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PROCESAL PRACTICO

El documento analiza la diferencia entre hechos y actos procesales, destacando que los hechos son situaciones que ocurren fuera del proceso, mientras que los actos procesales suceden dentro de él y están regulados por el principio de legalidad. También se clasifica los hechos en el proceso y se discute el problema de la voluntad en los actos procesales, señalando que estos pueden ser viciados por errores o intenciones no declaradas. Finalmente, se identifican los sujetos involucrados en los actos procesales, que incluyen al órgano jurisdiccional, las partes y terceros convocados al proceso.

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PROCESAL PRACTICO

El documento analiza la diferencia entre hechos y actos procesales, destacando que los hechos son situaciones que ocurren fuera del proceso, mientras que los actos procesales suceden dentro de él y están regulados por el principio de legalidad. También se clasifica los hechos en el proceso y se discute el problema de la voluntad en los actos procesales, señalando que estos pueden ser viciados por errores o intenciones no declaradas. Finalmente, se identifican los sujetos involucrados en los actos procesales, que incluyen al órgano jurisdiccional, las partes y terceros convocados al proceso.

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TRABAJO PRACTICO DE DERECHO PROCESAL ALUMNA : VERONICA URETA

¿Qué diferencia hay entre hechos y actos procesales?

Los hechos que dan lugar a un conflicto que se plantea ante la jus cia para que los resuelva ([Link]..: una
colisión de tránsito que necesite encontrar un culpable para que pague a la víc ma el derecho a la
reparación de los perjuicios sufridos) son aquellos que cons tuyen una relación jurídica de carácter
sustancial. Es decir, son acciones voluntarias (contractuales) o no (extracontractuales) que se dan con
anterioridad al proceso y se hechos y actos jurídicos. En cambio, los actos procesales suceden únicamente
dentro del proceso. Algunos están predispuestos y se reglamentan con el principio de legalidad de las
formas ([Link].: redacción de la demanda); otros acontecen como actuaciones que transcurren en audiencias
o escritos. Hay un problema común de los actos (jurídicos y procesales) que no reciben igual explicación. Es
el tema de los vicios del consen miento, y desde allí observar como se tratan las cues ones de la voluntad
en cada uno de ellos. Ahora bien, tanto los actos jurídicos como los procesales se ocupan de traer los
hechos al proceso. Para ello, los actos procesales registran una forma determinada y una guía o tutor que
les impide vulnerar el orden preestablecido por las modalidades asignadas ([Link].: principio de legalidad de
las formas; preclusión de los actos; publicidad, etc.), de manera que el obrar de los sujetos debe ajustarse a
dicho régimen. Pero los hechos, por sí mismos, son diferentes a los actos, porque mientras los primeros
suceden fuera del proceso; los segundos, podrán ser jurídicos o procesales. Los hechos son jurídicos
cuando el cambio que operan conlleva a una diversidad en el mundo jurídico, o como dice Guasp: “cuando
la realidad sobre la que el hecho opera es una realidad jurídica, el suceso que la determina es, a su vez, un
hecho jurídico […] por tanto, cualquier suceso o acaecimiento que produce una modificación de cualquier
clase...es un hecho jurídico” 84 . Como se aprecia, estos sucesos son extraños a la vida del proceso, se dan
fuera de él para radicarse en el mundo de los hechos exteriores y las realidades. El hecho es procesal,
entonces, cuando ocurre en el mundo del proceso influyendo en la relación jurídica trabada entre los
sujetos intervinientes. Por ejemplo, la muerte del magistrado actuante; la ausencia voluntaria o
incomparecimiento; el caso fortuito; el empo y sus con ngencias, etcétera, son hechos del mundo
exterior que transmi dos al li gio son procesales porque provocan un cambio en la relación procesal o en
la situación procesal. Dado que la variedad de los hechos ajenos y anteriores al proceso, como los
vinculados y contemporáneos al mismo, son de múl ples expresiones, suelen 83 GUASP, Jaime, Derecho
Procesal Civil, op. cit., p. 280. 84 Ibidem, p. 279. 154 clasificarse por su incidencia en: hechos cons tu vos
(o forma vos de la relación jurídica procesal); hechos modifica vos (o que incitan una transformación de la
realidad sin ocupar al aspecto puramente jurídico, aun cuando sobrevenga la incidencia por obra de la
consecuencia); hechos ex n vos (o cancelatorios de la situación jurídica) y hechos impedi vos (que son
defensas que se interponen para evitar que progrese el proceso comenzado). La fusión entre el hecho y el
acto procesal origina dis ntas situaciones que transitan por la iniciación, el desarrollo y la ex nción del
proceso; y el punto diferencial entre ambos radica en la voluntad del que lo emite. Así, mientras en el acto
procesal podemos hablar de decisiones humanas deducidas en el proceso; en los hechos procesales,
referimos a aquellas situaciones que repercuten en las instancias del procedimiento con prescindencia de
que sean o no la consecuencia de una expresión de la voluntad humana85 .

¿Cómo se clasifican los hechos en el proceso?

Los hechos procesales no son iguales a los hechos comunes. Tampoco se relacionan con los hechos
jurídicos, porque cada uno ene una repercusión e importancia diferente. La distancia se profundiza
1
cuando se pretende encontrar una clasificación de ellos tomados desde los que el código procesal
menciona. Por ejemplo, la afirmación de cómo ocurrieron las cosas que se demandan, ene importancia
para fijar la competencia; estos hechos conocidos son determinantes para saber la causa de recusación por
enemistad, odio o resen miento; si esos hechos son reconocidos habrá que hacer lugar a la recusación con
causa; sin olvidar que estas causales obligan a la exac tud de los hechos, para lograr esclarecer la verdad
de los hechos controver dos. También se mencionan hechos fic cios o irreales para definir la conducta
temeraria o maliciosa. Hay hechos urgentes que facilitan la presentación del gestor procesal. En el juego
sofista que el sistema procesal propone, existe una presunción de verdad sobre los hechos lícitos a que la
demanda se refiera, cuando la parte debidamente no ficada no responde adecuadamente. O bien, cuando
no contesta la demanda, agregándose aquí un reconocimiento sobre los hechos per nentes. Siguiendo el
orden de aparición en el código, la prueba en la rebeldía –aunque con ngente– obliga al esclarecimiento
de la verdad sobre los hechos. Así mencionados, sin ningún otro aditamento, se enuncian en el beneficio de
li gar sin gastos que solamente indica los hechos expresados y la falsedad de los mismos que llevan a una
multa procesal por violentar el principio de actuar con lealtad y buena fe. La sentencia se debe pronunciar
sobre los hechos reales y probados y haciendo mérito sobre los hechos controver dos, modifica vos y
ex n vos. 85 PALACIO, Derecho Procesal Civil, tomo IV, op. cit., p. 12. 155 También hay hechos nuevos y
nuevos hechos. Existen hechos en los incidentes y hechos controver dos en el recurso de reposición que
puede tomar el trámite de los incidentes. Tangencialmente, en la etapa probatoria, se encuentran hechos
que no fueron objeto de prueba en la confesión, los que se pueden replantear con el recurso de apelación.
Hay hechos anteriores y posteriores que se ponen como extensión y límites para la potestad jurisdiccional.
Otros hechos se enen por ciertos cuando no se responden en forma aser va, y existen otros que se deben
fundar, explicados claramente al empo de redactar la demanda. Los hechos que no se invocan en la
demanda y después se agregan en las contestaciones pueden ampliar la prueba documental del actor.
Como regla o pauta común, el objeto de la prueba son los hechos controver dos, siempre que no estén
admi dos o reconocidos, en cuyo caso los que sean per nentes y lícitos quedarán fuera de la obligación a
verificar. Los hechos deben ser expuestos con claridad. Para encontrar como objeto de la audiencia
preliminar a los hechos conducentes, en los cuales no hay conformidad entre las partes; los hechos
ar culados que sean conducentes se fijarán a los fines probatorios, de manera que, tal como reza el
ar culo 364, la prueba únicamente versará sobre los hechos ar culados. Algunos más se presentan con un
marco de inseguridad respecto a su categoría, como la referencia a los hechos que están en contraposición
al hecho nuevo. Luego, en cada medio de prueba, ene repercusiones dis ntas. En la prueba informa va
son objeto de la misma los hechos concretos, claramente individualizados y controver dos; deben ser
hechos que surjan de la documentación, y que se han de responder como hechos ajustados a lo que se
requiere en el medio probatorio. En la prueba de confesión, se habla de hechos donde se haya intervenido
personalmente, o realizado en nombre de sus mandantes, para poder deponer en nombre de una persona
jurídica representada. Aquí se encuentra, una vez más, la mención a los hechos anteriores. Las
consecuencias sobre la ignorancia de los hechos que debiera conocer por la calidad invocada al
representar, son un efecto de la absolución de posiciones. Otra vez están los hechos que se enen por
ciertos cuando en la prueba de confesión prestada por el Estado no se sa sface en empo o con plenitud
respecto a lo solicitado. Hay hechos personales sobre los que debe contestar en la prueba de posiciones.
Suceden hechos que no se pueden probar por expresa disposición legal, o por estar prohibida su
inves gación. Se clasifican algunos (en la prueba confesional) como hechos impedi vos, modifica vos y
ex n vos. En la prueba pericial se indican hechos que deben explicarse; mientras que en la tes monial se
enuncian los hechos gravitantes. 156 La prueba pericial asume que el objeto son los hechos controver dos
que necesitan explicarse por tener quien lo haga, conocimientos especiales en alguna ciencia, arte,
industria o ac vidad técnica especializada. También encontramos hechos a reconstruir en el
reconocimiento judicial. En la prueba pendiente de producción suele dividirse el espacio entre hechos
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esenciales y no esenciales, para poder clausurar la etapa y permi r una agregación extemporánea. En el
arbitraje se repiten algunos conceptos, surgiendo otra vez hechos posteriores a la sentencia o laudo; y las
demás menciones indicadas. Hay hechos confesados, hechos consolidados que no se pueden controver r
(en los interdictos); hechos que se acreditan con las constancias médicas en la declaración de demencia;
hay hechos determinados para acreditar la enemistad manifiesta con el amigable componedor, y
finalmente se cas ga la ocultación de hechos en el juicio de desalojo. En fin, la profusión de adje vos que
toman los hechos en general obliga a tener que aclarar cuales son, de todos ellos, los que deben ser
expresados con la verdad, teniendo en cuenta que son estos a los que queremos apuntar el objeto de este
comentario. Recuerda Goldschmidt que el fin de la prueba es lograr el convencimiento del juez; siendo la
verdad que se persigue solo rela va, es decir, simple verosimilitud; por eso el tema probatorio es siempre
una afirmación de hecho.

¿Cuál es el problema que presenta la voluntad en los actos procesales?

La ac vidad que las partes, terceros y juez cumplen en el proceso son, en defini va, manifestaciones de
voluntad. Siguiendo una secuencia lógica, si el acto procesal es una categoría de los actos jurídicos,
quedarían comprendidos, en consecuencia, entre aquellos que se pueden contaminar por los denominados
vicios de la voluntad. Sin embargo esta conclusión resulta un tanto forzada, ni bien se observan los
requisitos y condiciones que se imponen al acto procesal en su forma y expresión. No se trata, entonces, de
enfrentar al acto jurídico con el acto procesal sino de diferenciarlos convenientemente para elaborar, a
par r de sus principios, las consecuencias propias que ene cada uno. La u lización de las normas
materiales ([Link].: Código Civil y Comercial de la Nación), no obstante, deben ser prudentes porque, aun
cuando el acto procesal sea indudablemente un hecho voluntario que le da vida, es evidente que esa
manifestación no persigue otro efecto que no sea aplicable en y para el proceso, y en esto radica su
principal diferencia con la voluntad contractual que pretende producir consecuencias jurídicas. Basados en
ello puede constatarse que la voluntad del acto procesal está condicionada para su ejercicio, de manera
que obraría relevante la ausencia de ella por cuanto no sería propiamente un acto de libre expresión.
Guasp elabora una respuesta a esta problemá ca, dando preeminencia a la voluntad declarada sobre la
real, toda vez que “dada la presencia de un órgano del Estado en el proceso, los actos que ante él se
realizan cuando aparecen exteriormente del modo exigido, son eficaces, aunque la disposición interna de
su autor no coincida con la que de hecho revela” 87 . A par r de allí podrán analizarse los supuestos en que
la discrepancia entre la voluntad interior y la expresión realizada son productos de actuaciones
intencionadas o no. En los primeros, si el acto exterior es adecuado formalmente ha de tenerse por válido.
Si el acto, en cambio, no es intencional, se habrá de encontrar el po de vicio que lo invalida. Si fuese la
ignorancia o el error, según Guasp, han de seguirse las reglas 87 GUASP, Derecho Procesal Civil, p. 294;
Comentarios..., tomo I, op. cit., p. 686. 159 del derecho privado; si fuese violencia o in midación, como no
existen normas que lo sancionen en el proceso, han de guiarse por los principios generales88 . La ausencia
de una regulación expresa sobre el aspecto interno del acto procesal nos lleva a la u lización de las normas
de fondo, sin perjuicio de las adaptaciones que exige el caso. De ello surge que el acto procesal puede
viciarse por error, dolo o violencia, y aun provocar la indagación de la causa que porta la pretensión. Si el
acto procesal es una especie indiferenciada del acto jurídico, parece lógico pensar que las nulidades que
encuentre el primero deben regirse por disposiciones sustan vas. Pero, hemos de coincidir con Peyrano en
que “el acto procesal viciado intrínsecamente (por ejemplo, por error) es también un acto jurídico sujeto
como tal a las normas insertas en el Código Civil y Comercial de la Nación([Link].: delimitación de si existe o
no in midación), pero por formar parte de un proceso, necesariamente queda some do al régimen de
impugnación vigente en este, que no es otro que el de las nulidades procesales89 . La duplicidad de
criterios, o el brazo alterna vo que abre la senda impugna va, nos lleva al análisis de posibilidades. La
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u lización del régimen civil de nulidades y anulabilidades ene un reglamento par cular que impide la
aplicación de ciertos principios procesales que estructuran el proceso ([Link].: trascendencia, convalidación,
etc.); en otra cara, el ejercicio exclusivo del sistema adje vo de las nulidades procesales deja en el camino
la certeza que produce el modelo de fondo en cuanto predice las normas aplicables con sus referentes
específicos. La alegación del vicio en el acto procesal no ene necesariamente que encuadrarse en una
pificación sustan va o bajo un régimen procesal. La adaptación se muestra más coherente con la
flexibilidad del derecho, evitando los aprisionamientos rígidos que no otorgan soluciones equita vas,
postergando la jus cia en manos de la seguridad. Cuando los defectos provengan del sujeto que emite el
acto, habrá de inves garse el origen del desvío, es decir, encontrar el elemento psicológico que lo vicia, sea
por error, engaño, culpa, dolo o mala fe. Hecha la interpretación, el ajuste podrá completarse con los
principios sustan vos y pificar el error consecuente. Luego de la intelección se han de aplicar los
correc vos procesales, sea por la vía de la impugnación, o del incidente autónomo de anulación. La
ausencia de normas expresas que regulen el caso, o la pobreza de ellas para enmarcarlo en su reducida
óp ca no convalidar el vicio, y la analogía podrá servir de integración a las normas obje vas con las
procesales.

¿Quiénes son los sujetos en los actos procesales?

Los actos procesales provienen del órgano jurisdiccional, de las partes y de los terceros que son convocados
al proceso a cumplir una actuación determinada. Cuando referimos al órgano judicial, comprendemos a los
auxiliares de la jus cia, como secretarios, ujieres, oficiales no ficadores, funcionarios del Ministerio . Con
relación a las partes, involucran la ac vidad de sus representantes legales o convencionales. La diferencia
estriba en la caracterís ca de sus respec vas actuaciones, porque en tanto al juez y sus auxiliares les
corresponde obrar en ejercicio de un deber cons tucional, cual es el de asegurar la jus cia garan zando el
debido proceso; a las partes y terceros solo los moviliza un inter‚s personal, y los deberes y obligaciones
procesales que han de respetar en sus actuaciones. Los terceros, por su parte, responden al cumplimiento
de una carga pública ([Link].: tes gos e informantes). En cambio, las actuaciones de las partes se subordinan a
los recaudos que estos deben reunir para su postulación. Ellos se denominan ap tudes y consisten en la
capacidad para ser parte, y para realizar actos procesales; la legi mación y la representación suficiente para
actuar en juicio. La irregularidad de estas condiciones vicia el acto tornándolos nulos o anulables según la
gravedad que presenten.

¿Cuáles son los requisitos de los actos procesales?

El proceso ene un gobierno para la ac vidad procedimental que procura alejarlo de vicios invalidantes y
de la ineficacia. Cuando la reunión de recaudos se dirige a la unidad que el proceso significa, se habla de
presupuestos procesales; en cambio, el análisis par cular de cada actuación lleva a establecer las
condiciones del acto para provocar efectos jurídicos. En principio, solo se ejecutan actuaciones procesales
una vez que se instauró la demanda y se presentó la pretensión, por lo tanto no serían actos procesales los
preparatorios de la instancia ([Link].: otorgamiento de mandato a un abogado, documentación que se
entrecruza para la cons tución en mora, etc.); los convenios preestablecidos para obtener efectos
procesales ([Link].: pacto de foro prorrogado; renuncia al derecho de apelar; honorarios pactados; etc.), ni
todo otro acto que no sea producto de la relación jurídica ya trabada. Ahora bien, estas actuaciones deben
resolver su admisibilidad, es decir, la correspondencia que adecua la actuación con el efecto perseguido
prescindiendo del resultado final; y su fundamento, esto es, los valores intrínsecos que reportan u lidad al
acto e impiden su nulidad. En lo que importa a los sujetos, debe observarse que al órgano judicial se le
exige jurisdicción, esto es, la atribución legal del poder-deber para resolver con autoridad e imperio.
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Asimismo, ha de ser competente, que significa la posibilidad de intervenir con preferencia en el asunto
some do a li gio. Con relación a las partes, para que sus actos sean jurídicamente válidos, será preciso que
aquellos reúnan los citados compromisos con la ap tud para lograrlos (capacidad, legi mación y
representación suficiente). Pero para adquirir eficacia, estos actos deben estar dotados de idoneidad o
fundamentación bastante para lograr el fin que aspiran, sin que el resultado desfavorable o la sentencia en
contrario, los desvirtúe como actos procesales. La causa no es elemento ni condición del acto, porque la
finalidad es un hecho con ngente que no incide en la eficacia misma de la actuación para obtener un
resultado. 161 Los requisitos pueden clasificarse a par r de las necesidades que han de cubrir para ser
admisibles y para ser procedentes. Los actos procesales deben reunir requisitos de admisibilidad en cuanto
a la forma de expresión y por el lugar y empo que se instauran. En cambio, para ser procedentes y obtener
los efectos jurídicos pensados habrá de es marse la idoneidad de la actuación y su ajuste con la realidad
fác ca y legal que autorice su deducción.

¿Cuáles son los requisitos que reglamentan los actos procesales?

Al hablar de requisitos va insito en el concepto que los actos procesales cuentan con una regulación legal
específica, de manera que las partes no pueden actuar apartándose de esas modalidades. Este principio
conocido como legalidad de las formas se interpreta como una premisa esencial, indispensable y
jurídicamente valiosa, por cuanto no se reduce a una mera técnica de organización formal de los procesos
sino que, en su ámbito par cular, ene por finalidad y obje vo ordenar adecuadamente el ejercicio de los
derechos en aras de lograr la concreción del valor jus cia en cada caso y salvaguardar la garan a de la
defensa en juicio. El código Procesal Civil y Comercial de la Nación define las modalidades pensadas para
manifestar la voluntad en el proceso, parcelando sus disposiciones en los requisitos para la expresión, el
empo y el lugar donde se cumplan los actos. De esta manera se reglamenta el debate dialéc co que corre
en el procedimiento, bajo ciertos principios que tutelan los intereses del Estado y de los par culares. Las
formas no solo se ocupan del reves miento externo del acto –v.g.: que sea escrito, a máquina y con una
coloración determinada–, sino que refieren también el contenido, como resultan los requisitos que debe
contener la sentencia defini va (art. 163, Código Federal), o el escrito de interposición de la demanda (art.
330, del mismo ordenamiento). a) Formas de expresión: dice el ar culo 115 del Código Procesal de la
Nación que […] “En todos los actos del proceso se u lizará el idioma nacional. Cuando este no fuere
conocido por la persona que deba prestar declaración, el juez o Tribunal designar por sorteo un traductor
público. Se nombrará intérprete cuando deba interrogarse a sordos, mudos, o sordomudos que solo
puedan darse a entender por lenguaje especializado”. El lenguaje nacional no impide la cita de frases en
la n, conocidas en el uso y es lo forense, sin incurrir en excesos por el peligro de llegar al “oscuro libelo”, o
a la proposición ambigua. Algún problema se presenta cuando el juez conoce el idioma extranjero y
considera improcedente la designación de un traductor, prescindencia que es mamos errónea en
salvaguarda del derecho de defensa en juicio que supone, además del carácter público de las audiencias,
dar posibilidad de alegación y réplica a las partes. En los procesos de naturaleza civil es común la forma
escrita, cons tuyendo los escritos judiciales el instrumento adecuado para que los li gantes presenten sus
pe ciones de manera ordenada, encaminando el desarrollo del proceso hacia su meta; 162 pero de ningún
modo pueden servir de vehículo para que las partes o sus letrados exterioricen los sen mientos hacia sus
contendientes o el magistrado. El exceso puede llevar al testado de la frase injuriosa o redactada en
términos indecorosos u ofensivos (art. 35, inciso 1º, Código Procesal de la Nación), y al cas go por la
incorrección disciplinaria que impone el principio de moralidad procesal. b) Firma: los escritos judiciales
requieren de la firma para obtener validez, de modo tal que por ser una necesidad esencial no admite de
ra ficaciones posteriores. La ausencia de ella impide incorporar la alegación al expediente sobre la base de
considerarlo un acto jurídicamente inexistente. La impugnación de escritos, fundada en la circunstancia de
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que la firma atribuida a las partes no es de su puño y letra debe hacerse por la vía del respec vo incidente
de nulidad. Si quien debe firmar no puede hacerlo o no lo sabe, puede expresar la causa y suscribir a ruego
sin necesidad de acreditar prueba al respecto. En estos casos, el secretario o el oficial primero del Juzgado
deberán cer ficar que el firmante, cuyo nombre expresarán, fue autorizado para ello en su presencia o que
la autorización ha sido ra ficada ante él (art. 119, Código Procesal de la Nación). Además de la firma,
también es recaudo de validez intrínseca la forma de presentación. Todo escrito debe encabezarse con la
expresión de su objeto, el nombre de quien lo presenta, su domicilio cons tuido y la enunciación precisa de
la carátula del expediente. A su vez, el nombre completo de todos sus representados y del letrado
patrocinante si lo hubiera. De menor rigidez son las exigencias de u lizar papel marginado y nta negra o
azul negra, como la indicación por el abogado de los números de matrícula donde está actuando y el sello
aclaratorio de su firma. El Código Civil y Comercial de la Nación a su respecto, en el art. 288 dice que […]
“La firma prueba la autoría de la declaración de voluntad expresada en el texto al cual corresponde. Debe
consis r en el nombre del firmante o en un signo. En los instrumentos generados por medios electrónicos,
el requisito de la firma de una persona queda sa sfecho si se u liza una firma digital, que asegure
indubitablemente la autoría e integridad del instrumento”. Con ello, se advierte que la firma inserta al pie
de una presentación judicial (o de una declaración tes monial, etc), resulta ser el medio a través del cual es
posible adver r que el interesado –ya sea por sí o por medio de su apoderado– ha manifestado su voluntad
en el sen do que se expresa en el escrito. Ahora bien, dado que el acto procesal es un acto jurídico y que la
firma es el medio a través del cual se expresa la voluntad de la parte, la ausencia de esta, determina que el
acto sea inexistente; a diferencia de lo que ocurre cuando quien no ha suscripto la presentación es el
letrado patrocinante. En este segundo supuesto, hay manifestación de voluntad de la parte –por lo cual el
acto existe– pero se ha omi do un requisito de forma (patrocinio letrado obligatorio), por lo cual, el
ordenamiento procesal prevé un plazo para que se subsane dicha omisión. 163 El citado ar culo del Código
Civil y Comercial incluye una referencia a la firma digi al como el medio a través del cual se puede probar la
autoría de un instrumento electrónico. En lo que aquí interesa, esta temá ca debe ser relacionada con las
Acordadas n° 31/11, 38/13, 11/14 y 3/15 de la CSJN, las cuales han introducido, modelado e impuesto –
paula namente–, en el ámbito Federal y Ordinario de la Ciudad de Buenos Aires la no ficación por medios
electrónicos y las copias de traslado digitalizadas. Si bien las ventajas prác cas del nuevo sistema son
innegables, y permiten acelerar los procesos, reducir el uso del papel y ahorror personal en la ges ón de
los intrumentos, es importante poner de manifiesto que no se cumple –aun– con el concepto de “firma
digital”. La CSJN ha puesto en marcha un sistema informá co en el cual, si bien es posible iden ficar que
usuario es responsable de un documento electrónico, no ha conseguido que el Poder Judicial de la Nación
cumpla con los estándares que fija la Ley 25.506 de Firma Digi al90, a la cual hace referencia la parte final
del citado ar culo 288 del Código Civil y Comercial de la Nación. Par endo de estas premisas, se advierte
que el sistema que enterará a regir a par r del 1° de mayo de 2015, en base a la Acordada 3/15, necesita
aun de mejoras en aspectos sustanciales, para que los actos procesales que se pretende concretar a través
de medios electrónicos cumplan con los estándares de la legislación sustancial. c) Copias: “De todo escrito
de que deba darse traslado y de sus contestaciones, de los que tengan por objeto ofrecer prueba,
promover incidentes o cons tuir nuevo domicilio y de los documentos con ellos agregados, deberán
acompañarse tantas copias firmadas como partes intervengan, salvo que hayan unificado la
representación...” (art. 120, Código Procesal de la Nación). La norma ene por objeto asegurar el
contradictorio y el derecho de defensa de las partes. La firma de cada copia refiere a la rúbrica que
auten ca su fidelidad con el original, de manera que si ellos luego no son tales, obligan y responsabilizan al
que cer ficó esa condición. El incumplimiento del requisito determina la devolución del escrito o del
documento “...sin más trámite ni recurso, salvo la pe ción ante el juez que autoriza el art. 38, si dentro de
los dos días siguientes a los de la no ficación por ministerio de la ley, de la providencia que exige el
cumplimiento del requisito establecido en el párrafo anterior, no fuere suplida la omisión” (art. 120, 2º
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párr., Código Procesal de la Nación). Historicamente, el recaudo del ar culo 120 se cumplía a par r del
acompañamiento de tantos ejemplares en papel, como partes presentadas en el proceso. Ahora bien, las
Acordadas ya citadas de la CSJN, entre otras reformas, vienen a cambiar también este aspecto del proceso
judicial. En este sen do, a par r del 1° de mayo de 2015 ya no serán admisibles las copias de traslado en
soporte papel. En su lugar y dentro del plazo de 24 horas de efectuada la presentación de la cual se deberá
dar traslado, el interesado deberá cargar en el sistema informá co del Poder Judicial de la Nación una copia
en formato .pdf, de manera tal que el Juzgado o Tribunal al proveer 90 El Poder Judicial de la Nación no es
“Cer ficador Licenciado”, en los términos del ar culo 17 de la Ley de Firma Digital. 164 el escrito prestado
en el expediente, pueda colocar, en sistema de ges ón, la copia digital a disposición de la contraria y, de
ese modo, cumplir con el traslado. La ausencia de la firma ológrafa de la parte y de la digital del letrado
patrocinante, se intenta subsanar mediante la “declaración jurada de auten cidad” a la que hace referencia
el punto 4 de la Acordada 3/15. Es decir, que un letrado usuario del sistema cargue una copia digital,
implica responsabilizarce por la iden dad entre esta y la presentada en el expediente. Conviene aclarar que
la carga establecida se ex ende a los funcionarios del Ministerio Público cuando intervienen a tulo de
representantes de alguna de las partes. El ar culo 120 del Código adje vo opera de oficio sin necesidad de
pe ción expresa de la parte que se ve perjudicada por la ausencia de copias; sin embargo, si las
autoridades encargadas de adver r la deficiencia o controlar la regularidad de los actos soslaya la
devolución correspondiente y otorga la vista y el traslado, priva el principio de preclusión obstando,
entonces, a la sanción prevista si el plazo para solicitar la nulidad (cinco días) estuviese consen do. Por su
parte, se encuentran eximidos de dar cumplimiento a esta carga, las partes que deban acompañar copias
de di cil reproducción, sea por su número, o cualquier otra razón atendible (art. 121, Código Procesal de la
Nación), a cuyo fin se agregará una minuta documental previamente autorizada por el juez de la causa.
Igual criterio se ene con los libros de comercio y los expedientes administra vos ofrecidos como prueba. A
fines de garan zar el adecuado derecho de defensa, el juez puede autorizar la entrega de los originales a la
parte que los requiera, o bien, dar en prestamo el expediente. d) Otras formas de expresión: no son estas
todas las formas de expresión reguladas procesalmente, hay otras que se procuran como auxilio a la
celeridad procesal y que, de alguna manera, están soportadas en el principio de libertad de las formas. De
este tenor son los informes o cer ficados previos necesarios para dictar una resolución, como sucede
cuando se dan los supuestos de reconstrucción del expediente. También puede “solicitarse la reiteración de
oficios o exhortos, desglose de poderes, o documentos, agregación de pruebas, entrega de edictos, y en
general que se dicten providencias de mero trámite, mediante simple anotación en el expediente, firmada
por el solicitante” (art. 117, Código Procesal de la Nación). Estas pe ciones se deben formular en forma
concreta, con indicación clara y precisa de la fecha, y serán firmadas, juntamente con el pe cionante, por el
Secretario o el Oficial primero, quienes las elevar n en el mismo día al juez, a sus efectos. El instrumento
por medio del cual se plasma la pe ción a la que hace referencia el ar culo 117 también se encuentra
alcanzado por la Acodada 3/15, la cual establece que –a par r del 1° de mayo de 2015– ya no se deberán
presentar en soporte papel, sino deducir directamente a través del sistema informá co.

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