Tema 4: Descartes - El cogito y el criterio de verdad
La filosofía de René Descartes surge de la preocupación por encontrar una verdad absolutamente segura que sirva
como base firme para todas las ciencias. En el contexto del siglo XVII, marcado por la crisis de la escolástica y el
auge del escepticismo moderno, Descartes busca un nuevo fundamento filosófico capaz de garantizar la certeza
del conocimiento. Educado por los jesuitas en el colegio de La Flèche, recibió una formación escolástica basada en
la autoridad y la tradición, pero pronto consideró insuficiente este modelo porque no ofrecía verdades
completamente seguras.
Descartes quería construir un saber sólido, parecido al de las matemáticas, donde todo se dedujera con orden y
necesidad. Por eso, en su obra Discurso del método, propone un método basado en la evidencia racional y no en la
autoridad, rompiendo así con la filosofía escolástica. La certeza se convierte en el objetivo principal de su
pensamiento, y este nuevo fundamento debía apoyarse únicamente en la razón.
Para alcanzar esa primera verdad segura utiliza la duda metódica, que no es un escepticismo definitivo, sino un
procedimiento provisional, universal y racional. Este método se basa en cuatro reglas fundamentales. La regla de
evidencia consiste en aceptar únicamente aquello que se presente de forma clara y distinta; la regla de análisis
exige dividir los problemas en partes más simples; la regla de síntesis consiste en avanzar desde lo simple hasta lo
complejo; y la regla de enumeración obliga a revisar cuidadosamente todo el proceso para no omitir nada.
Aplicando este método, Descartes decide dudar de todo aquello que pueda ponerse en cuestión: de los sentidos,
porque a veces engañan; de la diferencia entre vigilia y sueño, ya que no siempre podemos distinguirlos
claramente; e incluso de la razón, mediante la hipótesis del genio maligno, un ser poderoso capaz de inducirnos al
error incluso en las matemáticas. De este modo, la duda cartesiana alcanza un carácter radical.
Sin embargo, al dudar de todo descubre algo imposible de negar: si dudo, estoy pensando; y si pienso, existo. De
aquí surge la famosa afirmación “pienso, luego existo” (cogito ergo sum). El cogito no es un razonamiento
deductivo, sino una intuición intelectual inmediata, una verdad evidente que no necesita demostración. Esta
certeza se convierte en el fundamento inconcuso y en el punto de partida de toda la filosofía moderna. Además,
marca el giro epistemológico hacia el sujeto, situando al yo pensante como fundamento de toda certeza.
A partir de esta primera verdad, Descartes establece su criterio de verdad: todo lo que se percibe con claridad y
distinción es verdadero. La claridad implica presencia y evidencia inmediata, mientras que la distinción supone la
separación precisa respecto a otras ideas. Para Descartes, la evidencia implica indubitabilidad, es decir, aquello de
lo que no puede dudarse debe ser necesariamente verdadero.
En su metafísica, Descartes defiende la existencia de tres sustancias o realidades fundamentales: el yo, el mundo y
Dios. Cada sustancia posee un atributo esencial y diferentes modos o cualidades cambiantes:
- La sustancia pensante (res cogitans) tiene como atributo esencial el pensamiento
- La sustancia extensa (res extensa), correspondiente al mundo material, posee como atributo la extensión
- La sustancia infinita (res infinita), que es Dios, tiene como atributo esencial la infinitud y la perfección.
Finalmente, Descartes intenta demostrar la existencia de Dios mediante varios argumentos racionales. El
argumento ontológico, inspirado en San Anselmo, sostiene que la idea de un ser perfecto implica necesariamente
su existencia, ya que existir es una perfección. El argumento noológico, influido por San Agustín de Hipona, afirma
que la idea de infinito no puede proceder de un ser imperfecto y limitado como el ser humano, sino de un ser
infinito que la haya puesto en nosotros. También reformula la tercera vía tomista, basada en la relación entre lo
contingente y lo necesario, concluyendo que debe existir un ser necesario que explique la existencia de los seres
contingentes.
Dios, como ser perfecto y benevolente, no puede engañarnos. Por ello, garantiza que nuestras ideas claras y
distintas se corresponden con la realidad y permite superar el escepticismo, asegurando tanto las verdades
matemáticas como la existencia del mundo exterior.
En conclusión, el cogito constituye el punto firme sobre el que Descartes construye todo el conocimiento,
mientras que el criterio de claridad y distinción fundamenta el racionalismo moderno. Con ello, inaugura la
filosofía moderna al situar al sujeto pensante como fundamento de toda certeza y del saber filosófico.
- Problemática de la filosofía del autor.
La problemática tratada por Rene Descartes en este fragmento ocupa un lugar central en el racionalismo moderno
y será desarrollada con mayor profundidad en obras posteriores como las Meditaciones metafísicas y los
Principios de la filosofía. Con ello, Descartes sienta las bases de la filosofía moderna al situar al sujeto como punto
de partida del conocimiento.