TEXTO 4
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TEXTO 4
¿Cómo sabemos qué esperar de un libro? La mayoría de las veces, nuestras primeras impresiones no provienen del
texto en sí, sino de los paratextos que lo acompañan: textos de sobrecubierta y de presentación, portada, resumen,
prefacio, índice, etc. Hoy en día, los paratextos son evidentes para nosotros, pero sus estándares han variado
considerablemente entre culturas, géneros y épocas. Los textos de la Antigüedad y la Edad Media ya presentaban
dedicatorias y prólogos, pero la llegada de la imprenta –en Europa, a mediados del siglo XV– provocó una multitud de
innovaciones y experimentos sobre los paratextos, con objetivos a veces tradicionales y a veces nuevos: atraer clientes,
ayudando y satisfaciendo al lector, fortaleciendo la reputación de autores e impresores, anticipándose a las críticas,
cumpliendo con los requisitos legales y, a veces, simplemente llenando páginas en blanco. (…)
Aunque la práctica de dar cuerpo o de adornar un texto con páginas introductorias o apéndices es muy antigua, el
término “paratexto” es mucho más reciente. En inglés, el diccionario histórico Oxford English Dictionary registra una
primera aparición en 1974: Thomas Clayton propone un para-texto (con guion) para designar “un texto que, de hecho
y por su intención y diseño, acompaña a otro –como lo indica el prefijo– y que en cierto sentido se deriva de otro”
(Clayton, 1974: 186). Pero el término debe su fortuna al crítico Gérard Genette, quien lo menciona por primera vez en
Palimpsestos. La literatura en segundo grado (1982) y lo desarrolla en Umbrales (1987). Genette distingue el
“peritexto”, que incluye los paratextos internos del libro (sobrecubierta, prefacio, índice, etc.), del “epitexto”,
compuesto por elementos contextuales ubicados fuera del libro –entrevistas con el autor, reseñas del libro,
correspondencia privada–. Pero esos dos términos más específicos nunca han tenido el mismo impacto que
“paratexto”. En lo que a mí respecta, como la mayoría de los usuarios del término, uso “paratexto” como sinónimo de
“peritexto”; vale decir, el conjunto de elementos dentro de un libro que no constituyen el texto principal.
“Partes de libro” es otro posible término propuesto en un estudio reciente que analiza más de veinte paratextos
(Duncan y Smyth: 2019). Algunas de esas partes del libro (cubierta, portada, portadilla, textos de presentación) están
diseñadas para atraer al comprador o lector; otras (tabla de contenidos, índice, notas al pie, glosarios u otros similares)
ofrecen asistencia al lector; hay otras (notas sobre los derechos de autor y de propiedad intelectual) que tienen fines
legales; algunas más (prefacio, dedicatoria, agradecimientos), finalmente, sirven para un metadiscurso113 del autor o
de otro productor del libro. Todas esas partes, consideradas en conjunto, envían señales que los lectores aprenden a
descifrar y que les informan sobre el tipo de libro y texto que tienen frente a ellos.
En la medida que el término “paratexto” tiene tan pocos años, ¿sería adecuado extender su uso a los primeros libros
modernos e incluso a los manuscritos de pergamino o a los textos antiguos que circulaban en rollos de papiro? Sí –al
menos esa es la hipótesis que defiendo–, porque aunque no exista un término genérico equivalente a “paratexto”,
tenemos suficiente evidencia para afirmar que los varios pequeños elementos separados que acompañaban al texto
principal se veían como distintos de este. Roger Chartier (2015) observó que, en la época de la prensa manual, los
paratextos solían concentrarse al principio del libro. Por eso, sugiere utilizar el término “preliminares” en lugar de
“paratexto”, pero ese término también tiene sus inconvenientes porque no tiene en cuenta los paratextos finales de
un volumen. (...)
tiene sus inconvenientes porque no tiene en cuenta los paratextos finales de un volumen. (...) Otra manera de enfocar
los paratextos consiste en definirlos no por sus características materiales, sino por su función. Como lo ha señalado
1
Fragmento adaptado del ensayo académico “Imprenta y paratextos” incluido en el libro Al margen del texto. Sobre índices,
glosarios y el universo paratextual. Ampersand. Traducción: Jorge Fondebrider.
2
Profesora de la Universidad de Harvard, especializada en historia cultural e intelectual de la modernidad temprana europea
(siglos XVI y XVII).
3
Un metadiscurso es “un discurso que habla de sí mismo”; aquí remite a una parte del texto donde el autor se refiere a algún
aspecto de ese mismo texto como una forma de interactuar con sus lectores.
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Genette, los paratextos sirven como elementos introductorios o periféricos que guían la recepción del lector, en la
medida en que ofrecen puntos de vista metadiscursivos sobre el texto y su producción, y estos pueden considerarse
“cerrados”. Sin embargo, la distinción entre texto y paratexto es, en sí misma, una interpretación; un estudio reciente
de textos chinos antiguos afirma que la parte interpretada durante mucho tiempo como “comentario” podría ser el
texto principal, mientras que lo que se consideró el “texto” sería el paratexto (Du: 2018). (...) También en el
Renacimiento hay casos de libros en los que el autor introduce un discurso paratextual en el texto mismo, por ejemplo
para lamentar la incompletitud de su investigación, o para disculparse de posibles errores. Del mismo modo, algunos
autores modernos juegan deliberadamente con elementos paratextuales con fines paródicos o cómicos. En
consecuencia, parece que la distinción entre texto y paratexto es compleja y que plantea cuestiones de interpretación,
de orden material o temático.
Un texto es una unidad de comunicación con sentido integral y autónomo, producida con un fin específico en un
ámbito de interacción social determinado. No consiste en una simple acumulación de oraciones, sino en un
entramado verbal estructurado que cumple reglas precisas de construcción.
• La coherencia: Propiedad indispensable que le otorga unidad temática y lógica al escrito. Exige que todas las
partes del texto se organicen en torno a un eje o tema general (coherencia global) y que cada párrafo
desarrolle subtemas de manera lógica y ordenada (coherencia local).
• La cohesión: Es la propiedad física y formal que asegura la conexión gramatical y léxica entre las diferentes
palabras, oraciones y párrafos. Se vale de recursos específicos (pronombres, elipsis, conectores, reiteraciones)
para garantizar un desarrollo fluido del mensaje.
Para realizar este análisis práctico, se ha seleccionado el siguiente fragmento del Texto 4:
"Thomas Clayton propone un para-texto (con guion) para designar 'un texto que, de hecho y por su intención y diseño,
acompaña a otro –como lo indica el prefijo– y que en cierto sentido se deriva de otro' (Clayton, 1974: 186). Pero el
término debe su fortuna al crítico Gérard Genette, quien lo menciona por primera vez en Palimpsestos..."
En este pasaje se identifican los siguientes mecanismos cohesivos para evitar repeticiones innecesarias:
• Referencia pronominal posesiva: El adjetivo posesivo "su" ("su intención", "su fortuna") remite de manera
anafórica a "para-texto" y "el término", respectivamente, enlazando las características con sus conceptos de
origen.
• Referencia pronominal relativa: El pronombre relativo "quien" sustituye a "el crítico Gérard Genette",
evitando repetir el nombre del autor en la cláusula subordinada.
• Referencia pronominal de objeto directo: El pronombre átono "lo" ("lo indica", "lo menciona") refiere
anafóricamente a las proposiciones "un texto que acompaña a otro" y "el término", simplificando
sintácticamente la oración.
• Elipsis: Se produce una elisión u omisión de sujeto al final de la oración ("...y lo desarrolla en Umbrales..."),
donde la desinencia verbal y el contexto permiten recuperar a "Gérard Genette" como agente de la acción de
desarrollar, sin necesidad de nombrarlo nuevamente.
• Reiteración por colocación (campo semántico): El uso en un mismo marco de conocimiento de términos
asociados de la lingüística y la teoría del libro —tales como "texto", "para-texto", "prefijo", "término",
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"crítico", "menciona" y "desarrolla"— mantiene la coherencia léxica y el hilo conductor del párrafo de forma
fluida.
A partir de la lectura de los párrafos 1, 2 y 4 del Texto 4, se identifican y clasifican los conectores lógicos clave y las
relaciones semánticas que establecen:
• "sino" ("...nuestras primeras impresiones no provienen del texto en sí, sino de los paratextos que lo
acompañan..."): Conector de contraste u oposición (excluyente). Establece que la primera impresión de un
lector es causada por los elementos periféricos y descarta que provenga del cuerpo textual principal.
• "pero" ("...los paratextos son evidentes para nosotros, pero sus estándares han variado..."): Conector de
contraste. Introduce una limitación a la idea de la obviedad actual de los paratextos, señalando que
históricamente han sufrido variaciones importantes.
• "porque" ("...Sí –al menos esa es la hipótesis que defiendo–, porque aunque no exista un término genérico..."):
Conector de causa/efecto (causal). Introduce de manera explícita la justificación teórica de por qué es válido
aplicar la noción moderna de paratexto a textos antiguos y manuscritos.
• "sin embargo" ("...estos pueden considerarse 'cerrados'. Sin embargo, la distinción entre texto y paratexto es,
en sí misma, una interpretación..."): Conector de contraste o restricción. Señala una fuerte relativización a la
idea del carácter fijo de los paratextos, abriendo el paso a la complejidad interpretativa.
Atender al contexto de situación es una condición indispensable porque este funciona como el entorno y el marco
interpretativo que posibilita asignar un encuadre preciso y un sentido específico a un texto. El contenido de un
mensaje no opera de manera aislada; la situación de comunicación es la circunstancia en la que los lectores nos
orientamos para decodificar e interpretar correctamente lo expresado.
6. Relación entre emisor y receptor: El vínculo interpersonal que determina si se comunican de forma simétrica
(como iguales) o asimétrica (jerarquías o diferencias de experticia).
• Emisor: Ann Blair, historiadora y catedrática especializada en historia del libro, la imprenta y las humanidades
de la Universidad de Harvard.
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• Mensaje: El desarrollo histórico de los paratextos (o "partes del libro") desde la antigüedad hasta la imprenta,
defendiendo de manera crítica que, a pesar de que el vocablo "paratexto" es una categoría reciente (acuñada
en el siglo XX), es legítimo y provechoso aplicarlo retroactivamente para comprender cómo se guiaba e influía
la lectura de textos antiguos.
• Tiempo: Época contemporánea actual, ligada al desarrollo del giro en la sociología de los textos y a debates
recientes de historia intelectual (el escrito alude a investigaciones de 2015, 2018 y 2019).
• Relación entre emisor y receptor: Es asimétrica, en la medida en que una investigadora de alto nivel expone
marcos teóricos y resultados de estudios históricos complejos a una comunidad en formación.
Los paratextos son elementos verbales e icónicos de vital importancia porque actúan como instructivos o guías que
regulan de manera anticipada el sentido de la lectura.
• Le permiten al lector contextualizar el escrito (reponer de dónde proviene, quién lo redactó y con qué fin).
• Estimulan el ingreso a la obra y posibilitan formular las primeras hipótesis de lectura acerca del género, el
propósito del autor y el tema.
• En la producción escrita, el uso correcto y riguroso de paratextos (títulos lógicos, notas aclaratorias y citas
ordenadas) dota de claridad al escrito, evita el plagio y edifica un ethos académico confiable y de honestidad
intelectual.
• Título ("Definir los paratextos"): Sintetiza estrechamente el eje conceptual del fragmento, guiando al lector
sobre el tema central de la delimitación de este concepto.
• Nombre de la autora ("Ann Blair"): Atribuye la autoría e invita a presuponer el marco conceptual que respalda
el discurso en función de su prestigio académico.
• Llamadas de notas al pie y Superíndices (números 9 y 10 sobre el título y autor): Derivan al lector a
aclaraciones complementarias de origen que detallan de dónde se extrajo el texto y el perfil profesional de la
autora.
• Citas bibliográficas parentéticas (por ejemplo, Clayton, 1974; Genette, 1982; Chartier, 2015; Du, 2018):
Funcionan como paratextos de validación teórica. Demuestran el rigor metodológico y las redes científicas con
las que la autora dialoga y sustenta su hipótesis.
Los géneros discursivos son tipos relativamente estables de enunciados (tanto orales como escritos) que se
producen en las esferas específicas de la praxis humana. Teorizados por Mijaíl Bajtín, estructuran el uso social de la
lengua amoldándose a las necesidades de comunicación de cada ámbito profesional o cotidiano. Para que un
enunciado pertenezca a un género específico, debe presentar regularidades constitutivas esenciales en tres factores
indisolubles: el asunto o contenido temático (el tema general), el registro lingüístico o estilo verbal (tipo de
vocabulario y enunciación) y la estructura o composición (la organización interna de la información).
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9. Género discursivo de Texto 4 y justificación
o Naturaleza del emisor: Redactado por una reconocida historiadora de la Universidad de Harvard.
o Tema: El origen, delimitación conceptual, evolución e historia de los paratextos como guías de
recepción de lectura.
o Estilo: Registro especializado de gran formalidad, con vocabulario de rigor científico ("peritexto",
"epitexto", "metadiscurso", "manuscritos de pergamino", "prensa manual") y una polifonía basada en
citas formales.
o Composición: Estructura organizada que parte del planteo de un problema conceptual, presenta un
desarrollo con confrontación de hipótesis y concluye con una síntesis reflexiva.
• Definición de secuencia textual: De acuerdo con J.M. Adam, las secuencias son las unidades menores de
composición que integran el diseño global de un texto. Al ser los textos de naturaleza heterogénea, conviven
diferentes secuencias en ellos; no obstante, siempre se impone una secuencia dominante o englobante que
jerarquiza y subordina a las restantes, rigiendo la intención comunicativa principal del emisor.
• Justificación: Aunque el texto presenta definiciones descriptivas e informaciones históricas muy valiosas, el
propósito central de Ann Blair no es meramente informar de manera objetiva qué es un paratexto (lo cual
correspondería a una intención explicativa). Su finalidad fundamental es persuadir y convencer al receptor de
que, a pesar de que "paratexto" es una palabra contemporánea, es totalmente adecuado aplicarla
retrospectivamente a manuscritos de la Antigüedad y de la Edad Media porque la distinción material y
funcional de estos elementos metadiscursivos ya operaba plenamente en esas épocas. Para sustentar su
hipótesis, Blair problematiza enfoques e introduce argumentos de base racional de carácter científico.
11. Cuadro comparativo de las seis secuencias textuales y sus rasgos distintivos
Descriptiva Dar cuenta del estado de las cosas, Componentes básicos: nombrar, Definiciones de manual,
de procesos estables o calificar localizar y calificar. Base de las folletos turísticos,
objetos y entornos. definiciones de conceptos. inventarios.
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Narrativa Presentar un suceso o serie de Estructura básica: Iniciación, Relatos históricos,
acciones ordenadas en una línea de Complicación y Resolución. biografías, cuentos,
progresión temporal. Marcadores: verbos en pretérito y noticias.
conectores de tiempo.
Instruccional Guiar al destinatario a realizar Estructura de pasos lógicos que no Recetas médicas,
actividades específicas mediante una se pueden saltar. Marcada por manuales de uso,
secuencia ordenada de pasos verbos en imperativo o infinitivo. consignas de examen.
obligatorios.
Argumentativa Lograr la adhesión del receptor a un Condición dialógica inherente. Notas de opinión, ensayos
punto de vista defendido Estructura: punto de partida, críticos, editoriales,
razonadamente frente a otras ideas. hipótesis, demostración por manifiestos.
argumentos y cierre.
• Secuencia descriptiva: Es utilizada para clasificar y enumerar de forma organizada los distintos componentes
paratextuales de un libro ("textos de sobrecubierta y de presentación, portada, resumen, prefacio, índice, etc.")
y para catalogar conceptualmente las categorías de "peritexto" y "epitexto" acuñadas por Genette.
• Secuencia explicativa: Aparece cuando la autora expone objetivamente el origen histórico del término
"paratexto", recurriendo a datos empíricos del diccionario Oxford (1974) y la bibliografía de Genette (1982,
1987) para situar la evolución teórica del concepto.
13. ¿Por qué se dice que un texto es académico? Rasgos que posibilitan su clasificación
Un texto se clasifica como académico cuando responde de manera adecuada a las prácticas comunicativas reguladas
que tienen lugar dentro de la educación superior. Sus rasgos característicos indispensables son:
• Doble dimensión: Comparte con el discurso científico de vanguardia el rigor de la dimensión cognitiva
(conocimientos validados), pero le añade de forma esencial la dimensión didáctica o pedagógica orientada a
la formación y el aprendizaje.
• Léxico especializado: Uso sistemático de un vocabulario técnico preciso y un alto grado de formalidad
sintáctica.
• Polifonía controlada: Un robusto tejido de voces ajenas que son citadas de manera explícita y ética para
legitimar los saberes expuestos frente a la comunidad discursiva.
• Ethos del emisor: La enunciación de Ann Blair responde a un ethos académico sólido. La autora se construye
como una escritora académica válida porque:
o Exhibe un absoluto dominio de la teoría literaria y de las investigaciones actuales sobre el libro
(dialogando con autoridades como Genette y Chartier).
o Valida cada una de sus afirmaciones importantes remitiendo éticamente a fuentes académicas
mediante referencias bibliográficas normalizadas.
o Utiliza una primera persona de carácter reflexivo ("En lo que a mí respecta", "la hipótesis que
defiendo") para asumir con honestidad profesional y responsabilidad intelectual su posicionamiento,
en lugar de emitir meros comentarios informales del sentido común.
• La explicación se presenta con un saber construido en otro lado, legitimado ya socialmente o como un saber
teórico. ( V )
• La explicación tiende a la construcción de nuevos conceptos a partir del propio desarrollo discursivo. ( F ) (Es
propio del polo argumentativo)
• La argumentación tiende a borrar las huellas del sujeto y a instaurar una distancia que genere el efecto de
objetividad. ( F ) (Es propio de la explicación)
• En la explicación las fronteras entre discurso propio (citante) y el ajeno (citado) son precisas. ( V )
• En la argumentación el discurso aparece contaminado por distintas voces que no pueden precisarse
fácilmente. ( V )
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• La reformulación: Es la acción de volver a enunciar de manera aclaratoria o simplificada una idea previamente
planteada, utilizando términos lingüísticos diferentes para facilitar la asimilación del receptor.
• La cita de autoridad: Inclusión deliberada en el escrito del pensamiento de un experto o institución reconocida
para validar de forma rigurosa la legitimidad de las opiniones del emisor.
• La concesión: Consiste en validar parcialmente y dar la razón a una premisa o razonamiento de la parte
contraria, para luego presentar un argumento que restrinja su alcance o demuestre que la postura propia
sigue siendo la más válida.
• La desmentida: Negación categórica de una creencia común del sentido común o de una afirmación ajena
considerada falsa, con el fin de restarle peso y consolidar la veracidad del punto de vista propio.
• Transcripción: "...el diccionario histórico Oxford English Dictionary registra una primera aparición en 1974:
Thomas Clayton propone un para-texto (con guion) para designar 'un texto que, de hecho y por su intención y
diseño, acompaña a otro –como lo indica el prefijo– y que en cierto sentido se deriva de otro' (Clayton, 1974:
186)."
• Explicación con palabras propias: La autora recurre a un diccionario histórico de prestigio mundial y al
pensamiento original del lingüista Thomas Clayton. De esta forma, busca demostrar que el paratexto ha sido
concebido desde sus orígenes como un elemento dependiente pero distinto del escrito central, dotando de
rigor y validez lexicográfica a sus bases conceptuales.
• Transcripción: "...porque aunque no exista un término genérico equivalente a 'paratexto', tenemos suficiente
evidencia para afirmar que los varios pequeños elementos separados que acompañaban al texto principal se
veían como distintos de este."
• Clasificación: Concesión.
• Explicación con palabras propias: Ann Blair concede parcialmente un hecho material de la historia (en la
Antigüedad clásica no existía como tal el vocablo formal "paratexto"). Sin embargo, de inmediato restringe
esta objeción histórica, demostrando con evidencia fáctica que la distinción práctica entre el texto principal
y los elementos que lo acompañaban ya operaba de forma idéntica, legitimando así el uso retrospectivo del
concepto.
• Transcripción: "...Roger Chartier (2015) observó que, en la época de la prensa manual, los paratextos solían
concentrarse al principio del libro. Por eso, sugiere utilizar el término 'preliminares' en lugar de 'paratexto',
pero ese término también tiene sus inconvenientes porque no tiene en cuenta los paratextos finales de un
volumen."
• Clasificación: Desmentida.
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• Explicación con palabras propias: La autora confronta la propuesta teórica del célebre historiador Roger
Chartier de sustituir la categoría "paratexto" por la palabra "preliminares". Blair niega la suficiencia de esta
propuesta para demostrar que es un error conceptual limitar estos elementos al inicio del libro, pues se
dejaría de lado de forma inadecuada a los paratextos finales (como índices y apéndices) que también guían la
recepción del lector.
La lectura de textos de estudio no consiste en una mera decodificación pasiva, sino en una actividad constructiva e
interpretativa basada en sucesivas deducciones. Este trayecto se divide en cuatro etapas interconectadas:
• Aproximación inicial (Prelectura): Es la exploración primera y global de los componentes periféricos del
escrito (títulos, subtítulos, autor, procedencia, etc.). Mediante esta indagación paratextual, el estudiante
elabora suposiciones o hipótesis preliminares sobre el sentido general del texto.
• Lectura global: Consiste en efectuar una lectura de corrido desde el principio hasta el final de la obra. En este
momento, el lector realiza conjeturas y asocia significados implícitos o explícitos para estructurar una
comprensión general de lo expresado.
• Lectura analítica (por párrafos): Implica un estudio pormenorizado y minucioso de cada párrafo. El lector
confronta, valida o modifica las suposiciones que formuló al inicio, marca las ideas centrales mediante el
subrayado y redacta notas marginales para monitorear su propio proceso de comprensión.
La producción escrita en la educación superior es un desarrollo gradual y reflexivo compuesto por cuatro fases
recursivas:
• Planificación: Fase mental y de indagación previa en la que el autor determina el objetivo de su texto, evalúa
al lector, selecciona el género y el registro formal apropiado. También abarca el acopio de bibliografía, la
jerarquización de ideas y el diseño de un esquema o borrador inicial.
• Puesta en texto: Consiste en la redacción física y materialización de las oraciones y párrafos. En esta etapa, el
autor se enfoca en plasmar sus ideas de forma cohesiva y coherente, postergando la corrección gramatical
estricta para el momento siguiente.
• Revisión: Proceso introspectivo y de toma de conciencia en el cual el escritor lee críticamente lo que ha
producido. Aquí evalúa el resultado y toma decisiones estratégicas para reordenar párrafos, quitar
repeticiones, cambiar términos e incorporar ajustes de puntuación o de gramática.
• Reescritura: Es la elaboración de la versión final y depurada del texto, concretando todas las mejoras
formuladas durante la revisión.
La polifonía enunciativa es la inclusión e interacción de múltiples voces ajenas a la del autor principal dentro de un
mismo discurso. A través de este mecanismo, el enunciador puede dialogar con otros puntos de vista, utilizarlos como
argumentos de autoridad para validar su propia postura, confrontar concepciones contrarias o tomar distancia de lo
expresado para no asumir de forma directa la responsabilidad ética de lo manifestado.
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4. Usos de las comillas en los textos
• Señalar distanciamiento crítico respecto de un planteo ajeno con el cual no se está de acuerdo.
• Marcar una palabra vulgar, impropia, en otra lengua o empleada con un sentido irónico.
• Introducir un discurso referido directo (cita de carácter textual) para separar la voz del autor de la persona
referenciada.
• Deícticos: Son palabras específicas que señalan y vinculan el enunciado con su situación física y personal de
enunciación (deícticos de persona como yo, nosotros; deícticos de tiempo como hoy, ahora; deícticos de
espacio como aquí, allí).
• Subjetivemas: Son sustantivos, adjetivos, adverbios y verbos valorativos mediante los cuales el enunciador
manifiesta un juicio apreciativo, afectivo o moral sobre un objeto, persona o acción.
• Modalizadores: Son adverbios, verbos condicionales o locuciones (quizás, podría, es necesario, es evidente)
que evidencian la actitud subjetiva del enunciador frente a lo que dice o ante el propio contenido del
enunciado.
• Enunciado Marcado: Es aquel en el que quedan registradas las huellas físicas de su producción. El enunciador
manifiesta de forma clara su subjetividad, opiniones y valoraciones a través de deícticos de persona, tiempo y
espacio, subjetivemas y modalizadores que vinculan la verdad de lo expresado con su perspectiva individual.
Es típico del polo argumentativo.
• Enunciado No Marcado: Es aquel en el que se borran de forma deliberada todas las marcas personales y
espaciotemporales para generar un efecto de objetividad y neutralidad científica universal. Se caracteriza por
la despersonalización (uso de tercera persona y formas impersonales), la ausencia de deícticos, la
nominalización y el empleo de un lenguaje especializado y técnico. Es propio del polo explicativo-expositivo.
En el Texto 4 ("Definir los paratextos" de Ann Blair), se identifican y clasifican las siguientes marcas enunciativas:
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o Relación: Revela el compromiso intelectual directo de la autora con su postura teórica. Muestra que
asume de manera explícita y subjetiva la validez de aplicar retroactivamente la noción de paratexto a
manuscritos antiguos y rollos de papiro.
El Texto 4 posee una enunciación marcada. Aunque se trata de un escrito académico de divulgación historiográfica
con registro formal y especializado, se inscribe en el polo argumentativo. La autora no opta por el borramiento total
de su subjetividad; por el contrario, interviene de manera explícita en primera persona del singular para proponer y
defender su propia hipótesis frente a otros intelectuales del área.
• Fragmento justificativo:
La presencia del deíctico personal de primera persona "mí" y de la forma verbal conjugada "uso" constituye la prueba
ineludible de que el texto presenta marcas explícitas de enunciación.
9. NADA
10. Diferencias entre los géneros académicos del apunte y el resumen (Palabras propias)
• El Apunte: Es un género discursivo simple, de producción inmediata en tiempo real y circulación personal.
Su propósito es fijar de forma ágil contenidos procedentes de la oralidad, diapositivas o pizarras de clase,
caracterizándose por la fragmentación, el uso de abreviaturas (economía lingüística) y un fuerte diseño
gráfico-espacial (flechas, marcas, colores) para el autoaprendizaje.
• El Resumen: Es un género académico formal y autónomo que reestructura de forma lógica la información de
un texto fuente. A diferencia del apunte, demanda una relectura analítica pausada y la aplicación técnica de
macrorreglas (selección, omisión, generalización e integración) para formular una síntesis con palabras
propias, respondiendo habitualmente a fines evaluativos externos (comunicación alumno-docente).
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11. Aspectos a tener en cuenta al tomar apuntes
• Practicar una escucha y lectura activa: El apunte no es una transcripción pasiva o dictado lineal, sino una
selección comprensiva que realiza el alumno para poder reconstruir el sentido de la clase.
• Prestar atención a los mecanismos de énfasis del docente: Elementos como la repetición oral, las pausas y las
escrituras en el pizarrón o diapositivas señalan las ideas principales que obligatoriamente deben ser recogidas.
• Utilizar un sistema gráfico-visual ágil: Incorporar abreviaturas, flechas para vincular ideas, recuadros para
resaltar definiciones y signos de interrogación para registrar dudas a consultar.
• Anotar de forma obligatoria los paratextos organizativos: Colocar siempre al inicio la fecha, el nombre de la
asignatura, el tema principal y el nombre del profesor a cargo de la clase.
• Aspectos a tener en cuenta: Comprender la totalidad del escrito original basándose previamente en los
paratextos para formular hipótesis; reponer el significado de términos técnicos complejos con ayuda del
diccionario; y analizar críticamente el tejido polifónico (si el autor cita a otros para respaldar su postura o para
refutarlos) a fin de determinar qué voces ameritan ser integradas en la reducción. Posteriormente, aplicar de
forma rigurosa las cuatro macrorreglas de reducción textual.
La respuesta de examen parcial sigue la organización estructural de los textos expositivos de la universidad y se
organiza en tres secciones obligatorias:
2. Desarrollo: Cuerpo principal de la respuesta donde se despliegan y articulan de forma detallada y rigurosa los
saberes teóricos correspondientes, adoptando un polo discursivo adecuado.
3. Conclusión: Cierre argumentativo o síntesis integradora que recupera y articula los puntos de mayor
relevancia explicados en el desarrollo.
1. Definir: Consiste en proveer el significado exacto de un concepto mediante cuatro componentes obligatorios:
nombrar el término, usar un verbo de denominación o equivalencia, incorporarlo en una categoría o clase
nocional más amplia y precisar los rasgos específicos de contenido que determinan sus rasgos.
2. Ejemplificar: Es la presentación didáctica de uno o más casos de carácter particular o empírico que sirven para
ilustrar, materializar y aclarar una ley o concepto abstracto general, comúnmente introducida por conectores
como por ejemplo, a saber, como.
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4. Justificar: Operación discursiva a través de la cual se fundamenta una aseveración mediante una serie lógica
y ordenada de razones. Exige consignar formalmente el nombre del autor de la afirmación, la fuente de la que
procede, la afirmación analizada y los argumentos ordenados mediante marcadores textuales.
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