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27640/2018
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y rehabilitación. Sobre esa base, atribuyó la exclusiva responsabilidad
en la producción del siniestro y promovió la presente acción a fin de
obtener la reparación integral de los daños y perjuicios que afirmó
haber sufrido como consecuencia del siniestro. Fundó en derecho su
pretensión, ofreció prueba, y solicitó que se admita la demanda
incoada, con más los intereses que correspondan, y las costas del
proceso.
A fs. 45/59 se presentaron Facundo Ignacio Fiorino
—por gestor procesal, en los términos del art. 48 del Código
Procesal— y Caja de Seguros S.A.-esta última por apoderado- quienes
contestaron la demanda y la citación en garantía, respectivamente. En
primer término, la aseguradora reconoció la existencia de un contrato
de seguro vigente al momento del hecho que amparaba al vehículo
marca Fiat Palio, dominio KUI-505, a nombre del demandado,
instrumentado mediante la póliza nro. 5880-0033849-33, sin invocar
ninguna exclusión ni limitación de la cobertura. En cuanto a la
cuestión de fondo debatida en autos, admitieron la ocurrencia del
accidente, aunque negaron la mecánica descripta por la parte actora y
rechazó toda responsabilidad en su producción. En tal sentido,
sostuvieron que el día 27/06/2017, siendo aproximadamente las 9:30
horas, el demandado Facundo Ignacio Fiorino circulaba al mando del
vehículo Fiat Palio, dominio KUI-505, por la calle Otero, a velocidad
reglamentaria y con pleno dominio de su conducido. Manifestaron
que, al arribar a la intersección con la avenida Jorge Newbery, el
emplazado redujo la velocidad, verificó que podía efectuar el cruce y,
al considerar que no se aproximaban otros vehículos y que contaba
con prioridad de paso por presentarse desde la derecha, reanudó la
marcha. Agregaron que, cuando se encontraba próximo a finalizar el
cruce de la encrucijada, el actor, al mando de una motocicleta marca
Beta, modelo BS 110, dominio 412-CMU, apareció circulando a
excesiva velocidad e impactó contra el Fiat Palio, atribuyéndole la
exclusiva responsabilidad en la producción del accidente e invocando
el hecho de la víctima como eximente de responsabilidad civil. Por lo
demás, ofrecieron prueba, impugnaron la procedencia y cuantía de los
rubros indemnizatorios reclamados y solicitaron el rechazo de la
demanda, con costas. La gestión procesal fue ratificada a fs. 72.
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expedientes en trámite en los que no existe sentencia firme”, La Ley
Online AR/DOC/1330/2015).
De este modo, la responsabilidad civil queda sometida a
la ley vigente al momento del hecho antijurídico (Kemelmajer de
Carlucci, Aída, La aplicación del Código Civil y Comercial a las
relaciones y situaciones jurídicas existentes, Santa Fe, Editorial
Rubinzal-Culzoni, 2015, p. 101). En efecto, dada la fecha del hecho
debatido en autos, el caso debe ser decidido según las reglas del
Código Civil y Comercial de la Nación.
No obstante, con la aplicación de un ordenamiento
jurídico u otro, la interpretación que guíe esta decisión, y cualquier
otra, no puede desconocer la supremacía de la Constitución Nacional,
ni de los Tratados de Derechos Humanos en los que la República sea
parte, no ya porque lo disponga el nuevo Código Civil y Comercial de
la Nación (arts. 1 y 2), sino porque así lo establece la Constitución
Nacional (arts. 31 y 75 inciso 22).
III.- Encuadre jurídico aplicable al caso y análisis de
la prueba producida en autos
Dicho lo anterior, no es objeto de debate en autos la
producción del siniestro, ya que se encuentra reconocido por la parte
demandada y por la citada en garantía. Por ende, la controversia se
ciñe a determinar si la eximente invocada por el emplazado y su
aseguradora -hecho del damnificado- resulta procedente.
Así las cosas, poca duda puede existir en cuanto a que el
caso encuadra en el supuesto de responsabilidad previsto en los arts.
1757 y 1758 del CCC para los daños causados por el vicio o riesgo de
la cosa. Así las cosas, y en tanto la acción se dirija contra alguno de
los responsables previstos en las normas citadas, para que nazca la
responsabilidad el demandante debe acreditar: a) la intervención de
una cosa viciosa o riesgosa; b) el daño sufrido por la víctima; c) la
relación de causalidad entre la acción de la cosa y el daño; y d) la
calidad de dueño o guardián de la cosa del demandado (Cazeaux,
Pedro N. – Trigo Represas, Félix A., Derecho de las obligaciones, La
Ley, Buenos Aires, 2010, t. V, p. 255). Por ende, comprobada la
intervención de una cosa riesgosa o viciosa, y la conexión causal de su
accionar con el daño, cabe presumir, hasta que se pruebe lo contrario,
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eventual responsabilidad de los intervinientes se determina conforme
a la participación causal en el hecho de las cosas riesgosas
involucradas (Sáenz, Luis R.J, comentario al art. 1769 del CCC en
Herrera, Marisa – Caramelo, Gustavo – Picasso, Sebastián (dirs.),
Código Civil y Comercial de la Nación. Comentado, Infojus, Buenos
Aires, 2016, t. IV, p. 508).
Por lo demás, la norma únicamente viene a plasmar en la
legislación vigente la posición que tradicionalmente ha adoptado la
cámara del fuero, aun en vigencia del código hoy derogado, a través
del plenario dictado en los autos “Valdez, Estanislao F. c/ El Puente
S.A.T. y otro” (LL 1995-A, 136), conforme al cual la responsabilidad
del dueño o guardián emergente de accidentes de tránsito producidos
como consecuencia de una colisión plural de automotores en
movimiento no debe encuadrarse en la órbita del art. 1109 del Código
Civil de Vélez Sarsfield.
En lo que atañe a la eximente invocada, cabe recordar que el
hecho del damnificado se encuentra regulado en el art. 1729 del CCC,
que vino a concluir un viejo debate referido a si es un requisito de la
eximente que la víctima haya sido culpable. En efecto, debo recordar
que, en vigencia del código hoy derogado, un sector de la doctrina
argentina postulaba que, para que se configure la eximente, el hecho
debe ser imputable al damnificado y, si no lo es, no excusa la
responsabilidad del demandado, más allá de las consideraciones que
quepa realizar por razones de equidad (Bustamante Alsina, Jorge,
Teoría general de la responsabilidad civil, Abeledo Perrot, Buenos
Aires, 1997, p. 307). En definitiva, el art. 1729 selló toda discusión al
respecto, pues expresamente se refiere al “hecho del damnificado”.
Así las cosas, para que opere la interrupción total o parcial del nexo de
causalidad basta -en principio- con el simple hecho de la víctima, sin
que sea necesario valorar la subjetividad de la conducta de este
último. Ello es así pues lo relevante a los fines de la interrupción del
nexo causal no es la gravedad del accionar del agente, sino la
operatividad causal de su conducta, que excluye o limita el deber
indemnizatorio de terceros (Picasso, Sebastián- Saénz, Luis R.J,
comentario al art. 1729 del CCC, en Herrera – Caramelo – Picasso
(dirs.), Código…, cit., t. IV, p. 442; Sagarna, Fernando, “La necesaria
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culposas” (CCC 41223/2017). Particularmente, obra incorporada la
declaración prestada en sede penal por la Oficial Mayor de la Policía
de la Ciudad Verónica Giménez, quien intervino en el procedimiento
inmediatamente después del accidente. La Oficial manifestó que fue
alertada por un transeúnte acerca de la ocurrencia de un siniestro vial
en la intersección de la avenida Jorge Newbery y la calle Otero y que,
al arribar al lugar, observó al actor tendido sobre la calzada junto a su
motocicleta marca Beta, la cual presentaba daños en su lateral
derecho, mientras que, a escasa distancia, se encontraba detenido el
vehículo Fiat Palio conducido por el demandado, con daños en su
parte frontal. Asimismo, declaró que el actor le manifestó haber sido
colisionado mientras circulaba por la avenida Jorge Newbery,
circunstancia que motivó su posterior traslado al Hospital Tornú con
diagnóstico de politraumatismos.
Asimismo, prestó declaración el Oficial Primero Ariel
Figueredo, quien manifestó que, mientras se encontraba recorriendo la
jurisdicción junto con la Oficial Mayor Vanesa Giménez, fue alertado
por un transeúnte acerca de un accidente de tránsito ocurrido en la
intersección de la avenida Jorge Newbery y la calle Otero. Explicó
que, al arribar al lugar, observó al actor tendido sobre la cinta asfáltica
junto a su motocicleta, la cual presentaba daños en todo su lateral
derecho, mientras que a escasa distancia se encontraba el automóvil
Fiat Palio conducido por el demandado, con daños en su parte frontal.
Agregó que el actor le manifestó espontáneamente que, mientras
circulaba por la avenida Jorge Newbery en dirección hacia la avenida
Corrientes, había sido colisionado por dicho vehículo, tras lo cual fue
asistido por personal del SAME y trasladado al Hospital Tornú con
diagnóstico de "politraumatismos varios". Asimismo, señaló que en el
lugar no existían semáforos ni obstáculos sobre la calzada, que las
condiciones de visibilidad eran óptimas, el pavimento se encontraba
en buen estado y se observaron huellas de frenado y derrame de
fluidos como consecuencia del siniestro.
Si bien los deponentes no presenciaron el momento mismo
de la colisión y, por ende, sus declaraciones carecen de aptitud para
reconstruir directamente la mecánica del accidente, reviste valor
probatorio en cuanto acredita las circunstancias objetivas verificadas
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que el actor gozaba de prioridad de paso por circular por una avenida
de doble mano, circunstancia que imponía al demandado el deber de
extremar las precauciones antes de ingresar a la encrucijada. En ese
sentido, explicó que, de haber detenido efectivamente la marcha y
observado el tránsito antes de reanudarla, el demandado habría debido
advertir la aproximación del motovehículo, salvo que éste hubiera
circulado a una velocidad extraordinariamente elevada —estimada
entre 90 y 100 km/h—, hipótesis que descartó por no resultar
compatible con la magnitud de los daños sufridos por el actor y su
motocicleta.
Asimismo, indicó que la trayectoria de ambos rodados
habría sido rectilínea, con intención del demandado de efectuar un
giro hacia la izquierda, y que los daños denunciados en la motocicleta
resultan compatibles con una colisión frontal-lateral que provocó su
caída hacia el lado izquierdo. Precisó, sin embargo, que no le fue
posible determinar con respaldo técnico la velocidad de circulación de
los vehículos, debido a que no pudo inspeccionar las unidades
intervinientes ni verificar directamente los daños ocasionados por el
impacto. Finalmente, concluyó que las averías denunciadas por el
actor guardan adecuada correspondencia con un siniestro de las
características debatidas en autos, por lo que resulta altamente
probable que sean consecuencia del accidente objeto del litigio.
Las conclusiones del experto fueron impugnadas por el
demandado y por la citada en garantía, sin el aval de un consultor
técnico. Al responder dichas observaciones, el perito ratificó
íntegramente su dictamen y explicó que la prioridad de paso
correspondía al actor por circular por una avenida, destacando que
quien se incorpora a ella desde una calle que culmina en la
intersección debe extremar las precauciones y ceder el paso a los
vehículos que transitan por dicha arteria. Asimismo, señaló que,
conforme a la propia versión del demandado, si éste afirma haber
detenido la marcha y observado cuidadosamente la circulación antes
de iniciar el cruce, necesariamente debió advertir el acercamiento del
motovehículo. En tal sentido, indicó que sólo cabían dos hipótesis: o
bien el actor circulaba a una velocidad extraordinariamente elevada
que le hubiera impedido ser advertido oportunamente, extremo que ya
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proceso civil, corresponde extremar la prudencia en la valoración de
su testimonio, pues lo habitual es que quien presenció un hecho con
relevancia penal colabore desde el inicio de la investigación. En
consecuencia, la circunstancia de que el testimonio aparezca recién en
esta instancia impone verificar con especial rigor si el deponente
realmente presenció el hecho y si su relato encuentra corroboración en
los restantes elementos probatorios de la causa (CNCiv., Sala J,
"Rodríguez, Joaquín c/ Patrici, Martín E. s/ Daños y perjuicios",
12/2/2008; CNCiv., Sala A, "Praszek, Claudio Ernesto c/ González,
Federico Hernán s/ Daños y perjuicios", 24/9/2009).
Sin embargo, tal circunstancia no basta, por sí sola, para
privar de eficacia probatoria a la declaración, sino que constituye
únicamente un elemento que debe ser ponderado juntamente con las
restantes pruebas incorporadas al proceso. En el caso, lo cierto es que,
aun prescindiendo de dicho testimonio, la solución adoptada en el
presente pronunciamiento encuentra adecuado sustento en el dictamen
pericial mecánico, las constancias de la causa penal y el restante
material probatorio producido, los cuales resultan suficientes para
tener por acreditada la mecánica del accidente y la responsabilidad del
demandado.
Así las cosas, corresponde señalar que el accidente ocurrió
en una intersección no semaforizada, en circunstancias en que el
demandado se disponía a abandonar la calle Otero —arteria cuya traza
culmina precisamente en la avenida Jorge Newbery— para
incorporarse a esta última mediante un giro hacia la izquierda. Tal
circunstancia imponía al conductor el deber de extremar las
precauciones antes de iniciar la maniobra y cerciorarse de que podía
efectuarla sin interferir en la circulación de los demás vehículos.
En efecto, el propio perito ingeniero explicó que, si el
demandado efectivamente hubiera reducido la velocidad y observado
cuidadosamente el tránsito antes de reanudar la marcha,
necesariamente habría debido advertir la aproximación de la
motocicleta. Agregó que sólo cabían dos hipótesis: o bien el actor
circulaba a una velocidad extraordinariamente elevada —estimada
entre 90 y 100 km/h—, extremo que descartó por resultar
incompatible con la magnitud de los daños constatados, o bien el
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los bienes (Calvo Costa, Carlos A., comentario al art. 1740 en Bueres,
Alberto J. (dir.), Código Civil y Comercial de la Nación y normas
complementarias, Buenos Aires, Hammurabi, 2018, tomo 3F, pp. 468
-469).
En un pronunciamiento reciente del Máximo Tribunal se ha
expresado que las normas previstas en la codificación, reglamentarias
del principio constitucional alterum non laedere, consagran la
reparación integral del daño, cuyo norte es procurar la justa reparación
de todo perjuicio susceptible de apreciación pecuniaria que afecte en
forma cierta a otro en su persona, en su patrimonio o en sus derechos
o facultades. En consecuencia, toda persona tiene derecho a una
reparación integral de los daños sufridos; este principio basal del
sistema de reparación civil encuentra su fundamento en la
Constitución Nacional y está expresamente reconocido por el plexo
convencional incorporado al artículo 75, inciso 22, de la Ley
Fundamental (conf. artículos I de la Declaración Americana de los
Derechos y Deberes del Hombre; 3° de la Declaración Universal de
Derechos Humanos; 4°, 5° y 21 del Pacto de San José de Costa Rica y
6° del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos) (CSJN,
“Grippo, Guillermo Oscar; Claudia P. Acuña y otros c/ Campos,
Enrique Oscar y otros s/ daños y perjuicios (acc. trán. c/ les. o
muerte), 2/9/2021).
Finalmente, señalo que la estimación de los valores a la
fecha de la presente no comporta una repotenciación monetaria de la
deuda (sino simplemente la cristalización del valor histórico, estimado
a la fecha del reconocimiento), pues la deuda de responsabilidad
-cuyo incumplimiento constituye la fuente de los intereses- es previa
con relación a la resolución jurisdiccional que la reconoce, aun
cuando su existencia y magnitud sólo se aprecien en esa oportunidad.
Desde dicha perspectiva, no subyace en el caso una alteración del
significado económico del capital de condena que configure un
enriquecimiento indebido, máxime cuando el resultado se ha
supeditado a lo que surja de la prueba.
1.- Incapacidad sobreviniente (daño físico, psíquico y
tratamientos)
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Pablo y otros s/ daños y perjuicios”, LL 18/06/2012 , 9; ídem,
1/6/2010, “Amaya, Alfredo Edmundo c/ Transporte Metropolitano
General San Martín S. A.”, LL Online, cita: AR/JUR/43022/2010,
entre muchos otros).
Ello no implica, como es claro, que las consecuencias
resarcibles que se derivan de la afección psíquica que pudo tener que
afrontar la víctima no sean objeto de adecuado resarcimiento, sino que
la indemnización que eventualmente pueda corresponder debe
determinarse respecto de cada una de las consecuencias involucradas,
ya sean de carácter patrimonial o moral.
En efecto, es preciso, como primera medida, definir
adecuadamente a qué tipo de perjuicios se refiere este rubro.
El concepto de incapacidad sobreviniente comprende toda
disminución física o psíquica que afecte tanto la capacidad productiva
del individuo como aquella que se traduce en un menoscabo en
cualquier tipo de actividad que desarrollaba con la debida amplitud y
libertad (CNCiv, Sala E, del 17 de agosto de 2010, La Ley online
AR/JUR/61589/2010).
Tratándose de una incapacidad por lesiones, para fijar su
cuantía es menester considerar la naturaleza de las lesiones sufridas,
cómo éstas habrán de influir negativamente en las posibilidades de
vida futura del damnificado, la específica disminución de sus
aptitudes laborales, la edad, su estado civil y demás condiciones
personales (CNCiv, Sala G, del 17 de agosto de 2010, La Ley online
AR/JUR/43153/2011).
La indemnización en el caso no consiste en
la determinación de rígidos porcentuales extraídos sobre la base
de cálculos actuariales, sino que es menester ponderar la frustración
de la capacidad laboral y el detrimento padecido por la víctima en
el ámbito de su actividad social a fin de arribar a una suma equitativa,
haciendo uso al prudente arbitrio judicial, sin vinculación rígida con
el denominado “valor vida”.
Al respecto, cabe recordar que la consecuencia resarcible
aludida puede definirse como la inhabilidad o impedimento, o bien la
dificultad, apreciable en algún grado, para el ejercicio de las funciones
vitales (Zavala de González, Matilde, Resarcimiento de daños,
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de un consultor técnico. No obstante, el perito respondió a fs. 254 las
observaciones formuladas y ratificó íntegramente las conclusiones de
su informe.
Ahora bien, no desconozco que el actor sufrió diversos
accidentes de tránsito con anterioridad al aquí debatido, ocurridos los
días 15/12/2011, 14/12/2012, 16/05/2014 y 23/12/2015, los cuales
fueron objeto de tratamiento en los expedientes digitalizados en estas
actuaciones (“Gómez, Romero Robert c/ González Miguel Ángel”
expte nro. 21523/2012, “Gómez, Romero Robert y otro c/ Collazo
María Gabriela y otro s/ daños y perjuicios” expte nro. 27391/2013, “
Gómez Romero, Robert c/ Consultora Pronor División Riesgo S.A y
otros” expte nro. 33678/2015, “Gómez, Romero Robert c/ Martinez,
Mario Héctor y otro s/ daños y perjuicios” expte nro. 42366/2016).
Asimismo, de dichas actuaciones surge que, con motivo de esos
hechos, el actor padeció traumatismos en la muñeca, el hombro, el
tobillo, la rodilla y el cráneo.
Sin embargo, no advierto que tales antecedentes guarden
relación causal con las lesiones cuya reparación se reclama en el
presente proceso. En efecto, las constancias de la causa, en particular
el dictamen pericial médico, permiten concluir que las afecciones aquí
constatadas reconocen una etiología diversa y mantienen un adecuado
nexo causal con el accidente objeto de autos, sin que existan
elementos que permitan sostener que se superponen o confunden con
las derivadas de los siniestros anteriores. En ese sentido, cobra
especial relevancia que el perito médico no haya informado la
existencia de patologías preexistentes ni de concausas que incidieran
en el porcentaje de incapacidad determinado.
En consecuencia, la existencia de accidentes anteriores no
obsta al reconocimiento de las secuelas acreditadas en estas
actuaciones, desde que unas y otras derivan de hechos dañosos
autónomos e independientes entre sí.
En tal sentido, es sabido que si bien las conclusiones de una
prueba pericial no obligan al juez, no tratándose de un elemento
vinculante ni de una prueba legal, éste para poder apartarse de ellas
sólo deberá hacerlo fundándose en razones serias, en fundamentos
objetivos que demuestren que la opinión del experto es ajena a
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psíquico causalmente vinculado con el hecho debatido. Asimismo,
ante la ausencia de incapacidad de índole psicológica, no recomendó
la realización de tratamiento alguno de esa naturaleza (v. dictamen
pericial psicológico de fs. 181/198).
Las conclusiones de la experta fueron impugnadas por la
parte actora, sin el respaldo de un consultor técnico. No obstante, al
contestar el traslado conferido, la perito ratificó íntegramente las
conclusiones de su dictamen y brindó respuesta fundada a las
observaciones formuladas. En tales condiciones, y frente a la solidez
técnica de sus conclusiones, apreciadas conforme a las reglas de la
sana crítica, corresponde otorgar pleno valor probatorio al dictamen
pericial psicológico (art. 477 del Código Procesal).
En virtud de lo expuesto, al no encontrarse acreditada la
existencia de incapacidad psíquica derivada del accidente de autos,
dicho aspecto no será computado a los fines de cuantificar el rubro por
incapacidad sobreviniente (art. 377 del Código Procesal).
Establecido lo que antecede, y en cuanto a la cuantificación
del presente ítem indemnizatorio, he de destacar que, ante la entrada
en vigencia del CCC, –en especial del art. 1746– aplicable como pauta
interpretativa al caso, he de resaltar que, como quedó dicho, la Corte
de Justicia Nacional ha decidido en numerosos precedentes que el
derecho a la reparación integral tiene raigambre constitucional (Fallos
308:1118, 308:1109, entre otros).
Específicamente sobre el método propugnado por la
normativa vigente, ésta establece expresamente que “en caso de
lesiones o incapacidad permanente, física o psíquica, total o parcial,
la indemnización debe ser evaluada mediante la determinación de un
capital, de tal modo que sus rentas cubran la disminución de la
aptitud del damnificado para realizar actividades productivas o
económicamente valorables, y que se agote al término del plazo en
que razonablemente pudo continuar realizando tales actividades”.
Para realizar la cuantificación bajo estos parámetros, es
preciso considerar la edad de la víctima al momento del hecho,
teniendo como límite de cálculo los 75 años como expectativa de vida
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20.000.000, incluyendo el resarcimiento por el tratamiento
kinesiológico solicitado. –
No pierdo de vista que el monto estimado es superior al
pretendido en el escrito de inicio. Sin embargo, el propio demandante
cuantificó el perjuicio aclarando que su pretensión debía adecuarse a
lo que en más o en menos surja de la prueba a producirse en autos
(escrito de inicio), lo que así se comprueba en el presente.
2.- Gastos de atención médica, de farmacia y traslado
El actor reclamó la suma de $3.000 en concepto de gastos
de farmacia y asistencia médica, y la suma de $2.000 por gastos de
traslado o movilidad.
Sobre el punto, cabe poner de resalto, en primer lugar, que
para resarcir esta clase de erogaciones no resulta necesaria una prueba
concreta y específica, sino que su erogación se presume en orden a la
entidad de los hechos acreditados, aun cuando la atención haya sido
prestada en hospitales públicos o por una obra social, que de
ordinario, no cubren la totalidad de los gastos en que incurren los
pacientes (art. 1746 del CCC; CNCiv, Sala A, 25/6/2013, “Ruiz, Jorge
Roberto y otra c/ Telefónica de Argentina S. A. y otro s/ daños y
perjuicios”, L. nro. 405.098; ídem, 24/5/2013, “Romero Larrea,
Antonieta Jannette c/ Matos, Jesús Ramón y otros s/ daños y
perjuicios”, L. nro. 562.140, “Quiroz, Ada Noemí y otros c/ Matos,
Jesús Ramón y otros s/ daños y perjuicios”, L. nro. 562.141 y
“Riquelme, María Elena y otros c/ Matos, Jesús Ramón y otros s/
daños y perjuicios” L. nro. 562.143; ídem, 13/4/2012, “Torchia, Jesue
y otro c/ Martin, Ivan David y otros s/ Daños y Perjuicios”, L. nro.
582.770; ídem, 27/12/2011, “Morteyru, Juan Alberto y otro c. Juan,
Gustavo Gabriel y otros s/daños y perjuicios”, RCyS 2012-VI, 251).
Asimismo, es presumible que el actor haya tenido que
realizar erogaciones fuera de lo común para desplazarse por medios de
transportes adecuados y más onerosos en los días subsiguientes al
accidente debatido en autos (CNCiv., Sala A, 04/04/2013, “P., Jaime c
B., Mario Daniel y otros s/ daños y perjuicios”, L. n° 605.352).
Ahora bien, teniendo en cuenta la entidad del daño
padecido, considero apropiado admitir este rubro indemnizatorio, por
el monto total de $ 50.000 (art. 165 del Código Procesal). -
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Insisto que no pierdo de vista que el monto estimado es
superior al pretendido en el escrito de inicio. Sin embargo, el propio
demandante cuantificó el perjuicio aclarando que su pretensión debía
adecuarse a lo que en más o en menos surja de la prueba a producirse
en autos (escrito de inicio), lo que así se comprueba en el presente.
4.- Privación de uso
El actor reclamó por este rubro indemnizatorio la suma de $
2.000.-
Acerca de este ítem, cabe recordar que, en la privación de
uso del automotor, lo que se computa es la imposibilidad de disponer
del vehículo, lo que genera per se un perjuicio indemnizable, sea que
el rodado o la motocicleta estén destinados al esparcimiento, o que
tenga por objeto su utilización laboral. Es que, en ambos supuestos, la
privación es productora de daños y fuente de resarcimiento en la
medida en que incide en forma negativa en el patrimonio de la víctima
(CNCiv, Sala A, 23/5/2013, “R., Daniel Carlos c/ L. M., L. A. s/
daños y perjuicios”, L. 610.293; ídem, Sala B, 30/3/2010, “P., F. M. c/
Y., O. E.”, LLOnline).
Sobre el particular, el perito ingeniero estimó en 10 días
hábiles el tiempo de indisponibilidad de la motocicleta (v. dictamen
de fs. 160/161).
Como quedó visto, el informe pericial mecánico goza de
plena eficacia probatoria (art. 477 del Código Procesal), por lo que
corresponde entonces admitir el presente ítem por la suma de $ 50.000
(art. 165 del ordenamiento adjetivo).
Reitero que no pierdo de vista que el monto estimado es
superior al pretendido en el escrito de inicio. Sin embargo, el propio
demandante cuantificó el perjuicio aclarando que su pretensión debía
adecuarse a lo que en más o en menos surja de la prueba a producirse
en autos (escrito de inicio), lo que así se comprueba en el presente.
5.- Desvalorización de la motocicleta
El actor reclamó por este rubro la suma de $4.000.
Sabido es que todo vehículo dañado en una colisión suele
presentar secuelas que inciden negativamente en su valor de reventa
en el mercado de unidades usadas no obstante haber sido reparado de
acuerdo a las reglas del oficio. Sin embargo, se ha dicho que, para dar
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6.- Daño extrapatrimonial (daño moral)
Por este concepto el actor pretendió la suma de $ 225.000.-
Puede definirse al daño moral como: “una minoración en la
subjetividad de la persona, derivada de la lesión a un interés no
patrimonial. O, con mayor precisión, una modificación disvaliosa del
espíritu, en el desenvolvimiento de su capacidad de entender, querer o
sentir, consecuencia de una lesión a un interés no patrimonial, que
habrá de traducirse en un modo de estar diferente de aquel al que se
hallaba antes del hecho, como consecuencia de éste y anímicamente
perjudicial” (Pizarro, Ramón D., Daño moral. Prevención.
Reparación. Punición. El daño moral en las diversas ramas del
derecho, Hammurabi, Buenos Aires, 2004, p. 31).
En lo que atañe a su prueba cabe señalar que, a tenor del
principio que sienta el art. 377 del Código Procesal, se encuentra en
cabeza de la actora la acreditación de su existencia y magnitud,
aunque, en atención a las características de esta especial clase de
perjuicios, sea muy difícil producir prueba directa en ese sentido, lo
que otorga gran valor a las presunciones (Bustamante Alsina, Jorge,
“Equitativa valuación del daño no mensurable”, LL, 1990-A-655).
El art. 1741 del Código Civil y Comercial de la Nación
establece que: “Está legitimado para reclamar la indemnización de
las consecuencias no patrimoniales el damnificado directo. Si del
hecho resulta su muerte o sufre gran discapacidad también tienen
legitimación a título personal, según las circunstancias, los
ascendientes, los descendientes, el cónyuge y quienes convivían con
aquél recibiendo trato familiar ostensible. La acción sólo se transmite
a los sucesores universales del legitimado si es interpuesta por éste.
El monto de la indemnización debe fijarse ponderando las
satisfacciones sustitutivas y compensatorias que pueden procurar las
sumas reconocidas”.
En base al concepto de daño jurídico del artículo 1737
actual se puede concebir al daño no patrimonial, moral o
extrapatrimonial como la lesión a los derechos y a los intereses lícitos
no reprobados por la ley que repercuten en la esfera extrapatrimonial
de la persona; se conjugan la tesis del daño-lesión (al interés lícito) y
el daño-consecuencia (que atiende a las repercusiones, efectos o
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expediente no arrojan elementos adicionales a los que pudo haber
tenido en cuenta el actor al demandar respecto de este punto (CNCiv,
Sala A, 22/8/2012, “R., Flavio Eduardo c/ Bayer S. A. y otros s.
Daños y perjuicios”, L n° 584.026; ídem, 18/2/2013, “S., Sebastián
Nicolás c/ Transportes Metropolitanos General Roca S. A. y otros s/
Daños y perjuicios”, L. n° 534.862). Sin perjuicio de ello, tengo en
consideración también que por tratarse de una deuda de valor es
procedente que la magistrada fije el importe del perjuicio
extrapatrimonial evaluando su cuantía al momento de la sentencia,
aunque –por los motivos atinentes al carácter subjetivo del rubro, que
ya he señalado– debe procurar mantener una razonable proporción
con lo solicitado al momento de interponerse la demanda.
Así las cosas, considero que el importe de esta consecuencia
resarcible debe fijarse en la suma de $ 10.000.000 (art. 165 del
Código Procesal).
V.- Intereses
En lo que atañe a los intereses, he venido sosteniendo hasta
aquí que, de acuerdo con lo establecido por la doctrina plenaria
sentada por esta Cámara Civil en los autos "Samudio de Martínez,
Ladislaa c/ Transportes Doscientos Setenta S.A. s/ daños y perjuicios"
del 20/04/09, sobre el capital reconocido corresponde aplicar la tasa
activa cartera general (préstamos) nominal anual vencida a treinta días
del Banco de la Nación Argentina. Ello con fundamento
principalmente en el no empleo de cálculos matemáticos -sino tan solo
como parámetros- y en el aumento generalizado de los precios de
bienes y servicios.
Ahora bien, a partir del fallo dictado por la Corte Suprema
de Justicia de la Nación en fecha 15/10/2024, en los autos caratulados
“Barrientos, Gabriela Alexandra y otros c/ Ocorso, Damián y otros s/
daños y perjuicios (accidente de tránsito con lesiones o muerte)” (CIV
28577/2008/1/RH1), y la postura que han asumido diferentes Salas del
fuero, entiendo que continuar con dicho criterio, no hace más que
ocasionar la reiteración de recursos, con la consiguiente pérdida de
tiempo y perjuicio, en definitiva, para los damnificados que verían
demorada la percepción de sus créditos.
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innecesarias, corresponde disponer que desde la fecha del hecho y
hasta el dictado del presente pronunciamiento se devengue un interés
del ocho por ciento (8%) anual. A partir de ese momento y hasta el
efectivo pago, deberá aplicarse la tasa activa cartera general
(préstamos) nominal anual vencida a treinta días del Banco de la
Nación Argentina, conforme lo resuelto en el plenario ‘Samudio de
Martínez, Ladislaa c/ Transportes Doscientos Setenta S.A. s/ daños y
perjuicios’, del 20 de abril de 2009.
VI.- Costas
Sobre las costas cabe recordar que, de conformidad con lo
dispuesto por el art. 68 del Código Procesal, nuestro ordenamiento
adjetivo adhiere a un principio generalmente aceptado en materia de
costas, y cuyo fundamento reside, básicamente, en el hecho objetivo
de la derrota, con prescindencia de la buena o mala fe con que la parte
vencida pueda haber actuado durante la tramitación del proceso,
puesto que quien promueve una demanda lo hace por su cuenta y
riesgo (Fassi, Santiago C. – Yañez, César D., Código Procesal Civil y
Comercial, Astrea, Buenos Aires, 1998, t. 1, p. 411). En este mismo
sentido, se ha dicho que la justificación de esta institución está en que
la actuación de la ley no debe representar una disminución patrimonial
para la parte en cuyo favor tiene lugar, y de allí el deber del juez de
condenar al derrotado (Fenochietto, Eduardo A. – Arazi, Roland,
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, Astrea, Buenos
Aires, 1993, t. 1, p. 280).
Asimismo, si bien este principio no es absoluto, pues el
artículo citado en último término faculta a los jueces a eximir a la
parte vencida de la imposición de costas cuando ello sea procedente,
también lo es que la exención debe interpretarse de forma restrictiva
(Fassi – Yañez, op. cit., p. 416).
Partiendo de esas premisas, tengo para mí que no resulta
pertinente apartarse del principio objetivo de la derrota antes aludido,
por lo que los gastos causídicos derivados de la tramitación del
presente se imponen al demandado y a la aseguradora en su carácter
de vencidos.
Por todo lo expuesto, FALLO:
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Fecha de firma: 03/08/2026
Alta en sistema: 04/08/2026
Firmado por: MARIA BELEN PUEBLA, JUEZ DE 1RA. INSTANCIA
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