0% encontró este documento útil (0 votos)
0 vistas12 páginas

U4. DISCAPACIDAD

El documento explora la construcción imaginaria de la discapacidad desde una perspectiva psicoanalítica, destacando cómo la discapacidad impacta la identidad y la relación entre el niño y sus padres, así como la percepción social de la discapacidad. Se argumenta que la discapacidad es una marca identitaria influenciada por el entorno social y cultural, y se critica la falta de integración y la ideología de la caridad que perpetúa la exclusión. Además, se analizan las dificultades de identificación y el papel de la culpa en la dinámica entre discapacitados y 'normales', sugiriendo la necesidad de redefinir las reglas de intercambio y derechos en torno a la discapacidad.

Cargado por

Pao Racigh
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
0 vistas12 páginas

U4. DISCAPACIDAD

El documento explora la construcción imaginaria de la discapacidad desde una perspectiva psicoanalítica, destacando cómo la discapacidad impacta la identidad y la relación entre el niño y sus padres, así como la percepción social de la discapacidad. Se argumenta que la discapacidad es una marca identitaria influenciada por el entorno social y cultural, y se critica la falta de integración y la ideología de la caridad que perpetúa la exclusión. Además, se analizan las dificultades de identificación y el papel de la culpa en la dinámica entre discapacitados y 'normales', sugiriendo la necesidad de redefinir las reglas de intercambio y derechos en torno a la discapacidad.

Cargado por

Pao Racigh
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

DISCAPACIDAD

Marcelo Silberkasten.
CONTRUCCION IMAGINARIA DE LA DISCAPACIDAD
En psicoanálisis el niño es aquel que viene a llenar la falta de los padres, sin embargo, en este caso, el niño
es una representación de ella (de la falta). La expectativa narcisista no se cumple (la de tener un hijo
similar a uno), aunque esto se da no solo en discapacidad.

La clínica de la discapacidad alude a lo traumático, por la imposibilidad de pensar una situación que
acontece de forma inesperada.

A la madre le resulta casi imposible cederle algo al niño ya que no sabe cómo será recibido. Un cuerpo tan
extraño que no sabe cómo tomarlo, cómo acariciarlo.
El niño porta un cuerpo con el cual no sabe cómo lidiar, ya que el yo de la madre no puede identificarse
con el niño y por ende no puede cargarlo libidinalmente. Hay una caída de la función maternizante; no se
puede ubicar en el discurso social y cultural debido a lo atípico de tener un niño con discapacidad. El Otro
social no dice nada o muy poco sobre qué es ser madre de un discapacitado.

La discapacidad se trata de una marca identitaria en función del Otro social, por lo cual trabajar para un
reposicionamiento subjetivo en torno a ella se vuelve necesario.

La discapacidad es una problemática política de la minoría.

La principal discriminación es representacional inserta en el lenguaje mismo. El sistema representacional,


las categorías tal como nos son dadas llevan a la discriminación, a la segregación.

Lo real es un pleno. Allí no hay falta, el atravesamiento por lo simbólico define entonces una ausencia que
lo real en sí no tiene. La realidad del cuerpo se construye, y sus faltas son dadas desde un significante que
lo recorta. El cuerpo discapacitado como todo cuerpo está despedazado. En consecuencia, la definición de
discapacidad no va a estar dada por un real orgánico sino por el código que lo determina como
discapacitado o no.

El concepto de discapacidad fue variando según la época.


 Antiguamente los niños anormales eran considerados engendros mandados por el diablo, se los
eliminaba o abandonaba. Definir al “niño anormal” como un no semejante, generó el marco conceptual
que permitió, sin culpa, abandonar o dejar morir al niño anormal.

La administración de la culpa rige el campo de la discapacidad. El diferencial de poder entre el “normal” y


el “discapacitado” es tal que se producen operaciones tendientes al manejo de la culpa que queda como
residuo del intercambio entre ambos. ¿Cómo? En una punta, utilizando las representaciones
correspondientes, mediante la eliminación del discapacitado del universo de lo humano. Con la
desubjetivación se hace posible su muerte en forma directa o indirecta sin remordimiento alguno; en la
otra mediante una administración de rituales de caridad, con imperativos categóricos incluidos, que
tienden a definir los intercambios mediante reglas precisas que deben ser respetadas sin pena de derivar al
Infierno al “normal” que no lo cumple.

 En la sociedad posmoderna, donde queda entre paréntesis todo sistema de reglas


universales, incluyendo las de caridad, la administración de la culpa tiene dificultades específicas de
manejo social y subjetivo: si la madre de un discapacitado se dedica “mucho” será juzgada (y se juzga a sí)
como que está perdiendo su vida en una causa incierta, si se dedica “poco” será juzgada (y se juzga a sí)
como insensible. Lo que es seguro es que no tiene un código claro de lo que debe hacer.

La culpa aparece no como sucedía hasta la modernidad por no cumplir las normas socialmente instaladas,
sino culpa más difícil de sobrellevar por la responsabilidad individual de ser el sujeto en su soledad quien
tenga que realizar la definición misma de las reglas de intercambio.

La falta de reglas universales deja a los actores con la difícil misión de definir ellos mismos las reglas de
intercambio: son los legisladores sin ser la ley, eliminando la tranquilidad de que sea la sociedad con su
código, la que indique que hacer y que no.

La discapacidad es definida según su entorno y contexto. Ej: mujer esquimal que masticando cueros hace
diferentes objetos al quedar sin dientes se convierte en discapacitada. Hay una diferencia
representacional, lo que para ellos es una discapacidad, para nosotros no.

¿Que define en la subjetividad que alguien sea representado como discapacitado y otro no?
“Discapacitado es aquel individuo que no puede insertarse plena y fácilmente dentro del sistema de
producción de bienes y servicios de una comunidad.” Lo define su lugar en el sistema social.

“El discapacitado al no insertarse en un sistema productivo no circula por un sistema de intercambio, es un


sujeto fijado”. No produce ni reproduce. Y en consecuencia no circula: los escenarios de intercambio son
poco utilizados por el discapacitado. Casi no se hallan presentes ni en los restaurantes, cines, la calle, las
plazas, oficinas, comercios.

Ausencia que no alcanza a ser justificada por la hostilidad arquitectónica con sus obstáculos. No es una
imposibilidad física. Es una imposibilidad de otro orden. Su ausencia en esos lugares confirma
su presencia en los ámbitos donde el intercambio no se produce: el primordial, no el único, es el hogar
materno.

La falta de circulación del discapacitado lleva a una fijación a su familia de origen: la falta de amigos y de
parejas tan alta entre los discapacitados define dicha falta. Cuando aparece en lugares públicos, la
mayoría de las veces lo hace o lo más rápida y esporádicamente posible o no circula, sino que pide
limosna. No produce, no consume, no compra bienes ni servicios, otros lo hacen por él.

El discapacitado tiene el derecho a pedir limosna. “Derecho” por el cual no tiene que luchar y es
imperturbable a través del tiempo: los códigos fueron cambiando, pero el derecho a la limosna se
mantiene imperturbable. Esta particular legalidad la denominaremos la ideología de la caridad.

El dinero es un elemento de intercambio material y simbólico, cuando es entregado a alguien sin


contraprestación carece de valor simbólico, ubicando al receptor en el lugar del signo fijo y por lo tanto
inmutable: signo de un lugar marginal en la cultura.

Inclusión ¿Integración?

La inclusión no significa integración. Los grupos se integran en la medida que hay un código en común,
hermanos atravesados por la misma ley.

El discapacitado está fuera de las leyes porque se considera que no está en condiciones de cumplirlas.

Las leyes están hechas en función de un sujeto preconcebido (normal), la discapacidad queda por fuera.
Este código no es reemplazado por otra legalidad acorde a las coordenadas del sujeto, sino que, dejado por
fuera del código, estas se reintroducen con múltiples desgarramientos.
No fuera de la ley, si fuera de las leyes, que es un extranjero, que como tal está incluido, pero no integrado,
no está afuera pero no por ello adentro, de ahí las condiciones de articulación tanto de la hospitalidad con
el extraño como de hostilidad lo que lo llevó acuñar: hospitalidad.

El discapacitado al entrar por el único y necesario lado del derecho- y no también del deber- corre el riesgo
de quedar en ese único aspecto por lo que se lo fija nuevamente en una falta de circulación, las
obligaciones de los otros son de un solo lado y están motivadas por la lastima y la solidaridad.

El discapacitado es consciente que el movimiento de vínculo sin contraprestación, que, sin reciprocidad, es
solo por lástima, por caridad y en consecuencia tiene dificultades terribles para reclamar y demandar ya
que no pueden argumentar dicha reciprocidad.

La dificultad de la demanda entra en 2 caminos posibles:


- Un monstruo tiránico que agota al otro (“cuando el padre se lo lleva el fin de semana me doy cuenta lo
destruida que estoy, no tengo ya ganas de nada”).
- No demanda nada, está a merced del deseo del otro (“no quiere nada, si salimos está bien, sino
también”).

Al quedar como sujeto solo de derecho obliga a la familia a quedar como sujeto solo de deberes: otra
consecuencia de la falta de circulación y la fijeza posicional.

La unidireccionalidad de derechos y no de obligaciones, lleva a la no circulación y no reciprocidad, aspectos


de la ideología de la caridad que se torna inclusiva pero no integrativa. Plantear la lucha por los derechos, y
también por las obligaciones de los discapacitados permitirá sacar el vínculo entre discapacitado- “normal”
de un circuito de culpa.

Del lado del no discapacitado, el no dar es vivido como culpógeno, ubicándolo en el cuadro aproximado de
la culpa del sobreviviente, del que no puede renegarse al deseo del discapacitado ya que es moralmente
impropio hacerlo.

Y por supuesto es también culpógeno para el discapacitado ya que reclama sin contrapartida.

LA TRAMITACIÓN EDÍPICA

Siendo la problemática narcisista, siendo las corrientes identificatorias heridas profundamente, el yo tiene
dificultades de constitución.

La herida no es narcisista, la herida es identificatoria. En el par teórico narcisismo-identificación debemos


buscar por el lado de las identificaciones los caminos que una conceptualización del narcisismo nos dejaría
a mitad de camino.

El concepto de identificación nos ubica en relación al Otro, como a una dimensión temporal que nos
parece clave: el futuro y el proyecto como espacio de identificación.

Dificultades de salida edípica y constitución identificatoria:

1- Siendo de gran dificultad para un discapacitado poder identificarse con un padre y una madre y asumir
un proyecto identificatorio donde la paternidad como tal esté incluida en sus aspectos tanto filiatorios de
tener hijos como productivos laborales por la dificultosa integración al mercado laboral. (No se trata si
querrá ser bombero, sino de ¿podrá serlo?, tener su casa, ¿podrá tenerla? ¿Vivir solo?). Imposibilitando
decir: a mis hijos cuando sea grande los educare de X manera (¿podrá/tendrá hijos?).
El hiato entre el Yo y su proyección de futuro es inalcanzable.
2- ¿Qué tipo de identificación se hace posible si el sujeto no puede abandonar el objeto tanto por las
necesidades autoconservativas como por las dificultades de circulación? Se acepta pasivamente el deseo
materno o va en sentido contrario manifestado en un negativismo.

3- Pero no solo se trata de la imposibilidad de abandonar al objeto, este no puede ser asesinado, ya que
con su muerte se vislumbra la suya propia.

4- ¿Cómo identificarse a un líder grupal si no hay grupo de inserción?

De ahí que en muchos discapacitados el negativismo parezca ser el heredero del Complejo de Edipo. Sin el
negativismo el yo corre riesgos de sucumbir. Ese negativismo puede ser el único elemento de constitución.

La resolución del Edipo se torna en una tarea donde la privación y la castración ocupan un lugar demasiado
preponderante sin que intervengan fuertemente ni la primera parte de la proposición cultural “que con
mamá no” y mucho menos la segunda parte “pero en el futuro y con otra mujer sí”. La madre sigue
estando presente, teniendo la madre “ojos solo para su niño”, con una sensación de creciente certeza que
en el futuro no habrá otra mujer, ni sus sustitutos sublimados.

La pérdida más importante es de algo que no tuvo nunca, ideales y sobre todo de ideales compartidos.

El aspecto de exclusión se vislumbra como más evidente en la medida que todo trabajo de integración es
un trabajo de normalización. Todo el trabajo pasa sobre el cuerpo del discapacitado más que sobre el
entorno.

Solo se puede habitar en la medida que se construya., esto es, hacer propio el lugar de permanencia. El
discapacitado no habita su casa, está instalado en ella. Incluido, pero no integrado. Integrar va a implicar
que construyamos un marco conceptual que nos aloje a todos.

Jerusalinsky. Dirección de la cura de lo que no se cura


El deseo materno unariza en el cuerpo del niño el trazo significante de lo que le falta. Una unarización que
opera desde su mirada, y tiene el nombre de representante prínceps, nombre propio donde navegan los
sentidos de los sueños maternos. Nombre que se coloca para designar una filiación que va más allá de la
madre, que viene en “Nombre del Padre”. ¿Pero cómo sostener el nombre a un cuerpo en pedazos?
Dirigir una cura implica definir por qué caminos se dirige lo incurable. Ya que no sabemos a qué destino se
dirige la cura, sino que solo lo vamos viendo en el transcurrir. En la cura encontramos la repetición de
ciertos momentos cruciales en los que la transferencia se encuentra con un efecto directo del fantasma
que la deficiencia del niño ha reabierto.
En esos momentos es necesario ciertos actos clínicos. Ya que los padres piden diagnósticos, test, remedios,
etc. apareciendo una demanda que se orienta a que les “arreglen el muñeco roto” de su narcisismo.
La transferencia en entra a jugar muchas veces bajo la sugestión, donde el medico se ubica como Otro
portador de un saber aplicado con sus técnicas. Padres, médicos y técnicos suelen quedar atrapados en un
saber que gobierna por completo el destino del niño.
Como partidarios del psicoanálisis sabemos que se trata en todo caso de un supuesto saber, y no
colocarnos en el lugar del sujeto que sabe, sino que el punto en el que este sanar que nos es supuesto, en
realidad corresponde a un sujeto al que aun nada se le ha preguntado porque se teme su respuesta. Este
es el sujeto del niño y que en los primeros momentos de vida está más en el discurso parental que
albergado en el niño mismo. A veces el temor a interrogar este sujeto es tan grande que se refugian en las
respuestas del discurso técnico.
Esto también lleva muchas veces a desear la muerte del niño, pero no en lo real, sino que se realiza la
muerte del sujeto retirándolo del campo de la sexuación y por lo tanto de su relación con el Otro.
Tornando al sujeto un eterno niño, infantilizándolo.
Para tratar de no caer en estas cuestiones es necesario realizar algunas puntualizaciones en el curso de
nuestro trabajo:
1. Establecer lo real: definir el límite que afecta al niño enfermo en cuanto a sus posibilidades funcionales.
Cuando se plantea establecer lo real, se quiere decir eso mismo: lo real. Lo que se opone como limite
efectivo en el momento en que el ste pugna por imponer su movimiento. Esto supone escuchar con
precisión la serie simbólica que esta actuando.
Tmb significa definir cómo los padres se oponen inadvertidamente con su propia fantasmática, a viabilizar
un sujeto en ese niño.
2. Desdoblar la escucha de la demanda: una escucha que tiene que vérselas con lo real del propio campo
de lo fisiológico-médico, y la escucha que se propone operar con lo real en el campo de lo fantasmático,
psicoanalítico. Permite desdoblar la transferencia.
3. Establecimiento y desarrollo de la transferencia: se instala cuando los padres del niño no se resignan
ante la deficiencia (ya que no harían tratamiento alguno) pero tampoco se resignan a que ella le imponga
límites a su niño (ya que sino no verían los problemas de su niño y no sabrían cómo ayudarlo).
En el punto donde el supuesto saber cae de cierta manera, y la conducción del niño con sus limitaciones
vuelva a sus padres se juega, se resignará el terapeuta a “ver su obra acabada” aceptando que el niño
tenga una vida imperfecta que esos padres imperfectos le pueden proporcionar.
4. La denegación del deseo de muerte: el sujeto previamente estructurado en el lenguaje paterno se torna
incompatible (en el imaginario parental) con el niño real.
La ruptura narcisista que se da torna difícil encontrar en ese niño trazos “dignos” y a la “altura” del Ideal
previamente establecido.
Con ese real monstruoso que emerge podemos anudarlo a representaciones simbólicas para poder hablar
de ello. Esto es solo posible denegándolo, decir la verdad amortiguando el efecto. “Sabemos que es
deficiente, pero para nosotros, en lo cotidiano, es como si fuese normal”. La denegación solo es posible a
partir de la elaboración del trauma inicial.
5. Vacilaciones del yo ideal del niño: cada vez que demuestre su fragilidad, se da lugar a una intervención.
6. Momentos que reabren los anudamientos que se articularon alrededor de la enfermedad en el
momento traumático inicial: momentos donde el fantasma social retorna cada vez que se intenta la
integración del niño a la comunidad.
Algunos momentos que reabren estas crisis:
- Primeras salidas a lugares frecuentados por otros niños que materializa el rechazo social;
- Escolarización, donde se plasman limites en el aprendizaje;
- Juventud, donde surge lo real en relación a la sexualidad, etc.
Los tratamientos en este tipo de patología tienen su límite de recuperabilidad, y por ello los niños siempre
continúan dando la impresión de que necesitan más de tal o cual cosa. En este límite de recuperabilidad
está el fin del tratamiento, y allí, en el corte, es donde terapeuta, niño y padres resignan lo que nunca
llegará a producirse: la cura total.
El encuentro con lo real de la falla del niño se presenta como siniestro. La sombra del hijo deseado y
perdido cae sobre el yo de los padres produciendo una depresión melancólica: ¿por qué a mí? o buscaran
explicaciones para suavizar ese efecto siniestro como misiones reparatorias, estoicas u orgullosos
guerreros sociales por sus hijos. Formas de restituir la herida narcisista de esos padres.
Ello produce que el niño quede ligado a una cosa sola, que nada quede librado al azar, en él no puede
aparecer el deseo, sino solo la concordancia con lo planificado.
En los padres se encuentran ciertos puntos de elaboración y preguntas:
• Elaboración del choque traumático del nacimiento, como la irrupción de alguien no esperado y perdida
del niño deseado.
• Instalación de la renegación (permite la coexistencia en la cc de 2 ideas contradictorias) o denegación
que permiten amortiguación del afecto ante una verdad inaceptable para el sujeto.
• Equivalencia entre bebé y discapacitado para encubrir la deficiencia. Los padres llaman “chicos” a los
adultos deficientes. Expresan la retención del hijo en un lugar “protegido”: el de la infancia. Hombres y
mujeres que no tienen otra perspectiva más que la dependencia.
• Identificación sexual complicada, fractura en la identificación de los padres hacia el hijo. No lo ven como
igual y de ahí surge la traba para que ellos se sientan iguales.
• Se produce una duplicación en toda consideración hacia el hijo: la función afectada abarca todo. “¿A
pesar de ser deficiente, va a poder hablar?”.
• Tratamiento terminable o interminable? Alude a un deseo de cura total/terminable y la idea de
enfermedad eterna e irreversible (interminable). En relación a lo primerio, la angustia de hace presente
por la impotencia y en la segunda por lo real siniestro.
2 puntas en las que los padres rebotan sin salida a menos que encuentran una nueva simbolización para
ese hijo.
• Interrogantes acerca del tratamiento. ¿qué será de él cuando no estemos? No se logra articular formas
de transición ante el estar en esta casa parental y estar en otro lugar. Este otro lugar suele ser imaginario
como “casa para después de la muerte”, no aparece la idea de otra cosa para la vida. No hay transición.
SEXUALIDAD
La sexualidad tiene un papel fundamental en la estructura del sujeto psíquico.
Para que el niño tenga interés por el mundo es necesario que él mismo sea deseado por otro. Solamente
así el contacto con los objetos y personas podrá ser psíquicamente placentero, desbordando el campo
puramente biológico.
Es en la relación madre e hijo que comienza la historia de la sexualidad: la provisión de un circuito de
simbolización le permitirá al bebé postergar sus realizaciones eróticas puramente corporales, y le otorgará
un orden interno que le permitirá dirigirse al mundo social de la comunicación y del aprendizaje.
Una vida sin placer es una vida sin deseo, y eso equivale a la locura. Este placer se gesta en la identificación
con una madre gozosa de tener su hijo, y con un padre que le abre promesas de realización sexual futura
en el mundo externo, a cambio de la inhibición actual.
En los deficientes mentales aparecen con tanta frecuencia problemas sexuales por:
- El deseo de la madre dirigido al hijo esta perturbado, suspendido, quebrado.
- La reciprocidad madre-hijo deja de ser gozoso, por no ser coincidente con el hijo esperado.
- Las promesas de futura realización sexual quedan suprimidas.
La etapa de la curiosidad sexual y de las teorías sexuales infantiles coincidentes con las preocupaciones del
niño por su origen, raramente aparecen en los deficientes mentales.
La repetitiva mirada de los padres constituyendo una imagen de ser sexualmente asustante, acaba
empujando al niño a ocupar ese lugar que constantemente se insinúa como el que le pertenece.
Los mayores riesgos provienen de la resistencia parental a enfrentarse con la obturación total de la
sexualidad del hijo, que la mayoría de ellos siente como inevitable.
Este cierre, que obtura el futuro personal del niño e induce a la familia a anticipar en el un bebé eterno,
constituye un sufrimiento de una dimensión intolerable tanto para los padres como para el hijo. Es por
esto que acaban produciéndose síntomas tales como: oposicionismo, masturbación compulsiva,
exhibicionismo, etc. Reproduciendo un circuito narcisístico que denuncia la imposibilidad de incluir a otro
en su proyecto de placer.
El placer es el movilizador de gran parte de todo nuestro actuar. El deficiente mental no puede quedar
totalmente excluido a priori de este proceso, a menos que se pretenda dejarlo excluido a la condición de
persona, y de toda circulación social. Como podemos observar, la cuestión sexual no es una mera cuestión
de hábitos mal o bien administrados.

Balsamo – Carolina Reynolds


¿DÓNDE SITUAMOS LA DISCAPACIDAD?
El concepto de discapacidad se presenta como un emergente sin posibilidad de ser cuestionado, como una
obviedad velando su condición de producto social y cultural.

¿Qué laberintos habitamos con relación a la noción de sujeto cuando hablamos de discapacidad? Una
mirada desde arriba del laberinto implicaría una pregunta por el sujeto. Cualquier mapa del laberinto
pondrá en tensión los aspectos éticos del trabajo clínico en la diversidad; aspectos que tienen una estrecha
relación con la pregunta por la responsabilidad frente al otro. El paciente, ese otro, en su alteridad se
presenta imponiéndose éticamente, interrogando y exigiendo respuesta.

El laberinto (territorio) se impone como enigma, como lugar de lo ajeno. La pregunta desde la ética
devuelve una noción de sujeto diferente a la de la minusvalía.

 ¿Dónde situamos la discapacidad? La respuesta obvia es el cuerpo, el “cuerpo discapacitado”. Sin


embargo, ¿Qué implicancias para la clínica tiene situarla allí, en el cuerpo?

Una de las implicancias es la saturación del material del paciente: saturación hacia la discapacidad como
origen, destino y nudo. Esto desde ya resulta tentador y tranquilizador, convirtiéndose este emergente
clínico en un agujero negro donde todo se absorbe. Donde hay lugar para la discapacidad, no hay lugar
para el sujeto.

Pensemos al mapa previo del laberinto como la discapacidad de la discapacidad.


Se trata de la dimensión totalizante de la discapacidad que genera efectos en el terapeuta saturando,
leyendo y direccionando sus intervenciones solo a ese emergente.

La discapacidad de la discapacidad en el trabajo clínico es un cuestionamiento que permite nuevos modos


de tomar contacto con el sujeto emergente de la clínica de la diversidad.
Pareciera que hay que encontrar un lugar donde situar la discapacidad: desde lo orgánico, lo mental, las
categorías, etc., que ubican al sujeto como un objeto a definir. Hay que tener en cuenta que el riesgo de
ocupar ese lugar no es para cualquiera. Donde solo hay lugar para la discapacidad, no hay lugar para el
sujeto.

Le preguntan a Carolina ¿dónde sitúas la discapacidad en su clínica? Ella responde: en el cuerpo social,
incorporando aquí al espacio transubjetivo desde el psicoanálisis vincular. La sitúo allí porque la considero
un constructo histórico, clínico y cultural que cambia constantemente; por lo tanto, es significado de
acuerdo a la posibilidad de tomar contacto con la diferencia que cambia a lo largo de la historia, con la
cultura y tmb con los desarrollos clínicos.

Balsamo plantea que el panorama que intenta interpelar antes es un escenario en el que se puede
visibilizar una modernidad absolutista, escenario enajenado a una realidad tridimensional:

1. La dimensión de la certeza gestada por el poder dogmático. Certeza que no da lugar a la pregunta, sino
a la subordinación a un saber absoluto.

2. La dimensión simplista guiada por una lógica lineal. Esta lógica a dejado de ser funcional y precisarnos
herramientas que nos permitan pensar de manera no lineal, pudiendo dar cuenta de paradojas
constitutivas de nuestro modo de experimentar(nos). El sujeto construye al objeto en su interacción
con él y a su vez, el propio sujeto es constituido en la interacción con el medio ambiente y social.
(Najmanovich)

3. Una dimensión mecanicista, fomentada por una ciencia manipulable y predecible.

A lo largo de la historia de la discapacidad, lo que hemos hecho con las personas con discapacidad ha sido
hacerlas pasar por un proceso de rehabilitación: “normalización” de sus cuerpos, su intelecto, su
sexualidad y cuando sean lo más parecidos a nosotros, en ese momento, integrarlos.

Se trata de que las certezas sobre la parcela que cada uno cree poseer del sujeto se pierdan, que aquello
que haga lazo entre una intervención y otra sea la pregunta del sujeto, porque allí podrán desplegarse las
múltiples escenas y cobrar lógicas las intervenciones. Lógicas del sujeto que se articulan en el encuentro
con el deseo de Otro dispuesto a ser escucha, presencia o sostén de un espacio posible que aloje aquel
padecimiento que necesita tiempo para resignificarse.

La discapacidad aparece como aquella novedad inesperada que irrumpe en cada uno, por lo tanto, el lente
para mirar y alojar al sujeto se desprende del posicionamiento subjetivo que allí se anude.

Cap. 7 Conversando con Maximiliano Peverelli y Cecilia López Ocariz. “hagamos la trama:
acompañamiento terapéutico, trabajo en equipo y el encuentro interdisciplinario”.

El trabajo en equipo y la interdisciplina en el AT. Instancias clínicas que aparecen como espacios diferentes
pero comunes a la vez. No son el uno sin el otro.

Viviana: ¿Qué es la interdisciplina? ¿Cómo se llega a un trabajo en equipo?

Cecilia: la pregunta por la interdisciplina y el trabajo en equipo es en el fondo la pregunta por: cómo
trabajar con otros que se ven interpelados de modos diferentes por la misma situación en la que
intervenimos.
La alteridad se pone en juego en la condición de sujeto que poseen quienes trabajan juntos, y en los
campos de saberes y prácticas de referencia.
Idea de equipo como “conjunto cerrado”. Este modelo suele deslizarse para pensar al equipo, y trae una
serie de implicancias que es necesario problematizar:
- Los modos de cifrar la alteridad (ver al otro, no desde una perspectiva propia, sino teniendo en cuenta
creencias y conocimientos propios del otro) de aquellos otros con los que trabajamos.
- El lugar que le damos a la interpelación que proviene de una alteridad al equipo.

Cada caso planteará una configuración singular de trabajo con otros cuya presencia es condición para
pensar una estrategia clínica.

El equipo será constituido por profesionales del CSM pero tmb por profesionales que no pertenecen al
CSM o no profesionales, que no son tan fáciles de ubicar en un modelo de conjunto cerrado.

El modelo de conjunto cerrado (un conjunto al que se van sumando profesionales intervinientes) plantea
algunos problemas al quedar toda reflexión “adentro” del equipo bajo un acuerdo homogéneo. Por lo que
debemos preguntar si no se trata de un acuerdo demasiado “pacifico” que en verdad esconda
silenciamientos o que haya desinterés o cronicidad. En cambio, cuando hay multiplicidad de opiniones,
discusión, allí siento que la implicación de cada uno está puesta en juego y eso es vital.

Si la dinámica es la del conjunto cerrado, y sólo dialogamos entre las voces del equipo, las que parecerían
tener la versión más acertada de la situación, ¿cómo vamos a tener ocasión de vernos interpelados en
nuestras certezas, si no hay espacio para que las extranjerías nos pongan a pensar?

La mirada de un extranjero (vecino, porteros, etc.) nos hace estallar las versiones que teníamos
coaguladas: lo que pensábamos que ese paciente podía o no, se ve puesto en cuestión con algún relato
que nos llega de esos otros escenarios que están por fuera de una mirada “terapéutica”

Viviana: es interesante este aspecto que señalas en relación “a la conversación o acuerdos que provienen
de otros actores que no necesariamente provienen de alguna disciplina y que a veces no son parte del
equipo”. Porque pensar en un enfoque multireferencial también nos posibilita la apertura de otras
miradas y otros lenguajes, que pertenecen a sistemas de referencias distintos.

Cecilia: Nos encontramos con equipos que tienen una configuración móvil que se sostiene estableciendo
lazos de trabajo, y donde las intervenciones e intercambios son situacionales.

El equipo tiene como requisito nodal a quienes trabajan juntos y van estableciendo lineamientos clínicos
que orientan el diseño de una estrategia, que como colectivo se ve implicado a sostener éticamente una
reevaluación de las cosas situación a situación y que es lo suficientemente permeable para sentirse
interpelado por otros actores con los que intercambia, provengan de otras disciplinas o no.

La formación del acompañante, en tanto pueda hacer una lectura de su implicación, así como sentirse
autorizado a trabajar a la par en un equipo es importante. Si el trabajo clínico del acompañante se sostiene
en el lazo transferencial que establece con el paciente, ¿cómo alguien puede darle directivas al
acompañante, si sus intervenciones estarán orientadas por su lectura de cómo es tomado en el lazo
transferencial? ¿Quién puede “dirigir” el trabajo clínico sobre la transferencia con otro? Se impone así la
necesidad de una estrategia pensada en equipo implica la puesta en juego de las lecturas clínicas que cada
uno pueda aportar desde la especificidad de su trabajo.

En el trabajo interdisciplinario la saturación de sentidos que puede producirse si uno sostiene la ilusión de
que sumando aportes disciplinarios tendrá una lectura más “completa” del caso es un problema. La
acumulación de información no es necesariamente una virtud en el trabajo clínico.
Muchas veces son más habilitantes los lugares de indefinición para el sujeto ya que allí tiene ocasión de
acontecer algo inédito, algo nuevo. (Ej: cuando un acompañante ingresa a un equipo sin tener demasiados
datos sobre el historial de padecimientos e intervenciones del paciente y esto da la oportunidad de que se
produzca un encuentro desde un lugar inesperado).

Se plantea la necesidad del trabajo interdisciplinario, sosteniendo no siempre por lo que aportaría el
diálogo con otros sino como un ideal, esto es algo a revisar.

El trabajo con otros provenientes de disciplinas diversas tiene como punto de partida justamente la
diferencia. Darle lugar a la “especificidad” de los aportes de cada disciplina no es el equivalente a trabajar
con “especialidad”, especificidad hace referencia a la particularidad que puede aportar esa disciplina y no
otra. Lo valioso de las disciplinas o los discursos que son interpelados en el trabajo con uno, es el aporte
que pueden hacer desde su especificidad.

Hay que tener presente que el riesgo de la especificidad es la fragmentación, que cada uno considere para
su intervención sólo el aspecto que le corresponde. Es en esta encrucijada donde tenemos que pensar el
trabajo con otros.

Viviana: ¿Cuál consideras es el trabajo con estas encrucijadas? ¿Qué lectura haces de ello en el campo de la
discapacidad?

Cecilia: esta encrucijada de miradas diferentes no se puede “resolver”, no hay diferencias saldables entre
disciplinas que no produzcan un reduccionismo; es una complejidad que hay que sostener. Con eso que
lidiamos todo el tiempo y en el campo de la discapacidad especialmente, ya que trabajamos con sujetos en
situaciones que implican muchas dimensiones puestas en juego. Y son dimensiones que no deben
desconocerse, sino ponerse en tensión, pues ninguno da una visión acabada de lo que acontece.

El asunto no es sumar disciplinas con la lógica acumulativa de “cuanto más, mejor”, sino poder leer la
complejidad de cada situación, los diversos niveles de lectura e intervención que posee.

Un ENFOQUE TRANSDISCIPLINARIO es valioso para esto. La relación que enlaza a las diversas disciplinas en
este enfoque no consiste en una sumatoria de perspectivas para una meta lectura común más englobante,
sino que permite leer el carácter complejo y múltiple de lo que acontece. Dando lugar a lo inesperado, lo
que queda en ese espacio entre disciplinas, dando lugar a las potencialidades de un sujeto.

En esto, el lugar del acompañante es central, pues mayoritariamente lo inédito se propicia a partir de un
lazo con alguien que, apuesta, interpela, espera configurando un espacio donde puede advenir lo
impensado.

Para el AT es menos importante contar con saberes anticipatorios multidisciplinarios que tener una lectura
de la complejidad con la que se trabaja, y a partir de allí trabajar con otros que aportarán su especificidad
junto a la nuestra.

El AT no es una “disciplina”, sino una praxis sostenida por una posición ética que propicia un trabajo
clínico, y para ello muchas veces necesita trabajar con otros que intervienen desde otros campos de saber.

El mayor desafío en el trabajo con otros que intervienen desde su especificidad es no perder el horizonte
de la especificidad del AT, que es propiciar que ese sujeto encuentre su modo singular de estar en el
mundo, de desarrollar potencialidades, de hacer lazo con otros, etc.
Maximiliano: el hecho de trabajar juntos (con otras disciplinas) no constituye un trabajo en equipo, y en
esta misma lógica, un trabajo con otros de diversas disciplinas tampoco constituye en sí una práctica
interdisciplinaria. Se podrían dar allí aportes que solo se acumulan.

La interdisciplina, la multidisciplina, no son acciones intrínsecas a la práctica del AT, sino que corresponden
a un modo particular de relación entre los técnicos/profesionales, donde se juega cierta predisposición
subjetiva de los actores intervinientes. Solo cuando se visibiliza la diferencia del otro, en su diferencia de
“uno mismo”, solo allí esa diferencia nos interroga.

El ideal de interdisciplina, como idea rectora para la práctica del acompañamiento terapéutico ha sido una
figura operativa en el origen del AT que, como principio, ha quedado algo forzado. Esto inicialmente
funcionó como guía para marcar una dirección necesaria hacia la articulación, buscando legitimar el
ingreso de la figura del AT en el campo de la Salud Mental.

Cuando se pone mucho énfasis al armado del equipo se organiza un nosotros, en contraposición a un
“él/ella” que se ubica en el paciente que queda por fuera y el equipo comienza a objetivarlo. Se trata de un
conjunto cerrado de personas que se reúnen de un modo segregativo respecto de esa otredad.

El punto reside en cómo se construye un discurso que permita que ese paciente se subjetive.
Encontraremos interdisciplina donde un equipo se agrupe alrededor del agujero, donde sea común el
enigma, donde la otredad se formule como pregunta.

La apuesta en el trabajo interdisciplinario no solo reside en constituir una relación entre los agentes de las
distintas disciplinas, sino en su capacidad de asumir como parte fundante para su constitución la otredad
que representa el paciente al interior de la conformación de ese grupo interdisciplinario. ¿Cómo poner a
jugar que el paciente sea subjetivado manteniendo el dispositivo? En ese sentido, el paciente es parte del
equipo interdisciplinario. Toma decisiones, tiene peso su palabra, tiene lugar en la versión de cada uno que
constituye el equipo.

El paciente debe estar presente en el discurso de las disciplinas. Se puede plantear aquí una
deconstrucción del saber aislado que cada disciplina plantea, remitiéndose a su técnica sin considerar al
sujeto más allá de tal objetivo y operando, merando el goce del profesional. Un discurso sobre el sujeto, y
no con él.
En la mirada idealizada del equipo interdisciplinario como espacio natural para el AT, donde este es
considerado simplemente uno más, nubla a su vez una mirada de Equipo de Acompañantes Terapéuticos
que nos parece fundamental para pensar la implementación de los AT, ya no en la dimensión de su rol
profesional sino en su dimensión de dispositivo de intervención, pensada como una “clínica entre varios”.

Esa mirada abre una nueva perspectiva respecto del ejercicio del Acompañamiento en el cual el Equipo se
organiza no solo en la relación con el resto de las disciplinas que participan de un tratamiento, sino en la
dimensión propia de Equipo de Acompañantes Terapéuticos, con más de un acompañante interviniendo en
cada caso, a partir de la cual se constituirán y trabajarán los lazos y las funciones que cada acompañante
pondrá en juego para el abordaje de su objetivo común.

Decir que el acompañamiento es un dispositivo implica pensar que se arma, se diseña y se construye en
torno a un padecimiento, algo que queda en un lugar de agujero, algo sobre lo cual el dispositivo está
circulando alrededor pero que no lo termina de completar.

También podría gustarte