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El trabajo analiza la donación pontificia como un 'justo título' para la conquista de América y su legitimidad, destacando el papel del Papa Alejandro VI y las Bulas Alejandrinas en la división territorial entre España y Portugal. Se discuten las implicaciones teológicas y jurídicas de la donación, así como las críticas y debates que surgieron sobre la autoridad papal y los derechos de los indígenas. Finalmente, se concluye que la intervención de la Iglesia en estos asuntos generó un debate sobre su autoridad en temas no exclusivamente religiosos.

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El trabajo analiza la donación pontificia como un 'justo título' para la conquista de América y su legitimidad, destacando el papel del Papa Alejandro VI y las Bulas Alejandrinas en la división territorial entre España y Portugal. Se discuten las implicaciones teológicas y jurídicas de la donación, así como las críticas y debates que surgieron sobre la autoridad papal y los derechos de los indígenas. Finalmente, se concluye que la intervención de la Iglesia en estos asuntos generó un debate sobre su autoridad en temas no exclusivamente religiosos.

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Trabajo Práctico N°1

Unidad 3: Los justos títulos: la donación pontificia y su legitimidad.


Integrantes: Comba Maiztegui Milagros, Correa Grinóvero Sofía, Godina Tatiana.
17 de mayo de 2023
Los justos títulos: la donación pontificia y su legitimidad.

Introducción.
En el siguiente trabajo trataremos de exponer la donación pontificia como “justo título” de la
conquista y el debate sobre su legitimidad.

Desarrollo.
Toda nación que aspire a ejercer su dominio sobre determinado territorio debe, naturalmente,
tener y exhibir sus títulos legítimos, sus “justos títulos”, como se le solía denominar en la
época.
El descubrimiento de América (1492) recordó antecedentes sobre conflictos territoriales entre
Castilla y Portugal los cuales se sumaron a que Cristóbal Colón oyó decir al Rey Juan II de
Portugal que “lo descubierto pertenecía a su país en virtud de tratados anteriores”. Esto llevó a
Castilla a apresurarse en solicitar a través de un formal recurso al Papa Alejandro VI una
interpretación clara y definitiva del asunto.
Ante esta petición, con el fin de prevenir futuras controversias territoriales entre las dos
naciones y establecer una división geográfica para la evangelización de los pueblos indígenas
en las tierras descubiertas, el Papa Alejandro VI emitió las Bulas Alejandrinas.
La primera bula “Inter caetera” (fechada el 3 de mayo de 1493), que se reduce en definitiva a
un simple mandato general de evangelizar, acompañado de una forma de protectorado papal,
no conformó a los reyes católicos, porque, si bien concedía y asignaba perpetuamente a los
reyes de Castilla y León y a sus sucesores las tierras descubiertas y a descubrir, siempre que
no pertenecieran a otro príncipe cristiano, faltaba la determinación precisa de la jurisdicción
otorgada.
De ahí que en la segunda “Inter caetera” (fechada el 4 de mayo de 1493) se determinase que
las tierras debían estar al oeste de una línea imaginaria que corría de polo a polo, y ubicada a
cien leguas de cualquiera de las islas Azores y de Cabo Verde. Todo ello, sin alterar las
concesiones y los privilegios otorgados a otros príncipes cristianos.
Pero la aspiración portuguesa de partir los descubrimiento de España mediante un paralelo
que, pasando por las islas Canarias, reservase todo el sur para Portugal y dejase el norte a
Castilla, convenció a Colón, y a los Reyes Católicos después, de que era necesario fijar una
línea o meridiano de polo a polo, que diese a España el occidente y abandonase Portugal y
Oriente.
Así, se celebró, el 7 de junio de 1494, entre Castilla y Portugal, el Tratado de Tordesillas. En
lo que respecta al territorio americano, se estipulo que el límite entre ambas jurisdicciones lo
constituiría una línea de polo a polo que debía pasar a 370 leguas de las islas de Cabo Verde
hacia el poniente. El Tratado fue aprobado por el pontífice, pero persistieron las dificultades
técnicas para fijar el límite establecido. Desde esta nueva raya podía Portugal emprender sus
descubrimientos y conquistas, pero solamente hacia la parte oriental.
El tratado de Tordesillas fue un gravísimo error cometido por España, según se demostró
después. La nueva línea prácticamente,solo otorgaba a Portugal una parte mínima del nuevo
continente. Pero, como no se establecían con precisión los sitios por donde pasaba la línea, la
expansión portuguesa hizo todo lo demás.
Desgraciadamente España no llegó a posesionarse de vasto territorio, al oeste de la línea de
Tordesillas, que le correspondía y se contentó con ocupar y poblar la franja occidental del
Nuevo Mundo desde Panamá hasta el Río de la Plata, dejando en un lamentable abandono la
otra mitad de sus dominios, o sea la que se extendía al oriente. Los portugueses, dueños de
una estrecha franja costera, que no llegaba a ser sino una cuadragésima parte de lo que hoy es
el Brasil fueron avanzando de continuo en dirección al poniente, llegando así a hacer
conquistas inmensas en lo que era territorio español.
Más que las consecuencias derivadas de esta imprecisión geográfica, nos interesa puntualizar
ahora el carácter y el alcance de la donación pontificia. ¿Podía el papa donar territorios?
¿Tenía poderes para disponer, a favor de los príncipes cristianos, de territorios ocupados por
aborígenes? ¿Era una donación territorial perpetua e incondicional o solo una concesión para
la predicación evangélica?
La primera exteriorización de este problema teológico-jurídico apareció en 1511 en la voz del
religioso dominico fray Antonio de Montesinos quien pronunció un sermón en el que criticaba
los abusos que cometian muchos encomenderos con los indígenas, sino que también fue
interpretada como un ataque contra esos títulos.
En base a una tesis teocrática (que toma al papa como autoridad suprema del mundo) muchos
teólogos y juristas atribuyendo al papa la autoridad necesaria para intervenir en los asuntos
temporales, estimaban que la donación pontificia constituía el mejor título que poseía España
para acreditar su dominio sobre el Nuevo Mundo.
Otra tendencia inspirada en la doctrina de Santo Tomás decía que el papa sólo tenía potestad
espiritual y no podía intervenir en lo temporal, salvo que ello fuera necesario para la
obtención de fines espirituales. El alcance de la Bula papal quedaba reducido a la concesión
de un derecho para difundir el evangelio y proteger su predicación, negándosele valor jurídico
como donación temporal.
La influencia de las doctrinas expuestas llevó también a la corona a buscar soluciones
prácticas, que ratificarán mediante otros títulos su dominio sobre el nuevo mundo. Así,
procuró obtener el sometimiento de los indios mediante el requerimiento, redactado en 1513
por Palacios Rubios para ser leído a los indígenas. En este se requería a los naturales el
sometimiento a la iglesia y a la corona, y su consentimiento para predicar la religión cristiana,
imponiéndoseles severos castigos en caso de negativa. Esta obra fracasó no sólo por la valla
idiomática sino porque su formulación jurídica resultaba incomprensible para las mentes
aborígenes y hasta para los propios conquistadores.

La primera vez que se debatió la cuestión de la donación como título fue con motivo del pleito
promovido por Diego Colón para que se le otorgase los mismos beneficios que su padre había
ejercido. El heredero sostuvo que el título por el cual los reyes habían adquirido las indias era
el descubrimiento hecho por su progenitor, pero el fiscal del consejo de castilla opinó que el
verdadero título era la donación pontificia, con todas sus cláusulas.

La opinión general admitió la validez de la donación. El requerimiento que se hizo a los


indígenas para intimarlos al sometimiento, se funda en que antes de entrar en contacto con los
españoles ya eran súbditos del rey de España por voluntad pontificia, por lo que debían
reconocerlo como tal sino querían ser sometidos por las fuerzas cómo vasallos desobedientes.

Francisco de Vitoria fue el primero en exponer la nueva doctrina. Defendió en sus lecciones
de cátedra las siguientes tesis:

“El papa no es señor civil o temporal de todo el orbe, hablando con propiedad de dominio y
potestad civil. El sumo pontífice, aunque tuviera potestad secular en el mundo, no podría darla
a los príncipes seculares. El papa tiene potestad temporal en orden a las cosas espirituales. El
papa no tiene ninguna potestad temporal sobre los bárbaros indios, ni sobre otros infieles. A
los bárbaros, si no quieren reconocer dominio alguno del papa, no por esto se les puede hacer
guerra ni ocupar sus bienes.”
Probó que los indígenas eran verdaderos dueños, pública y privadamente, de sus tierras, y
consideró que había otros títulos legítimos derivados del derecho natural, por los cuales
podían ir a poder de los españoles

Las Casas siguió un criterio diferente. No rechazó la validez de la concesión papal, como
Vitoria, pero limitó el poder de los reyes de España a un dominio soberano y universal, qué
podían ejercer sin perjuicio del de los señores indígenas, que no era lícito quitarles no siendo
que hubieran impedido la prédica del evangelio. Ese señorío eminente de los reyes debía ser
aceptado libremente por los indígenas y no impuesto por ninguna conquista.

El resultado de este debate en España fue, no la renuncia de los reyes al dominio del nuevo
mundo, pero sí una toma de conciencia de los abusos que se cometían en perjuicio de los
naturales, y una profunda revisión del gobierno y de la legislación indiana para evitar su
repetición.

El cambio de la situación internacional, que produjo la exigencia de protestantes y la rivalidad


con otras potencias europeas, se sumó a la polémica interna. El papado dejó de ser aceptado
como autoridad universal y las potencias rivales ocuparon territorios del nuevo mundo sobre
los que España ejercía una jurisdicción sólo nominal, hoy impugnando el título del primer
descubrimiento cuando no lo seguía una ocupación real. La posesión efectiva pasó a ser el
título más sólido que se opusieron unos reinos a otros.

No por eso los reyes españoles renuncian al de la donación pontificia, que siguieron
considerando como el título fundamental. Así quedó plasmado en la recopilación de indias:
“hoy por donación de la santa sede apostólica, y otros justos y legítimos títulos, somos señor
de las indias occidentales, islas y tierra firme del mar océano, descubiertas, y por descubrir, y
están incorporadas en nuestra real corona de castilla.”

Gracias al genio del dominico fray Francisco de Vitoria, creador del derecho internacional,
“quedó definitivamente conquistada para la teología y el derecho moderno la concepción
única con que podían y debían interpretarse” tanto estas como las otras bulas de Alejandro VI,
que sólo otorgaban el derecho de evangelizar y sus consecuencias en los nuevos territorios:
“El Papa no pudo dar en ellas a los reyes de Castilla el dominio y soberanía directa sobre los
indios, sino la exclusiva de predicación sobre las tierras descubiertas, y el disfrute exclusivo
de los beneficios políticos y comerciales que de la protección y defensa de la fe en el nuevo
mundo se siguieran.”

Conclusión.

Para concluir podemos decir que la conquista de América y los justos títulos que la avalan
generaron un gran debate sobre la autoridad de la Iglesia con respecto a las potestades que
esta poseía a la hora de realizar determinados actos, como la donación pontificia de un nuevo
territorio respecto del cual se debatía el dominio. Pero, aún hoy, la pregunta sigue siendo…
¿Era pertinente la intervención de la Iglesia en un tema que no era exclusivamente religioso?
Bibliografía.

- Manual de Historia de las Instituciones Argentinas. Víctor Tau Anzoategui, Eduardo


Martiré. Séptima edición actualizada. Editorial Histórica.
- Manual de historia del derecho argentino (castellano-indiano/nacional) Levaggi. Tomo
III. 2da edición. Editorial Depalma.
- Manual de historia del derecho argentino. Fernández, R. A. (2015) Paraná: Delta.

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