LA REVERSA DEL ESCENARIO.
(Adaptación)
Jean-Pierre
MartÍnez
Personajes
Miguel: actor
Valencia: actriz
Gonzalo: director de escena
Adela: directora del teatro
Esmeralda: crítica
Cristina:
acomodadora
Ramírez: comisario
Sánchez: ayudante
Ramón: espectador
Teresa: espectadora
Juan Pablo:
presidente Rosita:
presidenta Mauricio:
autor
INICIO
Miguel y Valencia están de pie, él en el proscenio y ella un poco más atrás.
Parecen abrumados por el destino que los agobia.
Valencia: ¿Qué ves, Dimitri?
Miguel: (Mirando una ventana imaginaria) Solo oscuridad y fantasmas. El sol
se fue y mi reloj se detuvo.
Valencia: ¿Mal presagio? Estoy nerviosa. Huyamos, nadie nos obliga a ser héroes.
Miguel: ¿Cómo podríamos afeitarnos frente al espejo tras tal cobardía? No
podemos dejar a estos huérfanos sin memoria.
Valencia: Si los dejamos, nos olvidaran pronto...
Miguel: Pero nosotros no. El recuerdo de la traición nos perseguiría.
Valencia: Tienes razón. Me quedo, pero... ¿volveremos algún día a nuestra
mansión en Marbella?
Miguel: ¡Qué dilema! Marbella es tan linda en otoño...
Valencia: Aún podemos irnos, Dimitri. Tenemos los pases de
abordar. Miguel: (Sacando el papel) Terminal 2B...
Valencia: 2B... "Two B", como diría Shakespeare.
Miguel: Two B... or not to be. Esa es la cuestión.
Gonzalo: (Entrando y aplaudiendo) ¡Bravo! ¡Son sus personajes!
Valencia: ¡Gracias, Gonzalo de San Petersburgo! El mejor pagado de la escena.
Gonzalo: Se lo merecen. Solo un detalle: la obra se llama El día justo antes de la
noche. No es optimista.
Miguel: Entiendo... después del buen tiempo, viene la
lluvia. Valencia: La calma antes de la tormenta.
Gonzalo: ¡Exacto! La tragedia es el día justo antes de la noche. ¡Sienten esa
desesperación del alma rusa! ¡No es una comedia barata!
Valencia: Claro...
Gonzalo: Pero ojo, es una tragedia con humor. No olviden ese segundo grado.
¡Hay que reírse! En fin, no los distraigo más antes del estreno.
Valencia: Gracias por los consejos, Gonzalo.
Gonzalo: Estén brillantes, porque Mauricio Cortina, el autor, estará en la sala. Y
también Esmeralda Dentadura, la crítica de Teledrama. Si ella nos destroza,
estamos acabados.
¡Sean buenos!
(Gonzalo se va. Los dos actores se miran.)
Miguel: No sabía que venía el autor. Ahora sí estoy nervioso.
¿Tú no? Valencia: ¿Por el autor? No...
Miguel: Claro, como tú no te acostaste con él para este papel...
Valencia: Ah, eso explica por qué me rechazó. Me tranquiliza recuperar mi sex
appeal.
Miguel: Oye, con lo de la "pila" del reloj... ¿tengo problemas con esa línea, no
crees? ¿Se supone que es un chiste?
Valencia: ¿Cómo lo sientes tú?
Miguel: ¿Un orfanato con Alzheimer temprano? ¡Qué visión tan rusa! No sabía
que Mauricio Cortina fuera de Moscú.
Valencia: Yo tampoco...
Miguel: (La mira perplejo) Entonces... ¿Con quién te acostaste tú para el
papel? Valencia: Con el director... con Gonzalo.
Miguel: Ah, yo lo intenté al principio, pero no funcionó. Ahora
entiendo por qué. (Entra Cristina, la taquillera, con una taza de café).
Cristina: Aquí tienes tu café, Miguel. Dos azúcares, como
pediste. Miguel: Gracias, cariño. Eres un ángel.
Valencia: Oye, Cristina, ¿me traes uno? Sin azúcar,
por favor. Cristina: (Sonriendo) Vete a la mierda,
maldita zorra.
(Cristina se va).
Miguel: Siento una ligera tensión... ¿Alguna razón?
Valencia: Se acostó con el director y con el autor, pero yo me quedé con el
protagónico y ella vende boletas.
Miguel: Golpe bajo para el ego.
Valencia: Sí, aunque las propinas se las lleva ella.
Miguel: Pero cuando dices que se acostó con los dos... ¿fue al mismo tiempo o
por turnos? (Valencia prefiere no responder).
Valencia: ¿Y esa crítica, Esmeralda Dentadura? ¿Será un
apodo? Miguel: Dicen que es durísima. Vete a saber...
Valencia: ¿Repasamos? (Recita muy rápido y sin ganas): ¿Qué ves,
Dimitri? Miguel: (Rápido) Oscuridad y fantasmas. El sol se fue.
Valencia: ¿Qué hora es?
Miguel: Mi reloj se detuvo.
Valencia: Mal presagio.
Miguel: Es la pila... (Se detiene) No, de verdad, esa línea es
fatal. (Entran Adela, la directora, y Esmeralda Dentadura, la
crítica).
Adela: ¿No han visto al autor? Llevo buscándolo un cuarto de
hora. Valencia: Ni rastro.
Adela: ¿Conocen a Esmeralda Dentadura, de Teledrama?
Miguel: Quién no conoce su... "agudo" sentido crítico.
(Esmeralda estornuda estrepitosamente).
Esmeralda: ¿Hay mucho polvo aquí? ¿Nunca barren?
Adela: Si se tiene alergia al polvo, mejor no ser crítica de teatro.
Esmeralda: Lo contemporáneo siempre huele a polvo. Shakespeare es moderno,
pero
¿quién leerá a Mauricio Cortina en quinientos años?
Adela: La señora Dentadura quería entrevistar al autor antes del
estreno... Miguel: (Presentándose) Miguel Delamar. Soy Dimitri.
Esmeralda: Ah, lo recuerdo de esa serie lamentable... ¿La Confitura y las
Moscas? Miguel: Miel y Abejas.
Esmeralda: En la tele parecía más
alto. Miguel: Ella es mi
compañera, Natacha. Valencia:
Valencia Simpson, un honor.
Esmeralda: Su cara me suena... ¡Ya sé! El anuncio de papel
higiénico. Valencia: Qué halago que siga mi carrera con tanto
detalle.
Esmeralda: ¿Decidió cambiar el papel higiénico por el teatro? A veces dan
ganas de imprimir estas obras en ese mismo papel.
Valencia: Una artista debe tomar riesgos. Con esta obra me comprometo a
edificar a las masas que el capitalismo intenta embrutecer.
Esmeralda: Después de todo, ¿por qué no usted? Hoy todos hacen teatro. Hasta
los futbolistas retirados.
Adela: Es cierto... aunque es más difícil para un actor retirado lanzarse al fútbol
profesional.
Esmeralda: ¡Y además nos dan lecciones morales! Ganan millones en el
extranjero, anuncian bancos y luego actúan en obras que critican el sistema.
Adela: La vejez es un naufragio... Si el Che Guevara viviera hoy, seguro
anunciaría sillas salvaescaleras.
Esmeralda: Tocas fondo, Adela. El problema es que el hombre vive demasiado.
Todo artista digno debería morir a los treinta.
(Entra Cristina, la acomodadora, con expresión
catastrófica). Cristina: ¡Es espantoso! Ha ocurrido una
desgracia...
Esmeralda: Esta niña actúa muy bien. ¿En qué obra sale?
Adela: Es la acomodadora, Esmeralda. No pasó el casting. ¿Qué pasa, niña?
¡Habla! Cristina: ¡Mauricio Cortina! Lo encontré encerrado en los baños.
Miguel: El miedo al estreno, supongo. A mí me dan náuseas.
Esmeralda: Viendo sus antecedentes, no me extraña, joven
amigo. Cristina: No lo entienden... ¡El señor Cortina está
muerto!
Adela: ¿Muerto? ¿Qué quieres decir con "muerto" exactamente?
Cristina: Se ahorcó con el cordón de la cisterna. Es un espectáculo
espantoso. Adela: ¿Autores ahorcados?
Esmeralda: ¡No! ¡Espectáculos espantosos! Aunque un autor que se suicida antes
del estreno... ¡Qué elegancia! Un artista de verdad.
Cristina: No estoy segura de que sea suicidio. El señor Cortina tiene las manos
atadas a la espalda con cinta adhesiva.
Adela: Vaya, eso cambia el panorama...
Esmeralda: Parece un melodrama barato del siglo
pasado. Miguel: ¡Un asesinato! ¡Es horrible!
Valencia: El criminal podría estar aquí... ¡Hay que llamar a la
policía! Adela: Me encargo yo.
Miguel: (Ofreciendo su móvil) Use el mío. Sé que no tiene celular.
Adela: No. Usaré el viejo teléfono de disco de mi oficina polvorienta. Para avisar
de un crimen, es mucho más teatral.
(Adela sale, seguida de Cristina. Entra Gonzalo).
Gonzalo: Ah, señora Dentadura, espero que no venga a asesinarnos.
Esmeralda: Alguien ya se me adelantó con el autor, querido
Gonzalo. Gonzalo: ¿Qué dicen? ¿A qué vienen esas caras? ¡Hay que
levantar el telón! Miguel: Es que han encontrado a Cortina ahorcado
en los baños.
Gonzalo: ¿Es una broma? ¿Por eso estaban ocupados? Yo quería ir y... ¿Se
suicidó? Esmeralda: Aparentemente, es un asesinato.
Valencia: Aunque la hipótesis de accidente laboral sigue en pie...
Miguel: ¿Ahorcado, con las manos atadas y cinta adhesiva? Muy accidental.
Gonzalo: ¡Ahí estaba mi rollo de cinta! Pero esto es espantoso. Hay que cancelar
la función. Valencia: ¿No vamos a actuar?
Gonzalo: ¿Cómo, con el autor balanceándose en la cuerda del
inodoro? Esmeralda: ¡Ni se les ocurra cancelar! Ya escribí mi crítica
por adelantado. Gonzalo: Pues trabajó en vano. Espero que no fuera
muy mala...
Esmeralda: Tranquilo. La directora es amiga de un diputado que puede darme
una medalla. No iba a destrozar la obra. Por una vez escribo algo elogioso, ¡y no
puedo publicarlo!
Miguel: Publíquela igual. Nadie se dará cuenta de que el espectáculo no
existió. Valencia: Si es buena, nadie se quejará.
Gonzalo: De todos modos, ya nadie viene al teatro.
Esmeralda: Y menos los que nos leen; ellos solo ven teatro por
televisión. Gonzalo: Que se cuelguen con la cuerda de su inodoro en
el corte comercial.
Esmeralda: ¿Sabe, Gonzalo, por qué la palabra "cuerda" nunca debe decirse en
un teatro? Gonzalo: No lo sabía, pero empiezo a hacerme una idea...
Esmeralda: Hay teorías sobre la superstición de la "cuerda". Antes, los actores
pasaban tanta hambre que robaban gallinas y terminaban en el cadalso... con
una cuerda al cuello.
(Entra Cristina, la acomodadora).
Cristina: El público ya llegó. ¿Qué hacemos?
Miguel: No podemos actuar con un cadáver en el baño.
Gonzalo: Podría improvisar un discurso de homenaje antes de empezar...
Esmeralda: Perfecto. Aprovecharé para escribir su obituario y publicarlo junto a
mi crítica elogiosa del estreno que no veré.
(Salen Gonzalo y Esmeralda).
Valencia: Qué manera de empezar mi carrera... Mi debut y el autor se cuelga.
Miguel: Míralo por el lado positivo: no tendremos que actuar en esta obra
lamentable. Si no fuera por el alquiler, sería un alivio.
Valencia: Lo peor es que me acosté con el director
para nada. Miguel: ¿Tan malo fue?
Valencia: No sé, me quedé dormida antes de que terminara. Bueno, no nos
quedemos aquí
plantados.
Miguel: Vamos al camerino a ver qué
pasa. (Están a punto de salir).
Valencia: ¿Y el autor? ¿Era bueno en la
cama? Miguel: Fenomenal.
Valencia: No es lo que me dijo la acomodadora.
Miguel: Tal vez no supo por dónde tomarlo...
Valencia: Por eso se quedó vendiendo boletas.
(Miguel y Valencia salen. Entran Adela y
Cristina). Adela: ¿No lo han descolgado?
Cristina: ¿El teléfono?
Adela: ¡Al ahorcado! No hay que tocar nada antes de que llegue la policía. Lo
vi en una serie.
Cristina: Ahí sigue. Pero si alguien tiene ganas de ir al baño...
Adela: ¡Te aguantas! O ve al cine de al lado. ¿Dónde está la crítica
Dentadura? Cristina: Husmeando en los camerinos mientras los
actores se cambian. (Llegan el Comisario Ramírez y su ayudante
Sánchez).
Adela: ¿Y ustedes qué hacen aquí? ¿Entraron por la puerta trasera?
Cristina: (Al público) Puerta trasera... quizá eso debí intentar para el papel
principal.
Ramírez: (Mostrando placa) Comisario Ramírez y mi ayudante Sánchez. Somos
de la casa, nos gustan las comedias policiales.
Adela: Perdón, los confundí con clientes del cine porno de al lado; a veces se
equivocan de puerta. Soy Adela Nevera, la directora.
Ramírez: (Estrechando la mano) Se nota que mantiene la calma, tiene la mano
helada.
¿Has ido al teatro alguna vez, Sánchez?
Sánchez: Mis abuelos me llevaban a ver marionetas…
Ramírez: ¡No, Sánchez! Hablo del teatro de verdad: ¡Shakespeare, Molière,
Martínez! Adela: No hemos tocado nada, comisario. El cuerpo sigue en los
baños.
Ramírez: Ve a mirar, Sánchez. Y averigua si la víctima tiró de la cadena antes de
atarse las manos y ahorcarse.
Sánchez: ¿Y si no lo hizo?
Ramírez: ¡Pues recoge las muestras y envíalas al laboratorio! Hay que
enseñárselo todo... Adela: La acomodadora lo guiará.
Ramírez: ¡Y no olvide la propina, Sánchez!
Sánchez: No sé si tengo cambio...
(Cristina sale, seguida por Sánchez. Ramírez se ríe).
Ramírez: Este Sánchez... es nuevo, lo estoy
fogueando.
Adela: Supongo que querrá interrogar a los protagonistas de este drama.
Ramírez: ¿Es un drama? Prefiero la comedia. Para ver cadáveres ya tengo mi
turno de lunes a viernes.
Adela: Me refería al asesinato... si es que lo fue.
Ramírez: Mmm... No lo habrá matado usted, ¿verdad,
Adela? Adela: ¿Yo?
Ramírez: Sabe, llamándose Adela ya es sospechosa. En mi carrera he detenido a
docenas de
Adelas: asesinas en serie, exhibicionistas... por lo general son pervertidas
narcisistas. Es una regla con pocas excepciones.
Adela: Le aseguro que mi expediente está limpio. Al igual que yo.
Ramírez: ¡Bromeo, Adela! Aunque quizá sea más habladora cuando Sánchez la
interrogue con un directorio telefónico.
Adela: Pensé que esos métodos ya no se usaban en la policía...
Ramírez: Yo prefiero la psicología, pero los novatos... ya sabe, ¡la fe de los
recién convertidos!
Adela: Se lo juro, comisario...
Ramírez: ¡Que bromeo! Para ser mujer de teatro, le falta humor. Es vital en
nuestros oficios. Adela: Perdón, estoy desconcertada con todo esto.
Ramírez: ¿Y la crítica? ¿Segura que no está involucrada? Los críticos suelen
asesinar autores, ¿no? (Adela calla) ¡La volví a atrapar! En fin, ¿dónde están los
cómicos?
Adela: ¿Los actores? Se los envío ahora mismo. ¿Quiere un café para el ánimo?
Ramírez: ¿No tendrá un poco de cocaína? En la brigada antidroga adquirí el
hábito y me cuesta dejarlo.
Adela: (Sonriendo) Ah, no, comisario... esta vez no me atrapará. Está bromeando,
¿verdad? Ramírez: (Muy serio) ¿Le parece que estoy bromeando, Adela?
Adela: Voy a averiguar si hay... pero no le prometo nada.
(Adela sale. Ramírez se ríe y se queda solo. Se acerca al borde del escenario con
pose dramática).
Ramírez: (Teatral) Ser o no ser...
(Miguel llega por detrás).
Miguel: ¿Conoce la obra, comisario?
Ramírez: (Incómodo) ¿Quién no la
conoce?
Miguel: Mauricio Cortina era un gran autor. Su muerte nos deja huérfanos. ¿Está
aquí para investigar este drama, ¿verdad?
Ramírez: Es un caso que resolveré en tiempo récord. ¿Usted es
actor? Miguel: Sí, comisario.
Ramírez: Pero... ¿es su ocupación principal o tiene un trabajo de
verdad? Miguel: El teatro es una pasión.
Ramírez: Yo hice teatro en la secundaria. Me sirve para mi oficio, pero soy un
aficionado. Miguel: No diga eso. Tiene una presencia escénica increíble. Y un
gran potencial cómico. Ramírez: (Conmovido) ¿En serio?
Miguel: Absolutamente. Y una dicción excelente.
Ramírez: (Sobrearticulando) ¡El perro de San Roque no tiene rabo porque
Ramón Ramírez se lo ha robado!
Miguel: Papá bebe en los pinos, papá pinta en los bosques...
Ramírez: Si seiscientas sierras cortan seiscientos cigarros... (Se detiene,
impresionado). Bueno, al grano. Nombre, apellido, estado civil, profesión.
Miguel: Miguel Delamar, soltero, actor.
Ramírez: ¿Qué sabe de la víctima? ¿Cortina llevaba una vida disoluta? ¿Drogas?
¿Cocacolaína?
Miguel: No lo creo, Comisario. Y le aseguro que no perseguía
faldas. Ramírez: ¡No me confunda! ¿Usted era el cornudo, tal
vez?
Miguel: Sí... se podría decir así.
Ramírez: ¿Cuándo lo vio por última
vez?
Miguel: En la primera lectura de su obra. Motel Paraíso, habitación 69. Hace un
mes, a las dos de la mañana.
Ramírez: Entonces no es el último que lo vio con
vida. Miguel: A lo sumo, soy el último que lo vio en
calzoncillos.
Ramírez: Una última pregunta, Delamar, y responda sin rodeos...
Ramírez: ¿Cortina tenía un buen seguro de vida? ¿Cree que sea el móvil del
crimen? Miguel: No lo sé. ¿Por qué lo pregunta?
Ramírez: Por nada... es que tengo una herencia y no sé si invertir en bienes
raíces o ahorros. ¿Qué piensa?
Miguel: La propiedad siempre es la mejor inversión para un padre de familia.
Ramírez: Tiene razón. Invertiré en un panteón familiar. Gracias, Delamar.
Envíeme a su compañero.
Miguel: Se lo envío de inmediato.
Ramírez: Trabaje más esa dicción, amigo. (Sobrearticulando): ¿Cuánto cuestan
estos seis chorizos? Cuestan seis euros...
Miguel: (Interrumpiendo): Tarro de manteca, ¿cuándo te
desmantecarás?... Ramírez: ¡Basta de bromas!
(Miguel se va. Regresa Sánchez).
Sánchez: Comisario, ya descolgué al ahorcado. No es profesional, pero así
podemos usar el baño.
Ramírez: Tienes razón. ¿Qué hiciste con el cuerpo?
Sánchez: Lo colgué en una percha del vestuario, con los trajes de la obra. ¿Sigue
pensando que es suicidio, aunque tuviera las manos atadas?
Ramírez: Sánchez, conocí a un contorsionista que se estranguló con sus propios
pies mientras estaba esposado a mi radiador.
Sánchez: ¿Para culpar a la policía?
Ramírez: Hay que desconfiar, Sánchez. Detrás de cada contorsionista puede
haber un izquierdista dispuesto a manchar el honor de la institución.
Sánchez: Concluyo que Cortina estaba vivo antes de ahorcarse. O ser
ahorcado. Ramírez: Sin conclusiones apresuradas, Sánchez.
Sánchez: No se resistió. La cinta adhesiva, en cambio, es de excelente calidad.
Deberíamos pedir la marca para la oficina; la nuestra no pega nada.
Ramírez: Manda una muestra al laboratorio para que nos den la referencia. Es
difícil conseguir buen material hoy en día. ¿Algo más?
Sánchez: La cuerda era azul. Y Cortina tenía los pantalones por las rodillas.
¿Extraño, no? Ramírez: ¿Usted no se baja los pantalones cuando va al baño,
Sánchez?
Sánchez: Sí... pero no para suicidarme.
Ramírez: (Intrigado) ¿Y cuántas veces lo ha intentado ya, Sánchez? Si tiene
problemas, puede hablar conmigo. Soy su jefe, pero también su amigo... ¡Casi su
padre!
Sánchez: No, Comisario. Digo que, si fuera a hacerlo, no me bajaría los
pantalones. Usaría mi arma de servicio, como los colegas. Es más viril, ¿no? El
ahorcamiento es cosa de mujeres.
Ramírez: Vete a ahorcar a otro lado, Sánchez. Toma la declaración de Delamar,
pero no le des la espalda; no me parece sincero.
(Sánchez se va).
Ramírez: Ahora nosotros, Valencia. ¿Le importa que la llame así? ¿Tiene relación
con la ciudad? Yo soy de allá, aunque perdí el acento al unirme a la Legión. De
hecho, me cambié el nombre a Ramírez para despistar. Mi nombre real es
Roberta Zimmerman. Pero esa es otra historia... ¿Y usted?
Valencia: Soy de origen inglés. Allá es un nombre común.
Ramírez: Extraño, no hay ninguna Valencia en Gran Bretaña. Al grano:
¿conocía a la víctima?
Valencia: Lo vi un par de veces.
Ramírez: ¿En el Motel Paraíso?
Valencia: No frecuento moteles, Comisario. ¿Qué piensa de mí?
Ramírez: En este mundo hay "relajamiento de costumbres". Se dice que todas
las actrices se acuestan por un papel...
Valencia: Dije que no frecuento moteles. No mencioné los hoteles de
lujo. Ramírez: Entonces... ¿confirma que nunca fue amante de
Cortina?
Valencia: Comisario, yo estaba fuera de su alcance. Antes del teatro, fui una
estrella de la televisión.
Ramírez: ¡La adoré en ese anuncio de papel higiénico! ¿Me daría un autógrafo?
Es para mi madre, no se lo pierde nunca.
Valencia: Por supuesto, adelante...
(Sánchez irrumpe con un rollo de papel higiénico).
Ramírez: ¿Qué es esto ahora, Sánchez? Estoy
ocupado.
Sánchez: El papel de los baños... Cortina tenía una bola de este papel en la boca
para no gritar.
Ramírez: ¿Y?
Sánchez: Es la misma marca que la señorita anunció en televisión hace diez
años. Valencia: Un poco menos... y yo era casi una niña.
Ramírez: ¿Conclusiones, Sánchez?
Sánchez: Ninguna. Pero usted dice que no hay que pasar por alto ningún
detalle. Ramírez: Me interesa mucho, Sánchez. Retírate.
(Sánchez sale).
Valencia: No es raro que esa marca esté aquí, Comisario. El fabricante es el
patrocinador oficial de la obra.
Ramírez: Qué generoso... apoyar así la creación teatral contemporánea.
Valencia: Claro, colocamos sus productos en lugares destacados para agradecer
el patrocinio. Al igual que los libros que Mauricio debía firmar hoy...
Ramírez: ¿Aceptaría firmar el autógrafo directamente en este rollo de papel? Se
lo daré a mi madre en Navidad; será su mejor regalo.
(Valencia firma el rollo de papel higiénico).
Ramírez: Gracias, Valencia. No la molesto más. ¿Me permite escoltarla a su
camerino para que se desvista? La función se canceló.
Valencia: Con gusto. ¿Por dónde empezamos la visita?
Ramírez: ¿Por qué no por los baños? Acaban de quedar
libres... (Salen. Entran Sánchez y Cristina, ella muy
preocupada).
Cristina: ¡Es una catástrofe! El público ya está aquí. Si cancelamos, habrá un
motín.
Sánchez: ¿Quiere que llame a los autobuses de las fuerzas antidisturbios
para dispersarlos?
Cristina: No creo que haga falta. ¿Y el
Comisario? Sánchez: Lo busco...
Cristina: Creo que quería interrogar a los espectadores. Están ahí fuera. ¿Los
hago entrar? Sánchez: Adelante, yo me encargo.
Cristina: Por aquí, por favor.
(Entran Ramón y Teresa, de apariencia muy popular).
Sánchez: ¿Solo son dos?
Cristina: Es teatro subvencionado. Los espectadores son una especie en
extinción. Sánchez: ¿Los encerramos en la comisaría para ver si se
reproducen en cautiverio?
Cristina: Hay otros dos, pero estos pagaron. Son los sospechosos principales.
¿Quién pagaría por ver una obra así? Se llama "El día justo antes de la noche".
Sánchez: Sí, el título es fatal. (Cristina se va). A ver... ¿creen que voy a tragarme
que les interesa el teatro contemporáneo?
Ramón: No, ¿por qué?
Sánchez: Vinieron a ver "El día justo antes de la noche", ¿no?
Teresa: ¡Para nada! Íbamos al cine porno de al lado a ver "La Flauta
Mágica". Ramón: Nos confundimos de sala, ¿verdad, Teresa? ¿Esto
es una comedia? Sánchez: Pues no habrá "Flauta Mágica" ni teatro.
Se cancela por asesinato. Ramón: Genial, ahora nos perdimos el
comienzo de la película.
Teresa: No vamos a entender nada.
Sánchez: Lárguense antes de que me enoje. Los acompaño a la salida para que
no se equivoquen de puerta otra vez...
Teresa: ¿Puedo usar el baño antes de irme?
Sánchez: Si quieres... pero el último que entró no salió vivo.
Adela: Presentía que algo iba mal con esta obra. Solo deberíamos representar a
autores muertos.
Gonzalo: Al menos ellos no sufren infartos antes de subir el telón.
Adela: Si somos positivos, la muerte del autor podría darnos visibilidad. Revuelo
mediático. Porque, admítelo... la obra es bastante aburrida. ¿Es drama o
comedia?
Gonzalo: No es mala idea. Y si fue un asesinato, le da un toque picante.
Podríamos tener un gran éxito.
Adela: Claro, omitamos lo de los pantalones abajo y el papel higiénico; no es
glamuroso. Gonzalo: ¿Crees que Dentadura nos dé la portada de Teledrama?
Adela: Me debe eso. Gracias a mis contactos, le darán la medalla de las Artes y
las Letras el próximo mes.
(Salen. Regresan Ramírez y Sánchez).
Ramírez: ¿Cómo va la investigación,
Sánchez?
Sánchez: Despacio, comisario. Los espectadores que pagaron se equivocaron de
sala; iban al cine de al lado.
Ramírez: Veremos qué dicen los invitados... ¿Algo más?
Sánchez: Interrogué a la directora. Una mujer extraña. No tiene móvil... pero
bien podría tener un "móvil".
Ramírez: Acaba de decirme que no tiene móvil... ¿Cómo podría tener uno?
Sánchez: ¡Un móvil para el crimen, comisario! No un teléfono. Piénselo: los
autores muertos son más baratos que los vivos. No hay que pagar derechos de
autor.
Ramírez: Un buen autor es un autor muerto... Sánchez, te subestimé. Harás
una gran carrera en la policía.
Sánchez: Gracias, me conmueve.
(Llega Cristina con Madame Rosita, una mujer de aspecto pijo/intelectual, y
Monsieur Juan Pablo, lleno de medallas en la solapa).
Ramírez: ¿Y estos quiénes son? ¿También actúan en la obra?
Cristina: Son los espectadores con descuento. Quería interrogarlos. (Se va).
Rosita: Buenos días. Soy la Señora Rosita Lorca, Presidenta de la Sociedad de
Autores e Impostores Dramáticos.
Ramírez: Lorca... ¿Pariente de...?
Rosita: Mi antepasado indirecto,
sí.
Ramírez: Bravo. Eso le da legitimidad para hablar por los autores
contemporáneos.
Rosita: Fui invitada al estreno. Mauricio recibió el Premio del Bulevar Periférico
por escribir esta pieza.
Ramírez: ¿Le dieron un premio por escribirla? ¿Se otorgan premios por
adelantado apostando al genio futuro?
Rosita: Es difícil de entender para un no iniciado. El autor debe postularse de
forma anónima, para no reconocer su propia solicitud si él mismo está en el
jurado.
Ramírez: Una integridad que me conmueve. ¿Y qué hay que hacer para ganar?
Rosita: El candidato propone un tema. Consideramos unos temas más "dignos"
que otros para el teatro actual.
Ramírez: ¿Como cuáles?
Rosita: Mauricio propuso una obra en Chechenia sobre médicos humanitarios
sacrificándose por huérfanos con Parkinson. Sabía que así ganaría nuestro
beneplácito.
Juan Pablo: Si me permite, Presidenta, era
Alzheimer... Rosita: Es verdad, ya no lo recordaba.
Ramírez: Entiendo. Su preferencia va por los temas serios... por no decir
totalmente aburridos.
Rosita: También aceptamos temas "ligeros": desempleo, violaciones o
toxicomanía. No somos insensibles al humor.
Ramírez: Entiendo... se ríen de todo, pero solo entre ustedes.
Rosita: Le presento a Juan Pablo Castañuela, Presidente de los Escritores
Asistidos del Teatro. Él preside el Jurado.
Juan Pablo: Mucho gusto. Soy Vicecampeón de Petanca, Medalla al Mérito
Agrícola y el autor más representado en Extremadura. Hablo en nombre de
todos mis colegas.
Sánchez: Espere, tomo nota...
Ramírez: Olvídelo, Sánchez. Este testimonio no aportará nada.
Juan Pablo: Asesinar a un autor es asesinar al teatro. Cortina era un agujero
negro en nuestra galaxia.
Ramírez: ¿Lo conocía?
Juan Pablo: (Saca un papel y lee líricamente) Mauricio nació en una familia
modesta de Salamanca. Con su doctorado en el Siglo de Oro, se trasladó a
Madrid...
Ramírez: Juan Pablo, guarde su palabrería para el entierro. Solo dígame: ¿había
algo en esta obra que ofendiera a algún grupo político o religioso y motivara el
crimen?
Juan Pablo: ¡Imposible! Premiamos obras que no molestan a nadie, diseñadas
para complacer a quienes nos subvencionan. ¡Yo mismo soy amigo de la policía!
Ramírez: ¿Y estas obras se representan?
Rosita: Casi nunca. Solo se hacen lecturas públicas para el jurado que ya las
eligió. (Entran Esmeralda y Adela, agitadas).
Esmeralda: ¡Comisario, un descubrimiento asombroso!
Ramírez: ¿Va a hablarme de la cocaína que hallé en el tanque del inodoro?
Pensaba guardarla para mi consumo personal... y para sobornar informantes.
Sánchez: Gracias, Comisario.
Esmeralda: ¡No hablo de drogas! ¡Hablo de que esta obra es una
falsificación! Rosita: ¿Cómo?
Esmeralda: ¡Ya escribí una crítica sobre esta porquería hace diez años! El
autor solo cambió el título. Antes se llamaba "La noche justo antes del día".
Sánchez: Suena más alegre, ¿no, Comisario? Más
optimista. Esmeralda: La obra original la escribió un tal
Mauricio Cortina. Ramírez: ¡Pero ese es el nombre de la
víctima!
Sánchez: El plagiario y el plagiado tienen el mismo nombre. Una homonimia
perfecta.
Juan Pablo: Como Shakespeare... dicen que sus obras las escribió otro tipo que
también se llamaba William Shakespeare.
Adela: Entonces, el muerto del baño es un impostor.
Ramírez: Y un obseso. Calzoncillos, manos atadas, papel higiénico en la boca
y la nariz llena de cocaína... Vamos, Sánchez, ¿a qué te recuerda?
Sánchez: ¡Al ritual de iniciación que usted me hizo pasar cuando entré a la
policía! ¡Bravo, Comisario! Solo usted resolvería esto en los últimos cinco
minutos del espectáculo.
Ramírez: ¡Nada de conclusiones apresuradas! Podría ser una puesta en escena
para despistarnos.
Adela: Sea una falsificación o no, tenemos un cadáver. ¿Quién es?
Esmeralda: ¡Padre e hijo! El padre mató al hijo para recuperar su obra. Muy
freudiano. Adela: O el hijo mató al padre por la herencia intelectual.
Ramírez: El dilema es: ¿el muerto es el original o la copia?
Adela: Perdón, Comisario, pero esto es inverosímil. Solo un enfermo mental
querría plagiar una porquería como esta.
Mauricio: Mmm...
Ramírez: ¿Y este quién es ahora?
Sánchez: ¡Articule, por Dios! ¿Qué
dice?
Esmeralda: Habría que quitarle el papel higiénico de la boca para
saberlo. (Sánchez le quita el papel y le corta la cinta de las manos.
Entra Adela).
Adela: ¡Dios mío! Es él...
Mauricio: Soy Mauricio
Cortina.
Esmeralda: ¡No puede ser! Escribí su necrológica en vano. Ahora hay que ver si
es el verdadero o un usurpador.
Ramírez: Sus documentos, Cortina.
Mauricio: (Suspirando) Aquí están. ¿Contento?
Sánchez: (Examinándolos) Comisario, son falsos. Una imitación burda.
Ramírez: Así que tenemos "dos cortinas"...
Mauricio: Por supuesto que son falsos.
Ramírez: ¿Reconoce los hechos? Eso ahorra tiempo.
Mauricio: ¿Puedo ver su placa, Comisario?
Ramírez: ¿Quién se cree que es?
Mauricio: El autor de esta obra.
Ramírez: Eso dice usted, pero sus papeles prueban que es un
doble. Sánchez: Un "doble Cortina", por así decirlo.
Mauricio: Permítame insistir, Comisario. (Mira la placa de Ramírez y se la pasa a
Adela). Compruebe usted misma.
Adela: ¡Es una placa falsa! ¡El comisario es un
impostor! Ramírez: Evitemos los comentarios
hirientes...
Mauricio: ¡Todos son impostores! ¡Están actuando en una obra de
teatro! Sánchez: (En shock) ¿No somos policías de verdad,
Comisario?
Mauricio: No soy el autor de la obra que no se representó, pero soy el autor de
esta farsa que estamos representando ahora.
Esmeralda: ¿Teatro dentro del teatro? ¿No se ha hecho ya
demasiado? Sánchez: (Mirando su placa) La mía también es falsa...
¿Qué significa eso? Ramírez: Que eres un títere, Sánchez... al igual
que yo.
Adela: ¿Cuándo terminará esta comedia, Cortina?
Mauricio: No lo sé, aún no he escrito el final. De hecho, pensaba reescribir el
comienzo. Ramírez: ¡Pero si no hay asesinato, no hay investigación! ¡Y sin
investigación no hay obra! Adela: ¡Es una falta de profesionalismo! ¡Ha
destrozado la comedia!
Sánchez: (Intentando reaccionar) Lo arrestaré, Comisario...
Ramírez: Vamos, Sánchez... ¿Has visto a Sherlock Holmes arrestar a Conan
Doyle? Tu pistola es de juguete. Como la mía.
Sánchez: ¡No permitiré que manche el honor de la policía! ¡Verá si mi arma es un
juguete! (Sánchez persigue a Ramírez disparándole con una pistola de agua).
Ramírez: ¡Socorro, es una pistola de agua de verdad!
Adela: ¡Mira este desastre, Cortina! ¿Qué dirá el público? ¡Sáquenos de esta
situación! Mauricio: ¡Díganme que esto es una pesadilla y vamos a despertar!
Esmeralda: (Recitando) Somos de la misma sustancia que los
sueños... Adela: Shakespeare... Él sí que era un autor.
Mauricio: Evitemos las citas, por favor.
Ramírez: (Enfrentando a Sánchez) ¡Tú lo has querido, Sánchez! (Saca su pistola
de juguete y se disparan mutuamente en un caos alegre).
Mauricio: ¡¿Cómo quieren que encuentre un final con este
alboroto?! Adela: ¡Cortina! ¡Cortina!
Mauricio: ¿Qué pasa ahora?
Adela: ¡No le hablo a usted! ¡Hablo con la acomodadora! ¡Su apellido es Cortina!
Mauricio: ¿Cree que tenemos dinero para comprar una cortina para el
teatro? Adela: ¡Bueno, no sé... al menos un apagón!
(Apagón
total). FIN.
VESTUARIO, MAQUILLAJE Y ESCENARIO.