos puntos de vista: periferia del centro histrico y espacio con posibilidades de contribuir a la revitalizacin del mismo. Como periferia, deba albergar usos que necesitaba el barrio pero no poda satisfacer en su interior: espacios libres, aparcamiento..., pero tambin era necesario conseguir metas atractivas en la zona del ro para que se originaran trayectos peatonales que, al atravesar el casco, devolvieran riego a tejidos prcticamente muertos. Desde esta ptica, la formacin del parque de ribera en la orilla derecha, o las instalaciones deportivas en la orilla izquierda, jugaran un papel fundamental. 69

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En la peculiar disposicin del viario del casco era preciso aumentar los trayectos peatonales Norte-Sur, estableciendo rutas y destinos concretos. Las actividades recreativas y deportivas de la orilla izquierda del ro reciban una fuerte afluencia de pblico, principalmente en verano. La accesibilidad rodada y peatonal a la zona se limitaba a los dos puentes tradicionales. La ubicacin de una pasarela peatonal ms directa abrira una nueva ruta en el interior del Centro Histrico. Se aprovech el punto ms favorable para ello, coincidiendo con la posibilidad de paso que ofreca la nueva sede del Colegio de Arquitectos. La nueva pasarela no slo servira para las instalaciones ya existentes, sino que facilitara una actuacin ms ambiciosa, sustituyendo las precarias piscinas municipales en el cauce del ro. Para ello se haba adquirido una gran finca, que prcticamente completaba el sector previsto en el Plan Comarcal. Se comenzaba, por otra parte, la adquisicin de fincas prximas al cementerio, realizando una primera fase del Parque. El matadero municipal se haba trasladado, quedando vacante por tanto un edificio que interesaba conservar.

8. PLAN GENERAL DE 1985 En este Plan General se pone el acento en la obtencin de dotaciones, siendo bastante restrictivo en aspectos de crecimiento. La zona del ro recibe en su mayor parte la consideracin de suelo urbano. Del antiguo Plan Ruavieja (ya invalidado por entonces a travs de modificaciones parciales) se reordenan sus extremos oriental y occidental, destinndose principalmente a usos dotacionales. Se mantiene el uso residencial, con cambios en el diseo, para la zona de Excuevas y el remate del paseo peatonal que parte del Ayuntamiento. La principal novedad est en la zona de cuarteles, que se considera la gran oportunidad para ampliar el parque del Ebro y ubicar otros usos dotacionales, aprovechando el viejo edificio del cuartel de artillera. Las restricciones que impona el Plan al crecimiento supuso la desclasificacin de zonas como El Cubo o Madre de Dios, que pasaban a considerarse como suelo no urbanizable.

9. MODIFICACIN DEL PLAN GENERAL (1992) Provocada principalmente la modificacin por la necesidad de nuevo suelo para el crecimiento residencial, supone el inicio efectivo de la implan70

Logroo y el Ebro

tacin de zonas de viviendas en el rea del ro. Plan Parcial El Cubo, aguas arriba (1.572 viviendas). Plan Parcial Madre de Dios (480 viviendas). Este ltimo se ubica en una zona tradicionalmente destinada a huertas, pero estratgicamente situada entre la ciudad y el ro. Se lleg a una solucin de compromiso entre partidarios del crecimiento y conservacionistas, limitando el tamao del sector y clasificando el resto de las huertas como suelo no urbanizable protegido. Tambin se inicia una tmida ocupacin residencial en la orilla izquierda, aprovechando la posibilidad que ofreca el cierre de la antigua fundicin para construir un grupo de baja densidad. La propuesta de las zonas de Cuarteles y Excuevas contenida en el plan de 1985 se considera mejorable, por lo que se delimita un mbito para redactar posteriormente un Plan Especial de Reforma Interior (PERI). En la redaccin definitiva de la propuesta para la zona se adoptan soluciones ms rotundas que las previstas en el Plan General de 1985. Se prescinde totalmente del edificio del antiguo cuartel, que obstaculizaba la relacin con los barrios del Oeste de la ciudad por su forzado encaje en la trama urbana. Tambin se deja fuera de ordenacin la totalidad de edificios de la zona de Excuevas. De esta manera el parque se ampla notablemente y se introduce en la ciudad, cindose al casco antiguo. De los primitivos usos militares slo persiste el gobierno militar. En la zona del cuartel se prev un grupo de viviendas, pendiente todava de formalizacin, aunque reducindose mucho la ocupacin primitiva. Un nuevo bulevar mejorar la accesibilidad al centro de la zona occidental de la ciudad. La prolongacin del parque del Ebro aguas arriba se consigue con una franja de reserva y un pequeo parque que aprovecha el arbolado de dos fincas preexistentes. El Ayuntamiento ha adquirido la casi totalidad de terrenos de Defensa e iniciado las labores de ejecucin del PERI que se ha planteado en etapas hasta el ao 2006 por la dificultad que supone la eliminacin de edificios que en algn caso cuentan con menos de 30 aos.

10. EL PLANEAMIENTO FUTURO En la actualidad se est revisando el programa de actuacin del Plan como consecuencia del final del cuatrienio. En las propuestas para el futuro, la zona del Ebro tiene un especial protagonismo. La ms trascendente es la que se hace para el rea de Madre de Dios, hasta hoy clasificada como no urbanizable de proteccin. Se ve en ella la oportunidad de combinar un parque de ribera con usos universitarios. La Universidad de La Rioja, de reciente creacin, se sita en el extremo oriental de la ciudad, consolidando un ncleo preexistente de carcter bas71

Jess Lpez Araquistin

tante anodino. Su ampliacin estaba prevista hacia el Este, pero puede cambiarse este planteamiento girando hacia posiciones ms cntricas y formando la nueva fachada de la ciudad sobre el ro. De esta manera Universidad, parque y ro formaran un campus con posibilidades paisajsticas de cierto inters. Otra propuesta que figura en el Avance es el postergado salto del ro con usos residenciales, esta vez acompaada de la infraestructura necesaria para un asentamiento de cierta entidad, (1.000 - 1.500 viviendas).

11. REALIZACIONES 11.1. VIVIENDAS EN RUAVIEJA - SAN GREGORIO A mediados de los aos 80 la zona estaba en una situacin deplorable. Aunque no se prosegua la poltica de derribos, stos haban hecho mella, y las malas condiciones fsicas de muchos edificios evolucionaban hacia la ruina. Hubo incluso un trgico hundimiento con vctimas. Pareca que una de las primeras labores a realizar en el casco era precisamente la reconstruccin de la manzana en una importante operacin de vivienda que aportara nueva poblacin. Poda aprovecharse para introducir alguno de los trayectos peatonales transversal al casco previstos en el planeamiento. Con estas premisas se plante la redaccin de un proyecto de 114 viviendas de promocin pblica. Para intentar dar solucin al delicado problema que supone intervenir en el perfil tradicional de la ciudad se recurri a constituir un equipo con distintos arquitectos locales, coordinados en una primera fase por Rafael Moneo. Se tom el parcelario preexistente como dato inamovible, elaborando cada arquitecto una propuesta individual sobre su parcela. Las soluciones obtenidas se sometieron a una reelaboracin, esta vez para unificacin de soluciones constructivas, materiales, etc., hasta llegar a un proyecto unitario. Este proceso, aunque complicado, dio lugar a un resultado final que cumpla los objetivos fijados de variedad e integracin. La resolucin de la comunicacin peatonal entre ciudad y parque se confi a una pieza especial que inclua una plaza-mirador sobre el ro. Al tratarse de un espacio semipblico, situacin que suele crear conflictos en su mantenimiento, se dio a esa pieza un uso no residencial, concretamente el de sede de la Polica Local.

11.2. PARQUE DEL EBRO Una vez obtenidos los terrenos por el Ayuntamiento, se acomete en 1987 la tarea de ordenar un parque en la ribera derecha. 72

Logroo y el Ebro

Gran parte de la superficie aparente la constituan terrenos inundables cada temporada. Se evit cualquier solucin que alterase el rgimen de avenidas, delimitando claramente dos zonas: la del soto inundable, que asuma su carcter natural, y la cota superior, que permita un tratamiento ms estable. El pequeo escarpe ya existente se consolid y formaliz con la construccin de una escollera. Un paseo a lo largo de este elemento sera el hilo conductor del parque, con la intencin de que se prolongara a lo largo de toda la ribera.

Figura 3. Entorno del Ebro en 1969. Un espacio degradado en el que se apoyan actividades muy diversas.

Aunque en sus planteamientos iniciales se proyect un parque bastante construido, se opt en su ejecucin definitiva por un tratamiento ms convencional, como predominio de las zonas de pradera. El xito o fracaso del parque era un punto crucial en la relacin entre la poblacin y el ro. Una vez ejecutado, su nivel de aceptacin poda invertir el tradicional rechazo de Logroo hacia su cara norte, o bien continuar siendo un espacio marginal. Tras su inauguracin en 1993 se ha confirmado la hiptesis optimista, con un intenso nivel de utilizacin. 73

Jess Lpez Araquistin

Figura 4. Entorno del Ebro en 1995.

Figura 5. Vista area del conjunto de actuaciones en el Ebro.

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Logroo y el Ebro

Figura 6. Parque del Ebro en Logroo en 1993. Ejemplo de integracin de la ciudad con su ro. Espacio verde con funciones de conservacin del ecosistema fluvial, defensa hidrulica y lugar de encuentro.

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Jess Lpez Araquistin

11.3. CONJUNTO DEPORTIVO LAS NORIAS. Las piscinas municipales en el cauce del ro, con una utilizacin abierta, tenan mltiples problemas, por lo que se plante una nueva instalacin en la finca Las Norias, de unos 200.000 m2. El programa se centra en el deporte-ocio, con piscinas, pistas de tenis, frontones, etc. En gran medida los accesos peatonales se realizan a travs de la nueva pasarela. La demolicin de las antiguas piscinas supondr la recuperacin de la dimensin original de la seccin del ro en ese punto.

12. RESUMEN Y CONCLUSIN A pesar de la fuerte vinculacin entre el origen de la ciudad y el Ebro, la tendencia dominante ha sido la de abandono y degradacin de los espacios de la ribera. Al dar la espalda al ro, la ciudad lo convierte en patio trasero, albergando una mezcolanza de usos. Al final de los aos 60 la situacin era insostenible, y se inician las propuestas de actuacin con el Plan Ruavieja. Aunque con planteamientos equivocados (desconsideracin de la ciudad histrica, incapacidad de gestin...), supuso un punto de arranque y el comienzo de una poltica de adquisicin de patrimonio en la zona por parte del Ayuntamiento. El Plan Comarcal de 1974 supuso una visin ms global del papel que poda desempear el ro en la estructura del municipio, con propuestas concretas de espacios libres en el entorno del ro y rodeando al casco antiguo. El Plan Especial del Centro Histrico aport una visin enriquecedora del tema al detectar posibles actuaciones en la periferia del mismo y concebir el entorno del Ebro como un foco de atraccin que beneficiara al casco antiguo y una oportunidad para dotarle de servicios no obtenibles en su interior. El esfuerzo a partir de ese momento a travs de actuaciones concretas (pasarela, viviendas Ruavieja, San Gregorio, Parque del Ebro, complejo Las Norias...) ha conseguido invertir la tendencia en la consideracin de la orilla del ro, que hoy se percibe muy positivamente. Una de las mayores apuestas urbansticas actuales es la ejecucin del PERI Excuevas-Cuarteles, que refuerza esta poltica, y constituye una oportunidad nica para la ciudad por la gran superficie ocupada por las antiguas instalaciones militares y la centralidad de su ubicacin. Si prosperan las propuestas planteadas en el avance de la actual modificacin del Plan General el ro tendr un protagonismo importante en el futuro, tanto por los planteamientos para la zona universitaria como por proponerse un crecimiento de cierta entidad en la margen izquierda. 76

EL RO SEGRE, EJE DEL PLAN DE ESPACIOS LIBRES EN LLEIDA


Josep Maria LLOP TORN, Rafael GARCA CATAL, Esther FANLO GRASA, Carlos LLOP TORN, Josep Maria PUIGDEMASA e Ignasi ALDOM BUIXAD

1. INTRODUCCIN La ponencia intenta explicar el ejemplo del ro Segre en Lleida, desde atrs hacia adelante. Desde los trabajos ya realizados sobre el tramo urbano del ro Segre, en su paso por la ciudad de Lleida, hasta los trabajos de planeamiento inmediato, en curso de realizacin. Abarca dos grandes aspectos. Uno, de las obras ya realizadas, en la zona de inters natural La Mitjana y en el tramo urbano de la canalizacin del ro Segre, as como del Proyecto del Eco-Museo del Agua a localizar en el rea urbana, del ro Segre y/o del Canal de Sers. Dos, en realizacin, los trabajos del denominado Pla dEspais Lliures (Plan de Espacios Libres), realizado por Convenio entre el [Link] dArquitectes de Catalunya (Demarcacin de Lleida) y el Ayuntamiento de Lleida, en 1994, que ha sido la base para definir la estructura urbanstica del Avance del Plan General de Lleida 1995-2015 (aprobado por el Pleno Municipal-Diciembre de 1995). En primer lugar, describe los antecedentes histricos de la riada de 1982 que dieron lugar a las propuestas de mejora de las defensas hidrulicas del Segre, en el tramo urbano (ver el apartado 1). Se trat de canalizar el ro Segre, en su paso urbano, como un parque lineal. El motivo esencial de esta opcin es que el caudal del ro es muy limitado (menos de 50 m3/s durante dos de cada tres das del ao). Puesto que el Canal de Sers (construido por la Canadiense Barcelona Traction Light and Power, empresa fundada en Toronto, Canad, el ao 1911, para llevar el agua a la presa de SersEmbalse de Utxesa) se lleva del ro entre 50-60 m3/s, lo que libera un gran espacio urbano, de un cauce sin agua, que puede usarse como parque 77

Josep Maria Llop, Rafael Garca, Esther Fanlo, Carlos Llop, Josep Maria Puigdemasa e Ignasi Aldom

lineal. Los proyectos y trabajos fueron de la Confederacin Hidrogrfica del Ebro, instados desde el Ayuntamiento de Lleida. Los resultados son buenos pero mejorables, en determinados aspectos ambientales, pero suponen un gran paso adelante en los aspectos bsicos del problema: defensa hidrulica de la margen izquierda de la ciudad; recuperacin para el uso pblico del ro Segre como gran parque urbano; y, por ltimo, permitir que el eje del Canal de Sers sea la futura lnea de trabajo urbanstico (EcoMuseo del Agua). En esta fase, hacia atrs, tambin se puede hacer balance positivo de los trabajos de estudio y gestin del rea Natural de La Mitjana, que ya funciona como una gran rea naturalista de educacin ambiental (ver el apartado 3.1.1.). En segundo lugar, describe la concepcin unitaria del ro Segre como gran espacio libre. Y lo concibe como el eje del Pla dEspais Lliures, que se desarrollar en el seno del nuevo Plan General de Lleida 2015 mediante un Plan Especial del ro Segre. Este plan combinar los siguientes elementos: Espacios Naturales (como el denominado Aiguabarreig del Segre, en la confluencia de ste con el ro Noguera; los espacios naturales de educacin ambiental, como La Mitjana; las propuestas del denominado Parque Fluvial al sur de la ciudad, como gran espacio ldico-deportivo y a su vez de proteccin de las mrgenes ambientales del ro; y por ltimo la puesta en valor de la finca de la antigua Granja Militar de Rufea, que permitir disponer de una gran rea mixta, con funciones de proteccin y gestin del sistema de espacios libres de la ciudad vivero de rboles de ornato urbano, rea de reserva para las aves, proteccin de las mrgenes naturales del ro, etc. Esta concepcin del ro Segre como el gran espacio libre, territorial y urbano, es fruto del Plan de los Espacios Libres, aprobado con el Avance del Plan General, en diciembre de 1995.

2. ANTECEDENTES 2.1. LA RIADA DEL AO 1982 Y LA CANALIZACIN URBANA Las obras de la Confederacin Hidrogrfica del Ebro (desde ahora CHE) para la canalizacin del ro Segre de Lleida, en su tramo urbano, son fruto de una reivindicacin histrica de la ciudad, especialmente desde la riada de los das 8 y 9 de noviembre de 1982. sta es la ms prxima en el tiempo y por esto la ms vivida y recordada por los ciudadanos actuales. En el siglo XX ha habido tres riadas importantes, la de 1907 y la de 1947 fueron las dos anteriores a la de 1982. 2.1.1. Breve historia de la riada de 1982 Las fuertes lluvias en la zona de la montaa, no en el llano, del da 7 (domingo) provocaron el estado de alarma, a travs de la entonces inci78

El ro Segre, eje del Plan de Espacios Libres en Lleida

piente organizacin de Proteccin Civil. En la Paeria o Ayuntamiento de Lleida, el mismo da 7, domingo, se form un equipo de trabajo, en el que se integraron los tcnicos de la delegacin de Lleida de la CHE. El alcalde, Antonio Siurana, estuvo en contacto con el Comisario de Aguas del Ebro en Zaragoza y con las diferentes compaas elctricas titulares de las centrales, especialmente FECSA, desde ese momento hasta el final del proceso. Este equipo trabaj desde el mismo da 7, durante toda la riada y hasta que se dio por acabada la tarea, los das 19 y 20 de noviembre, cuando se convoc una llamada oficial denominada Plan de limpieza popular del Parque Municipal de los Campos Elseos. La ciudad ya se haba normalizado y puesto en marcha la semana anterior. En el mismo participaron todos los niveles de la Paeria, tanto polticos como funcionarios, y un importante nmero de personas voluntarias de Lleida, de los pueblos y del resto de Catalua. Con especial recuerdo para los Bomberos, Guardia Civil, Polica y Ejrcito, que actu directamente y con el montaje de dos centros de atencin a los damnificados, dentro de dos escuelas municipales, que despus por suerte no hicieron falta. La pequea historia de la noche del domingo y de los das 8 y 9, lunes y martes, se puede resumir as. La misma tarde del da 7, los tcnicos municipales y de la CHE calcularon, con los datos aproximados que en ese momento disponan de caudales de agua, que la ciudad y en especial el barrio de Cap-Pont, se inundaran. Los clculos daban un mnimo de crecida del ro entre 4,76 a 4,78 m. Esto dio lugar a que se aconsejara desalojar el barrio. La otra zona potencial en peligro era el sector de las calles Antoni Agust y limtrofes, del barrio de Pardinyes, que despus no result afectada. Esta situacin de prevencin dur toda la noche y gran parte de la maana del da 8, lunes; despus, en esta misma maana del lunes da 8, el ro creci rpidamente y desde el medio da hasta la tarde-noche, lleg a un caudal de unos 3.100 m3/s. Podemos decir que como el Danubio un da normal (como se puede ver en el cuadro n 1). Aquella tarde, a las 19,30 h y con un equipo de tcnicos voluntarios, se hizo una evaluacin del nivel de las aguas en la ciudad. Recordaremos que el agua pasaba a 1,80 m debajo del puente del ferrocarril, en MERCOLLEIDA el agua llegaba a 1,20 m, en la Avda. del Segre haba una altura entre 1,30 a 1,50 m, que en todo el barrio de Cap-Pont haba aproximadamente 1,50 m y en el Camino de Granyena en las instalaciones de la Hpica tenan 1 m de agua. En la Avda. Alcalde Areny el agua estaba a 2 m debajo de la coronacin del muro y el nivel fretico a menos 5 m debajo del vial. Las compuertas descargaban unos 40 cm de lmina. Esta situacin de riada dur hasta la tarde del da 9, martes, en que el caudal del ro baj hasta unos 600 m3/s. No obstante, esto supone unas diez veces ms de agua que la que lleva el ro en un da normal y que se deriva hacia el Canal de Sers. Das despus, fruto de la colaboracin entre la Paeria, la Escuela de Agrnomos, el Instituto Jaume Almera y el INTA, se pudo hacer un vuelo areo con scaner de pelcula infrarroja, procesar y dibujar el estado y 79

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CUADRO N 1 Caudales estimados en la riada de 1982*


FECHA HORA CAMARASA OLIANA ST. LLORENS LLEIDA-CIUDAD

7-11-82 8-11-82 8-11-82 8-11-82 8-11-82 9-11-82 9-11-82 9-11-82

21,30 5,30 7,00 21,00 23,00 5,30 7,00 12,00

260 600 1000 810 662 678 638 279

1400 2000 1590 1062 784 680 680 308

284 1580 2770 2800 2700 2200 1800 1440

98 620 640 3100 2980 2300 2050 1000

* Datos aproximados de elaboracin propia. Fuentes consultadas, datos de FECSA y de la Confederacin Hidrogrfica del Ebro, y notas de trabajo de los das de la riada. Se ha de advertir que no se tienen datos del Noguera Ribagorzana que entra en el ro Segre en el trmino municipal de Corbins.

grado de humedad de las mrgenes del ro, y en especial de la zona urbana inundada. Dicho plano define una franja inundada de entre 793 y 864 m de ancho. El cauce en ese momento tena unos 90 m tiles. Los das despus de la riada fueron de una gran actuacin cvica de la poblacin. Sin todos ellos aquella historia poda haber sido dramtica, pero la previsin y la respuesta cvica redujeron los efectos de las aguas, los daos directos sobre el comercio, las viviendas, las industrias y los servicios pblicos urbanos afectados por la inundacin. No hubo daos a personas en la ciudad, slo un seor que iba a trabajar, a primera hora de la maana del da 9, y vio cmo la tierra (la acera de Blondel, delante de la Paeria) ceda bajo sus pies. La cada fue vista desde el balcn de la Paeria y se rescat rpidamente del agujero y del barro. La pequea historia continuar muchos meses despus, en el captulo ms complicado de las valoraciones de los lugares afectados, la respuesta negativa del sistema de seguros y todo el papel que esto supone, labor que llev un equipo de la administracin municipal, con gran eficacia y dedicacin, en colaboracin con los diferentes Colegios Profesionales. Existe un resumen de las valoraciones de los daos estimados, hechas en estos das la cual se adjunta como cuadro nmero 2. 2.1.2. El desarrollo del proyecto de canalizacin La respuesta a aquella situacin se organiz desde el Ayuntamiento de Lleida inmediatamente. Primero, limpiando; segundo, evaluando los daos; despus solicitando ayudas. Las ayudas dieron lugar a obras de reha80

El ro Segre, eje del Plan de Espacios Libres en Lleida

CUADRO N 2 Resumen del valor de los daos de la riada*


1. Sector industrial 2. Sector agrcola 3. Sector servicios y comercio 4. Viviendas privadas 5. Obras pblicas, red de caminos y acequias 6. Equipamientos y edificios de servicio pblico 7. Vas urbanas y servicios pblicos [Link] ptas. 141.000.000 ptas. 450.000.000 ptas. 147.000.000 ptas. 176.242.500 ptas. 257.622.750 ptas. 63.720.000 ptas. Total = [Link] ptas.

(*) Nota: Resumen de valoraciones aproximadas a partir de los datos oficiales del mes de noviembre de 1982.

bilitacin urbana tan acertadas como la rambla de la Doctora Castells o el paseo arbolado de la avenida Alcalde Areny, adems de mltiples pequeas reparaciones de los servicios pblicos afectados. Pero la respuesta urbanstica dio lugar a la exposicin denominada Despus de la Riada. Se celebr en el viejo Seminario los primeros meses de 1983. En ella haba una propuesta global de ordenacin urbanstica del ro Segre, en su tramo urbano, los Campos Elseos, la Fira y el Canal de Sers, adems de poner en relieve el valor ambiental de La Mitjana. Existe un plano resumen publicado en el Atlas de Lleida que tiene un gran valor documental. El enfoque es claramente urbanstico y determina el valor como elementos bsicos del sistema de zonas verdes del ro Segre y de los dos elementos lineales del entorno. El eje Rambla, Blondel, Alcalde Areny en el margen derecho y el Ro, Campos Elseos y Canal de Sers en la margen izquierda. Esta propuesta fruto del trabajo de diversos arquitectos, coordinado desde la Paeria (Servicio de Urbanismo) ser la pauta de trabajo hasta la fecha. La problemtica de las defensas de la ciudad, respecto de las riadas, se pondr de relieve ante las administraciones superiores. Las reivindicaciones de la Paeria dieron lugar, a corto plazo, a las obras del muro del sector ferial y a la escollera del sector del camino de Sot de Fontanet. Pero habr que esperar hasta el ao 1985 para que el proyecto del ro siga adelante, y al ao 1993 para que empiecen las obras. Antes habr una importante aportacin de los Servicios Tcnicos de la Paeria en los aos 1989 a 1991, que redactarn un proyecto nuevo, de acuerdo con la CHE. Durante ese periodo hubo una fuerte inversin municipal en el tema de expropiaciones e indemnizaciones de la Avda. de Tarradelles y de las reas limtrofes del cauce. Hay que pensar que se tendra que ensanchar hasta unos 160 m, ocupado por viejas viviendas e instalaciones diversas un espacio de unos 90-100 m. El trabajo de los Jefes de Servicio del Ayuntamiento de Lleida, seores 81

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Ezequiel Usn y Fernando Cequier, y en el aspecto de la gestin de los terrenos el Sr. Francesc Rosich, son fundamentales para entender el proceso final del proyecto, juntamente con la aportacin del Colegio de Arquitectos de Lleida en el periodo de informacin pblica. Actualmente tenemos el Parque del Segre acabado, y los leridanos podemos gozar de un parque urbano lineal y otro (el de La Mitjana) como un rea natural. Estas obras dan a la ciudad tres ventajas: primera, defender la margen izquierda de las riadas y como consecuencia dar un mayor valor urbanstico al sector, y equilibrar as el centro histrico de Lleida, con el crecimiento residencial del barrio de Cap-Pont, y la creacin de un nuevo Campus Universitario de 9 ha de superficie. Segundo, recuperar los espacios del ro Segre y La Mitjana como dos grandes parques, uno urbano lineal y otro de rea natural, respectivamente, que permita la continuidad biolgica del ro. Tercero, poner en valor la lnea de urbanizacin del Canal de Sers, en un futuro no lejano (dentro del nuevo Plan General de Lleida, actualmente en fase de redaccin). Esta actuacin ha de permitir la operacin de la expansin de la Fira de Lleida, el Eco-Museo del Agua, el nuevo eje de conexin del barrio de la Bordeta con la ciudad (camino de Picos y el puente de la Estacin del ferrocarril), y el desarrollo de un rea de servicios terciarios y de nuevos grandes equipamientos urbanos, como se propone en el Avance del Plan del Margen Izquierdo de Lleida, aprobado por la Paeria el pasado mes de febrero.

3. PROPUESTAS 3.1. EL RO SEGRE, EJE DE LOS ESPACIOS LIBRES DE LLEIDA La concepcin unitaria del ro, desde su nacimiento hasta su desembocadura, nos permite entenderlo como resultado de su historia. Los sucesos que ocurren en un punto de la cuenca viajan aguas abajo, transformndose e influyendo sobre todos aquellos espacios que el ro encuentra a su paso. El discurrir del ro atraviesa, conecta, transporta, invade, riega y comunica todo el territorio. De ah el potencial del mismo como elemento de vertebracin de ordenacin territorial. El Plan de los Espacios Libres de Lleida, ya puso de relieve esta opcin, que se refuerza en el proceso de redaccin del nuevo Plan General de Lleida. En el Plan se combinarn los siguientes supuestos de zonificacin y tratamiento de reas: espacios naturales, como el denominado aiguabarreig del Segre en la confluencia de ste con el ro Noguera; los espacios naturales de educacin ambiental como La Mitjana; las propuestas del denominado Parque Fluvial al sur de la ciudad, como gran espacio ldico-deportivo, y a su vez la proteccin de los mrgenes ambientales del ro; y la implantacin de parques territoriales entendidos 82

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como reas mixtas con funciones de proteccin y gestin del sistema de espacios libres de la ciudad viveros de rboles de plantacin o de ornato, reas faunsticas y de proteccin de las aves o funciones de ocio, o educativas. Distinguimos la siguiente zonificacin: Zona agrcola de calidad I. Proteccin del sistema hidrogrfico y fluvial. Zonas de inters natural. reas de intervencin ambiental. Sistema de parques territoriales (Parque de Granyena, Parque Fluvial, Parque de Rufea, Parque de Butsenit). Sistema de parques urbanos (Parc del Segre). El ro Segre, as entendido, como unidad formada por el lecho del ro, su entorno ms inmediato y la primera terraza fluvial, es un elemento importante en la definicin de la estructura del territorio dado que acta como eje vertebrador, con una unidad y continuidad incuestionables: El ro ha dado y da forma fsica al territorio, ya que, junto a la red hidrogrfica asociada, es el agente erosivo principal que ha modelado las plataformas y los cerros caractersticos de los paisajes del llano de Lleida. Tambin acta como corredor biolgico por el que circulan seres vivos, conectando todos los puntos de su recorrido. El ro es un referente apreciado como elemento del paisaje, creando un espacio donde se encuentra el agua y la vegetacin exuberante, los dos elementos paisajsticos ms valorados por las personas. En los mrgenes del ro se han ido depositando los materiales finos arrastrados por las avenidas que han dado origen a las tierras ms frtiles del territorio, ocupadas histricamente por usos agrarios. La dinmica fluvial natural implica la existencia de avenidas peridicas, de alta capacidad modeladora, parcialmente reguladas por las obras de ingeniera, pero potencialmente agresivas por su impredictibilidad. Pero el ro Segre, como todos los elementos del territorio, no es percibido igual por todas las personas. Manteniendo la unidad fsica, funcional, estructural y biolgica las aproximaciones al ro se realizan desde diferentes perspectivas, sensibilidades e intereses: El ro como espacio natural conserva ecosistemas diversos y de gran dinamismo, importantes para el mantenimiento de la diversidad biolgica y de los procesos ecolgicos. 83

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El ro como espacio ldico tiene el atractivo del agua y la posibilidad de realizar actividades diversas como la pesca, el paseo, el bao, deportes acuticos, etc. El ro como espacio educador es un referente en las actividades de interpretacin del entorno que realizan los escolares. El ro como espacio de actividad agrcola ha sido ocupado secularmente gracias a la presencia de agua permanente y a la fertilidad de las tierras aluviales. El ro como corredor biolgico mantiene la continuidad fsica de un espacio poco alterado por la actividad que conecta de norte a sur otros espacios naturales. 3.1.1. La Mitjana como rea de inters natural La Mitjana de Lleida es un espacio natural de unas 90 ha representativo de los ambientes fluviales, de la tierra baja continental catalana, con un buen estado de conservacin y una problemtica particular generada en gran parte por su proximidad a la ciudad de Lleida. Consiguientemente, en su conservacin se ha de ser consciente de la proximidad de la ciudad y buscar los mecanismos que permitan compaginar su proteccin y su integracin urbana. [Link]. El Plan de Ordenacin y Gestin de La Mitjana A partir de los estudios existentes sobre La Mitjana, el Plan de ordenacin realiza una zonificacin con diferentes niveles de proteccin y una asignacin de usos para cada zona. As como el Plan de Ordenacin constituye el instrumento bsico necesario para conseguir la compatibilizacin de la conservacin de La Mitjana con el uso pblico, el Plan de Gestin agrupa los mecanismos que, desarrollando diferentes programas de actuacin lleven a conseguir este objetivo. Los objetivos generales del Plan de Ordenacin y Gestin de La Mitjana son: Conseguir la conservacin de los sistemas naturales. Preservar la diversidad biolgica de La Mitjana. Compatibilizar el uso pblico con la conservacin. Potenciacin de los aprovechamientos ldicos y culturales del espacio natural. Para la elaboracin del Plan de Ordenacin y Gestin se tuvo en cuenta unos condicionantes derivados de la realidad actual de La Mitjana y que se enuncian a continuacin: 84

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Valoracin del estado de los sistemas naturales de La Mitjana. Constatacin de las caractersticas del uso pblico que se realizaban, impactante y desordenado. Las posibilidades de realizar actuaciones para mejorar la calidad ecolgica del espacio. Las expectativas e inters en colaborar en la mejora de La Mitjana por parte de los diferentes colectivos (campos de trabajo, grupos de voluntarios, escuela-taller...). La realidad de la gestin de este espacio, en manos del Ayuntamiento por concesin de FECSA, propietaria del terreno. La situacin de las administraciones locales, tanto presupuestaria como de recursos humanos. [Link].a Caractersticas bsicas del medio natural La Mitjana de Lleida ocupa unas 90 ha situadas en el extremo norte-oriental de la ciudad de Lleida. El ensanchamiento del cauce del ro Segre origina una mediana de tierra emergida en medio de dos brazos de agua. Su relativo buen estado de conservacin, sobre todo si se compara con otros parajes donde los ambientes fluviales se han reducido al cauce y a una estrecha franja a ambos lados, se debe a que formaba parte de la zona de inundacin potencial del azud de derivacin de aguas hacia el Canal de Sers. La Mitjana acoge una gran diversidad de ambientes fluviales representativos del curso bajo de los ros donde destaca por la madurez de sus formaciones forestales. Existe una elevada interconexin funcional entre los diferentes ambientes de La Mitjana y entre stos y los del entorno agrcola prximo, siendo difcil de calificar un ambiente antes que otro. La vegetacin ms bien representada es la alameda continental y en lugares ms elevados el tarayar. Se encuentran otras comunidades forestales como las saucedas, los barzales, comunidades acuticas e higrfilas, comunidades de guijarros y nitrfilas. Las comunidades faunsticas son las caractersticas de los ambientes acuticos y forestales. Las aguas de La Mitjana son pblicas, todas ellas dentro de las Zonas de Dominio Pblico Hidrulico y de Polica (gestionadas por la Confederacin Hidrogrfica del Ebro). FECSA es la empresa concesionaria del salto y derivacin de agua existente desde que La Canadiense construyera las compuertas y el Canal de Sers. El ao 1985 cede el uso de La Mitjana al Ayuntamiento de Lleida, con la condicin de que se mantengan tres concesiones (extraccin de ridos, extraccin de agua de los Pozos de San Miguel y la concesin de agua por el Canal de Sers). 85

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[Link].b. Propuesta de zonificacin y regulacin de usos El Plan de Ordenacin de La Mitjana ha partido de dos condicionantes previos: por un lado, la calidad ecolgica de La Mitjana y, de otro, la demanda de uso actual y futuro de la sociedad. En la ordenacin de La Mitjana se han definido cuatro tipos de reas, con un uso pblico y un nivel de proteccin diferenciado, que son: reas de reserva natural. reas de inters naturalista. reas de interpretacin ambiental. reas de uso pblico. A partir del mapa de calidad ecolgica de La Mitjana y de la valoracin de las capacidades de usos de los diferentes espacios se han establecido cuatro niveles de zonificacin. rea de reserva natural: Zona de alto inters biolgico para los sistemas naturales y para la diversidad de ambientes que recoge. Incluye los bosques ms maduros y bien estructurados, as como otros ambientes muy interesantes. Refugio habitual de especies faunsticas interesantes. Le corresponde un uso conservativo de los valores naturales que posee. El uso pblico es muy limitado, ya que es incompatible con la conservacin de los valores de calidad ecolgica actuales y potenciales. Se realizarn actuaciones de mejora de la vegetacin, de los hbitats faunsticos y de investigacin y evaluacin de la gestin. rea de inters naturalista: Zona de inters biolgico para la diversidad y el estado de conservacin de sus ambientes. Acta como zona que atena el efecto del uso pblico masificado sobre la zona de reserva natural y se ve enriquecida con elementos naturales provenientes de la zona de reserva natural. Le corresponde un uso pblico no moderado, no masificado, interesado por el espacio libre activo y el desconocimiento de los sistemas naturales. Se potenciar la utilizacin del espacio para la observacin naturalista de los elementos ms caractersticos e interesantes de La Mitjana. Se realizarn actuaciones de gestin del medio natural para mejorar la vegetacin y los hbitats faunsticos, de sealizacin de senderos naturales, de establecimiento de equipamientos para facilitar la observacin, de sealizacin y tratamiento de la vegetacin para regular el acceso del pblico. rea de interpretacin ambiental: rea natural que contiene, en un espacio reducido y unificado, una alta diversidad de ambientes naturales bien conservados y representativos de La Mitjana. Lugar destinado a facilitar el espacio libre e interpretacin de los diferentes elementos naturales de La Mitjana por parte del pblico visitante, mediante itinerarios autoguiados y sealizacin informativa. Se potenciar la utilizacin del espacio por todo tipo de pblico. Esta zona ha de ser el complemento de paseo y 86

El ro Segre, eje del Plan de Espacios Libres en Lleida

educativo destinado a la utilizacin por los usuarios de la zona de pcnic adyacentes y por los escolares que visiten La Mitjana. Se harn actuaciones destinadas a facilitar la observacin e interpretacin de los diferentes elementos naturales mediante recorridos autoguiados. Actuaciones de mejora de los ambientes naturales para aumentar la calidad y la diversidad paisajstica de la zona. rea de uso pblico: rea natural fuertemente afectada por la influencia humana, con diferentes niveles de degradacin. Espacio preparado para recibir, canalizar y ofrecer oportunidades deportivas, educativas y de ocio para todos los visitantes de La Mitjana. Se admite todo tipo de uso pblico intenso, excepto los prohibidos por la normativa. Se admite y se fomenta especficamente el uso de pcnic, deportivo y de paseo. Se realizarn actuaciones de gestin del medio natural para mejorar los ambientes naturales, de arreglo de caminos e instalacin de mobiliario, de sealizacin de caminos, normativa e informacin general. Actuaciones de control y correccin de impactos de las actividades deportivas y de ocio. 3.1.2. El tramo urbano del parque del Segre El recuerdo de los efectos de la riada propici el aunamiento institucional para abordar los trabajos de canalizacin y ordenacin del parque urbano, finalizados el ao 1995. Las obras realizadas finalmente comprenden un tramo urbano de 2.700 m y uno rural de 300 m de longitud, desde el azud de derivacin del canal de Sers hasta el puente de los Institutos, en el primero, y hasta la Estacin Depuradora de Aguas Residuales en el segundo. Toman la forma de un canal de aguas bajas, que se corresponde con el cauce habitual del ro. El canal de aguas bajas se sita ms prximo a la margen derecha y sigue una seccin trapezoidal de 36 m en la base. De acuerdo con los caudales histricos del ro, el canal ha sido diseado para un caudal de 50 m3/s, que el ro no suele superar ms que en uno de cada cuatro das al ao. En la medida que los materiales y caractersticas de la construccin reproducen unas condiciones naturales del lecho, el caudal habitual del ro ha de permitir, por otra parte, el mantenimiento de su flora y su fauna ms ligada a los ambientes con agua permanente. El canal de aguas altas viene marcado por el nuevo muro de la margen izquierda, que en su parte inicial se encuentra a 400 m de la margen derecha para pasar, a continuacin, a seguir una distancia media de 150 m. Se obtiene un canal con una capacidad para conducir un caudal de 3.500 m3/s, correspondiente con periodos de retorno de ms de 50 aos, que a su vez permite la coexistencia de un amplio espacio verde inundable durante unos pocos das del ao y apto para usos ldicos de los ciudadanos. Con esta finalidad se ha establecido una zona de csped entre los muros y el canal de aguas bajas completada con mobiliario urbano de zonas de paseo. El csped plantado es especialmente resistente a las inundaciones hasta la 87

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cota que determina un caudal de crecida de aguas de 200 m3/s y es complementado con una instalacin de riego por aspersin. El diseo de los paseos laterales a la altura de los muros y los accesos mediante nueve escaleras para peatones y cinco rampas para vehculos de mantenimiento y conservacin, contribuyen a realzar el espacio y avanzar en la recuperacin del ro por los ciudadanos. 3.1.3. La propuesta del Parque Fluvial [Link]. El eje del Segre y los diversos parques Una de las principales ideas de la revisin del Plan General de Lleida es la articulacin de espacios diferenciados del Segre (de Norte a Sur): La Mitjana espacio de inters natural, el Parque del Segre ro urbano y el Parque Fluvial en el meandro de Rufea-Butsnit. El parque fluvial propone tratar el meandro de Rufea como parque que admitiera una presin antrpica mediana y que permitiera el uso del agua para actividades que hicieran de ella su centro. En este sentido se ha de tener en cuenta las aspiraciones de los clubes de piragismo y de las diferentes asociaciones de pescadores. La recuperacin de un espacio natural degradado donde ha desaparecido prcticamente el bosque de ribera se puede compaginar con la utilizacin no intensiva del mismo para actividades recreativas ldico-deportivas. [Link].a. El Parque Fluvial. El meandro de Rufea El Segre, en el sur del puente de la N-II, describe un amplio meandro donde pierde 3,50 m de cota y deja a su derecha un espacio relativamente llano, escalonado en terrazas fluviales de unas 100 ha de superficie. En la margen izquierda del ro, se ha construido ltimamente la Depuradora de Lleida, la cual vierte al ro, en temporada alta, unos 800 l/s de aguas tratadas. Como consecuencia de los usos que ha tenido que soportar y soporta an, el bosque de ribera ha desaparecido prcticamente de la zona quedando solamente unos pocos trozos, el resto est invadido por especies vegetales pertenecientes a etapas posteriores de degradacin, vegetacin oportunista. Dispersas a lo largo del recorrido del ro, se pueden ver varias obras de defensa de las riberas hechas de escollera. El actual trazado del Tren de Alta Velocidad (AVE), atraviesa la zona a unos 10-15 m de altura por encima del terreno natural. Tanto el ro como la depresin de su plano de inundacin se salvan por medio de un viaducto de 1.100 m de largo. La estacin estar situada entre el espacio que estamos describiendo y la actual N-II convirtindose rpidamente en el elemento que cerrar la ciudad por el Sur. 88

El ro Segre, eje del Plan de Espacios Libres en Lleida

Propuesta de actuacin El objetivo fundamental de la actuacin es completar el Segre como eje de Lleida por el Sur, recuperando el espacio que enmarca el meandro de Rufea-Butsnit en una zona naturalizada que permita una presin humana mediana y donde se puedan desarrollar actividades ldico-deportivas relacionadas con el agua. El elemento fundamental del Parque lo constituye el canal de piragismo con unas dimensiones en planta de 1.200 x 130 m. Su posicin en el meandro est condicionada por la presencia del trazado del TAV y por los condicionantes hidrulicos en riada, sequa o rgimen fluvial habitual. Se propone que el canal pueda admitir una parte de la riada que puede circular por el Segre para aligerar los caudales que circulan por el ro en la zona del meandro. En consecuencia, se disea el Canal que 1.000 de los 3.500 m3/s que puede llevar el Segre, puedan pasar por l. Esto exige la construccin de dos aliviaderos de labio fijo en los dos extremos del Canal, uno para admitir la punta de la riada y el otro para desaguarla al ro. La alimentacin de todo el sistema hidrulico se realiza por medio de la elevacin del nivel de la lmina de agua del ro 1,5 m provocada por la construccin de un nuevo azud justo antes del afluente de la Depuradora. La elevacin del nivel del agua al ro crear un pequeo embalse el cual llegar hasta el puente de la N-II. Se propone renovar toda el agua del sistema para evitar problemas de eutrofizacin y calidad de aguas cada cuatro das. El segundo elemento, por orden de importancia, en la estructuracin del Parque es el sistema de balsas interconectadas situadas a un nivel poco ms bajo que el del canal de remo, alimentando, en el extremo sur al canal de aguas bravas. Debido a que el canal de remo tiene que estar, por condicionantes econmicos e hidrulicos, a la mxima cota posible, se pueden aprovechar 3 m de desnivel del ro para establecer un canal de aguas bravas con pendientes del 1 al 2% suficientes para el rgimen hidrulico necesario (aguas rpidas). La vegetacin que envuelve las balsas superiores ser de prado hmedo o caizares de ribera, permitiendo el desarrollo de la pesca deportiva. El tercer elemento, lo constituye una gran explanada rectangular orientada perpendicularmente a la alineacin de TAV. En los dos extremos de la explanada se sitan los edificios ms caractersticos del Parque. Al Sur el edificio de servicios, con club, local social, bar y restaurante, vestuarios, hangares para embarcaciones, etc. Al Norte, el centro deportivo, cerrando la explanada con el TAV a su espalda, y una pista de atletismo a la que da servicio. A lo largo de la explanada se distribuyen una serie de edificaciones para usos diversos: centro de divulgacin ambiental, bares y restaurantes. Rodeando la explanada y separndola del ro, se propone elevar el nivel del terreno con los materiales provenientes de la excavacin del canal 89

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ESPAIS DE MOBILITAT I TRANSPORT EIXOS CVICS PEATONALS-HISTRICS ACCESSIBLES CVICS DE BARRI PASSEIGS I AVINGUDES PLACES I JARDINS PARCS A. Parcs del Tur de la Seu Vella (Parc Mrius Torres, Vessants verdes del Tur, Baluarts). B. Parcs del Camps Elisis (Parc del Camps Elisis, Parc Firal, Parc de lAiga). C. Parc del Riu Segre (Parc Fluvial, Parc del Segre, Parc daiges de les comportes, Parc natural de la Mitjana). [Link] linial del canal de Sers, Campament de la Canadenca, canalpasseig. E. Parcs del Tur de Gardeny. F. Parc Botnic (Viver forestal i vores de la Squia Major).

G. Parcs dels Hospitals. H. Parcs de Balafia-Sec. I. Parcs de Pardinyes. J. Parc de Mangraners. L. Parc de CapaPont-Campus Universitari. M. Parc de la Bordeta. ITINERARIS VERDS DE CONNEXI: LA SENDA URBANA ESPAIS URBANS AMB GRANS SUPERFICIES LLIURES INDRETS ESPECIALS REES DE JOC INFANTIL, O JOCS URBANS EMPLAAMENTS PROGRAMA DESCULTURA AL CARRER NODES I FITES SIMBLIQUES APARCAMENTS PBLICS EQUIPAMENTS

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Figura 1. Sistema de espacios libres urbanos. Propuesta.

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de remo para proteger toda la zona de los efectos de las riadas. As se creara un fondo que tendra salida al ro por un nico punto que es posible controlar por medio de una compuerta que estara cerrada en caso de riada. En este punto confluira con la balsa inferior del canal de aguas bravas. Las actuaciones complementarias, fuera de la zona tratada, son: la elevacin de la cota de la margen izquierda del Segre entre el punto de la NII y la Depuradora, la construccin de un camino externo al parque que conecte los conreos con el camino de Rufea, la reposicin de los sistemas de regado interceptados, la proteccin de la margen izquierda del ro delante de donde desguaza el aliviadero inferior y la conectividad del parque con la ciudad, garantizada ahora por el camino del ro, pero que habr que estudiarse posteriormente junto con la urbanizacin de la zona de la estacin del TAV. 3.1.4. Las reas de reserva natural El ecosistema fluvial se caracteriza por poseer una elevada dinmica natural fruto de las adaptaciones de los seres vivos a la existencia de riadas peridicas que modifican violentamente el hbitat. Como consecuencia de estas adaptaciones las comunidades vegetales se encuentran dispuestas ordenadamente segn un eje perpendicular al ro, en funcin de su capacidad para resistir el efecto de la subida de las aguas. As, aquellas especies como los sauces o el caizar, que tienen tallos flexibles que oscilan con la fuerza de las aguas sin romperse y recuperan su posicin una vez ha pasado la avenida, se disponen en primera lnea de agua. Tienen adems la capacidad de resistir el encharcamiento de los suelos sin que se pudran sus races, gracias a un sistema radicular esponjoso. En cambio, aquellas especies menos flexibles y con mayor necesidad de aire en el suelo como los lamos o los olmos se disponen siempre ms alejados de la primera lnea fluvial y, a menudo, en pequeos montculos que alejan las races de un nivel fretico prximo a la superficie. La vegetacin frondosa y la presencia de agua propician tambin la existencia de una abundante comunidad faunstica ligada a los cursos de agua que encuentra recursos alimentarios y escondites apropiados para el descanso y la reproduccin. Adems de las especies sedentarias, los cursos fluviales son utilizados como eje de las rutas migratorias interiores de las especies acuticas, que aprovechan las lagunas o zonas embalsadas de los ros para sus paradas de descanso. Estas caractersticas, junto con el carcter filiforme del ro, lo convierten en un elemento privilegiado que acta como corredor biolgico y que es utilizado preferentemente para la circulacin de animales y la dispersin de las plantas. En un entorno como el de la plana de Lleida, de carcter agrcola intensivo, el ro acta como conector biolgico entre las montaas de Prades y las primeras sierras prepirenaicas, permitiendo tambin la distribucin de especies por los espacios naturales que quedan recluidos y dis92

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persos en el interior de la plana. El cumplimiento de estas funciones pasa por el mantenimiento del lecho del ro y sus mrgenes como un continuo fsico. Agua, vegetacin abundante, fauna diversa, paisajes exuberantes,... son elementos de gran atraccin para las personas que utilizan los ecosistemas fluviales para numerosas actividades de ocio, deportivas, educativas o, simplemente, de descanso. La conservacin de los mrgenes fluviales, pero tambin la intervencin sobre actividades que degradan el medio, la restauracin de espacios de ribera para conseguir la continuidad fsica de los mrgenes y la conexin con zonas de inters natural es la idea que gua los contenidos de la revisin del Plan General de Lleida sobre la ordenacin fluvial con el objetivo de que el ro sea el eje de los espacios libres territoriales de Lleida. As, el ro y sus mrgenes se califican como espacios de inters natural sobre los cuales se restringen todas aquellas actividades incompatibles con su funcin ecolgica y se proponen medidas de restauracin de reas degradadas o con actividades que degradan el medio natural para conseguir un continuo arbolado de las mrgenes fluviales. 3.1.5. El Ecomuseu del Agua La idea de crear un Museo del Agua en Lleida tiene su origen en los meses posteriores a la riada del 8 de noviembre de 1982, y mantiene relacin con la preocupacin del desarrollo de la ciudad hacia el margen izquierdo. La idea se inspir en los estudios tcnicos que la ciudad de Viena puso en marcha para superar la inundacin que sufri en 1974. Estos estudios propusieron la canalizacin del Danubio y la urbanizacin del canal y del parque urbano el Prater situados en la margen izquierda de la capital austraca. Esta simetra urbanstica gener la idea matriz, junto con los valores patrimoniales del agua en Lleida. El hecho de que Lleida contara con dos elementos equivalentes el Segre y el Canal de Sers, que podan estudiarse conjuntamente, hizo cristalizar una primera y esquemtica propuesta del Museo del Agua, contemplada en el convenio de FECSA y la Paeria, firmado en diciembre de 1986. Esta voluntad de colaboracin dio lugar a diversos frutos, como la transformacin de La Mitjana en parque natural, la destinacin a espacio pblico del Chalet de la Canadenca del Campamento de La Bordeta, y la celebracin con una exposicin y un libro del 75 aniversario del Canal de Sers - La Canadiense (1987). [Link]. Un museo interdisciplinario para un patrimonio integral La importancia del agua como elemento de vida y de organizacin espacial permite definir una opcin musestica para la ciudad de Lleida, que mediante la valorizacin del patrimonio natural, etnolgico e industrial, 93

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RED VIARIA BSICA Autopista A-II Autova Lleida-Cervera Carreteras del Estado Carreteras de la Generalitat Carreteras de la Diputacin RED FERROVIARIA Tren de alta velocidad (AVE) Estaciones de ferrocarril Red aeroportuaria Aerdromo de Alfs Helipuerto de Gardeny RED DE INFRAESTRUCTURAS Oleoducto Gaseoducto Fibra ptica Colectores territoriales y depuradora Agua potable, depuracin y distribucin Vertedero de residuos Canales y acequias de riego Red de espacios de inters natural EN1 Alfs (PEIN) EN2 Mas de Melons (PEIN) EN3 Tossals de Torregrossa (PEIN) EN4 Utxesa (PEIN) EN5 Confluencia Segre-Noguera Ribagorana EN6 Sierra Bellmunt (PEIN) EN7 Sierra Llarga (PEIN) EN8 Tossal de Moredilla EN9 Arboledas de Granyena EN10 La Mitjana EN11 Torreribera EN12 Arboledas de Rufea EN13 Cerdera

EN14 EN15 EN16 EN17 EN18 EN19 EN20 EN21 EN22 EN23 EN24 EN25

Raimat Suchs-Suquets El Bou El ro Segre Molino de Picabaix Tossals de Vallcalent Turons de la Caparrella Tossals de Greal Camino de las Encinas Tossal de la Nora Tossals de Alcoletge Tossals Pedrs y Petit de Albatrrec EN26 Plataforma de la Acequia Cuarta EN27 Ro Set CORREDEDORES DE INTERS PAISAJSTICO IP1 IP2 IP3 IP4 IP5 El ro Segre El ro Noguera Ribargorana El altiplano de la Cerdera El corredor dels Turons La ronda paisajstica de la Variante

RED DE EQUIPAMIENTOS TERRITORIALES Aerdromo deportivo Estacin del AVE Mercado Central Abastecimientos Feria Canal de Piragismo Vertedero comarcal Campo de Golf Ampliacin de Les Basses

4 5 6 7 8 9

Leyendas de la figura 2.

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El ro Segre, eje del Plan de Espacios Libres en Lleida

Figura 2. El Ro Segre, eje del Plan de Espacios Libres.

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permitiera articular propuestas pedaggicas y ldicas ligadas a un criterio de ordenacin territorial, siguiendo tres lneas: Interpretacin de los paisajes del agua (ecosistemas y ecologa del agua, ciclo hidrolgico, el agua como recurso, como base de produccin de biomasa, las cuencas hidrolgicas de las tierras de Lleida...). Interpretacin de las culturas del agua (relacin del agua con formas de subsistencia, de organizacin y de relacin de las sociedades humanas, usos domsticos, higinicos, rituales y ldicos, la simbologa del agua...). Usos productivos y energticos del agua (usos agrcolas, produccin de energa elctrica y calorfica, el agua como fuerza motriz de uso industrial). [Link]. Una estrategia territorial para el funcionamiento del museo Es una propuesta de articulacin urbanstica de los espacios del margen izquierdo del Segre en funcin de la utilizacin del trazo del Canal de Sers como un paseo urbano, que integrara la Feria en un solo conjunto de espacios culturales con una triple funcionalidad musestica, ldica y de documentacin y de investigacin. Las funciones musesticas clsicas pueden ser complementadas por el aprovechamiento de la energa trmica y dinmica de las aguas del Canal de Sers como soporte de instalaciones deportivas (pista de hielo, pabellones deportivos) y atracciones mecnicas clsicas (noria, tiovivo). El museo puede tambin impulsar entidades que fomenten la investigacin sobre aspectos bsicos para las Terres de Lleida como el sector agrario y las tecnologas del riego, y que operaran como centros de documentacin y de informacin para la restitucin de estos estudios, coordinando la accin con otros centros (Universidad, Escuela de Ingenieros Agrnomos). La estructura se basa en un esquema musestico territorialmente disperso, que potencie una valorizacin coordinada de parajes del territorio de la plana del Segri dentro del Pirineo, o instalaciones de inters, relacionadas con elementos como los riegos agrcolas (azudes, pozos, norias, acequias), los usos domsticos (fuentes, lavaderos, plantas depuradoras) y ganaderas (abrevaderos), la energa motriz (molinos, aserraderos, fbricas textiles), la energa elctrica (red de presas hidroelctricas, antiguos molinos), el medio ambiente (itinerarios de naturaleza relacionados con espacios como San Lorenzo, Utxesa o La Mitjana), el ocio y el turismo (estaciones de esqu, deportes de ro y de aventura, estaciones termales), u otros elementos como las salinas. El museo se ubicara en el margen izquierdo de Lleida, en el eje del Canal de Sers. Si bien la propuesta a largo plazo es la construccin de un edificio central, en una primera fase se podran utilizar los dos edificios histricos (de propiedad municipal), el Chalet de la Canadenca (cesin de FECSA-Convenio de 1986) y el Molino de San Anastasio (adquisicin de la Paeria 1995). La definitiva ubicacin queda supeditada al planeamiento urbanstico del margen izquierdo, en el nuevo Plan General de Lleida 19952015 en curso de tramitacin. 96

PAISAJES FLUVIALES DE LAS CIUDADES DE LA RED C-6


Francisco PELLICER CORELLANO

1. INTRODUCCIN Los cursos fluviales conducen el agua como flujo que entreteje los medios naturales y rurales con los urbanos, generando mltiples paisajes reflejo de su uso y funciones. Los paisajes fluviales sirven en este trabajo de hilo conductor para detectar los problemas medioambientales en su realidad compleja, comprender el funcionamiento de la interfase ro-ciudad y elaborar propuestas en el ejercicio del proyecto sostenible de las ciudades de la Red C-6. Las ciudades de la Red C-6 (Barcelona, Montpellier, Palma de Mallorca, Toulouse, Valencia y Zaragoza) nacieron al amparo del agua, su historia es inseparable a la de sus ros y costas. En la actualidad reflejan sus aspiraciones en el dominio y disfrute del recurso agua. Las ciudades de Toulouse y Zaragoza, situadas estratgicamente en el centro de sus respectivas cuencas, al norte y sur de los Pirineos, estn emplazadas sobre terrazas de los ros Garona y del Ebro. Valencia, asentada junto al Turia, y Montpellier dominando sobre el Lez, se encuentran prximas pero separadas de la costa y emiten largos apndices hasta el mar. Todas ellas tienen en comn la disimetra de su desarrollo urbano respecto al eje fluvial y una permanente ansia de desarrollar la margen atrofiada. Finalmente, Barcelona y Palma de Mallorca son genuinamente costeras, sus ros o ramblas son elementos secundarios y comparten su lucha por obtener los recursos hdricos. En las cuencas fluviales mediterrneas, el clima determina el volumen y el ritmo de las entradas de masa y energa en el sistema. Al verano seco, caluroso y largo se contrapone un invierno suave, ligeramente hmedo y ms corto, de tal modo que el perodo de menores precipitaciones coincide, para desgracia de los propsitos humanos, con el mximo de evaporacin y mayor demanda de agua. Las lluvias ms abundantes precipitan en primavera y otoo. Ligadas al importante poder ciclognico del Mediterrneo 97

Francisco Pellicer Corellano

durante el otoo, en la franja inmediata al Mediterrneo occidental se registran precipitaciones extremas, muy variables en cuanto a intensidad y volumen, en su distribucin espacial y en su recurrencia interanual, que llevan consigo una peligrosidad importante. La complejidad del sistema viene aumentada por la enorme variabilidad que afecta a los elementos fundamentales. La escala y naturaleza de tales fenmenos introduce un importante factor de incertidumbre y riesgo en todo intento de modificacin del sistema natural por el hombre. Los ros de las ciudades de la Red C-6, con la excepcin de Toulouse drenada por el Garona hacia el Atlntico, vierten sus aguas al Mediterrneo. La convergencia LAriege con el Garona, sin duda nica entre los ros europeos, concentra a las puertas de Toulouse la escorrenta de un frente de 150 km de longitud que incluye las cotas ms elevadas de la Cordillera de los Pirineos (SMPAG, 1989), hecho que le confiere un rgimen de crecidas peligrosas y devastadoras. En la cuenca del Ebro, en cambio, los afluentes pirenaicos se estructuran en dos importantes convergencias, EgaAragn y Cinca-Segre, ambas muy distantes aguas arriba y aguas abajo respectivamente de la ciudad de Zaragoza. Exceptuadas las grandes cuencas del Rdano y Ebro, la fachada mediterrnea franco-espaola presenta la forma de un anfiteatro montaoso compartimentado en cuencas relativamente pequeas, caracterizadas por ros de caudales inestables, frecuentes estiajes y violentas crecidas, que conforman en su desembocadura abanicos aluviales y deltas. El ro Turia, vinculado con la ciudad de Valencia, el Llobregat y Bess, ligados a Barcelona, y el Lez, estrechamente unido a Montpellier, representan una muestra diversa y expresiva de las variantes introducidas por el tamao de la cuenca de drenaje y otros factores secundarios como la propia estructura de la cuenca, la litologa circulacin krstica, la cubierta vegetal y las intervenciones del hombre creando infraestructuras desde pocas muy remotas para el regado de las llanuras aluviales (huerta de Valencia, deltas del Llobregat y del Bess), para la defensa frente a las inundaciones y para el aprovechamiento energtico con ingeniosos sistemas que facilitaron su temprana industrializacin (Catalua). En Mallorca, los cursos permanentes son prcticamente inexistentes, la red hidrogrfica est caracterizada por los torrentes o ramblas estacionales. En cambio, el sustrato litolgico calcreo favorece la infiltracin y el desarrollo de un importante sistema krstico. De este modo, con recursos hdricos superficiales apenas apreciables, las aguas subterrneas son la principal fuente de abastecimiento de la isla.

2. LA INTERFASE RO-CIUDAD COMO PAISAJE El paisaje como representacin ambiental de un sistema de relaciones ecolgicas y culturales. La nocin de sistema puede ser definida como un 98

Paisajes fluviales de las ciudades de la Red C-6

conjunto de elementos ordenados para un determinado fin. As hablamos del sistema de las seales de trfico, del sistema circulatorio del cuerpo humano, de los sistemas econmicos, polticos, etc. Cuando nos referimos al conjunto de condiciones que facilitan el desarrollo de la vida los denominamos ecosistemas. Es bien conocido, por otra parte, que las interfases son el campo de accin de dos o ms sistemas, y como tal, donde se concentran las mayores tensiones y los principales recursos: los de cada uno ms los surgidos como conjunto. En sentido geoecolgico, los paisajes fluviales de las ciudades se encuentran en la frontera entre los subsistemas natural, rural y urbano conjuntos que difieren por su fisonoma, su funcin y, sobre todo, por el diferente uso de la energa y podra definirse como el espacio de conflicto o interfase entre ellos. Del mismo modo que estudiando una playa se pueden conocer las caractersticas esenciales del mar y del continente en un determinado lugar, en el paisaje fluvial urbano y periurbano se reconocen la ciudad y su entorno rural y natural. Esta fachada frente al agua, sujeto de crisis, conflictos e intereses, es uno de los sectores ms ricos en cuanto a informacin sobre la vitalidad econmica y ecolgica de la ciudad. Es fiel exponente de la calidad ambiental, de la eficacia de la gestin, de la cultura y civismo de sus habitantes, de la intensidad de los procesos especulativos... El paisaje fluvial urbano se convierte as en la representacin ambiental de un sistema de relaciones, principio fundamental de toda comprensin global, esencial para la correcta gestin del territorio. Una empresa no puede ser identificada con el espacio fsico que ocupa, es ante todo un nodo, un nudo, en una red compleja de produccin de bienes o servicios en la que intervienen capitales, productores, suministradores, distribuidores, consumidores,... unidos por flujos de energa, de capital, de personas y de mercancas. Del mismo modo, la ciudad no es slo el espacio construido, es ante todo un nodo en el sistema regional, estatal o internacional. El nuevo orden de la ciudad como retcula compleja, difcilmente definida por confines territoriales y caracterizada por todo tipo de flujos de energa, econmicos, de personas y mercancas, no puede desarrollarse sin el respeto e integracin de los flujos hdricos, elementos naturales que alcanzan elevadas cotas de significacin cultural y tecnolgica cuando interpenetran los sistemas rurales y urbanos. Los espacios fluviales proporcionan a las ciudades mediterrneas, adems del agua de abastecimiento y la evacuacin de residuos, recursos energticos, materiales de construccin, espacios de recreo, condiciones trmicas e higromtricas que suavizan el clima tpicamente urbano, caracterizado sobre todo por el aumento de la temperatura y descenso de la humedad relativa (isla trmica urbana) y favorecen el reciclado del aire contaminado. A cambio reciben los impactos generados por los drsticos cambios en el ciclo hidrolgico debido a la construccin de redes de abastecimiento, de alcantarillado y de drenaje, extraccin de las aguas subterrneas, construccin de superficies impermeables, modificaciones de la red hidrogrfica, encauzamientos y final99

Francisco Pellicer Corellano

Figura 1. El corredor del Ebro en Zaragoza es un ejemplo de interfase entre los flujos naturales del ro y los flujos culturales de la ciudad. Cualquier plan de recuperacin debe integrar los dos subconjuntos del sistema vital urbano.

mente, cambios enormes en el paisaje, caracterizado muchas veces por su artificiosidad, patrones prismticos y ritmos repetitivos, ocultacin o desnaturalizacin de panormicas. El agua conducida canales, acequias, aljibes, acueductos, fuentes... ha tenido un fuerte valor estratgico y estructurante en el urbanismo de las ciudades mediterrneas. Los ros, en cambio, han tenido un fuerte carcter marginal. La relacin ro-ciudad es muchas veces un matrimonio de conveniencia lleno de complicidades y de temores. La ciudad tradicional se ha comportado como el elemento pasivo que soporta, defendindose en la medida de sus posibilidades tcnicas y econmicas, el temperamento brutal del ro. ste con frecuencia ha sufrido el agotamiento de su caudal y la compresin de sus mrgenes, y ha recibido todos los desechos lquidos y slidos del metabolismo urbano. En las ltimas dcadas, el modelo tradicional ha experimentado drsticos cambios debido a la fuerte demanda de suelo para expansin urbana (extensas urbanizaciones de desarrollo horizontal, segundas residencias, equipamientos e infraestructuras diversas, viales de comunicacin y transporte) y de materiales para la construccin, la gran capacidad tcnica para la transformacin de estos medios (encauzamientos, puentes, grandes infraestructuras...), la desvalorizacin en trminos econmicos de las actividades agrcolas de su entorno periurbano, la enorme produccin de dese100

Paisajes fluviales de las ciudades de la Red C-6

chos y la presin de los ciudadanos que reclaman lugares de ocio y esparcimiento pblicos y privados. Los corredores fluviales y las huertas asociadas no son espacios residuales donde la trama urbana continua se descomprime. Bien al contrario, ha de pensarse una ciudad donde los espacios abiertos (urbanos, rurales y naturales) sean su nueva trama, una trama a la escala de metrpolis y sus altas relaciones dinmicas (PECSI, 1995), presidida por la calidad ambiental, porque el medio ambiente es una componente de la calidad de vida, porque se comporta como factor de localizacin de actividades e incluso porque se presenta hacia el futuro como un gran fondo de empleo (GMEZ OREA, 1995). El conflictivo maridaje ro-ciudad se resuelve en la Red C-6 de muy diversas maneras: el divorcio y la expulsin del ro fuera de la ciudad (el Turia y Valencia), el enterramiento y la ocultacin (el Huerva en Zaragoza, el Verdanson en Montpellier), el encarcelamiento entre muros de hormign (el Bess en Barcelona), el coqueteo y enamoramiento por la imagen (el Lez en Montpellier), la convivencia en el olvido (el Ebro y Zaragoza). En la actualidad se asiste a un renovado esfuerzo por reconciliar y reconducir esta obligada relacin. Los organismos oficiales y los intereses particulares confluyen en la necesidad de ordenar el espacio urbano-fluvial teniendo en cuenta la gran potencialidad geoecolgica y econmica, la fragilidad y los riesgos que caracterizan estos medios. Los paisajes del agua que conforman los cauces y riberas en el medio urbano son la sntesis de un sistema de relaciones naturales y culturales que han de tenerse en cuenta para no caer en el despilfarro de los recursos ni increpar a las catstrofes llamadas naturales.

3. TIPOS DE PAISAJE FLUVIAL EN LAS CIUDADES DE LA RED C-6 A efectos meramente expositivos y aun a riesgo de generalizar en exceso, se han establecido unos tipos fundamentales de paisaje fluvial urbano de la Red C-6, diferenciados por el grado de intervencin humana e identificados por su fisonoma, funcin y grado de intervencin humana.

3.1. LOS PAISAJES NATURALES: SOTOS Y GALACHOS DEL EBRO Zaragoza goza del privilegio, escasamente conocido y valorado, de poseer todava espacios naturales fluviales a las puertas de la ciudad: los Galachos de Juslibol y La Alfranca y los Sotos de Ranillas y Cantalobos. El Galacho de Juslibol, sin duda el enclave natural de mayor significacin del municipio, dista apenas tres kilmetros del casco urbano. Desde 101

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1984 es propiedad y est gestionado por el Ayuntamiento de Zaragoza. Corresponde a un meandro abandonado parcialmente inundado y a un conjunto de lagunas con origen en excavaciones realizadas para la explotacin de ridos en la dcada de 1970, entre las que se ha desarrollado un cerrado bosque de ribera. La superficie del Galacho es relativamente reducida: 200 ha. El espacio de las lagunas y los sotos espontneos, integrado en el ecosistema fluvial del Ebro, limita por el Norte con un paisaje estepario de colinas y barrancos modelados en yesos, y en el contacto entre ambas unidades se interpone un abrupto e inestable escarpe de 60 m de desnivel. El espacio fluvial, las colinas esteparias y el escarpe, forman una rica combinacin de elementos geomorfolgicos, hidrolgicos, botnicos, faunsticos y culturales que hacen de este lugar uno de los paisajes ms interesantes del municipio y del Ebro medio.

Figura 2. Galacho de Juslibol. Una excelente muestra de la dinmica natural del ro Ebro que lleva camino de convertirse en un recurso cultural y recreativo de primer orden para la ciudad de Zaragoza.

Desde 1989, el Ayuntamiento, en colaboracin con la Universidad de Zaragoza y grupos ecologistas, emprendi una serie de estudios, de obras de recuperacin y de prcticas educativas. En la Comisin para la Proteccin del Galacho de Juslibol y su Entorno, constituida en 1995, los responsables polticos, los tcnicos de la Administracin local, los investigadores universitarios, las asociaciones ecologistas y los usuarios del espacio debaten 102

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los proyectos de actuacin. Las obras realizadas hasta el momento garantizan la plena recuperacin del espacio. El Comit Espaol del Proyecto MAB ha manifestado su apoyo institucional hacia esta experiencia piloto de recuperacin de espacios hmedos periurbanos. En esta misma lnea de recuperacin de espacios verdes, cabe destacar el proyecto Lez vert de Montpellier. Comprende un corredor verde de ms de 6 km entre el espacio periurbano de La Valette y el centro en Antigone. Entre la presa de Montaubrou y el parc Rimbaud se ha creado una nueva lmina de agua de 1,5 km y se ha protegido, rehabilitado y mantenido la vegetacin de las riberas, se ha rehabilitado y abierto al pblico el parque Rimbaud, se est creando un camino peatonal y ciclable paralelo al ro y equipamientos de ocio y animacin.

3.2. EL JARDN PRODUCTIVO: LA HUERTA DE VALENCIA La fertilidad de las tierras aluviales, el clima benigno y el trabajo constante durante milenios ha creado una de las expresiones ms altas de la cultura mediterrnea del agua: la huerta. La huerta de Valencia se identifica como un espacio llano y abierto, regado por las acequias histricas del ro Turia, estrechamente vinculado a la ciudad, dedicado al cultivo intensivo de hortalizas con algunos rboles aislados, en minifundios salpicados de alqueras y barracas. Pero es algo ms, es sobre todo una cultura, unos saberes, una lengua, unas costumbres. Por ello, la huerta de Valencia, donde la diversidad ecolgica est trenzada con valores estticos y simblicos del sustrato arcaico mediterrneo, constituye una rica herencia cultural, fundamento de salud y bienestar social, que ha de administrarse como un recurso nico e irrepetible. Sin embargo, est siendo arrollada por el crecimiento irracional y continuado de la ciudad y sufre intensamente la degradacin progresiva de sus valores. La huerta se ha convertido en una franja en espera de urbanizacin, y se ve impactada por un planeamiento e infraestructuras alterantes, planteadas exclusivamente desde la lgica de la ciudad y por multitud de agresiones y ocupaciones que rompen la estabilidad del espacio agrcola y los ecosistemas naturales. Cabe destacar, el fuerte impacto del Plan Sur, mediante el cual la ciudad expuls al ro al espacio periurbano, la presencia del puerto que invade de contenedores el rea prxima, el desarrollo urbanstico de la propia ciudad y de los ncleos de poblacin prximos, las propias instalaciones universitarias, las cocheras del metro, cinturones viarios de circunvalacin... La desvalorizacin de sus productos, pero sobre todo, la crisis general del sistema de la huerta, lleva consigo, adems, el abandono de las prcticas tradicionales, substituidas por el cultivo de ctricos y otros frutales que requieren menos dedicacin. La comparacin del mapa de usos del suelo de 1956 y 103

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1991, muestra de modo alarmante la prdida de superficie de huerta, limitada a la aureola inmediata de la ciudad.

Figura 3. La huerta de Valencia. Un exponente paradigmtico del valor cultural de los paisajes mediterrneos sucumbe ante el avance del frente de edificios y la mala calidad del agua.

La amenaza se acenta cada da. Especialmente desde el punto de vista medioambiental, pero tambin en trminos sociales y culturales, es un espacio desarticulado, debido al uso arbitrario que de l se ha hecho, sometido muchas veces a intereses privados, escudados por la inercia permisiva de las administraciones. La huerta est tocada de muerte despus de dcadas de improvisacin y desatinos, a pesar de los denodados esfuerzos de la Oficina del Plan Verde del Ayuntamiento de Valencia. Las nuevas funciones de los espacios rurales se basan de alguna forma en las privilegiadas condiciones ambientales que ofrecen frente a los espacios estrictamente urbanos. La huerta puede reorientar sus funciones: proporcionar alimentos frescos y de calidad que compitan en el mercado local, mantener la capacidad de produccin para la sociedad del futuro y reducir la dependencia del exterior, contribuir al reciclado de los ecosistemas urbanos degradados, ofrecer paisaje de calidad, abierto y natural en contrapartida al cerrado, artificial y tenso de la ciudad (GMEZ OREA, 1995) y ser soporte de numerosas actividades recreativas, deportivas y educativas demandadas por la nueva sociedad urbana. Numerosas actividades cientficas y educativas pueden desarrollarse sobre el patrimonio rural periurbano, contribuyendo a su con104

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servacin, conocimiento y valoracin, como ha sabido hacer Montpellier en la Valette. En determinados lugares, el espacio rural puede ser compatible con una urbanizacin muy abierta e integrada con los dems usos, controlada bajo requerimientos estrictos en cuanto a tipologa, volmenes y alturas, y manteniendo viarios filtrantes, arbolado y jardines. La tradicin de las alqueras y barracas de la huerta de Valencia podra cobrar un renovado impulso desde esta perspectiva y contribuir en buena medida a la revitalizacin del espacio. En cualquier caso, el resto de funciones del espacio periurbano dependen en gran medida de la vitalidad de los espacios agrcolas inmediatos. Finalmente, es muy importante tener en cuenta las necesidades reales de las gentes y su papel decisivo en la definicin y puesta en marcha de las estrategias socio-culturales, econmicas y ambientales (BRYANT, 1995). Sera justo, por otra parte, que quienes contribuyen con estas funciones a la mejora ambiental de la ciudad, sean compensados por este servicio en la medida de sus prestaciones.

3.3. LOS PAISAJES DEL MIEDO Y DEL DESAFO. SISTEMAS DE DEFENSA E INUNDACIONES Las crecidas fluviales constituyen una amenaza importante de las ciudades de la Red C-6. Cabe diferenciar entre las grandes cuencas del Garona y del Ebro, sistemas mayores y ms complejos, y las cuencas menores y ms simples de la periferia inmediata del Mediterrneo. Las crecidas del Ebro en Zaragoza destacan por su elevada frecuencia, a pesar de la progresiva regulacin de la cuenca. Las causas principales de su produccin son las lluvias intensas y la fusin nival provocada por precipitaciones lquidas asociadas a una elevacin de temperaturas. Son ms frecuentes en invierno. En Zaragoza, el 2 enero de 1961 se lleg a los 4.130 m3/s. El cauce de apenas 80 m en estiaje, alcanz 2,5 km de anchura en algunos sectores. Se inund el sector Ranillas-Balsas de Ebro Viejo donde en los aos ochenta se ha construido el barrio del ACTUR. En los ros de la fachada inmediata del Mediterrneo, las crecidas verdaderamente importantes son las otoales, repentinas y exorbitadas, desencadenadas por las precipitaciones de fuerte intensidad ligadas a la actividad ciclognica del mar Mediterrneo. El temporal de lluvias de 1957 que afect al sector levantino (en Jvea se registr el mximo histrico de 871 mm en 24 h) provoc el desbordamiento del Turia que inund la ciudad de Valencia, aneg toda su huerta y destruy buena parte de sus acequias, as como carreteras, vas frreas y puentes. En Catalua, las inundaciones del 25 de septiembre de 1962 fueron particularmente dainas: 973 personas perdieron la vida y la destruccin alcanz a 5.000 viviendas. El pequeo ro Lez y su afluente el Verdanson han provocado igualmente numerosas inundaciones en Montpellier. Le Grand-Bornand (1987), 105

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Nmes (1988), Vaison-la-Romaine (1992), Biescas (1996) recuerdan dramas ligados a precipitaciones y crecidas extraordinarias. El riesgo existe y se conoce, pero no se sabe cundo va a desatarse. Toulouse muestra en el Garona un esplndido conjunto hidrulicoarqueolgico-urbanstico. Hasta el siglo XX, las inundaciones fueron una amenaza para la margen izquierda de Toulouse y frenaron su urbanizacin. El esfuerzo por mantener un paso seguro entre las mrgenes del Garona no se materializ hasta 1632 con la construccin del Pont-Neuf, despus de 100 aos de trabajos. Para proteger la margen derecha del Garona se levant el gran dique Cours Dillon. En el siglo XVIII, la reconciliacin de la ciudad con su ro se materializ en la reconstruccin y embellecimiento de los edificios ribereos, el alineamiento de fachadas del frente fluvial, en ladrillo y con soportales, la construccin de muelles de ladrillo y el establecimiento de comunicacin permanente con el canal de Midi en PontsJumeaux. La torre del Agua, actual museo de fotografa, se construy en 1827 y distribua las aguas filtradas del Garona (Prairie des Filtres) a las fuentes de la ciudad mediante acueductos (MARCONI, 1996). En la actualidad, los asentamientos histricos han sido desbordados por acelerados crecimientos urbanos y tursticos y por infraestructuras viales y de todo tipo sin tener en cuenta, a veces, la dinmica de los procesos naturales. El riesgo se ha incrementado de modo exponencial, y no slo por los procesos inducidos por las transformaciones humanas de los sistemas naturales (impermeabilizacin, encauzamientos), sino tambin por la gran falta de memoria histrica, la percepcin incorrecta de la recurrencia del fenmeno, la excesiva confianza en las acciones de tipo estructural y no estructural, la dispersin de competencias administrativas, su falta de coordinacin y sus numerosos conflictos. La invasin de los cauces y llanuras de inundacin exige la construccin de embalses de laminacin de crecidas en la cuenca alta, numerosas obras aplicadas directamente sobre los cauces en los tramos urbanos (muros, escolleras, corazas de hormign, enlosados de piedra, dragados... que someten las funciones de los paisajes fluviales a la dictadura de la evacuacin rpida de las aguas) y otras medidas no estructurales como la zonificacin de reas inundables o los sistemas de previsin y alerta. Estas medidas estimulan, por otra parte, el proceso de urbanizacin de los lechos mayores de los ros, cerrando un crculo vicioso que se rompe cuando los fenmenos naturales desbordan las previsiones o cuando hay deficiencias en la gestin del sistema. El paisaje se reduce, muchas veces, a canales rectilneos calibrados para soportar las crecidas decenales o centenarias limitados por muros de hormign y pretiles que impiden el acceso. Un buen ejemplo, pero no el nico1, es

Barranco del Carraixet en Valencia, Llobregat en su delta, entre otros.

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Figura 4. El nuevo cauce del Turia en Valencia. El ro ha muerto bajo la dictadura de la evacuacin rpida de las aguas.

el Bess especialmente entre Montcada y la desembocadura. El corredor fluvial soporta todo tipo de infraestructuras viarias en sus mrgenes (Autopista A-17, Ronda Litoral B-10, ferrocarriles de Barcelona a Portbou y Puigcerd, diversas carreteras locales por ambas mrgenes, Nudo de la Trinitat y nueve grandes puentes en 8 km de longitud), habiendo desaparecido la totalidad de sus huertas en los ltimos decenios. El cauce de 130 m de anchura, limitado por taludes y muros de hormign entre 4 y 7 m, tiene un canal central de 20 m de anchura por 70 cm de profundidad por el que discurren las aguas, y el resto est completamente vaco salvo las enormes torres del tendido elctrico que se apoyan en su lecho, ms de 100 puntos de vertido y basuras y escombros. Es la expresin plsticamente brutal del paisaje del miedo. Sin duda, las acciones ms drsticas respecto a las inundaciones son las que expulsan los ros del centro de la ciudad al espacio periurbano. Tal es el caso paradigmtico del Plan Sur de Valencia. Despus de las trgicas inundaciones que padeci la ciudad en 1957, el Consejo de Ministros aprob en 1958 la propuesta del Plan Sur para la desviacin y encauzamiento del ro Turia. La Solucin Sur sac el Turia de la ciudad mediante un nuevo cauce de 12.692 m de longitud y 200 m de anchura, entre Manises y Pinedo. La capacidad de avenamiento, 5.000 m3/s supera en un 35% la onda de crecida mxima registrada en la riada de 1957. Evidentemente, el trazado del nuevo 107

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cauce supuso transformaciones drsticas sobre la huerta Sur (propiedad, red de acequias histricas, caminos y carreteras) y explica en buena medida el desarrolo urbanstico de la ciudad en las ltimas dcadas. La respuesta del sistema frente a futuras inundaciones excepcionales como las de 1957 mantiene no obstante un nivel de considerable incertidumbre, preocupando especialmente el punto de enlace entre el cauce antiguo y el nuevo.

3.4. LOS PAISAJES DEL ENTERRAMIENTO Y OLVIDO Las acequias, azarbes y ros del mbito urbano y periurbano reciben, adems de las lluvias con partculas de la atmsfera contaminada por la ciudad, el vertido de los efluentes agrcolas contaminados, los vertidos directos de industrias y del alcantarillado urbano. Tal es el caso de Valencia, donde las acequias histricas son las cloacas de la ciudad con cuyas aguas sin depurar se riegan algunos sectores de la huerta. La respuesta histrica frente a este problema ha consistido muchas veces en esconder la suciedad cubriendo los cauces y transformndolos en viales. Es la solucin adoptada por Valencia respecto a sus acequias histricas, por Zaragoza en relacin con el Huerva o Montpellier con el Verdanson. El paisaje del olvido se desarrolla igualmente sobre los cauces en los que de forma indiscriminada se extrajeron ridos procediendo posteriormente

Figura 5. El cauce del Bess en Barcelona. El conflicto entre los flujos naturales y econmicos ha provocado en las ltimas dcadas un conflicto difcil y costoso de resolver.

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a su abandono sin tener en cuenta el impacto visual ni las disfunciones ejercidas en el sistema fluvial por la disminucin de la carga slida. En el ro Gllego, entre la Cartuja de Aula Dei y Zaragoza, el impacto generado por extraccin abusiva de ridos ha conducido al encajamiento de 3 a 4 m del cauce funcional, al descenso de los niveles freticos y a la consiguiente desertificacin de las riberas.

3.5. LOS PAISAJES DEL ESPEJO O ESPEJISMO. EL MODELO DE MONTPELLIER Montpellier vive su particular epopeya urbanstica con el Lez como elemento estructurante. Barcelona ha puesto de manifiesto su voluntad poltica y desarrollado un importante proyecto tcnico para recuperar el Bess y convertirlo en parque fluvial metropolitano entre el Parque de Collserola y el mar, una de las piezas clave del Plan Delta. Zaragoza, con mayor retraso, esboza diversas alternativas para la recuperacin de las riberas del Ebro. Los criterios generales son bien explcitos: calibrado de los cauces acorde con la dinmica hidrulica, mejora de la imagen paisajstica de la lmina de agua y de las riberas, recalificacin del entorno urbanstico e introduccin de elementos de centralidad junto al ro, y reafirmacin de la memoria histrica y de los valores afectivos y simblicos.

Figura 6. El cauce del Lez en Montpellier. El acondicionamiento hidrulico y esttico logran un paisaje de calidad en el que el ro pierde su papel protagonista.

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El cauce del ro Lez en Montpellier para cumplir con la funcin hidrulica, al amparo de proyectos como el del barrio de Antigone y Port-Marianne, ha sido recalibrado en 2 km. En el sector entre la presa de Montaubrou y el puente J. Zuccarelli, presenta un lecho menor con planos de agua y pequeas presas, diques de hormign o taludes de csped. El sistema de diques de defensa se extiende por ambas mrgenes hasta el mar. La funcin hidrulica est facilitada por la prctica ausencia de rugosidad, las dimensiones y el diseo del canal de avenidas. Por otra parte, en 1985 se han demolido las presas fijas existentes y substituido por presas mviles que permiten la mejor gestin de los caudales del ro. La funcin paisajstica, en su estricto sentido visual y esttico, es sin duda un logro. El eje verde del Lez se convierte en el eje estructurante de Port Marianne, la gran obra faranica en curso, que comprender el puerto de Jacques Coeur. En la interseccin de ambos ejes se sitan nuevos centros universitarios, complejos deportivos, tecnolgicos e industriales, y parques, elementos de centralidad que cualifican un espacio prximo al aeropuerto, futura estacin TGV, autopista A-9, grandes centros comerciales y el mar. La propaganda institucional se vanagloria de la abundancia y calidad de las aguas de la ciudad de las cien fuentes, pero tambin es cierto que los recursos hdricos tienen un lmite y son objeto preciado de mltiples grupos sociales. El Lez, en realidad, es ms un artificio que un ro, la ciudad de Montpellier ha abortado su nacimiento en su propia fuente y para mantener su imagen tiene que verter en la Valette aguas trasvasadas del Rdano. Por otra parte, en la planificacin de los espacios fluviales, determinados profesionales debern tener en cuenta que la superficie desnuda y lisa del hormign, estticamente hermosa e hidrulicamente eficaz, constituye una barrera ecolgica insalvable bajo el Sol del verano. El hechizo del grandioso escenario se rompe cuando se comprueba que el protagonista, el ro, yace muerto a sus pies. Montpellier corre el peligro de, como Narciso, enamorarse de s misma de tanto mirarse en el espejo.

4. CONCLUSIONES Los espacios fluviales y las huertas de las ciudades de la Red C-6 no son vacos en la trama productiva en espera de su incorporacin a la ciudad. Muy al contrario, pueden constituir la trama sustentante de su sistema vital, que debe ser integrada como factor de primer orden en el sistema global de valores econmicos, sociales, simblicos y estticos que determinan su calidad de vida. Las caractersticas propias del paisaje mediterrneo llevan consigo la necesidad o conveniencia de extremar la atencin a determinados factores naturales y culturales en la planificacin de los espacios fluviales. Como principios generales cabe destacar: 110

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Reconocimiento espacial y dinmico de los paisajes fluviales como base de la planificacin. La red de espacios abiertos de grandes dimensiones, necesarios para el equilibrio ambiental de la ciudad densa, puede apoyarse en los cauces aparentemente desmesurados de los ros mediterrneos, unidades geoecolgicas que presentan, por otra parte, una gran peligrosidad natural. Los ros, canales y acequias que recorren el espacio periurbano y se internan en la ciudad pueden desempear la funcin de conexin entre los grandes espacios abiertos, a condicin de que haya un plan de saneamiento integral de las aguas. Las huertas prestan en la actualidad nuevos servicios que refuerzan su carcter plurifuncional y deben ser protegidas no slo con medidas frente a la urbanizacin sino con la recuperacin y conservacin del sistema fsico, y con la revitalizacin del sistema social y econmico que las sustenta. Ha de evitarse la zonificacin rgida y la compartimentacin del espacio urbano-fluvial en unidades altamente especializadas, con fuertes contrastes fisionmicos y funcionales, y frecuentes conflictos de uso. En las reas de interfase debe predominar el tratamiento gradual y las interpenetraciones de las fases fsicas o sociales. La planificacin integral se caracteriza por la permeabilidad, las transiciones graduales, el desvanecimiento de los lmites de los compartimentos cerrados en favor de una organizacin territorial en trminos de redes que vinculan espacios vividos (BRAVARD et al., 1995). Debera tenerse en cuenta la dinmica y la esttica del paisaje, muy importantes para mantener la identidad, la fisonoma, los procesos y los valores ecolgicos, estticos y simblicos del paisaje mediterrneo en trminos de sostenibilidad. Los ros no deben identificarse con estanques o simples canales, su dinmica y complejidad de formas y procesos deben ser integrados en el proyecto urbanstico como tales. Es evidente que en los ltimos decenios, la explosin urbanstica de las ciudades de la Red C-6 ha llevado consigo, en numerosas ocasiones, la prdida de valores paisajsticos, el incremento de los riesgos naturales, la degradacin ambiental, la ilegalidad de muchas acciones y los costos prohibitivos de los equipamientos. Las ciudades de la Red C-6 han mostrado su voluntad por invertir la tendencia pero la solucin maravillosa no existe. En cualquier caso, los proyectos urbansticos cobrarn calidad en la medida en que consideren y valoren las interfases naturales, anticipen la mejora ambiental a la localizacin de actividades y, ste es el gran desafo, integren los factores naturales materia y energa que sustentan el sistema vital con los principales componentes sociales, estticos, simblicos y funcionales de la ciudad.

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BIBLIOGRAFA
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MONTPELLIER. ACONDICIONAR EL RO LEZ. UN PROYECTO PARA LA CIUDAD


Jean-Paul VOLLE*

En el principio era el agua... El Gnesis lo afirma, la ciencia lo confirma... un smbolo. Roger Cans, La batalla del agua, Le Monde Ediciones, 1994. Todo lo que ha sido directamente vivido se alej en una representacin. Guy Debord, La sociedad del espectculo, Buchet-Chastel, 1967. El inacabado de las ciudades no viene a mutilar lo que un da deber ser una totalidad y no retarda los diseos de lo que deber suceder un da... Es el espacio de una experiencia que consiste en el presente que se resiste a las figuras de la reabsorcin del presente en las temporalidades de la nostalgia, del entusiasmo exttico y de la espera. Daniel Payot, De las ciudades-refugios, Editions de lAube, 1992.

1. INTRODUCCIN Entre Pico Saint-Loup y su albufera, el Lez, pequeo ro costero mediterrneo, no adquiere sentido ms que a travs de la vida local de Montpellier, aunque Palavas lo haya fijado en las imgenes ligadas a un turismo popular. El Lez es uno de los smbolos de Montpellier que ha construido una parte de su prosperidad histrica en el uso de su agua y de su navegabilidad.

Traduccin: G. Baillon y F. Pellicer.

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Jean-Paul Volle

Vctima de la modernizacin de las tcnicas de navegacin y del cambio de valores sociales que conceden ms importancia a los baos de mar que al remo en los ros, el Lez ha sido poco a poco abandonado. Pronto la imagen del ro no evocar otra cosa ms que la riada, ciertamente peligrosa pero til por el efecto de arrastre que ella provoca. En menos de dos decenios, el Lez, ro de Montpellier, ser el punto central de un vasto proyecto que acompaa la apertura de la ciudad hacia el este todava agrcola, y hacia el mar en el Sur. El proyecto supone una ruptura histrica a compensar, es una fractura a soldar y un paso a transgredir. El Lez recalificado supone un mensaje de esperanza para una ciudad que se tiene que concluir. Puede aparecer como un elemento estructurante de una ciudad que funda su modernidad en el acondicionamiento de sus riberas. Curiosa vuelta de la Historia. Al puerto Juvnal, que evoca el Mediterrneo, la farmacopea y el enriquecimiento de la flora de Montpellier por las aportaciones lejanas transportadas por el Lez, le sucede el Puerto Marianne, sus mensajes universitarios, su modelo de ciudad, su apertura hacia el mar cercano.

Figura 1. Sugerencia del Lez al pie de un macizo calcreo. La captacin de las aguas para el abastecimiento dejan la fuente seca en determinados perodos.

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Montpellier. Acondicionar el ro Lez. Un proyecto para la ciudad

Decir el Lez es recitar la historia conjunta del ro y de la ciudad. Una historia de pasiones y olvidos, de intimidad y miedo. El Lez ha identificado a la ciudad, no tratar, ahora, la ciudad de crear para su ro, una nueva identidad artificial? El objetivo es ahora interrogarse sobre el sentido del acondicionamiento tardo del Lez al alba del siglo XXI, despus de tres cuartos de siglo de desherencia, de abandono, de temor y de olvido, incluso si la fuente y el curso, aguas abajo, son, desde hace tiempo, elementos mayores de la vida urbana, una por el agua de consumo que suministra a la ciudad y otra por la evacuacin de las aguas residuales despus de ser tratadas en la Creirde.

Figura 2. El ro Lez en su cabecera es un espacio de recreo y usos ldicos.

Qu puede significar esta repentina e intensa preocupacin por el Lez? La ciudad de Montpellier redescubre su ro, capta en profundidad las aguas de su manantial, rehabilita sus riberas, traza un plan Lez verde, excava un puerto, Port Marianne, que debe simbolizar la apertura de la ciudad hacia el mar. Ms al sur, la ciudad de Lattes hace lo mismo, y construye Port Ariane, especie de simulacro de puerto y de ciudad. El Lez renaturalizado asocia el futuro de la ciudad al de la Naturaleza bajo todas sus formas: el agua se convierte en espectculo, decorado, ani115

Jean-Paul Volle

macin. El ro debe ser reapropiado, el riesgo de inundacin descartado. La re-naturalizacin del ro se entiende como conquista y dominio pero, tambin, como construccin de un objeto de la Naturaleza a valorar y a proteger, a ofrecer al consumo de los ciudadanos vidos de espacios llamados naturales.

2. EL LEZ COMO FRONTERA EN LAS MRGENES DE LA CIUDAD El Lez es frontera para la ciudad que desde siempre ha abandonado sus tierras orientales ms all del ro, a las actividades agrcolas. Nunca ha buscado ocupar, realmente, sus riberas de manera urbana, aunque permanentemente lo haya intentado, ya que el ro es temido, peligroso por sus crecidas violentas y repentinas. Pero, fuente de agua pura en su nacimiento, receptculo natural de desechos y desperdicios de la ciudad, lugar de baos, aqu, de actividades industriales o agrcolas all, a travs de su historia, ha sabido ser til.

2.1. LOS CONTRASTES DE LA CUENCA VERTIENTE Desde las primeras garrigas, donde nace el ro, hasta el grao de Palavas, la cuenca vertiente del Lez opone dos entidades geogrficas muy contrastadas, las garrigas en el Norte, y la llanura litoral en el Sur. Al Norte y hasta la cluse de Castelnau-Le Lez (aproximadamente 100 km2, es decir el 65% de la cuenca), las colinas calcreas, unidas al pliegue de Montpellier constituyen un vasto medio krstico, permeable, seco en superficie pero aterrajado por las aguas profundas. Las aguas subterrneas de complejas direcciones surgen al pie de una falla en la plataforma calcrea bajo forma de resurgimiento, manantial vauclusiano o boulidou. La cuenca de alimentacin en aguas profundas se remonta muy lejos hacia el Norte, desde las garrigas de Viols-le-Fort hasta el macizo krstico de Pompignan, encontrndose con las cuencas vertientes del ro Hrault en el Oeste y del Vidourle al Norte. As el Lez adquiere cuerpo entre dos ros mucho ms consecuentes, pero extranjeros a la zona de Montpellier. Al pie de la roca, el resurgimiento del Lez llena una pila de 30 m de dimetro, de una profundidad de 10 m en su centro, que no permite ms que un modesto caudal al ro naciente (160 l/s, desde 1979). El Lirou des Matelles, el Terrieu y el Yorgues que descienden del PicSaint-Loup, figura simblica del pas de Montpellier, convergen hacia la cuenca media. Hay que guardarse de atribuir a estos ros, a menudo secos, 116

Montpellier. Acondicionar el ro Lez. Un proyecto para la ciudad

un papel de importancia, a causa de la irregularidad de su caudal. Son ms que nada evacuadores del sobrante de agua de lluvias, pero aaden sus aguas, entonces importantes a las del Lez, reforzando la gravedad de las crecidas. En un territorio krstico, probablemente ms que en otra parte, el agua es el signo de la vida y de la pasin, tiene valor de misterio, y a menudo de divinidad. Nos remite a sus orgenes y fija el devenir. Sin llegar al mito del manantial de la Fontaine de Nmes, el manantial del Lez est amparado en el secreto del mundo subterrneo. Isleta de frescor y de verdor, en un universo calcreo gris, el manantial pertenece a los espacios de ocio de los habitantes de Montpellier, en la garriga cercana. El agua que sale del manantial profundo ha sido captada, despus canalizada, para las necesidades de la ciudad. Entre 1750 y 1770, el ingeniero Pitot la condujo mediante un acueducto que cruza la campia hasta el depsito de agua de Peyrou, que le rinde de alguna manera gloria dominando la ciudad. Doscientos aos ms tarde, los ingenieros de la sociedad agrcola (Compaa General de las Aguas) construirn una verdadera fbrica subterrnea para aumentar los caudales indispensables a los habitantes de la ciudad (1.700 l/s) confirmando el mito del agua de manantial pura, protegida por un permetro de proteccin ampliamente extendido por la meseta norte. Esta agua ha sido purificada en la central de clarificacin Franois Arago. As la ciudad se encuentra profundamente unida al ro que la abastece y de la que depende. En 28 km, el curso del ro desarrolla un desnivel medio de 3/7 m por km. Est cortado por 18 azudes y presas, y recibe 17 afluentes de los que el ms importante es el Mosson, que drena todo el Oeste de la cuenca vertiente. El desequilibrio entre el Este y el Oeste de la cuenca vertiente es particularmente acusado. ste se abre ampliamente al Oeste hacia el Mosson y su afluente el Coulazou, mientras que el valle del Lez encuentra rpidamente sus lmites al Este, en contacto con la cuenca vertiente del Salaison, que se junta en la albufera del Or. El Lironde y el Verdanson que durante mucho tiempo borde la ciudad medieval, alimentan temporalmente su cuenca media que las sequas estivales transformaban en un riachuelo dbil de escasas aguas. El caudal medio en Lavalette, al norte de la ciudad, vara entre menos de 1 m3/s y 5 m3/s, pero en poca de crecida, cuando las tormentas del equinocio y las lluvias de otoo engordan su manantial y sus afluentes, el Lez puede transportar hasta 750 m3/s. Su imagen hidrolgica sigue siendo la de un ro mediterrneo cuyas caractersticas extremas son acentuadas por un curso muy reducido que le da un tiempo de respuesta muy breve. A la salida de la pequea cuenca de Montferrier-Clapiers, entre Montpellier y Castelnou, el Lez atraviesa en cluse el pliegue calcreo de 117

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Montpellier. Su lecho se reduce en un surco estrecho, difcil de seguir hasta la llanura, a la que llega en Pont Juvnal (Richter, port Marianne) antes de ser canalizado en la travesa del municipio de Lattes hacia el mar (canal de Grave, trazado en 1694). El curso aguas abajo, ms rectilneo, recibe, en la confluencia de las albuferas, al Mosson que le va ms o menos en paralelo, y encuentra en los Quatre Canaux al canal del Rhne, en Ste. Provisto de diques, el Grao de Palavas avanza hacia el mar, directamente al puerto. La cuenca vertiente se ha transformado en una cuenca de vida, con unos 350.000 habitantes de los que 280.000 viven en los nueve municipios que atraviesa (Les Matelles, Prades le Lez, Montferrier sur Lez, Saint Clment de Rivire, Clapiers, Castelnau le Lez, Montpellier, Lattes y Palavas).

2.2. EL LEZ ES TEMIDO La crecida, siempre violenta, brutal, pero breve, asola a su paso el lecho mayor. Son crecidas de tormenta que el ro restituye rpidamente como testimonia la descripcin de lo sucedido la noche del 23/24 de septiembre de 1976: La crecida ha sido a la vez violenta y repentina. Varios terrenos ribereos fueron rpidamente invadidos, primero, en la parte alta del valle y, despus, en la regin prxima a Montpellier, a medida que se fueron desencadenando las aguas fangosas y estruendosas, arrastrando arbustos, troncos y objetos diversos. Todos los puentes sumergibles fueron inundados. Varias carreteras estuvieron cortadas. Se seal la prdida de numerosos bienes. Las casas bajas estaban anegadas por las aguas que subieron rpidamente hasta dos metros. No fue posible proceder al recuento de los lugares invadidos por las aguas. La situacin permanecera por todas partes, extremadamente peligrosa. Varios automviles fueron arrastrados por las aguas. Los destrozos llegaron a varios centenares de millones de francos antiguos. (Midi Libre, 24 de septiembre de 1976). A lo largo de la historia de la ciudad, las crecidas del Lez han sido numerosas y violentas. Pueden aumentar el caudal del ro a varias centenas de m3 en pocas horas, arrasar las riberas, extenderse sobre varios centenares de ha en la llanura de Lattes y producir la destruccin y la muerte. Hemos podido contar, en un siglo ms de 30 secuencias de crecidas, de las que, una decena de ellas, fueron de ms de 450 m3/s; y extremas, en los aos 1907, 1933, 1976 y 1988. El nivel mximo de las aguas lleg a la cota 37 NGF en Lavalette; 19 NGF en las Aubes (Sauret); 15 NGF en Richter (ms de 3 m de agua en el terrapln del estdium). Se entiende entonces mejor el porqu las construcciones siempre han evitado la orilla del ro, incluso en el barrio des Barques, regularmente inundado. 118

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2.3. EL LEZ FALTO DE AGUA Los episodios de sequa son tambin molestos por la debilidad del caudal del ro (500 l/s) que no basta ni para limpiar el cauce, ni mantener la vida animal y pisccola. Hasta su acondicionamiento reciente, el lecho mayor seco nos remite a la imagen de un alcantarillado a cielo abierto, mal mantenido sobre todo aguas abajo, al nivel del puente Juvnal y de Richter, all donde, paradjicamente, el ro se deja ver. Por ello se comprende la preocupacin del Ayuntamiento de acondicionar, en primer lugar, este sector del ro.

2.4. EL LEZ ES TIL El ro es til. Su agua permite el riego por toma directa o por bombeo en la capa fretica, y los jardines hortofrutcolas son todava numerosos a lo largo de su lecho, incluido el tramo que va de Montpellier a Les Aubes, a la Pompignane, y a la Creirde. Desde 1979, los trabajos de acondicionamiento han mejorado bastante los desages, permitiendo el mantenimiento de un caudal, en parte ligado, ahora, a las aportaciones de las aguas del canal de Bas-Rhne. Durante mucho tiempo se haban trabajado all las lanas, las pieles; y hubo numerosos molinos a lo largo de su curso (molinos de Crozet, de Salicate, y de Naviteau...). Hoy, todava el molino de Sauret mantiene su actividad. La funcin ms corriente en la historia de la ciudad es la evacuacin de los vertidos, como es frecuente. Los desechos y aguas residuales se vierten directamente al ro o a los pequeos afluentes como el Verdanson, antes de que se construyera una estacin de depuracin aguas abajo del ro, entre la ciudad y el mar, en un lugar llamado La Creirde. A esta funcin de evacuacin de los vertidos incontrolados, hay que aadir la del abastecimiento de agua potable, aguas captadas en el manantial, profundo y puro en las representaciones sociales. El manantial, el sptimo de Francia por su caudal, recoge las aguas drenadas por la masa krstica de las garrigas de Montpellier, y representa el emisario de un vasto acufero capaz de dar ms de 2.000 l/s sin que se ponga en peligro su equilibrio natural. La captacin profunda, aguas arriba del manantial, a partir de una estacin de bombeo subterrnea realizada entre 1979 y 1982, revierte al ro un caudal mnimo garantizado de 160 l/s. En la poca antigua y en la Edad Media, el Lez perteneci al sistema de ros costeros navegables del Golfo de Lyon. Jacques Coeur instal sus despachos en Montpellier y comerci con los pases del Mediterrneo, partiendo del Lez. Ms tarde, la familia de Graves canaliz el curso del ro aguas abajo que careca de energa y de fuerza de agua. 119

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El Lez fue navegable hasta 1942, y las barcazas de fondo plano todava llegaban al puerto Juvnal, en el municipio de Montpellier, manteniendo la ilusin de un Lez en relacin con el mar; relacin que el moderno proyecto de remodelacin debera de revitalizar. A lo largo de su curso, aguas arriba, el Lez conserva su carcter natural de modo bastante pronunciado, pero en la ciudad, en Rimbaud y Tabarka, el ro acondicionado por las presas que fijan lminas de agua tranquilas, se ofrece a los placeres del bao, del paseo en barca, hasta 1960. La corriente acelerada en la travesa del pliegue de Montpellier permite una iniciacin a la prctica de la canoa. El Lez supone una reserva de naturaleza que oxigena a la ciudad y desarrolla varios kilmetros de riberas arboladas que pueden servir de paseos.

2.5. EL LEZ ES FRONTERA Es frontera que siempre ha desertado de sus riberas aunque sus habitantes hayan buscado siempre el contacto con las aguas. La ciudad se extiende hacia el Oeste, del lado opuesto del Lez, hasta las riberas de la Mosson, que sirven de lmites comunales y que la ZUP, (Zona Urbana Pblica) construida a partir de 1960, va a respetar. En el Este, Castelnau, frente al Lez, se cobija sobre su espoln rocoso, all donde pasaba la calzada romana de la Va Domiciana. Ms al sur, el barrio de las Aubes en la orilla derecha y el de la Pompignane que est frente a l, son los ms recientes. Conservan, todava, una imagen rstica, reforzada por una urbanizacin calcada de las parcelas rurales y la presencia a las puertas de la ciudad de grandes propiedades que recuerdan la poca de la prosperidad vincola (propiedades de Grammont, de la Baquire, Montaubrou, de Flaugergues, de la Mogre, de Brousse, de la Mjanelle...). El paso decisivo del ro tiene que ver con la instalacin en la loma de Costebelle de la fbrica de IBM, en 1965. Apertura que confirma unos aos ms tarde la realizacin del enlace de carreteras que va de la avenida Mends France con el cruce de la autopista de Grammont. Se puede considerar que la desafortunada instalacin del complejo deportivo de Richter en la orilla izquierda del Lez marca el fracaso del dominio de las crecidas en el curso de esta primera fase de la conquista de las tierras orientales: en 1976 el parque de los deportes fue inundado, as como la carretera del mar que fue anegada bajo dos metros de agua. La progresin de la urbanizacin se traduce tambin en la construccin de dos nuevos puentes, el de Garigliano entre las Aubes y la Pompignane, y el de R. Chauliac que abre la avenida Pierre Mends France. Estas obras doblan los pasos, encima del ro, entre Castelnau y Richter. 120

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Ms recientemente, al principio de 1990, en relacin con el proyecto de Port Marianne sern inaugurados una pasarela para peatones y el puente Zuccharelli que une el barrio universitario de Richter y el futuro puerto Marianne a la ciudad por medio de una nueva conexin al sur. La extensin de la ciudad hacia el este se encuentra con el Lez como lmite a transgredir o a respetar. En la travesa de la ciudad de Montpellier, se definen tres sectores a lo largo del curso del ro, que se apoyan sobre los caracteres especficos del medio. Al norte, el parque natural de LunaretMontmaur impone su masa vegetal, y el cruce de la cluse estira las riberas estrechas y penosas. En su centro, el ro es un surco de verdor, bordeado de rboles que definen el lecho menor y los jardines hortofrutcolas. Es el Lez verde, largo pasillo vegetal, entre los barrios residenciales. Al sur, el Lez llamado urbano y mineral. All se multiplican los pasos entre los proyectos urbanos que le encorsetan, en un espacio bien delimitado, contenido con diques, pero accesible, abierto a la mirada de la gente, y a las prcticas nuticas. As se borra el Lez frontera y se construye un decorado de ro en el espectculo y la puesta en escena del agua en la ciudad.

3.

LA RECONQUISTA DEL RO: EL LEZ SOPORTE DE UNA AMBICIN URBANA

La reconquista del ro y de sus riberas se ha limitado durante mucho tiempo al mantenimiento del lecho aguas abajo para permitir la navegacin hasta el mar. Corresponde hoy a un programa general de acondicionamiento cuyo objetivo es integrar el ro a la ciudad. La realizacin de puertos (Marianne en Montpellier, Ariane en Lattes) reposa sobre el principio de una navegabilidad reencontrada, que debe reanudarse con el uso nutico del Lez para la navegacin deportiva. El Lez se convierte as en el soporte de una ambicin urbana que Montpellier y Lattes comparten segn proyectos que, a causa de rivalidades polticas coyunturales, pueden parecer que estn en competicin. Se trata de invertir la relacin con el ro, protegindose a su vez de l, de poner en valor sus atractivos y de reconstruirlo como un elemento de la vida urbana. Son razones de seguridad y estticas, pero, tambin, ldicas, que, ms globalmente, conducen a una mayor integracin del ro en las prcticas ciudadanas.

3.1. LOS OBJETIVOS DE LA RECONQUISTA La reconquista es primero una lucha contra las crecidas, de mortfera reputacin (la Lzade) por su brutalidad y su violencia. Ello prohbe todo 121

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uso duradero de las riberas y, como una contra imagen, impone la visin de un Lez pantanoso y seco en verano. Veinte aos de obras no han cesado de rectificar, reperfilar y recalibrar el lecho del ro para ofrecerle una zona de crecida delimitada. La construccin reciente en los ros y riachuelos, afluentes de las cuencas de retencin (Verdanson, Lironde), la recalificacin de la red de las aguas fluviales, y la aplicacin de tcnicas de retencin de agua in situ completan estas obras de acondicionamiento. Se ha uniformizado la pendiente del ro con la creacin de presas y el mantenimiento permanente del fondo. Todo debe asegurar un grado mnimo de proteccin de los individuos y de los bienes en los barrios ribereos, sobre todo en los ms recientes (Richter). El ro antes caprichoso, devastador y hostil da ahora la imagen de un curso de agua tranquila, domesticada y agradable a la mirada. La reciente urbanizacin impone la medida del riesgo, la proteccin mxima, a pesar de todo, sin una garanta total. No hay una total erradicacin del riesgo (el riesgo cero no es solamente una utopa cientifista?). Y la seguridad total parece inaccesible. Pero el binomio de la problematizacin del peligro y la proteccin mxima nos conduce a definir niveles de proteccin que son niveles de riesgo aceptables. En este sentido los estudios sugieren el dominio de 750 m3/s en la crecida mxima, y la aceptacin de un riesgo mnimo de 1.000 m3/s, slo en un caso excepcional. Se han establecido una serie de instalaciones tcnicas de vigilancia y control en todo el valle del Lez para gestionar de la mejor manera, los riesgos potenciales (limpieza, mantenimiento y anuncio de las crecidas). En consecuencia, conviene aportar aguas al Lez en periodo de sequa, sobre todo en la parte urbana de su curso para permitir la navegacin aguas abajo. Los planteamientos nuticos completan la inquietud esttica y la necesidad higinica: el agua abundante suprime la imagen de un Lez sucio. Al agua obtenida mediante bombeo en el manantial (160 l/s, o sea 14.000 m3/da) se aade la comprada a la Compaa del Bas-Rhne para completar las aportaciones. Se trata de asegurar tambin un tratamiento conveniente de las aguas residuales vertidas al Lez en particular en la estacin de la Creirde, y de invertir la imagen de un Lez exutorio, contaminado. Hasta 1962, Montpellier arrojaba directamente la mayora de sus aguas residuales en el ro, que se haba convertido en una autntica cloaca. En Lattes y en Palavas, se lamentaban de las fermentaciones putrefactas en las aguas del Lez y de las pestilentes emanaciones. Hoy, la estacin de la Creirde revierte todava en el Lez aguas insuficientemente tratadas ya que no existen fases ltimas de tratamiento (trata122

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miento terciario). Cerca de 1.000 l/s de media se revierten al ro despus de su tratamiento, de 260.000 habitantes-equivalentes. La estacin nutre de alguna manera al ro ya que revierte en l diez veces ms que su caudal medio. Pero los residuos bacteriolgicos importantes y las importantes concentraciones de nitrgeno y de fsforo favorecen la eutrofizacin mayor, cuanto ms lenta sea la velocidad de desage (5 cm/s, o sea 180 m/h). El Lez es memoria. Pertenece al patrimonio de la ciudad, es su marcador, su elemento natural que le da identidad, la huella de su historia. Sabe ser, tambin, espacio de reposo, de recreo, de ocio. Su reconquista debe afirmar este carcter y poner en valor su trazado en el plano ecolgico, patrimonial y ldico. O en caso contrario la degradacin de las riberas por abandono progresivo, la falta de mantenimiento (limpieza difcil del lecho menor), la presencia de numerosos objetos tirados al ro daban al Lez una imagen negativa. Su revalorizacin es estrechamente dependiente de su lugar en la ciudad. Ser ejemplo de un saber hacer y de una voluntad poltica de representacin de la Naturaleza en la ciudad. La reconquista tiene tambin por objetivo reconciliar la ciudad con su ro. El proyecto de acondicionamiento est estrechamente ligado al empuje hacia las tierras del Este, en las que crecen sus capacidades de urbanizacin (Richter, Port Marianne, Grammont, el gran Grs). Pero es sobre todo una tentativa de imponer el ro sobre un plano esttico y funcional. Aparece como una necesidad del tiempo, como una forma de modernidad. Poniendo el timn hacia el Este, la ciudad se reencuentra con su ro. Para ser coherente, el proyecto de la ciudad que sita a Montpellier en las puertas del Mediterrneo debe hacer de ste un eje mayor de la estructura espacial de la aglomeracin urbana. Se puede considerar que el tratamiento actual del Lez, limitado a Montpellier y Lattes, se extender en el futuro al conjunto del curso del ro, asociando el Lez urbano y el Lez salvaje, as como lo seala G. Frche, alcalde de la ciudad y presidente del distrito urbano en un editorial de Puisance 15, peridico del Distrito, en la primavera de 1996: El Lez es una suerte extraordinaria, un ro salvaje en el corazn del Distrito de Montpellier... El Lez est en el corazn de la ciudad, habra que canalizarlo totalmente... a lo largo de toda la ciudad?.

3.2. LAS ETAPAS DE LA RECONQUISTA Si nos remontamos a 1694 y a los modernos trabajos de remodelacin del canal de Grave, el Lez es portador de numerosos proyectos de acondicionamiento desde hace varios siglos. No es Lattes un puerto romano de 123

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primera importancia en el siglo II?; Jacques Coeur no situ sus despachos mediterrneos en Montpellier? La historia del ro est hecha de alternancias, de abandonos y de vuelta a empezar, de pasiones y de olvidos. Los trabajos de acondicionamiento contemporneos son fruto de una reflexin sobre la naturaleza de un ro mediterrneo, sobre las cuestiones de medioambiente y de salubridad que le son asociadas. Reposan tambin, ms tardamente, sobre la voluntad poltica de elaborar un proyecto global de ciudad acordndole un sentido al eje fluvial, mucho tiempo despreciado. Los acontecimientos de 1976 (crecida de otoo) fueron el detonador. El programa inicial se centra en la proteccin contra las crecidas tanto en Montpellier como en los municipios situados aguas abajo (Lattes, Palavas, Villeneuve les Maguelonne). Pero este programa valora tambin el Lez como patrimonio de Montpellier. Redibuja su historia y subraya que su lmite no es ms que artificial. Es el primer esbozo de la idea de que la ciudad en su expansin debe realmente cruzar el ro. Los trabajos de recalibrado se desarrollaron en varias etapas, entre 1980 y 1988, con el enrasamiento del puerto Juvnal y el de la Glacire, en 1980, y despus con la construccin de un nuevo puente bovedilla ms alto y ms ancho. El obstculo aguas abajo en la crecida centenaria (600 m3/s) fue as elevado por un coste total superior a 7 millones de francos. El recalibrado aguas abajo, y, despus, aguas arriba, del puente Juvnal, llevado a cabo entre 1981 y 1986, se realiz sobre ms de 1,5 km, con tratamiento de las riberas, colocando rocas o echando hormign, y plantaciones de csped en las terrazas bajas acondicionadas. Se invertieron alrededor de 40 millones de francos en estas obras. Se construyeron, a continuacin, dos presas lineales despus del enrasamiento de la presa de Juvnal para materializar la lmina de agua de Antigone-Port Juvnal. La presa aguas abajo es mvil y se anula cuando hay crecida (25 millones de francos). El ltimo tramo de las obras se centr en el curso, aguas arriba de Antigone, con la estabilizacin de las riberas, realizacin de la pasarela y de la presa de Montaubrou, supresin de la presa de Salicate construccin de la presa del puente de Garrigliano para poder extender la lmina de agua de Rimbaud. Se trataba de poner en valor el curso del Lez verde en su travesa entre los barrios de las Aubes y de la Pompignane que se encuentran frente a frente. Aguas abajo, la excavacin del puerto Marianne en el corazn de un vasto conjunto urbanstico cuyo inicio de obras est previsto para 1998. De manera complementaria se construyeron cuencas de retencin paisajsticas (6 realizadas, y 11 en curso) en los afluentes del Lez (Verdanson, Lironde, Rieucoulon). Cuencas capaces de retener ms de 200.000 m3 de 124

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agua y de restituirlos lentamente al ro (alrededor de 50 millones de francos invertidos). Tratado sobre un plano visual, por la plantacin de csped y siembra de gramneas, la cuenca de la Lironde est integrada en el parque pblico central del Puerto Marianne, espacio verde de 8 ha, con un rico muestrario vegetal. Una serie de modificaciones fueron realizadas en la red de saneamiento y drenaje de las aguas pluviales, especialmente en aquellos sectores ms amenazados por la crecida. Ms de 10 km de nueva canalizacin han sido instalados en los ltimos 15 aos, con una inversin de 40 millones de francos. Desde 1994, el reglamento del POS exige la puesta en obra de tcnicas alternativas de retencin de agua in situ cuando superan los 2.000 m2 con una superficie sin obrar neta (SHON) superior a 500 m2, o cuando la tasa de impermeabilizacin es superior al 40%. Una veintena de operaciones fueron realizadas aligerando as las aportaciones directas en el ro. El Plan de Urgencia Municipal que se inscribe en el desarrollo de la gestin de los riesgos (el Plan de Exposicin a los Riesgos (PER) fue aprobado por el Consejo de Estado en 1994) reposa en una red perfeccionada de vieja meteorologa y de televigilancia hidrolgica a lo largo del Lez y de sus afluentes. Televigilancia potenciada en el muelle del Pire en Antigona, frente al Hotel de la Regin, ya que este dique sirve de receptculo de la crecida. El proyecto de puerto Marianne marca la ltima etapa de los trabajos con la puesta en navegacin del Lez hasta el mar, gracias a los aportes exteriores provenientes de la compaa del Bas-Rhne Languedoc (BRL), en otro tiempo fundada para la irrigacin de las tierras agrcolas y la reconversin del viedo. El proyecto necesita que se acabe la estacin de depuracin de la Creirde para que las aguas residuales revertidas en el Lez estn exentas de toda contaminacin (umbral de 370.000 equivalentes-habitantes, tratamiento segn las directivas europeas y la Ley del Agua de 1992). El tratamiento terciario podra ser efectuado en el propio lugar, aguas abajo en una nueva estacin de tratamiento, o esta estacin podra ser reemplazada por la construccin de un emisario en el mar de 5 km de extensin. A pesar del informe del Consejo Superior de Higiene Pblica y de la peticin del Distrito de calificar la operacin de Proyecto de Inters General (PIG), la existencia de conflictos locales, polticos y de competencia territorial, entre Montpellier y Lattes, y entre las estructuras de decisin departamentales, regionales o de Estado, del medio asociativo y de los grupos de presin, explica la lentitud de los procedimientos administrativos y los numerosos recursos planteados ante los tribunales. 125

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La meta para el 2015, a pesar de las dificultades tcnicas y los conflictos socio-polticos que habr que superar, es un nuevo Lez, abierto a la ciudad y al mar, lazo de unin en el seno de la aglomeracin urbana. Un ro de aguas limpias y abundantes, bien mantenido y apto para la navegacin deportiva, que inscribir, en el territorio, cambios y las remodelaciones de la ciudad. Habr costado 30 aos de trabajo y varias centenas de millones de francos a la colectividad.

4. LA CIUDAD FRENTE AL RO. EL LEZ ESPEJO DE NUEVOS TERRITORIOS URBANOS Pierre Vidal-Naquet en su reflexin sobre La ville au risque de l'eau (La ciudad al riesgo del agua) dice que la lnea que separa el campo de la tcnica, de la poltica y de lo social se desplaza con el paso del tiempo.

Figura 3. Lez verde. rea recreativa.

El Lez resume para Montpellier la articulacin de estos tres campos en un mismo territorio. Es el soporte de un orden tcnico moderno y competitivo. Se ha hecho expresin de una nueva forma de urbanidad, restituyndola en las prcticas, lo poltico tiende a convertirlo en un elemento mayor de la identidad de la ciudad. 126

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4.1. LA INSTRUMENTALIZACIN DE UN OBJETO DE NATURALEZA El Lez ha integrado totalmente el orden de la tcnica. Se ha automatizado su funcionamiento progresivamente; reducido a un caudal; a metros cbicos/segundo; a una ratio de desages; a tiempos de referencia; a escasez y superabundancia; a cantidades de materias en suspensin; a un nmero de bacterias por litro; a una tasa de oxgeno disuelto; a ttulos alcalimtricos, de oxidabilidad, de coliformes, de estreptococos, de amoniacos, nitratos, fosfatos; de concentraciones y diluciones; a un ph, etc. Tantas situaciones que lo han hecho el objeto de anlisis, de estudios y de tratamientos. El Lez es ciertamente el ro mejor estudiado de Francia, y cuyo coste es el ms caro en metro lineal: ms de 80 estudios financiados en 15 aos, algunos de varios cientos de pginas, sin contar los estudios universitarios de Geografa, Sociologa, Derecho, Arquitectura y Urbanismo. Porque el Lez es tambin el ro ms controvertido: desde hace 20 aos los contenciosos en los Juzgados no han cesado.

Figura 4. El ro Lez en el sector de Antigone.

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Figura 5. El ro Lez en el sector de Port Marianne.

Figura 6. Esclusas en el ro Lez en las proximidades de Palavas.

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Figura 7. El curso del ro Lez y sus afluentes. Esquema: E. Lauriol.

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Figura 8. El Lez. Actuaciones en Montpellier.

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El plan de Montpellier para el acondicionamiento del Lez, integrado en el POS, se aade al plan de exposicin a los riesgos (PER iniciado en 1988, convertido en PERI, ya que aade el riesgo de inundaciones), a los permetros de proteccin del manantial (1973); a la clasificacin del ro en medio prioritario, en el esquema general de acondicionamiento y de gestin del agua; a la carta de medio ambiente de 1994, y a la clasificacin e inscripcin de ciertos sitios de inters del valle (Mric, la Vallette, Mantmaur...). Esta racionalizacin progresiva y masiva tiene como objetivo la erradicacin del riesgo relacionado con la crecida, pero, tambin, con la penuria que reduce el desage y ofrece un paisaje tan peligroso o ms que la propia crecida. La problematizacin de la seguridad plantea la pregunta del nivel de riesgo aceptable y de la gestin colectiva de los riesgos potenciales, sabiendo que la seguridad absoluta parece innaccesible y que el acontecimiento pluvial excepcional es imposible de racionalizar bajo forma de modelo. La preocupacin mayor en esta materia es reducir lo aleatorio, acordando un espacio preferencial al pensamiento higienista que recupera la idea de un Lez limpio y saneado. El tcnico toma el papel de un cirujano capaz de erradicar el riesgo sanitario al mismo tiempo que excepcionaliza el nuevo curso del ro. El Lez canalizado, encauzado, recalificado, cortado por presas, ensanchado en tramos tranquilos, expresa la nueva norma de circulacin de las aguas, pero, tambin, la norma cualitativa, esttica y social, ligada a las prcticas urbanas que pueden desarrollarse a lo largo de su curso. En la ciudad, toma una imagen nueva que refleja la modernidad y la expansin de la urbanizacin, lejos de sus caracteres primeros de ro costero mediterrneo.

4.2. LA INTEGRACIN AL PROYECTO DE LA CIUDAD El Lez no puede comprenderse sin una referencia a los territorios que atraviesa, que lo rodean. La cuestin central es aqu la de la integracin del ro (condiciona o es dependiente?) a las lgicas urbanas y en particular al acondicionamiento de las tierras del Este, ms all del Lez (Port Marianne). Los desafos son mltiples, de la utilizacin urbana de las riberas a la definicin de una nueva configuracin del ro, de un nuevo diseo de su curso. El Lez se convierte en el eje mayor del desarrollo de la ciudad en el Este. No es solamente cuestin de traspasar, de saltar el Lez, sino de integrarlo como un elemento del paisaje, como un marcador del espacio, como un lazo de unin en la ciudad para hacerla ms habitable. 131

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El ro no es un surco verde en ruptura de la urbanidad. Se convierte segn su curso en fuente de vida y de pureza (las aguas profundas captadas son puras por naturaleza!); referencia de un medio rstico marcado por la ruralidad (incluso si sta no existiera ms que en forma de reliquias); elemento natural a proteger por la riqueza ecolgica que representa, y la rareza que significa (bosques de Montmaur y de la Valette). El encuentro con la ciudad transforma su curso en espacio de ocio y de actividad al aire libre (las Aubes), en los muelles, o en las vas ribereas, frente a la lmina de agua espejo de Antigona, en el puerto deportivo (Jacques Copeur) y el canal martimo recalibrado y realimentado, ms abajo, en el Puerto Marianne. Debe entonces volver a ser navegable hasta el mar. El Puerto Marianne en construccin fija la estructura de la ciudad en el futuro: el puerto Jacques Copeur pronto construido, los Consulados de mar en la orilla derecha, la Universidad en los terrenos desecados de Richter, el eje central que se abre perpendicular al ro, los barrios residenciales en segundo plano. La prolongacin de Antigona ms all del Lez (Hotel de Regin) y en direccin a Puerto Marianne hace del curso de agua acondicionado el eje de un equilibrio moderno, de un hipercentro en construccin para una aglomeracin de 500.000 habitantes. La apertura sobre el Lez reconcilia la ciudad con su ro. Tiende incluso a conferirle una nueva identidad, y traduce un profundo cambio de la idea de centro a riesgo de romper un largo repliegue sobre el Ecuson y su epicentro, la plaza de la Comedie.

4.3. EL LEZ SMBOLO DE PERTENENCIA La recalificacin (recalibrado, acondicionamiento, realimentacin) que se entiende tambin como un diseo nuevo del curso acuerda al ro nuevo sentido. El diseo poltico no ser hacer del Lez, elemento natural, el smbolo mismo de una ciudad, reencontrando a travs de l, las huellas de su historia, la ms floreciente y de su unin con el mar? El Lez, caprichoso, maravilloso, abandonado a s mismo, queda intacto, protegido de la injuria del tiempo... En 1987, el Hotel de la Regin, abierto en la orilla izquierda del Lez, atravesaba por primera vez el ro... El Lez ya no es una frontera... Es un ro urbano... a dos pasos del Consejo Regional, del Ayuntamiento, y de la Facultad de Derecho y Ciencias Econmicas, los barqueros podrn descubrir el mundo mgico de la calma y del silencio de un ro que remonta el tiempo (G. Frche, editorial de Puisance 15, abril 1996). El Lez mucho tiempo ro-memoria de las prcticas de pequeas gentes de Montpellier (pesca, huerta, lavadero, baos, trabajo en los molinos) se 132

Montpellier. Acondicionar el ro Lez. Un proyecto para la ciudad

ha convertido en un lugar-smbolo, construido, artificial, ofrecido como signo al consumo de una centralidad urbana en desarrollo. Los mecanismos del pensamiento y del poder parecen haberse proyectado bajo formas urbanas, otorgadas al valle del Lez y al ro como smbolo (S. Rimbert, Los paisajes urbanos, 1973). El conjunto producido traduce claramente la empresa de la modernidad y la de la ecologa, la bsqueda de la seguridad y de la afirmacin de la calidad. Por qu Montpellier y su Distrito no puede ser la nica aglomeracin de Francia que poseyera en su seno, un ro, sin hormign, sin muros, patria de los juncos, y de las caas y de los pjaros? ... Para ello, es preciso suprimir los destrozos del tiempo, las riberas que se hunden, las presas a menudo medievales, en muy mal estado, u obsoletas... Los trabajos sistemticamente han juntado soluciones paisajsticas y vegetales para integrar las obras de acondicionamiento hidrulicas del Lez, consolidar las riberas con biotcnicas paisajsticas y conferir al conjunto una coherencia esttica en la tradicin del siglo XIX: bloques de piedras unidas por redes de hilo galvanizado para retener las riberas en las que ser depositada fuera del agua una capa de tierra arable para las plantaciones de flores y arbustos... Las riberas degradadas sern revitalizadas y sembradas... las cercanas del molino de Salicate han sido retomadas y vegetalizadas despus de colocarles rocas de anti-inundacin... El milagro se ha cumplido por la gracia de los ingenieros del siglo XX, herederos de los creadores del herbario de Montepellier, el primero de Francia y de Europa en el siglo XVI. (G. Frche, Puisance 15, 1996). Queda que el sentimiento de pertenencia es todava discreto, balbuceante, que las orillas del Lez se abren lentamente a las prcticas sociales. La circulacin en las riberas dice demasiado de la ciudad moderna, agitada y ruidosa. Molesta el caminar de los peatones. El Lez verde se aisla en un mundo secreto, todava alejado de las costumbres antiguas perdidas por una poblacin que ha cambiado bastante. El Lez aparece ms como una figura impuesta, construida, que como un lugar de referencia para los habitantes que han permanecido demasiado tiempo alejados de l. La oposicin a la Facultad de Derecho y de Ciencias Econmicas y la determinacin del poder municipal de anclar la ciudad en el Lez por el intermediario de nuevas edificaciones, y equipamientos centrales de la ciudad, incluido el nuevo ayuntamiento, da claros testimonios de la voluntad pblica afirmada, y de la intensidad de los conflictos locales.

5. CONCLUSIN El programa de acondicionamiento del Lez hace del ro reencontrado una composicin que restaura la idea del ro patrimonio, memoria de una 133

Jean-Paul Volle

historia a inventar, de un ro reserva de la Naturaleza a proteger, y fuente de agua pura, de un espacio de ocio, que hay que hacer de l un lugar seguro y dotarlo de equipamientos, de un decorado de ciudad y de un decorado para la ciudad que conviene producir segn los valores estticos y de las funcionalidades modernas. Esta remodelacin ha devuelto a la ciudad uno de sus lugares ms emblemticos, y que la identifican, el nico que se refiere verdaderamente a un medio natural. Paradoja de una Naturaleza que no es ms que artificio pero que queremos hacerla, y que parezca, realmente autntica. El Lez ha sido instrumentalizado. Es una fuente, es rstico, ecolgico, urbano, navegable, martimo. Pero debe sobre todo ofrecer a la ciudad una nueva imagen emblemtica, igual que Antigone y Puerto Marianne. En 1984, los oponentes a G. Frche escriban que era imposible pensar que el Lez sera un da el espejo de Antigone. Ms que de Antigone, no estar convirtindose en el espejo de la ciudad?

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ECOGEOGRAFA DEL RO EBRO


Alfredo OLLERO OJEDA

1. INTRODUCCIN El objetivo de este trabajo es mostrar el funcionamiento natural e integrado del sistema fluvial constituido por el ro Ebro, su problemtica actual y las posibles soluciones en el marco de la ordenacin del territorio ribereo. Se parte de una exposicin sobre el funcionamiento integrado de los sistemas fluviales para proseguir con un recorrido descriptivo por tramos del corredor del Ebro. Se profundiza posteriormente en la ecogeografa del Ebro de meandros libres, el anlisis del funcionamiento del sistema y de sus elementos ms relevantes a lo largo de sus 346 km de desarrollo longitudinal. De este anlisis de cauce y riberas se pasa a exponer los aspectos ms relevantes de su ordenacin: los riesgos hidrogeomorfolgicos, la problemtica en relacin con el Dominio Pblico Hidrulico y su potencial como corredor verde, concluyndose con una serie de ideas para la proteccin, tan necesaria como urgente, de este valioso sistema fluvial del Ebro.

2. EL SISTEMA FLUVIAL DEL RO EBRO El Ebro, con 930 km de recorrido, es el segundo ro ms largo de la Pennsula Ibrica tras el Tajo, y tambin ocupa la segunda posicin, tras el Duero, por su caudalosidad, aportando al Mediterrneo unos 18.500 hm3 anuales. Drena una cuenca vertiente de 85.000 km2. Como todos los ros y barrancos, el Ebro no es una simple corriente de agua, sino un sistema fluvial. Un sistema cuya principal funcin es, evidentemente, evacuar las aguas, cargadas de los materiales que transportan, en la direccin de la pendiente hacia el Mediterrneo. Pero adems de esa funcin prioritaria, el ro constituye un agente geomorfolgico, una fuen135

Alfredo Ollero Ojeda

te de vida y un recurso natural, adems de una corriente es un cauce y unas riberas, y en definitiva un sistema abierto de interacciones, enormemente dinmico en el espacio y en el tiempo y considerablemente complejo. Un punto concreto de un sistema fluvial est condicionado por los caracteres climticos, por la topografa, por la litologa, por los caracteres hidrogeolgicos, por los procesos y formas de relieve, por la organizacin de la red de drenaje, por la cubierta edfica y vegetal y por todos los usos humanos del suelo y del agua registrados en la cuenca hidrogrfica superior a ese punto. Por eso para el estudio de los sistemas fluviales se recurre generalmente a la cuenca hidrogrfica como unidad espacial y de interrelaciones. La morfologa de los cauces y su dinmica espacio-temporal son la respuesta al funcionamiento global de la red de drenaje y del ciclo del agua en la cuenca. sta acta como un sistema geomorfolgico abierto de proceso-respuesta autorregulado, de forma que cualquier modificacin en un punto va a repercutir en el resto de la cuenca, bien sea en su morfologa, en los materiales movilizados o en los procesos actuantes. Quiere esto decir que formas y procesos fluviales estn estrechamente relacionados, de tal modo que pueden considerarse ajustes del sistema morfogentico a los cambios que en l se originan. Las caractersticas de la cuenca vertiente condicionan ante todo la escorrenta, el caudal circulante por el tramo del sistema fluvial que nos interese, el comportamiento hidrolgico del sistema en ese punto concreto. Esta escorrenta o elemento hdrico, tanto en su rgimen normal como en sus casos extremos (crecidas y estiajes), es el elemento activo del sistema, la entrada de energa al mismo, el motor de la dinmica fluvial. Pero frente al elemento activo hay otros elementos de resistencia o filtro que van a condicionar la dinmica fluvial en el espacio considerado: la geomorfologa del valle, su pendiente y nivel de base, las caractersticas de los sedimentos transportados por la corriente, la presencia o ausencia y caracteres de la vegetacin en las riberas y las actuaciones humanas sobre el cauce y el espacio ribereo: infraestructuras (azudes, puentes...), trabajos de defensa (diques longitudinales para evitar la inundacin, defensas de margen para evitar la socavacin, encauzamientos, dragados...), usos del suelo en la llanura de inundacin, etc. El resultado del enfrentamiento entre el elemento hdrico y estos elementos de resistencia y de la interaccin entre todos ellos es la dinmica del sistema, representada fundamentalmente en la dinmica del cauce y en la dinmica de los ecosistemas ribereos. Pues bien, esta dinmica del sistema tambin interacta dentro del mismo y condiciona la dinmica de otros tramos, tanto aguas abajo como aguas arriba. Este hecho es fundamental para entender que se trata de una dinmica temporal y tambin espacial, es decir, cmo funciona un tramo del sistema en la actualidad condicionar su funcionamiento en el futuro, pero tambin condiciona el funcionamiento presente y futuro de los restantes tramos aguas arriba y abajo. 136

Ecogeografa del ro Ebro

Esta dinmica no implica falta de equilibrio, por el contrario, el sistema tiende siempre al equilibrio de todos sus elementos e interrelaciones. Es un equilibrio dinmico, y cualquier variacin de elementos y factores implica unos reajustes en busca de un nuevo estado de equilibrio.

3. EL RO EBRO: DEL PICO TRES MARES AL DELTA 3.1. EL ALTO EBRO El Ebro, o mejor dicho su afluente el Hjar, que debera ser en realidad el curso principal de la cuenca, nace en el pico Tres Mares (2.164 m), en la sierra de Pea Labra, punto de convergencia peninsular de las vertientes atlntica (Pisuerga), cantbrica (Nansa) y mediterrnea (Hjar). En su cabecera, el Alto Campoo, se distingue una gran riqueza de formas de relieve de origen glaciar, y el rgimen fluvial registra una importante influencia nival, con mximo primaveral. Es en Reinosa donde se le unen al ya maduro Hjar el modesto Ebro que mana en Fontibre a 888 m de altitud y el Izarilla, para llenar de inmediato el extenso (6.253 ha) embalse del Ebro, que entr en servicio en 1946. Al salir de su embalse, el Ebro se dirige al sur para recorrer la comarca cntabra de Valderredible, donde va recibiendo modestos afluentes. Su pendiente es considerable (4 por mil), pero se suaviza (1,9 por mil) tras girar al este para evitar los pramos de la Lora. El valle se abre all y el Ebro describe algunos meandros de gran radio y amplitud de onda. Al entrar en tierras de Burgos el Ebro se encaja en las calizas parameras e inicia una sucesin de profundos caones y estrechos valles, con bruscos cambios de direccin por razones estructurales: can del Ebro, valle de Zamanzas, Hoz de Colina, valle de Manzanedo, hoya y hocino de Incinillas, valle de Valdivielso, desfiladero de la Horadada, valle de Tobalina y desfiladero de Sobrn. Los principales afluentes que recibe el Ebro son el Rudrn y el Oca por la derecha y Nela y Jerea por la izquierda. En la estacin de aforo de Palazuelos el rgimen del Ebro presenta mximo en febrero, caudales altos de diciembre a abril y estiaje marcado entre julio y septiembre. A la salida del estrecho de Sobrn el valle del Ebro se abre en la cuenca de Miranda, cubeta de sedimentos oligomiocenos integrada en el largo sinclinorio surpirenaico. Aqu tributan sus aguas los ros Omecillo, Bayas y Zadorra por la izquierda y el Oroncillo por la derecha. En la estacin de aforo de Miranda el caudal medio del Ebro es de 62,96 m3/s, lo cual supone un caudal especfico de 11,5 l/s/km2 (MARTN RANZ y GARCA RUIZ, 1984). Se aprecia un mximo invernal en enero, con aguas altas prolongndose hasta marzo y estiaje estival marcado. 137

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3.2. EL EBRO MEDIO El corto desfiladero de las Conchas de Haro supone para el ro Ebro el portal de entrada en un paisaje sensiblemente distinto al de su curso alto. El ro abandona los estrechos valles burgaleses, en los que se vea obligado a seguir las complejas lneas estructurales, y alcanza su madurez sobre una amplia cubeta sedimentaria, la Depresin del Ebro, en la que mantendr una direccin continua WNW-ESE. Describir pronunciados meandros, a causa de la notable reduccin de su pendiente, regar extensas huertas y hermosos sotos relictos, y ser protagonista de un eje o corredor socioeconmico de primer orden. Se considera Ebro Medio, por tanto, al tramo del curso fluvial que discurre por la Depresin del Ebro, desde Haro hasta Mequinenza, atravesando tierras de La Rioja, Euskadi, Navarra y Aragn. El Ebro incrementa progresivamente su caudal con las aportaciones de numerosos afluentes, que le llegan por ambas mrgenes siguiendo un modelo general en espina de pez, y discurre plcidamente por su depresin describiendo pronunciadas curvas o meandros. La longitud total del cauce en este tramo es de 565 km, mientras Haro y Mequinenza distan tan slo 300 km en lnea recta, lo cual da una idea de la elevada sinuosidad del curso fluvial (ndice de 1,88), provocada por una bajsima pendiente media del 0,66 por mil. El valle no es homogneo, sino que se adapta a los materiales geolgicos que constituyen la Depresin. As, tanto en La Rioja Alta como en el Bajo Aragn, sectores superior e inferior del Ebro Medio, valle y cauce se encajan en formaciones de borde de cuenca con predominio de areniscas. Por el contrario, entre Logroo y La Zaida, a lo largo de todo el sector central de la Depresin, los materiales ms blandos (margas, arcillas, yesos) han propiciado el ensanchamiento de la llanura aluvial del Ebro, que describe un cauce menor libre, divagante sobre un llano de inundacin o cauce mayor extenso. Es en esta amplia llanura aluvial, sobre las terrazas bajas y el llano de inundacin actual, donde se asientan los extensos regados de los canales de Lodosa, Tauste o Imperial de Aragn, los principales ncleos de poblacin de todo el curso fluvial y vas de comunicacin de gran importancia a nivel peninsular, claves en el desarrollo econmico del corredor del Ebro. 3.2.1. De Haro a Logroo En las Conchas de Haro el Ebro corta la alineacin montaosa de Montes Obarenes-Sierra de Toloo y penetra en la Depresin del Ebro, limitada en este tramo superior por el borde septentrional del Sistema Ibrico occidental (Demanda-Cameros) y la citada Sierra de Toloo o 138

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Cantabria, estrecha pero continua barrera calcrea que impide la progresin de influencias ocenicas y contribuye decisivamente a la continentalizacin del clima de la Depresin. Entre Haro y Logroo el Ebro recorre tierras de Rioja Alta y Rioja Alavesa, recibiendo por la derecha a los afluentes Tirn y Najerilla y por la izquierda una serie de barrancos de caudal intermitente y corto recorrido que descienden de la Sierra de Toloo-Cantabria. Domina un paisaje de colinas coronadas por estratos duros areniscosos o por depsitos cuaternarios (terrazas y glacis), todo ello cubierto por extensos viedos que llegan hasta las riberas del Ebro. Una estrecha banda vegetal acompaa al cauce, con pequeos sotos relictos. El ro describe meandros muy pronunciados y encajados en el sustrato margo-areniscoso, con escarpes que superan los 50 m en algunas mrgenes cncavas, siendo excepcionales los ensanchamientos locales de la llanura de inundacin, pero bien aprovechados por huertas. Los meandros destacan por su elevada amplitud de onda y por el predominio de vrtices muy pronunciados de diseo irregular. Los procesos de erosin de mrgenes cncavas, con la consiguiente tendencia al estrangulamiento de los lbulos de meandro, son sumamente lentos, inapreciables a escala humana, en marcado contraste con la intensa y rpida dinmica de los meandros libres que se desarrollan aguas abajo de Logroo. En la estacin de aforo de El Cortijo, en el extremo inferior de este tramo, el caudal medio anual es de 110,61 m3/s, lo que supone un caudal especfico de 10,68 l/s/km2. El rgimen mantiene el carcter ocenico del Alto Ebro con aguas altas invernales y mximo en enero, siendo las crecidas tambin invernales, como corresponde a una alimentacin fundamentada en la elevada pluviometra de la cuenca alta a raz de situaciones borrascosas persistentes del NW. La influencia nival es reducida, aunque puede ser importante en algunos inviernos la procedente de las cabeceras del Tirn-Oja y Najerilla. 3.2.2. El Ebro de meandros libres A partir de Logroo el valle del Ebro se ensancha progresivamente a costa de los materiales arcillosos, margosos y yesferos del centro de la Depresin. Su cauce pasa a describir meandros libres que divagan sobre una cada vez ms amplia llanura de inundacin. Este modelo se desarrolla hasta la localidad zaragozana de La Zaida, en un total de 346 km de cauce. A pesar de la notable longitud del tramo, destaca su homogeneidad geomorfolgica, de rgimen hidrolgico y paisajstica, registrndose variaciones internas tan slo en lo referente a los caudales transportados por el ro, que se van incrementando conforme llegan los afluentes. Las caractersticas generales del paisaje fluvial de este Ebro de cauce libre son las siguientes: 139

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Encontramos a lo largo de todo el tramo una extensa llanura inundable cuya anchura media es de 3,2 km, llegando a alcanzar puntualmente los 6 km, sobre la que el ro se desborda en perodos de crecida. Se registran cambios de trazado en el cauce, bien bruscos (cortas producidas en crecidas), bien progresivos (erosin de mrgenes), que han sido continuos a lo largo de la historia. Hay un mayor desarrollo superficial y en complejidad de los bosques ribereos o sotos, que perviven en los enclaves ms dinmicos. Se multiplican las obras de defensa, que tratan de impedir el desbordamiento del ro o la erosin de sus orillas. La mayor parte de los ncleos de poblacin no se asientan en la orilla del cauce menor sino en el lmite de la llanura de inundacin, sobre terrazas altas o conos de deyeccin de barrancos afluentes. Sin embargo, unas 150.000 personas habitan dentro del terreno inundable. Un elemento singular, espectacular en el paisaje y muy importante en la dinmica del Ebro, es el escarpe terciario margo-yesfero notablemente continuo que limita la llanura inundable por la margen izquierda en amplios sectores interrumpidos por la llegada de los afluentes principales: Sartaguda-San Adrin, Azagra-La Caada, Cadreita-Arguedas, San Gregorio de Tudela-Fustiana, Alagn-Juslibol y La Puebla de Alfindn-Velilla. Presenta un desnivel entre 60 y 140 m y pendientes superiores al 50%, incluso verticales. Es un escarpe erosivo, labrado por el Ebro en su tendencia cuaternaria de desplazarse hacia el Norte, en el que la tectnica reciente ha podido intervenir. Evoluciona mediante desprendimientos en masa (paneles rotacionales y cadas de bloques y piedras) a partir del agrietamiento superior paralelo al acantilado. En algunos cortos sectores el Ebro discurre adherido a la pared, socava su base y transporta la masa movilizada (PELLICER y ECHEVERRA, 1989). El Ebro va recibiendo afluentes por ambas mrgenes. Iregua y Leza afluyen aguas abajo de Logroo por la margen derecha, mientras Linares lo hace en Mendavia por la izquierda. A la altura de Calahorra son Cidacos (derecha) y Ega (izquierda), y pocos kilmetros aguas abajo de Alfaro el Aragn (izquierda) y el Alhama (derecha). Los barrancos bardeneros ms importantes son los de Las Limas, Tudela y Valdenovillas, mientras por la derecha arriban el Queiles en Tudela y la Huecha en Novillas. El Arba, procedente de las Cinco Villas, llega por la izquierda en Gallur. El Jaln, de importante cuenca vertiente, lo hace entre Alagn y Torres de Berrelln, frente al escarpe del Castellar. Es en Zaragoza donde alcanzan el Ebro los ltimos afluentes significativos del tramo: la Huerva ibrico y el Gllego pirenaico. Aguas abajo slo cabe resear las numerosas vales monegrinas y los modestos Ginel, Lopn y Aguas Vivas procedentes del Campo de Belchite. Por lo que respecta a los caudales transportados, en Mendavia, tras recibir a Iregua y Leza, el Ebro registra 121,60 m3/s, descendiendo ligeramen140

Ecogeografa del ro Ebro

te el caudal especfico hasta los 10,12 l/s/km2. Entre los aforos de Mendavia y Castejn el Ebro sufre las primeras derivaciones importantes para riego (Canal de Lodosa, 9,3 m3/s de media) y recibe los modestos aportes de los afluentes ibricos Cidacos y Alhama y los ms elevados del Ega. Pero el hecho ms significativo es la llegada del caudaloso complejo Arga-Aragn, procedente del Pirineo Occidental, que va a duplicar el volumen del Ebro, de manera que en Castejn se registra un caudal de 270,49 m3/s, en un 122% superior al de Mendavia. Ello repercute en un mantenimiento del caudal especfico, que incluso es ms alto en Castejn (10,74 l/s/km2) que en Mendavia o El Cortijo. La prdida de caudal relativo ser ya continua de Castejn a Mequinenza, aumentando progresivamente la superficie de cuenca marcada por la aridez y donde las escasas aportaciones de los afluentes son contrarrestadas por las crecientes necesidades de riego. Entre Castejn y Zaragoza el Ebro no recibe aportes importantes (Queiles, Huecha, Arba y Jaln apenas contribuyen en conjunto con 30 m3/s), mientras se derivan considerables volmenes (canales de Tauste, 7,6 m3/s, e Imperial de Aragn, 23 m3/s). Como consecuencia, en Zaragoza el caudal medio anual es ms bajo que el de Castejn, concretamente 266,76 m3/s, y el caudal especfico ha descendido a 6,6 l/s/km2. La llegada del Gllego, inmediatamente aguas abajo del aforo de Zaragoza, supone la nica aportacin destacable en el sector final del tramo, localizndose el aforo de Sstago (276,83 m3/s y 5,65 l/s/km2) ya en el tramo siguiente. El rgimen del Ebro en todo el tramo es homogneo: pluvio-nival con mximo en febrero, mnimo en agosto y disimetra en las curvas de ascenso y descenso, prolongndose las aguas altas en primavera y las bajas en otoo. La influencia pluvial ocenica produce los notables caudales invernales, adems de la mayor frecuencia de crecidas en dicha estacin. La llegada del caudaloso complejo Arga-Aragn no supone una alteracin del rgimen del Ebro. 3.2.3. El Ebro en el Bajo Aragn En La Zaida, donde afluye el Aguas Vivas, el cauce del Ebro abandona el modelo de meandros libres y se encaja de nuevo en las formaciones de borde de cuenca. Sigue una direccin general Oeste-Este y describe meandros de gran amplitud de onda, a los que acompaan algunos sotos ribereos de notable extensin y calidad. A partir de Escatrn podemos hablar ya de riberas del embalse de Mequinenza, enmarcado por un paisaje solitario de relieve intrincado (Serreta Negra, Sierra de los Rincones) y bosques abiertos de pino carrasco y garriga. De Monegros desciende una red dendrtica de vales que se concentra en las proximidades del Ebro en algunos barrancos principales (Valdecenicero, Valdepobles, Val de Aloras, Valcuerna y Val de la Liberola). Por la margen derecha afluyen al Ebro los ros Martn, Regallo y Guadalope. 141

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El rgimen hidrolgico sufre pocas variaciones respecto al de los tramos anteriores, destacando el traslado del mximo anual a marzo, el mantenimiento de caudales primaverales elevados gracias al efecto del Gllego y el incremento de caudales otoales merced a la influencia de perturbaciones mediterrneas. Los estiajes son cortos y se acentan al final del verano.

3.3. EL BAJO EBRO El Bajo Ebro, bsicamente cataln, se inicia a raz de la llegada del Segre, el ms caudaloso de los afluentes del Ebro, en Mequinenza. Entre la confluencia del Segre y las sierras prelitorales catalanas, el Ebro permanece estructuralmente dentro de su Depresin, encajado en terrenos oligocenos. Su caudal apenas se engrosa con el ro Matarraa y una denssima red de profundos barrancos, entre los que destacan la Riera de Vall Major, el ro de la Cana y el barranco de Gorraptes en la margen izquierda y los barrancos de Barballs y San Francisco en la derecha. El cauce del Ebro carece en este sector de un estado natural, ya que se encuentra represado en dos embalses consecutivos, Riba-roja y Flix, pero las orillas cuentan con enclaves de gran valor, sotos y carrizales-caaverales favorecidos por el represamiento. Aguas abajo de Asc el valle se estrecha en una pequea garganta de 4 km de longitud, el Pas de l'Ase, en el que el Ebro se abre paso a travs de la primera alineacin serrana prelitoral (Sierra del Tormo, 525 m), saliendo definitivamente de su Depresin. Superado el congosto, el valle vuelve a abrirse en la cubeta tectnica de Mora (Clot de Mra), sinclinal fallado de materiales oligocenos, en la que el curso fluvial adopta una direccin NS, con un cauce de suaves meandros de corto radio. Destaca la presencia en el mismo de algunas islas que renen caracteres ecolgicos interesantes. El ro Ciurana y pequeos barrancos como la Riera del Compte llegan al Ebro por la izquierda, siendo los afluentes ms significativos por la derecha los ros Sec, Canaleta y Xalamera. En el Estrecho de Benifallet, un nuevo congosto de mayor longitud (17 km) entre Miravet y el azud de Xerta, el Ebro se abre paso entre las estribaciones nororientales de los Puertos de Beceite y la Sierra de Card, y sale a otra cubeta tectnica, la Cuenca o Vall de Tortosa, antesala de la llanura litoral y el delta. Dicha cubeta se encuentra colmatada por materiales detrticos pontienses, los sedimentos de la fase marina pliocena y los aluviones cuaternarios (terrazas del Ebro). Queda limitada al norte por las sierras de Card y Boix, y al oeste por los Puertos de Tortosa-Beceite, macizo calcreo de gran complejidad que culmina en el Mont Caro (1.447 m). Al pie del mismo el extenso sistema de glacis del Pla de La Galera es surcado por los barrancos Llop, La Cunca, La Cervera, Lloret-San Antonio, Lled y La Galera, tributarios del Ebro, cuya fisonoma y funcionamiento son propios de las ramblas mediterrneas. 142

Ecogeografa del ro Ebro

Abandonado su encajamiento, el Ebro recupera entre Xerta y el mar un tipo de cauce menor divagante sobre una llanura de inundacin cuya anchura oscila entre 0,8 y 1,6 km, alcanzando los 3 km en Tortosa. La pendiente del cauce es bajsima, en torno al 0,17 por mil, y su dinmica se fundamentaba en el pasado en los desbordamientos. La ausencia de crecidas en la actualidad, a causa de los sucesivos embalses aguas arriba, condiciona la imposibilidad de cambios de trazado. Un aspecto a tener en cuenta es el hecho de que hay 47 km de ro Ebro en los que el fondo del cauce est por debajo del nivel del mar, por lo que es posible en estiaje la penetracin de fluctuaciones marinas. Tambin destaca la existencia de algunas profundas pozas en el cauce del Ebro, como una de -21 m junto al puente colgante de Amposta. Es precisamente en Amposta donde el Ebro se integra en su propio delta. El cauce se ensancha y dos grandes islas se sitan entre brazos del Ebro, la de Gracia, totalmente cultivada, y la de Buda, en plena desembocadura en el mar. Un elemento interesante son los diques naturales que se sitan en ambas mrgenes del cauce a lo largo del delta. Se deben a que el ro en crecida depositaba los materiales ms gruesos en la misma orilla, y a continuacin decantaba los limos sobre el terreno inundado. El resultado es una topografa ms baja de la llanura deltaica que de los lmites del cauce. Estos diques estn sufriendo desmoronamientos en diversos puntos debido a la ausencia de sedimentacin en la actualidad y a la navegacin turstica sin control de velocidad, que produce un fuerte oleaje. El delta es un magnfico ejemplo de equilibrio dinmico entre los sistemas fluvial y martimo, entre la fuerza constructiva de los sedimentos que aporta el Ebro y las fuerzas erosiva y distributiva de las corrientes y temporales martimos. El delta actual comenz a formarse despus de la ltima glaciacin en relacin con el ascenso del nivel de mar, y su evolucin histrica ha sido muy compleja. En el ltimo siglo hay que incluir la agricultura como factor, ya que ha estabilizado buena parte de la plataforma deltaica. Recientemente destaca la disminucin de los aportes de limos en suspensin por parte de las aguas del Ebro, de manera que de 20 millones de toneladas anuales en los aos cuarenta se ha pasado a menos de 3 millones de toneladas en la actualidad, quedando atrapados en los embalses de Mequinenza, Riba-roja y Flix. La aportacin del Segre, estimada en 6.830 hm3, supone para el Ebro un notable incremento de caudal, adems de una mayor influencia nival y, por consiguiente, una mayor abundancia primaveral. La conjuncin de las primeras lluvias mediterrneas con la fusin nival pirenaica asegura en marzo los ms fuertes aportes mensuales del ao, mantenindose claramente las aguas altas hasta junio. El estiaje abarca de julio a septiembre. El ro ha logrado en este su curso bajo una notable ponderacin, impropia de los ros mediterrneos, gracias a la llegada escalonada de los distintos afluentes y sus correspondientes comportamientos hdricos. La aportacin media anual del Ebro en Flix de acuerdo con el estudio de recursos del Plan 143

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Hidrolgico es de 16.390 hm3 (519,3 m3/s) y en Tortosa de 17.035 hm3 (540 m3/s), a lo que habra que aadir unos 45 m3/s de caudal conjunto medio derivado por los canales del delta.

4. ECOGEOGRAFA DEL EBRO DE MEANDROS LIBRES Vamos a dedicar especial atencin al anlisis ecogeogrfico del Ebro de meandros libres. Hay que destacar su valor intrnseco como cauce libre, constituyendo uno de los mejores ejemplos de Europa. Son de gran inters igualmente el valor paisajstico de su complejo cauce-riberas, el funcionamiento hidrolgico, la importancia socioeconmica del tramo (Logroo, Zaragoza, huertas, vas de comunicacin) y, en consecuencia, la complejidad de relaciones hombre-ro que tienen lugar.

4.1. EL CAUCE Al discurrir sobre un valle amplio y de pendiente muy baja, la corriente no puede profundizar en el lecho e invierte su energa en el transporte y en la erosin lateral. El resultado es el desarrollo de un cauce meandrizante caracterizado por las numerosas rupturas en las familias de meandros y por las continuas variaciones en el tiempo de su trazado. Es posible distinguir los siguientes tipos de canal: Escasos tramos rectos que responden a causas estructurales o a cortas artificiales y no suelen alcanzar longitudes superiores a los 3 4 km. Presentan alternancia de barras de grava laterales mviles que son el origen de leves sinuosidades. El tipo de transicin recto-meandriforme se encuentra mejor representado en sectores de estrechez del valle o como resultado de cortas recientes, en cuyo caso el meandro tiende a ampliar su curvatura si las defensas lo permiten. El canal meandriforme bien desarrollado cuenta con una extensin muy importante en el tramo, si bien los trenes de meandros carecen de continuidad y no han podido lograr el modelo ideal de sinuosidad. Ello se debe a los choques con las paredes del valle, a la persistencia de las avenidas originando alteraciones y cortas, y al constreimiento del cauce por parte de las obras de contencin construidas en un momento en el que el canal no haba alcanzado su estabilidad. El canal trenzado se desarrolla de forma espordica tanto en el espacio como en el tiempo en sectores de incremento de la pendiente y con carcter permanente aguas abajo de los azudes. 144

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Si bien en la ltima dcada las variaciones en el trazado del cauce han sido mnimas, la erosin de las orillas cncavas y la sedimentacin en las convexas son procesos continuos que se producen con caudales normales, siendo acelerados en momentos de crecida. Siguen movilizndose por parte del ro importantes volmenes de materiales, algunas barras de gravas del cauce experimentan desplazamientos hacia aguas abajo observables de un ao para otro y la colmatacin de brazos secundarios, ciegos y galachos constituye un proceso actualmente activo de gran rapidez. La llanura de inundacin, conformada por depsitos de desbordamiento originados por decantacin y acrecin vertical de materiales finos, muestra evidentes y muy abundantes huellas de antiguos cauces abandonados, de planta semicircular como corresponde a su trazado meandriforme, y ya cultivados en su mayor parte, que son acompaados de numerosos pequeos escarpes cuyo papel es fundamental al dirigir las aguas desbordadas. En el centro de la extensa llanura inundable, las mrgenes del cauce menor aparecen cubiertas bien por masas de vegetacin de ribera, bien por franjas arboladas muy estrechas, bien por obras de defensa o infraestructuras. Las mrgenes cncavas aparecen cultivadas y defendidas de la erosin y los sotos ocupan los lbulos de meandro, sobre microtopografas complejas resultado de la sedimentacin de depsitos de canal, dominando las direcciones marcadas por la acrecin lateral. Son barras de meandro (point-bar) sucesivas con forma de media luna entre las cuales hay depresiones que constituyen cauces funcionales en momentos de crecida. El punto de desembocadura de los distintos afluentes se ubica en la mayor parte de los casos en una margen cncava del cauce del Ebro, por razones topogrficas y sedimentarias. El papel de las confluencias en la morfologa del canal principal es importante. El aumento de caudal lquido y slido aportado repercute en el ensanchamiento del cauce y la llanura de inundacin, una mayor profundidad del canal y una modificacin de la pendiente. En los casos de aportaciones hidrolgicas relevantes (Aragn y Gllego) se registra un importante incremento de la dinmica aguas abajo en el cauce del Ebro. En ambos casos encontramos familias de meandros continuas, regulares en su trazado general pero inestables en cada uno de sus vrtices por la fuerte erosin de sus concavidades y activa tendencia a migrar aguas abajo. La razn principal se encuentra en que son las reas de mxima punta de avenida, con lo que el poder morfogentico de la corriente es superior al de cualquier otro sector del cauce. En el curso meandrizante del Ebro destaca la abundancia de gravas y la existencia de un gran nmero de barras como consecuencia del notable aporte de caudal slido de los afluentes y de la activa erosin de las mrgenes del propio Ebro. Sin embargo, la multiplicacin de embalses y la reduccin de la dinmica natural del cauce han limitado apreciablemente en las ltimas dcadas la carga slida del ro. Al mismo tiempo, el menor nmero de crecidas ha supuesto una limitacin en la capacidad de arrastre de la corriente y ha contribuido a facilitar la colonizacin vegetal con la consi145

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guiente retencin de las barras preexistentes. El resultado de todo ello es una notable disminucin en nmero, superficie y dinamismo de las barras de grava migrantes del cauce. No obstante, an son abundantes. En su mayora presentan una morfologa en punta de flecha. Son ms abundantes en tramos inmediatamente aguas abajo de la llegada de un afluente y afloran en superficie en sectores con rupturas de pendiente. La presencia de islas en el cauce del Ebro es muy importante desde el punto de vista ecolgico, ya que en ellas se asientan los ecosistemas ribereos menos alterados, gracias a la dificultad de acceso. La reduccin de carga y la estabilizacin y constreimiento de mrgenes han trado consigo la decadencia del modelo trenzado (con subdivisin en brazos), dominando en la actualidad la colmatacin de brazos secundarios y la anexin de las islas a las mrgenes. Una morfologa original son los brazos ciegos, apndices inundados del cauce principal que se abren en su mayor parte a la entrada de las concavidades en direccin contraria a la de la corriente y aparecen en una amplia mayora de los meandros del Ebro. Los denominamos ciegos por cuanto conectan con el cauce principal en un solo punto, al menos en estiaje, ya que en aguas altas suelen convertirse en brazos funcionales secundarios. De hecho, suelen ser inicialmente brazos secundarios o canales de crecida que se ciegan desde aguas arriba, en el inicio de orilla convexa, zona de sedimentacin de gravas y menor profundidad que coincide con el extremo final del dique natural (levee) correspondiente a la orilla cncava precedente. Su presencia es fundamental para la instalacin y distribucin de formaciones vegetales. Precisamente ello es la causa de su carcter temporal y de su tendencia natural a la desaparicin mediante un proceso de colmatacin favorecido por una fcil colonizacin vegetal capitaneada por el carrizo (Phragmites communis). Ahora bien, la profundidad de la boca de entrada del brazo suele ser considerable, al coincidir normalmente con la orilla cncava del meandro. En definitiva, el proceso de colmatacin se verifica desde aguas arriba acortando progresivamente el desarrollo del brazo. El desarrollo de brazos ciegos suele producirse en meandros dinmicos y de curvatura inestable, con flujos secundarios y clara migracin de vrtices aguas abajo. Las cortas pueden ser definidas como procesos muy rpidos, bien naturales, bien provocados por el hombre, que suponen cambios radicales del trazado del cauce, cuando la corriente fluvial busca un recorrido ms corto y de mayor pendiente hacia aguas abajo, generalmente abandonando un tramo curvo y cortndolo por algn sector de su cuello o lbulo. Significan los cambios ms bruscos de la dinmica fluvial y son origen de cauces abandonados con una dinmica propia compleja y original. La consecucin de una corta provoca una importante revitalizacin de la erosin de las mrgenes, ya que el cauce tender a recuperar su trazado sinuoso. 146

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Las cortas de origen natural, en una amplia mayora consecuencia de procesos de crecida y condicionadas por factores locales, de tal manera que crecidas distintas han iniciado cortas siempre en los mismos lugares, presentan dos tipologas bsicas: Chute cut-off o cortas de canal de crecida, que son muy abundantes, habindose registrado en alguna ocasin en la evolucin de la mayora de los meandros. Si una de las depresiones que conforman las barras de meandro es ocupada por la corriente principal se ha generado la corta. Normalmente el viejo cauce sigue siendo funcional, quedando una isla configurada por el conjunto de barras de meandro. Neck cut-off o cortas de cuello, menos frecuentes en el rea de estudio en el presente siglo, que han generado cambios drsticos en el trazado. La corriente estrangula el cuello del meandro y abre un cauce nuevo de menor sinuosidad y mayor pendiente, dejando cortado todo el lbulo del antiguo meandro y abandonado el viejo cauce. El ejemplo ms importante es la corta que origin en 1961 el Galacho de Juslibol. Como resultado de las cortas que han tenido lugar presidiendo mltiples variaciones del cauce a lo largo del Holoceno, innumerables huellas de meandros abandonados cubren la llanura de inundacin entre Logroo y La Zaida. Los ms recientes conservan inundado el sector de mxima curvatura del viejo cauce, por ser ms profundo, y son denominados galachos en Navarra y Aragn. Tienen una vida corta, ya que son colmatados en pocas dcadas en un proceso en el que colabora la colonizacin vegetal (carrizales en su primera fase) con la sedimentacin de finos (inundaciones o llegada de desages y barrancos). En muchos casos el hombre ha rellenado el galacho para cultivarlo. En la actualidad slo perviven en el Ebro de meandros libres los galachos de San Martn de Berberana (Arrbal), La Catremana (Cabanillas), Juslibol, La Cartuja, La Alfranca y Osera, as como otros carentes ya de lmina de agua y cubiertos de carrizales: Chaparreta (Lodosa), Milagro, Novillas, Boquieni, Mejana Baja de Villafranca, Bonastre y Los Alterones (Pina).

4.2. LAS RIBERAS Las riberas naturales del Ebro medio constituyen un valioso pasillo verde en el centro de la rida Depresin del Ebro, reuniendo diversos ecosistemas acuticos y terrestres. No obstante, la superficie actual de las masas de vegetacin espontnea de estas riberas supone aproximadamente el 40% de la extensin que ocupaban en 1950. Esta reduccin drstica no se ha debido a factores naturales sino a intervenciones antrpicas con el fin de ganar terreno para el cultivo. As pues, la extensin actual de las formaciones de ribera no es tanto resultado de la dinmica del cauce como de los intereses humanos, de manera que perviven los sotos all donde es imposible cultivar o interesa por algn motivo su conservacin. 147

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Los sotos actuales son masas boscosas de gran complejidad estructural, con un mosaico de comunidades desde las pioneras hasta las ms desarrolladas (choperas y alamedas principalmente), pasando por saucedas de orla y tamarizales. Su carcter relicto les otorga un gran valor ecolgico. Fiel reflejo de los cambios sucesivos del sistema natural, se extienden tanto en funcin de la distancia al cauce y al nivel fretico, de la periodicidad de las crecidas y grado de inundabilidad, como por las propias caractersticas de la deposicin de sedimentos (granulometra, microtopografas) y de la dinmica geomorfolgica del cauce. La mayora de los sotos actuales en el Ebro son muy jvenes, instalndose sobre terrenos renovados por el ro en las crecidas de la primera mitad del siglo. La inundabilidad es un factor fundamental en su estructura y desarrollo superficial. Se ha observado que las formaciones arbreas se desarrollan preferentemente en terrenos inundados por perodos de retorno de entre 2 y 5 aos, mientras en las orillas del cauce con inundacin anual no suele pasarse de formaciones pioneras. Se observa una distincin clara entre el desarrollo vegetal sobre las mrgenes cncavas o sobre las convexas. Las mrgenes cncavas son ms frtiles para el cultivo al estar constituidas por depsitos finos. Por ello son cultivadas y defendidas de la erosin, siendo relegados los sotos a las orillas convexas donde la mayor variedad de sedimentacin permite la diferenciacin de comunidades sobre complicadas microtopografas. Las orillas cncavas suelen ser, por otra parte, demasiado altas para que se instale la vegetacin freatoftica. Los sotos instalados en ellas corresponden en todos los casos a antiguas islas del cauce. El soto se inicia en la margen convexa, sufre una corta de canal de crecida y termina adosndose a la opuesta tras contribuir a colmatar el brazo secundario, pero se mantiene topogrficamente ms bajo que la antigua orilla. Entre los sotos ms valiosos del Ebro podemos citar los de Briones y Buicio en el tramo Haro-Logroo, La Sabuquera y Los Americanos en Logroo, el soto Magacha en Mendavia, el de San Martn de Berberana en Arrbal, el remanso de la Voleta en Azagra, los sotos de Alfaro, un valiossimo pasillo vegetal entre la confluencia del Aragn y Tudela (sotos de Giraldelli, Ramalete, La Barca, Vergara, La Remonta), mejana de Santa Isabel (Cortes), soto de Pradilla, islas de Alcal de Ebro, soto de Alagn, alameda de Utebo, soto de Cantalobos (junto al casco urbano de Zaragoza), sotos del Francs y La Alfranca, soto de la Casa de Quinto, soto Aguilar, islas de Pina y La Zaida, mejanas de Sstago, tamarizales del embalse de Mequinenza, tamarizales y carrizales-caaverales de Flix, islas de Mora y Miravet. Pero las masas de vegetacin espontnea no se limitan a las orillas del cauce, sino que tambin colonizan los restos de cauces abandonados aislados en el centro del llano de inundacin. La existencia de brazos secundarios, ciegos o abandonados resulta fundamental para el desarrollo de sotos de mximo 148

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valor natural y gradiente ecolgico. La presencia de agua estancada o semiestancada con nivel fretico muy elevado y rica en nutrientes, la complejidad de la orilla y sus microtopografas y el predominio de una granulometra fina favorecen el desarrollo de una comunidad vegetal compleja con todas las etapas de sucesin y condiciones excelentes como hbitat para una fauna variada. Esto es lo que ocurre en los galachos de Juslibol y La Alfranca, espacios de ribera de gran valor ecolgico y paisajstico. Los galachos que fueron abandonados hace entre 50 y 100 aos generalmente carecen ya de lmina de agua o sta es tan somera que no es visible bajo el denso tapiz de plantas helfitas (carrizos, caas y aneas) que cubre totalmente el galacho y es hbitat de una riqusima fauna, destacando la presencia de aves migrantes. El mejor y ms extenso galacho-carrizal del Ebro medio es el de Boquieni (el ms extenso, con 10 ha). Por ltimo, los restos de cauce que quedaron abandonados hace ms de un siglo y an no han sido cultivados han perdido ya las helfitas y se encuentran cubiertos de una formacin vegetal de juncal-prado. Los sotos han sido tiles tradicionalmente para la obtencin de lea y el pastoreo, usos hoy en claro retroceso. Tambin ejercan, y siguen ejerciendo all donde se conservan, un interesante papel defensivo evitando la erosin de mrgenes y reduciendo la fuerza de los caudales de crecida. Sin embargo, a partir de los aos sesenta han sido profundamente alterados por extracciones de ridos (ms del 80% de los sotos del Ebro presentan huellas de estas actividades), constreidos por las cada vez ms ambiciosas obras de defensa y acusados en demasiadas ocasiones de ser causantes de daos por desviar la corriente contra mrgenes no defendidas, lo cual ha llevado a practicar frecuentes acciones de limpieza, consistentes en eliminar la vegetacin de islas y orlas del cauce. Por otra parte, la regulacin de la cuenca, al alterar las condiciones hidrolgicas y de caudal slido, ha afectado a la dinmica sucesional de los sotos, que han sufrido un empobrecimiento biolgico, una prdida de complejidad, de dinamismo sucesional, de gradiente ecolgico y de calidad como hbitat. En los ltimos aos estamos asistiendo, por un lado, a la rpida colonizacin vegetal (el tamariz es la especie ms progresiva) de los depsitos sedimentarios ante la reduccin de crecidas y aportes slidos, y, por otro, a nuevas prdidas superficiales de masas de vegetacin natural en beneficio de cultivos de chopos subvencionados. La reduccin o eliminacin de la dinmica natural del ecosistema ribereo, la alarmante deforestacin y la importante degradacin ambiental son los principales problemas que sufren los sotos y galachos supervivientes, problemas favorecidos por la ausencia de una ordenacin territorial en la que seran bsicos el deslinde del Dominio Pblico Hidrulico y una zonificacin de usos. En el pasado los impactos en las riberas se deban fundamentalmente a los excesos en la explotacin forestal y el pastoreo. Desde 1950 se ha asisti149

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do a una notable ocupacin de terrenos ribereos para prcticas agrcolas, asentamientos urbanos e industriales e infraestructuras, en muchos casos sobre el Dominio Pblico Hidrulico definido por la Ley de Aguas. La regulacin de la cuenca ha modificado el rgimen hdrico, el caudal slido y el volumen y periodicidad de las crecidas. Desde la importante avenida de diciembre de 1960 se han construido defensas en las mrgenes que han causado cambios en las condiciones de flujo y modificaciones enormes a todos los niveles. Las defensas han eliminado la dinmica del cauce, incapaz ya de variar su trazado erosionando orillas cncavas y cortando meandros, y han favorecido ms invasiones del Dominio Pblico Hidrulico. Adems de estos problemas bsicos, un recorrido por las riberas nos permite detectar otros muchos. Los escombros, basuras y vertidos incontrolados son generalizados y abundantsimos, y las crecidas se encargan de extenderlos. A las extracciones de ridos, defensas, infraestructuras y dragados hay que aadir la elevada contaminacin de las aguas del Ebro.

5. ORDENACIN DE CAUCE Y RIBERAS 5.1. RIESGOS HIDROGEOMORFOLGICOS El principal riesgo natural del curso del Ebro son las crecidas, riesgo que se acrecienta en aquellos sectores del cauce, muy significativamente de Logroo a La Zaida y aguas abajo de Xerta, en los que la falta de encajamiento provoca el fcil desbordamiento del cauce menor y la consiguiente ocupacin temporal por el ro de la llanura de inundacin, en la que se asientan cultivos, infraestructuras y ncleos de poblacin. Hay que tener en cuenta que unas 200.000 personas (la mitad de ellas en los barrios zaragozanos de la margen izquierda) viven y trabajan dentro de esa llanura de inundacin, en definitiva dentro del cauce del Ebro. El riesgo se ve agravado en determinados lugares por factores locales, como llegada de afluentes o ubicacin de puentes, azudes y obras de defensa. As, Tudela es considerado el punto de mximo riesgo de avenida de toda la cuenca del Ebro, debido a la llegada del Aragn aguas arriba, al efecto de cuello de botella de su viejo puente y a la confluencia en pleno casco urbano del barranco de Mediavilla y del ro Queiles. Tortosa fue histricamente otro punto negro, solventado por la laminacin en los embalses de Mequinenza, Ribaroja y Flix. Las crecidas del Ebro presentan una alta frecuencia, de manera que aproximadamente una vez al ao el ro se desborda en amplios tramos. Proceden de todos los sectores altos de la cuenca, destacando por su volumen las de origen pirenaico, aportadas por Aragn, Gllego o Segre, y las que derivan de largos procesos lluviosos en el Alto Ebro. Las ms peligrosas son las crecidas generales, aquellas en las que intervienen varios afluentes 150

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a la vez, si bien el escalonamiento de los mismos suele hacer que sean escasas las coincidencias. Las avenidas extraordinarias son principalmente invernales entre Haro y Zaragoza, con un leve incremento de procesos primaverales aportados por el Gllego, y tambin otoales a partir de la confluencia del Segre. Es destacable la reduccin de la punta de crecida aguas abajo como consecuencia de la laminacin ejercida por el propio cauce (desbordamiento, ocupacin de canales de crecida y brazos ciegos). La consecuencia es un aplanamiento del hidrograma, de manera que la crecida es progresivamente menos voluminosa aguas abajo, pero al mismo tiempo el proceso de aguas altas dura ms tiempo. Otro riesgo natural es la erosin de las mrgenes por parte de la corriente fluvial. Se produce sobre las orillas cncavas de los meandros y es ms efectiva tambin en los tramos de cauce libre. El riesgo es tanto mayor cuanto ms irregular sea la curva y ms brusco su ngulo. Si las obras de contencin se lo permiten, el cauce tender a regularizar la curva a costa de la margen cncava o de una corta a travs de la convexa. Afecta directamente a ncleos de poblacin como Alcal de Ebro, Cabaas de Ebro, Mora d'Ebre o Miravet. Para defender sus intereses econmicos de estos riesgos hidrogeomorfolgicos naturales, el hombre construye defensas desde hace siglos, pero es a partir de 1960 cuando se multiplican las motas o diques de tierra compactada, las escolleras, los espigones, los muros de hormign y los dragados. La falta de una planificacin al respecto ha originado conflictos y el traslado de los problemas a sectores no defendidos. Adems, han supuesto inversiones econmicas en muchos casos netamente superiores a los daos que trataban de evitar, daos que hubieran sido menores si se hubiera conservado la vegetacin. Se han realizado tambin varias rectificaciones de cauce que han originado numerosos problemas porque el ro tiende a recuperar su estabilidad alterada por la obra y multiplica su fuerza erosiva all donde es constreido a la fuerza. Un riesgo natural ms puntual est constituido por los desplomes que se producen peridicamente en los escarpes que limitan el valle, especialmente en el escarpe terciario margo-yesfero de la margen izquierda entre Sartaguda y Velilla de Ebro. El episodio ms dramtico fue el desprendimiento de La Pea sobre el pueblo de Azagra en 1874, que produjo la destruccin de 77 casas y la muerte de 91 personas. Evidentemente hablamos de riesgo desde el momento en que hay una vulnerabilidad territorial, unos asentamientos y unas actividades humanas dentro del cauce mayor del Ebro. Las crecidas, la erosin de las mrgenes y los desplomes en escarpes son procesos naturales ligados a la dinmica del sistema, pero se convierten en factor de peligrosidad desde la perspectiva humana a causa de la ubicacin de intereses humanos en esos puntos de riesgo natural. A estos riesgos naturales hay que aadir los inducidos por 151

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determinadas actuaciones humanas (defensas, infraestructuras, efectos de represamiento por puentes y azudes, etc.). Para la ordenacin del cauce y de las riberas del Ebro es preciso tener en cuenta estos riesgos y la dificultad de solucin de estas situaciones heredadas. El primer paso de una correcta planificacin sera no seguir incrementando la vulnerabilidad territorial.

5.2. PROBLEMTICA DEL DOMINIO PBLICO HIDRULICO Las variaciones espacio-temporales del trazado del cauce en un ro de llanura como el Ebro constituyen un problema en la ordenacin del territorio porque son generalizadas las invasiones no ya slo del cauce mayor o llanura de inundacin, donde encontramos ciudades, pueblos, industrias y cultivos, sino incluso dentro del cauce pblico definido por la Ley, o Dominio Pblico Hidrulico. Adems, como consecuencia de las invasiones citadas, los ros de llanura constituyen un riesgo natural, como hemos expuesto, que amenaza a los recursos econmicos e incluso a las vidas humanas. La tendencia natural a la dinmica en los sistemas naturales implica que la estabilidad no puede ser permanente. Esa estabilidad le interesa al hombre para desarrollar sus actividades econmicas, pero ello tiene un precio. La estabilidad natural no existe, ya que aun cuando un cauce y unas riberas hayan alcanzado su morfologa y situacin ideales, cualquier modificacin en alguno de los elementos del sistema los alterar en una nueva bsqueda de equilibrio natural. Hay, por tanto, una contraposicin entre los intereses humanos y la inestabilidad y complejidad naturales del sistema. La Ley 29/85 de Aguas, del 2 de agosto de 1985, define el dominio pblico de las riberas o Dominio Pblico Hidrulico, gestionado por las Confederaciones Hidrogrficas. La Ley y sus Reglamentos han entrado en vigor, por tanto, hace ya ms de una dcada. Sin embargo, algunos de sus postulados y normas no han sido todava puestos en prctica. La no aplicacin de la Ley y los propios vacos legales que genera, estn causando invasiones generalizadas del Dominio Pblico Hidrulico, realizadas con la excusa del uso tradicional y apoyadas en la casi total ausencia de deslindes. Interpretando la Ley, debemos concluir que la zona de dominio pblico est constituida por el cauce que ocupara la crecida ordinaria mxima (no el cauce menor, por tanto), pero hay que aadir a dicha zona sendas franjas de uso pblico de 5 m de anchura denominadas de servidumbre. Para conocer exactamente ese terreno hace falta un profundo estudio de caudales de crecida y de inundabilidad. En funcin del mismo debe deslindarse el terreno pblico. La delimitacin del DPH que establece la Ley presenta algunos problemas en su aplicacin a ros meandrizantes y de cauce libre, cuyo trazado 152

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cambia continuamente. La definicin de cauce debera tener en cuenta las condiciones especficas de estos modelos naturales y considerar como base tanto los criterios hidrolgicos fijados por la Ley como los geomorfolgicos referidos al desarrollo de la banda activa de ameandramiento y la migracin aguas abajo de cada vrtice de meandro. Por ello, en llanuras aluviales como la del Ebro de meandros libres resulta urgente delimitar y proteger el DPH, hecho que significara la devolucin de terrenos al ro, con claras repercusiones socioeconmicas, ya que se perderan terrenos actualmente en cultivo. Ahora bien, la recuperacin del DPH traera consigo una reduccin de riesgos en las restantes zonas de cultivo de la llanura de inundacin, ya que un DPH suficientemente extenso en el que el ro se desborde sin ningn obstculo puede laminar de forma natural los caudales de crecida. Esto implica un ahorro en defensas e indemnizaciones.

5.3. POTENCIAL COMO CORREDOR VERDE Los ros, y el Ebro con un claro protagonismo, tienen un enorme potencial en la ordenacin del territorio como corredores verdes, con objetivos ecolgicos y/o socioeconmico-recreativos. Siempre han sido corredores ecolgicos, hbitats para el desarrollo y la migracin de especies animales y vegetales, cadenas de enlace entre la montaa y el valle. Al mismo tiempo, han sido motores socioeconmicos y ejes de comunicaciones durante milenios, y su funcin de recreo, no menos tradicional, est asociada actualmente a nuevas demandas de ocio (naturalidad y aventura). El problema estriba, evidentemente, en la competencia entre estos objetivos socioeconmico-recreativos y los ecolgicos, en principio contrapuestos. Es preciso estudiar la capacidad de cada ro para cumplir o soportar cada uno de esos objetivos y no olvidar la imprescindible consideracin unitaria o integrada, para cualquier iniciativa, de toda la corriente fluvial o de todo un largo tramo homogneo de lmites ntidos. Porque del mismo modo que cualquier impacto en un pequeo enclave de un ro repercute negativamente aguas arriba y aguas abajo por el enorme dinamismo espacial de toda corriente fluvial, cualquier solucin para lograr el equilibrio ecolgico-turstico slo ser efectiva si es aplicada de forma planificada a todo el curso fluvial, atendiendo su dinmica, sus interacciones y su diversidad interna. En la planificacin debemos, por tanto, seleccionar tramos y zonificar usos. Hay tramos de ro suficientes en nuestro entorno para completar los dos objetivos. El ecolgico se logra conservando la dinmica y los ecosistemas y eliminando los impactos. El recreativo es ms complejo, pero los ros ya han ejercido tradicionalmente ese papel de canalizadores de ocio desde un correcto equilibrio con la funcin ecolgica, y su degradacin no se ha 153

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debido al uso recreativo, sino a la extraccin de recursos (agua, madera, ridos) a cambio de todo tipo de vertidos lquidos y slidos propios de una imprudente equiparacin de ro con cloaca. Establecer un corredor verde en un ro es sumamente sencillo y barato: ofrece enclaves atractivos, agua y superficies arboladas para el ocio, y si se desea su exclusiva funcin como pasillo ecolgico, en muy pocos aos, sin otra inversin que eliminar los impactos que lo han degradado, se renaturaliza totalmente. Las riberas naturales, y las del Ebro cuentan con un notable potencial aun cuando se encuentran en situacin de alarma, renen valores que debemos tener en cuenta: Valores ecolgicos: son ecosistemas de mximo dinamismo, gradiente y diversidad ecolgica, que destacan por su plasticidad gentica y gran capacidad de adaptacin y regeneracin. Es fundamental su papel de ecotono, de lmite entre la corriente de agua y los terrenos interiores (cultivos), de manera que amortiguan las fuertes oscilaciones del ambiente fluvial (protegen el suelo frente a la erosin, estabilizan los aportes slidos, influyen en el microclima, filtran nutrientes, etc.). El valor ecolgico de los sotos se revaloriza continuamente por su progresivo carcter relicto. Valores paisajsticos, por la presencia de formaciones vegetales espontneas y lminas de agua en marcado contraste con el paisaje que los rodea. Valor funcional en el sistema fluvial: el papel de filtro entre los distintos elementos del sistema le confiere a la vegetacin de ribera una importancia capital en el funcionamiento del mismo. El papel principal radica en impedir o reducir el arrastre aguas abajo de las barras de grava del cauce previamente colonizadas, as como en frenar la fuerza de los caudales de crecida y evitar la erosin de las orillas. Las formaciones pioneras fijan y estabilizan los depsitos de gravas. Las franjas de orla mantienen el trazado del canal y disipan la fuerza de la corriente. El soto ejerce un papel de filtro favoreciendo la sedimentacin diferencial y el enriquecimiento del suelo aluvial. La vegetacin de ribera es una buena defensa frente a la erosin fluvial y la que menos cuidado y mantenimiento requiere. Valores bioclimticos y sociales: las riberas favorecen sensaciones bioclimticas agradables (humedad, sombra, menores contrastes trmicos) para la fauna y el hombre, lo cual repercute en su potencial como reas de ocio.

5.4. PROPUESTA DE PROTECCIN La recuperacin ecolgica y social de los espacios ribereos y su funcionamiento efectivo como corredores verdes requieren actuaciones de mejora paisajstica y ambiental, de proteccin y de gestin. En la situacin actual se hace enormemente necesaria y urgente la ordenacin de los espacios 154

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ribereos del Ebro, con una zonificacin y racionalizacin de usos, y la restauracin y renaturalizacin en la medida de lo posible del sistema fluvial y de las muy degradadas riberas. Por otro lado, a nivel social es preciso recuperar el conocimiento, el respeto y el disfrute de los ros como ros. Las actuaciones necesarias slo pueden ser efectivas si se trabaja de forma integrada en sistemas fluviales completos. Para ello proponemos (OLLERO OJEDA, 1993c, 1993d, 1996b): Medidas de restauracin paisajstica y ambiental para lograr pasillos continuos de vegetacin de ribera: restauracin de enclaves degradados, realizacin de campaas peridicas de limpieza de mrgenes, reordenacin y traslado de extracciones de ridos, eliminacin de fuentes contaminantes directas, conservacin y reintroduccin de especies animales y vegetales amenazadas. Medidas de proteccin del sistema fluvial, ya que slo un pasillo ribereo continuo puede garantizar la riqueza ecolgica y su conservacin. Hay que romper la inercia de proteger slo los espacios relevantes, que quedan desconectados entre s, y lograr corredores continuos que enlacen todos los espacios valiosos. La proteccin no slo debe preservar los valores ecolgicos, sino que su objeto debe ser la propia dinmica natural del sistema fluvial del ro Ebro en toda su complejidad, como valor en s mismo. Por otra parte, no sirve de nada en el medio fluvial conservar espacios de inters ecolgico, si no se conservan tambin las condiciones de dinmica natural que los hacen posibles. En este sentido deberan estudiarse regmenes hdricos de compensacin que incluyan tambin crecidas de compensacin y caudales slidos de compensacin, que permitan los procesos de erosinsedimentacin y de sucesin vegetal. Adems del pasillo ribereo deberan ser tambin urgentemente protegidas las zonas hmedas efmeras fluviales, galachos y carrizales, de gran valor geoecolgico, en claro peligro de extincin si no logramos conservar la dinmica. Medidas de ordenacin y gestin: aplicar la legislacin vigente y solventar vacos legales, elaborar para el Ebro un Plan Especial de Proteccin y Uso del Corredor Fluvial, zonificar usos dentro del terreno inundable o cauce mayor en funcin del nivel de riesgo y de los objetivos ambientales y de proteccin, desarrollar sistemas de previsin, alarma, defensa y proteccin civil e informar a la poblacin sobre los riesgos hidrogeomorfolgicos, regulacin de los usos de ocio, desarrollar sistemas biolgicos de depuracin, establecer mancomunidades de gestin, etc.

6. CONCLUSIONES El ro Ebro es un gran sistema fluvial europeo que cuenta con unos caracteres y unas singularidades hidrolgicas, geomorfolgicas, ecolgicas y paisajsticas de gran inters. Entre todas ellas destaca la presencia 155

Alfredo Ollero Ojeda

de 346 km de cauce libre meandriforme sobre una llanura de inundacin amplia, el de mayor extensin y valor de la Pennsula Ibrica y uno de los ms importantes del continente. Este hecho debera implicar la proteccin del cauce por su valor intrnseco. Dicho cauce es acompaado de unos ecosistemas acuticos y ribereos igualmente valiosos pero afectados por diversos y graves impactos que se han recrudecido en las ltimas dcadas. El conocimiento de la situacin actual de las riberas naturales del Ebro nos lleva a plantear la urgente necesidad de proteccin de este pasillo fluvial, su propio cauce, de mximo valor en s mismo, y los ecosistemas ribereos que todava perviven. No es suficiente proteger espacios ribereos singulares aislados, desconectados, y no podemos conformarnos tampoco con depurar las aguas. Es precisa la proteccin de todo el pasillo ribereo, al margen de lmites administrativos o de competencias, para lograr un autntico corredor ecolgico y bioclimtico que cumpla su funcin territorial de conectar espacios de inters natural y constituir un eje verde que purifique el entorno y ofrezca posibilidades de ocio, en la lnea de las futuras redes de proteccin europeas. Slo una proteccin global y por encima de intereses locales puede garantizar el funcionamiento integrado de un sistema fluvial tan rico y al mismo tiempo tan frgil. El primer paso de esa proteccin debe ser deslindar el Dominio Pblico Hidrulico para impedir nuevas invasiones (y, por tanto, el incremento de riesgos) y garantizar el uso pblico.

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ACTUACIONES URBANAS EN CAUCES Y RIBERAS: EL CASO DEL EBRO EN ZARAGOZA


Ramn M GUTIRREZ SERRET

1. INTRODUCCIN 1.1. OBJETO La presente comunicacin pretende dar una panormica de la situacin actual de las actuaciones fluviales de carcter urbano, exponiendo, en primer lugar, las consideraciones generales que son comunes a todas ellas. Posteriormente, se presenta el marco legal en el que las mismas han de desarrollarse, se pasa revista a los diferentes tipos de actuaciones que pueden acometerse (obras de defensa, rehabilitaciones de cauces, obras para usos recreativos, etc.) y se exponen algunos ejemplos de realizaciones espaolas. Por ltimo se analiza el caso del Ebro a su paso por Zaragoza, comentando las actuaciones que en este tramo urbano se quieren llevar a cabo para la plena integracin ro-ciudad, restaurando sus mrgenes y creando una lmina de agua que, en pocas de estiaje, permita el desarrollo de actividades deportivas y recreativas. En relacin con este ltimo aspecto de la comunicacin el Ebro a su paso por Zaragoza, debe destacarse lo singular de esta situacin en el contexto urbanstico espaol, habida cuenta de que no existe en el resto de Espaa ninguna ciudad de la importancia de Zaragoza que est atravesada por un ro de la magnitud que tiene el Ebro. Por ello los ejemplos nacionales de actuaciones urbanas sobre ros son poco representativos para el caso de Zaragoza, pues el comportamiento del Ebro est mas prximo a los ros centroeuropeos que a los peninsulares, aunque lo variado de su rgimen le confiere caractersticas especficas. 159

Ramn M Gutirrez Serret

1.2. ACTUACIONES FLUVIALES URBANAS. TIPOLOGAS De forma simplificada y principalmente a efectos expositivos, las actuaciones fluviales en general y las de carcter urbano en particular, pueden englobarse en las cuatro grandes categoras siguientes: Obras de defensa contra inundaciones. Obras para la correccin y estabilizacin del cauce. Obras de restauracin y rehabilitacin. Obras de carcter recreativo y deportivo. No obstante, debe destacarse que las separaciones establecidas con la clasificacin expuesta son ficticias, pues en la actualidad y mucho ms en el futuro, las obras mencionadas no se acometen de forma aislada, ya que en la mayora de los casos estas actuaciones suelen tener objetivos mltiples; por ejemplo, recuperar unas mrgenes degradadas aprovechando la realizacin de una obra de defensa y a la vez acondicionar un tramo del ro para usos deportivos.

1.3. CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE OBRAS FLUVIALES Un aspecto previo que deben presidir las actuaciones fluviales es la consideracin del ro como un ecosistema de gran riqueza y complejidad en el que las obras fluviales inciden introduciendo modificaciones, que segn su magnitud pueden llegar a ser muy importantes. Estas circunstancias hacen ineludible que las actuaciones fluviales tengan que plantearse analizando el ro en todos sus aspectos: ecolgico, hidrulico, morfolgico, sedimentolgico, urbanstico, deportivo, etc., de forma que las soluciones que se adopten compatibilicen, en la mayor medida posible, todos estos aspectos. En cualquier caso es fundamental intentar conocer el funcionamiento global del ro y buscar las alternativas menos impactantes y ms acordes con su configuracin natural, pues en unos casos la dinmica fluvial puede invalidar, cuando menos, las obras construidas y en otros pueden ser las obras las que invaliden el funcionamiento del ecosistema fluvial, con difcil y costosa recuperacin. Adems, no debe olvidarse que los conocimientos sobre los ros distan mucho de ser completos. En este sentido, la hidrulica fluvial ha de recurrir muchas veces al empleo de modelos fsicos para la solucin de diversos problemas ante la imposibilidad de abordarlos con modelos matemticos. Estos desconocimientos an son ms acusados, por su juventud, en la ecologa fluvial cuyo desarrollo no ha empezado a tomar importancia hasta los aos 70. 160

Actuaciones urbanas en cauces y riberas: el caso del Ebro en Zaragoza

Todas estas consideraciones hacen imprescindible en la actualidad la participacin de equipos pluridisciplinares en la redaccin de los proyectos fluviales, en la ejecucin de las obras y en el seguimiento de su evolucin. En este sentido, la simple consideracin de los patrocinadores del presente ciclo de conferencias convierte a las mismas en un ejemplo sintomtico, que, con toda seguridad, redundar, no slo, en beneficio del Ebro y Zaragoza, sino tambin en otras actuaciones, pues no son muchas las ocasiones en las que las personas ligadas a estos temas de los ros tenemos la posibilidad de exponer y discutir opiniones.

1.4. PARTICULARIDADES DE LOS TRAMOS URBANOS Algunos aspectos de singular importancia en los tramos urbanos de los ros son: el desarrollo urbanstico, la cantidad y la calidad del agua y el mantenimiento del tramo sobre el que se ha actuado. A su anlisis se dedican las siguientes consideraciones: 1.4.1. Desarrollo urbanstico En relacin con la planificacin urbana es patente que en gran nmero de ciudades sta se ha hecho de espaldas al ro y adems en muchos casos ocupando parte del cauce de avenidas, especialmente cuando stas no son muy frecuentes y utilizando su cauce como elemento colector de las aguas residuales de la ciudad. En la actualidad a nivel internacional y Espaa no es una excepcin, existe un importante movimiento para la recuperacin del papel que los ros deben tener en la ciudades. Esto en los casos de ros con caudales importantes, como es el caso del Ebro, se presenta con mayores posibilidades de xito que en los de caudales exiguos o que incluso estn secos gran parte del ao, en los que de alguna manera se le acaba perdiendo el respeto al ro (RIERA, 1990). En cualquier caso el ro dentro de la trama urbana no puede ser un elemento a esconder, muy al contrario debe formar parte importante de la ciudad en la que ha de imbricarse. Para ello, dependiendo de la naturaleza del ro que se trate, ser necesario acometer algunas de las actuaciones citadas en el apartado 1.3. En el caso espaol, en gran parte de las ciudades con riesgos de inundaciones se han realizado ya importantes obras de defensa, por lo que estas actuaciones cada vez sern menos frecuentes en zonas urbanas y mucho ms en las rurales donde, en general, tienen una difcil justificacin. En cambio, existe una demanda creciente de actuaciones de rehabilitacin y 161

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para actividades recreativas y deportivas. Una vez ms puede ponerse como ejemplo de esta demanda al Ebro a su paso por Zaragoza. 1.4.2. Cantidad: caudales circulantes Ya se ha indicado que el problema de las inundaciones (exceso de recurso) ha sido resuelto con garantas aceptables en muchas de las ciudades espaolas afectadas por tales catstrofes, lo que no quiere decir, obviamente, que el problema est resuelto en su totalidad. Tambin se ha hecho referencia a la situacin contraria de escasez del recurso, la cual es muy frecuente en muchos de nuestros ros. Unas veces esto ocurre de forma estacional y otras con carcter casi permanente. En el primer caso de nuevo se cita al Ebro; en el segundo cualquiera de los ros de la vertiente mediterrnea (Turia, Jcar y Segura, Guadalmedina, Guadalhorce, etc.) son ejemplos carismticos, que adems en determinados momentos y de forma muy rpida pasan de la sequa a la inundacin. Es evidente que las actuaciones en unos y otros casos requieren planteamientos diferentes. Pueden indicarse como ejemplo de estas actuaciones las obras en el Nervin en Bilbao o el encauzamiento del Genil en Granada. 1.4.3. Calidad del agua Es ste un factor decisivo para el xito en las actuaciones de rehabilitacin de un tramo urbano de ro o de su acondicionamiento para usos deportivos o recreativos. Por ello antes o a la vez que se plantee alguna de estas actuaciones es fundamental considerar el tema de la calidad del agua, debiendo comenzarse por resolver este arduo problema para posteriormente abordar las otras actuaciones. 1.4.4. Mantenimiento y conservacin Un tramo de ro sobre el que se ha actuado no debe abandonarse a su suerte y mucho menos si se trata de un tramo urbano, es fundamental disponer un mantenimiento constante del mismo mediante el cual se vigile todo el ecosistema fluvial que en gran manera se ha urbanizado. Este mantenimiento ha de extenderse a la calidad del agua, a sus niveles (caso que stos se regulen artificialmente), a la fauna y a la flora, as como a los parques fluviales que se hayan establecido en sus mrgenes, comprobando que todo ello evoluciona segn lo previsto en el Plan de Gestin Ambiental que debe figurar en el proyecto de la actuacin, a poco importante que sta sea; de forma que se pueda actuar con medidas correctoras si los indicadores ambientales as lo denotan. Un ejemplo de mante162

Actuaciones urbanas en cauces y riberas: el caso del Ebro en Zaragoza

nimiento y conservacin singular, que se comenta en el apartado 5, es el caso del ro Manzanares a su paso por Madrid. Por ltimo, y a modo de sntesis de las consideraciones expuestas podra decirse que un tramo urbano de ro debera ser un tramo rural mejorado. En cierto modo, como indica G Jaln (1995), entre tramo urbano y tramo rural podra establecerse un paralelismo similar al que hay entre bosque y parque urbano.

2. MARCO LEGAL Como primer antecedente legislativo en materia de actuaciones fluviales, aunque enfocado a la defensa contra las inundaciones, hay que remontarse a la anterior Ley de Aguas, vigente desde 1879 hasta 1986, en cuyo artculo 58 encomienda al antiguo Ministerio de Obras Pblicas el estudio de los medios y la ejecucin de las actuaciones para evitar los daos que las inundaciones producen. Con este mandato los servicios del Ministerio se han encargado, durante ms de 100 aos, de la lucha contra las inundaciones, mediante la construccin de presas, encauzamientos, cortas, desvos, limpiezas de cauces, etc.; y en colaboracin con otros organismos de la Administracin han realizado numerosos trabajos de correccin hidrolgico-forestal. Incluso, en alguna zona, se dispuso de un sistema de alerta contra avenidas, que aunque con medios escasos permiti reducir sustancialmente los daos y fue el antecesor del actual Sistema de Alerta e Informacin Hidrolgica (apdo. 3.2.). Posteriormente la promulgacin, en enero de 1986, de la vigente Ley de Aguas (L.A.) ha determinado un tratamiento integrado de las actuaciones fluviales en las diferentes cuencas. En el caso de las de defensa contra inundaciones, en su artculo 40, encuadra estas actuaciones dentro del contexto de los futuros Planes Hidrolgicos de Cuenca, fijando su contenido mnimo en lo que se refiere a criterios sobre estudios, actuaciones y obras para prevenir y evitar los daos debidos a las inundaciones. En relacin con las actuaciones de proteccin y recuperacin del medio ambiente hidrulico, el artculo 13 3 establece como uno de los principios generales a seguir por la Administracin Pblica del Agua ... la conservacin y proteccin del medio ambiente y la restauracin de la naturaleza ..., y en el 40 g) se refiere a que los Planes Hidrolgicos de Cuenca deben ... incluir las medidas para la conservacin y recuperacin del recurso y entorno afectados .... Esta nueva Ley de Aguas y con mayor detalle sus dos Reglamentos, delimitan las zonas de cauce pblico, servidumbre, polica e inundables, los 163

Ramn M Gutirrez Serret

usos de cada una de ellas y las autorizaciones necesarias para actuar en las mismas, segn se indica en la figura 1 y en los trminos que seguidamente se exponen:

Figura 1. Zonificacin del Dominio Pblico Hidrulico.

La Ley de Aguas (Captulo II, Ttulo 1, Artculos 4 a 8 y 11) trata de los cauces, riberas y mrgenes, indicando: Artculo 4. lveo o cauce natural de una corriente continua o discontinua es el terreno cubierto por las aguas en las mximas avenidas ordinarias. Artculo 6. Se entiende por riberas las fajas laterales de los cauces pblicos situadas por encima del nivel de aguas bajas, y por mrgenes los terrenos que lindan con los cauces. Las mrgenes estn sujetas, en toda su extensin longitudinal: a) A una zona de servidumbre de 5 m de anchura, para uso pblico, que se regular reglamentariamente. b) A una zona de polica de 100 m de anchura en la que se condicionar el uso del suelo y las actividades que se desarrollen. En las zonas prximas a la desembocadura en el mar, en el entorno inmediato de los embalses o cuando las condiciones topogrficas o hidrogrficas de los cauces y mrgenes lo hagan necesario para la seguridad de personas y bienes, podr modificarse la anchura de ambas zonas en la forma que reglamentariamente se determine. 164

Actuaciones urbanas en cauces y riberas: el caso del Ebro en Zaragoza

Artculo 11.2. El Gobierno, por Decreto, podr establecer las limitaciones de uso de las zonas inundables que estime necesarias para garantizar la seguridad de las personas y bienes. El Consejo de Gobierno de las Comunidades Autnomas podr establecer, adems, normas complementarias de dicha regulacin. El primero de los Reglamentos mencionados, el del Dominio Pblico Hidrulico, completa los artculos anteriores, detallando los conceptos de mxima crecida ordinaria y zona inundable: Artculo 4.2. Se considera como caudal de mxima crecida ordinaria la media de los mximos caudales, en su rgimen natural, producidos durante diez aos consecutivos, que sean representativos del comportamiento hidrulico de la corriente. Artculo 14.3. Se consideran zonas inundables las delimitadas por los niveles tericos que alcanzaran las aguas en las avenidas cuyo perodo estadstico de retorno sea de 500 aos, a menos que el Ministerio de Obras Pblicas y Urbanismo, a propuesta del Organismo de Cuenca, fije, en expediente concreto, la delimitacin que en cada caso resulte ms adecuada al comportamiento de la corriente. Adems, el artculo 7 establece los usos de los terrenos de servidumbres; el artculo 9 indica la actividad y uso del suelo que requieren autorizacin del rgano de Cuenca para su desarrollo; el artculo 10 permite la realizacin en las mrgenes de trabajos urgentes para protecciones provisionales; el artculo 16 se refiere a que las obras que se ejecuten no podrn originar daos ni aguas arriba ni abajo; el artculo 78 indica la necesidad de autorizacin del Organismo de Cuenca para cualquier obra a realizar en la zona de polica y, por ltimo, el artculo 126 describe la tramitacin de las autorizaciones de obras de defensa en terrenos de Dominio Pblico1. El otro Reglamento, el de la Administracin Pblica del Agua y de la Planificacin Hidrolgica, no tiene un articulado especfico relativo a obras de defensa, ni a obras fluviales en general, nicamente en su artculo 87 indica que el futuro Plan Hidrolgico incluir un programa de estudios para la delimitacin de zonas inundables y remite a los tambin futuros Planes Hidrolgicos de Cuenca la fijacin de los criterios para los estudios, actuaciones y obras relacionados con las avenidas. El Plan Hidrolgico Nacional actualmente est en fase de elaboracin, sin embargo desde abril de 1993 existe un Proyecto de Ley, no aprobado en la anterior legislatura. Dicho documento trata las actuaciones fluviales en el captulo V, dedicando el apartado 4 a la defensa contra avenidas e inundaciones y el 5 a la proteccin y recuperacin del medio ambiente hidrulico.

1 Entre los conceptos legales de ribera y margen definidos por la Ley de Aguas, y la zona de vegetacin riparia, segn los casos, puede existir una cierta desconexin.

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Para la primera actuacin la defensa contra las inundaciones se plantea el ao 2012 como horizonte para la resolucin de los principales problemas, para los cuales, con carcter general, se estudian las diversas soluciones posibles, justificndolas tcnica, econmica, social y ambientalmente; se valoran y se priorizan, estableciendo un programa de inversiones. En la segunda la proteccin y recuperacin del medio ambiente hidrulico se analizan, entre otros, aspectos relativos a los caudales ecolgicos, a la restauracin de mrgenes y riberas y al fomento del uso social del Dominio Pblico Hidrulico. En febrero de 1995, se aprob la Directriz Bsica de Planificacin de Proteccin Civil ante el Riesgo de Inundaciones, en la que se analizan los riesgos, la zonificacin territorial, los sistemas de previsin, las medidas para la proteccin de personas y bienes, y se indican los contenidos que deben tener los Planes de Proteccin Civil frente a inundaciones naturales o derivadas de roturas o mal funcionamiento de presas, en el mbito Nacional, Autonmico y Municipal. En lo que respecta a los aspectos ambientales de las actuaciones fluviales en general es obligado citar el Decreto del ao 1986 de Evaluacin de Impacto Ambiental y su Reglamento. En ninguno de ellos figuran estas obras, a excepcin de las presas, como objeto obligatorio de estudio de impacto ambiental, aunque probablemente en un futuro esta exigencia lo ser con carcter nacional. No obstante, la legislacin complementaria de las Comunidades Autnomas, en algn caso, pide tales estudios. No es este el caso de Aragn, donde la regulacin autonmica en materia ambiental, que figura recogida por el Decreto 45/1994, de 4 de marzo, de la Diputacin General de Aragn, de evaluacin de impacto ambiental, no slo no ampla las exigencias de la legislacin nacional, sino que textualmente indica ...no resultando admisible la extensin de la evaluacin a supuestos distintos de los contenidos en el Real Decreto Legislativo, norma en la que no existen habilitaciones al poder reglamentario para llevar a cabo dicha extensin. Por ltimo, en lo relativo a las transferencias y coordinacin de actuaciones en los tramos urbanos de los ros entre las diferentes Administraciones Estatal, Autonmica y Municipal que pueden estar implicadas, debe hacerse, de forma general, referencia a los correspondientes estatutos de autonoma y a su desarrollo posterior. En el caso de Aragn, y especficamente en lo que se refiere a actuaciones fluviales, ha de hacerse mencin al Real Decreto 1598/1984, de 1 de agosto, sobre traspaso de funciones y servicios de la Administracin del Estado a la Comunidad Autnoma de Aragn en materia de abastecimientos, encauzamientos y defensa de mrgenes de ros. En este R.D. [anexo I, apdo B) b)] figuran como funciones del Estado que asume la Comunidad Autnoma en materia de ros las de Programar, aprobar y tramitar, hasta 166

Actuaciones urbanas en cauces y riberas: el caso del Ebro en Zaragoza

el abono de las certificaciones, las inversiones de su inters en materia de encauzamientos y defensas de mrgenes en reas urbanas.

3. MEDIDAS DE DEFENSA CONTRA INUNDACIONES 3.1. CONSIDERACIONES GENERALES Las actuaciones de defensa contra inundaciones pueden clasificarse en dos grandes categoras: medidas preventivas y actuaciones de emergencia. En la primera categora se engloban las medidas estructurales (presas, encauzamientos, trasvases, etc.) y las no estructurales o actividades de gestin (conservacin de suelos, reforestacin, zonificacin territorial, sistemas de alarma y previsin, etc.), actuaciones ambas que, evidentemente, son complementarias. Las medidas de emergencia (evacuaciones, salvamentos, medios de emergencia, problemas sanitarios, etc.) caen dentro del mbito de los servicios de Proteccin Civil y estn reguladas de forma especfica por la citada Directriz Bsica... de Inundaciones.

3.2. MEDIDAS DE DEFENSA NO ESTRUCTURALES La utilizacin de medidas no estructurales, consistentes en gestionar el medio susceptible de inundarse mediante actuaciones ajenas a la construccin de obras fluviales, se va implantando cada vez ms en todo el mundo. Entre estas medidas pueden citarse las siguientes: Conservacin de suelos y reforestacin. Zonificacin territorial y regulaciones legales. Implantacin de un sistema de seguros. Instalacin de sistemas de alarma y previsin. Gestin integrada del sistema hidrulico. Vigilancia y control fluvial. De todas ellas, por el gran esfuerzo realizado para su implantacin a nivel nacional, cabe destacar la instalacin del Sistema Automtico de Informacin Hidrolgica (SAIH), de forma que hoy de las 10 cuencas peninsulares 5 lo tienen ya en funcionamiento (Jcar, Segura, Sur, Ebro y Pirineo Oriental), en 2 (Tajo y Guadalquivir) est en fase de construccin y en las 3 restantes (Guadiana, Norte y Duero) se encuentra en proyecto o con alguna parte construida. 167

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El SAIH consiste en esencia, en la instalacin de una red de sensores pluviomtricos y estaciones de aforos distribuidos por toda la cuenca hidrogrfica, que captan y transmiten va radio fundamentalmente y en tiempo real los datos necesarios al Centro de Proceso, de forma que una vez tratados informticamente se puedan tomar rpidamente las decisiones oportunas. Esta red ya ha funcionado satisfactoriamente en muchas cuencas (Sur, Segura, Jcar, Ebro y otras).

3.3. MEDIDAS DE DEFENSA ESTRUCTURALES Tipologas. Como obras especficas de defensa contra las inundaciones pueden citarse las siguientes: presas de laminacin, encauzamientos, cauces de derivacin de avenidas, cortas y diques longitudinales en el llano de inundacin. De todas ellas, las presas, cuya importancia es mxima en los planes de defensa, prcticamente son inexistentes en los tramos urbanos. Junto a ellas se encuentran las obras para la fijacin y la correccin de la pendiente y las de proteccin de mrgenes, las cuales se tratan en el epgrafe siguiente y cuya aplicacin es en los tramos o zonas locales afectadas por procesos de erosin, de manera que ambas actuaciones constituyen el conjunto de medidas estructurales de que se dispone para actuar sobre los ros, en la lucha contra las inundaciones, en la proteccin de zonas locales o en la rehabilitacin de tramos degradados. Caudal de diseo. Antes de hacer algunas consideraciones sobre las obras mencionadas, es de inters referirse a los criterios actualmente habituales, en Espaa y en el mundo, en relacin con la garanta o avenida de defensa, entendiendo por tal aqulla frente a la que queda protegida la zona sobre la que se acta. Desde un punto de vista econmico el dimensionamiento de una obra de defensa sera la consecuencia de una evaluacin econmica de las diversas alternativas posibles, considerando los costes de implantacin y explotacin y los beneficios originados por la misma (daos evitados), y todo ello para avenidas con diferentes perodos de retorno, a fin de determinar el ptimo. No obstante, con anlisis de este tipo la justificacin de muchas de estas obras construidas no tendran, en este momento, una clara justificacin, debiendo apoyar su construccin en razones sociopolticas y en otras de difcil cuantificacin (daos colaterales, mayor desarrollo futuro, etc.) En cualquier caso, junto a las evaluaciones econmicas, en Espaa y en otros muchos pases, son de aplicacin unos criterios de defensa orientativos, que consideran perodos de retorno entre 100 y 500 aos si se trata de zonas urbanas, reservando este valor de 500 aos a los casos en los que existan riesgos de prdidas de vidas humanas, entendindose por tales las de 168

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personas que vivan o trabajen en zonas con esos riesgos y no a potenciales vctimas de carcter espordico. Todo ello a la vista de las condiciones de la ciudad. Adems, debe comprobarse que, en otras zonas, no se agravan los daos preexistentes y estudiar lo que ocurrira con avenidas superiores a la de defensa as como los efectos ambientales de las obras. En relacin con las obras enumeradas anteriormente algunas consideraciones destacables, excepcin hecha de las presas son: Encauzamientos. Son actuaciones empleadas con gran profusin en los tramos urbanos, en los que otras soluciones, en muchas ocasiones, son de difcil implantacin. Se suelen emplear diques longitudinales y umbrales de fondo transversales para regularizar y fijar la pendiente y, a veces, tambin incluyen soleras continuas o discontinuas2 y pueden combinarse con espigones. A fin de minimizar los impactos ambientales deben adoptarse, en general y siempre que se pueda, soluciones blandas respetando la vegetacin de ribera, encauzando lo estrictamente necesario y adaptndose al ro, sin constreir su cauce en relacin con el existente. Todo ello habida cuenta de los condicionantes que impondr la ciudad, pero teniendo presente que sta no debe crecer a costa del ro. Cauces para la derivacin de avenidas. Consisten en la construccin de un cauce artificial o en la ampliacin de uno existente por el que se derivan parte o la totalidad de los caudales al mar, en el caso espaol. Un ejemplo relevante es el nuevo cauce del ro Turia en Valencia, construido al inicio de los aos 60, con el que se saca al ro de la ciudad derivndolo al mar. Diques sobre el llano de inundacin. Con esta solucin se disponen, en las zonas de inundacin, sin afectar al cauce del ro, diques longitudinales que impiden el paso de las aguas en las avenidas fuera de las zonas protegidas. En estos casos la reduccin de la laminacin en situacin de riadas es menor que en el caso de los encauzamientos, pero su aplicacin en los tramos urbanos obviamente es muy difcil.

4. OBRAS PARA LA FIJACIN Y CORRECCIN DE LA PENDIENTE Y PARA LA PROTECCIN DE MRGENES Se trata de actuaciones locales en tramos de ro con inestabilidad en su pendiente o en sus mrgenes. Dentro de este grupo de medidas se encuentran los umbrales de fondo o traviesas para estabilizar la pendiente, de los

Esta solucin produce gran impacto en el ecosistema fluvial.

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Figura 2. Umbrales de fondo. Disposiciones usuales.

Actuaciones urbanas en cauces y riberas: el caso del Ebro en Zaragoza

Figura 3. Protecciones vegetales de mrgenes. Disposiciones.

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que en la figura 2 se muestran algunos tipos; los espigones, no demasiado frecuentes en tramos urbanos; y diferentes tipos de revestimientos para las mrgenes, tales como: escolleras, gaviones, piezas prefabricadas de hormign, mamposteras, muros, protecciones vegetales, etc. De todos los revestimientos citados cada vez se estn empleando con mayor profusin las escolleras, las piezas de hormign, aunque su precio es elevado y los muros con acabados ornamentales en las mrgenes abruptas. Protecciones vegetales. Es imprescindible destacar el fundamental papel que tiene la vegetacin del ro natural o procedente de plantaciones, no slo como proteccin mecnica de las mrgenes, sino en todo el ecosistema fluvial, proporcionando cobijo a la fauna, sombreando el cauce, y por supuesto creando un entorno, en el caso de los ros metropolitanos, de gran aliciente para la poblacin, siempre que el ro est cuidado. En la actualidad cualquier proyecto fluvial debe considerar la vegetacin como un elemento bsico. Aunque su implantacin en los tramos urbanos es restringida y presenta dificultades, en este momento empiezan a tomar importancia y cada vez la tendrn ms, las protecciones de mrgenes realizadas con elementos vegetales, como son los estaquillados, los rulos, las esteras de fajinas, los gaviones rellenos de ramas, etc., los cuales muchas veces se utilizan junto con protecciones ms tradicionales (escolleras, malecones, etc.). Ejemplos de estas protecciones (figura 3), utilizadas en tiempos pretritos cuando no se dispona de otros materiales, se encuentran en diversas restauraciones de ros de la cuenca del Norte y de Navarra, cuya climatologa es muy favorable a estas soluciones.

5. OBRAS DE RESTAURACIN Y REHABILITACIN El objetivo de estas actuaciones es la reposicin del ro a un estado previo a una serie de degradaciones que han deteriorado el sistema fluvial. El considerar las restauraciones como un retorno al estado natural es una utopa y adems en los tramos urbanos obviamente eso no es lo que se busca. En cualquier caso debe quedar claro a priori lo que se quiere alcanzar con la rehabilitacin. Ahora bien, la rehabilitacin requiere espacio para el ro y eso no es fcil en las ciudades, en muchos casos imposible, luego habr que actuar en consonancia. Adems, las restauraciones llevan tiempo hasta que se ven fructificar y previamente debe haberse eliminado el origen de la degradacin que se quiere corregir. Las actuaciones de restauracin han de hacerse con una visin global del ro: hidrolgica, hidrulica, morfolgica, biolgica y, por supuesto, en las ciudades, urbana. 172

Actuaciones urbanas en cauces y riberas: el caso del Ebro en Zaragoza

En estos casos la restauracin del ro supone recuperarlo para la ciudad y, en general, consistir en: mejorar la calidad del agua, evitando vertidos y depurando, y si es posible incrementar la cantidad, adecuar las mrgenes (estabilizacin, limpieza y mantenimiento), recuperar la vegetacin riparia de inters, revegetar las zonas previstas para ello, mejorar el hbitat pisccola, crear parques fluviales para actividades deportivas y recreativas, y todas estas actuaciones compatibilizadas con la defensa contra inundaciones y con la estabilizacin del cauce. Para alcanzar estas metas, sobre las que cada vez existe mayor inters, muchas de las tcnicas ingenieriles consideradas tradicionales han y estn evolucionando hacia soluciones menos impactantes, soluciones blandas, en las que segn las circunstancias se conjugan las obras tradicionales con revegetaciones y con diversas medidas correctoras: creacin de hbitats y frezaderos artificiales para la fauna, repoblaciones pisccolas, pasos y escalas de peces. Pero sobre todo es fundamental actuar sobre el ro respetando su configuracin en lo posible: manteniendo la morfologa del tramo (sinusoidad, pendiente, anchos), los rpidos y los remansos, la vegetacin, y de nuevo en los tramos urbanos teniendo en cuenta a la ciudad.

6. OBRAS PARA ACTIVIDADES RECREATIVAS Y DEPORTIVAS Los tramos urbanos de los ros son reas particularmente adecuadas para las prcticas deportivas y el ocio. En el primer caso, adems de los deportes nuticos piragismo, navegacin a remo, vela o motor las zonas ribereas de las ciudades pueden albergar instalaciones deportivas de uso mltiple. Por otro lado, permiten la creacin de parques urbanos o suburbanos, que pueden permitir actividades como el bao, la pesca o el recreo en general. Todo ello siempre de acuerdo con una adecuada planificacin del espacio fluvial, en la que se respete el espacio del ro, conjugndolo con la ciudad. Estas actividades requieren, evidentemente, que el ro rena unas determinadas condiciones, entre las que, con carcter general, se encuentran la cantidad y calidad del agua, la adecuacin y el mantenimiento de sus mrgenes y riberas, as como la creacin de instalaciones deportivas y tursticas (clubes deportivos, embarcaderos, etc.). Algunas de ellas, como por ejemplo la cantidad caudales circulantes, son particularmente difciles en los ros espaoles, ya que su irregular rgimen impide, en muchos casos, las actividades mencionadas. No obstante estas dificultades, actualmente existe un creciente inters por el aprovechamiento recreativo y turstico del ro y por los deportes nuticos, de manera que las realizaciones que, de esta ndole, se han lleva173

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do a cabo han tenido una gran repercusin en la ciudad, atrayendo el inters de sus habitantes por la recuperacin del ro llevada a cabo. Un ejemplo de esta naturaleza es la rehabilitacin del Genil a su paso por Granada, en la que aguas arriba de la ciudad se ha construido un tramo deportivo de aguas bravas para la prctica del piragismo. Algunas otras realizaciones recreativas y deportivas son el acondicionamiento de las mrgenes del Guadiana en Badajoz, del Mio en Orense, la recuperacin ecolgica del Manzanares en Madrid, o el Parque Fluvial del Jcar en Cuenca y por supuesto el Canal Olmpico en Seo de Urgel. Adems de estas realizaciones existen diversos proyectos para el acondicionamiento deportivo y recreativo de tramos urbanos de ros. Algunos de ellos son (GANYET, 1995): tramo de aguas bravas en el Noguera Pallaresa en Sort; tramo deportivo en el Jaln en Ateca; ro Urumea en San Sebastin y ro Caudal en Mieres.

7. ACTUACIONES FLUVIALES DE CARCTER URBANO. REALIZACIONES ESPAOLAS Como complemento e ilustracin de las consideraciones generales expuestas en los anteriores epgrafes, se presentan ahora algunos ejemplos de actuaciones fluviales efectuadas sobre tramos urbanos referidas al caso espaol, con sus resmenes y con la documentacin fotogrfica incluida al final de la comunicacin se intenta dar una idea de la situacin de estas actividades en nuestro pas. De nuevo en el caso del Ebro ha de hacerse mencin a su carcter singular en el contexto peninsular, por lo que no es fcil asimilar las actuaciones que en Zaragoza se desean acometer con las ya realizadas en otras ciudades espaolas, no obstante, salvando las diferencias, de alguna de ellas y quizs de todas en su conjunto se puedan extraer conclusiones de utilidad y aplicacin. Como documentos de inters en los que figuran con gran detalle una parte importante de las actuaciones que aqu se resumen se deben mencionar los textos de las diferentes Jornadas sobre Encauzamientos Fluviales que peridicamente se vienen celebrando en el CEDEX y en especial los de los aos 90 y 95 (III y IV Jornadas). Las actuaciones que se presentan y sus caractersticas ms importantes son: Granada. Encauzamiento del Genil. La decisin de reordenar los cauces de riego de la zona alta de la vega, Granada, que hasta la fecha de la obra (1995) atravesaban la ciudad, enviando los caudales del regado por el encauzamiento del ro Genil ha permitido mejorar la capacidad del encauzamiento existente y a la vez con174

Actuaciones urbanas en cauces y riberas: el caso del Ebro en Zaragoza

seguir una recuperacin del antiguo encauzamiento que durante largos perodos permaneca seco. El tramo sobre el que se ha actuado tiene una longitud de 3,38 km y est dividido en dos tramos. El superior (1,34 km) tiene un canal central de aguas bravas para la prctica del piragismo y bermas para paseo ajardinadas y pavimentadas. El inferior (2,04 km), correspondiente al antiguo encauzamiento, se ha rehabilitado y escalonado con 7 compuertas abatibles (6 de 2,5 m de altura y una de 5 m) de forma que en el tramo urbano se dispone de una lmina de agua. Hasta 30 m3/s el vertido se puede realizar por su cresta y en avenidas estarn abatidas sin afectar a la capacidad de la obra. La actuacin ha supuesto un muy favorable impacto social en la ciudad que ha redescubierto el ro. En su primer ao de funcionamiento la sequa oblig a la utilizacin de turbinas aireadoras3 para el mantenimiento del agua estancada en el cauce, habida cuenta de la inexistencia de caudales circulantes. Adems, en el tramo deportivo, ante la gran aceptacin despertada, se ha previsto un sistema de recirculacin por bombeo (Qmax: 4,6 m3/s) para poderlo utilizar con independencia del rgimen de los caudales de riego y de las sequas. Madrid. Encauzamiento del Manzanares. En los aos sesenta se realiz una primera canalizacin del Manzanares, respetuosa con el entorno por el que discurra el ro, creando una lmina estable de agua mediante la construccin de varios azudes de compuertas. Posteriormente en los aos ochenta, merced al Plan Integral de Saneamiento, se aborda el encauzamiento de prcticamente todo el tramo urbano as como la recuperacin del ro. Se crea un parque a lo largo del ro, donde todava era posible, y se adoptan diversas medidas para la recuperacin de la fauna, implantando hbitats artificiales para los peces y para patos que son evidentemente introducidos artificialmente (hoy se ven especies naturales junto a las introducidas). Para el mantenimiento de toda esta infraestructura fluvial el Ayuntamiento dispone de importantes medios humanos y materiales que controlan el estado del ro a diario. Debe indicarse que en pocas de estiaje aguas arriba de la ciudad, el caudal es de unos 200-300 l/s, y aguas abajo 1,5-2 m3/s y en el ro existen carpas, y otras especies de ciprnidos. En estas pocas es necesario introducir artificialmente aire en el ro mediante turbinas.

3 Solucin utilizada en otros ros peninsulares con escaso caudal: Manzanares (Madrid), Guadalmedina en su desembocadura (Mlaga).

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Mlaga. Encauzamiento del Guadalmedina. Este cauce, de enorme variabilidad de caudales y aportaciones slidas, que atraviesa la ciudad dividindola en dos, ha sido desde tiempos inmemoriales empujado por el desarrollo urbano hasta su encajonamiento y ha ocasionado inundaciones en la ciudad. Para evitar estas circunstancias se construy la presa del Agujero y recientemente la del Limonero, y adems el Ayuntamiento de Mlaga y la Junta de Andaluca han reacondicionado el cauce para poder evacuar 600 m3/s (1992,) recuperndolo para la ciudad. Murcia. Plan General de Defensas de la Cuenca del Segura. Dentro de este Plan de Defensas, llevado a cabo a lo largo de todo este siglo, adems del encauzamiento del ro Segura a su paso por Murcia, ejecutado en varias etapas, se han realizado el de otras muchas poblaciones, entre las que cabe citar las ciudades de Orihuela, Rojales y Guardamar en el Segura, Lorca en el Guadalentn, Totana y otros pueblos en diversas ramblas. Todas estas actuaciones se caracterizan por situarse en ros de gran variabilidad de caudales cuando no secos, y por haber sido ocupados los terrenos del ro por la ciudad, lo que en muchos casos ha hecho inevitable el recurrir a soluciones duras, muros de hormign o mampostera, cuyo diseo, como es el de la capital, se ha cuidado para encajarse en el medio urbano, realizando zonas ajardinadas en las mrgenes cuando esto era posible. En otras situaciones (ltimas actuaciones en Murcia) se han utilizado escolleras. Valencia. Nuevo cauce del ro Turia. En los aos sesenta, al sur de la ciudad, se construy un nuevo cauce derivando el ro directamente al mar. El cauce antiguo hoy se utiliza para actividades recreativas y deportivas, existiendo diversas zonas ajardinadas. El nuevo cauce tiene una longitud de unos 12 km y est diseado para evacuar 5.000 m3/s. En sus mrgenes discurren las vas de circunvalacin de Valencia. Lrida. Encauzamiento del Segre. La expansin de la ciudad hace dcadas fuera de los lmites del casco urbano tradicional supuso que parte de la poblacin careca de las medidas de defensa necesarias, lo que se puso de manifiesto en la catastrfica avenida de noviembre de 1982. Adems, el ro haba sufrido una progresiva degradacin que condicionaba el desarrollo urbano. Todo esto ha desembocado en la construccin del encauzamiento que hoy disfruta la ciudad. Consta de dos tramos. El superior 2.775 m comprende el casco urbano propiamente dicho y ha sido encauzado en su totalidad. El inferior 2.200 m se sita en zona rural y nicamente se crearon protecciones y se eliminaron los obstculos a las avenidas. 176

Actuaciones urbanas en cauces y riberas: el caso del Ebro en Zaragoza

En el superior se dispone un canal de aguas bajas de 36 m de altura y 1,50 m de profundidad que permite la circulacin de 50 m3/s, caudal que es superado 100 das al ao (Q265). El canal de aguas altas tiene anchuras variables de 145 a 160 m y puede desaguar 3.500 m3/s que corresponde a un perodo de retorno ligeramente superior a los 50 aos. El encauzamiento se ha realizado no slo con un propsito de defensa contra inundaciones, sino que de acuerdo con el planeamiento urbanstico municipal ha creado unos espacios fluviales recuperando el ro para la ciudad. Badajoz. Acondicionamiento de las mrgenes del Guadiana. Al objeto de recuperar un tramo del Guadiana de unos 4 km a su paso por Badajoz se han realizado diversas actuaciones tendentes a la rehabilitacin del ro, para ello se ha actuado en un primer tramo de unos 1.000 m (Puente de la Universidad a Puente Real) limpiando las mrgenes y dragando los acarreos depositados. En el segundo tramo la rehabilitacin ha consistido en la creacin de un lago de 420 m de ancho medio, 4 km de longitud y 2 m de calado medio, limitado por sendos malecones, con nueve islas, la mayor de 3 ha. En ambas mrgenes se han habilitado zonas de playa de unos 60-70 m de anchura y 1.300 m de longitud en cada margen. Asimismo se han dispuesto paseos longitudinales accesibles a vehculos, pero que no sirven como vas de comunicacin, y un embarcadero. Por ltimo se han repoblado las mrgenes con especies autctonas arbreas y arbustivas fresnos, chopos, lamos, adelfas, etc. y se ha retirado una antigua plantacin forestal de eucaliptos. Junto a las realizaciones descritas podran exponerse otras muchas como son: en el Nervin los encauzamientos de la Pea y Miravalles (Bilbao), el Segre en la Seo de Urgel, el Guadalquivir en Sevilla, el Bernesga en Len, etc. Para gran parte de ellas se remite a las Jornadas de Encauzamientos Fluviales citadas anteriormente.

8. EL CASO DEL EBRO A SU PASO POR ZARAGOZA Para finalizar esta comunicacin, se presentan algunas consideraciones tcnicas relativas a las actuaciones que en el tramo urbano del Ebro se quieren acometer, las mismas versarn fundamentalmente sobre la estabilizacin de su lmina, para disponer as de un espejo de agua con un calado que, en las pocas de estiaje, permita las actividades deportivas. Antes de entrar en consideraciones tcnicas debe indicarse que las mismas son fruto del estudio que el CEDEX, a travs de su Centro de Estudios Hidrogrficos, est realizando para el Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza. 177

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Por lo tanto, cuanto se expone en los siguientes prrafos no debe considerarse ms que como un conjunto de ideas preliminares que se estn analizando a fin de encontrar la solucin ms adecuada que armonice con todos los usos del ro. Hecha esta consideracin de base, se comienza exponiendo los requisitos que, en principio, deben tenerse en cuenta para la estabilizacin de la lmina y creacin del consiguiente espejo de agua. Obviamente esta estabilizacin requiere construir un azud de control de niveles aguas abajo del tramo urbano, que debe cumplir, como mnimo, las siguientes condiciones: proporcionar calados suficientes en el tramo urbano para actividades recreativas y deportivas en pocas de estiaje; no incrementar niveles en avenidas; no provocar afecciones aguas abajo del azud; no provocar cambios significativos en los niveles freticos; no modificar el cauce actual del ro; no empeorar la calidad del agua, ni provocar la retencin de sedimentos; integrar la actuacin en la trama urbana. Para satisfacer estas condiciones se est realizando el correspondiente estudio hidrulico y ambiental analizando el diseo del azud y la adecuacin de las mrgenes, para los caudales mnimos de estiaje y comprobando que en las avenidas no se produce incremento de niveles aguas arriba, ni se modifica negativamente la situacin actual4. El azud se ha planteado con compuertas abatibles para que, en poca de aguas altas, estn abatidas y no provoquen obstculos ni al agua, ni al transporte slido y dispondr de control automtico de niveles y de una escala de peces. Para su emplazamiento se han considerado tres ubicaciones prximas a la desembocadura del ro Gllego. En principio se desea que el remanso de las aguas llegue hasta el puente de la Almozara, disponiendo en todo el tramo de unos calados mnimos que permitan los deportes nuticos, teniendo en cuenta los condicionantes que particularmente el puente de Piedra impone. Para el desarrollo del trabajo se ha requerido levantar perfiles batimtricos del ro, as como realizar un estudio preliminar de su calidad ecolgica. En este estudio ambiental se analizan, como indicadores del estado ecolgico del ro, la vegetacin de la ribera, la fauna pisccola y los macroinvertebrados bnticos y las algas como indicadores de la calidad del agua. La vegetacin presenta la disposicin tpica de los grandes ros: una primera lnea de arbustos sauces, tamarices y chopos, no superior a 4 m. Detrs se sita una banda arbrea bastante cerrada que puede llegar a ms de 15 m de altura, formada por lamos y por especies del estrato anterior

4 Caudales considerados: estiaje 30 m3/s; medio 250 m3/s; perodo de retorno 2 aos 2.000 m3/s; 100 aos 4.300 m3/s; 500 aos 5.100 m3/s.

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Actuaciones urbanas en cauces y riberas: el caso del Ebro en Zaragoza

con porte arbreo. A veces existe una tercera lnea de rboles, ms resistentes a la sequedad, olmos y fresnos. En reas remansadas se desarrolla una comunidad de carrizal y en las zonas de playa tamarices. Existen, adems, otras especies arbreas que no son propias de la comunidad de ribera introducidas, directa o indirectamente por la accin del hombre. Se identificaron nogales, ailanto, falsas acacias, higueras y pltanos de sombra. Aguas arriba del ncleo urbano el estado de la vegetacin es muy bueno en amplios segmentos del ro. En la ciudad, la ribera presenta un mosaico de escombreras, retazos de vegetacin natural, parques, muros de defensa, con distintos niveles de degradacin. Aguas abajo de la ciudad, hasta la desembocadura del Gllego, se aprecian tambin los mismos efectos de degradacin. Las especies pisccolas ms comunes son: barbos, madrillas, alosas que remontan el Ebro, carpas, carpines y blenios. Los indicadores biolgicos utilizados para analizar la calidad del agua, en la fecha de los controles, denotaron un cierto nivel de contaminacin. No obstante, este importante aspecto para el xito de las actuaciones en estudio requiere de mayores precisiones y datos en diferentes momentos del ao. En relacin con el mismo y para que en la poca de aguas bajas la calidad no empeore se plantea el desvo de los caudales del ro Huerva, durante esos perodos, hasta aguas abajo del azud, mediante una pequea obra de derivacin y una conduccin. Tambin puede ser necesario el desvo de los aliviaderos de algunos colectores que hoy desaguan en el tramo a remansar. Por ltimo indicar que todas las labores que se estn realizando tienen como centro la Propuesta Inicial de ideas sobre el tratamiento del ro Ebro a su paso por Zaragoza, que ha elaborado el Ayuntamiento, y que evidentemente estarn sujetas a las consideraciones oportunas de los organismos implicados en el ro, la Confederacin Hidrogrfica del Ebro y la Diputacin General de Aragn, segn se indic al tratar el marco legal de las actuaciones fluviales (epgrafe 2).

BIBLIOGRAFA
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EL SISTEMA HIDRULICO DEL EBRO. HIDROLOGA Y PREVISIN


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1. INTRODUCCIN 1.1. ENCUADRE GEOGRFICO La cuenca hidrogrfica del Ebro limita al Norte con la vertiente atlntica del Pirineo francs y con la cuenca hidrogrfica del norte de Espaa, al Sur con las cuencas del Tajo, Duero y al Este con las cuencas internas de Catalua y el mar Mediterrneo. Es la mayor de las cuencas hidrogrficas de Espaa, con una superficie total de 85.362 km2 y una superficie espaola de 84.415 km2, ocupando el 17% del territorio nacional. A esta cuenca hidrogrfica se le aaden tambin la cuenca espaola del ro Garona con 556 km2 y la cuenca endorraica de la Laguna de Gallocanta con 541 km2.

2. CARACTERSTICAS GENERALES DE LA CUENCA El ro Ebro es el menos irregular de los ros espaoles teniendo una influencia de la precipitacin nival entre el 10 y el 20% de la aportacin total anual. Tiene 350 ros principales, con una longitud total aproximada de 12.000 km y 24.000 km de riberas. Los recursos totales de la cuenca se estiman en 18.271 hm3. Las demandas totales son unos 15.000 hm3, por lo que se aprovecha alrededor del 80% de los recursos. Los principales afluentes son: 181

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El ro Aragn con sus afluentes Arga e Irati, ubicados en la margen izquierda, con una superficie de 8.604 km2 y una aportacin natural media anual de 4.521 hm3, tiene una elevada pluviometra y un alto coeficiente de escorrenta. El ro Gllego, en la margen izquierda, con una superficie de 3.995 km2, tiene una aportacin natural media anual de 1.087 hm3. El ro Segre con su afluente el Cinca, en la margen izquierda, es el de mayor superficie con 22.798 km2 y tiene una aportacin natural media anual de 6.356 hm3. El ro Jaln, en la margen derecha, tiene una superficie de 9.607 km2 y una aportacin natural media anual de 551 hm3. Su pluviometra y coeficiente de escorrenta son bajos. En la cuenca del Ebro hay 138 embalses, de los que 63 son mayores de 5 hm3, alcanzando una capacidad de almacenamiento de agua de 6.504 hm3. El mayor es el de Mequinenza en el Ebro con 1.533 hm3, seguido de Canelles en el Noguera Ribagorzana con 678 hm3, Ebro en el Ebro con 549 hm3 y Yesa en el Aragn con 447 hm3. Los canales ms importantes de la cuenca son los de Lodosa, Tauste, Imperial de Aragn, Izquierdo y Derecho del Delta, Najerilla, Bardenas, Monegros, Cinca, Flumen, Aragn y Catalua, Urgel y Piana. Hay unas 240 centrales hidroelctricas, con una potencia instalada de 3.750 Mw y una produccin media anual de 5.400 Gw. Los principales problemas de calidad de las aguas que tiene la cuenca son la alta salinidad producida por materiales evaporticos y salinos y la contaminacin producida por los vertidos de tipo orgnico. El desglose de la utilizacin superficial en la cuenca es el siguiente:

Superficie puesta en regado Cultivos de secano Monte Superficie improductiva Praderas naturales Otros

7,9% 30,8% 37,1% 10,3% 3,7% 10,2%

En la cuenca hay unos 2.800.000 habitantes distribuidos por 18 Provincias de 9 Comunidades Autnomas. La distribucin superficial de las mismas es la siguiente: 182

El sistema hidrulico del Ebro. Hidrologa y previsin


KM2 DE LA C.A. KM2 EN LA CUENCA % DE C.A. EN CUENCA % DE LA CUENCA

Cantabria Pas Vasco Castilla-Len La Rioja Navarra Castilla-La Mancha Aragn C. A. Valenciana Catalua

5.829 7.250 94.010 5.034 10.421 79.225 47.682 23.260 31.932

776 2.681 8.125 5.051 9.227 1.118 42.076 847 15.634

14,66 36,92 8,63 99,78 88,55 1,41 88,30 3,63 48,96

0,91 3,13 9,50 5,90 10,79 1,31 49,19 0,99 18,28

3. LA RED DE ESTACIONES DE AFORO Desde el ao 1912 la Confederacin Hidrogrfica del Ebro y sus antecesoras en el tiempo, vienen manteniendo la red de estaciones de aforo, que producen los datos foronmicos o series histricas de niveles de agua, caudales circulantes y aportaciones, que se utilizan para realizar planes hidrolgicos, estudios sobre recursos hidrulicos, proyectos de infraestructuras hidrulicas, como presas y canales para regados o produccin hidroelctrica, etc. En la actualidad la red de estaciones de aforo agrupa a 351 instalaciones distribuidas en los cauces de la cuenca, de las que 173 controlan el agua circulante por los ros, 114 la circulante por los canales y 64 controlan el nivel en los embalses. Existen otras 108 estaciones de aforo, adems de las mencionadas, que son propiedad de Comunidades Autnomas y Empresas Hidroelctricas, fundamentalmente. Los datos estadsticos de algunas de estas instalaciones se han publicado en los Anuarios de Aforos, editados por la antigua Direccin General de Obras Hidrulicas del Ministerio de Obras Pblicas, Transportes y Medio Ambiente y sus antecesoras en el tiempo. En las estaciones de aforo se registran de manera continua los niveles alcanzados por el agua. Con estos datos se calcula el nivel medio diario que es la base para la obtencin de los caudales circulantes. 183

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Figura 1. Red de estaciones de aforo de la cuenca del Ebro. Remarcados los puntos utilizados en el antiguo sistema de seguimiento de avenidas.

El sistema hidrulico del Ebro. Hidrologa y previsin

4. LAS AVENIDAS EN EL EBRO En Espaa la cuenca del Ebro es la que tiene un mayor nmero de zonas con riesgo potencial de inundacin. Segn el Estudio de Inundaciones Histricas. Mapa de Riesgos Potenciales. Cuenca del Ebro, de diciembre de 1985, se localizan 282 zonas de riesgo potencial de las que 18 se consideran de riesgo mximo, estando entre stas la zona de Zaragoza. Las avenidas de influencia atlntica son las ms frecuentes y se originan a partir de lluvias de procedencia atlntica. Los ros que las producen se encuentran en la cabecera y margen izquierda y drenan prcticamente la mitad del Pirineo. Las avenidas del Aragn, Irati y Arga, que se encuentran dentro del grupo anterior son las que se presentan ms a menudo. Las ms importantes se originan cuando en invierno o primavera comienza la fusin de la nieve almacenada en los Pirineos, con tiempo clido acompaado de lluvias, producindose una fusin parcial, con resultado de avenidas muy superiores a las esperadas en comparacin con la lluvia cada. Estas avenidas son laminadas por la intervencin del embalse de Yesa, que almacena las aguas procedentes de los ros de la cabecera del Aragn, retrasando su evacuacin para evitar que coincidan con la punta mxima procedente del ro Irati, que carece de embalses con regulacin efectiva para las avenidas. La composicin de las ondas de avenida procedentes del Aragn y del Arga, junto con las del Ega, de menor importancia, y de la cabecera del Ebro, generan las ondas de avenida que circulan por el tramo medio del Ebro hasta los embalses de Mequinenza y Ribarroja, en donde resultan finalmente laminadas. Afectan fundamentalmente a la zona de Pamplona y a las riberas del Ebro de la zona navarra y zaragozana. Las posibles afecciones al tramo final del Ebro, zona de Tarragona, con poblaciones como Tortosa, Cherta, etc., se han visto liberadas de las frecuentes inundaciones que padecan por la intervencin de los citados embalses de Mequinenza y Ribarroja. El Gllego hace de frontera entre las avenidas de origen atlntico y las de origen mediterrneo y como tal participa de ambas. Son poco frecuentes. Las aguas procedentes de la cabecera, que recogen una pequea parte del Pirineo central, se laminan en los embalses de Lanuza y Bbal. Tienen incidencia en la propia cuenca y desaparece su importancia al desaguar en el Ebro. Las avenidas de los ros Cinca y Segre se originan por lluvias de origen mediterrneo. Son poco frecuentes. La cuenca de estos dos ros es la cuarta parte de la del Ebro, por lo que se pueden originar avenidas muy graves. En el Alto Cinca las aguas se controlan con la intervencin de los embalses de Mediano y El Grado, y el embalse de Joaqun Costa controla las del sera e Isbena. La cuenca del Alcanadre drena el Prepirineo y su zona 185

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Figura 2. Antigua instalacin de la estacin de aforos n 11 sobre el ro Ebro en Zaragoza, en la desaparecida pasarela.

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El sistema hidrulico del Ebro. Hidrologa y previsin

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Figura 3. Nueva estacin de aforos de diseo actual, sobre el ro Huerva en Cerveruela.

Csar Ferrer Castillo

inferior, no disponiendo de embalses que puedan ejercer influencia apreciable en la laminacin. Tienen incidencia en zonas de Huesca y Lrida, afectando a poblaciones como Fraga, Balaguer, Lrida, etc. Su accin sobre el tramo final del Ebro, ha quedado minorada con la accin del embalse de Ribarroja sobre las aguas del Segre y Cinca y con el embalse de Mequinenza, que en estos casos puede retener las del Ebro. Las avenidas de los ros de la margen derecha limitan su incidencia a la cuenca propia, ya que al desembocar en el Ebro, desaparece su importancia. Las ms resaltables son las del ro Jaln y su afluente el Jiloca, que llegan a afectar a Calatayud y a las importantes zonas de huerta prximas. Tambin son reseables las del ro Guadalope. El ro Huerva tambin puede presentar situaciones que afectan a las zonas prximas a Zaragoza.

5. EL SEGUIMIENTO DE LAS AVENIDAS La Confederacin Hidrogrfica del Ebro tiene una larga tradicin en el seguimiento de las avenidas, cuestin que se viene realizando al menos desde 1947, con la utilizacin de los datos de ciertas estaciones de aforo. En la oficina central se recoge la informacin, que se procesa, generando otra sobre la posible evolucin y las previsiones en otros puntos, que es distribuida a Proteccin Civil, autoridades, medios de comunicacin, etc. Hasta los aos setenta la adquisicin de datos para el seguimiento se realizaba mediante observadores que informaban mediante telegrama. Durante los setenta se utiliza la conversacin telefnica de persona a persona como medio de informacin. A finales de 1978 se instala el primer limnfono, aparato que transmite la informacin de forma automtica mediante la emisin de un mensaje audible. A partir de 1983 se utilizan recolectores de datos automticos con soporte informtico, que transmiten la informacin almacenada a demanda, mediante lnea telefnica. A raz de las catastrficas avenidas registradas durante el ao 1982 en las cuencas hidrogrficas del Norte y Ebro, y en 1983 en la cuenca del Jcar, la Direccin General de Obras Hidrulicas del Ministerio de Obras Pblicas Transportes y Medio Ambiente, lanza una serie de Programas de actuacin que dan lugar, entre otros, al Proyecto de Sistema Automtico de Informacin Hidrolgica en el Ebro (SAIH Ebro). El SAIH es una red de telemedida y telecontrol que transmite, procesa y presenta la informacin hidrolgica de manera prcticamente continua y automtica a travs de una red de radio y un sistema informtico potente. El sistema adquiere la informacin de los distintos puntos de control, como son las estaciones pluviomtricas, las de aforos en ros, canales y 188

El sistema hidrulico del Ebro. Hidrologa y previsin

Figura 5. Red primaria de comunicacin de radio del SAIH Ebro.

Figura 6. Mapa de precipitaciones en tiempo real del SAIH Ebro.

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Csar Ferrer Castillo

Figura 7. Presentacin general de datos de nivel y caudal de una estacin de aforos.

Figura 8. Presentacin de datos en tiempo real de la estacin de aforos del ro Ebro en Zaragoza.

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El sistema hidrulico del Ebro. Hidrologa y previsin

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Figura 9. Presentacin de datos en tiempo real de la estacin de aforos del embalse de Yesa.

Csar Ferrer Castillo

embalses, y las de calidad de aguas, cada 15 minutos. Mediante una red de radio la transmite a los Puntos de Concentracin y desde stos al Centro de Proceso de Cuenca situado en Zaragoza. En el Centro la informacin se chequea, se elabora y se presenta para que sea utilizable por los distintos usuarios. El SAIH incorpora tambin un sistema de comunicacin fnica con inclusin de mviles. Gracias al funcionamiento del SAIH se tiene una visin global de la situacin hdrica, con lo que se tiene un efectivo seguimiento de las avenidas, lo que permite realizar previsiones para tener un conocimiento anticipado de las posibles situaciones de riesgo y alertar a Proteccin Civil con tiempo suficiente para actuar ordenadamente. La informacin proporcionada por el SAIH es utilizada tambin para realizar la explotacin normal de los embalses y canales. Cuando en determinadas estaciones de aforo se alcanza un cierto nivel previamente establecido, situacin de Prealerta, se comienza el seguimiento de la avenida. Al alcanzarse un segundo nivel ms alto, situacin de Alerta, se comienza la emisin de partes informativos a Proteccin Civil, que perdura hasta que finaliza la situacin por descenso de las aguas.

6. LOS SISTEMAS DE PREVISIN Las avenidas se controlan siempre con un seguimiento de los niveles, ya que de ellos depende que una zona se inunde. Los caudales se utilizan para realizar previsiones de los niveles que se puedan alcanzar en otros puntos aguas abajo, mediante la utilizacin de modelos matemticos. Dadas las caractersticas de la cuenca, la evolucin temporal de las avenidas se cifra en das, por lo que se pueden realizar previsiones con antelacin, de los niveles y caudales que se alcanzarn en ciertos puntos. Los embalses que pueden realizar laminaciones son alertados y se les suministra informacin continuamente. En determinadas ocasiones, generalmente con grandes avenidas, se les indica la evolucin a seguir en los caudales desaguados, para realizar una coordinacin y obtener una laminacin ms efectiva de la avenida. Fundamentalmente se utilizan dos modelos, el de prediccin de aportaciones en zonas nivales, modelo Aster y el de previsin de niveles mximos, modelo Caesar. El modelo Aster realiza un clculo de aportaciones con carcter predictivo o de simulacin para cualquier tipo de cuenca, especialmente con zonas montaosas, donde una parte significativa de la precipitacin se recibe en forma de nieve. Es un modelo hidrolgico determinista de lluviaescorrenta, que divide el territorio en celdas que se modelizan mediante 192

El sistema hidrulico del Ebro. Hidrologa y previsin

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Figura 10. Presentacin de datos de resultados del modelo Aster.

Csar Ferrer Castillo

una serie de parmetros. Tiene en cuenta la innivacin y se reajusta con mediciones de campo. Realiza los clculos con paso diario. Este modelo se alimenta con variables de prediccin meteorolgicas, lluvia, nieve y temperatura, as como con la cantidad de nieve acumulada en la cuenca en la fecha de comienzo de la prediccin. Da como resultado de su proceso el nuevo volumen de nieve acumulada y las aportaciones diarias de agua salientes en el punto de clculo. Actualmente se dispone de una versin calibrada para el clculo de las aportaciones diarias al embalse de Yesa, que tiene una cuenca de 2.172 km2, en la que se incluyen como afluentes principales los ros Esca, Veral y Aragn Subordn. El modelo Caesar contiene dos partes, el mdulo Caesar LT y el mdulo Caesar Tempus. Modeliza el paso de las avenidas en el tramo del ro Ebro comprendido entre las estaciones de aforo de Castejn y Zaragoza, de 140 km de longitud, con una sinuosidad de 1,55 y una pendiente media de 0,74 milsimas. Sus resultados proporcionan informacin para la previsin de actuaciones de Proteccin Civil en el curso medio del ro Ebro, tramo comprendido entre Castejn y el embalse de Mequinenza, y para las actuaciones de laminacin de este embalse. El mdulo Caesar LT realiza un clculo del nivel mximo que cierta avenida puede alcanzar en la estacin de aforos del puente de Santiago en Zaragoza, con un da de antelacin al menos. Es un modelo estocstico que se basa en la correlacin entre parejas de variables estadsticas. Para su calibracin se han utilizado los datos de los registros de ms de 325 avenidas histricas en las estaciones de aforo sobre el ro Ebro en Castejn y en Zaragoza. Los datos que alimentan el modelo son las previsiones de mximo para la estacin de aforos de Castejn, o los datos de mximo registrado en esta estacin procedentes del SAIH. Los errores de las previsiones realizadas hasta el momento han resultado inferiores al 4%. El mdulo Caesar Tempus realiza un clculo del hidrograma que durante una avenida se puede registrar en la estacin de aforos de Zaragoza, ajustando especialmente el nivel mximo y el momento de presentacin. Es un modelo que simula el problema de la laminacin en cauces naturales, es decir, el fenmeno por el que un hidrograma se modifica al transitar por una red fluvial. Utiliza el mtodo de clculo de las cascadas de Muskingum. En su calibracin se han utilizado los datos de ms de 325 avenidas histricas registradas en el tramo. Se alimenta de los datos del hidrograma registrado en Castejn proporcionados por el SAIH. El modelo Caesar puede aplicarse a otros tramos de ro, dependiendo la calidad de los resultados en su aplicacin, de la existencia del nmero suficiente de registros de avenidas que permitan un ajuste adecuado. 194

El sistema hidrulico del Ebro. Hidrologa y previsin

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Figura 11. Presentacin de datos de resultados y de calibracin del mdulo Caesar LT.

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Csar Ferrer Castillo

Figura 12. Presentacin de datos de resultados del mdulo Caesar Tempus.

El sistema hidrulico del Ebro. Hidrologa y previsin

Figura 13. Evolucin de niveles y caudales en la avenida de marzo de 1995 en las estaciones de aforo de Castejn y Zaragoza, y previsiones de mximo en esta ltima.

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Csar Ferrer Castillo

7. CONCLUSIONES El tramo urbano del ro Ebro en Zaragoza tiene una capacidad de desage muy ajustada para grandes avenidas, por lo que las actuaciones que en l se lleven a cabo, no deben de representar un obstculo al paso de las mismas, ni representar una disminucin del desage en el tramo de ro. Para disminuir el riesgo de posibles daos por inundacin, es necesario regular los ros que frecuentemente alimentan las avenidas que circulan por el tramo del ro Ebro en Zaragoza y que no tienen embalses de regulacin, como son el Irati y el Arga, fundamentalmente. Los embalses son las nicas infraestructuras de regulacin, que utilizadas adecuadamente pueden actuar sensiblemente frente a grandes avenidas. Con la utilizacin del SAIH y los modelos de previsin, tanto el tramo urbano como el periurbano del ro Ebro en Zaragoza, disponen de unos medios de previsin de niveles de avenida, que proporcionan un conocimiento de la futura situacin con anterioridad suficiente para activar los sistemas de Proteccin Civil y poder minimizar los posibles daos por inundacin.

198

OBRAS DE DEFENSA. CAUDALES DE DISEO


Jos Ramn TMEZ PELEZ

1. INTRODUCCIN [Link] ACTUALES Los criterios para fijar los caudales de diseo en las obras de defensa deben estar ntimamente relacionados con los principios generales que inspiran las estrategias en la lucha contra las inundaciones, y con el papel que en ella se les atribuye a las medidas estructurales. Por ello se ha credo oportuno iniciar este texto con unos comentarios sobre las tendencias actuales en este campo, tomados fundamentalmente del informe preparado en 1992 para la Federal Interagency Floodplain Management Task Force. Aunque se refieren a [Link]. son en gran medida extensibles a Espaa. Dichos comentarios se resumen en los puntos siguientes: Los humanos deben hacer esfuerzos para adaptarse a las inundaciones y no solamente intentar controlarlas. Las medidas estructurales, entre las que se encuentran los encauzamientos, hay que contemplarlas formando parte de un plan integral de defensas contra avenidas que puede incluir otro tipo de actuaciones. Los criterios ambientales tienen cada vez ms influencia en las decisiones de los planes de defensa, especialmente en las zonas donde el nivel econmico y de bienestar es mayor. En la lucha contra las inundaciones, las Administraciones Centrales estn cediendo protagonismo a los gobiernos regionales y locales. El nmero y el tamao de las obras de defensa ha venido disminuyendo a lo largo de la segunda mitad de este siglo y se prev que pocas estructuras importantes se vayan a construir en el futuro. 199

Jos Ramn Tmez Pelez

Los acondicionamientos del cauce han disminuido, fundamentalmente a causa de los impactos ambientales potencialmente adversos. Se hacen menos rectificaciones de cauces y el uso de vegetacin o escollera va ganando terreno al hormign. De los comentarios anteriores no debe desprenderse que la construccin de estructuras de defensa, haya desaparecido o deba desaparecer en el futuro. En apoyo de su continuidad hay poderosos motivos, unos ms justificables que otros, pero todos ellos reales: Siguen siendo necesarios para complementar las medidas de gestin, y para proteger aquellas zonas inundables ya desarrolladas sin una debida ordenacin. Son medidas ms tradicionales y contrastadas que las de gestin. Son las ms populares porque todas las responsabilidades de planificacin, proyecto, construccin, conservacin y financiacin corren a cargo de la Administracin, o Administraciones, con sacrificios mnimos para los beneficiarios. Los expertos y los organismos responsables de la lucha contra las inundaciones tienen cada vez ms claras las ideas sobre la poltica a seguir en ese tema, que otorga un papel fundamental a las medidas de gestin, pero se est comprobando que resulta difcil ponerlas en prctica.

2. CRITERIOS ECONMICOS DE DIMENSIONADO. ANLISIS DE RIESGOS Para estudiar la viabilidad de las obras de defensa y determinar su dimensionado ptimo con criterios econmicos hay que estimar para distintas alternativas de proyecto el dao medio anual ocasionado por las crecidas y sumarlo al coste anual de la inversin para minimizar la suma (figura 1). El dao medio anual es el rea bajo la curva de frecuencia de daos, que se obtiene a partir de la ley de frecuencia de caudales, de la relacin entre caudales y calados de agua, y de unas curvas empricas calado-dao elaboradas por distintos organismos especializados. Clculos ms precisos pueden hacerse incorporando al calado otros factores condicionantes del dao como velocidad, duracin y caudal slido. El coste anual C de la inversin P realizada en una obra con vida til de n aos suponiendo una tasa de inters i es: C = P i / (1- (1+i) -n El mtodo descrito es clarificador a muchos efectos y conceptualmente simple, pero tiene los graves inconvenientes siguientes: 200

Obras de defensa. Caudales de diseo

COSTE

COSTE TOTAL

COSTE DE LA INVERSIN

COSTE DEL DAO MEDIO

COSTE DE DISEO

Figura 1. Mtodo de anlisis de riesgos.

Su aplicacin exige la adquisicin y manejo de un enorme volumen de datos (uso de la tierra, topografa, hidrologa, hidrulica, trfico, etc.) y tambin el uso de leyes empricas de dao de dudoso realismo. Hay muchas fuentes de error (estimacin de calados, leyes de daos, tasa de descuento, etc.) y los resultados son sensibles a muchos de esos errores. El dao medio, parmetro utilizado en los caudales, tiene una escasa significacin cuando los perodos de retorno condicionantes de los daos son altos en relacin a la vida til de las obras como sucede en el caso de los encauzamientos. El reparto de crecidas en el corto perodo de vigencia del encauzamiento no va a corresponder al patrn medio de la ley de frecuencia. Slo contabiliza los daos directos y, sin embargo, hay otros difciles de cuantificar pero muy importantes como los indirectos, entre los que se encuentran el lucro cesante, los externos afectando a entidades y personas que deberan recibir servicios de la zona inundada y no los reciben, y los intangibles o no monetarios como son las prdidas de vidas humanas, daos psquicos por temores y angustias, perjuicios en la etapa de postcrecida hasta la normal reanudacin de actividades (inhabitabilidad, carencias de alimentacin y suministro de agua, saneamiento, gas, etc.). Todo ello explica su escasa aceptacin, al menos para defensa de zonas urbanas, y as las Agencias Americanas como el Army Corps of Engineers, el Bureau of Reclamation y la Tennessee Valley Authority niegan a este 201

Jos Ramn Tmez Pelez

mtodo el carcter decisivo y decisorio, y slo lo recomiendan como ayuda para la eleccin de la solucin en unin de otros factores de naturaleza diferente a la econmica. De todos modos conviene destacar que la aplicacin del mtodo de Anlisis de Riesgos conduce a resultados con perodos de retorno y tamaos de obras menores que los de la prctica habitual.

3. OTRAS CONSIDERACIONES. CRITERIOS EMPRICOS Segn se acaba de exponer, la eleccin del caudal de diseo de los encauzamientos no se puede reducir a un estudio puramente econmico. El anlisis cuantificado de los riesgos debe influenciar pero no decidir por s solo la solucin. El problema tiene una componente muy importante que se plantea en trminos de seguridad, bienestar social y calidad de vida. Segn expone Christine Dourlens, en esta materia, como en otras concernientes a medidas de seguridad, los criterios que inspiran la decisin son la expresin de elecciones polticas con las referencias que la sociedad quiere darles, y ello es as aunque no sean polticos quienes deciden y aunque la decisin no sea calificada de poltica por sus autores. La ciencia y la tcnica no pueden sustituir a la poltica para realizar estas elecciones, aunque deben suministrar slidos apoyos para la toma de decisiones. El nivel de seguridad frente a las inundaciones que la sociedad y sus polticos consideran razonable, suele plasmarse en unas cifras de perodos de retorno sancionados por la prctica que, segn los pases, figuran con mayor o menor concrecin, y con mayor o menor carcter obligatorio, en documentos de distinto rango legal: Normas e Instrucciones, rdenes Presidenciales, Recomendaciones, etc. Como ejemplos ilustrativos se citan las pautas seguidas para la eleccin de caudales de diseo en varios pases: Estados Unidos: el Acta del Federal Flood Insurance Program, elaborado hace unas dcadas, supuso un incremento de los perodos de retorno habituales hasta entonces en las obras de defensa contra crecidas, al hablar de la avenida de 100 aos. Poco tiempo despus una Orden Presidencial obligaba a todas las Agencias a emplear la avenida centenaria en el proyecto de las estructuras de las reas inundables [1]. En un reciente informe del ao 1992 [6] se puede leer tambin que la mayora de los programas de defensa contra las avenidas se centran en las reas inundables con la avenida centenaria. Canad: en una publicacin del ao 1990 editada por el Conseil National de Recherches de Canad figura el comentario siguiente: En 202

Obras de defensa. Caudales de diseo

Canad la prctica aconseja que los perodos de retorno, salvo en raras excepciones, se limiten a 200 aos o menos. Alemania: tal como se dice en una publicacin de las Naciones Unidas del ao 1989 [2] el encauzamiento de los principales ros dio lugar a sistemas de control que protegen a las ciudades importantes frente a crecidas con perodos de retorno entre 50 y 100 aos. La proteccin de zonas de cultivo se disea para avenidas de pequeo perodo de retorno variable segn la legislacin provincial (mximo entre 5 y 25 aos). Como ejemplo, en Baviera el programa de desarrollo territorial recomienda en los asentamientos urbanos una proteccin para perodo de retorno de 100 aos, y que no se lleven a cabo actuaciones para defender zonas rurales, a fin de salvaguardar as la capacidad que las zonas inundables tienen para almacenar agua durante las crecidas. Finlandia: En la misma publicacin de las Naciones Unidas antes citada [2] se afirma que las Autoridades han publicado en Finlandia unas recomendaciones indicando para cada municipio el nivel prximo a las aguas donde la construccin se considera segura, entendiendo por tal aquel nivel que se alcanza una vez cada 50 aos. Suiza: ingenieros del Laboratorio de Hidrulica, Hidrologa y Glaciologa del Instituto Federal Suizo de Tecnologa presentan unas pautas para elegir los caudales de diseo basadas en la experiencia de las crecidas del ao 1987 [4]. Los perodos de retorno de los caudales dependen del carcter de los terrenos a proteger y no se habla de uno sino de varios caudales de diseo (figura 2) y concretamente de un caudal Qa de comienzo de la inundacin, y de otro, lmite superior a contemplar en los estudios, hasta el cual se debe aspirar a que las medidas estructurales o de gestin sigan ejerciendo algn tipo de control y mitigando los daos. Si se prev que los daos no van a ser catastrficos (vase figura 3) el valor lmite es Qb y en caso contrario Qc. Las referencias de otros pases antes mencionadas son de gran valor y permiten comprobar un grado razonable de coincidencia al disear las protecciones al medio urbano para perodos de retorno entre 50 y 200 aos y lgicamente las del medio rural con garantas menores.

4. CASO ESPAOL. RODEOS HACIA UNAS CONCLUSIONES PRCTICAS El texto tiene un carcter eminentemente prctico y pretende resumir en una serie de consideraciones puntuales algunas de las conclusiones personales a que ha llegado el autor en su experiencia espaola. No es sistemtico, ni exhaustivo. 203

Jos Ramn Tmez Pelez


AVENIDA EXTREMA

CAUDAL DE DISEO

PMF

1 2 3 4 5 6

Paisaje natural (proteccin nula). Bosques y prados.

Terrenos agrcolas. Casas aisladas, granjas, ganadera, infraestructuras locales. Comercio, pequea industria infraestructura nacional. Grandes asentamientos, grandes complejos industriales grandes estructuras, elementos de alto peligro (centrales nucleares, etc), monumentos.

Figura 2. Propuesta Suiza (Jaeggi) de caudales de diseo.

El Boletn Oficial del Estado con fecha 14 de febrero de 1995 publica la Directriz Bsica de Planificacin de Proteccin Civil ante el riesgo de Inundaciones. En ella se utilizan como avenidas de referencia las de 50, 100 y 500 aos, y la inundacin de una zona determinada se califica de frecuente si tiene lugar con perodos de retorno inferiores a los 50 aos, como ocasional si ello ocurre con avenidas entre 50 y 100 aos, y se la denomina excepcional cuando slo sucede con las superiores a la centenaria. Este tratamiento de los rangos de las crecidas se considera acertado y se respeta en el presente texto.

4.1. CONSIDERACIONES GENERALES En los proyectos concebidos para que el caudal de diseo circule con un cierto resguardo, debera especificarse tambin la capacidad del encauzamiento en la situacin lmite sin resguardo y el perodo de retorno correspondiente a ese caudal. Esa garanta adicional que proporciona el resguardo deber ser tenida en cuenta a la hora de justificar las magnitudes de la obra. No deben aplicarse las mismas reglas de dimensionado a los encauzamientos del tipo todo o nada vulnerables a los pequeos vertidos sobre coronacin que a aquellos otros capaces de resistir los desbordamientos y 204

Obras de defensa. Caudales de diseo

mantener su eficacia durante el paso de caudales superiores a los de proyecto. Dentro del rango de perodos de retorno recomendados por el carcter rural o urbano de las defensas parece razonable elegir los valores altos en el primer caso y los bajos en el segundo. Debe resaltarse la necesidad de analizar en todo caso el funcionamiento del sistema de defensa con caudales superiores a los de diseo, no para evitar los desbordamientos sino para comprobar que no son catastrficos, e intentar que stos se produzcan de la manera menos perjudicial posible. Se debe analizar si la evolucin del coste de la obra con el caudal de diseo dentro del rango razonable de perodo de retorno presenta algn incremento brusco asociado a la necesidad de reemplazar estructuras ya existentes, modificar el tipo de obra, expropiaciones costosas, etc. Ello puede aportar poderosos argumentos para la toma de decisiones. El hecho de que los daos de una sola crecida extraordinaria hayan superado el coste del encauzamiento no es razn suficiente que justifique el reproche por no haberlo construido con anterioridad, si las expectativas de que se produjera un caudal de esa magnitud son escasas debido a su rara frecuencia. Para evitar catstrofes de esa ndole habra que haber construido obras de esa envergadura no slo en la zona afectada en esas fechas, sino en todos los puntos potencialmente peligrosos del pas puesto que de antemano no se saba donde iban a tener lugar sucesos extremos de esa ndole. La cuestin ms importante en el anlisis del caudal de diseo es si procede o no procede construir el encauzamiento. Dicho en otras palabras, entre las alternativas a contrastar en la eleccin del caudal de diseo debe figurar la capacidad del cauce natural o solucin de coste nulo. No tiene sentido acometer encauzamientos en zonas donde el cauce natural ya de por s proporciona niveles de garanta prximos a los que razonablemente cabe aspirar. No se debe olvidar que los efectos adversos del impacto ambiental son funcin creciente con las dimensiones de la obra. Las consideraciones paisajistas y ecolgicas tienden a reducir la garanta recomendable de diseo y deben invocarse en la justificacin del perodo de retorno adoptado, pues, adems de corresponder a razones serias, harn que la decisin sea as menos vulnerable a las crticas de los demagogos que cuando solamente se aducen argumentos econmicos.

4.2. ENCAUZAMIENTOS PARA DEFENSA DE ZONAS RURALES La capacidad a que se debe aspirar en este tipo de obras no debera sobrepasar el caudal de los 50 aos en situacin lmite agotado el resguar205

Jos Ramn Tmez Pelez

do. En esas condiciones las zonas protegidas ya pasaran a tener la calificacin de inundacin ocasional en terminologa de la Directriz Bsica antes comentada. Si, tal como se acaba de exponer, la meta es la proteccin para avenidas entre 25 y 50 aos, difcilmente se pueden justificar encauzamientos en reas rurales donde no se hayan producido ms de 5 inundaciones en este siglo, puesto que de forma natural ya tienen un nivel de garanta anlogo al deseable. Sera interesante dar un repaso a los encauzamientos incluidos en el Plan Hidrolgico Nacional como obras de inters general a la luz de estas consideraciones elementales. Los anlisis econmicos en este tipo de obras son ms significativos que en el caso de zonas urbanas porque los daos intangibles no son importantes. Deben exigirse aunque slo sea a nivel elemental para justificar la realizacin de tales obras.

4.3. ENCAUZAMIENTOS PARA DEFENSA DE ZONAS URBANAS Con las obras de encauzamientos se debe aspirar a que las inundaciones en las reas urbanas tengan el carcter de excepcionales, lo que en trminos de la Directriz Bsica equivale a decir que slo se produzcan con avenidas superiores a la centenaria. Tambin se debe intentar que en esas zonas no haya serios riesgos de prdidas de vidas humanas incluso con la avenida mxima, que la Ley de Aguas identifica con la de 500 aos. Es decir, no es grave que las crecidas con perodo de retorno entre 100 y 500 aos produzcan inundaciones siempre que no supongan prdidas de vidas humanas. La ley de la figura 3 es una propuesta razonable para concretar las condiciones del flujo circulante por las reas inundadas que lo convierten en potencialmente peligroso para las personas. La Ley del CEDEX es una variante conservadora de aquella otra de Fock y Beuwick [4].

4.4. MENSAJE RESUMEN Ni poco ni demasiado, todo es cuestin de medida, pero el mensaje de esta ponencia va dirigido a evitar los excesos en el nmero y dimensiones de los encauzamientos futuros, por considerar el autor que en el ambiente espaol del momento hay mayor riesgo de cometer errores de este signo que por defecto. Dicho mensaje se resume en las dos consideraciones siguientes: No construir encauzamientos para defensas de zonas rurales: 206

Obras de defensa. Caudales de diseo

V(m/seg) ZONA DE INUNDACIN PELIGROSA VELOCIDAD x CALADO = 0.5

1.0 VELOCIDAD

0.5

0.5 CALADO

1.0

h(m)

Figura 3. Criterio para la delimitacin de la zona de inundacin peligrosa. Modificacin del criterio de Jaeggi (1990).

Cuando de ello se puedan derivar consecuencias negativas para los ncleos urbanos de aguas abajo a causa de una menor laminacin de la punta de crecida, o por otras razones. En reas que no hayan sufrido ms de cinco inundaciones importantes en este siglo. Para perodos de retorno superiores a los 50 aos. No hay ninguna ley ni cdigo de buena prctica en el mundo que obligue o aconseje dimensionar los encauzamientos urbanos para un perodo de retorno de 500 aos, a cualquier coste econmico o medioambiental, cuando ello no es imprescindible para evitar la prdida de vidas humanas. Los trastornos econmicos y ambientales que se pueden producir al obligar innecesariamente a un perodo de retorno de 500 aos son hoy da significativamente mayores que en el pasado, cuando las leyes de frecuencia se establecan con modelos, mtodos de calibrado y series de datos que infravaloraban los caudales de rara frecuencia. Son bastantes los encauzamientos presentados en su da como dimensionados para la avenida de 500 aos que en realidad no superan los 200 aos de perodo de retorno a la luz de los conocimientos actuales. 207

Jos Ramn Tmez Pelez

5. APNDICE PARA LA REFLEXIN La lnea argumental de esta ponencia ha seguido un patrn tradicional y concluye en el apartado anterior. Sin embargo, se ha querido aadir este apndice final ms original y novedoso para fomentar futuras meditaciones sobre la repercusin que las diferencias climticas tienen en los rasgos fluviales y deben tener en los criterios de los planes de defensa contra las crecidas. Es una faceta interesante an mal conocida que aqu slo se presenta en fase embrionaria. Las reglas empricas corren el riesgo de perder su racionalidad cuando se aplican fuera del mbito donde surgieron como fruto de la experiencia local. Esta reflexin cuestiona en principio la aplicacin simple y directa de los cdigos de conducta y diseo seguidos en pases como los ya comentados, donde los regmenes de caudales son anlogos a los de algunas regiones hmedas del norte de Espaa, pero mucho menos extremos que los de la mayora de nuestros ros y ramblas mediterrneas, si se exceptan algunas regiones del suroeste de [Link]. Ello lleva tambin a poner en entredicho el uso de unas pautas uniformes en toda la geografa espaola. El carcter extremo de las precipitaciones, y la consiguiente irregularidad del rgimen de caudales en los cursos de agua, se traduce en una gran desproporcin entre la capacidad Qd del cauce menor (bankfull discharge) y los caudales de crecida de rara frecuencia como por ejemplo los de 100 y 500 aos Q100 y Q500. Se traduce tambin en una mayor sensibilidad del caudal a las variaciones del perodo de retorno que se manifiesta en valores ms altos de la relacin entre Q500 y Q100. En la tabla n 1 se presentan las cifras concretas de esos caudales caractersticos de Qd, Q100 y Q500 en algunos ejemplos espaoles ordenados de menor a mayor irregularidad. Los ndices adimensionales obtenidos mediante las relaciones de esos caudales expresan el nmero de veces en que se debe ampliar la capacidad del cauce para conseguir que el encauzamiento desage las avenidas de 100 y de 500 aos. Para 500 aos, mientras en el Ebro en Zaragoza ese nmero de veces es 4, en el tramo final del Jcar es 20. El perodo de retorno que corresponde al caudal de desbordamiento o capacidad del cauce Qd crece con la irregularidad del ro [8] y vara entre 1,1 aos en el Ebro y 5 aos en el Jcar. Por la repercusin que tiene en el coste y en el impacto ambiental de las obras, es importante tener conciencia del grado de alteracin de las condiciones naturales que realmente supone encauzar un ro en las distintas zonas climticas espaolas. A ello contribuye de forma elocuente la informacin de la tabla 1 que por esa razn se presenta a la consideracin de los tcnicos, aunque el autor de esta ponencia no se haya atrevido a formular las conclusiones prcticas que de ella se derivan en relacin con los criterios de defensa contra avenidas. 208

Obras de defensa. Caudales de diseo

TABLA N 1 Relacin entre la capacidad del cauce y los caudales de crecida


Q100 QD 3,1 3,5 4,2 4,2 4,0 10,8 11,7 Q500 QD 3,8 5,0 6,2 6,4 7,1 19,2 23,3

ENTORNO Ebro en Zaragoza Cinca en Fraga Oria en Andoain Oyarzun en Oyarzun Llobregat en Martorell Jcar en Alcira Jcar en Sumacrcel

Capacidad QD 1350 1000 500 52 700 650 300

100 aos Q100 4250 3500 2100 220 2800 7000 3500

500 aos Q500 5100 5000 3100 335 5000 12500 7000

Nota: Caudales en m3/s.

BIBLIOGRAFA
1 2

BOLETN OFICIAL DEL ESTADO 14 de febrero de 1995. CEDEX (1995): Floodplain management in the United States. An Assessment Report. Federal Interagency Flodplain Management. Task Force 1992. DOUERLENS, C.(1989): La gestion de risques majeurs La Houille Blanche n. 6. ESTRELA MONREAL, T.: Curso sobre principios y tcnicas para la Restauracin de Ros y Riberas. JAEGGI, M. y Zarn B (1990): Conference on River flood Hydraulics. John Wiley. ROUSELL, J. et al. (1990): Hidrologie des crues au Canada. Conseil National de Recherches, Canada. UNITED NATIONS (1989): Water use and water-pollution control: Trends, policies, prospects, New York. VIJAY P. Singh, D. REIDEL (ed): Proceeding of the International Symposium on Flood Frecuency and Risk Analysis. Louisiana State University, Baton Rouge (USA), 1986.

3 4

5 6

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LA GESTIN DE LOS ROS EN EL MEDIO URBANO: TENDENCIAS FRANCESAS


Jean-Paul BRAVARD*

1. INTRODUCCIN Los impactos ejercidos por los ros son de naturaleza diversa. La crecida es evidentemente temida por ribereos y es el objeto de todas las atenciones en la travesa de las ciudades. Sigue siendo el objeto prioritario de las atenciones de las colectividades, pero, desde hace algunos decenios, se plantean nuevas cuestiones. Se trata, sucesivamente, de la calidad de las aguas de estiaje que atraviesan la ciudad (desde hace ms de un siglo). A esta gestin de la circulacin de los flujos hdricos se ha aadido la de la calidad esttica de las riberas fluviales, desde que la poblacin se preocupa cada vez ms de la calidad de su marco de vida (desde los aos 1975), y de la toma en consideracin creciente de la calidad de los ecosistemas fluviales, en los mrgenes de la ciudad (desde hace algunos aos).

2. LA CIRCULACIN DE LOS FLUJOS HDRICOS 2.1. EL PASO DE LAS CRECIDAS EN LA CIUDAD El emplazamiento de las grandes ciudades fluviales francesas plantea, en primer lugar, la cuestin de su relacin con el ro en periodo de crecida. El desarrollo de las funciones econmicas basadas en la utilizacin del ro se ha traducido, evidentemente, en una creciente presin sobre sus riberas y en la tendencia de una progresiva conquista del espacio fluvial. Los muelles de descarga, los puentes y el hbitat han invadido los bancos de aluviones y
* Traduccin: G. Baillon y F. Pellicer.

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han reducido la seccin fluvial disponible para el desage. A escala histrica, este proceso debe, sin embargo, considerarse desde una perspectiva dinmica, que es la de la variabilidad natural de la intensidad-duracin de los episodios extremos. El principio de la fluctuacin hidroclimtica holocena, puesto en evidencia en los sistemas fluviales por ajustes morfolgicamente mayores (por ejemplo, cambios de estilos fluviales, elevacin/cortes de los lechos) parece poder ser transferido a los medios urbanos. Se ha demostrado que ciudades galo-romanas del Rdano, como Arles, Vienne y Lyon han sido parcialmente construidas en la llanura aluvial en el siglo I antes de Cristo, en un periodo conocido por la insignificancia de crecidas desbordantes, porque los lechos fluviales estaban cortados, y porque las crecidas eran probablemente muy modestas. El caso de crecidas violentas en el siglo I y II despus de Cristo se ha comprobado por la existencia de depsitos de aluviones. Y es interesante analizar la respuesta de las sociedades urbanas ante una situacin histricamente nueva. Una elevacin antrpica superior a los 3 metros ha sido observada en Vienne, pero fue de menor amplitud en Lyon. En ambos casos, sin embargo, no se han descubierto diques de proteccin de los bajos barrios amenazados. Frente a la crecida, la ciudad galo-romana se reconstruy sobre ella misma, sobre sus ruinas y sus terraplenes de origen fluvial. La misma constatacin de la sumisin a la variabilidad hidrolgica se encuentra en la Edad Media. El casco antiguo de Tours (del siglo I despus de Cristo), ciudad construida sobre las riberas de la Loire, est localizado sobre una elevacin natural. Comprobamos una bajada acelerada del frente urbano en el lecho fluvial, entre los siglos X y XIV, directamente en la arena, sin terrapln. Entonces se procedi a la construccin de una muralla de contencin, en el siglo XIV. Tours se protegi de las riadas mediante defensas de tipo militar ya que el Consejo decidi, en 1757, destruir las zonas habitadas de l'Ile de Saint-Jacques, construidas de manera arriesgada y que entorpecan el fluir de la Loire, sobre todo cuando se produjeron desastres de hielo. En 1765, dos batallones evacuaron a 900 familias de marineros, lavanderas y pescadores y destruyeron la Isla, quitando, incluso, la tierra (DUBAN, 1993). Esa misma reaccin la encontramos en el caso de Grenoble, ciudad en donde el Drac, un torrente en curso de elevacin a partir de los aos 1373-1377, oblig a construir murallas. En 1675, el ministro de Luis XIV, Colbert, sistematiz estos trabajos para defender de las aguas una plaza militar importante para el reino (BOUCHAYER, 1925). As pues, parece que al final de la Edad Media y la poca Moderna se innov, en el sentido de que la ciudad se convirti en el objeto de una proteccin sistemtica, mediante la realizacin de una serie de obras que sern tanto diques, como muelles, extrados del arte militar. Pars conserv la tradicin de las presas, ya que, en 1507, una Orden del Parlamento oblig a elevar l'Ile de la Cit. Por otra parte, el hecho de que ciudades importantes, como Lyon (a partir de 1538; GAUTHIEZ, 1995) y Pars (desde el siglo XIV) construyeran muelles, podra no ser debido, nicamente, al desarrollo de las polticas de urbanismo, confirmando la vocacin econmica fluvial de estas 212

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Figura 1. Red hidrogrfica del ro Sena en la cuenca de Pars.

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ciudades. Parece que las ciudades se adaptaron a las condiciones hidrolgicas nuevas y duraderas en el periodo conocido como la Pequea Edad Glaciar. Sea como sea, el estrechamiento del espacio fluvial se acrecienta del siglo XVII al XIX. En Pars, se construyeron, sucesivamente, tres muelles delante del Louvre desde el siglo XVI, invadiendo unos 20 m del Seine (Sena), a la altura de Notre-Dame. Lyon protegi su pennsula, en la orilla derecha del Rhne (Rdano) y comenz la construccin de diques, en su orilla izquierda, en el siglo XIX. Se trata, primero, de una simple elevacin de tierra (1836-40) y luego de la construccin de un potente dique, despus de la grave crecida de 1856. En una ventena de aos, un lecho mayor, de anchura de 2 a 3 km se perdi a causa de la expansin de las crecidas. La ciudad contempornea hered un paisaje fluvial marcado por la rectitud de sus trazados y el calibrado de los ros. El paisaje del dique se convirti en el atributo de la gran ciudad fluvial. Toulouse es un ejemplo extremo. Las crecidas siguen, a pesar de todo, afectando al espacio urbano, sea por la destruccin de los diques (Lyon, en 1840 y en 1856), sea por desbordamientos directos o por las subidas de las capas de agua (Pars, 1910). A causa de ello, se realizan proyectos que implican el desvo de la ciudad, a travs de canales, como se realiz en Valencia, con el ro Turia. Es el caso tambin por ejemplo del proyecto de Grenoble del desvo por el Sur (siglo XVIII); del proyecto de Lyon, del desvo por el Este, o de los proyectos parisinos, en 1650, de desvo por el Norte. La construccin de un canal complementario, es de actualidad en la capital francesa, con el proyecto de excavar un tnel bajo el meandro de la Seine, en Genevilliers, capaz de rebajar el nivel del ro, en su cruce por la ciudad. Citemos, igualmente, los trabajos de profundizacin del canal fluvial con objeto de aumentar su caudal. Es el caso del Seine, en 1858, gracias al empleo de dragas a vapor, pero estas medidas tienen limitaciones tcnicas, en el caso de Pars, dada la complejidad de las redes subfluviales. Esto se plante tambin en Lyon en los aos 1965-70, con el dragado del Rhne, destinado a limitar la variabilidad vertical de la lnea de agua, entre el estiaje y la crecida. (El aumento de la seccin transversal se hizo a la par que una modulacin de la inclinacin de la lnea de agua, obtenida gracias a la utilizacin de la presa de Pierre-Bnite, aguas abajo de la ciudad). Pero es evidente que estas medidas tenan muy poco en cuenta las preocupaciones ecolgicas. Una de las razones del abandono del dragado de los fondos de la Seine fue por el riesgo de poner en suspensin los sedimentos cenagosos y orgnicos, ricos en substancias txicas. La nica solucin realista no se puede centrar slo en el dominio de los flujos, a escala de la ciudad, sino en una poltica que se plantee la formacin del caudal de crecidas, es decir, a escala de la cuenca vertiente. Se trata de la creacin de depsitos especializados en la retencin de riadas. Pars consigui un amplio consenso regional y ha podido construir una serie de 214

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Figura 2. La ocupacin del lecho del Sena en Pars.

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depsitos-reductores. Despus de la riada de 1910, tres pequeos depsitos fueron construidos en el Morvan cristalino, entre 1932 y 1950. A causa de la crecida de 1955, se construyeron tres grandes depsitos en la aureola de terrenos sedimentarios impermeables: Seine (1967), Marne (1975) y Aube (1991), antes del proyectado, en les Cotes de Champagne. Pueden almacenar 805 hm3, si lo comparamos con los 4.000 hm3 de la crecida de 1910, y reducimos de 1 m a 1,50 m en altura, una crecida equivalente, inundara 25.000 ha, afectara a 300.000 habitantes, solamente en la ciudad de Pars, y costara 33.000 millones de francos. Tal poltica no es posible para asegurar la defensa de Lyon ya que la realizacin de estos estanques chocara con la inundacin de importantes vas de comunicaciones y del hbitat en unos valles estrechos. Una sola presa, la de Vouglans sur l'Ain podra reducir 30 cm una crecida centenaria. La poltica seguida por la Administracin desde 1858 (fecha del voto de una Ley) consiste en preservar los campos naturales de expansin de las crecidas mediante la prohibicin de edificar diques en el lecho mayor del Rhne. Esta poltica ha sido respetada hasta la realizacin de una cadena de remodelaciones hidroelctricas de la Compaa Nacional del Rdano, cuyo efecto hidrulico no ha sido neutro, a pesar de lo que aseguran las declaraciones oficiales. Se comprueban las virtudes de esta poltica ro arriba de Pars con la proteccin de 500 ha de lecho mayor de la Basse, a lo largo del alto Seine y un proyecto de construccin de depsitos (casiers) que se llenan durante la crecida. As las ciudades, prisioneras de las polticas urbanas despreocupadas de las crecidas, se han hecho dependientes de un control creciente de la parte superior de sus ros. Un tal dominio del espacio es posible (aunque difcil) cuando se trata de ciudades como la capital, vase el caso de Lyon, pero es casi imposible cuando se trata de pequeas ciudades.

2.2. EL DOMINIO DE LA CALIDAD DE LAS AGUAS DE ESTIAJE Las preocupaciones higienistas han aparecido en el primer decenio del siglo XIX, con el tema de la disolucin de los residuos no depurados. En Lyon, el Hospital de la Charit desvi un canal del Rhne, al pie del dique, con el fin de que el ro se llevara los desechos. Cuando el caudal del canal de Miribel, construido ro arriba de la ciudad, sufri una reduccin por el agua dada al canal hidroelctrico de Jonage (1937), se le reserv 30m3/s (ste es el caudal ecolgico, destinado a asegurar la disolucin de los residuos de las fbricas de seda de Miribel). Desde hace algunos aos los municipios de los barrios perifricos del sur de Lyon tratan de conseguir un aumento del caudal, llamado hoy, reservado del Rhne, impedido por la remodelacin hidroelctrica de Pierre-Bnite (Compaa Nacional del Rhne). Se trata de pasar de 15m3/s a 60, incluso 100 m3/s. Este mismo proceso se produce, aguas arriba del Rhne, donde los muni216

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Figura 3. La ordenacin-tipo en el Valle del Rdano.

cipios ribereos del canal de Miribel solicitan a su vez, un aumento a 60 m3/s o incluso ms en el marco de la renegociacin de la remodelacin de Jonage por la Compaa de Electricidad de Francia. El aumento de los caudales no productivos se ha convertido en una aspiracin muy importante, desde hace 5 aos, en el extrarradio de Lyon. Pars utiliz, primero, el agua de pozos artesianos para disolver las aguas contaminadas de la Bienne, pequeo afluente parisino del Seine (hacia 1880), pero no ha podido mejorar la disolucin de las aguas del ro a causa de la construccin de la segunda generacin de presas-estanque. La gestin de las sueltas de agua se ha convertido en un objetivo esencial, sobre todo, despus de la sequa registrada en 1976, ya que los caudales del Seine, pueden reducirse a 25 m3/s, y deben asegurar la evacuacin de las aguas residuales (slo parcialmente tratadas) a una poblacin de ms de 10 millones de habitantes. Las sueltas medias durante el estiaje son de 67 m3/s, 50 m3/s pudiendo realizarse en continuo, a lo largo de 6 meses. Este aporte es tan necesario como las tomas de agua potable e industriales, aseguradas aguas arriba de la ciudad, y es aproximadamente de 1.350 hm3, de los que 825 son a costa de las aguas de superficie. El volumen desaguado por el Seine es una media de 1.100 hm3 entre julio y octubre, pero slo de 625 hm3 durante el periodo de retorno decenal. El aporte de agua es capital ya que supone 800 hm3. 217

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La dilucin es la solucin ms moderna, ya que pone en valor las aguas almacenadas, en periodo de crecida, en el marco de una gestin multiusos. A la espera de las grandes crecidas, tiende, incluso, a convertirse en la razn de ser de las presas-estanque del Seine. Hay una duplicidad, sin embargo, entre esta poltica, ms moderna, y una ms antigua, la de reducir los desages con la finalidad de mantener un volumen de agua permanente en la travesa de las ciudades. Este objetivo fue alcanzado a mediados del siglo XIX en la travesa de Pars, con la finalidad de aumentar la profundidad de la va navegable. La presa de Suresnes hace del Seine un ro profundo y lento mientras que las riberas sucias del ro eran visibles en el estiaje antes de la construccin de esta presa. Es probable que la eutrofizacin estival de las aguas del Seine haya sido agravada por la elevacin, pero tambin est compensada en parte por la elevacin artificial de los caudales del ro. Lyon cre un paisaje nuevo con la construccin de la presa de PierreBnite, pues la elevacin de aguas del Rhne y del Sane ha suprimido la visin de los bancos de aluviones, creando nuevos espacios de deportes nuticos (poco utilizados), en el curso de agua, con caudales muy lentos en el estiaje. Ningn estudio ha evaluado, todava, el impacto ecolgico de esta modificacin del flujo del ro en el corazn de la ciudad, ya que la parte de los impactos ligados a la degradacin cualitativa de las aguas ro arriba no se conocen. Trabajos semejantes, realizados en los canales de alimentacin no urbanos, han sido acusados, tambin, de haber provocado un impacto negativo en la calidad de las aguas, por la liberacin de hierro y manganeso, ligada a la modificacin de intercambios, a un nivel de la interfase, cuando se obturan las riberas por efecto de la colmatacin.

3. LA MEJORA DE LA ESTTICA DE LAS RIBERAS 3.1. UN ESTADO MUY DEGRADADO La poltica de proteccin contra las crecidas y contra el efecto erosivo de las estelas provocadas por la navegacin ha fabricado un paisaje compuesto, a menudo muy feo, en la periferia de las ciudades. Sin embargo, el corazn de las grandes ciudades francesas en general, ha podido beneficiarse de monumentales trabajos de remodelacin. Es el caso de Pars, intra muros, en el que los muelles son un elemento de prestigio en la vecindad del Louvre, y de Lyon o de Toulouse. La mineralizacin es el atributo del ro tratado como las construcciones de prestigio de la ciudad. La prdida de las funciones tradicionalmente atribuidas a los ros (los puertos urbanos, la produccin de trigo en barcazas-molinos, el lavadero, la pesca) ha permitido una poltica de remodelacin que ha confirmado el alejamiento de la poblacin o que lo ha agravado. La realizacin de las obras de vertido urbano ha cortado a la ciudad de sus riberas (el eje Norte-Sur en Lyon, a orillas 218

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del Rhne; los paseos en las riberas construidos en Pars a iniciativa del presidente Pompidou, a comienzos de los aos 70). Por contra, las orillas de la periferia no se han contemplado ms que en funcin de los imperativos de la defensa contra la erosin, y han sufrido remodelaciones diversas, realizadas a menor coste financiero, segn tcnicas de ingeniera basadas en el empleo del metal y del hormign.

3.2. UNA VUELTA AL RO URBANO MODESTO, A FALTA DE MEDIOS PRESUPUESTARIOS Una nueva sensibilidad aparece al final de los aos 70, a favor de una reconquista de las riberas, de un retorno al agua en la ciudad. En 1981, se cre la comisin Lyon, Ciudad Fluvial, en el rea Metropolitana de Lyon. En 1987, se convirti en la Comisin de las actividades fluviales, signo de una voluntad de volver a dar funciones econmicas y sociales a un ro socialmente muerto. El estatuto jurdico de las riberas del Rhne ha sido modificado. Las riberas pertenecen al dominio pblico, ya que el Rhne y el Sane son cursos de agua comunales. El Estado (Servicio de Navegacin) es el propietario y el encargado de su mantenimiento. Una concesin se hizo a favor del rea Metropolitana de Lyon (por un arrendamiento enfitutico) que ha realizado trabajos de remodelacin localizados en el corazn de la ciudad: embarcaderos para la navegacin deportiva; plantaciones; paseos; tramos de pistas para ciclistas; remodelacin para el anclaje de barcos-vivienda (el primer barco de estas caractersticas lleg en 1980); rehabilitacin de fachadas y alumbrado de monumentos y de edificios pblicos que dan al ro. Tambin se contemplaron iniciativas privadas como la de la decoracin de un muelle del puerto E. Herriot, por la CNR. La ciudad de Lyon desarroll, tambin, una serie de proyectos de gran envergadura en el lmite del ncleo urbano de gran densidad, tratando de hacer compatibles las grandes obras de remodelacin y el respeto de estos principios. Como, por ejemplo, el acondicionamiento del Rhne, ligado a la realizacin del cinturn norte: encauzamiento y excavacin del ro, postergando en ms de un kilmetro aguas arriba las riberas artificiales. Un esfuerzo considerable se realiz con la creacin de paseos, tratamiento paisajstico (hierba, plantaciones de rboles, etc.), pero unas isletas salvajes, pobladas de castores, situadas a 5 km de la ciudad, fueron destruidas. Es demasiado pronto para poder juzgar. La frecuentacin permitir juzgar su xito entre la poblacin, pero podemos decir que estos nuevos espacios parecen, todava, poco atractivos a causa de la contaminacin sonora creada por la circulacin automovilstica. A escala del rea Metropolitana de Lyon (COURLY), el Plan Azul fue aprobado en 1991. Delimita cuatro sectores geogrficos: los cursos de agua intra muros; la parte superior del Rhne; la parte inferior; y el Sane. Se 219

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trata de un esquema de acondicionamiento de las riberas que presenta las accin a programar sin orden de prioridad: Excluye las zonas inundables de la urbanizacin. Prev el tratamiento urbanstico de las riberas y de las vertientes visibles desde el ro. Estos principios han sido recogidos en el Plan Director de la Aglomeracin Lionesa (SDAL). La situacin es bastante diferente en el caso de Pars intra muros, donde la monumentalidad de las riberas del Seine deja poco espacio a los trabajos de mejora. Citemos, sin embargo, los paseos llevados a cabo bajo el Jardn Botnico, como un ejemplo de actuacin. Las riberas, aguas abajo de Pars, deben conciliar las exigencias de fuertes limitaciones hidrulicas (altura y velocidad de los caudales de crecida y fuerte oleaje), con la voluntad de realizar una vuelta al ro. Realizaciones interesantes han sido efectuadas en el brazo no navegable, con el acondicionamiento de las riberas para paseos o para barcos-vivienda, pero no son ms que actuaciones puntuales. El coste de tales realizaciones es prohibitivo para muchas colectividades, en particular, porque las riberas han sido el espacio de localizacin de las redes tcnicas (conductos de agua potable, lneas de alta tensin, vertidos, etc...). Estas actuaciones, en general, confiadas a gabinetes de arquitectos paisajistas, obedecen a los efectos de la moda. Nada asegura, por tanto, que las mejoras realizadas hoy sern apreciadas dentro de 10 o 20 aos, y que cierto tipo de remodelaciones de riberas, sern durables frente a las presiones hidrulicas que hayan tenido que padecer.

4. LA TOMA EN CUENTA ECOLGICA DE LOS MEDIOS SEMI-NATURALES EN LA LLANURA ALUVIAL EN LA PERIFERIA DE LAS CIUDADES: EL CASO DE LYON 4.1. UNA LLANURA ALUVIAL EN PROCESO DE DESECACIN (18501960) La calidad de los medios hmedos que conservan los ecosistemas dignos de inters depende de varios factores como la inmersin por las crecidas, la variacin interestacional del nivel de la capa fretica y el nivel de esta misma capa. Tomaremos, por ejemplo, los ecosistemas aluviales de la llanura del Rhne, aguas arriba de Lyon. Entre 1850 y 1960, las funciones destinadas al Rhne por Lyon fueron de dos tipos: El lecho mayor fue un campo natural de expansin de las crecidas, despus de la riada de 1865 que destruy una parte de la ribera izquierda del Rhne, dentro de Lyon. La Ley de 1858 prohibi todo encauzamiento aguas arriba de Lyon. El espacio era poco agrcola pero los habitantes 220

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tenan derecho a pasto y a la explotacin de la madera en los terrenos que eran comunales. Fueron construidos dos canales: el de Miribel, para la navegacin (1848-1857) y el de Jonage-Cusset, para la produccin hidroelctrica (18921899). Delimitan la Isla de Miribel-Jonage que es un medio considerado digno de inters en un plano ecolgico. Estas dos grandes obras fueron realizadas sin el menor estudio de los posibles impactos medioambientales. En 1960, fueron juzgadas responsables: De bascular el nivel hidrulico del canal de Miribel. De una relativa desecacin aguas arriba de la isla, favorable a la agricultura de labranza. Del agravamiento de las inundaciones ro abajo de la isla (en barrios aguas arriba de Lyon, mal protegidos). De la obstruccin progresiva de los antiguos canales trenzados por sedimentos finos, aportados por las crecidas (el canal de Miribel est bordeado de diques sumergibles). La plantacin de rboles en estas tierras aumenta la rugosidad frente a las aguas desbordantes. 4.2. LOS PROYECTOS DE DESARROLLO PERI-URBANO (1960-1990) NO HAN TOMADO EN CUENTA LA DINMICA DE LOS MEDIOS A causa de la crecida de 1957, un esquema de remodelacin fue preparado por el Servicio de Caminos, Canales y Puertos (Service de la Navigation) que gestiona este espacio compartido entre los municipios y el Estado. Los principios bsicos son los siguientes: Dos funciones naturales se consideran prioritarias: el mantenimiento del carcter inundable y el suministro de agua potable a la ciudad de Lyon (350.000 m3/da para 1,2 millones de habitantes). Tambin se aaden nuevos usos econmicos: construccin de terraplenes para la instalacin de vas de comunicaciones, la urbanizacin parcial del espacio (creacin de un barrio de negocios en un emplazamiento de prestigio). La prdida de superficie inundable deber ser compensada por la construccin de balsas de agua (1.100 ha) que producirn ridos y una zona de ocio para actividades acuticas. Este plan ha sido parcialmente realizado a excepcin de la urbanizacin (300 ha de balsas de agua han sido excavadas para obtener ridos y tambin han sido construidas autopistas). El plan es el marco en el que se han fijado los principios de acondicionamiento desde hace 30 aos. El principio de la compatibilidad de las funciones ha sido proclamado con fuerza, pero, sin embargo, sin la verificacin necesaria. 221

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De hecho, esta gestin ha desequilibrado el funcionamiento del sistema fluvial y ha agravado los impactos que vienen del primer periodo de desarrollo del ro: La extraccin de ridos en el canal de Miribel ha sido potenciada por los servicios del Estado para reducir las entradas de sedimentos en la ciudad de Lyon y para obtener medios econmicos. Pero el abuso de estas extracciones ha provocado el ahondamiento-hundimiento del canal; degradado las riberas, influyendo sobre la inundabilidad de la llanura (el canal se ha ahondado de 1 a 2 m en 10 aos); ha descendido el nivel de la capa fretica de agua. Todo ello afecta a los niveles de las lminas de agua destinadas al ocio, y a la calidad ecolgica de los medios. - En las crecidas importantes los ros vuelven a seguir las huellas de los antiguos brazos fluviales. Traen limos que provienen, en parte del propio ro y de la erosin de las tierras agrcolas situadas sobre el lecho mayor. El resultado de todo ello es que las lminas de agua artificiales se rellenan y se eutrofizan, ya que los limos estn llenos de fertilizantes. - La calidad de las aguas del Rhne, aguas arriba, est amenazada por la contaminacin, teniendo en cuenta que el rea Metropolitana de Lyon (COURLY) ha instalado una estacin de bombeo de seguridad en una de estas lminas de agua artificiales, este bombeo est amenazado por la citada contaminacin.

4.3. DESDE 1990: HACIA UNA GESTIN MEDIOAMBIENTAL DE LAS ISLAS DE MIRIBEL-JONAGE El sector de las islas de Miribel-Jonage cubre 3.000 ha aguas arriba de Lyon. En 1990, a causa de la presin de los movimientos ecologistas, el lugar fue declarado inalterable para bloquear los proyectos de construccin de hoteles. La complejidad de los problemas de gestin hizo que el Conseil Gnral du Departement du Rhne, solicitara un informe pericial a la Universidad para conocer el estado de la cuestin, antes de la redaccin de una Carta de revalorizacin de la zona que acaba de ser aprobada por las colectividades locales. La Carta propone que el espacio sea gestionado por un sindicato intercomunal que fue creado en 1968, y reagrupa 11 municipios, dos departamentos (Rhne y l'Ain) y las ciudades de Lyon y Villeurbainne. La gestin del espacio (terrenos y equipamientos) ha sido concedida desde 1979, y por un plazo de 30 aos, a una sociedad ganadera llamada SEGAPAL (con un presupuesto anual de 15 millones de francos). Fueron aprobadas las propuestas siguientes: Acondicionar respetando las funciones naturales: inundabilidad, abastecimiento de agua potable, proteccin de los ecosistemas relictos de la llanura (brazos muertos, pastos secos con flora rara). El espacio es inalterable pero la nocin, de naturaleza muy poltica, es difcil de definir. 222

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Deber ser acondicionado de una manera duradera y progresiva, en funcin de un plan que debe resistir la prueba del tiempo, a pesar de la inestabilidad que caracteriza el entorno fluvial. Acoger al pblico de una manera ms organizada. La funcin social se acenta en el corazn de los arrabales con problemas. Debe estar acompaada de una accin de pedagoga del medio ambiente y de presentacin del patrimonio industrial (canales y fbricas hidroelctricas del XIX). En resumen, se trata de una presin suplementaria sobre el espacio, generadora de nuevas molestias? o ser el medio poltico de encontrar la financiacin necesaria para la rehabilitacin de una circulacin de los flujos hdricos que asegure la perennidad de las funciones de base (calidad de las aguas subterrneas, alto nivel de la capa de agua, reduccin de crecidas? En todo caso los costes sern muy importantes.

4.4. LAS PRIMERAS DECISIONES: MEJORAR LA CIRCULACIN DE LOS FLUJOS DE AGUA Las decisiones van en la buena direccin, ya que se trata de priorizar los impactos negativos en la circulacin del agua: El caudal reservado del canal de Miribel aumentar una cuantas decenas de metros cbicos por la EDF. Diques transversales sern construidos en el canal de Miribel para elevar los fondos (las lneas de agua y las capas). stos debern fijar la carga de fondo, en trnsito, para reconstituir un biotopo fluvial de calidad y reducir la eutrofizacin. Y facilitarn los desbordamientos de las crecidas en las islas. Se profundizarn los antiguos brazos para facilitar que les llegue el agua, cuidando que se recreen medios interesantes en un plano ecolgico. El aporte de los limos en los estanques de aguas artificiales ser reducido o suprimido gracias a la creacin de trampas excavadas en las gravillas. Se plantar en los estanques hidrfitos con objeto de que consuman los fertilizantes.

5. CONCLUSIONES GENERALES 5.1 RETORNAR A UNA GESTIN PRACTICADA A ESCALA DE LAS CUENCAS El concepto de solidaridad entre las aguas de arriba y de abajo de las ciudades naci a mediados del siglo XIX y se nos presenta hoy como una inno223

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vacin determinante para los gestores pblicos. No se trata de un retorno tmido a unas evidencias olvidadas durante el periodo de crecimiento econmico acelerado que ha seguido a la Segunda Guerra Mundial. En los aos 1860 el carcter intangible de los lechos mayores aguas arriba de las grandes ciudades, haba sido afirmado en situaciones de crisis grave (lo que aproxima esta situacin a la actual) y en favor de las grandes ciudades. El campo fue claramente sacrificado a los intereses urbanos en una relacin desequilibrada. Pero el desarrollo periurbano reciente y anrquico en los lechos mayores, as como la poltica de descentralizacin de las tomas de decisiones, impiden un retorno a una poltica firme y eficaz. La complejidad actual de las interacciones aguas arriba y aguas abajo a escala de la cuenca est entorpecida por la enorme dispersin de las intervenciones; porque es demasiado grande la heterogeneidad de los actores pblicos y privados; por el rgimen de concesiones del dominio pblico, que facilita una opacidad en los anlisis, ya que nadie tiene un conocimiento claro del resultado de los impactos y que los problemas no se plantean ms que parcialmente.

5.2. NO GESTIONAR LOS ESPACIOS NATURALES PERIURBANOS COMO SE HAN GESTIONADO LAS CIUDADES EN EL SIGLO XIX Los impactos sobre los hidrosistemas han podido ser analizados y corregidos mientras que estos sistemas eran relativamente sencillos y los actores poco numerosos (el Servicio del Estado para los ros franceses). La relativa lentitud de los procesos haca que los ingenieros tuvieran una conciencia clara de lo que es un sistema en desequilibrio dinmico. El tiempo no tena el mismo valor: en Lyon el impacto de una basculacin fue diagnosticado 15 aos despus de la finalizacin de las obras de Miribel, las correcciones parciales fueron realizadas en un periodo de 60 aos. Se ha logrado el equilibrio despus de 40 aos de las ltimas obras, pero las desviaciones medioambientales recientes parecen acelerarse. La desviacin se produjo en las afueras de Lyon entre 1960 y 1990, debidas a la conjuncin de una serie de factores desfavorables: La ciudad proyect sobre el espacio inestable que es una llanura aluvial, la imagen doble de la ciudad y la Naturaleza, soando una eterna y utpica compatibilidad. De hecho, la excesiva multiplicacin de funciones desarrolladas en el espacio fluvial (el trnsito de los caudales de crecidas, de la carga de fondo, de la carga en suspensin, la circulacin de aguas subterrneas, los nutrientes, las contaminaciones qumicas, han sido mal integradas en la reflexin), ha sido realizada en el desconocimiento de las interacciones dinmicas. 224

La gestin de los ros en el medio urbano: tendencias francesas

Algunos impactos potenciales han sido identificados, pero el principio de la compensacin de los impactos ha sido olvidado durante la fase de realizacin, por falta de medios financieros (el campo no es la ciudad; y el abandono del proyecto de construccin de una zona de negocios ha reducido prcticamente a la nada los medios financieros involucrados en la operacin). La llanura aluvial del Rhne ha sufrido la suerte de cualquier zona periurbana, ya que la prioridad fue dada a su riqueza en ridos y a las actividades de ocio. El gran reproche que se puede hacer al Estado es el de haber organizado o dejado hacer una excesiva parcelacin de las decisiones en un espacio que se ha terratralizado: departamentos, administraciones pblicas (DDE, DDAF, DDAS, DIREN), colectividades territoriales (COURLY, municipios, sindicatos), concesionarios (EDF, CBR), asociaciones y particulares. Histricamente las ciudades francesas han gestionado su espacio fluvial de una manera lgica, ya que las funciones naturales (aplanamiento del pico de crecidas, suministro de agua potable) eran demandadas a los ros aguas arriba de las ciudades. Y devolvan los residuos y la degradacin aguas abajo. Los problemas actuales provienen del hecho de que las aglomeraciones urbanas han incorporado los sectores aguas arriba a su esfera de crecimiento y han roto el principio que, hasta ahora, era respetado con rigor. Miribel-Jonage no es un espacio aislado y seminatural aguas arriba de Lyon, sino un elemento de un sistema periurbano cualquiera sometido a unos impactos.

5.3. ADOPTAR UNA GESTIN SISTMICA DE UNA TOMA DE DECISIONES COMPLEJA La leccin de los fracasos analizados en Lyon es que las interacciones propias de los sistemas naturales no pueden acomodarse en una gestin administrativa sectorializada. Conviene, tambin, adoptar una gestin sistmica de la toma de decisin mltiple. Lyon y los municipios vecinos parecen haber puesto en cuestin la lgica del desarrollo de su espacio aguas arriba, que se ha incorporado en el medio periurbano. La causa profunda de este giro es el hecho de que una nueva funcin natural viene a enriquecer las que se haban adjudicado al espacio. La llanura se transforma en un lugar natural susceptible de una gestin ecolgica. El principio hoy es restaurar la compatibilidad de los usos y de las funciones econmicas, por una parte, y, por otra, de las funciones naturales. Una sencilla demarcacin del espacio y de las funciones no es suficiente. Es necesaria la intervencin sobre la dinmica del sistema, es decir, de los flujos. La situacin es tan complicada que las decisiones son muy difciles y suponen la necesidad de llevar a cabo arbitrajes, tambin difciles de acep225

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tar por todos los actores presentes. La cuestin de la direccin de las obras y de la financiacin se plantea de manera muy acuciante en este tipo de situaciones.

5.4. MANTENER O RESTAURAR LA VARIABILIDAD DE LOS CAUDALES HDRICOS EN LAS CIUDADES Lo especfico de la ciudad occidental es desnaturalizar, suprimir el carcter aleatorio, o variable, de los procesos naturales, como la irregularidad del rgimen hidrolgico en la ciudad. Se trata de una de las manifestaciones de urbanidad o de la acuosidad urbana (A. Guillerme). El acondicionamiento de Pierre-Bnite en Lyon y las presas del Seine han creado lminas de aguas fluviales estticas de dbiles fluctuaciones. La crecida (modesta en sus efectos) se convierte en un espectculo y la inundacin de las riberas acondicionadas en una molestia, cuando hace un siglo la inundacin de los barrios construidos en estas zonas era lo ms natural. Esta evolucin, que es una buena cosa en las ciudades, se acompaa de una extensin espacial de estas concepciones. Las ciudades proyectan en sus arrabales, en va de urbanizacin, esta imagen del agua, que supone la quasi-estabilidad de los estanques de agua. Este proceso evolutivo es peligroso, ya que la imagen de la estabilidad se ha convertido en una norma, en materia de remodelacin y obras hidrulicas. La conciencia colectiva pierde la nocin de riesgo y la sociedad no concibe la necesidad de las fluctuaciones hdricas para un buen funcionamiento ecolgico. Se ha dicho que el acondicionamiento de las ciudades en el siglo XIX ha separado a los habitantes de los ros y de las riberas. Los trabajos llevados a cabo recientemente, que tienen por objeto acercar a los habitantes al agua, refuerzan paradjicamente esta tendencia. Se ofrece a los ciudadanos un paisaje de parque fluvial lineal. Pero hay que procurar no proyectar esta nueva imagen hacia los barrios y hacia la zona de aguas arriba, porque la transformacin de la Naturaleza, si es concebible en la ciudad, no es compatible con las realidades fsicas a escala de un ro. Las operaciones en curso de la restauracin de los desages de las crecidas en el polder de Erstein (700 ha) a lo largo del Rhin, aguas arriba de Estrasburgo, hacen pensar que se estn tratando de corregir los excesos de los decenios recientes.

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La gestin de los ros en el medio urbano: tendencias francesas

Figura 4. Etapas ms significativas en la gestin de las islas de Miribel-Jonage en el Rdano (Lyon).

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Figura 4. Etapas... (id 227).

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LA CALIDAD DEL AGUA


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1. INTRODUCCIN 1.1. NORMATIVA ESPAOLA Y EUROPEA La Ley de Aguas 29/85, cuya entrada en vigor data del 1 de enero de 1986, contiene diversos preceptos relacionados con la calidad de las aguas, que fueron posteriormente desarrollados en diversos Reglamentos y disposiciones complementarias que desarrollaron los mandatos de la Ley, e incorporan numerosas Directivas de la UE sobre la materia. Las principales normas sobre calidad de aguas superficiales en relacin con el uso al que van destinadas, son las siguientes: Aguas superficiales destinadas al abastecimiento de poblacin. Directivas 75/440/CEE y 79/869/CEE. OOMM 11/5/88, 15/10/90 y 30/11/94, RD 927/88 de 29 de julio y RD 1541/94. Aguas superficiales aptas para la vida pisccola. Directiva 78/659/CEE. OM 16/12/88 y RD 927/88. Aguas de Bao. Directiva 76/160/CEE. OM 11/5/88 y RD 927/88. En lo referente a las sustancias txicas y peligrosas definidas en la DIR 76/464/CEE, que fueron asimismo reflejados en el Reglamento del Dominio Pblico Hidrulico (RD 849/86), existen numerosas disposiciones 229

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europeas y nacionales sobre la materia, al objeto de proteger las aguas superficiales y las subterrneas de la contaminacin derivada de este tipo de sustancias. En lo que respecta a las aguas subterrneas, la DIR 91/676/CEE, relativa a la proteccin de las aguas contra la contaminacin producidas por nitratos de origen agrcola, fue recogida recientemente en el RD 261/96. En virtud de este RD, corresponde a los Organismos de Cuenca determinar las masas de agua que se encuentran afectadas por la contaminacin de nitratos de origen agrcola o en riesgo de estarlo, as como definir una red especfica para el control de su evolucin temporal.

2. REDES DE CONTROL DE CALIDAD DE AGUAS EN LA CUENCA DEL EBRO 2.1. RED GENERAL DE CONTROL. RED COCA En la cuenca del Ebro, la primera red de control de calidad de las aguas superficiales, se estableci, con carcter sistemtico, a partir de octubre de 1973. Est basada en una toma mensual de muestras en determinados puntos de la red fluvial que habitualmente coinciden con estaciones de aforo de caudal. La red COCA comenz con 22 estaciones clasificadas en tres rdenes de importancia que indicaban la frecuencia de anlisis de ciertos parmetros. El nmero de estaciones se fue aumentando paulatinamente de las 22 iniciales hasta las 80 que integran esta red general de calidad, con la frecuencia indicada de una muestra mensual. En cada muestra de agua se efectan hasta 44 determinaciones analticas, existiendo un grupo comn de parmetros que se analizan todos los meses en todas las estaciones, y otros dos grupos que se analizan trimestral o semestralmente en razn de la clasificacin de la estacin.

2.2. AGUAS SUPERFICIALES DESTINADAS A LOS ABASTECIMIENTOS DE POBLACIN Las Directivas comunitarias relativas a la calidad de aguas superficiales destinadas a la produccin de agua potable, fueron recogidas en la legislacin nacional, citada anteriormente. De acuerdo con esta normativa las Confederaciones Hidrogrficas deben clasificar las aguas superficiales en las categoras A-1, A-2, y A-3, en razn del tratamiento mnimo a que deban ser sometidas para su potabilizacin. El control de calidad se establece en los puntos donde se derivan las captaciones. 230

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2.3. AGUAS SUPERFICIALES APTAS PARA LA VIDA PISCCOLA Esta red intiolgica da cumplimiento a lo dispuesto por la Directiva 78/659/CEE y se aplica a los ros o tramos de ros en los cuales existe un compromiso de proteccin ante la CE en razn de sus especiales condiciones pisccolas. La clasificacin actualmente vigente establece como tramos protegidos aquellos que habitan determinadas especies autctonas que los especialistas en esta materia han considerado conveniente proteger. Los tramos sujetos a proteccin, en nmero de 15, son muestreados y analizados con la periodicidad prescrita en dichas disposiciones.

2.4. INTEGRACIN DE LAS REDES DE CALIDAD DE AGUAS SUPERFICIALES Todas las estaciones de muestreo peridico, y las distintas redes de control de calidad de aguas superficiales en funcin de los usos, se han integrado en la denominada Red ICA EBRO. Los resultados analticos de todas estas estaciones de muestreo peridico de la Red ICA EBRO se procesan en un programa de gestin de datos de calidad que conforma una base de datos nica. La presentacin de los resultados analticos puede hacerse en el formato caracterstico de cada uno de los usos a considerar, ya que los parmetros analizados y sus frecuencias son distintas segn el uso al que pertenezca la estacin. Muchas de las estaciones son comunes a varios usos. Con periodicidad mensual y anual se elaboran informes de calidad comparando los parmetros analticos de cada estacin con las categoras A.1, A.2 y A.3 (uso abastecimiento). El nmero de estaciones existente actualmente es de 153, habindose realizado en 1995 un total de 1.116 muestreos para la obtencin de 21.075 resultados analticos (Cuenca del Ebro).

2.5. RED DE AGUAS SUBTERRNEAS La incorporacin de las aguas subterrneas al Dominio Pblico Hidrulico, contemplada en la Ley de Aguas, ha empujado a los Organismos de Cuenca a incluirlas dentro de sus planes y objetivos generales. Durante los aos 1993 y 1994 la Confederacin Hidrogrfica del Ebro, ha realizado un detallado estudio tcnico, definiendo una red experimental de calidad de aguas subterrneas para la Cuenca del Ebro. Con la experiencia adquirida se ha seleccionado una segunda red de control. Esta red bsica de calidad dispone de 135 estaciones. Anlogamente a las redes de calidad de aguas superficiales, se ha contratado la toma de muestras y los anlisis in situ, efectundose en el laboratorio de 231

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cuenca el resto de las determinaciones analticas de esta red de calidad de aguas subterrneas. Durante el ao 1995 se han efectuado un total de 304 muestreos para la obtencin de 7.372 resultados (Cuenca del Ebro).

2.6. RADIACTIVIDAD EN AGUAS CONTINENTALES En octubre de 1978, y ante la generalizacin del uso de la energa nuclear en actividades diversas, y particularmente la produccin de energa elctrica en centrales termo-nucleares, se dise una red de control de radioactividad ambiental en aguas superficiales y comenzaron a muestrearse y analizarse el ro Ebro y algunos de sus principales afluentes. Las muestras son tomadas por personal de la Confederacin Hidrogrfica y analizadas por un laboratorio especializado en medidas radiactivas de baja actividad perteneciente al CEDEX, organismo autnomo de investigacin aplicada dependiente del antiguo MOPTMA.

2.7. RED DE TXICOS Para el cumplimiento de la Directiva 464/76/CEE y derivadas se ha establecido una red de control de sustancias txicas. Comprende como materias de anlisis Aguas, Sedimentos y Biota. En la cuenca del Ebro se controlan 9 estaciones de muestreo con dos campaas al ao como mnimo, en las que se analizan las sustancias de Lista I y bastantes de las de Lista II.

3. CALIDAD DEL RO EBRO ENTRE PIGNATELLI Y MEQUINENZA Despus de las consideraciones generales expuestas anteriormente, se recogen a continuacin en forma grfica algunos de los parmetros de calidad medidos en cinco estaciones del Ebro entre Pignatelli y Mequinenza, durante un perodo de 6 aos, enero de 1991 al ao actual. Este perodo permite estudiar la evolucin de los diversos parmetros de calidad, examinar las posibles tendencias y reflexionar sobre las causas que las originan. En cuanto a los parmetros analticos, se han consultado todos los existentes, seleccionando aqullos ms ilustrativos en razn a su frecuencia de muestreo, concentracin o representatividad, agrupndolos para su estudio en los cuatro grupos siguientes: Salinidad: conductividad, cloruros y sulfatos. Nutrientes: nitratos y fosfatos. 232

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Sustancias que consumen O2: DBO5, DQO, NH4, y % concentracin de O2. Sustancias txicas: fenoles y cadmio. Como se refleja ms adelante, no todos los parmetros mencionados se estudian en todas las estaciones, sino nicamente, aquellos que mejor representan la evolucin de la calidad. Las estaciones consideradas han sido las siguientes: Ebro en Pignatelli (toma del Canal Imperial). Ebro en Zaragoza (en puente de Monzalbarba). Ebro en presa de Pina (aguas abajo de Zaragoza). Ebro en Sstago. Ebro en Mequinenza (salida del embalse).

3.1. EVOLUCIN DE LA SALINIDAD Los valores de conductividad se han recogido en las grficas de las estaciones de Pignatelli, Sstago y Mequinenza salida del embalse. En la primera de ellas, la estacin de Pignatelli representa la calidad del agua captada por el Canal Imperial se aprecian con toda claridad los perodos de aguas altas y los de aguas bajas, por su reflejo en la concentracin de sales, prolongndose los estiajes durante los meses de otoo. La estacin de Sstago presenta una grfica mucho ms peraltada, con valores mximos prximos a los 3.000 microsiemens, mientras que en la anterior no rebasaban la mitad de este valor. El efecto homogeneizador del embalse de Mequinenza se refleja en la laminacin de los valores puntuales de conductividad. La concentracin de cloruros presenta grficas similares a la conductividad, habindose incluido la estacin de Zaragoza aguas arriba de la ciudad para poner de relieve el incremento de cloruros entre Pignatelli y Zaragoza formacin de Remolinos con valores puntuales prximos a los 400 mg/l de Cl-. Anlogamente, los sulfatos se incrementan en cantidades muy importantes entre Pignatelli y Sstago, midindose valores menores en la salida del embalse de Mequinenza. En todos los parmetros de salinidad relacionados no se aprecian tendencias significativas en funcin del tiempo, pero s la tendencia a incrementarse a lo largo del ro, las fuertes variaciones estacionales de concentracin y el efecto laminador del embalse de Mequinenza. 233

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3.2. NUTRIENTES En lo referente a las concentraciones de nitratos y fosfatos se han elegido, por su representatividad, las estaciones de Pignatelli y Sstago. Los valores de fosfatos son elevados en Pignatelli, con tendencia a decrecer, tendencia que se acusa particularmente en Sstago para los ltimos aos del perodo. Esta disminucin coincide con la puesta en marcha de la EDAR de La Cartuja con tratamiento terciario de precipitacin de fsforo que entr en servicio en mayo de 1993. La concentracin de nitratos se mantiene en valores admisibles en ambas estaciones, sin tendencia apreciable a incrementarse o disminuir. Se acompaan grficos de temperatura en ambas estaciones que reflejan un paralelismo o, mejor dicho, coincidencia clara, lo que confirma el equilibrio trmico entre el agua, su entorno fsico cauce y atmsfera y radiacin solar.

3.3. BALANCE DE OXGENO La demanda qumica de oxgeno DQO al dicromato presenta en las estaciones de Pignatelli, presa de Pina y Sstago una distinta evolucin. En Pignatelli, la oscilacin es moderada, los valores admisibles y no existe tendencia definida. En presa de Pina la oscilacin es acusada con bastantes valores que superan los 25 mg/l valor gua aguas para abastecimiento de poblacin y acusada tendencia al incremento. En Sstago, por efecto de la autodepuracin natural, la oscilacin es menor y la tendencia al incremento es menos acusada. El amonio est representado en las mismas estaciones. Los valores puntualmente elevados de la estacin de Pignatelli coinciden con las primeras lluvias despus del estiaje, y cabe atribuirlos en parte al lavado de terrenos agrcolas. Los altsimos valores de presa de Pina, particularmente llamativos durante los estiajes, deben achacarse a los vertidos urbanos de Zaragoza. La EDAR de La Cartuja, lamin esos valores a partir de su entrada en servicio a mediados del 93. Los valores de Sstago son sensiblemente inferiores a la estacin precedente. En las grficas del oxgeno disuelto se aprecian bajos contenidos en presa de Pina durante los estiajes, parcialmente corregidos durante los tres ltimos aos. 234

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3.4. TXICOS En las estaciones situadas en el ro Ebro se muestrean las sustancias txicas con mayor frecuencia que en los afluentes. Para la presente exposicin se incluyen los grficos correspondientes a las concentraciones de cadmio y fenoles en Pignatelli, Zaragoza y Presa de Pina. No se incluyen otros parmetros por su menor inters o representatividad en el perodo considerado. Es de sealar que los niveles de microcontaminantes en la Cuenca del Ebro son habitualmente inferiores al lmite inferior de medida, y respetan ampliamente los objetivos de calidad sealados en las normas europeas y nacionales. En el caso del cadmio, slo un valor en todo el perodo supera el lmite admisible para un agua potable. En el caso de los fenoles, de origen industrial y urbano, se aprecian mayores concentraciones en Presa de Pina en comparacin con Pignatelli, existiendo una tendencia al menos aparente a disminuir en los dos ltimos aos, que puede atribuirse al funcionamiento de la EDAR de La Cartuja.

3.5. RESUMEN DE LA SITUACIN EN EL RO EBRO En el recorrido del ro Ebro a travs de Aragn queda patente el progresivo deterioro de la calidad del agua en funcin de su recorrido. Las causas principales son las importantes detracciones de agua para regados y abastecimientos, los retornos de los regados, los vertidos industriales y urbanos y la salinidad de los suelos del valle medio del Ebro. Es destacable el efecto regulador y beneficioso para la calidad del agua del embalse de Mequinenza. Se observa una mejora sustancial de calidad aguas abajo de Zaragoza a partir de la construccin y puesta en servicio de la depuradora de La Cartuja (Zaragoza). Destaca la disminucin de fosfatos y amonio y los mayores niveles de oxgeno disuelto. Destacan, asimismo, la tendencia al incremento de la concentracin de DQO en Presa de Pina en menor proporcin en Sstago atribuible, al menos en parte, a la disminucin de los caudales del ro, y consecuentemente una menor dilucin de los vertidos industriales de Zaragoza. Como consideracin general cabe la reflexin de que la disminucin de caudales en los cauces lleva aparejado un deterioro de su calidad particularmente sensible en los parmetros conservativos como sales inorgnicas. Por otra parte, la disminucin de caudales, derivada de una menor precipitacin, se potencia con la tendencia general al incremento de los consumos de agua en la Cuenca del Ebro. 235

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4. LA CALIDAD DE LAS AGUAS EN EL PLAN HIDROLGICO DEL EBRO Dentro del Plan Hidrolgico del Ebro, por lo que a la calidad se refiere, se incluyen los apartados siguientes: Clasificacin de las aguas superficiales destinadas a la produccin potable. Objetivos de calidad para las aguas superficiales. Las aguas superficiales de la Cuenca del Ebro, tomando como base las medidas realizadas durante el pasado ao 1995, se han clasificado en razn del tratamiento a que deben ser sometidos cuando se destinan a la produccin de agua potable. Como puede verse en el grfico correspondiente, existen cauces o tramos de cauce, que no han sido clasificados a estos efectos, en razn de no existir en ellos captaciones para abastecimiento de poblacin, y no tener, consecuentemente, una estacin de calidad a tales efectos. Inicialmente se consideraron todos los puntos de captacin de poblaciones mayores de 1.000 hab, extrapolndose en los casos en que se dispuso de mayor informacin. Anlogamente, con la colaboracin de los tcnicos responsables de las distintas CCAA, se procedi a definir los objetivos de calidad para usos conjuntos abastecimiento, pisccola y baos en todos los cauces de la cuenca del Ebro.

5. LOS EMBALSES La eutrofizacin es un proceso de enriquecimiento de las aguas en sustancias nutritivas primarias nitrgeno y fsforo principalmente que si es excesivo conduce a modificaciones sintomticas en los ecosistemas acuticos, tales como un aumento de la produccin primaria, y una simplificacin de la estructura de las comunidades biolgicas del sistema. Este proceso se manifiesta con mayor intensidad en las aguas estancadas, tales como los embalses de regulacin. Si, como sucede en el mbito de la Cuenca del Ebro, las capas superficiales de la masa de agua estn sometidas a un intenso calentamiento estival que genere una estratificacin trmica, la oxidacin de los restos orgnicos que caen hacia el fondo de la cubeta y la preponderancia de la respiracin sobre la fotosntesis en las capas profundas, pueden acarrear finalmente un estado anxico del hipolimnion. La eutrofizacin en la Cuenca del Ebro viene paliada por la abundante presencia de sales de calcio la Cuenca del Ebro pertenece en su mayor 236

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parte a la Espaa caliza lo cual disminuye su eutrofia potencial por una precipitacin de fsforo ms eficaz. En el perodo 1989-1991 se realiz un estudio del estado actual, tendencias de la calidad y grado de eutrofizacin en los embalses de la Cuenca del Ebro, extendido a los 24 embalses principales de la cuenca (SYNCONSULT). El estudio dio el balance final siguiente: Un embalse hipereutrfico (Mequinenza). Cuatro embalses eutrficos (Alloz, Ebro, Oliana y Sobrn). Dos embalses meso eutrficos (Ullivarri y Urrnaga). Once embalses mesotrficos (Barasona y otros). Cuatro embalses oligo-mesotrficos (Eugui, Mediano, Santolea y Talarn). Dos embalses oligotrficos (El Grado y Santa Ana). En el grfico correspondiente puede verse la evolucin temporal del grado trfico de los embalses desde el ao 1972, fecha del primer estudio de Margalef. Entre las conclusiones del estudio se destaca que el estado trfico de los embalses tiende a aumentar en el tiempo, salvo el caso de los embalses de Cueva Foradada, Camarasa, Mansilla, Talarn y Eugui.

6. ESTACIONES AUTOMTICAS DE ALERTA DE CALIDAD Las estaciones automticas de alerta de calidad, EAA, miden en continuo diversos parmetros de calidad de aguas y los transmiten sin demora a un centro de proceso de datos donde se dispone de una vigilancia permanente. Se han implantado en los cursos fluviales donde derivan las principales captaciones de aguas para riegos y abastecimiento, y aguas abajo de las ms destacadas concentraciones industriales. Con el Proyecto SAIH, ya se instalaron anteriormente seis estaciones automticas de alerta de calidad, las cuales iniciaron su funcionamiento en el ao 1993. Se transmite por radio. Dentro del Programa SAICA 1 Fase se han instalado 13 nuevas EAA que facilitan informacin va satlite, con conexin directa al centro de proceso principal de la Direccin General de OH y Calidad de las Aguas, que a su vez, la remite al centro de proceso de cuenca, CPC. 237

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Durante 1995-96 se ha continuado la 2 fase de las EAA del Proyecto SAICA, que ampliar hasta 30 el nmero de estaciones de alerta implantadas en la Cuenca del Ebro. Tambin se incluye en esta fase la integracin en el Proyecto SAICA de las seis EAA instaladas el ao 1993, adecundolas a las exigencias de este Proyecto y modificando el sistema de transmisin de datos, para que el conjunto de EAA de la cuenca tenga la deseada uniformidad. Actualmente estn en servicio un total de 19 estaciones, que corresponden a las 6 del Proyecto SAIH y las 13 del Proyecto SAICA 1 Fase. En los grficos que se acompaan figura una muestra de las alteraciones de parmetros de calidad y del tipo de informacin sobre calidad de las aguas que puede obtenerse con las estaciones de alerta actualmente instaladas.

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VISIN HISTRICA Y URBANA DE LOS ROS EN ZARAGOZA


Elvira ADIEGO ADIEGO

En cada momento de la Historia, la visin que las ciudades tienen de sus ros, de su papel e interrelaciones, determina su tratamiento e integracin urbanstica posteriores. De acuerdo con ello, intentaremos deducir estas sucesivas visiones histricas a travs de la propia historia urbana de Zaragoza. El comienzo de la apasionante historia de nuestros ros pone de relieve que el principal ro de la ciudad, el Iber, dando nombre a la pennsula y a sus pobladores1, constituye desde sus inicios, un ro emblemtico. La primitiva Salduie, cercana a la confluencia de tres ros, Ebro, Gllego y Huerva, una a su buena accesibilidad la abundancia de aguas superficiales2 de fcil aprovechamiento como recurso vital y agrcola. Estas cualidades geopolticas y econmicas derivadas de su emplazamiento geogrfico constituyeron desde sus comienzos una invariante determinadora de su historia. En pocas menos pacficas tratado de Asdrbal en las Guerras Pnicas3 se impone la visin estratgica del ro Iber como frontera entre las esferas de los intereses romano y cartagins. La colonia romana de Caesaraugusta que dio cabida a licenciados de las guerras cntabras, se instal en la margen derecha del Ebro ms elevada que la izquierda, con su ngulo NE junto a la desembocadura del Huerva, pasando a constituirse ambos ros, en defensa natural del asentamien-

1 2

J. R. Marcuello y otros: El Ebro, Ediciones Oroel, 1986.

L. Mara Frutos Mejas: Estudio geogrfico del Campo de Zaragoza, Institucin Fernando el Catlico, 1976.
3

Nack-Wagner: Roma, Editorial Labor S.A., 1966.

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to4. Cabe por tanto decir, que en este primer emplazamiento planificado conocido de Zaragoza, la razn fundamental de su ubicacin y configuracin la constituye el propio ro Ebro con una visin principal geopolticodefensiva (cabeza de puente) y otra secundaria como recurso vital, agrario, pesquero y comercial. El Ebro, a partir de entonces, ser citado por gegrafos e historiadores romanos vinculado a la ciudad, haciendo notar su navegabilidad y rico comercio fluvial desde Tortosa hasta Logroo.

Figura 1. Vista de Zaragoza, de A. den Wyngaerde. 1563.

Aquel primitivo puente romano en el emplazamiento del actual puente de Piedra segn es reconocido por la tradicin, dara lugar al arranque del cardus y a la configuracin de una ciudad apoyada en el ro y con acceso al mismo mediante pequeo puerto o embarcaderos que aprovechando los condicionantes topogrficos pudieron situarse entre el Pilar y las Canonesas del Santo Sepulcro. Recientes excavaciones arqueolgicas han sacado a la luz la ubicacin del Foro de la ciudad entre la calle Don Jaime y la plaza de San Bruno, sobre La Seo, paralelo al ro y con accesos a la ribera y muelles en San Bruno y al puente en Don Jaime. La defensa norte de la ciudad coincidira con la defensa de las avenidas del ro y el propio ro. Las tabernae adosadas a esta muralla paralela a Echegaray y Caballero, se prolongaran desde el embarcadero hasta el Foro, desarrollando una estructura de calles comerciales o mercado.

E. Adiego; J. L. Calvo y otros: Zaragoza, Barrio a Barrio, 1981.

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Pudo completarse este Foro con adhesiones que incluyeran los restos del desaparecido templo hallado junto al Gobierno Civil, hacia el promontorio de la zona de la Azuda como castello? De cualquier forma, el centro de la vida poltica, religiosa, comercial y social, es decir, el corazn de la ciudad, se instal all y all mismo a orillas del Ebro, se ha mantenido hasta hoy. La vista principal de la ciudad haba quedado ya constituida desde el Ebro. Por entonces la Huerva, pequeo ro que discurre ms encajado, es visionado tambin como defensa y soporte de utilizacin agraria al hilo del impulso dado por los romanos a la agricultura. Al este y sur de la ciudad, las murallas discurren junto a sus riberas constituyendo sus puertas de acceso a la ciudad el acceso inmediato a las huertas. Al norte, el Arrabal, como cabeza del puente extramuros y trmino agrcola que toma sus aguas del Gllego, comienza igualmente a desarrollarse. En la evolucin de Caesaraugusta destaca la Cristianizacin de la ciudad y la tradicin de la venida de la Virgen a orillas del Ebro en el ao 40. De nuevo se busc un lugar significativo, en las proximidades del puente y junto a la muralla para localizar la tradicin mariana. El ro se sacratiza. La iglesia de Santa Mara la Mayor se ubicara en este solar.

Figura 2. Grabado de Sta Engracia.

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A esta tradicin vendran a aadirse unos hechos que engrandeceran la leyenda de la ciudad, sus Innumerables Mrtires y Santa Engracia, martirizados extramuros y localizados sus restos junto a otro ro, la Huerva. Aade la tradicin que en el ao 312 se hizo capilla subterrnea en el mismo lugar5 siendo llamada la cripta e iglesia de las Santas Masas. Este monasterio suburbial, junto con la iglesia zaragozana, adquirir gran importancia cultural en la Espaa visigtica como centro de copistas de los obispos Juan, Braulio y Tajn. Pues bien, los dos centros irradiadores de cultura religiosa se asentaron precisamente a orillas de sus dos ros ms urbanos, el Ebro y la Huerva. Desde entonces podemos decir haban quedado totalmente definidas las funciones de estas reas junto a sus ros. Las citas histricas de la agitada etapa visigtica ponen de relieve el invariante papel militar de las murallas y el ro Ebro durante los sitios de los aos 541 y 653. Durante esta poca adquiere importancia otro emplazamiento junto a los ros, el de las actuales Canonesas del Santo Sepulcro, prximo a la confluencia del Huerva con el Ebro, destinado a residencia real. Las posteriores luchas tribales de la Saraqusta musulmana (714), fueron tambin motivo por el que la resistencia de Zaragoza y el Ebro reaparecieran en las leyendas picas. Esta vez ser la Cancin de Roldn la que relate como Carlomagno para vengar la derrota de Roldn empuja a los infieles hacia un Ebro, de agua profunda temible y violenta y cmo viene en ayuda de Zaragoza el emir de Babilonia que remonta por el Ebro con cuatro mil chalanas, esquifes y galeras. La permisividad religiosa de la ocupacin rabe mantendr la pervivencia de los usos fundamentales de una ciudad que pasa a ser conocida en el mundo rabe por su emplazamiento, sus comunicaciones, incluyendo la fluvial y la feracidad de sus huertas, destacando la del Gllego6. El puente del Ebro, de la mxima importancia militar junto con los de Crdoba y Toledo, fue derruido por las inundaciones del 827, situacin sta que ser recurrente a lo largo de su historia y obligar continuamente a su reconstruccin y a la realizacin de defensas. Pero la Zaragoza de los Banu Hud, destaca por el aprovechamiento y carcter ldico de sus corrientes de agua. Las fiestas que se celebran en el Ebro, entre vino y manjares, poetas improvisando versos, cantos son descritas por Ibn Jaqan de este modo, la barca del prncipe estaba rodeada de multitud de embarcaciones; las melodas de cuerdas de lades eran tan hermosas que paraban al viajero en su marcha y emmudeca el pjaro ms elocuente en su canto. Esta idlica visin del ro a buen seguro se complementara con el paisaje arbolado de sus riberas.

5 6

Luis Garca Iglesias: Zaragoza, ciudad visigoda, Guara Editorial, 1979. A. Beltrn y otros: Op. cit.

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En este contexto surgi la Almusara, palabra rabe que denomina el lugar de ejercicios ecuestres y esparcimiento pblico en las afueras de alguna ciudad musulmana por donde se acostumbraba a pasear a pie o a caballo7. La propia acequia de la Almozara, con aguas del Jaln, que discurra junto a la muralla medieval por un antiguo ramblar (natural y defensivo) deba su origen a un rey que posea un huerto y mand construirla para regarlo. El topnimo de Almozara correspondera a este lugar de paseos que pudieron venir en prolongacin de los Sotos del Rey junto al ro y hasta el palacio de la Aljafera. Dominando esta rea prxima al Ebro y sus sotos, el palacio residencial de los Banu-Hud. Dentro de la primera muralla de la ciudad, la Azuda haba pasado a ser palacio de gobierno y al otro extremo las sucesivas mezquitas ocupaban el actual solar de La Seo. La reconquista de la ciudad por Alfonso I el Batallador (en 1119), con batalla en el Arrabal ya entonces de curtidores, quem la alcntara o puente de madera situado frente a las Canonesas. Como el puente de piedra an se encontraba en ruinas, pas a usarse nicamente el de barcas. La reconstruccin de estos dos puentes constituy una preocupacin constante para los reyes aragoneses, reconstruyndose primero el de tablas y terminndose el de piedra en 1440. El Ebro, por entonces, haba modificado su cauce en su tendencia a desviarse invadiendo la margen izquierda y atacando de frente los muros del Pilar, lo que origin que las Cortes en 1442 tuvieran que aprobar un vasto plan de giramiento del ro, al parecer con xito y dando lugar al meandro abandonado. Los zaragozanos que tenan el privilegio de la navegacin del ro y comercio fluvial, sufran cada vez mayores impedimentos debido a pequeos azudes, molinos y aprovechamientos diversos, como podemos ver el tema del aprovechamiento hidrulico o energtico del ro tampoco es nuevo, lo que motiv que la Corona encargara el control del ro a un jurado formado por dos cofradas, la de Santa Mara de Predicadores, de mercaderes y la de San Nicols de Bari, de arraeces (patrones de embarcacin)8, ubicadas en sus respectivos conventos. Sobre la Huerva, entre tanto, haba dos puentes uno junto a la huerta de Santa Engracia y otro de tablas junto a la puerta Quemada, que tambin se llev una riada y debi ser reconstruido aguas abajo, por donde pasaba ms encajonado junto al convento de San Jos (1594).

M. Isabel Falcn Prez y M. Luisa Ledesma Rubio: Zaragoza en la Baja Edad Media, Librera General, 1977.
8

M. Isabel Falcn Prez: Zaragoza en el siglo XV, Ayuntamiento de Zaragoza y otros.

1981.

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Figura 3. Puente y convento de San Jos.

As pues, a la ciudad que se mantena dentro de su recinto murado, se acceda por puertas que en sus flancos Septentrional, Meridional y Oriental coincidan con puentes a los que abocaban los caminos, hecho ste que condicionara el desarrollo de la estructura radial posterior de la ciudad. El primer gran ensanche ordenado de la ciudad, San Blas, se realiz hacia el Oeste, sobre el Soto Real, dentro del recinto murado musulmn, y siguiendo la direccin marcada por el Ebro aunque de espaldas al mismo. Hacia el Este el casero ira compactando la parroquia baja, formando los barrios de Teneras y San Agustn, en tanto que los nuevos usos representativos y creencias se reedificaran en el corazn de la ciudad sobre sus anteriores emplazamientos. Las rdenes religiosas, colaboradoras en la reconquista, se haban ubicado en los mejores emplazamientos, junto a ros. De entre ellas habra que destacar la de Dominicos Predicadores en el Soto Real junto al Ebro y las de San Agustn (1286), Canonesas del Santo Sepulcro(siglo XIII) y Jernimos (siglo XV) junto a la Huerva. Tambin (siglo XV) los Conventos de Jess, de Nuestra Seora de Altabs y Mercedarios (anterior leprosera de San Lzaro), en el ya iniciado Arrabal. Los lavaderos y pequea industria agrcola y artesana necesitada de agua y molesta para la ciudad, comenzaron a situarse en dos reas extramuros: el Arrabal por curtidores y personas sin acceso a la ciudad y la margen izquierda de la Huerva, tambin utilizado como Taeras que daran nom256

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bre al barrio. Pronto las aguas de la acequia que discurra prxima a la muralla por esta zona, sern objeto de protestas por sus malos olores, lo que nos recuerda problemticas ms actuales en el tiempo, al venir utilizados los cursos fluviales como colectores de residuos urbanos e industriales. Las necesidades funcionales de la ciudad, irn abriendo nuevas puertas, postigos o trenques en las murallas hacia el Ebro, para aguadores junto al Pilar y para arraeces en el barrio del Sepulcro, con ello la fachada trasera de la ciudad hacia el Ebro, comenzar a permeabilizarse paulatinamente. Pero los ros que iban perdiendo su papel defensivo y de va comercial, no perdieron nunca su visin como recurso. Precisamente durante el mandato Imperial se proyecta (1528) sacar del Ebro una acequia en Tudela para ampliar las huertas y disponer de agua en la ciudad. Ms tarde con Felipe II, se implicara en la obra el ingeniero J. B. Antonelli insistiendo en su navegabilidad. Sin embargo, el canal se paralizara hasta el siglo XVIII. Llegados a este momento, podemos analizar como visin de la ciudad la Vista de Zaragoza de A. de Wyngaerde de 1563. En primer trmino el Ebro y la fachada de la ciudad. Junto al convento de las Canonesas un depsito de almadas y serreras junto con grupos de posibles arraeces descendiendo hacia el ro. El Arrabal responde a un casero agrcola que va despegndose de su primitivo papel como cabeza de puente. Bordeando el permetro del Huerva las torres de San Agustn, San Miguel de los Navarros y Santa Engracia. Zaragoza es una ciudad-ro, el Ebro, con las torres de sus conventos e iglesias configurando su silueta caracterstica.

Figura 4. Vista de Zaragoza de J. B. del Mazo y Velzquez de 1647.

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De la Vista de Zaragoza de 1647 de Juan Bautista del Mazo y Velzquez destaca el carcter festivo de los paseos por la margen izquierda entre los puentes de Piedra y de Tablas, siendo la contemplacin de su margen derecha un motivo festivo de paseo. Pequeas embarcaciones similares a las menorquinas, navegan por un ro que ya en esta poca se descenda por las barcazas que transportaban mercancas dejndose llevar por la corriente, en tanto que aguas arriba eran remontadas mediante sirgas. De la Vista de Zaragoza de P. M. Baldi de 1668 para el viaje de Cosme de Medicis por Espaa y Portugal destaca la frondosidad de la margen izquierda, la desembocadura de la Huerva que se apunta algo ms alejada y el muro de proteccin de la margen derecha entre el puente de piedra y el de tablas. La ciudad adems de subir su nivel de asentamiento ha debido proteger sus flancos frente al ro. Entretanto cmo evolucionaba el entorno de la ciudad junto a sus ros? De nuevo se han realizado fundaciones religiosas como las Cartujas de Aula Dei y de la Concepcin en los siglos XVI y XVIII prximas a los ros, esta vez Gllego y Ebro, con amplias huertas, abundancia de aguas y tranquilas y apacibles vistas para la vida contemplativa. La construccin de Aula Dei motivara el puente sobre el Gllego (terminado en 1588) en el mismo lugar del antiguo de barcas que se cita en algunos grabados tambin como romnico. Tras su voladura, durante la guerras de sucesin se restablecera un puente de tablas hasta su desaparicin durante los Sitios (posteriormente tendra puente colgante emplazado en el lugar que ocupa el actual de hierro). Ms prximo a la ciudad, al lado de la Huerva, se haba fundado el convento de San Jos, junto al puente y emplazamiento en que pasaba ms encajonado el ro. Para hacernos una idea de la evolucin de los ros durante estos siglos resulta de inters el Plano y Castillo de Zaragoza, Capital del Reyno de Aragn de 1712, en el que podemos observar lo que debi ser el meandro del ro Ebro en este momento ya abandonado que haba dado lugar a las balsas de Ebro Viejo con sus dos escurrederos. Junto a ellas ya haban surgido los Sotos del Ayuntamiento9, antecedentes del actual parque del to Jorge y Macanaz. El ro Ebro estaba para estas fechas cruzado por tres puentes, siendo el tercero tambin de tablas un canal de riego que llevaba el agua de la acequia de Urdn a las Fuentes. Este siglo XVIII, segn podemos comprobar en el plano idealizado de 1779, destacar por el resurgimiento del rbol como ornamentacin y sombra en sotos fluviales y paseos. De entonces son la arboleda de Macanaz con la barca de sirga junto al Ebro y las de la puerta de Santa Engracia y paseo extramuros al sur de la ciudad en la Huerva. Los ros aportan a la ciudad

9 Carmen Faus Pujol: La orilla izquierda del Ebro zaragozano, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragn y Rioja y Ayuntamiento de Zaragoza.

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Figura 5. Vista de Zaragoza de Pier Maria Baldi de 1668.

sus arboledas mejor orientadas como espacios para el recreo y su naturaleza es valorada en todas sus dimensiones: econmica, espacio de ocio, valor paisajstico y microclima. Tambin durante este siglo (1793), se da por concluido el Canal Imperial inaugurando como monumento conmemorativo la fuente de los Incrdulos, todo un smbolo de lo que significaba el agua para la regin y la ciudad. Los Sitios de Zaragoza encontraran una ciudad vulnerable en sus flancos correspondientes al ro Huerva y cabeza de puente nororiental del Ebro. Estaba claro que las defensas de sus ros y murallas servan ya para

Figura 6. Puente romnico del Gllego.

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Figura 7. Plano de 1712.

Figura 8. Plano 1809 de M. Daz.

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poco, as que la ciudad poda disponerse a saltar sus ros. Este momento marcar el comienzo de una nueva etapa para la ciudad y sus ros, la de sus ensanches. Para conocer cul era la visin de la ciudad y sus ros en los comienzos de este siglo XIX, conviene observar el Plano Topogrfico de la Imperial Ciudad de Zaragoza, realizado en 1809 por Manuel Daz. La ciudad, una vez ms, es vista desde el Arrabal, con unas Taeras que se expanden hacia el Huerva, unos sotos del Ebro Macanaz y Almozara enfatizados, y destacando fuera de escala unos paseos que, partiendo desde los puentes de la Guerba, unen a la ciudad con el Canal Imperial y Lugar de Torrero (paseos de Torrero y San Jos). Es la visin romntica de una ciudad con trazados, aunque humildes, ornamentales, pensada para el paseo y el disfrute de sus cursos de agua que acababa de integrar con plenos derechos un nuevo cauce, el Canal Imperial. Tambin constitua una visin alejada del terrible estado en que haba quedado tras los Sitios. Pero aquel mal estado, junto con la Desamortizacin posibilitarn buena parte de las reformas estructurales y primeros ensanches de la ciudad junto al Huerva. La creacin del saln de Santa Engracia (apertura del paseo de la Independencia por Tiburcio del Caso) como gran paseo hacia los Sotos del Huerva, Huerta de Santa Engracia y paseo de Torrero (actual Sagasta), definira el futuro de la ciudad. Esta intencionalidad se observa tambin en el plano de Zaragoza de 1853 de Yarza y Gironza que refleja un proyecto de ciudad verde y engalanada junto a sus ros, en la que destacan estos trazados del saln de Santa Engracia y la Glorieta junto al Huerva. Aqu aparece ya el puente sobre el Huerva y acceso de la carretera de Castelln en su situacin actual replanteada tras el desbordamiento del Huerva en 1835. En estos aos y con la creacin del paseo de la Mina, se plantearon nuevas fortificaciones que proponan el desvo del Huerva. Las fortificaciones no se realizaran, pero el planteamiento del desvo del Huerva permaneci latente. Pero el siglo XIX vendr sobre todo caracterizado por la primera industrializacin dependiente de los cursos de agua y de las comunicaciones, sobre todo del ferrocarril (1864) que constituy el motor del crecimiento de la ciudad y la primera especializacin industrial de las reas junto a los ros, en especial del Arrabal. Si a ello aadimos la preexistencia del Canal y paseos de San Jos y Torrero, que ya en esta poca enlazaban con el barrio de Torrero y otros, no es de extraar que la expansin de la ciudad no saltase el Ebro percibido como una gran frontera o borde y se dirigiera hacia el sur saltando a la margen derecha del Huerva. 261

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Figura 9. Plano de 1853.

El enlace de las lneas del ferrocarril de Alsasua y Barcelona mediante el puente de la Almozara (1870), con su trazado sinuoso junto a la arboleda, aadira una barrera ms al Ebro impidiendo durante muchos aos su integracin y la de Macanaz en la margen izquierda. El ferrocarril de Pamplona, por su parte, origin la decadencia del Canal como soporte del trfico fluvial transportando el trigo de las Cinco Villas a sus harineras, por lo que la visin del Canal volvi a ser la de un recurso vital y de recreo, dando lugar al barrio de Venecia. En el Croquis sobre la primera idea del Parque de Zaragoza y urbanizacin de la Huerta de Santa Engracia de Flix Navarro de 1880, recogido en el proyecto de ensanche de 1906, el parque de la ciudad se situaba junto al ro Huerva, desviando y enterrando su cauce en un tramo para permitir el ensanche de la ciudad en esa direccin, puesta en valor tanto por su proximidad a la ciudad y ro, como por su orientacin y paisaje. La ciudad quera apropiarse de las mrgenes del ro, de su frescor, de su paisaje y simultneamente propone enterrarlo para obviar su condicin de barrera urbana. Ser en los ltimos aos del siglo XIX cuando eclosione esta rea. El puente de Santa Engracia se haba ensanchado y proliferaban pasarelas sobre el Huerva para conectar con las pequeas parcelaciones e industrias que ocupaban el actual sector de Madre Vedruna. Mientras, sobre el Ebro 262

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(1898), se acababa de inaugurar el puente de Hierro para sacar del puente de Piedra el trfico de Madrid-Francia. Pronto la facilidad de transporte de las nuevas fuentes de energa, como el gas y primeras compaas hidroelctricas tambin establecidas junto a los cauces, originarn la independencia de la industria respecto a los cursos de agua. Por ello, esta segunda etapa de industrializacin buscar su expansin no junto a cauces, sino en zonas con accesibilidad, originando la primera renovacin de usos junto a los ros, acequias y canal. Inauguramos el siglo veinte (1900) con un interesante Proyecto, el de la Huerta de Santa Engracia realizado por R. Magdalena que redujo la zona verde de la huerta a la actual plaza de los Sitios, desarrollando la Exposicin Hispano-Francesa de 1908 junto al ro Huerva y sobre el previsto parque (tambin aquella exposicin aprovech los plus valores del ecosistema del ro). Pero el crecimiento poblacional urga mayores ensanches y parque (Ley de 1892), lo que origin un concurso para la ordenacin de la ciudad hasta el Canal. En una ciudad de climatologa extrema, la ubicacin del parque buscar zonas frescas, con vistas y alejadas, dado que las zonas cntricas con estas caractersticas sucumben a las presiones especulativas. Haba ido perdindose la estrecha dependencia orgnica de las ciudades respecto de sus ros, por tanto, los pequeos ros encajados que no suponan obstculo para su dominio, sufrirn las mayores presiones e intervenciones no exentas de polmica que el proceso de urbanizacin ha inferido a los ros: su cubrimiento y aprovechamiento como viario; as suceder con el Huerva. Si el Proyecto de Ensanche de 1906 propona el parque de la ciudad junto al Huerva y el Cabezo de Buenavista, poco despus, en el Proyecto de Ensanche Parcial y Parque de Zaragoza de 1922 se propona la prolongacin del paseo de la Independencia (Gran Va) para unir la ciudad con este parque y dos aos ms tarde, el Plan de Ensanche de 1925 recoga ya esta Gran Va sobre y a lo largo del ro Huerva, inaugurndose su primer tramo cubierto en 1929. Este Plan de 1925 inclua por primera vez el Arrabal dentro del entorno urbano, lo que constituy el primer paso para el salto del Ebro. Las fechas se sucedern rpidamente. En 1928 se aprobaron las nuevas alineaciones de la zona de Ensanche de Miraflores que recoge junto al ro Huerva una ciudad Jardn integrada paisajsticamente con el ro y de la que todava queda algo por hacer y en 1934, una vez obviado el Huerva, se impulsar definitivamente el crecimiento de la ciudad hacia el sur, elaborando un Plan de Ensanche Integral que tambin ampla el parque de la ciudad. La ciudad que en su trnsito a la modernidad ve en su ro Huerva un recurso para el ocio y paisajstico, pero a la vez un impedimento al desarrollo urbano, ha decidido enterrarlo aprovechando su superficie, consoli263

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Figura 10. Proyecto de Ensanche de 1906.

dando as una relacin dialctica de amor-odio con su ro que se prolongar hasta los aos 60. Tras la Guerra Civil se planteara la primera red arterial de la ciudad en la que se propuso el puente de Santiago. Del mismo ao es el Plan Parcial del Sector Madre Vedruna, que desarrolla el cubrimiento del Huerva y las expectativas especulativas del sector creando encima del ro un boulevard (actual paseo de la Constitucin) y en sus reas limtrofes un barrio de elevada densidad. Pero la ciudad al ensancharse hacia el sur, se ha ido alejando de su Centro junto al Ebro y para remediarlo, el Anteproyecto de Ordenacin de 1943 propuso su extensin simtrica sobre las dos mrgenes del ro, dejando al Ebro convertido en el eje de la ciudad. Propona como zonas verdes en la margen izquierda las Balsas de Ebro Viejo; en el Huerva las comprendidas entre el ro y Miguel Servet, el Tenis y el Corral de la Lea; junto a las playas del Canal, al sur, otra gran zona verde. Tambin inclua una intervencin drstica en el Ebro, cortando su meandro de entrada a la ciudad para integrarlo como lago y zona verde a la Almozara. Este anteproyecto, al uso de la poca, estructuraba tanto las zonas verdes como el sistema viario colector de trfico sobre las mrgenes de los ros profundizando as en la dialctica integracin-separacin de los ros. 264

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Figura 11. Plan de Ensanche de 1934.

Figura 12. Anteproyecto de alineaciones de 1943.

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Figura 13. Plan General de 1957.

El posteriormente denominado Plan de Yarza de 1957, mantena la supresin del meandro del Ebro para la formacin de una playa artificial y la ciudad deportiva regional. Respecto al ro Huerva propona su tratamiento con zonas verdes lineales desde el parque Primo de Rivera hasta el comienzo de su cubrimiento y que el cauce cubierto, ya entonces con graves problemas higinicos, se canalizara y saneara, completando su cubrimiento segn est en la actualidad. En su tramo final incorporaba el jardn botnico de la torre de Bruil como parque. Haca mencin expresa de la creacin de un nuevo paseo del Ebro sobre la margen izquierda, encauzando el ro ganando altura y anchura suficiente para completar el aspecto fluvial de esta zona de la ciudad. Zaragoza, reafirmaba su vocacin de ciudad-ro, pretendiendo saltar definitivamente el Ebro. Tema al ro pero lo integraba estructuralmente y pretenda domesticarlo convirtindolo en su eje. Ya desde el siglo XVIII apareca grafiado en los planos el paso de barcas con sirga que una la ciudad con el parque de Macanaz o barca del to Toni. 266

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Figura 14. Foto del Huerva en ciudad jardn.

En 1941 la barca se vera sustituida por una pasarela peatonal (puente colgante) y en 1961 se inici en su lugar la construccin del puente de Santiago. El Plan General de 1968, que aqu vemos con sus croquis, quera romper con la estructura radiocntrica de la ciudad mediante la creacin de un nuevo ncleo y eje para lo que de nuevo recoga el eje marcado por un ro, el Gllego, cuyas mrgenes se ocupaban por un parque Lineal y Ciudad Jardn. Se propona cuatro parques a lo largo de las mrgenes del canal, Huerva y Ebro, previendo un nuevo parque en Alfocea. El desarrollo de estos croquis del Plan General llevara al autor a proponer la calificacin de estos terrenos colindantes con los ros como rstico forestal para su proteccin paisajstica. 267

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Figura 15. Plan General de 1968.

Este Plan iniciaba una aproximacin ms sensible a los ros haciendo notar el grave error que supone ignorar el valor fundamental que el ro Ebro posee dentro de la estructura de la ciudad, que la fachada de la margen izquierda debe tener un tratamiento similar a su opuesta y que una y otra forman un conjunto urbanstico potencial de primer orden. La atencin a este tema har necesaria una remodelacin de las edificaciones en buena parte muy mediocres, actualmente existentes. Propone, en consecuencia, como zona de renovacin urbana la fachada y margen izquierda del Ebro. Pero el Gllego, ro pirenaico y de cauce abierto, entre tanto, si bien en su margen derecha, junto a la desembocadura, el ferrocarril le defiende de las agresiones industriales, aguas arriba, alejndose del ncleo urbano, se le han ido aproximando los usos industriales menos aceptados por la ciudad, papeleras, matadero, etc., finalizando el trmino municipal con un ncleo rural en expansin, San Juan de Mozarrifar y el desolado paisaje de graveras y vertederos de su ribera. Su margen izquierda, ms elevada, haba visto crecer los ncleos rurales ms prximos, en menor medida Peaflor, y en mayor medida Montaana de la mano de su papelera, y Santa Isabel con sus instalaciones industriales. Simultneamente otras instalaciones valoran y potencian su entorno natural, como la Estacin Experimental. Mantiene pues la dialctica histrica amor-odio del espacio natural tan caracterstica de nuestra regin. 268

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Figura 16. Foto del Ebro. Estado actual entre puentes.

Durante los aos 70 los desastres que se perfilan en sus mrgenes, graveras, escombreras etc., darn lugar a la delimitacin de su zona de dominio pblico hasta el Azud de la Cartuja mediante la actuacin coordinada entre ICONA, Confederacin Hidrogrfica, y Ayuntamiento, destinada a la reparacin, encauzamiento y reforestacin que se realizar en los primeros tramos junto a la desembocadura. La dcada de los 70 sera de gran impulso planificador realizndose numerosos Planes Parciales que ordenaban tanto la margen izquierda del Ebro (Arrabal, barrio Jesus, etc.) como la derecha, la Almozara y Las Fuentes, al igual que gran parte de las reas junto al Canal como los barrios de Torrero, Valdefierro, Oliver, etc., manteniendo las propuestas del Plan General vigente. Las fachadas entre el puente de Hierro y el de Las Fuentes inicialmente quedaran sin aprobacin para que se integraran en la ribera tras la consideracin de un previo Estudio Hidrolgico del Ebro. Una vez realizado dicho estudio, y de acuerdo con el mismo, se proyectaron unos Planes Especiales de ordenacin de esta fachada y la de la Almozara que no se aprobaron y nicamente sirvieron para la realizacin del parque de la Almozara junto al Ebro. Todava hoy queda pendiente una necesaria y adecuada propuesta de ordenacin de la fachada frente a La Seo entre los puentes de Piedra y de Hierro. En 1971 se aprob la Actuacin Urbanstica Urgente del puente de Santiago, que recoga las previsiones del Plan General del 68 en lo que a la margen izquierda del ro se refiere. Durante los aos 80 y 90, el crecimiento de esta rea impuls la construccin de nuevos puentes y adaptacin de los existentes sobre el Ebro, en tanto que las riberas del ro siguieron sin atenderse. 269

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Figura 17. Foto de las riberas aguas arriba desde el puente de la Unin.

Una vez terminados los nuevos enlaces ferroviarios de la ciudad por el este (nuevo puente sobre el Ebro de 1969), se reform a finales de los ochenta el puente de la Almozara para el trfico con el rea Rey Fernando del ACTUR y se abri el puente de la Autopista (1978) completndose esta circunvalacin de la ciudad. Ms adelante se inaugurara el puente del Camino de las Torres o de la Unin. La precaria situacin del puente de Nuestra Seora del Pilar, o puente de Hierro, hizo plantear su desdoblamiento con una va a cada lado, dejando su antigua estructura peatonal (1991). La Adaptacin Revisin del Plan General de la ciudad en 1986 hoy vigente mantiene el sistema verde lineal del Plan General del 68 ampliando corredores verdes a lo largo del Canal Imperial para enlazar la carretera de Madrid con la nueva urbanizacin de Montecanal y la de Valencia. Entretanto la decadencia de la primera industrializacin del Arrabal en las zonas de renovacin urbana, junto con el patrimonio de Renfe, consiguen una Modificacin del Plan General y recalificacin cuya ordenacin de Detalle est actualmente desarrollndose. Esta etapa de los 80 y 90 viene caracterizada por la concienciacin progresiva de la preservacin del Medio Ambiente y la convocatoria de Concursos de Ideas para la integracin de los ros. En este contexto surge el Decreto 85/1990 por el que se catalogan como reas Naturales de Especial Proteccin Urbanstica en Aragn los galachos de La Alfranca y Juslibol, y en 1993 se suscribe un convenio entre el Ayuntamiento de Zaragoza y la Administracin Central para la Rehabilitacin de las Riberas del Ebro, por un importe total de 1.570 millones de pesetas, que se vuelve a poner sobre el tapete durante 1996 y en el 2000. Con estas inquietudes an no bien digeridas, nos hemos acercado al momento actual, por lo que no nos queda sino hacer unas breves reflexiones. 270

Visin histrica y urbana de los ros en Zaragoza

En el final de la dcada de los noventa, la aprobacin inicial del Plan General de 1999 ha recogido el proyecto en marcha del intento de sutura de las dos mrgenes del Ebro mediante la conexin del corazn actual de la ciudad con la antigua estacin del norte a travs del puente de Piedra de forma que la antigua estacin se constituya en una prolongacin del saln y corazn histricos de la ciudad, consiguiendo la integracin definitiva de ambas mrgenes. Este mismo Plan General recoge la propuesta de un proyecto de Plan Director del Ebro, con base al cual se est realizando un Anteproyecto General de los Espacios Pblicos de las Riberas del Ebro encaminado a respetar y potenciar sus posibilidades naturales, ambientales y paisajsticas. Simultneamente existe el proyecto de ubicar junto al Ebro, en Ranillas, la Exposicin Internacional del 2008 que nos quiere deparar una nueva oportunidad para el desarrollo de la ciudad. Ante todo ello no nos queda sino hacer unas breves reflexiones sobre la visin de los ros y a modo de conclusin. Hemos ido viendo cmo la percepcin de los ros y canal mantiene a lo largo de la historia unas invariantes, el Ebro es emblemtico, constituyen recurso vital y econmico, emplazamiento estratgico y geopoltico, son lugares sacralizados, son paisaje, microclima, son espacios ldicos, espacios para la contemplacin, son espacios naturales que constituyen nuestro patrimonio natural y cultural, nuestra calidad de vida y son un recurso natural escaso Pero simultneamente en esa relacin dialctica del hombre con su entorno, sus mrgenes son percibidas ora como impedimento a la expansin, borde o frontera, ora como eje o nexo de unin, bien como fuente bien como cloaca, bien como espalda bien como fachada, como objeto de desarrollo o como objeto de protecin... y todas estas percepciones diferentes han sido posibles segn se haya planteando su uso e integracin en la vida ciudadana. En cualquier caso, la Historia se empea en recordarnos que Zaragoza, ciudad cuya idiosincrasia y genuina imagen es debida a la impronta de sus tres ros y canal, todava no ha reconocido o puesto en valor a sus ros ni como espacios naturales de incalculable valor ni como protagonistas urbanos integrados en la urbe actual. Se est ya en ello.

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SIMBOLISMO, IDENTIDAD Y MITO DEL EBRO


Jos Ramn MARCUELLO CALVN

1. INTRODUCCIN Lo mtico o mitolgico (entendiendo por mito exactamente lo que seala el Diccionario de la RAEL al respecto, es decir, fbula, ficcin alegrica, especialmente en materia religiosa) pertenece a un primer estadio de la evolucin racional y organizativa del hombre, o sea, a su subconsciente, ya sea ste individual o colectivo. En un inmediato estadio evolutivo aparece lo simblico, lo referencial respecto de un cohesionante colectivo, que responde, evidentemente, a un terreno o campo de accin eminentemente ideolgico. Y, cerrando el proceso, aparece la identificacin o la identidad de un individuo y, preferentemente de un colectivo, con un determinado elemento de referencia, de seas de identidad, lo que supone ya una concepcin eminentemente poltica, entendiendo la poltica en su sentido ms amplio.

2. LO MTICO 2.1. COSMOGONAS Y TEOGONAS Partiendo, pues, de este planteamiento evolutivo desde lo mitolgico hasta lo identificador, pasando por lo simblico, parece obligado recalar primero en los aspectos mitolgicos del Ebro, tomando como buena esa acepcin de fbula, ficcin alegrica, especialmente en materia religiosa que le atribuya la RAEL. Sin demasiado riesgo a equivocarnos, podramos asegurar que, hasta fechas recientsimas de la Historia del Hombre que, en occidente podran 273

Jos Ramn Marcuello Calvn

remontarse, como mucho, al incipiente racionalismo de Tales de Mileto (el primer filsofo, por cierto, que sugiri que todo el mundo estaba hecho por agua), de Platn o de la escuela pitagrica, en la mayora de las culturas, las civilizaciones o los pueblos de cualquier antigedad o latitud, se dio, durante siglos y aun milenios una total identificacin, una absoluta superposicin entre las cosmogonas (es decir, las teoras del origen del mundo) con las teogonas (o sea, las teoras del origen de los dioses). No es preciso ser un profundo conocedor de la Historia de las Religiones para concluir que, en su intento por encontrar una razn que explique las peculiaridades del medio fsico que le rodea y las leyes que parecen regirlo, el Hombre, desde sus estadios histricos ms remotos, apoyado en su propia capacidad de observacin y de pensar por s mismo, ha pretendido encontrarlas en su propia espiritualidad, en su propio arsenal creencial. As las cosas, las fuerzas de la Naturaleza, el paso de las estaciones, el ciclo lunar o solar o el tremendo misterio del origen de la vida y de su carcter finito llevaron tempranamente al Hombre a una slida identificacin de la Cosmogona con la Teogona. Ello es rotundamente evidente, como decimos, en todas las civilizaciones conocidas y, lgicamente, el grado de superposicin de ambas teoras (origen del mundo y origen de su arsenal religioso) nos indica, precisamente, el grado de evolucin cultural de esas civilizaciones. Por lo que hace a la llamada cultura occidental actual, es claro que sta hunde sus races ms antiguas en un amplio subsuelo en el que, sobre los estratos indgenas ms antiguos, se han ido depositando, a lo largo de los siglos, estratos de muy diversas procedencias y de muy distinta naturaleza. Cindonos en exclusiva al gran territorio que baa el viejo Iber y conste que anda an sin resolver el viejo dilema de si fue ste el que dio nombre a la Pennsula por la que discurre o fue exactamente al revs, parece claro que cuando podemos comenzar a especular acerca de un atisbo mitolgico acerca del agua es, como mucho, en los albores del Neoltico, uno de cuyos elementos definitorios ms rotundos es segn convenio general entre los prehistoriadores, la invencin de la agricultura. La adopcin mejor de la agricultura por el viejo superviviente hombre del Paleoltico no supone slo el progresivo abandono de sus hbitos cinegticos y nmadas en favor de unos hbitos agropastoriles y progresivamente sedentarios, sino que, como ha sealado algn significado prehistoriador, supone, necesariamente, una paulatina evolucin de su arsenal creencial. Es en este momento cuando el chamanismo exttico de los pueblos cazadores rotundamente evidente en las escenas cinegticas de las numerosas pinturas rupestres del Valle del Ebro, sobre todo, en su tramo inferior del Bajo Aragn desva, necesariamente, sus fuerzas hacia el suelo, en una clara invocacin de la fertilidad para sus cosechas. Y, evidentemente, en todo este cambio ritual el agua bien en forma de las lluvias estaciona274

Simbolismo, identidad y mito del Ebro

les, bien en forma de manantiales, fuentes o cursos fluviales alcanza rpidamente un lugar preeminente y abiertamente sacralizado. Esta progresiva evolucin creencial del hombre cazador y nmada en cuya cultura no parece existir una actitud religiosa hacia el agua hasta el hombre sedentario y cultivador, es rotundamente evidente en un pueblo y una civilizacin que ha dejado una fuerte impronta en todo el occidente de Europa y, por lo tanto, tambin en nuestra Pennsula a travs del Cristianismo. Nos referimos, evidentemente, al pueblo hebreo.

2.2. LOS HEBREOS Procedentes de la Baja Mesopotamia, los hebreos pueblo rotundamente trashumante, dado su exclusivo carcter pastoril comenz su asentamiento estable en tierras de Canan a comienzos del segundo milenio antes de Cristo. Pues bien, el simple cambio de sus hbitos nmadas y pastoriles hacia otros progresivamente sedentarios y agrcolas supuso una profunda revolucin en sus ritos propiciatorios y religiosos. El ancestral ritual cruento (es decir, con la inexcusable presencia de la sangre) de un pueblo pastoril (y que tan excelente reflejo tiene, por ejemplo, en el conato de sacrificio de Isaac a manos de su padre Abraham o, con ms intensidad, en el ritual sacrificio del Cordero Pascual), evoluciona paulatinamante hacia ritos propiciatorios o de gratitud de la fertilidad de la tierra, en los que el agua juega un papel esencial: tal es la institucionalizacin de la festividad de los cimos, de la instauracin cannica del Sabath (descanso=sbados, nico da de la semana cristiana que no es de origen grecolatino) y, sobre todo, la instauracin ritual del bautismo y de las abluciones (abluciones que juegan tambin un papel esencial en las civilizaciones arbiga y en la religin islmica, que tan fuerte impronta dejara, siglos despus, en la cultura hispana). Mucho antes de que el Cristianismo comenzase a calar en lo que hoy llamamos Espaa, parece indudable que el elemento indgena producto, a su vez, de una lenta y recproca aculturacin propiciada por las grandes corrientes migratorias de indoeuropeos y de los pueblos llamados iberos, presentaba ya algunos atisbos reverenciales hacia el agua y sus distintas formas de presencia: fuentes, manantiales, cursos fluviales, etc. Las llamadas fuentes clsicas de la Antigedad y, sobre todo, Plinio y Estrabn sugieren algunas prcticas culturales de los indgenas prerromanos relacionadas con las fuentes, los ros y, sobre todo, la Luna, el astro por el que se rige el ciclo natural y por ello, el calendario agrcola de prcticamente todas las civilizaciones agrarias hasta la implantacin del calendario solar o gregoriano. Sobre este substrato creencial indgena comenzarn a labrar su impronta, a partir del siglo II antes de Cristo, primero la civilizacin romana y, algunos siglos despus, el Cristianismo. 275

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2.3. GRECIA Sabido es que el arsenal religioso romano pueblo esencialmente pragmtico y sincrtico es prcticamente un calco del ideario religioso griego y helenstico, un ideario que hunde sus races ms profundas en la Cosmogona de Hesodo y en la Teogona que destila la dilatada obra de Homero. Pues bien, en el aparato religioso griego, el agua y los cursos de agua (es decir, los ros) aparecen tempranamente como elementos centrales de los complejos ritos propiciatorios de la fertilidad, tanto de la tierra como de la de los ganados y de los propios humanos. En las ms antiguas cosmogonas de la Grecia continental aparece muy tempranamente y dotada de un progresivo protagonismo la figura de Hera, la Diosa Madre. Hera, hermana mayor de Zeus y su esposa a la vez, adems de diosa del matrimonio (es decir, de la fertilidad humana) se consagrar tempranamente como diosa de la fecundidad, tanto de la tierra como de los ganados. Este proceso corre paralelo, lgicamente, al de los distintos estadios de la propia civilizacin griega: progresivo abandono del pastoreo en favor del cultivo comunal del suelo, primeros atisbos de la ciudad o polis, etc. Esta asociacin ideolgica entre fertilidad humana-fecundidad de la Naturaleza es muy clara entre los griegos de la poca arcaica, que festejarn anualmente las nupcias de Zeus y Hera en las montaas y en las riberas de los ros; las Heraia. El culto a Hera dispona de dos centros principales, Argos y Samos (ambos, en mbito rural o extraurbano), pero la festividad admita algunas variantes locales, como las Dedela en Beocia o las que se celebraban en Nauplia (donde Hera se baaba en la fuente Canathos, antecedente remoto, quizs, de la tradicional baa o moja de vrgenes, santos o reliquias en algunas rogativas de agua en Aragn), en Cnosos donde la hierogamia o matrimonio entre los dos dioses tena lugar a orillas del ro Theren, en Samos (donde tena lugar un rito similiar en las riberas del ro Imbraros), etc. La mitologa en torno a Hera es de suma importancia para el tema que nos ocupa, toda vez que no slo se convertir, siglos despus, en una de las tres grandes divinidades romanas de la trada capitolina (Juno, rectora de las fases lunares), sino tambin porque a sus frecuentes desavenencias conyugales con su esposo Zeus atribuan los griegos las perturbaciones atmosfricas. Poco a poco, la figura de Hera aparece progresivamente suplantada por la de Demter (la futura Ceres romana), procedente de la cultura cretomicnica, hermana tambin de Zeus (por hija de Crono y de Rea), a la que los griegos atribuan la maternidad del grano, en particular y, por ello, de los alimentos vegetales, en general. ntimamente ligada al ciclo anual de los cereales, (se le conoce, sobre todo, por el sobrenombre de Madre de los cereales) a Demter, la ms importante divinidad griega de la fertilidad, estaban consagradas las fiestas principales de la Grecia arcaica, fuertemente dependiente de la economa agraria: las Haloa, en las que se renda culto a la diosa en su 276

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condicin de descubridora de la agricultura, y las Talisia, en la que se veneraba y se procuraba el poder benefactor de la diosa de la fecundidad vegetal. El mito y culto a Demter que tendr una gran influencia sobre los llamados misterios eleusinos (de Eleusis, en la periferia de Atenas) y, a travs de ellos, en el orfismo y el Cristianismo primitivo nos proporcionan, probablemente, la primera interpretacin y, si no la primera, quizs la mejor elaborada en torno al paso de las estaciones y al ciclo de la Naturaleza. El llamado Himno a Demter o, en ocasiones, Himno a Persephone consagra el mito de la hija de Dmeter (tambin conocida por Kore o Cor) y de Zeus, en el que se narra su rapto por Hades, el seor de los infiernos. Cor haba nacido de la violacin de Demter por parte de Zeus y fue raptada por el tercero de sus hermanos, Hades, que gobernaba el mundo subterrneo. Presa de la clera y de la tristeza por el rapto de Persephone, su madre, Demter, orden a la tierra no producir fruto alguno, actitud que provoc el pnico generalizado entre los humanos. stos acudieron suplicantes ante su padre, Zeus, quien determin una solucin ciertamente salomnica: su hija residira los cuatro meses de invierno en el refugio infernal de Hades a quien deba fidelidad conyugal por haber ingerido el ritual grano de granada y, el resto del ao, junto a su madre Demter que, en prueba de su alegra, ordena la eclosin de la vida vegetal. Esta bellsima intepretacin mitolgica del invierno-muerte y de la consecuente resureccin primaveral, tendr despus su continuacin a travs del mito de Apolo la gran divinidad solar a partir del siglo V a.C. que cada ao, desaparece de su santuario de Delfos a la llegada del invierno para ser sustituido por Dionysos (divinidad de origen tracio, como Ares) hasta la llegada de la siguiente primavera. Este segundo mito encierra sus propias contradicciones, toda vez que, a su vez, Dionysos se constituy pronto en el dios de la fecundidad, virtud invocada o celebrada a travs de cuatro grandes festividades del calendario griego, como luego se ver. El mito de Apolo ofrece, adems, el atractivo de aparecer unido al posible origen del rito de la purificacin a travs del agua, ya que, tras dar muerte al monstruo Pitn que dara nombre al lugar sagrado que luego se convertira en el gran centro religioso de Delfos (de delfis, delfn), Apolo se purific de esta muerte sumergindose en las aguas del ro Peneo. Con el paso del tiempo, Apolo acabar convirtindose en el Febo de los romanos. Posteriormente, cuando el mundo religioso arcaico fue hacindose ms rico y complejo, junto a estas divinidades mayores del Olimpo comenzaron a hacer su aparicin otra serie de dioses y diosas menores, ms especializados y, por lo general, ms prximos a sus devotos. Tal es el caso de las Nereidas, hermanas de Tetis, divinidad tpicamente martima, y a quien acompaaban en sus expediciones formando comunal cortejo. O el de las Ninfas, pequeas deidades que poblaban las fuentes (Nvades) y los rboles (Driadas) y que siempre estuvieron muy vinculadas a Pan, hijo de Hermes y dios propiciador y vigilante de la fecundidad en el mbito rural y silvestre. Tanto el culto a Pan como a las Ninfas tuvo una gran trascenden277

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cia en la mitologa romana, cuya impronta, slidamente exportada a todas las tierras del vasto Imperio, convivir, sin duda, durante siglos, con divinidades indgenas y entre ellas, las de la Iberia prerromana protectoras de los bosques, las fuentes, los ros, las montaas, etc. Es ste tambin el momento en el que aparece la figura de la Hidra de Lerna (de la que deriva el concepto Hidrologa), la monstruosa serpiente de siete cabezas que habitaba en la zona pantanosa de Lerna, en la Arglida y que debi vencer Heracles, cabeza por cabeza. Los mitgrafos ven en esta leyenda la insalubridad de las zonas pantanosas y lacustres, muy abundantes en la Grecia continental, pero tambin en la Cuenca del Ebro (Balsas de Ebro Viejo, lagunas endorreicas, etc.) As las cosas, vemos cmo ya en la poca arcaica de la civilizacin que, sin duda, ms ha influido en la ideologa de Occidente, la fertilidad de la tierra (cultivada o silvestre) y la fecundidad de los animales (domsticos o salvajes) unidos, claro est, a la feliz perpetuacin de la especie humana, constituyeron el principal motivo de vinculacin religiosa del hombre con las divinidades propiciatorias.

2.4. EL CULTO AL AGUA Comienzan a consagrarse ya, pues, tanto un panten como una ideologa religiosa ntimamente ligados al ciclo de la Naturaleza y al decurso de la vida. Desde lo ms alto, Helios controla el carro solar mientras Selene marca claramente los hitos de las fases lunares. Pero es sin duda el agua la que comienza a ser vista como la fuente esencial de la vida. A ella est ntimamente ligada el mito de Afrodita, nacida de la espuma que brot de los genitales de Urano al entrar en contacto con el agua tras ser cortados y arrojados por Cronos. Las nubes que traen la lluvia benefactora son vistas con ojos reverenciales y no por casualidad, una de las ms famosas obras del tenido por el ms celebrado cmico ateniense, Aristfanes, se titula, precisamente, Las Nubes, en la que stas constituyen el coro. Por su parte, las fuentes, manantiales y ros sern residencia de Nyades maternales que, adems de calmar la sed de los viandantes, salvarn a los nios de perecer ahogados en su seno (dentro de un contexto de asociacin de ideas agua-bien que veremos repetido, muchos siglos despus, en algunas tradiciones cristianas, sobre todo mariolgicas, de las que en Aragn no faltan precisamente ejemplos, Santa Elena, en Biescas, por ejemplo). Pero si fuentes y manantiales tienen sus pequeas divinidades protectoras, las grandes corrientes como los ros tan escasos, por otra parte, en Grecia tienen sus propios dioses y, en tal sentido, no slo se les renda culto y se erigan templos en su honor (como el erigido en honor del ro Pamisos en Mesenia), sino que los jvenes de ambos sexos, al llegar a la 278

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pubertad, les dedicaban sus cabellos recin cortados con claro carcter sacrifical (oblacin del cabello). No es fcil, sin embargo, ver una componente exclusivamente religiosa en las relaciones del hombre griego con sus divinidades, mayores o menores. En una compleja mezcla o, quizs mejor, combinacin que durar hasta nuestros das, la religin convive con un sinfn de prcticas mgicas y supersticiosas frreamente combatidas despus por el Cristianismo que se extendern luego por todo el futuro Imperio Romano. Entre las ms directamente relacionadas con la Naturaleza, podran ser citadas aqu las prcticas adivinatorias a travs de los fenmenos atmosfricos (meteora), sobre todo, el trueno y el rayo, atributos especficos de Zeus; la ornitomancia (o presagios por el canto o vuelo de los pjaros), etc., y, sobre todo, la hidromancia o adivinacin a travs del agua. Las grandes Eleusinas constituan el culto mistrico ms importante de toda la religin griega y, sin duda, el ms trascendente para la cultura religiosa occidental. En el complejo ritual desplegado en torno a los grandes misterios subyacen muchos elementos que son claramente rastreables hoy da en muchas por no decir todas las costumbres religiosas del hombre aragons relacionadas con la fertilidad de los campos y, en especial, con las tradicionales rogativas de agua. De una parte, la multitudinaria procesin ritual que se celebraba todos los aos entre Eleusis y Atenas (21 km), en la que eran devocionalmente trasladados los instrumentos del sacrificio (hiera) hasta el santuario ateniense de Eleusin para, cinco das despes, ser devueltos a Eleusis por el mismo procedimiento, posee claros elementos que la emparenta con las romeras o peregrinaciones votivas cristianas actuales a los santuarios propiciatorios. Hay ciertamente muchas similitudes entre una y otras, como, por ejemplo, el nombre de va sagrada que se le daba al recorrido, el hecho de estar encabezada la procesin por la imagen en madera de una divinidad benfica (Iackchos, es decir, Dionysos) y, mismo que podra establecerse entre el curioso rito griego que tena lugar al cruzar la procesin por un puente sobre el ro Cefiso y el no menos peculiar de la baa o moja de las santas imgenes o reliquias que hasta hace escasos aos se practicaba en no pocas rogativas de agua en Aragn. Pero, sin duda alguna, el aspecto que aqu ms nos interesa dentro del complejo arsenal ritual de las grandes Eleusinas gira en torno a la que podra ser considerada, en propiedad, una autntica rogativa de agua. El agua tena un gran protagonismo en esta celebracin, tanto con motivo de la purificacin general de los peregrinos en el mar (elaisis) el segundo da de la festividad, como por el papel que ejerca el hydranos, el sacerdote que diriga la purificacin por agua de los aspirantes a iniciarse en los trascendentes misterios del santuario de Eleusis. No obstante, el aspecto ms interesante gira, a buen seguro, en torno a las plegarias (legomena) que recitaban o entonaban los aspirantes a la iniciacin. Una de ellas recogida por numerosos autores 279

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clsicos consista en mirar al cielo mientras se decia llueve! para, a continuacin, exclamar mirando al suelo concibe!. Pese al carcter rigurosamente hermtico de estos rituales, testimonios tardos como los del cristiano Hiplito o el del pagano Proclo recogen este rito pormenorizadamente, que, por otra parte, segn Martnez-Pinna, figuraba, con estas precisas palabras votivas, inscrito junto a la puerta del Dipyln de Atenas.

2.5. ROMA Y EL IMPERIO Como decimos, Roma adoptar, prcticamente intacto aun con incesantes incorporaciones procedentes de los territorios progresivamente incorporados al Imperio el arsenal religioso griego-helenstico, y, muy especialmente, los rituales relacionados con el agua en sus diversas manifestaciones (lluvia, fuentes, ros, etc.). En el panorama creencial romano, un innumerable ejrcito de ninfas y nyades poblarn las fuentes y los cursos de los ros y a ellas aludir, por ejemplo, el aragons Marcial en sus famosos epigramas y, sobre todo, cada uno de los ros de cierto porte estar bajo la proteccin de su propio dios particular, no slo quizs por exclusiva influencia griega sino tambin en claro ejercicio sincrtico por la importacin de otras formas cultuales, como las de los egipcios respecto del Nilo o de los habitantes del Asia Menor hacia el Tigris y el ufrates. Sea como fuere, lo cierto es que en la historia de la Roma metropolitana aparecen ya bien documentados concretos rituales religiosos relacionados con los ros y, muy especialmente, con el Tber. De entre todos ellos, he juzgado del mximo inters, traer aqu a colacin el rito que tena lugar, anualmente, en Roma desde los albores mismos de la fundacin de la ciudad. Quizs para aplacar las iras espordicas del dios protector del Tber es decir, sus imprevisibles y temibles avenidas, se proceda cada ao a arrojar al ro a uno o varios ancianos, que inexorablemente perecan ahogados en sus aguas. Semejante ritual sobrecogedor tena lugar, precisamente, desde el llamado Pons Sublicius, construido y permanentemente restaurado por los escogidos miembros del Colegium Pontfices, es decir, de los hacedores de puentes, institucin de claro carcter religioso y cuya presidencia de honor corresponda, evidentemente, al emperador, llamado, por ello, Pontifex Mximus. Y, fjense Vds. que, en una clara y rotunda relacin entre la Roma imperial y pagana y el Cristianismo emergente, el mximo mandatario de la grey cristiana, es decir, el Papa, hered de los paganos emperadores el ttulo, que an ostenta, de Sumo Pontfice. Mucho menos conocidas son, desgraciadamente, las manifestaciones concretas de estos rituales relacionados con los ros en la Hispania progre280

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sivamente romanizada desde la llegada a Iberia del cnsul Catn a comienzos del siglo II antes de Cristo. Segn algunos historiadores o de significados e ilustrados ingenieros, como el insigne Fernndez Casado, algunos de los templetes que aparecen en diversos puentes romanos que han llegado hasta nuestros das y, entre ellos, el magnfico de Alcntara, estaran ntimamente relacionados con el culto al dios protector del ro en cuestin (Tagus, Ans, Iber, Baetis, etc.). Sea como fuere, lo cierto es que muchos de estos templetes fueron utilizados durante la Edad Media en el momento en el que los puentes pierden su carcter de libre trnsito en favor de monarcas, seores feudales y rdenes religiosas o bien para el cobro del obligado tributo de pontazgo o para ser reconvertidos en capillas en las que el viajero o el peregrino daban gracias o hacan votos a la advocacin titular por una feliz travesa del ro en cuestin. Cindonos de nuevo en exclusiva a nuestro Ebro, no parece haberse dado con excesivos elementos documentales o arqueolgicos que permitan conocer el grado de veneracin o de actitud religiosa y ritual de los hispanorromanos hacia el viejo e imprevisible Hiberus. Probablemente, el nico elemento que permita atestiguar el carcter sagrado de nuestro ro sea la placa hallada en el Baix Ebre y actualmente custodiada en el Museo Arqueolgico de Tarragona. Domingo Manfredi, en su conocida Biografa del Ebro, asegura: Una inscripcin aparecida en excavaciones realizadas en Tarragona indica que el Ebro recibi en otros siglos culto y fue tenido por sagrado, y sus ninfas por divinidades. De esta opinin participa tambin, aunque quizs con algunas reservas, el ilustre profesor Antonio Beltrn, para el que: El poeta Claudiano, que habla del Dives Hiberus, no deba referirse a una posible riqueza aurfera de sus aguas, que sabemos nunca ha existido, sino, tal vez, a la divinizacin del caudaloso ro, al que, en tal sentido, puede referirse una lpida de Tarragona, pedestal o dedicatoria al dios fluvial Flumen Hiberus. Hurfanos de otros muchos ms elementos documentales acerca del carcter mitolgico del Ebro para esta poca, debemos adentrarnos ya en el territorio de lo legendario (con tan estrechos parentescos, por otra parte, con lo mitolgico) para encontrar una segunda referencia explcita del Ebro. Se trata de la conocida como Leyenda de Trabs, recogida y referenciada por Julio Csar durante sus campaas contra Pompeyo en Hispania (segunda mitad del siglo I antes de Cristo) y que luego fue recogida y transcrita por Alonso X el Sabio y contada en el peculiar castellano de su poca. Dice as: El ro Ebro, que estaba una vez yelado et un nio, que habie nombre Trabs, andaba trebejando por somo el yelo, et foradse el yelo en un logar e fuese el nio al fondn. Pero travsele la cabeza en aquel forado e volvironle las aguas el cuerpo tanto a cada parte que se le cort la cabeza. E a cabo de 281

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muchos das, vino su madre a coger aqua en una orza muy grand et cogi y envuelta del agua la cabeza de su fijo et conoscila et dixo: Esto slo par pora las llamas, et lo al todo pora las aguas. Et esto dicie ella porque lo al (es decir, lo otro) se perdi en las aguas et aquello que fall quemlo et alz los polvos muy bien, segund que era costumbre de los gentiles de quemar los muertos et condensar los polvos. (Por cierto y en relacin con la aparente dificultad para que se lleguen a helar las aguas de un ro tan caudaloso como el Ebro, me parece interesante sugerir aqu una visita a la iglesia parroquial de Alforque, en cuya fachada principal figuran hasta cinco inscripciones, todas del siglo XVII, dando cuenta de otras tantas fechas u ocasiones en las que se hel ntegramente el Ebro a su paso por la citada localidad). Al margen de estos dos testimonios concretos de acercamiento mticolegendario al Ebro, lo que parece seguro es que, muchos siglos despus de la total romanizacin y de la posterior cristianizacin aparentemente total de Hispania, en plena Edad Media subsista an un fortsimo sentimiento mgico-religioso entre los habitantes de la Pennsula acerca de los cursos de agua, ya fueran stos fuentes, lagos, ros, etc. En su magnfico libro Religiosidad en la Alta Edad Media, Oronzo Gordiano reproduce, hasta la saciedad, las directrices, rdenes e incluso encclicas emanadas de distintos concilios celebrados en Hispania en las que se prohben, expresamente, las prcticas que deban ser tan frecuentes como multitudinarias de adoracin o rendicin de culto a las fuentes, manantiales y ros, con especial advertencia a los hidromantes, tempestarios y toda suerte de personas relacionadas con las prcticas paganas relacionadas con las aguas. No debi de servir de mucho dicho sea de paso la frrea postura de la Iglesia Catlica al respecto, toda vez que, aun hoy mismo, superviven en numerosos ncleos rurales de la Cuenca del Ebro profundas y seculares creencias en el poder curativo o de sortilegio de fuentes, ros, etc., como es el caso de la ancestral costumbre de sanjuanares o la ciega fe en los poderes sobrenaturales (curativos, fertilizadores, conjuradores, etc.) de determinados cursos de agua, puestos por el Catolicismo bajo la proteccin de numerosos Santos Teraputicos (San rbez, Santa Orosia, N S de los Baales, N S del Agua, etc. Antes de abandonar este tramo dedicado a analizar la componente mitolgica del Ebro, y atenindonos a ese carcter eminentemente religioso o fabulado de toda mitologa, parece oportuno apuntar algunos elementos de inters. De una parte, los derivados de una serie de avatares histricos, ms o menos ciertos, ms o menos fabulados, sobre los que la literatura oral ha ido tejiendo, con el paso del tiempo, su particular calceta. Me refiero, claro est, a las leyendas de corte histrico, no religiosas, que fueron surgiendo a lo largo del Ebro. Y en este sentido no me resisto, siquiera sea brevemente, a traer rpidamente aqu a colacin hermosas leyendas como la 282

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que asegura que el general cartagins Amlcar Barca pereci ahogado en el Ebro a la altura de Fuentes tras su derrota frente el caudillo indgena de Belchite; o la que pretende dar fe de una segura expedicin por el Ebro de una flota egipcia proveniente de Al-Fayum, ciudad de la que derivara el actual topnimo de Fayn; o la que asegura que La Salada de Chipriana se comunicaba subterrneamente con el Mediterrneo o, finalmente, esa hermossima retahla de testimonios de pocas islmicas y post-islmicas que aseguran, a fe cierta, que en Zaragoza nunca entraban las serpientes ni las moscas o que ningn fruto perecedero perda su frescura una vez que traspasaba las fuertes murallas de la Medina Albaida o la Sarakust apiada en torno a La Aljafera. O los numerosos prodigios obrados por los moros, los judos, etc.

3. DE LO SIMBLICO He dejado deliberadamente para este segundo apartado los elementos especficamente religiosos que subyacen en toda mitologa, por entender que, sin perder su carcter de elemento esencial del subconsciente colectivo, lo especficamente religioso se corresponde con mayor fidelidad con lo ideolgico que con los estadios inferiores de la mera consciencia inteligente de las cosas. Y al hablar de lo religioso, cindonos al espacio que nos ocupa, nos estamos refiriendo, evidentemente, a la ms perdurable y penetrante religin de cuantas han hecho acto de presencia en este abigarrado mosaico de culturas y civilizaciones que es, desde la Prehistoria hasta la expulsin de los judos en 1492 y de los moriscos en 1610, el frtil y dilatado Valle del Ebro: es decir, el Cristianismo y, ms en concreto, su variante hegemnica por excelencia cual es el Catolicismo. A los bienintencionados y ms bien escasamente rigurosos exgetas bblicos ejrcito especialmente numeroso y beligerante a lo largo de los siglos XVIII y XIX cabe atribuir el mrito y la autora de un largo compendio de relatos, tan sugestivos y divertidos como dudosamente rigurosos, que ponen en ntima relacin las aguas y las tierras del Ebro con personajes y pasajes directamente obtenidos bien de las Sagradas Escrituras (especialmente, del Antiguo Testamento), bien de la tradicin religiosa popular que comienza a tejerse a partir de la reconquista cristiana del Valle del Ebro.

3.1. LOS PIONEROS Apoyndose en el Libro de los Libros, es decir, la Biblia, numerosos exgetas nos han dejado constancia de la ms que irrefutable expedicin de Tubal, hijo de Jafet y, por tanto, nieto de No (sin duda, el ms experto y anti283

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guo navegante de la Historia) aguas arriba del Ebro, desde el Mediterrno hasta, por lo menos, la actual Sierra de Cantabria. Uno de estos curiosos exgetas, el padre Gonzlez de Tejada, escriba en el ao 1702: Cuando el patriarca Tbal o Tubal, nieto de No, vino con sus gentes a poblar Espaa en el ao 2800 de la Creacin del mundo, llegse con sus naves a las costas de Catalua. Entrse por el ro Ebro arriba, tomando la boca en que desagua en el mar Mediterrneo, cerca de Tortosa, este caudaloso ro. Naveg por l arriba que Plinio afirma que era navegable hasta la ciudad de Varea y a un sitio lleg, media legua distante de donde hoy permanece la insigne ciudad de Logroo, en La Rioja, donde saltaron a tierra con nimo de poblar en lo montaoso, que desde all comienza a irse levantando, que, como haban padecido aquel diluvio general, temiendo sucediese otro, buscaban las alturas para vivir, y porque se sustentaban con yerbas y frutas silvestres, de que hay ms copia en lo montaoso, que ni la reja ni la azada se usaban en aquel tiempo, ni cultivo alguno de la tierra. Fundaron en dicho ro una poblacin ponindole el nombre de Berea o Barea, y a un ro que, despendose de aquella montaa, hoy los Cameros, entra en aquel sitio en el Ebro, llamaron Bero. No vaya a creerse, sin embargo, que los bblicos expedicionarios se limitaron a fundar poblaciones en La Rioja y sus aledaos. A ellos deben su fundacin otras poblaciones ribereas como Caspe (debido, sin duda, a que los expedicionarios procedan del mar Caspio), Escatrn, Gelsa, Pina, Velilla e, incluso, la propia Zaragoza. Esta legin de esforzados y bienintencionados exgetas llegaban, a veces, a la increble precisin cientfica de situar exactamente en el calendario la fecha concreta del evento, como es, entre otros, el caso que nos ocupa. Tal expedicin tuvo lugar, exactamente, el ao 2800 de la Creacin del mundo. Y, como el mundo fue creado, segn el vicerrector de la Universidad de Cambridge, John Lehtfoot, el 23 de octubre del ao 4004 antes de Cristo, a las 9 en punto de la maana, tal expedicin tuvo lugar, inequvocamente, en el ao 1204 a. d. C.

3.2. EL PILARISMO Y si se subraya aqu la increble precisin de determinados exgetas a la hora de situar en el tiempo decisivos acontecimientos acaecidos en aguas del Ebro es para hacer justicia a la ms insigne de las exgetas y apologetas del fenmeno religioso-simblico ms decisivo acontecido a orillas del Ebro, es decir, el fenmeno pilarista. Me refiero, a la Venerable Madre Mara Jess de greda, consejera personal de Felipe IV, quien, en su famosa obra titulada Mstica Ciudad de Dios, publicada en 1670, demostr, de forma irrefutable, la fecha exacta de la 284

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aparicin de la Virgen Mara, en carne mortal, al apstol Santiago a orillas del Ebro: Sucedi este milagroso aparecimiento de Mara Santsima en Zaragoza entrando el ao del nacimiento de su Hijo nuestro Salvador de cuarenta, la segunda noche a dos de enero; y desde la salida de Jerusalem a la presidacin haban pasado cuatro aos, cuatro meses y diez das: porque sali el Santo Apstol ao de 32 a 20 de agosto (da y ao de la Venida de la Virgen a Zaragoza). Y despus del aparecimiento, gast en edificar el Templo, en volver y en predicar, un ao, dos meses y veintitrs das y muri a los 25 de marzo del ao 41. Una vez situados en el tiempo ya que desde que la Venerable Madre Mara Jess de greda restableci la fecha tradicional de la Venida en la noche del 1 al 2 de enero en el ao 40, la inmensa mayora de los historiadores la aceptaron interesa, lgicamente, el relato de cmo se produjo la prodigiosa aparicin de la Virgen al apstol Santiago. Y es el testimonio traducido por el obispo Tajn quien nos lo cuenta: Habiendo, pues, salido el bienaventurado Santiago de Jerusalem, vino a predicar a las Espaas y, pasando por las Asturias, lleg a la ciudad de Oviedo, donde convirti un discpulo a la f de Nuestro Seor Jesucristo. Y entrando en Galicia y habiendo predicado en la ciudad de Padrn, pasando despus a la regin llamada Castilla, que es la mayor de Espaa y vino ltimamente a la Espaa menor, que se llama Aragn, en la regin dicha Celtiberia donde, en las riberas del Ebro, est situada la ciudad de Zaragoza. Predicando muchos das en ella el apstol Santiago, convirti ocho personas a la fe de nuestro Seor Jesucristo con los cuales, tratando continuamente del Reino de Dios, se sala de noche a la ribera del ro, donde se echaban las pajas y basura, retirndose all por amar la quietud y por evitar las turbaciones y molestias de los gentiles. Y dando primero a los miembros el debido descanso, se entregaba luego a la oracin. Continuando, pues, algunos tiempos estos ejercicios, una noche, en medio de su curso, estando el bienaventurado Santiago con los fieles cristianos sobredichos en contemplacin y oraciones ocupado (y durmiendo algunos de ellos) oy voces de ngeles que cantaban 'Ave Maria, gratia plena' (como quien comienza el suave invitatorio del oficio de los Maitines de la Virgen Gloriosa) el cual, postrndose al instante de rodillas, vi a la Virgen Madre de Nuestro Seor Jesucristo que estaba entre dos coros de millares de ngeles, sobre un pilar de piedra mrmol en donde, con acordes acentos, la celestial milicia de los ngeles di fin a los Maitines de la Virgen Mara con el verso 'Benedicamus Domino'. El cual acabado, la Bienaventurada Virgen Maria llam para s muy dulcemente al bienaventurado apstol Santiago y le dijo: 'He aqu, hijo Diego, el lugar sealado y diputado a mi honra, en el cual, por tu industria en memoria ma, sea mi Iglesia edificada. Atiende a este pilar que tengo por asiento porque, ciertamente, mi Hijo y tu Maestro lo ha enviado del alto cielo por manos de los ngeles; junto a l asentars el altar de la capilla. 285

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Desde aquel lejano ao 40, las caudalosas aguas del Ebro han pasado, imparables, a los pies del lugar en el que la tradicin seala la aparicin de la Virgen, aun en vida, al apstol jacobeo. El incremento de la devocin pilarista en los ltimos siglos sobre todo, durante el trgico episodio de la Guerra de la Independecia (en la que, como reza la famosa jota, la Virgen se convertira en Capitana de la tropa aragonesa) constituye un fenmeno devocional incuestionable y es en ese contexto donde cabe enmarcar algunos milagros y prodigios atribuidos a la Virgen del Pilar ntimanente relacionados con el Ebro. Casi todos ellos provienen del relato del famoso P. Amada: En la sequedad de agosto en que, restaadas las fuentes, empobrecen los ros por caudulosos que sean, franqueaba nuestro hundoso Ebro tratable vado al comercio comn, cuando un labrador con su carreta de bueyes cargada, prob, como todos, su corriente y, ms descuidado de lo que debiera al peligro, perdi el vado, cay con su carro y bueyes en un pilago muy profundo, aventurado todo, sin ms remedio que el del Cielo y, vindose perdido el carretero, pidi a Dios diciendo: 'O Santa Mara del Pilar, a vos me encomiendo'. Estuvo sepultado en las aguas como un cuarto de hora y, forcejeando con sus ltimos ahogos y la corriente, vi una Seora con gran resplandor, que lo alumbraba entre el difano elemento y que, en un instante, lo sac a la orilla, sin dao alguno a l, a los bueyes y a la carreta. Y, reconocido el milagro, vino y vel delante el Santo Pilar y, en muestra de su agrandecimiento, present a la Virgen los bueyes y la carreta que, como se advierte en el libro, los cannigos los enviaron a la villa de Calatorao para la labor de sus tierras, de que se sustentan los siervos y capellanes de esta gran Reina. No fue sin embargo sta la nica ocasin en la que la Virgen del Pilar salv de perecer ahogado a un labrador en el Ebro. En otro de los milagros compendiados por el P. Amada puede leerse, referido a un prodigio obrado en Luceni: En 20 de julio del ao 1420, un labrador llamado Juan Tafalla atravesaba a pie el cauduloso ro Ebro por el vado que la sequedad del esto haba descubierto a los vecinos de una poblacin vecina a sus frtiles riberas, llamada Lurcenich, y, hallndose en la mitad de su corriente, sinti arrebatarse por el mpetu de los raudales con que haba crecido prontamente de una avenida. Y, viendo que peligraba su vida sin tener remedio humano, lo busc ansioso en la proteccin de Mara Santsima diciendo a grandes voces: 'O Santa Mara del Pilar de Zaragoza, a vos me encomiendo'. Dichas estas palabras, al instante reconoci, vecino a s, un poyo de tierra que se habra elegido y sobrepujaba el agua cosa de un codo y, haciendo pie en l, le sirvi de sagrado puerto a la tormenta en que fluctuaba pues, descansando en su firmeza, pudo recobrarse de fuerzas y de nimo para salir a la contraria orilla sin riesgo, no acabando de dar gracias a Dios y mil alabanzas a Nuestra Seora del Pilar que, con tan patente milagro, lo haba librado de aquel manifiesto peligro, siendo testigos de l muchas personas que haba concurrido al vado y lo 286

Simbolismo, identidad y mito del Ebro

testificaron despus que vino Juan Tafalla a velar a su Santa Capilla, dejando una presentalla en gratitud y memoria del milagro, como se refiere en dicho libro y es el veintids en el orden de los que en l se contienen. No debe creerse, por otra parte, que la Virgen del Pilar slo obraba sus prodigios en la persona de humildes y devotos labradores en apuros a la hora de intentar cruzar el Ebro. La citada relacin recoge el milagroso salvamento de una nia que cay al ro cuando lavaba en sus riberas en compaa de su hermana. Es, de nuevo, Flix de Amada quien lo relata: En el ao de 1662, Jacinto Rapan y Matea Casanova, vecinos de esta ciudad de Zaragoza, tenan dos hijas de tierna edad, llamadas Jusepa y Catalina Rapan; y Catalina que era la menor, no pasaba de siete aos. Con la vecindad de su casa al ro Ebro, un da que lo haca ms caudaloso lo recio de una avenida, fueron a l entrambas hermanas a lavar unos paos por el postigo Sarreal y, mal acomodadas en su desconocida margen por la inundacin de sus corrientes, oficiosas en su ocupacin como inconsideradas nias, se le solt un pao a la menor de ellas y, alargando el brazo para cogerlo, impaciente la otra del descuido, le di un embin que bast para que, faltndole la seguridad de los pies, diera con el cuerpo en el agua y la arrebatara la corriente. Y zozobrando en su profundidad, empez a invocar a la Virgen del Pilar con providencia divina o por costumbre habituada con la educacin y ejemplo de sus padres, que eran muy devotos de esta gran Reina. La cual estuvo tan pronta a su socorro que, no contenta con librarla del riesgo, quiso hacer a todos patente el prodigio haciendo que, llevada del rpido curso del ro, le sirviesen las fluixibles olas de slido cristal a seguridad desde dicho postigo Sarreal, donde cay, hasta la Puente de Tablas, donde la recogieron a vista de mucha gente que, a las voces del suceso y a la aclamacin del prodigio, llenaron la ribera de plausibles y compasivas voces, alentando a la dichosa nia con la invocacin de la Virgen del Pilar. Segn despus dijo ella a Vicente Casanova, hermano de su madre y testigo examinado en la informacin recibida del milagro, afirmando que 'desde que invocara a la Virgen, vi a su lado a una Seora que iba en su compaa, dicindole tuviese buen nimo, que no se ahogara. Con este aliento y socorro anduvo tan gran distancia, entre sentada y de rodillas sobre sus pobres basquiuelas que le sirvieron de seguro esquife, dando lugar a que Cristbal Garca, pescador, avisado de la desgracia, fuese a buscar su barca y se pusiese al alcance de la nia, que fue el que la cogi en la Puente de Tablas y la entreg a su afligido padre, que la lloraba ahogada, con cuyo recobro, puesta en sus brazos, la llev alborozado a la Santa Capilla, ofrecindosela de nuevo a la Reina de los ngeles, envuelta en copiosas lgrimas de reverente culto, en haciendo gracias de tan milagroso favor. Tampoco fue ste el nico milagro que la Virgen del Pilar obr en personas prximas al Ebro. Es famoso el milagro experimentado por un vecino de Quinto de Ebro, al que la Virgen del Pilar le devolvi vivo un mulo, que era toda su fortuna personal. Y, por ltimo, cabe subrayar que el personaje ms clebre de toda la taumaturgia pilarista, es decir, el famoso 287

Jos Ramn Marcuello Calvn

Miguel Juan Pellicer, el Cojo de Calanda, despus de su peculiar y azarosa vida, fue a enfermar gravemente en Alforque pequea poblacin situada en la ribera izquierda del Ebro y ...por ser este pueblo de corto vecindario, dispusieron llevarlo al Hospital de Zaragoza. Ms, en su trnsito, se agrav su enfermedad, de modo que fue preciso detenerlo en Velilla de Ebro. En Velilla muri cristianamente, despus de haber recibido los Santos Sacramentos.

3.3 LOS JUDOS No poda faltar tampoco a orillas del Ebro el consabido prodigio sobrenatural acaecido tras alguna felona o perversidad protagonizada por los judos, colectivo tnico-religioso al que los cristianos achacaban, con tan persistente como injusta frecuencia, ser motivo de mltiples desgracias y catstrofes. La figura del judo avaro, perverso e, incluso, sanguinario, est presente en multitud de leyendas y tradiciones de toda Espaa y, en particular, del Valle del Ebro. Por ejemplo, hasta hace muy pocos aos, en muchas localidades ribereas del Ebro, durante los Oficios de Tinieblas de Semana Santa, los feligreses golpeaban con estrpito el suelo de la iglesia con sillas, bancos o estacas en un atronador ritual que era conocido como matar judos. Escupirse entre nios era muy mal visto e inmediatamente recriminado por los mayores, porque aquello era cosa de judos. Y en numerosas poblaciones, el apodo judo se reserva, desde antiguo, para aquellas familias de notable solvencia econmica y, al tiempo, de arraigado sentido del ahorro. La animadversin de los cristianos hacia los judos proviene, en muy buena medida, de los recelos y envidias que suscitaba entre la poblacin el poder econmico de la mayora de las comunidades judaicas, muchos de cuyos miembros se dedicaban a los negocios del prstamo y la banca. De las diecisis aljamas o juderas de Aragn, la de Zaragoza era, con mucho, la ms poderosa e influyente. Los monarcas solan acudir a los judos zaragozanos para financiar sus empresas ms costosas. As consta, por ejemplo, que: Jaime I concedi proteccin amplia a veces a sus judos y as, en 1247, les eximi de abonar lezdas, peajes y portazgos por las caballeras en que viajaban y en todos los lugares de su reino; otras veces, eran exenciones temporales, como durante un trienio en 1269, de todo impuesto a cambio de un donativo de veintemil sueldos que el rey precisaba para montar su famosa expedicin a Tierra Santa (Lacarra). Ello no impeda, sin embargo, que los monarcas, presionados por los pontfices de Roma, cercenaran, con tanta frecuencia como dureza, la libertad religiosa de los judos, como sucedi, por ejemplo, en 1235, en que el 288

Simbolismo, identidad y mito del Ebro

propio Jaime I prohibi las traducciones hebraicas de la Biblia a la vez que desataba una autntica caza de herejes. Y es, sin duda, en este marco de animadversin social y de tensiones religiosas en el que hay que situar el martirio de Santo Dominguito de Val suceso real acaecido en Zaragoza en el ao 1250. Todos los testimonios histricos coinciden en la veracidad del secuestro y posterior asesinato de Dominguito, un infantico del Pilar hijo del notario zaragozano Sancho de Val y de Isabel Sancho, perpetrado por un miembro de la aljama juda llamado Moseh Albayaceto. El suceso tuvo lugar cerca de la sinagoga, ubicada donde hoy se levanta el Seminario de San Carlos y que por ello, el nombre del joven infantico figura en una calle adyacente y estuvo motivado por la siguiente cuestin: Dice la tradicin, segn reza en la memoria del archivo de la Seo, que la aljama de los judos, sometida a tributaciones especiales, se reuni para decidir que quedara libre de cualquier tipo de cargas econmicas quien entregase un nio cristiano, con cuyo cuerpo se repetiran y renovaran los episodios de la Pasin de Cristo, terminando por su Crucifixin. Un judo llamado Moseh Albugoceto rapt al nio, que entreg, atado con cuerdas, a la aljama de los judos. Fue crucificado contra una pared con tres clavos, uno en cada mano y el tercero sobre ambos pies, hirindolo de una lanzada en un costado y muriendo el nio entonando cnticos. Muerto Dominguito, le cortaron la cabeza y las manos y las arrojaron a un pozo, enterrando secretamente el cuerpo en otro lugar. Hasta aqu, el relato de un truculento suceso con todas las apariencias de haber acontecido realmente. Pero lo que aqu ms interesa son los elementos prodigiosos que, segn la tradicin que se fundamenta, sin duda, en los relatos posteriores de autores como J. F. Andrs, Dormer, Blancas, etc. envuelven la figura, muerte y descubrimiento del cuerpo del infantico martirizado. En la copiosa documentacin acerca del suceso que se conserva en los archivos de La Seo se subraya el carcter premonitorio o de predestinacin del hijo del notario Sancho de Val ya que, cuando naci, apareci sobre su cabeza una pequea corona y una cruz grabada en el lado derecho de su espalda. Pero lo ms prodigioso de todo fue, sin duda, la forma en que su cuerpo decapitado fue hallado a orillas del Ebro. Cuenta la tradicin que unos pescadores de Las Teneras el barrio zaragozano en el que resida la mayora de los navegantes fluviales y los pescadores, adems de los curtidores, de los que tom su nombre vieron un da sobre el Ebro una luz brillantsima. La luz les sealaba un pasadizo que una el barrio con el atracadero o puerto fluvial que haba en la ribera derecha del ro. Siguiendo la direccin de la prodigiosa luz, el vigilante del puerto hall en la ribera el cuerpo martirizado de Santo Dominguito, cuyos restos fueron trasladados, 289

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para su pblica veneracin, primero a San Gil y, a partir del ao 1600, a la catedral del Salvador o La Seo, donde se erigi una capilla al mrtir. La tradicin seala un ltimo prodigio obrado por el Santo Infantico que, desde entonces, es Patrn de los nios cantores del Pilar. Pocos das despus del hallazgo de su cuerpo a orillas del Ebro la cabeza y las manos aparecieron en un pozo de la ciudad, Santo Dominguito fue visto arrodillado en el templo y, sacado en procesin por la ciudad, obr segn diversos testimonios muy posteriores a su martirio numerosos prodigios. Nos hemos extendido, quizs en demasa, en el fenmeno pilarista al que habra que aadir, por ejemplo, la tradicional devocin hacia San Valero, ntimanente ligada tambin, por alguno de sus famosos prodigios, a las aguas del Ebro por entender que, desde un concepto esencialmente simblico, el Pilar ha quedado ntimamente ligado para siempre (ya veremos despus en qu grado de fidelidad real) al Ebro que corre a sus pies.

3.4. OTRAS MANIFESTACIONES SIMBLICAS Sin embargo, si comparamos este casi inagotable filn de estrechas referencias entre el Ebro y un smbolo esencial de la capital de toda su cuenca hidrogrfica cual es el fenmeno pilarista con otro tipo de manifestaciones simblicas, veremos que nos hallamos ante una ostensible descompensacin. Analizando, por ejemplo, la comparecencia figurativa del Ebro en la herldica o la emblemtica, aragonesa en general y local en particular, se evidencia una escassima muestra que, quizs por su propia escasez y rareza, denota un cierto divorcio entre lo espiritual o sentimental y lo material y documental. As las cosas y salvo error grave de apreciacin o de investigacin por nuestra parte vemos cmo el escudo de la ciudad de Zaragoza, inspirado en el sello rodado de Alfonso VII, presenta un len rampante coronado, en oro y en campo de gules. Frente al caso de Zaragoza, ciudades de menor porte o de ms menguada antigedad, como pueden ser Tudela, Logroo o Amposta, ostentan en sus escudos locales el Ebro como motivo central. En el escudo de Tudela, que ya mostraba su actual apariencia en un documento municipal fechado en 1293, el Ebro se cuela mansamente por entre los cuatro ojos de un puente romnico, mazonado, coronado por tres aves vigilantes y a cuyo pie aparecen tres peces, identificados por los heraldistas como esturiones. El de Amposta, que debe ser mucho ms reciente, reproduce el airoso vuelo del puente colgante, diseado por Ribera a finales de la pasada centuria. Y por lo que hace al de Logroo ciudad casi un milenio ms joven que la vieja Caesaraugusta, ste presenta como nico motivo central un nico puente de cuatro ojos y tres castilletes por el que discurre plcidamente el ro Ebro. 290

Simbolismo, identidad y mito del Ebro

Y si esto ocurre con el escudo, otro tanto podemos decir de la ensea o bandera local que, antes de ostentar el actual len rampante coronado (originario de 1904, en vsperas del Centenario de los Sitios), ostent las imgenes emblemticas de Santa Engracia o del ngel Custodio, pero nunca que sepamos o nos conste, al menos ni el Ebro ni el medieval puente de Piedra. Anlogamente, el escudo del Reino de Aragn nunca cedi un espacio a nuestro ro en ninguno de sus cuatro cuarteles, al menos el que ha sido tenido en cada momento como oficial, ya que el diseado por el Consejo de Aragn que se constituy en rgano de gobierno y de administracin del Aragn republicano, con capitales, primero en Fraga y posteriormente en Caspe entre octubre de 1936 y agosto de 1937, s ostentaba el Ebro como tema central en referencia a Zaragoza, enmarcado por las montaas nevadas que representaban a Huesca y el olivo representando a Teruel. No abunda tampoco la emblemtica de instituciones zaragozanas o aragonesas no polticas en las que aparezca el Ebro como motivo ms o menos central. Sealaremos, en todo caso, la tmida presencia del ro al pie del emblema o escudo de la Confederacin Hidrogrfica del Ebro, creada en 1926 y la leve sugerencia del mismo ro al pie del emblema del ms que centenario Regimiento de Pontoneros de Zaragoza. Y no mucho ms, que sepamos. Especial mencin merece, tanto por su rareza como por su fuerza sugestiva, la bellsima alegora del Ebro que aparece en la cubierta original de la segunda parte de los Anales de Aragn, del gran Jernimo Zurita, correspondiente a las ediciones de los aos l578 y 1579. En esta hermosa alegora aparece el gran Padre Ebro, derramando el vivificador contenido de una tinaja de agua sobre la tierra y custodiado por un animal domstico (smbolo de la ganadera) y dos frondosos rboles al pie, smbolo inequvoco de la decisiva intervencin fertilizadora de sus aguas en la agricultura. Esta alegora es casi cuatro siglos anterior a la que figura en el frontn de piedra erigido al costado del manantial de Fontibre, en cuyo friso figura la conocida leyenda de Marcelino Menndez y Pelayo. Al margen ya de la pura simbologa o de los acercamientos alegricos al Ebro, habra que concluir en que tampoco la plstica ha sido excesivamente prdiga o generosa con el Ebro como motivo. Fuera de su comparecencia obligada en la nutrida cartografa local y que fue objeto, por cierto, de una interesantsima compilacin por parte del Colegio de Arquitectos de Zaragoza en el ao 1982, el Ebro aparece raramente en la iconografa zaragozana. Destacaramos, en todo caso, los preciosos apuntes realizados por viajeros extranjeros durante los siglos XVIII y XIX especialmente, franceses y, por supuesto, la Vista de Zaragoza, atribuida a Velzquez y pintada en realidad, por Juan Bautista del Mazo en el ao 1645. Especial mencin merece tambin, por su bellsima factura, el dibujo de la ciudad salido de la mano del viajero flamenco Anton Van den Wyngaerde, fechada en 1563. Y permtanme que tenga un recuerdo especial para el hermossimo 291

Jos Ramn Marcuello Calvn

cuadro Baista en Helios de Marn Bags, que se conserva y muestra en el Museo Provincial de Zaragoza. Tampoco la msica harina de otro costal es el folclore, del que hablaremos en el apartado dedicado a las seas de identidad ha dejado demasiadas referencias al Ebro, si exceptuamos, claro est, el pasaje del Coro de Repatriados de la zarzuela Gigantes y Cabezudos, de Echegaray y Caballero y, sobre todo, un bello y muy desconocido lder de Schuman titulado Ebro Caudaloso. Por lo que respecta, finalmente, a la literatura escrita excepcin hecha de la abundante produccin costumbrista de finales del pasado siglo y primera mitad del presente (Los Cien Panderos o El Barbo de Utebo, etc.), las ms ilustres referencias al Ebro zaragozano deben atribuirse, sin duda, a Miguel de Cervantes y a Benito Prez Galds, sin olvidarnos, por cierto, a las alusiones al Wadi Ibro que aparecen en algunos excelentes poetas de cmara del palacio musulmn de La Aljafera ni a la presencia de la ciudad y su ro en el gran cantar de gesta francs La Chanson de Roland. Numerosas y muy curiosas son tambin, por cierto, las menciones al Ebro en las obras de viajeros extranjeros, magnficamente compiladas por el ilustre zaragozano Jos Garca Mercadal.

4. LAS SEAS DE IDENTIDAD Dejando para el final los aspectos ms relacionados con la cultura popular y sus manifestaciones folclricas, parece interesante pararse, siquiera un instante, a analizar algunos aspectos concretos que, en el caso de otras ciudades o poblaciones, han contribuido poderosamente a crear estrechos vnculos de identificacin entre sus habitantes y su ro. Uno de estos primeros aspectos es la propia toponimia local. Por no hablar de topnimos como Fontibre o Deltebre, en ciudades de menor porte que Zaragoza, la toponimia indica claramente una antigua vinculacin entre los vecinos y los trminos y tierras de labor situados al otro lado del ro. Tal es el caso de Miranda de Ebro, ciudad en la que sus habitantes mantienen viva la bellsima diferenciacin entre el barrio ms antiguo o de Aquende (es decir, de esta parte) y el ms nuevo o de Allende (es decir, el de ms all). Algo parecido ocurre con Tudela, donde desde tiempos remotsimos se conserva el trmino de Traslapuente, situado, como su propio nombre indica, al otro lado del impresionante puente romano de diecisiete arcadas. Bien es verdad que en Zaragoza se conserva la denominacin de Arrabal como en Tortosa el de los Ravales de la margen derecha del ro y, sobre todo, el de Balsas de Ebro Viejo. Pero ambas destilan un cierto aroma peyorativo. El primero, por sus connotaciones de extrarradio, de afueras de la ciudad y el segundo que surgi, precisamente, tras una intensa labor de 292

Simbolismo, identidad y mito del Ebro

saneamiento, por mandato del alcalde Candalija, de una antigua y peligrosa zona lacustre formada por un meandro abandonado del ro porque recuerda su doble condicin de antigua balsa y de Ebro viejo, nombre con que los hidrlogos identifican lechos del ro abandonado por la accin de su propia hidrodinmica. Sin embargo, en el campo que mejor se evidencia una falta de buena comunin de Zaragoza con su ro es, esencialmente, en su urbanismo, tanto en el monumental como en el domstico. Aparentemente, el hecho de que La Lonja o los dos grandes templos zaragozanos se erigen muy cerca del curso del ro podra sugerir un deliberado acercamiento de la ciudad a su ro. Pero si se analiza cada caso se observar que la circunstancia es algo engaosa. Ciertamente, la bellsima Lonja renacentista se erigi prxima al Ebro, pero no es menos cierto que lo fue por evidentes razones prcticas, dada su ntima dependencia del trfico fluvial por el ro principal va de comunicacin aun en el Aragn central del siglo XVI y su situacin respecto a la nica obra slida para cruzar el Ebro hasta casi finales del siglo XIX, es decir, la Alcntara de Piedras. Pese a ello, no deja de ser curioso que sus dos entradas estn orientadas a Oriente y al Sur y no, como parecera lgico, a la vertiente Norte, que es la que da precisamente al Ebro. Y si ello es cierto para la Lonja, no lo es menos para los templos del Pilar y de La Seo, San Juan de los Panetes residencia real durante siglos o del mismo palacio arzobispal. La situacin de los dos primeros recintos obedece, probablemente, antes a motivos religiosos que a estratgicos. No se olvide que el Pilar fue construido sobre el solar del antiguo foro de la Caesaraugusta romana y la catedral del Salvador se erigi sobre la derruida mezquita mayor de la Saraqusta musulmana. Sea como fuere, lo cierto es que, salvo la escassimamente frecuentada puerta norte del Pilar, las entradas y las fachadas principales de ambos templos se hallan prcticamente de espaldas al Ebro, como estuvo la del antiguo Convento de Predicadores, cuyos miembros, por cierto, fueron los encargados de levantar acta, da a da, de las crecidas o estiaje del Ebro a su paso por Zaragoza en su magnfico corpus documental titulado Lumen Domus. Esta escassima atencin zaragozana a su fachada fluvial que contrasta, quizs, con la orientacin de edificios pblicos como el bellsimo Mercado Central, salvado, por cierto in extremis de la secular incuria municipal en materia de urbanismo contrasta notablemente, sin embargo, con la fuerte presencia que el Ebro presenta en el folclore aragons y zaragozano y, en particular, en su mxima expresin identificadora: la jota. El Ebro, junto a la Virgen del Pilar, constituye el asunto ms recurrente del cancionero popular zaragozano, sntoma inequvoco de su fuerte arraigo en el sentimiento colectivo como clara sea de identidad. 293

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Pero si en ello pudiera encontrarse esa actitud poltica a la que aludamos al principio por su carcter diferenciador e individualizador respecto de otros pueblos o colectividades del Estado, ms claro es an el sentimiento patrimonial y quasi religioso que los zaragozanos tienen respecto del Ebro. En un claro fenmeno de lo que los socilogos y etnlogos denominan sociocentrismo, el zaragozano ha ido concibiendo una progresiva concepcin patrimontal respecto del Ebro, que alcanza su mxima expresin y sus ms altas cotas de virulencia sentimental en los momentos, espordicos y, sobre todo, espasmdicos, en los que surgen o renacen las noticias relativas a un posible trasvase o, simplemente, de posibles aprovechamientos ajenos, aguas arriba o aguas abajo de Zaragoza. Ni qu decir tiene que esta actitud que aparece fuertemente arraigada en el subconsciente colectivo de los aragoneses, en general y de los zaragozanos, en particular choca frontalmente con la escasa atencin que esos mismos ciudadanos prestan a su ro. Se trata, evidentemente, de una aparente paradoja, pero slo aparente. Las claves del desamor de los zaragozanos por su ro hunden sus races, en buena parte, en una cuestin tan poltica como una no-poltica urbanstica y cultural de sus representantes polticos a lo largo de las ltimas dcadas. A lo largo de las jornadas de trabajo desarrolladas hasta el momento en el contexto de este foro, parece haber quedado rotundamente claro que nos hallamos ante un serio problema poltico en el sentido ms profundo de la palabra al que Zaragoza deber enfrentarse con urgencia y decisin si no quiere que un ya dbil elemento de identidad sea, en un futuro quizs no demasiado lejano, un elemento hostil y completamente ajeno a la rica historia y al da a da de una ciudad fundada junto al Ebro hace ms de 2.000 aos.

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Simbolismo, identidad y mito del Ebro

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Figura 1. Orillas del Ebro.

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Jos Ramn Marcuello Calvn

Figura 2. Puente del ferrocarril en la Almozara. Ro Ebro.

LOS ROS EN LA REVISIN DEL PLAN GENERAL DE ZARAGOZA


Manuel RAMOS MARTOS

1. INTRODUCCIN El Ebro es un invariante estructural de la ciudad que, sin embargo, juega un papel cambiante en sus relaciones con ella, unas veces representa un obstculo, y otras un elemento paisajstico, de ocio y de recreo. Enlazando con esta idea, comenzaremos por considerar cuatro formas de relacin de Zaragoza con sus ros, especialmente con el Ebro. Los ros como obstculo fsico. En el caso del Ebro adems como una potencial amenaza en situaciones de grandes avenidas, de muchas de las cuales se guarda memoria. El Ebro actuando como un obstculo ha inducido un desarrollo asimtrico de la ciudad en el que las industrias y los puestos de trabajo industriales se concentran en la margen norte, mientras que las viviendas, las funciones de centralidad, e incluso las propias infraestructuras hidrulicas, como los depsitos de agua y las depuradoras estn en la margen sur. Los ros como parte del sistema de infraestructura hidrulica urbana. Como fuente de abastecimiento de agua para usos primero agrcolas y luego industriales y urbanos el desarrollo urbanstico de Zaragoza no podra explicarse sin el Canal Imperial; el Ebro abastece de agua a la ciudad mediante bombeos en las situaciones de limpieza o reparacin del Canal; los tres ros son los receptores finales de los vertidos del saneamiento urbano. Los ros como espacio de la Naturaleza, relacin que se refleja en la utilizacin de los sotos y riberas, de playas fluviales en algunos puntos y en la concentracin de las instalaciones deportivas en las mrgenes. Los ros como oportunidades para transformar la ciudad, que es lo que centrar nuestra atencin en la sesin de hoy. 297

Manuel Ramos Martos

De estas cuatro formas de relacin, en la poca reciente han predominado las dos primeras, es decir, la forma de salvar los cursos de agua como obstculos, y las infraestructuras hidrulicas. Respecto a las comunicaciones, en aproximadamente 15 aos hacia atrs se han hecho un total de 12 nuevos puentes, 7 de ellos en el Canal, 3 en el Ebro adems de la rehabilitacin del puente de Piedra y 2 en el Huerva, adems de la rehabilitacin del puente de acceso al parque. Este proceso habr de continuar: el sistema arterial de la ciudad con arreglo al planeamiento actual precisara todava 15 nuevos puentes, 7 en el Canal, 3 en el Ebro, 3 en el Gllego y 2 en el Huerva. En materia de infraestructura hidrulica, hay que destacar las dos plantas depuradoras de aguas residuales, de gran capacidad, que permiten depurar actualmente hasta el 85% de la carga contaminante y que han supuesto una muy fuerte inversin. Sin embargo en Zaragoza, ciudad de tres ros y el Canal, hay serias dificultades para el desarrollo de nuevos suelos por falta de infraestructuras de abastecimiento a distancias practicables. Del mismo modo, la presencia de los tres ros ha supuesto, cuando no se depuraban las aguas residuales, una multiplicidad de puntos de vertido en distintas cuencas (Huerva y Gllego), que ahora es preciso eliminar para unificar el tratamiento en una nica planta en aras de obtener economas de escala y un control ms eficiente del proceso, lo que supone nuevos costes y dificultades. La relacin basada en el papel de los ros en la infraestructura hidrulica, a pesar de la atencin e inversin que ha recibido, tiene an un largo camino por recorrer. Como espacio de la Naturaleza, las actuaciones ms destacadas de la etapa reciente seran las correspondientes al Galacho de Juslibol y el tratamiento del cauce del Gllego entre Montaana y Santa Isabel; aunque obviamente queda mucho campo de accin al respecto. En suma, la ciudad, a travs de su administracin, no ha estado ni mucho menos inactiva en relacin con sus ros, pero orientando su actuacin hacia los sectores y obras que se han mencionado. Cuando se habla de los ros como asignatura pendiente estamos pensando principalmente en los ros como elementos de calidad de vida y oportunidades para una transformacin cualitativa de la ciudad, que es el aspecto en el que nos centramos seguidamente. Este punto de vista los ros como oportunidad de transformacin urbana puede decirse que est de actualidad y que supone una poltica urbana oficialmente bendecida o al menos as se desprende del Plan Director de Infraestructuras, un documento elaborado por el anterior Gobierno que supone un escenario territorial de actuacin del Estado sobre el que concertar con las Comunidades Autnomas y Ayuntamientos polticas convergentes en la mejora de nuestras ciudades. Se trata en suma de hacer stas ms competitivas dentro del espacio de la Unin Europea, y 298

Los ros en la revisin del Plan General de Zaragoza

a ello se pretende contribuir al Estado con polticas en materias como cinturones arteriales, transportes y costas. Entre las oportunidades para transformar nuestras ciudades, aparecen en todas ellas terrenos infrautilizados o instalaciones obsoletas por cambios en las infraestructuras o por efectos de la reconversin industrial: terrenos ferroviarios, suelos industriales inactivos, etc., que en muchos casos se localizan en frentes de agua fluviales o martimos. Estas polticas urbanas y especialmente la transformacin urbana basada en los ros y frentes de agua tropieza, en nuestro caso, con dos inconvenientes principales: La situacin y las tensiones creadas en torno a la financiacin de las Comunidades Autnomas y la inversin que reciben del Estado, donde se aprecian grandes diferencias en la capacidad financiera, poltica y negociadora de aqullas. El mtodo de intervencin, que ya no corresponde a proyectos sectoriales (un puente, una depuradora, un parque) sino a un proceso complejo, un proyecto de proyectos de carcter multi-sectorial, donde concurren distintos niveles de competencias administrativas, adems de la accin de los particulares. En nuestra ciudad tenemos poca experiencia en hacer y gestionar este tipo de intervenciones. La intervencin en los cursos de agua es de este tipo; las acciones implican obras en el dominio hidrulico del ro, actuaciones de infraestructura y vialidad, ordenacin urbanstica de las mrgenes, ordenacin de espacios verdes, del transporte, etc.; y las competencias afectan al Estado, Gobierno Autonmico, a Organismos Autnomos como la Confederacin Hidrogrfica, al Ayuntamiento, a las compaas de servicios. Cmo se traduce una poltica de ros y riberas, bendecida por los escenarios generales tericos de la poltica urbana en el nuevo Plan General de Zaragoza? En primer lugar, se constata que la teora general que hemos esbozado de recuperacin de espacios marginales, y concretamente en los frentes de agua es especialmente adecuada al caso de Zaragoza, a travs de las siguientes razones: Zaragoza precisa grandes espacios verdes con capacidad de influir sobre el microclima local; espacios que deben basarse en especies vegetales autctonas, y, lgicamente, en los ros. Zaragoza tiene pendiente el establecer y consolidar una estructura verde lineal, que fue propuesta por primera vez ya en el Plan General de 1986 y que est en la lnea de las actuales recomendaciones de los ecologistas. Sustituir los parques-isla por corredores verdes a travs de los que penetra la Naturaleza en la ciudad permitiendo un desarrollo ms natural de la pequea fauna, un mayor contacto con la edificacin y un uso activo 299

Manuel Ramos Martos

por los ciudadanos en forma de recorridos peatonales, de bicicletas, etc. Los ros son por s mismos parte de este sistema de corredores. En segundo lugar, hay que destacar la singular importancia que tiene para Zaragoza la transformacin cualitativa de la ciudad existente que postula la teora general. Cuando se habla de un nuevo Plan General, los aspectos concernientes al mercado del suelo suelen acaparar el protagonismo, pero la redaccin de un Plan es algo ms, supone la ocasin, e incluso la obligacin de una reflexin colectiva, que esperemos se produzca en nuestra ciudad, sobre qu quiere ser y adnde va. A estos efectos, para los trabajos del Plan General se ha utilizado el documento de diagnstico establecido a travs de la Sociedad Ebrpolis para un futuro Plan Estratgico de Zaragoza, que ha sido redactado con la colaboracin de un amplio grupo de expertos de nuestra ciudad de muy diversos campos, y al que me remito para quienes estn interesados, ya que est publicado y disponible. Pues bien, un resultado a destacar de este diagnstico es que Zaragoza debe crecer, competir, tener un entorno metropolitano eficiente, modernizarse, etc., pero sin perder su identidad y las caractersticas que permiten un cierto estilo de vida. Esto valdra para cualquier ciudad, pero es especialmente aplicable en Zaragoza donde aparecen como ventajas relativas sus caractersticas de ciudad compacta, poco segregada, multifuncional, donde se hace un amplio uso de los desplazamientos peatonales y en autobs; con variedad interna y buenas relaciones asociativas y de vecindad. En suma, la puesta en valor de la ciudad existente es especialmente indicada en el caso de Zaragoza, consiguiendo una calidad mejor y ms uniforme; y tiene para ello entre las oportunidades a su alcance, la utilizacin de elementos como los ros que pertenecen a la raz misma de su identidad urbana, y que permitiran incluso poner al da esas seas de identidad.

2. RIBERA DEL EBRO 2.1. BASES PARA LA REDACCIN DE UN PLAN DIRECTOR DE ACTUACIONES 2.1.1. Objetivos La actuacin sobre el Ebro y su entorno persigue tres objetivos principales: La recuperacin del ro por s mismo, como espacio de la Naturaleza especialmente valioso por su situacin en el centro de la ciudad. 300

Los ros en la revisin del Plan General de Zaragoza

Utilizar el ro en su tramo urbano, como motor de la transformacin urbana y la renovacin urbanstica de la margen norte. La margen izquierda salvo la cabeza del puente de Piedra ha estado histricamente desconectada del resto de la ciudad y de sus grandes transformaciones. En ella, a las puertas de la ciudad, pero fuera de la misma, se localizaron los abastecimientos agrcolas y ganaderos y las primeras industrias de transformacin agraria y mecnicas. En los ltimos 20 aos, la margen izquierda se ha transformado de forma fragmentaria, Actur, la Jota, Vadorrey, etc., pero en general lejos de la orilla; slo recientemente se han construido nuevos puentes. Como consecuencia de todo ello la parte ms antigua e infrautilizada del tejido originario se encuentra en la ribera norte entre los puentes de Piedra y de las Fuentes. La recuperacin del ro y las obras de ribera deben ser el motor de la transformacin de esta parte de la ciudad. Transformar el ro con su nuevo entorno urbano en un eje de centralidad, que ample y actualice el contenido simblico y representativo que ya tiene el conjunto del ro, los puentes, las catedrales, etc., extendindolo al conjunto de las dos mrgenes urbanas. El planeamiento urbanstico en ambas mrgenes, pero especialmente en la norte ha aadido a los edificios civiles y religiosos histricos un catlogo de suelos dotacionales y verdes que se trata de estructurar, tomando el ro y sus mrgenes como espina dorsal. El acertado tratamiento y calidad de la vegetacin, la urbanizacin y la arquitectura, hara posible que el conjunto as estructurado adquiera un carcter simblico y representativo de la ciudad, modernizando los smbolos tradicionales.

2.1.2. Lneas de actuacin El Plan Director no es en s mismo un documento urbanstico, sino una planificacin de acciones multisectoriales y urbansticas, que abarca proyectos de ingeniera hidrulica, de infraestructuras, de vialidad, plantaciones y parques, urbanizacin, renovacin urbanstica, arquitectura, amueblamiento y diseo urbano, etc., coordinados a los fines pretendidos. A continuacin se sealan las lneas fundamentales de accin y los criterios propuestos para su desarrollo. Acciones sobre el cauce: Azud: es caracterstico del Ebro que se produzcan grandes variaciones de caudal en distintas pocas del ao y en perodos ms largos. En situaciones de estiaje o de poco caudal parte del cauce queda en seco, con depsitos, lo que incide en su aspecto general y en las posibilidades de utilizacin deportiva o recreativa. 301

Manuel Ramos Martos

El azud tiene por objeto conseguir durante la mayor parte del tiempo en que el rgimen hidrulico del ro puede considerarse normal fijar la altura y, por tanto, la extensin de lmina de agua, lo que supone un borde preciso para la orilla urbana que ahora no existe; supone, adems, remansar la velocidad, lo que facilita la utilizacin para fines deportivos. Este efecto de remanso se desactivara, lgicamente a partir de un cierto caudal del ro. El azud no carece de inconvenientes, y est siendo objeto de estudios de viabilidad; no obstante, su importancia no es un factor decisivo de la operacin, y si no fuese viable podran plantearse dragados en el cauce, estabilizacin de orillas, u otras medidas tendentes a reducir los efectos ya expuestos en perodos de bajo caudal. Saneamiento del cauce: su objeto es conseguir las mejores condiciones de salubridad e higiene de las aguas del ro, especialmente ante su eventual remansamiento por el azud. Esta lnea incluira actuaciones como: Colector del barrio de la Almozara. Colectores de margen y control de vertidos del Huerva. Eventualmente, segn resulte del progreso de los estudios: Derivacin de aguas del Hueva aguas abajo del azud. Dragado del cauce para mejorar las condiciones de calado. Aireacin del agua remansada. Acciones sobre la ribera: Se refiere al espacio libre de edificacin asociado al ro y hasta el lmite de los edificios, sin perjuicio de que en ella existan edificaciones de servicio de usos pblicos. Definicin de secciones de ribera: su objeto principal es establecer las condiciones de compatibilidad de la utilizacin de las mrgenes con el rgimen hidrulico del ro. En la seccin transversal del Ebro aparecen elementos que varan de un punto a otro, principalmente: El perfil natural del terreno. Las cotas de altura del agua en situaciones de avenida del ro con distintas probabilidades o periodos de retorno. Cotas de altura de la edificacin urbana que debe quedar en todo caso a resguardo de las avenidas. Adems existe una distancia entre los edificios urbanos y el borde del agua que depende del caudal y de la seccin. La definicin de las secciones de ribera supone manejar tres tipos de elementos en los que juega la probabilidad de caudal: 302

Los ros en la revisin del Plan General de Zaragoza

Los elementos que actan como motas o proteccin ante las grandes avenidas: viales existentes o a proyectar, muros o taludes, etc. El tipo de especies vegetales apropiado en cada situacin. El tipo de espacio utilizable para paseo o estancia y su tratamiento segn la cota de altura y el espacio disponible. En los dos ltimos casos el tratamiento depender de su probabilidad de inundacin; segn sea sta de 1 ao, 10 aos, 25 aos o ms, recibir un tratamiento de vegetacin y espacio pblico consecuente. Va de Ribera de la margen norte: esta va no se contempla completa en el actual Plan, si bien queda definido el lmite de la edificacin por circunstancias urbansticas y de edificacin consolidada. El objeto de esta va es: Permitir un acceso directo desde la Ronda de la Hispanidad a los suelos colindantes con la margen. Activar la renovacin urbanstica de los suelos inmediatos, para los que resulta imprescindible. Reducir en el paseo Echegaray y Caballero trfico de paso procedente del puente de Santiago hacia San Vicente de Pal o la calle Asalto, Las Fuentes, etc. La va propuesta cruza bajo el acceso norte del puente de Piedra y es de sentido nico (el del ro) entre ste y la calle Lourdes y doble en el resto. Prolongacin de la va de ribera de la margen sur uniendo el paseo de Echegaray y Caballero con la Ronda de la Hispanidad. Renovacin urbanstica en la Ribera norte. Las reas propuestas para dicha renovacin corresponden a las siguientes situaciones: Propiedades de la Administracin pblica: antigua casa cuartel de la Guardia Civil en la calle Jess, cuartel de San Lzaro, cesiones al Ayuntamiento en el sector 51. Renovacin total en suelos vacantes de propiedad privada (bordes del polgono industrial el Vado) o renovacin completa de usos existentes lindantes con la ribera. Se trata de tejidos originarios cuya estructura parcelaria no permitira, ni siquiera en un lugar menos comprometido una renovacin puntual de la edificacin, parcela por parcela, por lo que la renovacin se plantea en operaciones de conjunto a travs de PERIs. Renovacin de la edificacin en el interior. Entre la ribera y el camino del Vado existe una trama viaria consolidada con algunos edificios recientes, si bien la mayora de la edificacin, en la que abundan los edificios 303

Manuel Ramos Martos

infrautilizados, no residenciales, est en condiciones de ser renovada, lo que permite dar un cambio significativo a esta parte de la margen norte. En las reas citadas, adems del uso de vivienda se incluyen usos compatibles como hoteles y oficinas pblicas y privadas.

2.2. PLAN DE ESPACIOS VERDES Alrededor del ro, y como consecuencia de sucesivas propuestas de planeamiento, existe un conjunto de espacios verdes, unos ejecutados y otros como propuestas de dicho planeamiento, vigentes y pendientes de ejecucin. Aunque las sucesivas piezas de planeamiento no siempre responden a una idea de conjunto, la disposicin de estos espacios permite establecer una malla verde estructurada. A este fin se propone un Plan de espacios verdes para la reestructuracin de esta malla, que tendr por objeto: Ordenar los nuevos parques fluviales de la revuelta del Ebro y del Gllego. Establecer el tratamiento de las distintas zonas verdes con criterios de unidad, diversidad o complementariedad entre las mismas. Establecer los usos de las distintas partes de la malla con criterios de conjunto, atendiendo a la complementariedad entre ellos y con los usos de equipamiento pblico de los bordes; de forma que se mantenga un nivel sostenido de actividad a distintas horas del da. Establecer los elementos que garanticen la continuidad fsica del espacio verde y de los itinerarios peatonales o de bicicletas (cambios en la urbanizacin, modificaciones puntuales, amueblamiento). Programar la ejecucin de las acciones y de las distintas piezas de la malla.

2.3. REESTRUCTURACIN DE EQUIPAMIENTOS COLECTIVOS Integrado con el Plan de espacios verdes se propone un Plan de equipamiento de riberas cuyo objeto es efectuar la reasignacin de usos que permita localizar funciones de centralidad y la complementariedad entre verde y equipamiento citada en el apartado anterior. Habr de referirse a: Equipamientos deportivos existentes y su relacin con la ribera. Reserva para dotaciones deportivas o de ocio de nivel metropolitano en las parques fluviales. 304

Los ros en la revisin del Plan General de Zaragoza

Nuevas dotaciones deportivas en la ribera (playa fluvial, deportes nuticos, etc.), y posible creacin de un nuevo club nutico. Nuevos equipamientos de nivel ciudad: oficinas de la Administracin pblica, oficinas privadas, infraestructura cultural, etc., aprovechando las reservas de suelo del planeamiento existente. Como oportunidades significadas destacan: antigua estacin del Arrabal, rea 19 del Actur, parcelas de equipamientos lindantes con la avenida de Ranillas, suelos prximos a la interseccin de la avenida de Ranillas con la Ronda del Rabal. Posibles reas de esparcimiento y ocio, incluidas actividades nocturnas en zonas alejadas de las viviendas. Actividades de equipamiento local (escolares, de relacin con la Naturaleza, recreativas, etc.) que contribuyan a dar vida a las riberas y a la malla verde.

3. CORREDOR DEL CANAL IMPERIAL DE ARAGN 3.1. ANTECEDENTES La Corporacin municipal acord, en 1994, a instancia de organizaciones vecinales y ecologistas, la redaccin de un Plan Especial del tramo urbano del Canal comprendido entre la carretera de Madrid y la Almenara de San Antonio. Este Plan complementara, dentro del recorrido urbano, los proyectos de la DGA para el conjunto del Canal en Aragn con base en un Concurso convocado a tal efecto, teniendo asimismo en cuenta los planes de la CHE en cuanto a su condicin de infraestructura hidrulica. El Avance recoge las conclusiones y propuestas elaboradas por la Oficina del Plan para el citado Plan Especial; de una parte de este trabajo se dio cuenta a la Comisin de Seguimiento creada al efecto.

3.2. BASES PARA LA REDACCIN DE UN PLAN DIRECTOR DEL TRAMO URBANO DEL CANAL IMPERIAL Para la actuacin sobre el Canal Imperial se plantean objetivos y metodologa similares a los del Ebro, adecuados a su distinta escala. El concepto de Plan Director hace referencia a su condicin de plan multisectorial que supone el consenso de varias administraciones cuyas competencias e inversiones no quedan vinculadas por un plan urbanstico municipal. Ello no obsta para que los aspectos urbansticos se recojan como Plan Especial urbanstico. 305

Manuel Ramos Martos

3.2.1 Objetivos Recuperar el recorrido del Canal y su entorno como un elemento de la Naturaleza en la ciudad, compatible con sus funciones hidrulicas. Sacar partido de sus valores paisajsticos y ambientales a diferencia de los dems ros, un agua domesticada que permite el contacto inmediato con paseos y edificios para crear a su paso por los barrios un entorno urbano de calidad. Hacer del Canal un eje vertebrador y organizador en torno a s de espacios verdes y equipamientos capaces de atraer personas de los barrios contiguos y ser compartidos por ellas. El Canal pasara a ser un elemento que aporta organizacin y calidad a la periferia de la ciudad, en suma un elemento perifrico de centralidad.

3.2.2. Criterios de actuacin Con carcter previo las actuaciones deben partir de conocer con aproximacin suficiente las condiciones de diseo derivadas de la funcin hidrulica del Canal, de riego y abastecimiento. Concretamente el actual cauce de tierra plantea problemas de rendimiento, mantenimiento y estabilidad de mrgenes. Los aspectos a definir precisan la colaboracin y actuacin concertada con los rganos rectores del Canal, y consisten esencialmente en: Previsiones de caudal necesario aguas abajo de Zaragoza. Diseo del cauce y soluciones para su revestimiento. Estimacin de las consecuencias previsibles de todo ello respecto de la situacin actual por cambio de dimensiones, efectos en el arbolado de margen, etc.; la valoracin de este arbolado y su conservacin por zonas consecuente con el resultado, debera considerarse como condicionante del diseo. Definicin para el conjunto del recorrido de elementos lineales comunes al mismo, como son: Secciones tipo del cauce. Necesidades de acceso para conservacin y servicio. Situacin del arbolado ms prximo al cauce. Sistemas de riego para el mismo y plantaciones de margen. Itinerarios longitudinales peatonales y ciclo-pistas. Definicin del papel del Corredor en la malla viaria de la ciudad o itinerarios de transporte pblico, en orden a restringir el trfico rodado. 306

Los ros en la revisin del Plan General de Zaragoza

Se trata de establecer, para todo el corredor y en relacin con el trfico urbano, restringido a vas locales y transporte pblico, las funciones de los distintos tramos, tanto en itinerarios longitudinales como en transversales, estableciendo las caractersticas de los puentes no realizados. En relacin con los puentes y sus glibos de paso, se plantea preservar la navegabilidad aguas arriba de las esclusas de Casablanca, y mantener libre el tramo entre el puente del camino de Cuarte (Ojo del Canal) y el de Mariano Renovales. Intervencin por tramos mediante operaciones integradas de carcter multi-sectorial, anlogas a las descritas para el Ebro, y adecuadas a la distinta escala.

3.2.3. Propuestas de actuacin para los distintos tramos De la Ronda norte a la carretera de Madrid. El corredor se incluye como parte de la malla verde urbana de la Orla oeste de crecimiento de la ciudad. En el tramo inmediatamente anterior, y en suelo de proteccin del aeropuerto se sugiere estudiar la viabilidad de un uso recreativo que sirva de apoyo a un transporte fluvial ocasional desde Casablanca (parque temtico sobre el medio rural aragons y la huerta...). De la carretera de Madrid a la prolongacin de Gmez Laguna. Nuevo trazado de la Va Parque y nuevos accesos desde sta a Valdefierro. Tratamiento como parque de la margen derecha. Nuevo camping prximo a la carretera de Madrid. Corredor verde entre el Canal y el centro comercial en el borde Oeste de Valdefierro. Nuevo parque en antiguo camping Casablanca. Corredor verde de conexin Canal-Parque de Valdefierro. Paseo del Canal en Valdefierro con nueva fachada de edificacin al mismo. Paseo de conexin Canal-Centro Deportivo Valdefierro-Ciudad Pignatelli. Ampliacin del CDM Valdefierro. De la avenida Gmez Laguna a Casablanca. 307

Manuel Ramos Martos

Urbanizacin y acondicionamiento de mrgenes, con acceso restringido a servicio del Canal en la margen izquierda a partir de la plaza de la Ermita, y limitado a acceso a fincas a la derecha. Reordenacin del suelo en las esclusas de Casablanca, sustituyendo el uso propuesto de oficinas del Ministerio de Fomento (se replantea su localizacin en la ribera del Ebro) por uso residencial, parque, actividades culturales relacionadas con el Canal (museo...) y embarcadero recreativo. De Casablanca al Ojo del Canal. Urbanizacin de margen como va en fondo de saco hasta el arranque del camino de Cuarte, limitando su funcin al acceso a fincas. Edificio de servicios y Mirador del Ojo del Canal como puerta de acceso al parque formado por el Pinar, con nuevas zonas equipadas y el actual Primo de Rivera. Del Ojo del Canal al paseo de Renovales. Acondicionamiento de mrgenes para uso peatonal, con acceso rodado en la margen izquierda nicamente para servicio del cauce y acceso al Colegio del Pilar. Dotacin de reas equipadas en el Pinar. Del paseo de Renovales al puente de Amrica. Ejecucin de los proyectos existentes con un tratamiento de la Va Pignatelli como paseo de ribera. Restriccin de trfico en el paseo del Canal tan pronto entre en servicio la Ronda de la Hispanidad. Del puente de Amrica a la plaza Muoz Grandes. Proyecto unitario del tramo con los siguientes criterios: Reduccin del espacio de circulacin, y recuperacin de espacio peatonal y libre consecuente al efecto de la Ronda de la Hispanidad en el trfico por el paseo del Canal entre Renovales y avenida de San Jos. Ordenacin de accesos y espacio alrededor del puente de Amrica. Recuperacin del vrtice de la espina verde del parque de Pignatelli frente a San Antonio. Paseo entre Cullar y San Jos con espacios de estancia kioscos, etc., que recuperen el papel de los tradicionales de Cullar y puente de Amrica. Ordenacin como plaza de remate del paseo del Canal en San Jos del espacio comprendido entre la plaza de Muoz Grandes, Honorio Garca Condoy y Sancho Ramrez. De la avenida de San Jos al Cabezo Cortado. 308

Los ros en la revisin del Plan General de Zaragoza

Nuevo paseo del Canal en el borde de San Jos. La solucin propuesta se basa en tratar la va actual de la margen izquierda como recorrido peatonal y de servicio al cauce, situando un paseo arbolado a continuacin con un ligero declive transversal y llevar la calzada, imprescindible de circulacin y acceso a la edificacin por esta margen al borde de la franja de proteccin de 50 m del eje del actual Plan. El contacto con la lnea de edificacin se resuelve en unos casos a nivel (Santa Gema), otras como talud plantado (calle Vulcano, Larache) y en una pequea porcin con muro de contencin. Ordenacin urbanstica de la edificacin y las fachadas de la margen izquierda mediante PERIs. Nuevo parque y mirador del Cabezo Cortado. Ordenacin de la edificacin y zona deportiva en la manzana de Alumalsa. Corredor verde de conexin con Tenor Fleta y parque de la Granja. Cabezo Cortado - Ronda de la Hispanidad. Urbanizacin de la margen izquierda como va de acceso, situando ntegramente el corredor verde en la margen derecha, reordenando las parcelas verdes y de equipamiento del barrio de la Paz. Tratamiento de los desmontes existentes. El tratamiento de este tramo queda abierto a las propuestas que resulten del Concurso con el Colegio de Arquitectos.

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Manuel Ramos Martos

Figura 1. Sistema General de Espacios libres.


Avance del PGOV. Octubre 1996

Los ros en la revisin del Plan General de Zaragoza

Figura 2. Ribera del Ebro.

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Avance del PGOV. Octubre 1996

Manuel Ramos Martos

Figura 3. Plan general de ordenacin urbana de Zaragoza.

ESPACIOS NATURALES - ZONA CENTRO SISTEMA GENERAL DE ESPACIOS LIBRES Y PARQUES REAS DE PROTECCIN DE ESPACIOS NATURALES

PARQUES HMEDOS PARQUES ESTEPARIOS

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EL CANAL IMPERIAL DE ARAGN: SU EXPLOTACIN


ngel NEZ MAESTRO

El Canal Imperial de Aragn naci hace ms de 200 aos con tres utilizaciones fundamentales, la navegacin (el transporte de mercancas y de pasajeros), los abastecimientos y los regados. En cuanto al transporte, el nacimiento del Canal Imperial de Aragn supuso un avance importante. En el tema de pasajeros permiti un mayor confort al poder dejar el carro y pasar a medio acutico sin tener que soportar los baches que haba en aquella poca en los caminos o en las carreteras. De otro lado, el transporte de mercancas se poda hacer en unidades de mucha mayor capacidad, lo cual, repito, supuso un gran avance. El abastecimiento de poblaciones ha sido otro de los grandes usos con los que comenz el Canal Imperial de Aragn y todava quedan en su Reglamento, parcialmente vigente, restos de aquellas utilizaciones de abastecimiento de casas en despoblado, de abastecimientos de urbanizaciones, de abastecimiento de ferrocarriles, de abastecimiento de fuentes pblicas, etc. En cuanto a los regados, el garantizar una recogida de cosechas, con independencia de las lluvias ocurridas en la zona permiti asentamientos de poblacin y desarrollo de toda la ribera que se abasteca del Canal. Estas tres grandes utilizaciones han tenido diversa suerte. En el caso del transporte, la aparicin del ferrocarril, en primer lugar, y posteriormente los vehculos de motor de explosin y diesel, han provocado que este uso haya quedado desplazado del Canal Imperial de Aragn. El abastecimiento de poblaciones contina en la actualidad pero ha evolucionado tambin. Antiguamente no haba tantos problemas de contaminacin, o al menos no ramos conscientes de la contaminacin existente. Hoy la utilizacin de agua de forma ms intensa para riego, la existencia de fuertes estiajes en los caudales de agua circulantes por los ros, provoca mermas de la calidad, sobre todo en determinadas pocas del ao. 313

ngel Nez Maestro

En cuanto a los regados, continan actualmente utilizando agua del Canal, como todos saben, con un matiz. Si bien en pocas pasadas el cultivo fundamental era el cereal, ahora se tiende cada vez ms a utilizar unos productos con mayor consumo de agua y, en ocasiones, con consumo de agua en determinadas fechas que inciden de manera importante en la explotacin del Canal. De hecho existen algunos productos como el caso del brcoli o la coliflor que requieren agua en unas pocas en las que se necesitara cortar el agua en el Canal para realizar labores de conservacin. Bien, el Canal Imperial de Aragn se alimenta con agua procedente de varios embalses, aunque donde est integrado este sistema de riego es en el embalse del Ebro. El embalse del Ebro se encuentra en Cantabria, a una distancia de recorrido del agua de entre 5 y 7 das, dependiendo de los caudales circulantes por el ro Ebro. Ello da lugar a que cualquier estiaje que se produzca en el ro, va a provocar una disminucin de caudales derivados por el Canal Imperial y, por tanto, una insatisfaccin de la demanda, (insatisfaccin de la demanda de riego, puesto que los abastecimientos de poblaciones son prioritarios de acuerdo con la Ley de Aguas). Tambin se produce, en esos casos de estiajes bruscos, una disminucin de la calidad, puesto que los vertidos continan siendo prcticamente los mismos con independencia de los caudales circulantes por el ro Ebro. Pues bien, para resolver estos dos problemas se ha planteado desde el Canal Imperial y Confederacin Hidrogrfica del Ebro la construccin del embalse de La Loteta. La Loteta estar ubicado en los trminos municipales de Boquieni, Gallur, Magalln, etc., con una capacidad de unos 100 hm3. Este embalse se pretende llenar con agua elevada desde el Canal Imperial de Aragn en poca de escasez de demanda, es decir, fundamentalmente, desde octubre hasta marzo, y una reintegracin de sus volmenes al cauce del Canal Imperial en poca de mayor consumo, es decir, desde marzo hasta septiembre, con la posibilidad de turbinar dichos caudales. El llenado del embalse en poca de invierno va a permitir disponer de una calidad de agua, en verano, superior a la de las aguas circulantes por el ro en esa poca, con lo que los valores de los parmetros que miden la calidad, de acuerdo con estudios que han realizado diversas instituciones, (como el caso de la Universidad de Zaragoza o General Motors), se encuentran dentro de los lmites marcados para consumo humano por las organizaciones que tratan sobre temas de la calidad de las aguas. Por tanto, el embalse de La Loteta, va a resolver problemas de cantidad (100 hm3), de calidad, (puesto que el agua de invierno tiene, en general, mejor calidad que el agua de verano) y reduccin de los desequilibrios que se produzcan en el cauce del ro Ebro de donde deriva el Canal Imperial en 5 7 das. En la zona urbana, que es la que nos ocupa, es decir, en el casco urbano y aledaos, se est produciendo una presin importante sobre el Canal Imperial de Aragn. Se trata tanto de la utilizacin del cauce y de antiguos caminos, (que actualmente constituyen vas urbanas o calles), como la uti314

El Canal Imperial de Aragn: su explotacin

lizacin para ocio; (barcas de recreo, paseos con arbolado, de circulacin con bicicletas, etc.). Todo esto lo voy a tratar brevemente a continuacin. El Canal Imperial de Aragn a su paso por Zaragoza requiere una capacidad de entre 15 y 20 m3/s. Ello permitira la prolongacin del Canal Imperial de Aragn hacia Fuentes y Quinto, dando servicio a una zona regable todava sin determinar. Para esta capacidad, y dadas las pendientes que existen en la zona, se necesitara una anchura de 13 m de cauce, desde la zona de las esclusas de Casablanca hasta el Barranco de la Muerte, (donde est actualmente la urbanizacin Cala Verde), y de 10 m desde ah hacia aguas abajo. Hay un tramo de cauce en zona urbana, la comprendida entre las Terrazas de Cullar y el Barranco de la Muerte, (urbanizacin Cala Verde, frente a donde se encontraba anteriormente la Quinta Julieta), que no dispone de esa anchura y su establecimiento va a condicionar, seguro, los viales que discurren adyacentes al Canal Imperial de Aragn. En cuanto a los caminos de servicio del Canal Imperial, ya desde antiguo este Organismo Autnomo, a travs de su Direccin, tanto Gabriel Faci, como Carlos Delgado, como Jos A. Martnez Ors, han planteado la conveniencia e incluso la necesidad de establecer una zona de proteccin de unos 10 m a partir del borde del cauce del Canal y as se hizo constar en las alegaciones al Plan General de Ordenacin Urbana del ao 1984. Esta zona sera slo utilizable por los servicios de explotacin. En algunas zonas estos requerimientos no fueron atendidos. Bien es cierto que en la actualidad yo creo que hay una mayor conciencia y, por parte del Ayuntamiento, se est atendiendo esta demanda adecuadamente, dejando calzadas, viales, zonas verdes, etc. en las proximidades del cauce del Canal, hasta una anchura de unos 10 m. En lo referente al ocio, origina una gran presin sobre el Canal Imperial. El establecimiento de las anchuras mnimas de cauce de 13 m o de 10 m, anteriormente establecidas, entiendo que va a permitir de manera adecuada la utilizacin de barcas de recreo, siempre de acuerdo con las condiciones econmicas, que se estableceran en el futuro, o de supeditacin de dicha actividad ldica a las necesidades de las utilizaciones ya establecidas, (regados, etc.). Es decir, caso de existir escasez de agua en determinado momento que exigiese el descenso del nivel de agua en el Canal, probablemente haba que introducir la condicin de que sera prioritaria la utilizacin del agua para riego antes que la navegacin de barcas para solaz de los ciudadanos. A tal fin, y previendo la navegacin en el futuro, en la zona en que el Canal se encuentra revestido en la actualidad, (desde El Bocal hasta Gallur), se estn estableciendo unas compuertas de entibo del Canal con esclusas que permitirn el paso de barcos desde aguas abajo hacia aguas arriba y viceversa. En los paseos urbanos del Canal, todos recordamos el Canal con la barandilla de fundicin, preciosa. El Ayuntamiento de Zaragoza parece que tiene intencin de acondicionar la zona. Para ello ha preparado un pro315

ngel Nez Maestro

yecto de acondicionamiento, restauracin y mejora. Pero esta barandilla impone unos condicionantes a la explotacin que tambin hay que tener en cuenta: hay una serie de tomas o derivaciones, que todava funcionan, que exigen el que guarda, todos los das, o casi todos los das, abra y cierre la tajadera de derivacin. Si en un tramo de 1 km el guarda no puede detenerse, la implantacin de esta barandilla o bionda va a condicionar, y de hecho est ya condicionando la explotacin del Canal. El guarda tiene que llegar con el coche, aparcar a 500, 600, 700 m, 1 km, volver andando, abrir o cerrar la toma y regresar al lugar de partida. Ese trabajo a pie es excesivamente lento. Implica que para desempear el servicio se necesita disponer de guardas adicionales. Estos guardas, como personal de explotacin, cargan todos los aos en las tarifas, es decir, Confederacin paga los salarios en una primera fase pero, posteriormente, los carga a los usuarios del Canal Imperial. O sea, ellos, a corto plazo, cada ao, son los que soportan todos los costes. Entiendo que sera cuestin de hablar con esa colectividad para que el incremento de coste que se produzca pueda ser asumido por la institucin que representa los deseos de los ciudadanos de tener esa barandilla o bionda y el paseo correspondiente. En buena parte de estos paseos existen tambin rboles: algunos de ellos estn muy consolidados. Est claro que no vamos a tratar de eliminar los rboles que existen en el paseo de Coln, por ejemplo. Estos rboles estn muy asentados o, para ser ms exactos, la mayor parte de ellos lo estn. Otros estn prcticamente en el borde del cajero y, sistemticamente, van cayendo al Canal con los correspondientes perjuicios y problemas que pueden provocar a aquellos que circulan por los viales adyacentes. De hecho, en algn caso, hace como dos aos, ha cado algn rbol al Canal, ha golpeado en la barandilla de la otra margen y ha invadido la calzada que discurre por la margen opuesta, lo que podra haber provocado problemas serios a algn vehculo que circulase en ese momento por la calle. Planteo que es difcil mantener un rbol justamente en el borde del Canal Imperial en las condiciones en que actualmente se encuentra. Aunque esto se d fundamentalmente en zona rstica, algunos de estos rboles se encuentran dentro del casco urbano de Zaragoza. Hay en Garrapinillos, en Miralbueno, en la margen derecha del Canal sobre todo, algunos rboles asentados con un enraizamiento muy ligero, de manera que, cuando llegan los fuertes vientos de primavera, una buena parte de ellos caen al Canal, originando un tapn hacia aguas arriba y riesgo de desbordamiento y rotura o ruina del mismo. Creo que, por tanto, lo que se refiere a arbolado, parques, etc., debera ser organizado y establecido e implantado en aquellas zonas en que realmente interese y se vayan a conservar. Tambin se ha planteado la posibilidad de utilizacin de este camino de servicio con fines de cicloturismo, etc. Deca Ortega que el hombre es l mismo y sus circunstancias. Un hombre de buena condicin metido dentro de un coche y con un volante en la mano, se convierte en un ser irascible. Si este mismo hombre se sienta encima de una bicicleta se convierte en un ser crata, no admite normas, se salta los semforos, no estn hechos para 316

El Canal Imperial de Aragn: su explotacin

l. De hecho en Zaragoza es raro ver que una bicicleta se detenga en los semforos si no viene un coche en direccin perpendicular en el cruce. Las bicicletas van a causar problemas de explotacin en los caminos salvo que se ordene previamente. Los ciclistas, cuando se cansan se detienen y dejan la bici en medio del camino, entendiendo que cualquier otra bicicleta podr pasar prxima a ellos sin necesidad de apartarla. Cuando el guarda de explotacin vaya a desempear su funcin de observar una mira, levantar una tajadera o alguna actuacin dentro de los cometidos que tiene asignados, el realizar el recorrido de los 20 km constituir una carrera de obstculos. Adems, por el camino de servicio circulan algunos usuarios individuales de forma poco cvica: (a gran velocidad, no respetando los vehculos lentos, etc.). Puedo contar una ancdota relacionada con este tema: tengo unos amigos en una urbanizacin muy prxima al Canal, la Urbanizacin Viedo Viejo, los cuales, en varias ocasiones, me dijeron: mirad a ver si sois capaces de arreglar un poco el camino de servicio del Canal, porque cuando vamos con la bici, (pues solemos salir con los chavales) se circula muy mal. Les contest: si arreglamos el camino de servicio, lo haremos por necesidades de explotacin, no para que vosotros circulis, aunque podris utilizarlo adicionalmente. Bien, pues una vez arreglado, en otra ocasin en que nos encontramos, me dijeron: mira, lo mejor que puedes hacer es no arreglarlo ms, porque con el camino en buenas condiciones circulan los vehculos a tanta velocidad que un da se van a llevar a los cros o nosotros por delante. Bien, creo que he dado una pincelada de cules son las necesidades, desde el punto de vista de la explotacin, del Canal Imperial de Aragn y cules son sus requerimientos. Entiendo que son tres fundamentalmente: Usos futuros del cauce supeditados a utilizaciones actuales, o compensados por los perjuicios que se ocasionen. Uso de los caminos de servicio compatibilizndolos o supeditndolos a la explotacin del Canal. Limitacin del arbolado a zonas cuidadas en que no se originen problemas de explotacin, como cadas de rboles en poca de fuertes vientos.

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EL CANAL IMPERIAL DE ARAGN: ANLISIS Y PROPUESTAS DE REGENERACIN


Victorino ZORRAQUINO LOZANO Manuel FERNNDEZ RAMREZ

1. INTRODUCCIN La conferencia la entendemos dividida en dos partes, la primera que pretende presentar cmo es el Canal y hacia dnde se propone evolucionar desde el punto de vista de su funcin primaria, su justificacin reside en ser una obra hidrulica de conduccin de agua para abastecimiento de riegos, ncleos urbanos, etc., la prosa espartana; y la segunda cmo es y hacia dnde puede evolucionar desde sus otras utilidades complementarias para todos los ciudadanos, la poesa. El Canal supone para los ingenieros en particular una obra hidrulica emblemtica, que tratamos evidentemente con el mximo cario, pero adems, como ciudadanos, un patrimonio que queremos conservar y acrecentar si es posible. El Canal se ve as para los que no conozcan el tramo. Punto kilomtrico: 55 57 Origen del tramo, las murallas de Grisn y una importante instalacin de ridos. Puente sin glibo de navegacin. Observar la diferencia entre mrgenes. El Canal est situado en el escarpe de las terrazas medias del ro Ebro, generalmente gravas con matriz arenosa. 58 Pasarela en Pinseque. Recuerda la tipologa de las obras civiles de Carlos III. Ladrillo y piedra. Tiene unas piezas de hierro que servan de ensanche a una estructura que deba de ser una madera. 319

Victorino Zorraquino Lozano y Manuel Fernndez Ramrez

61,50 Puente de Clavera. Puede ser reparado. Pequeo parque lineal en margen izquierda y balsa de riego por elevacin en la derecha. 63 64 65 66 Parque lineal arbolado. Talud de un terrapln de productos de dragado del canal estabilizado con pinos. Puente recto moderno. Se ve el depsito de la base al fondo. Restos del puente del FFCC a la base americana. Cuentan que esta comunicacin era para transportar las bombas atmicas.

66,8 Presa fija en el canal y la almenara de San Miguel. Esta obra es para garantizar niveles aguas arriba. 68,6 Garrapinillos. Cauce muy ancho que permitir obtener un camino de 4 m en margen derecha protegiendo el arbolado. 69,3 Puente de acceso a la base. En servicio. 72 Carretera del aeropuerto. 74,6 Refuerzo de cajeros. Esta zona ha tenido importantes problemas estructurales. 75,6 Autopista. 77 Paso de la N-II. La geometra imita las formas de Pignatelli. Tiene algn problema estructural que habra que corregir.

2. ANLISIS DE NIVELES ACTUALES Para comprender como funciona el Canal Imperial tenemos la imagen de un canal controlado aguas abajo, al cual entra un caudal de forma constante, segn la figura 1. En un momento determinado se ha alcanzado el nivel 1 y se comienza un consumo de 50 m3/s, mayor que 30 m3/s, el nivel desciende a 2. Se cierra el consumo y el nivel se recupera. Siempre que el volumen total que entra por el origen sea igual que el que se detrae estas fluctuaciones son peridicas. Esto es lo que ocurre en el Canal Imperial donde el rgimen de riego (detracciones) se realizan de Sol a Sol (14 horas) en tanto que la derivacin del ro Ebro es prcticamente constante durante 24 horas. El Canal vara de niveles de forma clara a lo largo del da. Si circunstancialmente no se detrae toda el agua necesaria por falta de necesidades de los sindicatos o por razones accidentales el nivel podra desbordar y para ello existen las almenaras y otros elementos de seguridad. 320

El Canal Imperial de Aragn: Anlisis y propuestas de regeneracin

Si aumentamos la capacidad de transporte del Canal, con los mismos caudales el nivel ser inferior en los tramos de agua arriba, aunque se recuperen los niveles 1 y 2 en las zonas bajas. (Fig. 1)

Figura 1. Explicacin en el texto.

Cmo se refleja esto en el tramo que nos ocupa? La situacin de referencia de un da real de julio se acompaa en el grfico. (Fig. 2, correspondiendo la lnea a trazos al inicio de la jornada, trazo punto a media jormada y lnea continua al final de la jornada). Hay que resaltar el efecto de la presa fija de San Miguel en el P.K 66,500.

Figura 2. Explicacin en el texto.

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Victorino Zorraquino Lozano y Manuel Fernndez Ramrez

3. JUSTIFICACIN DE LAS ACTUACIONES El canal tiene problemas: De seguridad, con roturas y erosiones que producen su progresivo deterioro. De prdidas, que favorecen la inseguridad. De capacidad, pues las demandas son crecientes para abastecimiento, para riego del bajo Jaln, o ampliaciones hacia Quinto que podran llevarse a cabo. Por ello debe revestirse habindose ejecutado hasta el momento diferentes alternativas en algunos tramos aguas arriba. A partir de estas experiencias anteriores se ha constatado que la mejor alternativa es cajeros prefabricados autoportantes, que soportan el empuje de agua sin tierras en su trasds y el empuje de tierras saturadas sin agua en el canal, ejecutndose la solera in situ, segn los esquemas que se adjuntan. (Figs. 3 y 4). Esta seccin tiene en este tramo una capacidad de 40 m3/s para un calado de 3,50 m aprovechando toda la pendiente posible entre puntos obligados, el acueducto del Jaln y compuertas de Casablanca.

Figura 3. Cajeros prefabricados autoportantes.

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El Canal Imperial de Aragn: Anlisis y propuestas de regeneracin

Figura 4. Perfil del Canal con cajeros prefabricados autoportantes.

Los efectos que el cambio a una seccin de mayor capacidad produce en los niveles del canal, en la situacin de consumos actual se comprueba en la siguiente grfica que compara la situacin de niveles al medioda en la actualidad (lnea para el tramo P. K. 62 - P. K. 69) y la que se producira con la nueva seccin (lnea a trazos) del orden de 40 cm inferior que perjudicara el riego de las tomas altas. (Fig. 5).

Figura 5. Explicacin en el texto.

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Victorino Zorraquino Lozano y Manuel Fernndez Ramrez

4. SOLUCIONES PARA ESTE PROBLEMA Para recuperar los niveles en la nueva situacin resultante es preciso disponer de obstculos transversales a la corriente de los cuales se muestran dos posibilidades: 4.1. GRUPO DE COMPUERTAS Y ESCLUSAS Esta solucin se ha proyectado en los tramos de aguas arriba y permite la navegacin salvando la diferencia de nivel creador (del orden de 0,5/0,6 m) mediante una pareja de compuertas de funcionamiento alternativo dotadas de un sistema automatizado activado por el navegante. (Fig. 6).

Figura 6. Compuertas de funcionamiento alternativo mediante sistema automatizado activado por el navegante.

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El Canal Imperial de Aragn: Anlisis y propuestas de regeneracin

Figura 7. Compuertas abatibles, alternativa ms segura y esttica.

4.2. COMPUERTAS ABATIBLES Esta solucin est pensada para mantener un canal siempre abierto y el segundo regulado por una de las compuertas. Los mecanismos se ocultan en la solera. Podra ser una alternativa ms segura y esttica. (Fig. 7).

5. ELEMENTOS COMPLEMENTARIOS. ACCESOS AL INTERIOR DEL CANAL Como elemento complementario de gran inters es la creacin de un acceso al interior del Canal necesario para las obras, que deben realizarse de forma muy rpida, y para el mantenimiento en situacin de explotacin habitual en los perodos de corte. Como ejemplo se muestra el proyectado en el P.K. 45 el cual, adems de ser un elemento til puede constituir una rampa-varadero y drsena de puerto en situacin de explotacin normal. Se ubicara a la altura del P.K. 57 por disponer de la mejor comunicacin con la red de carreteras. (Figs. 8 y 9). 325

Victorino Zorraquino Lozano y Manuel Fernndez Ramrez

Figura 8. Proyecto de rampa-varadero y drsena (secciones).

Figura 9. Proyecto de rampa-varadero y drsena (planta).

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El Canal Imperial de Aragn: Anlisis y propuestas de regeneracin

6. REGENERACIN DEL CANAL IMPERIAL DE ARAGN La regeneracin del Canal Imperial de Aragn se debe fundamentar en una utilizacin multifuncional de su alargado espacio. Hay que efectuar una seleccin de usos que, encadenados o de manera secuencial, permitan desarrollar una ruta verde activa para la atraccin y disfrute del mximo nmero de personas. El Canal, y su prolongacin testimonial, puede convertirse en un largo itinerario cultural y de ocio, que comenzando en El Bocal termine 150 km despus en el monasterio de Rueda. Hay que procurar para ello una amplia participacin donde se integren tanto las instituciones pblicas como los municipios afectados, como la iniciativa privada. Pero todo esto, debe de desarrollarse e inscribirse dentro de una regulacin urbanstica inicial previa, cuyo marco, recogido en la LOTA, seran las correspondientes Directrices Parciales de Ordenacin Territorial, de prxima realizacin por parte de la Diputacin General de Aragn. El Canal ha sufrido distintas agresiones a lo largo de su historia, siendo ms usuales las motivadas directamente por el hombre que por los agentes naturales. Pero el principal peligro ha sido, precisamente, el abandono. Una vez ms, se evidencia que lo que est en uso se mantiene y permanece, desapareciendo aquello que ha perdido su funcin. En efecto, si de los dos objetivos iniciales del Canal, el riego ha permanecido vigente, ello ha producido un mantenimiento y permanencia de su cauce, de las almenaras, de las boqueras de riego, etc. Por el contrario, al abandonarse su segundo objetivo, la navegacin como va de transporte, se ha producido una degradacin continuada de los puentes (al no respetarse los glibos), de la Casa de Posada y Parada (al no haber viajeros que transportar) y de las esclusas (por la ausencia de embarcaciones que elevar o descender). Por lo tanto, si queremos recuperar todos esos elementos perdidos deberemos recuperar tambin las funciones, claro est, que adaptadas a las nuevas necesidades que deseemos implantar y ajustadas a un riguroso estudio de prioridades. Hemos enumerado para la Regeneracin del Canal los siguientes objetivos: Primarios. Secundarios. Patrimoniales. Complementarios. Todos ellos son importantes en s mismos y ninguno debera entrar en contradiccin con los restantes, siendo siempre compatibles entre s. 327

Victorino Zorraquino Lozano y Manuel Fernndez Ramrez

6.1. OBJETIVOS PRIMARIOS Constituyen la base fundamental del Canal, expresada en sus usos actuales, riego y abastecimiento de agua. Se procurar, prioritariamente, desarrollar todas aquellas obras de renovacin de la infraestructura hidrulica que hagan ms eficaz la consecucin de dichos usos. Aumento del caudal disponible, eliminacin de filtraciones, mejora en la calidad de las aguas, control de vertidos, etc.

6.2. OBJETIVOS SECUNDARIOS Su intencin es la recuperacin de aquellos usos fundacionales que han desaparecido. Est, en primer lugar, la navegacin, que ya no podr tener una finalidad de transporte de mercancas, sino recreativa y de ocio. El movimiento de viajeros, perdida ya su funcin de transporte regular entre comarcas, deber buscar otros intereses, potenciando los aspectos recreativos, culturales, histricos y artsticos, para revitalizarlo y hacerlo rentable econmicamente. Un segundo aspecto, dentro de estos objetivos secundarios, sera la recuperacin del trazado primitivo, renovando el cauce hasta Fuentes de Ebro, realizando estudios de viabilidad para su prolongacin hasta Quinto y sealando el recorrido slo testimonialmente, en un sendero amojonado, hasta Sstago.

6.3. OBJETIVOS PATRIMONIALES El Canal dispone de una gran riqueza patrimonial de la llamada Arquitectura del Agua o Ingeniera Hidrulica. Sus puentes, esclusas y almenaras se levantaron con un gran rigor constructivo. Prueba de ello es su permanencia en funcionamiento a lo largo de los aos, sufriendo los deterioros ms veces por agresiones directas del hombre que por agentes naturales. Todo lo que queda, no slo hay que consevarlo sino restaurarlo. La mayor proteccin sera su declaracin como Bien de Inters Cultural.

6.4. OBJETIVOS COMPLEMENTARIOS Est claro que el Canal es un magnfico corredor verde. Y lo es, porque no slo es una mancha lineal verde en los planos del rea metropolitana de Zaragoza, sino porque, efectivamente, se puede recorrer y est accesible en todo su trazado. Tiene un paisaje propio que lo define e identifica y un espacio que hay que potenciar incrementando en todo lo posible su riqueza arbrea. Por 328

El Canal Imperial de Aragn: Anlisis y propuestas de regeneracin

otra parte, entendemos que el vehculo motorizado no debe invadir este recinto lineal salvo para casos de mantenimiento. El acercamiento en coche al Canal se realizar desde las carreteras prximas y hasta las zonas de estacionamiento distribuidas secuencialmente. Ello deber influir en el tratamiento de las mrgenes del cauce y de los caminos asociados, evitando pavimentos y protecciones no compatibles con este entorno. Conviene aadir algo ms en este ltimo apartado: el tratamiento medioambiental ser equilibrado, al objeto de no crearle exigencias ajenas a su propia identidad, a su carcter artificial. Los anteriores objetivos son de aplicacin en un sentido general, pero, un trazado tan amplio y con tan extensa obra pblica, requiere un anlisis pormenorizado y la elaboracin de un diagnstico para proponer soluciones puntuales de intervencin.

Canal y Playa de Torrero.

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REFORMA DEL PASEO DE COLN EN EL CANAL IMPERIAL


Jos Javier MOZOTA BERNAD Julio DAZ-PALACIOS GARCA

1. EL PASEO DE COLN Y EL CANAL Este paseo se distingue de otros de la ciudad, por ser va de ribera del Canal Imperial. El Canal es el elemento que da carcter y personalidad a este paseo. Ms an, si existe este paseo de Coln y en la otra margen el de Pignatelli, es, sin duda, por que aquellos hombres ilustrados que construyeron el canal, formaron en sus mrgenes amplios caminos de servicio, con plantaciones de arbolado en su parte exterior. El espacio para va pblica, que hoy se dispone, es el mismo que se reserv en el siglo XVIII para servicio del Canal y de su propiedad.

1.1. USOS CIUDADANOS DEL CANAL Siendo el Canal Imperial la clave de este paseo, parece razonable preguntarnos el qu esperan los zaragozanos de las actuaciones a realizar en el Canal. Del contacto con asociaciones, colectivos vecinales y ciudadanos que se produce en el trabajo diario municipal, se podra concluir que: Esperan o reclaman la recuperacin del Canal para usos recreativos y de ocio. Se valoran sus mrgenes como lugar de paseo, conservando y mejorando la vegetacin existente. 331

Jos Javier Mozota Bernad y Julio Daz-Palacios Garca

El Canal se ve como lnea de vida, corredor verde, que deber conectar distintos parques y zonas verdes de la ciudad. Algunos proponen el uso turstico del Canal, como va de navegacin y de ocio; restaurando sus obras civiles para convertirlas en hostales, paradores, etc. Otros proponen la recuperacin de las obras civiles y maquinaria de molinos, batanes, esclusas y almenaras para fines didcticos. Para ello, se precisara la completa catalogacin de estos elementos singulares y la fundacin de un Museo del Agua. Muchos esperan que las actuaciones en el Canal posibiliten el cicloturismo por los caminos de servicio, potencien la pesca deportiva, aumenten la flora y la fauna, y promuevan el desarrollo de la navegacin deportiva, turstica y recreativa. Es decir, aparece una gran demanda social de potenciar el uso recreativo. Algunos llegan a ver el Canal Imperial como un medio natural con flora y fauna caracterstica.

1.2. EL CANAL, OBRA PBLICA EN SERVICIO Parece oportuno recordar que un canal es un cauce artificial que conduce el agua. El Canal Imperial es un cauce artificial, que se construy hace ms de doscientos aos para dos utilidades, el riego y la navegacin. El Canal proyectado naca en Fontellas (Navarra) y deba desembocar en el Ebro en Sstago. El Canal no lleg a Sstago, apenas pas de la almenara de S. Antonio, a media legua de Zaragoza, antes de llegar a La Cartuja. El Ebro no lleg a ser navegable desde Tudela hasta Tortosa y no se alcanz el objetivo de hacer del ro un eje de transporte. Con el desarrollo del ferrocarril, el Canal perdi el uso de navegacin. Hoy en da, los dos usos fundamentales del Canal son el abastecimiento y el regado. El Canal Imperial ha posibilitado, y posibilita el desarrollo econmico de todo un territorio de unas 30.000 ha, en la margen derecha del Ebro, y de ms de 100 km de longitud. De esta obra pblica se abastecen ms de 600.000 habitantes y hace posible la actividad agrcola, industrial y de servicios a lo largo de una estrecha banda del territorio paralela al Ebro. En este territorio, nicamente hay vida donde llega el agua, esto es, a lo largo de unos estrechos corredores o franjas paralelas a los ros. El resto es un desierto de frgil vegetacin, sin poblacin, ni actividad econmica, a causa de las escassimas precipitaciones y la falta de agua. Cualquier actuacin urbanstica en el paseo de Coln deber preservar y respetar el funcionamiento y la explotacin del Canal Imperial, que es 332

Reforma del paseo de Coln en el Canal Imperial

una obra pblica en servicio, fundamental para la vida y la actividad econmica del territorio, y que adems tiene voluntad de seguir siendo una infraestructura bsica con la prevista ampliacin y prolongacin del Canal, una vez construido el embalse de La Loteta.

1.3. UN CANAL QUE SE DESMORONA La inestabilidad en que se encuentran los cajeros del Canal, plantea un grave problema a la hora de urbanizar las mrgenes del mismo. El Canal no dispone de un revestimiento que fije el cauce y evite la erosin de sus cajeros. Al circular, el agua socava la arcilla de una margen y la deposita en la otra. Se producen as hundimientos y deslizamientos de cajeros que arrastran rboles, caminos de servicio del canal y en la ciudad, barandillas y aceras. Antiguamente eran constantes los trabajos de limpieza y dragado del Canal en la zona del paseo de Coln, mediante el empleo de barcazas. Un canal sin revestir requiere para su conservacin y limpieza el empleo de mucha mano de obra y maquinaria, as como efectuar cortes de larga duracin para llevar a cabo estos trabajos de limpieza. En estos tiempos, no son alcanzables los medios econmicos para mantener un canal de tierra y parece imprescindible proceder a su revestimiento.

Figura 1. Hundimiento por socavacin de las riberas.

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Jos Javier Mozota Bernad y Julio Daz-Palacios Garca

El tipo de revestimiento que deber tener el Canal, es motivo de preocupacin por el impacto que producir sobre la vegetacin de sus mrgenes. Los tcnicos de la Confederacin estn estudiando distintas soluciones que tratan de compatibilizar el revestimiento de la seccin del canal con el mantenimiento de parte de la vegetacin acutica. Para urbanizar, es preciso disponer de un cauce estable del Canal y de un suelo firme en sus mrgenes, donde poder asentar barandillas y viales. En la zona del paseo de Coln, el Canal no est revestido y se han producido hundimientos de su margen izquierda, ante Televisin Espaola y la clnica de San Juan de Dios, que se repararon en el corte de marzo del ao 1996. En el 94, tambin se repar parcialmente el paseo de Infantes de Aragn, al lado de la Institucin Virgen del Pilar, y en el 92 se repar en el paseo del Canal, antes de la Quinta Julieta.

2. EL PASEO DE COLN, VA BSICA Sobre una calzada de 7 metros de anchura, el paseo de Coln soporta un intenso trfico, del orden de 20.000 vehculos al da entre los dos sentidos de circulacin. Se puede decir que el paseo de Coln est ocupado permanentemente por una continua fila de vehculos en cada sentido de circulacin, que con el ruido y el humo que producen, hacen desagradable el paseo peatonal por sus aceras. La reduccin y eliminacin de este pernicioso trfico sobre las mrgenes del Canal, ser posible mediante la creacin de itinerarios alternativos que en el futuro se basarn sin duda en la prolongacin de la Va de la Hispanidad, ms conocida como Tercer Cinturn.

3. EL PASEO DE COLN Y EL PLANEAMIENTO URBANSTICO La zona de actuacin del proyecto del paseo de Coln est calificada como suelo urbano. Existen viviendas consolidadas, tanto en el paseo de Coln como en la va de Pignatelli. Las alineaciones y rasantes estn perfectamente definidas por las edificaciones existentes, con sus fachadas, umbrales, accesos y badenes. El planeamiento vigente, el Plan General de Ordenacin Urbana de 1986, determina de un modo completo el espacio disponible. Se dispone del espacio que hay entre edificios, no hay ms. En esta zona tan urbana, con viviendas relativamente nuevas, la redaccin de un Plan Especial del Canal no aportara nada, slo podra servir, para retrasar la necesaria remo334

Reforma del paseo de Coln en el Canal Imperial

delacin y renovacin del paseo, que se encuentra en un lamentable estado de abandono.

4. ESTADO ACTUAL DEL PASEO El intenso trfico rodado establece su hegemona respecto del resto de posibles usuarios del paseo de Coln. El firme de la calzada se encuentra casi agotado. Las permanentes labores de bacheo, son parches que permiten mantener la vialidad de una calzada que precisa ser renovada. Las aceras en ocasiones se encuentran sin pavimentar o con pavimentos provisionales, tal como sucede ante el Gobierno Militar, en otras ocasiones los pavimentos se encuentran en mal estado, desgastada su superficie, levantada la solera por la accin de las races, ms baja su superficie que el nivel de la calzada recrecida en sucesivas operaciones asfalto. Al igual que en la calzada, en las aceras es preciso renovar los pavimentos. Las barandillas y el mobiliario urbano estn totalmente degradadas. Las reparaciones que se han llevado a cabo en estos ltimos aos, han sido muy provisionales. La inestabilidad que presentaban los cajeros, desaconsejaban llevar a cabo reparaciones en profundidad, ya que no exista base slida sobre la que apoyar la nueva barandilla. La actual barandilla es todo un muestrario de vallas diversas formado por restos de la barandilla original, parcheado con vallas de vialidad y aguas, con vallas de polica o con malla galvanizada, que dan al conjunto un aspecto cochambroso que requiere la total renovacin. Tanto la red de abastecimento de agua, como la de alcantarillado y como la instalacin de alumbrado pblico, por su antigedad, se encuentran en un estado que hace necesario proceder a su renovacin.

5. REFORMA PROYECTADA La reforma proyectada del paseo de Coln respeta los usos actuales del Canal, de abastecimiento y riego. La explotacin del Canal ser compatible con esta reforma y la calidad del agua no sufrir ninguna alteracin. El proyecto prev la eliminacin de un sentido de circulacin, el que va del paseo de Renovales al puente de Amrica, con la supresin del carril correspondiente. Ese espacio que se detrae de la calzada, permitir la formacin de un carril bici y la ampliacin de la acera de la margen del canal. 335

Jos Javier Mozota Bernad y Julio Daz-Palacios Garca

Entre la avenida de San Jos y el puente de Amrica se mantendrn los dos sentidos de circulacin por estar as aprobado en el planeamiento y ser exigido por el Servicio Municipal de Trfico. Ante el puente de Amrica, las aceras de la margen izquierda del Canal se ensancharn formando dos lbulos, que ampliarn el espacio peatonal que conduce al puente. El trfico de la interseccin entre el paseo de Cullar con el paseo de Coln y con el paseo del Canal, se ordena en el proyecto mediante la construccin de una glorieta. El proyecto es totalmente respetuoso con los hermosos pltanos y dems arbolado existente. Se ha tenido especial cuidado en el diseo de los viales para conservar todos los rboles. Las obras proyectadas consistirn en la renovacin de los servicios municipales de abastecimiento de agua, alcantarillado y alumbrado pblico, la demolicin de los actuales pavimentos de calzadas y aceras, y la nueva pavimentacin de ambas formando un carril bici entre ellas. Las nuevas barandillas son el elemento singular al que el proyecto encomienda la misin de caracterizar y dar una personalidad propia a este paseo. Para finalizar, hay que sealar que estas obras a realizar en el paseo de Coln se describen en el Proyecto de Mejora y Acondicionamiento de las Riberas del Canal entre el Paseo de Renovales y la Avda. de San Jos, que fue redactado por un equipo de tcnicos municipales, y fruto de la colaboracin entre las secciones de Proyectos y de Diseo Urbano, del desaparecido Servicio de Ejecucin de Planeamiento de la Gerencia de Urbanismo. El presupuesto de estas obras alcanza un importe de 399.696.968 pts. El plazo previsto para la ejecucin de estas obras es de 12 meses. La Unin Europea financiar el 80% del coste de ejecucin de estas obras, con cargo al Fondo de Infraestructuras para la mejora del medio ambiente de las corporaciones locales.

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Reforma del paseo de Coln en el Canal Imperial

Figura 2. Barandillas originales desaparecidas o en precario estado.

Figura 3. Aspectos del proyecto inicial.

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Jos Javier Mozota Bernad y Julio Daz-Palacios Garca

Figura 4. Reforma proyectada (sector del Puente de Amrica).

EL CORREDOR VERDE DEL HUERVA


Manuel FERRNDEZ VALENZUELA

Hay que sealar como elemento dinamizador de la recuperacin de las mrgenes del Huerva, la singularidad de su ubicacin en un entorno urbano que poco a poco va transformndose mediante el proceso urbanizador de la ciudad. La sustitucin de usos no deseados en el corazn de sta y sobre todo el impulso dado a la red arterial, mediante la prolongacin del camino de Las Torres y ejecucin del puente de Las Fuentes, se liberan unos espacios marginales de los antiguos huertos prximos al ro Huerva que ha permitido recuperar unos suelos cuyo destino lgico era mejorar el sistema verde del centro de la ciudad. El Plan General de 1986 contemplaba esta demanda de suelo, y en unas previsiones propone la calificacin de estos espacios como zona verde estructurante del corredor verde del Huerva. La ampliacin del parque Bruil, mediante la renovacin del antiguo Cuartel de Sementales (pequeas cesiones de suelo destinadas a espacio verde) junto con la margen izquierda del ro Huerva, completan la actuacin del rea de transformacin. La recuperacin de las orillas del Huerva se inicia con la 1 fase, actualmente terminada, que incluye los antiguos terrenos del Candromo. Contina con la 2 fase ya ejecutada del parque de las Glorietas, hoy llamado de las Glorietas de Goya, y finalizar con el desarrollo del presente proyecto, llamado del Azud. Las mrgenes del ro Huerva constituyen el elemento verde lineal que todava protege y adorna el cauce del ro. Entre la margen derecha y el parque de las Glorietas discurre el viario que en su tramo central dispone de un ensanchamiento sinuoso, lo que proporciona a las medianas e isletas una configuracin que permite la conexin de la calle Conde de Asalto a travs de la transversal (C/ Jorge Cocci), incorporarse al viario del 2 cinturn, y dar salida del flujo de trfico interior del Casco, hacia la periferia. 339

Manuel Ferrndez Valenzuela

Todo este viario se encuentra rodeado por espacios verdes, que confieren al conjunto una amortiguacin del impacto visual del automvil. Cuando la vegetacin de los espacios verdes recientemente terminados, as como la de los proyectados se encuentre desarrollada, la visin paisajstica del corredor verde multiplicar sus efectos. La barrera fsica que significa un viario de tanta envergadura quedar minimizada, al haber introducido arbolado de proteccin mediante la plantacin de pantallas con especies diferentes que combinarn porte, color y forma. Al proyectar el primer espacio, parque del Candromo, se proponen unos espacios de relacin, cuya finalidad es potenciar el uso del parque. Los recorridos entre unos y otros, las plazas, glorietas de acceso y estancias son conectadas a travs de unos andadores que generan los itinerarios que permiten estructurar linealmente el espacio. Cuando se afronta el proyecto del parque de las Glorietas surge como elemento integrador de todo el corredor la figura geomtrica-espacial de la rotonda, que permite, al distribuir el espacio, establecer unos ejes sobre los que gravita el recorrido espacial. A su vez, se proyectan glorietas porticadas que invitan a la penetracin, recorridos lineales diagonales que convergen en el gran ncleo central donde se ubica el centro de relacin y, por ltimo, se introduce un tercer elemento identificador de lo que ser el parque Lineal, el vallado protector-complementador con la pantalla vegetal, que a la vez que separa, protege. Con estos parmetros, se inicia la proyeccin del resto del parque, teniendo en cuenta los nuevos condicionantes que aparecen como son: colindancia del parque Bruil, conexin con la desembocadura del Huerva en el Ebro y, por ltimo, integracin con el Centro Deportivo Municipal Alberto Maestro, que precisamente en su lmite con la margen derecha del Huerva, ha establecido unos elementos arquitectnicos muy rotundos como son los muros de contencin de tierras y cerramiento de las instalaciones deportivas. La idea generadora de espacios de relacin, intercalados sucesivamente en el recorrido lineal, as como las glorietas que invitan a acceder al parque, complementan el elemento protector del vallado perimetral identificador de todo el conjunto. Dentro del programa de necesidades que se plantea la 3. fase del Parque Lineal, destacamos la continuidad del carril-bici, que llega a incorporarse con la margen derecha del parque Lineal del Ebro, y la implantacin de pasarelas, que permiten el acceso a ambas mrgenes as como al Centro Deportivo, llegando desde el Casco Histrico del ncleo a travs de su paso por el parque Bruil. 340

El corredor verde del Huerva

Igualmente se sitan glorietas de estancia, orientadas como carasoles, en la segunda terraza de la margen derecha, as como en el mbito de mayor superficie situado en la margen izquierda junto al parque Bruil, se disea un espacio principal, en el que se aglutina un posible embarcadero junto al azud que en su da se ejecute. De este ncleo de relacin, ms urbanizado dada la pluralidad de usos a que est destinado, se bifurcan en sentido lineal sendos paseos enarenados, uno conectado con el parque Bruil a travs de una escalinata semicircular, situada junto al antiguo muro de fbrica que se conserva y que constitua el cerramiento de la finca origen del parque Bruil, y otro desdoblado en triple paseo con platabandas arbolados que sucesivamente se ensancha en dos nuevas plazas que llegan hasta la fachada del paseo de Echegaray y Caballero. La unin de stas queda singularizada mediante la instalacin de sendas fuentes en sus extremos y un canal central, como motivo ornamental y ldico. En el entorno inmediato de la glorieta principal, se prev y reserva espacio para ejecutar un embarcadero, una vez que se haya ejecutado el azud, mediante el cual se obtiene una lmina de agua de altura constante, que permite utilizar este tramo del ro para ubicar un recinto deportivo-recreativo, cuya conexin en el Ebro ofrecer la posibilidad de introducir los deportes nuticos y as valorar y potenciar el uso y disfrute de las mrgenes, de los ros y de los parques. Las glorietas de accesos desde el camino de las Torres son semejantes a las diseadas en el parque de las Glorietas, con prticos abocinados que enmarcan las entradas y conectadas con los recorridos peatonales y el carril-bici. El vallado-cerramiento tiene el mismo diseo, con un muro-banco hacia el interior del espacio verde, y una valla de proteccin para evitar la salida hacia el viario rpido que discurre perimetralmente. SUPERFICIE MBITO DEL CORREDOR VERDE DEL HUERVA
Parque Bruil Corral de la Lea Parque Lineal del Huerva (tres fases) Medianas de camino de las Torres Taludes del puente de Las Fuentes SUPERFICIE TOTAL 33.420 m2 4.044 m2 73.757 m2 10.865 m2 22.334 m2 144.420 m2

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Manuel Ferrndez Valenzuela

Figura 1. Vista panormica de dos diagonales y centro del parque de las Glorietas de Goya (2 fase del parque Lineal del Huerva). La fuente central del conjunto se complementa con la fotografa de abajo.

Figura 2. Parque de las Glorietas de Goya.

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El corredor verde del Huerva

Figura 3. Vista de una de las mrgenes del ro Huerva en el parque del Azud (3 fase del parque Lineal), en la que se contempla, la pasarela y la rampa que da acceso, para llegar a ambas mrgenes.

Figura 4. Vista de uno de los accesos al parque Lineal del Huerva, desde una de las glorietas enmarcados con un prtico que da paso al interior del parque.

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Manuel Ferrndez Valenzuela

Figura 5. Parque Lineal del ro Huerva y parque de Bruil.

Figura 6. Tramo final del parque Lineal y desembocadura del ro Huerva en el Ebro.

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EL EBRO: PARQUE LINEAL DE ZARAGOZA


ngel M. JLVEZ HERRANZ

1. INTRODUCCIN En primer lugar quiero manifestar mi agradecimiento a la Organizacin de este ciclo por los efectos positivos que estoy seguro reportar a la ciudad, y seguidamente quiero igualmente mostrar mi satisfaccin a ustedes por su asistencia ya que estoy tambin seguro de que compartimos un inters comn: el Ebro. He de hacer a continuacin dos reflexiones que pueden parecer obvias. La primera es sealar que ste es un trabajo en equipo con mltiples y valiosos participantes y la segunda que en el tiempo limitado de esta exposicin es prcticamente imposible abordar toda la problemtica del ro, mucha de la cual, por otra parte, ya ha sido expuesta con gran acierto. He de confesar igualmente que a estas alturas de las Jornadas decir algo nuevo es muy difcil. Todo o casi todo se ha dicho o se ha dejado entrever. Sin embargo, su recapitulacin puede ser muy til como fuente de debate y puerto de partida hacia nuestro fin comn de recuperar el ro. La exposicin que voy a desarrollar tiene tres partes: el Ro hoy, la propuesta inicial de ideas y el azud en el Ebro. Terminar con unas consideraciones a modo de eplogo o colofn.

2. EL RO HOY En Zaragoza el ro por antonomasia, nuestro ro, es el Ebro. En esta primera parte de la exposicin se pretende recordar, a travs de imgenes y datos ya conocidos, su situacin y sus caractersticas ms notables. 345

ngel M. Jlvez Herranz

La caracterstica bsica del ro es la irregularidad. El caudal puede variar perfectamente entre los 20 y los 4.200 m3/s, valores ambos alcanzados en los ltimos cincuenta aos. De forma abreviada el rgimen hidrulico presenta esta variacin:
Caudal Mnimo ........................................................ Medio ........................................................................ 20 m3/s 250 m /s
3 3 3

( 1/1 ) (12,5/1 ) (100/1 ) (250/1 )

Avda. Ordinaria ........................................................ 2.000 m /s Mximo (100 aos).................................................. 4.450 m /s

La oscilacin de los caudales flucta entre valores relativos tan dispares como 1 y 250. La pendiente media del cauce en el tramo urbano es de 0,000538. Los usos seculares del ro en la ciudad han sido fundamentalmente derivar aguas para beber, detraer agua para regar y aprovechar la capacidad de arrastre y autodepuracin para evacuar tanto residuos lquidos como slidos. La preocupacin histrica de los habitantes de la ciudad se ha centrado con prioridad en dos aspectos bsicos, la defensa frente a las avenidas y el paso del ro. Fruto de la primera de ambas es la construccin de los muros ya histricos de San Lzaro y del Pilar, los muros recientes de Echegaray y Caballero y de Actur Puente de Santiago as como las motas de tierra en zonas periurbanas. Reflejo de la segunda de las preocupaciones puede ser el salto cuantitativo que se puede apreciar entre las obras de paso existentes en el plano de Zaragoza de D. Casaal de 1889 y las previstas en el Plan General vigente que a buen seguro se ejecutarn en los prximos aos. En 100 aos la ciudad ha pasado de tener un puente histrico, el de Piedra, a contar con siete en estos momentos y a tener otros tres pendientes de prxima realizacin. Sin embargo, otros aspectos que ahora consideramos vitales han estado totalmente abandonados. Consecuencia de ello es la situacin que el ro presenta constatable a simple vista. El cauce aparece en todo el tramo urbano abarrancado, con orillas abruptamente ataluzadas por causa del constreimiento espacial a que se ve sometido por el uso abusivo de sus riberas sustradas inexorablemente al cauce de inundacin elevando artificialmente las rasantes. Todo ello con una secular tolerancia generalizada y aun socialmente fomentada por el temor a las avenidas. Las preocupaciones actuales, sin embargo, una vez satisfechas aquellas histricas de defensa y paso, se centran en otros aspectos ms ambientales como son la depuracin de las aguas, la integracin del ro en la ciudad y en definitiva su regeneracin como una respuesta fiel al mandato de la Constitucin de defender y restaurar el medio ambiente (artculo 45.2). 346

El Ebro: parque lineal de Zaragoza

Una vez resuelta prcticamente la necesidad de depurar, ya hemos odo anteriormente en esta sala a J. R. Entralgo que se depura el 90% de los vertidos de la ciudad, nuestra preocupacin ms acuciante es sin duda la integracin del ro en la ciudad, necesidad evidente y ampliamente reclamada por los ciudadanos. La conclusin de esta primera parte de la exposicin podra resumirse en esta frase: el Ebro, ro de contradiccin. O dicho con palabras de R. Marcuello en una intervencin anterior, el ro, una paradoja. En efecto, tenemos un ro singular y a la vez escondido e inaccesible. El Ebro se muestra en las mejores imgenes de la ciudad y a la vez es una de nuestras mayores vergenzas. Y en todo caso ha sido fuente de mucha retrica y de escasas realizaciones.

3. PROPUESTA INICIAL DE IDEAS La razn de ser del trabajo que a continuacin voy a exponer es detener y eliminar la degradacin existente en el ro conscientes de su carcter multiplicador, o lo que es lo mismo corregir los aspectos negativos que acabamos de resear y, en todo caso, potenciar el valor del ro como hbitat natural y urbano. Su ttulo habla de ideas y se propone como inicial, no por pretender ser la primera, sino por intentar ser desencadenante de otras. El documento recoge en su cartula como una advocacin la imagen venerable de un anciano o de un dios mitolgico que representa al ro Ebro segn el anagrama de Jernimo Zurita. El carcter de la propuesta se podra definir como positiva frente a posturas quietistas o no intervencionistas, abierta y, por lo tanto, sujeta a crticas, correcciones y aportaciones, integrable en un marco global de actuacin y multisectorial por contemplar aspectos de saneamiento, tratamiento de riberas, equipamientos, planeamiento, etc. Las actuaciones propugnadas se basan en el estudio cercano del ro y en el anlisis de propuestas anteriores. Intenta aplicar las experiencias de otros lugares puestas de manifiesto por los conferenciantes dentro de nuestra peculiaridad y recoge ideas ya conocidas, la mayora, y otras de nueva aportacin. Nuestra actitud frente al ro se resume en unas premisas bsicas, lo que se podra llamar el status del ro. Consideramos que el Ebro es un ente natural portador de vida y con altos valores ecolgicos, defendemos su carcter de bien pblico de uso no privativo de nadie y creemos que es una verdadera fuente de disfrute y calidad de vida ciudadana. Los objetivos de esta propuesta, o dicho en palabras de otro de los conferenciantes, J. M. Llop, las obsesiones de nuestro trabajo, son la defensa abierta de los mrgenes habitados, la proteccin del ro como espacio natural singular y su integracin en la ciudad. 347

ngel M. Jlvez Herranz

La defensa de la ciudad frente a las avenidas pasa por la apertura del cauce siempre que es posible y por la adopcin de medidas fsicas de proteccin frente a las avenidas inferiores a los 100 aos (4.750 m3/s) denominadas ocasionales en el Reglamento de Dominio Pblico Hidrulico. Hay que recordar que la avenida del ao 1961 con sus 4.130 m3/s tuvo este carcter. Frente a avenidas mayores, las denominadas excepcionales, se proponen medidas activas de informacin por la imposibilidad fsica de dar una solucin material satisfactoria. Recordamos aqu las enseanzas al respecto de J. [Link] en esta misma sala hace unos das sobre las recomendaciones de proteccin ante estos fenmenos. La gravedad y trascendencia de esta cuestin para la ciudad obliga a recalcar una vez ms la necesidad de regulacin aguas arriba de los caudales del ro, medida que pasa fundamentalmente por los embalses de Yesa e Itoiz. Hay que tener presente tambin aqu, de nuevo lo dicho por otro de nuestros conferenciantes, C. Ferrer, al recordar que la regulacin actual del ro es la misma que exista en 1961 cuando ocurri la avenida centenaria antes mencionada. En estos aspectos la memoria social es, desgraciadamente, corta e incapaz muchas veces de adoptar soluciones frente a fenmenos posibles que de producirse pueden ser dramticos. La consideracin del ro como espacio natural singular nos ha llevado a proponer una zona de proteccin para el mismo de 200 m en ambas mrgenes contados desde las orillas o ms concretamente 100 m ms que la zona de polica definida en el Reglamento de Dominio Pblico Hidrulico, por considerar que en este caso la misma puede ser insuficiente. Con ello pretendemos dar al ro el espacio que es del ro y mantener su capacidad de desage. Dentro de esta consideracin se encuadra igualmente nuestra preocupacin por el ro como ecosistema pretendiendo crear un rea de gran diversidad como dijo aqu anteriormente J. M. Urea. Se trata de compaginar reas fluviales urbanas con reas fluviales naturales donde se mantengan sotos, playas, arboledas y hasta un parque lineal con una lmina de agua utilizable. Para ello los tratamientos de riberas debern ser naturales y ceirse a una hipottica configuracin natural en algunos casos irrecuperable. En todo caso existir una especial atencin por no disminuir ni la vegetacin ni la rugosidad del cauce. Nuestro objetivo de integracin del ro en la ciudad se debe traducir en acentuar su papel estructurante, no asignndole un mero papel de fachada. El ro debe ser atractor (expresin con fuerza grfica utilizada en las teoras del caos) de equipamientos y aspirar no a ro salvaje, imposible de conseguir, sino a ro humanizado como ha dicho en otros foros el actual director de Obras Hidrulicas nuestro ilustre conciudadano Carlos Escartn. Para ello, aspecto imprescindible en nuestras actuaciones ser la accesibilidad para el uso de un ro limpio y verde o, dicho de otra forma, vivo. 348

El Ebro: parque lineal de Zaragoza

Expuestas las consideraciones anteriores, es el momento de describir la configuracin fsica de nuestra propuesta que se extiende desde el puente de la Autopista Ronda norte hasta el ro Gllego. En primer lugar, hay que decir que la propuesta no es excluyente y pretende colocar a cada cual en su sitio, ante todo porque el ro ms bien est falto de apoyos que sobrado de ayudas, y tambin porque su geografa es amplia y variada y capaz de acoger de forma ordenada todas las actividades ciudadanas. En segundo lugar, cabe definir nuestra opcin como ambiciosa y pormenorizada. En ella se plantea desde un parque de 365 ha hasta puestos de pescadores, desde clubs nuticos y discotecas a museos temticos y la recuperacin de un puerto romano, desde nuevas vas de servicio a viajes en golondrina, desde paseos para bicicletas a nuevos puentes peatonales, desde la proteccin de espacios inundables a la creacin de nuevos jardines, desde la creacin de nuevas defensas a la modificacin del planeamiento y situaciones de hecho para dar ms espacio al ro. Las ideas fuerza de actuacin se centran en el parque Lineal, en el parque del Gllego, en el parque del Huerva, en el parque del Meandro y en el Azud. El parque Lineal est constituido por el tratamiento propiamente dicho de riberas. Debe ser el ms accesible a la poblacin y su continuidad puede ser de unos 8 9 kilmetros. La accesibilidad al ro se logra mediante el escalonamiento o aterrazamiento en tres niveles. El nivel superior es el de las instalaciones con carcter definitivo y debe situarse por encima de la avenida de los 100 aos o estar defendido de la misma con elementos artificiales como motas o muretes integrados en el espacio urbano o natural. En este nivel se sitan los equipamientos sociales y los parques urbanos como el de San Pablo y de Las Teneras de prxima ejecucin. El nivel inferior se sita junto a las aguas correspondientes al caudal medio del ro, unos 250 m3/s o bien junto a la lmina estable que se pueda crear. Este nivel se configura, las ms de las veces, como un andador y en todo caso es inundable con una periodicidad de varias veces al ao. Integra tambin amplios espacios naturales como la denominada playa de los ngeles en el barrio de la Almozara, y la zona interior del meandro de Ranillas que se respetan totalmente y que, por lo tanto, se encuentran igualmente en esta situacin de inundabilidad. El nivel medio se situar justo por encima de la avenida ordinaria, aproximadamente uno 2.000 m3/s y ser inundable ocasionalmente con una periodicidad de una vez al ao como media. El tipo de actuacin en cada nivel est totalmente condicionado por su inundabilidad, establecindose en la propuesta un cuadro de actividades 349

ngel M. Jlvez Herranz

compatibles en cada uno. Igual sucede con los materiales a utilizar que en todo caso tendrn una estabilidad suficiente y a la vez lo ms ajustada posible con objeto de minimizar su impacto. En todas las intervenciones estar presente la vegetacin autctona de ribera compatible con las avenidas como elemento cohesionador. Hay que destacar el uso de elementos denominados blandos como escolleras y taludes, la intencin de ablandar el impacto de los muros actuales creando paseos adosados a los mismos y el respeto total a espacios naturales dignos como la arboleda de Macanaz y las zonas bajas no habitadas. Tambin cabe destacar la propuesta de nuevos pasos peatonales sobre el ro con una rememoranza de la antigua pasarela colgante que unira Puerta de Sancho con puente de Santiago. La segunda accin significativa es el parque fluvial del Gllego. Plantea un tratamiento lo ms natural posible en el tramo bajo del ro junto a su desembocadura. No contempla canalizaciones ni encauzamientos ni rectificaciones del cauce. Se respeta el curso errtico y meandriforme y se incorporan al parque los suelos inmediatos inundables con actuaciones de limpieza y plantaciones de ribera sin alterar su configuracin. La actuacin en el ltimo tramo del Huerva es la tercera idea fuerza de la propuesta global. Se trata de unir el denominado parque Lineal del Huerva con el sistema de zonas verdes del Ebro creando un continuo de considerable magnitud. Esta actuacin ser de las que se acometan de forma preferente con el apremiante objetivo de recuperar para el Huerva la dignidad perdida. La cuarta idea bsica es el parque del Meandro. Abarcara terrenos en ambas mrgenes del ro tanto en el meandro de Ranillas como aguas arriba de la Almozara con una superficie estimada de 365 ha. Es un proyecto ambicioso que ampla superficies ya consideradas anteriormente y que sera necesario proteger con presteza. En esta gran rea predomina la diversidad incluyendo desde parques naturales en zonas inundables simplemente protegidas y restauradas, como es el interior del meandro, hasta nuevos parques urbanos recreativos junto a ncleos habitados, con espacios para actividades ldicas y deportivas relacionadas con el agua, etc. El azud como elemento importante en el ro se comenta de forma independiente en la siguiente y ltima parte de esta exposicin. La propuesta global que se expone se completa, adems, con numerosos detalles de actuaciones concretas en orillas y en su entorno inmediato que sera prolijo enumerar, y que en conjunto pretenden la integracin de este espacio central de la ciudad en su sistema de parques y zonas verdes tal como tambin expuso hace unos das aqu M. Ramos en su intervencin. La conclusin de esta propuesta podra resumirse en este enunciado: El Ebro, Parque Central de la Ciudad. Quiz se trate de una nueva contradiccin por pretender conjugar lo natural y lo urbano o lo que es lo mismo compatibilizar objetivos ecolgicos con usos recreativos como nos dijo A. Ollero al 350

El Ebro: parque lineal de Zaragoza

hablar sobre ecogeografa del ro. Sin embargo, consideramos que la misma da respuesta vlida a una necesidad perentoria y a la vez refuerza nuestro cambio de apreciacin. Es preciso evolucionar de nuestro concepto de ro vertedero e imagen de temor, a ro vivo, ro amigo y ro sea de identidad. El Ebro no slo debe ser el espejo sino el mismo reflejo o semblante de Zaragoza.

4. EL AZUD La tercera parte de esta exposicin que se inicia ahora est dedicada al Azud. En primer lugar, es preciso aclarar que no se trata de crear en el Ebro un azud propiamente dicho, entendido como obra transversal de derivacin de caudales, sino que en realidad se trata de una represa mvil de control de niveles para crear una lmina estable de agua utilizable con bajos caudales. Esta represa no tendr fines energticos ni de riego ni ningn otro condicionante en su explotacin. Hay que decir que esta idea de estabilizacin no es nueva y ya fue planteada en intervenciones ciudadanas por ngel Escoriaza en 1954, Miguel Mantecn en 1956 y Manuel Labordeta en 1957. Para avanzar en la misma se ha considerado preciso realizar un estudio riguroso de viabilidad y a tal fin se firm un convenio entre el Ayuntamiento y el Centro de Estudios y Experimentacin de obras pblicas del antiguo Ministerio de Obras Pblicas, Transporte y Medio Ambiente. En estas fechas el trabajo no est concluido aunque s muy avanzado habindose realizado tareas de campo para obtener nuevos perfiles batimtricos, y mantenido reuniones de trabajo con Confederacin Hidrogrfica del Ebro, Diputacin General de Aragn, etc. Los condicionantes bsicos que se estn analizando, con unas consideraciones iniciales, son, entre otros, los siguientes: Rgimen hidrulico. Se evitarn alteraciones negativas para los diferentes caudales y en especial en mximas avenidas. Nivel fretico. Para impedir inundaciones por su alteracin se situar la lmina por debajo de las soleras de los stanos ms prximos. Regulacin de la explotacin. Se establece la mxima variacin en los caudales circulantes en +/- 20% al objeto de no provocar afecciones aguas abajo, ni por reduccin ni por aumento incontrolado de caudales. Calidad de las aguas. Ser preciso actuar sobre los vertidos en el Ebro y en el Huerva tanto de la ciudad como de otros municipios. Las polticas de agua sostenibles que planteaba M. Allende as lo requieren. Asimismo, ser necesario realizar un control permanente de la calidad de las aguas. Se calcula que la renovacin del agua embalsada pueda producirse en 12 horas con un caudal de 30 m3/s. 351

ngel M. Jlvez Herranz

Arrastres y sedimentaciones. Mediante la apertura de compuertas con aguas altas se permitir tanto el paso de arrastres como la eliminacin de sedimentos. Funcionamiento de colectores. Ser preciso prever el funcionamiento de los aliviaderos en la zona estabilizada. Aspectos biolgicos. Ser preciso prever escalas de peces de uso permanente, as como proceder a abrir las compuertas en pocas de migracin. Integracin en el tratamiento del ro. La obra del azud deber potenciarse como un elemento ms de atraccin en todo el ro y lgicamente el tratamiento de riberas en esta zona se acomodar a la nueva realidad de la lmina del agua. Se tratara en muchos aspectos de integrar el azud en un plan de gestin dinmico como nos dijo hace unos das R. Gutirrez. Dentro del estudio se consideran diversas alternativas para el establecimiento del azud. En cuanto a tipologa se han analizado azudes fijos, inflables y de compuertas. En cuanto a la ubicacin, se comparan emplazamientos aguas arriba del puente del ferrocarril, entre ste y la desembocadura del Gllego y aguas abajo de este punto. Igualmente se estudian diversos calados examinando su influencia en el entorno. La solucin bsica que en principio se perfila como ms viable se ubicara aguas arriba del puente del ferrocarril a la altura del parque de Vadorrey y dispondra de ocho vanos de 25 m de los cuales seis seran completamente abatibles. La altura previsible sera de unos 3,60 m con objeto de lograr de 0,50 a 1,00 m de calado en el puente de Piedra dada la variabilidad de la rasante de sus ojos. La cota resultante de la lmina de agua sera 189,80 m. La longitud en que se observara la influencia de la estabilizacin sera aproximadamente de 4.120 m. Las conclusiones que de momento parecen desprenderse de este estudio que, como hemos dicho se encuentra muy avanzado, adelantan que el azud sera viable tcnicamente con ciertas recomendaciones y que el mismo representara un valor aadido al ro a integrar en un tratamiento global. En definitiva, el azud debera considerarse como una opcin singular cuya factibilidad estara condicionada al logro de un amplio consenso social y a una efectiva colaboracin institucional.

5. EPLOGO Con lo expuesto concluira la disertacin prevista. Sin embargo, antes de terminar deseara formular unos comentarios a modo de resumen o eplogo o tal vez deseo. Se tratara en suma de dar respuesta a las preguntas 352

El Ebro: parque lineal de Zaragoza

bsicas de: Qu hay que hacer, Quin, Cmo y Cundo en relacin al tema que nos ocupa. Qu hay que hacer? Convertir el Ebro en el parque central de la ciudad. Se tratara de considerar esta empresa, recordando a uno de nuestros conferenciantes anteriores, J. Blasco, en la candidatura a la Expo que Zaragoza necesita para lograr un verdadero y sugerente objetivo social. Quin debe hacerlo? La respuesta nos la habra dado tambin aqu R. Fernndez al proponer un ente de gestin especfico basado en un acuerdo social e institucional. Cmo se realiza? Tambin tenemos respuesta en palabras de otro de nuestros conferenciantes, M. Gaviria, abordando el reto de hacer concurrir la Naturaleza y la Cultura. Cundo debe realizarse? Tambin aqu quiero recordar lo expuesto por F. J. Moncls. Nos deca que en Pars hace 400 aos se iniciaron planes como ste que ahora se muestran como ejemplos universales. Hora es, por tanto, de iniciar nuestra tarea y esperemos que la ayuda de estas conferencias nos permitan recorrer con acierto y presteza este camino estableciendo un acertado repertorio de actuaciones y una adecuada programacin.

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ngel M. Jlvez Herranz

Figura 1. Parque Lineal del Ebro en Zaragoza.

Figura 2. Sector del Meandro de Ranillas.

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El Ebro: parque lineal de Zaragoza

Figura 3. Desembocadura del Gllego.

Figura 4. Perfil transversal de la margen izquierda en el puente de Hierro o del Pilar.

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ngel M. Jlvez Herranz

Figura 5. Perfil transversal en el sector del puente de la Unin.

Figura 6. Perfil transversal en el sector de la nueva pasarela.

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El Ebro: parque lineal de Zaragoza

Figura 7. Seccin transversal del azud.

Figura 8. Imagen virtual del azud.

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MESAS REDONDAS

LA CALIDAD DEL AGUA


Pablo DE LA CAL

Presenta y modera esta Mesa Redonda D. Manuel Pinilla. Participan D. Manuel Allende, Director General del Agua de la DGA, D. Javier Celma, Jefe del Servicio de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zaragoza, y D. Jos Ramn Entralgo, del Ayuntamiento de Zaragoza. D. Manuel Allende, explica, en primer lugar, el marco competencial y la labor que desarrolla la DGA en los temas relativos al agua, y destaca que estas labores vienen arropadas por las competencias en Ordenacin del Territorio y Medio Ambiente y, en concreto desde el ao 1984, en los aspectos de abastecimiento, saneamiento y encauzamiento de ros en tramos urbanos y ayudas a municipios, siendo estos entes los responsables de la prestacin de los servicios. Comenta la Normativa vigente, con especial incidencia en dos Directivas europeas: la Directiva 91/676, relativa a la reduccin de la contaminacin de las aguas producidas por nitratos, y la Directiva 91/271, relativa al tratamiento de las aguas residuales urbanas. En su opinin, las disposiciones relativas al agua van a seguir progresando y van a establecer lmites cada vez ms estrictos para los usos y los vertidos, como consecuencia de los medios que la tcnica pone al servicio de la sociedad y como respuesta a la demanda creciente de la proteccin de la salud. Contina su charla con una detallada descripcin de la situacin actual de los ncleos de Aragn en dos campos concretos: el uso urbano del agua en el abastecimiento y en el saneamiento. Comenta los problemas de cantidad de recursos, de calidad (que son importantes y tienden a agravarse) y de gestin. En su opinin, los instrumentos para poner fin a estos problemas son el Plan Director de Abastecimiento a los Ncleos Urbanos de Aragn y el Plan Director de Aguas Residuales de Aragn, que se redact en 1989. En el desarrollo de este ltimo Plan se cuenta en la actualidad con gran cantidad de proyectos constructivos. 361

Pablo de la Cal

Por ltimo, realiza unos comentarios sobre el Proyecto de Ley de Saneamiento, que prev la aprobacin del Plan Regional de Saneamiento (actualmente en redaccin), y su posterior Reglamento, que regular el cobro del canon de saneamiento. D. Javier Celma expone los cometidos del Ayuntamiento de Zaragoza en materia de Aguas. En concreto se refiere a las funciones de los tres Departamentos del Ayuntamiento que tienen relacin con la calidad del agua en el Ayuntamiento: el Instituto Municipal de Salud Pblica, el Servicio de Salud del Agua y el Servicio de Medio Ambiente. Explica la Red de Estaciones de Calidad de que dispone el Ayuntamiento de Zaragoza desde 1984 en el Ebro, para controlar a travs del anlisis de seis parmetros (oxgeno disuelto, temperatura, conductividad, etc.) la calidad del agua en cada tramo del ro. Esta red est compuesta por tres estaciones: en El Bocal del Canal Imperial de Aragn, en la Estacin de la Almozara (en el Ebro), y en el Ebro, a la altura de la presa de Pina. A continuacin expone las variaciones de calidad y comenta las principales operaciones que afectan a la calidad del agua (vertido de nutrientes, vertidos de calor y explotacin en los terrenos adyacentes). Insiste en el tema de promover la estabilidad ecolgica, desde una intervencin decidida en el ciclo completo del agua. Como un canto a la esperanza, expone que todava existen peces, especies vegetales, y sotos ribereos que hay que preservar. D. Jos Ramn Entralgo expone que la calidad del agua en Zaragoza tiene un nivel aceptable y que ms del 80% de los zaragozanos beben agua del grifo. A pesar de ello, comenta que el panorama no es tranquilizador, ya que cualquier incidente en el Ebro o incluso un accidente en el Canal en poca de estiaje, puede suponer un cierto riesgo para el abastecimiento de Zaragoza. Por ello, insiste en la necesidad de un sistema de agua de calidad (ro Aragn o sistema del Cinca), que debe hacerse desde un planteamiento conjunto para todo el corredor del Ebro con las siguientes premisas bsicas: compatibilidad con los canales de regado, incompatibilidad con usos de ocio y, por ltimo, en unas condiciones econmicas aceptables. Debe tratarse de una iniciativa institucional que implique a la CHE, a la DGA y al Ayuntamiento de Zaragoza. Respecto a la racionalizacin del consumo de agua potable, expuso la existencia de dos redes de agua, ya que el riego de grandes superficies de zonas verdes se realiza mediante la extraccin de agua desde pozos, de forma independiente de la red de agua potable. Asimismo, comenta que, en materia de depuracin de aguas, Zaragoza est por encima de las exigencias de la Directiva europea 91/271, y que las redes secundarias y colectores que faltan por integrar (colectores de aguas residuales de Puerta de Sancho, depuracin del Polgono de Malpica, colectores del Bajo Gllego, depuracin de algunos barrios rurales, etc.) 362

La calidad del agua

suponen unas inversiones de unos 5.000 6.000 millones de pesetas, que resultan perfectamente asumibles para Zaragoza, estando de esta forma en condiciones para cumplir con los plazos marcados por esta Directiva. Por ltimo, plantea dos temas de inters: la prestacin de servicios conjuntos de abastecimiento y depuracin en la zona del rea Metropolitana de Zaragoza, y la incorporacin de Zaragoza en el Plan de Saneamiento de Aragn, aunque considerando unas condiciones especficas de negociacin de asuncin de las inversiones pendientes de financiacin. En el turno de preguntas, D. ngel Araoz cuestiona si en la nueva Directiva los polticos espaoles son conscientes de las particularidades de los ros de la cuenca mediterrnea. D. Manuel Allende le contesta afirmativamente, asegurando que los problemas de escasez de agua estn debidamente considerados. D. Miguel Burriel realiza una pregunta a Javier Celma, sobre los vertidos de residuos txicos industriales en Zaragoza, y otra a Ramn Entralgo, sobre la calidad del agua en los afloramientos de agua existentes en el entorno de Zaragoza. Javier Celma contesta que el tema del vertido de residuos txicos resulta de gran complejidad porque los controles encarecen mucho la gestin, y expone que existe un borrador de Ordenanza municipal a este respecto. D. Ramn Entralgo afirma que estos afloramientos no tienen muy buena calidad. S que son aptos para riego, pero no para abastecimiento urbano. D. Jos Luis Cerezo, Decano del COICC y P, en su calidad de ex funcionario del Ayuntamiento de Zaragoza, confirma estos datos desde su experiencia personal en algunas extracciones realizadas hace aos en el rea de Casetas. D. Manuel Fernndez, arquitecto, manifiesta su disconformidad con las opiniones de los ponentes y afirma que s existen vertidos al Canal, ya que recibe drenajes de escorrentas de riego, y pregunta sobre el control de dichos vertidos. Tambin se cuestiona la conveniencia de la concesin realizada para la Central del Berbel, muy prxima al Bocal, y sobre su subordinacin al servicio del Canal Imperial.

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EL CORREDOR DEL EBRO Y LA ESTRUCTURACIN METROPOLITANA DE ZARAGOZA


Pablo DE LA CAL

Presenta y modera esta Mesa Redonda sobre El Corredor del Ebro y la estructuracin metropolitana de Zaragoza D. Fernando Molina, e intervienen, en orden cronolgico a la ocupacin de sus cargos en la DGA, dos ex directores generales de Ordenacin Territorial de la DGA, D. Rafael Fernndez de Alarcn, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, D. Jernimo Blasco, abogado, y el actual director, D. Flix de los Ros, arquitecto. Tras exponer que la estructuracin metropolitana del Ebro puede contribuir al desarrollo del Corredor del Ebro y a la proteccin del ro y su cauce, Rafael Fernndez de Alarcn afirma que es ms fcil conseguir esta estructuracin si se empieza por la consolidacin de estructuras parciales de los ejes de desarrollo. Existen dice razones para unirse en intereses comunes y pasar despus a los intereses globales. Fernndez de Alarcn defiende, por tanto, la idea de articular, en primer lugar, los cuatro ejes de desarrollo de la ciudad, para pasar despus a una estrategia de integracin de la ordenacin de estos ejes con la ciudad central. A continuacin analiza la capacidad de la Ley de Ordenacin del Territorio de Aragn (LOTA) para ir desarrollando las acciones que sobre el Ebro y la Ciudad (sin lmites municipales) necesitan articularse para que se cumplan los objetivos que en su opinin se plantean en estas Jornadas: que el ro contribuya a potenciar el desarrollo del entorno metropolitano. Parafraseando la definicin de la Ordenacin del Territorio de la LOTA, el Sr. Fernndez de Alarcn aboga por un proceso continuado de gestin coordinada de las instituciones pblicas hacia la consecucin de los objetivos pblicos. En su opinin, est claro que existen muchos objetivos comunes a todas las administraciones pblicas, aunque falta poner la decisin de luchar por un proyecto conjunto, que quede amparado en la LOTA. D. Rafael Fernndez de Alarcn expone que de los tres activos con que cuenta Aragn (territorio, Zaragoza y el agua), dos se encuentran reunidos 365

Pablo de la Cal

en estas sesiones, y hay que saber utilizarlos para ir cambiando el aislamiento de Zaragoza en el Eje del Ebro. A continuacin, D. Jernimo Blasco explica, en primer lugar, el carcter sui generis de la aglomeracin urbana de Zaragoza, donde no se produce el continuo urbano de otras reas metropolitanas, ni se produce esa imprescindibilidad intermunicipal, y donde se ha puesto en evidencia histricamente un choque entre la autonoma municipal y cualquier proyecto de carcter metropolitano. El Sr. Blasco trata de profundizar en las razones de este estancamiento que, en su opinin, se percibe cada vez que se intenta hacer algo, como si se tratase de un volver a empezar. En primer lugar, afirma, no ha habido un verdadero inters poltico, no se han puesto medios en gestin, y las estructuras administrativas no estn adaptadas para grandes proyectos multisectoriales, la CHE es una estructura compleja para coordinar grandes proyectos, hay que coordinar el impulso pblico y privado, falta de consenso poltico y de liderazgo poltico, y de nuevo, una difcil relacin entre el gobierno regional y el Ayuntamiento de Zaragoza. En su opinin, se deberan acometer, entre otros, los siguientes Proyectos Motores: Creacin de nuevos instrumentos de gestin (Directrices Parciales), mejor utilizacin de los instrumentos de la Ley del Suelo, para incrementar el patrimonio de suelo pblico, construccin del azud como un impulso que catalice muchas ms cosas. El Galacho de la Alfranca, un parque ambiental con enormes posibilidades. En la orilla norte del Ebro, una Expo sobre Los ros del mundo. Las Directrices del Canal Imperial de Aragn: desarrollar los proyectos de las Murallas de Grisn y de las Esclusas de Casablanca. El ro Huerva, renunciar a que sea un ro perdido. El ro Ebro, un ro navegable desde el Mediterrneo. Abastecimiento del rea Metropolitana con agua de calidad trada del Pirineo. Embalses reguladores con uso turstico-recreativo (La Loteta, etc.) D. Flix de los Ros, actual director de Ordenacin Territorial de la DGA, present el Borrador del Anteproyecto de la Directriz Parcial del rea Metropolitana de Zaragoza. Aun reconociendo las peculiaridades del entorno metropolitano de Zaragoza, con un municipio central que fagocita el desarrollo de su entorno, el director reconoce que las potencialidades deben desarrollarse de forma coordinada, actuando sobre los grandes sistemas estructurantes del mbito que resultan ser, en primer lugar, los cauces fluviales y los sistemas viarios de comunicaciones. 366

El corredor del Ebro y la estructuracin metropolitana de Zaragoza

El Avance de la Directriz, cuyo mbito abarca 39 municipios del entorno de Zaragoza, identifica los Sistemas Naturales con capacidad articuladora o determinantes de la forma general de la metrpoli, dentro de los cuales los ms importantes los constituyen los Sistemas Fluviales, que confluyen en Zaragoza, como sistemas agrcolas y de asentamientos articulados por el curso de los ros, por las carreteras, los caminos rurales y la red de acequias que discurren paralelas a los ros. Los ros Ebro, Huerva, Gllego y Jaln conforman unos sistemas lineales riparios, discontinuos espacialmente y homogneos en cuanto a sus caractersticas ecolgicas. Su estado de conservacin es variable, con enclaves de gran inters como los Galachos de la Alfranca y de Lierta, los Sotos de Quinto, de los Cartujos, de Aguilar, el Galacho de Juslibol, y otros muy degradados como los tramos de la desembocadura del ro Gllego y los tramos del corredor del Huerva. La mayora de los tramos poseen algn tipo de proteccin urbanstica ya sea como Suelo No Urbanizable de especial proteccin en los documentos de planeamiento, o como reas de Especial Proteccin Urbanstica (Decreto 85/90), o constituyen Espacios Naturales protegidos por Ley 4/89 de la Comunidad Autnoma, como por ejemplo la Reserva Natural de los Galachos de La Alfranca, Pastriz y El Burgo de Ebro. A pesar de que en el rea Metropolitana de Zaragoza, la franja sinuosa del ro Ebro es el rasgo de identidad y el principio articulador fundamental del asentamiento metropolitano, D. Flix de los Ros reconoce que esta situacin no se ha llevado en paralelo con la configuracin y la transformacin histrica de la ciudad y su territorio circundante. En su opinin, una consideracin conjunta sistemtica a todo cuanto es articulado por el ro Ebro, an superpuesta a aquellas consideraciones de otra ndole, asegurar el ms correcto entendimiento de la metrpoli en su conjunto, y sobre todo permitir conservar e impulsar el efecto articulador del ro Ebro, con la triple consideracin que se le da en el Modelo Territorial: como recurso natural, como recurso recreativo y como recurso productivo. Incorporar al funcionamiento metropolitano el sistema fluvial del Ebro como espacio natural protegido, es una opcin que cobra an ms valor en una estrategia de organizacin metropolitana. Tal opcin requiere disponer de diversos tipos de medidas, y de entre ellas es fundamental la organizacin en su interior de los usos recreativos, as como resolver el contacto y los accesos al espacio natural desde las reas urbanas y rurales. Para mantener el equilibrio entre uso recreativo y conservacin ambiental, parece evidente que el viario general en este espacio natural debe limitarse a la existencia de una serie de accesos puntuales a enclaves y puntos singulares con equipamientos o dotaciones recreativas, sin que exista una conexin en sentido longitudinal, siguiendo el curso del ro. 367

Pablo de la Cal

El Avance plantea la confeccin de una Red Integrada de reas Recreativas o de Esparcimiento a lo largo del curso del Ebro, entendidas como dotacin de reas de equipamiento recreativo en territorios prximos a las riberas del ro, concebidas como puntos de acceso al parque Metropolitano del Ebro. Una vez terminadas estas tres intervenciones, se abre la participacin al pblico. D. ngel Araoz, que ha mantenido una activa participacin a lo largo de todas las Jornadas, plantea las disfunciones existentes en la Ordenacin Territorial en el marco competencial, y denuncia la utilizacin partidista o localista de la ordenacin territorial para acallar actuaciones de otras administraciones. Interviene D. Rafael Fernndez de Alarcn, profundizando en la consideracin que sobre la ordenacin del territorio se realiza en la Constitucin espaola.

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ACTUACIONES EN LOS ROS DE ZARAGOZA Experiencias en el Gllego, Galacho de Juslibol y parque lineal del Ebro
Javier CELMA CELMA

Presenta la sesin D. Javier Celma Celma, jefe de Servicio de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zaragoza, quien pone de manifiesto el significado de las Jornadas como punto de encuentro. Se han visto numerosas experiencias de otras ciudades, unas no han gustado, otras estn llenas de imaginacin y aportan elementos interesantes a tener en cuenta. Zaragoza no ha vivido siempre de espaldas a sus ros sino que ha tenido perodos de armona con el Ebro, Gllego y Huerva. El deterioro principal viene de 40 50 aos a esta parte en que se convirtieron en vertederos. Desde 1984 el Ayuntamiento de Zaragoza lleva trabajando de modo callado y permanente en el Gllego, uno de los cursos fluviales ms deteriorado. Actualmente falta mucho por hacer pero se vislumbra otro futuro ms prometedor. Subraya la importancia de la voluntad poltica de los gobiernos municipales para que el proyecto siga adelante y destaca el papel jugado por la Guardera y las Brigadas de Montes que han permitido ver una realidad diferente. D. Francisco Pellicer, gegrafo de la Universidad de Zaragoza, presenta el Estudio de Recuperacin del Galacho de Juslibol realizado bajo su direccin para el Ayuntamiento de Zaragoza. El espacio natural conocido como Galacho de Juslibol corresponde a un meandro abandonado en 1961 y a un conjunto de lagunas con origen en excavaciones realizadas para la explotacin de ridos en los aos 70, entre las que se ha desarrollado un cerrado bosque de ribera o soto. Se sita en la margen izquierda del Ebro, apenas a cinco kilmetros en lnea recta del centro de Zaragoza. La superficie del Galacho es relativamente reducida: 200 ha. Se accede por camino pblico a travs del barrio rural de Juslibol, inmediatamente al noroeste de la ciudad. El espacio de las lagunas y los sotos espontneos, integrado en el ecosistema fluvial del Ebro, limita por el Norte con un paisaje estepario de colinas y barrancos modelados en yesos, y en el contacto entre ambas unidades 369

Javier Celma Celma

se interpone un abrupto e inestable escarpe de 60 m de desnivel. El espacio fluvial, las colinas esteparias y el escarpe, forman una rica combinacin de elementos geomorfolgicos, hidrolgicos, botnicos, faunsticos y culturales que hacen de este lugar uno de los paisajes ms interesantes del municipio y del Ebro medio. En el entorno del espacio se encuentran Zaragoza con sus 600.000 habitantes y tres pequeos ncleos rurales pertenecientes tambin al mismo municipio: Juslibol, 1.424 habitantes; Monzalbarba, 1.444 habitantes y Alfocea, 111 habitantes. En 1984, el Ayuntamiento de Zaragoza adquiri una superficie de algo ms de 70 ha. En 1985, se dict un Decreto municipal de proteccin, estableciendo una normativa de carcter general. Se adquirieron 20 ha ms para completar la propiedad de los terrenos comprendidos entre el antiguo y el nuevo cauce. Desde 1989, el Ayuntamiento ha encargado a la Universidad, CSIC y ANSAR una serie de estudios para conocer los aspectos geolgicos, faunsticos y florsticos del enclave natural. En 1990, se firm un convenio con un equipo interdisciplinar de la Universidad para la realizacin de un Estudio de recuperacin del Galacho de Juslibol cuya segunda fase concluy en 1995. Sobre una zonificacin de usos basada en la calidad y fragilidad del medio se han propuesto y llevado a cabo parcialmente una serie de alternativas conducentes a la mejora de la calidad del medio. Las obras realizadas hasta el momento garantizan la plena recuperacin del espacio. Se han restaurado los impactos ms graves en los que la autorregeneracin era inviable y se ha mejorado notablemente la accesibilidad. El Proyecto incorpora, asimismo, el diseo de las reas de acogida e informacin, tres ecomuseos y la mejora de los accesos. Adems, en el Galacho de Juslibol se desarrolla un ambicioso programa educativo dirigido a diversos sectores de la poblacin con el objetivo de facilitar la informacin, formacin e intercambio de experiencias que permitan la sensibilizacin, comprensin y participacin en las tareas conducentes al disfrute y sostenimiento del lugar como enclave ecolgico de primer orden en el contexto periurbano en el que se inserta. Recientemente se ha constituido la Comisin para la Proteccin del Galacho de Juslibol, donde los responsables polticos, los tcnicos de la Administracin local, los investigadores universitarios, las asociaciones ecologistas y los usuarios del espacio debaten los proyectos de actuacin. El Comit Espaol del Proyecto MAB visit el Galacho el 27 de junio de 1992 y manifest su apoyo institucional hacia esta experiencia piloto de recuperacin de espacios hmedos periurbanos. Las actuaciones llevadas a cabo en el Gllego son expuestas por D. Luis Manso de Ziga, ingeniero responsable de Montes en el Ayuntamiento de Zaragoza. El ro Gllego es la principal arteria estructurante del medio natural en el sector norte de Zaragoza. En su origen era un ro con un cauce muy 370

Actuaciones en los ros de Zaragoza

ancho, lleno nicamente en perodos de aguas altas, en el que se inscriben canales trenzados. Las formaciones vegetales de ribera ocupan y colonizan las reas ms estables de las flechas de gravas que ocupan una gran extensin en los largos perodos de estiaje. Las intervenciones en la cuenca alta embalses, derivaciones de canales y acequias, vertidos industriales y agrcolas, han modificado en gran medida las caractersticas hidrolgicas de este sector prximo a Zaragoza. Dentro del trmino municipal, el estado de las riberas es aceptable aguas arriba de la presa de Urdn, mientras que aguas abajo ha sido objeto de todo tipo de impactos: vertidos industriales y de escombros, extracciones indiscriminadas de ridos. El deterioro principalmente en este sector es muy grande, a pesar de las obras de recuperacin que se realizan de forma ms o menos continuada desde 1980. Se tiene constancia de obras de defensa de las mrgenes estacadas desde muy antiguo as como del valor estratgico de los sucesivos puentes destruidos unas veces por las avenidas y otras por las guerras. Pero la alteracin mayor del cauce y riberas del Gllego se produjo entre 1957-1977, aos en los que se extrajeron enormes volmenes de ridos sin ningn cuidado y en los que se vertieron escombros y basuras en una proporcin semejante. Las consecuencias fueron nefastas para el sistema fluvial. Se desequilibr el balance entre la carga slida y lquida, se rompieron los perfiles edficos y se destruyeron los sotos. El cauce pas del modelo trenzado de canales mltiples al modelo recto de canal nico y comenz la incisin lineal que condujo al encajamiento actual y el consiguiente descenso de los niveles freticos, y la erosin remontante que descalza la presa de Urdn. En 1988, el Ayuntamiento de Zaragoza encarg un estudio a una empresa privada sobre los aspectos hidrolgicos, geomorfolgicos, estado de la vegetacin e impactos antrpicos al objeto de emprender una accin correctora de los mismos. Qued patente la ocupacin de las riberas en algunos sectores como en Peaflor, la falta de caudal aguas abajo de Urdn nicamente discurren vertidos agrcolas e industriales en perodos de estiaje, las consabidas rupturas de los perfiles edficos y geomorfolgicos, el antedicho descalzamiento de la presa de Urdn y el descenso de los niveles freticos. A partir de este momento, el Ayuntamiento ha llevado a cabo una continua labor de recuperacin que se inici con la retirada de materiales txicos y peligrosos vertederos, el reperfilado de los materiales inocuos y la replantacin de rboles en pozos profundos hasta el nivel fretico se han censado ms de 19.000 rboles. El proyecto es ambicioso y complejo, pues ha de contemplar numerosas variables hidrolgicas, geomorfolgicas y biolgicas en el espacio y en el tiempo. El Gllego puede convertirse en un largo y espacioso parque lineal periurbano con altas dosis de espontaneidad a partir de las propias fuerzas naturales que se dan cita en este lugar, con tratamientos diversos en funcin de las aptitudes del medio y los usos del mismo y partiendo del gran espacio deslindado como dominio pblico que permite numerosas actua371

Javier Celma Celma

ciones a los entes competentes sin conflictos con otros propietarios que no sean la propia Administracin. D. Manuel Ferrndez, arquitecto municipal y autor del proyecto, presenta el Parque Lineal del Huerva. La intervencin urbanstica se desarrolla en el tramo inmediato a la desembocadura del ro, en ambas mrgenes del cauce y sobre los espacios residuales del segundo cinturn. El proyecto ha sido posible, precisamente, por la permanencia intacta de las reservas de suelo para esta arteria de la malla bsica de la ciudad. El objetivo principal ha sido la respuesta positiva a la necesidad de espacios verdes del Casco Viejo y del barrio de Las Fuentes. nicamente otra demanda fuertemente sentida, los equipamientos deportivos, ha llevado consigo la nica cesin de suelo respecto a los usos asignados en el PGOU. El proyecto, llevado ya a trmino en sus dos primeras fases y a falta de una tercera, consta de una serie de elementos que le caracterizan como parque lineal: Pasarelas entre ambas orillas para permeabilizar el flujo de los visitantes entre las partes y el acceso al parque Bruil. Itinerarios peatonales con glorietas y andadores con tratamientos especficos del pavimento segn los sectores. Carril-bici en el rea protegida del trfico de automviles. Pistas de petanca y reas de juegos para nios. Nodos y puntos de encuentro con quiosco-bar, aseos pblicos, canalillos y fuentes. Cerrando los recintos, un murete de hormign que sirve de asiento y soporte de una barandilla baja para mayor proteccin de los visitantes que acceden a los recintos a travs de unas rotondas abiertas con arcos abocinados. Visualmente el cierre es muy liviano, dando la sensacin de un parque abierto, pero funcionalmente es una barrera eficaz. Las plantaciones perifricas del parque y las colindantes con la zona de trfico estn constituidas por especies de hoja perenne al efecto de ofrecer una pantalla visual permanente que asle al visitante del paisaje de los edificios y de los coches. En los recintos internos, en cambio, las especies caducifolias facilitan la insolacin invernal. El Huerva, que circula profundamente encajado, recibe un tratamiento especfico adecuado a su estado. Las mrgenes se protegen con escollera para asegurar su estabilidad y se espera que la vegetacin cubra como un manto verde la obra en muy poco tiempo. Una barandilla limita el acceso y los posibles accidentes o cadas y unas pasarelas peatonales de diseo muy airoso permiten la comunicacin entre ambas mrgenes. En el proyecto se contemplan, adems, otras actuaciones vinculadas a los proyectos del Ebro, un pequeo azud y un embarcadero con fines recreativos. 372

EL PARQUE LINEAL DEL EBRO


Francisco PELLICER CORELLANO

La mesa redonda se inicia tras la exposicin del proyecto del parque Lineal del Ebro a cargo de D. Manuel Jlvez. Excusa su asistencia D. Flix Marugn, director del Club Nutico, por enfermedad. D. Julio Daz Palacios describe la propuesta municipal de recuperacin de riberas del Ebro en el tramo urbano con una longitud de 9,5 km. El primer sector, aguas abajo del puente de la autopista, comprende el meandro y sotos de Ranillas y la Almozara. Se concibe como una zona de parque especializado en el deporte y usos ldicos del agua. En la margen izquierda, una franja de 200 m de anchura se concibe como espacio natural que debe representar los ciclos vegetativos e hidrolgicos. Exige recibir tratamientos de recuperacin, especialmente limpieza de escombros. En la margen opuesta, junto a la Almozara, se instala un camping. El tramo inmediatamente inferior, playa de los ngeles, presenta una transicin hacia tratamientos graduales y mltiples con zona de baos (se entiende que el problema de la calidad del agua est resuelto). Las instalaciones del Soto, Tiro de Pichn, Helios y Club Nutico son problemticas por su proximidad al ro. Sern necesarios cambios en los linderos: retranqueos y avances para compensar a los clubes. En concreto, el Club Nutico, que se encuentra en un punto crtico hidrulico, deber desplazarse a otro lugar, posiblemente entre el Club Helios y el puente de la Almozara. Se plantea una pasarela para peatones y bicicletas como eje transversal entre los barrios de la Almozara y el ACTUR entre el futuro puente del Rabal y el actual de la Almozara, y un paseo a cota ms baja paralelo al muro del ACTUR. Se pretende, ante todo, facilitar la accesibilidad longitudinal paseos inferiores a nivel del ro y transversal accesos y rampas de salvamento en numerosos puntos. Asimismo, el muro junto al Palacio Arzobispal presenta numerosos problemas, pero se estudia la posibilidad de comunicar el ro con los restos arqueolgicos romanos del rea inmediata. 373

Francisco Pellicer Corellano

D. Pablo Polo, secretario de la Asociacin de Vecinos de Vadorrey, se felicita, en primer lugar, por el nmero y cualificacin de las personas intervinientes y asistentes a las jornadas y expresa la confianza de los vecinos en el futuro de la principal calle de la ciudad, el ro Ebro. Da cuenta de los 20 aos de su asociacin y de la vinculacin de la misma con el ro: Da del Ebro, fiesta que se celebra desde hace 10 aos; restauracin del ltimo barco de Aragn, regalo de los vecinos de Vadorrey a la ciudad de Zaragoza, anclado en el propio parque del barrio; desarrollo de proyectos de recuperacin del cauce y riberas del Ebro son los primeros en plantear el azud con fines recreativos. Manifiesta su deseo de que siga adelante el proyecto del azud integrado en un proyecto ms amplio que contemple el patrimonio artstico, las vas de comunicacin y los nuevos usos ldicos del ro que la sociedad actual demanda. D. Vctor Viuales, de la Fundacin Ecologa y Desarrollo, felicita a las entidades organizadoras del Ciclo de Conferencias y Mesas Redondas manifestando que estn los que tienen que estar, que se han organizado bien, cosa poco frecuente. Pone de manifiesto que desde 1979 con las elecciones democrticas en el Ayuntamiento, se ha hablado mucho del Ebro y sus riberas. Desde entonces se han sucedido cinco corporaciones municipales, se han realizado el PGOU, concursos de ideas, etc. Sin embargo, la realidad fsica es muy similar. No ha sido as, por ejemplo, en otros mbitos de la ciudad: Auditorium, recuperacin de patrimonio histrico-artstico, centros deportivos y cvicos... Ha habido un cambio profundo en la ciudad con inversiones muy cuantiosas, y, sin embargo, al Ebro no le ha llegado nada, a excepcin de la depuradora. En su opinin, la inflacin de ideas y falta de accin tiene una raz multicausal: la escasa voluntad poltica ha estado condicionada por la escasa presin cvica al respecto; la descoordinacin institucional a la hora de asumir y ejercer competencias, normas y aplicaciones; carencia de globalidad a la hora de concebir la ciudad, incluidos los espacios fluviales como integrantes de la trama urbana; un crculo vicioso provoca efectos sinrgicos entre los diversos factores. Es preciso cambiar el enfoque, si los problemas estn engarzados, tambin lo deben estar las soluciones. Es preciso lograr un enfoque global que comprenda las soluciones ingenieriles y arquitectnicas, la educacin ambiental, una nueva cultura de concertacin de esfuerzos y voluntades entre los agentes sociales, econmicos e institucionales, como pide el V Programa de la UE. Si el proyecto se concibe como estrictamente municipal, no se podr llevar a cabo. Propone el representante de la Fundacin Ecologa y Desarrollo que, huyendo de los planteamientos negativos que disipan mucha energa y paralizan los proyectos, se busque desde el principio la participacin de todos los agentes sociales, siguiendo las recomendaciones del V Programa de la UE. Que se busquen los puntos de acuerdo y que se acte de inmediato sobre lo consensuado y que se siga discutiendo sobre los posibles puntos de desacuerdo. Presentar un frente activo de consenso es muy importante a la hora de buscar apoyos polticos y financieros fuera de la comunidad. 374

El parque lineal del Ebro

Propone un pacto por el Ebro que desde un planteamiento global posibilite la planificacin abierta y dinmica, actuando sobre los puntos de acuerdo, con una fuerte coordinacin institucional y concertando esfuerzos de la sociedad civil, de los agentes econmicos y de las entidades sociales. D. Enrique Bourrut, representante de la Coordinadora Ecologista, agradece la oportunidad de poder debatir sobre el proyecto municipal sobre el Ebro expuesto por el Sr. Jlvez, con el que est de acuerdo con el fondo, no as con la forma. El proyecto le resulta estimulante como ecologista por su experiencia vivencial y de observador, como eclogo que estudia el ecosistema fluvial y como ciudadano que se congratula de que su ciudad est surcada por tres ros y un canal. La salud del ro dice depende de la calidad de sus riberas. Es necesario respetar los ecosistemas fluviales, como se ha dicho en las conferencias. Pero son las mismas personas y organismos que dicen esto los que encauzan y destruyen las riberas y autorizan o realizan los vertidos. El proceso de degradacin avanza de manera acelerada. Sigue vigente insiste un Pacto del Agua por el que los ecologistas se sienten avergonzados porque el agua se considera como un mero recurso econmico y no como un patrimonio a conservar y administrar. La tragedia de Biescas ha pasado y se siguen encauzando y mineralizando cauces. Una ribera urbanizada, ajardinada, mineralizada no ilustra ms que el antagonismo atvico del tratamiento ingenieril con los ros. El representante ecologista plantea que, si el ro es fuente de vida, por qu no puede serlo tambin a su paso por la ciudad. Debe restituirse el ecosistema natural. Quizs no pueda mantenerse un soto impenetrable pero s deben mantenerse las especies autctonas, sin mineralizacin, sin adornos. No convenci, en su da, el tratamiento del Gllego y ah est el resultado, no convenci el paseo escultrico del Huerva, no convence el parque Lineal del Huerva y se tienen grandes reparos con lo que se pretende hacer en el Ebro. Hay que tender puentes sobre abismos conceptuales para que esto cambie y Zaragoza se reconcilie con sus ros y pueda dar un ejemplo internacional de cmo integrar un ro en la ciudad sin destruirlo. Finalmente, desde su actitud crtica valora la posibilidad de dilogo con el Ayuntamiento de Zaragoza.

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CONFERENCIA DE CLAUSURA

ZARAGOZA: CIUDAD DEL AGUA


Jos Cruz MURILLO ARRUEGO

1. LOS ROS: UN REGALO DE LA NATURALEZA Hablar de los ros en Zaragoza es tambin hablar del Canal, no slo porque desde hace 200 aos surca su trmino municipal fertilizando sus huertas, sino porque de su cauce se nutre la estacin potabilizadora que abastece con agua de boca a todos los hogares y a una buena parte de la industria zaragozana. Es por eso que el Canal sin ser un ro, hecho evidente, tiene para nosotros en este captulo una consideracin especial, mxime si tenemos en cuenta que como el resto de ros (Gllego, Huerva y Ebro) se halla en el ms absoluto abandono. Y ha sido este abandono, esta desidia, este vivir de espaldas a los ros por parte de los zaragozanos lo que ha movido al Colegio de Ingenieros de Caminos, al Colegio de Arquitectos, a la Asociacin de Ingenieras y Consultoras, a la Universidad de Zaragoza y al Ayuntamiento de Zaragoza a travs de su Delegacin de Medio Ambiente, a organizar estas Jornadas que hoy terminan y que tienen como objeto reflexionar sobre la situacin de nuestros cauces fluviales, diagnosticar sus males y buscar, entre todos, las mejores soluciones para que de manera inmediata se puedan realizar las acciones precisas, de forma que tanto nosotros como cuantos nos visitan no tengamos que decir ms veces que Zaragoza vive de espaldas a sus ros.

2. LA HUERVA Siguiendo un orden de menor a mayor, comenzaremos por afirmar que la Huerva, en contra de la opinin generalizada, es un ro bellsimo que a su paso por Zaragoza desde el ojo del Canal hasta su cubrimiento en la Gran Va forma un can profundo donde no faltan los chopos, las acacias, 379

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los ailantos, las zarzas y algn olmo seco que por efecto de la grafiosis ha vuelto a rechitar en mil hijuelos, formando una tupida vegetacin donde anidan multitud de pjaros. A ello hay que restar para nuestra vergenza escombros, basura, plsticos, trapos y, sobre todo, un sinfn de alcantarillas que vierten sobre el pobre ro desde la calle Marina Espaola hasta la de Cervantes. Si algn conciudadano no est de acuerdo con esta descripcin, le invito a que provisto de careta y unas buenas botas baje al cauce y contemple desde la profundidad de su lecho la majestuosidad de sus rboles recortados en el azul del cielo. Continuemos desde el Ayuntamiento y desde la Confederacin Hidrogrfica del Ebro con esas Jornadas de limpieza que se iniciaron en noviembre pasado y acometamos cuanto antes la derivacin de las alcantarillas hacia la Depuradora de la Cartuja, a la vez que, en colaboracin con los municipios ribereos y la DGA, se realice un tratamiento desde arriba garantizando un mnimo caudal ecolgico.

3. EL GLLEGO El Gllego es, sin duda, el ro menos urbano de Zaragoza y sobre el que ms se ha actuado ltimamente en materia de repoblacin, lo que no quita para decir que queda mucho, muchsimo, por hacer. Su ancho caudal ha sido expoliado, explotado y maltratado sin ningn tipo de control y pese a los esfuerzos de la Seccin de Montes del Ayuntamiento de Zaragoza sigue presentando algunos crteres de difcil reparacin, por no hablar de su caudal en ocasiones escaso y que a la altura del barrio de Montaana resulta absolutamente contaminado por vertidos industriales. La eliminacin de los lquidos contaminantes y un programa ms intenso de repoblacin de tamarices, chopos y otras especies autctonas podran devolverle a este ro su cara ms amable.

4. EL EBRO, PUNTO Y APARTE Nosotros al Ebro le llamamos el Ro, ya. Era en el contexto de una conversacin que mantenamos, ste (entonces concejal-delegado de Medio Ambiente) con tcnicos municipales e ingenieros del CEDEX. El Ebro una vez ms. Ese ro fantstico que en verano puede bajar esculido, con apenas 30 m3/s y en invierno se embravece y llega hasta 1.000, 2.000, 3.000 y, casi da pavor decirlo, 4.000 m3/s. 380

Zaragoza: ciudad del agua

Cuando este invierno pasado, durante muchos das transportaba hacia el mar 1.750 m3/s mirar el ro desde sus orillas, o desde el centro de sus puentes resultaba un espectculo sencillamente impresionante. Ningn fenmeno natural resulta tan misterioso al menos para un monegrino como el permanente discurrir de las aguas de un ro. Sentado en la terraza del Club Nutico, gentilmente invitado por mi amigo Marugn, se poda y se podr durante muchos inviernos contemplar cmo las centenarias arcadas del puente de Piedra van engullendo un ro rebosante de vida y de riqueza, cmo las afiladas cuas de sus pilas van cortando el caudal para encauzarlo por los ojos, como si fuesen la quilla de una escuadra de barcos, que de tanto mirar, al final no consigues saber si es el ro que baja o es el puente que sube. Pero los meses van cayendo y el esto presenta una imagen totalmente distinta. De aquel ro valiente pletrico de fuerza, pasamos a un ro enfermizo que muestra sus guijarros, sus islotes y toda la basura que indebidamente ha ido recibiendo aguas arriba: ruedas de vehculos, columpios de parques infantiles oxidados, tresillos desarmados, andamios y un sinfn de zarrios que sera largusimo enumerar, y todo ello en un cauce serpenteante que con sus escasos 30 m3/s no llega a cubrir. Sobre la zona de Macanaz ofrece un aspecto decente como consecuencia del lago que se forma delante del puente de Piedra gracias al pequeo azud que forma sin querer el suelo de esta centenaria obra. Bajar navegando a finales de mayo como lo hacen cada ao los vecinos de Vadorrey es exponerse a quedar encallado en muchos lugares por falta de profundidad, dificultad slo salvada por la pericia de los navegantes. De las orillas, ni les cuento. Desde las zonas vigorosas perfectamente conservadas, en las que la vegetacin es una explosin de color y de vida, a las reas ms castigadas por la accin depredadora del hombre y en las que podemos encontrar de todo: cubas de hormign, bloques procedentes de industrias de fundicin, restos de pilastras todava en pie, procedentes de un puente frente al Galacho de Juslibol y basura de todo tipo, donde no faltan escombros y sanitarios.

5. EL AZUD Estabilizar la lmina de agua en el ro Ebro a su paso por Zaragoza es una vieja aspiracin que ya en los aos 50 tuvo sus primeros proyectos a cargo del ingeniero D. ngel Escoriaza y de D. Manuel Labordeta, entre otros que, en un ciclo de conferencias organizado por la Institucin Fernando el Catlico, publicaron sus trabajos en un intento serio por conseguir que el ro en verano fuese un punto de encuentro para muchos zaragozanos donde las actividades ldicas y deportivas relacionadas con el agua, pusie381

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ran de manifiesto, al igual que en otras muchas ciudades europeas, el cario de los aragoneses por su ro, la forma de cuidarlo y tambin, por qu no decirlo, rentabilizarlo tanto social, econmica y paisajsticamente. Suponed ese tramo de nuesto ro como un lago de 2 kilmetros de largo por casi 200 metros de ancho, en que navegaran docenas de embarcaciones deportivas o de recreo y se celebraran en determinadas ocasiones regatas de bateles o espectaculares competiciones de rapidsimas canoas de motor fuera-bordo, que, indudablemente, atraeran hacia el ro grandes masas de pblico de nuestra ciudad y fuera de ella (NGEL de ESCORIAZA, Embalse en el ro Ebro, Institucin Fernando el Catlico, 1954). Otras actuaciones posteriores por parte de clubes, aficionados o ciudadanos llenos de buenas intenciones quedaron, como vulgarmente decimos en esta tierra, en agua de borrajas. Y ha sido en esta legislatura cuando, a travs de la Delegacin de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zaragoza, se ha realizado el intento ms serio (aunque probablemente insuficiente) de construir un azud abatible aguas arriba de la desembocadura del Gllego, que en poca de estiaje mantuviese un nivel constante de forma que, tomando como referencia el puente de Piedra hubiera una altura permanente de agua de 70 cm. Como el proyecto es importante, se encarg un estudio al CEDEX, del que el ingeniero Sr. Jlvez ya ha expuesto su contenido tcnico. Me toca por tanto a m explicar en esta charla las ventajas sociales y medioambientales. Una obra de esta envergadura supondra para Zaragoza ste es mi humilde criterio un antes y un despus. En consecuencia, la primera gestin debe ser consultar con el mximo de organizaciones sociales, de forma que aparte de otras reuniones, estas mismas jornadas son en s un compartir opiniones, un dar ideas, un permitir la participacin de cuantos colectivos y ciudadanos estn interesados en el tema. Y todo esto, no con el nimo de eludir responsabilidades que siempre sern de quien ostente la representacin oficial, sino de enriquecerse con ideas y sugerencias que parten de los dems. Otra de las razones importantes sera la turstica. Zaragoza, por su situacin geogrfica centro de la Espaa ms desarrollada y a un paso de Francia con la perspectiva inmediata de una comunicacin ms fluida con Europa, sera la nica ciudad en todo este entorno con una represa de 5 km de longitud por 140 m de ancho. En el aspecto paisajstico, el lago con sus mltiples actividades exigira la inmediata restauracin de todas las riberas, creando unos corredores verdes o parques lineales que permitiran al zaragozano acercarse al ro. En este sentido, cabe destacar que las actuaciones previstas como consecuencia del Convenio de Riberas entre el Ayuntamiento y el entonces Ministerio de Obras Pblicas firmado en abril del 93, deberan adecuarse 382

Zaragoza: ciudad del agua

a los nuevos criterios, basndose en el principio de que recuperar una ribera no es slo vegetalizar su parte plana sino integrarla en el ro de la manera ms natural posible, sin olvidar el talud, el cauce, la fauna, la calidad de sus aguas, etc. Pretender que los ros a su paso por Aragn y ms concretamente por Zaragoza, ofrezcan un aspecto paisajstico frondoso y salvaje similar al de su nacimiento, es un reto utpico imposible de realizar. Pero de esto a explotar sus recursos sin control exprimiendo en ocasiones hasta su ltima gota de agua, arrebatarle sus orillas, llenar sus taludes de basura y objetos inservibles, verter sobre su cauce sin ningn tipo de depuracin los efluentes industriales y urbanos, no puede permitirse por ms tiempo. Recordemos que nosotros y nuestros padres vivimos de alquiler en una Naturaleza que pertenece a nuestros hijos, y el progreso no puede ser la excusa para deteriorar el Medio Natural. La doctrina de Costa y el impulso creador de Pignatelli siguen vigentes, pero sus mensajes han de actualizarse a los nuevos tiempos; Escuela y despensa ya no son suficientes. Aadamos al menos el ocio y la va que abri Pignatelli para navegar y regar: bien podramos volverla a utilizar cambiando las pesadas barcazas por ligeras canoas. Como broche de todo lo anterior, quiero recoger la parte final de la ponencia leda por Manuel Labordeta en la Institucin Fernando el Catlico el ao 1955: Y hemos de estar all todos; hemos de estar all reclamando cada uno y para todos una activa participacin en la heterognea sinfona de este Ebro nuesto tan hermoso.

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EPLOGO

EPLOGO
Javier CELMA CELMA y Francisco PELLICER CORELLANO

Encontrar los medios para atravesar el ro, defenderse de las crecidas, aprovechar sus aguas o acceder a la lmina de agua con fines ldicos y recreativos es un desafo que desde miles de aos ha estimulado la imaginacin de los habitantes de las ciudades ribereas y ha sido un factor de progreso para las mismas. Desde su propia fundacin en las inmediaciones de un vado, Zaragoza ha intentado de mil formas establecer una relacin ms segura, ms productiva o ms agradable con sus ros y en particular con el Ebro. La urbanizacin acelerada de grandes espacios y el abandono de la ciudad vieja, dos grandes retos de la ciudad de Zaragoza, se dan cita en las orillas del Ebro. La margen izquierda, tradicionalmente ignorada, desprovista de elementos de identidad e insegura desde el punto de vista hidrulico, bulle de actividad, mientras la margen derecha, cuajada de historia, smbolos y patrimonio cultural, sufre los efectos de los aos mal llevados, de la incuria de los responsables polticos durante muchos decenios y de los procesos especulativos. Apostar por el Ebro es apostar por un nuevo equilibrio que cosa las dos orillas con puntadas de centralidad e hilo de vitalidad ecolgica, social y econmica. El curso fluvial est difuminando su carcter tradicional de frontera lquida y maldicin desbordada para convertirse en adorno precioso de desarrollo. Concepciones y prcticas milenarias de la Ingeniera se encuentran as cuestionadas. Cuando hace casi 2.000 aos, el escritor romano Plinio el Joven, dirigindose al emperador Trajano, describa la ciudad de Amastris, parece que se refera al Huerva en Zaragoza: La ciudad de Amastris es rica y magnfica, pero en uno de sus lados est bordeada de una cosa que tiene el nombre de ro y que no es, en efecto, sino una maloliente cloaca, tan vergonzoso por su aspecto asqueroso como por su olor inmundo. Por estas razones, no es menos importante cubrirlo por medidas de higiene como por preocupacin esttica. Los ros han sido concebidos en muchos casos como vector de contagios, causa de inundaciones catastrficas o barrera fsica que impide la movilidad. Su reputacin y estima, 387

Javier Celma Celma y Francisco Pellicer Corellano

por tanto, no ha sido con frecuencia demasiado buena. El Urbanismo entenda que el mejor lugar para un ro era enterrarlo (Huerva en la Gran Va) concepto que hoy no puede aceptarse bajo ningn modo. Las experiencias realizadas en otras ciudades y ros en los ltimos aos, nos muestran las dificultades en la toma de decisin pblica frente a la ordenacin de las riberas. Surge de inmediato el dilema de, por una parte, mantener y revalorizar ecolgicamente estos espacios tratando de restituir gradualmente los ros a su estado originario, y, por otra, se observa que la regeneracin de los ecosistemas fluviales, incluso muy parcial, lleva consigo el incremento de los usuarios y el consiguiente impacto sobre el medio. Por otra parte, las obras pblicas son equipamientos fuertes y estructurantes que no pueden modificarse con facilidad entre otros motivos por razones econmicas. Han de concebirse, por tanto, pensando en obras para toda la vida teniendo en cuenta las necesidades del maana ms que en las del ayer, la complementariedad de diversas funciones y los deseos y aspiraciones del conjunto de la poblacin. La planificacin de los espacios fluviales debe favorecer la diversidad formal y funcional, la sostenibilidad en trminos de consumo energtico y generacin de oportunidades de intercambio informacin de los ecosistemas y la calidad de los ecosistemas integrados por el medio fsico, las comunidades vegetales y animales, las comunidades humanas y sus actividades econmicas. El futuro de la relacin ro-ciudad reposa en buena medida en el acceso a la lmina de agua de una gran masa de habitantes. Favorecer con fondos pblicos y privados el acceso y uso del agua por el gran pblico, y no slo a los miembros de corporaciones privadas, es uno de los objetivos prioritarios. El acceso al agua no se resume a una acera o dique de hormign por el que deambular encajonados entre un aparcamiento o edificio y la lmina inalcanzable del agua, y que ejerce un efecto de barrera infranqueable para las distintas formas de vida vegetal o animal. En el espacio urbano debe haber gradas, escaleras, rampas y cualquier forma que permita el acercamiento al agua, para poder tocarla, entrar y salir de ella, en definitiva, de utilizarla. El respeto hacia el dominio pblico hidrulico en trminos de defensa frente a los intereses privados y aprovechamiento de sus recursos es prioritaria en la planificacin, especialmente en los espacios urbanos donde la presin de los intereses se ejerce con mayor fuerza. En el futuro, los progresos ligados a la depuracin de las aguas y la regeneracin de los cauces y riberas se traducirn en el retorno de la pesca o el bao en playas fluviales y en el aprovechamiento de amplias superficies como parques. Acciones stas que restituyen funciones ecolgicas a los ros a la vez que propician el encuentro de las comunidades humanas en grandes espacios abiertos, libres y gratuitos. 388

Eplogo

El proyecto urbanstico debe respetar e integrar multitud de vas de acceso la mayor parte informales que desde siempre han beneficiado a las poblaciones humanas y animales. Los ros no pueden ser cerrados al acceso y al uso general. El proyecto debe distribuir sabiamente el acceso entre numerosas categoras concurrentes de usuarios actuales y de generaciones futuras. La rentabilidad econmica y social de las infraestructuras ribereas es funcin de la polivalencia y de su aptitud para satisfacer el abanico ms amplio posible de gustos y necesidades del mayor nmero posible de usuarios que se convierten as en clientes de las prestaciones ofrecidas por el lugar. El grado de aprovechamiento est en relacin con el reparto lo ms eficaz posible de los recursos limitados entre los diferentes grupos de usuarios concurrentes. El bao, la pesca deportiva, los paseos en barco, las excursiones, son ejemplos de la polivalencia de servicios que puede poner en valor un recurso que escasamente podemos disfrutar y que hasta el momento est restringido a la contemplacin a distancia y desde unos puntos muy limitados. El sistema de defensas frente a las inundaciones absolutamente necesario en una ciudad que tiene ms de cien mil habitantes en la llanura de inundacin centenaria deben ser concebidas, adems de para proteger de las avenidas, para acceder a la lmina de agua, para favorecer la instalacin espontnea de la vegetacin inspirndose en la propia Naturaleza. A este respecto, hay que sugerir una reflexin sobre ciertas prcticas actuales. La regeneracin de las riberas en los espacios urbanos cuenta con un gran elenco de realizaciones como se ha mostrado en las conferencias y mesas redondas de las Jornadas sobre Ros y Ciudades. Queremos aqu subrayar algunos principios cuya aplicacin es susceptible de mejorar la calidad y sostenibilidad de los espacios fluviales urbanos. En la medida de lo posible, en el proyecto, realizacin y explotacin de un espacio fluvial es preciso integrar objetivos sociales, ecolgicos y econmicos. El tramo fluvial urbano ha de estar limpio el agua debe alcanzar un grado de calidad muy alto, debe ser verde la vegetacin debe dar sombra al agua, tiene que mantener continuidad un corredor continuo es mucho ms rico desde todos los puntos de vista que la misma superficie fragmentada en segmentos o teselas, ha de procurar la accesibilidad, ha de mantener e incrementar la diversidad, debe ser abordable puede acometerse en fases manteniendo unos principios rectores, flexible tomando los elementos naturales y culturales en su dinmica estructurante y finalmente, atractivo por su belleza y por sus funciones. La regeneracin de los ros y riberas urbanos y periurbanos debe reconocer la importancia de la diversidad ecolgica y crear espacios planificados que puedan evolucionar naturalmente, es decir, sin ms aportes que los que la Naturaleza proporciona, respondiendo a las necesidades presentes y futuras. Si hubiera que resumir en tres conceptos clave, stas seran: calidad del agua, del diseo urbanstico, de las infraestructuras y equipamientos; diversidad de los elementos naturales y culturales; sostenibilidad en trmi389

Javier Celma Celma y Francisco Pellicer Corellano

nos de eficiencia energtica y oportunidades para el intercambio entre los elementos naturales y sociales del ecosistema. Dicho de otra forma, proporcinando las condiciones para mantener unas relaciones seguras, productivas y agradables entre los elementos geomorfolgicos e hidrolgicos, las especies vivas y las comunidades antrpicas en los ros urbanizados. En Espaa, como en otros pases desarrollados, el urbanismo fluvial est recibiendo un importante impulso y algunos de estos principios estn calando lentamente hasta el punto que diques monofuncionales como el que protege el zaragozano barrio del ACTUR ya no se conciben sin incorporar otras funciones sean ecolgicas o sociales. Por otra parte, el patrimonio arqueolgico-hidrulico est suscitando un renovado inters. Son muchos los elementos simblicos, afectivos y de identidad los que estn enraizados en nuestros ros y canales. El turismo cultural y de actividades de ocio puede contribuir a la regeneracin del tejido econmico. La concurrencia de factores naturales y culturales es muy alta en los espacios fluviales urbanos de Zaragoza, slo falta un proyecto integral que explote este yacimiento de bienestar generando sinergias, convirtiendo las interfases negativas en filones de oportunidades, los cauces-barrera en lugares de encuentro, las riberas vacas en espacios pletricos de actividad econmica y personas de toda clase y condicin, las cloacas en playas, los diques frente a las inundaciones en parques lineales, los paisajes del olvido en el espejo donde la ciudad se mira y se reconoce. En estas jornadas, hemos podido comprobar cmo los ros son los elementos destacados de aquellas urbes privilegiadas que han tenido la suerte de disponer de este recurso, fuente de riqueza econmica y ecolgica, as como de ricas sensaciones y emociones. Las ciudades y, sobre todo, las europeas han sabido integrar los paisajes urbano-fluviales, as como los diversos flujos que de ellas se derivan, desarrollando soluciones ad hoc, no existen las malas copias entre ellas. Se perciben en los diferentes tratamientos de las urbes actuaciones pensadas, rigurosas, estructurales, etc., y hasta a veces polmicas, pero casi siempre dotadas de imaginacin. El Ebro y nuestra ciudad mantienen desde hace aos un profundo divorcio que parece que tiende a remitir. Nadie duda de las grandes transformaciones urbanas, sociales, culturales, realizadas en Zaragoza en los ltimos aos, pero persiste la asignatura pendiente de entrelazar la relacin ciudadro. Hoy da, todava no se perciben con claridad las decisiones que hay que tomar para transformar la ingrata realidad de indiferencia y abandono entre la urbe y su medio fluvial ms importante. Sin embargo, durante las sesiones de estos meses, hemos podido constatar que todos queremos un maana con un despertar diferente, plagado de decisiones importantes, basadas en argumentos slidos como el binomio generosidad-imaginacin, que triunfe frente a la lnea enfermiza y crnica de la cicatera-mediocridad tan arraigada en estos lares. 390

LOS AUTORES

ADIEGO ADIEGO, Elvira: Zaragoza, 1943. Doctora Arquitecta Urbanista. Tcnica Urbanista de Administracin Local. Desde 1971 es funcionaria del Ayuntamiento de Zaragoza. Ha sido jefa de Planeamiento y actualmente ocupa el cargo de jefa de Servicio de Edificacin. Ha realizado numerosas publicaciones diversas sobre Urbanismo como por ejemplo Zaragoza, barrio a barrio. Actualmente imparte clases sobre medioambiente y Urbanismo en el Centro Politcnico Superior de la Universidad de Zaragoza. BRAVARD, Jean-Paul: Doctor gegrafo. Catedrtico de Geografa de la Universidad de Pars IV-Sorbona. De formacin naturalista y humanista con un profundo sentido de la Historia, conjuga la labor docente con la investigacin bsica y aplicada sobre los medios fluviales. Autor entre otros muchos trabajos de: Le Rhne, du Leman Lyon, La Manufacture, 1987; Le temps et lespacedans les systmes fluviaux, deux dimensions spciphiques de lapproche gomorphologique, Annales de Gographie, 1997; Impact of civil engineering works on the successions. Les cours deau. Dynamique de systme fluvial (en colaboracin con Petit), Armand Colin, 1997. CELMA CELMA, Javier: Ingeniero Tcnico Industrial por la Universidad Politcnica de Barcelona. Hasta 1982 ejerce su profesin en la empresa privada y desde 1983 es funcionario por oposicin libre en el Ayuntamiento de Zaragoza (desde 1986 como jefe de Servicio de Medio Ambiente). De 1993 hasta 1995, director general del Agua en el Gobierno de Aragn. En la actualidad jefe de Unidad de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zaragoza. Es miembro del Consejo de la Fundacin Ecologa y Desarrollo.
DE LA

CAL NICOLS, Pablo: Zaragoza, 1964. Arquitecto Urbanista por la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra (Premio Extraordinario Fin de Carrera, 1989). Master de Diseo Urbano por la Universidad de Harvard (1991-92). Posteriormente realiza los cursos de Doctorado en la Escuela de Arquitectura de Barcelona (Universidad Politcnica de Catalua). Desde 1989 desarrolla su actividad profesional en Zaragoza con especial dedicacin a los trabajos de planificacin urba391

Los autores

na y territorial en el mbito de la Comunidad Autnoma de Aragn, obteniendo numerosos premios de Arquitectura y Urbanismo. Desde 1994, es miembro de la Comisin de Urbanismo y Secretario de la Agrupacin de Arquitectos Urbanistas del Colegio Oficial de Arquitectos de Aragn. DAZ-PALACIOS GARCA, Julio: Madrid, 1944. Como jefe de la Unidad de Diseo Urbano de la Gerencia de Urbanismo de Zaragoza, desarrolla o interviene en diversos proyectos de urbanizacin, generalmente de carcter singular, de calles y plazas de la ciudad, as como diseo y supervisin de mobiliario urbano. Durante los aos 1993-1994 es coautor del Proyecto de Urbanizacin del Canal Imperial de Aragn, sector Ruiseores de Zaragoza, con restauracin de elementos originarios anexos y del Proyecto de acondicionamiento de dos sectores de las orillas del ro Ebro. En 1996 realiza la propuesta inicial de ideas en el ro Ebro a su paso por Zaragoza. Es nombrado jefe de la Unidad de Proyectos y Valoraciones, del Servicio de Gestin del Suelo del rea de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza. FERNNDEZ RAMREZ, Manuel: Zaragoza. En 1969 obtuvo el ttulo de arquitecto por la Escuela Tcnica Superior de Arquitectura de Madrid, en las especialidades de Edificacin y Urbanismo. Desde entonces desarrolla su actividad profesional en el ejercicio libre de la Arquitectura y del Urbanismo, con realizacin de proyectos de edificacin, tanto de restauracin y rehabilitacin, como de edificacin representativa, docente y residencial, con amplia experiencia en la direccin, control y organizacin de obras y en trabajos urbansticos. Ha obtenido numerosos premios (diez hasta la fecha) en concursos de Urbanismo y Arquitectura. Desde hace aos realiza temas de investigacin, de anlisis urbanstico y de conservacin patrimonial en todo el recorrido del Canal Imperial de Aragn. En el ao 1995, el equipo por l dirigido, obtuvo el Primer Premio del Concurso Nacional de Anteproyectos para la Rehabilitacin del Canal Imperial de Aragn, convocado por la DGA. FERRNDEZ VALENZUELA, Manuel: Zaragoza. Arquitecto por la Escuela Tcnica Superior de Arquitectura de Barcelona, especialidad de Urbanismo (1968). Entre 1969 y 1982, fue arquitecto asesor urbanstico en varios municipios, redactando numerosos trabajos como urbanista. Arquitecto por oposicin libre del Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza (1986). Desde entonces jefe del Sector B de Planeamiento. En 1990, ocupa la Jefatura de Parques y Jardines ganando la plaza en propiedad en 1996. Director y profesor de Proyectos de la Escuela de Jardinera Municipal del Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza. Ha proyectado el parque del Oeste (barrio Oliver), parque de la Aljafera, parque Lineal del Corredor del Huerva (parque del Candromo, Las Glorietas de Goya y del Azud). Obtuvo el Primer Premio del Concurso Internacional de Ideas Concurs International didees sur les structures portantes despaces 392

Ros y ciudades

verts y ouvrages sauterrains mitoyens del plantoations, convocado por el Ayuntamiento de Pars. FERRER CASTILLO, Csar: Ingeniero de Caminos Canales y Puertos. Jefe del Servicio de Coordinacin y Actuaciones Especiales de la Comisara de Aguas de la Confederacin Hidrogrfica del Ebro. Durante toda su vida profesional, veinticinco aos, se ha dedicado fundamentalmente a la Hidrometra, siendo responsable de la Red de Estaciones de Aforo de la Cuenca del Ebro, que actualmente cuenta con unas 200 instalaciones en funcionamiento, de las que aproximadamente la mitad se han incorporado al Sistema Automtico de Informacin Hidrolgica (SAIH) de dicha cuenca. Experto en Hidrometra y en diseo de Estaciones de Aforo. Ha realizado ms de 100 proyectos de estaciones, tanto de nueva construccin como de reparacin y remodelacin de instalaciones existentes. GAVIRIA LABARTA, Mario: Cortes de Navarra (Navarra), 1938. Licenciado en Derecho y socilogo. Comprometido en la lucha antinuclear en los aos 70, desarrolla una importante actividad en las siguientes dcadas en la lucha contra la exclusin social. A finales de los 90, asesora a la Confederacin Hidrogrfica del Ebro en el proyecto de abastecimiento con aguas del Pirineo a la ciudad de Zaragoza. Es autor de numerosas publicaciones, entre ellas La quimera del Agua (1996), Ed. siglo XXI y La sptima potencia. Espaa en el mundo (1997), Ed. B. GUTIRREZ SERRET, Ramn Mara: Madrid, 1950. Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Escuela Tcnica Superior (Etsiccp). Universidad Politcnica de Madrid, 1994. Ingeniero perteneciente a la Divisin de Estructuras Hidrulicas (anteriormente Divisin de Proyectos) del Centro de Estudios Hidrogrficos del CEDEX desde el 8 de mayo de 1978 hasta la actualidad, ocupando actualmente el cargo de jefe del rea de Estudios y Planificacin. Premio Jos Torn del Comit Nacional Espaol de Grandes Presas por el trabajo Aireacin en las Estructuras Hidrulicas de las Presas: Aliviaderos y desages profundos, realizado conjuntamente con el ingeniero de Caminos, Canales y Puertos D. Alfonso Palma Villaln. Edicin 1995. Premio Carlos Gonzlez Cruz a la mejor tesis doctoral presentada en la Escuela Tcnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politcnica de Madrid, relacionada con las Tcnicas de la Hidrulica, las Obras Hidrulicas y las Presas, 1995. JLVEZ HERRANZ, ngel Manuel: Zaragoza, 1946. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos por la Universidad de Madrid (1970). Ingres en el Ayuntamiento de Zaragoza en 1971. Desde entonces ha desempeado los siguientes cargos: Ingeniero jefe de los Servicios de Agua y Alcantarillado de Vialidad y Aguas, jefe de Estudios y Proyectos de Vialidad y Aguas, jefe de Urbanizaciones, Estudios y Proyectos e Infraestructuras 393

Los autores

Hidrulicas, jefe del Servicio de Ejecucin de Planeamiento, director del rea de Ingeniera, y jefe del Departamento del rea de Urbanismo. Actualmente ocupa el cargo de director del Centro Municipal de Ordenacin del Territorio. LPEZ-ARAQUISTIN, Jess: Logroo, 1951. Cursa estudios de Arquitectura en Valencia, especialidad de Urbanismo. Tcnico urbanista. En 1977 se incorpora al Servicio de Urbanismo del Ayuntamiento de Logroo. Actualmente jefe de la Seccin de Planeamiento y Gestin, coautor de los Planes de Ordenacin Urbana de 1985 y 1992, de diversos planes de rango menor e instrumentos de gestin, siempre en el mbito de la ciudad de Logroo. LLOP TORN, Jos Mara: Lleida, 1951. Arquitecto Urbanista por la Escuela Tcnica Superior de Arquitectura de Barcelona (1974). Arquitecto funcionario de la Corporacin Metropolitana durante el perodo 19741978, en el que redacta el Plan General Metropolitano del rea Metropolitana de Barcelona (1976). Arquitecto municipal de La Paeria-Lleida desde 1978, ocupando desde 1979 el cargo de director de los Servicios de Urbanismo de La Paeria. En el perodo 1988-91 ocupa el cargo de director del rea de Urbanismo, Servicios y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Lleida. Presidente de la Agrupacin de Arquitectos Urbanistas del Colegio de Arquitectos de Catalunya. Director del Programa de la Unin Internacional de Arquitectos sobre Ciudades Medias. MARCUELLO CALVN, Jos Ramn: Jaca (Huesca), 1947. Periodista y escritor. Ha sido redactor de El Correo Gallego y El Noticiero, redactor-jefe de Andaln, subdirector de El Da de Aragn, director de servicios informativos de Radio Zaragoza-Cadena SER. jefe del Gabinete de Prensa del Ayuntamiento de Zaragoza y Diputacin General de Aragn. Es editor y director de la revista Trbede. Especialista en temas hidrolgicos, es autor de libros como El Ebro, ed. Oroel, 1986; El Ebro de punta a punta, Ibercaja, 1995; de Mitos, leyendas y tradiciones del Ebro, Ed. Certeza, 1996 y de la coleccin Los ros de Aragn, El Peridico de Aragn, 1991, y de Nueva Gua de Aragn, Anaya, 1994 (Premio Pignatelli, 1991). Es, asimismo, guionista de las pelculas de significados hidraulistas como Manuel Lorenzo Pardo, CICP e Ibercaja, 1990, y Francisco de los Ros, DGA, 1992. MONCLS FRAGA, Francisco Javier: Zaragoza, 1951. Arquitecto (1978) y Doctor arquitecto (1985). Profesor titular de la Escuela Tcnica Superior de Arquitectura del Valls, Departamento de Urbanstica y Ordenacin del Territorio (Universidad Politcnica de Catalua, Barcelona). Miembro del Consejo de la Internacional Planning History Society. Miembro de los consejos de redaccin de las revistas Planning Perspectives (desde 1990) e Historia Urbana (desde 1991). Co-director del proyecto internacional Atlas de Ciudades Europeas (desde 1990) (convenio Universidad Politcnica de Catalua y Centre de Cultura Contempornea de Barce394

Ros y ciudades

lona). En la actualidad, dirige un equipo interdisciplinar dedicado al anlisis de los procesos y estrategias urbansticas recientes en diversas ciudades europeas (Proyecto Info 2000). MOZOTA BERNAD, Javier: Zaragoza, 1952. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos por la Escuela Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid. Ingeniero de Construccin y Electricidad por la Escuela Politcnica Superior del Ejrcito de Madrid. Promocin 1976. MURILLO ARRUEGO, Jos Cruz: Perdiguera (Zaragoza), 1934. Agricultor. Alcalde de Perdiguera desde el ao 1962 hasta 1973 y concejal y alcalde de este consistorio en el periodo democrtico. Ha sido diputado provincial en tres legislaturas as como diputado en las Cortes de Aragn. Actualmente es concejal del Ayuntamiento de Zaragoza, y en el momento de las Jornadas ocupaba el cargo de concejal delegado de Medio Ambiente. NEZ MAESTRO, ngel Alfonso: Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos (1978) y con anterioridad ingeniero tcnico de Obras Pblicas (1971). Es actualmente jefe de la Seccin 1 del rea de Explotacin y jefe de Servicio 1 de Explotacin en la Confederacin Hidrogrfica del Ebro, donde as mismo ocupa la jefatura del rea de Gestin de Recursos en Explotacin. Con anterioridad ha sido ingeniero subdirector del Canal Imperial de Aragn y jefe de Servicio en la Jefatura Provincial de Puertos y Costas de Lugo. Ha participado en numerosos cursos profesionales. OLLERO OJEDA, Alfredo: Logroo, 1964. Doctor gegrafo. Profesor titular interino de Geografa Fsica en la Universidad del Pas Vasco. Doctor en Geografa. En 1992 defiende la tesis titulada Los meandros libres del ro Ebro (Logroo-La Zaida): geomorfologa fluvial, ecogeografa y riesgos obteniendo la mxima calificacin: apto cum laude por unanimidad. Desde entonces se dedic durante varios aos al ejercicio libre de la profesin de gegrafo, trabajando fundamentalmente para el Plan Hidrolgico del Ebro con varios estudios e informes. Ha publicado varios libros cientficos y casi una cuarentena de publicaciones en revistas cientficas, actas de congresos y captulos de libros. PELLICER CORELLANO, Francisco: Ambel (Zaragoza), 1953. Doctor gegrafo. Profesor titular del Departamento de Geografa y Ordenacin del Territorio de la Universidad de Zaragoza. Director de un curso de postgrado sobre Medio Ambiente Urbano. Representante de la Universidad en Ebrpolis, Consejo de Proteccin de la Naturaleza de Aragn y en otros rganos de participacin social en materia de medio ambiente y ordenacin del territorio. Director de los estudios para el Plan Especial de Medio Ambiente y Ordenacin del Territorio. Entre sus publicaciones destacan: Middle Ebro river chanel and floodplain: geomorphology, recent changes, risks and management on a fluvial system o free mean395

Los autores

ders, Soil Erosion in Spain (en colaboracin), Geoforma, 1991; El ciclo del agua y la reconversin del paisaje periurbano, La ciudad dispersa (en colaboracin), CCCB, 1997; Le paysage fluvial des villes mditerranennes: exemples du Rseau C-6, Fleuve et Patrimoine, 9 Entretiens Jacques Cartier, Quebec, Canad. PINILLA LPEZ-OLIVA, Luis: Borja (Zaragoza), 1937. Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Desde junio de 1973 hasta la actualidad trabaja en la Confederacin Hidrogrfica del Ebro, como jefe de la Divisin de Lucha contra la Contaminacin, ahora denominada rea de Calidad de Aguas. Ha participado como ponente en numerosos Seminarios y Congresos. RAMOS MARTOS, Manuel: Zaragoza, 1942. Obtiene el ttulo de arquitecto por la Escuela Tcnica Superior de Arquitectura de Madrid en el ao 1966. Arquitecto municipal en el Ayuntamiento de Zaragoza desde el ao 1971. Arquitecto Director de la redaccin del Plan General de Ordenacin Urbana de Zaragoza de 1986. Actualmente desempea el cargo de director de la Oficina de la Revisin del Plan General de Zaragoza. TMEZ PELEZ, Jos Ramn: Madrid, 1952. Doctor ingeniero de Caminos. Jefe del rea de Hidrologa del Centro de Estudios Hidrogrficos del CEDEX. Catedrtico de Hidrulica de la Escuela Universitaria de Ingeniera Tcnica de Obras Pblicas de Madrid. Director del Master en Hidrologa General y Aplicada del CEDEX, patrocinado por la UNESCO. UREA FRANCS, Jos Mara: Doctor ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Catedrtico de Urbanismo y Ordenacin del Territorio de la Universidad de Cantabria. Ha trabajado en las Universidades de California en Berkeley, Edimburgo y Politcnica de Madrid. Investiga sobre las relaciones entre Obra Pblica y Ordenacin del Territorio. Fundador del Grupo Santander de Universidades Europeas. Doctor Honoris Causa por las Universidades de Bristol y Gante. Desde septiembre de 1998, dirige la Escuela Tcnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de Castilla-La Mancha (Ciudad Real). VOLLE, Jean-Paul: (1943). Doctor gegrafo. Catedrtico de la Universidad Paul-Valry. Estudios en la Facultad de Letras de Montpellier, CAPES de Geografa por la cole Normale dInstituteurs de Nmes. En la Escuela de Arquitectura de Montpellier, donde es responsable de un curso de segundo ao (DEFA) cuyo objeto es la Ciudad, el Urbanismo y el Medio Ambiente, participa en las enseanzas tericas relacionadas con el Urbanismo y la ordenacin territorial. Entre sus numerosas publicaciones destacan: Villes et reseau urbain en Languedoc-Rousillon, La Documentation Franaise, 1977; Histoire de Montpellier. Les mutations contemporaines 1945-1980 (en colaboracin con Vielzeuf), Toulouse, Privat 1984; LHrault. Histoire et gographie du departement (en colaboracin), ditions Bor396

Ros y ciudades

desoules, 1993; Atlas Histrico de las ciudades europeas, II, (en colaboracin), Salvat, CCCB, 1996. ZORRAQUINO LOZANO, Victorino: Zaragoza, 1944. Es socio fundador y director tcnico de Sers, Consultores en Ingeniera y Arquitectura, S.A., que ha desarrollado desde 1973 numerosos proyectos de planeamiento urbano, infraestructuras urbanas, ingeniera hidrulica, aprovechamientos hidroelctricos e hidrulica fluvial.

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NDICE
Prlogo, por Guillermo FATS .................................................................................. Presentacin, por el Comit organizador del Ciclo Ros y Ciudades .. Conferencias Ros, ciudades, parques fluviales, corredores verdes. Francisco Javier MONCLS FRAGA ...................................................................................................... El agua y la ciudad. Mario GAVIRIA LABARTA ...................................................... La ordenacin de los espacios fluviales en las ciudades. Jos Mara UREA FRANCS ...................................................................................................................... Logroo y el Ebro. Jess LOPZ ARAQUISTIN ........................................................ El ro Segre, eje del Plan de Espacios Libres en Lleida. Josep Mara LLOP TORN, Rafael GARCA CATAL, Esther FANLO GRASA, Carlos LLOP TORN, Josep Maria PUIGDEMASA e Ignasi ALDOM BUIXAD ............ Paisajes fluviales de las ciudades de la red C-6. Francisco P ELLICER CORELLANO ........................................................................................................ Montpellier. Acondicionar el ro Lez. Un proyecto para la ciudad. Jean-Paul VOLLE .......................................................................................................................... Ecogeografa del ro Ebro. Alfredo OLLERO OJEDA .............................................. Actuaciones urbanas en cauces y riberas: el caso del Ebro en Zaragoza. Ramn M GUTIRREZ SERRET ............................................................................................ El sistema hidrulico del Ebro. Hidrologa y previsin. Csar FERRER CASTILLO .. Obras de defensa. Caudales de diseo. Jos Ramn TMEZ PELEZ .......... La Gestin de los ros en el medio urbano: tendencias francesas. Jean-Paul BRAVARD ...................................................................................................................... La calidad del agua. Luis PINILLA LOPZ-OLIVA.................................................................. Visin histrica y urbana de los ros en Zaragoza. Elvira ADIEGO ADIEGO.......... Simbolismo, identidad y mito del Ebro. Jos Ramn MARCUELLO CALVN
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Los ros en la revisin del Plan General de Zaragoza. Manuel RAMOS MARTOS ..

ndice

El Canal Imperial de Aragn: su explotacin. Angel NEZ MAESTRO ............ El Canal Imperial de Aragn: anlisis y propuestas de regeneracin. Victorino Z ORRAQUINO L OZANO y Manuel FERNNDEZ RAMREZ .......................... Reforma del Paseo de Coln en el Canal Imperial. Jos Javier MOZOTA BERNAD y Julio DAZ-PALACIOS G ARCA ...................................................... El corredor verde del Huer va. Manuel F ERRNDEZ VALENZUELA El Ebro: parque lineal de Zaragoza. ngel M. JLVEZ HERRANZ Mesas redondas La Calidad del Agua. Pablo DE LA CAL NICOLS ................................................ El corredor del Ebro y la estructuracin metropolitana de Zaragoza. Pablo DE LA CAL NICOLS ........................................................................................................ Actuaciones en los ros de Zaragoza. Experiencias en el Gllego, Galacho de Juslibol y Parque Lineal del Ebro. Javier CELMA CELMA .............................. El Parque Lineal del Ebro. Francisco PELLICER CORELLANO............................ Conferencia de clausura Zaragoza: ciudad del agua. Jos Cruz MURILLO ARRUEGO Eplogo Javier CELMA CELMA y Francisco PELLICER CORELLANO LOS AUTORES
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