0% encontró este documento útil (0 votos)
0 vistas1 página

Proyecto 2

En una cocina, una cafetera automática prepara chocolate caliente inesperadamente, mientras varios objetos inusuales, como una llave diminuta y un pastel con una etiqueta, generan misterio. Una persona entra, observa los objetos y encuentra mapas de jardines con advertencias extrañas, antes de que un golpe en la puerta interrumpa la calma. Al final, algunos objetos desaparecen y la historia se convierte en un enigma que cambia con cada narración.

Cargado por

Dylan Velasquez
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
0 vistas1 página

Proyecto 2

En una cocina, una cafetera automática prepara chocolate caliente inesperadamente, mientras varios objetos inusuales, como una llave diminuta y un pastel con una etiqueta, generan misterio. Una persona entra, observa los objetos y encuentra mapas de jardines con advertencias extrañas, antes de que un golpe en la puerta interrumpa la calma. Al final, algunos objetos desaparecen y la historia se convierte en un enigma que cambia con cada narración.

Cargado por

Dylan Velasquez
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

En una cocina enorme, una cafetera automática decidió preparar chocolate

caliente en lugar de café. Nadie había cambiado la programación, y aun así el


aparato insistía en mostrar una taza sonriente en su pequeña pantalla. Sobre la
mesa había tres manzanas, una cuchara de madera, un cuaderno lleno de números y
una llave diminuta que no parecía pertenecer a ninguna cerradura de la casa. La
ventana estaba abierta y entraba un olor extraño, parecido al de la tierra
después de una tormenta. En el patio, un gato naranja perseguía una hoja seca
que giraba en círculos debido al viento. La nevera emitió un pitido y luego
comenzó a funcionar con un ruido mucho más suave de lo normal. Dentro, alguien
había colocado un pastel perfectamente redondo junto a una caja de tomates. El
pastel tenía una etiqueta escrita a mano: «No abrir hasta el jueves». Era
martes. Sobre una silla descansaba una chaqueta amarilla con los bolsillos
llenos de botones de distintos tamaños. Uno de ellos tenía grabado un número que
nadie reconocía. En la pared, un calendario mostraba un mes que no correspondía
con ninguna temporada conocida. Los días estaban escritos con nombres
inventados: Bruma, Lumbre, Viento y Ceniza. Una persona entró en la cocina,
observó todos los objetos y preguntó quién había dejado la llave. No hubo
respuesta. Después abrió un cajón y encontró una colección de mapas de jardines.
Algunos mostraban caminos que atravesaban estanques, otros dibujaban árboles
enormes con pequeñas ventanas en los troncos. En uno de los mapas había una
nota: «No sigas las flechas después del puente». La cafetera volvió a emitir un
sonido. Esta vez la pantalla mostraba una dirección, seguida por una hora y una
palabra: «Llegar». El gato dejó de jugar y miró hacia la puerta. Durante unos
segundos todo quedó completamente quieto. Luego alguien llamó tres veces desde
el otro lado. La persona de la cocina guardó la llave en su bolsillo, apagó la
luz y esperó. El segundo golpe llegó mucho más fuerte. El tercero no llegó
nunca. En cambio, desde el patio se escuchó el sonido de una bicicleta
alejándose por el camino. Cuando encendió la luz, la chaqueta amarilla ya no
estaba sobre la silla. Tampoco quedaban manzanas sobre la mesa. Solo permanecía
la cuchara de madera, colocada exactamente en el centro del cuaderno. En algún
lugar cercano, una ventana se abrió lentamente y volvió a cerrarse antes de que
alguien pudiera verla. Nadie encontró una explicación satisfactoria, así que el
asunto terminó convertido en una historia que cambiaba cada vez que alguien la
contaba. La tarde continuó con absoluta normalidad, aunque algunos objetos
parecían haber cambiado de lugar durante unos segundos. Al final, nadie supo el
porque o el como.

También podría gustarte