0% encontró este documento útil (0 votos)
1 vistas3 páginas

Ficha IV Introducción A Sócrates

Sócrates, filósofo griego del siglo V a.C., es fundamental en la historia del pensamiento occidental, centrando su reflexión en la ética y el ser humano. A través del diálogo socrático, utilizaba la ironía para cuestionar a sus interlocutores y evidenciar su ignorancia. En su defensa ante las acusaciones, Sócrates argumenta que su sabiduría radica en reconocer su propia ignorancia, lo que le ha ganado enemigos y calumnias.

Cargado por

rolando
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
1 vistas3 páginas

Ficha IV Introducción A Sócrates

Sócrates, filósofo griego del siglo V a.C., es fundamental en la historia del pensamiento occidental, centrando su reflexión en la ética y el ser humano. A través del diálogo socrático, utilizaba la ironía para cuestionar a sus interlocutores y evidenciar su ignorancia. En su defensa ante las acusaciones, Sócrates argumenta que su sabiduría radica en reconocer su propia ignorancia, lo que le ha ganado enemigos y calumnias.

Cargado por

rolando
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Prof.

Juan González Unidad 1: La Filosofía como pensar crítico y problematizador

Ficha IV: Introducción a Sócrates nn

BIOGRAFÍAhhh

(Atenas, 470 a.C. - id., 399 a.C) Sócrates fue un filósofo


griego. Pese a que no dejó ninguna obra escrita y son escasas
las ideas que pueden atribuírsele con seguridad, Sócrates es
una figura capital del pensamiento antiguo, hasta el punto de
ser llamados presocráticos los filósofos anteriores a él.
Rompiendo con las orientaciones predominantes anteriores,
su reflexión se centró en el ser humano, particularmente en
la ética, y sus ideas pasaron a los dos grandes pilares sobre
los que se asienta la historia de la filosofía occidental: Platón, que fue discípulo directo suyo, es de quien
tenemos la mayor cantidad de información sobre su pensamiento.

En sus conversaciones filosóficas, al menos tal y como quedaron reflejadas en los Diálogos de Platón, Sócrates
sigue, en efecto, una serie de pautas precisas que configuran el llamado diálogo socrático. A menudo
comienza la conversación alabando la sabiduría de su interlocutor y presentándose a sí mismo como un
ignorante: tal fingimiento es la llamada ironía socrática, que preside la primera parte del diálogo. En ella,
Sócrates proponía una cuestión (por ejemplo, ¿qué es la virtud?) y elogiaba la respuesta del interlocutor, pero
luego oponía con sucesivas preguntas o contraejemplos sus reparos a las respuestas recibidas, sumiendo en la
confusión a su interlocutor, que acababa reconociendo que no sabía nada sobre la cuestión.

INTRODUCCIÓN A LA “APOLOGÍA DE SÓCRATES”

—SÓCRATES: Atenienses, mis acusadores hablaron de forma muy convincente, y casi logran hacerme creer
sus palabras. Pero la verdad es que no dijeron nada verdadero. (...) Solo les pido que no se fijen en mi forma de
hablar, sino en si lo que digo es justo o no. Porque la tarea del juez es juzgar con verdad, así como la del orador
es decir la verdad. (...) Debo comenzar respondiendo a mis primeros acusadores. Ellos dijeron que existe un tal

1
2

Sócrates que investiga lo que ocurre en el cielo y bajo la tierra, y que convierte las malas causas en buenas. (...)
Quienes difundieron esos rumores son mis acusadores más peligrosos, porque convencieron a muchas personas
de que quienes investigan esas cosas no creen en los dioses. (...) Además, quienes inventaron esas acusaciones
ni siquiera están aquí para responder por ellas. Por eso tengo que defenderme “contra una sombra”, sin poder
enfrentar directamente a mis acusadores. (...) Debo enfrentar dos tipos de acusadores: los antiguos, que
hablaron mal de mí durante años, y los actuales, que me trajeron hoy ante el tribunal. Y debo responder
primero a los antiguos, porque fueron los que más influyeron sobre ustedes.

—ACUSADOR: Sócrates es un impío; investiga cosas peligrosas, convierte las malas causas en buenas y
enseña esas doctrinas a los demás.

—SÓCRATES: Yo nunca me dediqué a esas ciencias, y muchos de ustedes pueden dar testimonio de ello.
Jamás me escucharon hablar de esas cosas. Y también es falso que enseñe cobrando dinero. (...) No digo esto
porque me parezca malo enseñar. Sofistas como Gorgias, Pródico o Hipias cobran por enseñar y son admirados
por muchos jóvenes. Pero yo no poseo esa habilidad.

(...) Escuché decir que había venido aquí un hombre de Paros muy hábil. Un día, estando en casa de Calias, que
gasta más dinero en sofistas que cualquier otro ciudadano, le pregunté: “Calias, si tus hijos fueran potros o
terneros, ¿no buscaríamos a alguien experto y le pagaríamos para que los hiciera lo mejores posible? Entonces,
ya que tus hijos son hombres, ¿qué maestro les enseñará ser buenos ciudadanos?”. Calias me respondió:
“Éveno, Sócrates; es de Paros y cobra cinco minas”. Entonces pensé que Éveno debía ser muy afortunado si
realmente poseía ese talento y podía enseñárselo a otros.
En cuanto a mí, atenienses, me sentiría orgulloso y feliz si tuviera esa capacidad, pero no la tengo. Quizá alguno
de ustedes me pregunte: “Sócrates, ¿qué haces entonces? ¿De dónde vienen todas estas acusaciones contra ti?
Porque si hubieras vivido como cualquier otro ciudadano, no se habrían extendido tantos rumores”. Y me
parece una pregunta justa. Por eso voy a explicarles qué fue lo que me dio tan mala fama y volvió mi nombre tan
conocido. Escúchenme bien, porque les diré solamente la verdad. (...) La fama que pude haber ganado no tiene
otro origen que una cierta sabiduría que hay en mí. ¿Y cuál es esa sabiduría? Tal vez sea solamente una
sabiduría humana. Quizá yo sea sabio solo en ese sentido, mientras que otros poseen una sabiduría superior.
(...) Sobre esa otra sabiduría no puedo decir nada, porque no la conozco. Y quienes dicen que yo la poseo
mienten y solo intentan calumniarme. (...) Para explicarles en qué consiste mi sabiduría, tomaré como testigo al
dios de Delfos. Ustedes conocieron a Querefon, amigo mío desde joven. Un día fue al oráculo y preguntó si
existía alguien más sabio que yo. Y la respuesta fue que no.

2
3

(...) Cuando escuché eso pensé: “¿Qué quiere decir el dios? Porque yo sé muy bien que no tengo una gran
sabiduría”. Durante mucho tiempo traté de entender el sentido de esas palabras. (...) Entonces decidí poner a
prueba el oráculo. Fui a hablar con uno de los hombres más famosos y respetados de Atenas, un político al que
todos consideraban muy sabio. Yo creía que allí encontraría a alguien más sabio que yo y así demostraría que el
oráculo estaba equivocado. (...) Pero al conversar con él descubrí algo distinto: todos creían que era sabio, él
mismo también lo creía, pero en realidad no sabía tanto como pensaba. (...)

Cuando intenté hacerle ver eso, comenzó a odiarme, y también me odiaron muchos de los que estaban
presentes escuchando la conversación. (...) Entonces pensé: “Quizá yo sea más sabio que este hombre”. Tal vez
ninguno de los dos sepa realmente qué es lo bueno o lo bello; pero hay una diferencia: él cree saber aunque no
sabe, mientras que yo, como no sé, tampoco creo saber. Y quizá esa sea mi pequeña sabiduría. (...) Después
hablé con otros hombres considerados sabios y descubrí lo mismo. Así fui ganándome enemigos. Pero seguí
investigando porque creía que debía obedecer al dios y comprender el sentido del oráculo. (...) Fui entonces de
casa en casa hablando con políticos, poetas y otras personas famosas por su sabiduría. Y descubrí que muchas
veces quienes parecían más sabios sabían menos que otros más simples. (...) También comprendí que los poetas
escribían cosas hermosas más por inspiración que por verdadera sabiduría, aunque luego creían saber sobre
todos los temas. (...) De estas investigaciones nacieron muchos odios y calumnias contra mí. Porque quienes me
escuchaban creían que yo sabía todo aquello sobre lo que mostraba la
ignorancia de los demás. (...) Pero si el oráculo me llamó sabio, fue solo
para mostrar que el más sabio es quien reconoce que no sabe. (...) Por eso
seguí investigando y poniendo a prueba a quienes aparentaban saber. Esto
me hizo vivir en la pobreza y también provocó que muchos jóvenes me
siguieran y disfrutaran viendo cómo dejaba en evidencia a quienes creían
saberlo todo. (...) Entonces, quienes quedaban en ridículo se enojaban
conmigo y comenzaban a decir que yo corrompía a los jóvenes y enseñaba
cosas peligrosas. (...) Así nacieron las calumnias que hoy sostienen Melito, Ánito y Licón contra mí.

También podría gustarte