APUNTES
APUNTES
Dentro de los sujetos implicados en el fenómeno sucesorio tenemos el sujeto cuyos bienes, derechos y
obligaciones quedan tras su muerte y respecto de los cuales hay que resolver su destino (es decir, el
sujeto de quien trae causa esos bienes), recibe el nombre genérico de causante, aunque se le
denomina también con la palabra "testador" cuando ha dispuesto de su patrimonio mediante
negocio jurídico "mortis causa" (en adelante, MC), esto es, con efecto a partir de la muerte del
titular, lo que normalmente se efectúa mediante "testamento". Frente a este sujeto que fallece, se
hallan los sucesores, que podrán ser el heredero que es el que sucede de forma general o a título
universal en todos los bienes y cargas de la herencia (salvo aquellos que sean ofrecidos de forma
singular), o bien el legatario, que son justamente aquellos llamados de forma expresa en
testamento o negocio jurídico "mortis causa" a una singular relación jurídica del causante.
La figura del heredero suele considerarse central en el Derecho de sucesiones, aunque no siempre es
imprescindible. Puede ocurrir que toda la herencia se reparta mediante legados o que no haya bienes
que transmitir, por lo que no sería necesaria la existencia de heredero.
Tras la muerte del causante se sigue una transición ordenada, haciendo que los bienes del fallecido
tengan un destinatario o destinatarios concretos, quienes asumirán la continuidad de las relaciones
que pervivan. El legislador puede optar por dos vías: designar directamente a los herederos por ley
o permitir que el titular del patrimonio los designe en vida mediante testamento. Si no lo hace, la
ley los determina según la presunta voluntad del causante, dando lugar a la sucesión testamentaria o
a la sucesión intestada.
La Constitución vincula la propiedad con la herencia, aunque esta relación es imprecisa porque en
la herencia también se transmiten otros derechos, no solo la propiedad. No obstante, reconoce que el
titular puede disfrutar de sus bienes en vida y decidir su destino tras su muerte, normalmente mediante
testamento.
1. Herencia entendida como derecho de los parientes a recibir todo o parte de los bienes
hereditarios: Con ello se hace alusión básicamente a las legítimas como un posible derecho
fundamental con base constitucional. Sin embargo, no se considera un derecho fundamental, ya que
algunos derechos forales permiten libertad de testar sin legítimas y son plenamente constitucionales.
art. 657 dice que "Los derechos a la sucesión de una persona se transmiten desde el momento de su
muerte"
El Código Civil utiliza el término sucesión, pero no ofrece una definición clara de sus presupuestos ni
de sus efectos. Además, los arts. 657 y 659 generan dudas sobre si la herencia se adquiere
automáticamente con la muerte del causante o si requiere algún acto posterior.
La sucesión inter vivos de todo el patrimonio personal está, como regla general, prohibida. La ley
impide que una persona se desprenda totalmente de sus bienes y el art. 634 CC establece que no se
pueden donar todos sin reservar lo necesario para vivir.
Frente a la sucesión inter vivos, la sucesión "mortis causa" debe ser entendida, en principio, como
un fenómeno complejo, de sustitución o cambio en la titularidad de un patrimonio, considerado en
su globalidad, como consecuencia de la muerte de su titular.
Responde a la necesidad de dar continuidad en la totalidad de las relaciones jurídicas tanto
activas como pasivas de una persona a su fallecimiento.
La sucesión mortis causa se diferencia de la sucesión inter vivos en que la transmisión de derechos
y deudas no requiere el consentimiento de los acreedores. Esto se debe a que se transmite todo el
patrimonio en bloque, que actúa como garantía frente a las deudas del causante. Que en la inter
vivos sí porque yo no puedo decir que otra persona va a pagar mi deuda por mi sin el consentimiento
de la persona a la que le debo.
La sucesión mortis causa es un fenómeno jurídico complejo, ya que no solo implica la transmisión de
derechos y deudas del causante. También puede originar nuevas relaciones jurídicas, creando
derechos u obligaciones que no existían antes, como ocurre con ciertas disposiciones testamentarias,
siendo así no habría técnicamente "sucesión", sino nacimiento y adquisición "ex novo" de derechos o
asunción de nuevas obligaciones.
No suponen derechos preexistentes en el patrimonio del fallecido, sino nuevos derechos y nuevas
obligaciones nacidas al abrigo de disposiciones testamentarias concretas.
a) Sucesión universal (art. 660 CC): La sucesión universal es la sucesión en la herencia, entendida
como sucesión global, tanto en el activo como en el pasivo del patrimonio dejado por el fallecido o
causante. Puede ser en concepto de heredero único, o de coheredero, compartiendo la herencia con
otros herederos. Cuando hay varios herederos, la herencia se comparte entre ellos. En ese caso, cada
uno tiene un derecho sobre una cuota ideal del patrimonio hereditario, y no sobre bienes concretos.
La sucesión particular es el legado, entendido como llamamiento a uno o varios bienes o derechos
concretos del patrimonio hereditario. La sucesión a título particular o en concepto de legatario es
siempre voluntaria, en cuanto que el llamamiento proviene del testamento. En principio, no
existen legados que nazcan directamente de la ley. Por ello, el usufructo del cónyuge viudo no se
considera un legado, ya que no sigue el régimen jurídico propio de los legados.
En el Derecho Común ya no existen casos de sucesión paccionada, tras la derogación en 1995 de las
normas agrarias que la permitían.
2. Sucesión legal o intestada: Es la regulación supletoria prevista en la ley para el caso de que el
causante no haya dispuesto en todo o en parte de sus bienes para después de su muerte. Sus
normas se fundamentan, en general, en la presunta voluntad del causante, si hubiera tenido la
oportunidad de hacer testamento(art. 4.1 CC).
La sucesión legal o intestada procede básicamente en los siguientes casos (art. 912 CC):
1) Causante que muere sin testamento.
2) Causante con testamento declarado nulo o ineficaz, lo que a su vez incluye:
- Testamento nulo de pleno derecho.
- Testamento anulado con posterioridad.
- Testamento revocado por otro posterior que sólo revoca el anterior.
- Testamento que no designa institución de heredero o sucesor universal, y tampoco distribuye
los bienes vía legados, sino que se destina a otro fin (por ej., reconocimiento de un hijo).
3) Causante con testamento válido pero incompleto; lo que incluye:
- Testamento que no distribuye todos los bienes.
- Ineficacia de la institución de heredero o de cualquier otra atribución patrimonial.
Repudiación del heredero o del legatario a la delación que se le hace, sin previsión por el
testador de un posible sustituto o suplente, o sin derecho de acrecer.
- Premoriencia del llamado o llamados sin posibilidad de derecho de representación.
La sucesión legitimaria no siempre es "forzosa": sólo lo es cuando existen los parientes señalados
en la ley como legitimarios. En caso de que los mismos no existan, este último dispone en su
testamento de total libertad para decidir el destino de su patrimonio tras su muerte. La sucesión
legitimaria o forzosa constituye normalmente un límite a la libertad de disponer, antes que
propiamente un derecho subjetivo específico a ser designado como "heredero".
Toda persona, desde que nace, es titular de un patrimonio, entendido como el conjunto de bienes,
derechos y acciones, así como deudas y cargas con contenido económico. Este patrimonio incluye
un activo (bienes y derechos) y un pasivo (obligaciones y deudas), y puede cambiar a lo largo del
tiempo al incorporar o perder elementos.
La LEC protege ciertos bienes del patrimonio personal de una persona viva (como ropa, alimentos o
herramientas de trabajo) frente a los acreedores. Sin embargo, al morir el titular, esos bienes pasan al
patrimonio hereditario y pueden ser embargados por los acreedores, siempre que tengan valor
económico.
Los salarios, sueldos o pensiones del causante, inembargables hasta el salario mínimo mientras vivía,
pueden ser embargados tras su muerte si continúan generando, salvo que el heredero no tenga
otros ingresos, en cuyo caso se mantiene el límite. Estas reglas sobre embargabilidad aplican tanto si
la herencia se acepta pura y simple como a beneficio de inventario, ya que no dependen de la
confusión patrimonial.
En general, todos los bienes, derechos y obligaciones del causante se transmiten mortis causa, salvo
aquellos que se extinguen con su muerte (art. 659 CC). Los derechos estrictamente personalísimos,
como ciertas facultades del autor o acciones de filiación, no se heredan como tales; si se ejercitan tras
la muerte, nacen como derechos nuevos para los herederos o beneficiarios, aunque puedan tener el
mismo contenido práctico que los del causante.
Esto se confirma en normas como la Ley Orgánica 1/1982 sobre derechos de la personalidad, donde el
legislador permite que los herederos ejerzan ciertas facultades tras la muerte del titular, pero
diferenciando claramente entre el derecho original del causante y los derechos nuevos que nacen ex
novo. Así, la herencia conserva esencialmente la faceta patrimonial, mientras que la transmisión de
derechos personales sólo se produce cuando la ley lo prevé expresamente, generando nuevas
facultades para los herederos.
Aunque la regla general es que todos los derechos y obligaciones se transmiten tras la muerte,
existen algunas relaciones jurídicas patrimoniales que sí se extinguen al fallecer el titular. Estas
excepciones se deben tomar de manera estricta, sin ampliarlas por analogía, tal como indica el art.
4.2 del Código Civil, sólo se extinguen los casos expresamente previstos por la ley, y no otros.
El arrendatario fallecido no puede decidir en testamento quién se queda con el alquiler, porque la
ley lo regula de forma obligatoria. El contrato pasará a la persona que diga la ley, si esta decide
continuar con él y cumple las condiciones.
Será inválida por tanto cualquier disposición unilateral del propio arrendatario, así como incluso
también cualquier estipulación acordada por las partes y contenida dentro del propio contrato de
arrendamiento, que establezca cambios en la norma, tales como: fijar un destinatario concreto distinto
del legal, alterar las condiciones de disfrute de ese derecho o el orden de llamamientos, o disponer la
inexistencia de la subrogación "mortis causa" tras el fallecimiento del arrendatario titular.
En el alquiler de locales de negocio, el contrato puede continuar tras la muerte del arrendatario si un
heredero o legatario sigue con la actividad empresarial o profesional. Si nadie quiere continuar
con esa actividad, el contrato de arrendamiento se extingue. La ley no dice claramente si este
arrendamiento forma parte de la herencia o si sigue una regla especial. Sin embargo, parece lógico
entender que sí forma parte de la herencia, aunque sólo continuará si algún heredero o legatario
quiere seguir con la actividad empresarial o profesional.
c) Las indemnizaciones derivadas de seguros de vida (art. 84 y 85, asi como art. 88 de LCS):
Las indemnizaciones de un seguro por fallecimiento se pagan a los beneficiarios designados en el
contrato, aunque no sean herederos y aunque renuncien a la herencia del asegurado. Esto
significa que su derecho es independiente de la herencia.
Sólo cuando no hubiera sujeto designado como beneficiario en el momento de la muerte del
tomador, el art. 84 LCS dispone que el capital pase a formar parte del patrimonio del tomador,
por lo que se integrará en su herencia.
El art. 88 LCS establece que, en general, los herederos no pueden exigir al beneficiario del seguro
la devolución de la indemnización, aunque no sea heredero. Solo si hubo fraude del tomador para
perjudicar las legítimas, se pueden reclamar las primas pagadas, no la indemnización, para
incluirlas en el cálculo de las legítimas.
d) Las pensiones públicas o privadas por razón de viudedad, y la pensión por desequilibrio
en casos de crisis matrimonial:
Deben igualmente quedar fuera del ámbito sucesorio, en el sentido de no computarse como parte de la
herencia, ni como concepto que deba restarse del haber hereditario del sujeto beneficiario de las
mismas, a las pensiones de viudedad.
En cambio, respecto de la pensión por desequilibrio generada en caso de separación o divorcio,
aun cuando la regla general es la de su extinción por el fallecimiento del sujeto obligado, el art. 101
CC establece su posible continuidad tras el óbito del ex cónyuge deudor de la misma, disponiendo que
debe pagarse con cargo a la masa hereditaria en la medida en que haya bienes suficientes para
ello.
Aunque es poco frecuente, un ex cónyuge que reciba una pensión compensatoria tras la muerte del
obligado puede seguir teniendo derechos hereditarios si se le asignó algo por testamento, no por ser
cónyuge. La pensión no se descuenta de su herencia, aunque cambios económicos podrían hacer que
el cobro de la pensión deje de ser procedente.
Los avances tecnológicos plantean dudas sobre qué ocurre con los bienes digitales («digital assets»,
esto es, elementos, bienes, recursos o activos digitales, que en nuestra doctrina han sido designados
como patrimonio virtual) cuando muere una persona. Estos incluyen cuentas, redes sociales, archivos
o contenidos en la nube, que forman el llamado patrimonio digital, normalmente sin valor
económico y de carácter más personal que patrimonial.
También estarían incluidos en este catálogo otros elementos con claro valor económico, como música,
películas, libros digitales, o, ya de un modo más patente, el saldo disponible en determinadas
aplicaciones de pago o criptomonedas, así como puntos canjeables obtenidos en programas de
fidelización.
➔ La pregunta que se hace es la de concretar qué elementos de los citados pueden integrarse y
formar parte de la herencia de su titular o beneficiario, y cuáles no.
La solución pasa por establecer criterios para decidir qué bienes digitales se transmiten al morir
una persona y cuáles no. Así se podrá determinar qué forma parte de la herencia y qué queda fuera o
tiene un régimen especial.
Un primer criterio es distinguir entre bienes digitales con valor económico y sin él: los que tienen
valor económico sí forman parte de la herencia, mientras que los que no lo tienen plantean más
dudas sobre su transmisión. Los que se transmiten sin duda son:
a) Los saldos disponibles en aplicaciones de pago (bizum, paypal, juegos online, etc.).
b) Las criptomonedas en cualquiera de sus posibles manifestaciones y de sus formas de
titularidad y reconocimiento.
c) Aquellos archivos de música, discos, libros, programas, etc., que hubieran sido (creados o no)
utilizados por el fallecido, en la medida en que tengan un valor económico palpable.
Debe tenerse en cuenta lo dispuesto en el art. 1346, 7° CC, en cuanto podrían ser bienes u objetos de
uso personal de no extraordinario valor, que serían privativos, por lo que no formarían parte del
patrimonio ganancial (si lo hubiera), y a la hora de su reparto, el art. 1406 CC dispone que podrían ser
asignados al otro cónyuge de forma preferente.
d) Las páginas web o blogs del fallecido que generaban ingresos (por ejemplo, publicidad o
actividad como influencer) se consideran bienes digitales con valor económico, por lo que
forman parte de la herencia.
Algunos bienes digitales con valor económico pueden ser difíciles de localizar, pero sí forman parte
de la herencia. En cambio, los bienes digitales sin valor económico (como correos, redes sociales o
fotos en la nube) no suelen formar parte de la herencia ni se transmiten como tal, y tienen un
régimen especial.
Para saber si un bien digital forma parte de la herencia, no solo importa si tiene valor económico, sino
también lo que diga el contrato (por ejemplo, las condiciones de uso). Si el contrato establece que el
derecho se extingue al morir el titular, no se transmitirá a los herederos.
a) Si el contrato de un servicio digital establece que se extingue con la muerte del usuario, los
derechos no se transmiten a los herederos, algo frecuente en plataformas digitales. Además, los
bienes digitales sin valor económico (como correos, redes sociales o archivos en la nube) no forman
parte de la herencia en general, ni se transmiten como tal, aunque tienen un régimen especial.
b) Un segundo criterio consiste en analizar el contrato con la plataforma digital, ya que este puede
determinar si el bien se transmite o no. Así, aunque el bien tenga valor económico, si el contrato
establece que se extingue al morir el titular, no pasará a los herederos.
Otro criterio es que el titular puede designar a una persona para gestionar sus bienes digitales tras
su muerte. En ese caso, esa persona decide sobre los aspectos personales del bien, aunque no sea
heredera; pero si el bien tiene valor económico, sus efectos sí forman parte de la herencia y se
tienen en cuenta en el reparto.
A este respecto, es muy relevante lo dispuesto en el art. 3 de la LO 3/2018, de 5 de diciembre, de
Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales, el cual permite el acceso a los
datos personales del fallecido tanto a los vinculados familiarmente o de hecho como a los
herederos, al igual que la persona o entidad designada expresamente para ello, o el albacea
testamentario (art. 96), de forma cumulativa, pero excluye ese acceso cuando así lo hubiera prohibido
el titular. No obstante, se deja a salvo el derecho de acceder de los herederos a todos los datos
personales que tengan un contenido patrimonial. La jurisprudencia europea muestra que familiares
cercanos del fallecido, aunque no sean herederos, a menudo pueden acceder a sus cuentas digitales
para recuperar fotos, datos o información sobre su vida, incluso si el contrato establece que el acceso
se extingue tras la muerte. En última instancia, respecto de los contenidos o aspectos no patrimoniales,
quizás podrían aplicarse por analogía las reglas sobre el derecho al honor e intimidad de sujetos
fallecidos (arts. 4, 6 y 9.4 de LO 1/1982), para determinar en caso de duda los sujetos que estarían
legitimados para su ejercicio, y el destino de las consecuencias económicas derivadas.
➔ Aunque el causante pueda asignar deudas entre herederos o legatarios, esto solo vale entre
ellos; frente a los acreedores, los herederos siguen siendo responsables de pagar las
deudas, aunque luego puedan reclamar al legatario que asumió la deuda mediante legado.
Si los herederos pagan una deuda que el causante había asignado a otro heredero o legatario, pueden
reclamar el reembolso según la disposición testamentaria. Este derecho de crédito no forma parte
del pasivo hereditario y se rige por las reglas generales de las deudas. Los herederos no pueden
excluir de la herencia ni de la partición ninguna deuda existente y vigente tras la muerte del
causante. Si una deuda no se reconoce ni se incluye en el inventario, el acreedor puede reclamar
con los bienes propios del heredero, y este podría perder el beneficio de inventario si lo había
aceptado (art. 1024 CC).
TEMA 2
DIFERENCIAS BÁSICAS ENTRE HEREDERO Y LEGATARIO :
a) Heredero: El heredero es siempre un sucesor del causante en sus relaciones patrimoniales, con la
característica o vocación de ser, además, un sucesor "universal" (sea en el todo de la herencia, o en
una cuota de la misma). Eso significa que asume la totalidad de las relaciones como regla,
absorbiendo de forma automática todas aquellas que no han sido atribuidas de forma singular a
los legatarios. En cuanto a las deudas: el heredero como sucesor universal asume todas las deudas,
inclusive a aquellas que provengan o se hayan generado a partir o en relación con los bienes que
hayan sido atribuidos como legados.
➔ Su origen y designación puede ser testamentaria (heredero designado en testamento) o
legal (heredero intestado).
El heredero no siempre recibirá bienes, una vez liquidadas las deudas y cargas de la herencia. Es
decir, no tiene garantizado un saldo favorable, ni siquiera mínimo.
Su responsabilidad por las deudas y cargas de la herencia será la que marca la ley. Eso significa que el
causante en ningún caso puede disponer en testamento una reducción o alteración de esa
responsabilidad. Sí podría asignar el pago de algunas deudas a uno de los herederos, siendo
varios, pero esa disposición no afectaría a los acreedores de la herencia, y sólo afectaría a las
relaciones internas entre los coherederos.
Su responsabilidad por las deudas y cargas hereditarias será, como regla, "ultra vires" (art. 1003
CC), salvo que hubiese aceptado la herencia "a beneficio de inventario", en cuyo caso tiene
responsabilidad limitada a los bienes de la herencia ("intra vires") (art. 1023 CC). El heredero
puede tomar posesión, por sí solo, de los bienes de la herencia (salvo cuando se hubiese designado un
albacea o administrador de la herencia). Ostenta además, en todo caso, la condición de "poseedor
civilísimo" conforme al art.440 [Link].
La ineficacia, por cualquier causa, de la designación de heredero implica el llamamiento a los
herederos intestados, en el orden legal, salvo que el testador hubiera previsto otra solución. El
llamado a una herencia no puede aceptar una parte de la misma, repudiando el resto (art. 990
CC).
Su responsabilidad por las deudas y cargas de la herencia será la que el causante le hubiera
atribuido. En su defecto, no responde ni soporta ninguna de las deudas de la herencia. Ni siquiera
asumirá el legatario las deudas preexistentes a la muerte del causante que provengan de la
titularidad o del uso y disfrute de los bienes objeto de legado, salvo que así lo haya dispuesto el
testador. Eso sí, las que se generen a partir de la adquisición del bien por parte del legatario serán
de cargo del mismo, y no podrán repercutir en el heredero.
Los legatarios pueden verse afectados por las deudas del fallecido, porque esas deudas se pagan antes
que los legados. Esto significa que, si no hay suficiente patrimonio, el legatario puede no recibir el
bien o derecho que se le dejó. En ese caso, el legatario sólo podrá pedir a los herederos que le den su
valor en dinero, y únicamente si aún quedan bienes en la herencia o los herederos pueden responder.
Además, las cuestiones entre legatarios y herederos no afectan a los acreedores, sino que son asuntos
internos entre ellos. El legatario sólo responde de las deudas hasta el valor de lo que recibe (no con
su propio patrimonio), salvo que el fallecido le haya impuesto alguna carga adicional.
Aunque el legatario no necesita aceptar el legado para adquirirlo, sí puede rechazarlo si lo desea. Si
lo rechaza, se considera como si nunca lo hubiera recibido desde el momento de la muerte del
causante. En ese caso, el legado pasa al heredero, salvo que el testador haya previsto otra cosa en el
testamento.
El legatario no puede tomar por sí mismo los bienes que recibe en legado. Necesita que el heredero o
el administrador de la herencia se los entregue, y estos están obligados a hacerlo. Por eso, el legatario
se considera como un “acreedor de la posesión”, es decir, tiene derecho a que le den el bien, pero no
puede cogerlo directamente por su cuenta.
La ineficacia del legado, por cualquier causa distinta de la repudiación del mismo, implica la
refundición del objeto legado en la masa de la herencia (art.888 CC), siendo de nuevo llamados a
ese bien o bienes los herederos testamentarios y sólo en defecto de éstos, los intestados. Por
supuesto, nada impide que el testador hubiera previsto un llamamiento subsidiario a favor de otra
persona.
El legatario puede aceptar una parte del legado y rechazar la otra, siempre que esta última no sea
onerosa (art. 889 CC). Asimismo, si un sujeto recibe dos legados, y uno fuere oneroso, no puede
repudiar este y aceptar el primero; pero si ninguno es oneroso, puede aceptar uno y repudiar el otro
(art. 890 CC).
Para resolver dudas sobre una cláusula de un testamento, lo primero es interpretarla siguiendo las
reglas legales y, sobre todo, tratando de entender la voluntad real del fallecido. Antes, se daba mucha
importancia a cómo se llamaba a una persona en el testamento (heredero o legatario). Pero hoy en día
eso no es lo más importante. Lo realmente importante es saber qué recibe esa persona:
No importa tanto el nombre que se use, sino lo que el testador realmente quiso al repartir sus bienes.
Existen dos corrientes doctrinales que tratan de establecer los criterios para resolver las dudas
interpretativas:
La concepción objetivista se fija en lo que recibe la persona en el testamento. Si recibe toda la
herencia o una parte, es heredero; si no, es legatario, sin importar el nombre que se use.
La concepción subjetivista busca la verdadera intención del testador. Se interpreta todo el testamento
para saber si quería que alguien fuera heredero, sin importar el nombre que use.
Heredero en cosa cierta:
El art. 768 del Código Civil dice que, si alguien es nombrado heredero sólo sobre un bien concreto, en
principio se le considera legatario. Sin embargo, a veces del testamento se puede entender que el
fallecido realmente quería que esa persona fuera heredero de todo, aunque solo mencione bienes
concretos. Para que ocurra esto, deben darse ciertos casos o circunstancias.
A. El testador ha nombrado a un sujeto como heredero y le asigne bienes concretos en pago de su
derecho. Este es un supuesto típico de testamento en el que se incluye, una partición, total o parcial,
de sus bienes, efectuada por el propio causante. Ello lo puede hacer perfectamente sobre la base de su
libertad de decidir quién será su heredero, y qué bienes concretos estima oportuno que reciba por ello.
B. El testador ha atribuido a una única persona la totalidad o práctica totalidad de los bienes
hereditarios, y no ha designado a la vez a otro como heredero. Es muy probable interpretar la voluntad
testamentaria en el sentido de quererlo realmente como sucesor universal a todos los efectos.
❖ Los efectos de este tipo de disposiciones, si tras una adecuada interpretación de la voluntad
testamentaria se llega a la conclusión de que el instituido en cosa cierta es realmente heredero,
serán los siguientes:
A. El instituido en cosa cierta no participa de la situación de indivisión que se da cuando hay una
comunidad hereditaria, de modo que, si hay pluralidad de llamados y aún quedan bienes por distribuir,
ese sujeto no tiene derecho a intervenir en ella. Cuestión distinta es que, siendo a la vez legitimario,
estime que no se ha respetado su cuota legitimaria, en cuyo caso podrá ejercitar las acciones propias
de la legítima, lo que podría incidir en la actual o futura partición que se realice.
B. El instituido como heredero en cosa cierta no tiene derecho de acrecer respecto de los bienes
hereditarios no distribuidos, cuando se produjera algún tipo de renuncia de los coherederos
llamados a esos bienes y el causante no haya previsto otra cosa.
b) Legatario de parte alícuota: Puede ocurrir en alguna de las siguientes posibles situaciones:
- Se instituye un legado sobre una cuota del activo hereditario.
- Se instituye un legado sobre una parte alícuota del remanente o saldo hereditario.
No siendo ninguno de estos casos, el sujeto designado será un heredero, aunque se le haya dado el
nombre de "legatario", en cuanto recibirá toda una parte o cuota de la masa hereditaria, junto con otro
u otros sujetos.
En cuanto a los efectos singulares derivados de la figura del legatario de parte alícuota, se pueden
señalar los siguientes:
- Participa en la comunidad hereditaria, y puede tomar decisiones mientras perdure esa
situación.
- Puede ejercitar acción judicial de división de la herencia (art. 782.1 LEC).
- No será partícipe ni responsable del pago de las deudas hereditarias, al no ser verdadero
heredero (salvo que expresamente se le grave con alguna).
- Puede pedir anotación preventiva de su derecho en el Registro de la Propiedad, para mejor
garantía de su derecho.
El testador puede querer repartir sus bienes y derechos uno por uno en su testamento, usando para
ello legados concretos para cada cosa de su herencia. El art. 891 del Código Civil regula de manera
parcial lo que pasa cuando una persona deja una herencia sin nombrar heredero. En otras
palabras, la ley reconoce que no siempre hace falta un heredero universal para que exista una
herencia; no es un requisito indispensable para que la sucesión se pueda tramitar.
Eso no quiere decir que la persona llamada a heredar tenga que aceptar la herencia por su cuenta,
sobre todo si sabe que probablemente no recibirá bienes y podría responder de las deudas. Aun así,
el heredero siempre puede aceptarla, porque podría interesarle por razones personales o afectivas,
más allá del valor económico de la herencia.
El artículo 891 CC regula es el caso en que el causante otorgue en testamento llamando a cada bien
hereditario a un sucesor concreto en concepto de legatario, de modo que se forme una pluralidad de
legatarios, con su régimen jurídico específico, ya expuesto antes.
La norma tan sólo regula el aspecto relativo a la asunción de las deudas hereditarias entre los
distintos legatarios, estableciendo la regla de la distribución proporcional. Pero no trata otras
posibles consecuencias derivadas de esa situación.
Si a la muerte del causante, hubiera otros bienes distintos, o nuevos , que no fueron objeto de
distribución mediante legados en el testamento, se referirán en principio dichos bienes a favor del
heredero. Sin embargo, lo normal es que se interprete que no se ha querido heredero en ningún caso,
con lo que los no distribuidos expresamente, se deberían repartir igualmente entre los legatarios
designados en proporción al valor de sus respectivos legados.
Respecto de la responsabilidad por las deudas de la herencia, cuando toda ella se ha distribuido en
legados, y no se ha previsto que sean cubiertas por alguno de los legatarios, el art. 891 CC dispone
que "se prorratearán las deudas y gravámenes entre los legatarios en proporción a sus cuotas". La
práctica unanimidad de la doctrina considera que ese prorrateo por esas deudas y cargas será siempre
intra vires, es decir, con responsabilidad limitada a los bienes recibidos, sin extenderse a los bienes
particulares de los legatarios.
Cuando hay varios legatarios, la distribución de las deudas de la herencia se hace solo entre ellos. Si
un legatario paga toda la deuda, puede pedir a los demás que contribuyan proporcionalmente. Pero los
acreedores de la herencia no se ven afectados por cómo se reparte entre los legatarios: ellos pueden
reclamar la totalidad de su crédito a la herencia, sin dividirlo según lo que reciba cada legatario. En
otras palabras, la forma en que se reparten las cargas entre legatarios no perjudica a los acreedores.
En cambio, no tendrán capacidad para suceder los que no han llegado a adquirir esa personalidad
jurídica, que según el art. 745 CC, serían:
a) Las criaturas abortivas: art. 30 CC: es persona todo ser humano nacido con vida. El hecho
de tener capacidad para suceder, no significa tener capacidad de adquirir o aceptar el
llamamiento, y así no lo pueden hacer los señalados en el art. 992 CC, pero pueden
perfectamente ser sucesores cumpliendo las exigencias legales.
b) Las asociaciones y corporaciones no permitidas por la ley. defecto de existencia. Se admite
como sucesor a una persona jurídica en formación, o cuya creación sea ordenada justamente
en el testamento en el que se le atribuyen bienes.
Según el art. 9 de la Ley de TRHA (2006), si una persona fallece pero autorizó en vida que su esposa
o pareja use su material reproductor, el hijo nacido por inseminación o fecundación post mortem
puede tener derechos hereditarios. Esto solo aplica si la concepción ocurre dentro de los 12 meses
siguientes a la muerte y se produce el nacimiento vivo.
La doctrina y los tribunales aceptan que se pueda nombrar heredero a un hijo aún no concebido
(concepturus o nondum concepti) mediante la sustitución fideicomisaria, siempre que nazca vivo
después de la muerte del testador. Esto último puede hacerse igualmente mediante llamamiento
directo a un sujeto ni siquiera concebido, a través de la institución de heredero (o legatario) bajo
condición suspensiva (la condición de nacer en el futuro).
Cuando se trata de un nasciturus (hijo aún no nacido), hay que determinar cuándo se concibió para
ver si puede heredar. No hay una regla específica, así que se usa por analogía la presunción de
paternidad del art. 116 CC: si el nacimiento ocurre dentro de los 300 días posteriores a la muerte
del causante, se presume que fue concebido a tiempo para heredar. Esa presunción se puede probar
en contrario, por ejemplo si se demuestra que la concepción ocurrió después de la muerte o no pudo
darse naturalmente.
Mientras el niño no nace, se aplican las reglas del art. 959 y siguientes del CC para comprobar el
derecho a heredar.
- Se debe verificar de manera real el nacimiento del hijo póstumo para evitar falsificaciones
o simulaciones, como fingir que nació o que era viable, porque eso podría perjudicar su
derecho a heredar.
- Obligación por parte de la mujer de poner su estado en conocimiento de los afectados por él
en sus derechos sucesorios, y autoriza a los interesados a pedir al juez medidas conducentes a
evitar la suposición del parto y a nombrar a persona que se cerciore de la realidad del
alumbramiento,
- Concederse derechos de alimentos a favor de la viuda durante la gestación.
Las personas jurídicas (como fundaciones o empresas) pueden heredar, igual que las personas
físicas, siempre que existan o sobrevivan a la muerte del causante. Además, si la persona jurídica está
en formación, también puede ser llamada a heredar, como ocurre con las fundaciones previstas en el
testamento, que pueden recibir bienes aunque obtengan personalidad jurídica después. En general, el
llamamiento es válido mientras sea realizable en el futuro, igual que con los hijos no nacidos
(concepturus).
La indignidad sólo afecta respecto a la persona a la que se ha perjudicado (el fallecido). Es decir, el
indigno sí puede heredar de otras personas. Además, esta situación no afecta a sus hijos o
descendientes, que pueden heredar e incluso ocupar su lugar. El fallecido puede perdonar la
indignidad (art. 757 CC), de forma expresa o tácita; por ejemplo, si en el testamento deja algo al
indigno sabiendo lo que hizo.
➔ Se exponen a continuación las distintas causas de indignidad, contenidas en el art. 756 CC:
1. Los que fueren condenados por haber atentado contra la vida o a pena grave por haber causado
lesiones o ejercido habitualmente violencia física o psíquica en el ámbito familiar del causante, su
cónyuge, persona unida por análoga relación de afectividad, o alguno de sus descendientes o
ascendientes.
2. El que fuera condenado por sentencia firme por delitos contra la libertad, la integridad moral o
la indemnidad sexual, si el ofendido es el causante, su cónyuge, persona unida por análoga relación
de afectividad, o alguno de sus descendientes o ascendientes.
3. El que hubiera acusado al testador de delito al que la ley señale pena grave, si es condenado por
denuncia falsa.
4. El heredero mayor de edad que, sabedor de la muerte violenta del testador, no la hubiese
denunciado dentro de un mes a la justicia, cuando ésta no hubiera procedido ya de oficio.
5. El que con amenaza, fraude o violencia obligara al testador a hacer testamento o a cambiarlo.
6. El que por iguales modos impidiere a otro hacer testamento o revocar el que tuviera hecho, o
suplantara, ocultara o alterara otro posterior:
7. Es causa de indignidad no haber cuidado o atendido al causante cuando era una persona con
discapacidad, si se tenía obligación de hacerlo (deber de alimentos art 142 y 146 ).
También es indigno quien, de forma intencionada, no presenta un testamento cerrado que tiene en
su poder dentro del plazo legal tras la muerte del causante. 713 CC
1. Las hechas por el testador durante su última enfermedad a favor del sacerdote que en ella le
hubiese confesado, de los parientes del mismo dentro del cuarto grado, o de su iglesia, cabildo,
comunidad o instituto (art. 752 CC). Esta norma puede aplicarse a casos similares (no solo a los
previstos expresamente) porque no es una sanción. No castiga una conducta demostrada, sino que
evita situaciones donde podría haber influencia indebida, sin necesidad de probarlo.
2. Las realizadas por el menor o persona con medidas de apoyo a la discapacidad, en favor del
tutor o del prestador de apoyos, cuando éste sea curador representativo, salvo que se hayan hecho
después de la extinción de la tutela o de la curatela (art. 753 CC).
También está la imposibilidad de disposiciones testamentarias en favor de los cuidadores o
personas que sean administradores del centro público o privado en el que estuvieran internado el
testador, por razones de salud o asistencia, o las hechas en favor del propio centro asistencial.
- Un cuidador sólo puede recibir algo en el testamento si este es notarial abierto.
- Si el cuidador, tutor o curador es además familiar (con derecho a heredar sin testamento), sí
puede recibir sin problema.
3. Las efectuadas por el todo o parte de la herencia a favor del notario que autorice el testamento, o
de la esposa, parientes o afines del mismo dentro del cuarto grado, con la excepción establecida en el
art. 682 (legado de escasa cantidad en relación al caudal hereditario) (art. 754 CC). También afecta
esta prohibición a los testigos del testamento abierto otorgado con o sin notario.
● Si la persona indigna tiene bienes de la herencia, hay un plazo para reclamar la indignidad.
● Pero si no tiene ningún bien, se puede pedir que se declare su indignidad en cualquier
momento (no hay plazo, es imprescriptible).
TEMA 3
1. APERTURA DE LA SUCESIÓN
La sucesión no transfiere los derechos de forma inmediata como el título y modo, sino a través de
varias fases.
La primera de esas fases es necesariamente la del fallecimiento del causante. La sucesión se inicia,
con la muerte o declaración de fallecimiento del causante. La muerte, a efectos sucesorios, se
determina por el certificado de defunción, que fija el momento de apertura de la herencia. Determinar
el momento exacto de la muerte es clave porque puede influir en quién hereda al fallecido.
(conmoriencia) Téngase en cuenta el mandato del art.33 CC sobre la presunción de conmoriencia.
Una vez producida la muerte, ya es posible solicitar la adopción en vía judicial de medidas
conservativas del patrimonio del causante (arts. 959 ss. CC).
2. LA VOCACIÓN HEREDITARIA
La vocación hereditaria es una fase doctrinal, posterior a la apertura de la sucesión, que suele
coincidir con esta pero no siempre, y es distinta de la delación hereditaria aunque a menudo coinciden
en el tiempo.
La vocación hereditaria consiste en el llamamiento abstracto a todos los posibles sucesores de una
herencia. En ella se delimitan todos los sujetos con capacidad para ser herederos, ya sea
testamentarios o intestados, con independencia de quiénes sean los que finalmente acaben siendo
herederos en esa herencia.
La vocación hereditaria sirve para identificar a los posibles herederos antes de que se determine
quién heredará definitivamente. Permite a esos posibles herederos ejercer medidas preventivas de
la herencia (art. 959 CC). También les permite solicitar que el llamado preferente acepte o repudie la
herencia(el llamado derecho a deliberar art. 1005 CC). Además, pueden pedir medidas cautelares o
la intervención de la herencia (arts. 782 y ss.).
Se plantea si los llamados en segundo o tercer lugar, o sujetos a condición, pueden ejercer
anticipadamente la opción de aceptar o repudiar la herencia antes de que se confirme su llamamiento,
entre la apertura de la sucesión y la certeza de ser herederos. Tienen una delación genérica los
integrantes del posible grupo de herederos, con una expectativa que hemos visto merece ser
protegida.
Quienes aún no tienen certeza de ser llamados a heredar no deben decidir hasta la delación, momento
desde el que empieza su plazo. Sin embargo, pueden anticipar su decisión si lo desean. Esto ayuda a
reducir la incertidumbre entre interesados como acreedores o herederos. Además, pueden decidir con
suficiente información sobre la herencia, igual que los demás.
En casos como el heredero sujeto a condición suspensiva, podría ocurrir que la condición se cumpla
cuando ya ha fallecido y no pueda ejercer la opción. Permitir la aceptación anticipada evita este
problema. Así, si finalmente llega a heredar, los bienes se integran automáticamente en su propia
herencia.
Desde el llamamiento, el heredero tiene el derecho de aceptar o repudiar la herencia (ius delationis),
que puede ejercer dentro del plazo legal, generalmente de 30 años. Esa facultad incluye también la de
elegir entre aceptar pura y simplemente, o aceptar a beneficio de inventario. El precepto legal básico
regulador de la fase de delación sería el artículo 991 CC, que se refiere a las condiciones o
presupuestos para su ejercicio. Para poder aceptar o repudiar la herencia, el llamado debe tener certeza
de la muerte del causante y de su llamamiento, exigiendo además que ambos hechos se den
objetivamente.
¿Es posible tomar la decisión sobre la herencia antes de recibir el llamamiento hereditario concreto?
Existe un planteamiento generalizado en la doctrina sobre el artículo 991 CC y sus consecuencias.
No se puede aceptar o repudiar una herencia antes de su apertura, por lo que esos actos serían
inválidos. Sin embargo, tras la muerte del causante, podría admitirse una aceptación anticipada
aunque aún no haya delación efectiva. (por tener una condición suspensiva, o estar en segundo lugar, a
la espera de poder ser llamado tras la repudiación del primero en el orden).
Antes de la muerte, no parece posible la aceptación, por no poder conocerse las condiciones finales
del llamamiento ni el contenido preciso de los bienes o cargas que se le impondrán en el futuro, dado
que pueden variar mucho hasta el momento del fallecimiento.
Es posible renunciar anticipadamente a un derecho hereditario futuro incluso en vida del causante,
aunque con ciertas matizaciones. No se trataría propiamente de un acto de repudiación, puesto que
ésta exige, igual que la aceptación, el conocimiento de la muerte del causante y de su herencia además
de exigir unas condiciones de forma (ar. 1008 CC). Nos referimos a lo que sería una renuncia
anticipada a la delación futura, es decir, a una renuncia al ius delationis, esa renuncia produciría sus
efectos materiales cuando se produjera finalmente la muerte del causante. La renuncia anticipada se
basa en la voluntad clara e irrevocable de no heredar en ningún caso. Esto elimina la incertidumbre
sobre si aceptará o no la herencia. Además, facilita que los siguientes llamados conozcan su posición.
También permite al causante organizar mejor su sucesión. Y no supone preterición si se hace constar
en el testamento.
Para poder aceptar o repudiar una herencia se requieren dos requisitos objetivos: la muerte del
causante y la existencia de un llamamiento concreto (ius delationis) a favor del heredero. A los
qsrequisitos objetivos se suman dos requisitos subjetivos: conocer la muerte del causante y conocer
el propio llamamiento hereditario.
Algunos autores restan importancia a los requisitos subjetivos, pero en la práctica son muy relevantes
para poder ejercer el ius [Link] es especialmente claro en la búsqueda de herederos lejanos,
que puede tardar mucho tiempo. Además, el llamado puede estar lejos y desconocer durante un
tiempo la muerte del causante. Aquí parece lógico que el plazo de ejercicio de esa facultad de elección
no empiece a correr sino desde el momento de conocimiento de la muerte de aquél.
El conocimiento del llamamiento hereditario también es importante, ya que un pariente lejano puede
desconocer que ha sido llamado a una herencia. Puede creer que otros parientes más cercanos
heredarán. Sin embargo, si estos repudian la herencia, él puede pasar a ser el heredero sin saberlo.
STS de 23 noviembre de 1999: La sentencia dice que para aceptar o repudiar una herencia es
necesario conocer el testamento definitivo. Si se actúa basándose en un testamento que luego no es
válido, esa aceptación o renuncia no es eficaz. Por tanto, la decisión sobre la herencia debe hacerse
con el llamamiento correcto y definitivo. (En tanto haya una divergencia entre los dos llamamientos
en cuanto a la porción de herencia o los bienes de la misma).
Pluralidad de delaciones
Nuestro Código civil abre la puerta a que un mismo sujeto disponga de una pluralidad de delaciones,
no sólo sobre distintas herencias, lo que parece completamente natural, sino también sobre la misma
herencia.
El art. 1009 CC dice que, si una persona es llamada a la herencia por testamento y también por ley
(intestada), puede aceptar por un título aunque haya repudiado por el otro. Es decir, puede rechazar la
herencia por un llamamiento y aún aceptarla por el otro, si no conocía ese segundo título.
- Podemos hacer el siguiente desglose, siempre respecto de dos llamamientos dentro de una
misma herencia:
a) Delación a favor de un mismo sujeto como heredero testamentario y a la vez como heredero
legal: Aquí hay que distinguir a su vez:
b) Delación de un mismo sujeto como heredero y a la vez como legatario: Tampoco lo regula el art.
1009 CC. Existe una plena compatibilidad entre esas dos delaciones, y de hecho está prevista en el
art.890. II [Link], donde se admite expresamente la posibilidad aceptar o repudiar por separado cada
uno de esos llamamientos. Se regula allí el denominado "prelegado" en favor del heredero.
c) Delación de un mismo sujeto como heredero y como mejoratario: Esta hipótesis la regula
explícitamente el art. 833 CC, el cual admite que se puede aceptar uno de los llamamientos y repudiar
el otro, o viceversa.
Durante la herencia yacente, los bienes no tienen titular temporalmente. Esto plantea si terceros
pueden ejercitar acciones contra la herencia. Y también si se pueden realizar acciones para proteger o
defender la herencia. La ley permite demandar a una herencia sin titular (herencia yacente), además
esta herencia yacente puede ser parte en un proceso judicial en el cual la representan el albacea o, en
su defecto, los llamados a la herencia. En la herencia yacente, es necesario proteger y administrar los
bienes hasta que haya heredero. El Código Civil no regula esto de forma general. Por ello, se aplican
por analogía las normas de administración previstas para herencias con condición suspensiva
(arts. 801-804 CC). Si el causante designó un albacea en testamento, será este quien se ocupe de
administrar la herencia yacente y en su defecto, lo hará el llamado sin condición que ya haya
aceptado la herencia.
Se pueden ejercitar acciones en nombre de la herencia si son para conservarla (arts. 801-804 CC, por
analogía). Estas acciones las realiza el administrador provisional de la herencia o albacea. Para actos
de disposición (vender bienes, pagar deudas, etc.), necesita consentimiento de los herederos.
Cualquier interesado puede pedir medidas provisionales de administración (art. 1020 CC). Estas
medidas se solicitan ante el Notario en casos de derecho de deliberar (art. 1019 CC).
Los llamados pueden realizar actos de conservación sin aceptar la herencia (art. 999 CC). Puede
acordarse judicialmente la intervención de la herencia (arts. 790 ss. LEC). Esta intervención puede
iniciarse de oficio o a instancia de interesados, incluidos acreedores. Su finalidad es conservar la
herencia mediante inventario y administración temporal.
La prescripción (ganar o perder derechos por el paso del tiempo) sigue corriendo aunque la herencia
no haya sido aceptada (art. 1934 CC). Esto significa que la herencia puede ganar derechos
(prescripción adquisitiva) o perderlos (prescripción extintiva) durante ese tiempo. Ocurre incluso
mientras el llamado está decidiendo si acepta o no (derecho de deliberar). Sin embargo, la herencia
yacente no es una persona jurídica propia, sino una situación temporal sin titular definitivo.
Existe un periodo temporal en el que la herencia no tiene titular. Es una situación transitoria que no se
evita aunque la aceptación se retrotraiga al momento de la muerte (art. 989 CC).
No existe una norma, entre todas las referidas a la herencia yacente en el Código civil, que establezca
un proceso de liquidación de la misma por parte de un sujeto administrador que no sea heredero, ni
tampoco ningún precepto legal sobre ella que disponga un trato preferente o protector de los
acreedores hereditarios, en ese período de tiempo hasta la aceptación por el heredero o herederos,
fuera del cauce antes señalado de la intervención judicial de la herencia.
Naturaleza jurídica: estamos ante un sujeto al que se le otorgan por el testador, tras su designación y
aceptación del cargo, unas funciones de gestión y administración, incluso de disposición, fijadas por
dicho testador y completadas con las fijadas legalmente, que se consideran necesarias en la coyuntura
que atraviesa el patrimonio hereditario.
El albacea desempeña sus funciones tanto antes de la aceptación, como después de la aceptación de la
herencia. Siempre atendiendo a las instrucciones que en su caso le hubiera dado el testador. El albacea
se ocupa de cumplir la voluntad del causante. Además puede asumir la tarea propia del contador
partidor al que se refiere el art. 1057 CC, así como la de administrar y cuidar de la masa hereditaria.
El artículo 902 CC establece las facultades y tareas que deberá desarrollar el albacea, cuando el
testador no se las haya fijado:
- disponer y pagar los sufragios y funeral del testador
- satisfacer los legados en metálico
- vigilar la persecución de todo los demás ordenado en testamento ejercitando acciones a
defendiendo judicialmente la validez del testamento
- tomar las precauciones necesarias para la conservación de los bienes.
Estamos ante un cargo que suele ser gratuito, temporal (art. 904 ss. CC) y personalísimo (art. 909
CC). Se pueden designar más de un albacea, con funciones conjuntas, o bien atribuirles funciones
separadas, según lo hubiera dispuesto el causante.
El cargo de albacea es voluntario: puede aceptarse o rechazarse libremente (art. 899 CC). También se
puede renunciar después por causa justificada. Puede ser albacea casi cualquier persona, incluso
herederos o legatarios. Pero un heredero no puede ser contador-partidor (art. 1057 CC).
Ocurre cuando una persona es llamada a heredar porque estaba viva al morir el causante, pero
fallece después sin decidir si acepta o no la herencia. En ese caso, no llegó a ejercer su derecho a
aceptar o repudiar. Esto se llama postmoriencia (muere después), y es distinto de la premoriencia,
que es cuando el heredero muere antes que el causante.
EL DERECHO DE REPRESENTACIÓN
El derecho de representación está relacionado con la delación y se regula en los arts. 924 a 929 CC;
constituye una institución, de aplicación en el ámbito de la sucesión intestada pero también en la
llamada sucesión legitimaria, en está excluido el testamento . la vía testamentaria no se aplica.
virtud de la cual se llama a la herencia, en lugar del llamado más próximo en grado que premurió al
causante o que no puedo heredar por incapacidad, a la estirpe de este último. Se entiende por estirpe
todos los parientes en línea recta descendente, con prioridad para los más próximos en grado. Es la
llamada delación o sucesión de la estirpe del premuerto o del incapaz de heredar.
Esta figura sólo puede darse en la sucesión intestada, y también en la testada, pero sólo respecto de
la legítima. Es sólo la ley, la que establece los supuestos y condiciones en que se produce este tipo de
delación. No hay derecho de representación de origen voluntario,
El derecho de representación funciona al margen de la herencia del primer llamado que no puede
heredar: se puede ostentar derecho de representación sin ser heredero del representado: téngase en
cuenta que la ley llama como representantes a "los parientes de una persona", por lo que, en un caso
de premoriencia del primer llamado, se puede no ser heredero de éste, pero sí del causante cuya
herencia hay que distribuir.
- No todos los parientes pueden representar: solo los descendientes. Quedan excluidos los
ascendientes y los parientes en línea colateral.
Los descendientes no heredan por el derecho del representado, sino por un título legal propio. La ley
les atribuye la herencia cuando se cumplen los requisitos. Eso sí, reciben lo mismo que le habría
correspondido al representado.
En los supuestos de representación por indignidad o desheredación, hay también una cierta idea de
defensa o protección de la familia, y de limitación de la posible finalidad sancionatoria al sujeto
afectado, de modo que se protege al resto de integrantes de la familia del sancionado por no estar
incurso en esa conducta reprobable.
En la sucesión intestada, si el más cercano no puede heredar, se llama al siguiente en el mismo grado
(ej. sus hermanos). El derecho de representación es una excepción a esa regla de proximidad en
grado. Por ser una excepción, se interpreta de forma estricta y no se aplica por analogía (art. 4.2 CC).
No existe representación en la línea ascendente; ahí se sigue la proximidad en grado.
D. No es necesario aceptar la herencia del representado, dado que éste carece propiamente de un ius
delationis, al haber premuerto o ser indigno o desheredado. Ese derecho de optar pasa por ley
directamente a los descendientes más próximos del sujeto (ascendiente de éstos) que se vio
imposibilitado de ser heredero por las tres causas antes señaladas.
En la línea recta descendente, el derecho de representación no tiene límite de grado y puede llegar a
nietos, bisnietos o más, heredando por estirpes.
Efectos del derecho de representación, cabe señalar que los "representantes", como descendientes
del representado, tienen derecho a exactamente todo lo que hubiera correspondido a éste último si
viviera o hubiera podido heredar.
Hay discusión sobre qué regla aplicar cuando se repudia la herencia.
- Art. 923 CC → los del siguiente grado heredan por cabezas (sin representación).
- Art. 933 CC → los descendientes heredan por estirpes (por derecho de representación).
- El problema es decidir cuál de las dos reglas se aplica en estos casos.
De nuevo funciona como una excepción al principio de proximidad en grado, en cuanto a la legítima,
y los casos en los que procede son los siguientes:
a) Premoriencia: Si un descendiente legítimo muere antes que el causante, no hay preterición (art.
814 CC). Aunque el testamento lo nombre, si ya había fallecido, no se considera “olvidado”. En ese
caso, heredan sus descendientes (la estirpe). No es necesario hacer un nuevo testamento.
b) Indignidad: art. 761 CC. Al ser la indignidad una tacha personal, la ley no la extiende a la estirpe
del indigno, que pasa a ocupar su lugar en cuanto a la legítima correspondiente a este último.
c) Desheredación: art. 857 CC, que aplica la misma solución que en caso de indignidad. En cuanto a
sus efectos, los miembros de la estirpe ocupan el lugar del representado legitimario, con derecho a
recibir su legítima, aun existiendo parientes más próximos en grado.
La duda es si, cuando hay premoriencia, la representación afecta solo a la legítima estricta o a toda la
herencia que le corresponde al heredero. La idea clave: la norma se interpreta en el sentido de que la
representación alcanza a todo lo que le correspondería al representado, no solo a la legítima,
incluso si es más de esa cantidad.
EL DERECHO DE ACRECER
El derecho de acrecer supone un llamamiento solidario, a la misma herencia o legado, a favor de dos
o más personas. Ese llamamiento "solidario" implica que cuando se produce la renuncia o
imposibilidad de hacerlo de uno o varios de los llamados, los otros aumentan de forma automática
su parte en la herencia o legado deferido conjunta o solidariamente. Se trata siempre de una
institución de carácter voluntario o testamentario, no de origen legal, por lo que será decisivo
interpretar la cláusula testamentaria donde se establezca. En caso de duda, habría que proceder a
interpretar la auténtica voluntad del causante plasmada en el testamento. El llamamiento conjunto o
solidario puede ser a la herencia (en su totalidad o a una parte de ella) o a un legado (art.987 CC).
Son presupuestos del acrecimiento los siguientes (siempre a salvo de estipulación distinta en el
testamento):
1. Que haya un llamamiento solidario o sin designación de bienes concretos: La ley establece reglas
para determinar cuándo varios herederos son llamados juntos a la misma herencia, aunque esas reglas
no son obligatorias ni definitivas. Hay llamamiento solidario cuando varios herederos son llamados
sin repartir claramente la herencia. En principio, no debe haber designación de partes concretas (art.
983 CC). Pero puede haber acrecimiento aunque existan cuotas, si no se separa la herencia en partes
independientes. No hay acrecimiento si hay partes desiguales claramente asignadas. La voluntad
del testador puede permitir el acrecimiento aunque no sea explícito. También hay acrecimiento
implícito si el testador llama a varios herederos por cuotas y excluye otras vías como la sucesión
intestada o la sustitución vulgar.
2. Que uno o varios de los llamados solidariamente no quieran o no puedan heredar, la ley exige que
en concreto, en los siguientes tres tipos de situaciones:
- Premoriencia
- Repudiación
- Indignidad o desheredación
Aunque no lo diga la ley, cabría incluir en el testamento otros supuestos distintos de los anteriores:
- Nulidad del llamamiento a uno de los coherederos,
- Incumplimiento de condición suspensiva
- Cumplimiento de condición resolutoria de uno de los llamados,
- La prescripción del derecho a aceptar la herencia.
Cualquier ineficacia de los llamamientos depende de la voluntad del testador, y si no dice nada, se
aplican las reglas legales (normas dispositivas).
Si no se dan los presupuestos del acrecimiento, ¿de qué forma se hereda, si uno de los llamados como
heredero no quiere o no puede heredar? La respuesta sería la siguiente: como regla, se llamaría, a la
porción de herencia repudiada o que se ha podido adquirir, a los herederos intestados, en tanto el
causante no hubiera previsto otra cosa en su testamento (por ejemplo, podía haber previsto uno o
varios sustitutos vulgares).
En los demás casos de concurrencia de varios parientes del mismo grado (parientes en línea recta
ascendente, o línea colateral hasta el cuarto grado), si uno no puede heredar por premoriencia o
indignidad/desheredación, se produce el acrecimiento a favor de los demás. Ello debe ser así a pesar
de la literalidad del art.981 CC: sería aplicar el principio de proximidad en grado, que es la regla
general en materia de sucesión intestada. Lo dice también en buena medida el art. 922 CC.
TEMA 6: EL TESTAMENTO
El artículo 667 CC define el testamento como“el acto por el cual una persona dispone para después
de su muerte de todos sus bienes o de parte de ellos". Esta definición es limitada, porque existen otras
formas de disponer “mortis causa” (como pactos sucesorios o donaciones).
Incluso puede existir un testamento válido sin contenido patrimonial (art. 764 CC). Estas
disposiciones no patrimoniales son eficaces aunque el testamento se revoque o sea nulo.
Se plantea si el reconocimiento de un hijo en testamento puede tener eficacia antes de la muerte del
testador. Aunque parte de la doctrina lo niega por considerar el testamento un acto “mortis causa”,
otra postura defiende que debe tener eficacia inmediata por el interés del hijo y de la madre. Además,
el reconocimiento de filiación es un acto irrevocable que no puede someterse a condiciones ni
retrasarse.
El testamento es un negocio "mortis causa", esto es, que sus efectos quedan diferidos al momento
inmediatamente posterior a la muerte de su autor. Su finalidad típica, aunque no única, es
distribuir todo o parte de sus bienes y derechos para después de su muerte. El testamento no
produce efectos mientras el testador está vivo, por lo que los beneficiarios no pueden exigir derechos
ni medidas sobre la herencia. Esto se debe a que sus efectos son “mortis causa” y a que el testamento
es esencialmente revocable.
El testamento es un negocio jurídico unilateral, ya que lo otorga una sola persona y produce efectos
por su sola voluntad, sin necesidad de intervención de otros.
Esos efectos unilaterales consistirán básicamente en abrir la propia sucesión hereditaria y llamar a
la misma a una o varias personas como herederos o como legatarios, o como ambas cosas. El
efecto que se deriva del testamento será el de otorgar a esas personas, en concreto a los herederos, una
delación hereditaria, la cual será el presupuesto o base para que, con la ulterior aceptación, culmine
el proceso de adquisición típicamente hereditario.
En el Derecho español no existe una regulación general de los negocios jurídicos unilaterales. Esto
plantea dudas sobre si se pueden aplicar por analogía las normas de los contratos (vicios del
consentimiento, nulidad, ineficacia). En los negocios unilaterales, como el testamento, hay una mayor
libertad de voluntad, ya que solo interviene una persona. En cambio, en los contratos esa libertad
está más limitada porque requiere el acuerdo entre varias partes.
La solemnidad es una característica central de los testamentos ya que es entendida como elemento
de validez de los mismos, de modo que su incumplimiento determinará la nulidad total o parcial
del negocio testamentario. El artículo 687 que dispone: "Será nulo el testamento en cuyo
otorgamiento no se hayan observado las formalidades respectivamente establecidas en este capítulo".
De ese modo se remite a formas específicas de cada modalidad testamentaria (testamento abierto,
cerrado u ológrafo).
La exigencia de forma en el testamento busca garantizar que se respete la verdadera voluntad del
testador, ya que es un negocio unilateral que surtirá efectos tras su muerte. Como el testador no podrá
aclarar después su intención, la ley impone formalidades estrictas. Sin embargo, la jurisprudencia ha
matizado esta rigidez, distinguiendo entre requisitos esenciales y meramente formales. Solo la falta de
los requisitos esenciales provoca la nulidad del testamento, no los defectos formales menores.
En el testamento abierto notarial, la jurisprudencia y la doctrina han delimitado que solo ciertos
requisitos esenciales son determinantes para su validez:
Otras dos características básicas de los testamentos son su carácter personalísimo, y su naturaleza
esencialmente revocable.
El art. 670 CC dispone como imperativo que el testamento es un acto personalísimo, no puede ser
delegado en tercero, siendo nulo en la medida en que lo hubiera hecho así. El art. [Link] CC prohíbe
que sea un tercero quien designe a los herederos o legatarios, o las cuotas o porciones que van a
recibir. Excepcionalmente, el art. 831 CC permite al testador conferir facultades a su cónyuge viudo
para determinar mejoras a favor de hijos comunes. Incluso con afectación del tercio de libre
disposición.
La revocabilidad del testamento, constituye una característica esencial del mismo, sea cual sea su
modalidad, conforme al art. 737 CC. El testamento puede revocarse en cualquier momento, sin
excepciones, aunque el testador haya dicho que no lo hará. La revocación puede ser expresa o tácita,
pero siempre debe hacerse en forma testamentaria válida (art. 738 CC). Un testamento posterior
revoca tácitamente al anterior cuando es incompatible con él, aunque no lo mencione.
El CC regula la capacidad para otorgar y disponer por testamento en los arts. 662 ss. CC.
La regla general es que se precisa tener al menos 14 años para poder otorgar testamento. 663.1° CC.
Esta solo se refiere a los testamentos notariales, pero no al testamento ológrafo, para el cual el art.
688 CC exige la mayoría de edad en el momento de otorgarse. Esa regla de los 14 años tiene el
sentido de que, a pesar de la complejidad que a veces supone testar, lo que exigiría un alto nivel de
madurez del testador, la presencia del Notario supervisando la voluntad testamentaria se estima
suficiente para otorgarle validez.
La Ley 8/2021 ha modificado el art. 663 CC para facilitar que las personas con discapacidad puedan
testar. Ahora solo carece de capacidad quien no pueda formar o expresar su voluntad ni siquiera con
apoyos. Antes se excluía a quien no estuviera en “cabal juicio”, pero esa referencia ha desaparecido.
En general, las personas con discapacidad pueden testar, salvo casos excepcionales de imposibilidad
total de voluntad.
La norma de capacidad para testar se aplica a todos los tipos de testamento, también al ológrafo. El
hecho de que exista un curador con funciones representativas puede ser un indicio de menor
capacidad, pero no determina automáticamente la incapacidad para testar. Una persona con
discapacidad puede tener momentos de lucidez o hacer un testamento simple que no requiera gran
complejidad, por lo que podría ser válido.
Tras la reforma de 2021, la discapacidad ya no se declara judicialmente, por lo que se valora caso por
caso. En el testamento notarial, el notario debe comprobar si la persona puede comprender y expresar
su voluntad. Ya no existe el antiguo “juicio de capacidad” formal ni la intervención obligatoria de
médicos. El notario debe prestar apoyos para facilitar la comprensión y la expresión de la voluntad del
testador.
El notario tiene un papel activo, ayudando a que la persona pueda expresar su voluntad testamentaria.
Solo en casos excepcionales podrá negarse a autorizar el testamento. Como regla general, las personas
con discapacidad pueden otorgar testamento. El testamento sólo podrá impugnarse si se demuestra
que el testador no podía formar ni expresar su voluntad, ni con apoyos.
El art. 666 CC dispone finalmente que para apreciar la capacidad del testador se atenderá "únicamente
al estado en que se halle al tiempo de otorgar el testamento", lo cual parece excluir (tanto para el
Notario autorizante como para la autoridad judicial) la posibilidad de tener en cuenta de forma
decisiva los documentos y hechos anteriores a ese momento, que pudieran apoyar una posible falta de
aptitud del testador con discapacidad.
6. MODALIDADES DE TESTAMENTO
Se regula en los arts. 694 a 705 CC. Es el modelo más usual de testamento, en el que interviene
necesariamente un Notario autorizante, que ha de ser hábil para actuar en el lugar del otorgamiento.
La manera de efectuar la declaración de voluntad por el testador es, como regla, hacerlo en unidad
de acto (art. 699 CC), comenzando con la expresión oral o por escrito ante el Notario de su última
voluntad, quien a continuación lo redactará y leerá el Notario ante el testador, para que éste
manifieste finalmente si está conforme o no con la redacción, y si lo estuviere, lo firmará él mismo,
en tanto pueda hacerlo, y si no, se recurrirá a al menos un testigo en su lugar, por ruego de aquél.
La Ley 8/2021 ha reforzado la autonomía de las personas con discapacidad, por lo que el notario suele
reconocer su capacidad para testar incluso con dudas. La capacidad para testar no es igual que la
capacidad para actos entre vivos. Según la STS 1640/2024, para testar basta con un mínimo de
consciencia y saber que se quiere dejar bienes a determinadas personas. Lo esencial es querer y
entender que se está designando a uno o varios sucesores o legatarios. Para el otorgamiento de este
tipo de testamento no son precisos los testigos, salvo en los casos señalados en el art. 697 CC, y en los
casos del art. 698 CC, para los testigos de conocimiento.
Es muy escasamente utilizado en la práctica, por lo que se duda sobre su mantenimiento en una
reforma legal futura. La particularidad del mismo es que el testador deberá redactarlo por escrito
(no necesariamente de su puño y letra) o en algún soporte electrónico que permita la verificación de
su firma electrónica y presentarlo ante el Notario dentro de una cubierta o sobre cerrada y sellada, de
forma que no pueda extraerse sin romper la misma, manifestando al Notario que el pliego presentado
contiene su testamento. A continuación, el Notario extenderá sobre la cubierta el acta de
otorgamiento, expresando su número y la marca de los sellos, y dando fe de conocer al testador y de
que tiene la capacidad legal necesaria para testar. A continuación, el Notario firmará el acta, una
vez leída. Tras ello, el Notario entregará el testamento al testador, quien podrá conservarlo en su
poder, encomendar su guarda a tercero o al propio Notario. Existen disposiciones especiales en la ley
(arts. 708 ss. CC) para aquellos testadores que quieran otorgar este tipo de testamento, por razón de
que no sepan o no puedan leer, o tengan discapacidad visual o no puedan expresarse verbalmente.
Testamento ológrafo
Esta modalidad de testamento no exige la intervención notarial para su redacción, sino que es
redactado de puño y letra por el testador. Lo regulan los arts. 688 ss. CC, y para su validez se exige
que todo él esté escrito por el testador, firmado por el mismo, debiendo expresarse el año, mes y
día en que se otorga, prohibiendo la palabras tachadas o enmendadas o entre renglones, a menos
que testador las salve de manera expresa mediante su firma. Este testamento deberá protocolizarse
ante Notario en los cinco años siguientes al fallecimiento del testador, extendiendo aquél acta de
protocolización de conformidad con la legislación notarial. Si estuviera en poder de persona distinta
del testador, ésta tendrá obligación de presentarlo ante el Notario en los diez días siguientes en
que conozca el fallecimiento del testador, siendo responsable de los posibles daños si no la
cumple en ese tiempo. Una vez presentado ante el Notario, éste debe advertirlo, para lo cual
acordará las pruebas oportunas y citará a los parientes y allegados del testador para que puedan
identificar su letra y su firma, y así confirmar su autenticidad. En caso de duda o disputa, el Notario
remitirá a las partes al correspondiente procedimiento judicial.
Testamentos especiales
El Código Civil permite testamentos en contexto militar (campaña, guerra o situaciones similares)
cuando no es posible acceder a un notario. Pueden otorgarlos militares, soldados voluntarios,
prisioneros y personal del ejército. Se hacen normalmente ante un oficial de rango mínimo de
capitán o ante un comisario de guerra con funciones notariales. Excepcionalmente pueden ser
orales en batalla o asalto ante dos testigos. Caducan a los cuatro meses desde que el testador deja
la campaña si sobrevive. El testamento oral en combate pierde eficacia si el testador sobrevive a
esa situación concreta.
También se admite en el Código civil el testamento otorgado durante un viaje marítimo, y se hará
según los casos ante el contador, si era buque de guerra, o ante el capitán, si era mercante, y en
presencia de dos testigos idóneos. El texto del testamento deberá ser entregado en su momento al
agente diplomático o consular de España cuando el buque arribe a un puerto extranjero, y si fuera
español, ante la autoridad marítima local. Estos testamentos caducan en el plazo de cuatro meses si el
testador desembarca en un punto donde pueda testar en forma ordinaria.
La interpretación del testamento, según el art. 675 CC, debe basarse principalmente en el propio
texto testamentario, analizado en su conjunto para descubrir la verdadera voluntad del testador, ya
que no es posible consultarle tras su muerte. Por ello, como regla general, se excluye la prueba
extrínseca (otros documentos o medios), debido al carácter solemne del testamento, y no se tiene en
cuenta lo que no figure en él (art. 672 CC). No obstante, esta prueba externa puede utilizarse de forma
muy limitada y prudente, solo para aclarar aspectos dudosos cuando el propio testamento no sea
suficiente.
No existe una regulación general de la ineficacia de los testamentos en el Código Civil, sino normas
aisladas. Además, no se pueden aplicar directamente las reglas de nulidad de los contratos, porque el
testamento es un negocio unilateral. La doctrina reconoce el principio de conservación del
testamento, que implica interpretar de forma restrictiva su ineficacia. Esto supone que, en la
medida de lo posible, se prefiere la nulidad o ineficacia parcial frente a la total, de modo que solo
se anulen las cláusulas afectadas sin invalidar todo el testamento.
El art. 743 CC sirve como base del principio de conservación al señalar que la ineficacia solo se da
en casos previstos por la ley. Aunque es una norma muy general, apoya la idea de que puede haber
ineficacia parcial del testamento, a diferencia de los contratos.
Preceptos legales que contienen alusiones puntuales a la nulidad o ineficacia total o parcial de
los testamentos:
La protección de las legítimas puede dar lugar a la nulidad total o parcial del testamento cuando se
lesionan los derechos de los legitimarios, conforme a los arts. 808, 809, 813, 816, 817 y 819 CC.
Dado que no existe una regulación general de la ineficacia testamentaria, la doctrina y la
jurisprudencia han recurrido de forma limitada a las reglas de los contratos, aunque sin poder
trasladarlas íntegramente al ámbito testamentario. Solo de manera supletoria se aplican algunas de
esas reglas, especialmente en materia de vicios del consentimiento o capacidad. En materia de
testamentos se entiende que solo existe un tipo de nulidad, de carácter declarativo, cuya acción
sería en principio imprescriptible. No cabe la nulidad relativa propia de los contratos, ya que el
testamento es un negocio unilateral y el testador ya ha fallecido. Sin embargo, la reclamación de los
bienes hereditarios derivados de esa nulidad sí está sujeta al plazo general de cinco años del art. 1964
CC al tratarse de una acción personal.
La nulidad por vicios del consentimiento en los testamentos. Especial consideración del error en
las disposiciones testamentarias.
La nulidad del testamento puede darse por vicios del consentimiento (violencia, dolo o fraude, art.
673 CC). Sin embargo, a diferencia de los contratos, no se trata de un caso de anulabilidad, ya que el
testador ha fallecido y no puede impugnar el testamento ni revocarlo. Por ello, la nulidad
testamentaria por vicios de la voluntad se configura como una nulidad general, que puede ser
ejercitada por cualquier persona con interés legítimo, aplicándose las reglas generales de nulidad
del testamento y no las propias de la nulidad relativa contractual.
El art. 674 CC sanciona al heredero abintestato que haya usado dolo, fraude o violencia,
privándole de la herencia. Esta norma se relaciona con el art. 756.5 CC, que prevé un supuesto de
indignidad para suceder similar. La intimidación también es causa de nulidad del testamento. Existe
intimidación cuando el testador otorga testamento por amenazas de un mal grave e inminente. La
“amenaza” del art. 756.5 CC se equipara a la intimidación, no a la violencia.
El Código Civil no regula expresamente el error como causa de nulidad del testamento, aunque el art.
767 CC admite la existencia de una “causa falsa”. En general, el error se considera irrelevante y no
afecta al llamamiento testamentario, pero sí puede provocar la nulidad de la disposición si fue el
motivo determinante por el que el testador instituyó heredero o legatario y no lo habría hecho de
conocer la verdad.
El art. 767 CC ha permitido resolver casos en los que una disposición testamentaria pierde eficacia
por un cambio posterior en las circunstancias del beneficiario, como ocurre cuando el cónyuge o
pareja designado en el testamento se divorcia o se separa del testador antes de su fallecimiento
sin que este haya modificado el testamento. El Tribunal Supremo, en sentencias de 2018, ha
declarado la ineficacia de estas cláusulas al considerar que existe una “causa falsa”, entendiendo que
la voluntad del testador era beneficiar a su cónyuge solo mientras mantuviera esa condición.
Aunque esta solución ha generado debate por su posible impacto en la voluntad testamentaria, el
Tribunal la justifica en la interpretación de la voluntad real del testador y en la aplicación
analógica del art. 767 CC, considerando ineficaz la disposición cuando desaparece el motivo
determinante que la originó.
La doctrina entiende que, en los llamamientos testamentarios al cónyuge, debe considerarse implícita
una condición de que siga siéndolo en el momento del fallecimiento, de modo que, si hay divorcio o
separación, la disposición puede quedar ineficaz aunque no se haya modificado el testamento. Esta
solución se apoya en una interpretación acorde con la realidad social actual. Sin embargo, es más
discutible extender automáticamente este criterio a las parejas de hecho, ya que no tienen el
mismo estatuto jurídico que el matrimonio ni derechos sucesorios o deberes de convivencia, por lo
que en estos casos podría mantenerse la validez del llamamiento salvo que se pruebe una
voluntad clara del testador en sentido contrario.
La sustitución pupilar del art. 775 CC es una figura distinta de la sustitución vulgar y la
fideicomisaria, ya que permite que otra persona otorgue testamento por un menor de 14 años en
caso de fallecimiento antes de esa edad, teniendo efectos sobre todo su patrimonio. Se considera una
excepción a la prohibición general de testar por otro (art. 670 CC).
Las sustituciones (vulgar y fideicomisaria) se basan en la libertad del testador para decidir qué
pasa con sus bienes cuando muere, aunque esa libertad tiene un límite: no se pueden dejar los
bienes “atados” para siempre, ni en vida ni tras la muerte. Estas sustituciones pueden hacerse tanto
para el heredero como para el legatario, ya que el testador puede nombrar un sustituto para ambos.
La sustitución vulgar
La sustitución vulgar es la previsión del testador de que, si el heredero o legatario no quiere o no
puede heredar, otra persona ocupe su lugar. Se aplica solo en testamento y funciona en casos como
repudiación, premoriencia, indignidad o desheredación, aunque el testador puede añadir o excluir
otros supuestos.
Si se agotan los sustitutos previstos, se llama a los herederos intestados. El testador puede designar
libremente a los sustitutos (uno o varios, conjunta o separadamente) e incluso nombrar como
sustituto a un coheredero. En caso dudoso, se interpreta el testamento para ver si la sustitución es
conjunta o independiente. El sustituto recibe la herencia o parte de ella con los mismos derechos y
plazos que si hubiera sido llamado en primer lugar.
El Código Civil español permite al testador organizar el destino de sus bienes durante un tiempo
prolongado, incluso con herederos sucesivos, pero no de forma perpetua. Durante ese tiempo, los
herederos tienen limitada la facultad de disponer de los bienes. Además, se debe respetar la legítima,
que no puede ser gravada en perjuicio de los legitimarios.
Las sustituciones fideicomisarias están reguladas en los arts. 781 a 785 del Código Civil y permiten
al testador fijar el destino de sus bienes tras su muerte dentro de la libertad de testar.
Deben distinguirse del fideicomiso romano, que era un encargo de confianza a otra persona para
que designará al heredero según instrucciones reservadas, sin embargo esto está prohibido en el
Código Civil porque implica dejar bienes según instrucciones secretas, lo que genera inseguridad
jurídica y evita el control notarial.
El legislador del Código Civil decidió prohibir las vinculaciones perpetuas de bienes, admitiendo
sólo las vinculaciones temporales, estableciendo el límite de "segundo grado", en el sentido de
admitir llamamientos, a favor de personas aún no nacidas al momento de fallecer el causante, pero
sólo a favor de dos de ellas, sin contar con el primer llamado. Las sustituciones fideicomisarias
consisten precisamente en ese orden sucesivo de llamamientos, de modo que si un heredero no llega
a heredar, pasa al siguiente designado.
Antes se pensaba que el fiduciario era como un usufructuario, porque tenía que conservar los bienes y
luego pasarlos al siguiente. Pero hoy se considera que es un heredero propietario de los bienes, no
un usufructuario, ya que no existe un “nudo propietario” separado. Eso sí, su propiedad es temporal,
porque después debe transmitirlos al fideicomisario.
El fiduciario es un heredero propietario, pero con propiedad temporal, y por eso debe conservar los
bienes y entregarlos después al fideicomisario, aplicando algunas reglas del usufructo como
inventario y caución (salvo que el testador lo quite). Aun así, sí puede disponer de los bienes, porque
no tiene una prohibición de enajenar como tal, solo ciertas limitaciones.
Los gastos legítimos que el fiduciario puede reclamar al fideicomisario son solo algunos:
● No puede reclamar los gastos para obtener frutos (beneficios de los bienes), porque esos los
disfruta él mientras dura el fideicomiso.
● Sí puede reclamar los gastos de conservación de los bienes (para mantenerlos en buen
estado), ya que benefician al fideicomisario.
● En cuanto a deudas de la herencia, el fiduciario debe pagarlas como heredero (incluso con su
propio patrimonio si aceptó pura y simplemente). Después, el fideicomisario asumirá las que
queden pendientes, aunque el fiduciario puede seguir respondiendo frente a los acreedores.
El fiduciario debe entregar los bienes como si el fideicomisario fuera el heredero final. El fiduciario
puede reclamar al fideicomisario lo que haya pagado de más con su propio dinero, aunque si este
aceptó a beneficio de inventario, solo responderá con los bienes de la herencia. El fideicomisario debe
reembolsar las mejoras, porque recibe bienes con mayor valor. Los créditos del fiduciario contra el
testador (que se habían extinguido) vuelven a existir y pasan a ser exigibles al fideicomisario.
Si el fiduciario no puede o no quiere heredar (por ejemplo, muere antes del testador, repudia o es
indigno), surge la duda de qué pasa. La doctrina dice que la sustitución fideicomisaria incluye la
sustitución vulgar. Por eso, el fideicomisario puede heredar directamente sin esperar, ocupando el
lugar del fiduciario. Esto se entiende como la voluntad implícita del testador si no dice lo contrario.
El fideicomisario tiene un derecho propio a heredar que incluso puede transmitir a sus herederos.
Puede aceptar o repudiar antes o después de recibir los bienes, con el plazo legal completo. Como
heredero definitivo, puede aceptar pura y simplemente o a beneficio de inventario,
independientemente de lo que hizo el fiduciario. Si acepta pura y simplemente, responde también con
sus bienes propios de las deudas que queden. Tanto fiduciario como fideicomisario pueden seguir
respondiendo de las deudas según cómo hayan aceptado la herencia.
Hay dos tipos: la normal (con obligación de conservar y transmitir) y la de residuo (sin obligación
total de conservar). En la de residuo, el fiduciario puede disponer de los bienes, y el fideicomisario
solo recibe lo que quede.
La segunda cuestión relevante que plantea este tipo de SF de residuo es si se aplica o no a esta
sustitución el límite de segundo grado previsto en el art. 781 CC.
En la sustitución fideicomisaria normal hay un límite de segundo grado (máx. dos llamamientos a
no nacidos). En la de residuo, en general no se aplica ese límite, porque el fiduciario puede disponer
de los bienes y no hay riesgo de vinculación perpetua. Si parte de los bienes no se pueden disponer,
sí se aplica el límite del segundo grado solo a esos bienes. Si el fiduciario puede disponer de todos
los bienes, entonces no hay ningún límite.
El testador, en la SF de residuo tiene dos posibles alternativas: que un parte de los bienes deferidos a
través de la SF de residuo vaya a parar en todo caso al fideicomisario y a sus descendientes de forma
obligatoria, pero otra parte sea susceptible de disposición por el fiduciario tanto inter vivos como
"mortis causa" (o en una sola modalidad de ellas); o bien que el fiduciario (o fiduciarios intermedios)
puedan disponer de la totalidad de los bienes. En el primer caso, regirá el límite del segundo grado del
art. 781 CC sólo respecto de aquellos que no son disponibles. En cambio, en el segundo, no se
aplicará en ningún momento el límite del segundo grado, pues el fiduciario (y los fiduciarios
intermedios) pueden en todo momento disponer, por lo que decae la justificación subyacente a la
limitación legal.
La caución muciana (art. 800 CC) se aplica cuando hay una condición suspensiva negativa (por
ejemplo, “serás heredero mientras no te cases”), en la que solo se sabe si se cumple definitivamente al
morir el heredero. En estos casos, el llamado puede aceptar la herencia antes de que se cumpla la
condición, pero debe garantizar (afianzar) la devolución de los bienes o su valor si finalmente la
condición se incumple.
Los herederos intestados que reciban los bienes antes del llamado a término, deberán hacer
inventario y prestar caución, igual que sucede en la sustitución fideicomisaria, pero no porque sean
figuras iguales, sino porque, habiendo un heredero posterior en el tiempo, habrá de asegurarle que
reciba los bienes tal como quiso el testador.
LA INSTITUCIÓN MODAL
Arts. 797 y 798 CC. La institución de heredero o legatario sub modo consiste en que el testador deja
una herencia o legado, pero impone una obligación o carga al que la recibe (por ejemplo, hacer algo
o destinar los bienes a algo). No puede afectar a la legítima. Esa obligación se rige por las normas
generales de las obligaciones, y a veces es difícil distinguirla de una condición (suspensiva o
resolutoria) por lo que hay que interpretar lo que quiso el testador.
Si el testador ha fijado un modo al llamado y no una condición, ese llamado dispondrá de una
delación segura, por lo que le es aplicable el art. 1006 CC. Todo gravamen impuesto en testamento
no puede sobrepasar el valor de la cosa o bienes deferidos por herencia o legado. Si la carga (modo) se
vuelve imposible sin culpa, se intenta cumplir de la forma más parecida a lo que quería el
testador; si no es posible, se extingue. El beneficiario puede exigir que se cumpla, o pedir
indemnización por daños. Además, si no se cumple, se puede pedir la revocación de la herencia o
legado.
La legítima es una parte de la herencia fijada por la ley, que obliga al testador a dejar bienes a
determinados familiares. La legítima es un derecho obligatorio que el testador no puede evitar ni
modificar (ni quién la recibe ni cuánto), salvo en casos excepcionales de desheredación legalmente
previstos. Existe la posibilidad de renuncia de la legítima por los legitimarios beneficiados, no puede
ser en principio previa al llamamiento hereditario, ni por tanto anterior a la muerte del causante
(art.816 CC). Aunque la legítima es obligatoria, el testador puede darla de distintas formas
(herencia, legado o donaciones en vida) y, en el caso de descendientes, puede mejorar a alguno con
una parte de la legítima (tercio de mejora).
La teoría de la “pars bonorum” (la más aceptada) entiende la legítima como una parte del
patrimonio del fallecido (bienes de la herencia) que el legitimario debe recibir por cualquier título.
No lo convierte necesariamente en heredero, sino en alguien que tiene derecho a una porción del
activo de la herencia tras pagar las deudas, que el testador no puede disponer libremente.
● La legítima de los hijos y descendientes es 2/3 de la herencia (art. 808 CC), llamada legítima
larga.
● La herencia se divide en tres partes iguales (3 tercios).
● 1/3 = legítima estricta: se reparte por igual entre todos los legitimarios.
● 1/3 = tercio de mejora: el testador puede usarlo para favorecer a uno o varios hijos o
descendientes.
● 1/3 = libre disposición: el testador puede dejarlo a quien quiera.
La legítima se reparte entre los hijos por igual (por cabezas), salvo mejora a alguno. Si un hijo no
puede heredar (por premoriencia, desheredación o indignidad), lo sustituyen sus hijos (nietos del
causante). En ese caso se aplica la sucesión por estirpes (derecho de representación): los
descendientes del hijo reparten entre ellos la parte que le habría correspondido a su [Link] el hijo
está vivo, los nietos no son legitimarios.
La mejora:
La mejora es una de las dos terceras partes de la legítima larga que la ley permite que el causante
distribuya, intervivos o "mortis causa", entre sus hijos o descendientes. La mejora solo puede hacerse
a favor de descendientes (hijos, nietos, etc.), ya sean biológicos o adoptados. No hay límite de grado:
se puede mejorar a nietos aunque el hijo siga vivo. Para que exista mejora debe haber más de un
descendiente posible beneficiario, aunque solo haya un hijo legitimario, porque también pueden
entrar otros descendientes (como nietos). Se puede disponer de todo o parte del 1/3 de mejora: en caso
de disponerse sólo de una parte por el testador (o donante), el resto aumenta la parte de legítima
estricta, y se reparte por igual entre los legitimarios. La mejora puede dejarse de forma expresa
(en testamento o en vida) a uno o varios hijos o descendientes. La mejora forma parte de la legítima
larga, por lo que tiene su misma naturaleza. Su única diferencia es que el testador puede elegir
libremente a quién favorecer dentro de los descendientes.
La mejora la puede hacer el padre o la madre cuando hay hijos o descendientes (art. 823 CC).
Pueden ser beneficiarios todos los hijos y descendientes, sean matrimoniales, no matrimoniales o
adoptivos. Excepción importante: el art. 831 CC permite que el testador dé poder al cónyuge (o
pareja con hijos comunes) para que, después de su muerte, decida cómo mejorar a los hijos o
descendientes comunes. Ese cónyuge puede incluso distribuir bienes y usar parte de la libre
disposición, y hacer adjudicaciones concretas. Pero siempre debe respetar: la legítima estricta, y las
disposiciones del testador. Esta facultad también existe aunque no estén casados, si hay
descendencia común.
La mejora puede recaer sobre un bien concreto. Si ese bien vale más de lo que corresponde al
tercio de mejora, el beneficiario debe compensar en dinero a los demás herederos (art. 829 CC).Si
no se señala un bien concreto, la mejora se paga con bienes de la herencia, procurando la igualdad
entre herederos (art. 832 CC). Regla general: la mejora debe ser expresa. En donaciones en vida,
solo hay mejora si el donante lo dice claramente (art. 825 CC). Excepción: en los legados, la mejora
puede ser tácita en ciertos casos: si el testador lo dice expresamente, o si no cabe en la parte libre (art.
828 CC).
Si un padre deja a tres hijos como herederos y a otro solo la legítima estricta, los tres primeros están
mejorados tácitamente, porque reciben más que el cuarto. Si un padre hace una donación en vida a
un hijo y dice que no es colacionable, se entiende que también hay mejora tácita, porque ese hijo
conserva lo donado además de lo que herede.
La mejora es revocable en cualquier momento (art. 827 CC). Lo que se revoca es la condición de
mejora, no la donación en sí (que solo se revoca por causas legales). Excepciones (no se puede
revocar): Si la mejora se hizo en capitulaciones matrimoniales O en contrato oneroso con tercero
La razón es que en estos casos hay un acuerdo bilateral con compromisos, por lo que no puede
modificarse libremente.
La legítima de los padres y ascendientes es subsidiaria, pues requiere que el causante carezca de hijos
y descendientes. los ascendientes sólo sean legitimarios en caso de inexistencia o premoriencia de
descendientes, pero no en los de repudiación, desheredación o indignidad, en cuyo caso los
ascendientes no tienen derecho a legítima. Según el art. 809 CC, constituye la legítima de los padres
o ascendientes la mitad del haber hereditario de los hijos y descendientes, salvo el caso en que
concurrieren con el cónyuge viudo del descendiente causante, en cuyo supuesto será de una tercera
parte de la herencia. La legítima reservada a los padres se dividirá entre los dos por partes iguales;
si uno de ellos hubiere muerto, recaerá toda en el sobreviviente. art. 810 CC. Si no hay padres pero
sí otros ascendientes, la herencia se reparte por mitades entre línea paterna y materna si son del mismo
grado, y si no, va toda a los más cercanos. El art. 812 CC regula la reversión legal de los
ascendientes. Si un hijo muere sin descendencia, los padres recuperan los bienes que le donaron. Si
esos bienes ya no existen, reciben su valor, precio o bienes sustitutos. Es una sucesión especial solo
sobre lo donado y no cuenta para la legítima (es un “extra”).
Forma de pago:
La legítima del cónyuge viudo puede cumplirse dándole el usufructo de bienes concretos de la
herencia o sustituyéndolo por otro tipo de pago (conmutación).
Art 839 CC: Los herederos pueden pagar la legítima del cónyuge viudo en lugar de darle
usufructo, mediante renta vitalicia, frutos de bienes o dinero (conmutación). Mientras no se pague,
todos los bienes de la herencia quedan afectados al pago del usufructo del cónyuge. La
jurisprudencia dice que la conmutación la deciden los herederos, no necesita consentimiento del
cónyuge (solo puede discutir el valor). El testador también puede fijar en el testamento bienes
concretos para pagar ese usufructo. En la práctica, suele considerarse como una permuta entre
herederos y cónyuge.
Art. 840 CC: si el cónyuge viudo solo concurre con hijos del causante, puede exigir la conmutación
de su usufructo. Los hijos deben pagarle en dinero o en bienes de la herencia, según elección. Es el
único caso donde el cónyuge puede recibir plena propiedad o dinero en pago del [Link] la
práctica, lo más habitual es el pago en metálico, valorado según la normativa del Impuesto de
Sucesiones. Fórmula: 89 — edad. (Mínimo del 10% y máximo del 70%). el resultado es el
porcentaje que le corresponde con respecto del valor del usufructo que le corresponde.
LA PRETERICIÓN:
La preterición, regulada en el art. 814 CC, consiste en la omisión voluntaria o involuntaria en
testamento de alguno de los legitimarios, sin que el omitido haya recibido atribución alguna en
concepto de legítima.
La preterición requiere no haber percibido nada en concepto de legítima, porque si hubiera recibido
algo pero sin llegar al quantum que le corresponda, sólo podría ejercitar la acción de complemento de
legítima (art. 815), aunque no haya sido mencionado en el testamento.
Art 814 CC: Si un heredero forzoso fue “olvidado” en el testamento, pero muere antes que el
testador, entonces ya no importa su preterición y el testamento se cumple tal cual. Primero se
respetan siempre las legítimas (lo mínimo que por ley corresponde). Y después de pagar esas
legítimas, se cumple todo lo que dijo el testador en su testamento.
Efectos de la preterición:
- Intencional: voluntad del testador de excluir a uno de sus legitimarios, sabiendo que existe,
aun así se protege su legítima y se trata como desheredación injusta, reduciéndose primero
la institución de heredero voluntario y, si hace falta, los legados.
- Preterición no intencional: Es una preterición no intencional (por error u olvido del
testador). Si se omiten todos los legitimarios → se anula todo el testamento patrimonial. Si
se omite solo alguno → se anula la institución de heredero y, si hace falta, los legados. Si el
heredero es el cónyuge → solo se reduce en lo necesario para respetar las legítimas.
LA DESHEREDACIÓN
La desheredación supone la privación de la legítima realizada mediante manifestación expresa de
voluntad por el causante en testamento, siempre que concurra alguna de las causas concretas
señaladas por la ley (en los artículos 852 a 855 [Link]). Si no se dan alguna de estas causas,
entonces estaremos ante una desheredación "injusta", que dará lugar a una acción por parte del
desheredado para el reconocimiento de su derecho de legítima.
Art. 756 CC: son incapaces de suceder por causa de indignidad, y por tanto el testador puede
desheredar a sus legitimarios por ese motivo:
- El que fuera condenado por sentencia firme por haber atentado contra la vida, o a pena
grave por haber causado lesiones o por haber ejercido habitualmente violencia física o
psíquica en el ámbito familiar al causante, su cónyuge, persona a la que esté unida por
análoga relación de afectividad o alguno de sus descendientes o ascendientes.
- El que fuera condenado por sentencia firme por delitos contra la libertad, la integridad
moral y la libertad e indemnidad sexual, si el ofendido es el causante, su cónyuge, la
persona a la que esté unida por análoga relación de afectividad o alguno de sus descendientes
o ascendientes.
- El condenado por sentencia firme a pena grave por haber cometido un delito contra los
derechos y deberes familiares respecto de la herencia de la persona agraviada.
- El privado por resolución firme de la patria potestad, o removido del ejercicio de la tutela o
acogimiento familiar de un menor o del ejercicio de la curatela de una persona con
discapacidad por causa que le sea imputable, respecto de la herencia del mismo.
- El que hubiese acusado al causante de delito para el que la ley señala pena grave, si es
condenado por denuncia falsa. Cesará esta prohibición en los casos en que, según la Ley, no
hay la obligación de acusar.
- El que, con amenaza, fraude o violencia, obligare al testador a hacer testamento o a
cambiarlo.
- El que por iguales medios impidiere a otro hacer testamento, o revocar el que tuviese hecho, o
suplantare, ocultare o alterare otro posterior.
Art. 853 CC señala que serán también justas causas para desheredar a los hijos:
- Haber negado, sin motivo legítimo, los alimentos al padre o ascendiente que le deshereda.
No es preciso que los alimentos hayan sido reclamados judicialmente.
- Haberle maltratado de obra o injuriado gravemente de [Link] Tribunal Supremo ha
ampliado la causa de desheredación del art. 853.2 CC. El “maltrato de obra” incluye
también el maltrato psicológico. Esto permite desheredar en casos de abandono o desprecio
familiar, pero siempre caso por caso.
La mera falta de relación familiar no basta para desheredar. Para que sea válida la desheredación
por este motivo: El distanciamiento debe ser imputable al legitimario y debe causar un daño físico o
psíquico al testador con entidad suficiente. Además, debe probarse.
El 854 CC refleja que serán justas causas para desheredar a los padres y ascendientes, además de
las señaladas en el artículo 756 las sig:
- Haber perdido la patria potestad por las causas expresadas en el artículo 170. Ello requiere
una sentencia en base a incumplimiento de los deberes paternos, o en proceso criminal o
matrimonial, que haya privado de la patria potestad al padre o madre legitimario.
- Haber negado los alimentos a sus hijos o descendientes sin motivo legítimo.
- Haber atentado uno de los padres contra la vida del otro, si no hubiere habido entre ellos
reconciliación.
El art. 855 CC indica que serán justas causas para desheredar al cónyuge, además de las señaladas
en el artículo 756:
La desheredación Justa: consiste en la privación de la legítima del desheredado, que perderá ese
derecho. Pero hay que recordar que este derecho pasará a sus descendientes, si los tiene (857CC). El
causante hace testamento donde incluya la causa de desheredación de uno o varios de sus legitimarios.
Si el desheredado acepta la causa no se requiere prueba. Si no la acepta y la niega, entonces debe
procederse a la prueba de la concurrencia de la causa de desheredación alegada en el testamento que
le corresponde a los herederos. El principal problema de la desheredación es probar la causa después
del fallecimiento del testador. Por eso, las causas deberían ser claras, concretas y fáciles de
probar. En la práctica, a veces se incluyen pruebas o documentos en el propio testamento para
justificar la desheredación.
La desheredación injusta: es aquella hecha sin expresión de causa, o por causa no prevista
legalmente, o por causa cuya certeza, si fuere contradicha, no se probare. La desheredación injusta
permite al desheredado reclamar su legítima. Si la desheredación es inválida (sin causa o no probada):
Se anula la institución de heredero en lo que perjudique al desheredado. Se mantienen legados y
mejoras, salvo que afecten a su legítima. Sus efectos son iguales a la preterición intencional.
Cálculo de la legítima:
Lo primero que hay que hacer para saber la cuantía de la legítima es calcular el haber hereditario, para
esto hay que hacer una computación.
Art 818 CC: “Para fijar la legítima se atenderá al valor de los bienes que quedaren a la muerte del
testador, con deducción de las deudas y cargas, sin comprender entre ellas las impuestas en el
testamento. Al valor líquido de los bienes hereditarios se agregará el de las donaciones
colacionables”
Tenemos 3 pasos:
1. La legítima se calcula sobre los bienes que deja el causante al morir. El Código Civil no fija
el momento exacto de valoración, pero la doctrina entiende que es cuando se paga o
concreta la legítima. art 847 CC
2. A esta cuantía habrá que restar las deudas y cargas que hubiese contraído dicho causante. No
se incluyen aquí los legados dispuestos en el mismo testamento.
3. Al resultado se le sumará las donaciones que haya realizado en vida el causante a cualquier
sujeto (ya sea legitimario o no), teniendo en cuenta su valor actualizado.
El pago de la legítima:
Nuestro ordenamiento permite que el pago de dicha legítima se haga de diferentes modalidades, sin
que sea necesario que el legitimario sea heredero, ni que se pague tras la muerte del causante. El
art.815 CC indica que la legítima se puede recibir "por cualquier título".
1. A través del testamento, designando al legitimario como heredero, o dejándole bienes
concretos en concepto de legado, que el legado será preferente a cualquier otro.
2. Donaciones hechas en vida a quienes sean legatarios.
1. Sucesión intestada, cuando se dejen bienes sin repartir tras la muerte del causante.
2. Acciones que tienen los legitimarios para proteger su legítima como la acción de suplemento
de la legítima que se aplica cuando el causante le ha dejado menos de lo que le pertenece.
Acción de desheredación injusta o de acción por preterición intencional o no intencional.
Un legitimario puede recibir bienes por varias vías a la vez (testamento, intestada, donaciones). Si
con lo recibido no alcanza su legítima, puede reclamar el complemento de legítima para cubrir lo
que falta.
La parte de la legítima debe estar libre de deudas y cargas, pero su cuantía se verá afectada por las
deudas existentes. Si las deudas son superiores al activo patrimonial, no existirá legítima alguna. Si el
legitimario acepta la herencia pura y simplemente puede llegar a responder de las deudas con sus
propios bienes , más allá de lo recibido. Art 1003- beneficio de inventario.
LA COLACIÓN
art 1035 CC: El heredero forzoso que concurra, con otros que también lo sean, a una sucesión
deberá traer a la masa hereditaria los bienes o valores que hubiese recibido del causante de la
herencia, en vida de éste, por dote, donación a otro título lucrativo, para computarlo en la regulación
de las legítimas y en la cuenta de partición".
La colación es una operación particional en la que el heredero debe traer a la masa hereditaria el valor
actualizado de lo que recibió, para que le den menos y así estén todos legitimarios por igual.
1. Exista más de un sujeto legitimario ya que el propósito es la igualdad entre todos.
2. Que dichos legitimarios sean instituidos herederos.
3. Que uno de ellos haya recibido una donación a título gratuito.
Solo se colacionan las donaciones hechas a legitimarios. Si se dona a alguien que no es legitimario,
no hay colación, aunque sí puede influir en el cálculo de la herencia.
Según la doctrina podemos ecir que el fundamento de la colación es la presunción de la voluntad del
causante de igualar a los legitimarios. Art 1036 CC: "La colación no tendrá lugar entre los herederos
forzosos si el donante así lo hubiese dispuesto expresamente o si el donatario repudiare la herencia,
salvo el caso en que la donación deba reducirse por inoficiosa".
Por otro lado, la colación es sólo el hecho de que el heredero forzoso que recibió la donación tome de
menos con respecto a los demás para que sean iguales las cuantías. Si la donación no es colacionable,
se computará para el haber hereditario igualmente, pero no se le restará en la parte de bienes que haya
de recibir, pudiendo considerarse lo dejado como mejora, ya que el donante no quería esa igualación.
- Las donaciones siempre van a ser computadas con independencia del carácter de colacionable
o no de dicha donación
- Una donación a un extraño (que nunca es colacionable),
- Cuando no es colacionable, el donatario legitimario se verá beneficiado en el reparto final, si
la donación excede de lo que podía disponer el causante, se deba reducirse por inoficiosa.
Regalos de boda: Art. 1044: Solo se tienen en cuenta si exceden de lo razonable (más de 1/10 de la
parte disponible).
Solo se tienen en cuenta las donaciones “reales”; gastos normales o regalos habituales no
cuentan.
Art 822 CC: El derecho de habitación en la vivienda habitual para un legitimario con
discapacidad es una excepción. No se computa ni se colaciona para calcular la legítima.
A) Son colacionables:
a) Cuando los nietos sucedan al abuelo en representación del padre, concurriendo con sus tíos o
primos, colacionarán todo lo que debiera colacionar el padre si viviera, aunque no lo hayan
heredado. También colacionarán lo que hubiesen recibido del causante de la herencia durante la
vida de éste (art. 1038 CC).
b) Cantidades pagadas por "suerte de soldado" (va desaparecido), pago de deudas de hijos, adquirirles
un título de honor y otros análogos (art. 1043 CC).
c) Regalos de boda que excedan más de una décima parte de la parte disponible por testamento (art.
1044 CC).
B) No son colacionables:
a) Donaciones dispensadas de colación por el causante (art. 1036 CC)
b) Donaciones hechas al consorte del hijo (art. 1040 CC).
c) Gastos realizados en la carrera profesional o artística del legitimario (art. 1042 CC).
d) Gastos de alimentos, educación, curación de enfermedades, regalos de costumbre, o necesidades
especiales por discapacidad (art.1041 CC).
e) Regalos de boda, siempre que no excedan de una décima parte de la parte disponible del testador
(art. 1044 CC).
Control de límites
Estas reglas y criterios de imputación suelen ir destinados a interpretar una hipotética voluntad del
causante ya que dicho causante es soberano de distribuir su herencia del modo que estime oportuno,
siempre que respete las legitimas.
Donaciones a ascendientes
Hay que distinguir si son legítimos o no. En ningún caso los ascendientes pueden ser mejoratarios.
Si los ascendientes no son legitimarios la donación se imputa solamente a tercio de libre disposición y
si lo excede es inoficioso y se reduce.
Si los ascendientes son legitimarios la donación se imputa en primer lugar a la legítima:
- Si no hay cónyuge supérstite es de ½ , es decir la mitad.
- Si hay cónyuge supérstite la legítima de las ascendientes es de ⅓
Art 819 CC
En cualquier caso el exceso se imputa a la parte de libre disposición que puede ser de ½ o ⅓
dependiendo de si hay cónyuge o no.
Donaciones al cónyuge
Particular naturaleza de la legítima del cónyuge viudo: los cónyuges no deben colacionar lo recibido a
través de donaciones. Por lo que :
- Se imputa en primer lugar al tercio de libre disposición, después a su parte legítima
conmutando el usufructo en todo o parte por dicha donación, ya que sería preferible su
mantenimiento si cabe en dicha parte. Lo que exceda, sería inoficioso.
Donaciones a extraños: por extraño se entiende a todo sujeto que no sea legitimario. Se aplica lo
mismo que en el caso de los ascendientes que no eran legitimarios, imputándose dicha donación a la
parte de libre disposición, y lo que exceda se reduce.
Imputación de legados:
En caso de coincidencia de varias donaciones y legados, debiendo de reducirse los mismos por ser
inoficiosos, tendrán preferencia para su mantenimiento las donaciones frente a los legados. Art
820 CC: se imputan a la libre disposición, y lo que exceda se reduce.
TEMA 18: LAS RESERVAS.
LA RESERVA VIDUAL
Art. 968 CC que "el viudo o viuda que pase a segundo matrimonio estará obligado a reservar a los
hijos y descendientes del primero la propiedad de todos los bienes que haya adquirido de su difunto
consorte por testamento, por sucesión intestada, donación u otro cualquier título lucrativo; pero no
su mitad de gananciales".
-Las personas beneficiadas por la reserva vidual son los hijos y descendientes del cónyuge
fallecido.
- el art. 968 no es aplicable al supuesto de reserva cuando el cónyuge divorciado se case
nuevamente
- obligación de reservar por parte del cónyuge que trae nuevamente matrimonio
- La obligación de reservar rige igualmente en el tercero y ulteriores matrimonios (art. 979).
Momentos de la reserva vidual:
- Cuando nace que es la reserva pendiente = se sabe el grupo (los hijos), pero no el reparto
definitivo ni los sujetos finales
- Cuando se consuma = ya se fija definitivamente quién recibe los bienes
El reservista debe hacer inventario de todos los bienes reservables. Debe anotar en el Registro que
los inmuebles están sujetos a reserva. Valorar (tasar) los bienes muebles. La tasación debe ser real
(valor verdadero). Identificar, registrar y valorar correctamente los bienes reservables.
El reservista debe garantizar los bienes reservables. Lo hace mediante una hipoteca (garantía
legal). Debe garantizar: Devolver los bienes muebles que queden, pagar daños o deterioros por
culpa suya, devolver el precio de los bienes vendidos o su valor, responder por el valor de los
inmuebles vendidos.
El reservista asegura que, pase lo que pase, los reservatarios recibirán el valor de los bienes.
Derechos del reservista
a) Titular dominical de los bienes reservables: Los bienes sujetos a reserva están en posesión y en
pleno dominio del reservista. el reservista puede usar, disfrutar y disponer plenamente de estos bienes.
para enajenar tiene que ver los límites del art 974 a 976 CC.
La enajenación es cualquier acto de disposición sobre bienes o derechos que implica su transmisión o
que los grava, como la venta, permuta o cesión, así como la constitución de derechos reales de uso y
disfrute o arrendamientos de larga duración. También puede realizarse a título gratuito.
La enajenación de bienes inmuebles hecha antes del nuevo matrimonio es siempre válida, pero desde
que el viudo se casa otra vez debe asegurar su valor a los reservatarios, pudiendo hacerlo reservando
otros bienes equivalentes. En cambio, en la enajenación de bienes muebles no existe obligación de
aseguramiento, aunque sí de indemnizar a los reservatarios, normalmente mediante el precio obtenido
o el valor del bien si la transmisión fue gratuita.
La enajenación de un bien inmueble hecha por el viudo después de volver a casarse sólo será
plenamente eficaz si al morir no existen hijos o descendientes del primer matrimonio; en caso
contrario puede ser ineficaz. No obstante, la Ley Hipotecaria puede proteger a terceros adquirentes si
no consta registralmente la condición de bienes reservables, aplicándose sus normas de protección
registral.
Solo ⅓ de los bienes reservables se pueden utilizar para mejorar, para evitar perjudicar al resto de
reservatarios
Bienes reservables
Los bienes reservables son aquellos que el viudo adquiere de su cónyuge fallecido por herencia,
donación u otro título gratuito, así como los que recibe gratuitamente de los hijos del primer
matrimonio o familiares del difunto. Pueden ser bienes muebles, inmuebles o derechos con valor
económico. Para que sean reservables deben proceder siempre de una adquisición gratuita. En cambio,
no se incluyen la mitad de los gananciales, el usufructo del cónyuge viudo ni los bienes recibidos de
los hijos sabiendo que el progenitor estaba en segundas nupcias.
Los reservatarios : son los beneficiario de la reserva vidual que son los hijos y descendientes del
matrimonio en el que uno de los cónyuges ha fallecido (art. 968 CC). Igualmente son reservatarios los
hijos adoptados por el matrimonio y sus descendientes. (art. 108-2 CC). La desheredación del hijo no
elimina la reserva si hay descendientes, porque estos lo representan.
La renuncia de los reservatarios debe ser siempre expresa, no tácita y puede hacerse también
mediante transacción.
Te hago un resumen claro para examen, para que lo entiendas y puedas explicarlo 👇
LA RESERVA TRONCAL O LINEAL
El artículo 811 CC regula la reserva troncal o lineal en los siguientes términos: "El ascendiente que
heredare de su descendiente bienes que éste hubiese adquirido por título lucrativo de otro
ascendiente, o de un hermano, se halla obligado a reservar los que hubiere adquirido por ministerio
de la ley en favor de los parientes que estén dentro del tercer grado y pertenezcan a la línea de donde
los bienes proceden".
¿Qué es la reserva troncal o lineal?: Es una regla que obliga a que ciertos bienes vuelvan a la
familia de donde proceden, para que no pasen a otra línea familiar.
Idea clave: Los bienes deben volver a su “tronco” (familia de origen). ¿Cuándo se produce?
(estructura básica) Hay dos transmisiones:
Finalidad: Evitar que los bienes cambien de familia. Que vuelvan a la línea de origen
Funcionamiento
Extinción: se acaba si: No hay reservatarios o renuncian. Es una limitación a la herencia que obliga a
devolver los bienes a la familia de donde proceden, evitando que pasen a otra línea.
Concepto y fundamento:
Cuando una persona muere, sus bienes, derechos y obligaciones pasan a otras personas: primero según
lo que diga su testamento, y si no lo hay, según lo que establece la ley. La herencia se transmite por
testamento o, si no existe, por la ley. El art 658 CC señala las dos modalidades de sucesión:
testamentaria y la legítima que se rige por disposición de la ley. Se prefiera la sucesión testada a la
intestada. También existe compatibilidad entre ambas formas de llamamiento, en algunos casos la
sucesión podrá también deferirse en una parte por voluntad de la persona y en otra por disposición de
la ley.
- La sucesión intestada, por tanto, es aquella que se produce por ministerio de la Ley a ciertas
personas, ante la inexistencia de testamento válido (o su ineficacia)
La sucesión sin testamento existe para evitar que los bienes queden sin dueño y garantizar la
seguridad jurídica, haciendo que la ley reparta la herencia cuando no hay voluntad del fallecido. La
ley sustituye al testamento para evitar bienes sin dueño y conflictos.
La sucesión intestada se dedica de modo expreso en el CC, el Capítulo III del Título III del Libro
III, los artículos 912 a 929, más 930 y siguientes. Dicho capítulo citado está dividido en tres
Secciones:
1. "disposiciones generales" (artículos 912 a 914 bis)
2. el parentesco (artículos 915 a 923)
3. la representación (artículos 924 a 929).
Art 914 CC: las causas de incapacidad para heredar por testamento también se aplican a la sucesión
intestada. Artículos 744 a 762 CC, quien no puede heredar por testamento, en principio tampoco
puede hacerlo sin testamento. Esta aplicación no es total. Hay reglas del testamento que no tienen
sentido sin testamento. Tras la reforma de 2021, la regla general es que todas las personas tienen
capacidad para heredar, incluso con discapacidad, pudiendo necesitar apoyos.
- Se introdujo el art. 914 bis CC para proteger a los animales de compañía cuando muere
su dueño, reconociendo su importancia y evitando que queden desatendidos
Tras la Ley de Jurisdicción Voluntaria, la declaración de herederos sin testamento se hace ante
Notario mediante acta de notoriedad. Pueden solicitarla los posibles herederos (descendientes,
ascendientes, cónyuge o parientes). Se tramita ante el Notario del último domicilio del fallecido,
lugar del fallecimiento o donde estén sus bienes (a elección). La inicia cualquier interesado con
interés legítimo. La declaración de herederos abintestato se hace ante Notario, no en juicio.
Para iniciar el acta de declaración de herederos, el solicitante debe indicar quiénes cree que son los
herederos y aportar documentos que prueben el parentesco, la identidad del fallecido y su muerte, así
como que no hay testamento (o que no es válido). Además, debe declarar que los hechos son ciertos
y aportar al menos dos testigos que confirmen que el fallecido no dejó testamento y quiénes son sus
herederos. Hay que probar quiénes son los herederos y que no existe testamento, con documentos
y testigos.
Sí es posible hacer testamento solo para excluir a alguien de la herencia, aunque no se repartan bienes.
Esto se admite porque el testamento también puede tener contenido no patrimonial. Pero en la
práctica es raro, porque normalmente el testamento se usa para repartir bienes, no solo para excluir.
1. Sucesión por cabezas (personas): Se reparte en partes iguales entre todos los herederos.
2. Sucesión por representación (estirpe): Los descendientes sustituyen a un heredero fallecido
y reciben su parte.
3. Sucesión por líneas (paterna o materna): La herencia se divide entre la familia del padre y
la de la madre.
La sucesión intestada del cónyuge sobreviviente
A la sucesión del cónyuge sobreviviente se dedican los artículos 943 a 945. Además también se ve en
el derecho de predetracción en el artículo 1321 CC o el establecimiento de los artículos apartados 1
y 4 del artículo 1406 CC).
A falta de descendientes y ascendientes, indica el artículo 943 CC, heredarán el cónyuge y los
parientes colaterales por el orden que se establece en los artículos siguientes, y el artículo siguiente
marca el orden expreso: en defecto de ascendientes y descendientes, y antes que los colaterales,
sucederá en todos los bienes del difunto el cónyuge sobreviviente. ( el cónyuge no tiene la
obligación de reserva que sí tienen los colaterales).
Sin embargo, no tendrá lugar este llamamiento si el cónyuge estuviere separado legalmente o de
hecho , así como tampoco parece que exista derecho a suceder si concurre alguna causa de indignidad
para suceder (artículos 756 y 914 CC) o pueda ser desheredado con justa causa (artículo 855 CC).
No debe extenderse este derecho a las simples parejas de hecho. Se propone que en el futuro se
reconozca a la pareja de hecho como heredera, adaptando la ley a los nuevos modelos de familia y
evitando tener que recurrir a la indemnización por enriquecimiento injusto en caso de
fallecimiento.
A la sucesión de los parientes colaterales se dedican los artículos 946 a 955. El art 946 CC dice que
los hermanos e hijos de hermanos suceden con preferencia a los demás colaterales aunque el artículo
siguiente matiza que, si no existieran más que hermanos de doble vínculo, éstos heredarán por partes
iguales. Heredan por cabezas, por tanto. Si concurrieran solamente medio hermanos, unos por parte de
padre y otros por la de la madre , heredarán todos por partes iguales, sin ninguna distinción de bienes.
- Entre hermanos, siempre se reparte a partes iguales, sean de doble vínculo o medio
hermanos.
Cuando concurren distintos parientes en la sucesión de un hermano, los hermanos de doble vínculo
(germanos) reciben el doble de porción que los medio hermanos (art. 949 CC). Si concurren hermanos
con sobrinos, hijos de hermanos de doble vínculo, los hermanos heredan por cabezas y los sobrinos
por estirpes, es decir, representando a su padre o madre fallecido (art. 948 CC). Los hijos de medio
hermanos también pueden heredar por cabezas o por estirpes según estas mismas reglas de
representación.
Si no hay cónyuge supérstite ni hermanos ni hijos de hermanos, para suceder en la herencia del
difunto, el artículo 954 establece que heredarán los demás parientes del mismo en línea colateral hasta
el cuarto grado más allá del cual no se extiende el derecho de heredar abintestato
Cuando no existen herederos con derecho a la herencia, ésta pasa al Estado, que tras liquidar los
bienes ingresa el resultado en el Tesoro Público, pudiendo destinar parte a fines sociales. Está
regulado en los arts. 956 a 958 CC y normativa complementaria, y no debe confundirse con la
herencia por testamento.
TEMA 6: FASES DEL FENÓMENO SUCESORIO
Por otro lado, para aceptar una herencia por uno mismo se requiere tener libre disposición de los
bienes (art. 992 CC), es decir, capacidad para administrar y disponer del propio patrimonio. Sin
embargo, aunque una persona no tenga esa capacidad, igualmente puede ser heredera, siempre que en
el acto de aceptación intervenga la persona que la ley determine en cada caso (representante legal,
curador, etc.). Repudiar una herencia no es un acto de disposición de bienes, sino una renuncia a que
esos bienes entren en el propio patrimonio por vía sucesoria. Para determinar si la renuncia es válida,
el Código Civil atiende a la situación personal del llamado a heredar.
Si es mayor de edad, puede aceptar o repudiar por sí mismo. Sin embargo, en caso de concurso,
necesita autorización de la administración concursal para aceptar pura y simplemente o repudiar la
herencia, aunque no para aceptarla a beneficio de inventario. La persona mayor de edad con
discapacidad también puede aceptar la herencia por sí sola, salvo que existan medidas de apoyo
específicas; si tiene curador representativo, se requiere autorización judicial para repudiar la herencia
o aceptarla sin beneficio de inventario (art. 996 CC). Si el llamado es menor de edad, no puede
aceptar ni repudiar por sí mismo. Sus representantes legales necesitan autorización judicial para
repudiar la herencia y, si esta se deniega, solo podrá aceptarse a beneficio de inventario (art. 166 CC).
En cambio, el menor emancipado sí puede repudiar o aceptar a beneficio de inventario por sí mismo.
La ley realmente distingue primero entre aceptar o repudiar la herencia. Si aceptas, después todavía
puedes optar por hacerlo a beneficio de inventario dentro del plazo legal, aunque los arts. 998 y 999
CC parezcan hablar de dos tipos distintos de aceptación. Lo que no puedes hacer es aceptar y luego
arrepentirte para repudiarla, porque la aceptación y la repudiación son irrevocables (art. 997 CC).
● Primero eliges: aceptar o repudiar.
● Si aceptas, aún puedes acogerte al beneficio de inventario.
● Lo que no puedes es aceptar y luego renunciar.
Los actos que la ley considera aceptación de la herencia no pueden impugnarse alegando falta de
voluntad, aunque sí podría atacarse el acto concreto por vicios del consentimiento. La aceptación pura
y simple es la única verdadera forma de aceptar la herencia, frente a la repudiación.
La ley prevé que una vez pasados estos 30 días fijados por el notario, si el heredero no acepta ni
rechaza (no dice nada) se produce ope legis y se acepta la herencia pura y simplemente y ya no se
podrá repudiar ni solicitar el beneficio de inventario.
EL DERECHO DE DELIBERAR (ARTS. 1010, 1013, 1014 Y 1019 CC)
El derecho de deliberar es un instrumento que le sirve al llamado a una herencia para disponer de
tiempo e información sobre la herencia, antes de ejercitar su Ius Delationis. Es para que el llamado
pueda reflexionar antes de tomar su decisión sobre si aceptar o repudiar. Es una facultad concedida
legalmente al llamado y exige una declaración efectuada ante Notario (art. 1014 CC). No hay plazo
para pedirlo, salvo que el llamado se halle en poder de algunos bienes hereditarios, en cuyo caso
tendrá un plazo perentorio de 30 días. Esa declaración debe venir seguida de la realización de un
inventario fel y exacto de los bienes, derechos y deudas de la herencia, conforme a las pautas propias
de la ABI. cuando se cumpla con este paso el art 1019 CC establece 30 días para tomar la desición.
Pasado este plazo (sin manifestarse) se entiende aceptada la herencia pura y simplemente. Si el
heredero no hace el inventario correctamente o no lo hace, pierde el derecho a aceptar la herencia a
beneficio de inventario y se entiende que la acepta de forma pura y simple, respondiendo incluso con
su propio patrimonio (responsabilidad ilimitada).
1. Si el llamado tiene la posesión de todo o parte de los bienes hereditarios (art.1014 CC):
El llamado dispone de 30 días para aceptar, elegir el Beneficio de inventario o repudiar. En este plazo
podrá:
a) Usar su derecho a deliberar: podrá realizar inventario y aunque luego no decida , se entiende
que acepta la herencia pura y simplemente, perdiendo la opción de repudiarla o aceptarla a
beneficio de inventario.
b) Aceptar la herencia. Podrá disponer del resto del plazo de 30 días, posteriores a esa
manifestación, para elegir la ABI ante Notario.
c) Optar directamente por aceptar la herencia a beneficio de inventario: debe hacer el inventario
legalmente y ya no puede cambiar a aceptación pura, salvo que lo haga mal o con negligencia,
en cuyo caso pierde el beneficio y responde con todo su patrimonio
Tener bienes de la herencia no significa automáticamente aceptarla, ya que puede ser solo para
conservarlos, y el plazo para decidir empieza cuando el llamado sabe que es heredero,
independientemente del tipo de posesión que tenga.
La acción de petición de herencia es distinta de las acciones de reivindicación, por lo que una no
impide la otra, pero puede haber problemas si se usan de forma sucesiva con el mismo fin para evitar
la prescripción, lo que podría considerarse fraudulento.
Con la acción de petición de herencia estamos ante una acción típicamente hereditaria, que por tanto
se ejercita contra cualquiera que niegue la condición de heredero del actor. Esto puede suceder,
básicamente, en dos situaciones:
- Cuando ese sujeto demandado se irrogue la condición de heredero sin serlo
- Cuando el demandado, sin atribuirse la condición de heredero, pero poseyendo con o sin título
alguno o algunos bienes de la herencia, le niegue al actor esa condición.
Aunque haya caducado la acción de impugnación o de preterición, todavía puede ejercitarse la acción
de petición de herencia si no ha prescrito, ya que tiene un plazo más amplio.
La acción de petición de herencia permite recuperar varios bienes hereditarios solo acreditando la
condición de heredero, mientras que la reivindicatoria exige probar el título específico de cada bien
2. Casos de responsabilidad con bienes propios debida a una mala administración de la herencia
beneficiaria:
Son casos específicos de una mala administración o liquidación de la herencia: art 1027 y 1031 CC.
Es cuando se paga antes a los legatarios que a los acreedores hereditarios, o los casos en los que no se
hayan liquidado las deudas conforme al orden y forma establecido en los arts. 1028 a 1030 CC de
modo que resultasen algunos acreedores sin cobrar, cuando deberían haber podido hacerlo con una
correcta gestión. Aquí el heredero responde con su propio patrimonio no por convertirse en heredero
puro y simple, sino por su mala administración de la herencia, cuando esa gestión perjudica a los
acreedores y les impide cobrar total o parcialmente sus derechos.
El régimen jurídico del Beneficio de inventario comienza con una solicitud del llamado a la herencia
dirigida al Notario manifestando su voluntad de acogerse al beneficio de inventario y expresando su
voluntad de hacer el inventario fiel y exacto al patrimonio del causante. Esto es una forma de
solemnidad. desde ese momento ya debe considerarse al beneficiario con responsabilidad intra vires,
sin perjuicio de perder esa condición por una defectuosa actuación.
Cuando el notario admite el procedimiento, el llamado pasa a ser heredero a beneficio de inventario y
ya no puede repudiar la herencia ni convertirse en heredero puro y simple, salvo que pierda el
beneficio por incumplir sus obligaciones. Desde ese momento debe realizar el inventario, que es
esencial, porque si no se hace correctamente o dentro de plazo se pierde el beneficio de inventario y el
heredero responderá como heredero puro y simple. Después, el notario debe citar a acreedores y
legatarios para continuar el procedimiento.
Una vez cumplido el trámite anterior, los plazos para la realización del inventario los fila el art 1017
CC: son de 20 días posteriores a la conclusión de la citación para iniciarlo, y otros 60 días para
terminarlo, con posibilidad de acordar el Notario un plazo adicional si se trata de herencia muy
cuantiosa o algunos de los bienes se hallaren a larga distancia, sin que exceda de un año, a contar de
nuevo desde la citación.
B) Pago de legatarios
El Código Civil establece algunas excepciones en las que el beneficio de inventario se aplica
automáticamente, sin necesidad de solicitarlo ni realizar inventario:
1. cuando hereda el Estado o las Comunidades Autónomas (art. 957 CC),
2. cuando la herencia se deja a los pobres (art. 992 CC)
3. cuando el heredero obtiene la herencia tras una acción judicial de petición de herencia contra
quien la poseía desde hacía más de un año (art. 1021 CC).
En todos estos casos, la responsabilidad del heredero queda limitada a los bienes de la herencia.
TEMA 8: LA ACEPTACIÓN PURA Y SUS EFECTOS
LOS EFECTOS LEGALES DE LA ACEPTACIÓN PURA Y SIMPLE :
Artículo 1003 CC: "Por la aceptación pura y simple, o sin beneficio de inventario, quedaré el
heredero responsable de todas las cargas de la herencia, no sólo con los bienes de ésta, sino también
con los suyos propios".
El efecto básico de la aceptación hereditaria pura y simple prevista en el artículo 1.003 C.C sería la
confusión del patrimonio hereditario con el patrimonio del heredero. La aceptación de la
herencia, cuando es pura y simple o sin BI, debe producir los siguientes efectos adicionales
a) El heredero queda obligado a pagar las deudas y cargas hereditarias "ultra vires", esto es, más
allá de los bienes hereditarios recibidos, incluyendo su propio patrimonio personal.
b) B. Hay una extinción por confusión de deudas/créditos (art. 1192 CC), cuando el causante y
el heredero eran deudores o acreedores entre sí en el momento del fallecimiento.
No existe en Derecho común español una fórmula legal similar al antiguo "beneficio de separación
de patrimonios" romano. Este mecanismo era utilizado a petición de uno o varios acreedores
hereditarios para garantizar el cobro de sus créditos, impidiendo así la confusión patrimonial, y
liquidando la masa hereditaria en provecho de los acreedores solicitantes, antes de entregar el
remanente al heredero.
El legislador no establece una protección especial ni sistemática para los acreedores (ni siquiera para
los hereditarios). Basta con garantizar que las deudas pasen a los herederos y evitar actos que
perjudiquen a los acreedores. Los acreedores del heredero no tienen una protección especial ya que
deben asumir los riesgos del patrimonio de su deudor. Solo tienen mecanismos limitados de
protección, principalmente frente a conductas fraudulentas del heredero.
El art. 1034 CC permite a los acreedores del heredero pedir el embargo o retención del remanente tras
la liquidación de la herencia. Sin embargo, esta facultad tiene poca utilidad práctica, porque equivale a
un embargo normal en vía judicial. No existe realmente un “remanente” como bien separado que
pueda embargarse de forma especial. Tampoco otorga un privilegio frente a otros acreedores del
heredero (por ejemplo, los posteriores), por lo que pueden surgir conflictos sin solución específica en
la ley.
El art. 1083 CC permite a los acreedores del heredero intervenir en la partición para evitar fraude.
Solo se aplica si hay varios herederos (no en heredero único). Su utilidad práctica es muy limitada,
porque: la intervención apenas añade protección real y la deuda suele incluirse ya en la partición.
La ley no aclara qué efectos tiene esa intervención, ni cómo probar el fraude. Además, es difícil que la
partición en sí misma sea un fraude, ya que es la fase final normal del proceso sucesorio.
Los acreedores del heredero pueden intervenir en la partición, pero no pueden impedirla. Aunque se
opongan, la partición puede realizarse igualmente. Sólo podrán impugnar después si prueban fraude
(consilium fraudis), lo cual es difícil. Su intervención sirve básicamente para obtener información y
preparar una posible impugnación futura. En la práctica, su papel es muy limitado ya que no pueden
iniciar el procedimiento, ni oponerse eficazmente y su presencia es casi testimonial.
Se puede considerar una venta de herencia: (pq se aplican las mismas normas):
a) Venta de herencia total por el heredero único.
b) Venta de cuota hereditaria por el coheredero.
c) También se considera VH la venta de una parte alícuota de la herencia por el heredero único.
d) También se puede incluir la venta por el coheredero de una cuota sobre su propia cuota
hereditaria.
A todas estas modalidades le son aplicables los artículos 1531, 1533 y 1534 CC, con las pertinentes
adaptaciones.
No son casos de venta de herencia, y no se les aplica la regulación legal específica, los siguientes:
- La venta solo del activo hereditario (sin deudas) puede regirse por el art. 1532 CC, al menos
por analogía, pero no por las demás normas.
- b) La venta de una pluralidad de bienes que componen una herencia: puede regirse por el art.
1532 CC o el 1471.2 CC, pero no por las normas específicas de la venta de herencia.
Sobre la responsabilidad: Lo normal es que el comprador responda igual que el heredero (si era “a
beneficio de inventario”, solo con los bienes de la herencia). Pero el contrato de compraventa puede
cambiar o limitar esa responsabilidad. El comprador de una herencia asume el pago de las deudas,
pero no es heredero propiamente dicho y su responsabilidad puede limitarse según cómo se haya
aceptado la herencia y lo pactado en el contrato.
Cuando en la venta de una herencia se hace un inventario de los bienes, la ley no regula expresamente
este caso, pero se entiende que el régimen debe ser distinto al del art. 1531 CC: el vendedor ya no solo
garantiza ser heredero, sino también la existencia y contenido de los bienes inventariados.
Cuando la herencia se vende con inventario, no está claro si el vendedor debe responder por cualquier
defecto o pérdida de los bienes como en una compraventa normal, o si se aplica un régimen especial.
Lo más razonable es una solución intermedia: el vendedor solo responde si se pierde una parte
importante de la herencia, no por cualquier bien concreto. En todo caso, lo decisivo será lo que hayan
pactado las partes en el contrato.
La ley no regula claramente qué pasa con los cambios que sufre la herencia entre la muerte del
causante y la venta. La idea es que, aunque no esté bien explicado, debe “reconstruirse” la herencia
como estaba al inicio: como si el comprador la hubiera recibido directamente del fallecido, incluyendo
ajustes por pagos de deudas, frutos o gastos realizados por el heredero vendedor
El art. 1534 CC tan sólo nos indica que, si el heredero vendedor pagó alguna deuda hereditaria, deberá
el comprador —como si fuese el verdadero heredero— reembolsarle todo lo que pagó, en tanto se
tratase de una deuda vigente y no prescrita, y no generadora de daños o demoras de las que pudiera
haber sido responsable el heredero vendedor. Lo mismo si se trataba de "cargas", aludiendo
seguramente a los legados: así, si el vendedor pagó previamente alguno de ellos, tendrá derecho a que
le sea reembolsada por el comprador la suma entregada o destinada a esos legados.
Al vender una herencia se deben ajustar después todas las cuentas (pagos, frutos, gastos), modificando
el precio si es necesario, salvo pacto en contrario. Además, si el heredero vendedor era antes acreedor
del fallecido, ese crédito “revive” tras la venta: puede volver a reclamarlo al comprador como parte de
la herencia, aunque en teoría se hubiera extinguido por confusión al convertirse en heredero.
Cuando el heredero vendedor era acreedor del fallecido, ese crédito no “resucita” tal cual, sino que se
convierte en un nuevo crédito con el mismo contenido, pero ahora frente al comprador de la herencia,
manteniendo el mismo plazo que tenía originalmente. Además, si ocurre lo contrario (que la herencia
sea acreedora del heredero vendedor), también se “reconstruye” el crédito, pudiendo el comprador
reclamarlo al vendedor como si nunca se hubiera extinguido