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BIOMAS

Los biomas son grandes comunidades de plantas y animales que comparten condiciones ambientales similares y se agrupan según su vegetación dominante. Su distribución está influenciada por factores climáticos y abióticos, y se organizan en una jerarquía que va desde ecosistemas individuales hasta la biosfera completa. Los biomas terrestres incluyen selvas tropicales, sabanas, desiertos, ecosistemas mediterráneos, bosques caducifolios, estepas, taigas y tundras, mientras que los biomas marinos presentan una zonación menos definida debido a la isotropía del medio acuático.

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BIOMAS

Los biomas son grandes comunidades de plantas y animales que comparten condiciones ambientales similares y se agrupan según su vegetación dominante. Su distribución está influenciada por factores climáticos y abióticos, y se organizan en una jerarquía que va desde ecosistemas individuales hasta la biosfera completa. Los biomas terrestres incluyen selvas tropicales, sabanas, desiertos, ecosistemas mediterráneos, bosques caducifolios, estepas, taigas y tundras, mientras que los biomas marinos presentan una zonación menos definida debido a la isotropía del medio acuático.

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BIOMAS

Las grandes subdivisiones de la biosfera


La cualidad más relevante del ecosistema estriba en su independencia energética, su autarquía,
ya que se conjugan en el marco de esta categoría ecológica todos los eslabones necesarios para
constituir un ciclo energético completo. El ecosistema viene a ocupar entre todas las categorías de
organismos ecológicos un lugar principal porque representa la unidad de convivencia
energéticamente autárquica más pequeña. Por debajo de este lugar en el escalafón no se
encuentran, en consecuencia, combinaciones de organismos y ambientes capacitadas para
desarrollar un ciclo completo de transferencias energéticas. Sin embargo es posible construir, en un
plano abstracto, unidades ecológicas superiores de mayor cuantía. Es así como se agrupan todos los
ecosistemas de estructura y organización semejante bajo el concepto de "bioma", término propuesto
por el ecólogo vegetal norteamericano Clements en 1916.
Un bioma es una comunidad de plantas y animales con formas de vida y condiciones ambientales
similares e incluye varias comunidades y estados de desarrollo. Se nombra por el tipo dominante de
vegetación; sin embargo, el complejo biológico designado bajo el término de bioma engloba también
al conjunto de organismos consumidores y detritívoros del ecosistema. El conjunto de todos los
biomas viene a integrar por último la biosfera.
Los biomas no se distribuyen en forma aleatoria sino, por el contrario, con una cierta regularidad
tanto en el plano horizontal (o mejor dicho, en latitud) como en el vertical (altitud).

Distribución según la latitud - Biomas terrestres


La distribución de los grandes biomas terrestres según la latitud está primeramente condicionada
por la de los climas; los restantes factores abióticos intervienen ya en mucha menor cuantía.
Si caminamos del ecuador a los polos, podremos observar una cierta simetría en el gradiente de
biomas atravesados en cada uno de los dos hemisferios.
Los bosque pluviales tropicales o selvas alcanzan su máxima extensión en el ecuador y
forman una banda casi contínua dentro de la zona intertropical. Son las regiones de la biosfera que
reciben la máxima cantidad de insolación; además el flujo solar es prácticamente constante a lo largo
del año. Las precipitaciones que recibe la selva tropical son superiores a 1,500 mm. Estos bosques
están caracterizados por la predominancia de árboles gigantes con hojas de gran superficie. También
las lianas (plantas trepadoras) y epifitas que crecen sobre troncos y ramas constituyen grupos
dominantes y típicos de estos ecosistemas.
Ningún otro ecosistema terrestre alberga una cantidad de biomasa tan elevada como la selva
tropical. Tanto la densidad de materia viva como la diversidad de especies son máximas en
comparación con el resto de los biomas terrestres. El bosque pluvial tropical alcanza su máxima
extensión en una zona comprendida entre los 10º de latitud N y S.
Si nos alejamos fuera de estos límites, la pluviometría se reduce rápidamente dando lugar a la
aparición de estepas – llamadas sabanas en África y América –, que aunque en principio incluyen
un estrato arbóreo abierto, van haciéndose cada vez más pobres en plantas leñosas a medida que
nos apartamos del ecuador. En las sabanas, el estrato herbáceo de este bioma está formado por
gramíneas que alcanzan a veces más de un metro de altura. En África, la abundancia de las
herbáceas durante la estación húmeda permite la multiplicación de los ungulados de gran tamaño:
cebras, búfalos, antílopes, gacelas y otros herbívoros. La biomasa de los mamíferos llega a alcanzar
valores inigualables: en ninguna región del mundo aparece espontáneamente tal concentración de
grandes mamíferos.
Los desiertos, cuya extensión máxima se establece al nivel de los trópicos, suceden a la sabana
sin transición neta. Vienen caracterizados por las mínimas precipitaciones que reciben, inferiores a
los 200 milímetros/año, y por el elevado grado de aridez, tanto más grande cuanto menores y más
irregulares son las lluvias: en las zonas hiperáridas de la biosfera llega a haber más de doce meses
seguidos sin agua. La cubierta vegetal es escasísima y está constituida por plantas vivaces leñosas y
xerófilas o por anuales de período vegetativo muy corto. Las partes subterráneas de estos vegetales
están muy desarrolladas como adaptación a la extrema sequía y a la poca variación de temperatura.
La biomasa es, por consiguiente, muy pequeña, igual o inferior a unas 20 toneladas/hectárea, y
pobre la diversidad de especies.
Más allá de los 30º de latitud la pluviometría vuelve de nuevo a ascender, de forma que las
comunidades se diversifican y su biomasa vuelve otra vez a ser considerable.
Los ecosistemas mediterráneos, muy variados y complejos, corresponden a zonas templado-
cálidas caracterizadas por un período más o menos largo (que supera en ocasiones los cuatro
meses) de sequía estival. Las precipitaciones, a menudo torrenciales, se distribuyen principalmente
durante los equinoccios de primavera y otoño. Aparecen estos biomas en ambos hemisferios entre
los 30º y 50º de latitud, principalmente en torno al mar Mediterráneo, desde Marruecos y la Península
Ibérica hasta el Cáucaso, pero también en otras regiones del mundo como Australia, Chile y en el
Oeste de Estados Unidos.
Las formaciones potenciales de estos ecosistemas son los bosques esclerófilos (con
dominancia de especies vegetales con hojas perennes duras y gruesas como los géneros Quercus y
Eucalyptus), aunque en algunas ocasiones lo son de bosques perennifolios de coníferas. El
hombre ha favorecido esta última formación ampliando notablemente los pinares en la región
mediterránea. Cuando el bosque esclerófilo se degrada se transforma generalmente en formaciones
arbustivas (chaparrales, maquis o garrigas) de carácter xeromorfo.
Las regiones templadas, situadas en latitudes medias, están ocupadas fundamentalmente por
dos biomas. En primer lugar, en aquellas regiones con abundante pluviometría los inmensos
ecosistemas forestales que allí se establecen están caracterizados por la presencia de especies de
hoja caduca.
Este bioma de los bosques caducifolios templados cubría antiguamente toda la Europa
templada (incluso la parte meridional de Escandinavia) desde el Atlántico hasta la vertiente siberiana
del Ural, China septentrional y central y las regiones del continente norteamericano situadas al este
desde el meridiano 100 hasta la latitud de Saint-Laurent. Estos ecosistemas son, por el contrario,
casi inexistentes en el hemisferio sur (salvo en Australia y Nueva Zelanda), debido a la escasez de
tierras emergidas más allá del paralelo 40º S.
En Europa este bioma está representado por bosques de robles y hayas, según las variaciones
locales en humedad atmosférica, dentro de los que se encuentran otras especies menos abundantes
como tilos y arces. El bosque caducifolio templado, de diversidad de especies bastante elevada,
posee una clara estratificación arbustiva y herbácea. Las especies que componen estos estratos
poseen cortos períodos vegetativos y están adaptadas a las particulares condiciones del subsuelo
del bosque que permanece sometido a una intensa penumbra desde el comienzo de la estación
cálida por la rápida e intensa entrada en foliación de las especies arbóreas.
El bosque caducifolio templado alberga una importante biomasa que, no obstante, es inferior a la
de los biomas tropicales. El robledal puede llegar a tener más de 400 toneladas en materia viva por
hectárea, mientras que la selva tropical supera las 500 toneladas/hectárea.
En las zonas templadas en que las precipitaciones son insuficientes para permitir el desarrollo de
los árboles, en lugar de bosques aparecen enormes estepas, muy frecuentes en el hemisferio
boreal. La «pradera» norteamericana es un buen ejemplo de este bioma, caracterizado por la
predominancia del estrato herbáceo de gramíneas.
Los suelos de las estepas presentan grandes diferencias con los de los bosques templados
establecidos en análogas latitudes y sobre unos mismos substratos geológicos. Son mucho más
ricos en humus que los suelos forestales equivalentes; en efecto, por causa de la brevedad del ciclo
vegetativo de las plantas herbáceas, se produce una importante acumulación de materia orgánica, de
tal forma que la humificación es más fuerte que la mineralización. Además, y en razón del clima, la
evaporación es superior a la pluviometría, lo que se traduce en una ausencia de lixiviación y en una
acumulación de sales minerales – particularmente de calcio y potasio – en las capas superficiales.
No es raro por consiguiente, que ciertos suelos de estepa como los chernozem (tierras negras de
Europa oriental Y América del Norte) figuren entre los más fértiles del globo.
Las estepas de las zonas templadas, antaño pobladas por grandes herbívoros, han sido desde
hace mucho tiempo utilizadas por el hombre para el pastoreo o para el cultivo de cereales en
aquellas zonas en las que la pluviometría lo hacía posible. La sobreexplotación de estas regiones
estépicas ha conducido hacia la degradación irreversible de estos ecosistemas y a su transformación
en desiertos.
La taiga o bosque boreal (subárctico) de coníferas es uno de los más importantes biomas del
hemisferio norte. Cubre el escudo siberocanadiense a lo largo de una docena de millones de
kilómetros cuadrados, extendiéndose aproximadamente entre los 45º y 57º de latitud norte. No
obstante, sobrepasa localmente el círculo polar en Alaska, en Siberia y en Escandinavia.
El bosque boreal de coníferas se establece en unas regiones en las que las precipitaciones son
bastante débiles (entre 400 y 700 mm), pero distribuidas a lo largo de todo el año, con un máximo
estival. A causa de las condiciones climatológicas y de la cubierta vegetal, los suelos boreales, en
permanente lixiviación, son de pH ácido y pobres en cationes, sobre todo en los horizontes
superiores del suelo, en los que se acumula la materia orgánica. La diversidad de especies de este
bioma es bastante reducida y su biomasa, inferior a la de otros sistemas forestales, aunque no
obstante alcanza las 250 toneladas/hectárea.
La tundra es el bioma que ocupa las regiones comprendidas entre el límite natural de los árboles
hacia los polos y las zonas parabiosféricas árcticas y antárcticas. Su distribución es casi enteramente
boreal por causa de la ya comentada escasez de tierras emergentes entre el paralelo 45 y la
Antártida, en el hemisferio austral. Ocupa sobre todo territorios situados más allá del círculo polar en
el antiguo continente, pero desciende por bajo de los 60º N en Alaska y Labrador.
La tundra está formada por un mosaico de ecosistemas cuya composición botánica está
condicionada por factores edáficos y climáticos. La brevedad de la estación vegetativa (sesenta días
de media) y la parquedad de las temperaturas estivales (siempre por debajo de 10º C) constituyen
sus principales factores limitantes. A causa de la gran duración del período invernal y del rigor de las
temperaturas, el suelo de la tundra (permafrost) está helado permanentemente en profundidad, sólo
unos cuantos decímetros de las capas superficiales pueden deshelarse durante el exiguo verano.
Esta estructura y génesis edáfica impide el drenaje de las aguas superficiales y origina formaciones
particulares de estas regiones árcticas como los suelos poligonales.
La composición florística de los ecosistemas es poco diversificada, y varía localmente según la
latitud, las precipitaciones y otros factores ecológicos. Las plantas arbustivas (brezos, sauces y
abedules enanos) aparecen en las zonas menos septentrionales y frías. En otras situaciones son
plantas herbáceas – gramíneas y Carex principalmente – y criptógamas – como los líquenes del
género Cladonia – los que se establecen y sirven de alimento a los herbívoros (renos y caribús). La
biomasa es pequeña, del orden de 30 toneladas/hectárea, es decir apenas superior a la de los
desiertos. Como en éstos últimos, aunque por causas climatológicas muy distintas, el estrato
subterráneo es muy importante.
Biomas marinos
A pesar de que la zonación en latitud de los biomas se presenta como algo claramente definido
cuando se estudia su distribución sobre la superficie de los continentes e islas, no ocurre lo mismo
con lo que respecta al estudio de la hidrosfera.
A causa de la isotropía del medio acuático, los factores físico-químicos varían mucho menos y de
forma más lenta que en el medio terrestre. Los fenómenos de convección y difusión de sustancias
solubles, junto con las corrientes marinas, aseguran una cierta uniformización de los factores
abióticos, lo que limita el número de hábitats posibles y hace difícil la distinción de biomas. Los
oceanógrafos no utilizan desde luego este término. Las variaciones climáticas tienen menor amplitud
en la hidrosfera que en los ecosistemas terrestres, lo que también hace aleatoria la existencia de una
zonación neta en latitud de las biomasas de las diversas comunidades oceánicas.
Tan sólo algunas biocenosis presentan zonación latitudinal. Este es el caso de los arrecifes de
coral para cuyo desarrollo se necesitan temperaturas altas en el agua, superiores a los 20º C, lo que
justifica la estricta localización de las madréporas en la zona intertropical. También las biocenosis
circumpolares están localizadas en latitud y caracterizadas por especies adaptadas a las aguas frías.
Realmente, al mismo nivel que la luminosidad y más todavía que el de la temperatura, la
concentración en fosfatos y nitratos del agua marina, constituyen un factor limitante primordial para el
desarrollo de las biocenosis oceánicas. Esto ocurre también en los ecosistemas lacustres:
estanques, lagos, etc. El papel esencial que estos elementos minerales juegan puede intiurse sin
más que citar el suceso, aparentemente paradójico, de que los mares árcticos y antárcticos, a pesar
de sus bajas temperaturas, tienen las biomasas más elevadas entre las que pueden encontrarse en
la hidrosfera. La explicación es bien simple: la fusión del hielo en primavera engendra corrientes de
superficie que provocan indirectamente la ascensión de aguas profundas cargadas de bioelementos.
Como resultado inmediato se produce una increíble proliferación fitoplanctónica desde los primeros
momentos de la estación favorable, y junto con ella la aparición de numerosos vertebrados e
invertebrados atraídos por las óptimas condiciones creadas para su nutrición.
En términos generales, las mayores concentraciones de materia viva y las biocenosis más ricas
se encuentran al nivel de la plataforma continental cualquiera que sea su latitud. Estas zonas están
siempre próximas a la desembocadura de los ríos que descargan en ellas los nutrientes y
sedimentos extraídos y transportados, lo que implica un importante flujo de fósforo y nitrógeno. Por
eso no es sorprendente el que los estuarios y marismas se encuentren, junto con las aguas litorales
polares y los arrecifes de coral, entre las regiones oceánicas de mayor biomasa.
Por el contrario, las aguas azules tropicales, muy pobres en bioelementos, son casi desérticas y
albergan una débil biomasa, a pesar de la considerable diversidad de sus biocenosis.
Zonación en altitud: En función de la altitud, la zonación de la biosfera está todavía más definida
que en latitud. Desde el fondo de las profundidades oceánicas hasta la cima de las más altas
montañas, presenta una sucesión de medios muy diferentes.
El dominio oceánico se extiende desde las fosas más profundas (aproximadamente 11,000 m)
hasta la cota 0 (superficie de los mares). La profundidad media es de 3,800 metros. La existencia de
una plataforma continental, delimitada por una brusca ruptura de la pendiente (talud continental)
situada hacia los -200 metros permite distinguir: una provincia nerítica, con concentraciones en
bioelementos muy variables según los aportes fluviales y otros factores, y una provincia oceánica,
más alejada de las costas, con aguas de gran constancia fisioquímica y con profundidades por
encima de los 200 metros. Esta última ocupa una superficie igual a los 9/10 de la oceánica total.
Más importante es todavía la distinción entre zonas eufótica y disfótica:
1. La zona eufótica corresponde a la región en la que penetra la luz y en la que por
consiguiente es posible la fotosíntesis. Todos los organismos autótrofos (algas y fitoplancton)
se concentran en estas aguas que no sobrepasan generalmente los 100 metros de
profundidad, tanto en los océanos como en los lagos continentales más transparentes. Tan
sólo pues una pequeña capa superficial es responsable de toda la producción primaria del
medio acuático.
2. La zona disfótica, que se extiende por debajo de los 100 metros está caracterizada por una
permanente oscuridad y desprovista por tanto de organismos autótrofos. Los heterótrofos –
principalmente invertebrados – se nutren a expensas de la materia orgánica sintetizada por
los productores de las capas superficiales, que alcanza estas profundidades en forma de
cadáveres y restos de la excreción de los organismos de la zona eufótica, en perpetua
sedimentación hacia los fondos abisales.
La zonación vertical de las biocenosis terrestres aparece muy netamente en las regiones
continentales de relieve acusado. Desde muchos puntos de vista, la distribución en altitud de las
comunidades ecológicas es muy parecida a la distribución latitudinal de los principales biomas. La
extensión vertical máxima de la biosfera se alcanza en las regiones ecuatoriales y disminuye
progresivamente hasta el nivel del mar en las zonas polares.
El límite superior de los vegetales fotosintéticos está situado entorno a los 6,000 metros de
altitud. Por encima de este nival entramos en la región de nieves eternas. Para los humanos, el límite
superior de su hábitat se sitúa en la región de las praderas alpinas, a 5,200 metros de altura (en los
Andes). La pradera alpina es una tundra de montaña, desprovista de árboles; está ocupada por
hierbas o sufrútices (=plantas semejantes a arbustos, generalmente pequeñas y solo lignificadas en
la base) de porte almohadillado. Las especies vegetales que allí se establecen están adaptadas a las
particulares condiciones climáticas reinantes (gran insolación, variaciones térmicas de marcada
amplitud, menor presión atmosférica, etc.).
El límite superior de los bosques se encuentra a 4,500 metros, aunque realmente éstos
raramente superan los 4,000 metros, incluso en las regiones ecuatoriales. La actividad agrícola
tampoco es posible por encima de los 4,500 metros, ni siquiera en las zonas tropicales. La altitud
media de los continentes – 875 m – corresponde pues con la zona de desarrollo óptimo de bosques,
praderas y cultivos, ecosistemas éstos de importancia relativa en función de la región considerada.
Biomas
Argentinos

ESTEPAS Y PASTIZALES PAMPEANOS: Este bioma se extiende entre los 33° y 39° de latitud sur,
abarcando casi la totalidad de la provincia de Buenos Aires, noreste de la Pampa, sur de Córdoba,
Santa Fe y Entre Ríos. Su aspecto es el de una extensa llanura con ondulaciones en el noreste e
interrumpida en el sur por los sistemas montañosos de Tandil y Ventania. Esta planicie está
salpicada de lagunas, bañados y cañadones.
El clima es templado con una temperatura media anual de 15°c, las precipitaciones varían entre los
900 u 1000 mm anuales en el noroeste, y disminuyen a 400mm hacia el oeste y el [Link] planicie
está cubierta por un tapiz herbáceo que forma praderas naturales especialmente en primavera y
otoño. Estos pastos sirven de alimento al ganado vacuno. Estas praderas naturales crecen sobre un
suelo de color oscuro con gran contenido de materia orgánica y adecua capacidad de agua.
La vegetación natural sufrió una profunda transformación por acción del hombre a través de los
cultivos, del pastoreo y la instalación de las ciudades. El paisaje natural se fue transformando en un
paisaje humano. Esta es la razón por la cuál el guanaco y el ciervo de las pampas se encuentra
prácticamente extinguidos. El paisaje predominante es el de los campos cultivados, árboles
introducidos por el hombre y vacunos pasteando. La fauna original es escasa y está representada
por liebres, vizcachas, comadrejas, zorros, zorrinos y pumas. Algunas de las aves son: el ñandú, el
chajá, flamencos, perdices, chimangos, halcones y lechuzas. Esta zona se convirtió en la región
agrícola, ganadera por excelencia de nuestro país.
ESPINAL Y PARQUE MESOPOTÁMICO: Abarcando el centro de Santa Fe, Córdoba, San Luis y
Pampa en un clima templado con lluvias de 400 a 700mm aparecen los bosques de algarrobo,
chañares, talas y caldenes que han sido fuertemente talados para la obtención de madera utilizada
en la fabricación de postes, muebles y como combustible. Esta vegetación está acompañada de
gatos del pajonal, pumas, lechucitas de las vizcacheras, armadillo, ñandúes y vizcachas. También
hay reptiles como la yarará y el lagarto overo. En Corrientes y Entre Ríos con un clima subtropical sin
estación seca, en un relieve apenas ondulado o plano que desarrolla una pendiente hacia el Paraná,
aparecen los pastizales íntimamente asociados con palmeras (yatay y caranday, talares y ceivos).
Esta vegetación brinda refugio a alimento a una variedad de especies de insectos, reptiles, aves
típicas como el pájaro carpintero blanco y real y felinos como el gato montés. Los bosque se realzan
hacia las zonas bajas confundiéndose con los pajonales que es la vegetación característica de los
suelos inundables. Son conocidos por su singular belleza, los esteros del Iberá en Corrientes, que
constituye una gran cubeta con lagunas en el centro, rodeada de vegetación hidrófila.
A orillas de los ríos se forman las selvas en galerías donde abundan el laurel, el arrayán del norte,
llanas y enredaderas, acompañada de la urraca, carpinchos, coipos, yacarés ñato y papagayos. En
las zonas de menor caudal de agua se encuentran vegetales como el espinillo, ñandubay, tala molle
y pasionaria. Otras especies de esta bioma son: flamencos, calandrias, zorzales, chajaes, cigüeña,
mojarras, patíes y dorado.
DESIERTO ANTARTICO: Comprende las tierras del continente Antártico y las islas del Atlántico
comprendidas dentro del sector Antártico. El clima es frío nival, con temperaturas medias inferiores a
0 grados centígrados, con fuertes vientos que arrastran nieve pulverizada. Estas características
climáticas sumadas a un suelo rocoso, cubierto permanentemente de hielo, hacen que la vida vegetal
y animal sea posible en las costas y en el mar. No existen árboles, ni arbustos, solo musgos en los
lugares más húmedos, algas y pequeñas plantas herbáceas. Los líquenes se adhieren a las rocas y
le dan color al paisaje con sus tonalidades rojizas, azuladas y amarillas. La vida animal es
prácticamente inexistente. En las costas y en el mar el panorama cambia notablemente, la flora está
integrada por algas que forman el fitoplancton, acompañado por el krill. Entre las aves se destacan
pingüinos, cormoranes, gaviotas y petreles, hay otras especies como lobos marinos, focas, elefantes
marinos, orcas y ballenas.
SELVA TUCUMANO SALTEÑA: La presencia de las sierras subandinas determina variaciones de la
temperatura y humedad, razón por la cual la vegetación varía con la altura. Estas condiciones
permiten el desarrollo de una selva enmarcada dentro de un clima cálido y húmedo, que recibe el
nombre de selva nublada y subtropical o nubiselva. Las diferencias de altitud y relieve determinan
contrastes entre puntos cercanos. En la base de esta selva se encuentran el palo blanco, el palo
amarillo, el quebracho y el laurel, la tipa, acompañado de las epífitas.
A mayores alturas y debido a las bajas temperaturas desaparecen las especies arbóreas para dar
paso a las gramíneas que forman los pastizales de altura. Esta selva del norte del país ofrece
recursos naturales como maderas duras para la construcción, maderas para la obtención de leña y
carbón vegetal, gomas, resinas y tanino obtenidos a partir del quebracho. Son muy explotados
especies como el quebracho colorado chaqueño, santiagueño y quebracho blanco el algarrobo, el
lapacho negro y el urunday. A estos beneficios que ofrecen las selvas y bosques hay que sumarle la
función de las raíces que mantienen unidas las partículas del suelo evitando que sea erosionada por
el agua y el viento, además permiten que el agua de lluvia se infiltre a mayores profundidades,
evitando las inundaciones. Además encierran importantes recursos biológicos y genéticos para
obtener drogas a partir de las cuales pueden elaborarse nuevos medicamentos y para la obtención
de nuevas variedades de plantas para la producción de alimentos. La fauna de esta selva es similar
en especies y distribución a la de la selva misionera. Esta última esta determinada por los distintos
estratos de vegetación presentes. La vida animal es abundante sobre los arboles con la presencia de
aves y monos. Las aves están representadas por el Tangará, la urraca azul, papagayos, loros y
tucanes. Otro animal típico del estrato arbóreo es el perezoso que pasa el día colgado de las ramas.
Muchos depredadores como el tapir, el pecarí, el aguatí y los venados, el hurón, el puma y el zorro
colorado hacen presa de los pobladores de la selva. A gran altura sobrevuelan aves carroñeras como
el jote negro. Están acompañados de boas, yarará, lagartijas y una considerable población de
invertebrados, mariposas, mosquitos, alacranes, caracoles.
BOSQUES ANDINO PATAGÓNICOS : A lo largo de los Andes Patagónicos Fueguinos, en una
extensión de unos 2000 km. De ancho, en un clima frío y húmedo, una temperatura media anual de
alrededor de 7° C, crecen los bosques patagónicos desde Neuquén hasta Tierra del fuego.
Las precipitaciones oscilan entre los 800 y 3500 mm. Anuales, con un máximo durante el invierno en
el norte y distribuidas regularmente durante todo el año en el sector sur. Estos bosques crecen sobre
suelo fértil e interrumpido por ríos y lagos de gran belleza natural, cuyas aguas se utilizan para el
riego y la instalación de represas hidroeléctricas. El increíble y hermosos paisaje que ofrece esta
región es aprovechado para el desarrollo del turismo, ya que presenta cordones montañosos con
picos nevados, lagos de agua profunda y cristalina, cascadas, saltos, glaciares de indescriptible
belleza que son visitados anualmente por turistas de todo el mundo. Existen además, aguas termales
ricas en minerales que permiten curar o aliviar diferentes enfermedades. La vegetación varía con la
latitud y la posición topográfica. En el sotobosque se desarrollan matorrales de caña colihue, plantas
parásitas y trepadoras, musgos, líquenes, helechos y hongos. En el norte de este bioma crece el
pehuén o araucaria de 40 m de altura que posee un tronco semejante a una columna y copa en
forma de parasol. Otras especies que se destacan son las lengas, el ñire, el alerce, los arrayanes,
robles, raulíes y [Link]ísticas de tierra del Fuego son las turberas (antiguas lagunas con
vegetación acuática y palustre que se han descompuesto hasta formar la turba que se utiliza como
combustible en los hogares). Estos bosques ofrecen recursos forestales, forrajeros, biodiversidad y
protección de suelos y vertientes. La fauna es de menor diversidad que la de otros bosques del país.
Entre los mamíferos se destacan el huemul y el pudú o ciervo enano. Los carnívoros representados
son el zorro colorado y el puma. Entre las aves se puede mencionar a las avutardas, los halcones,
las águilas y el cóndor. El hombre introdujo en este ambiente especies vegetales y animales exóticas
como la rosa mosqueta, la margarita, el ciervo colorado, el visón, el castor y el conejo europeo. La
mayoría de estas especies exóticas se adaptaron con facilidad y al no encontrar enemigos naturales
se reprodujeron vertiginosamente causando daños en el ecosistema y desplazando a las especies
autóctonas. La fauna marina es abundante. La representan los lobos marinos, toninas, delfines y
varias especies de ballenas declaradas en peligro de extinción. El pingüino es una de las aves
representativas. Este bioma es el que cuenta con mayor cantidad de Parques Nacionales,
caracterizados por su singular belleza: Parque Nacional Lanín, Parque Nacional Nahuel Huapí,
Parque Nacional Puelo, Parque Nacional Los Alerces, Parque Nacional Perito Moreno, Parque
Nacional Los Glaciares, Parque Nacional Tierra del Fuego.
La región insular (Islas Malvinas), se caracteriza por un suelo que permanece helado la mayor parte
del año, por lo cual las plantas disponen de poco agua. Esto determina una vegetación pobre, de
arbustos, musgos y líquenes, faltando las especies arbóreas.
LA SELVA MISIONERA: Exuberante y majestuosa, la selva misionera abarca la provincia de
misiones sobre una meseta ligeramente abovedada en la parte central que alcanza alturas de 800
metros sobre el nivel del mar, con un suelo de color rojizo con materia orgánica que forma un mantillo
de hasta 30 centímetros de espesor que actúa como una esponja que retiene el agua y los
minerales. De allí las absorben las plantas ubicadas cerca de la superficie y no del suelo que es
pobre en humus. Llueve aproximadamente 2000 mm anuales. Se distinguen 6 estratos o pisos
entretejidos por lianas y epífitas (orquídea, clavel del aire, caraguatá).Se distinguen el lapacho negro,
cedro misionero, palo rosa, petibirí, la palmera pindó, yerba mate, etc. Entre las plantas mas bajas se
pueden mencionar cañaverales, ortigas, helechos, begonias, hongos, musgos y líquenes
DESIERTO ANDINO: Caracterizado por la sequedad, el frío y los fuertes viento, esta bioma se
extiende en la zona de alta montaña desde Jujuy hasta Neuquén. Esta rigurosidad esta acentuada
por suelos pobres, escasez de agua, marcada diferencias entre el día y la noche, precipitaciones de
nieve o granizo. En su parte norte incluye a una extensa región llamada puna a unos [Link] el
nivel del mar. Las características ambientales dificultan la práctica de la agricultura.
La radiación solar es muy intensa y aprovechada para la obtención de energía eléctrica, utilizando las
llamadas células fotovoltáicas que convierten directamente la energía solar en la eléctrica. Las
entrañas de estas tierras contienen minerales como el azufre, plata, zinc, plomo, estaño y cobre.
Las comunidades vegetales son la estepa arbustiva y la estepa herbácea. La primera está integrada
por arbustos como los tolares, la queñoa, el cardón, las gramíneas de la estepa herbácea forman
matas circulares o semicirculares, de pastos duros. En otros lugares el suelo queda prácticamente
desnudo. Toda la vegetación está adaptada a la escasez de agua: poseen hojas de pequeño
tamaño, cubiertas de una capa de cera, o bien transformadas en espinas.
Fauna Representativa: Se destacan los camélidos sudamericanos como el guanaco, la llama, la
alpaca, y la vicuña que ofrecen excelentes lanas, gatos monteses, zorros, zorrinos, hurón, puma.
Entre los roedores, la Chinchilla cuya valiosa piel la hizo vulnerable a la persecución humana que la
llevó prácticamente a la extinción, y el tuco, tuco, que a semejanza a los cuises tienen la costumbre
de elevar el cuerpo para y mirar a su alrededor. Ante el descubrimiento de un depredador, se
esconden con rapidez en sus cuevas cavadas en el suelo. Están representados los reptiles y
batracios a través de víboras, lagartijas y sapos. En especial las altas cumbres (entre 3000m y 500 m
de altura) refugian al símbolo de la cordillera: El cóndor que suele cargar con la mala reputación de
cazador y ladrón de ganado. Es un ave carroñera, es decir se alimenta de cadáveres de animales
domésticos, guanacos, y vicuñas. Además del cóndor, se pueden mencionar a otras aves tales como
ñandúes petisos, pájaros mineros, bandurrias y gavilanes.
PARQUE CHAQUEÑO: Esta región se extiende hacia el este, abarcando una importante parte del
centro norte del país. Se asienta sobre una llanura con escasas pendientes hacia el sureste. Las
precipitaciones disminuyen desde unos 1000 mm anuales, en el este, a 700 mm en el oeste. El clima
es cálido y húmedo en la región oriental y cálido y seco en la occidental. La vegetación con mayor
diversidad se presenta hacia el este bajo la forma de parques y sabanas con algunas especies
arbóreas y un estrato arbustivo y herbáceo. Se distinguen el quebracho colorado cuyo nombre
significa " quiebra hacha" y alude a la dureza de su madera, el quebracho blanco, el urunday, el
algarrobo blanco, y negro, palos borrachos, tunas, cardones, y bosquecillos de [Link] cuanto a la
fauna, es posible encontrar en ambas regiones aves como el ñandú, tucán, el carancho, chimangos,
y garzas. Los mamíferos como pumas, zorros, mulitas, yaguareté, venados, tapires, monos, y osos
hormiguero. Hay abundancia de reptiles e invertebrados como moscas, mosquitos, vinchucas,
hormigas, arañas. El paisaje de este bioma suele estar sembrado de termiteros llamados "tacurúes"
que pueden alcanzar hasta un metro y medio de altura situados a orillas de los caminos y albergando
a hormigas llamadas termitas.
Es propio de esta región el aguará guazú o lobo de crin, prácticamente extinguido debido a la
persecución deportiva para el hombre.
ESTEPA PATAGÓNICA: Abarca el centro de Neuquén, centro sur de Río Negro y casi la totalidad de
Chubut, Santa Cruz y norte de Tierra del Fuego, exceptuando la franja cordillerana. El clima árido y
frío, con temperaturas media anuales por debajo de los [Link] marcadas las amplitudes térmicas y
frecuentes las heladas. A pesar de este clima adverso, el hombre cultiva bajo riesgo especies frutales
como la manzana y la pera, llamadas frutas Criófilas amigas del Frío).
Esta región ofrece recursos energéticos como el petróleo, gas, y carbón y también minerales: el
hierro, el uranio y la alumita. La presencia de ríos y vientos de hasta 100km/h hacen posible la
obtención de la electricidad a partir de la energía del agua y del viento.
El suelo arenoso, en parte pedregoso, con escasa cantidad de materia orgánica y nitrógeno, sin
defensa contra los rayos solares y los fuertes vientos, arraiga una vegetación arbustiva sumamente
pobre y raquítica, muy adaptada a las condiciones adversas: arbustos bajos de ramas cortas y hojas
pequeñas, duras o espinosa, con raíces muy desarrolladas para afirmarse y contrarrestar la potencia
del viento. Todas las especies aparecen agrupadas, compactas y apretadas formando una superficie
dura, uniforme y muy próximas al suelo. Por ejemplo, la llareta que forma una masa compacta,
hemisférica y dura que parece a un cojín. El Coirón de hojas duras y punzantes, que forman matas
bajas y compactas. El neneo que también forma cojines y es buscado por los herbívoros. La mata
negra es un arbusto de un metro o dos de altura con hojas pequeñas, oscuras y sin espinas, bajo el
cuál se refugian los animales.
En la región occidental de esta bioma que es más húmeda, existen praderas con pastos tiernos, que
son el principal alimento del ganado ovino criado por el hombre en este lugar de la Argentina. Como
la oferta de la biomasa vegetal es muy restringida, lo es también la de los animales, entre los que se
destacan herbívoros como el guanaco y mara o liebre patagónica, sus predadores, el zorro gris, el
gato del los pajonales y el puma. Las aves están representadas por las martinetas, el ñandú petiso o
choique enano, las perdices, y biguás. En las costas: lobos marinos, elefantes marinos, y pingüinos.
MONTE: Este bioma ocupa una extensa zona caracterizada por la aridez y temperaturas media
anuales de aproximadamente 18°c, en el sector norte descienden a 15°c y a 12°c en el sector sur.
Se dispone en una ancha franja, paralela a la Cordillera de los Andes, que desde el sur de Salta llega
a Neuquén y luego hacia el este hasta encontrar con la costa atlántica.
El clima es templado o cálido y seco, las lluvias disminuyen de 700 mm a 200 mm de este a oeste.
Su escasez se debe a la presencia de la cordillera que detiene los vientos húmedos del pacífico y de
las sierras Pampeanas, los provenientes del atlántico.
Son frecuentes las heladas, las amplitudes térmicas diarias bien marcadas que junto a la falta de
agua y a la presencia de suelo poco fértiles dificultan la práctica de la agricultura por la parte del
hombre sin embargo a través del riego artificial se cultivan olivos, nogales y vid.
En el sector norte el paisaje está conformado por cordones serranos, piedemontes, depresiones
intermontañas que encierran arenales, barreales y salinas de las cuales, el hombre extrae la sal
común. Estas sierras ofrecen minerales tales como el oro, uranio, el cobre, y rocas que se utilizan en
la construcción: calizas, Mármoles, yeso, granito, canto rodado y arena. En el sector sur comienza el
predominio de la meseta: el recurso natural mas importante es el petróleo en Mendoza y Neuquén.
La vegetación se presenta bajo la forma de arbustos con tendencia a crecer en forma aislada. Los
árboles crecen en zonas donde las napas de agua son poco profundas. Entre las especies arbóreas
figuran el maitén, el sauce criollo y el algarrobo. Hay lugares desuelo desnudos y erosionados.
Los frutos del algarrobo poseen una pulpa azucarada que sirven de alimento al hombre que los utiliza
también para preparar una bebida alcohólica llamada: " la chicha". La madera de este árbol se utiliza
en la construcción. Los frutos son también consumidos por los animales para calmar la sed. Toda la
vegetación tiene marcadas características xerófilas: pocas hojas, presencia de espinas, epidermis
cerificadas, acumulación de agua y ciclos de crecimientos lentos. Son especies típicas del bioma, la
sombra de toro, el chañar, el caldén, los espinillos, el mistol, la jarilla y la retama. Son también
características las plantas suculentas como los cactus, tunas y cardones. La fauna está representada
por animales corredores que se ocultan en cuevas hechas en el suelo, de pelaje grisáceo que
armonizan con el paisaje. Entre ellos el peludo, el pichiciego, la mara, la vizcacha y el cuis. La
abundancia de estos herbívoros determina la presencia de consumidores tales como el gato montés,
el puma, el zorro, la boa y la yarará. Las aves están representadas por el aguilucho, el águila mora,
el halcón, loros, calandrias y jilgueros.

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