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Diam And

El documento analiza la estructura productiva desequilibrada de Argentina, donde la dependencia del sector agropecuario limita el crecimiento industrial y provoca crisis recurrentes. Se argumenta que los altos precios industriales, fijados en función del sector agropecuario más productivo, impiden la competitividad de las exportaciones industriales y generan inflación cambiaria. Se proponen soluciones como la modificación del tipo de cambio y políticas de incentivos al agro para equilibrar la balanza de pagos y fomentar el crecimiento económico sostenible.

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El documento analiza la estructura productiva desequilibrada de Argentina, donde la dependencia del sector agropecuario limita el crecimiento industrial y provoca crisis recurrentes. Se argumenta que los altos precios industriales, fijados en función del sector agropecuario más productivo, impiden la competitividad de las exportaciones industriales y generan inflación cambiaria. Se proponen soluciones como la modificación del tipo de cambio y políticas de incentivos al agro para equilibrar la balanza de pagos y fomentar el crecimiento económico sostenible.

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La Estructura Productiva y Desequilibrada Argentina y el Tipo de Cambio.

(Marcelo Diamand) (1972)

La incapacidad del país de salir de su estancamiento y las recurrentes crisis de las que padece se originan en
un divorcio entre las ideas de la sociedad argentina (basadas en las teorías económicas tradicionales) y la
realidad (país exportado primario en proceso de industrialización).

La característica principal de los países exportadores primarios en proceso de industrialización puede


llamarse: estructura productiva desequilibrada. Se trata de una estructura productiva compuesta de dos sectores
de niveles de precios diferentes: el sector primario, que trabaja a precios internacionales, y el sector industrial,
que trabaja a un nivel de costos y precios superior al internacional. Tal situación da lugar a una crónica
limitación del crecimiento económico por el sector externo.

El crecimiento de la economía (principalmente de la industria) requiere cantidades crecientes de divisas.


Pero en una estructura desequilibrada, los altos precios industriales inhiben la exportación de productos
industriales. El abastecimiento de divisas queda entonces siempre a cargo del sector agropecuario. En las
primeras etapas de la ISI, el crecimiento industrial ayuda a mantener la balanza de pagos equilibrada (al empezar
a producirse internamente bienes antes importados). Cuando se llega al límite de la reducción del coeficiente de
importaciones, se inicia un proceso de divergencia entre el crecimiento del sector industrial consumidor de
divisas (y que no contribuye a producirlas), y la provisión de estas divisas a cargo del sector agropecuario, de
crecimiento más lento. Esta divergencia es responsable de la crisis de balanza de pagos y constituye el principal
limitador del crecimiento del país. (Mecanismo stop & go: la expansión de la producción interna hace crecer las
importaciones. Una vez que se agotan las reservas, el país se ve forzado a realizar una devaluación – que nace a
raíz de la estructura productiva -.)

Los Créditos Externos: la falta de mercados de capitales lleva a que los agentes se financien en el exterior,
confiando en la estabilidad de la moneda. El valor de estos aportes no reside en su capacidad de suplir ahorro
nacional, sino en que entran como divisas, y financian directa o indirectamente a las importaciones. Sin
embargo, el desarrollo industrial incrementa la demanda de divisas, a lo que se suma las divisas requeridas para
pagar los servicios de la deuda. A menos que se incremente la sustitución de importaciones o aumente la
capacidad de exportar del sector industrial, será necesario que los créditos vayan aumentando en forma continua.
Basta que se reduzca la entrada de nuevos créditos o que un problema momentáneo de desconfianza frene el
ritmo de las renovaciones para provocar el desequilibrio en el mercado cambiario.

La Inflación Cambiaria y la Recesión: la teoría tradicional establece que la devaluación incrementa las
exportaciones y disminuye las importaciones (ante la variación de los precios relativos). Sin embargo, en la
Argentina el precio de los productos industriales esta muy alejado del nivel internacional para que una
devaluación provoque un incremento importante de exportaciones. Asimismo, las importaciones son esenciales,
por lo cual no se ven muy reducidas por la medida.

La devaluación, entonces, produce un aumento de costos de todos los productos importados, que se propaga
a los precios. Los exportadores, a su vez, reciben un precio mayor en moneda nacional por sus productos, lo cual
también se traduce en un aumento de precios internos. Se desencadena así un proceso de Inflación Cambiaria,
que no proviene de un exceso de demanda. El mecanismo es: devaluación, elevación de los costos y los precios
que se traducen en una caída del salario real; si la cantidad de dinero no aumenta en proporción a los costos, se
produce iliquidez monetaria. Ello, más la caída en los salarios reales, contrae la demanda reduciendo a su vez la
actividad. La capacidad contributiva cae y los gastos públicos se adelantan a la recaudación a raíz de la inflación.
La característica esencial de la inflación cambiaria es, entonces, el alza de precios internos, simultánea con la
caída de los salarios reales, con la iliquidez, con la disminución del nivel de actividades y con el déficit del
presupuesto. La recesión que desencadena hace que baje el nivel de la actividad interna y disminuya la cantidad
de importaciones que requiere el país, recuperando el equilibrio externo.

Este tipo de inflación, originada en los desequilibrios de balanza de pagos, en la Argentina suele alternarse
periódicamente y entrelazarse con la inflación de demanda y la inflación de salarios.
Soluciones para los Desequilibrios Externos: se requiere una política correcta frente al sector agropecuario y
políticas sustitutivas más coherentes.

En una política de incentivos al agro, compatible con los intereses del conjunto de la sociedad, el aumento de
ingresos debe corresponder a la nueva producción, y no basarse en transferencias gratuitas de ingresos como
genera las devaluaciones. Por ejemplo, se puede subsidiar las inversiones y los insumos tecnológicos, combinar
precios agropecuarios más altos con un impuesto sobre la tierra, etc. Por otro lado, debería establecerse un
límite realista al costo de sustitución, compatible con el nivel promedio actual de los costos industriales y
promoverse enérgicamente la sustitución de todas las importaciones que pudieran hacerse dentro de este límite
de costo.

Sin embargo, el nudo central del problema externo reside en las discrepancias entre las necesidades
crecientes de divisas del sector industrial y la capacidad generadora de divisas por parte del sector primario. La
carencia de exportaciones industriales es la responsable principal de la discrepancia entre la generación de
divisas y el crecimiento. Esta carencia se origina fundamentalmente en el hecho de que la industria trabaja a
precios superiores a los internacionales. Pero estos altos precios no se deben a la ineficiencia de la industria, sino
a la menor productividad de la industria con respecto al agro que fija el tipo de cambio.

Los Altos Precios Industriales y el Tipo de Cambio: la productividad de un país no determina los precios
internacionales. Entonces, pese a que países como Japón y USA tengan distintos precios internos y
productividades, el precio expresado en dólares resulta aproximadamente igual. Los precios internacionales
dependen de la relación entre los costos internos de un producto y el tipo de cambio. En estos países, el tipo de
cambio se sitúa en el nivel necesario para que el precio de los productos industriales al traducirse en dólares se
iguale al precio internacional.

En la Argentina, este mecanismo o funciona debido a la presencia de otro sector, el agropecuario, que en
virtud de las ventajas provistas por la naturaleza tiene una productividad particularmente alta. Dado que el tipo
de cambio se fija sobre la base de este sector privilegiado, no resulta adecuado para el sector industrial. Es así,
que los precios industriales, expresados al tipo de cambio agropecuario que no le corresponde, resultan más altos
que los internacionales. (El problema esta en la menor productividad relativa de la industria argentina frente al
agro).

Independientemente del hecho de que una política agropecuaria y sustitutiva mejor concebida hubiera
permitido aliviar el problema externo, la causa principal de éste es la falta de exportaciones industriales,
originada en altos precios del sector industrial. Estos, a su vez, se generan, por un lado, debido a una menor
productividad relativa del sector industrial y, por el otro, debido a que el sector agropecuario sirve de base al tipo
de cambio. El hecho de que el tipo de cambio está fijado en base al sector más productivo se convierte en el
determinante central de la falta de exportaciones industriales e inicia la cadena de acontecimientos que culmina
con las crisis y con el estancamiento argentino.

Los defensores de este tipo de cambio podrían decir que corresponde al tipo de cambio “natural o real”. Sin
embargo, este concepto se basa en la premisa de libre comercio, que no existe en la economía argentina.
Aparecen distintos criterios para determinar cual es el tipo de cambio natural.

El Criterio de Libre Cambio: el criterio más difundido identifica al tipo real o natural con aquel que surgiría en
un mercado libre de cambios. Sin embargo, ello no es así en la Argentina 1. Ya que los controles existen, entonces
habría que diseñarlos para que aseguren el equilibrio externo compatible con el crecimiento interno.

Si se eliminaran los controles, la demanda de divisas aumentaría. La necesidad de reducir esta demanda al
nivel de la oferta forzaría a una devaluación muy intensa, la que provocaría un traslado ingresos al agro, una

1
Derechos de importación, restricciones.
caída del salario real, una reducción de la demanda efectiva y, consecuentemente, recesión. Asimismo, muchas
actividades desaparecerían por la influencia de la competencia externa.

La coexistencia de un sector industrial de productividad relativa menor con un sector primario más
productivo es contraria al principio de la óptima división internacional del trabajo de la economía clásica, ya
que, a la luz de este principio, aparece una asignación ineficiente de recursos. Las actividades industriales no
serían ineficientes operativamente (no porque se pudieran producir a un costo menor). Serían ineficientes porque
en las condiciones del país representarían una asignación ineficiente de recursos y no debieron haber surgido
como tales.

Los autores, pese a reconocer los múltiples errores del proceso de industrialización, discrepan con el
diagnóstico liberal en cuanto califica de ineficiente a una estructura productiva por el solo hecho de estar
desequilibrada. Se hace inevitable reconocer que, en la estructura actual, el tipo de cambio de equilibrio no
existe.

El Criterio histórico: tomándose como base la relación del tipo de cambio y de los precios internos en un cierto
lapso, dicha relación se consideraría como una guía para el futuro. El mantenimiento de tal relación constante
depende de varios parámetros: a) el mantenimiento de la misma participación en el PBI y de la misma
productividad relativa de todos los sectores, b) el mantenimiento de la misma distribución de las cargas fiscales
en los distintos sectores, c) el mantenimiento del mismo régimen de protección a través del tiempo, d) la
constancia de los términos de intercambio y e) el mantenimiento de los mismos objetivos de la política
económica.

Dichos parámetros varían constantemente, entonces este criterio no resulta de utilidad.

El Criterio de la Paridad del Poder Adquisitivo: busca determinar el tipo de cambio en base a la PPA. Se
supone que la relación de tipos de cambio entre dos países debe ser tal que sus precios internos resulten iguales
expresados en la misma moneda. Este mecanismo es el que permite a los países comerciar entre si pese a las
distintas productividades de cada uno. Pero este mecanismo se basa en la premisa de libre comercio.

En las estructuras productivas desequilibradas, nacidas al amparo de fuertes regímenes de protección, la


premisa de libre comercio no se cumple. Desaparece la paridad única de poder adquisitivo y aparece un espectro
de paridades múltiples (paridad agropecuaria y distintas paridades industriales). Sin embargo, la implementación
de un sistema explícito de cambios múltiples, discrepa con las reglas de juego del comercio internacional. Lo
que se hace, es crear un tipo de cambio nominal que coincide con una de estas paridades, y un sistema paralelo,
formado por distintas regulaciones (derechos de importación, etc.) que provee la adecuación de la paridad de los
otros sectores.

Cuando, tal como sucedió en la Argentina, el sector industrial llega a duplicar el aporte que efectúa el sector
primario al PBI, se pierde definitivamente todo justificativo racional de seguir considerando la productividad de
este último como una referencia normal para toda la economía.

Las Implicancias del Tipo de Cambio Nominal Fijado en base al Sector Primario más Productivo:

Una vez visualizado que en la estructura productiva desequilibrada no existe ni un tipo de cambio de
equilibrio, ni se puede aplicar el criterio histórico, ni existe una paridad única de poder adquisitivo, sino una
estructura múltiple de paridades, decidir con cuál de las paridades de esta estructura corresponde hacer coincidir
el tipo de cambio nominal es una elección totalmente libre que implica ciertos objetivos económicos.

La elección usual es fijar el tipo de cambio nominal en base al sector más productivo. Ello es la expresión,
consciente o inconsciente, del propósito de asegurar el principio de ventajas comparativas. Sin embargo, el
desarrollo industrial de los países como la Argentina significa un abandono de ventajas comparativas, la creación
de un desequilibrio dentro de la estructura productiva y la promoción del crecimiento industrial. Conservar los
instrumentos cambiarios diseñados para obstaculizar el camino que se está emprendiendo es un contrasentido en
el que caen la mayoría de los países exportadores primarios en proceso de industrialización.

Este proceder contradictorio lleva a la necesidad de crear un régimen de cambios múltiples por vía de
derechos de importación. Pero ello es solo una solución parcial, ya que funciona solamente para las
importaciones. Las exportaciones industriales, en cambio, siguen actuando al tipo de cambio vigente. De este
modo, se pretende que los mismos productos industriales, cuya menor productividad relativa se reconoce por
medio de tipos de cambio importadores superiores al nominal, se exporten en base a un tipo de cambio primario
que no les corresponde. Es esta asimetría cambiaria la que imposibilita el desarrollo de las exportaciones
industriales.

Un Enfoque Cambiario Apropiado frente a la Estructura Productiva Desequilibrada:

Es necesario modificar la estructura cambiaria. Dicha modificación puede instrumentarse de varias


maneras:

a) Una devaluación compensada: fuerte devaluación, más derechos a la exportación tradicional (dejarían
en el mismo lugar anterior al tipo de cambio exportador agropecuario) y una disminución de derechos a
la importación (dejarían inalterado el tipo de cambio importador).
b) Desdoblamiento del tipo de cambio en uno comercial y otro financiero y la negociación en el mercado
financiero en porciones variables según el grado de elaboración de las exportaciones industriales.
c) Sistema de draw – back generalizado que compense la soreelevación del precio de las materias primas y
bienes intermedios o un sistema de reintegros que oficie como una estructura implícita de tipos de
cambio exportadores.
Como condición, tiene que existir un consenso a nivel de los sectores dirigentes de que se está tomando una
medida en la estructura real de productividades y no de un estímulo temporario otorgado de lástima a una
industria ineficiente. Requiere expectativas de permanencia, a fin de lograr los incentivos correctos.

¿Quién Paga la Promoción?:

En algunos casos no la paga nadie, ya que los fondos se originan en el crecimiento que no se hubiese
operado de no existir dicha promoción; en otros casos, el peso de la promoción queda repartido entre el
crecimiento y algunas transferencias de ingresos convenientes para la economía.

¿Promueve el Uso Ineficiente de Recursos la Promoción de Exportaciones Industriales?:

Las condiciones reales del mundo actual son diferentes a las premisas que dieron lugar a la economía
clásica.

La productividad industrial aumenta automáticamente con la incorporación de tecnologías, con las


economías externas derivadas de la proximidad física de diferentes industrias complementarias, con la
capacitación, con la difusión de técnicas empresariales y de organización. Este carácter creciente de la
productividad industrial hace que el concepto de ventajas comparativas se vuelva dinámico.

La negativa de reconocer explícitamente el grado de desequilibrio de la estructura productiva existente no


sólo impide crecer, sino también conspira en contra de la asignación más eficiente de recursos en el futuro.
Obliga a regímenes cada vez más restrictivos de importaciones, los que impulsan la aparición de actividades
industriales relativamente menos productivas, que nunca hubiesen surgido por decisiones explícitas si no
existiese la presión de la balanza de pagos. Más grave aún es el efecto de las periódicas crisis sobre la eficiencia
operativa de las actividades ya existentes.

Aun poniéndose en la posición liberal y suponiendo que el grado de productividad del sector industrial
argentino pudiera considerarse anormalmente bajo, no existe un medio mejor de perpetuar esta situación que las
crisis del sector externo motivadas por la negativa de reconocer el grado de productividad existente como un
dato de la realidad.

Sectores importantes (fundamentalmente el sector empresario industrial)del país se oponen y bloquean


medidas conducentes al crecimiento únicamente a causa del sometimiento cultural a ideas tradicionales, que los
lleva a ejercer una presión política contraria a sus intereses. La crónica incapacidad de “despegar” que muestra el
país no es más que el resultado inevitable de esta desorientación conceptual.

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