0% encontró este documento útil (0 votos)
0 vistas3 páginas

Doc

En el cerro de los elfos, varios lagartos discuten sobre una fiesta que se prepara para recibir a forasteros ilustres, incluyendo un anciano duende de Noruega y sus hijos, quienes buscan esposas. La fiesta promete ser grandiosa, con danzas y banquetes elaborados, mientras los elfos se preparan para recibir a sus invitados. A medida que se desarrolla la celebración, los jóvenes duendes muestran su desinterés por el matrimonio, prefiriendo disfrutar de la fiesta y la compañía.

Cargado por

arianramon5
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
0 vistas3 páginas

Doc

En el cerro de los elfos, varios lagartos discuten sobre una fiesta que se prepara para recibir a forasteros ilustres, incluyendo un anciano duende de Noruega y sus hijos, quienes buscan esposas. La fiesta promete ser grandiosa, con danzas y banquetes elaborados, mientras los elfos se preparan para recibir a sus invitados. A medida que se desarrolla la celebración, los jóvenes duendes muestran su desinterés por el matrimonio, prefiriendo disfrutar de la fiesta y la compañía.

Cargado por

arianramon5
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

El cerro de los elfos

Varios lagartos gordos corrían con pie ligero por las personas, con tal que hablen durmiendo o sepan hacer
grietas de un viejo árbol; se entendían perfectamente, algo que se avenga con nuestro modo de ser. Pero en
pues hablaban todos la lengua lagarteña. nuestra primera fiesta queremos hacer una rigurosa
- ¡Qué ruido y alboroto en el cerro de los ellos! -dijo selección; sólo asistirán personajes de la más alta
un lagarto-. Van ya dos noches que no me dejan pegar categoría. Hasta disputé con el Rey, pues yo no quería
un ojo. Lo mismo que cuando me duelen las muelas, que los fantasmas fuesen admitidos. Ante todo, hay
pues tampoco entonces puedo dormir. que invitar al Viejo del Mar y a sus hijas. Tal vez no
- Algo pasa allí adentro -observó otro-. Hasta que el les guste venir a tierra seca, pero les prepararemos una
gallo canta, a la madrugada, sostienen el cerro sobre piedra mojada para asiento o quizás algo aún mejor;
cuatro estacas rojas, para que se ventile bien, y sus supongo que así no tendrán inconveniente en asistir,
muchachas han aprendido nuevas danzas. ¡Algo se siquiera por esta vez. Queremos que vengan todos los
prepara! viejos trasgos de primera categoría, con cola, el Genio
- Sí -intervino un tercer lagarto-. He hecho amistad con del Agua y el Duende y, a mi entender, no debemos
una lombriz de tierra que venía de la colina, en la cual dejar de lado al Cerdo de la Tumba, al Caballo de los
había estado removiendo la tierra día y noche. Oyó Muertos y al Enano de la Iglesia, todos los cuales
muchas cosas. Ver no puede, la infeliz, pero lo que es pertenecen al elemento clerical y no a nuestra clase.
palpar y oír, en esto se pinta sola. Resulta que en el Pero ése es su oficio; por lo demás, están
cerro esperan forasteros, forasteros distinguidos, pero, emparentados de cerca con nosotros y nos visitan con
quiénes son éstos, la lombriz se negó a decírmelo, frecuencia.
acaso ella misma no lo sabe. Han encargado a los - ¡Muy bien! -dijo el chotacabras, emprendiendo el
fuegos fatuos que organicen una procesión de vuelo para cumplir el encargo.
antorchas, como dicen ellos, y todo el oro y la plata Las doncellas elfas bailaban ya en el cerro, cubiertas
que hay en el cerro - y no es poco - lo pulen y exponen de velos, y lo hacían con tejidos de niebla y luz de la
a la luz de la luna. luna, de un gran efecto para los aficionados a estas
- ¿Quiénes podrán ser esos forasteros? -se preguntaban cosas. En el centro de la colina, el gran salón había
los lagartos-. ¿Qué diablos debe suceder? ¡Oíd, qué sido adornado primorosamente; el suelo, lavado con
manera de zumbar! luz de luna, y las paredes, frotadas con grasa de bruja,
En aquel mismo momento se partió el montículo, y por lo que brillaban como hojas de tulipán. En la
una señorita elfa, vieja y anticuada, aunque por lo colina había, en el asador, gran abundancia de ranas,
demás muy correctamente vestida, salió andando a pieles de caracol rellenas de dedos de niño y ensaladas
pasitos cortos. Era el ama de llaves del anciano rey de de semillas de seta y húmedos hocicos de ratón con
los elfos, estaba emparentada de lejos con la familia cicuta, cerveza de la destilería de la bruja del pantano,
real y llevaba en la frente un corazón de ámbar. amén de fosforescente vino de salitre de las bodegas
¡Movía las piernas con una agilidad!: trip, trip. ¡Vaya funerarias. Todo muy bien presentado. Entre los
modo de trotar! Y marchó directamente al pantano del postres figuraban clavos oxidados y trozos de ventanal
fondo, a la vivienda del chotacabras. de iglesia.
- Están ustedes invitados a la colina esta noche -dijo-. El anciano Rey mandó bruñir su corona de oro con
Pero quisiera pedirles un gran favor, si no fuera pizarrín machacado (entiéndase pizarrín de primera); y
molestia para ustedes. ¿Podrían transmitir la invitación no se crea que le es fácil a un rey de los elfos
a los demás? Algo deben hacer, ya que ustedes no procurarse pizarrín de primera. En el dormitorio
ponen casa. Recibimos a varios forasteros ilustres, colgaron cortinas, que fueron pegadas con saliva de
magos de distinción; por eso hoy comparecerá el serpiente. Se comprende, pues, que hubiera allí gran
anciano rey de los elfos. ruido y alboroto.
- ¿A quién hay que invitar? -preguntó el chotacabras. - Ahora hay que sahumar todo esto con orines de
- Al gran baile pueden concurrir todos, incluso las caballo y cerdas de puerco; entonces yo habré

[Link] 1
cumplido con mi tarea -dijo la vieja señorita. comprendían la lengua de los otros sin dificultad.
- ¡Dulce padre mío! -dijo la hija menor, que era muy - ¡Es para creer que os falta algún tornillo! -refunfuñó
zalamera-, ¿no podría saber quiénes son los ilustres el viejo. Entraron luego en la mansión de los elfos,
forasteros? donde se había reunido la flor y nata de la sociedad,
- Bueno -respondió el Rey, tendré que decírtelo. Dos aunque de manera tan precipitada, que se hubiera
de mis hijas deben prepararse para el matrimonio; dos dicho que el viento los habla arremolinado; y para
de ellas se casarán sin duda. El anciano duende de allá todos estaban las cosas primorosamente dispuestas.
en Noruega, el que reside en la vieja roca de Dovre y Las ondinas se sentaban a la mesa sobre grandes
posee cuatro palacios acantilados de feldespato y una patines acuáticos, y afirmaban que se sentían como en
mina de oro mucho más rica de lo que creen por ahí, su casa. En la mesa todos observaron la máxima
viene con sus dos hijos, que viajan en busca de esposa. corrección, excepto los dos duendecitos nórdicos, los
El duende es un anciano nórdico, muy viejo y cuales llegaron hasta poner las piernas encima. Pero
respetable, pero alegre y campechano. Lo conozco de estaban persuadidos de que a ellos todo les estaba bien.
hace mucho tiempo, desde un día en que brindamos - ¡Fuera los pies del plato! -les gritó el viejo duende, y
fraternalmente con ocasión de su estancia aquí en ellos obedecieron, aunque a regañadientes. A sus
busca de mujer. Ella murió; era hija del rey de los damas respectivas les hicieron cosquillas con piñas de
Peñascos gredosos de Möen. Tomó una mujer de yeso, abeto que llevaban en el bolsillo; luego se quitaron las
como suele decirse. ¡Ah, y qué ganas tengo de ver al botas para estar más cómodos y se las dieron a
viejo duende nórdico! Dicen que los chicos son un guardar. Pero el padre, el viejo duende de Dovre, era
tanto mal criados e impertinentes; pero quizás realmente muy distinto.
exageran. Tiempo tendrán de sentar la cabeza. A ver si Supo contar bellas historias de los altivos acantilados
sabéis portaros con ellos en forma conveniente. nórdicos y de las cataratas que se precipitan
- ¿Y cuándo llegan? -preguntó una de las hijas. espumeantes con un estruendo comparable al del
- Eso depende del tiempo que haga -respondió el Rey. trueno y al sonido del órgano; y habló del salmón que
Viajan en plan económico. Aprovechan las salta avanzando a contracorriente cuando el Nöck toca
oportunidades de los barcos. Yo habría querido que su arpa de oro. Les habló de las luminosas noches de
fuesen por Suecia, pero el viejo se inclinó del otro invierno, cuando suenan los cascabeles de los trineos,
lado. No sigue las mudanzas de los tiempos, y esto no y los mozos corren con antorchas encendidas por el
se lo perdono. liso hielo, tan transparente, que pueden ver los peces
En esto llegaron saltando dos fuegos fatuos, uno de nadando asustados bajo sus pies. Sí, sabía contar con
ellos más rápido que su compañero; por eso llegó arte tal, que uno creía ver y oír lo que describía. Se oía
antes. el ruido de los aserraderos y los cantos de los mozos y
- ¡Ya vienen, ya vienen! -gritaron los dos. las rapazas mientras bailaban las danzas del país.
- ¡Dadme la corona y dejad que me ponga a la luz de la ¡Ohó! De pronto, el viejo duende dio un sonoro beso a
luna! -ordenó el Rey. la vieja señorita elfa. Fue un beso con todas las de la
Las hijas, levantándose los velos, se inclinaron hasta el ley, y eso que no eran parientes.
suelo. Entró el anciano duende de Dovre con su corona A continuación las muchachas hubieron de bailar,
de tarugos de hielo duro y de abeto pulido. Formaban primero bailes sencillos, luego zapateados, y bien que
el resto de su vestido una piel de oso y grandes botas, lo hacían; finalmente, vino el baile artístico. ¡Señores,
mientras los hijos iban con el cuello descubierto y y qué manera de extender las piernas, que no sabía uno
pantalones sin tirantes, pues eran hombres de pelo en dónde empezaban y dónde terminaban, ni lo que eran
pecho. piernas y lo que eran brazos! Era aquello como un
- ¿Esto es una colina? -preguntó el menor, señalando el revoltijo de virutas, y metían tanto ruido, que el
cerro de los elfos-. En Noruega lo llamaríamos un Caballo de los Muertos se mareó y hubo de retirarse de
agujero. la mesa.
- ¡Muchachos! -les riñó el viejo-. Un agujero va para - ¡Brrr! -exclamó el viejo duende-, ¡vaya agilidad de
dentro, y una colina va para arriba. ¿No tenéis ojos en piernas! Pero, ¿qué saben hacer, además de bailar,
la cabeza? alargar las piernas y girar como torbellinos?
Lo único que les causaba asombro, dijeron, era que - ¡Pronto vas a saberlo! -dijo el rey de los elfos, y

[Link] 2
llamó a la menor de sus hijas. Era ágil y diáfana como noviazgo, dijo el viejo duende:
la luz de la luna, la más bonita de las hermanas. - Agárralo fuerte, la mano es tuya. ¡Te quiero a ti por
Metióse en la boca una ramita blanca y al instante mujer!
desapareció; era su habilidad. La elfa observó que faltaban aún los cuentos del dedo
Pero el viejo duende dijo que este arte no lo podía anular y del meñique.
soportar en su esposa, y que no creía que fuese Los dejaremos para el invierno -replicó el viejo-. Nos
tampoco del gusto de sus hijos. hablarás del abeto y del abedul, de los regalos de los
La otra sabía colocarse de lado como si fuese su propia espíritus y de la helada crujiente. Tú te encargarás de
sombra, pues los duendes no la tienen. explicar, pues allá arriba nadie sabe hacerlo como tú.
Con la hija tercera la cosa era muy distinta. Había Y luego nos entraremos en el salón de piedra, donde
aprendido a destilar en la destilería de la bruja del arde la astilla de pino, y beberemos hidromiel en los
pantano y sabía mechar nudos de aliso con gusanos de cuernos de oro de los antiguos reyes nórdicos. El Nöck
luz. me regaló un par, y cuando estemos allí vendrá a
- ¡Será una excelente ama de casa! -dijo el duende visitarnos el diablo de la montaña, el cual te cantará
anciano, brindando con la mirada, pues consideraba todas las canciones de las zagalas de la sierra. ¡Cómo
que ya había bebido bastante. nos vamos a divertir! El salmón saltará en la cascada,
Acercóse la cuarta elfa. Venía con una gran arpa, y no chocando contra las paredes de roca, pero no entrará.
bien pulsó la primera cuerda, todos levantaron la ¡Oh, sí, qué bien se está en la vieja y querida Noruega!
pierna izquierda, pues los duendes son zurdos, y Pero, ¿dónde se han metido los chicos?
cuando pulsó la segunda cuerda, todos tuvieron que Eso es, ¿dónde se habían metido? Pues corrían por el
hacer lo que ella quiso. campo, apagando los fuegos fatuos que acudían,
- ¡Es una mujer peligrosa! -dijo el viejo duende; pero bonachones, a organizar la procesión de las antorchas.
los dos hijos salieron del cerro, pues se aburrían. - ¿Qué significan estas corridas? -gritó el viejo
- ¿Qué sabe hacer la hija siguiente? -preguntó el viejo. duende-. Acabo de procuraros una madre, y vosotros
- He aprendido a querer a los noruegos, y nunca me podéis elegir a la que os guste de las tías.
casaré si no puedo irme a Noruega. Pero los jóvenes replicaron que preferían pronunciar
Pero la más pequeña murmuró al oído del viejo: un discurso y brindar por la fraternidad. Casarse no les
- Esto es sólo porque sabe una canción nórdica que venía en gana. Y pronunciaron discursos, bebieron a la
dice que, cuando la Tierra se hunda, los acantilados salud de todos e hicieron la prueba del clavo para
nórdicos seguirán levantados como monumentos demostrar que se habían zampado hasta la última gota.
funerarios. Por eso quiere ir allá, pues tiene mucho Quitándose luego las chaquetas, se tendieron a dormir
miedo de hundirse. sobre la mesa, sin preocuparse de los buenos modales.
- ¡Vaya, vaya! -exclamó el viejo-. ¿Esas tenemos? Mientras tanto, el viejo duende bailaba en el salón con
Pero, ¿y la séptima y última? su joven prometida e intercambiaba con ella los
- La sexta viene antes que la séptima -observó el rey zapatos, lo cual es más distinguido que intercambiar
de los elfos, pues sabía contar. Pero la sexta se negó a sortijas.
acudir. - ¡Que canta el gallo! -exclamó la vieja elfa, encargada
- Yo no puedo decir a la gente sino la verdad -dijo-. De del gobierno doméstico- ¡Hay que cerrar los postigos,
mí nadie hace caso, bastante tengo con coser mi para que el sol no nos abrase!
mortaja. Y se cerró la colina.
Presentóse entonces la séptima y última. Y, ¿qué En el exterior, los lagartos subían y bajaban por los
sabía? Pues sabía contar cuentos, tantos como se le árboles agrietados, y uno de ellos dijo a los demás.
pidieran. - ¡Cuánto me ha gustado el viejo duende nórdico!
- Ahí tienes mis cinco dedos -dijo el viejo duende-. - ¡Pues yo prefiero los chicos! -objetó la lombriz de
Cuéntame un cuento acerca de cada uno. tierra; pero es que no veía, la pobre.
La muchacha lo cogió por la muñeca, mientras él se
reía de una forma que más bien parecía cloquear; y ***
cuando ella llegó al dedo anular, en el que llevaba una
sortija de oro, como si supiese que era cuestión de

[Link] 3

También podría gustarte