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CERVERA DEL RÍO ALHAMA
La localidad de Cervera se ubica en una de las sierras de la Rioja Baja, la de Alcarama, siendo
cabecera de la subcomarca que lleva su nombre en el valle del Alto Alhama. Dista de Logroño
87 km, y se accede desde allí por la Nacional 232 en dirección a Zaragoza hasta el Villar de
Arnedo, tomando a continuación la LR-123.
Es el enclave riojano que más tardó en reconquistarse (año 1119), existiendo por ello una
huella musulmana bastante patente en su patrimonio artístico. Posee un casco urbano separa-
do en dos sectores por el río, que forman dos barrios, el de San Gil y el de Santa Ana. En el
primero, situado en la parte baja del pueblo, se enclava la iglesia parroquial de San Gil, del
siglo XV, el arco medieval de San Gil y el antiguo hospital de San Lázaro, con restos del XVII y
XVIII; en el barrio de Santa Ana, que es el principal y se sitúa en la parte alta, se ubica la iglesia
parroquial de Santa Ana, del siglo XVI, un arco del XVII y el Ayuntamiento de la localidad, edi-
ficio del XVIII, rehecho. En estos barrios las calles son de trazado sinusoso, acodilladas, algunas
ciegas, con manzanas irregulares y arcos cerrándolas, que recuerdan el urbanismo musulmán.
Al otro lado del río hay dos barrios chicos, el de San Miguel y el de Nisuelas. En el alto o mese-
ta de la Peña de San Antonio, divisoria entre los dos barrios principales, se hallan los restos del
castillo, construcción musulmana del siglo XII rehecha en los siglos XIV y XIX, y la ermita de
Nuestra Señora del Monte, del XVI, con la imagen titular que nos ocupa, tardorrománica del
XIII y rodeada de la leyenda de la mora encantada, que nos retrotrae a ese pasado musulmán.
Cuenta también Cervera con un sistema de puentes, acueductos y alcantarillado de origen
romano y medieval, posiblemente relacionados con los restos de una calzada romana existen-
tes en el paraje de Coscoger, la cual uniría Graccurris (Alfaro) con Numancia.
Ermita de Nuestra Señora del Monte
PESAR DE ESTE PASADO MEDIEVAL, el único resto romá- Tanto la ermita de la Virgen del Monte como la ima-
A nico que conserva la localidad es la Virgen del
Monte, titular de la ermita del mismo nombre. Esta
imagen, junto con la de Yerga en Autol, es la última talla del
gen poseen una bella leyenda que nos transmite por escri-
to por primera vez el escritor cerverano Manuel Ibo Alfa-
ro en una novela romántica e histórico-fantástica del siglo
románico riojano. De hecho, con ellas nos situamos en la XIX, publicada en 1856: La bandera de la Virgen del Monte o la
frontera del gótico, pues por algunas características deben Mora Encantada. El encuadre del tema dentro de la Edad
calificarse como tardorrománicas, y por otras como proto- Media hispana tiene su origen en la tradición del Roman-
góticas. Aunque a menudo se clasifican dentro del gótico, cero Viejo, donde abundan los romances que narran los
todavía pesa más en ellas lo románico, sobre todo en su amores entre un moro y una cristiana o viceversa. En el
concepción global y en su tipología; no obstante, en siglo IX, durante la dominación árabe en España, la hija del
pequeños detalles revelan ya el nuevo estilo. gobernador de Cervera –Zahra– se enamoró de un joven
La Virgen del Monte se ubica en un camarín del siglo cristiano –Fortún–, y tras convertirse a su religión, ambos
XIX –construido en 1895–, en el centro del primer cuerpo huyeron con un cofre que contenía las joyas de la prince-
del retablo mayor del presbiterio, que es barroco del XVII. sa y una bandera blanca con una cruz azul bordada por
La ermita se sitúa enfrente del castillo de la localidad, ella, para dedicarlo a la construcción de un templo a la Vir-
sobre un altozano o meseta del barrio de San Gil, y pudo gen en ese mismo monte cuando pudieran volver. También
ser la iglesia de dicha fortaleza, que se considera origen de incluyeron un pergamino que relataba sus intenciones,
la población. enterrando todo ello bajo un árbol (enebro, hayedo o
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roble, según distintos autores), pero finalmente fueron
capturados y su destino acabó trágicamente: él fue ahorca-
do y ella encerrada de por vida en un calabozo. En el siglo
XII, cuando todo esto se había olvidado, un pastor encon-
tró el tesoro intacto y tras su muerte se construyó el san-
tuario en el lugar del descubrimiento, abriéndose al culto
mediante la ceremonia, que año tras año se repite, de la
colocación de una bandera en el tejado más alto por una
joven. Se encargó la talla de imagen mariana y se colocó
en el nicho del altar principal, que quedaba justo encima
del hoyo donde se halló el cofre.
Según José Antonio Quijera Pérez, en esta leyenda
volvemos a toparnos con la tradición mítica de las oculta-
ciones de imágenes por los cristianos en lugares sagrados
durante las invasiones de pueblos pertenecientes a otras
religiones, y su posterior descubrimiento. En este caso la
hierofanía o lugar sagrado es el mundo vegetal, pues la
imagen se esconde al pie de un árbol.
Dejando a un lado la leyenda por su carácter mítico,
la cronología de la imagen no puede retrotraerse más allá
de la primera mitad del siglo XIII. Es de madera de aliso,
dorada y policromada. Está tallada sólo de frente y con la
parte trasera plana, teniendo en la parte inferior del dorso
una pequeña cavidad que según José Manuel San Baldo-
mero era para contener reliquias, y según los que restaura-
ron la imagen en 1990, para acceder a un vástago metáli-
co que posibilitaba su función procesional, enroscándose a
las andas. Su tamaño es grande, aunque no llega a igualar
a las de Valvanera, Nieva de Cameros, Nájera o Antigua de
Logroño; mide 99 cm de altura x 41 cm de anchura x 29
cm de profundidad.
En cuanto a tipología iconográfica, es una Virgen en
majestad, hierática, sedente, entronizada y frontal. Según
la postura del Niño es un tipo intermedio entre la Virgen
simétrica, con el Niño centralizado y frontal, y la Virgen
asimétrica, que lo muestra lateralizado en una rodilla y de
perfil. Aquí, Jesús se sienta en la rodilla izquierda de su
Madre ni de frente ni de perfil, sino en posición de tres
cuartos. Por eso encaja mejor en el tipo asimétrico, ya que
se ha roto tanto la simetría como la ley de frontalidad. Es
la única imagen románica riojana en la que el Niño se
encuentra en esta postura. Por sostenerlo por la parte supe-
rior del brazo, es una Virgen de apoyo.
La talla se sustenta sobre una peana poligonal negra
con cinco flores de lis doradas en el frente y se sienta en
un trono dorado con dos columnillas o montantes en los
laterales. El rostro, que estaba muy retocado, ha recupera-
do su aspecto original tras la eliminación de las capas aña-
didas en los sucesivos repintes y de los ojos de cristal pos-
Vista frontal de la imagen tizos que llevó desde el siglo XIX. Ahora los tiene grandes
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y negros, y el resto de la cara posee cejas bien delineadas, cordón que atraviesa el pecho. Los más antiguos ejemplos
nariz fina, tez ligeramente sonrosada en las mejillas y bar- españoles son de comienzos del XIII, abundando muchísi-
billa, y labios pequeños con sonrisa que ya no es tan leve mo en el XIV. Este manto es dorado, larguísimo y terciado,
como en otras imágenes plenamente románicas. Exhibe pues cubre los hombros y los brazos, deja libre la mano
mucho más cabello que éstas, que sólo lo mostraban un derecha y tapa las piernas. En este caso no asciende en dia-
poco en las sienes. El velo es blanco y sólo se aprecia por gonal hacia las rodillas, sino que cubre por completo toda
detrás. Hasta la restauración, tanto el velo como el cabello la mitad inferior de la figura; incluso se arrastra por el suelo
estaban pintados de marrón oscuro, ocultando el dorado, ocultando la mitad del calzado. El manto terciado indica
lo cual hizo pensar que era un caso excepcional por llevar modernidad, siendo otra de las innovaciones de las imáge-
el pelo al descubierto, característica que no aparece hasta nes protogóticas. La mano derecha, añadida quizás en el
el gótico pleno. La corona es sencilla y lisa, a modo de cas- siglo XVI, cuya dirección fue rectificada en la restauración,
quete cilíndrico, antes también pintada ocultando el dora- está en actitud de sujetar con los dedos hacia arriba una
do que exhibe hoy. bola del mundo; la función de la izquierda es sostener al
La túnica, azul oscura con flores de lis doradas, está Niño. Las piernas ya no son divergentes, como es típico en
prácticamente oculta debajo del manto, por lo que es difí- el románico pleno, sino paralelas. El calzado, que asoma
cil adivinar su hechura. Tiene escote redondo o “a la caja”, muy poco por debajo del largo manto, es negro y puntia-
las mangas son estrechas y está ligeramente ablusada, gudo, y descansa sobre la peana.
característica propia del siglo XIII. La cinta dorada que atra- El Niño está sentado en la rodilla izquierda de su
viesa su cintura, más que un ceñidor parece el cordón que madre en posición de tres cuartos, ni de frente ni de per-
sujeta el manto, que es en realidad una capa con cuerda, fil. Su cabeza, que se deformó y rompió para la colocación
prenda reconocible precisamente porque se coloca con un de los ojos de cristal que también llevó desde la pasada
Detalle de las vestiduras Figura del Niño
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centuria, ofrece hoy un aspecto muy retocado. No obstan- Durante la Guerra de la Independencia, la efigie fue mal-
te, el rostro, aunque es más redondeado que el de la Vir- tratada por los franceses, y en 1818 un pintor de Cascante
gen, repite sus facciones. No lleva corona y parece que se llamado Diego Díaz del Valle encarnó el rostro y las
concibió sin ella, pues en la parte superior de la cabeza no manos a la Virgen y le puso ojos de cristal a ambos. En el
existe ninguna señal. El pelo está tratado como el de siglo XX todavía se cometían atropellos contra la talla (por
María: es rubio, con raya en medio, y desciende por los ejemplo, en 1907 se le colocó una corona de plata sobre-
laterales del rostro ocultando las orejas y ondulándose un dorada que dañó la original), y su recuperación comenzó
poco. La túnica es dorada, talar, con cuello redondo, man- en el año mariano de 1954, en que se eliminaron sus ropa-
gas estrechas y cinturón, detalle propio del siglo XIII. No jes postizos pero no los ojos de vidrio, que no fueron
lleva manto, pues en general, dentro del estilo románico, arrancados hasta la restauración de 1990, efectuada por el
los niños con ausencia de esta prenda son de cronología Taller Diocesano de Restauración de Santo Domingo de la
más avanzada que los que lo llevan; sin, embargo, en el Calzada. En esta intervención se le fabricaron otros de
gótico vuelve a ponerse de moda, interpretado a veces acuerdo con su estilo original, se recompuso el modelado
como capa. Con la mano derecha bendice a la manera lati- de los rostros, se saneó la madera y se arreglaron todos los
na, como es usual, pero lo hace de frente, y no de perfil, lo desperfectos.
cual es una característica tardía; la dirección de esta mano
se rectificó en la restauración. Con la izquierda sujeta el Texto y fotos: MSR
libro sagrado. Sus pies descalzos fueron añadidos en la res-
tauración.
La talla revela un estilo de transición del románico al Bibliografía
gótico, con muchos arcaísmos. Son todavía románicos el
aspecto grave, rígido, geométrico, la tipología frontal, la ABAD LEÓN, F., 1975c, pp. 197-198; ABAD LEÓN, F., 1990, IV, pp. 81-83;
ALFARO Y LAFUENTE, M., 1856 (1999); ANÓNIMO, 1896, pp. 7-15; BENI-
presencia de trono, la corona en forma de casquete cilín- TO ARGAIZ, I., 1996, pp. 9, 12, 13, 18; BENITO ARGAIZ, I, (ed.), 1999;
drico; son aspectos protogóticos su figura más esbelta, la BUJANDA CIORDIA, F., 1965, pp. 421, 458; FERNÁNDEZ LATASA, G., 1954,
sonrisa, los plegados en zigzag, el cinturón, la capa con pp. 5-8, 22-24, 48, 69, 78-80, 90-91; LÓPEZ DE SILANES VALGAÑÓN, F. J.
cuerda, terciada y arrastrándose, la túnica un poco ablusa- I., 2000, p. 207; MIGUEL PELÁEZ, J. A. de, 1990, p. 11; MOYA VALGAÑÓN,
da, la mayor presencia de cabello, la posición paralela y no J. G., 1976, II, p. 23; MOYA VALGAÑÓN, J. G., 2006f, II, p. 334; QUIJE-
RA PÉREZ, J. A., 1987, pp. 190-194; RODRÍGUEZ Y RODRÍGUEZ DE LAMA,
divergente de las piernas y la postura de la bendición divi- I., 1976 (1992), II, doc. 67; RUIZ ZAPATERO, S., 1984, pp. 8-10; SÁENZ
na, de frente y no de perfil. RODRÍGUEZ, M., 1997a, pp. 19-36; SÁENZ RODRÍGUEZ, M., 2005c, pp.
A lo largo de los siglos ha sufrido muchas transforma- 181-193; SAINZ RIPA, E., 1988a, pp. 29-30; SAN BALDOMERO ÚCAR, J.
ciones. A partir del XVI se vistió, se le instalaron artilugios M., 1980, pp. 6-26, 49; SAN BALDOMERO ÚCAR, J. M., 1991, pp. 59-71;
metálicos para transformarla en procesional y se añadieron YRAVEDRA, L. y RUBIO, E., 1949, pp. 47-53; ZAPATERO, J. M. y MARÍN, P.,
1913, pp. 52-53.
numerosas manos de estucados, pintados y telas encoladas.