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El conocimiento científico se caracteriza por su objetividad y la posibilidad de universalización de sus enunciados, los cuales son verificables y organizados de manera coherente y jerárquica. La epistemología estudia las características que permiten clasificar una teoría como científica, diferenciándola de otros tipos de conocimiento, y se centra en la verificación de teorías mediante métodos empíricos. Además, se discuten enfoques como el inductivismo y el falsacionismo, destacando la importancia de la falsabilidad en la ciencia y la relación entre el contexto de descubrimiento y justificación.

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El conocimiento científico se caracteriza por su objetividad y la posibilidad de universalización de sus enunciados, los cuales son verificables y organizados de manera coherente y jerárquica. La epistemología estudia las características que permiten clasificar una teoría como científica, diferenciándola de otros tipos de conocimiento, y se centra en la verificación de teorías mediante métodos empíricos. Además, se discuten enfoques como el inductivismo y el falsacionismo, destacando la importancia de la falsabilidad en la ciencia y la relación entre el contexto de descubrimiento y justificación.

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El conocimiento científico

Con relación a la objetividad y a la posibilidad de universalización de los enunciados podemos


diferenciar tres tipos de conocimiento:

Objetividad

Si No

Conocimiento
Si -
científico
Posibilidad de
universalización Conocimiento
No - cotidiano o sentido
común

Los enunciados científicos se caracterizan por tener validez universal. No solo son generales
por aludir a todos los elementos del conjunto al que nombran, sino que también el carácter
de universales los hace verdaderos en todo tiempo y en todo lugar. Por ejemplo, el enunciado:
“el agua hierve a 100º C.” es universal en cualquier punto de nuestro planeta y se lo considera
verdadero desde el día en que fue postulado y tiene la suficiente solidez para que existan
expectativas de que seguirá siéndolo. Pero ningún enunciado en ciencia es absoluto, todos
ellos tienen condiciones desde las cuales se hace posible postularlos como universales. En el
ejemplo anterior, es relativo a las condiciones de presión y temperatura normales en el
ambiente. Característica de ese tipo de conocimiento está dada por contener enunciados
verificables. La verificación implica la puesta a prueba de los enunciados universales para que
en caso de que la resistan puedan ser tomados como como verdaderos. En el terreno
científico, a diferencia del conocimiento cotidiano, se realiza fundamentalmente a través de
los instrumentos de medición.

Una condición central para que se pueda llevar a cabo el proceso de verificación está dada
por la objetividad con la que se realice la experiencia. Hablar de objetividad es aludir a la
separación entre el objeto de estudio y el sujeto que experimenta con él. Cuanto mayor sea
la separación entre el sujeto y el objeto será considerado más objetiva la experiencia.
Podemos decir que ser objetivo en ciencia implica ser rechazado, como sujeto, ante el
fenómeno a corroborar, sentir que los sentimientos no participan de la experiencia en
cuestión. Parece contradictorio un sentimiento de falta de ellos, pero este es el punto donde
un sujeto se vuelve un científico. Desde allí es que se puede ensayar una definición sobre la
ciencia: es un discurso sin sujeto.

La organización del conocimiento científico es otra característica a tener en cuenta. Cualquier


conocimiento implica la existencia de muchos otros con los que está concatenado. En el caso
del conocimiento científico, no solo esto es así, sino que también dentro del conjunto se da
un orden coherente y jerárquico entre ellos. La coherencia implica que ningún conocimiento
pueda contradecir a otro del conjunto (principio de coherencia o no contradicción). Si se
produce una contradicción, alguno de los dos es falso y, si los dos se demuestran verdaderos,
el conjunto científico debe ser reformulado, originando nuevas ramas del saber. El orden
jerárquico alude a que ciertos enunciados generales pueden estar contenidos dentro de otros
de mayor amplitud de elementos.

Por último, hicimos referencia al carácter relativo del conocimiento científico -en cuanto a
las posibilidades de universalización de sus postulados-, pero ¿qué quiere decir exactamente
fijar las condiciones de su validez? Establecer aquellas que son necesarias y suficientes.
Necesarias son las indispensables para enmarcar el enunciado, y suficientes implica separarlas
de otras que pudieran ser superfluas ¿Pero cómo determinar cuáles son necesarias y
suficientes o, dicho de otro modo, cuáles importan y cuáles no? Para ello es necesario tener
en cuenta a todo el conjunto teórico que enmarca al enunciado: éste oficia de “marco teórico”
respecto de ese enunciado. Se necesita de toda una teoría organizada para que se puedan
determinar las condiciones en las que se verificará un fenómeno. Esto nos permite concluir
que la certeza que ofrece un enunciado científico es relativa al marco teórico que le hace de
contexto. El método científico es sistemático, es decir, obedece a pasos pautados desde el
orden teórico.

¿Qué es la epistemología?

La epistemología es el estudio para discernir cuáles características nos permiten decir que una
teoría es científica. Bajo el nombre de epistemología se analizan cuestiones específicas de las
teorías que pretenden denominarse científicas, así por ejemplo su consistencia, es decir, la
coherencia entre todas sus afirmaciones. Al precisar cuáles son los rasgos de las teorías
científicas, la epistemología puede decir en qué se diferencia la ciencia de otros tipos de
conocimiento, tales como el metafísico o el sentido común para adaptarse a la vida cotidiana.
La epistemología es una disciplina contemporánea, aparece con el gran desarrollo que alcanza
la ciencia y su cada vez más decisivo papel en las condiciones de existencia de la humanidad.
Así, aun cuando se considera que el conocimiento científico tiene su raíz en la Grecia
presocrática, el concepto de ciencia en esa época era claramente distinto al moderno,
especialmente del surgido a partir del siglo XVII. La dinámica de la ciencia cobra a partir de
ese momento debido a la relación entre ciencia básica y ciencia aplicada. En efecto, la gran
cantidad de aplicaciones, entre ellas el desarrollo de la tecnología, han permitido contar con
instrumentos que posibilitan observaciones, medidas y experimentación imposibles en las
etapas históricas pretecnológicas. En la Grecia clásica no había una dinámica entre ciencia
básica y ciencia aplicada. Por el contrario, las teorías que se llamaban científicas se hallaban
como partes de una cosmovisión, es decir, de una visión especulativa -metafísica- acerca de
cómo estaba constituido y funcionaba el mundo.

Otra cuestión que hace a la epistemología es entender qué quiere decir verificar una teoría, y
un derivado de esta cuestión es saber si la forma de verificar es la misma o no para las ciencias
formales y para las ciencias fácticas o empíricas. Para una gama de epistemólogos la divisoria
de la Ciencia que cabe es entre aquellas dos. Las ciencias formales son la lógica y las
matemáticas -además de sus derivados-. Dos de los rasgos en los que se basan las ciencias
formales son a) las definiciones unívocas de los términos y sus relaciones, y b) las reglas de
inferencia o transformación. Definiciones unívocas quiere decir que cada término o relación
tiene una única definición precisa y que se mantiene idéntica a lo largo de toda una teoría o
razonamiento. Las reglas de inferencia o transformación se refieren a las indicaciones sobre
cómo operar los términos para transformarlos en otros. En las ciencias formales el requisito
es la coherencia interna, o sea que no surjan contradicciones entre lo que se infiere en un
momento o en otro. Pero estas ciencias no producen enunciados sobre el mundo empírico.

Las ciencias empíricas o fácticas deben cumplir, además del requisito de coherencia interna,
en contrastar sus enunciados -hipótesis- con la experiencia. Éste último requisito las
diferencia de las ciencias formales. Quienes consideran que disciplinas como la física,
biología, sociología o psicología -todas ellas ciencias empíricas- son subsumibles a una misma
clase, argumentan que hay solamente uno y mismo método para verificar sus hipótesis. El
Empirismo Lógico, también denominado Positivismo Lógico -cuya génesis es el
denominado “Círculo de Viena”, constituido en la década de 1920-, es la primera escuela
epistemológica en afirmar de manera categórica que hay un método único para todas las áreas
de la ciencia, basado en el proceder inductivo.
Sobre el inductivismo

Una primera posición epistemológica para justificar una hipótesis es el inductivismo. El


principio de la inducción enuncia que después de muchos casos singulares donde se observa
una determinada relación entre un fenómeno y otro se puede, legítimamente, pasar a un
enunciado universal ¿Cuál es el problema? Si el principio de inducción es un criterio que
pretende ser empírico, para tener validez universal, equivale no sólo a rastrear si la hipótesis
funcionó bien en todos los casos sino también a estar seguro de que en el futuro no se
descubrirán casos que contraríen la ley establecida. Tal requisito es empíricamente imposible
de satisfacer y, como señala Karl Popper en “La Lógica de la Investigación Científica”
(1934),1 “cae por su base el intento de fundamentar el principio de inducción en la
experiencia, ya que lleva, inevitablemente, a una regresión infinita” (p. 29).

El mismo Popper va a proponer otro camino. En la página siguiente se lee:

[l]a teoría que desarrollaremos en las páginas que siguen se opone


directamente a todos los intentos de apoyarse en las ideas de una lógica inductiva.
Podría describírsela como la teoría del método deductivo de contrastar, o como la
opinión de que una hipótesis sólo puede contrastarse empíricamente, y únicamente
después de que ha sido formulada.

El falsacionismo

Dado que Popper sostiene que un rasgo decisivo de una teoría científica es ser una teoría
empírica, sus hipótesis -enunciados universales lingüísticos, en términos del autor- deben ser
parte de un sistema de tal manera que puedan contrastarse con la experiencia. Una teoría
científica ya madura es la que puede armarse de modo que desde las hipótesis más generales
puedan deducirse enunciados más específicos -a éstos el autor los llama “enunciados básicos-
y, en última instancia, enunciados singulares cuya verdad o falsedad pueda obtenerse en la
experiencia empírica -a éstos los denomina “enunciados empíricos”-. A partir de la
contrastación de los enunciados empíricos con la teoría pueden producirse dos situaciones:
la corroboración y su opuesto, la falsación. En el primer caso se dice que la teoría se
corrobora, lo que quiere decir que sigue su vigencia hasta nuevas corroboraciones, pero no
significa que se halla verificada, esto es, dada por verdadera de modo definitivo. La falsación
ocurre cuando los enunciados empíricos no se corresponden con la relación entre fenómenos

1 Popper, K. La Lógica de la Investigación Científica, Madrid, Tecnos, 1980.


planteada en la hipótesis. En una teoría pueden existir hipótesis de alto nivel de abstracción
y otras de bajo nivel de abstracción. Éstas últimas se infieren de las anteriores, y son las que
se contrastan con la realidad empírica. Pero como hay una relación de inferencia lógica entre
ambas, la falsación de las hipótesis de bajo nivel afecta también a las de más alto nivel de la
teoría.

Hay que distinguir entre falsable y falsación. Lo falsable alude al criterio de demarcación. Una
teoría es falsable cuando reúne las condiciones lógicas -coherencia y deductibilidad desde las
hipótesis de mayor nivel de abstracción hasta las de bajo nivel de abstracción- y las
condiciones empíricas -delimitación de enunciados que se refieran a eventos empíricos tal
que si se dieran harían falsa la teoría-. Que una teoría sea falsable es el criterio, según Popper,
para afirmar que es científica. Es por eso que para él, la lógica y la matemática no son ciencias
-en tanto no son empíricamente falsables-.

Así una teoría es buena en tanto puedan pensarse situaciones experimentales que, de darse,
falsarían la teoría. En consecuencia, es deber del investigado procurar que su teoría pueda
estar sometida a las más rigurosas situaciones potencialmente falsadoras. Si se comprueba la
falsedad de la hipótesis puesta a prueba la teoría queda desestimada. Si, en cambio, las
situaciones experimentales muestran que la hipótesis se cumple, la teoría sigue pero, como
ya dijimos, ello no asegura que queda definitivamente corroborada, lo que se llama verificada.
Hay entonces una asimetría en la operación de buscar verificar, puesto que si aparecen
eventos que falsan -refutan- la teoría, se la desestima. En cambio, si ello no ocurre, no
significa que se la dé como verdadera, sino que se dice que la hipótesis se halla,
momentáneamente, corroborada o confirmada.

Contextos de descubrimiento y justificación

Por último, para Popper, aquello que denominó “contexto de descubrimiento”, es decir las
condiciones sociales y psíquicas que le permiten al individuo llegar a formular una nueva
hipótesis, o sea, intentar descubrir, no atañe a la ciencia. En ello coincide con los empiristas
lógicos, tales como Rudolf Carnap. Popper afirma que no hay método para decir cómo se
descubre una teoría o hipótesis, más aún, considera que siempre anida un aspecto irracional
que impulsa al sujeto a querer ir más allá de la mera adaptación a la realidad tal cual está:
“no existe en absoluto un método lógico para tener nuevas ideas, ni una
reconstrucción lógica del proceso. Puede expresarse mi parecer diciendo que todo
descubrimiento contiene ‘un elemento irracional’ o una ‘intuición creadora’” (p. 31).

Entiende el autor que, en todo caso, esa tarea de descubrir esos aspectos que le permiten a
un científico formular una hipótesis atañe a una psicología del conocimiento. Por el contrario,
el campo de la epistemología debe concentrarse en las relaciones lógicas que permiten decir
cuándo una hipótesis es falsa o verdadera. Éste último momento constituye el “contexto de
justificación” -o “de validación”-.

La ciencia como institución

A medida que se ha ido desarrollando el conocimiento científico, se ha conformado en


institución, o sea, en un tipo de intercambio sistemático y especializado. Los intercambios
científicos presuponen que el investigador se halla compenetrado de lo ya desarrollado por
los investigadores anteriores a la vez que de los problemas actuales considerados relevantes
por la comunidad científica. Con base en estos antecedentes, busca avanzar. En ese camino
publica o comunica con otros investigadores y hay colaboraciones o discusiones entre las
distintas hipótesis para explicar determinado problema. Los congresos y publicaciones son
dos instancias ya consolidadas en la comunidad científica para hacer públicos los progresos
y debates entre individuos y grupos. Pero también, en cada país, hay un sistema para recibir
o buscar financiamiento, de manera local o en organismos internacionales, para poder realizar
los proyectos de investigación. La actividad científica tiene entonces una cierta
especialización respecto de la vida cotidiana, pero ello no significa que carezca de relación
con la sociedad. Por una parte, depende del financiamiento que los Estados u otros
organismos le destinen. Por otro, las aplicaciones de la ciencia influyen cada vez más en el
modo de vida de toda la sociedad.

La “nueva” filosofía de la ciencia2

Hasta los años cincuenta, los filósofos de la ciencia -epistemólogos- compartieron la idea de
que los logros científicos se alcanzaban gracias a la aplicación de un conjunto de principios
o reglas que permitían evaluar las hipótesis y teorías y permitía a los científicos decidir con
total acuerdo sobre su aceptación o rechazo. Esta idea general sobre el método científico,
común a las dos corrientes que conforman la filosofía “clásica” de la ciencia: el empirismo

2 Barnes, B. T. S. Kuhn y las ciencias sociales, México, FCE, 1986, pp. 180-234.
lógico y el racionalismo crítico -el falsacionismo popperiano-, resulta severamente
cuestionada en los años setenta por una serie de concepciones que responden al interés por
explicar cómo, de hecho, la ciencia cambia y se desarrolla. Estas concepciones surgen, por
tanto, de una reflexión filosófica muy ligada a los análisis históricos de la práctica científica.
Es entonces cuando comienza a perder su carácter hegemónico el supuesto de que la ciencia
debe su éxito a la aplicación de un método universal. Otra de las tesis que comparten los nuevos
filósofos es que toda observación está “cargada de teoría”. No hay observaciones puras,
neutras, independientes de toda perspectiva teórica. Se enfatiza que la mayor parte de la
investigación científica consiste en un intento por comprender la naturaleza en términos de
algún marco teórico presupuesto. Estos dos aspectos conducen al cuestionamiento de la
tajante distinción entre “contexto de descubrimiento” y “contexto de justificación”,
distinción que está en el núcleo de las concepciones clásicas. Pero, sobre todo, conducen a
la idea de que para entender qué es el conocimiento no basta con considerar el “contexto de
justificación”.

Esta es la premisa central de la Sociología del conocimiento científico: atender a que, como
hemos dicho, la actividad científica tiene una cierta especialización respecto de la vida
cotidiana, pero ello no significa que carezca de relación con la sociedad. Todo lo contrario,
el contexto histórico, social, político e institucional -la comunidad científica y los Estados
que le otorgan sustento- inciden profundamente en el “contexto de descubrimiento” de las
teorías científicas.

Los nuevos filósofos de la ciencia, por su parte, encuentran que los cambios en los marcos
de investigación -dentro de los cuales se desarrollan las teorías- implican también cambios
en los métodos. Pero entonces, si los métodos no son fijos ni universalizables, una teoría de
la ciencia tiene que poder dar cuenta de su evolución y diversidad. En un enfoque como éste,
la vía para abordar el problema de la racionalidad científica es la investigación empírica de
sus mecanismos y resultados a través del tiempo. Los principios normativos y evaluativos se
deben extraer del registro histórico de la ciencia exitosa, en lugar de importarlos de algún
paradigma epistemológico preferido -sea de corte inductivo o deductivo- y tomarlos como
base de la “reconstrucción racional”, a priori, de la ciencia.

Se puede afirmar que el libro de Thomas S. Kuhn “La estructura de las revoluciones
científicas” es uno de los trabajos más influyentes dentro de esta corriente. Sus
planteamientos sobre las revoluciones científicas constituyen, a su vez, una revolución
metacientífica, es decir, una revolución en el nivel del análisis de la ciencia.
¿Qué son las revoluciones científicas?3

Kuhn distinguió dos tipos de desarrollo científico: normal y revolucionario. La mayor parte
de la investigación científica que tiene éxito produce como resultado un cambio del primer
tipo: la ciencia normal es la que produce los ladrillos que la investigación científica está
continuamente añadiendo al creciente edificio del conocimiento científico. Esta es la
concepción acumulativa del desarrollo científico. Pero éste también manifiesta una
modalidad no acumulativa, y los episodios que la exhiben proporcionan claves únicas de un
aspecto central del conocimiento científico.

Las leyes científicas son usualmente producto del proceso normal. Los cambios
revolucionarios son diferentes y bastante más problemáticos. Ponen en juego
descubrimientos que no pueden acomodarse dentro de los conceptos que eran habituales -
llamados, en conjunto, “paradigma”-. Para hacer, o asimilar, un descubrimiento tal, debe
alterarse el modo en que se piensa y describe un rango de fenómenos. Cambios de esta clase
no son simplemente correcciones de errores individuales, sino también transformaciones en
los criterios dependientes de la teoría con la que fueron introducidos. Cuando este tipo de
cambio se produce, el desarrollo científico no puede ser completamente acumulativo. No se
puede pasar de lo viejo a lo nuevo mediante una simple adición a lo que ya era conocido. Ni
tampoco se puede describir completamente lo nuevo en el vocabulario de lo viejo o viceversa
-los paradigmas no son “conmensurables”. Aunque las revoluciones científicas dejan mucho
trabajo de limpieza que es necesario hacer poco a poco, el cambio fundamental no puede
experimentarse de este modo, paso a paso. Por el contrario, implica una transformación
relativamente súbita y sin estructura en la que parte del flujo de la experiencia se ordena por
sí misma de una forma diferente y manifiesta pautas que no eran visibles anteriormente.

3Kuhn, T. S. El camino desde la estructura, Barcelona, Paidós, 2002 ¿Qué son las revoluciones científicas? (pp.23-45);
Conmensurabilidad, comparabilidad y comunicabilidad (pp. 46-75); El problema con la Filosofía de la ciencia histórica (pp.
131-148).

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