Alonso
Alonso
ILUSTRACIONES DE
CARLOS ROJAS MAFFIOLETTI
EDITORIAL ANDRÉS BELLO
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Capítulo 1
ADIÓS A TORREMOCHA
Ella, con paciencia, me explicaba una y otra vez que
Era un oscuro día de invierno. A través de mi
mi padre había viajado al Nuevo Mundo en busca
ventana podía ver los árboles desnudos de hojas,
de mejor suerte.
azotados por el viento. Gruesas gotas de lluvia
Alonso me decía , tu padre se fue porque la
golpeaban el tejado de mi pequeña habitación.
vida aquí, en Torreinocha, es muy dura. Con
Acababa de despertar y me sentía feliz.
inviernos tan fríos y veranos tan calurosos no
Para mí no era un día cualquiera: era el nueve de
podemos tener buenas cosechas, y todos dicen que
febrero de 1539 y yo cumplía diez años.
en las Indias no es difícil hacerse rico. Son muchos
Salté rápidamente de la cama a pesar del frío y,
los de aquí, de los pueblos de Extremadura, que
tiritando, me vestí. Al lavarme la cara, me vi
han partido a probar fortuna.
reflejado en el agua de la palangana. Realmente
Yo estaba resuelto desde hacía mucho tiempo.
Había decidido que cuando cumpliera diez años,
pensé, al ver mi rostro. Mis oscuros cabellos caían
me marcharía a buscarlo. El momento había
desordenados sobre la frente y casi tapaban mis
llegado. Sólo me faltaba convencer a mi madre, a
ojos. Mi padre siempre decía que eran tan negros
quien no había dicho ni una palabra sobre mis
que parecían carbón.
proyectos.
¡Mi padre! ¿Qué sería de él?
Ese día me senté junto al fogón, mientras ella,
Apenas recordaba el momento en que se marchara como todas las mañanas, preparaba el desayuno.
de nuestro pueblo de Torremocha, hacía cuatro Entonces me atreví a hablarle de mis planes.
años, a las lejanas y misteriosas Indias. Durante esa Madre le dije , desde que mi padre se fue, lo
larga ausencia, muchas veces pregunté a mi madre: único que he deseado es ir a encontrarme con él.
,Por qué tuvo que partir? ¿Por qué nos dejó? Alonso! interrumpió, mirándome espantada .
¡Te has vuelto loco!
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Pero, madre, déjame explicarte...
iNi una palabra más! Ya es demasiado para mí
vivir sin noticias de tu padre, sin saber nada de él...
¡y ahora tú!... ¡Jamás lo permitiría!
Esperé que se tranquilizara y volví a hablar. Poco a
poco logré que me escuchara, pero todo era inútil.
No podía convencerla.
Alonso, tú tienes sólo diez años decía una y
otra vez . No puedes emprender un viaje tan
largo y peligroso. Quizás cuando seas algo mayor...
Pero, madre, yo ya soy capaz! ¿Cuántas noches
he pasado solo, cuidando las cabras en el campo?
¿Recuerdas todas las veces que he ido a
Montanchez, llevando recados del señor cura?
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,De manera que ya has hablado con el señor ausencia me llena de congoja...
cura? ¡Ahora lo haré yo! Yo comprendía las tribulaciones de mi madre, pero
Se puso un manto y partió hacia la parroquia. ya tenía su consentimiento y exclamé radiante:
Quise acompañarla, pero me detuvo: Gracias, madre! Te prometo que lo encontraré y
Iré yo sola. Espérame aquí. Limpia el e stablo , haré que vuelva.
cuida el rebaño mientras regreso. Ahora, conversemos seriamente. ¿Qué has
La vi salir caminando apresurada y permanecí pensado? ¿Cómo iniciarás tu búsqueda?
inmóvil durante un rato. ¿Qué sucedería? Me puse a ,Recuerdas la carta que nos mandó hace ya tres
trabajar con el mayor empeño. No quería pensar. años? Nos decía que marcharía a unas tierras
No podía siquiera imaginar que mi proyecto descubiertas por un señor llamado Pizarro. Al
pudiera fracasar. parecer, en esos lugares hay grandes riquezas. Estoy
Cuando por fin regresó, la vi tranquila pero m seguro de que no será tan difícil llegar, porque
impresionaron su silencio y su rostro lleno de muchos van allá en busca de oro. ¡Quizás cuando lo
tristeza No me dijo nada y no me atreví a encuentre él ya sea rico!
preguntar. Seguí con mi trabajo, pero a cada rato Hablamos durante largas horas. Le conté todo lo
volvía a acercarme a la casa con la esperanza de que que conocía sobre ese nuevo mundo misterioso,
mi madre me dijera algo. Pero ella había aunque reconozco que era muy poco lo que había
comenzado a lavar la ropa y ni siquiera m dirigía la logrado averiguar. Sin embargo, yo estaba seguro de
mirada. encontrar a mi padre y logré contagiar algo de mi
Sólo cuando llegó la hora de la comida y nos optimismo a mi madre.
sentamos a la mesa, me miró fijamente y me dijo: - Al día siguiente, al despuntar el alba, emprendí el
Partirás mañana con el señor cura. El cree que camino. Me alejé de mi hogar, mientras mi mad re,
eres capaz de ir solo en busca de tu padre... tratando de disimular su tristeza y de contener sus
Se quedó en silencio y yo no me atreví a decir ni lágrimas, permanecía inmóvil ante la puerta de
una sola palabra. nuestra casa. Sentí un dolor intenso. ¡Qué difícil
me pareció en ese momento cumplir mis
Tienes que prometerme siguió- que en propósitos!
cuanto lo encuentres, le dirás que regrese, que El cura, don Anastasio, era regordete, simpático,
abandone esas tierras desconocidas y vuelva a casa. sencillo y de bondadoso semblante. Usaba una vieja
Bajando el tono de voz y hablando como para sí
misma, añadió : Lo recuerdo a cada instante, su
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sotana remendada prolijamente y un sombrero le
cubría la cabeza y su escaso cabello.
Montados en nuestros burros y bajo una suave
llovizna, conversamos durante todo el camino.
Pacientemente el buen sacerdote contestó las mil
preguntas que yo h hacía.
He pensado mucho en tu viaje me dijo . Ser
una gran aventura para ti. Deberás ser prudente y
tener coraje, pues no será nada fácil.
Trataré de ser prudente, se lo prometo, padre
Pero yo estoy seguro de que me va a ir bien. Lo No sólo hay animales diferentes. Los frutos son
único que quiero es encontrar lo antes posible a mi muy distintos a los nuestros y tan sabrosos que
padre Dicen que es tan grande el Nuevo Mundo. parecen miel me dijo el sacerdote. Y
¿Será tan grande? ¿Qué cree usted? sacudiéndose el agua que la llovizna había
Todos dicen que es inmenso y que falta mucho acumulado en el ala de su sombrero, continuó :
por descubrir y explorar. También los hombres que habitan esas tierras
Me gustaría estar ya en Sevilla, listo para partir tienen costumbres muy diferentes.
Voy a conocer tierras extrañas. Me han dicho que Van desnudos y se comen entre ellos! Dicen que
ha animales muy raros. El tío de mi amigo Diego no son hombres, que son animales y que no tienen
fue a Nuevo Mundo. Cuando regresó todos se alma.
reunían pan escucharlo hablar de lo que había En eso te equivocas, te lo aseguro. Ellos son
visto. Hasta contó que hay unos pájaros de tod os hombres iguales a nosotros. Lo que ocurre es que
colores que hablan. ¡Que ganas de ver uno de esos aún no conocen a Cristo y es nuestro deber
pájaros! exclamé entusiasmado. llevarles el evangelio.
Ya sé lo que me va a decir! me anticipé . . .
que yo también tengo que enseñarles. ¡Pues claro
que lo haré! Les voy a enseñar lo que he aprendido
con usted.
Cabalgamos durante todo el día. Al caer la tarde,
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divisamos las ruinas de una ciudad. costumbres a los hombres que lo habitan. Tenemos
Mire, mire, padre! ¿Qué es eso tan enorme sobre que construir y, sobre todo, como ya te dije,
el río? Nunca en mi vida había visto algo tan tenemos que enseñarles a conocer a Jesús.
grande. Llegados a la entrada de la ciudad, don Anastasio
Es un puente romano, hijo. Y esas son las ruinas se detuvo y me dijo:
de la antigua ciudad de Mérida. Hace varios siglos, Está bien, Alonso, aquí debo dejarte.
los romanos conquistaron España y nos trajeron su Sin decir nada, me bajé del burro y le entregué las
cultura. Muchas de nuestras costumbres las hemos riendas. El sacerdote me dio su bendición y un
heredado de ellos. último consejo:
Qué costumbres? pregunté, curioso. Ve a la posada El Toro a ver si encuentras
El idioma, por ejemplo. Ellos hablaban latín, el alguna compañía para seguir tu viaje. Allí siempre
mismo que yo uso cuando celebro misa. El llega buena gente. Me hubiera gustado ir contigo y
castellano que tú hablas ahora proviene del latín. dejarte allí bien recomendado. Pero se me ha hecho
También nos dejaron muchas construcciones, como demasiado tarde y debo continuar.
el acueducto de la ciudad de Segovia. Nos despedimos. Mientras se alejaba, tuve
Y después los moros conquistaron España, ¿no repentinamente la visión de mi madre junto a la
es cierto? Sin dejarlo responder, continué : puerta de nuestro hogar. Me di cuenta de que
Pero ya nos libramos de ellos. Los reyes Isabel y estaba solo.
Fernando lograron echarlos para siempre.
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Capítulo II
PELAYO
Al llegar a la posada, me detuve a pocos pasos de la
entrada tratando de averiguar qué ocurría dentro.
Estaba tan oscuro que no vi nada y tuve que
avanzar a tientas. Como ya era de noche, me quedé
en un rincón del patio, donde me acomodé lo
mejor que pude. Bajo mente en compañía de otros dos muchachos, que
- un cielo sin luna, sólo se escuchaban los aullidos contemplaban admirados su destreza en el juego.
de los perros del pueblo, y los zumbidos de algunos Qué miras? me dijo en cuanto me vio.
insectos nocturnos, que parecían intensificados en Yo retrocedí unos pasos y un tanto inseguro
el oscuro silencio. Tuve miedo. A ratos conseguía respondí:
dormir, pero una y otra vez despertaba A ustedes. ¿Puedo jugar yo también?
sobresaltado por las pesadillas. Fue la noche más Pues claro que sí! contestó el muchacho .
larga de mi vida. ¿Sabes hacerlo bailar?
A la mañana siguiente, sin embargo, todo me En ese momento, desde el interior de la posada, se
pareció mejor. Me levanté y me dediqué a observar oyó una fuerte voz que llamaba:
a la gente que allí se encontraba. Pe1ayo! ¡Pelayo, ven a desayunar!
En eso estaba, cuando oí unas carcajadas que El niño pelirrojo se levantó y corrió,
provenían del fondo del patio. Me acerqué a ver de desapareciendo dentro de la posada. ¡Qué fastidio!
qué se trataba. Inclinado en el suelo y jugando con ¡Justo cuando iba a jugar! Pero, lo que era aún
un trompo, se hallaba un niño aproximadamente de peor, tenía un hambre feroz, pues no había probado
mi edad. Tenía la cara llena de pecas y el cabello bocado desde el día anterior.
colorín. Reía alegre- Me senté bajo un árbol. De pronto, el niño del
trompo regresó y me invitó a ir con él.
Quieres acompañarme? me propuso. Acepté
feliz.
Una vez en el interior de la posada, me encontré
sentado ante una mesa junto a los acompañantes
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del niño pelirrojo. Eran cuatro hombres, cuyo explicaron que además de ser rey de España era el
cansado aspecto revelaba muchos días de camino. emperador de Alemania y en ese imperio era el
Comían con voracidad y conversaban sobre el viaje quinto Carlos.
que realizaban. Me llamó mucho la atención lo que contaba un
En medio del bullicio general, Pelayo me preguntó: hombre muy distinto a los otros porque estaba
Cómo te llamas? vestido con un uniforme militar. Precisamente
Alonso Almendralejo contesté . Y tú eres cuando preguntamos por el nombre del rey, él dijo:
Pelayo. Ya oí cuando te llamaron. Yo lo vi pasar, muy cerca de mí. Iba montado en
Sí, Pelayo Martínez dijo a su vez y, con su caballo y acababa de lograr la última tregua en
curiosidad, prosiguió : ¿Qué haces aquí? ¿Estás nuestros territorios de Flandes.
solo? ¡Qué impresionante! ¡Aquel hombre había visto a
En pocas palabras le conté mi historia. nuestro rey!
Qué suerte! Nosotros también vamos a Sevilla... Cuéntanos, tú que eres soldado preguntó otro
y con cierto orgullo, agregó : Yo vivo en esa de los hombres , ¿has luchado contra los
ciudad. protestantes en Alemania? Porque, según lo que he
Y por qué estás tú aquí? le pregunté. oído, en la corte están todos muy preocupados con
la división y las luchas religiosas.
Él, casi a gritos a causa de la algarabía, me Sí, he tenido que luchar contra ellos. Y conocí al
respondió: propio Lutero, el monje que empezó todo este
Estoy trabajando. Me han contratado estos problema de la separación de la Iglesia.
señores para ayudarlos en su viaje a Salamanca. He oído que muchos de esos seguidores de
Hemos ido en busca de mercadería para enviar a Lutero quieren llegar a América para propagar sus
América. ¡Ya llevo un mes con ellos! doctrinas
Mientras tomábamos desayuno pude escuchar la dijo otro.
conversación de los mercaderes y de los demás
hombres que se encontraban en la posada. Eso es imposible! interrumpió un tercero . A
Hablaban de las últimas noticias recibidas del América sólo pueden ir los católicos.
Nuevo Mundo, de las riquezas con que regresaban España ha enviado a muchos misioneros para
las naves desde los territorios de ultramar. Del rey enseñar a los indios. Y ellos han aprendido las
Carlos 1, a quien algunos le decían Carlos y. lenguas de los nativos para entenderse mejor...
Preguntamos por qué tenía dos nombres y nos No pude continuar escuchando su conversación, a
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pesar de que lo único que yo quería era saber más consigas un barco para ti le insistí entusiasmado,
cosas de esas lejanas tierras donde se encontraba mi tratando de convencerlo.
padre. Pelayo me pidió que lo acompañara a ver los
caballos y las mulas que tenía que ensillar para Puede que tengas razón dijo, moviendo la
proseguir el viaje. Mientras hacía su trabajo, uno de cabeza como si dudara . Sigamos juntos hasta
los animales le dio un mordisco en la pierna y él Sevilla y conversemos más sobre esto. Qué te
exclamó furioso: parece que hable con mis patrones y les pida que te
Caray con la bestia! ¡No sé qué hago aquí silo permitan continuar con nosotros. ¡Seguro que no se
mío es la mar! opondrán, si tú me ayudas en mi trabajo!
Conoces el mar? Yo nunca lo he visto y ni Pelayo habló y no hubo ningún inconveniente. Esa
siquiera imagino cómo será. ¿Has estado alguna vez misma tarde partí con ellos. Todo iba
en una nave? resultándome bien y ya no estaba solo. Pensé en lo
Ja, ja, ja! ¡Pues claro que sí! Mi padre trabaja en contenta y tranquila que estaría mi madre si
el puerto del río Guadalquivir. Si no fuera por él, hubiera podido saberlo.
las embarcaciones se estrellarían contra el muelle. Durante el trayecto, que duró un buen tiempo,
Se encarga de recibirlas y amarrarlas. Pelayo y yo nos hicimos buenos amigos y juntos
Es fantástico! Comprendo que te guste y que comenzamos a imaginar las mil aventuras que
quieras hacer lo mismo cuando seas grande le viviríamos.
dije.
Es un trabajo importante, pero no... ¡Yo seré
capitán de mi propio barco y navegaré hasta muy
lejos! ¡Más lejos de lo que nadie haya llegado!
Qué bien! exclamé . ¡Y yo quiero ser
conquistador! ¿ Por qué no nos vamos juntos a
América?
Mmm... lo que yo quiero es ser capitán me
respondió . Creo que lo mejor será que me quede
en España hasta tener mi propio barco.
Pero, mira, a mí me han dicho que en las Indias
todo es más fácil. Quizás en cuanto llegues
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Capítulo III
UNA BUENA NOTICIA
Por fin llegamos a Sevilla. Comparada con mi
pequeño pueblo de Extremadura, esa ciudad era
enorme. Quedé impresionado al ver sus altas casas, blancos de las casas. De pronto, nos encontramos
sus murallas y su castillo que llaman Alcázar. Ese en una pequeña plazoleta con naranjos cargados de
era el Alcázar de que me había hablado el señor frutos.
cura. Le pedí entonces a Pelayo que me mostrara la Pelayo me señaló una calleja que salía de una
torre de la Giralda. esquina de la plaza.
El señor cura me contó que la habían construido En esa calle vivo yo! me dijo con viva
los moros. ¿Sabías tú? le pregunté. emoción. Y no era para menos. Pronto se
Por supuesto me contestó Pelayo . Era un reencontraría con su familia.
minarete y desde arriba avisaban la hora en que No le contesté, pues experimentaba en ese
todos debían orar. Cuando los reyes reconquistaron momento una extraña sensación. Por un lado
Sevilla, trajeron campanas del norte y las pusieron añoraba a mi madre y por otro, me sentía algo
en lo alto de la torre. inquieto ante el inminente encuentro con el mundo
Justo cuando Pelayo me contaba todo esto, de Pelayo, para mí totalmente desconocido.
comenzaron a sonar las campanas anunciando el Mis cavilaciones fueron súbitamente interrumpidas
mediodía. por el estridente grito de una voz de mujer:
Vamos! ¡De prisa! me dijo impaciente . ¡Ya Agua va!
estamos cerca de mi casa y tengo muchas ganas de Nuestra reacción fue lenta. Antes de que
llegar! pudiéramos correr, nos vimos empapados y
Me guió por estrechas callejuelas, junto a la embadurnados con las malolientes inmundicias que
muralla de la ciudad. Nuestros pasos resonaban cayeron desde la ventana.
entre los muros Eh, señora! exclamó Pelayo con voz airada. Y
dirigiendo la mirada hacia la ventana desde donde
habían lanzado el agua, continuó : ¿Está usted
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ciega? Nos lavamos prolijamente. Mientras tanto, la
Dios mío, que asco! dije, muy enfadado . madre de Pelayo, que se llamaba Elvira, nos llevó
Qué costumbre más repugnante ésta de tirar las ropa limpia. Cuando por fin estuvimos
aguas sucias a la calle! presentables, la mujer abrazó fuertemente a su hijo
En ese momento, de una casa del fondo del callejón y comenzó a hablarle de mil cosas que habían
salió una mujer que preguntó: ocurrido durante su ausencia, de personas que yo
Qué son esos gritos? y al mirarnos, exclamó no conocía, de su padre y, también, a preguntarle
: una y otra vez sobre su viaje, y sobre el trabajo, que
Pelayo, ¿eres tú? si estaba muy cansado, que si había sentido frío...
Mi amigo no alcanzó a responder, cuando su madre Por fin se volvió hacia mí, que mientras tanto
prosiguió: estaba mudo, y dijo:
Pero... ¿Qué te han hecho, hijo mío? ¡Vete a Santo Dios! Con tanta alegría, has olvidado
lavar, que hueles muy mal! presentarme a tu amigo y yo tampoco te he
,iPuede ir también mi amigo? preguntó Pelayo. preguntado nada. Y dirigiéndose a mí, agregó :
Por supuesto que sí. Pero date prisa, porque Acércate, hijo.
tengo muchísimas ganas de darte un abrazo. Ah... perdón! El es Alonso, mamá. Es de
Torremocha, de Extremadura. Nos conocimos en
La casa de Pelayo no era grande. Entramos Mérida y desde allí hemos continuado juntos. El
directamente a una sala donde estaba la cocina. quiere ir a América a buscar a su padre.
Más carde supe que ahí dormían Pelayo y sus tres Como en un murmullo, la madre de Pelayo dijo:
hermanos menores. La pequeña habitación de sus Vaya, vaya! ¡Qué coincidencia! A América Y
padres se encontraba a un costado de la sala. En el prosiguió en voz alta : Pero deben tener hambre.
patio posterior había un naranjo y varias gallinas Además hace bastante frío. Les calentaré un rico
que la familia cuidaba y alimentaba con esmero puchero.
para cocinarlas en ocasiones especiales. Un perro
dormía a la sombra de un árbol, pero cuando nos Nos sentamos ante la mesa de madera. En unos
dirigíamos hacia el pozo, el perro se levantó, corrió grandes cuencos de barro nos sirvió un caldo bien
al encuentro de Pelayo y comenzó a saltar y ladrar caliente, junto a un buen pedazo de pan. Mientras
a su alrededor. Aunque no se acercó demasiado... comíamos, doña Elvira le dijo a su hijo:
Creo que también se dio cuenta de lo inmundo que No vas a creer la noticia que te tenemos.
estaba su amo. Qué noticia? preguntó Pelayo, curioso.
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Espera a que llegue tu padre. llevarte como grumete en su barco.
No, por favor, madre. Dime de qué se trata. Pelayo se sonrojó de tal forma, que sus mejillas
No. Ya te dije que debes esperar. Es una noticia adquirieron el color de su cabello. Entretanto, yo
muy importante, y tu padre te la quiere dar él había permanecido tímidamente sentado en la
mismo. banca. Al producirse una pausa en la conversación,
No obstante la insistencia de Pelayo, su madre no me atreví a preguntar:
cedió. Con aires de misterio, le dijo que debía ,Sería posible que fuera yo también?
esperar. Pero... ¿Quién es este chico? dijo el hombre al
Terminábamos de comer cuando un hombre no percatarse de mi presencia.
muy alto, pero de complexión robusta, entró en la Pelayo, entusiasmado, contó a su padre mi historia
sala. Su rostro curtido reflejaba una vida de trabajo y nuestros planes de viajar juntos a las Indias.
al aire libre. Al verlo, Pelayo saltó de la banca con Creo que no habrá problemas dijo el padre de
gran agilidad, y corriendo hacia él lo abrazó. Pelayo con voz más serena . Alvarez necesita
Mientras el hombre lo estrechaba entre sus brazos, varios marineros. Su nave es algo antigua, por lo
dijo emocionado: que los hombres de mar prefieren no viajar con él.
Pelayo, qué alegría que estés de vuelta! ¿Qué tal ¡Insensatos! Si lo más importante en estos viajes tan
tu viaje? Espero que hayas sido obediente y no me inciertos y aventurados es la experiencia y la
hayas defraudado delante de mis amigos. calidad del capitán!
Lo pasé muy bien, pero extrañé nuestro río y la Como ya había anochecido, el padre de Pelayo
vida del puerto. ¡Qué tierras más secas hemos decidió que la entrevista con el capitán sería al día
recorrido! siguiente. Mi emoción era tal que escasamente pude
Me alegro de que te atraiga tanto la vida del río dormir. Echado sobre un jergón, en un rincón de la
y del mar exclamó su padre con rostro risueño tibia cocina, imaginé las aventuras que nos
. ¡ Te tengo una gran noticia... aguardaban.
Ante la pausa intencionada del hombre, Pelayo dijo
impaciente:
Cuál, cuál es esa noticia? Dímela ya, por favor.
Recuerdas a mi amigo, el capitán Alvarez?
El que ha ido dos veces a América?
Sí, el mismo. Pues, ¡alégrate!, me ha ofrecido
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Capítulo IV Musu1mán?
ESCAPADA EN LA NOCHE No.
Al amanecer fuimos al puerto, donde encontramos Eres francés, acaso?
al capitán Álvarez. Era un hombre de No.
aproximadamente cuarenta años, muy alto y Tu familia es cristiana hace ya tiempo?
delgado. Su presencia nos inspiró gran respeto, Supongo. Creo que de siempre. Pero...
pero al mismo tiempo, nos sentimos acogidos por Entonces te felicito, no tendrás ningún problema
su mirada franca y simpática. para partir.
El capitán, al conocer mis aspiraciones, estuvo No entiendo nada! protesté, cada vez más
dispuesto a contratarme; mi paga sería la comida y confundido.
el viaje. A cambio, yo tendría que trabajar como Está muy claro. Si eres cristiano y del Reino de
nunca antes lo había hecho en mi vida. Castilla, te darán el permiso sin problema.
Nos indicó que debíamos conseguir el permiso de Tal como dijo Pelayo, así sucedió.
la Casa de Contratación para darnos el trabajo. Esa noche nos dimos cuenta de que no podríamos
No me atreví a preguntar de qué estaba hablando, dormir. Pelayo me miró con ojos traviesos, y me
pero lo hice en cuanto quedé a solas con mi amigo. propuso:
Pero tú eres tonto! ¡No sabes nada! ¿Creíste que Qué te parece si vamos al río y vemos nuestro
era llegar y subirse al barco? barco de noche? Debe ser fantástico.
Bueno... No había terminado de hablar cuando ya ambos
Esto es muy importante. En la Casa de estábamos en camino.
Contratación te dan el permiso para embarcar. Era una noche oscura. Unos cuantos faroles
Se quedó pensando unos instantes y enseguida me iluminaban apenas las calles empedradas. Todo
preguntó : ¿Eres judío? estaba en silencio y hacía bastante frío.
No contesté, asombrado ante la pregunta. De pronto, oímos unos gritos acompañados por el
ruido del choque de cuchillos. Nos acercamos
sigilosamente y nos escondimos tras unos arbustos.
Un grupo de hombres peleaban con fiereza cerca de
una casa que parecía una taberna. Mi amigo y yo
temblábamos. Sentí que un sudor helado corría por
mi frente. Era tal mi susto, que quedé paralizado.
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A pesar de que nosotros estábamos en medio de Cuando llegamos hasta la construcción, tratamos de
sombras, la luz que salía de la casa nos permitió ver mirar hacia adentro, a través de una ventana. Ya
los rostros de aquellos individuos. Uno de ellos era nos habíamos acostumbrado algo a la oscuridad de
gordo y tenía una cara terrorífica. Una enorme la noche, pero no pudimos distinguir bien qué
cicatriz le atravesaba la mejilla derecha, desde el había en el interior de la bodega. Nos pareció que
ojo hasta el labio. Pero lo que más me llamó la allí se guardaba algo así como barriles y cajas de
atención fue su mirada furiosa y dura. En esos madera.
momentos uno de los hombres cayó al suelo y el de Al observar el suelo nos pareció advertir una huella
la cicatriz saltó sobre él y le puso el cuchillo cerca de carros que partía del lugar.
de su cuello. Pareció vacilar un segundo, miró hacia Sigámosla me dijo Pelayo . Estoy seguro de
todos lados, y detuvo sus ojos en el lugar donde que nos guiará hasta el embarcadero.
nosotros nos escondíamos. Y así fue. Pronto, y con un alivio inmenso, nos
No esperamos para ver el desenlace de la gresca. encontramos frente a que se mecía
Pelayo me remeció y, con un susurro autoritario, tranquilamente en el agua.
me hizo salir de mi estado de estupor. Ahí está nuestra nave! exclamó Pelayo.
Corre! me dijo.
Eso hicimos hasta quedar sin aliento. Cuando nos Oh... ¡Qué grande es! Mira, en esa ventana, en la
detuvimos, nos miramos jadeantes. parte de atrás, hay una luz. ¿Qué será?
Vaya susto! dijo Pelayo con voz Se nota que eres del interior y no sabes nada de
entrecortada . ¿Le viste la cara a ese hombre? barcos! La parte de atrás de una nave se llama
Sí! Me pareció un demonio. Espero no
encontrarlo nunca más...! y mirando alrededor, le capitán. Te apuesto a que está ahí, estudiando las
pregunté : cartas de navegación para nuestro viaje.
Pelayo, ¿nos habrá visto? Era tanta mi curiosidad por ver lo que hacía el
Espero que no. Donde nos encontrábamos capitán, que di unos pasos para acercarme al barco,
nosotros estaba oscuro. Pero créeme, sólo pensarlo pero tropecé y perdí el equilibrio, cayendo
me aterra. estrepitosamente al agua. Al ver que me hundía,
Dónde estamos? pregunté. Pelayo comenzó a gritar pidiendo ayuda, y se tiró
Mmm... ¡No tengo idea! Supongo que cerca del tras de mí. Me pareció que alguien más se lanzaba.
río, porque allí hay unas bodegas. Acerquémonos. Sentí que me agarraban con fuerza y me llevaban a
la orilla.
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Mientras tiritaba y tosía, a causa del agua que había Capítulo V
tragado, el desconocido habló en tono severo: GRUMETES DE
Muchachos, ¿qué hacen aquí a estas horas? ¿No Por fin llegó el día de nuestro embarque. Llegamos
saben que es peligroso que dos niños anden solos a no como simples curiosos, sino
de noche por estos lugares? como orgullosos miembros de la tripulación.
Inmediatamente reconocí la voz del cap itán, que, De día, el barco se veía distinto. Estaba construido
después de una pausa, nos preguntó: totalmente de madera y tenía dos mástiles muy
Conocen el camino para regresar? grandes. De ellos colgaban enormes velas blancas.
Y como Pelayo asintiera, él agregó: En lo alto de cada mástil lucía orgullosa la bandera
Entonces, regresen inmediatamente a su casa y de Castilla.
no se detengan en ninguna parte. Además, el La embarcación estaba pintada de colores
invierno no es buena época para darse un brillantes. La popa, donde se encontraba el
chapuzón, de manera que cuanto antes lleguen camarote del capitán, tenía una decoración tallada y
mejor. un gran farol. Este se encendía por las noches para
Cabizbajos y calados de frío, volvimos a casa. que otros navíos pudieran ver el barco.
Sentíamos un cierto sabor a derrota y vergüenza: No puedo olvidar que en medio de toda nuestra
habíamos hecho el ridículo delante del capitán, alegría y ansiedad por la aventura que estábamos a
tanto que por un rato casi olvidamos al hombre de punto de iniciar, nos impresionó el terrible olor
la cicatriz. Pero ya en casa y abrigados, volvimos a que sentimos al abordar la nave. Me hizo recordar
recordarlo y a preguntarnos: ¿habría matado a la el desagradable remojón del día de nuestro arribo a
persona con quien peleaba? Sevilla.
Varios hombres subían, afanados, barriles y baúles
con las provisiones para el viaje. Apenas
embarcamos, un individuo con una espesa barba
grisácea nos gritó:
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Son ustedes los nuevos grumetes, ¿no es así?
¡Aquí nadie está ocioso! Ayuden a aquellos
marineros a subir la carga.
ancho y largo de la parte inferior del navío. La
Nos apresuramos a dejar nuestras escasas
carga estaba siendo repartida por diversos sectores.
pertenencias en un rincón de la cubierta y bajamos
Entonces nos dijeron que los lugares que quedaban
al muelle para coger uno de los barriles de madera.
vacíos serían nuestro alojamiento y el de los
Pesan mucho! ¿Qué llevamos? ¿Piedras?
pasajeros. Cuando vi dónde íbamos a dormir, me
preguntó Pelayo a un marinero.
invadió una fuerte sensación de opresión, pero
No, es agua.
Pelayo me explicó que también podríamos hacerlo
,Agua? pregunté extrañado . Pero si no
sobre cubierta, cuando el tiempo lo permitiera. Me
vamos a ver más que agua durante tantos días...
sentí algo aliviado.
Sí, muchacho contestó el hombre de la barba
Durante todo ese día trabajamos tal como nos lo
gris , pero esta es agua dulce, para beber,
había advertido el capitán al contratarnos: como
¿comprendes? Ten por seguro que durante la
nunca antes lo habíamos hecho. Cargamos no sólo
travesía vas a desear haber llevado muchos más
barriles, sino arcones, baúles, jaulas de madera con
barriles.
gallinas, cerdos y ovejas. Lo más valioso según
Subimos uno y lo dejamos en la bodega del barco.
nos contaron eran dos caballos y una vaca, el
Era un lugar oscuro y húmedo, que ocupaba todo el
tesoro más preciado de las familias de colonos que
iban a América.
Poco a poco fui familiarizándome con la nave que
sería mi hogar durante muchas semanas. No era
muy grande, y los espacios libres eran escasos. Me
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llamó la atención un tablón con dos agujeros, que Una vez reunidos, éste tomó la palabra y, con
sobresalía por la borda. Pelayo me contó que los fuerte voz, dijo:
Este viaje será duro. Tardaremos
excusados de la embarcación. Sólo pensar que aproximadamente dos meses y espero que todos los
tendría que usarlos me hizo sentir una vergüenza miembros de esta tripulación respondan en los
terrible. buenos y en los malos momentos. Les advierto que
El capitán tenía previsto zarpar al día siguiente, de no toleraré la menor insubordinación. Todos
amanecida, para aprovechar los buenos vientos y las ustedes conocen el código marinero y también las
mareas favorables en alta mar. Estaba agotado consecuencias de las malas acciones. Les exijo un
después del trabajo, de modo que me dormí en el especial respeto hacia los colonos que llevamos a
instante en que puse la cabeza sobre la dura bordo.
madera. Y otro tanto le ocurrió a Pelayo. Luego de estas palabras, dio media vuelta y se alejó
A medianoche desperté desconcertado, tiritando de con el piloto a terminar de planificar la travesía.
frío y levemente mareado. No supe de momento Cuando volvimos a nuestras labores, comenzaron a
dónde estaba, hasta que sentí el balanceo del barco embarcar los colonos. Eran dos familias. Una de
sobre el agua. Me tapé con la manta que llevaba en ellas estaba compuesta por un matrimonio joven:
mi morral y éste lo puse de almohada, para evitar la los Hernández. Más tarde supimos que se llamaban
dureza de la madera. Juana y Fernando y que iban a Veracruz en México,
las tierras que había conquistado Hernán Cortés.
Antes del amanecer, alguien me zamarreó La otra familia, los Pérez, tenían un niño de unos
bruscamente y una dura voz ordenó. dos años, regordete y muy travieso. Todos ellos,
excepto el pequeño, se veían inquietos. Creo que
de Zarpar! todos sentían, igual que yo, una gran
Me costó abrir los ojos y ¡horror! frente a mí incertidumbre. ¿Cómo nos iría en América?
estaba el hombre de la cicatriz. Consternado miré a ¿Volveríamos alguna vez a nuestra tierra? Y por mi
Pelayo, y la expresión de sus ojos me demostró que parte, no podía dejar de pensar en mi madre tan
también él lo había reconocido. ¡Dios mío! ¿Nos lejos y tan sola allá en Torremocha
habría visto aquella noche?
Subimos temblando a cubierta. Sin atrevemos a Una vez a bordo, el capitán dio la orden de zarpar.
decir palabra, nos quedamos atrás, a la expectativa El barco comenzó a moverse lentamente y Sevilla a
de lo que iba a decir el capitán. desaparecer de nuestra vista. Las enormes velas se
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desplegaron majestuosas mostrando unas inmensas jQué buena idea has tenido! le dije entre
cruces. Eran el símbolo de lo que íbamos a hacer a carcajadas . ¡Tus pantalones limpian mucho mejor
las Indias: conquistar y evangelizar. que estos trapos sucios!
A partir de ese momento supimos lo que era ser
miembros de la tripulación. Aún mirábamos Mientras se levantaba dificultosamente, me dijo:
alejarse la ciudad de Sevilla, cuando a nuestras ,Has visto qué velocidad? ¿Por qué no hacemos
espaldas se escuchó un fuerte grito: una carrera tirándonos por la cubierta?
Vaya par de granujas! ¡Perezosos! iDe acuerdo! Pongamos los trapos y nos
Junto al grito, sentimos que unas manos callosas y deslizamos sobre ellos.
velludas nos agarraban de las orejas y nos hacían Cuando estábamos corriendo, apareció el perro del
retroceder. cocinero, que se metió entre mis piernas. Me hizo
Ay, ay, mis orejas! me quejé. caer encima de Pelayo, que me llevaba la delantera.
Me di vuelta y me encontré cara a cara al hombre Entre gritos de gozo, carcajadas y ladridos,
de la cicatriz. rodamos por encima del jabón hasta que nos
Pareja de holgazanes! exclamó visiblemente detuvimos a los pies de unos marineros, que
enfadado . ¿Creen que están aquí para descansar? observaban divertidos nuestra carrera. Ellos
Ustedes obedecerán mis órdenes. Vayan estuvieron a punto de perder el equilibrio y caer
inmediatamente a limpiar la cubierta. sobre nosotros, pero pudieron mantenerse y nos
Pelayo, valientemente, logró contestar un tímido levantaron entre grandes risas.
Un poco maltrechos y con la ropa mojada volvimos
a la tarea. Estábamos algo temerosos de que el
escándalo atrajera a Villena, pero felices por el
Mientras limpiábamos, Pelayo repetía enfadado: buen rato que habíamos pasado.
Villena, Villena...! ¡Villano, es mucho mejor! Villena, que para nosotros pasó a ser sólo el
Cuando estábamos trabajando, Pelayo pisó un Villano, nada supo de nuestra aventura, pero nos
Pequeño pedazo de jabón de sebo y cayó sentado tuvo el resto del día trabajando.
sobre el suelo. Resbaló y se deslizó sobre la
cubierta, hasta que sus pies chocaron fuertemente
contra la borda. Quedó en tan ridícula posición
que, a pesar del dolor, no podía dejar de reír.
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Capítulo VI Quise averiguar para qué servía. Pero en ese
¿QUIÉN SERÁ EL VILLANO? momento llegó el Villano, y a gritos me mandó a la
Al atardecer divisamos las luces de Sanlúcar. ¡Por cocina a desplumar gallinas.
fin llegábamos al mar! Ahí me encontré con Pelayo, que ya había
Mi emoción fue doble: por primera vez estaba comenzado la tarea con las pobres aves.
frente al océano y tambien vi a Covadonga, que Vaya, vaya...! dijo en un tono burlón, que me
embarcó junto a sus padres. Me impresionó. dio mucha rabia , ¡. . . el chico se ha enamorado y
¡Nunca había visto a una niña tan linda! Su piel era se le han paralizado las manos para trabajar! ¡Ojalá
blanca y contrastaba con su negro pelo, que con la no se te paralice el corazón antes de llegar a las
brisa marina bailaba sobre sus hombros. Sus ojos Indias!
color aceituna parecían chispear. No seas tonto! le dije enfadado . ¡Sólo quise
Con una sonrisa, me miró. Enrojecí, y sentí que la ser cortés con los nuevos colonos!
cara me ardía. Pelayo, al yerme, se burló de mí. No Él me miró. Parecía molesto. ¿Qué le pasaba? No
le hice caso y, dando unos pasos, me acerqué a ella podía imaginármelo. Mucho después, al recordar
y le pregunté: toda nuestra aventura, me di cuenta de que en ese
Vas a las Indias? momento sintió que nuestra amistad peligraba por
No había terminado de hablar, cuando me di el abordaje de una intrusa al barco.
cuenta de lo estúpido de mi pregunta. ¡A dónde Para cambiar de tema, le pregunté:
diablos iba a ir, si no era a las Indias! Y sentí que Con quién estaría peleando el Villano en
nuevamente enrojecía. Sin escuchar la respuesta de Sevilla...? ¿Lo mataría? Con esa cara, no sería raro
la niña, cogí sus bultos y la ayudé a llevarlos a la que fuera un asesino. ¿Qué estará haciendo aquí?
parte de la bodega ocupada por los colonos. No lo sé, pero me imagino que nada bueno. Sólo
Esta zona estaba separada del lugar de la verle la cara me da miedo. A veces pienso que nos
tripulación y la mercadería por una cortina. Se vio y que sabe que nosotros lo vimos, y nos trata
encontraba dividida en pequeños espacios de unos mal para que no digamos nada a nadie. Yo creo que
tres metros; uno para cada familia. Allí debían en el barco nadie se imagina siquiera lo malo que
dejar sus bultos y acomodarse para vivir durante los es...
dos meses siguientes. Pienso igual. ¿ Sabes? Tengo una idea para
En uno de esos espacios, vi un objeto de género molestarlo
que colgaba desde los dos extremos. ¡Era rarísimo! le propuse . ¿ Te has fijado en la cantidad de
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cucarachas que hay aquí? ¿Por qué no las cazamos nuestro rincón, nos hacíamos los dormidos. Los
y...? terminé mi proposición en secreto. gritos del Villano retumbaron por toda la
habitación. Varios hombres de la tripulación
despertaron, pero nosotros dormíamos como
ángeles en medio del alboroto.
Durante los días siguientes, el recuerdo de esa
noche nos hizo reír a carcajadas y también nos
ayudó a soportar el duro trabajo que nos tocó
desempeñar.
La monotonía del viaje se vio interrumpida por una
terrible tormenta. Ese día habíamos decidido
probar ese objeto de género que me había llamado
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carcajadas, volvió a intentarlo con igual resultado. de voz:
Yo me doblaba de la risa y Pelayo, ofendido, me Una vez una ola inmensa volcó un barco. ¡Eso
dijo: me contaron!
Prueba tú a ver si es tan fácil! En medio de la oscuridad y del agua que caía a
Astutamente pensé que si poniendo un pie no raudales, escuché al capitán dando órdenes. Me
resultaba, debía poder subirme cargando todo el acerqué. El tono y los gestos dejaban traslucir su
cuerpo sobre la hamaca. Al hacerlo, ésta se enrolló preocupación. Los hombres corrían amarrando las
sobre mí y caí bruscamente. Quien reía ahora era velas y sujetando los dos cañones que había sobre
mi amigo! cubierta. En el timón, dos marineros luchaban
Después de muchos intentos lo logramos. Sólo infructuosamente para mantener el rumbo.
entonces nos llamó la atención el movimiento de la
nave. Habíamos estado tan afanados con la hamaca, De pronto, resbalé y fui arrastrado por una
que no nos dimos cuenta de que el barco daba gigantesca ola que me envolvió. No podía zafarme
tumbos de una forma totalmente anormal. y me sentía como un enano diminuto tragado por
Alonso, me parece que de verdad habrá tormenta las fauces del gigantesco océano.
comentó Pelayo , y creo que será fuerte. En medio de este torrente marino, escuché en la
Vamos afuera a ver qué pasa! dije lejanía el grito de mi inseparable amigo.
expectante . Nunca he visto una tormenta. Socorro! ¡Es Alonso! ¡La ola se lo lleva!
Apenas pudimos llegar a cubierta, ya que el Que alguien coja a ese chico! exclamó la fuerte
violento vaivén nos hacía caer de un lado a otro. voz de uno de los marineros . ¡Dios mío... ya no
Una vez arriba, vimos el mar tan negro com o la lo veo!
noche y coronado de enormes crestas blancas. Qué Me pareció que transcurría un siglo antes de que
pequeña e insignificante parecía nuestra nave en unos fuertes brazos me sujetaran y con un gran
medio de ese mar tan bravo! tirón me empujaran hacia atrás. Entonces oí la voz
Mira esa ola que se nos aproxima! dije del capitán que ordenaba:
asustadísimo, mientras buscaba algo de qué Chicos, esto es demasiado peligroso para
agarrarme. ustedes! Ahora necesitamos hombres fuertes y
En ese momento la ola pasó por encima y nos dejó experimentados sobre la cubierta. ¡Vayan a la
empapados hasta los huesos. Pelayo tiritando y bodega y preocúpense de la carga!
sujetándose fuertemente de mí, me dijo con un hilo
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Capítulo VII
TORMENTA EN ALTA MAR
Abajo la tormenta se sentía aún peor. El viento
estremecía todo y la madera crujía con un chirrido
insoportable. La mercadería cortadas las amarras
con la violencia
del movimiento bailaba de un lado a otro.
¡Incluso las ratas habían desaparecido!
Los colonos, en un rincón de la bodega
--z y abrazados unos a otros, pedían a Dios que se
produjera la calma. Sólo el pequeño gordiflón
gritaba de alegría por el constante balanceo.
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fuertemente. Así estuvimos hasta que amainó la
tormenta al amanecer.
Al día siguiente, el barco presentaba un aspecto
desolador. La tripulación tuvo que trabajar
intensamente para poner todo en orden. Nosotros
debimos limpiar la cubierta y la bodega. Fue un
arduo trabajo, pues lo que me había ocurrido a mí
y a mi pobre estómago, le había sucedido a la
mayoría de los tripulantes y pasajeros. El olor era
Hijo, son gajes del hombre de mar. ¡Ni los más nauseabundo en todos los rincones de la nave.
veteranos nos salvamos de esta espantosa sensación! Hicimos incontables viajes a la cubierta en busca
Los mareos nos acompañan en todas las travesías, de agua para limpiar y limpiar. ¡Parecía que nunca
de principio a fin. terminaríamos!
A pesar de mi malestar, en cuanto pude ponerme en El trabajo se nos hizo aún más pesado por la
pie intenté ir en busca de Covadonga. Aunque el presencia del Villano, que nos vigilaba
trecho era corto, el camino hacia ella me pareció continuamente y con su voz dura y odiosa no
eterno. Se me hacía muy difícil no caerme. Tenía cesaba de darnos órdenes:
que sujetarme de cualquier cosa que encontraba a Holgazanes, limpien esa esquina!
mi paso para no ser aplastado por los barriles que iSuban a buscar agua, perezosos!
rodaban sin control por el suelo. Amarren esos barriles!
Covadonga! ¿Te encuentras bien? le pregunté Frieguen el piso!
al encontrarla. Rápido! ¡Suban y ayuden a atar las velas...!
Sí! me dijo valientemente, aunque su rostro Al cabo de algunos días a ese agotador ritmo,
descolorido reflejaba lo contrario . tú? estábamos exhaustos. Pelayo se acercó a mí, y con
,Yo? ¡Muy bien! ojos llorosos y apagada voz, me dijo:
En ese momento, un brusco movimiento del barco Mira mis manos y mis rodillas, las tengo en
me hizo caer encima de ella. ¡Qué vergüenza! ¡De carne viva! Al principio el pantalón me protegía las
estar blanco como un muerto, pasé a estar rojo piernas, pero ahora lo tengo roto y me clavo las
como una betarraga! astillas cuando limpio.
Nos sentamos y nos tomamos de la mano Yo tampoco soporto el dolor en los codos y en
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las manos! le contesté, sin poder consolarlo.
Después de permanecer un tiempo en silencio, lo
miré de reojo. A pesar de la vergüenza que sentí, no Capítulo VIII
pude más y me puse a llorar. Al levantar la vista, vi DÍAS DIFÍCILES
que a él también le corrían las lágrimas por su cara Las semanas pasaban y los días todos eran iguales.
pecosa. La monotonía agriaba los caracteres y cada vez eran
En ese momento de desaliento, se nos acercó la más frecuentes las riñas entre los marineros. En un
madre de Covadonga y con voz amable nos dijo: principio, los juegos de cartas y dados fueron una
He visto cómo han tenido que trabajar. gran diversión que ayudaba a que las horas pasaran.
Muéstrenme esas manos. Pero ahora eran razón de terribles disputas. Incluso
Nos las tomó con suavidad y al ver nuestras se apostaba el escaso alimento que correspondía a
heridas, prosiguió: cada uno. De hecho, la ración de comida diaria
Vengan conmigo. Yo los curaré y se sentirán para cada tripulante consistía en unas pocas galletas
mejor. y un trozo de carne o de pescado. Algunos días,
La seguimos cabizbajos y, mientras nos curaba Julián, el cocinero, preparaba legumbres cocidas en
cuidadosamente para no lastimarnos, recordé a mi la estrecha cocina del barco. Esta solía llenarse de
madre y añoré su presencia. ¡Por primera vez pensé humo, ya que no tenía ventanas.
que quizás no había sido tan buena idea iniciar esta Pelayo y yo no participábamos en los juegos de los
osada aventura! marineros. Nuestra diversión favorita era la caza de
ratones, los pasajeros más numerosos. Solíamos
apostar quién conseguía más colas.
Un día, se acercó a mí con una cara especial.
Pelayo, ¿cuántos cazaste hoy? le pregunté
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En verdad el ratón era enorme. Su cola era casi tan grande agusanadas y se deshacían al tomarlas. La carne y el
como mi antebrazo y su cuerpo peludo especialmente pescado, guardados después de haber sido secados
repulsivo. Tenía los ojos abiertos, a pesar de estar casi con sal, escaseaban. La pesca se hacía insuficiente.
muerto. Decidimos arrojarlo al mar. El animal estuvo un La fruta, los huevos y la carne fresca eran sólo un
buen rato intentando nadar y chillando desesperado hasta recuerdo. Los animales que llevábamos a bordo
que se hundió en las aguas. tuvieron que ser sacrificados por la falta de
Qué lástima, podríamos haberlo conservado como alimento y agua.
mascota! dije triste a Pelayo, mientras lo veía Ante la amenaza del hambre, los tripulantes
desaparecer. comenzaron a ponerse nerviosos e irritables. El
A mí también me habría gustado. ¿Cómo no lo peor era el Villano.
pensamos antes? me contestó. Una mañana, mi amigo me preguntó:
Pero ambos sabíamos que los ratones a bordo eran No sientes algo raro?
nuestros enemigos. Contagiaban enfermedades y se comían Sí contesté burlón , tus tripas suenan
nuestras provisiones. Llegaban incluso a devorar mucho...
Al ruido de mis tripas me estoy acostumbrando,
pero no es eso lo que te digo. ¿No te has dado
cuenta de que el barco no se mueve?
Tienes razón. ¿Qué ocurrirá?
Decidimos averiguarlo.
Subimos a cubierta. En el cielo intensamente azul y
brillante, no se divisaba una sola nube. El mar
estaba tan tranquilo, se veía tan plano, que parecía
invitar a caminar sobre él.
Las velas estaban deshinchadas y la calma era
agobiante. El sol comenzaba a pegar con gran
las velas de repuesto, la madera de los barriles y
fuerza sobre nosotros y todo el entorno se
todo lo que encontraban a su paso.
mostraba propicio para un zambullón. Nos
Días después, la ración de alimento comenzó a
sacamos la camisa y bajando por las cuerdas, nos
disminuir. Al revisar los barriles de agua, se
metimos al agua. Yo iba fuertemente amarrado con
comprobó que muchos ya olían mal; el agua
una cuerda en la cintura para no hundirme, ya que
comenzaba a podrirse. Algunas galletas estaban
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no sabía nadar. En cambio, Pelayo lo hacía Y en efecto, al poco rato comenzamos a sentir una
libremente. Mientras estábamos en lo mejor, se oyó molesta picazón por todas partes. Teníamos el
un fuerte desde cubierta: cuerpo cubierto por una blanca capa de sal.
Qué hacen ahí, muchachos? Alonso, ¡daría mi ración de comida por un
Era la voz del capitán. chapuzón en el Guadalquivir, para librarme de esta
Nos estamos bañando respondimos, sin sal insoportable! ¡Me pican hasta las uñas! dijo
darnos cuenta de su cara de preocupación . Pelayo, angustiado, mientras se rascaba con todas
¿Quiere venir usted también? sus fuerzas.
Suban inmediatamente! ordenó con voz
enérgica. Transcurrieron cinco días sin que el barco se
Ahora, ahora mismo! insistió, francamente moviera. El ambiente general era de desazón e
enojado. inquietud. El capitán, ante el malestar de los
Sin entender las razones del capitán, subimos a hombres, permitió aumentar la ración de vino, lo
cubierta. Una vez allí, más sereno nos explicó: único que por entonces abundaba y que era capaz
Chicos, estos mares tan cálidos y agradables para de calmar los ánimos.
bañarse, están llenos de tiburones... En esos días, lo que antes para nosotros había sido
Ah! interrumpió Pelayo ... esas terribles una diversión, se transformó en una obligación que
fieras que de un mordisco pueden arrancar una nos hizo famosos. En efecto, ante la escasez de
pierna a un hombre. provisiones, los ratones se convirtieron en un
Exactamente! ¡Y además éste no es momen to de platillo muy cotizado, ya que pese a ser tan
diversión! Esta calma de hoy puede prolongarse por repugnantes vivos, cocinados lograban mitigar la
varios días, sin que avancemos ni un metro hacia insoportable hambre. ¡Y claro, para la caza de
nuestro destino. ratones, éramos los mejores, dada nuestra amplia
Miramos hacia las velas. Continuaban experiencia!
absolutamente lacias. Comprendimos entonces por
qué el barco no se movía.
Cambiando el tono, el capitán nos advirtió con
ironía:
Más tarde verán las consecuencias de la
zambullida!
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Capítulo IX
UNA CONVERSACIÓN SINIESTRA
La calma continuaba.
Una mañana en que nuestra cacería nos condujo a
un oscuro rincón de la bodega, oímos un murmullo
de voces. ¿Quién
podía ser? Por lo general, nadie se acercaba a aquel
lugar a causa de la humedad y la consiguiente para actuar. Seguro que el capitán tiene los planos
pestilencia. Con un gesto, le indiqué a mi amigo de la
que nos aproximáramos en silencio. Con pánico, fortaleza de Portobelo en su camarote.
reconocimos la voz familiar y aterradora del Al oír esto, Pelayo y yo nos miramos. ¡Por fin
Villano. Hablaba con alguien a quien no podíamos descubríamos la razón de la riña nocturna en
ver. Sevilla! Nos dimos cuenta de que estos malvados
Ya estamos llegando al final. Este es el momento habían luchado con los verdaderos marineros, para
de cumplir nuestros planes. Hasta aquí, vamos ocupar sus puestos en ¿Los habrían
bien. Después de todo no fue nada difícil matado? Sus planes también quedaban al
deshacernos de esos hombres y ocupar sus puestos. descubierto: asaltarían la fortaleza en Portobelo, y
Nadie sospecha nada. Sólo esos chicos... se apoderarían del oro y la plata que allí se
Una voz, que inmediatamente reconocí como la de guardaban.
Alejo, ese desagradable marinero que durante todo El Villano dijo entonces:
el viaje había estado evitando el trabajo, lo Este tiempo de calma es el indicado. Y
interrumpió: bajando aún más la voz prosiguió : El capitán
Tranquilízate, ese par de tontuelos no vieron está demasiado preocupado por el hambre reinante
nada ni saben nada. De lo contrario, ya habrían y los ánimos alterados. ¡No se dará cuenta de la
hablado. Ahora sólo tenemos que aguardar el desaparición de sus preciosos planos! ¡Creo que
momento oportuno esta noche será el momento!
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Ya me imaginaba que este par de bandidos algo
malo estaba tramando! ¿Cómo no me di cuenta
antes de qué era lo que buscaban? Pero no se
preocupen; déjenlo todo en mis manos y no se
acerquen más a ellos, ni traten de averiguar en qué
está ese par de facinerosos. Son demasiado
peligrosos y no deben exponerse a que ellos
sospechen de ustedes. Con voz lenta y muy
seriamente, continuó : Esos hombres son capaces
de todo. Deben prometerme que no le contarán a
nadie lo que saben.
Prometimos sin vacilar. Realmente teníamos miedo.
Alejo, con su voz insoportablemente aguda, le Esa misma tarde, escuchamos el alboroto de una
preguntó: trifulca en cubierta. No nos atrevimos a subir
Y dónde los esconderemos? porque el capitán nos había advertido que no lo
En ese momento, Pelayo, que estaba apoyado en un hiciéramos, pero inmediatamente supimos de qué se
barril, resbaló, provocando un ruido casi trataba. Villena y Alejo no bajaron a dormir esa
imperceptible, pero esto nos hizo apartarnos rápida noche. El capitán había ganado y por fin estaban
y sigilosamente de aquel lugar, sin poder escuchar presos. Apenas amaneció fuimos a ver al capitán.
la respuesta. Para evitar sospechas, yo dejé escapar
Nos contó cómo habían sorprendido al par de
las ratas que había cazado.
bribones en el momento en que se apoderaban de
,Qué es ese ruido? oímos preguntar a Alejo
los valiosos planos. Acto seguido, agradeció nuestra
con voz agitada.
ayuda y nos sentimos muy orgullosos. A modo de
Son sólo esas estúpidas ratas! ¡Malditas
recompensa, nos dio una moneda de oro a cada
criaturas!
uno. Era nuestra primera moneda y una verdadera
contestó el Villano.
fortuna para nosotros. Sentimos que ya éramos
Con el corazón acelerado y muy nervioso,
propietarios de un tesoro.
decidimos ir enseguida a informar al capitán de lo
que habíamos oído. A pesar de que pensábamos que
no creería nuestra historia, éste nos escuchó
atentamente y comentó con seriedad:
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Capítulo X
EL NUEVO MUNDO
Pasaban los días y el mar se mantenía en calma. Los
más optimistas empezaban desesperarse y los más
incrédulos, a dirigir sus oraciones y súplicas al con brazo tembloroso a causa de la emoción.
Creador. miradas se dirigieron en un instante hacia la
De pronto ¡por fin! se sintió soplar una leve brisa. dirección que él indicaba. Vimos un pájaro blanco
Mientras los pasajeros del barco aplaudían muy grande de alas con borde negro, q ue volaba
contentísimos, con gran alegría, di un fuerte abrazo hacia nosotros. Todos los miembros del barco,
a Covadonga y comenzamos a bailar, con cierta excepto los colonos, mi amigo y yo, gritaron
torpeza de mi parte lo cual provocó una carcajada eufóricos.
general. Le pregunté a un marinero gordiflón, que se
La brisa no tardó en transformarse en un fuerte encontraba a mi lado:
viento. El barco parecía volar. Estas condiciones se Qué pasa? ¿Por qué tanto escándalo por un
mantuvieron durante los siguientes tres días. Era simple pájaro?
maravilloso comprobar cómo avanzaba la nave, con Hijo! ¿Cuándo fue la última vez que viste uno?
sus velas desplegadas, a toda velocidad. El capitán me preguntó a su vez.
iba y venía de si camarote al timón, mirando a cada Mmm... ¡No lo sé, hace mucho! contesté.
momento un aparato llamado brújula. Este le Pues claro! continuó , porque las aves sólo
permitía mantener el rumbo conocer la posición vuelan cerca de la costa. Ese es un albatros viajero,
para no errar el camino: su aguja siempre señalaba que ha venido a avisarnos que estamos llegando a
el norte. El piloto nos contó que es maravilloso las Indias.
instrumento había sido traído de Oriente. Después de esa explicación, comenzamos a saltar
Un estruendoso grito del vigía nos sobresaltó a junto a los demás, uniéndonos a su alegría.
todos. Alzamos la vista y advertimos que señalaba Al día siguiente, la emoción nos hizo levantarnos
el horizonte antes del amanecer. En el silencio de la mañana
apareció como siempre el sol a nuestras espaldas,
pero al frente teníamos un espectáculo
completamente diferente. Me sentí estremecer.
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Ante nuestros ojos surgía una hermosísima visión: frondosos árboles de distintos tonos verdes. Nunca
la silueta verde de una montaña, que se elevaba había pensado que pudieran existir tantos. Todo
majestuosa sobre el azul del mar. Era una isla que me parecía brillante y lleno de color. El cielo era
nos confirmaba que nuestra travesía llegaba a su intensamente azul, algunas nubes increíblemente
fin. blancas... Los árboles que más nos llamaron la
Una confusa mezcla de sentimientos me dominó: atención fueron los cocoteros. Nos contaron que
alegría por haber llegado, cierto temor por el producían un fruto delicioso y muy fresco.
futuro que se me presentaba lleno de desafíos y Durante varios días, ayudados por los indios, nos
nuevas aventuras, tristeza por el recuerdo de mi dedicamos a cazar y recolectar muchas frutas y
madre en la puerta de mi casa... ¡Todo un raíces que esas tierras nos ofrecían generosas.
continente se abría ante mis ojos! Una vez bien provistos de víveres y agua, levamos
Y en algún lugar de esas misteriosas tierras se anda. El barco puso rumbo en dirección a San
hallaba mi padre. ¿Nos encontraríamos algún día? Lorenzo, destino final de nuestro viaje.
Nuestra primera recalada fue en San Martín, una
pequeña isla rodeada de un mar absolutamente
cristalino. Estaba habitada por amigables indios
que me llamaron profundamente la atención. Su
piel era más oscura que la nuestra. Los indígenas se
diferenciaban de los españoles en muchos aspectos.
Por ejemplo, apenas tenían pelos en el cuerpo y, en
cambio, sobre sus cabezas lucían un brillante y
lacio cabello negro. Solamente vestían un
taparrabo, y se adornaban con plumas de intensos
colores.
Al vernos descender del barco, se acercaron
tímidamente. Después de observarnos y hablar
entre ellos en su lengua, totalmente extraña para
nosotros, nos sonrieron. A través de gestos, nos
hicieron entender que éramos bienvenidos, y nos
condujeron hacia su aldea, por un sendero entre
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Capítulo XI
COMIENZA LA BÚSQUEDA
San Lorenzo era un pequeño pueblo polvoriento,
desde donde salían las caravanas a través del río
Chagres en dirección a Panamá.
Apenas desembarcamos, el capitán entregó al
alguacil de San Lorenzo a Villena y a Ale jo.
Cuando eran llevados a prisión, nos miraron con
furia y nos gritaron: Ojalá así sea dijo ella, y después agregó :
Nos las pagarán, par de mocosos! pediré a Dios todos los días por ti.
Mi amigo y yo nos miramos nerviosos, pero nos Le besé la mejilla y ella caminó hacia donde
calmamos al ver los poderosos grillos que estaban sus padres esperándola. La seguí con la
aprisionaban sus manos y pies. ¡Qué tranquilidad mirada, hasta que la vi desaparecer, entre la gente y
saber que al fin estarían donde debían, encerrados el alboroto de la playa.
en una cárcel bien segura! La partida de mi amiga me hizo sentir triste.
En San Lorenzo tuve que despedirme de Además, estaba algo desconcertado. Había llegado
Covadonga, porque su familia continuaba viaje a América y tenía que buscar a mi padre. Para eso
hacia un lugar llamado Quito. Apenas descendimos había viajado. ¿Por dónde empezar? Me encontré
del barco, ella se acercó y me dijo: perdido.
Partiremos enseguida hacia el sur... y Sin embargo, todavía tenía trabajo que cumplir y
conteniendo un sollozo, continuó : Te extrañaré, durante varios días, junto a la tripulación del
Alonso. barco, nos dedicamos a descargar las mercaderías.
La tomé de la mano y le dije: Pero aprovechaba cada momento libre para
No estés triste, Covadonga! Ya verás como algún preguntar a todas las personas que encontraba si
día nos volvemos a encontrar. sabían algo de Francisco Almendralejo, mi padre.
Nadie lo conocía.
Aunque no me desanimaba porque sabía que no iba
a encontrar a mi padre de inmediato, no perdía la
esperanza de que sucediera un milagro. Pero ya
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estaba empezando a temer que no sería tan fácil. trabajo, revisando unos documentos. Al vernos,
Un día entré con Pelayo a una taberna. Como ya sonrió y dijo:
era mi costumbre siempre que veía gente nueva, Con ustedes quería hablar... e indicando que
pregunté a todos por mi padre. El tabernero, que nos sentáramos, prosiguió-: En este viaje se han
llevaba varios años en aquel lugar, repitió: comportado como verdaderos marineros.
Francisco Almendralejo..., Francisco Nos miramos orgullosos, mientras el capitán
Almendralejo..., me parece que he oído ese proseguía:
nombre... y dirigiéndose hacia un hombre que se Me gustaría que, a partir de ahora, formaran
encontraba en una de las mesas, le gritó : ¡Eh, parte estable de mi tripulación. Con una paga, por
Paco! ¿Conoces a un tal Francisco Almendralejo? supuesto.
Claro que sí, se dedica a traer hasta aquí la Pelayo, fascinado, contestó inmediatamente que sí.
mercadería que manda el capitán Pizarro, desde las Yo, en cambio, permanecí silencioso. ¡Cómo me
nuevas tierras de Cuzco. habría gustado ser miembro de la tripulación del
Lo ha visto...? le pregunté temblando . ¿Sabe capitán! Pero... ¡estaba tan cerca de encontrar a mi
dónde está? ¿Está bien? ¡Dígame! Por favor, dígame. padre! Y él era el único objetivo de mi viaje.
Calma, muchacho. Sí, lo he visto y está bien. Después de todas las penurias que había pasado
Pero hace dos semanas partió de aquí. Y después para lograrlo, no podía abandonar ahora mi
de una pausa, prosiguió : Ahora debe estar en la propósito.
ciudad de Panamá, preparando la expedición hacia Capitán, muchas gracias por su ofrecimiento,
el Perú. pero no puedo aceptar le contesté
Comencé a dar saltos y abracé a mí amigo. No lo apesadumbrado.
podía creer. El milagro había ocurrido. ¡Por fin Por qué no, Alonso? me preguntó
sabía algo de mi padre! ¡Estaba vivo y pronto lo sorprendido.
vería! Yo vine a las Indias a buscar a mi padre. Hace
A los pocos minutos, la emoción se transformó en un rato supe que está en Panamá. Lo único que
duda. ¿Cómo llegar a Panamá? Ya un poco más quiero es
sereno, pensé que la persona que me podría ayudar Hijo, no sabes cuánto me hubiera gustado contar
era el capitán Álvarez. contigo, pero tu padre está primero y me alegra
Una vez en corrimos al camarote del mucho que tan rápidamente hayas tenido noticias
capitán. Lo encontramos sentado en su mesa de de él. Este Nuevo Mundo es inmenso y creo que es
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un verdadero milagro que ya sepas dónde se Capítulo XII
encuentra. Debes partir de inmediato para que te
reúnas con él lo antes posible. Voy a averiguar RUMBO A PANAMÁ
cómo puedes llegar a Panamá sin correr ningún A los pocos días, mi viaje estaba organizado. Iría
peligro contestó el capitán. Y dirigiéndose a con una caravana hacia el oeste.
Pelayo, le dijo : En cuanto a ti, ¡qué bueno que te El día de la partida, al amanecer, mi amigo Pelayo
quedes conmigo! Estoy seguro de que serás un me acompañó hasta la plaza, de donde saldría la
perfecto hombre de mar. caravana. Intentábamos ser valientes y no mostrar
Una vez fuera del camarote, Pelayo y yo nos la inmensa tristeza que nos embargaba.
miramos desconcertados. Sólo entonces nos dimos Adiós, Alonso! me dijo Pelayo, con voz
cuenta de que nuestros caminos se separarían. entrecortada . Espero que muy pronto encuentres
a tu padre.
Claro que lo voy a encontrar afirmé, tratando
de mostrarme optimista. Cambiando de tema,
continué :
Estoy seguro de que tú lograrás ser un capitán tan
bueno como Álvarez.
Tendré que trabajar mucho para lograrlo. Por
ahora, al menos tengo un buen trabajo. Evitando
mirarme directamente, continuó : Prométeme que
no te olvidarás de mí.
Te lo prometo, amigo le contesté.
Nos abrazamos fuertemente, sin poder evitar que
unas gruesas lágrimas rodaran por nuestras mejillas.
Nos habíamos hecho tan amigos que nos parecía
extraño
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embarcación, yo miraba temeroso la vegetación que
nos cubría con sus verdes brazos. Era tan tupida,
que apenas me dejaba ver a los animales que, sin
descanso, lanzaban sus estridentes gritos. De vez en
cuando, uno de ellos aparecía en medio de la
jungla. Mi alegría fue grande cuando vi por primera
vez un mono. ¡Qué animalito tan simpático!
También vi unos papagayos de fuertes y vivos
colores.
pensar que desde ese momento ya no viviríamos las En una ocasión mientras navegábamos yo jugaba
mismas aventuras. Nos separamos sin poder decir con el agua. De pronto, me pareció sentir que algo
ni una sola palabra más y yo me integré a la me observaba. Fijé mi vista en el río y me encontré
caravana que ya partía. con un par de ojos redondos que me miraban desde
El viaje fue muy duro. El clima era caluroso y las aguas.
húmedo. Atravesamos pantanos salvajes y una
espesa selva nos rodeó durante todo el recorrido, Asustado, retiré la mano rápidamente, y pregunté a
incluso cuando el terreno se hizo montañoso. mi compañero de banca, señalando la extraña
Las nubes, cargadas de lluvia, aparecían en forma criatura con el dedo:
repentina. Sin que nos diéramos cuenta, se Qué es eso?
vaciaban, impidiéndonos ver más allá de nuestras Dios mío! dijo el hombre, visiblemente
narices. En un dos por tres, nos encontrábamos alterado . ¡Es un cocodrilo!
mojados hasta los huesos. Pero con la misma Los ojos de los pasajeros se dirigieron al horrible
rapidez con la que llovía, salía el sol. Muy pronto animal. Nuestro guía, un indio más bien bajo ,
estábamos secos nuevamente, aunque algo moreno y de ojos rasgados, que sólo vestía un
pegajosos. taparrabo, exclamó en un vacilante castellano:
La primera parte del viaje la hicimos en canoa por Tener cuidado. Ser un cocodrilo. Bestia muy
el tortuoso río Chagres. Cuando llovía, éste peligrosa. Morderte y llevarte al fondo del río para
aumentaba copiosamente su caudal y se volvía muy comerte después.
peligroso, porque arrastraba numerosos troncos de El viaje continuó, pero el episodio del cocodrilo
árboles que amenazaban con volcar las frágiles nos dejó a todos silenciosos.
canoas. Desde el lugar que ocupaba en la Al anochecer, llegamos a un pequeño poblado
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indígena, donde pasaríamos la noche. No pude pie. Unos pocos privilegiados iban en mulas.
dormir Comenzamos a subir un empinado sendero,
rodeado de precipicios y selva.
Caminamos durante varias jornadas, y yo sólo
pensaba en descansar. En ocasiones, me sentía
enfermo no sólo por el insoportable calor y por las
numerosas picaduras de insectos que cubrían toda
mi piel, sino también de soledad. A cada rato me
asaltaba una aplastante incertidumbre: ¿Qué haría si
no encontraba a mi padre?
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las lágrimas.
No! No queremos polizones a bordo.
Capítulo XIII Le pagaré supliqué sin recordar que sólo tenía la
EL ENCUENTRO moneda que me había dado el capitán Alvarez.
Había perdido la cuenta de los días que llevábamos Pero, ¿por qué tanta insistencia?
caminando cuando, un atardecer, divisamos por fin Me han dicho que mi padre, Francisco Almendralejo, se
la próspera ciudad de Panamá. encuentra a bordo...
A la mañana siguiente, aliviado por haber llegado y Haberlo dicho antes, muchacho! exclamó, con voz
sintiéndome nuevamente feliz y optimista, me más amable . Ven. ¡Sube!
despedí de los miembros de la caravana. Lo Al llegar al barco, nos encaramamos por las cuerdas. Yo
primero que hice fue dirigirme al puerto donde se temblaba de emoción. Mis piernas no respondían, por lo
embarcaba la mercadería para las colonias del que resbalé varias veces. Me pareció que nunca alcanzaría
Pacífico. la borda.
Con gran ansiedad empecé a preguntar por mi Cuando por fin llegué a la cubierta del barco, el marino
padre. Las horas comenzaron a pasar y yo corría de que me había llevado, gritó;
un lado a otro tratando de averiguar si alguien lo Eh, don Francisco, mire quién está aquí!
había visto. Finalmente, al cabo de muchas horas, Un hombre que se encontraba cerca del timón, se dio
me indicaron que podría encontrarlo en un barco vuelta ante el llamado y me miró sorprendido. Algo en él
que estaba próximo a zarpar hacia el Perú. me resultó familiar.
Corrí desesperado buscando el navío, y lo divisé Sus ojos eran intensamente negros y tenía el rostro curtido
anclado en medio de la bahía. por el sol. El cabello, antaño moreno, lucía ahora
Seguí corriendo hasta la playa, donde encontré numerosas hebras blancas.
unos botes que acarreaban las últimas cajas al Era mi padre. Por su expresión me di cuenta de que me
barco. Supliqué a uno de los marineros que me había reconocido, pero que no podía creerlo.
permitiera embarcar. En un primer momento, él se No, no puede ser... es igual a mi pequeño Alonso
negó. dijo . ¡Debo estar soñando!
Nos miramos. Sin esperar ni un instante más corrí hacia
él.
Padre! -exclamé sollozando . ¡Por fin te encuentro!
Por favor, señor, lléveme! le dije, sin poder contener No puedo creer que seas tú. Si eras un niño...
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Permanecimos abrazados durante largo rato, mientras el
sol se escondía tras un rojizo horizonte.
Después de la primera emoción, nos apartamos uno del
otro, y él mirándome fijamente, preguntó:
Hijo, ¿qué haces aquí? Y tu madre, ¿ha venido
también?
He venido a buscarte. Ella está en Torremocha y
te extraña mucho.
A buscarme?
Sí le dije anhelante . Debemos volver a casa
para estar todos juntos nuevamente.
Claro que estaremos juntos, Alonso, pero no
todavía. Y confundido, me preguntó : ¿No han
recibido mis cartas? Les he escrito tanto. No recibieron ninguna noticia mía? Y con los
Padre, sólo recibimos una carta tuya hace ya tres ojos llenos de lágrimas, me tomó la cara entre las
años. manos y dijo : ¿Y tú has hecho solo este largo
Me miró sorprendido, y pude ver en sus ojos un viaje, para venir a buscarme? ¡Estoy tan orgulloso
profundo desconcierto. de ti!
Calló durante unos segundos y luego me dijo:
Cada vez que alguien viajaba a España, yo
aprovechaba para enviarles mis noticias. En una de
mis últimas cartas, le contaba a tu madre mis
planes de quedarme en el Perú, conseguir unas
tierras y luego mandarlos a buscar. ¡Y ahora llegas
tú! ¡Gracias a Dios! exclamó, y luego dijo lo
mismo que me había dicho el capitán de la
Sí, gracias a Dios, porque es un
verdadero milagro que en estas extensas tierras nos
hayamos encontrado. Ahora sólo nos falta tu pobre
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madre, que ha quedado sola en Torremocha, pero
enviaremos por ella lo antes posible.
Yo lo escuchaba maravillado. ¡Qué felicidad
encontrarme bajo el calor y la protección de mi
padre! Un nuevo mundo, lleno de aventuras, se
abría ante mí. Pero ahora, que estaba junto a él,
sentí que América me pertenecía.
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