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CAPÍTULO II
EL FILTRO DE LA DEMANDA DE AMPARO: REQUISITOS, PLAZOS E
IMPROCEDENCIA
2.1. Consideraciones generales
El proceso de amparo es una garantía constitucional destinada a proteger
derechos fundamentales cuando estos han sido vulnerados o amenazados por una
autoridad, funcionario o particular; sin embargo, no toda situación de injusticia puede
ser llevada directamente al amparo, porque este proceso no reemplaza a los juicios
ordinarios ni sirve para resolver cualquier conflicto legal.1 Por ello, antes de admitir una
demanda, el juez realiza una evaluación inicial para verificar si el caso cumple con los
requisitos mínimos exigidos por la ley.
A esta etapa puede llamársele el “filtro de la demanda”, porque permite distinguir
entre los casos que sí merecen tutela constitucional urgente y aquellos que deben
resolverse en otra vía judicial, como un proceso civil, laboral, contencioso-
administrativo u otro procedimiento ordinario; en ese sentido, el amparo tiene un
carácter excepcional, rápido y protector, pero no ilimitado.
El juez debe verificar tres aspectos principales: primero, quién está autorizado
para presentar la demanda; segundo, si la demanda fue presentada dentro del plazo
legal; y tercero, si el caso tiene verdadera relevancia constitucional, si alguno de estos
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Proceso de amparo: proceso constitucional autónomo de tutela urgente de derechos fundamentales,
distinto al hábeas corpus, cuya finalidad es reponer a la persona en el ejercicio del derecho vulnerado o
amenazado. Véase: Eto Cruz, G. (2013). “El proceso constitucional de amparo en la Constitución de
1993 y su desarrollo”. Pensamiento Constitucional, 18, p. 149.
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elementos no se cumple, la demanda puede ser declarada improcedente, es decir, el
juez puede rechazarla porque no corresponde ser tramitada como proceso de amparo.
2.2. Sujetos aptos a presentar la demanda de amparo
La demanda de amparo puede ser presentada, en primer lugar, por la persona
directamente afectada en su derecho constitucional, esto significa que quien sufre la
vulneración o amenaza es el principal legitimado para acudir ante el juez constitucional;
por ejemplo, si una persona es despedida vulnerándose su derecho al trabajo o si se le
niega injustificadamente el acceso a información pública que afecta sus derechos, esa
persona puede interponer la demanda.
La legitimación activa es la capacidad jurídica que tiene una persona para acudir
al órgano jurisdiccional y solicitar la protección de un derecho que considera vulnerado,
en el proceso de amparo, esta legitimación corresponde principalmente al afectado,
porque es quien tiene interés directo en que cese la lesión del derecho constitucional.2
No obstante, la ley también permite que el afectado actúe mediante
representante procesal, esto quiere decir que puede otorgar poder a otra persona o a
un abogado para que presente la demanda en su nombre, esta posibilidad es
importante porque muchas veces el afectado no cuenta con los conocimientos jurídicos
suficientes para redactar y sustentar adecuadamente su demanda, por lo que requiere
asistencia técnica.
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Legitimación activa: facultad que tiene una persona para acudir ante el órgano jurisdiccional y solicitar
tutela respecto de un derecho propio o jurídicamente protegido. En el amparo, el afectado puede
demandar por sí mismo, mediante representante o, en ciertos casos, mediante tercero cuando se
encuentre impedido de hacerlo. Véase: Landa Arroyo, C. (2018). Derecho procesal constitucional. Lima:
Fondo Editorial PUCP, pp. 121-122.
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Asimismo, el Nuevo Código Procesal Constitucional permite la llamada
procuración oficiosa, esta figura permite que cualquier persona comparezca en nombre
del afectado cuando este se encuentra imposibilitado de presentar la demanda por sí
mismo; por ejemplo, puede suceder que la persona afectada se encuentre en una
situación de peligro, amenaza, temor fundado, enfermedad grave, imposibilidad
material o cualquier circunstancia similar que le impida acudir directamente ante el juez.
La procuración oficiosa cumple una función humanitaria y garantista, porque
evita que la protección constitucional dependa únicamente de la capacidad inmediata
del afectado para actuar, es decir si una persona no puede defenderse por sí misma,
otra puede hacerlo en su nombre para evitar que el daño se agrave o se vuelva
irreparable; sin embargo, cuando el afectado ya se encuentre en posibilidad de actuar,
deberá ratificar la demanda y los actos realizados por quien intervino en su
representación.
También debe mencionarse que la Defensoría del Pueblo puede interponer
demanda de amparo en ejercicio de sus competencias constitucionales. Esto resulta
importante en casos donde se encuentran comprometidos derechos fundamentales de
personas vulnerables, grupos sociales o situaciones de interés público.
2.3. Plazo para presentar la demanda
Uno de los requisitos más importantes del proceso de amparo es el plazo, pues
la ley establece que la demanda debe presentarse, por regla general, dentro de los
sesenta días hábiles desde que se produjo la afectación del derecho, siempre que el
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afectado haya tenido conocimiento del acto lesivo y haya estado en posibilidad de
interponer la demanda.3
Esto significa que no basta con que exista una vulneración de derechos; también
es necesario actuar dentro del tiempo establecido por la ley, pues si la persona deja
pasar el plazo sin presentar su demanda, pierde la posibilidad de reclamar por la vía
del amparo, aunque todavía podría acudir a otra vía judicial si esta resulta procedente.
El plazo procesal es el periodo de tiempo establecido por la ley para realizar
válidamente un acto dentro del proceso; en el caso del amparo, el plazo cumple una
función de orden y seguridad jurídica, porque evita que los conflictos constitucionales
se presenten de manera indefinida.4
La expresión “sesenta días hábiles” significa que no se cuentan los sábados,
domingos ni feriados, pues solo se consideran los días laborables; por ejemplo, si una
persona toma conocimiento de un acto que vulnera su derecho constitucional, desde
ese momento empieza a correr el plazo, siempre que se encuentre en condiciones
reales de presentar la demanda.
Sin embargo, existen situaciones especiales, como si el afectado no pudo
presentar la demanda por una causa justificada, el plazo empieza a contarse desde
que desaparece el impedimento; por ejemplo, si una persona estuvo imposibilitada por
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Base normativa del plazo: el artículo 45 del Nuevo Código Procesal Constitucional establece que la
demanda de amparo prescribe a los sesenta días hábiles de producida la afectación, siempre que el
afectado haya tenido conocimiento del acto lesivo y se haya encontrado en posibilidad de demandar. En
caso de amparo contra resolución judicial o laudo arbitral, el plazo es de treinta días hábiles. Véase:
Congreso de la República del Perú. (2021). Ley N.° 31307, Nuevo Código Procesal Constitucional, art.
45.
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Plazo procesal: periodo fijado por la ley para realizar válidamente un acto dentro del proceso. En el
amparo, el plazo general es de sesenta días hábiles desde producida la afectación, siempre que el
afectado haya conocido el acto lesivo y se haya encontrado en posibilidad de demandar. Véase: Landa
Arroyo, C. (2018). Derecho procesal constitucional. Lima: Fondo Editorial PUCP, pp. 160-162. Véase
también: Monroy Gálvez, J. (1996). Introducción al proceso civil. Bogotá: Temis, pp. 89 y 97.
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razones de salud, amenaza grave o ausencia de condiciones reales para actuar, el
cómputo del plazo puede iniciar cuando dicha situación haya cesado.
También debe tenerse en cuenta que, si la afectación es continuada, el plazo se
computa desde que cesa totalmente la vulneración, esto ocurre cuando el acto lesivo
no se agota en un solo momento, sino que se mantiene en el tiempo; por ejemplo, si
una autoridad mantiene una omisión constante que impide el ejercicio de un derecho, el
plazo no debe analizarse como si se tratara de un hecho aislado.
En cambio, cuando se trata de una amenaza de vulneración, el plazo no
empieza a correr mientras la amenaza no se materialice ya que la razón es que el
amparo también protege frente a amenazas ciertas e inminentes, pero el cómputo del
plazo se activa plenamente cuando la afectación se produce o cuando el acto lesivo se
ejecuta.
Un caso particular es el amparo contra resoluciones judiciales, en este supuesto,
el plazo es de treinta días hábiles y se cuenta desde la notificación de la resolución
firme que se considera lesiva de derechos fundamentales, esta regla es más breve
porque busca evitar que las decisiones judiciales firmes sean cuestionadas
indefinidamente.
En consecuencia, el plazo constituye un verdadero filtro de admisibilidad y
procedencia. Una demanda presentada fuera de tiempo puede ser rechazada, porque
el proceso de amparo exige rapidez no solo al juez, sino también al demandante, quien
considera que su derecho constitucional ha sido vulnerado debe actuar con diligencia.
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2.4. Requisitos básicos de la demanda de amparo
Para que el juez admita una demanda de amparo, esta debe contener ciertos
elementos mínimos; en primer lugar, debe identificarse al juez ante quien se interpone
la demanda; en segundo lugar, debe señalarse el nombre, identidad y domicilio
procesal del demandante; en tercer lugar, debe indicarse contra quién se dirige la
demanda, es decir, la autoridad, funcionario, entidad o persona que habría vulnerado el
derecho.
Además, la demanda debe contener una relación clara y ordenada de los
hechos. Esto significa que el demandante debe explicar qué ocurrió, cuándo ocurrió,
cómo se produjo la vulneración y de qué manera se afectó el derecho constitucional ya
que no basta con afirmar que existe un abuso; es necesario describir los hechos de
forma comprensible.
También debe señalarse qué derecho constitucional se considera vulnerado o
amenazado, este punto es fundamental porque el amparo no protege cualquier interés,
sino derechos de contenido constitucional; por ello, el demandante debe vincular su
problema con un derecho reconocido por la Constitución, como el derecho al trabajo, a
la educación, a la igualdad, a la propiedad, a la salud, a la tutela procesal efectiva,
entre otros.
Otro requisito importante es el petitorio, pues el petitorio consiste en la solicitud
concreta que se hace al juez; por ejemplo, el demandante puede pedir que cese el acto
lesivo, que se repongan las cosas al estado anterior a la vulneración, que se ordene a
una autoridad realizar determinada actuación o que se deje sin efecto una decisión que
vulnera derechos fundamentales.
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Finalmente, la demanda debe estar firmada por el demandante o su
representante, y por el abogado correspondiente, la firma del abogado es importante
porque garantiza que la demanda tenga una mínima sustentación jurídica y respete las
reglas procesales.
2.5. La improcedencia del amparo
La improcedencia se produce cuando el juez advierte que el proceso de amparo
no es la vía adecuada para resolver el conflicto, no significa necesariamente que el
demandante no tenga razón, sino que su reclamo no cumple con las condiciones para
ser tramitado como amparo.
La improcedencia es una decisión judicial mediante la cual se rechaza una
demanda porque no cumple con los presupuestos legales o constitucionales necesarios
para que el juez analice el fondo del asunto; en el amparo, esta figura evita que la
justicia constitucional sea usada para asuntos que corresponden a otras vías.5
Una de las principales causales de improcedencia ocurre cuando los hechos y el
petitorio no están referidos directamente al contenido constitucionalmente protegido del
derecho invocado, esto quiere decir que el demandante debe demostrar que el
problema no es solamente legal, administrativo o contractual, sino que afecta el núcleo
esencial de un derecho fundamental.6
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Improcedencia: decisión por la cual el juez rechaza una demanda cuando no cumple los presupuestos
necesarios para emitir pronunciamiento sobre el fondo. En el amparo, se vincula con supuestos como la
falta de contenido constitucional del derecho invocado, la existencia de una vía igualmente satisfactoria o
el vencimiento del plazo. Véase: Eto Cruz, G. (2013). “El proceso constitucional de amparo en la
Constitución de 1993 y su desarrollo”. Pensamiento Constitucional, 18, pp. 149-150 y 164-165.
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Base normativa de la improcedencia: el artículo 7 del Nuevo Código Procesal Constitucional regula
las causales de improcedencia, entre ellas: que los hechos y el petitorio no estén referidos directamente
al contenido constitucionalmente protegido del derecho invocado, que exista una vía igualmente
satisfactoria o que el agraviado haya acudido previamente a otro proceso judicial. Véase: Congreso de la
República del Perú. (2021). Ley N.° 31307, Nuevo Código Procesal Constitucional, art. 7.
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Por ejemplo, no todo conflicto laboral procede mediante amparo, si el problema
puede resolverse adecuadamente en un proceso laboral ordinario, el juez puede
declarar improcedente la demanda; en cambio, si existe una afectación directa, urgente
y grave de un derecho constitucional, el amparo puede ser procedente.
Otra causal importante de improcedencia se presenta cuando existen vías
procedimentales específicas e igualmente satisfactorias para proteger el derecho, esto
significa que, si el ordenamiento jurídico ofrece otro proceso judicial que puede resolver
el conflicto con la misma rapidez, eficacia y protección, no corresponde acudir al
amparo.
La vía igualmente satisfactoria es aquel proceso ordinario que, en el caso
concreto, puede proteger el derecho constitucional de manera adecuada, oportuna y
eficaz, sin necesidad de acudir al amparo.7
Por ejemplo, si una persona reclama el pago de beneficios sociales, lo más
adecuado será acudir al proceso laboral, si existe una controversia sobre propiedad,
probablemente corresponda un proceso civil; si se cuestiona un acto administrativo
complejo que requiere actuación probatoria, la vía adecuada puede ser el proceso
contencioso-administrativo.
El amparo tampoco procede cuando el afectado ya acudió previamente a otro
proceso judicial para pedir tutela respecto del mismo derecho, esta regla evita que una
persona use varias vías al mismo tiempo o intente obtener decisiones contradictorias
sobre el mismo conflicto.
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Vía igualmente satisfactoria: proceso judicial ordinario que puede proteger el derecho constitucional
amenazado o vulnerado con eficacia similar al proceso de amparo. Para determinarla, debe evaluarse si
la vía ordinaria ofrece protección oportuna, efectiva y suficiente, sin frustrar la tutela del derecho
fundamental. Véase: Castillo Córdova, L. (2007). “La determinación de la vía igualmente satisfactoria en
el amparo”. Jus Doctrina & Práctica, 12, pp. 245-260, especialmente pp. 2-3, 8-9 y 14-15.
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También será improcedente si no se han agotado las vías previas, salvo en los
casos en que la ley permite acudir directamente al amparo, la vía previa es el
procedimiento administrativo o institucional que debe utilizarse antes de ir al Poder
Judicial. Sin embargo, no se exige agotar la vía previa cuando ello pueda convertir la
agresión en irreparable, cuando la vía no esté regulada claramente o cuando la
autoridad no resuelva dentro del plazo correspondiente.
Asimismo, la demanda será improcedente si existe litispendencia, es decir, si ya
hay otro proceso constitucional en trámite sobre el mismo asunto, esta regla busca
evitar duplicidad de procesos y proteger la seguridad jurídica.
Finalmente, el vencimiento del plazo también es causal de improcedencia, si la
persona presenta su demanda después de los sesenta días hábiles establecidos por la
ley, el juez puede rechazarla; la excepción principal se da en el hábeas corpus, donde
la protección de la libertad personal tiene reglas más amplias debido a la gravedad del
derecho comprometido.
2.6. La relevancia constitucional del caso
Uno de los filtros más importantes del amparo es la relevancia constitucional,
esto significa que el caso debe involucrar una afectación directa de un derecho
fundamental. No basta con que el demandante considere injusta una decisión; debe
demostrar que esa decisión vulnera la Constitución.
La relevancia constitucional permite diferenciar un conflicto común de un
verdadero conflicto constitucional; por ejemplo, una discusión sobre el incumplimiento
de un contrato normalmente pertenece al ámbito civil, pero si en ese conflicto se afecta
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directamente el derecho a la igualdad, a la propiedad o a la tutela procesal efectiva,
podría existir relevancia constitucional.
El juez constitucional no está llamado a reemplazar al juez ordinario, su función
no es revisar cualquier desacuerdo jurídico, sino proteger derechos fundamentales
cuando estos han sido afectados de manera directa, manifiesta y urgente; por ello, el
demandante debe explicar con claridad cuál es el derecho vulnerado y por qué el
amparo es necesario.
En ese sentido, el amparo no debe ser utilizado como una “segunda
oportunidad” para revisar procesos perdidos, ni como un medio para acelerar conflictos
que tienen una vía propia. Su finalidad es proteger derechos constitucionales frente a
actos u omisiones que requieren una respuesta rápida y efectiva.
2.7. Importancia del filtro de la demanda
El filtro de la demanda cumple una función esencial dentro del proceso de
amparo. Por un lado, protege al demandante, porque le exige presentar su caso de
manera clara, dentro del plazo y con fundamento constitucional. Por otro lado, protege
al sistema de justicia, porque evita que los jueces constitucionales se sobrecarguen con
casos que pueden resolverse en otras vías.
Este filtro también garantiza que el amparo conserve su naturaleza excepcional.
Si cualquier conflicto pudiera resolverse mediante amparo, este proceso perdería su
finalidad urgente y se convertiría en una vía ordinaria más. Por ello, la improcedencia
no debe entenderse como una negación arbitraria de justicia, sino como una forma de
ordenar adecuadamente la protección de los derechos.
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Sin embargo, el juez debe aplicar estas causales con prudencia. Si existe duda
razonable sobre la afectación de un derecho fundamental, debe preferirse la protección
de la persona y permitir que el caso sea evaluado. La justicia constitucional no debe ser
excesivamente formalista, porque su finalidad principal es garantizar la vigencia
efectiva de los derechos fundamentales.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
Castillo Córdova, L. (2007). La determinación de la vía igualmente satisfactoria en el
amparo. Jus Doctrina & Práctica, 12, 245-260.
Congreso de la República del Perú. (2021). Ley N.° 31307, Nuevo Código Procesal
Constitucional. Diario Oficial El Peruano.
Eto Cruz, G. (2013). El proceso constitucional de amparo en la Constitución de 1993 y
su desarrollo. Pensamiento Constitucional, 18, 149-172.
Landa Arroyo, C. (2018). Derecho procesal constitucional. Lima: Fondo Editorial de la
Pontificia Universidad Católica del Perú.
Monroy Gálvez, J. (1996). Introducción al proceso civil. Bogotá: Editorial Temis.
Tribunal Constitucional del Perú. (2015). Expediente N.° 02383-2013-PA/TC, caso Elgo
Ríos Núñez.