FANFANI
En la primera parte, “El mundo de la educación”, el texto explica que la escuela no surge de
manera natural ni aislada, sino como parte de la construcción del Estado moderno. El
sistema educativo fue creado por el Estado para organizar a la sociedad, formar ciudadanos
y construir una identidad nacional común.
La escuela aparece junto con el Estado-nación porque las clases dirigentes necesitaban
unificar a la población mediante una misma lengua, una misma cultura y ciertos valores
compartidos. Por eso la educación fue obligatoria y regulada por leyes: no era una elección
individual, sino una decisión política destinada a formar ciudadanos obedientes al nuevo
orden social.
El texto señala que el Estado no solo utilizó la fuerza física (ejército, policía), sino también
una “violencia simbólica”, es decir, la imposición de formas de pensar, hablar y comprender
el mundo. La escuela fue el principal instrumento para esto, enseñando la lengua oficial, la
historia patria y los valores nacionales. De esta manera buscaba homogeneizar a la
población, especialmente en países con inmigrantes o pueblos originarios que tenían otras
culturas y lenguas.
Además, la escuela tenía la función de preparar a las personas para ocupar distintos
lugares dentro de la sociedad capitalista. La educación primaria formaba trabajadores
básicos, mientras que la secundaria y la universidad preparaban a las élites dirigentes y
profesionales. Aunque la escuela se presentaba como igual para todos, en la práctica
también servía para seleccionar y distribuir socialmente a los individuos.
El texto también explica que la escuela funciona como una organización burocrática: con
reglas, jerarquías, autoridades y normas que ordenan el comportamiento de docentes y
alumnos. Esto permitía controlar y organizar de manera masiva la educación de toda la
población. Sin embargo, hoy muchas de esas estructuras burocráticas están en crisis
porque la sociedad cambió y se requieren instituciones más flexibles.
En síntesis, esta primera parte muestra que la educación es un instrumento central del
Estado moderno: sirve para formar ciudadanos, construir identidad nacional, transmitir
valores comunes y organizar a la sociedad mediante la homogeneización cultural y social.
ROMERO
Los gobiernos radicales (1916-1930)
Con la llegada de la Hipólito Yrigoyen al poder se inauguró una etapa de ampliación política
gracias a la Ley Sáenz Peña, que permitió una participación electoral más amplia. El
radicalismo buscó representar a los sectores medios y populares, interviniendo más
activamente en los conflictos sociales y laborales.
Durante estos años crecieron las tensiones entre obreros, empresarios y el Estado. Hubo
huelgas y fuertes represiones, como la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde. Además, el
modelo económico siguió dependiendo de las exportaciones agropecuarias y del capital
extranjero, especialmente británico.
Luego asumió Marcelo Torcuato de Alvear, cuyo gobierno fue más moderado y favoreció
cierta estabilidad económica. Finalmente, Yrigoyen volvió al poder en un contexto de crisis
económica mundial y creciente oposición de sectores militares, conservadores y
empresariales. Todo terminó con el golpe militar de 1930, que inició una larga etapa de
inestabilidad política.
El gobierno de Perón (1943-1955)
El golpe de 1943 permitió el ascenso político de Juan Domingo Perón, quien desde la
Secretaría de Trabajo fortaleció su vínculo con los trabajadores mediante mejoras laborales
y derechos sociales. Con apoyo sindical y popular ganó las elecciones y consolidó un
movimiento político de masas: el peronismo.
El gobierno impulsó una fuerte intervención del Estado en la economía, promoviendo la
industrialización, el mercado interno y la justicia social. Se ampliaron derechos laborales,
aumentaron salarios y se fortaleció el rol de los sindicatos. También tuvo gran importancia la
figura de Eva Perón, especialmente en la ayuda social y en la conquista del voto femenino.
Sin embargo, con el tiempo crecieron los conflictos con la oposición, la Iglesia, sectores
militares y parte de la clase media. La economía comenzó a mostrar dificultades y el
gobierno endureció el control político. Finalmente, Perón fue derrocado por un golpe militar
en 1955.
El empate
Romero llama “empate” al período en el que ningún sector pudo imponerse de manera
definitiva en la Argentina. Después de la caída de Perón, existía una fuerte división entre
peronistas y antiperonistas. Los militares, los partidos políticos, los sindicatos y los grupos
económicos tenían poder suficiente para bloquear a los demás, pero no para construir
estabilidad duradera.
Esto produjo una sucesión de gobiernos débiles, crisis económicas y golpes militares. El
peronismo seguía teniendo gran apoyo popular, aunque muchas veces estaba prohibido
políticamente. Mientras tanto, las Fuerzas Armadas intervenían constantemente diciendo
defender el orden o combatir al “enemigo interno”.
El país quedó atrapado en una situación de enfrentamiento permanente, sin acuerdos
sólidos sobre el modelo político y económico.
La gran transformación
Este capítulo analiza los profundos cambios sociales, económicos y culturales que vivió la
Argentina desde mediados del siglo XX. La industrialización modificó la estructura social:
crecieron las ciudades, aumentó la clase obrera y se expandieron los sectores medios.
También cambiaron las costumbres, la educación, los medios de comunicación y las formas
de participación política. La sociedad se volvió más moderna y urbana, aunque persistieron
desigualdades y conflictos.
Al mismo tiempo, la economía argentina empezó a mostrar dificultades estructurales:
inflación, dependencia externa y problemas para sostener el crecimiento industrial. Todo
esto transformó profundamente la vida política y social del país, preparando el escenario
para las crisis posteriores.
FANFANY
A grandes rasgos, podríamos decir que la labor que emprende el autor en esta
primera parte es una descripción general de lo que constituye el mundo de la
educación. en este sentido, se hace un recorrido sobre todos sus componentes. En
primer lugar, Fanfany postula la idea de que la educación misma no es un sistema
que se erige de manera espontánea por parte de sus agentes. Sino que nace desde
el seno propio del Estado para asegurar una formación obligatoria de sus
habitantes. De la misma forma que el estado posee el monopolio de la fuerza física,
dentro del ámbito de la educación podríamos hablar de un monopolio de fuerza
simbólica. En este caso, el despliegue de lo educativo consta en un discurso que
tiene como fin impartir una serie de significados (elegidos arbitrariamente por el
Estado) para constituir un tipo de sociedad netamente homogénea (s. XVIII - XIX) La
enseñanza de una lengua especifica y una identidad patria pueden ser claros
ejemplos del ejercicio de esta fuerza. La obligatoriedad de concurrencia a la escuela
era otra gran característica de este contexto educativo. Estos estados modernos
poseían una visión del mundo asentada en el positivismo, en donde el conocimiento
de la verdad se adquiere mediante el conocimiento empírico proveniente de las
ciencias, despreciando los saberes mitológicos y metafísicos (abstractos). En tal
caso, los que no cultivaban este tipo de saber, eran tachados de barbarie frente a la
civilización que presentaba el positivismo. En este contexto, la obligatoriedad
alcanzaba únicamente a la formación primaria, basada en la enseñanza de
habilidades básicas (leer, escribir, contar) para poder insertarse en el mercado
laboral. La formación propia del nivel secundario, las cuales permitían insertarse en
un mercado laboral que ofrecía mayores remuneraciones, se mantuvo reservada
únicamente para las elites. La posibilidad del Estado para poder interferir en los
asuntos educativos empieza a desaparecer cuando emerge el sistema neoliberal en
las décadas de los 80 y 90 del siglo XX. El estado pierde poder sobre lo público
cuando se empieza a implementar medidas pro mercado a favor de la autogestión
de las escuelas. Con el fin de mejorar la competencia y la autonomía escolar, el
neoliberalismo creía que lo mejor sería financiar a las familias directamente y no a
las instituciones, para de esta manera fomentar una competencia entre escuelas.
En un principio, todos los aparatos del Estado tenían una organización burocrática.
Se debe entender la burocracia como un modelo mental ideal que nos sirve para
comprender la realidad. En este sentido, la autoridad no se fundamenta en la
personalidad del director o del jefe, sino en la legalidad que le dictan las normas
para ejercer su autoridad. No se obedece a una persona, sino a un conjunto de
normas. La burocracia sirve para volver previsible toda acción humana dentro de
una institución, cualquiera que esta sea. Hoy la burocracia se percibe como un
modelo institucional que tiende a la pérdida del sentido pedagógico propio del
ámbito educativo. Perdida que se debe, en cierto punto, a la rigidez normativa que
despliega este sistema. Hoy se busca constituir un espacio educativo donde prime
la innovación, improvisación, y la búsqueda de un pensamiento crítico capaz de dar
respuestas a nuevos problemas.
No debemos ver al programa escolar como una serie de contenidos que adquieren
validez de una vez y para siempre. Por el contrario, responde a una cantidad de
exigencias que se insertan en un periodo o paradigma histórico especifico. En cada
momento histórico, se enseña una cantidad de contenidos diferentes. Si se
desconoce esto, podemos llegar a naturalizar ciertos saberes, formas de hacer las
cosas, de pensar... y dejar de lado el hecho de que todos ellos han tenido un origen
especifico que respondían a demandas respecto de lo que sucedía en la sociedad.
Frente a esto, el autor nos promete unas preguntas para poder pensar y repensar
acerca de esta cuestión: ¿Por qué se enseñan determinados contenidos culturales
en vez de otros? ¿Por qué antes se enseñaba A y luego se reemplazó por B?
¿Quiénes definen el currículo, con qué criterios y por qué?
Además de hacer un análisis de la génesis y el sentido pedagógico-didáctico de la
escuela, es indispensable abordar la relación interna entre sus agentes.
Principalmente, la relación alumno-maestro. Todo agente que forme parte del acto
educativo posee internamente un conjunto de hábitos que constituyen su modo de
ser, su carácter. En este sentido, tanto el alumno como el profesor no son una tabula
rasa que asiste a la escuela, sino que están constituidos, en parte, por sus valores,
creencias que han ido adquiriendo a lo largo del tiempo. No será lo mismo un chico
que se ha criado en un ámbito rural, a uno criado en un ámbito urbano. Dentro de
esta relación entre el estudiante y el profesor, también se hacen uso de categorías
mentales para de alguna forma poder comprender al otro y encasillarlo en un
concepto especifico: "este alumno es distraído" "este profesor es muy exigente",
entre otros. En este sentido, para conocer al otro lo tipificamos y etiquetamos. Este
etiquetamiento no es una acción inocente. Al etiquetar a un alumno bajo la categoría
de "molesto" inconscientemente estamos modificando nuestro trato hacia él, ya que
todo está mediado bajo esta tipificación: "Es sabido que estas tipificaciones
funcionan como profecías autocumplidas. En otras palabras, por lo general, nuestra
relación con los demás depende de cómo lo hemos tipificado. No nos comportamos
de la misma manera con alguien al que creemos “egoísta”, que con aquél al que
consideramos “generoso y desinteresado”.
En relación con el párrafo anterior, una de las cosas que más le deben importar al
docente es el conocimiento acerca de las nuevas generaciones de adolescentes y
preadolescentes que asisten a las escuelas. Gracias a la globalización, que en parte
es permitida por las nuevas tecnologías, los chicos han configurado una forma
particular de relacionarse entre ellos (un lenguaje) como también una forma de ver
el mundo, lo que lleva también a una forma de vivirlo.
La búsqueda sobre la esencia del docente resulta problemática, principalmente a
que este oficio resulta encarnado en un sinfín de personas particulares. La
complejidad del ser docente es relativa a la dificultad que acarrea ser humano: no
se le puede pedir a la investigación social que fundamente un deber ser de la
condición docente. No son los “sabios” más prestigiosos de las ciencias sociales,
por ejemplo, quienes van a determinar qué es lo que debe ser un docente (¿un
profesional, un técnico, un apóstol u otra cosa?). El deber ser se deduce de una
ética y de una moral y no del razonamiento científico."
OCAMPO
Todas las posturas acerca de la responsabilidad del Estado sobre las políticas
educativas nacen principalmente de la perdida de hegemonía que poseía la iglesia y
las monarquías anteriores. De esta manera, se comienza a formar un gobierno
moderno de carácter liberal. Cambios que se consolidan a fines del siglo XVIII. Ya
en el siglo XVII se le empieza a demandar al estado, la necesidad de pensar un
sistema educativo que sea universal y accesible para todos, dejando de ser una
enseñanza exclusivamente para las élites. Estas demandas luego son reforzadas
con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, en 1789.
Sin embargo, la simple declaración no es suficiente para cubrir ciertas exigencias,
dado que los Estados, para garantizar la educación, tienen previamente que cubrir
otras carencias: economía, falta de recursos humanos, distancias... Fue recién en el
siglo XX (1948) con la declaración de los derechos universales del hombre cuando
la educación se instaló verdaderamente en la agenda política mundial,
estableciéndose su carácter obligatorio, gratuito y orientado al desarrollo de la
personalidad humana, comprensión entre hombres, tolerancia y amistad. Tras la
Segunda Guerra Mundial, organismos como la UNESCO, el Banco Mundial, la
OCDE y el CEPAL comenzaron a influir mediante apoyo financiero o programas de
investigación y asesoramiento en políticas educacionales, especialmente en países
subdesarrollados A pesar de estos esfuerzos, las estadísticas de finales del siglo XX
y principios del XXI (informes GEM de la UNESCO) revelan deudas pendientes:
millones de niños fuera del sistema, altas tasas de analfabetismo funcional y
persistencia de la desigualdad de género en niveles superiores
Toda la transformación impulsada por el gobierno de Yrigoyen, como también su
ascenso al poder, llega gracias a la ley Sáenz peña en 1912. La ley de sufragio
universal obligatorio y secreto. Gracias a esta participación, se pone fin a un sistema
político oligárquico en el cual el poder se concentraba únicamente en las elites más
adineradas, para cedérselo a los mismos ciudadanos. Gracias a este nuevo
sistema, Yrigoyen gana las elecciones en 1916 para dar comienzo a una
democratización total, tanto de la política, como de la educación.
En materia de educación, La reforma universitaria (1918) es un claro ejemplo de
esta democratización. Esta reforma nace de una movilización estudiantil en la
Universidad de Córdoba, en la cual, los alumnos exigían una apertura,
democratización y autonomía de la universidad, para que deje de estar controlada
por la Iglesia Católica y las familias más poderosas del país. De esta manera, se
quería eliminar toda educación puramente dogmática, para dar paso a una
formación critica en investigación. Finalmente, los reclamos se hicieron escuchar e
Yrigoyen introdujo las reformas en todas las universidades para garantizar su
cogobierno entre docentes, y estudiantes. De esta forma, se sientan las bases de lo
que hoy conocemos como educación pública, y laica.
● Cogobierno estudiantil, docentes, graduados, no docentes
● Autonomía universitaria
● Publicidad de actos universitarios
● Docencia libre
● Libertad de Cátedra
● Educación laica y para todos
● Investigación y ciencia
● Extensión y compromiso con la sociedad.
Perón
● Luego del golpe de estado en el cual forma parte, asume la secretaría de trabajo de
la nación (1943). Aquí, empieza a generar un trato cercano con los obreros,
garantizándoles derechos: vacaciones pagas, jubilaciones, en general, se equilibró
la relación entre patrón y obrero
● Eva Perón creo una fundación que llevaba su nombre y utilizó los fondos publicos
para llevar a cabo la construccion de escuelas, hogares para ancianos, repartió
alimentos y regalos navideños.
● En un comienzo, se instaura en el modelo educativo público, la obligatoriedad de
la enseñanza religiosa
● En 1947 una ley acaba con la autonomía universitaria, toda designación de
autoridad debía ser decretada por el poder ejecutivo. Contexto que fue utilizado
para incorporar en las universidades a miembros de la iglesia.
● El Estado utilizó a la educación como un espacio para, según el autor, utilizado
para peronizar a los estudiantes, es decir, inculcarle la doctrina peronista. Hasta un
punto tal que se ha considerado como lectura obligatoria el libro de Eva Perón
● En 1954 Perón rompe toda relación con la Iglesia, por lo que elimina la educación
religiosa en las escuelas. Razones; el avance de obras de beneficiencia (lo que le
correspondía a la Iglesia) por parte de Eva Perón; el creciente culto laico del
presidente; la intromisión de la Iglesia sobre los asuntos políticos (fundacion del
partido demócrata cristiano); el choque de la UES (Union de estudiantes
secundarios) con las organizaciones juveniles católicas
● Cadena de la felicidad: redistribución de ingreso, pleno empleo, aumento del
consumo, maxima produccion empresarial, financiacion por medio de las reservas
obtenidas durante la guerra a través del IAPI.
El concepto de "el empate", acuñado por Luis Alberto Romero para describir el período
entre 1955 y 1966, se refiere a una situación en la que ninguna de las fuerzas políticas o
sociales de Argentina tenía la fuerza suficiente para imponer su propio proyecto de país, pero
sí poseía el poder necesario para bloquear el del adversario.
A continuación, se detalla esta compleja etapa de "bloqueos mutuos" explicada para una
mejor comprensión:
1. Los dos bandos en pugna
Para entender el empate, hay que imaginar a la sociedad argentina dividida en dos grandes
sectores que se vigilaban y neutralizaban constantemente:
● El polo "antiperonista" y liberal: Compuesto por la mayoría de las Fuerzas
Armadas, las grandes empresas, los sectores rurales y los partidos políticos no
peronistas (como la UCR). Su objetivo era "desperonizar" el país, abrir la
economía al capital extranjero y reducir el poder de los sindicatos.
● El polo peronista y sindical: Liderado por los sindicatos (la "columna vertebral"
del movimiento) y, desde el exilio, por Juan Domingo Perón. Su fuerza residía en
la capacidad de movilización y protesta para defender las conquistas sociales
obtenidas entre 1946 y 1955.
2. La proscripción: Una democracia incompleta
El rasgo central de estos años fue la proscripción del peronismo. El partido peronista estaba
prohibido, no podía presentarse a elecciones y hasta estaba penado por ley mencionar el
nombre de Perón o cantar la marcha peronista.
● Esto generaba una contradicción: se quería vivir en democracia, pero se prohibía
participar a la fuerza política más mayoritaria del país.
● Como resultado, los presidentes elegidos en este tiempo, como Arturo Frondizi
(1958) y Arturo Illia (1963), llegaron al poder con una legitimidad débil, ya que
el peronismo solía votar en blanco o realizar acuerdos secretos para inclinar la
balanza.
3. El rol de los militares como "árbitros"
Como el sistema político estaba distorsionado por la proscripción, las Fuerzas Armadas se
convirtieron en el verdadero poder detrás del trono.
● Actuaban como guardianes de la antiperonismo: si sentían que un presidente
civil se acercaba demasiado al peronismo o no era lo suficientemente duro con los
sindicatos, lo presionaban con "planteos" militares o, finalmente, lo derrocaban.
● Sin embargo, los militares tampoco estaban unidos; se dividían entre quienes
querían una salida democrática tutelada ("azules") y quienes querían una dictadura
prolongada para extirpar al peronismo de raíz ("colorados").
4. La resistencia y el poder sindical
Mientras tanto, los trabajadores organizaron lo que se llamó la "Resistencia Peronista". A
falta de participación política legal, el conflicto se trasladó a las fábricas y a las calles.
● A través de huelgas, tomas de fábricas y sabotajes, los sindicatos demostraron que
el país era ingobernable si no se los tenía en cuenta.
● Surgieron líderes sindicales poderosos, como Augusto Vandor, que intentaron
negociar directamente con los militares y los empresarios, buscando un
"peronismo sin Perón", lo que a menudo generaba tensiones con el propio líder en
el exilio.
5. Economía en tensión
En lo económico, el empate se traducía en crisis recurrentes. Cada vez que un gobierno
intentaba aplicar medidas de ajuste o favorecer al campo, los sindicatos reaccionaban con
protestas que obligaban a retroceder. Frondizi intentó romper esto con el "desarrollismo",
atrayendo empresas extranjeras para producir petróleo y autos, pero su dependencia de los
militares y el rechazo obrero terminaron por debilitar su plan.
Resumen del periodo
En definitiva, el "empate" fue una época de gran inestabilidad. Argentina funcionaba como
un sistema donde el poder estaba fragmentado: nadie podía ganar del todo, pero todos tenían
"poder de veto" para impedir que el otro gobernara. Esta parálisis política y social fue
desgastando la confianza en las instituciones democráticas, lo que eventualmente llevó al
golpe de 1966, que buscó terminar con el empate mediante una dictadura mucho más
autoritaria.
La gran transformación (1989 - 1999)
Este capítulo describe la década de Carlos Menem, un periodo de cambios radicales que
desarmó gran parte de la Argentina que se había construido desde los tiempos de Perón.
● Neoliberalismo: Argentina venía de una hiperinflación terrible. Menem, aunque
llegó por el partido peronista, aplicó políticas de mercado: privatizó casi todas las
empresas estatales (como YPF, teléfonos y trenes) y eliminó las regulaciones del
Estado sobre la economía.
● La Convertibilidad: Se estableció el "uno a uno" (1 peso = 1 dólar). Esto detuvo
la inflación de inmediato y trajo unos años de mucha estabilidad y consumo, pero
a un costo alto.
● Consecuencias sociales: Para finales de la década, el modelo mostró su cara más
dura: el cierre de fábricas que no podían competir con lo importado provocó un
aumento récord del desempleo y la pobreza, además de un enorme
endeudamiento externo que estallaría poco después.