Inseparable
Inseparable
1
Sinopsis
Después de que Vicky dejara a Alex antes de comenzar un
concierto, ella trató de concentrar su mente en su nueva vida
como una estudiante universitaria de derecho familiar. Sin em-
bargo, la estrella de rock no es el tipo de personas que se rin-
den fácilmente, y hará lo que sea para volver a estar con ella,
aun si eso significa no verla más que una vez al mes para que
ella pudiera estudiar.
Sin embargo, la vida no es tan sencilla, y antiguos amores
comienzan a aparecer en la vida de Vicky y Alex. Gonzalo, el
único novio que Vicky ha tenido además de Alex, ha vuelto de
una forma inesperada, y hará lo que sea necesario para recu-
perarla. Por su parte, Darlene está completamente obsesio-
nada con recuperar a Alex, y llegará hasta extremos inimagina-
bles con tal de conseguirlo.
Todo se complica aún más cuando la madre de Alex hace
clara su preferencia por Darlene, y la madre de Vicky sigue
queriendo destruir su felicidad a como dé lugar.
¿Podrán Alex y Vicky tener su ‘felices para siempre’,
cuando todo el mundo los quiere separados?
2
Prólogo
Simplemente no podía creerlo. Alex estaba ahí, en mi
nuevo departamento, de pie frente a mí. El real, el de carne y
hueso, y no el que mis sueños inventaban para lograr conciliar
el sueño, y que me destruía una vez despierta.
Estaba segura de que este era el real por varias razones.
Para empezar, su corte de cabello había cambiado: estaba mu-
cho más corto, y en vez de su corte con el flequillo hacia el cos-
tado, se encontraba hacia arriba. Segundo, sus ojos no eran del
color gris brillante como usualmente los soñaba, sino que esta-
ban oscurecidos, como la última vez que los vi, cuando lo dejé.
Tercero, su gesto demostraba tristeza, aun cuando una sonrisa
fácil se encontraba en sus tan apetecibles labios.
Me ofrecía una rosa roja, pero yo estaba completamente
estupefacta como para tomarla. No podía hacer nada más que
mirarlo con la boca abierta. Tenía tantas preguntas…y al mismo
tiempo, lo único que deseaba en ese momento era que me to-
mara en sus brazos y me besara hasta que mi lóbulo frontal de-
cidiera desaparecer. Quería olvidarme de todo, dejar de pen-
sar en lo que ha pasado entre nosotros, y simplemente disfrutar
del hombre que amo. Sabía que eso no era posible, pero mi ce-
rebro no podía procesar otro pensamiento distinto a ese.
—¿Puedo pasar? —preguntó en un susurro, usando esa
voz grave que tanto amo. Pude notar el dolor en su voz, aunque
él tratara de enmascararlo.
Asentí porque no estaba segura de cómo saldría mi voz en
ese momento. Me sobrepasaban las sensaciones: nervios,
amor, tristeza, dolor, arrepentimiento. ¿Cómo se supone que
yo debería pensar algo coherente cuando todos esos senti-
mientos vagan en mi interior al mismo tiempo?
Me moví hacia un costado para dejarlo pasar, pero aun así
pude sentir su aroma tan masculino y sexy cuando pasó a mi
lado. Me mordí el labio inferior, intentando que un pensamiento
coherente se formara en mi mente para poder pronunciar algo
con un poco de sentido.
3
Toda esa fuerza de voluntad para intentar pensar algo me-
dianamente coherente se fue literalmente a la mierda cuando
se dio la vuelta y clavó esos dos diamantes que tiene como ojos
en los míos. Su mirada demostraba tristeza, y mucha, pero, so-
bre todo, amor y adoración. Varias veces me ha mirado así, no
obstante, en este momento esa mirada hacía que mi corazón se
quebrara, porque sabía que no iba a poder tenerla, sin importar
cuánto la desee.
—Te traje esto. —dijo ofreciéndome la rosa que traía en
su mano.
La tomé con una mano temblorosa, para después diri-
girme a la cocina a ponerla en agua. Esa era una simple excusa
para poder alejarme de él y tratar de reconectar mi cerebro con
mi boca. Respiré hondo varias veces, intentando calmar el
ritmo de mi alocado corazón.
Ni en mis más locos sueños hubiera imaginado que esto
pasaría. Estoy segura que fue Miranda quién le dijo dónde vivi-
remos a partir de ahora, pero el hecho de que viniera hasta aquí
es algo que jamás hubiera creído. Además, ¿qué se supone que
viene a decirme? Quizás quiere decirme a la cara lo mucho que
me detesta por lo que le he hecho. Aunque no tiene demasiado
sentido que me haya traído una rosa, si ese es el caso.
Tras varias respiraciones profundas, decidí que era el mo-
mento de salir a la otra habitación y enfrentarlo. Debía saber
por qué estaba aquí, qué quería conmigo. Creo que lo mejor
será terminar con esto lo más pronto posible, así podré volver
antes a ese estado de miseria en el que me ha dejado esta rela-
ción. Yo supe desde un principio que nuestra relación era peli-
grosa para mí, pues la primera vez que lo vi, le entregué mi co-
razón completamente.
Al volver a la sala, lo encontré de pie en el mismo lugar en
que lo había dejado hace minutos. Mi respiración se atascó en
mi garganta al ver su belleza una vez más, pero continué cami-
nando hacia él, deseando que todo terminara de una vez. Me
senté en el pequeño sofá para dos personas, esperando que él
me siguiera; lo hizo después de unos segundos.
4
—¿No planeas hablarme? —preguntó sentándose a mi
lado en el sillón. Suspiré y levanté mi vista para poder mirarlo,
inclinando mi cuerpo hacia el suyo casi involuntariamente.
—Lo lamento. No esperaba encontrarte aquí, y me sor-
prendí mucho. —me felicité a mí misma por lograr tener una voz
medianamente normal, casi sin temblar. Asintió.
—Sí, espero que no te enojes con Miranda por haberme
dicho dónde están viviendo ahora. Realmente necesitaba ha-
blar contigo, y ella es la única que podía brindarme informa-
ción. —se rascó la cabeza, en ese gesto suyo cuando se en-
cuentra nervioso. Instintivamente quise tomar su mano para
tranquilizarlo, pero me abracé a mí misma para prevenirlo.
—¿Qué necesitabas decirme? —pregunté yendo al grano.
Suspiró.
—En realidad no sé cómo empezar…o por dónde. Su-
pongo que debería comenzar diciéndote que ya sé lo que pasó
esa noche en el concierto. Darlene se aprovechó demasiado de
sus privilegios…pero ya no los tiene. Ya no estará en mi casa,
no tienes pases VIP, no puede ir al backstage de ningún con-
cierto, ni vídeo, ni grabación…ni siquiera tiene permiso para
acercarse a mí. —me sorprendí mucho. Miré al suelo para que
su belleza no me confundiera aún más, y tratar de darle algo de
sentido a todo lo que ha dicho.
—Pero no lo entiendo. Es tu mejor amiga, Alex. ¿Qué razón
tendrías para alejarla de ese modo de tu vida? —la verdad es
que es difícil para mí imaginar una razón suficiente como para
que dejara a un lado a su mejor amiga; yo no podría hacerlo.
—Tú. —levanté mi vista rápidamente, para encontrar la
suya. Sus ojos eran tan intensos que casi me mareaban. —Al
parecer no es obvio para ti, pero te amo, y eres más importante
que cualquier otra persona en el mundo. —y con esa frase se
fue toda la coherencia que yo podría llegar a tener en mi cere-
bro.
5
—Pero yo…yo nunca quise que tú…Yo te dejé porque no
quería que tuvieras que elegir entre ella y yo…—traté de expli-
carle inútilmente, mientras mi lengua insistía en seguir trabán-
dose.
—Vic, nunca hubo elección. Porque siempre fuiste tú. Yo
dejaría la música por ti, y eso es algo que no haría por nadie
más. —me explicó lentamente, como si supiera que mi cerebro
no podía procesar nada.
—No deberías darme tanto poder en tu vida…es muy peli-
groso…
—Eres mi dueña, Victoria. Lo quieras o no, no existe algo
en este mundo que no haría por ti. —mis lágrimas ya estaban
amenazando con salir en este punto, pero hice mi mayor es-
fuerzo para retenerlas.
—No sé… ¿qué esperas que diga después de todo esto?
—Dime cómo te sientes. Los dos habíamos dicho que no
teníamos secretos entre nosotros, pero nunca me dijiste cómo
te sentías con respecto a ella. Si lo hubiera sabido, no hubieras
tenido la necesidad de dejarme.
—Te lo dije: no quería forzarte a elegir entre tu mejor
amiga y yo. Y ahora sinceramente me siento abrumada…no sé
qué hacer con todo esto que me has dicho.
—Yo quiero que volvamos a estar juntos…Haré lo que sea
para que aceptes. Pero tienes que decírmelo, Vic. —tomó mi
mano y el calor característico de su contacto invadió mi cuerpo
entero, dejándome sin ningún pensamiento en mi cerebro una
vez más.
—Yo…—suspiré tratando de aclarar mi mente. Yo lo amo
con todo mi ser, pero, ¿seré capaz de ser la novia una vez más
de alguien que está siendo perseguido por millones de mujeres
todos los días?
—¿Sigues amándome? —preguntó cautelosamente, como
si tuviera miedo de oír la respuesta.
—Sí, te amo. Pero no sé si puedo estar contigo una vez
más, Alex…
6
—¿Por qué no? ¿Qué es lo que necesitas? —parecía casi
desesperado, como si de verdad haría cualquier cosa por recu-
perarme. Me tomé unos momentos para pensar mi respuesta,
pues él merecía que le dijera todo sinceramente.
—No es lo que yo necesite, Alex. Todo lo que yo necesito
es a ti. Pero, la verdad es que tengo clases desde muy tem-
prano en la mañana hasta tarde en la noche; prácticamente to-
dos los fines de semana tendré que estudiar. Creo que te mere-
ces a alguien que pueda darte el tiempo que necesitas…
—No hagas eso. No te hagas a ti misma inferior. Si tú no
quieres estar conmigo, yo no buscaré a nadie más. Porque te
amo a ti, mi corazón te pertenece. Pero te propongo algo: no
seamos novios, sino que…vamos viendo. Es decir, cuando ten-
gamos algún momento libre nos vemos y salimos, ¿te parece?
—lo miré sorprendida.
—¿De verdad estarías dispuesto a hacer eso por mí? Es
decir, sé lo celoso que eres, y no nos veremos casi nada…
—Haría cualquier cosa por ti, ya te lo dije. Te amo, y no
renunciaré a ti. No importa lo que tenga que esperarte, lo haré.
Lo abracé con toda la fuerza de la que fui capaz, pues na-
die nunca me había amado tanto. Ni siquiera mis padres me
querían tanto como para sacrificarse así por mí. No existe una
prueba de amor más grande que esta, a mí parecer.
7
Capítulo 01
Seis meses han pasado desde que Alex y yo decidimos de-
jar nuestra relación en una forma de stand by. Hemos salido al-
gunos fines de semana, pero la verdad es que prácticamente
no nos hemos visto. Hablamos por teléfono casi todas las no-
ches, aunque yo estoy demasiado cansada de mis estudios
como para poder hablar demasiado.
Mis estudios son tal y cómo lo imaginé. Aunque tengo que
dedicarle prácticamente mi vida entera para poder tener todas
mis asignaturas al día, me encanta cada una de ellas. Aprender
sobre leyes que me permitan ayudar a niños que lo necesitan,
como yo lo necesité en un momento de mi vida, es lo que me
hace feliz, lo que me hace sentirme útil.
La verdad es que mi amor por Alex no ha decrecido ni un
poco. Creo que, aunque parezca imposible, ha crecido. El he-
cho de que soporte nuestra forma de relacionarnos actual-
mente y no se haya quejado de eso ni un solo día hace que lo
ame más. Después de todo, ¿qué clase de chico que puede te-
ner a cualquier mujer que desee soportaría socializar con una
chica solamente por celular y verla dos veces al mes? Es real-
mente un hombre increíble.
Terminé de resumir el libro que tendría que estudiar para
la próxima semana y me dirigí a la sala, donde Miranda se en-
contraba con Damian. Los saludé a ambos, pues no los había
visto por estar encerrada en mi habitación estudiando. Me pa-
reció que Miranda se despidió de Damian demasiado rápido,
pero no comenté nada al respecto porque es su relación des-
pués de todo, y yo no estoy en una posición como para dar con-
sejos.
—Oye, Vicky, ¿podemos hablar de algo? —me preguntó
Miranda acercándose a mí en la cocina. Tomé de mi vaso de
agua, mientras la veía tomar uno ella misma.
—Por supuesto, Mi. Sabes que puedes hablar conmigo de
lo que sea.
—La verdad es que no quiero meterme en tu vida, pero soy
tu mejor amiga, y creo que necesito aconsejarte en este asunto.
8
—¿De qué hablas, Mi? Dímelo de una vez, me estás preo-
cupando…
—Creo que deberías repensar tu relación con Alex. Él te
ama, y sé de sobra que tú también lo amas, ¿por qué lo alejas
de ti?
—No es así, Mi; es solo que no tengo tiempo para un novio
ahora. Estoy todo el día estudiando…
—Y así estás, Vicky. —me interrumpió; en su rostro se no-
taba la preocupación por mí. — ¿Hace cuánto tiempo que no
salimos a tomar algo? ¿Cuándo fue la última vez que hablaste
con Fran? ¿Cuándo fue la última vez que tuviste una cita? No-
sotras dos no hablamos más que en las comidas, y vivimos jun-
tas. Entiendo que estudiar es importante, para mí también lo es,
yo también estudio; pero lo estás llevando al extremo. Te estás
perdiendo de tu vida por estudiar.
—No exageres. Para mí es muy importante estudiar, y sa-
carme la mejor calificación posible en todo.
—¿Crees que para mí no? Pero, aun así, disfruto de tiempo
con mi novio, y con mis amigos. Con todos, menos contigo. Ade-
más, siendo honesta, ¿cuánto tiempo más crees que Alex podrá
soportar esta situación? Se muere por ti, y tú cada vez lo alejas
más. Llegará el momento en que su amor por ti se haya desva-
necido, y tú serás la única culpable de eso. Piénsalo.
Se fue de nuestro pequeño departamento después de eso,
y yo volví a mi habitación. Aunque inicialmente había querido
seguir estudiando, en poco tiempo descubrí que me era impo-
sible después de esa conversación. ¿Miranda tendrá razón?
¿Estaré perdiendo a todas las personas que amo solo por mi
obsesión por estudiar? Es cierto que desde que me mudé no he
visto a Fran; y con ella no hemos hablado mucho últimamente…
Y Alex.
Es obvio que Alex perderá la paciencia conmigo en un mo-
mento u otro. Él puede tener a cualquier mujer que desee, es
ilógico pensar que se conformará conmigo, que no le presto la
atención que él se merece. La última vez que lo vi fue hace dos
semanas, y fue tan solo media hora. No hemos tenido una cita
9
nunca desde que hemos estado “saliendo”. Es evidente que su
amor por mí se agotará de esta forma, pues el tiempo lo cura
todo, incluso el amor. Si es que no se ha ido ya, pues ya hace
más de medio año que estamos en esta situación.
Pero, ¿qué puedo hacer? Tomé las asignaturas que pla-
neaba estudiar esta primera mitad de año antes de saber que
Alex volvería a mi vida. Planeaba mantenerme lo más ocupada
posible para intentar olvidarlo. ¿Cómo iba a saber que él haría
todo eso por mí? Sería un desperdicio de mi tiempo si abando-
nara algunas materias ahora para tener más tiempo, pues si
apruebo el próximo examen, la otra parte del año estaré prác-
ticamente libre si no decido tomar materias de segundo año.
Debo hablar con Alex. Debo decirle lo que siento, lo que
tengo planeado hacer para que pueda esperarme tan solo dos
semanas más. Aunque, ¿quién me asegura que ya no es muy
tarde? Hace días que él y yo no hablamos, y semanas que no
nos vemos. Quizás él ya me olvidó, y no planea contactarse con-
migo nunca más. Es decir, yo no soy nadie especial, ¿por qué
debería esperarme tanto tiempo? Después de todo, no tengo
nada más que ofrecerle que mi amor, pero mi atención no
puedo dársela.
¿Qué haré si él ya me olvidó? Al principio del año creí que
debería olvidarlo porque yo lo había dejado, pero me sentí enor-
memente feliz cuando él vino a buscarme. Me he sentido tan fe-
liz en estos meses que no he prestado atención a mi alrededor,
a lo que sentían las personas que me rodeaban. Ahora corro el
riesgo de perderlos a todos, solo por mi obstinación, por mi ce-
guera.
La verdad es que no merezco un hombre como Alex, ni me-
rezco dos mejores amigos como Miranda y Franco. Ellos son lo
mejor que me ha podido pasar en la vida —después de haberme
mudado lejos de mis padres, claro está—, y yo lo único que hice
fue ignorarlos completamente. ¿Cómo puedo ser tan mala con
las personas que me hacen tan feliz?
El sonido de mi celular vibrando en mi mesa de noche a un
lado de mi cama me sacó de mis pensamientos. Casi se me lle-
nan los ojos de lágrimas cuando vi que se era Alex quien me
10
estaba llamando. Las retuve, porque es lo menos que puedo ha-
cer por él: no hacerlo sentir peor por haber dejado de amarme,
cuando toda la culpa es mía. Contesté inmediatamente.
—¿Por qué me haces esto? —preguntó arrastrando las
palabras una vez que le contesté. Me costó mucho entenderlo.
—Alex, ¿qué tienes? ¿De qué estás hablando? —inquirí
preocupada, sentada en mi cama.
—Todos los días espero por ti…—una vez más, arrastró
las palabras al hablar. Noté que se encontraba borracho, y por
eso estaba diciendo tantas incoherencias.
—Dime dónde estás, iré por ti. —le dije decidida, comen-
zando a ponerme algo de ropa decente para salir.
—¿Vendrás por mí? —comenzó a reírse sin parar, lo que
me hizo poner los ojos en blanco involuntariamente.
—Concéntrate, Alex. Dime dónde rayos estás.
—Estoy en el pent-house que compré para nosotros dos.
—otra vez volvió a reír. —Soy un idiota…como si tú fueras a
quedarte con un imbécil como yo…
—Llegaré en cinco minutos.
11
Capítulo 02
Corrí hasta el ascensor para poder bajar a la planta donde
se encontraba el estacionamiento del edificio. Ahí se encon-
traba siempre mi auto, pues nunca lo usaba ya que la universi-
dad quedaba frente a nuestro departamento.
Sin dudarlo conduje por las atestadas calles de la ciudad
hasta llegar al edificio donde Alex me había dicho que había
comprado un pent-house. Claro que no me había dicho que era
para nosotros hasta esta noche, pero supongo que no puedo
creerle demasiado pues está borracho. Aunque dicen que los
borrachos siempre dicen la verdad…
<<Concéntrate, Victoria.>>
Cuando llegué al edificio me pregunté cómo diablos iba a
pasar por la seguridad cuando nunca en la maldita vida vine a
este lugar; no obstante, al parecer es cierto que compró este
lugar para ambos, pues el guardia de seguridad tenía mi nom-
bre como el único además de Alex que podía pasar sin la nece-
sidad de presentar alguna identificación.
No me demoré mucho en ese asunto, pues Alex me nece-
sitaba. Él estuvo siempre ahí para mí, por lo que ahora es mí
turno de estar ahí para él. Me necesita, y no voy a defraudarlo
por nada en el mundo. Si aún siente algo de amor por mí, haré
que me ame como al principio, tan solo necesito un poco más
de tiempo.
Al llegar noté que se trataba de un lugar inmenso; mucho
más pequeño que la mansión de Alex y la de mis padres, pero
enorme para ser un departamento. Me pregunté cómo iba a en-
contrar a Alex, cuando lo escuché sollozar. Se me partió el co-
razón con solo escucharlo, pero necesitaba encontrarlo por-
que él me necesitaba a mí. Corrí hacia donde se escuchaba el
sonido de su llanto, para encontrármelo tirado sobre una mesa
de comedor enorme, con una botella en la mano.
Mi corazón se partió en dos al ver tan deplorable imagen,
y saber que probablemente es mi culpa que se encuentre así lo
hace todo mil veces peor. Lo primero que hice fue quitarle la
botella de la mano, lo que fue algo difícil porque estaba muy
12
aferrada a ella y hasta borracho tiene más fuerza que yo. Luego
traté de ponerlo en pie, lo que también resultó muy difícil pues
es mucho más alto y grande que yo, y él no ponía de su parte
para eso. Estaba llorando y se reía al mismo tiempo, lo que difi-
cultaba más mi tarea de lograr levantarlo. Pude llegar con él
hasta el sofá rojo de la sala gigante que había antes de un pasi-
llo estrecho, y me conformé con eso. Por lo menos no desper-
taría en una dura mesa de comedor.
Le quité las zapatillas y le quité la chaqueta para que es-
tuviera más cómodo, aunque dormiría en un sofá. Ni siquiera
trataba de entender las incoherencias que estaba diciendo,
pues me daba miedo a que dijera algo que yo no estaba lista
para escuchar aún. Poco tiempo después se durmió en esa po-
sición tan incómoda, y yo me quedé un poco más tranquila,
pues por lo menos yo me encontraba con él para cuidarlo, como
tantas veces él hizo conmigo.
Me dirigí a la cocina que parecía hecha para un chef pro-
fesional, y me hice un café, para poder cuidarlo toda la noche.
No sé cuánto tiempo podré soportar, porque hace dos días que
no duermo por estudiar, pero intentaré quedarme despierta
por lo menos hasta que llegue el día.
Tomé mi café con lentitud mientras lo observaba dormir,
sentada en uno de los sillones individuales que había frente al
sofá donde él estaba dormitando. Su cabello ahora corto se en-
contraba enmarañado, y había un ligero rastro de una barba en
su mandíbula; evidentemente no se había afeitado en varios
días.
Me pregunté cómo había estado tan ciega como para per-
mitirme perder a este maravilloso hombre que por alguna ex-
traña razón me ama. La verdad es que he cometido muchos
errores en mi vida, pero dejarlo ir hubiera sido el error más
grande de toda mi existencia; jamás me lo hubiera perdonado.
¿Cómo he podido ser tan estúpida?
No sé en qué momento de la noche me dormí, pero cuando
desperté al oír mi nombre, la luz del sol ya entraba por las ven-
tanas. Encontré a Alex arrodillado frente a mí, mirándome preo-
cupado. Estiré mis piernas en el suelo, pues las había doblado
13
en el pequeño sillón. Me dolía el cuello de la mala manera en la
que había dormido, pero al parecer Alex ya se encontraba bien.
—Vic, ¿te encuentras bien? —me preguntó realmente
preocupado por mí. Sonreí: incluso cuando la resaca debe es-
tar matándolo, se preocupa por mí. Es sin duda alguna el hom-
bre perfecto.
—Sí, pero estoy enojada contigo. ¿Qué te llevó a pensar
que llevarte a ese estado de ebriedad era algo saludable? Eres
cantante, tienes que cuidar lo que ingieres, Alex. —le dije aca-
riciando su mejilla. Su creciente barba me pinchaba un poco,
pero había algo sexy en ello.
—No sé de qué estás hablando. Tomé solo una copa, y
luego desperté aquí…—puse los ojos en blanco.
—Tomaste una botella y media, bobo. Y luego me llamaste,
riéndote de todo. No te entendía nada.
—Lo lamento mucho, no quería molestarte, te lo juro. —
realmente se veía arrepentido de lo que sucedía. Sonreí para
tratar de calmarlo un poco.
—Todavía no me has dicho por qué tomaste tanto…—miró
hacia abajo, incluso parecía un poco avergonzado.
—Te extrañaba mucho y…—se rascó la cabeza, como
siempre hace cuando está nervioso.
—No debiste hacer eso. Pusiste en riesgo no solo tu tra-
bajo, sino tu vida también. Si me extrañabas, me hubieras lla-
mado, tonto. Hubiera venido a verte. —me sentí culpable por
tener que decírselo ahora, se supone que él debería saberlo. Al
parecer, todo lo que me ha dicho Miranda ayer era la pura ver-
dad.
—Sabía que estabas estudiando, y siempre que puedes tú
me llamas, por lo que estaba esperando que lo hicieras. No
quiero molestarte. —me arrodillé en el suelo junto a él, posando
mis dos manos en sus mejillas.
—Lo siento. Lo siento mucho, Alex. Estuve tan concen-
trada en estudiar, que me he olvidado de pasar tiempo con las
personas que amo. Perdóname. No debería ser así. Tú nunca
14
me has molestado. Lo lamento…—me dio un pequeño beso en
la frente, acariciando mis mejillas.
—No te disculpes. Sé lo importante que es para ti, yo lo
entiendo. —negué con la cabeza, intentando retener mis lágri-
mas en mis ojos. Fallé miserablemente.
—Hablé con Miranda ayer. Ella me dijo que tú me amabas,
pero que podía llegar el momento en que dejes de hacerlo; y
tiene razón, Alex. Si yo continúo así, sin prestarte atención, te
acostumbrarás a estar sin mí, y ya no me querrás más…
—Eso es imposible, Vic. —susurró mirándome a los ojos.
—Te amo, y te amaré siempre. No importa si no tienes tiempo
para mí, yo disfrutaré cada segundo que me des. —negué con
la cabeza, tratando de calmar mis lágrimas y no pudiendo en
absoluto.
—No es así. No dejaré que sea así. No debes conformarte
con tan poco, Alex. Tú eres lo suficientemente importante para
mí como para tratar de darte algo mucho mejor que eso. Sin
embargo, debo pedirte que me esperes un poco más…en dos
semanas terminaré con todos mis exámenes, y luego tendré el
resto del año para ti. Si aún me quieres, por supuesto…
—¿Nunca escuchas nada de lo que digo? —preguntó re-
tóricamente, con una sonrisa un tanto irónica en su rostro. —
Te amo, Victoria. Entiéndelo. —me miró directo a los ojos
cuando pronunció esas palabras, haciendo que me mareara un
poco por la intensidad de sus ojos grises.
Sonreí y lo abracé con fuerza, preguntándome qué he he-
cho de bueno en esta vida para merecer a un hombre tan per-
fecto como él.
15
Capítulo 03
Después de desayunar algo rápido que yo misma cociné,
Alex me hizo un tour por toda su nueva casa. Realmente era un
pent-house enorme, con un montón de habitaciones, salas de
juegos, cuartos de invitados, y biblioteca. La última habitación
en la que terminamos estaba llena de instrumentos musicales
de todo tipo, supuse que esta habitación sería donde ensayaría
con la banda.
Me sentí un poco avergonzada por no haber venido hasta
este momento. Es decir, Alex tuvo que poner en riesgo su vida
y su carrera para que yo decidiera venir a conocer un departa-
mento que ha comprado hace ya unos cuantos meses. Oportu-
nidad no me había faltado, pues incluso él me había invitado a
ayudarlo a decorarlo, pero yo no pude hacerlo. Oh, Santo Dios,
me he perdido un montón de situaciones por estudiar. Esto es
justamente lo que Miranda trató de advertirme ayer: me estoy
perdiendo mi vida por dejarla en mis estudios.
La verdad es que estudiar es importante, pero los extre-
mos siempre son malos. Debería tener tiempo para salir con
mis amigos, relajarme, tener una cita con el chico de mis sue-
ños…se supone que la universidad te da toda la libertad que la
preparatoria no, no obstante, yo me encargué de que en mi
caso fuera todo lo contrario. Debo hacerme cargo de esta si-
tuación lo más rápido posible.
Mi respiración se atascó en mi garganta en cuanto lo vi
caminando hacia el piano. Se sentó frente a él, acariciando las
teclas con sus dedos, y una imagen muy sensual se instaló en
mi mente con esos mismos dedos. Me mordí el labio inferior y
me acerqué al piano, quedándome de pie justo frente a él.
—En estos meses he escrito muchas canciones…de he-
cho, ya casi tenemos listo el próximo álbum. Pero he escrito
esta sobre ti…quería que tú la escuches y me dijeras si estás
de acuerdo en que la ponga en el próximo álbum…
—La canción es tuya, Alex. Puedes hacer con ella lo que
quieras.
16
—Es tuya porque tú la inspiraste. Por eso quería que me
dieras tu opinión.
—Amo todas tus canciones, y no quiero que nadie quede
privado de tu talento. Pero basta de charla: quiero oírla.
—Bien. Se llama Ella:
Cada vez que el viento
Hondea su largo cabello rojo,
Yo me vuelvo loco;
Oh, sí, porque no hay nadie como ella.
Su aroma es atrapante,
Su sonrisa es hipnotizante.
Ella puede atraparte y dominarte.
Ella puede amarte y odiarte.
Ella puede volverte loco.
Oh, sí, porque no hay nadie como ella.
17
Ella me vuelve loco (Oh, sí)
Ella me tiene a sus pies (Oh, sí)
Porque es ella,
Ella, ella.
Ella es mi dueña,
Y me vuelve loco (Oh, sí)
He caído en su juego,
Y voy a perder (Oh, voy a perder)
No puedo resistirme a ella;
Porque ella me vuelve loco,
Oh, sí, no hay nadie como ella.
18
Las lágrimas amenazaban con salir de mis ojos una vez
más cuando terminó de tocar las teclas del piano, dándole fin a
la canción. ¿Cómo es posible que este hombre tan perfecto me
vea a mí de esa forma? De la forma en que me describe en la
canción pareciera como si yo fuera la persona más perfecta del
mundo, y estoy lejos de serlo.
Le he roto el corazón tantas veces que no puedo contar,
aunque no lo haga a propósito él siempre está último en mi lista
de prioridades, no he pasado nada de tiempo con él, y la mayor
parte del tiempo estoy dudando de sus sentimientos por mí,
aunque solo sea por mis problemas de inseguridad en mí misma
y no por él. Sin embargo, después de todas esas razones por
las que él debería odiarme, me hace una canción donde me de-
muestra que me ve como una persona casi perfecta.
Le di la vuelta al piano para sentarme en el banquillo junto
a él, con una pierna a cada lado. Él imitó mi postura, quedando
frente a mí para mirarme a los ojos con ansiedad. Sé que se está
muriendo por saber qué pienso de la canción —como si exis-
tiera alguna canción que él me hiciera que no me gustara—,
pero la verdad es que estoy sintiendo tantas cosas dentro de
mí que me he olvidado cómo hablar.
Me focalicé en sus ojos grises que se encontraban com-
pletamente brillantes, mucho más de lo que estaban la última
vez que los vi. No los miré durante mucho tiempo, sin embargo,
pues son mi perdición. Bajé mi vista a sus apetecibles labios
carnosos, que eran igual de tentadores para mí que sus ojos, y
me di cuenta que no nos hemos besado nunca desde que esta-
mos en esta “relación”.
—La canción es hermosa. Me encanta, y amaría que la pu-
sieras en el álbum. —le dije en un susurro, sin mover mi vista de
sus labios.
—¿De verdad crees eso? —ver sus labios moverse
cuando habla es mi nueva obsesión. Quería que siguiera ha-
blando, pero él solo sonrió, probablemente notando hacia
dónde iba dirigida mi mirada.
19
—Lo creo. Pero, ¿sabes qué estoy pensando? —le pre-
gunté sonriendo también, sin poderlo evitar.
—Creo que me doy una idea, pero me encantaría que me
lo dijeras…—probablemente recordó cómo me avergonzaba
decir este tipo de cosas en voz alta, pero he notado que he ma-
durado un poco desde que entré en la universidad, y después
de darme cuenta de todo lo que he hecho hasta ahora, ya no me
avergüenzo tanto.
—Pienso en que no nos hemos besado en más de medio
año…
—Deberíamos rectificar esa situación en este momento.
—dijo colocando una de sus manos en mi mejilla. Temblé un
poco ante su contacto.
—Pero en cuanto comencemos, no podremos parar…—
me acerqué más a su rostro, dejándonos a tan solo centímetros
de distancia.
—¿Y eso es un problema? —preguntó enarcando una
ceja.
—En absoluto.
Corté la distancia entre nuestros labios, uniéndolos en un
suave beso. Me correspondió con la misma dulzura con la que
me besaba siempre que quería demostrarme su amor por mí.
Nuestros labios se movían con la mejor de las sincronizaciones,
como si hubieran sido hechos específicamente para juntarse.
Mi corazón golpeteó con fuerza contra mi pecho por nues-
tro primer contacto en meses que no se trataba de una simple
caricia —aunque sus caricias me encantan, a decir verdad—, y
pronto me encontré a mí misma con el deseo de estar más
cerca de él. Tener nuestros labios unidos no es suficiente para
mí: necesito algo más.
Sin dudarlo me moví en el banquillo del piano sin separar
nuestros labios, para terminar subida sobre sus fuertes pier-
nas. Alex me tomó por la cintura, presionándome contra su
cuerpo, como si él necesitara nuestra cercanía tanto como yo.
Por mi parte, pasé mis manos por detrás de su cuello, pero no
contenta con eso, enterré una de ellas en su cabello. Extrañaba
20
su cabello largo para eso, pero aún era capaz de hacerlo, y su
reacción fue la misma de siempre: un gemido grave saliendo de
sus labios.
Pasó su lengua por mi labio inferior, y sin dudarlo abrí mi
boca para él. Nuestras lenguas comenzaron a juguetear juntas,
mientras que el calor característico de sus besos me consumía.
¿Cómo he sido capaz de vivir sin esto todo este tiempo?
21
Capítulo 04
Los dos decidimos tomarnos el fin de semana para noso-
tros en el campo de su abuelo así nadie podría molestarnos, y
los dos estaríamos lo suficientemente lejos de nuestras obliga-
ciones como para no preocuparnos por ellas.
Conduje sola a mi departamento en mi auto, pues Alex pa-
saría a recogerme después con el suyo. Rápidamente aparqué
en el lugar reservado para mí departamento, y tomé el ascen-
sor hasta la planta número 15, donde este se encontraba.
Corrí a mi habitación ignorando a propósito la posición
“indecente” en la que se encontraban Miranda y Damian, para
tomar un pequeño bolso y poner en él todas las cosas que ne-
cesitaría para el fin de semana: ropa, elementos de higiene per-
sonal, etc. Incluí un camisón un poco sexy que había comprado
especialmente para él hace muchos meses y no había tenido la
oportunidad de mostrárselo.
Escuché el timbre cuando estaba terminando de empa-
car, por lo que rápidamente tomé el bolso y mi saco de abrigo,
pues estaba a punto de nevar afuera. Alex se encontraba en el
living-comedor que teníamos, hablando animadamente con Da-
mian y Miranda. Se había dado una ducha, pues su cabello es-
taba mojado, y ese pequeño rastro de barba había desapare-
cido de su fuerte mandíbula. Su vestimenta también había cam-
biado: ahora tenía un jean, un par de zapatos, y un suéter negro
que se pegaba a su cuerpo de una forma que un suéter jamás
hace con nadie. <<Es sexy hasta para usar un maldito suéter>>,
pensé tratando de no mirarlo demasiado para no perderme el
resto del entorno.
—Así es, estaremos lejos todo el fin de semana, ¿verdad,
bebé? —me preguntó pasando su brazo por mis hombros, y to-
mando mi bolso con su otra mano. Evidentemente él estaba ha-
blando con los chicos mientras yo babeaba por su cuerpo; es-
toy segura de que su ego está por las nubes ahora mismo.
—Sí, es cierto. Me tomaré un descanso antes de los exá-
menes que me esperan las próximas dos semanas. Pero, debe-
22
ríamos salir todos juntos el próximo fin de semana…—invité mi-
rando fijamente a Miranda, pues en realidad estaba tratando de
averiguar si todo estaba bien entre nosotras dos. Ella me son-
rió, y yo me sentí aliviada.
—Es una gran idea. —acordó mi mejor amiga sonrién-
dome.
—Genial. —pasé mi brazo por la cintura de Alex, abrazán-
dolo también. Él sonrió, pues seguramente se dio cuenta de lo
que estaba haciendo: como siempre, él sabe lo que siento sin
necesidad de que yo se lo diga.
—Deberíamos irnos, tenemos un viaje en carretera por
delante…
—Sí, vamos. —dije más que ansiosa por pasar todo un fin
de semana con él después de tanto tiempo de vernos solo ho-
ras.
Nos despedimos de los chicos con rapidez y nos dirigimos
por el pasillo hasta el ascensor, que se encontraba a la iz-
quierda de nuestro departamento. Mientras bajábamos al esta-
cionamiento, Alex me besó con suavidad en los labios reitera-
damente, dándome pequeños besos durante todo el trayecto.
La verdad es que no puedo quejarme: aunque lo único que ha-
gamos sea besarnos, yo soy feliz de esa forma.
Rápidamente nos montamos en el auto de Alex, y él con-
dujo sin ninguna prisa al campo, pues por fin estábamos solos.
Nos entretuvimos durante todo el trayecto hablando sobre todo
lo que no habíamos podido en todo este tiempo en el que nos
habíamos visto como máximo media hora cada dos semanas.
Me ha contado que aún no ha dado ese concierto que canceló
cuando yo lo dejé, por lo que cuando yo tenga algo de tiempo lo
hará. Al principio tuve miedo de que tuviera que alejarse, aun-
que solo fuera un fin de semana, pero él me aseguró que no iría
a ningún lugar sin mí.
Llegamos al campo de su abuelo alrededor de las tres de
la tarde, y mi estómago ya estaba rugiendo. Por suerte Alex ya
le había dicho a Abigail que veníamos, por lo que ella tenía un
rico y caliente almuerzo para nosotros. La verdad es que esta
23
casa en el campo siempre fue preciosa para mí, pero verla toda
nevada es más hermosa que antes.
Después de comer nos dirigimos a la habitación principal,
pues Alex tuvo la idea de bañarnos en el hidromasaje para po-
der conseguir un poco más de calor. La calefacción del lugar
estaba encendida, pero afuera hacía demasiado frío como para
que fuera suficiente. Por suerte había empacado un traje de
baño, aunque era un bikini que solamente sería capaz de usar
con Alex, ya que mostraba mis cicatrices.
Pasamos el resto de la tarde en el hidromasaje, solamente
abrazándonos, sin la necesidad de hablar. La verdad es que lo
que más había extrañado de nuestra relación es esta conexión
que tenemos, en la que con solo basta con estar cerca uno del
otro.
Me dejó sola en la habitación cuando decidimos salir del
hidromasaje para que pudiera vestirme, algo que agradecí
pues necesitaba un poco de tiempo para mí misma. La verdad
es que, si bien lo he extrañado muchísimo, nuestra relación es
tan intensa que a veces me abruma. A decir verdad, ¿qué suce-
derá si la intensidad desaparece? ¿Qué pasará cuando este-
mos tan acostumbrados a sentirnos así? ¿Será que nos cansa-
remos uno del otro? ¿Buscaremos entretenernos en otras co-
sas y nos olvidaremos de nosotros mismos?
Me senté en la enorme cama tamaño King que teníamos
en esta habitación a medio vestir, dándome cuenta de este
nuevo miedo que me embarga. ¿Es que nunca podré sentirme
feliz en esta relación sin que el miedo invada mi ser? Maldigo mi
estúpida inseguridad.
Terminé de vestirme y salí en su búsqueda: si algo nos ha
enseñado todo este tiempo separados, es que necesitamos
contarnos lo que nos pasa para evitar malentendidos. Lo en-
contré terminando de encender la chimenea de la sala, sentado
en el suelo. Sonreí al verlo, para después sentarme a su lado en
el suelo. Me tomó por la cintura y me colocó sobre sus piernas,
como solía hacer hace tiempo. Apoyé mi nuca en su hombro,
sintiéndome tranquila solo por el hecho de que él está aquí con-
migo abrazándome.
24
—Dime, ¿qué tienes? —susurró en mi oído, bajando su voz
unas octavas, como sabe que me vuelve loca. Solté una pe-
queña risita cuando acarició mi mejilla con sus labios, sintiendo
el rubor esparcirse desde ese punto por el resto de mi cara.
—¿Quién dice que tengo algo? —le pregunté con una son-
risa un tanto irónica, lo que colocó una sonrisa en sus apeteci-
bles labios.
—Te conozco, bebé. Dímelo. —tomó mi mentón con sus
dedos, para así levantar mi rostro y hacer que lo mirara a los
ojos. Maldito manipulador.
—Solo pensaba en qué pasará con nosotros en el futuro.
Es decir, temo que la intensidad de nuestra relación se apague;
en ese instante, ¿qué pasará con nosotros dos? —rió con sua-
vidad, aunque luego trató de disimularla; lo miré enarcando una
ceja.
—Siempre te adelantas, ¿verdad? ¿No podemos vivir el
día a día?
—Pero, ¿tú nunca te preguntas qué pasará con nosotros?
¿Nunca te preguntas si alguna vez nos cansaremos de esto? Tú
sabes tan bien como yo que lo nuestro fue intenso desde un
principio, incluso nos enamoramos antes de siquiera conocer-
nos un poco. ¿No piensas en qué pasará cuando esta intensi-
dad se esfume?
—Claro que sí. Pero también sé que haría lo que fuera
para no volver a sentir lo que sentí cuando me dejaste; por lo
que no me preocupa demasiado. Además, ¿quién dice que se
esfumará? —preguntó subiendo una de sus manos para acari-
ciarme la mejilla.
—¿Piensas que no? —le pregunté mordiéndome el labio
inferior.
—¿Quién sabe? Lo que sí sé es lo que siento ahora, y lo
que siento es que me enamoro de ti todos los días. —mi corazón
se derritió con eso, por lo que retomé mi posición inicial para
ocultar mi rostro de enamorada.
—Alex, ¿puedo pedirte un favor? —le pregunté después
de unos momentos de estar en silencio.
25
—Lo que quieras, mi amor. Lo sabes. —una sonrisa idiota
se extendió por mi rostro, como sucede cada vez que me llama
de esa forma.
—¿Podrías cantarme algo? Tengo ganas de escucharte
cantar…
Sonrió y comenzó a cantar, aunque lo hacía en una voz
muy suave y baja, porque prácticamente lo hacía en mi oído. Mi
columna vertebral temblaba con cada nota que su dulce y
grave voz pronunciaba en mi oído. Dios, cómo había extrañado
esto.
26
Capítulo 05
Ya era bien entrada la noche cuando decidimos irnos a
dormir a nuestra habitación. Aunque debería estar cansada por
todas las emociones vividas el día de ayer y hoy, me encontraba
tan feliz que en mi cuerpo no cabía el cansancio. Alex se encon-
traba feliz y relajado a mí lado, y todo el tiempo estaba tocán-
dome o besándome, como si creyera que todo es un sueño. La
verdad es que yo también no estoy del todo convencida de que
esto es real, pero eso es algo que siento desde el principio de
nuestra relación.
Me dirigí con mi bolso al baño principal para poder cam-
biarme de ropa. Aunque hace un poco de frío como para usar
el camisón de encaje y seda negro que traje, estoy segura que
Alex no permitirá que el calor me falte. Me fijé en el espejo que
mi nuevo conjunto de lencería estuviera en su correcto lugar,
sin fijarme demasiado en mis cicatrices para no dejar que me
invadiera la inseguridad, como siempre. Me quité el poco ma-
quillaje que me había quedado en el rostro, y solté mi cabello,
que me había cortado un poco, pero seguía cayendo en peque-
ñas ondas por mi espalda, pues recordé que a Alex le encanta
cuando dejo mi cabello suelto.
Me di una última mirada con un suspiro, otra vez tratando
de que la inseguridad característica en mí en este tipo de situa-
ciones se apacigüe un poco. Al salir a la habitación me encon-
tré a Alex recostado en la enorme cama de sábanas blancas,
vestido con una remera de manga corta negra que remarcaba
sus músculos a la perfección, y su típico pantalón gris. Me dirigí
hacia él un tanto cohibida, aunque su mirada ayudó mucho a
deshacerme de la vergüenza. Me arrodillé a su lado en la cama,
mordiéndome el labio inferior, esperando a que dijera algo.
—No recuerdo haberte visto con este, ¿es nuevo? —pre-
guntó apoyándose en uno de sus codos.
—Sí, ¿no te gusta? —pregunté comenzando a decepcio-
narme casi sin quererlo.
27
—Me encanta…quizás más de lo que debería. —dijo levan-
tando el camisón un poco en mi muslo. Con ese solo gesto, mi
corazón comenzó a golpetear como loco contra mi pecho.
—Te extrañé tanto, Alex…—dije suspirando por el simple
hecho de su contacto. Subió sus labios hasta mi cuello, donde
depositó suaves y húmedos besos.
Supe que el momento de hablar había terminado cuando
sus labios viajaron por mi mandíbula hasta los míos propios. El
beso era suave, sin ninguna prisa, pero la tensión sexual exis-
tente entre nosotros era tan fuerte que apenas podía conte-
nerme. Apoyé mis manos en sus fuertes bíceps, deseando
arrancarle toda la ropa, pero con demasiada vergüenza como
para cumplir mi fantasía. Me acerqué más a su cuerpo, pegán-
donos, notando así su excitación. Gemí, y el calor recorrió mi
cuerpo hasta instalarse en mí entrepierna. El beso se hizo más
y más apasionado con cada segundo, llevándome a la locura.
Me di cuenta en ese momento que todo lo que me impor-
taba antes sobre el sexo, ya no me importaba ahora. ¿Momento
perfecto? Nunca va a existir, y ahora mismo es lo más perfecto
que alguien podría conseguir: estoy en una cama con el hombre
que amo, que también me ama, en una cabaña nevada en el me-
dio de la nada. ¿Qué más puedo pedir?
Nuestras lenguas jugaban juntas cuando me recosté en la
cama, llevándolo conmigo. Me encontraba un poco nerviosa,
más que nada porque es una situación en la que no tengo con-
trol por no saber qué hacer, pero confío en él. O eso intento ha-
cer la mayor parte del tiempo.
Me sorprendió que no continuara tocándome como lo ha-
cía antes, pero quizás quería ir despacio para asegurarse de
que yo estuviera de acuerdo con esto.
<<O quizás ya no le guste tu cuerpo por las cicatrices.>>
Mandé a callar a mi inseguridad para seguir disfrutando
de este precioso momento. Acaricié su cuerpo por sobre su
ropa, deseando que esa tela no existiera entre nosotros. Sus
músculos estaban mucho más marcados que antes, y quería ex-
28
plorarlos con mis manos y mis labios. Quería probar cada rin-
cón de su cuerpo, recorrerlo entero, reconocerlo una y otra
vez.
Entonces, como sus labios y su cuerpo habían aparecido
sobre mí, desaparecieron. Me sentí con frío, y sobre todo muy
confundida. ¿Por qué me había dejado así? ¿Es que él no quería
tener sexo conmigo? ¿Por qué? Recuerdo que él había dicho
que siempre estaría dispuesto a estar conmigo. ¿Por qué ahora
que he logrado decidirme, él se aleja? No lo entiendo, y la ver-
dad es que me hiere un poco.
—Tengo más autocontrol del que creía…—comentó con la
respiración agitada, aunque estaba mucho mejor que yo.
—No lo entiendo…—murmuré metiéndome debajo de las
sábanas. Estaba avergonzada, y tenía frío ahora que su cuerpo
no estaba con el mío.
—¿Qué tienes? —me preguntó dándose la vuelta para mi-
rarme.
—Este es el momento perfecto—le susurré prácticamente
sin mirarlo.
—Sé que lo es, bebé. Pero nosotros no estamos listos
como pareja para eso. He madurado mucho en este tiempo que
estuvimos un poco separados, y me he dado cuenta de muchos
errores que cometí en nuestra relación anterior. No lo haré de
nuevo.
—¿Tener sexo conmigo es un error? —inquirí avergon-
zada, pero necesitaba saber el porqué de su cambio de actitud.
—No estoy diciendo eso. Estoy diciendo que debemos
crecer como pareja antes de hacerlo. Es tu primera vez, y solo
tienes una. Te he dicho millones de veces que no eres una más
para mí, pero siempre he demostrado lo contrario con mis ac-
ciones. Eso no sucederá; esperaré a que estemos bien como
pareja.
—¿Desde cuando eres tan moralmente correcto?
—Ya te lo he dicho: he madurado mucho este tiempo.
29
—Me gustabas más cuando eras moralmente imposible.
—murmuré dándole la espalda. Alex rió, abrazándome.
Rápidamente me dormí en sus brazos, ya notando el can-
sancio de tres noches sin descansar como es debido. Aunque
nuestra posición no ayudaba a que mi excitación sexual dismi-
nuyese, adoro dormir de esta forma con él.
Me desperté en una cama vacía; me estiré con una son-
risa: como siempre cuando duermo con él, ninguna pesadilla
invadió mi sueño. Observé que ya era de día por la ventana
mientras me levantaba, y que ya no nevaba. Me di una ducha
bien caliente para después vestirme con un jean tiro alto que
ayudaba mucho a que mis piernas se vean bien, y un suéter de
cuello alto blanco con algunas pocas inscripciones que me lle-
gaba un poco más arriba del ombligo, justo donde comenzaba
el jean. Dejé mi cabello rojo suelto y me maquillé solo un poco.
Al terminar de prepararme, salí de la habitación por el es-
trecho pasillo hacia la cocina, pues tenía un poco de hambre.
Al pasar por el living encontré a Alex, quien estaba tocando al-
gunos acordes con su guitarra acústica. Iba a saludarlo, pero
el sabroso olor al desayuno invadió mis fosas nasales y salí dis-
parada hacia la cocina. Me senté en la pequeña mesa de ma-
dera que había en la misma cocina y le agradecí a Abigail
cuando me sirvió. La verdad es que ella es una excelente coci-
nera, y su comida es tan deliciosa que no puedo evitar comer
todo aun cuando no tenga más hambre. Le pregunté por su vida
mientras comía, intentando conocerla un poco más.
Alex apareció en la cocina, pero yo estaba demasiado
ocupada comiendo y escuchando a Abigail como para decirle
nada. Me sonrió mientras se sentaba en la silla frente a mí, ob-
servándome. Continué comiendo sin prestarle atención, pues
tenía mucha hambre; pero aun así pude apreciar lo bien que su
suéter se adaptaba a sus abultados músculos. Ahora que lo
pienso, siempre lo he visto vestido de negro, y aunque le queda
muy bien, creo que el blanco le sentaría mejor.
—Ya no está nevando, así que podemos salir a dar un pa-
seo. O podemos quedarnos aquí dentro y encontrar algo qué
hacer.
30
—Me gustaría salir. —contesté entre bocado y bocado.
—Está bien. —asintió con una sonrisa, aunque se borró
rápidamente. — ¿Sigues enojada conmigo por lo de anoche? —
miré rápidamente hacia donde se encontraba Abigail, pero por
fortuna había desaparecido de la cocina.
—Nunca lo estuve. —le contesté por fin terminando mi
desayuno. —Es solo que ahora estoy más convencida que
nunca de quebrar esta nueva moral tuya para que vuelvas a ser
el chico rockstar moralmente imposible que me sedujo cuando
yo no quería saber nada de él. —me dio una sonrisa un tanto
pícara.
—Me alegro. Estoy seguro de que nos divertiremos bas-
tante con tus intentos.
Me levanté de la mesa y traté de caminar de la forma más
sexy que pude fuera de la cocina, pues sabía que estaba obser-
vando cada uno de mis pasos. El juego ya ha comenzado, y yo
siempre gano en mis juegos.
31
Capítulo 06
El sábado siguiente, Alex, Miranda, Damian y yo salimos
por la ciudad a divertirnos. Aunque no pude ver a ninguno de
ellos durante la semana a causa de mis exámenes, parecía que
no había pasado nada de tiempo en cuanto nos volvimos a jun-
tar. Es una pena que Ren y Franco no pudieran venir, pero se
habían ido de viaje ese fin de semana.
Miranda y yo nos arreglamos juntas para poder ponernos
al día entre nosotras, aunque me arrepentí de eso. Escuchar la
excitante vida sexual de mi amiga y compararla con la mía que
es totalmente inexistente, fue algo difícil. Por supuesto que no
le dije nada a Mi sobre eso, y escuché atentamente cada uno de
sus relatos.
Comenzamos nuestra salida yendo al cine. Tuvimos que
esperar a que todos estuvieran dentro de las salas para que na-
die reconociera a los chicos, así que terminamos viendo la
única película en la que había boletos disponibles: una comedia
que daba risa solo por lo mala que era. También tuvimos que
salir de la sala de cine antes de que se encendieran las luces,
así que, por suerte, no vimos el final de la película.
Continuamos la salida cenando; conseguimos un pequeño
restaurante familiar y prácticamente invisible, pero aun así los
chicos tuvieron que firmar un par de autógrafos. Aunque el res-
taurante era bastante pequeño, la comida me sorprendió de tan
rica que estaba. Comí unos ravioles de queso con salsa bolo-
ñesa, y la verdad es que no tenía tanta hambre, pero estaba tan
rico que no pude parar de comer. Miranda y yo nos fuimos al
baño mientras los chicos pedían el postre, y yo estuve segura
de que Alex me pediría un postre de chocolate, como en una de
nuestras citas.
—Vicky, necesito pedirte un favor. —me dijo Mi en cuanto
nos quedamos a solas en el baño.
—Claro, ¿qué necesitas? —le contesté retocando mi ma-
quillaje.
32
—Necesito que me dejes el departamento para mí esta no-
che. Al departamento de Dan le están refaccionando las cañe-
rías, y no hay agua. ¿Crees que puedes?
—Claro, estoy segura de que a Alex no le molestará que
me quede con él.
Me dio un abrazo a modo de agradecimiento, y las dos sa-
limos del baño juntas, riéndonos de alguna estupidez que se
nos había ocurrido. Como supuse, Alex me había pedido un
postre de chocolate, por lo que los dos nos reímos mucho, aun-
que los demás no entendían el porqué de nuestra risa.
Al terminar nuestra cena, nos dirigimos a un club noc-
turno que los chicos conocían. Traté de no pensar demasiado
en el hecho de que Alex conocía este lugar para no comenzar a
torturarme con lo que ha estado haciendo cuando yo no le pres-
taba la atención suficiente. En lugar de eso, le comenté que ne-
cesitaba quedarme en su casa esta noche, ya planeando lo que
iba a hacer para doblegar su nueva moral. Obviamente, él no
objetó nada a mi estadía en su casa, incluso creo que lo hizo
feliz.
Nos dirigimos directamente a una zona VIP en cuanto lle-
gamos al club nocturno, que se llamaba “Red’s”. Nuestro lugar
consistía de un par de sofás confidentes blancos, con una mesa
de café y un cordón que un guardia de seguridad abría y ce-
rraba cada vez que uno de nosotros quería salir o entrar de la
zona. Comenzamos tomando algunos tragos, para después ir-
nos a la pista a bailar. Mi cuerpo y el de Alex sincronizaban per-
fectamente, y nuestros movimientos hacían que yo perdiera la
noción de tiempo y espacio.
No supe cuánto tiempo pasó cuando comencé a sentirme
un poco cansada y muy sedienta por lo que me moví como pude
entre los bailarines hasta llegar una vez más a nuestro apar-
tado. Al sentarme en uno de los sillones pude notar que Alex me
había seguido, así que los dos tomamos con tranquilidad nues-
tros tragos, y, como suele pasar cuando estamos juntos, co-
menzamos a coquetear entre nosotros. Sin embargo, cuando
me acerqué a su rostro para besarlo, él se alejó, dándome
como explicación que ese “no era un lugar apropiado”. Lo miré
33
confundida, tratando de utilizar mi nueva madurez para no de-
jar que mi temperamento explotara, aunque me costó bastante.
A decir verdad, esperé a sentirme lo más tranquila posible para
poder preguntarle a qué se refería.
—¿A qué te refieres con eso? ¿No podemos besarnos? —
inquirí más confundida que enojada en realidad.
—No en este lugar. —me contestó simplemente.
—¿Por qué no? —insistí ante la vaguedad de su respuesta.
—No es un tema que quiera hablar en este lugar. —suspiré
y tomé mis cosas.
—Bien, le diré a los chicos que nos vamos.
Me fui del VIP antes de que pudiera contestarme algo, di-
rigiéndome a la pista de baile donde se encontraban Miranda y
Damian. Le susurré en el oído a la primera que Alex y yo ya nos
íbamos, por lo que nos despedimos ahí mismo. Alex me estaba
esperando en la salida, así que pudimos salir rápidamente.
Temblé un poco al salir por el cambio de temperatura,
mientras esperábamos que trajeran el auto de Alex. Al notar mi
repentino frío, él me cubrió con su chaqueta de cuero negra,
que, si bien no era muy abrigada, tenía su calor corporal y eso
era más que suficiente para mí.
No tardaron mucho en traer el auto, y entre la chaqueta
de Alex y la calefacción del auto, volvió mi calor corporal. Me
sentí satisfecha conmigo misma por mi reacción: en otro mo-
mento probablemente hubiera preferido congelarme hasta al-
gún hotel antes que quedarme con él. Sin embargo, ahora le
estoy dando la oportunidad de explicar su actitud en el club.
Soltó un suspiro en cuanto tuvo que dejar de conducir al llegar
a un semáforo en rojo, y yo lo observé, enterrándome en su cha-
queta.
—¿Vendrás a mi casa o quieres que te lleve a tu departa-
mento? —su pregunta me confundió un poco.
—¿No quieres que me quede contigo? No puedo que-
darme en mi departamento hoy, así que si tú no quieres nece-
sito ir a un hotel…
34
—Creí que estabas tan enojada que no querrías dormir
conmigo. —me confesó con una pequeña sonrisa. Traté de
darle una sonrisa coqueta.
—Ya sabes que siempre quiero dormir contigo. Aunque
me gustaría que me explicaras lo que pasó en el club.
—Bueno, la verdad es que yo nací aquí, en esta ciudad. De
hecho, la casa de mis padres está aquí. No es un lugar al que
hubiera querido volver, a decir verdad, pero no voy a dejarte
sola. —sonreí por eso, aunque él no me vio pues tenía la vista
en el camino. —Antes, mucho antes de mudarme y ser famoso,
solía ir a ese club y llevar chicas con las que no quería nada
serio. Cuando la banda se hizo famosa, una de esas chicas fue
a un programa de espectáculos y contó cómo la había llevado
ahí para seducirla y “romperle el corazón después”. Obvia-
mente quiso hacerse famosa a mi costa, pero desde ese mo-
mento ese lugar se convirtió, para la prensa, en mi punto de se-
ducción.
—Qué ridículo. Tú no necesitas ningún lugar para seducir,
basta con verte.
—Gracias, bebé. Pero, aun así, no quería arriesgarme a
que nos tomaran una foto y te tacharan como mi nueva con-
quista. Tú eres mucho más importante para mí, y todo el mundo
debe saberlo así.
—Gracias. Pero a mí no me interesa todo el mundo, a mí
me interesa cómo estemos nosotros dos.
—Y, ¿cómo estamos?
Me incliné para darle un rápido beso en los labios, para
después morder con suavidad el lóbulo de su oreja. El resto del
camino no hablamos, tan solo disfrutamos de estar juntos,
como solíamos hacerlo desde el principio.
Cuando llegamos a su pent-house, los dos nos dirigimos
directamente a su habitación. Le pedí de una forma aparente-
mente inocente que me prestara una remera para poder dormir
un poco más cómoda. Me la entregó con una sonrisa, como di-
ciéndome que ya conocía mis verdaderas intenciones. Estoy
segura de que es así: con todas las mujeres con las que se ha
35
acostado, debe estar más que acostumbrado a ser seducido.
Ya dentro del baño, me desvestí y me puse la remera azul que
me había dado. Aproveché y me cepillé los dientes con su cepi-
llo, pues de todas formas ya habíamos compartido casi todo. Al
salir del baño, me lo encontré de pie frente al armario, con los
brazos cruzados. Cuando pasé a su lado para dirigirme a la
cama, me estiré, haciendo que su remera se levantara lo sufi-
ciente para dejar ver mi ropa interior de encaje blanco.
Me mantuve acostada en la cama mientras esperaba que
saliera del baño, que no tardó demasiado. Se encontraba ves-
tido solo con su pantalón gris, y no pude evitar observar cada
detalle de su cuerpo mientras caminaba hasta la cama a mí
lado. Cuando se recostó a mi lado bajo las sábanas, no dudé en
acercarme a él y abrazarlo, apoyando mi cabeza en uno de sus
pectorales y pasando mi brazo por su estómago. Sin embargo,
rápidamente subí esa mano por su cuerpo hasta llegar a su ca-
bello, donde la enterré. Si bien su cabello estaba más corto
ahora que antes, podía enterrar mi mano en él como siempre le
ha gustado que haga. Besé sus labios, suavemente al principio,
casi como si fuera un beso de buenas noches. No obstante, hice
el beso más y más apasionado con el correr de los minutos, in-
cluso subí mi cuerpo sobre el suyo un poco; pude notar enton-
ces que él se encontraba tan excitado como yo, y supuse que
esta vez sí iba a ganar en mí propósito.
Supe que me equivoqué cuando, suavemente, como
no queriendo lastimarme, me apartó de su cuerpo, para des-
pués darme un dulce beso en la frente y levantarse de la cama
para dirigirse al baño. Escuché el agua de la ducha correr mi-
nutos después, por lo que supuse que se estaba dando una du-
cha fría.
Me di la vuelta en la cama, suspirando. Realmente
creí que no iba a ser capaz de rechazarme esta vez. Creo que
su voluntad de esperar es mucho más fuerte que cualquier otro
deseo que tenga instantáneo. Sin embargo, mientras sentía su
brazo alrededor de mí al volver de la ducha, una pregunta com-
pletamente desagradable no dejaba mi mente en paz: ¿qué ten-
drían esas chicas con las que sí se acostó que yo no tengo?
36
Capítulo 07
Después de una semana de que yo terminara mis exáme-
nes finales y quedara oficialmente libre, volvimos a mi ciudad
de origen para que los chicos pudieran dar ese concierto que
quedó cancelado por mi pelea con Alex. No es algo que me
emocionara, sobre todo si existía la posibilidad de encontrarme
con mis padres, pero no iba a dejarlo solo en un concierto: él
me quería ahí, y yo iba a estar ahí para él siempre que me qui-
siera.
Me llamó la atención que nos quedáramos el fin de semana
en una suite de un hotel de lujo en lugar de la mansión de Alex,
pero él contestó muy misteriosamente que la estaban refaccio-
nando y que no podíamos estar allí. Yo era feliz estando con él
en cualquier lugar, por lo que poco me importó dónde tuviéra-
mos que quedarnos.
Por suerte el sábado por la tarde pasó sin ningún inci-
dente, y por esto me refiero a que no tuve que ver a mis padres
en ningún momento. Aunque es evidente que tienen que estar
hoy en la noche, pues son los representantes de la banda, es-
pero que se mantengan bien lejos de mí.
Había muchas fanáticas cuando fuimos a que los chicos
hagan su prueba de sonido, pero una en particular llamó mi
atención: Darlene se encontraba ahí, dando codazos para po-
der mantenerse en la primera fila entre las vallas que habían
colocado la gente de seguridad para que no pudieran acer-
carse demasiado. No me impresionó el hecho de que ella estu-
viera ahí, era bastante obvio que iba a aparecer, pero sí me im-
presionó notar que tenía una gran barriga de embarazada. Pro-
bablemente tendría varios meses de embarazo, lo cual no tenía
ningún sentido para mí, ya que por su total obsesión con Alex
no creía que se hubiera acostado con nadie más. Parece que
no soy la única que se impresionó, pues Alex también se quedó
estático en su lugar un par de segundos, no pudiendo creerlo
seguramente, aunque después trato de continuar con su ca-
mino. Digo trató, porque ella no se lo permitió, alegando que
tenía algo muy importante para decirle y que no podía esperar
37
más tiempo. Le rogó que la escuchara, y él me miró, como bus-
cando autorización de mi parte; yo me encogí de hombros, di-
ciéndole que hiciera lo que le pareciera correcto, por lo que les
pidió a los chicos de seguridad que la dejaran pasar con noso-
tros.
Los tres más dos guardias de seguridad fuimos al came-
rino de Alex, donde él se cambiaría esta noche, para poder ha-
blar tranquilamente. Yo no me despegué de su lado, demos-
trándole a Darlene a quién prefería Alex, aunque eso había que-
dado ya claro hace bastante tiempo. El camerino de Alex era
inmenso, tanto que había unos cuantos metros entre Darlene y
nosotros.
—Habrás notado que estoy embarazada. — dijo Darlene
un tanto nerviosa. La verdad es que su estado era bastante de-
plorable: su remera era muy pequeña para la gran barriga que
tenía, y parecía que no se había bañado en días. Me molestó un
poco el hecho de que solo le hablara a él, pero claro, está aquí
para hablar con él, no conmigo. Alex asintió. — Bueno,
pues...este hijo también es tuyo. — no dejé que ninguna emo-
ción se cruzara por mi rostro: una habilidad que estoy apren-
diendo en mi carrera universitaria como abogada, además de
que era bastante obvio que iba a decir eso, de otra forma, no
estaríamos aquí. Alex, por el contrario, no hizo ademán de ocul-
tar su sorpresa.
—Eso es imposible. Tú y yo no tenemos sexo hace años.
— le contestó cuando se le pasó la sorpresa. Su mano apretó
con fuerza la mía, y aunque yo sentí que me dolía un poco, no la
retiré, y le devolví el apretón, haciéndole saber que yo estaba
aquí para él, que mi temperamento no iba a ser parte de esto.
—Eso no es cierto. Aunque entiendo que no lo recuerdes,
estabas muy borracho cuando pasó. Fue hace siete meses,
cuando ella te dejó. Te emborrachaste aquí, y yo te llevé a tu
casa. Tuvimos sexo entonces. — <<ahora ya sé lo que tengo
que hacer para que quiera acostarse conmigo>> pensé, pero
no verbalicé nada y me mantuve en silencio.
38
—Lo lamento, Darlene, pero no puedo creer simplemente
en tu palabra. Necesitaré pruebas de lo que estás diciendo. —
parecía que ya estaba acostumbrado a este tipo de situaciones.
— Lo entiendo. Estoy dispuesta a hacerme todas las prue-
bas que consideres necesarias. Tan solo dime cuándo.
Alex se fue a otro lugar a hablar por teléfono con mis pa-
dres para que se hicieran cargo de todo lo necesario para las
pruebas de ADN que se iban a necesitar. Era un poco peligroso
dejarme a solas con Darlene, mucho más con lo que acaba de
pasar, pero estoy decidida a comportarme y ser ese apoyo que
Alex necesita en ese momento.
O eso era hasta que ella empezó a hablar.
— Veo que estás mejor que nunca, Victoria. Supongo que
estabas disfrutando de haberme derrotado, ¿verdad? — tragué
saliva antes de responder, pensando muy bien mis palabras.
— Nunca fue una lucha. Él eligió a quién quería, y tú debe-
rías aceptarlo en lugar de intentar dar lástima con un emba-
razo. ¿Nunca has visto una telenovela? Esas mentiras se des-
cubren siempre, de una forma u otra. — dije con una sonrisa
que se notaba desde kilómetros que era falsa.
— Entiendo por qué quisieras que esto fuera una mentira.
Pero no lo es. Alex y yo tendremos un lindo bebé, que nos unirá
para siempre. Siempre seremos una familia, y tú, ¿dónde enca-
jas en ese cuadro? — me preguntó con una sonrisa irónica.
— Oh, encajo perfectamente. Soy esa que descubre tu
mentira y te arruina el final feliz de la telenovela que te has mon-
tado en la cabeza, ¿te parece bien? — pregunté con el mismo
cinismo que ella me estaba demostrando.
— Si eso te hace sentir mejor. Aunque debo decir que
tengo una ventaja sobre ti: por lo menos Alex sí quiere tener
sexo conmigo. Mientras que contigo...es evidente que no.
Ese fue el golpe más bajo que podría haberme dado. Por-
que es cierto, con ella ya ha tenido sexo más de una vez, y en
cambio conmigo, no quiere nada que se acerque a eso. Traté
39
con todas mis fuerzas que eso no me afectara, de no demos-
trarle a ella cuánta razón llevaba, y de cuánto me frustraba el
hecho de que mi novio no quisiera tocarme.
Sin embargo, cuando quise darme cuenta de mis actos,
ella ya se encontraba en el suelo y mi puño estaba en su cara,
dejándole la marca no solo de mi mano sino de mis anillos. La
verdad es que actúe por impulso, sin pensarlo, pero qué bien
se sentía por fin poder hacer esto que deseaba hacer desde
que la conocí por primera vez a la muy zorra.
Pude golpearla solo una vez antes de que los chicos de
seguridad me tomaran por los hombros y me sacaran de arriba
de ella, y aunque me hubiera gustado golpearla un poco más,
la parte racional de mi cerebro sabía que esto era lo mejor. Es-
tuve más convencida de ello cuando vi los ojos enfurecidos de
Alex enfocarse en mí, mientras me llevaba a otra habitación que
había dentro del camerino, un baño.
—¿Enloqueciste? ¡Está embarazada, Vic! ¡No puedes gol-
pearla!
—Ya lo sé, lo lamento, pero no pude evitarlo. Ella me es-
taba provocando, y yo traté de contenerme, pero no pude…—
me sentía un tanto derrotada, porque me estaba comportando
tan bien, había podido dominar mi temperamento de una vez
por todas. Hasta tenía ganas de llorar. Había perdido la batalla
conmigo misma.
—¿No pudiste controlarte? Es una mujer embarazada y tú
la golpeaste; ¿en qué parte de tu cerebro esa excusa suena
bien? —pude notar lo enojado conmigo que se sentía, incluso
podría decir que lo había decepcionado.
—Lo siento mucho. —susurré mirando al suelo, tratando
de retener mis lágrimas. Soltó un suspiro y me abrazó con
fuerza; lo abracé también, y algunas lágrimas se me escaparon
en contra de mi voluntad.
—Sé que no quisiste hacerlo, pero necesitas controlarte
más. Podrías haberle hecho un daño irreparable, y te hubieras
arrepentido el resto de tu vida. ¿Qué fue lo que te dijo para que
te pusieras así?
40
—La verdad, eso fue lo que me dijo. Y yo no tuve las aga-
llas suficientes como para soportar la verdad. Debería pedirle
disculpas…—dije separándome de él, secándome las lágrimas.
—Claro que no. Lo que hiciste estuvo mal, pero estoy se-
guro de que tú no le pegaste solo porque ella estaba ahí sen-
tada y te molestaba su presencia. Dímelo, ¿qué fue lo que te
dijo? —suspiré y miré esos ojos grises que me vuelven loca, que
ahora ya se encontraban tranquilos.
—Me dijo que con ella si quieres tener sexo, y conmigo no.
—su rostro pasó por todas las emociones: desde la sorpresa,
el enojo, la determinación, y por último el amor.
—Pues tiene razón. Contigo no quiero tener sexo, quiero
que tengamos un momento mucho más íntimo que solo sexo.
Ella no es nadie para mí, y tú eres todo.
Tomó mi rostro con sus manos y depositó un suave beso
en mis labios. De alguna manera, sus palabras se metieron den-
tro de mí, calentando mi corazón de una forma que nunca antes
había sentido. Es evidente que los dos tenemos nuestros pro-
blemas, los dos tenemos cosas que aprender como pareja,
pero mientras nuestro amor siga intacto, podremos con todo lo
que el destino tenga preparado para nosotros.
41
Capítulo 08
Aunque siempre me ha gustado ver a Alex cantando, sentí
un alivio enorme cuando volvimos al hotel después del con-
cierto. Me sentía cansada, ansiosa y derrotada. Tenía pensado
insinuarme una vez más con Alex, aprovechando el hecho de
que estuviéramos solos en un hotel de lujo, pero la verdad es
que de lo único que tenía ganas era de acostarme y abrazarme
a él; dejar de pensar por un momento y confortarme en la cali-
dez de sus brazos.
Él se encontraba exhausto después del concierto, proba-
blemente también por todo lo que hemos vivido el día de hoy.
Por lo que, en cuanto llegamos al hotel, nos pusimos nuestra
ropa de dormir y nos acostamos con rapidez, por mi parte, sin
ganas de hablar de nada.
Sé que me excedí al pegarle a Darlene —aunque estoy se-
gura de que no le ocasioné ningún daño—, y sé que me dejé lle-
var. Realmente me estaba comportando bien, estaba siendo el
apoyo que Alex necesitaba en ese momento, ¿por qué tuve que
arruinarlo todo? ¿Por qué tuve que caer en su juego?
Es cierto que mi inexistente vida sexual con Alex es algo
que me frustra mucho, pero ella no debería saberlo. Le he dado
la carta que necesitaba para llegar a mí talón de Aquiles, y
ahora sabe cuál es mi debilidad. Le he dado la ventaja, y eso no
puede volver a repetirse.
—¿Cómo te sientes con todo esto? —me preguntó Alex
manteniéndome abrazada a un costado de su cuerpo, mirando
al techo.
—Creo que lo más importante es cómo te sientes tú al res-
pecto. —susurré levantando mi rostro de su pectoral para po-
der mirar el suyo. No me devolvió la mirada, pero la mano que
se mantenía en mi cintura comenzó a hacer pequeños círculos
en mi espalda.
—Yo estoy sorprendido. Por un lado, estoy acostumbrado
a los embarazos falsos que quieren adjudicarme. Por el otro, es
Darlene. No quiero pensar en que ella usaría a un niño solo para
acercarme a mí…Pero también quiero saber cómo estás tú.
42
—Yo no le creo. Discúlpame, sé que es tu amiga y que es
una situación difícil para ti. Pero no le creí ni una sola palabra.
—Bueno, el embarazo es evidente que es cierto. Y la parte
de nosotros dos teniendo sexo…realmente no lo recuerdo. Es
probable que los primeros días después de que me dejaste me
haya emborrachado…y no recuerdo nada de lo que pasó des-
pués de nuestra conversación. Así que no puedo asegurar que
sea mentira…—realmente me dolió un poco saber que quizás
había tenido sexo con ella y conmigo no quiere. Es decir, ¿qué
tiene ella que yo no tenga?
—¿Recuerdas que hablamos de que deberíamos contar-
nos todo lo que nos pasa? —le pregunté mordiéndome el labio
inferior.
—Sí, y por eso quiero saber qué sientes con todo esto.
—Siento muchos celos. Es por lo que ella dijo hoy; tú sí
tuviste sexo con ella más de una vez, y conmigo no quieres ha-
cer absolutamente nada. Ya sé todo tu discurso moralista, y te
agradecería que te lo ahorraras. Pero no puedo evitar pregun-
tarme, ¿qué tienen todas esas mujeres con las que has tenido
sexo que yo no? — <<Listo, se lo dije>>, pensé ruborizándome.
No estoy acostumbrada a decir lo que pienso, pero sé que para
que nuestra relación avance necesito decírselo.
—Ellas son todo lo contrario a ti. Mi único interés en ellas
era el sexo, por eso lo hice. A ti te amo, quiero una relación con-
tigo; una relación que dure más que una noche. Es por eso que
no quiero apresurar nada entre nosotros…pero ya te lo había
dicho. —suspiré.
—Lo sé. Pero siento que estás tomando la decisión por los
dos, y no estás tomando en cuenta que yo sí quiero. Yo sí estoy
segura de esto. —volví a suspirar. —Sin embargo, nuestra vida
sexual es una cuestión aparte. Lo más importante ahora es des-
cubrir si Darlene dice la verdad o no. —se quedó en silencio,
tanto que pensé que se había dormido, hasta que habló una vez
más:
—¿Qué harás si lo que dice es verdad?
43
Es una pregunta que no me había hecho hasta ese mo-
mento, y preferí no contestarla. La verdad es que no tenía ni
idea de qué haría si Alex tuviera un hijo con ella. No habría
forma de que no tratara de meterse en nuestra relación siendo
ese el caso, y la verdad es que no sé si quiero tener una relación
con alguien que tiene un hijo con otra persona.
De todas formas, es de Alex de quien estamos hablando.
Él no es solo “alguien”, sino el amor de mi vida. Es el chico de
mis sueños, la persona que más he amado y que me hace sentir
como si yo realmente importara. ¿Cómo podría alejarme? Sería
por su bien, por supuesto, y yo no debería ser egoísta. Obvia-
mente que jamás le haría elegir entre su hijo o yo, pero estoy
segura de que él haría la elección por mí. Es algo que le gusta
hacer, y aunque sea molesto a veces, todos tenemos nuestros
defectos. Yo lo amo con sus defectos, pero no estoy segura de
ser capaz de tener una relación con él si además él tiene una
familia con Darlene.
Aun así, sabía que él necesitaba asegurarse, sentirse se-
guro de nuestra relación, por lo que, para no dar una respuesta
que no estaba segura de que fuera verdad, solo me apoyé en
mi codo para poder besar cortamente sus labios. Me acomodé
una vez más a un lado de su cuerpo, y cerré los ojos, intentando
dormir para olvidarme por un momento de todo lo que ha pa-
sado el día de hoy.
*
Cuando me desperté al otro día, Alex estaba despierto,
aunque podía decir que no se había despertado hace mucho
tiempo pues tenía los ojos adormilados. Me sonrió al verme des-
pierta, y acarició mi mejilla con suavidad. Le sonreí de vuelta,
aunque no estaba tan contenta como él parecía estarlo, sabía
que él necesitaba mi apoyo. Sin embargo, pareció que había
visto un fantasma cuando vio el reloj alarma que se encontraba
en una mesa de noche a un lado de nuestra cama.
—Mierda. —dijo simplemente, sentándose de repente. Me
senté a su lado y puse mi mano en su abultado bíceps.
—¿Qué sucede? —le pregunté preocupada.
44
—Mierda. —volvió a repetir, para después voltear su ros-
tro hacia mí. —Mi madre hace su almuerzo especial hoy. Tengo
que ir…y quiero ir contigo.
—Está bien…—dije pensativa. —Me hubiera gustado te-
ner un poco más de tiempo para procesarlo, pero está bien, va-
mos. —le dije con una sonrisa.
—Lo siento, lo olvidé por completo con todo esto que nos
ha pasado. Estará toda mi familia, es por eso que tengo la obli-
gación de ir. De otra forma, jamás preferiría ir a un almuerzo
con mi madre a dejar la cama contigo. —volví a sonreírle, y esta
vez fui yo la que acarició su mejilla.
—Te amo. —le dije mirándolo a los ojos. Su sonrisa casi le
partió la cara. Se acercó a mi rostro y colocó sus labios en mi
oído, con su mano en mi cuello.
—Yo también te amo, mi amor. —susurró en esa voz grave
que sabe que me encanta.
Un escalofrío recorrió toda mi columna vertebral después
de eso, y la verdad es que era fácil olvidarse de todo estando
con él. Dos simples palabras pueden hacer que la realidad se
difumine, haciendo que solo él sea mi realidad.
Sin embargo, pronto tuvimos que apresurarnos a vestir-
nos y hacer nuestras maletas, pues teníamos que ir a este al-
muerzo que su madre organizaba. Traté de que mi inseguridad
no se apropiara de mí, pero, ¿cómo pensar que le daré una
buena impresión a mi “suegra” cuando mi propia madre nunca
me quiso?
45
Capítulo 09
Durante el viaje traté de calmarme a mí misma con res-
pecto a este almuerzo. Después de todo, Alex nunca se ha mos-
trado demasiado conectado con sus padres, todo lo contrario,
por lo que no debería importarme lo que ellos piensen de mí.
Sin embargo, había una gran parte de mí que deseaba causar-
les una buena impresión, y esa parte es la que hace que mi in-
seguridad intente apoderarse de mí.
Alex tampoco parecía demasiado feliz con esta situación,
y recordé que las pocas veces que ha mencionado a sus padres
lo ha hecho con mucho resentimiento y enojo. No sé qué ha pa-
sado entre ellos, pero por algún motivo, él no quiere verlos.
Ahora mismo se encontraba tenso, con sus manos tomando fir-
memente el volante, con más fuerza de lo necesario, y su man-
díbula estaba completamente tensa.
Puse mi mano en su hombro, tratando de tranquilizarlo,
pero, aunque me sonrió, supe que su estado de intranquilidad
no había desaparecido. No sé qué está pasando por su mente
en estos momentos; en la mía no existían nada más que pensa-
mientos negativos.
*
La “casa” de los padres de Alex parecía el Palacio de Bu-
ckingham. Además de la gran mansión con muchísimas habita-
ciones, había extensos jardines con distintos pasajes. De he-
cho, el evento organizado estaba instalado en una parte del jar-
dín: había más de cuarenta invitados, con una mesa de unos
veinte metros de largo.
La madre de Alex tenía el cabello rubio, peinado perfecta-
mente con un estilo muy vintage; incluso su ropa era de ese es-
tilo. Parecía salida de una película de los años ’60. Traté de
darle una sonrisa amigable en cuanto fui a saludarla, aunque
ella solo me dio una mirada, para después desviar su atención
a Darlene. Me sorprendió encontrarla aquí: Alex me había dicho
que este era un almuerzo familiar, pero al recordar que ellos
han sido amigos durante tantos años, es normal que la conside-
ren a ella parte de la familia.
46
Traté de no pensar demasiado en ella, después de todo,
había mucha gente aquí que yo necesitaba impresionar como
para preocuparme por su presencia. Luego de unos minutos en
ese lugar, me di cuenta de que la madre de Alex era un caso
perdido para mí: se encontraba todo el tiempo con Darlene,
acariciando su barriga de embarazada, riendo con ella, ha-
blando de futuros nombres de bebé, incluso dándole regalos.
Llegó un momento en el que no pude soportar más esa si-
tuación y fingir que todo estaba bien; necesitaba un poco más
de aire y dejar de fingir por un momento. Tomé una copa de
champagne que unos meseros estaban ofreciendo y caminé le-
jos de ahí por los jardines, mientras Alex era obligado a tomarse
fotos con Darlene.
Encontré un pequeño banco de piedra rodeado de enre-
daderas, y me senté ahí, tomando de mi copa. Traté de cal-
marme mentalmente, mentalizarme para poder soportar toda
esta situación por Alex, porque él me quiere y me necesita aquí.
Ya no me interesa si le caigo bien a su familia o no, Alex me ne-
cesita, me quiere, y yo tengo que estar ahí para él como tantas
veces él estuvo para mí.
—Vicky, realmente me sorprende encontrarte aquí. —dijo
una voz que al principio no reconocí, detrás de mí. Sin em-
bargo, cuando me di la vuelta para mirar a la persona que me
estaba hablando, el cuerpo se me heló y creo que la sangre se
fue completamente de mi rostro.
—Gonzalo, ¿qué haces aquí? —pregunté sorprendida.
Una sonrisa se extendió por sus labios.
—Podría hacerte la misma pregunta, si no te hubiera visto
entrar de la mano de mi primo. —bueno, eso sí que no me lo
esperaba. Mi ex es el primo de mi novio actual. El mundo, Dios,
o quien sea, tiene un sentido del humor muy irónico. Los ojos
celestes de Gonzalo brillaron con humor. —Es muy loco que
Alex sea mi primo, ¿no lo crees?
—Realmente sí. A la última persona que esperaba ver aquí
eras tú. —soltó una pequeña risa, metiendo las manos dentro
de los bolsillos de su traje, que no llevaba corbata y tenía el cue-
47
llo de la camisa celeste claro abierta. Su cabello rubio se en-
contraba peinado perfectamente hacia el costado, como siem-
pre solía estar. Mi corazón dio un vuelco.
—Lo sé. Escúchame, Vicky, nuestra relación no terminó
de la mejor forma, y me gustaría que pudiéramos hablar sobre
eso. No estoy tratando de volver contigo, pero realmente qui-
siera que hablemos sobre lo que pasó. Por lo menos yo siento
que necesitamos hablar de eso. ¿Qué piensas? —la verdad es
que tiene razón: nuestra relación en realidad nunca terminó.
Tuvimos una pelea que recuerdo bastante estúpida, y luego
nunca nos volvimos a ver.
—Sí, creo que tienes razón. Deberíamos hablar de eso
para cerrar bien ese capítulo.
—Bien. Aquí tienes mi número de celular; llámame cuando
estés libre y podemos encontrarnos en algún café o algo. —me
dijo con una sonrisa que solía derretir mi corazón. Guardé el
pedazo de papel que me tendía en el pequeño bolso que traje.
Justo en ese momento, Alex llegó, e inmediatamente pasó su
brazo por mi cintura, abrazándome posesivamente. <<Si solo
supiera>>, pensé en mi interior.
—Nos vemos, Vicky. Hasta luego, primo. —se despidió
Gonzalo, yéndose. Creo que fue lo mejor que pudo hacer: co-
nociendo a Alex, debe estar furioso.
—¿De dónde conoces a mi primo? —debo darle crédito:
sonó mucho más tranquilo de lo que sus ojos demostraban que
se sentía. Solté un suspiro para enfrentar lo que estaba a punto
de venir entre nosotros.
—¿Recuerdas el único novio que te dije que tuve?
—Sí, ese por el que no querías tener nada conmigo. Dijiste
que lo lastimaste mucho y que te odiaba, y no querías hacerme
eso. —asentí, dándole tiempo para asimilar lo que estaba tra-
tando de decirle. —¿Estás diciéndome que el tipo por el que no
querías nada conmigo es mi primo? —volví a asentir, mirándolo
a los ojos. —Bueno, esta mierda está poniéndose cada vez me-
jor. —dijo con sarcasmo.
48
—Ni me lo digas. —contesté con una pequeña sonrisa, in-
tentando alivianar el ambiente entre nosotros dos. Soltó una
risa un tanto tensa, y yo aproveché el momento para abrazarlo,
pasando mis manos por detrás de su cuello. Colocó sus manos
en mi cintura, abrazándome también. —Te amo. —volví a repe-
tirle como lo hice hoy en la mañana, solo para asegurarle que
nada de esto afectará a nuestra relación, aun cuando yo misma
no esté segura de eso.
—Eres tan hermosa…—me dijo subiendo una de sus ma-
nos para acariciar mi mejilla. —Yo también te amo.
Nos besamos dulcemente en los labios para después diri-
girnos tomados de la mano hacia donde se encontraban todos
los invitados. Por fortuna el almuerzo ya se encontraba servido,
por lo que Alex pudo quedarse a mi lado, pues realmente lo ne-
cesitaba.
Durante el almuerzo siguieron los elogios y alabanzas a
Darlene, lo que ocasionó que en más de una vez ella me mirara
con una sonrisa de suficiencia. Traté de que no me afectara y
continué comiendo en silencio —pues nadie además de Alex me
dirigía la palabra—.
Aunque llegó el momento en que me cansó, por lo que de-
cidí ser inteligente y utilizar su punto débil a mi favor: coloqué
una de mis manos en el hombro de Alex para llamar su atención,
y cuando me miró, le sonreí con dulzura y besé sus labios con
suavidad. Me devolvió el beso sin dudarlo, demostrándome en
él que estaba ahí para mí si lo necesitaba.
Al separarnos, supe que había ganado y perdido al mismo
tiempo. Gané con Darlene, pues ella se notaba visiblemente
triste, y sonreía con desgano a los halagos que recibía. Pero
perdí con la mamá de Alex, quien me observaba con un gesto
entre enojado y asqueado.
<<No se puede ganar siempre>>, pensé, satisfecha con
mis acciones.
49
Capítulo 10
Volver al pent-house con Alex fue un alivio, una vez más.
Me llamó la atención el hecho de no haber visto en ningún lado
al papá de Alex, pero él dijo que probablemente se encontraba
de viaje otra vez. No le dio demasiada importancia al asunto,
pero pude notar en su mirada que había algo que le molestaba
de ese asunto. O quizás era solo el desastre en el que se había
convertido nuestra vida juntos por culpa de nuestro pasado.
Yo tendría que haber vuelto a mi departamento, pero la
verdad es que de lo único que tenía ganas era de recostarme
en la cama abrazada a Alex y dejar de pensar en todo lo que ha
ocurrido. Y eso fue exactamente lo que hicimos, solo que, en
lugar de recostarnos en la cama, nos quedamos abrazados en
el sofá de cuero de la sala. Él acariciaba mi cabello casi con
desgano, mientras yo me entretenía con la parte que se encon-
traba abierta de su camisa azul.
—Mañana a primera hora iré a hacerme el examen de
ADN. —me informó en una voz suave, como si se encontrara
cansado. Yo sabía bien que ese no era el caso.
—¿Quieres que vaya contigo? —me ofrecí levantando la
vista para ver su rostro. Él continuó con la mirada perdida en la
nada.
—No es que no quiera; pero tu madre estará ahí, y quiero
evitar que la veas. —asentí, agradecida por sus cuidados.
—Sí, probablemente sea la mejor idea. Seguramente ter-
minaría haciendo un escándalo, y eso no es algo que tú necesi-
tes en estos momentos. —asintió con la cabeza, casi como si
estuviera perdido en un lugar recóndito de su mente.
—Luego de eso tengo ensayo con los chicos, por lo que no
podré verte hasta el almuerzo. Puedes quedarte aquí, si quie-
res; no me molesta. —sonreí casi sin poder evitarlo.
—¿Tú quieres que me quede un tiempo aquí, hasta que
todo esto pase? —le pregunté acariciando su cabello con una
de mis manos. Sonrió y se inclinó un poco más hacia mi mano,
pues le encanta que haga eso.
50
—Eso me gustaría mucho. Realmente te necesito mucho
para afrontar todo esto.
—Entonces aquí estaré para ti. —susurré aun con mi son-
risa intacta. Aunque pronto fue reemplazada por un ceño frun-
cido. —¿Qué tanto te afecta lo que tu madre piense de noso-
tros? —pregunté un tanto asustada por su respuesta.
—No me afecta para nada. ¿Por qué? —solté el aire que
no sabía que estaba reteniendo hasta ese momento.
—Es evidente que ella preferiría que tú estuvieras con
Darlene y no conmigo…—comenté bajando la vista. Se ende-
rezó en su asiento y colocó sus dedos en mi mentón, para obli-
garme a mirarlo. Me sonrió.
—Pues qué pena por ella, porque yo estoy enamorado de
ti. No importa cuál sea el resultado de ese ADN, yo quiero estar
contigo. Te amo, y eso no cambiará por nada.
Nos besamos dulcemente en los labios, sabiendo que
nada ni nadie nos podrá separar. O eso espero de todas for-
mas.
*
Decidí enviarle un mensaje de texto a Gonzalo para encon-
trarnos en la mañana; quería sacarme ese asunto de encima lo
más pronto posible. Aunque se mostró muy cordial conmigo en
el almuerzo de la madre de Alex, y, a decir verdad, fue la única
persona que me habló en todo el maldito almuerzo; ponerme en
contacto con él no es algo que realmente tenga ganas de hacer.
Solo quiero terminar ese capítulo de mi vida que fue hace tanto
tiempo, para poder continuar mi vida con Alex, que es lo que
deseo hacer.
No le dije nada a Alex sobre mi encuentro de mañana,
pues solo se preocuparía, y ya tiene demasiadas cosas en las
que ocuparse como para que yo le sume otra más. Sé que las
mentiras nunca llegan a ningún lado, pero cuando todo este
problema de Darlene se solucione, le diré toda la verdad sobre
esto. Solo no es el momento ahora mismo.
51
Alex me dejó en mi departamento antes de irse al labora-
torio a hacerse el ADN. Me di una ducha rápidamente y me vestí
con lo primero que encontré para encontrarme en la cafetería
con Gonzalo. Tampoco se lo mencioné a Miranda, pues ya sabía
lo que ella iba a decir: que era una mala idea, y que no debería
encontrarme nunca más con él. Pero por algún motivo, tenía la
necesidad de darle un fin correcto a nuestra relación.
Conduje en mi auto hasta el lugar, deseando que mi rela-
ción con Alex no sea lo suficientemente pública como para que
alguien me reconociera y lo publicara. Gonzalo ya se encon-
traba ubicado en una mesa cuando entré a la pequeña cafetería
que había propuesto como punto de encuentro. Me saludó con
un —demasiado efusivo para mi gusto— beso en la mejilla y pi-
dió mi bebida favorita por mí. No sé por qué encontré algo ha-
lagador que recordara qué bebida me gustaba después de
tanto tiempo.
—¿Cómo has estado? —me preguntó en cuanto trajo
nuestras bebidas del mostrador. Le sonreí en agradecimiento
cuando colocó la mía frente a mí.
—No es un buen momento ahora mismo, pero lo vamos a
superar. —dije vagamente. Él no tiene por qué saber los deta-
lles de mi relación con su primo.
—Oh, lo imagino. Debe ser difícil saber que tu novio tendrá
un hijo con su mejor amiga. —al parecer no hacía falta que yo
se lo dijera: estaba muy bien enterado de todo.
—Él no tendrá un hijo con nadie. Estoy segura de que ella
está mintiendo para poder llamar su atención. De todas formas,
eso no es el tema que hemos venido a hablar aquí. —corté rápi-
damente. Quería terminar con esto de una vez.
—Es cierto. La verdad es que sigo sin entender por qué
terminamos. —me dijo con una sonrisa que solía pensar que era
encantadora.
—Tú teniendo sexo con Dana, ¿o no lo recuerdas? —pre-
gunté irónicamente. Miró hacia abajo, como si se sintiera aver-
gonzado.
52
—Lo lamento mucho, Vicky. Sé que me comporté como un
idiota, pero realmente espero que puedas perdonarme.
—Claro que sí; no te guardo rencor. —era la más pura ver-
dad. Él ya no significaba nada en mi vida. —Tuve momentos en
los que fue difícil, no te mentiré, pero eso es todo parte del pa-
sado ahora.
—¿Yo también lo soy? —preguntó como si mi respuesta
pudiera cambiar su vida.
—Sí. —contesté sinceramente. Hizo una pequeña mueca.
—Realmente quieres mucho a mi primo, ¿verdad? —
asentí, pues él no tiene por qué saber que mi amor por Alex no
tiene límites. —Sinceramente, te admiro. Yo no sé si podría es-
tar con una persona que tendrá un hijo de alguien más…—puse
los ojos en blanco involuntariamente.
—Él no tendrá un hijo con nadie. Muchas mujeres siempre
inventan embarazos pensando que así el hombre va a amarlas.
Mucho más si ese hombre es tan famoso como Alex.
—Este embarazo es claramente real. —me dijo mirán-
dome intensamente a los ojos. Hubo un momento en el que hu-
biera hecho cualquier cosa por una mirada de esos ojos celes-
tes.
—Sí, pero Alex no es el padre de ese niño. Estoy comple-
tamente segura de eso.
—Wow, nunca había visto que tuvieras tanta confianza en
alguien. De hecho, en mí nunca tuviste ese tipo de confianza
ciega; recuerdo que la mayoría de nuestros problemas se de-
bían a que justamente tú no confiabas lo suficiente en mí.
—He madurado desde eso. Además, Alex se ganó mi con-
fianza...pasó mucho tiempo, pero lo logró. —dije incómoda.
—Acepto que ahora estés feliz con mi primo, pero siempre
contarás conmigo cuando necesites alguien con quien hablar.
Nuestro encuentro no duró mucho más que eso. Terminé
mi bebida y me despedí de él. Cuando estaba a punto de irme,
me dio un abrazo, algo que realmente me incomodó, pero no
53
pude hacer nada más que correspondérselo y salir lo más rá-
pido posible de ese lugar. Lo único que me faltaba es que al-
guien nos tomara una foto y Alex lo supiera antes de que yo pu-
diera explicárselo.
54
Capítulo 11
El resto del día me mantuve ocupada organizando el resto
de mi año académico. No iba a tomar tantas materias como an-
tes, pero eso no quería decir que no fuera a hacer nada durante
lo que quedaba del año. Supuse que podía balancear mi vida
personal y mi vida académica si estudiaba cuatro materias esta
mitad de año, además de que tenía todas las horas a la mañana,
por lo que tenía todas las tardes libres para pasarlas con los
chicos y con Alex.
Volví al departamento de Alex al anochecer, pues tuve que
hacer mucho papeleo en la universidad, y la tarde se me había
pasado volando. De hecho, no había podido almorzar, por lo
que esperaba que Alex tuviera algo de comida en el pent-house
así podía prepararnos una cena.
Alex me había dado una llave de su departamento, por lo
que pude entrar sin molestarlo, porque ni siquiera sabía si se
encontraba aquí o no. Al entrar dejé mi bolso en el sofá de cuero
de la sala, para después encontrarlo sentado en un taburete
frente al bar que se encontraba en el comedor, tomando whis-
key. Su postura, y el hecho de que estuviera tomando alcohol a
esta hora me dijo que algo no andaba bien.
—Bebé, ¿qué pasa? —pregunté acercándome a él, ju-
gando con el borde de una manga de mi campera de cuero.
—Podría preguntarte lo mismo. —me contestó con una
risa bastante irónica. De alguna forma, me recordó a El Gua-
són.
—¿Qué sucedió? —volví a inquirir, quedándome quieta a
unos metros de donde él se encontraba sentado.
—Tú dímelo. Fui a hacerme un maldito ADN, luego fui a
trabajar, y me encuentro con que mi novia se encontró con mi
primo. —<<oh, maldita sea>>, pensé en mi fuero interno. —Así
que, cuéntame qué sucedió, porque no entiendo una mierda.
—No sucedió nada. Teníamos que hablar de algo sobre
nuestra relación; lo hablamos, y volví a mi departamento.
55
—Oh, así que, ¿tú puedes encontrarte cuando quieras con
tu exnovio y no decirme nada?
—No quise decírtelo porque sabía que te preocuparías, y
tienes demasiadas preocupaciones en este momento como
para ponerte celoso por nada…lo siento. —dije mirando al
suelo. —Pero, espera un minuto, ¿cómo supiste que me encon-
tré con Gonzalo?
—Adivina: mañana estarás en la portada de todas las re-
vistas, mientras que yo soy el pobre engañado. —<<maldi-
ción>>, volví a pensar.
—Lo lamento, Alex. No pensé que…
—Exactamente, no pensaste. —me interrumpió furioso. Di
un pequeño salto hacia atrás involuntariamente. —Estoy en me-
dio de un escándalo de paternidad, si todavía no salió a la luz
es por tu madre; lo último que necesito en este momento es
esto. ¿No puedes pensar un poco en mí? —eso me enfureció a
mí.
—¡Todo lo que hago es pensar en ti! ¡He decidido estudiar
menos materias en la universidad para poder tener tiempo para
ti! ¡Incluso hoy, vine hasta aquí solo por si me necesitabas aquí
contigo! Pero evidentemente, estás mejor solo.
Tomé mi bolso y salí del pent-house, no sin antes dejar mi
llave tirada en la mesa. Sé que no debería dejar que mi tempe-
ramento estalle, pues él tiene alcohol en su sistema y además
de que está pasando por un momento malo, pero es demasiado
decirme que no pienso en él. He soportado que me humillen,
que me maltrate toda su familia solo porque él necesitaba que
estuviera ahí. Estoy soportando el hecho de que supuesta-
mente tendrá un hijo con alguien más. Sé que él tuvo que sopor-
tar muchas cosas que yo le hice pasar, pero creo francamente
que está siendo injusto conmigo.
Traté de no llorar, pero unas lágrimas se escaparon de
mis ojos mientras esperaba impacientemente a que llegara el
ascensor. Por suerte para mí no tardó demasiado, pero sí lo su-
ficiente como para que Alex pudiera entrar a la cabina con-
migo. No dijo una sola palabra, y tan solo tomó mi rostro entre
56
sus manos y me besó. El beso llevaba tanta pasión en él que me
tiró hacia atrás, arrinconándome en la esquina del ascensor.
No pude evitar corresponderle el beso: aunque mi corazón es-
tuviera completamente roto por su culpa, no dejaba de amarlo.
—Me puse celoso y te lastimé. Lo siento. —murmuró antes
de volver a juntar nuestros labios.
Esta vez me tomó con fuerza por la cintura, pegándome a
su cuerpo mientras su boca hacía maravillas con la mía. Ni si-
quiera sé cuándo su lengua se hizo paso entre mis labios, pero
en ese momento no quería que se detuviera nunca.
Me sorprendí cuando las puertas del ascensor se abrie-
ron, dejándonos expuestos ante dos señoras mayores de unos
80 años quienes nos miraron disgustadas. Estoy segura de que
mi cara estaba completamente roja. De mala gana nos pregun-
taron si subíamos, y Alex le contestó con una sonrisa que sí.
Me abrazó por la cintura mientras subíamos, y se mantuvo
acariciando mi cuello con sus labios, haciendo caso omiso a las
miradas disgustadas de las dos señoras que nos acompañaban
en ese momento.
Se quedó en silencio durante todo el trayecto, lo que fue
demasiado incómodo para mí. Él está completamente acostum-
brado a que no le importe lo que los demás piensen de él, pero
yo no, por lo que mi cara fue poniéndose más y más roja con el
pasar de los minutos. Cuando por fin llegamos a nuestro piso,
me miró con una sonrisa frente a su puerta.
—No he tomado mis llaves. —dijo con la misma sonrisa.
—¿Y cómo se supone que entraremos a tu casa? —pre-
gunté suspirando.
—Es una suerte que tú tengas la tuya…—me contestó con
la misma sonrisa, tomando mi llave del bolsillo trasero de mi
jean.
—¿Cuándo rayos metiste eso en mi jean? ¡La dejé antes
de irme! —él solo rió, abriendo la puerta de su pent-house para
mí. Pasé por delante de él con los brazos cruzados.
57
—Lo lamento, bebé. —susurró en mi oído, abrazándome
por la espalda. Colocó sus manos en mi estómago, mientras su
pecho se pegaba a mi espalda. —Me molestó mucho que te en-
contraras con mi primo…y me molestó más ver una foto tuya
abrazándolo. No es que no confíe en ti, pero él es…bueno, tú lo
conoces.
—Entiendo que te molestaras, yo también lo haría. Te juro
que quería decírtelo, pero de verdad no quería que te preocu-
paras por una estupidez como esa. De verdad que nada pasó.
—Lo sé. Confío en ti, de verdad. Yo solo…—suspiró. —
…estoy pasando por cosas tan difíciles. Te necesito mucho
conmigo ahora.
—Estoy aquí para ti. Pero no vuelvas a repetir que no
pienso en ti, porque es la estupidez más grande que has dicho
desde que te conocí.
—¿Más estúpido que cuando te dije que quería sentir tus
piernas sobre mí? —reí y me di la vuelta para mirarlo.
—Sí, porque eso definitivamente va a pasar.
Me subí sobre él, cruzando mis piernas en su espalda, y lo
besé casi igual o más apasionadamente que él lo había hecho
en el ascensor. Realmente necesitamos trabajar en nuestras
reacciones si vamos a superar esto.
58
Capítulo 12
Sentí las lágrimas caer por mi rostro mientras escuchaba
el tono marcando al otro lado del auricular de mi celular. Me
encontraba sentada en el borde de la bañera, encerrada en el
baño para que Alex no me escuchara llorar. La verdad es que
no quería llorar por una cuestión como esta, pero no podía evi-
tarlo, por lo que quería ahorrarle el sufrimiento a él, por lo me-
nos. La verdad es que lo último que él necesitaba en este mo-
mento era que yo no estuviera fuerte para él.
El alivio me recorrió entera cuando escuché que Miranda
había atendido el teléfono. De verdad necesitaba hablar con mi
amiga en este momento, pues la verdad no sabía qué hacer o
qué decir para hacer este momento mejor.
—Vicky, ¿qué sucedió? —me contestó alarmada. Por su-
puesto: no era nada normal que yo la llamara a las ocho de la
mañana.
—El ADN dio positivo. —fue lo único que pude decir antes
de romper en llanto una vez más.
—Oh, no, Vicky. ¿Qué harás ahora? —me dijo Mi. Pude no-
tar en su voz la compasión que sentía por mí en este mismo mo-
mento.
—No lo sé. No tengo idea, Mi. Nunca pensé que algo como
esto pasaría: estaba segura de que ese hijo no era de él.
—Siempre existió la posibilidad, Vicky. Fue tu error no
querer verla.
—Lo sé, pero, ¿ahora qué haré?
—¿Quieres venir al departamento y hablamos sobre eso?
—No lo sé, supongo que Alex me necesita. Quiero estar
ahí para él. Pero en cuanto pueda, volveré a llamarte para que
hablemos…
—Tranquila, Vicky. Si hay algo de lo que estamos seguras,
es de que Alex y tú se aman. Eso es lo importante.
59
Asentí, como si ella pudiera verme a través del celular.
Nos despedimos y yo me puse de pie. Lavé mi rostro para que
no se notara que estuve llorando, aunque es evidente que Alex
se daría cuenta de ello por lo rojo de mis ojos. Me sequé el ros-
tro con una toalla blanca que había colgada en un pequeño gan-
cho a un lado del lavamanos, incluso tomé mi neceser y me ma-
quillé un poco para tratar de ocultarlo lo mejor posible. Era un
poco raro estar maquillada con mi camisón de seda negro que
usaba como pijama, pero supongo que en este caso era un
poco necesario.
Al salir del baño me encontré a Alex acostado una vez más
en la cama, con uno de sus brazos detrás de su cabeza, mi-
rando al techo. No pude evitar morderme el labio inferior al ver
su torso desnudo, con solo su pantalón gris que utilizaba para
dormir. Es el hombre más hermoso del mundo, sería un pecado
que una mujer no pudiera disfrutar, aunque sea un poco, de él.
<<Pero él es mío>>, pensé en mi fuero interno, mientras
caminaba los pocos pasos hasta la cama. Me subí sobre él en
la cama, poniendo una rodilla a cada lado de su cuerpo. Luego
me recosté sobre su pecho, poniendo mi oreja en el lugar de su
corazón. Este latía con un ritmo estable y fuerte, y sonreí al es-
cuchar que no se encontraba tan mal como yo. Me abrazó por
la cintura y acarició mi cabello, y yo sentí que podía relajarme
en sus brazos.
Aunque sabía que esta era la calma antes del huracán.
—Si querías privacidad podrías habérmelo dicho, así yo
me iba a otra habitación. No había necesidad de encerrarte en
el baño. —acomodé mi cabeza entre su cuello y su hombro.
—Necesitaba hablar con Miranda…—confesé en un susu-
rro. Hizo una mueca.
—Es entendible. Sin embargo, Vic, tengo que saberlo. ¿Te
quedarás conmigo sabiendo el resultado del ADN? —suspiré.
—Te mentiría si te dijera que sé la respuesta a esa pre-
gunta. Creo que necesito un poco de tiempo para procesar
todo esto que estamos viviendo.
60
—Está bien, lo comprendo. No es algo fácil de asimilar.
¿Quieres que te lleve a tu departamento para que puedas ha-
blar con Miranda? —esa oferta realmente me sorprendió.
—¿Tú no me necesitas aquí? —pregunté volviéndome a
sentar sobre él para poder verlo a los ojos.
—Te necesito aquí si vas a quedarte conmigo. Si lo que
necesitas es tiempo lejos de mí para poder decidirlo, prefiero
que ese tiempo empiece ahora. —me sentí un poco confundida
y hasta herida por su actitud.
—Hum…está bien, déjame avisarle a Miranda que iré para
ahí…—dije levantándome de la cama. Me tomó por la muñeca
antes de que pudiera hacer un solo paso.
—No te estoy echando. —él también se levantó de la cama
y tomó mi rostro con sus manos. —Te amo, y no dejaré de ha-
cerlo. Quiero estar contigo; y por eso necesito saber si estarás
conmigo o no. Porque por más que te ame con todo mi ser, no
haré a un lado a mi hijo por ti. Tienes que saberlo.
—Lo sé, y no esperaría menos de ti. Yo tampoco quiero
que hagas eso, nunca lo querría. —acaricié su cabello, con una
sonrisa un poco triste. —Yo también te amo, tienes que saberlo.
Y también quiero que sepas que esta noche volveré al pent-
house con una decisión. Sea cual sea, vendré a decírtelo.
Una sonrisa falsa se instaló en su rostro, y pude ver la tris-
teza en su mirada. No podía soportar ver esa tristeza y mucho
menos por mi culpa, es por eso que me puse como fecha límite
esta noche. Él no podía estar viviendo en la duda, y la verdad
es que yo tampoco.
Seguí acariciando su cabello y me puse en puntas de pies
para depositar un suave beso en sus labios, el cual correspon-
dió sin dudarlo. Me acercó a su cuerpo, pero el beso no duró
más que unos pocos minutos, pues ninguno de los dos quería
alargar esta agonía más de lo necesario.
Ambos nos vestimos en silencio, y guardé las pocas cosas
que me había traído hasta aquí en el bolso para después irme.
Él quería acompañarme, pero le pedí que por favor me dejara
61
tomarme un taxi hasta el departamento. Así que nos despedi-
mos en la puerta de su departamento, con la incertidumbre so-
bre cómo nos saludaríamos la próxima vez que nos viéramos
esta noche.
Resultó que Miranda ya no estaba disponible pues estaba
ocupada con Dan. Obviamente que se ofreció a echarlo para
que yo pudiera ir con ella, pero me negué. El hecho de que yo
tuviera problemas con mi pareja no quiere decir que tenga que
intervenir en la suya, aun cuando el problema sea tan grave
como este.
Así que terminé yendo con mi bolso a una cafetería, y se
me ocurrió que podía llamar a Fran. Aunque no fuera lo mismo
que hablar con Miranda, obviamente, él también es mi mejor
amigo, y sé que logrará darme una perspectiva más objetiva
que lo que yo pueda pensar por mí misma, aunque la decisión
final sea solamente mía.
Lo primero que me dijo cuando llegó fue que ya estaba en-
terado de todo, por lo que fue un alivio no tener que contarle
todo desde el principio. Tuvimos una charla que duró mucho
tiempo en esa cafetería, pues la verdad es que no era una deci-
sión fácil la que yo tenía en frente. Y la verdad es que quería
decidirlo lo más pronto posible.
62
Capítulo 13
Jugué con las llaves del pent-house en mis manos mien-
tras el ascensor subía hasta el piso de Alex. Había pasado un
día horrible, y, aunque había conseguido tomar una decisión,
estaba feliz de que por fin fuera a terminar.
Me sentía muy nerviosa porque no sabía cómo diablos me
iba a encontrar a Alex. Esto debe ser mucho para asimilar, y
puedo confirmar que no ha llamado a ninguno de sus amigos
para que estuvieran con él en este momento difícil. Por lo gene-
ral, él se emborracharía hasta prácticamente perder la cons-
ciencia en estas situaciones, pero yo espero que esta experien-
cia le haya servido de algo y ya no lo haga. Necesito tener una
charla seria con él, y la verdad es que prefiero que sea lo más
pronto posible.
Sentí que sería un poco abrupto de mi parte tan solo abrir
la puerta con mi llave, por lo que la guardé en el bolsillo trasero
de mi jean y toqué la puerta esperando que él me abriera en
buenas condiciones. En cuanto lo hizo, pude notar que se en-
contraba sobrio, algo por lo que me alegraba muchísimo, y tam-
bién noté que no se había cambiado su pijama. La vista de su
torso desnudo era una gran distracción para mí, por lo que bajé
mi mirada al suelo para no tentarme.
Se hizo a un lado para dejarme pasar, y al hacerlo pude
notar su masculino olor que me volvía loca. Caminé dentro del
departamento hasta la sala y eché un vistazo a la cocina, para
ver si había algún rastro de alcohol, pero mi vista no me había
fallado: no había tomado nada en todo el día.
—¿Quieres tomar algo? —me ofreció metiendo sus manos
en los bolsillos de su pantalón gris, con una voz monocorde y
sin ninguna emoción.
—No, gracias. La verdad es que me gustaría sacarme esta
charla de encima lo más pronto posible.
—Bien, dime. —dijo mirándome a los ojos, pero sin acer-
carse más que a un metro de mí. Solté un suspiro. —Supongo
que has tomado una decisión de qué hacer con nuestra vida. —
63
la forma en que lo dijo no me gustó, pero eso es mínimo a com-
paración de lo que en realidad debemos hablar.
—Sí, lo he hecho. Después de pensar mucho y hablar con
Miranda y Franco, pues necesitaba una perspectiva objetiva de
todo esto…
—Entiendo que es mucho para asimilar. Tú siempre espe-
raste que el ADN diera negativo…—asentí.
—Sí, de verdad pensé que estaba mintiendo. Pero por un
lado me alegro de que haya dicho la verdad, así tú no tienes que
decepcionarte de tu mejor amiga. —un silencio un tanto incó-
modo se instaló entre nosotros después de eso, como si nin-
guno de los dos supiera bien qué decir.
—Vic, me estás matando. Dímelo de una vez, ¿te quedarás
conmigo? —había tanta emoción en sus ojos grises que por un
momento me quedé en silencio, tan solo absorbiendo su be-
lleza. —Por favor, si vas a dejarme, hazlo de una vez. No puedo
soportar más esta incertidumbre.
—No te dejaré, Alex. —dije cortando la distancia entre no-
sotros. Pasé mis brazos por detrás de su cuello, abrazándolo.
Él parecía estar en una especie de shock. —Sé que será muy
difícil, y tendré que dominar mi temperamento de una forma
que no creo que ni el yoga podría ayudarme a hacerlo, pero no
te dejaré. Vivimos un infierno por habernos separado, y no es-
toy dispuesta a vivir eso otra vez. Espero que tú tampoco, por-
que si no me sentiría un poco estúpida ahora mismo…—lenta-
mente una gran sonrisa se instaló en su rostro. Me tomó por la
cintura y comenzó a darme vueltas riendo. Yo también reí, abra-
zándolo con fuerza.
—Estaba seguro de que ibas a dejarme. Es decir, es muy
difícil soportar lo que tú tendrás que soportar…y, conociendo a
Darlene, querrá toda mi atención las veinticuatro horas del día.
—Lo sé. Tendré que armarme de paciencia para no ma-
tarla cada vez que la vea. Pero te amo lo suficiente como para
intentarlo. No prometo que siempre lo lograré, pero haré mi ma-
yor esfuerzo por ti. —le dije con una sonrisa, cruzando mis pier-
nas en su espalda.
64
—Lo lograremos juntos, mi amor. —me besó dulcemente
en los labios, aunque fue demasiado corto para mi gusto. —
¿Sabes? Es extraño; ya se había filtrado un rumor de que nos
habíamos separado. No se ha hablado de otra cosa en todos los
programas de la tarde.
—Eso es extraño, ¿quién lo habrá hecho?
—Lo bueno es que ahora podemos desmentirlo. Pero ya
habrá tiempo para eso…
—Nada de eso. Trae tu celular, chico rockstar. Nuestra
pareja está más viva que nunca, y todo el mundo debe saber
eso. De hecho, Miranda y Franco deben estar actualizando tu
Twitter cada cinco segundos, pues no les conté lo que había
decidido. —le dije bajándome de él. Me sonrió.
—Como tú digas, bebé.
Rápidamente se dirigió a su habitación donde, presumo,
se encontraba su celular. Nos tomó una foto primero a los dos
sonriendo y después besándonos. Luego las subió a su Twitter,
con el texto: “Nuestro amor es más fuerte que todo. Te amo,
bebé.” Le di una respuesta rápida a su ‘te amo’, para después
concentrarme en mi Alex de carne y hueso.
Me subió sobre él y yo crucé mis piernas en su espalda,
para besarnos mientras caminaba conmigo sobre él hacia su
habitación. Me recostó en la cama, subiéndose sobre mí, sin
romper nuestro beso. Pasó su lengua por mi labio inferior y rá-
pidamente le abrí mi boca para que hiciera lo que quisiera con
ella.
Una de sus manos encontró el dobladillo de mi remera y
se instaló debajo de él, pues ya me había quitado la chaqueta
de cuero en la sala. Estaba segura de que iba a decepcionarme
cuando él se alejara, alegando todo su discurso moralista que
ya me sabía de memoria, pero este momento se sentía tan bien
que no podía pensar en nada más.
Acaricié su torso desnudo, apreciando lo tonificado que
se encontraba. Sus abdominales oblicuos eran una obsesión
para mí, no podía dejar de tocarlos, de sentir su perfecta ana-
tomía desnuda contra la mía.
65
Me sorprendí cuando tomó mi remera y me la quitó, pero
no iba a ser yo quien lo detuviera. Nuestro beso continuó y
nuestros cuerpos siguieron apretándose uno contra otro. Sentí
su excitación contra la mía, y un gemido involuntario se escapó
de mi garganta. Una sonrisa se instaló en su rostro, rompiendo
nuestro beso momentáneamente.
De alguna manera, la angustia que he sentido durante
todo el día subió por mi garganta una vez más, y necesitaba que
él terminara con esa angustia con su fuego. Por lo que enterré
una de mis manos en su cabello negro y acerqué mi rostro al
suyo, besándolo una vez más.
Me correspondió el beso con incluso más pasión que an-
tes, si eso era posible. Cuando desabrochó mi jean y me lo
quitó, me quedé prácticamente de piedra. ¿Qué rayos había
cambiado?
—¿Qué pasó con tu decisión de esperar? —le pregunté
con la respiración agitada. Una sonrisa sensual se instaló en su
rostro, haciendo que mi corazón prácticamente se derritiera.
—Decidí que ya esperé lo suficiente. De hecho, ya he es-
perado demasiado. —me contestó con la misma sonrisa. —Aun-
que entiendo si tú no quieres…—puse los ojos en blanco.
—Eso no pasará nunca.
66
Capítulo 14
Nunca me había sentido tan nerviosa en mi vida. Aunque
este es un momento que deseo desde que lo vi prácticamente,
no puedo evitar ponerme nerviosa al no saber qué rayos tengo
que hacer. También el hecho de que me vea desnuda me pone
un tanto insegura, como es de esperarse, pero trato que eso se
quede en el fondo de mi mente.
Sus labios bajaron por mi mandíbula, siguiendo por mi
cuello, para después, suave, dulce, gentilmente, besar cada
una de las seis cicatrices, mirándome a los ojos mientras lo ha-
cía. Sus ojos demostraban tanto amor en ese gesto que tuve
que apartar la mirada de la vergüenza.
Continuó su viaje por mi cuerpo, besando mi abdomen
hasta que se encontró con mi ropa interior. Me dio una sonrisa
un tanto pícara antes de volver a poner su rostro a la altura del
mío. Depositó suaves besos en mis labios, evidentemente tra-
tando de calmarme un poco, y la verdad es que concentrarme
en la sensación de sus labios sobre los míos me hacía olvidar
de todos los nervios que esta situación me hacía pasar.
Se arrodilló en la cama, alejando su cuerpo del mío, ha-
ciendo que yo desee sentir su calor una vez más. Me sonrió
mientras acariciaba casi vagamente mis piernas, haciendo que
unos escalofríos recorrieran mi columna vertebral.
De repente no pude soportar más la distancia entre nues-
tros cuerpos, aun cuando solo hubiera pasado unos pocos mi-
nutos. Me senté en la cama solo para atraer su rostro al mío una
vez más, atrayéndolo hacia mí, recobrando el calor de su
cuerpo sobre el mío.
—Te necesito…—susurré en su oído, para después mor-
der el lóbulo de su oreja.
—Y yo a ti…—murmuró con los ojos cerrados y su mandí-
bula completamente tensa.
Desabrochó y quitó mi sujetador en un hábil movimiento
para después volver a recorrer mi cuerpo entero con sus la-
67
bios. Jamás había sentido lo que sentí cuando sus labios entra-
ron en contacto con mis pezones, y un gemido muy vergonzoso
se escapó de mis labios. Claramente él disfrutaba de causar to-
das estas sensaciones en mí, pero estoy segura que no podía
disfrutarlo tanto como yo lo estaba haciendo.
Quitó lo que me quedaba de ropa interior y mi rostro se
puso completamente rojo cuando admiró todo mi cuerpo de
arriba a abajo. Rápidamente se quitó su pantalón gris y me di
cuenta de que todo este tiempo que estuvo conmigo no estaba
usando nada de ropa interior. Me dio una vergüenza terrible mi-
rarlo directamente, por lo que observé su rostro que se encon-
traba con una sonrisa completamente engreída.
Tomó un preservativo de un cajón en la mesa de noche al
lado de la cama para después ponérselo. Colocó sus manos a
cada lado de mi cabeza, subiéndose sobre mí, aunque yo no
sentía para nada su peso. Me besó una última vez antes de, len-
tamente, meter su miembro en mi entrada, penetrándome.
Tuve que separarme de su boca para tomar una gran bo-
canada de aire y soltar un gemido. Siguió moviéndose lenta-
mente, hasta estar completamente dentro de mí. Se quedó
quieto, mirándome a los ojos intensamente. La verdad es que
me dolía un poco, pero era un dolor placentero. Me sentí miste-
riosamente masoquista: quería sentir más de ese dolor, porque
me causaba tanto placer como dolor, a partes iguales.
—¿Te encuentras bien? —me preguntó juntando su frente
con la mía.
—Más que bien. Me siento excelente. —le contesté con
una sonrisa completamente genuina.
—Genial. Porque esto está solo empezando, mi amor.
Comenzó a moverse dentro de mí, saliendo y entrando,
lentamente al principio, causando más de ese dolor placentero
que me volvía loca. Comencé a gemir como loca, y cuando Alex
se dejó a llevar y comenzó a moverse realmente rápido y fuerte,
él también gimió, aunque en una voz mucho más baja que la
mía.
68
Lo besé, gimiendo en su boca, y él hizo exactamente lo
mismo. No hay nada mejor en el mundo que esto, estoy comple-
tamente segura.
Sentí cómo mis entrañas comenzaron a tensarse dentro
de mí, preparándome para mi orgasmo. El hecho de que fuera
virgen hasta hace unos veinte minutos no quiere decir que no
sepa lo que es un orgasmo; por lo que simplemente me dejé lle-
var. No sabía que mi voz podía alcanzar notas tan altas hasta
que estallé en un orgasmo intenso, que me mantuvo temblando
varios minutos después de que pasara. Alex terminó unos se-
gundos después que yo, dejándose caer sobre mí por primera
vez en todo nuestro encuentro.
Enredé mis piernas en su espalda, y enterré una de mis
manos en su cabello, dejando la otra en su espalda. Alex sonrió
en mi cuello, claramente satisfecho con nuestro primer en-
cuentro sexual. La verdad es que me preocupaba el hecho de
no ser capaz de complacerlo sexualmente por no tener nada de
experiencia en este campo, al contrario de él, pero ahora me
encontraba feliz y relajada en sus brazos.
Cuando se hubo recuperado se levantó de la cama para
dirigirse al baño. Volvió a los pocos minutos y se recostó a mi
lado en la cama, abrazándome con fuerza contra su pecho. Lo
abracé yo también, sintiéndome más feliz de lo que me he sen-
tido en toda mi vida.
—Te amo. —susurró en mi oído, depositando un suave
beso en mi frente.
—Te amo. —contesté con una sonrisa.
—¿Cómo estás? ¿Te duele? —preguntó realmente preo-
cupado. Solté una pequeña risita.
—Nunca he estado mejor en mi vida. Siento que de alguna
forma debería agradecerte, aunque no sé cómo…
—¿Agradecerme? No te hice ningún favor, Vic. Hice lo que
tenía ganas de hacer contigo desde la primera vez que te vi; y
lo disfruté tanto o más que tú.
—No sé si eso es posible. —le contesté mirando sus pre-
ciosos ojos grises con una sonrisa. Me devolvió la sonrisa.
69
—Créeme que lo es. Quiero vivir el resto de mi vida dentro
de ti.
—Eso puede arreglarse. —le dije con un guiño.
—Parece que el sexo te ha hecho menos vergonzosa…es
una lástima, extrañaré hacerte ruborizar. Aunque siempre
puedo encontrar una nueva forma de hacerlo…
—Estoy segura de que sí.
Nos besamos tiernamente en los labios, para después cu-
brirnos con las sábanas y dormir juntos. Juntos, como siempre
debemos estar.
70
Capítulo 15
Al día siguiente Alex tenía que ir a grabar a la disquera los
primeros sencillos de su último álbum y yo tenía la mañana li-
bre, por lo que me insistió para que me quedara aquí con él, por
lo menos hasta el mediodía para almorzar juntos. La verdad es
que me había hecho tan feliz que no podía negarme a eso, aun
cuando me aburriera terriblemente aquí, además de que a la
tarde debería ir algunas horas a la universidad y tendría que
cruzar toda la ciudad para llegar.
Invité a Miranda y a Franco a venir aquí, pues los chicos
también estarían ocupados, pero ellos sugirieron encontrarnos
un poco más tarde en el campus de la universidad, pues nece-
sitaban hacer un trabajo de investigación juntos. Por eso
mismo me sorprendí cuando tocaron el timbre, ya que no es-
taba esperando a nadie.
Mi corazón prácticamente dio un vuelco al ver a la última
persona que esperaba encontrarme al otro lado de la puerta,
aunque traté de encontrarle una razón lógica para que mi ma-
dre se encontrara aquí en el pent-house y no en la disquera
junto con los chicos. Me hice a un costado para dejarla pasar,
y los pelos se me pusieron de punta en cuanto sentí el aroma
asqueroso de su perfume francés. Las dos nos dirigimos a la
sala, aunque me aseguré de mantener el sofá de cuero sepa-
rándonos, para tener una chance de correr si me hacía falta.
Nerviosamente miré hacia la cámara de seguridad para asegu-
rarme de que estuviera encendida.
—Alex está en la discográfica…—dije abrazándome a mí
misma para protegerme de alguna manera.
—Oh, sé perfectamente dónde se encuentra Alexander.
Quería verte a ti, y por la estúpida foto que subieron ayer, su-
puse que estarías aquí.
—¿A mí? No entiendo, ¿qué necesitas de mí?
—Te contaré algunas verdades que deberías haber sa-
bido desde hace mucho tiempo. —dijo rebuscando algo en su
cartera Chanel. —Primero que nada, aquí tienes el verdadero
71
resultado del ADN de esa niña. El hijo que espera no es de Ale-
xander.
—¿Qué? Pero el ADN…—dije completamente confundida.
Soltó un suspiro como si yo fuera idiota.
—Moví mis influencias para que ese ADN dijera lo que yo
quería que dijera. Esperaba que, si ese niño era de él, tú te ale-
jaras de su vida de una vez por todas. Pero al ver que no dio
resultado, te he traído el verdadero. —dijo tirando un sobre en
la pequeña mesa de café. Simplemente no podía creerlo.
¿Hasta qué punto llegaba su odio hacia mí?
—No lo entiendo, ¿por qué me odias tanto? Soy tu hija…—
me dio una sonrisa un tanto sádica.
—En eso te equivocas. Tú no eres mi hija. —me quedé
completamente de piedra, sin poder lograr que un solo sonido
saliera de mi boca. —Yo nunca pude tener hijos, soy infértil. Tú
eres la hija de tu padre y de una prostituta que se murió cuando
te dio a luz.
—¿De qué rayos estás hablando?
—Te acogimos en casa porque el inútil de tu padre no
quiso abandonarte, una vez que confirmamos que eras su hija.
—continuó, haciendo caso omiso de mi pregunta. —Es la razón
por la que te he odiado, y sigo haciéndolo, toda mi vida. Tú re-
presentas todo lo que siempre quise y nunca he podido tener.
—su mirada de hielo se clavó en mí, y yo sentí unos nada pla-
centeros escalofríos recorriendo mi cuerpo.
—¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Por qué hacerme sufrir
tanto tiempo? —esa era una pregunta estúpida, la razón es
clara: porque me odia. Simple y sencillamente me odia.
—Porque estaba esperando el momento oportuno para
arruinar tu vida para siempre; y ese momento ha llegado. He
vaciado todas tus cuentas, tus tarjetas de crédito están inhabi-
litadas, y ya he hecho que vendieran tu auto. Estás en la ruina
completa, ni siquiera tienes dinero para seguir pagando tus es-
tudios. Veremos si ahora que no tienes nada, Alexander sigue
queriéndote…o su familia.
72
Se fue caminando airadamente después de esa frase, y yo
no pude reaccionar más que para caer de rodillas al suelo, con
las lágrimas ya recorriendo mis mejillas. Exploté en llanto
cuando escuché la puerta de entrada cerrarse. Realmente lo
hizo: acabó con todo lo que me importaba además de Alex. No
puedo ir a la universidad, no puedo pagar el alquiler del depar-
tamento junto a Miranda, no puedo hacer nada de lo que he so-
ñado hacer.
Y lo que dijo sobre la familia de Alex…oh, Dios, tiene toda
la razón. Ellos pensarán que me quedé con él porque no tengo
un centavo, y me odiarán más de lo que ya lo hacen. Además,
se sumará el hecho de que el hijo de Darlene no es de Alex, lo
que pondrá a su familia más en contra de mí.
Toda mi vida se ha arruinado.
*
Me encontraba hecha una pequeña bola en el suelo
cuando Alex volvió al pent-house. Ya no lloraba, pues mis lágri-
mas se habían secado después de tanto tiempo de estar llo-
rando. Rápidamente corrió hacia mí en cuanto me vio en el
suelo, preguntándome qué me ocurría, pero yo no encontraba
mi voz para decirle todo lo que había pasado solo en esa ma-
ñana. ¿Cómo es posible que mi vida entera se haya arruinado
en tan solo unas cuantas horas?
Me tomó en sus brazos y una extraña sensación de tran-
quilidad me invadió, como si el hecho de estar en sus brazos
terminara con todos los problemas del mundo. Creo que no hay
prueba más grande de que estoy enamorada de él que esta.
Solo me gustaría poder encontrar mi voz una vez más para po-
der hablarle, para poder decirle todo lo que ha ocurrido.
Me recostó en la cama y se recostó a mi lado, sin dejar de
abrazarme ni por un solo momento. Acarició mi cabello rojo, su-
surrándome que todo iba a estar bien. Sonreí mentalmente por
eso: a él no le importaba lo que había pasado, él iba a hacer que
todo estuviera bien aun si fuera imposible como en este caso.
73
Traté de darle una pequeña sonrisa, pero mis músculos no que-
rían cooperar conmigo, y ningún gesto salió de mí, solo pude
mover un poco mi rostro para poder ver el suyo.
No sé en qué momento me dormí, pero en cuanto volví a
abrir los ojos, la noche se veía oscura a través de la puerta ven-
tana que daba al balcón de la habitación. Alex seguía a mi lado
abrazándome, pero había algo distinto en su rostro. Me apoyé
en mi codo para poder pasar mi mano libre por detrás de su
cuello, abrazándome a él como si mi vida dependiera de ello.
—Vi el vídeo de la cámara de seguridad. —susurró tran-
quilamente. —¿Quieres hablar de ello? —me preguntó con sua-
vidad, aun acariciando mi cabello.
—No sé qué haré, Alex. Toda mi vida está arruinada. No
tengo universidad, no tengo donde vivir, no tengo auto, no
tengo dinero…todo lo que tengo es a ti. —le contesté con la voz
ronca, mirándolo directamente a esos ojos grises que me vuel-
ven loca.
—Y yo puedo darte todo eso que no tienes, mi amor. —me
dijo con una sonrisa, acariciando mi mejilla con una de sus ma-
nos. —Yo sí tengo dinero, y, aunque recientemente cambié de
representante, no hay forma de que este se agote. A menos que
vayamos al casino y lo apostemos. —fruncí el ceño.
—¿Cómo que cambiaste de representante?
—Sí, pero fue antes de que todo esto pasara, así que no
pienses que lo hice por todo lo que esa hija de puta te dijo. Ya
no podía soportar todo lo que exigía de mí, por lo que la des-
pedí. A los dos, a decir verdad. Ahora tengo otro representante,
ya lo conocerás.
—De todas formas, jamás dejaría que gastes todo ese di-
nero en mí. ¿Sabes lo mucho que cuesta la universidad? No de-
jaría que lo hicieras, aun si te ducharas con dinero.
—Tú quieres ir a la universidad y ser una abogada, ¿ver-
dad? —asentí. —Yo quiero ayudarte a cumplir tu sueño, y tengo
toda la capacidad de hacerlo. Déjame ayudarte.
—No, y no me harás cambiar de opinión. —decidí cambiar
el foco de atención para que no terminemos en una pelea por
74
culpa de mi…de la esposa de mi padre. —¿Cómo te sientes tú
al saber que el hijo de Darlene no es tuyo?
—Frustrado con Darlene. Estoy seguro de que ella sabía a
la perfección que ese hijo no era mío, y de todas formas quiso
que yo me hiciera cargo de él. Estoy enojado y decepcio-
nado…—lo abracé con fuerza.
—Te entiendo, amor. Es normal. Creo que ella se sintió tan
mal al verse desplazada de tu vida que quiso recuperarte como
fuera…haciéndole daño a quien sea, solo con tenerte un poco
más.
—¿La estás justificando? —preguntó incrédulo. Solté una
pequeña risita.
—Claro que no, lo que hizo es horrible, digno de una arpía
como mi supuesta madre. Pero no puedo decir que no entiendo
sus motivos. Tú eres…—<< ¿cómo puedo explicárselo?>>,
pensé mordiéndome el labio inferior. —…tú te haces indispen-
sable en la vida de la gente, Alex. Eres como fuego; sabes que
te quemarás, pero no te importa por disfrutar del calor. Y
cuando te vas…es como si el mundo dejara de existir. —sentí el
rubor en mis mejillas mientras intentaba explicarle lo que el
mundo se sentía sin él.
—¿Sabes? Yo sentí lo mismo cuando tú te fuiste de mi vida.
Gracias por tratar de comprenderla, pero lo que hizo fue horri-
ble. Me utilizó, y si yo te hubiera perdido por su culpa…—apoyé
mi frente sobre la suya, cerrando los ojos.
—Pero no me perdiste. Estamos juntos, y la verdad es que
cuando estoy contigo me olvido de que debo renunciar al sueño
de mi vida. Porque todo lo que me importa eres tú. —sonrió.
—Tú también eres lo único que me importa. —depositó un
suave beso en mis labios. —Y no dejaré que renuncies al sueño
de tu vida, por mucho que te opongas.
Lo besé suavemente en los labios, solamente porque no
quería discutir por el mismo problema una vez más. Es un tanto
increíble que todos mis problemas se desvanezcan solamente
por su presencia, pero el amor que siento por él es tan grande
75
que es eso lo que sucede. Espero que esta sensación no se
vaya nunca.
76
Capítulo 16
Luego de una noche en la que el sueño brilló por su ausen-
cia, me di cuenta de que yo no era la única involucrada en este
problema. Miranda y yo compartimos el departamento, y la ma-
yor parte de los gastos los pagaba yo pues ella ya tenía sufi-
ciente con pagar la universidad, la parte que su beca deportiva
no cubría.
He pensado en algunas soluciones para mi problema, ya
que no he podido dormir, debía por lo menos pensar en algo
que solucione mi vida y que no requiera usar la ayuda de mi no-
vio multimillonario. Al principio del año yo rechacé la beca de-
portiva que me ofrecieron porque me parecía injusto tomarla
cuando yo tenía los fondos suficientes para cubrir mi gasto es-
colar, pero supongo que explicando la situación puedo pedirla
una vez más. Si aceptan darme la beca, puedo pedir un dormi-
torio en la residencia del campus, y se solucionaría mi pro-
blema de vivienda. De todas formas, primero debo hablar con
Miranda sobre todo esto, pues también le afecta a ella.
Alex y yo desayunamos juntos. Traté de aligerar un poco
el ambiente, pero la verdad es que nada podría lograrlo. Hasta
hace un día él pensaba que sería padre, y, aunque no se lo es-
peraba, estoy segura de que estaba feliz por serlo. Además del
hecho de que quien le mintió era su mejor amiga, alguien a
quien él le confiaba su vida.
Insistió en llevarme él mismo en su auto hasta mi antiguo
departamento, y la verdad es que con todo lo que hemos estado
pasando no podía rechazarlo. Nos besamos largamente al des-
pedirnos, casi como si fuera la última vez que nos viéramos,
aunque de seguro volveríamos a estar juntos a la noche. Por lo
general, los papeles de la universidad tardan algo de tiempo,
así que mientras no tenga donde dormir, me quedaré con él.
Al subir al departamento, me encontré con Damian en la
puerta. Él la mantuvo abierta para mí, dándome una sonrisa
amigable mientras me saludaba. Traté de sonreírle, aunque sa-
lió más como una mueca: la verdad es que no he podido sonreír
desde que pasó todo esto. Miranda me ofreció algo para comer
77
y para tomar, pero lo rechacé, sentándome en la pequeña mesa
de comedor redonda que teníamos a un lado de la puerta.
—Mi, ha pasado algo muy serio, y te compromete a ti tam-
bién. —le dije suspirando derrotada. Se sentó a mi lado, to-
mando mi mano en la mesa.
—¿Qué pasó, Vicky? No me digas que te has peleado con
Alex…
—No. Esa es la única parte de mi vida que está bien en
este momento. —le contesté con una sonrisa triste. —Mi madre
fue a verme ayer al pent-house. Tenía unas cuantas cosas para
decirme…
—Oh, no, ¿te hizo daño? —preguntó mi mejor amiga con
un gesto de horror. Negué con la cabeza.
—No. Me dijo que ella arregló el resultado del ADN para
que diera positivo…el bebé de Darlene no es de Alex. Pero eso
no es lo peor, Mi. Lo peor es que me dijo que ella no es mi ma-
dre, que soy hija de mi padre y de una prostituta…y en base a
eso, me ha quitado todo. No tengo dinero, ni auto, ni universi-
dad…eso quiere decir que no podré seguir ayudándote con el
departamento, Mi.
—Pero eso es lo de menos, Vicky. De hecho, Dan ha es-
tado persuadiéndome para que vaya a vivir con él…y lo estoy
considerando. —dijo ruborizándose. —Pero eso no es impor-
tante ahora, necesitamos resolver tu problema con la universi-
dad lo antes posible. No puedes quedarte sin título.
—No pienso hacerlo…no sin luchar, por lo menos. Ya he
mandado la solicitud para una beca deportiva, así que supongo
que si la aceptan volveremos a jugar juntas. Pienso pedir un
dormitorio en la residencia, si me aceptan, claro. Pero quería
decirte cuanto antes todo esto, porque no podrás seguir vi-
viendo aquí…
—Ya te lo dije: eso no es importante. Si no aceptan tu
beca, ¿qué harás?
—No lo sé, sinceramente. Alex se ofreció a pagarme la
universidad, pero la verdad es que no me parece correcto que
78
lo haga. Sé que él lo hace porque me ama, pero no me siento
cómoda aceptando su dinero…
—Puedo entender tu posición, pero, a decir verdad, Vicky,
ese dinero es de él. Trabaja mucho para ganárselo, y puede ha-
cer con él lo que tenga ganas. Tú no puedes decidir en qué
gasta su dinero. —suspiré, sabiendo que tiene razón.
—Mejor hablemos de otra cosa, ¿quieres? Necesito des-
pejar mi mente.
Hablamos de cosas triviales, a decir verdad, pero luego
se me ocurrió que no le había dicho las nuevas novedades de
mi relación con Alex. Es decir, aunque es un tema que me da
mucha vergüenza, ella me contó cuando tuvo sexo por primera
vez con Damian.
Ese tema nos llevó a otro y a otro, por lo que terminamos
almorzando juntas. Por la tarde se nos unió Fran a esta pe-
queña reunión improvisada, y al ponerlo al tanto de todas las
últimas novedades, la tarde se nos pasó volando. La verdad es
que me pone muy feliz tener a dos amigos como los que tengo:
los dos hicieron todo lo posible para que yo me olvidara de to-
dos los problemas que tenía.
*
Volví al pent-house al anochecer, con mi valija y un mon-
tón de cajas donde traía mis cosas. La verdad es que no pen-
saba deshacerlas, pues, si todo sale como espero, debería mu-
darme a la residencia en el campus pronto. Lo que me recuerda
que no le he contado a Alex sobre mi decisión, y no creo que le
agrade demasiado.
Me lo encontré en una habitación donde se encontraban
varias máquinas de hacer ejercicio, ejercitando sus músculos.
Me apoyé en el marco de la puerta, mirándolo ejercitarse mien-
tras me mordía el labio inferior. Es la persona más sexy que he
visto en toda mi vida.
<<Y es todo mío.>>, pensé con una sonrisa extendiéndose
por mis labios.
79
—¿Disfrutando la vista? —me preguntó, y yo salí de mi es-
tado de trance para darme cuenta de que él había dejado de
ejercitarse, y solo se encontraba sentado en el banquillo, mi-
rándome mientras respiraba pesadamente.
<<Esa respiración me trae recuerdos…>>
—La verdad es que sí, estoy disfrutando mucho de la vista.
—le dije cruzándome de brazos. —Bueno, lo estaba. Ahora ne-
cesito que vuelvas a ejercitarte así sigo disfrutando…—soltó
una risa.
—Oh, tú disfrutas de verme, simplemente. Como yo tam-
bién lo hago contigo. Pero estás muy lejos, ¿qué sucede? —pre-
guntó secando la transpiración de su rostro con una pequeña
toalla.
—Apliqué para una beca deportiva en la universidad…y,
si la aceptan, pediré un dormitorio en el campus. —decidí sol-
tarle la verdad de una sola vez, para sacarnos este tema de en-
cima.
—¿Por qué? ¿No quieres vivir conmigo? —la decepción es
evidente en su rostro. Me senté en la bicicleta fija que se encon-
traba frente a su máquina, aunque al revés para poder mirarlo.
—No se trata de eso. El pent-house está al otro lado de la
ciudad, tendría que levantarme por lo menos tres horas antes
para poder llegar a la universidad. Además de que no solo ten-
dré que estudiar, sino que tendré que entrenar y jugar partidos
también.
—Eso significa que volveremos a solo hablar por telé-
fono…—dijo sin poder ocultar su decepción.
—No. No tomaré todas las clases que tomé antes, sino la
mitad. Tendré tiempo para ti, lo prometo.
—No me prometas nada, Vic. —dijo levantándose y yén-
dose de la habitación.
—Alex, no hagas esto. Háblame. —le supliqué siguiéndolo
a través del pent-house hasta la habitación.
—¿Qué quieres que te diga? Tú ya has decidido todo sola.
—dijo por fin dándose la vuelta para mirarme.
80
—Es mí futuro de lo que estamos hablando.
—Sí, ¿y el futuro de nuestra relación? ¿Pensaste en eso?
¿O también lo decidiste por los dos? —sus ojos se encontraban
brillantes de lo enfurecido que se encontraba, pero su voz no
se elevó en ningún momento.
—¿De qué hablas? Tú me dijiste que no querías que renun-
cie a mi sueño, ¿y ahora me dices todo esto? ¿O lo que querías
es que no renunciara a mis sueños y hacer lo que tú querías? —
tampoco grité, eso no nos llevaría a ningún lado, pero no podía
evitar molestarme con él.
—Yo solo quería ayudarte. Lo lamento si mi solución no te
es conveniente. —me contestó sarcásticamente. Estoy can-
sada de este juego.
—No entiendo, ¿qué rayos está pasando, Alex? —exigí,
necesitando saber la verdad.
—Estoy cansado de que pongas a nuestra relación en se-
gundo lugar, Vic. Siempre existe algo más importante que no-
sotros para ti. Si no quieres estar conmigo, tan solo dímelo,
pero deja de buscar excusas.
—¿De dónde sacas eso? Yo te amo, y quiero estar contigo.
Eso no tiene nada que ver con el hecho de que quiera estudiar
y tener un título. Ser alguien más que simplemente “la novia de
la estrella de rock”. ¿Eso te parece mal? —pregunté con la voz
quebrada, al borde de las lágrimas.
—No. No, lo siento. —dijo suspirando. Tomó mi rostro con
sus manos, acariciando mis mejillas. —Lo siento, amor. Es solo
que tengo miedo de que encuentres una vida fascinante lejos
de mí, y ya no quieras volver.
—Eso no pasará nunca. Ya te lo dije: te amo. No puedo vi-
vir sin ti. Sé que durante este año te he descuidado, pero he
aprendido de mis errores. No sé cómo haré, pero balancearé
mi tiempo entre mi carrera y tú, te lo prometo. No te dejaré.
—Lo sé. Lo sé, y lo siento mucho. Es todo esto que esta-
mos pasando, amor. Realmente me está afectando…y yo
solo…no quiero perderte. He perdido mucho en tan poco
81
tiempo, no soportaría perderte a ti también. Haremos que fun-
cione. —asentí, sonriéndole. No sé cómo, pero de alguna ma-
nera haremos que funcione. No existe otra opción. —Tengo que
darme una ducha… ¿te gustaría acompañarme?
Me ruboricé mucho con su proposición, pero de todas for-
mas asentí, porque él necesitaba sentirme y yo necesitaba sen-
tirlo. Necesitaba que ese fuego nos envuelva una vez más, para
olvidarnos de todo lo que nos ha pasado.
Rápidamente los dos nos dirigimos al gran baño de nues-
tra habitación, donde nos desvestimos sin quitar la vista uno del
otro ni para parpadear. Me ayudó a entrar en la ducha, para
después meterse detrás de mí. El agua caliente me relajó mu-
cho, lo que ayudó a que no sintiera tanta vergüenza cuando
Alex colocó sus manos a cada lado de mi cintura y depositó be-
sos en mi hombro, mientras que sentía su potente erección, en-
cerrada ya en el preservativo colocado, en mi espalda. Oh, es-
taba muriendo por sentirlo dentro de mí una vez más.
No pasó mucho tiempo para que yo me diera la vuelta y
juntara nuestros labios y nuestros cuerpos, dejando que el
agua caliente cayera sobre nosotros. Lo besé con toda la pa-
sión que tenía en ese momento, y el aire me faltaba cuando
nuestros labios por fin se separaron.
Alex tomó mis piernas por mis muslos para subirme sobre
él, y yo crucé mis piernas en su espalda para liberar sus manos.
Mi espalda chocó contra la pared de linóleo, mientras nos mirá-
bamos a los ojos. Tuve que cerrar los míos cuando su miembro
entró en mí, soltando un gemido.
—Abre los ojos. —me pidió con la voz ronca y la respira-
ción entrecortada. Hice lo que me pidió, para encontrarme con
esos dos diamantes suyos. —Quiero ver cada gesto que haces
mientras hacemos el amor, y quiero que tú me veas a mí. —me
explicó antes de comenzar a moverse dentro y fuera de mí, con
el agua caliente recorriendo nuestros cuerpos.
—Te amo. —fue lo único que pude decir mientras luchaba
con todas mis fuerzas para poder mantener mis ojos abiertos
como él me había pedido.
82
—Y yo te amo a ti, mi amor.
Por si esa frase no era suficiente para enviarme cerca del
abismo, sus movimientos se incrementaron al igual que sus ge-
midos. Escucharlo gemir tan de cerca porque yo le estoy dando
placer como él me lo está dando a mi es realmente la experien-
cia más excitante que he tenido en toda mi vida.
Continuó moviéndose con más y más fuerza, el entrena-
miento de sus piernas claramente dando resultado. Sus ojos
grises se encontraban un tanto oscurecidos por el deseo, pero
me demostraban tanto amor que me era imposible dejar de fo-
calizarme en ellos, mientras que mi mano se enterraba en su
cabello negro mojado y la otra en su espalda. Espero que mis
ojos estén demostrándole lo mismo que los suyos me demues-
tran a mí.
—Quiero verte en tu orgasmo. —me pidió, apoyando su
frente en la mía, pero sin dejar de mirarme. —Dámelo, amor.
Sus palabras fueron mi detonante, y estallé en un orgasmo
más intenso que el anterior. Me fue imposible continuar soste-
niendo su mirada al sentir el orgasmo, pero volví a abrir los ojos
casi al instante, porque quería ver el suyo.
No existe nada más sexy en este mundo que ver su her-
moso rostro contraído por el placer cuando está sintiendo su
orgasmo. Y en ese momento, fue justo en ese momento, en el
que me sentí más amada de lo que me había sentido nunca.
Supe entonces que no había forma alguna de que yo pudiera
separarme de este hombre.
83
Capítulo 17
Nunca me había sentido tan aliviada de terminar un año
como fue ese último día de diciembre. Era la primera vez que
Alex y yo pasábamos el año nuevo juntos, y la verdad que fue
mágico. Su madre había insistido para que el treinta y uno de
diciembre él fuera solo con su familia, pero él la ignoró olímpi-
camente e hizo una fiesta en el pent-house para nosotros y
nuestros amigos. Conocí a su nuevo representante, Zev Davis,
y la verdad es que me pareció una persona muy agradable. Mu-
cho más de lo que mi padre y su esposa lo son. No volví a saber
de ellos, por suerte.
En la universidad me concedieron la beca deportiva, por
lo que pude seguir estudiando. Me sorprendí mucho cuando vi
que Darlene era una de las porristas de la universidad: su forma
de vestir cambió mucho, incluso ahora se maquilla todos los
días. Sin embargo, no se ha acercado a mí, solo me ha dado
sonrisas de suficiencia cuando nos encontrábamos por los pa-
sillos de la universidad.
Las reglas del dormitorio que me dieron —el dormitorio
donde todas las jugadoras del equipo estaban, excepto las que
tenían otro lugar como Miranda, que se fue a vivir con Dan—
hacían un poco difícil que me encontrara con Alex, pero todos
los días encontré una forma de verlo, así fuera por unas horas.
Además, todos los fines de semana me quedaba con él en el
pent-house, o a veces nos escapábamos al campo, para que
nadie nos moleste.
Nuestra relación no podría estar mejor, los dos hemos
crecido mucho como pareja y todos los malos momentos que
hemos vivido el año pasado nos han ayudado un montón para
ser mejor pareja, mejor compañero uno del otro. Hemos apren-
dido a vivir con nuestros defectos, él con mis inseguridades y
yo con sus ataques de ira, y amarnos con ellos.
La banda está en un buen momento: a pesar de los inten-
tos de mi padre y su esposa de hundirlos y crear mala prensa a
su alrededor, sus fanáticas se mantuvieron a su lado; sus dis-
cos venden cada vez más, cada vez tienen más descargas en
internet y reproducciones en YouTube.
84
Fingí que leía mi libro sobre derecho civil mientras que en
realidad observaba maravillada al increíble hombre que es mi
novio mientras componía la melodía de una nueva canción.
Verlo componer siempre fue una de mis actividades favoritas,
y es lo más hermoso que he visto en toda mi vida.
Dejó la guitarra a un lado y vino a sentarse a mi lado contra
el tronco de un árbol en el suelo. Nos encontrábamos pasando
mis vacaciones en el campo de su abuelo —en realidad, suyo—
, más que nada para alejarnos un poco de toda la locura que
suponen sus fanáticas cuando nos encuentran en la ciudad. Yo
me mantenía ocupada adelantando lecturas para este año de
universidad, así después tendría más tiempo para Alex durante
el ciclo lectivo, mientras que él componía distintas melodías,
aunque nunca me mostraba las letras hasta que las tuviera ter-
minadas. Ésta en particular le está llevando más tiempo de lo
normal, pero no me quejo, pues así puedo verlo componer.
—¿Puedo molestarte un segundo? —me preguntó pa-
sando uno de sus brazos por mi estómago para abrazarme.
Dejé a un lado mi libro para poder focalizarme en sus hermosos
ojos grises.
—Tú nunca me molestas, bebé. Si estoy leyendo esto es
solo para adelantar tiempo y tener más tiempo para ti. Dime,
¿qué sucede? —le dije con una sonrisa. Apoyó su cabeza en
mis piernas y yo acaricié su cabello, con mi sonrisa intacta.
—Tengo que decirte algo desde hace unos días…pero me
da miedo tu reacción. —dijo focalizándose en un mechón de mi
cabello que se había soltado del rodete que me había hecho en
lugar de mi rostro.
—Dímelo de una vez. Ya hemos pasado demasiadas cosas
juntos como para que algo me asuste. —traté de mantenerme
calmada para él, aunque sí me estaba dando un poco de curio-
sidad saber qué está pasando por su mente.
—Con Soulless tenemos una oportunidad increíble, Vic.
Sabes que la mala fama que tu padre quiere hacernos no está
funcionando, pero sí le está dando de comer a los programas
de la tarde. Ya sabes cómo son.
85
—No des más vueltas, Alex. Cuéntame sobre esa oportu-
nidad tan importante que tienen…
—Una gira mundial, bebé. —se sentó de repente en el
suelo, y tomó mis manos entre las suyas. —Sé que es terrible-
mente egoísta de mi parte pedirte esto, pero quiero que vengas
conmigo a la gira. —me quedé con la boca abierta, sin saber
qué decir ante su proposición. —Sé que significa que perderías
tu beca deportiva por no ir un año entero a la universidad, pero
yo puedo pagártela y lo sabes. No te gusta, lo sé, pero si haces
esto por mí, lo menos que puedo hacer es eso por ti…
—Espera un poco, Alex. Tu torbellino de palabras me está
mareando. —lo interrumpí. Necesitaba pensar con claridad
para poder darle una respuesta.
—Lo lamento. Estoy siendo un egoísta de mierda, perdó-
name. No debí haberte dicho nada…
—No es eso, bebé. Es que es algo muy repentino, y no me
lo esperaba. Necesito pensar un poco. —le expliqué con una
sonrisa.
—¿Quieres quedarte sola un tiempo? Puedo volver a la
casa si lo prefieres…
—No. Ven, abrázame. —hizo lo que le pedí, y nos queda-
mos en silencio unos momentos, por mi parte disfrutando de la
sensación de estar en sus brazos una vez más. —¿Sabes? El
año pasado, cuando hablé con Miranda sobre el problema de
mis fondos, me dijo que tú trabajas mucho para ganarte tu di-
nero, y puedes gastarlo en lo que quieras. Aun si eso soy yo.
—Eso es algo que te he dicho muchas veces, bebé. —me
recordó depositando un pequeño beso en mi cabello.
—Lo sé, pero es solo hasta ahora que me doy cuenta de
que es cierto. Yo no puedo decirte en qué gastar tu dinero, aun-
que me sienta incómoda por recibir tanto dinero de tu parte. —
me mordí el labio inferior. —Quiero ir contigo a la gira de Sou-
lless.
—¿De verdad? ¿No estás enojada conmigo por ser tan
egoísta? —dijo dándome la vuelta para poder mirarme a los
86
ojos. Acomodé mis piernas, poniendo una rodilla a cada lado de
su cuerpo, y puse mis manos en sus hombros.
—Claro que no. Es todo un año, no podría estar separada
de ti por tanto tiempo…pasamos un día sin vernos y ya te ex-
traño, amor. Es cierto que perderé un año de mi universidad,
pero puedo retomarlo después. Después de todo lo que hemos
pasado el año pasado, sé que lo más importante en mi vida eres
tú y nuestra relación. Puedo arrepentirme de esto más tarde,
pero lidiaré con eso después. Ahora mismo, todo lo que quiero
es a ti.
Me besó con mucha fuerza, la felicidad evidente saliendo
de sus poros. Terminé recostada en el césped, con él sobre mí,
besándonos sin parar ni siquiera para respirar. No pude evitar
sonreír ante la felicidad que una simple respuesta de mi parte
le traía, rompiendo nuestro beso.
Sin embargo, la tensión sexual siempre presente entre no-
sotros seguía más que palpable. Me miró directamente a los
ojos, controlando su respiración, mientras yo hacía lo mismo
con la mía. Aunque viendo a sus brillantes ojos grises me era
prácticamente imposible. Su cabello negro se encontraba com-
pletamente despeinado por nuestro encuentro, y, si no lo hu-
biera visto desnudo, podría decir que no existe nada más sexy
que él en este momento.
Enterré una de mis manos en su cabello, causando que un
bajo gemido se escapara de sus labios. ¿Cómo podría ocurrír-
sele que estaría un año sin él? No puedo vivir ni un solo segundo
sin él, es como si él fuera el aire que necesito para respirar.
Además del hecho que realmente me hace muy feliz hacerlo tan
feliz. Sé que postergar la universidad siempre es un error, pero
no existe nada en este mundo que sea más importante que él y
nuestra pareja. Probablemente será más difícil para mí volver
a estudiar después de un año entero, pero en la vida hay que
tomar decisiones, y mi decisión está tomada en este mismo mo-
mento.
Mordí mi labio inferior mientras continuaba contemplando
la belleza del hombre sobre mí: sus ojos grises brillantes, sus
87
labios carnosos, su mandíbula recta y cuadrada, su torso for-
mando un perfecto triángulo invertido. Sin duda alguna es el
hombre perfecto, y no puedo estar más feliz de que sea mío.
Puso su frente sobre la mía, cerrando los ojos por un mo-
mento, para después acariciar suavemente mi nariz con la
suya. No era más que una simple caricia, pero mi corazón pal-
pitaba con fuerza contra mi pecho, y dada nuestra cercanía, es-
toy segura de que él lo notó. Una de sus manos se colocó en mi
muslo, acariciando mi pierna, mientras sus ojos demostraban
tanto amor como deseo a partes iguales.
—Te necesito. —susurró sin moverse ni un milímetro, ha-
ciendo que su dulce aliento golpeara mi rostro.
—Estoy aquí. Tómame. —le contesté también susurrando.
Sus labios suavemente encontraron los míos, primero
solo rozándose, para después, de a poco, conectarse más y
más. Lentamente, casi con pereza, movió sus labios sobre los
míos, besándome con lo mejor de su habilidad. Nuestros labios
se sincronizaron, y yo sentí que podía morir en ese mismo mo-
mento, pues nunca he sido más feliz en mi vida que cuando es-
toy con él.
88
Capítulo 18
El primer problema al que me tuve que enfrentar en
cuanto los chicos comenzaron su gira fue la falta de espacio
que teníamos en el bus en el que nos trasladaríamos por el país.
La gira empezaría aquí para después hacerse internacional,
por lo que tendríamos que convivir todos juntos durante por lo
menos dos semanas en un bus con una sola habitación. Los chi-
cos amablemente nos cedieron la habitación a Alex y a mí, ya
que Miranda y Franco iban a unirse a nosotros después, cuando
ya nos fuéramos del país.
Aunque los chicos se han comportado lo mejor posible
desde que hemos llegado, no puedo evitar sentirme incómoda
ya que ellos escuchan cada cosa que digo y hago en la habita-
ción. Por supuesto que yo también escucho todo lo que ellos
hablan, y aunque solo dos de los chicos están solteros, real-
mente me gustaría no escucharlos.
El primer concierto llegó, y yo me encontraba más ner-
viosa que los propios chicos. Alex por lo menos se encontraba
de lo más relajado en su camerino, tomando un trago mientras
se divertía con mi nerviosismo. La verdad es que no tenía nin-
guna razón para estar nerviosa: yo los observaría desde un
lado del escenario, donde nadie podría verme ni molestarme,
pero no podía dejar de pensar en el hecho de que siempre que
he estado en uno de sus conciertos, algo malo ha pasado. Estoy
completamente segura de que Darlene no podrá estar en el ba-
ckstage, creo que ni siquiera puede estar dentro del concierto,
pero aun así no puedo evitar preocuparme.
Alex me besó con mucha fuerza antes de subir al escena-
rio, y durante las primeras cinco canciones, todo mi alrededor
se borró de la escena para dejarme solamente con él. Ni si-
quiera escuchaba los enloquecidos —y a veces obscenos— gri-
tos desesperados de las fanáticas, solo podía verlo y escu-
charlo a él. Ser capaz de observar la pasión que siente cada
vez que toma el micrófono es realmente hipnotizante.
Al momento de volver a la realidad y notar todo el entorno,
deseé poder perderme una vez más. A mi lado se encontraba
una mujer de unos treinta y tantos años, vestida con…bueno,
89
yo creo que se consideraría ropa interior, pero no soy nadie
para juzgar. Traté de seguir disfrutando del concierto, pero evi-
dentemente algo tenía que salir mal.
—Oh, yo te conozco. Eres la novia de Alex, ¿verdad? —me
preguntó, su voz completamente aguda e…insoportable.
—Sí. —contesté con una sonrisa cortés, sin dar vuelta la
vista a ella.
—Bueno, esto es incómodo. —solté un suspiro, resignán-
dome a que esta mujer no iba a dejarme disfrutar del concierto
en paz.
—¿Qué es incómodo?
—El representante de la banda me contrató para trabajar
con Alex después del concierto. —controlé mi temperamento
antes de volver a hablar, pues esto se trata de Soulless y así
tiene que permanecer.
—Si es el tipo de trabajo que estoy pensando, créeme, no
lo necesita. —contesté con una pequeña sonrisa sarcástica.
—Eso está por verse. —la miré enarcando una ceja. —Es
evidente que, entre tú y yo, la que gana soy yo.
—¿Hablas de experiencia? Eso es seguro, tienes por lo
menos veinte años más que yo.
Me regodeé en el hecho de quedarme con la última pala-
bra, además de haberla ofendido un poco, pues se fue cami-
nando airadamente de mi lado. Sonreí tranquilamente mientras
disfruté del concierto una vez más.
Alex me dedicó algunas canciones en el concierto, ha-
ciendo que mi corazón se derritiera un poco más con cada
nota. Me observaba discretamente desde el escenario para que
nadie descubriera donde me encontraba para que no me mo-
lestaran, pero el simple hecho de que me cantara a mí sola-
mente era suficiente para mí. Cuando comenzó a cantar ‘Ella’,
me convertí en un charco directamente, con una sonrisa com-
pletamente estúpida en mi rostro.
Al terminar el concierto se limpió el rostro con una pe-
queña toalla que le ofrecían, pero antes de tomar su botella de
90
agua, me tomó con fuerza por la cintura y me besó con más
fuerza que su abrazo. Pasé mis brazos por detrás de su cuello,
sin importarme el hecho de que estuviera completamente lleno
de transpiración, y le correspondí el beso. Su felicidad era tan
evidente que me la transmitía a mí, por lo que tuvimos que rom-
per nuestro beso cuando comenzamos a reírnos.
Caminamos tranquilamente hacia su camerino, solo para
encontrarnos a la mujer que antes me había hablado antes a
mitad de camino. Se presentó a sí misma como Alina, tratando
de usar su cabello rubio a su favor, pero fracasando miserable-
mente. Alex la miró con confusión en su rostro, incluso podría
decir que tenía un poco de asco. Cuando ella dijo que su repre-
sentante la había contratado para acompañarlo el resto de la
noche, inmediatamente llamó a Zev, quien se hizo presente casi
en el acto. Su cabello negro se encontraba peinado hacia atrás,
sus ojos igual de negros se encontraban concentrados, y su
traje se encontraba en perfecto estado.
—¿Qué sucede, Alex? —preguntó preocupado. Es evi-
dente que quiere causar una buena impresión con los chicos
aún después de varios meses trabajando perfectamente con
ellos.
—Esta mujer dice que tú la contrataste para acompa-
ñarme. Pero estoy seguro de que ese no es el caso, ya que tú
sabes que tengo una relación con Vic y no la engañaría con na-
die. Así que dime, ¿qué sucede aquí? —le preguntó casi iróni-
camente.
—Evidentemente hay una confusión aquí. Déjame encar-
garme de eso por ti, ustedes dos vayan a relajarse.
—Gracias por hacer tu trabajo, Zev. Recordaré pagarte
este mes. —le contestó con ironía, para después dirigirnos al
camerino. Por el rabillo del ojo pude ver cómo los muchachos
de seguridad se llevaban a esa mujer. Al llegar, nos encerra-
mos los dos en el camerino y Alex rápidamente se fue a sentar
a su sillón, agotado por el concierto.
—Creo que deberías darte una ducha. —le dije acercán-
dome a él para después ponerme detrás de él y masajear sus
hombros.
91
—Lo haré después. Ahora quiero estar contigo. —dijo to-
mando mis manos y besando cada una de ellas.
—Tenemos todo el tiempo del mundo, bebé. —susurré en
su oído, para después depositar un suave beso en su mandí-
bula, ahora con un pequeño rastro de barba. Desde que le he
dicho que me parece bastante sexy su barba de tan solo unos
pocos días, siempre tarda unos días más en afeitarse a propó-
sito.
—Lo sé, y quiero que ese tiempo comience ahora mismo.
—tomó mi mano y me guió alrededor del sofá para después sen-
tarme sobre él. —¿Dónde está mi beso? —preguntó sostenién-
dome en sus brazos.
—Creo que ya te he dado tu beso justo después de que
bajaste del escenario.
—Lo sé, pero quiero otro. —me dijo poniendo su mejor
cara de manipulación posible. Solté una pequeña risa.
—Sabes que esa cara no funciona conmigo, chico ro-
ckstar.
—¿Desde cuándo? —preguntó como si esto fuera el
asunto más importante del mundo. —No es posible…
—Oh, mi amor, ¿tengo que recordarte que no soy como el
resto de las personas? —me dio una sonrisa.
—Claro que no, mi amor. Sé lo especial que eres.
Le di un pequeño beso para después sonreírle e instarle a
que se fuera a la ducha, pues su transpiración se secaría y po-
dría enfermarse; no sería algo bueno que el cantante se lastime
su garganta por no querer ducharse. Después de todo, tene-
mos todo el tiempo del mundo para nosotros.
92
Capítulo 19
Ese fue el primer concierto, y tuve que enfrentarme a mu-
chos problemas durante la mayor parte de los conciertos.
Luego de un tiempo nos enteramos que era la esposa de mi pa-
dre quien enviaba siempre a alguien a causarnos problemas,
por lo que desde el primer momento decidí que no iba a dejar
que mi temperamento entrara en juego. Me mantuve calmada
al lado de Alex, sin creer ni una palabra que nadie me dijera, sin
molestarme por nada. Incluso podría decirse que entré en una
fase zen.
Eso es hasta ese día.
Alex y yo habíamos bajado a comer al restaurante que te-
nía el hotel donde nos estábamos quedando en España, más o
menos a mitad de la gira. Habíamos decidido ir nosotros dos
solos, en una especie de cita improvisada pues no habíamos
tenido tiempo para nosotros en los últimos tiempos. Supe
desde un principio que todo saldría mal. Él no paraba de firmar
autógrafos y sacarse fotos con todo el mundo; todas las muje-
res le coqueteaban y él aceptaba sus coqueteos como si yo no
estuviera frente a él.
Llegó un momento en que no pude soportarlo más, y me
fui rápidamente del hotel. Afuera había muchísimos paparazis
esperándolo, y se volvieron locos cuando yo salí echa una furia
y él detrás de mí. Tomó mi brazo para darme la vuelta, inten-
tando fingir que nada pasaba entre nosotros dos, y yo simple-
mente perdí el control de mí misma.
—¡Ya basta, Alex! ¡No puedo con esto! —le grité soltán-
dome de su agarre para mirarlo a los ojos con toda la furia de
la que fui capaz en ese mismo momento.
—¿De qué estás hablando? Volvamos al hotel y no hagas
una escena.
—¿Quién diablos crees que eres como para poder darme
órdenes? ¡No soy de tu maldita propiedad! ¡Déjame de una vez!
—Cálmate, ¿quieres? Estás llamando la atención de to-
dos; esto no me sirve en absoluto.
93
—¿No te sirve? ¿Y a mí qué diablos me importa si te sirve
o no? ¡Es todo, me voy de aquí! ¡Llámame cuando termines tu
estúpida gira y tengas tiempo para tener una relación seria!
Me subí en el primer taxi que encontré y me fui directa-
mente al aeropuerto. No tenía equipaje, pues ya lo había hecho
mandar al departamento de Dan, donde intentaría ocultarme
sin que la prensa supiera lo que estaba haciendo.
Esa mañana habíamos recibido terribles noticias. Gonzalo
había decidido reclamar su parte de la herencia de su abuelo,
por lo que sería capaz de quitarle a Alex el campo que tanto
adora. La madre de Alex se ofreció a ayudarlo, bajo la única
condición de que él y yo rompiéramos. Ninguno de los dos es-
taba dispuesto a separarse, pero yo ideé un plan para poder
demostrar que ese campo es únicamente de Alex. Para eso, él
debía estar en buenos términos con su familia, pues necesitá-
bamos el testamento que su abuelo dejó, y eso estaba en la caja
fuerte de su antigua casa. Deberíamos pasar separados el
tiempo que nos tome averiguarlo todo, pero era una separación
falsa solo para el público y…su familia.
Hablamos con los chicos del problema y todos aceptaron
ayudar a Alex, incluso Zev, por lo que no tuvimos ningún pro-
blema para cancelar la gira y que él volviera a su casa familiar.
Estaba fingiendo que se encontraba tan triste por nuestra se-
paración que necesitaba a su madre —algo que nadie que lo
conociera, aunque sea un poco, creería— por lo que fue a vivir
con ellos cuando todo salió a la luz.
El primer paso de nuestro plan fue todo un éxito: Zev se
encargó de dar a conocer que íbamos a estar en ese restau-
rante, y los dos fingimos separarnos ante las cámaras. Claro
que, al principio, Alex se opuso rotundamente a la idea, ale-
gando que le daría el campo a su primo antes que separarse de
mí, pero yo no podía permitir que algo como eso sucediera. Yo
sé que, aunque no quiera admitirlo, él ama ese campo con todo
su corazón, de hecho, uno de sus sueños es que vivamos juntos
ahí algún día, por lo que nunca podría permitir que algo tan es-
túpido como lo que propone Gonzalo arruine eso para él.
94
El segundo paso era el que más me desagradaba, pero te-
nía que hacerse: yo debía acercarme a Gonzalo, para seguir
demostrando que Alex y yo habíamos terminado definitiva-
mente. Si todo esto salía como yo lo pensaba, podríamos pro-
bar que el abuelo de Alex le había dado ese campo a él, y a na-
die más.
Mientras tanto debía quedarme en el departamento de
Dan y Miranda, pues no tenía otro lugar a donde ir que no fuera
el pent-house, y ese es el primer lugar donde la prensa nos bus-
caría. Este plan tiene que salir a la perfección, no existe otra
opción.
En la primera semana después de nuestra ‘separación’,
Dan se dedicó a ayudarme a evadir a la prensa, sin que ellos
supieran que él estaba involucrado, obviamente. Me dio un
montón de consejos sobre cómo evitarlos, y cómo hacer para
que ellos no supieran dónde encontrarme.
Por ahora me encontraba tranquila en mi habitación, le-
yendo todos los libros sobre derecho familiar que había conse-
guido de la biblioteca de la universidad para saber qué cartas
tenía en mi mano para jugar. Traté de no salir mucho, y cuando
lo hacía, siempre lo hacía o en “modo incógnito” —como a Dan
le gustaba llamarlo— escapando de la prensa, o en lugares
donde era evidente que Alex no estaría.
—¿Cómo estás llevando tú separación? —me preguntó Mi-
randa con una sonrisa, sentándose a mi lado en el sofá que te-
nía en mi habitación.
—Estoy tan triste. —le dije con una sonrisa irónica. —Alex
compró un celular nuevo para mandarme mensajes de texto
cada media hora, más o menos.
—Creo que es muy lindo lo que están haciendo. Sobre
todo, tú, Vicky. Estoy muy orgullosa de ti. —puse los ojos en
blanco, pues nunca estuve acostumbrada a los elogios, y me
avergonzaban un poco.
95
—Lo amo, ¿qué otra cosa podía hacer? ¿Simplemente de-
jar que le arrebaten lo que más quiere, por mí? No es una op-
ción. —dije suspirando y tirando mi libro de derecho familiar so-
bre la cama.
—Claro que no, pero todo lo que has soportado por
él…realmente pareces otra persona. Mucho mejor, obvia-
mente. Por fin dejaste tu inseguridad a un lado, y eso me hace
tan feliz. Me hace feliz que tú puedas al fin ser feliz. —le sonreí
y acaricié su brazo.
—Gracias, Mi. No solo por esa frase ridículamente cursi,
sino por todo lo que estás haciendo por nosotros. Sabes que no
tengo dónde quedarme, que me permitas quedarme aquí es lo
más lindo que alguien haya hecho por mí. —mi celular sonó en
ese momento con un mensaje, pero decidí ignorarlo.
—Eres mi mejor amiga, nunca dejaría que te quedaras en
la calle. Ahora, dame un abrazo, que estoy a punto de echarme
a llorar con toda esta charla. —la abracé con fuerza, riendo. —
Ahora veamos alguna película buena, o algo. Necesito dis-
traerme.
—Claro, solo déjame ver mi celular antes…—me sor-
prendí con el remitente del mensaje. —Es Gonzalo. —le dije a
Miranda, deseando con todas mis fuerzas que el plan funcio-
nara.
96
Capítulo 20
Acomodé la gorra que Dan me había prestado para poder
enmascarar mi cabello rojo, pues es la característica que más
destaca en mí. Me había hecho un rodete para poder ocultarlo
dentro de la gorra, además de que usaba una chaqueta con
cuello alto, para tapar la parte de atrás. También estaba
usando unas grandes gafas de sol, tratando de ocultar mi ros-
tro lo más posible. Gonzalo había sugerido encontrarnos en su
casa, pero la verdad es que yo no confiaba lo suficiente en él
como para ir en un primer momento a su casa. Aunque lo haría
si eso me ayuda en algo para mi cometido.
Gonzalo no me hizo esperar demasiado por él en la pe-
queña cafetería y me saludó con un beso en la mejilla y un
abrazo que duró demasiado tiempo para mi gusto, pero lo so-
porté mientras que repetía todo el tiempo en mi mente que ha-
cía todo esto por Alex.
Nos sentamos en una mesa un poco apartada, evitando
así la mayoría de la gente. Pedimos algo rápido, aunque le pedí
a él que lo hiciera por mí, así no tendría que hablar. Si bien es
cierto que son pocas las veces que he hablado en público, la
escena que Alex y yo montamos hizo que se reconociera hasta
mi voz.
No hablamos mucho mientras tomábamos nuestro café,
aunque estoy segura de que era porque Gonzalo no sabía cómo
iniciar la conversación. Iba a comenzar a hablar, cuando mi ce-
lular sonó con el tono de llamada exclusivo para Alex y su nuevo
celular.
<<No es el mejor momento>>, pensé tomando la llamada.
—Hola, mi amor. ¿Cómo estás? —me preguntó ni bien
contesté. Solté un suspiro.
—Hola, ¿qué tal? —traté de sonar lo más casual posible
para que Gonzalo no descubriera con quién estaba hablando.
—¿Qué sucede? ¿No puedes hablar? —preguntó un tanto
decepcionado.
—Sí, no es un buen momento justo ahora.
97
—Espera un segundo, ¿estás con mi primo?
—Sí, exactamente.
—Ya veo. Llámame cuando termines. Volví al pent-house
con la excusa de recoger algo de ropa, así que estaré aquí.
—Está bien, adiós.
Me excusé con Gonzalo, inventando una excusa lo más
creíble posible para esa llamada. Después de todo, nadie ex-
cepto nuestros mejores amigos debería saber que Alex y yo to-
davía estamos juntos.
Gonzalo y yo hablamos mucho tiempo después de eso,
tanto que incluso la noche había llegado cuando nos despedi-
mos. Tomé un taxi de vuelta a la casa de Dan, pidiéndole al ta-
xista que me dejara a unas cuantas calles antes para que nadie
supiera dónde me estaba quedando.
Miranda me bombardeó con preguntas en cuanto crucé la
puerta, y fui contestándolas una a una mientras me dirigía a mi
habitación y me deshacía de mi disfraz para salir en público. La
verdad es que el encuentro con Gonzalo me había dejado emo-
cionalmente exhausta, pero sabía que era completamente ne-
cesario para que el plan funcionara.
Al terminar con Miranda, me di una ducha relajante, inten-
tando no pensar en la sensación de tristeza que me embargaba
siempre cuando se está haciendo de noche y sé que Alex no me
espera en la habitación. Al salir del baño me recosté en la
cama, demasiado cansada incluso como para comer algo.
Tomé mi celular para llamar al número del que Alex me había
llamado antes, deseando que no fuera demasiado tarde para
que podamos hablar.
—Ya comenzaba a desesperarme…—me dijo al tomar la
llamada, con el mismo cansancio en su voz que yo sentía en
todo mi cuerpo.
—Lo siento. —le contesté en un susurro. —Todo me llevó
más tiempo de lo que planeé, y aún no pude averiguar nada.
¿Tú tienes algo?
98
—Cansancio. Tengo ganas de darle el campo solo para
volver a verte…—una pequeña sonrisa tiró de mis labios.
—Yo también te extraño, bebé. Pero no podemos dejar
que nos ganen; somos más fuertes que eso.
—Lo sé. Sé que podremos con esto. Solo no entiendo por
qué tiene que ser tan malditamente difícil que estemos juntos;
te amo tanto, mi amor. No debería ser tan complicado cuando
nos amamos tanto…
—Hay veces que el amor no es suficiente. La vida es difícil,
y necesitamos superar todos los obstáculos.
—Perdón, amor. Noto tu voz cansada y yo te causo más
cansancio…lo mejor será que te deje dormir un poco…
—No, por favor, no cuelgues el teléfono. Te extraño mu-
cho, y ya que no podemos vernos, por lo menos déjame escu-
charte…
—A la mierda el campo, quiero verte. Veámonos.
—No, Alex. No dejaré que hagas eso. Ese campo es nues-
tro futuro, ¿recuerdas? Tenemos que seguir con el acto hasta
que logremos demostrar que ese campo es tuyo. Por favor, no
hagas esto más difícil de lo que es…
—Es cierto. Tengo que dejar de ser tan impulsivo. Es solo
que te extraño tan malditamente tanto…siento que enloque-
ceré si no veo tu rostro…—sonreí.
—Siempre sabes cómo hacerme ruborizar…—nos queda-
mos unos momentos en silencio, por mi parte, tratando de cal-
mar el alocado ritmo de mi corazón. —Cántame algo, ¿sí?
Comenzó a cantar la primera canción que hizo para mí,
“Te quiero”, para después seguir con todas las canciones que
alguna vez me ha dedicado en todos nuestros momentos jun-
tos.
Terminar esa llamada fue prácticamente una tortura, pues
ya no quería despedirme de él. Estaba cansada de tener que
despedirme, de que siempre existiera alguien que trate de se-
pararnos. ¿Por qué no podemos ser felices de una maldita vez?
¿Es mucho pedir ser feliz con el hombre que amo?
99
Nunca he sido realmente feliz en mi vida. La que siempre
supuse que fue mi madre se encargaba de arruinar cada mo-
mento que podría traerme un poco de felicidad. Ella misma
siempre quiso arruinar mi relación con Alex, solamente porque
él es la persona que más feliz me ha hecho en mi vida. Ahora
mismo no puedo estar con él, solo porque mi exnovio no quiere
entender la realidad. ¿Por qué no podemos ser felices? ¿Es mu-
cho pedir ser feliz con la persona que amo sin que nadie decida
meterse en el medio de nuestra relación?
100
Capítulo 21
Las semanas pasaron y cada vez fue más difícil mante-
nerme oculta en el departamento de Dan y Miranda, pues la
prensa ya comenzaba a sospechar. Mis únicas salidas eran
para encontrarme con Gonzalo, pero, aunque tomaba todos los
recaudos posibles, estaba comenzando a pensar que no eran
suficientes. Alguien estaba empezando a darse cuenta que me
estaba quedando aquí, y, aunque tuviera un poco de sentido ya
que Miranda es mi mejor amiga, no tendría nada de sentido que,
si yo no quisiera nada que ver con Alex, estuviera quedándome
en el departamento de su mejor amigo.
Al hablar sobre esto con Alex, sin que nadie sospechara
creó una nueva cuenta en el banco con mi nombre en ella,
donde depositó una cantidad exagerada de dinero para que pu-
diera rentar un departamento temporalmente hasta que todo
esto se resolviera. Obviamente traté de protestar, pero como
ya había acordado antes de la gira de Soulless que iba a acep-
tar que él hiciera lo que se le diera la gana con su dinero, tuve
que aceptar que me diera eso.
Renté un departamento al otro lado de la ciudad, cerca de
la universidad, lo más lejos posible de donde se encontraba el
pent-house donde Alex y yo solíamos vivir. Espero que Alex
haya sido extra cuidadoso cuando hizo ese depósito en la
cuenta nueva, pues no podemos permitirnos que alguien sepa
que me está ayudando. Por suerte, el departamento ya venía
amueblado, por lo que no tuve que gastar más dinero que el ne-
cesario para comprar las cosas básicas para vivir. Era un de-
partamento de una sola habitación, con una pequeña cocina,
un pequeño baño, y una sala de estar que funcionaba también
como comedor, pues no había una mesa como tal. Era pe-
queño, pues no necesitaba nada más que eso, y me daba una
sensación de hogar que solo tengo cuando me encuentro con
Alex.
Al principio pensé que sería una buena idea traer a Gon-
zalo aquí, así quizás se encontrara un poco más relajado como
para hablarme de sus motivos para de repente tratar de conse-
101
guir ese campo que nunca en su vida le importó. Aunque des-
carté la idea tan pronto como apareció en mi mente: si le digo
que estoy viviendo aquí, tendría que explicarle cómo he conse-
guido el dinero para estar aquí, ya que la esposa de mi padre
se ha encargado de hacer público que yo no tengo un centavo,
y no tengo una explicación razonable.
Muy a mi pesar, entonces, tomé mi celular con manos tem-
blorosas una vez que ya me había instalado en mi nuevo depar-
tamento, y le envié un mensaje a mi estúpido exnovio:
<<Quisiera que nos veamos, pero la prensa me está persi-
guiendo. ¿Crees que podemos encontrarnos en tu casa para al-
morzar?>>
Su respuesta fue inmediata y afirmativa, lo que me dio in-
cluso más miedo, pero estaba completamente segura de lo que
estaba haciendo. Hoy mismo Gonzalo me diría qué es lo que
realmente quiere, cueste lo que cueste.
Sin embargo, no iba a ir a la casa de mi obsesivo exnovio
sin tomar mis recaudos primero. Antes que nada, le avisé a Mi-
randa lo que estaba a punto de hacer, y las dos acordamos que,
por precaución, hiciera que mi celular grabara todo el encuen-
tro, metiéndolo discretamente dentro de mi bolso. Le enviaría
un mensaje de texto antes de entrar a la casa de Gonzalo, y tam-
bién cuando saliera, para que ella pudiera saber absoluta-
mente todos mis movimientos.
Me di una ducha y me vestí con la ropa más discreta posi-
ble para que la prensa no pudiera reconocerme. Até mi cabello
en un rodete para después cubrirlo con una gorra diferente. Me
maquillé solo un poco, para que Gonzalo no pensara que quería
arreglarme para él, para después ponerme las gafas de sol.
Tomé un taxi hasta la dirección que Gonzalo me había
dado, y rápidamente le envié un mensaje de texto a Miranda
para decirle que ya había llegado. Sin embargo, antes de tocar
el timbre, decidí enviarle un mensaje a Alex, solo para recor-
darle a él y a mí misma el motivo por el cual estaba haciendo
todo esto.
<<Te amo.>>
102
Después de un largo suspiro, toqué el timbre y rápida-
mente me abrió un mayordomo muy bien vestido. La mansión
de Gonzalo no era tan grande como la de Alex, pero sí era muy
grande. Su fachada exterior era completamente negra, lo que
le daba un aspecto tétrico. Eso solo le añadía más intensidad a
mi miedo, pero me lo tragué y entré en esa mansión, sin saber
lo que me aguardaba dentro.
El mayordomo me condujo a través de un estrecho pasillo
lleno de cuadros. Hacia la derecha, había una puerta antes de
unas anchas escaleras de madera, que hacía más estrecho el
pasillo.
<<Difícil de escapar,>> pensé, intentando mentalizarme
en que no necesitaría escapar de nada.
Gonzalo me estaba esperando en el gran comedor, y me
recibió con un gran almuerzo. Me dijo que todo lo había hecho
preparar especialmente para mí. Mis nervios no disminuyeron,
pero el almuerzo fue bastante ameno. Obviamente dejando a un
lado el hecho de que preferiría estar con Alex que con él.
103
—dijo acariciando mi cuerpo por sobre mi ropa, ignorando mi
petición completamente.
—Gonzalo, he sido amable contigo, pero eso no quiere de-
cir que…
—Shhh. No tienes que decir nada, yo lo arreglaré todo
para nosotros. —murmuró interrumpiéndome, dejando su ros-
tro a pocos centímetros del mío. —Pero ya no soporto más esta
distancia entre nosotros…necesito de ti, Vicky.
Entonces fue cuando la peor parte empezó. Sus manos
rasgaron mi ropa, mientras que con su cuerpo me mantenía
cautiva en mi lugar. Empujé, pateé, grité, nada sirvió. Él me te-
nía donde quería, y podía hacer lo que quisiera conmigo.
Una de mis patadas dio resultado, por lo que pude sepa-
rarlo lo suficiente de mí como para tratar de correr, pero él me
atrapó incluso antes de que pudiera llegar a la puerta principal.
—Compórtate, ahora.
Sentí un golpe en mi cabeza, y todo comenzó a dar vueltas
a mi alrededor. Luego todo se mantuvo estático de repente, y
el negro llenó mi cabeza. No pude sentir absolutamente nada a
mi alrededor, todos mis sentidos se habían bloqueado y no sa-
bía dónde diablos estaba. Lo único que sí sabía, es que nada
bueno podía salir de esto.
104
Capítulo 22
Mi garganta se encontraba seca, mis ojos estaban pesa-
dos, y mi cuerpo se sentía adolorido. Forcé a mis ojos a abrirse,
aunque lo único que quería era dormir. Me encontraba en una
habitación oscura, atada a una cama. Traté de moverme o libe-
rarme a mí misma, pero no podía hacer absolutamente nada,
además de que mi cuerpo se sentía muy pesado, nunca me ha-
bía sentido así.
Levanté un poco mi cabeza para poder observar mi alre-
dedor, tratando de averiguar dónde diablos estaba, cómo dia-
blos estoy en esta situación. Había solo una lámpara con una
luz muy tenue, no alcanzaba para iluminar toda la habitación.
Dos pequeñas ventanas dejaban entrar muy poca luz en reali-
dad, pero al encontrarse tan altas en la pared, supuse que me
encontraba en un sótano.
Debía desatarme como sea de esta cama, e intentar rom-
per alguna de esas ventanas para poder salir de aquí. De re-
pente recordé que mi celular estaba en mi bolso, y podría co-
nocer mi ubicación gracias a una aplicación que había insta-
lado para saber exactamente dónde nos encontrábamos en la
gira. Pero, de todas formas, el primer paso sería liberarme de
estas cuerdas que me mantienen inmóvil en la cama.
—Oh, qué bueno que ya despertaste. —dijo una figura ex-
traña en la oscuridad, pero en cuanto se sentó en la cama pude
ver que se trataba de Gonzalo. —Lamento haberte amarrado,
pero me golpeaste mucho, y tuve que tomar mis precauciones.
—abrí mi boca para poder hablar, pero me interrumpió incluso
antes de que pudiera decir algo. —No te preocupes, mi amor,
te perdono por eso. Estoy seguro de que todo esto te tomó por
sorpresa, y por eso reaccionaste así. Pero ahora podremos em-
pezar desde cero nuestra vida juntos.
—Tengo sed. —fue lo único que pude decir, pues mi cere-
bro se encontraba adormilado. Debía estar enojada, triste, o
asustada, pero no sentía absolutamente nada. Era algo muy ex-
traño, nunca me había pasado esto de no sentir nada. Gonzalo
tomó mi cabeza para levantarla y así darme un poco de agua.
Mi garganta dejó de doler un poco por la sequedad.
105
—Estoy ansioso por empezar nuestra vida juntos. Tengo
tantos planes para nosotros. Aunque por ahora debemos que-
darnos aquí, hasta que los demás entiendan nuestra relación.
—Tengo sueño…
—Oh, creí que ya estarías bien después de once horas,
pero supongo que el sedante sigue haciendo efecto…te dejaré
descansar, entonces.
—¿Se-sedante…? —pregunté en un hilo de voz. Gonzalo
me sonrió y acarició mi cabello. Quise apartarme, pero no po-
día hacer nada por lo pesado que se sentía mi cuerpo.
—No te preocupes, amor. Sé que causa adicción, por lo
que te daré más todas las veces que lo necesites. Duerme un
poco más, te sentirás mejor por la mañana.
Realmente quería irme de ahí lo más pronto posible, y ale-
jarme lo más lejos que se me ocurriera de Gonzalo que eviden-
temente había perdido todo rastro de cordura. Sin embargo, mi
cuerpo se sentía tan pesado, que mis párpados volvieron a ce-
rrarse una vez más.
*
Cuando volví a despertar, la luz ya empezaba a colarse
por esas dos pequeñas ventanas. Mi cuerpo ya no se sentía tan
pesado como antes, y mis sentidos comenzaban a cobrar un
poco de su habitual vigorosidad.
Traté de encontrar algo que pudiera ayudarme a escapar
de aquí, pero lamentablemente me encontraba sin absoluta-
mente nada más que la cama y las cuerdas que me ataban. Así
que supuse que la única forma de lograr desatarme, sería ha-
cer que Gonzalo me desate. No sabía cómo diablos iba a lograr
eso, pero lo mejor sería no llevarle la contraria. Después de
todo, él estaba completamente loco, evidentemente, por lo que,
si yo me negaba a algo que él quisiera, podría perder la poca
razón que está demostrando conmigo. Aunque obviamente no
me entregaría a él de ninguna forma: mi único hombre es y será
Alex.
106
No pasó mucho tiempo hasta que Gonzalo apareció con
una bandeja con comida. Me dijo que era para mí, y aunque le
dije sutilmente que no podría comer mientras tuviera mis ma-
nos amarradas a la cama, él insistió en darme de comer. Por
ahora no puedo llevarle la contraria, pero tengo que idear al-
guna forma para que quiera soltarme.
El sueño y la pesadez volvió a mi cuerpo después de unos
minutos de haber ingerido la comida, por lo que supuse que es-
taba poniendo los sedantes en la comida. Tenía que existir una
forma de negarme a comer para poder tener mis sentidos
alerta, pero con los efectos de los sedantes no podía pensar en
nada más que cerrar mis ojos y dormir.
*
Realmente no sé cuántos días pasaron desde que Gonzalo
me trajo aquí. Ni siquiera sé si han pasado horas, días o sema-
nas, pues la mayor parte del tiempo estoy sedada. Él admitió
abiertamente que ponía mis sedantes en la comida que me
daba cada cierto tiempo, incluso él lo veía como algo bueno.
Como si yo le pidiera los sedantes, y él estuviera complacién-
dome.
De todas formas, había decidido que hoy iba a hacer lo
que fuera necesario para que Gonzalo me soltara de la cama.
De no ser por los sedantes, no sé cómo podría dormir; mis bra-
zos y piernas ya se encontraban entumecidos por permanecer
tanto tiempo en la misma posición.
Lo había intentado otras veces, por supuesto, pero nin-
guna de ellas había funcionado hasta ahora. Sin embargo, es-
toy segura de que lo que lo mueve a él en su locura es su su-
puesto amor por mí, por lo que tengo que usarlo en mi benefi-
cio, así fuera llegar a límites extremos.
—Mi amor, algo terrible ha pasado. Creo que nos han lo-
calizado, pero no te preocupes, encontraré otro lugar para no-
sotros hasta que ellos logren entendernos…—dijo Gonzalo en-
trando apresuradamente a la habitación, y sentándose en el
borde de la cama.
107
—Gonzalo, si pudieras soltar mis ataduras…me due-
len…—me quejé de la forma más seductora posible. Nunca he
tenido que seducir a nadie, y los intentos que he tenido con
Alex, siempre han fracasado.
—Lo sé, amor, pero tengo miedo que quieras golpearme
una vez más…
—Prometo que no lo haré. Lo único que quiero hacer es
abrazarte, porque siento mucho miedo de que nos encuentren.
Por favor…—parece ser que he aprendido bien lo que Alex
llama ‘el arte de convencer personas’, y lo que yo llamo simple
manipulación. Gonzalo desató primero mis pies, los cuales co-
mencé a mover para sacarlos de su entumecimiento, e hice lo
mismo con mis manos una vez sueltas.
—Ahora, ¿dónde está ese abrazo que querías? —pre-
guntó sentándose una vez más en la cama. Le di la mejor son-
risa que pude y me arrodillé en la cama, abrazándolo, colo-
cando estratégicamente su cabeza en mi pecho. —Eso está
mucho mejor…siempre hueles tan bien…—dudo mucho eso,
después de lo que yo creo semanas de estar aquí.
—Muchas gracias. ¿Lo ves? Todo me tomó por sorpresa,
pero tú sabes que siempre has sido mi primer amor, y nunca he
podido olvidarte.
Parecía que se estaba relajando. Pero no podía esca-
parme ahora mismo, sus sentidos estaban demasiado alertas,
estaba esperando que yo intentara escapar. Necesitaba idear
un plan y debía ser perfecto, pues solo tenía una única oportu-
nidad para hacerlo.
108
Capítulo 23
Los días pasaron, y mientras yo fingía estar más y más
cerca de Gonzalo, estaba en mi mente ideando un plan para es-
capar. Había unas escaleras que no había visto antes, por
donde entraba Gonzalo cada vez que venía, pero eso no sería
una buena opción ya que podría encontrármelo y perdería la
poca confianza que él me estaba dando. De hecho, siempre que
se hacía de noche, volvía atarme. Solo me desataba cuando él
se encontraba aquí, lo que era una total y completa desventaja.
Tendría que hacer algo para que él bajara la guardia lo sufi-
ciente para que yo pudiera romper una de las ventanas y trepar
para poder escapar lo más lejos posible de él.
Ideé todo un plan en mi mente para la próxima vez que
Gonzalo bajara con comida. Tenía una única oportunidad de es-
capar, y todo debía ser perfecto. Como no tenía nada que hacer
mientras me encontraba amarrada a la cama, pensé en mi plan
una y otra vez, tratando de encontrar alguna pequeña falla en
él, solo para estar segura de que todo sería perfecto.
Tuve tiempo para pensar y repensar cien veces hasta que
Gonzalo apareció con su típica bandeja de comida —llena de
sedantes, por supuesto—. La colocó en una pequeña mesa,
donde se encontraba la lámpara que no iluminaba absoluta-
mente nada, para después sentarse al borde de la cama.
—¿Quieres que te desate, mi amor? —preguntó con una
sonrisa que intentaba ser dulce, pero sinceramente me recor-
daba a la sonrisa de El Guasón, en Batman.
—Sí, por favor. —ya no tomaba nada de esfuerzo que me
desatara cuando él estaba aquí. Cuando él no estaba, era im-
posible para mí lograr que me desamarrara, aun cuando le ro-
gara.
—Ahora que estás desatada, quisiera un abrazo. —sin du-
darlo me arrodillé y lo abracé, pues quería complacerlo para
poder llevar mi plan a cabo. —¿Un beso es mucho pedir?
<<La verdad es que sí>>, pensé en mi interior, pero su-
puse que necesitaba hacerlo si quería escapar de aquí.
109
—Te lo daré, a cambio de que comas un poco conmigo. —
le dije con la mejor sonrisa que pude conseguir.
—Pero, amor, tú sabes que esa comida es especial para
ti…
—Lo sé, pero pensé que, de esa forma, podríamos dormir
un poco juntos. ¿No te gustaría, Gonzalo? Dormir los dos jun-
tos, abrazados…
—Eso me gustaría mucho, pero, ¿cómo sé que no querrás
escapar cuando me quede dormido? —puse la mejor cara triste
que logré.
—Me lastima mucho que pienses así de mí… ¿es que no
crees en mi amor? —incluso logré que una lágrima cayera por
mi mejilla.
—Sí, amor, te creo. Comamos juntos. —me dijo con una
sonrisa, tomando mi rostro con sus manos. —Pero antes quiero
ese beso.
<<Si no hay más remedio…>>
Besé sus labios, pensando que todo esto era por un fin,
que no estaba engañando Alex, que solo estaba tratando de sal-
var mi vida. Alex me perdonará por esto, estoy segura.
Como pude, disimulé la cara de asco que tenía después
de besarlo, y traje la comida hasta la cama, pues no teníamos
otro lugar para comer. Disimuladamente fingí comer lo que es-
taba servido, mientras Gonzalo comía con agrado. Sé por expe-
riencia propia lo potentes que son esos sedantes, por lo que no
creo que tarde mucho en dormirse.
Al terminar de comer, puse la bandeja en el suelo y me re-
costé a un lado de Gonzalo. Acaricié su cabellera rubia que en
algún momento consideré hermosa, incluso fingí dormirme. Sin
embargo, en cuanto sentí que él se encontraba completamente
dormido por los sedantes, me levanté de la cama lentamente,
sin hacer un solo ruido, además de que los sedantes también
me hacían efecto a mí, pues, aunque no hubiera ingerido toda
la comida, sí había tenido que comer un poco.
110
Caminé tambaleándome por la habitación hasta llegar a
las ventanas. Aunque se encontraban bastante altas, sé que mi
entrenamiento no me fallará y podré subir. No tenía mucho
tiempo, por lo que cuando me encontré con el vidrio, no podía
volver atrás a tomar algo para romperlo. Traté de concen-
trarme en otra cosa que no fuera el dolor, cerré mi mano en un
puño y lo tiré con toda la fuerza que pude en contra del vidrio.
Lo quebré, pero no logré romperlo, por lo que debía intentarlo
una vez más.
Miré hacia atrás, para asegurarme de que Gonzalo no su-
piera nada, pero él se encontraba completamente dormido.
Otra vez le pegué un puñetazo al vidrio, y tuve que hacerlo por
lo menos unas cinco veces más hasta que se rompió. Tenía un
subidón de adrenalina, aunque los sedantes trataran de cal-
marla, por lo que me fue fácil trepar por la pared y salir por ese
pequeño hueco.
Caminé inestablemente por el césped, lo más rápido posi-
ble, pero no podía ir muy rápido por culpa no solo de los sedan-
tes, sino también por el daño que mi mano tenía y sangraba de-
masiado como para ser un simple golpe. Quizás hasta me corté
una maldita arteria.
<<Eso es lo único que me faltaría.>>
Cuando estaba a punto de llegar a la acera, escuché unos
gritos. Rogué en mi interior que no se tratara de Gonzalo que
se había dado cuenta de todo, pero al darme la vuelta vi que se
trataba de Alex, que golpeaba con fuerza la puerta de la man-
sión, gritando que sabía que yo estaba ahí dentro y que Gonzalo
abriera la maldita puerta. Una pequeña sonrisa se formó en mi
rostro, incluso con todo el dolor que sentía, un poco calmado
por los sedantes.
<<Parece que los sedantes me ayudaron en algo, después
de todo.>>
—Hey, Romeo, ¡llegaste tarde! —le grité sonriendo. Rápi-
damente vino corriendo hacia mí.
—Vic, mi amor, ¿estás bien? ¿Qué tienes? ¿Qué te hizo?
—preguntó desesperado, tomándome en sus brazos. Oh, cómo
111
había extrañado estar rodeada por sus brazos, por su olor, por
el calor que solo él emana.
—Estoy…—escuché a Gonzalo gritar detrás de mí, pero
no pude verlo.
En el momento en que entró en nuestro rango de visión,
Alex me depositó con cuidado en la acera, para después correr
hasta él y comenzar a golpearlo. He visto a Alex pelearse con
alguien antes, pero esta vez era completamente diferente. La
furia lo consumía, no podía ver nada a través de ella, y estoy
segura de que lo mataría. Tenía que hacer algo para evitar esto,
aunque me sentía cada vez más débil.
Traté de levantarme de mi lugar, sin éxito. Maldición, todo
mi cuerpo se estaba adormeciendo, como cuando Gonzalo me
daba esos sedantes. Quizás me excedí en lo que comí, o quizás
se trataba de mi mano que seguía sangrando sin parar. De cual-
quier forma, me sentía completamente impotente, mientras ob-
servaba al hombre que amo destruir su vida solo por mí.
—¡Alex, te necesito! —grité como pude, pues hasta la voz
me estaba fallando. Sin poder mantenerme sentada un se-
gundo más, caí en la acera. Rogué en mi fuero interno que Alex
me hubiera escuchado, pues no podía dejar que él hiciera algo
de lo que se arrepentirá el resto de su vida. Por suerte, antes
de que mi cabeza tocara la acera, sentí sus calurosos brazos a
mi alrededor.
—Amor, ¿qué es lo que te pasa? —preguntó preocupado.
Mi vista se encontraba borrosa, por lo que no podía admirar la
belleza de sus facciones.
—Te amo tanto, Alex.
Eso fue lo último que pude formular antes de que el negro
se apoderara de todo mi ser. Lo único que me hacía feliz es que
había podido decirle lo que siento a el único amor de mi vida.
112
Capítulo 24
Una vez leí una frase que decía algo como: “uno siempre
cambia al amor de su vida, por otro amor, o por otra vida”. Creo
que en el limbo en el que me encuentro, mi opción sería la úl-
tima. El amor de mi vida siempre será Alex, por lo que creo que,
al estar muriendo —o eso creo que es lo que me está pasando—
, cambiaré a otra vida, aunque el amor de mi vida no cambie
nunca.
En mi mente —supongo que sigue siendo mi mente— hay
un torrente de imágenes. Imágenes de mis amigos riendo, de
los momentos felices de mi infancia con la señora Mary, Mi-
randa y yo probándonos toneladas de ropa hasta encontrar la
indicada para una de sus citas. Pero claro, la mayor parte de
las imágenes eran sobre Alex. La primera vez que lo vi en la
playa, nuestro primer beso en el baile, la primera vez que me
dijo que me amaba, cuando me pidió ser su novia en la colina
en el campo, cuando volvió a buscarme con una rosa en su
mano, cuando pasamos ese fin de semana en el campo, todos
los pequeños momentos cotidianos de nuestra vida juntos en el
pent-house, la primera vez que hicimos el amor, todas las veces
que me ha cantado una canción, o la ha creado para mí…
…pero la última imagen que apareció en mi mente quebró
mi corazón en mil pedazos. Alex se encontraba llorando des-
consolado, lloraba y pedía por favor que no se fuera… que no
se fuera, ¿quién? Entonces lo vi, yo me encontraba tiesa, prác-
ticamente muerta, y el lloraba sobre mí.
Supongo que esa imagen debe ser mi realidad ahora
mismo, pero no podía dejar que eso pasara. Mi corazón se rom-
pía, yo no podía dejar que Alex sufriera por mí culpa, después
de toda la felicidad que él trajo a mi vida, y que estoy segura de
que seguirá trayendo. Tengo que luchar por él, porque él es lo
más importante de mi vida, y no puedo dejarlo. No puedo y no
quiero.
113
Una luz brillante me hizo parpadear varias veces. No tenía
ni idea dónde estaba, pero todo mi cuerpo dolía como la
mierda. Tenía una máscara de oxígeno en mi nariz y boca que
me molestaba terriblemente, pero no intenté sacármela. Su-
pongo que me encontraba en un hospital, por todos los cables
conectados a mi cuerpo.
Traté de buscar a Alex con mi vista, sin moverme para no
dañar ninguno de los cables que estaban conectados a mi
cuerpo, pero no pude encontrarlo por ningún lado. No había na-
die en esta habitación extraña, lo cual me parecía un poco raro.
Oh, no, ¿será que todo eso de Alex lo soñé en uno de mis sueños
inducidos por los sedantes que Gonzalo me daba?
De repente, el cuarto de llenó de gente, pero de un montón
de gente extraña. Yo quería ver a Alex, no me interesaba el
resto del mundo. Solo quería verlo y estar con él. Hemos estado
separados por tantos meses, hemos pasado tantas cosas jun-
tos pero separados, lo extraño demasiado. Necesito verlo.
Toda la gente que vino desapareció, aunque sí sacaron to-
dos los cables de mi cuerpo y la máscara de oxígeno. Solo me
dejaron conectada a un tubo con un líquido incoloro que ardía
cada vez que entraba por mis venas. ¿Dónde se encontraba
Alex? ¿Por qué no estaba aquí conmigo? Lo necesito tanto…
No sé cuánto tiempo pasó hasta que otra persona apare-
ció en la habitación, y solo se dedicó a poner inyecciones en
ese líquido incoloro, que ahora se tornaba de un color ámbar.
Traté de decirle que quería ver a Alex, pero ese líquido que me
inyectó comenzó a darme sueño una vez más, por lo que no
pude hacer más que cerrar mis ojos y dormir.
*
¿Cuánto tiempo me quedaré así? Lo único que yo quiero
es ver a Alex, ni siquiera tengo que hablarle, solo quiero verlo.
Lo único que necesito es verlo, saber que se encuentra bien,
nada más que eso. ¿Es mucho pedir? ¿Por qué todo el mundo
quiere ponerme a dormir y no dejarme ver a Alex? Ya no quiero
dormir más, Gonzalo ya me ha hecho dormir lo suficiente todas
estas semanas que he estado con él. Además, no creo estar lo
114
suficientemente dañada como para necesitar que me hagan
dormir de esta forma tan exagerada.
¿Existirá alguna forma de negarme a esta droga que me
están administrando?
*
Mi necesidad de ver a Alex aumentaba en mis intervalos
de conciencia, lo que hacía que mi ritmo cardíaco aumentara,
lo que hacía que continuaran poniéndome a dormir. Me pregun-
taba por qué rayos Alex no estaba a mi lado. ¿Es que no había
logrado conseguir nada y decidió seguir con el plan? ¿Es eso
posible después de la muestra de amor por mí que ha hecho al
prácticamente matar a su primo? ¿Realmente importa?
Sé que ese campo es nuestro futuro, que ahí viviremos
una vez que nuestras locas vidas se calmen y por fin podamos
estar juntos solos los dos. Sé que los dos haríamos todo lo que
fuera malditamente necesario para que no nos quiten ese
sueño, pero aun así quisiera poder verlo.
No lo sé, creo que, como estoy en un hospital, podríamos
dejar todo nuestro plan de lado, aunque sea tan solo unos po-
cos minutos, para poder verlo y saber que está bien. ¿Acaso él
no se preocupa por mí en absoluto? No, eso es mentira, yo sé
que él se preocupa por mí. Todo el tiempo está pensando en lo
que es mejor para mí, en cómo me siento, en cómo estoy. Solo
no entiendo por qué él no está aquí conmigo, viéndome, aunque
sea desde lejos. Comprobando que me encuentro bien, o que
por lo menos estoy viva…
…más líquido color ámbar. Esto será largo.
*
Me encontraba en una habitación diferente cuando volví a
despertar. Era enorme, mucho más grande que la anterior. Ha-
bía una ventana a un costado, por la que podía ver que ya era
de noche. Por lo menos ahora podía contar los días que pasaría
aquí, mientras me dejen despierta, claro está.
Esta habitación también se encontraba vacía, lo que me
decepcionaba un poco. Esperaba encontrar a Alex, o alguno de
115
mis amigos, aunque sea. No entiendo por qué nadie ha venido
a verme, y tampoco entiendo por qué siguen durmiéndome. La
verdad es que no siento nada de dolor, y ahora estoy despierta,
por lo que supongo que podrían dejarme sin darme esa medi-
cación para el dolor.
Traté de decírselo a la persona que vino a ponerme más
de ese líquido, pero no me hizo ningún caso. ¿Quizás mi voz no
salía lo suficientemente alta? ¿Quizás no podía hablar bien?
¿Quizás mis cuerdas vocales se encontraban cansadas, y por
eso no podía hablar? ¿Quizás por eso nadie me escuchaba?
¿Quizás por eso Alex no estaba aquí? ¿Quizás todo lo que su-
pongo que estoy diciendo no lo estoy diciendo y solo lo pienso?
Más líquido en mis venas. Vuelvo a dormirme.
116
Capítulo 25
Por lo menos cinco días pasaron en este limbo en el que
me mantienen con ese líquido color ámbar. La verdad es que yo
no lo creo necesario, pero no soy médica. Si los doctores pien-
san que yo necesito ese estúpido líquido que me hace dormir,
entonces supongo que lo necesito.
En realidad, lo que me molesta es el hecho de no haber
visto a Alex ninguno de los días en los que me encontré aquí.
Pronto descubrí que todo lo que yo pensaba que estaba di-
ciendo, solo lo estaba pensando. No podía hablar, solamente
podía mover mis ojos y tan solo un poco mi rostro, pero no podía
hacer nada más con mi cuerpo. Sospechaba que el líquido co-
lor ámbar tenía algo que ver, pero yo, literalmente, no podía de-
cir nada al respecto.
Por lo que todo mi tiempo lo dedicaba a tratar de hablar,
aunque sea que un solo sonido saliera de mi boca. No necesi-
taba palabras —por ahora—, solo un pequeño sonido para ha-
cerles saber a los demás que lo estaba intentando realmente
duro. Por lo menos a las enfermeras, pues no veía a nadie más
últimamente.
Cuando una de ellas vino a ponerme ese líquido ámbar una
vez más, logré que un pequeño quejido saliera de mis labios, lo
que la hizo detenerse. Me miró a directo a los ojos, como para
confirmar que no se lo había imaginado. Tragué saliva con
fuerza, intentando con más fuerza poder hablar, decir lo que
realmente necesitaba mi corazón.
—A-Alex... —dije con dificultad. La enfermera sonrió dul-
cemente, para después irse y dejarme sola una vez más.
Me sorprendí de mi propia voz, no sonaba como yo la re-
cordaba, pero eso es normal después de estar tanto tiempo sin
hablar e ingiriendo solamente sedantes, supongo. De cualquier
forma, espero haber logrado mi cometido: espero poder ver a
Alex pronto.
Lo único que logré en ese momento fue que muchos doc-
tores y enfermeras vinieran a verme, a tratar de que les diga
algo. Con el tiempo logré formar frases más completas, mucho
117
más después de que me dieran un poco de agua, pues mi gar-
ganta se encontraba muy seca después de tanto tiempo sin to-
mar nada. Logré mover el resto de mi cuerpo después de que
me dieran algo de comer, por lo que las horas pasaron sin lí-
quido ámbar para mí, por suerte.
Lo malo es que nadie me dejaba ver a Alex, por mucho que
lo pidiera a toda persona que entraba a mi habitación, que ob-
viamente se trataba del personal del hospital donde me encon-
traba. Seguía insistiendo en que quería verlo, pero continuaban
diciéndome que no era posible por el momento.
*
Las lágrimas caían por mi rostro durante la noche, mien-
tras intentaba dormir. Lloraba de pura frustración, pues, aun-
que podía mover mi cuerpo, no podía lograr que mi novio vi-
niera a verme. Además, tenía un poco de miedo de que a él le
hubiera pasado algo, que tuviera problemas y que por eso no
pudiera venir a verme.
Aunque todo comenzó con un simple sollozo, las lágrimas
fueron aumentando en intensidad hasta convertirse en un ver-
dadero torrente, tanto que comencé a ahogarme con mis pro-
pias lágrimas. Cuando una enfermera me vio en ese estado, ob-
viamente me aplicó un calmante, y me dormí prácticamente al
instante.
*
Cuando desperté una vez más a la mañana, realmente creí
que estaba soñando. O que había entrado en un maldito coma
una vez más, y mi mente estaba jugando conmigo. Pasé mis ma-
nos por mis ojos varias veces, intentando que la visión que se
encontraba frente a mis ojos desapareciera, aunque no funcio-
naba.
Alex rió frente a mí, y cuando acarició mi mejilla, supe que
no se trataba de ninguna imaginación mía: este es el verdadero,
el único, el amor de mi vida. Unas cuantas lágrimas se escapa-
ron de mis ojos, pues deseaba esto desde hace tanto tiempo
con tanta fuerza. Lo único que deseaba era verlo, nada más, y
por fin he podido realizar mi deseo.
118
Por supuesto que lo primero que hizo Alex fue limpiar mis
lágrimas de mi rostro, sonriéndome con ternura. Todavía no po-
día creer que él estuviera aquí, de verdad, de carne y hueso;
después de todo el tiempo que pasamos sin vernos. Depositó
un suave beso en mi frente, mientras yo retenía su mano entre
mi mejilla y mi hombro, para que no la quitara.
—Me dijeron que has pedido tanto por mí que no tuvieron
otra opción que dejarme entrar…—me informó en un susurro.
—He pedido verte desde que puedo hablar…—también
susurré, disfrutando plenamente de la sensación de su piel so-
bre la mía, pues realmente había extrañado…bueno, absoluta-
mente todo de él.
—Yo he querido entrar desde que te traje aquí, pero no me
lo permitían. Incluso quise sobornar a todo el hospital, pero no
me dejaban. Te extrañé tanto, mi amor.
—¿Tú me trajiste aquí? No recuerdo nada… ¿Qué pasó
con Gonzalo? Por favor no me digas que te has metido en pro-
blemas…
—No debes preocuparte por eso, bebé. Lo único que tie-
nes que saber es que mi primo está donde debería haber es-
tado hace mucho tiempo; ya no volverá a molestarnos. En
cuanto a mí, yo no tengo ningún problema más que el hecho de
que tú sigues aquí y quiero que estés bien…
—Estaré bien si tú estás conmigo. Te extrañé muchí-
simo…pensaba en ti todos los días, es lo que me dio fuerza para
huir de él…—un pequeño nudo se formó en mi garganta. —In-
cluso tuve que fingir que lo quería para poder escapar…tuve
que besarlo, y…—tragué saliva con fuerza para evitar el nudo
en mi garganta. — ¿Me perdonas, Alex? Tú sabes que yo te amo
a ti, y no podría…
—Shhh. Mi amor, ya no pienses en eso, estoy seguro que
te hará mal. Eso está en el pasado, Vic. Yo también te amo, y
ahora por fin estaremos juntos sin que nadie pueda separar-
nos.
119
—Eso es lo que más deseo…—dije con una sonrisa, ya
más relajada porque él sabía todo lo que había pasado y me ha-
bía perdonado. No podía pedir nada más.
—Para que eso suceda, necesitas recuperarte. Así volve-
remos al pent-house a vivir nuestras vidas juntos.
—Me recuperaré si tú estás conmigo, Alex. —podía sentir
el calor en mis mejillas una vez que dije eso, pero no me im-
portó.
—Créeme, una vez que me han dejado entrar aquí, no lo-
grarán sacarme ni con la policía. —me dijo sonriendo.
—Alex, ven aquí, por favor…—le pedí en un susurro.
Se inclinó hacia mí y yo junté nuestros labios en un dulce
beso. La verdad es que lo estaba besando por dos razones fun-
damentales: la primera, porque lo había extrañado y realmente
quería sentirlo cerca de mí otra vez. La segunda, porque el úl-
timo beso que había recibido era de Gonzalo, y realmente que-
ría borrar eso de mí. Alex me besó con dulzura y amor, como si
él también me hubiera extrañado mucho…y yo le creí.
120
Capítulo 26
Las enfermeras trataron de que Alex se fuera lo más
pronto posible, alegando que por mi condición yo no podía re-
cibir visitas, pero yo insistí tanto que logré que lo dejaran que-
darse conmigo. Por supuesto no podía salir fuera de la habita-
ción, y cada vez que un médico se acerque debería esconderse
en el baño privado que tengo en mi habitación, pero por lo me-
nos estaría aquí conmigo siempre. De hecho, con las enferme-
ras pudimos ponernos de acuerdo para que, en lugar de solo
traerme comida a mí, nos la trajeran a los dos.
Alex me ayudó a desayunar, pues mi mano derecha se en-
contraba totalmente envuelta en un vendaje, puesto que fue
esa la mano que utilicé para romper el vidrio. Él me explicó que
estuve en un coma por culpa de los sedantes que Gonzalo me
daba: mi cuerpo se encontraba perfectamente —excepto por
mi mano, que me había cortado una vena demasiado impor-
tante—, pero tenía un daño terrible en mi cuerpo a causa de
esos sedantes obviamente mal administrados. Por eso debía
seguir en el hospital: debía quedarme aquí hasta que todo el
sedante se fuera de mi cuerpo.
Al terminar de comer debía pedirle a Alex algo que me
avergonzaba mucho. Le di vueltas en mi mente millones de ve-
ces, de hecho, no sabía siquiera cómo preguntárselo. Quizás él
se lo tomaría de mala manera, pero luego de una media hora
dándole vueltas al asunto decidí preguntárselo de una vez. La
única forma que tenía de saber su reacción, sería arriesgán-
dome y preguntárselo.
—Alex, ¿puedo pedirte algo? —pregunté mirando hacia el
televisor que se encontraba encendido a propósito.
—Claro, amor, lo que quieras. Ya lo sabes.
—Bueno, es que no me he duchado en todo este
tiempo…Gonzalo no me permitía salir del sótano donde me te-
nía cautiva, y la verdad es que creo que necesito urgentemente
una ducha. Todavía siento sus manos sobre mí, y creo que du-
chándome se irá esta sensación de asco que tengo. Pero por el
121
problema de mí mano, no puedo hacerlo sola…—Alex me miró
con una sonrisa, y la diversión en sus ojos grises.
—¿Quieres que te ayude a ducharte? —preguntó con una
sonrisa pícara. Me ruboricé, mucho.
—No lo digas así, solo quiero que me ayudes a lavarme un
poco. Eres el único al que puedo pedirle ayuda, pues no quiero
que las enfermeras vean mis cicatrices.
—Estoy bromeando contigo, mi amor. Claro que te ayu-
daré a ducharte; y, no te preocupes, en cuanto puedas salir del
hospital, borraré cada rastro de mi primo en tu cuerpo con mis
labios. —volví a ruborizarme, esta vez con mucha más fuerza.
Me tomó por la mano izquierda, colocando su otro brazo
en mi cintura para así ayudarme a sentarme. Me puso unos za-
patos en los pies, de esos que te dan en los hospitales, para
después, con mucho cuidado, ayudarme a ponerme de pie.
Tomé el palo donde se encontraba colgada la bolsa con líquido
incoloro que se transmitía a mis venas y evitaba que me deshi-
dratara, para después, con mucho cuidado y con ayuda de mi
adorable novio, caminé despacio hasta el baño privado. Ahí me
quitó los zapatos esos, para después quitarme la bata que me
habían dado en el hospital, pues yo no tenía ropa aquí. Fue un
tanto difícil por la bolsa esa de líquido, pero al fin logró desnu-
darme. Por supuesto, si hay alguien capaz de desnudarme de
cualquier tipo de ropa, ese es Alex.
Con su ayuda entré en la ducha, sin soltar el palo que sos-
tenía la bolsa de líquido, y el agua caliente recorrió mi piel y me
relajó. Alex comenzó por lavar mi cabello rojo, que ya necesi-
taba un corte, lo que me relajó todavía más. Sentir sus manos
sobre mi cuerpo hacía que yo me relajara completamente, y
después de las últimas semanas vividas, lo que más necesitaba
en ese momento era relajarme. Al terminar con mi cabello,
tomó una pequeña esponja que había en el baño para comenzar
a enjuagar mi cuerpo con gel para la ducha. Tuvo mucho cui-
dado con mi brazo derecho para no quitarme la inyección que
hacía que ese líquido incoloro siguiera entrando por mis venas,
ni tampoco de mojar de alguna manera el vendaje que tenía en
toda mi mano.
122
La verdad es que pensé que pedirle ayuda a Alex para du-
charme sería una mala idea: seguramente él terminaría ha-
ciendo bromas estúpidas que me avergonzarían, pero fue exac-
tamente lo contrario. Él se mantuvo en silencio, lavando mi
cuerpo como si estuviera hecho de cristal y pudiera romperse
si lo tocara con demasiada fuerza.
Me ayudó a volver a la habitación y a la cama, pues no po-
día estar demasiado tiempo de pie o sentada, solo podía que-
darme recostada. Se trajo uno de los sillones de la habitación a
mi lado, y tomó mi mano sana, acariciando mis nudillos con su
pulgar, solo para hacerme saber que estaba ahí para mí por si
yo necesitaba descansar. Ya no quería descansar, había des-
cansado por demasiado tiempo, pero hubo veces en la que no
pude evitar dormirme un poco.
—Alex, quisiera saber una cosa…—comencé ya cansada
de dormir todo el tiempo. Quería comenzar a pasar tiempo con
él, aprovechar el tiempo que no tuvimos antes.
—Dime. —me contestó con una sonrisa dulce, mirándome
con esos ojos grises suyos. Me miraba como si yo fuera lo más
preciado que tiene en este mundo, y eso hacía que mi corazón
palpitara. Lamentablemente, la máquina que contaba mi pulso
me delataba, así que empezó a sonar como loca. — ¿Qué su-
cede, amor?
—Sabes malditamente bien qué es lo que sucede. —le
contesté poniendo los ojos en blanco. Soltó una pequeña risa,
y fue un sonido tan melodioso que la máquina continuó con más
fuerza. —Deja de hacer eso, mira cómo está mi corazón por tu
culpa…
—Sabes que el mío está igual, mi amor. —le puse los ojos
en blanco. —De todas formas, dime qué era lo que querías sa-
ber.
—Quería que me contaras qué has estado haciendo todo
este tiempo que estuvimos separados…es solo que estoy can-
sada de dormirme, así que quería que habláramos para ver si
puedo mantenerme despierta…—sabía que no tenía que darle
tantas explicaciones, pero de alguna forma sentía que tenía
123
que decirle que no estaba tratando de controlarlo ni nada por
el estilo. Alex soltó un pequeño suspiro.
—Bueno, tú sabes que no disfruto el pasar tiempo con mi
madre, pero casi al mismo tiempo que supe lo que estaba pla-
neando Gonzalo, ella se convenció de que nosotros no estába-
mos juntos y me dio el maldito testamento.
—¿Por qué tardó tanto tiempo en convencerse?
—Mi madre es muy inteligente, por lo que primero siempre
se asegura de todo. —se encogió de hombros. —Me hizo pasar
mucho tiempo con Darlene y su hijo…por cierto, adivina quién
es el verdadero padre de ese hijo.
—No lo sé, siempre supuse que estaba tan obsesionada
contigo que no pensé que podría estar con alguien más.
—Es mi primo.
—¿Gonzalo? —pregunté sorprendida.
—¿Acaso tengo otro primo? —me preguntó con una son-
risa.
—No lo sé. Tan solo el año pasado supe que Gonzalo era
tu primo; de hecho, solo el año pasado conocí a tu familia, y sigo
sin conocer a tu padre. Por lo que, ¿cómo podría saberlo?
—Eso es cierto, lo lamento. Sabes que no tengo una buena
relación con mi familia…—suspiró. — ¿Recuerdas que te dije
hace mucho que mis padres nunca tenían tiempo para mí, y por
eso me permitieron la emancipación? —asentí. —Bueno, la ver-
dad es que ellos siempre se avergonzaron de mí. Mi padre es
un magnate en la bolsa, ¿sabes? Hace millones con tan solo un
llamado, y siempre quiso que yo siguiera sus pasos. Nunca
aceptó que yo quisiera ser músico, de hecho, al día de hoy si-
gue sin querer verme.
—¿Esa es la razón por la que no estaba en ese almuerzo
familiar de tu madre? ¿Solo porque no hiciste con tu vida lo que
él quería que hicieras?
—Sí. Se asegura de no estar en la casa cuando mi madre
quiere que yo vaya. Siempre, desde que yo quise empezar a es-
tudiar canto, guitarra, piano, mis dos padres se avergonzaban,
124
pero me dejaron hacerlo porque pensaron que era un capricho
que se pasaría con el tiempo. —soltó una risa un tanto amarga.
—Los dos les decían a sus amigos que yo iba a clases avanza-
das de economía en lugar de estudiar música. Cuando llegó mi
anteúltimo año de secundaria, y les dije que quería emanci-
parme para poder dedicarme a la música, ellos se burlaron. Di-
jeron que volvería a ellos en cuestión de unos pocos meses,
nunca me tomaron en serio. Ahora que hago millones, como
ellos, mi madre decidió que quiere incluirme en su círculo so-
cial, pero mi padre no quiere saber nada de mí.
—No tenía idea, amor. ¿Cómo te sientes al respecto? —
pregunté acariciando su mano.
—Yo no quiero saber absolutamente nada de ellos dos. Si
no me quisieron cuando no era nadie, ahora que soy una estre-
lla tampoco. Pero es mi madre, después de todo. No puedo sim-
plemente ignorarla, no soy un monstruo…
—Sé que no lo eres. Pero creo que hemos pasado dema-
siado tiempo haciendo cosas que no queríamos hacer para lo-
grar nuestro cometido. Es tiempo de que tengamos tiempo para
lo que nosotros queramos hacer, ¿no te parece?
—Claro que sí, mi amor. —entrelazó nuestros dedos, mi-
rándome a los ojos. —De hecho, creo que una vez que te dejen
salir de aquí, deberíamos ir al campo. Estás aquí por él, así que
creo que es justo, ¿no?
—Sí, me encantaría poder escaparnos de todo. —le con-
testé con una sonrisa, tratando de aligerar el ambiente.
Sin embargo, era evidente la tensión entre nosotros. El
tema que habíamos hablado lo había puesto muy nervioso, y yo
la verdad ya estaba empezando a sentirme cansada una vez
más, por lo que no podía hacer mucho por él, aun cuando me
encantaría hacerlo.
125
Capítulo 27
Pasé un mes dentro del hospital sin poder ver a nadie más
que a Alex que estaba ahí y no se iba por nada del mundo. Ni
siquiera se fue para traerme ropa con la cual pudiera salir del
hospital una vez que me dejaron salir: mandó a uno de los guar-
daespaldas a que me la trajera.
Me ayudó a vestirme, aunque fue un poco dificultoso por
el vendaje en mi mano. Aunque me dejaban irme a casa, solo
podía quedarme recostada, y debía cambiarme el vendaje de
mi mano por lo menos dos veces al día, poniéndome una crema
cicatrizante para mejorar la coagulación de mi herida. Trató de
no tocar mi vendaje, pero en cuanto mi ropa presionó un poco
la herida, no pude evitar soltar un pequeño quejido de dolor,
preocupándolo. Pero sinceramente, no había nada que él pu-
diera hacer, aun cuando se culpara por el hecho de que Gon-
zalo me haya secuestrado.
*
Muchos periodistas estaban esperando fuera del hospital
para vernos, para tratar de averiguar cómo es que estamos jun-
tos una vez más si nos habíamos separado. Una de las cosas
que había aprendido de Alex en la gira es que, cuando los pe-
riodistas te esperan, no les respondas nada, solo sonríe y deja
que los guardaespaldas te abran paso. Por lo que, me puse
unas gafas de sol, forcé una sonrisa en mi rostro y Alex y yo
salimos del hospital abrazados, sin responder ni una sola pre-
gunta. Aunque he de decir que algunas de ellas eran ridículas:
me preguntaban si Alex me había pegado, si estaba embara-
zada, si había abortado, si me había peleado con alguien a gol-
pes…infinidades de estupideces, pero me mantuve con mi son-
risa hasta que llegamos a la camioneta negra con los vidrios
tintados para que no se pudiera ver hacia dentro.
Una vez en la seguridad de la camioneta, me quité las ga-
fas y miré a Alex con una sonrisa un tanto cansada. Él se dis-
culpó, pero no hacía falta la verdad: yo sabía todo esto cuando
decidí que mi novio fuera la estrella de rock del momento. Volví
126
a ponerme las gafas y sonreír una vez más al llegar al pent-
house, pues ya todos sabían dónde vivíamos.
Aunque a los dos nos hubiera gustado irnos directamente
al campo, yo no podía viajar por lo menos hasta dentro de dos
semanas, por lo que necesitábamos quedarnos en el pent-
house hasta que yo estuviera lo suficientemente curada como
para viajar. Por supuesto que mis cosas ya se encontraban
aquí: como siempre Alex se las arreglaba para traer mis cosas
a donde él quisiera sin que yo tuviera que ocuparme de nada.
Supongo que algunas cosas nunca cambian.
Me cambié a una ropa un poco más cómoda para poder
estar en la cama, pues es el único lugar donde podría que-
darme hasta que la herida de mi mano sanara un poco más. Por
lo menos no debía cambiarme el vendaje ahora, pues las enfer-
meras ya se habían encargado de eso antes de que me dejaran
irme del hospital.
*
Alex se quedó a mi lado en la cama en todo momento, in-
cluso cuando me trajeron algo de comer, y también cuando el
timbre de nuestra casa sonó. Luego de unos minutos, Miranda
y Damian entraron en nuestra habitación; la primera corrió a
abrazarme con fuerza, incluso lloró un poco mientras me abra-
zaba. La consolé como pude, aunque en realidad no me dejaba
mucho espacio para respirar con su abrazo tan fuerte, y solo
podía usar una mano.
Al final fue Damian quien tuvo que apartarla de mi lado, en
cuanto se hizo evidente que no había signos de que fuera a sol-
tarme. La verdad es que me emocionaba un poco que ella se
pusiera así por mí; a decir verdad, ella es más que mi mejor
amiga, es como la hermana que nunca tuve. Pero traté de man-
tener una sonrisa en mi rostro, pues ella ya se encontraba llo-
rando, así que necesitaría que yo estuviera fuerte para ella.
Cuando Miranda se hubo calmado, se sentó a mi lado en
la enorme cama, tomando mi mano sana entre sus manos. Fue
solo en ese momento en el que Alex se fue de la habitación, no
127
sin antes recordarme millones de veces que lo llamara si nece-
sitaba lo que fuera.
—Veo que estás muy bien cuidada, Vicky. —me dijo Mi una
vez que los chicos salieron de la habitación. No pude evitar son-
reír con ternura: Alex es el tesoro más precioso que la vida ha
podido regalarme.
—Se ha negado a dejar mi lado desde que lo dejaron en-
trar a la habitación del hospital. No sé cómo has logrado que se
fuera ahora mismo. —solté una pequeña risita.
—Sí, lo sé. Por cierto: estoy muy enojada con el hecho de
que solo pidieras verlo a él y no a mí. —dijo fingiendo estar
enojada.
—Lo lamento, pero él estuvo en peligro por mí. Tenía
miedo de que Gonzalo le hubiera hecho algo en su locura. Una
vez que vi que se encontraba bien, quise ver a alguien más,
pero solo permitían a una persona en mi habitación; ya te dije,
él no quiere dejarme.
—No tienes que darme explicaciones. —dijo riendo. —
Pero por favor, no vuelvas a hacer una locura como la que hi-
ciste. Estuvimos buscándote por semanas. No quisimos decirle
nada a Alex para no preocuparlo, pero nos estábamos vol-
viendo locos; el último mensaje que me enviaste decía que ya
habías llegado a la casa de Gonzalo, y luego ya no pudimos lo-
calizar tu teléfono.
—Estoy segura de que Gonzalo lo rompió, o lo escondió
en algún lado. No sé qué ha sucedido con las pertenencias que
tenía conmigo en ese momento. Él me mantenía sedada todo el
tiempo, así que no sé en realidad cuánto tiempo ha pasado
desde ese mensaje…
—Oh, Vicky, debes de haber sufrido mucho. ¿Él te obligó
a hacer algo? —preguntó con algo de recelo.
—No me ha violado ni nada por el estilo. Pero sí tuve que
fingir que seguía enamorada de él…y tuve que besarlo para po-
der escapar.
128
—Lo bueno es que todo terminó, y ya estás aquí con noso-
tros. Supe desde un primer momento que no era una buena
idea…
—Haría cualquier cosa por Alex, Mi. Si fuera necesario,
me alejaría de él para siempre para que sea feliz. —miré hacia
abajo, pues como siempre, me avergonzaba decir ese tipo de
cosas a alguien que no sea Alex.
Miranda y yo estuvimos mucho tiempo hablando, hasta
que llegó el momento de cambiarme el vendaje de mi mano.
Alex se disculpó por molestarnos —aunque estoy segura de
que se moría de ganas de entrar aquí mucho tiempo antes—, y
me ayudó a levantarme de la cama para dirigirnos al baño. Esta
es la parte que más odio de mis cuidados: sé que me dolerá, y
sé que Alex se preocupará, aun cuando no hay nada que él
pueda hacer para disminuir mi dolor.
Nunca lo había visto tocar algo con tanto cuidado como
cuando me quitó el vendaje de mi mano. Hizo una mueca en
cuanto vio la herida abierta de mi mano, pero se mantuvo con-
centrado en su tarea sin pronunciar palabra. Solté un quejido
cuando colocó la crema cicatrizante sobre mi herida, y por un
segundo, clavó sus hermosos ojos grises preocupados en los
míos. Sin embargo, pronto continuó con su tarea, y vendó mi
mano con firmeza, pero con cuidado para causarme el mínimo
dolor posible.
Al terminar con mi vendaje, dejó todos los instrumentos
que había utilizado a un costado, para después tomarme con
fuerza por la cintura y besarme con aun más fuerza. Hace mu-
cho tiempo que no me besaba de esa forma tan animal, pues
siempre tenía miedo de hacerme daño, y la verdad es que dis-
fruté tanto ese beso que cualquier dolor que pudiera sentir,
desapareció instantáneamente.
129
Capítulo 28
Cuando las dos semanas pasaron, y convencí a Miranda
de que nada malo me pasaría, Alex y yo dejamos la ciudad,
donde los periodistas acampaban fuera de nuestro pent-house
para ver si podían conseguir una foto nuestra, para dirigirnos a
la paz y tranquilidad del campo. Estaba muy emocionada poder
estar a solas con él, por encontrar la paz que tanto nos hacía
falta después de todo lo que habíamos vivido. Además, había-
mos pasado tantas cosas horribles por conseguir tener este lu-
gar para nosotros, que nos merecíamos pasar algo de tiempo
aquí los dos solos.
Todo comenzó mal, pues no podíamos venir en coche aquí
ya que los periodistas lo tienen identificado, y ninguno de los
dos quería que alguien más supiera de este lugar, que es pura-
mente nuestro. Alex lo arregló rápidamente, no obstante, y
rentó un helicóptero para que los dos pudiéramos aterrizar di-
rectamente en el campo, sin que nadie más que nuestros alle-
gados supieran dónde nos encontrábamos.
Abigail se alegró mucho de vernos juntos cuando llega-
mos, pues ella tenía la versión de los medios de nuestra rela-
ción: que nos habíamos separado, y que mágicamente después
de unas semanas habíamos vuelto a ser una pareja, aunque to-
davía seguían tratando de averiguar el motivo por el cual había-
mos regresado. El que más peso tenía era el de un supuesto
embarazo mío; pero ninguno de nosotros dijo nada a la prensa.
Nos mantuvimos en silencio por nuestro propio bien, y por el
bien de la familia de Alex, a decir verdad.
El día se encontraba maravilloso para salir a caminar por
entre los árboles del campo, pero ya que yo no podía caminar
demasiado, Alex sugirió que podíamos dar una vuelta a caballo.
La verdad es que nunca había montado en mi vida, por lo que
Alex montó en un caballo precioso de color marrón, para des-
pués subirme a mí delante de él. Él era quien montaba, yo solo
me encontraba sentada en el lomo del caballo con mis piernas
hacia el costado, sosteniéndome de lo que podía, pero también
me estaba divirtiendo como nunca. Alex es realmente habili-
130
doso en esto —como en todo lo que hace, a decir verdad—, aun-
que llevábamos un ritmo muy lento: el caballo solo caminaba
tranquilamente por los claros entre los árboles.
Terminamos nuestro hermoso paseo en la colina donde él
me había pedido ser su novia la primera vez, con un picnic que
él ya tenía preparado ahí para nosotros. Dejó al caballo atado
en el único árbol que había en esa colina, para después des-
montar, y luego ayudarme a bajar a mí. Nos sentamos a comer
la, como siempre, exquisita comida de Abigail, y me di cuenta
de que tenía mucha hambre.
—¿Cómo estás, bebé? ¿Te duele algo? —me preguntó
Alex una vez que habíamos terminado de comer. Desde que le
conté detalladamente lo que había pasado con Gonzalo, no ha
vuelto a llamarme ‘mi amor’ ni nada parecido, y, a decir verdad,
lo extrañaba.
—Estoy…—solté un suspiro, pensando en lo mucho que
me gusta cuando él me dice ‘mi amor’. —…perfecta. Real-
mente, no tienes que preocuparte tanto, amor. —vi cómo se
tensaban sus hombros por mi apodo, pero trató de disimularlo.
—Siempre me preocuparé por ti. Eres mi vida, no puedo
dejar que algo malo te pase. —se encogió de hombros, mirando
hacia abajo.
—Eso es una visión un poco inocente de la vida, ¿no
crees? Siempre existirá algo malo, porque la vida se compone
de cosas buenas y malas. Creo que nos hacemos más fuertes
cuando las situaciones malas suceden; en esos momentos sa-
bemos quiénes están de verdad ahí para nosotros. —también
me encogí de hombros.
—Eso es muy profundo, pero en la vida real, es una mierda
ver a la persona que amas sufrir.
—Lo sé. —le dije con una sonrisa. —Pero dejemos de ha-
blar de eso, por favor. Me encanta estar aquí contigo, estoy
completamente feliz, y no quiero pensar en nada más que no-
sotros dos.
El día era demasiado perfecto como para arruinarlo con
eso.
131
*
Me sorprendí con lo rápido que se curaba mi mano, y aun-
que necesitaba seguir cambiando mi vendaje cada cierto
tiempo, ya casi ni dolía cuando me ponía la crema cicatrizante.
Incluso había veces en las que me aliviaba ponerme esa crema
en mi mano, hacía que ardiera mucho menos. Además de que
me ayudaba para que yo pudiera utilizar mi mano y no necesi-
tara tanto a Alex para actividades cotidianas.
La noche ya había caído, y aunque yo quería acampar
afuera para poder ver las estrellas, la temperatura había des-
cendido demasiado como para poder estar afuera sin enfer-
marse, y Alex debe cuidar su garganta por ser cantante. Me
puse mi ropa para dormir que consistía solamente de una re-
mera de Alex gris sobre mi ropa interior, y salí a la habitación,
donde mi sexy novio se encontraba con su guitarra y su torso
desnudo.
Me acerqué al sillón donde se encontraba sentado, y pasé
mis manos por su torso desnudo, acariciando sus fuertes
músculos. Alex dejó la guitarra a un costado y besó mi mano
izquierda, soltando un suspiro. Continué acariciando su torso,
mientras depositaba suaves besos en su hombro, su clavícula,
su cuello, el hueco detrás de su oreja, para después mordis-
quear con suavidad el lóbulo de su oreja.
Alex tiró la cabeza hacia atrás para mirarme, y yo continué
besando su mandíbula, su mejilla, para después besarlo en los
labios con mucha suavidad, apenas una presión de mis labios
sobre los suyos. Desde ese primer día en el pent-house, nues-
tros besos no habían sido más pasionales que estos pequeños
contactos, y ya estoy cansada de eso. Quiero olvidar todo lo
que ha pasado y recuperar a mí hombre, ese que todo lo que
hace, lo hace con pasión. Pero, ¿podía forzarlo a hacer algo
que no quería? Por supuesto que no.
De todas formas, ayudándome un poco en sus hombros,
un poco salté la cabecera del sillón, arrodillándome a su lado,
sentándome sobre mis talones. Me observó con una pequeña
sonrisa, conociendo de sobra mis intenciones, pero las dejé de
lado en cuanto noté lo cansado que se veía su rostro. Acaricié
132
su mejilla, y tomé su mano con la otra, mirándolo preocupada.
Tomó mi mano vendada con la mano que tenía libre, mirándola
por un momento para luego volver a levantar la vista hacia mis
ojos.
—¿Qué sucede, amor? —tensó sus hombros una vez más
cuando lo llamé de esa forma, pero no movió su vista de la mía.
—Sé que tú no piensas lo mismo, pero me molesta que tú
hayas sufrido por mi culpa. —solté un suspiro. —Ya sé lo que
dirás, pero yo me siento así. No puedo evitarlo.
—Primero que nada, yo ya no estoy sufriendo. Mi herida
está prácticamente cerrada, y la crema cicatrizante ayuda mu-
cho a que no me moleste en absoluto. Segundo, ¿no podemos
olvidarlo? Pasé unas…lo que supongo fueron semanas, horri-
bles, pero ya pasaron. Estamos los dos juntos, y eso es lo único
que me importa. —ya había hecho este discurso millones de ve-
ces, pero él seguía con su postura. —Además, tú fuiste el pri-
mero que me dijo que podía olvidarme de todo eso…
—Lo sé, pero siento que no hice lo suficiente. Sufriste todo
eso porque yo amo este campo, y no quisiste entender que te
amo más a ti. Ahora tengo que ver todos los días lo que has su-
frido por eso, y quiero matar a mi primo.
—Tú mismo lo estás diciendo, Alex. Fue mí decisión. Una
decisión terrible, no hay duda, pero mía solamente. Tú no me
obligaste a nada. No puedes culparte a ti mismo por algo que
yo decidí hacer. Además, yo conocí a tu primo antes que a ti,
así que tampoco puedes decir que lo conocí por tu culpa. Nada
de esto es tu culpa, Alex, entiéndelo. —mi voz se quebró al final.
Quité mis manos de las suyas para cruzarme de brazos. Él
apoyó uno de sus brazos en el respaldo del sofá, y con su otra
mano acarició mi mejilla.
—Siento que siempre es tan difícil que estemos juntos…no
entiendo por qué. —muchas veces he hecho la misma reflexión
en mi mente.
—Yo tampoco lo sé. —me encogí de hombros.
133
—A veces pienso que estaríamos mejor separados…—me
quedé de piedra con esa frase. Tuve que bajar la mirada y tra-
gar varias veces para quitar el nudo en mi garganta.
—¿Quieres que nos separemos? —me armé de valor para
escuchar su respuesta. Eso es lo último que pasaría por mi
mente: yo lo amo, y sé de sobra cómo se siente estar separada
de él como para hacerlo una vez más. Pero si eso es lo que él
quiere, yo no me interpondré en su camino. Si lo hace feliz, yo
lo hago, no importa si yo me siento una mierda en el proceso.
—No, claro que no. Te amo. —acarició mi mejilla, pero to-
davía no pude juntar el valor suficiente para mirar sus ojos. —
Mírame, Vic. —tardé unos minutos en completar esa petición.
Sus ojos grises estaban brillantes. —No quiero separarme de
ti, de hecho, si hay algo que todo esto me ha enseñado, es que
no quiero una vida sin ti. Pero no puedo evitar preguntarme por
qué siempre hay alguien que quiere separarnos, sin importar lo
que nosotros dos queramos.
—¿Qué es lo que tú quieres? Porque eso es lo único que a
mí me importa.
—Yo quisiera vivir contigo aquí, donde nadie nos molesta.
Pero este no es el mundo real; yo tengo que trabajar, tú quieres
estudiar. En algún momento debemos volver al mundo real, y
me da mucho miedo perderte por ese mundo que no nos quiere
juntos.
—Entonces, ¿piensas que es mejor que nos separemos
por nuestra decisión antes de que el ‘mundo real’, como tú lo
llamas, lo haga por nosotros?
—No, no. —soltó un suspiro, volviendo a recostar su es-
palda en el respaldo del sillón. Sin embargo, con la mano que
se encontraba en el respaldo, acarició mi hombro cubierto por
su remera. —No quiero que nos separemos. No quiero. Es jus-
tamente por eso que tengo miedo de que suceda, aún si yo lo
quiero o no. —solté un suspiro.
—Yo estoy segura de lo que quiero. Tengo otras metas,
pero lo que yo quiero es estar contigo, y estoy segura de eso,
sin importar lo que pase. —me puse de pie, dándole la vuelta al
134
sofá y dirigiéndome a la cama. —Piensa qué es lo que tú quie-
res, y luego dímelo. Creo que es lo más justo que me informes
si no quieres lo mismo que yo. —me estaba comportando como
una perra sin sentimientos, pero tenía que proteger mis senti-
mientos. Sé demasiado bien cómo se siente un corazón roto, y
no quiero sentirlo una vez más. Me sorprendí cuando me detuvo
a mitad de mi camino.
—¿No has escuchado nada de lo que te he dicho? —pre-
guntó mirándome directamente a los ojos. —Te amo, Victoria.
Es porque te amo tanto que siento tanto miedo.
—No puedes dejar que ese miedo te venza, Alex. Si lo ha-
ces, nos separaremos ante el primer problema que tengamos.
—dije descansando mis manos en sus hombros. —Tenemos
que estar juntos en esto, porque no podemos dejar que nos se-
paren.
—No lo haré. Te lo prometo. No dejaré que nos separen.
Me puse en puntas de pie para besar sus labios. Me tomó
por la cintura con fuerza, pegándome a su cuerpo, y mis inten-
ciones anteriores volvieron con más fuerza. Di un pequeño
salto para después cruzar mis piernas en su espalda, y él co-
locó sus manos en mis muslos para sostenerme.
Me llevó de esa forma a la cama, donde me recostó y se
recostó sobre mí, sin romper nuestro beso que ahora se había
convertido en total y completamente animal y pasional. Aunque
sé muy bien que esto no quiere decir nada, porque más de una
vez me ha rechazado después de volverme literalmente loca.
Abrí mi boca para después unir nuestras lenguas, mientras que
mis manos recorrían su cuerpo que prácticamente ya conozco
de memoria.
Nuestras pelvis chocaron, y pude sentir que él se encon-
traba tan excitado como yo lo estaba, pero una vez más, eso no
quiere decir nada cuando se trata de mi adorado novio. Sus ma-
nos recorrieron mis piernas desnudas con avidez, pues siem-
pre le han gustado desde la primera vez que nos vimos. Yo por
mi parte recorrí con mis manos cada parte de su cuerpo que
nuestra posición y nuestro beso me lo permitía.
135
Se separó de mis labios para quitar de mi cuerpo su re-
mera, dejándome solamente en mi culote, pues no usaba suje-
tador para dormir. La acción evidentemente rompió con nues-
tro beso, pero me alegré, porque en ese momento pude ver en
sus ojos grises que él necesitaba sentirme a mí tanto como yo
necesitaba sentirlo a él.
Me arrodillé en la cama para juntar nuestros labios una
vez más, y él me correspondió mientras pegaba su cuerpo al
mío y volvía a recostarme en la cama. Sin dudarlo le quité su
pantalón gris, que siempre usaba para dormir, sorprendién-
dome cuando noté que no llevaba ningún bóxer. Por lo general,
siempre usaba un bóxer debajo de ese pantalón; ese simple he-
cho me alegró un montón, solo porque me hizo darme cuenta
de lo mucho que me necesitaba.
Quitó lo que quedaba de ropa en mi cuerpo, para después
besar con sus labios cada rincón de mi ser. Sentí en ese mo-
mento que estaba besando mi alma, y que estaba cumpliendo
la promesa que me había hecho en el hospital: estaba borrando
cualquier huella que su primo hubiera dejado en mi cuerpo.
Cuando ya estaba a punto de volverme loca por sus besos,
se separó un poco de mi cuerpo para tomar un condón del ca-
jón de la mesa de noche a un lado de la cama y ponérselo, mi-
rándome a los ojos en todo el proceso. Podría derretirme con
solo esa mirada.
Colocó sus manos a cada lado de mi cabeza para soste-
nerse, y sin dejar de mirar mis ojos, entró en mí, haciéndome
gemir con fuerza. Continuó mirándome a los ojos mientras se
movía dentro y fuera de mí, y aunque me encantaría poder man-
tener su mirada y ver sus facciones mientras tenemos sexo, el
placer no me lo permitía.
Sin embargo, no pude evitar abrir los ojos como platos
cuando, apoyando su frente sobre la mía, susurró:
—Te amo, mi amor.
136
Mi corazón comenzó a latir con mucha más fuerza de lo
que ya lo estaba haciendo, y mis ojos casi se llenaron de lágri-
mas al oírlo llamarme así una vez más. Lo abracé con fuerza,
emocionada y llena de amor dentro de mí.
—Yo también te amo, Alex. —le contesté cuando pude re-
cuperarme.
Me sonrió con ternura mientras continuaba moviéndose
dentro de mí. Besó mis labios con fuerza, y yo se lo corres-
pondí, pero tuve que separarme de él cuando sentí dentro de
mí que mi orgasmo se aproximaba. Los dos terminamos juntos,
en un estallido de placer y al mismo tiempo de amor.
La vida me ha quitado muchas cosas. He pasado por mu-
chas situaciones difíciles, no solo con extraños, sino con mi
propia familia. Sin embargo, en cuanto Alex apareció en mi
vida, todo eso cambió completamente. Él le dio un giro de 180°
a mi vida, y la verdad es que no puedo pensar en una mejor
forma de vivir: junto al hombre que amo y que por algún milagro
también me ama.
137
Epílogo
Sonreí mientras observaba desde un costado del escena-
rio cómo los chicos de Soulless prácticamente daban su vida
en el escenario en el último concierto de la gira que ahora es-
taban completando. Las mujeres se volvían locas, gritándoles
todo lo que les harían a los chicos, además de que varias les
arrojaban, entre otras cosas, ropa interior. Los periodistas gri-
taban para poder sacar una buena foto del último concierto de
una de las tantas giras que Soulless haría en los próximos años,
y muchos de ellos ya se encontraban afuera para cuando todos
salgamos de aquí, aproximadamente una hora y media después
de que Alex diera su habitual discurso de despedida. Pero nada
de eso podía arruinarme esta maravillosa noche: ver al hombre
que amo hacer lo que más le apasiona en la vida es lo más ma-
ravilloso que me ha podido pasar en mi vida hasta ahora. Mucho
más teniendo a Miranda y a Franco a mi lado, viendo a sus res-
pectivos novios.
Cuando terminaron la canción que estaban cantando —la
última de las últimas— todo quedó en silencio por unos minutos
en el escenario, pues los gritos de las fanáticas no cesaban. Se
apagaron todas las luces del escenario, lo que llamó mi aten-
ción, pues Alex no se había despedido de sus fanáticas, y eso
es algo que siempre hace.
De repente, una luz azul se instaló sobre Alex, quien ahora
se encontraba sentado en un banquillo con una guitarra acús-
tica en sus manos. Me sorprendí porque él no suele tocar nin-
gún instrumento en los conciertos, solo lo hace cuando está
componiendo. Tomó el micrófono con su mano, que ahora se
encontraba en un pie, y lo acercó un poco más a él.
—Como todos saben, este es el último concierto de Sou-
lless en esta gira. —comenzó con una sonrisa que podía robarle
el aliento a cualquiera, incluso a mí, que ya estoy más que acos-
tumbrada a verlo sonreír. —Por lo tanto, los chicos y yo quería-
mos hacer algo especial para la última canción que tocaremos,
y darles una sorpresa. No solo a ustedes, sino que también le
daremos una sorpresa a mi hermosa y flamante prometida. —
todos suspiraron con sorpresa, para después volver a gritar
138
como locos. Miranda me codeó a mi lado, yo no podía quitar la
sonrisa estúpida de mi rostro. —¿No les había dicho que vamos
a casarnos? Lo siento, amor, te robé la sorpresa. —dijo mi-
rando directamente hacia mí desde el escenario. Negué con la
cabeza, sonriendo. —De todas formas, quería darle un regalo
de compromiso a mi hermosa Vic, a quien todos ustedes cono-
cen, por supuesto, y mis amigos decidieron ayudarme. Como
siempre, el mejor regalo que puedo ofrecerte es una canción,
amor, así que espero que te guste.
Contuve la respiración una vez que comenzó a rasgar con
suavidad las cuerdas de su guitarra. La canción comenzó lenta,
con solo la guitarra de Alex sonando, y en el estribillo se unie-
ron todos los chicos con sus instrumentos:
Cuando te vi por primera vez,
Supe que había algo en ti,
Que nunca podría olvidar.
Supe que había algo en ti,
Que haría a mi corazón palpitar.
140
¡Inseparables! (inseparables, inseparables)
Inseparables, inseparables,
Somos…somos…
Inseparables.
FIN
141
142
Libros en la colección
Inevitable (Inevitable, #1)
Inseparable (Inevitable, #2)
143
Agradecimientos
Quisiera agradecer a cada persona que se tomó el tiempo
de leer este libro y el anterior. Espero que hayan disfrutado de
los dos libros por lo menos la mitad de lo que yo disfruté escri-
biéndolos.
También espero que continúen apoyándome en mis próxi-
mos proyectos, que ya se encuentran en marcha.
Muchas gracias a todos.
144
Contacto
Para contactar con la autora existen dos vías:
A través de Twitter: @falltoyourfeet1
A través del blog de la autora:
[Link]
145