fallo (6)
fallo (6)
JUZGADO CIVIL 93
37.109/2021
#35543548#511954341#20260804082241441
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Afirma que como consecuencia del hecho que relata
sufrió severas lesiones; por lo fue atendido en el servicio de guardia
de la Clínica Figueroa Paredes de la Localidad de González Catán,
donde le realizaron las primeras curaciones de estilo y le
suministraron calmantes para paliar los intensos dolores. Luego
continuo su atención con el Dr. De Fazio (con el Dr. Lezama,
conforme rectificación que efectúa con fecha 23 de noviembre de
2021).
Refiere que la arteria por la que se desplazaba al
momento de producirse el siniestro que relata posee asfalto en buen
estado de conservación y es de doble sentido de circulación y agrega
que por el hecho referido intervino la UFIJ Nro. 11 del Departamento
Judicial de La Matanzas, Provincia de Buenos Aires.
Realiza sus consideraciones acerca de la responsabilidad
exclusiva de la parte demandada en la producción del accidente de
tránsito descripto y sostiene al respecto que el accionado conducía sin
la pericia, prudencia, precaución y diligencia necesarias
Determina y cuantifica los conceptos que son objeto de
su reclamo indemnizatorio, arribando a la suma total de $1.300.000.-
(por daño físico e incapacidad sobreviniente: $600.000.- ; por daño
psíquico: $300.000.-; por tratamiento psicológico: $50.000.-; por
daño moral: $300.000.-; por gastos de asistencia médica, de
medicamentos y de traslados: $30.000.- y por gastos de honorarios
por tratamiento kinésico: $20.000.-); funda su derecho; ofrece
pruebas y solicita que oportunamente se condene a los demandados al
íntegro pago de las sum as reclamadas y/o las que en más o en menos
correspondan, con intereses hasta el efectivo pago y costas.
b) Con fecha 11 de agosto de 2021 se confiere el
traslado de la demanda y de la citación en garantía, fijándose para las
actuaciones el trámite correspondiente al proceso de conocimiento
ordinario.
c) Con fecha 10 de diciembre de 2021 se presenta, por
medio de profesional letrado apoderado, Caja de Seguros S.A. y
contesta a la citación en garantía.
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Reconoce en primer término que se encuentra vinculada
contractualmente con Daniel Ángel Cafaro, su asegurado, a través de
la Póliza N° 5450-0627087-08 -cuyo ejemplar agrega- mediante el
cual asegura al vehículo marca Fiat, modelo Palio Fire, año 2014,
Dominio NYF087, con una cobertura por responsabilidad civil de
hasta la suma de $10.000.000.- por evento / acontecimiento; por lo
que sostiene que para el caso que exista más de un reclamo por el
mismo evento, se aplica esa única suma asegurada, la cual deberá
distribuirse a prorrata entre los reclamantes.
Seguidamente, acatando el imperativo procesal realiza
una negativa pormenorizada de los hechos afirmados en el escrito de
demanda; entre ellos niega expresamente que haya ocurrido un
accidente de tránsito el día 19 de marzo de 2021; que este “Supuesto
Accidente” se hubiera producido a las 16 horas en la Av. Brigadier
General Juan Manuel de Rosas, sobre mano izquierda, Partido de La
Matanza, con dirección de San Justo hacia el Partido de Virrey del
Pino, en la intersección con la calle Elías Bedoya y que el vehículo
asegurador por la presentante, conducido por el demandado, haya
embestido en la parte trasera al moto vehículo Zanella ZTT200,
Dominio 245JKE conducido por el actor. Asimismo niega la
responsabilidad que atribuye el reclamante; las consecuencias
dañosas que este litigante afirma y la autenticidad de la prueba
documental que agrega.
Manifiesta luego que es cierto que acaeció un accidente,
pero afirma que no sucedió no en las circunstancias descriptas por el
actor y relata que el asegurado de la presentante refirió que el día 19
de marzo de 2021, a las 16.00 horas aproximadamente, conducía el
vehículo Fiat Palio Fire Dominio NYF087 por la Av. Brigadier
General Juan Manuel de Rosas, Partido de La Matanza, Provincia de
Buenos Aires, tomando los recaudos necesarios y respetando las
normas de tránsito. Que se hallaba detenido en un semáforo a la
altura del 3700, esquina calle Elías Bedoya; cuando en forma
imprevista fue embestido de atrás por el moto vehículo del
reclamante, provocando incluso el daño de la luneta del automóvil
que guiaba.
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Luego de ocurrir el impacto -continúa relatando- el
conductor de la motocicleta se levantó por sus propios medios e
intercambió datos con el automovilista, sin haber indicado en ningún
momento haber sufrido alguna lesión, y se retiró del lugar
conduciendo su moto vehículo sin dificultades.
Sostiene que el ahora demandante ha violado el deber de
prudencia que recae en todo conductor; que resulta completamente
falso el relato que efectúa en el escrito de demanda, tergiversando los
hechos para magnificar su reclamo y percibir sumas que no le
corresponden. Incluso denuncia que el demandado lo habría
embestido de atrás cuando en realidad fue exactamente al revés, ha
sido el actor quien circulaba detrás del vehículo del accionado y lo ha
embestido con su parte delantera en la parte trasera del vehículo Fiat
Palio Fire.
Reitera que el accionante pretende responsabilizar al
demandado e intenta atribuirle el carácter de embistente, cuando ha
sido aquél quien embistió. Altera por completo la forma en que los
hechos realmente ocurrieron, pretendiendo transformarse de
responsable del daño de la luneta del vehículo del demandado, en
falso damnificado por daños y perjuicios. Por lo que en consecuencia
-afirma la presentante- conforme a ello “la culpa del actor libera de
toda la responsabilidad al demandado”.
Impugna la procedencia de todos y particularmente de
cada uno de los conceptos y montos indemnizatorios reclamados por
el demandante; platea pluspetición inexcusable (punto “V”); pide que
se deduzcan de la cuenta indemnizatoria las sumas percibidas por el
actor, de parte de su ART., obra social y/o medicina prepaga (punto
“VII”); funda su derecho; ofrece pruebas; requiere la aplicación del
límite en el pago de las costas del juicio establecido por el art. 730
del CPCCN. (punto “XII”) y solicita que se rechace la demanda, con
costas.
d) Con fecha 23 de diciembre de 2021 la parte actora
desconoce la autenticidad de la prueba documental agregada por la
compañía citada en garantía Caja de Seguros S.A. y se opone a la
limitación de cobertura del seguro invocada por dicha litigante en el
punto “III” del escrito de fecha 10 de diciembre de 2021.
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esquina con la calle Elías Bedoya, en forma imprevista fue embestido
de atrás por el moto vehículo del reclamante, provocando incluso el
daño de la luneta del automóvil que guiaba. Luego de ocurrir el
impacto el conductor de la motocicleta se levantó por sus propios
medios e intercambió datos con el automovilista, sin haber indicado
en ningún momento haber sufrido alguna lesión, y se retiró del lugar
conduciendo su moto vehículo sin dificultades.
Sostiene que el motociclista actora altera la forma en que
los hechos realmente ocurrieron, pretendiendo transformarse de
responsable del daño de la luneta del vehículo del demandado, en
falso damnificado por daños y perjuicios.
Por su parte, el accionado Daniel Ángel Cafaro,
habiendo sido notificado del traslado de la demanda, no la contesta;
por lo que a pedido de la parte actora es declarado rebelde mediante
la providencia datada el 24 de noviembre de 2026, situación en la que
se mantiene hasta el día de la fecha.
II.- Inicialmente debo recordar que de acuerdo a los
principios de plenitud y congruencia (arts. 34 inc. 4º y 163 del
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación), solo cabe fallar
sobre los hechos alegados y probados, debiendo contener la sentencia
decisión expresa y precisa de conformidad con las pretensiones
deducidas en el juicio, las que deberán calificarse según corresponda
por ley, declarando el derecho de los litigantes.
También debe recordarse que el Juzgador no tiene la
obligación de ponderar todas las pruebas colectadas en la causa, sino
solo aquellas que juzgue, según su criterio, pertinentes y conducentes
para resolver el caso (CSJN, fallos 274:113; 280:320, entre otros).
Asimismo, tampoco tiene el deber de tratar todas y cada una de las
argumentaciones de las partes, sino tan solo aquellas que estime
posean relevancia para sustentar su decisión (CSJN, fallos 258:304,
262:222; 310:267, entre otros).
Debo mencionar además que conforme se ha dicho, para
resolver, el proceso civil no puede ser conducido en términos
estrictamente formales, ni permitir que “se desarrolle como un juego
de ficciones librado a la habilidad ocasional de los litigantes” (conf.
Exposición de Motivos Ley 17.454), siendo incompatible con el
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adecuado servicio de la justicia una renuncia consciente a la verdad
(conf. CSJN, Fallos 287:153; 254:11; 262:459; 279:239; 283:88;
284:375; 290:93; 294:392; etc.). Además, es de recordar que los
jueces deben valorar que hacer justicia no importa otra cosa que la
recta determinación de lo justo in concreto, para lo cual es menester
procurar la efectiva realización del derecho en las situaciones reales
que se le presentan, lo cual exige conjugar los principios enunciados
en la ley con los elementos fácticos del caso (conf. CSJN, Fallo:
302:1611).
III.- Frente a la rebeldía decretada y firme del accionado
Daniel Ángel Cafaro, cabe recordar que el art. 356 inc. 1°) del
Código Procesal impone la carga a los demandados de reconocer o
negar categóricamente cada uno de los hechos expuestos en la
demanda y la autenticidad de los documentos acompañados que se les
atribuyeren. Su silencio, respuestas evasivas o la negativa meramente
judicial podrán estimarse como reconocimiento de la verdad de los
hechos pertinentes y lícitos a que se refieran.
Respecto a las consecuencias que la rebeldía produce
con relación a los hechos afirmados por la otra parte, el ordenamiento
procesal vigente adhiere, como regla de carácter general, al sistema
en cuya virtud dicha declaración sólo puede configurar una
presunción “simple o judicial”. Es por lo tanto el Juez quien,
apreciando la conducta de las partes y las constancias del proceso,
debe estimar si la incomparecencia o el abandono importan, o no, el
reconocimiento de los hechos afirmados por la otra parte. Así, el art.
60 párrafo 3° del Código Procesal dispone que “La sentencia será
pronunciada según el mérito de la causa y lo establecido en el art. 356
inc. 1°”, norma ésta según la cual el silencio, las respuestas evasivas
o la negativa meramente general del demandado podrán estimarse
como reconocimiento de la verdad de los hechos pertinentes y lícitos
a que se refieran. De allí que la declaración de rebeldía no exime al
actor de la carga de acreditar los extremos de su pretensión, ni
descarta la posibilidad de que aquéllos sean desvirtuados por la
prueba que se produzca.
Por otra parte, también es importante recordar que con
relación a los documentos acompañados por la parte actora que se le
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atribuyan al demandado y la recepción de las cartas a él dirigidas
cuyas copias se acompañen, en caso de silencio o respuestas evasivas,
se le tendrán por reconocidos o recibidas según el caso.
Es decir, para precisar la idea se destaca que los efectos
de la admisión ficta prevista en el art. 356 del Código Procesal son
diferentes según versen sobre los hechos o sobre la prueba
documental acompañada con la demanda, pues en el primer supuesto
el silencio, las evasivas o la negativa pueden o podrán estimarse
como reconocimiento de la verdad; en cambio tratándose de
documentos, esa misma posición reticente del demandado conlleva la
solución legal consistente en que se los tendrá por reconocidos o
recibidos por él.
Al ser ello así, habiéndose decretado la rebeldía del
demandado Daniel Ángel Cafaro, los preceptos expuestos resultan
aplicables al caso aquí examinado.
IV.- Establecido todo lo cual y encontrándose integrada
la controversia en los términos expuestos en el considerando “I”, he
de precisar el marco jurídico dentro de cuyos límites habrá de
desenvolverse la apreciación del caso y de la prueba producida para
finalmente dar la solución que corresponde al litigio. Para así
proceder, examinaré en particular y en conjunto los diversos medios
de prueba aportados por las partes siempre con sujeción a las reglas
de la sana crítica, que no son otra cosa que los principios de la lógica
y las máximas de la experiencia (conf. Highton-Areán, “Código
Procesal Civil y Comercial de la Nación. Análisis doctrinal y
jurisprudencial”, Tomo 7, pág. 490).
Habida cuenta la fecha en que aconteciera el evento
fundante del reclamo sustancial de autos (19 de Marzo del 2021),
sobre la cual -destaco- no existe controversia entre las partes
litigantes, resultan de aplicación las normas contenidas en el Código
Civil y Comercial de la Nación que entró en vigencia el 1° de agosto
de 2015, aprobado por la Ley 26.994 (conf. modificación de la Ley
27.077, B.O. 16/12/2014).
Este Ordenamiento se diferencia del régimen anterior del
Código Civil al insinuar, conforme a los términos del artículo 1769,
que en los “Accidentes de Tránsito” no están involucrados
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“automotores” sino “vehículos”, los cuales considera cosas riesgosas,
surgiendo de ahí la responsabilidad objetiva de que habla en su
artículo 1757 y que en el artículo 1758 atribuye a su dueño y a su
guardián en forma concurrente. La denominación “circulación de
vehículos” es mucho más amplia que la de “accidentes de
automotores” y que la de “accidentes de tránsito”, ya que incluye
ahora a las bicicletas, a las motocicletas a las máquinas agrícolas,
etc., y no sólo durante la circulación vial sino también en todos los
casos en los que media su intervención activa, estén o no en
movimiento. De esta manera, el régimen legal en torno a la materia
remite al “régimen legal de la responsabilidad objetiva por riesgo
creado” e incluye a la “responsabilidad por actividades riesgosas o
peligrosas”, pareciendo significar, a mi modo de ver, que tanto el
vehículo como el acto de conducir son riesgosos en sí mismos.
Siguiendo tal tesitura, los arts. 1719, primera parte y
1729 del CCCN., en concordancia con el principio general sentado en
el artículo 1722 (que refiere a la culpa ajena, abarcativa tanto de la
reprochable a la propia víctima como a un tercero por el cual no se
deba responder, con las características que señala el art. 1731),
establece al igual que lo hacía en su oportunidad el art. 1113, segunda
parte del Código Civil, que el hecho del damnificado, así calificado
por las circunstancias del caso –precisa la norma-, puede interrumpir
total o parcialmente el nexo causal, exonerando en consecuencia
también total o parcialmente de responsabilidad al agente
interviniente. Cabe también agregar aquí como eximente de
responsabilidad, total o parcial, el caso fortuito que contempla y
tipifica el art. 1730 del Ordenamiento sustancial vigente.
Es así que al ventilarse en el sub lite la colisión plural de
vehículos resulta aplicable la normativa mencionada en cuanto a la
responsabilidad del dueño o guardián emergente del accidente de
tránsito producido, en tanto se ponen en juego las presunciones de
causalidad y responsabilidad de cada dueño o guardián por los daños
sufridos por el otro con fundamento objetivo en el riesgo. Mientras
que para eximirse cada uno de los responsables debe invocar y probar
la culpa de la víctima, la de un tercero por la que no deben responder
o el caso fortuito ajeno a la cosa y que fracture la relación causal.
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Esta postura, aún antes de la sanción del Código Civil y
Comercial, ya había sido adoptada por la Corte Suprema de Justicia
de la Nación en el caso “Empresa Nacional de Telecomunicaciones c/
Provincia de Buenos Aires y otro” del 20/12/1987 y fue seguida por
la Excma. Cámara del fuero Civil en el fallo dictado en autos “
Valdez, Estanislao F. c/ El Puente S.A. y otro”, del 10/11/94 (LA
LEY 1995-A, 136, fallo 92.833; E.D. T. 161, p. 402, fallo 46.273;
J.A. T. 1995-I, p. 280), cuyos argumentos comparto.
Sin embargo, no debe perderse de vista que, en
concordancia con la posición de quienes se inclinen a aún por la
subsistencia de la culpa como principio general (art. 1724, CCCN)
con fundamento en que en los casos de daños ocasionados a terceros
con intervención de automotores, puede existir también la
responsabilidad por el hecho personal del conductor víctima, en
virtud de haber incurrido éste en imprudencia o negligencia en el
manejo del vehículo su conducta, ante el plexo normativo vigente,
queda subsumida entonces en aquella norma (art. 1722),
entendiéndose expresamente la responsabilidad concurrente al dueño
y al guardián de la cosa (art. 1758). Es que, se ha dicho, el riesgo de
la cosa, por sí solo no es apto para generar un daño, sino que requiere
ineludiblemente del concurso de una conducta humana que ponga el
vehículo en movimiento o en circulación (en este sentido, Borda,
“Tratado de derecho civil. Obligaciones”, 7ª ed., t. II, p. 368, N°
1504 y p. 381, N° 1528 y ss., Brebbia, “Problemática jurídica de los
automotores”, T. I, p. 151 y ss., Llambías, “Tratado de derecho civil.
Obligaciones, 2ª ed., T. IV-B, p. 198, N° 2870; Kemelmajer de
Carlucci, en “Código Civil y leyes complementarias. Comentado,
anotado y concordado”, A.C. Belluscio-Zannoni, T. 5, p. 498;
Pizarro, “Responsabilidad civil por el riesgo o vicio de la cosa”, p.
527, cuyos fundamentos resultan destacables aún hoy ante la
precisión de la normativa vigente mencionada); ya que tanto el
vehículo como el acto de conducir son riesgosos en sí mismos, como
antes mencioné.
Contrariamente a esta posición, otra tesis -a la que
adhiero- ha afirmado que el conductor, aun cuando no sea dueño ni
guardián del automotor, debe ser juzgado de acuerdo con el marco
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legal del art. 1113, párr. 2°, in fine del Código Civil (hoy art. 1722
del CCCN), pues es el autor mediato del daño, ya que con el uso del
automotor introduce al medio social una cosa riesgosa, de la que se
sirve y tiene a su cuidado por lo que, en definitiva, con su puesta en
funcionamiento crea, genera y potencia el peligro propio de la cosa.
Por lo tanto, sólo se liberará de responsabilidad si alega y demuestra
la ocurrencia -total o parcial- de alguna causal exoneratoria de
responsabilidad (cfr. Galdós, “El riesgo creado y el conductor del
automóvil”, JA, 1996-IV-976).
Ocurre que en el riesgo creado concurren todos los
presupuestos ordinarios de la responsabilidad civil, incluida la autoría
humana (cfr. Mosset Iturraspe, “Responsabilidad por daños”, T. I, p.
64, pto. XXII). Además, no puede negarse el carácter expansivo del
riesgo creado como factor de atribución de responsabilidad,
implicando un verdadero retroceso en cuanto a ese efecto si debe
volverse al régimen de la prueba de la culpa en relación con el
conductor, con verdadero detrimento de la situación procesal de la
víctima (cfr. Areán, Beatriz, “Juicio por accidentes de tránsito”, T. I,
p. 81, Editorial Hammurabi).
En síntesis, la víctima tiene la carga de probar el hecho,
el daño y -para algunos autores-, la relación de causalidad entre
ambos. Para eximirse, cada uno de los responsables debe invocar y
probar la culpa de la víctima, la de un tercero por la que no deba
responder, o el caso fortuito ajeno a la cosa que fracture la relación
causal.
Lo expuesto no significa que la culpa deba ser
considerada “pieza de museo” pues, como decía López Cabana,
convive con el riesgo, aunque ocupa un campo más limitado que el
que corresponde a los factores objetivos de atribución. Es constante la
aplicación en materia de accidentes de tránsito del riesgo creado, pero
ello no implica que opere ajeno a la culpa (cfr. López Cabana
(coord.), “Responsabilidad civil por accidentes”, Lexis, N°
2104/000138, Capítulo I, “Accidentes de tránsito”). Sucede que,
como expresara Zavala de González, “si la causa del daño reside en la
conducta culpable del dueño o guardián, la responsabilidad contaría
con el apoyo dual y convergente de dos títulos resarcitorios que,
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desde diferentes vertientes (subjetiva, objetiva), vendrían a reforzar
armónicamente la plataforma sustentadora de la obligación
resarcitoria” (cfr. “Responsabilidad por riesgo”, pág. 66).
A ello agrego que la concurrencia y acreditación de las
condiciones eximentes deberán ser interpretadas con criterio
restrictivo, siendo la prueba liberatoria fehaciente e indubitada, toda
vez que la normativa ha creado factores objetivos de atribución que
deben cesar únicamente en casos excepcionales.
Esto es así dado que la responsabilidad objetiva de la que
hablamos se funda exclusivamente en la cosa generadora del daño;
por lo que para su exclusión es necesario probar que la conducta del
damnificado o del tercero constituye la causa del mismo; ya que lo
que interesa es determinar la idoneidad para producir el evento y ser
factor interruptivo de la relación de causalidad, con aptitud eficiente
como para impedir la consumación de la responsabilidad del dueño o
guardián de la cosa eminentemente peligrosa o riesgosa. De tal modo,
a efectos de decidir acerca de la existencia de causales exoneratorias,
se torna necesario determinar la forma como habrían acaecido los
hechos, siendo dable recordar que en juicios como los presentes, la
misión del Juzgador -quien no los ha presenciado- consiste en
reproducir o efectuar una acabada reconstrucción mental de la forma
en que verosímilmente pudieron acaecer, para establecer en función
de ello el grado de responsabilidad de los intervinientes.
V.- Definido de tal forma el marco legal, doctrinal y
jurisprudencial en el que habré de dirimir la cuestión traída a mi
conocimiento mediante estas actuaciones, comenzaré por destacar
que no se encuentra controvertida en autos la ocurrencia del accidente
de tránsito que fundamenta el reclamo de la parte actora. La
discrepancia entre las partes litigantes gira en torno a las
circunstancias en que se produjera tal evento; a la responsabilidad por
su acaecimiento y al nexo causal entre tal hecho y los daños que
afirma haber sufrido el reclamante.
Más allá de tal aseveración preliminar debo destacar que,
como antes dijera, en caso de duda la rebeldía de la parte demandada
constituye una presunción de verdad de los hechos lícitos afirmados
por la accionante (arts. 60 y 356, inc. 1° del CPCCN.). No obstante lo
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cual, establece la norma citada en primer término, que corresponde
que se dicte la sentencia según el mérito de la causa.
Esta obligación del sentenciante de dictar sentencia
“según el mérito de la causa” significa que la rebeldía declarada y
firme del demandado “no implica ipso iure la recepción de las
pretensiones ni impone al juzgador la obligación de emitir una
decisión favorable a la petición”, pues lo que interesa es el
esclarecimiento de la verdad (en tal sentido, CNCivil, Sala “F”, C.
F588376, “Villarreal, Oscar Roberto Nicolás y Otro c/ Empresa
Distribuidora y Comercializadora Norte S.A. (EDENOR S.A.) s/
Daños y perjuicios”, del 30/07/2012, publ. Gaceta de Paz del
23/10/2012, pág. 1 - Sumario N° 22.081 de la Base de Datos de la
Secretaría de Jurisprudencia de la Cámara Civil).
Con esta tesitura ya desde antiguo se dijo que “Los
efectos de la rebeldía (art. 59 CPCC) están sujetos a lo que determina
el art. 60 de dicho cuerpo legal en cuanto el sentenciante debe hacer
mérito de la causa y aún en los casos de mediar incontestación a la
demanda y seguir el proceso en rebeldía, puede ser rechazada la
acción si ella no se ajusta a derecho” (conf. CNCiv., Sala “4”, autos:
“Rivadavia de Vera Leonor c/ Gauna Héctor Prudencio s/ Sumario”,
del 16/05/88).
Es que la rebeldía no autoriza a que de pleno derecho
puedan tenerse por reconocidos los hechos por parte del rebelde.
Consecuentemente, el actor no queda liberado de la carga de probar
las circunstancias fácticas en que apoya su pretensión
(CNEspCivCom. Sala I, “Rey, Oscar C. c/ Russo, Ricardo J. s/
Sumario”, 28-9-84), por cuanto “la rebeldía asumida por el
demandado por sí sola es insuficiente para admitir la verdad de los
hechos afirmados por la víctima porque la sentencia debe ser
pronunciada según el mérito de la causa, valorando los hechos y
circunstancias del proceso y también las pruebas producidas. La
rebeldía no produce otro efecto que el de crear, en caso de duda, una
presunción de verdad de los hechos lícitos afirmados por el actor,
pero tal extremo no lo exime de la carga probatoria en los términos
de la responsabilidad civil” (conf. CNCivil, Sala “K”, C. L.30175,
“Hojman, Alberto Gabriel c/ Aguas Argentinas S.A. s/ Daños y
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perjuicios”, del 16/03/2011 - Sumario N° 20.817 de la Base de Datos
de la Secretaría de Jurisprudencia de la Cámara Civil).
Hecha tal disquisición, conforme a lo antes mencionado
corresponde establecer si en base a la prueba producida la compañía
citada en garantía ha logrado demostrar la eximente de
responsabilidad que invoca; esto es el hecho del motociclista
demandante. Nótese al efecto que como mencioné nos hallamos ante
un supuesto de responsabilidad objetiva y, en su caso, si se encuentra
acreditado el nexo causal entre el hecho invocado y el daño que se
afirma.
A tales efectos haré mérito en primer término de las
constancias obrantes en la Causa Penal N° PP-05-00-013586-21/00,
caratulada: “Lesiones culposas – Art. 94 – Víctima o Denunciante:
Caceres Avalos Rubén Derlis (Víctima – Denunciante)”, tramitada en
Unidad Funcional de Instrucción y Juicio N° 11 y Juzgado de
Garantías N° 2, ambos del Departamento Judicial de La Matanza,
Provincia de Buenos Aires; que fuera recibida en copias digitales
provenientes de la mencionada dependencia fiscal y que se agregó
con fecha 08 de agosto de 20230 al legajo electrónico
correspondiente a estos obrados civiles.
En la causa penal individualizada, a la cual me referiré
exclusivamente en los siguientes párrafos, mencionando las fojas y/o
las fechas de las diligencias que meritúo, a fs. 7 obra la denuncia
realizada con fecha 24/03/2021, por Derlis Rubén Caceres Avalos, de
33 años de edad, de nacionalidad paraguaya, de estado civil soltero y
de ocupación empleado, quien relató que el día viernes 19/03/2021
circulaba por la Ruta 3 a bordo del moto vehículo Zanella ZTT 200
de color negro, Patente 245JKE en sentido hacia Virrey del Pino;
cuando en la intersección de aquella ruta con la calle Bedoya fue
embestido por el automóvil Fiat Palio de color gris, Dominio
NYF087 “en la parte trasera de su moto con la parte frontal del
auto”, provocando que el motociclista declarante cayera sobre la
cinta asfáltica; que luego se recuperó “como pudo”; la persona de
sexo masculino que conducía el Fiat Palio se le acercó para prestarle
asistencia y se identificó como Daniel Ángel Cafaro. Que luego el
denunciante se dirigió a solicitar asistencia médica y el profesional
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que lo atendió le diagnosticó “politraumatismo”. Por último, al
preguntarle la instrucción policial si instaba la acción penal,
respondió que no.
A fs. 14 vta. obra un certificado médico expedido en el
Sanatorio Privado Figueroa Paredes S.A., en cual se dejó constancia
que el día 19/03/2021 fue asistido en dicho nosocomio el paciente
Derlis Rubén Caceres Avalos “por presentar Golpes por accidente
de tránsito, se derivó a su ART después de internación”. A fs. 15 luce
el informe emitido con fecha 06/04/2021 por el referido sanatorio
privado, consignando que el paciente de mención “fue atendido en el
servicio de guardia con fecha 19-03-2021. (Diagnóstico:
Traumatismo de Rodilla Izquierda)”.
A fs. 16 obra el “Acta de visu” labrada el día 03/04/2021
por la numeraria de la Comisaría Este - Quinta, Oficial Inspector
Cecilia Medina, quien habiendo inspeccionado el automóvil Fiat
Palio Fire de color gris, Patente NYF087, informó que este vehículo a
simple vista “posee daños en su parte frontal como ser: capot
abollado, paragolpes hundido altura chapa patente”.
La misma agente policial labró el día 24/03/2021 el
“Acta de visu” agregada a fs. 16 vta., donde consignó que habiendo
inspeccionado en la fecha mencionada al moto vehículo Zanella ZT
200, de color negro, Patente 245JKE, este rodado a simple vista
“posee daños en su parte trasera, como ser: luz trasera, rueda
trasera descentrada y guardabarros hundido”.
A fs. 18 luce el “Acta de notificación formación causa”
labrada el día 03/03/2021, mediante la cual se comunicó
personalmente sobre la formación de la causa penal aquí comentada,
a Daniel Ángel Cafaro y sobre sus derechos en el marco de tal
proceso y con fecha 07/04/2021 se le hizo entrega al nombrado, del
vehículo Fiat Palio Fire de color gris, Patente NYF087; agregándose
a fs. 19 y vta. copia de la cédula de identificación de dicho rodado
expedida a su nombre.
A fs. 23/24 obra un escrito presentado con fecha
07/04/2021 en la fiscalía actuante, en el cual Daniel Ángel Cafaro
relata con relación al hecho investigado que: “Regresando de mi
labor diaria, ubicado en la ruta 3 Nacional. Entre la calle Bedoya
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altura 3700, yo en mi vehículo Personal Palio Fiat matrícula
NYF087. Esperando el Primer semáforo que estaba en Rojo, nates de
llegar a la Av. Carlos Casares y ruta 3, en una fila inmensa de
vehículos. Siento un golpe en mi coche. Que proviene de la parte
trasera. Desciendo ya viendo con el espejo retrovisor que un
motociclista. Choca a mi vehículo. Y queda totalmente en el asfalto
extendido inmediatamente le pregunté si estaba bien, con su mano
izquierda la levanta y con el pulgar … expresa Si a mis palabras (Él
llevaba el Casco, puesto en su cabeza)…”.
Finalmente, a fs. 25, con fecha 27/04/2021, el Sr. Agente
Fiscal interviniente, considerando que la víctima no instó la acción
penal, resolvió desestimar la denuncia y dispuso el archivo de las
actuaciones en comentario. No obran constancias en las actuaciones
analizadas que indiquen que la decisión reseñada del Sr. Fiscal fuera
objetada por el denunciante ahora actor.
Reseñadas de tal forma las constancias Causa Penal
Causa Penal N° PP-05-00-013586-21/00 labrada con motivo del
accidente de tránsito que motiva la demanda de autos, recordaré que
“La doctrina entiende que todas las actuaciones labradas con motivo
de un expediente judicial constituyen un instrumento público (art.
979 inc. 4, 980, 993, 994 y 995 del Cód. Civil, hoy arts. 289 inc. b;
290, 292, 293, 296 y cctes. del CCyCN). En la especie, por el
principio de adquisición procesal, todas las actuaciones realizadas en
sede penal quedaron incorporadas como medio probatorio a ésta
causa civil, sin que ninguna de las partes en el proceso las haya
objetado o impugnado. Por lo tanto, el Juez queda habilitado
judicialmente para valorar dichos medios probatorios sin que se viole
norma o precepto legal constitucional alguno (arts. 16, 18 y 75 inc.
22 de la Constitución Nacional, art. 15 de la Constitución de la
Provincia de Buenos Aires) (conf. CA. en lo Civil y Comercial, Sala
Primera, del Departamento Judicial La Matanza, Pcia. de Bs. As., c.
“Quiintela Ubalda c/ García Juan Alberto y Otro s/ Daños y
perjuicios”, Expte. n° 1716/1, del 11/5/2010 - R.S.D. Nº: 31/10, Folio
Nº 171).
En efecto, se ha dicho que la prueba acumulada en el
juicio criminal es invocable para la decisión del posterior pleito civil
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cuando los litigantes han tenido oportuna noticia del ofrecimiento de
esa prueba y ha podido producir la que convenía a sus derecho para
desvirtuarla (en doctrina, véase Galdós Jorge Mario "El valor
probatorio del expediente penal en sede civil", Tercera parte, La Ley
1993-B-1019; Galdós, Jorge Mario, “Otra vez sobre el valor
probatorio del expediente penal en sede civil, en la Suprema Corte de
Buenos Aires”. LLBA 1997,515; en igual sentido, Zavala de
González, Matilde. “Resarcimiento de daños” 3. Ed. Hammurabi,
pág. 157/8 en el orden local Cámara Primera de Apelaciones, Civil,
Comercial, Minas, Paz y Tributario, Autos N° 107.063/36.276,
"Arancibia Eva Ester c/ Empresa Autotransportes Pte. Alvear S.A.
p/D. y P.", 04/04/04).
En el caso nada impedía que las partes aquí litigantes,
que se encontraban anoticiadas de las actuaciones realizadas en sede
penal, ofrecieran y aportaran en estos obrados, dotados de un amplio
marco probatorio, todas las medidas necesarias para desvirtuar las
actuaciones de aquél proceso punitivo, lo cual omitieron.
Ello así, los elementos recolectados en el marco de la
Causa Penal N° PP-05-00-013586-21/00 se valoran en este
pronunciamiento conforme a las reglas de la sana crítica y en
conjunto con las demás probanzas que se incorporaran al proceso que
aquí es objeto de decisión.
A lo cual debo agregar que la doctrina civilista
mayoritaria ha establecido que la sentencia absolutoria que declare la
inculpabilidad del procesado -en el caso se dispuso archivar la
investigación penal- sólo tiene efectos dentro del proceso penal y en
su ámbito específico, sin proyección alguna al juicio civil, en mérito a
que "los criterios de apreciación de la culpa son sensiblemente
diferentes en el proceso penal y en el civil. En el ámbito de la
responsabilidad por daños, la mira está centrada en la víctima y la
culpa es apreciada con un criterio más afinado y suavizado, a fin de
no dejar sin reparación a quien ha sufrido injustamente un perjuicio.
En razón de ello, la culpa más leve en el ámbito civil impone
responsabilidad al autor del daño por lo que la conclusión en torno a
la absolución penal por falta de culpa no hace cosa juzgada respecto
del posterior pronunciamiento civil (Calvo Costa, C. A, "Derecho de
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las Obligaciones 2. Derecho de Daños", Ed. Hammurabi, Buenos
Aires, 2016, p. 571).
Con tal tesitura, "en reiteradísimos pronunciamientos
jurisprudenciales se ha especificado la distinta apreciación de la
culpabilidad respecto a la jurisdicción penal y la civil, máxime
cuando en esta última, juegan presunciones como las que emanan de
la teoría del riesgo creado" (conf. CNCiv., Sala “M”, "Mata Rafael c/
Domínguez Elena s/ Daños y perjuicios", del 09-09-98, "Zambrini
Oscar Alberto c/ Gómez Guillermo Daniel s/daños y perjuicios", del
04-05-05).
En el marco de estas actuaciones civiles, valoraré el
informe presentado con fecha 26 de marzo de 2024 por el perito
mecánico único designado de oficio, Ingeniero Rubén Osvaldo
Signorini, quien con fundamento en las constancias de la Causa
Penal N° PP-05-00-013586-21/00 antes reseñada refirió que
conforme a las constancias de dicho proceso los daños en el rodado
del actor fueron: “- Rueda trasera deformada por impacto. -
Guardabarros trasero”.
Acotó que “Llamativamente el actor no presento fotos
de los daños en su rodado y no se presentó al llamado del perito para
inspeccionar la moto para que de esta manera se respaldara lo
descripto en la causa penal y en su relato en la demanda” y que “En
la denuncia del seguro del demandado se adjuntaron fotos en la que
los daños no parecen corresponderse con lo relatado por parte de la
actora”.
Ante el requerimiento para que determine la “calidad de
agente activo y agente pasivo de las partes involucradas en el hecho
denunciado, en el aspecto meramente mecánico”, el experto auxiliar
de justicia respondió que “A costas de agregar información a la
causa, la inspección policial obrante en la causa penal embistente
es el de la demanda”. Explicó al respecto que “La calidad de agente
activo y pasivo, surge de las inspecciones visuales de la causa
penal, en donde el rodado de la actora presenta daños en la parte
trasera y el demandado en la parte frontal del vehículo,
estableciéndose así que se trató de un embestimiento trasero y no
como surge del relato de la demandada”.
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Afirmó de manera contundente el Ingeniero Mecánico
Signorini que “desconoce el estado de los rodados previo al evento
de marras, pero a los obrantes causa penal, resulta verosímil el
relato de la actora”, destacando al responder a los puntos de pericia
propuestos por la compañía citada en garantía que en el moto rodado
de la parte actora los daños se ubican en la “parte trasera” y en el
vehículo de la parte demandada los daños se hallan “en su parte
frontal, principalmente en su capot que se encuentra abollado y
paragolpes hundido”.
Las conclusiones periciales transcriptas no fueron
impugnadas por las partes litigantes y se valoran en este
pronunciamiento conforme a las pautas de los arts. 386, 477 y cctes.
del Cód. Procesal.
Por último, debo mencionar la denuncia de siniestro
agregada por la compañía citada en garantía Caja de Seguros S.A.,
con la contestación de fecha 10 de diciembre de 2021 en la cual relató
Daniel Ángel Cafaro que: “ESTABA PARADO EN UN SEMAFORO
SOBRE RUTA 3 ENTRE CALLE. BEDOYA ALTURA 3700 ME
CHOCO EN LA PARTE TRACERA SOBRE EL LADO IZQUIERDO
RAJANDO EL VIDRO TRASERO LLAME A LA POLICIA TENGO
FOTOSDE LIS HECHOS.”. En el apartado “Datos del tercero” de
dicho documento se individualizó solo la patente del vehículo como
“24500JKE”, habiendo consignado previamente: “CAUSA DEL
SINIESTRO 502” - COLISIÓN CON MOTOCICLO”.
Con relación al valor probatorio que cabe otorgarle al
documento analizado, recordaré que al igual que lo que sucede con
las actas de choque, nuestra jurisprudencia ha establecido que
tratándose de declaraciones unilaterales debe desecharse su valor
probatorio cuando lo que se pretende es probar contra el adversario.
Únicamente cabe acordarles relevancia cuando quien aparece
levantándolas formula manifestaciones que redundan en su propia
contra, puesto que allí tienen el carácter de reconocimiento
extrajudicial (CNCiv., Sala “G”, 2/11/07, “Jorge Antonio c/ Chávez
Cáceres Juan y Otros s/ Daños y perjuicios”).
VI.- Reseñados de tal forma los elementos probatorios
recolectados, que se analizan en particular y en conjunto a la luz de
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las reglas de la sana crítica (art. 386, Cód. Procesal) y encontrándose
expresamente reconocida por Caja de Seguros S.A. la producción del
accidente de tránsito que motiva esta litis, debo considerar que si bien
esta aseguradora citada en garantía brinda un relato del hecho que nos
ocupa sustancialmente distinto al narrado en el escrito de demanda y
con sustento únicamente en la declaración unilateral brindada por su
asegurado y aquí demandado Daniel Ángel Cafaro, no puedo soslayar
que no solo ninguna prueba produjo para sostener tal versión, donde
el motociclista actor circularía detrás del rodado de accionado y
habría embestido a éste en su parte trasera con el frente del moto
vehículo; sino que ese relato se ve desmentido en forma concluyente
con las constancias que emergen de la Causa Penal N° PP-05-00
-013586-21/00, que verifican los daños habidos en los vehículos
intervinienentes en el evento (en la parte trasera de la motocicleta
guiada por el actor y en el frente del automóvil conducido por el
demandado) que informan sobre un contacto entre el frente del
rodado Fiat Palio Fire Patente NYF087 y la parte trasera del moto
vehículo Zanella ZT 200 Patente 245JKE. Lo cual, destaco, indujo al
perito mecánico designado de oficio en estos obrados a concluir que
el agente “embistente es el de la demanda” “estableciéndose así que
se trató de un embestimiento trasero y no como surge del relato de
la demandada”. Por lo que consideró que “resulta verosímil el relato
de la actora”.
Siendo ello así, estimo útil centrarme en la siguiente
cuestión: la presunción respecto del carácter de embistente. La
doctrina y la jurisprudencia han sido contestes al señalar que quien
embiste con el frente de su rodado la parte lateral o trasera de otro
vehículo pone en evidencia una conducta culposa ya sea porque se
desplazaba a una velocidad inadecuada, porque no prestaba atención
a las contingencias del tránsito, porque no guardaba una distancia
prudencial respecto del vehículo que lo precedía o por todas esas
circunstancias juntas (conf. Ramírez, "Indemnización de daños y
perjuicios", T. I, pp. 230 a 234, N1 a) 1 y 10; b) 1 y 7; Daray,
Accidentes de tránsito, T. I, pp. 217 y ss., parág. 56; CNCiv., Sala
"A", 7/8/92, "Cabrera, Roberto y otra c/ Pécora, Miguel A.", La Ley,
1993-A-301, DJ 1992-2-959 y JA, 1993-I-322; ídem, Sala "B",
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12/10/90, "Fernández c/ Lichtvenvald", La Ley, 1991-B-419 y DJ,
1991-2-100; entre muchos otros). Siguiendo estos lineamientos, no
existen motivos para apartarme de la presunción, puesto que, como
quedó acreditado con los elementos probatorios analizados, tal
carácter le correspondió al vehículo Fiat Palio Fire Patente NYF087
conducido en la ocasión por el demandado Daniel Ángel Cafaro y
asegurado por Caja de Seguros S.A.
Recuerdo finalmente que “las eximentes legalmente
previstas exigen que el demandado pruebe la interrupción del nexo
causal por la incidencia de una causa extraña que sea ajena al riesgo
propio de la cosa por el cual responde. La eximente -total o parcial-
de la responsabilidad del dueño o del guardián no se funda
inexorablemente en la culpa de la víctima como factor subjetivo de
atribución, sino en la participación causal que, en su caso, pueda
haber importado el obrar culposo (o no) del damnificado en la
producción del daño, porque tal obrar era imprevisible o inevitable
para aquéllos (Trigo Represas, Félix A., Concurrencia de riesgo de la
cosa y culpa de la víctima, LL, 1993-B-306; Compagnucci de Caso,
Rubén, Responsabilidad civil y relación de causalidad, Bs. As.,
Astrea, 1984, p. 170; Mosset Iturraspe, Jorge, Responsabilidad por
daños, Bs. As., Ediar, 1973, t. III, p. 62; Tanzi, Silvia, Culpa de la
víctima y riesgo, LL, 1991-C-330; Pizarro, Ramón D., Causalidad
adecuada y factores extraños, en “Derecho de daños” [Homenaje al
doctor Mosset Iturraspe], Bs. As., La Rocca, 1989, p. 259, cit. por la
CNCivil, Sala “F”, Expte. 64.818/2014, “Rodríguez, Nahuel Américo
y Otro c/ Servidia, Teresa Josefina y Otro s/ Daños y perjuicios”, del
23/10/2019).
En otras palabras, el dueño o guardián sólo se eximen de
responsabilidad -total o parcialmente- si prueban que la actuación de
la cosa no ha sido la causa del daño (o lo ha sido tan sólo
parcialmente) porque ha incidido causalmente en su producción el
hecho del propio damnificado (Sala D, 27/5/97, LL, 1997-E-65; íd.,
esta Sala, 18/10/99, JA, 2000-II-275), lo cual en el caso no se ha
verificado.
La objetivación legal de responsabilidad que emana de
los arts. 1757 y 1769 del Código Civil y Comercial de la Nación
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(antes del art. 1113, segundo párrafo, parte final, del Código Civil) no
puede ser dejada de lado por cualquier elemento o inducción no muy
claro y definido, pues ello sería insuficiente para considerar la culpa
de la víctima o de un tercero si no hay, a su vez, elementos de
ponderación que cierta y seriamente las demuestren. Sólo cabe que
las presunciones legales se levanten con verdaderas pruebas
convincentes y que no den lugar a duda (conf. CNCiv., Sala “C”, oct.
29-990, L.L., 1991-B, 317; CNCiv., Sala “L”, Expte. 62.814), lo que
no ocurre en la especie.
Sobre tales bases y con el panorama probatorio
reseñado, a lo cual sumo las presunciones mencionadas en el
precedente considerando “III”, derivadas de la contumacia de la parte
accionada; por encontrarse reconocida la producción del accidente de
tránsito que motiva la litis y que ese evento se produjo en la forma
relatada en el escrito introductorio de la acción, toda vez que no se
verifica ninguna circunstancia que permita tener por configurada
alguna eximente de responsabilidad, admitiré la demanda interpuesta
por Derlis Rubén Cáceres Avalos en los términos de los arts. 1722,
1725, 1726, 1757, 1758, 1769 y cctes. del CCCN y condenaré al
accionado Daniel Ángel Cafaro a resarcir los daños y perjuicios
derivados del accidente motivo de la litis. Ello siempre, claro está,
que esos daños se encuentren debidamente probados y guarden un
adecuado nexo de causalidad con el hecho (cfr. arts. 1738, 1739,
1740, 1741, 1744, 1749 y cctes., CCCN).
VII.- La extensión de la condena a la citada en
garantía Caja de Seguros S.A.
En la contestación efectuada el día 10 de diciembre de
2021 la aseguradora individualizada reconoce que en la fecha en que
ocurriera el accidente de tránsito que motiva esta litis, aseguraba
mediante la Póliza N° 5450-0627087-08 -cuyo ejemplar agrega- al
vehículo Fiat Palio Fire Dominio NYF087, con una cobertura por
responsabilidad civil de hasta la suma de $10.000.000.- por evento /
acontecimiento.
Ahora bien, aún cuando no soslayo que mediante el
escrito presentado con fecha 23 de diciembre de 2021 la parte actora
desconoce la autenticidad de la prueba documental agregada por la
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compañía citada en garantía Caja de Seguros S.A. y se opone a la
limitación de cobertura del seguro invocada por dicha litigante en el
punto “III” del escrito de fecha 10 de diciembre de 2021, debo
recordar que la propia Superintendencia de Seguros de la Nación ya
había considerado que la experiencia de los últimos años en materia
de resarcimientos abonados como consecuencia de la cobertura de
seguro hacía aconsejable establecer con carácter general y obligatorio
para todo el mercado asegurador límites razonables a la
responsabilidad asumida por las entidades aseguradoras, de modo tal
que no provoque la desprotección del asegurado ni de la víctima del
siniestro (conf. Resolución SSN N° 22.187/93, del 3/5/1993), por lo
que en distintas resoluciones fue ajustando los límites de cobertura
vigentes para los contratos de seguro (v. Resoluciones SSN Números
22.058, del 22/1/1993; 34.225/2009; 35.863/11, del 10/6/2011;
38.065/2013, del 27/12/2013 y 39.927/16, del 18/7/2016).
De ello se sigue que la actual normativa vigente,
emanada de la propia Superintendencia de Seguros de la Nación, ha
reconocido expresamente la necesidad de actualizar los montos. Y
este es un punto de partida válido, por cuanto no existen índices
oficiales que permitan calcular dicha actualización monetaria desde
los tiempos pretéritos en que fueron fijados los límites de cobertura
(conf. CNCiv., Sala "J", “Risser Patricia Elizabeth c/ Maldonado
Raúl Américo y Otros s/ Daños y perjuicios”, 04/5/2018).
En esas condiciones, teniendo en cuenta el estado de
mora de la aseguradora, cabe considerar el criterio adoptado por la
Sala “M” del Fuero respecto a que la oponibilidad del límite del
seguro contratado deberá ajustarse a las normas vigentes al momento
del efectivo pago por parte de la citada en garantía, pues se trata de
pautas que también formaron parte de las condiciones de
contratación, en tanto fueron expresamente consideradas en esa
oportunidad (conf. CNCiv. Sala “M”, “Sione, Claudia Susana y otro
c/ Santana, Matías Oscar Jesús y otros s/ Daños y perjuicios”, expte.
72.806/089, del 7/12/2018; íd., Sala “J”, “Benítez, Lorenzo Antonio y
otro c/ Bravo, Pedro David y Otro s/ Daños y perjuicios”, 24/09/21),
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criterio éste que receptara recientemente la Sala “J” de este mismo
Fuero en el Expediente N° 7.410/2016, “Yacaite, Vela Jacob c/
Pereira, Jesus Nazareno y otros s/ Daños y perjuicios”, del 26/4/2022)
Así, entre los efectos principales derivados de la mora en
el cumplimiento de las obligaciones se encuentra la traslación de los
riesgos que se fijan definitivamente en la cuenta del incumplidor
(conf. Llambías, J. J., “Obligaciones”, T° I, p. 162, n° 132; Wayar,
Ernesto C., “Tratado de la mora”, p. 588; CNCiv. Sala “G”, “Cinto,
N. c/ Chaparro Martínez, B.”, 19/9/02). Los efectos de la mora se
proyectan al patrimonio del acreedor, quien a partir de que ello
ocurre, tiene incorporado a su patrimonio el derecho a exigir el
cumplimiento específico o las indemnizaciones correspondientes
-según el caso-, prerrogativas que obviamente se encuentran
amparadas por la garantía constitucional de la propiedad, en el marco
del concepto amplio que, desde antiguo, la Corte Suprema de Justicia
de la Nación confirió a ese precepto, es decir, comprensivo de todos
los derechos patrimoniales de la persona fuera de su vida y su libertad
(CSJN, Fallos 145:397).
En función de lo expuesto, recaen sobre la aseguradora
morosa, que optó por llevar adelante este proceso para la
determinación de una conducta que se le reclamó, las ulteriores
consecuencias que de ella derivaron, consecuencias que, en cuanto
aquí interesa, se configuraron al modificarse el régimen al que se
obligó la propia aseguradora oportunamente (conf. CNCiv. Sala “M”,
“Sione, Claudia Susana y otro c/ Santana, Matías Oscar Jesús y otros
s/ Daños y perjuicios”, del 7/12/2018).
Repárese que las prohibiciones del art. 10° de la Ley
23.928 no eximen al sentenciante de consultar elementos objetivos de
ponderación de la realidad que den lugar a un resultado razonable y
sostenible (conf. CSJN, Ac. 28/2014) y, en tal sentido, ha sido la
propia autoridad de aplicación la que, a través de distintas normas,
estableció sucesivamente los límites y pautas a los que debe ajustar su
actuar una empresa como la citada en garantía, en función de los
términos en que se obligó y el régimen legal al que se encuentra
alcanzada. Pues en materia aseguradora, la regulación estatal apunta a
encauzar una actividad específica, en la que convergen intereses
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vinculados no sólo con las economías privadas sino con la nacional,
la producción general y la confianza pública, por lo que es necesario
un control permanente que se extiende desde la autorización para
operar hasta la cancelación.
El Estado, a través del órgano de control, realiza la
vigilancia en consideración a la protección que requiere la mutualidad
de asegurados que, de lo contrario, se hallaría desprotegida. Y
también de los terceros, beneficiarios en ciertas ocasiones de la
prestación de seguros o cuando, por su condición de damnificados,
adquieren privilegio sobre la suma asegurada y sus accesorios. Para
ello, la Superintendencia de Seguros de la Nación tiene asignadas
funciones que deben serle reconocidas con amplitud para apreciar los
complejos factores de datos técnicos que entran en juego en la
materia, a fin de salvaguardar los fines que le son propios y el bien
común (conf. Stiglitz, Rubén S., “Derecho de Seguros”, T° I, pág. 43,
Ed. La Ley).
Desde esa perspectiva, la efectiva oponibilidad del límite
del seguro deberá ajustarse a las normas vigentes al momento del
efectivo pago por parte de la citada en garantía, pues, de ese modo se
atiende a una cierta limitación en la responsabilidad de la
aseguradora, tal como se pactó oportunamente y, al mismo tiempo, se
satisface la necesaria “fuente jurídica” a la que alude la Corte
Suprema de Justicia en el precedente citado para justificar la medida
de su obligación (conf. cons. 12°, Fallos 340:765).
Una solución en sentido contrario equivaldría a premiar
el accionar de una parte que impone a la otra la necesidad de llevar
adelante un proceso judicial por largo tiempo, partiendo de la certeza
de que su obligación habrá de encontrarse circunscripta sine die a una
determinada suma de dinero inalterable en el tiempo. Esta conducta
resulta reñida con el principio de buena fe y, en tanto se encuentra
alcanzada por las prescripciones del art. 10 del Código Civil y
Comercial de la Nación, es un deber de los jueces evitar las
consecuencias de tal proceder. Se trata de pautas que gobiernan no
solo la concertación de los contratos, sino su ejecución y su
interpretación. Y, naturalmente, el contrato de seguro no puede
permanecer al margen de esa directiva legal (conf. Barbato, Nicolás,
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“Derecho de Seguros”, Ed. Hammurabi, p. 80 y ss.; SCJBA,
"Martínez, Emir contra Boito, Alfredo Alberto. Daños y perjuicios",
21/02/18; CNCiv., Sala J, “Echave, Elena F. c/ Rojas GNC SRL s/
Daños y perjuicios”, 22/02/21).
Como corolario de todo lo cual, se estima ajustado a
derecho que el límite del seguro de marras se ajuste a la norma
vigente de la Superintendencia de Seguros de la Nación a la fecha del
efectivo pago (conf. CNCiv., Sala “J”, c. “Godoy, Juan P. c/
Trasancos, Lucas A. s/ Daños y perjuicios”, 12/04/21); por lo que con
tales alcances y, en lo demás, en los términos del art. 118 de la Ley
17.418, la condena se hará extensiva a Caja de Seguros S.A.
VIII.- Resuelta de tal forma la cuestión atinente a la
responsabilidad, me detendré a examinar los rubros que integran el
reclamo. Pues como se ha dicho, “probado el daño (art. 1744),
probados los factores de atribución de responsabilidad, sean estos
objetivos o subjetivos (art. 1734) o la existencia de eximentes (art.
1718, 1720, 1729, 1730/1733) como la prueba de la relación de
causalidad (art. 1736) entre otras cosas, el juez estará en condiciones
de evaluar el daño... Para ello procederá a verificar todas las
variaciones intrínsecas del daño, pasadas y futuras como soporte de la
extensión del deber de indemnizar el daño injusto que impondrá a su
autor” (Amadeo Eduardo Traverso, “La Estimación de Daños en el
Código Civil y Comercial de la Nación”).
Ahora bien, el daño resarcible (esto es, lo que se
indemniza y que constituye el presupuesto necesario para el
surgimiento de la obligación pertinente) no es la lesión, sino las
concretas consecuencias perjudiciales de dicha lesión, sean
patrimoniales o espirituales; lo que puede concluirse a partir de la
conjunción de cierto número de normas que integran el articulado del
CCyC., como ser los arts. 1726, 1738, 1740 o 1741, entre otros.
Asistiéndole la razón, pues, a Alterini cuando explicaba en algún
momento que, por un lado, en sentido amplio, hay daño toda vez que
se lesiona un interés o un derecho subjetivo, mientras que, por el otro,
para que haya daño en sentido estricto la lesión debe recaer sobre
ciertos intereses o derechos subjetivos, patrimoniales o
extrapatrimoniales, cuyo menoscabo genera –en determinadas
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circunstancias– una sanción patrimonial; siendo este último
significado el que aquí adquiere relevancia, en torno de la reparación
civil.
Interesa aquí el daño en cuanto presupuesto necesario
para el surgimiento de la obligación resarcitoria que nace en cabeza
del responsable; obligación, además, que viene a ser precisamente la
sanción que el ordenamiento le impone a este. Nótese, en este
sentido, que, según afirma Galdós, “la indemnización tiene carácter
patrimonial porque consiste en una obligación de dar (dinero o cosas)
o de hacer (reparar el daño, publicar la sentencia condenatoria por
daños a la intimidad, etc.)”. Dicha orientación también seguía Leiva
al sostener que “la indemnización es el resultado, los efectos o
repercusiones que provoca el evento dañoso.
El objeto de la indemnización procura restablecer a la
víctima a la situación anterior al evento dañoso y se concreta en el
nacimiento de una obligación –en sentido técnico– de dar (dinero o
cosas), de hacer (una construcción, la publicación de una
retractación) o de no hacer (abstenerse de volcar efluentes
contaminantes a un curso de agua), y por lo tanto, siempre tendrá
carácter patrimonial, aunque el interés que subyace pueda no tenerlo”
(conf. Alejandro A. Fiorenza, “El daño resarcible en el nuevo Código
Civil y Comercial”, E.D. 07/3/2018, Nº 14.362, LVI, 276, con citas
de Atilio A. Alterini en “Responsabilidad civil”, 3ª ed., Bs. As,
Abeledo-Perrot, 1999, pág. 123; Jorge M. Galdós, “Código Civil y
Comercial…”, pág. 482 y Claudio F. Leiva, “La noción de daño…”).
El Código Civil y Comercial ha fijado el criterio de la
“Reparación plena” (art. 1740) lo que significa, en la medida que sea
posible, restituir la situación del damnificado al estado anterior al
hecho dañoso. Y compele (art. 1748, CCyC.) a la determinación
actualizada de los valores resarcitorios a la fecha de dictar sentencia,
bastando la necesidad de estimar el monto al momento de demandar;
pues resulta ser luego un resorte exclusivo del juzgador fijar el monto
de acuerdo al criterio de la realidad económica y sin que con ello
implique la violación del principio de congruencia (conf. Tercera
Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial, Minas, de Paz y
Tributario de Mendoza, c. Nº 46.621/51.372, “Campos Aníbal
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Alberto y/o PSHM c/. Leopoldo Caparros y/o s/. Ds. y pjs.”, del
26/7/2016).
El restablecimiento de la situación anterior de la víctima
debe hacerse a la fecha de la sentencia, al valor real y no al histórico.
Pues el tiempo de la valuación judicial del daño es el de la sentencia,
en el que se atiende a las denominadas variaciones intrínsecas del
daño y se determina la eventual alteración del curso de la moneda,
que es un factor que incide en la indemnización (conf. Jorge Mario
Galdós, en Lorenzetti, Ricardo L., “Código Civil y Comercial de la
Nación Comentado”, T. VIII, pág. 533).
Este es además el principio general que establece el art.
772 del CCyC. para las deudas de valor; pues donde el interés del
acreedor persiga obtener un valor medible en dinero, “el monto
resultante debe referirse al valor real al momento que corresponda
tomar en cuenta para la evaluación de la deuda...” (en tal sentido,
Herrera, Caramelo y Picasso, Código Civil y Comercial Comentado.,
Tº III, ed. Infojus).
Por lo demás, ya desde antaño se ha dicho que la fijación
de montos actualizados no colisiona con el principio de congruencia,
pues cuando en las demandas se reclama una suma determinada pero
se lo sujeta a lo que en más o en menos resulte de la prueba, o de la
ponderación del magistrado, es posible acordar una suma
indemnizatoria superior a la peticionada por un reclamo dependiente
de prueba (conf. De los Santos, Mabel; “Flexibilización de la
congruencia”, en La Ley del 22.11.07).
a) Daño físico, daño psíquico y gastos por
tratamientos psicoterapéutico y kinesiológico futuros:
La afectación de la integridad física o psíquica que
arroja una secuela que impide temporaria o definitivamente el
restablecimiento del estado de cosas de que gozaba la persona con
anterioridad al suceso dañoso, habrá de indemnizarse adecuadamente
de acuerdo con las particulares circunstancias de cada caso, pues no
todo ataque contra la integridad corporal o la salud de una persona
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genera incapacidad. A tal efecto, es menester la subsistencia de las
secuelas que el tratamiento o asistencia prestados a la víctima no
logran enmendar o no lo consiguen totalmente.
Así, los daños psicofísicos y la consiguiente incapacidad
deben acreditarse mediante la prueba pericial. El dictamen del
experto tiene importancia no sólo para mensurar la índole de las
lesiones y su gravitación negativa en la capacidad del sujeto, sino
también con el objeto de esclarecer la relación causal con el accidente
(Zavala de González, "Resarcimiento de daños", 2a, Daños a las
personas, página 359).
El porcentaje de incapacidad definido en el informe del
perito médico y las demás características personales de la víctima, su
condición social, familiar, sexo, edad y condiciones de trabajo
presentes y futuras, permiten obtener una suma prudencial que tiende
a mitigar las consecuencias económicas sufridas por aquélla como
consecuencia de su lesión. El porcentaje que se adjudique a la
incapacidad es decisivo en tanto y en cuanto incida en la situación
actual de la víctima y en sus posibilidades futuras. Lo que interesa
propiamente no es, entonces, la minusvalía física considerada en si
misma, sino su proyección o trascendencia en la actividad o aptitudes
del sujeto (Zavala de González, obra citada, página 366).
De tal forma, lo que importa "desde el puro ángulo
patrimonial, no es medir la extensión del daño en relación con el
valor objetivo que tiene para toda persona su integridad física, sino
medir, conforme al principio del "interés", las repercusiones
estimables del sacrificio inferido a la víctima en función del concreto
empleo que ella hacía de su cuerpo o de la parte del mismo que
resultó dañada" (Melich Orsini, "La reparación de los daños por el
juez", en Estudios de Derecho Civil, página 338).
En efecto, el resarcimiento por incapacidad
sobreviniente tiene por finalidad cubrir no sólo las limitaciones de
orden laborativo, sino también la proyección que aquélla tiene con
relación a todas las esferas de la personalidad de la víctima, la
disminución de su seguridad, la reducción de su capacidad vital, el
empobrecimiento de sus perspectivas futuras, etc. Comprende, con
excepción del daño moral, todos los supuestos susceptibles de
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reparación patrimonial, incluso los daños a la salud, a la integridad
física y psíquica, como así también al aspecto estético, es decir, todas
las consecuencias que afecten la personalidad íntegramente
considerada.
A los fines de fijar la cuantía del rubro se habrá de tener
en cuenta la doctrina de la Corte Federal según la cual el derecho a la
reparación del daño injustamente experimentado tiene jerarquía
constitucional (art 19 de la C.N.).
Este fundamento también se encuentra plasmado en el
Código Civil y Comercial, cuyo art 1740 indica que la indemnización
"debe ser plena" y que ése carácter consiste en la restitución de la
situación del damnificado al estado anterior al hecho dañoso.
Ahora bien, aún cuando la utilización de cálculos
matemáticos o tablas actuariales surgieron como una herramienta de
orientación, existen otra serie de elementos que permiten al juez
mayor flexibilidad para fijar el monto, se trata de las denominadas
"particularidades" de cada situación específica que, en muchísimos
casos son insusceptibles de ser encapsuladas dentro de fórmulas ni
pueden ser mensuradas en rígidos esquemas aritméticos. Por lo tanto
se tomarán los guarismos que surgen a partir de la fórmula,
enriquecidos y complementados con la ponderación de los elementos
vitales que surjan acreditados, a fin de evitar que la frialdad de una
ecuación aritmética cierre la mirada a lo justo en concreto que es, en
definitiva, aquello que los jueces tienen el deber de resolver mediante
una resolución razonablemente fundada (conf. CNCivil, Sala “M”, c.
M056556, “Salva María Susana c/ Melenik Pablo Martín y otros s/
Daños y perjuicios”, del 17/04/17 - Sumario n° 26069 de la Base de
Datos de la Secretaría de Documentación y Jurisprudencia de la
Cámara Civil).
En cuanto al daño psíquico, se lo conoce como una clase
de lesión a la persona que constituye fuente de daños resarcibles y no
se identifica con el daño moral, aunque ciertamente puede generarlo (
Zavala de González, Matilde, “Tratado de daños a las personas-
Disminuciones psicofísicas”, T. 1, pág. 110, editorial Astrea). Dentro
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de esta perspectiva, el daño psíquico supone una perturbación
patológica de la personalidad de la víctima, que altera su equilibrio
básico o agrava algún desequilibrio precedente.
Comprende tanto las enfermedades mentales como los
desequilibrios pasajeros pero, ya sea como situación estable o bien
accidental y transitoria, implica en todo caso una faceta morbosa que
perturba la normalidad del sujeto y trasciende en su vida individual y
de relación. Existe la posibilidad de que la víctima experimente un
daño exclusivamente psíquico, sin lesiones corporales. Es decir, aquél
no debe ser restringido al proveniente de una agresión anatómica.
La doctrina ha señalado que el menoscabo físico o
psíquico que puede padecer una persona, sin perjuicio de tener en
cuenta las consecuencias disvaliosas patrimoniales o
extrapatrimoniales, por su sola existencia, constituye un daño jurídico
porque vulnera un derecho reconocido a toda persona por el Código
Civil, la Constitución Nacional y los Tratados Internacionales sobre
Derechos Humanos, como es el derecho a su integridad
psicosomática. Por ello, es resarcible con independencia de las
consecuencias patrimoniales o morales que pudiere ocasionar (cfr.
Alferillo, Pascual E., “El daño psíquico. Autonomía conceptual y
resarcitoria”, diario La Ley del día 7 de octubre de 2013).
Nuestros tribunales, por su lado, han resuelto que “para
cuantificar el daño psíquico, no debe asignarse un valor absoluto a los
porcentuales informados por el perito, sino que es menester
compulsar la efectiva medida en que la mengua psíquica repercutirá
patrimonialmente en la situación de la lesionada -en el caso, tenía
diecisiete años, era estudiante y vivía con sus padres-, tanto sea en la
disminución de sus aptitudes para el trabajo, como en otros aspectos
de la vida social” (CNCiv., Sala “A”, 16/5/00, LL, 2000-E-924, N°
15.273).
En sentido similar, se decidió que “la existencia de un
porcentaje de incapacidad psicológica no es decisiva a fin de
determinar el quantum de la indemnización respectiva, pues las
estimaciones periciales no pueden prevalecer sobre la concreta
incidencia patrimonial que las secuelas puedan tener sobre la
personalidad de la víctima según su naturaleza y entidad y las
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circunstancias personales y sociales en que se desenvuelve su vida” (
CNCiv., Sala “I”, 4/5/00, ED, 189-210).
En el caso particular comenzaré valorando que mediante
la contestación agregada con fecha 29 de noviembre de 2021 en
calidad de prueba informativa, el Sanatorio Privado Figueroa Paredes
remitió las constancias de libro de guardia que dan cuenta de la
atención que brindara el día 19/03/2021, a través de la obra social
OSPFESIQYP, a Derlis Rubén Caceres Avalos, de 33 años de edad,
al cual según se informa se le diagnosticó en tal oportunidad
“traumatismo de rodilla izquierda”.
Con fecha 11 de septiembre de 2023 se agregó la
contestación del profesional médico Dr. Esteban Lezama, quien
informó que el día 22 de marzo de 2021 asistió a Derlis Rubén
Cáceres Avalos “quien sufriera accidente de tránsito en la vía
pública el día 19/3/2021”. Que el motivo de consulta fue “cefalea,
mareos, dolor en la columna cervical y tumbar, dolor en ambos
hombros, ambas muñecas, ambas rodillas y ambos tobillos”; que
presentaba “Dolor a la palpación en la región posterior del raquis
cervical con limitación de la flexo extensión y rotación, movimientos
que acentúan el mareo… lumbalgia con dificultad para la flexo
extensión de la misma. Percusión de apófisis espinosas indoloras.
Ambos hombros dolorosos a la exploración siendo más afectado el
derecho con limitación del movimiento de rotación externa. Dolor a
la flexo extensión de las muñecas. La rodilla derecha presenta
flogosis con dolor a la palpación de la rótula. Si bien no hay
evidencia de lesión de los ligamentos cruzados los movimientos de
flexión desencadenan dolor. Dolor a la flexo extensión de la rodilla
izquierda. Dolor a la palpación del tobillo derecha a la inversión del
pie, discreto edema maleolar. Dolor a la flexo extensión del tobillo
izquierdo. Presenta dificultad para deambular y realizar actividades
debido al dolor” y que “Se indica reposo, aplicación de hielo local
en rodilla derecha, tobillo derecho y antiinflamatorios. Se sugiere
control evolutivo”.
Asimismo habré de merituar que mediante la
contestación agregada el día 09 de febrero de 2024, también en
calidad de prueba informativa, Provincia ART. S.A. refirió que el
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trabajador Derlis Rubén Caceres Avalos denunció haber sufrido
accidente de trabajo in itinere el día 19/3/2021, por el cual la
aseguradora informante le brindó prestaciones en el marco de la ley
24.557 (Ley de Riesgos del Trabajo), otorgándole el alta médica
laboral por fin de tratamiento el día 26/07/2021, sin incapacidad
laboral derivada del infortunio.
Agregó la informante que sin perjuicio de lo
manifestado, consta registrado el inicio de acciones legales por parte
del trabajador accidentado contra Provincia ART, las cuales
tramitaron ante el TT3 de La Matanza, median te el Expte. Nro.
64927/021, “por el cual mi representada abonó la suma de
$822.500.- (pesos ochocientos veintidós mil quinientos c/00/100) en
concepto de indemnización”.
Cabe destacar que la prueba informativa reseñada no fue
impugnada por las partes litigantes, valorándose en este
pronunciamiento ambos medios probatorios, en particular y en
conjunto con las demás pruebas recolectadas en el sub lite y
conforme a las reglas de la sana crítica antes mencionadas.
El propio actor denunció con fecha 21 de noviembre de
2023 que “ha recibido prestaciones dinerarias por la art.”, sin
informar el monto que percibió.
Seguidamente valoraré el informe presentado con fecha
31 de octubre de 2024 por la perito médica legista única designada de
oficio, Dra. Laura Patricia Iramain, quien con fundamento en las
constancias de interés médico legal obrantes en el expediente; en el
examen y entrevista que realizó el día 18 de diciembre de 20203
(conf. citación informada el 05 de diciembre de 2023) con el aquí
demandante; en lo que este litigante le manifestó con relación al
accidente de tránsito que nos ocupa; en los estudios complementarios
agregado en el presente legajo digital y en la bibliografía que citó,
concluyó que Derlis Rubén Caceres Avalos, “presenta, sinovitis de
rodilla derecha, síndrome meniscal de rodilla izquierda por lesión
del menisco interno, cervicalgia con rectificación de la lordosis
fisiológica, lumbalgia con rectificación de la lordosis fisiológica,
tendinitis del manguito rotador de hombro derecho, desgarro parcial
del tendón supraespinoso del hombro izquierdo, sinovitis de ambas
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muñecas y codo derecho y epicondilitis de codo izquierdo, que lo
incapacita en forma parcial y permanente en el 39% del Valor
Obrero Total y Total Vida.” conforme al Baremo Civil de los
doctores Altube Rinaldi, Editorial García Alonso.
Aconsejó para el examinado “la realización de un
tratamiento de rehabilitación kinésica, de aproximadamente 20
sesiones, a razón de dos sesiones semanales”.
En la esfera psíquica, concluyó la experta médica legista
que Derlis Rubén Caceres Avalos “presenta un Trastorno por Estrés
Postraumático crónico moderado, que lo incapacita en forma
parcial y permanente en el 10% del Valor Obrero Total y Total Vida
”, conforme al baremo antes citado.
Transcribió las conclusiones a las que arribó la Dra.
Micaela Soledad Vallaco en el informe psicodiagnóstico agregado
con fecha 07 de agosto de 2024, en el sentido que “Se recomienda a
modo de fortalecimiento de los aspectos saludables existentes y a los
fines de evitar el agravamiento sus síntomas del cuadro descripto,
un tratamiento psicoterapeútico por un lapso no menor a un año
con una frecuencia semanal” y luego agregó que “En relación al
costo de sesión psicoterapéutica y frecuencia semanal que este
profesional sugiere, debe aclarar que es una aproximación a los
honorarios a la fecha de la evaluación, teniendo en cuenta que cada
profesional psicólogo o institución cuenta con cierto campo de
decisión en torno a los costos y frecuencia de los servicios a brindar
en salud mental”.
Afirmó que las secuelas que detalló guardan relación con
el accidente sufrido y se condicen con el relato del hecho efectuado
por el demandante.
Las conclusiones periciales transcriptas fueron
impugnadas con fecha 11 de noviembre de 2024 por la compañía
citada en garantía, quien con el asesoramiento profesional de sus
consultoras técnicas médicas legistas, Dres. María Amelia Proyetti,
Carla Sandra Pontecorvo, Diana Pintos, Eduardo Mozetic y Lics.
Natalia Naveira y Deborah Kisielnicki -cuyos dictámenes agrega-,
sostiene que el examen físico realizado por la experta auxiliar de
justicia fue incompleto, omitiendo elementos esenciales para una
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adecuada evaluación de las lesiones y su impacto funcional; no existe
documentación médica contemporánea a la fecha del siniestro, lo cual
impide confirmar la gravedad de las lesiones al momento del
siniestro; faltan comprobantes de diagnósticos y tratamientos y no se
presentan pruebas o registros médicos que acrediten la realización de
tratamientos necesarios tras el accidente. Que la perito médica legista
se limitó a transcribir informes de estudios radiológicos y de
imágenes de diversas áreas del cuerpo, sin relacionarlos con el cuadro
clínico del actor ni detallar sintomatología objetiva de las supuestas
lesiones derivadas del accidente y no se ha comprobado con una
evaluación adecuada la relación de causalidad entre el accidente y las
lesiones actuales del actor.
Sostiene la impugnante que “las lesiones declaradas en
el informe no son congruentes con la mecánica del siniestro
descripta en el expediente, donde el actor fue embestido por detrás
en una colisión a baja velocidad” y que el informe pericial debería
haber considerado el impacto del mecanismo del accidente para
determinar si las lesiones reportadas son razonablemente atribuibles
al mismo. Que en la pericia presentada no hay indicadores de que el
accidente haya tenido “entidad suficiente para producir un trauma”,
como tampoco hay ningún indicio del estado psicológico actual del
peritado, ni de las características de su vida diaria y cotidiana,
familiar, social y laboral.
Por todo lo cual, sobre lo que abunda en detalle, solicita
que se tenga en cuenta la insuficiencia de este informe pericial para
evaluar objetivamente la existencia, causalidad y grado de las
lesiones alegadas.
Específicamente en el aspecto psicológico, sostiene la
aseguradora citada en garantía que si bien la perito dijo haberse
basado en un estudio psicodiagnóstico que se le habría realizado al
peritado, del mismo no surge que este cumpla con los criterios
diagnósticos que dicho cuadro requiere. Que la pericia no cuenta con
una evaluación psico semiológica ni examen psiquiátrico completo
documentado por el perito. Por lo que solicita que la Dra. Iramain
informe la anamnesis según ciencia y arte, registrando la evaluación
de la esfera anímica, volitiva, de la memoria, conciencia, y capacidad
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judicativa, para fundamentar las consideraciones psicopatológicas
que pretende incorporar. Que no se evidencia en el informe que se
haya descartado simulación, meta simulación y neurosis de renta, en
el actor y que tampoco se encuentra objetivada alguna relación causal
entre el hecho en estudio y la incapacidad psíquica asignada.
A tales cuestionamientos y requerimientos (mantenidos
luego con la presentación del día 28 de agosto de 2025, la cual
mediante la providencia datada el 05 de septiembre de 2025 se tuvo
presente para esta oportunidad procesal) contestó con fecha 04 de
agosto de 2025 la Dra. Laura Patricia Iramain y sostuvo en primer
término que realizó su informe en base a la anamnesis, al examen
clínico, a las interconsultas especializadas y a los exámenes
complementarios, todos los cuales constituyen pruebas idóneas y
suficientes para cumplimentar adecuadamente la labor encomendada
y de las cuales se fundamentan las conclusiones a las que arribó. Que
para poder establecer la existencia o no de las lesiones reclamadas y
su posible etiología realizó el interrogatorio al actor, quien relató el
accidente que podría ser facilitador de aquéllas. Que compulsó las
constancias de atención del actor en el Sanatorio Figueroa Paredes,
del día 19/03/21, por presentar traumatismo de rodilla izquierda,
derivado de choque auto-moto; que también compulsó la causa penal
y las constancias de la SRT.
Refirió que las secuelas reclamadas por el actor en otras
regiones pudieron haber comenzado a manifestarse después del
accidente, con el transcurso de los días.
Que realizó un examen físico-funcional del demandante,
solicitando los estudios complementarios que transcribe en el informe
cuestionado, los cuales confirmaron la existencia de alteraciones
patológicas en columna cervical, columna lumbar, ambas rodillas,
ambos hombros, ambas muñecas y ambos codos. Que constató dolor
a la palpación y contractura a nivel de la región cervical y las
siguientes limitaciones funcionales: Columna cervical extensión 50º,
rotación derecha e izquierda 60º, lateralización derecha 30º e
izquierda 20º y flexión 50º; a la inspección constató rectificación de
la lordosis fisiológica, a la palpación presentó contractura muscular
paravertebral derecha. Spurling positivo. En la región lumbar observó
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contractura paravertebral y las siguientes limitaciones funcionales:
Flexión 80º, extensión 20º, lateralización derecha e izquierda 20º y
rotación derecha 40º e izquierda 30º. Que asimismo, ha objetivado la
presencia de lumbalgia postraumática, la cual puede reconocer su
causa en el impacto recibido en la pelvis como explicó en extenso.
Que realizó el examen físico-funcional de la rodilla
izquierda, constatando limitación a la flexión 100º extensión
completa. Dolor que aumenta a la movilidad contrarresistencia.
Signos meniscales positivos. En rodilla derecha, se observó
limitación a la flexión 140º, signo de la oleada (hidrartrosis leve).
Aclaró que las lesiones de meniscos presentan etiología de tipo
degenerativa traumática, es decir, que pueden existir factores
degenerativos, pero ello no implica que no haya existencia de lesión.
Que examinó ambos hombros, observando las siguientes
limitaciones: Abdoelevación HD y HI 170º, aducción HD y HI 30º,
flexión HD 180º HI 170º, extensión HD y HI 40º, rotación interna
HD 90º y HI 70º, rotación externa HD 80º y HI 60º. También
examinó ambas muñecas, observándose limitación a la flexión dorsal
y palmar 50º en muñeca derecha y en muñeca izquierda, resto sin
particularidades. Que en los codos constató limitación a la
pronosupinación 70º en ambos, dolor a la palpación en codo derecho.
Afirmó la auxiliar de justicia que “En todas las regiones
exploradas se han constatado limitaciones que son topográfica y
etiológicamente atribuibles al hecho denunciado en la demanda
que diera origen a estos actuados, guardando de modo verosímil
relación causal médica con el mismo, ya que, en el caso de que V.S.
considere que ha sucedido tal como lo relata el actor, en
concordancia con los estudios y documentos médicos presentados y
el examen pericial por mí efectuado, por su topografía, etiología,
mecanismo de producción y cronología es causa médica suficiente y
eficiente como para producir las secuelas descriptas en el informe
pericial”.
Explicó, en cuanto a los porcentajes de incapacidad que
estimó, que ha ponderado las secuelas observadas y corroboradas por
los exámenes complementarios, considerando lo dispuesto por el
Baremo General para el Fuero Civil de Altube – Rinaldi,
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“correspondiendo un 5% a cervicalgia postraumática, 6%
lumbalgia postraumática, 12% síndrome meniscal rodilla izquierdo,
sinovitis rodilla derecha 2%, tendinitis hombro derecho 1%,
desgarro parcial supraespinosos hombro izquierdo 5%, sinovitis
codo derecho 2%, epicondilitis codo izquierdo 2%, sinovitis muñeca
derecha 2% y sinovitis muñeca izquierda 2%”.
Destacó que no le fueron proporcionadas constancias
documentales o de otra especie que indiquen que las secuelas por las
cuales asignó incapacidad sean preexistentes o ajenas al accidente.
Que “El caso que nos ocupa, el accidente resulta una causa
etiológica verosímil, proporcionada e idónea para provocar las
secuelas constatadas hoy pericialmente, frecuentes en este tipo de
accidentes”; por lo que insiste la perito “que la signosintomatología
atribuida al accidente es creíble, se inserta dentro del discurso de
credibilidad respecto del origen traumático”. Aclaró que no surgen
del expediente antecedentes que pudieran dar a entender una
concausalidad llamativa o diferente al desarrollo físico del peritado a
una persona de estado estándar a su edad.
Explicó, con relación al tratamiento kinesiológico que
recomendó, que tras las primeras 10 tandas de sesiones de FKT debe
consultar con su médico traumatólogo, el cual reevaluando al actor
debe analizar la continuidad del tratamiento y si es aconsejable otra
tanda de 10 sesiones y en qué momento; pero ello no conlleva a que
el tratamiento tenga efectos curativos, ya que ningún tratamiento
médico puede asegurar un resultado, el mismo dependerá de la
calidad del mismo, la idoneidad del profesional tratante, del esquema
terapéutico que se disponga y fundamentalmente de la respuesta
idiosincrática del paciente, subrayándose que el tratamiento indicado
en el informe pericial reviste el carácter de paliativo toda vez que las
lesiones del actor son permanentes.
Con relación a los cuestionamientos formulados respecto
de la evaluación y del diagnóstico en la esfera psíquica del actor,
sostuvo la Dra. Iramain que en la lectura del informe
psicodiagnóstico puede observarse que se han consignado las
características de la personalidad de base del actor y que, para la
determinación de las conclusiones del mismo, se han contemplado
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aquéllas y los resultados de los tests suministrados por la profesional
que llevó a cabo dicho estudio.
Que con ese informe psicodiagnóstico, elaborado por
una profesional en la materia, y habiendo previamente examinado al
actor, realizó la pericia médica legal, recogiendo las conclusiones
vertidas en aquél informe en concordancia con los demás elementos
probatorios obrantes en la causa. Que por otra parte, no surge de las
constancias de autos que el demandante presentaran patología de base
o previa, por lo cual es razonable atribuir al accidente de autos
relación de causalidad médica con el daño psicológico observado.
Agregó que el hecho de que se indique un tratamiento
psicológico no significa que la incapacidad no sea permanente. La
incapacidad es irreversible, el daño está configurado. El tratamiento
psicológico tiene carácter paliativo para poder ayudar a sobrellevar
las consecuencias de dicha incapacidad en el individuo.
Por último ratificó en su totalidad las conclusiones que
informe con 31 de octubre de 2024.
Así reseñado el informe médico legal, las
impugnaciones efectuadas por la compañía citada en garantía y las
fundadas y contundentes respuestas brindada por la auxiliar de
justicia, debo concluir que los cuestionamientos efectuados no
demuestran que la perito médica legista hubiera incurrido en algún
error u omisión, sino que constituyen meros disensos que no le restan
al informe pericial su eficacia probatoria, la cual pondero a en esta
sentencia de grado conforme a las pautas de los arts. 386, 477 y cctes.
del Cód. Procesal.
Recuerdo aquí que si bien el perito es un auxiliar de la
justicia y su misión consiste en contribuir a formar la convicción del
juzgador, razón por la cual el dictamen no tiene, en principio, efecto
vinculante para él (art. 477 del Cód. Procesal; CNCiv. Sala “E”, en
E.D. 89-495 y sus citas), la circunstancia de que el dictamen no
obligue al juez -salvo en los casos en que así lo exige la ley-, no
importa que éste pueda apartarse arbitrariamente de la opinión
fundada del perito idóneo, en tanto la desestimación de sus
conclusiones ha de ser razonable y fundada (conf. fallo citado y votos
del Dr. Mirás en causas 34.389 del 9-2-88 y 188.579 del 26-3-96 y,
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en el mismo sentido, CNCiv. Sala D en E.D. 6-300; Colombo,
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. Anotado y
comentado, 4a. ed., t. I pág. 717 y nota 551).
En efecto, la función de la prueba pericial es de
asesoramiento pues se trata de cuestiones ajenas al derecho respecto
de las cuales el juez no tiene conocimientos específicos. No será el
perito quien defina el pleito, pero es indudable que, fundando
debidamente su informe, su opinión tiene mayor peso y sustento. La
opinión de los litigantes no puede prevalecer sobre sus conclusiones,
en especial si se advierte que no hay argumentos valederos para
demostrar que éstas fueron irrazonables. La solvencia técnica que se
desprende de cada profesión indica que la prueba pericial es la más
adecuada, de ahí su importancia en algunos rubros. Su opinión es el
fruto del examen objetivo de circunstancias de hecho, de aplicación a
ellas de los principios científicos inherentes a la especialidad y de los
razonamientos que siguen para dar respuesta a los temas sometidos a
su dictamen (conf. CNCiv., Sala D, 26/12/97, “Grillo Antonia N. c/
Orselli, Jorge y Otro s/ Daños y perjuicios).
Consecuentemente la sana crítica aconseja, frente a la
imposibilidad de esgrimir argumentos científicos de mayor peso,
aceptar las conclusiones informadas por la perito médica legista, Dra.
Laura Patricia Iramain.
Sobre tales bases, teniendo en cuenta la índole de las
secuelas físicas (cervicalgia postraumática: 5%; lumbalgia
postraumática: 6%; síndrome meniscal rodilla izquierda: 12%;
sinovitis rodilla derecha: 2%; tendinitis hombro derecho: 1%;
desgarro parcial supraespinosos hombro izquierdo: 5%; sinovitis
codo derecho: 2%; epicondilitis codo izquierdo: 2%; sinovitis
muñeca derecha: 2% y sinovitis muñeca izquierda: 2%, con tales
porcentajes de afectación de la capacidad o valor total de vida)
consideradas conforme a la Fórmula Balthazard o fórmula de la
capacidad restante, y psíquicas (trastorno por estrés postraumático
crónico moderado con una afectación del 10% de la capacidad o
valor total de vida) derivadas del accidente de tránsito que motiva
esta litis, detectadas por la perito médica legista en el demandante
Derlis Rubén Caceres Avalos, la repercusión que ellas tuvieron,
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tienen y habrán de tener en la vida laboral y de relación de la víctima
de acuerdo a sus circunstancias personales (de 33 años de edad
-nacido el 06/03/1988- al momento del hecho que motiva esta litis; de
estado civil soltero y conviviendo en pareja y con dos hijos menores
de edad, con escolaridad primaria completa y de ocupación
empleado en Ecovita S.A., conforme surge de las constancias de
estas actuaciones; del incidente de beneficio de litigar sin gastos nro.
37.109/2021/1, también radicado ante este Juzgado a mi cargo y que
he consultado para el presente acto), admitiré las partida resarcitoria
reclamada por el concepto incapacidad psicofísica, fijándola en la
suma total de pesos veintisiete millones trescientos mil ($27.300.000.
-).
A estos conceptos indemnizatorios y solo a ellos, se
descontarán la suma de pesos ochocientos veintidós mil quinientos
($822.500.-) “en concepto de indemnización”, ya percibida por
Derlis Rubén Caceres Avalos de parte de Provincia ART. S.A., con
fundamento en el siniestro que dio lugar a estas actuaciones y que fue
denunciado como accidente laboral in itinere en el Expediente N°
64927/021 conforme surge de la contestación de dicha ART.
agregada el día 09 de febrero de 2024 en calidad de prueba
informativa.
Esto es así por cuanto si bien no existe incompatibilidad
entre en las obligaciones reclamadas a través de este proceso civil y
en materia laboral, sí se producen efectos recíprocamente por la
satisfacción parcial o total de la acreencia en cualquiera de esos
ámbitos. Pues como se ha dicho, es claro que siendo la misma la
prestación debida, una vez satisfecha parcial o íntegramente por
cualquiera de los deudores el acreedor queda también parcial o
totalmente desinteresado y cesa su derecho para pretender otro tanto
de los restantes obligados (Llambías Jorge J. - “Tratado de Derecho
Civil. Obligaciones”, t. II, págs. 595 y ss. Nº 1287 y 598 Nº 1289-f).
Es que frente a otro reclamo en sede civil como es el
caso de autos, la deducción de cualquier monto resarcitorio obtenido
por determinado concepto es incuestionable, porque de otro modo se
produciría una doble indemnización para enjugar un único daño y un
enriquecimiento sin causa consecuente, lo que no es admisible. Por
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otra parte, la acumulación de ambas indemnizaciones, la de derecho
común y la especial, por la misma causa que es el hecho del
accidente, queda excluida por la necesidad de atender a la reparación
de un daño neto, purificado por la “compensatio lucri cum damno”
(conf. Llambías Jorge Joaquín - “La Acción de Derecho Común
Originada en un Accidente de Trabajo”, La Ley, 1979- C, 852; en
similar sentido, Alejandra D. Abrevaya: “El Daño y su
Cuantificación”, Abeledo Perrot, págs. 289/290).
En consideración a la terapia recomendada por la perito
médica legista (un tratamiento de rehabilitación kinésica, de
aproximadamente 20 sesiones, a razón de dos sesiones semanales),
admitiré la partida reclamada en concepto de gastos por tratamiento
kinesiológico futuro, fijándola prudencialmente, conforme lo
autoriza el art. 165 del CPCCN., en la suma de pesos ciento cuarenta
mil ($140.000.-).
Asimismo, en consideración a la terapia recomendada
por la perito médica legista (un tratamiento psicoterapeútico por un
lapso no menor a un año con una frecuencia semanal) admitiré la
partida reclamada en concepto de gastos por tratamiento
psicoterapéutico futuro, fijándola prudencialmente, conforme lo
autoriza el art. 165 del CPCCN., en la suma de pesos quinientos
veinte mil ($520.000.-).
b) Gastos de asistencia médica, de medicamentos y de
traslados:
Reclama Derlis Rubén Caceres Avalos la suma total de
$30.000.- por gastos de asistencia médica, de medicamentos y de
traslados.
En la materia, recordaré que el art. 1746 del CCCN
presume la realización de los gastos médicos, farmacéuticos y por
transporte que resulten razonables en función de la índole de las
lesiones o la incapacidad sufrida por el damnificado.
Esta norma recepta de manera expresa lo que ya
jurisprudencialmente venían reconociendo nuestros tribunales al
sostener que no es obstáculo para admitir el rubro por gastos de
asistencia médica y de farmacia la circunstancia de que no se hayan
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acompañado comprobantes pues esos gastos deben ser admitidos
siempre que las lesiones sufridas presupongan necesariamente su
existencia y aun cuando la víctima haya sido tratada en un
establecimiento gratuito o dependiente de una obra social (Conf.
CNCiv., Sala A, 2-7-90, L.L. l990-E-297; id. id. 20-6-89, LL 1991-C
-65; id. Sala C, 2l-9-89, L.L. l990-A-677, 38.l25-S; id. id. l0-l0-89,
L.L. l990-B-l9l; id. Sala K, 21-12-89, LL 1991-E-617).
En cuanto a los gastos de movilidad, cabe precisarlo,
éstos son erogaciones que pueden inferirse a partir de la naturaleza de
las lesiones sufridas y de la necesidad de la víctima de realizar
traslados ([Link]., al hospital, clínica o consultorio médico). En estos
casos, corresponde admitir su resarcimiento pues, al igual que los
gastos de vestimenta o servicio doméstico, se trata de consecuencias
que debe asumir el responsable del hecho dañoso.
Al ser ello así, corresponde admitir el mayor gasto que
insume la realización de los traslados en taxis o remises, si de la
naturaleza de la afección puede inferirse la imposibilidad, dificultad o
peligro de realizar el traslado por medio de colectivos, subterráneos o
subtes (cfr. Pettis, Christian R. en “Proceso de daños” (Dir.:
Claudio M. Kiper, T. II, p. 253, Editorial La Ley, 2008).
En autos, como se mencionó en los apartados
precedentes, de la prueba informativa producida surge que, como
motivo del accidente de tránsito que nos ocupa, el demandante fue
asistido en el Sanatorio Privado Figueroa Paredes a través de la obra
social OSPFESIQYP y por el profesional médico Dr. Esteban
Lezama. Surge asimismo de las constancias de autos que el aquí
actor, conforme lo informó con fecha 21 de noviembre de 2023,
contaba con la Obra Social "[Link]" y con cobertura de
ART "Provincia", “recibiendo asistencia médica por ésta última”.
Consecuentemente, considerando la entidad de las
lesiones sufridas por el demandante Derlis Rubén Caceres Avalos que
se analizaran en el precedente apartado “a” de este considerando
“VIII”; los controles médicos a los que debió asistir de acuerdo a los
informes reseñados, los medicamentos que se le recetaron y los
traslados que debió realizar a los fines de sus curaciones, sin
desconocer al momento del accidente que motiva la litis contaba con
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los servicios de la obra social y de la aseguradora de riesgos del
trabajo antes mencionadas, de conformidad con los lineamientos
referidos en los párrafos precedentes y lo previsto por el art. 165 del
CPCCN, admitiré la partida resarcitoria solicitada en concepto de
gastos de asistencia médica, de medicamentos y de traslados,
fijando prudencialmente su monto (conf. Art. 165 del CPCCN.) en la
suma reclamada de pesos treinta mil ($30.000.-), toda vez que en
definitiva es el peticionante quien se encuentra en mejores
condiciones para determinar los gastos que en la especie realizó y
dado que no se verifica como excesivo el monto pretendido por tales
conceptos que se reconocen.
c) Daño moral:
Los Dres. Matilde Zavala de González y Ramón Pizarro
han precisado que así como el daño patrimonial constituye una
modificación disvaliosa -“económicamente perjudicial”- del
patrimonio, que se traduce en un modo de estar diferente de aquel en
que se encontraba la víctima antes del hecho y como consecuencia de
éste, del mismo modo “el daño moral es una modificación disvaliosa
-anímicamente perjudicial- del espíritu...”, que se traduce en un modo
de estar de la persona diferente de aquel en que se encontraba antes
del hecho, como consecuencia de éste (cfr. Zavala de González,
Matilde, “El concepto de daño moral”, en JA, 1985-I-729, N° V; íd.
“Resarcimiento de daños”, Hammurabi, Bs. As., 1990, t. 2, a, p. 36,
parág. 8; Pizarro, Ramón D., “Reflexiones en torno al daño moral y
a su reparación”, en JA, 1986-II-900; íd. “Daño moral contractual”,
en JA, 1086-IV-925, N° II-5; ídem, “Daño moral”, Hammurabi, Bs.
As., 1996, p. 47 y ss., parág. 2 y 3).
La jurisprudencia ha definido al daño moral como la
lesión en los sentimientos que determinan dolor o sufrimiento físico,
inquietud espiritual o agravio a las afecciones legítimas y, en general,
toda clase de padecimientos insusceptibles de apreciación pecuniaria
(cfr. CNCiv., Sala “J”, 1/6/93, “Silvero Rodríguez de Aquino,
Eugenia c/ Empresa Transporte Alberdi S.A. y otro”, La Ley, 1993-E
-109 y DJ, 1994-1-141).
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Este daño, fuera de alguna opinión diferente, tiene
carácter resarcitorio y no punitivo. La determinación de su cuantía en
dinero cumple una función de reparación compensatoria o satisfactiva
y en modo alguno de equivalencia de un daño que, por su propia
índole, no es susceptible de valoración económica (cfr. Pizarro,
Ramón, “Daño moral”, p. 339, Ed. Hammurabi, 1996).
Se ha señalado que “mientras que en el daño patrimonial
la valuación se averigua mediante un vínculo de equivalencia con la
indemnización, la cual ingresa “en lugar” del perjuicio; en el daño
moral la indemnización se decide sin ningún elemento que permita
traducir la entidad de aquél en la magnitud de ésta, que se coloca “a
su lado”. No media nexo demostrable entre la entidad del daño y la
importancia de la condena, porque no puede haberlo entre un mal
espiritual y un bien dinerario (debe afrontarse un salto sin puente que
una los extremos)” (cfr. Zavala de González, “Cuánto por daño
moral”, La Ley, 1998-E, 1057).
Para probar el daño moral en su existencia y entidad no
es necesario aportar prueba directa, lo cual es imposible, sino que el
juez debe apreciar las circunstancias del hecho lesivo y las calidades
morales de la víctima a fin de establecer objetiva y presuntivamente
el agravio moral en la órbita reservada de la intimidad del sujeto
pasivo. El daño moral no debe ser objeto de prueba directa pues ello
resulta imposible si se tiene en cuenta la índole del mismo que reside
en lo más íntimo de la personalidad, aunque se manifieste a veces por
signos exteriores que pueden no ser auténtica expresión. Nadie puede
indagar el espíritu de otro tan profundamente como para poder
afirmar con certeza la existencia e intensidad del dolor, la verdad de
un padecimiento, la realidad de la angustia o la decepción (cfr.
Bustamante Alsina, Jorge, “Teoría de la responsabilidad civil”, p.
244; Pizarro, Ramón Daniel, “La prueba del daño moral”, en Rev.
Derecho Privado y Comunitario, N° 13, Prueba-I, 1997; Trigo
Represas, Félix A.-Lopez Mesa, Marcelo J., “Tratado de la
responsabilidad civil”, T. 1, p. 478 y ss.).
Siguiendo a Bustamante Alsina, acerca de la cuantía del
daño conviene puntualizar que si el perjuicio no es mensurable por su
propia naturaleza, no se puede apreciar o establecer por equivalencia
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su valuación dineraria. Se debe recurrir en tal caso a pautas relativas
según un criterio de razonabilidad que intente acercar la valuación
equitativamente a la realidad del perjuicio. Si el daño moral es una
alteración emocional profundamente subjetiva, la apreciación por el
juez para fijar en dinero aquella compensación, debe ser
necesariamente objetiva y abstracta. La indemnización del daño
moral no depende de la representación que de él se hace la víctima
sino de su constatación por los jueces y de su evaluación objetiva en
el límite de lo reclamado en la demanda (“Equitativa valuación del
daño no mensurable”, La Ley, 1990-A, 654; “El daño moral por
lesiones al honor”, La Ley, 1996-E, 522).
Deben tenerse en cuenta, entre otras, las siguientes
pautas para su valoración: personalidad del damnificado, edad, estado
civil, situación social y económica, si es damnificado directo o
indirecto, etc. Estas circunstancias personales deben ser probadas por
la víctima (cfr. Kiper, Claudio M., “Proceso de daños”, T. II, pág. 9
y ss.).
Sobre la base de tales pautas; ponderando las
circunstancias de hecho del accidente antes referidas; la índole de las
secuelas físicas y psíquicas sufridas por el actor Derlis Rubén
Caceres Avalos en el accidente de tránsito por el que aquí reclama;
las características de la atención médica que recibiera y considerando,
a su vez, los padecimientos morales que todo ello debió haberle
causado de acuerdo a sus circunstancias personales antes reseñadas,
fijo prudencialmente la partida reclamada por daño moral en la suma
de pesos once millones ($11.000.000.-), conforme a lo autorizado por
el art. 165 del Cód. Procesal.
IX.- Intereses
Las sumas por las que prospera la condena devengarán
intereses desde la fecha del hecho hasta el momento del efectivo pago
(conf. “Gómez, Esteban c. Empresa Nacional de Transportes”,
publicado en La Ley, T° 93, pág. 667–, y actualmente lo hace el
artículo 1748 del Código Civil y Comercial). En sintonía con el
temperamento de la CSJN en autos “Barrientos, Gabriela Alexandra y
otros c/ Ocorso, Damián y otros s/Daños y perjuicios” del 15/10/2024
, se liquidarán desde el inicio de la mora y hasta el presente
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pronunciamiento a la tasa del 12% anual (representativa de los
réditos puros) y, sólo desde entonces y hasta el efectivo pago, a la
tasa activa cartera general -préstamos- nominal anual vencida a
treinta días del Banco de la Nación Argentina.
Con respecto a los intereses correspondientes a las
partidas indemnizatorias concedidas para responder a los conceptos
“gastos por tratamiento kinesiológico futuro” y “gastos por
tratamiento psicoterapéutico futuro”, por configurar un daño
emergente futuro, se devengarán a partir de la exigibilidad de la
condena, en cuyo caso se aplicará la tasa fijada en el plenario
“Samudio”.
X.- Tocante al pedidos de aplicación en el caso del
límite de responsabilidad en el pago de las costas del juicio por
parte del condenado vencido y al consecuente prorrateo de
honorarios que establece el art. 730 del CCCN., efectuados por la
compañía citada en garantía (conf. Punto “XII“ de la
contestación de fecha 10 de diciembre de 2021).
En su oportunidad el art. 505 del Código Civil -conforme
a la incorporación efectuada por la Ley 24.432, art. 1ro. (BO. 10-01
-95) estableció, respecto de los litigios judiciales o arbitrales
derivados de obligaciones incumplidas, que la responsabilidad por el
pago de las costas, incluidos los honorarios profesionales de todo tipo
correspondientes a la primera o única instancia, no podía exceder del
veinticinco por ciento (25%) del monto de la sentencia, laudo,
transacción o instrumento que pone fin al diferendo y dispuso que si
las regulaciones de honorarios practicadas superaban dicho
porcentaje, el juez debía proceder a prorratear las sumas entre los
beneficiarios, sin computar al efecto el monto de los honorarios de
los profesionales que hubieren asistido y/o actuado por la parte
condenada en costas. Este precepto fue receptado en similares
términos por el art. 730 del Código Civil y Comercial hoy vigente.
Se trata de una disposición de orden procesal que limita
el pago de las costas por parte del condenado que resultó perdedor en
los procesos judiciales o sus similares, que incluye tanto los
honorarios de abogados y peritos, como los restantes gastos del
proceso. Por lo que presupone tanto la existencia de una liquidación
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aprobada que contemple los intereses y los gastos irrogados a lo largo
del juicio, como la firmeza de los honorarios reconocidos a los
profesionales intervinientes (letrados y demás auxiliares de la parte
actora y peritos de oficio, conforme a los lineamientos dictados por la
CSJN. en autos “Abdurraman, Martín c/. Transportes Línea 104 SA”,
del 5/5/2009, donde el más alto Tribunal dejó sentado que la Ley
24.432 limita la responsabilidad del condenado en costas, pero no el
quantum de los honorarios profesionales).
Es así que entiendo que los pedidos de limitación en la
responsabilidad por el pago de las costas del juicio por parte del
condenado vencido y de prorrateo de honorarios profesionales
establecidos en el art. 730 del CCyCN. sólo corresponde analizarlos
una vez que tales recaudos se encuentren cumplidos, oportunidad en
la cual podrá contarse no sólo con el monto del litigio sobre el cual se
realizarían los cálculos; sino también con una visión panorámica
sobre la real envergadura de la afectación que provocaría la
aplicación de la norma que lo dispone. Por lo que en caso de ser
planteadas tales cuestiones por las partes interesadas, la materia
deberá ser decidida en la etapa de ejecución de la sentencia (en tal
sentido, CApel. Civ. y Com. de Dolores. Prov. de Bs. As., c. nro.
96.077, “Romero Ángel Fernando y Otro c/. Arenera Villa Gesell s/.
Daños y perjuicios”, del 5/12/2017).
En efecto, se ha dicho que “El pedido de prorrateo
efectuado al momento de la intimación del pago de los honorarios
resulta oportuno, pues la normativa en cuestión se aplica en la etapa
de ejecución o de cumplimiento de la sentencia, sin perjuicio de
haberse regulado y quedado firme un honorario superior” (conf.
CNCivil, Sala “J”, c. J064359 – “Gentile Guillermo Aldo c/. Dietz
Damián Darío y Otros s/. Daños y perjuicios”, del 9/06/16 - Sumario
n° 25433 de la Base de Datos de la Secretaría de Documentación y
Jurisprudencia de la Cámara Civil; íd., CNCivil, Sala “E”, c. E54828
– “F., H.W. c/. H.B. de B.A. y Otros s/ Daños y perjuicios”, del
21/05/18 – Sumario n° 26617 de la Base de Datos de la Secretaría de
Documentación y Jurisprudencia de la Cámara Civil).
XI.- Costas.
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Las costas del juicio habré de imponérselas al
demandado Daniel Ángel Cafaro y a la citada en garantía Caja de
Seguros S.A., pues no encuentro mérito para apartarme del principio
general de la derrota consagrado en el art. 68 del Cód. Procesal.
XII.- Conclusión.
Por las consideraciones expuestas y normas legales
citadas, juzgando, en definitiva, FALLO: 1) Hacer lugar a la
demanda promovida por DERLIS RUBÉN CACERES AVALOS,
con costas. En consecuencia, condeno a DANIEL ÁNGEL
CAFARO a abonar al actor la suma de PESOS TREINTA Y
OCHO MILLONES CIENTO SESENTA Y SIETE MIL
QUINIENTOS ($38.167.500.-), en el plazo de diez días de quedar
firme o ejecutoriado este pronunciamiento y bajo apercibimie4nto de
ejecución, con más los intereses que deberán ser calculados de la
manera que se especifica en el considerando “IX” y las costas del
juicio (conf. considerando “XI”). La condena se hace extensiva a la
citada en garantía CAJA DE SEGUROS S.A. con los alcances
expuestos en el considerando “VII”. 2) Diferir la decisión sobre los
pedidos de aplicación del límite en el pago de las constas por parte
del condenado vencido y del consecuente prorrateo de los honorarios
profesionales que establece el art. 730 del CCyCN., para la
oportunidad de la ejecución de la sentencia. 3) Teniendo en
consideración la naturaleza del asunto, el mérito de la labor
profesional, apreciada por la calidad, la eficacia y extensión de los
trabajos realizados, las etapas procesales cumplidas, el resultado
obtenido, la trascendencia jurídica del pleito, el monto del juicio aquí
admitido -comprensivo de capital e intereses- y lo normado por los
arts. 1, 3, 6, 11, 14, 16, 19, 20, 21, 22, 24, 26, 29, 51, 52, 58 y 61 bis
(texto incorporado según ley 27.802) y c.c. de la ley 27.423, art. 478
del CPCCN. y la Acordada 1718/26 de la CSJN (valor UMA
$100.173), regulo los honorarios de la dirección letrada y
representación de la parte actora, Dr. Alejandro Diego Monjo, en la
cantidad de UMAs. ciento veintiséis con seiscientos treinta y seis
milésimos (126,636), equivalente a la suma de $12.926.500.-; los de
la dirección letrada y representación de la compañía citada en
garantía, Dr. Guillermo Brady, en la cantidad de UMAs. ciento
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cinco con quinientos treinta milésimos (105,530), equivalente a la
suma de $10.772.100.-; los de la representación en la audiencia de
fecha 17/11/2023 de la compañía citada en garantía, Dr. Juan
Locicero, en la cantidad de UMAs. tres con ciento tres milésimos (3
,103), equivalente a la suma de $316.800.- y los de la representación
en la audiencia de fecha 19/12/2025 de la compañía citada en
garantía, Dra. Vanesa Alejandra Gonzalez, en la cantidad de
UMAs. tres con ciento tres milésimos (3,103), equivalente a la suma
de $316.800.- Asimismo, dada la extensión y problemática de los
puntos periciales propuestos, regulo los honorarios de los auxiliares
de justicia: Dra. Laura Patricia Iramain (perito médica legista) e
Ing. Rubén Osvaldo Signorini (perito mecánico), en la cantidad de
UMAs. treinta y siete con doscientos cuarenta y seis milésimos (37
,246), equivalente a la suma de $3.802.000.- para cada uno de ellos,
y los de los consultores técnicos médicos legistas y psicólogas de la
compañía citada en garantía, Dres. María Amelia Proyetti, Carla
Sandra Pontecorvo, Diana Pintos, Eduardo Mozetic y Lics.
Natalia Naveira y Deborah Kisielnicki, en la cantidad de UMAs.
dieciocho con seiscientos trece milésimos (18,613), equivalente a la
suma de $1.900.000.- para cada uno de ellos. En todos los casos sin
perjuicio de las sumas que en definitiva pudieran corresponder a los
profesionales individualizados en consideración al valor del UMA
vigente al momento del pago o de la ejecución (art 51 Ley 27.423).
Reconozco finalmente los emolumentos del Mediador, Dr. Adrián
Bustinduy, en la suma de pesos un millón ochenta y seis mil
doscientos sesenta y cuatro ($1.086.264.-), equivalentes al día de la
fecha a 83,816 UHOM. (conf. Ley 26.589, Dec. 1467/11, modificado
por Dec. Nº 2536/2015 y Anexo I, apartado “G” de esta norma,
actualizado a la fecha del presente decisorio conforme Res. 542/2018
del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos). Los honorarios de
los profesionales intervinientes deberán ser abonados dentro del
mismo plazo establecido para el pago de la condena y deberá añadirse
en su caso, el importe correspondiente al I.V.A. Además, se deja
establecido que, en caso de mora, se aplicará la tasa del 12% anual
(conf. fundamentos expuestos en el pronunciamiento dictado con
fecha 21 de agosto de 2024 en el Expediente N° 94.228/2017 en
#35543548#511954341#20260804082241441
Poder Judicial de la Nación
JUZGADO CIVIL 93
trámite por ante el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil
N° 2 cuya titularidad detento) a excepción de los honorarios del
mediador que -por no permitir su actualización- se fijan en la tasa
activa conforme el plenario Samudio. Hágase saber a los letrados que
quedan a su cargo la notificación de sus honorarios a sus clientes a
los domicilios reales, atento el criterio mayoritario adoptado por las
salas integrantes de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones del
fuero. Asimismo, intímese a los interesados para que dentro de los
cinco (5) días contados a partir de que sus honorarios firmes se
encuentren impagos, soliciten las medidas necesarias a los fines de
asegurar la percepción de sus créditos, bajo apercibimiento de
tenerlos en lo sucesivo por prestada la conformidad requerida por el
art. 10 de la ley 27.423. 4) En relación con el planteo efectuado por la
compañía citada en garantía, referido a la aplicación de la limitación
de la responsabilidad por las costas establecida en el art. 730 del
Código Civil y Comercial, debe señalarse que los autos regulatorios
sólo deciden sobre el monto de las retribuciones a fijarse, no así sobre
el derecho a esos honorarios, ni anticipan la procedencia y forma de
su cobro, cuestiones éstas que deberán sustanciarse y resolverse en la
etapa procesal oportuna conforme antes se dijera. 5) Por último, en
uso de las facultades conferidas a la Suscripta en virtud de lo
normado por los arts. 34 y sgtes. del ordenamiento procesal, hago
saber que, en caso de incumplimiento de la condena aquí impuesta en
el plazo correspondiente, se pondrá en conocimiento tal circunstancia
a la Superintendencia de Seguros de la Nación por Secretaría, a cuyo
fin se remitirá oficio electrónico. Regístrese. Notifíquese a las partes
mediante cédulas electrónicas a librase por Secretaría en su caso,
comuníquese al Centro de Informática Judicial y oportunamente
archívense las actuaciones.-
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