¿Dónde pasarás la eternidad?
Adaptado por Carlos Tomás Knott
Sabemos que la vida es corta. Dios dice: «No sabéis lo que será mañana.
Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por
un poco de tiempo, y luego se desvanece» (Santiago 4:14). La muerte es
«una sola vez», no hay reencarnación, y el juicio que viene después de
la muerte es seguro y severo. La Palabra de Dios dice que «está
establecido para los hombres que mueran una sola vez y después de
esto el juicio» (Hebreos 9:27). Amigo, la muerte se acerca. ¿Dónde
pasarás la eternidad? ¿Dónde estarás?
Muchos dicen que no creen en nada después de la muerte, pero es un
hablar, y no es cierto, porque a estos mismos la muerte les da miedo, y
tratan de evitarla. Otros dicen que creen en el cielo y en el infierno, pero
desafortunadamente no se preocupan mucho por cuál de los dos sitios
será el suyo. Se desvelan más por los setenta años o más de esta vida,
aunque saben que por larga que sea esta pequeña vida, es sólo un
momento de la eternidad. ¿Y dónde estarás tú?
Amigo, detente a pensar con cordura lo que significa una eternidad de
alegría perfecta. «Bueno», dices, «yo creo en Dios. No hago mal a nadie
y vivo lo mejor que puedo, más o menos. ¿Qué más puedo hacer?» Dios
tiene una respuesta.
Está bien creer en Dios, no hacerle mal a nadie y hacer las cosas lo
mejor que se pueda, si uno verdaderamente vive así. Sin embargo,
según la Palabra de Dios, eso no puede llevarte al cielo. Aun los
demonios creen en Dios (Santiago 2:19). Así que no le haces a Dios
ningún favor creyendo que Él existe, porque es verdad, lo creas o no.
Dios no estableció «buenas obras» como el camino al cielo. Efesios 2:8 9
y Tito 3:5 lo ponen clarísimo. Ni la Iglesia, ni el bautismo, ni la confesión,
ni la primera comunión, ni la confirmación, ni el sacerdote, ni ningún
sacramento, ni tus buenas obras pueden ayudarte a merecer la vida
eterna. Si en algo de eso has puesto tu confianza, no estás preparado
todavía para la eternidad.
Dios te explica en su Palabra cómo prepararte para la eternidad.
Nicodemo, un hombre importante entre los judíos, fue una noche a
hablar con Jesús, quien le dijo: «De cierto, de cierto te digo, que el que
no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios» (San Juan 3:3). Y
aquél le preguntó a Jesús: «¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?
¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y
nacer?» (San Juan 3:4). La respuesta de Jesús fue: «Lo que es nacido de
la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te
maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo» (San Juan 3:6
7).
¿Has nacido de nuevo? No es una ceremonia de la Iglesia. Es una
conversión, de una vez para siempre, y a la vez es un renacimiento
espiritual que decidirá tu destino eterno. Sin esto, no estás preparado, y
la eternidad viene, se acerca a ti a la velocidad de 60 minutos cada hora
y 60 segundos cada minuto. No te sobra tiempo. Esta puede ser tu
última oportunidad. Si mueres después de leer este escrito, amigo,
¿dónde pasarás la eternidad?
Reconoce tus pecados
Y en cuanto a eso de no hacer mal a nadie, bueno, sé un poco más
honesto. No eres perfecto, ni mucho menos. Lee en el Evangelio de San
Marcos 7:20 23 y observa lo que Dios ve en tu corazón: «... las avaricias,
las maldades, el engaño ...». ¡Venga, hazlo! Toma la Biblia, busca y lee
Romanos 1:22 32, y verás cómo Dios describe no sólo el corazón, sino
los hechos «... contiendas, soberbios, desobedientes ...». ¿Insistes en
que no has hecho mal a nadie después de leer esto? Entonces, has
hecho el mal de llamarle a Dios mentiroso, así que no te vale más este
dicho.
Yo sé que esto es incómodo, pero es necesario que sepas la verdad.
¿Para qué te voy a mentir y engañar como tantos ya han hecho
diciéndote que eres bueno y que no hay nada que temer? Si les crees,
es porque quieres creerlo, porque es engaño. Y tus consejeros y tus
propias opiniones y filosofías todas te abandonarán en los portales de la
muerte, cuando pases a la eternidad. ¿Y dónde pasarás la eternidad?
Porque sé la respuesta, sigo exhortándote como amigo que busca tu
bien. Debes reconocer que lo que Dios dice en su Palabra es verdad. Él
dice que tú eres pecador perdido, seas incrédulo, agnóstico, ateo o aun
muy religioso católico practicante. La religión falsa también es un
pecado, ¿sabes? ¿Reconoces que has quebrantado las leyes divinas?
«No hay justo, ni aun uno ... por cuanto todos pecaron, y están
destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:10, 23); «Ciertamente no
hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque»
(Eclesiastés 7:20).
Arrepiéntete
Así que, si vas a prepararte para la eternidad, que está ahora todavía
más cerca, debes arrepentirte de tus pecados. La Biblia dice que:
«Dios ... ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se
arrepientan» (Hechos 17:30). Jesucristo dijo: «... si no os arrepentís,
todos pereceréis igualmente» (San Lucas 13:3). Él no decía lo que
muchos dicen hoy, que Dios tendrá misericordia de todos. ¡No creas
esas mentiras!
Piensa por un momento lo que tus pecados le han costado a Dios. Fue
por nuestros pecados, los tuyos y los míos, que Dios, el Creador y Rey
del universo, dejó su trono en los cielos. Por medio del milagro de la
encarnación el Altísimo bajó a la tierra en la persona del Señor Jesús
para sufrir, derramar su sangre y morir en la cruz del Gólgota, para
tomar en su seno el juicio divino contra nuestros pecados, abriendo así
el camino para libramos de la esclavitud del pecado y de la muerte y
llevamos con Él a su gloria eterna: «En esto hemos conocido el amor (de
Dios), en que él puso su vida por nosotros» (1 Juan 3:16).
Entrégate al Señor Jesucristo
Entonces, debes creer con todo tu ser --intelecto, emociones y
voluntad--confiar personalmente en este Señor Jesucristo que murió por
tus pecados y resucitó para tu justificación. Confía total y únicamente en
Él, no en iglesias, santos, credos y sacramentos. Esto es más que creer
intelectualmente que un dato histórico es verdad; es recibir al Señor
Jesucristo en tu corazón y vida para que Él reine en ti como Señor y
Salvador. El Apóstol Juan dice así del Señor Jesús: «A lo suyo vino, y los
suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen
en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios» (San Juan
1:11 12).
Así que, cuando le abres tu corazón al Señor Jesús y te entregas
confiada y solamente a Él como tu Señor y Salvador personal, Dios
promete perdonarte los pecados y salvarte, dándote vida eterna a partir
de este momento, con la esperanza segura de estar en el cielo con
Jesucristo inmediatamente después de esta vida. El Apóstol Pablo dice:
«ausentes del cuerpo, presentes con el Señor». ¡Dios te ofrece una
eternidad feliz consigo, sin purgatorios, sin misas para los muertos, sin
yacer inconscientemente en tinieblas, sin reencarnación para tratar de
hacerlo mejor en otra vida!
Por la autoridad de la Palabra de Dios, puedes saber dónde pasarás la
eternidad. El Apóstol Juan, inspirado por Dios, dice: «Estas cosas os he
escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que
sepáis que tenéis vida eterna» (1 Juan 5:13). Y Jesucristo promete: «De
cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió,
tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte
a vida» (San Juan 5:24). Considera otra vez cómo Dios te ofrece esta
promesa. No dice «tal vez» ni «si sigues haciendo bien, un día podrías
pasar de muerte a vida», ni «nadie sabe», ni nada de eso. La Palabra de
Dios dice que el que cree, que es confiar en Jesucristo, «ha pasado de
muerte a vida». ¡Ya! ¡Esta es la persona que está preparada para la
eternidad! ¿Quieres ser tan feliz y estar tan seguro? Ahora mismo
puedes, si quieres.
Debes decidir tu destino eterno, sin demorar más.
¿Cómo puedes hacerlo? Piensa en el mensaje del evangelio. Repasa los
versículos si no estás seguro o no lo tienes claro. Ora y pide que Dios te
dé entendimiento y convicción. Deja tu propia opinión y da la razón a
Dios, porque la tiene. Entonces, reconoce que eres el pecador por quien
Jesucristo murió en la cruz, arrepiéntete de tus pecados, y demuestra un
arrepentimiento apartándote de tus pecados y de tu camino malo.
Ríndete al Señor Jesucristo en fe, creyendo que Él murió por ti, pagando
por todos tus pecados en la cruz, que Él resucitó y vive para perdonarte
y darte una vida nueva. Cede las riendas de tu vida a Él como tu Señor y
Salvador.
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