¿Qué es un asistente personal?
Vivir de forma independiente significa poder tomar decisiones sobre la propia vida
y participar en la comunidad como cualquier otra persona. Para muchas personas
con discapacidad, esto requiere apoyos humanos específicos. Uno de esos
apoyos es la figura del asistente personal.
El asistente personal es una persona que brinda apoyo directo a una persona con
discapacidad para que pueda realizar las actividades de su vida diaria de acuerdo
a sus intereses, deseos y necesidades. Su rol no es decidir por la persona,
sino acompañarla respetando su autonomía y su derecho a elegir cómo vivir.
Por ejemplo, una persona con discapacidad puede necesitar apoyo para
levantarse, cocinar, moverse por la ciudad, asistir a una reunión, ir al médico o
simplemente organizar su día. El asistente personal la ayuda en estas tareas,
siempre siguiendo las indicaciones de la persona a quien asiste.
Este tipo de apoyo está reconocido en el artículo 19 de la Convención sobre los
Derechos de las Personas con Discapacidad, que establece que los Estados
deben garantizar servicios de asistencia personal para evitar el aislamiento y
promover la inclusión.
Reconocimiento legal en la Ciudad de Buenos
Aires
En diciembre de 2024, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionó la Ley N.º
6.778, convirtiéndose en la primera jurisdicción del país en reconocer legalmente
la figura del asistente personal. Esta ley también creó el Registro de Asistentes
Personales para la Vida Independiente (RAPVI), estableciendo un marco
normativo para regular esta función y garantizar su calidad y acceso. Buenos Aires
Ciudad
Programa de Apoyo para la Vida Independiente
(PRO-APVI)
Desde 2016, la Ciudad de Buenos Aires implementa el Programa de Apoyo para
la Vida Independiente (PRO-APVI), coordinado por la Comisión para la Plena
Participación e Inclusión de las Personas con Discapacidad (COPIDIS). Este
programa tiene como objetivo promover la autonomía y la inclusión de las
personas con discapacidad, brindándoles asistencia personalizada a través de
asistentes personales capacitados.
El PRO-APVI ofrece capacitaciones específicas para formar asistentes
personales, abordando temas como el modelo social de la discapacidad,
planificación centrada en la persona, estrategias de apoyo en actividades diarias y
comunitarias, entre otros.
En este curso, enmarcado en el PRO-APVI, exploraremos en profundidad el rol del
asistente personal, su importancia en la promoción de la vida independiente y
cómo su labor contribuye a una sociedad más inclusiva y respetuosa de los
derechos de las personas con discapacidad.
Concepto de Discapacidad
Mucha gente se incomoda cuando tiene que hablar de discapacidad o no sabe
cómo referirse a las personas con discapacidad. Si hoy nos pusiéramos a pensar y
querer definir lo que significa la palabra discapacidad o lo que ello implica, no sería
tarea sencilla ya que el término Discapacidad es en primera instancia
un constructo social y no abarca un grupo homogéneo de personas sino todo lo
contrario. Es un grupo de personas altamente heterogéneo.
Comprender la discapacidad como una construcción social implica desplazar el
foco del problema desde la persona hacia el entorno. No se trata de una condición
individual o médica en sí misma, sino del modo en que la sociedad otorga
significado a ciertas diferencias corporales, sensoriales o cognitivas, muchas
veces percibidas como limitaciones o "disvalores".
Desde esta perspectiva, la discapacidad no es una realidad fija o universal, sino
una interpretación cultural que varía según el contexto histórico, social y territorial.
Tal como plantea la Red por los Derechos de las Personas con Discapacidad
(REDI, 2011), la discapacidad existe en tanto construcción simbólica, ligada a los
valores predominantes en cada sociedad sobre lo que se considera “normal”.
Así, lo que define la discapacidad no es la condición de la persona, sino la falta de
respuestas adecuadas del entorno —ya sean políticas, económicas, culturales o
institucionales— para garantizar su inclusión y participación en igualdad de
condiciones.
A lo largo de la historia, las concepciones sobre las personas con discapacidad
han ido cambiando, y estos cambios han estado acompañados por una evolución
en los términos utilizados para nombrarlas.
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD)
establece que se incluye como personas con discapacidad a aquellas que cuentan
con ciertas características estigmatizadas socialmente que, al interactuar con
barreras políticas, económicas, sociales y culturales, ven privado el ejercicio de
sus derechos. (CDPD, 2006)
Podemos decir entonces que:
Déficit de la Persona + Barreras del Entorno =
DISCAPACIDAD
La fórmula Déficit de la Persona + Barreras del Entorno =
Discapacidad resume la lógica del modelo social de la discapacidad.
Según este enfoque, la discapacidad no se origina exclusivamente en la
condición física, sensorial, intelectual o psicosocial de una persona, sino
que surge de la interacción entre esa condición y un entorno que no está
preparado para incluirla.
Es decir:
El déficit hace referencia a una condición o diferencia funcional de la
persona (por ejemplo, no poder caminar, ver, o comprender ciertas
señales).
Las barreras del entorno incluyen obstáculos físicos (como escaleras sin
rampa), comunicacionales (información no accesible), culturales (prejuicios)
o institucionales (leyes excluyentes).
La discapacidad aparece cuando estas barreras impiden o restringen
la participación plena y en igualdad de condiciones.
📚 Fuente: Organización Mundial de la Salud (OMS) y Banco Mundial
(2011). Informe Mundial sobre Discapacidad. Disponible
en: [Link]
Desde esta perspectiva, la discapacidad no puede reducirse únicamente a una
condición individual, sino que debe ser comprendida como el resultado de una
construcción social en la que influyen tanto factores personales como
contextuales. Reconocer esta interacción implica dejar atrás modelos centrados en
el déficit y avanzar hacia un enfoque basado en derechos humanos, que pone el
foco en la eliminación de barreras y en la transformación del entorno para
garantizar la participación plena de todas las personas.
Estamos entendiendo la discapacidad como “un concepto que evoluciona y que
resulta de la interacción entre las personas con deficiencias y las barreras
debidas a la actitud y al entorno que evitan su participación plena y efectiva
en la sociedad en igualdad de condiciones con los demás” (CDPD, Preámbulo).
Concepto de Barreras
La CDPD va a identificar 3 tipos de barreras: Físicas, Comunicacionales y
Actitudinales.
A continuación, vamos a conceptualizar para entender a qué nos referimos cuando
hablamos de barreras
Según la CDPD, las barreras refieren a “Cualquier distinción, exclusión o
restricción por motivos de discapacidad que tenga el propósito o el efecto de
obstaculizar o dejar sin efecto el reconocimiento, goce o ejercicio, en igualdad de
condiciones, de todos los derechos humanos y libertades fundamentales”. (2006)
Las barreras van a impedir u obstaculizar que las PCD puedan participar en
igualdad de condiciones que el resto de la sociedad, esto quiere decir, acceder a
los derechos básicos y fundamentales que tenemos como seres humanos, a la
educación, a la vivienda, al trabajo, a la información, entre otros.
En la clase 3 retomaremos este concepto y desarrollaremos los 3 tipos
mencionados.
Descripción de imágenes:
“Físicas”: Fotografía en color de una persona en sillas de ruedas frente a una
escalera.
“Comunicacionales”: Fotografía a color de un cartel que dice “cerrado”.
“Sociales”: Fotografía a color de dos personas casándose, una de ellas es usuaria
de sillas de ruedas.
Terminología
A lo largo de los años, se han utilizado distintas terminologías para referirse a las
personas con discapacidad. Éstas son el reflejo de los cambios en las
concepciones y responde a un posicionamiento individual e ideológico. Es decir,
que las palabras que usamos reflejan lo que pensamos en relación a algo, en este
caso, a la discapacidad.
En este sentido, es importante que siempre hagamos referencia a la persona y la
llamemos por su nombre.
En caso de ser necesario mencionar su discapacidad, debemos comprender la
diferencia entre “ser” y “tener”. La discapacidad no necesariamente forma parte de
la esencia o identidad de las personas, es por esto que no hablamos de
“discapacitado”, “autista” o “down”. La misma es una característica más de ese ser
humano, así como tener el pelo largo, ojos marrones o manos pequeñas. En
relación a esto, anteponemos la palabra “tener”, es decir, hablamos de “persona
que tiene discapacidad” o “persona con discapacidad”.
Entonces, ¿Cuáles son las terminologías correctas?
Persona con discapacidad
Persona que tiene discapacidad
Persona en situación de discapacidad
Todas estas terminologías son correctas, ya que ubica primero a la persona y
después, solo cuando es necesario, su discapacidad.
Ya mencionamos que a lo largo del tiempo se utilizaron muchos términos
¿Alguna vez escuchaste nombrar alguna de estos?
“Persona con capacidades diferentes.”
“Personas Inválidas”
“Sufre de discapacidad”
“Necesidades especiales”
¿Capacidades diferentes? Todas las personas tenemos diferentes capacidades.
Ésta es una de las terminologías que ubica al colectivo de las personas con
discapacidad en un lugar de diferencia.
“Inválidas” se trata de un adjetivo que descalifica a las personas con discapacidad,
definiéndolas de forma despectivamente y ubicándolas en un lugar de
“insuficiencia” o “inutilidad”.
Durante mucho tiempo, se ha concebido a la discapacidad como una condición
que las personas “padecen”, dándole una connotación negativa y de sufrimiento.
Esta terminología es otra forma segregativa de referirse a las personas con
discapacidad, ubicándolas en un lugar especial, diferente y por fuera del resto de
la sociedad. Además, hace referencia exclusivamente a la persona, sin tener en
cuenta el entorno y sus barreras.
Para finalizar esta clase te invitamos a ver el video: “Cómo Referirse A
Una Persona Con Discapacidad”
[Link]
Recapitulación al cierre de la clase
Hoy dimos un primer paso en la construcción del rol del asistente personal.
Comprendimos que:
La discapacidad no está en la persona, sino en la interacción con un
entorno que impone barreras.
El modelo social nos invita a pensar en términos de derechos, inclusión y
autonomía.
El asistente personal es un apoyo clave para que muchas personas puedan
vivir de forma independiente.
El lenguaje que usamos refleja nuestras ideas, por eso es importante
revisar cómo nombramos y desde dónde hablamos.
A lo largo del curso seguiremos profundizando en estos conceptos, siempre
desde una perspectiva centrada en la persona, sus decisiones, su contexto y
su proyecto de vida.
Reflexiones sobre la Discapacidad
Texto: Sosa, Laura Mercedes. (2009) “Reflexiones sobre la discapacidad.
Dialógica de la inclusión y exclusión en las prácticas”. Ágora para la EF y el
Deporte, n. º 9, 57-82.
[Link]
[Link]
Clase 2: Discapacidad y barreras
Introducción a la clase
En esta clase vamos a trabajar sobre los siguientes ejes:
Del modelo médico al modelo social y de derechos humanos. La
Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad
Las barreras en el ejercicio de los derechos. Ajustes razonables y apoyos.
Art. 19: Derecho a elegir dónde y con quién vivir
[Link]
Del modelo médico al modelo social y de derechos humanos. La Convención
de los Derechos de las Personas con Discapacidad
Para comenzar, vamos a realizar una revisión histórica. A lo largo del tiempo, las
concepciones en relación al concepto de discapacidad han ido cambiando.
Es importante tener en cuenta que, si bien estas diferentes formas de pensar la
discapacidad fueron sucesivas en el tiempo, aún hoy conviven y coexisten entre
sí.
Esta clase propone hacer un recorrido histórico del concepto de discapacidad en
los diferentes momentos de la historia hasta la actualidad. Veremos cómo la
influencia de las distintas cosmovisiones y culturas fueron incidiendo en la forma
de concebir y tratar a las personas con discapacidad.
En parte, como afirman Abela, Ortega Ruiz y Pérez Corbacho (2003) la
discapacidad se ha definido en función de las “relaciones de poder, marginación y
dependencia” (p. 77) ubicando al colectivo con discapacidad en un rol de menor
valor a los ojos de la sociedad.
Tomaremos dos modelos que caracterizan el modo de entender la discapacidad.
Cada concepción es producto de su tiempo y del momento social que atraviesa, es
por este motivo que el nombre que recibe cada modelo tiene relación con el
momento histórico y los roles sociales que les son asignados a las personas.
El Modelo Médico surge a fines del siglo XIX, impulsado por los
avances en la medicina. Sin embargo, adquirió mayor relevancia
luego de la segunda guerra mundial. La gran cantidad de
personas heridas, tanto en los campos de batalla como en las
ciudades y pueblos, hizo evidente la necesidad de apoyar a
quienes enfrentaban una nueva realidad con la pérdida de
funciones corporales, sentidos o extremidades.
Este enfoque parte de la idea de que las personas con discapacidad, al haber
nacido con una deficiencia o haberla adquirido, deben ser curadas o, al menos,
rehabilitadas para integrarse y ser útiles dentro de la sociedad. De lo contrario, se
las considera una carga para sus familias o para el Estado.
Así, aunque ya no se las trataba como seres sin derechos, como ocurría en
épocas en las que se decidía incluso sobre su vida o muerte, este modelo aún
mantenía un control estricto sobre sus cuerpos. Era el personal de salud, y en
muchos casos también instituciones como hogares o internados, quienes
determinaban lo que estas personas podían hacer y cómo debían comportarse
socialmente.
A pesar de estas limitaciones, este modelo también ha generado prácticas
beneficiosas para las PCD. La rehabilitación, el diseño de prótesis, órtesis y otros
dispositivos técnicos han contribuido significativamente a mejorar la calidad de
vida de muchas personas. No obstante, lo importante es reflexionar desde qué
perspectiva fueron creados estos avances, ya que en la actualidad sigue
predominando la visión del sistema médico sobre la capacidad de las PCD.
Superar la medicalización de la discapacidad —o más bien, complementar los
aportes médicos con las decisiones y deseos de las personas con discapacidad—
representa un reto crucial si aspiramos a lograr una plena inclusión y genuina de
este colectivo en la sociedad.
🔹 Del modelo médico al modelo social
y de derechos humanos
Las formas de pensar la discapacidad coexisten y conviven en tensión.
El modelo médico mantiene un control estricto sobre los cuerpos de las
personas.
Superar la medicalización representa un reto crucial si se aspira a la
inclusión genuina
Preguntas para pensar:
¿Qué ideas del modelo médico todavía siguen presentes hoy?
¿Qué implicancias tiene que los modelos no se reemplacen, sino que
convivan?
¿Qué experiencias personales o profesionales te muestran esa
coexistencia?
Para reflexionar:
¿Cómo sería pensar la discapacidad sin poner el foco en la rehabilitación,
sino en la autonomía y los derechos?
Las barreras en el ejercicio de los derechos. Ajustes razonables y apoyos.
A continuación, desarrollaremos los tres tipos de barreras que identifica la CDPD:
Físicas, Comunicacionales y Actitudinales.
Las barreras físicas: son obstáculos estructurales en los distintos
entornos, que impiden o bloquean la movilidad o el acceso de las
personas. Veamos algunos ejemplos:
Escalones en la entrada de un edificio, como único medio de acceso.
La ausencia de rampas en los medios de transporte.
Mostradores, botones en los ascensores y espacios que requieren que las
personas estén de pie y tengan determinada altura.
Descripción de imagen: ilustración de una persona utilizando un bastón
canadiense, parada frente a unas escaleras.
Las barreras comunicacionales: son obstáculos que dificultan que
todas las personas puedan acceder a la información y a la comunicación.
Son ejemplos de estas barreras:
Libros y documentos que no cuenten con formatos accesibles
(tales como audiolibro, Lectura Fácil, Braille, texto plano, entre
otros).
Mensajes que se reproduzcan únicamente por canales auditivos,
como videos que no tengan subtítulos o comunicaciones orales
que no estén acompañadas de interpretación en Lengua de Señas
Argentina.
El uso de lenguaje técnico y/o frases largas pueden representar
barreras significativas para la comprensión del mensaje.
Descripción de imagen: Ilustración de una persona sentada detrás de un
mostrador con un cartel de INFORMACIÓN. De la persona se desprende
un globo de diálogo que dice “bla bla bla”. Del otro lado del mostrador,
se encuentra una persona con un audífono levantando el dedo índice y
un globo de pensamiento con un signo de pregunta.
Las barreras actitudinales: refieren a las actitudes relacionadas con
prejuicios, mitos y preconceptos sobre el colectivo de personas con
discapacidad. Ejemplos de estas barreras son:
Dirigirse únicamente a la persona que acompaña y no a la persona
con discapacidad para pedirle o preguntarle algo.
Negar la vacante educativa por ser una persona con discapacidad.
Infantilizar a las personas con discapacidad y no tratarlas de
acuerdo a su edad cronológica.
Descripción de imagen: Ilustración de un colectivo frenado en una
parada. En la calle hay una persona mostrando el Certificado Único de
Discapacidad. Dentro del colectivo el chofer aparece con un globo de
diálogo que dice “¿Viajás vos sólo? ¿A dónde te llevo? ¿Quién te espera?
¿Vas a pasear?” y de la persona se desprende otro globo de diálogo
respondiendo “No, voy a trabajar”.
🔹 Las barreras: físicas, comunicacionales y actitudinales
Las barreras no están en la persona sino en el entorno.
Una barrera actitudinal puede ser tan limitante como una escalera
El lenguaje técnico o excluyente también genera inaccesibilidad
Preguntas para pensar:
¿Qué barreras podés identificar en tu entorno cotidiano?
¿Viviste o presenciaste alguna situación donde una barrera impidió
ejercer un derecho?
¿Qué tipo de barrera (física, comunicacional o actitudinal) te
parece más difícil de transformar? ¿Por qué?
Para reflexionar:
¿De qué modo nuestras propias actitudes pueden estar
reproduciendo barreras invisibles?
Algunas estrategias que podemos pensar para derribar estas barreras,
tienen que ver con dos conceptos que vamos a plantear aquí: Apoyos y
Ajustes Razonables.
Apoyos
Cuando hablamos de Apoyos nos referimos al acto de prestar asistencia
a una persona que lo requiera para poder realizar actividades de la vida
cotidiana, como también participar activamente en la sociedad.
También se entiende como apoyos a los recursos y las estrategias que
impulsen al bienestar de las personas y que en consecuencia favorezcan
a que consigan una mayor independencia.
Para poder seguir desarrollando este concepto, nos parece importante
tener en cuenta que:
“Vivir de forma independiente no significa vivir solo o en
aislamiento. Significa, más bien, tener libertad de elección y
control sobre las decisiones que afectan a la propia vida, con el
mismo grado de independencia e interdependencia en el seno
de la sociedad que las demás personas.”
(Informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Derechos Humanos, Estudio temático sobre el derecho de las
personas con discapacidad a vivir de forma independiente y ser
incluidas en la comunidad, A/HRC/28/37, 2014, pág. 13.)
¿Qué plantea la CDPD respecto a los
Apoyos?
Para explicarlo tomaremos un informe de la Relatora Especial sobre los
derechos de las PCD que plantea que la CDPD subraya la relevancia de
implementar todas las acciones necesarias para asegurar que las
personas con discapacidad puedan participar plenamente y de manera
efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás.
Desde un enfoque centrado en los derechos humanos, esta perspectiva
sitúa a las personas con discapacidad como protagonistas en todas las
decisiones que las involucren, incluyendo aquellas relacionadas con el
apoyo y la asistencia.
El apoyo se establece como una obligación transversal dentro de la
CDPD. En el marco de las disposiciones generales del artículo 4, los
Estados parte están comprometidos a tomar todas las medidas
adecuadas para garantizar el cumplimiento efectivo de los derechos
reconocidos en este tratado.
La CDPD, considerada el principal tratado internacional para la
promoción y defensa de sus derechos, establece con claridad que los
Estados tienen el deber de asegurar el acceso a una amplia variedad de
servicios de apoyo para las personas con discapacidad, definiendo
además un marco integral para su implementación.
Esta obligación de brindar apoyo se fundamenta en diversos derechos
humanos, entre ellos el derecho a un nivel de vida digno, a la protección
social, a la mejor salud física y mental posible, y al acceso a la
educación.
Asimismo, el deber de proporcionar apoyo también se inspira en los
principios fundamentales de los derechos humanos, como la dignidad, la
autonomía individual, la universalidad, la igualdad, la no discriminación,
la participación activa y la inclusión social.
(Informe de la Relatora Especial sobre los derechos de las personas con
discapacidad. A/HRC/34/58, 2017, parr. 35, 36, 37.)
“El acceso a un apoyo adecuado es, sin lugar a dudas, una
condición necesaria para que las personas con discapacidad
puedan ejercer efectivamente sus derechos humanos en
igualdad de condiciones con las demás y, de ese modo, vivir con
dignidad y autonomía en la comunidad.”
(Informe de la Relatora Especial sobre los derechos de las personas con
discapacidad. A/HRC/34/58, 2017, pág. 32).
El apoyo a las personas con discapacidad
comprende una amplia gama de
intervenciones:
Asistencia humana o animal y los intermediarios
Ayudas para la movilidad
Dispositivos técnicos y las tecnologías de apoyo
Apoyo para la adopción de decisiones
Apoyo para la comunicación, como los intérpretes de lengua de
señas y los medios alternativos y aumentativos de comunicación
Servicios para vivir con arreglo a un sistema de vida específico
que garanticen la vivienda y la ayuda doméstica
Servicios comunitarios
Servicios generales como los de salud, educación y justicia, y
utilizar esos servicios.
Dentro de la Asistencia Humana, se encuentra la figura de apoyo
del Asistente Personal:
“Los Estados tienen la obligación de asegurar que las personas con
discapacidad tengan acceso a la asistencia personal necesaria para vivir
y ser incluidas en la comunidad, tal como se establece en el artículo 19
b) de la Convención. La asistencia personal engloba una amplia variedad
de arreglos para ayudar a una persona con discapacidad a realizar
actividades cotidianas, como levantarse, bañarse, vestirse, prepararse
para trabajar, salir, cocinar, limpiar y hacer las compras.”
(Informe de la Relatora Especial sobre los derechos de las personas con
discapacidad. A/HRC/34/58, 2017,
Descripción: Foto color, en un supermercado, una persona usuaria de
silla de ruedas elige un producto de la góndola junto con su Asistente
Personal, quien es una mujer.
Apoyos y ajustes razonables
Vivir de forma independiente no significa vivir solo.
El apoyo no es una concesión: es un derecho humano.
Los ajustes razonables deben garantizar la igualdad de
condiciones
Preguntas para pensar:
¿Cómo cambia nuestra mirada cuando entendemos el apoyo como
derecho y no como ayuda?
¿Qué rol cumplen los ajustes razonables en los espacios laborales,
educativos y comunitarios?
¿Por qué es clave diferenciar entre “igualdad” e “igualdad de
condiciones”?
Para reflexionar:
¿Qué apoyos necesitarías vos si tuvieras que enfrentar una
situación que limite tu autonomía?
Ajustes Razonables
Otra de las estrategias para derribar las barreras, tiene que ver con
los Ajustes Razonables, que son modificaciones y adaptaciones
necesarias y adecuadas que no impongan una carga desproporcionada o
indebida, cuando se requieran en un caso particular, para garantizar a
las personas con discapacidad el goce o ejercicio, en igualdad de
condiciones con las demás, de todos los derechos humanos y libertades
fundamentales.
Un ejemplo de Ajustes Razonables es cuando se realiza una adecuación
en una fachada antigua de un edificio que no tiene rampa, y se coloca
una rampa móvil.
Descripción: Foto color, entrada a edificio antiguo con tres escalones,
que cuenta con una rampa móvil.
Y cuando los ajustes se realizan sin la voz
de las personas con discapacidad... pasan
cosas como estás...
Descripción: Foto color, Rampas con obstrucción de paso o con
pendiente inaccesible para usuarios en silla de ruedas o para personas
con movilidad reducida
Art. 19: Derecho a elegir dónde y con quién vivir
Los principios del Movimiento de Vida Independiente y de
Desinstitucionalización estipulan por parte de las personas con
discapacidad su participación activa en la comunidad, con los mismos
derechos y capacidad para decidir en condiciones de igualdad al del
resto de la ciudadanía, pero también con los apoyos específicos que les
permitan ejercer sus derechos. La práctica del Asistente Personal para la
Vida Independiente de las Personas con Discapacidad tiene la finalidad
de dar respuesta al Artículo 19 de la Convención sobre los Derechos de
las Personas con Discapacidad, donde se describe el Derecho a vivir de
forma independiente y a ser incluido en la comunidad.
¿Qué dice el Art. 19?
“Los Estados Partes en la presente Convención reconocen el derecho en
igualdad de condiciones de todas las personas con discapacidad a vivir
en la comunidad, con opciones iguales a las de las demás, y adoptarán
medidas efectivas y pertinentes para facilitar el pleno goce de este
derecho por las personas con discapacidad y su plena inclusión y
participación en la comunidad, asegurando en especial que:
a) Las personas con discapacidad tengan la oportunidad de elegir su
lugar de residencia y dónde y con quién vivir, en igualdad de
condiciones con las demás, y no se vean obligadas a vivir con arreglo a
un sistema de vida específico;
b) Las personas con discapacidad tengan acceso a una variedad de
servicios de asistencia domiciliaria, residencial y otros servicios de
apoyo de la comunidad, incluida la asistencia personal que sea
necesaria para facilitar su existencia y su inclusión en la comunidad y
para evitar su aislamiento o separación de ésta;
c) Las instalaciones y los servicios comunitarios para la población en
general estén a disposición, en igualdad de condiciones, de las personas
con discapacidad y tengan en cuenta sus necesidades.”
Alguno de los principios básicos contenidos en este artículo es:
La autonomía personal y la autodeterminación política,
El derecho a vivir en la comunidad y no en estructuras
segregadas,
El derecho a vivir de acuerdo con los propios deseos e intereses y
no ajustado a un sistema de vida determinado,
El derecho a elegir con quién vivir, cómo vivir, dónde vivir y en
qué grado desean las personas con discapacidad involucrarse en
la vida comunitaria.
Para hacer realidad estos derechos, la Convención sobre los Derechos de
las Personas con Discapacidad (CDPD) prevé una serie de apoyos a la
persona con discapacidad definidos como “servicios de asistencia
domiciliaria, residencial y otros servicios de apoyo de la comunidad,
incluida la asistencia personal”. Debe observarse que ninguno de los
servicios garantizados como derecho humano se refiere a mecanismos
segregatorios como hogares, centros de día o talleres protegidos, si no,
por el contrario, se refiere a instancias residenciales y comunitarias.
Antes de profundizar sobre los servicios en sí mismos, es fundamental
poner de manifiesto que es esencial pensarlos desde una ruptura con las
miradas paternalistas, donde la toma de decisiones por parte de la
persona con discapacidad y el derecho a conducir su propia vida —
asumiendo el riesgo de sus errores— debe entenderse como la regla.
(REDI, 2011)
Artículo 19 de la CDPD: derecho a elegir dónde y con quién vivir
El derecho a elegir implica salir de la vida bajo tutela
Los servicios garantizados no deben ser segregatorios.
La autodeterminación incluye el derecho a equivocarse.
Preguntas para pensar:
¿Por qué se considera que vivir en instituciones vulnera derechos
humanos?
¿Qué desafíos plantea en la práctica garantizar que las personas
con discapacidad puedan vivir donde y con quien deseen?
¿Qué condiciones materiales y simbólicas se necesitan para que
este derecho sea real?
Para reflexionar:
¿Estamos como sociedad preparados para aceptar que todas las
personas, incluso con grandes necesidades de apoyo, pueden y deben
decidir sobre su vida?
Clase 2
Convención sobre Derechos de la Discapacidad
Les dejamos el texto de la Convención para quienes quieran profundizar
COMPILACIÓN DE EXPRESIONES Y
TERMINOLOGÍAS
Texto para profundizar, optativos
[Link]
Bienvenidos a la clase 3:
[Link]
En esta clase vamos a trabajar sobre los siguientes ejes:
Introducción a los conceptos de autonomía y autodeterminación.
Modelo de calidad de vida y apoyos
Planificación Centrada en la Persona
El asistente personal como figura que potencia decisiones y
proyectos de vida.
Autodeterminación y autonomía
La autodeterminación es un proceso que implica ganar cada vez más
control y experiencia sobre nuestra propia vida. Cuando somos niños,
muchas veces son los adultos quienes nos ayudan a hacer las
actividades de la vida cotidiana. A medida que crecemos, empezamos a
tomar decisiones por nuestra cuenta: dónde y con quién vivir, qué
estudiar, dónde trabajar, cómo pasar el tiempo, qué servicios usar o con
quién relacionarnos. Estas decisiones muestran nuestras preferencias,
nuestras prioridades y nuestra individualidad.
La base de la autodeterminación es creer que todas las personas pueden
expresar lo que quieren o prefieren. Respetar el derecho a la
autodeterminación significa apoyar a cada persona en sus decisiones y
entender que, como cualquiera, puede equivocarse y aprender de esos
errores.
Todas las personas enfrentamos desafíos cuando queremos ser más
independientes. Estos desafíos pueden tener que ver con la cantidad de
personas con las que vivimos, las condiciones del mercado laboral o los
apoyos que recibimos.
Sin embargo, las personas con discapacidad muchas veces enfrentan
más obstáculos para ejercer su autonomía. Estos obstáculos no tienen
que ver con una falta de capacidad o habilidades, sino con barreras del
entorno. Por ejemplo: falta de apoyos adecuados, entornos poco
accesibles o actitudes que asumen que no pueden decidir por sí mismas.
Field, Martin, Miller, Word y Wehmeyer (1998) consideran que la
autodeterminación es una combinación de habilidades, conocimientos y
creencias que capacitan a una persona para comprometerse en una
conducta autónoma y dirigida hacia una meta. Para la
autodeterminación es esencial el conocimiento de las fortalezas y
limitaciones de uno, junto con la creencia de que es capaz y efectivo.
Cuando actuamos sobre las bases de estas habilidades y actitudes, las
personas tienen más capacidad para tomar el control de sus vidas y
asumir un rol adulto.
Para conseguir autodeterminación también será necesario que el
entorno social reconozca a la persona con discapacidad la posibilidad de
tener control sobre su propia vida y que el estilo de vida de las personas
presente oportunidades de participar en una variedad de situaciones,
actividades, roles y relaciones.
El desarrollo de la autodeterminación requiere de un sistema de apoyo
que lo favorezca, que estimule las iniciativas de la persona, que fomente
su participación en las acciones relevantes para su vida, que promueva
el establecimiento de metas personales, que ayude a la persona a estar
segura de sí misma, a confiar y valorar sus logros, que potencie la
autonomía.
Para poder tomar decisiones con confianza, se necesita experiencia,
tanto directa como indirecta.
Podemos pensar en una elección sencilla, cómo decidir qué tomar en el
desayuno, o en una más compleja, como elegir dónde y con quién vivir.
Cuantas más veces se haya enfrentado una persona a decisiones de ese
tipo, más herramientas tendrá para resolverlas. Por ejemplo, si alguien
elige cada mañana qué desayunar, seguramente ya ha probado distintas
opciones y sabe qué le gusta. Esa decisión le resultará fácil porque tiene
experiencia.
En cambio, si una persona nunca tuvo que buscar una vivienda, o solo lo
hizo una o dos veces, probablemente se sienta con menos seguridad
para tomar esa decisión. Tal vez no conozca todas las opciones
disponibles, no sepa qué preguntas hacerse o a quién recurrir para
recibir ayuda. Cuanta más experiencia se tenga en una situación
determinada, más seguridad y autonomía se puede desarrollar al tomar
decisiones. Por eso, para fortalecer la autodeterminación, es
fundamental que todas las personas puedan vivir experiencias reales,
explorar distintas alternativas y contar con los apoyos necesarios
cuando los requieran.
Por otro lado, el tipo de experiencia que hayamos tenido anteriormente
también puede afectar a nuestra capacidad de autodeterminación. Si
hemos tenido muchas experiencias positivas a la hora de dar nuestra
opinión, elegir o defendernos (es decir, los demás han tenido en cuenta
lo que opinamos o elegimos, o nos respetan cuando defendemos
nuestros derechos), es probable que nos sintamos más seguros cuando
tengamos que hacerlo de nuevo en el futuro.
Si la experiencia ha sido muy negativa, es decir, si no nos han hecho
caso cuando hemos dicho qué queremos desayunar, es probable que no
volvamos a pedirlo.
Una vez más, las personas con discapacidad puede que no hayan tenido
posibilidad de acumular la suficiente experiencia en el uso de estas
competencias o habilidades en el pasado o, incluso, que ésa haya sido
muy negativa, lo que explicaría que actualmente, a pesar de ser adultos,
se sientan menos seguros. Por ejemplo, una persona que haya vivido en
una residencia o en un hogar de grupo frente a otra que vive en su
propio hogar, o una que esté en un centro de día frente a otra que esté
en un empleo ordinario.
Conducta autodeterminada: “Se refiere a acciones volitivas que
capacitan al individuo para actuar como agente causal primario de su
propia vida y para mantener o mejorar su calidad de vida” (Wehmeyer,
2006) Agente causal: hacer o provocar que algo ocurra en la vida de
uno. Acto volitivo: Hacer una elección o tomar una decisión
conscientemente con intención deliberada
La experiencia es una parte fundamental
de la autodeterminación.
Todos podemos ganar experiencia compartiéndola a través de libros,
fotografías, películas y, ocasionalmente, mediante situaciones análogas.
La experiencia también se puede obtener intentando algo nuevo y
contando con alguien más que nos apoye durante esa actividad. Sin
experiencia no hay una autodeterminación real.
¿Cuáles son las características de una persona que ejerce su
autodeterminación?
Conoce sus preferencias e intereses personales
Realiza elecciones basadas en sus intereses, deseos y necesidades
Considera diferentes opciones y consecuencias para sus
decisiones.
Establece metas personales
Conoce cuáles son sus puntos fuertes y débiles
Logra comunicar sus deseos y necesidades.
¿Cuáles son las características de un entorno que favorece la
autodeterminación?
Acompaña la iniciativa de la persona y su participación en
actividades que son importantes para su vida.
Se interesa por conocer las preferencias e intereses de la persona.
Brinda apoyo en la toma de decisiones, teniendo en cuenta sus
preferencias.
Brinda apoyo en considerar qué consecuencias pueden tener sus
decisiones.
Promueve la planificación de metas personales
Conoce las fortalezas de la persona.
Autonomía
El artículo 3 de la Convención sobre los derechos de las personas
con discapacidad nombra los principios generales de la misma.
Entre ellos, está incluido “el respeto de la dignidad inherente, la
autonomía individual, incluida la libertad de tomar las propias
decisiones, y la independencia de la persona”
¿Qué entendemos por autonomía?
Poder decidir y participar en actividades de la vida cotidiana,
utilizando nuestras propias habilidades y recursos. Vivir de
acuerdo a nuestros propios intereses y deseos
Recordemos también que el Artículo 19 menciona que: “las personas
con discapacidad tengan acceso a una variedad de servicios de
asistencia domiciliaria, residencial y otros servicios de apoyo de la
comunidad, incluida la asistencia personal que sea necesaria para
facilitar su existencia y para evitar su aislamiento o separación de esta”.
Esto quiere decir que las personas con discapacidad tienen derecho a
acceder a diferentes tipos de apoyo para favorecer su participación en la
comunidad. Y contar con los apoyos específicos favorece la autonomía
de las personas.
La autonomía: fundamento y expresión de
la autodeterminación
Dentro de los múltiples componentes de la autodeterminación,
la autonomía ocupa un lugar central. Se entiende por autonomía
la capacidad de actuar según las propias preferencias, intereses
y valores, tomando decisiones de manera independiente y con sentido
personal. No se trata de una independencia absoluta —que rara vez
existe en la vida humana—, sino de la posibilidad real de elegir y dirigir
el propio curso vital, con los apoyos necesarios cuando corresponda.
En este sentido, Wehmeyer (1996) destaca que las personas autónomas
son aquellas que pueden ejercer control sobre su conducta y entorno,
sin verse determinadas por presiones o interferencias externas
inapropiadas. La autonomía es, entonces, una manifestación
concreta de la autodeterminación, y constituye a su vez uno de los
ocho dominios clave del modelo de calidad de vida propuesto por
Schalock y Verdugo (2003).
El desarrollo de la autonomía es un proceso continuo que comienza en la
infancia, se consolida en la juventud y se transforma en la adultez. En
las personas con discapacidad, especialmente intelectual, este proceso
suele verse limitado no solo por barreras individuales, sino
fundamentalmente por condicionamientos culturales, familiares e
institucionales que promueven la sobreprotección, la sustitución de
decisiones y la dependencia prolongada.
En muchos contextos, las decisiones sobre cómo vivir, con quién
convivir, qué actividades realizar o cómo participar en la comunidad no
son tomadas por la propia persona, sino por terceros (familia,
profesionales, cuidadores), muchas veces con la intención de “proteger”
o “cuidar”. Este enfoque, aunque bienintencionado, lesiona la
autonomía y deteriora la calidad de vida, generando efectos
negativos tanto en la persona con discapacidad como en su entorno.
Desde un enfoque de derechos, la autonomía debe ser entendida como
un derecho a ser escuchado, a tomar decisiones significativas y
a participar activamente en la construcción del propio proyecto
de vida. Esto implica que los apoyos no deben suplir o anular la
voluntad de la persona, sino potenciarla y facilitar su expresión, incluso
cuando esta se manifieste de formas no convencionales.
Promover la autonomía supone:
Brindar entornos accesibles y comprensibles.
Fomentar la participación activa en la vida cotidiana.
Ofrecer espacios de elección real, evitando opciones impuestas.
Garantizar tiempos adecuados para tomar decisiones.
Escuchar y validar la voz de la persona, más allá de los
diagnósticos.
Asimismo, se requiere un cambio de paradigma en los equipos técnicos
y en las familias, que deben pasar de “decidir por” a “acompañar en la
toma de decisiones”, reconociendo que toda persona —con los
apoyos necesarios— puede ejercer autonomía en algún grado.
En definitiva, la autonomía no es un atributo fijo ni exclusivo de quienes
tienen ciertas capacidades cognitivas. Es una práctica social y una
construcción relacional que requiere voluntad política, pedagogía del
respeto y disposición institucional para generar oportunidades reales de
decisión y participación.
¿Qué es la calidad de vida?
La calidad de vida es un concepto complejo y multidimensional que
funciona como guía y referencia para evaluar el bienestar de las
personas en su contexto vital. Tal como lo define la Organización
Mundial de la Salud (WHOQOL Group, 1995), se trata de la percepción
que una persona tiene de su lugar en la vida, en relación con sus
objetivos, expectativas, normas e inquietudes, dentro del contexto
cultural y del sistema de valores en el que vive. Esta definición reconoce
que el bienestar no puede entenderse sin considerar cómo cada
individuo valora y experimenta su propia vida.
🟦 ¿Qué es la calidad de vida?
Es cómo una persona percibe y experimenta su propia vida, en
relación con su salud, emociones, relaciones, autonomía, entorno y
derechos.
No se trata solo de tener salud o dinero, sino de vivir con dignidad,
tomar decisiones, estar incluido y sentirse bien.
📌 Es un concepto multidimensional, cultural, con aspectos objetivos
y subjetivos, influido por el entorno y las oportunidades que ofrece.
Desde el enfoque de Robert Schalock y Miguel Ángel Verdugo (2003), el
modelo de calidad de vida se convierte en un constructo social y
operativo, aplicable a todos los ámbitos de intervención y muy
especialmente relevante en el trabajo con personas con discapacidad.
Este modelo plantea que la calidad de vida es una expectativa
legítima y universal, basada en el principio de que todas las personas
tienen derecho a vivir con dignidad, ejercer autonomía y contar con los
apoyos necesarios para alcanzar sus metas personales.
Según este enfoque, la calidad de vida es:
Multidimensional, abarcando diversas áreas del bienestar físico,
emocional, social, material, entre otras.
Émica y ética: tiene componentes universales, pero también está
ligada a cada cultura y contexto.
Subjetiva y objetiva: se expresa tanto en percepciones
personales como en condiciones observables.
Condicionada por factores personales y contextuales, como
las características individuales y las oportunidades del entorno.
Además, este modelo incorpora una perspectiva ecológica,
reconociendo que la vida de una persona está influida por múltiples
niveles de interacción: el microsistema (familia, hogar, escuela), el
mesosistema (comunidad, organizaciones) y el macrosistema (normas
culturales, políticas públicas, sistema económico).
En síntesis, la calidad de vida no se reduce a indicadores de salud o
ingresos, sino que incluye la posibilidad real de participar en la
sociedad, tomar decisiones, mantener relaciones significativas,
desarrollarse como persona y ejercer plenamente los propios
derechos. Implica repensar los servicios, las políticas y las prácticas
profesionales desde una lógica centrada en la persona y no en los
dispositivos o programas disponibles. Desde esta perspectiva, la
calidad de vida también es una herramienta de transformación
social.
Modelo de Calidad de Vida
Autores: Robert Schalock y Miguel Ángel Verdugo
El modelo de calidad de vida desarrollado por Robert Schalock y
Miguel Ángel Verdugo constituye uno de los marcos más utilizados a
nivel internacional para comprender el bienestar personal desde una
perspectiva integral. Este modelo ofrece una forma sistemática de
observar y reflexionar sobre cómo vive una persona, cómo se siente
y qué oportunidades tiene para desarrollarse plenamente en la
sociedad.
Originalmente pensado para evaluar y mejorar la calidad de vida de
personas con discapacidad intelectual, su enfoque es aplicable a
todas las personas, sin distinción de edad, condición o contexto.
Resulta especialmente útil en el trabajo de quienes brindan apoyos
personalizados, como los asistentes personales, ya que
permite centrarse en las necesidades, deseos y elecciones de la
persona a la que acompañan.
El modelo parte de una premisa clave: la calidad de vida no depende
únicamente de tener buena salud o estabilidad económica, sino
también de aspectos emocionales, relacionales, sociales y de ejercicio
de derechos. En otras palabras, para vivir bien no alcanza con "estar
bien físicamente"; es necesario también sentirse parte de una
comunidad, tener vínculos significativos, poder tomar
decisiones y vivir con dignidad.
Las ocho dimensiones de la calidad de vida
Schalock y Verdugo (2003) identificaron ocho dimensiones
centrales que permiten evaluar y promover la calidad de vida en
distintos contextos. Cada dimensión abarca elementos tanto objetivos
(observables) como subjetivos (vivencias personales), y puede utilizarse
como guía para diseñar apoyos individualizados.
1. Bienestar físico
Se refiere a la salud general de la persona y a su sensación de
comodidad física.
Incluye:
Acceso a servicios de salud adecuados
Alimentación equilibrada
Buen descanso
Ausencia de dolor o malestar físico
Como asistentes personales: observar si la persona accede a
controles médicos, tiene hábitos saludables y se siente bien físicamente.
2. Bienestar emocional
Hace foco en la estabilidad afectiva, el manejo del estrés y la percepción
de seguridad personal.
Incluye:
Sentimientos de tranquilidad y seguridad
Autoestima positiva
Ausencia de miedos persistentes
Emociones positivas frecuentes
Como asistentes personales: atender señales de angustia, ansiedad,
desmotivación o baja autoestima, y propiciar espacios de escucha y
contención.
3. Relaciones interpersonales
Alude a la existencia de vínculos afectivos significativos y redes sociales
activas.
Incluye:
Amistades duraderas
Vínculos familiares positivos
Vida afectiva y emocional
Participación en redes sociales o comunitarias
Como asistentes personales: fomentar oportunidades para crear,
mantener o recuperar relaciones significativas.
4. Bienestar material
Hace referencia al acceso a recursos básicos para una vida digna.
Incluye:
Vivienda adecuada
Ingresos suficientes
Acceso a servicios básicos (agua, luz, internet)
Estabilidad económica
Como asistentes personales: colaborar en la gestión de trámites,
subsidios o programas sociales que garanticen estos derechos.
5. Desarrollo personal
Implica el crecimiento individual a través del aprendizaje, la exploración
de intereses y el logro de metas.
Incluye:
Acceso a educación y formación
Participación en actividades significativas
Adquisición de habilidades
Oportunidades para el desarrollo de talentos personales
Como asistentes personales: facilitar el acceso a cursos, talleres,
tecnologías o espacios donde la persona pueda aprender, expresarse y
avanzar hacia sus objetivos.
6. Autodeterminación
Es la posibilidad real de decidir sobre la propia vida, en función de los
propios deseos y valores.
Incluye:
Capacidad de tomar decisiones
Libertad para elegir actividades, rutinas o relaciones
Participación activa en el diseño del propio proyecto de vida
Apoyos adecuados para decidir
Como asistentes personales: garantizar que la persona pueda
expresar sus preferencias y tomar decisiones, incluso con apoyos, y
nunca reemplazar su voluntad.
7. Inclusión social
Se refiere a la participación activa y visible en la vida comunitaria y
social.
Incluye:
Acceso a espacios culturales, recreativos, laborales o educativos
Participación en actividades del barrio o comunidad
Sensación de pertenencia
Ausencia de discriminación
Como asistentes personales: acompañar a la persona a espacios
comunitarios, identificar barreras sociales y promover entornos
accesibles.
8. Derechos
Remite al respeto por la dignidad humana, la igualdad de oportunidades
y la protección legal.
Incluye:
Libertad de expresión y decisión
Respeto a la intimidad
Acceso a la justicia y protección contra abusos
Participación ciudadana
Como asistentes personales: conocer y hacer valer los derechos de
la persona, prevenir situaciones de vulneración y promover la equidad.
¿Por qué es importante este modelo?
El modelo de calidad de vida de Schalock y Verdugo permite cambiar la
mirada: en lugar de enfocarse solo en lo que una persona "no puede
hacer", nos invita a preguntarnos cómo está viviendo, qué desea,
qué necesita para estar mejor y qué barreras hay que remover
para lograrlo. Este enfoque es clave para promover vida
independiente, inclusión real y protagonismo personal.
Para quienes trabajan como asistentes personales, este modelo es una
herramienta fundamental: permite observar, intervenir y acompañar
con sentido ético, siempre desde el respeto a la singularidad y a la
autodeterminación de cada persona.
Los invitamos a ver un video sobre Calidad de vida aplicada en servicios
[Link]
El rol del Asistente Personal en
la mejora de la calidad de vida
Como Asistente Personal, tu tarea principal no es hacer por la persona,
sino acompañarla para que pueda vivir su vida según sus propias
decisiones. Para eso, es importante entender tres conceptos que
orientan tu trabajo: calidad de vida, autodeterminación y apoyos
personalizados.
¿Qué significa esto en la práctica?
🔹 Calidad de vida:
Acompañar no es solo ayudar en tareas. Es observar cómo está la
persona en diferentes aspectos de su vida:
¿Tiene vínculos y participa en su comunidad?
¿Puede decidir cómo quiere vivir?
¿Accede a la salud, al ocio, a sus derechos?
Tu rol es detectar barreras y generar condiciones para que esa
vida sea lo más plena posible.
🔹 Autodeterminación:
Significa que la persona pueda elegir.
Como Asistente Personal, tu tarea no es decidir por ella, sino dar
apoyos para que pueda decidir por sí misma, incluso si necesita
ayuda para hacerlo.
Ejemplos: esperar sus tiempos, proponer opciones reales, respetar lo
que dice aunque sea distinto a lo que vos harías.
🔹 Apoyos:
Son los recursos o estrategias que facilitan que la persona viva
como quiere.
Tu presencia es un apoyo, pero también lo son: ayudar a usar el
transporte, acompañar a una actividad, leer un documento, mediar con
otra persona.
Los apoyos deben ser individualizados, útiles y respetuosos, y
deben cambiar si cambian las necesidades o deseos de la persona.
Clasificación según intensidad
Apoyo generalizado: se produce cuando la necesidad de apoyo es
de forma
constante y de alta intensidad. Por ejemplo: necesidad de uso silla
de ruedas y no
puede usarla por sí mismo.
Apoyo extenso: supone la necesidad de apoyo de forma regular o
continua en
algunos ámbitos y entornos. Por ejemplo: para ducharse
correctamente.
Apoyo limitado: cuando se requiere de forma regular durante un
periodo de
tiempo corto pero definido. Por ejemplo: para ir de casa al nuevo
trabajo.
Apoyo intermitente: la necesidad de apoyo es de forma
esporádica. Por
ejemplo: al cambiar de lugar de residencia
👉, En resumen:
Ser Asistente Personal no es cuidar, sino acompañar para que la persona
pueda tomar decisiones, participar, desarrollarse y ejercer sus
derechos. Tu tarea es estar presente sin ocupar el lugar de la persona, y
ayudar a que tenga la vida que elige, no la que otros creen que debe tener.
Planificación centrada en la
persona
Desde finales de los años 80, han aparecido varios enfoques sobre
mejores formas (prácticas) de planificar los apoyos individualmente para
cada persona con discapacidad.
Todos estos enfoques, se han ido cristalizando en una metodología que
se pueden encuadrar en la denominación de Planificación Centrada en la
Persona (P.C.P.), pretenden que la persona, con el apoyo de un grupo de
personas significativas para ella, formule sus propios planes y metas de
futuro, así como las estrategias, medios y acciones para ir consiguiendo
avances y logros en el cumplimiento de su plan de vida personal.
Esta metodología está basada en la creencia profunda de que ninguna
persona es igual a otra y todos tenemos distintos intereses, necesidades
y deseos, y, por tanto, la individualización debe ser y de hecho es, el
valor central de los servicios que prestan apoyos a las personas.
En todos estos enfoques, además, subyace el respeto al derecho a la
autodeterminación de las personas con discapacidad - dimensión central
del concepto de Calidad de Vida-, entendida ésta desde la doble
perspectiva de capacidad y de derecho. Si bien el concepto de calidad
de vida no es un concepto nuevo, lo que realmente es nuevo es el
intento de usar este concepto como un principio organizador de
servicios de apoyos para mejorar la vida de las personas con
discapacidad.
Entonces, ¿Qué se entiende por
Planificación Centrada en la Persona?
Se trata de un conjunto de estrategias que colaboran ayudando a la
persona para acceder a los apoyos, basados en sus preferencias y
necesidades, a fin de alcanzar una mejor calidad de vida. Para diseñar
esta planificación es importante tener en cuenta cinco claves:
1. La persona debe ser el centro de la planificación: la misma
estará basada en sus necesidades, en el ejercicio de su derecho,
en la escucha de la persona que lo acompañe en este proceso. Se
debe escuchar y acompañar a la persona con discapacidad
promoviendo su independencia.
2. Familia y amigos: el entramado social, familia, amigos y la
comunidad, es una parte importante en la vida de la persona con
discapacidad. En la medida en que éstos no ubiquen en un rol de
dependencia a la persona, podrán funcionar como excelentes
colaboradores para resolver conflictos o planificar.
3. Capacidades de la persona: este punto se centra en lo que
puede hacer la persona y los apoyos que sean necesarios para un
fin determinado. La persona tomará las riendas en la elección, en
base a sus necesidades e intereses, siendo los profesionales el
grupo de apoyo, dejando de lado la omnipotencia del saber.
4. Derechos de la persona: toda acción que se realice será
reconociendo a la persona con discapacidad como sujeto de
derecho y haciéndolo valer como tal.
5. Escucha, aprendizaje y acción: la planificación es un proceso
flexible que puede variar constantemente adecuando los apoyos o
adaptaciones de acuerdo a los requerimientos de la persona.
Estos puntos nos ayudarán a pensar estrategias, contribuyendo a
mejorar la calidad de vida de las personas. Pero no será lo único que
recibirá un impacto positivo, sino que mejorarán todos los entornos,
familiar, la comunidad educativa, laboral, profesional, los servicios
(FEAPS, 2007)
¿Qué aportan el modelo de calidad de vida
y la planificación centrada en la persona al
rol del Asistente Personal?
El modelo de calidad de vida propuesto por Schalock y Verdugo, junto
con la planificación centrada en la persona, ofrecen herramientas útiles
para desempeñar el rol del asistente personal desde una perspectiva
ética, respetuosa y comprometida con los derechos de las personas con
discapacidad.
Ambos enfoques invitan a:
Escuchar activamente a la persona, reconociendo sus intereses,
deseos y objetivos de vida.
Acompañarla en sus decisiones cotidianas, promoviendo la
autonomía, el protagonismo y el respeto por sus elecciones.
Brindar apoyos que favorezcan su participación: que la persona
pueda elegir y vivir con dignidad, promoviendo su inclusión en
todos los ámbitos de la vida social.
Entender a las personas como un todo, no solo desde sus
necesidades de apoyo, sino desde su historia, sus habilidades, su
entorno y su proyecto de vida.
Referencias bibliográficas de la
clase 3
Asprona. (2002). La autodeterminación de las personas con
discapacidad intelectual (2a
ed.). FEAPS. Recuperado de
[Link]
[Link]
Goñi Garrido, M. J., Martínez Martínez, M., Zardoya Santos, A., & Martínez
Rueda, N.
(2009). Guía para el personal de apoyo: Autodeterminación. FEAPS.
Recuperado de
[Link]
autodeterminacion_0.pdf
López Fraguas, M.A. y otros. (2004) La Planificación Centrada en la
persona, una metodología con respeto al derecho de
autodeterminación. Siglo
Cero. [Link]
[Link]
Plena Inclusión. Dimensiones de calidad de
vida. [Link]
dimensiones-de-calidad-de-vida/
Verdugo, M. Á., Schalock, R. L., & otros. (2009). Calidad de vida: Manual
para profesionales de la educación, salud y servicios sociales. Alianza
Editorial.
Personas adultas con discapacidad intelectual y organización
de apoyos para la autodeterminación
📚 Lectura recomendada para reflexionar sobre apoyos,
envejecimiento y calidad de vida
Les invitamos a leer un artículo que analiza cómo se organizan los
apoyos para personas con discapacidad intelectual en proceso de
envejecimiento. A partir de una investigación cualitativa con cuidadores
familiares, el trabajo expone cómo muchas veces se reemplaza el apoyo
para la autodeterminación por esquemas de cuidado que limitan la
calidad de vida de quienes los reciben… y también de quienes los
brindan.
Una invitación a pensar juntos sobre la urgencia de planificar esta etapa
de la vida desde un enfoque de derechos.
[Link]
Bienvenidos a la clase 4:
[Link]
En esta clase vamos a profundizar en los distintos tipos de apoyos que
puede brindar un/a asistente personal para promover la autonomía, la
autodeterminación y la participación activa de las personas con
discapacidad en su vida cotidiana.
Los temas que vamos a trabajar son:
Apoyos en las actividades de la vida diaria (AVD):
Higiene, alimentación, descanso, movilidad y cuidado del cuerpo.
Respeto a la intimidad, observación de señales no verbales y
planificación personalizada.
Apoyos en las actividades instrumentales (AIVD):
Compras, organización del día, transporte, gestiones médicas,
trámites y manejo del dinero. Barreras del entorno y estrategias
de facilitación.
Participación comunitaria, ocio y tiempo libre:
Recreación, vida cultural, deportes, salidas y vínculos sociales.
Accesibilidad, planificación anticipada y derecho al disfrute.
Vínculos afectivos y redes personales:
Relaciones familiares, de amistad o pareja. Respeto por las
decisiones de la persona, acompañamiento en la construcción o
recuperación de vínculos.
Privacidad, intimidad y derecho a decidir sobre la propia
vida:
Sexualidad, deseos personales, formación de familia. Actitud ética
del asistente personal, confidencialidad y no invasión.
Ajustes razonables y diseño universal como principios de
acción:
Cómo intervenir frente a barreras, pensar entornos inclusivos y
garantizar el ejercicio de derechos en la práctica.
Artículos clave de la Convención sobre los Derechos de las
Personas con Discapacidad (CDPD):
Conexión con los artículos 3, 6, 9, 16, 19, 23, 26 y 30 y su
aplicación directa en la tarea cotidiana del asistente personal.
Comencemos:
Actividades de la vida diaria (AVD):
higiene, alimentación, movilidad, descanso
Son las actividades básicas que una persona realiza todos los días para
satisfacer sus necesidades corporales y de cuidado personal
Las actividades de la vida diaria son aquellas tareas básicas que
cada persona realiza cotidianamente para cuidar su cuerpo y
mantenerse saludable: higiene, alimentación, descanso y
movilidad. Para muchas personas con discapacidad o personas
mayores, estas acciones pueden requerir apoyos específicos,
que deben ser brindados de manera respetuosa, flexible y
centrada en sus decisiones.
El rol del asistente personal en este campo comienza siempre con el
encuentro: conocer a la persona que lo contrata, a su entorno y sus
rutinas. No existe una única forma correcta de asistir: cada persona
define qué necesita, cuándo lo necesita y de qué manera prefiere recibir
apoyo. Esto implica observar, escuchar y establecer un vínculo que
permita ajustar cada intervención a los deseos de quien recibe la
asistencia. Es importante recordar que todas las personas, incluso
aquellas que no utilizan el lenguaje verbal, comunican sus preferencias:
a través de gestos, movimientos, sonidos, expresiones faciales o la
manera en que se posicionan frente a distintas situaciones. Por eso, la
observación atenta y constante es una herramienta fundamental.
En todos los casos, es necesario pedir permiso antes de intervenir sobre
el cuerpo de la persona. Ya sea para ayudar en el baño, colaborar en el
vestido o asistir en el traslado a una silla de ruedas, es indispensable
avisar con anticipación, explicar lo que se va a hacer y consultar si es
adecuado. Acompañar en actividades de cuidado personal requiere
construir confianza y garantizar la privacidad. El respeto a la intimidad
no solo es un principio ético, sino también un derecho consagrado en
tratados internacionales como la Convención sobre los Derechos de las
Personas con Discapacidad y la Convención Interamericana de los
Derechos de las Personas Mayores.
El acompañamiento en la higiene, por ejemplo, no se limita a ejecutar
una tarea técnica. Implica también favorecer la autonomía en pequeñas
decisiones: qué ropa ponerse, en qué momento bañarse, si se prefiere
hacerlo con música, en silencio o con algún producto específico. Lo
mismo ocurre con la alimentación: preparar un plato no es solo calentar
comida, sino respetar gustos, creencias, rutinas alimentarias y ritmos
personales. En cada gesto, el asistente personal debe evitar imponer y,
en cambio, ofrecer apoyo que potencie la autodeterminación.
En lo que respecta a la movilidad, es crucial tener conocimientos básicos
sobre productos de apoyo como sillas de ruedas, bastones, grúas o
colchones antiescaras.
También es necesario aprender a identificar señales de dolor o malestar,
especialmente en personas que no se comunican verbalmente. Cambios
en la respiración, tensión muscular o posturas incómodas pueden ser
señales de incomodidad que requieren atención inmediata. Una mala
manipulación en las transiciones del cuerpo (por ejemplo, al pasar de la
cama a la silla) puede provocar contracturas, úlceras por presión o
pérdida de funcionalidad.
Cada tarea cotidiana debe estar integrada en un esquema más amplio
de planificación personalizada. Si una persona debe asistir a su trabajo a
una hora determinada, el asistente puede ayudar a organizar el tiempo
necesario para higienizarse, vestirse y alimentarse con la anticipación
suficiente. En algunos casos, la persona puede decidir recibir más apoyo
para ganar tiempo; en otros, preferirá hacer la mayor parte sola. Las
decisiones son siempre de la persona, y el rol del asistente es adaptarse
a ellas con una actitud profesional, flexible y sin juicios.
Por último, es fundamental que exista la posibilidad de que la persona
pueda evaluar el trabajo del asistente. Esto permite revisar prácticas,
ajustar intervenciones y construir una relación saludable, colaborativa y
respetuosa. A través de tecnologías de comunicación aumentativa o
simplemente mediante señales del cuerpo y la mirada, siempre es
posible crear canales de diálogo que refuercen la autonomía y el
protagonismo de quien recibe el apoyo.
Estas actividades incluyen bañarse, vestirse, alimentarse, movilizarse
dentro del hogar y mantener rutinas de sueño y descanso. Algunas
personas con discapacidad requieren apoyo para realizarlas de forma
segura, eficaz y respetuosa de su autonomía. El rol del asistente
personal aquí no es hacer “por” la persona, sino acompañar, facilitar o
asistir “con” ella, siguiendo sus preferencias y ritmos.
Ejemplos:
Acompañar en el baño respetando la intimidad.
Cortar alimentos o preparar bandejas si la persona no puede
hacerlo sola.
Facilitar el traslado dentro del hogar usando bastones o sillas.
Ayudar a organizar el espacio para facilitar el descanso.
Actividades instrumentales de la vida
diaria (AIVD): compras, organización,
transporte, gestión de turnos
Son actividades más complejas que permiten a una persona vivir de
forma independiente en comunidad, gestionar su hogar y realizar
trámites.
Además de las actividades básicas, muchas personas requieren
apoyo en otras tareas cotidianas más complejas, pero
igualmente esenciales para una vida autónoma en comunidad.
Las actividades instrumentales de la vida diaria incluyen ir al
supermercado, pagar cuentas, organizar la rutina, asistir a
turnos médicos, desplazarse por la ciudad o gestionar trámites y
documentación. Estas acciones implican la interacción con otras
personas, comprensión de normas, manejo de dinero o tiempos,
y suelen estar atravesadas por barreras físicas,
comunicacionales o actitudinales. El asistente personal cumple
un rol clave para que estos desafíos no se conviertan en
obstáculos a la participación.
El acompañamiento en estas actividades no significa hacer todo por la
persona, sino estar allí para que pueda realizarlas con el nivel de
autonomía que desee. En cada caso, se pueden pactar previamente las
tareas que requieren apoyo, sabiendo que también pueden surgir
nuevas necesidades en el momento, que deberán resolverse desde la
observación atenta y la escucha activa. A veces, el solo hecho de estar
presente da seguridad y permite que la persona se desenvuelva sin
mayores dificultades. En otras ocasiones, se requerirá intervenir más
activamente, por ejemplo, completando formularios, explicando un paso
en una aplicación digital, leyendo instrucciones o facilitando el diálogo
con un trabajador de atención al público.
Uno de los aspectos más importantes en este tipo de apoyos es la
planificación. Conocer la rutina, los horarios, el tiempo que cada persona
tarda en hacer una determinada actividad, y cómo prefiere organizar su
día, permite construir acompañamientos ajustados a sus decisiones. No
se trata solo de "ir con", sino de organizar juntos cómo será esa salida,
qué se necesita llevar, si hay que prever alguna barrera del entorno
(escaleras, rampas, demoras), o si conviene anticipar información
accesible (turnos, direcciones, medios de transporte).
El acceso a servicios de salud, por ejemplo, muchas veces requiere
apoyo para comprender la información del turno, completar una orden
médica o explicar los síntomas a un profesional. En estos casos, la tarea
del asistente puede ir desde sostener la carpeta de estudios hasta
facilitar la comunicación entre la persona y el personal de salud, siempre
desde el respeto a la confidencialidad y la voluntad de quien recibe el
apoyo.
También es común que las personas soliciten apoyo para hacer
compras, ya sea en supermercados, farmacias, ferias o tiendas. Aquí, el
rol del asistente puede incluir colaborar con la lectura de etiquetas, el
manejo del dinero o el transporte de los productos. Pero también puede
ser simplemente estar cerca, si eso es lo que la persona necesita para
sentirse segura en un entorno público. En todos los casos, es importante
recordar que lo que define la tarea no es el lugar ni la acción, sino la
manera en que la persona desea ser acompañada.
Cuando se trata de movilidad en la ciudad, el acompañamiento puede
incluir el uso de transporte público, aplicaciones móviles, planificación
de recorridos accesibles o traslados en vehículo particular. En este punto
es fundamental prever situaciones que puedan generar estrés, pérdida
de orientación o exposición a barreras arquitectónicas. La anticipación,
el diálogo previo y la construcción de rutinas seguras son estrategias
que mejoran la experiencia y fortalecen la autonomía de quien recibe los
apoyos.
Finalmente, en muchas de estas actividades surgen imprevistos:
cambios de horarios, demoras, indicaciones confusas, respuestas poco
amables. Es allí donde el asistente puede brindar no solo apoyo práctico,
sino contención emocional y mediación. Lo importante es sostener
siempre una actitud ética, que evite tomar decisiones por la persona, y
que potencie su participación activa.
Las AIVD, por definición, requieren interacción con el entorno. Y el
entorno muchas veces no está preparado para garantizar la igualdad de
condiciones. Por eso, el rol del asistente no es solo facilitar tareas, sino
también colaborar en derribar barreras, hacer visible lo que no funciona,
y generar condiciones para que la persona pueda vivir en comunidad,
tomando decisiones sobre su tiempo, su cuerpo y sus relaciones.
Las AIVD requieren habilidades cognitivas y organizativas, por lo que las
personas pueden necesitar apoyos para tomar decisiones, comprender
procesos o realizar tareas externas. El asistente personal colabora sin
reemplazar la voluntad de la persona, respetando su protagonismo.
Ejemplos:
Acompañar al supermercado y ayudar a elegir productos.
Facilitar la lectura de recetas médicas y agendar turnos.
Colaborar en el uso del transporte público o aplicaciones de movilidad.
Organizar una rutina semanal con recordatorios visuales.
Descripción: persona con discapacidad realizando compras en un
supermercado con una persona que le está brindando apoyo.
Descripción: persona con discapacidad realizando compras en un
supermercado con una persona que le está brindando apoyo.
Participación comunitaria: recreación,
ocio, relaciones sociales
Se refiere a las actividades que las personas realizan en comunidad, en
su tiempo libre, con fines recreativos, culturales o relacionales.
Participar de la vida en comunidad es un derecho. Formar parte
de un grupo, disfrutar de una salida, tener espacios de
recreación, cultura y ocio no debería ser un privilegio, sino una
experiencia cotidiana para todas las personas. Sin embargo,
muchas veces las personas con discapacidad enfrentan barreras
que dificultan o limitan el acceso a estos espacios: desde la falta
de accesibilidad física hasta la actitud infantilizadora de quienes
suponen que el ocio no es una prioridad para ellas. El asistente
personal puede tener un papel fundamental en facilitar la
inclusión en este aspecto de la vida que, aunque muchas veces
es subestimado, tiene un impacto directo en el bienestar, la
salud mental, el sentido de pertenencia y la construcción de
identidad.
Salir con amistades, asistir a un taller artístico, ver una película, ir a un
recital, tomar un café en un bar, caminar por una feria, participar de una
actividad deportiva, leer un libro o simplemente descansar mirando una
serie, son todas expresiones del tiempo libre y la participación en la vida
cultural. A veces requieren apoyos puntuales, como acompañar
físicamente al lugar, colaborar con la compra de entradas o ayudar con
el uso de dispositivos. Otras veces, implican una tarea más compleja:
anticipar situaciones, generar entornos accesibles, o mediar con
personas que no están acostumbradas a interactuar desde el respeto
por la diversidad.
La planificación también juega un papel clave. Muchas personas
necesitan organizar con tiempo sus actividades recreativas, prever cómo
llegar al lugar, si es accesible, qué elementos deben llevar, cuánto
tiempo durará la actividad, si habrá personas conocidas, o si hay
barreras sensoriales que puedan incomodar. El asistente puede
acompañar esta planificación sin imponer sus propias preferencias, y
ofreciendo opciones si la persona lo solicita. También es importante
estar atente durante la actividad para detectar señales de cansancio,
incomodidad o necesidad de hacer una pausa, sobre todo cuando se
trata de eventos largos o en entornos nuevos.
Otro punto importante es que no todo el tiempo libre se vive fuera de
casa. Muchas veces, los apoyos para el ocio y la participación
comunitaria también ocurren en el hogar: facilitar el acceso a libros o
películas, acompañar en juegos, usar herramientas digitales, ayudar a
conectarse con amistades o familiares a través de videollamadas,
colaborar con la organización de una comida o una reunión social. Estas
acciones, aunque parezcan pequeñas, sostienen la vida en comunidad y
fortalecen los vínculos afectivos.
El artículo 30 de la Convención sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad reconoce el derecho de todas las personas a participar en
igualdad de condiciones en la vida cultural, las actividades recreativas,
el ocio y el deporte. Como asistentes personales, tenemos la
responsabilidad de colaborar para que esto se cumpla, pero no desde la
idea de “llevar” o “acompañar a pasear”, sino entendiendo que se trata
de garantizar el acceso al deseo, a la espontaneidad y a la libertad de
elegir cómo disfrutar del tiempo libre.
En algunos casos, los apoyos pueden implicar leer el menú de un
restaurante, cortar los alimentos, ayudar con la movilidad dentro de un
cine o un club, o mediar con el personal de atención de un evento. En
otros, puede tratarse simplemente de estar ahí, disponibles, para que la
persona se sienta segura de poder desenvolverse con libertad. Cada
situación será diferente, y lo importante será sostener una actitud
abierta, respetuosa y centrada en la autonomía y el disfrute.
Participar en comunidad y disfrutar del ocio no son lujos: son
expresiones fundamentales de ciudadanía y bienestar. Como asistentes
personales, nuestro trabajo tiene sentido cuando permite que estos
espacios también sean vividos como propios por las personas que
acompañamos.
La participación comunitaria es un derecho y una fuente clave de
bienestar. Muchas personas con discapacidad enfrentan barreras físicas
o actitudinales que limitan su acceso al ocio y la vida en comunidad. El
asistente personal apoya para reducir estas barreras y posibilitar
elecciones significativas.
Ejemplos:
Acompañar a un recital, club, biblioteca o grupo de interés.
Facilitar encuentros con amigos, ayudando en la organización.
Asistir en la comprensión de normas sociales en nuevos espacios.
Apoyos para el fortalecimiento de vínculos
afectivos y redes personales
Los vínculos afectivos incluyen las relaciones de amistad, pareja y
familiares, así como las redes de apoyo emocional.
Tener vínculos afectivos, contar con personas de confianza,
sentirse parte de una red humana significativa es tan
importante como tener acceso a la salud o a la educación. El
afecto, la amistad, el amor, el deseo de compartir la vida con
otros, forman parte de nuestra humanidad. Sin embargo,
muchas personas con discapacidad se ven aisladas de estas
experiencias por prejuicios, sobreprotección, infantilización o
falta de oportunidades para relacionarse. El trabajo del
asistente personal también tiene que ver con abrir caminos para
que las personas puedan crear, mantener o recuperar sus
vínculos personales y afectivos, en los términos que ellas elijan.
Cada persona tiene su propio modo de vincularse. Algunas son muy
sociales y disfrutan del encuentro constante; otras prefieren relaciones
más íntimas o selectivas. Algunas buscan formar una pareja, tener un
proyecto de vida compartido; otras quieren mantener lazos de amistad o
participar de espacios grupales. El asistente personal no interviene en la
elección de esos vínculos, pero sí puede facilitar que la persona los
desarrolle: apoyando en la organización de encuentros, colaborando con
la comunicación (especialmente si hay barreras lingüísticas o
cognitivas), ayudando en el uso de redes sociales, plataformas o
dispositivos tecnológicos que permitan el contacto con otros.
En algunos casos, los apoyos también pueden ser necesarios para
fortalecer vínculos ya existentes: por ejemplo, facilitar el traslado a una
reunión familiar, ayudar con la compra de un regalo para una amiga, o
incluso acompañar a una visita hospitalaria. Lo importante es que la
intervención del asistente no sustituya la relación, sino que la potencie,
permitiendo que la persona que recibe los apoyos sea quien conduzca el
vínculo en base a sus emociones, necesidades y decisiones.
Muchas personas también expresan el deseo de construir nuevas
relaciones, especialmente si han estado aisladas durante mucho tiempo
o si han atravesado situaciones de institucionalización. En estos casos,
el trabajo del asistente puede incluir explorar espacios de socialización
accesibles, ayudar a entender normas sociales de ciertos ámbitos o
acompañar a grupos, talleres o actividades comunitarias. Siempre desde
una lógica de empoderamiento, no de sustitución: no se trata de hacer
de “intermediario”, sino de estar ahí como facilitador.
También es importante considerar los vínculos desde una mirada
intergeneracional y territorial: hay personas que han perdido contacto
con parte de su red afectiva y desean recuperarlo; otras necesitan crear
nuevas redes en un barrio al que se han mudado recientemente. A
veces, será necesario construir ese entramado desde cero, y en otras,
bastará con eliminar algunas barreras logísticas o simbólicas para que
los vínculos vuelvan a florecer.
El aislamiento afectivo no es una consecuencia “natural” de la
discapacidad: es una forma de exclusión. Por eso, en la medida en que
podamos favorecer la presencia de la persona en la vida comunitaria,
estimular espacios de interacción y respetar sus tiempos y deseos,
estaremos contribuyendo también a que esas redes se fortalezcan.
Las relaciones personales no son solo un derecho, como lo establece la
Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad: son
una necesidad vital. Como asistentes personales, tenemos la
responsabilidad de estar atentos a ese aspecto muchas veces
invisibilizado del bienestar, sabiendo que acompañar no es dirigir ni
juzgar, sino sostener con cuidado y respeto el espacio donde los vínculos
se hacen posibles.
Contar con relaciones personales es fundamental para el bienestar y la
vida autónoma. El asistente personal puede acompañar a la persona en
el desarrollo de habilidades relacionales, en la construcción de nuevas
amistades o en la recuperación de vínculos, sin interferir en la intimidad
de las decisiones afectivas.
Ejemplos:
Ayudar a usar redes sociales para mantener contacto con
personas querida
Acompañar a encuentros familiares o sociales si así lo solicita.
Facilitar la organización de cumpleaños o salidas entre pares.
Privacidad, intimidad y derecho a decidir
sobre la propia vida (sexualidad, familia,
vínculos)
Se refiere al respeto por las decisiones personales en relación con el
cuerpo, la sexualidad, los vínculos y la vida familiar.
Todas las personas tienen derecho a la intimidad, a decidir
sobre su cuerpo, su sexualidad, sus relaciones y su proyecto de
vida. No se trata de un privilegio, ni de una concesión según el
grado de autonomía, sino de un derecho humano fundamental.
Sin embargo, cuando se trata de personas con discapacidad,
especialmente aquellas que requieren apoyos intensos, estos
derechos suelen verse limitados, ignorados o directamente
negados, muchas veces con el argumento de “protegerlas”. El
asistente personal debe actuar desde un lugar completamente
diferente: no proteger en exceso, sino respetar, empoderar y
acompañar sin invadir.
La privacidad empieza por lo más cotidiano: golpear la puerta antes de
entrar, preguntar si se puede tocar, no revisar pertenencias, no
comentar cuestiones personales sin permiso. Es importante tener
presente que, aunque el rol del asistente implique estar en la intimidad
del hogar o incluso colaborar en actividades corporales, eso no habilita a
vulnerar la autonomía de la persona. El cuerpo no es un lugar de
intervención técnica, sino un territorio propio que debe ser abordado con
respeto, delicadeza y consentimiento.
Las decisiones sobre la vida afectiva, los vínculos, el deseo, la
orientación sexual, la posibilidad de formar una pareja o una familia,
también forman parte de este ámbito. La persona puede querer hablar
de estos temas o no; puede pedir apoyo para ir a una consulta sobre
salud sexual o puede decidir no compartir ciertas experiencias. El
asistente no está para juzgar, ni para asumir que sabe lo que es mejor:
está para respetar la voluntad de la persona, brindarle información
accesible si lo solicita, y acompañar en las acciones que decida
emprender.
En algunos casos, las personas pueden necesitar apoyos para
comprender mejor sus derechos, identificar situaciones de abuso o
ejercer con claridad su capacidad de decisión. Aquí es clave no suponer
que la discapacidad implica “no entender” o “no poder decidir”. La tarea
del asistente es facilitar el ejercicio de la voluntad, no reemplazarla. Esto
puede incluir trabajar con materiales visuales, conversar sobre distintas
opciones, o acompañar en el acceso a servicios donde pueda recibir
orientación adecuada.
Una parte fundamental del respeto a la intimidad es la confidencialidad.
Todo lo que la persona comparte —sea con palabras, gestos o acciones
— debe quedar resguardado. No se debe hablar de su vida con otras
personas, ni contar lo que hace, dice o siente, a menos que la propia
persona lo autorice. Este principio debe aplicarse incluso cuando se
trabaja en equipos o en articulación con la familia: el respeto por la
privacidad siempre está primero.
Decidir con quién vivir, cómo organizar el propio espacio, qué ropa usar,
qué música escuchar, a qué hora irse a dormir o si se quiere estar en
silencio, también forman parte del derecho a la autodeterminación.
Acompañar estos procesos no implica opinar ni dirigir, sino estar
disponible para que la persona pueda ejercer ese derecho con libertad.
Como establece la Convención sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad en sus artículos 22, 23 y 19, todas las personas tienen
derecho a vivir de manera independiente, a formar una familia si así lo
desean y a no ser objeto de injerencias arbitrarias o discriminatorias en
su vida privada. El asistente personal tiene un rol ético y político en la
garantía de estos derechos, sosteniendo una actitud de cuidado sin
control, de cercanía sin invasión, de asistencia sin anulación.
Acompañar desde el respeto implica también aprender a correrse, a dar
espacio, a no intervenir si no es necesario. Porque a veces, el mayor
gesto de apoyo es el silencio, la presencia sin palabra, o simplemente, la
disponibilidad para cuando se necesite.
La Convención sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad reconoce el derecho a la privacidad, a formar una
familia, a decidir con quién vivir y a tener una vida afectiva. El
asistente personal debe actuar con absoluta confidencialidad,
respeto y sin juicios de valor, brindando apoyo solo si es
requerido y en los términos que la persona defina.
Ejemplos:
Respetar los momentos de intimidad y no invadir espacios
privados.
Acompañar a consultas de salud sexual si la persona lo solicita.
Facilitar información accesible sobre relaciones y cuidados.
Apoyar no es sólo estar presente
Para que una persona pueda ejercer sus derechos en igualdad de
condiciones con las demás, muchas veces no basta con “estar presente”
o “acompañar en las tareas”. Es necesario también actuar sobre el
entorno, sobre las condiciones materiales, sociales y actitudinales que
pueden facilitar —o impedir— que la persona acceda a lo que desea o
necesita. Dos principios fundamentales que orientan esta tarea son los
ajustes razonables y el diseño universal.
Los ajustes razonables son modificaciones o adaptaciones necesarias y
adecuadas, que no imponen una carga desproporcionada o indebida, y
que permiten a las personas con discapacidad ejercer sus derechos y
participar plenamente en la sociedad. Esto puede implicar desde
permitir más tiempo en una actividad, cambiar una disposición física,
brindar información en formatos accesibles, hasta modificar ciertas
reglas cuando son excluyentes. Como asistentes personales, no siempre
podemos cambiar el sistema, pero sí podemos identificar barreras y
buscar soluciones para que la persona a la que acompañamos no quede
afuera por una norma injusta o una infraestructura inaccesible.
Por ejemplo, si una persona quiere inscribirse en una actividad
recreativa, pero el formulario es solo digital y complejo, podemos
apoyarla completando el trámite, y si es necesario, comunicarnos con la
institución para solicitar otro modo de inscripción. Si un espacio cultural
no tiene rampa, podemos colaborar en visibilizar la necesidad de ese
ajuste, y en paralelo, buscar una alternativa que permita a la persona
acceder a una experiencia similar. Si un servicio rechaza a la persona
por prejuicio, podemos acompañarla a denunciarlo y a exigir que se
respeten sus derechos.
El diseño universal, por su parte, es un enfoque que busca que los
entornos, productos, servicios y procesos sean utilizables por todas las
personas, sin necesidad de adaptaciones posteriores. Aunque esto
excede el alcance del trabajo cotidiano de un asistente, es importante
tenerlo como horizonte: no se trata de adaptar siempre desde lo
individual, sino de contribuir a un entorno más inclusivo para todes. En
este sentido, muchas veces somos quienes detectamos fallas en la
accesibilidad o pensamos estrategias para mejorar la participación
colectiva: desde sugerir carteles más claros, hasta aportar ideas para
organizar actividades más inclusivas.
Trabajar con estos principios implica tener una mirada activa: no
naturalizar los obstáculos, no asumir que “es así”, no aceptar que las
personas con discapacidad “se adaptan” a un mundo que no está
pensado para ellas. Implica también registrar cuándo una regla, una
actitud o una forma de organización se convierten en una barrera, y
actuar con creatividad y compromiso para que la persona pueda estar,
decidir y participar.
El rol del asistente personal no es técnico ni neutral: es una posición
ética que reconoce que muchas de las exclusiones que viven las
personas con discapacidad no provienen de su condición, sino de un
entorno que no respeta la diversidad. Por eso, más allá de asistir en las
tareas concretas, también acompañamos desde una mirada crítica y
transformadora.
El marco legal que respalda estos principios está claramente expresado
en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad
(especialmente en sus artículos 3 y 9), que reconoce la accesibilidad y
los ajustes razonables como condiciones para el ejercicio de todos los
demás derechos.
Estar atentos a estas dimensiones nos permite ir más allá del
acompañamiento individual: nos permite contribuir, desde cada
intervención, a construir una sociedad más justa e igualitaria.
El trabajo de asistencia personal no se sustenta solamente en
habilidades prácticas o en la buena voluntad: tiene un anclaje ético y
legal en los derechos humanos. La Convención sobre los Derechos de las
Personas con Discapacidad (CDPD) es el principal marco internacional
que guía la tarea de los asistentes personales, no solo como
profesionales, sino como garantes cotidianos del ejercicio de derechos
fundamentales.
El Artículo 3 de la CDPD establece los principios generales que deben
guiar toda acción vinculada a la discapacidad: el respeto por la dignidad,
la autonomía individual, la no discriminación, la participación plena y
efectiva, la igualdad de oportunidades, la accesibilidad, la igualdad entre
hombres y mujeres, y el respeto por la evolución de las facultades de
niños y niñas con discapacidad. Cada uno de estos principios atraviesa
de forma transversal los apoyos para la vida cotidiana: desde respetar el
ritmo de quien se acompaña, hasta asegurar su participación en las
decisiones que la involucran, incluso en los detalles más simples.
El Artículo 6, que se refiere específicamente a las mujeres con
discapacidad, nos recuerda que hay desigualdades múltiples que deben
ser reconocidas en la práctica. Una mujer con discapacidad puede
enfrentar barreras adicionales a la hora de ejercer su derecho a decidir
sobre su cuerpo, participar de actividades comunitarias o establecer
relaciones afectivas. El rol del asistente personal también implica estar
atento a esas desigualdades de género y actuar desde una perspectiva
interseccional que no refuerce estereotipos.
El Artículo 9, centrado en la accesibilidad, se vincula directamente con
los principios de diseño universal y ajustes razonables que vimos. El
asistente personal cumple un rol clave en detectar barreras físicas,
comunicacionales, tecnológicas y sociales, y en actuar para que la
persona pueda acceder de forma autónoma a los espacios y servicios
que elija: desde una sala de espera hasta una plaza, desde una consulta
médica hasta un concierto.
El Artículo 16, sobre la protección contra la violencia y el abuso, es
esencial cuando se acompaña a personas con grandes necesidades de
apoyo, especialmente en actividades íntimas como el aseo, la
alimentación o el descanso. La actitud del asistente debe ser siempre
respetuosa, sin imponer, sin invadir, y garantizando espacios de
confianza donde la persona pueda expresar si algo no le resulta cómodo
o seguro. También implica conocer señales de alerta y saber cómo
actuar frente a situaciones que vulneren la integridad de quien se
acompaña.
El Artículo 19, sobre el derecho a vivir de forma independiente y a ser
incluido en la comunidad, atraviesa toda la Clase 4. Cada actividad de la
vida diaria, cada tarea instrumental, cada encuentro con el entorno,
cada decisión personal, tiene que ser pensada como parte del ejercicio
de ese derecho. Vivir en comunidad no es solo habitar un barrio: es
poder elegir cómo vivir, con quién, y tener los apoyos necesarios para
hacerlo realidad. El asistente personal es una herramienta central para
que ese derecho no quede en el papel, sino que se haga vida.
El Artículo 23 habla del respeto al hogar y a la familia. Muchas veces, el
trabajo del asistente se da dentro del ámbito familiar, o en vinculación
con ella. Es fundamental entender que los apoyos no deben reemplazar
vínculos, ni suplantar afectos, sino fortalecerlos. Al mismo tiempo, hay
que tener claro que la persona tiene derecho a tomar decisiones sobre
su vida afectiva, formar pareja, tener hijos, y desarrollar sus vínculos
libremente. El rol del asistente es acompañar sin juzgar, sin intervenir
más allá de lo necesario y respetando los límites que la persona defina.
El Artículo 26, que se refiere a la habilitación y rehabilitación, incluye la
provisión de servicios y programas orientados a maximizar la
independencia y la participación plena. En este sentido, el asistente
personal no reemplaza estos programas, pero colabora activamente en
su efectividad: acompaña en traslados a terapias, ayuda en la
implementación de rutinas, asiste en la comunicación con profesionales,
y facilita la aplicación de estrategias trabajadas en otros ámbitos.
Por último, el Artículo 30, que reconoce el derecho a la participación en
la vida cultural, el ocio, el turismo y el deporte, nos recuerda que el
tiempo libre no es un lujo, sino un componente esencial del bienestar.
Acompañar a una persona a una actividad recreativa, organizar una
salida, facilitar el acceso a una biblioteca o una obra de teatro, no son
tareas “secundarias”: son formas concretas de garantizar el derecho a
disfrutar, compartir y estar presentes en el mundo.
Cierre de la Clase 4: Apoyos para la vida
cotidiana
En esta clase recorrimos los distintos ámbitos en los que el asistente
personal puede brindar apoyos concretos para la vida diaria: desde las
actividades básicas de cuidado del cuerpo hasta la participación
comunitaria, las relaciones afectivas, el acceso a la cultura y el ejercicio
de la intimidad y la autodeterminación.
Aprendimos que acompañar no es intervenir en lugar de la persona, sino
construir con ella estrategias personalizadas, respetuosas y flexibles, en
función de sus decisiones, preferencias y ritmos. La planificación, la
observación atenta, la escucha activa y el respeto por la privacidad son
herramientas fundamentales para una práctica ética y comprometida.
También vimos que el rol del asistente no se limita al plano individual:
implica reconocer y actuar frente a barreras del entorno, impulsar
ajustes razonables y contribuir a que los derechos establecidos en la
Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad se
cumplan en la vida real.
La asistencia personal es, ante todo, una práctica situada. Requiere
sensibilidad, formación, mirada crítica y, sobre todo, un compromiso
activo con la vida independiente, la igualdad de oportunidades y la
dignidad de cada persona.
Discapacidad y acceso a la salud
[Link]
Este video realizado por REDI y grupo FUSA muestra
algunas barreras que existen en el acceso a la salud.
También invita a pensar en los ajustes razonables que
podrían implementarse para garantizar una atención
equitativa y accesible para todas las personas.
[Link]
Bienvenidos a la clase 5:
Comunicación y accesibilidad
En esta clase vamos a profundizar en:
Eje transversal del rol del asistente personal para garantizar el derecho
a la participación y la autonomía
En esta clase reflexionaremos sobre:
¿Qué barreras comunicacionales enfrentan las personas con
discapacidad?
¿Cómo podemos acompañar desde nuestro rol la comunicación
respetuosa y efectiva
¿Qué herramientas existen para garantizar la accesibilidad
comunicacional?
¿Cómo diseñar apoyos personalizados que realmente marquen
una diferencia?
Porque la comunicación no es solo hablar o escuchar: es comprender,
respetar y abrir caminos.
Introducción
La comunicación es un derecho humano esencial. Nos permite expresar
deseos, necesidades, pensamientos, tomar decisiones y participar
activamente en la vida social. Sin embargo, para muchas personas con
discapacidad, las barreras comunicacionales siguen siendo una forma de
exclusión silenciosa pero contundente.
En esta clase vamos a conocer estrategias, sistemas y herramientas
para garantizar el acceso a la comunicación en todas sus formas. Vamos
a profundizar en el concepto de accesibilidad comunicacional como eje
transversal del acompañamiento. Y sobre todo, vamos a aprender cómo
crear entornos y relaciones donde todas las personas puedan ser
escuchadas, entendidas y valoradas.
Sistemas aumentativos y alternativos
(SAAC), LSA, Braille, lectura fácil, TIC.
Los apoyos comunicacionales comprenden estrategias y recursos
diseñados para mejorar la expresión y/o la comprensión en la
comunicación de una persona. Pueden incluir desde el uso de SAAC
(sistemas aumentativos y alternativos de
comunicación), intérpretes de Lengua de Señas Argentina
(LSA), sistemas Braille, lectura fácil y Tecnologías de la
Información y la Comunicación (TIC).
[Link]
Los sistemas aumentativos de comunicación sirven para
complementar el lenguaje oral cuando este no es suficiente por sí solo
para establecer una comunicación eficaz con el entorno. Por su parte,
los sistemas alternativos reemplazan al lenguaje oral cuando no es
entendible o está ausente.
Tanto los sistemas aumentativos como los alternativos permiten que las
personas con dificultades para comunicarse puedan interactuar y
relacionarse con su entorno, expresar lo que piensan y sienten, tomar
decisiones y tener control sobre su vida. En resumen, les facilitan una
participación social equitativa, con los mismos derechos y oportunidades
que los demás.
La comunicación se inicia cuando dos personas desean mantener una
conversación, o cuando una de ellas expresa la intención de
comunicarse. El verdadero éxito en el uso de los Sistemas Aumentativos
y Alternativos de Comunicación no se limita a tener un dispositivo, un
programa o un tablero, sino que se basa en ofrecer a la persona
múltiples oportunidades reales para conversar y participar usando estos
medios. Estas oportunidades son las que realmente le dan valor a estos
recursos de apoyo.
Por eso, el rol del interlocutor es fundamental al interactuar con alguien
que utiliza estos sistemas. La variedad de formas de comunicación debe
ser vista como algo positivo y enriquecedor, ya que refuerza la idea de
que todas las personas, sin importar cómo nos comuniquemos,
merecemos ser escuchadas y tener el mismo acceso a la comunicación.
Es importante incorporar el sistema de comunicación en el entorno
habitual de la persona, especialmente en la infancia. Para facilitar su
aprendizaje e integración, se recomienda colocar pictogramas en los
espacios y lugares que frecuenta, lo cual ayudará a que los incorpore
con mayor naturalidad a su vida cotidiana.
[Link]
[Link]
Sugerencia de exploración complementaria
Te invitamos a visitar el sitio web ARASAAC – Portal Aragonés de
Comunicación Aumentativa y Alternativa, una plataforma gratuita que
ofrece pictogramas, tableros de comunicación, generadores de
materiales y recursos formativos para facilitar la comunicación de
personas con dificultades en el lenguaje oral.
Navegá la web, explorá los pictogramas por categorías y probá alguno
de los generadores. Es una excelente oportunidad para conocer
herramientas concretas que pueden ser parte de los apoyos
personalizados en tu rol como asistente personal.
Observá cómo se construyen tableros visuales o cómo se pueden
adaptar rutinas, agendas y situaciones cotidianas con pictogramas.
Luego, te invitamos a reflexionar en el foro:
¿Qué usos imaginás para estos recursos en la vida cotidiana de
una persona a la que acompañás o podrías acompañar?
Lenguas de Señas: lenguas
vivas, naturales y culturales
Las lenguas de señas son lenguas naturales, es decir, nacen y se
desarrollan en comunidades humanas como cualquier otra lengua. En
este caso, han sido creadas y enriquecidas por las comunidades
sordas a lo largo del tiempo, transmitiéndose de generación en
generación, con sus propias reglas gramaticales, sintaxis y vocabulario.
A diferencia de lo que muchas veces se cree, no son códigos
artificiales ni una simple traducción gestual del español u otra
lengua oral. No se trata de “mover las manos” según las palabras del
idioma hablado, sino de una forma completa de comunicación con
estructura y lógica propias, que se expresa visual y espacialmente.
En Argentina, la Lengua de Señas Argentina (LSA) es parte
fundamental de la identidad cultural de la comunidad sorda. Su
reconocimiento, promoción y uso son condiciones esenciales para
garantizar el derecho a la comunicación, a la educación bilingüe y a la
participación plena en la vida social.
Como asistentes personales, es fundamental respetar y valorar la
LSA como una lengua en sí misma y no como una “adaptación” o
“recurso”. Incorporar intérpretes, materiales accesibles en LSA y
aprender conceptos básicos de la lengua de señas puede marcar una
gran diferencia en la vida de quienes la utilizan como su lengua
materna.
[Link]
Te invitamos a ver este video: “¿Qué es Amigos de
la LSA?”
[Link]
En esta clase vamos a profundizar en la Lengua de Señas Argentina
(LSA) como una lengua natural, creada y sostenida por la comunidad
sorda. Para introducirnos en este tema, te proponemos mirar este video
breve que presenta el proyecto Amigos de la LSA, una iniciativa pensada
para acercar esta lengua a toda la sociedad.
🧠 Mientras lo ves, prestá atención a:
¿Qué valores transmite el proyecto?
¿Cómo se presenta la LSA como una herramienta de inclusión?
¿Qué lugar ocupa la comunidad sorda en su propia
representación?
¿Qué es la Lectura Fácil?
La Lectura Fácil es una metodología que busca hacer la información
escrita comprensible para todas las personas. Consiste en adaptar
textos con un lenguaje claro, directo y accesible, acompañado, en
muchos casos, de recursos visuales que facilitan su interpretación.
Esta técnica no solo simplifica la redacción, sino que también contempla
el diseño del documento (uso de tipografías legibles, espacio en blanco,
organización clara de la información) y la validación del contenido por
parte de personas reales que representan al público destinatario.
Aunque beneficia a toda la población, la lectura fácil es especialmente
útil para:
Personas con discapacidad intelectual o del desarrollo.
Personas mayores o con deterioro cognitivo.
Quienes están aprendiendo el idioma.
Personas con bajo nivel de alfabetización.
La lectura fácil no infantiliza ni reduce contenidos: respeta la dignidad
del lector, adaptando la forma sin perder profundidad en el mensaje. Es
una herramienta concreta para promover la autonomía, el acceso a
derechos, la participación social y la inclusión cultural.
Te invitamos a conocer Fundación Visibilia
Para ver ejemplos reales de lectura fácil en acción, te proponemos
visitar el sitio web de la Fundación Visibiliza, una organización
argentina que trabaja desde el enfoque de derechos para producir
materiales accesibles, especialmente en lectura fácil.
📍 Sitio web: [Link]
En su web vas a encontrar:
Libros y cuentos adaptados en lectura fácil.
Guías informativas sobre derechos, salud y cultura.
Proyectos donde participan personas con discapacidad como
validadoras.
Publicaciones gratuitas para descargar y utilizar.
Te sugerimos explorar alguno de sus materiales y reflexionar:
¿Cómo podría ayudarte la lectura fácil en tu rol como asistente
personal? ¿Qué textos de la vida diaria podrían adaptarse para
facilitar la comprensión de la persona a la que acompañás?
También pueden explorar la página de Lengua Franca Asociación Civil
¿Qué es el Lenguaje Claro?
El lenguaje claro es una forma de redacción que busca que cualquier
persona pueda comprender un texto sin esfuerzo. Se caracteriza por
usar oraciones breves, palabras conocidas, estructura lógica y diseño
legible. No simplifica el contenido, sino que lo comunica de manera
accesible y eficiente. Es clave para garantizar el acceso a la información
y el ejercicio de derechos.
Diferencias entre Lectura Fácil y
Lenguaje Claro
¿Qué es el Braille?
El Braille es un sistema de lectoescritura táctil, creado por Louis
Braille en el siglo XIX, que permite a las personas ciegas o con baja
visión leer y escribir guiándose exclusivamente por el tacto. Está
compuesto por combinaciones de hasta seis puntos en relieve,
organizados en celdas, que representan letras, números, signos de
puntuación y símbolos matemáticos o científicos.
[Link]
Este sistema no solo es una técnica de lectura, sino que constituye
una herramienta de acceso a la educación, la cultura, la
información y la vida autónoma. A través del Braille, muchas
personas pueden estudiar, trabajar, votar, identificar productos o
documentos, y participar en igualdad de condiciones en distintos
ámbitos de la vida social.
Su uso sigue siendo fundamental, especialmente en contextos donde el
acceso digital no está garantizado, y también para fomentar
la alfabetización temprana de niños ciegos, que desarrollan así
habilidades de lectoescritura desde una edad temprana.
El Braille, al igual que otros sistemas de accesibilidad, no reemplaza la
tecnología, pero sí la complementa: convive con dispositivos
electrónicos, impresoras especiales y recursos digitales que amplían sus
posibilidades de uso.
Promover y respetar el uso del Braille es parte del derecho a
la accesibilidad comunicacional y a la igualdad de
oportunidades para las personas con discapacidad visual.
[Link]
Tecnologías de la Información y
la Comunicación (TIC) y su
impacto en la accesibilidad
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) se
basan en la convergencia de tres pilares: la informática, la
microelectrónica y las telecomunicaciones. Esta integración ha
transformado profundamente la forma en que accedemos a la
información, nos comunicamos y participamos en la sociedad.
Lo más importante de las TIC no es cada tecnología en sí misma, sino la
manera en que se combinan para generar entornos cada vez más
interactivos, personalizados y accesibles. Aplicadas con perspectiva de
derechos, las TIC pueden ser poderosas aliadas de la inclusión.
Para las personas con discapacidad, las TIC permiten:
Superar barreras de comunicación, a través de lectores de
pantalla, teclados virtuales, sintetizadores de voz o dispositivos de
comunicación aumentativa.
Acceder a contenidos educativos, culturales o laborales en
formatos adaptados.
Ejercer el derecho a la información, mediante plataformas
accesibles, navegación por voz o subtitulado automático.
Participar activamente en redes sociales, trámites online,
capacitaciones y espacios de toma de decisiones.
Sin embargo, su impacto positivo depende de un diseño que contemple
el acceso universal, la capacitación de los usuarios y la garantía de
conectividad. La brecha digital no se resuelve solo con dispositivos:
requiere políticas activas para que las TIC estén al servicio de la
equidad y la autonomía.
Representación del lenguaje
Sistemas pictográficos
Podemos comunicarnos utilizando objetos reales, fotos, dibujos, íconos o
pictogramas. Un sistema pictográfico es la representación del lenguaje
mediante dibujos, fotos o imágenes. Mediante este sistema, la persona
puede señalar los íconos que representan lo que quiere expresar o
hacer, e inclusive puede armar una secuencia de acciones.
Pictograma
Descripción de imagen: Pictograma sobre rutinas para ducharse.
Escritura
Podemos comunicarnos mediante la escritura, utilizando el alfabeto,
sílabas, palabras e incluso enunciados completos. De esta forma, se
utilizan tableros con casilleros en los que se encuentran las letras
separadas, sílabas ya conformadas o incluso algunas palabras o frases
compuestas, para que la persona pueda ir señalándolas, y formando de
esta manera aquello que quiera decir.
Tablero Silábico
Comunicación respetuosa y
efectiva con personas con
diversas necesidades.
Dale tiempo para que pueda expresarse con su sistema de
comunicación en cualquier situación y respetando su ritmo y turno
de habla.
Evitá tratar de forma infantil a las personas adultas que usan
sistemas alternativos o aumentativos de comunicación.
Para conversar, utilizá un lenguaje adecuado y sencillo,
comprobando que te han entendido. Verificá también que
entendés aquello que te están diciendo. Una conversación es de a
dos
Es importante mantener actitudes de escucha activa y no hacer
otras actividades mientras estemos conversando con una persona
que usa sistemas alternativos o aumentativos de comunicación.
Hay que colocarse, en la medida de lo posible, a su misma altura
física o en el campo de visión que resulte más adecuado para la
persona.
Fomentá el uso del sistema de comunicación incluyendo al usuario
del mismo en las conversaciones grupales.
Realizá preguntas cortas, concretas y ordenadas para facilitar las
respuestas.
Estimulá el uso del dispositivo de comunicación para que la
persona se exprese. Su opinión es la clave para conseguir unos
resultados óptimos.
La emisión sonora del mensaje le proporciona una voz para ser
escuchado.
No asumas que sabés lo que quiere decir una persona que utiliza
un dispositivo de comunicación.
Aprendé a esperar a que complete el mensaje.
Algunas veces no entenderás lo que te quieren decir con el
sistema de comunicación. Pedí que te lo repitan.
Dirigíte a la persona, no a su acompañante.
Accesibilidad como eje transversal del rol
del asistente.
La Accesibilidad es un derecho per se, que aparece en el artículo 9 de la
CDPD, entendiendo que, si no se garantiza la accesibilidad, tampoco se
pueden garantizar los otros derechos que allí figuran, por lo que
entonces la Accesibilidad es a su vez una herramienta para el ejercicio
de esos derechos.
Debemos poder abordar la accesibilidad en sus diferentes dimensiones,
incluido el entorno físico, el transporte, la información, la comunicación y
los servicios. Entendiendo que, si los bienes, productos y servicios están
abiertos al público o son de uso público, deben ser accesibles a todas las
personas, de una manera que garantice su acceso efectivo, equipare
oportunidades y participen en igualdad de condiciones. Para que se
puedan garantizar los derechos, a través de la Accesibilidad vamos a
requerir de distintas estrategias, entre ellas el Diseño Universal y los
Ajustes Razonables, conceptos abordados la clase pasada.
La CDPD va a hablar de Accesibilidad Física y de Accesibilidad
Comunicacional, que es el concepto que profundizaremos en este
apartado.
La Accesibilidad Física se refiere a la cualidad de los entornos
urbanos, edificios, sistemas de transporte y espacios en general que
posibilita su uso por parte de todas las personas, permitiéndoles
desplazarse y desenvolverse con el mayor grado de independencia
posible.
Sugerencias para hacer entornos más inclusivos:
Asegurar un acceso adecuado que integre el espacio con la
comunidad, brindando condiciones de seguridad y zonas de
encuentro e interacción social.
Facilitar el ingreso, el desplazamiento interno fluido y el acceso
completo a todas las funciones del lugar.
Proveer información en distintos formatos, para garantizar el
derecho a la comunicación de todas las personas destinatarias.
Asegurar el acceso y uso del mobiliario y equipamiento específico,
contemplando diversas necesidades.
Permitir la permanencia en el lugar mediante: áreas de descanso
variadas en forma, tamaño y altura; baños accesibles con enfoque
de género y cambiadores tanto para bebés como para personas
adultas; espacios con reducción de estímulos sensoriales.
Disponer de un plan de evacuación inclusivo, comprensible y
accesible para todas las personas, con áreas de espera
señalizadas, seguras y adaptadas para su uso durante
emergencias.
La Accesibilidad Comunicacional abarca un conjunto de estrategias y
recursos destinados a facilitar el acceso a la información y la interacción
entre personas. En este sentido, es fundamental reconocer que para
algunas personas con discapacidad, desplazarse y orientarse dentro de
edificios u otros espacios públicos puede resultar complejo si no se
cuenta con una señalización adecuada ni con medios de comunicación
accesibles.
Por ello, la Convención sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad (CDPD), en su artículo 9, párrafo 2, incisos d) y e),
establece que los espacios públicos deben disponer de señalización en
braille y en formatos comprensibles y de fácil lectura. Además, deben
ofrecer apoyo humano o animal, así como la intervención de
intermediarios como guías, lectores o intérpretes profesionales de
lengua de señas, para garantizar la plena accesibilidad.
La comunicación accesible debe estar garantizada en todos los espacios
y situaciones, incluyendo la redacción de correos electrónicos o
mensajes de WhatsApp, la creación de documentos, publicaciones en
redes sociales, la organización de reuniones y eventos, la producción de
materiales audiovisuales, la difusión de contenidos digitales, el diseño
de páginas web y en las interacciones cara a cara, entre otros.
Para esto es necesario tener en cuenta algunas consideraciones a la
hora de interactuar:
Respetar los tiempos de las personas con discapacidad para
comunicarse.
Evitar gritar o gesticular de forma exagerada cuando se dirija a
una persona con discapacidad, en particular, con discapacidad
auditiva o discapacidad intelectual.
Evitar darle la espalda o voltear la cara cuando esté hablando con
una persona sorda. Esto impide que la persona realice la lectura
labial.
Utilizar apoyatura visual o palabras escritas.
Utilizar lenguaje claro, frases cortas y concretas.
Evitar abstracciones.
Usar pictogramas o graficar indicaciones en espacios comunes.
Proporcionar información por adelantado sobre la realización de
eventos o actividades, como, por ejemplo: metodología utilizada
en actividades grupales, distribución del espacio físico en el que se
realizará la actividad, etc., y ponga a disposición esta información
en formatos accesibles.
Diseño de apoyos
comunicacionales
personalizados
Diseñar apoyos comunicacionales personalizados implica adecuar
los recursos y estrategias de comunicación a las
características, preferencias y necesidades concretas de
cada persona, reconociendo que no existe una única forma de
expresarse o comprender el mundo.
¿Por qué hablar de apoyos
“personalizados”?
Porque cada persona se comunica de forma distinta: algunas lo hacen
verbalmente, otras a través de imágenes, escritura, tecnología o señas.
La clave está en construir entornos comunicacionales que
respeten esas formas, en lugar de forzar a la persona a adaptarse a
un único modelo.
Un apoyo comunicacional no es un objeto aislado (como un pictograma o
una aplicación), sino un dispositivo relacional, que se vuelve efectivo
cuando:
Se basa en el conocimiento profundo de la persona.
Se incorpora en su vida cotidiana.
Se actualiza según su desarrollo, entorno o preferencias.
Se valida con ella y con quienes la acompañan.
¿Qué implica diseñar un apoyo
comunicacional personalizado?
Escuchar y observar: Conocer cómo la persona se expresa y qué
elementos la ayudan a comprender mejor.
Seleccionar los recursos adecuados: Puede tratarse de
tableros de comunicación, pictogramas, agendas visuales,
aplicaciones, apoyos escritos, intérpretes o combinaciones de
ellos.
Adaptar el formato y el contenido: El diseño debe ser
accesible en lo visual, lo lingüístico y lo funcional. Por ejemplo:
1. Pictogramas con imágenes reconocibles para la persona.
2. Frases cortas o textos en lectura fácil si hay dificultades de
comprensión.
3. Información escrita complementada con apoyos visuales o
auditivos.
1. Incorporar el sistema en los espacios habituales: Hogar,
trabajo, escuela, comunidad. Esto refuerza la autonomía y la
participación.
2. Revisar y ajustar regularmente: Los apoyos deben evolucionar
con la persona, sus intereses, sus capacidades y su contexto.
Rol del asistente personal
Como asistente, tu función es clave para que estos apoyos no queden
solo como “herramientas disponibles”, sino que se usen de forma
significativa. Esto implica:
Acompañar en el uso cotidiano del sistema de comunicación.
Fomentar que otras personas del entorno lo respeten y se sumen.
Defender el derecho de la persona a expresarse de la manera que
elija.
Ayudar a generar nuevas oportunidades de interacción.
🌱 Diseñar apoyos personalizados es sembrar accesibilidad donde antes
había barreras. Es reconocer que comunicar no es repetir lo que otros
esperan, sino poder decir lo propio, a la manera de cada quien.
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Bienvenidos a la clase 6:
Herramientas, apoyos técnicos y nuevas tecnologías
El acompañamiento en la vida independiente también requiere conocer
recursos materiales, tecnológicos y estrategias de apoyo que
favorezcan la autonomía funcional.
En esta clase vamos a reflexionar sobre:
¿Qué tipos de apoyos técnicos y tecnológicos existen hoy para
facilitar la vida cotidiana de las personas con discapacidad?
¿Qué rol cumple la creatividad en las adaptaciones cuando los
recursos económicos son limitados?
¿Cuál es la responsabilidad del asistente en el uso cotidiano de
tecnologías, ayudas técnicas u ortesis?
¿Cómo acompañar en el manejo de medicación desde un rol de
apoyo y no desde el rol profesional sanitario?
Porque acompañar no es hacer por la persona, sino facilitar que pueda
hacer por sí misma con los recursos y apoyos adecuados.
Introducción a la clase
El acceso a ayudas técnicas, tecnologías de apoyo y adaptaciones
del entorno es fundamental para garantizar la autonomía, la
participación y el ejercicio pleno de derechos de las personas con
discapacidad. Desde una silla de ruedas o un bastón blanco hasta una
aplicación para organizar rutinas o un sistema de control por voz, estos
recursos no solo mejoran la funcionalidad, sino que también transforman
la relación de la persona con su entorno.
Como asistentes personales, no somos técnicos ni especialistas clínicos,
pero sí debemos conocer, promover y acompañar el uso
cotidiano de estos apoyos, asegurando que la persona pueda utilizarlos
con seguridad, confianza y autonomía.
En esta clase vamos a explorar ejemplos concretos de herramientas
disponibles, estrategias de bajo costo basadas en la creatividad, y
también aspectos sensibles como el acompañamiento en
la administración de medicación, desde un enfoque de apoyo y no de
sustitución profesional.
1. Ayudas técnicas y tecnológicas: ampliar
posibilidades, promover autonomía
Las ayudas técnicas y tecnológicas son herramientas clave para
facilitar la vida diaria de las personas con discapacidad. Algunas
tienen un desarrollo tecnológico sofisticado, otras son simples, pero
igual de valiosas. Lo fundamental es que estén ajustadas a las
necesidades reales de cada persona, y que puedan ser usadas en su
entorno cotidiano.
Ayudas técnicas
Se consideran ayudas técnicas aquellos dispositivos, equipos o
productos que ayudan a prevenir, compensar, mitigar o neutralizar una
limitación funcional. Pueden ser de uso personal, como una silla de
ruedas o un bastón, o formar parte del entorno, como una rampa o un
andador.
Ejemplos:
Sillas de ruedas (manuales o motorizadas): esenciales para la
movilidad independiente.
Ortesis (como férulas, soportes o plantillas): permiten mejorar la
postura, prevenir contracturas o aliviar el dolor.
Bastones, trípodes o caminadores: ofrecen estabilidad en la
marcha.
Prótesis: reemplazan miembros ausentes, mejorando la
funcionalidad.
Cucharas adaptadas, platos antideslizantes o grifería con
palanca: hacen posible el autocuidado sin asistencia constante.
Te invitamos a conocer productos de apoyo
explorando. [Link]
El acceso a estas ayudas está contemplado como un derecho en el
marco de la Ley 24.901, y su provisión debe estar garantizada por obras
sociales, sistemas de salud o programas estatales. Sin embargo, muchas
veces el rol del asistente personal es ayudar a que ese recurso se
incorpore con sentido a la vida de la persona: identificar qué le
resulta útil, facilitar su uso, colaborar en su mantenimiento y alertar si
es necesario hacer ajustes.
Tecnologías de apoyo
El desarrollo de tecnologías accesibles ha ampliado las oportunidades de
participación. Las tablets, celulares y computadoras pueden
convertirse en verdaderos instrumentos de autonomía si se combinan
con aplicaciones adaptadas y buenos apoyos.
Algunos ejemplos:
Aplicaciones para la organización diaria: permiten registrar
rutinas, alarmas, turnos médicos, recordatorios de medicación o
actividades recreativas.
Software para la comunicación aumentativa y alternativa:
con pictogramas, voz digital o teclado virtual, posibilitan que
personas no verbales se expresen con fluidez.
Lectores de pantalla y ampliadores de texto: indispensables
para personas con discapacidad visual.
Comandos de voz y asistentes virtuales: transforman el
entorno digital en una experiencia más accesible.
[Link]
Aquí, el rol del asistente personal no es ser un experto técnico, sino
ser facilitador: ayudar a elegir herramientas útiles, colaborar en su
configuración inicial, practicar con la persona hasta que adquiera
seguridad y acompañar su uso sin sustituir su autonomía.
Domótica y control del entorno
La domótica es el conjunto de tecnologías aplicadas a automatizar el
hogar. Su potencial para personas con discapacidad es enorme: puede
facilitar que una persona controle luces, cortinas, electrodomésticos,
cerraduras o calefacción mediante el celular, comandos de voz o
sensores.
Estos sistemas no siempre requieren grandes inversiones. Muchas
veces, con adaptaciones modestas —como enchufes inteligentes,
timbres con cámara o luces con sensor de movimiento—, se
logran mejoras significativas en la vida diaria.
Desde el rol del asistente, es importante conocer qué opciones existen,
identificar cuáles pueden beneficiar a la persona que se acompaña, y
garantizar que su implementación respete siempre la voluntad,
privacidad y preferencias de quien vive en ese entorno.
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Las ayudas técnicas y tecnológicas:
No reemplazan la voluntad de la persona, sino que la fortalecen.
No son neutras: deben estar pensadas desde una lógica de
derechos.
No bastan por sí solas: necesitan ser parte de un entorno que
las haga posibles y sostenibles.
Y como asistentes personales, nuestro trabajo está en el detalle:
observar, proponer, facilitar y estar presentes para que cada recurso se
transforme en una herramienta real de libertad.
¡Para ampliar!
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2. Adaptaciones de bajo costo:
creatividad para la inclusión
Las adaptaciones de bajo costo enlazan la ingeniosidad con
necesidades reales, permitiendo que cualquier entorno se transforme
en accesible sin grandes inversiones. Un estudio argentino mostró cómo,
a través de modificaciones sencillas a dispositivos de entrada o salida
(como tablets o teclados), se facilitó el acceso a la comunicación de
niñas y niños con discapacidad en comunidades con recursos limitados
✔️Principios y estrategias
Diseño universal y economía local: adaptar lo que ya existe,
aplicando principios de inclusión desde el inicio, minimiza gasto y
promueve sostenibilidad.
Participación directa: involucrar a la persona con discapacidad
en la construcción del cambio garantiza que el resultado sea
funcional y significativo
Creatividad como herramienta de transformación: ajustar
materiales comunes (plástico, madera, cooper, telas) para generar
soportes, sensores o guías táctiles con propósito claro.
Ejemplos reales
Transformación de un mouse tradicional para funcionar con
presión ligera o paletas, colocando mangos adaptados: ideal para
personas con movilidad limitada en manos.
Creación de teclados grandes y resistentes, con conexiones
físicas simplificadas y pictogramas pegados, para facilitar la
escritura por atención mínima o habilidades motrices finas
reducidas.
Construcción de ruedas infantiles de bajo peso y de plástico
moldeado, desarrolladas por equipos locales, que vuelven
accesible la movilidad infantil sin costo alto
Estas propuestas parten de la observación concreta: si notás que un
dispositivo es difícil de manipular, pensá cómo modificarlo; si un entorno
no está señalizado, imaginá señales simples, texturas o colores.
Rol del asistente personal
Detectar la intención detrás de la necesidad técnica:
observar qué usa la persona, qué le cuesta y con qué recurso
cuenta.
Generar soluciones colaborativas: proponer ideas, probar
formas, ajustar y validar con la persona.
Enseñar el uso y mantenimiento de la adaptación o
herramienta, para que funcione en el tiempo.
Compartir y difundir: si la experiencia fue exitosa, documentarla
y socializarla con otros asistentes o comunidades para multiplicar
el impacto.
Las adaptaciones de bajo costo son mucho más que "arreglos
temporales": representan una práctica profesional de
acompañamiento, orientada a promover la autonomía, la creatividad y
la dignidad. En contextos reales, significan ese cambio tangible que
habilita una posibilidad de acción donde antes había una barrera.
3. Apoyo en el uso cotidiano de
tecnologías y ortesis
El acceso a tecnologías y ayudas técnicas por parte de personas con
discapacidad no es suficiente si estos recursos no se integran de forma
efectiva en su vida diaria. En muchos casos, lo que determina el éxito
de una herramienta no es su sofisticación, sino el acompañamiento
que recibe la persona para usarla con confianza y autonomía.
Aquí es donde el rol del asistente personal resulta clave: no desde un
lugar de control o indicación técnica, sino como facilitador cotidiano
del uso funcional de dispositivos, ortesis y tecnologías.
¿Qué implica este tipo de apoyo?
1. Incorporar el recurso en la rutina
Asegurarse de que el dispositivo esté accesible y cargado o en
condiciones de uso.
Ayudar a integrar su uso en los horarios o actividades previstas
(por ejemplo, usar una aplicación de recordatorio para tomar
medicación o programar rutinas).
2. Acompañar la práctica
No siempre es suficiente con enseñar una vez. La repetición, la
paciencia y la constancia son esenciales para que la persona gane
seguridad.
Respetar el ritmo de aprendizaje, sin infantilizar ni asumir que "ya
lo debería saber usar".
3. Supervisar sin invadir
Estar disponibles para asistir cuando se solicita ayuda.
Observar dificultades o señales de frustración sin intervenir de
forma automática, permitiendo que la persona intente resolver por
sí misma.
4. Contribuir al mantenimiento
Acompañar tareas simples como enchufar, limpiar o guardar el
dispositivo en su lugar.
Comunicar a la familia o a los profesionales tratantes si se detecta
un problema (por ejemplo, una férula que ya no ajusta, una Tablet
que se desconfigura, una app que no responde).
5. Dar lugar a la autonomía
Aun cuando la persona tenga apoyos o necesite asistencia para
usar una ortesis o tecnología, el objetivo siempre debe ser el
de favorecer la mayor independencia posible, respetando sus
decisiones y tiempos.
¿Qué son las ortesis?
Las ortesis son dispositivos que se utilizan para mejorar la postura, la
función o la movilidad de una parte del cuerpo. Pueden ser férulas,
corsets, plantillas, soportes de extremidades, etc. A diferencia de las
prótesis (que reemplazan), las ortesis acompañan o corrigen el
movimiento o la posición.
El rol del asistente incluye:
Ayudar a colocarla y retirarla si la persona lo necesita.
Asegurar que se use en los tiempos recomendados.
Acompañar su cuidado (limpieza, revisión del estado general).
Estar atento a señales de incomodidad, irritación o mal ajuste, sin
intervenir desde lo clínico, pero sí derivando o informando a quien
corresponda.
Apoyar el uso cotidiano de tecnologías y ortesis es una tarea concreta,
cotidiana y muy valiosa. No requiere conocimientos técnicos
avanzados, pero sí una gran capacidad de observación, escucha
activa y compromiso con la autonomía de la persona.
El verdadero impacto no está solo en el dispositivo, sino en la posibilidad
de que cada persona lo incorpore en su vida, a su manera, con
acompañamiento respetuoso y sostenido.
Para ampliar
[Link]
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4. Apoyo en la administración
de medicación desde el rol no
sanitario
Una parte importante del acompañamiento cotidiano a personas con
discapacidad implica apoyar el cumplimiento de tratamientos indicados
por profesionales de la salud, incluyendo la toma de medicación. Sin
embargo, es esencial diferenciar el rol del asistente personal del de un
profesional sanitario: el asistente no prescribe, no diagnostica ni decide
sobre la medicación, pero sí puede colaborar para que su uso sea
seguro, regular y respetuoso de la autonomía de la persona.
¿Qué significa “apoyar” en este contexto?
Apoyar en la administración de medicación no es lo mismo que “dar la
medicación” o “reemplazar a la familia o a los médicos”. Implica un
acompañamiento que puede incluir:
Recordar los horarios de toma, con el consentimiento de la
persona y siguiendo lo indicado por profesionales o familiares
responsables.
Facilitar el acceso al medicamento, alcanzando el pastillero,
ayudando a abrir envases o leyendo instrucciones si la persona lo
solicita.
Organizar el entorno para que la persona pueda tomar la
medicación en condiciones adecuadas, con agua disponible,
privacidad, etc.
Registrar o avisar si se omite una toma, si se observa una reacción
adversa o si hay un cambio en el estado general de salud.
Fomentar el uso de apoyos visuales o tecnológicos, como alarmas,
apps o agendas, para que la persona pueda autogestionar su
medicación de manera cada vez más independiente.
Límites del rol
Es muy importante tener claro que el asistente no debe:
Modificar dosis o decisiones médicas.
Suministrar medicación inyectable o invasiva (salvo que esté
específicamente autorizado, formado y legalmente habilitado en
contextos particulares).
Suplantar el consentimiento informado de la persona o su familia.
Realizar tareas que impliquen manipulación médica sin formación
adecuada.
El respeto a estos límites protege tanto a la persona acompañada como
al asistente personal.
Acompañar sin invadir
En muchos casos, sobre todo con personas adultas con discapacidad
intelectual, se vuelve clave acompañar el aprendizaje del propio
esquema de medicación. Esto puede implicar:
Hacer un cartel visible con los días y horarios.
Usar cajas organizadoras o pastilleros semanales.
Practicar rutinas de toma con refuerzo positivo y sin infantilización.
Dar tiempo para que la persona tome su medicación por sí misma,
incluso si demora.
El objetivo es claro: promover autonomía con seguridad, desde un rol
ético, respetuoso y bien delimitado.
Acompañar el uso de la medicación no es una tarea secundaria. Es una
expresión concreta del cuidado, del respeto por las indicaciones médicas
y del compromiso con la vida independiente. El asistente no reemplaza,
no decide, no actúa solo: acompaña, sostiene y facilita, respetando
siempre las decisiones y tiempos de la persona.
Bienvenidos a la clase 7: Ética,
crisis y responsabilidad
En esta clase vamos a
reflexionar sobre:
Responsabilidad del asistente personal: límites, confidencialidad,
profesionalismo.
Intervención en crisis: qué hacer, qué no hacer y cuándo derivar.
Primeros auxilios básicos y situaciones frecuentes.
El asistente como parte de una red de apoyos, no como reemplazo
del sistema de salud.
Abordaremos aspectos fundamentales para el ejercicio responsable del
rol del asistente personal. Reflexionaremos sobre los límites éticos de la
tarea, la confidencialidad, el profesionalismo y el respeto por la
autonomía de la persona con discapacidad.
También exploraremos cómo actuar ante situaciones de crisis, qué
primeros auxilios básicos podemos brindar y en qué momento debemos
derivar.
Finalmente, profundizaremos en el lugar del asistente dentro de la red
de apoyos, diferenciando claramente su función de la de otros agentes
del sistema de salud o del ámbito terapéutico. Porque acompañar no es
sustituir, sino estar presentes de forma ética, respetuosa y
comprometida.
Empecemos por preguntarnos sobre la ética.
¿Qué es la ética?
La ética es una reflexión sobre lo que está bien y lo que está mal, y nos
ayuda a tomar decisiones responsables en la vida cotidiana y
profesional. No se trata solo de cumplir reglas, sino de actuar con
respeto, justicia y coherencia con nuestros valores y con los derechos de
los demás.
En el rol de asistente personal, la ética implica reconocer que
trabajamos muy cerca de la vida privada de otra persona, y que eso
requiere cuidado, discreción y responsabilidad. También significa saber
poner límites, no hacer aquello que no nos corresponde, y actuar
siempre desde el respeto a la autonomía, la intimidad y la dignidad de
quien acompañamos.
Ser ético no es tener todas las respuestas, sino detenerse a pensar
antes de actuar, preguntarse qué es lo más justo en cada situación, y
estar dispuestos a aprender continuamente.
Hablar de ética nos lleva directamente a pensar en la responsabilidad
que implica ser asistente personal. Acompañar a alguien en su vida
cotidiana no es una tarea menor: requiere compromiso, claridad de rol y
una actitud profesional basada en el respeto. En esta primera parte de la
clase vamos a profundizar en los límites del rol, en la importancia de
la confidencialidad, y en cómo sostener un vínculo respetuoso y no
paternalista, que promueva siempre la autonomía de la persona
asistida.
2. Responsabilidad del asistente personal:
límites, confidencialidad, profesionalismo.
Responsabilidad del asistente personal:
límites, confidencialidad, profesionalismo.
El asistente personal de una persona con discapacidad
tiene responsabilidades específicas orientadas a brindar
apoyo en la vida diaria, promoviendo autonomía e
independencia. Estas tareas pueden variar según el tipo de
discapacidad, pero en general incluyen:
1. Asistencia en actividades de la vida diaria
Ayudar en el aseo personal, baño, vestido y cuidado de la higiene.
Apoyar en la alimentación (preparar o asistir para comer).
Apoyar con el manejo de medicamentos (recordatorios,
preparación).
2. Movilidad y desplazamiento
Asistencia para caminar o traslado en silla de ruedas.
Acompañar en desplazamientos (dentro y fuera del hogar).
Ayudar a subir y bajar de vehículos o medios de transporte.
3. Apoyo en el hogar
Para realizar tareas domésticas básicas (limpieza ligera, compras,
cocina).
Organizar y mantener el entorno accesible y seguro.
4. Asistencia en la comunicación (si aplica)
Apoyar en la interpretación de señas o facilitar la comunicación
alternativa.
Leer o escribir documentos si la persona lo requiere.
5. Acompañamiento en actividades sociales y comunitarias
Facilitar la participación en eventos, citas médicas, laborales o
recreativas.
Apoyar la integración y evitar el aislamiento.
6. Promoción de la autonomía
Fomentar que la persona tome sus propias decisiones.
Respetar sus tiempos, preferencias y ritmos personales.
No sustituir, sino complementar la capacidad de la persona.
7. Manejo emocional y respeto
Brindar apoyo emocional sin sobreproteger.
Tratar con respeto, dignidad y sin paternalismo.
Garantizar la confidencialidad y la privacidad.
8. Cumplimiento de instrucciones y límites
Actuar según las indicaciones de la persona con discapacidad.
Entender que el asistente no toma decisiones por ella, salvo en
emergencias.
Ser asistente personal implica mucho más que acompañar en las tareas
cotidianas: exige un compromiso ético y profesional centrado en la
autonomía de la persona con discapacidad. Esto supone respetar sus
decisiones, tiempos y preferencias, actuar con discreción y
confidencialidad, y mantener siempre claros los límites del rol. Lejos de
sustituir a la persona, el asistente brinda apoyos que fortalecen su
capacidad de decisión y participación, promoviendo una vida
independiente, digna y plenamente integrada en la comunidad.
¿Qué no es un asistente personal?
Es fundamental diferenciar los apoyos para la vida independiente de
los dispositivos terapéuticos. Mientras que los primeros están
orientados a garantizar el ejercicio pleno de derechos, la participación
en la comunidad y la autodeterminación de las personas con
discapacidad, los segundos pertenecen al ámbito de la salud y la
intervención clínica.
Los asistentes personales no cumplen una función sanitaria ni
terapéutica. Su rol no está vinculado al tratamiento, la rehabilitación o
la contención emocional profesional, sino a facilitar la vida cotidiana
desde una lógica de apoyo, autonomía y elección. Son, por así decirlo, la
“rampa humana” allí donde el entorno o las estructuras sociales aún no
garantizan accesibilidad plena.
Desde el modelo social de la discapacidad, las personas con
discapacidad no son pacientes permanentes. No requieren, por
definición, acompañamiento terapéutico continuo. Esto es
especialmente relevante en el caso de personas con discapacidad
intelectual o psicosocial, donde históricamente se han patologizado sus
formas de estar en el mundo. La condición psíquica o cognitiva no debe
considerarse una enfermedad crónica, sino parte de la diversidad
humana.
La asistencia terapéutica —cuando corresponde— tiene un sentido y un
tiempo. Su continuidad no puede ser impuesta ni asumida como
inevitable. Por el contrario, es la persona con discapacidad quien,
en uso de su autonomía y sus derechos, debe decidir qué tipo de
apoyos necesita, durante cuánto tiempo y con qué objetivo.
Entre esos apoyos puede haber terapeutas, pero también asistentes
personales, familiares, redes comunitarias o tecnologías, siempre bajo
su elección libre y respetuosa.
Por eso, es clave entender qué no es un asistente personal.
No es:
Un acompañante terapéutico.
Un cuidador tradicional con función asistencial pasiva.
Un asistente en higiene menor o tareas clínicas.
Un terapeuta individual o familiar.
Una figura de apoyo legal (Art. 12 CDPD).
Un amigo que cumple una función afectiva voluntaria.
El asistente personal es un apoyo específico, elegido, flexible y
respetuoso, cuyo sentido es empoderar, no intervenir; acompañar, no
decidir; abrir posibilidades, no marcar límites.
"El asistente personal no brinda terapias ni
atiende pacientes: acompaña personas en el
ejercicio de su autonomía y en la construcción de
una vida independiente."
Confidencialidad e intimidad: pilares del
acompañamiento respetuoso
Trabajar como asistente personal implica estar presente en aspectos
muy íntimos de la vida de otra persona. Por eso, es fundamental asumir
un compromiso ético profundo con la confidencialidad, la reserva y el
respeto. Esto no solo protege la privacidad de la persona asistida, sino
que también construye un vínculo de confianza basado en la dignidad y
la autonomía. Conocer información personal, médica, económica o
familiar no da derecho a difundirla ni a opinar sobre ella.
Un asistente personal de una persona con discapacidad debe tener un
compromiso firme con el respeto a la intimidad y la confidencialidad,
ya que trabaja en un entorno muy cercano a la vida personal del
asistido. A continuación, se detallan los aspectos más importantes que
debe resguardar:
Datos personales y médicos
No divulgar información sobre diagnósticos, tratamientos,
medicamentos o historial médico.
Guardar bajo reserva cualquier dato relacionado con la salud física
o mental.
Hábitos personales y rutinas
Respetar las costumbres del asistido (horarios, gustos, creencias,
rutinas).
No juzgar ni comentar con otros sobre su estilo de vida o
decisiones personales.
Información familiar y social
No revelar detalles sobre relaciones familiares, amistades,
conflictos personales o dinámicas privadas.
Ser discreto respecto a visitas, comunicaciones o actividades
sociales de la persona asistida.
Preferencias íntimas o sexuales
Respetar la privacidad en temas relacionados con la intimidad
sexual o afectiva.
No interferir, opinar ni compartir información sobre este aspecto
con terceros, salvo que la persona lo autorice expresamente.
Gestión económica y administrativa
Si se tiene acceso a dinero, documentos, claves u objetos de valor,
se debe manejar con honestidad y total reserva.
No divulgar ingresos, gastos, pensiones, ayudas ni ningún dato
financiero.
Decisiones personales
No tomar decisiones por la persona, ni presionarla a actuar de
determinada forma.
Reconocer su derecho a decidir sobre su cuerpo, su vida y sus
relaciones, incluso si el asistente no comparte esa opinión.
Principios clave que debe seguir el asistente
Consentimiento informado: nunca actuar sin el consentimiento
explícito de la persona.
Discreción: no hablar de lo que ocurre en el trabajo, ni siquiera con
familiares o amigos.
Respeto: tratar toda información como sensible, y a la persona
como un adulto autónomo.
Cuidar la información no es un acto pasivo: es una forma activa de
respetar los derechos, la identidad y las decisiones de quien recibe
apoyos. La discreción, el consentimiento y el trato adulto son
condiciones esenciales para que el acompañamiento no se transforme
en control ni en tutela, sino en un verdadero apoyo para la vida
independiente.
3. A: Intervención en crisis: qué hacer, qué no
hacer y cuándo derivar.
Intervención en crisis: qué
hacer, qué no hacer y cuándo
derivar.
El asistente personal no es un profesional de la salud ni un
terapeuta, pero sí puede actuar como primer agente de contención
y derivación en situaciones de crisis, siempre dentro de su marco
de actuación.
¿Qué se entiende por "crisis"?
Una crisis es un episodio que interrumpe el equilibrio de la persona y
que puede poner en riesgo su integridad física o emocional. Puede estar
relacionada con problemas de salud, emergencias emocionales,
conflictos familiares, desregulación conductual, violencia o situaciones
externas.
¿Qué hacer?
Conservar la calma: tu actitud serena puede ayudar a
desescalar la situación.
Escuchar sin juzgar: permitir que la persona se exprese sin
interrumpir ni emitir opiniones.
Priorizar la seguridad: si hay riesgos físicos, alejarse de objetos
peligrosos o buscar un entorno seguro.
Respetar la voluntad de la persona: no intervenir sin su
consentimiento, salvo en situaciones de riesgo inminente.
Llamar a un contacto de emergencia o profesional
correspondiente, según el caso.
Registrar lo ocurrido (de forma confidencial) para informar a
quien corresponda.
¿Qué no hacer?
No gritar, presionar ni minimizar la situación (“no es para tanto”).
No asumir un rol terapéutico que no corresponde.
No realizar prácticas médicas o intervenciones invasivas.
No involucrarse emocionalmente o discutir.
No actuar por impulso ni de manera aislada: siempre buscar red
de apoyo.
¿Cuándo derivar?
Cuando la persona expresa ideas de autolesión o suicidio.
Si hay desregulación emocional o conductual grave.
Ante signos de violencia (física, psicológica, institucional).
Si hay síntomas físicos graves o pérdida de conciencia.
Si el asistente no se siente en condiciones de manejar la situación.
Recordar: La escucha, el respeto, la observación y la rápida derivación son las
herramientas más importantes en una crisis.
Primeros auxilios básicos y situaciones
frecuentes.
Los primeros auxilios son las acciones inmediatas y básicas que una
persona puede realizar para ayudar a alguien que sufre una emergencia
de salud, antes de que llegue el personal médico. No requieren
conocimientos profesionales, pero sí prudencia, sentido común y respeto
por los límites del rol. En el caso del asistente personal, brindar primeros
auxilios significa saber actuar con rapidez y seguridad ante situaciones
frecuentes como caídas, desmayos o atragantamientos, siempre
priorizando la seguridad propia y de la persona asistida, sin reemplazar
al sistema de salud ni asumir funciones clínicas.
Recomendamos enfáticamente que toda persona que
desempeñe el rol de asistente personal realice una capacitación
básica en primeros auxilios.
Contar con estas herramientas no solo brinda mayor seguridad
ante emergencias, sino que permite actuar con calma,
responsabilidad y dentro de los límites del rol. Una formación
adecuada puede marcar la diferencia entre la desinformación y
una respuesta oportuna que salve vidas, sin invadir funciones
médicas ni poner en riesgo a la persona asistida.
¿Qué es un primer auxilio?
Definiciones:
Ministerio de Salud de la Nación
Los primeros auxilios son aquellas medidas inmediatas que se toman en
una persona lesionada, inconsciente o súbitamente enferma, en el sitio
donde ha ocurrido el incidente (escena) y hasta la llegada de la
asistencia sanitaria (servicio de emergencia). Estas medidas que se
toman en los primeros momentos son decisivas para la evolución de la
víctima (recuperación).
OMS
Conjunto de actuaciones y técnicas que permiten la atención inmediata
de un accidentado, hasta que llegue la asistencia médica profesional,
con el fin de que las lesiones que ha sufrido “NO EMPEOREN”.
Seguridad personal
Antes de intentar auxiliar a otra persona, descartá riesgos para tu propia
seguridad (humo, electricidad, tóxicos, sangre y secreciones, etc.).
Siempre usá guantes y otros elementos de seguridad personal.
Conocé el número de emergencias de tu localidad. En la Ciudad de
Buenos Aires es el 107. Recordá que el despachador de emergencias
puede darte indicaciones hasta que llegue la ambulancia. No des por
finalizada la comunicación hasta que él te lo indique.
Desmayo
Si la persona está sudorosa, pálida y siente que se va a desmayar,
recostala boca arriba. No le ofrezcas nada de comer ni de beber. Si no se
recupera, llamá a la ambulancia.
Ataque cardíaco
La presencia de dolor o malestar en el centro del pecho, irradiado a
brazos, hombros o mandíbula puede ser síntoma de un ataque cardíaco.
Dejá quieta a la persona y llamá de inmediato a la ambulancia.
Diabetes
En una persona con diabetes se puede presentar debilidad, sudoración o
confusión. Si la persona tiene estos signos —que son de una baja de
azúcar en su sangre— dale algún líquido azucarado. Si no mejora, llamá
a la ambulancia.
Accidente cerebro vascular (ACV)
Una repentina asimetría facial, dificultad para hablar y mover una mitad
del cuerpo pueden ser signos de un ataque cerebral. En estos casos,
llamá inmediatamente a la ambulancia.
¿Qué es?
El accidente cerebrovascular es la enfermedad neurológica causada por
alteraciones en la circulación cerebral: obstrucción de vasos del cerebro,
con pérdida de flujo (isquemia o infarto) o ruptura de vasos que causa
sangrado o hemorragia dentro del cerebro o alrededor del mismo. Según
donde se produzca la lesión será el daño que ocasione.
Puede ser permanente o temporal.
Síntomas
• Dificultades en la motricidad
• Alteración del habla/ lenguaje
• Perdida de coordinación/ equilibrio/ mareos
• Dificultades en la visión
• Alteración en la sensibilidad
• Capacidades cognitivas reducidas
• Cambios de humor repentinos
• Perdida de tono muscular (generalmente de un lado del cuerpo)
• Parálisis facial
Cómo tratar
En un caso de sospecha de ACV, es muy importante que se actúe con
rapidez. Tratar con calma a la persona y evitar esfuerzos.
Debemos acudir de inmediato al servicio de emergencias. Generalmente
se trata con medicación, dependiendo de la gravedad. Se puede utilizar
medicación intravenosa para disolver el coagulo o cateterismo para la
extracción del mismo. Luego de un episodio de ACV, las secuelas varían,
pueden ser leves o graves, lo importante es comenzar la rehabilitación
cuanto antes para reeducar el cuerpo y el cerebro nuevamente.
IMPORTANTE No administrar medicación que no esté prescripta
por personal médico. No desestimar los síntomas, podrían
agravarse.
Convulsiones
Es una enfermedad cerebral, más frecuente de lo que se cree.
Afecta a personas de todas las edades, aunque con frecuencia mayor en
niños y adultos mayores de 60 años. Se caracteriza principalmente por
una actividad eléctrica anormal en el cerebro, que tiene como
consecuencia comportamientos inusuales en el cuerpo.
Las crisis epilépticas se caracterizan por una pérdida súbita de
conocimiento, con movimientos espasmódicos de todo el cuerpo,
acompañado en general de incontinencia urinaria (se orina encima por
falta de control de esfínteres) y una violenta contractura mandibular
(pudiendo escapar algo de espuma y un hilo de sangre de la boca). Los
primeros auxilios consisten en mantener segura a la víctima hasta que
cese la convulsión (estado post-epiléptico).
Qué hacer ante una convulsión
1. Mantener la calma (propia y de terceros)
2. Evitar lesiones. Retirar elementos duros o filosos. Retirar si es posible,
lentes,
corbata, etc.
3. Controlar duración del episodio
4. Evitar retenerla
5. Dependiendo del tipo de convulsión, se puede colocar a la persona en
posición
lateral de seguridad.
6. Prestar mucha atención si la persona deja de respirar y si hay perdida
de
conciencia (Cuando termina la convulsión, iniciar RCP)
7. Permanecer con la persona hasta su recuperación (consciente), nunca
dejar sola.
8. No ofrecer líquidos ni comida ya que el cuerpo luego de una
convulsión puede
estar débil
[Link]
IMPORTANTE
Considere llamar al servicio de emergencias si:
La convulsión ha durado más de 5 minutos.
Luego de finalizar, la persona respira con dificultad.
Si se repiten
Si la persona no despierta
Si la persona padece otras enfermedades, cardiológicas,
respiratorias, etc.
Si la convulsión fue dentro del agua
Si observo un golpe en la cabeza o existe hemorragia
Posición lateral de seguridad (PLS)
¿Cuándo y para qué se utiliza?
Luego de que una víctima recupera la conciencia, si ha sufrido un
desmayo, o
luego de realizarle primeros auxilios. Se coloca la persona en esta
posición con
el fin de evitar que se aspire los fluidos y liberar las vías aéreas.
Cómo hacerlo
• Colocarse de rodillas frente a la persona, estirar el brazo más próximo
y
formar un ángulo de 90° entre el brazo y el codo con la palma hacia
arriba.
• Cruzar el brazo más alejado por encima del cuello y apoyar el dorso de
la
mano sobre la mejilla.
• Flexionar la rodilla más alejada, manteniendo el pie en el suelo.
• Girar hasta que quede de lado.
• Asegurarse que las vías respiratorias queden despejadas.
Reacción alérgica grave
Si la reacción es grave pueden presentarse algunos síntomas como
dificultad para respirar. En estos casos, es necesario administrar
medicamentos. Llamá inmediatamente a la ambulancia
3. B: Intervención en crisis: qué hacer, qué no
hacer y cuándo derivar.
Heridas
Las heridas son incidentes muy frecuentes en el hogar.
Generalmente no presentan gravedad y rara vez comprometen la vida,
aunque hay que evitar la contaminación y posterior infección. En los
niños, las heridas pueden producirse por el contacto con objetos
cortantes, como cuchillos, tijeras, vidrios o latas, también a causa de
golpes con palos o piedras que generan desgarramiento o raspones de
la piel. En los adultos mayores, tener pieles más frágiles, secas y menos
elásticas facilita la aparición de infecciones, si la desinfección es
insuficiente. Su falta de lubricación las hace sensibles con el lavado
exagerado. Los rasguños o heridas superficiales tienen una cicatrización
más lenta por eso hay que lavarlos y agregar un desinfectante.
Tipos de Heridas
Laceración: Producida por un borde irregular, generando desgarro.
Datos: Dolor,
hemorragia abundante, cianosis y enrojecimiento de la zona afectada.
Contusas: causada por un traumatismo con objetos de forma regular.
Dejando bordes regulares o irregulares. Pueden ser cerradas o abiertas.
Datos: Dolor, hemorragia abundante o no, deformidad y en algunos
casos fracturas Oseas.
Punzantes: Producidas por objetos con punta, los bordes son regulares.
Datos: Dolor, hemorragia interna y externa en forma escasa y edema.
Puede ser con objeto presente o no. Ejemplos: cuchillos, pica hielo,
destornilladores, etc.
Abrasivas: Causadas por fricción, presentando bordes
irregulares. Datos: Dolor, calor en la zona, hemorragia
capilar.
Avulsivas: Son heridas que se presentan como «colgajos
de piel o tejido», quedando unidos al cuerpo por una de
sus partes. Datos: Dolor, hemorragia abundante interna y
externa, edema y eventualmente un shock.
Incisión: Causadas por elementos con filo, dejando bordes regulares.
Dato: Dolor, hemorragia abundante.
Para prevenir infecciones en la víctima y a su vez protegerse, lave bien
sus manos con agua y jabón. Luego, lave la herida y alrededores con
agua y jabón blanco, bajo la canilla.
Frente a heridas no sangrantes, luego de un abundante lavado con agua
y jabón blanco, use antiséptico líquido (tipo iodopovidona). Luego cubra
con compresa, gasa y vendaje si fuera posible.
No coloque algodón sobre la herida, ya que se incorpora al tejido. La
herida debe ser evaluada por un médico lo antes posible.
1ra. MEDIDA Si la herida presenta “hemorragia”, para detener o
disminuir el sangrado, debe aplicar una “compresa” o tela limpia
haciendo presión.
2da. MEDIDA Si la herida se encuentra en piernas o brazos, levante el
miembro a un nivel superior al corazón, esto puede detener o reducir
una hemorragia.
3ra. MEDIDA Si el sangrado no se detiene, es conveniente colocar más
compresas y realizar un vendaje.
NO USAR torniquete. De acuerdo a la gravedad, traslade a la víctima lo
antes posible para atención médica.
Hemorragias
Definición: Pérdida de sangre por lesión en arterias, venas o capilares
que la conducen.
Clasificación:
1- Por su origen
Arterial: La sangre de un color rojo
brillante brota
intermitentemente de acuerdo al latido
cardiaco.
Venosa: La sangre es rojo oscuro y su
salida es
continua.
Capilar: Escasa salida de sangre,
enrojecimiento
de la piel (puntillado)
2- Externa /
Interna
Hacé presión constante sobre la herida con una compresa o paño limpio.
Si el paño se llena de sangre, no lo saques, aplicá otro encima. Si tenés
una venda, colocala sobre la herida.
Hemorragia nasal
Con la cabeza hacia adelante, comprimí con dos dedos los lados blandos
de la nariz. No coloques nada dentro de la nariz. Si luego de 10 a 15
minutos el sangrado persiste, llamá a la ambulancia.
Que hacer en caso de Hemorragia externa:
1- Active el SEM
2- Evalúe la cantidad y tipo de sangrado
3- Descubra la herida y reposicione la persona
4- Controle sangrado:
a) Por presión directa
b) Por compresión
c) Por elevación
En caso de Hemorragia interna:
Síntomas:
Abdomen sensible o rígido
Hematomas en diferentes partes del cuerpo
Pérdida de sangre por orificios corporales
Vómitos o diarrea con sangre
Aumento de la frecuencia cardiaca, sudoración,
frialdad en extremidades, piel pálida, alteración de la conciencia.
Debemos estar atentos ante la sospecha de una hemorragia
interna
¿Cómo actuar?
1- Activar el SEM
2- Recostar a la persona
3- Controlar respiración, estado de conciencia
4- Abrigar
5- No dar alimentos ni bebidas
Recomendaciones
Como en cualquier emergencia, su seguridad es la prioridad. Use
bioseguridad: Guantes, barbijo, antiparras.
En caso de hemorragia externa, si aplicamos presión directa
compresión o elevación del miembro y continúa sangrando, NO
retirar vendas de la herida, solo agregar más sobre ellas.
En caso de hemorragia incontrolable, aplicar presión digital en
arteria braquial y femoral.
Si se han utilizado todos los recursos disponibles, en última
instancia podría evaluar el uso de «torniquete». Este no debe
permanecer por más de 15 minutos y luego se liberan dos
minutos.
¡¡¡Cada minuto cuenta!!!
Objetos incrustados en el cuerpo
No los muevas ni los retires. Inmovilizalos con paños y vendas. Esperá la
asistencia médica.
Amputaciones
Conservá la parte amputada en una bolsa limpia de plástico. Colocala en
un recipiente con hielo. Aplicá un paño limpio y una venda sobre el
muñón.
Fracturas
Es probable que la persona haya sufrido una fractura si tiene: dolor en el
lugar, imposibilidad de mover esa parte del cuerpo, hinchazón de la
zona dolorida o deformidad. En tal caso, no muevas el área lesionada y
esperá la llegada de la asistencia médica.
Quemaduras
Una quemadura es una lesión a la piel u otro tejido orgánico causada
principalmente por el calor o la radiación, la radioactividad, la
electricidad, la fricción o el contacto con
productos químicos.
En nuestro país se clasifican en tres tipos, según hasta que capa de la
piel haya llegado la lesión.
1. Tipo A/ 1° Grado: Enrojecimiento de la piel con hipersensibilidad
( Ej. Quemadura por el sol), afecta la capa superficial llamada
epidermis.
2. Tipo A-B/ 2° Grado: Tienden a evolucionar sin mayores
complicaciones pasando al estado ¨A¨ con auto regeneración.
Afecta la capa de la piel llamada dermis.
3. Tipo B/ 3° Grado: Existe lesión de todas las capas de la piel hasta
la hipodermis. Solamente puede ser reparada con el auto injerto
de piel.
Existiría un 4° grado que afectaría tejido óseo y muscular, pero no se
utiliza esta denominación en Argentina.
¿Cómo tratar una quemadura?
1. Tranquilizar a la víctima.
2. Retirar ropa, anillos, pulseras y
cinturones no adheridos a las lesiones
( si fuera posible ).
3. Aplicar agua sobre la lesión.
4. Llamar al servicio de emergencias
médicas o acudir al centro de salud
más cercano.
No rompas las ampollas. No pongas productos hogareños.
Cuerpo extraño en los ojos
No trates de sacar el cuerpo extraño.
Evitá que la persona se frote el ojo y actuá de la siguiente manera:
Sentá a la persona con la cabeza hacia atrás.
Lavá el ojo con abundante agua corriente
Si el ojo fue expuesto a químicos, enjuagá al menos por 10
minutos.
Esperá la llegada de la asistencia médica.
Picadura de insectos
Si se trata de un insecto con aguijón, quitalo en la misma dirección en la
que penetró. Luego aplicá agua fría sobre el área para disminuir la
inflamación, el dolor y la absorción del veneno. Si la persona presenta
una reacción alérgica grave, trasladala a un centro asistencial.
Intoxicaciones
No administres nada de comer ni tomar. Llamá inmediatamente al
centro de intoxicaciones: 0800-333-0160.
Puede ocasionarse por exposición a distintas sustancias:
Productos de limpieza.
Hidrocarburos (kerosén, nafta, aguarrás), productos para
automóviles.
Drogas
Cosméticos y otros.
Puede suceder por ingestión, inhalación o contacto con la piel.
Los niños pequeños tienen alto riesgo de sufrir una intoxicación debido a
su
curiosidad natural.
En el adulto, las intoxicaciones más frecuentes se producen por
medicamentos, productos para limpieza doméstica o para el jardín,
«monóxido de carbono», bebidas alcohólicas y drogas.
Cómo prevenir
1. Guarde medicamentos y productos de limpieza fuera del alcance
de
niños y en su envase original. Si los cambia de envase, colóquele
una
etiqueta con la el nombre del producto.
2. No almacene productos químicos en recipientes para alimentos
como
botellas de bebidas.
3. Deje siempre abierta una ventana o puertas si tiene artefactos
encendidos que producen combustión.
4. Verifique la llama de artefactos a gas: debe ser color azul.
5. Haga revisar por profesionales matriculados: calefones, termo
tanques,
hornos y otros artefactos a gas del hogar. Nunca los coloque en
baños y
cocinas.
6. Evite la automedicación.
7. Lea y aplique los productos de limpieza, diluyentes de pintura y
plaguicidas para uso doméstico y jardín según lo indican los
instructivos
de sus envases.
8. No encienda el motor del auto en un garaje cerrado.
Signos y síntomas
Malestar
Dolor de cabeza
Mareos,
Náuseas o vómitos.
Ardor y/o dolor de garganta,
Tos repentina, dificultad para tragar o respirar
Babeo
Falta de fuerzas, somnolencia repentina
Confusión o disminución de la capacidad mental
Convulsiones, desvanecimiento.
La presencia de envases de plaguicidas o medicamentos en las
cercanías de la víctima, o de restos de sustancias y/o quemaduras
alrededor de la boca, los dientes, los ojos o la piel, también pueden estar
asociados a una intoxicación
Golpe de calor
Una persona que sufre un golpe de calor puede presentar fiebre, piel
seca y caliente, inquietud, excitación, confusión, convulsiones y puede
llegar a estar inconsciente. Llevá la persona a un lugar fresco. Quitale la
ropa sudada y aflojale la ropa ajustada. Enfriá el cuerpo con paños
frescos y húmedos. Si está consciente, dale de beber abundante agua
fresca. No administres medicamentos ni comida y llamá a la
ambulancia.
Hipotermia
Mové a la persona a un lugar cálido, reemplazá la ropa mojada o fría por
prendas secas y esperá a que vaya entrando en calor poco a poco. No
frotes a la persona ni la acerques a fuentes de calor, ya que el contacto
directo de la piel con el calor puede producir quemaduras.
Atragantamiento
Si la persona puede toser, no intervengas. Si no puede toser o hablar,
entonces colocate por detrás, rodeándola con tus brazos. Formá un puño
en una mano y luego envolvelo con la otra mano, por encima del
ombligo. Comprimí con fuerza hacia arriba hasta que expulse el cuerpo
extraño y pueda toser o hablar.
Maniobra de Heimlich
¿Cuándo?
Esta maniobra se utiliza cuando existe una obstrucción de la vía aérea,
causada por un
objeto extraño. Un gesto característico que se observa en una persona
que esta en esta
situación es llevarse las manos al cuello.
IMPORTANTE:
¡Actuar con rapidez! ¡No golpear en la espalda! No intentar quitar el
objeto con los dedos!!!
1- Colocarse por detrás de la persona.
2- Ubicar un pie entre medio de los suyos en postura firme.
3- Rodear con los brazos pegados al cuerpo (por dentro de los de la
persona).
4- Colocar el puño cerrado con el pulgar hacia el abdomen de la
persona, 4 cm por
arriba del ombligo.
5- Colocar la otra mano encima del puño.
6- Inclinar la persona hacia adelante y ejercer presión abdominal hacia
adentro y arriba.
7- Repetir la presión 4/5 veces y observar si hubo desobstrucción.
Si cae inconsciente, comenzá con la RCP.
Reanimación Cardiopulmonar (RCP)
La RCP es una maniobra de emergencia que puede salvar vidas ante una
parada cardiorrespiratoria. En situaciones donde una persona cae
repentinamente, no responde y no respira o solo boquea (respira de
forma agónica), es fundamental actuar rápido.
Lo primero que debés hacer es pedir ayuda y llamar al sistema
de emergencias (107 en CABA) o solicitar a otra persona que lo haga.
Si confirmás que la persona no respira normalmente, iniciá RCP solo
con las manos:
1. Colocate de rodillas junto al pecho de la persona.
2. Ubicá el talón de una de tus manos en el centro del pecho, sobre
la parte inferior del esternón (entre los pezones).
3. Coloca la otra mano encima y entrelaza los dedos.
4. Con los brazos extendidos y usando el peso de tu cuerpo, realiza
compresiones fuertes y rápidas, a un ritmo de al menos 100 a
120 por minuto, presionando entre 5 y 6 cm de profundidad.
5. No detengas las compresiones hasta que llegue ayuda profesional
o la persona recupere signos vitales.
Importante: no es necesario realizar respiración boca a boca si no
estás entrenado/a o si no te sentís seguro/a. Solo con las manos, la RCP
puede mantener la circulación sanguínea hasta que llegue la asistencia
médica.
DATOS Y RECOMENDACIONES
A pesar de los avances recientes, menos del 40% de los adultos
recibe RCP iniciada por personas sin experiencia médica, y en
menos del 12% se utiliza un DEA antes de la llegada del SEM.
Aproximadamente el 1,2% de los adultos ingresados en hospitales
en los EE. UU. sufre un paro cardíaco intrahospitalario
Las causas de paro cardíaco en lactantes y niños son distintas de
las de paro cardíaco en adultos.
Se recomienda que los «legos» inicien RCP para tratar un presunto
paro cardíaco porque el riesgo de daño al paciente es bajo si este
no sufre un paro cardíaco.
Las ayudas visuales y los algoritmos mejorados ofrecen una guía
fácil de recordar para situaciones de reanimación
Importante realizar, aunque sea masaje cardiaco
Calidad de la RCP
1- Comprimir fuerte, al menos 5 cm. Permitir la expansión torácica
completa.
2- Minimizar interrupciones entre compresiones.
3- Evitar ventilación excesiva.
4- Cambiar de compresor a los 2 minutos o antes si está cansado.
5- La relación debe ser 30/2 (30 compresiones por 2 ventilaciones).
6- Abrir vías aéreas correctamente.
7- Siempre que sea posible, tener 3 apoyos.
Realizar esta maniobra correctamente puede marcar la diferencia entre
la vida y la muerte. Por eso, es clave complementar esta formación con
un curso práctico de RCP.
[Link]
Importante:
El asistente personal sólo debe intervenir en primeros
auxilios básicos si fue capacitado.
No reemplaza al personal médico, sino que puede actuar como
primer respondiente hasta que llegue la ayuda profesional.
Siempre documentar e informar el hecho a quien corresponda,
respetando la confidencialidad.
Para profundizar en el tema, como opcional, proponemos los siguientes
videos:
Videos sobre Primeros Auxilios:
[Link]
[Link]
[Link]
El asistente como parte de una
red de apoyos, no como
reemplazo del sistema de salud.
El asistente personal es un eslabón clave dentro de una red de
apoyos para la vida independiente, pero no debe asumir
funciones clínicas ni roles que corresponden a otros
profesionales.
¿Qué implica ser parte de la red?
Trabajar articuladamente con otros apoyos: familia,
profesionales de salud, servicios sociales, escuela, etc.
Informar, coordinar y derivar cuando se detectan necesidades
fuera del rol del asistente.
Participar en la planificación centrada en la persona,
aportando observaciones y propuestas desde su experiencia
cotidiana.
Acompañar sin invadir: ser un apoyo que potencia la
autonomía, no que genera dependencia.
¿Qué NO debe hacer?
No hacer diagnósticos.
No administrar medicación sin indicación y supervisión adecuada.
No brindar tratamientos ni contención psicológica estructurada.
No sustituir a trabajadores sociales, psicólogos, médicos ni
terapeutas.
¿Qué SÍ puede hacer?
Observar, contener y derivar si identifica situaciones
preocupantes.
Brindar apoyo cotidiano, emocional y práctico desde el respeto a
la voluntad de la persona.
Conocer los servicios disponibles y promover el acceso a derechos.
Ser asistente personal implica estar presente, acompañar sin
invadir, y respetar profundamente los tiempos, decisiones
y derechos de la persona asistida.
Cierre de la Clase 7
Llegamos al final de esta clase, y con ella cerramos un recorrido que nos
permitió pensar el rol del asistente personal desde múltiples
dimensiones: el respeto por la autonomía, los apoyos en la vida
cotidiana, la comunicación accesible, los límites éticos y la intervención
ante situaciones críticas. Todo este camino nos invita a mirar el
acompañamiento desde una perspectiva de derechos, cuidado y
compromiso.
Para cerrar este bloque formativo, te proponemos ver el siguiente video
de la filósofa y activista Soledad Arnau Ripollés, quien nos invita a
reflexionar sobre un tema fundamental muchas veces invisibilizado:
la sexualidad de las personas con diversidad funcional. A través
de su testimonio y su mirada crítica, pone en evidencia cuánto incide la
ética, el capacitismo y la interseccionalidad en la forma en que
entendemos la vida independiente, el placer, los afectos y el derecho a
decidir sobre el propio cuerpo.
Este material nos interpela directamente como asistentes personales:
¿Qué lugar damos a la dimensión afectiva y sexual en los apoyos que
brindamos? ¿Desde qué marcos éticos y políticos pensamos el cuerpo, el
deseo y la intimidad de las personas con las que trabajamos?
Te invitamos a ver el video con atención y luego compartir en el foro tus
reflexiones
[Link]
Bienvenidos a la clase 8:
Autocuidado y proyección laboral del Asistente
Personal
Autocuidado y sostenibilidad del rol.
Riesgos laborales, límites y prevención del desgaste.
Herramientas de comunicación efectiva y resolución de conflictos.
Armado del CV y orientación laboral: cómo presentarse y
postularse como AP
Llegamos al cierre de esta propuesta formativa, y lo hacemos abordando
dos dimensiones fundamentales: el cuidado de quienes cuidan, y la
proyección del rol del Asistente Personal como una opción laboral
concreta y profesionalizada.
En esta clase reflexionaremos sobre cómo sostener el acompañamiento
desde un lugar saludable, ético y profesional.
El trabajo de asistencia puede ser profundamente transformador, pero
también implicar riesgos si no se cuenta con herramientas para regular
el involucramiento emocional, los límites del rol o las situaciones de
conflicto. Por eso hablaremos del autocuidado, de la cercanía óptima y
de estrategias para prevenir el desgaste.
Además, nos enfocaremos en tu proyección laboral.
¿Cómo presentar tu recorrido y habilidades en un CV?
¿Cómo postularte como Asistente Personal?
¿Qué tener en cuenta en una entrevista laboral?
Reconocer el valor de tu formación y saber comunicarlo es parte de
construir oportunidades.
Te invitamos a transitar esta última clase como un espacio de síntesis,
de afirmación del rol y de preparación para lo que viene: tu desarrollo
como profesional del apoyo, con autonomía, herramientas y
compromiso.
Autocuidado y sostenibilidad del rol
Asistir a otros requiere también cuidar de una misma. La sostenibilidad
del rol del Asistente Personal no solo depende de habilidades técnicas,
sino también de la capacidad de sostenerse emocional y éticamente en
el acompañamiento. En este sentido, uno de los desafíos más
importantes es encontrar la distancia justa con la persona a la que se
acompaña: una cercanía que permita el vínculo humano, sin perder la
claridad profesional. A eso llamamos cercanía óptima, y es una de las
claves para ejercer este rol de manera saludable y respetuosa.
¿Qué es la cercanía óptima?
La cercanía óptima es una posición emocional, profesional y ética que
permite intervenir con sensibilidad sin perder claridad. Supone un
equilibrio dinámico:
Estar lo suficientemente cerca como para afectar y dejarse
afectar.
Pero también lo suficientemente lejos como para no confundirse,
sobreidentificarse o perder perspectiva.
Se trata de una relación asimétrica –porque el vínculo está mediado por
un rol profesional, pero que puede ser auténtica, genuina y afectiva.
Acompañar a otras personas implica involucrar emociones, historias y
afectos. Sin embargo, cuando ese involucramiento no se regula, pueden
aparecer el desgaste emocional, la confusión de roles o el desborde
subjetivo.
Lograr la cercanía óptima permite construir vínculos respetuosos y
sostenibles, centrados en la tarea, sin renunciar a la dimensión humana.
La investigadora Mercedes Nieto propone tres pilares para construir esta
cercanía óptima:
Trabajo en equipo
Permite detectar signos de sobrecarga o sobreinvolucramiento.
Ofrece una mirada compartida y crítica sobre las prácticas.
Ayuda a salir del lugar de omnipotencia individual.
Formación teórico-metodológica
Brinda herramientas para comprender y encuadrar las situaciones.
Permite pensar la práctica, organizarla y darle sentido.
Debe ser flexible y dialogar con la experiencia concreta del campo.
Trabajo personal / sobre uno mismo
Implica reflexionar sobre lo que nos afecta, nos duele o incomoda.
Requiere reconocer límites, prejuicios, emociones y saber pedir
ayuda.
Supone una disponibilidad emocional auténtica, sin imposturas.
La cercanía óptima no es una receta ni un punto fijo. Es una
construcción cotidiana, alimentada por el diálogo entre teoría, práctica,
equipo y emociones. Es una forma ética de estar en el vínculo: ni
distante ni absorbido, sino presente, consciente y comprometido.
Para profundizar te invitamos a leer:
Sobre la construcción de una mirada Tensiones que se ponen en
juego en la intervención Sobre el concepto de Cercanía
óptima. Cuando se ponen en juego los afectos.
Riesgos laborales, límites y prevención del desgaste
El rol del Asistente Personal requiere presencia sostenida, compromiso
emocional y capacidad de respuesta frente a situaciones muy diversas.
Por eso, como en cualquier trabajo de cuidado, existen riesgos asociados
que es importante identificar y prevenir.
Uno de los principales desafíos es el riesgo de desgaste
emocional o burnout, que puede manifestarse como agotamiento físico
o mental, pérdida de motivación, irritabilidad, insomnio, dificultades
para poner límites o sensación de frustración continua. Estos síntomas
no son fallas personales, sino señales de que el entorno laboral o el
modo de acompañar necesita ser revisado.
El desgaste también puede surgir cuando no están claros los límites del
rol.
El Asistente Personal no es un familiar, ni un amigo, ni un profesional de
salud. A veces, por compromiso o empatía, se corre el riesgo de sobre-
involucrarse, asumir tareas que no corresponden o estar disponible más
allá de lo posible. Esto no solo pone en peligro la salud de quien asiste,
sino también la calidad del vínculo y el respeto por la autonomía de la
persona acompañada.
Para prevenir estos riesgos, es clave:
1. Establecer y comunicar límites claros: definir de antemano
qué tareas forman parte del rol y cuáles no. Poder decir que no,
sin culpa, también es parte de un acompañamiento saludable.
2. Pedir ayuda y compartir lo que sucede: contar con espacios
de supervisión, intercambio o acompañamiento grupal permite
descargar tensiones, recibir otras miradas y evitar la sensación de
soledad en la tarea.
3. Reconocer las señales de alerta propias: cansancio excesivo,
desconexión emocional, pérdida de paciencia o dificultad para
disfrutar del trabajo pueden ser indicios de que es necesario parar,
reorganizarse o cambiar algo.
4. Respetar los tiempos personales y de descanso: el trabajo
de cuidado no puede sostenerse sin tiempo propio, sin pausas, sin
espacios de placer o desconexión.
5. Fortalecer la identidad profesional del rol: reconocerse como
trabajador/a con derechos, con responsabilidades definidas y con
necesidad de formación continua ayuda a construir condiciones
laborales más saludables.
Asistir no debe implicar dejarse de lado. El bienestar de quien acompaña
es una condición necesaria para que el acompañamiento sea
respetuoso, efectivo y sostenido en el tiempo. Por eso, pensar en la
prevención del desgaste no es un lujo, sino una responsabilidad ética y
profesional.
Herramientas de comunicación efectiva y
resolución de conflictos.
Una comunicación clara, respetuosa y empática es fundamental para
acompañar a las personas con discapacidad en su vida cotidiana,
fortalecer la confianza mutua y prevenir situaciones de malentendidos o
tensiones.
La empatía no es simplemente “ponerse en el lugar del otro”, sino
disponerse a comprender su perspectiva, reconociendo su singularidad,
sin juzgar ni proyectar nuestras propias ideas o emociones. Una actitud
empática permite interpretar con mayor profundidad lo que la persona
necesita o desea, incluso cuando no puede expresarlo fácilmente con
palabras. La empatía guía nuestras intervenciones, humaniza el vínculo
y favorece decisiones más ajustadas y respetuosas.
Algunas herramientas prácticas para una comunicación efectiva:
1. Escucha activa: implica prestar atención genuina a lo que la otra
persona dice, tanto verbal como no verbalmente. Requiere evitar
interrupciones, validar lo que se expresa y demostrar interés con
el cuerpo, la mirada y el tono de voz.
2. Acordar pautas de convivencia y de trabajo: establecer
conjuntamente normas claras sobre cómo se desarrollarán las
actividades, respetando las rutinas, preferencias y límites de la
persona acompañada.
3. Uso de lenguaje sencillo: comunicarse con claridad, evitando
tecnicismos o frases ambiguas. Adaptar el lenguaje según la
situación, el contexto y la forma de comprensión de cada persona
es una forma concreta de accesibilidad.
4. Asertividad: expresar de manera clara, directa y respetuosa lo
que se necesita, se piensa o se siente. Ser asertivo no significa
imponer, sino encontrar un modo equilibrado de comunicar sin
pasividad ni agresividad.
Ante situaciones de conflicto, es clave promover soluciones
colaborativas. Esto implica abrir espacios de diálogo, escuchar todas
las voces involucradas, reconocer las propias emociones y evitar
respuestas impulsivas. La gestión ética del conflicto pone el foco en el
cuidado del vínculo y en la construcción de acuerdos que contemplen las
distintas perspectivas.
Recordá: acompañar no es solo hacer, sino también estar de manera
consciente, disponible y comunicativa. La calidad del acompañamiento
se construye, en gran parte, en la forma en que nos vinculamos.
La comunicación es el proceso mediante el cual se intercambian información, ideas,
emociones y significados a través de un sistema común de símbolos, signos y
comportamientos.
Este proceso implica un emisor, que transmite un mensaje, y un receptor, que lo
recibe y lo interpreta.
La comunicación puede ser verbal o no verbal, escrita u oral, y puede ocurrir en una
variedad de contextos y a través de múltiples canales, como el lenguaje hablado, la
escritura, los gestos, y las expresiones faciales.
[Link]
Identificar los riesgos del rol, establecer límites y fortalecer la propia
sostenibilidad laboral permite construir una práctica profesional más
sólida y consciente. Esto no solo impacta en la calidad del
acompañamiento, sino también en la manera en que nos posicionamos
frente al mundo del trabajo.
Conocerse, reconocer las propias habilidades, saber comunicarlas y
tener claridad sobre la tarea que se está dispuesto a asumir, son claves
al momento de buscar oportunidades laborales. Por eso, en esta última
parte de la clase, abordaremos herramientas para armar un CV efectivo,
prepararse para entrevistas y presentarse con seguridad como Asistente
Personal.
Armado del CV y orientación laboral: cómo presentarse
y postularse como Asistente Personal
El Currículum Vitae (CV) es una herramienta fundamental para
presentarte de manera profesional y abrirte camino en el mundo laboral.
Es tu carta de presentación ante posibles empleadores o familias que
estén buscando un Asistente Personal.
Por eso, debe ser claro, ordenado y reflejar lo mejor de tu recorrido, tus
habilidades y tu motivación.
Un buen CV no necesita ser largo: lo importante es que sea preciso,
coherente y fácil de leer. A continuación, te ofrecemos una guía paso
a paso para elaborarlo:
¿Qué debe incluir un CV como Asistente Personal?
1. Datos personales
Incluí tu nombre completo, teléfono de contacto, correo
electrónico y barrio o zona donde vivís (no es necesario poner la
dirección exacta, pero sí ayuda indicar tu ubicación para evaluar la
cercanía con los lugares de trabajo).
2. Formación
Listá tu formación académica y técnica. Incluí también talleres,
cursos o capacitaciones relevantes como este curso de Asistente
Personal para la Vida Independiente. Aclarar si son presenciales o
virtuales, y si tienen certificación, también suma valor.
3. Experiencias laborales
Detallá los trabajos que hayas tenido, especialmente los
relacionados con el acompañamiento de personas, cuidado,
asistencia en domicilios o voluntariados. No hace falta que hayan
sido en relación de dependencia: lo importante es explicar qué
hacías y con qué tipo de personas trabajaste.
4. Competencias y habilidades
Este es un apartado clave. Acá podés destacar tus fortalezas
personales y aptitudes que hacen a la tarea del Asistente Personal:
por ejemplo, responsabilidad, empatía, autonomía, manejo de
rutinas, comunicación clara, puntualidad, flexibilidad, capacidad
de adaptación, entre otras.
5. Referencias laborales o personales (opcional)
Podés incluir el nombre y contacto de personas que puedan dar
testimonio de tu experiencia o compromiso. Asegurate de contar
con su autorización para compartir sus datos.
Recomendaciones para mejorar tu CV
Usá un formato visual limpio y profesional. Evitá usar muchos
colores o tipografías diferentes.
Revisá la ortografía y la redacción. Un CV sin errores transmite
seriedad y atención al detalle.
Adaptá el CV según el rol al que estás aplicando. Si es como AP,
poné en primer plano lo que más se relaciona con este trabajo.
Evitá llenar espacios con información irrelevante. Más importante
que la cantidad, es la claridad.
¿Cómo prepararte para una entrevista
laboral?
Una entrevista es una oportunidad para conversar sobre quién sos,
cómo trabajás y qué podés aportar. No es un examen, pero sí requiere
preparación. Te compartimos algunos consejos:
Informate bien sobre el rol del Asistente Personal.
Cuanto más claro tengas tu tarea, mejor podrás explicarla.
Estudiar este curso es una gran base para eso.
Pensá ejemplos concretos.
Si ya tuviste alguna experiencia, prepará situaciones que hayas
resuelto o acompañado, qué aprendiste y cómo actuaste.
Sé honesto/a con tus tiempos disponibles, tus intereses y
tus límites.
Es preferible decir claramente cuándo podés trabajar o qué tareas
no podés realizar, antes que comprometerte a algo que no podrás
sostener.
Mostrate con seguridad, sin exagerar ni minimizar lo que
sabés.
Hablar con respeto, escuchar al otro y poder explicar tu recorrido
con claridad, muchas veces vale más que un largo listado de
cursos.
Recordá: Ser Asistente Personal es un trabajo profesional. Mostrar tu
formación, tus habilidades y tu disposición de forma clara y segura es
una parte esencial para poder ejercerlo.
Redes sociales y búsqueda de empleo: cómo hacer
visible tu rol como Asistente Personal
En la actualidad, muchas oportunidades laborales no se publican en
portales tradicionales, sino que circulan por redes sociales, grupos de
WhatsApp, comunidades locales o contactos directos. Por eso, es
fundamental saber cómo usar estas herramientas para potenciar tu
búsqueda laboral y visibilizar tu perfil como Asistente Personal.
¿Por qué son importantes las redes
sociales?
Las redes sociales no solo sirven para entretenernos o mantenernos
informados. También son espacios donde circulan ofertas de trabajo,
recomendaciones, convocatorias y contactos. Además, son una vidriera
donde podés mostrar tu recorrido profesional y posicionarte como
alguien capacitado, confiable y disponible para el rol de AP.
Consejos para usar redes sociales en la
búsqueda de empleo
Mantené tu perfil actualizado y profesional
En Facebook, Instagram o LinkedIn, asegurate de que tu
información básica esté completa. Si usás tu nombre real, elegí
una foto clara y cuidada (no hace falta que sea formal, pero sí que
transmita confianza). Revisá qué contenidos compartís
públicamente: es importante que reflejen una imagen coherente
con el trabajo que buscás.
Publicá que estás disponible
Podés hacer una publicación breve contando que terminaste una
formación como Asistente Personal, que estás disponible para
trabajar en ciertos días o zonas, y que tenés experiencia o
referencias. Por ejemplo:
“Hola a todos/as, quería contarles que finalicé una capacitación como
Asistente Personal para la Vida Independiente. Estoy buscando trabajo
acompañando a personas con discapacidad, en zona oeste o CABA.
Tengo experiencia, soy responsable y cuento con referencias. Si sabés
de alguna familia o institución que esté buscando, me podés escribir por
privado. ¡Gracias por compartir!”
Sumate a grupos relacionados con cuidado, discapacidad o
empleo en tu zona
Hay muchos grupos de Facebook, Telegram o WhatsApp donde se
comparten oportunidades laborales. Buscá aquellos que sean
activos, respetuosos y específicos de tu interés (por ejemplo:
“Cuidadores Zona Sur”, “Red Discapacidad y Apoyos”, “Empleos
en CABA”).
Pedí a tus contactos que te recomienden
A veces, las oportunidades llegan a través de quienes te conocen.
No tengas miedo de decir que estás buscando trabajo, y pedí que
te recomienden si saben de alguien que necesite
acompañamiento. También podés enviar tu CV por mensaje
privado a conocidos o contactos de confianza.
Usá LinkedIn si querés posicionarte profesionalmente a
largo plazo
LinkedIn es una red más formal, ideal para quienes quieren
construir un perfil profesional en el tiempo. Allí podés cargar tu
experiencia, tu formación (como este curso), pedir
recomendaciones y seguir páginas de organismos, fundaciones o
servicios que trabajen con discapacidad.
Importante:
Lo que compartís en redes habla de vos. Es una oportunidad para
mostrar tu compromiso, tu formación y tu disponibilidad, pero también
requiere responsabilidad. Evitá publicar datos personales de las
personas a las que acompañás, fotos sin autorización o comentarios que
puedan ser malinterpretados. La ética también se ejerce en lo digital.
¿Cómo abrir y mantener actualizado un perfil de LinkedIn?
LinkedIn es la red social profesional más utilizada en el mundo. Sirve
para mostrar tu perfil laboral, conectarte con personas del ámbito del
trabajo, recibir recomendaciones y estar al tanto de ofertas o
convocatorias. Aunque está más asociada a trabajos de oficina, cada vez
más personas de áreas sociales, educativas y de acompañamiento la
usan para visibilizar su experiencia.
Paso a paso para crear tu perfil
A) Ingresá a [Link]
Desde una computadora o el celular. También podés descargar la
aplicación desde Play Store o App Store.
B) Hacé clic en “Únete ahora” o “Regístrate”
Vas a necesitar un correo electrónico activo y crear una contraseña.
C) Ingresá tus datos básicos
Nombre y apellido reales
Dirección de correo electrónico
País y ciudad (ejemplo: Argentina – Ciudad Autónoma de Buenos
Aires)
Número de teléfono (opcional)
D) Completá tu perfil profesional
LinkedIn te va a guiar para cargar los siguientes datos:
Título profesional
Una frase breve que diga quién sos o qué hacés. Ejemplo: Asistente
Personal para la Vida Independiente – Acompañamiento domiciliario y
comunitario.
Resumen o presentación
Un texto breve donde contás quién sos, qué experiencia tenés y qué tipo
de trabajo estás buscando. Ejemplo:
Soy Asistente Personal formada en acompañamiento a personas con
discapacidad en sus actividades cotidianas y en la comunidad. Me
interesa trabajar en contextos domiciliarios, fomentar la autonomía y
participar de redes de apoyo respetuosas y centradas en la persona.
Experiencia laboral
Podés cargar trabajos anteriores, voluntariados o experiencias
informales. En cada uno, explicá qué hacías y con quiénes trabajaste.
Formación
Incluí tu formación académica y capacitaciones. Ejemplo: Curso de
Formación de Asistentes Personales para la Vida Independiente
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires 2025.
Habilidades
Podés agregar palabras clave como: empatía, acompañamiento,
resolución de conflictos, trabajo en equipo, comunicación clara,
autonomía.
Foto de perfil
Elegí una foto clara, donde se vea bien tu rostro. No tiene que ser
profesional, pero sí transmitir seriedad y calidez.
Cómo mantener tu perfil actualizado
1. Ingresá cada tanto para revisar notificaciones o mensajes.
Podés recibir invitaciones a conectarte o mensajes de personas
interesadas en tu perfil.
2. Agregá nuevos cursos o experiencias.
Si hiciste una capacitación, un voluntariado o cambiaste de
trabajo, sumalo a tu perfil.
3. Conectate con personas o instituciones del ámbito.
Podés seguir páginas como COPIDIS, Plena Inclusión, u otras
vinculadas al acompañamiento de personas con discapacidad.
4. Pedí recomendaciones.
Si alguien con quien trabajaste está en LinkedIn, podés pedirle que
escriba una breve recomendación sobre vos.
5. Compartí contenidos relacionados con tu área.
Si te sentís cómoda, podés compartir publicaciones sobre
discapacidad, inclusión o experiencias de acompañamiento,
siempre cuidando la privacidad de las personas.
LinkedIn no es solo para buscar trabajo, también es una herramienta
para construir tu identidad profesional, aprender de otros/as y mostrar
tu recorrido con orgullo. Tener un perfil activo y bien presentado es una
forma más de posicionarte como Asistente Personal con compromiso y
formación.
¿Cómo puede ayudarte la Inteligencia Artificial (IA) a
armar tu CV y postularte a trabajos?
La Inteligencia Artificial (IA) es una herramienta que puede ser muy útil
en tu búsqueda laboral. Aunque parezca algo lejano o complejo, hoy
existen plataformas y asistentes virtuales (como este curso lo
demuestra) que pueden ayudarte a escribir, mejorar y adaptar tu
currículum, así como a preparar cartas de presentación o practicar
entrevistas.
¿Para qué podés usar la IA si estás buscando trabajo?
Redactar tu CV desde cero
Podés pedirle a un asistente de IA (como ChatGPT) que te ayude a
armar un CV básico si le decís tu experiencia, tu formación y tus
habilidades.
Por ejemplo: “Tengo experiencia acompañando a una persona con
discapacidad durante 2 años. Hice un curso de Asistente Personal. Soy
responsable, puntual y me manejo bien con rutinas. ¿Me ayudás a armar
un CV simple con esto?”
Mejorar el contenido y la redacción
Si ya tenés tu CV, podés pedirle que lo revise, corrija errores o te
sugiera una versión más clara o profesional. También puede
ayudarte a adaptar el CV a distintos trabajos (por ejemplo,
acompañamiento escolar, domiciliario o comunitario).
Escribir mensajes para postularte
Muchas veces necesitamos mandar un mensaje por WhatsApp,
mail o redes para ofrecer nuestros servicios. Podés pedirle a la IA
que redacte un mensaje breve y respetuoso para presentarte,
como si fuera una mini carta de presentación.
Prepararte para entrevistas
Podés practicar respuestas con IA simulando preguntas comunes:
¿Qué harías si la persona a la que acompañás se niega a salir de
su casa?
¿Cómo manejás los límites entre tu rol y el de la familia?
La IA puede darte ideas para responder y ayudarte a pensar cómo
explicar lo que hacés.
Herramientas que podés usar
ChatGPT (gratuito con registro en [Link]
Canva ([Link] para hacer tu CV con diseño
visual
Zety o [Link] para crear CVs automáticamente desde
plantillas
YouTube: buscá tutoriales sobre cómo armar un CV o usar
LinkedIn con IA
A tener en cuenta
La IA no reemplaza tu experiencia ni tus decisiones. Es una herramienta
que te asiste, pero no piensa por vos. Siempre revisá lo que genera,
adaptalo a tu estilo y verificá que sea cierto y coherente con tu
recorrido.
Usar inteligencia artificial puede facilitarte el camino, pero tu
compromiso, tu historia y tu forma de comunicarte son lo que
realmente marca la diferencia.
La formalización del trabajo
En Argentina existen distintas formas de trabajo registrado que permiten
acceder a derechos laborales, aportes jubilatorios y cobertura de salud.
Entre ellas, el régimen de contrato de trabajo en relación de
dependencia es el más común, con derechos plenos como vacaciones
pagas, aguinaldo y obra social. Otra opción es el régimen de casas
particulares, pensado para quienes trabajan en hogares realizando
tareas de cuidado, limpieza o asistencia, incluyendo también aportes,
ART y licencias. Por otro lado, el monotributo es una alternativa para
quienes trabajan de forma independiente y necesitan emitir factura,
como en el caso de muchos Asistentes Personales. Cada régimen tiene
requisitos, obligaciones y niveles de protección distintos, pero todos
permiten ejercer la actividad de manera formal, con respaldo legal y
acceso a beneficios.
¿Cómo sacar el Monotributo?
Guía básica para registrarte como trabajador/a independiente
El monotributo es una forma simple de estar registrado como trabajador
o trabajadora independiente. Sirve para emitir facturas, aportar a la
jubilación y tener cobertura de obra social. Es obligatorio si trabajás de
manera autónoma y cobrás por tus servicios, como en el caso de ser
Asistente Personal.
¿Qué necesitás antes de empezar?
CUIL (lo obtenés en ANSES si no lo tenés).
Clave Fiscal nivel 2 o más (la podés sacar desde tu casa con la
app Mi AFIP o yendo a una oficina de AFIP).
Correo electrónico activo y número de celular.
Tener domicilio actualizado en tu DNI.
Paso a paso para darte de alta en el Monotributo
1. Ingresá a la página de AFIP: [Link]
Hacé clic en “Acceso con Clave Fiscal” e ingresá tu número de
CUIT y tu clave fiscal.
2. Entrá a la opción “Monotributo”
Una vez dentro, elegí la opción “Adherir al Monotributo”.
3. Completá tus datos personales y domicilio
Verificá que tu domicilio fiscal esté correcto. Si no lo está, podés
actualizarlo en la opción “Sistema Registral”.
4. Definí tu actividad principal
Te van a pedir que selecciones la actividad que vas a realizar.
Como Asistente Personal podés elegir:
"Servicios personales n.c.p. prestados por trabajadores
independientes” (código 960990).
1. Completá los datos de facturación estimada
Según cuánto esperás facturar al año, se te asigna una categoría
(desde la A hasta la K). La mayoría de quienes inician eligen
la Categoría A (la más baja).
2. Elegí si vas a tener obra social
Podés seleccionar una obra social o rechazarla (si ya tenés otra o
no querés). Podés sumar también a tus hijos o pareja si cumplen
condiciones.
3. Confirmá tu inscripción
Una vez que aceptás todo, se genera tu constancia de
monotributista. ¡Ya estás dado/a de alta!
¿Qué podés hacer como monotributista?
Emitir facturas electrónicas (a través de la web o app de AFIP).
Acceder a obra social.
Aportar a la jubilación.
Acceder a beneficios del Estado (créditos, programas de inclusión,
etc.).
Consejos útiles
Guardá una copia de tu constancia de inscripción.
Tené una carpeta con tus facturas emitidas y los pagos al día.
Podés usar la app Mi AFIP o entrar desde la web.
Si no facturás durante un tiempo, igual tenés que seguir pagando.
Si dejás de trabajar como independiente, tenés que darte de baja.
¿Dónde podés pedir ayuda?
AFIP: 0800-999-2347
Centros de atención al contribuyente