Unidad 2
Unidad 2
Unidad Temática 2:
LA ESTRUCTURA ATOMICA
A partir de la teoría atómica de Dalton se puede definir al átomo como la unidad básica
de un elemento que puede intervenir en una combinación química. Dalton imaginó un átomo
como una partícula extremadamente pequeña e indivisible. Sin embargo una serie de
investigaciones, que empezó alrededor de 1850 y se extendió hasta el siglo XX demostró que los
átomos tienen una estructura interna, es decir, están formados por partículas aún más pequeñas,
denominadas partículas subatómicas. Estas investigaciones condujeron al descubrimiento de tres
partículas: electrones, protones y neutrones.
EL ELECTRÓN
Te solicito mires en primer lugar este video: [Link]
Aunque se sospechaba que los átomos no eran indivisibles la aceptación general de este
hecho no se produjo hasta que fue confirmado por las experiencias efectuadas con tubos de
descarga por Joseph Thomson (1856-1940). Los tubos de descarga son también llamados tubos
de rayos catódicos o tubos de Crookes, en honor al físico inglés William Crookes (1832-1919),
quien realizó importantes experiencias en las cuales se basó Thomson. El tubo de descarga
utilizado por Thomson en 1897 para descubrir los electrones era un dispositivo similar al tubo
que tiene el televisor común.
Consta de un tubo de vidrio al cual se ha sacado casi todo el aire (Fig. 2.1). Si se colocan
dos placas metálicas y se conectan a una fuente de alto voltaje, la placa con carga negativa,
denominada cátodo, emite un rayo invisible. Este rayo catódico se dirige hacia la placa con carga
positiva, denominada ánodo y continúa su trayectoria hasta el otro extremo del tubo.
Fig. 2.4 Cuando los “rayos” chocan con una pequeña rueda
con paletas (a modo de molino), la hacen girar: con esto se
comprueba que además de carga tienen masa.
19
20
LA EXPERIENCIA DE MILLIKAN
Thomsom también ideó una experiencia para calcular directamente la carga del electrón.
Pero fue Robert A. Millikan (1868-1953) quien perfeccionó esta técnica a lo largo de
años de trabajo, obteniendo valores notablemente precisos.
Se basaron en la observación de que frecuentemente pequeñas gotas de líquido adquirían
carga negativa al moverse en el aire. La idea consistía, entonces, en pulverizar pequeñísimas
gotas de aceite en el espacio libre entre dos placas horizontales cargadas con cargas opuestas.
Las gotitas (que atrapaban algunos electrones al salir del pulverizador) se iluminaban con
una luz potente y se observaban con un microscopio.
Fig. 2.7 Modelo de Thomson para el átomo, también llamado budín de pasas, por razones obvias.
LA RADIACTIVIDAD
En 1895, el físico alemán Wilhelm Róntgen observó que cuando los rayos catódicos
incidían sobre el vidrio y los metales, ocasionaban que éstos emitieran ciertos rayos
desconocidos. Estos rayos muy energéticos podían atravesar la materia, oscurecían placas
fotográficas, aun estando cubiertas, y producían fluorescencia en algunas sustancias. Debido a
que estos rayos no eran desviados de su trayectoria por un imán, no estaban constituidos por
partículas con carga, como los rayos catódicos. En virtud de su naturaleza desconocida, Róntgen
les dio el nombre de rayos X.
Poco después del descubrimiento de Róntgen, Antoine Becquerel, profesor de física en
París, empezó a estudiar las propiedades fluorescentes de las sustancias. Accidentalmente
encontró que algunos compuestos de uranio causaban el oscurecimiento de placas fotográficas
cubiertas, incluso en ausencia de los rayos catódicos. Al igual que los rayos X, los rayos
provenientes de los compuestos de uranio resultaban muy energéticos y no los desviaba un imán,
pero diferían de los rayos X en que eran emitidos de manera espontánea. Marie Curie, discípula
de Becquerel, sugirió el nombre de radiactividad para describir la emisión espontánea de
partículas y/o de radiación. Desde entonces, se dice que un elemento es radiactivo si emite
radiación de manera espontánea.
21
22
Fig. 2.8
(figura 2.8). Los rayos alfa () consisten de partículas cargadas positivamente, llamadas
partículas , y en consecuencia se alejan de la placa con carga positiva. Los rayos beta (), o
partículas , son electrones y son rechazados por la placa con carga negativa. Un tercer tipo de
radiación radiactiva consiste en rayos de alta energía, llamados rayos . Al igual que los rayos X,
los rayos no presentan carga y no les afecta un campo externo.
EXPERIMENTO DE RUTHERFORD
En 1910, un físico neozelandés, Ernest Rutherford, que estudió con Thomson en la
Universidad de Cambridge, decidió utilizar partículas para demostrar la estructura de los
átomos. Junto con su colega Hans Geiger y un estudiante de licenciatura llamado Ernest
Marsden, Rutherford efectuó una serie de experimentos utilizando láminas muy delgadas de oro
y de otros metales como blanco de partículas provenientes de una fuente radiactiva (figura
2.9). Observaron que la mayoría de las partículas atravesaban la lámina sin desviarse o con una
ligera desviación. De vez en cuando, algunas partículas eran desviadas un gran ángulo de su
trayectoria. ¡En algunos casos, las partículas regresaban por la misma trayectoria hacia la
fuente radiactiva! Éste fue el descubrimiento más sorprendente ya que, según el modelo de
Thomson, la carga positiva del átomo era tan difusa que se esperaría que las partículas
atravesaran las láminas sin desviarse o con una desviación mínima. El comentario de
Rutherford cuando le comunicaron sobre este descubrimiento fue el siguiente:
“Resultó tan increíble como si usted hubiera lanzado una bala de 15 pulgadas hacia un
trozo de papel de seda y la bala hubiera rebotado hacia usted.”
Fig. 2.9
Posteriormente Rutherford pudo explicar los resultados del experimento de la desviación de
partículas a utilizando un nuevo modelo de átomo.
De acuerdo con Rutherford, la mayor parte de los átomos debe ser espacio vacío. Esto
explica por qué la mayoría de las partículas a atravesaron la placa de oro con muy poca o
ninguna desviación. Rutherford propuso que las cargas positivas de los átomos estaban
concentradas en un conglomerado central dentro del átomo, que denominó núcleo. Cuando una
partícula pasaba cerca del núcleo en el experimento, actuaba sobre ella una gran fuerza de
repulsión, lo que originaba una gran desviación. Más aún, cuando una partícula incidía
directamente sobre el núcleo, experimentaba una repulsión tan grande que se invertía
completamente su trayectoria.
Las partículas del núcleo que tienen carga positiva reciben el nombre de protones. En
otros experimentos se encontró que los protones tienen la misma cantidad de carga que los
electrones y que su masa es de 1.67252 x 10-24 g, aproximadamente 1 840 veces la masa de las
partículas con carga negativa, los electrones.
Hasta este punto, los científicos visualizaban el átomo de la siguiente manera: la masa del núcleo
constituye la mayor parte de la masa total del átomo, pero el núcleo ocupa sólo 1/1013 del
volumen total del átomo. Las dimensiones atómicas (y moleculares) se expresarán aquí, de
acuerdo con el SI, con una unidad llamada picómetro (pm), donde1 pm = l x l0 -12 m
El radio de un átomo es, aproximadamente, de 100 pm en
tanto que el radio del núcleo atómico es sólo de 5 x 10-3 pm. Se
puede apreciar la diferencia en el tamaño de un átomo y su núcleo
imaginando que si un átomo tuviera el tamaño del estadio
Monumental, el volumen de su núcleo seria comparable con el de
una pequeña bolita de vidrio. Mientras que los protones están
confinados en el núcleo del átomo, se considera que los electrones
están esparcidos alrededor del núcleo y a cierta distancia de él.
El concepto del radio atómico tiene utilidad experimental,
pero no debe suponerse que los átomos tienen dimensiones o
superficies bien definidas. Más adelante se aprenderá que las
regiones externas de los átomos son relativamente “confusas”.
23
24
EL NEUTRÓN
El modelo de Rutherford de la estructura atómica dejaba un importante problema sin
resolver. Se sabía que el hidrógeno, el átomo más sencillo, contenía sólo un protón, y que el
átomo de helio contenía dos protones. Por lo tanto, la relación entre la masa de un átomo de helio
y un átomo de hidrógeno debería ser 2:1. (Debido a que los electrones son mucho más livianos
que los protones, se puede ignorar su contribución a la masa atómica.) Sin embargo,
experimentalmente se determinó que la relación es 4:1. Rutherford y otros investigadores habían
propuesto que debería existir otro tipo de partículas subatómicas en el núcleo; la prueba la
proporcionó el físico inglés James Chadwick en 1932. Cuando Chadwick bombardeó una
delgada lámina de berilio con partículas , el metal emitió una radiación de muy alta energía,
similar a los rayos Experimentos ulteriores demostraron que esos rayos realmente conforman
un tercer tipo de partículas subatómicas, que Chadwick denominó neutrones debido a que se
demostró que eran partículas eléctricamente neutras con una masa un poco mayor que la masa de
los protones. El misterio de la relación de las masas ahora podía explicarse. En el núcleo de helio
hay dos protones y dos neutrones, en tanto que en el núcleo de hidrógeno hay sólo un protón, no
hay neutrones; por lo tanto, la relación es 4:1.
La figura 2.12 muestra la localización de las partículas elementales (protones, neutrones y
electrones) en un átomo. Hay otras partículas subatómicas, pero el electrón, el protón y el
neutrón son los tres componentes fundamentales del átomo que son importantes para la química.
En la tabla 2.1 se muestran los valores de carga y de masa de estas tres partículas
elementales.
La superficie del líquido desciende en la zona donde cayó la piedra. El líquido constituye
un medio elástico, y todas las partículas del mismo arrastradas hacia abajo están sometidas a
fuerzas elásticas que tienden a llevarlas hacia arriba (fuerzas recuperadoras). Esta situación es
similar al movimiento que adquiere un cuerpo suspendido de un resorte.
25
26
La partícula llega a la posición de equilibrio con cierta velocidad (hacia arriba), razón por
la cual la sobrepasa. La fuerza recuperadora sobre la partícula es ahora hacia abajo. De no existir
un amortiguamiento, este movimiento de ascenso y descenso alrededor de la posición de
equilibrio continuaría indefinidamente: se trata de un M.A.S (movimiento armónico simple u
oscilatorio).
Fig.
2.16
Debe estar claro que un trocito de corcho flotando en el agua (Figura 2.16), en reposo
antes de ser alcanzado por la onda, vibra verticalmente cuando la onda pasa por el lugar en que
se halla, pero no es arrastrado por ésta, lo que implica que hay propagación del movimiento y no
de las partículas.
Cuando esto sucede se dice que se propaga una onda. Si la perturbación se repite, se
producirá un tren de ondas.
Existen tantos tipos de perturbaciones como puedan imaginarse, viajando a través de
infinidad de medios, cada uno con sus características particulares. Son todas “ondas viajeras”, o
“progresivas”, cada una con su nombre particular: “sonora”, “electromagnética”, “de presión”,
“de vibración de la red cristalina”, “de agitación de la superficie del agua”, etc.
En general, todo tipo de onda transporta energía en forma de una determinada
perturbación.
Ondas electromagnéticas
Si se dispone de un circuito eléctrico en el que pueda alterarse (perturbarse) brusca y
oscilatoriamente la distribución de las cargas eléctricas, esta perturbación se propagará como una
onda de campos electromagnéticos, los que se generan a sí mismos, a una altísima velocidad.
La gran novedad de esta onda es que los campos de fuerza eléctrico y magnético pueden
existir en el espacio vacío. En consecuencia la onda electromagnética no necesita de un medio
material para propagarse, a diferencia de las ondas mecánicas, como el sonido, que necesita de
un medio elástico (como el aire o el agua) para trasladarse.
La energía transportada por las ondas electromagnéticas se denomina energía radiante.
Propiedades de las ondas
Tanto las ondas mecánicas como las electromagnéticas, presentan las propiedades que
expondremos a continuación:
La longitud de onda (lambda) es la distancia entre dos puntos idénticos (crestas o
nodos) en ondas sucesivas. Las crestas son las posiciones de máxima alcanzadas hacia arriba por
el punto del medio material afectado por el paso de la onda, (por ejemplo en la figura 2.16 por el
trozo de corchito) y los valles son las posiciones de mínima.(Figura 2.17)
La frecuencia (nú) es el número de ondas que pasan por un punto en particular
durante un segundo. También se puede definir como el número de veces que se produce la
perturbación (puede ser una oscilación) que origina la onda durante un segundo. En la figura
2.16 corresponde al número de veces por segundo que el corcho completa un ciclo con
movimientos ascendentes y descendentes. O sea: es el número de oscilaciones o ciclos que se
producen en un segundo.
La amplitud A es la distancia vertical desde la
línea media de la onda (posición de equilibrio
o reposo) hasta la cresta o el valle.
UNIVERSIDAD NACIONAL DE FORMOSA
FACULTAD DE RECURSOS NATURALES
CARRERA: INGENIERÍA CIVIL
CÁTEDRA: QUÍMICA
PROFESORA: SILVA BEATRIZ
Fig. 2.17
Otra característica importante de las ondas es su velocidad u, la cual depende del tipo de onda y
del medio por el que viaja (por ejemplo, aire, agua o vacío). La velocidad (u) de la onda es el
producto de su longitud de onda por su frecuencia:
u = (2.1)
El origen de la ecuación (2.1) se manifiesta al analizar las dimensiones (unidades) de los
tres términos. La longitud de onda () expresa la longitud de una onda o la distancia onda. La
frecuencia () indica el número de estas ondas que pasan por cualquier punto de referencia por
unidad de tiempo, es decir, ondas/tiempo. De esta manera, el producto de estos términos tiene
unidades de distancia - tiempo, es decir, de velocidad, y expresa la distancia recorrida por la
onda en la unidad de tiempo:
a)
b)
Fig. 2.18
En la figura 2.18 se representan dos ondas que tienen diferentes longitudes de onda y
frecuencias. La longitud de onda de la onda superior (a) es tres veces mayor que la de la onda
inferior (b), pero su frecuencia es de sólo un tercio de la onda inferior. Ambas ondas tienen la
misma amplitud.
De lo anterior se deduce que la longitud de onda y la frecuencia son inversamente
proporcionales. Matemáticamente:
u = y = u /
Algo más sobre radiación electromagnética
En 1873, James C. Maxwell propuso que la luz visible está formada por ondas
electromagnéticas. De acuerdo con la teoría de Maxwell, una onda electromagnética tiene un
componente de campo eléctrico y otro de campo magnético. Estos dos componentes tienen la
misma longitud de onda y frecuencia y, por lo tanto, la misma velocidad: sin embargo, viajan en
planos mutuamente perpendiculares (figura
2.19). La trascendencia de la teoría de
Maxwell estriba en que proporciona una
descripción matemática del
comportamiento general de la luz. En
particular, este modelo describe con
27
28
exactitud cómo se puede propagar la energía en forma de radiación por el espacio como una
vibración de campos eléctrico y magnético. La radiación electromagnética es la emisión y
transmisión de energía en forma de ondas electromagnéticas.
Las ondas electromagnéticas viajan en el vacío a 3.00 x 108 m/s, o 300.000 kilómetros por
segundo. Esta velocidad difiere de un medio a otro, pero no lo suficiente para alterar de manera
significativa los cálculos. Por convención, se utiliza el símbolo c para la velocidad de las ondas
electromagnéticas o, como comúnmente se llama, la velocidad de la luz. En general, la longitud
de onda de las ondas electromagnéticas se expresa en
Fig. 2.19 nanómetros (nm).
29
30
Fig. 2.21
Fig. 2.22
Fig. 2.23
El arco iris se produce porque las gotas de lluvia actúan como pequeños prismas. Para observarlo
debemos dar la espalda al Sol. (Fig.2.22)
Alguien que ve un arco iris, en realidad no está viendo cosa alguna que esté en un sitio fijo. El
arco iris es sólo un fantasma (un espectro), una imagen (Fig. 2.23)
Hacia mediados del siglo XIX los físicos alemanes Bunsen y Kirchhoff estudiaron los
espectros producidos por la luz de ciertas sustancias “excitadas” por la acción del calor. Idearon
un instrumento, el espectroscopio (Fig. 2.24), que les permitió conocer con más profundidad la
modalidad de los espectros obtenidos.
Si se utiliza como fuente de luz un
mechero que contiene disuelta una
sal de sodio, por ejemplo, o una
lámpara que contenga en su interior
vapor de mercurio, neón u otro
elemento, se obtiene un espectro
que no es continuo como el de la
luz solar, sino que presenta un
conjunto de rayas o líneas repartidas
Fig. 2.24 a lo largo del espectro.
Cada elemento tiene un espectro de líneas característico distinto de todos los demás.
Como cada línea del espectro corresponde a una longitud de onda, se puede decir que cada
elemento está caracterizado por un número determinado de longitudes de ondas emitidas por sus
átomos excitados. Es curioso, observar que cada átomo no irradia un conjunto infinito de
(espectro continuo) sino que produce un espectro discontinuo, con un número limitado de líneas
o longitudes de ondas.
En 1859, Gustav R. Kirchhoff (1824-1887) y Robert W. Bunsen (1811-1899) utilizaron
el espectroscopio para analizar la luz del Sol y la de una llama que contenía sodio. A partir de
estas y otras experiencias, Kirchhoff y Bunsen enunciaron sus conclusiones:
1. Cada elemento químico, cuando emite luz, tiene un espectro característico que puede
determinarse rigurosamente y permite identificar su presencia. Lo llamaron espectro de emisión.
2. Si se hace pasar luz de espectro continuo a través de un gas frío, en el espectro de la
luz saliente faltan las mismas frecuencias que el gas emite cuando está caliente. A este espectro
lo llamaron espectro de absorción.
UNIVERSIDAD NACIONAL DE FORMOSA
FACULTAD DE RECURSOS NATURALES
CARRERA: INGENIERÍA CIVIL
CÁTEDRA: QUÍMICA
PROFESORA: SILVA BEATRIZ
Fig.2.25 Fig.2.26
Fig.2.25 Espectro de emisión: con la luz de una llama que contiene sodio aparece la raya D brillante.
Fig.2.26 Espectro de absorción: el sodio de la llama absorbe la frecuencia de la luz blanca solar correspondiente a la
línea D
MODELO ATÓMICO DE BOHR
Ya hemos visto que, según la teoría electromagnética, cuando una partícula cargada
eléctricamente (electrón) se mueve, tiene que emitir energía radiante en forma de ondas. Por
tanto, el electrón al irradiar energía la perdería e iría disminuyendo su velocidad, describiendo
órbitas cada vez más pequeñas hasta quedar pegado al núcleo.
Por otra parte, la discontinuidad de los espectros hacía pensar que la energía se emitía
sólo en determinadas longitudes de onda, cada una de las cuales producía una línea en ellos.
En 1913 el físico danés Niels Bohr propuso un modelo atómico que pudiera explicar los
espectros discontinuos de algunos elementos, basándose en la teoría cuántica. Esta teoría fue
dada a conocer por Max Planck en 1900, y sostiene que la energía se transmite en forma
discontinua, en unidades discretas o “paquetes” llamados “cuantos de energía”
El modelo de Bohr interpreta el espectro discontinuo del hidrógeno. En él se admite —en
oposición a la física clásica— que los electrones pueden girar alrededor del núcleo sin modificar
su energía, la cual se absorbe o emite por medio de “cuantos”.
La interpretación de Bohr puede resumirse de la siguiente manera:
a. Los electrones pueden girar en órbitas determinadas sin perder energía.
b. En estos niveles permitidos o definidos de energía los electrones no absorben ni emiten
energía; por ello se los denomina “niveles estacionarios”.
c. Cuando el electrón gira en la órbita más cercana al núcleo, el átomo se encuentra en su estado
más estable o “normal”, de energía mínima. Si el átomo recibe un impulso energético externo
(luz, calor, electricidad), el electrón puede “saltar” a otra órbita más alejada, es decir, de mayor
energía. El átomo que contiene el electrón en uno de estos estados recibe el nombre de “átomo
excitado”; es decir, que el átomo absorbe energía cuando el electrón “salta” hacia un nivel más
alejado del núcleo (Fig.2.27), y emite energía cuando “salta” a un nivel más cercano al núcleo
(Fig.2.28).
31
32
siendo:
= frecuencia de la radiación emitida o absorbida
E1 = energía de la órbita más cercana al núcleo
E2 = energía de la órbita más alejada del núcleo
La constante de proporcionalidad (h) se denomina constante de Planck. La radiación
emitida o absorbida puede ser asimilada a la emisión o absorción de un “cuanto” cuya energía es
h. Las órbitas o capas del modelo de Bohr son los niveles energéticos. El salto de un
electrón de un nivel superior a otro inferior produce la emisión de luz que, experimentalmente,
corresponde al espectro de emisión del hidrógeno.
Los niveles de energía se encuentran definidos por ciertos números naturales
denominados números cuánticos principales, n = 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7 que corresponden a las capas
electrónicas llamadas K, L, M, N, O, P y Q, respectivamente.
El número máximo de electrones que pueden ocupar cada capa queda expresado por la relación
2n2 , donde n es el número cuántico principal de la capa correspondiente.
Los niveles de energía de un átomo, en orden creciente, adoptan la distribución que indica la
figura 2.30. Se puede observar que dichos niveles son tanto más próximos entre sí cuanto mayor
es el valor de n.
El radio de la órbita más cercana al núcleo (n= 1) resulto ser, para el hidrógeno, 5,3 .10-8
mm o bien 0,53 Aº (1Aº = angstróm = 1 .10-7 mm).
Ahora se ve claro por qué el espectro del H, por ejemplo, es discontinuo. Si el electrón
pudiera permanecer en todos los infinitos estados posibles, el espectro sería continuo. Pero como
únicamente puede permanecer en un determinado número de estados privilegiados (estados
estacionarios), al ocurrir la transición de uno a otro, origina también un número limitado de
radiaciones (frecuencias) registradas en las pocas líneas del espectro discontinuo. (Fig.2.31)
Tomamos como ejemplo, el caso de un hombre que sube y baja por una escalera. No
puede encontrarse en cualquier posición respecto al suelo, sino en una fija, correspondiente a un
peldaño (estado estacionario). En cada uno de ellos, el hombre tiene una energía potencial debida
UNIVERSIDAD NACIONAL DE FORMOSA
FACULTAD DE RECURSOS NATURALES
CARRERA: INGENIERÍA CIVIL
CÁTEDRA: QUÍMICA
PROFESORA: SILVA BEATRIZ
a su posición respecto al suelo (nivel de energía), pero no pierde ni gana nada. Si cada peldaño,
está separado por una distancia d al subir del N al P, por ejemplo, gana una cantidad determinada
de energía potencial, correspondiente al “salto”“d” (cuanto de energía), pero no puede ganar una
fracción de ésta energía pues le es imposible permanecer fijo entre dos peldaños (Fig.2.32).
Al verificar los descensos: P - N, P - M, P - L y P - K, pierde cantidades fijas de energía
potencial; o sea, extendiendo la analogía, irradia energías representadas por cuatro cuantos
diferentes, caracterizados por sus correspondientes frecuencias. No podría por lo tanto irradiar
cualquier frecuencia, por eso, si fuera factible registrar los descensos “discretos” con un
espectroscopio se observaría un espectro de líneas, en lugar de uno continuo.
Fig. 2.31 Cada línea del espectro de hidrógeno es producida Fig. 2.32 El electrón, como el hombre, únicamente
por una radiación de determinada frecuencia Esto, se origina están en un determinado peldaño (nivel).
cuando el electrón baja de un nivel a otro. No puede permanecer entre dos. Al pasar de uno
a otro emite o absorbe energía.
La teoría del átomo de hidrógeno fue perfeccionada en 1916 por Sommerfeld. Propuso
que, además de girar en órbitas circulares, el electrón puede describir, en su movimiento
alrededor del núcleo, órbitas elípticas. De este modo dentro de una misma capa o nivel principal
existen trayectorias elípticas, es decir, hay valores diferentes pero muy próximos de energía, que
no llegan a constituir otro nivel o capa.
Sommerfeld, imaginó para cada órbita principal n, n subórbitas de las cuales una es
circular y n-1 son elípticas. El concepto de suborbital se vincula con el de subnivel propuesto
posteriormente en el modelo atómico moderno
33
34
La teoría de Bohr explicaba perfectamente bien todos los detalles experimentales del
espectro de hidrógeno e incluso predijo resultados que más tarde confirmó la experiencia.
Sin embargo el éxito alcanzado en el hidrógeno no se repitió con ningún otro elemento.
Fue imposible explicar sus espectros.
Es necesario conocer
previamente el comportamiento general de la radiación (luz) para profundizar en la estructura
íntima de la materia, ya que su actividad origina energía. Por ejemplo, el hidrógeno, neón, ó
vapor de mercurio excitados por una tensión eléctrica producen energía radiante (luz), que
incluso se utiliza para el alumbrado.
En los fenómenos de reflexión, refracción, interferencia, difracción y polarización, la luz
se comporta como si fuera onda. En el fenómeno fotoeléctrico, sin embargo, se manifiesta como
si fuera de naturaleza corpuscular, sin perder sus características ondulatorias.
En 1926 el físico alemán Werner Heisenberg (Premio Nóbel 1932) postuló el principio de
indeterminación o de incertidumbre que lo justificó matemáticamente considerando los
principios y resultados de la teoría cuántica de la radiación y de la mecánica ondulatoria de la
materia. No vamos a desarrollar las deducciones que llevaron a este principio, simplemente
aclaremos su enunciado:
Es imposible conocer simultáneamente con exactitud la posición y velocidad de una
partícula que está moviéndose.
Este principio es válido en todo el campo de la Física, sin embargo, cuando consideramos
objetos con masa considerable, como una partícula de polvo, un automóvil o un planeta, la
indeterminación que se comete en el cálculo de la posición y velocidad simultáneas es muy
despreciable y no influye para nada en los acontecimientos de nuestra vida.
No sucede lo mismo en el caso del electrón cuya masa es de este orden:
0,0000000000000000000000000009109l gramos. Al intentar, mediante un experimento,
determinar en un instante su posición (iluminándolo) influiríamos sobre su movimiento,
cometiendo una indeterminación en su velocidad.
Recíprocamente, si queremos conocer con exactitud la velocidad en un instante, la
posición quedará completamente borrosa.
Heisenberg demostró que la magnitud de la indeterminación o incertidumbre es del orden
de la constante de Planck, que es muy pequeña, tal que:
xvh /m
Siendo x la medida de incertidumbre de la posición de la
partícula (electrón), v la medida de la incertidumbre de su velocidad, h la constante de Planck y
m la masa de la partícula (electrón). Si consideramos el instante en que choca un electrón, su
velocidad se conoce perfectamente pues v = 0, luego la incertidumbre de la velocidad es v = 0.
En consecuencia la incertidumbre de su posición x, se hace muy grande, pues debe conservar el
producto h/2m que es un constante. Por lo tanto, cuando x tiende a 0 (cero), v tiende a
infinito, es decir, un valor muy grande) y recíprocamente.
Como consecuencia de este principio, es lógico pensar que el concepto de órbita en el
átomo de Bohr, en el que según sus ecuaciones se podía conocer exactamente el valor de la
velocidad y la trayectoria del electrón, debe ser modificado, ya que acabamos de demostrar que
es imposible conocerlo. El concepto de órbita plana (circular o elíptica) tendremos que sustituirlo
por el de orbital, que indica la probabilidad de encontrar el electrón en una posición determinada.
35
36
cuánticos n, 1 y m; así n puede tomar valores desde 1 hasta infinito, mientras que l y m
tienen valores determinados para cada valor de n.
Para cada uno de los valores de la energía se obtendrá un valor para la función de onda ;
pero, según el principio de incertidumbre, ya hemos visto que no es posible conocer con
exactitud tanto el momento del electrón (o su velocidad), como su posición en un instante
determinado, por lo que , representará la probabilidad relativa de que un electrón se encuentre
en una determinada región del espacio.
Para comprender este concepto de probabilidad electrónica, podemos poner un ejemplo
sencillo. Supongamos que pudiéramos hacer con una cámara fotográfica especial toda una serie
de instantáneas de un electrón en movimiento alrededor del núcleo con una energía determinada.
Si reveláramos todas esas fotografías y las superpusiéramos, veríamos una
nube de puntos que representaría las distintas posiciones en las que se encuentra el electrón (Fig.
2.35), siendo más densa la nube electrónica cerca del núcleo, para ir disminuyendo según
aumente la distancia a él. Luego, como ya dijimos, el electrón no describe una órbita
determinada con un radio definido, aunque esa órbita sí representa el límite de un volumen en el
que se puede encontrar al electrón con una energía determinada. A ese volumen en el espacio,
en el que resulta más probable encontrar al electrón, se le llama orbital electrónico y,
matemáticamente, viene expresado por las soluciones a la ecuación de onda de Schródinger .
Según los cálculos verificados por Bohr, el electrón del átomo de hidrógeno en su estado
fundamental o base se encuentra moviéndose en una superficie esférica, alrededor del núcleo, de
radio igual a 0,529 Aº exactamente. Es en realidad una afirmación un tanto atrevida. Esos
cálculos no tuvieron en cuenta las restricciones impuestas por el principio de Heisenherg. Por eso
el modelo de Bohr nada más servía para el átomo de H.
La teoría atómica moderna, al tener en cuenta el
principio de indeterminación estudió la posición del
electrón del átomo de hidrógeno. Calculó la distribución
de la probabilidad de encontrar al electrón a tal o cual
distancia del núcleo. La mayor probabilidad, corresponde
a una superficie esférica de radio igual a la distancia en
que Bohr colocaba al electrón respecto al núcleo (Fig.
2.36). Es decir, el modelo de Bohr es una aproximación
del modelo atómico moderno.
Fig. 2.36
indicaría el subnivel donde estaría “alojado” el electrón dentro de un nivel y describe la forma
geométrica del orbital
El valor de l puede ser nulo o entero positivo, y se demuestra que puede tomar valores,
para cada n, que van desde 0 hasta (n-1).
Si n = 1, l = 0. Es decir, en el primer nivel existe un subnivel que
coincide con él. En el caso del electrón del H en su estado fundamental
(n = 1) no se necesitaría el valor l para describir su comportamiento. Por
eso el modelo de Bohr vale para el H.
Si n = 2, l = 0 ; 1 (Fig. 2.37)
Los subniveles (formados por orbitales) reciben distinto nombre según el valor de l.
TIPO DE SUBNIVEL
VALOR DE l (orbital)
0 s
1 p
2 d
3 f
La existencia del número l, que conjuntamente con n contribuye al estado energético del
electrón, es de fundamental importancia para la descripción de la estructura de todos los
elementos. El modelo de Bohr no pudo introducirlo.
Si l = 0 es m = 0
Si l = 1 es m = -1,0, + 1
Si l = 2 es m = -2, -1.0, + 1, + 2
Si l = 3 es m = -3,-2,-1,0,+ l,+2,+3
Para tener una idea global, combinaremos los tres números cuánticos estudiados para el nivel
cuarto (n = 4) en el siguiente gráfico (Fig. 2.39):
UNIVERSIDAD NACIONAL DE FORMOSA
FACULTAD DE RECURSOS NATURALES
CARRERA: INGENIERÍA CIVIL
CÁTEDRA: QUÍMICA
PROFESORA: SILVA BEATRIZ
Fig.2.39
Subniveles y
orbitales de
acuerdo a los
valores de n, 1, m.
ms, número cuántico “spin”: finalmente, para que el estado del electrón quede completamente
descripto es necesario conocer un cuarto número cuántico, el spin. Describe el estado magnético
del electrón causado por la rotación sobre el mismo eje (Fig. 2.40). El valor del spin está
cuantificado y nada más puede tomar dos valores:
ms = + ½ y ms = - ½
El gráfico siguiente para n = 4 quedaría completo con la introducción del cuarto número
cuá[Link] este gráfico (Fig. 2.41) se encuentran 32 electrones (32 flechas) y no se encuentran
dos que tengan los cuatro números cuánticos coincidentes. En el mejor de los casos pueden tener
los tres primeros iguales pero el cuarto es distinto.
Los dos últimos electrones de la primera fila (m = 3), por ejemplo, tienen igual: n = 4,
l = 3 y m = +3 pero uno tiene ms = + ½ y el otro tiene ms = - ½
39
40
Fig. 2.41
PRINCIPIO DE EXCLUSIÓN DE PAULI
Los electrones no se disponen arbitrariamente en la estructura del átomo. En un
determinado nivel pueden coexistir un número limitado de electrones. El número máximo que se
pueden “alojar” en un nivel se deduce en base a la combinación de los cuatro números cuánticos
referidos a cada electrón y teniendo en cuenta un principio, deducido teóricamente por Wolfang
Pauli.
Este Principio se enuncia así: En un mismo átomo dos electrones no pueden tener los
cuatro números cuánticos iguales.
Es decir, dos electrones pueden tener el valor de n, l, m, idénticos pero ms debe ser
distinto. O también, m, l, ms pueden ser iguales, pero n no debe coincidir.
n l m ms
1 0 0 +½
1 0 0 -½
por lo tanto, el número máximo de electrones en la primera capa es 2.
Es decir, en el primer nivel pueden existir dos electrones con spin contrario (m s = + ½ ,
ms = - ½) Si el spin fuera igual no se cumpliría el principio de Pauli.
En el segundo nivel es n = 2 ; l = 1, 0 ; m = - 1, 0, + 1 ; ms = ± ½ , luego las combinaciones
posibles son las siguientes:
n l m ms Como el número de combinaciones es ocho, el número máximo de
2 0 0 -½ electrones posibles en la segunda capa es 8 en cuyo caso estaría comple-
2 0 0 +½ ta. Si contiene menos de ocho, estaría incompleta.
2 1 -1 - ½ En forma análoga, se puede deducir que el número máximo de
2 1 -1 + ½ electrones contenidos en la tercera capa es 18, en la cuarta 32 y en la
2 1 0 -½ quinta 50.
2 1 0 +½ En general en una capa el número máximo de electrones = 2. n2
2 1 +1 - ½
2 1 +1 + ½ Siendo n el número cuántico principal u orden de la capa electrónica.
Fig. 2.42
Si contamos los electrones que admite cada subnivel, obtendremos:
Orbitales
Podemos considerar finalmente, en cada subnivel, los orbitales donde definitivamente se
“alojan” los electrones.
Observamos cómo en cada orbital nada más pueden coexistir dos electrones con spin
contrario (antiparalelos). En este caso, el orbital está completo. Si únicamente contiene un
electrón, el orbital está incompleto y tendrá tendencia a incorporar un nuevo electrón que girará
en sentido contrario.
Un rectángulo representa un orbital. Puede estar completo (dos flechas).
41
42
Figura 2.46 Direcciones relativas de los orbitales f. Los orbitales se muestran dentro de cubos para facilitar
su visualización
Observación importante: la forma de los orbitales no representan a la forma de los átomos; sólo
representan la forma de la máxima probabilidad de encontrar electrones en esa región del espacio
atómico.
Regla de Hund
Un electrón no puede completar un subnivel p, d o f hasta que todos los orbitales del
subnivel no contenga un electrón (Fig. 2.47 y 2.48).
U: 1s2, 2s2, 2p6. 3s2, 3p6 4s2, 4p6, 3d10, 5s2, 5p6,
4d10, 6s2, 6p6, 5d10, 4f14, 7s2, 5f 3, 6d 1
45