CAPÍTULO IV. RECONOCIMIENTO DE DECISIONES, DOCUMENTOS Y ACTOS.
0. Esquema inicial.
- Reconocimiento automático -
Régimen No procedimiento. Rápidos. Producen
efectos de cosa juzgada.
institucional - Reconocimiento incidental. -
- Reconocimiento autónomo. Cosa juzgada. Procedimiento previo
homologación. Efectos ejecutivos.
Control de
condiciones
- Autenticidad de la decisión.
- Control de competencia judicial internacional.
- Control de las garantías procesales.
- Control del ordenamiento público.
- Ausencia de la contradicción con una decisión judicial dictada en otro Estado miembro o en un
tercer Estado.
- Régimen de reciprocidad.
Régimen - Régimen de condiciones: en defecto de reciprocidad haremos un control de
Autónomo condiciones. Esas condiciones serán las recogidas en
(951-958 el art. 954 y las que añada del régimen la jurisprudencia.
LEC 1981) Este control es prácticamente idéntico al control
institucional.
- En España existe sólo un reconocimiento, el cual tiene un procedimiento previo de homologación
denominado “procedimiento de exequatur”.
I. Introducción.
Según el art. 117.3 CE sólo los Tribunales y Juzgados españoles pueden dictar y ejecutar las
sentencias. Por tanto, en principio, las resoluciones judiciales extranjeras serían ineficaces en
España. Pero, para favorecer la continuidad de las relaciones jurídicas en el espacio, las relaciones
jurídico-privadas y el comercio internacional, se han establecido mecanismos para el
reconocimiento de decisiones, documentos y actos extranjeros.
El carácter de extranjero de las decisiones debe ser entendido con un carácter excluyente,
esto es, referido a toda decisión dictada en el ejercicio de un poder jurisdiccional distinto al español,
se trata de un Tribunal estatal, de una instancia internacional, de un Tribunal eclesiástico, etc.
II. Delimitación de regímenes.
1. Perspectiva general.
El reconocimiento de decisiones, documentos y actos se encuentra regulado:
- En el Derecho convencional: El sector del reconocimiento de decisiones extranjeras es un sector
donde existen numerosos convenios internacionales. El art.951 LEC nos dice que las sentencias
firmes dictadas en Estados extranjeros tendrán en España la fuerza que los convenios
internacionales establezcan.
Como existen muchos convenios en materia de reconocimiento, para saber cuál es el
aplicable al caso se siguen:
• Las reglas generales de solución de conflictos entre convenios.
• La regla específica del principio del “favor executionis”, en virtud del cual se aplicará el
Convenio o el Derecho interno que resulte más favorable para el reconocimiento de la
resolución extranjera.
- En el Derecho institucional: la facultad de los Estados miembros para ratificar convenios
multilaterales y bilaterales ha quedado en algunas materias limitada debido a la promulgación, en el
ámbito de la UE, de una serie de reglamentos: Reglamentos 1360/2000 (procedimientos de
insolvencia), 1347/2000 y 2001/2003 (materia matrimonial y responsabilidad parental: “Bruselas I”
y “Bruselas II bis”), 44/2001 (materia civil y mercantil: “Bruselas I”) y 4/2009 (alimentos). De
modo que, en lo relativo a estas materias, los Estados miembros no pueden ratificar nuevos
convenios, quedando condicionada la política de negociación de nuevos convenios internacionales a
la política común de la Comunidad Europea.
- En el Derecho interno: se aplicará el reconocimiento según el Derecho interno:
• cuando no resulten de aplicación el Derecho institucional y el Derecho convencional.
• cuando el Derecho interno resulta más favorable para el reconocimiento que el Derecho
convencional.
Para identificar el régimen de reconocimiento de una decisión es preciso conocer cinco
cuestiones básicas:
• El país de procedencia de la decisión o acto.
• La fecha en que se dicta la decisión o se constituye el acto en cuestión.
• La materia a que se refiuere, dentro del Derecho privado (obligaciones contractuales,
responsabilidad por daños, sucesiones, causa matrimonial, alimentos, custodia de menores,
etc).
• El tipo de decisión o acto de que se trata (sentencia firme, sentencia provisional, título
ejecutivo europeo, laudo arbitral, acto de jurisdicción voluntaria, medida cautelar o
provisional, transacción judicial, documento público o privado con fuerza ejecutiva,
condena en costas, decisión pontificia, etc).
• El efecto que pretende el reconocimiento (ejecutivo, de cosa juzgada, constitutivo, registral,
probatorio, etc.).
Una vez que identificamos el régimen adecuado, éste debe respondernos a los tres
problemas básicos de una solicitud de reconocimiento:
• El órgano ante el que debe plantearse la solicitud de reconocimiento.
• El procedimiento de reconocimiento y/o ejecución.
• Las condiciones a las que ha de someterse dicho reconocimiento.
2. Reconocimiento en el Derecho institucional.
II.2.a) Régimen del Reglamento Bruselas I.
El Reglamento Bruselas I se aplica al reconocimiento de decisiones extranjeras que
provengan de cualquiera de los Estados vinculados por el Reglamento (incluyendo a Gibraltar).
- Ámbito de aplicación material: el ámbito de aplicación material es el mismo que para las
normas de competencia judicial internacional. Así, se excluyen las resoluciones relativas a:
cuestiones fiscales, aduaneras o administrativas; los procedimientos concursales, la Seguridad
Social y el arbitraje; y a las resoluciones sobre estado y capacidad de las personas físicas, regímenes
matrimoniales y sucesiones.
Por tanto, sobre estas materias excluidas serán de aplicación los convenios bilateriales y
multilaterales existentes, sean anteriores o posteriores al Reglamento Bruselas I.
- Ámbito de aplicación temporal: el Reglamento Bruselas I se aplicará para el
reconocimiento de las decisiones judiciales dictadas tras su entrada en vigor (1 marzo 2002). De
modo tal que, para las decisiones dictadas antes de su entrada en vigor serán aplicables los
convenios bilaterales y multilaterales.
Las sentencias dictadas entre los Estados miembros antes del 1 marzo de 2002 siguen
reconociéndose a través del Convenio de Bruselas de 27 de septiembre de 1968.
- Ámbito de aplicación espacial: para que se aplique el Reglamento Bruselas bastará con que
se trate de una decisión procedente de un Estado contratante, sin que sea necesario ninguno de los
requisitos adicionales exigidos para la aplicación de las normas de competencia judicial
internacional del Reglamento.
El Reglamento de “Bruselas I” prevalece entre los Estados miembros sobre el régimen de
reconocimiento de decisiones contemplado en el Convenio de Lugano II de 30 de octubre de 2007.
No obstante, debemos tener en cuenta que también forman parte de este Convenio Estados no
miembros (Noruega desde 2010, Suiza desde 2011 e Islandia, que se incorporará en fechas
posteriores). Por tanto, las sentencias que provengan de dichos países se regirán: por este Convenio
de Lugano II (si son sentencias posteriores a la entrada en vigor del mismo) o por el Convenio de
Lugano I (sin son sentencias anteriores a la entrada en vigor del Convenio de Lugano II).
II.2.b) Regímenes especiales.
En el ámbito comunitario existen además:
• Los Reglamentos 1347/2000 y 2201/2003 , en materia matrimonial y de responsabilidad
parental, que constituyen un régimen especial, que será analizado en su momento y que se
refiere a materias excluidas del ámbito de aplicación material del reglamento Bruselas I y de
los Convenios de Bruselas y de Lugano.
• El Reglamento 4/2009 (alimentos), cuyo régimen especial desplaza entre los Estados
miembros a la regulación contenida para esta materia en el Reglamento Bruselas I.
3. Reconocimiento en el Derecho convencional.
II.3.a) Régimen convencional multilateral.
El régimen convencional multilateral se encuentra:
• En cláusulas aisladas referidas a aspectos de reconocimiento o competencia judicial
indirecta que se contienen en determinados textos multilaterales relativos,
fundamentalmente, a los sectores de la responsabilidad civil por daños y al transporte ([Link].,
art. 20 Convenio de Roma sobre daños causados a terceros en superficie por aeronaves
extranjeras de 7 de octubre de 1952).
• En convenios multilaterales específicos de reconocimiento sobre materias concretas. Ej:
Convenio de La Haya relativo al reconocimiento y a la ejecución de las resoluciones
relativas a las obligaciones alimenticias.
• En convenios internacionales sobre materias específicas que incluyen normas sobre
reconocimiento de decisiones, al lado de una reglamentación de aspectos de competencia
judicial.
Buena parte de los convenios multilaterales citados afectan a materias incluidas en el ámbito
de aplicación del Reglamento “Bruselas I” y de los Convenios de Bruselas y de Lugano. Por esta
razón, resulta de interés la regla de compatibilidad contenida en el art. 71 del Reglamento Bruselas
I, en virtud de la cual prevalecerán los convenios multilaterales específicos en que los Estados
miembros fueran parte a la entrada en vigor del Reglamento. No prevalecerán, en cambio, los
convenios multilaterales específicos suscritos por los Estados miembros sin autorización
comunitaria con posterioridad a la entrada en vigor del Reglamento (1 marzo 2002).
II.3.b) Régimen convencional bilateral.
España ha suscrito varios convenios bilaterales de reconocimiento y ejecución de decisiones,
entre los que destacan: Convenio entre España y Marruecos de 1997 sobre asistencia judicial
internacional, reconocimiento y ejecución de resoluciones en materia de derechos de custodia, visita
y devolución de menores; Convenio entre España y Mauritania de 2006 relativo a la asistencia
judicial en el ámbito civil y mercantil; Convenio entre España y Francia de 1969 sobre
reconocimiento y ejecución de decisiones judiciales y arbitrales y actas auténticas.
4. Reconocimiento en el Derecho común.
El régimen común se encuentra diseñado en los arts. 951-958 LEC de 1881, que serán de
aplicación mientras no sean sustituidos por una futura Ley de Cooperación Judicial Internacional en
materia civil.
Como hemos visto, el régimen común resulta de aplicación: en ausencia de Convenio al
respecto o cuando el convenio existente resulta menos favorable para el reconocimiento que la
aplicación del Derecho interno.
Nuestro Derecho interno articula dos regímenes de reconocimiento ordenados
jerárquicamente:
Régimen de reciprocidad:
• El art. 953 LEC se refiere a la reciprocidad negativa. Dicho artículo establece “Si la
ejecutoria procediere de una nación en que por jurisprudencia no se dé cumplimiento a las
dictadas por los Tribunales españoles, no tendrá fuerza en España”. A este respecto, nuestra
jurisprudencia ha señalado que si en el Estado de origen de la decisión extranjera no se
procede a reconocer las sentencias dictadas por los Tribunales españoles, esta circunstancia
actúa como una excepción al reconocimiento en el régimen común. (Excepción de
reciprocidad negativa).
• El art. 952 LEC se refiere a la reciprocidad positiva. Dicho artículo establece “ Si no hubiere
Tratados especiales con la nación en que se hayan pronunciado, tendrán la misma fuerza que
en ella se diere a las ejecutorias dictadas en España”. Este artículo no significa que si las
sentencias españolas son reconocidas en un país extranjero, las de ese país vayan a ser
reconocidas automáticamente en España, sino que las sentencias de ese país se someterán en
España a idénticas condiciones que las exigidas para las sentencias dictadas por nuestros
Tribunales. Así, el reconocimiento se llevará a cabo siguiendo el procedimiento de
exequátur, (aunque en el país de extranjero el tipo de reconocimiento sea menos gravoso y
rápido o incluso se conceda incidentalmente o de forma automática, sin necesidad de
procedimiento alguno), y sólo serán objeto de reconocimiento las sentencias firmes dictadas
en procesos contenciosos (independientemente de que en el país extranjero se reconozcan
decisiones españolas que carezcan de dichos caracteres).
La reciprocidad positiva (también la negativa) es un régimen más gravoso que el régimen de
condiciones que veremos a continuación, y ello porque impone las mismas condiciones exigidas por
el sistema extranjero a las decisiones españolas. Por esta razón, cabe decir que el régimen de
reciprocidad positiva, al igual que el régimen de reciprocidad negativa, se prevé en beneficio de
quien se opone al reconocimiento. En consecuencia, para que prospere la reciprocidad positiva, la
parte que se oponga al reconocimiento deberá probar que concurre dicha reciprocidad, prueba que
puede ser bien documental, a través de certificación consular, bien pericial, mediante el dictamen de
dos jurisconsultos extranjeros.
Régimen de condiciones:
En el supuesto de que no conste la reciprocidad negativa o positiva o, sencillamente, de que
no exista dicha reciprocidad, se aplica el régimen de condiciones previsto en el art. 954 LEC. Dicho
precepto establece “Si no estuviere en ninguno de los casos de que hablan los tres artículos que
anteceden, las ejecutorias tendrán fuerza en España si reúnen las circunstancias siguientes:
• Que la ejecutoria haya sido dictada a consecuencia del ejercicio de una acción personal.
• Que no haya sido dictada en rebeldía.
• Que la obligación para cuyo cumplimiento se haya procedido sea lícita en España.
• Que la carta ejecutoria reúna los requisitos necesarios en la nación en que se haya dictado
para ser considerada como auténtica, y los que las leyes españolas requieran para que
haga fe en España”.
Pese a que nuestra legislación configure claramente sistemas jerarquizados, en la práctica
jurisprudencial se aplican a menudo ambos regímenes interrelacionados. En concreto, ha cobrado
cierta importancia la aplicación cumulativa del régimen de reciprocidad en su vertiente positiva y
del régimen de condiciones. De esta forma, una vez probada o presunta la reciprocidad positiva,
procedería el reconocimiento de la decisión extranjera si, además, se cumplen las condiciones
previstas en el art. 954. Los autores del manual consideran que este planteamiento resulta incorrecto
desde el momento en que el régimen den condiciones se prevé como un sistema de cierre si la
decisión extranjera “no estuviere en ninguno de los casos de que hablan los artículos que
anteceden”. Si existe reciprocidad positiva, la especialidad de esta solución obliga a imponer las
mismas condiciones que para los mismos casos se prevé en el sistema extranjero, no
exclusivamente las previstas en el régimen de cierre.
III. Efectos, decisiones y tipos de reconocimiento.
1. Efectos del reconocimiento.
Reconocer una decisión extranjera implica dejar valer en el foro los efectos que esa decisión
tiene en el país en que se dictó, siempre que no sean incompatibles con nuestro sistema. El hecho de
que una decisión extranjera sea reconocida no hace que pierda su carácter extranjero.
El reconocimiento puede tender a procurar los siguientes efectos:
• Efecto ejecutivo: el reconocimiento puede tender a procurar la fuerza ejecutiva en el foro de
una sentencia extranjera, efecto característico de las sentencias de condena. Para conseguir
dicho efecto, siempre resulta necesario recurrir a un procedimiento de ejecución. Los
distintos regímenes de reconocimiento se dividen en este punto en dos opciones:
◦ Acudir directamente al procedimiento de ejecución, resultando competente para decidir
el reconocimiento el mismo órgano que decide la ejecución.
◦ Recurrir a un procedimiento previo de homologación, en el que se decide previamente el
reconocimiento y la declaración de ejecutividad, creando un título de ejecución que
puede utilizarse, posteriormente, en un procedimiento normal de ejecución. Esta
posibilidad es la que recoge el Derecho autónomo español.
• Efecto de cosa juzgada material: el reconocimiento puede tender a procurar en el foro la
obligatoriedad o efecto de cosa juzgada material de la sentencia extranjera, de modo tal que
su contenido vincula a las autoridades y órganos jurisdiccionales del foro y actúa el
principio de non bis in idem, que impide no sólo la iniciación en el foro de un nuevo proceso
con idénticas partes, objeto y causa, sino también que se vuelva a suscitar como cuestión
incidental en todo tipo de procesos. Se alude, en este sentido, al “efecto prejudicial” de la
sentencia extranjera. La cosa juzgada material sólo despliega sus efectos tras el
reconocimiento, si bien los derechos de las partes deben retrotraerse a la fecha de la
sentencia extranjera.
• Efecto constitutivo: íntimamente ligado al efecto de cosa juzgada material se presenta el
reconocimiento del efecto constitutivo de determinadas decisiones. Las sentencias
constitutivas se caracterizan por la producción de un cambio o modificación en una
situación jurídico-material.
Se ha debatido acerca de si las sentencias constitutivas llevan aparejado o precisan el efecto
de cosa juzgada. En el Derecho español, la mejor doctrina procesalista se muestra partidaria
de incluir dicho efecto como característico de toda sentencia constitutiva. El art. [Link] de
la nueva LEC 1/2000 confirma la producción de efectos de cosa juzgada en las sentencias
sobre estado civil, matrimonio, filiación, capacidad, etc., si bien limita sus plenos efectos a
su inscripción o anotación en el Registro Civil. Con todo, en muchos casos el interés de las
partes puede ser hacer valer, simplemente, el efecto constitutivo de la decisión y no,
propiamente, su efecto de cosa juzgada.
• Efecto registral: dicho efecto consiste, exclusivamente, en el acceso al registro de la decisión
extranjera como título para practicar la inscripción registral. En estos casos es necesario un
reconocimiento previo de la decisión extranjera que sirva como título para practicar
posteriormente una inscripción registral. Este reconocimiento previo de la decisión es
necesario como cautela registral, para procurar la veracidad de los hechos inscritos y la
adecuación del registro a la realidad.
• Efecto probatorio: la decisión extranjera puede producir, como cualquier otro documento
público extranjero, efectos probatorios al margen del reconocimiento, si cumplen las
condiciones previstas en los arts. 144 y 323 LEC, que estudiaremos posteriormente.
OJO. El hecho de que una decisión extranjera pueda usarse como medio de prueba en el
desarrollo de un juicio, no supone que el fallo o decisión de tal juicio pueda ser utilizado
para reconocer efectos de cosa juzgada, ejecutivo o constitutivo de esa decisión extranjera.
Ej: en un juicio sobre filiación puedo aportar como medio de prueba una sentencia extranjera. Pero la
decisión que el Juez emita respecto del juicio sobre filiación no sirve para reconocer los efectos de
cosa juzgada y ejecutivo de tal sentencia extranjera.
2. Decisiones susceptibles de reconocimiento.
III.2.a) Sentencias.
Sólo se podrán reconocer aquellas decisiones judiciales que sean:
• Declarativas: el reconocimiento sólo es posible respecto de las sentencias declarativas,
cuyos efectos, singularmente el ejecutivo, pretendan obtenerse en España.
En España sólo pueden ejecutarse sentencias extranjeras de acuerdo con los procedimientos
de ejecución contemplados en la legislación interna, convencional o institucional aplicable.
Por ello, no es posible solicitar en España el reconocimiento de sentencias ejecutivas
recaídas en procedimientos de ejecución sustanciados en el extranjero.
• Firmes: tanto en el régimen convencional como en el común se suele exigir el requisito de la
firmeza como condición para el reconocimiento de sentencias dictadas en procedimientos
contenciosos. Así, el art. 525.2 LEC establece con claridad la improcedencia de la ejecución
provisional de las sentencias extranjeras no firmes, sin perjuicio de lo dispuesto en los
convenios internacionales. A la hora de entender qué se entiende por firmeza ha habido una
evolución:
◦ En un primer momento y aún a veces sucede, el TS interpretaba la firmeza como
sinónimo de cosa juzgada material. Esto origina que se deniegue el reconocimiento de
sentencias revisables, que no producen el efecto de cosa juzgada material.
◦ Actualmente, otras tesis doctrinales y jurisprudenciales son partidarias de entender el
requisito de la firmeza de una manera más amplia, como sinónimo de cosa juzgada
formal. Así, una sentencia será firme cuando no sea impugnable dentro de un mismo
proceso. Obviamente, corresponde al Derecho procesal extranjero determinar cómo y en
qué condiciones una decisión no es susceptible de ulterior impugnación o recurso en un
mismo proceso.
La prueba de la firmeza de la decisión, en el régimen común, se consigue a través de la
aportación de la propia ejecutoria, o documento público en que se consigna la sentencia
firme, de parte de quien requiere el reconocimiento, o bien mediante certificación o
diligencia del Tribunal que ha dictado la sentencia; se ha admitido, incluso, la certificación
registral de la inscripción de una sentencia sobre el estado civil en el extranjero como prueba
de su firmeza. En ocasiones se añade a la prueba de la firmeza la acreditación de que la
sentencia haya sido notificada al demandado.
EXCEPCIÓN: no obstante, como el propio art. 525.2 LEC permite, existen excepciones
notables al requisito de la firmeza contenidos en los Reglamentos comunitarios y en los
Convenios de Bruselas y de Lugano.
III.2.b) Títulos ejecutivos europeos.
Los títulos ejecutivos europeos son introducidos por el Reglamento (CE) núm. 805/2004,
que establece un un título ejecutivo europeo para créditos no impugnados.
El concepto de crédito no impugnado viene recogido en el art. 3 de dicho Reglamento, que
establece: Se considerará no impugnado un crédito cuando se de alguna de las siguientes
circunstancias:
• El deudor ha manifestado expresamente su acuerdo sobre el mismo, mediante su admisión o
mediante transacción aprobada por un órgano jurisdiccional o celebrada en el curso de un
procedimiento judicial ante un órgano jurisdiccional.
• El deudor nunca lo ha impugnado, con cumplimiento de los pertinentes requisitos procesales
de la ley del Estado miembro de origen, en el marco de un procedimiento judicial.
• El deudor no ha comparecido ni ha sido representado en la vista relativa a dicho crédito
después de haber impugnado inicialmente el crédito en el transcurso del procedimiento
judicial, siempre que dicho comportamiento equivalga a una aceptación tácita del crédito o
de los hechos alegados por el acreedor de acuerdo con la legislación del Estado miembro de
origen.
• El deudor lo ha aceptado expresamente en un documento.
En virtud de este título ejecutivo europeo las sentencias, resoluciones judiciales,
transacciones judiciales y documentos públicos con fuerza ejecutiva que provengan de los Estados
miembros de la UE (excepto Dinamarca) y que se refieran a créditos no impugnados serán de
ejecución inmediata, sin necesidad de reconocimiento alguno. No obstante, este Reglamento
805/2004 es compatible con la solicitud de reconocimiento y ejecución de conformidad con el
Reglamento Bruselas I, de modo tal que corresponderá al acreedor escoger qué reglamento quiere
que se aplique.
El mecanismo de funcionamiento de estos títulos es el siguiente:
1. La autoridad de origen, a petición de parte, certificará el título como un “título ejecutivo
europeo”. Esta certificación no la puede realizar de forma inmediata, sino que previamente
debe verificar el cumplimiento de una serie de condiciones muy estrictas en torno a la
protección del demandado, que se recogen en el capítulo III del Reglamento. Dichas
condiciones se refieren, especialmente, a las garantías relativas a la notificación del deudor y
a la información acerca del crédito que debe acompañar a dicha notificación.
2. Una vez certificado el título lo expedirá de conformidad con el formulario normalizado que
consta en el Anexo I del Reglamento. La expedición de un título ejecutivo europeo implica
la ejecutividad inmediata del título en otros Estados miembros, sin que sea necesaria
ninguna declaración de ejecutividad, ni pueda impugnarse ni oponerse condición alguna a su
reconocimiento.
3. El procedimiento de ejecución se rige por la ley del Estado requerido. La denegación de la
ejecución únicamente procede si el título ejecutivo europeo es incompatible con una
resolución dictada con anterioridad en el Estado miembro de ejecución o, incluso en un
tercer Estado, siempre que exista identidad de objeto y partes.
4. Por lo que respecta a España, el título será equivalente a un título ejecutivo español y
permitirá el acceso directo al procedimiento de ejecución contemplado en los art. 538 y ss
LEC, bastando la presentación de la copia de la resolución, del certificado del título
ejecutivo y, en su caso, una traducción de este último.
III.2.c) Actos de jurisdicción voluntaria.
En el régimen autónomo español
Los actos de jurisdicción voluntaria presentan una naturaleza muy variada ([Link].,
nombramiento de un tutor, declaración de ausencia, deslinde y amojonamiento, nombramiento de
tutor, etc.). Se trata de actos que no producen efecto de cosa juzgada material, ni tampoco en su
mayoría efectos ejecutivos.
La intervención de la autoridad española en este tipo de actos puede llevarse a cabo a través
de dos formas:
• Intervención para la eficacia formal del acto: en estos casos, la autoridad desarrolla una
mera función receptora de declaraciones de voluntad privada, de modo tal que dichos actos
se asemejan a un documento público. En virtud de la excepción contenida en el art. 84.2 del
Reglamento del Registro civil, es posible el reconocimiento de los efectos registrales de
estos actos sin necesidad de acudir al procedimiento de exequátur, siempre y cuando:
◦ Tales actos cumplan con los requisitos establecidos en los arts. 144 y 323 LEC. (mirar
estos artículos)
◦ Tales actos no sean contrarios al orden público.
• Intervención para el reconocimiento de efectos constitutivos del acto: en estos casos, la
autoridad no se limita a recibir las declaraciones de voluntad de las partes, sino que decide,
interpretando y aplicando la ley, valorando y sancionando en un sentido o en otro la
constitución del acto y los derechos derivados ([Link]., expediente de adopción en nuestra
legislación).
En el régimen común español, el reconocimiento del efecto constitutivo de los actos de
jurisdicción voluntaria ha seguido históricamente dos criterios dispares:
1. Según el primer criterio: para el reconocimiento del efecto constitutivo es necesario que
dichos actos cumplan: 1) los requisitos de los arts. 144 y 323 LEC 1/2000 y 2) las
condiciones de validez exigidas por la ley aplicable conforme a nuestro sistema de DIP (es
lo que se denomina “control de ley aplicable”.
Ej: Se pide el reconocimiento de los efectos constitutivos en España de un acto de tutela que se otorgó en
Canadá. En este caso, debemos acudir a la norma de conflicto derecho internacional sobre tutela. La norma nos
dice que se aplicará la ley del tutelado, en este caso la ley canadiense.
La única dificultad que presenta este criterio radica en la posibilidad de incluir el control de
la competencia de la autoridad que, en algunos actos de jurisdicción voluntaria (ej:
adopción), aparece expresamente previsto.
2. Según el segundo criterio: para el reconocimiento del efecto constitutivo se aplicaría el
procedimiento de exequátur previsto en los arts. 951-958 LEC.
3. El inconveniente que presenta este segundo criterio es que, para que se aplique el
procedimiento de exequátur, se requiere la firmeza del acto. Y, si identificamos la firmeza
con la cosa juzgada material, no podemos adherirnos a esta postura. Como nuestro TS
identifica la firmeza con la cosa juzgada material, se ha inclinado abiertamente por el primer
criterio.
En el régimen convencional e institucional
Tanto en el régimen convencional como institucional, los actos de jurisdicción voluntaria
suelen incluirse entre las decisiones judiciales susceptibles de reconocimiento, exigiéndose para
todos los mismos requisitos y el mismo procedimiento. Esto es así porque se considera que estos
actos entran bajo el concepto de “resoluciones judiciales”.
III.2.d) Laudos arbitrales.
El reconocimiento en España de los laudos arbitrales extranjeros se sustancia a través de
mecanismos estrictamente convencionales, y ello en virtud:
• Del Convenio de Nueva York de 10 de junio de 1958 sobre el reconocimiento y la ejecución
de las sentencias arbitrales extranjeras. El art. 1 parráfo 3 de este Convenio permite a los
Estados parte del mismo establecer una cláusula en virtud de la cual dicho Convenio se
aplicaría exclusivamente a los laudos arbitrales que se emitiesen en los Estados
Contratantes. Como al ratificar el Convenio, España no estableció una cláusula de este tipo,
este Convenio goza en nuestro Estado de aplicación general, aplicándose no sólo frente a los
Estados Contratantes.
• Del Convenio europeo sobre arbitraje comercial internacional, hecho en Ginebra el 21 de
abril de 1961, que complementa al anterior.
El Convenio de Nueva York establece en el art. 7.1 una regla de compatibilidad con los
convenios bilaterales relativos al reconocimiento y ejecución de las sentencias arbitrales
concertados por los Estados Contratantes, propiciando el favor recognitionis que aparece
expresamente recogido en el art. 46.2 de la Ley de Arbitraje, según el cual “el exequátur de laudos
extranjeros se regirá por el Convenio sobre reconocimiento y ejecución de las sentencias arbitrales
extranjeras, hecho en Nueva York, el 10 de junio de 1958, sin perjuicio de lo dispuesto en otros
convenios internacionales más favorables a su concesión”.
Por otro lado, el Convenio de Nueva York no contiene normas propias en materia de
competencia ni de procedimiento, sino que se remite al Derecho interno del Estado miembro. Por
tanto, en nuestro caso, tendríamos que acudir al procedimiento de exequátur, siendo competentes
para conocer del mismo los Juzgados de Primera Instancia. En esta misma idea insiste el art. 46 de
la Ley de arbitraje, al establecer que “se sustanciará según el procedimiento establecido en el
ordenamiento procesal civil para el de sentencias dictadas por tribunales extranjeros”.
Lo que sí recoge el Convenio de Nueva York son las condiciones de reconocimiento. Así, las
causas de negación del reconocimiento de laudos arbitrales se pueden clasificar en dos grupos:
• Causas que deben ser alegadas a instancia de parte:
◦ Inexistencia o nulidad del acuerdo arbitral.
◦ Falta de garantía de los derechos de las partes.
◦ Incongruencia entre el contenido de la sentencia y el acuerdo arbitral.
◦ Irregularidad en la constitución del Tribunal arbitral o en el desarrollo del procedimiento
arbitral.
◦ Carácter no obligatorio del laudo. El laudo puede no ser obligatorio, por ejemplo, porque
se ha pedido la suspensión de la ejecución del mismo.
• Causas apreciables de oficio:
◦ Falta de arbitrabilidad del objeto de la controversia. Según el art. 2 de la Ley de
Arbitraje, sólo son susceptibles de ser sometidas a arbitraje las materias de libre
disposición. Se excluye el estado civil, las cuestiones matrimoniales y los alimentos
futuros.
◦ Contradicción del orden público.
III.2.e) Medidas provisionales y cautelares.
Estas medidas no pueden ser objeto de reconocimiento en el régimen común español, donde
sólo pueden ser reconocidas las resoluciones firmes.
La cosa cambia cuando nos vamos al régimen convencional e institucional. Normalmente,
en estos regímenes sí se permite el reconocimiento de medidas provisionales y cautelares.
III.2.f) Condenas en costas.
Las condenas en costas son decisiones no judiciales que complementan una decisión
judicial.
En el régimen institucional, las condenas en costas se someten al mismo régimen de
reconocimiento que las resoluciones judiciales. Así se deduce de lo establecido por el art. 32 del
reglamento 44/2001 “se entenderá por resolución cualquier decisión adoptada por un Estado
miembro con independencia de su denominación, así como también el acto por el cual el secretario
judicial liquida las costas del proceso”.
Sin embargo, en el Derecho español las cosas cambian. El reconocimiento de las condenas
en costas debe seguir, como regla general, el procedimiento de exequátur, SALVO aquellas
condenas en costas procedentes de los Estados que hayan ratificado los Convenios de la Haya sobre
procedimiento civil de 1954 y 1980. En estos casos se prevé la ejecución gratuita de las condenas en
costas a través de la vía diplomática, exigiéndose como únicos requisitos que esa condena sea
auténtica y firme.
III.2.g) Transacciones judiciales.
La transacción es un contrato por el cual las partes, dando, prometiendo o reteniendo cada
una alguna cosa, evitan la provocación de un pleito o ponen término al que había comenzado.
En el régimen autónomo
Como las transacciones tienen efectos ejecutivos parece lógico someterlas al régimen de
reconocimiento de las sentencias. Sin embargo, esto no ocurre así porque el art. 1817 CC somete las
transacciones judiciales a las causas de invalidez de los negocios jurídicos, de manera que si en la
transacción interviniese error, dolo, violencia o falsedad documental, ésta sería nula. La sujeción de
la transacción a las causas de invalidez de los negocios jurídicos impide reconocerle efectos de cosa
juzgada.
En el derecho español, para el reconocimiento de las transacciones judiciales se exige el
cumplimiento de los requisitos de los arts. 144 y 323 LEC.
En el régimen institucional y convencional
El el ámbito institucional y convencional se aplica al reconocimiento de las transacciones
judiciales el mismo régimen de reconocimiento que a las decisiones judiciales.
III.2.h) Documentos públicos extranjeros
Serán competentes para el reconocimiento y ejecución de los documentos públicos
extranjeros los Juzgados de Primera instancia, con arreglo a lo dispuesto en los arts. 50 y 51 LEC.
Hay que tener en cuenta que un documento público extranjero es aquél documento emitido
por autoridad extranjera, y no necesariamente emitido en el extranjero.
Respectos de estos documentos, se puede pedir el reconocimiento de tres tipos de efectos:
Efectos probatorios
Los efectos probatorios los veremos más adelante. Los efectos probatorios y registrales
tienen en común que, para poder producirse, es necesario que esos documentos cumplan los
requisitos de 144 y 323 LEC:
• El art. 144 LEC exige traducción privada. Dicha traducción es impugnable en un plazo de 5
días, en cuyo caso se puede solicitar una traducción oficial. No obstante, si la traducción
oficial realizada a instancia de parte resultara ser sustancialmente idéntica a la privada, los
gastos derivados de aquélla correrán a cargo de quien la solicitó.
• El art. 323 LEC exige: 1)que el documento reúna los requisitos exigidos en el país donde se
otorgó; 2)que el documento contenga la legalización (autentificación de la firma y de la
cualificación del funcionario) o apostilla y los demás requisitos necesarios para su
autenticidad en España.
Cuando los documentos extranjeros incorporen declaraciones de voluntad, la existencia de
éstas se tendrá por probada, pero su eficacia será la que determinen las normas españolas y
extranjeras aplicables en materia de capacidad, objeto y forma de los negocios jurídicos.
No obstante, la exigencia de esos requisitos será más rigurosa cuando se pida el
reconocimiento de efectos probatorios que cuando se pidan los efectos registrales.
Efectos registrales
También se podrá reconocer la eficacia de un documento público otorgado por autoridad
extranjera para utilizarlo como título y proceder a llevar a cabo una inscripción en un registro
español.
Como hemos visto, estos documentos han de cumplir los requisitos de los Arts 144 y 323
LEC:
• El art. 144 LEC exige traducción privada. Dicha traducción es impugnable en un plazo de 5
días, en cuyo caso se puede solicitar una traducción oficial. No obstante, si la traducción
oficial realizada a instancia de parte resultara ser sustancialmente idéntica a la privada, los
gastos derivados de aquélla correrán a cargo de quien la solicitó.
• El art. 323 LEC exige: que el documento reúna los requisitos exigidos en el país donde se
otorgó; que el documento contenga la legalización (autentificación de la firma y de la
cualificación del funcionario) o apostilla y los demás requisitos necesarios para su
autenticidad en España.
No obstante, la exigencia de estos requisitos no es tan rigurosa en el ámbito registral, pues el
registrador puede prescindir de la traducción oficial cuando conozca el idioma extranjero o bien le
conste el contenido del acto. El registrador puede prescindir también de la legalización del
documento si le consta su autenticidad, bien por haberle llegado el documento por vía oficial o
diligencia bastante.
Efectos ejecutivos
Por lo que se refiere al reconocimiento de efectos ejecutivos en el régimen común, también
es posible el reconocimiento de los efectos ejecutivos de un documento público extranjero, como
puede ser una letra de cambio emitida en el extranjero y pagadera en España.
En virtud de la reforma en el año 2000, se establece un único procedimiento de ejecución,
unificándose así el régimen de los títulos ejecutivos, ya se trate de sentencias, laudos arbitrales,
transacciones judiciales o documentos públicos.
El art. 523 LEC dice que en defecto de tratado internacional, y hasta que no entre en vigor la
Ley de Cooperación Jurídica Internacional en materia civil, los documentos públicos extranjeros
que cumplan las condiciones de los arts. 323 y 144 LEC podrán fundar la acción ejecutiva en las
mismas condiciones que los títulos ejecutivos españoles, siempre que, a su vez:
• Dicho documento sea ejecutivo conforme a la ley de origen.
• El contenido del documento no sea contrario al orden público español.
En defecto de Tratado, la ejecución de los documentos públicos extranjeros seguirá el
mismo procedimiento de ejecución que el Libro III de la LEC (art. 523.2º). En particular, la
competencia par el reconocimiento y ejecución del documento público extranjero recaerá en los
Juzgados de Primera Instancia del lugar que corresponda con arreglo a los arts. 50 y 51 LEC, así
como, alternativamnete, a los del lugar de cumplimiento de la obligación o de cualquier lugar en
que se encuentren los bienes del ejecutado susceptibles de ser embargados.
En contraste con la solución prevista para el régimen común, el régimen de Bruselas (es
decir, el régimen institucional) prevé el reconocimiento de los documentos públicos con fuerza
ejecutiva a partir del procedimiento de ejecución regulado en los arts. 38 y ss del Reglamento.
A través de este procedimiento se reconocen los efectos ejecutivos, pero si éstos se quieren
ejecutar será necesario solicitar posteriormente el reconocimiento de la fuerza ejecutiva según el
procedimiento interno del Estado que queramos. Por ello decimos que se trata de un procedimiento
previo de homologación
Para el reconocimiento de los efectos ejecutivos el Reglamento exige:
• Autenticidad: ha de ser un documento auténtico según la Ley de origen.
• Ejecutividad: ha de ser un documento ejecutivo, según la Ley de origen.
• No contradicción con el orden público del Estado requerido.
Contra la declaración de ejecutividad caben dos recursos en España: Apelación ante la
Audiencia Provincial y casación ante el TS.
Por lo que se refiere al régimen convencional, en la mayoría de los Convenios, se mantiene
una remisión al procedimiento previsto en el régimen común, de modo que el Juez encargado de
conocer del juicio ejecutivo llevaría a cabo el reconocimiento al margen del exequátur.
Por lo que respecta a los requisitos exigidos, la mayor parte de los convenios de
reconocimiento de documentos públicos en materia ejecutiva, suelen exigir unos requisitos
similares a los mencionados: prueba de la autenticidad, fuerza ejecutiva del documento conforme a
la ley de origen, y no contrariedad con el orden público del foro.
III.2.i) Actos públicos.
Los actos públicos son decisiones o sanciones emanadas de una autoridad pública y que
conllevan un efecto ejecutivo. Se trata de actos administrativos (no jurisdiccionales) y, por tanto,
carecen del carácter irrevocable propio de los actos jurisdiccionales.
Los actos públicos pueden adoptar dos formas:
• Formas de resolución. Ej: reconocimiento del cambio de nombre y apellidos
• Forma de sanción. Ej: expropiación.
Frecuentemente, el problema de reconocimiento de actos públicos se confunde con un
problema de ley aplicable, cuando son cosas diferentes.
Ej: una sociedad cubana fue objeto de nacionalización por el gobierno de Cuba en 1992. Dicha
sociedad, previamente a la expropiación, cedió una marca de su propiedad a una empresa española. Una vez
expropiada la sociedad, el interventor de la misma consideró que, conforme a la Ley cubana, esa cesión era
nula. Por su parte, nuestro TS dijo que no estábamos ante un problema de Ley aplicable, sino de reconocer
eficacia extraterritorial a la expropiación cubana. El TS no reconoció la expropiación cubana porque: no había
justiprecio y no había interés público tras esa expropiación.
El reconocimiento de los actos públicos administrativos va a depender del caso concreto,
pero debemos tener en cuenta dos cuestiones:
• Se ha de favorecer la continuidad de las relaciones jurídicas en el espacio.
• Se ha de respetar el orden público del Estado requerido.
3. Tipos de reconocimiento.
III.3.a) Reconocimiento automático e incidental.
El reconocimiento automático es la alternativa más sencilla para reconocer decisiones
extranjeras, exceptuando la ejecución inmediata de títulos ejecutivos europeos.
Consiste en el reconocimiento sin necesidad de procedimiento especial alguno. Esto no
significa que estemos ante un procedimiento incondicional o inmediato (pues en él se lleva a cabo
un control de condiciones), sino que, simplemente, no requiere un procedimiento previo de
homologación.
A través del reconocimiento automático, el solicitante del reconocimiento invoca
directamente la decisión extranjera ante la autoridad competente para conceder el efecto pretendido
(ejecutivo, de cosa juzgada, registral o constitutivo). Dicha autoridad realizará el control de
condiciones y, en su caso, concederá el reconocimiento y los efectos pretendidos.
El reconocimiento automático se contempla tanto en el régimen institucional como en el
convencional, pero no es posible en el régimen común español, que requiere un procedimiento
previo de homologación (“procedimiento exequátur”), cuyo objeto único es conceder o denegar el
reconocimiento.
El Reglamento Bruselas I se refiere al reconocimiento automático en el art. 33.1, según el
cual las decisiones dictadas en un Estado miembro pueden ser reconocidas en otro Estado miembro
sin necesidad de acudir a ningún procedimiento.
La propia naturaleza del reconocimiento automático justifica que siempre venga
acompañada de la posibilidad del reconocimiento incidental de la sentencia extranjera. El art. 33.3
del Reglamento Bruselas I se refiere a este reconocimiento al establecer que ei el reconocimiento se
invocase como cuestión incidental en el curso de un procedimiento, el Tribunal que conozca del
procedimiento principal será también competente para conocer de este reconocimiento incidental.
Tanto el reconocimiento automático como el incidental carecen del efecto de cosa juzgada
más allá del procedimiento concreto o de la autoridad frente a la que se solicita este reconocimiento.
Ej: imaginemos un banco japones que obtiene de unos Tribunales italianos una sentencia por la que se
condena a una empresa española al pago de una determinada cantidad de dinero por incumplimiento de un
contrato de fianza. Con posterioridad a esta sentencia, la empresa española presenta una demanda ante los
tribunales españolas por el mismo motivo que originó la sentencia italiana. El banco japones, se presenta ante
los Tribunales españoles y solicita el reconocimiento de la sentencia italiana. El objetivo de que se reconozca
esa sentencia italiana es que se considere cosa juzgada. El juez español realiza un control de condiciones. Si
ese control se supera reconocerá la sentencia italiana y estaremos ante cosa juzgada.
Ahora bien, si el banco japones quiere pedir la ejecución de esa sentencia italiana, lo que
tiene que hacer es acudir al reconocimiento autónomo. No le sirve el reconocimiento automático,
porque ese reconocimiento sólo surte efectos en el procedimiento concreto en el que se ha
reconocido.
III.3.b) Reconocimiento autónomo en el régimen institucional y convencional.
Tanto en los convenios internacionales ratificados por España como en numerosos
reglamentos europeos se contempla un procedimiento específico de reconocimiento con efectos de
cosa juzgada erga omnes.
En el régimen institucional, el Reglamento 44/2001, este procedimiento específico de
reconocimiento es el mismo que se prevé para solicitar el efecto ejecutivo de una decisión
extranjera, y viene regulado en los arts. 38 a 52 del Reglamento.
Se trata de un procedimiento especial de reconocimiento que, EN PRIMERA INSTANCIA,
es no contradictorio (es unilateral, no hay audiencia del demandado). Como veremos, el demandado
sólo tendrá ocasión de oponerse al reconocimiento en apelación o en casación.
La solicitud de reconocimiento o ejecución se presentará ante el Juzgado de Primera
instancia del domicilio del demandado o, alternativamente, del lugar de ejecución. Dicha solicitud
deberá ir acompañada de:
• Copia auténtica de la resolución. Pero, si lo que se pide es el reconocimiento del efecto
ejecutivo, se requiere además certificación que acredite que esa resolución es ejecutiva en el
Estado de origen.
• Un certificado normalizado, expedido por el Tribunal a instancia de parte, cuando sea
necesario acreditar cualquiera de estos tres extremos: 1)la ejecutividad de la resolución
según la Ley de origen; 2)en caso de rebeldía del demandado, se puede acreditar que la
notificación tuvo lugar en tiempo y forma; y 3)que el solicitante del reconocimiento ha
gozado en el Estado de origen del beneficio de justicia gratuita (en cuyo caso tendrá también
ese beneficio en España).
Contra la resolución emanada por el Juzgado de Primera Instancia admitiendo o denegando
el reconocimiento cabe recurso de apelación ante la Audiencia Provincial. Y las resoluciones que
dicten las Audiencias Provinciales sólo podrán ser objeto de ulterior recurso de casación ante el
Tribunal Supremo.
Para terminar, hay que destacar una diferencia bastante importante entre lo dispuesto en el
Convenio de Bruselas y lo que se regula en el Reglamento de Bruselas I:
• Según el Texto del Convenio de Bruselas, el Juez de Primera Instancia realizaba de oficio un
control de condiciones. Sin embargo, el Reglamento 44/2001 reconoce que el Juez de
Primera instancia otorgará inmediatamente el reconocimiento si se aportan los documentos
necesarios, sin que quepa realizar de oficio ningún control de condiciones. En conclusión,
según el Reglamento, en primera instancia el Juez SOLO puede denegar el reconocimiento
por falta de los documentos exigidos.
• De acuerdo con esto, el art. 41 del Reglamento 44/2001 establece “se otorgará
inmediatamente la ejecución (el reconocimiento del título ejecutivo) de la resolución una
vez cumplidas las formalidades previstas en el art. 53, sin proceder a ningún examen de
acuerdo con los arts. 34 y 35. La parte contra la cual se solicita la ejecución no podrá en
esta fase del procedimiento observar excepciones”.
• Por tanto, el control de condiciones sólo sería posible en Segunda Instancia. Esto nos lleva a
afirmar que, si el demandado no recurre en Primera Instancia esta decisión, nos
encontraríamos ante una decisión judicial extranjera directamente ejecutiva en España sin
haber superado ningún filtro de condiciones.
El art. 36 del Reglamento 44/2001, dice que la resolución extranjera nunca puede ser objeto
de revisión en cuanto al fondo. Se admite el reconocimiento de sentencias que aún no son firmes
(art. 37 y 46 del Reglamento), pero la otra parte puede paralizar su reconocimiento alegando que
está recurriendo en el extranjero.
Cuando se trate de sentencias con efectos ejecutivos, la ejecución de las mismas se llevará a
cabo según lo dispuesto en los Derechos internos. Por último, se prohíbe que el Estado requerido
perciba impuesto o tasa alguna, proporcional al valor del litigio, en los procedimientos relativos al
otorgamiento de la ejecución.
En relación al régimen convencional, la mayoría de los Convenios internacionales
ratificados por España no contienen una reglamentación específica del procedimiento de
reconocimiento, lo que suelen hacer es remitirse a los respectivos Derechos internos.
III.3.c) Reconocimiento autónomo en el régimen común (“procedimiento de
exequátur”).
En el régimen común, el reconocimiento de las decisiones extranjeras sólo se puede llevar a
cabo a través de un procedimiento denominado “procedimiento exequátur”. Se trata de un
procedimiento autónomo de homologación cuya finalidad es el reconocimiento, con efectos de cosa
juzgada erga onmnes, de la decisión extranjera.
Este procedimiento está regulado en los art. 955 a 958 LEC 1881. Al ser el único
procedimiento que tenemos, ya se aplique el régimen de reciprocidad o el régimen de condiciones,
se hará siempre a través de este procedimiento.
Se trata de un procedimiento de homologación o reconocimiento, pero no de ejecución.
Entre otras cosas porque no siempre se pretende el efecto ejecutivo de una decisión extranjera. Pero,
aunque se pretenda el efecto ejecutivo, el procedimiento de exequátur sólo es un presupuesto de la
ejecución, no la lleva a cabo. Lo que hace es transformar la decisión extranjera en un título de
ejecución, título que se ejecutará con posterioridad en la misma forma que los títulos ejecutivos
españoles.
La competencia para resolver en este procedimiento de exequátur la tienen los Juzgados de
Primera Instancia del domicilio o lugar de residencia de la parte frente a la que se solicita el
reconocimiento o la ejecución, o los juzgados de primera instancia del lugar de residencia de la
persona a quien se refieren los efectos de la resolución.
El procedimiento de exequátur se caracteriza por los principios dispositivo, documental y de
aportación de parte.
Están legitimados para solicitar el reconocimiento los que fuesen parte en el proceso
extranjero, sus derechohabientes y terceros que acrediten un interés legítimo.
El art. 956 LEC establece que será necesaria la traducción de la ejecutoria hecha con arreglo
a derecho, después de oír, por término de 9 días, a la parte contra quien se dirija y al MF. El
Tribunal declarará, previo control de condiciones, si se reconoce o no esa decisión extranjera.
Por su parte, el art. 957 LEC establece que para la citación la parte a quien deba oírse se
librará certificación a la Audiencia en cuyo territorio esté domiciliada. El término para comparecer
será de 30 días. Y, si no se persona, el Tribunal proseguirá en el conocimiento de los autos aunque
no haya comparecido el citado.
El procedimiento terminará a través de AUTO, contra el que cabe recurso de apelación.
III.3.d) Reconocimiento global y reconocimiento parcial.
El reconocimiento global consiste en el reconocimiento de todos los pronunciamientos de la
decisión extranjera. Mientras que el reconocimiento parcial sólo reconoce alguno de los
pronunciamientos contenidos en el fallo.
El reconocimiento parcial no aparece reconocido en el régimen común, aunque existe
jurisprudencia que lo admite. Sí aparece recogido en el régimen institucional y en el régimen
convencional.
El reconocimiento parcial puede darse en tres supuestos:
• En el caso de sentencias penales que contengan pronunciamientos civiles, ya se trate de una
indemnización por responsabilidad civil o bien de una modificación de la capacidad de
obrar.
• En sentencias civiles, mercantiles y laborales que contengan diferentes pronunciamientos, ya
sea por responder a peticiones acumuladas pero distintas, ya sea porque los efectos de la
decisión son separables.
• Para lograr un efecto atenuado de la excepción de orden público, de modo tal que si una
sentencia tiene varios pronunciamientos se reconocerán aquellos que sean acordes con el
orden público.
4. Condiciones de reconocimiento.
III.4.a) La ausencia de revisión de fondo como principio de base.
Por regla general, el reconocimiento supone un control formal u homologación de la decisión
extranjera, sin entrar a examinar los hechos y los considerandos de la sentencia. Así:
• En el régimen institucional, el art. 36 del Reglamento Bruselas I establece que “La
resolución extranjera en ningún caso podrá ser objeto de una revisión en cuanto al fondo”.
• En el régimen común, tampoco hay revisión de fondo de las sentencias. El propio TC ha
señalado que el procedimiento de exequátur no es un procedimiento contencioso articulado
sobre una demanda, es simplemente un trámite de homologación. Por tanto, no hay revisión
de fondo de las sentencias, SALVO en un supuesto: que aplicando el régimen de
reciprocidad positiva el Estado extranjero pidiese revisión de fondos para el reconocimiento
de las sentencias españolas.
III.4.b) Control de las garantías procesales y control de orden público.
El principio de no revisión del fondo, no impide que se exijan ciertas condiciones a las
decisiones extranjeras para su reconocimiento.
Régimen común
Para el reconocimiento de las decisiones extranjeras, en el régimen común, se exigen varias
condiciones.
En primer lugar, es necesario que dicha decisión haya sido dictada respetando las
garantías procesales. Esta condición deriva de la interpretación que se ha hecho del art. 954.2
LEC, que exige que la decisión extranjera no haya sido dictada en rebeldía.
La interpretación finalista de esta norma lleva a concluir que su sentido es garantizar el
principio de contradicción y la posibilidad de que el demandado haya podido defenderse
efectivamente en el procedimiento abierto en el extranjero. Por ello, el TS ha interpretado que es
posible el reconocimiento de una decisión extranjera dictada en rebeldía SIEMPRE Y CUANDO
conste y se acredite que ha habido notificación personal y efectiva al demandado, sin que sea
suficiente: la práctica de una notificación infructuosa, la citación edictal, por carteles en el domicilio
o en diarios, especialmente sin haber intentado una notificación personal.
Se ha suscitado la posibilidad de que la rebeldía pueda ser sanada a través de actos
posteriores del demandado que revelen su voluntad de aceptar la decisión de cuya ejecución se trata
([Link]., cuando es el propio rebelde quien solicita el reconocimiento). En cambio, no parece
admisible la jurisprudencia que entiende sanada dicha condición cuando el rebelde ha utilizado las
vías de recurso u oposición posteriores o distintas de la causa principal, previstas en el sistema
extranjero. Y ello porque la presencia en los trámites posteriores no puede nunca ser equivalente, en
lo que respecta a la protección del derecho de defensa de la parte, a la exigencia de citación y
emplazamiento, al inicio de la litis.
La jurisprudencia del TS ha ido reconduciendo la condición prevista en el art. 954.2 al
contenido del derecho fundamental a la tutela judicial efectiva. Este criterio ha sido confirmado por
la jurisprudencia constitucional, que propugna la obligación del TS de denegar el exequátur si
comprueba que, al dictarse la resolución cuyo reconocimiento se solicita, no se han respetado las
garantías previstas en la CE. Pero dicho respeto a la CE no se reduce al control de la regularidad
formal del procedimiento llevado a cavo en el extranjero, en particular en torno a la notificación
efectiva al demandado, sino que se extiende a otras garantías, en especial a las implícitas en el
derecho a no quedar en indefensión, como son la propia existencia de fundamentación jurídica y la
presencia, siquiera mínima, de prueba.
En segundo lugar, será necesario que dicha decisión no sea contraria al orden público
constitucional. Se exige la adecuación de toda la decisión extranjera, y no sólo de su fallo, a los
derechos fundamentales previstos en la CE.
El límite de orden público atiende a la protección de valores fundamentales de índole social
o económica del foro, en un momento histórico determinado. La actualidad por la que se caracteriza
este límite obliga a utilizarlo conforme a los valores presentes en el momento del reconocimiento,
no en el de dictarse la sentencia extrajera.
En la mayor parte de los casos, el control de orden público se ha planteado ante el TC sobre
la base del art. 24. Sin embargo, tal y como ha indicado el propio TC, el límite de orden público
puede afectar a cualquier otro derecho constitucional. En consecuencia, el TC a procedido a
englobar bajo el concepto constitucional de orden público, dos condiciones hasta ahora separadas:
el control de las garantías procesales y el control de orden público; de esta forma el primero pasa a
ser una subespecie del segundo, en el que se integra.
Régimen institucional y convencional
En control de las garantías procesales y el control de orden público se encuentra recogido,
habitualmente a través de disposiciones separadas, en los distintos regímenes convencionales
multilaterales y bilaterales de reconocimiento.
Así, el Convenio de Bruselas partía de la siguiente separación:
• Por un lado, el art. 27.1 recogía la excepción genérica de orden público.
• Y por otro, el art. 27.2 establecía la denegación del reconocimiento de las decisiones
dictadas en rebeldía del demandado, si no se hubiere entregado o notificado al mismo la
cédula de emplazamiento o documento equivalente, de forma regular y con tiempo
suficiente para defenderse.
Al hilo de algún pronunciamiento del TJCE, parte de la doctrina interpretaba
restrictivamente este art. 27.2, en el sentido de que no cabe denegar el reconocimiento por
incumplimiento de garantías procesales distintas a las allí contempladas, pues la excepción de orden
público prevista en el art. 27.1 no incluiría las garantías procesales. Este debate acerca de la correcta
interpretación del artículo quedó definitivamente zanjado en virtud de la Sent. TJCE de 28 marzo
2000, que considera que los derechos de defensa o las garantías procesales fundamentales son parte
consustancial del orden público al que se refiere el art. 27.1 del Convenio.
El Reglamento de Bruselas I parte de la misma separación (control de las garantías
procesales y control de orden público), pero introduce importantes modificaciones:
• Incorpora un tratamiento menos formal de la rebeldía. Mientras que el Convenio de Bruselas
exige que la notificación sea irregular o extemporánea, el Reglamento pone el acento en la
indefensión real del demandado, al referirse a una notificación “de forma tal y con tiempo
suficiente para que pudiera defenderse”.
Parece que este cambio es positivo, pues permite centrarse en la indefensión real y no,
exclusivamente (como hacía el Convenio) en la forma regular del emplazamiento. La
regulación actual tiene más sentido, pues puede ocurrir que una notificación regular
produzca indefensión real ([Link]., notificación no traducida cuando no fuera pertinente); y, a
la inversa, es imaginable una notificación irregular ([Link]., notificación no traducida cuando
fuera pertinente) que no produzca indefensión real porque ocasionalmente el demandado
conozca sobradamente la lengua en que se notifica.
• Añade una coletilla a la redacción del art. 27.2 del Convenio de Bruselas “a menos que no
hubiere recurrido dicha resolución cuando hubiere podido hacerlo”. La finalidad de este
precepto es impedir que el demandado en rebeldía aguarde al procedimiento de
reconocimiento y ejecución en el Estado requerido para invocar la vulneración de su
derecho de defensa, si dicho demandado tuvo la posibilidad de defender sus derechos
interponiendo un recurso contra la resolución dictada en el Estado de origen.
• El 34.1 del Reglamento Bruselas I añade que la contrariedad al orden público ha de ser
clara, obvia y manifiesta para impedir el reconocimiento.
III.4.c) Control de la ley aplicada.
El control de ley aplicada consiste en supeditar el reconocimiento de la decisión extranjera al
hecho de que el Tribunal extranjero haya aplicado al supuesto la misma ley que hubiese sido
aplicada por los Tribunales del foro, a menos que el resultado final coincida (que exista
equivalencia de resultados).
Régimen común
El control de ley aplicada sólo se realizaba respecto de las decisiones dictadas en
procedimientos relativos al Derecho de persona, familia y sucesiones. A través de este control,
únicamente se reconocían en España aquellas decisiones extranjeras que se hubiesen dictado
aplicando la ley nacional del interesado en todo lo relativo a su estatuto personal, a menos que
existiese equivalencia de resultados.
Ej: Supongamos que un sujeto de nacionalidad española y de residencia en Francia es declarado
incapacitado por los Tribunales franceses. Como en España la capacidad del sujeto se rige según la ley
nacional del mismo, a la hora de reconocer esa sentencia en España habría que ver: 1)si los Tribunales
franceses han aplicado la ley española para declarar la incapacitación, o 2) si no han aplicado la ley española,
habría que ver si el resultado al que han llegado sería el mismo que si se hubiese aplicado la ley española.
El control de ley aplicada poco a poco fue desapareciendo como condición para el
reconocimiento en el régimen común español. De modo que, actualmente, dicho control ya no se
aplica, SALVO en el régimen de reciprocidad positiva.
Régimen convencional
En los Convenios de Bruselas y Lugano I el control de ley aplicada se conservaba respecto a
determinadas cuestiones previas relacionadas con el estado civil. Sin embargo, este control
desaparece en el Reglamento de Bruselas I y en el Convenio de Lugano II.
No obstante, este control de ley aplicada se mantiene en algunos convenios bilaterales
ratificados por España, fundamentalmente en lo relativo a las cuestiones de capacidad y estado civil
de las personas físicas. Un ejemplo, a modo de curiosidad, sería el Convenio entre España y
Bulgaria de 1993, que recoge un control de ley aplicada sin distinción de la materia (incluido en
materias mercantiles).
III.4.d) Autenticidad de la decisión.
La autenticidad de la decisión es la primera condición que se exige a la hora de reconocer
una decisión extranjera, sea cual fuere el régimen del reconocimiento.
Régimen común
En el régimen común, la exigencia de autenticidad de la decisión extranjera está recogida en
el art. 954.4º LEC, en virtud del cual se exige que “la carta ejecutoria (la decisión) reúna los
requisitos necesarios en la nación en que se haya dictado para ser considerada como auténtica, y los
que las leyes españolas requieran para que hagan fe en España”.
Por tanto, para que una decisión extranjera pueda ser reconocida:
• La parte interesada en su reconocimiento ha de probar su autenticidad según las leyes del
Estado de origen.
• Ha de cumplir los requisitos de los arts. 144 y 323 LEC. El cumplimiento de estos requisitos
permite que la decisión auténtica despliegue sus efectos probatorios en España.
De todos modos, esta condición de autenticidad de la decisión presenta un carácter
subsanable. Es decir, que si la decisión extranjera no supera esta condición por no cumplir alguno
de los requisitos exigidos, se podrá subsanar el defecto y volver a solicitar el reconocimiento de la
decisión.
Régimen convencional e institucional
La autenticidad de la decisión es una condición prevista en todos los Textos convencionales
e institucionales. Ejemplo de ello es el art. 53 del Reglamento 44/2001, que exige presentar para el
reconocimiento copia auténtica de la resolución.
III.4.e) Control de la competencia judicial internacional.
Para determinar si es posible reconocer o no una decisión extranjera hay que examinar si el
Tribunal extranjero que dicto esa decisión era competente para conocer de ese supuesto de tráfico
externo. Precisamente es el control de competencia judicial internacional lo que justifica que no
exista un control de ley aplicada.
Régimen común
En el régimen común español, este control no aparece recogido entre las condiciones del art.
954 LEC. Sin embargo, la jurisprudencia del TS lo viene exigiendo con carácter general, por dos
razones:
• Para garantizar el respeto de las competencias exclusivas de los Tribunales españoles.
• Para evitar que los Tribunales extranjeros utilicen foros de competencia exorbitantes.
Para determinar el carácter exorbitante de un foro caben distintas posibilidades:
• Una posibilidad sería positivizar una serie de reglas o foros especiales de competencia
indirecta, que determinen caso por caso los supuestos en que se admite la competencia de un
Tribunal extranjero. El problema que presenta esta posibilidad es que no existen normas , en
nuestro régimen común no existen normas de competencia judicial indirecta.
• Otra posibilidad consistiría en bilateralizar los foros de competencia directa. Esto es,
partiendo de nuestros foros de competencia directa (que son normales y apropiados), se
considerará normal el foro de competencia de un Tribunal extranjero cuando obedezca a los
mismos criterios que atribuyen normalmente la competencia, en el mismo caso, a los
Tribunales españoles. En caso contrario, caben dos posibilidades:
◦ Que el tribunal extranjero haya utilizado un foro exorbitante y, por tanto, se denegará la
ejecución.
◦ Que el tribunal extranjero haya utilizado un foro no previsto en nuestras normas de
competencia judicial directa, sin que por ello tenga que ser exorbitante. En estos casos se
estará al caso concreto, de modo que el Juez evaluará si el foro es o no exorbitante
atendiendo especialmente a los derechos de las partes y a la garantía de su defensa en el
proceso, así como al alejamiento del Tribunal de los datos del litigio y su influencia en la
correcta administración de justicia.
Régimen convencional e institucional
En el Reglamento de Bruselas I, al igual que en el Convenio de Bruselas, el control de la
competencia judicial internacional sólo se realiza respecto:
• De las competencias exclusivas previstas en el art. 22.
• De las normas de competencia judicial internacional en materia de seguros y consumidores.
Fuera de estos casos, el principio de confianza comunitaria impide un control de la
competencia judicial internacional, que se considera suficientemente amparado en las reglas de
competencia directa estrictas que se han previsto en el Capítulo II.
Las normas de competencia judicial internacional y las normas de reconocimiento tienen un
ámbito de aplicación diferente. Así:
• Las normas de competencia judicial internacional del Reglamento sólo se aplican cuando el
demandado se halla domiciliado en un Estado parte.
• El régimen de reconocimiento de decisiones abarca también las decisiones dictadas por un
Estado miembro cuando el demandado no esté domiciliado en un Estado parte.
Esta diferencia es muy relevante para el reconocimiento de decisiones por lo siguiente: el
Reglamento de Bruselas I contiene en su Anexo I una lista de foros exorbitantes. Si bien dicha lista
no puede fundamentar la competencia judicial internacional cuando el demandado se halle
domiciliado en un Estado parte, sí puede ser fundamento de la competencia judicial internacional en
el caso contrario (salvo que se trate de las materias de seguros, consumidores o reguladas por un
foro exclusivo). Así, un Tribunal de un Estado parte está legitimado para fundamentar su
competencia en uno de dichos foros exorbitantes, siempre que el demandado no se halle
domiciliado en un Estado parte.
Esta circunstancia resulta muy relevante para la materia del reconocimiento porque dichas
decisiones (la dictadas en favor de un foro exorbitante) deben ser reconocidas en los demás Estados
parte sin que pueda mediar un rechazo de tal criterio de competencia judicial internacional. Así, por
ejemplo, un Tribunal francés puede declararse competente para conocer de la nulidad de un contrato
entre un francés y un español domiciliado en Marruecos, por el mero hecho de la nacionalidad
francesa del demandante. Y, dicha decisión deberá ser reconocida en España.
Para limitar parcialmente el efecto mencionado, el art. 59 del Convenio de Bruselas
introdujo una excepción en que se permite denegar el reconocimiento, que tiene que ver con las
relaciones convencionales con terceros Estados. Para que opere esta excepción tienen que darse tres
condiciones:
• Que la competencia judicial del Tribunal del Estado parte de origen de la decisión sólo
pueda fundamentarse en uno de los foros exorbitantes previstos en el artículo 3.2º.
• Que la decisión se haya dictado contra un demandado domiciliado en un tercer Estado, con
el cual el Estado parte requerido ha suscrito un convenio de reconocimiento y ejecución de
resoluciones.
• Que este último Convenio haya impuesto al Estado requerido el compromiso de denegar el
reconocimiento en tales casos.
Ahora bien, el art. 72 del Reglamento Bruselas I exige que, para que esos convenios sean
aplicables, han de haber sido ratificados antes de la entrada en vigor del Reglamento (antes de
marzo 2002).
Una segunda excepción viene dada por el art. 66.2 del Reglamento, en virtud del cual,
cuando se solicite el reconocimiento de resoluciones dictadas tras la entrada en vigor del
Reglamento 44/2001, pero como consecuencia de acciones ejercitadas con anterioridad a tal fecha
(1 marzo 2002), hay que distinguir:
• Si la acción se ejercita estando en vigor el convenio de Bruselas o el de Lugano, tanto en el
Estado de origen como en el Estado requerido: se sigue la regla general de reconocimiento,
primando el principio de confianza comunitaria, SALVO para los supuestos de consumo,
seguros y competencias exclusivas.
• En los demás casos: a la hora del reconocimiento se exigirá un control de competencia
judicial internacional completo, de todas las normas de competencia del reglamento
44/2001.
Ej: En junio de 2002 se solicita en España el reconocimiento de una resolución dictada por un tribunal búlgaro.
Obviamente, cuando esa acción se ejercitó ante los tribunales búlgaros el reglamento 44/2001 aún no estaba en vigor.
Como en este caso, Bulgaria no forma parte del Convenio de Bruselas o de Lugano, el Juez español deberá comprobar
si el tribunal búlgaro era competente para conocer de ese asunto según el control de competencia del reglamento
44/2001.
III.4.f) Ausencia de contradicción con una decisión judicial o un proceso pendiente
en el Estado requerido.
Ámbito institucional
Artículo [Link]: No se reconocerán las resoluciones que fueren inconciliables con una
resolución dictada entre las mismas partes en el Estado miembro requerido.
Artículo [Link]: No se reconocerán las resoluciones que fueren inconciliables con una
resolución dictada con anterioridad en otro Estado miembro o un Estado tercero cuando se cumplan
dos requisitos:
• Que exista entre ambas resoluciones identidad de partes, de objeto y causa
• Que esa resolución dictada con anterioridad reuniere las condiciones necesarias para su
reconocimiento en el Estado miembro requerido.
Régimen común
La jurisprudencia española establece que se denegará el reconocimiento en España de una
decisión extranjera si en el foro existiese ya una decisión con identidad de partes, objeto y causa o,
simplemente, incompatible con la decisión extranjera.
Es más, nuestra jurisprudencia entiende que se puede denegar el reconocimiento de las
decisiones extranjeras cuando exista en España un procedimiento pendiente que pueda dar lugar a
una decisión incompatible.
El problema que presenta esta posibilidad es que propicia al fraude. Esto es, la parte
interesada en que no se reconozca una decisión en España no tendría más que interponer una
demanda en España que pueda dar lugar a una decisión incompatible. A este respecto, debemos
destacar que la última jurisprudencia del TS detectó dicha conducta fraudulenta y lo que hizo fue
denegar el reconocimiento atendiendo a un criterio temporal, esto es, miró cuál había sido la
primera demanda en interponerse. Por tanto, esperemos que a partir de ahora los tribunales
españoles sigan en esta línea.
Ámbito convencional
Los Convenios que deniegan el reconocimiento por existir un proceso pendiente en el
Estado requerido se interpretan de acuerdo con un criterio temporal, de modo que sólo cabe denegar
el reconocimiento por este motivo si el proceso pendiente en el Estado requerido se inició con
anterioridad al proceso abierto en el Estado extranjero.