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STATUS3

La Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo desestimó la demanda de Omar Rafael Simonetti contra ANSES por diferencias salariales, argumentando que no se probó un perjuicio efectivo en su remuneración tras la aplicación del nuevo convenio colectivo. La sentencia resalta que el demandante no logró demostrar que la modificación en su salario, tras la creación de ANSES, resultara en una disminución de sus ingresos. Además, se establece que el cambio de denominación de los rubros salariales no implica necesariamente un perjuicio si no hay una reducción en la retribución total.
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STATUS3

La Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo desestimó la demanda de Omar Rafael Simonetti contra ANSES por diferencias salariales, argumentando que no se probó un perjuicio efectivo en su remuneración tras la aplicación del nuevo convenio colectivo. La sentencia resalta que el demandante no logró demostrar que la modificación en su salario, tras la creación de ANSES, resultara en una disminución de sus ingresos. Además, se establece que el cambio de denominación de los rubros salariales no implica necesariamente un perjuicio si no hay una reducción en la retribución total.
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Poder Judicial de la Nación

CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES DEL TRABAJO


SALA I

SENTENCIA DEFINITIVA CAUSA NRO. 82570/2015/CA1


AUTOS: “SIMONETTI, OMAR RAFAEL c/ ADMINISTRACION NACIONAL DE LA
SEGURIDAD SOCIAL ANSES s/DIFERENCIAS DE SALARIOS”.
JUZGADO NRO. 7 SALA I

En la Ciudad de Buenos Aires, en la fecha de registro, la Sala Primera de la Cámara


Nacional de Apelaciones del Trabajo, procede a dictar sentencia en la causa del
epígrafe y, de acuerdo con el correspondiente sorteo, se procede a votar en el
siguiente orden:

La Doctora María Cecilia Hockl dijo:

I. Disconformes con el pronunciamiento definitivo que desestimó íntegramente


la pretensión deducida, se alzan el accionante y el organismo demandado a tenor de
los memoriales recursivos incorporados vía digital, el primero de los cuales mereció
réplica de su adversaria. A su turno, la Dra. Kotik (letrada apoderada de la requerida) y
el experto en contaduría objetan los aranceles regulados en la instancia anterior, por
considerarlos excesivos.

II. Por intermedio del litigio formalizado a instancias de las presentes


actuaciones, el demandante persigue la satisfacción de diversas acreencias de
naturaleza salarial que hallarían, como causa génesis, el nexo contractual enlazado
inicialmente con la Caja de Asignaciones Familiares de Empleados de Comercio
(“CASFEC”), luego prorrogado en su vigencia por la Administración Nacional de la
Seguridad Social (en adelante, “ANSES”) y, específicamente, en el cabal
incumplimiento al deber de contraprestación en el que aquella incurrido desde
noviembre del año 1992, sin perjuicio de circunscribir el reclamo únicamente al
espectro temporal comprendido entre el mes de diciembre de 2013 y la época de
interposición de la demanda inaugural del sub lite.
Un detenido cotejo entre las presentaciones inaugurales de sendos litigantes
permite advertir la inexistencia de controversia en torno a que, durante su desempeño
a favor del organismo predecesor al ANSES, el pretensor supo percibir un rubro
salarial identificado internamente como “adicional por antigüedad”, de naturaleza
remunerativa y cuya cuantía mensual representaba un 3% del haber percibido
anualmente por cada dependiente. Idéntica congruencia puede detectarse con
respecto a la discontinuación de tal crédito desde noviembre del año 1992, como
corolario de la disolución de la CASFEC y la sincrónica creación del ANSES, ambas
novedades propiciadas por el dictado de los Dec. nº2284/91 y nº2741/91, como así
también en lo atinente a la suscripción del CCT nº305/98 “E” en el marco de las
negociaciones paritarias celebradas, cuyo precepto tercero despojó de proyecciones
Fecha de firma: 31/07/2024
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Firmado por: ENRIQUE CATANI, JUEZ DE CÁMARA
Firmado por: GABRIELA ALEJANDRA VAZQUEZ, JUEZA DE CÁMARA
Firmado por: MARIA CECILIA HOCKL, JUEZA DE CÁMARA
Firmado por: MARIA VICTORIA ZAPPINO VULCANO, SECRETARIA
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SALA I

fáctico-jurídicas, validez y valor a “todos aquellos derechos y obligaciones de las


partes, emergentes de convenios anteriores, actas o acuerdos celebrados con
anterioridad”, instituyendo además su absoluto y excluyente imperio sobre “las
relaciones de las partes derivadas del vínculo laboral correspondiente”.
En cambio, discrepan los contendientes sobre los efectos concretos que dicha
novación convencional habría proyectado sobre los haberes del requirente pues,
mientras aquel postula que importó un detrimento concreto y efectivo al nivel
remuneratorio alcanzado, la accionada arguye que el nuevo esquema retributivo
pactado no sólo compensó acabadamente toda eventual reforma peyorativa que
pudiera haberse generado, sino que incluso dio lugar a una holgada superación de los
estándares salariales vigentes a tal época. Al examinar los aspectos medulares de la
contienda, el magistrado anterior otorgó prevalencia al temperamento patronal, por las
motivaciones vertidas a lo largo del desarrollo de su decisorio, y merced a ello dispuso
la desestimación de las pretensiones encauzadas a través del sub judice.
Anticipo que, desde mi óptica, tal parecer resulta atinado, por las razones que
seguidamente expondré.
En su anterior integración, esta Sala ha señalado -con criterio que tuve
oportunidad de compartir- (v. 29/11/17, S.D. 92.202, “Gaitán Alicia Rosa y otro c/
ANSES s/ Diferencias de salarios”; en idéntico sentido, 2/11/16, S.D. 91.490, “Mereles,
Anselmo Ignacio c/ANSES s/diferencias de salarios”), que “[c]abe poner de relieve que
el C.C.T. 305/98 ‘E’ es fruto de la autonomía colectiva, cuyo artículo 1° fijó su ámbito
personal de aplicación respecto de ‘…todos los trabajadores de planta permanente de
ANSES…’, y el artículo 3° expresamente dispuso que ‘A partir de la vigencia del
presente convenio colectivo, se ratifica que han quedado sin efecto, bajo nulidad y sin
valor legal, todos aquellos derechos y obligaciones de las partes, emergentes de
convenios anteriores, actas o acuerdos celebrados con anterioridad al presente por
ANSES, … personal transferido por el Art. 26 de la ley 23.769…Desde la fecha de
homologación de este Convenio Colectivo, el mismo regula en exclusividad las
relaciones de las partes derivadas del vínculo laboral correspondiente…’, lo cual
también echa por tierra la viabilidad de las pretensiones salariales de los actores.
Tampoco puede pasarse por alto que el art. 28 del CCT 305/98 “E”, al regular
en materia salarial, expresamente prevé la situación del personal proveniente del
Instituto Nacional de Previsión Social, disponiendo que “Las diferencias salariales que
pudieran plantearse entre el salario percibido a la fecha de celebración del presente y
el correspondiente a su ubicación escalafonaria, serán absorbidas hasta su
concurrencia con los incrementos salariales que se otorguen a partir de la vigencia de
este C.C.T.’”.
De la sucinta reseña volcada ut supra se desprende, por tanto, que el eje del
debate gira en torno a elucidar si el reemplazo de la regulación colectiva aplicable al
espectro laboral que integraba el demandante (vale decir, merced a la novedad
significada por el convenio de empresa nº305/98 “E”) efectivamente irrogó perjuicios
Fecha de firma: 31/07/2024
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concretos y efectivos para su patrimonio, en calidad de dependientes primitivo de la


CASFEC, de conformidad con las condiciones laborales alcanzadas hasta dicho
momento. Configurada así la relación jurídico-procesal del presente, y con arreglo a las
clásicas directrices rituales que normativizan el reparto del onus probandi (art. 377 del
Cód. Procesal), sobre el requirente yacía la carga de revalidar –vía probatoria- que
resultan acreedores de las diferencias salariales que conforman el objeto del reclamo;
esto es, insisto –so riesgo de impresionar iterativa- que el incipiente plexo legal de
origen colectivo alteró peyorativamente su status salarial.
Sin embargo, un pormenorizado escrutinio del sub discussio me persuade de
coincidir con la colega anterior en cuanto adoptó un temperamento refractario a la
tesitura actoral, en tanto la inexistencia de elementos probatorios que permitan
acreditar tal detrimento no puede más que interpretarse como un franco fracaso de la
faena demostrativa que le competía. Vierto tal aserto pues del informe pericial contable
únicamente se desprende que el ANSES abandonó la satisfacción del rubro “adicional
por antigüedad” desde el mes de noviembre de 1992, sin que el experto interviniente
haya logrado efectuar un cotejo entre los valores abonados en tal segmento temporal y
el período inmediatamente anterior (vale decir, octubre de idéntico año), dado que no
contaba con la documentación necesaria a esos fines (v. dictamen pericial contable).
En el escenario descripto, signado por la orfandad de instrumentos que
permitan cotejar los módulos salariales percibidos por el trabajador demandante
durante los períodos de la discordia y –como natural corolario de ello- por la carestía
de evidencia que corrobore, con fehaciente solidez, la existencia de una merma
efectiva en los ingresos derivados de su prestación, no puedo sino desechar la
hipótesis formulada en el líbelo de inicio, en tanto no luce acreditado el deterioro
remunerativo que se invoca como cimiento de la pretensión.
Ello así dado que el método de comparación adecuado para constatar si medió
–o no- un perjuicio efectivo sobre dicha órbita implica realizar una comparación global
de los sistemas remuneratorios implementados en sendos lapsos temporales (cfr. art.
9º, párr. 1º, de la LCT), con el objeto de verificar eventuales contrastes que traduzcan
mengua salarial alguna, con prescindencia del nomen iuris asignado a las partidas que
conjuntamente integren las estructuras a confrontar. Como es evidente, dicha exégesis
interpretativa obsta –por incompatible- a la acumulación de los beneficios retributivos
instaurados por ambos regímenes, aún desde una perspectiva meramente
compensatoria.
Tan sólo a mayor abundamiento, y en aras de aventar hipotéticas
desavenencias interpretativas acerca de ciertos segmentos del informe contable, me
permito añadir que los cómputos practicados por el auxiliar de justicia en otros tramos
de su peritaje (v. pto “ix”, pág. 5, subrayado por el accionante en su libelo de agravios)
en modo alguno opacan la mejora destacada ut supra, en la medida que constituyen el
fruto de la aplicación directa de los parámetros provistos en la pieza inaugural,
precisamente afirmados en la aplicación de ciertas pautas derivadas del anterior
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esquema convencional, sin efectuar su adecuada correlación con el nuevo régimen.


Por ser ello así, y como esta Sala ha tenido oportunidad de subrayar en los
precedentes jurisprudenciales antes individualizados, “no puede afirmarse que existió
disminución en los haberes de los reclamantes, y desde luego siempre la existiría si
partimos de aplicar el porcentaje, como hiciera el contador, sobre las remuneraciones
percibidas”, en tanto dichos cálculos “han sido incorrectamente determinad[o]s, toda
vez… [fueron efectuados] en base al “sueldo básico” que correspondía a los actores
según el régimen remuneratorio del CCT 305/98 “E” y no de acuerdo al vigente con
anterioridad a éste. En otras palabras, a tales efectos resultaba necesario conocer
cuáles serían los montos del salario mensual que correspondería a cada régimen, y así
posibilitar la comparación global del total de remuneraciones que se hubieran
devengado de acuerdo con el régimen anterior a fin de cotejarla con las emergentes
del CCT 305/98 E; pues no resulta correcto mezclar las pautas de uno y otro régimen”.
De conformidad con lo expuesto, sólo puedo sugerir la desestimación de aquel
cotejo propuesto por el actor, en tanto no resulta materia litigiosa la circunstancia de
que el nuevo marco remuneratorio prescindió de las partidas reclamadas. Por el
contrario, lo destaco una vez más y por vez última, el criterio adecuado para acreditar
la existencia del perjuicio salarial implica que deben compararse los salarios
efectivamente percibidos por los trabajadores y los que -eventualmente- les
corresponderían percibir conforme al sistema anterior a la vigencia del régimen
colectivo y en el cual estaba inmerso el adicional por antigüedad en virtud del cual
reclaman. De esta manera sería posible determinar si realmente existió una
modificación peyorativa para los demandantes (v. esta Sala, S.D. n°89.195, 30/6/2008,
“Filippo, Norma y otros c/ Administración Nacional de la Seguridad Social ANSES s/
Diferencias de salarios”).
Desde idéntica dirección no luce ocioso memorar que, como lo ha sostenido el
Alto Tribunal, el simple cambio de denominación de los rubros que componen la
remuneración no acredita la existencia de un perjuicio concreto que autorice a
considerar que se ha violado el principio de intangibilidad de aquélla -en la medida que
no hayan rebajado la retribución del trabajador- (CSJN, Fallos: 310:2091, “Carol
Haginian, Washington y otros c/ La Prensa S.A.”). En tal marco, el cuestionamiento a
la validez constitucional del citado convenio 305/98 “E” resulta insustancial en tanto no
se ha demostrado, como premisa necesaria para su examen, la existencia de un
perjuicio, extremo que imposibilita acceder a una declaración como la que pretenden
los actores. Al respecto, es dable memorar que la Corte Suprema de Justicia de la
Nación ha señalado que “…el interesado en la declaración de inconstitucionalidad de
una norma debe demostrar claramente de qué manera ésta contraría la Constitución
Nacional, causándole de ese modo un gravamen. Para ello es menester que precise y
acredite fehacientemente en el expediente el perjuicio que le origina la aplicación de la
disposición, resultando insuficiente la invocación de agravios meramente conjeturales”
(“Moño Azul SA s/ ley 11.683”, Fallos: 316:687). La declaración judicial
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de inconstitucionalidad del texto de una disposición legal -o de su aplicación concreta a


un caso- es un acto de suma gravedad institucional que debe ser considerado como
ultima ratio del orden jurídico, por lo que no cabe efectuarla sino cuando la
repugnancia del precepto con la cláusula constitucional invocada sea manifiesta,
requiriendo de manera inexcusable un sólido desarrollo argumental y la demostración
de un agravio determinado y específico (Fallos: 249:51; 299:291; 335:2333; 338:1444,
1504; 339:323, 1277; 340:669)” (v. voto de los jueces Highton de Nolasco y Rosatti en
Fallos: 341:1768 y considerando 13 del conocido fallo “Rodríguez Pereyra” del año
2012, de nuestro cimero Tribunal).
En función de lo expuesto, propongo confirmar lo resuelto en origen.

III. Idéntica suerte refractaria propondré imprimir a la queja concerniente al


orden de imposición de costas establecido en origen, introducida por la accionada en
su expresión de agravios.
Si bien es cierto que, de conformidad con el principio objetivo de la derrota,
quien resulta vencido debe soportar los gastos originados por el pleito entablado y -en
particular- las erogaciones que debió realizar la contraria para obtener el
reconocimiento de su defensa o derecho, igual de veraz es que tal directriz general
encuentra excepciones cuando, por las características peculiares del litigio bajo
análisis, pueda considerarse que la perdidosa actuó sobre la base de un sincero
convencimiento acerca de la postura enarbolada en la contienda (v., en similar sentido,
Palacio, Lino E., Derecho procesal civil, La Ley, t. III, 3ª Ed., 2011, Buenos Aires, págs.
373/374). Dicha fórmula, asaz elástica, resulta aplicable en escenarios en los que las
cuestiones debatidas exhiben una considerable dificultad jurídica, como asimismo
cuando median elementos objetivos que razonablemente pudieron haber inducido a
dicha parte a predicar tal conducta procesal, más allá del destino infructuoso que
sufriera a la postre.
Desde mi perspectiva, la última de las circunstancias antedichas confluye en el
presente caso frente a las dificultades jurídicas que contornean a los tópicos antes
examinados y la existencia de criterios jurisprudenciales disímiles sobre aquellos,
elementos hábiles para concluir que el actor razonablemente pudo abrigar la sincera
convicción de que le asistía derecho a litigar como lo hizo. Frente a dichas
singularidades, que desde mi perspectiva configuran razón -en su conjunto- suficiente
para apartarse de la máxima del vencimiento que rige en la materia, sugiero consolidar
que los gastos causídicos generados en la instancia primigenia sean distribuidos por su
orden, y los comunes en mitades (art. 68, 2ª parte, del Cód. Procesal). E idéntico
reparto propongo implementar respecto de las costas generadas ante esta Alzada,
merced a idénticos fundamentos.

IV. A los fines de examinar la razonabilidad de los estipendios cuestionados


aparece imprescindible ponderar que, si bien el monto del proceso suele estar

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representado -en principio- por el importe reclamado en casos de íntegro o cuasi pleno
rechazo de la pretensión, en ocasiones tal identificación deviene desajustada a la
realidad patrimonial de la contienda. Frente a tal comprobación, corresponde que la
judicatura establezca su real cuantía, con arreglo a las inherentes características del
trámite laboral y una adecuada proporción entre las tareas prestadas por el letrado y la
retribución a percibir (esta Sala, S.D. 84.992, 28/10/07, “Retamal Guzmán, María
Angélica c/ El Huecu S.A. s/ Daños y perjuicios”, entre otros).
De conformidad con tales parámetros, el valor a considerar a los efectos de la
regulación de los honorarios debe ser apreciado en cada caso concreto, procurando
preservar el espíritu (ratio legis) de la institución, teniendo en particular miramiento la
solvencia patrimonial de quienes deben satisfacer dicha acreencia, el mérito real de la
labor desplegada, la naturaleza de los intereses hallados en contienda y la complejidad
de la temática sometida a examen. La validez constitucional de las regulaciones, en
consecuencia, no depende únicamente del monto procurado ni de las escalas
arancelarias vigentes (v. esta Sala, 29/08/08, S.I. 46.298, “Scioscia, Horacio Victorio c/
Terminales Río de la Plata S.A. y otros s/ Despido”).
Dichas directrices aparecen especialmente aplicables cuando, como se verifica
en la especie, se persigue el cobro de acreencias cuyo valor fue estimado y liquidado
libremente por el pretensor, cálculos que pueden arrojar como resultado montos
divorciados de los auténticos intereses patrimoniales en litigio. Si se considerasen, de
tal modo, valores irreales o caprichosas, se arribaría a la irrazonable consecuencia de
que el vencedor aparecería obligado a costear emolumentos superiores a los que
hubiese debido saldar incluso en el hipotético de resultar vencido, a la par que los
letrados de la parte fallida garantizarían para sí estipendios mayores a los que
accederían si el pleito hubiese concluido con éxito para su defendido, circunstancias
que –como resulta de toda evidencia- colisionarían con la télesis de los preceptos
involucrados, que halla entre sus cánones esenciales una relativa proporcionalidad
entre la retribución de los profesionales y aquellos valores económicos confiados a su
ministerio (CNAT, Sala VI, S.D. 35.077, 27/03/91, “Misiti, Juan Carlos c/ Autolatina
Argentina S.A. s/ Accidente - acción civil”).
En el presente pleito se verifica ostensiblemente la hipótesis descripta pues,
como puede advertirse con facilidad, pues la enorme mayoría de las partidas
reclamadas por la pretensora aparecían apuntaladas en régimen normativo que -a la
sazón- se juzgó inaplicable, todo lo cual decantó en un delusorio engrosamiento del
monto procurado. Con parcial sustento en tales pautas y en atención al mérito, calidad,
eficacia y extensión de los trabajos cumplidos, el resultado del pleito y lo normado por
el artículo 38 de la L.O., como asimismo en las disposiciones arancelarias de
aplicación y vigentes a la época de las tareas ponderadas a los fines regulatorios (arts.
1º, 6º, 7º, 8º, 9º, 19 y 37 de la ley 21.839; cfr. arg. CSJN Fallos: 319:1915 y 341:1063),
los emolumentos objeto de crítica lucen razonables, y por ello sugiero su confirmación.

Fecha de firma: 31/07/2024


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SALA I

Con respecto a las labores realizadas ante esta Cámara, sugiero fijar los
honorarios de los profesionales intervinientes en el 30% de lo que les corresponda
percibir como retribución, a cada uno de ellos, por los trabajos de primera instancia
(arts. 16 y 30 de la ley 27.423).

V. En suma, de compartirse mi propuesta, incumbiría: 1) Confirmar el


pronunciamiento apelado en todo cuanto decide y fue motivo de recurso. 2) Imponer
los gastos causídicos de Alzada por su orden. 3) Regular los emolumentos de los
profesionales letrados intervinientes ante esta instancia en el 30% de lo que les
corresponda percibir, a cada uno de ellos, como retribución por sus trabajos de origen.

El Doctor Enrique Catani dijo:

I) Disiento de la solución propuesta por la distinguida colega preopinante


porque, como ha tenido oportunidad de determinar esta Sala -por mayoría, en su actual
integración- en litigios de aristas análogas, el núcleo de la controversia yace sobre
elucidar si el trabajador demandante (otrora dependiente de la CASFEC) tenía derecho
a la preservación incólume de las características, estándares y rasgos que rodeaban
su prestación a la época de esa reforma, con arreglo a lo previsto en el artículo 100 del
precitado Decreto nº2284/91, cuya letra expresamente dispone: “El personal
perteneciente a las CAJAS DE ASIGNACIONES Y SUBSIDIOS FAMILIARES y del
INSTITUTO NACIONAL DE PREVISION SOCIAL, mantendrá las mismas condiciones
laborales y se regirá por la normativa legal y convencional vigente” (el subrayado me
pertenece; v. S.D. 93.637, 31/05/19, “Daneri, Sebastián Mario c/ ANSES
Administración Nacional de Seguridad Social s/ Diferencias de salarios”; íd. S.D.
93.704, 25/05/19, “Kamps, Susana Beatriz y otros c/ Administración Nacional de la
Seguridad Social s/ Diferencias de salarios”; y, más recientemente, S.D. del 10/05/22,
“Castillo, Alejandro Humberto y otros c/ Administración Nacional De La Seguridad
Social s/ Diferencias de Salarios”). A su vez, en el específico marco del caso suscitado,
las resultas de tal debate dependían de establecer si el cese en el pago del rubro
“adicional por antigüedad” constituía un quebrantamiento de esa cláusula de
indemnidad, o bien si -en definitiva- tal marco retributivo fue desplazado legítimamente
por las disposiciones del novedoso CCT nº305/98 “E”.
No luce ocioso destacar, en este orden de desarrollo, que la Corte Federal
atribuyó relevancia determinante al precepto antedicho en una pretensión similar a la
presente, haciendo hincapié en la garantía legal que su contenido proveía a los
afectados por esos cambios subjetivos, máxime al reparar que el mencionado decreto
de necesidad y urgencia adquirió estatus legislativo al ser ratificado por el Congreso de
la Nación en virtud de lo dispuesto por el artículo 29 de la ley 24.307 (CSJN, Fallos:
323:2245, “Brindesi, Henry c/ Administración Nacional de la Seguridad Social s/ Cobro
de salarios”). Desde análoga base, esta Sala destacó que esos conceptos retributivos
integraron la estructura salarial de las personas trabajadoras durante larga data,
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SALA I

continuidad en función de la cual se cristalizaron definitivamente en el núcleo del


contrato anudado por cada uno de ellos/as. En consecuencia, parece claro que la
flamante empleadora no podía interrumpir su abono sin concebir una prestación
específica que compensase ese desbalance, en tanto -como es harto sabido- ninguno
de los componentes que integran esa órbita medular del vínculo puede ser blanco de
reforma peyorativa unilateral, a riesgo de alterar el sinalagma contractual (arts. 12 y 66
de la LCT). Y en idéntico orden de ideas luce pertinente aclarar que, a diferencia de la
tesis que parece desprenderse del decisorio apelado, las partidas eje del pleito no
hallan génesis en disposiciones pactadas por vía paritaria en el ejercicio de la cuasi
irrestricta autonomía de la voluntad colectiva, sino que su origen se remonta hasta las
condiciones de cada relación celebrada con cada persona trabajadora, vínculos
individualmente considerados, gama de derechos no susceptibles de disminución a
instancias de tal despliegue sectorial.
Ese poder social, que en su formulación tradicional expresa -al decir de
Passarelli- un “fenómeno de autorregulación de intereses entre grupos contrapuestos”,
también se halla subordinado, tanto en sus resultados como en los efectos que emana
hacia el colectivo representado, a los estándares inderogables que erige el
ordenamiento estatal en aras de tutelar a la persona que presta su fuerza de trabajo
bajo subordinación ajena (arts. 6° y 7° de la ley 14.250; Giugni, Gino, “Derecho
Sindical”, Ed. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de Madrid, 1983, pág. 137, con
cita a Santoro Passarelli). En sentido inverso, ello equivale tanto como propugnar la
invalidez de los dispositivos convencionales cuando anulan o coartan derechos de raíz
individual; ergo, aun cuando no se verifique fehacientemente la influencia negativa del
nuevo régimen regulatorio, de todos modos la prestación salarial concedida por la
primitiva empleadora tampoco podría haber sido abolido unilateralmente por el ente
que la sucedió en tal calidad. Pero esa indebida supresión ha ocurrido en el escenario
profesional sometido a estudio, y dicha conducta constituyó el quebrantamiento no sólo
del haz tutelar genérico que delinea la ley de contrato de trabajo (cfr. art. 12, precitado),
sino también -reitero- de las disposiciones del Decreto antes referido.
Por idénticos fundamentos, asentados sobre la fuente contractual que
ofrecieron anclaje a las partidas salariales a estudio, emerge evidente que su
pervivencia tampoco podría haberse visto obstaculizada por lo prescripto mediante el
artículo 3º del CCT n º 305/98 “E”, enarbolado como defensa central por la ANSES al
repeler demanda, por cuanto dicho dispositivo reza -en lo pertinente-: “A partir de la
vigencia del presente convenio colectivo, se ratifica que han quedado sin efecto, bajo
nulidad y sin valor legal, todos aquellos derechos y obligaciones de las partes,
emergentes de convenios anteriores, actas o acuerdos celebrados con anterioridad al
presente ANSES, ex caja de Subsidios Familiares para empleados de Comercio, ex
caja de Subsidios Familiares para el personal de la Estiba, actividades marítimas y
fluviales y con el personal transferido por el Art. 26 de la ley 23.769 con las respectivas
asociaciones sindicales” (el subrayado corresponde a mi autoría). Basta una superficial
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lectura de tales términos, sin la necesidad de imprimir mayores esfuerzos intelectivos,


para advertir que los alcances de tales efectos sobrevuelan exclusivamente sobre los
derechos y obligaciones de origen colectivo, excluyendo -por decantación- al inmenso
espectro de facultades y deberes creados a partir de otra tipología de fuente.
Únicamente para mayor fundamentación y con el propósito de extremar el
respeto al derecho de defensa del ente requerido, me permito añadir que la orfandad
de reclamos del/a trabajador/a mal puede ser decodificado como una muda
aquiescencia o tácito consentimiento a la merma salarial implementada por su
principal, ni menos aún considerarse aplicable en el caso la doctrina de los propios
actos, en tanto ello implicaría vulnerar la máxima de irrenunciabilidad que rige la
disciplina laboral, acogida legislativamente en los artículos 12 y 58 de la LCT. En ese
sentido, esta Sala ha tenido oportunidad de recordar que desde “hace muchos años, la
Corte Suprema de Justicia de la Nación ha expresado que no es posible admitir, a
partir del silencio del trabajador, la presunción de renuncias a derechos derivados del
contrato de trabajo, en abierta contradicción con el principio de irrenunciabilidad… a
cuyo fin… no obsta que el empleado haya esperado a la finalización de la relación
laboral para efectuar su reclamo de diferencias de salarios, puesto que atento a los
arts. 256, 259 y 260 no estaba obligado a hacerlo hasta el agotamiento del plazo
establecido en esa normativa” (esta Sala, 23/02/18, S.D. 92.324, “Gigena, Walter
Gabriel c/ Creaciones Americanas S.R.L. s/ Despido”; con cita a CSJN, “Padín Capella,
Jorge Daniel c/ Litho Formas S.A.”, Fallos: 310:558, sentencia del 12/3/87).
En función de todo lo expuesto, sugiero revocar íntegramente el
pronunciamiento de grado y admitir la pretensión deducida por el accionante en cuanto
al pago del concepto salarial “Adicional por antigüedad”, discontinuado por la aquí
encartada, con más las proyecciones que tal partida hubiese representado sobre el
cálculo del sueldo anual complementario y la licencia anual ordinaria de los lapsos
pertinentes.
II) Atento la fluctuación que exhiben los haberes percibidos y la multiplicidad de
actores/as, por evidentes razones de celeridad procesal creo conveniente encomendar
la determinación de tales acreencias al perito contador designado en autos, quien
deberá llevar a cabo esa tarea en el estadio procesal contemplado por el artículo 132
de la L.O., con estricto arreglo a la información volcada en su peritaje original (art. 477
del Cód. Procesal), y según las siguientes pautas:
a) Deberá abarcar el espectro temporal comprendido entre el mes de diciembre
de 2013 y la interposición de la demanda inaugural del presente pleito (ambos períodos
inclusive; cfr. explícitos términos de la pieza inicial, v. acáp. intitulado “II.- OBJETO”,
pág. 1º), y los conceptos a computar serán aquel denominado “adicional por
antigüedad”, con más su respectiva incidencia sobre el sueldo anual complementario y
la licencia anual ordinaria.
b) Deberá calcular la partida denominada “adicional por antigüedad” aplicando
una alícuota del 2,5% sobre los conceptos remunerativos que percibía cada persona
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trabajadora, mes a mes, durante el período señalado, con exclusión de lo que hubieran
cobrado por el rubro “reconocimiento institucional” o “reconocimiento previsional”.
Esa última distinción halla sustento en lo pactado por los sectores colectivos
mediante el Acta Paritaria fechada el 9/12/2008, de cuyo contenido surge que “las
partes acuerdan otorgar a todo el personal a partir del 01/03/09 en concepto de
‘Reconocimiento Institucional’, un importe mensual remunerativo de 3,75 UR por año
efectivo de prestación de servicios en ANSES, para todo el personal que acredite un
tiempo mínimo de un (1) año y hasta treinta (30) años consecutivos, salvo
interrupciones involuntarias, tomando en consideración para el cómputo la fecha de
ingreso consignada en su recibo de haberes. Los servicios reconocidos
institucionalmente serán acreditados al 31 de diciembre de cada año calendario. En
cuanto a los alcances de este complemento, teniendo en cuente que a la fecha ANSES
ha sido condenada con sentencias judiciales firmes en causas en que a trabajadores
se les reconoce el derecho al cobro del adicional por antigüedad equivalente al 2,5%
por año trabajado de la remuneración que percibían cuando revistaban en los
Organismos que precedieron a ANSES y dado que la base de cálculo de dicho
adicional es la misma que la del adicional ‘Reconocimiento Institucional’, se acuerda
que en estos casos el reconocimiento institucional será absorbido por el ‘Adicional por
Antigüedad’”. El detenido análisis de los caracteres de dicha partida permite advertir
que, amén de la denominación que los suscriptores hayan resuelto otorgarle y
eventuales diferencias en la metodología aplicada para su justipreciación, aquélla no
es sino un complemento salarial fundado en la antigüedad que cada dependiente
alcanzó en el empleo, naturaleza coparticipada con el rubro primigeniamente
concedido por las empleadoras primitivas, cuyo abono se persigue mediante las
presentes actuaciones (v. esta Sala, 28/09/12, S.D. 88.125, “Carballo, José Luis y otros
c/ Administración Nacional de la Seguridad Social s/ Diferencias de Salarios”, entre
muchos otros; también en similar sentido: CNAT, Sala V, 11/11/11, S.D. 73.596,
“Honorato, Edgardo Omar y otros c/ Administración Nacional de Seguridad Social
ANSES s/ Diferencias de salarios, voto de la Dra. García Margalejo; íd. Sala IV,
28/06/19, S.D. 106.143, “Ramírez, Gladys Beatriz y otros c/ Administración Nacional de
Seguridad Social (ANSES) s/ Diferencias de salarios”).
Las sumas que tales cálculos arrojen llevarán intereses desde su respectiva
exigibilidad y hasta el efectivo pago, con arreglo a las pautas establecidas por esta
Cámara mediante sus Actas nº2783 y n°2784 y Res. nº3. Esto es, vale destacar, que
las acreencias diferidas a condena serán readecuados con arreglo a la tasa “CER”
(Coeficiente de Estabilización de Referencia) reglamentada por el Banco Central de la
República Argentina y, asimismo, devengarán aditamentos conforme una tasa anual
pura del 6%, a contabilizar desde la fecha de exigibilidad del crédito del crédito y hasta
el efectivo pago.
III) A mérito del resultado que sugiero imprimir a la queja bajo estudio y en
función de lo normado por el artículo 279 del Cód. Procesal, corresponde reformular lo
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decidido en materia de costas y honorarios, lo que torna de abstracto tratamiento a los


cuestionamientos vertidos sobre sendos tópicos.
Con arreglo a la solución propuesta, que traduce una inequívoca victoria del
accionante en lo cardinal de la contienda, los gastos causídicos generados en ambas
instancias deben deberán ser soportados íntegramente por la demandada (art. 68 del
Digesto precitado). Por otro lado, con respecto a la cuantía de los aranceles
correspondientes a los profesionales intervinientes en el pleito, resulta prudente diferir
su regulación para la oportunidad procesal en que se determine de manera definitiva y
precisa el monto total de condena, tanto respecto al capital nominal como en cuanto a
sus intereses.
IV) En síntesis, voto por: 1) Revocar el pronunciamiento apelado, admitir la
pretensión deducida por OMAR RAFAEL SIMONETTI contra ADMINISTRACIÓN
NACIONAL DE LA SEGURIDAD SOCIAL (ANSES) y, a mérito de ello, condenar a tal
organismo a pagarle las sumas que resulten de la liquidación que practicará el perito
contador conforme las pautas indicadas en los pertinentes Considerandos, que llevará
los intereses aquí establecidos. 2) Dejar sin efecto lo decidido en materia de costas y
honorarios. 3) Imponer los gastos causídicos de ambas instancias íntegramente a
cargo de la demandada. 4) Diferir la regulación de los honorarios de los profesionales
intervinientes para la oportunidad en que quede determinado el monto total de
condena.

La Doctora Gabriela Alejandra Vázquez dijo:


En lo que resulta materia de disidencia entre mis distinguidos colegas, adhiero
al voto del Dr. Enrique Catani por compartir sus fundamentos y conclusiones.

A mérito de lo que resulta del precedente acuerdo, el TRIBUNAL RESUELVE:


1) Revocar el pronunciamiento apelado, admitir la pretensión deducida por OMAR
RAFAEL SIMONETTI contra ADMINISTRACIÓN NACIONAL DE LA SEGURIDAD
SOCIAL (ANSES) y, a mérito de ello, condenar a tal organismo a pagarle las sumas
que resulten de la liquidación que practicará el perito contador conforme las pautas
indicadas en los pertinentes Considerandos, que llevará los intereses aquí
establecidos. 2) Dejar sin efecto lo decidido en materia de costas y honorarios. 3)
Imponer los gastos causídicos de ambas instancias íntegramente a cargo de la
demandada. 4) Diferir la regulación de los honorarios de los profesionales
intervinientes para la oportunidad en que quede determinado el monto total de
condena.
Regístrese, notifíquese, oportunamente comuníquese (art.4º, Acordada CSJN
nº15/13) y devuélvase.

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