COPERNICO
COPERNICO
estrella de aristas infinitas que sólo podían ver — en toda su extensión— las
reparto. Las mujeres amamantaban a sus crías sin detener la marcha y las
protegían del viento con pañolones de todos los colores. De vez en cuando, el
aquellos seres que instalaban sus carpas, en cualquier lugar, para pasar la noche,
Samuel Pereira era el hermano mayor de una familia, que también marchaba,
Sus recuerdos lo llevan por los túneles del tiempo —a través de caminos sin
asfalto—, por donde viajaban los camiones y las flotas de buses, que se dirigían
hacia los lugares incognitos que la necesidad les imponía. En uno de esos viajes,
puñal que, como un rayo de luz, solía aparecer para defender la hombría. Ser
mujer amada.
Francisco Hernando y Gilma Estela, sus hermanos; eran los compañeros de
“Hacienda Miramar”, por la carretera que se perdía entre las acacias y los
arrayanes de sus curvas. Una mañana, Francisco Hernando decidió que sería
más emocionante si trepaban a los árboles que bordeaban la hacienda. Una vez
entrelazaban formando un túnel arbóreo, que finalizaba a la orilla del río. Gilma
Francisco Hernando inventaba, a partir del cine o de las leyendas que narraban
en vehículo de guerra, en cuyos ojos estaban las ventanas por donde Gilma Estela
Los hermanos abordaban “el avión”. Muchas veces fueron astronautas en esa
nave de pinos y eucaliptos que por entre sus ramas los llevaba al espacio.
Algunas tardes, con las camisas viejas y las faldas anchas de sus padres, se
vaqueros del Oeste americano que defendían —de los “indios” — a las mujeres
bonitas y a los trenes que llevaban el progreso por esos arenales. En otras
las labores de la construcción, dirigidos por los maestros de obra y los albañiles
que les señalaban sus quehaceres: cavar las zanjas, cargar las piedras, el
cemento y el triturado para los cimientos; mientras que las mujeres improvisaban
fogones de leña para preparar los alimentos. Los caminantes que no lograron ser
esculpida en los farallones de los Andes y muy lejos del mar. El terreno fue
“Almacenes”, que eran de una sola planta, construidos con ladrillos de calicanto y
piedra para las fundiciones. Las fantasías infantiles también rondaban sus
La primera vez que los llevaron al lugar donde se levantaban las viviendas, fueron
al mirar esa fiesta del viento bajo el azul del cielo. Cada columna con su mástil y
pergamino de la sabiduría; la mujer del maíz llorando por el hambre de los niños;
Cuando los muros y los tejados de las viviendas se levantaron, la familia se mudó
asaltar a alguna vieja usurera, para pagar las rentas atrasadas; sin embargo,
haber leído la vida de Raskólnikov le hizo desistir. Tal vez ese hombre también
viejas, desde donde se escucharía el trasegar de las oscuras aguas de un río, que
logrado aprender el inglés básico para leer los manuales de los motores
“Caterpillar” que reparaba. Era bueno en eso, se sentía bien en su trabajo, pero
a su familia, pero sabía que todos sufrían por su dependencia del alcohol. La vida
burbuja que se desplazaba sin rumbo por la tierra. Desde el interior miraba el
mundo, que él no podía vivir. La burbuja cruzaba los mares y las rocas, los
hacia la esquina de un callejón sin salida, pero para esa esférica prisión no había
Sin embargo, había noches en que leía a sus hijos los versos de Guillermo
camellos”, y a ti, Samuel Pereira, te atrapaba “Anarkos”. Otras tardes leía a José
de Porfirio Barba Jacob; Ella también cantaba tangos y se ponía muy triste al
entonar “Malena”, pues recordaba en esas letras años mejores, cuando las
ilusiones empezaban.
observan una luna que los sigue por entre los árboles del “avión” y que se refleja
en los charcos formados por las lluvias. Avanzan lentamente sorteando los
baches del camino. ¡Oh noche de magia! La claridad lunar recorta siluetas
fantasmales, las hojas del maíz semejan la guadaña de la parca, pero esa noche
los hermanos son inmortales; nada ni nadie les arrebatará esas interminables
Amanece en la sabana, la luz del día avanza sobre las cumbres de Monserrate y
El camión rueda sobre el prado por un camino inexistente, las vacas mugen en las
las viviendas que, adocenadas, parecen más bien las barracas de un campo de
concentración. Por ahora, las calles son espacios de fango. Las paredes —de
bloques de cemento— dan un aspecto triste y desolado; las casas que están
algún día serán puertas y ventanas; aún es muy temprano y hace frío, pero ya hay
niños correteando en los lugares donde quedarán los patios, que todavía no se
han cercado. Las cocinas del lado de allá, se ven desde las cocinas del lado de
Tres”.
miserables objetos que son sus pertenencias van desfilando en los hombros
susurra: —Tranquila, hija, aquí todos somos pobres—. El piso de tierra se barre
con escobas de ramas, las ventanas se tapan con cartones y en las puertas del
panela caliente con pan tostado y mantequilla; se enteran ahora que en lo que
En esas noches —de nuevos habitantes— juegan a las escondidas con los niños
del lugar; se ocultan del duende que los busca tras los rimeros de ladrillos, en los
montes de gravilla y entre los grandes tubos de concreto que se utilizarán para el
Gilma y Hernando extraen el máximo provecho a las horas y a los días; lo hacen
espadas de guadua y escudos de cartón, mirando desde una colina los autos que
ensoñaciones.
Ahora los hermanos van a descubrir un nuevo mundo entre los rimeros de bloques
de cemento que forman laberintos en donde los niños y los amantes juegan a las
aviones DC3, entre las ruinas de los antiguos hangares del desmantelado
aeropuerto. Sin consultar con nadie, toman posesión de las ruinas de la torre de
son las marchas en fila con su nuevo grupo de amigos, es la claridad de la luna
que alumbra los espacios en donde algún día irán las ventanas. El barrio es un
final de la infancia.
Capítulo 2
Rosalba Garzón no se deja amilanar por la pobreza: abre una tienda con las
cuatro panelas y las dos libras de arroz del mercado familiar; hace clavar estacas
en el solar de la casa y monta en ellas una tabla larga para formar la mesa; a los
lados, a menor altura, quedaron las butacas. Allí se sentaron por varios meses los
trabajadores que afirmaban las calles, los trabajadores que sembraban los postes;
lomos de borricos llegaban las canastas de pan y las botellas de leche. Una
carreta tirada por un flaco caballo, cargaba las canastas de cerveza y gaseosa.
Los domingos, bajo un toldillo de lona, Rosalba vendía empanadas, papa criolla y
morcilla a los eventuales transeúntes de aquel lugar sin calles y sin energía
eléctrica.
Al frente de la casa de los hermanos Pereira, había una explanada. Los hermanos
Lee en voz alta para toda la familia: “citas citables” “humorismo militar” y “la risa,
remedio infalible”. Los primeros días de cada mes llegaba con la revista y un
cobre sobre el techo de la casa. Cuando los vecinos le preguntaron para que
hacía eso, les dijo que atraparía las señales de las emisoras “Nuevo Mundo”,
“Nueva Granada” y Radio Continental; para que el vecindario pudiera escuchar las
común, en donde algún día quedarían los patios de las casas. Fue un rotundo
éxito. Todas las noches, a la hora esperada, con ardor, las mujeres sentadas en
bancos de madera, los niños y los hombres —de pie como estandartes— se
poder escuchar las voces de Lucy Colombia, Jaime Ayala, Luis Carlos Valencia y
Y como en un sueño, a esa comarca de silencios interrumpidos tan sólo por la voz
susurrante del radio de galena, fueron llegando las bondades de “La Alianza”. La
después de hacer una fila interminable, se lograba recoger el agua necesaria para
subsistir; las calles se asfaltaron con máquinas increíbles que operaban los
hombres que Rosalba atendía en sus rústicas mesas. Por esos años, los
hermanos estudiaban en las escuelas que “La Alianza” había propuesto en Punta
del Este. John F. Kennedy, el presidente de los Estados Unidos, pedía “…un
para satisfacer las necesidades básicas de los pueblos de las Américas.” Si bien
es cierto que el aporte y la voluntad de apoyo fueron reales, detrás de todo estaba
el bloqueo a Cuba y la guerra fría con la Unión Soviética. Esa era la esencia de
comunidad. A partir de ese momento, por clamor de sus habitantes, Techo pasó a
ser la primera cancha de futbol del barrio. Todos los domingos, desde los
“Almacenes”, acudían los equipos con los que se desarrollaron los primeros
Tres”. Se hizo famoso ese campeonato barrial donde acudieron figuras como
Pablo Centurión, Alfonso Cañón y hasta el Gamín Aponte. La casa esquinera del
Teólogo fue la sede del “Club social y deportivo del Tres”. El Teólogo impulsaba
que los niños dieran vueltas a la manzana y soñaran con ser figuras del ciclismo
nacional; era un hombre bueno que soñaba con una universidad para los jóvenes
del barrio. Para él, Ciudad Kennedy era un mundo nuevo, era el futuro de sus
hijos. Sin proponérselo se hizo líder, sin proponérselo también se hizo a enemigos:
seres de mirada gacha y de frases entre dientes, con las manos cruzadas en la
donde estudio Gilma; la iniciativa del Teólogo hizo que llegaran los circos, “la
establecer con los administradores de las mismas, los hermanos Pereira tenían
entrada gratis. Hernando, el más valiente, quería ser torero. Llego a dañar
algunas faldas de Rosalba para tener su capote. Con otros chicos recorrían las
caporales, lograron faenas apoteósicas con toros de verdadera casta. Gilma era
instalación; luego, con un megáfono, salía por las calles del barrio perifoneando:
“Este domingo a las tres de la tarde, no se pierda la gran faena con novillos de
pura casta, en la Plaza de Toros La Giralda; el último ejemplar será lidiado por el
era el público, para eso se entrenaba dos o tres meses antes que la Plaza llegara.
último ejemplar, con más de 500 kilos de peso será lidiado por Hernando Pereira,
aplaudiendo tan magistral faena. Los acordes del “Puñal sevillano” se perdían en
“La ciudad de hierro” —de Don Mauricio Mórtola— también se instalaba por allí,
dos veces en el año. Las sillas voladoras, el martillo, los cohetes giratorios, la
anunciando la suerte echada por los dados. Las luces, los carruseles, la música
que brotaba de las sonrisas, de las caras hermosas de las niñas, para impregnar
comprimido para derribar los patos de madera, las cajetillas de cigarrillos; la tienda
poema. Y la vida pasando para los favorecidos por “La alianza para el progreso”.
3
Samuel abandonó los estudios. Empezó a trabajar con don Ramón, un hombre de
rasgos indígenas que le tomó como ayudante, en los talleres donde se hacían las
se hizo ducho en el arte de cortar con precisión las secciones para la plataforma
de los pisos, los parales, los arcos metálicos y los templetes que conformaban la
Los sábados, bajo un parasol de tejas plásticas, don Ramón pagaba el salario a
caliente. Soplando el café a la altura de la cara, Samuel miraba hacia los árboles
de eucalipto que se veían muy lejos, por encima de los muros. Imaginaba las
aguas del río viajando en compañía de las nubes y de las haciendas lecheras, las
aguas que se estrellaban contra las rocas milenarias del cauce, las aguas que se
purificaban antes de llegar a los despeñaderos del Salto del Tequendama, para
Aguas que desfilaban asombradas entre las matas de monte y los helechos
gigantescos, que formaban arabescos y filtros de luz. Las iguanas solitarias y las
miríadas de loros las verían discurrir hacia el mar. Ese mar que aún no conocía.
monotonía que prodigaba una máquina para doblar lámina, o en las tareas
de la carrocería para que Aníbal, uno de los hijos de don Ramón, le aplicara la
Por las tardes marchaba a su casa atravesando los potreros, contemplaba las
flores amarillas que cubrían la pradera; era como mirar el cielo de las noches
estrelladas. También pasaba por uno de los muros del colegio Santander, en
llevó para las petroleras del Putumayo. Entre machines y taladros terrestres, entre
soldadura, fue fraguando una vida de trabajo y soledad. Cuando Samuel partió de
volver a verse. Hernando, Gilma siempre fueron grandes amigos. Sus vidas
progreso”, los hermanos se fueron separando por los avatares del destino. Eran
CAPÍTULO 3
Los hermanos Gacel vivían al otro lado de la explanada, ese potrero que se
demoraban. Allí jugábamos con pelotas de trapo, y tú, Samuel Pereira, soñabas
ser un arquero como el ruso Yashin, “la araña negra”. Muchos años después la
explanada sería una urbanización de apartamentos, pero ante de que todo esto
pupitres nuevos olían a pintura y a madera. El profesor explicaba, con tiza blanca
sobre un tablero negro, las minucias del saber. Los hermanos Gacel y tú, eran
por los buses que salían para Bucaramanga, que ¿en dónde era el paradero?
pomada china. Si, Samuel, habías ahorrado algunos pesos, pero nunca pensaste
que con ellos pagarías los pasajes. En ese momento eso no importaba, estabas
siendo solidario con Hernando Rojas, eso era lo que importaba. Los del B2 lo
estaban buscando; hacia menos de dos horas se les había escapado en la 76,
¡Sí, ya lo sabías! ¡De pronto! Como un atleta que corre la prueba olímpica de los
100 metros, partiste Hernando hacia la oscuridad de la noche, de las calles… del
destino. Los del B2 lo siguieron, se olvidaron de ti, Samuel, pero sabías que, si te
quedabas por ahí parado, volverían. Por eso te escondiste en el primer antejardín
que encontraste, escuchando los disparos. Al rato, sin saber qué había pasado,
doble faz. No es que fueras ladrón ni mala persona, sólo no habías continuado los
estudios, Samuelito. ¿Te acordabas? Por eso tenías que trabajar vendiendo de
todo en tu catre de lona, por allá en San Victorino: cigarrillos, corbatas, polveras y
pañoletas hindúes que comprabas en una bodega de la 11 con 11, muy cerca de
los burdeles para pobre que surtían el centro de Bogotá. Los del B2 seguían
había escapado, Tú amigo era libre, una libertad real con una persecución real; no
como en las películas donde todo era fantasía. La carrera de Hernando, los
escondite bajo las acacias, las maldiciones de los del B2; todo eso era real.
base aérea, ese era su delito. Se había tenido que ir para el ejército porque su
papá lo hecho de la casa. Y no te pudiste ir con él, ni con tus demás amigos,
porque aún no tenías los 18. Pero ahora podías demostrar a todos de lo que eras
capaz. Tenías el presentimiento que lo encontrarías detrás del teatro Iris, en “El
Dos”. Con mucho cuidado caminaste hasta allí, mirando a todas partes, recostado
contra las paredes, escondiéndote tras los postes. Hasta las 12 de la noche
dijiste. Tu voz era un hilo de metal frío que te quemaba la garganta. ―Por la
vez no, porque sí recuerdas el reproche que te hizo cuando volviste de ese primer
viaje. Sí, Samuel, porque volviste, pero eso fue el final, o ¿el principio? El resto
de esa noche no se pudo dormir; Por las ventanillas del “Expreso Brasilia” la luna
aparecía a tramos, detrás de los árboles y de las montañas; los del B2 también
llevaba a una ciudad que no conocías. Hernando había decidido ese destino,
pues allí vivía una amante de su papá; seguro les ayudaba, Samuelito. ―sí―,
dijiste.
Con esas sobras de gaseosas calmabas el hambre y la sed; sí, Samuel, las
Torres ―les dijeron. Esa sería la próxima parada. Pero no se te olvide Samuel,
Anna Karenina, Samuel. Era casi madrugada, pero aún no clareaba; por eso
lograron pasar varias vías de rieles e introducirse en el último vagón. Todo era
ser abordado por los viajeros pueblerinos con sus gallinas y legumbres y sus
rostros de angustia. Cuando el conductor entró a pedir los tiquetes nos bajamos
paisaje. ¿Te acuerdas, Samuel Pereira? En ese lapso de tiempo todo era alegría,
que te habías marchado con Hernando Rojas. Sí, hoy tampoco te acuerdas, y ya
Samuelito.
nos dieron posada y comida. Por eso no estabas de acuerdo con el plan que
cocina estaba la olla de barro con el guarapo, por si les daba sed, ―les decían. Y
tú, Samuel, indicabas con la cabeza que sí, que la cuidarían. En los primeros días
se sintieron a gusto, pero poco a poco la cara del amante empezó a ponerse seria;
salieran, nos iríamos también. Y así lo hicimos. Hernando traía una bolsa que tú
confesó que había violado un baúl y extraído unos tarros de galletas llenos de
tiempo, nos dedicamos a contar las monedas robadas. Otra vez era de noche
parque Centenario y allí le dijiste a Hernando Rojas que se quedara con la plata,
que sólo te diera para volver a Bogotá, que tal vez en otra ocasión se volverían a
amigo de juventud.
Y te volviste para tu barrio. Esa primera aventura fuera del hogar fue por poco
tiempo. La explanada seguía intacta, pero algo en ti, Samuel Pereira, había
cambiado.
casa, en la 79, vivían los muchachos que tampoco estudiaban. Eran aprendices
todo, pero ese era tu grupo de amigos ―recuerdas Samuelito. Todos, menos tú,
Cuarenta y dos años después, has vuelto a verlo. Sus hermanos se casaron,
de la suya, no pudo hacerlo. Su destino fue deambular sin conciencia por calles
miró a los ojos y, tal vez, una ligera luz se movió en su cerebro. Como ni siquiera
sonrió, supiste que estaba perdido, pero te dolió entender que parecía “saber” de
Perucho.
Antes de marcharte lejos del hogar, Perucho y todos tus amigos eran jóvenes, las
coro alrededor de una botella de vino; canciones alegres que también alcanzaban
los tenis para que jugara al futbol; él y tus amigos siempre fueron buenos
jugadores de futbol; por tu parte, nunca fuiste bueno para jugar al futbol, y
José Maldonado fue novio de tu hermana Gilma; se besaban bajo la luna, tras los
muros de bloques de cemento, sobre la tierra gris plateada por la luna; sus
siluetas se quedaban inmóviles sobre los muros o sobre las paredes de calicanto,
—de soslayo— los labios. En esas ocasiones siempre estaban rojos y henchidos,
hermosos. Los labios de María también se pondrían así, ella era tu novia, pero no
María, no se había fijado en ti. ¿Cómo decirle que soñabas despierto con ella?
No. Eso era imposible. Entonces le escribías versos que guardabas entre las
páginas de algún libro. En las tardes, a solas, los recitabas junto al lago Timiza,
bajo los grandes eucaliptos; mientras el viento refrescaba las horas. A veces
querías pedirle ayuda a José, pero no te atrevía. Alberto Salazar también tenía
novia; se llamaba Piedad, y también se besaban, como en las películas a blanco y
negro que pasaban una vez al mes en el muro de la escuela “El Japón”. La luna
besar a María.
Por las tardes caminábamos por los potreros del Sur. Perucho andaba con
nosotros, pero con nosotros también andaban otros muchachos mayores. A José
fumadores de marihuana. En esos años era una osadía, se sentían muy hombres.
El agua del acueducto sólo llegaba a una pila, que habían instalado en cada
una manija de alambre, el madero se llevaba sobre los hombros. Dos personas
por madero, dos o tres tarros por madero. Se formaban largas filas y discusiones
Por esos años éramos tan niños que aún no existían los hippies, pero algunos de
Yolanda era una hermana de Perucho, y en mis sueños… ella era María, y
Cuando partí, ya había decidido que no me quedaría un día más en aquella ciudad
de calles infinitas, que descendían por los cerros orientales y recorrían la extensa
sabana del altiplano, para precipitarse por los despeñaderos siguiendo el cauce de
línea serpenteante de agua que se desliza por entre las tórridas comarcas que lo
los días, a las cuatro de la mañana, encendía la planta; la energía recorría los
circuitos eléctricos para llegar a los lanzallamas y a las calderas de alta presión
Sí, el hombre había llegado a la Luna en una nave llamada Apolo 11, los
mis primeros salarios; cada quince días los trabajadores salíamos hasta Puerto
bastimento, pues la alimentación del campamento era bastante precaria, pero eso
padres ni de los amigos, pues mientras estuve estudiando ellos pagaban el billar,
las cervezas, el cine. Tal vez por eso, por no tener algo de dinero en el bolsillo, no
edad. Y una noche, después de varios vasos de licor me llevaron a “Corea”. Así
se llamaba el barrio de las putas; esa primera vez no fui capaz. La mujer entendió
diremos nada a tus amigos; vuelve otro día, pero ven sólo— No le dije nada, pero
inexorable.
seguir trabajando; me sentía muy grande para volver a estudiar. Por esos años
veces —dos o tres días, como si me lo prohibieran— pasaron cuarenta y dos años
para volver a ver a Perucho. Errático, como loco. Dicen que fue la marihuana; es
En las noches las familias escuchaban —en el radio de galena— “Renzo el gitano”
y “Kadir el árabe”.
Capitulo III
Tu país era, fue y será siempre una trampa, pero en ese entonces, antes de
expertos en hablar del futbol: Santa Fe, Millos, América. Y eran muy buenos
La casa del Teólogo estaba habilitada como sede de los campeonatos. Era una
casa rosada, en una esquina, con las ventanas de los pisos altos abiertas y las
fue gobernado por los enemigos de Simón Bolívar, los mismos que mantenían
preso a Antonio Nariño, en Cartagena; tu país es una trampa que dividió a los
humildes en liberales y conservadores para que se mataran entre sí, mientras los
dueños de las tierras, del ganado y de los inmensos cafetales detentaban el poder
y las riquezas, hasta que ¡al fin! por allá, donde “azules se ven las montañas en la
Los hermanos Gacel sabían más que tú, Samuel, sobre la historia. Y cuando
volviste a conversar con ellos, sus ilusiones se instalaron en tu alma, también ilusa
histórico, los avances de la Unión Soviética. Ahí fue cuando cambio tu vida,
Las reuniones que los hermanos Gacel y Tú, Samuel, llamaron grupos de estudio,
lona, en San Victorino; había que hacer algo. Ya tenías 19 y aún no comenzabas
la secundaria.
Fue entonces cuando decidiste ir a la iglesia que el padre Isaza había construido
en “El Almacén Uno”. Adjunto estaba el colegio; se llamaba “El papa Juan”, y el
curso más avanzado era cuarto bachillerato; pero como tú trabajabas y te habías
terminaste la primaria en “El Japón”, donde conociste a los hermanos Gacel; pero
ahora que te reencontraste con ellos, ahora que nacieron los grupos de estudio, te
daba pena no ser bachiller, y además querías salir adelante. Por eso —aún no
sabes cómo— abordaste al Padre Isaza. Con el corazón latiendo como una
autos que pasaban a dos metros de ti, no escuchas las risas de las colegiales que
Isaza te puso una mano en el hombro, te miró a los ojos y te preguntó: — ¿Qué
da pena hacer fila con los muchachos de primero bachillerato. Sólo terminé, hace
—No me deje en las esquinas fumando marihuana, Padre. Por favor, Padre.
¡Ayúdeme!
El padre Isaza —pensativo— te miró, llevo el dorso de la mano sobre los labios.
estalló la Guerra Civil; su familia murió en Guernica, y tuvo que huir como polizón,
— con sus suéteres de lana verde— se hicieron realidad; un rayo de sol inundo las
paredes de la iglesia, las ventanas del colegio, los buses que pasaban por la
avenida; una brisa inesperada meció los eucaliptos, las acacias y el badajo de la
Samuelito.
colegio se había quemado. Solo el Padre Isaza y tus siete compañeros de cuarto
Wilches, y que escasamente sabias leer. Entonces, en el acto más generoso que
En el colegio parroquial conociste a Consuelo; era muy bella y de una familia que
quien vivía— ya la había comprometido con “un joven de futuro” que trabajaba en
donde aprendiste sobre la fundación del Estado de Israel con sus Kibuts y sus
Moschav, de ideología sionista socialista, y sus dos grandes líderes de ese en
Doña Maruja de Córdova —la rectora—fue una mujer que enrumbó al colegio por
la senda del “socialismo científico” y del “materialismo histórico”. Fue allí donde
inteligente— era tu novia, Samuelito; la conociste en del Politek, pero ella también
tenía un novio desde hacía varios años. Su padre, un ganadero de los Llanos
Alguna vez las besaste, como si en realidad fueran tus novias, pero siempre
ceremonia, conociste “el joven de futuro”, y te dijiste que ése muchacho era lo
mejor que le podía pasar. Cuando los novios salieron de la iglesia y los invitados
de subir al auto, que se llevaría a los recién casados, Consuelo te abrazó —fue un
palabras. Los tres estaban enterados; no era una despedida, era el inicio de tres
muertes. Años después, cuando tu vida parecía perdida, te consolaba pensar que
Samuelito, no sabías que hacer; Teresa debía parecer tu novia ante la abuela;
esas dos mujeres que sin querer se entrelazaron con tu vida. El secreto de los
tres no era un amor, ni una aventura; era un fracaso, y cuando te llegó el tiempo
Un par de años después —en una tarde de sol— por una de las calles del barrio,
Fue entonces cuando los grupos de estudio con los hermanos Gacel, se tomaron
Tu vida. Al principio sólo eran los tres: Fernando, Eduardo y tú, pero a la primera
Quien lideró ese primer encuentro y señaló el derrotero del grupo —por sus
privada y el Estado”, “Los bienes terrenales del hombre”, “El Capital”, “Manual de
hombre” y, por supuesto, “El manifiesto del partido comunista”. Para los sueños
de equidad que tu mente albergaba, estos textos eran dinamita. El grupo fue
creciendo, ya no cabían en una casa. Fue cuando apareció, invitado por ti, Pablo;
No era un fanático, pero defendía con vehemencia sus postulados. Si, Samuel,
Y como un torbellino, la historia se repite. Ahora, Tú y todos los amigos del grupo
de estudio, se dan cuenta que la caravana de los mutilados, de los dementes y los
viejos y jóvenes, negros y blancos formaban una estrella de aristas infinitas que
sólo podían ver — en toda su extensión— las águilas y los cóndores desde el
sin detener la marcha y las protegían del viento con pañolones de todos los
colores.
Como un árbol de muchas hojas, para que la verdad sea dicha, nacieron los
grupos de jóvenes que, en Ciudad Kennedy, nos unimos a la JUCO. ¡Qué horror,
Comunistas, ateos! Como los judíos, matan a los niños y se toman su sangre. Tu
JUCO, Samuelito.
AGIPRO
La Unión Nacional de Oposición (UNO) fue una coalición que entre 1972 y 1982
al liberalismo y el conservatismo.
para liderar el grupo denominado Frente por la Unidad del Pueblo, quedando la
LA DIVI
presidencia de la República.2
La UNO fue el primer gran intento por aglutinar los diferentes grupos de izquierda
en el país. Sin embargo, este propósito no fue posible según el analista Alberto
Morales, debido a la lucha por el control del movimiento sindical, las posiciones
Comunista).3
(((El M-19 había protagonizado varios accionares, aunque su golpe mayor fue el robo de
armas del Cantón Norte en la que los guerrilleros habían hurtado más de 5000 armas. Tras la
de las armas aunque provocando la captura de varios de los altos mandos del M-19.
La Toma[editar]
Fueron cuatro grupos integrados por cuatro personas cada uno, los que tomaron la embajada.
“Éramos cuatro grupos de cuatro, entonces los otros 12 hicieron una especie de herradura,
porque todos los guardaespaldas de los embajadores estaban afuera. Mis compañeros
ofrecía una recepción a un numeroso grupo de diplomáticos, una recepción para conmemorar
la fiesta nacional de ese país. En cuestión de segundos, uno de los aparentemente invitados
sacó una pistola y disparó al aire Su nombre, se sabría después, es Rosemberg Pabón.
Dominicana, que ido vestido con saco y corbata, con dos guerrilleros más y armado con una
pistola 9 milímetros. Se confundió al ver su reflejo en un espejo, se asustó y fue cuando hizo
el disparo.25
guerrilleros tomó la embajada y neutralizó a los invitados presentes. "Mataremos a dos de los
En el grupo de secuestrados habían 16 diplomáticos de alto rango, entre los que figuraban los
Unidos, Guatemala, Haití, Israel, México, República Dominicana, Suiza, Uruguay, Venezuela y
el nuncio apostólico.6
Exigencias[editar]
Inicialmente el M-19 demandó al gobierno del presidente colombiano, Julio César Turbay que
liberaran de las cárceles a 300 compañeros prisioneros políticos que habían sido arrestados
por las autoridades colombianas en el transcurrir del conflicto armado colombiano y sobre todo
por la violenta represión en consecuencia del robo de armas, como también exigieron al
Como una acción humanitaria de los guerrilleros, un niño y las mujeres con cargos de
embajadoras fueron dejados en libertad. Una de las mujeres guerrilleras que asaltaron la
embajada y había sido herida en el tiroteo del asalto inicial con el Ejército de Colombia, fue
atendida por un médico, pero al negarse a salir de la embajada murió desangrada. En dicho
francotiradores en los edificios aledaños. La presión sobre el presidente Turbay escaló por
parte de altos mandos militares y políticos que pedían que se rescatara militarmente a los
Negociaciones[editar]
contactos directos con el comando guerrillero. Como portavoz por el grupo guerrillero M-19 fue
asignada, Carmenza Cardona Londoño (alias "La Chiqui"), quien se caracterizó por ser una
mujer sumamente ilustrada y estudiada, de hecho siempre se mostró muy humana, cualidad
reconocida incluso en los mismos rehenes que reconocieron en ella una fuente de apoyo en
cabo dentro de una camioneta amarilla que estacionaron frente a la embajada. El embajador
negociaciones llevadas a cabo hasta esa fecha por delegados del gobierno, expresando que
se habían efectuado 16 diálogos entre personeros del gobierno y los guerrilleros. El presidente
solicitó la cooperación de la Comisión para ayuda a una solución jurídica de la toma, lo cual
acordaron. Una Comisión Especial de funcionarios diplomáticos de países que tenían rehenes
Sede en Argentina, Monseñor Pío Laghi, actuando como delegado del papa Juan Pablo
II visitó a la Comisión en sus oficinas del Hotel Tequendama para intentar alcanzar una
sostuvo sucesivos diálogos con los integrantes del comando guerrillero y con los rehenes. 8 En
total se llevaron a cabo alrededor de 24 reuniones entre los representantes del gobierno y los
época. El entonces líder del M-19, Jaime Bateman Cayón mencionó que la propaganda
política generada por el asalto había sido más eficaz que una operación guerrillera armada, ya
que les había dado mayor protagonismo internacional y que lo que tenían que lograr después
era tratar de mantener a los guerrilleros con vida durante la toma de la embajada.
Desenlace[editar]
"Comandante Uno" y los representantes del gobierno acordaron que dejarían ir al comandante
y los guerrilleros junto con los secuestrados a Cuba el 25 de abril de 1980. Una vez en Cuba,
los embajadores de los respectivos países serían dejados en libertad. Se decía que el M-19
también habría recibido un pago por el gobierno colombiano de uno o dos millones de dólares.
Finalmente Rosemberg Pabón aceptó que les habían dado US$3 millones de dólares antes de
salir hacia Cuba, pero que habían fallado en el objetivo que era liberar a más de 315 presos
políticos que tenía en ese entonces el Gobierno aunque los presos políticos fueron
permaneció viviendo en Cuba hasta marzo de 1990, cuando por un tratado de paz y el
llamado a una nueva Asamblea Nacional Constituyente, la guerrilla del M-19 se convirtió en un
partido político.
Tiempo después, Pabón se lanzó como candidato a la alcaldía de la ciudad de Yumbo y fue
electo. Y en otro periodo de elecciones fue también electo como senador de la república.
Pabón llegó a afirmar públicamente que si el presidente Turbay no hubiera usado los medios
del diálogo como negociación para liberar a los secuestrados, la toma a la embajada de la