0% encontró este documento útil (0 votos)
5 vistas7 páginas

Rey Rosa

Rey Rosa

Cargado por

Ivonne VL
Derechos de autor
© Attribution Non-Commercial (BY-NC)
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
5 vistas7 páginas

Rey Rosa

Rey Rosa

Cargado por

Ivonne VL
Derechos de autor
© Attribution Non-Commercial (BY-NC)
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

SIEMPRE JUNTOS Rodrigo Rey Rosa En una casita incrustada en lo alto de un despeadero sobre el agua azul y negra del

lago volcnico, haba dos escorpiones, uno grande y otro chico. Se crea que eran madre e hijo, porque siempre estaban juntos. Una noche de mucho viento el escorpin grande tuvo la mala suerte de caer del entretecho de madera y lmina donde dorman. El otro escorpin asom por la hendidura luminosa por la que el mayor haba cado a un lugar de piedra, vidrio y muchas voces. El escorpin grande cay de espaldas con un ruido de rama quebrada sobre el piso de loza. A su lado, estaba una niita de pocos meses, que no era menos monstruosa que sus padres y amigos que la miraban babear y hacer muecas, como hipnotizados. Si lo vean ah pens el escorpin no descansaran hasta destruirlo. Como si a l pudiera interesarle ese culito blanco. Pero ni soarlo, con el escorpin que estaba esperndolo arriba, en las tablas calientes del techo. Pero si lo vean ah, tocando casi la carne olorosa de la nia, creeran sin duda que llevaba malas intenciones. Tena que quedarse muy quieto donde estaba, para que el color de su cuerpo se confundiera con el color de

la piedra. En cuanto dejaran de mirar en esa direccin, correra hasta la chimenea, se pondra a salvo en una rendija entre los ladrillos ahumados y el ngulo de hormign. Cuando aquellos seres temerosos terminaran de ingerir sus alimentos y el lquido que solan beber hasta muy entrada la noche, cuando dejaran de echar por bocas y narices aquel humo que los pona ms torpes de lo que eran pensaba el escorpin yo podr trepar al techo y reunirme con l. No s en qu estara pensando cuando ca, se dijo a s mismo. Acababan de tener una de esas rias sin sentido. pero inevitable sen las vidas compartidas. Le haba dicho al otro que si en realidad no apreciaba lo que l haca, poda ir a buscar un techo propio en otro parte, que el techo donde estaban lo haba descubierto l. Una tontera, ambos lo saban. No quera que el otro se marchara, ni el otro sera capaz de encontrar un techo nuevo, si no saba cmo buscar, porque nunca tuvo que buscar nada. Se morira de hambre o de fro. Pero era inaceptable que el otro creyera merecerlo todo, con slo existir. Cree que el nico trabajo que le corresponde hacer es digerir la comida que le pongo en la boca y montarse encima de m cuando se lo pido, pens. Un momento antes de caer, se haba dado la vuelta para apartarse del otro y dar fin a la pequea escena, y entonces sinti la

rfaga de viento norte que hizo temblar las laminas del techo, y sufri la tonta cada. Caer as se reproch a s mismo, a mi edad! A lo largo del tiempo haba ido aprendiendo los hbitos de aquella familia. Venan a refugiarse bajo ese techo muy de vez en cuando, una vez en verano, otra en invierno, y se quedaban slo dos o tres semanas. Ahora hasta les entenda. Acumular tontera sobre tontera, sa era la esencia de su conversacin. No saban lo que les esperaba. En general, no les tena miedo. Y ellos solan dejarlo en paz. Lo que haca peligrosa su situacin momentnea era la presencia de la nia. Haba que ver la clase de disparates que una cra poda lograr hacer a aquella especie de sangre caliente. El ms apestoso de los hombres levant de pronto a ala niita, que sin duda era hija suya; los pies de ambos exhalaban el mismo olor intenso. Entonces una de las mujeres seal con el dedo que un instante atrs hurgaba furtivamente en sus narices y grit: Un alacrn! El escorpin corri con la cola en alto un buen trecho, pero no el suficiente para llegar a alguna rendija salvadora. Los dos hombres que se pudieron a darle caza estaban borrachos; las mujeres, histricas, se movan de aqu para all. Uno lo golpe con una escoba y lo barri hacia el centro del cuarto. El otro cay sobre l con un vaso de vidrio con

restos de lquido rojizo con olor a fruta fermentada y a saliva. Una tras otra, las estpidas caras se fueron acercando, para deformarse en el cilindro de vidrio y mirarlo blandir la cola con furia. Alguien dijo que deban matarlo. Era un peligro dejarlo vivir, sobre todo por la nia; pareca que estaban de acuerdo. Sin embargo, el sucio dijo: Mi signo es de la octava casa. Nunca he matado a ningn escorpin y ninguno me ha picado. Vamos a mirarlo un rato, que son algo, y luego lo tiramos por el balcn (que sala de las rocas por encima del lago). tardar das en volver a subir, si es que encuentra el camino de regreso. Metieron un pedazo de cartn debajo del vaso, y as lo levantaron para ponerlo sobre una mesa de pino, donde arda una lmpara de gas. Uno dijo que lo mejor sera quitarle el aguijn, que as podran divertirse con l a sus anchas sin ningn peligro, pero el sucio volvi a oponerse. Siguieron bebiendo, y de pronto el alacrn dej de formar parte de la conversacin. Era como si se hubieran olvidado de l. Y las hormigas empezaron a aparecer, atradas por los restos de comida y el azcar con fermento desperdigados sobre el mantel. Una de las mujeres destripo con una ua dos hormigas a un lado de su plato, pero haba muchas ms. A ellas, nadie las defendi y muchas murieron. La niita, que haba sido llevada a uno de los dormitorios, dio un alarido, y

las mujeres se levantaron de la mesa para ir en su auxilio. El olor de sus excrementos llegaba de vez en cuando con las rfagas de viento hasta el comedor. Los hombres no se movieron, siguieron bebiendo y hablando, hasta que aun el viento se cans. Las olas del lago que iban a morir contra las rocas de la orilla era lo nico que poda orse por debajo de las voces que no dejaban de repetir tonteras. El escorpin no poda levantar el vaso para escapar, por ms que forcejeaba. Al fin tambin las voces se fueron cansando, los hombres se levantaron, y la mesa qued a disposicin de las hormigas, que eran interminables. Hicieron desaparecer las migajas de pan y los trocitos de queso y verdura, y luego comenzaron a formarse alrededor del vaso, donde segua prisionero el escorpin. Las primeras que lograron pasar entre el cartn y el borde del vaso fueron muertas por las tenazas y aguijonazos del seor de la octava casa, pero en pocos minutos haba demasiadas, y avanzaban en formacin de media luna sobre el viejo escorpin. A la maana siguiente una de las mujeres vio el vaso y lo llev al balcn para dejar caer los restos, con las hormigas que todava estaban devorndolos y que se dispersaron con el viento. No volver, pensaba el escorpin en lo alto, contento porque al fin tendra un lugar slo para l.

LA PRUEBA Rodrigo Rey Rosa Una noche, mientras sus padres bajaban por la autopista de vuelta de una fiesta de cumpleaos, Miguel entr en la sala y se acerc a la jaula del canario. Levant la tela que la cubra, y abri la puertecita. Meti la mano, temblorosa, y la sac en forma de puo, con la cabeza del canario que asomaba entre los dedos. El canario se dej agarrar, oponiendo poca resistencia con la resignacin de alguien que sufre una dolencia crnica, tal vez porque crea que lo sacaban para limpiar la jaula y cambiar el alpiste. Pero Miguel miraba al canario con los ojos vidos de quien busca un presagio. Todas las luces de la casa estaban encendidas; Miguel haba recorrido cada cuarto, se haba detenido en cada esquina. Dios, razonaba Miguel, puede verlo a uno en cualquier sitio, pero son pocos los lugares apropiados para invocarlo a l. Por ltimo, escogi la oscuridad del stano. All, en una esquina bajo la alta bveda, se puso en cuclillas, al modo de los indios y los brbaros, la frente baja, los brazos en torno de las piernas, y el puo donde tena el pjaro entre las rodillas. Levant los ojos a la oscuridad, que era roja en ese instante, y dijo en voz baja: Si existes, Dios mo, haz que este pjaro reviva. Mientras lo deca fue apretando poco a

poco el puo, hasta que sinti en los dedos la ligera fractura de los huesos, la curiosa inmovilidad del cuerpecito. Un momento despus, contra su voluntad, Miguel pens en Mara Luisa, la sirvienta, que cuidaba del canario. Y luego, cuando por fin abri la mano, fue como si otra mano, un mano mas grande, lee hubiera tocado la espalda: la mano del miedo. Se dio cuenta de que el pjaro no revivira. Dios no exista, luego era absurdo temer su castigo. La imagen e idea de Dios sali de su mente, y dej un vaco. Entonces, por un instante, Miguel pens en la forma del mal, en Satans, pero no se atrevi a pedirle nada. Se oy el ruido de un motor en lo alto: el auto de sus padres entraba en el garaje. Ahora el miedo era de este mundo. Oy las portezuelas que se cerraban, tacones de mujer en el piso de piedra. Dej el cuerpecito del canario en el suelo, cerca de la esquina, busc a tientas un ladrillo suelto y lo puso sobre el pjaro. Oy la campanilla de la puerta de entrada, y subi corriendo a recibir a sus padres. Todas las luces encendidas! exclam su madre cuando miguel la besaba. Qu estabas haciendo all abajo? pregunt su padre. Nada dijo Miguel . Tena miedo. Me da miedo la casa vaca.

La madre recorri la casa apagando las luces, en el fondo asombrada del miedo de su hijo. sa fue para Miguel la primera noche de insomnio. El hecho de no dormir fue para l lo mismo que una pesadilla, sin la esperanza de llegar al final. Una pesadilla esttica: el pjaro muerto debajo del ladrillo, y la jaula vaca. Horas ms tard, oy que se abra la puerta principal; haba ruidos de pasos en el piso inferior. Paralizado por el miedo, se qued dormido. Mara Luisa, la sirvienta, haba llegado. Eran las siete, el da an estaba oscuro. Encendi la luz de la cocina, puso su canasto en la mesa, y, como acostumbraba, se quit las sandalias para no hacer ruido. Fue a la sala y levant la cobertura de la jaula del canario. La puertecita estaba abierta; la jaula, vaca. Despus de un momento de pnico, durante el que permaneci con los ojos clavados en la jaula que se balanceaba frente a ella, mir a su alrededor, volvi a cubrir la jaula y regres a la cocina. Con mucho cuidado recogi las sandalias, tom su canasto y sali de la casa. En la calle, se puso las sandalias y ech a correo en direccin al mercado, donde esperaba encontrar un canario igual al que, segn ella, por su descuido se haba escapado. El padre de Miguel se despert a las siete y cuarto. Cuando baj a la cocina, extraado de que Mara Luisa an no hubiera llegado, decidi ir al stano a traer las naranjas

para sacar el jugo l mismo. Antes de volver a la cocina, trat de apagar la luz, pero tena las manos y los brazos cargados de naranjas, as que tuvo que usar el hombro para bajar la llave. Una de las naranjas cay de su brazo y rod por el suelo hacia una esquina. Volvi a encender la luz. Dej las naranjas sobre una silla, hizo una bolsa con las faldas de su bata, y fue a recoger la naranja que estaba en la esquina. Y entonces not el ala del pajarito que asomaba debajo del ladrillo. No le fue fcil, peor pudo imaginar lo que haba ocurrido. Nadie ignora que los nios son crueles; pero cmo reaccionar? Los pasos de su esposa se oan arriba en la cocina. Se senta avergonzado de su hijo, y, al mismo tiempo, se sinti cmplice con l. Era necesario esconder la vergenza, la culpa, como si la falta hubiera sido suya. Levant el ladrillo, guard el cuerpecito en el bolsillo d esu bata, y subi a la cocina. Luego fue a su cuarto para lavarse y vestirse. Minutos ms tarde, cuando sala de la casa, se encontr con Mara Luisa que volva del mercado, con el nuevo canario oculto en el canasto. Mara Luisa lo salud de un modo sospechoso, peor l no advirti nada. Estaba turbado; tena el canario muerto en la mano escondida en el bolsillo.

Al entrar en la casa, Mara luisa oy la voz de la madre de Miguel en el piso de arriba. Dej el canasto en el suelo, sac el canario, y corri a meterlo en la jaula. Con aire de alivio y de triunfo, levant la cubierta, Pero entonces, cuando descorri las cortinas de los ventanales y los rayos del sol tieron de rosa el interior de la sala, not con alarma que una de las patas del pjaro era negra. Miguel no lograba despertarse. Su madre tuvo que llevarlo cargado hasta la sala de bao, donde abri el grifo y, con la mano mojada, le dio unas palmaditas en la cara. Miguel abri los ojos. Luego su madre lo ayud a vestirse, baj con l las escaleras, y lo sent a la mesa en la cocina. Despus de dar unos sorbos del jugo de naranja, Miguel consigui deshacerse del sueo. Por el reloj de pared supo que eran las ocho menos cuarto; Mara Luisa no tardara en entrar a buscarlo, para llevarlo a la parada del autobs de la escuela. Cuando su madre sali de la cocina Miguel se levant de la mesa y baj corriendo al stano. Sin encender la luz fue a buscar el ladrillo en la esquina. Luego corri hasta la puerta y encendi la luz. Con la sangre que golpeaba en su cabeza, levant el ladrillo y se convenci de que el canario no estaba all. Al subir a la cocina se encontr con Mara Luisa; la evadi y corri hacia la sala, y ella corri tras l. Al cruzar la

puerta, frente al ventanal, con el canario que saltaba de una ramita a otra, y se detuvo de golpe. Hubiera querido acercarse ms, para asegurarse, pero Mara Luisa lo agarr de la mano y lo arrastr hacia la puerta de la calle. Camino de la fbrica el padre de Miguel iba pensando en qu decirle a su hijo al volver a casa por la noche. La autopista estaba vaca; era una maana singular: nubes densas y llanas, como escalones en el cielo, y abajo, cortinas de niebla y luz. Abri la ventanilla, y en el momento en el que el auto cruzaba por un puente sobre una profunda caada, quit una mano del volante y arroj el pequeo cadver. En la ciudad, mientras esperaban el autobs en la parada, Mara Luisa el relato de la prueba que miguel haba recibido. El autobs apareci a lo lejos, en miniatura en el fondo de la calle. Mara Luisa se sonri, y le dijo a Miguel en tono misterioso: Tal vez ese canario no es lo que parece. Hay que mirarlo de cerca. Cuando tiene una pata negra es del diablo. Miguel, la cara tensa, la mir en los ojos. Mara Luisa lo cogi de los hombros y lo hizo girar. El autobs estaba frente a l, con la puerta abierta. Miguel subi el primer escaln: India bruja!, le grit a Mara Luisa. El autobs arranc. Miguel corri hacia atrs y se sent junto a la ventana en el ltimo asiento. Son una

bocina, se oy un rechinar de neumticos, y Miguel evoc la imagen del auto de su padre. En la ltima parada, el autobs recogi a un nio gordo, de ojos y boca rasgados. Miguel le guardaba un lugar a su lado. Qu tal? el nio le pregunt al sentarse. El autobs corra entre los lamos, mientras Miguel y su amigo hablaban del poder de Dios.

Common questions

Con tecnología de IA

The theme of deception permeates interactions in both the human and animal world across the stories. In 'SIEMPRE JUNTOS,' the scorpion must hide its presence from humans by blending in with its environment to avoid destruction—a subtle deception for survival . Conversely, in 'LA PRUEBA,' Miguel's father deceives both his wife and their housemaid by concealing the dead canary, while Maria Luisa misleads Miguel by replacing the bird. These layered acts of deception illustrate how both humans and animals employ concealment to manage threats, preserve relationships, or cope with moral and survival instincts .

'LA PRUEBA' uses the canary as a powerful symbol of innocence and guilt. Initially, the bird represents innocence, a harmless creature cared for by the family's maid, Maria Luisa. Miguel’s decision to harm the canary unexpectedly casts him into a moral crisis, symbolized by the bird's death and the clandestine replacement attempt by the maid. Miguel's father's concealment of the dead bird further compounds the theme of guilt, as both he and Miguel hide their respective truths. Through these actions, the story illustrates how innocence is fragile and can be swiftly corrupted by guilt, impacting everyone involved .

The story in 'SIEMPRE JUNTOS' suggests contrasting perceptions of survival and threat between humans and animals. The scorpions understand their environment intricately, navigating threats through knowledge and stealth. The larger scorpion's strategic pause to blend with the stone reflects an instinctual comprehension of survival tactics. Humans, on the other hand, react with fear and aggression to perceived threats, marked by a frenzied response upon discovering the scorpion. This highlights how animals employ subtlety and situational awareness for survival, whereas humans may escalate threats through misunderstanding and impulsive defense mechanisms .

The presence of humans creates a life-threatening situation for the scorpion. Initially, the scorpion plans to remain still to avoid detection, as humans mistake its proximity to the child as a threat. Human panic ensues when the scorpion is discovered, prompting the scorpion to try to escape to safety. The scorpion's behavior changes from calm concealment to frantic escape due to human reactions, illustrating how humans can unwittingly exacerbate threats to wildlife simply through fear and misunderstanding .

'LA PRUEBA' depicts the complexity of parent-child relationships through the nuanced actions of Miguel's father. Discovering Miguel's cruel act, he is torn between disappointment and solidarity. His decision to conceal the canary's body indicates a protective instinct, showcasing an attempt to shield Miguel from consequences while grappling with his own moral discomfort. This ambivalence illustrates the difficulty parents often face in balancing discipline and empathy, revealing the layers of complicity and understanding present in familial bonds .

In 'LA PRUEBA', the character Miguel confronts his faith and ideology by conducting a personal test with the canary. He audaciously challenges the existence of God by squeezing the bird in hopes of a miraculous revival, reflecting his inner turmoil and search for spiritual confirmation. His subsequent realization that the bird remains lifeless opens a void where faith once was, leading Miguel to grapple with the absence of divine justice or punishment, thus confronting and ultimately reshaping his understanding of faith .

The ants in the narrative serve as both a foil and a catalyst in the story involving the scorpion. Initially ignored by the humans, the ants are drawn to the remains of the humans' feast. As the humans' attention wanes from the scorpion, the ants persist and eventually breach the makeshift trap containing it. Their ceaseless advance and overwhelming numbers ultimately signal the scorpion's impending defeat, as it succumbs to their encroachment. The ants, therefore, serve to highlight the inevitability of nature's persistence and the vulnerability of individual creatures in the face of relentless natural forces .

The setting in 'LA PRUEBA'—particularly the dimly lit, isolated basement—amplifies themes of fear and superstition. Miguel's choice of this space for his 'test' symbolizes a descent into darkness, both literally and morally. The secluded basement evokes traditional connotations of hidden fears and societal taboos. Additionally, the ominous atmosphere enhances the superstitious elements as Miguel invokes a divine test under cover of darkness, heightening the drama around his existential quest. This setting choice underscores the interplay between fear, moral questioning, and superstition, embedding them within a foreboding environment .

The physical setting of the story in 'SIEMPRE JUNTOS'—a small house high on a cliff over a volcanic lake—mirrors the emotional tension and precariousness between the two scorpions. Their environment, especially the unstable wooden and tin ceiling where they reside, symbolizes their fragile relationship, which is further strained when the larger scorpion falls due to a gust of northern wind. This fall becomes a metaphor for their recent argument and the inherent vulnerability in their interaction, emphasizing the themes of dependency and conflict .

The interaction between the scorpions in 'SIEMPRE JUNTOS' highlights themes of dependency and conflict. The larger scorpion reflects on their recent quarrel, recognizing that both scorpions rely on each other for survival, despite their disputes. The larger scorpion's regret and introspection after the fall indicate both a dependence on their shared living arrangement and a recognition of the futility in their arguments. This dynamic portrays how conflict can arise in dependent relationships, often leading to regret and a realization of mutual reliance .

También podría gustarte