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Una nave alienígena llega a un planeta habitado por gatos, decidiendo protegerlos y convertir su energía en luces en el cielo tras su muerte. En una ciudad futurista, un CEO y una mujer enfrentan un amor complicado marcado por secretos y traiciones, culminando en una relación consciente y elegida después de un trauma. Finalmente, un hombre hereda un castillo y descubre que su familia lo custodia, enfrentándose a un guardián oscuro mientras su capibara lo protege, pero él desaparece sin dejar rastro.

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Una nave alienígena llega a un planeta habitado por gatos, decidiendo protegerlos y convertir su energía en luces en el cielo tras su muerte. En una ciudad futurista, un CEO y una mujer enfrentan un amor complicado marcado por secretos y traiciones, culminando en una relación consciente y elegida después de un trauma. Finalmente, un hombre hereda un castillo y descubre que su familia lo custodia, enfrentándose a un guardián oscuro mientras su capibara lo protege, pero él desaparece sin dejar rastro.

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Cielo estrellado

Una nave alienígena viajó durante siglos hasta


encontrar un planeta azul verdoso habitado solo por
gatos, pequeños, curiosos y llenos de vida.
Al observar cómo se cuidaban entre ellos y cómo
miraban el cielo con inocencia, los aliens sintieron algo
parecido al cariño y decidieron protegerlos,
volviéndolos seres sagrados.
No fue un experimento frío, sino un intento de
comprender esa ternura que nunca habían conocido en
su propia especie.
Desde entonces, cada vez que un gato muere, su
energía sube al cielo y lo pinta con auroras verdes y
violetas que brillan como despedidas suaves.
Los aliens aprendieron que no eran dueños de esa
magia, solo testigos, y que cada luz en el firmamento
es el recuerdo amoroso de un pequeño corazón que
alguna vez ronroneó.

Como eran las cosas

En la torre más alta de la ciudad futurista, entre


oficinas de cristal y ambición desmedida, trabajaban el
CEO Audro y Hilary (TN), dos personas que chocaban
como fuego y gasolina. Él era arrogante y dominante;
ella, firme y combativa. Se odiaban… hasta aquella
noche lluviosa en la cafetería. Cuando comenzó a sonar
Sorry, TN se dejó llevar y empezó a bailar. Audro la
observó con una mezcla de desprecio y fascinación,
pero terminó uniéndose a ella. Aquella escena, sencilla
y ridícula, fue el inicio de algo que ninguno quiso
admitir.

Los años suavizaron el rencor y encendieron un amor


intenso. Pero un día, TN encontró una carta escondida
en su oficina. La abrió con manos temblorosas y leyó:

“Querido CEO:
Esta es la primera carta que recuerdo haber escrito.
Obviamente, no sé si he escrito alguna antes del
hospital. Pero aunque no sea la primera,
probablemente sea la última.
Quiero que sepas que no tengo miedo. De morir o de
olvidar. Es perderme por este virus lo que me asusta.
Así que cada noche he estado diciendo sus nombres en
voz alta.
Si mañana ya no sé quién eres, quiero que recuerdes
que alguna vez te amé con claridad.”

El golpe fue devastador. No era una mujer. Era un


hombre. Un amante que hablaba desde un hospital,
perdiendo la memoria. TN sintió que toda su historia
había sido una mentira. Sin escuchar explicaciones,
huyó bajo la lluvia.

Audro la siguió desesperado, pero ella no quiso oírlo. En


medio de la discusión, disparos rompieron el aire. TN
sintió el impacto en el hombro y la costilla antes de
caer inconsciente. Los enemigos de Audro —ligados a
su pasado en la mafia rusa— lo habían encontrado.

Cuando TN despertó días después, su cuerpo estaba


débil y su mente confundida. Fue entonces cuando
descubrió la verdad más oscura: durante su
inconsciencia, Audro cruzó un límite imperdonable.
Abusó de ella. No hubo amor en ese acto, solo control y
obsesión.

La revelación la paralizó más que las heridas.


Comprendió que el hombre que decía amarla no solo le
había ocultado un pasado y un amante, sino que había
traicionado su cuerpo y su confianza. Cuando él intentó
justificarlo con palabras rotas y excusas sobre miedo a
perderla, TN entendió algo esencial: el amor no se
construye sobre la posesión ni sobre el daño.

El amor que surgió no fue perfecto ni inocente. Fue un


amor consciente, elegido después del caos. TN decidió
quedarse no por dependencia, sino porque ambos
decidieron cambiar, sanar y construir algo distinto, lejos
del poder y de las sombras.

Terminaron juntos, no porque el destino los obligara,


sino porque aprendieron a mirarse sin secretos.

JANSELO

El rugido del auto deportivo rompía el silencio de la


carretera mientras Ximeno conducía hacia el antiguo
castillo que acababa de heredar. No creía en historias
familiares ni en maldiciones, pero el bosque que
rodeaba la propiedad parecía tragarse la luz del
atardecer, como si algo respirara entre los árboles. En
el asiento del copiloto iba Ferchis, su inseparable
capibara, el único ser que le daba calma desde que su
madre murió.
El castillo era imponente, hermoso… y profundamente
inquietante. Los pasillos estaban cubiertos de retratos
cuyos ojos parecían seguir cada movimiento. Esa
primera noche, Ximeno escuchó pasos arrastrándose
fuera de su habitación. Pensó que era el viento, hasta
que Ferchis comenzó a gruñir suavemente, erizando el
lomo, mirando fijo hacia la puerta entreabierta.

A la madrugada, una silueta se dibujó entre los árboles


del bosque, visible desde la ventana más alta. Era alta,
delgada, inmóvil. Ximeno sintió un frío imposible
cuando la figura levantó el rostro hacia él. Ferchis chilló
y salió corriendo escaleras abajo, como si supiera algo
que su dueño no.

Siguiéndolo con desesperación, Ximeno llegó al sótano,


donde encontró un pasadizo oculto que conducía
directamente al corazón del bosque. Allí descubrió la
verdad: su familia no heredaba el castillo… lo
custodiaba. La figura era el antiguo guardián, y ahora
lo reclamaba a él.

Cuando la sombra avanzó entre los árboles, Ximeno


entendió que no podría escapar. Pero Ferchis se plantó
frente a la oscuridad, pequeño pero firme, como si
protegiera lo poco humano que quedaba en su dueño.

A la mañana siguiente, el auto deportivo seguía


estacionado frente al castillo. Ximeno nunca fue visto
de nuevo.
Solo Ferchis camina ahora por los pasillos, observando
en silencio… esperando al próximo heredero.

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