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SOFONÍAS

El libro de Sofonías, parte de los oráculos proféticos hebreos, presenta mensajes de juicio y esperanza durante el reinado del rey Josías de Judá. Sofonías, descendiente del rey Ezequías, predicó en un contexto de decadencia religiosa y política, llamando a la reforma y anunciando el 'Día de Jehovah' como un tiempo de juicio y purificación. Su obra marca un hito en el pensamiento apocalíptico de Israel, anticipando un futuro de justicia y paz para los fieles.

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SOFONÍAS

El libro de Sofonías, parte de los oráculos proféticos hebreos, presenta mensajes de juicio y esperanza durante el reinado del rey Josías de Judá. Sofonías, descendiente del rey Ezequías, predicó en un contexto de decadencia religiosa y política, llamando a la reforma y anunciando el 'Día de Jehovah' como un tiempo de juicio y purificación. Su obra marca un hito en el pensamiento apocalíptico de Israel, anticipando un futuro de justicia y paz para los fieles.

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SOFONÍAS

Exposición
Roy Wyatt

Ayudas Prácticas
Jesse Bryan

INTRODUCCIÓN
En la colección de oráculos proféticos que los hebreos llamaron “El libro de los
doce” se hallan los mensajes de Sofonías. Son apenas tres capítulos de un tal “Sofonías,
hijo de Cusi”. Su genealogía se extiende a cuatro generaciones atrás hasta un tal
Ezequías. Después nos informa que su ministerio ocurrió durante el reinado del rey
Josías de Judá (640–609 a. de J.C.). Algunos piensan que la genealogía incluía hasta
Ezequías porque las credenciales del profeta tendrían más valor al afirmar que era
descendiente del gran rey Ezequías que también entabló reformas religiosas y cívicas
durante su reinado que duró desde el 715 hasta el 686 a. de J.C.
Lo que más nos llama la atención es su nombre. En hebreo “Cusi” significa
“africano” y el prefijo dice “hijo de”. Merece consideración de la posibilidad que el
profeta fuera hijo de un africano ciudadano/residente de Jerusalén. Sabemos que desde
la visita de la reina de Saba a Salomón, y tal vez antes, hubo relaciones con pueblos de
África, especialmente los de Etiopía (1 Rey. 10:1–13). De todos modos se sabe que si
fuera descendiente de la familia del rey Ezequías, sería pariente del rey Josías.
Su nombre significa en Hebreo “Jehovah esconde” o “El que Jehovah ha
escondido”. Quizás nació durante el reinado de Manasés, el peor rey que jamás se sentó
sobre el trono de Judá y quien reinó por 55 largos años. Posiblemente los padres de
Sofonías eran verdaderos creyentes y tuvieron que esconder a su hijo para protegerlo
contra el rey idólatra.
Es evidente, por las citas en el libro, que Sofonías era residente de Jerusalén y que
predicó antes de las reformas del rey Josías. Incluso hay base para suponer que su
influencia estimuló al joven rey a hacer la reforma tan necesitada. Si fuera así, Sofonías
comenzó a predicar alrededor del 626 a. de J.C., al mismo tiempo que Jeremías y la
profetisa Hulda sirvieron (2 Rey. 22:14–20). Hay una tradición judaica que dice que
Jeremías predicó en el atrio de los hombres en el templo y también en las calles de
Jerusalén, mientras Hulda enseñó a las mujeres en el atrio de las mujeres. Sofonías, por
su parte, enseñó en las sinagogas y en las academias de la ciudad. Claro, esto es
únicamente una tradición antigua.
Lo que sí se sabe con certeza es que el profeta predicó durante una época
sumamente difícil en la vida del pequeño reino de Judá. El país había sido una pequeña
colonia de Asiria por más de 75 años, pero la época del poder de Asiria ya llegaba a su
fin. Hubo intriga para ocupar el trono y luchas internas entre miembros de la realeza. Es
más, sobre el horizonte Babilonia crecía en fuerza para amenazar a todo el Medio
Oriente con su ejército. Egipto era débil y se esforzó para ayudar a Asiria a mantener su
posición en el mundo. Desde el año 663 a. de J.C. hubo un “convenio” entre los dos
países que fue impuesto a Egipto por Asiria, y la dinastía en poder en Egipto no pudo
librarse del yugo del país más poderoso.
Durante los largos años de ocupación de Judá, Asiria impuso su religión y cultura.
Cuando Josías llegó al trono la fe antigua de Israel casi había desaparecido, substituida
por un paganismo importado. En esa sociedad decadente, sin independencia política y
con una religión corrupta, Dios llamó a Sofonías a servir. Como de vela vieja la llama
de la fe de Israel estaba a punto de apagarse. No era el momento para un profeta tímido.
Sofonías era fuerte, igual que la tarea que tenía por delante. Después de setenta años de
silencio, en el 626 la voz de profecía resonó de nuevo en Jerusalén y era una voz de
fuerza y claridad. No tenemos evidencia concreta pero hay razón para creer que
Sofonías fue responsable en gran parte por la reforma religiosa que el rey Josías llevó a
cabo cinco años más tarde.
El libro de Sofonías forma parte de ocho libros proféticos que se pueden llamar “El
eclipse de la profecía y la aurora de la apocalíptica”. El pueblo había perdido toda
ilusión de poder vivir como nación independiente de una superpotencia. Sofonías y sus
sucesores comenzaron a enfocar su mensaje sobre el juicio universal que ya se
aproximaba. No obstante, nunca pensaron en la destrucción total de la tierra. Sus
visiones eran de una tierra purificada de toda maldad y de toda potencia opresora. ¡La
edad de oro iba a amanecer! Jerusalén con su monte Sion sería la capital religiosa del
mundo. Habría un solo reino: el reino de Dios; y todos los pueblos según su fe serían
sus ciudadanos. El libro de Sofonías representa el primer paso en esta dirección. Más
tarde la idea aparece con claridad en Ezequiel 38–39; Zacarías 9–14; Joel y en toda su
claridad en el libro apocalíptico de Daniel. Al estudiar Sofonías tenemos el privilegio de
estar presentes al nacimiento del pensamiento apocalíptico en la fe de Israel.
Es muy importante entender que al leer el libro de Sofonías no estamos estudiando
composiciones completas ni organizadas en orden cronológico. Lo que tenemos es un
número de fragmentos de mensajes proféticos que procedieron de distintas épocas en la
vida de Sofonías. Parece que él o sus discípulos los organizaron según ciertos temas
generales. Como existe en otros libros proféticos, hay un tema central que aparece vez
tras vez: el castigo de los malos y la vindicación de los buenos, o sea el Día de Jehovah.
La organización general del libro se ve en tres unidades de oráculos que se hallan en
la siguiente forma:
1. Oráculos del juicio divino que vendrá sobre Judá y Jerusalén (1:2–2:4).
2. Oráculos del juicio divino que estallará sobre las naciones (2:5–3:8).
3. Oráculos de promesas divinas a las naciones y a Judá y Jerusalén (3:9–20).
Es importante discernir el significado de la palabra “oráculo” en hebreo. Jeremías
18:18 nos ayuda. Él dice que el sacerdote tiene “instrucción” (torah8451), “Ley” para dar
al pueblo. El sabio ofrece “el consejo” que son palabras de admonición, indicaciones
sobre la mejor decisión que se debe tomar en el momento dado. Todo esto procede de su
gran conocimiento adquirido por experiencia y su estudio de las distintas maneras de
vivir en la sociedad. El profeta dio la palabra (dabar1696) de Dios, un oráculo que fue
obligado a dar al pueblo porque era un mensaje de Dios que él o ella había sido
comisionado para entregar.
Los oráculos de juicio sobre los israelitas o hebreos son basados en el Pacto del
Sinaí entregado por Moisés que promete bendición por la obediencia a Dios y maldición
y ruina por la desobediencia (Deut. 28). Así, cuando Sofonías dio su mensaje del juicio
terrible que se aproximaba a la nación, sus oyentes sabían que tenía base concreta para
todo lo que decía. También, el remanente pobre y fiel que mencionó sabía que más allá
del juicio y la destrucción purificadora llegaría una época de paz y bendición para ellos.
Como Amós, y más tarde Joel, Sofonías emplea con mucha fuerza la metáfora del
“Día de Jehovah”, un día de juicio universal que llegará con fuerza enorme sobre los
pecadores de Judá y los de toda la tierra. Sofonías no tiene la elocuencia de Amós,
Isaías, Oseas y otros que hablan del mismo tema. No obstante, es asombrosa su
descripción del diluvio de fuego y sangre que destruirá al mundo. Ningún otro profeta
ha descrito la escena con tanto realismo. Pero también Sofonías hace mucho énfasis
sobre los deberes religiosos y éticos del pueblo: sinceridad, integridad, humildad y
lealtad incondicional a Dios.
El profesor Peter Craigie, de Canadá, dice que la causa de un juicio tan terrible y tan
extenso se halla en la acciones y actitudes de la gente de Jerusalén y Judá: (1) La
religión corrupta se ve en las prácticas del pueblo. Los sacerdotes participaban en el
culto repugnante a Baal, dios de los cananeos; el pueblo de la ciudad subía a las terrazas
para adorar a las estrellas y practicar la astrología (1:4, 5). Juraban no solamente por
Jehovah sino también por Moloc, dios asirio de las estrellas. Después de 55 años de
religión mezclada y degenerada no eran capaces de distinguir entre la religión verdadera
y la falsa. No es que habían abandonado por completo su religión; aún peor, la habían
torcido para acomodar elementos de muchas otras religiones paganas. (2) Hubo un
fracaso total del gobierno civil. Los oficiales no cumplieron sus deberes según la Ley
del Sinaí. Al contrario, se vistieron como oficiales de la corte asiria para participar en
los rituales del gobierno de Nínive. Si los líderes obran según los criterios del
paganismo, la gente seguramente va a imitarlos. (3) La apatía y la indiferencia
predominaban en todos los sectores de la sociedad (1:12). Dios mismo buscaba por los
rincones de la ciudad oscura a los perezosos e indiferentes. Una causa del juicio
venidero no eran los hechos de herejía u horror cometidos por la población, sino el
hecho que no hicieron nada para impedir la decadencia e inmoralidad que avanzaban
por todos lados. A veces no son los gobernantes típicamente malos como un Hitler o un
Stalin los que causan la ruina de una nación, sino los indiferentes y los apáticos que no
cumplen con sus deberes civiles.
Esa gente no es atea sino “neutral” en cuanto a la religión y la moralidad; dicen:
“Jehovah no hará bien ni hará mal” (1:12). Está convencida de que no se puede hacer
nada para cambiar al mundo; por lo tanto no hay que molestarse sobre las cosas. No se
da cuenta de que las cosas son tal como son porque ellos mismos habían permitido que
llegaran a tal extremo. Hoy en día también podemos relajarnos, confiados e indiferentes
en un mundo que se acerca a la ruina, pero nunca podemos absolvernos de la
responsabilidad, y seguramente un día esta generación va a caer en la trampa de nuestra
propia fabricación.
En 3:11–13 se describe con elocuencia a un Israel purificado y humillado que
sobrevivirá la catástrofe para adorar en paz al Dios de sus padres, sin la amenaza de
peligros de ninguna clase. Sofonías era un nacionalista que comprendió que la nación
bien mereció el castigo, pero al mismo tiempo tuvo una visión de un mundo gobernado
por la verdad y la justicia.

BOSQUEJO DE SOFONÍAS

I. GENEALOGÍA DEL PROFETA, 1:1

II. ORÁCULOS DEL JUICIO DIVINO QUE VENDRÁ SOBRE JUDÁ Y


JERUSALÉN, 1:2—2:4
1. El anuncio del juicio de Dios sobre Judá, 1:2-6
2. Advertencias sobre el día de Jehovah, 1:7-13
3. Inminencia del día de Jehovah, 1:14-18
4. Llamado a buscar a Dios, 2:1-4

III. ORÁCULOS CONTRA LAS NACIONES, 2:5-15


1. Juicio sobre los filisteos, 2:5-7
2. La destrucción de Moab y Amón, 2:8-11
3. El juicio sobre Etiopía y Asiria, 2:12-15

IV. JERUSALÉN: LA CIUDAD PODRIDA, 3:1-7


1. Una ciudad rebelde, 3:1-4
2. La justicia de Dios con Jerusalén, 3:5-7

V. PROFECÍAS DE LA CONVERSIÓN UNIVERSAL Y DE LA SALVACIÓN


DE JERUSALÉN, 3:8-20
1. Palabras de ánimo para el remanente fiel, 3:8-13
2. La canción de gozo, 3:14-20

AYUDAS SUPLEMENTARIAS

Achtemeier, Elizabeth. “Nahum-Malachi, Interpretation”. A Bible Commentary for


Teaching and Preaching. Atlanta: John Knox Press, 1986.
Bennett, Robert A. Zephaniah, The New Interpreter’s Bible, ed. Leander Keck, et. al.
Volumen VII. Nashville: Abingdon Press, 1996.
Cate, Robert L. “Sofonías”. Introducción al Estudio del Antiguo Testamento. El Paso:
Casa Bautista de Publicaciones, 1990.
Craigie, Peter C. Zephaniah, Twelve Prophets. Daily Study Bible Series, ed. John C. L.
Gibson. Philadelphia: Westminister Press,1985.
Francisco, Clyde T. Sofonías, Introducción al Antiguo Testamento. El Paso: Casa
Bautista de Publicaciones, 1986.
Lehrman, S. M. Zephaniah, The Twelve Prophets, ed. A. Cohen. Bounnemouth: The
Soncino Press, 1948.
Owens, John Joseph. Zephaniah, Mercer Commentary on the Bible, ed. Walter Mills,
Richard Wilson. Macon: Mercer University Press, 1995.

SOFONÍAS
TEXTO, EXPOSICIÓN Y AYUDAS
PRÁCTICAS

I. GENEALOGÍA DEL PROFETA, 1:1


La genealogía de Sofonías es más extensa que la de ningún otro profeta. De ocho de
los profetas no se da ninguna genealogía (Daniel, Amós, Abdías, Miqueas, Nahúm,
Habacuc, Hageo y Malaquías). En la genealogía de seis profetas solamente se menciona
el nombre de su padre (Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas, Joel y Jonás). La genealogía
de Sofonías se extiende hasta su tatarabuelo, un tal Ezequías. La norma en la literatura
hebraica es que la genealogía sirve para establecer el derecho de la persona para la
adquisición de poder, propiedad o posición social. Por lo tanto se establece que el tal
Ezequías en la familia de Sofonías debe haber sido una persona de importancia. Lo más
probable es que se refiere al rey Ezequías quien reinó desde el 715 hasta el 689 a. de
J.C. e intentó hacer importantes reformas religiosas en el culto y la práctica de la fe de
Israel.
Tener un antepasado tan distinguido daría más autoridad a la predicación de
Sofonías y aún más indicará que ser reformador era una tradición familiar. Su voz era la
voz de la realeza y la gente prestó atención. Incluso el uso de un hebreo culto y elegante
además de la teología del libro indican que Sofonías era miembro de la alta sociedad
política y religiosa de Jerusalén. Estaba convencido de que una reforma religiosa al
estilo de la de Deuteronomio era urgente, pero tal vez por la decadencia de la sociedad
en el año 626 a. de J.C. era demasiado tarde para esperarla.

Semillero homilético
¿Cómo escapar al juicio de Dios?
1:1–2:3
Introducción: Hay necesidad de buscar a Dios teniendo en mente la venida del “día
del Señor”, que será tiempo de juicio sobre la tierra. En estos versículos es un tiempo de
conflicto militar. Entender el concepto del “día del Señor” es importante para
comprender la escatología bíblica.
[Link] escapar del juicio de Dios si buscamos su justicia (1:4–7).
1. Debemos abandonar la justicia de un corazón dividido (vv. 4, 5).
(1) Es el corazón que está entregado sólo parcialmente a Dios, y sigue
sirviendo a los ídolos.
(2) Jesús indicó el peligro de un corazón dividido (Mat. 6:24).
2. Debemos abandonar la injusticia de un corazón frío (1:6).
(1) Este es un corazón que no ama ni honra a Dios.
(2) Este es un corazón que trata la indiferencia como si fuera piedad.
(3) Este es un corazón que confía solamente en sí mismo.
II. Podemos escapar del juicio de Dios si buscamos la humildad (1:8–12).
1. Debemos abandonar el orgullo de los placeres pecaminosos (1:8).
(1) Todo el mundo está buscando la última moda.
(2) Tal actitud nos conduce a adicciones y a una vida descarriada.
(3) La humildad nos ayuda a mantener la perspectiva correcta.
2. Debemos abandonar el orgullo de la avaricia (1:9–11).
(1) Esta actitud nos conduce a la codicia.
(2) Luego nos conduce a robar y buscar ganancias deshonestas.
(3) Finalmente, nuestra vida se abre a toda violencia y engaño.
3. Es inútil tratar de esconder tales actitudes de Dios porque él conoce nuestro
corazón (1:12).
(1) Dios ve el corazón del pueblo.
(2) Dios no tolerará nuestra complacencia.
III. Podemos escapar del juicio de Dios si le buscamos, antes de que sea tarde
(1:13–2:3).
1. El “día del juicio” se acerca (1:14–18).
(1) No es tiempo para el cinismo ni la complacencia.
(2) Debemos tener una actitud de espera porque el evento es seguro.
(3) Este día está sobre el horizonte.
2. La situación será fatal para el que no está preparado (1:17; 2:1, 2).
(1) No debemos temer los poderes de este mundo si nos rendimos al poder
de Dios.
(2) La palabra de Dios es segura.
(3) Los días de nuestra vida se pasan con mucha rapidez.
Conclusión: El versículo 2:3 puede considerarse un sumario del libro de Sofonías. Se
puede ver que la única manera en que se puede escapar del juicio de Dios es buscando su
justicia con humildad. Además la única manera en que se puede agradecer a Dios y tener
su justicia es buscándole con humildad diariamente. Los humildes de la tierra son los que
siguen la justicia de Dios.

Otro aspecto de su genealogía es que era de descendencia africana. En el hebreo


bíblico y en el hebreo moderno cusi significa “africano”. Se emplea para describir a la
gente de Egipto y especialmente a los de las regiones del valle del Nilo muy al sur. La
causa del desacuerdo entre Moisés y su hermana María era sobre la mujer cusita de
Moisés (Núm. 12). Jeremías habla de oficiales cusitas en la corte del rey; incluso uno de
ellos lo rescató del pozo de muerte (Jer. 36:14; 38:7).
Durante el reinado de Ezequías hubo alianzas políticas y militares con la dinastía
cusita que gobernó a Egipto en aquél entonces. En 2 Reyes 19:9 se nombra al Faraón
Tirhaca como rey de Etiopía y contra él Isaías lanzó un oráculo (Isa. 18).
El nombre Sofonías también significa “Protegido por Jehovah” o “Tesoro de
Jehovah”. Es el mismo verbo que se emplea en el Salmo 31:20: “En el refugio de tu
presencia los esconderás de la conspiración del hombre”.

II. ORÁCULOS DEL JUICIO DIVINO QUE VENDRÁ SOBRE JUDÁ Y


JERUSALÉN, 1:2–2:4

1. El anuncio del juicio de Dios sobre Judá, 1:2-6


Sin preámbulo, el profeta lanza su palabra de juicio como si fuera un relámpago. El
v. 2 dice que el día de juicio será como un fuego arrasador que va a consumir o acabar
(cup5486) a todos los seres vivientes de la “faz de la tierra cultivable” (adamah127). No es
opinión del profeta; es nada menos que un dicho de Dios.
El v. 3 indica que la alternativa al diluvio que ocurrió en tiempos de Noé será el
fuego universal (ver Gén. 6–9), que incluso será más demoledor que el diluvio pues
afectará también la vida marina. Debido a la promesa dada a Noé, los escritores del AT
y del NT dicen siempre que la próxima destrucción de la creación será por fuego (2 Ped.
3:7).
Los siguientes versículos (vv. 4–6), luego de dar la sentencia, anuncian los cargos
específicos contra Judá y Jerusalén. Como si fuera acusado ante un tribunal, el pueblo
está notificado de tres acusaciones concretas: (1) Idolatría: Han cambiado a Dios para
adorar a los dioses de la fertilidad de los cananeos, a Baal (ba’al1168). El mismo Baal
que Elías derrotó en su contienda sobre el monte Carmelo (1 Rey. 18). (2) Sincretismo:
Han mezclado el culto a Jehovah con ritos dedicados a las estrellas y a Moloc, el dios de
los amonitas. Este sincretismo no era nuevo en Israel, ya Salomón había edificado un
altar a ese dios para satisfacer a una de sus esposas extranjeras (1 Rey. 11:5). El pueblo
pagaba a los sacerdotes de Jehovah y al mismo tiempo a los sacerdotes idólatras. Como
buenos paganos de todas las épocas, incluyendo la presente, subían a las terrazas para
adorar al sol, la luna y las estrellas. Profesan lealtad a Jehovah pero en la práctica
adoran a los dioses paganos. (3) Indiferencia al Dios verdadero: Han dejado de invocar
el nombre de Dios o de seguirlo en la vida diaria. Ya no buscan la voluntad de Dios para
sus vidas. 1:12 indica que piensan que Dios no se va a molestar por ellos, creen que no
le importa lo que hacen o no hacen. El pueblo se ha convertido en un pueblo cínico.

2. Advertencias sobre el día de Jehovah, 1:7-13


En éste, el segundo mensaje o proclamación del profeta, presenta por primera vez el
concepto del día venidero de Jehovah. Será un tiempo de castigo y destrucción total
sobre los desobedientes de Judá y Jerusalén. C. T. Francisco dice que el profeta hace
seis afirmaciones sobre ese día : (1) El día de Jehovah es inminente (1:14). (2) Será un
día de terror (1:15). (3) Viene como castigo por el pecado (1:17). (4) Irá acompañado de
convulsiones en la naturaleza (1:15). (5) Caerá sobre toda la creación, humanos
(hebreos y extranjeros), animales (1:2, 3; 2:4–15). (6) Solamente un remanente escapará
de este juicio. Sólo ellos se gozarán de las glorias de la edad mesiánica (2:3; 3:9 ss.).
Sofonías presenta su mensaje en el escenario de un tribunal jurídico. Los cargos
contra los acusados se presentan como motivos del castigo inevitable que caerá sobre
ellos. El hecho que habló con tanto énfasis sobre los pecados de los oficiales y los
príncipes indica que tuvo fácil entrada al palacio y las casas de la alta sociedad. Fue un
profeta que tuvo relaciones sociales importantes en Jerusalén. Pero también tuvo
contacto con los comerciantes y la gente obrera de la ciudad. Es muy probable que
como Isaías, quien vivió cien años antes que él, era de linaje real y gozaba de suficientes
ingresos para mantener el estilo de vida de la clase alta, pero no se olvidó de la situación
de los pobres. Seguramente era casado aunque no se sabe nada de su esposa. Era normal
y esperado para el hombre hebreo casarse, como se ve en los casos de Isaías y Ezequiel.
La primera parte del mensaje (vv. 7–9) debe haber causado escalofrío a sus oyentes
distinguidos. Dice que Dios va a hacer un gran sacrificio en Jerusalén y ellos mismos
serán las víctimas. Más tarde se verá que los invitados son los ciudadanos de las
naciones que van a conquistar a Judá y Jerusalén.
Nos parece raro que los príncipes y los hijos del rey fuesen castigados por emplear
“vestido extranjero”. Pero en aquel entonces el vestido indicaba la lealtad religiosa y
política de la persona. Es más, si la persona era de la realeza significaba que la nación
no era independiente sino una colonia o dependencia de la nación cuya ropa se
empleaba. Se habían perdido las cualidades y costumbres que lo distinguían como
pueblo o nación. El traje y la música nacional de cada pueblo da un mensaje al mundo.
Es muy difícil saber cual era el pecado de “los que saltan la puerta”. Probablemente
tenía que ver con la costumbre de los cananeos y otros pueblos de sacrificar a un niño y
colocar sus restos bajo la piedra de entrada de una casa nueva. Las excavaciones
arqueológicas en Palestina han revelado restos humanos y animales enterrados debajo
de los cimientos de muchas casas.
Es interesante cómo los ladrones de aquél entonces, al igual que los de hoy, eran
muy supersticiosos. No tuvieron conciencia al robar, pero quisieron evitar la posibilidad
de una maldición por ser culpables de profanar a un muerto; por lo tanto saltaban el
umbral cuando entraban a saquear. También puede hacer referencia a los adoradores de
Dagón, que por superstición no pisaban el umbral de la puerta del templo.
En los vv. 10, 11 el profeta describe un recorrido que Dios hace de la ciudad para
averiguar cómo la gente está recibiendo su mensaje. Sabe que su simpatía es con la
población, no con los príncipes. Lo único que se sabe de las dimensiones de la ciudad
durante la vida de Sofonías es la información que Nehemías nos da cuando reparó las
murallas (Neh. 3 y 12). Hace una enumeración de ciertos sitios de la ciudad de
Jerusalén.
La expresión “Segundo Barrio” es una posibilidad de traducción a mishneh4939.
Parece hacer referencia a un distrito de la ciudad. En esa época Hulda la profetisa tenía
su casa en este sitio (2 Rey. 22:14). Probablemente era un barrio en el norte de la ciudad
que sería el primer blanco de un ejército invasor.
“Los collados” se refieren al hecho de que Jerusalén fue edificado sobre montañas
no muy altas. “Mactes” significa “cuenca” en Jueces 15:19; por lo tanto probablemente
era el valle entre Jerusalén del este y Jerusalén del oeste cuyo nombre era Tiropoeon.
Hoy día ese lugar se ha rellenado totalmente. En aquél entonces era el lugar del mercado
público protegido del viento que levantaba tanto polvo. Según algunos, ese mercado era
conocido por negocios turbios. Los comerciantes debieron tener mucha plata puesto que
no existían monedas en esa época. El valor del artículo se calculaba por su peso en
plata.
Vv. 12, 13. La primera metáfora es la de Dios Juez buscando con linterna a los ricos
indolentes y su tesoro para castigarlos. Es una operación nocturna para buscar y destruir
a los culpables.
La metáfora de la fabricación de vino, en el versículo 12, es bien conocida en la
actualidad. El hebreo usa la palabra capa7087 para “inmóviles” que significa
“solidificado” o “congelado” (Éxo. 15:8). Si se deja el vino nuevo sobre su sedimento
se convierte en un jarabe dulce. La metáfora describe a los israelitas indiferentes y
sobreconfiados al punto que sus facultades mentales y espirituales se han entorpecido.
Un pecado sumamente grave en gente religiosa es decir, “Dios no va a hacer nada.
Él no se interesa en la suerte de los humanos que son como hormigas sobre la tierra”.
Los de la clase alta no esperaban ni recompensa ni castigo, eran indiferentes ante la
acción de Dios.
En el versículo 13 el profeta emplea casi las mismas palabras que se hallan en Amós
5:11 y Miqueas 6:15. Son las circunstancias descritas en Deuteronomio 28 y 30.
Sofonías es muy inteligente al decir a los ricos y a los pobres que su rechazo de
obedecer los mandamientos de Dios es la causa de la intervención jurídica de Dios, no
como Salvador sino como Juez y Verdugo. ¡Pero aún este mensaje tan fuerte es
solamente el preámbulo por lo que lo sigue!

3. Inminencia del día de Jehovah, 1:14-18


En este, el tercer oráculo del libro Sofonías nos da una de las más gráficas
descripciones del día de juicio que se halla en la Biblia. Estos versículos no hablan de
guerra sino de los resultados de un juicio tremendo sobre la población.
La primera predicación sobre el Día de Jehovah aparece en el libro de Amós (5:18–
24). En esa ocasión parece que Amós aprovechó un día feriado, cuando todos estaban
felices, para dar su mensaje sombrío utilizando “la poesía del canto fúnebre”. Ahora
Sofonías emplea “la poesía del canto del guerrero” para describir el avance rápido sobre
Jerusalén de un enemigo del norte. En ambas ocasiones los profetas dicen que el pueblo
de Israel/Judá son los verdaderos enemigos de Dios por su desobediencia a los
mandamientos que exigen lealtad a Dios y trato justo a los compatriotas.

Joya bíblica
Buscad a Jehovah, todos los mansos de la tierra que ejecutáis su decreto. Buscad
justicia, buscad mansedumbre; quizás seréis protegidos en el día del furor de
Jehovah (3:3).
No se sabe a ciencia cierta el origen del concepto “día de Jehovah”; pero uno de los
elementos que incluye este concepto es que la soberanía de Dios no se extiende
solamente sobre el pueblo hebreo sino sobre todas las naciones de la tierra. Por lo tanto
este concepto es el trasfondo de los oráculos contra Judá y las naciones y también los
oráculos de salvación que Sofonías más tarde proclama.
Los vv. 14–16 anuncian que el día se aproxima con rapidez y el gran guerrero es
nadie menos que Jehovah mismo. Estos versículos dan detalles asombrosos sobre el
ataque: “día de angustia y aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tinieblas y
oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento”. Lo peor de todo será un día cuando
los soldados valientes van a dar gritos de amargura porque no son capaces de enfrentar a
un enemigo tan poderoso. Después de un ataque relámpago la trompeta del enemigo
anunciará la conquista de la ciudad.
Los vv. 17, 18 describen la situación humana de los habitantes. Dios dice “Voy a
enviar desesperación sobre la gente… porque ha pecado contra el Señor”. Van a ser
víctimas de una masacre. Habrá sangre y cuerpos humanos regados por todas partes.
El pueblo desobediente no puede sobornar al guerrero con sus riquezas; tampoco
habrá algún sitio de refugio, puesto que toda la tierra será consumida con fuego. La
Biblia menciona el juicio universal con mucha frecuencia. Lo que comenzó como un
juicio sobre el pueblo del Pacto del Sinaí va a abarcar a todos los habitantes de la tierra
con consecuencias fatales.
Detrás del mensaje de Sofonías está la idea que lo opuesto del amor a Dios no es
odiarlo, ni tampoco el ateísmo sino la apatía y la indiferencia.

4. Llamado a buscar a Dios, 2:1-4


El profeta da dos invitaciones de Dios. En primer lugar, invita a la gente a
congregarse, no en el templo que han profanado, sino en la plaza central de la ciudad
para reflexionar sobre sus pecados tan enormes. Tienen muy poco tiempo para hacerlo,
y aún esto no es ninguna garantía de que el decreto de Dios no va a tomar efecto sobre
ellos. No deben pensar que Asiria, Egipto o Babilonia son los enemigos que amenazan a
Judá. Es la ira de Dios tan próxima lo que debe asustarlos.
Los profetas, y más tarde Jesús, se refieren a los que no gozan de buena posición
política ni tienen grandes riquezas, ni pertenecen a una familia distinguida en la
sociedad. Ellos son la gente que no solamente hablan de servir a Dios sino lo hacen en
su vida diaria y sus obras son evidentes a todos. Dios, por medio del profeta, los felicita
y los llama a ser “disciplinados” en su lealtad a él y que hagan hechos de justicia en la
sociedad. Dios no va a destruir al planeta sino a purificarlo y un día su reino vendrá
sobre esa tierra renovada.
Hay que reconocer que Dios nunca será derrotado. De los escombros del juicio
aparecerá un futuro nuevo y distinto para los habitantes de la tierra.
El v. 4 nos muestra cómo el profeta utilizó cinco técnicas para captar la atención del
pueblo: (1) El uso de “porque” para llamar a la asamblea a prestar atención a la
continuación de su discurso. (2) Al nombrar a cada ciudad les advierte que el juicio va a
ser específico. (3) Emplea el estilo de orador. La primera y la última ciudad
mencionadas, ambas comienzan con la misma letra en hebreo, Gaza y Ecrón. Las
ciudades en el centro del versículo, Ascalón y Asdod, comienzan con la misma letra. (4)
El profeta emplea un juego de palabras, sólo visible en el hebreo original, con referencia
a la suerte de cada ciudad. (5) Más poderosa es la descripción de las ciudades
comparándolas con la situación de una esposa, ya sea la esposa entristecida, rechazada
antes de la boda o abandonada después de la boda, o divorciada o estéril.
La metáfora del matrimonio se aplica a Judá/Israel en Isaías 54:4–8; Jeremías 3 y
Oseas 1–3, pero solamente Sofonías la emplea con referencia a otros pueblos también.
¿Sería posible que pensara que ellos también tendrían un papel en el nuevo reino de
Dios sobre la tierra?

III. ORÁCULOS CONTRA LAS NACIONES, 2:5-15


Alrededor del 760 a. de J.C. Amós fue el primer profeta que proclamó que Jehovah
tuvo soberanía sobre las naciones extranjeras vecinas a Israel. Sin embargo, no lo hizo
con la fuerza que Sofonías empleó un siglo más tarde. Para muchos lectores este
capítulo es muy aburrido para leer, pero contiene lecciones muy importantes para
nuestra época.
Desde un principio hay que reconocer que las naciones merecen castigo por sus
pecados contra Dios y sus elegidos. Discursos con características de este pasaje se
hallan en Isaías 13–23; Jeremías 46–51 y Amós 1–2. Esta forma literaria tiene que ver
con el concepto de la “guerra santa” y el día de Jehovah. El desastre no se acercaba
solamente a Judá sino sobre todas las naciones. Sin embargo, no hemos de perder de
vista que después del juicio llegará la oportunidad de la salvación universal.
El oráculo comienza con la palabra hebrea “Ay” que es un llanto o grito de
maldición. Las naciones se mencionan según su proximidad a Judá y según los cuatro
puntos cardinales: primero, los filisteos que viven al sudoeste; Moab y Amón al este, al
otro lado del río Jordán a orillas del mar Muerto; luego Etiopía, muy al sur y finalmente
Asiria, muy al norte. Las emociones del profeta son desde ira por los pecados de Judá,
hasta tristeza por la destrucción que les espera.

1. Juicio sobre los filisteos, 2:5-7


El primer juicio en contra de una nación extranjera es contra los filisteos. Ellos eran
un pueblo que vino de la isla de Creta o Caftor (Amós 9:7) para ocupar la llanura de la
costa de Canaán. Ellos y sus cinco ciudades (vv. 5, 6) principales serán totalmente
destruidos y su tierra será convertida “en lugares de delicados pastos” para el remanente
de Judá que sobrevivirá el día del Señor.
El v. 7 implica que serán los israelitas que vuelven de un cautiverio los que
ocuparán la tierra. No se sabe si se tratará de una esclavitud impuesta por Asiria o por
Babilonia que recién aparece sobre el escenario del Medio Oriente. Lo importante es
que ningún cautiverio del pueblo de Dios será permanente. A este pueblo que dice que
Dios no hace ni bien ni mal, la sobrevivencia del remanente será evidencia concluyente
que Dios cuida de los suyos y va a “restaurar sus fortunas”.

2. La destrucción de Moab y Amón, 2:8-11


Esto será aún más terrible. Eran primoshermanos de los hebreos. Se aprovecharon
de las dificultades de Judá para ocupar el territorio que Dios había dado a su pueblo
(Eze. 25:3, 6; Abd. 12). En la época del profeta cada israelita sabía de la destrucción
total de Sodoma y Gomorra (Deut. 29:22, 23; Isa. 13:19). Sus ruinas estaban debajo de
las aguas del mar Muerto o quedaron como colinas de piedras ennegrecidas por el
fuego. Lo único que se podría aprovechar del sitio era excavar huecos y dejarlos
llenarse del agua del mar Muerto y esperar que se secaran para extraer la sal.
El v. 10 hace sobresalir una enseñanza céntrica en la Palabra. La Biblia habla mucho
del pecado del orgullo o la soberbia tanto en el AT como en el NT. Nos hace recordar
que Dios creó al ser humano. ¡Él no se creó a sí mismo! Dios es el Soberano de todos.
La evidencia de la soberanía de Dios sobre las naciones se verá en la destrucción de
sus dioses juntamente con sus ciudades (v.11). Es más, un día todos los habitantes de la
tierra van a adorar al único y verdadero Dios (Isa. 41:1; 49:1). Como Zacarías 14:9
indicó, cien años más tarde, el conocimiento de Dios se extenderá desde Sion a toda la
tierra y los habitantes lo van a adorar a él en lugar de a sus ídolos fabricados a mano.

3. El juicio sobre Etiopía y Asiria, 2:12-15


Es difícil explicar el versículo 12. Hay un juicio sobre Etiopía-Egipto, aunque
Egipto era lugar de refugio para los hebreos (Gén. 37–50; 1 Rey. 11:26–40) y muchas
veces era aliado de Israel contra un enemigo mutuo (2 Rey. 19:9). No obstante los
profetas no tuvieron confianza en la ayuda militar de Egipto (Eze. 29; Isa. 36). También
se debe tomar en cuenta que la dinastía de etíopes que gobernaban a Egipto en aquel
entonces no eran verdaderos egipcios.
En estos versículos, 13–15, Sofonías da su palabra más extensa y más fuerte sobre
una nación extranjera. Asiria ya había destruido el reino del norte, Israel, y era el
opresor de Judá en el año 626 a. J.C. Lo que más molestó a Sofonías era el orgullo y la
arrogancia de los asirios. Se creían invencibles; pensaban que Nínive era la capital del
mundo, una fortaleza que no podría ser destruida por ninguna otra potencia. Sofonías se
une con su contemporáneo Nahum en gozarse pensando sobre la próxima caída y
destrucción de la ciudad orgullosa. El lema de ellos: “Sólo yo y nadie más” era un reto
al profeta de Dios. Seguramente los oyentes de Sofonías sentían una satisfacción
enorme al saber que ese “yo” iba a desaparecer de la faz de la tierra.

Semillero homilético
El llamamiento de Dios
2:4–3:7
Introducción: Dios llama a todo el mundo. Él llama al arrepentimiento y a creer en él.
[Link] nos llama al arrepentimiento.
1. Por medio del castigo de los malhechores (3:6).
(1) Los caminos de castigo de Dios son, a la vez, caminos de su gracia.
(2) Nuestra esperanza para el futuro reposa solamente en la gracia de Dios.
(3) No debe extrañarnos que su misericordia pasa, a veces, por medio del
castigo, por razónde nuestros pecados.
2. Por medio de su poder al despoblar las grandes ciudades (2:4–6).
(1) Una ciudad grande puede llegar a ser una ciudad deshabitada.
(2) Una ciudad poderosa puede llegar a ser un lugar para cuidar animales.
3. Por medio de la humillación de los soberbios (2:8–10).
4. Por medio de un recordatorio de que las naciones poderosas, con sus dioses,
no son más poderosas que él (2:11, 12).
(1) Él destruirá a los dioses de la tierra.
(2) Él pueblo caerá por la espada.
5. Por medio de una demostración de que nadie está demasiado lejos para que
Dios no lealcance (2:13).
(1) Dios destruirá su arrogancia.
(2) Dios despreciará a los que pisotean a los demás.
6. Por medio de acciones que son claras para los que buscan a Dios.
II. Dios nos llama a tener fe en él por medio de sus promesas.
1. Las promesas que ha hecho Dios en el pasado no son destruidas por medio
de su juicio sino solamente confirmadas (2:7, 9).
2. No hay nada que Dios ha hecho que está en violación a sus promesas (3:5).
3. No hay nadie que tenga excusa o que pueda decir que no ha sido advertido
(3:7).
4. No hay nadie que pueda decir que Dios no tiene interés en él (2:11).
III. Dios nos llama a la salvación por medio de una demostración de lo que es
perdición.
1. Es triste que tanta gente no preste atención a la advertencia de Dios.
2. La advertencia de Dios a Jerusalén fue muy clara (3:1–3).
(1) Las palabras de Dios dirigidas a su pueblo fueron muy severas.
(2) Las acciones del pueblo son invitaciones a la destrucción.
3. La advertencia de Dios a nosotros es muy clara.
(1) Es prudente escuchar la voz de Dios.
(2) Es prudente acercarnos a la presencia de Dios. Por medio de la fe. Por
medio de la obediencia.
(3) Es necio ser desobediente, pero es fatal no tener fe.
Conclusión: Es importante nuestra respuesta al llamado al arrepentimiento que hace
Dios. Es sabio responder en fe este llamado. Es urgente aceptar la salvación ofrecida por
Dios.

Este oráculo nos enseña que Dios considera a toda nación y pueblo responsable por
sus hechos. Hay una justicia elemental que todo ser humano debe entender. Si el
creyente actual no se enoja por las injusticias en nuestro mundo, le falta algo muy
importante en cuanto a entender la santidad y la justicia de Dios. Sofonías vivió en una
época de cambios enormes. El equilibrio de poder iba pasando de un imperio a otro; su
misión era advertir a los hebreos de la importancia de eso y enseñarles que no debían
esperar la utopía de ningún sistema de gobierno o poder militar. No iban a continuar
bajo la administración de Asiria; una potencia muy inteligente con costumbres y metas
muy distintas de los de Asiria se asomará sobre el horizonte de la historia. Nadie, ni rey
ni profeta, ni comerciante rico sabía qué futuro esperaba a las naciones del Medio
Oriente. Nínive, la gran ciudad que era el símbolo de lo permanente en un mundo sujeto
a grandes cambios, iba a desaparecer. Las grandes ciudades siempre prometen seguridad
eterna a sus habitantes. Ser dueño de propiedad en una ciudad grande es una garantía de
patrimonio para sus descendientes. ¡Falso! El sitio de la gran ciudad de Nínive es
apenas un lugar para turistas y arqueólogos en la actualidad. Como Abraham, debemos
buscar “la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Heb.
11:10).

IV. JERUSALÉN: LA CIUDAD PODRIDA, 3:1-7


El último de los oráculos contra las naciones es como una acusación legal dada a los
jueces de la ciudad contra la conducta de la capital, la “ciudad Santa”, la ciudad de
David. Lamentablemente sus pecados son iguales o peores que los de las naciones y las
ciudades paganas. Los profetas del siglo VIII, Amós y Miqueas, condenaron las
ciudades de Israel y Judá como centros de vicio, opresión social e injusticia (Amós 3:9–
15; Miq. 1:1–16). Lo que más asombra a Sofonías es el fracaso total del liderazgo de
Jerusalén. Jueces, profetas y sacerdotes no han cumplido en lo más mínimo sus
responsabilidades. El mensaje de Sofonías sigue en la tradición de Isaías 1:21–26 y
Miqueas 3:1–11. Es más, parece que Ezequiel había leído este oráculo antes de
proclamar su mensaje dado en Ezequiel 22:23–30.
1. Una ciudad rebelde, 3:1-4
En los vv. 1 y 2, Sofonías emplea adjetivos muy fuertes para describir la ciudad que
oprime a sus pobres e indefensos. Ella es “sucia” según Nahum 3:6 y está
“contaminada” por la sangre inocente derramada (Isa. 59:3; Lam. 4:14). Aún peor, no se
ha escuchado la voz de Dios dada por sus profetas. No se prestó atención a estas
advertencias, ni aprendió nada de los juicios de Dios sobre las naciones vecinas. No se
ha confiado en Dios sino en alianzas políticas y militares con otras naciones hasta el
extremo de sustituir al Dios verdadero por sus ídolos. El profeta insinúa que lo que
hacen puede ser “legal” pero no es “legítimo” ante los ojos de Dios y su Ley. Los
líderes tenían que ser los guardianes de los derechos del pueblo, pero en lugar de
cumplir con sus deberes se habían convertido en “opresores” del pueblo que tenían que
defender. Los líderes de una comunidad no son solamente las autoridades religiosas y
políticas sino también los jefes del comercio, las finanzas y la industria (Sof. 1:10–13).
La Ley debe ser administrada de forma imparcial a todos los ciudadanos del país.
Vv. 3, 4. Sus príncipes son como leones rugientes que han agarrado a su presa, tan
enorme es su avaricia y su codicia. No se menciona al rey, tal vez porque Josías era
demasiado joven en aquel entonces para tomar parte en la administración. Los jueces
son como lobos rapaces con apetito insaciable que no dejan ni un solo hueso de la presa
que capturaron durante la noche. Los profetas son vanagloriosos o inestables en todo
sentido (Gén. 49:4; Jer. 23:32). Son prevaricadores en el sentido que proclamaron
profecías falsas que tergiversaron la gravedad del juicio venidero de Dios.
Los sacerdotes eligieron enseñar únicamente las secciones de la Ley que exigen
poco de los creyentes. No cumplieron con su obligación de trazar el camino de la
conducta correcta y la práctica noble en asuntos religiosos. Así han profanado el recinto
del templo que era el lugar destinado a la enseñanza.

La progresión de la destrucción en la vida del ser humano


3:1, 2
[Link] destrucción empieza con una actitudde obstinación y rebelión contra Dios.
II. Luego, viene una mancha y suciedad de la vida por medio del vicio.
III. Eventualmente, la conciencia se endurece de tal manera que se hace difícil
distinguir entre lo bueno y lo malo.
IV. Finalmente, esta condición conduce a lapersona a tener actitudes y hechos
concretos de pecado, llegando muchas veces hasta la violencia y al crimen.

2. La justicia de Dios con Jerusalén, 3:5-7


Es una norma no escrita del AT que cuando los oficiales de la sociedad se
corrompen y no cumplen con sus deberes Dios envía a un profeta para amonestar al rey
y/o al pueblo. Cuando los hebreos ya no tenían un gobierno propio sino que estaban
sujetos a una potencia extranjera y la voz de profecía desaparecía poco a poco. Piense
en la época de Hageo a Malaquías; ¡por más de 120 años no hubo voz profética en Judá!
Sofonías no tiene duda sobre la presencia de Dios en Jerusalén (v. 5). Dios sabe
todo; cada día su justicia es evidente en la naturaleza y en las copias de la Ley que se
hallaron en los recintos del templo. Lo horrible era que el perverso no tenía vergüenza
de sus acciones y no vio la necesidad de consultar ni la Ley ni al profeta verdadero.
El v. 6 es una cita directa de la voz de Dios que Sofonías da al pueblo. La historia
del mundo hasta aquel entonces da muchos ejemplos de naciones que alcanzaron la
cima de poder y gloria pero debido a su orgullo e injusticia sufrieron la derrota total. No
fue obra de hombres sino la obra de Dios en su mundo.
El ser humano tiene una capacidad enorme para ignorar las lecciones de la historia y
no ver la mano de Dios obrando en los acontecimientos de la actualidad. Esos tercos de
Jerusalén rehusaron aprender que lo que le pasaba a otras ciudades también le podía
pasar a Jerusalén. Pensaban que solamente la ciudades gentiles podrían caer bajo el
juicio de Dios, no Jerusalén, ¡la Ciudad Santa! Pensaban que a esa ciudad por ser
consagrada a Dios nunca le pasaría nada. Parece que Sofonías era el único en
comprender que el juicio es el resultado natural e inevitable de corrupción. Los judíos
que se dedicaban a la práctica de la maldad estaban cavando su propia tumba. Pablo
siglos más tarde lo dijo mejor que nadie: “…todo lo que el hombre sembrare, eso
también segará” (Gál. 6:8).
El v. 7 demuestra la compasión y el amor de Dios, quien está convencido de que
algunos habitantes de la Ciudad Santa tienen temor de Dios y aceptarán la corrección de
la mano de Dios. No quiere destruir la hermosa ciudad que David, Salomón y otros
habían construido hacía más de 400 años. ¡La última frase de la actuación del pueblo es
un clásico! El hebreo dice “se levantaron temprano y luego corrompieron todas sus
acciones”. Jeremías 7:13 y 25 nos hace recordar que es Dios quien se levanta temprano
para dar sus órdenes del día a su pueblo a través de los profetas. Esta gente, al contrario,
se apresuraron cada día para hacer obras de maldad.

V. PROFECÍAS DE LA CONVERSIÓN UNIVERSAL Y DE LA


SALVACIÓN DE JERUSALÉN, 3:8-20
Algunos eruditos dicen que esta porción del libro no es obra de Sofonías, sino que
procede de la época después del cautiverio en Babilonia, tal vez tan tarde como el 300 a.
de J.C. Sus argumentos son tan frágiles y sin sustancia que no merecen mayor atención.
El profeta amaba a “Jerusalén la Dorada”; seguramente pasó horas caminando por sus
calles angostas y visitando a sus parientes que vivían cerca del magnífico palacio que
Salomón construyó. Era la gente de la alta sociedad que se había corrompido. El futuro
de la Ciudad Santa a corto plazo lo vió muy sombrío, pero a largo plazo sabía que sería
la morada de los fieles para siempre. No vió nunca la ruina total y permanente de la
ciudad sino su purificación por medio de los fuegos de guerra, y luego su reconstrucción
por parte del fiel remanente de los judíos. Pero antes de todo esto se acuerda del Pacto
con Noé (Gén. 9:1–11). ¡No será por agua sino por fuego que el juicio vendrá!

1. Palabras de ánimo para el remanente fiel, 3:8-13


Parece que el profeta había leído el Salmo 27. Su mensaje es “Espera en Jehovah.
Esfuérzate, y aliéntese tu corazón. Sí, espera en Jehovah”. Tal como Dios esparció a los
pueblos sobre la faz de la tierra (Gén. 11), ahora va a reunirlos para volcar sobre ellos la
copa de su furor. Después de escuchar dos capítulos de su predicación los fieles de Judá
y Jerusalén estaban confundidos. Parece que cada día los malignos cobraban más fuerza.
Había maldad en el comercio, en los tribunales en las puertas de la ciudad y aun los
profetas no traían una palabra verdadera de Dios. Sofonías les dice, “Paciencia”. Dentro
de poco verán a los malos de todas las naciones consumidos por el fuego de Dios. No
dice que la misma tierra será destruida sino purificada por el Dios celoso.

Joya bíblica
Entonces daré a los pueblos un lenguaje puro para que todos invoquen el
nombre de Jehovah y le sirvan de común acuerdo (3:9).

Semillero homilético
Los hechos gloriosos de nuestro Dios
3:8–20
Introducción: Estos versículos del libro nos dicen mucho acerca de la gracia de Dios.
Nos hablan de cómo Dios ha trabajado en el pasado y cómo va a trabajar en el futuro. Su
pueblo puede encontrar muchas esperanzas en sus promesas.
[Link] restauración de su pueblo (v. 8).
1. ¿Cuándo será esta restauración del pueblo de Dios?
(1) Cuando Dios se levante para ser testigo.
(2) Cuando Dios reúna a las naciones para sacar un remanente de Israel.
(3) El propósito de Dios también incluyó un pueblo para sí sacado de entre
losgentiles.
2. ¿Cómo será esta restauración del pueblo de Dios?
(1) Dios la realizará a través de su juicio empezando con la destrucción de
Babilonia.
(2) Dios la concluirá con la segunda venida de Jesús para ejecutar juicio.
(3) Dios vindicará su justicia por medio de su juicio.
(4) El carácter justo de Dios y su reino será manifiesto.
3. ¿Por qué sucederá esta restauración del pueblo de Dios?
(1) Porque el remanente fiel debe esperar en Dios.
(2) A pesar del juicio, el pueblo de Dios debe mantenerse fiel.
(3) Hay la esperanza de misericordia a pesar de este momento oscuro.
II. El engrandecimiento del pueblo de Dios (vv. 9, 10).
1. Los gentiles serán añadidos a su pueblo.
(1) La ira de Dios será el instrumento externo por el cual las naciones se
añadirán.
(2) La gracia y la guía de Dios serán instrumentos para que las naciones se
vuelvan a Dios.
2. La reunión de los judíos de la dispersión.
(1) Estos son objetos del amor de Dios aún estando en exilio.
(2) Estos son el remanente fiel regresando a su servicio.
III. El establecimiento de su pueblo (vv. 11–13).
1. El pueblo de Dios tendrá paz espiritual.
2. El pueblo de Dios tendrá un corazón humilde.
3. El pueblo de Dios tendrá fe verdadera.
4. El pueblo de Dios estará en búsqueda de santidad genuina.
5. El pueblo de Dios tendrá todas las necesidades satisfechas.
IV. El ánimo del pueblo de Dios (vv. 14–20).
1. Imperativos para que el pueblo se anime (v. 14).
2. Declaraciones de ánimo porque Jehovah es el Rey (v. 15).
3. Certeza de la existencia de ánimo por la presencia de Dios (v. 16).
4. Afirmaciones de ánimo dadas por Dios (vv. 17–20).
Conclusión: Nuestro Dios es un Dios de gracia. Lo ha demostrado en el pasado antes
de Cristo, al enviar a su Hijo. Dios no quiere que nadie se pierda, y desea que la gente sea
salvada por medio de la fe.
El versículo 9 es muy importante. Después de la destrucción de la maldad y los
malos, Dios dará a los habitantes de toda la tierra una pureza de labios (Isa. 6:5–7) para
que puedan invocar a Dios. No los va a obligar a orar o a creer, sino que les dará la
posibilidad de hacerlo, si desean. Es más, el resultado de invocar al nombre de Jehovah
será la capacidad de vivir en “consentimiento” o “con un acuerdo” con otras personas y
naciones. El plan de Dios es de no abarcar la unidad política o comercial, sino la unidad
espiritual con cada pueblo conservando sus costumbres y tradiciones.
El versículo 10 nos sorprende. Desde los comienzos del río Nilo, o sea desde
Etiopía, los conversos van a viajar a Jerusalén. Dios los llama sus “suplicantes”, sus
“esparcidos” quienes van a traerle una ofrenda. Aquí no se hace referencia a los hebreos
esparcidos por la tierra sino a grupos étnicos y linguísticos que viven en los extremos de
la tierra. Toda la humanidad se va a unir para traer una ofrenda a Dios. Claro, al mismo
tiempo van a devolver cualquier cautivo israelita que permanezca en su poder al
momento de su conversión.
Sofonías, hijo de Cusi, tal vez está pensando en su linaje africano al dar esta
profecía. Cus era otro nombre para Etiopía y en el Salmo 87:4 se espera que la gente de
Etiopía esté entre los pueblos salvos por Dios. Los hebreos normalmente pensaban que
en realidad Etiopía y Egipto constituían un solo gran territorio.
Tantos judíos emigraron a Egipto-Etiopía que en el año 250 a. de J.C. se hizo la
primera traducción del AT del hebreo al griego en la ciudad de Alejandría: la
Septuaginta. Es más, los primeros cristianos vieron que la conversión del oficial etíope
(Hech. 8) que precedió a la conversión del oficial romano (Hech. 10) era un símbolo del
comienzo de la expansión del cristianismo a otras nacionalidades. La Biblia siempre
reconoce a Egipto y Etiopía como naciones muy importantes en la escena internacional,
y su política y cultura afectaron en gran manera la vida de Israel. (Compare Sal. 78:51;
Isa. 18 y 20; Jer. 13:23; Amós 9:7; Nah. 3:8, 9 con Sof. 1:1; 2:12 y 3:10.)
Los vv. 11–13 describen el futuro inmediato de Judá y Jerusalén. Dios va a eliminar
las causas principales de la degeneración moral y espiritual de su pueblo. Va a quitar a
los que se alegran en su “soberbia”, los arrogantes que piensan muy alto de sí mismos,
los que viven motivados por la “avaricia” que corrompe, que son una vergüenza para los
ciudadanos fieles a Dios. Dios va a “eliminarlos” y a dejar que los pobres que han sido
oprimidos por esos orgullosos sean los dirigentes encargados de los asuntos morales y
espirituales. Estos no van a poner su confianza en tratados comerciales o alianzas
militares con otras naciones, sino que van a hallar su refugio y su seguridad en Dios.
Para ellos el día de juicio será el umbral de una época nueva. El éxito será una
vindicación de la obra de Sofonías y otros, quienes se hayan esforzado para efectuar
cambios en la sociedad de Judá y Jerusalén durante los últimos años del siglo VII a. de
J.C.
El versículo 13 contiene una frase idéntica a una en el versículo 5. Dios es justo y no
hará iniquidad, y va a dejar en la tierra un remanente que tampoco hará iniquidad.
Sofonías destaca la suma importancia de no decir mentiras ni tener una “lengua
engañosa”. Es triste para el creyente tener que trabajar en un ambiente donde el negocio
se hace a base de la mentira y el engaño a terceros. Si se eliminan estas dos
inmoralidades o pecados, la sociedad mejorará rápidamente. Si se elimina a los
criminales de “guante blanco” todos podrán dormir mejor. El versículo concluye con un
texto paralelo al Salmo 23.

2. La canción de gozo, 3:14-20


Como anticipo de la nueva edad el profeta anima a sus compatriotas a cantar alegres
al Señor. La ciudad que él ama tanto va a funcionar bajo una nueva administración.
Dios mismo, Jehovah, va a ser el verdadero Rey de todo Israel. Bajo su administración
nadie tendrá que temer que la maldad le quite sus ahorros, lo eche de su empleo,
condenarle por crímenes que no ha cometido o envíe a sus hijos como soldados a
batallas injustificadas.

Joya bíblica
Jehovah tu Dios está en medio de ti:
¡Es poderoso; él salvará!
Con alegría se regocijará por causa de ti.
Te renovará en su amor;
por causa de ti se regocijará con cánticos (3:17).

No obstante, el versículo 16 les advierte que no deben debilitar sus manos. Hay que
trabajar arduamente y constantemente para conservar las libertades y los privilegios que
Dios les dará.
La segunda parte del versículo 17 se puede traducir así: “Él (Dios) se gozará sobre ti
con alegría, te renovará en su amor, se regocijará sobre ti con cánticos”. No solamente
la comunidad redimida tendrá motivos para regocijarse, sino que también los redimidos
darán mucho gozo a Dios. Lo ideal para los pensadores hebreos era que Dios fuese el
verdadero Rey utilizando hombres de carácter impecable para ser sus virreyes para la
administración diaria de Israel (Sal. 47:95).
Las últimas palabras del libro tratan de los temas de la restauración de la
infraestructura de la nación y del regreso de los últimos refugiados o cautivos a su
patria. Como Romanos 12, enseña que la venganza corresponde a Dios y él va a llevarla
a cabo. Los que han afligido a los humildes no se escaparán de la pena que merecen.
Los que no gozaban ni fortuna ni prestigio tendrán renombre en toda la tierra. Han
experimentado la vergüenza de ser esclavos y cautivos; ahora serán puestos “para
renombre y para alabanza entre todos los pueblos de la tierra”. Se ve en este versículo el
concepto de misiones que tuvieron los judíos. No pensaban que tenían que ir a otros
países y predicar las buenas nuevas a los pueblos de la tierra. Pensaban que su éxito
económico, su alta moralidad y la pureza de su religión servirán como imán para atraer
a la gente de otras naciones a seguir su religión y su conducta. Unos pocos extranjeros
lo hicieron pero nunca en gran número. Es importante notar que el profeta no tiene la
última palabra del libro. El sello de autoridad de su profecía es sencillamente: “dice
Jehovah”.

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