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DOCUMENTO DE CLASE
Clase N°: 1
UNIDAD 1
EVOLUCION HISTORICA
artesanal
CONSTITUCIONALISMO SOCIAL
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Departamento de Ciencias Económicas
Seguridad social
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Departamento de Ciencias Económicas
PRINCIPIOS (Función
Interpretadora, integradora FUENTES : Material (origen)
ORDEN PUBLICO LABORAL Formal (normas)
informadora y Contenedora)
. Principio Protectorio:
.Normas que GENERALES PROPIAS
1. Indubio Pro operario
establecen
2. Regla la de la Ley .Constitución Nac. . Convenios OIT
condiciones
más favorable 3. Regla de
mínimas debajo de
la . Tratados . Reglamentos de
las cuales no puede
condición más beneficiosa Internacionales Empresa
contratarse
. Principio de . Jurisprudencia . Convenios
. Restricción a la
Irrenunciabilidad Colectivos de
autonomía de la . Doctrina Trabajo
. Principio de Indemnidad voluntad en un
sentido, . Usos y .Laudos Arbitrales
. Primacía de la realidad permitiendo se Costumbres
acuerden . Estatutos
. Principio de Continuidad . Voluntad de las Profesionales
condiciones más partes
. Principio de Buena Fe favorables al . Leyes del trabajo
trabajador
. Principio de Gratuidad
. Principio de
Progresividad
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3. Desarrollo de la clase:
El Derecho del Trabajo nace y se desarrolla como derecho de protección del trabajador
dependiente, es decir, aquel que trabaja por cuenta ajena bajo la subordinación de otra
persona y a cambio de una remuneración; tal protección es uno de sus propósitos
fundamentales ya que una amplia parte de su normativa persigue ese fin, ello en atención a la
evidente desigualdad entre el trabajador y empleador que impone proteger al más débil del
vínculo equilibrando así la relación laboral.
ITINERARIO HISTÓRICO
El Derecho Laboral, que tiene como nudo central el trabajo bajo relación de dependencia,
surge como rama autónoma a partir de necesidades históricas de los hombres relacionadas
con conflictos y luchas por diferencias fundamentalmente económicas y sociales.
Esta brevísima reseña histórica que emprendemos la dividiremos en tres etapas. La primera
etapa evolutiva se la denomina preindustrial, entendiendo por tal al período que corre desde
las prestaciones rudimentarias de la Roma clásica hasta la aparición de los primeros
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En Roma existía la llamada Locatio conductio operarum, que era el trabajo por cuenta ajena
bajo las órdenes de otra persona mediante el pago de una remuneración y que sólo los
hombres libres, es decir los ciudadanos romanos, podían realizar. Ello sin perjuicio de la
labor de los esclavos, considerados cosas de propiedad y sujetas a un amo, con
características distintas a las tareas por cuenta ajena desarrolladas en la actualidad.
propietario se modifican para dar paso, poco a poco, a las vinculaciones trabajador-
empleador. El excedente de mano de obra por la concentración en las grandes ciudades
produce nuevas relaciones de poder con abusos por parte del nuevo empresario quien somete
al obrero a condiciones indignas de trabajo. En respuesta a este estado de cosas los
trabajadores comenzaron a agruparse en sindicatos buscando mejorar sus condiciones de
trabajo, estas asociaciones cumplieron un papel significativo para lograr la intervención del
Estado con normas de protección para el trabajador. Se inicia una incipiente intervención en
el mercado laboral promulgando leyes protectoras del trabajo de menores y mujeres.
A comienzos del siglo XIX existían pocas normas reguladoras del trabajo y la situación de
los trabajadores no era mejor que en los períodos anteriores, podemos decir que se estaba
frente a una nueva expresión de la esclavitud. Era moneda corriente el trabajo de mujeres y
menores como mano de obra barata; extensas jornadas de trabajo, un inexistente régimen de
descanso y salarios casi miserables. A mediados del siglo XIX, nos encontramos con la
consagración a ultranza del liberalismo económico y jurídico.
En ese estado de cosas, signado por los abusos del capitalismo, aparece lo que se conoce
como cuestión social. Diversos intentos de solución, provenientes de diversas posturas
ideológicas, intentaron morigerar los efectos negativos de la industrialización enmarcándola
en formas más humanitarias.
A modo de cierre de esta reseña histórica, podemos afirmar que la legislación del trabajo
propiamente dicha se inicia en el siglo XX gracias a la incipiente industrialización y
crecimiento demográfico y económico. Su rasgo específico, conforme Krotoschin, consiste
en que paulatinamente va desprendiéndose de ciertos conceptos del Derecho Civil. La
consecuencia de la igualdad jurídica, que supone el principio de libertad contractual fue
causa de desigualdad porque las condiciones del contrato eran fijadas, en la práctica,
unilateralmente por el empleador, de lo cual resultaban jornadas de trabajo excesivas y
salarios bajos. Surgen tensiones sociales fogoneadas por ideas políticas y sociales que ya se
habían manifestado en los países industrializados durante el siglo XIX, dando inicio a una
nueva etapa en la política social y a las primeras leyes protectorias del trabajador: jornada
máxima de labor; descansos pagos; límites al trabajo de mujeres y menores y protección
contra riesgos del trabajo y en sintonía con ello evoluciona el sistema de previsión social.
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EL CONSTITUCIONALISMO SOCIAL
Las constituciones del siglo XIX responden al modelo liberal. Ponen entonces su acento en
el derecho individual, garantizando al hombre su independencia sin necesidad de
intervención estatal. En cambio, las constituciones sancionadas en el siglo XX ampliaron el
espectro de garantías al incorporar los llamados derechos sociales, concibiendo al hombre no
sólo en su aspecto individual sino como parte integrante de una sociedad dentro de la cual es
sujeto de derechos y obligaciones. A fines del siglo XIX y comienzos del XX, se
sancionaron leyes orientadas a mejorar las condiciones de vida y labor de los trabajadores,
constituyendo el germen del Estado Social de Derecho que se caracteriza por la introducción
de derechos y principios sociales en los textos constitucionales de los estados imponiendo,
en lo sustancial, la verdadera igualdad que no es otra que el trato igualitario entre iguales y el
trato desigual a los desiguales.
El primer mojón es, sin duda, la Constitución Mejicana de 1917, aun cuando para algunos
autores, más que una Constitución es una reglamentación exhaustiva de derechos sociales.
La misma incorpora principios generales del derecho laboral preexistentes a través de
disposiciones operativas, es decir que pueden ser aplicadas directamente sin necesidad de
sancionar una ley que las reglamente. Estableciendo la jornada laboral de 8 horas, el
descanso semanal de 1 día, salario mínimo e inembargable, el pago diferenciado de horas
extraordinarias de labor y la inembargabilidad de los bienes declarados como patrimonio
familiar del trabajador, la prohibición de trabajo de la mujer embarazada en los tres meses
anteriores al parto, reconoce el derecho a huelga, el derecho a agruparse de trabajadores
como empleadores en defensa de sus respectivos intereses, etcétera. La constitución
mejicana tuvo fuerte influencia en los países de habla hispana.
En Alemania (1919) se proclama la Constitución de Weimar, que tiene una fuerte incidencia
en el constitucionalismo social europeo. En su texto se consagra la protección estatal para el
trabajo en todas sus formas, la libertad y el derecho de trabajo, el derecho a la huelga, la
libertad de agremiación, el control de las condiciones de trabajo y de la producción en
beneficio del obrero, el derecho al trabajo y la obligación moral de trabajar en la forma que
más ayude al bien común. Estamos frente a una constitución de tipo socialista, con
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A partir del año 1945 se produce una explosión del constitucionalismo social al punto de
convertirse en el contenido normal de toda nueva constitución. En nuestro país, en el año
1943, comienza una revolución de la legislación laboral, se dictan normas sobre régimen
laboral de los menores de edad (años 44 y 45), sobre condiciones de trabajo para los braceros
(44), se fijan los feriados nacionales (44), régimen sobre jornada de trabajo del personal
bancario (44), se dicta el estatuto del peón (44), régimen de vacaciones (45), estatuto para
profesionales de hospitales (45), estatuto del tambero mediero (46), estatuto empleados de
empresas periodísticas (46), etcétera. Ya en plena primera presidencia de Perón se amplía
aún más la legislación laboral protectora del trabajador. El principal antecedente del
constitucionalismo social argentino es, sin duda, la Constitución de 1949. Su texto consagra
el derecho al trabajo, la retribución justa, la capacitación del trabajador, las condiciones
dignas de trabajo, el cuidado de la salud, el bienestar personal y familiar del trabajador, la
seguridad social, el progreso económico y la agremiación. Considera al trabajo un bien
primordial, capaz de satisfacer necesidades materiales y espirituales, que debe ser protegido
en todas sus formas por el Estado y garantizado, sin distinción, a todos los habitantes del
territorio. Reconoce el derecho a la capacitación del trabajador como mejora material y
espiritual; los derechos a las condiciones dignas de trabajo y bienestar; el derecho a preservar
la salud abarcaba la física y la moral, tanto del trabajador como la familia de éste.
El Estado debe también garantizar el derecho a la seguridad social, la digna subsistencia ante
la pérdida del trabajo y la asignación de una jubilación al final de su vida laboral útil.
Evolución en la Argentina
salario; en 1915 la ley de accidentes del trabajo 9.688; la ley sobre régimen de seguridad
industrial (1921); la ley sobre modalidades del pago del salario
11.278 de 1923; la ley 11.544 sobre jornada de trabajo (1929) ; en 1934 la ley 11.729 que
rigió las relaciones laborales hasta 1973. A partir de 1.940, asoman los primeros Estatutos
Especiales, entre otros la ley 12.713 que regula el trabajo a domicilio desde el año 1941.
Reelecto Perón en 1952 se inicia un segundo y breve mandato (fue derrocado en setiembre
de 1955). La economía argentina no funcionaba bien pues había concluido el crecimiento
industrial. Argentina vendía a los EEUU la mitad de lo que exportaba, en 1948 las reservas
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estaban agotadas y la balanza comercial deficitaria con EEUU se compensaba con una
balanza positiva con Gran Bretaña y Europa Occidental. La situación se agravó cuando los
EEUU resolvieron que los dólares del plan Marshall distribuidos en Europa Central no
podían ser usados para comprar productos argentinos, de esa manera los norteamericanos
abastecerían Europa. El gobierno peronista se debilitaba de manera creciente; el Segundo
Plan Quinquenal tenía como objetivo financiero lograr una balanza de pagos favorable, para
ello debía insertar al país en la economía internacional y ese objetivo no fue logrado. A la
crisis económica se sumaban conflictos con sectores sociales: Iglesia, estudiantes, oposición
política (que sólo anhelaba la caída de Perón). El 16 de setiembre de 1955, comienza la
autodenominada "revolución libertadora". En el año 1956 se deroga la Constitución de 1949
que había agregado un Capítulo relativo a los derechos del trabajador conteniendo su
decálogo y en 1957 se sanciona el art. 14 bis.
El artículo 14 bis consagra las garantías mínimas del trabajo en la Argentina, en los
siguientes aspectos: Derechos del trabajador en el contrato y la relación de trabajo:
condiciones dignas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagas, remuneración
justa; igual remuneración por igual tarea; salario vital y móvil; participación en las
ganancias con control de la producción y colaboración en la dirección, protección contra el
despido arbitrario del empleado privado y estabilidad para el empleado público; estabilidad
para el representante sindical; compensación económica familiar (asignaciones familiares).
• Derecho de trabajar: optar por una actividad laboral u otra, celebrar un contrato de
trabajo. Implica también el derecho a la libertad de contratar.
• Derecho a las condiciones dignas y equitativas de labor: refiere al trato que debe
recibir el trabajador en relación al ambiente, lugar, horario, descanso, retribución, etc.
Interpretado como condición compatible con la dignidad del hombre.
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• Derecho a la protección de la familia del trabajador: los beneficios que tienen los
trabajadores se extienden hacia su familia. De allí que las leyes hayan consagrado entre otros
la protección de la vivienda familiar (a través de la anotación del bien de familia) y la
protección de los hijos y su educación. Se reconoce el derecho de la familia a acceder a una
vivienda digna.
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FLEXIBILIZACION LABORAL
Desde fines de los ´80 y comienzo de los ´90, el sistema de relaciones laborales en
Argentina fue sacudido por constantes modificaciones, que intentaron una verdadera
mutación de los principios que desde la década del ´40 son pilares del Derecho Laboral y por
ende del modelo de relaciones laborales en el universo del trabajo por cuenta ajena.
Adelantamos que este período se extendió hasta el año 2003, sobre lo cual volveremos. El
proceso iniciado en 1989 con la Presidencia Menem se extiende hasta fines de 2001, con un
quiebre a partir de 2002 en donde asoma el germen de un nuevo proceso.
La ley 24.013 fue la primera ley laboral sancionada durante la presidencia de Menem.
Incorporó novedosos instrumentos para nuestro sistema legal, llamados de flexibilización
laboral, los cuales, vulnerando el principio protectorio y el principio general del contrato de
trabajo por tiempo indeterminado, regularon nuevos tipos de contratos temporales. Estos
contratos, bajo la excusa de nueva actividad y práctica laboral, otorgaron reducciones y
exenciones en casi todas las contribuciones a cargo del empleador con destino a la seguridad
social y precarizaron el empleo. Se diluyó el mandato de protección contra el despido
arbitrario al admitirse una nueva causa de despido tecnológica. En materia de accidentes de
trabajo se sancionó la ley 24.028 que redujo la responsabilidad patronal ante los infortunios
laborales, obligando al juez a ponderar, en la determinación de las indemnizaciones, sólo la
porción del daño causado por el factor laboral y desechando otros factores extraños al
trabajo, desarticulando así la llamada teoría de la indiferencia de la concausa.
Un segundo paso, en el proceso, encuadra dentro del denominado acuerdo marco para el
empleo, la productividad y la equidad social celebrado entre el Gobierno nacional, la CGT y
un grupo importante de empresarios. Se plantearon numerosas reformas flexibilizadoras. En
el año 1995 se sancionaron las leyes 24.465 y 24.467, por la primera se profundizó aún más
la precarización laboral a través de un amplio régimen de contratación; se estableció por
primera vez un período de prueba dentro de los contratos por tiempo indeterminado; se
introdujo el contrato a tiempo parcial; se incorporó el contrato de aprendizaje como no
laboral. Por la segunda de las leyes referidas, se estableció un régimen laboral apartado del
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general para las PyMEs, , acentuándose más la flexibilidad externa de entrada y de salida,
modificando el régimen de de vacaciones y permitiendo el fraccionamiento del sueldo anual
complementario, entre otros cambios. En agosto de 1995 a través de la Ley de Concursos y
Quiebras, se produjeron numerosas modificaciones con desfavorable impacto en los
trabajadores al terminar con la competencia de los jueces del trabajo en los reclamos
laborales dejando como única vía el fuero comercial. El régimen de cobertura de accidentes
de trabajo cambió rotundamente con la sanción, en octubre de 1995, de la ley 24.557, se pasó
de la responsabilidad tarifada del empleador (que podía contratar un seguro) a un sistema de
seguro obligatorio con prestaciones a cargo de entidades de derecho privado con fines de
lucro, impidiéndosele a los trabajadores o sus derechohabientes accionar en base a la ley
civil, salvo dolo del empleador; facultad que sí tenían en la ley anterior.
Este proceso de reforma laboral abarcó los dos períodos presidenciales de Menem y se
extendió hasta finales de la presidencia de Fernando De la Rúa, es decir que puede ser
ubicado temporalmente en los `90.
En este período, que incluye las dos presidencias de Cristina Kirchner, se sancionaron
numerosas leyes laborales progresivas, entre otras: la Ley 26.088, que restableció una
reforma al artículo 66 de la LCT, introduciendo una acción sumarísima para el
mantenimiento de las condiciones de trabajo frente a un uso abusivo del jus variandi; Ley
26.341, por ella se derogó en el artículo 103 bis de la LCT los vales de almuerzo, tarjetas de
transporte, vales alimentarios y las canastas de alimentos, a partir de su entrada en vigencia
adquirieron estos suplementos carácter remuneratorio; Ley 26.390, sobre protección del
trabajo infantil y protección del trabajo adolescente elevando la edad mínima de acceso al
trabajo a los dieciséis años; Ley 26.427, de pasantías educativas para estudiantes de
educación superior, de educación permanente de jóvenes y adultos y de formación técnico-
profesional, derogando las disposiciones contenidas en la Ley 25.165, en el artículo 2 de la
ley 25.013 y en los Decretos 340/92 y 93/95; Ley 26.428, a través de la cual se amplió la
regla in dubio pro operario a la apreciación de la prueba en juicio; Ley 26.574, la cual amplía
el concepto de irrenunciabilidad de los derechos laborales, disponiendo que son
irrenunciables los mejores derechos provenientes del contrato individual de trabajo (artículo
12 LCT); Ley 26.590, por ella se modifica el artículo 124 de la LCT estableciendo la
gratuidad de la cuenta sueldo cualquiera sea la modalidad extractiva; Ley 26.696, por la cual
se califica como temeraria y maliciosa la conducta del empleador que no cumple con los
acuerdos conciliatorios; Ley 26.704, por ella se amplía la gratuidad de la cuenta sueldo a los
trabajadores no comprendidos en la LCT, jubilados, pensionados y beneficiarios de planes y
programas del Gobierno Nacional; Ley 26.727, que estableció un nuevo régimen de trabajo
agrario; Ley 26.940, de promoción del trabajo registrado y prevención del fraude laboral,
creando el Registro Público de Empleadores con sanciones laborales.
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Los principios generales del derecho, tal como viene repitiendo acertadamente la doctrina,
constituyen directrices que justifican racionalmente todo el ordenamiento jurídico, no
son normas en sentido técnico pero lo son en sentido sustancial al suministrar modelos de
conducta los cuales no deben ser confundidos con criterios morales, pues son principios que
constituyen el fundamento de un orden jurídico determinado en un tiempo también
determinado de ahí el carácter dinámico e histórico de los mismos. El Derecho del
Trabajo como rama autónoma tiene sus principios generales.
En general, se entiende por Principios del Derecho Laboral aquellas verdades, social y
legalmente aceptadas, que constituyen el basamento y el origen de esta rama del derecho.
Son reglas que distinguen al Derecho del Trabajo de otras disciplinas jurídicas
otorgándole autonomía y constituyéndose en sus herramientas de interpretación y
aplicación. Estos principios son dinámicos con carácter progresivo y ese dinamismo
depende del cuestionamiento al orden vigente en tanto ese orden impida la realización del
hombre en situación de trabajo.
Nos parece esclarecedor, para entender la importancia de los principios generales del
Derecho Laboral, el ejemplo dado por Ricardo Cornaglia en su obra sobre la positivización
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de esos principios (Los Principios Generales del derecho del Trabajo; [Link] Ley): Para tratar
de entender cabalmente la materia que estamos estudiando, diremos que los principios
generales de la rama jurídica autónoma que es el derecho del trabajo, se constituye con
referencia esta ciencia, con el mismo sentido y función que los cimientos y la estructura
de hormigón cumplen en el edificio de varios pisos. Ni los cimientos ni la estructura se
aprecian a simple vista cuando el edificio está terminado, pero sin ellos nada queda en pie. El
edificio puede ser parcialmente modificado, actualizado y remozado; pero si se comete el
error de alterar los cimientos y la estructura, lo más probable es que se derrumbe y no sirva
más. Están presentes y gravitan en todo el conjunto, pero solamente se los distinguió
visiblemente en la etapa de la construcción. Los principios generales del derecho del trabajo
tienen como función esencial constituir un patrimonio indisponible de derechos para
quienes integran una clase social: la de los trabajadores bajo relación de
dependencia. Esta indisponibilidad de derechos afecta, esencialmente, el poder de
contratación y apropiación del trabajo libre que tienen los empleadores; pero que también
alcanza a los trabajadores y sus asociaciones, nulificando las renuncias que afecten a los
derechos alcanzados por los principios, en cuanto las renuncias coloquen a los trabajadores
en peor condición de las que se encuentran. Constituyen, por lo tanto, la protección de un
estado sobre el que se puede negociar para mejorar la condición, pero no para ahondar la
desprotección.
Los principios generales tienen diversas e importantes funciones y en nuestra materia, desde
antigua data, le han sido adjudicadas multiplicidad de funciones. Señalaremos las que
estimamos más importantes, sin que signifique de modo alguno agotar tan importante
temática:
Función de interpretación
Esta función normativa se cumple cuando se presentan lagunas en el derecho vigente es decir
en supuestos de carencia de normas positivas. Cuando es así los principios generales actúan
como fuentes del derecho que permiten al juez resolver el caso concreto pronunciando una
regla a través de la sentencia. En nuestro ordenamiento legal, cuando una cuestión no pueda
resolverse por aplicación de las normas que rigen el contrato de trabajo o por las leyes
análogas, se decidirá conforme a los principios generales del derecho, la equidad y la buena
fe (art. 11 LCT). La Ley 27.802 ha eliminado la referencia a la “justicia social” en la
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En virtud de esta función, se espera que el legislador se inspire en los principios para la
creación de nuevas normas sirviendo de fundamento al ordenamiento jurídico. Los principios
del derecho del trabajo constituyen el basamento del ordenamiento jurídico del trabajo, por
lo que no puede haber contradicción entre ellos y los preceptos legales.
Función organizadora
Ante la falta de previsibilidad legislativa, como ocurrió en nuestro país en la década de los
90 en materia laboral, los principios son fundamentales para ordenar, interpretar y
compaginar una desordenada canasta legislativa. Como ocurre con el principio de la norma
más favorable recogido en el art. 9 de la LCT que permite al juez, en caso de duda sobre la
aplicabilidad de distintas normas, escoger la más favorable al trabajador.
Finalmente, señalamos dos funciones citadas por Roberto García Martínez, en su ponencia
presentada en el Congreso La Justicia y la Abogacía frente al siglo XXI de setiembre de
1994 organizado por la Asociación de Abogados de Buenos Aires (1994). Los principios
como dique, al servir como valla ante el avance de otras disposiciones legales de otras ramas
del derecho y los principios como cuña pues no solamente sirven como valladar sino que
también se introducen en materias reguladas por otras ramas jurídicas, como ejemplo el
instituto de la responsabilidad objetiva introducido por la reforma del Código Civil que nació
en el derecho laboral con la sanción de la ley 9.688 de accidentes del trabajo del año 1915.
Enunciaremos aquí aquellos principios del derecho del trabajo que consideramos más
relevantes, sin que ello implique desconocer o menoscabar otras valiosas enunciaciones
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doctrinarias:
El principio protectorio.
Considerado el principio rector en esta materia, o el principal pilar que sostiene el ordenamiento
jurídico laboral, lo encontramos en el art. 14 bis de la CN cuando expresa que “el trabajo en sus
diversas formas gozará de la protección de las leyes”.
Nótese que la Constitución Nacional expresa “el trabajo” y no “el trabajador”. Dicha expresión no es
inocente y tiene la finalidad de reconocerle al trabajo su dimensión humana, luego de ser tratado por
décadas como una mercancía o un factor de intercambio económico. Fue complementado con el art. 4
de la Ley de Contrato de Trabajo que considera como principal objeto del contrato de trabajo “...la
actividad productiva y creadora del hombre en sí...” dejando en segundo plano la “relación de
intercambio” y “el fin económico”. Este concepto ha sido dejado de lado por la reforma introducida por
la llamada “Ley de Modernización Laboral”, ya que, en su actual redacción, el referido art. 4 LCT,
define, como objeto del contrato de trabajo “la actividad productiva y creadora del ser humano en sí, en
el marco de una relación de intercambio y un fin económico disciplinado por esta ley”, dándole mayor
relevancia al objetivo económico.
La finalidad equilibradora del principio protectorio se encuentra plasmada en el art 17 bis de la LCT
cuando reconoce que la ley va a crear desigualdades pero expresa que “Las desigualdades que creara
esta ley a favor de una de las partes, sólo se entenderán como forma de compensar otras que de por sí se
dan en la relación”.
trabajo, y se elige aquélla que resulta más favorable para el trabajador en cada uno de los
temas analizados. Por instituto entendemos el conjunto mínimo de disposiciones que regulan
un tema particular del derecho y que puede analizarse con independencia del resto; por
ejemplo, el instituto remuneración, el instituto jornada de trabajo, vacaciones, etc. De esta
forma, por ejemplo, podemos aplicar el instituto remuneración de la LCT y el instituto
jornada del Estatuto de Viajantes de Comercio, o del Convenio colectivo que regule la
actividad.
Por aplicación de esta regla, además, se puede alterar el orden jerárquico que tienen las
normas, aplicando en un caso concreto aquella más favorable al trabajador, y no la de
jerarquía superior, alterando, en virtud del principio protectorio, el orden de prelación de las
normas.
La misma regla se expresa en el art. 8 de la LCT, pues las convenciones colectivas de trabajo
o laudos con fuerza de tales, que contengan normas más favorables a los trabajadores, serán
válidas y de aplicación.
b) Regla de la condición más beneficiosa: Ante la derogación de una norma por otra nueva, si la norma
anterior tenía condiciones más beneficiosas que la actual, aquellas condiciones deben mantenerse para
los trabajadores que iniciaron su relación laboral durante la vigencia aquella. De ninguna manera debe
entenderse como que se nos permite aplicar una norma derogada. La norma derogada dejó de ser
derecho positivo vigente y ya no puede aplicarse. Lo que ocurre (y aquí puede haber diversas
elaboraciones teóricas) es que aquellas condiciones más beneficiosas de la norma anterior se consideran
incorporadas al contrato individual de trabajo y un derecho adquirido para el trabajador que no puede
modificarse en su perjuicio. Lo único que subsiste es la condición o condiciones de trabajo más
beneficiosas, no todas las disposiciones de la norma derogada. Un ejemplo típico sería si un convenio
colectivo establece una jornada máxima de 36 hs semanales, y luego se homologa un convenio nuevo
que regula como jornada máxima 45 hs semanales; la jornada más reducida es una condición más
beneficiosa, por lo tanto, debe mantenerse para aquellos trabajadores que habían ingresado durante la
vigencia de aquel convenio. Para los trabajadores que ingresen luego de la entrada en vigor del nuevo
convenio deberán aplicarse las disposiciones de este último.
Eliminación del “In dubio pro operario”: Esta regla, reconocida en el texto anterior de la
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Ley de Contrato de Trabajo, ha sido derogada por la Ley 27.802. El subprincipio derogado
establecía que, en caso de duda en la interpretación o alcance de la norma o en la
apreciación de la prueba en un caso concreto, se debía elegir aquella opción más favorable
al trabajador. No debe entenderse que se debía favorecer al trabajador en cualquier
circunstancia; la regla es muy clara al expresar que se trata solo en casos de duda con los
alcances expresados en el artículo mencionado. Reglas de esta naturaleza existen en otras
ramas jurídicas siendo, tal vez, la más conocida, el “in dubio pro reo”, vigente en Derecho
Penal, que dispone en caso de duda, respecto de la inocencia o culpabilidad de un acusado
de cometer un delito, se debe elegir su inocencia.
Su supresión pone en evidencia el perfil contrario al principio protectorio que caracteriza a
la última reforma laboral.
La idea de orden público, tomada del derecho romano habla de principios que, en una
sociedad y época determinadas, se consideran esenciales para la conservación del orden
social, por ende es un concepto dinámico que expresa la óptica del legislador respecto de
aquellos intereses prevalentes para la comunidad y lo expresa normativa y coactivamente
restringiendo la autonomía de la voluntad. Según Busso, son leyes dictadas en interés de la
sociedad por oposición a las que se promulgan teniendo en mira el interés individual. El
orden público en un concepto básico del derecho laboral al que se acude para dar apoyatura
a la preeminencia de la normativa legal o convencional sobre la voluntad de las partes.
En nuestra materia, además de la existencia de normas de orden público general, cuya
violación acarrea la nulidad absoluta, encontramos normas que establecen condiciones
mínimas debajo de las cuales no puede contratarse, piso que puede ser superado hacia
arriba en beneficio del trabajador pero nunca por debajo del mismo. Hablamos entonces del
orden público laboral que se caracteriza por una restricción a la autonomía de la voluntad
en un sentido, permitiendo se acuerden condiciones más favorables por decisión del
empleador (El típico ejemplo, es la posibilidad de pagar remuneraciones por encima del
salario mínimo vital y móvil, pero en ningún un caso por debajo del mismo si se dan las
condiciones establecidas en los artículos 116 y concordantes de la LCT).
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Las partes de un contrato de trabajo no pueden pactar condiciones menos favorables para el
trabajador dispuestas en las normas legales, convencionales o que resulten contrarias a las
mismas (art. 7 LCT) será nula y sin valor toda convención de partes que suprima o reduzca
los derechos previstos en la LCT, los estatutos profesionales o las convenciones colectivas de
trabajo, ya sea al tiempo de la celebración, de la ejecución o de su extinción (art. 12 LCT).
Las cláusulas del contrato de trabajo que modifiquen en perjuicio del trabajador normas
imperativas de leyes o convenios colectivos de trabajo, son nulas y se considerarán sustituidas
de pleno derecho por éstas (art. 13 LCT). Estas disposiciones de la LCT, junto a otras
(artículos 8, 14, 17, 17bis, etc.) constituyen sin duda la base del orden público laboral.
Podemos decir entonces que el orden público laboral impone la sustitución de pleno
derecho de las condiciones pactadas en violación de condiciones mínimas establecidas en
la norma legal o convencional y la irrenunciabilidad de esos derechos.
Irrenunciabilidad de derechos.
Ejemplos: evitar que el trabajador renunciase a las futuras vacaciones o a futuros aumentos
salariales o eventuales indemnizaciones por despido y preaviso,
El art.12 de la LCT, en su actual redacción (conforme Ley 27.802), prescribe que será nula
y sin valor toda convención de partes que suprima o reduzca los derechos previstos en
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a) El artículo 7 de la LCT, prescribe que en ningún caso las partes pueden pactar
condiciones menos favorables para el trabajador que aquellas dispuestas en la ley, la
convención colectiva de trabajo o laudos con fuerza de tales, y tales actos son sancionados
con la nulidad.
b) El art. 13 de la LCT, prevé que cuando los sujetos del contrato de trabajo pacten
cláusulas que modifiquen normas imperativas consagradas por leyes o convenciones
colectivas de trabajo serán nulas y reemplazadas por la normativa legal o convencional
aplicable.
c) El art. 15 de la LCT, habilita a las partes del contrato de trabajo a arribar a acuerdos
conciliatorios o liberatorios que pongan fin a una situación litigiosa suscitada entre las
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mismas, pero demanda del cumplimiento de determinados requisitos para su validez: a) debe
haber intervenido la autoridad laboral administrativa o judicial y b) dicha autoridad debe
expedirse sobre si en el caso ha existido una justa composición de derechos e intereses y en
caso afirmativo deberá dictar una resolución fundada homologando el acuerdo de que se
trate. La homologación tiene, en ambos casos valor y alcance de cosa juzgada entre las
partes que hubieran celebrado el acuerdo, pero no es oponible a los organismos de
recaudación de aportes, contribuciones y demás cotizaciones, destinados a los sistemas de
seguridad social (texto agregado por el art. 44 de la ley 25.345). En las conciliaciones
celebradas en sede administrativa, así como también en jurisdicción judicial, la
homologación conlleva la finalidad esencial de verificar que el acuerdo consagre una justa
composición de los derechos e intereses de las partes, lo que, en atención al carácter
irrenunciable del derecho laboral, no puede involucrar la simple aprobación de una renuncia
recíproca a intereses que pueden ser legítimos, sino más bien que, mediando contralor de la
autoridad administrativa o judicial en su caso, ante el reajuste adecuado de un reclamo
obrero, la contraparte, el empleador, satisfaga lo que por ley le corresponde.
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prescripción; caducidad.
El empleador también queda obligado reintegrar aquellos gastos realizados por el trabajador
para el acabado cumplimiento del trabajo y resarcirlo de daños sufridos en sus bienes por el
hecho o en ocasión del mismo, conforme al art. 76 de la LCT, este artículo se vincula con el
deber de seguridad por parte del patrón y comprende los daños respecto de los bienes
introducidos por el trabajador en el lugar de trabajo y se refiere a efectos que el trabajador
lleva consigo hasta el ámbito laboral.
El empleador debe prestar protección a la vida y bienes del trabajador cuando éste habite en
el establecimiento. Si se le proveyese de alimentación y vivienda, aquella deberá ser sana y
suficiente y la vivienda adecuada a las necesidades del trabajador y su familia. Debe efectuar
a su costa las reparaciones y refacciones indispensables, conforme a las exigencias del medio
y confort (art.77 LCT).
Primacía de la realidad.
Esta es una regla de interpretación para el juzgador según la cual por sobre lo documentado
se impone lo que ocurrió en verdad, primando así la realidad sobre la forma. Tanto la
simulación como el fraude laboral no pueden ser tolerados, el juez debe velar para que la
ficción documentada no prevalezca sobre la verdad material. La LCT ejemplifica algunos
supuestos de contratos aparentemente ajenos al derecho laboral o la interposición de un
aparente empleador generalmente insolvente.
Vemos aquí otra fundamental diferencia con el derecho civil, que da especial importancia a
lo convenido entre las partes, en nuestra materia lo importante es lo que ocurrió realmente en
el caso concreto, es decir los hechos y no el modo en que se documentó el contrato entre las
partes. Este principio es de aplicación también aun cuando concurran el error o la ignorancia
de las partes dando a los hechos una interpretación o significado distinto al que
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efectivamente correspondía.
Como vimos, el orden público laboral que impone un piso mínimo legal y convencional
inderogable e indisponible -a la baja- para las partes del contrato de trabajo, en ocasiones
genera la intención por parte del empleador de evadir responsabilidades dando así origen a
negocios simulados o actitudes fraudulentas. Estas conductas en cuanto perjudican al
trabajador son ilícitas y carecen de validez (art.14 LCT) y según el mecanismo empleado
para intentar evadir responsabilidades podemos hablar de simulación o fraude laboral. Como
expresa Vázquez Vialard, según la técnica empleada para eludir el cumplimiento de la norma
laboral y que el hecho no aparezca claramente, se distingue entre la simulación y el fraude
laboral. La primera consiste en disimular una relación laboral bajo la apariencia de otra (por
lo común no de ese carácter) (...). Se disfraza el acto real poniendo delante de él (a fin de
impedir que se lo vea) un telón en el que se representa otro. En cambio en el fraude, a través
de hábil rodeo, se recurre a la ingeniosa elección de caminos desviados para lograr que el
incumplimiento de normas imperativas quede a salvo de toda sanción (responsabilidad),
porque otras normas mañosamente elegidas, parecen consentirlo. A tal fin, a través de
renuncias se fragmenta la antigüedad del trabajador, se interpone en la relación a un hombre
de paja que aparente ser empleador, etcétera. A fin de evitar que los mencionados ilícitos
produzcan efectos, no solo se declara su ineficacia (artículos 13 y 14 LCT), sino que se
establece -a modo de técnicas represivas- una serie de presunciones, solidaridades y medidas
de contralor. Al caer el acto simulado o fraudulento, se aplican las normas que se refieren al
acto o hecho real (art. 13 LCT) que se ha pretendido evadir.
Por nuestra parte, entendemos que cualquiera sea el medio utilizado para eludir la legislación
laboral, es suficiente el incumplimiento con las obligaciones mediante actos simulados o
fraudulentos para fulminarlos con la nulidad. El art. 14 de la LCT alude tanto a la simulación
como al fraude cuando establece que: cualquiera sea el mecanismo utilizado será nulo todo
contrato por el cual las partes hayan procedido con simulación o fraude a la ley laboral ya
sea aparentando formas contractuales no laborales, interponiendo personas o de cualquier
otro modo y en tal caso el vínculo será regido por la LCT. De modo que la diferenciación
entre simulación y fraude carece de importancia en punto a la consecuencia de intentar
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Continuidad de la relación.
Como dice Pla Rodríguez, en su reconocida obra Los principios del Derecho del Trabajo
Editorial De Palma 1978, todo lo que tienda a la conservación de la fuente de trabajo, al
darle seguridad al trabajador no sólo constituye un beneficio para él, en cuanto le transmite
una sensación de tranquilidad sino que redunda en beneficio de la propia empresa y, a través
de ella, de la sociedad, en la medida que contribuye a aumentar el rendimiento y a mejorar el
clima social de las relaciones entre las partes. Por eso dice Krotoschin que esta protección
no sólo constituye una medida de seguridad económica sino que también viene a afianzar la
incorporación del trabajador a la empresa como medio de integración a los fines específicos
del derecho social.
estabilidad propia, que a su vez puede ser absoluta o relativa; es absoluta cuando prohíbe al
principal extinguir el contrato de trabajo sin una justa causa y si lo hace se ve obligado a
reincorporar al trabajador sin poder negarse; en cambio, la estabilidad propia relativa es la
que permite al empleador negarse a reincorporar al trabajador despedido mediante el pago de
una indemnización agravada y, b) estabilidad impropia por la cual no se garantiza la
continuidad de la relación laboral, solo exige el pago de una indemnización para el despido
sin causa; no evita el despido incausado el cual es eficaz aún cuando no tenga causa
justificada, solamente se impone una sanción indemnizatoria.
La LCT no reconoce la estabilidad absoluta y otorga eficacia al despido aún sin causa,
previendo para ese caso una indemnización a favor del trabajador en los términos del art. 245
de la ley de Contrato de Trabajo. La estabilidad impropia es la que rige en nuestra
legislación y sería más preciso, al decir Meik, no hablar de un sistema de estabilidad sino de
Inestabilidad. Entendemos, en la línea de ese autor, que el despido sin causa en un hecho
ilícito y que esa opinión tiene fundamento en nuestra Constitución Nacional en sintonía con
el artículo cuarto del Convenio 158 la Organización Internacional del Trabajo. Siendo así,
adherimos a la posición que entiende se debe exigir justa causa en aquellos despidos que
pueden ocultar actos discriminatorios, como ser el despido represalia frente al legítimo
ejercicio de derechos sindicales u otros derechos sociales fundamentales. La exigencia de
causalidad en el despido se potencia con la caracterización de despidos especialmente graves
e inadmisibles a los que son adoptados como represalia frente al previo ejercicio de un
derecho por los trabajadores. Todo ello forma parte del principio de estabilidad en el empleo,
que se sustantiva cuando se conjuga con el derecho de huelga. Brindarle eficacia extintiva al
despido implica no comprender que tal acto discriminatorio, adoptado contra quien ejerce
ese derecho fundamental, reduce hasta su concreta anulación al derecho colectivo, lo torna
abstracto e impotente (conforme Moisés Meik en Revista La causa Laboral, febrero 2006).
Aclaramos que en materia de estabilidad no existe un criterio uniforme respecto del modo de
clasificar los distintos regímenes de protección contra el despido arbitrario. Así Fernández
Madrid enseña que la estabilidad puede ser absoluta o relativa: a) absoluta cuando la
violación del derecho a conservar el empleo ocasiona la ineficacia del despido y se garantiza
la reincorporación efectiva del dependiente; b) la estabilidad relativa puede ser a su vez
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propia o impropia, la relativa propia asegura la subsistencia del contrato hasta el momento
de la jubilación del empleado, declarándose ineficaz el despido pero no asegura la
reinstalación (esta estabilidad no se contempla en norma alguna en la actualidad) y la relativa
impropia es cuando el despido es válido y el empleador tiene que abonar una indemnización
más o menos importante. Entendemos que se trata de meras diferencias terminológicas que
no alteran lo sustancial del régimen de estabilidad, pudiendo válidamente optarse por una u
otra denominación.
Este principio resulta también fundamental en el derecho laboral y debe ser respetado por
ambas partes del contrato de trabajo, quienes están obligadas a actuar de buena fe tanto al
tiempo de celebración, como de ejecución y extinción del contrato. Obliga a un modo de
actuar con honestidad y lealtad frente a los compromisos asumidos, las partes tiene la
obligación genérica de cumplir no solo conforme a lo pactado en el contrato individual sino
a realizar aquellos comportamientos que son consecuencia del mismo, resulten de la ley, de
los estatutos profesionales o convenios colectivos de trabajo, apreciados con criterio de
colaboración y solidaridad (art.62 LCT). El contrato de trabajo no crea solo derechos y
obligaciones de orden exclusivamente patrimonial, sino también una vinculación personal
que, al prolongarse en el tiempo, necesita de la confianza y lealtad recíproca de las partes
(SCBA; Serna, Néstor c/ Siderca S.A. DJBA 139-5763). Expresamente la ley ordena a los
sujetos del contrato de trabajo a actuar de buena fe ajustando su conducta a lo propio de un
buen trabajador y de un buen empleador (art. 63 LCT) y con la creencia de que ambos
respetan el principio de buena fe. La buena fe de las partes reviste particularísima
importancia en el contrato de trabajo y si está ausente ninguna previsión será suficiente para
la debida armonización de los derechos y obligaciones de los contratantes (SCBA; Foti José
c/ Caja de Créditos Arribeños AyS 1977-657).
El principio de buena fe es también una valla que impide la aplicación de normas ajenas al
derecho del trabajo, pues cuando una cuestión no pueda ser resuelta por aplicación de las
normas que rigen el contrato de trabajo o leyes análogas, deberán ser resueltas conforme a
los principios de la justicia social, los generales del derecho del trabajo, la equidad y la
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El Principio de Gratuidad.
Principio de progresividad.
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Cuando aludimos a fuentes del derecho nos referimos a su origen o, dicho de otra manera, de
donde proviene el sistema jurídico a través del cual se ordena la conducta de las personas
dentro de la sociedad. Por ello el tema se plantea a propósito de cualquier disciplina del
derecho y resulta de aplicación la teoría general de las fuentes, con su clásica diferenciación
entre fuente material (origen de las normas) y fuente formal (las normas mismas) y toda
la temática relativa a la jerarquía de las normas. Claro está que en nuestra materia aparecen
particularidades que iremos destacando.
Distinguimos entre la fuente material, también llamada real y la fuente formal denominada
legal. La primera es un hecho o una circunstancia de la vida social susceptible de generar
derechos, como por ejemplo: la necesidad de proteger al trabajador. La segunda es la norma
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que surge del hecho social, el modo en que se manifiesta ese derecho, como por ejemplo: la
LCT. Es decir que la fuente material es la causa o el origen y la formal es la concreción
normativa.
Es de destacar que en el marco del Derecho Laboral, ese orden jerárquico no tiene sintonía
con el orden de prelación (preferencia) en cuanto a su aplicación a un caso concreto. Ello es
así por aplicación del principio protectorio, el cual determina que una norma de jerarquía
inferior prevalezca sobre otra de orden superior si resulta más favorable al trabajador.
Ejemplo: si el CCT dispone un período mínimo de vacaciones de 15 días tal normativa
prevalece sobre el período mínimo de vacaciones establecido en la LCT de 14 días, ello no
obstante que -en principio- la ley se impone sobre el CCT. Es que frente a un conflicto de
fuentes, es decir cuando colisionan dos o más fuentes de derecho en la
resolución de un conflicto (ley, convenio, estatuto profesional), se debe aplicar aquello más
favorable al trabajador.
Fuentes generales: Constitución Nacional; los Tratados con Naciones extranjeras; las Leyes
y sus reglamentaciones; la jurisprudencia; la doctrina; los usos y costumbres y la voluntad de
las partes.
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naciones y organizaciones internacionales. Por ello los convenios de la OIT sobre aspectos
individuales del contrato de trabajo y referidos a las asociaciones sindicales, la negociación
colectiva y conflictos colectivos son fuente de derecho con rango superior a la ley. Sin dudas
entonces, que los convenios de la OIT, ratificados, son aplicables en el derecho interno.
NOMINADAS:
La Ley de Contrato de Trabajo (20744): en este texto legal encontramos casi todos los
institutos del derecho individual del trabajo y de allí su importancia. Se trata de un plexo
normativo básico que se debe aplicar siempre que no exista un estatuto profesional que
regule especialmente el contrato de trabajo y en tanto se respeten los mínimos legales y
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Por su parte, el laudo, es la decisión tomada por un árbitro que pone fin a un conflicto
generado dentro del marco de un convenio colectivo de trabajo, como tal es también una
manifestación de la autonomía colectiva pues son las partes colectivas quienes convienen
poner fin al conflicto mediante la actuación de un tercero, un árbitro.
Los Usos y Costumbres: son prácticas pacíficamente aceptadas sin tener una norma que las
imponga. En general se trata de hábitos que se reiteran dentro de una determinada
comunidad laboral, como ejemplo podemos citar el descanso de los encargados de edificio
que son distintos al legal y convencional.
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Como explica el Dr. Fernández Madrid, para aplicar las disposiciones de la LCT a
actividades que están regidas por normas especiales debe realizarse, en primer lugar, un
juicio de compatibilidad para establecer si la norma de la LCT puede o no ser aplicada en el
régimen particular. Citando como ejemplo de incompatibilidad manifiesta la indemnización
por despido (artículo 245 LCT) con el régimen especial para los trabajadores de la industria
de la construcción (ley 22.250) que prevé una suma de dinero (llamada Fondo de
Desempleo) acumulada durante la vigencia del contrato, ello sin importar la causa del cese
(renuncia, despido, etc.).
Con relación al supuesto previsto en el inc. a) de este artículo, la denominada “Ley Bases”
ha agregado a los dependientes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que no estaban
señalados, específicamente, en el texto de la Ley de Contrato de Trabajo, ya que la creación
de dicho ente estatal se debe a la reforma constitucional de 1994, posterior a la sanción de la
ley en análisis. El agregado es pertinente ya que el estatus jurídico de la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires no se ajusta ni a una provincia ni a un municipio.
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laboral privado. Tengamos presente que la aplicación de la Ley de Contrato de Trabajo está
condicionada a la naturaleza de la prestación de servicios y sus modalidades y al régimen
jurídico básico de la función pública.
El Régimen de Trabajo Agrario, dispone que el contrato de trabajo agrario y la relación que
surge del mismo, se rige por la Ley 26.727 (B.O.27-12-11); por la LCT que será de
aplicación en todo lo que resulte compatible y no se oponga al presente régimen; por los
convenio y acuerdos colectivos de la ley de negociación colectiva y de convenios colectivos
de trabajo vigentes; por las resoluciones de la Comisión Nacional de Trabajo Agrarios
(CNTA) y de la Comisión Nacional de Trabajo Rural, la voluntad de las partes; los usos y
costumbres. En su artículo 5, establece que se entiende por actividad agraria: es toda aquella
dirigida a la obtención de frutos y productos primarios a través de la realización de tareas
pecuarias, agrícolas, forestales, hortícolas, avícolas, apícolas u otras semejantes, siempre que
estos no hayan sido sometidos a ningún tipo de proceso industrial, en tanto se desarrollen en
ámbitos rurales.
Resulta innecesaria y superflua la inclusión de este inciso ya que en los referidos contratos u
otros regulados por el Código Civil y Comercial de la Nación no se presentarán las notas de
subordinación que caracterizan a la relación de dependencia y, por ende, no estarán
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4. Bibliografía obligatoria:
[Link]
[Link]
5. Actividad pedagógica:
c. En caso de conflictos entre las partes el trabajador cuenta con uno de los
principios del trabajo que es el de gratuidad.
2. Teniendo en cuenta los artículos de la LCT donde se reflejan los distintos principios
del derecho del trabajo, de ejemplos prácticos de cada uno.-
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¿Qué principio está violando el empleador? ¿Qué debería realizar el juez para actuar
conforme a derecho?
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Colecci%F3n%20tem%E1tica%5B5%2C1%5D%7CTipo%20de%20Documento/Doctrina
&t=3
. Fraude Laboral: Fallo SCBA; Toledo Raúl R. c/ Televisión Federal S.A. S/ despido;
DJBA 154-135
[Link]
television-federal-sa-indemnizacion-despido-etc-fa97012138-1997-11-04/123456789-
831-2107-9ots-eupmocsollaf
. La buena fe. Sus relaciones con distintas ramas del derecho y particularmente con el
Derecho Laboral – Diario Judicial 16/07/2010
[Link]
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