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fallo (13)

María Lis Aragona demanda la nulidad de la compraventa de un automóvil realizada por su padre, José Carlos Aragona, a Facundo Tomás Ocampo, argumentando que el vehículo debe ser reincorporado al acervo hereditario. Ocampo y María Martha Aragona, como tercera interesada, rechazan la demanda, alegando que el automotor fue donado por el causante, aunque la actora sostiene que la donación es falsa y contradice la adquisición onerosa registrada. El caso se encuentra en estado de dictar sentencia tras la producción de pruebas y alegatos.
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María Lis Aragona demanda la nulidad de la compraventa de un automóvil realizada por su padre, José Carlos Aragona, a Facundo Tomás Ocampo, argumentando que el vehículo debe ser reincorporado al acervo hereditario. Ocampo y María Martha Aragona, como tercera interesada, rechazan la demanda, alegando que el automotor fue donado por el causante, aunque la actora sostiene que la donación es falsa y contradice la adquisición onerosa registrada. El caso se encuentra en estado de dictar sentencia tras la producción de pruebas y alegatos.
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Poder Judicial de la Nación

JUZGADO CIVIL 13

Buenos Aires, tres de agosto de 2026.-

Y VISTOS: estos autos caratulados “ Aragona, María


Lis c/ Ocampo, Facundo Tomás s/ nulidad de
escritura/instrumento” (expte. nro. 75.187/2022), que se encuentran
en estado de dictar sentencia y de los que

RESULTA:
1) Que comparece María Lis Aragona, por derecho
propio y con patrocinio letrado, y promueve demanda contra Facundo
Tomás Ocampo pretendiendo la declaración de nulidad de la
compraventa del automóvil JKN078 que tuvo lugar el 11 de octubre
de 2019 y la incorporación de ese bien al acervo hereditario de José
Carlos Aragona. Asimismo, solicita la citación como tercera
interesada de María Martha Aragona.
Relata que el 8 de noviembre de 2019 falleció su padre,
José Carlos Aragona, promoviendo posteriormente el proceso
sucesorio en el cual denunció, entre los bienes integrantes del acervo
hereditario, un automotor Renault Sandero dominio JKN078.
Expone que, al manifestar que el demandado Facundo
Tomás Ocampo y la tercera citada María Martha Aragona
administraban la sucesión, solicitó el 29 de octubre de 2021 que
fueran intimados a denunciar los bienes del causante, informar su
situación y depositar las llaves del referido vehículo. Conferido el
traslado, Ocampo sostuvo, mediante escrito presentado el 9 de
noviembre de 2021, que el automotor no integraba el acervo
hereditario por cuanto, antes del fallecimiento del causante y en
ejercicio de una liberalidad entre vivos, su abuelo José Carlos
Aragona había decidido obsequiárselo, suscribiendo la documentación
pertinente para incorporarlo a su patrimonio. Asimismo, afirmó que
correspondía continuar ejerciendo la administración de la sucesión

Fecha de firma: 03/08/2026


Firmado por: JORGE IGNACIO SOBRINO REIG, JUEZ

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junto con María Martha Aragona. Esta última, por su parte, adhirió
sustancialmente a la presentación efectuada por Ocampo.
Señala que tales escritos constituyen instrumentos
públicos y que le llamó la atención que, pese a haber denunciado
desde el inicio del sucesorio la existencia del automotor como bien del
causante, Ocampo recién dos años después negara su pertenencia al
acervo invocando una donación, sin acompañar la documentación
respaldatoria, pese a que tratándose de una donación de un bien
registrable debía instrumentarse mediante escritura pública.
Manifiesta que, ante dicha afirmación, requirió un
informe de dominio del Registro de la Propiedad del Automotor, del
cual surgía que el vehículo había sido adquirido por Ocampo el 11 de
octubre de 2019 "a título oneroso". Sostuvo que esa circunstancia
resultaba incompatible con la versión brindada en el sucesorio, en la
que el demandado afirmó haber recibido el automotor gratuitamente
por donación, configurándose así una contradicción entre dos actos
atribuidos a la misma persona respecto del mismo bien.
Indica que la versión según la cual el causante había
decidido donarle el vehículo destruía la existencia de una adquisición
onerosa informada por el registro, denunciando una conducta
contraria a la buena fe y a la doctrina de los actos propios. Añadió que
tomó vista del legajo del automotor en el registro seccional
correspondiente, donde constató la inscripción de la adquisición
onerosa con certificación de firmas efectuada por el escribano Lionel
Norberto Acquarone.
Sostiene que la propia conducta de Ocampo ponía de
manifiesto la falsedad ideológica del acto registral, encubriendo
además un perjuicio ocasionado al causante y, tras su fallecimiento, a
los derechos hereditarios. Agregó que ambos actos —la adquisición
onerosa y la supuesta donación gratuita— no podían coexistir
válidamente respecto del mismo bien y que, de haber existido

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realmente una transferencia onerosa, el demandado debió acreditar la


contraprestación económica abonada al causante, extremo que nunca
invocó.
Afirma que la adquisición inscripta a título oneroso era
falsa y simulada, solicitando su nulidad, la reincorporación del
vehículo al patrimonio relicto y su reinscripción a nombre del
causante. Señala además que el comportamiento del demandado
también había inducido a error al órgano jurisdiccional, ocultando el
acto realizado en vida del causante y procurando obtener un beneficio
indebido mediante afirmaciones contradictorias. Destacó que Ocampo
actuó con patrocinio letrado, por lo que no podía alegar error o
desconocimiento.
Añade que el demandado tampoco acompañó la
documentación que dijo haber suscripto el causante para formalizar la
alegada donación, circunstancia que, a su criterio, permitía presumir
su inexistencia y evidenciaba la mala fe con que ejercía la posesión
del automotor.
Manifiesta que distintos terceros -entre ellos el escribano
interviniente, el Registro de la Propiedad del Automotor y el Sanatorio
Trinidad Mitre- conservaban documentación esencial para el
esclarecimiento de los hechos y que debía ordenarse su exhibición.
Asimismo, expresa que la referencia efectuada por Ocampo acerca de
que el causante se encontraba "en pleno uso de sus facultades"
resultaba incompatible con el estado de salud de José Carlos Aragona.
Indica que desde septiembre de 2019 permanecía internado en el
Sanatorio Trinidad Mitre y que la historia clínica acompañada
reflejaba deterioro cognitivo desde el 23 de septiembre de 2019,
desorientación en tiempo y espacio, tratamiento paliativo y
persistencia de dicho cuadro hasta su fallecimiento. Agregó que el
mismo 11 de octubre de 2019 -fecha de la transferencia registral- su
hermana le remitió una fotografía del causante que evidenciaba su

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grave estado de salud y que, dos días después, le envió mensajes de
WhatsApp afirmando que el causante se encontraba lúcido y
orientado, circunstancia que, según sostuvo, contradice el contenido
de la historia clínica.
Reconoce que la capacidad de ejercicio se presume, pero
sostuvo que la innecesaria aclaración realizada por Ocampo acerca del
pleno uso de las facultades del causante revelaba que conocía el
verdadero estado cognitivo de su abuelo. Con fundamento en tales
circunstancias niega la autenticidad a cualquier firma atribuida al
causante en instrumentos públicos o privados vinculados con la
transferencia del automotor, incluso si hubieran sido certificadas por
escribano.
Finalmente, califica los hechos como maniobras
defraudatorias dirigidas contra el patrimonio y el honor del causante,
los derechos de las herederas y el propio órgano jurisdiccional,
afirmando que la conducta atribuida a Ocampo configuraría un
supuesto de indignidad sucesoria y una tentativa de estafa procesal,
por lo que solicitó que se declarara la nulidad del instrumento público
que documentó la transferencia del automotor a título oneroso, la
inexistencia de la alegada adquisición gratuita y la reincorporación del
vehículo al patrimonio relicto.
Funda en derecho, ofrece prueba y solicita se haga lugar a
la demanda, con costas.
2) Que se presenta Facundo Tomás Ocampo, por
derecho propio y con patrocinio letrado, contestando la demanda.
Expone que la relación entre José Carlos Aragona y la
actora se encontraba deteriorada desde hacía varios años a raíz de los
conflictos surgidos durante la sucesión de Martha Ramos, proceso en
el cual la actora promovió diversas medidas judiciales contra su padre
tendientes a identificar bienes del acervo hereditario, obteniendo
embargos sobre cuentas bancarias y otras medidas patrimoniales que

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afectaron su situación económica. Agregó que en dicho proceso se


celebró un acuerdo particionario cuya incorporación solicitó como
prueba.
Sostiene que la actora remitió comunicaciones
electrónicas dirigidas a la madre del compareciente en las que efectuó
graves imputaciones contra el honor del causante, acompañando dicha
documentación y solicitando que permaneciera reservada.
Manifiesta que, desde aproximadamente el año 2010 y
hasta el fallecimiento de José Carlos Aragona, el vínculo entre éste y
la actora era prácticamente inexistente, afirmando que las personas
que asistían y acompañaban habitualmente al causante eran su hija
María Martha Aragona y el propio demandado, con quienes compartía
actividades cotidianas y viajes.
Agrega que el causante, luego de advertir que el esposo
de la actora, Ricardo Fassi, no revestía la calidad de abogado pese a
haberse presentado como tal durante la tramitación de la sucesión de
Martha Ramos, decidió encomendar el asesoramiento de sus asuntos
patrimoniales al Dr. Diego Andrés Fernández Varela, quien -según
sostuvo- lo asistió hasta el final de su vida, motivo por el cual ofreció
su declaración testimonial.
Afirma que el automotor había sido adquirido por José
Carlos Aragona con posterioridad al fallecimiento de su esposa y
luego de que ambas hijas autorizaran la venta de un vehículo
ganancial, razón por la cual constituía un bien propio del causante.
Sostuvo que éste tenía plena facultad para disponer libremente de
dicho bien y que decidió beneficiar a su nieto Facundo Tomás
Ocampo, disponiendo que el automotor y las herramientas de su
propiedad quedaran en poder de éste.
Finalmente, sostiene que la acción constituye un nuevo
cuestionamiento de la actora respecto de decisiones patrimoniales
adoptadas por el causante durante su vida y afirma que aquélla

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mantiene deudas con la sucesión derivadas de gastos correspondientes
a los bienes hereditarios, circunstancia que -a su criterio- explicaría la
promoción de la presente demanda.
Ofrece prueba y solicita el rechazo de la demanda, con
costas.
3) Que se presenta María Martha Aragona, a través de
letrada apoderada, contestando la citación de terceros en términos
similares a los vertidos por el demandado.
Ofrece prueba y solicita el rechazo de la demanda, con
costas.
4) Que se celebró la audiencia preliminar y se abrió la
causa a prueba. Una vez producida la prueba que da cuenta el
certificado y, colocados los autos para alegar, hizo uso de ese derecho
la parte actora, llamándose el 8 de mayo de 2026 "autos a sentencia",
providencia que se encuentra firme.

Y CONSIDERANDO:
I.- María Lis Aragona persigue la declaración de nulidad
de la compraventa efectuada el 11 de octubre de 2019 por medio de la
cual José Carlos Aragona transmitió a Facundo Tomás Ocampo el
automóvil JKN078, pretendiendo que dicho bien se incorpore al
patrimonio del vendedor, quien falleció el 8 de noviembre de 2019.
El demandado y la tercera citada resisten la pretensión y
solicitan el rechazo de la demanda.
II.- Es sabido que, la nulidad es la sanción legal que priva
de sus efectos normales a un acto jurídico, en virtud de una causa
originaria, es decir, existente en el momento de la celebración. Como
es sabido, la nulidad es una sanción prescripta por la ley que priva a
los contratos de sus efectos normales, en razón de un vicio originario,
ya sea anterior o concomitante con la celebración del acto (Borda, G.,
“Manual de Contratos”, segunda edición, Editorial Perrot, Buenos

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Aires, pág. 138). Por eso, Spota, por ejemplo, explica que la anulación
no es causa de extinción del negocio jurídico, sino que lo torna
ineficaz al acto (Spota, A., “Instituciones de Derecho Civil.
Contratos”, Tomo III, Editorial Depalma, Buenos Aires, 1980, pág.
513).
Bajo el Código Civil de Vélez Sarsfield, el régimen de las
nulidades se estructuraba sobre una doble clasificación. Por un lado,
distinguía entre actos nulos y actos anulables; por otro, entre
nulidades absolutas y nulidades relativas.
La primera distinción respondía a la forma en que se
exteriorizaba el vicio del acto. Existía acto nulo cuando la causa de
invalidez resultaba manifiesta, ya sea del propio instrumento o de una
prueba extrínseca auténtica e idónea que demostrara por sí misma el
defecto. En cambio, el acto era anulable cuando la existencia del vicio
requería una investigación de hecho y una valoración judicial para ser
establecida.
Por su parte, la diferencia entre nulidad absoluta y
nulidad relativa obedecía al interés tutelado. La nulidad relativa
protegía principalmente un interés particular o privado, mientras que
la nulidad absoluta respondía a la tutela de un interés general o de
orden público (conf. Borda, Guillermo A., Tratado de Derecho Civil.
Parte General, t. II; Llambías, Jorge Joaquín, Tratado de Derecho
Civil. Parte General, t. II).
El Código Civil y Comercial de la Nación modificó este
esquema. Prescindió de la categoría de los actos nulos y anulables y
mantuvo únicamente la distinción entre nulidad absoluta y nulidad
relativa (arts. 386 a 388 CCyCN). En consecuencia, la invalidez del
acto ya no depende de que el vicio sea manifiesto o requiera una
investigación judicial, sino de la naturaleza del interés protegido por
la norma infringida. La nulidad es absoluta cuando están
comprometidos intereses generales u orden público, y es relativa

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cuando la sanción ha sido establecida en protección de un interés
particular.
A la luz de las directivas expuestas y las que pudieran
surgir, es indispensable señalar que en el estudio y análisis de las
cuestiones implicadas he de seguir el rumbo de la Corte Federal y de
la buena doctrina interpretativa, que pregona que los jueces no están
obligados a analizar todas y cada una de las argumentaciones de las
partes, sino tan sólo aquéllas que sean conducentes y posean
relevancia para decidir el caso (CSJN, “Fallos” 258:304).
En sentido análogo, tampoco es obligación del juzgador
ponderar todas las pruebas agregadas, sino únicamente las que estime
apropiadas para resolver el conflicto (art. 386, in fine, del ritual;
CSJN, "Fallos": 274:113).
III.- No se encuentra controvertido que María Lis
Aragona -actora- y María Martha Aragona -citada como tercera-
resultan herederas testamentarias de José Carlos Aragona, quien en
vida fuera su padre, ni que Facundo Tomás Ocampo -demandado- es
hijo de María Martha Aragona y legatario de la porción disponible del
patrimonio del mencionado. Ello se desprende de los autos “Aragona,
José Carlos s/ sucesión testamentaria” (87.548/2019), en trámite por
ante el juzgado a mi cargo, en los que se declaró la validez extrínseca
del testamento por acto público dejado por José Carlos Aragona.
Tampoco se discute que el 11 de octubre de 2019 ingresó
al Registro Nacional de la Propiedad Automotor un contrato de
transferencia por medio del cual Facundo Tomás Ocampo adquirió el
rodado Renault Sandero de parte de José Carlos Aragona por la suma
de $145.000.
Finalmente, consta en el sucesorio que el Sr. Ocampo
mediante presentación del 9/11/2021 -punto 4- manifestó que “Previo
al fallecimiento del causante, y en ejercicio de una liberalidad de
actos entre vivos de mi abuelo, el causante Don José Carlos Aragona,

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en pleno uso de sus facultades, decidió obsequiármelo y que dicho


vehículo se incorpore a mi patrimonio, suscribiendo la pertinente
documentación, todo lo cual ocurrió antes del fallecimiento del
causante, y dicho bien no forma parte integrante de los bienes del
acervo, por lo que solicito se libre oficio a la Dirección Nacional de
Registros de la Propiedad Automotor, a fin de acreditar tal
circunstancia”. La citada como tercera adhirió.
Ahora bien, desde un primer ángulo de abordaje, debo
señalar que la actora no integró debidamente la litis, ya que surge del
legajo automotor que el rodado no se encuentra en cabeza del
demandado, pues el 16 de enero de 2023 lo transfirió a Mariana
Melisa Bellón, quien a su vez el 25 de junio de 2024 lo transmitió a
Ingrid Daiana Lynn. Si bien tales operaciones tuvieron lugar luego de
promovida la demanda, nada dijo la accionante cuando se agregó la
respuesta del Registro Nacional de la Propiedad Automotor ni en el
alegato. Resulta evidente que no podría declararse la nulidad de la
compraventa motivo de autos para reintegrar el bien al acervo
hereditario si no tuvieron intervención quienes posteriormente
adquirieron el rodado.
Sentado lo anterior, la actora en la pretensión alude a dos
situaciones que deben examinarse por separado: que el vendedor no
tenía capacidad para llevar a cabo el acto dado su estado de salud y
que la compraventa no fue tal siendo en realidad una donación nula
por no haberse instrumentado en escritura pública. Es decir, el primer
supuesto entraña un caso de acto involuntario por falta de
discernimiento, en tanto que el restante sería un supuesto de acto
jurídico simulado (aunque en la demanda se alude a abuso y lesión) e
ineficaz por no cumplir con los requisitos legales. Se deben analizar
en ese orden, porque al sostener que el acto fue simulado (o lesión
como se invoca) se parte de la base de que los elementos del acto
voluntario (discernimiento, intención y libertad, y su exteriorización)

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se hallaban presentes al momento de la celebración. Corresponde
determinar si se trató de un acto voluntario -o no- y, llegado el caso, si
el acto jurídico se encuentra viciado.
La capacidad de ejercicio constituye la regla en nuestro
ordenamiento jurídico. En consonancia con el principio de autonomía
de la persona humana y con el sistema instaurado por el Código Civil
y Comercial de la Nación, toda persona se presume capaz para ejercer
por sí sus derechos, de modo que la restricción a esa capacidad o la
ausencia de discernimiento al momento de celebrar un acto jurídico
no pueden presumirse y deben ser acreditadas mediante prueba
suficiente. Por ello, quien pretende la invalidez de un acto con
fundamento en la falta de discernimiento del otorgante soporta la
carga de demostrar, con elementos de convicción idóneos, que al
tiempo de su celebración aquél carecía de aptitud para comprender el
significado y las consecuencias del acto que realizaba.
En tal sentido, la mera existencia de una enfermedad, de
una internación, de una edad avanzada o de un deterioro físico no
autoriza, por sí solos, a concluir que la persona carecía de
discernimiento para otorgar un acto jurídico determinado. Lo decisivo
es acreditar que, en el preciso momento de la celebración del acto, el
otorgante no se encontraba en condiciones de comprender su alcance
y dirigir libremente su voluntad.
Pese a los esfuerzos argumentativos y a lo que surge de la
prueba rendida, no se encuentra acreditada la falta de voluntad del
vendedor. Tengo presente la historia clínica de Althea (aquí) que dio
cuenta la internación del Sr. Aragona del 2 al 18 de septiembre de
2019, como así también del Sanatorio de la Trinidad Mitre donde el
paciente permaneció internado del 12 al 23 de agosto de 2019 (aquí) y
del 22 de septiembre al 8 de noviembre de 2019 que se produjo el
fallecimiento (aquí y aquí). Surge que el vendedor tenía una edad
avanzada (87 años) y su salud se encontraba deteriorada, incluso los

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últimos días transcurrieron con cuidados paliativos. Sin embargo, la


interesada no ofreció prueba idónea que permita concluir que el
paciente carecía de discernimiento para comprender el alcance del
acto jurídico en cuestión (art. 261, inc. a del CCyCN), en particular,
no cuento con informe pericial que informe acerca de ese crucial
aspecto.
Tampoco corroboraron la postura de la actora las
declaraciones testimoniales de Lionel Norberto Acquarone y Diego
Andrés Fernández Varela.
La falta de capacidad del Sr. Aragona es un hecho
controvertido alcanzado por el art. 377 del Código Procesal que
establece que la parte que afirme su existencia tiene la carga de
acreditarlo.
Las “reglas de la carga de la prueba” son, en realidad,
parámetros decisorios, puesto que no sólo indican cuál de las partes
debe probar tal o cual hecho en la litis sino que también prescriben
que, de no acontecer ello, el tribunal debe resolver contra quien debía
probar y no probó.
Como sostuviera Rosenberg, la teoría de la carga de la
prueba es más bien la teoría de las consecuencias de la falta de la
prueba, pues las reglas de distribución de la carga probatoria cobran
primordial importancia ante la ausencia de prueba eficaz para suscitar
certeza en el juez, debiendo en tal caso el tribunal fallar contra quien
tenía la carga de probar y no probó (conf. Rosenberg, Leo, La carga
de la prueba, trad. E. Krotoschin, Buenos Aires, Ejea, 1956, pág. 9,
citado en De los Santos, M. A., "Algo más acerca de la doctrina de las
cargas probatorias dinámicas", JA, 1993-IV-868; conf. CNCiv., Sala
M, “Pellegrini, Alejandra c. Emprendimientos Inmobiliarios y
Turísticos Poli s/ daños y perjuicios”, del 23/10/2015).

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Así las cosas, la falta de prueba en torno a los extremos
invocados en la demanda sella la suerte adversa de la pretensión de
anular la compraventa por falta de capacidad.
En lo tocante el restante planteo, juzgo que la
manifestación efectuada en el sucesorio por el demandado y ratificada
por la tercera citada constituye un elemento de singular relevancia
que, ponderado conjuntamente con las restantes circunstancias de la
causa, constituye un indicio muy relevante para considerar que la
compraventa documentó una liberalidad. Es decir, que José Carlos
Aragona tuvo en miras donarle a Facundo Tomás Ocampo el
automóvil. No hay otra forma de interpretar el “obsequio” al que
aludió este último.
Si bien la manifestación efectuada por el demandado en
el proceso sucesorio no reviste la naturaleza de confesión judicial
regulada por los arts. 423 y 424 del Código Procesal -reservada a la
producida dentro del mismo juicio mediante absolución de
posiciones-, ello no impide reconocerle un significativo valor
probatorio. Se trata de una declaración espontánea realizada en un
escrito judicial, referida a un hecho personal del propio litigante,
consistente en afirmar que el causante "decidió obsequiarle" el
vehículo "en ejercicio de una liberalidad entre vivos". Tal
reconocimiento constituye un elemento de convicción que debe ser
apreciado conforme a las reglas de la sana crítica y a la teoría de los
actos propios.
Sentado lo anterior, si se hubiera tratado de un acto a
título gratuito -liberalidad del causante-, el art. 334 del CCyCN prevé
que si el acto simulado encubre otro real, éste es plenamente eficaz si
concurren los requisitos propios de su categoría y no es ilícito ni
perjudica a un tercero. Este podría ser el caso de autos, aunque cabría
examinar otros aspectos de ese instituto. Sin embargo, no me adentro
en el análisis pues al haberse enajenado el bien de forma sucesiva a

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personas que no son parte en autos, nada podría disponerse en tal


sentido. Por idéntico motivo no me explayaré en lo relativo a la
incidencia de la falta de escritura pública que invocó la accionante. De
todos modos, sería abstracto por lo que seguidamente diré.
Es que a partir del reconocimiento de que se trató de una
liberalidad del causante en favor del demandado quien es legatario en
el sucesorio, corresponderá evaluar su implicancia en la partición del
sucesorio -recordando que al no tratarse de un heredero forzoso no
está sujeto a colación sino eventualmente a reducción-.
En razón de lo antedicho, habré de rechazar la demanda
incoada.
Finalmente, la sentencia no importa desconocer que las
manifestaciones efectuadas por el demandado en el sucesorio
permiten inferir que el causante procuró beneficiarlo mediante una
liberalidad. Sin embargo, esa circunstancia no basta para obtener la
nulidad perseguida en este proceso, pues las consecuencias
patrimoniales de dicha liberalidad respecto de las herederas
testamentarias deberán ser examinadas, en su caso, dentro del proceso
sucesorio mediante las acciones que el ordenamiento prevé.
IV.- COSTAS
Las costas se imponen en el orden causado dado que la
actora pudo creerse con derecho a accionar como lo hiciera y teniendo
en consideración la forma en que se resuelve (conf. art. 68, segunda
parte, del Código Procesal).

Por lo expuesto, disposiciones legales y jurisprudencia


citadas, FALLO: I.- Rechazando la demanda promovida por María
Lis Aragona, con costas en el orden causado. II.- Difiérase la
regulación de honorarios para una vez que se determine la base
regulatoria. III.- Regístrese, publíquese (acordada 15/2025),

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notifíquese por Secretaría a las partes y a la mediadora interviniente.
Oportunamente, archívese.

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