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Módulo 2 EA

El documento aborda la clasificación clínica del olvido y el diagnóstico diferencial de trastornos cognitivos, enfatizando la importancia de distinguir entre olvido benigno, funcional y patológico. Se detalla cómo el olvido benigno es parte del envejecimiento normal, mientras que el olvido funcional se relaciona con factores psicológicos sin deterioro objetivo, y el olvido patológico implica un deterioro significativo que afecta la vida diaria. Se subraya la necesidad de evaluaciones exhaustivas y el uso de marcos diagnósticos actuales para un diagnóstico preciso y una intervención adecuada.

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Módulo 2 EA

El documento aborda la clasificación clínica del olvido y el diagnóstico diferencial de trastornos cognitivos, enfatizando la importancia de distinguir entre olvido benigno, funcional y patológico. Se detalla cómo el olvido benigno es parte del envejecimiento normal, mientras que el olvido funcional se relaciona con factores psicológicos sin deterioro objetivo, y el olvido patológico implica un deterioro significativo que afecta la vida diaria. Se subraya la necesidad de evaluaciones exhaustivas y el uso de marcos diagnósticos actuales para un diagnóstico preciso y una intervención adecuada.

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Módulo 2: Clasificación y Diagnóstico

Reporte Detallado sobre la Clasificación Clínica del Olvido


y el Diagnóstico Diferencial de los Trastornos Cognitivos

La creciente prevalencia global de las quejas cognitivas, particularmente en una población


que envejece, subraya la importancia crítica de una comprensión precisa y matizada del
deterioro de la memoria. La información proporcionada destaca que no todas las instancias
de olvido son equivalentes, lo que hace que una diferenciación precisa sea crucial para la
práctica clínica.

Este informe profundiza en la intrincada clasificación de las quejas de memoria,


distinguiendo entre formas benignas, funcionales y patológicas del olvido. Además, ofrecerá
una visión exhaustiva del diagnóstico diferencial de los principales trastornos
neurocognitivos, incluyendo el Deterioro Cognitivo Leve (DCL), la Enfermedad de Alzheimer,
la Demencia Vascular, la Demencia con Cuerpos de Lewy y la Demencia Frontotemporal. Los
marcos diagnósticos proporcionados por el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los
Trastornos Mentales, 5ª edición) y las guías NIA-AA (National Institute on Aging-Alzheimer's
Association) servirán como referencias fundamentales, asegurando que la información esté
alineada con los estándares clínicos actuales. El objetivo final de esta exploración detallada es
proporcionar a los profesionales de la salud y a los estudiantes avanzados el conocimiento
necesario para un diagnóstico preciso, una planificación de intervención adecuada y una
comunicación efectiva del pronóstico a los pacientes y sus familias.

Unidad 1: Clasificación Clínica del Olvido: Benigno, Funcional y Patológico

Olvido Benigno (Asociado al Envejecimiento Normal)

El olvido benigno, también conocido como deterioro cognitivo asociado a la edad (DCA) o
cambios cognitivos relacionados con el envejecimiento, se considera una parte inherente y
normal del proceso de envejecimiento biológico. No constituye una señal de alarma para una
patología subyacente.

Se caracteriza por una lentificación generalizada en el procesamiento de la información, lo


que puede manifestarse en una mayor latencia para recordar nombres o palabras específicas.
A pesar de esta lentitud, la recuperación de la información generalmente se logra con el
tiempo o con una pista. Por ejemplo, es común que una persona esté hablando y no le venga
a la mente un nombre, pero sí sepa de quién se trata, y el nombre aparezca
espontáneamente más tarde o al ser evocado por alguna situación.

La dificultad para realizar múltiples tareas simultáneamente es una característica común, con
una preferencia o necesidad de concentrarse en una sola actividad a la vez para mantener la
eficiencia. Los problemas ocasionales para recordar detalles específicos son típicos, como el
lugar exacto donde se dejaron objetos cotidianos como las llaves o los lentes, pero estos
lapsus no comprometen la capacidad de funcionamiento diario del individuo. La persona
puede tomar una mala decisión de vez en cuando, olvidarse de hacer un pago mensual o no
recordar qué día es y acordarse más tarde.

Fundamentalmente, la capacidad de aprendizaje de nueva información se mantiene intacta,


aunque el proceso de adquisición y consolidación de la memoria puede ser más lento en
comparación con etapas más tempranas de la vida. Lo más importante es que el olvido
benigno no interfiere de manera significativa con las actividades de la vida diaria (AVD), lo
que permite a la persona mantener su independencia funcional en todos los ámbitos.

La distinción más crucial entre el olvido benigno y el patológico radica en el impacto


funcional. Mientras que el olvido benigno no afecta la independencia, el olvido patológico sí lo
hace de manera significativa. En el olvido benigno, la preocupación por los lapsus de
memoria es a menudo más pronunciada en el propio individuo que en su entorno, y las
personas cercanas tienden a restar importancia a estos olvidos, ya que no observan un
deterioro objetivo o funcional. Esto revela una dinámica psicosocial crítica en las primeras
etapas de los cambios cognitivos. La experiencia subjetiva de los lapsus de memoria puede
ser una fuente de ansiedad significativa para el individuo, incluso cuando el rendimiento
objetivo es normal. Esto sugiere que las consultas iniciales por quejas de memoria a menudo
pueden deberse a este malestar subjetivo más que a un deterioro funcional real. Por el
contrario, cuando el entorno (familia, amigos) comienza a notar y expresar preocupación, esto
sirve como un indicador potente y a menudo más fiable de que el olvido podría estar
progresando más allá de las categorías benignas o funcionales hacia un estado patológico.
Esto implica que los clínicos no deben desestimar las quejas subjetivas, pero también deben
enfatizar la importancia de la información colateral de informantes fiables para diferenciar
entre una preocupación benigna/funcional y un proceso patológico temprano. La percepción
de los problemas de memoria, tanto por el individuo como por su círculo social, es una pista
diagnóstica clave que orienta la necesidad de una evaluación objetiva adicional.

Según Harada, Natelson Love, y Triebel (2013), el envejecimiento cognitivo normal implica
cambios sutiles y progresivos en funciones como la memoria episódica, la velocidad de
procesamiento y la función ejecutiva, pero sin que estos cambios impidan la autonomía del
individuo.
Señala Luis Ignacio Brusco (2024) que la memoria es la función más afectada en el Alzheimer:

Dentro de la memoria declarativa se encuentran:

La memoria episódica: Es el registro de los hechos de nuestra historia individual en el


contexto temporo-espacial en el que suceden. Permite evocar experiencias personales y
acontecimientos vividos, como recordar qué se comió la noche anterior o una situación
específica relacionada con una película.

La memoria semántica: Es la memoria de los conceptos lingüísticos y culturales,


independiente de un contexto temporal o personal específico. Se relaciona con el significado
de las palabras, los conocimientos generales y la información simbólica. Por ejemplo, la
palabra “vaca” remite al concepto de un animal de cuatro patas productor de leche, aunque
en distintos idiomas se utilicen diferentes palabras para nombrarlo. Del mismo modo, una
persona puede describir el contenido o la trama de una película sin recordar necesariamente
su título.

Tabla 1: Comparativa de Olvido Benigno, Funcional y Patológico

Característica Olvido Benigno Olvido Funcional Olvido Patológico


(Subjetivo)

Descripción Parte normal del Queja subjetiva de Deterioro objetivo


General envejecimiento memoria sin de la memoria,
(DCA). deterioro objetivo. indicativo de DCL o
demencia.

Impacto en la No interfiere No hay afectación Interfiere


Funcionalidad significativamente significativa de la significativamente
Diaria con AVD. funcionalidad. con AVD/AIVD
(trabajo, social,
autonomía).

Percepción del Puede preocupar, Gran preocupación Puede no ser


Paciente pero el entorno le por fallas de consciente; el
resta importancia. memoria entorno nota el
(discrepancia empeoramiento.
subjetivo-objetivo).

Progresión No progresivo o No progresivo; Progresivo y


cambios muy fluctuaciones persistente.
sutiles y estables. asociadas a
factores
emocionales.

Recuperación de Lenta, pero posible Puede bloquearse Dificultad marcada


Información (con o sin pistas). temporalmente para aprender
(estrés/ansiedad), nueva información;
pero mejora en recuperación
calma. limitada.

Factores Asociados Envejecimiento Estrés, ansiedad, Enfermedades


normal. depresión, falta de neurodegenerativa
atención. s (EA, DV, DCL,
DFT), causas
reversibles (déficits
vitamínicos,
tiroides, etc.).

Ejemplos Clave Olvidar Sensación de Dificultad para


nombres/citas "tenerlo en la punta aprender cosas
temporalmente; de la lengua"; nuevas; problemas
dificultad para olvidos por con tareas
multitarea; dónde distracción; habituales (cocinar,
se dejaron las bloqueos mentales finanzas); perderse
llaves. por nerviosismo. en lugares
conocidos; repetir
historias.

Olvido Funcional (o Subjetivo)

El olvido funcional se define por la presencia de quejas subjetivas de memoria que, sin
embargo, no se correlacionan con un deterioro objetivo detectable en las pruebas
neuropsicológicas estandarizadas. La persona reporta fallos en su memoria, pero las
evaluaciones clínicas y neuropsicológicas demuestran un rendimiento dentro de los límites
esperados para su edad y nivel educativo. Esta discrepancia entre la percepción subjetiva y el
rendimiento objetivo es la característica definitoria del olvido funcional.

A menudo, el olvido funcional está intrínsecamente relacionado con factores psicológicos


como el estrés, la ansiedad y la depresión, así como con la falta de atención o distracción.
Estos estados emocionales pueden influir directamente en los procesos de memoria. Por
ejemplo, el estrés y la ansiedad pueden provocar un bloqueo temporal en el acceso a la
información ya almacenada, dificultando su evocación (Fundación Pasqual Maragall, s.f.). La
persona tiene la "certeza de saber algo, pero no ser capaz de recuperarlo" (Fundación Pasqual
Maragall, s.f.). En momentos de mayor calma, la información puede ser recuperada con mayor
facilidad (Fundación Pasqual Maragall, s.f.). Además, la falta de atención en el momento de la
codificación o registro de la información es un factor clave. Si no se presta suficiente atención,
la información puede no llegar a formar parte de la memoria a largo plazo, lo que se percibe
como un olvido posterior (Centro Clínico Amado, s.f.). El olvido funcional también puede ser
explicado por teorías como la del decaimiento (los trazos mnésicos se debilitan si no se
evocan) y la interferencia (nuevas o antiguas memorias compiten y dificultan la recuperación)
(Fundación Pasqual Maragall, s.f.).

Esta observación va más allá de una simple correlación para destacar que la memoria no es
un repositorio estático, sino un proceso dinámico altamente susceptible al estado interno de
un individuo. El "fracaso al evocar" debido al malestar emocional y el "fracaso en el registro"
debido a la falta de atención demuestran que los problemas de memoria pueden surgir de
interrupciones en diferentes etapas de la formación y recuperación de la memoria, no solo de
daño cerebral estructural. Esto implica que un enfoque clínico integral para el olvido
funcional debe extenderse más allá de las evaluaciones cognitivas tradicionales para incluir
una evaluación exhaustiva del bienestar psicológico, la capacidad de atención y los factores
del estilo de vida. También sugiere que las intervenciones centradas en la reducción del
estrés, la regulación emocional y el entrenamiento de la atención pueden ser muy efectivas,
reforzando una visión holística de la salud cognitiva.

La principal implicación clínica es que, a pesar de la preocupación del paciente, no hay una
afectación significativa de la funcionalidad en la vida diaria. El manejo se centra en abordar
los factores subyacentes. Para el estrés y la ansiedad, se recomiendan técnicas como el
ejercicio físico regular, una dieta equilibrada (por ejemplo, dieta mediterránea), técnicas de
relajación (relajación progresiva de Jacobson, control de la respiración, meditación), el
fomento del buen humor y la distracción, y el mantenimiento de conexiones sociales
(Instituto Europeo de la Salud y el Bienestar Social, s.f.). Las técnicas cognitivas son
fundamentales, incluyendo la reorganización cognitiva, la modificación de pensamientos
automáticos negativos, la detención del pensamiento y el desarrollo de habilidades de
resolución de problemas para afrontar los factores estresantes (Instituto Europeo de la Salud
y el Bienestar Social, s.f.). Para mejorar la memoria en el contexto de la falta de atención, se
sugiere un esfuerzo deliberado por prestar atención a la información importante y el uso de
estrategias compensatorias externas, como dejar objetos en lugares específicos o usar
señales visuales para indicar tareas completadas (Fundación Pasqual Maragall, s.f.). Es crucial
educar y tranquilizar al paciente y a su entorno, explicando que olvidar no es inherentemente
negativo; de hecho, es un proceso necesario para la eficiencia de la memoria, evitando la
sobrecarga de información irrelevante (Fundación Pasqual Maragall, s.f.).

Olvido Patológico

El olvido patológico representa un deterioro de la memoria que excede lo esperable para la


edad y el nivel educativo del individuo, sirviendo como un indicador potencial de una
condición subyacente más grave, como el deterioro cognitivo leve (DCL) o una demencia. A
diferencia del olvido benigno o funcional, este tipo de olvido es característicamente
progresivo y persistente, lo que significa que los problemas de memoria tienden a empeorar
con el tiempo y no son transitorios.
La señal de alarma más crítica es su interferencia significativa con las actividades de la vida
diaria (AVD), incluyendo tareas instrumentales de la vida diaria (AIVD) como el manejo de
finanzas, la medicación, la conducción, la organización de listas de compras o la preparación
de comidas. Esta afectación impacta negativamente el trabajo, las relaciones sociales y la
autonomía personal. Las manifestaciones clínicas incluyen: dificultad para aprender
información nueva (por ejemplo, un dispositivo nuevo), problemas para realizar tareas que
antes eran fáciles (por ejemplo, recetas conocidas, manejar facturas), olvidar conversaciones
recientes de forma inmediata, perderse en lugares familiares, y repetir historias o preguntas
con frecuencia. A menudo, el olvido patológico se acompaña de otros déficits cognitivos que
van más allá de la memoria, afectando el juicio, la atención, el lenguaje, la planificación o las
habilidades visoespaciales. Es común que amigos y familiares noten y expresen preocupación
por el empeoramiento de la memoria del individuo.

La información disponible enfatiza consistentemente que la "interferencia significativa con


las actividades de la vida diaria" es el sello distintivo del olvido patológico. Esto no es solo un
síntoma, sino la característica definitoria que eleva una preocupación por la memoria de
benigna o funcional a patológica. Esta observación destaca que el impacto funcional es el
umbral clínico principal que dicta la urgencia y la profundidad de la investigación
diagnóstica. Si bien los déficits cognitivos son el problema subyacente, es su traducción en
limitaciones funcionales en el mundo real (por ejemplo, incapacidad para manejar las
finanzas, la medicación o la higiene personal) lo que indica un problema significativo que
requiere atención médica inmediata. Esta distinción es crucial porque guía la toma de
decisiones clínicas: el olvido benigno o funcional puede manejarse con tranquilidad y
cambios en el estilo de vida, mientras que el olvido patológico requiere un examen
exhaustivo para identificar y potencialmente tratar la causa subyacente. La progresión y
persistencia de los síntomas, junto con el deterioro funcional observado por otros, sirven
como señales de alerta críticas para los clínicos.

Ante la sospecha de olvido patológico, es imperativa una evaluación médica y


neuropsicológica exhaustiva para identificar la causa subyacente. Las causas pueden ser
diversas, abarcando desde enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de
Alzheimer, demencia vascular, demencia con cuerpos de Lewy y demencia frontotemporal
(National Institute on Aging, s.f.), hasta condiciones potencialmente reversibles. Las causas
reversibles incluyen deficiencias vitamínicas (por ejemplo, B1, B12), hipotiroidismo, infecciones
(por ejemplo, urinarias, enfermedad de Lyme), trastornos del sueño (por ejemplo, apnea del
sueño), tumores cerebrales, traumatismos craneoencefálicos, accidentes cerebrovasculares y
efectos secundarios de ciertos medicamentos o abuso de sustancias (Mayo Clinic, s.f.).
Trastornos de salud mental como la depresión y la ansiedad severa también pueden
manifestarse con síntomas cognitivos significativos que simulan un deterioro patológico, y su
tratamiento puede mejorar o resolver los problemas de memoria (Mayo Clinic, s.f.). La
evaluación busca caracterizar el perfil cognitivo del paciente, diferenciar entre las distintas
etiologías y, crucialmente, descartar causas tratables.
Unidad 2: Diagnóstico Diferencial: Deterioro Cognitivo Leve (DCL),
Alzheimer y otras Demencias

Criterios Clínicos y Neuropsicológicos para la Discriminación

El diagnóstico de los trastornos neurocognitivos se rige por los criterios establecidos en el


DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5ª edición) y las guías
NIA-AA (National Institute on Aging-Alzheimer's Association), que proporcionan un marco
estandarizado y actualizado para la práctica clínica.

[Link] Normal

Un individuo con envejecimiento cognitivo normal puede o no presentar quejas cognitivas


subjetivas. Si las hay, estas no son significativas y, lo más importante, no interfieren con las
actividades de la vida diaria. La persona mantiene su independencia funcional en todas las
esferas de su vida.

Las puntuaciones obtenidas en pruebas neuropsicológicas estandarizadas se encuentran


dentro del rango normal para la edad y el nivel educativo del individuo. Aunque puede
observarse un rendimiento ligeramente inferior en algunas áreas específicas, como la
velocidad de procesamiento o la memoria de trabajo, en comparación con personas más
jóvenes, estos cambios son sutiles y no impiden la autonomía individual. Las pruebas
cognitivas de cribado como la Evaluación Cognitiva de Montreal (MoCA), el Miniexamen del
Estado Mental (MMSE) y el Mini-Cog son herramientas iniciales para evaluar funciones como
la memoria, el juicio, el lenguaje y la atención (MedlinePlus, s.f.-a). En el envejecimiento
normal, los resultados de estas pruebas suelen ser normales, aunque se reconoce que
pueden no detectar deterioros muy sutiles (MedlinePlus, s.f.-a).

[Link] Cognitivo Leve (DCL)

El DCL se concibe como una etapa intermedia o transicional entre el envejecimiento


cognitivo normal y la demencia. En esta condición, existe un déficit cognitivo objetivamente
detectable, pero la característica distintiva es la preservación de la independencia funcional.
Los criterios clínicos (DSM-V / NIA-AA) para el DCL incluyen:
●​ Queja Cognitiva: Existe una preocupación subjetiva por una disminución en la función
cognitiva, reportada por el propio individuo o por un informante cercano.
●​ Evidencia de un Declive Cognitivo Modesto: Se demuestra una disminución en el
rendimiento en una o más áreas cognitivas (memoria, función ejecutiva, lenguaje,
atención, habilidades visoespaciales) en pruebas neuropsicológicas. Este declive es más
allá de lo esperado para la edad y el nivel educativo, pero no tan severo como para
cumplir los criterios de demencia.
●​ Preservación de la Independencia en Actividades de la Vida Diaria (AIVD): La persona es
capaz de realizar sus actividades instrumentales de la vida diaria (manejo de finanzas,
medicación, uso del transporte, compras, preparación de comidas, limpieza) con poca o
ninguna ayuda. Esta es una diferencia crucial con la demencia.
●​ No cumple criterios para demencia.

Desde el punto de vista neuropsicológico, las pruebas revelan un rendimiento que se sitúa
típicamente entre 1 y 1.5 desviaciones estándar por debajo de la media para la edad y la
escolaridad en el dominio o dominios afectados. El DCL puede ser amnésico (con predominio
en la afectación de la memoria, especialmente la memoria declarativa de tipo episódico, con
problemas en la consolidación y el recobro diferido de nueva información) o no amnésico
(con afectación en otras funciones cognitivas como la función ejecutiva o el lenguaje). La
evaluación de la interferencia funcional en el DCL es fundamental. Aunque la independencia
se mantiene, se indaga sobre la presencia de dificultades en tareas complejas que podrían ser
indicativas de un deterioro incipiente. Se utilizan escalas de AIVD para evaluar la capacidad
de usar el teléfono, hacer compras, preparar comidas, manejar medicamentos, gestionar
finanzas, etc. (Careforth, s.f.). La clave es que estas dificultades no son lo suficientemente
graves como para impactar la vida diaria de manera significativa (Mayo Clinic, s.f.-b).

[Link] (Trastorno Neurocognitivo Mayor según DSM-V)

La demencia implica un deterioro cognitivo lo suficientemente grave como para interferir de


manera significativa con la independencia funcional del individuo.
Los criterios clínicos (DSM-V / NIA-AA) para la demencia incluyen:
●​ Evidencia de un Declive Cognitivo Significativo: Demostrado por una disminución
sustancial en el rendimiento en una o más áreas cognitivas (memoria, función ejecutiva,
lenguaje, atención, habilidades visoespaciales, cognición social) en pruebas
neuropsicológicas.
●​ Interferencia con la Independencia en Actividades de la Vida Diaria: Los déficits
cognitivos son tan severos que afectan la capacidad de la persona para realizar sus
actividades instrumentales y básicas de la vida diaria (manejo de finanzas, medicación,
conducción, participación social, higiene personal, alimentación, vestido), requiriendo
ayuda o supervisión.
●​ Los déficits no se explican mejor por otro trastorno mental (por ejemplo, depresión
mayor) o por un delirio.

Desde el punto de vista neuropsicológico, las pruebas revelan un rendimiento que se sitúa
típicamente 2 o más desviaciones estándar por debajo de la media en el dominio o dominios
afectados. La evaluación neuropsicológica es un pilar fundamental en el diagnóstico
diferencial de las demencias. Permite identificar y cuantificar las alteraciones cognitivas,
establecer un perfil de habilidades conservadas y mermadas, determinar la magnitud de la
pérdida y seguir la evolución temporal del cuadro (Psicología Nafría, s.f.). Abarca la evaluación
detallada de la orientación (tiempo, lugar, persona), atención (retención de dígitos, TMT,
Stroop), lenguaje (fluidez verbal, denominación, comprensión), memoria (verbal, visual,
episódica, semántica), praxias (ideomotora, ideacional, construccional), lectura, escritura y
cálculo, así como las funciones ejecutivas (planificación, resolución de problemas, flexibilidad
cognitiva) (EEPsicología, s.f.).

La información disponible proporciona umbrales cuantitativos claros (1-1.5 DE para DCL, 2+ DE


para demencia) y descripciones cualitativas del impacto funcional (independencia
preservada para DCL, interferencia significativa para demencia). Esto sugiere una relación
progresiva en la que el aumento del deterioro cognitivo cuantitativo finalmente cruza un
umbral funcional crítico. Esta observación destaca que el proceso diagnóstico para los
trastornos neurocognitivos opera en un continuo donde el rendimiento cognitivo objetivo
(cuantificado por pruebas neuropsicológicas) progresa de normal a modestamente afectado
(DCL) y luego a significativamente afectado (demencia). Sin embargo, el diferenciador
diagnóstico definitivo, particularmente entre el DCL y la demencia, es el umbral funcional.
Mientras que el DCL implica déficits cognitivos medibles, el individuo conserva la capacidad
de realizar actividades diarias complejas de forma independiente. La demencia, por el
contrario, se define por el punto en que estos déficits cognitivos se vuelven tan profundos
que interfieren significativamente con las actividades instrumentales y básicas de la vida
diaria. Esto enfatiza que la evaluación clínica debe integrar tanto las pruebas cognitivas
objetivas como un historial detallado y corroborado de las capacidades funcionales, ya que el
impacto funcional es el punto de inflexión crítico para el diagnóstico y guía el nivel de apoyo e
intervención requeridos.

Tabla 2: Criterios Clínicos y Neuropsicológicos para Envejecimiento Normal, DCL y


Demencia (Según DSM-V y NIA-AA)

Característica Envejecimiento Deterioro Cognitivo Demencia


Normal Leve (DCL) (Trastorno
Neurocognitivo
Mayor)

Queja Cognitiva Ausente o no Presente Presente


significativa. (subjetiva); (significativa); a
preocupación por menudo notada
el declive. por otros.

Declive Cognitivo No o sutil Modesto Significativo


Objetivo (Pruebas (puntuaciones (rendimiento entre (rendimiento 2 o
Neuropsicológicas) dentro del rango 1 y 1.5 DE por más DE por debajo
normal para debajo de la de la media).
edad/educación). media).

Dominio(s) Velocidad de Uno o más Múltiples dominios


Cognitivo(s) procesamiento, dominios (memoria, función
Afectado(s) memoria de (memoria, función ejecutiva, lenguaje,
trabajo (cambios ejecutiva, lenguaje, atención,
sutiles. atención, visoespacial,
visoespacial). cognición social).

Independencia Mantenida; Preservada; puede Interferencia


Funcional autonomía realizar AIVD con significativa con
(AIVD/AVD) completa. poca o ninguna AIVD y AVD;
ayuda. pérdida de
independencia.

Cumplimiento de No cumple criterios No cumple criterios Cumple criterios de


Criterios para DCL o para Demencia. Demencia.
Diagnósticos Demencia.
(DSM-V / NIA-AA)

Riesgo de Bajo riesgo. Mayor riesgo Ya es Demencia.


Progresión a (10-15% anual)
Demencia (Mayo Clinic, s.f.-a).

Alzheimer y otras Demencias: El Diagnóstico Diferencial

[Link] de Alzheimer (EA)

La Enfermedad de Alzheimer es la causa más prevalente de demencia, representando entre


el 60% y el 80% de todos los casos (National Institute on Aging, s.f.). Se caracteriza por un
inicio insidioso y una progresión gradual y constante de los déficits cognitivos (National
Institute on Aging, s.f.). El síntoma inicial más prominente suele ser la afectación de la
memoria episódica, manifestada como una dificultad marcada para aprender y recordar
nueva información (amnesia anterógrada). Esto se observa en la repetición de preguntas, el
olvido de eventos recientes y la necesidad creciente de recordatorios, como notas o
dispositivos electrónicos, o la ayuda de familiares para tareas que antes se manejaban solos
(National Institute on Aging, s.f.).

Con la progresión de la enfermedad, se afectan progresivamente otras funciones cognitivas,


incluyendo el lenguaje (anomia o dificultad para encontrar palabras, problemas para seguir
conversaciones o repetirse), las funciones ejecutivas (dificultad para planificar, resolver
problemas, tomar decisiones, manejar finanzas), la orientación (confusión de tiempo y lugar,
incluso en lugares conocidos) y las habilidades visoespaciales (dificultad para comprender
imágenes visuales, juzgar distancias, problemas de equilibrio) (National Institute on Aging,
s.f.). En etapas moderadas a graves, son comunes los cambios significativos en la
personalidad y el comportamiento, como apatía, irritabilidad, desinhibición, delirios (por
ejemplo, sospechas infundadas de robo) y alucinaciones. La persona puede deambular y
confundir a familiares o amigos. La comunicación se vuelve difícil o imposible, y se requiere
asistencia total para el autocuidado y las actividades físicas, llegando a la incapacidad para
caminar, sentarse o tragar sin ayuda (Mayo Clinic, s.f.-c).
Las guías NIA-AA han incorporado el uso de biomarcadores para apoyar el diagnóstico de EA,
especialmente en etapas tempranas o atípicas (National Institute on Aging, s.f.). Estos
biomarcadores incluyen la detección de beta-amiloide (mediante PET amiloide o en líquido
cefalorraquídeo - LCR) y proteína tau (en LCR o PET tau), que reflejan la patología subyacente
de la EA (placas amiloides y ovillos neurofibrilares de tau) (Mayo Clinic, s.f.-c).

El patrón de déficit neuropsicológico es típicamente cortical, con una alteración precoz y


severa de la memoria episódica, que incluye tanto la adquisición como la recuperación de
nueva información. Se observa afectación de las funciones ejecutivas, el lenguaje
(particularmente anomia o dificultad para nombrar objetos, y parafasias semánticas) y las
praxias (dificultad para realizar movimientos aprendidos). La evaluación neuropsicológica
detallada (por ejemplo, Test de Memoria de Wechsler, Test de Fluidez Verbal, Test de Figuras
Complejas de Rey) es crucial para caracterizar este perfil (EEPsicología, s.f.).

[Link] Vascular (DV)


La Demencia Vascular está directamente asociada con la enfermedad cerebrovascular, como
infartos cerebrales (accidentes cerebrovasculares isquémicos) y hemorragias. Su curso puede
ser súbito (post-ictus), escalonado (deterioro progresivo en pasos tras múltiples eventos
vasculares) o, en algunos casos, gradual (debido a enfermedad de pequeños vasos). Los
déficits cognitivos son altamente variables, dependiendo de la localización, el tamaño y el
número de las lesiones vasculares. Es común la presencia de síntomas neurológicos focales
(por ejemplo, debilidad de una extremidad, alteraciones de la marcha, hiperreflexia,
hemiplejías). Tipos específicos incluyen la demencia multiinfarto y la demencia isquémica
subcortical (como la Enfermedad de Binswanger, asociada a hipertensión grave y
enfermedad vascular sistémica) (Merck Manuals, s.f.).

Los factores de riesgo para la demencia vascular son en gran medida los mismos que para las
enfermedades cardiovasculares y los accidentes cerebrovasculares: edad avanzada,
antecedentes de infarto de miocardio o accidentes cerebrovasculares (incluidos AIT),
aterosclerosis (acumulación de placas en las arterias), colesterol alto (LDL), hipertensión
arterial, diabetes, tabaquismo, obesidad y fibrilación auricular (Mayo Clinic, s.f.-d).

Neuropsicológicamente, a menudo se observa una afectación prominente de las funciones


ejecutivas (dificultad para organizar pensamientos o acciones, planificar, tomar decisiones,
resolver problemas, lentitud al razonar). También son características la lentificación en la
velocidad de procesamiento y déficits en la atención. La memoria puede estar afectada,
particularmente el recuerdo libre, pero con una mejor capacidad de reconocimiento en
comparación con la EA. A diferencia de la EA, se puede observar una preservación relativa del
volumen del hipocampo en la DV pura (Merck Manuals, s.f.).

[Link] con Cuerpos de Lewy (DCL)


La DCL se caracteriza por un deterioro cognitivo gradual, acompañado de al menos dos de las
siguientes características centrales:
●​ Fluctuaciones en la cognición: Variaciones impredecibles en la concentración, la
atención, el estado de alerta y la vigilia, con periodos de somnolencia, letargia o episodios
de mirada fija.
●​ Alucinaciones visuales recurrentes y bien formadas: A menudo realistas y detalladas (por
ejemplo, ver personas o animales), y que suelen aparecer en las primeras etapas de la
enfermedad.
●​ Parkinsonismo: Síntomas motores similares a los de la enfermedad de Parkinson, como
lentitud de movimientos (bradicinesia), rigidez muscular, temblor en reposo y problemas
de equilibrio.

Un síntoma de apoyo muy común es el Trastorno de Conducta del Sueño REM (TCSC-REM),
en el que la persona "actúa" sus sueños durante el sueño, a menudo precediendo el inicio de
los síntomas cognitivos. También pueden presentarse disfunción autonómica (problemas de
presión arterial, sensibilidad al calor/frío, incontinencia urinaria), depresión, ansiedad y delirios
(Mayo Clinic, s.f.-e). Una sensibilidad particular a los medicamentos antipsicóticos es una pista
diagnóstica importante, ya que estos pueden empeorar los síntomas (Mayo Clinic, s.f.-e).

La investigación activa busca biomarcadores para un diagnóstico temprano y preciso de la


DCL (Mayo Clinic, s.f.-e). La detección de alfa-sinucleína agregada en líquido cefalorraquídeo
(LCR), particularmente mediante el ensayo RT-QuIC (Real-Time Quaking-Induced
Conversion), ha mostrado alta sensibilidad y especificidad para la DCL y la enfermedad de
Parkinson ([Link], s.f.). Este proceso patológico puede iniciarse mucho antes de la
aparición de síntomas clínicos ([Link], s.f.). La biopsia de piel es otra técnica
prometedora que puede identificar la alfa-sinucleína fosforilada (P-SYN) anormal en las fibras
nerviosas cutáneas, con alta precisión para las sinucleinopatías. Las pruebas de neuroimagen
funcional, como la gammagrafía del transportador de dopamina (DaTscan PET), que muestra
una captación reducida del transportador de dopamina en el cerebro, pueden ayudar a
diferenciar la DCL de la EA (Mayo Clinic, s.f.-e).

Neuropsicológicamente, se observa un deterioro temprano y prominente de las funciones


visoespaciales (por ejemplo, dificultad para juzgar distancias, reconocer objetos, copiar
dibujos) y las funciones ejecutivas. Los problemas de memoria pueden no ser tan evidentes
en las etapas iniciales, pero se vuelven más notorios con el tiempo (National Institute of
Neurological Disorders and Stroke, s.f.).

[Link] Frontotemporal (DFT)


La DFT es un grupo heterogéneo de trastornos neurodegenerativos que afectan
predominantemente los lóbulos frontales y/o temporales del cerebro, lo que lleva a su atrofia.
Estas regiones cerebrales son críticas para la personalidad, el comportamiento y el lenguaje
(Mayo Clinic, s.f.-f). A menudo, la DFT se presenta a una edad más temprana (entre los 40 y los
65 años) en comparación con la enfermedad de Alzheimer (Mayo Clinic, s.f.-f). Su
patofisiología implica la acumulación de ciertas sustancias anormales en el cerebro, como las
proteínas tau y TDP-43 (Mayo Clinic, s.f.-c).
Existen varias variantes clínicas y síntomas asociados:
●​ Variante Conductual (DFTvc): Es la forma más común y se caracteriza por cambios
profundos en la personalidad y el comportamiento. Los síntomas incluyen desinhibición
social, apatía, pérdida de empatía, falta de juicio, conductas compulsivas o repetitivas
(por ejemplo, golpeteos, chasquidos de labios), disminución de la higiene personal y
cambios en los hábitos alimentarios (hiperfagia, preferencia por dulces, comer objetos o
querer ponerse cosas en la boca de forma compulsiva).
●​ Afasia Progresiva Primaria (APP): Se manifiesta por dificultades progresivas y aisladas en
el lenguaje. Existen subtipos como la afasia progresiva no fluida (problemas
gramaticales, habla vacilante, oraciones simples de dos palabras) y la demencia
semántica (pérdida del significado de las palabras, anomia, reemplazo de palabras
específicas por términos más generales).
●​ Trastornos del Movimiento: Subtipos más raros de DFT pueden presentar síntomas
motores similares a los de la enfermedad de Parkinson o la esclerosis lateral amiotrófica
(ELA), como temblores, rigidez, espasmos musculares, mala coordinación, dificultad para
tragar, debilidad muscular, risas o llantos inadecuados, y caídas o dificultad para caminar
(Mayo Clinic, s.f.-f).

Los patrones de déficit neuropsicológico varían según la variante clínica. En general, suelen
involucrar prominentemente las funciones ejecutivas y la cognición social (en la DFTvc), y el
lenguaje (en la APP). La memoria episódica tiende a estar relativamente preservada en las
etapas iniciales, lo que ayuda a diferenciarla de la EA.

La información disponible destaca que el NIA-AA incorpora biomarcadores para la


Enfermedad de Alzheimer. Otros datos detallan biomarcadores específicos para la Demencia
con Cuerpos de Lewy (alfa-sinucleína en LCR/biopsia de piel, DaTscan PET) (Mayo Clinic, s.f.-e)
y mencionan tau/TDP-43 para la DFT (Mayo Clinic, s.f.-c). Esto muestra una clara tendencia
hacia la integración de datos moleculares y de imagen con la presentación clínica. Esta
convergencia de la clínica y la biología en el diagnóstico diferencial de las demencias
neurodegenerativas resalta un cambio fundamental en el paradigma diagnóstico.
Históricamente, el diagnóstico se basaba en gran medida en la presentación clínica y los
perfiles neuropsicológicos. Sin embargo, la aparición y validación de biomarcadores
específicos permiten una identificación más precisa, y a menudo más temprana, de la
patología subyacente (por ejemplo, amiloide/tau para la EA, alfa-sinucleína para la DCL,
TDP-43/tau para la DFT). Esta convergencia de datos clínicos, neuropsicológicos y biológicos
permite un diagnóstico diferencial más preciso, especialmente en presentaciones atípicas o
tempranas donde la superposición clínica es significativa. Esta precisión no es meramente
académica; es crucial para guiar las intervenciones terapéuticas dirigidas a medida que
surgen, y para proporcionar pronósticos más precisos y planes de atención personalizados
para los pacientes y sus familias. Esto significa que el futuro del diagnóstico de la demencia
es cada vez más multimodal y biológicamente informado.
Tabla 3: Perfiles Clínicos y Neuropsicológicos Distintivos de las Principales Demencias
Neurodegenerativas

Característica Enfermedad Demencia Demencia con Demencia


de Alzheimer Vascular (DV) Cuerpos de Frontotempor
(EA) Lewy (DCL) al (DFT)

Patología Placas Lesiones Depósitos de Atrofia


Subyacente amiloides y cerebrovascula alfa-sinucleína frontal/tempor
ovillos res (infartos, (cuerpos de al;
neurofibrilares hemorragias). Lewy). acumulacione
de tau. s de tau o
TDP-43.

Inicio y Curso Insidioso, Súbito Insidioso, con Insidioso,


progresión (post-ictus), fluctuaciones progresión
gradual y escalonado o significativas. gradual; a
constante. gradual menudo inicio
(enfermedad más temprano
pequeños (<65 años).
vasos).

Síntoma Memoria Funciones Fluctuaciones Cambios de


Cognitivo episódica ejecutivas, cognitivas, personalidad/c
Inicial (dificultad para velocidad de déficits onducta
Prominente aprender procesamiento visoespaciales (DFTvc) o
nueva , atención. y ejecutivos lenguaje
información, (memoria (APP).
olvido de puede ser
eventos tardía).
recientes).

Otros Afasia, apraxia, Síntomas Alucinaciones Desinhibición,


Síntomas agnosia, neurológicos visuales apatía,
Clínicos Clave cambios de focales recurrentes, conductas
personalidad/c (marcha parkinsonismo repetitivas,
onducta en inestable, , TCSC-REM. cambios
etapas debilidad), alimentarios; o
avanzadas. depresión, afasia
apatía. progresiva.

Hallazgos Patrón cortical; Afectación Deterioro Déficits en


Neuropsicológi alteración ejecutiva, temprano y funciones
cos Distintivos precoz y velocidad de prominente de ejecutivas,
severa de procesamiento funciones cognición
memoria , atención; visoespaciales social,
episódica; mejor y ejecutivas. lenguaje;
anomia, reconocimient memoria
praxias. o que episódica
recuerdo. relativamente
preservada al
inicio.

Biomarcadore PET RM cerebral DaTscan PET, Atrofia


s/Neuroimage amiloide/tau, (infartos, alfa-sinucleína frontal/tempor
n Relevantes tau/beta-amilo lesiones en LCR al en RM;
ide en LCR. sustancia (RT-QuIC), acumulación
blanca), biopsia de piel. de tau/TDP-43.
FDG-PET
(hipometabolis
mo multifocal).

El Proceso Diagnóstico Integral

El diagnóstico preciso de las demencias y la diferenciación de otras condiciones que cursan


con deterioro cognitivo es un proceso complejo que exige una evaluación exhaustiva y
multidisciplinaria. No existe una única prueba diagnóstica para la demencia (Mayo Clinic,
s.f.-g).
Este enfoque integral incluye:
●​ Historia Clínica Detallada: Recopilación minuciosa de los síntomas (inicio, progresión,
fluctuaciones), antecedentes médicos (incluyendo enfermedades vasculares,
traumatismos, trastornos de salud mental), medicación actual y antecedentes familiares
de demencia.
●​ Examen Físico y Neurológico: Para descartar otras condiciones médicas que puedan
afectar la función cerebral (por ejemplo, deficiencias vitamínicas, hipotiroidismo,
infecciones) e identificar signos neurológicos focales que orienten hacia una etiología
específica (por ejemplo, parkinsonismo en DCL, signos de ictus en DV).
●​ Pruebas de Laboratorio: Análisis de sangre para descartar causas reversibles de deterioro
cognitivo (por ejemplo, deficiencia de vitamina B12, hipotiroidismo, infecciones,
desequilibrios metabólicos). En algunos casos, el análisis del líquido cefalorraquídeo
(LCR) puede ser útil para detectar biomarcadores específicos (por ejemplo,
beta-amiloide, tau, alfa-sinucleína) (Mayo Clinic, s.f.-g).
●​ Estudios de Neuroimagen:
○​ Resonancia Magnética (RM) cerebral o Tomografía Computarizada (TC): Para
identificar cambios estructurales como atrofia cerebral (por ejemplo, atrofia
hipocampal en EA), infartos, hemorragias, tumores o hidrocefalia.
○​ Tomografía por Emisión de Positrones (PET): Incluye PET con fluorodesoxiglucosa
(FDG-PET) para evaluar la actividad metabólica cerebral (patrones de
hipometabolismo específicos), y PET con trazadores de amiloide o tau para confirmar
la patología de la EA. La gammagrafía del transportador de dopamina (DaTscan) es
útil para la DCL (Mayo Clinic, s.f.-e).
●​ Evaluación Neuropsicológica Completa: Es fundamental para caracterizar el perfil
cognitivo del paciente, cuantificar la magnitud de los déficits, identificar las habilidades
preservadas, monitorear la progresión a lo largo del tiempo y, crucialmente, ayudar a
diferenciar entre las distintas etiologías de demencia. Permite un análisis cualitativo y
cuantitativo de las funciones psicológicas superiores ([Link], s.f.).

La similitud de síntomas entre las diversas demencias puede dificultar un diagnóstico


preciso, pero un diagnóstico correcto es esencial para un tratamiento adecuado (Mayo Clinic,
s.f.-c). En las etapas tempranas o en presentaciones atípicas, la integración de los hallazgos
clínicos, los patrones neuropsicológicos específicos y los biomarcadores se vuelve aún más
crítica. El seguimiento longitudinal del paciente es a menudo indispensable, ya que un
diagnóstico definitivo rara vez se logra con una única evaluación en las etapas iniciales de la
enfermedad ([Link], s.f.). La reevaluación periódica permite observar la evolución de los
síntomas y refinar el diagnóstico. Es crucial evitar tanto el subdiagnóstico (no identificar un
problema) como el sobrediagnóstico (etiquetar un olvido benigno como demencia), lo que
requiere una aproximación neuropsicológica prudente y basada en patrones de referencia
claros ([Link], s.f.).

La información disponible afirma repetidamente que "no hay una única prueba para
diagnosticar la demencia" (Mayo Clinic, s.f.-g) y enfatiza la necesidad de un enfoque
"multidisciplinario". Además, la idea de que un "diagnóstico definitivo rara vez se logra con la
primera evaluación neuropsicológica" ([Link], s.f.) apunta a un proceso continuo. Esta
observación destaca que el diagnóstico de los trastornos neurocognitivos no es un evento
estático y único, sino más bien un proceso dinámico e iterativo que implica la integración
continua de diversos puntos de datos a lo largo del tiempo. Es un "rompecabezas" donde la
historia clínica, el examen neurológico, los resultados de laboratorio, la neuroimagen y los
perfiles neuropsicológicos aportan cada uno sus piezas. Cuando el panorama no es claro
inicialmente (especialmente en casos tempranos o atípicos), el proceso se vuelve
longitudinal, requiriendo evaluaciones repetidas y la incorporación de datos de
biomarcadores emergentes. Este enfoque iterativo es crucial para refinar el diagnóstico,
adaptarse a la progresión de la enfermedad e intentar que no se pasen por alto las
condiciones reversibles. También subraya la importancia de la comunicación continua dentro
del equipo multidisciplinario y con el paciente y la familia, ya que el propio viaje diagnóstico
forma parte del continuo de atención al paciente.

Aspectos centrales a considerar

La capacidad de clasificar con precisión el olvido y realizar un diagnóstico diferencial


exhaustivo del Deterioro Cognitivo Leve y las diversas demencias es un pilar fundamental en
la atención neurológica y geriátrica moderna. Un diagnóstico temprano y preciso, sustentado
en una evaluación clínica y neuropsicológica meticulosa, y complementado por los avances
en neuroimagen y biomarcadores, no solo permite la implementación de intervenciones
terapéuticas oportunas, sino que también facilita la planificación de cuidados futuros y la
provisión de un pronóstico realista a los pacientes y sus familias.

La comprensión de las características distintivas de cada tipo de olvido y demencia es


esencial para evitar errores diagnósticos que podrían llevar a tratamientos inadecuados o a la
omisión de condiciones reversibles. El campo de los trastornos neurocognitivos continúa
evolucionando rápidamente, con la investigación constante en biomarcadores y nuevas
estrategias terapéuticas que prometen afinar aún más la precisión diagnóstica y mejorar la
calidad de vida de los afectados. La colaboración multidisciplinaria y el seguimiento continuo
seguirán siendo claves para abordar los desafíos que presentan estas complejas condiciones.

Unidad 2: Manifestaciones Clínicas, Neuropsiquiátricas y Psicopatológicas:


Diagnóstico Clínico, Neuroimágenes y Biomarcadores
La demencia, más allá de la afectación cognitiva central, se presenta con una compleja
constelación de síntomas que impactan profundamente la calidad de vida de los pacientes y
sus cuidadores. Una identificación y un diagnóstico precisos son fundamentales para
diferenciar entre el envejecimiento normal, el deterioro cognitivo leve (DCL) y los distintos
tipos de demencia, lo que a su vez permite establecer un plan terapéutico individualizado y
optimizado (Allegri et al., 2015).

El proceso diagnóstico en la demencia no es meramente descriptivo, sino que tiene un


carácter prescriptivo, guiando directamente las estrategias de intervención más eficaces y
personalizadas. Esta conexión vital entre un diagnóstico exacto y una gestión óptima del
paciente resalta la importancia crítica de un proceso de evaluación riguroso. Un diagnóstico
erróneo o tardío puede resultar en intervenciones inadecuadas, un aumento en la carga del
cuidador y resultados subóptimos para el paciente, lo que enfatiza la necesidad de vías
diagnósticas sólidas y eficientes.

Manifestaciones Clínicas Cognitivas


Las demencias se caracterizan por un deterioro progresivo en múltiples dominios cognitivos.
La identificación temprana y precisa de estos déficits es crucial para el diagnóstico diferencial
y la planificación del cuidado.

Luis Ignacio Brusco menciona (2024) “Es importante tener en claro que existen diferentes
tipos de memoria, y que cada una cumple una función específica. Una falla en un tipo de
memoria no implica necesariamente que toda la función esté deteriorada. Para ello es
necesario conocer muy bien la función y sus diferentes clasificaciones.
La memoria es una de las funciones centrales de la actividad intelectual y es la base de
nuestro conocimiento. Puede ser definida como el conjunto de habilidades mentales a través
de las cuales el cerebro almacena información para su posterior utilización”.

1. Memoria

La alteración de la memoria es un síntoma cardinal en la mayoría de las demencias, siendo


particularmente prominente en la enfermedad de Alzheimer (EA) (Allegri et al., 2015). En las
etapas tempranas de la EA, la dificultad para recordar eventos recientes o información recién
aprendida constituye una de las primeras y más comunes manifestaciones (Alzheimer's
Association, 2025). Esto se traduce en el olvido de conversaciones recientes, citas importantes
o eventos significativos, lo que lleva a una creciente dependencia de ayudas externas como
notas o dispositivos electrónicos, o de los propios familiares para tareas que antes manejaban
de forma autónoma (Mayo Clinic Staff, 2024). Más allá de la memoria episódica, la memoria
de trabajo y la memoria declarativa a largo plazo también se ven afectadas tempranamente
en el curso de la EA (Jahn, 2013). A medida que la enfermedad progresa, la capacidad de
recordar información, tanto nueva como previamente aprendida, se deteriora de manera más
generalizada (Mayo Clinic Staff, 2024).

Este patrón específico de deterioro de la memoria en la EA se vincula directamente con la


neuropatología subyacente. La acumulación de placas de beta-amiloide y ovillos
neurofibrilares de proteína tau, características distintivas de la EA, comienza en el córtex
entorrinal y las formaciones hipocampales, que son áreas cerebrales críticas para los procesos
de memoria y aprendizaje (Jahn, 2013). La atrofia en regiones como el hipocampo se
correlaciona directamente con el rendimiento deficiente en tareas de memoria (Jahn, 2013).
La especificidad del deterioro de la memoria en la EA, que se inicia con la memoria episódica
y afecta tempranamente la memoria de trabajo y declarativa, es un reflejo directo de la
patología inicial de amiloide y tau en el hipocampo y el córtex entorrinal. Esta conexión
anatómica de las lesiones neurodegenerativas determina la secuencia y el tipo de los déficits
cognitivos primarios, lo que permite diferenciar la EA de otras demencias donde otros
dominios pueden ser afectados en primer lugar.

La progresión precisa de la patología de la EA, caracterizada por la acumulación de placas de


beta-amiloide y ovillos neurofibrilares de tau en estructuras cerebrales clave como el
hipocampo y el córtex entorrinal, explica directamente el patrón distintivo de deterioro
cognitivo, especialmente en la memoria. Esta comprensión profunda de los mecanismos
biológicos subyacentes a los síntomas no solo facilita un diagnóstico más preciso, sino que
también es fundamental para el desarrollo de terapias modificadoras de la enfermedad que
se dirigen a estas patologías específicas en las etapas iniciales de la enfermedad.

.
2. Lenguaje

Las dificultades lingüísticas son manifestaciones comunes en las demencias, aunque su


presentación y gravedad varían según el tipo y la etapa de la enfermedad (Allegri et al., 2015).
Una de las manifestaciones frecuentes es la dificultad para encontrar palabras, conocida
como anomia, junto con el uso de palabras incorrectas o sonidos, denominadas parafasias
(Stroke Association, n.d.). Un ejemplo de esto es cuando una persona se refiere a un "reloj"
como un "reloj de mano" (Mayo Clinic Staff, 2024). A medida que la enfermedad avanza, se
observa una disminución de la fluidez verbal y, en etapas más tardías, un compromiso
significativo de la comprensión del lenguaje (Allegri et al., 2015).

Existen diferentes tipos de afasia que pueden presentarse en el contexto de la demencia:


●​ Afasia Expresiva (de Broca o no fluente): Se caracteriza por la dificultad para encontrar las
palabras correctas y producir oraciones completas, a pesar de que la comprensión del
habla puede estar relativamente preservada (Stroke Association, n.d.). Este tipo de afasia
se asocia con daño en el área de Broca, ubicada en el lóbulo frontal izquierdo (Stroke
Association, n.d.).
●​ Afasia Receptiva (de Wernicke o fluente): En este caso, la persona puede hablar con
fluidez, pero sus oraciones a menudo carecen de sentido, y tienen problemas para
comprender el habla de los demás (Stroke Association, n.d.).
●​ Afasia Anómica: Una forma más leve de afasia donde la persona lucha por encontrar la
palabra correcta para los objetos, recurriendo a sustituir términos vagos o a describir la
función del objeto en lugar de nombrarlo (Stroke Association, n.d.).
●​ Afasia Global: Es la forma más severa de afasia, resultado de un daño en múltiples áreas
del lenguaje cerebral, lo que afecta tanto la expresión como la comprensión de manera
significativa (Stroke Association, n.d.).
●​ Afasia Progresiva Primaria (APP): Esta es una condición neurodegenerativa específica
donde las capacidades lingüísticas empeoran lenta y progresivamente, llevando a una
pérdida gradual de la capacidad de leer, escribir, hablar y comprender (Mayo Clinic Staff,
2025). La APP se clasifica en tres variantes principales: logopénica (lvPPA), no
fluente-agramática (nfaPPA) y semántica (svPPA) (Tippett, 2020). La variante semántica
se distingue por déficits prominentes en el procesamiento semántico y la comprensión,
mientras que la variante no fluente se caracteriza por un habla no fluida y esforzada (Lee,
2025).

Las características específicas de los déficits del lenguaje, como los patrones de afasia, son un
diferenciador clave entre los tipos de demencia. Mientras que en la EA las dificultades del
lenguaje pueden surgir secundariamente a problemas de memoria, como la dificultad para
recordar palabras (Mayo Clinic Staff, 2024), en las demencias frontotemporales (DFT),
especialmente la APP, el lenguaje es el dominio primario afectado desde el inicio. Esto refleja
una degeneración focal en las áreas del cerebro responsables del habla y el lenguaje, como el
lóbulo frontal izquierdo (área de Broca) y el lóbulo temporal (procesamiento semántico) (Lee,
2025). Esta distinción es crucial para un diagnóstico preciso, ya que permite identificar la
patología subyacente y orientar el manejo adecuado.
La manera en que el lenguaje se ve afectado, incluyendo el patrón y la primacía de la
alteración, actúa como una guía diagnóstica esencial para distinguir entre los subtipos de
demencia. Por ejemplo, la aparición temprana y dominante de problemas lingüísticos, como
la afasia progresiva primaria, sugiere una demencia frontotemporal, mientras que las
dificultades del lenguaje que surgen como consecuencia de problemas de memoria son más
indicativas de la EA. Esta distinción es fundamental para evitar diagnósticos erróneos, que
podrían confundir los síntomas con condiciones psiquiátricas, y para procurar que las
intervenciones, como la terapia del habla, se implementen de manera oportuna y
especializada.

3. Funciones Ejecutivas
Las funciones ejecutivas abarcan un conjunto de habilidades cognitivas superiores esenciales
para la planificación, la resolución de problemas, la toma de decisiones, la flexibilidad
cognitiva (la capacidad de adaptarse a nuevas situaciones o cambiar entre tareas), y la
autorregulación (Allegri et al., 2015).

Las manifestaciones clínicas de la disfunción ejecutiva incluyen dificultades para seguir un


plan o manejar números, como el seguimiento de facturas mensuales (Mayo Clinic Staff,
2024). Los pacientes también pueden experimentar problemas para concentrarse y tardar
mucho más tiempo en completar tareas de lo que solían hacerlo (Mayo Clinic Staff, 2024).
Además, se observa un juicio deficiente y una falta de previsión, lo que puede llevar a
decisiones poco sensatas en entornos sociales o a subestimar riesgos, por ejemplo, al
conducir (Mayo Clinic Staff, 2024). La declinación en las funciones ejecutivas es a menudo una
de las primeras observaciones de las familias, incluso antes de que se manifieste una pérdida
significativa de memoria (Synaps DX, 2025). Esto se evidencia en dificultades para equilibrar
una chequera, preparar comidas complejas o manejar horarios de medicación complicados
(American Psychiatric Association, 2000).

La afectación de las funciones ejecutivas varía significativamente entre los tipos de demencia:
●​ Demencia Frontotemporal (DFT): Frecuentemente comienza con una disfunción
ejecutiva significativa, incluso antes de que la memoria se vea afectada. Las personas
pueden mostrar impulsividad y juicio deficiente, falta de planificación o establecimiento
de metas, arrebatos emocionales o apatía, y una reducción en la capacidad de organizar
o priorizar tareas (Synaps DX, 2025).
●​ Demencia Vascular: Debido a la reducción del flujo sanguíneo a áreas cerebrales
específicas, la función ejecutiva puede declinar de forma repentina o desigual. Los
síntomas comunes incluyen pensamiento lento y dificultad para organizar o adaptarse al
cambio (Synaps DX, 2025).
●​ Enfermedad de Alzheimer (EA): En las etapas tempranas, la función ejecutiva puede
permanecer en gran medida intacta, siendo los problemas de memoria más notorios. A
medida que la enfermedad progresa, la planificación, el razonamiento y el juicio declinan
gradualmente (Mayo Clinic Staff, 2024).
●​ Demencia con Cuerpos de Lewy (DCL): La DCL causa fluctuaciones en la atención y el
estado de alerta, lo que afecta la función ejecutiva de manera inconsistente. La
planificación, la atención y la resolución de problemas a menudo disminuyen
tempranamente (Capogna et al., 2025).

La aparición y el patrón de la disfunción ejecutiva son cruciales para el diagnóstico diferencial


de las demencias. En la DFT, la disfunción ejecutiva temprana y prominente, a menudo
confundida con problemas psiquiátricos o cambios de personalidad (Synaps DX, 2025),
subraya la necesidad de una evaluación neuropsicológica detallada. Para los cuidadores,
reconocer que estos cambios son parte de la enfermedad, y no meramente "terquedad" o
"pereza", es fundamental para ajustar las estrategias de cuidado y anticipar las necesidades
del paciente. Esta comprensión ayuda a mitigar la frustración y a implementar enfoques de
apoyo más efectivos.

La disfunción ejecutiva, especialmente cuando aparece en las primeras etapas y es


notablemente prominente, incluso antes de que se observe una pérdida significativa de
memoria, sirve como una señal de alerta crucial para diagnosticar demencias distintas de la
EA, como la demencia frontotemporal. La tendencia a confundir estos síntomas con
problemas psiquiátricos o de personalidad subraya la necesidad imperante de una evaluación
neuropsicológica exhaustiva. Para los cuidadores, comprender que estos cambios son
manifestaciones de la enfermedad, y no meros caprichos o falta de esfuerzo, es vital para
adaptar las estrategias de cuidado y anticipar las necesidades del paciente, lo que a su vez
reduce la frustración y facilita la implementación de enfoques de apoyo más eficaces.

4. Habilidades Visoespaciales
Las habilidades visoespaciales se refieren a la capacidad del cerebro para percibir, analizar y
manipular información visual y espacial (Allegri et al., 2015). Las manifestaciones de su
deterioro incluyen dificultad para reconocer objetos (agnosia), desorientación en el espacio, y
problemas con el dibujo y la construcción (Allegri et al., 2015). Esto puede traducirse en
desafíos cotidianos como la dificultad para conducir a un lugar familiar, juzgar distancias o
determinar colores y contrastes (Mayo Clinic Staff, 2024).

La afectación de las habilidades visoespaciales varía según el tipo de demencia:


●​ Demencia con Cuerpos de Lewy (DCL): Los déficits visuoespaciales son una característica
central y temprana en la DCL, a menudo presentándose con poca o ninguna alteración
de la memoria en las fases iniciales (Capogna et al., 2025). Estos déficits pueden evaluarse
mediante pruebas específicas como el dibujo de pentagramas que se cruzan, figuras de
Navon o el dibujo del reloj (Practical Neurology, 2018). Además, la DCL se asocia
frecuentemente con fenómenos visuales menores (MVP) y alucinaciones visuales
complejas (Capogna et al., 2025).
●​ Enfermedad de Alzheimer (EA): En la EA, los problemas visuoespaciales pueden ocurrir,
pero típicamente son posteriores a los déficits de memoria, no siendo una característica
inicial prominente (Mayo Clinic Staff, 2024).
●​ Demencia Vascular: Los individuos con demencia vascular pueden tener dificultades con
tareas espaciales, como navegar por la casa o el vecindario inmediato, donde las
dificultades de memoria son poco probables que jueguen un papel principal en la
desorientación (American Psychiatric Association, 2000).

La prominencia temprana de los déficits visuoespaciales, junto con la presencia de


alucinaciones visuales, es un rasgo distintivo de la Demencia con Cuerpos de Lewy (DCL)
(Capogna et al., 2025). Este patrón sintomático, que difiere de la presentación inicial de la EA
centrada en la memoria, es crucial para el diagnóstico diferencial. Reconocer esta
combinación de síntomas en la DCL es fundamental para la implementación de estrategias
de manejo específicas para esta condición, incluyendo la precaución con ciertos
antipsicóticos que pueden exacerbar los síntomas motores en estos pacientes (Lewy Body
Dementia Association, n.d.).

La aparición temprana y destacada de déficits visuoespaciales, a menudo acompañados de


alucinaciones visuales, constituye una característica diagnóstica altamente específica de la
Demencia con Cuerpos de Lewy (DCL). Este perfil sintomático, que se distingue claramente
de la presentación inicial de la EA, donde los problemas de memoria son primarios, es
esencial para un diagnóstico diferencial preciso. La identificación de esta combinación de
síntomas en la DCL no solo orienta el diagnóstico, sino que también tiene implicaciones
directas en la seguridad del paciente y en las decisiones de tratamiento, ya que ciertos
antipsicóticos pueden agravar los síntomas motores en estos individuos.

5. Atención
La atención es una función cognitiva fundamental que subyace a todas las demás
capacidades cognitivas, y su disminución es un síntoma común en las demencias (Allegri et
al., 2015). Se observa una reducción general de la capacidad de concentración y de mantener
la atención de forma sostenida (Allegri et al., 2015).

La forma en que la atención se ve afectada difiere entre los tipos de demencia:


●​ Demencia con Cuerpos de Lewy (DCL): La DCL se caracteriza por fluctuaciones
significativas en la atención y el estado de alerta. Los pacientes pueden pasar de un
rendimiento cognitivo casi normal a un estado de confusión grave en períodos cortos de
tiempo (Better Health Channel, 2014). También pueden presentar episodios de
somnolencia, largos períodos de mirada fija o siestas prolongadas durante el día (Mayo
Clinic Staff, 2025).
●​ Demencia Vascular: Los síntomas más comunes de la demencia vascular incluyen
problemas con la resolución de problemas, pensamiento lento y una notable pérdida de
enfoque y organización, que tienden a ser más prominentes que la pérdida de memoria
en las etapas iniciales (Mayo Clinic Staff, 2025).
●​ Enfermedad de Alzheimer (EA): En la EA, la atención y la concentración pueden verse
afectadas, especialmente cuando se trata de conceptos abstractos o de la realización de
múltiples tareas simultáneamente (Mayo Clinic Staff, 2024).

Las fluctuaciones marcadas en la atención y el estado de alerta son un rasgo distintivo de la


Demencia con Cuerpos de Lewy (DCL) que la diferencia de la progresión más lineal y gradual
observada en la EA (Better Health Channel, 2014). Esta característica no es solo un síntoma,
sino una pista diagnóstica crucial que puede influir significativamente en la elección de
terapias y en la anticipación de las necesidades de cuidado. La inconsistencia en el
rendimiento del paciente, derivada de estas fluctuaciones atencionales, requiere un enfoque
de manejo flexible y adaptativo por parte de los cuidadores y profesionales de la salud.

Las fluctuaciones profundas y variables en la atención, que son una característica temprana y
distintiva de la DCL, contrastan notablemente con el deterioro cognitivo más predecible y
gradual de la EA. Esta particularidad no es un mero síntoma, sino un indicador diagnóstico de
gran valor que influye directamente en las decisiones terapéuticas y en la planificación del
cuidado. La variabilidad en el estado cognitivo del paciente, que puede cambiar
significativamente en cuestión de horas o días, exige un enfoque de manejo flexible y
adaptable por parte de los cuidadores y profesionales de la salud para optimizar el bienestar
del paciente y evitar malentendidos.

6. Cognición Social
La cognición social se refiere a la capacidad del cerebro para procesar, almacenar y aplicar
información sobre otras personas y situaciones sociales, lo que permite una interacción
adecuada en diversos contextos (Allegri et al., 2015). Los cambios en el comportamiento
social, la empatía y el juicio son comunes en las demencias, siendo particularmente
prominentes en las demencias frontotemporales (DFT) (Allegri et al., 2015).

En la variante conductual de la DFT (bvFTD), los cambios en la personalidad y la interacción


social son insidiosamente progresivos y típicamente preceden a otros déficits cognitivos
(Ibañez & Manes, 2012). Los pacientes con bvFTD pueden mostrar desinhibición, apatía o
inercia, pérdida de simpatía o empatía, comportamientos perseverantes o compulsivos, e
hiperoralidad (Ibañez & Manes, 2012).

Ejemplos específicos del deterioro de la cognición social incluyen:


●​ Desinhibición: Se manifiesta como comentarios groseros, indiscretos o hirientes; flirteo
inapropiado; desnudarse o tocarse los genitales en lugares públicos; y acciones
impulsivas como conducir de manera peligrosa (Dementia Australia, 2024).
●​ Pérdida de Empatía: Dificultad para atribuir estados mentales (pensamientos,
sentimientos) a uno mismo y a los demás (conocido como Teoría de la Mente) y para
experimentar empatía (Ibañez & Manes, 2012).
●​ Juicio Deficiente: Incapacidad para tomar decisiones adecuadas basadas en pistas
ambiguas o sin un conocimiento completo de los riesgos y consecuencias potenciales
(American Psychiatric Association, 2000).
●​ Cambios de Personalidad: Estos pueden ser los primeros síntomas en la DFT, mientras
que la percepción, la memoria episódica y las habilidades visuoespaciales pueden estar
intactas o relativamente bien preservadas en las etapas iniciales (UCSF Memory and
Aging Center, n.d.).

Los cambios en la cognición social, particularmente la desinhibición y la pérdida de empatía,


son a menudo los síntomas iniciales y más perturbadores en la variante conductual de la
Demencia Frontotemporal (bvFTD) (Ibañez & Manes, 2012). Esto contrasta marcadamente con
la EA, donde las habilidades sociales pueden estar relativamente preservadas en las etapas
tempranas (UCSF Memory and Aging Center, n.d.). Esta diferencia es crucial para el
diagnóstico temprano, ya que estos comportamientos pueden ser inicialmente
malinterpretados como problemas psiquiátricos o de personalidad, lo que retrasa el
diagnóstico correcto y la implementación de un manejo adecuado. Además, el impacto en la
dinámica familiar es profundo, ya que los cuidadores deben lidiar con comportamientos
"fuera de carácter" que son difíciles de atribuir a la enfermedad, lo que resalta la importancia
de la educación y el apoyo para los cuidadores.

El deterioro temprano y pronunciado de la cognición social, manifestado como desinhibición


y pérdida de empatía, es una característica definitoria de la variante conductual de la DFT, a
menudo presentándose antes que otros déficits cognitivos. Esta particularidad no solo es un
indicador diagnóstico fundamental, sino que también representa una fuente considerable de
angustia y malentendidos para las familias, ya que estos comportamientos pueden ser
erróneamente atribuidos a problemas psiquiátricos o de personalidad. La educación
especializada y el apoyo a los cuidadores son esenciales para ayudarles a comprender el
origen neurológico de estos comportamientos, lo que mitiga el agotamiento del cuidador y
facilita la implementación de estrategias de manejo compasivas y efectivas.

Tabla 1: Comparación de Manifestaciones Cognitivas Clave en Demencias Comunes

Dominio Enfermedad Demencia Demencia con Demencia


Cognitivo de Alzheimer Frontotempor Cuerpos de Vascular
(EA) al (DFT) Lewy (DCL)

Memoria Cardinal, Generalmente Puede estar Variable,


especialmente preservada en preservada puede ser
episódica etapas inicialmente; el menos
(reciente). tempranas, declive de la prominente
Afectación especialmente memoria que otros
temprana de para eventos ocurre más déficits. (Mayo
memoria de recientes y tarde. Clinic Staff,
trabajo y orientación (Capogna et 2024)
declarativa. temporal. al., 2025)
Progresiva (UCSF Memory
pérdida de and Aging
memoria Center, n.d.)
antigua y
nueva. (Allegri
et al., 2015;
Alzheimer's
Association,
2025; Jahn,
2013; Mayo
Clinic Staff,
2024)

Lenguaje Dificultades A menudo el Puede haber Puede incluir


para encontrar síntoma problemas de afasia
palabras primario lenguaje, pero (dificultad para
(anomia), (Afasia no son el encontrar
parafasias, Progresiva síntoma inicial palabras,
disminución Primaria - predominante. seguir
de fluidez. APP). (Mayo Clinic conversacione
Problemas de Dificultades Staff, 2025) s). (American
lenguaje con la Psychiatric
pueden producción Association,
derivar de (no fluente) o 2000)
problemas de la
memoria. comprensión
(Allegri et al., semántica.
2015; Mayo (Lee, 2025;
Clinic Staff, Mayo Clinic
2024; Stroke Staff, 2025;
Association, Tippett, 2020)
n.d.)

Funciones Gradual Disfunción Planificación, Puede


Ejecutivas declive en ejecutiva atención y declinar súbita
planificación, significativa y resolución de o
razonamiento temprana: problemas a desigualment
y juicio a impulsividad, menudo e;
medida que juicio declinan pensamiento
progresa la deficiente, tempranamen lento,
enfermedad. falta de te, con dificultad para
(Mayo Clinic planificación, fluctuaciones. organizar o
Staff, 2024) apatía. (Synaps (Capogna et adaptarse al
DX, 2025) al., 2025) cambio.
(Synaps DX,
2025)

Habilidades Dificultad para Generalmente Déficits Puede haber


Visoespaciales reconocer intactas o prominentes y dificultades
objetos, relativamente tempranos, a con tareas
desorientación bien menudo con espaciales.
espacial, preservadas alucinaciones (American
problemas con en bvFTD. visuales. Psychiatric
dibujo y (Ibañez & (Capogna et Association,
construcción. Manes, 2012) al., 2025) 2000)
Típicamente
posterior a
déficits de
memoria.
(Allegri et al.,
2015; Mayo
Clinic Staff,
2024)

Atención Disminución Puede verse Fluctuaciones Problemas con


de la afectada en significativas la resolución
capacidad de etapas en atención y de problemas,
concentración avanzadas, estado de pensamiento
y atención pero no es el alerta, lento y pérdida
sostenida. síntoma inicial somnolencia de enfoque.
(Allegri et al., predominante. diurna. (Better (Mayo Clinic
2015) (Better Health Health Staff, 2025)
Channel, 2014) Channel, 2014;
Mayo Clinic
Staff, 2025)

Cognición Los pacientes Cambios Puede haber Juicio


Social pueden tempranos y cambios de deficiente y
mantener prominentes personalidad y desinhibición
habilidades en apatía. (Mayo pueden
sociales en comportamien Clinic Staff, ocurrir.
etapas to social, 2025) (American
tempranas. empatía y Psychiatric
(UCSF Memory juicio; Association,
and Aging desinhibición, 2000)
Center, n.d.) apatía, pérdida
de simpatía.
(Ibañez &
Manes, 2012)

Esta tabla es de un valor excepcional, ya que organiza y presenta visualmente la información


compleja y matizada sobre los perfiles cognitivos diferenciales de los tipos de demencia más
comunes. Transforma párrafos descriptivos en una matriz comparativa clara, lo cual es crucial
para comprender las distintas presentaciones clínicas que guían un diagnóstico preciso y
estrategias de manejo personalizadas. Sirve como una referencia rápida y potente, haciendo
que las características diferenciadoras clave sean fácilmente accesibles para una
comprensión más profunda.

Manifestaciones Neuropsiquiátricas y Psicopatológicas (Síntomas


Conductuales y Psicológicos de la Demencia - SCPSD)

Los síntomas conductuales y psicológicos de la demencia (SCPSD) representan una carga


significativa tanto para los pacientes como para sus cuidadores, siendo frecuentemente la
principal causa de estrés y el motivo más común para la institucionalización de los pacientes
(Allegri et al., 2015). Por ello, su manejo es tan crucial como el de los síntomas cognitivos.

Más allá del deterioro cognitivo, los SCPSD son los síntomas que tienen un impacto más
profundo en la demencia, correlacionándose directamente con un aumento de la carga del
cuidador y una mayor probabilidad de institucionalización del paciente. Por lo tanto, una
gestión eficaz de los SCPSD es de suma importancia para mantener la calidad de vida en el
hogar y evitar el ingreso prematuro en centros de cuidado a largo plazo. Esto subraya la
necesidad económica y social de implementar intervenciones no farmacológicas robustas y
estrategias de apoyo a los cuidadores, ya que pueden influir significativamente en los costos
de atención médica y en la estabilidad familiar.

1. Depresión y Ansiedad
La depresión y la ansiedad son condiciones muy comunes en las etapas tempranas y
moderadas de la demencia (Allegri et al., 2015). La depresión en personas con demencia
puede manifestarse de manera diferente a la depresión en individuos más jóvenes,
incluyendo agitación, ansiedad por la salud y síntomas físicos como dolores y molestias
(Alzheimer's Society, 2025). A menudo, es difícil diferenciar la depresión de la apatía, lo que
complica el diagnóstico (Allegri et al., 2015).

Las causas de la depresión en la demencia pueden ser multifactoriales. Puede surgir como
una reacción comprensible a los desafíos de vivir con la demencia, como la pérdida de
independencia, el aislamiento social o la incapacidad de continuar con actividades
placenteras (Alzheimer's Society, 2025). Alternativamente, puede ser el resultado directo del
daño en partes del cerebro involucradas en la regulación del estado de ánimo (Alzheimer's
Society, 2025). Un historial previo de depresión aumenta significativamente el riesgo de
padecerla en el contexto de la demencia (Alzheimer's Society, 2025).

La presencia de depresión y ansiedad tiene un impacto bidireccional entre el paciente y el


cuidador. La salud psicológica del cuidador, incluyendo su propia ansiedad y depresión,
puede aumentar las probabilidades de que el paciente con demencia experimente ansiedad
y depresión, respectivamente (Bohrium, n.d.). Los cuidadores de personas con demencia a
menudo reportan altos niveles de estrés, lo que puede manifestarse como ansiedad,
depresión, agotamiento y dificultad para concentrarse (Alzheimer's Association, 2025).
Desde el punto de vista diagnóstico, la depresión puede empeorar la capacidad cognitiva y
de memoria en personas con demencia (Alzheimer's Society, 2025). Es fundamental
diferenciar si el deterioro cognitivo se debe principalmente a la demencia o si está siendo
exacerbado por un trastorno depresivo, ya que el tratamiento adecuado de la depresión
puede mejorar significativamente la función cognitiva (Kitching, 2015). De hecho, el inicio de
un primer episodio depresivo mayor en un adulto mayor puede ser un signo temprano de
una demencia en desarrollo o en riesgo de desarrollarse (Kitching, 2015). La alta comorbilidad
de depresión y ansiedad en la demencia no es solo una manifestación secundaria, sino que
puede ser un factor de riesgo para el desarrollo de la demencia y un amplificador de los
síntomas cognitivos. Además, la salud psicológica del cuidador tiene un impacto directo en la
ansiedad y depresión del paciente, lo que subraya la necesidad de un enfoque holístico que
abarque tanto al paciente como a su entorno de cuidado para optimizar el bienestar general.

La depresión y la ansiedad en el contexto de la demencia son condiciones complejas, a


menudo con múltiples factores causales, y tienen la capacidad de simular o intensificar el
deterioro cognitivo. Existe una relación interdependiente crucial en la que el bienestar
psicológico del cuidador influye directamente en los síntomas de estado de ánimo del
paciente, creando un ciclo de retroalimentación que afecta el bienestar general de ambos.
Esta interconexión subraya la necesidad de un modelo de atención integral que no solo
identifique y trate los trastornos del estado de ánimo en los pacientes, sino que también
apoye activamente la salud psicológica de los cuidadores. Las intervenciones dirigidas a un
miembro de la díada pueden generar efectos positivos significativos en el otro, mejorando la
calidad de vida general y, potencialmente, ralentizando el declive cognitivo.

2. Apatía
La apatía se define como la pérdida de interés en actividades que antes eran placenteras,
acompañada de una notable falta de iniciativa y motivación (Allegri et al., 2015). Los signos
característicos incluyen una falta general de interés, motivación y pasión; una disminución de
las respuestas emocionales; bajos niveles de energía que afectan la capacidad de completar
actividades diarias; y una tendencia al aislamiento social (Cappon, 2021).

Es uno de los síntomas neuropsiquiátricos más comunes en personas con demencia, a


menudo manifestándose en las etapas tempranas y persistiendo a medida que la
enfermedad progresa (Cappon, 2021). Las causas pueden ser diversas: puede deberse a daños
en ciertas partes del cerebro involucradas en el procesamiento de pensamientos y
emociones, o ser una forma de afrontamiento ante las dificultades de vivir con demencia,
donde las tareas cotidianas requieren un esfuerzo considerable y pueden resultar frustrantes
(Burgon, 2025).

El impacto de la apatía va más allá de los aspectos sociales y conductuales. Tiene un impacto
físico significativo, como la disminución de la fuerza, el equilibrio y la velocidad de la marcha,
lo que a su vez aumenta el riesgo de caídas (Cappon, 2021). También puede llevar a la
negligencia personal, afectando la higiene, la toma de medicación y el mantenimiento de un
entorno limpio (Cappon, 2021). A diferencia de la depresión, en la apatía no hay sentimientos
de tristeza, desesperanza o culpa; se caracteriza por una indiferencia emocional (Cappon,
2021).

Para el manejo de la apatía, es crucial evitar criticar al paciente o enfatizar sus dificultades y
fracasos (Cappon, 2021). Se recomienda establecer rutinas consistentes, fomentar actividades
significativas que estén adaptadas a sus capacidades e intereses, y buscar el apoyo de
personas que no vean al paciente diariamente, ya que a veces responden mejor a estímulos
de individuos menos familiarizados con su rutina (Burgon, 2025). La apatía en la demencia es
un síntoma subestimado y a menudo malinterpretado como "pereza" o falta de voluntad. Sin
embargo, es una manifestación directa del daño cerebral o una estrategia de afrontamiento
ante la dificultad cognitiva. Reconocer esto es vital para los cuidadores, ya que su
comprensión y paciencia, en lugar de la crítica, son fundamentales para motivar al paciente y
prevenir el aislamiento y el declive funcional adicional, lo que demuestra la importancia de la
educación del cuidador para un manejo efectivo.

La apatía en la demencia es una manifestación neurológica directa o una estrategia de


afrontamiento psicológica, no un indicio de pereza o falta de voluntad. La interpretación
errónea de este síntoma conduce a la frustración del cuidador y al aislamiento del paciente.
Una gestión eficaz requiere un cambio en la perspectiva del cuidador, pasando del juicio a la
empatía, y centrándose en el establecimiento de rutinas coherentes y actividades
significativas adaptadas a las capacidades del paciente. La educación de los cuidadores es
fundamental para redefinir la apatía como un síntoma de la enfermedad, fomentando la
paciencia y permitiendo la implementación de estrategias proactivas que mantengan al
paciente comprometido, prevengan el deterioro funcional y mejoren su bienestar general.

3. Irritabilidad y Agitación
La irritabilidad y la agitación son comportamientos frecuentes en personas con demencia,
manifestándose como comportamientos explosivos, inquietud motora, gritos o vocalizaciones
repetitivas (Allegri et al., 2015). La agitación, si no se maneja adecuadamente, puede escalar a
agresión (Bergland & Miller, 2025).

La agitación es muy común en la demencia y típicamente es causada por una combinación


de factores externos y cambios neurobiológicos en el cerebro que afectan la regulación
emocional y el control de impulsos (Bergland & Miller, 2025). Los desencadenantes comunes
incluyen:
●​ Necesidades Insatisfechas: Dolor, hambre, sed, necesidad de ir al baño, aburrimiento,
miedo o sentirse sobre o subestimulado (Allegri et al., 2015).
●​ Cambios Ambientales: Entornos ruidosos o abarrotados, cambios en la rutina, o
confusión sobre el tiempo o el lugar (Bergland & Miller, 2025).
●​ Problemas Médicos: Efectos secundarios de la medicación, infecciones (por ejemplo,
infección del tracto urinario), problemas de visión o audición, o fatiga (Alzheimer's
Society, 2025).
●​ Frustración: Dificultad para realizar tareas cotidianas, sentirse humillado por necesitar
ayuda, o la incapacidad de comunicarse eficazmente (Bergland & Miller, 2025).
●​ Percepciones Alteradas: Alucinaciones o interpretaciones erróneas del entorno pueden
provocar respuestas de agitación (Alzheimer's Society, 2025).

Las estrategias de manejo se centran en un enfoque no farmacológico prioritario. Es


fundamental identificar y abordar las causas subyacentes de los SCPSD (Allegri et al., 2015).
Las intervenciones no farmacológicas deben ser siempre la primera línea de tratamiento
(Bergland & Miller, 2025). Esto incluye crear un entorno seguro, estructurado y familiar,
minimizando el desorden, ajustando la iluminación y el ruido para reducir la confusión y la
agitación (Allegri et al., 2015). La comunicación debe ser calmada, utilizando un lenguaje
suave y tranquilizador, ofreciendo contacto físico si es apropiado, y evitando confrontaciones
o discusiones (Bergland & Miller, 2025). La redirección y la distracción, ofreciendo opciones
simples o desviando la atención hacia actividades placenteras como la música, juegos o
ejercicio, también son efectivas (Bergland & Miller, 2025). Mantener una rutina consistente es
vital, ya que la predictibilidad reduce la volatilidad y la ansiedad (Bergland & Miller, 2025).

La agitación y la irritabilidad en la demencia no son comportamientos aleatorios, sino a


menudo intentos de comunicar una necesidad insatisfecha, como dolor, incomodidad, miedo
o sobrecarga sensorial, que el paciente no puede expresar verbalmente (Bergland & Miller,
2025). Esta perspectiva transforma el manejo de un intento de "controlar" el comportamiento
a un esfuerzo por "entender" y "satisfacer" la necesidad subyacente, lo que es fundamental
para reducir el estrés del cuidador y mejorar el bienestar del paciente. La agresión en la
demencia es un síntoma profundamente angustiante que crea un ciclo de estrés entre el
paciente y el cuidador (Bergland & Miller, 2025). El reconocimiento de que la agresión no es
intencional, sino una manifestación de la enfermedad y de necesidades no satisfechas, es
crucial para romper este ciclo. La capacidad del cuidador para mantener la calma y
empatizar, incluso ante la agresión, es el factor más influyente para desescalar la situación y
prevenir el agotamiento del cuidador, lo que subraya la necesidad de un apoyo integral para
quienes brindan cuidado.

Los síntomas conductuales y psicológicos en la demencia, como la agitación y la agresión,


deben entenderse como expresiones de necesidades insatisfechas o de la incapacidad del
paciente para comunicarse eficazmente, y no como comportamientos intencionados. Este
cambio de perspectiva, que prioriza la comprensión sobre el control, es fundamental para
una gestión centrada en la persona y para romper el ciclo de angustia que a menudo se
establece entre el paciente y el cuidador. La identificación exhaustiva de las causas
subyacentes y la implementación de intervenciones no farmacológicas, antes de considerar el
uso de medicamentos, son pasos esenciales para mejorar el bienestar del paciente y reducir
la dependencia de fármacos con efectos secundarios significativos.

4. Psicosis
La psicosis en la demencia incluye alucinaciones, que son percepciones sensoriales sin un
estímulo externo real, y delirios, que son ideas delirantes como celos o persecución (Allegri et
al., 2015).
Las alucinaciones visuales son particularmente frecuentes en la demencia con cuerpos de
Lewy (DCL), a menudo siendo uno de los primeros síntomas de la enfermedad (Allegri et al.,
2015). Típicamente, estas alucinaciones son vívidas, recurrentes y bien formadas,
manifestándose como personas o animales, y generalmente no son amenazantes para el
paciente (Capogna et al., 2025). Aunque menos comunes, también pueden presentarse
alucinaciones que involucran sonidos, olores o el tacto (Mayo Clinic Staff, 2025). Los delirios
pueden manifestarse como ideas de persecución, por ejemplo, la creencia de que las
posesiones han sido robadas (Allegri et al., 2015). Las identificaciones erróneas de personas
familiares también son comunes en el contexto de la psicosis (American Psychiatric
Association, 2000).

La prevalencia de la psicosis varía según el tipo de demencia:


●​ DCL: Las alucinaciones visuales ocurren en hasta el 80% de los pacientes con DCL y son
consideradas una característica central de la enfermedad (Lewy Body Dementia
Association, n.d.).
●​ EA: Los síntomas psicóticos son comunes en las etapas medias y tardías de la EA
(American Psychiatric Association, 2000). En la EA, los delirios son más frecuentes que las
alucinaciones (Mayo Clinic Staff, 2024).
●​ Demencia Vascular y DFT: Aunque pueden presentar psicosis, su frecuencia y
características pueden diferir de las observadas en DCL o EA.

En cuanto al manejo, si las alucinaciones no son angustiantes para el paciente, la terapia


farmacológica podría no ser necesaria (Lewy Body Dementia Association, n.d.). La primera
línea de acción es evaluar y abordar cualquier dolencia física subyacente, como dolor o
infecciones, que pueda estar provocando las alteraciones conductuales (Lewy Body Dementia
Association, n.d.). Es crucial evitar los antipsicóticos tradicionales, como el haloperidol, en
pacientes con DCL debido a su extrema sensibilidad a los neurolépticos, lo que puede
empeorar los síntomas motores y, en casos graves, ser fatal (Lewy Body Dementia
Association, n.d.). Los inhibidores de la colinesterasa, como la rivastigmina, pueden ser
beneficiosos para los síntomas psicóticos en DCL (Lewy Body Dementia Association, n.d.). Si
los síntomas psicóticos representan un riesgo significativo para la seguridad del paciente o
los cuidadores, los antipsicóticos atípicos como la quetiapina o la clozapina pueden
considerarse, pero siempre con extrema precaución (Lewy Body Dementia Association, n.d.).

La elevada prevalencia de alucinaciones visuales en la Demencia con Cuerpos de Lewy (DCL)


y la marcada sensibilidad de estos pacientes a los antipsicóticos tradicionales no solo son
características diagnósticas clave, sino que tienen implicaciones directas en la seguridad y el
manejo farmacológico. Esta sensibilidad puede conducir a un empeoramiento significativo
de los síntomas motores y a un aumento de la mortalidad, lo que exige una comprensión
profunda del diagnóstico diferencial antes de iniciar cualquier tratamiento farmacológico
para la psicosis. La identificación del tipo de alucinación (visual, de inicio temprano) y la
reacción adversa a los fármacos (sensibilidad a neurolépticos) están intrínsecamente ligadas
como desafíos diagnósticos y de manejo únicos de la DCL, lo que demanda enfoques
farmacológicos específicos y resalta el peligro de un diagnóstico erróneo.
5. Trastornos del Sueño
Los trastornos del sueño son una manifestación común en las personas con demencia,
abarcando una variedad de condiciones como el insomnio, la inversión del ciclo sueño-vigilia
y los trastornos de conducta del sueño REM (TCS-REM) (Allegri et al., 2015). Otras alteraciones
incluyen la somnolencia diurna excesiva (EDS), la apnea del sueño, el síndrome de piernas
inquietas (SPI) y los movimientos periódicos de las extremidades durante el sueño (Practical
Neurology, 2019).

Más del 60% de las personas con deterioro cognitivo leve (DCL) o demencia reportan al
menos un trastorno del sueño (Practical Neurology, 2019). Estos trastornos pueden amplificar
los síntomas relacionados con la demencia, como el aumento de la somnolencia diurna, el
vagabundeo nocturno, la confusión y la agitación, un fenómeno conocido como
"sundowning" (Alzheimer's Texas, 2025).

El Trastorno de Conducta del Sueño REM (TCS-REM), caracterizado por que las personas
actúan físicamente sus sueños, incluyendo golpes, patadas o gritos, es un síntoma común y
distintivo de la demencia con cuerpos de Lewy (DCL) y la enfermedad de Parkinson (Mayo
Clinic Staff, 2025). La Apnea Obstructiva del Sueño (AOS) se ha correlacionado con la
inducción de demencia severa y se cree que contribuye a la fisiopatología de la EA, pudiendo
amplificar los síntomas de la demencia (Alzheimer's Texas, 2025). Las causas neuropatológicas
de estas alteraciones del sueño incluyen la degeneración neuronal en la EA, que daña las
regiones cerebrales que ayudan a regular los patrones de sueño (Alzheimer's Texas, 2025).

El trastorno de conducta del sueño REM (TCS-REM) no es solo un síntoma molesto, sino un
biomarcador conductual clave para la Demencia con Cuerpos de Lewy (DCL) y la Enfermedad
de Parkinson. Su presencia temprana puede alertar a los médicos sobre un tipo específico de
demencia antes de que otros síntomas sean prominentes. Además, la relación bidireccional
entre los trastornos del sueño, como la apnea del sueño y la privación del sueño, y el riesgo de
desarrollar o empeorar la demencia, sugiere que el manejo proactivo de estos trastornos
puede ser una estrategia preventiva o de ralentización de la progresión de la enfermedad,
mejorando así la calidad de vida y el curso de la demencia.

Los trastornos del sueño en la demencia no son meras comorbilidades; actúan como
biomarcadores conductuales cruciales (por ejemplo, el TCS-REM para la DCL) y como factores
de riesgo potencialmente modificables que pueden influir en el inicio y la progresión del
deterioro cognitivo. Abordar de manera proactiva las alteraciones del sueño puede mejorar
significativamente la calidad de vida del paciente y, potencialmente, modificar la trayectoria
de la enfermedad. Esto resalta la importancia de una evaluación integral del sueño en
pacientes con demencia, ya que la identificación y el tratamiento tempranos de estos
trastornos podrían ser una intervención de bajo costo y alto impacto para mejorar el bienestar
del paciente y, posiblemente, ralentizar la progresión de la enfermedad.
6. Vagabundeo o Deambulación
El vagabundeo o deambulación es una tendencia a caminar sin un propósito aparente,
realizar movimientos repetitivos, deambular por líneas de vallas o árboles, o vestirse de forma
inapropiada para el clima (Allegri et al., 2015). Es un comportamiento común en la demencia,
afectando al 60% de las personas con demencia al menos una vez, y muchas lo hacen
repetidamente (Alzheimer's Association, 2025). A menudo es desencadenado por confusión,
ansiedad o necesidades físicas o emocionales insatisfechas (Meek, 2025). Otras causas
incluyen la desorientación sobre el tiempo o el lugar, la inquietud en entornos nuevos o
cambiantes, los efectos secundarios de la medicación, o los intentos de encontrar
obligaciones pasadas o un sentido de hogar (Meek, 2025).

El vagabundeo es peligroso, incluso potencialmente mortal, y plantea serios riesgos como


caídas, lesiones, fugas de entornos seguros y desapariciones (Meek, 2025). El estrés asociado a
este riesgo pesa considerablemente sobre los cuidadores y las familias (Alzheimer's
Association, 2025).

Las estrategias de prevención y manejo se centran en varios pilares:


●​ Actividades Significativas: Proporcionar oportunidades para que la persona participe en
actividades estructuradas y significativas a lo largo del día puede ayudar a reducir la
ansiedad y prevenir el vagabundeo (Meek, 2025).
●​ Satisfacción de Necesidades Básicas: Procurar que se satisfagan todas las necesidades
básicas del paciente, incluyendo el aseo, la nutrición y la hidratación (Alzheimer's
Association, 2025).
●​ Entorno Seguro: Preparar el hogar para reducir riesgos, instalando barandales en las
escaleras, cubriendo enchufes de seguridad, asegurando una buena iluminación y
eliminando alfombras pequeñas o cables eléctricos que puedan causar tropiezos
(National Institute on Aging, 2025).
●​ Tecnología: Utilizar sistemas de monitoreo de movimiento que envíen alertas
instantáneas cuando los pacientes cruzan límites predefinidos o entran en lugares
concurridos, lo que permite una intervención temprana (Meek, 2025).
●​ Planificación Anticipada: Mantener una foto reciente y de cerca del paciente, conocer el
vecindario e identificar áreas potencialmente peligrosas cercanas al hogar, como
cuerpos de agua o carreteras con mucho tráfico (Alzheimer's Association, 2025).
●​ Acción Inmediata: Si el paciente se pierde, iniciar la búsqueda de inmediato en la zona
circundante, ya que muchos individuos que deambulan se encuentran a menos de 2.5
kilómetros de donde desaparecieron. Si no se encuentra en 15 minutos, se debe llamar a
los servicios de emergencia (911), informando que la persona tiene demencia
(Alzheimer's Association, 2025).

El manejo del vagabundeo en la demencia representa un delicado equilibrio entre garantizar


la seguridad del paciente y preservar su autonomía y dignidad (Meek, 2025). Las soluciones
tecnológicas y las modificaciones ambientales, junto con la comprensión de las causas
subyacentes del vagabundeo, que a menudo es una búsqueda de propósito o familiaridad,
permiten un enfoque centrado en la persona que minimiza la restricción mientras maximiza
la seguridad. Este enfoque es un avance crucial en el cuidado de la demencia, promoviendo
el bienestar sin comprometer la dignidad del individuo.

El vagabundeo en la demencia, aunque a primera vista parezca sin rumbo, a menudo es una
búsqueda intencionada, aunque confusa, de familiaridad, rutina o un sentido de pertenencia.
Este síntoma plantea un riesgo significativo para la seguridad y, al mismo tiempo, desafía el
imperativo ético de preservar la autonomía y la dignidad del paciente. Una gestión eficaz
requiere una comprensión profunda de la historia individual del paciente y de los factores
desencadenantes, la implementación de modificaciones ambientales y el uso de ayudas
tecnológicas, así como la provisión de actividades significativas que aborden el "propósito"
subyacente del vagabundeo. Este enfoque permite minimizar las medidas restrictivas y
maximizar la seguridad y el bienestar del paciente, marcando un avance crucial en el cuidado
de la demencia.

7. Agresión
La agresión en la demencia puede manifestarse de forma física o verbal, incluyendo
comportamientos como golpear, patear, morder, gritar, proferir insultos o hacer amenazas
(Allegri et al., 2015).

La agresión a menudo surge cuando el paciente se siente confundido, angustiado o intenta


comunicar una necesidad que no puede expresar de otra manera (Alzheimer's Society, 2021).
Las causas son multifactoriales y complejas:
●​ Necesidades Insatisfechas: Dolor, sed, necesidad de ir al baño, fatiga, hambre,
deshidratación o sentirse incómodo debido a la ropa, la temperatura o una posición
prolongada (Pollack, 2024).
●​ Confusión y Miedo: No reconocer personas o lugares, sentirse amenazado por el entorno,
o interpretar erróneamente lo que sucede a su alrededor (Dementia Australia, 2024).
●​ Frustración: La pérdida de independencia, la dificultad para realizar tareas cotidianas o la
incapacidad de comunicarse eficazmente pueden generar una profunda frustración que
se manifiesta como agresión (Dementia Australia, 2024).
●​ Cambios Cerebrales: La demencia puede afectar el juicio y el autocontrol, lo que lleva a la
pérdida de inhibiciones y a comportamientos socialmente inapropiados (Alzheimer's
Society, 2021).
●​ Factores Ambientales: Lugares ruidosos o abarrotados, cambios repentinos en el entorno
o rutinas inconsistentes pueden sobreestimular al paciente y desencadenar agresión
(Dementia Australia, 2024).
●​ Problemas Médicos: Infecciones (por ejemplo, una infección del tracto urinario), efectos
secundarios de la medicación o problemas de visión o audición pueden ser causas
subyacentes de la agitación y agresión (Dementia Australia, 2024).

El impacto de la agresión en los cuidadores es significativo. Es una de las principales causas


de estrés y, a menudo, el motivo principal de institucionalización del paciente (Allegri et al.,
2015). Es una experiencia emocional y físicamente agotadora, que puede llevar a estrés,
ansiedad, agotamiento y burnout en quienes brindan cuidado (Wilson, 2025).
Las estrategias de manejo se centran en la desescalada y la prevención:
●​ Mantener la Calma: El cuidador debe permanecer calmado y compuesto, utilizando un
lenguaje suave y tranquilizador, y evitando reacciones agresivas o el aumento del tono
de voz (Pollack, 2024).
●​ Identificar Desencadenantes: Observar y eliminar o minimizar los factores ambientales o
físicos que contribuyen a la agitación es crucial (Dementia Australia, 2024).
●​ Comunicación Simple: Utilizar un lenguaje claro y sencillo, señales no verbales, y dar
tiempo al paciente para procesar la información y responder (NCCDP Staff, n.d.).
●​ Redirección y Distracción: Ofrecer opciones simples, desviar la atención del paciente
hacia actividades placenteras como la música, rompecabezas o ejercicio suave (Pollack,
2024).
●​ Crear un Entorno Seguro: Eliminar peligros potenciales y designar un espacio tranquilo y
relajante donde el paciente pueda retirarse cuando se sienta agitado (NCCDP Staff, n.d.).
●​ Cuidado del Cuidador: Es fundamental que los cuidadores se cuiden a sí mismos, tomen
descansos regulares y busquen apoyo, ya que el agotamiento del cuidador puede
exacerbar la situación (Wilson, 2025).

La agresión en la demencia es un síntoma profundamente angustiante que crea un ciclo de


estrés entre el paciente y el cuidador (Bergland & Miller, 2025). El reconocimiento de que la
agresión no es intencional, sino una manifestación de la enfermedad y de necesidades no
satisfechas, es crucial para romper este ciclo. La capacidad del cuidador para mantener la
calma y empatizar, incluso ante la agresión, es el factor más influyente para desescalar la
situación y prevenir el agotamiento del cuidador, lo que subraya la necesidad de un apoyo
integral para quienes brindan cuidado.

La agresión en la demencia es un síntoma complejo que surge de la incapacidad del paciente


para comunicar necesidades insatisfechas o para manejar la confusión, lo que representa una
profunda falla en la comunicación. Esta situación impone una tensión emocional y física
inmensa a los cuidadores. La capacidad del cuidador para mantener la calma, mostrar
empatía y practicar el autocuidado es fundamental para desescalar estas situaciones y evitar
el agotamiento. Una gestión eficaz requiere un enfoque multifacético que incluya una
evaluación exhaustiva de los desencadenantes físicos y ambientales subyacentes, la
formación de los cuidadores en técnicas de desescalada y la provisión de sistemas de apoyo
sólidos para mitigar el agotamiento, lo cual es crucial para mantener el cuidado en el hogar y
mejorar el bienestar del paciente.

8. Desinhibición
Las inhibiciones son los mecanismos de autocontrol social que permiten a los individuos
adherirse a las normas y reglas de la sociedad. La desinhibición, en el contexto de la
demencia, implica que la persona deja de seguir estas reglas sociales y se comporta de una
manera que es muy "fuera de lugar" o atípica para su carácter previo (Dementia Australia,
2024). Esto puede manifestarse como comentarios groseros, indiscretos o hirientes; flirteo
inapropiado; desnudarse en público o tocarse los genitales en lugares públicos; y acciones
impulsivas como conducir de manera peligrosa (Dementia Australia, 2024).
La desinhibición es una característica común y a menudo temprana de la variante
conductual de la demencia frontotemporal (bvFTD) (Ibañez & Manes, 2012). Las causas
pueden ser diversas, incluyendo cambios cerebrales directamente relacionados con la
demencia que provocan desorientación, confusión sobre la identidad de las personas o
pérdida de memoria. También pueden influir factores ambientales, la frustración por una
tarea difícil o el malestar físico, como ropa incómoda o una infección urinaria (Dementia
Australia, 2024).

El manejo de la desinhibición requiere un enfoque cuidadoso y empático:


●​ Durante el Comportamiento: Es fundamental que el cuidador mantenga la paciencia y la
calma, tranquilice y consuele al paciente, le recuerde suavemente que el
comportamiento no es apropiado, e intente distraerlo o llevarlo a un lugar privado para
mitigar la situación (Dementia Australia, 2024).
●​ Prevención a Largo Plazo: A largo plazo, es importante intentar comprender la razón
subyacente del comportamiento. Esto puede implicar revisar la medicación del paciente
y descartar cualquier enfermedad subyacente. Asimismo, es importante verificar que la
ropa sea cómoda y que el entorno no cause confusión o malestar, lo que puede reducir
la probabilidad de que ocurran estos episodios (Dementia Australia, 2024).

El impacto de la desinhibición puede ser muy angustiante y embarazoso para las familias y
amigos del paciente (Dementia Australia, 2024). La desinhibición es particularmente
desafiante porque ataca la percepción de la identidad del paciente y su dignidad social,
siendo a menudo el síntoma más difícil de aceptar para las familias. El hecho de que sea un
síntoma primario en la DFT subraya la necesidad de educar a los cuidadores sobre su origen
neurológico, ayudándoles a no tomarlo como algo personal y a implementar estrategias de
manejo que preserven la dignidad del paciente a pesar de los comportamientos socialmente
inapropiados. Esta comprensión es clave para un cuidado compasivo y efectivo.

La desinhibición es un síntoma particularmente difícil, ya que afecta directamente la


identidad del paciente y su interacción social, lo que a menudo lo convierte en el síntoma
más angustiante para las familias. Su aparición temprana como una característica principal
en la demencia frontotemporal (DFT) subraya la necesidad de educar a los cuidadores sobre
su base neurológica. Esta comprensión ayuda a las familias a no personalizar los
comportamientos socialmente inapropiados y a implementar estrategias de manejo que
salvaguarden la dignidad del paciente. Esta perspectiva es fundamental para proporcionar un
cuidado compasivo y eficaz, y para mitigar el impacto emocional en los seres queridos.

Diagnóstico Clínico, Neuroimágenes y Biomarcadores


El diagnóstico de la demencia y sus subtipos ha evolucionado significativamente, integrando
la evaluación clínica con herramientas avanzadas para lograr una mayor precisión y una
identificación más temprana (Allegri et al., 2015).

Diagnóstico Clínico (Criterios DSM-5 y NIA-AA)


El diagnóstico clínico de las demencias se guía por sistemas de clasificación estandarizados
que han evolucionado para incorporar una comprensión más profunda de la enfermedad.

Los Criterios DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5ª edición)
clasifican las demencias bajo la categoría de Trastornos Neurocognitivos Mayores (Sachdev et
al., 2014). Estos criterios se basan en la evidencia de un declive cognitivo significativo en uno o
más dominios cognitivos clave, que incluyen la atención compleja, la función ejecutiva, el
aprendizaje y la memoria, el lenguaje, la función perceptivo-motora y la cognición social
(Sachdev et al., 2014). Es fundamental que este declive interfiera con la independencia del
individuo en las actividades cotidianas, como el manejo de las finanzas o la medicación
(Allegri et al., 2015). El DSM-5 también proporciona una clasificación de subtipos según la
etiología subyacente, como la enfermedad de Alzheimer probable o posible, la demencia
vascular o la demencia con cuerpos de Lewy (Allegri et al., 2015).

Dentro de esta clasificación, el DSM-5 introdujo el concepto de Trastorno Neurocognitivo Leve


(DCL), que anteriormente se englobaba en la categoría de "deterioro cognitivo no
especificado" (Sachdev et al., 2014). El DCL representa un declive cognitivo modesto que, a
diferencia de la demencia mayor, no interfiere con la independencia en las actividades
cotidianas, aunque la persona puede requerir un mayor esfuerzo para realizarlas (Sachdev et
al., 2014). Se considera una etapa intermedia entre las habilidades de pensamiento típicas del
envejecimiento normal y la demencia (Mayo Clinic Staff, 2024).

Las guías NIA-AA (National Institute on Aging-Alzheimer's Association) para la enfermedad de


Alzheimer han avanzado el diagnóstico al incorporar criterios clínicos y la posibilidad de
utilizar biomarcadores para respaldar el diagnóstico en etapas preclínicas o prodrómicas
(DCL debido a Alzheimer), e incluso para el diagnóstico in vivo de la enfermedad de
Alzheimer (Allegri et al., 2015). El marco de investigación NIA-AA define la EA no solo por sus
consecuencias clínicas, sino por sus procesos patológicos subyacentes (acumulación de
beta-amiloide y ovillos de tau), que pueden documentarse mediante biomarcadores de
amiloide (A), tau patológico (T) y neurodegeneración (N) (Jack et al., 2018). Esta evolución en la
definición de la EA, de un constructo sindrómico a uno biológico, permite una caracterización
más precisa y una mejor comprensión de la secuencia de eventos que conducen al deterioro
cognitivo asociado con la EA (Jack et al., 2018).

La evolución de los criterios diagnósticos, desde el enfoque puramente clínico del DSM-5
hasta la integración de biomarcadores en las guías NIA-AA, representa una convergencia
crucial entre la presentación clínica y la patología subyacente. Esto permite un diagnóstico
más temprano y preciso, incluso en etapas preclínicas o prodrómicas, lo que es fundamental
para la investigación de nuevas terapias modificadoras de la enfermedad que son más
efectivas en las etapas iniciales de la patología.
Tabla 2: Criterios Diagnósticos Esenciales para el Trastorno Neurocognitivo Mayor (DSM-5
y NIA-AA)

Característica Criterios DSM-5 para Guías NIA-AA para la


Trastorno Neurocognitivo Enfermedad de Alzheimer
Mayor (Sachdev et al., 2014) (Jack et al., 2018)

Declive Cognitivo Evidencia de un declive Definido por procesos


cognitivo significativo en patológicos subyacentes
uno o más dominios (placas de Aβ, ovillos de
(atención compleja, tau) documentados por
función ejecutiva, biomarcadores,
aprendizaje y memoria, independientemente de
lenguaje, función los síntomas clínicos
perceptivo-motora, iniciales.
cognición social).

Impacto Funcional Interfiere con la El marco de investigación


independencia en las se centra en la definición
actividades cotidianas (ej. biológica, pero la
manejar finanzas, progresión clínica se
medicación). correlaciona con la carga
patológica.

Exclusión de Delirio Los déficits no ocurren Los biomarcadores pueden


exclusivamente en el utilizarse para respaldar el
contexto de un delirio. diagnóstico en etapas
preclínicas o prodrómicas.

Exclusión de Otros Los déficits no se explican Busca una caracterización


Trastornos Mentales mejor por otro trastorno más precisa de la
mental (ej. depresión secuencia de eventos que
mayor). conducen al deterioro
cognitivo asociado con la
EA.

Subtipos Clasificación según Clasificación AT(N) basada


etiología (ej. en biomarcadores: Aβ (A),
probable/posible EA, tau patológico (T),
demencia vascular, DCL). neurodegeneración (N).

Objetivo Proporcionar un marco Crear un lenguaje común


común para el diagnóstico para la investigación y el
clínico de los trastornos desarrollo de terapias
neurocognitivos. modificadoras de la
enfermedad.

Esta tabla es fundamental para comprender la evolución del diagnóstico de la demencia.


Muestra cómo la medicina ha pasado de un enfoque puramente sintomático a uno que
integra la biología subyacente de la enfermedad. Esta integración permite un diagnóstico
más temprano y preciso, incluso antes de que los síntomas sean evidentes, lo cual es crucial
para la investigación y el desarrollo de tratamientos que puedan modificar el curso de la
enfermedad en sus etapas más iniciales, cuando son potencialmente más efectivos.

1. Neuroimágenes
Las técnicas de neuroimagen son herramientas esenciales en el diagnóstico de las
demencias, ya que permiten excluir otras causas de deterioro cognitivo y apoyar el
diagnóstico de tipos específicos de demencia (Allegri et al., 2015).

2. Resonancia Magnética (RM) Cerebral


La Resonancia Magnética (RM) cerebral es fundamental para excluir otras causas tratables de
deterioro cognitivo, como tumores, hidrocefalia o lesiones vasculares (Allegri et al., 2015).
Además, la RM puede revelar patrones de atrofia cerebral que sugieren un tipo específico de
demencia (Allegri et al., 2015).
●​ En la Enfermedad de Alzheimer (EA), se observa atrofia hipocampal y neocortical,
afectando los lóbulos temporales, parietales y frontales (Allegri et al., 2015). La reducción
del tamaño del hipocampo es más pronunciada en el DCL y aún más dramática en la EA
(Mayo Clinic Staff, 2024).
●​ En la Demencia Frontotemporal (DFT), la RM típicamente muestra atrofia prominente en
los lóbulos frontales y/o temporales (Allegri et al., 2015).
●​ La Demencia Vascular puede evidenciar pequeños infartos o lesiones de la sustancia
blanca, resultado de la reducción del flujo sanguíneo cerebral (Mayo Clinic Staff, 2025).
[Link]ía por Emisión de Positrones (PET)
La Tomografía por Emisión de Positrones (PET) ofrece una visión funcional y molecular del
cerebro, complementando la información estructural de la RM.
●​ FDG-PET (Glucosa): Esta técnica mide el metabolismo cerebral de la glucosa, que es un
indicador de la actividad neuronal (Allegri et al., 2015). Los patrones específicos de
hipometabolismo son clave para el diagnóstico diferencial (Allegri et al., 2015):
○​ En la EA, se observa hipometabolismo bilateral en la región parietotemporal, el
precúneo y el cíngulo posterior (Allegri et al., 2015).
○​ En la DFT, el hipometabolismo se localiza principalmente en los lóbulos frontales y
temporales (Allegri et al., 2015).
○​ En la DCL, el patrón característico es el hipometabolismo occipital con una relativa
preservación del cíngulo posterior, conocido como el "signo de la isla cingulada"
(Shivamurthy et al., 2015).
○​ La Demencia Vascular puede sugerirse por la presencia de un precúneo
comprometido si los lóbulos temporales están preservados, o si hay
hipometabolismo en regiones no neurodegenerativas (Shivamurthy et al., 2015).
●​ PET Amiloide: Esta técnica detecta los depósitos de placa amiloide en el cerebro, un sello
distintivo de la EA (Allegri et al., 2015). Es particularmente útil para confirmar o descartar
la EA en casos de diagnóstico incierto o en el contexto de la investigación (UCSF
Radiology, 2025). La acumulación de placas de beta-amiloide puede comenzar entre 10 y
20 años antes del inicio del deterioro clínico (Chapleau et al., 2022). Una exploración
negativa típicamente restringe la unión del trazador a la sustancia blanca, mostrando un
contraste preservado entre la sustancia gris y la blanca. Por el contrario, una exploración
positiva indica que la unión en la sustancia gris cortical es igual o mayor que en la
sustancia blanca, con la consiguiente pérdida de este contraste (Chapleau et al., 2022).
●​ PET Tau: Una técnica más reciente que detecta los ovillos neurofibrilares de proteína tau,
otro biomarcador crucial de la EA que se correlaciona mejor con la progresión de la
enfermedad y el declive cognitivo (Allegri et al., 2015). Los escaneos PET de tau son
altamente específicos para la EA y tienen la capacidad de diferenciarla de otras
demencias no-EA (Fox, 2020).

La combinación de la RM estructural con las técnicas de PET molecular (FDG, Amiloide, Tau)
proporciona una visión integral de la neurodegeneración, yendo más allá de la atrofia para
revelar disfunción metabólica y patología proteica específica. La capacidad del PET Amiloide
para detectar placas décadas antes de los síntomas y la especificidad del PET Tau para la
progresión de la enfermedad son fundamentales para el diagnóstico temprano, la
estratificación de pacientes para ensayos clínicos de terapias modificadoras de la
enfermedad, y la predicción del curso de la enfermedad, marcando una nueva era en la
medicina de precisión para la demencia.

La integración de la resonancia magnética estructural con la tomografía por emisión de


positrones funcional y molecular (FDG, Amiloide, Tau) ofrece una perspectiva completa de la
neurodegeneración. Esta combinación va más allá de la simple detección de atrofia,
revelando disfunción metabólica y la presencia de patologías proteicas específicas. La
capacidad del PET Amiloide para identificar placas décadas antes de la aparición de los
síntomas clínicos, junto con la especificidad del PET Tau para la progresión de la enfermedad,
son cruciales para el diagnóstico precoz, la selección de pacientes para ensayos clínicos de
terapias modificadoras de la enfermedad y la predicción del curso de la demencia,
inaugurando una nueva era en la medicina de precisión.
Tabla 3: Patrones Característicos de Neuroimagen (RM y PET) en Diferentes Tipos de
Demencia

Tipo de Enfermedad Demencia Demencia con Demencia


Imagen de Alzheimer Frontotempor Cuerpos de Vascular
(EA) al (DFT) Lewy (DCL)

RM Cerebral Atrofia Atrofia Atrofia cortical Lesiones


(Atrofia) hipocampal prominente en generalizada, vasculares
(mayor que en lóbulos pero menos (infartos,
DCL) y frontales y/o específica que lesiones de
neocortical temporales. en EA. (Mayo sustancia
(parietotempo (Allegri et al., Clinic Staff, blanca,
ral, frontal). 2015) 2025) hemorragias).
(Allegri et al., (Allegri et al.,
2015) 2015)

FDG-PET Bilateral en Lóbulos Occipital, con Patrones


(Hipometaboli regiones frontales y relativa variables, a
smo) parietotempor temporales. preservación menudo
ales, precúneo (Allegri et al., del cíngulo focalizados o
y cíngulo 2015) posterior multifocales,
posterior. ("signo de la no
(Allegri et al., isla neurodegener
2015) cingulada"). ativos.
(Shivamurthy (Shivamurthy
et al., 2015) et al., 2015)

PET Amiloide Positivo Generalmente Puede ser Generalmente


(depósitos de negativo, útil positivo en negativo.
placa amiloide para descartar casos de
en neocórtex y EA. patología
estriado, con mixta. (Mayo
relativo Clinic Staff,
respeto de 2025)
lóbulos
temporales
mediales y
córtex
unimodales
primarios).
(Allegri et al.,
2015)
PET Tau Positivo (ovillos Generalmente Generalmente Generalmente
neurofibrilares negativo o con negativo o con negativo o con
en regiones patrones de patrones de patrones de
temporales tau atípicos no tau atípicos no tau atípicos no
mediales, relacionados relacionados relacionados
luego se con EA. con EA. con EA.
extiende).
Altamente
específico para
EA. (Allegri et
al., 2015)

Esta tabla es de gran utilidad para los profesionales de la salud, ya que proporciona una
referencia visual rápida y concisa de los patrones distintivos de neuroimagen asociados con
los diferentes tipos de demencia. Permite una comparación directa de las características
estructurales (RM) y metabólicas/moleculares (PET), lo que facilita el diagnóstico diferencial y
la comprensión de la patología subyacente.

Biomarcadores
Los biomarcadores han revolucionado el diagnóstico de la EA y otras demencias, permitiendo
la detección de patologías específicas in vivo (Allegri et al., 2015).

1. Líquido Cefalorraquídeo (LCR)


La medición de proteínas en el Líquido Cefalorraquídeo (LCR) es una herramienta diagnóstica
altamente predictiva para la patología de la EA (Allegri et al., 2015).
●​ Beta-amiloide 42 (Aβ42): Los niveles disminuidos de Aβ42 en el LCR son un marcador
muy fiable de la presencia de depósitos de amiloide en el cerebro, independientemente
del estado clínico del paciente (Allegri et al., 2015). Esta disminución en el LCR precede a
la retención de amiloide detectada por técnicas de imagen (Holtzman, 2011).
●​ Tau Total (t-tau): Los niveles elevados de t-tau en el LCR son un marcador de
neurodegeneración y daño neuronal (Allegri et al., 2015). Se encuentran aumentados en
la mayoría de los pacientes con EA y pueden indicar la gravedad de la
neurodegeneración subyacente (Holtzman, 2011).
●​ Fosfo-tau (p-tau): Los niveles aumentados de p-tau en el LCR son altamente predictivos
de la patología de la EA (Allegri et al., 2015). El p-tau refleja la formación de ovillos
neurofibrilares, un componente clave de la patología de la EA (Holtzman, 2011). La
relación p-tau/Aβ42 en LCR es una herramienta prometedora para monitorear la
progresión de la enfermedad, incluso en etapas preclínicas (Cacciaglia et al., 2024).
La combinación de estos marcadores en LCR es útil no solo para el diagnóstico diferencial de
la EA frente a otras demencias, sino también para predecir la conversión de deterioro
cognitivo leve (DCL) a demencia, así como la tasa de progresión de la enfermedad (Allegri et
al., 2015).

2. Biomarcadores en Sangre
El desarrollo de biomarcadores plasmáticos representa un avance significativo, prometiendo
ser una herramienta de cribado menos invasiva y más accesible en el futuro (Allegri et al.,
2015).
●​ Marcadores Clave: Los marcadores como p-tau217 y p-tau181 se consideran los mejores
candidatos para la detección de tau patológico en sangre, especialmente en la EA
sintomática y preclínica, cuando se combinan con la relación Aβ42/Aβ40 (Allegri et al.,
2015). La relación Aβ42/Aβ40 en plasma es prometedora para monitorear la amiloidosis
cerebral de forma menos invasiva (Allegri et al., 2015). El Neurofilamento de Cadena
Ligera (NfL), aunque no es específico de la EA, es un marcador prometedor para la
detección de neurodegeneración general y podría usarse para monitorear los efectos de
las terapias modificadoras de la enfermedad (Leuzy et al., 2022).

Aunque prometedores, los biomarcadores en sangre aún no reemplazan a los biomarcadores


en LCR o PET para el diagnóstico definitivo en la práctica clínica actual, pero su uso está en
investigación avanzada y se espera que su papel crezca en el futuro (Allegri et al., 2015). El
surgimiento de biomarcadores plasmáticos de la EA, como p-tau y la relación Aβ42/Aβ40,
representa una potencial revolución en el diagnóstico de la demencia. Al ser menos invasivos
y más accesibles que las punciones lumbares o los PET, tienen el potencial de transformar el
cribado y el diagnóstico temprano en la atención primaria, permitiendo identificar a los
pacientes en etapas más tempranas de la enfermedad cuando las terapias modificadoras de
la enfermedad son más efectivas. Esto podría democratizar el acceso al diagnóstico preciso
de la EA, superando barreras geográficas y económicas que actualmente limitan la detección
temprana.

Tabla 4: Biomarcadores Clave en LCR y Sangre para la Enfermedad de Alzheimer

Biomarcador Tipo de Indicador Patrón en EA Utilidad


Muestra Principal Clínica/Investi
gación

Beta-amiloide LCR Depósito de Disminuido Marcador


42 (Aβ42) placa amiloide temprano de
amiloidosis
cerebral; útil
para
diagnóstico
diferencial y
predicción de
conversión de
DCL a EA.
(Allegri et al.,
2015)

Tau Total LCR Neurodegener Aumentado Indicador de


(t-tau) ación, daño daño neuronal;
neuronal útil en
diagnóstico
diferencial de
EA vs. otras
demencias.
(Allegri et al.,
2015)

Fosfo-tau LCR Ovillos Aumentado Altamente


(p-tau) neurofibrilares específico para
de tau patología tau
de EA; se
correlaciona
con progresión
de la
enfermedad.
(Allegri et al.,
2015)

Relación LCR Patología Aumentada Prometedor


p-tau/Aβ42 combinada Aβ para
y tau monitorear
progresión
preclínica de
EA. (Cacciaglia
et al., 2024)

p-tau217, Sangre Tau patológico Aumentado Candidatos


p-tau181 (Plasma) prometedores
para cribado
no invasivo y
monitoreo de
patología tau
en etapas
sintomáticas y
preclínicas.
(Allegri et al.,
2015)

Aβ42/Aβ40 Sangre Amiloidosis Disminuida Prometedor


(Plasma) cerebral para
monitorear la
amiloidosis
cerebral de
forma menos
invasiva.
(Allegri et al.,
2015)

Neurofilament Sangre Neurodegener Aumentado Detección de


o de Cadena (Plasma) ación general neurodegener
Ligera (NfL) ación;
potencial para
monitorear
efectos de
terapias
modificadoras
de la
enfermedad.
(Leuzy et al.,
2022)

Esta tabla destaca la promesa de los biomarcadores plasmáticos para la EA, como p-tau y la
relación Aβ42/Aβ40, que representan un potencial avance significativo en el diagnóstico de la
demencia. Al ser menos invasivos y más accesibles que los análisis de LCR o las exploraciones
PET, estos biomarcadores tienen la capacidad de transformar el cribado y el diagnóstico
temprano en la atención primaria. Esto permitiría identificar a los pacientes en las etapas
iniciales de la enfermedad, cuando las terapias modificadoras de la enfermedad son más
efectivas, y podría democratizar el acceso a un diagnóstico preciso de la EA, superando las
barreras geográficas y económicas que actualmente limitan la detección temprana.
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