Lacan
Lacan
No se puede dejar de pensar que la teoría del psicoanálisis, y al mismo tiempo su técnica, que no
forman más que una única y misma cosa, han sufrido una especie de limitación y, a decir verdad, de
degradación.
Lacan intentará decir algunas palabras sobre lo que significa la confrontación de esos tres registros muy
distintos que son los registros esenciales de la realidad humana y que se llaman: lo simbólico, lo
imaginario y lo real.
En primer lugar, hay algo que no podría escapársenos, a saber, que hay en el análisis una parte de real
en nuestros sujetos que se nos escapa. No escapaba a Freud cuando se ocupaba de cada uno de sus
pacientes, aunque, por supuesto, también estaba fuera de su aprehensión y su alcance.
¿Qué se pone en juego en el análisis? ¿Qué es esta experiencia singular entre todas que aportará a
estos sujetos transformaciones tan profundas?
El hombre común no parece sorprenderse mucho por la eficacia de esta experiencia que transcurre
entera en palabras; y en el fondo tiene razón, puesto que, en efecto, ella anda, y parecería que para
explicarla basta empezar por demostrar el movimiento andando. Hablar ya es introducirse en el sujeto
de la experiencia analítica. Aquí, en efecto, conviene empezar por preguntarse qué es la palabra, es
decir, el símbolo.
Nos acercamos cada vez más a cierto número de cosas impenetrables que se nos oponen y que
tienden a transformar desde entonces el análisis en una experiencia que parecerá mucho más irracional
de lo que realmente es.
Diremos que el sujeto alucina su mundo. Las satisfacciones ilusorias del sujeto son evidentemente de
un orden distinto del de sus satisfacciones, que encuentran su objeto en lo real puro y simple. La
reversibilidad misma de los trastornos neuróticos supone que la economía de las satisfacciones
implicadas sea de otro orden y esté infinitamente menos ligado a ritmos orgánicos fijos, aunque
determine una parte de ellos. Esto define la categoría conceptual donde se inscribe este tipo de objetos,
y que esto calificando como lo imaginario.
Este orden de satisfacción imaginaria solo puede encontrarse en los registros sexuales.
El término “libido” no hace en efecto más que expresar la reversibilidad que implica la noción de
equivalencia, cierto metabolismo de las imágenes. Para poder pensar esta transformación, se necesita
un término energético. Para eso sirvió el término “libido”. Se trata, por supuesto, de algo complejo.
Los ciclos sexuales en los animales mismos dependen de cierto número de disparadores, de
mecanismos de desencadenamiento, que son esencialmente de orden imaginario.
Este elemento de desplazamiento es un resorte esencial del orden de los comportamientos ligados a la
sexualidad. Los estudios de Lorenz sobre las funciones de la imagen en el ciclo de la alimentación
muestran que lo imaginario desempeña allí también un papel eminente. En el hombre, nos encontramos
ante este fenómeno principalmente en este plano.
Los elementos de comportamiento instintual desplazado en el animal son capaces de darnos el esbozo
de un comportamiento simbólico. Llamamos comportamiento simbólico en el animal al hecho de que un
segmento desplazado adquiera un valor socializado y sirva al grupo animal de punto de referencia para
cierto comportamiento colectivo.
Planteamos que un comportamiento puede volverse imaginario cunado su orientación hacia imágenes,
y su propio valor de imagen para otro sujeto, lo vuelven capaz de desplazarse fuera del ciclo que
asegura la satisfacción de una necesidad natural. El comportamiento neurótico se dilucida en el plano
de la economía instintiva.
Es preciso observar que lo imaginario está lejos de confundirse con el dominio de lo analizable, donde
puede haber una función distinta de la imaginaria. No es porque lo analizable coincida con lo imaginario
que lo imaginario se confunde con lo analizable, que sea enteramente lo analizable o lo analizado.
Para abordar el simbolismo, diré que toda una parte de las funciones imaginarias en el análisis no
tienen otra relación con la realidad fantasmática que manifiestan que la que tiene la sílaba “po”
(homófona de pot en francés) con el vaso con formas preferentemente simples que designa. En “Policia”
o “poltrón”, la sílaba “po” tiene evidentemente un valor distinto. Se podrá utilizar el pote para simbolizar
la sílaba “po”, pero convendrá entonces agregar al mismo tiempo otros términos igualmente imaginarios
que solo se considerarán en este caso como sílabas destinadas a completar la palabra.
Así se trate de síntomas reales, actos fallidos, y todo lo que se inscriba en lo que encontramos y
Reencontramos incesantemente, y que Freud definió como su realidad esencial, se sigue tratando y se
tratará siempre de símbolos organizados en el lenguaje, luego, que funcionan a partir de la articulación
del significante y el significado, que es el equivalente de la estructura misma del lenguaje.
En relación a la noción de que el sueño es un jeroglífico, también el síntoma expresa algo estructurado
y organizado como un lenguaje, como manifiesta el hecho de que el síntoma histérico siempre es
plurívoco, superpuesto, sobre determinado, y está constituido exactamente como se construyen las
imágenes en los sueños. Todo ocurre en varios planos y es del orden y el registro del lenguaje.
Piensen en la contraseña. Cuando se habla del lenguaje, la ilusión es creer siempre que su significación
es lo que este designa. Pero no. Por supuesto que designa algo, que colma cierta función en este plano,
pero la contraseña tiene la propiedad de ser elegida justamente de una manera completamente
independiente de su significación.
La Escuela responde que la significación de tal palabra es designar a ese que la pronuncia como
teniendo tal o cual propiedad que responde a la pregunta que motivó la palabra. Es innegable que la
contraseña tiene sus más preciosas virtudes, puesto que sirve simplemente para evitar ser muerto.
De este modo podemos considerar que el lenguaje tiene una función. Nacida entre esos animales
feroces que debieron de ser los hombres primitivos, la contraseña no es eso gracias a lo cual se
reconocían los hombres del grupo, sino lo que permite constituir el grupo.
Otro registro en el que se puede meditar sobre la función del lenguaje es el del lenguaje estúpido del
amor, que consiste, en el último grado del espasmo del éxtasis, o por el contrario de la rutina, según los
individuos, en calificar súbitamente al partenaire sexual con el nombre de una de las hortalizas más
vulgares o de un animal de los más repugnantes.
Lo que distingue el símbolo del singo, a saber, es la función interhumana del símbolo. Hay allí algo que
nace con el lenguaje y que hace que después que la palabra fue palabra verdaderamente pronunciada,
los dos partenaires ya no sean los de antes.
Cuando el neurótico llega a la experiencia analítica dice cosas, y no hay que sorprenderse demasiado si
las cosas que dice, al principio, no son distintas de esas palabras de poco peso a las que se acaba de
referir. Sin embargo, hay algo fundamentalmente diferente: él no viene al analista solo para decir
tonterías y trivialidades. De aquí en más queda implicado en la situación algo que no es poca cosa,
puesto que, en suma, él viene más o menos a buscar su propio sentido.
Primero cree que es necesario que él mismo haga de médico, que él informe al analista. Por supuesto,
su experiencia cotidiana, ustedes lo ponen en su lugar, diciendo que no se trata de eso sino de hablar y,
preferentemente, sin intentar ordenar, organizar, es decir, sin ponerse, según un narcisismo muy
conocido, en el lugar de su interlocutor.
La noción que tenemos del neurótico es que en sus síntomas mismos yace una palabra amordazada,
donde puede decirse que se expresan algunas transgresiones a cierto orden que por sí mismas claman
al cielo el orden negativo en el cual están inscriptas. Por no realizar el orden del símbolo de una manera
viva, el sujeto realiza imágenes desordenadas que lo sustituyen.
Cuando habla, el sujeto expresa en primer lugar este registro que llamamos las resistencias.
La experiencia encuentra justamente algo distinto de la realización del símbolo. Es la tentación del
sujeto de constituir en la experiencia analítica esta referencia imaginaria. Es lo que llamamos las
tentativas del sujeto de hacer entrar al analista en su juego.
En 1920 empezamos a darnos cuento, dentro del registro de la relación simbólica, de que el sujeto
resiste y que esta resistencia no es una simple inercia opuesta al movimiento terapéutico. Ella establece
cierto lazo que se opone como tal a la del terapeuta. Uno no se opone a él como realidad, sino en la
medida en que en su lugar realiza cierta imagen que el sujeto proyecta sobre él.
Es necesario, en toda noción analítica coherente y organizada del yo, distinguir absolutamente la
función imaginaria del yo como unidad del sujeto alienado a sí mismo. El yo es eso en lo que el sujeto
solo puede reconocerse primero alienándose.
Para nosotros la palabra dada es igualmente una forma de acto. Pero es además a veces un objeto, es
decir, algo que se lleva, una gavilla. Es cualquier cosa, lo que sea, pero, a partir de allí, existe algo que
antes no existía.
Lo que está en juego en los síntomas es la relación del síntoma con el sistema entero del lenguaje, el
sistema de las significaciones de las relaciones interhumanas como tales.
Toda relación analizable, es decir, interpretable simbólicamente, se inscribe siempre en una relación de
tres.
Esto significa que toda relación de dos está siempre más o menos marcada por el estilo de lo
imaginario.
Para que una relación adquiera su valor simbólico, se necesita la mediación de un tercer personaje que
realice respecto del sujeto el elemento trascendente, gracias a lo cual su relación con el objeto puede
sostenerse a cierta distancia.
Desde que se trata de lo simbólico como eso en lo que el sujeto se compromete en una relación
propiamente humana, desde que se trata de un compromiso del sujeto expresado en el registro del yo,
por un yo quiero o yo te amo, hay siempre algo problemático. Es muy importante considerar el elemento
temporal, que plantea todo un registro de problemas que deben ser tratados paralelamente a la cuestión
de la relación de lo simbólico y lo imaginario. La cuestión de la constitución temporal de la acción
humana es inseparable de la primera. Para comprenderla, conviene partir de una noción estructural, y si
puede decirse así, existencial, de la significación del símbolo.
Uno de los puntos aparentemente más establecidos de la teoría analítica es el del automatismo, del
pretendido automatismo de repetición. Esta repetición primitiva, esta escansión temporal hace que se
mantenga la identidad de objeto tanto en la presencia como en la ausencia.
Aquí tenemos el alcance exacto, la significación del símbolo en la medida en que este se refiere al
objeto, es decir, a lo que se llama el concepto. El símbolo del objeto es justamente ese objeto. Cuando
ya no está ahí, es el objeto encarnado en su duración, separado de él mismo y que, por eso, puede esta
para ustedes de alguna manera siempre presente, siempre ahí, siempre a su disposición. Volvemos a
encontrar la relación que hay entre el símbolo y el hecho de que todo lo que es humano se conserva
como tal. Cuanto más humano es, más está preservado del aspecto inestable y descompensador del
proceso natural.
La teoría de Freud debió abrirse camino hasta la noción que ella misma destacó de un instinto de
muerte.
Devolver a cierto real la imagen, siempre es correlativo del aislamiento, hasta de la exclusión de lo que
Freud ubicó bajo el rótulo del instinto de muerte y que llamó, aproximadamente, automatismo de
repetición.
En la medida en que se deja de lado toda la experiencia en tanto que simbólica, se excluye el propio
instinto de muerte.
Este elemento de la muerte también se manifiesta en el registro narcisista. Pero la muerte en el registro
narcisista está mucho más cerca de este elemento de nadificación final que se liga a todo tipo de
desplazamiento, y del que se puede pensar, como ya indicó, que es el origen, la fuente de la posibilidad
de transición simbólica de lo real. Pero es también algo que tiene mucha menos relación con la
proyección temporal, con el futuro como término esencial al comportamiento simbólico como tal. He
aquí cómo un análisis podría, muy esquemáticamente, inscribirse desde su comienzo hasta su final: rS
– rI – iI – iR – iS – sS – SI – SR – rR – Rs, es decir, realizar el símbolo.
rS: es la posición de partida. El analista es un personaje simbólico, y en calidad de tal ustedes vienen a
buscarlo, en la medida en que él mismo es a la vez el símbolo de la omnipotencia, que él mismo ya es
una autoridad, el amo. Se ubica en cierta postura: Es usted quien tiene mi verdad. Esta postura es
completamente ilusoria, pero es la postura típica.
rI: después tenemos la realización de la imagen, es decir, la instauración más o menos narcisista en la
que el sujeto se entrega a cierta conducta que es justamente analizada como resistencia debido a cierta
relación iI,
IMAGINACIÓN / IMAGEN
iI: esla captación de la imagen que es esencialmente constitutiva de toda realización imaginaria en la
medida en que la consideramos como instintual.
Si la salida es buena, si el sujeto no tiene todas las disposiciones para ser psicótico, en cuyo caso
permanece en el estadio iR, pasa a iS, la imaginación del símbolo. Él imagina el símbolo. El sueño es
una imagen simbolizada.
Aquí interviene sS, que permite la inversión; es la simbolización de la imagen, en otras palabras, lo que
llamaos la interpretación. Se la alcanza únicamente después del franqueamiento de la fase imaginaria.
Comienza entonces la dilucidación del síntoma por la interpretación, Ss – SI.
A continuación tenemos SR, que es, en suma, el extremo de toda salud. Es hacer reconocer su propia
realidad, en otras palabras, su propio deseo. Es hacerlo reconocer por sus semejantes, es decir,
simbolizarlo.
En ese momento, volvemos a encontrar rR, lo que nos permite llegar al final al rS, es decir, muy
exactamente a aquello de lo que partimos.
No puede ser de otro modo, porque si el analista es humanamente válido, esto solo puede ser circular.
Y un análisis puede comprender varias veces este ciclo. iS es la parte propia del análisis, es lo que se
llama equivocadamente la comunicación de los inconscientes.
El sS es la simbolización del símbolo que debe hacer el analista. No encuentra dificultad en ello, ya que
él mismo es un símbolo.
El sujeto forma siempre, más o menos, cierta unidad, más o menos sucesiva, cuyo elemento esencial se
constituye en la transferencia. Y el analista simboliza el superyó que es el símbolo de los símbolos. El
superyó es simplemente una palabra que no dice nada. El analista no le cuesta precisamente nada
simbolizarla. Esto es precisamente lo que hace.
El rR es su trabajo, y que simplemente quiere decir que, para un analista, todas las realidades son en
suma equivalentes, todas son realidades. Se parte de la idea de que todo lo que es real es racional y al
revés.
Discusión.
• Allí donde la imagen especular se aplica al máximo, el sujeto no es más que el reflejo de sí mismo. Por
eso su necesidad de constituir un punto que constituye lo que es trascedente. Es justamente el otro
como otro.
• Lo real es la totalidad o el instante que se desvanece. En la experiencia analítica, para el sujeto es
siempre el choque con alguna cosa.
• El símbolo es primero un emblema. Cree entonces que el símbolo no es una elaboración de la
sensación, ni de la realidad. Lo que es propiamente simbólico –incluyendo los símbolos más primitivos-
introduce en la realidad humana otra cosa, diferente, que constituye todos los objetos primitivos de
verdad. La creación de símbolos introduce una realidad nueva en la realidad animal.
• El analista se orienta enteramente en un sentido simbólico.
• El fetiche es una transposición de lo imaginario. Se vuelve simbólico.
• El símbolo interviene en el menor acting-out.
• Consideramos que todo aquello de lo que se trata en el análisis es del orden del lenguaje, es decir, a fin
de cuentas, de una lógica.
• El símbolo supera la palabra.
• Uno de los modos más accesibles para abordar, por lo menos en la fenomenología de la intención, lo
imaginario, es todo lo que es reproducción artificial.
Lacan comienza diciendo que al lenguaje se aplica la repartición triple de lo simbólico, lo imaginario y lo
real.
Saussure elimina del análisis del lenguaje la articulación motora, es decir el lenguaje no depende del
cuerpo ni del acto de hablar sino que tiene autonomía propia, funciona como un sistema. El discurso
concreto seria el lenguaje real, los registros simbólicos e imaginarios lo encontramos en el significado y
el significante.
El significante es material, no es una idea, es sonido, letra, marca, por eso es simbólico.
“Las lenguas artificiales son estúpidas” porque están hechas a partir del significado e intentan ser
lógicas, claras deducibles pero el lenguaje real funciona al revés: parte del significante y los significados
se deslizan, no son fijos.
Da el ejemplo de “mueran los sapos” para mostrar como el significado no está en la palabra en si,
“sapos” aca significa policía. El sentido entonces depende del uso, el discurso, el lazo social.
Lacan dice “la significación siempre remite a la significación”, es decir, el significado nunca es
definitivo, cada significado produce un nuevo significante y este nuevo vuelve a significar otra cosa y es
por esto que podemos hablar del lenguaje, porque el sentido no se fija nunca.
La significación es del orden de lo imaginario por eso es evanescente, es decir, esta ligado
estrictamente a los intereses, deseos... Lacan dice “Si supieran que el hambre y el amor son lo
mismo…” Si fuera así: todos los animales estarían “motivados” igual, no habría conflicto humano Pero:
el ser humano no responde directamente a la necesidad, queda atrapado en el significante por eso
deseamos cosas que no nos satisfacen. El significante nos lleva más lejos que la necesidad
biológica.
Lengua
se arma en el tiempo
es diacrónico
es lo que ocurre cuando el sujeto habla
Lacan dice que hay primero un conjunto sincrónico que es la lengua y luego diacrónicamente, en el
tiempo, ocurre el discurso. Por eso el discurso necesita de cierta sucesión concreta, aun cuando sea
virtual (pensado, leído o escrito).
El libro de Schreber señala las palabras que adquirieron para el sujeto ese peso tan particular, por
ejemplo “seelenmord” (asesinato del alma). Lacan llama a esas palabras erotización. El sujeto se da
cuenta de que el significante esta cargado de erotización.
Pero, ¿Qué pasa a nivel de la significación? Tanto el insulto como la palabra amorosa rompen el uso
común del lenguaje, no informan afectan. No importa en si el significado sino que esta cargado, pesa y
produce efecto, eso ya indica disociación.
Esa significación remite a otra significación, porque el sentido no se cierra. Por ejemplo vengo del
fiambrero remite a otra significación, no es literal.
Cuando dice:
lo que irrumpe
lo que no se deja simbolizar del todo
lo que se impone más allá de la intención
Quiere decir:
Cuando menciona:
⚠️No confundir:
“Está la persona real que está ante uno… lo que ven… los cautiva…”
Esto es:
el cuerpo
la presencia
el carisma
la imagen
Ejemplo:
alguien que “encanta”
alguien que provoca gestos impulsivos (abrazar, confiar, seguir)
Está marcando:
👉 El Otro es:
no lo conocemos directamente
nos dirige más allá de lo que vemos
📌 En la psicosis:
❌ este Otro no está firme
❌ no garantiza el sentido
Schreber deliraba
pero funcionaba
era amable
coherente
socialmente aceptable
El sujeto dispone de todo un material significante que es su lengua, materna o no y lo utiliza para hacer
que las significaciones pasen a lo real. No es lo mismo estar cautivado en una significación y expresarla
en un discurso que comunique a ponerla de acuerdo con las demás significaciones diversamente
admitidas. Justamente en lo admitido esta el resorte del discurso común ya que un discurso no vale
porque sea verdadero, sino porque es admitido por otros.
La noción de discurso es fundamental para la objetividad, para la ciencia, ya que la misma es ante todo
comunicable. Por ejemplo, por mas que se logre hacer el experimento mas sensacional si otro no puede
volver a hacerlo después de que se haya comunicado, no sirve para nada.
El cuadro de tres entradas (sujeto – Otro – objetos) es la condición de toda relación, es decir, describe
como se estructura cualquier vinculo:
En sentido vertical, tenemos el registro del sujeto, de la palabra y del orden de la alteridad, del Otro.
Esto significa: no hay sujeto sin palabra, no hay palabra sin Otro, el Otro es el lugar donde la palabra
toma valor. El sujeto siempre habla para/desde el Otro.
“El punto pivote (punto de apoyo) de la función de la palabra es la subjetividad del Otro”, es decir, todo
el discurso gira alrededor de eso.
Yo hablo
porque supongo que el Otro me escucha
me entiende
puede creerme o no
puede engañarme o no
es una grabadora
o una pared
o una máquina sin intención
👉 no es diálogo.
Para Lacan:
🧠 hablar = suponer un Otro con subjetividad
En la psicosis:
Por eso el delirio no es cualquier cosa, sino un intento de reconstruir ese pivote.
“La introducción de la realidad es siempre función de la palabra”, es decir, la realidad no nos
viene dada directamente entra para nosotros a través del lenguaje.
Pero… la palabra puede engañar, entonces ¿Cómo confiamos en algo? Dice Lacan “es necesario
que haya algo en algún lado que no engañe”, es como un punto de garantía que haga de contra
peso con el engaño. Este punto de garantía varia según la cultura.
Ejemplos:
antes: Dios
en la ciencia: el método, la repetición, la prueba
en la filosofía: la razón
en el sujeto: el Otro como garante de verdad
Lacan dice:
Pero aunque te creas: positivista, científico. Ateo. “libre de religión”, seguís apoyándote en la idea de
que hay algo que no engaña.
Y Lacan remata:
Descartes lo formuló claramente:
📌 Dios como el que no puede engañarnos
¿Qué noción podemos tener de narcisismo? En principio la relación del narcicismo es la relación
imaginaria central de toda relación interhumana, es decir, sin esto, no hay relación humana.
Ante todo es ambiguo. Es una relación erótica ya que toda identificación erótica, toda captura del otro
por la imagen en una relación de cautivacion erótica, se hace a través de la relación narcisista; y
también es la base de la tensión agresiva. Esto significa: Cuando amo, deseo o me siento fascinado por
alguien: no es directo, pasa por la image. Amo al otro: porque me identifico, porque me refleja o porque
me captura como imagen. El amor siempre tiene algo de narcisista. La tensión agresiva es porque del
lugar que sale el amor también sale la agresividad.
El yo esta implantado por encima de las pulsiones, no surge de ellas sino que se impone sobre las
mismas. Por eso hay conflicto y hay que elegir entre una u otra. Lacan dice “Adopta algunas, otras no;
es lo que llaman […] la función de síntesis del yo, cuando al contrario la síntesis nunca se realiza”,
porque el yo no sintetiza sino que domina.
El yo (AMO) esta “Está siempre a la vez adentro y afuera”, es decir, el yo viene del otro (afuera) pero
se instala en el sujeto (adentro). Por eso nunca es estable “inestabilidad fundamental" y puede
romperse y oscila entre amor y agresividad.
Lacan procede a comparar con la psicología animal. Los animales tienen relaciones con el otro cuando
les viene en gana y hay dos modos de tener ganas: 1) comérselo 2) joderselo. Esto es instintivo.
Ahora bien, se puede observar el papel fundamental que juega la imagen en las relaciones de los
animales con sus semejantes. Por ejemplo las gallinas al ver un ave de rapiña se asustan y les provoca
una huida. Otro ave no provoca nada. Lo mismo pasa en lo sexual. El dorso del pico asume
determinado color en uno de los miembros de la pareja y desencadena en el otro el ciclo de
comportamiento sexual.
Lo llamativo en el Picon es que luego de ensartarla, Todavía le queda tiempo al macho para hacer
montones de agujeritos por doquier”, es decir, los agujeros no sirven directamente para la cópula, no
tienen función biológica clara, son exceso. Lacan se detiene en lo que no sirve, pero insiste. “Con esos
agujeritos se apropia de cierto campo del medio exterior”. Ahora el espacio ya no es natural: queda
simbolizado.
Todo esto muestra que la hiancia de la relación imaginaria exige algo que mantenga relación, función y
distancia.
🧠 ¿Qué significa?
o a la fusión
o al conflicto
El Edipo no es una historia familiar, sino una solución estructural a ese problema.
poner un límite
introducir distancia
ordenar la relación con el otro
El complejo de Edipo significa que la relación imaginaria incestuosa en sí misma, está prometida al
conflicto y a la ruina.”
📌 Esto es central
Ese tercero:
Es una función.
Hace falta una ley, una cadena, un orden simbólico… es decir del padre”
📌 Frase clave
🧠 Traducción
la ley
el lenguaje
el nombre
la palabra que separa
👉 Eso es el Nombre-del-Padre.
Sin ese orden simbólico: la relación imaginaria estalla.
El orden simbólico:
El orden simbólico:
👉 En psicosis:
Lacan comienza diciendo que hablara de lo real para observar los tres registros que cada uno tiene un
sentido diferente.
Pero hay otro, el que ha señalado con una A mayúscula, que se define por no tener la menor relación,
por pequeña que la imaginen.
El sentido, es aquello por lo cual responde algo que es diferente que lo Simbólico; y este algo no hay
medio de soportarlo de otro modo que por lo imaginario.
Hay algo que hace que el ser hablante se demuestre consagrado a la debilidad mental, y eso resulta de
la sola noción de Imaginario en tanto que el punto de partida de ésta es la referencia al cuerpo y al
hecho de que su representación no es sino el reflejo de su organismo.
Esquema I
El nudo borromeo consiste estrictamente en que tres es su mínimo. La definición del nudo borromeo
parte de tres, a saber que si de tres ustedes rompen uno de los anillos todos los otros están libres, es
decir que los otros dos anillos son liberados.
Esta propiedad es por sí sola lo que homogeniza todo lo que hay de número a partir de tres. Algo
comienza en 3 que incluye todos los números por lejos que sean enumerables.
El nudo borromeo, en tanto que se soporta del número tres, es del registro de lo Imaginario. Es en tanto
que lo Imaginario se enraiza de las tres dimensiones del espacio. Es al contrario porque el nudo
borromeo pertenece a lo Imaginario, es decir soporta la triada de lo Imaginario, de lo Simbólico y de lo
Real, es en tanto que esta triada existe porque allí se conjuga la adición de lo Imaginario, que el espacio
en tanto que sensible se encuentra reducido a ese mínimo en tres dimensiones, o sea por su ligazón a
lo Simbólico y a lo Real.
Ha escrito en lo Imaginario; pero también en lo Simbólico inscribe la función llamada del sentido.
Esquema II
Si lo Real de la vida, el goce, en tanto que participa de lo imaginario del sentido, el gozar de la vida, es
algo que podemos situar en esto que no es menos un punto que el punto central, el punto llamado del
objeto a, puesto que conjuga en este caso tres superficies que igualmente calzan.
La inhibición es lo que en alguna parte se detiene por inmiscuirse en una figura de agujero, de agujero
de lo Simbólico.
La angustia, en tanto que ella es algo que parte de lo Real, es completamente sensible ver que es esta
angustia la que va a dar su sentido a la naturaleza del goce que se produce aquí por el recorte, por el
recorte puesto en superficie, por el recorte euleriano de lo Real y de lo Simbólico.
El urdromo le permite simplemente poner la voz en la rúbrica de los cuatro objetos llamados por él a
minúscula, es decir, volver a vaciarla de la sustancia que podría haber en el ruido que hace, es decir,
volver a cargarla en la cuenta de la operación significante, la que especificó con los efectos llamados de
la metonimia. De modo que a partir de ese momento la voz, podría decirse, es libre, libre de ser otra
cosa que sustancia.
“Pienso luego gózase”. Esto rechaza el “luego” usual, el que dice “yo gosoy”.
Hace un pequeño juego con esto. Rechazar aquí debe entenderse como lo que dijo de la forclusión, que
si se rechaza el “yo gosoy” reaparece en lo real.
Es lo que él ha llamado un saber imposible de alcanzar para el sujeto, cuando a él, al sujeto, uno solo
significante lo representa ante ese saber.
Lo simbólico, lo imaginario y lo real sólo emergen de veras para y por ese discurso.
Lo real es lo que vuelve siempre al mismo lugar. Ha de hacerse hincapié en “vuelve”. Lo que descubre
es el lugar, el lugar del semblante.
Para definir a este real, en un segundo tiempo, intentó acotarlo a partir de lo imposible de una
modalidad lógica. Tal vez el análisis nos introduzca a considerar el mundo tal cual es: imaginario. Esto
sólo puede hacerse reduciendo la función llamada de representación, poniéndola donde está, a saber,
en el cuerpo. Lo real no es el mundo. No hay la menor esperanza de alcanzar lo real por la
representación.
Lo real, por tanto, no es universal, lo cual significa que sólo es todo en el sentido estricto en que cada
uno de sus elementos sea idéntico a sí mismo, pero sin que puedan ser dichos “todos”. No hay “todos
los elementos”, solo hay conjuntos que determinar en cada caso. El único sentido de su S es el de
acotar ese cualquier cosa, ese significante-letra que Lacan escribe S, significante que sólo se escribe
porque se escribe sin ningún efecto de sentido. Homólogo, en suma, a lo que acaba de decirnos del
objeto a.
Llama síntoma a lo que viene de lo real. Si a esto se le da de comer sentido ocurre una de dos cosas: o
con eso prolifera, o revienta.
El sentido del síntoma no es aquél con que se lo nutre para su proliferación o su extinción, el sentido del
síntoma es lo real, lo real en tanto se pone en cruz para impedir que las cosas anden, que anden en el
sentido de dar cuenta de sí mismas de manera satisfactoria, satisfactoria al menos para el amo, lo cual
no significa que el esclavo sufra por ello de ninguna manera ni mucho menos; el esclavo es quien goza.
El sentido del síntoma depende del porvenir de lo real, por tanto, del éxito del psicoanálisis. A éste se le
pide que nos libre de lo real y del síntoma, a la par.
Si el psicoanálisis tiene éxito, se extinguirá hasta no ser más que un síntoma olvidado.
Lo que nos acaba de decir se puede entender en el sentido de que se trata de saber si el psicoanálisis
es un síntoma social. Sólo hay un síntoma social: cada individuo es realmente un proletario, es decir, no
tiene ningún discurso con qué hacer lazo social, dicho con otro término, semblante.
El psicoanálisis, socialmente, tiene una consistencia distinta de la de los demás discursos. Es un lazo
de a dos.
En tanto tal está en el lugar de la falta de relación sexual. Esto no basta para hacer de él un síntoma
social puesto que una relación sexual falta en todas las formas de sociedad. Está ligado con la verdad
que hace estructura de todo discurso. Precisamente por eso no hay sociedad verdadera basada en el
discurso analítico.
Un psicoanalista sabe que el pensamiento es aberrante por naturaleza, lo cual no le impide ser
responsable de un discurso que suelda al analizante. Lo suelda con la pareja analizante-analista.
El advenimiento de lo real no depende para nada del analista. Su misión, la del analista, es hacerle la
contra.
Al fin y al cabo, lo real puede muy bien desbocarse, sobre todo desde que tiene el apoyo del discurso
científico.
La interpretación no es interpretación de sentido, sino juego con el equívoco. Por eso puso el acento
sobre el significante en la lengua. Lo designó con la instancia de la letra. La interpretación obra con la
lengua, lo cual no impide que el inconciente esté estructurado como un lenguaje.
De la lengua no se debe decir que es lengua viva porque esté en uso. Es más bien la muerte del signo
lo que acarrea. No porque el inconciente esté estructurado como un lenguaje, deja la lengua de tener
que jugar contra su gozo, puesto que está hecha de ese mismo gozo. En la transferencia, el analista es
el sujeto supuesto al saber, y no es errado suponerlo si él sabe en qué consiste el inconciente por un
saber que se articular en la lengua, no anudándose a él el cuerpo que allí habla sino por lo real con que
se goza. Pero el cuerpo ha de comprenderse al natural como desanudado de ese real que, por más que
exista en él en virtud de que hace su goce, le sigue siendo opaco. Únicamente por el psicoanálisis y por
ello constituye este objeto el único elaborable del goce, pero sólo depende de la existencia del nudo, de
las tres consistencias de los toros, de los redondeles de cuerda que lo constituyen.
Lo extraño es ese vínculo que hace que un goce suponga ese objeto y que entonces el plus-de-gozar,
ya que así Lacan ha creído poder designar su lugar, sea respecto de cualquier goce, su condición.
Si este es el caso en lo tocante al goce del cuerpo en tanto es goce de la vida, lo más asombroso es
que ese objeto, el a, separa este goce del cuerpo del goce fálico.
La relación del hombre, de lo que llamamos así, con su cuerpo, si algo subraya muy bien que es
imaginaria es el alcance que tiene en ella la imagen. Que surge de que él anticipa su maduración
corporal, con todo lo que esto entraña, por supuesto, a saber, que no puede ver a uno de sus
semejantes sin pensar que el tal semejante le quita su lugar y, naturalmente, lo exerca.
Lo que es menester para tratar un síntoma es que la interpretación siempre debe ser aquí mismo y ayer.
Nuestra interpretación debe apuntar a lo esencial que hay en el juego de palabras para no ser la que
nutre al síntoma de sentido.
De lo imaginario, lo simbólico y lo real, uno de los tres, lo real ciertamente, puede caracterizarse
precisamente por lo que dijo: por no conformar un todo, es decir, por no cerrarse.
Supongan incluso que lo simbólico esté en el mismo caso. Basta que lo imaginario, a saber, uno de sus
tres otros, se manifieste efectivamente como el lugar en el cual se gira en redondo, para hacer con dos
rectas nudo borromeo.
El único pensamiento, digamos puro, no sometido a las contorsiones del lenguaje, es justamente el
pensamiento de la extensión: la extensión que suponemos es el espacio, el espacio que nos es común,
a saber, las tres dimensiones.
En lo que imaginó para nosotros al identificar cada una de esas consistencias como siendo de lo
imaginario, lo simbólico y lo real, lo que da lugar y sitio al goce fálico es este campo que, en el
achatamiento del nudo borromeo, se especifica por la intersección que vemos acá.
Esta intersección a su vez comprende dos partes, ya que hay una intervención del tercer campo que da
ese punto cuya delimitación central define al objeto a.
Como lo dijo antes, todo goce está conectado con este lugar del plus de gozar y, por ende, lo externo en
cada una de las intersecciones, lo que en uno de esos campos es externo, en otras palabras el goce
fálico aquí, escrito JΦ, define lo que antes designó como su carácter fuera-de-cuerpo.
¿En qué me baso para escribir en el círculo de lo real la palabra “vida”? en que indiscutiblemente de la
vida, salvo esa vaga expresión que consiste en enunciar el gozar de la vida, no sabemos nada más,
sino únicamente lo que la ciencia nos induce, o sea que nada hay más real, lo cual quiere decir más
imposible.
Que el inconsciente esté estructurado como un lenguaje, y que eso sea lo mejor que tiene, no significa
sin embargo que el inconsciente no depende estrechamente de lalengua, esto eso, de aquello por lo
cual toda lalengua es una lengua muerta, aunque siga estando en uso.
En lo tocante al goce del Otro, hay una sola manera de colmarlo y es el campo propiamente dicho en
que nace la ciencia.
Sus tres.
Los tres órdenes constituyen el esquema tripartito central de la enseñanza de Lacan que sostiene a lo
largo de toda su vida: “se los di para que supieran orientarse en la práctica”.
Es decir que para Lacan no son meros términos cuyo valor radicaría en que permiten un ordenamiento
conceptual, un valor pedagógico digamos, pero además fundamentalmente tienen consecuencias en la
práctica del psicoanálisis. Para Lacan son esenciales para dilucidar cómo se estructura la experiencia
analítica.
Es así que en El seminario 1 ya afirmaba: “sin esos tres sistemas para guiarnos, sería imposible
comprender nada de la técnica y la experiencia freudianas”.
Entonces, simbólico, imaginario y real son un instrumento con el que Lacan lee a Freud, y a la vez el
instrumento con el que organiza su enseñanza. En la conferencia de 1953 dice exactamente eso: son
una orientación en el estudio del psicoanálisis, pero dice algo más: “son los registros esenciales de la
realidad humana”.
Es decir que para Lacan toda realidad humana está organizada por los tres órdenes, llamados también
registros, sistemas, dimensiones.
Lacan no los inventa, sino que ellos estaban disponibles en la cultura de la época.
1974/75: R – S – I
Lo que hace allí es articular los tres registros vía el nudo borromeo, donde cada uno de ellos es un
redondel de cuerda que se anuda a los otros dos.
Sobre la historia de los tres órdenes en la enseñanza de Lacan: tres momentos, tres hitos donde esos
registros se ordenan de diversa manera. En lo que atañe a las primacías de un obre los otros dos
tenemos que distinguir lo siguiente: primacía no es mayor importancia.
Una de las confusiones más habituales es la de ubicar que en los primeros años de la enseñanza de
Lacan hay una mayor importancia de lo simbólico por sobre los otros dos y que el Lacan de los últimos
seminarios desplaza esa importancia hacia lo real y entonces este registro deviene más significativo y
organizador de la clínica psicoanalítica, entonces es más importante ocuparse de lo real que de lo
Simbólico, y más aún que de lo imaginario, que es el registro más devaluado.
1953: S – I – R
1974/75: R – S – I
1980: S – R – I
Es esencial tener claro, cuando se lee a Lacan, que él a veces enfatiza uno de esos órdenes en
diversos fenómenos, pero es un énfasis que no ha de leerse como absoluto, como determinación última,
única y suficiente de todo el fenómeno. Los énfasis de Lacan deben ser tomados como lo que son, un
acento, un subrayado, no una causa primera. Para Lacan esas letritas pueden escribirse en todas sus
combinatorias. Lo fundamental esla forma en que se anudan, en que se articulan entre sí lostres
órdenes. Es decir que siempre que leamos una acentuación de un orden sobre los otros tengamos
presente que es eso, un acento, no un destaque de importancia.
Una de las fuentes de lo imaginario para Lacan, un término que encuentra en el psicoanálisis de la
épica es el de imago. Quizás por ello habitualmente se dice que lo imaginario es el reino de la imagen.
Pero es un hecho que entendemos lo imaginario a partir de la imagen. Como registro lo imaginario es el
registro de la impostura, del señuelo, de lo ficticio en la relación intersubjetiva, incluso Lacan habla de la
dimensión del engaño como propio de este registro. Concierne también a la proyección imaginaria de
uno sobre la simple pantalla que deviene el otro, el semejante. Es el registro del yo (moi) con todo lo
que este implica de desconocimiento, de alienación, de agresividad, en la relación dual entre el a y el a’
(matemas del semejante y el yo). En este registro se incluyen todos los fenómenos de fascinación, de
seducción, de ilusión y de prestancia.
En relación al registro de lo imaginario podemos ver el estadio del espejo, que tiene que ver con la
imagen, pero fundamentalmente es el aparato conceptual con el que Lacan lee el narcisismo freudiano
y explica la constitución del yo, partiendo de la idea de que el yo es una construcción.
Pero Lacan introduce, además, dos elementos que no estaban a disposición de Freud: uno proviene de
la etiología; el otro, de la embriología humana. Este último al que me refiero es a la teoría de la
fetilización de Bolk, todo lo que está ligado a la prematuración biológica, respecto de la cual la imagen
es una respuesta que intenta resolver la fragmentación biológica inicial. De allí en adelante quedará
fijada esa función como preeminente para la imagen, este es su primer modelo. El segundo elemento
que introduce está ligado a la etología, el estudio de la conducta animal, y radica en la importancia del
papel de la imagen del semejante, de la imagen del partenaire, del congénere, en ciertos momentos,
que hace que se desencadenen conductas de pavoneo, de llamado al apareo o a la batalla.
En la época en que Lacan plantea lo imaginario se está produciendo en Europa una nueva forma de
interpretar las imágenes tomándolas como símbolos. Lacan rescata la imago, tomándola de Jung pero
la mediatiza con estos desarrollos, que permiten ubicar que no se trata solo de imágenes de un
inconsciente colectivo ni nada que se le parezca, sino, por ejemplo, de rastrear la historicidad de un
cierto código pictórico.
Es decir, no se trata de una interpretación de símbolos fijos sino de la ubicación de los símbolos en el
contexto de la época y en la cultura en que se producen.
Esto nos sirve para indicar que el término “imagen” también puede formar parte del orden simbólico. El
lenguaje codificado de imágenes forma parte de todas las culturas, las que, obviamente, son distintas
entre sí, pero el hecho central es que son simbólicas y no imaginarias. La imagen tiende además una
dimensión simbólica dada por el marco cultural histórico en el que está incluida.
Entonces la imagen ya no es el reino de lo imaginario solamente, está en una intersección de lo
imaginario y lo simbólico, en la medida en que Lacan piensa a la imagen como simbólica, como
determinada, como historizable y no como una mera percepción psicofisiológica.
Pero también supone una articulación real. La imagen para Lacan no es algo estático, no es algo
muerto, sino que lo vivo entra en la imagen. Lo imaginario implica la imagen en movimiento, no se trata
de una fotografía, es la vida con su empuje y su fuerza tomando parte de la imagen y eso es lo real de
la imagen. Entonces en lo imaginario tenemos imaginario, simbólico y real.
Lo simbólico.
Aquí es donde se hace más notable el interés de Lacan por el estructuralismo. Pero Lacan incluye al
sujeto en la estructura. Esa es enorme subversión. Porque justamente no hay en la batería de
significantes el significante que represente, por eso Lacan lo escribe tachándolo, SUJETO BARRADO
($).
Por eso crea el concepto de gran Otro, escrito con A mayúscula, definido como el conjunto de los
significantes, pero termina por tacharlo también pes el sujeto no puede contarse allí más que como falta.
Es decir que termina por formular una estructura a la que le falta un elemento, impensable en el
estructuralismo.
Pero Lacan introduce la llamada lógica matemática o lógica simbólica. Es decir que enfoca lo simbólico
no solo en el sentido de la lingüística, de la historia cultural, de la determinación social, de todas las
determinaciones filosóficas complejas de lo simbólico; sino que da un vuelco y lo simbólico para a
significar las pequeñas letras de sus matemas, es decir sus fórmulas.
Es aquí donde contextuamos una de las definiciones fundamentales que dará: “el inconsciente está
estructurado como un lenguaje”. Es una fórmula general que entraña una comparación, que por lo tanto
es del orden de la metáfora, “es como un lenguaje”, pero no afirma identidad.
No hay elementos idénticos a lo simbólico, a lo imaginario o a lo real, sino una forma particular de
articulación de estos tres órdenes. En el mismo seminario Lacan lo hace también en cuanto al ser
humano, dice tenemos al S mayúscula, al sujeto cuyo medio es la palabra, es lo simbólico. Está la
persona real, que está ante uno en tanto ocupa lugar, y está lo que ven, lo imaginario, que los cautiva y
es capaz que se echen en sus brazos o bien que se vean convocados a rivalizar con eso. Los tres
registros anudados allí.
En verdad están siempre en la intersección, en lo que Lacan llamará el punto de anudamiento entre los
tres órdenes.
“Los registros de lo S y de lo I los encontramos en dos términos con los que articula la estructura del
lenguaje, es decir, el significado y el significante.
Es decir que lo simbólico del lenguaje es el significante, el material significante dice Lacan, incluso dice,
lo que está en estos libros es lo simbólico del lenguaje. Mientras que lo imaginario del lenguaje está en
el significado, producto de la articulación significante. “El discurso concreto es el lenguaje real, y eso, el
lenguaje, habla”. Es decir que Lacan considera lo real del lenguaje como el discurso concreto, es decir
la modulación sonora misma, el batido de las cuerdas vocales por el pasaje del aire impulsado por el
diafragma.
El término palabra entraña la asunción de cada sujeto del lenguaje en cada momento. El término
palabra atraviesa toda su obra: inicialmente se refería aquello que sucedía efectivamente en un análisis,
cuando alguien hablaba al analista, cuando alguien toma la palabra en el sentido indicado por la regla
de la asociación libre freudiana. Ese es el sentido que la palabra asume en el psicoanálisis, aunque hay
otras formas de la palabra. Y el sujeto de la palabra para los psicoanalistas es el sujeto que habla. En El
Seminario 3 Lacan da una definición preciosa: se pregunta por la función de la palabra, por qué
distingue una palabra de un registro de lenguaje y allí responde: “hablar es ante todo hablar a otros”.
Es decir que la función de la palabra es hablar a otros y en última instancia hablar al Otro. Este es un
modo en que Lacan introduce la dimensión de la transferencia: la palabra es la direccionalidad al
otro/Otro, al interlocutor, imaginario y simbólico.
Que la estructura sea la del lenguaje no impide a Lacan formular que hay una estructura de la palabra y
la define del siguiente modo: el sujeto recibe su propio mensaje del otro en forma invertida porque el
que escucha está en lugar de amo decidiendo el sentido de lo que se le ha dicho. En esto radica la
interpretación analítica.
Esas dos estructuras, las del lenguaje y la de la palabra, se cruzan en el grafo y entonces el Otro no
solo es el testigo que decide lo que digo sino que además, en tanto el mensaje le está dirigido a él, es
también el lugar del código que permite descifrarlo, y allí se distinguen para Lacan dos conceptos: A y
Otro. En ese sentido, palabra no solo es hablar al otro, sino también del Otro. De allí su definición
canónica del inconsciente como siendo el discurso del Otro. Pero ese del entendido en sus dos
sentidos, es el discurso del Otro, el inconciente como lo que mis Otros significativos dicen, pero también
es el discurso del Otro en el sentido acerca del Otro, sobre el Otro.
Lo real.
Hasta los Seminarios 1 y 2 aproximadamente lo real era aquello que el psicoanálisis no puede alcanzar
porque es externo a la palabra, al sujeto de la palabra. Pero en el Seminario 3 lo real, es lo que vuelve
siempre al mismo lugar. Mientras que si lo real es aquello que vuelve siempre al mismo lugar, haciendo
hincapié en el vuelve, que alude a la repetición, entonces el psicoanálisis efectivamente opera con ello.
Por otra parte, quiero hacer notar que si algo vuelve siempre al mismo lugar, es porque algo está fijo.
Esto remite a un término freudiano central, la fijación. Lo que muchas veces no se ve en estas
referencias de Lacan a lo real es que apuntan a la fijación. Ese real inamovible, que hagamos lo que
hagamos vuelve, además, no solo está fijado, sino que tiene cierta temporalidad cíclica, ciclos en los
que se vuelve a un punto que, para cada uno de nosotros, retorna y vuelve al mismo lugar.
Segunda definición: “Para definir a este real, en un segundo tiempo, intenté acotarlo a partir de lo
imposible de una modalidad lógica”.
Entonces, lo real es lo imposible. Este pasaje de lo real como lo que vuelve siempre al mismo lugar, a lo
real como imposible entraña un cambio de esquema referencial. Aunque, insisto, una definición no
anula a la otra, ambas son válidas, es una nueva articulación. Acá la nueva articulación que está
haciendo Laca es con la lógica modal. Lo real como imposible ya define algo de la relación del sujeto
respecto de sí mismo, un punto que no es posible de ser resulto, que no tiene solución. El sujeto no
puede cambiar ese real que no tiene solución. Pero los puntos de imposible varían según los sistemas
simbólicos. Hay puntos de imposible desde el punto de vista de los números enteros, pero que son
posibles desde el punto de vista de los números irracionales. Entonces, lo real como imposible tampoco
es un real puro, se define a partir de los otros registros, es lo que no puede ser simbolizado en la
palabra o en la escritura, y entonces, no cesa de no escribirse, a la vez que es aquello que no se puede
imaginar de ningún modo, inapresable en una imagen.
Lacan dará un punto de real como imposible común a toda la especie humana. Para Lacan, ese punto
de imposible común para toda la especie humana, en tanto especie parlante, somos hablantes dice
Lacan, es decir una especie marcada por el lenguaje y la desnaturalizada por el lenguaje, ese imposible
es la pérdida de naturalidad de los sexos, la no-complementariedad del hombre y la mujer, que dos no
hace uno por más fuerte que se abracen, que no hay media naranja, o en todo caso que a la media
naranja le falta un gajo. Lo que Lacan llega a formular como “no hay relación/proporción sexual”.
Hay en esa fórmula una factura lógica, porque Lacan a esta altura trata el punto de imposible como la
consecuencia de un sistema lógico. Modalización lógica con la que Lacan lee lo que afirma Freud: que
no hay inscripción de la diferencia de lossexos en el inconsciente, que solo hay fálico o castrado; punto
de imposible freudiano. Y Lacan retoma esa posición freudiana pero la altera concibiendo una estructura
simbólica compleja: el inconsciente tiene como eje de su estructura el punto del real como imposible.
Lacan lo equipara a veces con el ombligo del sueño de Freud.
La representación es la forma elemental de aquello que ese inscribe en los diferentes sistemas del
aparato psíquico. En términos filosóficos es el contenido concreto de un acto de pensamiento.
Podríamos decir entonces que lo real es irrepresentable, aquello que escapa a lo imaginarizable y a lo
representable. Es decir que hay una incompatibilidad entre lo imaginario del mundo y lo real, por lo
tanto, lo real es un lugar al cual se retorna siempre, como nudo lógico, en tanto incompatible con la
representación.
Cuarta definición: “Lo R, no es universal. No hay todos los elementos, solo hay conjuntos que
determinar en cada caso”.
Allí Lacan postula lo real en relación con el no-todo, función lógica que define a partir de lo que se
conoce como sus fórmulas de la sexuación, donde lo real es tratado con la lógica del conjunto abierto.
Pero también allí ese en cada caso pone un tensión entre el universal y el singular, donde lo real es
tanto el no-todo, la imposibilidad de la universalización; dicho de otro modo, digo lo real es tanto el
notodo como el efecto subjetivo singular.
Ritvo afirma que lo real en verdad no es un registro, no es un orden sino que es justamente lo que limita
a los dos órdenes que sí lo son, lo simbólico y lo imaginario, lo real es el punto de falla de los otros dos.
Lo real en ese sentido no será un registro, en todo caso es un no-registro. Eslo que no se puede
registrar ni simbólica ni imaginariamente.
Muñoz piensa que Lacan en su enseñanza transita de un tiempo en el que subraya la estructura del
significante, estructura de la cual el lenguaje es fu roma epónima, a un tiempo en que subraya que la
estructura es el anudamiento de los tres registros, lo cual excede al lenguaje, aunque lo incluye.
“El nudo sirve como lo más cercano que yo he encontrado a la categoría de estructura”. Pero eso
implica reexaminar la noción de sujeto también a la luz de estas definiciones. Lacan en el seminario 21
dice: “con relación a esos tres ustedes están arrinconados: en tanto sujetos, ustedes no son más que
los pacientes de esa triplicidad”.
Pacientes, es decir producto o efecto de ese anudamiento triple; es decir el sujeto es puesto a la
estructura de ese anudamiento. Por ello los define allí como las “tres dimensiones del espacio habitado
por le hablante”.
Se da el pasaje de la estructura en la que se reconocían tres registros, a los tres registros como
estructura.