0% encontró este documento útil (0 votos)
0 vistas6 páginas

23Bjun26

El 23 de junio de 2026, la Iglesia celebra la Natividad de San Juan Bautista, resaltando su papel como precursor de Jesús y su llamado a la conversión. Las lecturas del día, incluyendo pasajes de Jeremías, el Salmo 70 y la primera carta de Pedro, subrayan la importancia de la vocación divina y la transformación que trae la fe en Cristo. La figura de Juan Bautista se destaca como un testigo que prepara el camino para el Señor, enfatizando la necesidad de un corazón abierto a la gracia de Dios.

Cargado por

fraykikeocd
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
0 vistas6 páginas

23Bjun26

El 23 de junio de 2026, la Iglesia celebra la Natividad de San Juan Bautista, resaltando su papel como precursor de Jesús y su llamado a la conversión. Las lecturas del día, incluyendo pasajes de Jeremías, el Salmo 70 y la primera carta de Pedro, subrayan la importancia de la vocación divina y la transformación que trae la fe en Cristo. La figura de Juan Bautista se destaca como un testigo que prepara el camino para el Señor, enfatizando la necesidad de un corazón abierto a la gracia de Dios.

Cargado por

fraykikeocd
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

[Link]

me/lectiodivinadiaria
S A G R A D O

MARTES 23 DE JUNIO DE 2026

Después de las 4:00 p.m.:

NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA Solemnidad // Misa vespertina de la vigilia,


Gloria, lecturas propias, Credo, Prefacio propio.

(La Iglesia celebra gozosa el nacimiento de Juan el Bautista, cuya misión fue dar testimonio
de la luz en el umbral de los tiempos nuevos. Jesús mismo destacó el incomparable papel del
Bautista, cuando dijo: “Entre los hijos de las mujeres no hay ninguno que se pueda
comparar con Juan el Bautista”.)

1ª LECTURA: Jr 1,4-10 Desde antes de formarte en el seno materno, te conozco.

SALMO: Sal 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab.15ab y 17 R/. DESDE EL SENO DE MI MADRE TÚ
ERES MI APOYO.

2ª LECTURA: 1Pe 1,8-12 Los profetas investigaron profundamente la gracia


destinada a ustedes.

EVANGELIO: Lc 1,5-17 Tu mujer te dará un hijo, a quien le pondrás el nombre de Juan.

🖇 ÚNICO TESTIMONIO: SOLO CRISTO

Al fiel testimonio del Bautista en favor de la mesianidad de Jesús correspondió el aval de


Cristo sobre la grandeza sin igual de su precursor: Juan es “el más grande de los profetas”,
y “el mayor entre todos los nacidos de mujer”. Él es un hombre sincero y honesto, que
practica la denuncia del mal, aunque en ello le vaya la vida. Él es un hombre humilde y
sensato, que reconoce que su persona y su anuncio están en función de otro superior a él,
del que él es simple testigo. Una sola frase condensa todo el su mensaje: “Conviértanse,
porque está cerca el Reino de Dios”. A la gente bien dispuesta el Bautista les propone dos
actitudes básicas: amor y justicia.

MISA Y LITURGIA DE LAS HORAS: [Link]


[Link]
C O R A Z Ó N

PRIMERA LECTURA

Desde antes de formarte en el seno materno, te conozco.

Del libro del profeta Jeremías: 1, 4-10

En tiempo de Josías, el Señor me dirigió estas palabras: “Desde antes de formarte en el


seno materno, te conozco; desde antes de que nacieras, te consagré profeta para las
naciones”.
Yo le contesté: “Pero, Señor mío, yo no sé expresarme, porque apenas soy un muchacho”.
El Señor me dijo: “No digas que eres un muchacho, pues irás a donde yo te envíe y dirás
lo que yo te mande. No tengas miedo, porque yo estoy contigo para protegerte, palabra
del Señor.”
El Señor extendió entonces su brazo, con su mano me tocó la boca y me dijo: “Desde hoy
pongo mis palabras en tu boca y te doy autoridad sobre pueblos y reyes, para que
arranques y derribes, para que destruyas y deshagas, para que edifiques y plantes”.

COMENTARIO

Antes de relatar su vocación, Jeremías nos presenta su identidad. Nacido en Anatot, de


familia sacerdotal descendiente de Abiatar, lleva un nombre que significa “Yahveh exalta”.
Sin embargo, más importante que sus orígenes es la historia que Dios va escribiendo en su
vida. Por eso su libro comienza con la expresión “Palabras de Jeremías”, una fórmula que
abarca no sólo sus palabras, sino también sus acciones, sufrimientos y toda su existencia.
En realidad, las palabras de Jeremías son su propia vida puesta al servicio de Dios. La
vocación constituye el eje que da sentido a toda existencia. Jeremías descubre siendo muy
joven que ha sido llamado a ser profeta de las naciones. Esta certeza nace de una profunda
experiencia de encuentro con Dios, una experiencia interior tan real que marcará
definitivamente su destino. Se sabe conocido y amado por el Señor, consagrado para una
misión que había sido pensada desde antes de su nacimiento. Ante semejante llamada,
Jeremías experimenta temor. Se reconoce frágil, tímido e incapaz. Quisiera permanecer
oculto, como un niño que no sabe hablar. Pero Dios le asegura su presencia: “Yo estaré
contigo para salvarte”. Él mismo purifica sus labios, pone sus palabras en su boca y lo
fortalece para cumplir su misión. Desde entonces, Jeremías comprende que deberá
denunciar el pecado, corregir los caminos torcidos y anunciar la verdad de Dios. Tiembla
ante la tarea, pero precisamente ahí se reconoce al auténtico profeta: un hombre débil
sostenido por la fuerza de Dios.

Más comentarios: [Link]


[Link]
D E J E S Ú S

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab.15ab y 17.

R/. DESDE EL SENO DE MI MADRE TÚ ERES MI APOYO.

Señor, tú eres mi esperanza, que no quede yo jamás defraudado. Tú, que eres justo,
ayúdame y defiéndeme; escucha mi oración y ponme a salvo. R/.

Sé para mí un refugio, ciudad fortificada en que me salves. Y pues eres mi auxilio y mi


defensa, líbrame, Señor, de los malvados. R/.

Señor, tú eres mi esperanza; desde mi juventud en ti confío. Desde que estaba en el seno
de mi madre, yo me apoyaba en ti y tú me sostenías. R/.

Yo proclamaré siempre tu justicia y a todas horas, tu misericordia. Me enseñaste a


alabarte desde niño y seguir alabándote es mi orgullo. R/.

COMENTARIO

Por eso, constantemente aparece en los salmos la condición indigente y fugaz del hombre,
reclamando, por contraste, la solidez de Dios. Aparece la fragilidad moral o pecado como
la pobreza humana más radical que, por su propia naturaleza, reclama la presencia
misericordiosa del Señor. Ser pobre consiste fundamentalmente en la carencia de algo:
salud, patria, prestigio, amor, estima... El hambriento es pobre porque necesita de alimento
para sobrevivir. El exiliado es pobre porque le despojaron de una patria. La esposa
abandonada es pobre porque necesita del cónyuge. Al perseguido le falta comprensión, o
justicia, o acogida. Al calumniado le han usurpado el prestigio.

Más comentarios: [Link]

E N V O S

SEGUNDA LECTURA

Los profetas investigaron profundamente la gracia destinada a ustedes.

De la primera carta del apóstol san Pedro: 1, 8-12

Hermanos: Ustedes no han visto a Cristo Jesús y, sin embargo, lo aman; al creer en él
ahora, sin verlo, se llenan de una alegría radiante e indescriptible, seguros de alcanzar la
salvación de sus almas, que es la meta de la fe.
[Link]
Los profetas, cuando predijeron la gracia destinada a ustedes, investigaron también
profundamente acerca de la salvación de ustedes. Ellos trataron de descubrir en qué
tiempo y en qué circunstancias se habrían de verificar las indicaciones que el Espíritu de
Cristo, que moraba en ellos, les había revelado sobre los sufrimientos de Cristo y el
triunfo glorioso que los seguiría. Pero se les dio a conocer que ellos no verían lo que
profetizaban, sino que estaba reservado para nosotros. Todo esto les ha sido anunciado
ahora a ustedes, por medio de aquellos que les han predicado el Evangelio con la fuerza
del Espíritu Santo, enviado del cielo, y ciertamente es algo que los ángeles anhelan
contemplar.

COMENTARIO

La Primera Carta de Pedro presenta la salvación cristiana como una realidad firme y
plenamente garantizada por Dios. Aquello que los profetas del Antiguo Testamento
anunciaron y esperaron durante siglos se ha cumplido en Jesucristo. El mismo Espíritu que
inspiró a los profetas actuaba ya orientando la historia hacia la plenitud de la revelación.
Por eso existe una profunda unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: toda la acción
de Dios converge en Cristo. Los primeros cristianos comprendieron esta verdad al releer las
Escrituras y descubrir en ellas la clave para entender el misterio de Jesús y el sentido de la
historia. De esta esperanza viva brotan exigencias concretas para la vida cristiana. Pedro
destaca especialmente dos: la obediencia y la santidad. La fe no es solamente una verdad
que se cree, sino una vida que se transforma. Quien ha sido llamado a participar de la vida
de Dios está invitado a vivir de manera coherente con la esperanza que profesa, apoyado
siempre en la gracia, pero también en una vigilancia constante y una auténtica sobriedad
espiritual. La obediencia nace de la dignidad de ser hijos de Dios. Supone romper con todo
aquello que aparta del Señor y abandonar la antigua ignorancia para abrazar una vida
nueva en Cristo. La santidad, por su parte, tiene su origen en la santidad misma de Dios. Ser
santo significa pertenecerle, vivir cerca de Él y dejar que toda la existencia sea configurada
según su voluntad. La esperanza cristiana no es una idea para el futuro; es una fuerza
que transforma el presente y conduce a una vida cada vez más semejante a Dios.

Más comentarios: [Link]

C O N F Í O

EVANGELIO

Tu mujer te dará un hijo, a quien le pondrás el nombre de Juan.

Del santo Evangelio Según San Lucas: 1, 5-17

Hubo en tiempo de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de
Abías, casado con una descendiente de Aarón, llamada Isabel. Ambos eran justos a los
ojos de Dios, pues vivían irreprochablemente, cumpliendo los mandamientos y
[Link]
disposiciones del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos, de
avanzada edad.
Un día en que le correspondía a su grupo desempeñar ante Dios los oficios sacerdotales,
le tocó a Zacarías, según la costumbre de los sacerdotes, entrar al santuario del Señor
para ofrecer el incienso, mientras todo el pueblo estaba afuera, en oración, a la hora de
la incensación.
Se le apareció entonces un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al
verlo, Zacarías se sobresaltó y un gran temor se apoderó de él. Pero el ángel le dijo: “No
temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a
quien le pondrás el nombre de Juan. Tú te llenarás de alegría y regocijo, y otros muchos
se alegrarán también de su nacimiento, pues él será grande a los ojos del Señor; no
beberá vino ni licor, y estará lleno del Espíritu Santo, ya desde el seno de su madre.
Convertirá a muchos israelitas al Señor; irá delante del Señor con el espíritu y el poder
de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia sus hijos, dar a los rebeldes la
cordura de los justos y prepararle así al Señor un pueblo dispuesto a recibido”.

COMENTARIO

La figura de Juan Bautista ocupa un lugar único en la historia de la salvación. Él es el puente


entre las promesas del Antiguo Testamento y su cumplimiento en Jesucristo. Su llamada a
la conversión recoge lo mejor de la tradición de Israel, mientras que su predicación anuncia
la inminente llegada del Mesías. Por eso la Iglesia ha unido estrechamente su nacimiento al
nacimiento de Jesús. El relato de su anunciación no busca ofrecer una simple crónica de
acontecimientos, sino revelar la identidad y la misión de Juan. Lucas sitúa la escena en el
templo de Jerusalén, corazón religioso de Israel, para mostrar que Juan surge del mismo
centro de las antiguas promesas. Zacarías e Isabel, justos ante Dios, pero marcados por la
esterilidad y la ancianidad, representan la impotencia humana que sólo puede ser vencida
por la intervención divina. Como ocurrió con Isaac y otros grandes personajes de la historia
sagrada, el nacimiento de Juan es fruto de la acción milagrosa de Dios. Lleno del Espíritu
Santo desde antes de nacer, será enviado para despertar los corazones y preparar al pueblo
para el encuentro con el Señor. Juan aparece así revestido del espíritu y la fuerza de Elías.
Su misión consiste en preparar los caminos de Dios mediante la llamada a la penitencia y a
la conversión. La gracia de Cristo viene a salvar, pero el corazón necesita abrirse para
recibirla. Por eso Juan no vive para sí mismo: toda su existencia señala hacia Cristo. Sobre
la historia humana actúa silenciosamente Dios, conduciéndolo todo hacia la llegada de su
Hijo.

Más comentarios: [Link]


[Link]

MEDITACIÓN

Comenzamos la fiesta de San Juan Bautista. La Palabra de Dios de hoy nos invita a
contemplar una verdad que atraviesa toda la historia de la salvación: Dios tiene un
proyecto de amor para cada persona y, cuando lo acoge, toda la vida encuentra su
verdadero sentido.

Jeremías lo experimentó desde joven. Al escuchar la voz de Dios, descubrió que su


existencia no era fruto del azar. Antes de nacer, el Señor ya lo conocía, lo amaba y lo
llamaba a una misión. Sin embargo, la primera reacción del profeta no fue la seguridad,
sino el miedo. Se sintió pequeño, incapaz y sin fuerzas. Pero Dios no le pidió que confiara
en sí mismo; le pidió que confiara en Él. La vocación nunca nace de nuestras capacidades,
sino de la fidelidad de Dios. Cuando Dios llama, también sostiene. Cuando Dios envía,
también acompaña.

Esta misma certeza recorre la enseñanza de san Pedro. La salvación prometida durante
siglos se ha cumplido en Jesucristo. La esperanza cristiana ya no es una promesa lejana;
es una realidad viva que transforma el presente. Por eso la fe no puede quedarse en
palabras o sentimientos pasajeros. La esperanza verdadera cambia la manera de vivir.
Quien pertenece a Dios busca vivir como hijo suyo. Quien ha encontrado a Cristo ya no
puede caminar como antes. La fe que no transforma la vida termina convirtiéndose
en una costumbre, por muy piadosa que se muestre.

En este camino aparece la figura luminosa de Juan Bautista. Toda su existencia apunta
hacia Otro. No busca protagonismo, ni honores, ni reconocimiento. Su misión consiste en
preparar los caminos del Señor y despertar los corazones para recibirlo. Juan comprende
algo esencial: el corazón debe abrirse para que la gracia pueda entrar. Dios viene
siempre al encuentro del hombre, pero nadie puede recibirlo con un corazón cerrado.

Jeremías, Pedro y Juan Bautista nos conducen al mismo centro: Dios toma la iniciativa,
llama, salva y acompaña. Toma en cuenta nuestras circunstancias (temores y
resistencias) y capacita desde la ofrenda, desde la confianza. Nuestra respuesta
consiste en escuchar, convertirnos y caminar en santidad. Porque la santidad no es una
carga añadida a la vida; es la vida cuando Dios ocupa su lugar. El Señor no llama a los
perfectos; llama a quienes están dispuestos a dejarse transformar por su amor. Y
cuando eso sucede, una existencia ordinaria se convierte en una historia donde Dios
sigue escribiendo su obra.

También podría gustarte