MÓDULO I
DIPLOMADO
ABORDAJE INTEGRAL DE
LOS TRASTORNOS DEL
ESPECTRO AUTÍSTA.
MÓDULO I:
CARACTERÍSTICAS
NORMALES Y
SIGNOS DE ALARMA
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El desarrollo del sistema nervioso es un proceso complejo que tiene como resultado la
maduración de las estructuras, la adquisición de habilidades y, finalmente, la formación
del individuo como persona única. En este documento se encuentra información
acerca de las principales características de los procesos de desarrollo cerebral, las
características del desarrollo neurológico normal en las diferentes áreas: motora
gruesa y fina, lenguaje, sensorial y socialización; se acompaña también de una
descripción de las principales alteraciones en el desarrollo, identificables en la consulta
diaria del pediatra.
El desarrollo infantil, su seguimiento de manera regular y periódica y la detección
precoz de signos de alarma que señalen alteraciones en detrimento de su evolución
normal, tienen repercusión crucial para lograr el máximo potencial de las capacidades
y habilidades de cada ser humano y de la sociedad en su conjunto.
Resulta, entonces, fundamental que el pediatra y todo médico o profesional de la salud
que atiende niños, conozca a profundidad las características propias del
neurodesarrollo en las diferentes etapas de la vida del ser humano y en sus diferentes
manifestaciones; no solo motoras gruesas, que son las que a menudo suelen
priorizarse en los controles de crecimiento y desarrollo, sino en otras áreas como la
motora fina, sensorial, lenguaje y socioemocional.
En la actualidad, un aspecto que ha cobrado mucha importancia por su sólida base
científica es el hecho que el neurodesarrollo exitoso tiene estrecha relación no solo con
la genética, sino también con el ambiente de estimulación y afectividad que rodea al
niño, los cuales influyen decisivamente en la mayor producción de sinapsis neuronales,
lo cual implica, a su vez, en la mayor integración de las funciones cerebrales.
También la nutrición de calidad y la lactancia materna muestran influencia clave para el
desarrollo y resultados futuros de mejor productividad y calidad de vida; estudios
recientes como, por ejemplo, el de Victora et al., muestran una asociación positiva de
dosis respuesta (duración) entre la lactancia materna y el cociente intelectual, los
logros educacionales e ingresos a los 30 años de edad.
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Por otro lado, estudios de revisión de la microbioma intestinal, muestran que los
microbios que habitan el tracto gastrointestinal forman un ecosistema específico,
influido en cada ser humano por diversos factores, como el tipo de parto, la edad
gestacional, la nutrición y el uso temprano de antibióticos. Este ecosistema también
tiene una ligazón importante con el cerebro en desarrollo, por lo cual, mediante
estudios futuros, se espera entender esta relación que podría ser de ayuda para
tratar varios trastornos como el autismo, la esquizofrenia y la ansiedad. Motivo por el
cual a continuación, se presenta una visión global de las características de la
evolución del neurodesarrollo infantil normal, sus alteraciones más frecuentes y los
principales signos de alarma.
GENERALIDADES SOBRE EL DESARROLLO NORMAL DEL CEREBRO
El neurodesarrollo se da a través de un proceso dinámico de interacción entre el niño
y el medio que lo rodea; como resultado, se obtiene la maduración del sistema
nervioso con el consiguiente desarrollo de las funciones cerebrales y, a la vez, la
formación de la personalidad. El desarrollo del cerebro es un proceso muy complejo y
preciso que inicia muy temprano en la vida y continúa varios años después del
nacimiento. Existen periodos críticos para el desarrollo cerebral normal, siendo los
principales la vida intrauterina y el primer año de vida. Podemos resumir las etapas
del desarrollo del cerebro en estas cuatro: proliferación neuronal, migración,
organización y laminación del cerebro, y mielinización. No son etapas consecutivas,
se van superponiendo y pueden ser afectadas simultáneamente si existe algún
agente externo o interno presente en el medio. Un ejemplo es el consumo de alcohol
en la madre gestante, o la desnutrición del niño menor de dos años. Ambos procesos
pueden afectar más de una fase en forma permanente.
La proliferación de las neuronas es un proceso que ocurre en la primera mitad de la
gestación. A través de este proceso se da origen a los cien mil millones de neuronas
que el cerebro posee. Todas las neuronas deben desplazarse a su lugar final en la
corteza durante el proceso llamado migración, este segundo proceso se da de
adentro hacia afuera, es decir, desde la parte más profunda del cerebro, donde nacen
las neuronas, hasta la corteza o borde externo. Se trata de un proceso muy preciso, y
el momento más importante ocurre en el segundo trimestre del embarazo. Puede ser
afectado por la exposición fetal a medicamentos, infecciones, tóxicos, desnutrición y
estrés materno, entre otros, y producir malformaciones cerebrales importantes como
consecuencia de estos eventos, conocidas como trastornos de migración neuronal.
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Después de las 25 semanas postconcepcionales, la reproducción de nuevas
neuronas es excepcional. Sin embargo, el peso del cerebro se triplica después que la
fase de proliferación ha terminado. Este sorprendente incremento en peso y volumen
obedece a la aparición de millones de conexiones sinápticas entre las neuronas y a la
arborización, resultado de la aparición de dendritas. Se estima que cada neurona
puede llegar a tener entre 7000 y 10 000 sinapsis, las cuales, posteriormente, podrán
ser modeladas según la exposición a factores externos e internos y experiencias que
modifican su conformación en forma permanente. El último proceso en iniciarse es la
mielinización, en el que los axones de las neuronas se recubren de mielina para
mejorar la velocidad de transmisión de los impulsos nerviosos. Este es un proceso
crítico que inicia cerca del nacimiento. Sin embargo, puede verse severamente
alterado en los primeros meses de vida como consecuencia de la falta de nutrientes,
el hipotiroidismo, la anemia y la falta de una adecuada estimulación en el niño
pequeño.
EVALUACIÓN DEL NEURODESARROLLO
La evaluación de los hitos del desarrollo en el niño permite estimar que el desarrollo
cerebral está ocurriendo dentro de un marco apropiado, por tanto, es muy importante
conocer los parámetros mínimos de evaluación del desarrollo para cada edad. Para
ello, nos podemos ayudar del carné de atención del niño o de algunas escalas
previamente validadas. Recordemos que los hitos del desarrollo tienen un amplio
margen de variabilidad normal, y es más importante establecer que se está logrando
una secuencia adecuada de eventos en el tiempo, que fijarse en un determinado
logro puntual. Como ejemplo, podemos poner el hito del caminar, que en promedio es
logrado por el niño alrededor del año de vida. Sin embargo, según la OMS, un niño
puede empezar a caminar entre los 9 y 17 meses, siendo esta variabilidad normal. En
el niño que demora en caminar debemos determinar si los pasos previos
(sedestación, gateo, marcha con apoyo) se han logrado a tiempo, o si todo el proceso
motor grueso está demorado también. En este último caso, el diagnóstico del niño es
de retraso en el desarrollo y como tal deberá ser evaluado. Debemos recordar,
además, que la pérdida de habilidades previamente adquiridas, o regresión del
desarrollo, siempre implica una alerta para que el niño sea derivado inmediatamente
para su evaluación complementaria.
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SIGNOS TEMPRANOS DE ALARMA
Existen algunos parámetros que nos permiten identificar alteraciones relevantes en el
neurodesarrollo, como son la falla en el progreso del desarrollo a una edad
determinada, el desarrollo asimétrico del movimiento, tono o reflejos, la pérdida de
habilidades previamente adquiridas, y la pobreza de interacción social y
psicoafectividad. Algunas alteraciones específicas que pueden hallarse desde edades
muy tempranas son de tipo motor: pulgar cautivo, dominancia establecida antes del
primer año, persistencia de reflejos primitivos, anormalidades persistentes del tono
muscular y demora en la aparición de reflejos. Otro aspecto de interés mayor en los
últimos años es el desarrollo social, con el objetivo de la identificación temprana de
trastornos del espectro autista. El desarrollo sensorial debe ser evaluado en el niño
muy pequeño, quien debe ser capaz de responder a estímulos visuales y auditivos en
forma adecuada en el primer trimestre de vida. Finalmente, una curva anormal de
crecimiento craneal es otro signo de alarma relevante.
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DESARROLLO MOTOR
El desarrollo motor involucra la adquisición progresiva de habilidades motoras que
permiten mantener un adecuado control postural, desplazamiento y destreza manual.
Para ello, se requiere la aparición y desaparición de los reflejos controlados por los
niveles inferiores del sistema nervioso central (SNC) que permiten respuestas
posturales y motoras funcionales y voluntarias. Asimismo, el control postural surge de
un compleja interacción entre el sistema musculoesquelético y nervioso,
denominados en conjunto sistema de control postural. El entorno o medioambiente
cumple una función fundamental. Existen factores reguladores del desarrollo motor
como los de tipo endógeno o no modificables que son los genéticos y
neurohormonales, y los de tipo exógeno o modificables donde se encuentran la
nutrición, el estado de salud, los factores psicológicos y los factores
socioeconómicos.
El desarrollo motor grueso se produce en sentido cefalocaudal, y se refiere a los
cambios de posición del cuerpo y la capacidad de control que se tiene sobre este
para mantener el equilibrio, la postura y el movimiento, con lo cual se logra controlar
la cabeza, sentarse sin apoyo, gatear, caminar, saltar, correr, subir escaleras, etc. El
desarrollo motor fino se produce en sentido próximo distal, y está relacionado con el
uso de las partes individuales del cuerpo, como las manos; lo cual requiere de la
coordinación óculomanual para poder realizar actividades como coger juguetes,
manipularlos, agitar objetos, dar palmadas, tapar o destapar objetos, agarrar cosas
muy pequeñas, enroscar, hasta llegar a niveles de mayor complejidad como escribir.
Si bien es cierto, existen una serie de escalas para valorar el desarrollo psicomotor,
se ha intentado sistematizar dicha evaluación en periodos trimestrales y semestrales:
Fuente: (Salgado P. 2007).
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Los hitos del desarrollo mencionados son alcanzados en forma variable dentro de un
periodo de normalidad. Sin embargo, se han establecido edades aproximadas para
que sean aplicadas en forma práctica en el consultorio pediátrico, ya que muchas
enfermedades neurológicas pueden tener como primera manifestación una detención
o regresión del desarrollo psicomotor.
TRASTORNOS DEL DESARROLLO MOTOR
En este grupo de enfermedades nos referimos a aquellas condiciones que dificultan
la adquisición progresiva de habilidades motoras o que causan detención o regresión
de estas. Podemos clasificar estos trastornos en las siguientes categorías: retrasos
del desarrollo motor, trastornos neurodegenerativos, y trastornos motores de origen
central, neuromuscular u osteoarticular.
Retrasos en el desarrollo motor. Nos referimos a aquellas condiciones de aparición
tardía, o no aparición, de alguna o de todas las destrezas motoras. En este punto hay
que tomar en cuenta los hitos del desarrollo motor y los rangos de variación entre uno
y otro.
Trastornos motores neurodegenerativos. En esta condición hay involución
psicomotriz, es decir pérdida de habilidades motoras previamente adquiridas.
Principalmente nos referimos a enfermedades de origen metabólico.
Trastornos motores de origen central (SNC). Se incluyen todas las condiciones que
ocasionaron una noxa al sistema nervioso central, ocasionando lesiones motoras
persistentes adquiridas en época perinatal, natal y posnatal. Se incluyen las
siguientes condiciones: lesión cerebral aguda (ejm. traumatismos encéfalo craneanos
severos); accidente cerebrovascular; encefalopatía hipóxico-isquémica; infecciones
del sistema nervioso central (meningitis, encefalitis, abscesos); leucomalacia
periventricular del prematuro; kernícterus, etc.
Trastornos motores de origen neuromuscular. Son condiciones que afectan al nervio
periférico, a la unión neuromuscular o el músculo, causando principalmente hipotonía
con reflejos bajos. Entre los principales trastornos se incluyen la atrofia muscular
espinal; la miastenia gravis neonatal; las miopatías congénitas y metabólicas; el
hipotiroidismo congénito y el grupo de distrofias musculares.
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Trastornos motores de origen central (SNC). Se incluyen todas las condiciones que
ocasionaron una noxa al sistema nervioso central, ocasionando lesiones motoras
persistentes adquiridas en época perinatal, natal y posnatal. Se incluyen las
siguientes condiciones: lesión cerebral aguda (ejm. traumatismos encéfalo craneanos
severos); accidente cerebrovascular; encefalopatía hipóxico-isquémica; infecciones
del sistema nervioso central (meningitis, encefalitis, abscesos); leucomalacia
periventricular del prematuro; kernícterus, etc.
Trastornos motores de origen neuromuscular. Son condiciones que afectan al nervio
periférico, a la unión neuromuscular o el músculo, causando principalmente hipotonía
con reflejos bajos. Entre los principales trastornos se incluyen la atrofia muscular
espinal; la miastenia gravis neonatal; las miopatías congénitas y metabólicas; el
hipotiroidismo congénito y el grupo de distrofias musculares.
Trastornos motores de origen osteoarticular. Condiciones traumatológicas que
causan alteraciones en el desarrollo motor, entre las que se incluyen: luxación
congénita de cadera (altera articulaciones de la rodilla y columna); anteversión
femoral excesiva; desviaciones de la rodilla, y posiciones viciosas y patológicas del
pie.
Existe un último grupo que corresponde a otras enfermedades o situaciones que
conllevan una limitación de la actividad motora del organismo donde se incluyen:
1. Problemas genéticos. Cualquier alteración que involucre el SNC provoca
alteración en la motricidad global.
2. Retardo del desarrollo y retardo mental. Produce lentitud en la adquisición en
destrezas y dificultad en la precisión y la armonía de la motricidad.
3. Alteraciones sensoriales. Influye en la torpeza en su coordinación global y fina.
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DESARROLLO SENSORIAL
DESARROLLO SENSORIAL NORMAL
El desarrollo sensorial es la base del desarrollo cognitivo motor. Los procesos
sensoriales son capacidades que nos permiten relacionarnos con el entorno.
Recibimos la información a través de los receptores sensoriales que pueden ser
visuales, auditivos o táctiles. Esta información se convierte en sensación para poder
organizarla e interpretarla a través de otra habilidad denominada la percepción.
Luego, trasmitiremos la información o daremos una respuesta ya sea mediante el
llanto, la sonrisa, o la expresión de emociones. De esta forma nos vamos
relacionando con nuestro mundo exterior e interior. Si carecemos de estos estímulos,
se verá afectado el desarrollo en todas sus áreas: motora, emocional, mental,
afectiva o social.
Desde las etapas iniciales de la gestación el feto recibe diversos estímulos, tanto del
interior como del ambiente exterior. El feto puede percibir los niveles de luz y
oscuridad, puede escuchar las voces o los sonidos, o sentir la calidez del útero,
puede iniciarse el sentido de la olfacción y del gusto, ya que sentirá el sabor del
líquido amniótico que deglute.
DESARROLLO VISUAL
Es el sistema que proporciona mayor información sobre el mundo exterior. Al nacer,
la retina (donde se encuentran los conos y bastones) va a estar completamente
desarrollada y es por esto que la percepción de la luz es posible. Mientras que el
cristalino aún esta inmaduro, por lo que el enfoque visual estará reducido.
A pesar de que el recién nacido mantiene los ojos cerrados la mayor parte del
tiempo, va a fruncir los parpados frente al estímulo de un foco luminoso. El recién
nacido es capaz de fijarse en un punto de luz, a pesar de que esta sea borrosa. La
visión de colores es restringida, tal vez solo una gama de grises, de baja nitidez.
Solo podrá distinguir luz, sombras y movimientos. En el primer mes de vida, mejora
la agudeza visual, la cual será nítida a una distancia de 25 a 30 centímetros,
justamente la distancia del pecho hasta la cara de la madre. El recién nacido puede
mirar la cara de la madre pero no la reconoce hasta los 3 meses de edad, inclusive
puede imitar la expresión facial y disfrutar frente a rostros o figuras. El recién nacido
presta atención por más tiempo a rostros y círculos concéntricos, por lo que siempre
debe evaluarse la preferencia visual al igual que la capacidad de habituarse o
deshabituarse frente a un estímulo.
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Desde el segundo mes, el bebé ya fija la mirada. Establece la convergencia ocular,
sigue objetos en movimiento, no diferencia colores, solo contrastes blancos y
negros. Al tercer mes desplaza la mirada de un objeto a otro y reconoce el color
rojo. Gira la cabeza siguiendo estímulos interesantes. Descubre su cuerpo, se mira
las manos, se interesa por juguetes cercanos. En el cuarto mes ve objetos a
distancias variables, percibe detalles pequeños, tiene una capacidad visual cercana
al adulto.
Durante los primeros meses de vida; el bebé tendrá incapacidad para reconocer
objetos e interpretar los mensajes, van a ser necesarias experiencias repetidas. Por
todo esto, es importante la estimulación sensorial.
DESARROLLO AUDITIVO
Es el sistema más importante para el desarrollo del lenguaje. El estímulo a través
de las ondas sonoras ingresará por el conducto auditivo externo, luego al medio y,
por último, al oído interno, desde donde serán trasmitidas, mediante un impulso
nervioso, por el nervio auditivo hacia la corteza cerebral del lóbulo temporal; donde
será procesado el estímulo para la emisión de una respuesta.
El recién nacido es sensible a la intensidad de los sonidos, se sobresalta, incluso
desde antes de nacer. No localiza ni dirige su cabeza hacia el estímulo sonoro,
prefiere la voz humana.. Al segundo mes, el bebé localiza mejor la fuente sonora y
empieza a interesarse por los sonidos y voces familiares. Desde el tercer mes
vuelve la cabeza al sonido, empieza a diferenciar la voz humana de otros sonidos.
En el cuarto mes adquiere agudeza y madurez, logrando identificar y localizar la
dirección exacta del sonido
DESARROLLO DEL TACTO, GUSTO Y OLFATO
El tacto es el sentido con desarrollo más precoz, desde etapas muy tempranas de
la gestación. Evoluciona progresivamente desde la séptima semana, cuando
empieza a sentir sensaciones en el contorno de la boca, luego en el rostro completo
y, finalmente, en ambos pies y el tronco. A las veinte semanas sentirá en todo el
cuerpo.
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Desde el útero las papilas gustativas funcionan, y luego del nacimiento el bebe podrá
diferenciar lo dulce de lo ácido y amargo, con preferencia por el sabor dulce. Al cuarto
mes; aceptará sabores salados, siempre utilizando el olfato. El recién nacido tiene el
olfato desarrollado y podrá diferenciar olores agradables y desagradables, con
preferencia por los olores conocidos como el de la madre.
Las estructuras básicas del desarrollo sensorial están en el cerebro desde antes del
nacimiento. Es necesario perfeccionarlo, establecer redes conectivas a través de
experiencias sensoriales, especialmente en los primeros meses de vida. Detectar la
deficiencia sensorial es labor primordial del pediatra.
TRASTORNOS DEL DESARROLLO SENSORIAL
El sentido de la visión permite al niño relacionarse con el entorno e interactuar
apropiadamente con él. A partir de los 4 meses de vida la visión dirige al desarrollo
motor fino y grueso. El lenguaje también es influido por la exposición a estímulos
visuales, asimismo, el desarrollo social depende de la interacción visual, mediante el
reconocimiento facial de las emociones. Por lo tanto, es muy importante reconocer
tempranamente la disfunción visual e intervenir según corresponda en cada caso.
Sospechamos discapacidad visual en un bebé pequeño que no logra enfocar la mirada
o seguir rostros. La forma anormal o asimétrica de las pupilas también debe llamar
nuestra atención, así como todo movimiento anormal de los ojos. Los preescolares y
escolares pueden quejarse de visión borrosa o cefalea. Los niños que ya leen y
escriben pueden presentar dificultades en la lectoescritura y/o en el aprendizaje.
Asimismo, cuando no es reconocida a tiempo, la discapacidad auditiva lleva a una
menor estimulación del niño pequeño y una gran dificultad para desarrollar el lenguaje;
además, de una estructuración anómala del pensamiento y consecuencias
socioafectivas severas. Si bien se describen una serie de factores de riesgo para
discapacidad auditiva (prematuridad, muy bajo peso al nacer, uso de medicamentos
ototóxicos, hiperbilirrubinemia neonatal, etc.), se recomienda el tamizaje universal en
la edad pediátrica temprana. La sospecha de disfunción auditiva en un bebé aumenta
cuando no hay respuestas reflejas al ruido o presenta un lenguaje monótono. Un
lactante con hipoacusia no volteará al escuchar su nombre ni intentará localizar
sonidos familiares. Cerca del primer año, demorará en adquirir sus primeras palabras
y nombrar objetos o personas familiares. Posteriormente, la dificultad se hará más
evidente al no lograr entender lo que se le dice, ni contar lo que le pasa.
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Por último, mencionaremos que la disfunción sensorial es un problema común en el
niño. Se caracteriza por hipo o hiperrespuesta a determinada información sensorial,
y se acompaña con frecuencia de la aparición retardada del lenguaje y de problemas
de conducta. Los niños con disfunción sensorial auditiva rechazan los sonidos
intensos, angustiándose en ambientes muy ruidosos o con mucha gente. A nivel
gustativo y olfativo pueden evitar o rechazar ciertos alimentos y limitar así la ingesta
adecuada. Muchas veces estos menores, además, tienen dificultades en los sentidos
de la propiocepción y el equilibrio; y presentan hiperlaxitud articular. Los infantes con
disfunción sensorial pueden presentar menores niveles de atención y concentración,
niveles de actividad muy altos o muy bajos, dificultades en la coordinación y
planeamiento del movimiento, dificultad para interactuar con sus pares y baja
autoestima. Todo ello requiere un reconocimiento temprano y una intervención
oportuna.
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DESARROLLO DEL LENGUAJE
DESARROLLO NORMAL DEL LENGUAJE
El lenguaje es un fenómeno cultural y social que usa símbolos y signos adquiridos,
los cuales permiten la comunicación con los demás. Esta es una destreza que se
aprende naturalmente y se convierte en pieza fundamental de la comunicación
puesto que admite proyectar emociones, pensamientos e ideas en el tiempo y en el
espacio. El lenguaje oral constituye el principal (y a veces el único) medio de
información y cultura, por tanto, es un factor importante de identificación a un grupo
social.
En el niño podemos reconocer las siguientes formas de lenguaje: el lenguaje
gestual, con recepción por la vía visual y emisión a través de gestos o muecas
faciales y manuales (de 0 a 12 meses); el lenguaje verbal, con recepción por vía
auditiva y emisión a través del habla (de 1 a 5 años), y el lenguaje escrito, con
recepción visual por medio de la lectura y emisión a través de la escritura (más allá
de los 5 años).
Las teorías vocales sostienen que el lenguaje evolucionó a partir de un amplio
grupo de llamadas instintivas que expresaban estados emocionales tales como
angustia, júbilo y excitación sexual. También se ha planteado que el lenguaje haya
surgido de la evolución conjunta de los gestos y la vocalización, lo que podría
justificar la inexplicable correlación entre la dominancia manual y el lenguaje verbal
y de signos, ambos localizados en el hemisferio izquierdo (11,15). En la adquisición
del lenguaje distinguimos inicialmente la etapa preverbal, que ocurre durante los
primeros 10 a 12 meses de edad. Otros la consideran como la etapa del nivel fónico
puro, debido a que el infante emite solo sonidos onomatopéyicos.
Durante esta etapa, la comunicación que establece el niño es con su medio familiar,
especial y particularmente con su madre, y es de tipo afectivo y gestual. Para
estimularlo lingüísticamente la madre puede utilizar, junto con el lenguaje afectivo y
gestual, el lenguaje verbal. La palabra debe acompañar siempre al gesto y a las
actividades de la madre con su hijo (13).
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La etapa lingüística se inicia con la expresión de la primera palabra. No se puede
decir con precisión cuándo comienza. Por eso, la fecha de su aparición está
diversamente fijada, ya que los estudios al respecto se basan mayormente en las
informaciones que dan las madres. Los diferentes especialistas estiman que el
90% de los niños que van a hablar, dicen sus primeras palabras entre los 15 a 18
meses.
Para la adquisición apropiada del lenguaje, el niño requiere la integridad de los
órganos de la respiración (pulmones, músculos costales y el diafragma, necesarios
para la emisión de sonidos); de los órganos de la fonación (laringe y las cuerdas
vocales, que se emplean en la producción de la voz); los órganos de resonancia
(faringe, boca y fosas nasales, que modulan el tono de los sonidos), y de los
órganos de la articulación (paladar, lengua, mandíbulas, labios y dientes) que
modularán el tono de la voz.
El desarrollo del lenguaje dependerá de la interacción de diferentes factores, entre
los cuales se encuentran las relaciones afectivas e intelectuales del niño, quien
debe sentirse emocionalmente seguro y lingüísticamente estimulado; la
personalidad del niño y de los adultos que lo rodean; la maduración biológica (del
sistema nervioso, auditivo, aparato fonador e inteligencia), y de los propios
procesos de aprendizaje. Pocos conocemos la secuencia de desarrollo social y del
lenguaje, lo que motiva que muchos niños con retraso en estas áreas, sean
referidos después de los dos años de edad, lo cual implica la pérdida del período
crítico para el desarrollo social y del sistema auditivo y del habla, que está
comprendido entre los 6 y 24 meses de edad. Finalmente, debemos recordar que
la participación del lenguaje en el aprendizaje pedagógico es tan fundamental, que
cualquier limitación en su adquisición tiende a afectar la capacidad del aprendizaje
escolar.
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TRASTORNOS DEL LENGUAJE
La calidad del lenguaje depende de una adecuada estructura anátomofuncional y
de la influencia del medio. En el hogar, el niño debe estar rodeado de personas con
lenguaje más avanzado, comprometidas afectivamente con el niño en actividades
conjuntas, que estimulen en la fase de aprendizaje el juego interactivo entre ellos.
El desarrollo del lenguaje debe darse sobre una base afectiva que cree vínculos de
relación entre el niño y los adultos relevantes de su entorno. El niño con trastorno
del lenguaje puede presentar desarrollo deficiente de la comprensión (habilidad
para entender o decodificación) o de la producción (capacidad de lograr una
comunicación simbólica hablada, escrita o gestual). Podemos encontrar algún
trastorno de la audición o del lenguaje receptivo, del habla o del lenguaje
expresivo, aunque son frecuentes los trastornos mixtos. En la cascada asociada al
retraso del lenguaje se encuentran alteraciones del desarrollo social e intelectual,
aislamiento y/o regresión, rendimiento académico pobre, y finalmente problemas de
aprendizaje y sociales; por lo tanto, previniendo el retraso del lenguaje, se
prevendrá esta cascada.
Signos de alarma en la adquisición del lenguaje.
Moreno-Flagge N.2013
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La prevalencia de los trastornos del lenguaje llega al 15% en los preescolares, 3 a
6% en los escolares. Es cuatro veces más común en varones, y también es
frecuente la historia familiar. Los trastornos de expresión de lenguaje son notorios
entre los 18 y 36 meses.
En caso de que el niño tarda en hablar, debemos considerar las siguientes
etiologías: retraso simple del lenguaje (RSL), trastorno específico del lenguaje (TEL),
trastornos del espectro autista (TEA), discapacidad intelectual, hipoacusia, hijos de
padres sordo-mudos y privación ambiental extrema. La hipoacusia es la tercera
causa en frecuencia, por lo que se debe descartar, en primer lugar, en todos los
niños con retraso o alteraciones en el lenguaje. Su incidencia en el período neonatal
es de 3-5/1000 nacidos vivos, siendo la enfermedad congénita más frecuente,
incluso más que el hipotiroidismo
En los niños que dejan de hablar (regresión del lenguaje), debemos buscar afasias
adquiridas secundarias a lesiones cerebrales (expresivas o receptivas); síndrome de
Landau Kleffner (afasia epiléptica); mutismo selectivo; regresión autista; síndrome de
Rett; trastorno desintegrativo infantil (TDI), y enfermedades degenerativas.
Cuando el niño muestra dificultades en el habla, reconoceremos alguno de estos
trastornos: tartamudez (también llamada espasmofemia), disartria, dislalia,
trastornos de la prosodia y voz nasal. Debemos distinguir entre la espasmofemia
evolutiva, parte de la adquisición normal del lenguaje, y la espasmofemia, que
requiere intervención.
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DESARROLLO SOCIAL
DESARROLLO SOCIAL NORMAL
Un recién nacido es capaz de mirar y fijar la mirada en los ojos de las personas, en
especial de su madre. A los 3 meses logra la sonrisa social; a los 6 meses ya tiene
risa social: mira a los ojos, sonríe y se ríe espontáneamente en presencia de
personas (sin estimulación táctil o sin cosquillas), no es la risa refleja frente a
objetos o animales. Alza las manos, le gusta que lo carguen.
A los nueve meses imita, hace adiós con la mano, imita gestos faciales, siempre
mirando a los ojos. Juega a taparse con el pañal. Fijando la mirada en una persona,
gruñe, grita, "chilla", mueve las manos cuando quiere algo (gesto protoimperativo).
Toca su imagen en el espejo, entiende el "no". Estira los brazos para que lo
carguen. Presenta ansiedad o angustia ante los extraños (llora cuando se acerca un
extraño o familiar al que no ha visto por algunos días). Poco tiempo después, a los
12 meses, señala; fija la mirada en una persona, estira el brazo y señala lo que
quiere (verbaliza, grita y establece contacto visual alternativamente entre el objeto y
la persona con la única intención de dirigir la atención de la persona hacia el objeto
que quiere (gesto protodeclarativo). Responde a su nombre, demuestra afecto,
abraza y le gusta que lo abracen, apoya su cara en otra cara, sonríe y ríe.
Llegados los 15 meses responde cuando lo llaman por su nombre (verbal o
visualmente), a los 18 meses trae objetos para mostrarlos. Señala partes de su
cuerpo. Señala lo que quiere, fija la mirada, sonríe y se ríe. A los 24 meses
disminuye la ansiedad ante los extraños, se interesa por otros niños, quiere jugar
con ellos. Imita tareas domésticas. Tiene imaginación y desarrolla el juego
simbólico. Estos gestos sociales, una vez desarrollados, se mantienen en menor o
mayor grado a lo largo de toda la vida, empleándose cada vez que interactuamos
con otras personas.
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TRASTORNOS DEL DESARROLLO SOCIAL Y AUTISMO
El vocablo autismo está presente en la literatura médica desde 1911, y es en 1943
cuando Leo Kanner y Hans Asperger realizan las primeras descripciones relevantes.
Kanner describió niños con aislamiento profundo, que mostraban deseo obsesivo de
no aceptar cambios, que solían presentar una fisionomía inteligente y pensativa, y su
conducta se caracterizaba por una relación intensa con objetos y una comunicación
verbal anormal. Estos criterios diagnósticos fueron modificados por Asperger en 1944,
quien agregó la falta de empatía, ingenuidad, poca habilidad para hacer amigos,
lenguaje pedante y repetitivo, pobre comunicación no verbal, interés desmesurado por
ciertos temas; torpeza motora y mala coordinación.
La definición del autismo ha evolucionado en los últimos años, hasta llegar a la que
tenemos actualmente y que corresponde al Diagnostic and Statistical Manual of Mental
Disorders, Fifth Edition (DSM-5). Los criterios utilizados han sido resumidos en dos
puntos principales: déficit en la interacción social y la comunicación, y presencia de
intereses restringidos y repetitivos (comportamientos estereotipados verbales o
motoras, sensoriales o comportamientos inusuales, y/o adhesión excesiva a rutinas y
patrones ritualizados de comportamiento).
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El diagnóstico es fundamentalmente clínico, no existe ningún examen biológico que
pueda validarlo. Presenta manifestaciones que van desde un completo desinterés por
otras personas hasta la repetición de preguntas para mantener la interacción social,
son niños muy distantes que evaden la mirada, o se acercan demasiado; tocando,
besando, oliendo inapropiadamente. Debe sospecharse en niños alrededor de los seis
meses de vida, algunos de los síntomas sugestivos son la dificultad en la alimentación,
en el intercambio de miradas e hipotonía. Se observa un bebe que nunca llora o no se
molesta, irritable a pequeños estímulos.
No existe una causa única conocida para el autismo. Existen múltiples teorías que
intentan explicar este trastorno dentro de las cuales tenemos a la teoría psicógena,
genética, epigenética, estructural, metabólica, histológica, bioquímica e infecciosa; sin
embargo, la teoría genética es la que actualmente tiene mayor validez.
Una vez reconocido el problema, se debe emplear un enfoque interdisciplinario y
multidisciplinario, con comunicación constante entre psiquiatras, psicólogos,
neurólogos, terapistas y educadores. Es necesario precisar los criterios diagnósticos y
de sospecha entre profesionales, padres y educadores para un diagnóstico certero y
oportuno.
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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
1. Victora CG, Horta BL, Loret de Mola C, Quevedo L, Tavares R, Gigante D, et al.
Association between breastfeeding and intelligence, educational attainment, and income
at 30 years of age: a prospective birth cohort study from Brazil. Lancet Global Health
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