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fallo (5)

El caso involucra a Federico Ivan Vega y Liliana Marcela Guevara demandando a María de los Angeles Carolina Doldan por daños y perjuicios tras un accidente de tránsito ocurrido el 29 de abril de 2021. Vega, quien conducía una motocicleta, sufrió lesiones graves al ser embestido por el vehículo de Doldan, quien realizó una maniobra imprudente. Se reclama una indemnización total de $11.339.980,13, mientras que la aseguradora y la demandada niegan la responsabilidad y las circunstancias del accidente.
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fallo (5)

El caso involucra a Federico Ivan Vega y Liliana Marcela Guevara demandando a María de los Angeles Carolina Doldan por daños y perjuicios tras un accidente de tránsito ocurrido el 29 de abril de 2021. Vega, quien conducía una motocicleta, sufrió lesiones graves al ser embestido por el vehículo de Doldan, quien realizó una maniobra imprudente. Se reclama una indemnización total de $11.339.980,13, mientras que la aseguradora y la demandada niegan la responsabilidad y las circunstancias del accidente.
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Poder Judicial de la Nación

JUZGADO CIVIL 93
69.607/2023

VEGA, FEDERICO IVAN Y OTRO c/ DOLDAN, MARIA DE LOS


ANGELES CAROLINA s/ DAÑOS Y PERJUICIOS (ACC. TRAN.
C/LES. O MUERTE)

Buenos Aires, 04 de agosto de 2026.-


Y VISTOS:
Estos autos caratulados “Vega, Federico Ivan y Otro c/
Doldan, María de Los Angeles Carolina y otro s/ Daños y
Perjuicios (Acc. Tran. c/Les. o Muerte) - Ordinario” (Expediente
N° 69.607/2023) , para dictar sentencia y de los que;
RESULTADO:
a) Con fecha 13 de septiembre de 2023 se presentan, por
derecho propio y con dirección letrada, Federico Ivan Vega y
Liliana Marcela Guevara e inician demanda por cobro de
indemnización por daños y perjuicios contra María de los Angeles
Carolina Doldan en el carácter que le atribuyen de titular registral y
conductora del vehículo Ford Ka 1.5 S, Dominio AC659IP y/o contra
quien resulte civilmente responsable del accidente de tránsito que
denuncian como ocurrido el día 29 de abril de 2021,
aproximadamente a las 19 horas, en la calle Pergamino, entre
Sullivan y Antezana, de la Localidad de Merlo, Provincia de Buenos
Aires. Piden la citación en garantía, en los términos del art. 118 de la
Ley 17.418, de La Mercantil Andina SA (ó Compañía de Seguros
La Mercantil Andina Sociedad Anónima , conforme surge de la
contestación de fecha 11 de diciembre de 2023 y de la Escritura
Pública N° 15 , del 03/03/2021, de Poder General para Juicios
agregada con dicha presentación).
Relatan que en la fecha y hora aproximada antes
indicadas, Federico Ivan Vega circulaba a velocidad reglamentaria y
con el casco de seguridad colocado, al mando de la motocicleta
Gilera Smash 110 VS (Dominio A034MJG, conforme surge de la
prueba documental agregada con el escrito en comentario), de
titularidad de Liliana Marcela Guevara, en dirección hacia la
intersección con la calle Sullivan por la calle Pergamino de la

Fecha de firma: 04/08/2026


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Localidad de Merlo; mientras que la aquí demandada María de los
Angeles Carolina Doldan se desplazaba al mando del rodado Ford Ka
1.5 S, Dominio AC659IP por la misma calle Pergamino, pero en
sentido contrario al del motociclista, es decir con sentido hacia la
calle Antezana; cuando de manera imprevista y antirreglamentaria
giró hacia su izquierda con la intención de ingresar al Club Casa
Padua Rugby & Hockey, invadiendo el carril de circulación por el
que transitaba el demandante Federico Ivan Vega y embistió
brutalmente a la motocicleta en la que este se desplazaba,
provocándole lesiones de gravedad y daños materiales en la
motocicleta.
Afirman que la maniobra realizada por la demandada fue
tan imprevista que Federico Ivan Vega no pudo frenar, lo cual
determinó que lo colisionara, y agregan que el impacto se produjo
con la parte delantera de la motocicleta contra el guardabarros
delantero del rodado Ford Ka aludido, provocando que el
motociclista saliera despedido de su rodado e impactara contra cinta
asfáltica, sufriendo politraumatismos y lesiones de gravedad, con
fuertes dolores en región lumbar, cervical, en rodillas y en tobillos.
En tales circunstancias, continúan relatando, el Sr. Vega
permaneció tendido sobre el asfalto; se acercaron varias personas,
entre las cuales se encontraban José Luis Guevara y Gisel Micaela
Sánchez -quienes presenciaron el accidente- para brindarle ayuda y a
los pocos minutos arribó al lugar su hermano y lo trasladó a la Clínica
Provincial de Merlo, donde le realizaron radiografías de rodilla; le
indicaron el uso de collar ortopédico y lo derivaron a traumatología.
Después continuó su atención médica en la Clínica de Morón, en la
cual después de diversos estudios le informaron que tenía rotura de
meniscos y ligamentos en la rodilla derecha, le suministraron
analgésicos por los diversos politraumatismos sufridos y le indicaron
la realización de cirugía. Asimismo le prescribieron analgésicos,
reposo absoluto, tratamiento kinésico y luego se programó como
cirugía una artroscopia compleja de rodilla derecha (plástica LCA)
“por ruptura Ica rodilla derecha, más síndrome meniscal” y luego
tratamiento kinésico.

Fecha de firma: 04/08/2026


Firmado por: MARIA EUGENIA NELLI, JUEZ SUBROGANTE

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JUZGADO CIVIL 93
Realizan sus consideraciones acerca de la
responsabilidad exclusiva de la parte demandada en la producción del
accidente de tránsito que relatan; determinan y cuantifican los
conceptos que son objeto de sus reclamos indemnizatorias, arribando
a la suma total de $11.339.980,13.-, para Federico Ivan Vega la suma
de $11.148.080,13.- (por daño físico, psíquico y estético: $9.108.080
,13.-; por tratamiento psicológico: sin monto; por daño moral:
$1.000.000.-; por gastos médicos, de farmacia y de traslados:
$40.000.- y por pérdida de chance: $1.000.000.-) y para Liliana
Marcela Guevara la suma de $191.900.- (por daños materiales / costo
de reparación de la motocicleta Gilera Smash 110 VS, Dominio
A034MJG: $141.900.- y por privación de uso del referido moto
rodado: $50.000.-) y/o las que en más o en menos correspondan.
Ofrecen pruebas; fundan su derecho y solicitan que
oportunamente se dicte sentencia haciendo lugar en todas sus partes a
la demanda, con costas.
b) Con fecha 13 de noviembre de 2023 se confiere el
traslado de la demanda y de la citación en garantía, fijándose para las
actuaciones el trámite correspondiente al proceso de conocimiento
ordinario.
c) Con fecha 11 de diciembre de 2023 se presenta, por
medio de profesional letrado apoderado, Compañía de Seguros La
Mercantil Andina S.A. y contesta a la citación en garantía.
En primer término manifiesta que en la fecha en que la
parte actora denuncia que ocurrido el siniestro por el cual reclama,
aseguraba mediante la Póliza Nº 012544595 Endoso Nº 000007 -cuyo
ejemplar acompaña- al vehículo asegurado Ford Ka Dominio
AC659IP, por responsabilidad civil hacia terceros transportados y no
transportados, extendiéndose la indemnidad a la persona que con
autorización del tomador del seguro que conducía el vehículo objeto
del seguro, con un límite de cobertura de $10.000.000.-
Seguidamente, acatando el imperativo procesal (art. 356
del CPCCN.) efectúa una negativa pormenorizada de los hechos
afirmados en el escrito de demanda y entre ellos niega que el día
29/04/2021 ocurriera el hecho que relata la demandante; que exista

Fecha de firma: 04/08/2026


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responsabilidad de la parte accionada y que tal evento produjera las
consecuencias dañosas que se invocan. Asimismo desconoce de
manera expresa y puntual la autenticidad de la prueba documental
agregada por los actores.
Impugna la procedencia de cada uno de los conceptos y
de los montos indemnizatorios reclamados por los actores; ofrece
pruebas; pide la aplicación del art. 730 del CCyCN. (pto. “IX”) funda
su derecho y solicita que oportunamente se rechace la demanda, con
costas a la parte actora.
d) Con fecha 12 de diciembre de 2023 se presenta, por
medio de profesional letrado apoderado, María de los Angeles
Carolina Doldan y contesta a la demanda.
Adhiere en todos sus términos al responde efectuado por
la citada en garantía Compañía de Seguros La Mercantil Andina S.A.
y solicita que oportunamente se rechace la demanda, con costas a la
parte actora.
e) Con fecha 18 de diciembre de 2023 los demandantes
niegan y desconocen la autenticidad de la prueba documenta
agregada por la compañía citada en garantía y plantean la
inoponibilidad del límite de cobertura invocado por dicha litigante.
En forma subsidiaria manifiestan que “si bien la
aseguradora responderá con los alcances del articulo 118 ley 17.418
corresponderá que el límite de cobertura sea el limite actualizado al
momento del pago de sentencia”.
f) Con fecha 22 de diciembre de 2023 la compañía
citada en garantía solicita que se rechace, con costas, el planteo
formulado por la parte actora, de inoponibilidad del límite de la
cobertura asegurativa.
g) Con fecha 28 de febrero de 2024 los demandantes
desisten de la acción entablada en contra del codemandado genérico.
h) Con fecha 20 de mayo de 2024 se celebra la audiencia
prevista por los arts. 360 y cctes. del Código Procesal, en el marco de
la cual la parte actora informa que por el hecho que motiva esta litis
no se labró causa penal, y el día 10 de julio de 2024 se recibe la causa

Fecha de firma: 04/08/2026


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a prueba, se fija la fecha de la audiencia de vista de causa y se
proveen -en lo pertinente- las medidas probatorias ofrecidas por las
partes, acerca de cuyo resultado certifica el día 09 de febrero de 2026
la Sra. Secretaria de este Juzgado.
i) Con fecha 03 de diciembre de 2025 se celebra la
audiencia de vista de causa, en la cual se recibe el testimonio de José
Luis Guevara, de Giselle Micaela Sánchez y de Jonathan Alejandro
Cruz Torres, cuyas declaraciones fueron filmadas y se agregaron al
expediente electrónico en tres archivos digitales de video que he
reproducido para este acto.
j) Con fecha 09 de febrero de 2026 se declara clausurada
la etapa probatoria, habiendo hecho uso del derecho de alegar la parte
actora únicamente, como lo certifica el 27 de marzo de 2026 la Sra.
Secretaria de este Juzgado, habiéndose agregado dicho documento al
legajo electrónico el día 01 de abril de 2026 conforme consta en la
nota suscripta en tal fecha.
k) Con fecha 16 de junio de 2026, mediante providencia
que se encuentra consentida, se llaman los autos para dictar sentencia.
l) Con fecha 01 de julio de 2026 se suspende el llamado
de autos para dictar sentencia y se hace saber la jueza que va a
conocer.
m) Con fecha 14 de julio de 2026 se reanuda el llamado
de autos para dictar sentencia suspendido el día 01 de julio de 2026.
Y CONSIDERANDO:
I.- Federico Ivan Vega y Liliana Marcela Guevara
pretenden que se condene a María de los Angeles Carolina Doldan
en el carácter que le atribuyen de titular registral y conductora del
vehículo Ford Ka 1.5 S, Dominio AC659IP y a Compañía de
Seguros La Mercantil Andina S. A. a esta última en los términos de
los arts. 118 y cctes. de la Ley 17.418, a pagar una indemnización por
los daños y perjuicios que dicen haber sufrido como consecuencia del
accidente de tránsito que afirman como ocurrido el día 29 de abril de
2021, aproximadamente a las 19 horas.

Fecha de firma: 04/08/2026


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Al efecto afirman que en la fecha y hora aproximada
antes indicadas, Federico Ivan Vega circulaba a velocidad
reglamentaria y con el casco de seguridad colocado, al mando de la
motocicleta Gilera Smash 110 VS Dominio A034MJG, de titularidad
de Liliana Marcela Guevara, en dirección hacia la intersección con la
calle Sullivan por la calle Pergamino de la Localidad de Merlo;
mientras que la aquí demandada María de los Angeles Carolina
Doldan se desplazaba al mando del automóvil Ford Ka 1.5 S,
Dominio AC659IP por la misma calle Pergamino, pero en sentido
contrario al del motociclista ahora demandante; cuando de manera
imprevista esa automovilista realizó una maniobra de giro hacia su
izquierda con la intensión de ingresar al Club Casa Padua Rugby &
Hockey, invadiendo el carril de circulación por el que transitaba el
demandante Federico Ivan Vega y embistió brutalmente a la
motocicleta en la que éste se desplazaba, provocándole lesiones de
gravedad y daños materiales en la motocicleta.
Agregan que la maniobra realizada por la demandada fue
tan imprevista que Federico Ivan Vega no pudo frenar, lo cual
determinó que lo colisionara, y agregan que el impacto se produjo
con la parte delantera de la motocicleta contra el guardabarros
delantero del rodado Ford Ka aludido, provocando que el
motociclista saliera despedido de su rodado e impactara contra cinta
asfáltica.
La citada en garantía Compañía de Seguros La
Mercantil Andina S. A. -quien reconoce la existencia y vigencia, en
la fecha en que la parte actora afirma que se produjo el hecho por el
cual reclama en el sub lite, del contrato mediante el que aseguraba
por responsabilidad civil hacia terceros al vehículo Ford Ka Dominio
AC659IP, hasta el límite de $10.000.000.-, agrega- y, en adhesión a
esta litigante la parte demandada María de los Angeles Carolina
Doldan, niegan la producción de accidente de tránsito invocado por
los actores; la responsabilidad por su producción que atribuyen y las
consecuencias dañosas que afirman.
II.- Inicialmente debo recordar que de acuerdo a los
principios de plenitud y congruencia (arts. 34 inc. 4º y 163 del
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación), solo cabe fallar

Fecha de firma: 04/08/2026


Firmado por: MARIA EUGENIA NELLI, JUEZ SUBROGANTE

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sobre los hechos alegados y probados, debiendo contener la sentencia
decisión expresa y precisa de conformidad con las pretensiones
deducidas en el juicio, las que deberán calificarse según corresponda
por ley, declarando el derecho de los litigantes.
También debe recordarse que el Juzgador no tiene la
obligación de ponderar todas las pruebas colectadas en la causa, sino
solo aquellas que juzgue, según su criterio, pertinentes y conducentes
para resolver el caso (CSJN, fallos 274:113; 280:320, entre otros).
Asimismo, tampoco tiene el deber de tratar todas y cada una de las
argumentaciones de las partes, sino tan solo aquellas que estime
posean relevancia para sustentar su decisión (CSJN, fallos 258:304,
262:222; 310:267, entre otros).
Debo mencionar además que conforme se ha dicho, para
resolver, el proceso civil no puede ser conducido en términos
estrictamente formales, ni permitir que “se desarrolle como un juego
de ficciones librado a la habilidad ocasional de los litigantes” (conf.
Exposición de Motivos Ley 17.454), siendo incompatible con el
adecuado servicio de la justicia una renuncia consciente a la verdad
(conf. CSJN, Fallos 287:153; 254:11; 262:459; 279:239; 283:88;
284:375; 290:93; 294:392; etc.). Además, es de recordar que los
jueces deben valorar que hacer justicia no importa otra cosa que la
recta determinación de lo justo in concreto, para lo cual es menester
procurar la efectiva realización del derecho en las situaciones reales
que se le presentan, lo cual exige conjugar los principios enunciados
en la ley con los elementos fácticos del caso (conf. CSJN, Fallo:
302:1611).
III.- Dicho ello y encontrándose planteada la
controversia en los términos expuestos en el considerando “I”, he de
precisar el marco jurídico dentro de cuyos límites habrá de
desenvolverse la apreciación del caso y de la prueba producida para
finalmente dar la solución que corresponde al litigio. Para así
proceder, examinaré en particular y en conjunto los diversos medios
de prueba aportados por las partes siempre con sujeción a las reglas
de la sana crítica, que no son otra cosa que los principios de la lógica

Fecha de firma: 04/08/2026


Firmado por: MARIA EUGENIA NELLI, JUEZ SUBROGANTE

#38256919#511985137#20260804092717169
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y las máximas de la experiencia (conf. Highton-Areán, “Código
Procesal Civil y Comercial de la Nación. Análisis doctrinal y
jurisprudencial”, Tomo 7, pág. 490).
Habida cuenta la fecha en que la parte actora afirma que
aconteció el evento fundante del reclamo sustancial de autos (29 de
abril de 2021) resultan de aplicación las normas contenidas en el
Código Civil y Comercial de la Nación que entró en vigencia el 1° de
agosto de 2015, aprobado por la Ley 26.994 (conf. modificación de la
Ley 27.077, B.O. 16/12/2014).
Este Ordenamiento se diferencia del régimen anterior del
Código Civil al insinuar, conforme a los términos del artículo 1769,
que en los “Accidentes de Tránsito” no están involucrados
“automotores” sino “vehículos”, los cuales considera cosas riesgosas,
surgiendo de ahí la responsabilidad objetiva de que habla en su
artículo 1757 y que en el artículo 1758 atribuye a su dueño y a su
guardián en forma concurrente. La denominación “circulación de
vehículos” es mucho más amplia que la de “accidentes de
automotores” y que la de “accidentes de tránsito”, ya que incluye
ahora a las bicicletas, a las motocicletas a las máquinas agrícolas,
etc., y no sólo durante la circulación vial sino también en todos los
casos en los que media su intervención activa, estén o no en
movimiento. De esta manera, el régimen legal en torno a la materia
remite al “régimen legal de la responsabilidad objetiva por riesgo
creado” e incluye a la “responsabilidad por actividades riesgosas o
peligrosas”, pareciendo significar, a mi modo de ver, que tanto el
vehículo como el acto de conducir son riesgosos en sí mismos.
Siguiendo tal tesitura, los arts. 1719, primera parte y
1729 del CCCN., en concordancia con el principio general sentado en
el artículo 1722 (que refiere a la culpa ajena, abarcativa tanto de la
reprochable a la propia víctima como a un tercero por el cual no se
deba responder, con las características que señala el art. 1731),
establece al igual que lo hacía en su oportunidad el art. 1113, segunda
parte del Código Civil, que el hecho del damnificado, así calificado
por las circunstancias del caso –precisa la norma-, puede interrumpir
total o parcialmente el nexo causal, exonerando en consecuencia
también total o parcialmente de responsabilidad al agente

Fecha de firma: 04/08/2026


Firmado por: MARIA EUGENIA NELLI, JUEZ SUBROGANTE

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interviniente. Cabe también agregar aquí como eximente de
responsabilidad, total o parcial, el caso fortuito que contempla y
tipifica el art. 1730 del Ordenamiento sustancial vigente.
Es así que al ventilarse en el sub lite la colisión plural de
vehículos resulta aplicable la normativa mencionada en cuanto a la
responsabilidad del dueño o guardián emergente del accidente de
tránsito producido, en tanto se ponen en juego las presunciones de
causalidad y responsabilidad de cada dueño o guardián por los daños
sufridos por el otro con fundamento objetivo en el riesgo. Mientras
que para eximirse cada uno de los responsables debe invocar y probar
la culpa de la víctima, la de un tercero por la que no deben responder
o el caso fortuito ajeno a la cosa y que fracture la relación causal.
Esta postura, aún antes de la sanción del Código Civil y
Comercial, ya había sido adoptada por la Corte Suprema de Justicia
de la Nación en el caso “Empresa Nacional de Telecomunicaciones c/
Provincia de Buenos Aires y otro” del 20/12/1987 y fue seguida por
la Excma. Cámara del fuero Civil en el fallo dictado en autos “
Valdez, Estanislao F. c/ El Puente S.A. y otro”, del 10/11/94 (LA
LEY 1995-A, 136, fallo 92.833; E.D. T. 161, p. 402, fallo 46.273;
J.A. T. 1995-I, p. 280), cuyos argumentos comparto.
Sin embargo, no debe perderse de vista que, en
concordancia con la posición de quienes se inclinen a aún por la
subsistencia de la culpa como principio general (art. 1724, CCCN)
con fundamento en que en los casos de daños ocasionados a terceros
con intervención de automotores, puede existir también la
responsabilidad por el hecho personal del conductor víctima, en
virtud de haber incurrido éste en imprudencia o negligencia en el
manejo del vehículo su conducta, ante el plexo normativo vigente,
queda subsumida entonces en aquella norma (art. 1722),
entendiéndose expresamente la responsabilidad concurrente al dueño
y al guardián de la cosa (art. 1758). Es que, se ha dicho, el riesgo de
la cosa, por sí solo no es apto para generar un daño, sino que requiere
ineludiblemente del concurso de una conducta humana que ponga el
vehículo en movimiento o en circulación (en este sentido, Borda,
“Tratado de derecho civil. Obligaciones”, 7ª ed., t. II, p. 368, N°
1504 y p. 381, N° 1528 y ss., Brebbia, “Problemática jurídica de los

Fecha de firma: 04/08/2026


Firmado por: MARIA EUGENIA NELLI, JUEZ SUBROGANTE

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automotores”, T. I, p. 151 y ss., Llambías, “Tratado de derecho civil.
Obligaciones, 2ª ed., T. IV-B, p. 198, N° 2870; Kemelmajer de
Carlucci, en “Código Civil y leyes complementarias. Comentado,
anotado y concordado”, A.C. Belluscio-Zannoni, T. 5, p. 498;
Pizarro, “Responsabilidad civil por el riesgo o vicio de la cosa”, p.
527, cuyos fundamentos resultan destacables aún hoy ante la
precisión de la normativa vigente mencionada); ya que tanto el
vehículo como el acto de conducir son riesgosos en sí mismos, como
antes mencioné.
Contrariamente a esta posición, otra tesis -a la que
adhiero- ha afirmado que el conductor, aun cuando no sea dueño ni
guardián del automotor, debe ser juzgado de acuerdo con el marco
legal del art. 1113, párr. 2°, in fine del Código Civil (hoy art. 1722
del CCCN), pues es el autor mediato del daño, ya que con el uso del
automotor introduce al medio social una cosa riesgosa, de la que se
sirve y tiene a su cuidado por lo que, en definitiva, con su puesta en
funcionamiento crea, genera y potencia el peligro propio de la cosa.
Por lo tanto, sólo se liberará de responsabilidad si alega y demuestra
la ocurrencia -total o parcial- de alguna causal exoneratoria de
responsabilidad (cfr. Galdós, “El riesgo creado y el conductor del
automóvil”, JA, 1996-IV-976).
Ocurre que en el riesgo creado concurren todos los
presupuestos ordinarios de la responsabilidad civil, incluida la autoría
humana (cfr. Mosset Iturraspe, “Responsabilidad por daños”, T. I, p.
64, pto. XXII). Además, no puede negarse el carácter expansivo del
riesgo creado como factor de atribución de responsabilidad,
implicando un verdadero retroceso en cuanto a ese efecto si debe
volverse al régimen de la prueba de la culpa en relación con el
conductor, con verdadero detrimento de la situación procesal de la
víctima (cfr. Areán, Beatriz, “Juicio por accidentes de tránsito”, T. I,
p. 81, Editorial Hammurabi).
En síntesis, la víctima tiene la carga de probar el hecho,
el daño y -para algunos autores-, la relación de causalidad entre
ambos. Para eximirse, cada uno de los responsables debe invocar y

Fecha de firma: 04/08/2026


Firmado por: MARIA EUGENIA NELLI, JUEZ SUBROGANTE

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probar la culpa de la víctima, la de un tercero por la que no deba
responder, o el caso fortuito ajeno a la cosa que fracture la relación
causal.
Lo expuesto no significa que la culpa deba ser
considerada “pieza de museo” pues, como decía López Cabana,
convive con el riesgo, aunque ocupa un campo más limitado que el
que corresponde a los factores objetivos de atribución. Es constante la
aplicación en materia de accidentes de tránsito del riesgo creado, pero
ello no implica que opere ajeno a la culpa (cfr. López Cabana
(coord.), “Responsabilidad civil por accidentes”, Lexis, N°
2104/000138, Capítulo I, “Accidentes de tránsito”). Sucede que,
como expresara Zavala de González, “si la causa del daño reside en la
conducta culpable del dueño o guardián, la responsabilidad contaría
con el apoyo dual y convergente de dos títulos resarcitorios que,
desde diferentes vertientes (subjetiva, objetiva), vendrían a reforzar
armónicamente la plataforma sustentadora de la obligación
resarcitoria” (cfr. “Responsabilidad por riesgo”, pág. 66).
A ello agrego que la concurrencia y acreditación de las
condiciones eximentes deberán ser interpretadas con criterio
restrictivo, siendo la prueba liberatoria fehaciente e indubitada, toda
vez que la normativa ha creado factores objetivos de atribución que
deben cesar únicamente en casos excepcionales.
Esto es así dado que la responsabilidad objetiva de la que
hablamos se funda exclusivamente en la cosa generadora del daño;
por lo que para su exclusión es necesario probar que la conducta del
damnificado o del tercero constituye la causa del mismo; ya que lo
que interesa es determinar la idoneidad para producir el evento y ser
factor interruptivo de la relación de causalidad, con aptitud eficiente
como para impedir la consumación de la responsabilidad del dueño o
guardián de la cosa eminentemente peligrosa o riesgosa. De tal modo,
a efectos de decidir acerca de la existencia de causales exoneratorias,
se torna necesario determinar la forma como habrían acaecido los
hechos, siendo dable recordar que en juicios como los presentes, la
misión del Juzgador -quien no los ha presenciado- consiste en

Fecha de firma: 04/08/2026


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reproducir o efectuar una acabada reconstrucción mental de la forma
en que verosímilmente pudieron acaecer, para establecer en función
de ello el grado de responsabilidad de los intervinientes.
IV.- Definido en los términos expuestos el marco legal,
doctrinal y jurisprudencial en el que habré de dirimir la cuestión
traída a mi conocimiento, debo considerar que la compañía citada en
garantía y, en adhesión a esta litigante, la parte demandada niega que
ocurriera el accidente de tránsito de fecha 29 de abril de 2021 que
fundamenta el reclamo de los demandantes. Por lo cual corresponde
determinar si ha quedado demostrada la producción de ese evento
dañoso y, en tal caso, la existencia de alguna eximente, total o parcial
de la responsabilidad que endilgan los accionantes a la parte
demandada y la relación de causalidad entre el daño denunciado y el
presunto accidente.
A esos efectos y en lo que aquí interesa, haré mérito en
primer término de los testimonios brindados en el marco de la
audiencia de vista de causa celebrada el día 03 de diciembre de 2025,
por José Luis Guevara y por Giselle Micaela Sánchez, cuyas
declaraciones filmadas como antes mencioné he reproducido para
este acto.
En primer término, la testigo Giselle Micaela Sánchez,
quien luego de referir que conocía “del barrio” -de vista nomás
agregó después- al demandante Federico Iván Vega, afirmó que
presenció un accidente de tránsito el día 29 de abril de 2021 -en horas
de la tarde, a las 18 o 19 horas, con luz natural y con clima normal,
sin lluvia, agregó luego- y sobre tal hecho relató de manera
circunstanciada que en esa fecha se encontraba en la plaza con unas
amigas y vio “que Federico venía por la calle Pergamino … desde el
lado de Antesana y … venía un auto clarito [del que manifestó no
recordar sus características] que dobló para meterse adentro del club,
una entrada que está como a mitad de cuadra”. Explicó que el club
al que se refería es Casa Padua de Merlo Norte, Provincia de Buenos
Aires y agregó que según recordaba “Federico venía con el casco y
la chica dobló y lo chocó y él quedó ahí tirado”. Después -continuó
relatando- arribó al lugar el hermano de Federico y la testigo se retiró.

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Refirió que la calle Pergamino, por la cual circulaba el
demandante Federico Vega que venía desde la arteria Antesana,
posee doble sentido de circulación y que la chica venía por la misma
calle Pergamino pero desde el lado de la arteria Sullivan; que en el
lugar no hay semáforos de giro y que cuando la chica dobló lo chocó
a Federico que circulaba en una motocicleta. Agregó que los
vehículos intervinientes en el evento que relató venía a “una
velocidad normal… no iban fuerte” y afirmó que el auto quedó
dañado en “la tropa”; que la motocicleta también quedó dañada
-aclaró que no prestó atención a los vehículos- y que el motociclista
“se agarraba mucho la rodilla y como que gritaba que le dolía”.
Por su parte, el testigo José Luis Guevara, luego de
referir que conoce los aquí demandantes porque Federico Iván Vega
es su primo y Liliana Marcela Guevara es su tía y que vive en el
mismo barrio que ellos, afirmó que presenció el accidente de tránsito
de fecha 29 de abril de 2021 que motiva esta litis sobre tal hecho
relató también de manera circunstanciada que aquél día se encontraba
en la plaza que se encuentra frente al club Casa Padua, donde sucedió
el evento aclaró, y que vio que la señora que iba en el auto circulaba
“por la calle Pergamino con dirección a Antesana … y Federico
venía de mano contraria… la señora dobló a la izquierda para entrar
al Casa Padua y lo chocó a Federico”.
Reiteró que el hecho que relató ocurrió en la entrada del
club Casa Padua, que es un club de rugby y explicó que la señora iba
por la mano derecha de la calle Pergamino y dobló a la izquierda
donde está la entrada del club mencionado; en tanto que Federico
venía -en una motocicleta mencionó después- en sentido contrario,
por la mano izquierda de la calle Pergamino, por su carril y con el
caso de seguridad colocado, y ambos se cruzaron.
Refirió el testigo que él vive en la esquina donde sucedió
el evento y afirmó que ahí siempre ocurren accidentes porque la gente
dobla distraída y choca; que en el lugar no hay semáforos. Que el
hecho ocurrió en horario de la tarde, entre las 18 y las 20 horas; que
el clima estaba soleado.
Que después el testigo se acercó a Federico y vio que
éste se agarraba la pierna -manifestó no recordar cuál de las piernas-;

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que tenía raspones en el cuerpo y en la ropa, y que la señora estaba un
poco alterada. Luego arribó al lugar el hermano de Federico y se lo
llevó.
Con relación a los vehículos intervinientes en el evento,
afirmó que el automóvil tenía roto el paragolpes delantero y la
motocicleta tenía dañados los plásticos y la rueda y estaba tirada en el
piso -aclaró que no les prestó demasiada atención-. Agregó que la
motocicleta era de la madre de Federico, la demandante Liliana
Marcela Guevara, lo cual sabe por manifestaciones de Federico.
Reseñadas de tal forma las declaraciones brindadas por
José Luis Guevara y por Giselle Micaela Sánchez, quienes no fueron
impugnados en su idoneidad por las partes litigantes destaco,
recordaré que la circunstancia que un testigo sea conocido y/o
pariente -no excluido-, no implica desechar ab initio sus dichos
porque sí, aunque resulte razonable efectuar con mayor rigor el
estudio de su declaración, dado que debido al conocimiento, amistad
o parentesco no resulta extraño conforme al común de los casos que
aún de forma no consiente el testigo tienda a favorecer a quien
conoce. La correlación entre la declaración testimonial y el resto de la
prueba producida conduce a dar valor a tal declaración.
El peso del testimonio debe valorarse de acuerdo con las
reglas de la sana crítica tomando en cuenta factores individuales y
conjuntos, subjetivos y objetivos. Entre los primeros, los testimonios
respecto de los demás testigos. En conjunto, con relación a las demás
pruebas que la causa ofrezca. Factores subjetivos de idoneidad del
testigo y objetivos por el testimonio mismo, en su relación interna y
externa de los hechos, por su verosimilitud, coherencia, etc. (Falcón,
Enrique “Código Procesal Civil y Comercial”, t. III, p. 363).
En esa línea de ideas, se ha entendido que un testigo es
atendible cuando su declaración sea idónea para crear la convicción
del juez sobre la verdad de los hechos a que aquella se refiere (conf.
Palacio, “Tratado de Derecho Procesal”, t.1., 478). Para apreciar la
eficacia del testimonio deben considerarse las circunstancias o
motivos que corroboren o disminuyen la fuerza de las declaraciones,
ya que ni el juramento de decir verdad impuesto por la ley ni las
manifestaciones al responder por las generales de la ley, obstan el

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ejercicio por el juzgador de la potestad legal de apreciarlas según las
reglas de la sana crítica, normas éstas que no son sino las del correcto
entendimiento humano, extraídas con recto criterio de lógica y
basadas en la ciencia, experiencia y observación de los demás
elementos agregados a la causa. Por lo tanto, la fuerza probatoria de
la declaración testimonial está vinculada a la razón de sus dichos y en
particular a la explicación que pueda dar sobre el conocimiento de los
hechos, al punto que el Código Procesal impone al juez exigirla (ED
81-334).
En el caso de la prueba testimonial lo esencial desde el
punto de vista legal y razonable es que existan y se pongan a
funcionar los referentes empíricos y lógicos previstos en la respectiva
legislación procesal, los cuales no necesariamente emergen de otras
pruebas, tales como la naturaleza del objeto percibido, la sanidad de
los sentidos por medio de los cuales se captaron los hechos, las
circunstancias de lugar, tiempo y modo en que se percibió, la
personalidad del declarante, la forma como hubiere declarado y otras
singularidades detectadas en el testimonio, datos que ordinariamente
se suministran por el mismo deponente y, por ende, dan lugar a una
suerte de control interno y no necesariamente externo de la prueba.
Lo importante es que el testimonio no debe presentar
signos de mendacidad tampoco incoherencias o contradicciones que
permitan invalidarlo. Es decir, no debe surgir de las actuaciones la
existencia de algún motivo valedero para dudar de la veracidad del
relato respecto del modo en que se desarrollaron los hechos y de las
circunstancias en que se aprehendieron éstos. Remarco: este elemento
de prueba debe ser confrontado con el resto del plexo probatorio, ya
que el Juez tiene el deber de inquirir, a través de la inmediación (art.
365 CPPN), acerca de la fiabilidad, someter al testigo a un test de
confianza y confrontarlo con otras evidencias -si las hubiera- que
abonen sus expresiones. La sentencia reflejará la eficacia de
convicción que el magistrado le asigne sobre la sinceridad o
credibilidad del testigo.
Ello así, los dichos de los testigos José Luis Guevara y
Giselle Micaela Sánchez se valoran en este pronunciamiento
conforme a las reglas de la sana critica mencionadas en el precedente

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considerando “III”, en particular y conjuntamente con los demás
elementos de convicción agregados a las actuaciones.
Seguidamente haré mérito de informe presentado con
fecha 11 de noviembre de 2024 por el perito mecánico designado de
oficio, Ingeniero Oscar Manuel Cutino, quien con fundamento en
las constancias agregadas a las actuaciones, las cuales reseñó, sostuvo
que en el accidente que nos ocupa intervinieron el motociclo marca
Gilera modelo Smash 110 (año 2017) dominio A034MJG de la parte
actora y el vehículo marca Ford modelo K 1,5 S (año 2018) dominio
AC659IP de la parte demandada.
Que el hecho ocurrió el día 29 de abril de 2021 cerca de
las 19 hs en la arteria Pergamino entre calles Antezana y Sullivan en
la localidad de Merlo, Provincia de Buenos Aires.
Que la arteria Pergamino entre las calles Antezana y
Sullivan, posee doble sentido de circulación vehicular, con
orientación cardinal sudeste / noroeste - sentido que llevaba el
motociclo Honda Wave de la actora el día del incidente; en tanto que
el rodado Ford K de la parte demandada circulaba por la misma
arteria Pergamino pero en sentido contrario es decir con orientación
cardinal noreste / sudoeste. La calzada es de pavimento asfaltado en
buen estado y cuenta con un ancho de unos 7.5 metros permitiendo la
circulación en un amplio carril por cada mano de circulación.
Que en la zona hay columnas de iluminación con
pescante debajo de los cuales se encuentran lámparas de led de alta
potencia y que no se observan demarcaciones de cruce peatonal ni de
separación de carriles. Ilustró el experto sus dichos con las vistas de
en mapa y las fotografías que agrega.
Explicó que “para tratar de llegar a alguna conclusión
que nos permita inferir la probable mecánica del accidente, se debe
recurrir a la documentación e información objetiva obrante en las
actuaciones. En tal sentido cabe indicar que: se han observado dos
fotografías del motociclo de la parte actora - que no fueron tomadas
en el lugar del hecho inmediatamente de ocurrido el mismo - donde
se puede divisar que a causa del siniestro el motociclo presenta
daños en su parte delantera afectando faro delantero, guardabarros,
tablero, espejos, pechera de frente, cubre piernas ambos laterales,

Fecha de firma: 04/08/2026


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cubre piernas central, pedal de freno, apoya pie delantero, cacha
trasera bajo asiento lado izquierdo. No se han observado fotografías
post siniestro del rodado Ford K de la parte demandada.
De la parte demandada solo se ha observado la
denuncia administrativa efectuada por la ante la respectiva
compañía aseguradora (La Mercantil Andina). Allí se indica respecto
al hecho: CIRCULABA POR PERGAMINO Y AL LLEGAR A LA
ENTRADA DEL CLUB PONGO EL GUIÑO Y COMIENZO A GIRAR
A LA IZQUIERDA, PARA INGRESAR AL MISMO, EN ESE
MOMENTO UNA MOTO QUE CIRCULABA A ALTA VELOCIDAD
POR LA MANO CONTRARIA ME EMBISTE LA PARTE
DELANTERA IZQUIERDA DE MI VEHICULLO. EL CONDUCTOR
DEL MOTOVEHICULO SE RETIRA POR SUS PROPIOS MEDIOS
EN LA MOTO SIN PRESENTAR EN ESE MOMENTO HERIDA
ALGUNA.
Con los elementos analizados, lo que se puede llegar a
inferir respecto a la posible mecánica del siniestro es lo siguiente: el
día 29 de abril de 2021 cerca de las 19 horas el actor circulaba a
bordo del motociclo Gilera Smash dominio A034MJG por la calle
Pergamino con dirección hacia calle Sullivan en la localidad de
Merlo provincia de Bs As. Por la misma arteria Pergamino, pero en
sentido contrario (hacia calle Antezana) se encontraba circulando
el rodado Ford K dominio AC659IP. La conductora de este
vehículo … intenta ingresar al predio Club Padua de Rugby &
Hockey, con lo cual realiza una maniobra de giro hacia su
izquierda sin percatarse que lo la mano contraria venía circulando
el motociclo Gilera Smash. A raíz de la maniobra de giro apuntada
- debe considerarse que la maniobra de giro a la izquierda en una
arteria de doble mano es sumamente arriesgada, y para poder
efectuarla, se deben extremar los recaudos y verificar que no
circula ningún rodado por la mano contraria - el Ford K invade el
carril de circulación del motociclo y este último no pudo evitar
contactar con su frente sobre el lateral delantero derecho del
rodado Ford K (En la denuncia ante la aseguradora se menciona el
lateral izquierdo, pero por el tipo de maniobra ello no podría
ocurrir puesto que al girar el vehículo hacia la izquierda, queda

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expuesto el lateral derecho del mismo visto desde la posición de
manejo). A raíz del impacto del motociclo sobre el Ford K, y por la
propia fuerza de inercia ocasionada por la fuerte desaceleración, el
conductor del motociclo salió despedido y cayó sobre la cinta
asfáltica.”. Agregó el experto mecánico con su informe un croquis
ilustrativo de la posible mecánica que propone del accidente de
tránsito que nos ocupa.
La conclusión pericial transcripta no fue impugnada por
las partes litigantes y se valora en este pronunciamiento conforme a
las pautas de los arts. 386, 477 y cctes. del Cód. Procesal.
Asimismo debo merituar que con la contestación
efectuada con fecha 11 de diciembre de 2023 a la citación en
garantía, Compañía de Seguros La Mercantil Andina S.A. agregó la
“Predenuncia de Siniestro (automotores)” que realizara el día 03 de
mayo de 2021 María de los Angeles Doldan en su calidad de
asegurada y conductora del vehículo Ford Ka 1.5 S Dominio
AC659IP, quien como lo destacó el perito mecánico designado de
oficio con relación al hecho de fecha 29/04/2021 que nos ocupa relató
que: “CIRCULABA POR PERGAMINO Y AL LLEGAR A LA
ENTRADA DEL CLUB PONGO EL GUIÑO Y COMIENZO A GIRAR
A LA IZQUIERDA, PARA INGRESAR AL MISMO, EN ESE
MOMENTO UNA MOTO QUE CIRCULABA A ALTA VELOCIDAD
POR LA MANO CONTRARIA ME EMBISTE LA PARTE
DELANTERA IZQUIERDA DE MI VEHICULLO. EL CONDUCTOR
DEL MOTOVEHICULO SE RETIRA POR SUS PROPIOS MEDIOS
EN LA MOTO SIN PRESENTAR EN ESE MOMENTO HERIDA
ALGUNA”. En el apartado “Detalle de los daños del vehículo”
[asegurado] consignó la denunciante: “Punta de paragolpes
delantero izquierdo / Punta de guardabarros delantero izquierdo /
Guardabarros delantero izquierdo / Puerta delantera izquierda /
Capot / Paragolpes delantero lado izquierdo / Paragolpes delantero
centro / Paragolpes delantero lado derecho////” y en el apartado
“Detalle de los daños del vehículo” [del “otro” vehículo] denunció:
“Guardabarros delantero / Barrales delanteros / Óptica / Espejo
izquierdo / Espejo derecho”.

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En cuanto al valor probatorio que cabe otorgarle a tal
instrumento, al igual que lo que sucede con las actas de choque, la
jurisprudencia tiene dicho que tratándose de declaraciones
unilaterales debe desecharse su valor probatorio cuando lo que se
pretende es probar contra el adversario. Únicamente cabe acordarles
relevancia cuando -en supuestos como el de autos- quien aparece
levantándolas formula manifestaciones que redundan en su propia
contra, puesto que allí tienen el carácter de reconocimiento
extrajudicial (CNCiv., Sala “G”, 2/11/07, “Jorge Antonio c/ Chávez
Cáceres Juan y Otros s/ Daños y perjuicios”).
En el caso, debo resaltarlo, aún cuando la compañía
citada en garantía y, en adhesión la parte demandada, negaron la
ocurrencia del hecho aquí invocado por los demandantes, lo cierto es
que la denuncia -ó predenuncia como se titula en el formulario
agregado por la aseguradora encartada-, se informa sobre la efectiva
ocurrencia del accidente de tránsito que motiva esta litis, relevándose
un relato de los hechos similar al que surge del escrito de demanda, e
incluso reconoce expresamente el giro hacia su izquierda efectuado
por la conductora accionada y el contacto entre el automóvil Ford Ka
1.5 S Dominio AC659IP [inscripto registralmente a nombre de la
demandada María de los Angeles Carolina Doldan conforme surge
del informe del RNPA agregado el día 10 de octubre de 2024 y la
motocicleta Gilera Smash 110 Patente A034MJG de propiedad de
Liliana Marcela Guevara como emerge del informe del RNPA
agregado con fecha 12 de octubre de 2024].
Por lo demás y frente a la posición asumida por la
compañía citada en garantía y por la parte demandada, quienes en el
sub lite se limitaron a negar la producción del accidente de tránsito
que motiva esta litis no obstante haber tramitado con anterioridad la
denuncia (ó “predenuncia”) de siniestro antes reseñada, debo recordar
que existe consenso en la doctrina y la jurisprudencia en que no es
suficiente para el demandado negar el hecho que se le atribuye sin dar
su versión de lo sucedido. Efectivamente, la sola negativa del suceso
permite al juez darlo por reconocido en el momento de sentenciar (

Fecha de firma: 04/08/2026


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cfr. Fenochietto, "Código Procesal Civil y Comercial de la Nación.
Comentado, anotado y concordado con los códigos provinciales",
1999, T. I, p. 402).
Este principio, claro está, no implica obligar al litigante a
producir prueba en su contra, sino que le impone una carga de
colaboración en la dilucidación de la verdad objetiva del caso, lo que
evita, de esta manera, la proliferación de actitudes tendientes más a
obstaculizar el reclamo de la contraria que a obtener la satisfacción de
su pretensión (Kielmanovich, Jorge; “Teoría de la prueba y medios
probatorios”, Abeledo Perrot – Bs. As., pag. 660). Así, la conducta de
las partes toma relevancia especial cuando la parte que no tiene la
carga de aportar pruebas sobre el hecho en cuestión omite aportar las
aclaraciones y precisiones que aportaría un litigante diligente o
directamente obstruye la aportación de los diversos medios de prueba
al expediente, mediante su destrucción, negando su exhibición o
adoptando actitudes probadamente falsas.
Con tales lineamientos y encontrándose comprobada la
producción del accidente de tránsito que motiva esta litis y que tal
hecho se produjo cuando María de los Angeles Carolina Doldan
circulaba al mando del rodado de su propiedad Ford Ka 1.5 S
Dominio AC659IP por la calle Pergamino de la Localidad Merlo,
Provincia de Buenos Aires y giró a su derecha a la altura de la
entrada del Club Casa Padua interponiéndose en la línea de marcha
de la motocicleta Gilera Smash 110 Patente A034MJG de propiedad
de Liliana Marcela Guevara y que guiaba Federico Ivan Vega,
recordaré que se ha dicho que “El giro o viraje hacia la izquierda ...
configura una maniobra altamente riesgosa porque altera el normal
desarrollo del tránsito, razón por la cual, es evidente, que quien lo
intente debe previamente tomar todos los recaudos necesarios que le
permitan asegurarse que es posible realizarla sin constituir un peligro
cierto para las personas o bienes de terceros” (CNCivil, Sala “K”, c.
“Russo Vicente Salvador c/ ENCOTEL s/ Sumario”, del 9/10/1989) y
que “si al doblar a la izquierda el conductor del vehículo irrumpe en
la línea de marcha de otro automotor, está a cargo de aquél demostrar
que ha realizado el giro cuando éste se encontraba a distancia
prudencial suficiente, para sostener que el hecho no constituía peligro

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alguno de colisión” (conf. CNCivil, Sala “F”, C. F14741: “Vera, Luis
Antonio c/ Arellana, Luis Enrique y Otro s/ Daños y perjuicios”, del
22/9/19994).
En efecto, la jurisprudencia de nuestro fuero estableció
que “resulta la única y exclusiva causa del siniestro vial la invasión
del carril de circulación … de quien efectuó una maniobra altamente
peligrosa y riesgosa … La consecuente obstrucción del tránsito,
infringe las normas que regulan la circulación y se erige en la causa
jurídica adecuada y productora del resultado lesivo -arts. 42 incs. a, b,
c, 48 inc. j, 39 inc. b, 64 y concs. Ley 24.449 y arts. 1757, 1758, 1769
y concs. CCCN-” (CApel. En lo Civ. y Com. De Azul, Bs. As., c.
Mastrángelo, Yanina María c/ Bauer, Roberto Juan y Ot. s/ Daños y
Perjuicios y acumulados, del 2/6/2010).
A ello agregaré que es obligación de todos los
conductores guiar con el máximo de atención y prudencia,
manteniendo el pleno dominio del rodado a fin de poder afrontar las
contingencias del tránsito (en tal sentido, CNCivil, Sala "I", C.
080689, "Bolgiani, Hernando c/ Buera, Jorge s/ Daños y perjuicios",
del 14/03/91). Por lo que debe responsabilizarse a quien le cupo el rol
de embestidor, cuando surge evidente la falta de adopción de las
medidas de cuidado, atención y prudencia exigidas a fin de mantener
el pleno dominio de la casa riesgosa a su mando (en tal sentido,
CNCivil, Sala "G", C. G560230, "Kolenc, Marcela Adriana y otro c/
Grasso, Gerardo y otros s/ Daños y perjuicios", del 29/06/11).
Con tales lineamientos habré de concluir que la
maniobra realizada por la automovilista aquí demandada María de los
Angeles Carolina Doldan se erigió en la causa adecuada del
accidente; pues no puede exigírsele al conductor que circula por el
carril izquierdo de una calle -como en el caso del motociclista actor-
que prevea la interposición espontánea en su línea de marcha de otro
rodado y pueda reaccionar con suficiente anticipación para evitar una
accidente como el acontecido.
En vistas de las constancias probatorias reseñadas,
recordaré además que la objetivación legal de responsabilidad que
emana del art. 1113 citado (hoy arts. 1757 y 1769 del Código Civil y
Comercial de la Nación) no puede ser dejada de lado por cualquier

Fecha de firma: 04/08/2026


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elemento o inducción no muy claro y definido, pues ello sería
insuficiente para considerar la culpa de la víctima o de un tercero si
no hay, a su vez, elementos de ponderación que cierta y seriamente
las demuestren. Sólo cabe que las presunciones legales se levanten
con verdaderas pruebas convincentes y que no den lugar a duda
(conf. CNCiv., Sala C., oct. 29-990, L.L., 1991-B, 317; CNCiv., Sala
L, expte. 62.814), lo que no ocurre en la especie.
A ello agrego que, como se ha dicho, “las eximentes
legalmente previstas exigen que el demandado pruebe la interrupción
del nexo causal por la incidencia de una causa extraña que sea ajena
al riesgo propio de la cosa por el cual responde. La eximente -total o
parcial- de la responsabilidad del dueño o del guardián no se funda
inexorablemente en la culpa de la víctima como factor subjetivo de
atribución, sino en la participación causal que, en su caso, pueda
haber importado el obrar culposo (o no) del damnificado en la
producción del daño, porque tal obrar era imprevisible o inevitable
para aquéllos (Trigo Represas, Félix A., Concurrencia de riesgo de la
cosa y culpa de la víctima, LL, 1993-B-306; Compagnucci de Caso,
Rubén, Responsabilidad civil y relación de causalidad, Bs. As.,
Astrea, 1984, p. 170; Mosset Iturraspe, Jorge, Responsabilidad por
daños, Bs. As., Ediar, 1973, t. III, p. 62; Tanzi, Silvia, Culpa de la
víctima y riesgo, LL, 1991-C-330; Pizarro, Ramón D., Causalidad
adecuada y factores extraños, en “Derecho de daños” [Homenaje al
doctor Mosset Iturraspe], Bs. As., La Rocca, 1989, p. 259, cit. por la
CNCivil, Sala “F”, Expte. 64.818/2014, “Rodríguez, Nahuel Américo
y Otro c/ Servidia, Teresa Josefina y Otro s/ Daños y perjuicios”, del
23/10/2019).
En otras palabras, el dueño o guardián sólo se eximen de
responsabilidad -total o parcialmente- si prueban que la actuación de
la cosa no ha sido la causa del daño (o lo ha sido tan sólo
parcialmente) porque ha incidido causalmente en su producción el
hecho del propio damnificado (Sala D, 27/5/97, LL, 1997-E-65; íd.,
esta Sala, 18/10/99, JA, 2000-II-275), lo cual en el supuesto aquí
analizado, no se ha verificado.
Habida cuenta todo lo expuesto y luego de evaluar las
pruebas rendidas, en particular y en conjunto a la luz de las reglas de

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la sana crítica (art. 386, Cód. Procesal), encontrándose comprobada la
producción del accidente de tránsito que motiva esta litis y que este
hecho aconteció en la forma relatada en el escrito de demanda, dado
que se encontraba a cargo de la parte accionada y de la compañía
citada en garantía la acreditación de alguna de las causales eximentes
previstas por los arts. 1729, 1730 y 1731 del CCyCN que permitiera
tener por configurada la ruptura del nexo causal; lo cual no han
logrado, admitiré la demanda interpuesta por Federico Ivan Vega y
Liliana Marcela Guevara en los términos de los arts. 1722, 1725,
1726, 1757, 1758, 1769 y cctes. del CCCN y condenaré a la
accionada María de los Angeles Carolina Doldan a resarcir los
daños y perjuicios derivados del accidente motivo de la litis. Ello
siempre, claro está, que esos daños se encuentren debidamente
probados y guarden un adecuado nexo de causalidad con el hecho
(cfr. arts. 1738, 1739, 1740, 1741, 1744, 1749 y cctes., CCyC).
V.- La extensión de la condena a la citada en garantía
Compañía de Seguros La Mercantil Andina S. A.
En la contestación efectuada el día 11 de diciembre de
2023 la aseguradora mencionada reconoce que en la fecha en que
ocurriera el accidente de tránsito que motiva esta litis, amparaba
mediante la Póliza Nº 012544595 Endoso Nº 000007 -cuyo ejemplar
acompaña- al vehículo asegurado Ford Ka Dominio AC659IP, por
responsabilidad civil hacia terceros transportados y no transportados,
con un límite de cobertura de $10.000.000.-
Ahora bien, aún cuando no soslayo que mediante el
escrito presentado con fecha 18 de diciembre de 2023 la parte actora
desconoce la autenticidad de la prueba documental agregada por la
compañía citada en garantía Compañía de Seguros La Mercantil
Andina S. A. y se opone a la limitación de cobertura del seguro
invocada por dicha litigante en el punto “II” del escrito de fecha 11
de diciembre de 2023, debo recordar que la propia Superintendencia
de Seguros de la Nación ya había considerado que la experiencia de
los últimos años en materia de resarcimientos abonados como
consecuencia de la cobertura de seguro hacía aconsejable establecer
con carácter general y obligatorio para todo el mercado asegurador
límites razonables a la responsabilidad asumida por las entidades

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aseguradoras, de modo tal que no provoque la desprotección del
asegurado ni de la víctima del siniestro (conf. Resolución SSN N°
22.187/93, del 3/5/1993), por lo que en distintas resoluciones fue
ajustando los límites de cobertura vigentes para los contratos de
seguro (v. Resoluciones SSN Números 22.058, del 22/1/1993;
34.225/2009; 35.863/11, del 10/6/2011; 38.065/2013, del 27/12/2013
y 39.927/16, del 18/7/2016).
De ello se sigue que la actual normativa vigente,
emanada de la propia Superintendencia de Seguros de la Nación, ha
reconocido expresamente la necesidad de actualizar los montos. Y
este es un punto de partida válido, por cuanto no existen índices
oficiales que permitan calcular dicha actualización monetaria desde
los tiempos pretéritos en que fueron fijados los límites de cobertura
(conf. CNCiv., Sala "J", “Risser Patricia Elizabeth c/ Maldonado
Raúl Américo y Otros s/ Daños y perjuicios”, 04/5/2018).
En esas condiciones, teniendo en cuenta el estado de
mora de la aseguradora, cabe considerar el criterio adoptado por la
Sala “M” del Fuero respecto a que la oponibilidad del límite del
seguro contratado deberá ajustarse a las normas vigentes al momento
del efectivo pago por parte de la citada en garantía, pues se trata de
pautas que también formaron parte de las condiciones de
contratación, en tanto fueron expresamente consideradas en esa
oportunidad (conf. CNCiv. Sala “M”, “Sione, Claudia Susana y otro
c/ Santana, Matías Oscar Jesús y otros s/ Daños y perjuicios”, expte.
72.806/089, del 7/12/2018; íd., Sala “J”, “Benítez, Lorenzo Antonio y
otro c/ Bravo, Pedro David y Otro s/ Daños y perjuicios”, 24/09/21),
criterio éste que receptara recientemente la Sala “J” de este mismo
Fuero en el Expediente N° 7.410/2016, “Yacaite, Vela Jacob c/
Pereira, Jesus Nazareno y otros s/ Daños y perjuicios”, del 26/4/2022)
Así, entre los efectos principales derivados de la mora en
el cumplimiento de las obligaciones se encuentra la traslación de los
riesgos que se fijan definitivamente en la cuenta del incumplidor
(conf. Llambías, J. J., “Obligaciones”, T° I, p. 162, n° 132; Wayar,
Ernesto C., “Tratado de la mora”, p. 588; CNCiv. Sala “G”, “Cinto,
N. c/ Chaparro Martínez, B.”, 19/9/02). Los efectos de la mora se
proyectan al patrimonio del acreedor, quien a partir de que ello

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ocurre, tiene incorporado a su patrimonio el derecho a exigir el
cumplimiento específico o las indemnizaciones correspondientes
-según el caso-, prerrogativas que obviamente se encuentran
amparadas por la garantía constitucional de la propiedad, en el marco
del concepto amplio que, desde antiguo, la Corte Suprema de Justicia
de la Nación confirió a ese precepto, es decir, comprensivo de todos
los derechos patrimoniales de la persona fuera de su vida y su libertad
(CSJN, Fallos 145:397).
En función de lo expuesto, recaen sobre la aseguradora
morosa, que optó por llevar adelante este proceso para la
determinación de una conducta que se le reclamó, las ulteriores
consecuencias que de ella derivaron, consecuencias que, en cuanto
aquí interesa, se configuraron al modificarse el régimen al que se
obligó la propia aseguradora oportunamente (conf. CNCiv. Sala “M”,
“Sione, Claudia Susana y otro c/ Santana, Matías Oscar Jesús y otros
s/ Daños y perjuicios”, del 7/12/2018).
Repárese que las prohibiciones del art. 10° de la Ley
23.928 no eximen al sentenciante de consultar elementos objetivos de
ponderación de la realidad que den lugar a un resultado razonable y
sostenible (conf. CSJN, Ac. 28/2014) y, en tal sentido, ha sido la
propia autoridad de aplicación la que, a través de distintas normas,
estableció sucesivamente los límites y pautas a los que debe ajustar su
actuar una empresa como la citada en garantía, en función de los
términos en que se obligó y el régimen legal al que se encuentra
alcanzada. Pues en materia aseguradora, la regulación estatal apunta a
encauzar una actividad específica, en la que convergen intereses
vinculados no sólo con las economías privadas sino con la nacional,
la producción general y la confianza pública, por lo que es necesario
un control permanente que se extiende desde la autorización para
operar hasta la cancelación.
El Estado, a través del órgano de control, realiza la
vigilancia en consideración a la protección que requiere la mutualidad
de asegurados que, de lo contrario, se hallaría desprotegida. Y
también de los terceros, beneficiarios en ciertas ocasiones de la
prestación de seguros o cuando, por su condición de damnificados,
adquieren privilegio sobre la suma asegurada y sus accesorios. Para

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ello, la Superintendencia de Seguros de la Nación tiene asignadas
funciones que deben serle reconocidas con amplitud para apreciar los
complejos factores de datos técnicos que entran en juego en la
materia, a fin de salvaguardar los fines que le son propios y el bien
común (conf. Stiglitz, Rubén S., “Derecho de Seguros”, T° I, pág. 43,
Ed. La Ley).
Desde esa perspectiva, la efectiva oponibilidad del límite
del seguro deberá ajustarse a las normas vigentes al momento del
efectivo pago por parte de la citada en garantía, pues, de ese modo se
atiende a una cierta limitación en la responsabilidad de la
aseguradora, tal como se pactó oportunamente y, al mismo tiempo, se
satisface la necesaria “fuente jurídica” a la que alude la Corte
Suprema de Justicia en el precedente citado para justificar la medida
de su obligación (conf. cons. 12°, Fallos 340:765).
Una solución en sentido contrario equivaldría a premiar
el accionar de una parte que impone a la otra la necesidad de llevar
adelante un proceso judicial por largo tiempo, partiendo de la certeza
de que su obligación habrá de encontrarse circunscripta sine die a una
determinada suma de dinero inalterable en el tiempo. Esta conducta
resulta reñida con el principio de buena fe y, en tanto se encuentra
alcanzada por las prescripciones del art. 10 del Código Civil y
Comercial de la Nación, es un deber de los jueces evitar las
consecuencias de tal proceder. Se trata de pautas que gobiernan no
solo la concertación de los contratos, sino su ejecución y su
interpretación. Y, naturalmente, el contrato de seguro no puede
permanecer al margen de esa directiva legal (conf. Barbato, Nicolás,
“Derecho de Seguros”, Ed. Hammurabi, p. 80 y ss.; SCJBA,
"Martínez, Emir contra Boito, Alfredo Alberto. Daños y perjuicios",
21/02/18; CNCiv., Sala J, “Echave, Elena F. c/ Rojas GNC SRL s/
Daños y perjuicios”, 22/02/21).
Como corolario de todo lo cual, se estima ajustado a
derecho que el límite del seguro de marras se ajuste a la norma
vigente de la Superintendencia de Seguros de la Nación a la fecha del
efectivo pago (conf. CNCiv., Sala “J”, c. “Godoy, Juan P. c/
Trasancos, Lucas A. s/ Daños y perjuicios”, 12/04/21); por lo que con
tales alcances y, en lo demás, en los términos del art. 118 de la Ley

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17.418, la condena se hará extensiva a Compañía de Seguros La
Mercantil Andina S. A.
VI.- Resuelta de tal forma la cuestión atinente a la
responsabilidad, me detendré a examinar los rubros que integran el
reclamo. Pues como se ha dicho, “probado el daño (art. 1744),
probados los factores de atribución de responsabilidad, sean estos
objetivos o subjetivos (art. 1734) o la existencia de eximentes (art.
1718, 1720, 1729, 1730/1733) como la prueba de la relación de
causalidad (art. 1736) entre otras cosas, el juez estará en condiciones
de evaluar el daño... Para ello procederá a verificar todas las
variaciones intrínsecas del daño, pasadas y futuras como soporte de la
extensión del deber de indemnizar el daño injusto que impondrá a su
autor” (Amadeo Eduardo Traverso, “La Estimación de Daños en el
Código Civil y Comercial de la Nación”).
Ahora bien, el daño resarcible (esto es, lo que se
indemniza y que constituye el presupuesto necesario para el
surgimiento de la obligación pertinente) no es la lesión, sino las
concretas consecuencias perjudiciales de dicha lesión, sean
patrimoniales o espirituales; lo que puede concluirse a partir de la
conjunción de cierto número de normas que integran el articulado del
CCyCN., como ser los arts. 1726, 1738, 1740 o 1741, entre otros.
Asistiéndole la razón, pues, a Alterini cuando explicaba en algún
momento que, por un lado, en sentido amplio, hay daño toda vez que
se lesiona un interés o un derecho subjetivo, mientras que, por el otro,
para que haya daño en sentido estricto la lesión debe recaer sobre
ciertos intereses o derechos subjetivos, patrimoniales o
extrapatrimoniales, cuyo menoscabo genera -en determinadas
circunstancias- una sanción patrimonial; siendo este último
significado el que aquí adquiere relevancia, en torno de la reparación
civil.
Interesa aquí el daño en cuanto presupuesto necesario
para el surgimiento de la obligación resarcitoria que nace en cabeza
del responsable; obligación, además, que viene a ser precisamente la
sanción que el ordenamiento le impone a este. Nótese, en este
sentido, que, según afirma Galdós, “la indemnización tiene carácter
patrimonial porque consiste en una obligación de dar (dinero o cosas)

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o de hacer (reparar el daño, publicar la sentencia condenatoria por
daños a la intimidad, etc.)”. Dicha orientación también seguía Leiva
al sostener que “la indemnización es el resultado, los efectos o
repercusiones que provoca el evento dañoso. El objeto de la
indemnización procura restablecer a la víctima a la situación anterior
al evento dañoso y se concreta en el nacimiento de una obligación -en
sentido técnico- de dar (dinero o cosas), de hacer (una construcción,
la publicación de una retractación) o de no hacer (abstenerse de
volcar efluentes contaminantes a un curso de agua), y por lo tanto,
siempre tendrá carácter patrimonial, aunque el interés que subyace
pueda no tenerlo” (conf. Alejandro A. Fiorenza, “El daño resarcible
en el nuevo Código Civil y Comercial”, E.D. 07/3/2018, Nº 14.362,
LVI, 276, con citas de Atilio A. Alterini en “Responsabilidad civil”,
3ª ed., Bs. As, Abeledo-Perrot, 1999, pág. 123; Jorge M. Galdós,
“Código Civil y Comercial…”, pág. 482 y Claudio F. Leiva, “La
noción de daño…”).
El Código Civil y Comercial ha fijado el criterio de la
“reparación plena” (art. 1740) lo que significa, en la medida que sea
posible, restituir la situación del damnificado al estado anterior al
hecho dañoso.
En ese sentido se ha dicho que cuando se afirma que la
reparación debe ser plena o integral se alude a que debe indemnizarse
todo daño causado, pero todo el daño no alude al daño material, sino
al daño jurídico que es indemnizado en cuanto tenga adecuada
relación causal con el hecho. Ello en cuanto la plenitud del
resarcimiento debe interpretarse en sentido jurídico, y no de plenitud
material, es decir dentro de los límites que la ley ha fijado, con
carácter general, para la responsabilidad civil (Márquez, José F.
-Sappia, María Candelaria, “La reparación integral del daño. Su
consolidación en la Constitución, la doctrina, la jurisprudencia y en el
Proyecto de Código Civil y Comercial de la Nación 2012”, RCyS
2013-IX-12).
Es que se responde por las consecuencias normales y
previsibles del hecho, en rigor consecuencias inmediatas y mediatas
previsibles. Las demás consecuencias, por más que provengan del
mismo hecho y que este sea el antecedente ineludible de su

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producción, no serán resarcibles por su anormalidad y se consideran
fortuitas o casuales, indiferentes para la responsabilidad civil y
exorbitantes al principio de reparación plena. La ley le impone límites
al daño material, pasible de expandirse infinitamente, en razón de la
conexión con hechos concomitantes y futuros imprevisibles (Orgaz,
Alfredo; “El daño resarcible (actos ilícitos), Ed. Depalma, Buenos
Aires, 1967, 3ª edición actualizada, p. 120).
Categóricamente, explicó Orgaz que por reparación
integral no debía entenderse su sentido semántico amplio; sino algo
más reducido: que debe repararse todo el daño devenido del hecho
con relación causal adecuada.
A la vez la reparación plena compele (art. 1748) a la
determinación actualizada de los valores resarcitorios a la fecha de
dictar sentencia, bastando la necesidad de estimar el monto al
momento de demandar; pues resulta ser luego un resorte exclusivo
del juzgador fijar el monto de acuerdo al criterio de la realidad
económica y sin que con ello implique la violación del principio de
congruencia (conf. Tercera Cámara de Apelaciones en lo Civil,
Comercial, Minas, de Paz y Tributario de Mendoza, c. Nº
46.621/51.372, “Campos Aníbal Alberto y/o PSHM c/. Leopoldo
Caparros y/o s/. Ds. y pjs.”, del 26///2016).
El restablecimiento de la situación anterior de la víctima
debe hacerse a la fecha de la sentencia, al valor real y no al histórico.
Pues el tiempo de la valuación judicial del daño es el de la sentencia,
en el que se atiende a las denominadas variaciones intrínsecas del
daño y se determina la eventual alteración del curso de la moneda,
que es un factor que incide en la indemnización (conf. Jorge Mario
Galdós, en Lorenzetti, Ricardo L., “Código Civil y Comercial de la
Nación Comentado”, T. VIII, pág. 533).
Este es además el principio general que establece el art.
772 del CCyCN. para las deudas de valor; pues donde el interés del
acreedor persiga obtener un valor medible en dinero, “el monto
resultante debe referirse al valor real al momento que corresponda
tomar en cuenta para la evaluación de la deuda...” (en tal sentido,
Herrera, Caramelo y Picasso, Código Civil y Comercial Comentado.,
Tº III, ed. Infojus).

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Por lo demás, ya desde antaño se ha dicho que la fijación
de montos actualizados no colisiona con el principio de congruencia,
pues cuando en las demandas se reclama una suma determinada pero
se lo sujeta a lo que en más o en menos resulte de la prueba, o de la
ponderación del magistrado, es posible acordar una suma
indemnizatoria superior a la peticionada por un reclamo dependiente
de prueba (conf. De los Santos, Mabel; “Flexibilización de la
congruencia”, en La Ley del 22.11.07).
a) Daño físico, daño psíquico, daño estético por
secuela cicatrizal y gastos por tratamiento psicoterapéutico:
En esta materia, respecto de la cuantificación del daño el
Código Civil y Comercial establece que la indemnización debe ser
evaluada mediante la determinación de un capital cuyas rentas cubran
la disminución de las aptitudes del damnificado para realizar
actividades productivas o económicamente valorables, y que se agote
al término del plazo que razonablemente pudo continuar realizando
tales actividades. Y “si bien la redacción de la norma podría dar
margen a otra interpretación, dado que la referencia a la
determinación del capital que genere rentas no está sindicada como la
única modalidad de cuantificación, mantienen vigor los criterios
interpretativos que confieren al razonable arbitrio judicial la función
correctora por excelencia para cuantificar los daños” (conf. Jorge
Mario Galdós, en Lorenzetti, Ricardo L., “Código Civil y Comercial
de la Nación Comentado”, T. VIII, pág. 527).
En cuanto a la utilización de las fórmulas en sus distintas
denominaciones ("Vuotto", "Marshall", "Las Heras-Requena",
“Vuotto II” etc.), se ha dicho con acierto que se trata en realidad, en
todos los casos, de la misma fórmula, que es la conocida y usual
ecuación para obtener el valor presente de una renta constante no
perpetua (Acciarri, Hugo – Irigoyen Testa, Matías I., “Algunas
acotaciones sobre las fórmulas para cuantificar daños personales”,
Publicado en: RCyS 2011-VI, 22).
Dichas reglas de cálculo no tienen por qué
indefectiblemente atar al juzgador, sino que lo deben guiar hacia el
umbral, a partir del cual el juez puede y debe realizar las correcciones

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necesarias atendiendo a las particularidades del caso concreto, pero
evidentemente dando las razones por las cuales entiende que debe
indemnizarse en más o en menos de la suma finalmente obtenida con
el empleo de dicho método de cálculo (Pizarro-Vallespinos,
Instituciones de Derecho Privado - Obligaciones, tº. 4, p. 318; Zavala
de González, op. cit., t. 2a, p. 504).
Conforme a estos lineamientos entiendo que resulta
necesario realizar el juicio de valor respecto del material probatorio
alcanzado, verificando además si el monto pretendido por la actora,
con el criterio de la realidad económica se arriba a una suma que debe
calificarse como suficiente indemnización comprensiva de los
padecimientos sufridos (Tercera Cámara de Apelaciones en lo Civil,
Comercial, Minas, de Paz y Tributario de Mendoza, fallo cit.).
En efecto, el art. 1746 del CCCN prevé la indemnización
del daño patrimonial por alteración, afectación o minoración, total o
parcial, de la integridad física y psíquica de la persona, admitiendo
que su cuantificación pueda también ser fijada por aplicación de un
criterio matemático, como parámetro orientativo sujeto al arbitrio
judicial. El artículo se refiere a la incapacidad permanente y también
recepta la presunción de gastos y erogaciones que se derivan de las
lesiones o incapacidad. En caso de incapacidad permanente la
indemnización es procedente aunque la víctima siga trabajando
porque lo que se tutela es la integridad de la persona, su plenitud, aun
cuando no desarrolle en concreto tareas remuneradas o productoras
de bienes caso de ancianos, discapacitados, desocupados al momento
del hecho, etc. (Jorge Mario Galdós, ob. cit., pág 523).
Ahora bien, la afectación de la integridad física o
psíquica que arroja una secuela que impide temporaria o
definitivamente el restablecimiento del estado de cosas de que gozaba
la persona con anterioridad al suceso dañoso, habrá de indemnizarse
adecuadamente de acuerdo con las particulares circunstancias de cada
caso, pues no todo ataque contra la integridad corporal o la salud de
una persona genera incapacidad. A tal efecto, es menester la
subsistencia de las secuelas que el tratamiento o asistencia prestados
a la víctima no logran enmendar o no lo consiguen totalmente.

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Así, los daños psicofísicos y la consiguiente incapacidad
deben acreditarse mediante la prueba pericial. El dictamen del
experto tiene importancia no sólo para mensurar la índole de las
lesiones y su gravitación negativa en la capacidad del sujeto, sino
también con el objeto de esclarecer la relación causal con el accidente
(Zavala de González, "Resarcimiento de daños", 2a, Daños a las
personas, página 359).
El porcentaje de incapacidad definido en el informe del
perito médico y las demás características personales de la víctima, su
condición social, familiar, sexo, edad y condiciones de trabajo
presentes y futuras, permiten obtener una suma prudencial que tiende
a mitigar las consecuencias económicas sufridas por aquélla como
consecuencia de su lesión. El porcentaje que se adjudique a la
incapacidad es decisivo en tanto y en cuanto incida en la situación
actual de la víctima y en sus posibilidades futuras. Lo que interesa
propiamente no es, entonces, la minusvalía física considerada en si
misma, sino su proyección o trascendencia en la actividad o aptitudes
del sujeto (Zavala de González, obra citada, página 366).
De tal forma, lo que importa "desde el puro ángulo
patrimonial, no es medir la extensión del daño en relación con el
valor objetivo que tiene para toda persona su integridad física, sino
medir, conforme al principio del "interés", las repercusiones
estimables del sacrificio inferido a la víctima en función del concreto
empleo que ella hacía de su cuerpo o de la parte del mismo que
resultó dañada" (Melich Orsini, "La reparación de los daños por el
juez", en Estudios de Derecho Civil, página 338).
El resarcimiento por incapacidad sobreviniente tiene por
finalidad cubrir no sólo las limitaciones de orden laborativo, sino
también la proyección que aquélla tiene con relación a todas las
esferas de la personalidad de la víctima, la disminución de su
seguridad, la reducción de su capacidad vital, el empobrecimiento de
sus perspectivas futuras, etc. Comprende, con excepción del daño
moral, todos los supuestos susceptibles de reparación patrimonial,
incluso los daños a la salud, a la integridad física y psíquica, como así
también al aspecto estético, es decir, todas las consecuencias que
afecten la personalidad íntegramente considerada.

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A los fines de fijar la cuantía del rubro se habrá de tener
en cuenta la doctrina de la Corte Federal según la cual el derecho a la
reparación del daño injustamente experimentado tiene jerarquía
constitucional (art 19 de la C.N.).
Este fundamento se ha plasmado, como se dijo, en el
Código Civil y Comercial, cuyo art 1740 indica que la indemnización
"debe ser plena" y que ése carácter consiste en la restitución de la
situación del damnificado al estado anterior al hecho dañoso.
Y aún cuando la utilización de cálculos matemáticos o
tablas actuariales surgieron como una herramienta de orientación,
existen otra serie de elementos que permiten al juez mayor
flexibilidad para fijar el monto, se trata de las denominadas
"particularidades" de cada situación específica que, en muchísimos
casos son insusceptibles de ser encapsuladas dentro de fórmulas ni
pueden ser mensuradas en rígidos esquemas aritméticos. Por lo tanto
se tomarán los guarismos que surgen a partir de la fórmula,
enriquecidos y complementados con la ponderación de los elementos
vitales que surjan acreditados, a fin de evitar que la frialdad de una
ecuación aritmética cierre la mirada a lo justo en concreto que es, en
definitiva, aquello que los jueces tienen el deber de resolver mediante
una resolución razonablemente fundada (conf. CNCivil, Sala “M”, c.
M056556, “Salva María Susana c/. Melenik Pablo Martín y otros s/.
Daños y perjuicios”, del 17/04/17 - Sumario n° 26069 de la Base de
Datos de la Secretaría de Documentación y Jurisprudencia de la
Cámara Civil).
En cuanto al daño psíquico, se lo conoce como una clase
de lesión a la persona que constituye fuente de daños resarcibles y no
se identifica con el daño moral, aunque ciertamente puede generarlo (
Zavala de González, Matilde, “Tratado de daños a las personas-
Disminuciones psicofísicas”, T. 1, pág. 110, editorial Astrea). Dentro
de esta perspectiva, el daño psíquico supone una perturbación
patológica de la personalidad de la víctima, que altera su equilibrio
básico o agrava algún desequilibrio precedente.
Comprende tanto las enfermedades mentales como los
desequilibrios pasajeros pero, ya sea como situación estable o bien
accidental y transitoria, implica en todo caso una faceta morbosa que

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perturba la normalidad del sujeto y trasciende en su vida individual y
de relación. Existe la posibilidad de que la víctima experimente un
daño exclusivamente psíquico, sin lesiones corporales. Es decir, aquél
no debe ser restringido al proveniente de una agresión anatómica.
La doctrina ha señalado que el menoscabo físico o
psíquico que puede padecer una persona, sin perjuicio de tener en
cuenta las consecuencias disvaliosas patrimoniales o
extrapatrimoniales, por su sola existencia, constituye un daño jurídico
porque vulnera un derecho reconocido a toda persona por el Código
Civil, la Constitución Nacional y los Tratados Internacionales sobre
Derechos Humanos, como es el derecho a su integridad
psicosomática. Por ello, es resarcible con independencia de las
consecuencias patrimoniales o morales que pudiere ocasionar (cfr.
Alferillo, Pascual E., “El daño psíquico. Autonomía conceptual y
resarcitoria”, diario La Ley del día 7 de octubre de 2013).
Nuestros tribunales, por su lado, han resuelto que “para
cuantificar el daño psíquico, no debe asignarse un valor absoluto a los
porcentuales informados por el perito, sino que es menester
compulsar la efectiva medida en que la mengua psíquica repercutirá
patrimonialmente en la situación de la lesionada -en el caso, tenía 71
años de edad, se mantenía activo puesto que trabajaba en el hotel de
propiedad familiar desarrollando tareas de conserjería-, tanto sea en
la disminución de sus aptitudes para el trabajo, como en otros
aspectos de la vida social” (CNCiv., Sala “A”, 16/5/00, LL, 2000-E
-924, N° 15.273).
En sentido similar, se decidió que “la existencia de un
porcentaje de incapacidad psicológica no es decisiva a fin de
determinar el quantum de la indemnización respectiva, pues las
estimaciones periciales no pueden prevalecer sobre la concreta
incidencia patrimonial que las secuelas puedan tener sobre la
personalidad de la víctima según su naturaleza y entidad y las
circunstancias personales y sociales en que se desenvuelve su vida” (
CNCiv., Sala “I”, 4/5/00, ED, 189-210).
Por último, en cuanto al daño estético existe discrepancia
doctrinaria y jurisprudencial en torno a la naturaleza de este perjuicio.
Por un lado, hay quienes sostienen que se trata de daño material,

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puesto que -según ellos- incide sobre las posibilidades económicas y
la vida de relación de quien lo padece, siendo -por ende- acumulable
al resarcimiento del daño moral. Por su parte, otra tendencia aduce
que únicamente lesiona las afecciones legítimas de las personas, por
lo que integraría la reparación de aquél último perjuicio.
Al respecto, nuestro Máximo Tribunal de Justicia señaló
que este ítem “no es autónomo respecto al material o moral, sino que
integra uno y otro o ambos según el caso” (CSJN, 27/05/2003, “Sitjá
y Balbastro, Juan Ramón c/ La Rioja, Provincia de y otro”, Fallos
326:1673; Idem., 29/06/2004, “Coco, Fabián Alejandro c/ Buenos
Aires, Provincia de y otros”, Fallos 327:2722).
Así, puede repercutir patrimonialmente cuando incida en
las posibilidades económicas de la persona lesionada, o bien
conformar sólo una afección moral, por los sufrimientos y
mortificaciones que la propia fealdad incorporada provoca en la
víctima (conf. Llambías, J. J. “Tratado de Derecho Civil
Obligaciones”, t. IIB, p. 364, n1 5; Zannoni, E., “El daño en la
Responsabilidad Civil”, p. 160, nº 45).
No obstante, lo cierto es que, en realidad la lesión
estética provoca intrínsecamente daño a un bien extrapatrimonial: la
integridad corporal, lesión que siempre, por ende, provocará un
agravio de tipo moral y que puede, o no, afectar el aspecto
patrimonial del individuo damnificado. Si lo provoca, se estará en
presencia de un daño patrimonial indirecto, habida cuenta que
–además de la afección extrapatrimonial- indirectamente se traduce
en perjuicios de aquel tipo que pueden ser tanto daños emergentes
-como los gastos de curación de las lesiones-, cuanto lucro cesante
-pérdida de la fuente de trabajo o disminución de él- (conf.
Kemelmajer de Carlucci, en Belluscio, op. y loc. cit., pág. 222; C. N.
Civ., Sala E, causas 81.847 del 18-2-91, 53.570 del 21-11-89, 29.837
del 31-8-87; ìd., c. 89.040 del 18-3-92).
En el caso particular que analizo, surge de la
contestación agregada en calidad de prueba informativa con fecha 18
de diciembre de 2023, de la Clínica Modelo de Morón y del “historial
médico N° 980.903” remitido con tal responde, que el aquí
demandante Federico Iván Vega fue asistido el día 03/05/2021 en el

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referido nosocomio, con cobertura de OSDE, presentando “gonalgia
derecha, post accidente vial, se solicitó rmn rodilla, aines según
necesidad”; que el día 05/05/2021 se consignó bajo el rótulo
“Evolución”: “ruptura lca rodilla derecha, más síndrome meniscasl,
se solicitó fkt, tac y prequirúrgico”. Consta anotado el día
02/06/2021: “rodilla, ruptura lca, más meniscal, profesión jugador
prof. futbol, se plantea plástica lca, solicito prequirúrgico”.
Asimismo, con fecha 09 de febrero de 2024 se agregó,
también en calidad de prueba informativa, la contestación del
Licenciado en Kinesiología Fisiatra Alex Herrera Ortega, quien
afirmó la autenticidad del certificado de fecha 12 de abril de 2023
agregado como prueba documental con el escrito de demanda, donde
consta que el profesional informaste asistió a Federico Vega a través
de OSDE, “por su rehabilitación de rodilla derecha, como
consecuencia de cirugía… Durante los meses de agosto - septiembre
de 2021 … año 2023, mes de marzo y abril… Tratamiento:
magnetoterapia, electroestimulación fortalecimiento muscular”.
Agregó el infórmate que: “que si fue atendido el paciente
FEDERICO IVAN VEGA DNI 41543344 con motivo de accidente de
tránsito que el mismo sufriera en fecha 29 de abril de 2021”.
Con fecha 25 de febrero de 2025 presentó el informe que
se le encomendara en autos el perito médico legista designado de
oficio, Dr. Juan Carlos Caputo, quien con fundamento en examen
físico clínico que el día 29/11/2024 realizara al aquí demandante
Federico Iván Vega; a lo que este litigante le manifestara con relación
al accidente de tránsito que motiva esta litis y que el experto refirió; a
las constancias de interés médico legal agregadas al expediente; a los
estudios complementarios que reseñó y explicó, informó que el
examinado “En la actualidad alega secuela física en rodilla derecha,
y en la esfera psicológica a consecuencia del accidente”; que en la
inspección “Se observó una cicatriz en la cara interna de la rodilla
sobre la pata de ganso de forma lineal de 5 cm de longitud, 0,5 cm de
ancho, paralela al eje longitudinal de la tibia, normo crómica. Se
apreció discreta hipotrofia muscular del muslo derecho en
comparación con el muslo izquierdo. La perimetría del muslo
derecho fue de 53 cm y del muslo izquierdo de 54 cm. La perimetría

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de la rodilla derecha fue de 43 cm y la de rodilla izquierda de 43
cm.”. Que el psicodiagnóstico “Informa Trastorno por Estrés
Postraumático Crónico”.
Consideró y concluyó el experto médico legista que “El
caso de autos trata del actor de 25 años de edad que alega secuela
física en rodilla derecha y en la esfera psicológica, a consecuencia
de accidente de tránsito acontecido el 29/4/2021. Del exhaustivo
examen clínico, físico, los estudios complementarios y los registros
médicos, se pude determinar lo siguiente: de la completa y atenta
lectura de la historia clínica obrante en autos, el actor había sufrido
un esguince de rodilla derecha previo al siniestro, motivo por el
cual realiza consulta médica el 4/1/2021 y el 11/1/2021
mencionadas en el apartado antecedentes (AFS 2/28 Documental).
Por lo tanto no corresponde la relación de causalidad entre el
accidente denunciado y la lesión en la rodilla derecha”.
Las conclusiones periciales reseñadas fueron
impugnadas con fecha 10 de marzo de 2025 por el demandante
Federico Iván Vega, quien además pidió que se decrete la nulidad del
informe pericial por considerar que consiste en afirmaciones
dogmáticas del experto y carece de fundamentos científicos -planteo
nulidificante que reiteró con fecha 24 de marzo de 2025, el que fue
rechazado mediante el decisorio datado el 07 de abril de 2025, la cual
que al presente se encuentra firme-.
Sostiene asimismo el impugnante que el experto
prescribió la realización de un psicodiagnóstico, el cual fue agregado
a las actuaciones; no obstante lo cual el auxiliar de justicia no
respondió a los puntos de pericia ofrecidos en el área psicológica; por
lo que requiere que se intime al Dr. Caputo a responder al
cuestionario propuesto en tal especialidad.
Señala además que el perito médico legista, en el
apartado antecedentes de su informe indica que los días 04/01/2021 y
11/01/2021 el actor sufrió esguince de rodilla derecha y “se observa
en la RMN Lesión de Ligamento lateral interno y lesión de ligamento
cruzado. No se informa como ruptura completa”; reseña el resultado
de la RMN (resonancia magnética nuclear) realizada con fecha
posterior a la producción del accidente de tránsito que nos ocupa y

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solicita que el Dr. Caputo en base dicha RMN informe las lesiones
que surgen de dicho estudio “y explique que no se corresponden con
los antecedentes previos”; que “posteriormente diga el perito qué
incapacidad presenta el actor a partir del accidente (física y psíquica
/ psicológica)”.
Agrega Federico Iván Vega que sin perjuicio de todo lo
cual impugna la valoración efectuada por el espeto médico legista
“toda vez que de la lectura de las constancias médicas se puede
apreciar que previo al accidente el actor sufrió una lesión menor en
la rodilla derecha que no ameritó intervención quirúrgica, la que sí
tuvo lugar luego de acaecido el accidente de marras producto del
impacto y golpe recibido en la rodilla derecha que determinó como
surge palmariamente de la historia clínica”.
A tales cuestionamientos y requerimientos contestó con
fecha 16 de marzo de 2025 el Dr. Juan Carlos Caputo y sostuvo allí
que la descripción que efectuó en la pericia médica oportunamente
presentada se fundó en un examen clínico, físico y funcional
realizado con rigor científico.
Explicó que “La rotura del Ligamento Cruzado Anterior
de la rodilla se produce generalmente durante actividades físicas que
implican un estrés significativo. Esto incluye deportes como el fútbol,
basketball, tennis, paddle, esquí y gimnasia. El mecanismo lesional
es por cambiar de dirección rápidamente, detenerse repentinamente,
aterrizar de un salto incorrectamente, girar la rodilla al correr. El
4/1/2021 y el 11/1/2021 el actor fue evaluado por un especialista en
traumatología y ortopedia en el Sanatorio Clínica Modelo De Morón
debido a un esguince de rodilla derecha jugando al fútbol,
registrando en la evolución del día 11/1/2021 que observa en la
Resonancia Magnética Nuclear solicitada el 4/1/2021 una lesión del
ligamento cruzado anterior positiva, distensión del ligamento lateral
interno. Lesión del ligamento cruzado anterior positiva es sinónimo
de desgarro, rotura. Ésta no es una urgencia médica. Una persona
con esta lesión puede deambular, conducir un vehículo, trotar, y en
la práctica medico asistencial se resuelve en forma diferida
realizando una reconstrucción artroscópica cuando está indicada”.

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Por otra parte, refirió el auxiliar de justicia que “El
psicodiagnóstico efectuado por el especialista es correcto
metodológicamente, la conclusión diagnóstica no tiene carácter
vinculante” y finalmente ratificó todo lo expuesto en el informe
pericial.
Reseñado en los términos transcriptos el informe médico
legal presentado por el Dr. Juan Carlos Caputo; las impugnaciones
formuladas por la parte actora y las fundadas respuestas brindadas
por el auxiliar de justicia, debo concluir que los cuestionamientos
efectuados -sin asesoramiento profesional en las especialidades de
que se trata, destaco- no demuestran que el perito médico legista
hubiera incurrido en algún error u omisión, sino que constituyen
meros disensos que no le restan al informe pericial su eficacia
probatoria, la cual pondero a en esta sentencia de grado conforme a
las pautas de los arts. 386, 477 y cctes. del Cód. Procesal.
Recuerdo aquí que si bien el perito es un auxiliar de la
justicia y su misión consiste en contribuir a formar la convicción del
juzgador, razón por la cual el dictamen no tiene, en principio, efecto
vinculante para él (art. 477 del Cód. Procesal; CNCiv. Sala “E”, en
E.D. 89-495 y sus citas), la circunstancia de que el dictamen no
obligue al juez -salvo en los casos en que así lo exige la ley-, no
importa que éste pueda apartarse arbitrariamente de la opinión
fundada del perito idóneo, en tanto la desestimación de sus
conclusiones ha de ser razonable y fundada (conf. fallo citado y votos
del Dr. Mirás en causas 34.389 del 9-2-88 y 188.579 del 26-3-96 y,
en el mismo sentido, CNCiv. Sala D en E.D. 6-300; Colombo,
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. Anotado y
comentado, 4a. ed., t. I pág. 717 y nota 551).
En efecto, la función de la prueba pericial es de
asesoramiento pues se trata de cuestiones ajenas al derecho respecto
de las cuales el juez no tiene conocimientos específicos. No será el
perito quien defina el pleito, pero es indudable que, fundando
debidamente su informe, su opinión tiene mayor peso y sustento. La
opinión de los litigantes no puede prevalecer sobre sus conclusiones,
en especial si se advierte que no hay argumentos valederos para
demostrar que éstas fueron irrazonables. La solvencia técnica que se

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desprende de cada profesión indica que la prueba pericial es la más
adecuada, de ahí su importancia en algunos rubros. Su opinión es el
fruto del examen objetivo de circunstancias de hecho, de aplicación a
ellas de los principios científicos inherentes a la especialidad y de los
razonamientos que siguen para dar respuesta a los temas sometidos a
su dictamen (conf. CNCiv., Sala D, 26/12/97, “Grillo Antonia N. c/
Orselli, Jorge y Otro s/ Daños y perjuicios).
Consecuentemente la sana crítica aconseja, frente a la
imposibilidad de esgrimir argumentos científicos de mayor peso,
aceptar las conclusiones informadas por el perito médico legista, Dr.
Juan Carlos Caputo.
Dicho ello, debo destacar que si bien el experto médico
legista señaló que el psicodiagnóstico agregado en autos informa la
existencia de “Trastorno por Estrés Postraumático Crónico” en el
demandante Federico Iván Vega, no puedo obviar que el auxiliar de
justicia no sostuvo que tal afección sea consecuencia del accidente de
tránsito que motivas la litis, ni estableció un porcentaje de
incapacidad por aquella, sino que se limitó a sostener que “El
psicodiagnóstico efectuado por el especialista es correcto
metodológicamente, la conclusión diagnóstica no tiene carácter
vinculante”.
Por otra parte, con relación a la secuela cicatrizal
informada por el perito médico legista (una cicatriz en la cara
interna de la rodilla sobre la pata de ganso de forma lineal de 5 cm
de longitud, 0,5 cm de ancho, paralela al eje longitudinal de la tibia,
normo crómica), debo señalar que el experto auxiliar de justicia no ha
confirmado que aquella fuera consecuencia del accidente de tránsito
que nos ocupa, ni estableció un grado de incapacidad por aquella.
Sobre tales bases y dado que no se ha comprado
pericialmente que como consecuencia del hecho que motiva esta litis
Federico Iván Vega presente secuelas físicas, psíquicas y/o estéticas,
como así tampoco la necesidad de que realice alguna terapia
psicológica, habré de rechazar las partidas indemnizatorias
reclamadas por dicho litigante, por los conceptos daño físico, daño
psíquico, daño estético por secuela cicatrizal y gastos por
tratamiento psicoterapéutico.

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b) Gastos de asistencia médica, de medicamentos y de
traslados:
Por los conceptos del título reclama Federico Iván Vega
la suma total de $40.000.- y/o la que en más o en menos corresponda.
En la materia, el art. 1746 del CCCN presume la
realización de los gastos médicos, farmacéuticos y por transporte que
resulten razonables en función de la índole de las lesiones o la
incapacidad sufrida por el damnificado.
Esta norma recepta de manera expresa lo que ya
jurisprudencialmente venían reconociendo nuestros tribunales al
sostener que no es obstáculo para admitir el rubro por gastos de
asistencia médica y de farmacia la circunstancia de que no se hayan
acompañado comprobantes pues esos gastos deben ser admitidos
siempre que las lesiones sufridas presupongan necesariamente su
existencia y aun cuando la víctima haya sido tratada en un
establecimiento gratuito o dependiente de una obra social (Conf.
CNCiv., Sala A, 2-7-90, L.L. l990-E-297; id. id. 20-6-89, LL 1991-C
-65; id. Sala C, 2l-9-89, L.L. l990-A-677, 38.l25-S; id. id. l0-l0-89,
L.L. l990-B-l9l; id. Sala K, 21-12-89, LL 1991-E-617).
En cuanto a los gastos de movilidad, cabe precisarlo,
éstos son erogaciones que pueden inferirse a partir de la naturaleza de
las lesiones sufridas y de la necesidad -de parte de la víctima- de
realizar traslados ([Link]., al hospital, clínica o consultorio médico). En
estos casos, corresponde admitir su resarcimiento pues, al igual que
los gastos de vestimenta o servicio doméstico, se trata de
consecuencias que debe asumir el responsable del hecho dañoso.
Al ser ello así, corresponde admitir el mayor gasto que
insume la realización de los traslados en taxis o remises, si de la
naturaleza de la afección puede inferirse la imposibilidad, dificultad o
peligro de realizar el traslado por medio de colectivos, subterráneos o
subtes (cfr. Pettis, Christian R. en “Proceso de daños” (Dir.:
Claudio M. Kiper, T. II, p. 253, Editorial La Ley, 2008).
Consecuentemente, en atención a la entidad de las
lesiones sufridas por el actor Federico Iván Vega -que se analizaran
en el precedente apartado “a” de este considerando “VI”-; la atención
que recibiera en la Clínica Modelo de Morón y de parte del del

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Licenciado en Kinesiología Fisiatra Alex Herrera Ortega, conforme
antes se mencionó; los controles médicos a los que debió asistir, los
medicamentos que le deben haber recetado y los traslados que debió
realizar a los fines de sus curaciones, sin soslayar que en ambos caos
fue asistido por medio de su obra social OSDE, de conformidad con
los lineamientos referidos en los párrafos precedentes y lo previsto
por el art. 165 del CPCCN, admitiré la partida resarcitoria solicitada
en concepto de gastos de asistencia médica, de medicamentos y de
traslados, fijando prudencialmente su monto (conf. art. 165 del
CPCCN.) en la suma reclamada de pesos cuarenta mil ($40.000.-),
por considerar que el valor pretendido resulta proporcionado en
atención a la asistencia médica mencionada.
c) Daño moral:
Los Dres. Matilde Zavala de González y Ramón Pizarro
han precisado que así como el daño patrimonial constituye una
modificación disvaliosa –“económicamente perjudicial”- del
patrimonio, que se traduce en un modo de estar diferente de aquel en
que se encontraba la víctima antes del hecho y como consecuencia de
éste, del mismo modo “el daño moral es una modificación disvaliosa
-anímicamente perjudicial- del espíritu...”, que se traduce en un modo
de estar de la persona diferente de aquel en que se encontraba antes
del hecho, como consecuencia de éste (cfr. Zavala de González,
Matilde, “El concepto de daño moral”, en JA, 1985-I-729, N° V; íd.
“Resarcimiento de daños”, Hammurabi, Bs. As., 1990, t. 2, a, p. 36,
parág. 8; Pizarro, Ramón D., “Reflexiones en torno al daño moral y
a su reparación”, en JA, 1986-II-900; íd. “Daño moral contractual”,
en JA, 1086-IV-925, N° II-5; ídem, “Daño moral”, Hammurabi, Bs.
As., 1996, p. 47 y ss., parág. 2 y 3).
La jurisprudencia ha definido al daño moral como la
lesión en los sentimientos que determinan dolor o sufrimiento físico,
inquietud espiritual o agravio a las afecciones legítimas y, en general,
toda clase de padecimientos insusceptibles de apreciación pecuniaria
(cfr. CNCiv., Sala “J”, 1/6/93, “Silvero Rodríguez de Aquino,
Eugenia c/ Empresa Transporte Alberdi S.A. y otro”, La Ley, 1993
-E—109 y DJ, 1994-1-141).

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Este daño, fuera de alguna opinión diferente, tiene
carácter resarcitorio y no punitivo. La determinación de su cuantía en
dinero cumple una función de reparación compensatoria o satisfactiva
y en modo alguno de equivalencia de un daño que, por su propia
índole, no es susceptible de valoración económica (cfr. Pizarro,
Ramón, “Daño moral”, p. 339, Ed. Hammurabi, 1996).
Se ha señalado que “mientras que en el daño patrimonial
la valuación se averigua mediante un vínculo de equivalencia con la
indemnización, la cual ingresa “en lugar” del perjuicio; en el daño
moral la indemnización se decide sin ningún elemento que permita
traducir la entidad de aquél en la magnitud de ésta, que se coloca “a
su lado”. No media nexo demostrable entre la entidad del daño y la
importancia de la condena, porque no puede haberlo entre un mal
espiritual y un bien dinerario (debe afrontarse un salto sin puente que
una los extremos)” (cfr. Zavala de González, “Cuánto por daño
moral”, La Ley, 1998-E, 1057).
Para probar el daño moral en su existencia y entidad no
es necesario aportar prueba directa, lo cual es imposible, sino que el
juez debe apreciar las circunstancias del hecho lesivo y las calidades
morales de la víctima a fin de establecer objetiva y presuntivamente
el agravio moral en la órbita reservada de la intimidad del sujeto
pasivo. El daño moral no debe ser objeto de prueba directa pues ello
resulta imposible si se tiene en cuenta la índole del mismo que reside
en lo más íntimo de la personalidad, aunque se manifieste a veces por
signos exteriores que pueden no ser auténtica expresión. Nadie puede
indagar el espíritu de otro tan profundamente como para poder
afirmar con certeza la existencia e intensidad del dolor, la verdad de
un padecimiento, la realidad de la angustia o la decepción (cfr.
Bustamante Alsina, Jorge, “Teoría de la responsabilidad civil”, p.
244; Pizarro, Ramón Daniel, “La prueba del daño moral”, en Rev.
Derecho Privado y Comunitario, N° 13, Prueba-I, 1997; Trigo
Represas, Félix A.-Lopez Mesa, Marcelo J., “Tratado de la
responsabilidad civil”, T. 1, p. 478 y ss.).
Siguiendo a Bustamante Alsina, acerca de la cuantía del
daño conviene puntualizar que si el perjuicio no es mensurable por su
propia naturaleza, no se puede apreciar o establecer por equivalencia

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su valuación dineraria. Se debe recurrir en tal caso a pautas relativas
según un criterio de razonabilidad que intente acercar la valuación
equitativamente a la realidad del perjuicio. Si el daño moral es una
alteración emocional profundamente subjetiva, la apreciación por el
juez para fijar en dinero aquella compensación, debe ser
necesariamente objetiva y abstracta. La indemnización del daño
moral no depende de la representación que de él se hace la víctima
sino de su constatación por los jueces y de su evaluación objetiva en
el límite de lo reclamado en la demanda (“Equitativa valuación del
daño no mensurable”, La Ley, 1990-A, 654; “El daño moral por
lesiones al honor”, La Ley, 1996-E, 522).
Deben tenerse en cuenta, entre otras, las siguientes
pautas para su valoración: personalidad del damnificado, edad, estado
civil, situación social y económica, si es damnificado directo o
indirecto, etc. Estas circunstancias personales deben ser probadas por
la víctima (cfr. Kiper, Claudio M., “Proceso de daños”, T. II, pág. 9
y ss.).
A todo ello cabe agregar que el art. 1740 del CCCN
contempla expresamente la indemnización de las consecuencias no
patrimoniales del evento dañoso, señalando en lo que aquí interesa
que el monto de la indemnización debe fijarse ponderando las
satisfacciones sustitutivas y compensatorias que pueden procurar al
damnificado las sumas reconocidas.
Sobre la base de tales pautas, ponderando las
circunstancias de hecho del accidente antes referidas y la índole de
las lesiones físicas detectadas en el demandante Federico Ivan Vega
-sin perjuicio de la inexistencia de secuelas permanentes derivadas de
tal evento, como se estableció; las características de la atención
médica y tratamientos recibidos; el tiempo de posible convalecencia y
considerando, a su vez, los padecimientos morales que todo ello
debió haberles causado de acuerdo a sus circunstancias personales (de
22 años de edad -nacido el 28/01/1999- a la fecha del accidente de
tránsito que motiva esta litis; de estado civil soltero; -no denuncia
nivel educativo-; conviviendo con su madre y con dos hermanas
menores de edad; y de ocupación desempleado, realizando
esporádicamente changas en mantenimiento de piletas y de

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jardinería en domicilios particulares, conforme surge de las
constancias de estas actuaciones y del incidente de beneficio de
litigar sin gastos n° 69.607/2023/1 que he consultado para este acto),
admitiré la partida indemnizatoria reclamada por dicho litigante, por
el concepto daño moral, fijándola prudencialmente (conf. art. 165
del CPCCN.) en la suma reclamada de pesos un millón ($1.000.000.
-).
e) Pérdida de chance:
La frustración de una chance es la pérdida de la
posibilidad de un beneficio probable futuro, integrante de la facultad
de actuar del sujeto en cuyo favor de la esperanza existe. Privarlo de
esa esperanza, conlleva un daño aun cuando pueda ser dificultoso
estimar la medida de ese daño, porque lo perdido, lo frustrado, en
realidad es la chance y no el beneficio esperando como tal.
El daño por pérdida de chance u oportunidad de
ganancia consiste en que el perjudicado pierde la posibilidad o
expectativa de conseguir o de tener un bien, material o inmaterial. Se
trata de la llamada “parte d´un chance” definida por la doctrina
francesa como la “desaparición de la probabilidad de un suceso
favorable” o pérdida de la oportunidad de obtener una ganancia la
cual tiene que contemplarse de una forma restrictiva y su reparación
nunca puede plantearse en los mismos términos que si el daño no se
hubiera producido y el resultado hubiera sido favorable al
perjudicado.
Sólo debe ser indemnizada cuando alcanza cierto grado
de probabilidad, lo que arroja un pronóstico de certeza sobre su
posible efectivización (cfr. Marcelo J. López Mesa-Félix Trigo
Represas, obra citada, págs.. 84 y sgtes.).
En línea con esta idea subyacente, se ha dicho que
tratándose de la frustración de la chance de una ganancia, esa chance
debe superar el carácter eventual o hipotético y entrañar una
probabilidad suficiente, valorada en cada caso considerando las
circunstancias que lo rodean (conf. CNCiv., Sala B, 9/12/98, “Pigni,
Daniel F. c. Instituto Fasel S.A.”, La Ley, 1999-C-780, J. Agrup.,
caso 13.841).

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En el caso, al peticionar la indemnización por este rubro
el accionante Federico Ivan Vega sostiene que el accionar disvalioso
de la parte aquí demandada determinó la imposibilidad de que el
reclamante prosiguiera con su actividad como jugador profesional de
futbol. Que previo al accidente tenía contrato con el Club San Miguel
por el cual percibía un salario mensual, el cual no fue renovado.
Fundado en tal forma el reclamo indemnizatorio en la
especie, habré de merituar que los testimonios brindados por José
Luis Guevara y por Jonathan Alejandro Cruz Torres en la
audiencia de vista de causa celebrada el día 03 de diciembre de 2025
resultan concordantes al informar que Federico Ivan Vega era
futbolista, desempeñándose profesionalmente en tal deporte conforme
a los dichos del segundo testigo individualizado.
Asimismo, habré de considerar que surge de la
contestación agregada con fecha 09 de agosto de 2024 en calidad de
prueba informativa, del Club Atlético San Miguel, que Federico Iván
Vega al día 29 de abril de 2021 se encontraba vinculado mediante
contrato de fecha 1° de noviembre de 2020 con dicha institución, en
carácter de futbolista profesional y que “A la finalización del plazo
de vigencia del referido contrato, es decir el 31 de diciembre de
2021, el futbolista quedó en libertad de acción, debido a que por
decisión común de ambas partes, no se suscribió nuevo contrato”.
Ahora bien, no puedo obviar que no fue impugnada por
el demandante la prueba informativa reseñada en el párrafo
precedente y que tal diligencia informa expresamente que al
vencimiento del contrato futbolístico de mención “el futbolista quedó
en libertad de acción, debido a que por decisión común de ambas
partes, no se suscribió nuevo contrato”. Nada informó la institución
oficiada que indique que como se afirma en el escrito de demanda, el
futbolista no se encontraba en condiciones físicas de continuar con su
actividad profesional. A lo cual sumo que este jugador y hoy actor,
conforme lo señaló el perito médico legista, ya antes de producirse el
hecho que aquí nos ocupa, ya se encontraba lesionado en el miembro
inferior derecho -que dice haberse dañado en el evento debatido- y
por ello “El 4/1/2021 y el 11/1/2021 … fue evaluado por un
especialista en traumatología y ortopedia en el Sanatorio Clínica

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Modelo De Morón debido a un esguince de rodilla derecha jugando
al fútbol” (sic).
Ello así y aún cuando se verificó que el demandante
Federico Ivan Vega, en la fecha en que se produjo el accidente de
tránsito que motiva esta litis, se encontraba vinculado
contractualmente como jugador profesional de fútbol con el Club
Atlético San Miguel; lo cierto es que no se acredita que el accidente
de autos hubiera incidido en la relación laboral dicha institución
deportiva, toda vez que ya antes de tal evento el actor mencionado se
encontraba lesionado y la relación contractual culminó dado que “por
decisión común de ambas partes, no se suscribió nuevo contrato”,
sin mencionarse la causa de tal decisión.
Como antes dije, la frustración de chance sólo debe ser
indemnizada cuando alcanza cierto grado de probabilidad sobre su
posible realización y en el caso el demandante interesado no aportó
prueba suficiente sobre la efectiva incidencia del accidente de autos
en la eventual frustración de la actividad futbolística profesional que
desarrollaba, como así tampoco demostró que existiera efectivamente
una probabilidad cierta de firmar la renovación o un nuevo contrato
futbolístico
Por lo cual el reclamo efectuado por el actor Federico
Ivan Vega en concepto de pérdida de chance no puede prosperar y
será desestimado.
f) Daño emergente (costo de reparación de la
motocicleta Gilera Smash 110 VS, Dominio A034MJG):
El daño patrimonial es aquel que sufre el perjudicado en
la esfera de su patrimonio, entendido como conjunto de bienes y
derechos de naturaleza patrimonial (Vicente Domingo, Elena; El
daño, en “Tratado de Responsabilidad Civil”, dirigido por F. Reglero
Campos, Aranzadi, Navarra, 2002, página 217, N° 52).
La esencia del daño material o patrimonial se demuestra
mediante la comprobación de sus elementos constitutivos, esto es, el
daño emergente y el lucro cesante. La entidad o magnitud resultarán

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de la extensión e intensidad de la repercusión que produzca aquél en
los elementos del patrimonio (Bustamante Alsina, Jorge; Equitativa
valuación del daño no mensurable, LL 1990-A-654).
Vicente Domingo da una precisa definición del daño
emergente al decir que es el que se refiere al costo de la reparación
necesaria del daño causado y los gastos en los que se incurre en
ocasión del daño. Son los gastos ocasionados, o que se vayan a
ocasionar como consecuencia del evento dañoso y que el perjudicado
o un tercero tiene o tuvo que asumir (Vicente Domingo, Elena; cit,
página 219/220, N° 60).
En ese orden de ideas se ha dicho que el daño emergente
es la pérdida o empobrecimiento efectivamente sufrido por la
inejecución o el cumplimiento defectuoso de lo debido o por las
consecuencias del hecho ilícito (Cam. 1ª CC La Plata, Sala 2ª,
28/11/96, “López, Liliana c/Alvarado, Justo”, sum. B151885).
En el caso, pretende Liliana Marcela Guevara la suma
de $141.900.-, por los daños que sostiene como causados a la
motocicleta Gilera Smash 110 VS, Dominio A034MJG de su
propiedad (calidad que se encuentra acreditada con el informe del
RNPA agregado con fecha 12 de octubre de 2024) y a esos efectos
acompaña con el escrito de demanda del 13 de septiembre de 2023 la
Factura N° 00000026, de fecha 27/04/2023, expedida por la razón
social Echazarreta Chirino Nahuel Alejandro a nombre de Federico
Iván Vega, de donde surge, por repuestos de motocicleta, la suma
reclamada. Destaco que la factura mencionada fue desconocido en su
autenticidad por la compañía citada en garantía y, en adhesión a esta
litigante, por la parte demandada; no obstante lo cual mediante la
prueba informativa agregada con fecha 13 de mayo de 2025 se
comprobó la autenticidad de dicho documento.
Ahora bien, resulta esencial en el caso el informe
presentado por el perito mecánico designado de oficio, Ingeniero
Oscar Manuel Cutino, quien con fecha 11 de noviembre de 2024,
luego de afirmar que conforme a las dos fotografías agregadas en el
expediente, “el motociclo presenta daños en su parte delantera
afectando faro delantero, guardabarros, tablero, espejos, pechera de
frente, cubre piernas ambos laterales, cubre piernas central, pedal de

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freno, apoya pie delantero, cacha trasera bajo asiento lado
izquierdo” y que tales daños en la motocicleta de la parte actora
pudieron ser consecuencia del accidente que se ventila en el sub lite,
informó que: “el costo de reparación del motociclo de la actora
considerando repuestos originales y del mismo color que el del
rodado siniestrado, a valores actuales sería: Repuestos: faro
delantero: $56.600; plástico cubre faro: $37.000; tablero: $98.000;
carcaza cubre tablero: $43.000; guardabarros delantero: $65.000;
pechera frontal: $75.000; pedal de freno:$ 23.000; apoya pie con
muleta $22.900; cubre piernas central pedana: $81.900; cubre
pierna exterior lado derecho: $57.500; cubre pierna interior lado
derecho: $68.500; cubre piernas exterior lado izquierdo: $57.500;
cubre piernas interior lado izquierdo: $68.500; espejos:
$37.400(par); cacha lateral trasera izquierda bajo asiento: $45.000.
Subtotalrepuestos: $836.800. Con respecto al valor de mano de obra
actual en concesionario oficial Gilera se considera 6 horas a razón
de $/h 45.500 = $273.000. Total de reparaciones estimadas a
valores actuales $1.109.800.-” conforme a las fuentes de repuestos
originales que mencionó.
Explicó el experto mecánico que en la materia la
[Link]. Asociación de Ingenieros en Investigación de Accidentes
recomienda adoptar el 70% del valor que surge de las tablas de la
mano de obra correspondiente al costo horario de un taller mecánico
de automóviles. En el caso el valor, a la fecha de la pericia analizada,
del costo horario de la mano de obra de taller mecánica: $ 65.000.-,
con lo que el 70% de dicho valor será: $45.500.- y que para poder
comparar el costo de reparaciones determinado en este informa a
valores actuales, con el valor indicado en el presupuesto aportado en
la causa, se debe hacer una deflación de los valores indicados para
determinar el costo de reparación actual, llevándolos a la fecha del
presupuesto aportado (mayo 2021). Para tal fin, en el caso de los
repuestos se utiliza la variación experimentada por el IPC nivel
general que publica el Indec entre: mayo 2021 (índice: 456,8) y
septiembre 2024 (último mes publicado por Indec) (índice: 7076).
Así surge un factor de deflación para repuestos: 456,8/7076 = 0,064
que multiplicado por el valor actual determinado para el costo de

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repuestos en este informe ($836.800.-) surgirá un costo de repuestos
para la fecha de mayo de 2021: $53.555,20.- En tanto que para la
mano de obra a la fecha del presupuesto se determina adoptando el
70% del valor histórico de las tablas que publica la AIIA. Org para el
costo horario de un taller mecánico en mayo 2021 que arroja un valor
de $1.750.- Por ende el costo de mano de obra a mayo 2021 sería: 6
hs x $1750 = $10.500.- Finalmente el costo de reparaciones
determinado en este informe pero a la fecha del presupuesto de autos
sería: $ 53.555,20.- + $10.500.- = $64.055,20.-
Que “De acuerdo a ello se observa que el valor de las
reparaciones determinadas en el presente informe para la misma
fecha del presupuesto adjuntado a la causa se encuentra un 52% por
encima del valor presupuestado. Ello puede deberse a que el
suscripto ha considerado para la determinación del costo de
reparaciones la utilización de repuestos originales de la marca, y en
el presupuesto aportado, se pudo haber considerado utilizar
repuestos alternativos que son más económicos que los originales.”.
Si bien las conclusiones periciales transcriptas fueron
impugnadas con fecha 22 de noviembre de 2024 por la compañía
citada en garantía quien -destaco- si bien objetó los valores
informados por el experto mecánico, omitió mencionar los montos de
reparación y de repuestos que consideraba veraces, debo concluir
aquí también que los cuestionamientos efectuados -sin asesoramiento
profesional en las especialidad de que se trata - no demuestran que el
perito mecánico hubiera incurrido en algún error u omisión, sino que
constituyen meros disensos que no le restan al informe pericial su
eficacia probatoria, la cual pondero a en esta sentencia de grado
conforme a las pautas de los arts. 386, 477 y cctes. del Cód. Procesal.
Ello máxime si se consideran las fundadas y
contundentes respuestas brindadas el día 28 de noviembre de 2024
por el experto auxiliar de justicia, donde explicó que “Con respecto a
las reparaciones de motocicletas es sabido y es costumbre que, para
que las mismas queden en perfectas condiciones luego de un
siniestro, las partes afectadas se reemplacen por repuestos en lo
posible originales y del mismo color que el rodado siniestrado. Esto
es lo justamente el criterio que se utilizó para la determinación del

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costo de reparaciones del motociclo siniestrado. Como se indica en
el informe presentado oportunamente, para determinar el costo de
reparación se ha utilizado el procedimiento habitual en estos casos,
es decir, para determinar el valor de los repuestos necesarios, se ha
consultado a un concesionario oficial la de misma marca que el
rodado siniestrado, en tanto que para la determinación del costo de
mano de obra, se ha utilizado el criterio que indica la [Link]
(Asociación de Ingenieros en Investigación de Accidentes). Respecto
a los tiempos operativos consignados se consideran que son los
necesarios para efectuar las reparaciones que comprende el
recambio de las partes afectadas por repuestos nuevos”.
Sobre tales bases, admitiré la partida reclamada por
Liliana Marcela Guevara en concepto de daño emergente (costo
de reparación de la motocicleta Gilera Smash 110 VS, Dominio
A034MJG), fijándola en la suma de pesos un millón ciento nueve
mil ochocientos ($1.109.800.-), a valores considerados a la fecha de
presentación de la pericia mecánica (11 de noviembre de 2024).
g) Privación de uso del moto vehículo:
Comenzaré recordando que la privación de uso del
vehículo, durante el plazo que demande su reparación, constituye un
daño resarcible pues se presume, en principio, que quien tiene y usa
un automotor lo hace para llenar una necesidad y contribuir al
desarrollo de sus actividades, no sólo laborativas, sino también de la
vida en general (cfr. CNCiv., Sala “L”, 4/06/2007, in re “Graf,
Víctor H. c/ Parini, Alejandro”).
Para precisar la idea, se ha dicho que “la privación de
uso de un vehículo es un daño cuya existencia no requiere de prueba,
resultando el lapso de indisponibilidad del rodado, los gastos
ocasionados y la profesión del reclamante, si usara el vehículo para
ella, elementos hábiles a considerar al fijar la indemnización.
Además, produce en sí misma daños materiales que resultan
indemnizables, ya que es evidente que la imposibilidad de usarlo le
produce al damnificado el efecto de una obvia reducción de sus
posibilidades de traslado y de esparcimiento” (conf. CNCivil, Sala
“H”, C. H603565, “S., J.A. c/ L., R.A. s/ Daños y perjuicios (Expte.

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N° 114097/2004, del 17/04/2013 - Sumario N° 22807 de la Base de
Datos de la Secretaría de Jurisprudencia de la Cámara Civil).
Por el concepto en análisis Liliana Marcela Guevara,
como titular registral de la motocicleta Gilera Smash 110 VS
Dominio A034MJG, reclama la suma de $50.000.-
En el caso particular que analizo, con fecha 11 de
noviembre de 2024 el perito mecánico designado de oficio,
Ingeniero Oscar Manuel Cutino, informó que “En cuanto al tiempo
de reparación, en la medida que se cuente con disponibilidad del
taller, considerando que normalmente en un taller se trabaja sobre
distintas unidades en un día dependiendo ello de la carga de trabajo,
y considerando que normalmente la provisión de repuestos puede
demorar 5/7 días desde el momento en que se encargan al
concesionario, se estima un tiempo de 8/10 días”.
Tal conclusión pericial tampoco fue debidamente
desvirtuada mediante la presentación de fecha 22 de noviembre de
2024 por la compañía citada en garantía, por lo cual su eficacia
probatoria también se valora en esta sentencia de grado conforme a
las pautas de los arts. 386, 477 y cctes. del Cód. Procesal.
Sobre tales bases y dado que en el caso el daño material
producido como consecuencia del accidente de tránsito que motiva la
litis fue corroborado con el informe pericial mecánico, habré de
admitir la partida reclamada por Liliana Marcela Guevara por el
concepto privación de uso del moto vehículo , fijándola
prudencialmente conforme a los lineamientos establecidos por el art.
164 del CPCCN., en la suma de pesos quinientos mil ($500.000.-).
VII.- Intereses.
Las sumas por las que prospera la condena devengarán
intereses desde la fecha del hecho hasta el momento del efectivo pago
(conf. “Gómez, Esteban c. Empresa Nacional de Transportes”,
publicado en La Ley, T° 93, pág. 667–, y actualmente lo hace el
artículo 1748 del Código Civil y Comercial). En sintonía con el
temperamento de la CSJN en autos “Barrientos, Gabriela Alexandra y
otros c/ Ocorso, Damián y otros s/Daños y perjuicios” del 15/10/2024
, se liquidarán desde el inicio de la mora y hasta el presente
pronunciamiento a la tasa del 12% anual (representativa de los réditos

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puros) y, sólo desde entonces y hasta el efectivo pago, a la tasa activa
cartera general -préstamos- nominal anual vencida a treinta días del
Banco de la Nación Argentina.
Sin perjuicio de ello, en consideración a que la
indemnización concedida por el concepto “daño emergente (costo
de reparación de la motocicleta Gilera Smash 110 VS, Dominio
A034MJG)” fue cuantificada a la fecha de la pericia mecánica
producida en autos (11 de noviembre de 2024), corresponde que los
intereses se liquiden desde el hecho que motiva la litis (29 de abril de
2021) y hasta la fecha mencionada (11 de noviembre de 2024) a la
tasa indicada precedentemente (12% anual) y, en adelante, a la tasa
activa fijada en el plenario “Samudio”.
VIII.- Tocante a los pedidos de aplicación en el caso
del límite de responsabilidad en el pago de las costas del juicio
por parte del condenado vencido y al consecuente prorrateo de
honorarios que establece el art. 730 del CCCN., efectuados por la
compañía citada en garantía (conf. punto “IX” de la presentación
de fecha 11 de diciembre de 2023) y en adhesión por la parte
demandada (conf. presentación del 12 de diciembre de 2023).
En su oportunidad el art. 505 del Código Civil -conforme
a la incorporación efectuada por la Ley 24.432, art. 1ro. (BO. 10-01
-95) estableció, respecto de los litigios judiciales o arbitrales
derivados de obligaciones incumplidas, que la responsabilidad por el
pago de las costas, incluidos los honorarios profesionales de todo tipo
correspondientes a la primera o única instancia, no podía exceder del
veinticinco por ciento (25%) del monto de la sentencia, laudo,
transacción o instrumento que pone fin al diferendo y dispuso que si
las regulaciones de honorarios practicadas superaban dicho
porcentaje, el juez debía proceder a prorratear las sumas entre los
beneficiarios, sin computar al efecto el monto de los honorarios de
los profesionales que hubieren asistido y/o actuado por la parte
condenada en costas. Este precepto fue receptado en similares
términos por el art. 730 del Código Civil y Comercial hoy vigente.
Se trata de una disposición de orden procesal que limita
el pago de las costas por parte del condenado que resultó perdedor en
los procesos judiciales o sus similares, que incluye tanto los

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honorarios de abogados y peritos, como los restantes gastos del
proceso. Por lo que presupone tanto la existencia de una liquidación
aprobada que contemple los intereses y los gastos irrogados a lo largo
del juicio, como la firmeza de los honorarios reconocidos a los
profesionales intervinientes (letrados y demás auxiliares de la parte
actora y peritos de oficio, conforme a los lineamientos dictados por la
CSJN. en autos “Abdurraman, Martín c/. Transportes Línea 104 SA”,
del 5/5/2009, donde el más alto Tribunal dejó sentado que la Ley
24.432 limita la responsabilidad del condenado en costas, pero no el
quantum de los honorarios profesionales).
Es así que entiendo que los pedidos de limitación en la
responsabilidad por el pago de las costas del juicio por parte del
condenado vencido y de prorrateo de honorarios profesionales que
dispone el art. 730 del CCyCN., sólo corresponde analizarlos una vez
que tales recaudos se encuentren cumplidos, oportunidad en la cual
podrá contarse no sólo con el monto del litigio sobre el cual se
realizarían los cálculos; sino también con una visión panorámica
sobre la real envergadura de la afectación que provocaría la
aplicación de la norma que lo dispone. Por lo que en caso de ser
planteadas tales cuestiones por las partes interesadas, la materia
deberá ser decidida en la etapa de ejecución de la sentencia (en tal
sentido, CApel. Civ. y Com. de Dolores. Prov. de Bs. As., c. nro.
96.077, “Romero Ángel Fernando y Otro c/. Arenera Villa Gesell s/.
Daños y perjuicios”, del 5/12/2017).
En efecto, se ha dicho que “El pedido de prorrateo
efectuado al momento de la intimación del pago de los honorarios
resulta oportuno, pues la normativa en cuestión se aplica en la etapa
de ejecución o de cumplimiento de la sentencia, sin perjuicio de
haberse regulado y quedado firme un honorario superior” (conf.
CNCivil, Sala “J”, c. J064359 – “Gentile Guillermo Aldo c/. Dietz
Damián Darío y Otros s/. Daños y perjuicios”, del 9/06/16 - Sumario
n° 25433 de la Base de Datos de la Secretaría de Documentación y
Jurisprudencia de la Cámara Civil; íd., CNCivil, Sala “E”, c. E54828
– “F., H.W. c/. H.B. de B.A. y Otros s/ Daños y perjuicios”, del
21/05/18 – Sumario n° 26617 de la Base de Datos de la Secretaría de
Documentación y Jurisprudencia de la Cámara Civil).

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IX.- Costas.
Las costas del juicio habré de imponérselas a la parte
demandada María de los Angeles Carolina Doldan y a la citada en
garantía Compañía de Seguros La Mercantil Andina S. A., pues no
encuentro mérito para apartarme del principio general de la derrota
consagrado en el art. 68 del Cód. Procesal.
X.- Conclusión.
Por las consideraciones expuestas y normas legales
citadas, juzgando, en definitiva, FALLO: 1) Hacer lugar
parcialmente a la demanda promovida por FEDERICO IVÁN
VEGA y LILIANA MARCELA GUEVARRA, con costas. En
consecuencia, condeno a MARÍA DE LOS ANGELES
CAROLINA DOLDAN a abonar a los actores la suma de PESOS
DOS MILLONES SEISCIENTOS CUARENTA Y NUEVE MIL
OCHOCIENTOS ($2.649.800.-) de la cual corresponde la suma de
pesos un millón cuarenta mil ($1.040.000.-) a Federico Iván Vega y
la suma de pesos un millón seiscientos nueve mil ochocientos
($1.609.800.-) a Liliana Marcela Guevara, en el plazo de diez días
de quedar firme este pronunciamiento y bajo apercibimiento de
ejecución, con más los intereses que deberán ser calculados de la
manera que se especifica en el considerando “VII” y las costas del
juicio (conf. considerando “IX”). La condena se hace extensiva a la
citada en garantía COMPAÑÍA DE SEGUROS LA MERCANTIL
ANDINA S.A. con los alcances expuestos en el considerando “V”. 2)
Diferir la decisión sobre los pedidos de aplicación del límite en el
pago de las constas por parte del condenado vencido y del
consecuente prorrateo de los honorarios profesionales que establece
el art. 730 del CCyCN., para la oportunidad de la ejecución de la
sentencia. 3) Teniendo en consideración la naturaleza del asunto, el
mérito de la labor profesional, apreciada por la calidad, la eficacia y
extensión de los trabajos realizados, las etapas procesales cumplidas,
el resultado obtenido, la trascendencia jurídica del pleito, el monto
del juicio aquí admitido -comprensivo de capital e intereses- y lo
normado por los arts. 1, 3, 6, 11, 14, 16, 19, 20, 21, 22, 24, 26, 29, 51,
52, 58 y 61 bis (texto incorporado según Ley 27.802) y c.c. de la ley
27.423, art. 478 del CPCCN. y la Acordada 1718/26 de la CSJN

Fecha de firma: 04/08/2026


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(valor UMA $100.173), regulo los honorarios de la dirección letrada
de la parte actora, Dra. Bárbara Mariel Pietranera, en la cantidad
de UMAs. diez con novecientos noventa y ocho milésimos (10,998),
equivalente a la suma de $1.122.700.-; los de la dirección letrada de
la misma parte, Dra. Verónica Andrea Cajal, en la cantidad de
UMAs. trecientos cuartenta y dos milésimos (0,342), equivalente a
la suma de $35.000.-; los de la dirección letrada y representación de
la parte demandada y de la compañía citada en garantía, Dr. Martín
Andrés Tomasini, en la cantidad de UMAs. ocho con ochocientos
ochenta milésimos (8,880), equivalente a la suma de $906.500.- y
los de la representación en la audiencia de fecha 15/05/2026 de la
parte demandada y de la compañía citada en garantía, Dr. Mateo
Crespo, en la cantidad de UMAs. trecientos ochenta y dos milésimos
(0,382), equivalente a la suma de $39.000.- Asimismo, dada la
extensión y problemática de los puntos periciales propuestos, regulo
los honorarios de los auxiliares de justicia: Dr. Juan Carlos Caputo
(perito médico legista) e Ing. Oscar Manuel Cutino (perito
mecánico) en la cantidad de UMAs. tres con trescientos ocho
milésimos (3,308), equivalente a la suma de $337.700.- para cada
uno de ellos. En todos los casos sin perjuicio de las sumas que en
definitiva pudieran corresponder a los profesionales individualizados
en consideración al valor del UMA vigente al momento del pago o de
la ejecución (art 51 Ley 27.423). Reconozco finalmente los
emolumentos de la Mediadora, Dra. Irma Cantero, en la suma de
pesos doscientos siete mil trescientos sesenta ($207.360.-),
equivalentes al día de la fecha a 16 UHOM. (conf. Ley 26.589, Dec.
1467/11, modificado por Dec. Nº 2536/2015 y Anexo I, apartado “E”
de esta norma, actualizado a la fecha del presente decisorio conforme
Res. 542/2018 del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos). Los
honorarios de los profesionales intervinientes deberán ser abonados
dentro del mismo plazo establecido para el pago de la condena y
deberá añadirse en su caso, el importe correspondiente al I.V.A.
Además, se deja establecido que, en caso de mora, se aplicará la tasa
del 12% anual (conf. fundamentos expuestos en el pronunciamiento
dictado con fecha 21 de agosto de 2024 en el Expediente N°
94.228/2017 en trámite por ante el Juzgado Nacional de Primera

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Instancia en lo Civil N° 2 cuya titularidad detento) a excepción de los
honorarios del mediador que -por no permitir su actualización- se
fijan en la tasa activa conforme el plenario Samudio. Hágase saber a
los letrados que quedan a su cargo la notificación de sus honorarios a
sus clientes a los domicilios reales, atento el criterio mayoritario
adoptado por las salas integrantes de la Excma. Cámara Nacional de
Apelaciones del fuero. Asimismo, intímese a los interesados para que
dentro de los cinco (5) días contados a partir de que sus honorarios
firmes se encuentren impagos, soliciten las medidas necesarias a los
fines de asegurar la percepción de sus créditos, bajo apercibimiento
de tenerlos en lo sucesivo por prestada la conformidad requerida por
el art. 10 de la ley 27.423. 4) En relación con el planteo efectuado por
la compañía citada en garantía y en adhesión a esta litigante por la
parte demandada, referido a la aplicación de la limitación de la
responsabilidad por las costas establecidas en el art. 730 del Código
Civil y Comercial, debe señalarse que los autos regulatorios sólo
deciden sobre el monto de las retribuciones a fijarse, no así sobre el
derecho a esos honorarios, ni anticipan la procedencia y forma de su
cobro, cuestiones éstas que deberán sustanciarse y resolverse en la
etapa procesal oportuna conforme antes se dijera. 5) Por último, en
uso de las facultades conferidas a la Suscripta en virtud de lo
normado por los arts. 34 años sgtes. del ordenamiento procesal, hago
saber que, en caso de incumplimiento de la condena aquí impuesta en
el plazo correspondiente, se pondrá en conocimiento tal circunstancia
a la Superintendencia de Seguros de la Nación por Secretaría, a cuyo
fin se remitirá oficio electrónico. Regístrese. Notifíquese a las partes
mediante cédulas electrónicas a librase por Secretaría,
comuníquese al Centro de Informática Judicial y oportunamente
archívense las actuaciones.-

Fecha de firma: 04/08/2026


Firmado por: MARIA EUGENIA NELLI, JUEZ SUBROGANTE

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