Capítulo 1
De qué hablamos cuando hablamos del ambiente
Sylvina Casco
Definir el ambiente significa entenderlo como un sistema dinámico y complejo, en el que
interaccionan la sociedad, la cultura y los ecosistemas (Figura 1). Al decir de Gallopín
(1995: 21), «el ambiente es un macrosistema de interacciones cuya organización determi-
na el comportamiento del sistema que no proviene de su propia organización».
Actualmente, coexisten múltiples concepciones respecto del concepto ambiente, de
acuerdo al contexto filosófico y epistemológico de quien lo propone (García y Priotto,
2009; Basterra, Peralta y Appendino, 2014). A partir de las contribuciones de las últimas
décadas, se ha avanzado desde una simple sumatoria de elementos físicos, químicos y bio-
lógicos a una concepción más amplia, en la que entra en juego la dimensión sociocultural
con sus diversos aspectos (políticos, económicos, históricos, territoriales) y se destacan
las interacciones e influencias mutuas entre componentes (García y Priotto, 2009). El
ambiente, en tanto biósfera, es todo: el medio físico que posibilita la vida y la vida misma;
es humano, animal, vegetal y físico (Fazio, 2012).
Figura 1. El ambiente en relación con la sociedad, la cultura y los ecosistemas.
Aunque comúnmente se lo llame «medio ambiente», se instaló ya desde hace un tiempo
una confusión con respecto al uso del término que provino de un error de traducción; se
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trata de una reiteración innecesaria, de un pleonasmo desde el punto de vista lingüístico,
dado que «medio» y «ambiente» son términos sinónimos que definen el conjunto com-
plejo de elementos bióticos y abióticos, organizado en distintas escalas, que rodea al ser
humano (Reboratti, 2000).
Considerando que el ambiente puede ser conceptualizado como un espacio multidimensio-
nal, que depende de muchos factores (constitución de los organismos, de su conformación
social, sus costumbres, del proceso que se analice y de la escala de tiempo que se considere),
el ambiente puede ser muy variable o poco variable y definir su tamaño no es una cuestión
de términos ni de métodos: es la base para la comprensión de la relación del ser humano, del
organismo vegetal o animal (o grupos de ellos) con el mundo circundante (Neiff y Casco,
2008a; Basterra, Peralta y Appendino, 2014).
Es decir que la posibilidad de diferenciar a los ambientes está relacionada con la escala
de análisis y con el nivel de detalle que se esté buscando, pero el ambiente es uno solo,
un complejo y dinámico sistema de elementos (naturales y artificiales) e interrelaciones
que coincide con los que algunos llaman la ecósfera o también biósfera (Reboratti, 2000).
Cómo nos relacionamos con el ambiente
La relación entre la sociedad y el ambiente constituye la base de la construcción de la
cuestión ambiental para el ser humano, tal como será abordado en los próximos capítulos.
A través de una línea de tiempo podemos ver que la relación ser humano-ambiente ha
sido abordada desde lo teológico (vinculado a lo divino) a lo teleológico (vinculado a un
Creador y, por tanto, para un fin humano), hasta llegar a la visión científica cartesiana,
que buscaba motivaciones morales para justificar la actitud de dominio sobre la naturale-
za a través del conocimiento (Neiff y Casco, 2008a).
Las relaciones funcionales entre el ser humano y su ambiente se explican a través del
funcionamiento de los ecosistemas –sistemas naturales– y de las sociedades humanas –
ambientes urbanos, rurales, otros– (Begon, Harper y Townsend, 1990, 2006), pudiendo
ser estudiados según el balance de la energía entrante y saliente y, por lo tanto, conside-
rarse como balanceados, productivos y consumidores (Fontana, 2016).
En el medio natural interactúan al menos tres subsistemas dinámicos: climático-hidrológico
(agua, temperatura, viento), litoestructural (relieve, suelo, altitud) y biótico (organismos
productores, consumidores y descomponedores), que están condicionados por los cambios
en los flujos de energía solar, principalmente, que permiten que el medio natural sea balan-
ceado, con tasas de eficiencia características desde los productores hacia los descomponedo-
res. Es decir que hay un equilibrio dinámico en los ecosistemas naturales, donde los compo-
nentes están en continuo movimiento y los organismos son seleccionados por las condiciones
físicas (Malacalza, 2013).
Las sociedades humanas son sistemas abiertos, heterótrofos, dependientes del ingreso
de materiales y energía desde otros sistemas, por lo tanto, son desbalanceados. Al con-
sumo de energía utilizada para el mantenimiento de su metabolismo basal y de actividad,
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las sociedades humanas pueden adicionar una cantidad hasta 30 veces mayor de energía
(en combustibles, minerales) para la construcción de sus viviendas, la regulación térmi-
ca de sus casas, otras formas de confort, movilidad, etc. O sea, los ecosistemas urbanos
(consumidores) se nutren de los productos de los ecosistemas agrícolas y balanceados in-
corporando energía química y emitiendo energía transformada en productos industriales
y desechos (Fontana, 2016).
Los recursos naturales (renovables y no renovables), cuando empiezan a ser explota-
dos, dan inicio a un ciclo resumido en cinco fases: extracción, purificación, traslado, con-
sumo y reciclaje con distintas consecuencias socioeconómicas y ambientales (Reboratti,
2000), y deben llevar necesariamente a la compleja pregunta: ¿De quién es el ambiente?
El ambiente en crisis, ¿desde cuándo?
El vínculo entre la sociedad y la naturaleza es una pregunta que antecede a los conflictos
socioambientales y constituye la base de la construcción de la cuestión ambiental (Spivak
L’Hoste y Mombello, 2020).
Al entender al ambiente como un sistema dinámico y complejo, resultante de la interac-
ción entre los sistemas socioculturales y los ecosistemas, los problemas ambientales ya no
pueden situarse por fuera de la dimensión sociocultural (García y Priotto, 2009).
Como consecuencia de los procesos de transformación y deterioro del ambiente, a me-
diados de la década del sesenta la problemática ambiental empezó a formar parte de la
agenda pública y a estar relacionada con las actividades y actitudes de la sociedad. Es en
esta época cuando surgen los movimientos ambientalistas en el hemisferio norte, los que
en las décadas siguientes se multiplicarán en los demás países.
En 1972, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Ambiente Humano, en Estocol-
mo, se reconoce que el ambiente y el desarrollo no son incompatibles. En la Declaración
de Estocolmo se establecen 26 principios que mencionan las primeras nociones sobre
derechos ambientales, la responsabilidad con las generaciones futuras, la desigualdad, el
desarrollo y los bienes naturales, y la relación entre ambiente, tecnología y ciencia. Como
estrategia de desarrollo alternativa, surge el término ecodesarrollo, basado en tres pilares:
autonomía en la toma de decisiones, equidad y prudencia ecológica (Gallopín, 2010).
Hacia fines de la década del ochenta, el concepto de desarrollo sostenible (que combina
los componentes social y ambiental) surge en el Informe Brundtland, presentado en la
Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Banco Mundial, 1987). Aquí se
define como «desarrollo sustentable a aquel que responde a las necesidades del presente
sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para satisfacer sus propias
necesidades» (Banco Mundial, 1987).
En la Cumbre de Río de Janeiro, realizada en 1992, el desarrollo sostenible pasa a tener
mayor difusión. Durante los últimos 20 años ha sido objeto de discursos políticos, científi-
cos y empresariales, pero de manera bastante confusa y liviana, sin tomar compromiso o
responsabilidad real (Toro Sánchez y Hernández del Águila, 2014).
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Las causas del deterioro ambiental, relacionadas con las actividades humanas, inclu-
yen problemas como el crecimiento geométrico de la población humana, la capacidad
de transformar los recursos naturales en tiempos breves –destrucción, fragmentación
o transformación radical de diversos hábitat–; el agotamiento de la capa de ozono de la
estratósfera; la contaminación del aire, del suelo y del agua con el vertimiento de residuos
de la industria; la agricultura y las concentraciones de población; la introducción de plan-
tas, animales y parásitos en ecosistemas vulnerables a estos y la sobreexplotación de los
recursos naturales (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [Cepal], 2005,
2015).
El tema ambiental es asociado generalmente a las ciencias naturales, pero al decir de
Leff (1988), los problemas ambientales son eminentemente sociales, dados por la crítica
relación entre sociedad y naturaleza. Es así que la dimensión ambiental emerge como un
sistema complejo para ser analizado a partir de la interacción entre diversas disciplinas
científicas, saberes populares y culturales (García y Priotto, 2009).
Desarrollo sostenible, indicadores ambientales
El paradigma del desarrollo sostenible implica un conjunto de «sustentabilidades»: efi-
ciencia económica, eficacia ambiental y social, condición difícil de alcanzar sin resignar los
logros de alguna de ellas. El análisis de la sostenibilidad de un modelo o proyecto de mane-
jo se realiza a través de indicadores, que pueden ser: ecológicos, económicos y sociales, ya
que el desarrollo de un sistema natural se apoya en el mejoramiento de los rendimientos
de los ecosistemas, dentro de un contexto socialmente equitativo y sin producir distur-
bios importantes en la naturaleza, de modo tal que pueda seguirse usando a perpetuidad.
Partiendo de la base de la definición de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, el
concepto es complejo, puesto que combina el término «desarrollo», que implica un cam-
bio direccional y progresivo cuantitativo y cualitativo, con el término «sostenible», que
se relaciona con la permanencia en el tiempo. El desarrollo sostenible implica, entonces,
un proceso de cambio (mejoramiento) que se puede mantener en el tiempo (Gallopín,
2010). Coincidentemente con uno de los principales objetivos de la educación, una con-
dición sine qua non para lograr el desarrollo sostenible es la incorporación de un sistema
de subsistencia sostenible que libere a las personas de la pobreza (Wade y Parker, 2010).
Los indicadores de desarrollo dan cuenta de un cambio direccional y progresivo, una me-
jora desde el punto de vista de los objetivos fijados; los de sostenibilidad intentan reflejar
al proceso de cambio y, por lo tanto, la capacidad de mantenimiento de la tendencia del
desarrollo. Lo deseable para alcanzar el desarrollo sostenible es que el valor del sistema,
establecido para el caso argentino como la mejora en la calidad de vida, sea no decreciente
en el tiempo, al menos en el largo plazo (Gallopín, 2003).
El Sistema de Indicadores de Desarrollo Sostenible para Argentina, que se desarrolla des-
de 2004, a través del Área de Ambiente y Desarrollo Sustentable, utiliza el marco concep-
tual propuesto por el proyecto Evaluación de la sostenibilidad en América Latina y el Caribe
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(Esalc), desarrollado por la Cepal, donde el objetivo subyacente es la mejora de la calidad
de vida de la población (Sistema de Indicadores de Desarrollo Sostenible [Sidsa], 2015).
Esta concepción integral del sistema nacional considera la relación de un conjunto de
subsistemas, vinculando las cuatro dimensiones del desarrollo sostenible: social, econó-
mica, ambiental e institucional.
Figura 2. Dimensiones del desarrollo sostenible (elaboración propia).
Las interrelaciones entre estas dimensiones son las siguientes:
•• Interrelación económica/ambiental, acciones económicas que, potencialmente, pue-
den afectar el ambiente.
•• Interrelación ambiental/social, aquellas acciones que pueden afectar la calidad de
vida por degradación ambiental.
•• Interrelación económica/social, acciones que dan cuenta de cómo las mejoras econó-
micas pueden influir en el subsistema social y viceversa.
•• Interrelación institucional/económica, analiza la derivación de recursos que permi-
ten desarrollar distintos sectores de producción y de conocimiento a favor de los
intereses generales.
•• Interrelación institucional/social, reflejan las demandas que los diversos grupos so-
ciales manifiestan en función de las problemáticas que los afectan.
•• Interrelación institucional/ambiental, acciones de gobierno en pos del mantenimien-
to del ambiente.
•• Interrelación nacional/global, relación entre el sistema nacional y el resto del mundo,
a través del comercio internacional, emisiones y sustancias que afectan el ambiente
global.
Entonces, la sostenibilidad es un atributo de los sistemas abiertos a interacciones con
su mundo externo, es dinámica y tiene una tendencia a mejorar en el tiempo. Y en este
proceso de mejora, es necesario vincular la investigación científica enfocada de alta cali-
dad a esfuerzos renovados interdisciplinarios y relevantes a las políticas para el logro de la
sostenibilidad global (Vessuri, 2016).
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Gestión y manejo ambiental
Hay diversas definiciones sobre gestión ambiental, una de ellas es la que resume Guhl
(2000: cito en Muriel Foronda, 2006: 2) como «el manejo participativo de las situaciones
ambientales de una región por los diversos actores, mediante el uso y la aplicación de
instrumentos jurídicos, de planeación, tecnológicos, económicos, financieros y adminis-
trativos, para lograr el funcionamiento adecuado de los ecosistemas y el mejoramiento de
la calidad de vida de la población dentro de un marco de sostenibilidad».
Es decir que, en gestión ambiental, se trata de resolver algún conflicto ambiental pro-
ducido por el ser humano, a través de la respuesta de estas preguntas (Muriel Foronda,
2006: 5):
•• ¿Qué y quién está afectando el ambiente?
•• ¿Cuál es el estado actual del ambiente y los recursos naturales, en relación con el pa-
sado mediato o inmediato?
•• ¿Qué estamos haciendo y/o gestionando para mitigar o resolver los problemas am-
bientales generados por las actividades antrópicas?
•• ¿Cómo y cuándo resolver los problemas?
Por manejo ambiental se entiende un proceso o plan destinado a modificar la relación
del ser humano con su entorno, con alguno de sus elementos y/o procesos, con intención
de obtener el mayor beneficio posible, con el menor deterioro o pérdida de calidad de los
ecosistemas (Neiff y Casco, 2008b). En esta perspectiva cabe también el diagnóstico de
los ecosistemas en estudios de Línea de Base Ambiental (LBA), previo a la realización de
obras que comprometan al ambiente, el diseño de programas de monitoreo y de resolu-
ción de contingencias ambientales. El manejo ambiental también atiende a la restaura-
ción de las propiedades originales del medio natural que pudieran haberse alterado por
erosión, contaminación y fragmentación del ambiente u otras acciones antrópicas.
El manejo ambiental incluye elementos técnicos que definen la potencialidad de uso
actual y de uso posible del paisaje, de los ecosistemas, de los recursos naturales, de los
servicios del sistema socioambiental. Por lo tanto, es una herramienta técnica de la ges-
tión ambiental que se ocupa, principalmente, de la red de acciones sociales económicas
y de soporte ambiental, destinadas a viabilizar las conclusiones del manejo del ambiente.
La heterogeneidad espacial y temporal de los sistemas hace que el manejo ambiental
sea abordado en diferentes escalas: local, regional, global; es decir, este juego iterativo
nos da una visión de conjunto y una visión de detalles que colaboran con un mejor ajuste
de la estructura y función de determinado sistema natural.
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Hacia los capítulos siguientes
Es imperativo que todos los que están revestidos de alguna responsabilidad presten
atención a los objetivos y a los medios de la educación (…) [para determinar] en qué
pueden estas políticas contribuir a un mundo mejor, a un desarrollo humano soste-
nible, al entendimiento mutuo de los pueblos, a una renovación de la democracia
efectivamente vivida (Delors, 1996).
Actividades sugeridas
Esta sección fue incluida al final de cada capítulo y pensada como un espacio de re-
flexión sobre el ambiente. Se proponen actividades que pueden servir de insumo de
aplicación en las prácticas docentes.
1. A través de un trabajo colaborativo (en grupos de 5 integrantes) con la herra-
mienta wiki del aula virtual:
a. Expresar las causas y consecuencias de, al menos, 4 problemas ambientales que
hayan sucedido en el ámbito internacional, nacional y/o regional y que puedan
ser rescatados de portales confiables de información (diarios, revistas, centros
de investigación, universidades).
b. Por grupo, elegir un caso de los seleccionados y desarrollar en un documento de
no más de 4 páginas sus principales características, consignando recurso directa
o indirectamente afectado: agua, vegetación, etc.; actores intervinientes; estado
del problema ambiental. Ese documento será compartido en la wiki.
c. Establecer semejanzas y diferencias con los casos elegidos por los otros grupos
de trabajo.
2. Armar una producción audiovisual de 5 a 7 minutos de duración en la que se
presenten los principales conceptos del capítulo y que puedan servir de base
para fortalecer el cuidado y la conservación del ambiente. Se compartirá luego el
enlace en el foro correspondiente.
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Fuentes bibliográficas y electrónicas
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«El ambiente». En Basterra, Nora y Peralta, Erica (eds.) Introducción
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